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EL ROMANTICISMO

El siglo XIX. Contexto histórico-social europeo


En el siglo XIX va a imperar un sistema liberal que defiende la soberanía popular (el poder
reside en el pueblo, el cual lo ejerce a través de unos representantes elegidos por sufragio universal),
las libertades individuales de pensamiento y expresión. En los primeros años del siglo la caída de
Napoleón provocó algunos intentos contrarrevolucionarios y gran tensión entre absolutistas y
liberales.
Paralelamente se desarrollaron los nacionalismos que produjeron la independencia de
algunos países europeos como Grecia (1822) o Bélgica.
En la segunda mitad del siglo aparecen gobiernos más autoritarios apoyados por la clase
burguesa, que había derivado hacia posiciones más conservadoras para defender sus privilegios: es el
caso de Napoleón III, en Francia o la reina Victoria, en Inglaterra.
La vieja sociedad estamental deja paso a una sociedad de clases. La burguesía sustituye a la
nobleza en el poder, es la aristocracia del dinero que camina pareja a un gran desarrollo industrial; es
la llamada Era del maquinismo, del ferrocarril, de los avances técnicos y sanitarios (uso de las
vacunas por Pasteur) y el inicio del capitalismo.
Por otra parte, la expansión demográfica, sobre todo en las ciudades donde están las grandes
industrias, produce unas condiciones de trabajo ínfimas que traerán graves convulsiones sociales y
un enfrentamiento entre burgueses y proletarios: la lucha obrera que operará a través del socialismo
o del anarquismo.
En el terreno de las ideas se produce una crisis del racionalismo y surgen un nuevo concepto
de cultura y nuevas corrientes de pensamiento. En la primera parte del siglo, tras la muerte de Kant,
la Filosofía se orienta hacia la teoría idealista de Hegel, que valora sobre todo las fuerzas del espíritu
y tiene una gran preocupación por la Historia. Más tarde se impondrá una reacción filosófica
positivista que parte de los hechos observables. Su fundador es Compte. La experiencia será el
nuevo punto de partida del saber.
Las ciencias conocen un extraordinario progreso sobre todo en Física, Medicina y Biología
(el evolucionismo de Darwin) y, ya en la segunda mitad del siglo, crecerá un gran interés por las
llamadas ciencias sociales: Sociología o Psicología, que tendrán grandes repercusiones en literatura.
En teoría política, además del liberalismo, se desarrolla el socialismo utópico defendido por
Saint-Simon, que condena los abusos del capitalismo y propone un modelo de sociedad igualitario.
Tras la publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels en 1848, se dará paso al socialismo
científico, que propugna una revolución en el terreno social y económico que cambiará el rumbo de
la Historia.
El siglo XIX en España.
El primer acontecimiento relevante del siglo XIX español es la Guerra de la Independencia
contra la invasión napoleónica que despertó un exacerbado patriotismo. Durante la contienda se
redactó la primera Constitución liberal, aprobada en las Cortes de Cádiz en 1812. Cuando Fernando
VII, hijo de Carlos IV, regresa a España, deroga dicha Constitución y se inicia un período
absolutista que dura hasta su muerte en 1833, con un paréntesis liberal, el llamado Trienio Liberal
(1820-23). Es una época de retroceso cultural y social en la que los intelectuales fueron exiliados y
la censura no permitía la libre expresión de las ideas.

