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EL LEÓN DEL DESIERTO

Julio César Centeno – Marzo 2011


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El coronel Gaddafi nació en una tienda tribal beduina en 1942. Se


graduó de abogado a los 21 años de edad. Luego estudio en la Real
Academia Militar de Sandhurst, Inglaterra, y en la Academia Militar
Helénica de Grecia.

En 1969, a los 27 años de


edad, derrocó al rey Idris, un
tirano impuesto por Inglaterra
y Francia. Declaró querer ser
"el Che Guevara del oriente
medio". Al año siguiente
ordenó la expulsión de las
bases militares extranjeras de
territorio libio. Estableció el
llamado "socialismo islámico"
por medio del cual se buscaba una democracia directa: el gobierno de
las masas a través de consejos populares y comunas. Se creó así
la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista.

La Yamahiriya: estado de las masas, es un híbrido de Islam,


socialismo y democracia directa, ideología que proclama en su Libro
Verde. Se estableció un Congreso General del Pueblo, con Gaddafi
como su Secretario General.

Nacionalizó las empresas petroleras y expulsó a los funcionarios


norteamericanos, británicos e italianos que habían dominado y
vejado al país durante décadas. Libia era la sede de la base militar
aérea mas grande de los Estados Unidos en el norte de África:
Wheelus Air Base. El pentágono mantenía una base para el
lanzamiento de misiles a sólo 25 kilómetros de Tripoli.

Nunca se lo perdonaron. Fue inmediatamente catalogado como


enemigo de los Estados Unidos. Libia fue señalado como un estado
paria por defender su derecho a la autodeterminación y la autonomía.

   
 
Las cosas empeoraron aun mas por el papel protagónico de Gaddafi
en el embargo petrolero de 1973 contra los Estados Unidos y por su
cooperación con la Unión Soviética.

Fue un ferviente seguidor del destacado dirigente egipcio Gamal


Abdel Nasser, especialmente en su lucha por la unión de los pueblos
árabes en una gran Nación Árabe. Defendió la nacionalización del
Canal de Suez por parte de Egipto. Firmó con Nasser la llamada
Carta de Trípoli, donde se concretan acuerdos de cooperación
militar, estratégica y económica entre Egipto y Libia.

Con la muerte por envenenamiento de Nasser en 1970, Gaddafi tomó


el liderazgo del pan-arabismo. Dos años después se anuncia la
creación de la Federación de Repúblicas Árabes, integrada entonces
por Siria, Egipto, Irak y Libia. Fue también uno de los mas destacados
líderes de la Organización de Países No-Alineados.

GADDAFI CON GAMAL ABDEL NASSER - 1969

   
 
Gaddafi ha apoyado sin vacilación la causa Palestina durante décadas.
En 1972 anunció que Libia apoyaría, entrenaría y financiaría a
cualquier árabe dispuesto a defender la causa Palestina. Fue
inmediatamente catalogado como "terrorista".

A partir de entonces llovieron acusaciones sobre su participación o


apoyo en numerosos atentados terroristas en Roma, Viena, Berlín,
Chad, Filipinas, Egipto. Se le acusó de ser el principal punto de apoyo
de uno de los terroristas mas connotados de la época: el venezolano
Carlos Illich Ramírez, "El Chacal". Carlos fue capturado en 1994 y
cumple desde entonces una condena a cadena perpetua en la prisión
La Santé de Paris.

Como es costumbre contra cualquier jefe de estado que se rebele


contra el orden internacional impuesto a los países en desarrollo
después de la segunda guerra mundial, se le acusó de participación en
el narcotráfico, de fomentar el terrorismo, de desarrollar armas de
destrucción masiva, de apoyar a las FARC en Colombia, al IRA
(Ejército Republicano Irlandés), a la ETA en España, a Hizbolla en
Líbano, a Hamas y otros "terroristas" palestinos. El presidente de los
Estados Unidos, Ronald Reagan, se refería a él como "el perro
rabioso del desierto".

