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Carola Chávez

Colección TILDE

CORREO DEL ORINOCO


Alcabala a Urapal, Edificio Dimase, La Candelaria, Caracas-Venezuela
www.correodelorinoco.gob.ve

A mi papá.
Corrección
Iris Yglesias
Diagramación y montaje
Ingrid Rodríguez
Portada
Arturo Cazal

Depósito legal: lf2692011320528


Rif: G-20009059-6
Enero, 2011.
Impreso en la República Bolivariana de Venezuela.
Paréntesis antes
del porólogo o perefacio
(con pronunciación cumbres curumianas)

Chávez y en Cumbres de Curumo

S
iempre me han gustado mi nombre y
apellido. Me llamo Carola Chávez y eso
no me había traído mayores inconve-
nientes, salvo cuando en el colegio me decían
Tuchi (Chávez). Crecí con un nombre común
y corriente bajo la reconfortante sombra de
absoluto anonimato. Aunque soñaba ver mi
nombre publicado en letras grandes y negras
en algún periódico, siempre y cuando no fue-
ra en la última página donde para salir tienes
que estar desnuda o muerta.
Ese día llegó cuando estaba en la univer-
sidad. Allí estaba en primera plana, no en
uno, sino en todos los periódicos del país y
en muchos extranjeros. Era mi apellido, pero
en la foto no estaba yo, sino un soldado con

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Carola Chávez

boina roja. Desde ese día empecé a oír cómo en todos esos años; salvo ciertas excepciones
los vecinos de todos los edificios de Caracas, como la tragedia de Vargas. Arrullando a mi
cacerola en mano, lo coreaban, una noche sí y bebé supe que Chávez era el nuevo presiden-
la otra también, mientras pedían que se fuera te, supe que todos votaron por él, y me fui a
Carlos Andrés. lavar teteros. Pocos años después, en España,
En el banco me atendían con esmero una vi a todos los periodistas “progres” felicitan-
vez que les mostraba mi cédula delatora. do a los venezolanos por el derrocamiento del
La gente me preguntaba si yo era familia de tirano o el payaso, o el payaso tirano, que les
Chávez y yo les contestaba yo no che. había robado la libertad y el glamour entre
—¿Te imaginas? Porque tú tienes unos otras cosas. Oí a mi papá al otro lado del mar
primos en Barinas, pero claro no son tan ne- con la voz estrangulada de la rabia, impoten-
gros, pero ¿quién quita?— me decía emocio- cia, y miedo diciendo “esto se parece a Chile”.
nada mi cuñada mientras me mostraba una Entonces me preocupé por lo que podía pasar.
hermosa sonrisa enmarcada en unas encías Y pasó lo que pasó: Volvió, volvió, volvió… Y
moraduzcas que siempre parecían mortifi- yo, en medio de mi ignorancia, me alegré por
carla. Eso y su pelo alisado y su nariz sospe- mi papá y pasé la página.
chosamente chata, que apenas me gradúe me Hasta que me tocó volver a Venezuela a pa-
la opero. Eran tiempos de paz en medio de sar vacaciones en Cumbres de Curumo, cer-
un país en ruinas; digo paz no porque así lo quita de Los Campitos, donde pasé gran parte
sintiera entonces, sino por lo que me tocó vi- de mi vida, al ladito de La Alameda y Santa Fe,
vir después. donde vivían mis primas, a un brinco de Las
En 2004 volví a Venezuela después de Mercedes, donde trasnoché tantas veces los
diez años de ausencia. Como había emigrado fines de semana de mi no muy lejana juven-
con la amargura del desencanto no me inte- tud. Cerquita de todo lo que empecé a añorar
resé mucho por lo que sucediera en mi país en el mismo instante en que compré el boleto
para volver.

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La recepción en el aeropuerto fue maravi- reencuentro. Lo abracé y solté dos lagrimitas,


llosa: El funcionario de la DIEX, que ahora se que más que de cariño eran de sed, y le supli-
llamaba ONIDEX, me dio la bienvenida a mi qué que me dejara comprar agua.
país con una sonrisa tan amplia y sincera que Cuando estábamos llegando a la máquina
me pareció sospechosa. Me quedé esperando expendedora de bebidas, noté que el rostro
que me dijera: “¡Ay, pajarito, a este pasapor- apacible de mi cuñado se puso tenso y el pu-
te le falta algo! (que no le faltaba)”, pero no chero que hasta hace un segundo desplegaba
me lo dijo. Como lo miraba desconcertada, el cedió el paso a unos labios pétreos y furiosos.
señor funcionario me preguntó si sabía dón- No entendía nada hasta que su voz silbó con
de buscar mi equipaje. Como yo sólo atinaba desprecio:
a balbucear, él balbuceó en un inglés balbu- —Espérate a que se vaya ese soldado de la
ceante unas direcciones que yo conocía y ar- máquina. Esos bichos son una mierda.
mado con su sonrisota se despidió de mí con
Pero mi sed no podía esperar, así que me
un festivo goodbye.
acerqué a la máquina sólo para descubrir
Todas mis experiencias anteriores con los que no tenía ni un solo bolívar. “El soldado
funcionarios de la DIEX fueron traumáticas de mierda” debió notar que me moría de sed,
emocional y económicamente. Tanto que an- supongo que mi cara de pendeja con el mo-
tes de llegar a la taquilla siempre me sudaban nedero abierto y vacío, con la boca abierta y
las manos, se oxidaban mis rodillas y se me seca, le darían alguna pista.
secaba la boca, y esta vez no fue la excepción.
—Tome, señora —me dijo extendiendo la
Así que al recoger mi equipaje lo primero que
mano con una botella de agua friíta.
quise hacer fue comprar una botella de agua,
pero fui interceptada por mi amorosísimo cu- —Gracias, mi marido ya trae cambio, ense-
ñado que, con los ojos cuajados de lágrimas, guida le pago.
me extendía los brazos suplicando, entre hú- Le hablaba al soldado, pero sin dejar de mi-
medos y ensayados pucheros, un abrazo de rar al hermano de mi esposo que observaba

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la escena con ojos desorbitados, mientras “el negra y mancha que nunca. Igual que los
gorila de verde” esgrimía la segunda sonrisa huecos, y los ranchos, y los choros, y la ba-
amplia y franca que recibí ese día. sura, y los monos, y los…
—No, señora se la regalo para la bebé y para Llegamos a Cumbres de Curumo, era 15 de
usted. marzo, ninguna fecha patria que yo recorda-
—¡Gracias, chamo! Así sí da gusto volver ra, pero había banderas en cada edificio, to-
a mi país, es que es la gente como tú la que das a media asta.
no se consigue en ninguna otra parte, gracias —¿Quién se murió? —pregunté.
por esta bienvenida. La democracia, la libertad, la legalidad y…
Esta vez sí solté dos lagrimitas de verdad Interrumpí su letanía a punta de carcaja-
y dos besos y un abrazo para un soldado que das. Mi cuñado suele ser muy cursi y yo suelo
según mi primo debía ser de mierda. reírme mucho de él. Así estaban las cosas: en
—Qué raro —dijo a regañadientes—. Esas Cumbres guardaban luto por la democracia y
cosas no pasan nunca con esos carajos. allí iba yo a pasar mis vacaciones.
—Mira tú, y yo tengo tanta suerte que me Su esposa nos saludó emocionada, había
pasa a mí y delante de mi prejuiciado parien- tanto que contar, tenía que ponernos al día,
te político. suponía que sabíamos algo de lo que estaba
Por fin llegamos a Caracas, era raro su- pasando.
bir de La Guaira y no pasar por la —¿Cómo que no? ¿Nada de nada? Eso no
mancha negra, aquel pegoste de as- es posible, ahora no nos van a decir que son
falto defectuoso que hacía patinar unos ni-nis, ¿que no sabes lo que es un ni-ni?
y estrellarse hasta al más cauto de los con- Esta noche amanecemos y no parrandeando
ductores. Al comentarlo con mi cuñado me precisamente —dijo mostrando sus blanquí-
juró desesperado que estaba allí, donde yo simos dientes de odontóloga.
la había dejado hace diez años, pero más Vaya noche la que me tocó vivir. Fue como

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asistir a un cursillo acelerado de estupidez, sinos. ¿Cómo que los niños pobres? ¿Para
pensé que eran el jet lag y las cervezas los que vamos a marchar por los niños pobres?
que me estaban confundiendo. Pensé mal, en ¿A mí qué me importan los niños pobres? Yo
todo caso amortiguaban la intensidad de las lo que quiero es vivir como hace seis años,
ridiculeces que decían. Tenía catorce días por tener mis dólares y mi libertad. ¿Sabes que
delante para confirmar que todo lo que oí la nos quieren quitar a los niños y mandarlos
primera noche era solo el comienzo de mi re- a Cuba? Por eso a mis hijos les estamos tra-
corrido por el mundo de la política del Este mitando el pasaporte español; a cada fami-
de Caracas y sus sucursales de provincia. lia le van a meter en su casa dos o tres fami-
Muy por encima, me enteré de lo que era lias de monos; nos están cubanizando, has-
un ni-ni e instintivamente me ubiqué en esa ta traen médicos cubanos que no están gra-
categoría. Allí empezó lo que hoy aún conti- duados, Chávez gobierna para “los monos”.
núa. Me explicaron que no podía ser ni-ni, No son personas como nosotros, por eso les
porque un ni-ni es un chavista light; que te- decimos “monos”, es que esa gente es chavis-
nía que ser de la oposición, por mi país, por ta porque Chávez les da real, ésos son unos
mis sobrinitos, porque, claro, a ti qué te im- marginales, no quieren trabajar, no quieren
porta si tú vives en Europa con tu hija, eso salir del rancho, mira a mi cachifa, veintitan-
sí que es civilizado, no como mi bello país tos años viviendo en el mismo rancho, ¿cómo
que ha caído en manos de los monos, tienes es que no ha podido salir de allí? Mira todo
que ser de la oposición y vamos a marchar. lo que hemos hecho nosotros, porque traba-
¿Cómo que por qué? Por la democracia, para jamos y pagaríamos impuestos, pero ¿para
que se vaya Chávez, que venga cualquiera me- qué? ¿Para que se los roben? Yo sólo pago
nos él, Carlos Andrés, no me importa con tal mis impuestos municipales, porque eso sí, mi
de que no sea ese negro de mierda. Que son alcaldito sí que trabaja; si fuera chavista, no
unos brutos, si vieras a los ministros, ¡qué pagaría un centavo de impuestos, ni de vai-
vergüenza! No saben ni hablar, ladrones, ase- na. No tienes que documentarte más como tú

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dices, nosotros somos tu familia y tú no pue- eso es un peligro para Venezuela, porque Az-
des ir en contra nuestra, tienes que ser de la nar odiaba a Chávez pero estos… Que nadie
oposición. ¿Acaso no confías en nosotros? Yo quiere a Chávez, que no ha hecho nada, que
no puedo dormir bajo el mismo techo que un los pobres no lo quieren, porque fíjate que mi
chavista, así que cuidado. Aparte de todo las cachifa me dice que no, que ni ella ni nadie en
marchas son una rumba, nos vestimos todas su barrio es chavista, ni el conserje, ni el vigi-
con tops de bandera y sostenes push-up, todo lante, que me abría la puerta cada día con una
el mundo dice que las tipas de la oposición sonrisa de oreja a oreja desde que supo cómo
estamos buenísimas, en cambio en las de me llamaba. Ni el taxista que me llevó a casa
ellos hay puras monas horribles. Todo esto lo de mi papá, mientras me contaba cómo eran
decían mientras mi cuñada trataba de domar las guarimbas, y recordaba cómo, en tiempos
sus chicharrones alisados con la mano y yo de Rómulo, los soldados sacaron a toda su fa-
me iba haciendo con cada palabra un poquito milia de su conuco en Cojedes con la excusa
más chavista. de que eran guerrilleros. Ninguno de ellos era
Tuve catorce días para visitar a mi fami- chavista. Los chavistas eran los flojos margi-
lia y amigos que parecían testigos de Jehová, nales y algunos pocos sinvergüenzas que no
pero predicando una democracia hecha a su eran “monos” pero que apoyaban al gobierno
medida, todos los derechos para ellos y todos porque estaban “chupando”.
los deberes para los demás. Escuché las cosas Que qué bolas tienes tú de decirle tu ape-
más insólitas como cuando mi prima me rogó llido a la vecina, ahora me rayaste con todo
que no fuera a Margarita porque allá había el edificio. Que cómo puedes vivir tú con ese
campamentos de Al Qaeda, sí, escondidos en apellido. Que si no puede valer lo mismo el
La Sierra y Chávez los protege. Que la guerra voto de un analfabeta que el de un profesional
de Iraq es una guerra necesaria, que Saddam como yo. Que si los héroes de Altamira. Que si
es amigo de Chávez. Que lástima que perdió Leopoldito y Henriquito. Que pongas Globo-
Aznar porque ahora vienen los socialistas y visión. Que no puedes opinar porque no vives

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aquí. Que si eres de la oposición sí te dejamos que no se conforman con lo que les dicen, que
opinar aunque vivas en la Conchinchina. Que buscan información, que quieren un mundo
si el paro petrolero fue cheverísimo. Que si más justo, que trabajan para que así sea, que
dañaron las computadoras de Pdvsa y que los creen en su país porque creen en su gente.
brutos que pusieron ahora no pueden echar Volví a mi país porque descubrí que tenía un
a andar la empresa. Que ojalá que vengan los país al que regresar y aquí estoy.
marines y nos invadan. Que Bush help us, Mi cuñado, una vez, me gritó histérico: “Si
Chávez is a killer! Que en el muro de la liber- te fuiste con Caldera y regresas con Chávez
tad escribieron “sed de sangre chavista”. es que eres chavista”. Cuánta razón tenía. Me
Que no voy para tu marcha, que no firmo, llamo Carola Chávez y nunca me gustó tanto
que no soy racista ni fascista, que no me tra- mi nombre como ahora.
go todo lo que sale en la televisión como los
globovidentes, que lo único intolerable es la
intolerancia, que ya no hay mancha negra,
que las cosas han cambiado, que van a seguir
cambiando, que yo no soy ni-ni, que soy cha-
vista ¿y qué?, que claro que me voy de tu casa,
aunque no entiendo por qué, si soy la misma
de siempre, si siempre pensé de la misma ma-
nera, sólo que ahora mis ideas tienen nombre.
Da igual, si no lo puedes soportar me voy. Y
me fui…
Así fui empujada a los brazos de chavismo,
a las huestes de este rrrrégimen. Ahora soy
parte de esas hordas de chabacanos que tie-
nen libros en sus casas y peor aún, los leen,

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Ahora sí: Prólogo

A
unque éste no es un manual de polí-
tica, decidí incluir un paréntesis an-
tes del prólogo (porólogo, si eres de
Cumbres de Curumo) porque creo que fue en
ese momento que narro cuando mis ojos se
terminaron de abrir. Siempre me sentí como
una espectadora a muchos eventos de mi vida,
aunque a simple vista parezca ser protagonis-
ta de ellos.
Acostumbro a situarme fuera aunque esté
atapuzada con un gentío en el mismo sofá.
Escucho, veo y me asombro cada día más. Me
siento a escribir como para tratar de entender.
Lo peor es que mientras más escribo menos
entiendo, me separo cada día más del camino
que, al parecer, tenemos trazado las personas

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Carola Chávez

que nacimos dentro de una familia clase me-


dia, de esa clase media genérica y hueca que
no acepta la disidencia. Que resiente la desfa-
chatez de mis franelas Ovejita, mis amistades
peligrosamente “niches”, que pueden dar pie
a comparaciones e incómodas coincidencias.
Este no es un libro político, o tal vez sí lo
sea, porque es la política el mejor indicador
de quién es quién en este mundo en que lo
que importa es lo que pareces y no lo que eres
Capítulo I
en verdad. Hoy, dentro de esa clase media, si
apoyas al gobierno de Chávez, eres definitiva- Tasca Gao
mente negro, pobre, flojo, bruto, aunque seas
en verdad un catirísimo doctor summa cum
laude que vive en Prados del Este. Y funcio-
na perfectamente a la inversa: ser opositora
para una morenaza, trabajadora asalariada y
endeudada, produce el mismo efecto que fo-
rrarse de logotipos de marcas chic. Ser opo-
sitor es el símbolo de estatus más barato que
hay en el mercado.
Todo lo que narro en este manual, por in-
creíble que parezca, me ha sucedido, por eso
escribo con esa risita nerviosa de quien dice
¡Qué pena con ese señor!

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¿
Quién no ha pasado una amena velada
en casa de unos amigos, tomando unos
traguitos en una acogedora tasca case-
ra? Yo lo he hecho hasta el hastío. Cada vez
que una pareja de amigos se casa nos vemos
obligados a visitar su apartamento nuevecito,
cortesía de papá. Dicho inmueble, general-
mente, ha sufrido una serie de transforma-
ciones para ser adaptado a las necesidades de
la joven y feliz pareja que allí comenzará una
nueva vida, para toda la vida, o hasta que el
divorcio nos separe.
Entre los trabajos de remodelación hay dos
detalles que no pueden faltar: Un jacuzzi in-
crustado en un bañito, que queda como mu-
cho camisón pa Petra. (Eso para el disfrute
exclusivo de los enamorados). Y una tasca,
para todos, al mejor estilo que ellos imaginan
como andaluz.

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El diseño y decoración de ese importantísi- tas de avión. Éstas perfectamente selladas y


mo rincón del hogar suele consumir meses, a llenas, al contrario de sus parientes de alumi-
veces años, si no toda una vida de dedicación nio. Algunos pocillos y ceniceros y revolvedo-
para obtener lo que muchos consideran como res con logos de los Yankees de Nueva York,
un espacio de primera necesidad. Se empie- de la Universidad de Miami, de algún bar Key
za con la construcción de la barra de madera West, y el de Mickey Mouse, que no puede fal-
maciza, acompañada de tres o cuatro tabure- tar. Un cartel taurino anunciando una tarde
tes cojos, de ésos que se balancean al posarse de corridas en Las Ventas con el nombre del
sobre ellos, y que, a veces, se le pone un taco anfitrión (como detalle jocoso) junto con el
de servilleta en la pata para tener un poco más de algunos toreros de verdad-verdad. Carteli-
de estabilidad. También, un cachivache que tos de cerámica pintados con frases graciosas
va pegado al techo donde cuelgan las copas como: “Entre mi carro y mi mujer, te presto a
patas arriba como murciélagos cristalinos. mi mujer”. Lucecitas, madroños y platos pe-
Una vez obtenidos estos elementos co- gados a la pared, una réplica miniatura de La
mienza la decoración. Existen, al parecer, una Giralda, una muñeca made in China vestida
cantidad de objetos que debe tener su tasca, de bailaora y comprada en Barcelona. Ade-
pequeños detalles que le imprimen persona- más, colgados de una columna, una pata de
lidad, no su personalidad, sino una genérica, jamón polvorienta y una ristra de ajos de ra-
una especie de híbrido entre un quillo gadita- fia. Detalles estos que impregnan el lugar de
no, un mayamero frecuente y un bebedor na- ese sabroso y fiestero ambientillo andaluz.
cional. Explico: No puede faltar una botellita Indispensable es también una bufanda y
de cerveza Zulia. Una colección de latas de todo un gorro de bufón del Real Madrid, preferi-
el mundo, fruto de un esfuerzo mancomuna- blemente, aunque pueden ser de cualquier
do en el cual cada pariente, cada amigo, trae otro equipo, pero eso sí: de la Liga Española
de vuelta de sus viajes una o más latas vacías. de Fútbol. Dichas prendas deben ser coloca-
Otra colección indispensable es la de botelli- das sobre un televisor que se empotra a la pa-

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red con un armatoste giratorio que nadie gira Mis amigos me miran con ojos de asombro,
nunca y que pesa más que la tele que debe como si apenas entonces se enteraran de que
sostener. Los sábados de partido todo buen los libros existen y que sería bueno tener algu-
anfitrión debe ponerse sus accesorios de fo- nos en casa, aunque sea para disimular. ¿Di-
rofo, aunque haga 40 grados a la sombra. simular con quién? Si donde hay confianza da
Sin embargo, todo este esfuerzo sería en asco: “No joda, Carola, no te la vas a echar de
vano si no se coronara con un cartel, uno culta ahora, tomate unos palos y déjanos ver
grande, de madera oscura, con muchas capas el fútbol. ¡Gooooooool!”.
de barniz, rectangular, de las esquinas mor- Hace unos meses, mis amigos se reunieron
didas en semicírculos y con unas retorcidas en una de las sucursales de Tasca Gao. Esta-
letras de mecate que digan Tasca Gao. ban indignados porque un político los había
Si Tasca Gao fuese una franquicia, su in- llamado “clase media putrefacta y embrute-
ventor sería rico. Pero es mucho más que eso, cida’’. Yo en ese momento comprendí su in-
es un elemento del acervo cultural de la clase dignación: ¿Putrefactos? Imposible, si todos
media venezolana.
están conservados en alcohol. Embrutecidos,
Cada vez que inauguro con mis amigos uno por supuesto, donde hay confianza da asco,
de estos bares domésticos les pregunto en ¿no es así?
qué lugar de la casa pusieron la biblioteca. Lo
hago solo por incordiar, porque ya sé la res-
puesta. Me gusta imaginar cómo sería si todos
los recursos y todo el esfuerzo que emplearon
en hacer un bar lo hubieran destinado a una
biblioteca. O mejor aún una biblioteca con
neverita y chinchorro. Porque es rico echarse
a leer tomándose un traguito o dos…

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Capítulo II
Turismo enlatado.
Quien Hesperia des-Hesperia
¡
Ah! las vacaciones, ese momento tan es-
perado que se va tan pronto llega. Des-
pués de largas horas de trabajo, de colas
interminables, de incomodidades, de tumul-
tos, empujones, ruidos infernales, después de
estirar el sueldo, quincena tras quincena, ha-
ciendo maromas; después del estrés, el Zolof
y el Tafil, nos vemos recompensados con unos
días fugaces que aprovecharemos aunque se
nos vaya la vida en ello.
Nadie mejor que la clase media para orga-
nizar vacaciones inolvidables. La democra-
tización del turismo ha proporcionado a la
clase “pujante y pensante’’, un sinfín de op-
ciones para gastar sus ahorros, sus energías
y su tiempo. Los resorts todo incluido son el
ejemplo más representativo de lo que la cla-
se media considera una vacación de ensueño.

