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Valor para vivir los valores

Valor para vivir los valores

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Libro con una introducción sobre el papel de los valores en la formación ética y sobre la importancia de vivir valores en la familia y la educación. Contiene un examen detallado de 24 valores, que constituyen una guía atractiva para que los hijos practiquen los valores día a día, sin imposiciones, y adquieran una sólida formación ética.
Libro con una introducción sobre el papel de los valores en la formación ética y sobre la importancia de vivir valores en la familia y la educación. Contiene un examen detallado de 24 valores, que constituyen una guía atractiva para que los hijos practiquen los valores día a día, sin imposiciones, y adquieran una sólida formación ética.

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Valor paa vivir

los valores
Valor paa vivir
los valores
Cómo formar a los hijos
con un sólido sentido ético
JORGEYACE
C¾AT4
E11¹1¶1½1
norma
Bogotá, Barcelona, Buenos Aræ, Carac, Guatemala,
Lima, México, Paamá, Quito, San José, San Juan,
Santiago de Chile, Santo Domingo
Yace. Jorge
Valor para vivir los vore IJorge Yace. -
Bogoc : Grpo Editorial Norma. 2ûû4.
28ûp. ¦ 23cm.
ISBN º58-û4-785ó-2
1. 1.Vaores (Eución) 2. &ito 3. Étic - Ensfa
l.Tít.
37û.114m1ºe.
AU5ó15
CEP-Banco de la Rpúblic-Bibliotec Luis Angel Aango
Copyrigbt O2ûû4pr Jorge Yarce
Copyrigbt O2ûû4paa todo el mundo por Eitorial Norma S.A
Apartado A�reo 5355û. Bogoc. Colombia
W .norma.com
Rserados toos los derecbos. Prohibida la reproducción total o parcial
de este libro. por cuquier medio. sin permiso ecrito de la Editorial.
mprcsopor ÏmprchbrosS.A.
Ïmprcsocn LoÍombtz~ ÏrmtcdtnLoÍombtz
Edición. OIga Maí
Aesoría editorial. Fredy Ordófez
Dirección de 8C, Maa Claa Salar
Diaación. AdæRincón
ISBN º58-û4-785ó-2
/ mi padres \heranos,
que feron para mí l primera escuel
mvalres.
Contenido
Introducci6n
Vvr los valors: Una tarea apaionate ÆÆÆÆÆÆÆÆ....... ....... 1
1 Ls vors estn en crisis......................................... 5
"Todo depende de . . . " ............................................... 9
"Lo bueno paa mí y lo bueno para ti" ....................... 10
Decir "no", una manera de afrmar ..æ...æ...........æ......... 1 1
Cumplimiento ¯ "cumplo y miento" .....æ...........æææ.æ..æ 13
Ríces amenazdas ...........æ.................................æ.æææ... 14
L cuenta de la naturale ....................................... 16
L procesi6n va por dentro .......................æ......ææ......ææ 18
Y todos tan tranquilos ......ææ.æ..æ..æææ.æææ.ææææ.æ..ææææ.æ..æææ..æ.æ 19
"Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente" æ..æ.æ 20
Clves dl capitul ææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææ 22
2 Vvr los valors ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 25
Para estar en forma .....æ..æ.......æ.æ..ææ...æ.ææææ........æ...æ....... 26
A punta de cincel y martillo ..æ.....æææ..æ..æææ.æææææ..æææææ...... 28
Una pérdida indolora .æ.æ..æ.ææ..ææ..æ..æææ......æææææææ.ææ.æææ.æ.æ.æ 29
Wlor para vivir los valores

Está en j uego algo importante ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ30
"
H
é "
æ .
32 roes para no Imitar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Æ
"Y
r tt
34 o no naCI para esto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Æ
No es tan difcil ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆæÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ36
Un esferzo constante y renovado ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆæÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ37
Clves dl capítl ææ+++++++++æ+ææææ+æ++ææ+æ++++++++æ+++æææ+æ++++++++++++ 39
3 E dinamismo de los prcipios,
los vors y la vrudes «««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««« 41
Pero, ¿qué es un principio? ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆÆ.42
Una historia antigua ÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆ. ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ44
¿y, en defnitiva, cuáles son los principios
primordiales? ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆÆ. .ÆæÆ.ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ+ÆÆÆ.Æ+ÆÆÆÆÆÆ46
No se confnda: los principios
son distintos de los valores ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆ+ÆÆÆÆÆÆ. ÆÆÆÆ.Æ .47
Una gran diversidad de valores ÆÆÆÆÆoÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆÆ+. . ÆÆÆ++. Æ Æ49
El dinamismo de los valores ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ+ÆÆ.Æ.ÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆÆ 50
Los valores éticos son los primordiales Æ. . . .ÆÆÆÆ. ÆÆ.ÆÆÆÆÆ. +. .Æ 5 2
L virtud y el arraigo de los valores ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ+ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 54
Para todos los gustos ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ. . ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ+ÆÆ. +. ÆÆ. . ÆÆ.ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 56
Clves dl capítl +.æææ+Æ+++ææ+++++æ+æÆÆ+æ++.+Æ.+Æ+Æ++++++Ææ++Æ++æ+ÆæÆÆæ 57
4 ¿Paa qué siren?, ¿rmo se enseña
y se aprenden? ««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««««« 59
¿Para qué siren? ........................................................ 60
Pero, ¿cómo hacerlos realidad? ................................... 62
Y, ¿cuá es la mejor manera de enseñar valores? .......... 63
Un sistema de vasos comunicantes ............................. 64
Contenido
Y¡1
Su fer práctica ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ65
L motivaciones, resortes de los vaores ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ66
Un contagio bueno ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ68
Clves dl capiul ææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææææ 71
5 L familia, primera escuela de valores ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 73
Los ámbitos básicos ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ75
Un papel necesario ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ76
Un faro encendido ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ77
No hay nada irremediable ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ78
De lo transitorio a lo permanente ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ79
¡Pongámonos de acuerdo en lo fndamental! ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ81
El crácter: primer propósito de la educción
en la familia ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ82
Valores para la calidad de vida ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ84
El poder de la familia unida ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ84
Cada familia es un "metro de patria ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ85
Clves dl capitl ÆææææÆæææÆææææææææææææÆææææææææææææææææææÆæææææææææææÆ 86
6 Algunos vores básicos en la fa ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 89
> L laboriosidad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ89
> El orden ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ93
> L responsabilidad ÆÆÆÆÆØÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ97
> El respeto ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 101
> L sinceridad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÐÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 105
> L generosidad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 1 10
� L forte ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ1 14
> L j usticia ØÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 117
Wlor para vivir los valores
Y¡¡¡
� La :stad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 121.
� La alegría ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 128
� La austeridad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 131
�Lfe ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 134
7 Cmo desar ollar los vors en la fa .............. 139
Cómo se enseñan los vaores en la familia ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 142
Una recomendación y una estrategia ÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆÆÆÆ.ÆÆÆ 143
Los valores. en relación con la edad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 145
Consideraciones para tener en cuenta ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.Æ 146
Un ambiente propicio para la formación
de valores ..ÆÆÆ.ÆÆ.ÆÆÆÆ.ÆÆÆ.Æ.ÆÆÆÆ.ÆÆ.ÆÆÆÆ.ÆÆ.Æ.ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 148
"L cantidad" no reempla "la calidad" ÆÆ.ÆÆ.ÆÆ.ÆÆÆÆ.Æ.ÆÆ 149
Desde la familia hacia la sociedad ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 151
Clves dl capítl .................................................... 154
8 E qué consiste una educci6n en vores .............. 157
Algo má que desarrollar la inteligencia ÆÆÆÆÆÆ..ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 157
Descentraizar la mente y el coraón Æ.ÆÆÆ...ÆÆ....ÆÆ........159
"TécniCente" educdo pero deshonesto .ÆÆÆ.ÆÆÆ.....Æ. 160
Un proyecto de vida con dimensión socia ÆÆ.Æ..ÆÆ.....ÆÆ 161
Educación y cidad persona ..Æ.Æ.ÆÆ....ÆÆÆ......Æ..ÆÆ..ÆÆÆÆÆ.Æ 163
No al conformismo .Æ...Æ...Æ......Æ..Æ...Æ.Æ.Æ....Æ...ÆÆÆ.....Æ.... 164
El fturo puede y debe ser distinto ÆÆ.......Æ.....ÆÆ..Æ......165
Clves dl capítl .................................................... 166
9 Algunos vlors básicos en la educci6n........... ..... . 169
� L libertad ÆÆÆÆÆÆ...ÆÆÆÆÆÆÆÆÆ...Æ.Æ.ÆÆ.ÆÆ.ÆÆÆÆ..ÆÆÆÆ.Æ.ÆÆ.Æ.ÆÆ.ÆÆ....169
� L autenticidad .ÆÆÆ.ÆÆÆ.ÆÆ.ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ..ÆÆ.ÆÆ...ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ.ÆÆ..174
Contenido

� L audacia ........Æ.....Æ..........Æ...ÆÆÆ.Æ..Æ....ÆÆ...Æ. . . . .. ... . . 176
� L prudencia .Æ..Æ...ÆÆ...ÆÆÆ.Æ.Æ.ÆÆÆ.Æ..ÆÆ....Æ..... . . . . ........ ... 179
� El optimismo Æ.ÆÆ.. .Æ..Æ.......... . ...... . . ......ÆÆ...Æ...... . . . .Æ. 181
� L humildd ÆÆ.Æ....ÆÆ.....Æ.......ÆÆ.ÆÆ....Æ......Æ...Æ...... .... . 184
� El patriotismo ÆÆÆ.ÆÆÆ.Æ...ÆÆÆÆ.ÆÆÆ..ÆÆ...Æ. Æ..ÆÆ..Æ...........Æ.... 187
� L leatad ....ÆÆ.Æ.Æ.ÆÆ.ÆÆ...ÆÆ.ÆÆ..ÆÆÆ.Æ.....Æ..Æ........Æ.Æ.....Æ... 191
� L pa .Æ..ÆÆÆ...ÆÆÆÆ...Æ......Æ.ÆÆ.Æ..ÆÆ.ÆÆ.Æ..Æ...ÆÆÆ..Æ....... .. . .... 194
� L constancia .......Æ. ... . ....... . ........ ........ .... . .. . .. . . . Ø . . . 197
� L voluntad ....Æ.... ..Æ........Æ......Æ........Æ.. . .. ... ... . .. . . . .. 202
� El cácter ........... .. . . . ... . . ..... . . . .... . .... .. . . .... . . . . , .... . . . . 206
10 Cómo cnst vlors en la educción ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 211
Primer pao: prceso de interiorizción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 212
Segundo paso: proyección y práctica
interpersonal . . ..................... . ... . .. ..... . .... . . . . . . . . . . . . . . 217
Tercer pao: aprendizje permanente ...... .. ... . . . . . . . . . . . . 220
Cuarto pao: crear una cultura institucional
de vivencia de los valores . . . .. .. .. .... . .. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
El papel de los líderes multiplicdores de valores . . . . . . 230
Una labor dinámic . . . . . . .. . . . .......... ... . . .. . ..... . . . . . . . . . . . . . . . 231
Todos ponen, todos ganan . . . . . . . . . . . . . . . . . ... . ... . . . . . . . . . . . . . . . 232
Inspiración y paión . . . . . . . . . ... . . . . . . . ... . . . . . . . . . ... . . . . . . . . . . . . . . 233
Ejemplo gráfco para el trabajo sobre valores . . . . . . . Þ . . . Þ 234
Epíogo ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 237
Lico de vors ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 243
Bibliogaa ÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆÆ•ÆÆÆÆÆÆÆÆÆ 263
INTRODUCCI
Ó
N
Vivir los valores:
Una taea
W
apasIonante
D
ifcil encontrar una te t apaionante como la de
hablar de valores y tratar de explicr lo que reamente
son, la importancia que tienen en la familia y cómo se pue­
den practicar en ella y en la instituciones eductiva. No se
trata de una simple moda, sino de una necesidad socia que
exige respuesta muy concreta. Una tarea nada fácil.
Después de varios aos de trabajar en el tema decidimos
eponerlo en esta obra, que recoge la experiencias que he­
mos tenido con públicos de muy diferentes latitudes, países
y sectores sociales. Esto es, tal vez, lo que más nos ha enri­
quecido y lo que nos ha permitido poner por escrito esta pr­
pueta, para que el tema de los valore no se quede como algo
abstracto e intemporal, que muy pocos quieren abordar para
llealo a la vida cotidiana porque no saben cómo hacero.
H
emos intentado, entonces, sentar una baes concep­
tuales, lo más daa y sencilla posibles, sin pretender elabo­
rar una teoría muy compleja o sofsticada. Y creemos, since­
ramente, que su lectura ayudará a esclarecer incógnitas
comunes: si los valores son ideaes o reales, cómo se diferen­
cian de los principios, qué tienen que ver con la virtud, si
son innatos o se aprenden. Es decir, csi todo lo que las per­
sonas desean saber sobre los valores. Por otra parte, no nos
cbe duda de que los valores siguen vivos en nuestra socie­
dad, como tampoco de que son necesarios para lograr la ca­
lidad de vida en las personas y en la familia. Si los valores se
viven primero individualmente, es mucho más fácil que se
practiquen después en la educación y en los grupos sociaes.
L que nos preocupa a todos es cómo hacerlos realidad y
cómo proyectarlos a los demás.
Vlor para vivir los valores
4
Para facilitar la aplicación concreta de todo lo anterior,
escogimos doce valores básicos en la familia y luego explic­
mos cómo desarrollarlos en ella. Algo semejate hicimos con
la educación: escogimos otros doce valores (que valen tanto
en el ámbito familiar como en el educativo, al igual que los
primeros doce) y luego explicamos la metodología para de­
sarrollar o "construir" estos vaores en la educación. Por últi­
mo, incluimos un léxico o "bolsa de valores" para facilitar el
trabajo de quienes estén interesados en utilizrlo en su hogar
o en su centro educativo, a través de seminarios o talleres.
Apiramos que este libro, dirigido especial pero no ex­
clusivamente a los padres de familia y a los educdores, sea
para ellos una obra fácil y agradable de leer y, sobre todo,
una herramienta efca para utilizr en su tarea diaria de for­
mar persona con un sólido sentido ético, una tarea que siem­
pre será apaionante e indispensable para la sociedad.
Para concluir estas línea, queremos expresar un agrade­
cimiento especial a Carlos Bernal Quintero, quien colaboró
especialmente en la preparación del manuscrito y en su rei­
sión, aportando su valiosa experiencia en el campo del desa­
rrollo humano y como educador y padre de familia. Este
agradecimiento también se hace extensivo a toda la demás
personas que de una u otra manera han hecho posible que
este libro salga a la luz pública, de modo particular a la Edi­
torial Norma y en ella a Adriana Delgado, Fredy Ordóñez y
OIga Martín.
1
Los valores
7
estan en crISIS
A pesar del progreso y del bienestar de la sociedad actual,
.xiste una fente de malestar que hace que ese progre­
so no sea del todo satisfactorio: "L crisis de los valores".
¿Qué queremos decir exactamente con esta expresión? Mos­
trémoslo con un ejemplo:
o La fmilia Rmlre es una fmili común y coren­
te. Laura, l hia mayor d 23 años, ha sid invita a
tabajar en un reality show. Su padres, que conocen
bien l eerenci por l que paan l chica que
intnienen en eerpo d progam, no están muy con­
tentos d qu su hi acete esa propust. Sin embargo,
l sitación económica que ataviesa l fmilia ls pone
a pensar en e/dinero que ell podra recibir en cao d
ganare el prio, un suma que ser l solución a su
probla económicos. El papá d Laura preere que
llor para vivir los valores
6
ell no se preste para ese tio d progama, al l sita­
cón económica siga siend gave, mieta que l mamá
es dl parecer contaro. O
Los dilemas éticos son frecuentes en el seno de la fami­
lias. Frente al que acbamos de exponer, es posible que la
balanz se incline por el "no", pero lo cieno es que cda va
se inclina más por el "sí", y ésta es una de las maneras como
se presenta la crisis de valores. Los va
l
ores, que antes llea­
ban inmediatamente a recha este tipo de propuesta (a decir
"no"), parecen haber cmbiado; sin embargo, ¿no será que
esos valores se han desvinculado de cienos principios éticos
elementales, tales como el buen componamiento, la digni­
dad y la decencia?
L crisis de vaores se manifesta por el clima de permisi­
vidad mora en el que parecen estar bien aguna conducts
que antes eran reprobables desde el punto de vista ético. En
cierto modo, nos acostumbramos "a pensar como vivimos y
no a vivr como pensaos". Se han perdido los puntos de
referencia; por ejemplo, por creer que la comunicción fa­
miliar consiste en un diálogo de iguales, se pierde el respeto
a los padres y, aí, el diálogo se conviene en un enfenta­
miento y en desobediencia. Los padres, en muchos cos, no
pueden ser considerados como iguales porque dejarían de
cumplir su misión.
O Jun Carls ceta que e su caa estd prohibid l
palbra "apd" o "mamá': All se empla el téino
Los va/ores están en crisis
7
"miga" para rerrse al pare. A raiz d esto, l
relcones estdn sometd a vaivenes eemos: si l que
dice el «amiga" l gta a Juan Carls y estd d acer­
d con él l cosa van bien; pero si el «amiga" tata
d imponerse respecto a l inconveniencia d ciera
amistas, el «amiga" se estd volviend intanigete
(aunque sól esté actand como el padre que eece su
autord en bie d ls hios). O
Es indudable que los valores "respeto" y "autoridad"
han sufrido cambios, pero si esos cambios no están liga­
dos a los principios que les dan validez fndamental (la
autoridad, por ej emplo, como el principio que vincula a
una persona con otra para ayudarle a crecer y a lograr sus
obj etivos) , entonces no se trata simplemente de un cam­
bio en los valores sino de una crisis de los mismos, es
decir, de una separación entre el valor y el principio que
lo sustenta.
O Gonzl es profsor en una universid dsd hace
20 años. En una renión d profsores con el rector
Gonzl ceta que llva tod ese tepo elicand l
matera d l mima manera, con el mismo contenid y
ls mimos apuntes, y que ai «l ha i muy bie': Aom­
bra, el rector antcia una ecua por l fere d
esta afración y l dice: «Uted estd muero:' l único
que hace flta es enterarl: ¿No cee que el saber y el
mod d enseñar hayan cambiad en estos 20 añosr " O
8
llor para vivir los valores
Desde el punto de vista ético, ¿será correcta la conducta
de Gonzalo? Si la examinamos, decubriremos un compor­
tamiento que quizs no tenga la consecuencia del co de
Lura; sin embargo, aunque sea

enos grave a la luz de los
principios y los valores éticos, su actuación de todas maneras
deja mucho que desear, pues refeja mediocridad y paivi­
dad, al olvidase de valores como la iniciativa, el crecimiento
y el compromiso.
Una ética personal inconsistente, sin bases sólidas, lle­
va a que la gente haga cosas malas creyendo que son buenas
y a pensar, actuar o dejar hacer a los demás porque -se
esgrime como una j ustifcación- "lo que no está expresa­
mente prohibido por las normas, se puede hacer".
Entonces surgen conductas ambiguas y confictos de
intereses mal resueltos; por ejemplo, el caso de la artista
famosa que roba ropa interior en el centro comercial y que,
después de ser condenada a pagar una multa, la vende en
una subasta pública para donar el dinero recaudado a una
obra de benefcencia; los muchachos de familias ricas que
roban en el supermercado; los empleados de una fábrica
que sacan materias primas, o los de un comercio que se
guardan parte del dinero que reciben en efectivo; quienes
manejan licitaciones en entidades ofciales o privadas y so­
licitan un pago para favorecer a determinada frma propo­
nente; el j ovencito que se queda con la vuelta de una com­
pra que le encargaron en la casa, o el guardia de tráfco que
acepta sobornos y permite ,así el incumplimiento de las
normas, etc.
Los va/ores están en crisis
9
"Todo depende de ...
El relativismo transforma poco a poco los valores en con­
ductas moralmente sospechosa pero socialmente aceptada;
por ejemplo, hay quienes son considerados por los demás
como "tontos" si no aprovechan la ocsión de hacerse ricos
dejando a un lado los "prejuicios morales" (ser honrado, aca­
bar bien la cosa, esmerarse en prestar U buen sericio,
eitar el despilfarro del dinero, obedecer a los padres y a los
profesores) .
E frecuente escuchar que el juicio moral sobre esta si­
tuaciones depende del punto de vista desde el cual se obser­
ven. Surge entonces la idea de que las cosa son relativa y de
que nadie puede ser jue en causa ajena, a pesar de tratarse
de auntos má o menos evidentes. "Todo depende de . . . " es
la frae usual para respaldar acciones que contravienen la éti­
c. Si la cjera del supermercdo le entrega a alguien más
dinero en la vueltas del que debía darle, hay quien piensa
que "ése es su problema por contar mal el dinero".
o Maro estdia Adminitacón en l univeridd y
para podr aprobar el semeste necesita sacar una nota
ecelnte en economla, matera en l que va mal por su
fecuentes auenca. Decd, entonces, pagar a un pro­
fsional sin eplo para que elbore el tabajo que el
profsor ha puesto y que dnirá l calicación fnal y
d este mod aegrar su aprobación d l mater. O
En csos como el de Mario, no faltará quien considere su
�lor para vivir los valores
1 0
conducta como algo común y corriente. Acostumbranos a
esto forma parte del clima de permisividad y de toleracia
ilimitada al que nos hemos referido ates. Mario hace algo
éticmente reprchable, pero piensa que simplemente se trata
de que el fn (pasar la materia) j ustifc el medio empleado
(pagarle a alguien) . Incluso, no falta la persona a quien la
conducta de Mario le pareca correcta y responsable, porque
piensa que les está eitando a sus padres el costo de tener que
pagar la repetición del semestre.
¨Lbueno paramy lo bueno pæt"
Este relativismo lleva a pensar que da lo mismo una u otra
orientación moral y que toda las decisiones éticas son re­
lativas a las diferentes persona y cultura. Algo que para
mí es bueno, para otro puede ser malo, o al revés. Y no hay
por qué empefarse en que uno de los dos tenga la razón.
Lo que ocurre -argumentan algunos- es que una personas
defenden unos principios éticos que son válidos para to­
dos pero que, a la hora de la verdad, si uno no está de acuer­
do con que esos principios existen en alguna circunstancia
específca, entonces la conducta no tiene por qué estar re­
gida por esos principios. Lo máximo que se admite es una
"ética de mínimos" (conformada por principios que se
modelan según mi conveniencia) , es decir, algunas regla
convencionales como para que no impere la "ley de la sel­
va' , que tienen el fn de aparentar que vivimos en una so­
ciedad civilizada.
Los va/ores están en crisis
El relativismo es una de las causas de la actual crisis de
valores, pues deteriora la honestidad, la lealtad, la veracidad
y la justicia; los hace parecer como ideales inalcanzables, que
sólo se pueden esperar de personas con una formación muy
especial.
o Jaime preara sus últimos exdmenes d Derecho, con
mira a obtener una beca para el postgad que l eige
un promedio d calicaciones muy alto. Antes d esos
edmenes, Carls l llma para dcirl que un gupo d
estdiantes ha consegid l pregnta pagdndl un
dinero al aistete acadico encargad d cutodiar
ls cuestonaros. Hay que reunir el dinero ente tods
ls interesads. Jaime paga su pare, presenta ls edme­
nes y obtene l meores nota y con ell l beca para el
postgad en el eanjero. Jaime y Carls dicten sobre
el tema, eresan sus dud y dcdn plntedrsel al
pare dl prmeo, que es magstad d un tbunal.
Los ds muchachos dicen que eso ya paó y no puedn
volver el tempo atd. El padre piena l contaro e
insta a su hio a dr a conocer a l autords acad­
mica el hecho. O
Decr "no", una manera de ara
No toda la crisis de valores se expresan a través de conduc­
ta negativa, es decir, a través de acciones contrarias a la
étic; también se manifesta en el contraste entre quienes se
1 1
Vlor para vivir los valores
1 2
niegan a aceptar el relativismo en su comportamiento (es
decir, guiarse moralmente por lo que hacen o dejan de hacer
los demás) y la personas que los censuran por esto. Hay
quienes deciden fmar marihuana o consumir cocaína por­
que todos los del grupo en el que se encuentran lo están
haciendo, pero en ese mismo grupo hay quienes tienen la
valentía de permanecer sin imitar la conducta reprobables
de sus compañeros aunque sean considerados como unos
u

n
agualesta .
Hay muchas persona que saben decir "no" a cierts pro­
puestas, porque sus convicciones les dicen que no está bien
aceptarla y que les harían daño a los demás. y a sí mismas,
aunque otros, en un clima generalizdo de cobadía moral,
las tachen de mojigatas o de moraist. Hacen lo que deben
hacer de acuerdo con principios que consideran inmodi­
fcbles porque están apoyados en leyes naturaes propia del
ser humano, que pueden coincidir o no con convicciones
religiosa. Estos principios tienen vaidez paa tod la per­
sona, no s610 paa quienes simplemente "creen" en ellos,
sino también para los que los deducen del orden estblecido
por Dios en el mundo.
Es mucho más fácil, hoy en día, decir "sí" paa no correr
el riesgo de verse excluido del grupo a que se cree perene­
cer, que decir "no" y ser víctima de aguna censura. A lo lar­
go de la historia, el derrumbe de la civilizciones ha empe­
zdo siempre con un "sí" a determinada idea o costumbre;
basta recordar la manera en que el naismo comenzó su la­
go genocidio, para el cua esgrimían ranes supuestente
Los valores están en criis
científcas y al cual las persona feron incapaces de decir
" "
ø
no a tiempo.
Cumplimiento " "cumplo y miento"
Aimismo, encontramos otras manera, más sutiles, en las·
que se manifesta esta crisis. Por ejemplo, cuando una perso­
na abandona progresivamente la vivencia de alguno de los
valores. Cuando aguien se considera sufcientemente res­
ponsable porque se limita a cumplir con las misma tareas,
puede estar perdiendo iniciativa y creatividad, puede decirse
incluso que su cumplimiento es un "cumplo y miento". Así
surgen antivalores como la perez, la negligencia, la medio­
cridad, la desidia.
Otro de los factores que agudizn la crisis de valores es el
predominio del consumismo y del utilitarismo como "flo­
sofa de vida; es bueno o valioso lo que resulte útil para mí,
lo que me convenga en determinado momento. L mismo
sucede con los placere: lo que impide que haga la cosa a
mi gto y paa mi propia satisfacción deja de tener interés
paa mí; el esfer y el sacrifcio, como caminos paa la vida
vaiosa, paan a un segundo plano.
Sucede entonces que en lugar de que la persona actúe
siguiendo una pauta de conducta, que podemos denomi­
nar principios éticos básicos, o según determinados valores
arragados cutura y socialmente, adapta los principios a su
modo de ver y entender la vida; construye una "étic de bol­
sillo" paa su necesiddes paiculaes, que determina lo que
1 3
Vlor para vivir los valores
1 4

es bueno o malo según su conveniencia, de modo que los
deberes frente a los demás pierden obligatoriedad y se en­
cuentran siempre j ustifcaciones para no cumplirlos.
o Lucia es una señora que tene que ir al banco con
mucha fecuencia, pero siempre llga con mucho afn,
por su ocupaciones en l caa, y se l aregl para sal­
tarse l fl para ser atendid antes que ls dmá, que
llvan ahi tempo esperand. Vve muy contenta d su
habilidd para lgarl, pues considra que salir rápi­
dmente d su gestones en el banco l perite cmplir
a cabalidd con su dberes d ama d caa. O
Rces aenad
L crisis de valores conduce a que los antivalores ocupen
fnalmente el lugar correspondiente a los vaores. Aí como
la raíz del árbol es amenada por una serie de alimafas y de
mala tierra que se le adhiere haciendo que se tuerz o que se
seque, el cultivo de los antivalores se convierte en algo habi­
tual e inconsciente. L persona actúa de este modo creyendo
que no está obrando mal; es desordenada o prepotente sin
darse cuenta de ello porque incorporó esos antivalores a su
conducta.
O En una reunión con su siete hios, Daniel se d
centa d que es percibid por ells como una persona
preotente y autoritara. En l noche, pregnta a Ali-
Los va/ores están en crisis
cia, su esposa: <¿cao yo so preotente? ¿Cómo pued
drse que yo sea preotente con mis hios?" "No, t tal
vez no l eres': l respond Alica, pero ells te perciben
al': "&l/came cómo pued ser eso': relica Daniel
"Muy sencill: t eres.o y distante con ells, no ls
habl cai, no te interesa por sus cosa, ven que establ­
ces una espece d barera ente t y ells': <¿ Y qué tengo
que hacer?" "Lo contaro a eso': l contesta Alicia. Efc­
tivamente, Danie4 a ra/z d esta conversacón con su
esposa, se esrz por actar d ota manera, y a ls 3
meses sus hios l comentaron que estaban muy sorren­
dids por el cambio positivo en su acttd O
L manera de afontar positivamente la crisis de valores
es enseñando y aprendiendo valores. Este libro pretende ser
una respuesta a la inquietudes que surgen sobre el modo en
que debemos afrontar esa crisis, especialmente en el ámbito
de la familia y de la educación. No bata con quedarse con­
templando los problema que se generan. Ni se trata tampo­
co de no prestarles atención. Es necesario realizr tanto un
proceso de "desaprendizje" de los antivalores, como, para­
lelamente, un proceso de aprendizje de los valores.
L crisis se presenta primero en las personas y luego en la
familia, en la educación, en los grupos sociales, en las em­
presas e instituciones, en la política y en el Estado. A veces se
suele creer, equivocadamente, que el proceso es al contrario.
Pero esto no tiene lógica, porque los valores y los antivalores
está inicialmente en la persona y no en la colectividad.
1 5
Vlor para vivir los valores
1 6
Desde las personas se proyectan, a través del ejemplo, a las
organizciones. Y sólo en ese sentido se puede decir que una
familia o un grupo determinado practica un valor o un
antivalor concreto.
o En caa d Marluz y Rodrgo han tenid por cos­
tmbre dar el dinero para ls gatos d tanspore y
otos gatos menores en un sito visibl, d mod que ls
hios, dsd pequeños, conocen ese mod d procedr d
su padres y saben cls son l regl dl juego respecto
a ese dinero. Jun Rodrgo, el hio mayor que ha cum­
pld I6años, gata su ahoros en dicos d rock, que es
su mayor afción. En ls últmos meses se ha visto coro
d dinero y ha empez a tomar pequeñ cantids
dl dinero común para tanpores. Piensa que eso no
tene- importanca porque es muy poco l que toma y
porque, ad, su padres no se han d cuent. O
L cuent de la natale
En un primer momento, los vaores se trasgreden con un
cierto entusiamo e incluso con aire de victoria, como ocu­
rre cuando una persona se droga. Sin embargo, el pao del
tiempo va mostrado la consecuencia de una conduct erra­
da. Surgen la inquietudes, la duda sobre si se obró adecua­
damente o no y la reclamaciones mutua entre quienes in­
currieron en esa conducta o la apoyaron. L vida misma
-aunque la expresión suene ago gatada- se encrga de pa-
Los va/ores están en crii
sar una cuenta de cobro por las violaciones a los principios
básicos que la rigen. El triunfo absoluto del mal sólo se da en
la películas, en las que se muestra a los asesinos escapar im­
punes hacia una isla paradisíaca. Aí se acaba la historia por­
que hata ahí llega la imaginación del guionista.
L vida real es más rica en matices que la imaginación
misma. Y la conciencia humana, por deformada que esté,
hace su trabajo y, má temprano que tarde, reaparece, apoya­
da en lo que queda de algunos principios que no han podido
ser extirpados por la mala acciones.
o Rmoncito paa por el fnte d un d l caa dl
conjunto rcil dnd vive, e l cul se estn ha­
cend alna rearacones. Con muy mal intecón
-porqu uno d ls opearos ya l ha lm l atecón
por caminar indbimete por el lugar dnd se est
hace el tabajo tom una piedra, l ln conta
un d l vetana y rompe el viro m gand d l
caa. El dueño, que ha s infr d l ocr por
ls obres, se dirge dnd l mmá d Rmoncto para
protstr por l ocrd. A l cl l mamd, dlnte d
Rmoncto, l respond eigend que, por fvor ls
operaros no se metan con su hio y proponiédl hacer
l reosición dl dño ('in importar cudnto cueste''
con l condicón d que nadie se meta con él O
¿Qué ensefanz sacará Rmoncito de esta situación?
¿Cómo la relacionará con la orientaciones que recibe en su
1 7
Vlor para vivir los valores
1 8
colegio sobre urbanidad, civismo y solidaridad? Si, como es
lógico, sus amiguitos del conjunto residencial se enteran y,
desde luego, su padre, ¿podrá quedarse sin sanción alguna la
conducta encubridora y complaciente de la mamá con la
faltas del niño? Si no se corrige a tiempo quedará en él la
actuación equívoc de su madre, que producirá una defor­
mación en la conciencia del niño.
L procesión va por dentro
L crisis de vaores se resuelve en primer lugar con un análi­
sis de lo que ocurre cuando se desconocen los valores. Si se
toma lo sucedido y sus consecuencia como una oportuni­
dad de aprendizje, se habrá dado un pao en la dirección
correcta. En este sentido, se aprende de los errores; éstos no
suceden simplemente para echárselos en cara a la personas.
Pero hay que llegar al porqué de una determinada conducta
o actuación.
Uno de los aspectos má preocupantes de la crisis de va­
lores es que no nos damos cuenta de que la crisis está suce­
diendo; es decir, no advertimos que se han dejado de d
respuesta clara y acertada frente a los dilema éticos. Aí
como en el terreno religioso se habla de un ateísmo práctico,
que no ofece argumentos en contra de la exstencia de Dios
sino que se limita a vivir como si Dios no exstiera, en el te­
rreno ético es actuar como si no exstieran los principios y
valores que rigen la conducta.
Actuamente, la persona se enfentan a dilema éticos
Los valores están en crisi

1 9
en la familia, en el colegio, en la universidad, en el trabajo y
en el ejercicio político. Para resolverlos hay que contar con
elementos de juicio, partiendo de la id
e
a de que la persona
es consciente del alcnce práctico que tiene para ella la solu­
ción de los mismos. E un asunto de que cada uno asuma esa
responsabilidad. Hay quienes eluden la responsabilidad o la
delegan, al imitar irrefexivamente las conductas estereo­
tipadas que difnden los medios de comunicación.
y todos t traquos
L crisis a la que nos referimos no está loclizda en un de­
terminado sector de la sociedad o en un determinado país;
sencillaente, está generalizda. L situaciones son las mis­
mas y la falta de conductas ejemplarizntes infuye en la di­
fsión del mal. Los medios de comunicación hacen de
superconductores de la crisis. Una película con una alta do­
sis de inmoralidades es más efca que die lecciones de éti­
ca. L vemos a través del bombardeo permanente de los no­
ticieros de televisión, de los realit shows, de la telenovela,
de los dramas y la series de acción en la que los protagonis­
ta hacen de todo: robar, violar, matar, defraudar, etc. Inclu­
so se ha puesto de moda, no el fnal feliz, sino el fnal en el
que triunfa el mal y todo el mundo se queda tranquilo, pen­
sando que tal ve aí es la realidad.
L cierto es que la ciencia, la técnica y los conocimientos
progresa a velocidades fatástica, y bata comprbarlo en
la cosa que usa y disfruta la persona. En contraste, no
Vlor para vivir los valores
20
existe el mismo progreso en nuestra formación ética ni en
los valores que ponemos en práctica, precisamente en una
sociedad en la que es necesario actuar con responsabilidad
personal. Puesto que, por los medios de comunicación, el
mundo se ha vuelto pequeño, el mundo de cada persona
debe hacerse grande a sí mismo, asumir el reto de su propia
clidad de vida, que exige sin duda alguna un temple mora
y una buena dosis de valores vividos.
Ante el contagio masivo de antivalores, estimulado por
los medios de comunicación, hay que reaccionar con un an­
tídoto, también masivo, de valores en todos los campos: en
la vida personal y familiar, en la educación, en la empresa, en
los grupos sociales y en la comunidad en general. L fer
de los valores es muy grande. Si se desencadena, los cambios
no tardarán en hacerse evidentes. El riesgo de la autodes­
trucción mora que implica la crisis globa de los vaores se
debe reemplar por esta especie de gran reolución que es el
poder de los valores.
"Camar6n que se duere,
se lo lleva la corrente"
E verdad que el ambiente está plagado de comportaientos
ambiguos, difndidos ampliamente por los medios de co­
municación, pero eso no quiere decir que resulten dignos de
ser seguidos o imitados. E necesario averiga la cosas per­
sonalmente y encontrar la raón de ser, los motivos y la
causas de nuestras acciones. El bien y el mal se albergan, en
Los va/ores están en crisis
21
último término, en el corazón y en la mente de cada perso­
na, y es ahí, también, en donde nacen la solución a los pro­
blemas y la claridad para entenderlos.
Aprender los valores por sí mismo o transformar los
antivalores en conductas positivas es algo que sólo se puede
acometer comprometiendo la libertad personal. Una vez que
la persona toma la decisión de enfrentarse a una crisis, indi­
vidual o colectiva, echa mano de lo mejor de sí misma para
impusar desde aí la acciones ftura.
No hay que dejarse arrastrar por la corriente de lo que el
común de las personas hace, dice o piensa, y menos en un
tema tan delicado como el de los valores. Sería como hacer
depender de las encuestas de opinión auntos que requieren
el criterio personal baado en un j uicio y en una delibera­
ción racional.
El ejercicio de los vaores es la mejor garantía de que una
persona, una failia, un centro educativo o una sociedad
fnciona bien. Para calibrar esto, es bueno pregntarse, por
ejemplo, ¿qué diferencia hay entre una organizción "per­
fecta dedicda a producir y comerciaizr cocaína, y otra,
iguamente bien organizda, que vive a costa de sus clientes,
de sus empleados y de la sociedad? L respuesta tendría que
ser que aba falan en sus vaores; están dominadas por los
antivalore pero en diferente intensidad.
E relativaente fácil estar de acuerdo en la importancia
que tienen los vaores. Pero lo clave es ver cómo se viven o
practicn, cómo se convierten en algo real, cómo interio­
rizrlos y proyectarlos a los demá, qué hacer para que se
V/or para vivir los va/ores
22
tradU en Ubenefcio para quienes los practic. En otra
palabras, cómo evita que se queden sólo en un proyecto.
Muchas veces esos vaores están muy bien seleccionados y
defnidos, pero esto no aegura su auténtic vivencia.
Esto no se da de la noche a la mañana y supone, sobre
todo, un largo trabajo para que los valores se arraiguen en la
personas. Quienes lo hacen comprueban los resultados. Este
libro quiere llevar de la mano al lector a realizr de maera
directa y práctic ese trabajo con realismo, confanz y opti-
mIsmo.
Claves del capítuo
� L crisis de los valores es un fenómeno de la
sociedad actual, que está vinculado al clima
de permisividad y de ilimitada tolerancia.
� El relativismo y el utiltaismo son factores que
recrdecen la crisis de valores.
� El relativismo lleva a pensa que da lo mismo
cualquier orientación o que no hay ninguna.
� En medio de la crisis, hay quienes se niegan a
acepta las modas y los convencionaismos del
momento y saben decir "no" como una mae­
ra de afrma una conducta ética.
� L crisis de valores se origna en cada perso­
na, y desde aí se proyecta a la faia, la edu­
cación, la empresa y el Estado.
Los valores están en crisis

23
� L maera de afronta positivaente la crisis
de vaores es enseñando y aprendiendo valo­
res.
� Aprender los valores o transforma los antiva­
lores en conductas positivas es algo que sólo
se puede lograr comprometiendo la libertad
personal.
� El ejercicio de los valores es la mejor gaantía
de que una persona o una institución fncio­
na bien.
Vivir
los valores
2
C
uentan que Miguel
Á
gel se quedaba contemplando
un trow de mármol de Carrara y exclamaba: ''í está:
sólo hay que quitarle lo que sobra.
É
l "veía la obra de arte,
lo que faltaba era "sacarla de ahí.
Podríamos decir que en cada uno de nosotros, en la fa­
milia y también en las demás instituciones que conforman la
sociedad, hace falta quitar cosas que sobran para que quede
la obra de arte, lo valioso y digno de apiración.
Si pensamos detenidamente en qué es lo más valioso paa
cda uno de nosotros, no hace falta ir muy lejos. Cada uno
podría enunciar sus valores, que son lo más preciado y esti­
mado (no sólo por nosotros, sino por los demás) y que, so­
bre todo, nos ayudan a defnirnos como persona, como se­
res que tienen por misión ayudar a que también otros
decubran lo más valioso que poseen: la dignidad humana.
Esta tarea de decubrir los valores en nosotros exige es-
Vlor para vivir los valores
26
ferw y, principalmente, el convencimiento de que vale la
pena emprenderla. Es como extraer la piedra preciosa que
está en la entraña de la roca, quitándole lo estorboso y noci­
vo. Es cuestión de empezr cada día, y de "comenzr y reco­
menzar" continuamente, de modo que el esferw se vuelva
un há
n
ito a través de la lucha constante por mejorar. Es el
vaor que hace falta para vivir los vaores.
Paa est en fora
L publicidad de los productos habla insistentemente de la
calidad. Y así como sabemos exigirla en las cosas, con más
razón debemos exigirla en las personas. Esta calidad se mide
por los valores, por la capacidad de hacer el bien, no por lo
que una persona aparenta, viste o habla, ni por lo que posee
y, mucho menos, de lo que alardea; los demás nos damos
cuenta, sin mucha difcultad, cuándo ft los valores y cuán­
do están presentes. Sobre todo aquellos vaores que tienen
que ver con la persona en cuanto persona (el crácter, la vo­
luntad, la inteligencia) y que son esenciales.
Poser Uvalor nos ayd a etr en buena fora interior, a
pros de acuerdo con la dignidad que tenemos como pr­
sona y, en C sentido, a ser etimados, a ser apreciados como
tle, como futo de lo que somos y no de lo que tenemos.
No hay que "inventar" los valores, porque todos, aun­
que no tengamos una palabra para nombrarlos, están dentro
de nosotros y cda día nos vemos confrontados por ellos de
algún modo. Además, si miramos al pasado, vemos que la
Vivir los valores

27
historia nos trae al presente los valores a través de las perso­
nas que los han encarnado de una manera ejemplar o exce­
lente. Y si miramos alrededor de nosotros (familia, amista­
des, centro eductivo) , ahí también descubrimos muchos
valores y comprobamos que la manera más efc de comu­
nicrlos es a través del ejemplo.
No hay que inventarlos, porque todos nacemos con unos
valores que vamos desarrollando a lo largo de la vida por
medio de la educación y del esfero que hacemos para me­
jorar en todos los campos. Pero no basta con los valores que
se viven o se tienen, es necesario alimentarlos y adquirir otros
nuevos, que nos hacen mejores como personas y como ciu­
dadanos.
Los valores busc arraigarse en la persona, tienden a ser
ago permanente, sobre todo si están vinculados a la virtud,
que le da una bae psicológica estable al valor.
No todos los vaores que una cultura adopta socialmente
en determinado momento son necesariamente éticos (aun­
que los valores que más relevancia tienen son los éticos) . Los
vaores, además, son variables, no tienen que ser siempre los
mismos. Un valor estético, como la belle de algo o de al­
guien, es más relativo y discutible en sí mismo que un valor
ético, como el respeto, pues éste nos remite a un principio
que no se puede relativizr, porque es objetivo y válido para
todos: la dignidad humana. Incluso, podría decirse que cuan­
do hablamos de valores nos referimos a los vaores éticos,
que son los que aumen en su sentido más estricto el con­
cepto de valor.
Vlor para vivir los valores
28
En nuestra sociedad, los valores no están exentos de ata­
ques; por eso hay que defenderlos. Y hace falta valor para
vivirlos. Hace dos o tres décadas, hablar de valores era incu­
rrir en "j uicios de valor", es decir, en auntos que no tenían
objetividad alguna y eran vistos como resultado de los pre­
j uicios. Afortunadamente, esta idea ya no está tan generali­
zda y, más bien, existe un afán por esclarecer lo que son los
valores y entender su papel en la vida de la persona y los
grupos sociales. Hoy en día, existe una curiosidad sana de
ver cómo operan y cuál es su relación con nuestros compor­
tamientos.
L importante es que los valores son para vivirlos, para
actuar bajo sus dictados, para abrirnos camino en la vida con
ellos. Si el valor a que me refero es el "poder", lo debo con­
cebir como la autoridad o la infuencia que utilizo para ser­
vir a la gente. Si el valor es el "dinero", es para emplearlo
como medio y no como un fn en sí mismo. Si el valor es el
"amor", es para ayudar a otro a realizrse como persona, a
complementarse, a darse y entregarse con sinceridad. Y aí
podríaos seguir considerando cda uno de los vaores esté­
ticos, afectivos, ecológicos, éticos, religiosos, culturales, etc.
Apumde cincel y mæo
Vivir los valores no es una tarea fácil, pero hay que afrontr­
la. Semejante al trabajo que reaizba Miguel
Á
gel con el
mármol, en el que veía la escultura previamente en su men­
te, nosotros debemos trabajar a punta de cincel y martillo
Vivir los va/ores

29
para ir logrando la forma deseada. Esto no se logra oyendo o
leyendo, sino viviendo. Los valores son de todos, pero cada
uno los consigue en una medida diferente. Mientras má
valores tengamos, lograremos una personalidad más sólida.
No es sufciente con los valores que ya tenemos, así como
al hombre no le basta con alimentarse sólo un poco. Hay
que hacer crecer los valores en nosotros, para que se desarro­
llen y sean árboles altos, ojalá con buena sombra, a los que se
arime quien está csado de caminar a pleno sol. Una per­
sona que no mejora sus valores cada día se queda sin fers
o se conforma con vivir de cualquier manera y, si se descuida
mucho, dará dos pasos adelante y tres para atrás. Los valores
son siempre una meta y un ideal; nadie puede decir que tie­
ne ya sufcientes. Hay que fomentarlos, desarrollarlos, man­
tenerlos en el centro del obrar personal y colectivo.
Una pérdida indolora
Si los valores no se respetan y no se hacen respetar en los
demá, pueden perderse. No es tan fácil darse cuenta de esto
cmo cuado perdemos un objeto: no se siente, no duele,
porque los antivalores (la violencia, la injusticia, la mentira)
ha tomado su lugar.
Por eso es ta imporate que pensemos si tenemos va­
lore, si vivimos valores y si defendemos valores. A veces la
gente defende cosa que no vaen la pena y en cbio se
deja quita lo má importante: los valores morales, como la
honradez y la buena conciencia. Ls valores se siembran en
V/or para vivir los va/ores
30

la mente y en el coraón; si hay buena disposición y un es­
ferzo constante por mejorar, siempre recogeremos el fruto.
A la gente le gusta hacer negocios y ganar dinero rápida­
mente; algunos esperan ganarse una lotería para salir de sus
problemas económicos, pero todos debemos pensar que el
mejor negocio es ser una persona valiosa, con valores que
procuramos vivir a pesar de que tengamos muchos defectos.
Como es lógico, los valores no se exhiben como un trofeo
ganado en una competencia. Se sienten, se contagian, se
imitan y se refejan.
Hay que poner lo mejor de nosotros mismos en la tarea
de construir nuestra personalidad, la de ser hombres y muje­
res valiosos para nuestra familia, para nuestra institución
educativa, para nuestra empresa, para nuestros amigos, para
nuestra comunidad y para nuestra patria. '
Lmen juego ago iporte
Accedemos a los valores por diversos caminos. Unos ya están
en nosotros, porque los hemos recibido a través de nuestros
propios genes (la herencia biológic) y los vamos desarro­
llando poco a poco. Otros están en el ambiente en el que nos
desenvolvemos: en la familia y en la escuela, gracia al con­
tacto permanente con persona que actú inspirados en ellos
(la infancia es, precisaente, la etapa en la que hay una dis­
ponibilidad natural, una sensibilidad especial para cptar y
vivir los valores) . Los encontramos también en la empresa o
en otras instituciones. Pero hay otros que son necesariaen-
Vivir los valores

