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TESTIMONIO PERIODÍSTICO

TESTIMONIO PERIODÍSTICO

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Apuntes de la modalidad Examen de Grado que dirige Álex Urquidi en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz).
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EL TESTIMONIO PERIODÍSTICO 1.

DEFINICIÓN DE TESTIMONIOS El testimonio es un antiguo género que los periodistas están volviendo a utilizar cada vez más en América Latina, tal como lo vienen haciendo también los antropólogos o sociólogos. El testimonio, en cualquiera de sus formas (autobiografías, memorias, diarios, confesiones, agendas, cartas, conversaciones), fue conocido desde muy antiguo en la literatura que hoy llamamos de “no-ficción”, es decir, de hechos reales. Cualquier relato histórico edificado a base de las impresiones y visión personal del autor encaja dentro del género testimonial. Es un privilegio del testigo dar fe de lo vivido o visto y relatarlo a los demás. Pero este testimonio sólo adquiere forma cuando el testigo inicia su narración diciente “estuve, vi, comprobé, hice, actué, soporté…”, etc.1 Esta es la caracterización fundamental del testimonio: el uso activo y constante de la primera persona, y en todo caso de su plural de modestia (nos-nosotros). Es así que, Gargurevich define al testimonio como la “técnica de redactar hechos presenciados o vividos por el autor, exponiéndolos en primera persona para lograr mayor énfasis y/o dramatización de su calidad de testigo”. Según Erick Torrico, “el testimonio consistente en el relato que hace una persona (o varias) en su condición de protagonista o testigo, acerca de un hecho noticioso, con todos los detalles que considere pertinentes”. Cuando la intención del escritor es periodística, es decir, traslado de información a un público lector, el testimonio está restringido normalmente a un hecho de características de alto valor noticioso transcurrido en un espacio relativamente corto de tiempo. 2. CLASES PRINCIPALES DE TESTIMONIOS
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Muchas veces ocurre que no siempre es el periodista quien tiene la suerte de estar en el centro de los acontecimientos más importantes. Y también sucede que aquel “testigo” tan importante que fue atrapado por el hecho de una noticia, carece de la preparación necesaria para contar, redactar adecuadamente su historia. Entonces en este caso se deberá recurrir a la intermediación del profesional que a base de un tipo de entrevista logrará obtener la noticia.2 Gracias a estas consideraciones, Gargurevich plantea que el testimonio periodístico puede dividirse en dos grandes grupos. Testimonio directo: Es aquel relato publicado directamente tal y como lo escribió y redactó el periodista o el testigo de la historia. Testimonio indirecto: Es aquel en el que la persona o el testigo relata los hechos al redactor y que éste escribirá en primera persona como si hubiera sido redactados por el testigo. En este caso puede o no figurar el nombre del profesional. TÉCNICAS DEL TESTIMONIO DIRECTO E INDIRECTO a) Testimonio directo El testimonio periodístico no es una “historia de vida”, es sólo un breve trozo de aquella historia que deberá contener elementos de interés para el lector consumidor de periódicos. En ese sentido, está claro que en el momento de escribir el testimonio directo, el redactor, el testigo o periodista, quien relatará la historia, deberá manejar con soltura la redacción, la ortografía, la coordinación y la estructura. Es necesario considerar que el testimonio debe ser escrito de manera cronológica y en todo caso, con una entrada inicial que resuma y resalte lo más importante del texto (a modo de Lead). Se supone que sus valores noticiosos llamarán de