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Carola Chávez

Los hay esparcidos por todo el mundo: desde —¿Qué tal el viaje? —pregunté entusiasma-
las islas más exóticas hasta los helados para- da la primera vez.
jes de montaña; las grandes ciudades tampo- —Arrechísimo —dijeron los tórtolos dora-
co se han quedado atrás, no hay lugar en el dos por el sol caribeño, mostrando orgullosos
mundo donde no haya un todo incluido para su franelas idénticas de Mickey Mouse.
satisfacer las exigentes necesidades de la cla- —Pero yo quería saber de México. ¿Fueron
se que ha estudiado, que progresa, que aporta a Teotihuacan? Yo sé que no está en Cancún,
a la economía. pero una vez allá, ¿cómo no acercarse?
Recuerdo que hace algunos años, cuando Pues no se acercaron, se quedaron en un
mis amigos empezaron a atar lazos nupciales, resort, el Marriot, tú sabes, chísimo, todo in-
era impensable ir de luna de miel a Cancún. cluido. Tenían un buffet que te mueres. Co-
Se trataba de un paquete turístico que ofrecía mimos coctel de camarones hasta que se nos
un viaje completísimo: Cancún, crucero hasta salían por las orejas. ¿Tequila? No, pero nos
Miami y dos o tres noches en Disney World. daban unas piña-coladas en unas copotas con
Esto último, supongo, para que los jóvenes sombrillita fenomenales. Había unas pizzas
de tortilla mejicana súper originales, y ham-
adultos volvieran a ser niños por unos días
burguesas para cuando ya no querías más ca-
antes de tener que enfrentar las responsabili-
marones. Hacían un show de salsa buenísimo
dades de su nuevo y complejo estado civil. y nos cagábamos de la risa viendo a los grin-
Yo veía cómo partían felices y soñaba con gos tratando de bailar. Todo el mundo rascao.
mi luna de miel que no terminaba de llegar, Fuimos al Hard Rock Café y nos compramos
ya mi novio era un hueso duro de roer. Espe- las franelas. Ya tenemos tres para la colec-
raba ansiosa el regreso de los recién casados ción, la de Cancún, la de Miami y la de Or-
para beber los detalles de sus aventuras en lando. Ahora tenemos una excusa para seguir
México, país de mis sueños, que hasta el día viajando, porque hay Hard Rocks por todos
de hoy no he podido visitar. lados, hasta en París.

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Desilusionada esperé la boda y regreso de cún. No conocí un resort hasta que hace unos
otra pareja. La misma pregunta ingenua: días vinieron unos amigos de Caracas y otros
—¿Fueron a Teotihuacan? de Barcelona, la de Catalunya, venezolanos
—¿Teotihua qué? todos. Desoyendo mis consejos de lugareña
reciente, se alojaron en el Hesperia. Fueron
—Teo-ti-hua-can.
unas vacaciones inolvidables, tal como lo pro-
—¡Chanfle! metía el folletín que les dieron en la agencia
—Bueno, pero a Chichen Itzá, si fueron, de viajes. Inolvidables por malas.
¿no? Los amigos, que cruzaron el océano llenos
No fueron, pero trajeron las franelas regla- de nostalgias, se vieron literalmente atrapa-
mentarias del Hard Rock y Mickey, los mis- dos en el resort todo incluido, que incluía
mos cuentos repetidos: coctel de camarones, todo menos a los amigos a quienes vinieron
la piñas coladas, pizza… a visitar. No nos permitían entrar a verlos a
Así se fueron casando todos y todos regre- menos que pagáramos un día, perdonen que
sando con los recuerdos de una luna de miel me repita, todo incluido. Ellos no podían salir
que parecía colectiva. Mi decepción casi deri- porque en la agencia de viajes habían vaciado
va en una depre. No comprendía las razones los bolsillos de los incautos con la promesa
por las que alguien que vive en el Caribe, y que de que todo lo que puede el viajero buscar
no tiene más que manejar una hora para estar
en Margarita estaba en el Hesperia. Ellos de
en una playa preciosa, se gastara una fortuna
tanto vivir en Europa, cayeron cual daneses
para encerrarse en un hotel made in USA, es-
quivando, de manera voluntaria, la suculenta y obtuvieron las vacaciones con las que todo
experiencia sensorial y cultural que implica danés sueña en los cortos días del invierno
una visita a México. Hasta el día de hoy no lo escandinavo.
comprendo. Nosotros, compadeciéndonos de su triste-
Por fin me casé con mi hueso duro. Y no za, decidimos dejarnos estafar por un día.
tuvimos entonces dinero ni ganas de ir a Can-

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¡Vaya día! Todo comenzó tempranito en la las noches: un grupo de bailarines que se des-
mañana: pagamos y nos condecoraron con unas barataban al ritmo de un merengue de Olga
apretadas pulseras de plástico morado que nos Tañón. Very tropical, very typical…
distinguían de los huéspedes de verdad, ellos El menú, escalofriante: escuetas raciones
llevaban unas de un coqueto color lima. de tequeños y pizza servidas en la piscina con
Nos abrazamos por fin con nuestros pa- la lentitud característica de un all you can
nas. Luego a la piscina: un sinuoso cuerpito eat. Escaso y lento para que no abuse el hués-
de agua azul turquesa con una fuente inter- ped y la banca gana. Además, ofrecían un bu-
mitente que, al parecer, funciona sólo cuando ffet internacional en el comedor al que no se
hay suficientes espectadores. En las sillas y permitía el acceso en traje de baño y del que
bajo los parasoles, parejas y familias enteras no salía ni un pedazo de pan hacia la piscina.
de extranjeros rosados y rollizos, todos leyen- Nos parecía una necedad sacar a los niños del
do algún bestseller, todos bebiendo de una agua, subir a la habitación a vestirnos, para
copa con sombrillas y cayenas. bajar a masticar el almuerzo inodoro, incolo-
Resaltábamos entre la multitud por el bron- ro e insípido que incluía delicias nacionales
ceado tropical y por las carcajadas escandalo- como empanada de cazón sin cazón y arepas
sas que hacían fruncir el ceño a nuestros veci- de carne mechada rellenas de carne molida.
nos de parasol. Pedimos las “incluidas” piñas Lo dejamos para la noche…
coladas solo para descubrir que no tenían ni Nos mudamos a la playa a las cuatro de la
piña ni coco ni ron. Las hacían de un producto tarde y solicitamos un toldo. Cuál fue nuestra
envasado, pasteurizado e insípido que, para sorpresa cuando a las cinco en punto un em-
colmo, era bautizado con aguardiente. pleado vestido de fiscal de tránsito caribeño,
silbato en boca, nos ordenaba el inmediato
Para acompañar la piña colada el hotel
desalojo del lugar. Consternados y curiosos
ofrecía la oportunidad de ver el ensayo del
pedimos una explicación. Era simple, el em-
show tropical que presentarían esa y todas
pleado tenía órdenes de la gerencia de desalo-

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Carola Chávez

jar a los huéspedes a la cinco con la ridícula Chao, pescao, dije, y enseguida me vino a la
excusa de que la playa era peligrosa después mente un parguito frito, con tostones y ensala-
de esa hora. El peligro no estaba en el olea- da, que venden en Pampatar por veinte mil bo-
je, por el contrario, acechaba en la arena. Los los. Salivando, agarré mis macundales y aban-
despiadados lugareños suelen asaltar a los doné a mis amigos a su suerte en aquel infierno
turistas y los despojan de las pocas monedas disfrazado de paraíso. Jamás olvidaré la mi-
que trajeron, ya que el viaje todo incluido fue rada suplicante y resignada que me clavaron
“todo pagado” en sus países de origen. Ésa es mis panas cuando los dije adiós. Todavía te-
la imagen del venezolano que un danés se lleva nían ocho días de resort por delante, todo pa-
a su casa. Los venezolanos, según el Hesperia, gado, poco incluido.
somos una especie de vampiros que a partir de
cierta hora nos dedicamos a atracar a quienes
tienen la deferencia de viajar a nuestro país.
Nuestros desvenezolanizados amigos se
tragaron por completo en cuento. Desde que
llegó Chávez la delincuencia está desatada,
recoge rápido y vamos a cenar.
Sí, Luis, a cenar en tu casa, dijo la recep-
cionista del comedor, mi pulsera morada me
delató. Yo sin saberlo pretendía comer sin
pagar. ¿Cómo que sin pagar? Si pagamos
ochenta mil bolívares cada uno esta maña-
na. Para mi asombro, nuestras pulseras ca-
ducaban a las cinco y si queríamos cenar te-
níamos que comprar otras por cincuenta mil
bolívares más.

40 41
Capítulo III
Vacaciones con orejitas
C
uando era pequeña, era el bicho raro
de mi colegio. En realidad éramos tres
bichos raros mis hermanos y yo. Todo
comenzaba el día de vuelta a clases cuando
la maestra nos pedía a todos hacer un dibujo
de nuestras vacaciones. Mientras los niños se
peleaban por usar el creyón negro, yo tenía
toda la gama de verdes, azules, rojos y ama-
rillos para mí solita. Yo pintaba el jardín de
la casa de mis abuelos donde había pasado,
como cada año, mis vacaciones escolares. El
disputadísimo negro era el color indispensa-
ble para ilustrar las orejas del ratón que hizo
las veces de abuelos en las vacaciones de mis
amiguitos. Todos habían estado en Disney
World. Todos menos yo.
Yo traía de mis vacaciones recuerdos na-
cionales y muy cotidianos. Las aventuras

45
Carola Chávez

que vivíamos mis hermanos y yo en el jar- uniforme, y porque dibujaba escenas incom-
dín de mis abuelos no podían ser compara- presibles de felicidad familiar como testimo-
das con las aventuras de los otros niños en nio de mis vacaciones.
la tierra de la fantasía. Mientras mi abuelo, La presión fue creciendo a medida que pa-
con un machete, cortaba unas raíces para saban los años. ¿Ya tienes doce años y no has
que nos tiráramos en lianas como Tarzán, ido a Disney World? Que gafaaaa. Parecían
mis amiguitos se lanzaban con un cohete resentir que yo tenía aventuras nuevas que
por la Montaña Espacial. Si nos bañamos contar cada comienzo de año escolar, mien-
en los surtidores que regaban la grama cada tras que ellos solo podían perfeccionar la re-
tarde, ellos habían tragado agua de lo lindo dondez de las orejitas negras que dibujaban.
en la piscina de olas del River Country. Mi Por eso creo que comenzaron a agregar deta-
abuela nos hacía cotufas para la merienda lles a sus vacaciones inventando atracciones
y mis compañeritos comían pop corn con nuevas que nunca existirían. Mickey volaba
butter flavor pero sin butter. Mi abuelo nos con ellos, regalaban helados de sabores espa-
llevaba al Museo de Ciencias Naturales y a ciales recién traídos de Plutón por Pluto. Dur-
la Galería de Arte Nacional, hasta nos vistió mieron en casa del pato Donald, y el mismí-
de niños decentes un 5 de Julio y fuimos a simo señor Disney se derritió una noche para
Los Próceres a ver el desfile. Todo eso no se poder llevarlos a conocer una serie de túneles
puede comparar con el esplendor artificial y sótanos mágicos reservados sólo para visi-
del President’s Hall, donde muchos juran tantes frecuentes. Yo, como siempre he sido
haber visto a Abraham Lincoln sufrir más medio pendeja, me creía todo lo que conta-
de un corto circuito. ban y comencé a soñar con el lugar soñado.
Me miraban feo en mi salón porque no fo- Por fin, cuando cumplí catorce años me lle-
rraba mis cuadernos con envoltorios de chi- varon mis papás a Disney World. Debo admi-
cles Juicy Fruit, porque no traía franelas de tir que quedé fascinada por tantas cosas que
Mickey debajo de la ya sofocante camisa del no eran lo que parecían. Personas disfraza-

46 47
Carola Chávez

das de mis antiguos personajes favoritos, un descuido por lo cuidadosos imagineers que
castillo de la Bella Durmiente que sólo servia nunca imaginaron que las fantasías también
de pasillo y a cuya torre, con rueca y bruja, tienen techo.
no podías subir porque el acceso estaba blo- Nada de eso ha notado, aparentemente,
queado por una puerta de oficina que decía ninguno de mis amiguitos del colegio, que
“employees only.” Las cotufas sabían horrible hoy, cuarentones, hacen lo que sus padres y
y los helados de Plutón eran de mantecado, les enchufan a sus retoños sus vacaciones en
pero estaba tan ilusionada que me juré una playback. Al parecer, es deber de todo padre
y mil veces que no había lugar en el mundo llevar a sus hijos antes de que cumplan cinco
más increíble que ése, me lo juré tantas veces, años a conocer a Mickey en persona. De no
antes, durante y después que me lo creí. hacerlo las consecuencias psicológicas pue-
Metocódesdeentoncesyporlospróximoscin- den ser irreversibles.
co años vivir cerquita del Magic Kingdom. Volví Yo lo he vivido en carne ajena. He visto a
no sé cuántas veces más. Cada vez que llegaba mis amigas desesperadas, acosadas por el
alguien a visitarnos de Venezuela nos encas- tiempo, que pasa volando y la niña ya tiene
quetábamos las orejas y a Disney se ha dicho. tres años. Si no la llevamos ahora ya no sería
Fue terrible descubrir las escenas repetidas lo mismo. La angustia de una madre no deja
una y otra vez con una sincronización robó- de conmoverme, pero más hondo me llega el
tica espeluznante. La fantasía estaba plani- estoicismo y perseverancia de una mujer que
ficada milimétricamente de tal manera que sabe lo que es bueno para sus crías.
dejó de ser fantástica. La gota que derramó La carrera de obstáculos comienza un año
el vaso fue cuando vi el parque desde arri- antes con la obtención de la visa. Siempre me
ba. Me subí al teleférico que lo atraviesa y lo ha parecido insólito que tengan que someterse
vi desnudo: Ductos de aire acondicionado, nuestros compatriotas a una cadena de abusos
cajetines eléctricos, rejas, letreros de alta ten- y humillaciones, con la única finalidad de ob-
sión sobre los techos asfaltados, dejados con

48 49
Carola Chávez

tener un permiso para ir a un lugar a gastarse planilla, que hay que rellenar con cuidado, no
los ahorros de toda una vida. Es como si para vale dejar de contestar, por absurda que sea
entrar en una panadería el portu te detuviera la pregunta. Yo creía que era joda la parte que
en la puerta, te diera dos patadas en el culo, decía: Marque con una X SÍ_ NO_: ¿Es usted
que tú has puesto a la altura adecuada para comunista? ¿Pertenece o ha pertenecido a una
que la patada sea certera; te revisara la carte- organización comunista? ¿Es usted nazi? ¿Es
ra para ver si tienes suficiente para comprar usted narcotraficante? ¿Es usted amigo de Bin
muchos cachitos; te pidiera un certificado de Laden? Yo no, pero dicen que George W. sí,
buena conducta, por si acaso; te hiciera abrir pero él no tiene que llenar esa planilla y si la
la boca para ver que tipo de dientes pretenden tuviera que llenar, sería el único gafo que con-
masticar sus canillas y no contento con eso, te testaría sí a cualquiera de estas preguntas.
obligara a hacer una cola de seis horas bajo el Para hacer el cuento corto: Llega el día de
sol, mientras que él decide arbitrariamente si la cita, tienes un virus horrible pero no pue-
te deja, o no, entrar a comprar. des faltar porque de hacerlo tendrías que
Pues es eso, más o menos, lo que hacen en la comenzar todo el proceso de nuevo. Llegas
Embajada americana pero con un poco mas de moqueando, con tu planilla en una mano y
saña. Para ir a Disney World hay que seguir las el corazón en la otra. Te acercas a la ventani-
siguientes indicaciones, por fantásticas que pa- lla donde un funcionario, que es venezolano,
rezcan: Pagar más veinticuatro dólares para ob- pero te mira feo porque no naciste en Maya-
tener el derecho a una llamada telefónica, en la mi como él, hace lo imposible por negarte el
cual el operador te dará unas instrucciones que ansiado sí, y lo logra. Resulta que dejaste una
bien podían haber sido publicadas en la pagina pregunta sin responder, esas preguntas que
Web de la Embajada, te informan que debes llamamos concha de mango, que no tienen ni
pagar para obtener más datos incompletos y pie ni cabeza, y tú, tontito incauto, no sabías
te ganas una cita para dentro de seis meses. que había que escribir N/A (no aplica) y te
Luego, por cien dólares más, compras una rasparon. De vuelta al principio…

50 51
Carola Chávez

Después del vía crucis consular comienza colapso emocional, te planta dos sonoros se-
otro calvario: Las reservaciones. No hay cupo llazos en tu pasaporte y te dice goodbye; eso
es la consigna pero llegar es la meta, así que sí, con la misma cara de burro amarrado que
con empeño, perseverancia y una pizca de ja- perdió su sonrisa el mismo día que le dieron la
ladera de mecate consigues boletos para toda green card, la tarjeta de crédito y ese trabaju-
la familia, con horarios incomodísimos y sopo- cho de “miedda’’ que no le da ni para el café.
tocientas escalas: Caracas, Argentina, Brasil y Superado el mal trago del aeropuerto, al-
Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador, Uruguay quilan su sedán para subir cuatro horas por
Paraguay, Venezuela (pero esta vez en el aero- la Turnpike hasta Kissimee, un pueblito que
puerto de La Chinita), Guatemala y El Salva- alberga al parque de ensueños, además de al-
dor, Costa Rica, Haití, Nicaragua, Honduras y gunas células anacrónicas del Ku Klux Klan.
Panamá, Norteamérica, México y Perú, Cuba Se alojan en un Howard Johnson de carretera,
y el Canadá, son hermanos soberanos de la li- porque los hoteles del parque son muy caros
ber-tad… Perdón, me dejé llevar. y total si sólo van a dormir… Nadie duerme
Total es que aterrizan en el Miami Interna- esa noche, los niños se atragantaron de Milky
tional Airport cansadísimos, lo que los pone Ways y están excitadísimos. ¿Mamá, ya es de
en desventaja ante el cubano que hace de día? preguntan los pequeños en medio de la
agente de inmigración en dicho aeropuerto. oscuridad eterna de una noche en vela.
Al funcionario lo ponen ahí para que haga Ya es de día por fin. Llegan al parque con
lo que mejor sabe hacer: Ser un ‘’come mied- ojeras amoratadas por el insomnio. Felices
da’’. Te pone a sudar mientras revisa tus do- toman un simpático trencito que los conduce
cumentos con una ceja arqueada al mejor es- desde el puesto Goofy 356 de un enorme esta-
tilo argentino. Hace ruiditos ininteligibles, te cionamiento hasta la entrada del Reino Mági-
pregunta a dónde vas, revisa de nuevo todo y co. El papá preocupado se pasa la mañana re-
menea la cabeza de un lado a otro mientras pitiendo Goofy 356, Goofy 356, Goofy 356, por
exhala un suspiro. Cuando estás al borde del temor a olvidar el lugar donde dejó el carro.

52 53
Carola Chávez

La entrada del parque anuncia cómo será venta minutos en cada atracción que suman
la tónica del resto de la visita: Una cola gi- tres días de colas en un parque que pretenden
gantesca recibe a los ansiosos turistas. Filas conocer en sólo 12 horas. Cola para subir al
de obesos sonrosados, con bermudas que- monorriel de regreso al Goofy 356 y cola para
mando arroz y zapatos deportivos que nun- llegar al hotel con sonrisas desencantadas
ca hicieron deporte, recién casados de todas como las que se suelen poner después de que
las edades que juegan a ser niños por el día un muy esperado polvo termina en gatillazo.
y estrellas porno por la noche, japoneses con Ha sido inolvidable, mi amor…
camaritas, negros, blancos, altos, bajos y ve- Para descansar un poco de tanta fantasía al
nezolanos a montones, que se les reconoce día siguiente se van para un Mall. Nada como ir
a leguas por su estudiada elegancia casual: de compras con los niños todo el día para
Ropa planchadita de fábrica, de aspecto cru- lograr las vacaciones perfectas. Mien-
jiente y fresco, marcas y logos por todas par- tras mamá compra sostenes en Victoria’s
tes, alguna etiqueta colgando por descuido Secret los niños bostezan en un mulli-
con un precio exorbitante, lentes nuevos y do sillón victoriano, se caen a golpes en la
cachuchas para todos, zapatos que todavía Sears, lloran en Bloomingdale’s, patalean
no tienen arrugas de uso y una sonrisa de y gritan abrazados a varios juguetes en Toys
éxito que produce cierta envidia. R Us, se sacan mocos en J.C. Penney’s, y se
Pero volvamos con nuestra agotada familia. antojan de hacer pupú en Gap. Extenuados,
después de la cola de la entrada, a la cola del endeudados y cargados de bolsas y repro-
monorriel, a la cola de las atracciones, a partir ches vuelven al hotel. Aún les quedan doce
de este punto, dice un orejudo cartel, noventa días por delante para intercalar parques que
minutos de espera sin esperanza de que sean parecen malls y centros comerciales que pa-
menos porque estos gringos son un fenómeno recen parques.
y no se pelan nunca. Noventa minutos para Tristemente todo lo bueno tiene su fin.
subirte a una atracción que dura solo tres. No- Se regresan por donde fueron, con todas las

54 55
Carola Chávez

mismas escalas; renovado el vestuario, reno-


vadas las deudas, renovada la certeza de que
los carajitos son una ladilla. Al aterrizar en
Maiquetía, un nudo en el estómago anuncia
que el ciclo se ha cerrado y que comienza de
nuevo. Ataca la depresión post vacacional en
el mismo momento que ven que hay una co-
lita en las taquillas de la Onidex y frustrados
murmuran:
—Qué mierda este país, colas por todos la-
Capítulo IV
dos, cola para entrar, cola por la autopista,
colas en al banco, colas en la cantina del cole-
Thanksgiving en Mayami…
gio, mientras todavía resuena en la cabeza de
papá Goofy 356, Goofy 356, Goofy 356…

56
E
ntre las costumbres de la clase media,
destaca la huida al exterior. Crecimos
mirando para afuera, donde la gra-
ma siempre es más verde, así que cualquier
excusa es buena para imponernos un exilio
forzoso. Yo huí cuando Caldera mientras se
derrumbaban los bancos como fichas de do-
minó. Muchos huyeron como yo a un destino
familiar y cercano: Miami, o Mayami (en ar-
got venezolano), una ciudad cálida, zurcada
de avenidas que parecen autopistas, llenita
de urbanizaciones de casas clonadas, pinta-
das todas de rosado Pepto Bismol, color que
allá estiman que es muy tropical. Una ciudad
de esquinas idénticas, con su Walgreen’s, con
su McDonald’s que se repiten una y otra vez
a tal punto que más de un novato se pasa de

59
Carola Chávez

largo y no nota que se ha perdido hasta que se envidias. Pero una cajita de Belmont te eleva a
topa con el cartel que le da la bienvenida a la calidad de Dios, por muy poco tiempo, eso sí,
opulenta Palm Beach. porque se la espalillan los panitas, fumadores
Algunos pocos, como yo, se largan con una o no, que entran en una especie de trance que
mano adelante y la otra por detrás. La mayoría se hace más profundo con cada bocanada y
lo hacen con casa, carro, chequera, Visa Plati- repiten como poseídos, “un Belmont, chamo,
num y una matrícula en alguno de los tantos un Belmont”.
institutos de algo, donde pagando mucho te Mantener sus tradiciones los ayuda a so-
acreditan como estudiante para los efectos de portar la agonía del exilio. Por eso, año tras
visado. Todo esto cortesía de papá. año, celebran religiosamente dos de las más
Nadie dijo que el exilio es fácil, pero los ve- tradicionales fiestas del Este de Caracas y
nezolanos son pilas. Ellos se mudan todos al sus sucursales de provincia: el Halloween y
mismo sitio. Urbanizaciones completas, com- el Thanksgiving, haciendo más hincapié en
pradas en pre-venta, que acaban siendo tan esta última por ser una fiesta de corte fami-
venezolanas que en el supermercado de la es- liar. A falta de familia, están los panas que a
quina consigues harina Pan. punta de compartir nostalgias se convierten
Nunca comí tantas arepas como en Maya- en hermanos.
mi. Es el plato más apreciado por niños con- Una vez me invitaron a una cena de
sentidos que después de despreciarlas en Ca- Thanksgiving y cometí el error de ir. La cena
racas, prefiriendo el croissant; se sientan a la se celebró en Westonzuela, o Weston para
mesa a sobar su cálida redondez y a recordar los gringos forasteros, en la casa de una sim-
con nostalgia su apartamentico en Altamira, pática parejita de profesionales recién casa-
su casita en El Peñón. dos, que escogieron fijar residencia en tan
Otro producto que cotiza en el mercado de elegante vecindario de la hermana ciudad de
la nostalgia es el Toronto. Poseer un Toronto Ft. Lauderdale, para continuar sus estudios
en Mayami te convierte en el foco de deseos y de postgrado en una renombrada universi-

60 61
Carola Chávez

dad. O por lo menos eso es lo que había re- Sí, eran las botas rudas, negras, llenas de pin-
señado Roland en El Universal. chos y cadenas plateadas del implacable y des-
Llegué a la cuarta casa rosada a mano dere- almado cyborg de la pantalla grande. Dirigí la
cha, de la calle Indian Trace. Toqué el timbre mirada al grupo de invitados temerosa de en-
y alguien gritó cortésmente: “Pasa, que está contrarme con el ojo de bombillito rojo apun-
abierto”. Una vez adentro me volvió a gritar tando hacia mi. Terminator se había mezclado
desde el sofá la misma voz masculina “Cha- hábilmente en el grupo, porque pasé toda la no-
ma, que te quites los zapatos que vas a joder che tratando adivinar a cuál de esos pies perte-
la alfombra”. Como dudé por un momento necían tan violentos zapatos. Era una tarea im-
entre salir corriendo y obedecer, el amable posible que me obsesionó al tal punto que deci-
anfitrión me indicó desde su mullido lugar dí quedarme hasta el final de la fiesta, pasara lo
que pusiera los zapatos junto con los de los que pasara, con tal de descifrar esa incógnita.
demás invitados, allá, ¿no los ves? Por culpa de aquellas botas y de la curiosi-
Claro que los vi, me quedé haciendo un es- dad que me caracteriza, tuve que padecer una
tudio completo de la noche que tenía por de- cena tan larga como indigesta, esto no lo digo
lante. Aquel rinconcito parecía al armario de por la comida sino por todo lo demás: Los
Imelda Marcos. Zapatos de las más distingui- hombres apoltronados en el sofá sostenían
das marcas, donde Armani estaba talón con conversaciones de hombres plagadas de in-
talón con Versace, sandalitas veraniegas para teresantísimos comentarios como por ejem-
el otoño mayamero, recostadas sin pudor de plo: “El San Ignacio era más de pinga cuando
unos deportivos y masculinos Timberland no había jevitas, porque entonces se jugaba
que, se notaba, eran de estreno. Me quité mis más al fútbol” o “el guón de mi hermano ayer
gastados y cómodos zapatos de lona roja y escoñetó la burbuja viniendo de Choroní. Es
cuando me disponía a dejarlos tuve una ate- la cuarta burbuja pérdida total en su récord”
rradora visión: allí, al lado del último lugar seguido por un “qué arrecho, guón”, que en-
disponible estaban la botas de Terminator. tonaban en coro los cautivados oyentes.

