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I

El profesor Lindenbrock, Marta, Graüben y yo Axel vivíamos en la


misma casa tranquilamente hasta que un día el profesor llegó con
un libro muy antiguo y se encerró en su despacho, después de un
rato me pidió que entrara y me enseñó un libro del famoso sabio del
siglo XVI Arne Saknussemm así que pasamos dos días completos sin
comer ni dormir tratando de descifrar un extraño papel que cayó
del libro cuando me lo mostró; el papel tenía unas instrucciones que
aparentemente narraban la forma de llegar al centro de la Tierra,
así que mi tío se entusiasmo dé tal manera que me aviso que
saldríamos a realizar aquel viaje al cabo de 3 días. Decidí salir a
buscar a Graüben a ver si lograba hacer entrar en razón a mi tío a
lo que ella me dijo que estaba totalmente de acuerdo conque fuera
a ese viaje.

II

Era éste un verdadero museo. Todos los ejemplares del reino


mineral se hallaban rotulados en él y ordenados del modo más
perfecto, con arreglo a las tres grandes divisiones que los clasifican
en inflamables, metálicos y litoideos. Hallábase el profesor
arrellanado en su gran butacón, forrado de terciopelo de Utrecht, y
tenía entre sus manos un libro que contemplaba con profunda
admiración, un inestimable tesoro que habia hallado en la mañana
registrando la tienda del judío Hevelius.
-Vamos a ver -decía, preguntándose y respondiéndose a sí mismo-,
¿es un buen ejemplar? ¡Sí, magnífico! ¡Y qué encuadernación! ¿Se
abre con facilidad? Y este lomo que se mantiene ileso después de
setecientos años de existencia! Esta es el Heimskringla, de Snorri
Sturluson, el famoso autor islandés del siglo XII! ¡Es la crónica
original de los príncipes noruegos que reinaron en Islandia!

De repente apareció un pergamino grasiento de unas cinco


pulgadas de largo por tres de ancho, en el que había trazados, en
líneas transversales, unos caracteres mágicos, que, deslizándose de
entre las hojas del libro, cayó al suelo. Era un antiguo documento,
encerrado tal vez desde tiempo inmemorial dentro del viejo libro,
no podía menos de tener para él un elevadísiino valor, por haber
sido ellos los que impulsaron al profesor Lidenbrock y a su sobrino a
emprender la expedición más extraña del siglo XIX.

Aquel día el profesor no quiso almorzar y ordeno a Axel que no


comerían ni cenarían hasta descifrar aquel escrito; sin embargo
cuando Marta la criada llamo a tomar la sopa, mientras el profesor
se quedo en el estudio lanzando juramentos, Axel salio al comedor
y devoró su almuerzo y también el del profesor. Entre tanto la
criada comentaba su asombro ya que era la primera vez que el
profesor faltaba al comedor y relaciono este suceso como un
presagio de un grave acontecimiento Cuando terminaba con el
postre Axel fue llamado por el profesor nuevamente al estudio.

III

Se trataba sin duda alguna de un escrito numérico decía el profesor,


frunciendo el entrecejo. Pero existe un secreto que tenia que
descubrir, porque de lo contrario... Un gesto de iracundia terminó su
pensamiento. Ordeno al muchacho que se sentara, y escribiera lo
que iba a dictarle obteniendo como resultado un incompresible
conjunto de palabras:
mm.rnlls esreuel seecJde
sgtssmf unteief niedrke
kt,samn atrateS Saodrrn
erntnael nuaect rrilSa
Atvaar .nxcrc ieaabs
Ccdrmi eeutul frantu
dt,iac oseibo kediiY