31
te fruto de un aprendizje. Si yo me lo propongo, aprendo a
ser leal o generoso o buen compañero de trabajo. De esta
manera adquiero experiencia, y la experiencia misma se con­
vierte en fente de valores, pues de ella extraigo lo más gra­
nado, lo mejor y más valioso de mí mismo y de los demás, y
lo incorporo a mi jerarquía personal de valores.
Esa jerarquía no es una lista de valores, sino un marco de
referencia de aquello que es más valioso para mí como fruto
de mi esfero, de la experiencia acumulada, del aprendizaje
y la educación. Y todos son importantes, pero no todos va­
len lo mismo. Por algunos valores daríamos la vida (la liber­
tad, por ejemplo) mientras que por otros (por ejemplo la
belle de una melodía) no valdría la pena ir más allá de una
discusión interesante. Por eso cada uno establece personal­
mente su propia jerarquía de valores, j uzgando cuáles son
los principales y cuáles los secundarios o accesorios. Se supo­
ne que por los primeros lo j ugamos todo y que los segundos
son má cambiantes y menos importantes, pero no quiere
decir que no cumplan un papel necesario en la vida.
A la luz de esa jerarquía, que conviene establecer desde
muy temprano en la vida con ayuda de padres y educadores,
cda uno sabe qué es lo que defende y con qué argumentos
lo defende. Esta jerarquía no depende de lo que los demá
hagan, piensen o viva, ni de lo que dicten las encuestas
sobre cuáles son los valores de moda en determinado grupo
social, sino de lo que cda uno de nosotros elige responsa­
blemente para su propia vida, asistido por su inteligencia, su
voluntad y sus afectos. Mi inteligencia emocional, mis senti-
Vlor para vivir los valores
32

mientos, mis emociones y mis motivaciones desempeñan un
papel decisivo en esa jerarquía de valores y en la manera como
éstos modelan mis comportamientos cada día.
En la familia, la educación y la empresa, los valores no
pueden ser un discurso ideal, alejado de los intereses de cada
uno de sus integrantes; por el contrario, deben ser objeto de
discusión, de perfeccionaiento y, sobre todo, de esferw
para traducirlos en vivencias operativas, que conduzn a
mejorar el comportamiento. Cuando se afectan mis vaores,
se afecta todo mi ser; de lo contrario, no tendríamos unidad
de vida, ni conductas coherentes que brinden un soporte a
nuestra vida.
Las personas que encarnan vaores, lo decíamos antes,
son puntos de referencia para los demás. Así, el mejor argu­
mento para consolidar los míos consiste en confrontarme
con los de ellos. L persona con valores son digna de imi­
tación y se convienen en ejemplos que mueven a los demás
a obrar de manera parecida.
"Héroes" parano imitr
L crisis de valores en la sociedad actual puede mirarse bajo
el prisma de la fata de héroes, es decir, de persona que en­
cnen valores y a quienes valga la pena imitar. Hay dema­
siada mediocridad y conformismo, demaiada apiración a
éxto económico y al disfrute del poder como meta supre­
ma de la vida. Muchos eligen el modelo equivocdo. Como
no hay padres "modelos", o escaean, los hijos a veces esco-
V"vir los va/ores
33
gen a deportista famoso que es un modelo en la práctic de
un deporte pero que, a veces, en su vida persona es poco
ejemplarizn te. Es un ídolo de barro cuya fragilidad no le
permite a quien lo admira forjar una construcción seria de
valores. Ese tipo de "héroes" son héroes para admirar, no
para imitar. Los medios de comunicación se han encargado
de fabricar montones de estos "héroes".
Deberíamos hablar má bien de héroes que acerquen el
ideal de los vaores a todos, pero no como un producto de
consumo, sino como futo del esferz por construir hábi­
tos estables de una vida con calidad y de excelencia.
É
tos, a
la hora de la vivencia de los valores, adquieren aun má relie­
ve. No tanto para ser mirados como algo inalcnzble, sino
al contrario, para mostrar que todos somos seres humanos
igales a ellos (con la mismas condiciones y capacidades) y
que, por tto, podemos vivir los valores de la misma mane­
ra.
Por esto, los padres, los maestrs y los jefes, cuando en­
cnan los vaores que quieren promover, pueden convertir­
se en "motores de ejemplaridad". No se trata de que se lo
propongan para cuar impresión y, por consigiente, para
alejarse de la persona; a contraio, se trata de que sean
modelos de cne y hueso, con debilidades y fortalez, que
etén crc de los demá animándolos a crecer. Si el hijo, el
alumno o el empledo descubre sencilez en ve de ostenta­
ción, humildd en vez de prepotencia, si comprueba sacrif­
cio en vez de facilismo, acepta gtosamente ese ejemplo.
V/or para vivir los va/ores
34

r J
.0 no naCl paa esto
En un clima familiar, educativo o de trabajo en el que los
padres, profesores o directivos se sienten distates, en que la
comunicación es mínima y no se interactúa realmente, es
muy difícil que exista un ambiente común de valores com­
partidos o que opere la ejemplaridad. Sin embargo, ellos no
constituyen la únic vía para adquirir los valores: los compa­
ñeros de estudio y de trabajo son, a veces, ejemplos más cer­
canos para fortalecer los valores y para desaprender los
antivalores que se han atrincherado en la conducta.
Por otra parte, los valores no tienen por qué ostentarse
llamativamente; sería ridículo y produciría el efecto contra­
rio al de la ejemplaridad. Tampoco es aconsejable el otro
extremo: una discreción tal que los valores no se adviertan, o
que su presencia sea hiriente por la manera odiosa como la
persona los presenta a los demá; esto es como si alguien
dijera: "Miren cómo se deben hacer la cosa; menos mal
que hay alguien como yo que sí encarna vaores". Sería como
borrar con el codo lo que se hace con la mano.
A veces sucede que los valores se manifestan sin que ten­
gan que ser llamados expresamente, porque están ahí, en la
reseras personales: si un padre, profesor o superior falta al
respeto al hijo, al alumno o al empleado, se nota enseguida
el antivalor. Si la reacción es oportuna y se encuentra una
persona que le ayude a ver la incoherencia de su proceder,
esa persona actuará con un mayor equilibrio entre la j usticia
y lo que espera del subordinado.
Vivir los valores
35
Pensemos en que para hacer realidad los valores, cada
uno de nuestros actos debe refejar la decidida voluntad de
hacer bien las cosas, de no contentarnos con la mediocridad,
de aspirar a ser los mejores y, de esta manera, encontrar la
felicidad propia y ayudar a hacer felices a los demás. Los
vaores hay que vivirlos, encrnarlos lo mejor posible -sto
C lo que solemos llamar virtudes-y defenderlos, evitar que
nos los quiten el materialismo, el consumismo, la falta de
libertad interior, la modas o las costumbres que representan
contravalores o antivalores, como el irrespeto a la vida, la
violencia, la invasión de la privacidad, los atentados al pu­
dor, la corrupción moral, etc.
L trinchera -n términos bélicos- es siempre buen sitio
para defenderse y muy malo para atacr. Quien tiene vaores
no se resguarda en ellos como en una trinchera, sino que
avanz cmpo abierto en la vida, sin miedo a nada ni a na­
die. A veces se piensa que vivir valores es algo para gente
religiosa, para personas naturalmente buenas o privilegiadas
a las que les resulta fácil. Pero ésta es una visión completa­
mente equivocda. Los valores son necesarios y están al al­
cace de todas la personas. Se inculc en el hogar y en la
escuela, se cultivan en la vida social, en la vida universitaria,
dentro de la empresas y en el resto de grupos que hacen
parte de la sociedad.
E cierto que la fe religiosa refer muchos valores hu­
manos, los dignifc y ofrece una motivación para vivirlos.
Pero también la dignidad humana y la dimensión de aventu­
ra que tiene la vida invitan a vivir los valores, a promoverlos,
llor para vivir los valores
36

a trabajar por ellos, a defenderlos y a construir una sociedad
con base en ellos.
No es t dci
En el cpo de los valores, como en otros de la vida huma­
na, no hay una únic manera de hacer la cosa. Tanto la
vivencia de los valore cmo su jeraquizión pueden lograe
de muy diversa manera; por ejemplo, puedo empe por
vivir un valor como mi rango o posición y, luego, vivir un
valor de más imponancia, aquél que me hace experimentar
mi sentido de pertenencia, el sentimiento de hacer pae
afectivamente de un grupo humano.
Hay momentos en los que paa logra un vaor mayor
tengo que renunciar a uno inferior. Si yo quiero serir a los
demás, tengo que renunciar en pane a serirme primero a
mí mismo. O cuado alguien da una orden, en ejercicio de
una posición de poder, pone en práctic el valor de la obe­
diencia respecto a sí misma primero que la otra perona. Per
si, acudiendo a un valor superior, logra que la otra persona
caiga en cuenta de sus responsabilidades y actúe con autono­
mía conforme a ello, logra la vivencia de un vaor superior a
otro; en este co, la disponibilidad y la reponsabilidad, ade­
más de la obediencia.
También hay ociones en la que interienen dos o más
valores y en la que e importate no perder de vista que
éstos pueden etar en distintos niveles. Por ejemplo, un pa­
dre llama a su hijo para felicitarlo efsivaente por sus 10-
Vivir los va/ores
37
grs acdémicos y le da una palabra de estímulo y de con­
faz; en este co interienen valores como el crifo y el
reconocimiento, pero el más relevante es este último, pues el
crifo es sólo la manera como se brinda el reconocimiento.
E necesario tener presente el lugar que cda valor tiene
en nuestra jerarquía, para no cer en maipulaciones o sim­
plifcciones respecto a los motivos de nuestra conducta. No
se trata de realizr acciones heroic o de gran relieve; son las
pequefas acciones, aumida con aor y entere, la que
d reliee a las grades acciones y les otorgan importancia.
Un esferz constate y renovdo
Defender y vivir o practic los valores no es una postura
"defensiva", como ya se insinuó, es una postura "ofensiva",
de ataque. Después de tomar conciencia de su importancia y
defenderos, e neceaio concretarlos efectivente. No bat
pensarlos, desearlos ni proponerlos, hay que hacerlos reali­
dad cda día. Los vaores forman parte de la caidad de vida
de la persona, constituyen un cmino de perfección para el
hombre que, gracia a ellos, es estimado por los demás.
Como afrma Pérez-Lópe: "El ser humano descubre ra­
cionalmente algo que es valioso y, a decidir libremente su
actuación de acuerdo con ese descubrimiento, llega a sentir
el valor de ese ago. Los sentimientos humanos son el futo
de un largo y laborioso proceso acético, proceso que desa­
rrolla la virdes morales, el instrumento que necesita la
libertad paa que la acción personal se cohernte con los
Vlor para vivir los valores
38

valores descubiertos por la raón . Proceso, que, además de
implicar el uso de nuestra raón, exige de nosotros descubri­
mientos afectivos y un esfer constante y renovado para
obrar bien, vivir los valores y desarrollar virtudes.
Para cosechar valores hace falta sembrar abundantemen­
te y en distintos ámbitos (familiar, laboral y escolar) de modo
que se conecten estrechamente el intelecto y la emociones.
"Porque es muy probable que las cosa que se prodU
tengan mejor calidad cuando se producen para el consumo
propio o de las personas a quienes uno ama, que cuando se
producen con el único propósito de venderlas para obtener
una ganancia (Tomás de Aquino) .
Necesitamos valores éticos que exijan nuestra creativi­
dad y que, aí, permitan que otros puedan descubrir sus pr­
pios valores; no somos "dueños" de los valores sino ejemplos
de ellos que llegan a los demás. L dinámic de los valores
depende directamente de nuestra actuaciones, al tiempo que
se refeja en cada uno de nuestros actos.
Los valores nunc se ofecen a las persona como algo
estático, sino como parte del compromiso vivo con la reali­
dad. Cuando los valores están incorporados a la vida, no hay
que hacer esferws excesivos, porque brotan espontáea e
inconscientemente, y a partir de este momento se pueden
impulsar los procesos colectivos.
Lo que nos señalaba la anécdota de Miguel
Á
ngel ad­
quiere ahora un nuevo sentido: "la obra de arte está ahí",
aunque nos parezca informe la piedra que vamos a tallar,
aunque creamos que carecemos de talento o aunque la expe-
Vir los va/ores
39
riencia acumulada nos desaliente. Un cambio de actitud que
nos lleve a trabajar por los valores siempre es posible a través
del aprendizje y el esferzo constantes.
En cualquier cao, la realidad nos asegura que el talento
humano está aí, disponible, que no se trata tanto de una
habilidad técnica para lograr la vivencia de los valores a nivel
personal o colectivo, sino de un empeño individual serio y
consistente para emprender la construcción y el fortaleci­
miento de unos hábitos de conducta. Además, debemos ser
conscientes de que la unión y la propagación de estos proce­
sos modifcan positivamente los ambientes de convivencia y
de trabajo, al tiempo que construyen una base frme porque
están ligados a los valores en las personas.
Claves del capítuo
� L calidad de una persona se mide por los va­
lores, por la capacidad de hacer el bien.
� No hay que inventa los vaores, porque todos
tenemos vaores.
� Ls valores son paa vivirlos, paa actua bajo
sus dictados, paa abrirnos caino en la vida
con ellos.
� Ls vaores son siempre una meta y un ideal.
� Ls vaores se siembra en la mente y en el
coraón.
� Cada uno tiene la obligación de conformar su
personal jeraquía de vaores.
l/or para vivir /os va/ores
40

� Ls personas que encarna valores son mode­
los paa los demás (por ejemplo los padres, los
profesores y los directores de empresas pue­
den ser un ga motor de ejempladad) .
El dinamismo
de los principios,
los valores y las virtdes
3
E
n este cpítulo vaos a tratar dos conceptos nuevos,
que nos serirán para entender la estrategia que desa­
rrollaemos después con respecto a los valores: los principios
y la virtudes.
Los principios constituyen U tema que toca al común
de los seres humaos, y queremos da una explicción clara,
comprensible y aequible a un público amplio. E un tema
que, además, hemos trabajado en diversos foros y que, gra­
cia a esto, se ha enriquecido y madurado.
Cuando decimos que alguien es una persona "de princi­
pios", estamos resaltando e hecho de que tiene un carácter
defnido y una convicciones frmes. Lo estaos elogiando.
Et persona, seguramente, procura inculcr esa conviccio­
nes en su familia y está atenta especialmente a que sus hijos
se formen con una sólida convicción ética.
V/or para vivir los va/ores
42

Con los centros educativos sucede algo semejante. Cuan­
do uno de ellos asegura que presta una particular atención a
los principios y a los valores morales, sabemos que en la for­
mación de sus alumnos tiene como punto de referencia con­
ceptos o verdades fndamentales de la vida que inspiran, de
cierta manera, la conducta personal.
Pero, ¿qué es un prcipio?
El término "principio" tiene varia acepciones. Una de ellas
lo defne como la "norma o idea fndamenta que rige el
pensamiento o la conducta . Otra lo defne como la "bae,
origen, raón fndamental sobre la cua se procede discu­
rriendo en cuaquier materia , o "cada una de las primeras
proposiciones o verdades fndamentales por donde se em­
piezn a estudiar la ciencia o la ares". Esta dos últimas se
referen a los principios lógicos o principios epistemológicos
(relativos al conocimiento) y se las considera evidentes e
implícita en todo raonamiento. Entre los principios pode­
mos destacr, a manera de ejemplo, los siguientes: el princi­
pio de contradicción ("Nada puede ser y no ser al mismo
tiempo") y el principio de raón sufciente ("Todo ente tiene
su raón de ser", "El hombre es un ser racional" o "El todo es
mayor que las partes") .
Pero hay uno, que aquí denominamos el primer princi­
pio de la raón práctic: "L persona tienden a hacer el
bien y a evitar el mal". Este principio también recibe el nom-
El dinamimo de los principios, los valores ¶las virtudes
43
bre de sindéresis, palabra de origen griego que signifc "chispa
de la conciencia y que defnimos aora como "el discerni­
miento o la capacidad natural para j uzgar rectamente lo que
está bien o lo que está mal".
y aquí, cuando hablemos de los principios, nos referire­
mos a los principios éticos. De manera semejante a como la
naturae está determinada y ordenada por leyes universa­
les, el comportamiento humano se rige por algunos princi­
pios fndamentales. ¿Qué caracteriza a estos principios éti­
cos? Podemos destac los siguientes aspectos:
� Objetividad
� Universaidad
� Inmutabilidad
� Inherencia al ser humano
Pero enunciemos un principio que nos permita ver con
claridad esta características: "la dignidad humana . E obje­
tivo, es decir, no depende de mí, ni puedo someterlo a discu­
sión; sólo puedo acatarlo. E universal y es inmutable, por­
que es válido, de la misma manera, en todas las culturas,
indistintamente de su situación en el tiempo o en el espacio.
E inherente al ser humano, porque si lo quebranto, me que­
branto a mí mismo; es decir, si aguien actúa desconociendo
lo que ordena este principio, va en contra de sí mismo. En
fn, si una persona o comunidad decide desconocer lo que
ordena el principio y alejarse de él, sufre un proceso inevita­
ble de deterioro y destrucción.
Vlor para vivir los valores
44
Una hstora atg
En el sentir popular y en el lenguaje común se refeja la
cracterístic que hemos atribuido a los principios: objeti­
vidad, universalidad, valide absoluta, inmutabilidad. "Cm­
bia de principios" es entendido como dejar de ser coheren­
te. Por otra pate, existe la convicción batate arraigada de
que "los principios no se negocian", porque son la pauta
fndamentales del comportamiento que me vienen dadas,
en último término, por mi condición de persona. No son
resultado de una moda pasajera. Los principios están desde
siempre en la preocupación de la humanidad por encontrar
la raíces de la conducta y han sido formulados y vividos de
mucha manera y refejados en la lees y las costumbres de
los pueblos.
Si hay principios absolutos, quiere decir que no todo es
relativo, ni todo da lo mismo (decir la verdad o mentir, res­
petar la vida o atentar contra ella, cumplir los compromisos
o fatar a ellos, etc.) , porque hay leyes naturales que la raón
práctic humana descubre en ella misma, que son puntos de
referencia obligada, y esto signifca que hay que aceptarla
porque de lo contrario el mundo se convertiría en un autén­
tico cos.
De esta manera, podemos introducir la distinción prin­
cipal entre un principio y un valor: se puede cuestionar o
relativizr un valor, pero no un principio. Los principios no
dependen de nuestra interpretaciones ni de nuestra per­
cepciones, puesto que son inherentes a nuestro ser.
El dinamismo de los principios, los valores ¶las virtdes
45
Tabién hay que tener en cuenta la manera en que yo
vivo el principio, distinta a la idea que tengo de él, pues éste
se vive epontáne e instintivamente. Así como cuando ve­
mos que un ladrillo viene desde arriba hacia nuestra cabe,
no necesitamos saber (y mucho menos formular) la le de la
gravedad para comprobar que caerá encima de nosotros si
no nos despl8os. No pensamos en nada, sino que nues­
tro instinto de superivencia nos mueve inmediatamen­
te.
Sobre estos principios se fndamentan el desarrllo de la
persona, la convivencia y la armonía social. Su validez no
depende de otra ciencia o de que una mayoría decida que
etán vigentes. Ls distintos grupos sociales, el Estado y, so­
bre todo, cda persona no tienen má que hacer que recono­
cer los principios, descubrirlos, no inventarlos (no es necesa­
rio) , prque son inherente a la condición humaa, de maner
parecida a como el instinto de superivencia es propio de
cda ser.
Alguna veces la lees pueden estar en contra de lo que
indic los principios, a pesar de que ésta buscn, ante todo,
la protección o realizción de ciertos principios que faciliten
la convivencia armónic; por ejemplo, en algunos países la
le dice que "El que contamina paga , lo cual está en contra
del principio que nos indica que debemos respetar la natura­
le. Aunque el hombre actúe de conformidad con esa le,
de tods maera está yendo en contra del principio que pide
proteger la naturale, es decir, se está haciendo dao a sí
mismo o a otros, a largo plao. O cuando en algunos países
Wlor para vivir los valores
46

se admite la eutanaia voluntaria, dejando que prime la deci­
sión personal de quitarse la vida.
Es normal que a la hora de concretar estos principios y
de expresarlos haya diversidad de posturas. Pero, a pesar de
todo, hay ciertos aspectos inmodifcables que perduran aun
dentro de las diferencias de interpretación. Por ejemplo, en
cualquier contexto se sabe que el derecho a la libertad es
indispensable para el desarrollo de la vida humana, y po­
nerlo en duda supondría el derrumbe del orden ético y ju­
rídico.
¿Y, en defnitiva, cues son
los principios primordiaes?
A pesar de que hay una signifcativa coincidencia de algunos
principios en la historia de muchas cultura (con distintas
ideologías y religiones y de distintas ras) , no se puede ela­
borar una lista única. Pero podemos citar algunos (introdu­
ciéndoles agunas variaciones) , tomados del libro Dilma
éticos en l empresa de Carlos Llano:
� La persona tiende por naturale a hacer el bien y evitar
el mal.
� El ser humano está dotado de una dignidad esencial.
� L vida humana debe ser respetada como un bien ina-
lienable.
� E fn no j ustifca los medios.
� L persona tiene derecho a su pleno desarrollo.
� L libertad es esencial para el desarrllo de la persona.
El dinamismo de los prinCIpios, los valores ¶las virtudes
47
>El bien común es superior al bien particular.
>L persona tiene derecho a participar en los destinos de
la sociedad.
>L familia C un ámbito indispensable para el crecimien­
to de la persona.
>El ser humano es capa de comprometerse y cumplir lo
prometido.
>El trabajo es un derecho básico para la subsistencia per­
sonal.
>L naturalez es un ámbito esencial para la vida y como
t debe ser respetada.
>L persona tiene derecho a vivir en pa.
Los Diez Mandamientos contienen principios naturales
de orden ético. También pueden considerarse en esa misma
línea los derechos humanos, defnidos y aceptados en cono­
cidas declaraciones universales (algunos de los mencionados
en la enumeración anterior y otros como el derecho a la vida,
al buen nombre, a la libertad, al trabajo, a la movilización
personal, a un juicio justo, etc. ) .
No se confnda: los principios
son distintos de los vaores
Los principios no se deben confndir con los valores. Los
principios son universales y no se discuten sus implicaciones;
en cambio, los valores sí se pueden prestar a mayor discu­
sión. Por ejemplo, la dignidad esencial del ser humano es
distinta de los valores que se pueden deducir de ella: el res-
Wlor para vivir los valores
48

peto a las ideas, la tolerancia, etc. De hecho, cundo nos
preguntamos si un valor es interretado de una manera co­
rrecta, debemos invocar el principio del cua se desprende e
valor (que es subjetivo porque requiere una adhesión espiri­
tual y libre por pate de la persona) .
Pongamos otro ejemplo: E principio es "Ls pactos de­
ben ser cumplidos". Una persona leal es la que cumple con
aquelo con lo que se comprmetió. L letad es un valor y
como tal es subjetivo, pero no puede serlo hata el punto de
alejarse del principio del cual se desprende. Sería el co de
alguien, supuestamente le, que sostviera que podría ser
leal sin cumplir los compromisos, en cuyo co estaría yendo
contra el principio que inspira el valor de la leltad.
Incluso se puede armar lo mismo de valores que no re­
presentan un compromiso espiritual W fene como los éti­
cos. En estos valores (los naturales, económicos, sociales,
culturales, estéticos) , la noción misma de valor posee, por
decirlo aí, una "intensidad" diferente a la de los valores éti­
cos. Podemos decir que éstos son "tracendentales" porque
están inspirados en principios que tracienden a la persona
concreta y afectan a todos.
E importante también tener clara la relación que existe
entre los valores y la vinudes, que son la que reprsentan el
ejercicio de capacidades personales de hacer el bien a través
de hábitos estables dirigidos a forma específc de dicho
bien. L virtud es siempre personal, lo que no ocurre con el
valor, que puede permanecer en un plano impersonal, no
incorporado a la vida o incorporado sólo a través de acciones
El dinamismo de los prinCIPios, los valores ¶las virtdes
49
aislada, no vividas como hábitos. Pero de este análisis nos
ocuparemos detalladamente más adelante.
Una mæ diversidad de vaores
Tenemos dos perspectiva distinta del valor. En un primer
momento, podemos referirnos a él como un concepto ("ci­
vismo", "generosidad", por ejemplo) y, en tanto que concep­
to, como algo deseable, un ideal. Pero, en un segundo mo­
mento, podemos verlo concretado a partir de la intimidad
de la persona, es decir, algo que se realiz y da lugar a la
estimación por parte de los demás, no algo que se queda
simplemente en el concepto.
De la muchas defniciones que se han dado sobr el va­
lor, la de Octavio Derisi nos gusta porque destac tanto el
cncepto de valor como su realizción práctic: "El valor es
un bien descubierto y elegido libre y conscientemente -s
decir, presente a la actividad epiritua del hombre, que busc
ser realizdo por él [y reconocido por los demás]". Comple­
tos la defnición diciendo que el valor es "reconocido por
los demás", o sea, que prduce un nexo de tipo social inhe­
rente a la persona, lo cual refer ese aspecto del valor.
L gran diversidad de los valores se expresa en hechos
tangibles, en los que se ponen en j uego distintas valoracio­
nes; por ejemplo, en la decisión de comprar un automóvil,
podemos identifcr tres tipos de valores. Para emper, el
automóvil tiene el valor de brindarme la posibilidad de trans­
porarme largas distancia. Tiene también el valor estético:
llor para vivir los valores
50

puede ser agradable a mi vista. Y tabién tiene el valor de la
seguridad y el de la ecología: el auto, según el diseño y los
materiales, puede proteger mejor la vida de las personas y,
por otro lado, afectar menos el medio ambiente.
Ldiasmo de los vores
Podríamos decir también que los valores son "cualidades"
cuya realidad está entre el objeto y el sujeto, que son relacio­
nes o "estructuras relativas". Por ejemplo, una buena pintura
no depende de mi sola apreciación, porque para mí cual­
quier cosa podría ser arte, pero tampoco consiste en la sola
técnica, en los colores, en la tela o en la madera que le sire
de base.
Cuando decimos que algo es un valor, es necesario con­
siderar tanto al objeto o hecho en sí como a la persona que lo
está valorando, pues ésta modela según sus ideas el objeto
que obsera o el hecho que vive. Y dentro de una posible
escala de valores, unos valores dependen más de los hechos
en sí que del sujeto participante de ellos. Son muchos los
factores que inciden en la valoración de algo en un momen­
to determinado.
Por ejemplo, cuando tomo una cerea, el placer que me
proporciona depende de la sensibilidad de mi paladar, de mi
estado de ánimo, de la compañía, además de la propiedades
que son independientes de mí, como las propiedades quími­
C de la cervez. De igual modo, pero con una complejidad
mayor, sucede con la situaciones que son juzgada según los
El dinamimo de los princiios, los valores ¶las virtudes

5 1
valores éticos. Pero en estos caos, la valoración depende
menos de lo que cada sujeto piense, hay menos espacio para
la especulación: el respeto no lo puedo reducir a lo que yo
crea que es el respeto, y mucho menos dejarme infuenciar
por lo que mi ánimo o mi capricho me dicte. Debo pensar
entonces en el principio que sustenta el valor, en este caso, la
dignidad humana.
Los vaores de la escala más ata en la persona -los vao­
res éticos- son subjetivos en cuanto su vivencia depende de
la libertad y de la conciencia, pero no son futo de una in­
vención mía: se derivan directamente de principios fnda­
mentales, independientes de mí (y de cuaquier persona) y,
en ese sentido, dependen y están regidos por algo objetivo.
Se pueden enumerar infnidad de ejemplos para ilustrar
cómo cambian las vaoraciones según el valor al que nos re­
fraos y las circunstancia en que éste se manifeste. Es de­
cir, se puede constatar de diversas manera que un valor (por
ser una cualidad estructural) es complejo, dinámico y cam­
biante según la situación. Como es una cuaidad estructural,
estas valoraciones dependen tanto del objeto como del suje­
to (Frondizi) . No es lo mismo vivir un valor en la pobrez y
sin posibilidades de educación que con salud y cultura, no es
lo mismo en el estado de wwbra de la guerra que en la pa.
Por otro lado, un edifcio puede ser bonito visto desde fera,
pero no ser fncional; un sombrero elegante deja de serlo
cuando el resto del vestido no lo es. Con respecto a un obje­
to, se puede tener en cuenta su calidad, pero también la ho­
nestidad de quien lo produce.
�lor para vivir los valores
52

Los vaores étcos son los prioraes
Una aclaración preliminar. ¿ Hablaos de valores éticos? ¿O
de valores morales? L moral suele entenderse de un modo
más general que la ética, que es considerada como una re­
fexión flosófca sobre la conducta humana. También, a ve­
ces, a la moral se la suele entender en su sentido religioso.
Aquí tomamos los dos términos como sinónimos: valore
éticos o morales.
Como hemos sefaado, los valores principaes son los
valores éticos. Son los que se deben encontrar más ariba en
nuestra escala de valores. ¿Yen qué se distinguen del resto de
valores? Según Adela Cortina, los valores que no compro­
meten nuestro modo de actuar son los que no se adapta a la
proposición "Todo el mundo debería ser X". Si reempla­
mos X por "simpático", "bello" o "sao", nos daos cuent
de que eso no vale para todos. No obstante, si la palabra es
"útil", "j usto" o "leal", la respuesta nos sefaa un valor que
deberían vivir toda la persona, es decir, un valor ético.
Además de esto, según Adela Cortina, los valores éticos
se cracterizn por:
� L libertad: "Está en nuestra manos realizlos y apro­
piárnoslos, con más o menos difcultades". Ser bello,
sano o simpático no está en nuestra manos de la mis­
ma manera como ser honesto o j usto, pues depende de
que tengamos ciertas cualidades fsica o no (objetiva) .
Mientras que ser j ustos, leales o útiles depende de no­
sotros, de la libertad (cualidades subjetiva) .
El dinamismo de los principios, los valores ¶las virtdes
53
� Aspiran a ser universalizados: no son "simples rasgos
del crácter o peculiaridades que unas personas tienen
y otras no, sino que piden ser universalizados". Es lo
que nosotros llamamos valor ideal, concepto de valor,
dimensión objetiva del valor no en cuanto cosa sino
en cuanto vinculado a un principio universal inde­
pendiente de él.
� "Quien se los apropia crece en humanidad, el que no lo
hace disminuye"; es decir: "la persona tiende a inte­
grarlos de una forma plenaente humana' . Caracterís­
tic que vae también para el caso de los valores no
moraes.
Entonces, repetimos, los valores más preciados son los
que nos ayudan a que actuemos mejor, los que consolidan
nuestra moral, los que nos ayudan a estructurar el crácter y
el modo de vivir de la persona y la comunidades. Cono­
cerlos, interiorizlos, incorporarlos a nuestra vida no es una
tarea fácil, pero esto hace más atractiva la aventura de enten­
derlos. En el momento en que muchas persona comparten
la vivencia de estos valores, éstos adquieren una dimensión
social.
E hábito de los vaores éticos reafrma la felicidad. Como
anota Giuseppe Abá, la posesión del vaor ético, como la
del material, produce un gow en la persona, realiz en ella
una especie de deber-hacer pero también un deber-ser como
ago ide.
Valor para vivir los valores
54
L vrtd y el arago de los vores
Es necesario encontrar estrategias que nos permitan dar a los
valores un lugar estable en nuestra cotidianidad. Y es la vir­
tud la que realiz esta labor. Aunque los valores y la vinudes
se tomen a veces como sinónimos, queremos defnir a la vir­
tud como el hábito y la disposición de obrar bien; es el vaor
interiorizdo, arraigado en la conducta de la persona, encar­
nado operativamente y establemente vivido. E valor, en este
caso, deja de ser la acción buena aislada, para convertirse en
vida vivida, en crácter de la persona, en una dimensión
existencial de su actuar. Gracias a la vinud, el valor (sea el
que sea) no es el ideal que se acanz esporádicamente, sino
una constante vivencia.
Como muchas cosas, para hacer de la vinud algo nues­
tro, es necesario primero tender expresamente a reaizr bue­
nas acciones. A panir de esto, la conducta vinuosa se ad­
quiere a través de la práctica, de la formación de hábitos, por
la constante interención de la voluntd ("L vinud -ice
Tomás de Aquinomá que en la repetición de los actos que
forma el hábito, consiste en la permanente y constante in­
tención de hacer el bien') .
L acciones de una persona hablan por ella. Una perso­
na puede realizr acciones responsables sin que pueda decir­
se que sea responsable (que tenga o viva la vinud de la res­
ponsabilidad) . Eso viene después, cuando esta persona, de
manera estable e inconsciente, obra responsablemente en
diversas circunstancias, es decir, cuando se encuentra dispo­
nible de un modo permanente para realizr el valor.
El dinamismo de los princiios, los valores ¶las virtdes
55
Por eso hemos dicho que l a virtud es l a encarnación
operativa estable (habitual) del valor.
É
ste es como una lla­
mada al bien que termina por convencer a la persona que se
anime a ejecutar acciones conforme a ese valor. Pero la lla­
mada no se queda ahí: la intención lleva a querer que perma­
nez, que se convierta en un modo estable de actuar (vir­
tud) . Lleg el momento en el que en lugr de decir que "flano
h bl " d · " bl " ace cosa responsa emente , eClmos que es responsa e ,
"es buen amigo", etc. Estamos indicando que posee la vir­
tud, no sólo el valor. L virtud no sólo mantiene una inten­
ción y logra la repetición de actos convertida en hábito: bus­
c la perfección, la excelencia representada por el valor. E
implica un proceso psicológico en el que se da la incorpora­
ción vital del vaor.
En la virtud hay un compromiso real de la persona en
realizr un vaor como parte del bien integral de su conducta
global. Hay acciones diversas, que corresponden a distintos
valores que la virtud estructura psicológicamente y los pone
en el centro de la conducta, para lo cual ella necesita de la
intención permanente.
Según Giuseppe Abá, podemos decir que en la virtud
se conjuga dos líneas de fer:
intención � deliberación � elección � decisión � acción
raón � voluntad � afectividad
L virtud otorga constancia, coherencia y versatilidad al
ejercicio de cada valor; no se reduce a la costumbre, porque
ésta depende de la circunstancias; la virtud opera indepen-
Vlor para vivir los valores
56

dientemente de ésta. Tener o seguir una misma costum­
bres no signifca ser virtuoso. L virtud representa el ideal de
la excelencia, de la perfección; la virtud añade al valor algo
decisivo: el hábito, la incorporación estable a la conducta, la
cual se aprende y no se reduce a hacer correctamente la co­
sas, sino a hacerlas de modo excelente.
En ningún momento el hábito propio de la virud dis­
minuye la libertad humana, incluso cuando afrmaos que
llega un momento en que la virtud se vive inconscientemen­
te: el sujeto tiene su libertad, que está siempre disponible y
que, además, está en la bae de su preparación y de su ido­
neidad para obrar.
L virtud es determinación estable, precisamente por­
que la libertad elige y se compromete sin abandonar la te:
persiste en ella una y otra va, hasta lograr actuar bien de un
modo inconsciente.
Pa todos los gstos
Hayvirtudes intelectuaes como la ciencia y la sabiduría, otra
pertenecen a la raón práctica como la prudencia y otras se
denominan virtudes moraes, que tienen que ver con la elec­
ción de lo que aconseja la prudencia para integrarlo a la con­
ducta, como la j usticia, la fortalez y la templanz. Después
puede hablarse de virtudes humana en general, que mantie­
nen una relación con la virtudes citada: la excelencia, la
alegría, la responsabilidad, el optimismo, la humildad, el re­
peto, la autenticidad, etc.
El dinamismo de los pn"nciios, los valores Nlas virtdes
57
El resumen de todas las virtudes es el amor, como sÍn­
tesis del esfero de la persona por alcanzar, por diferentes
caminos, el bien. El orden del amor es fndamental en la
creación de los hábitos. Sin amor no hay crecimiento en la
virtud. Es el amor lo que permite a la persona realizrse
plenamente.
El trabajo tabién es otra fente de estabilidad para los
valores en cualquier ámbito, porque ya no dependen sólo de
un impulso momentáneo o de una motivación paajera: se
trata de una tarea que compromete a la persona en su inte­
rior, que la lleva a confgurar su conducta con una meta de
ecelencia y a actua establemente y consciente de su obrar.
Claves del capítuo
� Ls prncipios son imutables, no son resul­
tado de una moda pasajera.
� El prncipio es objetivo en la medida que atañe
a todos los hombres.
� El valor puede ser mirado como un ideal de­
seable (civismo, generosidad . . . ), pero es, ate
todo, un bien reaable y práctico.
� El valor es complejo, dinámico y cabiate se­
gún la situación y las circunstacias.
� "El valor es un bien descubierto y elegdo de
maera libre y consciente, que busca ser rea­
lido por la persona y que es reconocido por
los demás" (Derisi) .
Vlor para vivir los valores
58

� La virtud es la encarnación operativa del va­
lor.
� L virtd consiste más en la intención perma­
nente de hacer el bien que en la repetición de
los mismos actos.
� La virtud está marcada por la búsqueda de la
excelencia del valor, al que da permaencia y
estabilidad.
�. L virtud no disminuye la liberad humaa: la
ampla y la fortalece.
� El resumen de todas las virtudes es el aor.
� El trabajo es la actividad humaa que es fente
por excelencia de valores y de formación de
virtudes.
� El trabajo en valores adquiere su consistencia
rea cuando se logra que las personas tenga
las respectivas virtudes, es decir, cuando no
se contentan sólo con proclaa unos vaores
como ideales deseables.
4
¿Paa qué sien? ,
× æ
¿como se ensena
y se aprenden?
L
as necesidades de la sociedad y las ansia de renovación
de la persona son siempre un estímulo para el cambio
personal y colectivo, especialmente si está centrado en los
valores. Como hemos insinuado, si se logra que estén arrai­
gados en la conducta de las personas, será más fácil que se
arraiguen en la failia, en los centros educativos y en la so­
ciedad. Los cbios empien por la conducta persona, paa
luego infuir en todos los ámbitos.
Cuando faltan valores o no están sufcientemente conso­
lidados en la conducta, la persona se vuelven mediocres,
conformistas, "facilista", sin visión de fturo y sin grandez
de ánimo para emprender tareas ambiciosas. Si escasean va­
lores como la magnanimidad, la gente se contenta con ir a la
deriva, sobreviviendo con "lo j usto". A lo sumo, se vive de
imitar a los demás, sin reaccionar ante los males presentes y
Vlor para vivir los valores
60
con temor del fturo. En una situación así, por contrate, se
nota la urgente necesidad de los valores, de la gente valiosa,
que es la que puede ejercer un liderazgo participativo, com­
prometido, "pro activo" y optimista.
En este sentido, "lo mejor se convierte en enemigo de lo
bueno". Aspirar a lo mejor supone prepararse para ello y no
resignarse con lo bueno, exigirse a fondo calidad humana,
aspirar a la excelencia.
É
sta es la utilidad de los valores, que
nos ayudan a exigir de nosotros mismos el mayor esfero.
Si se les pregunta a los padres de familia o a los profesores
qué tipo de personas quisieran formar, no dudarían en res-
d " al " pon er: gente con v ores .
¿Para qué siren?
En las personas se esconde una resera inagotable, un enor­
me potencial inexplorado que se desencadena en la medida
en que se estimula el crecimiento persona y cada persona
descubre en sí misma, o se le ayuda a descubrir -siguiendo
una metáfora de Mark Twain-, no una sola persona, "la que
ella cree que es", sino dos más: "la que los demás creen que
es" y "la que ella realmente es". E incluso, parafraseando a
ese escritor, podríamos decir que hay dos personas más toda­
vía: la que ella quiere ser y la que ella puede ser.
Todos queremos que la gente sea honesta, leal, creativa y
responsable, que fortalezca los valores que tiene y adquiera
unos nuevos. Y ¿qué son éstos sino valores humanos de pri­
mer orden que, vividos por las personas con una buena for-
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan Nse aprenden?
61
mación profesional, llevan a la familia y a los centros escola­
res a altos niveles de productividad y de excelencia personal?
Y, como ya hemos visto, los valores no son ideales estáticos o
abstractos sino bienes que trascienden y se proyectan desde
las personas hacia su entorno familiar y de convivencia.
L familia, como centro y motor de desarrollo humano
bien estructurado, signifc un conjunto armónico de valo­
res (reponsabilidad, constancia, laboriosidad, iniciativa, crea­
tividad, etc.) que se deben reforr cada día.
¿Cuál es, entonces, la utilidad de los valores? Siren para
formar persona que aspiren a la excelencia y la vean como
una meta posible, pues su fndamento no son modas pasa­
jera sino un estilo de vida, una flosofa del estudio y del
trabajo que se apoya en la consecución y la aplicación del
conocimiento, pero má todavía en el desarrollo de habilida­
des y cpacidades, en la consecución de hábitos positivos, en
la formación constante que busc el mayor perfeccionamiento
posible.
Si miramos a los grandes líderes del mundo y de cada
país, famosos o desconocidos del gran público, y si les pre­
guntamos a qué deben su éxito y sus logros en ayudar a otros
a obtener sus objetivos, descubriremos que atribuyen los re­
sultados de su vida a ser feles a unos principios y a dar pri­
mada a cienos valores.
Ls valore establecen la diferencia. Si preguntaos a nue­
tros educdores, a nuestros padres de familia, a quienes lu­
chan en la arena polític o en la gestión social, nos encontrare­
mos con la misma respuesta: la fone está en los valores.
Valor para vivir los valores
62
Pero, ¿cómo hacerlos readad?
Como los hechos son distintos de las palabra, es posible que
una familia o una institución educativa profese determina­
dos valores, pero esto no signifca que los viva realmente.
Este fenómeno causa, a veces, que se considere el tema de los
valores como meramente ideal. Sin embargo, éstos empie­
Z a hacerse realidad en un clima propicio de interacción
(sobre todo en la familia) , en el que sobresaga el buen hu­
mor, el optimismo y la confanz.
Para lograr la frme realizción de los valores a través del
ejemplo, hace falta un constante aá de hacer mejor la co­
sas, de no dejarse llevar por la rutina o la mediocridad, lo
cual puede convertir la vida diaria en una tarea gris y anodi­
na. Cuando se forma en valores y con valores, la educación
se transforma en una poderosa fente de realizción perso­
nal. Esto se nota, y mejor que se note y se contaie de agún
modo a todos, que los valores se promuevan y penetren en
todos los campos de la sociedad.
Un apecto indispensable es que el ejemplo venga de arri­
ba, que los padres de familia y los educadores sean los prime­
ros en adoptar y vivir los valores, de manera operativa y com­
probable. De lo contrario, se crea la idea de que los valores
son un simple deseo, una interesante pero inútil teoría étic.
Ahí precisamente se encuentra la mayor resistencia y los
mayores factores de riesgo en la práctica de los valores. De
esto seguiremos hablando más adelante.
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan ¶se aprenden?

63
Y,
¿
cu es la mejor maera de enseñar vors?
El antiguo refrán español contiene una enseñanz válida a
propósito de los valores: "Fray ejemplo es el mejor predica­
dor"; es decir, si queremos que los valores se arraiguen en las
persona, el instrumento más efca es vivirlos consciente y
habitualmente, a pesar de los errores que se cometan y a
pesar de los antivalores.
"Nadie da lo que no tiene" rez un refrán antiguo de
origen latino. Nadie puede enseñar lealtad si no es leal, o
comunicar responsabilidad si no es responsable, o hacer que
los demás se respeten si uno no respeta primero. Es una ley
sencilla per clara y sin ambigüedades, que no exige tener
todos los valores o vivirlos en un grado sumo para poder
hablar de ellos o para intentar que los demás los practiquen.
Cada uno motiva el "desaprendizje" de los antivalores
con los valores que tiene. Por eso es muy importante ver en
los demás primero sus valores, para luego ayudarles a com­
batir los antivalores de una forma constructiva, abierta y sin­
cera, teniendo especial cuidado en la manera en que se los
hacemos ver.
Cuando se quiere que alguien mejore respecto a un valor
determinado, lo más adecuado es mirar hacia sí mismo y
empe por exigirse más en ese valor. Si en el hogar uno de
los hijos es poco sincero, es necesario pensar si esa misma
conducta existe en los padres o en los hermanos. Así, el de­
fecto ajeno se vuelve una oportunidad de cambio para él y
para quien debe corregir y ayudar a superar el problema.
Vlor para vivir los valores
64

Un sistema de vsos comuictes
Hay vaores que son el motor impulsor de otros valores; por
ejemplo, el orden infuye directamente en el aprovechaien­
to del tiempo, en el cumplimiento responsable de las tarea,
en la puntualidad, en la laboriosidad y en la diligencia paa
atender los asuntos. Lo mismo podría decirse de la consta­
cia, que infuye en los anteriores y en otros valores: disponi­
bilidad, esferzo, cordialidad, sericio, calidad, etc. O el
liderago, que impulsa la valentía, la audacia, la creatividad,
la excelencia y la ejemplaridad.
Los valores operan como un sistema de vaos comuni­
cantes: si baja el nivel de uno, se nota en los otros. Por ejem­
plo, si alguien deja de ser un poco responsable, es probable
que esto se note inmediatamente en su cumplimiento y, po­
siblemente, en su disponibilidad o en su laboriosidad. El
progreso en la vivencia de un determinado valor, por míni­
mo que sea, repercute en los que están cerc de él. Si una
persona se esferz por ser más puntual, eso incide directa­
mente en la calidad de su trabajo y en el respeto.
Además de operar como vasos comunicantes, los valores
constituyen una cdena que se fortalece agregándole otr
eslabón (otro valor) y que contribuye a la cpacidad de aguan­
te y de arrastre del conjunto. En un grupo, la vivencia de los
valores produce una especie de contagio que anima a los de­
más y que consolida un clima común. Ante la presencia de
un antivalor repentino, el clima institucional cierra flas para
atacarlo, de la misma manera en que los glóbulos acuden al
sitio de la herida en el cuerpo humano.
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan ¶se aprenden?

65
Su fer prácc
El éxto de los valores radica en su fera práctica, no en su
bondad conceptual. Todo vaor en sí representa un bien que
la persona descubre y elige conscientemente. Pero mientras
no lo ponga en práctic con empeño, la cosa se quedan
sobre el papel. L motivación ayuda a mantener ese esfer­
Z, sobre todo cuando se trata de la motivación tracenden­
te, es decir, la que, apoyada en un acto de voluntad, nos saca
de nosotros mismos y se manifesta por la satisfacción que
nos brinda el sericio a los demás, la amistad, la cooperación
y la solidaridad.
Por eso es tan importante que la enseñanz de los valores
se haga en un clima de participación. Todos somos una re­
unión de valores y antivalores, y necesitamos unos de los
otros para sacr adelante nuestros objetivos personales, fa­
miliares, profesionales o sociaes. Los valores, como ninguna
otra realidad, nos hacen ver que "somos unos con otros y
unos para otros". Está en nuestra naturale estar abiertos a
relaciones interpersonales, sin la cuales no somos verdade­
raente personas. Confcio dijo: "La virtud no se queda
sola, el que la practica tiene por fera vecinos".
o Emilio es vicepresidnte d una compañía multina­
conal en su país. Por cura vez en un mes, el presidn­
te l dice que dben ddicar el fn d semana a tabajar
f una sesión d tes día en auntos d l empresa. El
viceresidnte se quea d tan continua ocupacón f ls
fnes d semana y l dice: "Y tengo fmilia': El presi-
V/or para vivir los va/ores
66
dnte l recuerd que en esa compañia "l empresa es
prmero que l fmilia': Emilio, que no está d acuerd
con eso, l contesta: "Eo no me parece humano, y como
no comparo ese crterio, aqui tene mi renunca': O
Emilio se va a la calle, a buscr trabajo, pero ha dejado
claro un principio en su vida y una lección para su empresa:
no se vive para trabajar, ni para casarse con una empresa. Se
trabaja para vivir: hay prioridades que no se pueden cambiar
por sacar adelante unos objetivos profesionales. Quienes no
obran como Emilio tienen equivocadas las prioridades en su
vida y no saben resolver las crisis de valores. Una familia que
cuenta con un padre que es capa de tomar este tipo de deci­
siones cuenta con un capital importantísimo. Desde ahí se
pueden acometer con optimismo muchas tareas porque el
punto de partida es sólido.
La motivaciones, resortes de los vaores
Uno de los apectos de la enseñanza de los valores es la mo­
tivación, que nos enseña que en la persona no hay límite
para dar y servir a los demás. Los valores transforman el te­
ner, el dar y el serir en un trampolín para construir la pro­
pia personalidad. Siguiendo a José Antonio Pére López, la
motivación extrínseca se manifesta cuando, por ejemplo, se
toma una decisión para satisfacer necesidades materiales, y
esto puede implicar valores como la austeridad, la modera­
ción, la templanz, el ahorro, etc. Es decir, todo lo que evita
que sobrevaloremos el papel del dinero en nuestra vida.
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan ¶se aprenden?