El gobierno norteamericano trató varias veces de derrocarlo. En


agosto de 1981 la revista Newsweek dio a conocer un plan presentado
por el director de la CIA al gobierno norteamericano para asesinar a
Gaddafi. Días después dos aviones de guerra norteamericanos
atacaron dos aviones Sukhoi libios en espacio aéreo libio. Los aviones
norteamericanos habían despegado del portaviones John Kennedy,
estacionado frente a las costas libias de mar mediterráneo.

En 1986 Ronald Reagan ordenó el bombardeo de las principales bases


militares y edificios gubernamentales en las ciudades de Trípoli y
Benghazi, en un intento por asesinar a Gaddafi e incitar la
sublevación popular. Los aviones despegaron desde bases
norteamericanas en Inglaterra. En el bombardeo murió una de sus
hijas menores, Jana, y docenas de oficiales de su entorno mas
cercano. El crimen quedó impune.

   
 
Libia fue rápidamente convertido en un estado paria. Durante los
siguientes 10 años el coronel Gaddafi se convirtió en el Osama Bin
Laden de la época. Libia fue cercada. Se le impuso un embargo
comercial para forzar el derrocamiento de Gaddafi, similar al que ha
padecido Cuba por mas de 50 años.

Fue acusado de ordenar la colocación de una bomba en un avión


comercial Boeing 747 de la principal línea aérea de los Estados
Unidos para entonces: Pan American. El avión explotó en el aire en
diciembre de 1988 sobre la población de Lockerbie, Escocia.
Murieron 259 personas que viajaban en el avión y 11 ciudadanos de
Lockerbie. Luego de un largo proceso de negociación, en 1999
Gaddafi entregó a la justicia escocesa a los dos ciudadanos libios
acusados de haber colocado los explosivos.

En 1997 Nelson Mandela tuvo


la valentía de visitar a Gaddafi
en Trípoli, para denunciar la
injusticia que se cometía
contra ese pueblo por su
rebeldía y su intento de
decidir su propio destino.
Mandela sabía por
experiencia propia lo que era
ser acusado de crímenes sin
que existieran pruebas sobre ellos y sin derecho a la defensa. Había
sido liberado de la cárcel 7 años antes, después de 27 años de prisión
por su rebeldía ante el régimen discriminatorio de la población negra
de Sur África por parte de una minoría blanca de origen europeo.
Visitó a Gaddafi siendo el primer presidente de raza negra y el primer
presidente electo democráticamente en Sur África.

Su visita fue seguida por la del secretario general de Naciones Unidas,


Kofi Annan, de origen Africano. Libia aceptó cancelar 2.700 millones
de dólares en compensación a familiares de víctimas de atentados
terroristas de los que se acusaba a ciudadanos libios, aunque sin
reconocer culpabilidad de la nación Libia. Se levantaron las sanciones
internacionales que pesaban sobre el país.

   
 
En el 2008 el presidente Bush
deja sin efecto las sanciones
unilaterales que había impuesto
Estados Unidos contra Libia,
retirándola de la lista de
"estados que apoyan el
terrorismo".

Las transnacionales petroleras se abalanzaron sobre Libia en busca


del control de los gigantescos yacimientos de su codiciado petróleo
liviano. Lo mismo hicieron los perros de la guerra, ofreciendo armas,
desde sofisticados aviones de combate hasta fusiles, ametralladoras y
municiones. Muchos se jactaron de haber finalmente obligado a
Gaddafi a ceder en sus posiciones radicales.

Ese mismo año Gaddafi recibió la visita de Condoleezza Rice,


secretaria de Estado del gobierno norteamericano. Luego desfilaron
por Trípoli los jefes de estado de los países que se proclaman dueños
del planeta: el primer ministro británico, Tony Blair, seguido por su
remplazo Gordon Bown, el presidente de Francia, Sarkozy, el
presidente de Rusia, Vladimir Putin. El rey Juan Carlos de España, y
Rodríguez Zapatero se humillaron ante él en el 2009 para venderle
3.500 millones de euros en armas.