A la muerte del Rey, España se divide en dos y se inicia una guerra civil, denominada guerra
carlista, entre los partidarios de Isabel 11, hija del monarca y menor de edad, y los seguidores de don
Carlos, hermano del rey, de tendencia más conservadora. Esta división de España presidirá todo el
siglo XIX y se reflejará en la literatura de la época. Tras un período de regencias, primero la de Mª
Cristina y más tarde la del general Espartero, en 1843 Isabel 11 subirá al trono. En 1868 una
revolución popular destrona a la reina y se proclama una nueva Constitución.
Pero la contienda carlista sigue y la crisis político-social se agudiza. Tras un breve reinado
de tres años de Amadeo I de Saboya, en 1873 se proclama la República. Esta etapa conflictiva se
cierra con la llegada a España de Alfonso XII (hijo de Isabel II) con el que se inicia un período de
estabilidad llamado Restauración. En el poder se alternan pacíficamente liberales y conservadores y
tienen lugar las guerras de Marruecos, Cuba y Filipinas, con las que se pierden los últimos restos del
Imperio colonial español.
Socialmente, el siglo XIX español es una época de enormes tensiones y conflictos. La
represión, los pronunciamientos militares, la agitación política y el estancamiento económico
provocaron un inmovilismo social con respecto a Europa. Hasta la segunda mitad del siglo no se
producen algunos adelantos técnicos e industriales sobre todo en Cataluña y el País Vasco, se mejora
la agricultura, los sistemas de transporte y se inaugura la primera línea de ferrocarril.
Culturalmente, España sigue con retraso las novedades europeas; el 70% de la población
sigue siendo analfabeta y los intelectuales (tradicionalistas y progresistas) están enfrentados.
Ideológicamente empieza a manifestarse la división entre las dos Españas: isabelinos y carlistas,
absolutistas y liberales, progresistas y moderados. Esta situación fue largamente denunciada por
nuestros escritores durante la centuria.
En literatura, tres son los grandes movimientos que presiden el siglo XIX europeo y español:
Romanticismo, Realismo y Naturalismo.
El Romanticismo.
La crisis del Absolutismo y la liquidación del Antiguo Régimen son acontecimientos que
sirven de fondo a la revolución estética romántica. La protesta contra el mundo burgués, aunque
con enormes contradicciones, la insatisfacción ante los valores impuestos y los graves problemas
políticos y sociales del siglo son los rasgos definitorios del carácter romántico.
La sensibilidad romántica se inicia en Alemania e Inglaterra a finales del siglo XVIII. Entre
sus precursores señalamos al poeta inglés Young y, sobre todo, al alemán Goethe.
Goethe se rebeló contra las reglas neoclásicas; su novela Werther, que exalta los
sentimientos de su protagonista que acaba suicidándose ante un fracaso amoroso, supone el inicio del
Romanticismo. Su obra maestra, Fausto, desarrolla una leyenda medieval: el anciano que vende su
alma al diablo por recuperar la juventud; en ella examina las pasiones y anhelos del hombre en su
lucha contra el tiempo.
El Romanticismo guarda conexiones claras con los movimientos anteriores. La Ilustración es
el subsuelo sobre el que crece, de ella tomaron el impulso hacia la modernidad y el progreso.
Conectaron con el Barroco en el gusto por la literatura nacional, la mezcla de géneros y el rechazo a
las reglas en el arte. En la utilización del paisaje como partícipe del estado de ánimo del personaje,
se acercaron al Renacimiento y recogieron muchos de sus temas de la tradición y leyendas
medievales.
El Romanticismo es una nueva forma de vivir y crear que se refleja en una nueva actitud ante
los problemas del hombre y de la sociedad. Esa nueva actitud se define en los siguientes rasgos:
• Individualismo. El hombre señala sus propios fines. El artista expresa sus emociones con
un egocentrismo (el hombre es el centro del mundo) relevante en todas sus acciones y pensamientos.
• Culto a la libertad. El individuo proclama su derecho a expresarse, el derecho del
individuo frente a la sociedad, de la mujer frente al hombre, del obrero frente al patrón. Se rechazan
las reglas sociales y artísticas. Pero toda liberación tiene un precio, un hondo sentimiento de vacío y
soledad que lleva al romántico a una continua agitación interior, al pesimismo y a la insatisfacción
que definen lo que se ha llamado “el mal del siglo”.
• Rebeldía y contradicciones. El rico mundo interior del romántico en busca de una
felicidad casi imposible choca inevitablemente con la realidad exterior burguesa. La huida es una
necesidad romántica que se encamina hacia mundos pasados y legendarios, hacia países exóticos y
desconocidos o hacia la interiorización de los problemas que conducen, en ocasiones, al suicidio.
• Nacionalismo. Frente al universalismo anterior, ahora se proclama el nacionalismo
político. Cada país, región o localidad ensalza sus costumbres y valores tradicionales.
Pero el Romanticismo no fue un movimiento homogéneo, sus seguidores se dividieron en
torno a dos actitudes ideológicas:
• Romanticismo conservador que pretende restaurar los valores tradicionales, patrióticos y
religiosos,- buscan en la Edad Media el espíritu cristiano y caballeresco. Sus representantes son:
Schegel, en Alemania; Walter Scott, en Inglaterra; Chateaubriand, en Francia y el duque de Rivas y
Zorrilla, en España.
• Romanticismo liberal que encarna los valores más progresistas y revolucionarios del
momento. Entre sus defensores destacamos a: Lord Byron, en Inglaterra; Víctor Hugo y Alejandro
Dumas, en Francia y Larra y Espronceda, en España.

