P. 1
Yo explico, pero ellos... aprenden_Saint-Onge

Yo explico, pero ellos... aprenden_Saint-Onge

|Views: 7.898|Likes:
Publicado porSusa Cardoso
Educación
Educación

More info:

Categories:Types, Research
Published by: Susa Cardoso on Mar 16, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

07/05/2013

pdf

text

original

Sections

Yo explico, pero ellos... ¿aprenden?

Michel Saint-Onge PRIMER POSTULADO ¿Interesan a los alumnos las materias escolares?
Muchas profesoras y profesores entusiasmados con la materia que enseñan se sienten decepcionados por el poco interés que despierta en sus alumnos. Algunos, incluso, sacan la conclusión de que lo característico de la juventud es no interesarse por nada. Los profesores con años de experiencia reconocen, sin embargo, que hay alumnos que se interesan en aprender. Ellos comprueban generalmente que los alumnos con buenas calificaciones son los que juzgan interesantes las materias escolares y bastante importantes, como para entregarse a su estudio. Por eso, están convencidos de que el interés de los alumnos por las asignaturas es garantía de su compromiso con el estudio y, en consecuencia, de su éxito. Además, un buen número de profesoras y profesores piensan que la asignatura que explican es interesante por sí misma y capaz de captar la atención de los alumnos. Por eso, su principal preocupación es explicarla. Esta creencia, con mucha probabilidad, es consecuencia de seguir definiendo la profesión docente por el dominio de la disciplina que se enseña en la escuela. En esta hipótesis, el interés se centra más en la materia enseñada que en el modo de enseñarla. ¡La postura vendría a ser como la de los médicos que se preocuparan sólo de los virus y quitaran importancia a la medicación! En este contexto, la decepción es inevitable: los alumnos no se interesan por la asignatura porque estén los profesores ilusionados con ella. Conviene, entonces, que se pregunten de dónde nace el interés que lleva al estudio de una asignatura, pero, sobre todo, cómo pueden suscitarle. Es imposible ofrecer ahora una explicación compleja y completa del desarrollo del interés. Por eso, intentaremos simplemente destacar algunas sugerencias que sirvan de inspiración para elaborar nuestras prácticas de enseñanza. Para tratar el tema del interés de los alumnos por el estudio de las materias escolares desde el punto de vista de la enseñanza, hay que recordar este principio básico: cuando se enseña, se enseña algo a alguien. Uno no puede contentarse con el dominio de ese «algo», de la asignatura; debe tener en cuenta a la persona a quien

1

se enseña y, sobre todo, a las condiciones en que puede establecerse, de forma positiva, una relación entre la persona y la asignatura. Hay que abandonar, entonces, la idea de que hay asignaturas fáciles de enseñar, y otras, imposibles de enseñar porque no interesan a los alumnos. Es necesario crear las condiciones en que una disciplina les puede resultar interesante. La relación de estudio parece que puede establecerse cuando la situación enseñanza-aprendizaje se ajusta a las tres condiciones siguientes: La profesora o el profesor despierta y mantiene la atención de los alumnos. El contenido se expone de forma que aparezca con sentido. Los sentimientos del alumno se integran en la actividad de aprender.

Analicemos estas condiciones sin las cuales la enseñanza no puede llegar a despertar el interés de los alumnos por el estudio de las materias escolares.

EL INTERÉS DE LOS ALUMNOS
Para interesar a los alumnos en el estudio, no basta con captar su atención; hay que lograr mantenerla. Por eso, un profesor no puede estar satisfecho sólo con las técnicas de animación. Tiene que planificar la enseñanza de forma que establezca la relación de estudio entre la asignatura y el alumno. conseguirlo. Aquí expongo algunas pistas para

Las técnicas para excitar su curiosidad
Es conocido que no todos los individuos reaccionan de la misma manera en todas las circunstancias. En 1908, Yerkes y Dodson descubrieron una ley de la activación, es decir, una ley de la entrega a una acción en relación con el impacto de los estímulos. Constataron que, ordinariamente, cuando las personas se interesan por una actividad, su eficacia varía con la cantidad de estímulos presentes a un tiempo. Así, si dibujamos un gráfico ilustrativo en el que verticalmente se represente la calidad del resultado y horizontalmente el nivel de activación, se obtiene una U invertida.

2

NIVEL DE CALIDAD DE RESULTADO

NIVEL DE ACTIVACIÓN

La lectura de este gráfico enseña que hay que alcanzar un determinado nivel de excitación para que la respuesta del individuo sea satisfactoria con relación a los estímulos actuantes. Imaginemos que dormís y que se declara un incendio en vuestra casa. Al principio, el olor a humo y el crepitar del fuego alterarán posiblemente vuestro sueño, pero, para que lleguéis a despertarnos, será necesaria una mayor presión del incendio. Si el incendio está localizado y podéis apreciar objetivamente la dimensión del peligro, procederéis a su extinción con eficacia. Por el contrario, si estáis cercados por las llamas, os llegan los gritos de los niños en la habitación contigua y veis a vuestra mujer o a vuestro marido debatiéndose con el fuego prendido en las sábanas, os podéis poner a llorar y perder vuestros recursos. Vuestra reacción, entonces, no será eficaz en esa coyuntura. Por eso, en clase, hay que crear situaciones estimulantes para comprometer al alumno con su estudio, pero no tan excitantes que aparten del aprendizaje. Una clase debe, por consiguiente, comenzar suscitando la curiosidad. A partir de ahí, conviene recurrir a razonamientos brillantes o a prácticas de investigación. la manera siguiente: ofrecer estímulos nuevos con preferencia a utilizar los que ya son familiares al alumno plantear interrogantes antes de aportar enseguida información variar el ritmo o la intensidad de la comunicación verbal hacer que el alumno participe en la discusión o en el proceso de aprendizaje, mejor que exigirle su atención pasiva responder a las intervenciones de los alumnos con el fin de cuidar su participación. Con el fin de controlar la atención de los alumnos, Klausmeier y otros (1973) aconsejan proceder de

3

El profesor debe, pues, preocuparse por avivar la curiosidad utilizando algunas técnicas e intentar que esa curiosidad se dirija al aprendizaje logrando la participación del alumno en él.

La cantidad de contenido
No basta contar con la atención de los alumnos; además hay que conservarla, hay que mantener su interés. Por muy curioso que pueda parecer, los investigaciones han demostrado que hay que abarcar una abundante materia y seguir el ritmo más rápido que los alumnos pueda soportar para conseguir sostener su participación en el proceso de aprendizaje (Barr y Dreeben, 1983; Dunkin, 1978). Por lo tanto, con un contenido escaso se puede aburrir a los alumnos y hacer que decaiga su interés. Los alumnos deben ser conscientes de que hay nuevos conocimientos que aprender y que hay que prestarles atención. Un ritmo demasiado lento o con una información muy pobre, da a entender que no hay nada que aprender, que no merece la pena tomarse en serio el estudio, prestar atención o motivarse en su proceso de pensamiento. Todo parece que se consigue por su propio peso.

La orientación de las actividades
El alumno entregado a aprender debe ser orientado, saber adónde tiene que dirigir su esfuerzo, para conseguir vivir el éxito de su aprendizaje. Por eso, el profesor debe concretar con claridad los objetivos que se quieren lograr en cada lección y recordarlos de vez en cuando durante el curso (Dalis, 1970). El reto pedagógico que se plantea aquí es llevar los alumnos a que se propongan, o al menos acepten, un objetivo en el aprendizaje. A menudo, uno queda satisfecho con ofrecer a los alumnos fórmulas estereotipadas que suplen al objetivo del aprendizaje. «Al final de esta lección, el alumno será capaz de ... » El reto auténtico es crear la necesidad de aprender. Según Jean Berbaum (1991), para que se dé aprendizaje, hay que cumplir tres condiciones. La primera es que exista un proyecto, que se vaya tras un objetivo. Por ejemplo, al conocer los resultados de los nadadores en los Juegos Olímpicos, puedo concebir el plan de participar en las próximas competiciones. Y para esto, tendría que proponerme unos objetivos: mejorar mi velocidad, sincronizar mejor mis movimientos, aumentar mi resistencia...

4

La segunda condición es adoptar un método, planificar una serie de situaciones que permitan desarrollar nuestras capacidades potenciales. alimenticio, seguiría los consejos de mi entrenador, etc. Por último, la tercera condición es que el método dé los resultados esperados. Debo comprobar que mis aptitudes mejoran, que hago frente, con mayor eficacia, a las situaciones pensadas. Por lo tanto, debo experimentar un avance en mi rapidez, lograr mejores marcas en las competiciones... Si no percibiera cambios significativos en mi rendimiento, pondría en cuestión el método adoptado o hasta mi proyecto. La carencia de buenos resultados por lo general pone fin al proyecto y, consecuentemente, al aprendizaje. Así, cada mañana, dedicaría tantas horas al entrenamiento, me sometería a un riguroso régimen

Condiciones para el aprendizaje
Proyecto: cambiar su modo de actuar, su comprensión del mundo... para que se encuentre más a gusto en situaciones reales. Procedimiento: crear una serie de situaciones que faciliten el desarrollo de capacidades deseadas. Resultado: constatar un cambio positivo de resultados, sentirse con naturalidad y eficacia en un conjunto concreto de situaciones.

El aprendizaje escolar no puede ignorar estas tres condiciones.

Ahora bien,

¡cuántas veces aquél se ofrece «por el mero hecho de estar en el programa»! ¿Las actividades que se exigen a los alumnos constituyen un procedimiento adaptado a los objetivos que se han de alcanzar? ¿Nuestras evaluaciones permiten detectar que uno se encuentra cada vez con más naturalidad en determinadas circunstancias o que nunca consigue mejorar el rendimiento?

El estilo de enseñanza
La entrega del alumno al estudio depende ciertamente de las actividades que le son propuestas; pero también del tipo de ayuda que necesita para realizarlas. David Hunt (1971) nos recuerda, en su modelo de acoplamiento, que tendemos a elegir nuestro estilo de enseñanza pensando más en nuestras aptitudes personales que en las necesidades de los alumnos. Ahora bien, los alumnos pueden necesitar un marco diferente del que espontáneamente estaríamos dispuestos a ofrecer por el estilo de

5

enseñanza que más nos conviene. Por eso, para mantener a los alumnos dedicados a las tareas de aprendizaje, nos vemos obligados a cambiar nuestro estilo al ritmo del avance de los alumnos. Una enseñanza organizada a base de trabajos cortos controlados por el profesor o planificada en forma de consignas generales para rendimientos prolongados no brinda en ambos casos el mismo grado de apoyo al proceso de aprendizaje. Un estilo de enseñanza minuciosamente planificado o un estilo por objetivos cuya responsabilidad recaiga en los alumnos, no son en sí mismos garantía de eficacia. Todo depende de los alumnos a los que van destinados. No existe un único modelo de buena enseñanza: existen combinaciones más o menos favorables al aprendizaje que, en última instancia, no son ni buenas ni malas. Una enseñanza eficaz para un nivel y con determinados alumnos no lo será en diferentes circunstancias. Por eso, el profesional de la enseñanza sabe acomodarla. Y para conseguirlo debe especificar los aprendizajes que se espera alcanzar conocer las características de sus alumnos descubrir el ambiente propicio crear actividades para aprender ir cambiando las condiciones del aprendizaje con el tiempo y con el cambio de las características de los alumnos. Nada hay estático en una relación, y la misma relación pedagógica no puede fijarse en un estilo inmutable.