Gaddafi se convirtió en una


especie de vedette política en
círculos internacionales. Fue
invitado a participar por primera
vez en la Asamblea General de las
Naciones Unidas, donde fue
recibido por el presidente Barak
Obama. Fue invitado a visitar
Francia, Italia y España, siempre
recibido como el "Rey de Reyes"
y “el León del Sahara".

   
 
En el 2009 fue electo Secretario General de la Unión Africana. Allí
proclamó su determinación a seguir luchando por el establecimiento
de la integración de los países africanos y la conformación de los
Estados Unidos de África. Su discurso en este foro dejaba en
evidencia que sus concepciones radicales y socialista se mantenían
intactas. Los analistas internacionales de las principales empresas de
comunicación concluyeron sin embargo que se trataba solo de
"retórica populista".

En su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el


2009, Gaddafi dejó claramente definida su posición. Acusó a Israel
del asesinato de John Kennedy; abogó por la solución del conflicto
Israelí-Palestino a través de un estado único. Se refirió al Consejo de
Seguridad como "el Consejo del Terror"; criticó la validez de la
Asamblea General de la ONU por permitir que sus decisiones sean
ignoradas por los países mas poderosos y rompió la Carta de las
Naciones Unidas en el podio de los oradores.

En marzo del 2010 uno de sus ocho hijos, Hanibal, fue detenido en
Suiza acusado de maltrato a dos empleadas domésticas. Gaddafi
suspendió la venta de petróleo y adoptó represalias económicas y
comerciales adicionales contra Suiza, llamó a la guerra santa contra
ese país y declaró que anhelaba que fuera "barrido del mapa".

   
 
La Unión Europea no se apresuró a denunciar semejante amenaza,
asumiendo una posición diametralmente opuesta a la tomada contra
Irán por presumiblemente aspirar lo mismo sobre el estado de Israel.
Por el contrario, la UE se disculpó públicamente por haber prohibido
a unos ciudadanos libios la entrada a Europa a raíz del conflicto entre
Suiza y Libia.

El comportamiento de Gaddafi ha sido frecuentemente considerado


excéntrico. Cuando visitó la ciudad de Nueva York para participar en
la Asamblea General de las Naciones Unidas solicitó autorización
para colocar su gigantesca carpa beduina en un parque. Así se hizo.
Armó su carpa en los jardines de la mansión del millonario Donald
Trump. Allí conducía sus negocios y recibía visitas. Llevó además
camellos, para tomar leche fresca al levantarse. Como es su
costumbre, viajó acompañado de docenas de jóvenes mujeres
guardaespaldas, quienes no sólo lo protegen, sino que se encargan de
su cuidado y su alimentación: nunca falta ni el queso de cabra ni los
dátiles.

En una reunión cumbre de la Liga Árabe, Gaddafi se puso un guante


blanco en su mano derecha. Explicó que trataba de evitar infecciones
al estrechar la mano de otros jefes de estado que pudieran haber
tenido contacto con funcionarios israelíes.

   
 
  
 
Algo similar ocurrió cuando visitó Paris, por invitación de Nicolás
Sarkozy. Fue recibido como un rey. La visita concluyó con
negociaciones para la venta de armas de guerra y la inversión de
empresas francesas en el negocio petrolero libio.

Cuando viajó a Roma, como invitado de honor de Silvio Berlusconi,


colocó su carpa en un parque en el centro de la ciudad. No llevó los
camellos, sino 200 mujeres guardaespaldas que conforman varios
anillos de seguridad, armadas con Kalashnikovs.

Las mujeres que custodian a Gaddafi son expertas en artes marciales,


en el uso de armas de fuego y de armas blancas, en pilotear aviones,
helicópteros y barcazas; son entrenadas como francotiradoras, en el
manejo de explosivos y en actividades de espionaje. Berlusconi lo
honró con una cena de lujo para 800 personas, apropiada para un
Rey.

