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Análisis - La Libertad Guiando al Pueblo

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Universidad de Chile Lenguaje y Cultura Profesor Hans Stange

“La Libertad Guiando al Pueblo”
La mímesis y el problema de la representación en el arte moderno

Integrantes Freddy Aceituno Rubilar Marcia Lizana Mansilla Nicolás Pereira Rojas Fecha Miércoles 30 de Marzo de 2011

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Introducción
La mímesis, en conjunto con el problema de la representación, tiene diversas perspectivas desde el punto de vista histórico. A lo largo de la historia de la humanidad, la forma de representación predominante en el arte ha ido variando. Inicialmente, se concebían obras cuyas representaciones (y a su vez, la mímesis) eran principalmente figurativas, es decir, muestras cuyo objetivo era la reproducción lo más fidedigna posible de la realidad. Muestra de ello son las pinturas rupestres. Con el paso del tiempo, ya en la era cristiana, la forma en que son plasmadas las imágenes en el arte pictórico corresponde a una figuración de modelo de mundo, en el que se señalan características implícitas de acuerdo al mensaje que está contenido en el discurso visual. Esto puede verse principalmente en obras de carácter religioso y épico, en que las que el entorno y las imágenes, fuera de conseguir que la imagen sea ópticamente fiel al modelo. Ya a puertas de la era moderna, tienden a aparecer obras en las cuales los artistas se apropian de las ideas u objetos y crean sus representaciones en base a la imagen que conciben respecto al tema que han de tratar. Esto aparece en contraposición a la mímesis clásica, que es una reproducción fidedigna de la realidad. En nuestro caso, hemos seleccionado una pintura de la época moderna con tal de analizar sus elementos constitutivos en base al contexto histórico y social en que está inserta, y por consiguiente, conseguir abordar el tema de la problemática de la representación de un punto de vista ideal.

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Análisis de la Obra
Título: La libertad guiando al pueblo Autor: Eugene Delacroix Técnica usada: Óleo sobre lienzo Dimensiones: 2,6 m de alto por 3,25 m de ancho. Contexto Histórico Para comenzar, es necesario definir ciertos aspectos que envuelven al entorno en que se creó el cuadro. Debemos concentrarnos en el autor y el contexto histórico y social en que se desarrolla la gesta de la obra. Estamos en la Francia del siglo XIX, época marcada por fuertes revoluciones que alteraron diversos aspectos sobre las estructuras sociales y políticas del entonces reino. Más precisamente, nos enfocamos en la época de las revoluciones, comprendida entre 1824 y 1848. Esta composición fue realizada el año 1830, en el marco de la llamada “Revolución de Julio”, o “Las tres gloriosas”. En este proceso histórico, las masas populares y de clase media se sublevaron en contra de la administración autocrática a cargo de Carlos X, debido a la poca probabilidad de aprobación que tenían las reformas que exigía el país; entendiéndose derechos tan básicos como la libertad de expresión y de prensa (y por ende, la abolición de la censura), la ampliación del voto censitario, y la extensión de la paridad en el parlamento, que hasta aquel entonces era hereditaria. Todos estos factores incidieron para que en Julio de 1830, el pueblo se volcase a las calles de París, alentado por la prensa nacional, para exigir la salida del actual gobernante. Apoyados por la Guardia Nacional, consiguieron derrotar al ejército real, consolidando así un nuevo gobierno liderado por Luis Felipe I. Como consecuencia de esto, Carlos X se vio forzado al exilio, y se reformó la constitución para reestructurarla y volverla más liberal. Sobre el Autor Ferdinand-Victor-Eugène Delacroix, nacido el 26 de Abril de 1798, fue un pintor de nacionalidad francesa, nacido en el seno de una familia de la alta burguesía. Hijo (presuntamente) de Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (político y diplomático francés

