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Enciclopedia de Mitologia Universal

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Pero sí había alguien que pudo ser testigo del crimen y obrar a tiempo,
impidiendo que el destino quedara sellado: la abuela Rea, la madre de la
vengadora Hera, y también la madre del inconstante Zeus. La abuela Rea fue
quien acudió rápidamente al lugar de los pavorosos hechos, una vez que los
Titanes lo abandonaron, considerando que ya el trabajo estaba rematado. Y la
buena de Rea se puso de lleno a recuperar los fragmentos de su nieto, y con ellos
logró darle una forma aproximada a la que en vida había tenido. A partir de esa
masa de despojos, Rea recuperó a su nieto vivo y llamó después al padre del
niño resucitado, a su hijo Zeus, para que acudiese en su ayuda; él se ocupó de
poner al renacido Dionisos a buen recaudo, en manos de Perséfone, la moradora
de las tinieblas subterráneas, la misma que había recibido ya otras encomiendas
parecidas, como aquel encargo de ocultar y cuidar al niño Adonis, tarea que tan
problemática había resultado ser al final, cuando el adolescente Adonis despertó
pasiones que le condujeron a su destrucción. Pero éste es otro caso, y Perséfone
pasó la responsabilidad a la reina Ino y al rey Atamas o Atamante, para que ellos
se encargaran de cuidar sigilosamente al niño Dionisos, en su reino de
Orcomenes, escondiéndolo entre las niñas, tratando así de no despertar las
sospechas de Hera, que ya estaba al tanto de la salvación y persistía en encontrar
a la criatura, para terminar totalmente su empeño.

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Efectivamente, la airada Hera persistió en su obcecación y trasladó el
castigo a la real pareja, haciendo que Atamante enloqueciera y diese caza y
muerte a un supuesto ciervo, que no era sino su propio hijo Learco, o que Ino
tuviera que salir huyendo de su marido, llevando a Learco en brazos, hasta que
llegó al borde del mar y en él se zambulló, salvando un delfín al desventurado
Learco y quedando la blanca madre como patrona de los marinos ante las
tormentas, instalada por voluntad del Olimpo en un nuevo puesto muy diferente
del que ocupaba en su vida terrenal. Sea cual sea la versión que se elija, lo que sí
es cierto, es que Hera no es una divinidad a la que sea fácil convencer o detener,
una vez que se haya propuesto llevar a cabo cualquiera de sus complicadas y
aviesas acciones de represalia, aunque a veces la voluntad de los otros pares
pueda detener sus maquinaciones, como pasó con el primer intento de hacer
desaparecer a Dionisos, o como ya tendremos ocasión de ver en la historia de
Ino y Atamante, cuando otra vez más, la diosa no llegó a satisfacer sus malsanos
deseos de venganza.

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