El Romanticismo en España
En un contexto de enfrentamiento político entre los liberales, herederos de las Cortes de
Cádiz, y los conservadores, defensores del Absolutismo, se desarrolla el Romanticismo en España.
Los románticos europeos ya habían descubierto que los ideales que ellos defendían se
reflejaban en la historia y en el arte antiguo español; las principales figuras europeas visitaban con
anhelo España y se inspiraron en lo español: el Romancero, El Quijote, las leyendas medievales, los
templos y monasterios, los tópicos y mitos. España se convirtió en el país romántico por excelencia.
A pesar de todo, el Romanticismo como movimiento renovador entra tardíamente en España
y su triunfo y apogeo son cortos. Dos son los caminos principales por los que empieza a conocerse
esta estética:
• El periodismo. Durante el primer período absolutista, el cónsul alemán Nicolás Böhl de
Faber publica una serie de artículos atacando la normativa neoclásica según nuevas corrientes
llegadas de Europa. Más tarde, en el Trienio Liberal, se edita un diario en Barcelona, El Europeo, a
través del cual se combate la rigidez neoclásica en nombre de los principios románticos, y se dan a
conocer las grandes figuras.
• Con la vuelta de los liberales españoles, exiliados en el extranjero durante la etapa
absolutista, penetra el Romanticismo en España. Entre ellos podemos citar a Martínez de la Rosa,
Espronceda o el duque de Rivas que entraron en contacto con las corrientes románticas europeas,
francesas e inglesas sobre todo.
A la muerte de Fernando VII y con el regreso de los exiliados liberales, el Romanticismo
entra definitivamente en España. Hasta ese momento se mantienen los gustos neoclásicos que
incluso conviven durante algunos años con los nuevos principios.
El apogeo romántico coincide con el estreno de la obra del duque de Rivas Don Álvaro o la
fuerza del sino en 1835. En el año anterior ya se habían publicado obras de corte romántico como El
moro expósito, del mismo autor o La conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa. A partir de
ese momento, el Romanticismo español como estética dominante apenas dura quince años. En 1844
se estrena Don Juan Tenorio y en 1849 la publicación de La Gaviota, de Fernán Caballero, marca el
final de la etapa romántica propiamente dicha y el inicio de una nueva estética. Sin embargo, el
fervor romántico no se apaga totalmente y quedarán epígonos, continuadores del espíritu romántico,
ya en pleno Realismo, como es el caso de Bécquer y Rosalía de Castro.

La literatura romántica
La literatura es una vía utilizada por el romántico para transformar la sociedad y plasmar sus
ideales y actitudes ante la vida. Son escritores comprometidos que intervienen activamente en la
política y los conflictos sociales, a la vez que se dedican al periodismo como un medio de llegar a la
masa.
Todas las características de la ideología y de la nueva actitud romántica se traducen en temas
literarios que se repiten a través de todos los géneros. Se clasifican en cuatro apartados:

Temas
• Temas históricos. La historia nacional o regional se convierte en una de las principales
fuentes de inspiración. La Edad Media con sus castillos, catedrales y monasterios; el mundo árabe y
su exotismo y los personajes literarios creados principalmente en el Barroco, como don Juan o don
Quijote, aparecerán con frecuencia en la obra romántica. De ahí el apogeo de la novela histórica, los
romances y leyendas o el costumbrismo.
• Los sentimientos. El individualismo y egocentrismo románticos se traducen en una
literatura plagada de emociones y sentimientos subjetivos como:
• El amor. Un fenómeno romántico por excelencia que adquiere dos formas: amor
sentimental al que envuelve una actitud de ensueño y melancolía;
y un amor pasional que rompe fronteras y convencionalismos sociales, reclama la libertad de]
corazón y da lugar, a veces, al desengaño y la frustración.
La mujer forma parte de ese sentimiento amoroso e igualmente adquiere dos papeles: el de
ángel de amor, dulce e inocente, hermosa y víctima (doña Inés) o un alma perversa, vengativa y
destructora (Zoraida, en Los amantes de Teruel). Estos dos tipos de mujer se configuran, incluso, en
la misma composición de Espronceda El canto a Teresa.

• La vida. El hombre, en su búsqueda de un sueño inalcanzable, no logra adaptarse a una


forma de vida cotidiana y ésta aparece como un problema irresoluble que conduce a la angustia vital.
Ese desprecio conduce a aventuras peligrosas, sueños heroicos o incluso a desear la muerte como
única libertad.
• Rebeldía ante el mundo. El descontento romántico aparece en multitud de obras. “las
ansias de libertad no encuentran cauce, las grandes ilusiones desembocan en el desengaño y todo ello
se traduce en una rebeldía política que conlleva el exilio o en una rebeldía social que conduce al
retiro ascético o a la evocación de tiempos y lugares pasados y legendarios, y en ocasiones también
al suicidio literario.
• Los conflictos sociales. El artista se hace eco de los conflictos sociales y políticos del
siglo, de las desigualdades y frustraciones, de la conciencia nacionalista y regionalista, de las teorías
del humanitarismo social. Presenta personajes marginados pero libres: bandoleros, piratas,
mendigos y víctimas en general de una sociedad clasista y opresora.

