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POSTALES DE LA ASUNCION DE ANTAÑO - JORGE RUBIANI - VOLUMEN II - PortalGuarani.com

POSTALES DE LA ASUNCION DE ANTAÑO - JORGE RUBIANI - VOLUMEN II - PortalGuarani.com

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

El mobiliario colonial

En los primeros duros años de Asunción, el estar a cubierto de la intemperie era -
de por si- un lujo que no llegaban a perturbar los mosquitos y la falta de otras
comodidades. Largas jornadas de navegación o de caminatas por la selva, convertían
a cualquier rústico albergue en un paraíso. En las crónicas de la época -de hecho- son
escasas las alusiones a otros detalles que no refirieran acontecimientos, lugares, o las
cambiantes relaciones con los naturales como para que algún "escribidor" se
moleste en denunciar la falta de confort en las desprovistas chozas de entonces. En
la relación de acontecimientos singulares, el 2 de setiembre de 1541 aparece como
una fecha importante. Es cuando se produce el arribo del sufrido contingente que
abandonaba Buenos Aires. Con este grupo y con el reparto de solares ordenado por
Irala, se distribuyeron en aquella ocasión"..tejidos de mantas y hamacas (...) se
curtieron cueros de ciervos y venados y se tuvo el vestido"
. Entonces, lo indispen-
sable era suficiente. La gente se contentaba con tener donde dormir y para ésto se
bastaban con las hamacas indígenas. Para comer lo hacían también -muchas veces-
a la manera de los naturales: sentados en el suelo, tanto por ganarse su simpatía como
porque, las más de las veces, la comida era proveída por los nativos. El equipamiento
de los hogares no iba mas alla de puertas y ventanas, camas, baúles y, para conservar
los alimentos: alacenas y "sobrados". La iglesia demandaba lo suyo: altares, nichos,
retablos. Los materiales usuales para objetos y muebles eran la madera, el cuero, los
tejidos de algodón, los de caraguatá, el güembé y excepcionalmente, la piedra o el
hierro. Por lo general, eran más apreciados los instrumentos de trabajo y labranza:
cacharros de cocina, herramientas, cuchillos, antes que enseres para el confort. Pero
la abundancia y variedad de las maderas además de la creciente habilidad de los
carpinteros, apuntaló la fabricación de muebles en la colonia. Si los conquistadores
pudieron construir una carabela a los seis años de llegados, es probable que la
carpintería practicada entonces produjera objetos con niveles de exquisitez. El
incendio de Asunción acaecido en el amanecer del 4 de febrero de 1543, pudo
privarnos de conocer algo de aquel tesoro que Carlos Zubizarreta describe entre el
inventario de las pérdidas sufridas entonces: "....enseres chamuscados, rotos
espejos venecianos de labrado marco, pedazos calcinados de rico brocado",
peroles
(vasijas de metal, de figura como de media esfera), dagas damasquinadas
(embutido de metales finos sobre acero), capacetes quemantes", al tiempo de
imaginar el desolador panorama de los asuncenos caminando como fantasmas entre
las casas y muebles calcinados. Diferenciados en usos y costumbres, la habitación de
los primeros indígenas reducidos en las Misiones Jesuíticas, nos da una idea del

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

confort de las casas "mestizas": "...Una piel de vaca hace las veces de puerta (...)
algunas hamacas o en su lugar pieles de jaguar o de vaca extendidas sobre el
mismo suelo y, al modo de almohada, una piedra o un trozo de madera; dos o tres
taburetes muy bien esculpidos; baúles para lo ropa (...) Si es necesario, unas
esteras suspendidas del techo dividen la estancia en dormitorios"
.