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de la época), pero inscrito como hijo de Charles-François Delacroix de Contaut (también político francés). Desde pequeño fue incentivado en el arte por su tío, Henri-François Riesener. Comenzó a frecuentar museos y galerías de arte en París, y posteriormente realizó un viaje a Inglaterra. Expuso su primera obra en 1819, decorando la sala de la administración de M. Lottin de Saint-Germain (extender biografía). Luego de ello, publicó diversas obras que conllevaron la madurez de su obra. Participó activamente en los movimientos revolucionarios de 1830. Al respecto, existe una frase que escribió en una carta a su hermano, que dice “Si no puedo luchar por la patria, al menos, pintaré por ella”. Esta cita refleja a la perfección el espíritu idealista que caracterizaba a Delacroix y sus obras, a las cuales imponía su particular sello. En 1857 pasó a formar parte de la Academia de Bellas Artes, y ya entre 1859 y 1861 culmina sus obras, falleciendo el 13 de Agosto de 1863 acompañado sólo por su ayudante Jenny le Guillou. Composición y perspectiva Antes de tratar cada componente de la obra, es necesario hacer ciertas observaciones respecto al carácter general de la pintura. Si prestamos atención al costado derecho, un escenario muy similar (si no es el mismo) a la Bastilla se deja entrever; símbolo de la libertad francesa y la rememorada batalla que allí se libró durante la revolución en Francia. Su presencia en la obra es determinante a la hora de ejemplificar la lucha por ideales que se está dando en la escena. Los colores utilizados en el fondo corresponden, de una forma muy sublime a la bandera franca. Podemos notar cómo los suaves tonos azules del extremo superior derecho mutan en la iluminación predominantemente blanca del centro, que está tras la mujer con la bandera alzada, y más hacia la izquierda, el fondo, además de hacerse un tanto más oscuro (punto que analizaremos más adelante), la tonalidad se torna hacia una gama de colores más cálidos, entiéndase, rojizo. En lo que refiere a la constitución principal del cuadro, la línea del horizonte no aparece bien definida, aunque puede percibirse la perspectiva gracias a: La muchedumbre tras la mujer, aparece ante la vista un tanto difusa. Éstos, aparecen retratados no tan minuciosamente como los personajes que aparecen en el centro de la obra. Además, la gama de colores usados en el sector ya mencionado del cuadro tienen muy poco contraste con el color gris, tendiéndose a confundirse con el humo presente en el área superior izquierdo de la obra. Podría decirse que lo que el autor busca es otorgar un toque

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de homogeneidad al pueblo en ese sector de la composición, para representar de manera fiel el que todos formaban parte de las revoluciones de 1830. Otro posible motivo para utilizar este recurso, es querer resaltar a los objetivos presentes en el centro de la obra. Elementos muy acentuados como la mujer que porta la bandera de Francia, el hombre que aparece tendido a sus pies implorando, al parecer, clemencia; el joven armado que se encuentra a la derecha de la mujer (desde la perspectiva del observador) y los tres hombres que están al lado izquierdo de la misma. A diferencia de la muchedumbre a la que hemos referido con anterioridad, los personajes mencionados sobresalen respecto de las demás figuras, sea esto por detalles de iluminación o por la utilización de colores más acentuados. Además, existen ciertos detalles que se muestran más marcados tanto en sus rostros como en sus vestimentas. El cuadro presenta una clara distribución geométrica de los elementos, que están diseminados de forma triangular en el lienzo. Los objetos, forman una pirámide imaginaria en la que la cúspide de esta se halla en el brazo alzado de la mujer, y cuya base correspondería a los cuerpos de quienes han muerto en la batalla. Colores y luces La obra en general, presenta una utilización recurrente de tonos opacos y grises. También hay colores pálidos aunque claros, como el de la piel de la dama, y además, hay zonas donde es posible vislumbrar colores más fuertes, como en la bandera francesa o las prendas de algunos personajes. La luz, pese a mostrar una distribución forzada y poco realista, posee una relación entre la cantidad de brillo y su posible importancia en el discurso. Por un lado, tenemos a la dama, que es el personaje más “brillante” en relación a los demás. La luz que llega a ella, tiene su origen en el lado inferior izquierdo. Esto hace que tenga un enorme contraste entre el lado izquierdo iluminado y su contraparte opaca. Curiosamente, la bandera luce muy clara en comparación con el rifle que porta la mujer, que prácticamente está entre las sombras. Esta misma luz resalta el busto de la mujer, que se notan bastante voluminosos y redondeados.