A pesar de las atenciones y los halagos de Berlusconi, Gaddafi fue


particularmente severo con sus anfitriones italianos. Fueron
demasiados los crímenes y vejaciones cometidos por Italia durante su
ocupación y colonización de Libia desde 1911 hasta 1943. Cuando
Berlusconi menos se lo esperaba, Gaddafi se despojó de su ropaje

   
 
beduino y se vistió de militar. Junto a sus condecoraciones
castrenses, se colgó del pecho una fotografía en blanco y negro de
1931.

Gadaffi y Berlusconi, Italia 2009

En la fotografía se encuentra, humillado y encadenado, el héroe libio


Omar Al-Mukhtar, rodeado de sus captores italianos. Al-Mukhtar
liderizó durante veinte años la lucha de los beduinos contra la brutal
ocupación italiana. Fue para él que se acuñó el apodo de "el León
del Desierto". Su figura es venerada en Libia. Los fascistas italianos
lo ahorcaron en público a los pocos día después de haber tomado y
divulgado aquella humillante fotografía. Justo antes de morir
exclamó: "Sobreviviré a mis verdugos". Para entonces Italia se
encontraba bajo el dominio de Benito Mussolini.

Cuando le preguntaron porque llevaba esa fotografía en su pecho,


Gaddafi, consciente de que el catolicismo es la fe predominante en
Italia, proclamó en presencia de Berlusconi: "Para nosotros la
imagen de Al-Makhtar es tan sagrada como el crucifijo que llevan
algunos de ustedes en el pecho"

   
 
En la lucha por el control del mar de petróleo liviano bajo el suelo
libio, durante la segunda guerra mundial el país se convirtió en el
campo de batalla entre las fuerzas nazis bajo el mando de Rommel y
las fuerzas británicas bajo el mando de Montgomery. Con la derrota
de Italia en la segunda guerra mundial, Libia fue repartida cual trofeo
de guerra entre Inglaterra y Francia.

Las continuas luchas de los beduinos por su independencia


condujeron a que en 1951 se declarara una monarquía bajo el rey
Idris, una marioneta al servicio de los europeos. Para el momento de
su independencia Libia no tenia escuelas y contaba con sólo 16
graduados universitarios, formados en el extranjero. La
administración continuó así en manos de ingleses, franceses e
italianos. Todo cambió con la llegada de Gaddafi al poder en 1969.

Los honores y halagos de que era objeto Gaddafi por parte de los jefes
de estado de Europa hasta finales del 2010 cambiaron
súbitamente. Sanguinario, loco, tirano, demente, autócrata, asesino,
corrupto, psicópata, perro rabioso. Estos y muchos otros adjetivos
son usados hoy contra Gaddafi. Los medios de comunicación de todo
el mundo, salvo algunas excepciones, se han ensañado contra su
figura. El objetivo parece ser destruirlo ante la opinión pública

   
 
internacional. Algo similar le ocurrió a Saddam Hussein justo ante de
la invasión de Irak por parte de fuerzas militares norteamericanas y
británicas en el 2003.

Al mimo tiempo, se teje una red de "legalidad" para invadir Libia y


deponer al déspota. En la ONU se toma la decisión de expulsar a Libia
del Consejo de Derechos Humanos, mientras que la Corte Penal
Internacional declara que actuará con agilidad para condenarlo.

En paralelo s estimula y apoya a movimientos opositores a Gaddafi


para incitar a la rebelión interna, con el propósito de generar un
estado de violencia y caos que contribuya a justificar la intervención
de las grandes potencias para “pacificar al país y proteger los
derechos humanos de sus ciudadanos”.

El objetivo es claro: invadir Libia, deponer a Gaddafi, tomar control


de su codiciada riqueza de petróleo liviano, tal y como ocurrió con
Irak y como trató infructuosamente de hacerse en Venezuela en el
20o2. Tal y como trata de hacerse con Irán y como años atrás se
concretó en Arabia Saudita, Kuwait, Katar y los Emiratos Árabes. Las
siguiente presas serán Algeria, Venezuela e Irán.