Mueble existente en el museo "Juan Sinforiano Bogarín". Perteneció al prócer Pedro J. Caballero y
es una muestra de la excelente ebanistería practicada en tiempos de la colonia.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

La puerta cancel

"Verja que separa el zaguán del vestíbulo o del patio" explica el diccionario acerca
de la función de la puerta cancel. Pero también hacía posible mantener abierta la del
frente de la casa, casi permanentemente. En las residencias de Asunción de unas
décadas atras, la puerta de la calle cerrada era una demostración de hostilidad hacia
los transeúntes y una actitud de descortesía y desconfianza muy mal tolerada por el
resto del vecindario. Solamente la grave enfermedad de algún miembro de la familia
o un duelo podían hacer que las casas se cerraran. En esas circunstancias, el luto se
extendía al edificio.
Con las casas abiertas, la puerta cancel servía para preservar la intimidad de los
hogares. Si bien la apertura era una manifestación de respeto al resto de la gente, no
era el caso que la vida familiar transcurriera a la vista de cualquiera. Sobre todo
porque trasponiendo el "recibidor" y el "cancel", podía observarse que gran parte de
las actividades se cumplían al abrigo de corredores, galerías o en el mismo patio, al
aire libre. La puerta cancel se encontraba en el límite interior del zagúan después de
ascender la escalinata, recurso habitual para diferenciar el nivel de la casa del de la
calle. De acuerdo a la pretendida jerarquía de la construcción y al ancho de aquellos
zaguanes, la puerta constaba de una o dos hojas, con segmentos más pequeños y fijos
a ambos lados de aquellas. La puerta cancel no llegaba generalmente hasta el techo
ya que su función era solamente cubrir la vista desde el exterior. Eran vidriadas,
translúcidas y tanto los vidrios y como las piezas de madera o hierro contenían
elementos decorativos que denotaban anagramas con los apellidos de las familias,
tallas en relieve y hasta escudos heráldicos.
Pero la puerta cancel era un elemento formal -se diría- de segunda línea en las
construcciones. Lo principal era toda la amplitud de la fachada; la decorada extensión
compuesta de bases, balaustres o verjas -en disposiciones casi siempre simétricas y
sobre la misma calle- cornisas y alféizares, bajos relieves y molduras (recordando a
deidades, musas y flores), coronados todos por los ya citados elementos heráldicos,
cúpulas o torreones. El material de terminación o la profusión de aquellos elementos
reflejaban la jerarquía del edificio: mármoles o granito, cristales tallados, esculturas
y verjas materializaban su magnificencia. El paisaje interior de estas casas era -sin
embargo- relativamente uniforme: un patio central con aljibes o alhajado con crotos
o palmeras, rodeado de galerías o corredores, los que a su vez protejían la intermi-
nable hilera de habitaciones. Este decorado interior -salvo algunos "aderezos" de
alcurnia- era casi siempre igual. Lo importante era la calle aunque en el interior las
casas carecieran de otras comodidades y siguieran teniendo un modesto excusado -

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

al final de los corredores- como baño.
Cuando aparecieron los molinos de viento, su presencia indicaba el uso de un
adelanto tecnológico de gran valor y consideración para el status de quien lo
poseyera: el "baño de lluvia!!....". Aunque los reservorios elevados eran muchas
veces arruinados por la chiquillada del barrio que en verano, subía a darse un
chapuzón en la azotea.

Patio de casa céntrica, frente
estrecho y techos altos. Los
detalles indican la categoría
de sus dueños: umbrales de
mármol, pisos decorados, co-
lumnas de hierro fundido de
inspiración clásica y obras
de arte. Todo, precedido por
la puerta cancel.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