Estética
Se recrean nuevas técnicas y procedimientos expresivos en una renovación artística basada en
el rechazo de las reglas y la exaltación de la imaginación. Algunos de los elementos en los que se
basa esta renovación artística son:
• La ambientación. El entorno, el fondo escenográfico y la descripción detallista adquieren
gran relevancia. La naturaleza se convierte en confidente del héroe y refleja su estado de ánimo. A
diferencia del Renacimiento, se trata de una naturaleza salvaje y turbulenta que coincide con un
ánimo inquieto y pesimista. El mar bravío, las tormentas, los cementerios o la noche son algunos de
sus rasgos. Entre las ciudades, se reivindican aquellas que poseen historia y leyenda como Granada,
Toledo o Salamanca: sus catedrales, mesones y callejuelas circundan al protagonista. Son muy del
gusto romántico las ruinas como símbolo de lo natural frente a la inquietante civilización del siglo
XIX.
• Fantasía. La literatura romántica rompe los límites de la realidad: el gusto por el misterio
y lo sobrenatural llenan las obras; personajes de origen desconocido, encuentros azarosos,
situaciones límite, milagros, voces del más allá, visiones, pesadillas, alucinaciones conforman un
mundo en el que todo es posible.
• Dramatismo. Se utilizan unas formas distorsionadas; una estética basada en la intensidad
emocional, no en el buen gusto o la elegancia neoclásica. Buscan despertar en el espectador las
mismas emociones y sentimientos que los artistas pretenden transmitir, por ello utilizan todo tipo de
recursos efectistas y provocadores.
• Libertad creadora. La oposición a la norma es lo más característico del estilo romántico:
se proclama la inspiración y el genio individual por encima de todo, se rechazan modelos, se
mezclan géneros y subgéneros, tonos y estilos, prosa y verso, todo bajo un prisma subjetivo.

Lenguaje
Todos estos recursos técnicos y estéticos van acompañados de un lenguaje enfático,
exagerado, plagado de signos de interrogación y exclamaciones retóricas, antítesis violentas,
comparaciones, metáforas y todo tipo de figuras retóricas.
Un léxico efectista, con profusión de adjetivos, palabras esdrújulas y oraciones complejas.
Hay algunos vocablos que se convierten en símbolos: ensueño, maldición, fatalidad, lóbrego.
Son, asimismo, grandes defensores del idioma y gustan de un lenguaje castizo y localista
para algunas escenas costumbristas. En general, es un estilo retórico y declamatorio, lleno de
colorido y expresividad.

Géneros
El Romanticismo modificó la doctrina de los géneros literarios, destruyendo los rígidos
límites entre poesía épica, lírica o dramática, entre verso y prosa. Mezcló en una misma obra
distintos tonos y estilos: lo elevado y lo vulgar, lo trágico y lo cómico, lo solemne y lo castizo. En
general, enriqueció los géneros en pos de una libertad creadora que utilizaron como consigna.

Poesía
Es tal vez el género en el que mejor expresa el romántico su actitud ante la vida. El poeta se
convirtió en el intermediario entre el mundo del arte y el resto de los hombres.
Los primeros atisbos de una nueva sensibilidad poética aparecieron en autores de formación
neoclásica como Cadalso o Meléndez Valdés, de este último ya se ha señalado su pronunciado
subjetivismo y la tendencia al énfasis. Pero la verdadera poesía romántica triunfa plenamente en la
década de los treinta con Espronceda y Zorrilla entre otros.
Los poetas románticos desterraron los idilios pastoriles, el didactismo y la uniformidad
métrica anterior, y crearon una poesía centrada en el individuo, sus emociones, sentimientos y
aspiraciones.

I. Temas y forma
Los temas giran en torno a ese nuevo espíritu romántico:
• Todos los sentimientos del poeta, principalmente el amor.
• Temas exóticos extraídos de leyendas y tradiciones de Oriente.
• Recreación de ambientes medievales.
• El tema de la muerte.
• Lo satánico y sobrenatural.
• La libertad.
En la forma se aprecia la inspiración y la espontaneidad como fuerzas motrices y una clara
intención renovadora en todos los aspectos formales y estilísticos:
• Rehabilitación del romance.
• Nuevos ritmos acentuales que producen un gran sentido de la musicalidad.
• Alternancia de estrofas de distintos metros y medidas: octava real, redondilla, décimas,
etc.
• Abundantes descripciones como marco para el frenesí vitalista romántico.
• Lenguaje culto, retórico y grandilocuente.

II. Tendencias y géneros poéticos


Aunque es difícil determinar una clara frontera entre los distintos géneros poéticos dentro del
Romanticismo, podemos, sin embargo, señalar dos tipos de poesía.