62 63
Carola Chávez

En la cocina, una tropa de pavitas recién platos repletos de chicharrón de pavo, ensa-
casadas jugando a las perfectas amas de casa lada súper original y, la perla de la noche,
sin tener la menor idea de por dónde empe- batatas con mantequilla y marshmallows
zar. Un pavo hormonado se achicharraba en derretidos. Todo un festín para los paladares
el horno mientras las nuevas señoras, con sus más exigentes.
delantalcitos almidonados que hacían juego Yo no comí porque hacía rato que me había
con los pañitos y agarra ollas, se peleaban con ido al jardín a jugar con Otelo, un labrador
las verduras y perdían en el intento de hacer negro, o Chocolate lab, como decía su dueño.
una ensalada súper original porque tiene tro- Otelo y yo hicimos buenas migas inmediata-
citos de manzana. Yo tenía muchos años de mente. El pobre perro había sido adoptado
casada y como ya había matado la fiebre, lo por el hijo de una ex secretaria del Ministe-
que menos me provocaba era ir a una fiesta a rio de Hacienda, una mujer emprendedora
cocinar. que aprovechó al máximo su fugaz y lucrativo
La tertulia en la cocina era el equivalen- cargo. Gracias a la pericia de esa madre, su
te femenino al debate en el salón: que quien hijo gozaba del privilegio de vivir en un lugar
se operó qué; que cuál tienda vende tal; que privilegiado al que llegaba cada noche en un
yo me muero por ver a mi mami (que se fue BMW plateado igualito al de James Bond.
hace dos días y volverá dentro de un mes); Bad Dog, así bauticé al hijo de la buena ma-
que nada como tener cachifa pero aquí como dre ya que se pasó toda la noche gritando por
quieren vivir como gente y cobran un ojo de la ventana órdenes en inglés a un perro que se
la cara; que se quema el pavo, ¡corran! empeñaba en hablar español, por lo tanto no
Al sacar el pavo medio chamuscado del obedecía y seguía ladrando para que le traje-
horno los ex alumnos del Loyola se apresu- ran un pedazo de pavo y una bebida cualquie-
raron a sentarse en las seis únicas sillas que ra. —Otelo sit! —Y mi amigo como si nada.
había alrededor de la mesa. Sus recién ad- —Otelo stop! —menos. —Bad dog Otelo, bad
quiridas esclavas comenzaron a desfilar con dog!…

64 65
Carola Chávez

Bad Dog vestía con clase, llevaba tantos lo- recogían la mesa y metían la vajilla en el la-
gotipos en sus robustos metro sesenta, que vaplatos automático, teniendo cuidado de no
parecía un arbolito de Navidad rechoncho. romperse una uña.
Pero él no era el único. De hecho, la sala se pa- Otelo y yo nos divertíamos con la escena
recía al Times Square. Logos en las camisas, mirando por la ventana hasta que los ladridos
pantalones, medias y hasta en las gomas de de mi amigo, esta vez más fuertes, delataron
los calzoncillos, que se dejaban a la vista para a unos mapaches que pretendían robarse las
que se supiera que también eran carísimos. sobras del festín.
Pero Bad Dog destacaba entre toda esa fauna —Fernando Alberto —gritó la anfitriona—.
porque era el único que se negaba a quitar- Ésos son los racoones. ¡Corre, mi amor, que
se los lentes de sol con montura negra y dos riegan la basura por todo el porche!
escudos de Versace en cada lado. Si hubiera
Salieron como energúmenos a perseguir a
querido suicidarse dándose un tiro en la sien,
las criaturitas con un bate de béisbol firmado
los dorados escudos milaneses le habrían sal-
por un Miami Marlin, todos descalzos menos
vado la vida.
Bad Dog que, mientras corría, intentaba cal-
Después de la cena vino el tradicional juego zarse las botas de Terminator para no ensu-
de fútbol americano y la fregadera de platos. ciar las medias que eran Calvin Klein.
Ellos en el sofá con los ojos fijos en la panta-
lla gigante, dando alaridos en inglés cada vez
que se movía ese objeto puntiagudo que los
gringos se empeñan en llamar pelota.
—Go, go, go, go! —gritaban emocionados
moviendo los brazos, como lo hace un raspa-
dero cuando gira el molinito que convierte el
hielo en copos de nieve tropical. Ellas, ma-
ravillosas, después de haber comido de pié,

66 67
Capítulo IV
y medio… y un joropo
en el Penedés
M
ucho más refinado es el venezola-
no que cruza el charco para buscar
refugio en el viejo continente. Yo lo
hice, pero no por refinada, sino porque pare-
ce que la huida se me da muy bien. Después
de aquel Thanksgiving, y algunos saraos más,
me sentí fuera de sitio y decidí seguir buscan-
do un lugar donde poder ponerme vieja sin
que se me atrofiara el cerebro con tanto mall,
tanto fashion y tanta paja.
Así llegué a Barcelona, la de Catalunya. Me
sumergí en un pueblo colindante a la ciudad
de mis amores y amé por cinco años y para el
resto de mi vida cada minuto de lo bueno y de
lo malo que viví en catalán. Mi blaugrana es-
tancia aderezada con ventanitas torcidas y re-
buscadas de Gaudí, un puentecito tenebroso
que cruza de la Catedral a la casa parroquial
en el Barrio Gótico, la Plaza del Pi, con sus

71
Carola Chávez

ventas de queso y miel, y ni hablar de las libre- por primera vez en sus vidas, en una taguarita
rías, sucuchitos escondidos en calles estrechas criolla escondida en el Barri de Grácia. Allí se
y malolientes y una venta de nueces tostadas hermanaban con compatriotas nostálgicos y
en El Borne, detrás de Santa María del Mar, a se tomaban de las manos con los dedos em-
la que llegabas como hipnotizado por el olor pegostados de melcocha. Venir tan lejos para
que desprendía, los músicos callejeros en Las morir en la puerta…
Ramblas, los titiriteros, las farolas del Paseig Organizaron un día una parrilla criolla con
de Grácia, la Barceloneta con sus mariscos yuca sancochada y demás contornos. Me in-
bien servidos y bien baratos, y el Mercado de vitó un amigo de un amigo de un amigo, y yo,
la Boquería, una paleta de colores y olores que como dije antes, por desgaste, acepté.
incitan a la glotonería más desenfrenada. Bar- Tan singular evento se celebró en una masía
celona de mis pecados y de mis amores… Per- del siglo dieciséis, una magnífica casa de piedra
dón, me fui por el camino de los recuerdos… incrustada en medio de un viñedo de Villafran-
Como iba contando, mi blaugrana estancia ca del Penedés. Era la casa del abuelo del amigo,
se veía interrumpida por momentos cuando, del amigo, del amigo que emigró a Venezuela
por desgaste, aceptaba unirme a alguna de las en sus años mozos, se forró en billetes y com-
celebraciones de una especie muy refinada de pró aquella magnifica propiedad para asombro
venezolanos que por allá pulula. y envidia de familiares y amigos pobres, que no
Este linaje de compatriotas descubrió el tuvieron el coraje de cambiar, en su momento,
joropo un día en el Corte Inglés, lugar de en- las butifarras por el chorizo carupanero.
cuentro obligado puesto que allí vendían la Llegamos en caravana oyendo a Simón en
harina Pan más barata de tot Els Països Cata- el repro. Éramos un grupo pequeño pero bien
lans. Se hicieron supervenezolanísimos año- escogido: una pareja muy joven que fungía de
rando cosas que acababan de conocer. Su- anfitriones, los homenajeados que venían de
frían de bajas de carne mechada, se desvivie- Londres, mi amigo con su esposa, más more-
ron por el guarapo de papelón que probaron, nos y sencillos, y yo.

72 73
Carola Chávez

Los expertos anfitriones tenían todo bien Cuatro joropos después, con las batatas
planificado: llegada a las once y media, tour engarrotadas, decide cambiar la tónica y le da
por la casa después, encender el carbón a las por declamar.
doce; y allí se complica la cosa porque ni el —Justo Brito y Juan Tavares —dijo inspi-
anfitrión ni el homenajeado lo habían hecho radísima.
jamás. Mi amigo Carlos, ex habitante del pue- —Dos hombres de pelo en pecho —corea-
blo del Hatillo y que era un experto en dichas ron los demás sin dejar de hacer lo que esta-
artes, había ido a comprar más cervezas ya ban haciendo.
que los anfitriones calcularon dos cervezas
Y luego el silencio…
por persona y aquello no iba a cuadrar.
—¿Alguien sabe qué más viene?
El retraso con las brasas nos dio un rati-
to de nada que la anfitriona aprovechó para Pues nadie lo sabía.
marcarse un joropo. Yo estaba sentada sobre ¡Llegó Carlos con las birras! —exclamaron
una piedra mirando a los caracoles de tierra aliviados y encendió Carlos las brasas y la car-
cuando, de repente, rompe un joropo cerrao. ne se quemó.
Levanté la vista extrañada solo para encon- Comimos hasta hartarnos. La yuca voló de
trarme con Kiki, ése era su nombre, con los los platos, la carne estaba muy dura, pero las
ojos en blanco cayendo en un trance llanero, morcillas con arepa y guasacaca salvaron la
Cunaviche adentro. Tomose la damita el bor- situación. Para cerrar con broche de oro nos
de de una falda imaginaria y comenzó a zapa- brindaron un guayoyo, muy aguado para mi
tear cual si estuviera poseída por la mismísi- gusto, hecho con café El Peñón. No faltaron
ma Yolanda Moreno. Zapateaba y zapateaba y los Belmont ni el Toronto, pero las estrellas
sólo yo le paraba. Ella abría un ojito de vez en de los postres fueron unas Suzys y Cocosettes
cuando para verificar si su arte era apreciado, acartonados que guardaban para la ocasión.
constataba que no, pero con una perseveran- Y aquí, sin mucho esfuerzo, podría haber he-
cia casi heroica seguía en su zapateo. cho un verso.

74 75
Carola Chávez

Llegó la hora del brindis y nuestro anfi-


trión, el mismo que calculó dos cervezas por
persona, se había tomado seis. El discurso,
que traía ensayado, se anunció con unos gol-
pecitos a una copa que nadie oyó, carraspea-
ba el ansioso muchacho ávido de brindar, nos
fuimos callando todos menos la homenajea-
da, que cual El Chavo del Ocho se quedó ha-
blando sola, cosa que molesto a quien preten-
día distinguirla con sus emotivas palabras.
Capítulo V
Se le subieron las cervezas al chico y se puso
colorado, se le inflaron las venas del cuello a
Da-le, da-le
punto de reventar. ¡Cállate, coño! Que voy a
hacer un brindis. ¿Acaso tú eres pendeja?…
Yo pensé, se jodió este muchacho, el ami-
go importado de Londres segurito que se lo
suena. Cuán chabacana he sido, qué vida tan
baja he vivido; los de la high no se pegan: se
sientan y escuchan embelesados cada palabra
del brindis y luego chocan sus copas sin de-
rramar ni una gota (de sangre en este caso).
¡Salud! Y a jugar dominó se ha dicho.
Algunos meses después, los encontré en
Grácia, abrazados a una Frescolita colom-
biana, que no es lo mismo pero algo es algo.
Ellos no me reconocieron y yo no los quise
reconocer.
76
L
as piñatas de mi infancia eran fiestas
sencillas y familiares. Torta de cajita,
gelatina, quesillo, sanduchón, bamba-
linas de cadeneta hechas con papel de seda
y unos globos que tenían impresos unos pa-
yasitos deformes que, al inflarlos se deforma-
ban todavía más. Todo casero, todo sabroso
y bien bonito. Todo menos el payaso de los
globos, claro está.
En casi nada se parecen a las piñatas de
ahora. Los padres de hoy se hipotecan para
celebrar los cumpleaños de sus retoños. Yo lo
viví en carne ajena hace unos meses cuando
estuve en Caracas en casa de una amiga. Por
esos días su hijito cumplía años y mi amiga
estaba estresadísima. Los preparativos de la
fiesta de su querubín no le dejaban tiempo
para nada, ni siquiera para saludarme. Apa-

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Carola Chávez

sionada activista de oposición, hasta dejó de —¿Una piñata sin chupetera? —me incre-
ver Aló Ciudadano las dos semanas previas a pó enloquecida—. No sabes la raya que es
la celebración. eso. Tooooodas las piñatas finas tienen su
Se dedicó en cuerpo, alma y chequera chupetera.
a seleccionar cuidadosamente cada deta- —Y ¿para qué sirven? —quise saber.
lle. Todo iba sobre ruedas, la fiesta era de —Para poner chupetas —respondió con im-
Nemo y había conseguido de todo: Las tar- paciencia—. Claro —agregó—, no debes dejar
jetas, los vasitos, el mantel, las bambali- que los niños se las coman antes del final de
nas, la piñata, por supuesto, y unos recuer- la fiesta porque entonces se ven peladas y ho-
ditos que eran unos peces que se parecían rrorosas. Qué raya, por Dios, ¿dónde voy a
a Nemo después de la quemazón. Mandó a conseguir quien me haga una de Nemo a es-
hacer una torta de esas que están de última tas alturas?
moda. —En todas las piñatas hay que po- Llamadas telefónicas fueron y vinieron.
ner una así. También ordenó decoraciones Cual ejecutiva de transnacional delegó, ame-
de anime pintadas por una artista que no nazó, ofreció, gritó y logró. Le costó un ojo de
sabía que lo era. la cara, pero era esa misma cara la que se le
Satisfecha y cansada, tres días antes del caería de vergüenza si llegaban los invitados
ágape, se sentó a chequear punto por punto y no había chupetera.
los objetivos logrados. Al llegar al final de su Llegó el día tan ansiado por todos, inclu-
lista, un alarido de horror: ¡¡¡Faltaba la chu- so por mí que me moría de curiosidad. Tanta
petera!!! Yo, que no tenía idea de lo que era anticipación terminó por contagiarme.
eso (pensé que sólo era recipiente donde se
Al llegar al local que alquilaron para la oca-
colocaban chupetas), traté de calmar a mi
sión, ya que el apartamento donde viven no es
amiga diciéndole que no importaba, si ya te-
ni grande ni lujoso, me quedé paralizada. Al
nía de todo.
traspasar la puerta me sumergí en un fondo

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Carola Chávez

de mar tan Disney que me empecé a ahogar. Comenzaron a llegar los invitados gota a
No había un milímetro, ni cúbico ni cuadra- gota a gota al principio y en cambote después.
do, que no tuviera un pececito, un coral, unas Por cada niño venían dos adultos y un regalo-
algas. Cadenetas de globos en azules turque- te. El homenajeado, para dolor de cabeza de
sa, marino, cielo, Belmont, zafiro y Prusia. su mamá, en vez de saludar al doctor Fulano
Una mesa con mantel de faralaos repleta de de Tal, le preguntaba, ¿qué me trajiste? La
pasapalos, canapés, chocolates mayameros, amorosa anfitriona, recurría a un mal disi-
dos tortas, gelatinas turbias y lechosas, quesi- mulado pellizco y decía:
llo de piña y normal, Pepitos importados ana- —Pueden colocar el presente en el rincon-
ranjados fluorescentes, mousse de parchita, cito que dispusimos para ello.
mousse de atún con forma de ídem, había de El rinconcito era un espacio de varios me-
todo menos sanduchón. tros cuadrados delimitado con cintas y un
Contrataron los servicios de una agencia cartel que decía “Gracias glu glu glu”. El ho-
de festejos: mesas, sillas con faldones, me- menajeado frustrado por no poder hurgar
soneros, barman y hasta un carrito de perro dentro de los festivos envoltorios, montaba
calientes de lo más cuchi —no como esos as- una pataleta cada vez que llegaba un nuevo
querosos que hay en la calle —, me explicó la invitado a su fiesta.
orgullosa mamá. Los padres se sentaban en las sillas faldonas
Mi amiga, frenética, regañaba al cumplea- dejando a los niños a la deriva. En seguida los
ñero que estaba empeñado en ensuciar su mesoneros se pusieron a repartir whisky para
look Nemo antes de que llegaran los invita- los caballeros y, para las damas, coctelitos de
dos. El niño terminó sentado en un rincón de colores dizque de mango y parchita que sa-
la sala, durante una hora y media, mientras bían a Yukerí.
su madre se entregaba de nuevo a dar los últi- Los niños desatados y sudorosos; la anfi-
mos toques para que la tarde fuera perfecta. triona, celular en mano, gritando a las paya-

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Carola Chávez

sitas porque aún no habían llegado. Las pa- tos huían furiosos insultando al cumpleañero
yasitas animadoras, más que animar y hacer por esa fiesta tan chimba. Otras niñas que pa-
payasadas, debían encargarse de que los cara- recían muñecas antiguas, con vestidos llenos
jitos no jodieran tanto. Su retraso podía echar de lazos, por arriba y por abajo, por delante y
por el suelo semanas de planificación. por detrás, y por si no es suficiente un par de
—¡Hooooola, amiguitos! lazos a juego en cada parietal, con crespitos
Suspiros de alivio. Llegaron las payasitas Shirley Temple, medias blancas hasta arriba
y a ritmo de reggaeton. Desde ese momento y zapatos de charol. Esas pobres niñitas tam-
en adelante la piñata pareció transformarse bién tenían lo suyo y lo demostraron con mu-
en una despedida de solteros. Las talentosas cha determinación. Con los ojitos en blanco,
animadoras infantiles hasta sabían coreogra- como poseídas, se retorcían sin gracia mien-
fías copiadas de video clips. Se desbarataron tras cantaban: “Me gusta la gasoliiiina, dame
bailando, batiendo el trasero a más no poder, más gasoliiina”.
mientras que invitaban a los pequeños a unir- Las payasas, empresarias con futuro, te-
se a su rumba. niendo bien claro quién pagaba la cuenta,
Las niñitas más safriscas, ésas que parecen decidieron proponer concursos de baile con
enanas porque sus progenitoras se empeñan un toque picante para involucrar a los papás
en ponerles taconcitos, —que se ven tan boni- en la fiesta de sus niños. Todo por el bien de
tos— tops con el ombligo afuera, y mini faldas la unión familiar. Como los papás ya tenían
ajustadas, igualitas a las de mami; y un po- unos tragos encima a,ceptaron participar en
quito de colorete en los cachetes y brillo en la buena medida.
boquita, es que es una señorita, aunque tenga —Por aquí los señores —les decían seduc-
cinco años. Como decía, las niñas más safris- toras las ¿payasitas? y formaban parejas de
cas se lanzaban a bailar imitando a las payasas hombre con hombre para que bailaran soste-
y superándolas en su tongoneo. Los varonci- niendo un globo a dos barrigas.