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inmediato la atención del lector y en cuanto al estilo, éste dependerá de la capacidad del redactor para ilustrar con palabras su experiencia. Veamos a continuación un fragmento de uno de los testimonios más famosos, el citado por Henrry M. Stanley. “(…) Al fin encontramos el poblado mientras cientos de personas merodeaban, podría decir miles, sin exageración. Parecería que estuviéramos en una gran marcha triunfal. A medida que caminábamos, la muchedumbre nos seguía. Todas las miradas convergían hacia nosotros. La expedición había terminado y el viaje concluido parcialmente, pero yo, personalmente, tenía todavía otras diligencias que hacer”. Muchos años después, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribía otro testimonio en África, en situación distinta, naturalmente. Fue enviado por su agencia a cubrir la guerra de Angola y redactó su experiencia –aparte de los despachos diarios que enviaba a su central- en un libro de gran éxito. Kapuscinski da cuenta aquí, con gran maestría, de los últimos momentos del régimen colonial portugués, de los días de confusión que siguieron a la salida de las tropas de Portugal y de la llegada de las avanzadas cubanas.3 Este es un fragmento: (…) Durante todo el mes de septiembre me acostaba sin saber qué pasaría esa noche ni al día siguiente. A mi lado se movían algunos tipos, reconocía sus caras. Siempre nos encontrábamos sin intercambiar una sola palabra. No sabía qué hacer. Al principio decidí estar alerta, no quería que me sorprendieran dormido. Pero a medianoche la tensión disminuía y me dormía, vestido y con los zapatos puestos en la gran cama maravillosamente hecha por Doña Cartagena”. Los ejemplos de testimonios de profesionales son realmente incontables, nos dice Gargurevich, y menores en cambio son los redactados por personajes que fueron

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“centro” de noticia en un momento determinado y cuya historia se publicó tal y como lo escribió. Debemos en este caso hablar del fenómeno de los testimonios de alto valor periodístico. Al iniciarse el auge de las grandes revistas ilustradas como “Life”, “París Match”, “Stern” y “Look”, se comenzó a pagar altos precios por los relatos de protagonistas de aventuras periodísticamente rentables. Se llegó incluso a fijar “tarifas” y en los Estados Unidos se estableció como referencia la opinión de los editores de “Life” verdaderos expertos en evaluación de noticias y su mercado.4 Entre los testimonios más famosos, comprados, según Gargurevich, por revistas de renombre es del marino Portugués Galvao Enrique, quien en 1961 se hizo célebre por el rapto de nada menos que de un gran barco de pasajeros, como forma de llamar la atención mundial sobre la dictadura de su país, la obra se llamaba “Cómo me robé un Trasatlántico”. El testimonio fue adquirido por una suma muy elevada por la revista francesa “París-Match” y luego revendido a otras publicaciones. En su oportunidad, la noticia de la captura del barco fue manejada de modo sensacionalista por los diarios y se inicia una verdadera carrera por llegar primero al puente de mando de Santa María y obtener la historia exclusiva. b) Testimonio indirecto El testimonio indirecto es aquel que normalmente lleva el epígrafe de “tal como lo contó a…”. De otro modo, aun cuando sospechamos que quién figura como autor no lo escribió, debemos asumir que lo hizo transformándose el relato en “directo”.4 El testimonio indirecto, es el relato hecho a un redactor que luego elegirá el género testimonial como forma de expresión, de contar aquella historia a sus lectores. Un claro ejemplo de lo que es el testimonio indirecto es “Relato de un náufrago”, escrito y redactado por el periodista Gabriel García Márquez, la obra fue publicada
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en Colombia en 1955 en el diario “El Espectador” de Bogotá que posteriormente sería publicado en forma de libro recién en 1970. La historia fue escrita en febrero del año 1955, cuando se conoció la noticia de que ocho miembros de la tripulación de un Destructor de la Marina Colombiana, habían muerto ahogados, luego de caer del barco, en el Caribe, pero se supo después que había sobrevivido uno, Luis Alejandro Velasco, personaje del testimonio que recogió García Márquez.5 Para construir el relato lo primero que hizo García Márquez fue entrevistar al protagonista, obtuvo una detallada información sobre sus vivencias y, en cierto sentido llegó a “prestarse” su voz. Aunque la obra es escrita por él, podemos oír al marinero Luis Alejandro contándonos su historia, a esto es lo que se denomina el testimonio indirecto, el redactor recopiló la información del protagonista y lo escribió en primera persona como si lo hubiera redactado él propio testigo. Un ejemplo es este fragmento del capítulo XII. “Sólo después de estar nadando desesperadamente durante quince minutos empecé a ver la tierra. Todavía estaba a más de un kilómetro. Pero no me cabía la duda que era la realidad y no un espejismo. El sol doraba la copa de los cocoteros. No había luces en la costa. No había ningún pueblo, ninguna casa visible desde el mar. Pero era tierra firme”. En el prólogo de su libro, el escritor colombiano nos dice “en 20 sesiones de seis horas diarias, durante las cuales yo tomaba notas y soltaba preguntas tramposas para detectar sus contradicciones, logramos reconstruir el relato compacto y verídico de sus diez días en el mar. Era tan minucioso y apasionante, que mi único problema literario sería conseguir que el lector lo creyera. No fue sólo por eso, sino también porque me pareció justo, que acordamos escribirlo en primera