A. Poesía Narrativa
Posee un tono épico-heroico y constituye uno de los mayores logros del Romanticismo
español. Arranca de la tradición del Romancero y se inspira en temas legendarios, históricos y
exóticos. Formalmente utiliza la polimetría y un lenguaje retórico con abundancia de epítetos y
palabras esdrújulas.
Se inicia con El moro expósito (1834), del duque de Rivas, cuyo tema gira en torno a los
Infantes de Lara. Del propio Rivas es también una serie de romances de tema histórico.
José Zorrilla es autor de un poema extenso, Granada, y de las famosas leyendas, recopiladas
bajo el título Cantos de trovador, entre las que destacan: Margarita la tornera y A buen juez, mejor
testigo.
El autor más representativo de esta tendencia es José de Espronceda. Su poesía representa la
dirección más revolucionaria del Romanticismo español, comparable a Lord Byron en la poesía
inglesa. Resume toda una época no sólo por su labor poética sino por su vida sentimental azarosa y
una actitud política apasionada.
Su primer poema épico, El Pelayo, recoge los trágicos amores del rey Rodrigo y Florinda.
Sus dos poemas más importantes son:
• El Estudiante de Salamanca, que narra la historia de don Félix de Montemar, un don Juan
admirado y temido, en un ambiente tenebroso y nocturno situado en la ciudad de Salamanca. Son un
total de 1.704 versos divididos en cuatro partes:
• La primera presenta al protagonista y sitúa la acción en el espacio y en el tiempo.
• La segunda desarrolla la historia sentimental de doña Elvira que se vuelve loca de amor
por don Félix y al final muere.
• La tercera termina con la muerte del hermano de doña Elvira a manos de Montemar.
• La cuarta, que es la más extensa, nos cuenta la persecución de don Félix por un espectro
que resulta ser la propia doña Elvira, cuyo abrazo al final le produce la muerte. En esta última parte
aparecen todos los rasgos románticos: nocturnidad, fantasmas, tempestades, imágenes inexplicables
y sepulcros. La obra reproduce mitos literarios como la figura de don Juan, la visión del propio
entierro o la locura de amor.
Formalmente utiliza la polimetría adecuando cada estrofa al tono narrativo, dramático,
dialogado o lírico.
Mezcla lo sublime y lo vulgar, términos arcaicos y poéticos, y aparecen abundantes epítetos y
exclamaciones.
• El diablo mundo es un poema incompleto de ocho mil versos. Consta de una
introducción, seis cantos y varios fragmentos para hacer una epopeya de la vida humana con una
concepción pesimista de la existencia. En el Canto 11 se intercala el famoso Canto a Teresa, elegía
escrita por Espronceda a la muerte de su amada Teresa Mancha; el desengaño es el tema principal de
este poema lírico escrito en octavas reales.

B. Poesía Lírica
Lo lírico impregna todas las composiciones románticas porque la exaltación del yo es
consustancial al movimiento. Pero también existe una poesía lírica propiamente dicha que se
desarrolla independiente. Los temas giran en torno al amor, esperanzas y desengaños, la sociedad o
la moral, pero siempre bajo un prisma intimista.
Entre los géneros líricos se cultiva la balada, la elegía, las canciones y los romances. En su
forma es más sencilla y menos retórica que la poesía narrativa. Podemos distinguir dos etapas:
• Etapa romántica (propiamente dicha): Coincide con el triunfo y apogeo del movimiento.
Entre sus cultivadores vuelve a destacar Espronceda y su obra titulada Poesías (1840) en la que
recoge himnos, odas y canciones de corte lírico. Destacamos La Canción del pirata, un himno de
exaltación de la libertad al margen de la sociedad; con ella inaugura la glorificación del marginado,
del rebelde frente a la sociedad organizada, la aventura frente a las reglas de convivencia y contra el
concepto burgués de “seguridad”.
Otras canciones son El mendigo, El reo de muerte, El verdugo, A Jarifa en una orgía.
• Etapa postromántica: El mejor ejemplo de lirismo español se produce cuando ya el
Romanticismo, como movimiento, decae en Europa, entrada la segunda mitad del siglo XIX.
Esta nueva etapa se caracteriza por abandonar el tono retórico y los excesos narrativas,
despegarse de lo legendario y ofrecer una poesía más subjetiva con nuevos cauces expresivos.
Los dos autores más destacados son Bécquer y Rosalía de Castro.
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) desarrolla su labor literaria y periodística en Madrid,
aunque había nacido en Sevilla. Sus penurias económicas y sus fracasos amorosos se manifestaron
en un carácter introvertido y en unas composiciones sensibles e intimistas.
Su obra comenzó a publicarse en revistas y diarios; el primer manuscrito recopilado por el
propio autor se perdió en un incendio; hoy conservamos en la Biblioteca Nacional una segunda
recopilación con el título Libro de los gorriones. Escribió también una obra en prosa considerable
recopilada en Leyendas y Cartas desde mi celda, en tono romántico y con una temática propia de la
época: el amor, lo sobrenatural, etc.
Su obra poética se reduce a Las Rimas, publicadas a su muerte. Se ordenan en cuatro series:
• I-XI: en torno a la poesía como tema.
• XII-XXIX: hablan del amor de manera positiva e ilusionada.
• XXX-LI: cantan el desengaño y el fracaso amoroso.
• LII-LXXVI: tratan de la soledad y la muerte.
El universo de Las Rimas abarca dos grandes aspectos:
La poesía y el hombre mismo con una profunda implicación personal del poeta. Para
Bécquer, la poesía es tan inexplicable como el amor, ambos se comprenden intuitivamente-. “La
poesía existe aislada en el mundo pero hay que captarla, atraerla con la palabra que resulta casi
siempre un pobre instrumento’ ‘
Pero además de la inspiración, Bécquer creía en la elaboración formal de los poemas cuyos
rasgos más característicos son: intimismo, brevedad y sencillez, estructuras paralelísticas,
predominio de la musicalidad y de la rima asonante, combinación de versos de arte mayor y menor,
eliminación del retoricismo y de los epítetos innecesarios.
Bécquer fue, sin duda, el primer poeta moderno, modelo de poetas posteriores: la generación
del 98, Juan Ramón Jiménez o los poetas del 27.
En esta línea sencilla e intimista sobresale Rosalía de Castro. La mayor parte de su
producción está escrita en gallego: Cantares gallegos y Follas novas,- en castellano publicó, en
1884, A orillas del Sar. Posee mayor riqueza temática que Bécquer y es más sensible a la
naturaleza; sin ninguna duda supuso el renacimiento de la poesía gallega.
Prosa
Las convulsiones políticas y sociales que pueblan el siglo XIX se manifiestan principalmente
a través de los escritos en prosa. Destacan tres géneros: Novela, Cuadro de Costumbres y
Periodismo.