LA ORGANIZACIÓN SIGNIFICATIVA DEL CONTENIDO
Por muy atrayentes que puedan ser las actividades que proponga el profesor para aprender, es necesario que los alumnos consideren de interés su contenido para que quieran aprenderlo. Por eso, el profesor que busque que los alumnos se entreguen al estudio debe planificar el contenido de su curso de forma que le vean sentido.

El enlace con lo aprendido anteriormente
Ausubel (1963) indicó en su teoría del aprendizaje significativo que el factor que determina nuestra capacidad para obtener provecho de una situación de aprendizaje potencial es lo aprendido anteriormente, el conjunto de conocimientos ya adquiridos. Es importante, entonces, que las nuevas adquisiciones cognoscitivas se

6

relacionen con los componentes de la estructura cognitiva del alumno ya formada para que pueda extraer de ella la significación. Para eso, Ausubel propone el uso del estructurante, un medio que permite al alumno situar el aprendizaje futuro dentro del marco de sus conocimientos actuales. El estructurante (advance organizer) es un instrumento de integración de los conocimientos. Consiste en ofrecer al alumno, al comienzo de la enseñanza, una visión de cómo las informaciones van a ser organizadas. alumno: «Tú has estructurado los conocimientos de una manera; los que te van a ser presentados lo van a ser de la misma forma». Según esto, antes de estudiar el sistema circulatorio, se puede utilizar primero la analogía con el sistema fluvial, o también, para iniciar un curso de electrónica, se puede recordar el siguiente principio: «La resistencia de una cadena está determinada por su eslabón más débil». En ambos casos, se hará una referencia constante, a lo largo del curso, a estos «modelos» para estructurar el nuevo saber. propiedades: ser un conjunto reducido de informaciones visuales o verbales presentarse antes de aprender un conjunto de contenidos más importante no contener ninguna información específica de lo que se ha de aprender servir para establecer relaciones lógicas entre las informaciones nuevas influir en el proceso de codificación del que aprende. Según Mayer (1975) un estructurante debe presentar las siguientes Es como si se dijera al

A estas características añadimos que el estructurante debe ser fácil de comprender por el alumno y pertenecer a una estructura que éste ya posee. A esta técnica hay que añadir que el aprendizaje significativo para el alumno puede mantenerse gracias a los siguientes elementos: presentación ordenada y organizada de los contenidos (Belgard y otros, 1971) llamada de atención para indicar la transición a nuevos temas de estudio (Smith y Cotten, 1980) reformulación frecuente de los principios esenciales (Maddox y Hoole, 1975) relación de lo que se ha enseñado y se ha evaluado (Cooley y Leinhardt, 1980).

7

El enlace con la experiencia del alumno
El sentido que pueda tener para el alumno el contenido de un curso dependerá también de la relación que se establezca entre ese contenido y su experiencia, los hechos importantes de su vida. Por eso, el uso de imágenes expresivas y de ejemplos (Anderson y Hidde, 1971) es un método eficaz para mantener el interés de un contenido. Hemos visto que el desarrollo de nuevas capacidades se enmarca siempre dentro de un proyecto: hay que querer «adquirir la familiaridad con una situación que hace que no haya más duda cuando uno se enfrente a ella» (Berbaum, 1991). El alumno debe, entonces, ser puesto en esa situación, experimentar sus aptitudes enfrentándose a ella y pensar en la posibilidad de aumentar su capacidad. Haciendo esto, podremos evitar que el saber escolar conserve las condiciones señaladas por Develay (1992). Según este autor, dicho saber: -

ofrece respuestas sin referencia sistemática al problema que las ha
provocado

-

ignora las condiciones de su aparición: falsas pistas, tanteos, errores, hipótesis
abandonadas

-

se presenta fuera de contexto, como una realidad aislada, como si no
constituyera antes el saber de una persona, de una época, de una situación

-

se yuxtapone a otros conocimientos, sin que exista una coherencia clara entre
ellos.

De hecho, el saber siempre tiene al menos cuatro dimensiones. La primera, una

dimensión histórica: en un momento determinado se planteó un problema. ¿Cuál era?
¿Qué se pretendía hacer? ¿Cómo se las arreglaron entonces? ¿Cómo se presenta hoy el problema? ¿Cuándo se plantea? La segunda, una dimensión científica: los conocimientos relativos al fenómeno en cuestión se presentan de alguna manera. ¿Cómo se concibe la situación problemática? ¿Cuáles son los conocimientos relativos a la presentación (el modo de hablar de una cosa) y al modo de proceder (los modos de actuar) más usados ordinariamente en tales situaciones?

8

La tercera, la dimensión tecnológica: los métodos y los instrumentos utilizados. ¿Cómo se procede? ¿Qué se utiliza? ¿Qué resultados se obtienen? Finalmente la cuarta, la dimensión filosófica: la reflexión que se hace sobre este saber. ¿Existen problemas permanentes? ¿Cuáles son las consecuencias del uso de nuestras tecnologías? ¿Cuáles serían las nuevas vías por explorar?

Cuatro dimensiones del saber
Historia: Ciencia: Tecnología: la situación problemática y el origen de nuestros intentos de solución la presentación de la realidad empleada los métodos e instrumentos utilizados

Se ha juzgado que el estudio en paralelo de diferentes materias escolares, tomadas de los diversos campos del saber, equivalía a una formación. Al fragmentar los conocimientos, se creía simplificar la vida del alumno. Hoy se cae en la cuenta de que la fragmentación obstaculiza la coherencia necesaria de una acción pedagógica dirigida al desarrollo de un auténtico saber, de un saber que convierta a una persona en competente. Se pueden observar, en los alumnos, los síntomas de la desintegración en los aprendizajes: la dificultad para aplicar un conocimiento en el contexto de la solución de un problema nuevo el estancamiento del pensamiento en los datos descriptivos la persistencia de referencias inadecuadas, contrarias a los aprendizajes, pero valoradas como buenas la lentitud del pensamiento el desinterés por el estudio de las materias escolares la incapacidad de sintetizar la ausencia de trasvase de saberes de una asignatura a otra, de un curso a otro. El más importante reto de la pedagogía contemporánea es quizás restablecer los vínculos entre la experiencia y el saber. Estos no podrán crearse sin adoptar programas de estudio que permitan la integración de las diferentes dimensiones del saber en función de situaciones reales para los que aprenden.

9

LA ASOCIACIÓN DE SENTIMIENTOS AL APRENDIZAJE
Constatamos que no guardamos todo en la memoria. Conservamos lo que nos

interesa. Y el interés no es un problema de lógica. Hay hechos que nos impresionan y otros que nos dejan indiferentes. Existe, por tanto, una información subjetiva asociada a las informaciones que nos transmiten. Los profesores contribuyen a asociar estas informaciones subjetivas a los contenidos escolares. Vygotsky (1934) demostró que la actividad de interacción psíquica influye en la percepción de la realidad. Nuestros padres, cuando éramos niños, llamaban nuestra atención hacia algunas cosas: «Mira ese gracioso gato», dirían, «es pacífico». «¿Has notado su bigote?». conocimientos que hay que adquirir. En clase, los profesores llaman la atención y hacen juicios de valor sobre las tareas que hay que realizar y los Ellos pueden influir en la percepción de la importancia que los alumnos conceden a la materia.

El compromiso personal
El profesor da testimonio de la importancia de la materia con su entrega personal a la labor de mediación que ejerce entre el alumno y esa materia. alumnos sobre el valor de la materia por aprender. El entusiasmo del profesor (Abrami, Leventhal y Perry, 1982) es un factor determinante del juicio de los El talante humano (Kaplan y Pascoe, 1977) es otro factor que repercute en el interés de los alumnos. De ahí que no se pueda enseñar con indiferencia sin dejar huella en los alumnos.

Los comentarios a las tareas de aprendizaje
Los comentarios que hacen los profesores a las tareas que imponen a los alumnos para aprender juegan un papel importante en la relación pedagógica (Duffy y Roehler, 1986). El acompañar las normas de trabajo con comentarios que acentúen su Este es, por tanto, un importancia y su función en la marcha del aprendizaje, es conseguir que la disposición de los alumnos ante el trabajo escolar sea más positiva. elemento importante, pero que se olvida cuando uno se limita a dar escuetamente las orientaciones de un trabajo que parece entonces determinado por la fatalidad.

La posibilidad de éxito
Por encima de todas las explicaciones, el alumno tiene que percibir la posibilidad de conseguir el aprendizaje de una asignatura para que se interese en él. Si la carga

10

emotiva asociada al aprendizaje escolar es negativa, no es extraño que el alumno dude en entregarse al estudio. Por eso, es importante que el profesor planifique el aprendizaje y su evolución de forma que el alumno se sienta capaz de aprender. La comprobación frecuente del dominio que los alumnos van adquiriendo se hace con miras a prevenir la sorpresa del fracaso que condicionaría los otros pasos del aprendizaje. Richard Coté (1987) deduce cuatro principios pedagógicos ligados al efecto del éxito: El éxito aumenta el valor de las actividades intelectuales asociadas al aprendizaje buscado. El éxito eleva el nivel de aspiración y el fracaso lo hace bajar. El nivel de aspiración tiende a subir el nivel del rendimiento. La probabilidad de que crezca el nivel de aspiración va unida al aumento de las posibilidades de éxito. Por tanto, para mantener el interés del alumno, es importante procurar que progrese siempre con conciencia de la posibilidad de éxito en su aprendizaje.

-

CONCLUSIÓN
Las asignaturas, para que lleguen a interesar a los alumnos e influir en su dedicación al estudio, dependen de la calidad de la enseñanza de los profesores. En definitiva, la enseñanza despierta mucho más interés que las mismas materias. Por lo demás, un mismo curso interesará con un determinado profesor y con otro será irrelevante. El dominio por el profesor de las técnicas de enseñanza se muestra, pues, tan decisivo como el del contenido de la asignatura.

He pretendido ofrecer aquí pistas para mejorar la enseñanza y conseguir que los alumnos se interesen en el aprendizaje de las materias escolares. Vuestra experiencia, sin duda, os permitirá aportar ejemplos de aplicación de los principios pedagógicos presentados o encontrar otros elementos y otras técnicas capaces de suscitar el interés de los alumnos.

SEGUNDO POSTULADO ¿El trabajo del alumno se limita a guardar informaciones?

Cuando el método de enseñanza de un profesor descansa exclusivamente, o en gran parte, en la exposición magistral, podemos sospechar que está presuponiendo que la

11

labor de los alumnos, en la clase, se limita a registrar la información que después ellos deberán comprender y asimilar. En realidad, pensándolo bien, la tarea de los alumnos es, como mínimo, sacar la información «esencial» de las explicaciones y asimilarla de manera que les permita salir con éxito de las pruebas que han de superar. Pero esto supone algo más que un simple registro de información; todos los alumnos tienen que analizar la información recibida, formarse su propio pensamiento y elaborar modelos de acción. Si el trabajo de los alumnos tuviera que limitarse a registrar las informaciones y su tratamiento tuviera que hacerse fuera de clase, en el tiempo del estudio personal, ¿serían capaces los alumnos de registrar el contenido de todo un período escolar? ¿Estarían en condiciones de retener después las informaciones dispares de diferentes materias sin relación aparente entre si y a lo largo de una misma jornada? ¿Podrían después ordenar todo eso?