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En el aspecto cromático, esta mujer posee los colores más vivos (a pesar que en la obra, en general se usan tonos grises y opacos). Por un lado, está la bandera francesa, que tiene los tonos rojos y azules primarios bien contrastados con el fondo. Esta el vestido amarillo, tono que tiene poco contraste con el blanco; por ende, se destaca más en relación al resto. Lo extraño, es que sus pezones no se notan, ya que el rosado utilizado tiene poco contraste con la piel de ella. Otra curiosidad es que el gorro café tiene poco contraste con el pelo. Cerca de la dama, se encuentra el hombre que la mira. Su rostro no se nota mucho, ya que hay mucha sombra sobre este, pero si están bien definidas sus ropas. El color azul primario de su camisa le da cierto rango de importancia y de carga simbólica. Por otra parte, está el chico de las pistolas. Parece como si la dama de la libertad le interrumpiera el trayecto de la luz hacia él. Al estar entre las sombras, hay ciertos

elementos que parecen borrosos como su ojo izquierdo que se confunde con la enorme sombra que hay en uno de los costados de su rostro. A pesar de esa aparente desventaja, tiene un enorme contraste con el humo blanco del fondo, detalle que favorece la pose de sus brazos. De ahí están los tres hombres que están a la izquierda de la dama, sin contar al hombre de la camisa azul. A pesar que hay detalles que se pueden reconocer como hombres y no como manchas, los tonos usados y la fuerte sombra, dan la sensación de estar poco relacionado con la figura de la libertad. Uno de los hombres, el burgués con la escopeta, posee una pequeña en su rostro y en sus manos. Algo similar pasa con el hombre de la espada; el problema, es que su tez morena hace que su ropa se ilumine más que su cara. El sujeto que está vivo y tendido en el suelo, prácticamente está en las sombras; lo único que lo hace destacar es su gestualidad. Están los dos cadáveres que poseen más luz y colores vivos que la gente viva (sin contar a la mujer de la bandera). Esas luces no tienen el mismo origen que el foco que posee la dama de la libertad. Hay un tercer muerto, que casi no tiene luz y tiende a confundirse con el suelo, salvo por su mano y un detalle de la ropa de colores que son más brillosos.

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De ahí tenemos un cielo azul despejado que es “opacado” por el humo. Este último, es blanco en el área izquierda de la pintura y tiende oscurecerse hacia el gris y/o al café en la derecha de la obra. El edificio de la derecha, de tonos amarillentos y sombras grises y muy pesadas, se nota iluminado por un posible sol despejado.

Mímesis en la obra
Uno de los elementos más complejos al momento de analizar el concepto de mimesis presente en “La Libertad guiando al pueblo” es la mujer de la bandera, por ser un elemento alegórico que podría generar confusiones a la hora de establecer cuan verosímil es la obra en relación al hecho histórico. Pero esto no implica que la obra no sea mimética, ya que la imitación también se aplica a las ideas y a alegoría (Tatarkiewicz, W.,2002, Hdsi, pg. 307). Además, al ser una obra del siglo XIX, estamos frente a una mimesis del tipo moderno:
“Las obras de arte imitan la realidad, pero expresan también las ideas y experiencias del artista. Por consiguiente, pueden seleccionar la realidad e incluso transformarla…Zucaro afirmó que el objeto de la pintura no es tanto el diseño interno sino el <<interno>>, o <<el concepto que se ha formado en nuestra mente>>”(Tatarkiewicz, W.,2002, Hdsi, pg. 312)

Bozal plantea la ventaja del uso de los símbolos que representan valores:
“…El símbolo sirve, así, para reforzar la articulación del horizonte de figuras propio de una sensibilidad colectiva o epocal. Pero lo propio del arte es, precisamente, lo contrario: su capacidad de innovar o de renovar esa sensibilidad…de alterar la sensibilidad establecida o/y rutinaria y obligar a una mirada nueva sobre los objetos-figuras reconocidos.” (Bozal, V, 1996, Hietac, pg 43)