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persona y firmado por él. Esta es, en realidad, la primera vez que mi nombre aparece vinculado a este texto”. Este fragmento del prólogo de García Márquez, da cuenta que al momento de escribir un testimonio es necesario entrar en contacto directo con el protagonista, saber cuando nos dice la verdad y cuándo no, tomar nota de todo lo que nos relata, ser minuciosos con los detalles y conseguir que todo el relato sea creíble para el lector; según Barnet, esto dependerá del redactor profesional, periodista o escritor ya que sus amplios conocimientos y su forma de presentación garantizarán la autenticidad del relato. Anteriormente habíamos hablado sobre los testimonios de alto valor periodístico, aquellos que impactan, atraen y llaman la atención de la sociedad, historias maravillosas de la vida real que no ocurren todos los días, que han llegado a ser comprados por revistas de renombre. Ahora es necesario mencionar la importancia que ha adquirido a lo largo de los años el conseguir la exclusividad de los testimonios de renombre, ya que estos llegaron a alcanzar su clímax en importancia para la sociedad. Cuando el “Times” de Nueva York denunció formalmente el trato que la revista “Life” había firmado con nada menos que 55 astronautas, tres de ellos irían a la luna y no se sabía los nombres de los elegidos. Pese al revuelo que provocó la denuncia, el trato siguió en pie y los astronautas dirigidos por Neil Armstrong cobraron las jugosas sumas y se negaron a conceder entrevistas, pues cada palabra suya pertenecía a las revistas mencionadas. Algo parecido sucedió con dos sucesos que conmovieron a América Latina en 1972. A principios de ese año se supo que una joven alemana, Juliana Kapke, había sobrevivido a un accidente de aviación en la selva peruana, luego de caminar ocho días buscando ayuda. Apenas conocida la noticia, un enviado especial de la revista alemana “Stern” viajó al hospital donde se reponía y le compró el relato exclusivo. Al llegar a Lima, la joven Juliana no dijo una palabra 6