LOS SÍNTOMAS DE LAS DIFICULTADES CON QUE TROPIEZAN LOS ALUMNOS
Generalmente, los alumnos lamentan tener que aprender a partir de numerosas y prolijas explicaciones. A veces, las consideran aburridas, pero con frecuencia las encuentran interesantes, aunque difíciles de seguir. Piensan que contienen abundante información importante que es novedad para ellos, pero sienten que les falta el tiempo necesario para comprenderla y, sobre todo, para deducir su verdadera significación. Ante estas dificultades, algunos alumnos reaccionan forzando al profesor a respetar las mínimas condiciones necesarias que faciliten su aprendizaje. Puede ser útil prestar atención a las reacciones de los alumnos, pues sus actuaciones nos descubren muchas de las condiciones de eficacia de las exposiciones.

El control del ritmo de exposición
Los alumnos que han de aprender a partir de exposiciones no tienen, en gran medida, control de las condiciones en que deben realizar ese aprendizaje. A lo sumo, su poder se limita a exponer al profesor sus necesidades respecto de las condiciones de aprendizaje impuestas. Una exposición presenta la información de forma definitiva y a un ritmo escogido por el profesor. Como los alumnos no pueden retener ese flujo continuo de información, retrasan esa operación tomando apuntes. Pero anotar lo que se acaba de decir entra en competencia con otra actividad: escuchar lo que se está diciendo

12

en el presente. Entonces los alumnos se ponen a buscar diversas formas de hacer comprender al profesor que les debe ayudar a realizar simultáneamente la dos actividades. Ellos procuran influir en el ritmo de la exposición. Ordinariamente hay tres formas sencillas de hacerlo y tienen la ventaja de no crear conflicto con el profesor: pedir a éste que repita (refuerza la importancia de lo expuesto), plantear cuestiones (muestra el interés por lo dicho) y estimular el humor (lo que manifiesta el aprecio del rendimiento del profesor).

- Proponer al profesor que repita Si los alumnos piden al profesor que repita, seguramente es porque el ritmo de la exposición no les permite retenerla o tomar apuntes. Además, porque la repetición, la mayoría de las veces, obliga al profesor a reformular sus afirmaciones, a aclarar su pensamiento y a proporcionar ejemplos, y esto facilita el aprendizaje. La repetición desacelera el ritmo de la exposición y facilita la memorización y el entendimiento. Los alumnos, forzando la repetición, están indicando a su profesor que el ritmo de la exposición tiene que permitir el tomar apuntes y el comprender el máximo de lo que se les comunica.

- Plantear cuestiones Las preguntas tienen la misma función que la petición de repetir. Cuando sólo persiguen frenar el ritmo, parecen estar fuera de contexto. Cuando son oportunas dan pie a un tratamiento más profundo de lo expuesto. Estimulan al profesor a añadir elementos de información importantes para la comprensión. Con bastante frecuencia, la respuesta a una pregunta es ocasión para que el profesor aduzca ejemplos complementarios. Y ya sabemos que el número de ejemplos es un factor esencial para la formación de conceptos. Podríamos añadir también aquí que, en cierta medida, los alumnos «se permiten educar a su profesor».

- Incitar al humor Ya es conocido que los alumnos pueden utilizar el humor para interrumpir la información continua. Pero podemos imaginar que se sirven también del humor del profesor para crear condiciones favorables al aprendizaje. Manifiestan claramente que prefieren las exposiciones con humor y los profesores que lo usan. ¿Contribuye realmente el humor a facilitar el aprendizaje? ¿Es mejor, para enseñar, una exposición humorística que una seria? Los trabajos de Kaplan y Pascoe (1977) muestran que el introducir humor en las exposiciones tiene poco impacto en el

13

rendimiento de los alumnos a la hora de evaluar su aprendizaje. En conjunto, el humor no aumenta la eficacia de la exposición, no conduce necesariamente a aprender mejor los diferentes datos presentados. Sólo ejemplos de humor, que sirven para ilustrar los conceptos básicos de una exposición, repercuten en la formación de esos conceptos. En realidad, hay que reducir nuestras expectativas sobre la eficacia del humor a su simple capacidad de atraer la atención de los alumnos hacia los contenidos importantes de la exposición y de impulsar un tratamiento más profundo de éstos. El humor crea en los alumnos una disposición positiva, no porque ayude a aprender, sino porque contribuye a marcar un ritmo más favorable a la comprensión y a tomar apuntes. El humor reduce el flujo de las informaciones nuevas y hace posible una presentación más profunda de las informaciones ofrecidas. Esa presentación podría hacerse muy bien en tono serio. Tendría el mismo efecto en el aprendizaje. Sin embargo, «la educación» del profesor por parte de los alumnos se hace con más facilidad cuando éstos pueden reforzar las acciones que el profesor ya lleva a cabo y ayudan a frenar el ritmo de la transmisión de contenidos.

La clarificación del objetivo del aprendizaje
Otras intervenciones de los alumnos sirven para dar a entender que si ellos conocieran de antemano lo que deberían aprender a lo largo de la exposición, su tarea se vería facilitada considerablemente. En efecto, los alumnos necesitan que se les oriente sobre el tratamiento que han de dar a las informaciones. Por eso, con frecuencia se oye preguntar a algunos: «¿Hay que aprenderse todo?» Con este tipo de preguntas, los alumnos fuerzan a los profesores a que separen lo esencial de lo accidental e indiquen lo que es necesario aprender. Otra forma de obligar a precisar lo que se espera de ellos es decir simplemente: «¡No comprendo nada!» Con esta confesión, el profesor se siente movido a recordar lo que se ha aprendido anteriormente, a fijar el objetivo de la exposición presente y a establecer la relación entre lo que se está explicando y lo estudiado antes. De esta manera, los alumnos consiguen saber generalmente lo que deberían sacar de la explicación. Esto orienta su trabajo. Royer (1977) ha comprobado que si se comunica a los alumnos lo que deberían aprender durante la explicación, y esto se hace antes de comenzarla, sacan más provecho. La investigación da la razón a los alumnos que reclaman ordinariamente

14

que se les indiquen los pasos que se van a seguir en la exposición y se les oriente en lo que han de hacer con la información.

Las explicaciones del tratamiento de la información
¿Por qué los alumnos no consiguen retener el contenido de una exposición sin tener que tomar apuntes, formular preguntas, hacer que repitan y pedir una explicación más detallada? La respuesta es bien sencilla: porque son inteligentes. En efecto, si los alumnos fueran simples autómatas y se contentaran con repetir lo que sus sentidos han captado, ¿cómo podrían ejercitar su inteligencia, diferenciar lo útil de lo accidental, ir a lo esencial y formarse una imagen correcta de la realidad? Nuestro cerebro, sede de nuestra inteligencia, no funciona como un

magnetófono. Nosotros no registramos el estímulo, lo que nos llega por los sentidos. En realidad, nuestros recuerdos no son evocación de nuestras sensaciones o de nuestras percepciones o incluso de nuestras reacciones. Son siempre reconstrucciones de la realidad vivida o percibido. Y esta es la razón de que existan tantas posibilidades de transformación de los hechos reales. los mismos conceptos. No retenemos en la memoria nuestras percepciones tal como son, ni contamos con toda la información que nos llega. Cassirer (1946) subrayaba que «la finalidad de nuestras accione es lo que determina la selección de la información. Lo que mane jamos no está condicionado tanto por el "contenido" de nuestra experiencia cuanto por el “sentido" de algunas informaciones para nuestros actos e intenciones. Retenemos de la totalidad d una información solamente lo que interesa para nuestra actividad. En resumen, se aprende no tanto de la experiencia cuanto por las experiencias. Los alumnos, como nosotros mismos, no buscan en las informaciones que les damos más que lo que tiene sentido con relación a la idea que se forman acerca de lo que han de hacer con ellas. La actividad escolar es la que determina la importancia que se concede a la información ofrecida por el profesor. Los alumnos de una misma clase, habiendo recibido la misma enseñanza, no guardan el mismo recuerdo, no «han memorizados

La construcción de modelos
El aprendizaje es una actividad inteligente porque no consiste en registrar la disertación de un profesor, sino en construir por sí mismo una imagen útil de hechos y

15

actividades que haga posible el actuar con facilidad en diversas circunstancias. Pero la realidad es siempre compleja y las situaciones demasiado diferentes como para que la memorización de las percepciones sea útil para orientar y elaborar nuestra conducta. Cada nueva situación que se afronta presenta demasiadas informaciones simultáneas y hace difícil el decidir inmediatamente qué se ha de adoptar a partir de ellas, porque serán siempre diferentes de las que hemos ya recibido. Para ser eficaz, nuestro cerebro elabora, a partir de los elementos recibidos, modelos simplificados, abstractos, de la realidad. Estos modelos son los que sirven para elegir nuestros comportamientos y organizar nuestra conducta. La situación no es la que determina directamente nuestra conducta; es la idea que nos hacemos de ella, el modelo que tenemos de ella. Realidad Situación compleja Persona Modelo simplificado Actividad Conducta diferenciada

Interpretación

Elección de comportamientos

Esto nos permite comprender el por qué, en las mismas circunstancias, un especialista actúa rápida y eficazmente, y otra persona se muestra completamente ineficaz. Gracias a la organización «en modelos» de sus conocimientos, el experto reconoce rápidamente la naturaleza de una situación que exige la acción que él lleva a cabo con facilidad. El aprendizaje consiste en construir esas imágenes de la realidad y esas estructuras de actividad que permiten familiarizarse con las situaciones reales. Durante una exposición, el alumno no busca tanto memorizarla cuanto sacar de ella los modelos de pensamiento útiles para su actividad. La función de la enseñanza es impulsar la formación de modelos apropiados, coherentes y completos. La masa siempre confusa de las informaciones presentes en un contexto real sólo puede cobrar sentido, para un individuo, cuando disponga de estructuras de conocimiento adecuadas. Todo individuo actúa lógicamente en relación con su estructura mental. Los

«fallos» cometidos por los alumnos provienen de las deficiencias de los modelos mentales que ellos utilizan. Para corregir la situación, hay que identificar las lagunas en el modelo de referencia y trabajar en su modificación.

16

Las operaciones de tratamiento de la información
Para comprender la utilización y elaboración de los modelos mentales, la psicología cognitiva utiliza un modelo del tratamiento de la información. Según ese modelo, podremos descubrir que aprender puede significar diversos fenómenos, pero que en ningún caso equivale a un registro automático. El aprendizaje denota el acto voluntario de estudio de un conjunto determinado de informaciones que permite deducir de él modelos que puedan recuperarse cuando se quiera y ser utilizados con destreza. corteza cerebral. Esta es una función básica de la Se trata, en efecto, de neuronas que establecen conexiones

sinápticas. «Aprender es hacer fijas conexiones sinápticas preestablecidas» (Changeux, 1983). El montaje de las neuronas de la corteza es el resultado de una organización genética, pero la modalidad de las conexiones entre las neuronas, la elaboración de redes por conexión y la «creación modélica» de las estructuras resultan del aprendizaje. No se trata de una única operación; según sea la complejidad de la obra, implica modificaciones más o menos numerosas y muchas formas de hacer. El tratamiento de la información puede comprender operaciones como

-

la codificación de las informaciones memorizadas: la formación de un conjunto
coherente de conocimientos según un código (lingüístico)

la organización de las informaciones: la suma de elementos en la base de datos
o su reestructuración

el refinamiento de las redes de selección: la mejora de los índices de
reconocimiento o el hábito de localización de las informaciones

la complejidad creciente de los sistemas para producir la información: el
perfeccionamiento de las estrategias de investigación

el reajuste del sistema de control: la modificación de las funciones de
evaluación y de conducción de la actividad

la creación de nuevas estructuras (modelos): el crecimiento de la capacidad de
tratamiento de nuevas informaciones con la ayuda de estructuras más apropiadas

-

el perfeccionamiento del sistema lingüístico: la mejora de los instrumentos de
codificación que son el vocabulario (léxico), la sintaxis (reglas de composición) y la semántica (reglas de formación del sentido)

17

-

la diversificación de las formas de organizar la información: el enriquecimiento de
los modos de representar la información en la memoria. Como el aprendizaje consiste en construir la propia red sináptica (las uniones

entre neuronas) a partir de la red ya establecida, un aprendizaje concreto exigirá, para cada uno, operaciones diferentes. Aprender la misma cosa no significa ejecutar las mismas operaciones: todo depende de la estructura cognitiva de partida.