El profesor analizo que era un criptograma, en el cual el sentido se


halla oculto bajo letras alteradas de intento, y que, combinadas de
un modo conveniente, formarían una frase inteligible. El profesor
tomó entonces el libro y el pergamino, y lo comparó uno con otro.
Descubriendo al dorso de la segunda, que hacía de anteportada,
una especie de mancha, que parecía un borrón de tinta; ¡Ame
Saknussemm! gritó en son de triunfo ¡es un nombre islandés! un
sabio del siglo XVI, un alquimista célebre. Se trata, pues, de una
lengua meridional. La conclusión no podía ser más justa y atinada.
Pero, ¿cuál es esta lengua?... con fundamento, aseguro a priori que
estaba está escrito en latín; pero un latín confuso. Mientras el
profesor trataba de descifrar el escrito del pergamino Axel pensaba
en su adorada Graüben una encantadora muchacha, rubia, de ójos
azules, de carácter algo grave y espíritu algo serio; Era muy
entendida en materia de mineralogía, y le gustaba profundizar las
más arduas cuestiones de la ciencia.
El profesor saco a Axel de sus sueños con Graüben, dándole un
fuerte puño a la mesa, diciéndole que la primera idea que tenia era
escribir verticalmente las palabras. Así que hicieron un ensayo; Axel
escribió una frase colocándolas de arriba abajo, agrupadas de modo
que formen cuatro o cinco columnas verticales. Aquella frase delato
a Axel con respecto a los sentimientos hacia Graüben, pero la
tenacia del profesor por descubrir el criptograma hizo que olvidara
la comprometedora frase. Procedió el profesor a dictar una serie de
palabras y al finalizar se dio cuenta que no tenia ningún sentido
común y salio rápidamente muy furioso de la casa.

IV

Marta, acudiendo presurosa al oír el ruido del portazo que hizo retemblar
la casa, pregunto a Axel si el profesor se había marchado sin comer, Axel
le afirmo que no volvería a comer nadie en la casa hasta que se haya
descifrado un antiguo pergamino. Cuando axel quedo solo se le ocurrió la
idea de írselo a contar todo a Graüben; pero no podía salir de casa porque
en cualquier momento regresaría el profesor con una nueva formula para
descifrar el pergamino, así aprovechando que un mineralogista de
Besanzón acababa de remitir una colección de geodas silíceas que era
preciso clasificar. Puso manos a la obra, y escogió, rotuló y colocó en su
vitrina todas aquellas piedras. Entre tanto la cabeza le daba vueltas,
sobrecogido por una vaga inquietud. Presentía una inminente catástrofe.
Al cabo de una hora, había terminado y se sentó a descansar;
imaginándose donde estaría su tío corriendo bajo los frondosos árboles de
la calzada de Altona, gesticulando, golpeando las tapias con su pesado
bastón, pisoteando las hierbas, decapitando los cardos e interrumpiendo
el reposo de las solitarias cigüeñas.

Y mientras pensaba, cogió maquinalmente la hoja de papel en la cual se


hallaba escrita la incomprensible serie de letras trazadas por él,
preguntándose así mismo que significaba eso, trató de agrupar las letras
de manera que formasen palabras; pero en vano. Era inútil reunirlas de
dos, de tres, de cinco o de seis: de ninguna manera resultaban
inteligibles. Sin embargo, notó que las letras decimocuarta, decimoquinta
y decimosexta formaban la palabra inglesa ice, y las vigésimo cuarta,
vigésimo quinta y vigésimo sexta la voz sir perteneciente al mismo
idioma. Por último, en el cuerpo del documento y en las líneas segunda y
tercera, leía también las palabras latinas rota, rnutabile, ira. nec y atra.
Pensó entonces que estas últimas palabras parecían dar la razón al tío
acerca de la lengua en que está redactado el documento. Además, en la
cuarta línea veía también la voz luco que quiere decir bosque sagrado. Sin
embargo, en la tercera se lee la palabra tabiled, de estructura
perfectamente hebrea, y en la última mer, arc y mere que son netamente
francesas.

Sintió volverse loco al ver incesantemente el papel, ser victima de una


alucinación sintiendo necesidad de aire puro abanicándose con la hoja
cuyo anverso y reverso presentándose de este modo alternativamente a
su vista. Sorprendido cuando, en una de estas rápidas vueltas, en el
momento de quedar el reverso ante sus ojos, creyó ver aparecer palabras
perfectamente latinas, como craterem y terrestre entre otras. Acababa de
descubrir la clave del enigma. Para leer el documento no era ni siquiera
preciso mirarlo al trasluz con hoja vuelta del revés. No. Podía leerse de
corrido tal como le había sido dictado. Todas las ingeniosas suposiciones
del profesor se realizaban; había acertado la disposición de las letras y la
lengua en que estaba redactado el documento. Había faltado poco para
que el tío pudiese leer de cabo a rabo aquella frase latina, y este poco le
acababa de revelar la casualidad.