67
En la motivación intrínsec lo que cuenta es la satisfac­
ción interior de hacer algo sin necesidad de recibir por ello
gratifcción alguna; en este caso se ponen en j uego valores
como la coherencia, el compromiso, el mejoramiento o el
perfeccionamiento personal, a los que les corresponde el
riesgo de antivalores como la vanidad, la prepotencia, el aá
de dominación, la indolencia o el desinterés ante los proble­
mas de los demás, etc.
L motivación más plenamente humana es la motiva­
ción tracendente: la que nos sac de nuestro yo y nos lleva a
los demás, en la amistad, la colaboración o la solidaridad.
No es que se subestime lo logrado gracias a la otra dos
motivaciones, sino que se perfecciona el logro a llevalo a
una meta más alta. Y los valores que se resatan aquí son el
sericio, la amistad, la donación, la entrega, la abnegación,
la confanz, el amor, la amistad, etc. El motor impulsor de
la comunicación y la enseñaz de los valores es la motiva­
ción, sobre todo la trascendente, por ser ésta la que lleva a la
persona fera de sí y la pone en contacto con los otros, dan­
do pie a la creación de un ámbito común que podemos de­
nomina cultura de valores. Esta cultura referz la acción
personal y pone una especie de sello de garatía a la acción
colectiva.
El adulto tiende a poner má barreras cuado se trata de
cbiar sus actitudes o de adquirir nuevos hábitos: el tiem­
po ha tenido la posibilidad de arraigar má feremente cier­
tos ativaores y a la persona le cuesta má romper la costra
de la comodidad, la perez, la indolencia, la soberbia, y reco­
nocer que puede reemprender un nuevo camino consigo
68
Vlor para vivir los valores
misma. No obstante, la pedagogía de adultos demuestra que
sí es posible lograr que la persona cmbien. Los métodos,
claro está, no pueden ser los mismos que se utilizn para
enseñarles a los niños. Pero, a veces, los contenidos son ta
sencillos y tan de sentido común que se podrían confndir
con los métodos de pedagogía infantil: ejemplos dignos de
ser imitados, repetición de imágenes vividas y de mensajes
estimulantes, frases que hacen pensar y mueen a actuar, pla­
nes de acción propuestos por la persona misma como un
compromiso de fturo, etc.
Lo importante es considerar siempre cómo se puede
mejorar en la vivencia de los valores, aunque se pueda expre­
sar a veces de manera negativa, lo que pone en eidencia
cómo no se debe ser; como el cao de una empresa que que­
ría estimular a sus empleados con las "6 norma paa no pros­
perar":
l . Espere sentado su oportunidad
2. Comente su mala suerte con los demás
3. No se esferce por conseguir nuevos conocimientos
4. Laméntese de lo difícil que son los tiempos actuales
5 . Obstínese en que sin recomendaciones no se logra nada
6. Confe y aguarde a que vengan tiempos mejores
Un conto bueno
Hemos dicho que el ejemplo es el factor fndamental que
determina el éxito en la enseñanza de los valores. A comien­
zo de la vida y hasta la adolescencia, se obseran e imita
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan ¶se aprenden?

69
ejemplos menos deliberadamente que en la edad adulta. E
lo que aquí denominamos "contagio", es decir, el proceso de
comunicación de los vaores a través del ejemplo (del afán
permanente de hacer el bien) . No es tanto lo que se dice sino
lo que se hace y lo que se es, lo que induce a la otra persona
a considerar una determinada conducta como digna de
imitación. E lo que vemos y comprobamos cda día en la
relación padre-hijo, profesor-alumno, directivo o coleg-em­
pleado.
El proceso de aprendizje busca más deliberadamente ese
contagio, a través de la comunicación y recurriendo también
a los raonamientos, a crear convicciones sobre la bondad de
los actos de cada valor, de modo que se practique primero de
manera consciente y luego, cuando ya está creado el hábito,
de manera inconsciente.
Por supuesto, hay factores que incrementan las difculta­
des para promover, enseñar y vivir los valores: el aumento de
la permisividad y la corrupción en los negocios públicos o
privados, la resistencia que se da en las instituciones educati­
vas para aceptar una educación en valores, el desaliento de
agunos padres de familia ante la rebeldía de sus hijos y la
misma sociedad que tiende a veces a quitarle importancia a
lo que tiene que ver con la étic y con el ejercicio de sus
principios fndados en la naturalez humana.
A pesar de todo esto, los valores "valen" y son siempre
una invitación a construir una familia en la que la persona
eche las raíces sólidas de su fturo; una educación que forta­
lea intelectual y emocionamente al estudiante, aydándo-
Vlor para vivir los valores
70

le a enriquecer su intimidad y a proyectarse en la conviven­
cia; una organizciones en las que la cultura basada en los
vaores sea la garantía del predominio del hombre y sus mo­
tivaciones sobre la técnica, y una sociedad en la que la pani­
cipación y la solidaridad sean los pilares de una convivencia
ciudadana justa y en pa.
El ideal de los valores siempre estará ahí adelante, ofre­
ciéndonos mucho más que lo que tenemos entre las manos,
pareciendo inalcanzble pero siendo realizable paso a paso,
aunque se requiera un millón de pasos para llegar a la meta.
o Un adlscente acudió a un vieo monje y l pidió
una regl para vivir d acuerd con ell. El monje l dio
esta respuesta:
'pira a l inalanzbl':
El adlscente l dio l gacia y l pregntó si sera
una inmodsta pedirl todvía una segnd fae, como
viátco suplmentaro para el camino. Entonces, el monje
agegó este conseo al prmero:
'spira a l inalanzbl': O
El pasado nos enseña que el porenir pertenece no a quie­
nes lo sueñan en el vado sino a quienes, siendo feles a sus
promesas, a sus principios y a sus valores, asumen la respon­
sabilidad de hacer lo que aparece como imposible e inalcan­
zable, porque ya lo posible y alcanzble alguien lo ha hecho
antes.
¿Para qué sirven?, ¿cómo se enseñan Nse aprenden?

71
Claves del capituo
� El cambio se produce desde la transformación
de cada persona.
� El estudio o el trabajo humao bien hecho com­
prende un conjunto armónico de vaores so­
bre el que se debe insistir cada día.
� La prioridad en la familia y en la educación es
formar gente con vaores.
� La failia es el centro y el motor del desarollo
humano.
� Como los vaores no se pueden ocultar, son
inseparables de la conducta humana.
� Cuando se trabaja por valores y con valores,
la educación se transforma en una poderosa
fente de realización persona.
� Los valores operan como un sistema de vasos
comunicantes.
� El éxito de los valores radica en su fuerza
operativa, no en su bondad conceptual.
� Es importate que la enseñanza de los valores
se haga en un clima de paticipación: todos
enseña a todos y todos aprenden de todos.
� La enseñana de los valores nos conduce ne­
cesaiamente a ver el papel de la motivación
trascendente: la que nos saca de nuestro yo y
de nuestra satisfacción y nos lleva a los de­
más, en forma de sericio, amistad, colabora­
ción o solidaridad.
72
Vlor para vivir los valores
� Los vaores no se enseña en conjunto, sio
uno por uno.
La familia, primera
escela de valores
5
N
o es la tecnología, ni son los avances científcos o eco­
nómicos los que dan cuenta del auténtico progreso
humano. La persona es la clave de todo el proceso y por eso
hoy en día se da prioridad al desarrollo humano y a la cali­
dad de vida. El paradigma fndamental del que debe partir
el proceso de comunicación y aprendizje de valores es la
persona como punto centra, como núcleo de la vida fami­
liar, del centro eductivo y de cualquier organización.
Los valores, concebidos operativamente (es decir, pues­
tos en práctica) , implican que lo que hay que cambiar para
que la familia y la instituciones cambien es el modo de ser y
de actuar de la personas, lo cual sólo se consigue con un
proceso continuo de formación que no acaba nunca. No es
un objetivo a corto pla. Visto en su conj unto, es un obje­
tivo a largo plazo que abarca acciones muy diversas y sucesi­
vas para que los valores echen rafees y les permitan a las per-
74
llor para vivir los valores
sonas encontrar su felicidad y, por tanto, ayudar a ser felices
a los demá.
L educación y formación de la persona debe mirarse
siempre como un arte maravilloso que tiene mucho de arte­
sanía, que no puede reproducir modelos mecánicamente y
que exige el trabajo personalizdo, atento a la variables de
cada individuo. Si mi principa preocupación es ser lo que
quiero "ser", el "tener" se desplaa a un segundo lugar, como
también se desplaa el "estar" (estar bien, estar tranquilo,
estar bien alimentado, estar cómodo, estar satisfecho . . . ) . El
verbo "estar" es un verbo mucho más pobre que el verbo
"ser".
É
ste tiene una carga profnda que incita a escarbar en
lo humano, a acometer la tarea más difícil, la de autocom­
prendernos y trabajar en la construcción de nuestra persona­
lidad.
L cultura y los valores personaes, aí como la cultura y
los valores de la familia o de las organizaciones, pugnan
1 " " 1 " " "La 1 d 1 constantemente entre e tener y e ser . cu tura e
tener" es materialista y consumista, partidaria del éxito como
fruto del desarrllo económico. "L cultura del ser" se refe­
re más bien a la intimidad y a espíritu de las personas: busc
que la persona sea cpa de ser feliz, aunque no disponga de
muchos bienes económicos. Incluso la sobreabundancia de
éstos tiende a ahogar la libertad interior de la persona, la
recorta por tener que estar constantemente eligiendo entre
mucha posibilidades.
La familia, primera escuela de valores
75
Los ábitos báicos
"L familia tiene vínculos vitales y orgánicos con la socie­
dad, porque constituye su fndamento y alimento continuo
mediante su fnción de sericio a la vida. En efecto, de la
familia nacen los ciudadanos, y éstos encuentran en ella la
primera escuela de esas virtudes sociales que son el alma de
la vida y del desarrollo de la sociedad misma Quan Pablo
I1) . La familia y la escuela constituyen, entonces, el binomio
fndamental para la formación de los ciudadanos.
La educación es una de la formas que adquiere el bien
común, la má decisiva si se piensa en el fturo de la socie­
dad. Y está llamada a forjar hombres y mujeres preparados
para el mañana. Pero no un mañana ilusorio y remoto, sino
cercno, que nos toca construir con nuestra manos, vale
decir, con nuestra inteligencia, nuestro coraón y nuestros
sentidos, insertados en una comunidad concreta, ejerciendo
nuestra ciudadanía ciento por ciento.
El coraón de los centros escolares no es la planta fsica,
los medios técnicos o las ayudas educativas, por más moder­
nos o sofsticdos que sean, sino los profesores, los padres de
familia y los alumnos. Ellos tienen la responsabilidad de edu­
car y formar a los estudiantes. Si trabajan bien, j untos logra­
rán el resultado que esperan: unos hijos y alumnos que ma­
ñana serán ciudadanos responsables, deudores del bien
común, una deuda que han de pagar trabajando con compe­
tencia profesional y con espíritu de sericio.
Para lograr esto hay que dejar de lado las lamentaciones
o transformarlas en entusiasmo, deshacernos del pesimismo
Vlor para vivir los valores
76

sobre el destino de nuestra sociedad y afrmar el optimismo
de quienes queremos el cambio; y no un cambio cualquiera,
sino aquél que tiene sus raíces más honda en el espíritu de
cada persona, que la hace capaz de cosa grandes o de cosas
envilecedoras, dependiendo de los fnes que se proponga.
Un papel necesao
"Hoy somos testigos de un profndo cambio mundial en la
familia (institución medular de la sociedad, que no es posi­
ble suplir o siquiera modifcar mucho sin que haya conse­
cuencias desatrosas) , el cual será a largo plaz, tal vez por
largo tiempo". Porque la familia "no es una simple inven­
ción del hombre para alcanzar cierta meta, ni es susceptible
de ser reinventada o reformulada para lograr otros objetivos"
(James Wilson) .
L familia corre el peligro, y con ella la sociedad, de aho­
garse en medio de la avalancha de un materialismo al que no
se combate porque no se le identifca en la propia vida, ni se
le vincula a simple vista con alguna ideología, pero que C
tan violento y nocivo como los materialismos ideológicos. Si
se mira bien, este clima general de materialismo está relacio­
nado íntimamente con una flosofa individualista y egoísta,
que pone el bienestar personal por encima del bien común.
Hay muchas persona y algunos grupos que piensan que
la familia como forma estable de organización social está
amenaada de muerte por la desintegración progresiva, por
el debilitamiento del matrimonio y por las crisis de separa-
La fmila, primera escuela de valores
77
ciones y divorcios, pero no olvidemos que "la familia tiene y
comunica todavía hoy energía formidables capaces de sacar
al hombre del anonimato, de mantenerlo consciente de su
dignidad personal, de enriquecerlo con profnda humani­
dad y de inserarlo activaente con su unidad e irrepetibilidad
en el tejido de la sociedad" Quan Pablo 11) .
Un fao encendido
Una familia auténtica será un faro encendido que mantiene
en alto el sentido de la vida de la personas que la integran y
que da sentido a la sociedad de la que forma parte esencial.
1 será en la medida en que el entramado de relaciones sea
de calidad y en la medida en que el espíritu de sericio pre­
domine sobre la comodidad, el diálogo total sobre los silen­
cios paivos o sobre la agresividad en la defensa de los intere­
ses individuales, porque la familia debe ser la institución líder
por excelencia en la forja de una nueva sociedad.
L familia así entendida será proa segura para la navega­
ción en el fturo y "está llamada a ser la fente de la alegría
para el espacio público. Una sociedad sin verdadera vida fa­
miliar será posiblemente una sociedad desintegrada, una so­
ciedad sin luz, una sociedad desgraciadaente triste" (Soria) .
E interesante hacer notar, dentro de este contexto, la
estrecha relación que vincula la unidad familiar y la voca­
ción de la pa. El hombre, indudablemente, es hijo y herma­
no en la familia y, después, prój imo, vecino y hermano en
la sociedad. "El hombre es constitutivamente familiar"
llor para vivir los valores
78

(D'Aostino) . E decir que la failia no procede de estruc­
tura sociológica cabiantes sino de dimensiones antro­
pológic, o sea, de una exgencia del hombre mismo.
En esto coinciden flósofos, psicólogos y sociólogos: la
familia como organizción C célula de la sociedad y la má
importante-de sus estructura. E la "microsociedad o célula
constitutiva de la sociedad civil, donde madura estructural­
mente el vínculo universa de la fraternidad" (Burke) que
hay en todos los hombres. No hay terremoto ni huracá que
pueda desterrar a la familia de la fa de la tierra. Su suerte va
unida intrínsecmente a la raón de ser de la sociedad, y sin
ella ésta no podría estructurarse. Si salvauardamos el bien
común de la familia, pondremos el fndamento para salva­
guardar hacia el ftur el bien común de la sociedad. Hay
que soñar despiertos con ese fturo. Y saber que la únic
forma de afontarlo exitosamente C fortaleciendo las raíces
familiares.
No ha
y
nada irremediable
Todas la injusticia, la violencia, los atentados contra la
vida ·se explican, en último término, por un fracao de la
educción que trata a la persona no como seres espiritua­
les, dotados de una dignidad infnita, sino como si feran
simples cosa o trastos desechables sin valor alguno.
Nos preocupa la contaminación de los ríos, los bosques,
los parques y las ciudades, pero más debe preocuparnos la
contaminación moral, que ha lleado a muchos a creer sólo
La familia, pn'mera escuela de valores
79
en el poder, en el dinero, en el consumo, en el sexo, en las
droga, en la lucha entre hermanos, todo lo cua es mani­
festación de no creer en nada, o de creer sólo en sí mismo,
que es la peor de la miseria del hombre. L triste ante los
horrores nos debería hacer pensar en que algo tenemos que
ver nosotros con ellos, al menos por indiferencia o por omi­
sión.
É
ste es uno de los desafíos más grandes hoy en día para
los padres de familia y los profesores, para los hogares y los
centrs ecolares: crear abientes propicios para el crecimien­
to interior de la personas, para su desarrollo humano, per­
sonal y social, intelectual y moral, cultural y espiritual.
É
sta
es la tarea que nos espera para formar a los hombres y muje­
res del siglo X. No será el torbellino de la tecnología
computarizda en el que ya estamos, ni la cercnía de los
planeta y de otros mundos, ni la invasión aterradora de los
millones de cprichos electrónicos lo que nos permitirá con­
seguir una sociedad más humana.
De lo transitoro a lo penanente
L transitorio en la familia son los gustos, la modas, las
afciones y mucha otras cosa que forman parte de la vida
cotidiana y sobre la cuales cda uno de los miembros de la
failia puede opinar libremente y no paa nada. Por ejem­
plo, la minifalda, el pelo largo de los muchachos o los rotos
en los jean.
Por el contrario, hay otras cosas, los valores esenciales,
Vlor para vivir los valores
80
donde sí hay que dar la batalla e inverir todas la fers,
porque se trata de la laboriosidad, de la responsabilidad, de
la libertad, de la fe, es decir, de hábitos estables que miran a
determinada realidades, que es bueno que los hijos los cul­
tiven y que reciban un buen ejemplo de sus padres. No se
trata de ago transitorio como una moda, sino de algo per­
manente.
L permanente en la familia son los valores en los que se
fnda: el amor de los padres, la confanz, la virtudes hu­
manas y las tradiciones familiares conseradas a través del
tiempo. No tendría sentido discutir por la modas, o por
todo lo que es circunstancial, cuando los vaores permanen­
tes pueden estar en peligro.
Los bienes transitorios, como todo lo relacionado con el
bienestar económico, deben valorarse a la luz de lo fnda­
mental para la familia. Cuando no se respeta esa jerarquía, lo
transitorio empieza a ocupar el lugar de lo permanente, que
se puede ir perdiendo imperceptiblemente, sin que nos de­
mos cuenta. Hay padres que llenan de cosas materiales a los
hijos, quienes, ahogados entre tanta cosa superfua, lo que
realmente necesitan es consejo, cariño, orientación para su
vida.
Donde esos valores se ponen a prueba es la vida en fami­
lia. No basta con "pasar por casa", ni con "estar en casa", es
decir, estar presente para comer y dormir y, ademá, ver la
televisión y cambiarse de ropa. Eso es algo, per es muy poco.
Lo necesario, lo absolutamente indispensable, es "vivir en
casa": ir a comer, dormir, ver la televisión, cambiar de ropa,
La famila, primera escuela de valores
8 1
conocer a los que viven con uno, brindarles cariño y apoyo,
escucharlos, serirles, colaborar en la vida material de la fa­
milia, ser conocido y valorado y vivir un profndo sentido
de pertenencia a aquella familia de la que se habla con orgu­
llo. E vivir de ta modo que aquello sea un hogar, en el que
todos los que viven ahí estén reamente unidos por los laos
frmes del cariño, si cada uno de ellos procura ser siempre
una presencia amorosa para los demás.
¡ Pongmonos de acuerdo en lo fndament!
Para no correr el riesgo de ser o crear en nuestra familia per­
sonaidades dependientes, manipuladora o perpetuamente
insatisfecha, es necesario aprender a serir, aprender a ser
solidario. L falta de acuerdo en lo fndamental afecta la
vida de la pareja y de los hijos; es como si cda uno velara
únicamente por sus intereses, debilitando así el sentido de
unión que los convoca a todos. No puede exstir un interés
superior al bien común de la failia, a su felicidad y su desa­
rrollo armónico. L fndamenta, por lo demás, no es sólo
futo de un acuerdo de palabra, sino que se construye entre
todos.
L familia, de por sí, tiene una fer muy grande como
reunión de energías espirituales y como futo de la generosi­
dad de quienes se han comprometido en ella. Pero como
tiene que ver con la felicidad de todos y de cda uno, cual­
quier descuido en los valores fndamentaes la puede afectar
seriamente.
É
stos se conseran y protegen en la medida en
Vlor para vivir los valores
82
que cda uno se exige a sí mismo, los recrea haciendo de
ellos una realidad viva, inacabada pero digna de tender hacia
ella: la persona siempre puede aa mejor, ser más laborio­
sa, responsable, generosa, leal o sincera.
Además, los valores esenciales requieren de un constante
acuerdo en la familia, porque se modifc con el ser de la
persona a través del tiempo, pues la índole de los valores
hace que éstos sean dináicos y fexibles según la cracte­
rísticas de cda individuo.
Todo esto ha de llevar a una cultura de la familia como
"unidad primaria de acci6n social" (Aejandro Llano) , que le
permita a cada uno de sus miembros realizr su propio pro­
yecto y fortalecer su libertad. L familia, aí entendida, es
una forma radical y primaia de solidridad que no s6lo apor
un suplemento de sentido a la persona sino que es fente de
toda energía socia.
Lcrácter: prmer prop6sito
de la educci6n en la fama
L familia es la encargada de la urgente tarea de preparar el
terreno y de apuntalar los valores esenciales en la persona,
para que éstos se arraiguen en ella con raíces profnda. Si
la familia no lo hace tempranamente, es muy difícil que cual­
quier otro abiente o instituci6n lo haga por ella. L fami­
lia, entonces, precisa la conformaci6n de una conducta y unos
hábitos que permitan a los hijos saber orientarse siempre,
ante cualquier circunstancia.
La familia. primera escuela de valores

83
Formar el carácter y la personalidad es el gran desafío de
la familia y la escuela, porque es la única manera de que los
hijos afronten el fturo con un bagaje de valores indispensa­
bles para su vida cotidiana. Esto sólo se logra a través de la
vida vivida, con el ejemplo y la insistencia, comprobando
regularmente que esos valores están echando raíces.
Uno de los obstáculos con el que se enfrentan los padres
para acometer esta tarea es disponer más de cosas que de
bienes interiores, pues falta lo fndamental: disponibilidad
para escucharlos, cariño, amistad, convivencia, confanza
mutua . . . En la sociedad se habla mucha veces de que la con­
vivencia es posible si hay un acuerdo en lo fndamental. Lo
mismo ocurre en la familia. La discrepancia sobre los valores
báicos lleva a la ruptura del diálogo, a la inconsistencia de
la relaciones, a la desconfanza.
Aguien decía que en la medida en que aumentan las
posibilidades de tener disminuye la libertad de
,
elegir. L
cosas, que están hecha para facilitar la vida, pueden acbar
por complicrla defnitivamente si ocupan demasiado espa­
cio interior. L libertad interior de la persona tiene que ver
directaente con la disponibilidad a compartir con los de­
más, con tener el coraón libre de mucha ataduras materia­
les, que condicionan y acparan la atención, el tiempo y las
preocupaciones. Si se procura atender lo fndamental (tra­
bajo, familia, amistad) , la demás cosa van saliendo más
ordenadamente. Tener espacio interior, disponer de tiempo
para el cultivo personal y serio y para los demás son apectos
báicos de la madure.
Vlor para vivir los valores
84

Valores para la cdad de vda
L calidad de vida en la familia, en síntesis, signifc que los
hijos sean personas libres y responsables, y para lograr este
objetivo, los padres tienen que ser, a su ve, libres y respon­
sables. Entonces habrá coherencia y ejemplaridad de vida
-una de las maneras como se expresa el liderago en la fami­
lia- y un clima de participación.
Podemos tener la más absoluta seguridad de que si la
educación que se da en la familias no apunta a los vaores
más altos, a la escuela le será muy difícil cumplir su tarea. Y,
al contrario, si la escuela no fortalece esos vaores inculcdos
en la vida en familia, la educación failiar se quedará corta y
los individuos revelarán una gra defciencia. en su fturo.
Se educa de verdad cuando se busca que la persona tenga
convicciones y que las comunique haciéndola reaidd. Hay
algo fndamental que no se comunic con la má revolucion­
aria de la metodología o técnicas. Ese ago es la "vida vivi­
da", enseñar a serir con el testimonio del ejemplo, supera­
do el estrecho mundo del yo y de los intereses individuaista.
Lpoder de la fa ud
L familia, en su propósito de ser la primera escuela de vao­
res, debe crear un abiente propicio paa que se cultiven los
vaores de la convivencia y para que haya una saa emua­
ción de las virtudes que hacen posible dicha convivencia:
tolerancia, apertura, comprensión, buen humor, optimismo.
De modo que la familia cree su propio abiente e infuya en
La fmilia, primera escuela de valores

85
lo que l a rodea, atrayéndolo, si es positivo, o repeliéndolo,
cuando es negativo. "Nadie tiene derecho -omo escribió
Albino Luciani- al monopolio del mal humor". Ni de la
triste, ni de la neurosis, ni de la histeria, ni del descuido y
el abandono en el trato con los demás.
L acción de la familia consiste más en dar que en reci­
bir. Una familia unida es capa de superar todo lo malo que
sucede, se produzca adentro o afera. Una manera de ver a
cda persona dentro de la familia es mirarla como a una ima­
gen de Dios (porque ha sido creada a su imagen y semejan­
z) . Así se realz su dignidad: cuando se la maltrata, de algu­
na manera se está ofendiendo a Dios.
En la familia, la persona adquieren seguridad en sí mis­
mas y viven respadada por la fer del aor y la compren­
sión. En ella reciben protección biológic, psíquica y espiri­
t. Aprenden a ser independientes (que no es lo mismo
que vivir aislada) y a vivir tanto en intimidad como abiertas
hacia los demás, construyendo paulatinamente una jerarquía
de valores. Así sabrán buscr lo primero y más importante:
la felicidad personal y el sericio a la demás persona, con­
viviendo y ayudando a convivir.
Cd faa es u "meto de pata
Convivir es comprometerse con el saber liberándose de la
ignoracia, con la verdad liberándose del error, con el traba­
jo liberándose del aburguesaiento o de la vd fácil, e aries­
garse a superar el miedo, la indiferencia o los cprichos per-
Vlor para vivir los valores
86
sonales. Y sólo llevando a cabo una sólida educación en la
familia se puede mejorar este nivel de convivencia.
"Cada familia es un metro de patria" sobre el cual se está
construyendo la nación, y debe tener una bae sólida, cons­
tituida por los valores de sus miembros, que se proyectan
hacia las otras familias y la sociedad.
La familia es el baluarte principal para que la persona se
realice en el sericio a los demás, en la entrega de lo mejor de
sí a la sociedad, a la misma familia que la ha capacitado para
afrontar el fturo. Es necesario construir la familia sobre el
terreno sólido del amor, de las convicciones y del ejemplo
hecho vida, del servicio y la donación: "L familia es -más
que cualquier otra realidad social- el ambiente en el que el
hombre puede vivir 'por sí mismo' a través de la entrega sin­
cera de sí" Ouan Pablo 11) . Y esa entrega de sí "es posible por
un bien concebido y amado como bien común" (Adelaida
Rschini) .
Claves del capítulo
� L persona es el punto de partda paa la tras­
formación de la failia, del centro educativo,
de una empresa o institución o de una comu­
nidad.
� Si la persona es 10 primero, su libertad tiene
que respetase y enriquecerse a través del es­
tudio y del trabajo.
La familia, primera escuela de valores

87
� L que hay que cambia paa que las institu­
ciones cambien es el modo de ser y de actuar
de las personas.
� La cultura y los valores personales y los de la
familia o las orgaizaciones pugnan constan­
temente entre el tener y el ser.
� L educación es una de las formas que ad­
quiere el bien común, la más decisiva cuando
se piensa en el fturo de la sociedad.
� Si salvaguadamos el bien común de la fami­
lia, pondremos el fndaento paa salvaguar­
dar el bien común de la sociedad.
� L permaente en la familia son los vaores en
que ella se fndamenta y el matrimonio que le
da vida.
� Además, los valores fndamentaes se conser­
van y protegen en la medida en que los incor­
poramos constatemente a nuestra conducta.
� L educación de verdad busca que la persona
tenga convicciones y las comunique hacién­
dolas reaidad.
� Sólo educado en la failia y en la escuela se
podrá mejorar el nivel de la convivencia.
� "Cada failia es un metro de patria" sobre el
cual se está constuyendo la nación, y debe
tener una base sólida, es decir, vaores que
proyecta a las demás familias y gpos.
Agnos valores
básicos en la familia
6
S
i deseamos hacer una selección de los valores fndamen­
tales, es probable que se nos quede alguno por fera. De
todos modos, nos atrevemos a hacer una, que se podrá com­
plementar con los escogidos para la educción.
� L laborosidad
Consiste en la diligente realizción del trabajo con dedica­
ción, energía, orden y constancia, con miras a que se cum­
plan los resultados esperados.
o Juan y Carls discuten sobre l educación d ls
hios, que ya son adlscentes y carecen dl sufciente
interés y ddicación por el estudio. Como ve a Juan
dsesperad porque su hios estdn a punto d perdr el
año, Carls l centa l hitora d 'La últma pie-
Vlor para vivir los valores
90

dra': que l habla sid muy útl con sus hios. "Habla
un pals dnd se hablan puesto a l lrgo d mucha
dcad l primera piedras d innumerabls cosa:
puentes, escuels, hospitals, iglsia, estadios, parques,
etc. Hata que llgó un gobente que se empeñó en
poner l últma piedra d tod l que se habla co­
menz pero nunca se habla terina. Sól hiz eso,
no puo una piedra nueva má, pero aquel pals cambió
sustancialmente':
"En l vid de ls personas ': deda Carlos a sus
hios, pasa algo semejante: lo fcil es empezr como
ir al colegio por primera vez, pasar el primer año,
empezr cada uno de los siguientes. Lo dicil e im­
portante es ver que cad uno de esos pasos aislado no
signica nad. Lo importante es poner l última pie­
dra de cad una de esas actividades. Eso sólo se loga
desarrollndo diariamente el valor de l laboriosi­
dad y l constancia, manteniendo l ilusión y el em­
peño por empezr bien la jornad y acabarl bien. Y
asl un dla tras otro, una semana tras otra, un mes
tras otros, un año tras otro . . .
"
. O
L persona es un ser trabajador por naturaez. El traba­
jo forma parte de su vocción esencial. De ahí que desde la
más temprana infacia se nos enseñe a trabajar, al principio
en forma muy elemental y fácil, paalelaente al desarllo
de nuestras habilidades fsicas. En este "adiestraiento" jue­
gan un papel importantísimo la madre y el entorno familiar,
Algunos valores básicos en la familia

91
el cual se vuelve más explícito y consciente a medida que
transcurre el tiempo.
En el nifo, la noción de j uego se equipara, de alguna
manera, a la de trabajo. Así, se le ensefa que las diferentes
actividades requieren esfero, orden y constancia. Si no se
ponen toda las energía y los sentidos en esa tarea, es impo­
sible que se forme este hábito. Por ejemplo, el nifo se da
cuenta de que sus tareas escolares exigen disciplina, aten­
ción, el ejercicio de su memoria y la imaginación, y en esto
consiste, en este co, la laboriosidad.
En el adolescente, la conciencia de las exigencias del es­
tudio es mucho más clara, aunque, generalmente, el j uego le
resulte má atractivo que el estudio o el trabajo, a los que
normalmente ve como parte de un fturo lejano.
Un apecto importante de la laboriosidad es la diligencia
con la que se emprenden la tarea.
É
sta vence la perez y la
mediocridad y persigue la excelencia, refeja el amor con el
que se hace, cómo se hace y por qué motivo se hace.
E oportuno y relevante conocer siempre los motivos que
mueven a hacer la tarea, pues son los que fnalmente im­
pulsan, guían, dirigen la acción. Para la persona, desde muy
pequefa, resulta oportuno conocer los motivos (el porqué y
el para qué) por los que se le ha impuesto cierta tarea, y no
llearla a cabo como fruto de una obediencia ciega.
Así, el valor de la laboriosidad está estrechamente ligado
al estudio y el trabajo, porque ésta son actividades que im­
plic determinados deberes y responsabilidades (no nece­
sariaente relacionados con el cumplimiento de un trabajo
Wlor para vivir los valores
92

profesional o con alcanzr una metas de estudio en una ins­
titución educativa) . Por supuesto, hay otros trabajos que exi­
gen el mismo esferzo, orden y disciplina, por ejemplo los
que se llevan a cabo en el hogar.
En el estudio, es imponate cultivar una dedicción cons­
tante: como el niño tiene afán de conocer y una curiosidad
inagotable por toda la cosa, se le puede encausar para que
le tome gusto al estudio porque ahí resuelve muchas de sus
inquietudes y conoce lo que es aprendr para saber.
Como habíamos dicho antes, es habitual que unos vao­
res comprendan o involucren otros valores. L laboriosidad,
en este caso, entraña el valor del cumplimiento. Es decir, la
laboriosidad implica, además de hacer bien la tareas, cum­
plirlas a cabalidad, terminar lo comenzado. Si no, ese cum­
plimiento sería más bien un "cumplo y miento": digo que
voy a hacer algo pero, a la larga, no lo hago; de esta mane­
ra, me engaño a mí mismo y no logro el obj etivo que bus­
caba.
David Isaacs, en su libro La educacón d l virds hu­
mana, destaca que ser laborioso supone:
1 . Conocer los criterios de un trabajo bien hecho en cada
caso;
2. Contar con los motivos sufcientes para esforarse y,
3. Tener bastante desarrollada una serie de capacidades
accesorias para hacer bien la actividad concreta.
Si se tienen en cuenta estos tres puntos, será más fácil
afrontar las difcultades que se presentan, pues éstos permi-
Algunos valores básicos en la famila
93
tirán que cada persona supere los obstáculos según sus pro­
pia particularidades.
Entre los antivalores asociados a la laboriosidad están la
comodidad excesiva, el desorden en el manejo del tiempo, la
perez y la negligencia ante las obligaciones adquiridas. L
televisión, los j uegos electrónicos e internet, utilizdos sin
ningún control, son un riesgo para la laboriosidad.
Entre niños y jóvenes hacen especia mella el aburrimien­
to, la apatía o el tedio, la resistencia a esforrse en lo más
mínimo, escudándose, por ejemplo, en que las cosas cues­
U] pero en el fondo se trata de falta de disciplina y de que
no saben o no conocen el objetivo por el que vale la pena
hacer el esfero.
� Lorden
Consiste en la reaización armónica de la actividad para que
logre su fnaidad, aprovechando el tiempo al mámo y uti­
lizndo bien los recursos disponibles.
o Dos heranos d 7Y 9 años, mientra recogen su
jugetes para poner ordn en su cuaro, comentan en
voz baja: "Nuesta mamá se está poniend pesa con
esto dl ordn. . . Pero no entiend por qué nos eige
tanto, si aqui en l caa nadie sabe a qué hora se come
ni cnd llga uno o cund llga el oto. ¿Será que
están intentand que nosotos aprendmos l que ells
nunca aprendieron?" O
Wlor para vivir los valores
94
El orden es un valor que sire, a su vez, de herramienta
básica para la vivencia de otros valores: "Virud sin orden,
rara virtud" a. Escrivá) . Este vaor está aociado a la respon­
sabilidad, la disciplina, la previsión y la prudencia, que es el
valor que ayda a dirigir la conducta. El orden es el futo
(como sucede con ci todos los valores) de una larga pa­
ciencia para adquirir los hábitos correspondientes.
No nos referimos únicmente al orden material o a la
disposición correcta de la cosa en su sitio ("Un sitio paa
cada cosa y cda cosa en su sitio") , sino a orden ment y
emociona que requieren el pensamiento lógico y el auto­
control que se logra a lo largo de la vida.
A los hijos, en el hogar, se les puede enseñar a ejercitar
este valor aprovechando su cpacidad de aprendizje, su c­
rencia de excesivos prejuicios, la atención propia de los pri­
meros años. Hay muchas oportunidades en situaciones de
practicr el orden y de imprimirlo indeleblemente en el c­
rácter, poco a poco, a través del ejemplo: corregir el orden en
que guarda la ropa o sus j uguetes, en las horas de estudio o
de sueño, las horas de entretenerse con la televisión o de
utilizr el computador, etc.
Son poca las personas que nacen con una predisposi­
ción especial para cultivar este valor; es decir, para la inmen­
sa mayoría de la persona hacerse a este valor es un aunto
de dsciplina persona y de perseerancia. Aquí, cbe mencio­
na la conocid máima: "Gud e orden y él te grdará".
El vaor del orden se puede trabajar en tres aspecos dis­
tintos. Primero está, simplemente, el orden de la cosa, el
Algunos valores básicos en la fmilia
95
orden de lo que veros a simple vista. Y éste se puede ense­
ñar fácil y directamente con el ejemplo. Los padres no tie­
nen que ser necesariamente infalibks en este aspecto; de
hecho, habrá un padre al que se le dé más fácilmente que a
otro este valor. Solamente tendrán que armarse de pacien­
cia para alcanzarlo poco a poco, empezando por el orden
material, que serirá seguramente para lograr otros tipos
de orden.
Por ejemplo, si los padres les enseñan a los hij os que las
cosa que son de uso general deben permanecer en un sitio
donde habitualmente todos las encuentren, habrán dado
un gran paso hacia la consecución de este valor. Si aguien
falla en esto, basta hacerle ver lo importante (y lo sencillo)
que es que las cosas estén a la mano de cualquiera que las
necesite.
Otro apecto central de este valor es el orden de las acti­
vidades, el de los compromisos. Se requiere el aprendizaje de
la buena distribución del tiempo. Por ejemplo, la formación
y planeación de horarios habituales para cada una de las
comidas, para la realización de los trabaj os, para los des­
cansos, etc. Aprender a programar las actividades es algo
que se consigue progresivamente, sabiendo aplicar un cri­
terio diferente a las tareas que se realizn habitualmente, a
las que se realizan sólo ocasionalmente y a las que son even­
tos especiales.
No es necesario convertirse en un maniático del orden y
la puntualidad para conseguir ese objetivo. Basta tener pre­
visto lo que se va a reaizr dentro de períodos de tiempo
Vlor para vivir los valores
96

fácilmente abarcbles: un día, una semana, un mes. Y vaerse
de ayudas elementales para acordarse: una anotación gráfc,
apuntar en un calendario, vincular una actividad con otra
para que se pueda realizar una seguida de otra, etc.
y el último aspecto de este valor para tener en cuenta:
el orden en las relaciones. Es necesario que las personas
aprendan a distribuir el tiempo que van a compartir con
las otras personas. Este aprendizaje es crucial a medida que
los hij os crecen, pues hace falta, a través del ejemplo, mos­
trar que una parte esencial del orden es aquélla que se dedi­
ca a estar con los suyos y que esto redunda en la calidad de
vida que se desea para la familia y para cada uno de sus
miembros. Después viene pensar el tiempo dedicado a los
compañeros de colegio, a los amigos del barrio, etc.
En todo esto es defnitivo el ejemplo de orden que ellos
obseren en sus padres y en el resto de integrantes de su
familia. El gran antivalor que amenaa constantemente es
el desorden fsico y mental, afectivo y de horario de estu­
dio, acostumbrarse a vivir como si el reloj no existiera, a la
impuntualidad y a quedar mal en las citas, el incumpli­
miento de determinadas tareas acordadas dentro de ciertos
límites de tiempo. Aquí también j uegan un papel la perez
mental, la falta de fjeza en lo que se hace, la inconstancia y
la fojera de voluntad, aspectos que hay que combatir en
todas las edades, pero que en la niñez y la j uventud dan pie
para forjar los hábitos contrarios y poner una base sólida
en el modo de vivir y de trabajar.
Algunos valores básicos en la familia
97
� L responsabidad
Consiste en cumplir las obligaciones y los compromisos ad­
quiridos, dando respuestas adecuadas a lo que se espera de
una persona o colectividad, yendo más allá de la obligación
estricta.
o Marna va con su hio Maurcio d I7 años, quien
empiez l universidd en pocos día, a un almacén a
comprarle ropa. Ente l prends escoge una chaqueta
roja muy llmativa. La mamá l insinúa que eso l pa­
rece un colr muy chilln para su edd
É
l inite y l
compra. Paad una semana y dspués d recbir va­
ra crítica d parte d alnos compañeros d curso,
Mauricio dcid no usar l chaqueta. Marana se d
cuenta y l reclma a su hio.
É
l se limita a dcir: "No
me gsta, me equivoqué, tengo que comprar otra': La
madre respond: "Si l elgste libremente a pesar d no
se te veía bien, si insistste en tenerl, te toca usarl ha­
ta que se gate. Mienta tanto no podrá tener ota.
Cuand uno elige algo, l toca aumir l responsabili­
d d cumplir Aprend d eso que te ha paa ahora
con tu ropa para que l apliques a tu estdio, a ts
amistads, a t vid. No pueds dare llvar por el
capricho y el gto. Ser responsabl para ti ahora es dr
ls resultads que esperamos d ti en O estdios y en t
fración personal': O
llor para vivir los valores
98