El sistema de tratamiento de la información
Para comprender estas operaciones, hay que imaginarse no el soporte biológico que ofrece el cerebro, sino más bien el sistema de las funciones realizadas por el cerebro. Este sistema de tratamiento de la información puede ser concebido de forma más o menos compleja. No pondremos en esto nuestra atención, sino en los elementos que los profesionales de la enseñanza deben tener en cuenta.

Cuatro funciones esenciales
El sistema de tratamiento de la información realiza fundamentalmente cuatro funciones: la percepción de los estímulos, el tratamiento de las informaciones recibidas, el almacenaje de los conocimientos elaborados y la respuesta a las situaciones percibidas. Veamos como el sistema ejerce estas funciones.

- La percepción o la memoria sensorial
Para que pueda darse tratamiento de la información, deben captarse los estímulos. Para esto son esenciales los receptores sensoriales. Es necesario que los estímulos activen el sistema y que dejen su huella suficientemente. Por eso se habla generalmente de memoria sensorial. Se sabe, por ejemplo, que la memoria sensorial visual retiene detalles bastante importantes de una imagen durante unos segundos, es decir, el tiempo de un parpadeo. Se suele admitir que esa memoria (el rastro de un estímulo) se da también en los sistemas auditivos y táctiles. Aunque no se conocen muy bien aún sus mecanismos de funcionamiento, sí se conoce la importancia de la función de los impulsos sensoriales. En esta primera etapa, el aprendizaje puede ya ser bloqueado. Habréis advertido, sin duda, que con relación a la memoria sensorial hemos hablado de rastro de un estímulo y no de información. Preferimos guardar el término «información» para los signos portadores de un mensaje. A este nivel, el ruido y la

18

información se encuentran parejos.

El trabajo del cerebro es tratar esos impulsos,

memorizados como vestigios sensoriales, para responder a las cuestiones cognitivas (lo que está en tratamiento) y reducir el desconocimiento. Hay información cuando el impulso, una vez recibido, hace que el receptor tenga más conocimiento que antes. Dicho de otra manera, el estímulo está vacío de sentido; no se le puede relacionar con ningún elemento ya conocido; es, por tanto, un RUIDO. Y el ruido es una señal que no aporta información, que no puede ser interpretada. Puede ser tanto acústica como visual o táctil. Desde el punto de vista cognitivo, el ruido es siempre la consecuencia de la ignorancia. Un turista inmerso en la muchedumbre de las calles de Hong-Kong o de El Cairo sólo percibe ruido, mientras que la mayoría de los nativos recibe información. La razón es bien sencilla: el turista ignora el código, la lengua que le permitiría dar sentido a sus percepciones. Para seguir una exposición hace falta algo más que la simple percepción de los sonidos emitidos por el profesor. Para interpretar lo que expone, hay que dominar suficientemente su lengua a fin de poder decodificar su nivel lingüístico y, además, tener conocimientos relacionados con el tema sobre el que está hablando. Aprender, por tanto, no es un problema de escucha, ni de percepción.

- El tratamiento o la memoria de trabajo
Comprendemos ahora que el enunciado de la fórmula de Einstein, E = mc2, no es una información. Una ecuación, como cualquier palabra, puede estar llena de información, pero se requiere conocer el código en el que está expresada y la disciplina a la que pertenece. Dicho de otra manera, una fórmula puede ser sólo un ruido. La capacidad del individuo para tratarla la convierte en información. He aquí un mensaje que resume la convicción de los que enseñan de que, para aprender, basta con escuchar:

TODO DEPENDE DE LA PERCEPCIÓN

Sin duda, habéis captado el mensaje. ¿Es idéntico al que os ha sido presentado? ¿Habéis leído lo que se os ha comunicado? ¿Habéis caído en la cuenta de que lo escrito no es «Todo depende de la percepción», sino «Todo depende de «la» percepción»? ¿Habíais notado la presencia de dos «la»? Es posible que no. Al tratar el impulso visual, vosotros habéis buscado una información con sentido. Y el segundo

19

«la» no aporta ninguno. Es sólo una vibración y probablemente vosotros la hayáis ignorado. Luego, más allá de la percepción sensorial, existe una percepción intelectual, una interpretación, un tratamiento de la información. Esta es la función de la memoria de trabajo. Sabemos que la información, una vez percibido, no se borra de inmediato. Por eso, cuando debemos pagar un artículo en una tienda, normalmente no tenemos que anotar lo que queremos comprar y el precio del artículo, mientras contamos nuestras monedas. Las informaciones relativas a una obligación se conservan, entonces, un cierto tiempo, el tiempo de ejecución de esa obligación. Puede muy bien suceder que, al poco tiempo de dejar la tienda, no me acuerde del precio pagado por el artículo comprado, pero lo he retenido en la memoria el tiempo que ha durado la compra. Hay, por tanto, una función de trabajo en la memoria, una especie de «mesa de trabajo» que guarda las informaciones en tratamiento. Los investigadores, al subrayar que no somos conscientes de nuestros conocimientos fuera del tiempo en que los estamos utilizando, han llamado también memoria consciente a la memoria de trabajo. Existen límites en la memoria de trabajo: límites en la cantidad de información y en el tiempo de retención de las informaciones. Por eso se llama a esta memoria más frecuentemente MEMORIA A CORTO PLAZO o memoria corta. La capacidad de la memoria de trabajo es, en efecto, muy limitada. En 1956, Miller subrayó en primer lugar que sólo podíamos guardar en la memoria una pequeña cantidad de información para tratar. Seis o siete cifras, por ejemplo, sería todo lo que podríamos memorizar en un momento dado. Por eso, podemos retener un número nuevo de teléfono de siete cifras el tiempo de ir al teléfono y marcarlo. En cambio, si alguien introdujera una nueva información, preguntándonos, por ejemplo, la hora, no podríamos retener el número y hacer nuestra llamada. Cuando hacemos entrar en la memoria de trabajo más información de la que puede retener, deben salir de ella otros elementos. mantener un ritmo aceptable en las exposiciones. Miller observó luego que cada «unidad» memorizada (chunk) podía contener una cantidad variable de información. Puede haber conjuntos de elementos en una sola unidad memorizada. El chunk es una unidad de estímulos que contiene un significado Esto nos enseña la necesidad de

20

conocido. Por ejemplo, si se nos dan para memorizar, como una unidad, las letras atozmopujeap, y se nos pide que las recordemos en cualquier orden, será una tarea muy difícil. En cambio, si se organizan esas letras formando las palabras paje, zumo y pato, es fácil reproducirlas. de tener en cuenta. La memoria a corto plazo es, entonces, este «sistema de memoria transitoria cuya función es mantener activa una cantidad limitada de información necesaria para la ejecución de acciones en curso» (Fortin y Rousseau, 1989). Por definición, esta memoria debe olvidar lo más rápidamente posible toda la información innecesaria para la tarea que se está realizando. Cuando el trabajo del alumno se limita a reproducir textualmente las frases pronunciadas por un profesor, es normal que una buena parte de ellas se olviden, habida cuenta de la naturaleza de la memoria a corto plazo. Hay que tener presente, además, el proceso de atención selectiva que retiene, de entre los estímulos que llegan de una situación, solamente los que guardan relación con lo que está en tratamiento en la memoria de trabajo. El alumno distraído trata en realidad recuerdos e ignora los estímulos que le llegan del exterior. El alumno que conversa con un vecino trata habitualmente informaciones diferentes de las expuestas por el profesor. La organización significativa, el sentido, es la condición para explotar al máximo la capacidad de la memoria. El profesor, en sus exposiciones, lo ha

- El «stock» o la memoria a largo plazo
La memoria de trabajo tiene tres funciones esenciales: dar sentido a las percepciones (decodificación, codificación), elaborar la conducta y dirigir la ejecución de las tareas. Para llegar a esto, debe utilizar recuerdos, conocimientos anteriormente adquiridos o también formar nuevos conocimientos. Es decir, que ella puede permitir dos cosas: comprender o aprender. Comprender consiste en establecer, en la memoria de trabajo, una relación entre una nueva experiencia y el conjunto de lo que ya se conoce (Smith, 1979). Comprendo un texto cuando consigo dar un sentido a las estructuras lingüísticas que lo forman. Esto supone que he memorizado informaciones semejantes. Aprender es algo más que comprender: supone que, para dar sentido a una experiencia, debo transformar lo ya conocido, es decir, cambiar mi memoria de «stock», mi memoria a largo plazo.

21

La reserva de conocimientos que sirve para dar sentido (comprender) o para almacenar las estructuras abstractas nuevas (aprender) es la memoria a largo plazo. El problema que se plantea a esta memoria no es precisamente el de conservar la información, sino más bien el de clasificarla y organizarla. Esta clasificación es la que hace que los conocimientos estén disponibles fácilmente (informaciones memorizadas) en caso de necesidad. La memoria a largo plazo tiene diversas formas de clasificar las informaciones.

1)

La memoria secuencia
Cuando debemos memorizar cadenas verbales o sonoras, vacías de sentido, las

formamos en la memoria secuencias. Es el caso del aprendizaje de series de letras del alfabeto, de un poema o de una canción en lengua extranjera o de una fábula de La Fontaine. Nos es posible, pues, memorizar cadenas verbales sin significado. La Por codificación de este «ruido» se hace de ordinario gracias a un ritmo sonoro. ejemplo, uno no sería capaz de recitar el texto de una canción italiana sin cantarlo. Las cadenas verbales son reconocibles gracias a la primera palabra o a un título. No pueden ser recordadas fuera de la secuencia total. Por eso, si se nos interrumpe, tenemos que retomar nuestro recitado desde el principio. Los alumnos suelen tratar las lecciones como un discurso sin sentido (en lengua extranjera) y las memorizan por secuencias verbales. Esto se observa cuando, ante las preguntas de examen, el alumno larga un «extracto» de sus apuntes de clase que nada tienen que ver con las preguntas, o simplemente cuando el alumno repite nociones sin sentido que piensa haber aprendido en el colegio. Cuando el aprendizaje escolar se confunde con la memorización de secuencias verbales, está muy lejos de ser una actividad intelectual. El aprendizaje es siempre una memorización, pero debería ser excepcionalmente una memorización secuencial. Esta memoria, con todo, es útil: pensemos en la utilidad de memorizar la secuencia ordenada de las letras del alfabeto a la hora de consultar un diccionario.

2)

La memoria episódico
La memoria episódico es aquella en donde se guardan las experiencias

personales, los acontecimientos en los que hemos intervenido. Es una memoria en cierta manera autobiográfica, porque guarda todo lo que hemos hecho u observado. La relación entre los diversos elementos de esta memoria es la realidad espaciotemporal, el lugar y el tiempo en que estos hechos se han producido.