Eugène Delacroix tiene influencia del neoclasicismo al rescatar los valores clásicos; para ser exacto, de la diosa Atenea (o Minerva en la mitología romana): la guerra, la civilización, la sabiduría, la estrategia, artes, la justicia, y la habilidad. (Atenea, Wikipedia en español). Estos valores están muy relacionados con el espíritu revolucionario francés, ideas sintetizadas en la mujer de la obra. Pero su aporte innovador fue la manera en representar este símbolo: mujer robusta y típica de la época, sin accesorios de complejos relieves como los que poseía Atenea; en vez de la típica divinidad que es superior y aislado al resto de las personas, es una líder que no se aleja de su gente. Y con la bandera francesa,

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símbolo literal del nacionalismo, lo utiliza como medio para guiar a las personas a seguir con la lucha. En resumen: un símbolo más terrenal que divino.

Interpretación discursiva
Como toda obra moderna (contemporánea más bien, previo a las vanguardias) el artista impregna un discurso implícito en su obra de arte, y es misión del observador interpretar este mensaje, según el contexto histórico e ideológico de la época. En el caso de esta obra de Delacroix, conociendo el marco teórico explicado previamente en este documento, uno de los aspectos más llamativos es la imagen de la mujer con la bandera francesa y un rifle clásico de la época (1830) en sus manos, esta mujer es quien encarna a la libertad (de ahí el nombre de esta obra), y es en esta parte de la representación donde se marca uno de los aspectos de análisis principales del cuadro, que es la especie de pirámide que forman desde abajo hacia arriba, los cadáveres, La Libertad y la bandera. En lo más bajo de la pirámide vemos los cuerpos que ha cobrado la revolución siendo pisoteados por los insurgentes. Esto sumado a la sensación de avance que tienen los mismo personajes, y la sensación de movimiento que imprime el autor en estos hombres, da un mensaje al observador de lo que significa la revolución: “O te unes, o te pasa por encima”, como sucede a los soldados que yacen muertos como simbolismo de la caída de las fuerzas militares ante el pueblo, y con esto, la caída del Carlos X. Más arriba esta la ya mencionada Libertad, encarnada por esta mujer de torso descubierto que encabeza esta afrenta revolucionaria. En teoría, podríamos decir que esta es la imagen principal de la obra, aunque no hay que desestimar los personajes que están a su alrededor y que son totalmente visibles, a diferencia de los insurgentes de más atrás que son casi imposibles de distinguir por el difuminado de la obra. Los dos hombres y el niño encarnan la participación de todos los sectores sociales en la revolución; tanto el burgués, como el hombre más pobre, e incluso un niño (sin olvidar a la mujer a la cabeza). Todos participan en esta batalla en contra de la tiranía de Carlos X. Especial mención hay que hacer en el burgués con su sombrero de copa, ya que según se sabe, Delacroix quiso encarnarse a sí mismo en este personaje, aunque él no participó directamente en este movimiento. A través de este hombre quiso manifestar que él sí era parte de esta lucha, que apoyaba todos sus ideales y que por eso pintaba esta obra. Antes de ir al final de esta