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Carola Chávez

Las mujeres se hacían pipí de la risa: ¡Se ven ron sus botines de guerra y se dispusieron a
mariquísimos, mira! Pero ellas no se salvaron cantar como si estuvieran felices.
de las voluntariosas muchachas. Les tocó ¡ay Ay que noche tan precioooooosaaaa,
que ocurrentes! Jugar a pasarse un globo con es la noche de tu díiiiiiaaaaaa….
forma de salchicha de una a otra, pero no con
Arrasaron con la mesa, destrozaron la
las manos, no; tenían que sostenerlo entre las
chupetera, se llevaron a sus casas un platito,
piernas, las picaronas, y pasarlo a la mamá
envuelto en papel de aluminio, con un pe-
de al lado que, a su vez, lo cogía ¿Dije cogía?
dazo de torta y otro de quesillo que está di-
¡Aaayyyy! entre sus piernas. Fue un bonche
vino. La mamá del cumpleañero, feliz como
que ni te cuento…
una recién casada, se despidió hasta del úl-
Estaban gozando tanto que tuvo que ve- timo invitado con un cultísimo beso en cada
nir el cumpleañero a recordarles, con otro cachete, como acostumbran a hacerlo en el
berrinche, que eso era una piñata y que ha- viejo continente.
bía que tumbarla a palazos ¿Dijo palazos?
Cansada y satisfecha regresó a la sala vacía.
¡Aaaaayyyyy!
Su mundo se vino abajo al descubrir que, en-
La piña-ta, la piña-ta, los niños se empu- tre tanto jaleo, se había olvidado de repartir
jaban buscando el mejor lugar para agarrar los pescados choretos y virolos que iba a dar
mas juguetes que nadie. Sus padres los aseso- de recuerdito.
raban y las mamás se colocaban en posición
¡Nooooooooo!!!!
de partida. Da-le, da-le.
Mordiscos, empujones, gritos y llantos, ni-
ños y niñas, mamás y papás, todos arrebatán-
dole al de al lado chucherías pegostosas y ju-
guetes que sólo sirven para rellenar piñatas.
Pasado el furor, sudando y jadeando, revisa-

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Capítulo VI
Yo quiero ser una Miss
S
er mujer en Venezuela puede ser muy
complicado. Yo no sé si siempre fue así,
pero a mí me tocó pasar por la adoles-
cencia coincidiendo con la coronación de Ma-
ritza Sayalero como Miss Universo. Ese even-
to insignificante en un mundo lleno de noti-
cias provocó cambios profundos en la manera
de ser y sentir de millones de compatriotas.
Miss Sayalero fue la primera de una cadeneta
de misses que hizo que aquellos concursos se
hicieran mucho más monótonos de lo que ya
eran. Siempre ganaba la venezolana.
Los años ochenta parecían favorecer a la
belleza nacional. Las hombreras, la moda re-
cargada, el rimmel en exceso, colorete fuc-
sia desde la pata de la oreja hasta la comisu-
ra de los labios y peinados abombados con
copetes tiesos de laca, todo aquello como

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Carola Chávez

que iba muy bien con el tipo criollo. Yo, aún actriz, locutora, periodista instantánea, tiene
siendo criollita, pertenezco a ese grupo de su propio programa y un novio del Country
mujeres a las que Osmel nunca voltearía Club. Eran historias de esperanza que inspi-
a mirar. Pero a diferencia de muchas de mis raban y alentaban a miles de mujeres a mirar
compatriotas jamás sentí ese impulso, casi vis- hacia lo más alto y empezar a escalar.
ceral, de desfilar mi cuerpazo, a paso de yegua La fiebre miss contagió a mujeres de todas
fina, al son del “Himno del Miss Venezuela”. la edades: las más jóvenes, posibles candida-
Para muchas de mis congéneres era un sue- tas, soñaban con ser. Las más viejas soñaban
ño llegar a ser descubiertas por Osmel, que con que sus hijas fueran, y las niñas soñaban
era para ellas una especie de Rey Midas con que serían.
un toque de hada madrina que, en lugar de Para lograr metas tan altas se necesita-
varita mágica, llevaba un cetro y un bisturí. ba preparación. Esto originó el boom de las
Creyeron, gracias a ese mago, que todas po- academias y agencias de modelaje. En estas
dían ser bellas, que lo que sobra se quita y lo instituciones, de opulenta fachada, se paga
que falta se agrega. Las mujeres podían ser para que te digan que eres preciosa, mi vida.
rediseñadas y con la asesoría adecuada “cual- Explotan tu ángulo bueno y si no lo tienes, te
quiera de nosotras podría triunfar… y así sus lo inventan, aunque sea para que solo tú te lo
sueños realizar”. creas y, por supuesto, sigas pagando.
De repente, nos vimos frente a un espejo Mientras pagues serás bella. Con tu dinero
gigante y despiadado que nos ponía y quita- te pulen; te enseñan a ser chic, a poner una
ba centímetros en los sitios mas inadecuados, mesa perfecta, a comer sin chasquear la len-
que nos mostraba celulitis, rollitos, narices, gua, a decir alguna palabra en francés para
manchitas... Nos veíamos rechonchas, pelo- que crean, a pretender que sabes de vinos, de
nas, simplonas. Pero siempre llegaba alguna ópera y de todas esas cosas que deben saber
historia, de una María del montón que fue to- los que saben. Te revelan los secretos más
cada por Osmel y ahora está en televisión, es

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Carola Chávez

sagrados de la moda: Qué zapato va con cuál esa pose es perfecta, que hazle el amor a la
cartera, si llevas o no cinturón, que las rayas cámara y pon la mano aquí, no, allá.
con pepas no pegan, a menos que salga en Los estilistas convertían a las morenas en
Vogue. Se cruzan las piernas así, se sonríe de pelirrojas y rubias, mientras les contaban los
modo insinuante, adormece tu mirada y pon chismes “de adentro” del evento. Tacones se-
la boquita fruncida, como si vas a tirar un rruchados, empujones, celos y hurtos. Humi-
beso acompañado de pucherito. Mete la ba- lladas anoréxicas que perdían la batalla con-
rriga, saca el culito, clases de flamenco para tra la báscula, ordinarias provincianas que no
la postura. daban pie con bola en las clases de etiqueta
En torno a las academias giraban como y protocolo. Y las aspirantes a aspirantes so-
satélites otros negocios más pequeños, pero ñaban con llegar un día a caerse a empujones
muy lucrativos también. Todo el mundo era fashion, a serruchar tacones lindos, pasar la
fotógrafo, estilista o maquillador. Todas que- semana en ayunas y rematar con el bisturí,
rían una imagen y ellos las vendían muy bien. por aquí por allá y un poquito por atrás; para
Bastaba con ponerse una franela oficial del poder decir entonces: ha sido un experiencia
concurso para convertirse en especialista de maravillosa, todas merecían ganar, pero gané
la belleza. yo que soy mas linda y me hice liposucción.
Yo tuve la suerte al final de los ochenta de El negocio de las misses se fue expandien-
compartir mi espacio de trabajo con unos fo- do para satisfacer anhelos de todas las eda-
tógrafos de verdad-verdad, quienes cargaban des. Nació así el Señora, el Mini, el Mini Mini
sobre sus espaldas legiones de arribistas que y hasta el Nano Venezuela. La belleza es para
pedían cámaras prestadas para hacer porta- todos y no deja a nadie afuera, sólo a los feos
folios. Matando tigritos, según decían, redon- claro, así que también tenemos, desde hace al-
deaban su arepota fotografiando pavitas con gunos años, el Míster. Un concurso ¿masculi-
cara de esperanza, jurándoles que tenían algo, no? en el que sus concursantes se despojan de
un no sé qué especial, que llegarían lejos, que todo atributo que los identifique con su géne-

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ro: pelos en el pecho, en axilas y piernas, cejas distinguir los artículos más distinguidos, no
pobladas, uñas cortadas con clip, barba gris y aceptan imitaciones, salvo que sean muy bue-
carrasposa de hombre que se baña y listo. nas y solo en casos de emergencia. Se deshi-
La venezolanidad para los bellos es belleza dratan en el gimnasio compartiendo entrena-
y nada más. El afán de ser preciosos penetró a dor con veinte fisiconas más. Calman su sed
todas las clases sociales, cada uno se compra bebiendo infusiones y revistas de moda, sin
la beldad que pueda pagar. Las ricas se ope- olvidar el crucigrama de última página para
ran con el Dr. Fulano y pagan chinchín, com- cultivar un poco su lado intelectual. Lijan sus
pran ropa en Nueva York y tienen entrenador imperfecciones a punta de bisturí pagando
personal. Las más pobres no se operan, pero con los ahorros del fondo de retiro: retiro de
gastan el sueldo en champú, baños de crema las arrugas, retiro de los pellejos, de la celuli-
y maquillaje, se visten a la última con ropa de tis y del tabique nasal.
imitación y se mantienen en forma a punta Un día normal para una mujer bella pue-
de caminatas, ida y vuelta, de su casa al tra- de ser complicadísimo. Se levanta tempra-
bajo, subiendo y bajando escaleras en cerros nito, antes que cualquiera en la casa, se lava
sin ascensor. los dientes y la cara. Se unta de cremas que
Las más sacrificadas, a mi parecer, son las prometen y no cumplen. Con brochas, pin-
amigas de la clase media. Ellas aspiran a la celes y cepillos se convierte en obra de arte.
belleza máxima, tienen la vista fija en la alta Despierta al marido que la ignora con un
moda de París y Milán, pero la chequera la bostezo. Luego levanta a los niños mientras
tienen comprometida en la panadería y el se calza los zapatos de goma, corre, en su ca-
mercado. Apuntan alto y hacen maravillas rro, al gimnasio, pedalea como loca a ninguna
pellizcando de aquí y de allá para llegar a parte, suda mientras piensa en la lechuga del
ser una belleza venezolana con estilo. A falta almuerzo. Descansa un poco con sus amigas
de Nueva York, el Sambil de Margarita. Las mientras se cuentan kilos, canas y arrugas.
mejores marcas a los peores precios. Saben Corre y recorre los centros comerciales, prac-

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Carola Chávez

tica la escritura firmando cheques y recibos. empeora cuando vamos por la calle y un mu-
Si es miércoles, se retoca las raíces y se poda chacho de treinta y pico comete la impruden-
las horquetillas; si es jueves, se hace la mani- cia de llamarnos doñitas. Eso es culpa tuya,
cure. Cada tanto se retoca el botox, sin saber me dicen desesperadas, tus canas resaltan las
que su marido en ese mismo momento le toca nuestras, yo me voy a poner más botox, yo voy
y retoca el botox a la vecina del frente. Recoge a levantarme a un pavo, y tú, Carola, te vas al
a los niños, los deposita en el kárate o el ballet carajo porque con nosotras no sales más…
y sigue ajetreadísima a su sesión de masajes.
Olorosa a algas y sales regresa por los niñitos,
que mi amor hueles a mono después de que
te bañes me besas. Ya entrada la noche espera
en el sofá vestida y alborotada a que llegue su
consorte, que abre la puerta, sigue de largo y
se mete en el cuarto a ver televisión. Bueno,
a dormir, mañana será otro día, mañana seré
más vieja y las pavas más bonitas. Se desma-
quilla, desconecta y ya.
Ante esa perspectiva y siendo cara común,
decidí ser una venezolana que no busca ser
preciosa; pero, al parecer, eso atenta contra
el interés colectivo. Pretender llevar mis ca-
nas sin tapujos es ofensivo, y salir sin maqui-
llaje es una afrenta al orgullo nacional. Mis
amigas, todas patriotas, me suplican que re-
considere, me mandan dietas y tips de belleza
por e-mail, me suscriben a revistas, y la cosa

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Capítulo VII
Cocina de autor
o gastronomía con cubito
H
ace años, cuando estaba recién casa-
da, me gustaba cocinar. Era una co-
cinera dedicada que experimentaba
con recetas nuevas cada día, cultivaba hier-
bas aromáticas en mi balcón y seleccionaba
ingredientes frescos para luego mezclarlos
como una especie de alquimista. Mi marido
engordaba feliz y yo encantada lo cebaba.
Durante aquellos días post luna de miel, nos
solían visitar casi a diario los amigos despista-
dos que de alguna manera pensaban que tam-
bién se habían casado conmigo. O tal vez pen-
saban que Óscar no se había casado, que sólo se
había alquilado un apartamento con mucama
resbalosa incorporada. No lo sé con exactitud
ahora que lo pienso, pero de lo que sí estoy se-
gura es que me estaban complicando mi primer
año de casada mucho más de lo que ya era.

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Carola Chávez

Se decían expertos en todo, hablaban de lo Una mañana al verlos llegar por poco sufro
que sabían y de lo que no sabían de manera una crisis de ansiedad. Me metí en el baño a
apabullante. Discutían sobre libros que ja- mirarme al espejo a ver si encontraba en su
más habían leído. Sabían de cine porque vie- reflejo la cara de pendeja que, evidentemen-
ron La guerra de las galaxias y se aprendie- te, nuestros amigos notaban sin dificultad. La
ron todos los diálogos. Si de fútbol se trataba, imposibilidad de hallarla me dio un segundo
habían driblado a Pelé, a quien, como si hu- aire y me lancé sobre el fogón a cocinar mi
bieran ido al Kinder juntos, solían llamar “O venganza.
Rey”. No había tema que no dominaran a la Hice unos tallarines, pero en lugar de pasta
perfección: música, teatro, arte en todas sus fresca utilicé pasta Milani. Destapé una lata
modalidades, economía, medicina, astrono- de sopa Campbell’s con glutamato de cham-
mía, física cuántica, pero su verdadera pasión piñones y la vacié con desprecio sobre los pe-
era la gastronomía. gostosos tallarines que habían hervido en la
Cada vez que nos sentábamos a comer en olla hasta casi hacerse puré. Agregué dos cu-
mi mesa estropeaban mi ya maltrecho siste- charadas soperas colmadas de Cheese Whiz
ma digestivo con comentarios sagaces y cultos de Kraft y una pizca de diablitos que se había
de perfectos sibaritas. Encontraban defectos fosilizado en la nevera. Revolví con furia, ser-
en todo lo que probaban sus refinadas papi- ví una mesa preciosa y grité: ¡A comer!
las, mucha albahaca decían, sin saber que esa Se sentaron los pichones de Orson Welles
mañana, había encontrado de mi albahaca y se sirvieron primero que yo. Mi esposo ya
solo el tallito, ya que una oruga más glotona estaba sobre aviso, aproveché un momento
que ellos se la había despachado durante la cariñoso y simulando secreticos dulzones le
noche. Debiste usar sal marina, a los cham- conté la amarga verdad. Los Orsons se llena-
piñones un chorrito de limón no les vendría ron el plato mientras nosotros nos servimos
mal, ¿no hay vino para pasarme el gusto a ci- con sospechosa moderación. Era evidente
lantro? Bla bla bla bla… pero no tanto. que esperábamos que sucediera algo, pero

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Carola Chávez

ellos, ciegos de gula, ni cuenta se dieron de Las franquicias americanas de restaurantes


que los mirábamos fijamente, aguantando la temáticos les sirven para el día a día, almuerzos
risa y sin probar bocado. apretados en agendas gordotas, para comidas
Por fin como que has aprendido, esto está rápidas e informales pero siempre deliciosas:
delicioso. Los sabores se funden y se confun- costillitas barbecue; fajitas mexicanas made in
den deleitando el paladar. ¿Qué le has puesto? USA, vasotes de Coca-Cola toda la que puedas
Pásame la receta para dársela a mi mamá. Se- beber; ensaladas César gigantes que alcanzan
creto de familia, mis amigos, me limité a con- para que coman dos personas y hasta tres, pero,
testar porque si seguía hablando podía soltar si la pides para compartir, el mesonero te mira
una carcajada o dos o caer al suelo riendo, lo feo; chicken fingers, mozzarella sticks, fried
que me dejaría en evidencia. zuchinni, suck my dick. Todo frito, todo sala-
Nunca les contamos el ridículo que hicie- do, todo exagerado. La cuenta, una minimusia,
ron. Es uno de esos secretos de pareja que un realero por persona, delicioso, paga con la
guardamos Óscar y yo. Así nos da más risa dorada, la de Mayami del Nations Bank.
porque los incautos nunca se inhiben de abrir Llega el viernes, sus papilas presentan sín-
sus bocotas sabihondas para darnos lecciones tomas del síndrome de abstinencia. Ha sido
de ciencia, arte, cocina y vida. una larga y grasienta semana. Piden a gritos
Les cuento esto a modo de preámbulo por- texturas, aromas y gustos lejanos, exóticos,
que pasados unos años, nos hemos vuelto a nuevos, caros y escasos. Comienza la cacería:
encontrar. Ahora somos cuarentones con recorren las guías gastronómicas buscando
cierta experiencia a cuestas. Los Orsons, que una foto rara, un no sé qué, una velita, un ce-
ahora son un poco Bill Gates, llenan sus horas bollín, un tenedor, algo que le indique a su
libres visitando restaurantes exclusivos para instinto entrenado dónde pagar mucho para
personas exitosas que gustan del buen yan- comer poco y bien.
tar, pero dados los antecedentes cualquier La nouvelle cuisine y la cocina de autor
cosa puede ser buena. son sus debilidades. Deliran cuando les sir-

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ven raciones pichirrísimas en platos grandes, ca mejor dicho, compuesto de cinco caraotas
cuadrados, triangulares o de cualquier forma negras rodeadas por finas tiras de plátano fri-
caprichosa que no sea circular. Recuerdo que to y una mechita de yuca bañada en salsa de
hace varios años, en Miami alguien tuvo una arroz con mango. Luego un postre celestial:
idea brillante: abrir un restaurante de comida una polvorosa remojada en helado de elotes
“latina” en South Beach. ¿Que tiene esto de de Zihuatanejo coronada con semillas de par-
brillante?, se preguntará el lector. Nada, que chita pintona. Semejante manjar sólo debe ser
el chef era un genio que lograba alimentar a presentado en platos largos, tipo curiara, con
diez persona con un solo plátano, un pedacito dos hojitas de cilantro o yerbabuena, según lo
de yuca y quince caraotas negras. sea el caso, decorando proa y popa. Servido
Yuca’s era el sitio perfecto para aliviar todo por un amable mesonero que haría cual-
el estrés de un viajero agotado que salió de quier cosa por una suculenta propina.
Caracas tempranito, sobrevoló Las Antillas, En un lugar como ése te sientes como un
bajó en Miami, hizo cola en inmigración con faraón, pero no todo se compra. El poderoso
cara de yo no fui, después de ser escrutado dinero no pudo salvar a nuestro sibarita del
con rabia por un funcionario cubano, que se mal rato que tuvo que padecer cuando el me-
las echaba de gringo que no comprendo espa- sonero, amablemente, le ofreció un poquito
niol, obtuvo el sello anhelado, quince días de de pinga, cortesía de la casa.
permiso para endeudarse hasta el cuello aquí —¿Tú como que crees que soy un maricón?
en los iu es ei. ¡Métete tu pinga por el culo! —aulló indigna-
Nouvelle Cuisine Latina, eso es lo que nece- do, mientras sus nudillos se empotraban en el
sita un aventurero moderno, audaz y triunfa- ojo del insolente.
dor. No hay nada más sublime que una entra- Yuca’s se había transformado súbitamente
da de lunas nuevas de cebollas con pinceladas en arepera de la esquina. Grititos exquisitos
de salsa de guayaba y ají picante, de segundo escaparon de las bocas rojo Chanel de las da-
plato, una especie de pabellón escuálido, nun-

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Carola Chávez

mas. Call the police, socorro, un borracho, sino tratando de darles un sentido real” (eso
nine-one-one, s’il vous plaît. me lo copié de una revista). Conceptos como
Aquella memorable noche desbarató su “la “deconstrucción” de platos, que consiste
presupuesto. Los gastos de la cena, sumados básicamente en modificar las texturas, tem-
a la multa que tuvo que pagar al condado de peraturas y el modo de combinar los ingre-
Dade, más los honorarios de un abogado tras- dientes para acrecentar las sensaciones gus-
nochado que lo único que hizo fue explicarle tativas que nos producen. Es éste el origen de
al juez que pinga en Venezuela es una mala las fantásticas espumas, granizados, gelatinas
palabra, mientras que en Brasil es una bebida frías y calientes, las croquetas líquidas, etc…
espirituosa parecida al aguardiente. Ponen al alcance de la boca del comensal in-
—¡Coño, qué pena, Mauricio! Ese mesonero creíbles omelettes que saben a reina pepiada,
tan nice merecía una propinota y tú por bruto merengadas de empanada de cazón, mousse
le propinaste un carajazo en el ojo —dijo su de tequeños y un sinfín de delicias limitadas
mujer furiosa al verlo en libertad y sin car- sólo por la capacidad creativa del autor.
gos—. La próxima vez me haces el favor de Y ¿con qué se come todo eso? ¿Con pinga?
decir yes, thank you a lo que sea, o sea. ¿Sí? Sí, en algunos casos, pero lo más recomen-
La cocina de autor, según los entendidos, dable es acompañar con vino. El vino es algo
es lo máximo en gastronomía. Platillos, y lo complicado para las almas simples como yo.
digo por el tamañito, maravillosos elaborados Me gusta el vino y ya. Hay unos que se dejan
con “la utilización de una técnica esmerada, colar, me imagino que son buenos y otros que
profesional y exquisita, con el conocimiento van como quedándose en la copa, que para mí
pleno de las bases culinarias, y una profunda son los malos. Esto es un herejía producto de
investigación, en la que además de concebir mi carácter irreverente. Al parecer, hay que
platos trata de que éstos adquieran una razón ser un enólogo para poder disfrutar de una
de ser, no mezclando ingredientes porque sí copa de vino. Mis amigos beben las etiquetas
de las botellas antes de beber su contenido.

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Como poseídos por un arrebato sensual de- Y mi mamá preocupada me preguntó por
gustan palabras como éstas: …vino con aro- qué decía eso, a lo que contesté:
ma intenso…, con aroma a ciruelas maduras, —Porque me encantan los huevitos.
cerezas complementado con un fondo leve- Debe ser por eso que mis amigos me ven
mente especiado, dice una etiqueta de Gato como me ven, es que a pesar de mis años, mis
Negro. O sea, que me lo quieren vender bajo estudios y mis viajes, sigo y seguiré siendo
el argumento de que el vino, ni remotamente, una huevoncita.
sabe a vino, pero eso lo entienden los exqui-
sitos y los que no saben tienen que seguir el
juego para no quedar mal. Como en el cuento
del rey que iba desnudo por la calle. Luego el
descorche, con el corcho hecho migajas, dejar
reposar, servir, jamaquear la copa, mirarlo
como buscando una miguita de corcho escon-
dida tras el cristal, olerlo, darles otras vuelti-
cas y no sé qué más, porque para entonces ya
me he ido a la nevera a buscar una cerveza.
A mí me gusta comer y beber. Me gustan
las cosas ricas, si saben bien, entonces son
buenas. Los huevos fritos con pan recién hor-
neado me parecen un manjar y lo digo a voz
en cuello para dolor de cabeza de los Orson
Gates. Cuando era pequeñita, le dije a mi
mamá:
—Mami, ¿verdad que yo soy una hue-
voncita?

112 113
Capítulo VIII
Cultureta pantaleta
E
xiste una palabra que aprendí en Es-
paña que me caló hasta los huesos y
cuyo uso se ha hecho indispensable
en mi quehacer diario. Es un españolismo o
malandrismo español, diría yo. Este vocablo
define a un tipo de gente que, desde que tengo
memoria, me ha perseguido no importa cuán
bien y lejos me esconda. Por eso entre todos
los malandrismos que he aprendido incluí en
mi vocabulario, de manera irrevocable, la pa-
labra cultureta, que se refiere a aquel que se
las tira de culto.
Debido a mi vasta experiencia con este tipo
de personajes, he notado que se pueden cla-
sificar en varios grupos (todos ellos insopor-
tables) según sus inclinaciones y sus maneras
de restregarle en la cara a los ciudadanos de a
pie su evidente superioridad.