22

Esta memoria es muy útil cuando, por ejemplo, hemos perdido nuestras llaves. Nos permite reconstruir la secuencia de los hechos. Cuando el alumno actúa de espectador, utiliza a veces esta memoria como medio de aprender. Busca, en este caso, las respuestas en el «film» de lo que el profesor ha hecho. Es una memoria, sin embargo, poco útil para interpretar nuevas situaciones.

3)

La memoria semántica
La memoria semántica es aquella en donde se elaboran los modelos abstractos

que ayudan a comprender la realidad o las actividades. Estos modelos forman los componentes de una estructura organizada (lógicamente, jerárquicamente) que se llama la estructura cognitiva. El instrumento de elaboración de esta estructura es la lengua, los símbolos verbales (Vygotsky, 1934). La memoria semántica retiene los conocimientos «proposicionales» (llamados también declarativos o conceptuales). Se trata de la información con que contamos acerca de los hechos, las cosas, los seres, para poder tener sobre ellos un pensamiento coherente. Esta memoria conserva, además, los conocimientos de procedimiento. Son las informaciones que tenemos sobre el modo de conducir las actividades. Es la memoria de nuestras aptitudes. conocimientos son útiles. No hay que ver estas diferentes memorias como distintos «lugares» del cerebro, como entidades aisladas unas de otras; todo lo contrario, están interrelacionadas. Son diferentes modos de representar la realidad. Es sólo un modelo de las funciones del cerebro. Sin embargo, nos permite entender que el alumno que se esfuerza en aprender no está haciendo quizá las operaciones necesarias para conseguirlo. Puesto que la memoria de trabajo tiene límites, nos es necesario desarrollar en la memoria de «stock» instrumentos (conocimientos de procedimiento) y elementos estructurales de clasificación (conocimientos declarativos) que faciliten un tratamiento apropiado de las informaciones que nos llegan. Este tratamiento es necesario cuando una información pasa un primer filtro, el de la atención selectiva. clasificación de las informaciones contenidas en las exposiciones. hace, entonces, con una rapidez y una precisión variables. Ahora bien, los Su tratamiento, alumnos disponen de forma desigual de estos instrumentos y de estos elementos de necesario para que se ejercite la inteligencia, la comprensión y el aprendizaje, se Por último, ella guarda los conocimientos circunstanciales, es decir, las indicaciones sobre las circunstancias en que diversos

23

También, con mucha frecuencia, el alumno se ve obligado a tomar aprisa apuntes de informaciones sin significado, no tratadas, dejando para más tarde el tratamiento necesario para aprender. En este caso, no es seguro que el alumno, abandonado a sus posibilidades, esté en condiciones de tratar convenientemente las informaciones recogidas en el papel. El profesor no sólo debe transmitir informaciones; debe también orientar su tratamiento y verificar cómo el alumno los ha integrado en su estructura de conocimientos. Él tiene un papel de mediación en la elaboración de los conocimientos. Esta función permite superar la mera trasmisión de datos y pasar a construir los elementos de clasificación y los instrumentos intelectuales que los alumnos más tarde podrán utilizar para tratar las nuevas informaciones.

La respuesta o los efectores
El último elemento del sistema de tratamiento de la información es el subsistema de los efectores, de los mecanismos de respuesta. Estos mecanismos, la mayoría de las veces musculares, actúan según un modelo de conducta, una secuencia de comportamientos regida por la memoria a corto plazo. He aquí una vista de conjunto de arquitectura del sistema de tratamiento de la información tal y como la hemos descrito:

24

CONCLUSIÓN
Las características del funcionamiento del cerebro no permiten a los alumnos registrar un flujo continuo dé informaciones. Ellos deben tratar estas informaciones para darles sentido y servirse de ellas para construir su estructura de conocimientos Esto «proposicionales» o de procedimiento. Ahora bien, el tratamiento que hacen los

alumnos se realiza con los elementos sacados de sus aprendizajes anteriores.

explica que el tratamiento no sea siempre adecuado. La tarea de los alumnos no es tan simple como quisiéramos que fuera. Y esto hace que nuestra labor tampoco sea tan simple como quisiéramos. No podemos contentarnos con transmitir contenidos;

25

debemos orientar su tratamiento y verificar la estructura de conocimientos que resulta de ellos. Cuando transmitimos contenidos, es necesario facilitar su tratamiento a los alumnos. En primer lugar, podemos orientar al alumno, indicándole, antes de empezar la exposición, lo que debería buscar en el conjunto de las informaciones que le van a ser transmitidas. Después, podemos ayudarles alternando los momentos de exposición con la toma de apuntes, con el fin de evitarles el hacer dos operaciones simultáneas. Además, para impulsar un tratamiento más a fondo de los contenidos, se puede insertar preguntas a lo largo de la exposición, animar a los alumnos a que no copien literalmente lo que se les dice, invitarles a organizar los contenidos en cuadros, esquemas o estructuras de conceptos. También podemos facilitar el tratamiento proporcionando indicaciones,

adelantando el plan de la exposición y repitiendo frecuentemente los elementos importantes para relacionarlos entre sí. Por último, podemos lograr, durante la exposición, impulsar el aprendizaje verificando ocasionalmente la comprensión que los alumnos van adquiriendo de lo que se les expone. Actuando de esta manera, nos es posible ir rectificando la comprensión a lo largo del proceso y antes de que las falsas interpretaciones hagan la tarea más difícil. Si se consiguiera el sueño de muchos profesores de tener una clase de alumnos que entendieran todo, con rapidez, a gran altura y a un ritmo que hiciera posible cubrir los programas más ambiciosos, se demostraría que los alumnos no tienen necesidad del profesor; significaría que el sistema de tratamiento de la información está ya elaborado y que no necesitan aprender. construir su sistema de conocimientos. Felizmente, este sueño no se materializa jamás. Los alumnos tendrán siempre necesidad de que se les ayude a Por eso, cuando ellos nos manifiestan que tienen necesidad de nuestra ayuda para aprender, dejémonos educar por ellos. Desarrollemos así las aptitudes profesionales que demostrarán que podemos serles útiles en su proceso de aprendizaje.

TERCER POSTULADO ¿Basta con escuchar para aprender y hablar para enseñar?
Ante los resultados de un examen que ponga al descubierto la ignorancia de sus alumnos, un profesor podría muy bien exclamar: «¿Qué han hecho para equivocarse tanto? ¡Todo lo he explicado en clase! ¡Después de todo, ellos no tenían más que escuchar!». ¿No se escuchan estas expresiones habitualmente en las salas de

26

profesores? Habréis quizá notado, como yo, lo extendida que está la convicción de que el hablar para el profesor y el escuchar para el alumno son actos que explican por sí mismos la dinámica de la relación pedagógica. El mantener la exposición prácticamente exclusiva como método de enseñanza ¿no puede explicarse por el postulado comúnmente admitido de que los profesores enseñan hablando y los alumnos aprenden escuchando? André Paré (1983) subrayaba que «el acto espontáneo del que enseña representa el “acto más evolucionado que él puede realizar en un momento de su desarrollo”. En efecto, el acto de enseñar, como cualquier actividad, está dirigido por la estructura interna de conocimientos que cada uno se ha formado a partir de la información recogida e integrada tanto a lo largo de sus estudios como de su experiencia profesional. El acto de enseñar aparece así como el momento privilegiado de la expresión de la estructura cognitiva que dirige realmente cada uno de los actos del profesor. Si a la hora de preparar las clases la exposición aparece espontáneamente como el único componente de su modo de enseñar, se debe pregunta sobre el modelo de referencia, es decir, la imagen que él se forma de la relación pedagógica. Después de todo, como afirma Elliott (1976), lo que cambia la práctica es el ser consciente de las propias teorías. Con el fin de perfilar la teoría que sostiene la práctica de la exposición, propongo poner a prueba el postulado «basta con escuchar para aprender y hablar para enseñar», comparándolo con los argumentos en favor de eliminar de la enseñanza las exposiciones. Después de esta comparación, precisaré el rol de la exposición en la relación pedagógica y las condiciones que la enseñanza deberá respetar para facilitar plenamente el aprendizaje.

¿BASTA CON HABLAR PARA APRENDER Y ESCUCHAR PARA ENSEÑAR?
Supongamos que, para mejorar la pedagogía, se propone hacer lo contrario de lo que suele hacer la mayoría de los profesores. Entonces la propuesta serían: basta con hablar para aprender y escuchar para enseñar. ¿Cuáles serían los eslóganes de la nueva pedagogía? Analicemos algunos y veamos hasta qué punto pueden hacer tambalearse nuestras convicciones sobre la utilidad de la exposición.

27

Los alumnos necesitan desarrollar sus habilidades y no memorizar las informaciones
Se puede pedir a los alumnos que memoricen una gran cantidad de informaciones. Pero, cuando esas informaciones carecen de significado para el alumno y deben memorizarse maquinalmente, uno se da cuenta de que no son utilizables en las situaciones de la vida ordinaria. Por eso, dado que el estudio sirve para el desarrollo del alumno, se comprende que las habilidades por desarrollar sean de mayor interés que la simple memorización. Se ha subrayado la importancia de iniciar a los alumnos en el proceso por el que se produce el conocimiento y no sólo en el conjunto de conocimientos ya formado. Cuando sean adultos, no se les va a exigir a los alumnos que reproduzcan los conocimientos ya adquiridos, sino que los utilicen y, en ocasiones, que contribuyan a superarlos por la investigación. A causa de esto, se suele decir que es mejor desarrollar el espíritu crítico que la sumisión obligada a la hora de echar una simple ojeada a los conocimientos actuales. Se suele reconocer generalmente que la enseñanza de las ciencias, por ejemplo, no puede confundirse con el enunciado de recetas que faciliten el obtener determinados resultados. Hay que desarrollar, a través de su El enseñanza, las habilidades de observación, de experimentación y de análisis. conocimientos científicos. Se podrían resumir estas reflexiones sobre lo que deberían aprender los alumnos en el eslogan siguiente: hay que aprender a aprender, es decir, hay que desarrollar las habilidades para producir los propios conocimientos, el propio saber. Esto parece excluir la utilidad de la exposición y favorecer todas las actividades relacionadas con learning by doing, con el aprender actuando. Enseñar es hacer estudiar a los alumnos, «hacerles trabajar», diría Antoine Prost (1985). La exposición parece estar excluida al ser una actividad del profesor. ¿Está esto bien justificado? El discurso y las prácticas pedagógicas ligados a la óptica expuesta arriba separan el proceso y los resultados del saber. Esta separación intelectual es artificial e insostenible pedagógicamente. desarrollan independientemente Sabemos muy bien que las habilidades no se de los conocimientos (de un conjunto de

dominio del procedimiento científico es más útil que la memorización de los

informaciones, conceptos, principios organizados jerárquicamente) que permiten al individuo discernir la utilidad relativa de cada una de esas habilidades. Las técnicas y

28

los métodos no tienen sentido sino con relación a una organización conceptual de los conocimientos. Esto se ilustra fácilmente con la destreza en la lectura. Esta habilidad no puede quedar reducida a descifrar letras, acentos y puntuación. contenido es lo que condiciona la capacidad de leer. El conocimiento del Un texto que trate de

realidades para nosotros totalmente desconocidas nos puede sonar a chino. Igualmente, el espíritu crítico no puede confundirse con la facilidad para negar: supone un conocimiento suficiente del tema al que se aplica el análisis crítico. Con relación a la pedagogía, esto significa que la enseñanza de las habilidades presupone la enseñanza de los conocimientos. El conocimiento está en el origen del desarrollo de las habilidades. Con todo, hay que reconocer que la acumulación de informaciones no asegura que el individuo sea capaz de utilizarlas. Pero la práctica competente de una habilidad descansa necesariamente en un cierto número de conocimientos. El problema pedagógico consiste en determinar los conocimientos previos necesarios para adquirir esa habilidad. Para la entrega del alumno al proceso de producción del saber o incluso de su utilización, la experiencia nos enseña que debe dominar una cierta cantidad de conocimientos. No podemos determinar con precisión la naturaleza y la cantidad de ellos, pero sabemos que son necesarios. La organización de la enseñanza no debería basarse en una elección excluyente, ya sea de conocimientos o de habilidades. Dos principios pedagógicos parecen estar aquí presentes. El primero: nuestra capacidad de aprender depende del conocimiento ya adquirido; y el segundo: lo que se aprende a hacer es inseparable de lo que se consiguió comprender. Por eso, el antiguo ministro francés de Educación nacional, M. Chevénement, había decidido eliminar las actividades de iniciación afirmando que aprender algo es también la mejor forma de aprender a aprender.

