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El violinista misterioso

El misterioso violinista empezó a tocar, y ante mis atónitos ojos aparecieron


numerosos y extraños monigotes que jugaban y bailaban a mi alrededor.
La pequeña y mugrienta habitación sufrió un cambio increíble y se convirtió en
un alegre prado, tan alegre como la música que manaba, como una cascada de
agua dulce y cristalina, del violín del extraño violinista enmascarado, que
seguía tocando igual de sereno y misterioso de lo que lo había hecho antes de
que apareciera ningún monigote.
Los muñecos seguían danzando con tal alegría, que sentía que me la
contagiaban, pues yo también estaba feliz sólo con verlos y oír aquella música.
La música era cada vez más alegre y yo me sentía cada vez más y más
eufórico, tanto que parecía haber olvidado por completo la inseguridad que
causaba al principio aquel asombroso y extraño violinista que seguía tocando
el violín ante mí, sereno y misterioso.
¿Eran los monigotes los que bailaban al son de la música? O ¿la música era
la que brotaba del baile de los monigotes? Estaban tan ligados, que parecían
tener una sola alma.
Pensé que era un sueño y, aunque no era una malvada pesadilla de esas que
sólo deseas que acaben, probé a pellizcarme para asegurarme de que sólo era
una realidad creada en mi cerebro mientras el cuerpo dormía plácidamente...
-¡AUUUUU!-grité para mis adentros, pues me dolió de verdad.
Para mi asombro, nada había cambiado, el violinista seguía allí y todas las
demás cosas junto a su lado.

Un sudor frío recorrió mi cuerpo. En ese momento todo era al revés.


Sólo pensaba en la idea de que aquel ser tan terriblemente inquietante fuese
real. Me olvidé de todo, de la música, de los monigotes, del prado… Sólo
pensaba en el violinista.
De repente, como imitando mis pensamientos, la música cogió un tono
misterioso. Todo cambió. Todo desapareció ante mis ojos. Todo era negro. El
violinista también había desaparecido, pero no su música.

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Volví a centrarme en la música que escuchaban mis oídos, pues creo que era
ésta la que más me inquietaba.

Entonces apareció ante mí un espejo. Me fijé en él y… lo que vi reflejado hizo


que el corazón me diera un salto en el pecho, pues vi al violinista tras de mí. En
cambio, al darme la vuelta para asegurarme de su presencia, no encontré nada
a mis espaldas.
Empecé a experimentar un verdadero terror, quizás por la música, que
empezaba a tener un inquietante ritmo y una amarga melodía que congelaban
el corazón.
Aparecieron numerosos muñecos enmascarados, semejantes a los del verde
prado anterior, que habían bailado al son de la alegre música. Ahora venían
hacia mí con el terrorífico ritmo que emitía el violín. Parecía que tramaban algo
diabólico. Bailaban alrededor mío, mientras reían malvadamente, intentando
inquietarme aun más.
Entonces, cuando me creía perdido, la música cambió y entonó una
melancólica canción.

A mi alrededor apareció una casa abandonada, parecía muy antigua, y debía


de llevar tiempo sin que nadie la habitara o cuidase. En sus caídas paredes
podías imaginar los años de gloria que debieron tener sus dueños.
Mientras pensaba en cómo debía de haber sido la vida en esa lujosa casa,
desgastada por los años, la casa pareció recobrar su antigua gloria. Aparte de
que se veía mucho más majestuosa e increíble que antes, las plantas que
hasta ahora habían estado secas y muertas, casi tanto como la casa, ahora
estaban floreciendo, formando un hermoso jardín con mucho colorido. De la
casa salieron dos niños que corrían a jugar al ahora hermoso jardín, seguidos
por sus padres que querían contemplarlos mientras correteaban. La música
seguía sonando.

De repente, como si sólo hubiera sido una visión del pasado, todo volvió a ser
igual de viejo que antes, los niños y sus padres desaparecieron y la casa quedó
otra vez igual de triste y solitaria.

2
La música melancólica estaba cambiando y parecía venir de la derruida puerta
de la casa. Por primera vez, empecé a andar hacia la puerta y la abrí poco a
poco. Como había supuesto, allí se encontraba otra vez el misterioso violinista,
pero la suposición no disminuyó en absoluto la impresión de verlo.

El violinista dejó de tocar y, haciendo una reverencia, desapareció, junto con la


casa y todos sus escenarios, que eran una ilusión creada por la música que
manaba de su violín. Y su sorprendente desaparición, el más increíble de todos
los trucos de magia que haya visto jamás.

Me dispuse a salir del cuarto del material de limpieza, en el que me había


escondido para que no me encontrasen mis amigos mientras jugábamos al
escondite. Estaba muy oscuro.
Fui palpando a mi alrededor, intentando salir de aquel lugar para incorporarme
a clase tras el recreo, a la que llegaría tarde y tendría que presentar mis
disculpas. Tropecé con algo que no identifiqué.
Cuando al fin hallé la salida, al mirar mi mano y con gran confusión, descubrí
que el objeto que llevaba era la máscara del violinista.

¿Dónde estaba el misterioso violinista?


¿Dónde estaba la fuerza de esa música que te transportaba a un escenario u
otro según fuera alegre, triste, melancólica,…?
¿Qué pasó en mi buen escondite, en el que ningún compañero pudo
encontrarme?