La moda y su evolución

Es mas que probable que los soldados de las huestes de Juan de Salazar para la
fundación de Asunción, no tuvieran mas ropa que la que llevaban puesta. Una de las
razones habría sido precísamente que no tuvieran razones y ocasiones de lucirla
como porque en medio de tantas penurias y privaciones, la que más se notaba era la
falta de mujeres. ¿Para quien entonces se arreglarían estos hombres? Con las indias,
la ropa no era necesaria. Cuando más vestidas estaban, las vinchas o collares de
cuentas adornaban su completa desnudez. O, en un alarde de natural coquetería,
agregaban a aquel etéreo vestuario, la pintura corporal que tanto había impresionado
al cronista teutón Schmidl, que dió "relación de ellas".
Y para sumar una desgracia más a la patética condición de los conquistadores, a poco
de instalados, sobrevino el incendio de Asunción que dejó a los pobres "....
prácticamente en cueros"
.
En 1555 si hubo razones para que aquellos hombres, hoscos y desaliñados, se
acicalaran y rescataran de los polvorientos baúles, su mejor indumentaria. Es que
arribaban las "50 doncellas para poblar", que acompañaron a Doña Mencia
Calderón de Sanabria
en la accidentada expedición de su marido, muerto antes de
salir de España, el tercer Adelantado Juan de Sanabria. Eran las primeras europeas
después de las pocas que, catorce años antes, habían llegado a Asunción tras el
abandono de Buenos Aires.
Los que hicieron mucho por el vestido y por vestir a los indígenas fueron los Jesuítas.
Gracias a "...un extenso estudio de la flora suramericana", ellos pudieron obtener
perfumes, remedios y colorantes. Las tinturas fueron utilizadas para los tejidos de
algodón que los indígenas elaboraban en sus casas como en los talleres comunales.
Aparte del algodón, los religiosos utilizaban también el cáñamo que habían traído de
España y que "... crecía en este país tan fácilmente como el algodón". Para
entonces, la industria textil se había desarrollado al punto que los indígenas recibían
hasta hilos de lana, elaboración que, dadas sus complicaciones técnicas, se hacían en
los talleres comunales. Cada familia recibía "... cuatro metros de tejido de lana" para
"...hacer ponchos". En aquellos talleres, trabajaban de cuatro a seis tejedores, los
que acortaban los plazos para la entrega de los pedidos según los "regalitos" que las
mujeres del poblado les hacían: "...alguna torta de maíz o de mandioca, algún
objeto de pacotilla"
. Eran los embriones de nuestros actuales funcionarios que, ya
desde entonces, empezaban a incubarse.
Dadas las dificultades de comunicación con el exterior y el cada vez mas escaso

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

comercio con los grandes centros productores, en el Paraguay se desarrolló una
enorme variedad textil para suplir las carencias. Aparte de las fibras ya mencionadas,
se usó desde siempre el caraguatá, el mbokaja u hojas semejantes, el güembe y el
cuero de pieles diversas. Y no sólo tejían las mujeres. La historia recoge el caso del
procer de la Independencia Dr. Fernando de la Mora, preso por el Dictador Francia,
quien tejía ropitas para sus hijas Jovita y Saturnina, sentado en una pequeña silleta
de la sórdida mazmorra donde fué alojado, durante quince años!

Fotografía de principios de siglo que muestra una industria casera de orígen colonial: el tejido de
hamacas.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

La elegancia ausente

Puede decirse que la escasés de todo, asi como las tremendas penurias en los años
de la Colonia, no permitieron la radicación de algunos hábitos europeos. Sobretodo,
lo que a vestimenta se refiere.
Para intentar una explicación de este hecho, debe tenerse en cuenta que aunque la
expedición del adelantado Pedro de Mendoza llegó al río de la Plata muy bien
dotada, la de Juan de Ayolas -subiendo el "río del Paraguay"- y la de Salazar, por
la misma ruta, unos veinte meses después, no habrán estado pertrechadas más que con
hombres para la guerra y algunos víveres.
En cuanto a las penurias, debe recordarse que antes de transcurridos seis años de
fundada la casa-fuerte, Asunción sufríó el gran incendio de Febrero de 1543. Cuando
entonces, ante la ferocidad del fuego y la sorpresa -el siniestro empezó al amanecer-
los españoles no pudieron hacer otra cosa que salir corriendo con sus armas, poco
menos que " ... en cueros". Pero aparte de aquellos, hubo otros inconvenientes que
motivaron la desestimación de algunos cuidados otorgados a la vestimenta.
El primero de ellos, tuvo que ver -necesariamente- con el clima. Las tórridas
temperaturas del Paraguay, si bien contaban con auxilio de árboles y agua en
abundancia, habrá proscripto el uso de capas, abrigos y armaduras. El otro tendría que
ver con los usos de los propios indígenas que andaban, según consignaban los
cronistas de la época:"...enteramente desnudos, pero cuando hace frío o para
entrar a las casas de la ciudad se ponen por los hombros una de estas mantas para
cubrirse (..) las partes anteriores. Otros usan una camiseta que no tiene cuello ni
mangas y cubre apenas el signo distintivo del sexo"
.

