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Informe final

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Desde la época precolombina, la región centroamericana se ha caracterizado

por su diversidad étnica y cultural. Como zona de confluencia de culturas, no

solo fue el lugar donde se asentaron diversas etnias sino también un lugar de

influencia de pueblos mesoamericanos y suramericanos que transitaban de un

extremo al otro llevando y trayendo elementos culturales, muchos de los cuales

hoy se mantienen vivos en los pueblos autóctonos que sobrevivieron a la

llegada de los europeos.

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La población centroamericana, mayoritariamente mestiza, es el resultado de la

mezcla principalmente de los pobladores autóctonos, los inmigrantes europeos

y los africanos.

Aunque los censos nacionales parten de una definición tradicional de lo rural,

los datos obtenidos a partir de estos, permiten tener una idea aproximada de la

cantidad de personas que viven en este contexto. Hay que tener presente,

como indica Alicia Bárcena (2009), Secretaria Ejecutiva de la Comisión

Económica para América Latina y el Caribe que “En la mayoría de los países

se sigue midiendo lo rural por residuo, una vez que se estima lo que es urbano,

utilizando criterios dicotómicos heredados de la ronda de censos de población

de los años sesenta. Y ahora se nos identifica como un continente

mayoritariamente urbano, pues según esas definiciones oficiales, únicamente

el 23% de la población vive en las zonas rurales” (p. 2).

Según proyecciones de población de la CEPAL, en Costa Rica, para el 2000 el

58,7% de la población estaba concentrada en la zona urbana, para el 2005, el

62,7% y para el 2010 el 66%. En el caso de Nicaragua, la población urbana en

el 2000 era de 55,5%, para el 2005 de 57% y para el 2010 de 58.3%. Los datos

anteriores revelan en ambos países, una disminución creciente de la población

rural.

Las razones que explican esta disminución de la población rural pueden estar

en los procesos de migración interna y urbanización de las zonas rurales.

Según Vivas (2007) las migraciones del campo a la ciudad pueden originarse

entre otros factores, en la búsqueda de mejores condiciones de vida, pues en

las zonas urbanas se presentan mayores oportunidades para la realización

económica, social y cultural de las personas. Además Vivas señala como otro

factor importante el proceso paulatino de urbanización de las zonas rurales

como producto del crecimiento demográfico y el mejoramiento de los servicios

básicos.

Sobre la composición étnica y cultural de las zonas rurales, debe indicarse que

la población rural posee una diversidad étnica caracterizada no solo por el

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mestizaje, sino también por un conjunto significativo de grupos étnicos

minoritarios. Tanto en Nicaragua como en Costa Rica, estos grupos étnicos se

encuentran localizados predominantemente en las zonas rurales, de manera

particular, los grupos afrodescendientes se encuentran establecidos en la costa

Caribe. Alejados de los centros urbanos más importantes, las regiones rurales

que ocupan, carecen de la misma cantidad y calidad de servicios y

oportunidades que se encuentran en las ciudades.

En la zona rural nicaragüense se encuentran 10 grupos étnicos: chorotega,

creole, garífuna, matagalpa, miskito, nahua, nicarao, rama, sumu/mayangna y

subtiaba, los cuales sumaban a principios del siglo XXI un total de 393.850

personas (Quezada, 2009) que constituyen aproximadamente el 5% de la

población del país. En la zona rural de Costa Rica los indígenas constituyen

ocho grupos étnicos: bribri, cebécar, térraba, huetar, chorotega, maleku, gnöbe

y boruca los cuales representan el 1,7 de la población total (Solano,s.f).

En el caso de los grupos étnicos minoritarios, especialmente los pueblos

indígenas, han sido objeto de procesos de aculturación desde la época de la

conquista. La imposición de la cultura hegemónica sobre las otras, se nota

particularmente en la imposición de la lengua oficial del Estado. En un estudio

del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (2005) sobre

el Caribe nicaragüense, citado por Quezada, (2009) se indica que:

“Algunos grupos lingüísticos han sufrido históricamente presiones para

asimilar la lengua oficial del Estado nicaragüense, español, y usarla en
reemplazo de la suya. Otras lenguas vecinas también minoritarias, por
ejemplo el mayangna ha sido presionada por plegarse al miskito, el
miskito a su vez al inglés kriol, el inglés kriol al inglés estándar, el rama
al inglés kriol. Uno de los instrumentos más importantes de estas
políticas han sido la imposición de una lengua dominante y la supresión
o eliminación de las lenguas autóctonas.” (p. 109)

En este proceso de aculturación juegan un papel fundamental los sistemas

educativos nacionales, salvo esfuerzos recientes que, como se verá más

adelante, intentan rescatar y fortalecer la cultura local, desde las necesidades,

intereses y anhelos de las mismas comunidades.

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