117
Carola Chávez

Los culturetas wow, por ejemplo, son per- Son expertos en bellas artes. Pululan en las
sonas que no visten a la última sino a la próxi- galerías, no se pierden un vernissage. Con su
ma, que van adelantados en todo, que marcan presencia realzan la importancia de cualquier
tendencias, que son únicos aunque todos ellos evento. Las galerías se los disputan como
sean igualitos. Una vez, en una galería de arte, elementos decorativos. Con poses estudia-
me explicaba uno de ellos que él vestía de esa das analizan las obras expuestas, se hurgan
manera tan negra, tan lineal y extravagante el interior buscando una frase hecha y des-
a la vez, como resultado de una búsqueda en pués de una pausa, un suspiro y otra pausa,
su interior (y no se refería a sus calzoncillos). encienden un cigarrillo a modo de bombillo
Su manera de vestir era una especie de grito y sueltan su veredicto que suele ser una pe-
de rebelión, un aquí estoy yo y soy diferente. rorata de palabras inconexas como profun-
Diferente a mí sí que lo era, pero igualito a to- didad, intención, propuesta, etéreo, estética,
dos los culturetas que estaban alrededor. Su- infinito, búsqueda, fusión, alma, renovación,
pongo que todos ellos habían buscado dentro límite, iconoclasta, sublime, cósmico, pletó-
el mismo interior. rico, yuxtapuesto, inmortalidad… Y yo como
Estos pájaros nocturnos parecen sufrir de buena mortal me muero de la risa.
fotofobia, llevan sus lentes pequeños, oscuros Una vez le tocó a un pintor amigo mío ex-
y de diseño (¿cómo decirlo?) diferente. Mien- poner en una galería finísima de Las Merce-
tras más feos les queden mejor, sobre todo a des, la galería más in del momento. Como
las mujeres, ya que para parecer intelectuales buen primerizo provinciano, cometió el faux
no dejan escapar ni un ápice de sex appeal. pas de invitar a su círculo de amigos y fami-
Asexuados culturetas que encuentran el amor liares, todos plebeyos, todos vestidos de gen-
a través de conexiones intelectuales obviando te normal y corriente, incluso alguno un poco
cualquier distracción carnal que los equipare exagerado para la ocasión pretendiendo estar
con personas comunes y corrientes, de ésas a la altura del evento. Los culturetas llegaron
que se miran, remiran y se tocan. elegantemente tarde. Muchos de ellos retro-

118 119
Carola Chávez

cedían al ver la fauna tempranera que vino quien analizaba, pero sonaba tan profundo,
con el artista y salían a la calle a verificar si tan convencido, tan culto, que el progenitor,
estaban en el lugar correcto. temblándole el puchero y luchando como un
La galerista angustiada, con un cortés em- hombre contra la incontinencia de sus lagri-
pujón los hacía entrar. Una vez dentro caían males, abrazó a su ex pichón de fracasado
en una especie de estado hipnótico, un subli- que, repentinamente, se había convertido en
me trance inducido por la profunda estética maestro.
iconoclasta producto de la yuxtaposición de —No joda, papá, eso es pura paja. Yo pinté
brochazos pletóricos de intención policromá- ese cuadro con tremenda pea encima. Sí es-
tica. Las conversaciones estridentes se redu- taba inspirado, lo admito, pero no por partí-
jeron a susurros que se fueron extinguiendo a culas creativas que se fusionaron en galaxias
medida que el silencio contemplativo se apo- remotas y viajaron entre el polvo cósmico a
deraba del lugar apagando chismes, chistes y través del tiempo y el espacio desafiando las
cualquier otro parloteo irrelevante. Todo gi- leyes de la física para servirse del hombre, en
raba en torno a la belleza de la creación. este caso yo, como vaso comunicante entre lo
El novato y talentoso pintor, abrumado, se infinito y lo humano. Yo sólo estaba gozando
sentó en el único asiento disponible, un mi- un puyero con mis pinceles, mis pinturas y la
nimalista banco de madera ubicado en medio luz del amanecer.
de la galería. Su padre, un hombre mayor y Respiró aliviado el viejo y dijo:
tosco, buscó refugiarse del silencio al lado —Coño, yo me cagué, por un momento me
de su hijo y le recordó con la mirada que él sentí tan bruto…
nunca estuvo de acuerdo con esas maricona- Por otra parte, tenemos al cultureta encu-
das del arte. Entonces se escuchó el primer bierto, que es uno de los peores. Estos perso-
suspiro, se encendió el primer cigarrillo y co- najes se confunden entre la multitud vestidos
menzó el análisis endoscópico de una de las de paisanos, acechando a los incautos como
pinturas. Nadie entendió nada, ni siquiera

120 121
Carola Chávez

un depredador hambriento a la espera de la —Amado no es carioca —agregué.


más mínima oportunidad para lanzarse sobre —¿No me acabas de decir que es brasileño?
su presa y destrozarla a punta de sapiencia. —rebatió
Yo tengo la suerte de tener mi cultureta encu- —Sí —le hice una zancadilla.
bierto particular, ya lo conozco bien, sé dónde
Aturdido por no entender y por estar tras-
se esconde y lo busco y lo cebo para ver cómo
tabillando delante de una mujer arremetió
se embarra.
con toda su alma.
Mi querido cultureta, a quien llamaremos
—Esas novelitas rosa que leen las mujeres
Larousse, sabe de todo nada pero habla con
ni me van ni me vienen.
tal convicción que vale la pena escucharlo.
No tolera mi pequeño Larousse el conoci- —Claro, a ti te van y te vienen los libros de
miento ajeno y mucho menos si proviene de Coelho, y otros best sellers de la lista de New
una mujer. York Times.
Un día estaba en la playa leyendo tranqui- —Así es -dijo inflando su el pecho orgulloso.
la. No noté su presencia hasta que fue dema- —Por cierto, mi pequeño Larousse, ¿cómo
siado tarde (para él). se deletrea Coelho? —pregunté a modo de pa-
—¿Qué lees? —preguntó salivando. tada en el culo.
—A Jorge Amado —contesté sin levantar la —C - O - H - E - L- L - O -H —dijo con cara
mirada del libro. de veinte puntos.
—Amado, ¿eh? —suplicaba una pista, así —Gracias —contesté con vocecita inocento-
que se la di. na y seguí leyendo mientras que, con el rabo
del ojo, vi cómo se marchaba rascándose la
—Jorge Amado, el escritor brasileño, de
cabeza.
San Salvador de Bahía.
Mi pequeño Larousse también sabe de tea-
—¡Ahhhhh! A mí, de literatura carioca, me
tro, le encantan los monólogos de Laureano
gusta Paolo Coelho.

122 123
Carola Chávez

Márquez, a quien define como uno de los es- diales de fútbol, records olímpicos, chismes
casos intelectuales que quedan en Venezuela. de farándula, fechas irrelevantes, marcas de
Entre su escasa lista de intelectuales escasos moda y la cotización actual del dólar, entre
figuran también Claudio Nazoa. ¿Cómo que otras cosas.
Aquiles? No, no seas bruta, se llama Claudio. Y Eso sí, todos, no importa a que categoría
Emilio Lovera. Si de opera se trata, él comenta pertenezcan, son culturetas ciudadanos del
orgulloso que vio Cats en Nueva York y que no mundo. Ellos adoran viajar y viajan. Les bas-
se pierde la gala de los tres tenores auspiciada ta con que su avión haga una breve escala en
por la FIFA una vez cada cuatro años. Oh sole cualquier aeropuerto, para que se sientan ex-
miooo, la piuma al vento —canta con voz de pertos conocedores de la ciudad que alber-
soprano, es decir, como un tenor. ga dicho terminal. Y si logran bajarse y salir
Vamos ahora con el cultureta cotidiano: del aeropuerto, peor. Cuando algún culture-
este tipo de individuo sabe todo lo que a na- ta conocido regresa de uno de sus viajes yo
die le importa, salvo a otros cotidianos como tiemblo. No vale la pena esconderse, no hay
él. Es un declamador de lujo, recita los diálo- escapatoria posible. Se inicia una especie de
gos de El señor de los anillos impresionando juego el gato y el ratón, en el que el gato, no
a quien lo quiera oír, casi nadie quiere, des- cesa hasta quebrar la voluntad del pequeño y
lumbrando con su perfecta pronunciación de cansado roedor.
los idiomas élficos. Al referirse a las estrellas El minino se adorna con franelas alegóri-
de Hollywood, lo hace usando sus nombres cas, como para que le preguntes algo; si eso no
reales y se queda esperando, con su sonrisa funciona, te regala un souvenir: algo horrible
de yo vivo por y para la cultura (pop) a que con el nombre de su última ciudad adoptiva
algún pendejo le pregunte ¿quién? escrito en letras doradas y retorcidas. Te lo
Por otra parte, ocupa dos tercios de sus trae a tu casa, con los colmillos afuera, y para
neuronas en recordar estadísticas de béisbol, colmo, te dice donde lo vas a colocar y lo pone
los goles de todos y cada uno de los mun- en mi biblioteca, al lado de mis novelitas rosa,

124 125
Carola Chávez

aquellas del carioca de Bahía. No hay que pre-


guntarle nada, te lo vomita en la cara, descri-
biendo, con acento extranjero y familiaridad
de local, cada esquina, cada bar, cada detalli-
to cotidiano, te va explicando todo poquito a
poco, consciente de tus limitaciones.
Mi pequeño Larousse va todavía más allá.
El viaja a través de los viajes de sus conocidos,
no tiene que ir a ninguna parte para absorber
culturas lejanas e inaccesibles. Él me narra
Capítulo IX
cómo fue mi vida en Barcelona mientras yo,
asombrada de haber vivido lo que no viví, me Baby Einstein o nuestros
dejo morder por el gato sintiendo un poco de
lástima por él. Al final, Laroussito se relame
niños superiores
los bigotes y se marcha satisfecho creyendo
haber apabullado a una rata de alcantarilla
disfrazada de ratona ignorante y medio pen-
deja; que lo despide muerta de la risa, se sirve
un traguito y se sienta a escribir su historia.

126
N
o todos podemos ser iguales. No he-
mos sido concebidos ni criados de la
misma manera. No es lo mismo en-
gendrar una nueva vida en un polvo desafora-
do, sudoroso y rico, bajo un techo alquilado o
prestado, en una cama sin edredón de plumas
y rodeada de un reguero de ropa con bolsillos
vacíos, a hacerlo con calma antiséptica, bajo
un techo propio, olorosos a perfume caro, so-
bre un plumero insoportable que aporta el
calor que no son capaces de generar quienes
intentan amarse.
No me malinterpreten, yo estoy a favor de
la planificación familiar, pero de una manera
más laxa que la mayoría de mis amigos. Para
ellos, pensar en aumentar la familia requiere
de una serie de logros previos, todos ellos muy
costosos. Mientras la mayoría de las especies

129
Carola Chávez

preparan un nido o una madriguera para traer perativo viajar a Mayami, allá venden todo lo
a una cría al mundo, los especímenes de la cla- que necesita un bebé moderno: las mejores
se media no se conforman con tan poco. marcas, las cosas más innecesarias, pero vis-
Lo primero es tener casa propia, cortesía de tosas que toda mamá debe ofrecer a su recién
papá, esto preferiblemente antes de contraer llegado a este mundo tan competitivo.
nupcias. Después se necesitan cinco años para La competencia comienza entre las futuras
disfrutar en pareja, viajando, saliendo de no- mamás: gana quién compre más y más caro.
che, desfogándose sobre el sofá, la lavadora o Cochecitos italianos con porta vasos, frenos
el tope de mármol de la cocina. Esto último hidráulicos, con porta bebé y toldo quita y
no dura más de una semana porque la como- pon; teteros ingleses, con su respectivo es-
didad impera y la tapa de la lavadora es muy terilizador; ropita con marcas impresas por
fría, el tope de la cocina tiene migas que pu- fuera y en letras grandotas; columpios, tapa
yan y la tapicería del sofá se puede ensuciar. enchufes, pañaleras, calentador de pañitos
Por fin el reloj biológico comienza a sonar: limpia culitos, equipo casero para escuchar
hay que comprar la camioneta. Una grando- latidos de corazón fetal, cámara de video, pe-
ta cuatro por cuatro, donde quepa el perole- luche con sonidos de útero, móvil con rayos
ro que necesita un chamo para ir a cualquier láser y control remoto, y toda la colección de
lado. Una vez estacionado el suntuoso trans- Baby Einstein.
porte familiar en el garaje de la suntuosa ma- Esto de Baby Einstein es esencial. Al pa-
driguera, la pareja se dispone a procrear. recer, alguien descubrió que si a un bebé lo
—¡Estamos embarazados! —anuncian al sientan sopotocientas horas frente a la tele y
mundo emocionados con las manos llenas de lo obligan a ver una serie de objetos feísimos
catálogos de productos para bebés. moviéndose al son de piezas de Mozart, sus
Comienza la cacería, hay tanto que com- neuronas sufrirán una serie de transforma-
prar y sólo nueve meses para hacerlo. Es im- ciones que convertirán al niño promedio que
salió de tu vientre en un pequeño genio, un

130 131
Carola Chávez

Baby Einstein. ¿Qué sería de nosotros sin la de un solo golpe. Así se va distanciando del
ciencia y el mercadeo? resto de los mortalitos, así empieza la compe-
Mira tú, yo que pensé que no había mejor tencia con dos palmos de ventaja.
estimulo para un bebé que el contacto con Un ejercicio que siempre me pareció una
sus progenitores. Yo que he pasado años ha- tortura consistía en pegarse una linterna en-
blando, contando, leyendo y jugando con mis cendida en la barrigota y decir “luz, luz, luz”
hijas, ahora me entero de que he sido negli- no una, ni cuatro, sino tres científicas veces.
gente con el desarrollo cognoscitivo de mis Yo me imaginaba a mi gorda encandilada di-
pequeñas. Las pobres cargarán con mis cul- ciendo no me jodas, no me jodas, no me jo-
pas y tendrán que lidiar en el colegio con ge- das… Sentí compasión, así decidí confiar en
niecillos televisivos. Yo sólo espero que algún la genética familiar y esperé que la gordita no
día sepan perdonar mi terrible omisión… se pareciera a mi tía, que era la única persona
Todos quieren niños genios y venden mil realmente escasa en una familia más o menos
métodos para lograrlo. Allá aquéllos que no inteligente.
los puedan pagar, que se aguanten más ade- Tengo unos amiguitos Baby Einstein, son
lante con sus niños promedio. Cuando quedé unos prodigios según su mamá. El mayor-
embarazada de mi primera hija me regalaron cito ha ido desarrollando su intelecto sen-
un libro de estimulación temprana, tempra- tado en un puff frente al televisor. Es tan
nísima diría yo. Se trataba de enseñar al feto maravilloso ese método que permite que las
las vocales, los números del uno al diez, las madres hablen por teléfono durante horas
notas musicales y ciertas palabras de vital mientras el niño aprende como en una es-
importancia para su supervivencia al llegar a pecie de estado hipnopédico. Entre los lo-
este mundo. Todo eso con el propósito de ir gros más evidentes de dicho método está
ganando tiempo y que cuando el niño llegue el desarrollo de la independencia: con solo
al Kinder y la maestra diga A, él la deslumbre dos años, mi amiguito ya sabía manejar el
con su precoz genialidad y le diga E - I - O - U control remoto del televisor y el DVD para

132 133
Carola Chávez

adelante y para atrás. Como no se atrevía a decorada para la ocasión con las sábanas que
interrumpir la cotorra de su mamá, decidió usaron tres generaciones antes que ella para
investigar sus posibilidades de auto enchu- celebrar el mismo acontecimiento. Ramos
farse a la tele y lo logró. Claro está, después de flores con globos metalizados gigantes y
de dañar tres equipos audiovisuales com- ositos de peluche rosados o azules según sea
pletos y recibir varios corrientazos y nalga- el caso. Las abuelas y las tías compiten a ver
das de esas que pican. quién de ellas sufrió más pariendo y la gana-
Por otra parte, hay guarderías que ofre- dora es siempre la suegra que, por haber pa-
cen todo tipo de actividades enriquecedoras rido un varón ya tuvo el peor castigo ya que el
como yoga para bebés de nueve meses, inglés desgraciado ese, sin tomar en consideración
pre-verbal, computación temprana o marti- sus sacrificios y dolores, se fue con una total
lleo de teclado; todo esto a manera estimular desconocida dejándola a ella sola con ese ju-
esas neuronitas y darles ese empujón tan ne- bilado que una vez fue su gran amor.
cesario mientras a mamá, al mejor estilo de Todas saben que es lo mejor para el niño,
Oster, le queda mucho tiempo libre para de- todas dan consejos diferentes, pero la mamá
sarrollarse como mujer. moderna las ignora porque ya compró la co-
Yo que soy muy rupestre nunca me sentí lección de Baby Einstein.
más mujer que cuando estuve embarazada y Los hombres, al mejor estilo medieval, se
me gradué summa cum laude de supermujer reúnen aparte, bien lejos, a beber whisky y a
en el momento que mi bebé recién nacida se fumar puros aunque no fumen. Si fue niño, el
prendió de mi pezón. papá se vanagloriará de las bolotas que tiene
Bueno, pero voy saltando de embarazo a su crío, igualito a su papá. Si fue niña, se pue-
pezón sin pasar por un parto clase media en de hacer referencia a cualquier cosa menos a
la Leopoldo Aguerrevere. Una lánguida y ago- sus sagrados genitales, aunque tenga una to-
tada madre yace sobre una cama de hospital tonota enorme, igualita a su mamá.

134 135
Carola Chávez

A los dos días sacan a su bebé de la clíni-


ca envuelto como un tequeño y metido en un
cestón lleno de faralaos, lo meten en la camio-
netota y a casa. A crecer geniecillo, a conver-
tirse en un triunfador bilingüe, como su papi,
o en una muñeca adorable como su mami. El
mundo es tuyo Baby Einstein, tuyo solito, así
que adelante, mi vida, a patear culitos des-
de chiquito, que tu mami y tu papi patearán
cuanto culo sea necesario para que llegues a
Capítulo X
donde quieras, o queramos nosotros si equi-
vocas el camino. Adelante Baby Einstein, que
No importa quién eres
la tele te sonríe.
sino a quién conoces

136
L
os padres de la clase media venezolana
tienen la misión inefable de subir a sus
hijos otro escalón, tal como lo hicieron
sus papás con ellos. Esto genera algunos pro-
blemas: La presión de elevar a su descenden-
cia opuesta a la presión de los descendientes
de no descender.
Qué mejor ascensor que un lugar donde edu-
quen a tus niños con los nuestros valores occi-
dentales, en dos o más lenguas y en dos o más
culturas que no sean tan autóctonas como la
nuestra. Un lugar donde tus hijitos se relacio-
nen con lo más selecto de la infancia local. Lo
importante no es quién eres, dijo un ¿sabio?, es
a quién conoces. Fórmula infalible de éxito.
Con la esperanza de que hagan buenos ma-
trimonios inscriben a sus niños en una lis-
ta de espera apenas nacen, rogando a todos

139
Carola Chávez

los santos que dentro de dos años los llamen —Pero eso no es nada —salta otra mas
para poder garantizar, en la medida de lo im- allá—. Juliana habló a los cuatro meses.
posible, el éxito en la escalada a sus pequeños —Mi Riki a los tres.
futuros triunfadores. —Miguelito ya sabe leer, pero no se le nota
Dos años más tarde acuden nerviosos con porque todavía no habla bien.
sus retoños a una cita importantísima, la pri- Al final, me apiado de las psicopedagogas
mera en una cadena de citas que predetermi- que tendrán que descartar niños indescarta-
narán hasta donde va a llegar el muchachito. bles. Nada más difícil en este mundo que es-
El niño, que aún usa pañales por la noche, va coger entre lo mejor de lo mejor.
a presentar un examen de admisión. ¿Cómo
En estos casos tan apretados prima un ba-
serán esas pruebas? No tengo ni idea, lo que
remo inflexible. Apellidos, por lo menos dos
sé es que unos genios de la psicopedagogía
y bien combinados, sonoros, poderosos, ele-
son capaces de clasificar bebés según su po-
gantes y con mucho abolengo. Eso debe ser
tencial antes de que el infante tenga poten-
suficiente, pero no todos los aspirantes cum-
cial para algo más que el precario control de
plen con el principal requisito, así que van ca-
sus esfínteres.
lificando según las siguientes condiciones: Un
Los padres, que estuvieron practicando a solo apellidote, ningún apellidote mas sí una
ciegas con su niño toda la semana, como para cuenta bancaria bien robusta, cuenta banca-
prepararlo mejor para el examen, se quedan ria no tan robusta pero con posibilidades de
sentados mirándose recelosos: pocos cupos engordar, cuenta bancaria flacucha pero con
están en juego y hay muchos bebés a prueba. buenas relaciones comerciales y/o persona-
Ojalá que Carlitos no la cague, literalmente… les, pariente pobretón de familia pudiente con
—Y el tuyo, ¿a qué edad gateó? —pregunta alguna posibilidad de heredar algún día y, por
una mamá desafiante. último, y esto es bueno saberlo, la capacidad
—A los dos meses y medio —responde la del progenitor interesado de colgarse del me-
otra a la defensiva.

140 141
Carola Chávez

cate. En cuanto al niño, que no se haga pupú carísimos, con rueditas y loncheras a juego,
ni pipí y si es de muy buena familia, pues que los zapatos son negros, pero no unos zapatos
se haga, que más da. cualesquiera, son de marca, traidos de Maya-
Ya estamos dentro, Miguelito, Juliana y mi, con algún detalle que evidencie que ni de
Riki comienzan su precoz escalada. En el vaina son Pepito. A las niñas las peinan con
Kinder comienzan a atarse lazos que se de- lazos estrambóticos, para indignación de la
ben conservar toda la vida. La madres se fijan madres que sólo tienen varones, que se sien-
quién quedó en cual salón. No te juntes con ten en desventaja.
Miguelito, que está pasadito de horno y su Los colegios privados proporcionan a los
papá tiene el pelo chicharrón. Giuliana es una padres la tranquilidad de saber que sus hijos
niña maravillosa, no importa que te muerda, recibirán una educación muy por encima del
tú aguanta que eres un hombrecito, además nivel que exige el Estado. Así nuestros niños
quién quita que un día te inviten a su casa a serán dignos de ser dueños del país. Los pa-
bañarte en la piscina. Vamos a invitar a los dres exigen los colegios cada día más, para
morochos Echeverri Montemayor, no llores, ellos la educación si no es religiosa, bilingüe y
ya sé que la última vez te rompieron el triciclo costosa, simplemente no es educación.
y te robaron tus carritos, pero ya te dije que te Los padres orgullosos ven cómo sus peque-
compro unos nuevos. Hay que planear la pi- ños se van despojando de lastres culturales a
ñata que está a meses de distancia, pero hay través del aprendizaje de otro idioma. Apren-
tantos detalles que atender, no nos vamos a den pronto que los niños se disfrazan en Ha-
rayar de entradita. lloween, que restaurant se dice McDonald’s,
Los uniformes obligatorios no detienen a jugo: Coca-Cola, perinola: Mattel; parque se
estas decididas madres en su lucha por lograr dice Disney World, zapato: Nike, libro: Ga-
que sus pequeños destaquen. Los pocos artí- meboy, mamá se dice T V y a la felicidad se
culos no reglamentados adquieren proporcio- llaman dollar.
nes inverosímiles. Los morrales son gigantes,

142 143
Carola Chávez

Así se sumergen los pequeños en un arroz Llega el día en que los pichoncitos dejan
con mango multicultural, en el que el arroz el nido y se van volando a otros países que
importado prepondera sobre el manguito aprendieron a querer y los papás se quedan
criollo. Les inculcan, con la absoluta anuen- solos, con la esperanza de tener nietos más
cia de los padres, el individualismo, la com- civilizados a quienes visitar una vez al año. Se
petitividad, el desarraigo, el clasismo, como van los pajaritos con sus títulos bajo el brazo,
armas para la supervivencia en un mundo y se los meten en el culo cuando se ponen a
donde, al parecer, los más aptos son los más trabajar de mesoneros, limpia carros y todos
mezquinos. esos trabajos que hacían esos papás de la ca-
Así crecen lejos del mundo que los rodea, lle que llevaban a sus niños al colegio a pie.
mirando con grima por la ventana del carro
las calles por donde nunca piensan caminar.
Los otros niños que van a pie a otros colegios
no son tan niños como ellos y sus papás no
son tan papás. Ni siquiera pueden pagar un
colegio lindo como el de ellos, donde les ven-
den la ilusión de ser lo mejor de un país al
que, irónicamente, les enseñan a despreciar.
Pasan por el bachillerato soñando con cual-
quier State University, pero la vida es ingrata
y solo llegan tan lejos Giuliana y los morochos
Echeverri Montemayor. El resto seguirá en
una universidad privada, pero segurito que
mi papá me paga el postgrado en Boston. Y el
papá escurre el sudor de una frente que ya no
puede sudar más.