sobre lo ocurrido: todo era de “Stern”. Y ese mismo año, en diciembre, la noticia de los sobrevivientes uruguayos que habían logrado sobrevivir más de dos meses en Los Andes luego de un accidente aéreo gracias a que comieron carne humana, cubrió las primeras páginas de todos los diarios del mundo. Aquí también se repitió la historia; y una empresa editorial aseguró la exclusividad de la historia para editar más tarde el conocido libro “Viven”.6 3. SISTEMATIZACIÓN DE LAS TÉCNICAS El testimonio indirecto tiene varias posibilidades de tratamiento del hecho, sobre todo en cuanto al método de asegurar veracidad de lo relatado por el testigo, a la vez que abundar en información. A como también por periodistas. Primer caso: Testimonio simple, en el que un testigo relata el hecho a un redactor que lo trascribirá luego lo redactará. El ejemplo más claro es el citado de García Márquez. Segundo caso: Autobiografía de personajes representativos, con testimonios paralelos de otros personajes que opinan, prueban o desmienten lo aseverado por el testigo principal. Como ejemplo citaremos principalmente el trabajo de Miguel Barnet “Canción de Rachel”, éste contiene un apéndice sumamente útil en el que el autor habla sobre su trabajo y sobre lo que el llama “novela-testimonio”, el nos dice: …El informante, el protagonista, el personaje, el sujeto, como quiera nombrársele al objeto de trabajo, debe ser lo primero a tomar en cuenta”. “Ya con el personaje a mano, habría que dar el segundo paso. Y éste es la indagación histórica, la documentación, la lectura, el conocimiento de la época y de los momentos históricos, los hechos sociales en que éste se vio comprometido. Un serio estudio de la época, y lo científico, es fundamental” Y añade:
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continuación citaremos algunas de las

técnicas que sugiere Juan Gargurevich y que fueron usadas por varios autores

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“Propónense un desentrañamiento de la realidad, tomando los hechos principales, los que más han afectado la sensibilidad de un pueblo y describiéndolos por boca de uno de sus propagandistas más idóneos”. Sobre la conversación misma, dice Barnet: “La grabadora es útil en este caso, mucho más útil que la nota tomada en ficha. Porque la grabadora recoge el ritmo y la secuencia de la narración. La grabadora, además, me ha servido para recoger aquellos pasajes que parecerían producto de la fantasía sino fuera porque están grabados y la voz del informante los testifica”.7 “Luego de recopilado todo el material”, dice más adelante Barnet, “que es la fase yo diría más excitante, viene la organización, clasificación y redacción del mismo, la benedictina tarea de releer las anotaciones. Es el momento de perfeccionar la crítica de los materiales, del desglose. Comienza el estudio. Esta es la parte engañosa. El núcleo del estudio”. Tercer Caso: Un solo hecho relatado por varias personas. A este método se le ha llamado unas veces “contrapuntístico” y otras “Rashomon”. Entre los trabajos más conocidos está “el libro de los doce”, de Carlos Franqui, que relata la aventura de cada uno de los doce sobrevivientes del desembarco en Cuba luego de viajar desde México en el yate Grama. Dentro de este caso podrían estar también los trabajos de Oscar Lewis “Los hijos de Sánchez” y “La vida” estructurados sobre la base de autobiografías múltiples, es decir, miembros de una familia que cuentan sus historias por separado; y es el lector quien compara. Cuarto caso: Biografía de un personaje lograda en base a testimonios de personas que lo conocieron, incluyendo a veces la ubicación de contextos en cada etapa de la vida del sujeto central.

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Citaremos como ejemplo principal el libro “Gracias a la vida”, testimonio de la vida de la folklorista chilena Violeta Parra, compuesto a base de múltiples entrevistas por Bernardo Subircaseux y Jaime Londoño. Para reconstruir la vida de Parra, dicen los autores en el prólogo de su obra, tuvieron que conseguir los testimonios de casi medio centenar de informantes directa o indirectamente relacionados con la folklorista. Luego produjeron a una primera selección y distribución cronológica del material. En la variedad de los testimonios regidos, dicen ellos, introdujeron la presencia constante de Violeta, quien a través de sus observaciones fue confirmando o corrigiendo lo señalado por los informantes. Por último, mediante extractos de noticias, anuncios y entrevistas, intentaron integrar al texto un correlato histórico, pero que el mismo estuviera más bien sugerido y que no fuera ajeno sino íntimamente ligado a la vida de la protagonista.8 Quinto caso: Explicación global del fenómeno social o político a base de testimonios diversos. El ejemplo más claro es justamente “La guerrilla tupamara” de María Esther Gilio, obra premiada por la “Casa de las Américas”. Para explicar el movimiento tupamaro, la periodista uruguaya reunió varios trabajos suyos publicados en diversas épocas en diarios en los que mostraba crudamente la realidad social del país colombiano, culminando con una entrevista a un dirigente de la guerra urbana. 4. TESTIMONIOS Y CIENCIAS SOCIALES El testimonio a pesar de tratarse de una disciplina distinta al periodismo, ha llegado a lo largo de los años a refinar sus métodos de redacción y de recolección de información, hasta lograr gran confiabilidad en la veracidad del trabajo y llegar a ser parte de lo que hoy es el género periodístico.