Etimológicente, el término responsabilidad viene de
"res sponsa : el anillo que simbolizba la unión del esposo y
la esposa a partir del momento en el que formalizban su
compromiso. L responsabilidad es la cpacidad de respon­
der a las expectativas que se crean a partir de determinados
vínculos, sean failiaes, laborales, faternales, sociaes o pr­
venientes simplemente de una promesa hecha a sí mismo o a
otros; no cualquier respuesta a esa expectativa, sino la pro­
pia de una persona que se esfer esmeradamente por cum­
plir con lo prometido.
El que lleva a buen término sus obligciones, lo hace
desde los valores que le ayudan a ser responsable: trabajo,
entusiamo, creatividad, seriedad, dedicación, estabilidad,
efcacia, etc. L responsabilidad no llega necesariamente con
los años o con la experiencia. L persona se hace responsable
al aprender a cumplir sus obligaciones y deberes lo má es­
pontáneaente posible, aunque a veces entienda que lo hace
por obediencia a unas norma o pactos. Eso no le quita mé­
rito a la acción, como tampoco lo quita la desgana con la
que a veces acompaña el cumplimiento de sus deberes.
Fernando Corominas (en Educar ho) sostiene que la
mejor edad paa arraigar la responsabilidad se sitúa entre los
7 y los 11 años, porque se vive un período sensitivo que
facilita su cumplimiento: aor a la j usticia, disposición a
ayudar, deseo de queda bien y afán de superación. Eo faci­
lita realizr con perfección los compromisos adquiridos.
Ser responsable es saber asumir las consecuencias de los
propios actos. En este sentido, la vida familiar está llena de
Algunos valores básicos en la fmilia
99
continuas situaciones en las que los padres pueden contri­
buir decisivamente a que los hijos se hagan responsables. Por
ejemplo, al hacerles ver que cuando eligen algo (una cosa,
una actividad, una relaci6n) tienen que saber por qué lo ha­
cen, cómo lo hacen y hasta d6nde llega su compromiso con
ella, y no al dejarlos seguir el capricho, la arbitrariedad o
simplemente lo que les resulta más c6modo. Todo ello im­
plic un ejercicio de la autoridad que ayude a los hijos a
cumplir sus compromisos y terminar bien la cosa, a no
dejarla empezda.
Mucha veces, tener que hacer cosa que no nos gstan
en principio es una buena escuela para madurar la responsa­
bilidad. Por ejemplo, cuando el hijo no quiere hacer sus ta­
reas escolares, cuando no quiere estar con los demá en la
caa, cuando tiende al aislaiento o a la indiferencia fente a
cierta costumbres failiares, hay que hacerle ver que para
legar a hacer lo que uno quiere, hay que recorrer el camino
de hacer mucha cosa que no necesariamente nos gustan.
L importante es contar siempre con algo de motivaci6n
para hacerla, una ra6n que le dé sentido a la acci6n: pensar
en lo que se quiere llegar a ser, relacionarlo con la felicidad
que se le causa a los demá si uno hace la cosa bien. Tam­
bién la preocupaci6n por los demás es una fente inspiradora
de actos responsables.
No s610 los hijos, sino prácticamente todas las persona
tenemos que aceptar responsabilidades baadas en decisio­
ne que otros han tomado por nosotros y eso no signifc ser
esclavos de nadie. L vida se encrga de darnos una deter-
Vlor para vivir los valores
1 00
minadas "cartas" en las que se combina lo que nos viene dado
con lo que asumimos por decisión propia, y en abos cos
se vive el valor de la responsabilidad, como una fente de
libertad. Si se actúa responsablemente, se aprende a no d
excusas por lo que sale mal y a no cargar con nuestras res­
ponsabilidades a los padres, profesores o compañeros.
1 cierto es que aprender a tomar decisiones propia
adquiere una mayor urgencia en la enseñanza de la respon­
sabilidad hoy en día. Si se aprende a hacerlo, se podrá con­
quistar una mayor autonomía y ser más consciente de la
fortalezs y debilidades. Ate la pregunta de "¿Qué hago?", a
veces la mejor respuesta es "¿Qué piensa que debes hacer?"
Eso evita que las personas se j ustifquen porque estaban ha­
ciendo algo que no decidieron hacer, sino algo que les impu­
sieron, se trate del estudio, de las amistades o de su fturo
profesional.
L responsabilidad no se limita a cumplir deberes. Va
más allá. Como tiene por meta la excelencia, requiere, ade­
más de un sentido de la obligación adquirida, la libertad
para cumplirla y la libertad para realizrla creativamente. L
llamada de la responsabilidad, en cualquier ámbito de la vida
o en cualquier edad, no implic sentirse coaccionado o mo­
tivado sólo por la obediencia a una norma. Hay que vivir eso
con iniciativa y con un gran sentido de libertad interior (que
no son incompatibles con las normas) .
Como afrma López Quintás en El libro d ls valres "Si
la responsabilidad implica siempre una respuesta positiva a
un vaor, tenemos una clave certera para discernir cuándo
Algunos valores básicos en la familia
1 01
somos de verdad responsables. Si un niño se consagra al es­
tudio para obedecer una orden de su padre, pero no logra
aceptar por cuenta propia el valor que entraña el adquirir
una formación adecuada, podemos decir que es obediente,
aplicdo, tena, pero no que se porta de una forma respon­
sable".
L persona responsable aprende así a asumir las conse­
cuencia de sus acciones, incluso cuando son negativas; como
se toma en serio lo que hace, piensa muy bien todas las ac­
ciones que va a ejecutar antes de iniciarla, es decir, se apoya
en la refeón serena de los hechos. Y hace todo lo posible,
desde el principio, paa que la tarea se haga bien.
Los antivalores que se deben combatir son el descuido,
la irrefexón, la inmadurez, el desinterés por lo que se hace y
la precipitación en el obrar, que impide el logro de los obje­
tivos y afecta negativamente la relaciones con los demás.
� Lrespeto
E tener conciencia del vaor del propio ser y del ser y la
dgnidad de los demás, para poder comprenderlos y aceptar­
los, dejándolos actuar, siendo tolerante con ellos, de acuerdo
cn su condción y con la relación que han establecido con
nosotros.
o Julidn es un hombre mchit y preotnte. Ai se
educó y ai a con su esosa Luda y con Mhios, qu
estin en l univerid Wve sól para su tabajo d
Vlor para vivir los valores
1 02
analista fnanciero en una multnacional. Los ve d
carera ls fnes d semana, cuand no está d viaje.
Pero no dialga con ells y no tiene e cuenta su opi­
niones. Se limita a tatar d imponerls su mod d ver
l cosa, sin oir l que piensan. E muy eigente y duro
con sus hios a l hora d pedirls resultads en su est­
dios y ls tata como menores d edd. Ells se han id
distanciand d su padre y ven cómo l mamá agant
l fl afctva y ls atopells contantes d su papá.
Para no complicarl l vid a su mamá, cuentan su
probl intimos a sus meores amigos. Ca vez tie­
nen menos gana d estar en caa, sobre tod a l hora
en que está presente su padre. O
El respeto es, ante todo, el valor que nos permite convi­
vir con las demás persona (es posible, por supuesto, exten­
der este respeto a la naturale, a los objetos entre los que
vivimos, pero no es su signifcado esencial) . Y se trata de un
valor que está en crisis dentro y fera de la familia. Una de
la posibles causa de esto es la idea equívoca, difndida por
los medios de comunicación, de que es necesaria la igualdad
para no provocar trauma en los hij os, de que es un error
exigir disciplina y obediencia, lo que inevitablemente con­
duce al irrespeto y a la desatención a las jerarquía.
El respeto se refere directamente a la manera como valo­
ramos a la persona y está fndamentado en el reconoci­
miento de la dignidad de cda uno de nosotros, a pesa de
las diferencias y particularidades. No es el temor reverencial
Algunos valores básicos en la familia
ni el serilismo. Implica más bien la obseración de los dere­
chos que tienen todas la personas a ser respetadas y tolera­
das. "Siempre es más valioso tener el respeto que la admira­
ción de las persona" (Rousseau) .
Pero la dignidad de la otra persona implic de algún modo
la dignidad propia. El respeto hacia los demás únicamente es
posible si yo me respeto a mí mismo: respetar mi cuerpo,
valorar mi propia vida, tener autoestima. El respeto a sí mis­
mo fortalece el respeto a los demá y éste, a su vez, nutre
aquél.
De nueo, el afanzmiento de este valor se inculca a
través del ejemplo, es un objeto de aprendizje: si los hijos
ven que sus padres se respetan entre sí, entenderán má fácil­
mente el respeto que deben tener hacia sí mismos y hacia las
demás persona con las que se relacionan. Por esto, una de
la relaciones fndamentales, si no la principal, en la que
resulta necesaria la formación de este valor es la relación que
une a los padres con los hij os.
El respeto, que es ago que todos merecemos, se incre­
menta por el ejercicio de comportamientos concretos. Esto
signifc tomar una actitud activa, no paiva. Hacer y no
esperar a que nos hagan. L personas que se respetan de
verdad entran en interacción, no se quedan al margen de los
hechos, en toda sus distinta relaciones: failiares, sociales
y laborales.
No obstante, el respeto no implic una tolerancia ilimi­
td; no se trata de permitir que una persona diga todo lo
que quiera (sea verdad o mentira) de cuaquier modo. Hay
1 03
Vlor para vivir los valores
1 04
que buscr un equilibrio entre lo que se dice y las circuns­
tancias en que se expresa. Por eso es importante la valoración
de las circunstancia. El respeto a los padres se ejerce en un
ámbito y circunstancia diferentes a que se ejerce frente a
un profesor o ante un amigo. En ete último cao puede
haber supuestos de familiaridad y confan que no necesa­
riamente se d con el profesor.
A medida que pasa el tiempo, que paamos de la infancia
y la adolescencia a la adultez, nos damos cuenta de que una
parte de ese respeto es el respeto a la intimidad. Y a este
respecto se debe dirigir la educación de este valor. David
Isaacs propone apectos que se deben tener en cuenta con
los hijos más pequeños con miras a educarlos en el respeto,
como enseñarles que cada persona es diferente, reconocer en
cada persona sus particularidades, no "rotularlas", no
discriminarlas, no criticrla, en otra palabra, a actuar po­
sitivamente a favor de los demá, a tenerlos en considera­
ción. Por supuesto, esta orientaciones son también válida
para el joven y el adulto, que también se encuentran en me­
dio de un constante aprendizje.
Específcamente, en la relaciones entre los padre y los
hijos, estos últimos les deben siempre respeto y considera­
ción a los primeros. De manera recíproc, los padres tapo­
co están autorizdos para irrespetar a los hijos porque come­
ten determinados errores y mucho menos para censura el
cmino que los hijos deciden toma en agún momento de
su vida, distinto a que los padres proyectaon paa ellos.
Justamente, hay que aprovechar estos momentos para ci-
Algunos valores básicos en la familia
brar el equilibrio que exge una relación en la que no falte el
mutuo respeto (equilibrio que, por lo demás, debe estar ba­
sado en el amor y la j usticia) .
Entre los antivalores que se deben combatir, ademá del
irrepeto, están la intolerancia, el individualismo, la injusti­
cia, el dogmatismo a habla y actua y la desconsideración
con los demá. En cualquiera de estos csos, se maltrata a la
persona, o se logran los objetivos en la vida a costa de lainte­
gridad de los demás.
� L sicrdd
Consiste en procurar decir y actuar siempre con la verdad,
manifestr los propios sentimientos con autenticidad y cla­
ridad, sin complicciones que lleen a la falsedad o al enga­
ño.
o A Enrque, a su dce años, l gt soñr con mil
avmtra, m l que él es el héoe y se l cuent a su
amigos como si fan reals. Con eso lma l atención
a td hora. Peo al mimo tempo tme un gan te­
mor d que Mpares l rerendn por su rendimimto
m el colgo y por esto invmt tod l dicla posi­
bls: dice con fecumca que se l ha perdid l libret
d not, y se eca con faes como "Les juro que me
paó esto': "Les prometo que no volverd a ocrr': etc.
A su profsors ls ha dicho que m su caa no l mtm­
d. y ha epe a manistrls a su pars que ha
1 05
Wlor para vivir los valores
1 06

id a l caa d flnito o que ha salid con tal oto,
pero ningna d l ds cosa es ved O
Muchos problemas entre padres e hijos, y entre compa­
ñeros de estudio o de trabajo provienen de la falta de since­
ridad, de no decir la cosa como son, de no apirar a la
verdad, de no expresar los sentimientos oportunaente, de
fata de franquez y de transparencia, tanto en los actos como
en las paabra. Se producen mucha confsiones, malen­
tendidos, malas interpretaciones, incomprensiones y con ello
faltas de auténtic comunicación.
Este valor actúa conjuntamente con otros valores, como
la sencillez y la humildad. Hay personas que alardean de
sinceridad porque van diciendo por ahí todo lo que pien­
san y creen que con eso es sufciente y que en esto consiste
la sinceridad. Sucede todo lo contrario: al actuar sin consi­
deración pueden hacerles daño a los demá o poner su honra
en entredicho inj ustamente. O, por ejemplo, el personaje
de la farándula que revela públicamente sus intimidades
cree ser muy sincero, pero no tiene en cuenta el contexto
en el que las confesa, porque la verdadera sinceridad exige
manifestar mi pensamiento sin buscr causar determinados
efectos en el interlocutor o en el público que me está escu­
chando.
L niñez es la etapa clave para el dearollo de la sinceri­
dad. Para eto es bueno aprovechar su epontaneidad, su deseo
de comunicarse, de establecer contactos con el mundo, tra­
tando de evitar que mienta o engae aí sea en pequeña
Algunos valores básicos en la familia
cosas O lo haga sin maicia, porque, a la larga, puede afectar
negativamente su conducta.
Corominas dice que el período sensitivo de la sinceridad
va de los 3 a los 9 años, y sobre todo de los 3 a los 6. De los
6 en adelante está más relacionada con la j usticia. Los hijos
tienen un sentido muy claro de ciertos valores de la convi­
vencia y saben que la persona deben decir la verdad. Cuan­
do no la dicen, se d cuenta. Si se les inculca el amor a la
verdad, sabrán combatir la tendencia a la mentira, que es
muy fácil en esa edad, por quedar bien, por fantasía, por
rebeldía, por orgullo, etc. Y, a corregirlos, no hay que tratar­
los de mentirosos, porque quizás están actuando mal pero
sin malicia y sin ser plenamente conscientes de sus actos.
L naturalidad en el obrar favorece mucho la sinceridad.
Entonces, es importante evitar que los hijos sean complica­
dos, que se haga un nudo con cuaquier problema o que se
sientan especiales o más que los demás. L naturalidad va de
la mano de la sencillez y de costumbres austeras en la vida. Si
no se les rodea de objetos innecesarios y se les enseña a no
tener relaciones simplemente por fgurar, adquirirán la con­
ciencia de ser persona comunes y corrientes, que aman la
vida sencilla, en vez de la sofsticación y la apariencias, a las
que tantas persona son proclives hoy en día, inclusive los
padres mismos.
No es sufciente con decir lo que se piensa; es necesario
que nos fjemos en el contexto y que corrijamos nuestros
errores cuando alguien nos hace cer en cuenta de ellos. De
otro modo, cuando hablemos sin medir las consecuencias de
1 07
Vlor para vivir los valores
1 08

nuestras palabra, caeremos fácilmente en la hipocresía o,
más aun, en la calumnia o la difaación.
El conocimiento de sí mismos, saber cuáles son sus limi­
taciones y posibilidades y saber estar en el sitio que le co­
rresponde es ago que los hijos pueden aprender de sus pa­
dres poco a poco, a aprovechar la circunstacia que se va
presentando según la diferentes edades.
Otro apecto para destacr de la sinceridad es el aá por
ser objetivo, sin apaionamientos ni desbordes verbales. Una
persona con una recta estima de sí misma y con respeto por
la autoestima de los demás tiende a ser má equilibrada en
sus j uicios y apreciaciones sobre la conducta ajena y aprende
a j uzgar la propia de manera crític, evadiendo la jactacia y
eludiendo la mutua alabanz en las relaciones con los de­
más.
Cuando se habla de que los hijos aprendan a tener crite­
rio, se hace referencia precisamente a eso: a que por sí mis­
mos, sin que se les tenga que estar repitiendo por qué, des­
cubran la ranes íntima de su conducta, sepan distinguir
lo que está bien de lo que está mal, sepan expresar adecuada­
mente sus pensamientos, opiniones y sentimientos y sepa
j uzgar con lógic después de discernir la situaciones y cir­
cunstancias. Bien sea que se esté hablando con ellos de una
pequeña trampa que cometieron, de su comportamiento
sexual, del uso de la droga, de un problema en el estudio o
de la inconveniencia de una amistad.
Un antivalor que tiene que ver con la sinceridad es la
crítica irrefexiva que degenera en murmuración o en chis-
Algunos valores básicos en la familia
me. Rpetir rumores, cuya certez se desconoce y que sim­
plemente son chismes o maledicencia, desfgura la sinceri­
dad y toma la forma de un antivalor: la injusticia. De la mis­
ma manera en que corregimos la mentira, también debemos
eitar la propagación de la crític destructiva a medida que
ésta aparece; no hay que dejarla paa, sino decir la cosas
por su nombre y manifestarla delate de todo el grupo fa­
miliar, si es el co.
L aceptación de la reaidad y de los hechos es difícil
tanto para los nifos y los jóvenes como para los adultos, en
diverso grado de intensidad y complejidad. Como parte de
la sinceridad, es un apecto muy importante lograr avances
en esta actitud. No se pueden esconder los hechos en una
nube de distracciones y creer que siempre son como yo qui­
siera que feran y no como se presentan reamente. L que
debo aprender es a no engafarme a mí mismo, a no actuar
en desmedro de mi intimidad y de mi conciencia.
"L intensidad con que se puede vivir la sinceridad
-ostiene Isaac en La educación d l virs humana
dependerá de la cpacidad de cada persona por reconocer lo
que es la situación rea. Cuando la situación no tiene ningu­
na contrariedad, es más fácil decir la verdad. Nos interesa
ensefar a los hijos a distinguir entre reidad y ftaía, entre
hechos y opiniones, entre lo importante y lo secundaio en
situaciones fáciles y en la que tienen mayor crga afectiva' .
En último término, lo que más cuenta es fomentar la
sinceridad actuado con sinceridad en la propia vida, a pe­
W de los errores que se comentan, buscdo siempre mejo-
1 09
Wlor para vivir los valores
1 1 0

rar y obrar con autenticidad, es decir, con espontaneidad,
convicción y coherencia.
� L generosidad
Signifca dar lo mejor de sí mismo en cosas, en tiempo, en
dedicción a los demás y en tarea por el bien de todos, con
desprendimiento y entrega.
o Andrea proviene d una fmilia económicamente
pobre, pero gacia al eserz d Rúl su padre, un
tta d tiempo complto, estdia en l universid
En su caa, el dinero apena alanz para l necesid­
ds báica. E buena estdiante y responsabl con el
escao dinero que l dn en caa para su gatos persona­
ls. L mayor d su compañea d curso perenecen a
fmilia muy pudientes, utlizn automóvil para ir a l
universidd y gatan mucho dinero en festa con su
compañeros y en compra para satiscer su caprchos.
A veces, l pagan a Andrea l bolta dl cine o l llan
al club porque se sienten muy a gsto con ell. En alg­
na ocaiones, l compran alna cosa que necesit para
l universid Andrea es muy inteligente y ayud a sus
compañera en ls tabajos d l universidd y en l
elicación d ls tema dicils d cle. O
Generosidad signifca darse, entregarse, desprenderse de
lo que se tiene para pasarlo a otros. "Hay más alegría en dar
Algunos valores básicos en la familia
que en recibir" expresa la frase bíblica. E el valor que se
atepone al egoísmo y al individualismo que se niega a com­
partir, a participar de lo propio en bien de los demás.
Desde la primera infancia hay que combatir el excesivo
apego a las cosas, que lleva a niño a encerrarse en sus j u­
guetes y pertenencias, a los que confere una importancia
excesiva y a los que defende con ahínco. Esa tendencia en
la persona se manifesta de diversas maneras. Por un lado,
expresa el deseo de tener cosas y, por el otro, en concentrar
la atención en sí misma. El afán de tener se convierte en
una deformación en la medida en que se da primacía a lo
material sobre lo espiritual, y la atención concentrada sólo
en sí misma obstaculiza una relación interpersonal en la
que exista un intercambio más equilibrado, más pleno, más
humano.
Para Coromina, el período sensitivo de la generosidad
se sitúa entre los 7 y los 11 años. En los niños, hay disposi­
ción para aydar a los otros, para escuchar, para agradecer.
Sobre todo cuando se dan cuenta de que lo importante es
dar a partir de lo que tiene algún valor para nosotros, no de
lo que nos sobra (especialmente si es tiempo y dedicación) .
Mucha madres y muchos padres son un ejemplo de genero­
sidad, pues dedicn mucho tiempo a sus hijos para cuidarlos
y educarlos y son felices dándose a ellos.
A nadie se le puede criticr por tener cosas, conocimien­
tos o virtudes. El problema no es que tengamos. L proble­
mático es que olvidemos el lugar j usto de las cosas, al confe­
rirles un valor mayor del que verdaderamente tienen. Si las
1 1 1
Wlor para vivir los valores
1 1 2
ponemos al sericio de los demás, los resultados son diferen­
tes y descubrimos que todo eso tiene una mayor utilidad
cuando compatimos.
Una vez más, el papel del ejemplo es decisivo a la hora de
considerar cómo se inculca esa generosidad en los hijos.
Hacerla efectiva relmente implic que se realice con espon­
taneidad y no como fruto de una imposición, pues la gene­
rosidad sin libertad pierde su esencia. Saber vaorar lo que
se tiene, el propio tiempo y apreciar el vaor de los demás
impulsan a la generosidad. Tabién refer la genersidad
-según Coromina- prestar la cosas, ayudarle a estudiar a
un compañero, dejar que los otros elijan primero, dar la
gracias, pedir cortésmente las cosa, cuidar a los hermanos
pequefos, etc. Por parte de los padres, dar ejemplo con aus­
teridad, eitar lo superfuo, saber perdonar y olvidar, actu
como administradores y no cmo duefos, ensefa el vaor
de la cosa, delegar la tarea doméstics y escuchar siempre
a los hijos.
En el hogr, si los hijos perciben que sus padre les d
constatemente, los convierten en el centr de sus preocu­
paciones y está disponibles paa ellos en los momentos más
importantes, comprenden el núcleo central de la generosi­
dad y aprenden la mejor maera de hacerla realidad en ellos
mismos. Todo lo demás es secundario. E como cuado hay
fortale aectiva en las relaciones entre padres e hijos, que
sire de apoyo fente al resquebrajaiento provocdo por
los descuidos, por el ambiente negativo o por el mal ejemplo
circundante.
Algunos valores básicos en la fmilia
Pero si los hijos ven que sus padres no tienen tiempo
para ellos, encontrarán una contradicción cuando éstos les
pidan que sean desprendidos, que pongan interés en lo más
importante para su vida, que se preocupen por los demás.
Como siempre, debemos procurar ajustar nuestros actos a
nuestra palabra.
L generosidad, por otro lado, consiste también en el
uo justo y racional de la cosa y el dinero. Actualmente,
hay en la sociedad una gran tendencia al consumismo, a la
búsqueda del placer sensitivo y la comodidad material, lo
que deriva mucha veces en la acumulación de objetos su­
perfuos. Esta situación no permite ver la necesidades de los
demás.
Es bueno hacer ver a los hijos que muchas veces ellos
tienen lo que a otros les falta y que los desequilibrios en la
sociedad empien, de algún modo, con esa inequidad. Esto
puede ayudarles a ser más sobrios y más genersos con sus
cosa y a eitar el despilfarro; a cuidar las cosa, no tanto
como sus duefos sino como los usuarios que un día -por
una u otra circunstancia- pueden dejar de tener acceso a
esa cosa que ahora tienen en abundancia.
Los antivalores que hay que combatir son la avaricia y la
mezquindad, que se encuentran muy cercnos al individua­
lismo y al egoísmo, en los que hay que pensar no sólo con
respecto al dinero, sino también con respecto al tiempo, a
los tlentos y al afecto.
Por último, la generosidad tiene que ver, más profnda­
mente, con e sacrifcio como una oportunidad de crecimien-
1 1 3
llor para vivir los valores
1 1 4
to persona. Tanto un esfer menor como un esfer pro­
longado para superar contrariedades y difcultades son una
buena escuela que da raíces fertes a la persona genersa. En
esto hay un largo camino por recorrer en las actitudes educ­
tiva de los padres. Muchos creen que lo idea es que los
hijos no paen por las necesidades que ellos paaron y les
siren todo en badeja de plata, pero cometen un gran error,
pues de esta manera los están privando de la oportunidad de
acceder a una fente de realizción personal. Siempre es bue­
no preguntarse, en cada co, si éste es el mejor caino.
� L fore
Signifca tener la frmez o fer de ánimo que le permite a
la persona superar difcultades, temores y adversidades y
arontar riesgos fturos.
o Jorge creció en un hogar en el que no se conocen ni el
dlr ni l dicltas; es el mayor d cato hera­
nos, tiene 20 años y su padres siempre l evitaron tods
ls sufmientos. Comenz a estdir Ingeniera Cvil
pero es muy perezso con su dber universitaros. A
dura pena paó ls 3prmeros semestes. Un dla llgó
a su caa dspués d cle y se encontó con l notica d
que su pare habla muerto en un accidnte aéreo. El
avión prvad d l compañia petolra d l que era
presinte se accidntó en medio d una torenta. Jorge
se drumbó ante l noticia y se ence"ó en su habita-
Algunos valores básicos en la fmilia
ción a llrar Al rato, bucó a su madre, que tmbién
estaba dstoz por l tagedia, y l dio: "Mare,
ahora me toca a mi': O
Aparentemente, la fortalez es un valor para ser vivido
cuando ya la persona tiene una cierta experiencia de la vida y
una resera anímics e interiores para afontar determina­
das difcultades. Pero no. Es de esos valores que se deben
inculcr desde temprana edad, precisamente para que se ad­
quiera adecuadamente esa experiencia y se sepan afrontar los
problemas que se presenten en la vida.
Se puede ser muy ferte fsicmente y muy débil inte­
riormente. Eso es lo que llama la atención en cierto tipo de
personas hoy en día: cultivan el cuerpo en demaía (ejercicio
fsico, aeróbicos, deportes de alto riesgo) , pero no cultivan
con el mismo interés los valores de índole espiritual. Son lo
que Guitton denomina "subalimentados del espíritu". Per­
sona dominada, a veces, por la fojera y la perez o la me­
diocridad para afrontar su estudio, su trabajo, sus relaciones
y toda suerte de obstáculos que se les presentan.
L fortalez está al alcance de todos, no sólo de los hé­
roes o los santos, en quienes es manifesto ese valor. Este
valor se cultiva día a día. Y para esto es necesario invertir las
energía fsicas, mentales y espirituales (pero frmemente
ancladas en convicciones personales: los principios) en al­
CZ pequefa metas.
El ejercicio de este valor se lleva a cabo en muy diversa
circunstancias y, como dijimos, no en una etapa de la vida,
1 1 5
llor para vivir los valores
1 1 6

sino en todas, a cada momento. L fortaez es el convenci­
miento de que hay que superar la pere de ponerse a estu­
diar o trabajar y el desánimo que nos aalta ate la difculta­
des y de que el cumplimiento de los deberes más sencillos
fortalece la voluntad y el ánimo para la ocaiones en que
hay que afrontar difcultades más seria.
El afanzmiento de este valor resulta de vencer el temor
al dolor fsico, a perder el j uego o a fracar en un exen.
Ahí cuenta mucho enseñar a valerse por sí mismo, a no dejar
que la imaginación invente obstáculos que no existen o que
engrandezca los que ya existen. L sobreprotección de los
padres que no quieren que los hijos pasen difcultades o que
se sientan solos produce en ellos inseguridad e indecisión.
L fortale, apoyada en un j usto concepto de sí mismo
sin que derive en orgullo, ayda a enfrentar el temor ante la
adversidades de la vida, sobre todo la ineperada. Y, desde
luego, a aceptar los propios defectos y faques, sin dejar de
luchar por superarla. Por otro lado, este valor evita que la
persona sientan una falsa compaión por sí misma, que
justifquen sus debilidades o que se quejen ante la menor
difcultad. Hace fata controlar los propios impulsos y la
tendencias, para no dejarse arratrar por ellos cuando tien­
den a empobrecernos (escpismo, faciismo, flosofa del éito
material, fojera, abandono de los deberes contraídos, falta
de compromiso, indiferencia ante los problema sociales) .
En fn, es el esferzo por vencer la apatía y la paividad ante
lo que entraña un cierto grado de difcultad.
Uno de los modos de inculcar este valor es, por ejemplo,
Alunos valores básicos en la familia
la consolidación del "espíritu deportivo".
É
ste es muy salu­
dable para el fortalecimiento de la persona. Practicr algún
deporte puede fortalecer la vivencia de valores y virtudes que
se aocian a la competencia y al deseo de triunfar, pero lo
más importante es crear la conciencia de que lo esencial no
e gna o perder, sino convivir, paicipar y aprender de otrs.
Hay que tomarse en serio el j uego y al mismo tiempo saber
vivir con ese espíritu deportivo la otra actividades cotidia­
na, es decir, poner en ella ese mismo espíritu de competen­
cia y de superación, capa de vencer el desaliento, el cnsan­
cio y la fatiga corporal o mental. Así, la persona ferte va
templado su ánimo con el pao del tiempo, se va haciendo
cpa de aguantar cosa que en un principio resultaban muy
difciles o insoportables.
Uno de los valores que acompañan a la fortale es la
frme, que refer la convicciones propias y procura de­
fenderla con idea y argumentos, lo que tiene que ver tanto
con la comprensión y la fexibilidad frente a las opiniones de
la otra personas, como con la determinación que nace de la
conciencia de los propios actos y de nuestra propias decisio­
nes.
� L jutca
E darle a cda uno lo suyo, lo que le corresponde en virtud
de su dignidad, de lo que es equitativo en raón de su esfer­
Z o trabajo y en acuerdo con el ejercicio de sus derechos y el
cumplimiento de sus deberes.
1 1 7
llor para vivir los valores
1 1 8

o Rosamara tene una marca prerencia por su
hia Luca, d catorce años, l segnd d su tes hios.
Para ell, Luca es l m inteligente, l m ordna,
l que 'salva el honor d l fmilia': segn se l reite a
su esposo, a sus hios Ricard y Pedro y a su amiga.
Luca es un "sol" que ilumina su vi. A l hora d ls
premios y reconocimientos en l caa, Luca ls recibe
tods ls d su madre. Los muchachos, en cambio, son
recrminas y l fae que oen con m fecuencia es:
"Si uteds feran como Luca, esta caa sera distnta':
Ano su mard se ha acostmbra a oir esa cosa y
d vez en cand l reclma ddl que no l parece
juto ese mod d actar con ls muchachos, porque esa
comparaciones, en lugar d ayudrls, ls dsmotvan.
Ell se lmita a contestar: ''emos gacia a Dios por
este regal, que compensa l que no hemos recibid con
esos ds muchachos que son tan fjos que no parecen
hios nuestos': O
Conforme pasa el tiempo, en la sociedad ha surgido una
auda conciencia de la defensa de los derechos humanos y
de la necesidad de educar en ellos a las personas (y sobre
todo a las nuevas generaciones) . Y la realización de este obje­
tivo sólo es posible si se logra arraigar en los niños el sentido
de la j usticia. Sentido que no es innato en la persona pero
que, como se ha insistido con otros valores, se facilita su
aprendizje en la niñez, especialmente entre los 8 y los 1 2
años. Esto no quiere decir que no exstan antes intuiciones
Algunos valores básicos en la fmilia
del mismo, captado a través del ejemplo de los padres y del
trato con la personas que forman parte de la vida del niño
en esa etapa.
El derecho comprende unas norma que buscan instau­
rar, basadas en la activa aplicaci6n de la j usticia, la conviven­
cia y la armonía socia. No obstante, nos interesa ahora re­
cc el apecto subjetivo de la justicia, el que le toca a cada
persona. Pues la j usticia es un valor ético, en el que se conju­
gan la conciencia y la libertad para descubrirla y, a partir de
ahí, ejercerla.
Para empezr, en la justicia es vital la consideraci6n del
bien de la otra persona. E un valor claramente interactivo,
en el que interenimos en la vida, no s610 la nuestra, ni la de
nuestro posible interlocutor, sino la de otras personas con las
que no estamos relacionados directamente. Y la idea que
subyace a este valor es la de que cda persona tiene los mis­
mos derechos que yo, de que estamos en un plano de igua­
dad. Cuando alguien presta un libro (por ejemplo) a otra
persona, ésta debe deolverlo, mucho más si lo pierde, por­
que debe haber un equilibrio entre lo que se da y lo que se
recibe.
La j usticia implica un entramado de relaciones: de las
personas entre sí, del grupo con ellas y de ellas con el
grupo.
L norma que ha instituido la sociedad, y que se deri­
van de la conciencia colectiva de la j usticia, se pueden enten­
der como la reglas del j uego que existen para regular las
relaciones humanas y que defnen que existen cosa en las
1 1 9
llor para vivir los valores
1 20
que yo ejero mi derecho de propiedad y otra sobre la que
todas las persona, en conjunto, lo ejercen.
L conciencia de esa desigualdad se da, por ejemplo, en
la adolescencia, cuando el j oven se rebela contra la injusticia
que descubre en el comportamiento de sus padres. En estas
ocaiones es preciso que haya equidad en el trato y reconoci­
miento de los derechos y de los deberes. En último término,
los hijos deben aprender a actuar j utaente en la diferen­
tes circunstancia y con la diferentes persona, teniendo en
cuenta su situación correspondiente y los derechos particu­
lares que esa situación admite. Por ejemplo, comprender que
el respeto a los compañeros responde a un trato equitativo
entre iguales y que el respeto a la persona mayores tiene un
componente adicional que está sujeto a la edad y a la cir­
cunstancia de dicha persona, aunque haya persona con
la que se pueda prescindir de la formalidades habituales. Y
con éstas no nos estaos refriendo a la frialdad y la dist­
cia en el trato, sino más bien al respeto, la cordialidad y la
consideración por el otr, incluso mucha veces informal.
Progresivamente, se descubre y se ayuda a consolidar la
idea de que formamos parte de grupos sociales que estable­
cen sus regla o ya la tienen constituidas, y de que la justicia
consiste en ajustar la conducta social a las misma. Así como
en la familia hay acuerdos tácitos o explícitos, moderados
por los padres, en los demás grupos sociales (la escuela, el
barrio, la sociedad) se dan también esos acuerdos, y cda
persona actúa en ellos como compañero, vecino o amigo, o
ciudadano. A medida que es más grande el grupo, exige de la
Algunos valores básicos en la fmilia
persona un sentido de la j usticia más maduro y más profn­
do. Esta justicia está encminada a defender los derechos
humanos hata el punto de comprometerse en causas que
signifquen una protesta consistente y frme para la defensa
de quienes son maltratados de cualquier forma: explotación
económica indebida, abusos sexuales, violencia intrafamiliar,
violencia armada, desigualdad social, etc.
Se oponen al valor de la j usticia, la parcialidad, el favori­
tismo, la arbitrariedad y la deshonestidad. Igualmente la
impunidad, que es el síntoma de una defciencia de la j usti­
cia; ante la justicia todos somos iguales, y sobre todos debe
caer con igual intensidad su peso, tanto en los fallos a nues­
tro favor como en los fallos en nuestra contra.
� L aistd
Es el afecto personal, puro y desinteresado, generalmente
recíproco, que nace y se fortalece con el trato mutuo y con el
intercmbio de bienes espirituales y materiales.
o Jun y Octavio cecieron juntos (su fmilia son
amiga dsd tiempo atá): ahora viven en el mismo
baro, estian en el mismo colgo, tienen cai l mis­
ma afciones � en realid cad uno d ells tata al
oto como a un herano. Etian juntos, saln juntos,
juegan juntos, hacen plnes con su amistas juntos. A
veces, l noche ls sorrend hablnd lrgamente d
su cosa. Se tenen una confanz ilimitad. Juan l
1 21
Wlor para vivir los valores
1 22
cent a su amigo que ha empez a padcer unos
feres dlres d cabez que l dicultan concentare y
estdiar El médico l ordna hacerse unos edmenes d
lboratoro y un elctoecelgama. Alra con
ls resultads, el médico llma a su padres y ls comu­
nica l dlrosa notca: Juan tene un tmor cerebral
d pronóstico reservad. Los nuevos exdmenes dmues­
tan que es maligo y que hay muy poca posibilids
d que sobreviva a ese mal. Los pares dcdn conver­
sar con su hio y contarl l verd
É
l ls pid que l
cuenten a Octvio porque no se siente con l ferz
para hacerl. Y ls pid que, por fvor se aegren d
que Octavio tenga tod l fclids para continuar
su estdios, pues sabe que su fmilia estd viviend di­
cultads económica sera. O
Aistóteles le recuerda a su hijo Nicómaco (en la
É
tica
que lleva su nombre) que "la amistad es lo más necesario
para la vida". Idea que responde a una necesidad fndamen­
tal para toda persona. Se trata de un valor que comprende, a
su vez, varios valores y que pone a prueba muchos de ellos.
Podemos decir, sin exageración aguna, que C una de las
forma de manifestación del amor humano, presente en la
familia y en los diferentes grupos sociales.
De algún modo, la amistad es un valor que se adelata al
resto de vaores: si la amistad penetrara a fondo las relaciones
interpersonales, no veríamos tantos atropellos a la intimi­
dad, a la j usticia, a la equidad, a la tolerancia y a la pa. Los
Algunos valores básicos en la familia
bienes más imponantes de la vida no son de orden material
ni tienen precio, aunque necesitemos de medios materiales
para disfrutarlos: el aor, la libertad, el trabajo.
En el co de los hijos, es imponante que aprendan a
tener amigos y a hacerse amigos de la personas sin discri­
minarla por su condición social o económica. El tipo de
centro escolar en el que estudian y el círculo social en que se
mueven mucha veces limitan sus aistades. Es bueno que
puedan sociaizr con niños y muchachos de otras clases so­
ciaes y de diferente situación en la vida. Eso les abre la men­
te y el coraón.
Los niños empiezn a valorar la amistad desde el hogar,
cuando sus propios padres o sus hermanos son sus primeros
amigos. A comienw, cuando los hijos aún son pequeños,
la amistades están muy vinculadas a parientes, conocidos y
otros niños del colegio o escuela, es decir, seleccionados por
su padres de una u otra manera. Pero llega el momento en
que los hijos van escogiendo sus propios amigos. En la ado­
lescencia y j uventud surgen normalmente los amigos que
durarán toda la vida. De aí la imponancia de desarrollar
este valor a máimo tempranamente.
En un principio, la amistad se reduce a una relación más
o menos frecuente en la que hay unos intereses comunes de
estudio, juegos y afciones. Más adelante, va unida al descu­
brimiento de la intimidad y a hacer panícipe a amigo o
aiga de esa misma intimidad. Ya requiere un mayor cono­
cimiento, entran en j uego los sentimientos y la valoración
de la persona entre sÍ. Se trata de una relación interersonal
1 23
Vlor para vivir los valores
1 24
que requiere atención, cuidado, trato y entreg mutua y cons­
tante para que se matenga viva.
Uno de los aprendizjes básicos de la aistad es el de
aceptar a la personas como son, no como nosotros quere­
mos que sean. No podemos ateponer nuestros prejuicios,
nuestro modo de ser y de ver. Eso equivaldría a discrimina a
los otros, a imponer nuetr modo de ser. Hay que trata a
cda uno como una persona con un universo y una historia
distinta a la de uno mismo y a la de la demás persona. Si no,
jaás se comprenderá al otro. "Deja ser a los demá como
son" es el primer aprendije importante de la aistad. No
tratar de imponer nuestro modo de verlos o de interpretarlos.
Hay otro aprendizje importante: vivir a la otra persona
desde dentro. No es un simple conocerse, simpatizr, cerse
bien. E ponerse en la situación del otro ("ponerse en su
zpatos", como reza el dicho popular) .
y un tercer aprendizje decisivo de la amistad viene dado
por la expresión "darse a la otra persona ; nos referimos a la
entrega desinteresada e incondicional. Es el paso más pro­
fndo de la amistad y del amor y, a la ve, el antídoto más
seguro contra el egoísmo, contra la soberbia. Se es más en la
medida en que se da más. "El alma es ric por lo que da"
(Thibon) . Todo esto no es una utopía sino ago que tiene su
origen en la realidad, pero que requiere esfero. Para hacer­
la realidad hace falta pensar más en los demás y menos en
uno mismo.
Para que haya amistad no bata estar j untos, salir juntos,
estudiar j untos, comer j untos, practicar deportes. Hay que
Algunos valores básicos en la fmilia
compartir más que eso, hay que establecer un núcleo común
de intereses y darse a conocer más personalmente, dar algo
de lo que uno llea por dentro, sentir muy de cerc a la otra
persona, aceptarla, comprenderla, atenderla, serirla, dialo­
ga sinceraente con ella, abrirle el alma a veces, confar en
ella, contar con ella, incluso esperar de ella y esperar, al tiem­
p, que la otra persona haga lo mismo con nosotrs.
Hay padres que no son amigos de sus aigos, como hay
compañeros -e estudio o de trabajo profesional- que ta­
poco lo son. Sólo cuando surge una simpatía mutua se crean
los intereses comunes y se da lugar a que una persona corres­
ponda a la otra por la que siente esa amistad. Surge la lealtad
con el aigo, la disponibilidad de tiempo.
Cudo apaecen otros factores, como la atracción sexual,
entonces estamos en otro terreno: el del enamoramiento. En
culquier cao, en la aistad se trata de un proceso que ni
siquiera a primera vista es fcil: hay que construirlo poco a
poco, superar difcultades, desengafos, equivocaciones y,
sobre todo, purifcrla de los intereses materiales o mezqui­
nos que frecuentemente se atraviesan por el cmino.
E preocupante que los padres descubra que sus hij os,
en cualquier edad, no tienen amigos. En ociones, sobre
todo si son pequefos, puede haber de por medio falta de
generosidad, aislamiento o fallos en la relaciones con los
cmpaeros. También puede tratarse de timidez o de apatía
por parte del hijo. Suelen ser problema superables con ayu­
da de los maestros, que pueden prmover mayores y mejores
epacios de intercmbio y socializción.
1 25
Vlor para vivir los valores
1 26

Cuando llega el momento, los adolescentes adquieren la
cpacidad de distinguir quién es su amigo o amiga; su for­
mación y su criterio han crecido y han elegido espontánea­
mente a alguien a quien le hacen confdencia que no le ha­
cen al resto de personas. Y saber elegir, en este caso, signifca
hacerlo por el bien que la otra persona representa para uno y
no por sus bienes materiales, o por una mera atracción fsica,
o por simpatía.
En el cao de la familia, es vital hablar de los amigos con
los hijos en el momento oportuno, respetar la esfera de ac­
ción con ellos. Si es posible, se deben organizr actividades
para conocerlos bien y para saber cómo piensan ellos de sus
propios amigos -sin invadir su intimidad-, de modo que
reciban una orientación pero auman responsablemente la
tarea de vivir la amistad como un valor que los enriquece y
los lleva a infuir positivamente en otros. El mejor estímulo
que pueden ofrecer a las amistades de sus hijos es que se
encuentren en una failia unida, donde el cariño entre sus
miembros sea sincero y ferte y se manifeste sin importar
las circunstancias.
En la amistad verdadera se quiere a las persona con un
afecto sincero y limpio de otro interés. Eso hace que busque­
mos su bien y que cuando debamos decirles algo no dude­
mos en hacerlo con fanque y sin herirla.
L amistad auténtica resiste la embestida del tiempo, la
separación y las difcultades. Está apoyada siempre en la leal­
tad, que es su sello de garantía. A amigo se le ayuda, aiste y
apoya en toda ocasión, sobre todo cuando le toca padecer la
Algunos valores básicos en la familia
soledad, la indiferencia o la amargura. Y se expresa en el com­
pañerismo en la escuela y en la empresa, en donde están com­
partiendo hombro a hombro las mismas tarea.
El odio y la enemistad son la antítesis de la amistad, que
daña la relaciones humana y da lugar a la intolerancia y la
incomprensión entre persona y grupos. Llevan a la violen­
cia, la injusticia y el deterioro de la convivencia.
No hay nada más positivo en la vida familiar, en la edu­
cción y en la vida profesional que un clima de amistad que
haga placentero el trabajo y la brega diaria por convenir ese
trabajo no sólo en fente de recursos económicos sino de
realizción y felicidad personal. Por eso se ha dicho con ra­
zón que los amigos son un tesoro, y a ellos se les aplica el
mensaje eangélico de que "donde está tu tesoro allí está tu
coraón". Nadie puede ganarnos en la defensa de nuestros
amigos, porque estaremos defendiendo una de la realidades
más consoladora y necesarias para la vida humana.
En el mundo actual, donde el papel de las comunicacio­
nes masiva es determinante, a veces se echa en falta la rique­
z de la relación interpersonal que se logra en la amistad
auténtica. Todo el mundo va deprisa y parece que no tuviera
tiempo para conversar, para interesarse en los problemas de
los demás, para conocerlos y tratarlos más a fondo, para des­
cubrir los matices de su personalidad, para aprender algo de
ellos y para brindarles lo mejor de nosotros mismos.
"Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse
todo el mundo" nos recuerda Atoine de Saint-Exupéry en
ese canto literario a la amistad que es El Prnciito.
1 27
Wlor para vivir los valores
1 28

� L alegía
E el sentimiento de satisfacción y arado producido por el
goce de agún bien o fruto del amor y de la práctica de las
virtudes.
o José Ricard, a su 22 años, es un auténtico lt
ente su compañeros. Siempre tene tempo para est­
diar con ells y para oir su preocupaciones. Lo bucan
natralmente porque se sienten acogds por su perso­
nalidd sencill y atactva. Y l que má ls atae es su
alga peranente. Siempre está d buen humor y es­
cond l dicltas dtá d una sonra y d un "No
te preocpes, no tene imporanca': A tod l encuenta
el l positivo y optimista. Por su caa dsln com­
pañeros y compañera, conocids y amigos que quieren
estudiar con él o simplmente charlr un rato. A veces
se ve en aprietos para atendrlos a tods. A sus padres
ls agad ver el éxito d su hio con sus amistads.
Detrá d l puerta d su habitación, José Ricard tie­
ne pe un pequeño cartel que tods puedn ler:
"Soñaba y pensaba que l vid no era má que l al­
gia; dsperté y me di cuenta d que l vid no era m
que servico; servi y comprendi que el servicio era l
alg" (Tgore). O
L aegría no es un vaor que se demuestre exteriormen­
te, sino que se vive más interiormente y está relacionado con
Algunos valores básicos en la fmilia
la pa interior y con el logro de un objetivo o con la armo­
na "L alegía e signo de que la vida ha triunfdo" (Bergon) .
y si nos referimos a la familia y a la educción, podemos
afrmar que "L alegría es el clima necesario de cualquier
sistema de educción" (A. Luciani) . Este valor no se consi­
gue de la noche a la mañana y tiene deuda con otros: la
serenidad, el optimismo, la seguridad, la fortalez. De caa a
los demás, puede afrmarse que la alegría es un don que les
ofecemos cuando en nuestra vida hay un constante esfer
por hacerles el bien.
En la educción, el estímulo a la alegría de los j uegos es
muy necesaio. Se pueden vivir los acontecimientos grandes
y pequefos con una dosis permanente de aegría. En este
sentido, el adolescente, que está descubriendo su intimidad,
conoce mejor los motivos de su alegría y de su triste y
aprende que existe una aegría "exterior" y una alegría "inte­
rior". Dado que este el peligro de que el joven confnda la
aegría auténtic con la alegría que proviene sólo de los pla­
ceres, con la que se apla la confontación de situaciones
que a pesar de ser difciles se deben afontar, es conveniente
que haga parte de grupos para eitar el aislaiento y la sole­
dd y, así, compartir un clima que estimule la alegría.
Tabién tenemos que cuidarnos de confndir la alegría
con el ruido, la músic o el desenfreno cracterístico de cier­
tos gpos juveniles. O, en la edad adut, con la adicción al
trabajo. Y, en todas la edades, con e uso de estimulantes
(como el acohol y la drogas) para acnzr artifciamente
etdos etdos de ánimo, pues lo que remente se consi-
1 29
llor para vivir los valores
1 30
gue con esto es, por lo general, estados depresivos y dese­
quilibrios psicológicos que nos impiden cumplir con nues­
tras responsabilidades laborales y sociales. L mera exata­
ción de los sentidos, la euforia fsic o anímica que no tiene
una raíz interior que le dé consistencia, no puede conducir a
la auténtica alegría.
La vivencia de este valor, de un modo estable, como há­
bito permanente, lleva a la "alegría de vivir", es decir, a com­
probar que la existencia humana, a pesar de las difcultades,
del esferzo, del sacrifcio e incluso del dolor, es una aventu­
ra que obliga a la persona a desplegar toda su cpacidad fsi­
ca, anímica y espiritual, en un equilibrio y una armonía que
se consigue a través de la lucha permanente por acanzr la
propia felicidad y por contribuir a la de los demá.
Por el contrario, la tristez está en el extremo contrario a
la alegría. L tristez disminuye la energía de la persona, con­
duce a pesimismo, al negativismo y a la desesperanz, que
es como mirar al mundo con el lente equivocado.
Aunque pueda parecer extraño, hay una estrecha rela­
ción entre la alegría y la capacidad de sacrifcio. Si el niño o
el joven no sabe afrontar con ese espíritu las contradiccio­
nes, grandes o pequeña, que se le presentan en la vida, dif­
cilmente podrá afrontar en el fturo situaciones dolorosas y
no sabrá darle la vuelta a las situaciones negativa. Una per­
sona auténticamente alegre imprime a todas sus acciones y
relaciones un tono sereno, entusiasta, afrmativo, de modo
que los demá sientan al contacto con ella un aliento de vida,
"la alegría de vivir", no una reacción emotiva y pasajera.
Algunos valores básicos en la familia
L alegría es un don que se expresa y nos aiste en la
convivencia. Como el buen humor y el optimismo, su pre­
sencia en la failia revela la unión de sus integrantes; en la
escuela, la solidez de la educción; en el trabajo, capacidad
para suavizr la posibles aperez.
� L auterdad
E la sobriedad en el modo de trabajar y de vivir, que implic
el uso moderado de lo que se tiene y de lo que se disfuta.
o Un dfa, Juan Gillo va con su padre a comprar
l ropa para su nuevo año escolr El niño escoge cuto
pantalnes, que son el unire d su colgo. Al llgar
a l caja dl almacé para que el papd page l centa,
el niño se entera d que ls cuato pantalnes cuestan
sól 80mil pesos � aombra, l pregnta a su papd:
"¿Pero como haces t para comprar con tan poco dinero,
si mi prmo solmente pud comprar uno con I80mil?"
"Porque él est pagand muy caro por l marca, pero ls
ds se ven igl d bie vestds" O
Este valor adquiere una importancia sobresaliente en una
sociedad en la que el constate bombardeo de la publicidad
en los medios de comunicción crea en la gente, muchas
veces, necesidades superfua. Hay una constante invitación
a gt y a consumir. L cosa se compran y se tiran fácil­
mente. Aumenta los productos desechables y los nuevos
1 3 1
�lor para vivir los valores
1 32
modelos que saen al mercdo para reemplar innecesaria­
mente a los anteriores.
L moda y la comodidad tienen el mismo propósito, el
de evitarle cualquier esfero a la persona: y a que ella dis­
ponga de los últimos adelantos de la tecnología: walkmn,
dicn, DVD, computador portátil, teléfonos móviles o
celulares, etc.
É
stos, más los mil espacios de entretenimiento
(videojuegos, sauna, gimnasia, dietas de todo tipo, rayos lá­
ser para broncear la piel, etc.) alimentan una paión desen­
frenada por el consumo.
L infancia y la adolescencia son las etapa en la que se
debe inculcr má insistentemente este valor, porque com­
prende los momentos en que somos má infuenciables. Esto
es notable en el a de adquirir ropa de mac (en todas la
clases sociales, sin importar si pueden o no comprarla) y en
la noción (errónea, por lo demá) de que esos jean, esos
tenis o cualquier otr producto son los distintivos de una
clase social o cultural. De la misma manera, toda la perso­
na imitan modas, se visten de cierta forma, van a ciertos
bares y hablan de cierto modo para ser reconocid como
parte de ciero grupo social. Por esto resulta vit que la aus­
teridad se inculque desde una edad muy temprana: enseñar
a ser generoso, a desprenderse, a tener y también a no tener.
L austeridad del cuerpo es la templaz: la moderación
y la sobriedad en el comer y en el beber. Hace falta ejercer el
autodominio, la voluntad de satisfacerse con dosis pruden­
tes de alcohol y cntidades mesuradas de comida: son noto­
rios los altos índices de alcoholismo en la juventud y, por
Algunos valores básicos en la familia
otro lado, de todo tipo de drogas. Este dominio de sí mismo
será decisivo en la salud durante toda la vida.
Igual sucede con la aparente necesidad de realizr jorna­
d exceiva de ejercicio: "El culto al cuerpo entraa el des­
precio del alma (Thibon) . Sólo con los valores espirituales
se puede construir una vida equilibrada, sin excesos que per­
judiquen su desarrollo normal. Nos encontraos hoy en
medio de lo que Lipovestk llama "El imperio de lo efme­
ro", en el que la cosa reemplan el diáogo, el goce de la
amistad, la contemplación de la naturale, el depone, la
vida en el cpo, la convivencia familiar, la auténtica vida
social.
Paando a los aspectos prácticos, conviene insistirles a
los hijos que los bienes que se tienen y disfrutan suponen
una responsabilidad, un compromiso consigo mismos y con
los demás y, sobre todo, la obligación de usarlos con mode­
ración y j usticia. Todo esto da oportunidad de vincular la
austeridad con la necesidad de ayudar a los que más lo nece­
sitan.
Este valor está estrechamente ligado con la generosidad,
y este hecho se debe aprovechar en su enseñanz. Es decir, se
debe procurar enseñar la diferencia entre las cosas necesa­
rias y las cosas superfuas, las indispensables y los capri­
chos. Y esto es posible al preguntarse continuamente si es
raonable hacer ese gasto o no. De suene que esta vigilan­
cia serirá en las etapas de la vida en las que haya que vivir
con desprendimiento e, incluso, con la carencia de las co­
sa necesarIas.
1 33
llor para vivir los valores
1 34