   
 
El Gadafi que hoy todos condenan fue recibido y halagado como un
gran estadista en la Cumbre del G8 en Italia, invitado por el
presidente Barack Obama. Hace sólo unos meses se abrazaba con
Sarkozy en Paris, con Tony Blair en Trípoli y con Berlusconi en
Roma.

Que ocurrió para justificar este cambio tan radical contra Gaddafi?

El despertar del pueblo árabe


Protestas populares por el aumento en el precio de los alimentos y la
pobreza generalizada derrocó en pocos días a Ben Alí en Túnez.
Irónicamente, sólo semanas antes Túnez había sido señalado por
Hillary Clinton como el modelo de democracia a seguir en el medio
oriente.

Las protestas se extendieron de inmediato a Egipto, concluyendo con


la remoción del poder de Hosni Mubarak, un dictador apoyado por
Estados Unidos durante 30 años. Mubarak recibía de Estados Unidos
mas de 3.000 millones de dólares anuales, la cooperación mas alta
proveniente de Washington después de la otorgada a su principal

   
 
aliado de la región: Israel.

Las protestas en Egipto fueron


también inicialmente
motivadas por aumentos en
los precios de los alimentos,
los insoportables niveles de
pobreza en que se encuentra
la mayor parte de la
población, la creciente
indignación ante la descarada
confabulación de Mubarak
con el gobierno de Israel en su criminal opresión al pueblo palestino,
la falta de libertades fundamentales y los grotescos niveles de
corrupción. La fortuna de Hosni Mubarak se estima en 70.000
millones de dólares. Mientras el 40% de los 80 millones de egipcios
viven con menos de dos dólares al día. Egipto mantuvo una
suspensión de los derechos fundamentales de la población durante
todo el período de dominación de Mubarak, a través de una Ley de
Emergencia, con el consentimiento y apoyo de Estados Unidos.

Las analogías que se han querido trazar entre las revueltas en Libia
con las de Túnez y Egipto lucen ficticias. En Libia se canalizaron
enormes inversiones petroleras para financiar servicios públicos y
gratuitos de salud, educación y vivienda. Se ha promovido el
desarrollo económico y se han reducido sustancialmente las
desigualdades sociales. El índice de desarrollo humano es el más alto
de África. Los índices de desempleo son tan bajos que ha tenido que
facilitar la entrada de cientos de miles de trabajadores de otros
países: Egipto, Túnez, China, Pakistán.

El consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió


recientemente a Libia por su “ambicioso programa de reforma” y su
“fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del
papel del sector privado”. En marzo del 2007 Anthony Gidden,
asesor de Tony Blair, publicó un artículo en The Guardian en el que
afirma: “Gadafi parece ser genuinamente popular. Libia será en dos
o tres décadas una Noruega del norte de África: próspera,
igualitaria y progresista”

   
 
A diferencia de Túnez o Egipto, Libia es una potencia petrolera.
Produce 2 millones de barriles de petróleo liviano cada día, y su
producción puede al menos duplicarse. Sin embargo, una buena parte
de sus 6 millones de habitantes se mantiene en la pobreza y la
exclusión.

Gaddafi ha sido criticado por haber fomentado el regreso de empresas


petroleras europeas y su creciente participación el la actividad
petrolera y gasífera. La mayoría de estas empresas operan desde
Benghazi desde donde, coincidentalmente, se formó el núcleo de la
rebelión contra Gaddafi.

También se le ha criticado por haber contribuido, desde su posición


como secretario general de la Unión Africana, a la consolidación de
un acuerdo con la NATO para ampliar sus operaciones militares en
Sudan, Somalia y Etiopía. Ha venido promoviendo también una
tratado de cooperación militar entre la NATO y la Unión Africana.
Organizaciones radicales dentro y fuera de Libia consideran tales
actitudes como traición.