Pero es probable que si los españoles aprendieron a consumir lo que los indígenas,
a hacer "familia" con ellos, a dormir en sus hamacas y usar de sus conocimientos
medicinales -y de los otros- para sobrevivir en aquel territorio, habrán desmantelado
tambien algunos de sus prejuícios en cuanto al exceso de ropa que hacía parte de sus
hábitos culturales. Y tambien habrá influido en la distensión de las costumbres del
"buen vestir" europeo la falta de mujeres. Las primeras llegaron recién en 1541 luego
del abandono de Buenos Aires; y con ellas los "primeros géneros". Estos procedían
del buque de un italiano llamado Pancaldo, subastados entre la gente que se
aprestaba a abandonar aquel puerto. Otras mujeres se sumaron a la escasa población
de Asunción, en 1555, cuando ya las herederas mestizas de los fundadores empeza-
ban la adolescencia y se cotizaban "casamenteras". Como de cualquier modo,
aquellas no habrían sido suficientes para satisfacer la demanda de tantos hombres

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

solitarios, volvería a renacer la importancia del atuendo para que los caballeros
compitieran por "sus favores". En consecuencia, tanto por enfrentar al calor como por
el beneficio de la elegancia y la coquetería, aquella población no desestimó totalmen-
te ni los sombreros o la sombrilla, los bastones, ni los abanicos. O las sustitutas de
éstos: las folklóricas "pantallas".
Aún cuando los argumentos mencionados hubieran pesado en las consideraciones
para abandonar algo de la ropa europea, no debe olvidarse tampoco que tanto
militares como religiosos, siguieron haciendo uso de ella como para representar "con
dignidad" la autoridad que investían.
Del protocolo oficial -entonces- no desapareció completamente el terciopelo, las
sedas y oropeles.
Era especialmente desde el plano de la doctrina religiosa católica donde,por un lado
se consagraba -de palabra- la sencillez pero de hecho se imponía el esplendor, la
estética del brillo y la "virtud" de la riqueza. Y aunque el clima y la miseria
condenaban la ropa a su condición de accesorio, los europeos tuvieron que mantener

La escaséz de buenos teji-
dos y la modestia general en
las costumbres remitía el
vestir a lo que pudiera
confeccionarse en las casas.
Todas las mujeres aprendían
entonces a tejer, bordar y
coser, desde niñas.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

las necesarias diferencias con los vencidos. Con aquellos "bárbaros" que aunque
desnudos, no abandonaban las primorosas pinturas en todo el cuerpo. Que usaba el
nambipay, las pendientes de conchillas, el tembetá y el uso de las plumas en sus ritos
ceremoniales.