E indispensable que los padres muestren este vaor en
su propia vida si quieren que los hijos tengan un espejo dón­
de mirarse para sentirse movidos a practicrlo. No pueden
ser demaiado complacientes, ahogarlos en comodidades o
darles demaiado dinero. Má bien, explicrles el valor del
dinero y del aorro y no premiarlos con cosa materiales ni
con dinero, para que, así, aprecien mejor los valores espiri­
tuales. Hay que hacerles ver cuáles son la condiciones en la
que viven y los esferos que han hecho los padres por ellos.
L austeridad, entonces, exige que no nos dejemos arra­
trar ciegamente por los dictados de la moda y la publicidad y
que, en cambio, le conframos a cda cosa su verdadero valor
para, así, formar en los hijos un carácter propio, una perso­
nalidad auténtic.
� Lfe
E la confanz en lo que no poderos ver o comprobar ma­
terialmente, apoyados en la credibilidad en las persona o en
la creencia en Dios.
o Los amigos d Suana y Albero no se elican cómo
en el mund d ho ells han lga que su hios ls
acompañen a misa ls dmingos, bendigan l mesa en
su caa y reen una sóli convicciones religosa, ta­
tándose de muchachos que viven en un ambiente
consumista y rodas d amigos e cuyos hogares hay
carencia d tod tio: padres divorciads, fald reli-
Algunos valores básicos en la familia
gosa, indierencia por l espirtal etc. 'LOS tes hios
estdian f un colgo bilinge y mio dnd no reci­
ben cles d religón': elica Alberto. "Peo dsd pe­
queños procramos drls eempl, sin obligarls a nin­
gn práctca religosa. Les elicamos el valr d l f
para cualuier persona y su relcón con l vid diara.
Dios no es un ser lano que está esperand a ver qué
mal hacemos para catgaros. Ells l agacen y jun­
tos procuramos practicar l f con sinceridd y sin
beatera': O
Desde el comienw, aclaramos que los valores no son un
tema exclusivo de la religión. Sin embargo, tampoco pode­
mos excluir su dimensión religiosa. Y el hecho de que trate­
mos este valor al fnal, lo dota de una signifcación especial.
Entonces nos referiremos aquí, específcamente, a la fe en
Dios, a la fe en su sentido más alto, el valor que lleva a la
persona a aceptar una verdades manifestadas por Dios y a
vivir de acuerdo con ella. Esa verdades y esa creencia le
ofrecen una visión de Dios, del mundo y de sí misma, que le
d sentido a su propia vida y a la relaciones con los demás.
Más aun: la dimensión que este valor le confere a la vida es
determinante en mucha persona, no sólo por la infuencia
positiva en los demá valores sino por la trascendencia que se
refeja en la búsqueda de la felicidad y de la plenitud a la que
apira todo ser humano.
Aquí también el ejemplo de los padres y profesores es un
factor importante. Un clima de sinceridad en la práctica de
1 35
Wlor para vivir los valores
1 36

la fe ayuda a que los hijos la reciban como U don, como
algo que despierta el sentido de la piedad, que incita a ver en
Dios a un padre. No hacen falta grandes ranamientos ni
argumentaciones doctrinales. Ya llegaá el momento en que
los hijos, por sí mismos, se planteen esos tema desde un
punto de vista más racional y crítico. No se trata de impo­
ner, sino de comunic espontáneamente un valor a través
de la propia experiencia.
É
ste es un valor que exige, tal ve como ningún otro,
una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre lo
que se cree y lo que se vive o practic. No es una fe para los
momentos especiales de la vida o para la circunstancia dif­
ciles o extrema: la muerte de un ser querido, una crisis eco­
nómica, etc. E ponerse ate los problema y los gozs de la
vida en una perspectiva diferente -la que da la fe en Dios­
y plantearse la misión de la persona en el mundo. Es un
modo de conocer diferente al de la ciencia pero que no se
alej a de la cotidianidad: el estudio, el trabajo, el ocio, la
amistad, etc.
Los valores éticos, bajo el aparo de la fe, reciben una
garantía moral de orden superior, una motivación que ani­
ma a vivirlos en presencia de un tetigo superior a nosotros
pero en íntima relación con nosotros. L fe orienta hacia los
demás, nos llea a valorarlos fraternamente y con un amor
que se convierte en caridad, entrega y sericio. No se trata de
un tranquilizte para la conciencia sino de un depertador
de la conciencia que nos guía para que seamos persona más
auténtic cda día.
Algunos valores básicos en la familia
L práctics que abarca la vivencia de la fe se maduran
con el paso del tiempo y tienen el respaldo de un conoci­
miento que resulta del estudio de las verdades propias de la
religión. Cada uno irá confrmando libremente lo que ha
recibido desde pequeño y lo convertirá en una convicción
profnda. El papel de maestros y profesores complementan
lo que en el hogar comienz como costumbre y ejemplo.
Serir de ejemplo, profesar la fe actualmente, constituye una
tarea nada fácil. En el mundo en el que vivimos prlifera la
gente que vive como si Dios no existiera y en él reinan la
inmoralidad, la corrupción y los antivalores que promueven
nueos ídolos de viejo cuño: el dinero, el poder, el placer.
Un compromiso de fe auténtica es un llamado a construir
un orden social más acorde con la j usticia y, en el caso de los
cristianos, con el Evangelio, a pesar de que haya que ir mu­
chas veces contra la corriente, pero siempre en un clima de
respeto y tolerancia.
Si una persona tiene fe, se notará claramente en su ma­
nera de actuar, sin necesidad de acudir a manifestaciones
clamorosas sobre aquello en lo que cree y sin sentir com­
plejos de inferioridad frente a la arrogancia de los incrédu­
los. Y quien vive su fe plenamente no puede ser aj eno a las
circunstancias del mundo de hoy, debe dar un testimonio
de austeridad, de honestidad y de solidaridad con el nece­
sitado.
L crisis de identidad de la que tanto se habla tiene que
ver tabién con la fata de fe y de autenticidad en su prácti­
c. E parte de la crisis de valores de la que hablamos al prin-
1 37
Vlor para vivir los valores
1 38

cipio de este libro. Mucha gente no vive de acuerdo con lo
que piensa y cree sino que piensa y cree de acuerdo con la
manera como vive, es decir, acomodando la fe a circunstan­
cias momentáneas, según las ideologías que venden los me­
dios de comunicación, que manipulan (con propósitos mer­
cantilistas) los conceptos de lo "normal", lo "j usto" y lo
"ético" .
L palabras "fe" y "fdelidad" tienen el mismo origen. A
una persona con fe, la fdelidad le exige una personalidad
con criterio frente al desconcierto, que es lo que los hombres
de hoy sienten ante la decadencia moral de una civilizción
en la que hay má gente, más ciencia y má progreso exter­
no, pero que no se traduce en un mejoramiento cualitativo
de la condición de vida plena. "Los cristianos no nacen, se
hacen", dice la conocida afrmación de Tertuliano, que nos
invita a ver todos los acontecimientos en el horiwnte de la
esperanza. Esta virtud debe estar siempre apoyada en un sen­
tido realista de la vida, que lleve a un tono de vida enraizdo
en una fe activa, experimentada con sinceridad, esfer y
audacia y con la confanz en que la humaidad está guiada
por Dios.
Cómo desarrolla
los valores en
la familia
7
H
asta ahora hemos insistido en que lo más importante
es la vivencia práctica de los valores. La teoría que se
teje alrededor de los valores sólo es útil si se convierte en una
base que nos brinda herramientas para saber actua. Y esta
experiencia comprende distintos aspectos y diversas etapas
que dependen unos de otros.
Como hemos mencionado, la enseñanza de los vaores
comienz desde la infancia. Cuanto antes se empiece, se evi­
tarán más problemas en el fturo. Fernando Corominas (au­
tor cuya ideas utilizamos a lo largo de este libro) nos recuer­
da en su libro Educar ho que en los niños hay unos " instintos
guías" (respirar, llorar, caminar, imitar) y, asimismo, una in­
teligencia y un conocimiento innatos que los llevan a apren­
der, por ejemplo, un idioma a los 3 ó 4 años y a incorporarlo
naturalmente, sin gramática alguna. Les basta convivir estre-
llor para vivir los valores
1 40

chamente con otra personas y ahí van entendiendo e imi­
tando. Esos "instintos guías" también actúan en la voluntad.
Instintivamente, los niños captan el orden, la sinceridad, la
j usticia, una serie de valores que luego comprenderán racio­
nalmente en el aprendizje.
Los instintos guía se combinan con los "períodos sensi­
tivos", no voluntarios, en los que se tiende necesariamente a
realizr determinadas acciones. Los "períodos sensitivos" que
tienen que ver con la formaci6n han sido objeto de recientes
investigaciones pedag6gicas para poder utilizrlos en la edu­
caci6n, haciéndola más fácil y efca en sus objetivos. En la
persona, esos períodos son lapsos de tiempo que la disponen
a una acci6n y que dependen de la voluntad. Por ejemplo,
un niño de 7 años está en el período sensitivo de aprender
matemática. Si se deja paar ese momento, le costará mu­
cho más esfero después. L mismo le ocurre con el idioma
(a los 3 6 4 años) .
A principio, son hábitos que se ejercitan mecicmen­
te, pero a medida que M paa del adiestramiento a la instruc­
ci6n y a la educaci6n en el proceso interiene más decidida­
mente la voluntad.
Lo anterior se aplica perfectamente al campo de los
valores. Si se aprovechan los períodos sensitivos, que en el
ser humano se presentan más o menos hasta los 20 años,
se logrará que en la persona se arraiguen unos hábitos que
luego será más fácil vivirlos, así como ocurre con los co­
nocimientos y el estudio, o incluso con el desarrollo fsi­
co.
Cómo desarrolar los valores en la familia
1 41
E importante conocer estos períodos y aprovecharlos al
máimo. Su desconocimiento llea a la pérdida de una opor­
tunidades preciosas para que se logren objetivos que de otra
manera resultan más difíciles de conseguir, además de tener
que eludir la tentación de los vicios y el arraigo de los
antivalores.
Si el aprendizje en la niñez se orienta hacia la adquisi­
ción de hábitos buenos, se podrán ir afanzando los valores.
L hijos los ven en sus padres y maestros, los relacionan con
lo que hacen, se les inculc con bae en aplicaciones muy
práctic y van haciéndolos suyos. No quiere decir que de
aí en adelante les sea siempre fcil vivirlos o que no tengan
que hacer esfer alguno para mejorarlos. No son máqui­
na SInO persona.
Segn las diferentes edades de la persona, especialmente
la infacia, la adolescencia y la j uventud, la enseñanz de los
valores presenta opciones educativas que si se saben aprove­
char bien en la creación de hábitos y en el desarrollo de acti­
tudes, facilitan muy positivamente su continuidad y fortale­
cimiento en la edad adulta.
Hay unos valores que, por su naturalez, se arraigan más
oportunaente en la infancia, como el orden, la sinceridad
o la generosidad. Otros, como la aistad, el patriotismo o la
justicia, tienen en la adolescencia el período sensitivo ade­
cuado. Y si se trata de la prudencia, la lealtad o el optimis­
mo, cuentan con un terreno más abonado entre los 17 y los
20 años. En nada de esto se pueden dar reglas defnitiva,
pero es interesante ver cómo la educación de los padres y de
Vlor para vivir los valores
1 42
la escuela tiene ahí un papel muy activo para que los valores
echen raíces duraderas.
En la edad adulta ya no se cuenta con esos períodos sen­
sitivos, pero en cambio el proceso de racionalizción es más
efciente y la persona cuenta con el bagaje de toda su forma­
ción previa. Y, en cualquier cao, los valores se pueden ad­
quirir siempre, si existen voluntad, motivación y esfero
constantes.
En la familia, la "construcción de valores" sigue caminos
espontáneos e informales. Ellos se comunican sobre todo con
el ejemplo mutuo entre los padres y los hijos. Pero también
es cierto que los padres pueden proponer a sus hijos planes
concretos para fortalecer en ellos la vivencia de los valores,
adecuados para sus respectivas edades.
Cómo se enseñan los valores en la familia
En la familia, el proceso de formación de vaores es espontá­
neo y fexible. Los padres pueden, además, proponerlo abier­
tamente a sus hijos, aprovechando que interactúan con ellos
todos los días. Eso ya es estar en un clima de comunicción
de valores y de enseñanza viva de los mismos a través del
ejemplo y de la palabra. No podemos pensar que el padre
que sabe enseñar los valores a los hijos es quien les dicta cada
día una charla sobre cómo se defnen y cómo se practican los
valores, lo cua sería totamente inadecuado.
Conozco el caso de una familia muy numerosa (de 1 2
hijos) en la que s u padre casi nunca hablaba con ellos para
Cómo desarrolar los va/ores en /0 familia
explicarles cómo se practicaban los valores. Pero el mej or
recuerdo que ellos guardan de su padre son los valores
que les enseñó durante toda su vida. Un día, les pregunté
a los hijos cómo pudo enseñarles valores su padre si nun­
ca habló con ellos del tema. La respuesta fue sencilla:
"Nunca lo vimos actuando de manera incorrecta con nues­
tra madre o con nosotros" . Todavía existen muchos de
estos casos . . .
Una recomendaci6n y una estrategia
Para la efectiva construcción de los valores en el grupo fami­
liar, no sobra recordar y subrayar que los hijos aprenden más
con los ojos que con los oídos. Esto quiere decir que cada
cosa que los hij os ven de su comportamiento es lo que más
afecta el proceso de desarrollo de su personalidad. Todas
las cosa que usted hace o dej a de hacer cuando está con
sus hijos les transmiten un mensaj e que ellos interpretan y
traducen a la práctica personal según su j uicio. Aunque no
tenga la intención de transmitirles algo con sus actos, ellos
siempre están recibiendo pautas de lo que deben hacer o
no hacer. Si no hace lo que tiene que hacer para formar a
sus hijos en los vaiores, puede estar seguro de que otro lo
hará por usted.
Una manera de que los padres interioricen el proceso
para inculcrles los valores a sus hijos es tomar alguno de los
que se explican en este libro y tomar conciencia de cómo
enseñarlo. Veámoslo a partir de un ejemplo:
1 43
Vlor para vivir los valores
1 44
Un hijo comete una acción guiado por un ativalor; di­
gamos que le faltó el respeto a una persona concreta: no sa­
ludó, le quitó la paabra, etc.
Se le hace ver al niño que no se componó de la manera
correcta; lo hiw consciente de que se debe respetar a la per­
sona porque esto hace posible la convivencia. Se le hace ver
con palabras sencilla, sin defniciones ni teorías, sino con
ejemplos, en qué consiste respetar al otro y por qué es bue­
no hacerlo. Esto, como una materia de estudio, también se
puede aprender. Pero hay que corregir primero la conducta
errada. El niño todavía no obra bien, pero ya sabe, o al
menos intuye, que eso no es correcto y que debe y puede
cmbiar.
Se le indic que puede realizr actos concretos que co­
rresponden al valor. En el co del respeto, por ejemplo, sa­
ludar, ser aable con la persona, no interrmpira, etc. Cada
día se obsera cómo el hijo se esfer por vivir esos puntos:
se lo anima, se lo corrige y se lo estimula. Se le hace ver que
actúa correctamente y que así debe hacerlo siempre. Y él lo
empie a hacer de un modo consciente precisamente por­
que se le recuerda y porque tiene que esforarse en cada
momento, así esto exja laga temporada.
A medida que paa e tiempo y se matiene constante el
esfer por ayudarle a vivir e valor, se va a preentar segura­
mente situaciones en que el niño vuelva a mostrarse irrepe­
tuoso con los demás. Eto no tiene por qué cusa una gra
alarma a sus padre. Simplemente quiere decir que todavía no
ha aimilado completamente la conducta correcta, a la que
Cómo desarrolar los valores en la familia
llega actuando inconscientemente, sin que se lo tenga que re­
petir nadie. Cuado la mayoría de las vece su conducta es
correcta, se puede decir que está arrigado en él el respeto
como virtud, es decir, ha adquirido el hábito estable de tratar
a los demás como lo merecen por su condición de persona.
Los vores en relaci6n con la edad
Como ya hemos mencionado, cada valor tiene una etapa en
la vida en que se puede desarrollar mejor. Inspirados en Fer­
nando Coromina, vamos a encuadrar en ciertas etapas los
valores que mejor se pueden estimular, sin que excluyan los
otros valores:
Entre los 2 y los 6 años, las explicaciones sobre los valo­
res son mínimas y elementales. E vital insistir a los nifos en
hábitos muy básicos de orden material: laboriosidad, cons­
tancia, generosidad y sinceridad, enfatizndo de modo epe­
cial este último. Si se acostumbran a decir la verdad, a expre­
sar lo que piensan, a evitar la mentira, les será más fácil la
consolidación del resto de valores.
Entre los 6 y los 10 años, el estudio ocupa un lugar de
primer orden. Si cumplen con sus deberes escolares y asimi­
la las ensefanzs del colegio, poco a poco adquieren hábi­
tos de puntualida, al tiempo que fortalecen la voluntad y se
convierten en seres responsables de sus pertenencia, de sus
horarios de estudio o de entretenimiento.
Entre los 10 Y los 16 afos, hay que destacar, aparte de
la continuidad de los valores anteriormente menciona-
1 45
V/or para vivir los va/ores
1 46

dos, el desarrollo de la afectividad, incluida la educación
sexual y lo relacionado con la amistad y el amor; por ejem­
plo, que sepan distinguir los compañeros de los amigos.
Deben aprender a manej ar su tiempo cada vez con mayor
responsabilidad y autonomía, porque las exigencias serán
cada vez mayores. En la adolescencia, también, es el mo­
mento propicio para introducir valores más complej os
como la j usticia y el patriotismo, estructurar mej or su
carácter recomendándoles sobriedad, austeridad y senci­
llez de vida.
De los 16 años en adelante, el panorama es distinto, por­
que se les debe dar mayor libertad y un espacio más amplio
para el diálogo, sobre todo en lo que respecta a la relaciones
sentimentales y a la lealtad que deben a sus amigos. Es el
momento también de que aprendan a tener una actitud op­
timista ante la vida y a manejar las difcultades con las que se
enfrentarán en la vida adulta.
Consideraciones para tener en cuenta
Para que sea posible la creación de unos hábitos sólidos, que
siran a los hijos para desenvolverse posteriormente en la
vida, hay que tener presente que la educción en valores es
una educación que se brinda pensando en el fturo. No se
trata de que calquen los valores de los padres o que se repitan
las conductas de sus hermanos. Se trata de que sean cons­
cientes de que deben vivir las cosas por sí mismos, con liber­
tad responsable.
Cómo desarrolar los valores en la famila
El aprendizaje de valores se hace efectivo con bae en el
ejemplo, el estímulo y la libertad, no con la fer o los c­
tigos. Una persona que no quiere aprender no aprende. Se
da por descontado que no es fácil. L importante es hacerles
ver que vale la pena, proponerles los valores como algo atrac­
tivo para vivir. Vivir valores por parte de los padres y ayudar
a que los hijos los vivan no da espera. E tarea que mientras
más pronto se acometa, más garantía de éxito encierra. Y
debe ir acompañada de una perseverancia a prueba de cual­
quier desánimo para poder estar recomenzdo, si hace fal­
t, cada día.
Para cumplir satisfactoriamente esta labor de enseñanz,
es vital tener presente el crácter especial de cda hijo, su
personalidad, que se le ayuda a forjar con los valores. Cada
hijo tiene un cmino único para autorrealizarse, y los valores
como la tenacidad, el esfero, la diligencia, la lealtad, por
ejemplo, le ayudan indudablemente a confgurarlo. Y el
ejemplo que den los padres y hermanos es decisivo en esta
"construcción"; en la medida en que los hijos descubran co­
herencia entre lo que se hace y lo que se dice, encontrarán
motivaciones para imitar sus virtudes.
Estas motivaciones son de 3 tipos. Si s

trata, por ejem­
plo, de inculcar la laboriosidad en los hijos, se los puede
persuadir con lograr metas en el estudio y en la vida profe­
sional, ganar dinero, etc. Pero la motivación puede consistir
en ver la laboriosidad como una herramienta para ser perso­
na con más capacidades, que han aprendido má, a ser más
productivos. Y, por último, el enfoque puede ser de tipo tras-
1 47
1
48

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cendente: ser mejores hermanos, mejores ciudadanos, mejo­
res persona.
Un ambiente propicio
para la formación de valores
Lograr un clima de valores en la failia es permitir que los
hijos se esfercen por ser personas íntegras, por alcnzr una
visión de las cosas en la que la felicidad sea lo más importan­
te, pero no de una manera abstracta sino vinculada a valore
que se puedan comprobar: inteligencia, voluntad, caácter,
honestidad, fortalez, etc.
Eso sólo se puede lograr si aprenden que lo má impor­
tante no es tener cosas o disponer de dinero. Los valores no
están basados en el tener sino en el ser. No se trata de tener o
de no tener, sino que es más importante apirar a ser que
apirar a tener. Los hijos aprenden esto según la apiracio­
nes que vean en sus propios padres y hermanos.
L conversaciones son un buen indicador de lo que los
hijos están aimilando de su círculo familiar y, a la vez, de los
valores que están viviendo. Si sus preocupaciones giran cons­
tantemente en torno a "la ropa de marca , a lo que está de
moda; si piensan que divertirse implic siempre gastar dine­
ro y no compartir el tiempo con sus amigos, conocer otra
personas y aprender de ellas, esto ya indica actitudes que e
necesario cambiar. Por eso, es bueno acostumbrarlos dede
pequeños al diálogo familiar y a disfrutar de la reunión fami­
liar. L comida, las reuniones en la sala, incluso frente al
Cómo desarrolar los valores en la familia
teleisor, son ocasiones para que ellos cuenten sus pequeña
o grandes batalla y ahí se aprecien los centros de sus intere­
ses, el lenguaje en que los expresa, su relación con los ami­
gos del colegio o del barrio.
Cada uno habla de aquello que lleva en la cabez y en el
coraón. Esto quiere decir que todos necesitamos que nos
inculquen ideales, ambiciones nobles y, sobre todo, que nos
ayuden a descubrir el sentido de todo lo que hacemos. Los
niños no racionalizn sus actos y por eso imitan y aprenden
de lo que ven en su entorno. No hay una intención delibera­
da por actuar con malicia ni de llevar una vida superfcial.
Tras el diagnóstico que hacen los padres de los hijos, una
ide que puede promover la práctica de los valores es asignar
a los hijos responsabilidades sencillas de distinto nivel según
la edad y la necesidades de cada hogar, como el orden y
cuidado de los elementos de limpiez del calzdo, el cuidado
de la herraienta, el orden del garaje, las compras en la
paadería, etc.
"L edad" l ¨l ct no rccmpa a a
Los padres no se pueden confar si dedican pocas hora al
hogar, aunque sean de mucha "calidad". Es igualmente im­
porte tanto el tiempo que están con sus hijos como la
manera en que viven esos momentos. L educación de los
hijos requiere una presencia constante, una generosa dispo­
nibilidad para con sus necesidades de diálogo y compañía.
No se pueden delegar esta responsabilidades en el colegio ni
1 49
Vlor para vivir los valores
1 50

en los amigos, ni en la televisión. Los hijos podrían empe
a descuidar la formación de sus valores y estar volviéndose
perezosos, poco sincers o consumista. Los padres deben
proponerse ser protagonistas o interlocutores de la vida de
sus hijos en vez de simples espectadores.
Por los modos de vida actual, resulta posible que los pa­
dres dediquen má tiempo a su trabajo o a sus amigos, o a
una determinada afción o depone. Si se comete este error
de no otorgarle la debida importancia a la educción de los
hijos, haría fata, después de hacerse consciente de ello, recu­
perar el tiempo perdido, por medio del diáogo constate y
la compafía de "calidad".
Pero, ¿qué signifc la "calidad" cuando nos referimos a
la educación de los hijos? Signifca, en una buena pare, que
los hijos sean aceptados por sus padres por lo que son. Que
los padres acepten a los hijos no es lo mismo que los hijos se
sientan aceptados. Ser aceptado para el hijo supone saberse
querido, que se le tenga confanz, que no sienta miedo, que
tenga facilidad para abrirse y que encuentra solidez en la
unidad familiar. De otro modo, "si los hijos no se sienten
aceptados por sus padres, buscarán la aceptación en otra
personas" (Cormina) .
É
sta es una regla de oro en la relación entre padres e hijos
y de la educción en los valores. Desde que vienen a la vida,
empie esa aceptación. Incluso cuado vienen a ella como
fruto de una "equivocación" en las relaciones sexuales. Sin
sobreprotecciones ni zalamería, el hijo debe sentir esa acep­
tación en todo momento. Un rechao, consciente o incons-
Cómo desarrolar los valores en la famila
ciente, puede dar lugar a conducta equivocadas por parte
de los padres y, por parte de los hijos, a generar barrera para
comunicrse y a desarrollar antivalores.
L buena voluntad con la que los padres cumplen su
misión, acompafada del conocimiento de los hijos -inclu­
so dede el punto de vista de sus diferencias psicológiC,
má la elección de los medios adecuados en cada etapa de su
vida es una buena garantía de que saldrán adelante en su
formación si hay continuidad en el esfero por darles ejem­
plo y por ayudarles a vivir ciertos valores fndamentales que
les va a serir siempre en su vida. Son esos valores los que
les darán identidad como personas y les permitirán actuar
con criterio propio, con independencia y con optimismo.
Por último, la otra regla de oro que los padres deben
obserar, con mira a que los hijos incorporen valores a su
conducta y desaprendan antivalores, es: "Cada vez que tie­
nes que corregir, debes enseñar". Y si las equivocaciones que
se cometen son fruto de intentar el mejor bien para los hijos,
entonces lo que hay que hacer es que ellos se den cuenta de
que también los padres se equivocan y se corrigen. Aí se
hace eidente que están "hechos de lo mismo", pero que cda
uno es un mundo peculiar que hay que respetar y al que hay
que contribuir con amor.
Desde la fama haca la socedad
Estamos convencidos de que la familia puede ser un podero­
so motor de cbio en la sociedad, si aume activaente su
1 5 1
llor para vivir los valores
1 52
papel en ella. Cada familia debe luchar por valores humanos
esenciales que no sólo penenecen a ella sino que son patri­
monio de la sociedad entera. En la sociedad, la familia debe
constituirse como el núcleo gestor de la efectiva construc­
ción de valores y transmitirle este proceso al resto de grupos
sociales.
L failia, como ya hemos dicho, citando a Alejandro
Llano, es "unidad primaria de acción social". Dentro de los
planes de acción que los padres hacen para que sus hijos
vivan valores habrá algunos dirigidos a la socializción con
otras familia, con parientes, vecinos o compaferos. Así, la
familias pueden buscr por fera recursos para fortalecerse a
ellas mismas. Eso sólo es posible si salen de su aislaiento,
del estrecho recinto del hogar para abrirse al trato y a la
convivencia con otros núcleos failiares; está bien que la
familia sea un refgio de seguridad y aectividad para sus
miembros. Pero es todavía mejor si abre sus puena a un
intercmbio con las otras familia.
L ocasiones en que puede darse esta integración son
diversas y cai siempre cotidiana: la celebracione de los
compaferos de los hijos, la invitaciones a pasar la noche en
la casa del amigo, la invitaciones a estudiar, los paeos, etc.
Hay padres que temen que sus hijos salgan porque el am­
biente los puede afectar negativamente. Estos padres necesi­
tan confar más en sus hijos y en los criterios con que los
forman, que en aquellas ocasiones se ponen a prueba. Debe­
ría partirse de ese supuesto y de la cpacidad de los padres
para da seguridad a sus hijos frente a la relaciones sociales,
Cómo desarrolar los va/ores en /a fmilia
de seguirlos muy de cerc en su trato con otras personas,
para orientarlos y ayudarles, pero sin imponerles esa rela­
ciones o sin prhibírsela arbitrariamente y sin raones.
Si superan los miedos y los individualismos, la familia
entre sí forman un sólido tejido que ofece a los hijos la opor­
tunidad de mantener su prpio ambiente, su propia "tempe­
ratura" interior, sin que sea alterada por los contactos con
persona y con experiencias cuyos antivalores pueden choca
con la jerarquía de vaores que ellos ha construido. Aí, las
familia serán, una para otra, mundos abiertos, entre los
que se comunic alegría y esperanzs.
Et apertura hacia la otras familia, es un movimiento
más que comprueba que el proceso de adquisición de los
valores es un aprendizje incesante, sea dando ejemplo, sea
corrigiendo errores cometidos. Hoy en día las costumbres
cbian a una gran velocidad y existe el riesgo de quedarse
atrás como padres, a la zga de los intereses, lenguaj e y estilo
de vida de los hijos y entonces no comprenderlos en su pro­
pio mundo.
De modo que hay que buscar siempre nueva maneras
de presentar los valores, de sugerir su vivencia. Una de esta
manera e la que consiste en que los padres sean capaces,
delate de los hijos, de reconocer que tabién están apren­
diendo, que los acompañan en ese proceo de mejoramiento
continuo, sin que eto implique una pérdida de autoridad o
de respeto por parte de los hijos. Los padres están en la obli­
gción de dict pautas de comportamiento, de trar pla­
nes, de modo que una mala infuencia externa 3la failia no
1 53
Vlor para vivir los valores
1 54

derrumbe lo que los padres ha construido con dedicción y
Ciño.
Claves del capítuo
� Lo clave es que los valores se ar aiguen en las
personas paa que se pueda proyecta en la
sociedad.
� En la faiia la "construcción de valores" si­
ge caminos espontáneos e informales.
� Ellos se transmiten por medio del ejemplo de
los padres y de los hijos entre sí.
� Los hijos aprenden por los ojos más que por
los oídos.
� Es importante tabién "desaprender" ciertas
conductas o hábitos negativos de la misma
maera en que se aprenden los hábitos positi-
vos.
� Si usted no hace 10 que tiene que hacer paa
forma a sus hijos en los valores, puede estar
seguro de que otro 10 haá por usted.
� Se trata de que los niños sea conscientes de
que deben vivir las cosas por sí mismos, libre
y responsablemente.
� En cuanto los hijos va viviendo y fortalecien­
do los diferentes valores, necesariaente los
va proyectado a los demás.
Cómo desarrollar los valores en la familia
� Logra un clima de vaores en la familia es lo­
grar que los hijos se esfercen por ser perso­
nas íntegras.
� L contraposición tener y dar es tabién una
ocasión de formar en vaores.
� Un aspecto que puede ayudar a la práctica de
los valores es asignar a los hijos responsabili­
dades de distinto nivel según la edad
� Si los hijos no se sienten aceptados por sus
padres, buscarán la aceptación en otras per­
sonas.
� Se debe aprender y se debe aprender a apren­
der, es decir, buscar siempre nuevas maneras
de presentar los valores, de atraer a su viven­
cia.
1 55
En qué consiste
una educación
en valores
8
L
a educción es, después de la familia, el espacio más
importante para la formación de los vaores. Y la crisis
de vaores que vive la sociedad surge de la deformaciones
que se origina en la failia y la educción.
Algo má que desarolla la intelgenca
L enseñanz tradicional ha sido siempre el adiestramiento
de la habilidades lógic y racionales y de la cpacidades
cognitiva y del lenguaje, lo que simplifc un proceso mu­
cho más complejo. L educación, planteada de esta maera,
deja de lado otros tipos de inteligencia, que son, a menos,
tan importantes como los otros: la cpacidad para relacio­
narse, la inteligencia emocional, etc. E necesario educr la
inteligencia, pero ello se logra despertando y desarrollando
Vlor para vivir los valores
158
en la persona un sinnúmero de facultades y capacidades como
la imaginación, la fantasía, la emociones, los sentimientos y
todo el mundo afectivo, que ha permanecido a la sombra en
los sistemas de enseñanza.
Educar supone también una formación en vaores; su­
pone fortalecer los que la persona ya tiene y crear e impulsar
otros nuevos. Sin esos vaores es imposible que el niño o el
j oven se desarrollen plenamente; tampoco es posible que se
prepare debidamente para la vida profesional y la interacción
social. Por esto, es vital que exista una continuidad entre los
valores que le feron inculcados en el hogar y los que se
refern en los centros educativos, de modo que se le exija
al niño, a medida que crece, más autonomía y responsabili­
dad.
E decir, no basta con una educación que se concentre
en la acumuación de datos, en la resolución de problema
intelectuales y en la memorizción de contenidos (aunque
hoy en día existan herraienta muy poderosa que nos ais­
ten en la formación de este tipo de capacidades) , porque la
educación tabién está obligada a forma persona que va
a desempeña papeles en la empresa y en la sociedad. Tanto
en una como en otra, los conocimientos y sus aplicaciones
j uega un papel importante, pero igua, o má importate,
es el hecho de que la persona sea laboriosa, responsables,
sincera, comprometida, respetuosa, solidaia o buenas
compaeras. Y esto difcilmente se aprende en los librs o de
boca de los profesores; se aprende, más bien, obserando la
vivencia ejemplar de otra personas.
En qué consiste una educación en valores
En la educación tradicional, los profesores enseñan y los
alumnos aprenden; lo que equivale a decir que los profesores
hablan de los valores y los alumnos asimilan la enseñanz;
pero esto contradice un hecho evidente: los valores no los
aprendemos de lo que nos dicen las personas, sino de lo que
la persona nos demuestran con su modo de vida.
É
sa es la
experiencia de la mayoría de la gente, incluso en los casos en
que no se pretende expresamente inculcar o enseñar los va­
lores. Es inevitable estar expuesto al ejemplo de los valores
(o, en su defecto, de los antivalores) y su infuencia ayuda a
que los otros modelen su vida. A fn al cabo, "sólo aprende­
mos de aquéllos a quienes amamos" (Goethe) .
Descentaliz la mente y el coran
En ese sentido, los valores no vienen dados como un hecho
forzoso. Hay que descubrirlos, a veces descubrirlos crea­
tivamente, con la guía, la orientación, el respaldo y el incen­
tivo del profesor, de la experiencia de los demás, del contac­
to con aigos o tratado de traducir a nuestra situación lo
que nos inspira una lectura o una película.
Descentraizr la mente ayuda mucho a una educación
en vaore, no atarla a esquema tradicional de que todo gira
en torno a un eje (el conocimiento, el cerebr, el profesor O
el padre de failia, la organizciones, el Estado, la naturale­
z) . Pensar más bien que la mente no está sujeta a un mando
centra o coordinador como el de un organigraa rígido y
piraida, sino, má bien, a una etructura celular.
1 59
llor para vivir los valores
1 60

L mente humana está presente en fnciones muy dife­
rentes, que no son sucesiva (pensaiento lineal) . Aí como
desempeñan un papel vital la emociones, los sentimientos,
el entusiasmo, la motivación, la habilidades de diferente
tipos y e contexto failia y social, lo desempeña también
los valores personales, failiares, culturale, cívicos, éticos,
económicos, religiosos, estéticos, etc.
Pero también hay que descntraliz el coraón y no de­
jar que se apegue a una determinada cosa, sobre todo de
índole materia, o a una determinadas persona o grupos.
Hay que expandirlo para que quepa má gente dentr, paa
que sea más universa en su afectos y paa que el querer se
futo de una voluntad frme y serena, animada por el cons­
tante deseo de hacer el bien y de procurar que la relaciones
humana sean j ustas.
"Técncente" educdo pero deshonesto
L educción ha sido concebida durte mucho tiempo cmo
l maer má sea de ecala en la soie, de alC e
éito, entendido éte cmo poder, rique, tecnologa, biene­
tr. Normalmente, M piensa que e tiunfo peronal e poder
situse en e más alto rgo socia. Aí, hacer Ucr er ui­
versitria M conviere en U met sial deda por sí mis­
ma, porque se da por hecho que peritir abrir otr puer.
A los jóvene M los impu a ed prque aí p
ac eder a gp priveo de prn mmd l u­
verida. Per rerr ete pro de arendizje epio
En qué consiste una educación en va/ores
en ácp del cnoimiento humao no implic nec­
riaente que l perona al fnal M buena, honrda o cvc
L competitividad, a veces, se entiende como tener unas
herramienta técnic que aseguran unos ingresos económi­
cos y una posición para disputar con los demás, procurando
ser el mejor en su cpo, sin tener en cuenta que puede
ocurrir que esa posición esté desempefada sin valores éticos
y se convierta en un peligro para la sociedad misma.
El error consiste en reducir (y justifc) la educación
como un medio para escalar socialmente y gna dinero.
É
sta
e la concpción que se debe erradicr. Muchos padres hacen
grandes sacrifcios económicos para que sus hijos estudien
en los mejores centros eductivos. Nada de ilegítimo tienen
esta apiraciones, pero no parecen ser sufcientes para j usti­
fcr plenamente sus esferos. No es sufciente con tener
una prfesión, con apirar a una posición o al éxito econó­
mico; la educción estriba en aprender a ser persona, miem­
br de una sociedad, habitante de un medio ambiente, cons­
tructor de modos de convivencia, etc. L educción entonces
gana una dimensión de enriquecimiento personal, porque
es una educción para la vida, para la realizción de la perso­
na dentro del conjunto humano, para la convivencia socia y
el ejercicio de la ciudadanía.
Un pro
y
ecto de vd con dimensi6n socia
Dentro de la misión de plantearse un proyecto de vida, cabe
la te de obtener la mayor califcción posible en el cmpo
1 61
Vlor para vivir los valores
1 62
del conocimiento y de la preparación profesional, si es que
ése es el camino escogido para alcnzr el sueño, la meta.
Lgicamente, lograrla no es aunto sólo de saber, sino que se
trata de un saber integrado a otros apectos fndamentales:
los afectivos, sociales, culturales, de participación e inserción
en la comunidad, de sericio y solidaidad y, sobre todo, de
práctica habitual de unos valores.
No se trata de una lucha individua contra los demá
para superarlos y llega primero a la meta, o de una crrera
con crácter exclusivamente acdémico, sino de una visión
más completa de lo que constituye el desarrollo humao in­
tegral de una persona.
L educación adquiere dimensiones que son a la va el
horizonte de enriquecimiento de la persona. Desde el grado
más elementa hata el más alto, la enseñanz está apuntan­
do a sus meta de muy distinta manera y con diferentes
exigencia para el alumno y para el profesor: aprender a ser
(a pensar, a obrar, a amar) , a hacer (a j ugar, a trabajar, a te­
ner) , a aprender (a informar, a crea, a comunicar) , a em­
prender (a administrar, a drigir, a liderar) , a convivir (a ser
amigo, a ser buen ciudadao, a ser solidario) .
L educación es, ante todo, educación para la vida: para
el trabajo a través de una profesión, para la realizción como
persona en un conjunto humano, paa la convivencia social
y para el ejercicio de la ciudadía. Arender no es sólo apren­
der conocimientos, aprender no es sólo saber ciencia. No
podemos confndir conocimientos con inteligencia, ni in­
teligencia con raón. Se aprende para la acción, para saber
actuar en determinada manera.
En qué consiste una educación en valores
Euccón y cidad persona
L educación, por tanto, debe replantearse cambiando de
enfoque el aprendizje y la enseñanz. Ambos son para vivir
mejor, para alcanzr caidad de vida. No para llenarnos de
conocimientos. Estamos hechos de inteligencia y necesita­
mos los conocimientos, pero tabién estaos hechos de pa­
siones, emociones, motivaciones, sentimientos, miedos, tris­
tezs, entusiasmos, alegrías, deseo, esperanzs, o sea, de la
amalgama de muchos valores.
L educción debe retomar esa brújula y abandonar su
fiadad intelectual, desencarnada de la vida y de la sociedad.
L educción en los valores supone "aprender a soñar", es
decir, enfrentarse con la "construcción" de sí mismo y abor­
dar el terreno de la autenticidad de la propia vida. Es carac­
terístico de la educación ayudar a forjar ideales, a fomentar
las ganas de vivir a fondo, de cambiar el mundo, de afron­
tar los imposibles (porque tal vez los posibles ya están he­
chos) y de incitar al empeño para ayudar a construir un
mundo mejor.
Los profesores deben tenerlo muy en cuenta. El material
que reciben no e duro sino blando: cerebro, coraón, inteli­
gencia emocional, sentimientos, valores. Se puede forjar,
modelar como una obra de arte, con amor, con respeto, con
una profnda veneración por el ser del otro, no imponién­
dole lo que se quisiera que fera sino logrando que salga de
él su mejor yo, su propio ser para proyectarlo en una convi­
vencia que sea fecunda, que lleve al sericio generoso y a la
dedicción profesiona con sentido de bien común.
1 63
l/or para vivir los va/ores
1 64
No a cononsmo
Una de la responsabilidades del profesor consiste en no de­
j ar que el alumno sea conformista. El conformismo es una
traición a la vida. Los j óvenes tienen cusa legítima para pro­
testar cuando sus sueños, sus ilusiones, sus meta de vivir en
una sociedad mejor, se ven obstaculizdos por una educ­
ción formalista y rutinaria. En cambio responden de maa­
villa cuando se les invita con argumentos a compromiso
apoyado en una entrega generosa, sin cálculos y sin resera.
Cuando con valores se les anima a vivir valores. Todo depen­
de de que su sueños y el apoyo de los educdores les fjen
como aspiración lo mejor.
Hay que soñar con un fturo donde los vaore huma­
nos estén por encima del deseo de bienestar, de abundancia
y de comodidad, para que la persona se dirija hacia la
búsqueda de lo mejor de cada uno en la lucha por una socie­
dad que garantice la verdad, la creación de cultura y los prin­
cipios fndamentales para la convivencia (la dignidad hu­
mana, la libertad, los derechos humanos) .
L educación hoy está llaada a formar persona felices,
a generar confanz, credibilidad y seguridad en ella y a ha­
cerlas cpaces de trabajar por el bien común, a pensar más
en el sericio que en el benefcio material o persona. En la
era del conocimiento la instituciones están llamadas a for­
talecer el saber como capital primordial, má que el fnancie­
ro o el fsico, pero para ello tienen el desao de la integra­
ción del conocimiento en la vida.
En qué consiste una educación en valores
E decir, dejar de estar a la zaga y a la defensiva para
paa a la ofensiva constructora de un nueo estilo de edu­
C, dirigir y liderar, paa confgurar una nuea sociedad:
quien más puede hacer, má debe hacer.
Quen tendría que sefalar la directrices de esos nueos
cinos debería ser la educción superior, específcmente
la universidad, en la que docentes y alumnos sean construc­
tore de convivencia y de sociedad pacífc, j usta, democrá­
tic, iguitaria. Hace falta instaurar en la instituciones de
educción una "cultura del ser", no del tener, lo cual implic
que lo primero no es el dinero o el poder sino el "ser perso­
na" , e serir y el ser solidario con la sociedad que necesita de
la instituciones eductiva, públic o privadas paa que sean
constructora de sociedad.
mfto puede y debe ser distto
E fturo no tiene que ser la continuidad del paado, porque
aí no habría cmbio; es mejor mirarlo bajo nuevas perspec­
tiva, bajo nueos paradigma, bajo nueva rega. Si la con­
dicione externa a la educción cbian (aceleración histó­
ric, nuea tecnología, nueo enfoque del saber) hay que
pensa en cbiar sus paradigma reconociendo que se debe
d un giro radic: de una educción centrada en el conoci­
miento hay que paar a una educación centrada en el desa­
rrolo humao completo. E posible que los paradigmas de
la educción, al contrario de lo que sostiene la teoría de la
calidad, no vuelvan a cero y exija un recomienw radica.
1 65
Vlor para vivir los valores
1 66

Pero lo que sí está claro es la necesidad de repensar su misión
y su visión en la sociedad actual.
Un nuevo modo de mira cuestiona mi propio sistema
de valores, pero simultáneamente me hace capa de salir de
la rutina, de convertirme en pionero; para esto hace falta
vaentía, entusiamo, fe en mi tarea, confanz en mí mismo
y en los demás. Hay que pisar ferte el acelerador para diri­
girnos todos al mismo objetivo, sabiendo que la misión de la
educación hoy es más compleja por la misma complejidd
de la ciencia y de la sociedad. Este proceso implic el desa­
rrollo de los valores para que se conviertan en cualidades
operativas estables que le permitan a cada uno obrar bien
(virtudes) dentro de una armonía personal.
Claves del capítulo
> L crisis de valores que obseraos en la so­
ciedad tiene que ver directaente con la crisis
de vaores en la educación.
> L educación forma personas paa que se de­
sempeñen en la vida fala, labora o socia.
> Si la competitividad se limita a brnda hera­
mientas técnicas sin tener en cuenta los valo­
res, se puede convertir en un pelgo paa la
sociedad misma.
> L educación debe ayuda a descentra la
mente y el coraón, debe abadona la fria-
En qué consiste una educación en valores
dad y hacer que la gente aprenda a soñar, a
far ideaes y a volverlos reaidad.
� Lo importante es aprender a ser persona,
miembro de una sociedad, habitante de un
medio abiente, y a constrir modos de con­
vivencia.
� El conformismo es tración a la vida. El autén­
tico inconformismo lleva a compromiso apo­
yado en una entrega generosa.
1 67
Agunos valores
básicos en la educación
9
C
on el mismo criterio utilizdo para escoger algunos va­
lores básicos en la familia, hemos seleccionado otros
para la educación. No se trata de elegir entre unos y otros:
con su perfeccionamiento se avanz tanto en la familia como
en la educción, porque la persona es sólo una, pero se des­
envelve en distintos ámbitos.
� L lberd
E una condición esencial del ser humano, que lo lleva a
determinarse en relación con un acto, a elegir y comprome­
terse con lo elegido y a buscr la plenitud.
o Pao/ es una estdiante d segnd semeste d uni­
verid y pid periso para dar d aitr a cle por
un viaje que tene que realizr Su profsor l dice que
llor para vivir los valores
1 70
ls tema que se van a tatar en esos dla son muy im­
porantes, pero que si ell cree que el viaje es mm im­
portante y estd dispuesta aumir l comecuencia, pue­
d hacerl bajo su respomabilid. O
L libertad es un hecho tan evidente como el hecho mis­
mo de que pensamos. No es una posibilidad o una ilusión,
aunque una persona pueda sentir que "no es sufcientemen­
te libre" o que su libertad está limitada. Para posibilitar la
experiencia de la libertad se debe tener una actitud inteli­
gente y realista en la interpretación de las circunstancia,
puesto que el ejercicio del pensamiento raciona es una de
las cacterístics esenciales de la persona.
El desarrollo intelectual y afectivo de los valores huma­
nos y de la conciencia son factores necesarios para una edu­
cción de la libertad, tanto por parte de los maestros o los
padres como de los alumnos o los hijos. Y quien no apira a
ser libre, no se siente libre o no lo es realmente no puede
pretender generar libertad en los demás y ni siquiera será
capa de entender sus propias exigencia de libertad.
L libertad nos da la oportunidad de decidir por noso­
tros mismos sin someternos a lo que los demás nos impon­
gan. No sólo ante la exigencias que se plantean dentro de la
familia, sino dentro de una institución eductiva o dentro
de una empresa. Para responder a la diversa exigencia y
cuestionamientos de la vida hace falta adoptar un camino
propio, en el que se esté aprendiendo a ser libre real y
cotidianamente.
Algunos valores básicos en la educación
No debemos imponer nunca nuestras propias decisiones
a los otros porque sí, sin respeto, sin raones o sin argumen­
tos. Es frecuente ver, por ejemplo, padres que no dicen a sus
hijos lo que deben hacer porque tampoco son capaces de
hacer cumplir ese deber, lo cual se agrava en el cao de que
tampoco en sus propias vidas hagan realidad lo que preten­
den para las vida de sus hijos. Una disposición sincera y
tota frente a la libenad es difícil pero posible.
E igual de perjudicial, en la enseñanz, no orientar a las
personas, no darles criterios para que tomen sus propias
decisiones, sustituir sus decisiones por las nuestras, es de­
cir, decidir por ellas. La libertad debe nacer de nuestro in­
terior, no por motivos externos por los que no podemos
responder.
M h d " ", ,, " uc a veces, respon er con un 5I o un no onenta
muy poco: vae más una respuesta que incite a la persona a
refexionar sobre los factores que interienen en una deci­
sión. Contestar a la pregunta de si "puedo o no hacer esto o
lo otro" con una nueva pregnta que invite a la persona a
pensarlo por sí misma, no constitye necesariamente una
eaión del problema; evadir es responder con un "ha lo
que quiera", lo que lleva a las persona directamente a la
anarquía.
Soy libre si soy capa de dar respuesta efectiva a mis
propios ideales. Soy responsable si soy capa de obrar con
libertad en la consecución de esos ideales. No se puede pen­
sar en actuar libremente si no se es al mismo tiempo respon­
sable. No se puede pretender que primero las personas sean
1 71
}lor para vivir los valores
1 72
responsables para darles márgenes más amplios de liberrad.
Estos dos valores actúan sincrónicamente.
Por otra parte, la exigencias de la libertad (y la responsa­
bilidad) varían según la edad. L libertad del niño se reduce
prácticamente a una cierta espontaneidad natural, pero con
mucha dependencia material; no tiene todavía la cpacidad
de responder por sí mismo en términos de libertad. Son los
otros, en especial sus padres, quienes responden por él. El
modelo de libertad al que está expuesto el niño lo conforma
el clima de libertad que lo rodea, que le da la posibilidad de
elegir y comprometerse, pero a un nivel elemental.
En la adolescencia, la dependencia material (que lo ata a
sus padres) disminuye y surge la espontaneidad que él mis­
mo orienta (asistido por el ejemplo decisivo de sus padre)
hacia la creación de convicciones propia. En esta edad, sur­
ge también la intimidad, que le permite a la persona enten­
der mejor que necesita de la libertad para enriquecerse a sí
misma y para relacionarse bien con los demá.
Uno de los puntos críticos de la pedagogía actual es el
desequilibrio entre la expectativa de una "libertad exter­
na , basada sobre todo en poder elegir a gusto, y la "liberrad
interna", apoyada en el comprmiso que uno ha elegido como
proyecto de vida. Por lo general, se enseña a la gente a que
esté en capacidad de elegir su fturo pero muy poco a que se
comprometa desde aora con lo que el fturo le va a egir:
ser una persona que convive necesariamente entre persona.
El adolescente vive su libertad acentuando la elección de
lo que quiere. L siente y la defende, porque para él la liber-
Algunos valores básicos en la educación
td e un problema indivdual más que social. A mismo tiem­
po, anhela ser libre y cmbia de decisiones fácilmente. Su
generosidad se ejercita en un ámbito muy amplio ueposibi­
lidades, desconcertantes y contradictorias en apariencia. L
persona adulta tiene un horiwnte de posibilidades menos
abierto y vive su libertad más comprometida con las decisio­
nes que tomó para su vida; quizs tenga menos libertad de
elegir, pero sus decisiones han madurado y se han liberado
de ensuefos, cprichos e indecisiones propia de la adoles­
cencIa.
L educción de la libertad se realiz a través del trabajo,
de la sinceridad y de la sencille al convivir y del esfer por
aceptar y amar la verdad con todas sus consecuencias. Esta
actitud no aegura acertar siempre, porque elegir y equivo­
crse forma parte de la libertad, si quien ha elegido acepta
su equivocciones y responde por lo que resulte de sus erro­
res.
Los ativaores son evidentes: la esclavitud (entendida
como la atadura o la dependencia a determinadas cosas o
hábitos que impiden la reaizción personal) , la sumisión, la
a�itrariedad, la imposición por medio de la fer o del
chantaje afectivo y la ignoracia.
Aimismo, son claos los valores que ayudan a la viven­
cia de la libertad: la voluntad, el compromiso, la coherencia,
la reizción. Todos ellos forman un entramado que esti­
mua y refer los actos concretos de libertad, que, más allá
de signifc una simple elección, apiran a la plenitud del
ser.
1 73
llor para vivir los valores
1 74

