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Los valores de la educación geográfica - Phillippe Pinchemel

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I

Phillippe Pinchemel

Los valores de la educación geográfica*

Se puede considerar la educación geográfica como:

l. Un valor absoluto, es decir, valores inherentes a la geografía como una disciplina intelectual. 2. Un valor relativo, esto es, valores propios de la geografía en relación con otras disciplinas, ya se enseñe separadamente o integrada en un plan más amplio de ciencias naturales o sociales. En primer lugar vamos a tratar este aspecto. El valor relativo de la educación geográfica a) El aprendizaje de la geografía depende del análisis de datos algunos de los cuales se hallan concentrados y visibles, como los directamente observables en el trabajo de campo, o indirectamente, por medio de mapas y fotografías. Por lo tanto, la geografía puede enraizarse en la realidad del entorno del estudiante. Asimismo, esta realidad es común al economista, al artista, al geólogo, al novelista o al poeta. Un tema como el de la ciudad puede sugerir gran cantidad de líneas de investigación y el estudiante puede darse cuenta de cómo las diferentes disciplinas estructuran la realidad que le rodea. El profesorado puede utilizar tales temas para un planteamiento multidisciplinar de la educación. La educación geográfica puede contribuir a este planteamiento por su interés en las materias espaciales y las técnicas que emplea, sus métodos cuantitativos, juegos, simulaciones y el trabajo de campo. b) La geografía puede hacer conscientes a los estudiantes de lo complejas que son las causas de los hechos, puede mostrarles cómo, en la búsqueda de una explicación a fenómenos, lo normal es la interacción de varios factores. Todas las estructuras espaciales, todos los modelos regionales, son el resultado de factores humanos y naturales de una sucesión de hechos, a menudo anclados en el pasado lejano, cuyas huellas permanecen desigualmente distribuidas como vestigios en el paisaje. Los factores humanos pueden ser políticos, históricos, económicos, sociológicos o psicológicos. El análisis espacial ayuda a clarificar a los estudiantes que "nada es sencillo" y que las explicaciones simplistas, una interpretación simple de causa y efecto de un hecho, raramente son correctas.
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c) El aprendizaje de la geografía ayuda al estudiante a entender su hábitat y los entornos cercanos y lejanos; es importante que no se le sumerja en un mundo de formas, tamaños y colores que no tienen sentido para él. Es fundamental introducir progresivamente al alumnado en los problemas planeados por la ocupación humana del hábitat terrestre; esto es, su función, sus potencialidades, sus debilidades; la influencia del crecimiento de la población mundial, la naturaleza y los efectos de las variaciones irregulares del clima.

*

En Norman J. Graves (coord.), Nuevo método para la enseñanza de la geografía, Barcelona, Teide, 1989, pp. 17-21.

d) Con la geografía, el alumnado puede descubrir la prodigiosa capacidad creativa del hombre. Las personas que ven una colección de fotografías aéreas, normalmente se impresionan por los paisajes culturales que retratan; por ejemplo, las terrazas de arroz en el sudeste asiático, las áreas de intenso policultivo, los modelos rectilíneos de las llanuras norteamericanas. También pueden ver críticamente y con alguna preocupación los barrios de chabolas, la expansión suburbana, las zonas de antigua industrialización que han de renovarse y las zonas litorales deformadas por una urbanización excesiva, todo lo cual documenta acerca de la diversidad de la acción del hombre sobre el paisaje. Con ello, la geografía puede motivar al alumnado a investigar y cuestionarse el estado actual de las cosas. Asociando los conceptos de tiempo y espacio, la enseñanza de la geografía puede hacer que la gente joven descubra la idea de que las situaciones evolucionan a través del tiempo, es decir, que implican duración y corrientes. e) La geografía puede demostrar cómo diferentes civilizaciones han tenido también una manera diferente de estructurar el espacio y que cada manera puede entenderse y, por lo tanto, también respetarse. Esto es vital en un mundo que tiende a organizarse según el modelo de las sociedades postindustriales de Occidente. Reconsiderando la relación con su pasado y su entorno actual, cada nación puede redescubrir sus propias virtudes y sus propias soluciones para los problemas de organización de su espacio. f) La geografía también puede contribuir al entendimiento de la interdependencia fundamental de todos los países y a la necesidad de que cada individuo se vea como dependiente de vecinos cercanos y lejanos, y a hacerse cargo de los diferentes niveles de desarrollo en regiones, países y continentes diferentes. Para la consecución de estos fines es necesario pensar cómo pueden trasladarse una especificación de objetivos educacionales.

Los valores inherentes a la geografía El análisis geográfico sirve muy poco si no conduce en último término a la evaluación de los resultados de las acciones del hombre, ya que los objetivos que guían el poblamiento de algunas zonas y la explotación de sus recursos expresan algunos de los valores sostenidos por los hombres. Los diferentes valores a considerar son:

a) Valores económicos, que a menudo llevan exclusivamente a la explotación de recursos minerales, agrícolas, industriales e incluso turísticos. El fin principal es sacar beneficio con un mínimo de inversión y se busca el mínimo coste de localización. Estos valores muchas veces son los únicos palpables cuando países y regiones inician sus desarrollo económico. A menudo el resultado ha sido un fracaso industrial de ciudades con dedicación exclusiva a la industria o franjas de cemento para instalaciones turísticas a lo largo de un litoral. Son estos valores los que han llevado a la existencia de conurbaciones antiestéticas, donde los servicios apenas existen y la carencia de espacios verdes es manifiesta. b) Valores sociales, que aspiran a limitar las desigualdades espaciales y las injusticias buscando prevenir disparidades abusivas entre regiones, evitando la creación de guetos y barrios de chabolas con un plan de inversiones reales. c) Valores ecológicos, que se refieren al concepto de equilibrio dinámico de la naturaleza y a su aplicación en situaciones donde interviene la acción del hombre. De existir estos valores en las personas responsables del desarrollo, entonces se pueden respetar los umbrales ecológicos de modo que los productos de desecho puedan ser absorbidos a través de procesos naturales sin destruir el equilibrio, que tantas veces es muy difícil recuperar. d) Va/ores espaciales, que son valores positivos concernientes a todos los aspectos del espacio; por ejemplo, las decisiones que se barajan para localizar una fábrica, una autopista o una ciudad nueva; no sólo se consideran las ventajas de cada localización, sino también el impacto que la decisión tomada pueda tener en otros elementos del paisaje, las consecuencias ambientales y sociales y los costos, de modo que en último término se cree un entorno armonioso. Los jóvenes por su idealismo y sus escalas de prioridades, se inclinan a resolver los problemas mediante soluciones, a su entender, directas y sencillas. Con el empleo del estudio de casos, ejercicios de simulación y juegos, es importante que se den cuenta no sólo de las dificultades de tomar una decisión, sino también de la naturaleza relativa de los valores implícitos en esta decisión; valores relacionados con las culturas donde se toman estas decisiones, con la situación concreta de la decisión tomada y con la naturaleza del desarrollo económico de la sociedad afectada.
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En cualquier caso, no cabe duda de que el paisaje cultural se crea a partir de estos valores y mediante la acción de las fuerzas sociales, culturales, económicas y políticas. Por desgracia, muchas veces estos valores se basan en una ignorancia lamentable de la naturaleza del entorno. Educación para una competencia espacial Algunas investigaciones recientes parecen mostrar que se da en el llamado hombre de la calle una incapacidad considerable para actuar con eficacia en un contexto espacial. Así pues, mientras que como ciudadanos y trabajadores son conscientes, en mayor o menor grado, de las realidades sociales y económicas arriba mencionadas, como la relación con su empresa, con su ayuntamiento o con su gobierno, no parecen, sin embargo, muy conscientes de su entorno, entendido como su relación espacial con lo que les rodea, y lo consideran algo dado e inmutable. No parecen considerar estas relaciones como resultado de decisiones tomadas por individuos u organizaciones o instituciones públicas. Por ello se puede considerar la educación geográfica como una formación para la conciencia espacial, puesta en práctica mediante la formación en trabajos de campo o, en el laboratorio, con mapas, fotografías aéreas y otros recursos. Esta interpretación de gráficas y visuales es un complemento necesario para la educación basada en la lectura y el cálculo. Demasiada gente padece una especie de analfabetismo gráfico y de incompetencia espacial. Conclusión Los fines y valores de la educación geográfica, aunque parezcan relativamente sencillos, no son fáciles de conseguir. Ningún habitante de esta tierra conseguirá una educación completa ni se convertirá en ciudadano autónomo y responsable mientras no haya adquirido una educación geográfica, por no decir reflejos geográficos. Tener reflejos significa: • Percibir el propio entorno dentro de la multiplicidad y complejidad de sus partes constituyentes, percibirlo y no simplemente mirarlo, sin verlo realmente. • Entender lo que se ve en términos de localización, de relaciones, de interrelaciones; es decir, no conformarse con la evolución del mundo proporcionada por los sentidos, sino entender el mundo a partir del propio conocimiento, de modelos, de analogías y de puntos de referencia previos. • Ser capaz de obrar en el espacio, pudiendo localizar su propia posición y orientarse, ya sea en la ciudad, en el medio rural o en la montaña, y ser capaz de leer el paisaje y valorar las fuerzas que le han dado forma. • Capacitarse para la búsqueda de explicaciones a lo que parece sorprendente y extraño y conocer aproximadamente de dónde puedan venir estas

explicaciones. • Saber que los fenómenos espaciales no son simplemente resultado de una gran cantidad de acontecimientos fortuitos y sin forma, y que deberían considerarse como dados, sino que todos estos fenómenos, por su localización, su forma y sus interacciones espaciales, son el resultado de procesos culturales y socioeconómicos repetibles y por tanto predecibles. Ser consciente de que toda localización, organización o espacio, ya sea controlado o espontáneo, son manifestaciones de valores sociales, económicos, culturales o ecológicos.

Con la ayuda de estos reflejos geográficos los hombres desarrollarán una mayor conciencia de su responsabilidad ante las comunidades humanas y su hábitat. Igualmente, la educación geográfica debería ayudar a la clarificación de algunos problemas actuales. Demasiado a menudo, los problemas actuales del mundo han sido presentados por los medios de comunicación de masas con exageración y un orquestado sensacionalismo. De ello ha resultado un sentido de culpa con respecto a la naturaleza, y desesperanza en cuanto a la lucha contra una presión demográfica inexorable, todo ello unido a la ignorancia sobre las cuestiones más importantes. La geografía puede situar estos problemas en su contexto real y, por tanto, contribuir modestamente a dar con una solución constructiva. Asimismo contribuye a la educación basada en la lectura, el cálculo y la interpretación de gráficos. La historia de la interacción del hombre con su entorno es muy larga. Si la locura del hombre parece obsesionar a algunos comentaristas, no hay que olvidar que en el paisaje cultural de hoy se puede leer también el resultado de unos ajustes seculares, de una especie de sabiduría geográfica, de algo así como una geosofía.

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