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Cine y ciudad

Análisis Pajarico (1997) de Carlos Saura


Purificación Jiménez Herrero

La película escogida para el análisis de Cine y Ciudad ha sido en este caso Pajarico de Carlos Saura,
rodada en Murcia y en pueblos de la misma Región como son Blanca, Abarán y San Pedro del Pinatar.

Pajarico narra la historia de un niño de diez años de Madrid al que envían una temporada a Murcia para
librarle de los trámites de separación de sus padres. Allí le esperan los miembros de una singular familia
(tíos, primos y abuelo) cada uno con sus locuras, sus manías y sus excentricidades. Una única casa
familiar, con tres viviendas y una confitería es donde este niño descubrirá toda la sensualidad propia del
Mediterráneo a través de sus parientes. Allí, en medio de parajes novedosos dominados por la huerta, la
luz del Mediterráneo, el mar y la naturaleza exuberante y cálida de su familia, descubrirá su primer amor
a la vez que se irá haciendo idea de los primeros secretos de la vida adulta. La pericia, la contención y la
sensibilidad de Carlos Saura le valieron en esta película para obtener el Premio al Mejor Director en el
Festival de Montreal en 1997.

Como primer acercamiento para este análisis, es necesario hacer hincapié en el hecho de que la elección
del título de la película: Pajarico, que a punto estuvo de llamarse Pajarico solitario, no es en absoluto
fortuita, sino que implica desde el principio una relación directa con las raíces culturales de la Región de
Murcia y su habla. Un ico, que dicho sea de paso, menciona Saura en los extras por ser un diminutivo que
hereda por partida doble de su familia aragonesa y de su familia murciana.

Si bien es cierto que no todo el peso de la acción recae en los paisajes en este film, y que no todo el
largometraje permite encumbrar a las edificaciones, paisajes, calles y decorados de la misma ciudad de
Murcia; las pinceladas de la ciudad permiten no sólo proyectar la nostalgia del cineasta sino añadir el
toque poético que alumbra al film en su recorrido. Las características de la Región desarrollan y ensalzan
los toques poéticos que busca el autor gracias a la privilegiada luz, a los paisajes hortofrutícolas, al mar y
a la dimensión “castiza” que le otorga un murciano de la talla de Francisco Rabal con su acento y el
conocimiento de su tierra natal.

Desde el inicio del mismo, la mirada de la cúpula de la catedral sigue a los personajes protagonistas, los
niños, desde su encuentro hasta su conocimiento y su primer beso. A través de la recreación de los oficios
tradicionales: confitería, sastrería, medicina, todos ellos muy activos siempre en la Región, se aporta el
toque realista del centro murciano, así como se enriquece el film con la fuerza, calidez y vitalidad que
permite la luz en esta zona española.

En esta obra, el director lleva a cabo una cuidadísima recreación de la infancia, especialmente en lo que a
la iluminación de las distintas escenas y a los movimientos de cámara se refiere, con toque nostálgico y
con una destacable factura visual por medio de la mirada del niño protagonista, Manu. Sobre el
tratamiento de la luz, el director de Fotografía de la película, José Luis López- Linares, destaca la
construcción del relato a través de un uso más cuidado de los contrastes y de la dureza que hasta ahora no
se había realizado en las anteriores obras del cineasta. El misterio y los descubrimientos de la
adolescencia son el hilo conductor de un relato intimista y melancólico que permitirá a los espectadores
conocer, de forma secundaria, parte de la capital murciana; algunos de sus edificios más emblemáticos,
así como, un acercamiento a sus costumbres y al carácter de sus gentes según la visión de Saura.

La película, dividida con los inter-títulos por una especie de capítulos, presenta de forma cuidada a los
distintos núcleos familiares con los que el pequeño Manu tendrá que pasar las vacaciones. Cada intertítulo
permite al protagonista y a los espectadores ir anotando las coordenadas de la familia, de sus relaciones,
de sus miedos, sus secretos, sus fantasmas y servirá de hilo conductor para el entendimiento final de la
búsqueda del abuelo. La búsqueda de su reencuentro con el mar y su infancia, de su vida con su último
aliento y su entrada en la muerte, como el río que desemboca en la mar. Un abuelo que confunde el
presente con el pasado y cuya demencia le acerca a la fragilidad de las cosas y hacia la nostalgia
profunda.

Es en un mismo edificio (única localización madrileña de la película) dónde reside toda la familia y en
ese mismo edificio dónde se producen las acciones y matices más significativos de las distintas relaciones
establecidas. Sin embargo, el uso de los exteriores escogidos, no son en modo alguno aleatorios, sino que
permiten conocer las características básicas del entorno murciano que intenta transmitir Saura de la base
que conserva de sus recuerdos: frutales, luz, vegetación, estrechas calles de ascendencia musulmana,

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pequeñas plazas y el mar, mar que como el lugar donde desembocan los ríos establece un lindo
paralelismo con Paco Rabal que en su papel de abuelo busca acudir al mar para morir, entregando su
último aliento al Mar Menor.

