José Daniel Espejo

EL TIEMPO HACE FÚ
poemas

SORRY, BE YOURSELF

Sé tú mismo. Como si eso no fuese inevitable, como si tal persistencia en los errores no fuese más que una opción, el papel que escogiste entre millones. Sé tú mismo. Actúa. Grita. Igual que si tú mismo estuvieses debajo de ti mismo, observando, sonriendo con benevolencia, emocionándote ante un bonito final. Como si entonces pudieses aplaudir. Sí, sé tú mismo.

(de Los placeres de la meteorología, 2000)

NIGHTSWIMMING

Formas del olvido mueven los pies de los nadadores nocturnos. Su lenguaje es el de las viejas constelaciones, los cuatro versos de la rosa de los vientos. Rasgan la superficie de los ríos mientras el tiempo actúa a su favor y sutiles sonidos alejan el silencio. El primer requisito es hacerse innecesario, pesar poco.

EL PEZ

Si prestas atención pasan mantarrayas por encima de ti, camino del abismo. Son figuras que no verás más, te hacen digno un momento de esta noche y luego desaparecen.

LA MÁQUINA

Nos perseguimos para matarnos. Esperamos el momento oportuno para el golpe por sorpresa la emboscada definitiva. En la práctica esta guerra se reduce a una larga continua vigilancia. Lo peor son las noches afilando cuchillos

LA TIERRA SANTA

Amo cosas. Pienso que así resuelvo la papeleta. Me cuelgo sus símbolos del cuello me pongo camisetas. Has visto la película, has montado en la atracción, ahora compra esto. Amo cosas, las hago mías, aunque ellas no quieran saber nada, saco brillo a mi espada de plástico para matar por ellas.

(de Quemando a los idiotas en las plazas, 2001)

7

Un enemigo tal vez y en todo caso un enemigo de dos dimensiones, pegado al suelo y las paredes, o al cielo, o a la infinita superficie del océano, imposible de voltear. Al menos muy difícil de voltear. Y dándote la espalda dicta leyes, propaga ideas, enciende el pecho de los soldados, mata continentes de hambre, y te inspira a ti el deseo de un Audi. Rojo, con los asientos de piel. Y de quién era esa piel.

15

Hagamos un trato, prométeme que a través del tiempo, cuando yo mismo insista en alejarme de mí mismo, en negarme, en ensuciarme, en reírme de lo que quise, tú me recordarás así, contigo aquí bajo la luna del solsticio de este año 2005, tumbados en la cama sin ver nada y aún así librando una batalla. Que vamos a ganar. Y yo haré por ti lo que me pidas.

CHARO Y OTROS POEMAS

Eres un poema, cierto, pero no uno de ésos que se pudren en las páginas de oscuras antologías del siglo dieciocho o fanzines de los años noventa: tú eres uno que todo el mundo se sabe, cuyos versos repiten en la radio y en la escuela, y la gente se dice ante una chica bonita, o si se hacen unas risas, o son felices, o, sobre todo, al llegar a casa mientras fuera está cayendo la tormenta del milenio.

XX

Amor, Te he cosido a la piel de mis manos Con una Máquina que hacía tictac.

SIXPACK

El mundo se hunde, pero todas las semanas le añado un poema o dos mientras pienso en El Bosco y en Lawrence Ferlinghetti. Y floto, y el barco está hecho de huesos, y las palabras pesan.

KRIPTONITA

En la madrugada, sujeto a mi botella de oxígeno para apnea, pienso en mi hermana, y trato de dormirme. El insomnio y la tristeza son costumbres mucho más resistentes que una vulgar insuficiencia respiratoria. Ya no fumo, no hago nada en todo el día. Por las noches, buceo. Busco a mi hermana en las praderas de algas, sueño que volvemos a hablarnos y me despierto. Con una mascarilla y un olor a sudor tan terrible en la funda de la almohada. Aún no es de día y escribo poemas como éste, o invento una charla con frases perfectas como peces voladores saltando entre mi boca y la suya. Bodegones costumbristas. Si te fijas se ve la kriptonita por detrás de la naranja. Te pido perdón. No hago nada en todo el día, y llega la noche, y enciendo la máquina.

