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Rafael Estrada

Muelle

y los sa Ita piedras

lIustrociones del outer

• edebe

© Rafael Estrada Delgado, 1993

© Ed. Cast.: edebe, 2005 Paseo de San Juan Bosco, 62 08017 Barcelona www.edebe.com

Directora de la colecci6n: Reina Duarte Diseiio de las cubiertas: Cesar Farres I/ustraciones: Rafael Estrada Delgado

12. a edici6n

ISBN 978-84-236-7933-0 Dep6sito Legal: B. 11844-2010 Impreso en Espana

Printed in Spain

EGS - Rosario, 2 - Barcelona

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Capitulo uno

. 0 s he contado alguna vez la hisG toria de Muelle? Fue un aeontecimiento ins6lito que sucedi6 en Pedregal y, aunque quiza pueda parecer una historia de piedras, de viento y de nubes 0 de lluvia y tormentas ... , es sobre todo la historia de un suefio que se asom6 de repente a los ojos de un nino.

-Me gustarfa saltar como los saltapiedras -se dijo Muelle un dia, casi sin saber por que, 10 suficientemente alto como para que 10 oyeran los demas.

Su madre, Ballesta, sonri6 como ha-

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cen las madres; Resorte, su padre, tosi6 como tosen los padres; y el abuelo movi6 la cabeza arriba y abajo.

Todo esto sucedia una manana de marzo, cuando el invierno empezaba va a despedirse de Pedregal. La hierba se dejaba caer hacia un lado y luego hacia el otro, porque el viento asl 10 queria.

Ballesta, mas que nadie, conocia la tendencia de Muelle a imaginar cosas imposibles, y mientras Ie peinaba los dos remolinos insumisos, con toda la paciencia de una madre, Ie pregunt6:

-GQue nueva locura es esa de sonar con saltar, como si no hubiera saltapiedras?

-iAh, no es ninguna locura, mama!

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Seguro que puede hacerse con un poquito de practice.

-Pero, hijo Gno comprendes que eso es como decir que, a fuerza de regarte, alqun dia podras lie gar a dar naranjas operas?

Muelle lade6 la cabeza y arrug6 la nariz, csforzandose por entender 10 que su madre queria decirle. Despues, con una sonrisa Ie contest6:

-Tu sabes que no es 10 mismo, mama.

En ninqun momento se Ie ocurri6 discutir con su hijo. Sabia 10 testarudo que podia lIegar a ser. Por eso sigui6 peinandole, mirando hacia la ventana, tal vez esperando que de alli pudiera venirle algun tipo de respuesta. Como no fue asi,

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se encogi6 de hombros, dejando los remolinos y a Muelle por imposibles. -Anda, Muelle -Ie dijo-, t6mate el desayuno.