El comienzo del mismo film se establece en la estación de trenes de Murcia: la estación del Carmen
dónde el joven protagonista llega a la ciudad murciana con la mirada de un desconocido, de alguien que
se encuentra desorientado, sólo y aturdido como un pajarico solitario. El mismo niño y su llegada a la
casa, nos permitirá conocer el entorno de la ciudad y de sus alrededores, mostrando a su paso
localizaciones destacables y perfectamente identificables al inicio de la película como la Catedral
murciana y la Plaza del Cardenal Belluga. La misma cúpula de la catedral estará presente en gran parte
de las escenas de los niños en la terraza, así como en la escena en la que los niños con el tío médico, -Juan
Luis Galiardo-, buscan al abuelo que se ha perdido. Secuencia esta misma que permitirá realizar un
recorrido a grandes rasgos por la ciudad. Los protagonistas atravesarán Murcia mostrando a su paso el
centro, la trapería, la plaza de Santo Domingo, pasando por el Ayuntamiento que no es visto directamente
pero que aparece a la derecha de una amplia avenida antes de llegar al parque dónde se encuentra el
abuelo perdido. Finalmente, el abuelo, es encontrado en los jardines del Malecón, lugar de celebración de
la Feria murciana en septiembre. Además, Francisco Rabal, gracias a sus raíces, impregna de autenticidad
el relato con su conocimiento y con su habla, especialmente por medio de la historia que cuenta a los
niños de camino, de nuevo, al edificio familiar y lo logra haciendo mención sin esconder su acento a la
costa murciana y a la población de los Urrutias y del Mar Menor. Lugar éste al que el mismo personaje
quiere retornar y en cuya búsqueda se ha perdido por la ciudad.

Importante es mencionar en el desarrollo narrativo de la película las dos metáforas literarias que utiliza
Saura para comenzar y finalizar el film: el tren y el mar. Ambas imágenes nos remiten a una conexión con
dos grandes escritores como son Juan Ramón Jiménez y su obra Diario de un Poeta recién casado y el
uso metafórico que utiliza de los trenes en cuanto a la llegada, inicio, comienzo de nueva vida con Manu
en la estación del Carmen; y posteriormente el mar, como “las vidas que son los ríos que van a parar a la
mar que es el morir”, mencionando las palabras de Jorge Manrique, como le ocurre al abuelo de la
película. El mismo Saura expondría en el making off de la película su búsqueda de la poesía y de la
belleza de los detalles a lo largo del mismo film, la conexión entre las palabras, los gestos y la luz.

Diversos detalles además recubren los matices típicos y culturales de la ciudad, así ocurre por ejemplo
con el nombre de la pequeña co-protagonista: Fuensanta, la prima de Manu, encarnada por Dafne
Fernández. Este nombre no es nada causal sino que lleva a su vez el nombre más típico murciano
correspondiendo con la patrona de la ciudad la virgen de la Fuensanta. En la figura de la pequeña
Fuensantica, Saura hace coincidir diversas referencias culturales y muestra así mismo una parte muy
típica de Murcia especialmente en la escena, en la que su padre, sastre de trajes típicos regionales, le toma
las medidas a la pequeña Fuensanta ataviada con el traje típico de huertanica.

La huerta y la pintura sirven de primer encontronazo con la Murcia de frutales en la escena en que los
niños son conducidos por el tío a pintar paisajes, la afición de este adulto, en medio de los frutales y las
acequias heredadas de las construcciones árabes que aún perviven junto a las norias en gran parte de los
pueblos murcianos. Posteriormente, se combinan los edificios comerciales del centro con los
establecimientos artesanales en los que trabajan los familiares de Manu: la pastelería, la sastrería, etc.

En esta película, Carlos Saura, quería hablar de su lado murciano, de la herencia levantina y el gusto por
la sensualidad y la forma de vida. "Aunque esta historia estaba pensada para rodarse hace años, creo que
sigue retratando a la España del centrosur. Allí la vida se hace en la calle, los balcones están llenos de
sábanas colgando y la gente se pasa el día de charla", afirmó en su momento el cineasta. Calidez que se
muestra en la película a través del cuidado uso de la luz, de los contrastes y de la dureza de la misma e
incluso a través de los recuerdos del autor con la aparición de las mismas sábanas en diversas escenas
iniciales del largometraje como libertad dentro de la que juegan y se baten los niños. Los fuertes azules
ante la fatalidad de los momentos más dramáticos, los tonos amarillos y anaranjados de los niños en su
relación con el abuelo, la iluminación por manchas en la escena del violonchelo, prestan el componente
perfecto para destacar los toques de dramatismo reforzando incluso la interpretación de los actores.

El deseo de escribir y dirigir una historia sobre la sensualidad mediterránea de Murcia le rondaba a Carlos
Saura desde hacía años. "Me he inspirado libremente en mi familia, pero hay mucho de fantasía e
imaginación", dice el director. Una familia caliente, sensual, afectuosa, en ese paisaje mezcla de desierto
y vergel, es lo que siente Saura al recordar a sus parientes de Murcia. Y así es transmitido en el film a

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Purificación Jiménez Herrero
través de los deseos, anhelos, comportamientos de los adultos y de las inferencias que van dando paso a la
adolescencia de un niño arropado por una cultura, una luz y una calidez para él anteriormente
desconocida.

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