La Novela
Durante los primeros treinta años del siglo, debido al Absolutismo, la cultura y la novela en
particular tienden a inmovilizarse. Los moralistas y censores combaten toda clase de novedades, sin
embargo hay constancia de múltiples traducciones de novelas europeas y se inicia tímidamente una
narrativa que surge junto al desarrollo de la industria editorial. A partir de 1830 ya se puede hablar
de una narración puramente romántica: la novela histórica y la novela social.

A. Novela histórica
Responde a una actitud romántica de mirar de manera nostálgico hacia el pasado. Comienza
en Europa con Chateaubriand y Walter Scott (autor de Ivanhoe). Sus temas recogen hechos de la
época medieval. Podemos distinguir dos variantes:
• Novela histórica liberal. Adapta temas de la Historia de España con una visión político-
crítica; es antitradicional e intenta negar ciertos valores institucionalizados. Como ejemplo, cabe
citarse El Doncel de Don Enrique el Doliente (1834), de Larra, en la que el autor proyecta sus
amores en el protagonista, Macías, que morirá de amor tras haber producido la locura y la muerte de
su amada. Ese mismo año, Espronceda publica Sancho Saldaña o El castellano de Cuéllar, que
narra las luchas de dos familias, la una partidaria de Sancho el Bravo, la otra de los Infantes de la
Cerda.
• Novela histórica moderada. Recrea un universo histórico y legendario y exalta los valores
tradicionales. La primera novela, Ramiro, conde de Lucena, de tema musulmán, aparece en 1823.
La, más importante es la del leonés Gil y Carrasco, El señor de Bembibre, que narra los amores de
don Álvaro y doña Beatriz; tiene como marco el paisaje del Bierzo y como fondo histórico la
disolución de la orden de los Templarios.

B. Novela social
Es una variante de la novela histórica. En tono melodramático, narran historias populares
en las que buscan el bienestar de los marginados y acabar con los privilegios, según las teorías
preconizadas por el socialismo utópico, que pretendía desarrollar una comunidad con criterios
igualitarios. Se las ha denominado novelas de folletín o por entregas porque aparecían diariamente
en un lugar del periódico reservado para ello (el folletín). Su modelo es el francés Eugenio Sue.
En España destaca Ayguals de Izco y su novela María o la hija de un jornalero. Estas
narraciones fueron muy populares e influirán notablemente en la novela realista posterior:
referencias a ellas aparecen en la novelística de Galdós.

El Cuadro de Costumbres
Las guerras contra Napoleón suscitaron un fuerte sentimiento nacionalista en los pueblos; así,
se exaltan todas las peculiaridades y tipismos populares, el Romanticismo reivindica lo tradicional y
se desarrolla un género nuevo, el costumbrismo.
El costumbrismo es una descripción inmovilista de la realidad, carece de desarrollo dramático
y utiliza la técnica folklórico. Sus características son:
• Breve extensión.
• Amenidad y gracia en el estilo y lenguaje.
• Temas actuales: pintura de usos y costumbres de la sociedad decimonónica, calles,
diversiones, gustos, paseos, etc.
Alcanza su apogeo en 1840 y distinguirnos dos variantes:
• Escenas. Descripción de hechos y costumbres: oficinas públicas, el brasero, el café o las
corridas de toros. Los costumbristas más destacados son: Mesonero Romanos, que publicó Escenas
Matritenses en diversos diarios con el seudónimo de “EI curioso parlante”, y Estébanez Calderón,
cuya obra, Escenas andaluzas, refleja el tipismo andaluz.
• Tipos. Descripciones de personajes típicos sociales y regionales: el castellano viejo, el
funcionario, el viejo verde o la trapera. Es importante en esta variedad la aparición de la colección
Los españoles pintados por sí mismos.
Hay que señalar que el costumbrismo nace unido al periodismo. Son muchos los artículos
costumbristas que aparecen publicados en diarios y revistas. Se utilizaron también en dramas
románticos (el caso de Don Álvaro o la fuerza del sino), y más tarde algunos de sus caracteres se
incorporaron a la novela realista.