Una vez afirmada la autoridad del poder español, religioso o militar, la escasés, cotizó
aún más alto la tela o la ropa de orígen europeo. En medio de las carencias, cualquier
tejido importado o los sustitutos industriales del caraguatá o algodón locales,
adquirieron un extraordinario valor.
Paulatinamente sin embargo, con las distintas expediciones que llegaban al puerto,
con otros oficiales que se sumaban a la tarea de la conquista y con nuevos sacerdotes
y mercaderes, tambien las comodidades se iban agregando a "la Asunción".
Aquellos traían muebles, enseres, ropas, instrumentos musicales. El ganado original
ya se había multiplicado lo suficiente para que el cuero se incorpore como materia
prima para el vestido -especialmente zapatos- y muebles. Las casas se fueron
convirtiendo en pequeñas factorías domésticas donde se hacía todo lo que se pudiera
con la materia prima que producían las "chácaras". Cada "enclave industrial
doméstico" contaba con husos para la elaboración de hilos, cada uno de ellos tenía
su telar y cada mujer -aún niña- aprendía los secretos del hilado, a bordar, coser, tejer
y confeccionar la ropa de la casa: manteles, servilletas, sábanas, cubrecamas,
cortinados y otros "primores". Ya entonces el vestido había recuperado la totalidad
de su valor. Aquello de:"De acuerdo al traje tratan al paje" había renovado su
vigencia. Tanto que -como siempre sucede- a falta de otros valores, la gente ponía un
extraordinario acento en la ropa. Aún en los más feroces entreveros de aquella época,
los combatientes se desentendían del resultado final de la brega ocupandose de
desvestir a quienes habían matado para quedarse con sus atuendos. Así, el macabro
espéctáculo de nuestras "revoluciones" de este siglo, el de soldaditos muertos,
desnudos por el saqueo de sus ocasionales "vencedores", ya tuvo su orígen en la
Colonia cuando las disputas entre "comuneros" y fuerzas del "partido jesuítico".
Como cuando Asunción fuera asolada por el siniestro Sebastián de León y su
"...ejército de indios misioneros", el 1º de Octubre de 1649. Carlos Zubizarreta
menciona en su "Historia de mi ciudad" que en la ocasión, podrían haber muerto
todos los defensores de Asunción si no fuera porque los indios se entretenían en
desnudar a los españoles muertos: "....tasadamente veían muerto a un español
cuando había masa de veinte indios en litigio sobre quien habría de llevarse el
vestido"
.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

Aún en los más remotos parajes, la gente podría estar descalza pero jamás sin sombrero. El cuerpo
debía estar abrigado pero no excento de adornos. Los detalles de la "elegancia" que se manifestaban
de acuerdo a las posibilidades.

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"Dios te bendiga..."

Luego de la Independencia y durante el gobierno del dictador Rodríguez de
Francia
, llegan algunos europeos al Paraguay, atraídos por su "...vaga y oscura
celebridad"
. A las crónicas de estos viajeros debemos el conocimiento de algunos
detalles de la vida en la Asunción de aquellos días. Las impresiones recogidas de las
contínuas visitas de los hermanos Robertson, John Parish y William -por ejemplo-
quedaron plasmadas en un libro, "Cartas sobre el Paraguay", que se diera a conocer
-simultáneamente- en Londres y Filadelfia (Estados Unidos), muchos años después
de las experiencias narradas y que comenzaron alrededor de 1811, cuando John
Parish
iniciaba sus actividades comerciales en el Paraguay.
Tanto en éste como en otros libros, muchas cosas llamaban la atención de los
extranjeros aunque todo lo referían a los valores de la cultura europea. Desde los
modos y las vestimentas hasta la arquitectura y el clima. Y con esos parámetros, las
comparaciones no siempre resultaban favorables para la flamante república paragua-
ya. No obstante, estos cronistas destacaban -aparte del generalizado uso del idioma
guaraní- la hospitalidad de la gente, el respeto de los hijos hacia los padres, la belleza
de las mujeres así como el lujuriante verdor de los bosques y las campiñas
paraguayas.
Los Robertson describían -por ejemplo- las peripecias de un viaje a caballo para
llegar a Asunción destacando la ".. respetuosa actitud" del dueño de un rancho
donde se habían detenido a pernoctar. En la posada, la cena -que también puede
darnos algún indicio sobre los hábitos de la mesa en la época- consistía en "...leche,
mandioca, miel de abeja y un cordero crecido, asado en una sola pieza"
. La
abundante comida concluía con la ronda de bendiciones que los anfitriones prodiga-
ban a todos su hijos. Estos -nueve en total- según la descripción de los Robertson,
se acercaban con las manos unidas frente al pecho y pedían la bendición al padre
quien, trazando la cruz en el aire, decía a cada uno: "Dios te bendiga, mi hijo" (o hija,
según el caso). El mismo procedimiento utilizaban con la madre.
En relación al idioma, destacaban los cronistas "... lo mismo que en Corrientes" el
muy poco uso que le daban al español en favor del guaraní.
Entretanto, la vida en las casas transcurría plácidamente y en un ambiente de gran
respeto. Los hijos asistían a los padres en todas las tareas y aunque más no fuera en
el servicio de alcanzarle un vaso de agua, se quedaban esperando que el padre
terminase de beber, con el sombrero en la mano o cruzando ".. los brazos al pecho".
Las actividades hogareñas se remitían al trabajo cotidiano, a la rutina de prepara la
comida, llenar los cántaros de agua, cuidar los cultivos y los animales, limpiar la casa,