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Según Gargurevich, los primeros testimonios directos redactados con intención periodística fueron probablemente publicados en los Estados Unidos. Uno de los más conocidos fue el que escribió el periodista Henry Mortón Stanley en 1871 cuando viajó al África en busca del legendario doctor Levingstone y por encargo del diario “The New Cork Herald”. Luego de un arduo y fatigoso viaje relatado íntegramente en primera persona. Stanley encontró al médico y dejó testimonio de su encuentro con un artículo que resultó ser una noticia sensacionalista, a la vez que una obra maestra del género. Otro testimonio periodístico ya clásico es el que relató Jack London sobre el gran terremoto y posterior incendio en San Francisco (EE.UU.). A fines del siglo pasado, el periodismo norteamericano hacia ya uso común y activo de este tipo de relatos, considerándolos complementarios de noticias de gran envergadura, de vigencia periodística de varios días e incluso semanas. Las ciencias sociales, en cambio tienen una fecha muy definida para el nacimiento de la utilización de la técnica testimonial en la aparición del famoso libro “El campesino Polaco en Europa y América” de W.I. Thomas en 1918. La técnica se popularizó rápidamente con el nombre de Historias de Vida (“Life Stories”) como la intención específica de que cada caso sea representativo de un grupo mayor. Historias de vida eran autobiografías completas, muy detalladas. Lo interesante es que aquellas historias de vida norteamericanas tenían por entonces un cargado acento de denuncia social inevitable al mostrar de modo directo, el drama de sectores sociales determinados identificados por personajes representativos y luego de la Primera Guerra Mundial fueron abandonadas para dar paso a otros métodos, especialmente estadísticos.9 En América Latina aparece la primera gran “Historia de vida” en el trabajo de Ricardo Pozas. “Juan Pérez Jolote-Biografía de un Tzotzil”, y comienza a mencionarse el género testimonio como técnica. Es el año 1952.
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Y más adelante Oscar Lewis consagra el género en su hoy célebre obra “Los hijos de Sánchez” proponiendo una nueva especie literaria de realismo social gracias a la grabadora de cinta, que permite que “Las personas sin preparación, sin educación y hasta analfabetas puedan hablar de sí mismas y referir sus observaciones y experiencias en una forma espontánea y natural”. En aquellos años 50, el testimonio periodístico recobra vigor en América Latina alcanzando su más alto nivel probablemente en el “Relato de un Naufrago”, relato indirecto, es decir contado por un sobreviviente de un naufragio a un redactor, que fue, en este caso García Márquez. La institución cultural cubana “Casa de las Américas” consagra definitivamente el testimonio cuando lo incluye, en 1969, en la lista de géneros a premiar. La primera obra “testimonial” premiada fue “La Guerrilla Tupamara” de la uruguaya María Esther Gilio, trabajo compuesto a base de reportajes y entrevistas que daban realmente “Testimonio de cómo y por qué y con qué objetivo fue creado aquel movimiento guerrillero cubano del Uruguay”. 5. EL LENGUAJE Los testimonios originales padecieron, según algunos autores y Gargurevich, del defecto de la intermediación del profesional que en aras de la historia de la anécdota, sacrificó el lenguaje en que se expresaba realmente el testigo. En ciencias sociales ocurrió lo mismo, hasta que el método de la grabadora en mano solucionó el problema de la transcripción a la vez que la comprensión de la necesidad de preservar el lenguaje, el modo de expresarse original. En el periodismo se viene ya respetando el lenguaje popular. Como ejemplo citaremos un párrafo del testimonio recogido por Hugo Vand Ordt en su obra “Relato de un preso”. …”Llego a la judicial. A las dos de la tarde me suben al cuarto piso y me meten en un calabozo chiquito, un hueco donde hay más de doscientas personas. Cuando