El Periodismo
La vida cultural y política y las transformaciones sociales y económicas del siglo XIX se
vertieron en la prensa periódica hasta convertirse en un medio imprescindible para una sociedad
moderna. El poder de la burguesía y los avances técnicos propiciaron la rápida difusión de estos
diarios y revistas y una mayor calidad en la transmisión. En sus páginas se difundían ideas,
opiniones, acontecimientos y proyectos y permitió el nacimiento de un nuevo género: el artículo.
La prosa periodística tal como hoy la conoce os nació en las Cortes de Cádiz en 1812 y
alcanzó su máximo esplendor en la revolución de 1868. El periodismo de opinión cumplía una
función de educación política; la literatura se acomodó a los reducidos formatos de la prensa y en
ella aparecieron ensayos, poemas, relatos cortos y a partir de la década de los 40 se reservó un
espacio para la novela por entregas que gozó de gran popularidad. Los escritores y pensadores
románticos se sirvieron del periódico como vehículo perfecto para transmitir sus ideas de progreso.
Mariano José de Larra fue uno de los más destacados periodistas del siglo. Estas son sus
palabras respecto a la importancia del periodismo: “Convengamos, pues, en que el periódico es el
gran archivo de los conocimientos humanos, y que si hay algún medio en este siglo de ser
ignorantes, es no leer un periódico”.
Larra fue, sobre todo, un hombre comprometido con la realidad de su tiempo. Encaró con
lucidez la penosa situación de España; su atraso, su inmovilismo, la corrupción pública; eligió un
romanticismo combativo para transformar la sociedad y a ello dedicó su vida y su pluma.
A los 19 años editó su primer periódico, El Duende Satírico del Día; más tarde, con El
Pobrecito hablador, se inicia como escritor satírico y crítico. Escribió en las revistas y diarios más
prestigiosos del momento con el seudónimo de Fígaro. Intervino activamente en política, llegando a
ser diputado por Ávila, pero sus frustraciones políticas y sus desengaños amorosos le llevaron al
suicidio a los 28 años.
Confió en la libertad de expresión y en el concepto de literatura útil. Luchó por el progreso y
la modernidad atacando las costumbres anticuadas y vicios inmovilistas.
Sus artículos se distribuyen en tres grupos temáticos:
• Artículos de costumbres.
Larra toma el cuadro de costumbres para hacer una crítica social. Describe episodios de la
vida cotidiana pero en tono irónico y mordaz. En este sentido sigue la línea de Quevedo o Cadalso.
Ejemplos de este grupo son El castellano viejo y El casarse pronto y mal.
• Artículos de crítica política.
Los carlistas y los gobiernos liberales moderados fueron el blanco de las críticas más agudas
de Larra. Nadie pase sin hablar al portero o Tres no son más que dos son algunos ejemplos. Para
evitar la censura buscó distintas formas: parodias, fantasías literarias, diálogos entre personajes, etc.
• Artículos de crítica literaria.
La literatura para Larra es la expresión de tina sociedad y el escritor debe adoptar una postura
comprometida, y así se expresa en la mayor parte de estos artículos. Se dedicó principalmente a la
crítica teatral atendiendo a todos los aspectos del hecho dramático: vestuario, texto, estructura, etc., y
lo consideró el medio más adecuado para la educación del pueblo.
Es común a todos estos artículos un estilo claro, directo e irónico, como lo es también su
constante preocupación por el idioma: rechaza neologismos innecesarios y el estilo arcaizante.
Su estilo mordaz y sarcástico, la profundidad de sus observaciones y la actualidad de sus
temas le convierten en modelo de escritores y periodistas contemporáneos.

Teatro
El teatro de la primera mitad del siglo se hizo eco de la concepción desgarrada y dramática
del espíritu romántico, convirtiéndose en uno de los géneros más característicos del siglo. Sobre
todos los géneros triunfa el drama aunque se sigue cultivando la comedia.

I. El drama romántico
Nace en Alemania con Schiller. En España su aparición es tardía, se produce en 1834 con el
estreno de La Conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa y pervive escasamente 15 años. Se
puede hablar de la obra de Zorrilla Traidor, inconfeso y mártir, de 1849, como el último ejemplo.