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lavar y planchar la escasa ropa que tenían. Todo el mundo sabía montar. Los hombres
ejecutaban la guitarra y las mujeres hacían maravillas con el tejido o el bordado. La
vida social se reducía a compartir el mate o las comidas, asistir a la misa de los
domingos, algún intercambio de visitas, alguna gran comilona con motivo de un
santo ára o la fiesta patronal del barrio o el lugar.

Típico rancho del Paraguay. Recinto de las familias paraguayas desde los tiempos de la Colonia.
Horcones de madera, galerías abiertas y el entorno de árboles frutales y flores.

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"Queremos casarte..."

En los tiempos de la Colonia y hasta el período independiente, la vida en las casas
del Paraguay transcurría en la monotonía de las actividades que demandaba el
sustento de las familias, referidas casi exclusivamente al cuidado de la chacra, de los
animales o -eventualmente- confinadas a las actividades religiosas. Ya por asistir a
los rituales de la iglesia como por las devociones que se realizaban en las mismas
casas, alrededor del nicho o del santuario familiar. Las actividades de "sociedad" se
remitían a muy contadas ocasiones. Ellas tenían lugar de acuerdo al ambiente y al
"abolengo" de las familias. Cuanto menos de este atributo, más licenciosas eran las
costumbres, las relaciones eran menos "ceremoniosas" y las fiestas más frecuentes
y de seguro, mucho más divertidas.
En las amplias casas solariegas de Asunción, sin embargo, reducto de linajes y
señores, las relaciones debían encaminarse de acuerdo a un ritual más formal y
preciso. "Tradiciones del Hogar" es un libro en el que su autora, Teresa Lamas C.
de Rodríguez A.
, la primera escritora del Paraguay, relata fielmente alguno de los
"incidentes sociales" de aquella época. Por ejemplo, el regreso de Plácido Carísimo
a Asunción después de una larga estadía en el extranjero. "No había el jóven
acabado de abrazar a los suyos cuando ya empezaron a llegar al viejo caserón de
la calle de la Rivera, los mensajes de bienvenida que las relaciones de la familia
mandaban por conducto de sus esclavos"
. Y aquellas amistades de la familia no solo
enviaban saludos, sino también "... regalos, dulceras repletas de exquisito conteni-
do, fuentes cargadas de rosquillas, cestos llenos de frutas, bandejas con chipas"
.
Luego del festejo del recibimiento, el jóven Carísimo rendía a sus padres cuenta de
sus actos comentándole que durante su ausencia"... había observado sus deberes de
cristiano"
. Más tarde se programaban las visitas de cortesía a familiares y amigos:
"... esta tarde saludarás a los Recalde, luego iremos a lo de Jovellanos y si tenemos
tiempo..."
.
El libro refiere también el inicio de su noviazgo. Este asunto no era tema que se dejara
al exclusivo arbitrio del inexperto jóven por lo que la madre le planteaba la situación
de este modo: "Plácido, (..)eres ya un hombre, como que pronto cumplirás veinte
años, y es tiempo de que tomes estado"
. Y aquí el padre remataba: "... queremos
casarte y ya te tenemos novia"
. Cuando ya el jóven asegurara a sus padres que
acataría su voluntad, éstos atinaban a preguntarle si había alguna niña que él
prefiriera. El jóven indicaba algún nombre que -casualmente- coincidía con el que los
padres habían pensado y ya de inmediato se iniciaban los trámites para "solicitar la
mano" de la agraciada.