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gritan mi nombre, me pongo de pie y digo presente. El secretario del Tribunal me dice que en quince minutos debo subir a la audiencia. Comenzaba a repasar mi descarte cuando en eso nuevamente me llaman, ya no era el secretario del tribunal sino un gil bien tiza…”. Esta claro que sólo lectores que manejan el lenguaje popular entenderían la historia, y lo mismo sucederá con testimonios de campesinos o inmigrantes campesinos en una capital. En el caso de los trabajos editados como libro el problema se resuelve colocando un vocabulario al final, pero en los testimonios periodísticos no se usa este sistema. 6. EL TESTIMONIO EN RADIO, TELEVISIÓN Y PRENSA EL TESTIMONIO EN RADIO La charla es un formato bastante usual en la radiofonía, y aunque en todas sus variantes ofrece algún tipo de información, su presentación más próxima a lo periodístico es la testimonial. La charla es un discurso o monólogo, generalmente breve. Al menos, si queremos respetar mínimamente las exigencias del medio; deberá serlo: la conferencia o disertación no es salvo casos muy excepcionales, un formato potable en radio. Se estima que una charla, para ser oída con atención, no debe exceder de cinco minutos10. Dentro de este formato podemos distinguir tres variantes. - La charla expositiva: Es la más corriente; alguien que “habla por radio” con el fin de explicar algo, divulgar conocimientos, dar consejos, etc. Es la forma más sencilla y económica de emplear la radio y por eso la más usual; pero también la menos radiofónica. - La charla creativa: Una charla eminentemente universal. Debe establecer con el oyente una comunicación humana y suscitar en él una respuesta personal. Por su contenido y por su forma, no se propone comunicar una información,
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M. Kaplún “Producción de Programas de Radio” Pág. 134.

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sino transmitir una vivencia despertando en el oyente su sentido de participación y de responsabilidad. - La charla testimonial: Otro género válido y eficaz; alguien que habla en primera persona y comunica su propia experiencia directa: “Yo estuve ahí”… “A mi me sucedió tal cosa”… “Yo estoy viviendo este problema”… Llega por auténtica, por vivida, por real. A veces no es un libreto escrito sino la expresión espontánea, el relato de alguien que vivió o está viviendo una situación, la cuenta y reflexiona sobre ella. Su presentación es la más próxima a lo periodístico. El periodista de radio, en este caso, se limita a efectuar la presentación y el cierre del testimonio, contextualizando el tema, identificando al charlista, cediéndole la palabra y agradeciéndole, al final, por su participación. El radio periodista no hace ninguna evaluación ni comentario. El lenguaje de la charla testimonial debe ser claro y empático. Cuidando la claridad en fondo y forma, procurando un lenguaje sencillo y concreto, la brevedad será condición fundamental para mantener el interés del oyente.

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BIBLIOGRAFÍA

1. Juan Gargurevich “Los Géneros Periodísticos” Quito, Belén, 1982 Pág. 151, 168 2. Gabriel García Márquez “Relato de un Naufrago” Bogotá, Oveja Negra 1970 3. Mario Kaplún “Producción de Programas de Radio” Colección Integran CIESPAL” 1978 Pág. 134 4. Jimmy García Camacho “La Radio por dentro y por fuera”. 5. Erick Torrico “Periodismo, apuntes teóricos técnicos” La Paz, “Andina”, 1989 Pág.

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