144 145
Capítulo XI
Venezolanos pero a raticos
L
o venezolano para gran parte de nuestra
clase media es sinónimo de mal gusto,
o sea, es niche. Escuchar un joropo en
Caracas es un síntoma evidente de campuru-
sismo. Servir asado negro en una cena es una
ordinariez. Sólo algunos viejitos llevan liqui-
liqui, y el Niño Jesús pasó de moda, ahora se
lleva más Santa Claus. Las arepas sobreviven
porque son deliciosas, pero los Big Macs se
abren paso sin dificultad. Nada vende más
que un slogan en inglés, ya ni siquiera se tra-
ducen ciertas cuñas en la tele, las más chic,
por supuesto, las que anuncian cosas caras.
Estos renuentes compatriotas son bilingües
irrespetuosos de los idiomas que deforman al
mezclarlos con desenfado, olvidando como se
dice chévere cuando les da por hablar nice.
La bandera de los Estados Unidos es suya,

149
Carola Chávez

la llevan con orgullo estampada en franelas, La orquesta tocaba joropos, galerones y


pantalones y calzoncillos. Todo lo que viene merengues de antaño. Los muchachos bos-
de afuera, aunque venga de Cúcuta, es mejor tezaban sin ocultar su fastidio y los adultos
que lo de aquí. preguntaban a los mesoneros si de verdad no
Pero a veces lo criollo sienta bien. Ahora había un whiskisito.
pasamos por uno de esos momentos en que A la hora del buffet, voilà!, comienzan a
la venezolanidad se la disputan al resto de los entrar negras gordas vestidas de esclavas
compatriotas, la reclaman como suya, eso sí, sureñas, al mejor estilo de Lo que el viento
con algunos pequeños ajustes para no caer en se llevó, portando cestas colmadas de are-
la ordinariez que caracteriza al populacho. pas humeantes y redonditas y bandejas con
Hace un tiempo me invitaron a unos quin- un variado surtido de tradicionales rellenos:
ce años en La Lagunita Country Club. Fue una queso brie, jamón serrano, ensalada de su-
fiesta inolvidable gracias a la originalidad de rimi, caviar sucedáneo, salmón ahumado y
los anfitriones. Presentaban a su pequeña en chicken salad, que es lo mismo que reina pe-
sociedad con una fiesta criolla. La debutante piada pero no tan niche.
vestía un traje de dama antañona, sus padres Los invitados hacían cola para recibir
iban de mantuanos, el resto de civiles encope- de manos de Aunt Jemima una arepa que
tados porque nadie se creyó el cuento de que comerían con cubiertos. Se veían tan re-
la fiesta sería tan original. En lugar de tradi- finados tratando de picar su arepa en pe-
cional Danubio Azul, el orgulloso progenitor queños bocaditos con cuchillo y tenedor.
bailó con su muchachita Las brisas del Zulia. Es así como se puede ser criollo sin dejar
De ahí para adelante todo fue tequeños, em- a un lado los códigos de conducta que los
panadas pequeñitas, de carne, queso blanco diferencian del montón. Eso sí es saber ser
o cazón. Ron pa’ to’ el mundo, guarapita para un venezolano de altura o mejor dicho, un
los chamos y tisana para las viejitas. venezolano high.

150 151
Carola Chávez

Otra manera de ser venezolanos sin en- Viven con la vergüenza de ser venezolanos
suciarse mucho las manos es alternar con el rebuscando algún ancestro de procedencia
pueblo cuando hacen turismo por el interior. europea, pariendo a sus hijos en mejores lu-
Cuando van a Margarita, conversan con los gares, garantizándoles un futuro mejor con
pescadores de Manzanillo de tú a usted, en pasaporte americano. Mi hija nació en Maya-
Choroní las sifrinas bailan tambores con los mi y en cuanto pude me la llevé de allá aterra-
nativos, pero conservando las distancias y da de verla distanciada de lo que somos. Nada
mirando con el rabo del ojo a sus novios que me daba más miedo que cuando la gorda co-
están pendientes por si acaso. En San Carlos menzara a hablar en lugar de mami me lla-
bailan joropo y siempre hay quien piensa que mara mommy y que a su papi le dijera dad.
tocar maracas es sencillo, se las pide al ma- Recuerdo a mis amigos mayameros ha-
raquero y sin un ápice de ritmo va y pone la blando spanglish a sus pequeños delante
torta jurando que se la comió. de unos abuelos desorientados por la dis-
Por otra parte, han incorporado a sus vi- tancia lingüística. Tengo un sobrino que
das elementos culturales importados. No no sabe español y me produce mucha an-
pueden concebir un día de playa sin un gustia ver a mi papá delante de su nieto re-
reggae que lo amenice, no hay brindis sin pitiendo como un loro la única frase que
champaña, fiesta sin pasodoble ni navidad domina en inglés: “How are you, Ben?”.
sin Jingle Bells. La sopa de cebolla, aunque El niño le dice abuelou y le sonríe con cari-
sea de lata, es mejor que un sancocho, si hay ño y quizá con ganas de conocerlo mejor. Mi
que disfrazarse que sea en Halloween, en un mamá, más parlanchina, le suelta sus lengua-
Brasil-Venezuela, pues le van a Ronaldinho, radas haciendo hincapié en dos frases: I love
las Grandes Ligas son más grandes y el Su- you, baby y I miss you, Ben.
perbowl imprescindible en los días vacíos de Al final, al desplazarse de su cultura se
enero. Chistorra mata a chorizo carupanero desplazan también de su realidad y por ello
y Heineken mata a Polar. necesitan instalarse sólidamente en el aire.

152 153
Carola Chávez

Luego pretenden hacernos creer que son


ellos los verdaderos venezolanos, que son
ellos quienes representan lo mejor de nues-
tra cultura, los refinados, los elevados, los
escogidos por no sé quién, los que bajan de
las alturas de a raticos y deciden que, por
momentos, los pescadores de Manzanillo
pueden ser gente muy nice.
Capítulo XII
La vida en una vitrina
o Tolón Tolón

154
S
i los arqueólogos de una civilización fu-
tura encontraran los restos de una de
nuestras ciudades, seguramente cree-
rían que los centros comerciales eran nues-
tros templos de culto. Y no estarían del todo
equivocados. Los centros comerciales son el
eje de la vida de muchas personas que creen
que pueden satisfacer todas sus necesidades
a punta de American Express.
Nuestros amigos de la clase media son
fervientes feligreses que acuden cada día en
peregrinación a recorrer los pasillos de sus
templos en una especie de romería que resul-
ta más gratificante en la medida que sea más
costosa.
Antes acostumbraba a tomar café en casa de
alguna amiga. Sentadas en el tope de la cocina,
descalzas y sin una garra de pintura en la cara,

157
Carola Chávez

conversábamos y reíamos a gritos. Aquellos ca- Comes New York Cheese Cake hecho en
fecitos se prolongaban por horas sabrosas llenas Charallave, compras zapatos italianos hechos
de nada. Otras veces nos pintábamos los labios en Pakistán, camisetas del Real Madrid fili-
y tomábamos café en una terraza mientras in- pinas, carteras colombianas con nombre en
tentábamos pescar al algún incauto que podía francés, y todo tipo de mercancía que sugiere
ser, sin saberlo, el amor de nuestras vidas. venir de una ciudad esplendorosa y soñada,
Ahora acudimos a los centros comercia- cuando en realidad vienen de algún galpón
les para tomar el café, que ya no se llama asfixiante y oscuro, ubicado en medio de un
café sino latte, espresso, cappuccino, do- pueblo destartalado por la miseria, donde
uble mocca o de cualquier manera menos personas sin cara y sin esperanza manufac-
guayoyo. También puedes ir al mall para turan ilusiones sin tener la menor idea de lo
encontrar pareja, cosa que es muy prácti- que es una ilusión.
ca, porque según en qué tienda te tropieces Los centros comerciales se hacen parte
con tu futuro amor podrás inferir sus gus- de sus vidas de tal manera que ya no saben
tos y posibilidades financieras, entre otras como pasar su tiempo libre sin estar ence-
cosas. Para embellecerte vas a la peluque- rrados dentro de sus múltiples paredes. Son
ría François Ciseaux, donde te corta el pelo como peces en acuarios gigantes con las nari-
Luís, porque François no existe, lo inventó ces pegadas a los cristales, que no pueden ver
Carlos González, un cumanés que es el due- bien hacia afuera porque lo que logran mirar
ño de la franquicia. Tus niños juegan en el está distorsionado por un denso velo de agua
Bosque Maravilloso, donde los árboles son y cristal que deforma la realidad dándole un
de cartón piedra y la única maravilla que aspecto pavoroso.
ofrece es que, por una suma exorbitante de Cómo no hacerse adicto a un lugar seguro,
dinero, te cuidan a tus niños para que tu ex- donde los parques no tienen hormigas piqui-
periencia de shopping sea lo más prolonga- juye, donde los niños no se llenan de barro
da y placentera posible. porque no hay tierra aunque tampoco haya

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Carola Chávez

flores. Un lugar donde el clima no te arruina erudita en la materia. Cada vez que llega-
el paseo, donde no se siente ni frío ni calor, ba un amigo de visita me tocaba hacer tu-
donde el sol no determina el comienzo ni el rismo mayamero, que no es más que ir de
final del día. No se puede estar más seguros shopping hasta acabar aturdido, sin saber
que en un sitio lleno de vigilantes que, en lu- si compraste lo que querías o lo que te quisie-
gar de protegernos, nos vigilan convirtiéndo- ron vender.
nos en potenciales sospechosos. Una vez llevamos a mis suegros a almorzar
Cómo no entregarse a la gratificación in- en un restaurante temático que había en un
mediata, si Francisco tiene una amante, yo centro comercial. El lugar pretendía repro-
le vacío vengativa su chequera en Bijoux ducir la experiencia de comer en medio de
For You. Si estoy despechada, me atapuzo la selva amazónica, o de una versión de ésta
de chocolates en Bom Bom Sabrosón. Si me al mejor estilo de Hollywood, en la cual los
siento en poco fofa hago spinning en Rock elefantes convivían con orangutanes, gorilas,
you Butt. Que Pablito está insoportable, le guacamayas, anacondas y tigres siberianos.
compro un Gameboy en Desconected Kidz. El techo estaba cubierto de vegetación plásti-
A mi perrito Yanki, que ya huele a perrito, ca y las sillas tapizadas con peluche imitando
que lo bañen y le pongan dos lacitos para piel de cebra peluda.
que parezca una perrita que huele a jabón. Y El mesonero, vestido de explorador victo-
al muérgano de Francisco, que no lo vea por riano, nos guió a la mejor mesa disponible en
aquí, que no se le ocurra tener la desfachatez un local vacío. Nos sentamos junto a una ma-
de traer a la otra al mall donde nos besamos nada de tres elefantes amazónicos. Pedimos
por primera vez. Piraña Burgers de carne de res, papas fritas
A mí me ha tocado recorrer centros co- servidas sobre una hoja de plátano de papel, y
merciales idénticos en países diferentes. un nutritivo jugo de papaya-mango que sabía
Cuando vivía en Mayami hice un intensi- a piña Hit.
vo en malls lo que me convirtió en casi una

160 161
Carola Chávez

Conversábamos sobre cualquier cosa cuan- taban a comer en uno de esos lugares. Los co-
do, de repente, la matriarca de la manada le- nocí todos: el de cine, donde tenían expuesto
vantó la trompa y dio un alarido de esos que el lente de contacto que usó Terminator y el
pegan los elefantes justo antes de huir en es- pañuelito percudido de Rambo, donde la Pi-
tampida. Todos saltamos de nuestros asientos ranha Burger se llamaba Juicy John Wayne.
víctimas de nuestro más primitivo instinto de En el de rock ’n roll había una lentejuela de El-
supervivencia. Los elefantes movieron trom- vis, y una baqueta del baterista de los Beatles
pas y orejas durante unos segundos y volvie- que no era Ringo Starr, allí comí Rolling Stones
ron a su estado inerme y decorativo. Burger con un toque de Sgt. Pepper que estaba
Mi suegro que tiene muy buen paladar y asquerosa como todas, por lo que salí cantan-
muy mala leche volvió a su silla y a su Piranha do: “I can get no, tan, tan, tan, satis- faction,
Burger sin mucha convicción. Reanudamos tan, tan, tan…”. Y mis amigos encantados con
la conversación sólo para ser interrumpidos su almuerzo mayamero no entendían que los
por los gorilas de más allá y luego por una habían estafado por lo que prometían invitar-
guacamaya que cantaba como un pavo real. me de nuevo en su próxima visita.
Fuimos obligados a comer en silencio mien- Después, a bajar la barriga en las tiendas,
tras presenciábamos un errático concierto ro- todas especializadas en vender las misma mer-
botizado que se reiniciaba cada tres minutos cancía pero con diferentes nombres. Kilóme-
después de un breve intermezzo de tormenta tros de tiendas olorosas a nuevo con música de
artificial con truenos y relámpagos aterrado- fondo diseñada para hipnotizar al comprador
res. Sufrimos una indigestión colectiva que que compra y compra sin saber que compra y
nunca supimos si achacársela a la comida, paga y paga con dinero plástico con la pueril
a los animales, a los truenos o a la cuenta, que sensación de que no está pagando.
fue exorbitante. Salimos para encontrarnos sorprendidos
Con cada visita nos metíamos en un mall y, por la noche que había llegado hacía horas
en agradecimiento, nuestros amigos nos invi- mientras en el mall brillaba el sol de neón. Yo,

162 163
Carola Chávez

cargando bolsas que no eran mías, con ampo- Serrano, o cualquier calle importante de cual-
llas en los pies y los ojos irritados, subo en mi quier ciudad disfrazándolas a todas de Quinta
carro con un grupo de personas que me hacen Avenida de Nueva York. Por el contrario, les
cuestionar mi capacidad de elegir amistades. reconforta saber que, vayan donde vayan, po-
Cuando vivía en Barcelona, la de Catalun- drán comprar sus marcas favoritas y comer
ya, era peor. Allí sí había cosas que ver y mis en sus lugares habituales, es un fastidio llegar
amigos se empeñaban en pasar el día en el y pedir algo que nunca has probado y que lue-
Corte Inglés. Yo los arrastraba a La Sagrada go no te guste, lo que soy yo, me quedo con mi
Familia y en más de una ocasión me pregun- Hard Rock.
taron si teníamos que quedarnos mucho rato Un día llevé a una amiga al Passeig de Grá-
allí mirando ese poco de ángeles y cosas raras cia, quería mostrarle La Pedrera, La Casa
porque en una hora cerraban las tiendas. Batlló, los postes, las aceras, la gente que por
Sólo sintieron curiosidad de conocer el Ba- allí camina, pero antes de empezar a subir
rrio Gótico cuando les comenté indignada por Gracia, mi amiga se detuvo en un kiosco
que las tienditas maravillosas que habían es- en Plaça Catalunya y compró una guía turís-
tado allí desde que el mundo es mundo, poco tica que fue leyendo entre vitrina y vitrina.
a poco habían sido desplazadas por grandes Fue en la pésima foto de la guía donde vio a
cadenas y franquicias. ¿Entonces hay Be- La Pedrera con sus chimeneas que parecen
netton allá? ¿Y Sara? ¿Y Nike? ¡Que bueno! templarios. A otra la metí a empujones en La
Igualito que en Mayami, pero en euros. ¿Viste Casa Batlló que estaba abierta al público sólo
mi amor? Te dije que Barcelona era una ciu- por unos días. Mi amiga alquiló un telefonito
dad cosmopolita. que le iba explicando todo lo que se veía en
Y no les parece horrible la uniformidad aquel lugar. El aparato estaba medio defec-
que crean estas grandes cadenas de tiendas al tuoso, así que ella se empecinó en repararlo
invadir El Passeig de Grácia, La Via Veneto, mientras hacíamos el recorrido. No pudo ver
más que un vitral que le obligué a mirar con

164 165
Carola Chávez

insistencia, levantó la vista de los botoncitos


rebeldes y en seguida volvió a sus botones y,
con una sonrisa triunfal, me anunció: el tele-
fonito dice que este es un vitral elaborado en
tonos ámbar y tierra.
Todavía me faltaba tener que ver la cara de
éxtasis que puso mi amiga al encontrar una
tienda Disney en plena Barcelona. —¡No pue-
de ser! Tengo que comprarle un Güini Pú a
Cristinita, ella adora a Güini. ¡Se va a morir!
Capítulo XIII
—decía sin imaginar que era yo quien estaba
muriendo lentamente con un ataque salivoso Pequeños propietarios
de náuseas.
Quince días de shopping intensivo en la ciu-
juntos y revueltos
dad de Gaudí y luego de vuelta a Caracas, a los
lattes y double mocca, a François Ciseaux, a su
vida en vitrinas en las cuales siempre hay un
detallito caro y lindo que la hará bien feliz.
La guía de Barcelona la olvidó en mi sofá.

166
N
ada como el olor a nuevo y si es de un
apartamento mejor. Aun cuando sea
viejo, si está recién pintadito, recién
compradito, recién hipotecadito, tu aparta-
mento huele a nuevo. Si viviste alquilado y
ahora eres propietario has subido un grandí-
simo escalón, píntalo y cambia el sofá de lu-
gar y ¡zuas! tu vida ha cambiado y tú debes
cambiar.
Esto lo digo, no porque haya conocido el
placer de ser copropietaria, junto con el banco
y a treinta años, de un techo que, según como
se mire, puede ser el piso del vecino de arriba
o un piso que puede ser el techo del de abajo.
No lo he vivido, pero mi techo ha sido el
piso de felices propietarios, lo mismo que mi
suelo. Yo he sido por años el jamón de ese
sanduchito que llaman propiedad horizontal.

169
Carola Chávez

No he tenido el placer de tener derecho al acondicionado de última generación, de esos


voto, ni siquiera el derecho de opinar en ese que cocinan el desayuno y te lavan la vajilla
selecto club de dueños de sus destinos. Los con solo apretar un botón.
miro con cierta envidia cuando cualquier no- Con asquito, quitó su viejo armatoste de la
che de luna se reúnen en juntas de propieta- ventana, se lo regaló generosamente al con-
rios, nunca de vecinos, porque no es lo mismo serje y anunció al mundo que era propietario
ni se escribe igual. no solo del nuevo aparato, la camioneta y el
En esas exclusivas y excluyentes reuniones carro, sino también del apartamento.
se toman decisiones de primer orden. Se pro- Yo, que siempre he tenido un airecito de
híbe vivir en paz, nadie se pone de acuerdo en esos viejos, cumplidores y ventaneros, me
el lugar idóneo para plantar las cayenas, o si alegré mucho por el conserje que en ade-
el conserje barre bien la escalera o no, o si los lante dormiría más fresquito junto a toda
nuevos vecinos son gente decente. Se libran su familia.
luchas de poder entre pequeños debiluchos A la semana siguiente nos llegó una noti-
que sienten que al ser honrados con una hi- ficación de la junta de condominio: supimos
poteca, se han convertido en líderes defenso- por medio de la misma que nuestro aparato
res de la pequeña propiedad. no solo afeaba la fachada, sino que también
Yo tenía un vecino que vivía alquilado. era una potencial arma de destrucción masi-
Como entonces no tenía dinero para poner va. Nos daban plazo hasta el domingo, y era
aire acondicionado, de esos modernos que se sábado, para quitar ese cacharro de la venta-
pegan a la pared, el colocó uno anticuado en na. Firmaba el ex alquilado, recién pequeño
la ventana. Lo tuvo allí por más de dos años. propietario, que estrenaba cargo de secreta-
Un buen día volvió a casa conduciendo una rio de la nueva junta electa el viernes.
camionetota seguido por el carro nuevecito Esas reuniones se hacen de noche, general-
que le acababa de regalar a su mujer. Den- mente, yo creo que no es por la conveniencia
tro de la camioneta llevaba un aparato de aire de que a esas horas la mayoría de los vecinos

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Carola Chávez

pueden asistir. Yo creo que hay algo oscuro puedes aceptar, pero sabes también que estás
en esos encuentros y que la oscuridad de la medio ahorcada con las deudas, tres lochas
noche los arropa. no, eso es un abuso, cinco por lo menos, nada,
Se siente una especie de excitación perversa tres lochas y el pago de los recibos de condo-
en el aire, se escuchan pasos y murmullos afue- minio atrasados, lo toma o lo deja. Muchas,
ra. Los propietarios se visten con sus mejores pobrecitas lo han tomado y Forero ha ido to-
galas de junta, así se va estableciendo el status mando el edificio sin mostrar ni un ápice de
de cada quien. Aunque todos sean dueños no piedad. Ahora, por ser accionista mayoritario
todos tienen lo mismo. Siempre hay uno que pretende ser presidente.
solo pudo comprar el apartamentico tipo es- Hay tensión política en el ambiente, los ve-
tudio y allí metió a toda la familia, incluyendo cinos decentes se oponen a la tiranía de Fo-
a la abuela, ese no puede ser ‘’igual’’. rero. Otro vecino, cuñado del administrador,
En la entrada del lugar de reunión colocan pretende el cargo para participar en la co-
la lista de morosos, como para que no quede misión de chanchullos y desfalcos y quedar-
duda, pero la duda se convierte en descon- se con una buena tajadita para remodelar la
cierto al corroborar que el peor de los mala cocina y poner piso de parquet. Y una viuda
pagas es el señor Forero, ese que acosa a las que siempre llevó los pantalones en su casa,
mujeres viudas, divorciadas o solteras que se que sabe sumar y restar y que no se deja joder
han atrevido a vivir solas aunque sea porque mientras jode a sus anchas a todo el vecinda-
no les quedó más remedio. El tal Forero las rio con sus quejas y sus órdenes.
vigila, contabiliza cuántas bolsas traen del La mesa está servida, los cuchillos afila-
mercado, si llevan zapatos nuevos o gastados, dos, en sus marcas listos fuera. ¿Cómo que
si hay quien las visite o las apoye. Cuando de- no hay quórum? ¿Es que no se avisó a los
tecta alguna debilidad económica en su presa, vecinos?¿Cómo que una nueva convocatoria?
toca el timbre a deshoras y hace una oferta: ¿No podemos aunque sea votar para botar al
tres lochas por tu apartamento. Sabes que no conserje, o al menos para bajarle el sueldo o

172 173
Carola Chávez

aumentarle sus obligaciones? Que gentuza


tan indolente esta que nos ha tocado. Le dices
a Joel que corte el agua por dos horas para
que se jodan toditos.
Es que la mayoría de los vecinos queremos
vivir en paz, es que, como sucede con la polí-
tica en muchos países, no hay por quien votar
por lo tanto me quedo en mi casa y que Dios
nos coja confesados. ¡Coño, cortaron el agua
y me quedé enjabonada!
Capítulo XIV
Ganó la viuda. Sin saber lo que nos esperaba,
propietarios e inquilinos respiramos aliviados. Arroz con leche
En solo cuatro días la señora Gladys, convirtió me quiero casar
un edificio clase media en un cuartel militar.
Con razón dicen, quienes asistieron al funeral
de su marido, que el cadáver del pobre Toño
parecía tener una sonrisota de alivio.
Gladys, en ejercicio del poder otorgado por
los votos, tocaba la puerta y te ordenaba apa-
gar la luz de la sala y dejar encendida solo la
del comedor, así gastas menos. Que no ladre
el perro, que no llore el niño, que mi nieto llo-
ra pero no molesta y mi perro muerde pero
no ladra, que no me replique carajo que yo
soy la presidenta y tu una simple inquilina.
¡Ay, Forero! ¿Por qué te dejaste ganar?