Los alumnos aprenden más debatiendo que escuchando una exposición
Boby Fong (1987) compara un profesor que no suscita el debate en clase a un piloto que rehusara utilizar el radar en la niebla. La discusión obliga a los alumnos a hacer sus aprendizajes públicos, manifiestos. Los razonamientos de los alumnos son un magnífico indicador de la evolución de su comprensión de una materia. Por eso, rechazar la práctica del debate en la enseñanza es privarse de una fuente de información continua sobre el progreso de los alumnos. Desgradaciadamente, los exámenes son,

29

con mucha frecuencia, la única ocasión en la que los alumnos pueden expresar lo que han asimilado y recibir del profesor una valoración, por cierto muy superficial por limitarse a una cifra. Es evidente que las exposiciones dejan poco lugar a la participación de los alumnos. Las exposiciones, además, ocupan demasiado tiempo. Y los estudios han demostrado que, por lo general, la atención de un auditorio comienza a disminuir después de veinte minutos. Esto quiere decir que en una exposición sólo puede En cambio, un debate bien invertirse con eficacia la tercera parte de una hora.

dirigido suscita un interés creciente durante un período más largo. Si se comparan exposiciones malas con debates intensos, queda patente, a veces, la mayor eficacia de éstos. Y hay que reconocer, con todo, que la exposición tiene ventajas de las que carece la discusión. Una buena exposición ofrece nuevos conocimientos, proporciona el contexto necesario para su comprensión, destaca los puntos importantes y establece con claridad las relaciones que organizan el pensamiento en una materia concreta. La persona que expone orienta la construcción del saber de su oyente, resumiendo, subrayando, repitiendo, sugiriendo y haciendo operaciones intelectuales. De esta manera, el alumno puede situarse en el conjunto de las informaciones presentadas. Y esto no siempre sucede en los debates. Aunque la exposición no facilita la interacción abierta, ni el «feed-back» inmediato, tiene ventajas que hacen que no se vea la posibilidad de suprimirla. El profesor, con buenas exposiciones, brinda a sus alumnos modelos para plantear problemas y establecer una serie compleja de relaciones que facilitan la comprensión. Estos modelos de pensamiento son útiles para el aprendizaje, pero no son suficientes.

Los alumnos reservados están menos interesados en aprender que los que no lo son
Se defiende a menudo que el alumno exteriormente activo está más interesado en aprender que el que se muestra reservado y no participa en los intercambios y en las actividades. Uno con frecuencia muestra preferencia hacia un alumno que plantea cuestiones, expresa opiniones y se entrega a diferentes tareas, etc. La investigación sobre los estilos de aprendizaje ha puesto de manifiesto el carácter cultural de los enfoques pedagógicos. Los principios de igualdad, de participación democrática y de iniciativa individual en la sociedad occidental pueden

30

hacer que los pedagogos valoren la participación activa del individuo en su propia formación. La idea de que el individuo construye él mismo en la sociedad su propio éxito puede restar importancia al influjo externo proveniente, especialmente, de los educadores. En este contexto, el silencio, la reflexión personal y la lejanía de la acción pueden interpretarse como señales de indiferencia, de incapacidad para trabajar en colaboración con otros o de desinterés en sus responsabilidades. Por eso, se pone todo el esfuerzo en hacer participar a todo el mundo, en persuadir a los silenciosos de la importancia de sus opiniones, en invitar a todos a expresar lo que piensan en todo momento. La escucha es también una virtud. Supone la capacidad de guardar silencio. El respeto al saber acumulado de los mayores y la capacidad para sacarle provecho escuchando ¿son valores de los que la pedagogía debe necesariamente prescindir? En algunas sociedades, el silencio de los alumnos nace del respeto que se tiene a la palabra. El hacer uso de ella necesita una preparación, la posesión de ciertas cualidades. Luego el silencio no siempre es la consecuencia de la apatía o desinterés. Numerosos profesores han podido comprobar que muchos alumnos silenciosos se revelan como los mejores de su clase cuando llega la ocasión de realizar tareas intelectuales. Su silencio es, pues, más activo de lo que parecía. El aprendizaje que se consigue escuchando no se reduce al registro de la disertación que se ofrece. Supone atención. Y esta atención permite relacionar lo que se acaba de escuchar y lo que ya se sabe, y, además, prever a dónde nos quiere llevar el profesor. El alumno debe aprender a expresar sus ideas en cualquier contexto cultural. Este es otro aprendizaje que hay que hacer, pero también es otro modo de aprender, otra puerta de acceso al saber. La expresión oral, sola, puede revelar debilidad de pensamiento. Debe estar enriquecida con la adquisición de los procesos de pensamiento. La exposición, en esto, puede desempeñar un papel importante.

¿EN QUÉ CONDICIONES LA EXPOSICIÓN CONTRIBUYE AL APRENDIZAJE?
El progreso pedagógico, si damos crédito a la breve reflexión que acabamos de hacer, no pasa necesariamente por la negación de la utilidad de la exposición con el pretexto de que es una forma «tradicional» de enseñanza. No obstante, mantener la exposición como el único elemento de un método de enseñanza ciertamente no sería lo más acertado. Debemos organizar nuestra enseñanza en función de las necesidades de los alumnos, determinadas por las exigencias de su proceso de aprendizaje. ¿Qué nos sugiere esto?

31

Situar la exposición dentro de un modo de enseñar más completo
Puesto que se enseña siempre para que los alumnos aprendan, nuestros métodos de enseñar están sujetos al proceso de aprender. Por eso, una clase no está compuesta por una única actividad homogénea. Todo lo contrario, una clase es un conjunto de actividades unidas en una secuencia. Y cada actividad difiere de las otras por las acciones del profesor y de los alumnos, por las obligaciones respectivas y por los resultados previstos El análisis de cada clase revela que el armazón de las diversas actividades es siempre peculiar. Hay diferentes géneros de clases. Así, una que tuviera como objetivo presentar un tema nuevo podría comenzar planteando un estado de la cuestión, adelantando conocimientos nuevos y pasando luego a algún tipo de experimentación o de operaciones concretas. En una clase concebida para asimilar un principio (por ejemplo: la reducción de las fracciones a la mínima expresión) se puede presentar brevemente el estado de la cuestión, pero a continuación seguir con un examen de las habilidades ya conseguidas para presentar con relieve el problema nuevo con la ayuda de ejemplos y después pasar a una demostración del principio, seguida de un tiempo de ejercicios. En la realidad, los profesores saben muy bien que no basta con haber dicho algo para que los alumnos lo hayan aprendido. La complejidad de las lecciones revela que los profesores, con la actividades que organizan, son los que sostienen el proceso de aprendizaje de forma diferente cuando se trata de adquirir conocimientos o habilidades. Cuando los alumnos no han conseguido aprender lo que se les ha querido enseñar, no es sólo por no haber escuchado. Quizá el procedimiento adoptado no era el mejor. He aquí cuatro consejos que se suelen dar para asegurar que la enseñanza sea la más completa: Presentar la nueva materia en cortas etapas seguidas de ejercicios supervisados para los alumnos. Dirigir los primeros ejercicios con la solución en común de algunos problemas conduciendo el proceso cognitivo de los alumnos con preguntas.

32

-

Continuar con las aplicaciones y los ejercicios hasta que los alumnos estén seguros de sí mismos en la solución de los problemas que les son propuestos. Hacer periódicamente aplicaciones de los conocimientos adquiridos hasta que los alumnos los utilicen de forma espontánea.

Se suele atribuir los fracasos de los profesores a que no siguen durante largo tiempo tras los objetivos que ellos han fijado. Aprender no es cosa fácil. No se produce instantáneamente. Hay que llevar el proceso hasta el final.

Mejorar la calidad de las exposiciones
Hoy, la investigación sobre la enseñanza (Brophy, 1986) muestra que los alumnos aprenden más eficazmente cuando sus profesores estructuran primero la información nueva, les ayudan a establecer la relación entre ésta y la conocida, convencen a los alumnos para que utilicen algunas operaciones intelectuales concretas, dirigen sus actividades de aplicación, proporcionan un «feed-back» correctivo y organizan ejercicios de repetición. Por lo que respecta a la exposición, de todo esto se deduce que hay que estructurar las informaciones establecer relaciones dirigir las operaciones intelectuales llamar la atención sobre determinadas informaciones crear sistemas de organización de la información (matriz, esquema, mapa) establecer las operaciones necesarias para poder responder a una pregunta relacionada con la materia en cuestión. Para orientar el modo de organizar las informaciones, es útil, a veces, a lo largo de una exposición construir una estructura que manifieste la relación de las informaciones más importantes. Por ejemplo, se puede confeccionar un cuadro como éste:

33

Memoria a corto plazo Función Capacidad Duración Acceso Servicio Limitada Muy breve Inmediato

Memoria a largo plazo Almacenaje Casi ilimitada Larga Según la calidad de la organización

Entrada de datos

Muy rápida

Relativamente lenta

O también, al abordar nuevos conceptos, se pueden colocar los unos en relación con los otros en una mapa jerárquico. Memorias

Corto plazo

Largo plazo

Secuencial

Episódica

Semántica

Proposicional

Circunstancial

Procedimiento

O simplemente, se pueden reagrupar las informaciones en un esquema integrador:

Situación real compleja

Situación real compleja

Situación real compleja

Interpretación

Decisión

Se suele utilizar el cuadro comparativo para mostrar las oposiciones o las diferencias.

34

Conocimientos - Se refieren a información - son estáticos - aumentan con el estudio - se evalúan en función de la verdad

Habilidades - Se refieren a actividad - transforman la información - aumentan con el ejercicio - se evalúan en función de la eficacia

- se transmiten verbalmente son reconocibles cuando estructurados

- se desarrollan por la práctica están - son automáticas

Por lo tanto, en una exposición, no se trata solamente de hablar; hay que hacerlo, pero para influir en el pensamiento de los alumnos. Esto ni es sencillo, ni siempre fácil.