A la cabeza de la insurrección se encuentra el Frente Nacional para


la Salvación de Libia (NFSL por sus siglas en inglés). Sus líderes son
sistemáticamente presentados como los chicos buenos, en una lucha
desigual contra la opresión y la barbarie. Poco se destaca que el FNSL

   
 
se creo en 1981 en Sudan, bajo la protección del coronel Nimieri, un
déspota apoyado por Estados Unidos que gobernó ese desdichado
país desde el 77 hasta el 85. El FNSL realizó su congreso nacional en
los Estados Unidos en el 2007, con el patrocinio de la NED. A la
cabeza se encuentra Ibrahim Sahad, quien realiza acusaciones de toda
índole contra el "régimen despótico" de Gaddafi, casi siempre sin
ofrecer prueba alguna al respecto y sin que los entrevistadores o
editores se las soliciten. Sin embargo, sus planteamientos son
transmitidos por las principales agencias de información de todo el
mundo como si fueses ciertas. La misma realidad virtual se divulga
como cierta por internet, facebook, twitter.

Significativo es también que los


rebeldes de Benghazi hayan bajado
la bandera verde de la república de
Libia y elevado en su lugar la
bandera de tres franjas, roja,
blanca y negra, que se usaba
durante la monarquía del rey
Idris, impuesta por Europa en
1951. También ha surgido de la
nada un presunto Príncipe Senussi,
heredero de la corona.

Fue el rey Idris quien entregó la


soberanía nacional al permitir el
uso irrestricto de aire, mar y tierra
por parte de fuerzas militares británicas. Fue el rey Idris quien firmó
el acuerdo para que los Estados Unidos establecieran y administraran
sin restricciones la base militar mas grande de África: Wheelus Air
Base, cerca de Trípoli. El rey Idris firmó además un convenio para
exonerar a Italia de todos los daños que pudieran imputársele como
consecuencia de los 30 años de brutal colonización, permitiendo
además que la comunidad italiana en Trípoli conservara todos sus
propiedades, negocios y privilegios.

Pero la legitimidad o veracidad de los señalamientos contra Gaddafi


parecen irrelevantes. Sirven sólo de fachada para alcanzar el objetivo
estratégico deseado: la ocupación de Libia. Paul Wolfowitz, quien
sirviera como subsecretario de defensa de los Estados Unidos y como

   
 
presidente del Banco Mundial, arquitecto de la guerra de Irak,
publicó una carta abierta al presidente Obama incitándole a convertir
a Libia en "un protectorado bajo el control de la OTAN", en
nombre de la "comunidad internacional".

En su editorial del 23 de Febrero 2011, el Wall Street Journal, vocero


de los intereses comerciales de los Estados Unidos, sentencia:
"Estados Unidos y Europa deben ayudar a los libios a
derrocar el régimen de Gaddafi"

Simultáneamente, se moviliza al mar territorial libio una flota de


guerra norteamericana, mientras en Naciones Unidas y en la Corte
Penal Internacional se concreta apresuradamente el marco legal que
justifique la invasión.

El consejo de seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 25 de


Febrero del 2011 una resolución para que se investiguen los posibles
crímenes contra la humanidad que pudiera haber cometido
Muammar Gaddafi. Pero, sin que tal investigación haya comenzado,
ya Gaddafi ha sido condenado.

Es no sólo irónico, sino hipócrita, que haya sido justamente los


Estados Unidos quienes hayan solicitado que la ONU eleve el caso de
Libia ante la Corte Penal Internacional. Estados Unidos nunca ha
reconocido la jurisdicción de dicha corte. Se opuso además a su
creación en 1998, junto con Israel, Irak y Libia. Tales contradicciones
parecen pasar desapercibidas para los medios transnacionales de la
información.

El comandante supremo de la OTAN, Wesley Clark, ya había señalado


hace un par de años que Libia estaba en la lista oficial del pentágono
para ser dominada después de Irak, junto con Siria y la joya de la
corona: Irán.

Si se concreta lo que Fidel Castro ha llamado "La guerra inevitable de


la OTAN", se desatará un movimiento de resistencia por todo el
mundo Árabe que haga realidad las últimas palabras del León del
Desierto: "Sobreviviré a mis verdugos".