174
N
o sé por qué a las niñas nos enseñan
a soñar desde pequeñitas con el día
que caminemos del brazo de nuestro
papá hasta el altar. En verdad es un sueño un
poco tonto si tenemos en cuenta todas las co-
sas que se pueden soñar.
Una boda es uno de esos sueños extraños
que transitan sobre la borrosa línea fronte-
riza que según donde se pise acaba en pesa-
dilla. Un estornudo, una basurita en el ojo,
una mirada a destiempo, cualquier pequeño
detalle puede arrasar con una ilusión culti-
vada durante toda una vida. Son tantos los
detalles y tan delicados todos, que planear
una boda y llevarla a cabo es como caminar
sobre una cuerda floja borracho y con los
ojos vendados.

177
Carola Chávez

La soñada pesadilla comienza con una for- amputando un apéndice y lo están haciendo
mal y acartonada pedida de una mano que sin anestesia. Pedirles que se comporten a la
hace tiempo fue tomada, junto con otras par- altura de la situación es pedirles que griten,
tes del cuerpo más comprometedoras, sin aúllen, digan groserías que jamás sus labios
permiso de nadie. Es terrible ese momento osaron pronunciar, que muerdan, pataleen
en que se juntan dos familias nada tienen en y que descarguen su ira con la única perso-
común exceptuando el hecho de que uno de na responsable de este doloroso desmem-
sus hijos tuvo el mal gusto de enamorarse del bramiento: “La puta que parió a semejante
hijo de la otra. cabrón(a)”.
El padre de la novia mira al parásito que Se miden las señoras con sonrisas antárti-
engendró el padre del parásito. Éste a su vez cas, se miran de arriba a abajo deseando que
está convencido de que esa treintona malcria- sus pupilas tengan rayos láser que perforen y
da estaba destinada a vestir santos hasta que duelan, se acercan y se dan un beso tan falso
el imbécil de su hijo le dio por desvestirla, al- que más que beso parece un escupitajo. Y si-
borotarla y, para colmo, preñarla. guen escupiendo a los futuros consuegros y
Las madres, que se convierten en suegras, a la mosquita muerta esa que de virgen tiene
son un tema pavoroso de relatar y puede lle- lo que yo tengo de checoslovaca, y al descere-
gar a ser muy difícil de leer. Tomemos aire brado mantenido que es incapaz de conseguir
profundamente e intentemos ser adultos al un trabajo serio para darle a mi Lilita la vida
respecto. Madre hay una sola y me vino a to- a la que ella está acostumbrada.
car a mí, dice el dicho. Pero en este caso hay Preguntas, risas nerviosas, respuestas va-
dos, recién convertidas en suegras y futuras gas, discursito cursi, brindis, lágrimas y fuera.
abuelas, lo que agrava mucho la situación. El noviazgo sobrevive este embate, se quieren
Hay que comprender que estas mujeres y juran amarse para toda la vida y se consue-
están abatidas por el hecho de que les están lan diciéndose que se casan el uno con el otro
y no con sus familias.

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Carola Chávez

Pobres pajarillos enamorados. ¿Quién va son tienen todos esos amigos. A ésos los invi-
a organizar la boda? ¿Quién va a sugerir con tan para echárselas de muy muy.
autoridad hitleriana qué tipo de flores han de Los pobres tórtolos aguantan el chaparrón
decorar la iglesia? ¿Quien va a meter la cu- maternal con el falso consuelo de que será el
chara en cada caldo, sopita o consomé que se último. Mientras, van poniendo al día docu-
la ponga por delante o por detrás? Madre hay mentos de todo tipo, descubriendo sacramen-
una sola, pero ahora hay dos. tos que no hicieron, suplicando a un cura que
Y ¿quién va a pagar el whisky, la champaña, los case en una iglesia que nunca han pisado
los pasapalos y el buffet? Y las flores, el vesti- pero que es la que está de moda porque queda
do de Lilita, el apartamento, el parto, porque cerquita del Country Club. Hay que encontrar
ni seguro tenían los inconscientes esos. Hum- cupo en la sala de fiestas, hay que sobornar,
berto José, tú te callas y pagas, no vayan a de- empujar, suplicar, llorar, llorar y llorar y al-
cir “ésos” que somos unos miserables, eso es quilar otra sala si te quieres casar este año,
lo único que me falta para que me termine de porque lo que es aquí, estamos copados hasta
dar un soponcio. el dos mil diez.
Elaborar una lista de invitados con la que Para el año dos mil diez el fruto de su amor
todos estén conformes es muy difícil, pero si prematrimonial ya no usará pañales y será
ambas familias deciden pagar la boda a partes mucho más complicado esconderlo bajo una
iguales ya la cosa se hace imposible. Esto es amplia falda tipo imperio, elaborada en raso
un abuso, están invitando hasta a los primos de seda con delicados detalles bordados con
terceros de Maturín, si vamos a pagar “miti- cristales de Swarovsky y delicadas perlitas
miti” pues que inviten el mismo número de color champán.
personas que nosotros. A mí qué me importa Alquilado el salón no tan fino, como náu-
que tú seas hijo único y yo también, allá ellos fragos de un temporal, llegan queriéndose
que tienen ese familión. Y ese amiguero, tú mucho al día soñado. Desde la cinco de la
me vas a decir que con lo insoportables que mañana comienzan las carreras. A las ocho

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Carola Chávez

a la peluquería con la madre, la madrina y fuerzos, sus anhelos, sus ilusiones, pero deja
las damas de honor. Después a correr con un el cuarto lleno de peluches polvorientos y fo-
moño y un tocado que deben estar intactos a tos del parásito en las paredes. Y que no me
las ocho de la noche. Uñas postizas, depila- toquen nada, que lo dejen así mismito para
ción con cera en esos sitios que jamás se de- que cuando vuelva de visita me sienta como
pilan porque duelen, maquillaje a las cuatro, una niña de nuevo. Papá sonríe con ternura
no sudes hasta las ocho, no comas que te dan aparente, pero en el fondo de sus ojos se ve la
gases, no bebas que te haces pipí. pira incendiaria donde arderán Fluffy, Cuchi,
El vestido no me cierra, las tetas se me Chichi y todos esos peluches rosados y cursis
desbordan, mete la barriga, la tengo metida, que ha tenido que soportar durante años.
metida tienes la pata por eso esta vaina no Entra la novia a una iglesia medio vacía,
cierra. Y tú que pareces una morcilla con ese ni los primos vinieron a presenciar el sacra-
traje vino tinto, ¿morcilla llamas a tu madre? mento, hay que llegar temprano al salón de
¿La madre que te parió? Sí la madre que me festejos para sentarse en la mejor mesa. Los
parió… indeseables amigos del novio sí llegan pun-
El novio espera en el altar al lado de la otra tualmente, llevan semanas tratando de hacer-
morcilla, ésta de rosa pastel, color más juvenil lo reconsiderar y lo intentarán hasta el último
que en lugar de rejuvenecer recuerda a quien momento. Si pierden la batalla, arruinarán la
la mire que está bien vieja para la gracia. fiesta con una borrachera vikinga que incluye
La novia llega a la iglesia en un Rolls Royce desnudos fugaces e intentos de rapto de la re-
alquilado, su padre se siente más pobre que cién desposada.
nunca dentro de tanta opulencia. Su hija, de- El cura, que sufre de una incapacidad con-
bajo de aquel mosquitero carísimo, piensa en génita que le impide sonreír o por lo menos
la vida que deja atrás. Antes de dejar el nido ser jovial, se ensaña con los asistentes a la
desangró su chequera, hipotecó su jubilación, misa. Los acusa de pecadores lujuriosos, se-
se lo lleva todo su muchachita, se lleva sus es- ñalando con el dedo al padrino y clavando sus

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Carola Chávez

ojos lascivos en el escote de la madrina. Des- de buena música a cargo de una orquesta y
pués de una hora de amenazas y condenas, de un DJ, cabe mencionar que se dispuso de un
invitados que abandonan el templo indigna- área tipo lounge para disfrute de la juventud,
dos o por ganas de fumar, de pajecitos lloran- donde predominaban los puffs y lámparas de
do y un tío roncando como un león, el cura lava años setenta”, reseñó el periódico local.
bendice a los novios y les advierte sobre los Como ya estamos acostumbrándonos a leer
pecados húmedos y otros pecados sabrosos mentiras en los periódicos sé que debo con-
que no se deben cometer. tarles lo que en verdad pasó: la sobriedad y
Marcha nupcial, granitos de arroz que se el buen gusto reinaron mientras no había lle-
deslizan dentro del escote de la novia y una gado nadie, después la cosa fue más compli-
noche repleta de pecados por cometer. Se su- cada. Todo fue culpa del aire acondicionado
ben los recién casados en el Rolls desplazando o quizás de la larga cola, con carácter obliga-
el parásito al padre de la novia, quien tiene que torio, que tuvieron que hacer los invitados al
regresar por donde vino en el carro de cada día ágape con la única finalidad de saludar a unos
con la morcilla, sus hermanas y el tío que aho- novios que bien podían ser saludados un po-
ra no sólo ronca, sino que también babea. quito después.
“La sobriedad y el buen gusto reinaron en El hecho es que la mayoría de los asisten-
todo momento, en un salón decorado bajo tes no había comido desde el desayuno para
una modalidad romántica en matices mal- que les cupiera más del salmón y langostinos
va, perla y beige, donde candelabros bañados que habían prometido servir los anfitriones.
en plata, abundante iluminación con velas y Sumado a esto, las mujeres estaban ataviadas
hermosas flores naturales lograron otorgar- con hermosos vestidos de cortes elegante-
le al encuentro un claro toque de distinción. mente atrevidos muy adecuados para el clima
Durante el evento los invitados, además de tropical que reina en nuestras cálidas latitu-
compartir entre la degustación de exquisi- des. Pero la calidez de la latitud era reducida
tos bocadillos y selectas bebidas, disfrutaron a ventisca siberiana por un aparato de aire

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Carola Chávez

acondicionado que alguien había programa- a punto de hacer saltar los hermosos botones
do a punto de congelación para preservar a forrados que adornaban su vestido de shan-
los asistentes como se preserva el pescado. tung y organza con delicadas aplicaciones de
La escasa reserva calórica con la que conta- hilo de plata y fina pedrería.
ban los pacientes invitados venció su pacien- Obedientes se sentaron a cambio de po-
cia y a empujones atropellaron a los novios, a der degustar la exquisita bebida traída espe-
sus padres, a los mesoneros y se abalanzaron cialmente para la ocasión desde las remotas
sobre una hermosa mesa que parecía una cas- pero hermanas tierras del Cono Sur. Sorbían
cada rosa de salmón canadiense y langostinos al son de un trío de cuerdas que interpretaba
de Tailandia. magistralmente a Bach, mientras el salón se
La morcilla rosada gritó con desespero: “¡La impregnaba con el suculento aroma de fritan-
cascada es para la hora del buffet!” y sufrió el ga de tequeños, el pasapalo rey.
primer soponcio de la noche cayendo tendi- Una vez aplacada el hambre comienzan a
da, cuan ancha era, sobre una elegante chai- sonar los acordes de un valse. La novia y su
se longue de estilo tapizado en tonos malva padre tieso, giran y giran surcando la pista de
con madroños oro viejo. La morcilla restante, baile mientras la cola bordada se enreda en
cual campeona de rugby, se abrió paso entre los pies de la pareja. Ante tal torpeza caen las
la multitud que amenazaba con linchar a un inhibiciones del resto de los asistentes quie-
mesonero que, con irracional valentía, se in- nes se lanzan a la pista a disputarse el honor
terpuso entre los hambrientos y el salmón. se enredarse en la blanquísima cola y trasta-
—Se me sientan ya y se me dejan de vainas billar un poco también.
—dijo cortésmente la anfitriona a la vez que El valse se convierte en merengue y la no-
hacía señas a los mesoneros para que sirvie- che se vuelve parranda. Los copetes se des-
ran el champán. Los que no estén sentados peinan, el aire acondicionado ya no es frío,
no beben, fue la orden inflexible de la impla- los tacones sobran pero nadie se los ha quita-
cable mujer, cuya agitada respiración estaba do aún, apretujados se menean los distingui-

186 187
Carola Chávez

dos invitados, con cara de sabrosura abrazan Delicados codazos incrustan en las costi-
a su pareja y le meten una rodilla entre las llas de sus solteronas compañeras, la prime-
piernas, así, así, así me gusta a mi… ra fila es para las desesperadas, la segunda
Las cajas de whisky se vacían más rápido también y la tercera y la cuarta. Es una situa-
de lo que deben, la comandanta morcilla , ción angustiante y se torna peor cuando un
dirigiendose al jefe de mesoneros, da otra borracho dice:
orden tajante: Aguante el güisqui y sirvan —Yo me voy a mi mesa, total, siempre la
refrescos y daiquirí. Se ponen nerviosos los gorda más fea se lleva el ramo.
bebedores serios que no están dispuestos Atrapar o no atrapar, esa es la cuestión,
ni mezclar ni a parar. Sobornan mesone- pero como de que vuelan vuelan clavan codos
ros sobornables y corre el ambarino líquido otra vez.
otra vez. La novia amaga y saltan las solteras, una
El animador de la orquesta sabe que el pierde tres uñas postizas, otras dos se agarran
momento cumbre se acerca y se prepara de- por los pelos, salta un tacón partido mientras
rrochar picardía. —Las señoritas porrrr fa- todos los concurrentes dicen ¡ayyyyyyyyyyy,
vorrrrr, ¡ja, ja, ja! Corrijo, las solteras porque arrugó! Avergonzadas por haber mostrado sus
señoritas ya no quedan, ¡ja, ja, ja!— Las be- cartas, regresan a sus posiciones en el preciso
llas ni se inmutan ante el tentador llamado, momento que un amigote del parásito cruza
las menos agraciadas se planchan las faldas la sala corriendo vestido sólo con el puro que
con una mano mientras que con la otra se lleva en la boca. Cae otra vez la morcilla rosa-
aplacan la pollina sudada y caminan aparen- da pero esta vez no había chaise longue.
tando desinterés pero su paso apresurado —A la una, a la dos, y a las tresssss —dice el
delata la ansiedad que produce el haber sido talentoso animador.
tantas veces dama de honor y nunca una fla-
Esta vez sí vuelan las phalenopsias ata-
mante novia.
das con cintas de raso de seda azul. Saltan

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Carola Chávez

las damas cual si fueran camioneros y se sela después a la que agarró el bouquet, que
pelean cuatro de ellas que sienten que sus resultó ser tal y como lo predijo el borracho.
delicados dedos tocan el bouquet. Lo des- Es hora de escapar, los novios se van a hur-
pedazan y las otras aprovechan el caos lan- tadillas dejando la fiesta prendida, los amigo-
zándose al suelo para recoger aunque sea tes están bailando con la frágil morcilla rosa-
un petalito de esperanza. da y ella parece estar a punto de que le dé otro
Con esperanza o sin ella viene el turno de yeyo. El papá de la novia juega distraído con
los hombres. La novia, se sienta y, seductora, un yesquero mientras canta una canción de
levanta su falda para revelar un liguero al fi- Sabina: “No perdí a una hija, gané un cuarto
nal de unas piernas cansadas. El novio mira de baño…”.
a sus amigotes que corean “con los dientes, El padrino los intercepta en la puerta y les
con los dientes…” y el picarón le pasa la len- da unos sobres.
gua por la pierna de su amada desde el tobillo —¡Los regalos papi! —exclama ella con ilu-
hasta… sión—. Corre, mi amor, vamos para el hotel.
—Si sigues te mato, gran carajo, no te bas- Sí, mi vida, yo tampoco puedo esperar.
tó preñarla que ahora la vas a lambucear en Sentados sobre la cama en su alcoba nup-
público. cial, ella con una delicada dormilona de enca-
Es un ex novio borracho, despechado y co- je blanco y él con viriles calzoncillos azul cielo,
leado que se le viene encima, pero cae de pla- se dan un beso tímido seguido por un hondo
tanazo gracias a una providencial zancadilla suspiro. Sus manos se encuentran entre una
de la comandanta morcilla. montañita que hay encima la cama, sus dedos
Entre pitas y risotadas, le saca la liga con los ávidos atrapan cada uno un sobre, lo abren
dientes a una novia que ya no tiene nada que con impaciencia y comienzan a contar el di-
esconder. Rifan la liga entre los pajecitos por- nero que recibieron como obsequio por par-
que los amigotes se niegan a tener que ponér- te de sus generosos invitados. Ella, con ojos

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Carola Chávez

brillantes de ilusión, se dedica a anotar quién


les dio cuánto en una libretita, y él cuenta y
cuenta hasta que el sol les recuerda que su
noche de bodas ha llegado a su fin.

Capítulo
ya perdí la cuenta...
Tengo y luego existo

192
T
ener es ser y mientras más tienes más
eres. Pero para ser hay que mostrar, de
nada sirve tener si no se te nota. Es por
eso que hay una serie de objetos que se hacen
tan necesarios como el aire ya que sin ellos,
simplemente, no existes.
De lo pequeño a lo grande vamos hacién-
donos gente de bien: anillos de oro, muchos
en cada dedo, pero jamás en el índice o el
pulgar, eso es muy vulgar. De oro también
debe ser la cadena con medallita del santo de
tu preferencia, o el de tu mamá. Debe brillar
al sol alguna piedra preciosa, ya verás dónde
te la pones, preferiblemente en tu mano per-
fectamente manicureada, y muévela, mué-
vela mucho para encandilar a todo el mundo
con los aquilatados destellos de una piedra
bien tallada.

195
Carola Chávez

De nada sirve comprar ropa cara si no es no- Trata de caminar hablando en voz muy alta
torio su precio. Dejar la etiqueta colgando de sin que se vea el teléfono, aunque parezcas un
la manga de tu camisa atenta contra la eti- loco gris, los entendidos entenderán que está
queta, la moral y las buenas costumbres. El a la última con la tecnología de punta.
dilema se resuelve con maravillosos logoti- Nada de lo que uses puede ser nacional.
pos estampados en todas partes que gritan Una vez vestido y alborotado, hay que sa-
al mundo que esa camisa, ese pantalón, esos lir. ¿Cómo saber que existes si nadie te ve?
calzoncillos son de Christian Dior. Para ir a donde sea necesitas una camione-
La cartera, antes un objeto netamente fe- tota último modelo. Como la de tu compa-
menino que ahora se ha vuelto “bisexual”, dre que se la echa de ricachón. Lo de las ca-
debe ser el complemento más logotipeado de mionetas es como una pandemia con efecto
todos los que lleves encima. Pero no cualquier dominó. Nadie tenía una hasta que el com-
cartera sirve, por más simbolitos que tenga, padre millonario se la compró: con asientos
debe costar más de ochocientos dólares para de cuero, DVD adelante y atrás, cuarenta
que dentro puedas guardar tu billetera sin bi- porta vasos para seis sedientos pasajeros,
lletes y tu tarjeta de crédito bloqueada, eso sí, Mata burros, porque nunca se sabe si se te
con mucho glamour. atraviesa uno, y alarma con rayo laser des-
Uno o más teléfonos celulares, de esos con integrador molecular.
mil botoncitos, mil lucecitas y mil soniditos. —Javier, yo no voy ni a la esquina en este
De esos que, si logras oprimir el botón co- carro 2006, no voy a soportar la miradita de
rrecto, que nunca lo logras, lavan, planchan superioridad de Cristina, que está “insopor”
y hasta sacan a pasear al perro. No olvides desde que va en camionetota. “Me importa
los accesorios: una funda a juego con aquella un pito si esos reales son para la inicial del
cartera carísima, un aparato que te metes en apartamento, yo me quedo alquilada pero en
la oreja y te conecta al mundo exterior y que camioneta, eso es invertir en autoestima”.
además te da un aire futurista de lo mas chic.

196 197
Carola Chávez

Encienden los motores, se ponen sus lentes por la ventana de su camionetota y te gritara:
uff, ¿a dónde vamos con esta pelazón? Vamos ¡Negro tenías que ser!
al Ti Mangio Bene, pero ni se te ocurra pe- Eramos víctimas de una especie de discri-
dir vino, nos comemos el pan con ajo, finges minación racial automovilística, a la cual se
un desmayo y yo te saco en volandilla. Es que sumaban como victimarios los señores encar-
desde que a la cachifa le dio por cobrar como gados de estacionar los carros en los restau-
si fuera persona estamos en la carraplana. rantes. Mientras más oscura era su piel, con
Cualquiera cree que cuidar carajitos y limpiar más saña nos negreaban.
pocetas es un trabajo que requiere mucha ca- Una vez nos invitaron a la boda de un ami-
beza. ¿Que limpie yo? ¡Qué bolas tienes tú! go que se celebraría en la Quinta Esmeralda,
Claro, porque yo fui a la universidad para ter- la madre de todas las salas de fiestas de Cara-
minar limpiando mocos y baños... cas. Varios amigos decidimos ir en cambote
Tener blanquea, alisa chicharrones y aclara en la Dodge. Así que nos atapuzamos quince
ojos, en fin, mientras más tienes más blanco, personas con tacones, lentejuelas, faralaos,
mientras más blanco, más gente. corbatas, gomina, perfumes que se mezclaban
Nosotros teníamos una camioneta Dodge hasta hacer el aire irrespirable y casi tóxico.
del 75, de esas que se usan como carrito por Al llegar a la fiesta había una cola de carros
puesto, era igualita a las que usan los asesi- preciosos esperando ser estacionados por
nos en serie en las películas gringas. Con ella unos amables señores puestos allí para como-
navegábamos por los mares del este capita- didad de los invitados. Nosotros, respetuosos
lino. Era gracioso como nuestros labios se de las normas, nos pusimos en la cola a espe-
convertían en bembas, nuestros pelos se en- rar nuestro turno. En eso vi, entre las luces y el
crespaban y nuestra piel se oscurecía una vez brillo, a un señor con la cara enfurruñada que
que nos subíamos en ella. Si te equivocabas nos hacía unas señas que casi casi parecían
en una maniobra, no faltaba que alguien muy insultos. Se le notaba impaciente y de alguna
bronceado ¿por el sol? asomara su cabeza

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Carola Chávez

manera ofendido. Como no le entendíamos,


el señor se puso más frenético y se acercó en
dos zancadas hasta la ventana del conductor:
—¿Traen música o comida? —increpó. —No,
lo que traemos es unas ganas de coger una
pea... —le contestó insolente un amigo desde
los asientos traseros.
El Señor, vestido de almirante, sacudió
sus charreteras doradas con indignación y
nos mandó a estacionar afuera. Terminamos
Último capítulo
aparcando a cuatro cuadras del lugar. Taco-
neamos en bajada hasta la sala de fiestas y, Wannabe
al llegar, como éramos blancas, como brillaba
nuestra pedrería, como llevábamos acompa-
ñantes con corbata y gomina, el mismo almi-
rante, nos abrió la puerta con un servilismo
que él confundía con amabilidad.
En fin, parece que existimos para pisotear
a otros más negros, más pobres y menos fas-
hion que nosotros. Apenas los detectas ¡zuas!
patada por el culo. Pero nunca debemos olvi-
dar que somos clase media, que nuestros cu-
litos están justo en la mitad y que arriba hay
un montón de pies mas blancos, más ricos y
más fashion que los nuestros dispuestos a pa-
teárnoslos sin un ápice de compasión.