44 Mark Tansey

Cuando hablas pienso en hojas secas o en cortezas de árbol, como ante ciertos poemas un recodo en el que el viento junta bolsas vacías de plástico y folletos de propaganda: un sonido muy leve en una existencia flotante, bellas constelaciones quebradizas. Despertarme después en la calle, haber estado contemplando una hojarasca que se agita de camino hacia el alba, tú no estás, las palabras son bolsas vacías de supermercado, y yo estoy bailando con Jacques Derrida al borde de un acantilado, un último tango en París antes de entrar a buscarte.

(de Música para ascensores, 2007)

CHARO Y LOS LIBROS

Es un libro el amor como podría ser cualquier otra cosa atesorable, y en medio de mi vida bien es cierto que he escrito ya un montón de páginas y que ninguna recuerdo en este instante en que te sientas junto a mí. Vagos ensayos siempre en lenguas extranjeras, párrafos al azar donde mi letra me es extraña, manuscritos de Voynich. Te propongo arrancar todas esas páginas inservibles y perdernos en la inmensa belleza de borrar, la de empezar desde cero en una lengua en que jamás ningún poeta puso el pie antes que nosotros.

JET

A nadie se le escapa que es éste un barco muy lento, una larga travesía. El servicio es magnífico y los camarotes amplios, pero no hay nada que hacer con la lentitud, los delfines que nos ganan las carreras, las eternas puestas de sol. En la piscina, hablan los viajeros cómo no de los aviones, y en sus charlas aburridas cruzan jets, de panzas plateadas, y adquieren sus estelas en el cielo la sustancia ideal de las metáforas.

ALGUIEN O ALGO

Disfruto de una extensa comunidad de lectores, simpáticos, pero fantasmas. Vienen a verme a todos los recitales, aplauden con sus manos de plasma. Pagan mis libros de aire con dinero espectral que no van a aceptarme en la tienda del chino. Entonces me sorprendo escribiendo un poema que está haciendo arrastrar una cadena. Y otro cubierto con una sábana gastada. Y otro, muy confuso, grabado en una cinta con un sonido pésimo, y ruido de fondo. En todos quiero mucho a alguien y hay también una sombra, una angustia, una búsqueda de algo a que me entrego. Esa búsqueda soy yo, encended la grabadora.

1 DE MAYO

El uno de mayo era sábado, brillaba el sol. Me encontré con un poco de atasco en la autovía en marcha hacia la playa. Fumé. Me fui de aperitivo, de paella, me tomé dos gintonics mirando el mar, después hice la siesta hasta las siete; y entonces paseo, cena, los pubs de los ingleses, una rubia borracha me aceptó una invitación para después franquearme las muy doradas puertas de su coño. Y yo fumando en calzoncillos a las seis de la mañana, acodado en el balcón mientras salía un sol resplandeciente tras la línea del agua, bebido y triunfador, los dedos húmedos de sexo aún, y vi a mi lado a mi jefe. Y bien, Cenicienta, me dijo. Quedamos que a las doce y es la hora de los churros. Se te descontará reglamentariamente de tus vacaciones. Y ahora vístete y sal de mi casa, pero a Samantha déjala, no la despiertes.

H.

Creo en un dios, en su carne, en su múltiple carne, sí: nosotros. En absoluto infalibles ni eternos, capaces de catástrofes sin nombre, pero bañados en lo divino, en el Otro, en los iconos templados del amor, en el mar de ser mirado y sus corrientes. Somos dios, somos templo, oración, blasfemia, excomunión y cisma, herejía y mística. Somos nosotros, la mística. Somos nosotros, la hostia.

(Inéditos)

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