Una educación en la libertad es aquella que enseña a
valerse por sí mismo, a tener criterios propios rechazando
todo modelo estereotipado, a elegir lo esencial por encima
de lo secundario, la que insiste mucho más en los fnes
buscados que en los medios empleados, siempre que éstos
sean lícitos.
� L autenticidad
Signifc ser uno mismo, por sí mismo, transparente y since­
U, coherente en su conducta, apoyado en sus principios y
valores.
o Junit estd muy tste porque tod su amiga tie­
nen un pearcing en su cuero y ell no. No se l ha
hecho porque supo que un prma suya sufó una gave
efered al ponerse uno y l d mied que l pae l
mismo, pero tod su amiga l initen que no pued
estr "era d ond': Sin embargo, ell preere estar
m en l ond d l autentcid que en l d l mod
y segir sied ell misma. O
Actualmente, existen dversa expresiones de fasa auten­
ticidad. Por ejemplo, en el colegio suele paar por auténtico
el que permite la manifestación disparatada de todo tipo de
sentimientos y opiniones. No obstate, la autenticidad tiene
que ver con la intimidad, de suerte que la cosa se vivan
intensamente según la personaidad de cda cual.
Algunos valores básicos en la educación

1 75
La persona auténtica invierte todas sus energías para lo­
grar los fnes que su inteligencia le pone en claro. Si estoy
convencido de las metas que me he propuesto, obro en con­
secuencia, me identifco plenamente con ellas. L autentici­
dad radica en hacer realidad los pensamientos que expresan
los valores de la persona, que pueden alterarse sin traicionar
la autenticidad del pensamiento.
Pueden darse sentimientos auténticos que no correspon­
den al pensamiento, y pensamientos que no corresponden al
verdadero querer de las personas. L educción de la volun­
tad es uno de los propósitos de toda educación que busca la
autenticidad. Una voluntad que no es auténtic es una nega­
ción de la libertad.
El conocimiento de sí mismo contribuye a superar este
riesgo, pues la autenticidad en la conducta depende de co­
nocerse a sí mismo. Y si la persona que enseña no conoce ni
acepta la reaidad propia de cda individuo, es imposible que
se dé el diálogo constructivo en el que consiste la educción;
en este co, la autonomía verdadera es sustituida por actitu­
des en contra de los demás y no en actitudes de sericio.
L autenticidad no es distingrse o llama la atención
por la actitudes extravaantes que se adopten en la familia,
en el colegio o con los aigos. Los j óvenes suelen confndir
autenticidad con extravagancia o, sin permitirse escuchar
ninguna crític, creen en la originalidad de toda sus opinio­
nes porque simplemente van en contra o son diferentes de
la de los adultos. Todo lo contraio: la autenticidad supone
respetar la diferencia que vemos en la demás persona y de-
Vlor para vivir los valores
1 76

fender sensatamente nuestra propias idea, opiniones, gus­
tos y, má allá, nuestra propias convicciones y los propios
principios y valores por los que guiamos nuestra vida.
Armar nuestra propia singularidad no es ser individua­
lista. Estar con nosotros mismos no excluye estar con los
otros. L paabra cristiana que describe esta condición es la
palabra "prójimo", que signifc próximo, cercano: nadie
puede estar más cercno al hombre que otro hombre. Y para
que esto se reaice plenamente, sobran la extravagancia y
la mediocridad, la singularidad caprichosa y la imitación
tonta.
Una va que elegimos un cino para nuestro fturo,
surge la necesidad de que nos comprometamos con él, y este
compromiso implic la libertad, hacerla realidad. En el com­
promiso está el fndamento de la madura de la persona y
de su autenticidad. No será libre quien no cumpla los com­
promisos vitales adquiridos, quien no se comprometa est­
blemente con nada.
L autenticidad está unida a valores como la sinceridad,
la sencilla, la transparencia (darse a conocer tal como se es) ,
la veracidad y la naturaidad. Y los antivaores que se deben
combatir son el engafo, la hipocresía y la deshonestidad.
� L audaca
Es la cpacidad o el ánimo de emprender y reiz accione
que parecen poco prudentes, pero con la convicción de que
con ella se puede alczr un bien auténtico.
Alunos valores básicos en la educación
1 77
o lcard y José son amigos dsd hae muchos años �
dsués d teinr ambos l univei se reencen­
tan. El prmero habl d l fm y el prstgo d su
univei dnto dl medio eduatvo, d l cali
dl ls profsors y d l intlone; el segnd co­
met qu su univei no es tn fmosa ni tiee
intlciones tn bonit pe qu, ai como é4 l m­
yor d M compañers al tinr ls estdios saln
con una frón inteal y esOra "orque l
prmero qu aprenos es a contir nuestos sumos y
a tee apiracones alt" O
Ete vaor puede reultr atractivo para la juventud que
sueña con hacer grande cosa en la vida, porque imprime
en los actos la energía necaria para hacer reidad los pro­
yectos. No hay que epera a que la suere nos decubra los
cinos, sino que en nuestra maos está encontralos: "L
suerte ayuda a los audaces" arma el dicho cásico.
En el colego, e importante estimula ete valor, para
conttareta en los jóvene la tendencia a no comprmeter­
se, a eludr la actividde que requieren efers, a huir del
sacrifcio y hundire en la apatía. Hay que acudir a la reer­
va de entiamo que suelen anidar en los epírits jóvene
y a su aor por los retos, la sensacione desconocida y su
afción a la aventa.
Sin embago, motivar la audacia implic valorar cuida­
dosente los medios de que se dispone para acometer los
objetivos propuestos; y a eto se le llaa prudencia. De lo
llor para vivir los va/ores
1 78
contrario, el desaliento se apodera de la persona a la menor
difcultad, y lo que parecía fácil aora se ve como algo muy
difícil o imposible de alcanzar.
A principio, tal ve haya que estimular más a los hijos
para que le pongan paión a la cosa. Y sin que esa paión y
esa valentía desaparC, deben introducirse paulatinamente
los raonaientos, paa pondera con objetividad la circuns­
tancias y las posibles consecuencia.
Necesitamos estímulos, motivaciones y oportunidades
para acometer cualquier tarea y, al mismo tiempo, necesita­
mos tener conciencia de nuestras limitaciones. L educción
debe impulsar esa confanza en nosotros mismos y el desa­
rrollo de cpacidades y hábitos que nos permitan mejorar
cada día y aspirar a ser mucho mejores de lo que somos.
Descubrir estas posibilidades en los hijos o alumnos debe ser
un reto diario de los padres de faiia y los educadore.
Saber apreciar y aprender de la audacia de los demá, ser
generoso en e trato, mirar con deprendimiento el éxto e
interiorizr la propia experiencia son apectos que refer­
Z una actitud auda. Algna de la taea que se empren­
den impulsada por la audacia pueden no sair bien, pero e
en esos momentos cuando debe aforar la cpacidad de recu­
perarse y volver a empe, o cambiar de frente de acción. �n
ciertos ambientes se tilda de "loco" al auda, pues muy po­
cos se atreven a romper el paradigma de hacer lo que hast
ahora no se ha hecho porque parece imposible. Pero ésta e
una oportunidad para abrir nuevos cinos con iniciativa y
vaentía.
Algunos valores básicos en la educación
� L prdenca
Es la capacidad de discernir y elegir los medios más ade­
cuados para lograr cierto fn, ponderando, analizando y to­
mando las decisiones necesarias según las circunstancias.
o Alberto es el conseero d ls alumnos d quinto
semeste d l Facultad d Administracón. José Luis,
uno d los alumnos, acud a él para contarl que va
muy mal en 3d l 6matera que está cursand. Le
confesa que en realid ddica muy poco tiempo al es­
tdio, l cuesta concentrarse y su afción por l televi­
sión l pued má. Admá, echa en saco roto l inisten­
cia d su padres para que ddique má tempo ls fnes
d semana al estdio d matera que al ciclimo y l
salid ls vieres y sábads en l noche. Piensa que en
realidd tal vez ésta no sea su carera.
Con tods estos dtos, Albero, que ha segid ls paos
d José Luis dsd que entó a l fcultad incuso por­
que fe quien l hiz l entrevista d ingeso, empiez
por recordrl su interés y entuiamo por l Adminis­
tación y l iluión con que hablba d su ftro. Le
hace ver que necesita dieñar un horaro d tabajo y
tener un pln d vid ordnad. Su problma no es d
flta d vocación por su carera sino d flta d discili­
na para cumplir con l eigenca dl estdio, aro ni­
zrl adcuamente con su afción doriva y con el
tempo ddicad a su amistads. José Lui epiez por
1 79
Wlor para vivir los valores
1 80

elborar ese pln y atenere ca dl a él Los results
no tardn en llgar O
Los cláicos denominaban a la prudencia la "madre, con­
ductora o guía de la demás virtdes". Nosotros diremos que
es el "valor moderador de los demás valores" y, por esto, de­
cisivo en la construcción de valores en el hogar, en la escuela,
en la empresa y en la vida social.
No resulta extraño que la primera impresión, sobre todo
en los j óvenes, cuando se habla de prudencia, es que se
trata de un valor asociado a la experiencia, a la edad, o que
tiene que ver con la cautela y los cálculos lejos de la audacia
y la iniciativa. Pero esta noción es errónea: "No es la blancu­
ra de los cbellos la que comunica la prudencia" (Menadro) .
A la prudencia la acompañan la calma, la serenidad, la
constancia y, sobre todo, la cpacidad de deliberación, con
madure y objetividad, que se adopta no sólo ante la situa­
ciones críticas sino habitualmente.
Este valor requiere, primero que todo, ubicar la infor­
mación que me permita conocer los medios más efectivos
paa la consecución de algún propósito; después j uzr estos
medios detalladaente y, fnalmente, elegir los más adecua­
dos para la consecución del fn propuesto.
Como es de suponerse, las experiencia paadas desem­
peñan un papel importante como punto de referencia. Es
labor del profesor ayudar al niño, o al joven, a que recuerde
cómo determinada manera de hacer la cosa le ha resultado
satisfactoria en ocsiones anteriores. Contar con alguien que
Algunos valores básicos en la educación
le ayude debe ser un estímulo y un ejemplo, no una limita­
ción ni una presión. Seguir una orientación no signifc que
no se obre con autonomía y responsabilidad, pues saber es­
cuchar es constitutivo de la prudencia.
Existen varios y distintos antivalores relacionados con la
prudencia: el temor, la ignorancia, la indecisión, la vacila­
ción, la precipitación, entre otros. L imprudencia es, por
supuesto, su antípoda; signifc falta de preisión e irrefe­
xión. Estos antivalores, valga decirlo, afectan directamente
la práctic de los demás valores.
Los jóvenes podrán poner a prueba la prudencia, su c­
pacidad crític, ante determinadas situaciones: escoger un
pla con unos aigos, elegir un prgraa de teleisión, adop­
t una postura u opinión ante los problema de la sociedad.
Es mejor que sean m�y críticos a que sea pasivos. Lo pri­
mero siempre puede ser objeto de diálogo y aclaración para
que no se dejen dominar por los prejuicios y sepan discernir
lo importante de lo secundario: en una persona es impor­
tante su honestidad, la ropa que luce es secundaria.
L persona prudente ejerce una vigilancia sobre sí mis­
ma para no cer en el descuido de los propios deberes y de
los propósitos que ella misma se ha hecho para lograr meta
abiciosas.
� Loptsmo
Se trata de la actitud positiva ante la vida, que nos lleva a
reaccionar con ánimo y confanz frente las difcultades, con
la convicción de que podemos solucionarlas.
1 8 1
�lor para vivir los valores
1 82
o Un estdiante l pregnta a su profsor para qué
sirve tod l que estudian, si cad día hay má profsio­
nals y el mund está cad vez peor hay má pobres,
má insegrdd y má hambre. El profsor l respond:
"La única manera d aegraros d que l cosa cad
vez sean peores es lgar que tods ls que estamos aquí
pensemos como uted está pensand : O
Si queremos construir un mundo mejor, tenemos que
imaginárnoslo, trabajar duro para construirlo, pero especial­
mente creer que es posible lograrlo. El optimismo nos per­
mite mirar el horizonte de una manera diferente, sin defor­
marlo y sin desconocer las difcultades, sino poniendo los
pies en la tierra con el convencimiento de que las cosa pue­
den mejorar.
Este valor se manifesta en todo momento, pero, sobre
todo, cuando la cosas no salen bien. Los jóvenes, por la
rebeldía propia de su edad, suelen ser negativos o desdeñar
lo que hacen los demás. Por tanto, es bueno hacerles ver que
ayudar a los demás y dejarse ayudar es un generador de con­
fanz inmejorable, y que este vaor se vive conjuntaente
con el optimismo.
L autoestima, así como el conocimiento y la valoración
de los demás, son los factores que ayudan a que el optimis­
mo tenga bases sólidas y, en consecuencia, se logren los re­
sultados esperados y se resistan airosamente las equivocacio­
nes para transformarlas en oportunidades.
Ser optimista no es necesariamente ostentar actitudes
Algunos valores básicos en la educación
triunfalistas ni manifestar alegría en todo momento. Es más
bien una actitud basada en la confanz de que las cosas pue­
den mejorar si se actúa de determinada manera, que no de­
pende, como se podría pensar, del temperamento. El opti­
mismo (como su contrario, el pesimismo) es contagioso, es
decir, se transmite fácilmente y crea un clima de seguridad
entre las persona.
En los j óvenes hay muchas raones para ser optimistas
porque la vida, ci siempre, no les ha dado grandes golpes y
porque los problema de la sociedad no los afectan tan direc­
tamente como a los adultos. Pero necesitan aprender de los
pequeños fracaos para confar más en sí mismos y en los
demás, para que los errores se conviertan en una experiencia
útil para no repetirlos má adelante.
El optimismo no desconoce la reaidad ni su impacto,
sino que obsera sus hechos y evalúa objetivamente su im­
portancia. A veces, un niño o un j oven sufe un desengaño
sentimental, por ejemplo, y le da una repercusión enorme,
como si fera algo defnitivo en su vida, per si se le ayuda a
verlo en su verdadera dimensión, más adelante se convence­
rá de que fe un episodio paajero.
Un apecto que ayuda a vivir este vaor es mirar el lado
,bueno de los acontecimientos y de las personas; de lo con­
trario, se ce fácilmente en la crítica destructiva, en la aar­
gra, con lo que lo único que se logra es hacer más difcil el
cmbio.
E pesimismo, antípoda del optimismo, socva la con­
faz en uno mismo y la relaciones con los demá, que
1 83
Vlor para vivir los valores
1 84
huyen del trato de la persona pesimista. Otros riegos son la
desilusión, la desespefo la aagura, que conviene com­
batir con todo aquello que referce el optimismo: el buen
humor, la alegría, el entusiamo, es decir, la paión por la
vida.
� L hudd
E aceptase y aceptar a los demás como son, reconociendo
la propia limitaciones o defciencia, sin dejarse dominar
por ella.
o Un joven fe a viitr a un sabio para aprendr el
arte d escchar
"Ecucha, hio mio': l dio el sabio, moviend el dd
indice e señl d avereca.
Luego hubo un silncio d varos minutos.
''o esccho ': manistó el joven. "Por fvor prosiga
dndme intccones':
Yel sabio relicó sonrend:
"Eso es tod, no hay m que añir': O
En algunos contextos, la humildad se suele defnir como
un vaor meramente religioso, que establece la distancia en­
tre Dios y el hombre. Sin restarle este signifcdo y apliá­
dolo, aquí la defnimos como el valor que nos hace recono­
cer la verdad sobre nosotros mismos en la relación con los
demás: "L humildad es ad en verdad" (Teresa de Jeú) .
Algunos valores básicos en la educación
A igua que sucede con el resto de valores expuestos an­
teriormente, la humildad se relaciona estrechamente con
otros, como la veracidad, la sencille y la modestia. Decirle a
un adolecente o a un joven que tiene que ser humilde, no es
rebajalo o apocrlo. Todo lo contrario, es animarlo a ser
relista y sincero, a no sobrealorarse, a no ser soberbio o
vaidoso, aun cuado la humildad sea compatible con la
abición y con la búsqueda de la excelencia: "Para ser hu­
milde se necesita grade" (Sábato) .
Como todos los demás valores, la humildad se aprende
luchando contra la tendencia contraria a ella: la soberbia,
la prepotencia y el orgullo; y fortaleciendo los valores afnes
a ella: la sencille, la naturalidad, la autenticidad y la sinceri­
dad. L humildad nos hace ver cómo somos realmente, no
cómo queremos ser, sin sentirnos superiores a los demás pero
sin complejos de inferioridad. Incluso la actitud de aprender
constantemente es una muestra de humildad, porque de­
muestra que siempre podemos da más de nosotros mismos.
Ante los étos, sobre todo, se pone a preba la humil­
dad, que se demuestra al no regocijarse ecesivamente en
ellos. Tabién se corre el riesgo de mostrarse fío o distante
con los demás, o valorar sólo lo conseguido por uno mismo,
pero también es un error no valorar lo propio cuando es
juto hacerlo. L ostentación, la afectación y la falta de mo­
deración en la palabra y la actitudes hacen más difcil que
surja la humildad.
L flt de humildad en los hijos puede maifetae cua­
do reciben una reprensión justa por parte de los padres o
1 85
Vlor para vivir los valores
1 86

cuando se rebelan frente a las normas necesaria para la con­
vivencia familiar; y en la escuela, cuando se rebelan contra
los profesores en algn apecto de su enseñanz: "El afn
soberbio de imponerse a los demás proviene de una falta de
equilibrio interior entre la tendencia primaria a afrmar el
propio yo y la apertura colaboradora ante los otros" (G.
Villapalos y A. López Quintás, El Libro d ls valres) .
La obediencia es un valor que brinda la posibilidad de
probar la humildad ante quien detenta la autoridad. A obe­
decer, en cierto modo, uno no sólo obedece a unas normas o
a otras persona, sino que se obedece a sí mismo. L autori­
dad no rebaja a la persona ni menoscaba su libertad; precisa­
mente se obedece porque se aceptan libre e interiormente la
norma.
Aprender a sacar provecho de la propias equivocciones
es una estrategia útil para aprender este valor: "Si tienes mie­
do a los errores, habrás dejado por fera la verdad" (Tagore) .
Saber ofrecer disculpa por los errores que se cometen (y que
afectan a los demás) o por las ofensa en las que incurrimos
es una característica del proceso de conocerse a sí mismo que
implica la humildad.
Aun en el caso de un joven que tiene cualidades superio­
res (y es consciente de ello) , no es correcto que se sienta su­
perior a los demás ni que lo manifeste con actitudes o con
palabras. L soberbia es, pues, el peor enemigo de la humil­
dad y nos invade en la medida en que pensaos que somos
mejores que los demás y, así, sentamos barreras de intoleran­
cia e irrespeto entre nosotros y los demá.
Algunos valores básicos en la educación
Un antivalor que se refere a la humildad es la susceptibi­
lidad, que nos aalta cuando nos sentimos heridos por cual­
quier comentario o porque no nos tienen en cuenta. Un buen
antídoto para contrarrestar los antivalores relacionados con
la humildad es la convivencia y la socializción con personas
distintas a las de la propia familia; conocer que hay personas
mejores que ellos en algún aspecto y saber que no por eso
somos menos que ellas, sino que podemos aprender de ellas
y conocer sus pu

tos vista con atención y respeto.
Hacen parte de la humildad la sencillez, la naturalidad,
la espontaneidad, la autenticidad y la sinceridad. L humil­
dad verdadera lleva a compartir lo mejor de nosotros con los
demás y a estar cerca de ellos, aun en el caso de que la vida
nos haya dado la oportunidad de tener más conocimientos y
preparación, o más oportunidades de lograr ciertas posicio­
nes.
� Lpatrotismo
Amar a la patria de todo coraón y procurar enaltecer su
cultura y su historia, con actos de civismo, de participación,
de convivencia y de ciudadanía.
o Manuel dirige un colgo d bachillrato, d cle
media, en el que ls alumnos no han recibid cles d
educación cívica � por l tanto, ls día que se iz l
bandra es una auténtca lucha lgar que ls alumnos
gardn l discilina, hagan fl y peranezan f si-
1 87
�/or para vivir los valores
1 88

/nco mieta escchan el himno nacional. Los ve muy
dspreocpas por esa costmbre dl colgo.
É
l mismo
ha terina por ceer que se tata d una costmbr
anacrónica. Coment el aunto en l reunión d prof­
sores. Mar, el m antgo d ells, plntea que no se
tata d un recha concente d ls muchachos a ls
simbols patos y al espirt civico, sino d l necesidd
de dr vid a esa costumbres desde l cles mismas,
incorporando de nuevo algna materia que permita
motivar a los estudiantes, explicándoles bien de qué
se tata y haciéndoles ver que no hay nación que pue­
d crecer sin fdelidd a los valores má preciados d
su historia, su cultura y sus valores espirituales. Pro­
pone que los directivos y docentes empiecen por dr
ejemplo, mostrando entusiamo y respeto hacia esos
tema. O
En un mundo cada vez más globaliZdo, en el que pre­
domina el papel de los grandes bloques de naciones, el pa­
triotismo tiende a ser minusvalorado. Aimismo, ya no se
cultiva como antes el civismo, que se deriva directamente
del patriotismo.
Este valor, valga la aclaración, no guarda relación con el
"patrioterismo" o con el "chauvinismo", es decir, la et­
ción desmesurada de lo nacional frente a lo extranjero. Por
otra parte, en un mundo donde los regionaismos están de
nueo en auge, el patriotismo auténtico exige un equilibrio
entre el amor a la región y el amor a los valores culturales e
Algunos valores básicos en la educación
históricos que engoban a la distinta regiones de un mismo
país y a la nación entera como tal.
El patriotismo se ensefa infndiendo un recto amor a la
patria, valorando su cultura y su historia y trabajando para
que ésta progrese (para lo cual hay que anteponer el bien
común a los intereses particulaes) . Implic cultivar, fente a
la demás naciones, la apertura mental y espiritual que per­
mite ver que hay un todo gobal a cual pertenecemos de
alguna maera. Una vivencia práctic de este valor es, para
quienes tienen la edad preista por la ley, ejercer plenaente
la ciudadnía a través de los mecaismos de participación
que comprenden la leyes.
En la educación, el interés por ensefar el civismo e in­
culcar el patriotismo ha disminuido, como si estuvieran pa­
sados de moda. Esto contribuye a que la nueva generacio­
nes pierd el sentido de pertenencia y de identidad nacional.
Prospera la indiferencia ante los símbolos patrios y ante la
polític misma y surge, en ociones, una suerte de universa­
lismo apátrida, en el que parece que diera lo mismo pertene­
cer a cualquier nación. Aquí vadría aplicr, a la hora de for­
talecer este valor, el aforismo clásico que sitúa a la virtud en
el juto medio entre la indiferencia ate todo lo que signif­
que amor a la patria y el nacionalismo que nos ciega ante el
vaor de la demás naciones.
Hay que ayudar a los jóvenes (y por supuesto también a
los adutos) a que sean justos en sus apreciaciones y juicios
sobre otros pueblos, ra y países, como una manera positi­
va de vivir este valor. Hay circunstancia en la que es más
1 89
Vlor para vivir los valores
1 90

fácil que los ciudadanos se unan más estrechaente, como
por ejemplo las guerras, pero, evidentemente, no hay que
esperar a que éstas estallen para fomentar el patriotismo. Es
preferible fomentar los valores sociales, culturales e históri­
cos, de modo que haya una raón común entre sus habita­
tes, además del territorio y la lengua. Amar las costumbres
del país y respetar las instituciones, a pesar de sus defectos, es
una forma de vivir el patriotismo.
El lao más estable y duradero ante este valor lo establece
el prepararse adecuadamente y luego dedicarse seriamente a
trabajar por el bien común de la patria, que es lo que condu­
ce a su progreso económico, a la j usticia y la pa y a su gran­
deza, al serirla con lealtad y, si fere necesario, con heroís­
mo.
Entre los valores que refern el patriotismo están el
civismo, la solidaridad, la participación, la amistad, el espíri­
tu de sericio y, como ya dijimos, un nacionalismo auténti­
co que lleva a amar todo lo de la propia patria sin menosc­
bo del respeto por los demás países.
Entre los antivalores que hay que combatir, además del
nacionalismo exacerbado, están la fata de solidaridad, la ce­
rraón mental, el regionalismo que olvida los las naciona­
les y todas aquellas formas de fanatismo referida a los valo­
res culturaes e históricos que impiden una visión abierta y
universal de los problema.
Hoy en día, se ve con frecuencia la infuencia nociva de
los fndamentaismos religiosos que mezclan indebidamen­
te el poder espiritua con el poder temporal o que conducen
Algunos valores básicos en la educaci6n
1 9 1
a la intoleracia con quienes no participan del mismo credo,
o a los racismos vinculados con motivaciones religiosa. A
pesar de todo lo que el mundo ha padecido con la guerras
mundiaes por causa de los nacionalismos inauténticos, no.
parece haber aprendido la lección.
� L lealtd
Consiste en la adhesión frme a la persona, a las institucio­
nes o a la ideas y doctrina, con bae en unos principios y
valores y en los compromisos adquiridos, eligiendo los me­
dios que permitan cumplirlos.
o El gan compositor español Albéniz estaba d viaje
en Pars. Desd ahl, llmó a su esposa y l dio: "Eto
gavlsimo ':
Ell vijó a Pars � al llgar a l estación dl ten, él
estaba ahl esperándl. Asombrad, exclmó: "Pero ¿no
estaba gavlsimo?"
y él l contestó: "SI, gavlsimo. Estaba empeznd a
enamorare d ota': O
Este valor es sinónimo de fdelidad a una causa, persona
o institución, a la que está ligada la confanza y la credibili­
dad, la honestidad y la integridad, que son los valores que
contribuyen a acendrar la lealtad. E, sin duda, uno de los
vaores má apreciados en las relaciones en el trabajo y en la
vida socia. La lealtad se da con las persona, con los grupos,
�/or para vivir los valores
1 92
con la sociedad entera. Y con respecto a la sociedad, espe­
cífcente, refer el comprmiso con la lees, al prpor­
cionale al indviduo bae étic sólida. Quien es lea vao­
ra la palabra dada, los comprmisos adquiridos, la prmesa
hecha y tiene, en el etremo contrario, a la desletad y la
traición como antivalores.
L lealtad tiene mucho que ver con lo que hoy se deno­
mina "comunicación aertiva" (es decir, franca, sincera, di­
recta, afrmativa) y con la proactividad. E un motor que
propulsa la participación social y la solidaridad, batallando
contra el individualismo, porque exalta precisamente la f­
delidad en la relaciones interersonales.
Con sus amigos y con los compañeros, los j óvenes tie­
nen la oportunidad de ejercer la leatad. Y con sus padres o
maestros, la lealtad se representa no por el sometimiento cie­
go, sino por una adhesión ranada y ranable (que, a su
ve, le permite ranar a quien ejerce la autoridad) : "Sólo el
que manda con aor es servdo con lealtad" (Francisco de
Quevedo) . L lealtad se nutre con la refeiones sobre los
motivos por los que obedezco.
No obstante, la lealtad puede verse empañada por el apa­
sionamiento y la emotividad, raón por la cua es conve­
niente revisar los valores que compartimos con la persona
con la que somos leales y que fndan nuestra relación. Evitar
el encubrimiento, la simulación y la falsa apariencia para
proteger a una persona con la que se supone que somos le­
les contribuye a vivir auténticente e vaor (tabién aon­
tarla, con absoluta sinceridad, cuando nos damos cuenta de
Algunos valores básicos en la educación
sus equivocciones o de su deslealtad) . L lealtad no supri­
me el criterio para opinar, criticar o denunciar aquello que
sinceramente creemos que está mal. Igualmente, somos lea­
les cuando no estaos de acuerdo con personas que expo­
nen hechos que son ciertos pero constituyen una difama­
ción o un atropello al derecho a la intimidad.
Aquí, también cbe defnir la lealtad con uno mismo
como la adhesión frme y estable a los principios y valores
que uno adopta como guía para su conducta y que luego le
siren de bae para la relación con los demá. L honestidad
y la integridad, podemos decir, son valores íntimamente re­
lacionados con la lealtad.
Una condición básica de la amistad (y de cualquier rela­
ción cercana) es la lealtad, que se alza como la manera en
que respondemos a los esferos que los demás hacen por
nosotros y a la confanz que ellos depositan en nosotros. En
la fertes crisis de la vida se pone a prueba nuestra lealtad
con los amigos y los compañeros, por ejemplo, al mantener
frme la confanz y la credibilidad en ellos a pesar de la
murmuración y de la crítica destructiva que se eche sobre su
honra y sus actuaciones.
En la sociedad actual, la deslealtad está a la orden del
día: esposos o esposa que son desleales por un romance pa­
sajero con otra persona; padres que son desleales con sus
hijos al no ser feles con el compromiso de educrlos inte­
gralmente; hijos que son desleales con sus padres porque no
cumplen la promesa de cuidarlos en su vejez y ayudarles a
enfrentar la difcultades de esa edad; profesores que son des-
1 93
llor para vivir los va/ores
1 94

leaes con sus alumnos al no enseñarles con honestidad ni
formarlos con una conciencia recta; alumnos que no son leales
con sus educdores al no empeñarse en vivir de acuerdo con
lo que les han enseñado; empleados que son desleales con su
empresa porque no dan lo mejor de sí mismos; empresas que
no son leales con sus empleados al no brindarles la capacita­
ción necesaria para que crezn cada día como personas ín­
tegras, pues le dan prioridad a las ganancias económicas; fn­
cionarios que no son leales al gobierno porque se aprovechan
de su cargo en benefcio propio; gobernantes que no son
leales con quienes los eligieron para serir al bien común
porque se dejan llevar por el ambición de poder y de conce­
der prebendas a quienes no son los más capaces para ejercer
determinados cargos.
· � Lpa
E la "tranquilidad dentro del orden", la convivencia huma­
na j usta, para que las personas puedan lograr sus objetivos
personales, familiares y sociales.
o Petarca reere el sigiente diálgo que mantvo
con un lco:
El lco, al ver sols en marcha, pregnta al poeta:
'¿ dnd vanl"
L l gera': l respond Petarca.
El lco observa: "¿No es ciero que esta gera terina­
rá un buen día mediante l pal"
Algunos valores básicos en la educación
';-Es ciert!': replica el poeta.
Entonces añad el lco: "¿Por qué no hacen inmediata­
mente l paz antes d comenzr l gera?"
y Petarca concuye, melncólicamete: 'í Y pieno igl
que este lco!" O
Siempre se ha destacdo el apecto subjetivo de este va­
lor: la paz interior, que se aprecia en el equilibrio y la armo­
nía del hombre consigo mismo que, a su vez, se transmite a
la concordia del grupo. Para que esto sea posible, es necesa­
rio que el hombre acte las normas que regulan la conviven­
cia como aquélla que le vienen dictadas por la conciencia.
A pesar del progreso en muchos ámbitos, especialmente
en el científco y el técnico, asistimos a una crisis generaliz­
da de la pa. No sólo aumentan los problemas interiores que
desembocn en enfermedades psicológicas y en desajustes
vitales, sino también los confictos que se evidencian en la
familia, en los grupos sociales, en la empresa y en el Estado
mismo.
L educación tiene, pues, una gran tarea: educar paa la
pa, lo que supone reforr los valores asociados directamen­
te con ella: la toleracia, la comprensión, el respeto, la con­
vivencia y la juticia. Y debe ayudar a desterrar, tanto de los
coraones como de la sociedad, la violencia, la guerra, la in­
justicia, la intolerancia y los desequilibrios que difcultan la
pa.
Hace fata que la escuela insita en la vivencia de este va­
lor, desde las má tempraas edades, para que con 5U in-
1 95
Vlor para vivir los valores
1 96
fuencia se pueda contrarrestar el clima general de violencia
(difndido ampliamente por los medios de comunicción) .
Por contraste, los niños y los jóvenes pueden aprender a vivir
la pa, al conocer y aumir la realidad en la que viven. Des­
cubrir el valor y la fer de los laos que los unen entre sí y
con su entorno, les ayuda a descubrir este valor con todas sus
eXgenCIa.
Lograr que la educción forme seres pacífcos y serenos,
en los que el amor se arraigue antes que el odio y la pa antes
que la violencia, debe ser el gra desafío de los padres y los
educadores de hoy.
Hay que combatir la angustia y la ansiedad, la intranqui­
lidad proveniente de abientes familiares tensos (domina­
dos por los confictos de la pareja o por la violencia intra­
familiar) o de ambientes escolares de los que se ha adueñado
la desconfanz entre profesores y alumnos. El componente
espiritual de todo esto es difícil de entender, pero está aí
presente.
Si yo no tengo pa interior, difícilmente puedo controlar
mis reacciones frente a los demás. Si dentro de la persona
hay orden (pensamientos, emociones equilibrada y sosiego)
estará abonando el terreno para la pa interior y, coro futo
de ella, para una contribución a la pa del entramado socia
en el que vive. E una tarea de largo aliento que signifc
empeñar muchos esferzs y una larga paciencia.
"L pa interior -lo recuerda López Quintádepende,
en buena medida, de la tolerancia mutua. L verdadera tole­
rancia no se reduce a una mera permisividad-aceptación de
Alunos va/ores básicos en /a educación
cuaquier tipo de conducta; no implica indiferencia ante la
verdad y los valores; supone respeto, en sentido de estima
(Libro d ls valr�s) . No signifc "una condición pusiláni­
me sino magnánima, no ambigua sino clara y decidida, no
insegura sino frme".
Sólo desde la pa interior de las personas, desde la pa
del espíritu, se puede construir la pa de la sociedad. Este
derecho a vivir en pa es un derecho fndamental inherente
a la dignidad de la vida y al ejercicio de la libertad. No basta
con reconocerlo, hay que disponer los medios para garanti­
zrlo y para recobrarlo en los ámbitos en los que se haya
perdido.
Aí como contemplamos, para las nueva generaciones,
el derecho a un ecosistema equilibrado (no a punto de
colapsar como lo está ahora) , también deberíamos contem­
plar el derecho a una sociedad en pa, armónic, lo que los
hombres nacidos en el siglo x no hemos sido cpaces de
construir.
� L cnstca
Signifc no dejarse llear por la variación de ideas o senti­
mientos, ni dejarse vencer por la difcultades, para trabajar
con estabilidad y frme de ánimo.
o Siepr� que su padr�s l pregntn a Lilina (d
I3años): "¿Por qué no �stdia un rato f lugar d v�r
t�lviión?" o "¿Por qué no ar�gú t ropa f lugar d
1 97
llor para vivir los valores
1 98

darl trad en dsordn sobre l cama?': su respuesta
inevitabl es: «No tengo gana': Y si llga una visita y
su padres l llman para que salud y esté un rato con
ells, Lilana da oír dsd los un: 'hora no tengo
gana': y si estdn sentas a l mesa y l siren un plto
con comid que a ell no l gsta, l varante es: «Eto
no me gst, parece muy fo, preero comer ota cosa':
Maro y Sold su padres, a veces piesan que el col­
go no l ha servid a l niña, pues estudia por obliga­
cón a l hora d ls edmenes y ls resultads son me­
diocres. Alna veces, el autobús dl colgio l da
porque no se lvanta a tiempo. Maro se ha vuelto into­
lrante con ell, pues piena que a su ed ya dbera se
m responsabl. Un dí, dicutiend sobre el tema, d­
cdn ir al psicólgo a consultrl. Después d hablr
con l niñ, se reúne con ells y ls d una pauta d
acción:
-No es el colego el que l educa mal son usteds
ls que l han dado crecer sin una disciplina en el
hogar
-Miren l crcunstancia no como un problma,
sino como l ocaión para hablr con l niña y hacerl
ver l raznes para cambiar
-La superacón d su dicultads requiee tiempo,
pacencia y una acción constante, organiz en paos
concetos y sencills que ell vaya incororand proge­
sivamente, concente d que sól ell pued hacerl y d
que se tata d su propio bien.
Algunos valores básicos en la educación
-Pónganl tarea muy sencll y ayúnl a dsa­
rollrl poco a poco, pero aegrense d que sienta su
apoo y su frtalz afctiva en tod momento. O
L constancia requiere de la misma estabilidad propia
del hábito que conduce a la vinud y, aimismo, de frmea,
voluntad, ánimo y perseverancia; consiste, en otras palabra,
en el vivo propósito de acabar lo que se empiea. Muchas
cosas, en todos los contextos, se comienzan pero se abando­
nan porque no se tiene la voluntad para llevarlas a su fn,
para no amedrentarse ante la difcultades.
Este valor es decisivo para acometer las tareas y realizar­
la, contra viento y marea, con o sin gana. El deseo del cam­
bio acecha permanentemente a la constancia. Sobre todo,
cuado el cmbio puede ser un modo de escape p
a
a dejar
de hacer lo que se estaba haciendo bien. Como también lo es
afontar una tarea o un compromiso sin estudiar antes las
difcultades que pueden presentase en el camino.
Otro vaor asociado a ella es la perseverancia. Quien es
perseverate saber llega a fnal de lo que se ha propuesto.
Esto sólo puede lograse porque se tiene ua motivación muy
profnda y la convicción de que vale la pena hacer lo que se
etá haciendo.
Por eso es bueno trabajar con otros en la escuela, descu­
brir el vaor del trabajo en equipo. Para enseñar este vaor, es
neceaio crear proyectos que requiera la cooperación de
sus panicipantes. Ls depanamentos aislados o la divisio­
nes dentro de una misma organizción no contribuyen a la
1 99
Vlor para vivir los valores
200

constancia, precisaente porque no se pone en común lo
que cda uno hace y no se comparten los objetivos, y esto
hace que todo sea má lento. Si, en cbio, hay participa­
ción y se comparte, todos hacen el trabajo con mayor interés
y, posiblemente, con mayor constacia.
En la educción hay que estar pendiente de que los estu­
diantes perseveren en sus propósitos. Para eso, a ellos les será
útil hacer un plan de vida (como una herraienta concreta
para sacr adelante sus proyectos) , que sea sencillo y fácil de
seguir, que les permita hacer la modifcciones necesaria y
que no los deje llevarse por la pere y la comodidad. Tam­
bién es importante conversar con ellos sobre cómo van los
objetivos, el tiempo y la actividad dedicdos a cada punto
del pla. El desaliento ate los facaos también desempeña
un papel negativo, a que hay que responder con má moti­
vación.
Tabién será útil aociar a la vivencia de este vaor la
vivencia de la responsabilidad, que obliga a no abandonar
un propósito por falta de empeño o por no distinguir bien
entre lo importante y lo urgente. A veces, se tiende a hacer lo
más urgente, dejado pendientes la cosa imporntes, y
luego el tiempo no alcanz. El aprovechaiento del tiempo
y la puntualidad ayudan, igualmente, a fortaecer la cons­
tancia.
Este valor es una fente vita de preparación para el ftu­
ro profesional. Ser profesional es tener una dedicación cons­
tante y seria para llear a cbo una tarea que produce unos
determinados benefcios o resultados. Ante la tentación de
Algunos valores básicos en la educación
201
la inconstancia, la persona con una mentalidad profesional
sabe que si no perseera la tarea no sadrá adelante. L mis­
mo cbe decir de los estudios, de una materia y de un com­
petencia deportiva, entre otros.
Un aimento para la constancia es tener siempre presen­
te el proyecto de vida, la visión o el sueño que se quiere
alcnzr, y esto se convierte en el mejor antídoto contra e
desánimo o la falta de esperanz que puede producirse ante
cieros acontecimientos negativos o ante la difcultades.
L paciencia, "que todo lo alcanz" (Teresa de Jesús) , le
presta una ayda invaluable a la constancia porque eita la
precipitación y, en la grandes difcultades, la desesperación
o el abandono de la tarea emprendida. L persona constante
siente la satisfacción del logro, de llegr a las metas buscda.
Necesita siempre de una "determinada determinación" para
no dejar la tarea a medio cmino, para no entregase a la­
mentaciones de "lo que pudo haber sido y no fe".
A vece, la publicidad y los medios de comunicción ofe­
cen unos modelos de vida ta fáciles y eitosos que atraen a
la gente aprovechándose de su ingenuidad. No es posible
que el éito económico o profesional y, sobre todo, los gran­
des ideales de la vida se puedan alcnzr sin un esfero rei­
terado, constante y perseerante en el día a día.
Para ser constante es importate tener muy caro lo que
se quiere en la vida y de qué manera acnzrlo, aí como
poder ponderar el esfer que se requiere. Per también es
necario fomentar la actitud de que vale la pena sacr las
cosa adelate siempre, porque de esta forma se es coherente
V/or para vivir los va/ores
202
y leal con los demás y consigo mismo. No podemos dejarnos
engañar por el ejemplo aparente de gente que alcanza gran­
des éxitos desde muy joven. Para encontrar el valor ejemplar
de una vida hay que verla en perspectiva, a lo largo del tiem­
po. y para ello hay que tener una gran fe en uno mismo y
confanza en que al objetivo propuesto se llega con discipli­
na, esferzo y tenacidad.
� L volutd
Es la facultad o capacidad de querer ago con carácter de
bien y de autodeterminarse para conseguir una meta.
o Pedro y Diana solan premiar y catigar a su hios
con dinero y perios para ver telviión. Luisa (d I0
años), Anita (d I2)Y Migel (d I4)sabían bien l
que tenían que hacer para tener contentos a su pares.
C eamen o tabajo en el colgo estaba precedid d
una promesa d dinero o d perisos. Los padres ha­
bían utliz este mimo métod dsd que ls niños
estaban pequeños, pero a medid que éstos iban crecien­
d, ls costaba mm tabajo alanzr ls objetivos dl
estudio. Entonces Pedro y Diana tvieron que incre­
mentar l cantidd d dinero, l hora d telvisión �
fnalmente, ls regals (monopatín, equio d sonid,
biciclta, etc.).
En una reunión con el conseero dl colgo, dspués
d enterarse dl métod para motvar a sus hios a estu-
Algunos valores básicos en la educación
203
diar éste ls dio a Pedro ya Diana que se habían equi­
vocad d estategia y que iban camino d lgar que
sus hios feran persona d volunta muy dbil. Les
recomend hablr con cad uno por separad y exli­
carls clramente el porqué dl nuevo métod: "Lo ha­
cemos por el bien d usteds': ''to ls preparara para
que en el ftro hagan l cosa por volunta propia':
"No hay que remunerar el cumplimiento dl deber; van
a contar con una mesad fja cad semana, sin premios
ni catigos': Los ds mayores, a pesar d l protesta ini­
cial comprendieron y aceptaron poco a poco el nuevo
sistema, mienta que a l pequeña, acostmbrad al
mimo peranente má que a ls premios, l costó mu­
cho má. Sin embargo, todvía había tempo y camino
para endrezr ls años en que no se manejaron bien l
cosa, y Diana y Pedro estaban convencids de que el
nuevo métod dra futos. O
Hemos escogido la voluntad como valor por la impor­
tancia que esta facultad humana tiene en la educación de la
persona (tanto en la familia como en los centros escolares) y
por todo lo que implica el hecho de carecer de voluntad. El
proyecto de vida de cada persona tiene un motor central: la
voluntad. De ella dependen tanto el empeño que se ponga
en lograr ese proyecto de vida como la velocidad con la que
se lleve a cabo.
L persona se "construye" a sí misma constantemente, y
el camino de la vida se abre con los propios paos, es decir,
Wlor para vivir los valores
204
los de la voluntad que se afrma en cada experiencia. El es­
fero, la lucha por triunfar en el proyecto de vida, la rectif­
cación del rumbo y los conocimientos adquiridos constitu­
yen los paos de ese caminar. Camino bien si mi voluntad
está andada con frmez, con decisión y con seguridad en lo
que quiero ser. No me bata el sentido del deber o saber lo
que quiero. Necesito una fer interior que traduz mis
pensamientos en acciones que estén de acuerdo con ellos, y
esa fer es la "voluntad proactiva , una voluntad formada:
sabemos lo que queremos y nuestra preocupación es encon­
trar el modo de conseguirlo.
Todos entendemos lo que signifc tener voluntad para
algo, ser personas con fer de voluntad o, al contrario,
tener muy poca voluntad. También hemos oído que una
persona de voluntad consigue lo que quiere y que una perso­
na con una voluntad débil es "inútil". ¿Cómo fja la persona
su voluntad en la práctic y aleja ,de sí la indecisión, sin que­
darse tampoco en la buenas intenciones? Acta, toma deci­
siones, expresa propósitos y trata de cumplirlos con toda
sus fer.
Todo esto no se logra de un solo golpe. En la educción
hay, muchas veces, más preocupación por formar la inteli­
gencia que la voluntad. Y, al menos aparentemente, los re­
sultados de la voluntad son menos cuantifcbles que los de
la inteligencia. Pero en realidad son U importates, o má,
que los de la inteligencia, porque comprometen a la persona
entera.
Los pasos de la voluntad son:
Algunos valores básicos en la educación
205
� La concepción o representación: consiste en captar la
realidad de los objetos, ya sea una imagen sensible o
idea. Sin esa representación, la voluntad no se mueve.
� La deliberación: es el examen atento de lo representado
y de los medios que nos llevan a él (los "pro" y los "con-
"
¹
tra .
� L decisión o elección: es el acto central del proceso en
el que juega un papel decisivo la libertad.
� La ejecución: es la ordenación y puesta en marcha de
las operaciones para hacer efectiva la decisión.
Los problema que nos pueden asaltar en este proceso de
la voluntad son: que no nos representemos nada, o que nada
nos interese ni nos motive; que en la deliberación nos venza
la pereza mental, la impulsividad, el capricho o la superfcia­
lidad; que en la decisión se de una dilación; que en la ejecu­
ción haya pérdida de tiempo, desorden y falta de atención, o
que en cada fase del proceso falte la motivación.
"Dime lo que quieres y te diré quién eres" es un refrán
que resume el poder de la voluntad en la confguración de la
personalidad. Dicho con otras palabras: cada uno puede lle­
gar a ser lo que quiere ser. Es cuestión de proponérselo y de
obrar en consecuencia. Se puede, pues, aprender a querer,
que es una manera de expresar que la voluntad está siempre
en proceso de formación.
Tanto la frmeza y la armonía de los sentimientos, como
saber orientar constantemente el compromiso al que nos
impulsa la libertad, nos ayudan a conserar y fortaecer la
Vlor para vivir los valores
206