CONCLUSIÓN
En el modo de hablar de la enseñanza los profesores no siempre dan a entender que su tarea es compleja. Su trabajo en clase, en el curso de una lección, muestra que están entregados a una serie de actividades. exposición. Ante los resultados decepcionantes, uno puede preguntarse si las actividades propuestas a los alumnos permitían realmente alcanzar el nivel de aprendizaje que se medía en el examen. Es evidente que el hablar, para el profesor, y el escuchar, para el alumno, no expresan adecuadamente la riqueza y la complejidad de la relación pedagógica. El alumno aprende escuchando, pero también aprende leyendo, elaborando esquemas que organicen los contenidos recibidos, realizando ejercicios, reaccionando al «feed-back» del profesor como consecuencia del error, discutiendo sobre una materia con otros alumnos o con el profesor, etc. En resumen, el alumno aprende cuando reorganiza por sí mismo la información que recibe. El profesor enseña cuando transmite la información, pero también cuando facilita al alumno el captar los modelos para tratarla y ejercitar su capacidad haciendo él mismo las operaciones que se le piden. Esto supera el simple hecho de hablar. Los resultados del aprendizaje dependen mucho más de la calidad de esa serie de actividades que de la mera

35

Sí, es necesario escuchar para aprender y hablar para enseñar. Y también hay que tener la ocasión de aprender escuchando y ofrecer la oportunidad de aprender hablando. Estas son las verdaderas preocupaciones pedagógicas. ¿Han tenido los alumnos la ocasión de aprender? ¿Las actividades propuestas a los alumnos les permiten modificar sus aptitudes en el sentido deseado? ¿Han escuchado? Si así ha sucedido, ¿han hecho las operaciones intelectuales necesarias? Esto es lo que habría que verificar.

SEXTO POSTULADO ¿Tienen los alumnos verdadera necesidad de los profesores?
Un profesor que preparara y diera sus clases como un presentador de noticias de televisión, sin duda, justificaría su modo de actuar con una forma de entender el aprendizaje. El organizar la enseñanza como la simple exposición del saber de un adulto (presunto sabio) a unos alumnos (presuntos ignorantes) está presuponiendo el aprendizaje como una actividad pasiva sin más necesidad por parte del que aprende que la percepción sensorial. Para que fuera así, hay que pensar: que los individuos están dotados de un mecanismo automático (llamado a veces «inteligencia») que facilita la elección de las capacidades intelectuales necesarias para la comprensión y su desarrollo, en caso de necesidad. Se cree que un alumno es capaz, por sí mismo, de dirigir su comprensión: que él puede por sí mismo captar que él no comprende nada, fijar lo que necesita para comprender y aprovecharse de nuestras exposiciones para remediar esa situación. Pensándolo bien, la enseñanza no tiene una función específica insustituible en el contexto de esa concepción del aprendizaje. Efectivamente, si la tarea de las mujeres y hombres que enseñan fuera solamente comunicar informaciones estructuradas, el «transmisor» podría ser reemplazado fácilmente por otro soporte del saber: el libro, la televisión, el diaporama, el museo, la conferencia, etc. Pero la investigación sobre la enseñanza, a la luz de las nuevas concepciones del aprendizaje, muestra que los profesores que realmente ayudan a aprender no son simples transmisores de su saber: ellos dirigen el desarrollo de las capacidades intelectuales de sus alumnos. Se ha defendido durante mucho tiempo que la inteligencia era muy poco modificable bien por la escuela, bien por el ejercicio del individuo con vistas a controlar su propio aprendizaje (Jensen, 1969). Por eso, el aprendizaje se concebía como el uso pasivo de capacidades inalterables.

36

Hoy se defiende que saber no es retener temporalmente las informaciones para «reproducirlas» tras una pregunta, sino referirse más bien a los modelos cognitivos que permiten interpretar realidades complejas. Es también utilizar esos modelos en la creación de nuevas organizaciones necesarias para resolver problemas o para clarificar nuevas situaciones. La enseñanza ya no se puede entender como la simple memorización maquinal de cadenas verbales o de contenidos preestructurados. El aprendizaje se ve como el uso de conocimientos nuevos (hechos o métodos) y de estrategias específicas para comprender de diferente forma las ideas y los problemas. Aprender es, entonces, adquirir capacidades intelectuales que permitan PENSAR DE FORMA DIFERENTE. Es una actividad que compromete al alumno y exige que la enseñanza se planifique en función de las capacidades que se han de adquirir. Veamos, pues, con detalle lo que es el aprendizaje para aclarar el papel de la enseñanza en este proceso.

EL PROCESO DEL APRENDIZAJE
Todo profesor se hace una idea de cómo los alumnos aprenden; la investigación actual nos lleva a pensar que esa idea influye con fuerza en lo que se enseña en clase y cómo se enseña. Con el fin de valorara si las exposiciones les bastan a los alumnos para aprender bien, vamos a intentar describir lo que se entiende por aprendizaje. Hacemos esta descripción utilizando un conjunto de enunciados sacados del libro Strategic Teaching and Learning (Jones y otros, 1987).

Aprender es perseguir un objetivo
Entre profesores e investigadores existe actualmente bastante unanimidad en considerar el aprendizaje una actividad dirigida por objetivos (Resnick, 1984). Es sabido que los que aprenden con eficacia buscan fundamentalmente conseguir dos fines: entender el sentido de las tareas que se les imponen y controlar su propio proceso de aprendizaje. Para que los alumnos se entreguen de verdad a aprender, deben estar convencidos, por sí mismos, de la «utilidad» del saber propuesto. Es típicamente humano querer dar un sentido, interpretar y comprender lo que uno se encuentra. Los alumnos, a partir de lo que se les propone hacer en la escuela, se construyen una idea de lo que se espera de ellos. Los alumnos a quienes se les pide

37

constantemente repetir esto o aquello, por ejemplo, acaban por hacerse la idea de que se les pide que ellos reproduzcan los enunciados del profesor, mejor que interpretarlos y usarlos en diferentes situaciones. Por medio de la enseñanza se instruye y, al mismo tiempo, se educa, es decir, se modela la personalidad del alumno. En la selección de los conocimientos para comunicar, en el modo de enseñar, hay un «currículum oculto» (Richer, 1981) que induce a aprender lo que hay que aprender. ¿Qué objetivo descubre el alumno en el trabajo que exijo en clase? ¿Entiende que le pido que logre explicar LO QUE ES la realidad (conocimiento declarativo), CÓMO llega a tal explicación (conocimiento de procedimiento) o CUÁNDO esa explicación es útil (conocimiento condicional)? o, por el contrario, ¿el alumno entiende que ya conoce en qué consiste la realidad y que le basta con repetir la explicación tal como yo se la comunico? Según el alumno, ¿para qué sirven los trabajos que le pido: para obtener la calificación para superar un curso, o para desarrollar su capacidad? Cuando se piensa que la enseñanza no influye realmente en el desarrollo de la inteligencia de los alumnos y que no puede haber desarrollo de la inteligencia inicial, cuando no se entiende que el aprendizaje esté especificado por las nuevas capacidades intelectuales que los alumnos han de adquirir con la ayuda del profesor, cuando no se cree que existan métodos de enseñanza que de verdad permitan mejorar la capacidad y el rendimiento de los alumnos con dificultad de aprendizaje, es difícil expresar a los alumnos la idea de que el fin que perseguimos, juntos, es desarrollar su capacidad de pensar de una forma nueva en los diversos dominios del saber.

Aprender es integrar nuevos contenidos en su conocimiento anterior
Hace cincuenta años, Bachelard se lamentaba de que los profesores «no entienden que no se comprendas». Pero ellos saben muy bien que la comprensión no es un fenómeno inmediato, aunque desearían que fuera así. De entonces para acá, se han hecho avances considerables en la explicación de las dificultades de comprensión que tienen los alumnos. Antes de asistir a las clases, la inteligencia de éstos no es una «tabla rasa», (sic) un lienzo vacío ante el que los profesores pudieran sentirse con plena libertad para grabar en él el conocimiento verdadero. De hecho, los alumnos tienen ya una idea, una opinión de la realidad que

38

le va a ser enseñada en clase. Estas formas de acercarse a la realidad no se borran rápidamente con la escucha del profesor. En realidad, los alumnos abordan las tareas escolares (escucha, lectura, observación, etc.) con la ayuda de sus antiguas ideas (Duffy y Roehler, 1986) y estas concepciones iniciales con frecuencia persisten a pesar de las actividades escolares (Giordan y De Vecchi, 1987). Los alumnos interpretan los acontecimientos, primero, con la ayuda de sus estructuras mentales existentes, y esta interpretación, con toda probabilidad, no es la que quiere el profesor para ellos. En efecto, estas estructuras, la mayoría de las veces, son funcionales, suficientes para la supervivencia en un contexto que les sea familiar. En cambio, las estructuras que un profesor desea para sus alumnos son más completas y también más complejas; son estructuras que hacen posible una actividad que influya en esas realidades. Los alumnos, por tanto, siempre comprenden algo, y de ordinario esta comprensión les satisface; el problema está en que no es la comprensión prevista. El papel de la enseñanza está en ayudar a pasar de las concepciones funcionales a los conceptos científicos, y, en el corazón mismo de la enseñanza, se da una relación, una serie de intercambios entre el profesor y sus alumnos. Tal interacción es necesaria y se debe mantener hasta que éstos hayan adquirido las estructuras cognitivas necesarias para la comprensión que se pretende. No tiene por qué sorprender que para los alumnos sea difícil integrar las nuevas informaciones en sus anteriores conocimientos. capacidad. Muchos factores inciden en esta Primero, los alumnos tienen dificultad para activar el conocimiento

anterior más apropiado cuando la información que se les ofrece es oscura, desordenada o sin sentido (Bransford y Johnson, 1972). Otros factores están ligados a las características de los alumnos: la falta de información suficiente en una determinada disciplina (Resnick, 1984) y la mala calidad de la organización de las informaciones memorizadas que hacen difícil el acceso a ellas, especialmente por la falta de conexión entre las informaciones y los métodos de aplicación. Luego, para llegar a comprender algo nuevo, hay que tener suficientes conocimientos en esa especialidad, en proporción al nivel de dificultad de la información nueva y, además, hay que ser capaz de acceder a lo memorizado. Este acceso está condicionado a operaciones de aprendizaje de los alumnos: la organización de las informaciones y las estrategias de búsqueda de las informaciones.

39

Uno puede preguntarse si la enseñanza, tal como se ejerce, favorece el ejercicio de estas operaciones aprendizaje.

Aprender es organizar el propio conocimiento
Se constata que los alumnos con los mejores resultados escolares consiguen deducir una interpretación y organizar las presentaciones poco estructuradas; pero esto no lo hacen los alumnos con un rendimiento mediocre. Estos sacan muy poco provecho de las informaciones desorganizadas y es sabido que se consigue mejorar su rendimiento componiendo bien las informaciones que se les transmiten. Se conoce igualmente que los especialistas en una materia poseen

conocimientos que los otros profesores no tienen; sus estructuras de conocimientos están también mejor organizadas e integradas. Así, cuando se pide a un principiante exponer en un mapa conceptual lo que sabe de un tema concreto, el resultado es una suma de conceptos, mientras que si se pide la misma información a un especialista, se obtienen estructuras complejas de organización donde muchos elementos están relacionad entre sí. Más aún, cuando se pide a los expertos que vuelvan hacer el mismo trabajo después de un nuevo aprendizaje, reestructuran el mapa para integrar el nuevo contenido modifica ciertos conceptos y estableciendo nuevas relaciones. En cambio, en las mismas circunstancias, los principiantes añaden simplemente la nueva información a la estructura existente ampliando una serie sin conexión con otros elementos. Las estructuras de organización de las ideas o de las informaciones son ciertamente internas; sin embargo, se sabe que tales estructuras se manifiestan en la presentación de datos. Por eso, uno se interesa mucho en la enseñanza de la construcción de las representaciones gráficas por los alumnos (Jones y otros 1988). Además, la documentación pedagógica se enriquece en la actualidad con estudios sobre los efectos y funciones de la utilización de cuadros, gráficos, mapas conceptuales y organigramas en la comprensión y el recuerdo de las informaciones aprendidas.

