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La Catequesis en America Latina

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UN CRITERIO BÁSICO PARA LA INCULTURACIÓN ES LA INTEGRIDAD
DE LA FE Y LA COMUNIÓN CON LAS COMUNIDADES LOCALES

104. La IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en sus
conclusiones sintetiza en pocas palabras uno de los criterios básicos:

Los criterios fundamentales en este proceso (de inculturación) son las exigencias
objetivas de la fe y la apertura con la Iglesia Universal (DSD 230).

O sea que hay un criterio básico con doble vertiente: la integridad de la fe y la comunión con
las iglesias locales.

105. Con respecto a la integridad de la fe, el Directorio General para la Catequesis señala lo
siguiente:

Por eso un criterio fundamental de la catequesis es el de salvaguardar la integridad del
mensaje, evitando presentaciones parciales o deformadas del mismo (DGC 111).

Este criterio de la integridad y su fundamentación ha sido tratado en el capítulo tercero sobre
el mensaje y su contenido.

En lo que se refiere a la comunión con las iglesias locales, este criterio nos dice que si bien la
diversidad de las expresiones es necesaria, también lo es la unidad de la fe, o sea su
centralización en el símbolo del Credo.

Por eso, cuando la catequesis trasmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la
fe de todo el Pueblo de Dios a lo largo de la historia: la de los apóstoles que la
recibieron del mismo Cristo y de la acción del Espíritu Santo, la de los mártires que la
confesaron y la confiesan con su sangre, la de los santos que la vivieron y viven en
profundidad, la de los Padres y Doctores de la Iglesia que la enseñaron
luminosamente, la de los misioneros que la anuncian sin cesar, la de los teólogos que
ayudan a comprender mejor, la de los pastores en fin, que la custodian con celo y
amor y la enseñan a interpretar auténticamente (DGC 105).

Este criterio en la práctica se vive en medio de tensiones como lo muestra la historia de la
Iglesia. Pero este hecho no debe asustar y menos impedir o cohibir la tarea de la
evangelización inculturada. Nos advierte que desde siempre hay en la Iglesia una
“globalización” que proviene del hecho que Dios no hace acepción de personas (Rm 2,11) y
su mensaje es para todos los seres humanos, hombres y mujeres, niños y niñas, es decir
para todas las culturas.
Junto al criterio antes mencionado están los de la organicidad y jerarquía de las verdades de
fe, tratados también en el capítulo tercero de este libro.

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NO HAY CULTURA QUE NO ESTÉ TOCADA POR LA ACCIÓN
DEL ESPÍRITU AUN ANTES DE LA EVANGELIZACIÓN

106. Otro criterio clave está dado por la convicción proveniente de la fe que no hay cultura
que de alguna manera no esté tocada por el Espíritu aun antes de toda evangelización
explícita. A veces se encuentran agentes pastorales que no ven esa acción y queriendo
arrancar la cizaña también queman el trigo del Espíritu (cf. Mt 13, 24-30).

Este criterio es luz y consuelo y alienta en medio de sentimientos destructivos en donde el mal
parece ganar sobre el bien.

LA INCULTURACIÓN ES UN PROCESO
PROFUNDO Y UN CAMINO LENTO

107. El proceso de inculturación, al cual nos llama y que se fundamenta, como veíamos, en
la Creación y en la Encarnación, es un proceso profundo y un camino lento. No es una moda
pasajera. Es una exigencia de la universalidad de la fe.

Tampoco

es la mera adaptación externa que, para hacer más atrayente al mensaje cristiano, se
limitase a cubrirlo de manera decorativa con un barniz superficial. Se trata por el
contrario de la penetración del Evangelio en los niveles más profundos de las personas
y de los pueblos, afectándoles de una manera vital en profundidad y hasta las mismas
raíces de sus culturas (DGC 109).

LA INCULTURACIÓN NO
ES SINCRETISMO

108. Quizá sea bueno explicitar la diferencia existente entre inculturación y sincretismo. Este
último va tomando elementos de una y otra cultura para construir una creencia nueva. La
incul-turación mantiene la radicalidad de la fe cristiana y la expresa, ilumina y enriquece con
los símbolos y valores de otra cultura.

Es necesario inculturar el Evangelio a la luz de los tres grandes misterios de la
salvación: la Navidad, que muestra el camino de la Encarnación y mueve al
evangelizador a compartir su vida con el evangelizado, la Pascua, que conduce a
través del sufrimiento a la purificación de los pecados para que sean redimidos, y
Pentecostés que por la fuerza del Espíritu posibilita a todos entender en su propia
lengua las maravillas de Dios (DSD 230).

109. A su vez la inculturación hace posible una múltiple y variada expresión de la fe que se
va enriqueciendo de continuo. El Espíritu, al hacer presente el misterio pascual de Cristo,
continúa de alguna manera la Encarnación. De ese modo la fe es luz, sal y fermento en un
universo que evoluciona y crece más allá de todas nuestras imaginaciones.

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Predicar el evangelio es siempre vivir en la esperanza de lo nuevo que “ya está pero todavía
no” hacia ese horizonte sin límite que la Escritura expresa bajo las imágenes de “Cielos
Nuevos y Tierra Nueva”.

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