voluntad. Así como la pereza, la falta de determinación, la
comodidad, el desorden, la desilusión y el conformismo la
desvían.
� Ícácter
Consiste en el modo de ser estable, que demuestra frme
en las convicciones y coherencia en la actuación.
o Rfel es un joven "bien plntad': inteligente y
simpático. A sus I6años ocupa el cento d atención
ente sus amistads. Busca estar en tod y que no se haga
nad sin contar con él Le gsta quedr bien y pedir
reconocimiento por l que hace. Piensa que l chica
ven en él el meor partid d ente tods sus amigos. Y l
confrma por él éito que tiene con ell. Mira a su
amigos un poco por encima dl hombro. Juan y Camil,
ls meores d su curso, l parecen cursis y aburdres.
No llvan ropa d marca como l suya y no están en ls
plnes que él organiz. Sus padres l celbran tods su
éitos y complcen tods su caprchos. Cuand l in­
tentan reprendr respond brcamente y sal d caa
en busca d un "ambiente dnd sí me comprendn': Es
crtico y punznte cuand habl dl colgo, d ls pro­
fsores y d quienes no están dnto d su círcul. En ls
paeos, l encanta contarls a ls otos sus gands aven­
tra y viajes, en ls que l imagnación l llva muy
ljos d l realidd ( lga dslumbrarls). Pero a veces,
Algunos valores básicos en la educación
207
en esos momentos, se acuerd d l envidia que siente
por ls éitos en ls estdios d Juan y Camil. Se calma
pensand que un día tendrá mucho dinero, será muy
podroso y no tendrá est preocupacones. O
El carácter se refere a cierta invariabilidad psicoló
g
ica, a
una afrmación de lo que yo considero que yo so y que no
depende de mis circunstancia. Mi carácter se revela en mis
acciones, está moldeado por mi voluntad. Conocer bien mi
crácter es saber qué capacidades ten
g
o para lo
g
rar cosas
nueva en el fturo partiendo de lo que soy ahora.
Todos sabemos lo que si
g
nifca ser una persona de crác­
ter bien defnido: es tener conviccione y seguridad en lo
que se hace, etc. Y también sabemos cuáles son la conse­
cuencia de la falta de carácter: volubilidad, inestabilidad,
li
g
ere en el obrar, etc. Estructurar un crácter frme es ta­
rea de años y de desarrollo de otros valores, como la recie­
dumbre, la valentía y la fortalez, no porque e|carácter se
reduzca a estos valores sino porque lo expresan más fácil­
mente. Mi carácter se amal
g
ama con mi voluntad, con mi
libertad y con mi proyecto de vida. Por eso no debemos de­
jar que predomine la tendencia fatalista de concebir el carác­
ter como lo inmodifcble, sino la aseriva que lo ve como la
cpacidad de proyectarme, la posibilidad que está en mis
manos de ser diferente.
L formación del carácter cumple un papel fndamenta
en la educción. Hacer de los hijos y de los alumnos perso­
na de cácter es un gran reto en un mundo en el que, como
llor para vivir los valores
208

afrma Stephen Covey, en la personalidad se han exagerado
apectos como la autoestima, la imagen, el "maquillaje" (la
apariencias y la motivaciones de tipo social, taes como "que­
dar bien" , sobresalir y lucirse) , mientras que se ha menospre­
ciado el carácter, al descuidar el hondo contenido de los va­
lores morales.
Hay demaiados espíritus blandengues, comodones, te­
merosos del esfero y mediocres, que son producto de un
carácter que no se estructuró en una edad temprana. L que
los padres y los maestros son y hacen, el ejemplo que dan, lo
que dicen a los hijos y la lucha constante de éstos por sacar
adelante sus objetivos y planes y por ser persona de bien
constituye una poderosa fer "confguradora de carácter.
Una persona de carácter no vive cambiando de modo de
ser y de actuar, sino que se guía por unos determinados prin­
cipios y valores, es decir, es constante y consecuente en su
conducta. En la educación, esto es algo defnitivo. Si quere­
mos formar bien a nuestros hijos y alumnos, tenemos que
aydarles a que ellos mismos forjen su propio carácter, a que
sea ellos mismos, a que tenga su propio criterio en el modo
de comportarse en la vida y a que aprendan por ellos mismos
a ser leaes a los principios por los que procuran orientarse.
Un hombre o una mujer de carácter piensa, ante todo,
en lo que quiere hacer de su vida, examina cómo ha marcha­
do hasta ahora y pone por delante el proyecto de vida para
ver qué más debe hacer. Todo ello se puede lograr, y conduce
al diseño de planes de estudio, relaciones, trabajo, etc. Pero
esto no puede depender de grandes decisiones o del estado
Algunos valores básicos en la educación
209
de ánimo, sino de los pequeños pasos que se van dando con
perseverancia lo largo del camino.
El carácter se expresa en saber actuar con criterio, al pen­
sar bien las cosas y j uzgarlas dentro de sus circunstancias (lo
que hoy es objeto de preocupación por el momento que se
vive, mañana puede parecer una anécdota sin importancia) .
Tener carácter signifca que hay algo permanente en la per­
sona que le permite darle sentido a cada cosa y no dejarse
arrastrar por el torbellino de los acontecimientos.
Reciedumbre, valentía, frmeza, comprensión y sereni­
dad suelen ser valores propios de la persona de carácter. Ésta
no se rinde fácilmente ante los problemas e insiste una y otra
vez hasta encontrar una salida. No se escuda en que las cosas
son muy difciles o en que no está de ánimo para enfrentarlas.
Corre riesgos sin temeridad, oye prudentemente el consejo
de los demás y se deja ayudar.
La persona de carácter es luchadora tenaz, actúa con sen­
tido común y con visión de lo que quiere, con realismo y sin
dejarse llevar por la imaginación. Asimismo, ataca el egoís­
mo y no se encierra en sí misma. Como ocurre con los de­
más valores, el ej emplo que la persona recibe en el hogar, en
la escuela y en trabajo es importante para formar su carácter.
L laboriosidad pugna con la comodidad, el aburrimiento y
la pereza. Siempre es más fácil dejarse llevar por la corriente
que ir en contra, y el carácter exige muchas veces esta actitud
de esferzo denodado y perseverante.
Por último, cabe insistir en el autodominio como sinó­
nimo del carácter, pues éste hace que la persona se controle y
llor para vivir los va/ores
21 0

sepa estar en su sitio, brindando seguridad y frmeza a quie­
nes la rodean. Citando a Afonso Ailó (Educar el cardcter),
podríamos concluir la referencia a este valor diciendo que
"el éxito está en descubrir esa natural sucesión educativa:
> Motivación en los valores
> Actos favorables
> Araigar virtudes
> Consolidad el carácter".
Cómo construir
valores en
la educación
10
E
n los capítulos anteriores, hemos insistido en que lo
más importante es la vivencia práctica de los valores.
Más que los valores que se difunden en plegables, folletos
e impresos, nos interesa afrontar la difícil tarea de propo­
ner estrategias que nos permitan vivir valores específcos.
Éste es el punto cardinal en el que se pone a prueba y se
constata que los valores no pueden quedarse en una teoría.
Por lo tanto, vamos a avanzar ahora un poco más y propo­
ner un método para realizar el paso de la teoría a la prácti­
ca.
Esto es lo que llamamos la "construcción" o el "desa­
rrollo" de valores. Así como en el conocimiento se pueden
formar signifcdos má complejos a partir de elementos sim­
ples, la conformación y consolidación de los valores se pue­
de realizar de manera análoga.
Vlor para vivir los valores
21 2
A continuación, vamos a indicar unos paos o aspectos
de este proceso para poder desarrollarlo en los centros edu­
cativos. Este proceso se puede dar a conocer en reuniones
que no sólo incluyan a los directivos de la institución y a sus
profesores sino también a los padres de familia. Asimismo,
el proceso debe tener como objetivo principal fortalecer los
valores que la institución haya defnido como prioritarios,
para inculcarlos en cada uno de los integrantes de la comu­
nidad escolar.
Los pasos aquí señalados son una orientación general,
que deberá concretarse en planes de acción para cada área y
para cada nivel de la enseñanza. También puede ser útil adap­
tar los valores básicos de la educación (expuestos en el capí­
tulo anterior) a las circunstancias concretas de la institución
educativa, de sus profesores y de sus alumnos, según los dife­
rentes grupos y edades. (Se reiteran, de acuerdo con los pa­
sos a seguir, ideas fndamentales ya vistas en los capítulos
anteriores.)
Primer paso: proceso de interiorizción
Los valores sólo cobran vida por medio de las personas que
los viven: el valor que pretendemos inculcar y que nos inte­
resa construir es aquél que se incorpora a la vida a través de
los hábitos.
El valor "cualifca" o "determina" la conducta huma­
na, ayuda a confgurarla y a transformarla en la medida
en que se vive. Cuando muchas personas comparten la vi-
Cómo construir valores en la educación
21 3
vencia de un valor, se puede decir que éste es vivido so­
cialmente, pero su esencia está en la práctica individual
de los mismos.
Recordemos también que el vaor puede asumirse como
sinónimo de virtud, pero no son lo mismo. La virtud es la
vivencia cotidiana del valor. Es decir, cuando hablamos de
"construcción" o "desarrollo" de valores, estamos hablando
de la adquisición de la virtud. Y el objetivo de una educa­
ción en valores es que los estudiantes incorporen esos vaores
como hábitos estables, que los vivan como virtudes, o sea,
como prácticas espontáneas e inconscientes.
1 . ¿Qué hacer paa que los valores no se queden en
los folletos o colgados en letreros en la pades?
E fácil estar de acuerdo en la importancia que tienen los
valores para la persona y para la educción, pero nuestro
propósito es que, como fruto de su interiorizción y proyec­
ción, los valores lleven a crear un clima en la comunidad
escolar. En otras palabras, nos proponemos evitar que se
queden colgados en las paredes o en los folletos. Los valores
pueden estar muy bien seleccionados y defnidos, pero esto
no nos asegura que se viva reamente.
L gente valiosa no es la que dice cosas bellas acerca de
los valores; de igual modo, un amigo no es aquél que habla
bien de la amistad, sino aquél que vive el valor de la amistad,
lo que se consigue progresivamente, adquiriendo hábitos que
se llegan a vivir de manera inconsciente cuando han sido
arraigados.
�lor para vivir los valores
2 14
2. De id a querr cncro: l introrcón
El proceso de interiorizción de los vaores supone querer
acanzrlos y, por lo tanto, supone la existencia una ranes
que me impulsan y me motivan a emprenderlo. E necesario
saber qué es lo que quiero y cómo lo voy a lograr, siendo
consciente de que tengo la capacidad y la voluntad que me
da la fer necesaria para sacar adelante ese propósito. Pero
si me quedo sólo en el deseo, no construyo ningún valor. E
vaor de la responsabilidad, por ejemplo, debe estar en cda
uno de mis actos; si me quedo en actos aislados de responsa­
bilidad, dejo la construcción a medias. Para comprender
mejor este proceso de interiorizción de los valores, veaos
la siguiente matriz:
M
ALALM HIS
+
KWNbL
w
w
M
M
3
¬
¬
4
Ü
w
M
+
2
W
1
w
=
w
M
M
Ü
ALALLM ML LNLLL
w
.s ÏKNbL mYAR
cou8cÌcutc Ìucou8cÌcutc
El primer cuadrante indic la situación del indivduo: no
conoce el valor o no se ha dado cuenta de que le hace falta
practicrlo. L grác nos dice que este comportamiento es
inconsciente, pero corresponde a una actuación incorrecta.
Cómo construir valores en la educación
2 1 5
El segundo cuadrante nos muestra que el individuo ya
conoce la importancia de ese valor, pero sigue sin llevarlo a
la práctica. En este caso, decimos que es un componamien­
to consciente que sigue siendo incorrecto.
El tercer cuadrante indica cómo la persona llega a adop­
tar un componamiento correcto mediante las acciones
prácticas del valor y a través de un aprendizaje constante,
adoptando así una conducta consciente. No obstante, esta
conducta todavía puede reducirse a acciones aisladas que no
corresponden a una actitud permanente.
Por último, el cuano cuadrante muestra la dimensión
máima de la interiorizción del vaor, en la que el individuo
practica el valor de manera constante y permanente, convir­
tiéndolo en una actitud inconsciente, pues adquiere el hábi­
to del valor, lo que llamamos vinud.
3. Decisi6n, acci6n y hábito
L única manera de avanzar es lograr que la decisión tomada
sea permanente y que yo me comprometa con todas las ac­
ciones en la que interviene el valor que elegí adquirir cons­
cientemente, de manera que llegue a hacerlo pane de mi
conducta en tal grado que brote de mí sin proponérmelo.
L conciencia y la libenad son esenciales a este proceso,
y cuando se logra el hábito o la repetición estable de los mis­
mos actos, éstas permanecen implícitas, inherentes a la con­
ducta. Sería absurdo pensar que lo que se logra consciente y
libremente se vaya a convenir en algo mecánico o automáti­
co que conlleve la pérdida de la libertad. Además de la liber-
Wlor para vivir los valores
21 6

tad y la conciencia, en el proceso de formación de vaores
están involucrados la inteligencia, la voluntad, el sentimien­
to y la aptitudes de la persona.
De la decisión debo paar a las acciones concretas, de un
modo explícito y consciente, pues antes adoptaba de, mane­
ra inconsciente, una actitud negativa frente al valor.
4. Dircci6n del proceso
L dirección general de este proceso se puede describir así:
El conocimiento de cada valor � Acciones conscientes �
Hábitos (incorporación del valor a la vida) .
Puedo conocer un valor (tenerlo en mente o, incluso,
desearlo) , pero mientra no lo lleve a la práctica se trata de
una simple información inconsciente. Mi obrar no es toda­
vía valioso, si no logro integrarlo conscientemente a mi con­
ducta y crea hábitos con los cuales ésta se estabilice y viva el
valor sin buscrlo deliberadamente.
5. Proceso de incororaci6n vt
El proceso de incorporación vital del vaor, cuya culmina­
ción es el ejercicio de lo que se denomina virtud (hábito
subjetivo y operativo estable de realizar el bien en un deter­
minado aspecto) , tiene diferentes intensidades dependiendo
del valor en cuestión. Hablar del dinero como valor no es lo
mismo que hablar de la lealtad como hábito subjetivo. Una
persona con valores es una persona competente en su traba­
jo y en sus relaciones. Por extensión, podemos decir que una
Cómo construir valores en la educación
21 7
institución eductiva, como conjunto humao, también re­
feja valores que no son necesariamente la suma de los valo­
res de la personas, pues el fn común es mucho más que la
suma de los fnes individuales.
Segndo paso: pro
y
ecci6n
y
práctc inte
r
ersona
L idea esencial es tener plena conciencia de que practicar
los valores es un aunto personal e intransferible, pues nadie
los puede vivir por mí.
É
stos requieren el ejercicio indivi­
dual y el compromiso específco de cda uno. Vivirlos en
todos y cda uno de los ámbitos en los que me desenvuelvo
e la única manera de que exsta coherencia en mi conducta.
Uno de los problema más fecuentes se revela al obser­
va que hay gente que vive determinados valores en su traba­
jo pero en el hogar o en la vida social cbia de valores o
practic los antivalores correspondientes. Por ejemplo, no se
puede ser sincero en el centro eductivo y, al mismo tiempo,
no serlo en la familia. Así, se produce una impostura que me
perjudic más a mí que a los demás.
1. L constacia cmo ho conductor
L práctica de los valores necesita de un valor en especial
para lograr su incorporación: "la constacia .
É
sta nos per­
mite trabajar con ánimo frme y estable, sin que nos desvie­
mos de nuestros propósitos. En la vida diaria, se demuestra
si la apiración de vivir los valores se convierte en algo real,
Vlor para vivir los valores
21 8
en un modo de actuar. Sin la práctica voluntaria, libre y cons­
tante no es posible construir ningún valor ni comuniclo 3
los demá.
2. Que se note en el da a da
Practicar valores es demostrar, en e! día a día, que se piensa,
se estudia y se trabaj a por ellos, y que esto conforma un esti­
lo de vida. En la práctica, hay valores que se reconocen como
parte de la institución (por ej emplo, la lealtad de sus miem­
bros) ; sin embargo, éstos pueden verse disminuidos por otros
hábitos, como e! chisme. Éstos son los antivalores, que tam­
bién son hábitos operativos pero no conducen a la práctica
de! valor o a su encarnación en forma de virtud, sino a su
contrario: e! vicio. Y esto exge un proceso de "desapren­
dizaje", que debe tener la misma fer de! aprendizje pero
en busca de! desarraigo de los antivalores, para abrir paso a
los vaores correspondientes.
El primer paso, e! de información, conocimiento e inte­
riorización de los valores, no es sufciente. Hace falta pasar
de la acción personal a la interpersonal, que no es simple­
mente hacer cosas o prestar servicios sino hacerlos parte de sí
y brindarlos a los demás.
3. L pro
y
ecci6n a los otros
L práctica auténtica de los valores es aquélla que genera un
mejoramiento en los frutos de mi actividad y que, conse­
cuentemente, me mejora a mí mismo y a los otros. Por eso
podemos afrmar que a hacernos mejores, mejoraremos todo
lo que hacemos y ayudaremos a mejorar a los demá.
Cómo construir valores en la educación
21 9
L conjunción adecuada y jerarquizada de los valores que
practicamos confere unidad y coherencia a la conducta, lo
que se opone a la falta de compromiso y de identidad que
revela una persona que es contradictoria en sus valores, o
que los cambia según sus caprichos y sus estados de ánimo.
En la familia y en la educación, puede idearse un sistema de
reconocimiento de vaores que permita estimular a quienes
se esferzn en acrecentarlos y en comunicarlos a través del
ejemplo a los demás.
4. Compartirlos interpersonamente
Lo anterior implica un cuestionamiento constante sobre los
valores que son más necesarios para desarrollar en cada ám­
bito de la vida. Y la ventaja de la educación es que ofrece a
los estudiantes diferentes ámbitos y ocasiones para fortalecer
los valores. En el aula, hay unas actividades que requieren
atención, concentración, interés y paricipación en muy di­
versas forma. Pero si tenemos en cuenta los ratos de descan­
so, de deporte y de actividades complementarias u opciona­
les, incluidas las de tipo social, encontramos también
innumerables oportunidades para practicar los valores.
Los profesores, como buenos obseradores del compor­
tamiento de los alumnos, tienen muchas ociones para acon­
sejarlos sobre los hábitos que deben desaprender y sobre los
que deben procurar arraigar. Nadie mejor que ellos, dentro
del centro escolar, para hacer un seguimiento de cómo com­
parten, conviven e interactúan permanentemente con sus
compañeros.
Vlor para vivir los valores
220
5. Rsponsabidad de todos
La construcción de valores se fndamenta en la conducta de
la persona, que son las primera benefciada y la únic
responsables de que los valores operen efectivamente. Por
eso, hay que empezr por uno mismo: conocimiento, con­
ciencia, decisión, acción, hábito, propósito, constancia y di­
ligencia para mantener el propósito a lo largo del tiempo,
comprobando los resultados en la conducta y en la percep­
ción que los demás tienen de ella. Es importate confontar
la visión que yo tengo de mí mismo con la que los de más
tienen de mí; esto no signifca que yo deba ser como los
demás quieren que sea, solamente es un modo de alejar la
posibilidad de que haya una gran distacia entre lo que soy y
la manera como creo que me comporto.
Si alguien tiene los medios y la oportunidad para ver
cómo se viven los valores es el educdor, por la cantidad de
horas en las que convive con los alumnos. Y puede ocurrir
que éste cumpla muy bien su tarea en cuanto a la transmi­
sión de conocimientos, pero si no es igual o más vigoroso
en cuanto a la formación integra de los alumnos, no los
hará capaces de afrontar con éxito su proyecto de vida. Pre­
cisamente, procurar que ellos elaboren su propio proyecto
de vida, por el que van a impulsar la vivencia de los valores,
es un modo de lograr que los practiquen.
Tercer pao: aprendzje permanente
Hoy en día, predomina el reto constante de la innovación y
Cómo construir valores en la educación
221
la creatividad. Pero para generar nuevos conocimientos hay
que desarrollar el potencial de la persona: su propia inteli­
gencia y su cpacidad emocional, de modo que conoz más,
piense más, ensaye nuevas posibilidades, rompa viej os
paradigma y se atreva a mirar las cosa desde otros puntos
de vista.
En la organizaciones inteligentes, la gente está apren­
diendo continuamente a hacer, a aprender y a emprender,
en busca de la excelencia. L más importante es que entre
todos logremos multiplicar el cpital intelectual, o capital
humano.
1 . Fomentar el aá constte de aprnder
y desaprender
El desarrollo de vaores es una de la metas más ambiciosas
del aprendizje, porque acompaña los grandes tema que
preocupan a la familia, la educación y la sociedad. Por ejem­
plo, el trabajo en equipo, uno de los pilares para constituir
redes de contribución y colaboración, no es posible sin aper­
tura y disponibilidad y sin el compromiso y la identifcación
con unos objetivos comunes. Si miramos los antivalores que
difcultan el trabajo en equipo (individualismo, aislamiento,
prepotencia, entre otros) , nos daos cuenta de la importan­
cia de fomentar los valores que lo hacen posible (coopera­
ción, disponibilidad, humildad, entre otros) .
El medio educativo es, esencialmente, un espacio de en­
señanz y aprendizje, pero corre el riesgo de caer en taeas
rutinaria. Para contrarrestarlo, el uso de la metodología in-
Vlor para vivir los valores
222
formátic alienta la formación de equipos de trabajo con bae
comunes de datos, a las que la diferentes área educativa
aportan su propio fondo de conocimientos y de experiencia.
Además, la puesta en marcha de cursos vinuales refer la
coordinación entre los profesores de las distinta disciplina.
Creencias del estilo de "Yo hago lo que está mandado y
me despreocupo de los demás" o "Yo siempre he hecho las
cosas de la misma manera y no veo por qué innovar ahora",
son costumbres que siren de freno para no crear y no te­
ner espíritu de iniciativa. Estas falsas creencias proliferan y
se convierten en normas frías, sin vida, que constituyen
una evasión del valor o una j ustifcación de la ausencia de
virtudes en las personas. El primer paso para dejarlas a un
lado resulta de un cambio de actitud, del afán de aprender
que me obliga a salirme de los conocimientos repetitivos y
de los antivalores como la desmotivación y la insatisfac­
ción.
2. Hacer que sea ma
y
or la tasa de aprendizje
que la de cmbio
S. García y S. Dolan (La dirección por valres) aseguran que
el cambio de cultura supone ante todo un cbio de valo­
res. y agrega que: "Si la tsa de aprendizje es mayor que la
tasa de cmbio, está aegurado el éxito de adaptación de la
empresa a nuevas situaciones". En nuestro cao, la institu­
ción eductiva, que responde a las expectativas de nuevos
conocimientos, es nuestra empresa. Por eso, conviene que
nos dediquemos a la tarea de construir valores en ella. El
Cómo construir valores en la educación
223
aprendizje continuo de valores se aplic antes que nada a
mejorar a las persona. Y para esto, conviene mirar las rela­
ciones de las persona con su entorno ambiental (pues hace­
mos parte de un ecosistema) , para exainar el papel de la
tecnología o los efectos perersos que ésta pueda producir.
E muy recomendable también tener siempre muy claro el
propósito colectivo, lo que se quiere, lo que se ha hecho, así
como la visión de fturo y la estrategias que se van a em­
plear. Sin esa visión, el aprendizje puede crecer de contex­
to o de perspectiva y, por tanto, de realismo.
Los centros eductivos están siguiendo cda vez más la
tendencia de la planeación estratégic y de la educación por
competencias, que pretende formar persona con capacida­
des, habilidades y valores de acuerdo con perfles profesio­
nales que exigen requerimientos muy precisos.
3. Desarolla procesos colectivos y personales
de aprndizje
Siguiendo a Peter Senge, el trabajo en equipo del aprendiz­
je organiztivo nos lleva, por un lado, a compartir la visión y
los modelos mentales, es decir, a tener una concepción siste­
mátic (la organizción como un todo interrelacionado) y,
por otro, a fomentar el autodominio.
L persona que tienen un alto dominio de sí mismas
(entendido como la "disciplina de clarifcar y profndizr
continuamente en nuestra visión personal, de focalizr nues­
tra energía, de desarrollar la paciencia y de ver la realidad
objetivamente") viven en continuo aprendizje, pero hay
llor para vivir los valores
224
procesos má personales todavía como aprender a ser (obrar,
aar) , aprender a hacer (trabajar, j ugar) , aprender a apren­
der, aprender a emprender (administrar, dirigir, liderar) y
aprender a convivir.
4. Ut agna herramenta de diaóstico
paa eu e aprendizje
Para estos efectos, es útil emplear alguna herraienta de diag­
nóstico que evalúe nuestro nivel de aprendizje de valores.
Aí, se descubren mejor los factores de riesgo (en el cao de
los antivalores) o los factores de referw (en el co de los
valores) . Una vez realizdas la mediciones estadística, lo
importante es ofrecerle la oportunidad de cambiar a quienes
presentan factores de riesgo. Todos los seres humanos tene­
mos un potencial cai ilimitado de desarrollo personal. Por
eso, se puede motivar a la persona a mejorar, a cambiar de
rumbo en algunas actitudes y adoptar una disciplina de tra­
bajo que equilibre toda sus actividades.
5. Arendizje de vores a través de lderes
Otro de los medios para construir valores es el adiestramien­
to de "líderes multiplicdores o constructores de valores" que
drijan su acción a núcleos pequeños, dentro de los cuales
también surjan otros líderes que prolonguen el proceso has­
ta legar a todos los niveles.
E un proceso que se toma su tiempo y que exige la pro­
gresiva maduración de quienes asumen ese liderago. De nin­
guna manera pueden esperarse resultados de la noche a la
Cómo construir valores en la educación
225
mañana o en períodos muy cortos, por intensivos que sean
los medios, aí como sucede con toda eolución natura.
Cuo pao: crear una cultra insttcional
de vvencia de los valores
Nadie pone en duda que hay que cambiar el mundo. L
pregunta es si vamos a esperar a que el mundo nos cambie o
nos vamos a anticipar a él.
1 . Bae de una cultra de cbio y cbio de
cultra
Hay instituciones que cambian su imagen, pero su cultura
sigue amarrada a los viejos paradigmas. El cambio verdadero
implic toda una "reingeniería : nueva estructuras adminis­
trativas y técnicas, nuevos procesos, nuevas estrategias y, so­
bre todo, un nuevo modo de ver la organizción y su entor­
no, baado en los valores humanos.
L palabra 'cutura comparte su origen con la paabra cul­
tivo, es decir, limpiar la tierra, arar y sembra. L empresa,
hata hac unos 30 o 40 años, pensaban muy poco en el desa­
rrollo del talento humao y mucho menos en su pryección
social. L que no ocurría con la educción, que siempre ha
buscdo cohesionar mejor su cultura, su visión de la persona,
del trabajo docente y de la formación de los aumnos.
2. E papel del liderago
El papel del liderago en este proceso es evidente. Tanto en
Vlor para vivir los valores
226

el ámbito directivo como en el de los profesores y los alum­
nos que son multiplicadores de valores, pues actúa como le­
gitimador del proceso.
Los valores defnidos institucionalmente (mej or si son
pocos pero contundentes) , sumados a los de cada persona,
son los que dan cohesión a todas las tareas y crean la imagen
que impulsa a la gente hacia la meta que se busca alcanzar.
El liderago ayuda a consolidar la cultura haciendo que
los valores revelen la coherencia entre lo que se quiere ser y
lo que realmente se hace para lograrlo, de modo que se fona­
lezca el compromiso y el sentido de pertenencia, generando
orgullo por lo que se hace, pero no con prepotencia sino con
humildad. Se trata de fonaecer una cultura corporativa en
la que se sabe lo que se quiere y cómo hacerlo, no como una
moda paajera sino como un estilo de vida que va penetran­
do poco a poco en el modo de pensar y de actuar de todos
los involucrados.
El estilo de vida vincula la actividad con la refexión que
lo sustenta, y así evita que se dé una "producción" educativa
desenfrenada y sin control, preocupada más por hacer que
por ser, por tener que por dar y serir. Y en este trabajo pro­
ductivo y formativo participan todos los miembros de la co­
munidad escolar, sin excepciones: padres de familia, profe­
sores, alumnos y todo su personal.
3. Desarrollar el capital intelectal
En las personas y en la organizaciones existe un capital que
no fgura en los libros y que no es fácil de cuantifcar porque
Cómo construir valores en la educación
227
es inmaterial o intangible, no lo podemos ver y tocar como a
los billetes. Ese capital se refere a lo que cda uno sabe de su
vida, su experiencia profesional, su inteligencia, sus senti­
mientos, sus emociones, sus relaciones, etc.
El término 'capital intelectual' está relacionado muy es­
trechamente con el de las 'organizaciones inteligentes' , por­
que en éstas se da prioridad al conocimiento y al aprendizaje
permanente, en una doble dirección: aá de aprender y a
de enseñar, es decir, de comunicar lo que se sabe y la expe­
riencia que se tiene.
Sin los valores, el cpital intelectual quedaría reducido a
unas cuantas habilidades o a un saber hacer cosas rutina­
riamente. Sería un capital que se agotaría progresivamente o
que se quedaría estancado y no produciría dividendos. Los
valores dan soporte y sentido al capital intelectual. Por eso es
tan importante trabajar por ellos, construirlos, aprender a
vivirlos y procurar incorporarlos a la vida.
En la medida en que vivamos los valores, se incrementará
nuestro capital intelectual. Lo mismo pasará si aprendemos
a hacer mejor la cosas, si sabemos cómo hacerla de una
manera más efcaz, si nos especializamos, si seguimos cre­
ciendo interiormente, si nos hacemos más maduros.
El mejor capital es tener "gente valiosa' que procure in­
crementar sus valores cada día e irradiarlos en su entorno. L
construcción de valores busca hacer cada vez más rentable y
operativo ese capital que, por intangible que sea, tiene un
infujo poderoso en la organizción. Esto, que puede parecer
tan normal en las empresas hoy, tal vez no sea un lenguaj e
Vlor para vivir los valores
228

muy común en las instituciones educativa. Pero dado que
ellas están en contacto permanente con el desarrollo intelec­
tual y el aprendizaje, pueden aportar mucho a esta noción
de capital intelectual, o capital humano.
4. Aumento del rendimiento como fto
de la práctic constante de valores
Convertir los valores en una ventaja ege aprovechar al má­
mo la inteligencia (tanto racional como emocional) de todos
los integrantes de una institución escolar. Compartir la vi­
sión y los valores es un motor de progreso que impulsa un
mayor rendimiento acdémico y formativo, una mayor cali­
dad de vida, unas mejores relaciones sociales y mayor ef­
ciencia y efectividad en el manejo del tiempo y en la comu­
nicación.
Es lógico que, por ejemplo, si la directiva escolares se
dedican menos a controlar y a ejercer presión sobre los su­
bordinados y más bien se proponen estimular la autonomía
y la autogestión, todos dispondrán de más tiempo para la
creatividad y el análisis; lo mismo sucede con los profesores
en relación con los alumnos, si les enseñan a pensar por sí
mismos, a interesarse por la ciencia, a ser creativos. No exste
una única manera correcta de hacer las cosa.
L gente con valores como la iniciativa, la innovación, la
inquietud y la audacia no se contenta con la rutina de siem­
pre y se las ingenia para aprender más, para enseñar mejor,
para serir con calidad. L experiencia demuestra que si la
gente se siente mejor tratada (respeto) , valorada (auto estima)
Cómo construir valores en la educación
229
y estimulada (reconocimiento) , en un clima positivo (con­
fanz) , en fn, con mayores opciones de crecer personalmen­
te, su rendimiento mejora notablemente.
5. Motivción y satisfación
L construcción de valores, como ya se dijo, requiere de un
plan global que contemple diferentes estrategias, entre las
cuaes está la herramientas de diagnóstico o muestreo es­
tadístico y un proceso de entrenamiento o acompañamiento
individual y colectivo.
La motivación es defnitiva para crear y renovar una
cultura institucional que tenga como base los valores, por­
que lleva a mejorar el sentido del trabajo, a comprender el
signifcado de la tarea dentro del conj unto del que hace
parte, a realizarnos como personas haciendo algo que se
proyecte a los demás. La persona motivada no sólo hace lo
que le toca, sino todo lo necesario para que la organización
progrese, porque se siente bien recompensada por su es­
ferzo.
Hay valores que refern las motivaciones externas, o
extrínsecas, a mi trabajo (la caifcaciones, el salario, la pres­
taciones) ; otros tienen que ver con los motivos internos, o
intrínsecos (la autoestima, el aprendizaje, el crecimiento per­
sonal) y otros, distintos a los anteriores, que tracienden, pues
tienen que ver con lo que proyectamos en los demá (la amis­
tad, el sericio, la solidaridad) .
Los valores, pues, amplían nuestra expectativas y nos
llevan a trabajar más allá del cumplimiento de nuestra tarea.
Vlor para vivir los valores
230
Se convierten en fente de vida y de creación de fturo. Nos
ayudan a expandirnos, a supera la situaciones difciles. Si
en la institución escolar existe una polític permanente de
promoverlos, de formar "multiplicadores" de valores que ar­
ticulen las diferentes áea, éstos serán accesibles a todos y
podrán arraigarse en todos.
mpapel de los líderes multiplicdores
de valors
Los multiplicadores de valores (directivos, profesores, pa­
dres o estudiantes) tienen como tarea favorecer el aprendi­
zaje organizativo, a ejercer el liderago que les ayuda a otra
personas a descubrir y vivir un determinado valor. Como
la vivencia de valores es una experiencia continua y que
exige un permanente seguimiento, es necesario contar con
personas, como los multiplicadores, que la apoyen y la
motiven.
Ademá, el multiplicdor procura mejorar el ambiente
de trabajo y, por lo tanto, la vida de la persona y de la
comunidad; impulsa, entre la gente que lo rodea, el liderao,
la capacidad y la responsabilidad de infuir positivamente en
otros, orientándolos y apoyándolos para que realicen sus
objetivos personales y corporativos. Por lo demás, este pro­
ceso requiere tiempo, no se puede improvisar, raón por la
cual quienes sean multiplicadores de valores deben tener
paciencia y perseverancia en su tarea.
Cómo construir valores en la educación

231
Una labor dác
Por supuesto que promover la vivencia de los valores en la
colectividad es inseparable de' promover la práctic de los
propios valores personales. Lo ideal es que los valores perso­
nales refercen los institucionales, y viceversa, de manera que
los valores que se vivan en un ámbito no se contradigan,
sino que más bien potencien los valores que se viven en el
otro ámbito. El multiplicador de valores es un guía y, ante
todo, una persona que actúa lo mejor que puede, de una
manera íntegra, y esto no excluye que pueda equivocarse y
tener dudas de su tarea.
Su labor es dinámica y debe estar en constante alerta,
porque la circunstancias cabian y, aimismo, la persona
cambian según estas circunstancias. Su actividad está enfo­
cada a que entre todos aprendan a apoyarse en el desarrollo
de los valores. E decir, "todos deben constituirse en maes­
tros de lo que signifca vivir valores". No excluye a nadie,
aunque se trate de persona que, por encrnar agún antivalor,
puedan ser factores de riesgo para los demá. En lugar de
excluirlos, les presta má atención y les hace ver que no tie­
nen un problema sino la clara oportunidad de cambiar para
bien de todos.
Para asegurarse de que otra persona participen y se con­
viertan en verdaderos "maestros" en la vivencia de los valo­
res, el líder multiplicador debe permitirles que la reuniones
sean manejada y conducida por ellos, prestándoles su apo­
yo y dirección. Debe ser transparente y sincero en su actua­
ción y generoso en la transmisión de su saber y su experien-
llor para vivir los valores
232
cia, además de dedicar a los otros el tiempo necesario que le
permita llegar lejos en su tarea a través de otra persona.
E necesario lograr un sentido de equipo y de pertenen­
cia, de modo que todos trabajen con los mismos objetivos
desde el comienzo y se busque la complementariedad, o
sinergia, de los esferzos. La labor de equipo requiere es­
ferzo, pulir aristas, ajustarse al modo de ser de los demás,
ceder en determinadas cosas y convivir con un espíritu
positivo.
Todos ponen, todos gaa
El líder multiplicador de valores disfruta de aprender y de
enseñar. Aí, una de sus cuaidades más importantes consiste
en aprender con los otros y de los otros. Los compañeros
que aprenden juntos, ganan j untos. Hay una fórmula de éito
en la vida, que se resume en la simple relación "todos ponen,
todos ganan". L amistad y el compañerismo son la herra­
mienta claves. El papel del constructor es el de un compa­
ñero de aprendizje que propone una alianz basada en la
reciprocidad, la ayuda mutua y el respeto.
L comunicación de la verdad ha de ser una permanente
preocupación del líder multiplicdor porque sabe que, en
primer lugar, es una dimensión humana básica para el en­
tendimiento entre la persona y, segundo, porque permite
encontrar mejores formas de aprendizje de los vaores. Por
eso, pone especial énfasis en la manera como sus mensajes
les llegan a sus compañeros de trabajo y busca generar credi-
Cómo construir va/ores en /a educación
233
bilidad Y confanz a través de acciones consistentes e idó­
neas. L confanz es un valor que garantiz que haya mejo­
res niveles de comunicción, de respeto y de aporte. Crear y
mantener confanza es el mayor de los retos de un construc­
tor y de su grupo. La credibilidad hace posible la fe en el
proyecto que se está haciendo y, a su vez, en quienes lo diri­
gen o facilitan, además de promover la lealtad hacia ellos y
hacia sus objetivos.
Inspiración y pasión
Cuando nos sentimos inspirados, incitados, ennoblecidos,
hemos visitado el reino mágico de la pasión. Y de ese reino
regresaos siempre renovados, revitalizdos y tal vez un poco
desconcertados por haber descubierto talentos insospecha­
dos. Cuando un líder multiplicador nos enseña el camino
hacia ese reino, se descubre un nuevo sentido del compañe­
nsmo.
Además de ser personal, difícil, llena de sorpresa y a ve­
ces de incomprensiones, la labor del constructor de valores
también tiene su "lado oscuro", porque en ocasiones puede
ser frustrante. Hay gente que, a pesar de todos los esferzos
y la dedicción que ponen en su empeño, no responde ade­
cuadaente y eso produce desaliento y cansancio. Pero no
se debe olvidar que todos estamos igualmente capacitados,
C decir, que nada n<s impide cambiar, pues esto sería un
fatalismo contrario a la libertad humana y a sus posibilida­
des de conocimiento, de desarrollo de habilidades, de cam-
234
Vlor para vivir los valores
biar actitudes y de corregir hábitos negativos o de adquirir
hábitos positivos.
Ejemplo gráco para el trabajo sobre valores
VAOR
Defnición o descripción del vaor
Valor relacionado J
Valor relacionado Z Valor relacionado 4
Valor relacionado 5
Antivalor relacionado J
¬ Valoræocìado
� Atìwlormlacìonado
Ahora, a manera de ejemplo, apliquemos uno de los va­
lores al gráfco, que puede serir de inspiración para crear
otros gráfcos con los demás valores mencionados a lo largo
del libro (referidos a la familia y la educación) o con cual­
quiera de los valores del léxico que se encuentra al fnal del
mlsmo:
Cómo construir valores en la educación
AEGI
Sentimiento de satisfacción y agrado, producido por el goce
de algn bien o futo del aor o de la práctic de la virtudes.
Cordialidad
Buen humor
Afabilidad
Simpatía
Entusiasmo
Tristeza
Pesimismo
Egoísmo
235
Epílogo
L
os valores que hemos querido destacar aquí son los valo­
res concretos, reales, operativos y atractivos para la per­
sona: aquellos bienes (de muy distinto orden: material, es­
tético, cultural, espiritual, ético, religioso, social, político) ,
elegidos libre y conscientemente, que deben ser realizdos
por la persona y reconocidos por los demá.
No se trata de proponer ideales o conceptos abstractos
("responsabilidad", "lealtad", "civismo", "bondad", etc.) que
se quedan en una propuesta intelectual o teórica, enunciada
como algo bueno para la familia, o defnidos y escritos por
las instituciones educativas dentro de sus proyectos genera­
les. Nuestro objetivo es resaltar cualidades reales que- prime­
ro son vivida por la personas, después son proyectadas en
la relación interpersonal y, fnalmente, son incorporadas por
la cultura familiar o educativa. Las demás personas se dan
Vlor para vivir los valores
238
cuentan, reconocen y constatan de alguna manera que los
miembros de una familia viven ciertos valores (alegría, or­
den, generosidad, amistad) o que la educación que impane
un centro escolar logra que en sus alumnos se arraiguen tam­
bién determinados vaores (lealtad, laboriosidad, civismo,
honestidad, autenticidad) .
Eos valore M trasmiten de generaión en generción.
To la perona nacn con agunos de ellos, per todos los
valore son objeto de aprendizje; aimismo, los correpndien­
te ativlore necit dd "deprendije" o dergo de los
malos háitos. Ls vaor no constituyen Ucpitl inene, sino
algo que hay que prteger, incrementr y fonecr día a día
Por eo la failia, l educción y los gupos soiale etn llaa­
dos a derolla los valore, a ayudr a que la prona los "cn­
truya en ella, pa dar lugr a pronalidade sólids, con
ccter y convicione abien y panicpativa.
Los valores, en ningún cao, se imponen (como una nor­
ma, un decreto o una ley) . Sólo se proponen, se invita y se
ayuda a vivirlos, de modo que la persona se empeñe en vivirlos
libre y voluntariamente, en companirlos mediante d ejem­
plo y en favorecer la convivencia, para que la vida en familia
y la vida escolar se desarrollen en un clima de valores que
estimule, ayude a crecer y fomente la panicipación y la soli­
daridad entre la personas. Cada uno puede empeñarse en
"esculpir" mejor cada uno de los valores que ha recibido en
herencia, aquéllos que le resultan de algún modo más fáciles
y familiares, pero también aquéllos que pueden resultarle
menos conocidos y más difíciles.
Epíogo

239
Los valores éticos tienen una especial relevancia en la fa­
milia y en la educación.
É
stos van unidos a ciertos principios
universales y báicos, que son condición esencial de toda so­
ciedad organizada. Los principios corresponden a lo que en
la persona se denomina "sindéresis" (chispa de la conciencia)
o hábito natural de los primeros principios de orden ético:
hacer el bien y evitar el mal, respetar la dignidad esencial de
la persona, respetar la libertad, etc. Esos principios son ex­
ternos a mí y distintos de mí, e inspiran valores que pueden
ser más subjetivos y dependientes de la manera como yo los
vivo (respeto, tolerancia, responsabilidad, etc. ) . El principio
es invariable, mientra que el valor es más fexible, de acuer­
do con la condiciones culturales e históricas. Los valores
éticos tienen una menor variabilidad debido a su sujeción a
principios éticos: por ejemplo, no puedo hacer de la lealtad
algo tan dependiente de mi interpretación que acabe por ser
algo contrario al principio ético de respeto a la palabra dada
o a la dignidad de la persona.
Hay una estrecha conexión entre los principios, los valo­
res y las virtudes. Los primeros son la fente objetiva de ins­
piración de los segundos que, como vimos, se viven cons­
ciente y libremente. L virtud es la encarnación operativa
estable del valor, una vez que el contenido del valor se vive
inconscientemente, es decir, cuando se han dado ya todos
los paos de interiorizción del valor.
L familia es la primera escuela de valores, donde éstos se
pueden arraigar más radicalmente, empezndo por la infan­
cia, al aprovechar los instintos guías y los períodos sensitivos
Vlor para vivir los valores
240

de los niños, que permiten que determinados valores echen
sus raíces más fácilmente que otros en cierta etapa de la
vida. Esto va desde crear hábitos muy sencillos de laboriosi­
dad, orden, respeto y optimismo, hata inculcr valores má
elaborados que necesitan una buena dosis de taón y volun­
tad, como la prudencia, patriotismo, amistad o lealtad; los
hijos van aprendiendo a vivirlos al verlos primero en sus pa­
dres y luego en sus profesores. L imitación y el "contagio"
son inevitables e indispensable, por tanto, hay que aprove­
charlos al máximo. Si hay disciplina y constancia en el pr­
pósito, se irán viendo los resultados.
En la familia, el proceso de "construir" (vivir, desarrollar,
inculcar, practicar) los valores no necesita seguir una regas
muy formales. Es verdad que si los padres se proponen pla­
nes de acción, para que los hijos mejoren en ciertos valores o
incorporen unos nuevos en su conducta, es bueno que esos
planes los tengan muy claros en la mente y, a veces, que los
pongan por escrito y se los propongan a los hijos en forma
gráfca, pues esto suele resultar sencillo y estimulante. Pue­
den ser objetivos relacionados con el orden de sus cosa, de
su tiempo o de sus relaciones. Pero los padres pueden estar
seguros de que lo que más contará en que sus hijos los lleven
realmente los valores a la práctica es la fortalez afectiva y el
clima de confanz y de entusiamo que les brinden.
En la escuela y en la universidad, la propuesta para el
aprendizje de valores puede y debe ser má explicita y ela­
borada, de acuerdo con los diferentes niveles de la educ­
ción. En la fae de la educación elemental, que está muy
Epíogo
241
ligada, además, a la educción familiar, es importante que
haya convergencia entre los objetivos de unos y otros. En los
años de la educación básica o media y, desde luego, en la
universitia, el proyecto de "construcción" puede seguir una
paut más estructuradas: conocimiento e interiorización de
los valores, práctica interpersona, aprendizje permaente
de valores y conformación de una cultura corporativa baa­
d en la vivencia de los mismos.
Ls valores son para mejorar la vida de la persona y de
la colectividades. Y el orden lógico que se debe segir para
inculclos será siempre el mismo: los valores se aprenden
primero personalmente dentro de la failia, luego en los
centros eductivos y, por último, en la empresa y en los dife­
rentes grupos sociales. Sólo si se ha seguido ese proceso se
manifestarán en la sociedad civil y en el Estado. Todo esto
constituye una tarea apaionante.
Siempre se necesita vaor para vivir los valores. Pero vale
la pena hacer el esfer constante por practicrlos cda día,
pues aí se conseguirá tener una personalidad íntegra, for­
mada con un sólido sentido ético.
Léxico de valores
(bolsa de valores)
AEO
E
sta "Bolsa de valores" pretende ser un léxico que sirva
de banco de datos para un mejor conocimiento de los
valores a través de trabajos participativos. En algunas ocaio­
nes, má que de defniciones, se trata de una descripción de
los elementos conceptuales del valor en cuestión, dentro del
enfoque escogido, pues no es propiamente un "diccionario".
El léxico es un punto de partida para que diferentes gru­
pos de persona lo adapten a sus circunstancias peculiare y
pueda series útil en el trabaj o de clarifcación y vivencia de
los valores. Todos pueden matizar los signifcados. Los tér­
minos que hemos empleado son sustantivos, verbos, adjeti­
vos o adjetivos substantivados, porque consideramos que así
se amoldan má fácilmente a su uso en la vida cotidiana.
Este léxico de valores se ha utilizdo en grupos muy diver­
sos. El análisis de las defniciones mucha veces se trabaj a a
tvé de la coincidencia y ad de sigcos. E e ejercico
o la dác de gp que denominaos "Bolsa de vlore".,
llor para vivir los valores
244
Cuando, a través del proceso de selección, se vuelve rei­
teradamente sobre la defniciones, ésta se ajustan mejor a
la idiosincraia del grupo. Dentro de ese proceso se ua mu­
cha veces el mecnismo de los "negociadores" para facilita
su claidad y se obtienen resultados muy satisfactorios, siem­
pre que se busquen dentro de un contexto de fexibilidad.
L ausencia de algunos valores es involuntaria. De toda
maneras, la iniciativa para mejorar el léxico, para corregirlo
y depurarlo, queda abierta, sobre todo para aquella perso­
na a la que les sea de alguna utilidad.
ACCESIBILIDA
Disponibilidad, fcilidad paa llegr
a una persona.
ACENDRO
Fortaecido en las prueba, de crác­
ter leal, fel, honrado.
ACOGIDA
Aceptación de los demás, recepti­
vidad y e interés por lo que se dicen
y hace.
ACTNO
Quien obra con energía, prontitud
e iniciativa
ACUCIOSO
Diligente, que acra con rapide y
solicitud.
AATABILIDAD
Capacidad de respueta rápida a la
necesidades, a los cbios y a los
retos.
ADMINISTR
Hacer que se logren los objetivos
de una persona u organización,
protegiendo debidamente sus inte­
reses.
ADMIRCIÓN
Asombrarse ante algo, maifet­
dolo expresivaente.
AFABILIDAD
Capacidad de ser agradable en la
conversación y en el trato.
AFECTIVIDAD
L que es distinto de lo racional y
abarc los sentimientos, paiones,
emociones y motivaciones.
AFEcOSO
Carifoso, amable, corda con los
demá.
AGILIDA
Hacer la UC y trabajos en forma
rápida, pronta y expedita, dando
soluciones rápid.
AGRALE
Que cua en los demá aceptación
o gusto por su modo de ser o de ac­
rua.
AGRECIMIENTO
Actirud de estimación hacia el bene­
fcio o el favor que recibimos de
otros.
Léxico de valores