Aprender es desarrollar las estrategias
La actividad mental en el tratamiento de las informaciones requiere la presencia de habilidades y estrategias. Las habilidades son las actividades de procedimiento que pueden ser utilizadas para dar cumplimiento a tareas específicas de aprendizaje; resumir, estructurar, describir y predecir son ejemplos de habilidades. Las estrategias

40

son métodos peculiares o modos de ejercitar las diferentes habilidades, como, por ejemplo, aplicar un conjunto de reglas específicas para hacer un resumen. Habilidades y estrategias están, pues, íntimamente relacionadas. El hacemos conscientes del uso que hacemos de las habilidades y de las estrategias concretas y el conseguir controlar sus aplicaciones para utilizarlas son acciones que parecen estar relacionadas con el buen resultado de nuestros aprendizajes más complejos. La cuestión no sería solamente conocer estrategias cognitivas específicas, sino saber también cómo y cuándo utilizarlas para obtener eficazmente los resultados deseados. Esto quiere decir que hay que poder reconocer que nuestra comprensión no es completamente exacta, escoger las estrategias adecuadas para remediar la situación y evaluar el resultado obtenido a partir de una estimación de lo que sería aceptable. Supone también que damos bastante importancia a la tarea de perseverar en nuestras tentativas de alcanzarlo y que atribuimos nuestros éxitos a nuestros esfuerzos. Estos son algunos aspectos de la «metacognición», es decir, del conocimiento necesario de nuestro propio funcionamiento en situación de aprendizaje para llegar a controlarlo. Actualmente uno está convencido de que se puede modificar notablemente la conducta de los alumnos, incluso la de aquellos que tienen dificultades, por medio de una enseñanza que ayude a adquirir explícitamente estrategias y que ofrezca un contexto de aprendizaje que permita la utilización y el «transfert» de esas estrategias. Igualmente se está de acuerdo en afirmar que el alumno aprende mejor cuando los profesores dirigen el modo de adquirir las habilidades poniendo el acento en la demostración y en el ejercicio controlado y cuando el alumno adquiere gradualmente la autonomía viendo que se le propone un aprendizaje para que lo haga él mismo.

Aprender es proceder por etapas, pero de forma recurrente
El aprendizaje no se produce de golpe; procede por etapas. de las informaciones y la sincronización de los conocimientos (tuning). Al comienzo, el que aprende prepara el aprendizaje activando sus El aprendizaje

esencialmente se realiza en tres fases: la activación del pensamiento, el tratamiento

conocimientos anteriores. Al echar una ojeada a un asunto o a un problema, él pasa también revista a sus conocimientos sobre el tema en cuestión. Es el momento de fijar

41

su atención en lo que se va a tratar y de seleccionar las estrategias apropiadas para abordar el tema en el estudio. Luego, el que aprende pasa a la etapa de tratamiento de la información; su objetivo es apropiarse de las informaciones nuevas con la ayuda de las estructuras cognitivas que él acaba de activar. Esto se consigue con un movimiento de vaivén continuo donde se utilizan las diversas habilidades: el cuestionamiento, la verificación, la clarificación, la anticipación, la selección de las informaciones, el resumen de lo que es importante y la comparación con los conocimientos anteriores. En esta fase, nada es definitivo: el proceso se pone en marcha, se detiene, vuelve a empezar, etc. Finalmente, en la fase de sincronización, hay que compaginar nuevas informaciones y conocimientos anteriores: resolver las contradicciones, elegir entre las ideas sin elaborar, resultado de la intuición o de una observación incompleta, y las ideas científicas de reciente adquisición, consolidar las nuevas adquisiciones verificando el alcance de su utilidad, reorganizar su conocimiento del tema en función de las nuevas capacidades y asociar conocimientos y aptitudes. Todo esto no se produce de forma lineal, sino con retrocesos y con nuevos inicios del proceso. Esto explica por qué es impensable concebir la enseñanza como el tratamiento definitivo de temas que no se volverán a tocar más en el programa.

Aprender es buscar un desarrollo
La investigación actual tiende a demostrar que lo que distingue a los alumnos más jóvenes de los de más edad, a los alumnos mediocres de los adelantados, a los principiantes de los especialistas, es la diferencia respecto de los conocimientos de partida, el dominio del vocabulario, el repertorio de estrategias cognitivas y metacognitivas y la presencia de automatismos. Todo aprendizaje se hace con la ayuda de la capacidad ya disponible. Todo aprendizaje no es posible sin contar con las habilidades adquiridas. Y todo nuevo aprendizaje facilita la adquisición de los futuros conocimientos. Por eso, parece, como defiende Ausubel, que lo ya aprendido es el mejor elemento de predicción de la capacidad de aprender. Desde hace algunos años, se pretende organizar la enseñanza sobre la base de las diferencias que se dan en los alumnos. ¿Es posible? ¿No sería mejor aceptar que una enseñanza colectiva es posible con tal que se organice en función de las capacidades anteriormente desarrolladas en el conjunto de los alumnos? ¿Cómo

42

cuida la enseñanza en la actualidad el desarrollo de los alumnos? ¿Conocemos las capacidades que el programa anterior ha conseguido desarrollar en ellos?

LA FUNCIÓN DE LA ENSEÑANZA
Lo que sabemos del aprendizaje nos lleva a entenderlo como un conjunto de operaciones vinculadas al pensamiento. ¿Puede el alumno dirigir por sí mismo su aprendizaje? Al principio, no; no puede determinar por sí mismo las capacidades que le faltan a su pensamiento. La enseñanza le permite desarrollar progresivamente las capacidades de metacognición, de reflexión sobre sus operaciones de pensamiento. Para llegar a preferir el uso de conceptos científicos al de los funcionales, se necesita haber estado en una situación de interacción donde la actividad intelectual tuvo que adoptar estos instrumentos de pensamiento. La enseñanza es establecer esa relación pedagógica en la que la actividad intelectual se enriquece progresivamente gracias al aporte d nuevas capacidades. Nuestros medios para pensar son invenciones humanas sólo pueden ser adquiridos por «comunicación» humana Como lo expresa el título del libro Comment la Terre devint ronde (Maury, 1989), nuestras imágenes del mundo y nuestras operaciones intelectuales son el resultado de largos esfuerzos. La enseñanza es la actividad que permite a los miembros de un sociedad apropiarse de las capacidades que hacen posibles eso desarrollos. Los individuos, dejados a sí mismos, no podría alcanzar los mismos niveles de desarrollo. Poner en marcha el proceso de pensamiento Es necesario poder describir, con la mayor precisión posible, el conocimiento inicial de los alumnos a los que se destina un curso y las cualidades nuevas que se han de adquirir. Para esto hay que responder a preguntas como éstas: ¿Qué idea tienen los alumnos de la materia enseñada? ¿Cómo se las agencian para resolver tal tipo de problemas? ¿Son conscientes de su manera de proceder? ¿Qué capacidades les ha permitido el programa de estudios adquirir hasta ahora? ¿Qué hay que hacer para que se interesen en adquirir las nuevas capacidades previstas?

-

43

Asegurar la mediación entre el alumno y el saber
Si hubiera que describir la enseñanza con una sola palabra, ésta sería interacción. Como hemos visto, el aprendizaje es una actividad compleja que no procede de forma lineal; hay tres fases esenciales que respetar: activar el pensamiento, tratar las informaciones nuevas y asegurar la sincronización de los conocimientos. Cada una de estas fases necesita una interacción con el alumno. Aquí todavía hay que responder a numerosas cuestiones. siguiendo las diferentes fases del aprendizaje. Formulémoslas

- La activación del pensamiento sobre una materia de estudio
¿A qué campo de interés de los alumnos se asocia el aprendizaje futuro? ¿Se capta el objetivo buscado con la práctica de las tareas propuestas? ¿Conocen los alumnos los criterios de éxito del aprendizaje que realizan actualmente? ¿Qué medios permiten a los alumnos identificar los elementos en que deben fijar su atención? ¿A qué conocimientos ya adquiridos se asocia el aprendizaje? ¿Cómo llevar los alumnos a proponer dificultades o a exponer hipótesis para mantener el interés a lo largo del proceso de aprendizaje?

- El tratamiento de las nuevas informaciones
¿Los alumnos, a lo largo de la exposición, ¿tienen la oportunidad de verificar o de cuestionarse su comprensión? ¿Se analizan los argumentos lógicos o sólo se presentan las conclusiones? ¿Cómo son conducidos los alumnos a escoger los conceptos más importantes, establecer relaciones y organizar sus ideas? ¿En qué circunstancias los alumnos pueden evaluar la calidad relativa de sus ideas, compararlas con otras y elegirlas?

- La sincronización de los conocimientos
¿El curso va tan adelantado que permite a los alumnos utilizar las nuevas capacidades adquiridas para la ejecución de ciertos trabajos? ¿En qué momento los alumnos pueden hacer la síntesis de lo que han aprendido?

44

-

¿Cómo pueden los alumnos tomar conciencia de su modo de tratar las cuestiones o los problemas? ¿Han hecho suficientes ejercicios de aplicación diversificados para juzgar de la utilidad de las capacidades adquiridas?

Mantener la relación pedagógica
Sólo la perseverancia de los profesores puede conseguir la normal satisfacción que tiene el alumno de sus capacidades. La fragmentación actual de los programas de estudio y del empleo del tiempo no ayuda a mantener los procesos largos que caracterizan a los aprendizajes de orden superior. Con todo, el tiempo pedagógico no puede ser igual al tiempo organizativo. Aquí hay un problema sobre el que conviene reflexionar. ¿Cómo mantener la relación pedagógica hasta que las nuevas capacidades hayan sido adquiridas en el contexto actual de los cursos con un horario prefijado y de programas fragmentados?

Evaluar la calidad de los aprendizajes
Hoy se comprende que la evaluación de los aprendizajes sea parte integrante de la enseñanza. Es el medio insustituible de los que enseñan para decidir lo que conviene al mantenimiento de su relación pedagógica. Se advierte, sin embargo, que los resultados positivos de la evaluación, tal y como se practica en la actualidad, pueden ser engañosos. Muchos estudios en este sentido demuestran que algunos alumnos, habiendo acabado cursos de ciencias, no han desarrollado el espíritu científico y las aptitudes correspondientes. Se pueden obtener buenos resultados evaluando la capacidad más simple: la memorización maquinal de los datos. ¿No sería para nosotros de mayor utilidad una evaluación que se enfocara a medir la presencia de diversas capacidades intelectuales? Proporcionándonos índices del funcionamiento de la inteligencia de los alumnos, nos permitiría actuar más acertadamente y trabajar para completar las capacidades que faltan.

CONCLUSIÓN
La enseñanza podría ser la exposición estructurado de nuestros propios conocimientos si los alumnos dispusieran ya de todas las capacidades necesarias para aprender. Ahora bien, si los alumnos son capaces de conducir su propio modo de comprender con la ayuda de las capacidades intelectuales que ya poseen, inicialmente no son capaces de dirigir el proceso para adquirir nuevas capacidades que les permitan

45

comprender de forma diferente. Esta es una de las funciones de la enseñanza: ayudar a desarrollar esas nuevas capacidades. Los alumnos realmente tienen necesidad de los profesores.

46

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->