200
A
veces algún clase media se puede co-
lear, por casualidad, en un evento de
la clase alta. Para muchos esto es un
sueño hecho realidad. Recuerdo que hace
años había en la tele un programa que se lla-
maba Ricos y famosos, en el que un gordito
afeminado paseaba al televidente por el ex-
clusivo mundillo de la opulencia y el derro-
che. Era un programa horroroso, allí mos-
traban a perros finos comiendo un brunch
gourmet de cuatrocientos dólares, mientras
en el canal de al lado se podía ver a un negri-
to africano del montón muriendo de hambre,
con la cara llena de moscas, que también co-
mían mejor que él.
Carros de colección que cuestan tanto como
un edificio de apartamentos, botellas de vino
que pagarían varias carreras universitarias,
pocetas de oro para mojones de mierda, ropa,

203
Carola Chávez

joyas, hoteles, aviones, fiestas de caridad don- tando un sinfín de productos, suficientemen-
de se gasta más en comida y decoración que te caros como para que parezcan exclusivos,
lo que al final van a donar, porteros que des- pero asegurándose de que los profesionales
precian a las personas comunes porque ellos que viven del crédito lo puedan adquirir en
tienen el privilegio de pasar todo el día frente incómodas cuotas.
a una puerta muy chic, abriendo, cerrando, Así les venden un sinfín de símbolos de sta-
mirando para abajo, agachadito, con el culo tus que los identifican claramente como clase
paradito por si acaso alguno de los señores se media mediocres. Ningún multimillonario,
lo quisiera patear. de ésos que ellos admiran, osaría llevar, sin
El caso es que a pesar de todo esto, el pro- cobrar por ello, alguna de esas carteras lle-
grama fue un éxito; tanto que desde entonces nas de logotipitos, ni esos carros con DVD y
han salido al aire varios canales de cable que sin chofer, ni esos trapos prêt-à-porter con
transmiten toda clase de programuchos como los que hacen cajas las grandes firmas de alta
ése, con títulos repugnantes que atraen a los costura. Son auténticos uniformes de clase
clase media soñadores como la mierda atrae media que a los ricos les huelen fo.
a las moscas. A veces las vidas se cruzan de maneras ex-
Wannabe, o sea, want to be dicho de una trañas, a veces la abuela de tu primo se casa
manera más cool, es un término que usan los con un ricachón o estudias con una heredera
gringos que define a este tipo de personas que y terminas comiendo en su casa. Esas cosas
no pueden contener la salivita cuando ven a pasan sin que uno las busque, también hay
un ricachón. Los wannabes abundan en la quienes buscan que pasen a toda costa y en-
clase media: ¿Por qué conformarse con que- cuentran lo que no se les ha perdido.
darse en la mitad cuando todavía hay mucho La abuela de mi primo se casó con un señor
más allá arriba? cuyo padre dio el nombre a una famosa ave-
Los empresarios, como siempre, explotan nida del Este de Caracas. Así entré por prime-
la ilusa necedad de nuestros wannabes inven- ra vez a una casa de cuyas paredes colgaban

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Carola Chávez

Picasso, Matisse, y Chagall tan cotidianos lar sus pelos grises, plateados según su due-
como los desconocidos cuadritos de calleci- ña, cual sílfides pajaritos que aterrizaban en
tas coloniales y ramitos de crisantemos que nuestras copas, en nuestros ojos, en nuestras
acostumbraba a ver en las casas plebeyas de crêpes Suzette, en la entrada de nuestras fo-
mis amigos. Por aquella casa museo corrían sas nasales, provocando elegantísimos estor-
niñitos pálidos que parecían sacados de una nudos que volvían a alborotar a los reposados
película de horror inglesa. Jugaban con las pelos una y otra vez.
antigüedades como si fueran gurrufíos. —Silencio, silencio —gritaba un niñito que
—Es que es Navidad y están muy excitados corría entre las mesas atropellando a los me-
—comentó la abuela al ver mi cara de espanto. soneros—. La orquesta va a tocar.
En verdad mi terror no se debía tanto a los La orquesta, integrada por los niños palidu-
niñitos correlones como al prospecto de re- chos armados de violines, flautas, clarinetes y
unión familiar que estaba congregándose en el violoncello del abuelo, comenzó a tocar una
el jardín. Kilos y quilates de oro, esmeraldas, paliducha melodía.
diamantes y lentejuelas. señores de smoking, —¡Qué cultos son nuestros hijos! —dijo
una vieja con un zorro muerto enrollado en el emocionadísima una mamá de colita de ca-
cuello arrugado, pavos de otoño pegados en la ballo, mientras los niños desafinaban con
nota del Victorino Peralta, de Cuando quiero maestría.
llorar no lloro, sus esposas con juveniles co- La abuela, con los ojos aguados, reprocha-
litas de caballo y ojeras estiradas, mesoneros ba al abuelo su mezquindad. ¿Qué importa
con guantes blancos, una vieja que se llama- que sea un violoncello antiguo y carísimo?
ba Fafá, una niña que se llamaba Clementina Son los nietos, que lo rompan si quieren, yo
Constanza, viejos cansados de sus esposas, te compro otro.
esposas cansadas de sus viejos.
—Sí, pero con mis reales —parecía pensar el
Me tocó sentarme al lado del zorro muerto viejo.
que mostraba su inconformidad dejando vo-

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Carola Chávez

La cena se fue enfriando igual que el am- su adolescencia persiguiendo a nuestro ple-
biente, a punta de pelos plateados y notas beyo amigo en bicicleta. Alejo, mi antiguo
estridentes. El anfitrión se estaba quedando compinche, de quien me fui distanciando en
dormido y tenía un hilillo de salsa de mostaza la medida que se hacía rico de manera sos-
con especias y miel chorreandole desde la co- pechosamente rápida, se acordó de noso-
misura de los labios hasta la papada. El zorro tros en su momento cumbre y me puso en el
estaba lampiño y los mesoneros borrachos. compromiso de tener que encontrar algo en
Besos, besos, au revoir. Un señor con cha- una lista de bodas impagable que pudiera yo
queta corta nos trae nuestros carros que es- pagar. Tampoco tenía un vestido ni zapatos
tán parados a pocos metros de la salida. Mi ni accesorios, el detalle de Alejo, más que un
abuelo se pone furioso ¿Y usted cree que no detalle fue un coñazo.
puedo buscar yo mismo mi carro? A mí nadie Todos los plebeyos invitados estaban emo-
me trata como un viejo inútil. cionadísimos de ir a una fiesta en el Caracas
—Joyeux Noël Tarcisió —dijo consuegra de Country Club. Una oportunidad única para
mi abuelo. dar un rumbo nuevo a sus vidas. Compra-
—¡La tuya! —contestó él. ron corbatas Versace, trajes Armani, zapatos
Dior. Hipotecaron sus vidas a modo de inver-
Al día siguiente amanecimos todos con los
sión y soñando con la suerte de La Cenicienta
ojos pegados con un emplaste de lagañas y
llegaron de primeritos a la iglesia.
pelos de zorro gris, plateado según su dueña,
podrido según mi abuelo, que siempre tiene Fue horrible. Muy a pesar de los recursos
razón. que su papá había invertido en la apariencia
de su única hija, no hubo estilista capaz de
Varios años después mis amigos y yo re-
suavizar la cara de malcriada de la novia, con
cibimos una invitación a una boda. Se casa-
su boca torcida, su ceño fruncido y su mira-
ba Alejo con Titi, una sifrina del Country,
da de te jodí. Ni media sonrisa, ni una emo-
hija de un banquero, que se había pasado
cionada lagrimita, marchaba la novia como

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Carola Chávez

marcha el soldado gringo al frente. No sé de Ya estábamos adentro, las miradas golosas


dónde saltó el mismísimo Osmel, que cayó de mis amigos eran de coger palco, literal-
postrado sobre kilométrica cola y simulando mente se les caía la salivita ante tanta opu-
discreción dijo a voz en cuello: lencia. Alguno de ellos dijo:
—La novia del año, la novia del año. —Qué poca cosa hemos sido —como con-
El novio, echando cuentas, esperaba en el vencido de que desde esa noche sería menos
altar. El suegro con una mirada de advertencia poca cosa.
le entregó a su pequeña. Y comenzó la misa, Pasamos a los jardines guiados por un ele-
que ya por ser misa era fastidiosa, pero si le gante mesonero que nos indicó molesto que
agregas una coral que interrumpía cada dos no podíamos sentarnos en cualquier mesa,
minutos para musicalizar la liturgia, mien- los puestos habían sido asignados para ase-
tras la mirada pavorosa de un cura que era gurar el éxito de la recepción, sentando a
capaz de todo nos obligaba a permanecer de personas de gustos y preferencias afines y
pie, con los dedos apretujados dentro de unos apartando a la mesa del fondo a aquel gru-
elegantes tacones media talla más pequeña pito de medio pelo que el novio se había em-
porque eran prestados. Aquello se convirtió peñado en invitar.
en una cruel tortura, para gozo del cura, que Nuestra mesa estaba tan apartada, que nos
pecaba de envidia porque no iba después al vimos en la obligación de sobornar un me-
Country como nosotros. sonero para que nos hiciera llegar aunque
En la puerta del club nos miraron feo, pa- fuera una bandeja de tequeños y otra bote-
recíamos coleados. Los porteros son expertos lla de whisky. Había dos orquestotas de las
en detectar a seres comunes que pretenden cuales sólo podíamos escuchar alguno que
pasar por popof. Nos detuvieron y tuvimos otro trompetazo debido a la distancia que nos
que llamar al novio, que tardó media hora en separaba de la pista de baile. Los baños más
venir a verificar nuestra identidad. cercanos eran los de servicio.

210 211
Carola Chávez

Los novios, que iban de mesa en mesa para hacernos saber, sin lugar a dudas, que
acompañados de un séquito de fotógrafos y no encajábamos en su vida. Fue una manera
cronistas sociales, llegaron a la nuestra cerca de decirme adiós muchos años después que
de las dos de la mañana. Por poco me atra- de yo me hubiera despedido de él.
ganté con un bocado de carpaccio ver a mis Mis amigos no han comprendido que siem-
amigos saltar de sus sillas desesperados para pre serán wannabes, que por más Armani,
ocupar el puesto más cercano a los contrayen- Vuitton, Dior, o Prada que se pongan, para
tes a la hora de la foto. Se empujaban como los del Country el mono aunque se vista de
años después vi a Aznar empujar a Blair en seda mono se queda. Ellos me dicen que soy
las Azores para salir en la foto nefasta con el una mediocre que no tiene aspiraciones, pero
nefasto hijo de Bush. yo aspiro tranquila el aire fresco y salitroso
Fue un fiestón inolvidable para quienes es- de las mañanas mientras tomo café y rayos de
tuvieron en la fiesta, yo estuve en la parte tra- sol. ¿Se puede aspirar más?
sera muy lejos para recordar algún detalle del
evento. Compré el periódico el día que salió la
crónica para ver si me enteraba de los detalles
que no viví. Me dio mucha risa ver a Alejo, “jo-
ven y exitoso empresario”, un lindo eufemis-
mo… Una página completa en cada periódico
caraqueño, muchas fotos de muchos persona-
jes. Comencé a reír al pensar en la desilusión
de mis amigos que abandonaron a mi merced
una deliciosa bandeja de carpaccio para salir
en una foto que jamás iba a salir.
Esas cosas pasan. Alejo nos invitó para que
viéramos cuan alto había subido y a la vez

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Capítulo de ñapa
Cuento de Navidad retro
E
n mis tiempos de mayamera años
ochenta ta’ barato dame dos, vivía,
como muchos venezolanos, en el sur
de Florida yuesey. La inmensa colonia vene-
zolana estaba repartida principalmente en
tres enclaves: Palm Aire, Inverrari Country
Club y Bonaventure, que fue donde me tocó
vivir a mí.
Bonaventure era una comunidad muy sin-
gular. Por sus calles te podías encontrar frente
a frente con Alberto de Mónaco paseando bici
con Brooke Shields, o a los Bee Gees jugando
tenis con la protagonista que hacía de buena
en Dinastía, aquella cuyo peinado semejaba
un casco blanco tieso de laca.
En ese ambiente tan jet set vivíamos mu-
chos venezolanos sauditas, con dólares a cua-
tro treinta, repito, ta’ barato dame dos. Era

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Carola Chávez

aquello un arroz con mango exquisito, había cedes, Claudia, León, Ñuñú ... Recuerdo que
un negro de apellido Verde, un albino de ape- yo no era amiga de ninguno de ellos, eso me
llido Black, unas pavitas a quienes Santa Claus convertía irremediablemente en colombiana.
les había traído un Cadillac Gucci por navidad. Había una extensa colonia colombiana que
Aquello era una oda a la ridiculez: Era un ca- vivía una vida idéntica a la nuestra, pero con
rrote blanco con la tapicería y el techo de vinil unas arepas horribles, aplastadas y de trigo.
llenitos de “Ges” siamesas, una banda roja do- Los descastados de ambos lados, los que no
rada y verde que lo atravesaba de largo a largo nos codeábamos con los muchachos indica-
justo por la mitad, que cualquier conocedor la dos, hicimos una especie de pandilla en tierra
identificaba como Gucci, pero los gafos como de nadie y nos refugiamos de tanto glamour
yo pensabamos que era un adorno de navidad. paseando en bicicleta como locos y jugando
No había una tuerca que no tuviera un deta- caimaneras de fútbol.
llito exclusivo, un toquecito de clase, dorado, Todo comenzó a cambiar cuando las bellas,
brillante y nuevo riquísimo. Las privilegiadas cansadas de los mismos novios, asomaron sus
propietarias del esperpento vestían a la ultima narices respingonas en nuestra cancha y des-
moda, todo de la misma pinta del carro como cubrieron que los colombianos eran venezola-
para mimetizarse, solo destacaban sus labios nos y los venezolanos eran colombianos y que
rojos Chanel y sus peinados de Cleopatra al estaban de rechupete, según sus propias pala-
mejor estilo de Lila Morillo. bras. Notaron también, para su sorpresa, que
No recuerdo sus nombres, yo creo que na- el arquero que no atrapaba nunca la pelota era
die los recuerda, eran solo las del Cadillac una muchacha. Así, mientras dejaba pasar go-
Gucci, unas solteras codiciadas por codicio- les y sin quererlo, me convertí en alguien.
sos caza fortunas. Había que conocerlas para El Cadillac de las clones de Lila Morillo,
ser alguien, ellas pertenecían a un grupo de repleto de maquilladas quinceañeras, se esta-
muchachos que, según se decía, había que co- cionó frente a mi casa, ignoraron mi aspecto
nocer si querías llegar lejos en la vida: Mer- futbolero, me invitaron a tomar café, me die-

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Carola Chávez

ron la cola al partido de esa tarde, y se queda- amor, muy a pesar de que yo no lo codiciaba.
ron para aplaudir a destiempo. Llorando me suplicó una noche que me vistiera
Aplaudían con furor a mi hermano, un mu- como una persona, que él me amaba como un
chachote muy guapo, a Simón, a Adolfo, a loco, pero no tanto como para no darse cuenta
Erick, a Javier. Tenían un catálogo de piernas que yo, según sus cálidas palabras, no sé cómo
musculosas y suculentas para escoger y vito- decirlo sin ofenderte, Carola, tú eres chévere,
rear. Incluso las mías recibían los aplausos chama, pero pareces un mamarracho.
sospechosamente lésbicos de Elisa. Mamarracho con aspiraciones a solterona,
Me convirtieron en alguien muy a pesar de cualquier cosa con tal de no parecerme a Lila
mi renuencia a parecerme a Cleopatra. So- Morillo. Cualquier cosa antes que morirme
portaron con paciencia mis botines de basket por subir en un carro que parecía una cartera
morados, mis blue jeans llenos de huecos y italiana.
mis pelos parados. Más trabajo les costó tra- Llevé a mis botines y a mis zarcillos a lu-
gar mis zarcillos hechos en casa con juguetes gares que nunca soñaron conocer. Una vez
de piñata: un día unos aviones, otro unos co- estuvimos en una fiesta de quince años que
chinitos deformes, paticos, carritos y hasta le celebraba un adeco a su hijo menor. Como
tacitas de café. En fin, que yo nunca saldría no tuvo una hija a quien hacerle su fiestón,
en la portada de Vogue. de esos con orquesta, cuadrilla y vestido de
Así fue como mis amigos emigraron al lado princesa, él, ni tonto ni perezoso, le hizo una
oscuro y yo con ellos hasta la muerte. A los fiesta de príncipe a su varón.
muchachos del lado oscuro nos les quedó más Fue la cosa más absurda: Marquitos tuvo
remedio que bailar conmigo, ya que sus “cha- su cuadrilla, su vals y su traje de heredero al
mitas’’ aplicaban la máxima de “cuando hay trono. Fueron unos quince años al revés en los
santos nuevos los viejos no hacen milagros”. que un padre ciego de amor derrochó miles
Entre baile y baile y sin querer queriendo, de dólares que no eran de él y le restregó en la
uno de los codiciados herederos me declaró su cara a aquella cuerda de narices paradas que

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Carola Chávez

él, si no tenia apellidos finos, le sobraba el bi- Todo el mundo decía fascinado: “Mira, es
llete y eso, al fin y al cabo, era mucho mejor. Gustavo Cisneros”. Yo, con dieciséis añitos,
Los quince de Marquitos desataron una no sabía quién era ese señor tan fastidioso
epidemia de fiestas de mal gusto. Vi a una que cada dos minutos interrumpía al grupo
quinceañera llegar en la carroza de la mis- de gaitas sin importarle que estuvieran mu-
mísima Cenicienta, otra llegó a caballo ves- riendo de amor por Amparito. Él se levanta-
tida de dama antañona, con negrito esclavo ba de su silla y dejaba colgada en el respaldar
y todo para ayudarla a desmontar. La más su carísima chaqueta de piel de antes, que lo
memorable fue una que descendió a la pista protegía de las inclemencias del invierno flo-
de baile sentada sobre una luna menguan- ridiano, para arrebatar el micrófono al can-
te que, sostenida por una guayas, amena- tante y lanzar un emotivo discursito.
zaba con desplomarse al no poder soportar Los discursos se volvían más incoherentes
el peso de aquella dulce debutante que esta- en la medida en que iban vaciando las botellas
ba redondita de tanto comer dulces. Fueron de whisky que compartía con un banquero ba-
muchas y variadas las fiestas que se hacían rrigón y otros señores también barrigones.
en tan fiestera comunidad. Pero la madre de Después de la media noche se paró por ené-
todas las celebraciones se programó para sima vez y los pavos irreverentes lo empezaron
navidad: Una noche de gaitas en el Bona- a pitar, pero Gustavo insistía en emocionarse
venture Country Club a la cual acudieron ante el micrófono regalándonos su sentir.
compatriotas de los más recónditos y ele- Nos había llamado hermanos, hijos, pa-
gantes rincones mayameros, algunos tan dres, compinches; con pucheros temblorosos
elegantes e inalcanzables que ni siquiera nos habló del país que tanto amábamos, pero
aparecían en el mapa. que habíamos cambiado por aquellos lares
Gustavo Cisneros vino esa noche de uno de tapizados de grama verde fertilizante y pre-
esos lugares para mezclarse un poco con la ciosos campitos de golf.
colonia venezolana clase media mayamera.

222 223
Carola Chávez

Como les decía, después de la media noche índice


mientras daba su penúltimo discurso alguien
más pillo que él, y quizá más borracho, extra-
jo la chaqueta de Cisneros de su lugar para no
devolverla jamás. Paréntesis antes del porólogo o perefacio
Gustavo, indignado, se subió al escenario (con pronunciación cumbres curumianas) 3
otra vez y en un arrebato de ira arrebató el Chávez y en Cumbres de Curumo 5
micrófono del maracucho colombiano que Ahora sí: Prólogo 19
cantaba a San Benito, y dijo: “Me robaron la Capítulo I 21
chaqueta coño e’ madres. ¡Venezolanos te- Tasca Gao
nían que ser!”.
Capítulo II 29
Y se fue para nunca más volver... Turismo enlatado.
Una señora que había pasado toda la no- Quien Hesperia des-Hesperia
che hiperventilando de la emoción por tener Capítulo III 41
a semejante magnate sentado en la mesa de Vacaciones con orejitas
al lado, colorada por el sofocón, solo atinó a Capítulo IV 55
decir: ¡Qué pena con ese señor! Thanksgiving en Mayami…
Capítulo IV 67
y medio… y un joropo en el Penedés
Capítulo V 75
Da-le, da-le
Capítulo VI 87
Yo quiero ser una Miss
Capítulo VII 99
Cocina de autor o gastronomía con cubito

224
Capítulo VIII 113
Cultureta pantaleta
Capítulo IX 125
Baby Einstein o nuestros niños superiores
Capítulo X 135
No importa quién eres sino a quién conoces
Capítulo XI 145 ¡Qué pena con ese señor!
Venezolanos pero a raticos Carola Chávez
Capítulo XII 153
Carola Chávez nació en Caracas el 4
La vida en una vitrina o Tolón Tolón
de junio de 1964. Y ahí comienza la cosa.
Capítulo XIII 165 Ha sido premiada en muchas ocasiones,
Pequeños propietarios juntos y revueltos dos de ellas por sus crónicas periodís-
ticas. Recibió una Mención Especial del
Capítulo XIV 173
Premio Fabricio Ojeda en la Alcaldía Li-
Arroz con leche me quiero casar
bertador, en 2007. Y en Argentina, Bue-
Capítulo 191 nos Aires, recibió el Premio Oesterheld,
ya perdí la cuenta... en 2008.
Tengo y luego existo Sus crónicas han sido publicadas en
Último capítulo 199 Ciudad CCS, en aporrea.org, en muchas
Wannabe páginas de Internet y en muchos periódi-
cos alternativos y comunitarios.
Capítulo de ñapa 213
Ahora, en este libro, ¡Qué pena con
Cuento de Navidad retro
ese Señor! Manual de costumbres y
procederes de esa clase media ve-
nezolana., Carola Chávez desmenuza
la clase media con mucha clase. Con
sentido del humor. Con inteligencia. Con
alegría. Y sobre todo, con conocimiento
de clase, porque Carola Chávez viene de
allí, de la clase media.