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

"Vestido de gran ceremonia" y al "..toque de ánimas" iba el padre de Plácido
"...precedido por un esclavo que le alumbraba el camino"
para el necesario trámite
del "pedido de mano" -que ya para entonces- era comentario de media ciudad.
Aceptada la proposición, era llamado "el mozo" a la casa de los futuros suegros y
quedaba asegurado el compromiso que, para la época, era un juramento de cumpli-
miento inevitable.

La casa patricia de los Carísimo, sobre la antigua calle de la Rivera -actual B. Constant- entre 14 de
Mayo y 15 de Agosto, lamentablemente ya desaparecida.

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Hielo y cerveza

Luego de la finalización de la Guerra de 1864-70, Asunción quedó tan maltrecha
y desprovista que, prácticamente hubo que "refundarla", no sólo porque las instala-
ciones iniciadas durante el gobierno de Don Carlos A. López no estaban terminadas,
sino porque la escasa y pobre construcción preexistente había quedado completa-
mente destruida. Pero más que la postración edilicia, eran la miseria, el hambre, la
falta de todo, lo que más deprimía los espíritus de los asuncenos.
Niños sin padres ni parientes, vagando por las calles; mujeres escarbando en la basura
o apostadas en la puerta de comedores y bares en busca de alguna comida; mendigos,
"vagos y mal entretenidos" por todos lados; prostitutas y ladrones que convertían a
la ciudad en un peligro constante. Ante este panorama, los diarios reclamaban que "...
la inseguridad del ciudadano en noches oscuras y calles intransitables, es un hecho
que todos lo presenciamos sin encontrar su remedio más que en alumbrado público".
Aunque la "luz se hizo" a partir de 1871, la solución de los problemas sociales iba
a contemplar distintas y novedosas iniciativas. Como ejemplo de esto "..un tal Sr.
Zambonini" se presentó al Gobierno "..solicitando se le den esos niños pobres y sin
ocupación que la Policía recoge, para utilizarlos en la enseñanza de la fabricación
de cigarros, corriendo de su cuenta la manutención, vestiduras y otros arreglos",

según lo publicaba El Pueblo, periódico de la época.

El año 1872 se iniciaba con la inminente inauguración de una fábrica de hielo y
helados, gracias a la gestión de un industrial de apellido Junquer. Un mes después,
también se esperaba que el Sr. Méndez Gonçalvez estableciera una fábrica de jabón
y velas con el apoyo de "una máquina de vapor". Otros privilegios otorgados por el
Gobierno Nacional fueron a: Federico Sieber, para el establecimiento de una fábrica
de cerveza; a Eugenio Vilas, para exportar todo el azúcar que elaborase, también con
el auxilio de la máquina de vapor. Ante esas instalaciones que buscaban, al mismo
tiempo que la producción de negocios, la paulatina erradicación de la frustración y
la miseria en aquella ciudad arrasada, el periódico La Reforma señalaba -como signo
de progreso- la apertura de dos casas de comercio y de una peluquería.

Diez años después, en 1883, la explosiva combinación de hielo y cerveza había
asentado ciertos hábitos porque el Gobierno -ya entonces del Gral. Caballero-
autorizaba a José Carbonel y a Leopoldo Wesner a establecer sendas fábricas de
cerveza. El 2 de Enero de 1884, se abre el Banco Nacional del Paraguay y se instala
una empresa de pesquería (!!), con privilegios para Santiago Paggi, en el sentido de

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Jorge RubianIi - Postales de la Asunción de antaño II

Arsenal-cué. De la siderurgia proyectada, en el lugar se instalaron desde fines del siglo pasado,
fábricas de cerveza.

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explotar la pesca en el río Paraguay, entre Lambaré y Villa Hayes. En 1885, Marcos
Quaranta
inaugura la primera fábrica de fideos del Paraguay y A. Peña y Cía.,
obtenía el usufructo -por 20 años- de los tres cuerpos del Arsenal-cué para instalar
en ellos "...aserraderos a vapor y alfarería, fábrica de ladrillos, tejas, loza y tubos".
Y como hacía falta enfriar mas cerveza, Pecci Hnos. instalaba otra fábrica de hielo.

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CASAS
Y
LUGARES

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