24
5
AGUDEZA
Ser perspica para captar penetran­
temente los matices de algo.
AORRO
Acumulación de determinados bie­
nes que tiende a crear una reser
para el fturo.
ALEGR
Sentimiento de satisfacción y agra­
do, producido por el goce de algún
bien o fruto del amor o de la prácti­
c de la virtude.
ATRUISMO
Sacrifcio y esfero, sin interés eco­
nómico o material.
AILIDAD
Atención hacia la personas y afec­
to en el trato con ella.
AENIDAD
Ser agradable en la conversación,
con encto persona.
AMISTAD
Mecto personal, puro y desintere­
sado, generalmente recíproco, que
nace y se fortalece con el trato mu­
tuo.
AMOR
L forma más plena del encuentro
persona, en la cual se vive al otro
con un sentimiento profndo, acep­
tándolo tal como es, dándose a él y
comúnmente esperando reciproci­
dad.
ÁIMO
Disposición y actitud positiva fen­
te algo, que implic voluntad de e­
forrse.
APACIBLE
Reposado, suave en el trato, pacíf­
co.
AERTURA
Comunicbilidad y disposición para
logra una relación efectiva con los
demás. Mente abierta a nueva idea
y posibilidades.
APLICO
Que se dedic seriaente algo con
la diligencia y el esfero necesarios
para saclo adelate.
APOYO
Actitud de ofrecer ayuda, soporte y
patrocinio a la idea y proyectos de
los demás para infuir en el alcnce
de logros y meta.
APRCIO
Capacidad de vaora y etima a los
demás mostrándoles nuestro afecto
y respeto.
APRENDIZAJE
Capacidad de asimilar conocimien­
tos y experiencia que nos enrique­
cen y nos ayudan a ser más efecti­
vos en el trabajo, a mejorar nuestras
relaciones con el entorno, y a actua­
lizrnos y renovarnos en forma per­
manente y con convicción.
AONí
Equilibrio vt aLdo como fu­
to de la madure humaa y que se
manifesta en e modo de aOy de
trabaja, y en la aprciación y el j ui­
cio sobre los hechos y la persona.
ARIESGAO
Que acomete o emprende Lque
parecen imposibles de reaizr, sin
temor a los peligros.
ASERTMDAD
Decir lo que se quiere, sin herir.
ATENCIÓN
Estar pendiente de algo con interés . .
AUDACIA
Capacidad o ánimo de emprender
y re accione, que parecen poco
prudentes, con el convencimiento
de que se puede alcanzar un autén­
tico bien.
W/or para vivir los va/ores
246

AUSTERDAD
Sobriedad en el modo de trabaja y
de vivir; uo moderado de lo que se
tiene o de lo que se disfruta.
AUTENTICIDAD
Ser uno mismo, pr sí mismo, tras­
parente y sincero, coherente en su
conducta, apoydo en su principios
y valores.
AUTOAIRMACIÓN
Esfero por ser cda uno lo que es,
actuar con seguridad de lo que se
quiere, con autoetima y con obje­
tivos daos.
AUTOARECIACIÓN
Capacidad para vaorarse y estimar­
se.
AUTOAPRNDIZJE
Sufciencia en la adquisición de co­
nocimientos y desarollo de cpaci­
dades por sí mismo.
AUTOCONFIANZA
Eperanz que se tiene en sí mismo
y seguridad de obrar conforme a
criterios defnidos en busca de lo­
gros específcos.
AUTOCONTROL
Saber dominarse y administrar la
propia libenad sin neceidad de que
otros lo hagan.
AUTOCORRECCIÓN
Capacidad para enmendar los erro­
res propios cometidos con el ánimo
de superar nuestros defectos y dif­
cultades.
AUTOCRfTICA
Capacidad de enjuiciae a sí mismo
de modo constate, hacer un balan­
ce de la actuacione y corregir aque­
llo que no concuerda con lo que nos
proponemos.
AUTODETERMINACIÓN
USO consciente de la libenad perso-
nal para ser lo que se quiere ser; ele­
gir y comprometerse con el propio
proyecto de vida.
AUTO DIRECCIÓN
Capacidad para administrar, regir y
guiar el detino y rumbo de la pro­
pia vida.
AUTO DISCIPLINA
Dase a sí mismo norma de cm­
poniento y exigirse sin que se
necesaio que nos la recuerden, en
pro de la metas y objetivos propue­
tos en el trabajo y en la vida perso­
nal.
AUTODOMINIO
Seforfo de sí mismo; implica el
autocontrol de la propia accione.
AUTOESTIMA
Percepción del propio valor y cpa­
cidad que lleva a creer en sí mismo,
a aceptarse a sí mismo y a que los
demás nos acepten y respeten nue­
tra identidad.
AUTOEIGENCIA
Disciplina personal para esperar y
encontrar en sí mismo la respue­
ta adecuadas a la meta y propósi­
tos que cda uno se fja en la vida,
en su trabajo y en su relacione.
AUTOFORMACIÓN
Objetivo que se alcz con la edu­
cción, entrenamiento y dCllo de
cpacidades, habilidades y hábitos.
AUTOGESTIÓN
Capacidad de sacr adelate un tra­
bajo con bae en la propia iniciati­
va, sin que sea necesario estar reci­
biendo órdenes o indicaciones de
cómo hacerlo, con autonomía y
creatividad.
AUTOMOTIVACIÓN
Rón y sentido de lo que se hace,
por un convencimiento propio y en
Léxico de valores
247
buc de la reizción, gracia a de­
terminaciones tomadas individual­
mente.
AUTONOMí
Capacidad de valerse por sí mismo,
libremente y sin aislase o sepase
de los demás.
AUTORIDAD
Ayudar a crecer a alguien para al­
canzar sus meta. En un grupo o
sociedad, capacidad de quien ejer­
ce el mando para que se alcnce el
bien común.
AUORREALIZCION
Hacerse a sí mismo, de modo que
el desarrollo persona dependa más
del control que cda uno tiene so­
bre su propio proyecto de vida.
AUTOSUFICIENCIA
Bastarse por sí mismo, lograr las
cosa sin depender de otros.
AUTOVALORCION
Efero por apreciar correctaen­
te lo que c uo e, sr ju a
sí mismo cn l mayr objetividad
psible, cn auto y deendo
cente los objeos y los cr­
tivos oprnos.
AYUDA
Colaboración generosa y desintere­
sada con los demás.
BELLEZA
Eplendor de la cosa, de la prso­
Ü o de su obra, que l hac ape­
tecible y digs de admirción por
su amonía y equilibrio.
BENEVOLENCIA
Tratar a los demás como semejan­
te, deseándoles lo mejor y querien­
do su bien.
BONDAD
Rizr comprensivaente el bien
de los demá y epresalo con obra.
BRLLATEZ
Capacidad de sobresalir por la inte­
ligencia, la actitudes y la cualida­
des.
BUEN HUMOR
Manifestación de alegría y buen
ánimo ante todo que se trasmite a
los demás.
CABALLEROSIDAD
Actitud de noble y dignidad con
alguien.
CLIDAD
Buscr la perfección posible en la
cosa y en el sericio que se preta,
eliminado a máximo los defectos
y la imperfecciones.
CLIDEZ
Mostrarse afectuoso y acogedor en
el trato a los demás.
CLMA
Estado de traquilidad fsic o es­
piritual; serenidad.
CERí
Compaerismo que llea a compar­
tir situaciones más íntima y fater­
nalmente.
CABIO
Disposición a renovarse y a renovar
lo que hacemos, actitud de no acos­
tumbrarse a la rutina, mira a ftu­
Î con visión y gaa de mejorar.
CCTER
Modo de ser estable, que denota fr­
me en la convicciones y coheren­
cia en la actuación.
CDAD
Forma má prfecta del aor al pró­
jimo por su dignidad y condición,
que lo hacen digno de ese aor.
CIÑO
Mecto sincero hacia otra persona.
CSMA
Atractivo, encto, cualidades que
248
Vlor para vivir los valores
ejercen una infuencia o impacto
positivo sobre otros.
CTIDAD
Purez de cuerpo y espíritu, que lle­
va a la moderación y continencia en
el placer sexual, obrando siempre
por un motivo superior.
CELEBRDAD
Fa honra y notoriead, dirigds
hacia e bien y no hacia e m.
CERTEZ
Adhesión frme del entendimiento
a una verdad, que genera seguridad
y credibilidad a habla de ella.
CIRCUSPECCIÓN
Actitud propia de quien se resera.
CIUDADANíA
Selo distintivo de nuetro identidad
o pertenencia a una nación, con to­
dos sus derechos y deberes.
CMLIDAD
Atitud hacia lo cívico, hacia l con­
vivencia y el respeto de la lees.
CMSMO
Ser buen ciudadao, respetuoso de
la cultura, la historia, los valores
patrios y las normas que rigen la
convivencia.
CLDAD
Transpaencia en la palabra y en
la conducta, de modo que la expre­
sión y el comportaiento permitan
acceder a los demás.
COHERNCIA
Ser consecuente con los fnes que se
propone, actua con convicciones,
buscdo la integridad de la propia
conduct.
COLBORACIÓN
Atd de ayudr, O Dmy brnda
ayo a U DDuo a U gp.
COMPAERSMO
Ayudar a quienes son colegs de tra-
bajo, de estudio o de juego, fomen­
tando la aistad y el trato corda y
sericial.
COMPARTIR
Hacer partícipes a los demás de lo
mejor de sí mismo y, en general, de
todo lo que se posee, bucdo cns­
truir ago en común.
COMPASIÓN
Sntmient de ep cnidrión
y cmprenión cn quien pade a­
gn m, lo c nos le a m bn­
daosente a aquela
p
n
COMPETENCIA
Conjunto de cualidade, capacida­
des y hábitos que nos hacen aptos
paa ejercer un cgo o posición.
COMPETITMDAD
Capacidad de producir o serir con
la calidad y excelencia necesaria
para estar a la atura de lo que ha­
cen los demá en el mismo cpo.
COMPLEMENTAREDAD
Conjunción de fer o esfers
en torno a algo.
COMPOSTUR
Saber actuar estando en su sitio.
COMPRENSIÓN
Entender la ranes y circunstan­
cia que lea a alguien a obra de
una determinada maera, repeta­
do los resultados, aunque sea dis­
tintos de los que uno quisiera.
COMPROMISO
Convertir una promesa en reaidad;
cumplir lo prometido, pactado u
ofrecido formal o informalmente.
COMUNICACIÓN
Capacidad de aperura, interación
y diálogo con otros, y aptitud paa
trasmitir una ide, una informa­
ción o un conocimiento haciendo
realidad la interacción humana.
Léxico de valores

249
COMUNIDAD
Colectividad que nos reune a todos
solidiaente, en buc de un mis­
mo fn básico.
CONCERTACIÓN
Búsqueda de puntos de coinci­
dencia o acuerdo, para lograr un
equilibro entre las distintas posi­
ciones.
CONCISIÓN
Breead y precisión al habla o al
erbir.
CONCRECIÓN
Puntuaiz; ir al grao de lo que se
pretende; ser directo.
CONDESCENDENCIA
Eta de acerdo con aguien, epre­
sándonos a fvor suyo.
CONFIABILIDAD
Gana la credibilidad de alguien;
honrade señalada y respetada por
los demá.
CONFIANZ
Epera que Mtiene en una pero­
na; seguridad de que el otro (o uo
mismo) obra conforme a criterios
étcs defdos, en bu de logs
epcícs, peronae o comue.
CONOCIMIENTO
Información aimilada por la per­
sna, que le prite elr juicios.
CONSENSO
Búsqueda de la coincidencia de pa­
receres paa llegar a una solución
concordada en la que todos los que
interienen se comprometan.
CONSIDERCIÓN
Tener en cuenta a la persona en
raón de lo que son, piensa, dicen
o hacen.
CONSISTENCIA
Vínculo sólido entre el pensamien­
to y la acción.
CONSPICUO
Distinguido, sobrealiente y singu­
lar en su modo de actuar.
CONSTANCIA
No dja le pr l vón d
ide o sntmiento, n dja YL
pr l dct; fe de ánmo.
CONTEMPLCIÓN
Obseración que no se queda en la
superfcie de las cosa, sino que ve
en ella refejada apectos trascen­
dentales de la vida.
CONTINENCIA
Moderación en el uso de los place­
res sensibles y de la palabra; no
dejase lleva por la paión.
CONTINUIDAD
Sostener un proceso ininterrumpi­
daente a lo lago de su diferentes
etapa.
CONTROL
Verifcción sistemátic de un pro­
ceso o del trabajo de la persona.
CONVICCIÓN
Fuer en la propia idea y creen­
cia que lleva a defenderla, sin de­
jase lleva por la vaiación de la
circunstcia.
CONVENCIA
Comparr con otros la exstencia,
trtdole como prona y dándo­
les lo mejor de sí.
COOPERCIÓN
Actitud de colaboración con los de­
más, de ayda y de sercio, de bú­
queda de coincidencia en benef­
cio de una cua colectiva.
COORDINACIÓN
E enlace, orden y continuidad que
permite llevar a buen término la
acciones.
CORJE
Valentía y arrojo personales para
250
Vlor para vivir los valores
afonta desaíos en la vida y para
atreerse a ser lo que parece imposi­
ble, pero que se puede logra con
un gra empeño.
CORDIALIDA
Trato afectuoso, aistoso, educdo
y cortés.
CORDUR
Equilibro, moderación y prudencia
en el actuar.
CORRECCIÓN
Rctifcción en e modo de hacer
ago.
CORRESPONDENCIA
Saber estar a la altura de lo que al­
guien espera de uno, como contra­
partida de lo que ea persona o gr­
po nos ofece.
CORTESí
Afbilidad en el trato, buena ma­
nera.
CRETIVIDAD
Visión y cpacidad de invención e
innovación; dar vida a cosa nuea
o de pensa de una forma distinta
lo que se hac.
CRECIMIENTO
Búsqueda del perfeccionamiento
personal, sobre todo desde el pun­
to de vista espiritual, de modo que
el trabajo y sus exigencia sean un
medio para el crecimiento indivi­
dual.
CREDIBILIDAD
Confanz en alguien por sus cuali­
dades, logros y los hechos positivos
que respalda su conducta.
CRITERIO
Capacidad de juicio ponderado; dis­
cernimiento acertado y prudente,
que se apoya en unos principios.
CRTICA
Juicio sobre alguien o sobre algo
para su mejoramiento, hecho con
epíritu constructivo.
CULTURA
Conjunto de principios, creencia y
valore de una persona o Uorgai­
zción. Cultivo profndo de una
ciencia o are, má alde la detre­
Z o habilidade.
CUMPLIMIENTO
Hacer la cosas bien, terminarla,
entregarla a tiempo, informa que
se han hecho. No limitarse a poner
primera piedra sino acbar, coro­
nar la tarea.
CURIOSIDAD
Má e inquietud por conocer que
puede desperar la creatividad.
DA
Ofcer generosente lo mejor que
tenemos y lo mejor de lo que somos
a los demás.
DECISIÓN
Obrar sin vacilaciones; prontitud
paa reolver algo.
DECORO
Orden, limpie, pulcritud de una
persona en su comporamiento.
DEDICACIÓN
Entrega generosa y permanente a
algún trabajo o tarea.
DEFERENCI
Pensar en los demás, dándoles pre­
ferencia y teniendo con ellos de­
talles y muestras de respeto o ca­
riño.
DELICDEZA
Finura en el trato, que no es aa­
neraiento sino el resultado de la
buena educción.
DEMOCRACIA
Participación igualitaria de cada
miembro en el gobierno de una so­
ciedad o una entidad.
Léxico de valores
DEPORTIVIDAD
Espíritu de emulación y competen­
cia, no sólo en el deporte sino en
otros apectos de la vida.
DESEMPEÑO
Rndimiento integral de una perso­
na en su trabajo de acuerdo con la
tarea aignada.
DESPRENDIMIENTO
Desapego generoso de los bienes
materiaes y de los propios talentos
y cualidades.
DETALLISTA
Que se fja y cuida apectos muy
pequeños en el trabajo y en su re­
laciones con otra personas.
DILOGO
Actitud propi a de la persona
comunicativa y abierta, que busca
el intercambio directo, que sabe
que hablando, escuchando y valo­
rando lo que dicen los demás, se
pueden arreglar muchos proble­
mas.
DIGNIDAD
Condición esencial de la persona,
que nos llea a respetarla como ser
epirit y libre, depositaia de unos
derechos inalienables.
DILIGENCIA
Emero en hacer la cosa con inte­
ré, con prete, cuidado y agilidad.
DINÁMICO
Aivo, ágil; que busc obtener re­
sultados lo ate posible.
DINERO
Forma materia y simbólic de re­
presentar el valor económico de la
cosa.
DIPLOMÁTICO
Con tacto paa efectuar tratos o ade­
lantar conversaciones, oportuna y
prdententemente.
DIRIGIR
Conducir a una persona o grupo al
logro de su fn.
DISCIPLINA
Seguir una norma y unos proce­
dimientos necesarios, procurando
vivirlos más por convencimiento
que por la imposición autoritaria de
la mismas.
DISCRECIÓN
Saber estar en el sitio de uno, sin
hacer ruido, tratado de no llamar
la atención innecesariaente.
DISPONIBILIDAD
Actitud de estar al sericio de los
demás; hacer las cosas que los de­
más esperan de uno.
DISTINCIÓN
Educción esmerada y elegancia en
el trato y en la presentación.
DOCILIDAD
Prontitud para obedecer, sin ofre­
cer resistencia, confando en quien
manda y sabiendo que es paa nues­
tro bien.
DONACIÓN
Capacidad de la persona de darse a
los demás, con generosidad e incon­
dicionalmente.
ECOLOGIA
Cuidado y protección por parte del
hombre de la Casa Grande de la
naturale paa bien de los hombres
de ahora y de los del fturo.
ECUAIMIDAD
Mesura en los juicios, opiniones so­
bre la conducta ajena.
EDUCCIÓN
Conjunto de conocimientos, habi­
lidades y capacidades desarrollada
en la persona como futo de la for­
mación recibida y de su esfer por
mejorar integralmente.
25 1
Vlor para vivir los valores
252

EFECTIVIDAD
Eciencia y efccia en el logro de
los objetivos propuestos en el me­
nor tiempo posible y de la mejor
manera.
EFICCIA
Logro de los resultados esperados.
EFICIENCIA
Logro de más y mejores resultados
en el menor tiempo posible y de la
manera más adecuada.
EJECUTIO
Que pone por obra con efectividad
lo que se propone, depués de aali­
zr bien los objetivos, comprome­
tiéndose a fondo con su trabajo.
EJEMPLIDAD
Encarnar un modo de vida, de ac­
ción o de trabajo digno de ser imi­
tado; tener valores que indU a
otros a adoptarlos.
ELECCIÓN
Decisión precedida de la delibera­
ción raonada que se fnda en el
querer.
ELEGANCIA
Distinción en el comporaiento y
en la apariencia, pero también en l
actitudes que refeja un interior
movido por ideales nobles.
ELOCUENCIA
Saber expresa con fer, convic­
ción y elegancia en la palabra senti­
mientos, agumentos o idea.
EMOTIVIDAD
Rspuesta de orden sentimental que
se maifeta en la reacciones, pa­
labra o gestos de una persona.
EMPATí
Sintona intele o afectiva entre
dos perona. Implc una ciert a­
nidd, coneón o semeja que f­
ct el tbajo o l ac ión cn alguien.
EMPEÑO
Efer cntuo pr lo ag.
EMPODERIENTO
Facultar o dotar de cpacidad de
autogstión y rponsidad, cmo
maera de hacr rel l paicipaón
y el compromiso.
EMPRENDER
Acometer una te o empresa con
áimo optimista.
EMPRSA
Unión de volute e intere para
lograr un bnefcio comú de or­
den económico, material o intelec­
t, que compromete hacia un bien
común a quiene lo integra.
EMULCIÓN
Compaación etimulante con el fn
de mejora.
ENCANTADOR
Con personalidad atractiva, que re­
sulta agradable a los demá.
ENERGí
Vitalidad, fer interior y poten­
cia para realizr un trabajo o busc
un objetivo.
ENTEREZ
Integridad mora, carácter frme,
comporaiento coherente con la
propia convicciones.
ENTRGA
Dedicación generosa y completa,
d lo mejor de sí mismo a los de­
0,fto del compromiso que m
a la propia relizción y al sercio a
los demá.
ENTUSIMO
Epírit paa aont rtos, cnduc­
ta que produce ánimo en los otros
por la fe en algo; se expresa en la
vivez al hablar.
EQUIDAD
Dar a cda uno lo suyo, teniendo en
Léxico de valores
cuenta la sitacione concreta de
una o de varia persona o gupos.
EQUILIBRIO
Ponderación, amonía, proporción
entre la pare de ago o en la con­
ducta de una persona.
ESCUCHAR
Atención habitu a lo que piensa,
dicen y hacen los demá, con áni­
mo de entenderlos bien y de apre­
cia su tarea correctaente, respe­
tando sus ideas y opiniones, sin
interpirlos y sin pensar en con­
tetale ates de que elos la haya
epueto cbalmente.
EFUERO
Actitud e empefo por sacr algo
adelate, en ocione con sacrif­
cios y mucha constacia.
ESMERO
Cuidado pueto en realiz un tra­
bajo o sericio.
ESPERNZ
Confa que se tiene en el fturo,
una ve puestos los medios raona­
bles para alcanzar determinados
objetivos.
ESPONTAEIDAD
Naturalidad al actuar; descom­
plicción, sinceridad al ac sin
preoupaciones sobre cómo va a ser
percibida la propia conducta.
ESTABILIDAD
Permaencia y durabilidad en un
trrabajo, disposición o estado de
ánimo.
ESTIMULO
Incentivo, reconocimiento a lo que
alguien hace o logra, con el fn de
que siga adelate.
EXCTITUD
Hábito de dedicación seria al co­
nocimiento que permite un creci-
miento personal estructurado y or­
ganizdo inteligentemente.
EVOCR
Rcordar algo con todos su detale.
ECELENCIA
Máimo grado de perfección que se
espera acnz en lo que se hace;
apiración a lo mejor, a la meta más
alta.
ÉITO
Logo, triunfo; alL una meta.
EERIENCIA
Saber acumuado que permite saber
cómo hacer las cosas o cómo no
hacerla en el fturo.
ERESIVIDAD
Riquez de gestos que manifestan
un estado de ánimo.
FAMILIA
Insttución pra fndad sobr e
matrimonio, y sostenida pr e aor
y l solidridad de su miembrs.
FE
Confa en lo que no podemos ver
o comproba materialmente, apoya­
dos en la confaz que nos inspi­
ra la personas, o en la creencia en
Dios.
FECUNDIDAD
Fruto propio de la vida o de la ac­
ciones de una persona o grpo.
FELICIDAD
Máxima apiración del hombre, ex­
presda en el logro de determina­
dos bienes y en el cumplimiento del
sentido de su vida.
FEMINIDAD
Condición y ccertc enciale
propia de l mujer, que le cnfer su
singlarida y su pcuiar manera de
deenvolvere en la soiedd.
FERVOR
Interé, dedicción y amor por algo.
253
Vlor para vivir los valores
254

FESTMDAD
Modo de ser alegre y optimista que
se refeja en su expresividad.
FIABLE
Que se puede confa en él, que e
dgno de credibilidad.
FIDELIDAD
Ltad frme y etable en el tiempo
a los compromisos adquiridos, o a
las persona a las que amamos o ser­
vimos, por un motivo superior a
nosotros mismos, que se apoya en
último término en Dios como ser
tracendente.
FINEZA
Delicde en el trato con los de­
más, con cuidado en los modales y
en la atención que se les brinda.
FIRMEZ
Mantener y afrmar con vigor las
propias convicciones, procurando
defenderla con argumentos.
FLEIBILIDAD
Adaptación del comportamiento de
cda perona a la difrnte circuns­
tancia, sin abadonar los criterios
personales.
FORMACIÓN
Educción y desarollo de la pten­
cia espirituaes de una persona.
FORTALEZA
Firmeza o fuerza de ánimo que
permite a la persona superar dif­
cultades, temores y adversidades
presentes y afrontar riesgos en el
fturo.
FRNQUEZA
Sinceridad y claridad a expresarse
y referirse a la propia conducta o a
la de los demás.
FRTERNIDAD
Hermandad con alguien, vínculo de
intimidad, epíritu abiero paa aco-
gerlo en pie de igualdad y con y be­
nevolencia.
GENEROSIDA
Da lo mejor de sí mismo en cs,
en tempo, en dedición a los de­
má, y en te por el bien de toos,
con deprendimiento y entre.
GENTILEZA
Amabilidad, buena maera en el
trato y cordialidad en la atención a
los demás.
GRTITUD
Rconocimiento por un fvor o ser­
vicio que se nos hac.
HEROíSMO
Valentía cpa de sacrifcios muy
eleados por un ideal.
HONESTIDAD
Conducta rct, que llea a obsera
norma y compromisos, teniendo en
cuenta principios y vlore étics.
HONOR
Honra que se posee en razón de la
dignidad, o que se ha gaado por
algún hecho especial.
HONRADEZ
Cumplir con los deberes para con­
sigo mismo y para con los demá sin
enga ni defaudar a nadie.
HUMAIDAD
Comprensión y toleracia, acogda
beneolente y adaptación a la sita­
ción de los demás.
HUMILDAD
Rconocer la propia limitaciones
o defciencia; aceptarse y aceptr a
los demás como son, sin imponerse
ni dejarse llear por el aá de do­
minio.
IDENTIDAD
Poner en práctic lo que se dic acr­
c de sí mismo. Sentido de pere­
nencia a una taea o empresa.
Léxico de valores
IGUALDAD
Derecho que tenemos a ser tratados
como otro ser humano.
ILUSIÓN
Capacidad de entusiamo y visión
optimista y esperanzda de la vida;
buena dosis de áimo paa aontar
el fturo.
IMAGEN
L idea, concepto o representación
que se tiene de algo, de una persona
o de una orgaizción.
IMAGINACIÓN
Capacidad humana de crear mun­
dos fcticios, que pueden o no re­
percutir en la vida real.
IMPARCIALIDAD
Adecuado equilibrio en la opinio­
nes y apreciaciones, producto de la
ponderación de cada una de ella.
Mediar con justicia y sin fvoritis­
mos en los confictos.
INDEPENDENCIA
Actuar con criterio propio, sin
sometimiento a puntos de vista
comprometidos de antemano por
diferente rane: afectiv, intelec­
tuales o ideológic.
INFATIGABLE
Perseerar en algo sin csancio.
INFORMACIÓN
Conj untoo de datos con signif­
cado para ser conocidos por al­
guien.
INGENIO
Capacidad del ser humao de en­
gendrar nuea realidades o nuevos
modos de ver la cosa.
INICIATIVA
Má de hacer la cosa, de encon­
tra salida y soluciones; cpacidad
de innovación y decisión para re­
platea la cosa.
INNOVACIÓN
Cr a nueo a p de a do.
INOCENCIA
Estar desprovisto de prjuicios o del
conocimiento de cosa que puedan
crear preención contra los demás.
INQUIETUD
Curiosidad intelectual que inclina
a preguntarse sobre el mundo o la
persona.
INQUISITIVO
Quien se pregunta constatemen­
te; quien averigua e indaga sobre
diferentes posibilidade paa hacer
la cosa.
INTEGRIDAD
Entere y rectitud de conducta; vi­
vir de acuerdo con principios y va­
lores éticos; probidad y coherencia
personal.
INTELIGENCIA
Facultad humana que permite el
conocimiento y el raonaiento.
JOVIALIDAD
Espíritu juvenil, buen humor.
JUICIO
Capacidad de discernimiento entre
diferentes opciones.
JUSTICIA
Dar a cda uno lo suyo, lo que le
corresponde en virtud· de su digni­
dad, su esfer o su trabajo, por el
ejercicio de sus derechos y el cum­
plimiento de sus deberes.
LBORIOSIDAD
Realiz diligentemente el trabajo
prona con dedicción, intensidad,
orden y constacia paa que produ­
ca los resultados esperados.
LEALTAD
Aheión frme a la prsona, a la
institucione o a la ide y dori­
na, con bae en principios y valors.
255
Vlor para vivir los valores
256

LENGUAJE
Modo de entenderse a través de pa­
labra o símbolos inteligble.
LIBERIDAD
Apertura de mente y de corazón
para acoger a los demás con gene­
rosidad, vaorado lo que son y pro­
curando aporar lo que sea posible
paa su mejoraiento.
LIBERTAD
Condición eencial del ser humao
que le lleva a determinarse en rela­
ción con un acto, a elegir y com­
prometerse con lo elegido, a buscr
su plenitud como un ser espiritual.
LIDERAZGO
Capacidad de aumir la reponsabi­
lidad de conducir a otros, para el
cumplimiento de su fnes persona­
les o colectivos.
LÓGIC
Ordenación etructurada de la men­
te, los cncptos y los ranamientos.
LUCHA
Esferzo con empeño por lograr
algo digno de ser alcnzdo.
MADURZ
Capacidad de aceptarse a sí mismo
y a los demás, gracia al realismo en
los j uicios, de la consistencia y la
coherencia en el obrar.
MAGNAIMIDAD
Actitud de pensar en grade y aco­
meter grades desafos.
MAGNIFICENCIA
Capacidad de afontar con genero­
sidad y abundancia cualquier traba­
jo o empresa.
MANSEDUMBRE
Serenidad y cama propia del hom­
bre pacífco.
MAVILLRSE
Actitud y aombro ate ago.
MEJORAMIENTO
Ación de progresar o crecer perma­
nentemente.
MEMORBLE
Que merece ser recordado.
MEMORIA
Facultad humaa de recordar el pa­
sado.
MISERICORDI
Sentimiento de compaión y de pie­
dad por el que sufe, que muee a
ayudarle.
MISIÓN
L razón de ser de una persona o
entidad; lo que constituye el centro
de sus ocupaciones.
MODERCIÓN
Justo medio en el uso de la cos,
de la palabra y de los medios en
genera.
MODESTIA
Sencille y moderación al hablar y
al actuar, que se nota en la forma de
presentarse y exprease, sin vaidad
ni extravagacia.
MORIGERCIÓN
Moderación y templanz en el uso
de los biene.
MOTIVACIÓN
Fuer o impulo interior que mue­
ve a hacer algo, a buscr objetivos
personale o colectivos, por diver­
sos motivos: unos de tipo extrínse­
co (saario) , otros intrínsecos (satis­
facción) y otros trascendentes
(servicio a otros) .
NACIONALIDAD
Condición distintiva de pertene­
cer a un país, sea porque es su lu­
gar de nacimiento o su lugar de
adopción.
NATURALIDAD
Modo de ser espontáneo, sincero,
Léxico de valores
sin artifcio y sin calcula la reac­
cione de los demás.
NEGOCIAR
Disposici6n paa loga, mediate la
intermediaci6n, un acuerdo para
resolver un conficto.
NEUTRALIDAD
Actitud de saber guada una posi­
ci6n equilibrada, sin favoritismos.
OBEDIENCIA
Ajustarse y cumplir lo que está re­
gulado por principios y leye; sub­
ordinaci6n inteligente en la que la
persona no pierde su libertad.
OBJETIDAD
Búsqueda de la" mayor impaciali­
dad en los juicios y apreciacione.
OBLIGACIÓN
Compromiso de hacer algo, adqui­
rido libremente o como consecuen­
cia d eun derecho o de un deber.
OPINIÓN
Expresi6n o juicio sobre algo y que
no presenta como la verdad.
OPORTIDAD
Llegar en el momento adecuado,
sabiendo aprovecha la oci6n.
OPMISMO
Atitd afrmativa ate la vida, el
trabajo y el mundo, que lea a re­
accionar positivamente fente la
difcultdes, con la convicci6n de
que pueden solucionarse.
ORDEN
Disposici6n arm6nic de cosa, ac­
cione y medios, paa que la tae
propia o ajena logre su fnalidad,
aprovechado el tiempo al máximo
y utilizndo bien los recursos dis­
ponibles.
ORGULLO
Alta valoraci6n de sí mismo, senti­
miento de satisfcci6n por lo que se
hace o para quien se hace, afrma­
ci6n de méritos legítimos sin vi­
dad ni soberbia.
PACIENCIA
Afontr con cama y serenidad los
problema, situacione y circust­
cia relacionados con el trabajo y la
vida diaria, para plantear y espera
con traquilidad la solucione.
PARDIGMA
Idea ejempla, modelo, arquetipo,
que es la clave paa entender algo.
PARTICIPACIÓN
Contar con la persona, compartir
con ella decisiones y tarea, abrir­
le epacios para el cumplimiento de
sus derechos y deberes sociales y
políticos, brindarles la posibiidad
de ser pate activa en la geti6n y
benefcios de una taea y de su pro­
pio aprendizje.
PATRIOTISMO
Virud de quien aa a su patria de
todo cora6n y procura enatecerla
con su cutura e historia, y lo expre­
sa en actos de civismo, de partici­
paci6n y de convivencia.
PA
"Tranquilidad dentro del orden".
Convivencia humaa jut, paa que
la persona puedan logra sus ob­
jetivos personale, fmiliae y socia­
les.
PERDONAR
Don de no sentirse ofendido por
una conducta contraria a nuestro
bien.
PERFECCIÓN
Encnaci6n plena o de la mayor
bondad posible en persona, accio­
nes o cosa.
PERSEVERCI
Luchar constatemente a lo largo
257
258
Vlor para vivir los valores
del tiempo por alcanzar las meta
propuestas, aunque surja difcul­
tades.
PERSONALIDA
L que defne el ser de alguien y su
realidad espiritual.
PERSPICCIA
Agudeza para captar penetrante­
mente el apecto o matiz de alguna
cosa.
PERTENENCIA
Identidad con el grupo o con la or­
ganización, que empuj a a sacarla
adelante.
PODER
Capacidad de ejercer coacción para
la realizción de algo, en virtud del
mado o rango de autoridad que se
detenta.
PONDERACIÓN
Equilibrio en el juicio. Apreciación
justa de los elementos que compo­
nen una situación compleja.
POSITNO
Que acentúa el lado afrmativo y
optimista de la situaciones.
PRECISIÓN
Exactitud, puntuaidad. Utilizar las
palabra adecuada.
PROACTIVDAD
Asumir la responsabilidad de la pro­
pia vida apoyado en la fer inte­
rior personal, no dejádose domi­
nar por las circunstancias externa
ni por las reacciones de los demás.
PRODUCTIVIDA
Rendimiento adecuado en un ser­
vicio o elaboración de un producto.
Trabajar por resultados, mejorando
permanentemente la propia capaci­
dad y la de los demás.
PRONTITUD
Diligencia, rapide en hacer algo, en
atender a algien, y sin dejar de ha­
cer las cosas bien.
PRUDENCIA
Inteligencia paa discrir y elegir los
medios para el logro del fn, y obrar
ponderando la acciones que se rea­
lizan, usando la información ade­
cuada, analizando las circunstan­
cias y tomando las decisiones
necesarias.
PUDOR
Manifestación de protección de la
intimidad, que lleva a no exponerla
a terceros de forma que nos sinta­
mos atropellados.
PULCRITUD
Obrar con limpieza de conducta,
con claridad y elegancia.
PUNDONOR
Respeto a sí mismo y a los valores
que se profea, que le a una rec­
titud en el comportamiento.
PUNTUALIDAD
Cumplimiento cba de los horaios
de actividades y cita, de los plas
de tiempo que se fjan para la reali­
zación de una tarea.
PUREZ
Vida limpia, transparencia en las
intenciones, afectividad integra, no
arratrada por la sensualidad.
RAPIDEZ
Celeridad en el obr, dligencia paa
hacer las cosas.
RONALE
Que sabe analizr la situaciones y
ponderar sus acciones según sus
objetivos.
RZONAMIENTO
Elaboración de la mente con bae a
conceptos y juicios.
RELISMO
Visión objetiva de la cosa, acep-
Léxico de valores

259
tándola como son, sin involu-crarse
en ella emotivamente.
RELISTA
Que se ajusta a los hechos, buscan­
do la verdad.
REALIZACIÓN
Búsqueda de la felicidad humana
posible.
RECEPTIVIDA
Aogda yatitud de aper a nue­
Yide, plantemientos y relacione.
RECIEDUMBRE
Característica propia de la persona
que sabe afrontar todo con volun­
tad y frme, con fera interior y
energía exterior.
RECONOCIMIENTO
Admitir lo que los demás hacen,
atribuyéndoles el mérito que les co­
rresponde.
RECORA
Tener presente el paado en forma
creativa.
RCTIFICAR
Reconocer que no se hiz bien algo,
de que no se preó o se etdió opor­
tunaente, o de que deliberadaen­
te se omitieron apectos releantes.
RECTITUD
Integridad y enterez de conducta;
probidad y coherencia personal en­
tre los principios, valores y normas,
y la actuaciones .
RELIGIÓN
Acto de creencia en Dios; reunión
de verdades de orden sobrenatural
referentes a Él.
RENDIMIENTO
Rsultado mensurable de la produc­
tividad de una persona o grupo.
RESERVA
Guardar las cosas en razón de su
privacidad, como fruto del secreto
de ofcio o de un dictado de la pru­
dencia.
RESPETO
Actitud de comprensión del ser de
los demás, que nos permite enten­
der su actuación y portarnos con
cordura y tolerancia fente a ellos.
RESPONSABILIDA
Cumplir la obligaciones y compro­
misos adquiridos con una persona,
empresa, institución, grupo o socie­
dad, yendo más alá de la obligación.
SABIDUIA
El conocimiento máimo posible,
que proviene de una visión univer­
sal y profnda de la cosas.
SACRFICIO
Disposición para entregarse de lle­
no a una tarea sin ahorrar esfer­
zos, con generosidad y anteponien­
do el bien de los demás.
SAGACIDAD
Agudez, rapidez para captar aspec­
tos de algo y para obrar prontaen­
te.
SATISFACCIÓN
Estar a gusto lo más plenamente
posible en el desempeño y logros de
un trabajo.
SEGURIDA
Sentir y mostrar frme en lo que
se quiere y se hace, en lo que se or­
dena y se hace cumplir, certe de
que se obra bien, conforme a prin­
cipios y valores probados.
SENCILLEZ
Modo de ser y reacciona de forma
epontáne y transpaente, siendo fel
a lo que se es y permitiendo que los
demás nos perciban correctamente
en nuestro pensar, decir y actu.
SEÑORíO
Control sereno de sí mismo. Ser
Wlor para vivir los valores
260
duefo de nue wy nwcn­
duct, que lle a trt a los demá
cn rpto, aprio y alr de mi­
Ρ pr encia de l pueñe, los
dos o los rntimientos.
SENSATEZ
Cordura al obrar dentro de pará­
metros raonables, de sentido co­
mún y de eperencia aquiatda cn
el tiempo. Etructuración mental y
afectiva que llea a actuar con acier­
to y moderación.
SENSIBILIDAD
Capacidad de repuesta y de recep­
tividad afectiva ante personas y
acontecimientos.
SERENIDAD
Traquilidad de ánimo, de visión y
de juicio, apoyada más en los pro­
pios valores que en la circunstan­
cias del entorno o del ánimo de la
personas.
SERIEDAD
Cumplir lo acordado etric y opor­
tunaente.
SERVICIO
Actitud de disponibilidad y de ayu­
da a quien está empñado en la mis­
ma tarea, o con quienes estaos
comprometidos a serirle o a cola­
borarle, como resultado de un com­
promiso.
SERVIR
Brindar a los demá un trabajo o una
ayuda, con agrado al hacerlo.
SIMPATí
Forma espontánea de expresar ara­
do y mostra cordaidad y acogida
a los demás, que llea a inspira con­
fanz y a grajearse el afecto de los
otros.
SINCERIDAD
Procura decir y actua siempre con
la verdad, manifestar los propios
sentimientos con autenticidad, con
claridad en el obrar, sin tapujos, fl­
sedade ni engaños.
SINDÉRSIS
Hábito que lleva a obra teniendo
presente principios básicos de or­
den ético, producto de una concien­
cia bien formada.
SINERGI
Complementación entre la pate
y el todo, entre persona y equipos
de trabajo, apoyados en el taento y
cretividad de cda uno, respetan­
do la diferencia, y llegado má
lejos que uno solo.
SOBRIEDA
Moderación en la bebida, en la co­
mida, en la palabra, en la acción,
en el estio de vida.
SOCIABILIDAD
Condición humana básic que se
expresa en saber conducirse como
socio y compañero, como prona
cpa de cnvivir y re Uæcn
los demás mirado al bien de toos.
SOCIEDAD
Forma colectiva de organización
indispensable para la reizción del
hombre.
SOLICITUD
Actitud de interés por los demás
para atenderles o pretarles ayda.
SOLIDARIDAD
Modo de ser y de actuar que le a
apoya y a serir a los demá en todo
tipo de necesidades.
TEMPLANZA
Moderación en el uso de la cosa y,
de modo epecial, del propio cuer­
po -su potencia, instintos y paio­
ne-, acompañada por la sobriedad,
la modestia y el pudor.
Léxico de va/ores
261
TENACIDAD
Insistencia y perseeracia en el 10-
gro de algo; no arredrarse ate las
difcultades.
TERNUR
Moo de ser o epreión aoros de
l prna, que Mme en l ac
gda y goz con la preencia del otr.
TOLERACIA
Comprensión y respeto a los demás,
a sus ideas y sentimientos, sobre
todo cuando son contrarios a los
nuestros. Capacidad para convivir
y participar por encima de la dife­
rencia ideológica.
TRBAJO
Quehacer o despliegue de energías
humaa paa producir bienes o ser­
vicios, normalmente con valor eco­
nómico, en cuaquier cpo de la
actividad, con mira al perfecciona­
miento personal.
TRDICIONAL
Parte de la tradición. Costumbre o
principio arraigada.
TRQUILIDAD
Serenidad de ánimo y reposo al ac­
tuar.
TRANSPARENCIA
Sinceridad en el actua, en el pensa
y en el decir; conducta clara, dispo­
sición a que la propia actuación esté
sometida a norma y regla clara.
UNIDAD
Vivir de acuerdo a lo que se piensa,
se siente y se hace; coherencia y
equilibrio en la persona.
URBAIDAD
Modo de conducirse en la vida so­
cial de acuerdo a usos y modos so­
cialmente aprobados.
UTILIDAD
Resutado o rendimiento propio de
la venta de un producto o sericio,
no sólo de tipo económico y prácti­
co.
VALENTí
Afrontar con ánimo ferte y deci­
dido todo lo que se emprende, sin
temor a los riesgos, incertidumbres
o problema. Disposición de poner
los medios para conseguir los resul­
tados propuestos, con visión, tena­
cidad y esperaz.
VALOR
Bien descubierto y elegido libre y
conscientemente, que busc ser rea­
lizdo por la persona con el recono­
cimiento de los demás.
VERACIDAD
Cualidad de la palabra, hechos y
conducta que las hace conformes a
la verdad y a su expresión sincera.
VERDAD
Manifetación del ser de la cosa o
de la persona como son, concor­
dancia entre lo que se dc y se pien­
sa.
VIBRCIÓN
Sensibilidad y cpacidad de respues­
ta con entusiamo ante los aconte­
cimientos.
VDA
Don esencial de la persona que le
permite existir y desarrollarse.
VIGOR
Vitalidad y fer matenida a tra­
vés del esfer constante.
VRILIDAD
Caacterístic eenciale propia del
ser macuino.
VISIÓN
Concepción global que permite
proyectarse hacia el fturo preien­
do difcultades y obstáculos, y ati­
cipado solucione para aontalos.
llor para vivir los valores
262

VITAIDA
Manifesta energa en la acciones y
en el comportamiento.
VOLUTAD
Facultad o cpacidad de querer algo
con crácter de bien o autodeter­
minarse para conseguir una meta.
Bibliografa
Se incluyen aquí algunos libros que ha sido citados a lo
largo del texto y otros menos citados, o no citados explícita­
mente, cuya lectura puede ser de interés en relación con el
tema.
Abá, Giueppe. Felicid vid buma y vir Ediciones internacionales
universitaria, Barcelona, 1 992.
Aguiló, Alfonso. Eucar el carácter. Ediciones Palabra, colección "Hacer
Failia", Madrid 1 992.
Bennen, Wlliam. El libro d l virts. Editoria Javier Vergaa, Buenos
Aires, 1 995.
Blanchard, Ken y Michael O'Connor. Adminitar por valres. Norma,
Bogotá, 1 997.
Coromina, Ferando. Educar Ho, Ediciones Palabra, Colección "Hacer
Failia, Madrid, 1 991 .
_Cómo educar a m hios. Ediciones Palabra, Colección "Hacer Fa­
milia , Madrid, 1 990, 4a• Edición.
_ Cómo educar l volunt Ediciones Palabra, Colección "Hacer Fa­
milia", Madrid, 1 993
Coro minas, Fernando y Oliveros Otero. Hace fmili ho. Ediciones Pa­
labra, colección "Hacer Failia", Madrid, 1 988.
Conina, Adela. El mund d ls valres. "Étca minima"y educacón. Edito­
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Elegido, Juan M. Fundmetos d étca empresaral IPADE, México 1 998.
Etzioni, Amitai. L nuea regl d oro. Paidós, Barcelona, 1 999.
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Geach, Peter. L virts. Eunsa, Pamplona, 1 993.
Frondizi, Rizieri. ¿Qué son ls valres? Fondo de Cultura Económic, Bo­
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