A. Características generales
El tema fundamental es el amor; más allá del bien y del mal, los amantes aspiran a la unión
perfecta, pero es un sueño imposible. Unidos a este tema aparecen el azar, la libertad, la rebeldía
política o moral, las pasiones ilícitas o la venganza. A veces la falta de profundidad dramática en el
planteamiento del tema es compensada por una gran habilidad para construir la intriga.
Entre los personajes sobresale por encima de todos el héroe del que destaca su origen
desconocido, el misterio que envuelve su persona, su amor a la libertad, su búsqueda de la felicidad
y la inevitable desgracia que acaba con sus sueños. De la heroína que lo acompaña destacamos su
inocencia, dulzura y la intensidad de su pasión. Alrededor de ellos los demás personajes parecen
existir sólo para oponerse al amor de la pareja protagonista o para asistir, impotentes, a la
destrucción final.
La escenografía es muy importante en el drama romántico; tienen predilección por panteones,
paisajes abruptos y solitarios, mazmorras, riscos y montañas, etc.
Frente a la ausencia de acotaciones en el teatro neoclásico, abundan aquí tanto las que se
refieren a la escenografía como a las actitudes de los personajes. La escenografía no es un simple
marco de acción sino que cumple una función dramática importante.
Entre los recursos formales, atendiendo a la libertad como principio artístico, el drama
romántico rechaza todas las reglas, busca reflejar lo grotesco de la realidad más que la
verosimilitud, mezcla lo trágico y lo cómico y la prosa y el verso en todas sus variantes métricas. Se
rompen las unidades de tiempo y lugar, la complicada intriga requiere cambios constantes de lugares
escénicos y una temporalización concreta que también cambia; todo ello responde a una estructura
dinámica de la acción.
El número de actos varía entre tres, cuatro y cinco; a veces se les da el nombre de jornadas en
un claro entronque con el teatro nacional del Siglo de Oro.
Son también utilizados elementos efectistas como intensificadores del clima trágico para
producir sorpresa, horror y todo tipo de efectos teatrales.
La finalidad última es conmover al espectador, llegar a su fibra más sensible, hacerle reír y
llorar.
Toman elementos del teatro del Siglo de Oro, intensificando la pasión amorosa; la Historia
aparece como telón de fondo, pero sólo captan la anécdota, el detalle pintoresco, no su esencia
verdadera. El desenlace siempre es trágico: la destrucción del individuo por el mundo en la línea de
la fatalidad romántica.

José Zorrilla.
B. Autores y obras
La primera obra considerada plenamente romántica es La conjuración de Venecia, de
Martínez de la Rosa. El tema principal es la lucha por la libertad y en la forma rompe con las
unidades dramáticas, emplea una escenografía efectista y anuncia ya los rasgos románticos más
sobresalientes.
Larra también escribió un drama, Macías, que carece de interés dramático; lo único
interesante es la transposición del drama amoroso personal de Larra al protagonista de la obra. Es el
mismo tema que aparece en su novela histórica.
El duque de Rivas es el autor más importante; el estreno en 1835 de Don Alvaro o la fuerza
del sino supone el triunfo del Romanticismo en España, convirtiéndose en el prototipo de drama
romántico.
El tema principal es la fatalidad o el sino adverso que persigue a Don Álvaro hasta destruirle
totalmente. La obra es una acumulación de casualidades contra las que nada puede hacer la voluntad
del protagonista. Aparecen otros temas como el amor apasionado y puro, los convencionalismos
sociales y un sentido desproporcionado del honor.
Don Álvaro responde a todas las características del héroe romántico: gallardo, valiente,
generoso, apasionado, de origen desconocido y querido popularmente. Doña Leonor es también la
amada dulce y víctima de una familia deshumanizada y convencional, que representa a los
antagonistas de la obra; doña Leonor se debatirá entre los sentimientos familiares y los que le inspira
don Álvaro. Los demás personajes son meras comparsas que acompañan a los protagonistas.
Está compuesta de cinco jornadas, cuatro de ellas comienzan con una escena costumbrista en
prosa: en el puente de Triana donde conocemos a una gitanilla que adivina el porvenir, un juego de
cartas, un desfile de mendigos, etc.
No respeta las unidades dramáticas: la acción se desarrolla en Sevilla, en Córdoba o en Italia;
la obra se extiende a lo largo de cinco años; la unidad de acción se rompe en las escenas
costumbristas, mezcla lo trágico y elevado con lo festivo y cómico.
Utiliza la prosa en escenas costumbristas y el verso en otras de mayor rigor argumenta].
Revive la polimetría del teatro barroco: silvas, redondillas o romances.
El valor de la obra hay que buscarlo en la intensidad de la teatralidad de la acción y de los
personajes.
José Zorrilla escribió el drama romántico que mejor ha superado el paso del tiempo: Don
Juan Tenorio.
Estrenado en 1844 con gran éxito de público, refunde el mito del donjuan de Tirso de
Molina. El personaje responde a los gustos románticos: el misterio inicial, duelos y peleas callejeras,
la noche, sepulcros, estatuas de piedra, la muerte, etc. La salvación de don Juan por amor es lo más
característico de esta refundición del mito, es la interpretación más teatral y efectista.
Otras obras románticas son: El trovador, de García Gutiérrez y el drama histórico Los
amantes de Teruel, de Eugenio de Hartzenbusch.

II. La comedia
Se representa una comedia ligera o vodevil venido de Francia; una comedia con elementos
mágicos; pero la más importante es la comedia costumbrista representada por Bretón de los
Herreros. Marcela o ¿cuál de los tres?, estrenada en 1831, es su obra más representativa, pero este
tipo de teatro no triunfará plenamente hasta la segunda mitad del siglo.
REFERENCIAS EN LA RED:

http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/2romanti.htm
http://www.materialesdelengua.org/LITERATURA/HISTORIA_LITERATURA/LARRA/f_l
arra_romanticismo_caracteristicas.pdf
http://romanticismoespaol.blogspot.com/