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pirámide, destacar el gorro frigio que usa La Libertad, de origen persa, que posterior a esta revolución pasaría a ser emblema de varias repúblicas (incluyendo la francesa, se le llama Marianne y encarnó a la republica liberal francesa). En la cúspide de la pirámide se encuentra un elemento considerado muy importante ya que marca el pensamiento del autor y la intencionalidad de esta obra: la bandera de Francia. El hecho de que este sea el elemento más alto de la pirámide, sumado al uso continuo de los colores de la bandera de su nación manifiestan el fuerte sentimiento nacionalista que no es ajeno al artista del romanticismo. Todo lo contrario, y que es el sentimiento que lo motiva a apoyar esta causa, como dijimos antes, no participando de la revuelta en sí, sino a través de esta obra, incluso aunque en las imágenes disponibles en Internet de esta obra no se puede apreciar, según la clásica búsqueda del estudiante, personas decían que en las manchas de sangre que se ven en algunos de los personajes se pueden apreciar tenues líneas con los colores rojo, azul y blanco; demostrando el fuerte nacionalismo que llevaba dentro y su mensaje de que sangre francesa podría ser derramada pero valía la pena en nombre de la libertad. En este punto nos gustaría volver un poco a lo dicho antes, cuando analizamos los personajes que podíamos ver en la pirámide, que es el moribundo arrodillado a los pies de La Libertad. Citado ahora porque es en él en quien se encarna perfectamente este sentimiento: en sus vestimentas se aprecian los colores ya mencionados de la bandera francesa y mira a La Libertad con un sentimiento de que aunque el cayó en esta batalla, vale la pena si es en nombre de la libertad de Francia. Resaltando finalmente los últimos dos entes que parecen interesantes en la imagen, primero uno de los cadáveres que se encuentra desnudo del cinto hacia abajo, parece demostrar la falta de hombría de quienes se oponen a la revolución y de cómo serán aplastados por la misma representada en los pantalones, o más bien en la carencia de estos, elemento representativo típico de masculinidad por esos años. Y el segundo ente sería el Notre Dame, o según muchos, La Bastilla, que se aprecia en el espectro de ciudad a la derecha de la obra, para manifestar, según la primera perspectiva la opinión que tenía la iglesia del conflicto, ya que había sido gran apoyo para la restauración borbónica; y según la segunda, evocar a este pasaje histórico como fue la toma de La Bastilla durante la Revolución Francesa, hito ícono de la historia por la lucha para conseguir la libertad.

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Terminados de analizar los personaje en sí, quisiéramos hacer una pausa especial para analizar el torso desnudo de La Libertad, que por cierto causó gran revuelo en la época, ya que en esto el autor manifiesta su concepto de belleza, a través de la figura femenina (a pesar de lo extraño que pareciera ver a una mujer liderando una afrenta revolucionaria en la época), cosa que exacerba al exhibir los senos de esta mujer como mayor símbolo de belleza que él quería implantar en esta representación de la libertad. Para concluir se procederá a destacar dos aspectos en la técnica del artista dentro de la obra. Primero, el efecto de difuminado que utiliza el autor para representar el humo provocado por la contienda, el polvo, y las balas, cubre el campo hasta el cielo apenas dejándonos distinguir a los revolucionarios de más atrás. Esto también sirve para destacar por sobre los demás a los personajes que ya hemos nombrado. En segundo y último punto, destacar el efecto lumínico presente en la obra. La iluminación que presentan los personajes frontales no concuerda con la realidad. Se pierde el afán realista presente en las vestimentas y en el armamento de la obra y se retorna al afán romanticista de magnificar los sentimientos importantes para el autor, en especial La Libertad, la bandera, y el pueblo armado. En conclusión, en esta obra Delacroix quiso manifestar su apoyo a la revolución y su fuerte sentimiento nacionalista impregnado en esta imagen de la libertad encabezando al pueblo francés armado que lograría derrocar al tirano Carlos X. Este sentimiento llevaría a la corona sucesora, Luis Felipe de Orleans, a adquirir esta obra (aunque terminó siendo sólo temporal) como emblema de la revolución de 1830.

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Bibliografía
1. Maurice Sérullaz (1989). « Biographie de Delacroix; Collection: L'Histoire de l'art ». París: Fayard. 2. F. Rossi-Landi (1992). “El lenguaje”. En: R. Williams, ed. Historia de la comunicación. Barcelona: Bosch. Tm. I. pp. 47-102. 3. Aristóteles (1963). Poética. Santiago: U. Arcis. Edición electrónica de www.philosophia.cl 4. V. Bozal (1987). “Representación y sujeto”. En: Mimesis. Las imágenes y las cosas. Madrid: Visor. pp. 19-61. 5. Homero (c. -750). Iliada. Canto XVIII. Edición electrónica de www.iliada.com.mx 6. Halliwell, S. (2002). The aisthetics of mimesis. New Jersey: Priceton University Press. 7. Tatarkiewicz, W. (2002). Historia de seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética. Madrid: Tecnos. 8. Bozal, V., ed. (1996). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas (2ª ed. 2000). Madrid: Visor. 2 vols.

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