Coloco el papel sobre la mesa tratando de tranquilizarse para leer


definitivamente el enigma, y pronunciando en alta voz sintió terror y se
dijo a asimismo que el profesor no podía saberlo ya que un geólogo tan
exaltado, partiría a pesar de todas las dificultades y obstáculos, llevándolo
consigo, y no regresarían jamás; entonces se le ocurrió destruirlo y se
dirigió a la chimenea no solo con la hoja sino también con el pergamino,
iba ya a arrojarlo todo al fuego y a destruir de esta suerte tan peligroso
secreto, cuando se abrió la puerta del despacho y apareció el profesor en
el umbral.

Axel apenas si tuvo tiempo de dejar otra vez sobre la mesa el


malhallado documento. El profesor Lidenbrock parecía muy
preocupado había evidentemente escudriñado y analizado el asunto
poniendo en juego, durante su paseo, todos los recursos de su
imaginación, y volvía dispuesto a ensayar alguna combinación
nueva, sentándose en su butaca, y con la pluma en la mano,
empezó a escribir ciertas fórmulas que recordaban los cálculos
algebraicos. Entre tanto Axel observaba muy angustiado, a su tío al
acabo de tres horas haber agotado todas las combinaciones
posibles, presintiendo que acabaría por encontrar la frase. Se
acerco la noche y cuando llego la hora de la cena el profesor
Lidenbrock nisiquiera contesto a la criada cuando pregunto:
¿Cenará esta noche el señor?; entre tanto Axel se sentía derrotado
por el sueño y trato de hacerlo en un sofá mientras el profesor
agotaba recursos con complicados cálculos. Cuando Axel despertó
al otro día el profesor trabajaba todavía. Sus ojos enrójecidos, su tez
pálida, sus cabellos desordenados por sus dedos febriles, sus
pómulos amoratados delataban bien a las claras la lucha
desesperada que contra lo imposible había sostenido, y las fatigas
de espíritu y la contención cerebral que, durante muchas horas,
había experimentado.

Axel sintió compasión al verlo en tal condición pero se negaba a


decirle la verdad por que él sabia lo testarudo que era le profesor y
que muy seguramente emprendería la excursión y lo llevaría junto
con él arriesgando sus propias vidas, y adopto la resolución de
callar porque no quería reprocharse en un futuro el haber sido
causa de su perdición. Y se cruzo de brazos a esperar, pero no
había contado con el incidente que vendría; cuando el profesor
regreso la tarde anterior retiro de la chapa la llave, al día siguiente
cuando Marta pretendía salir al mercado se persuadió de lo
sucedido estaban encerrados, entonces Axel recordo un precedente
que lo llenó de terror. Algunos años atrás, en la época en que
trabajaba el tío en su gran clasificación mineralógica, permaneció
sin comer cuarenta y ocho horas y toda su familia tuvo que soportar
esta dieta científica. Recordó que en aquella ocasión sufrió dolores
de estómago que nada tenían de agradables para un joven dotado
de un devorador apetito. Entendió que no iban a quedar sin
almuerzo, como la noche anterior y también sin cena. Por fin
sonaron las dos. Aquello se iba haciendo ridículamente intolerable,
y empezó Axel a abrir los ojos a la realidad. Concluyo que tal
exageraba la importancia del documento; que el tío no le daría
crédito: que sólo vería en él una farsa; que, en el caso más
desfavorable, lograría detenerle a su pesar; Todas estas razones,
que con indignación hubiera rechazado la víspera, le parecieron
entonces excelentes; y resolvió decir cuanto sabía.

Cuando buscaba la forma de decírselo el profesor tomo su sombrero


y se disponía a salir de la casa, entonces se adelanto y le dijo saber
cual era la clave para leer el pergamino. El Profesor lo abrazo de tal
forma que el muchacho se sintió asfixiado pero en cuanto lo soltó le
paso la hoja sugiriéndole que lo leyera de atrás hacia delante. El
profesor muy exaltado al descubrirlo salto de alegría oprimíase la
cabeza entre las manos; echaba a rodar las sillas; amontonaba los
libros: tiraba por alto, por fin, se calmaron sus nervios, y, agotadas
sus energías, se desplomó en la butaca. Pregunto la hora y comento
tener demasiada hambre y que después prepararían el equipaje.

VI

Axel sabia que iba a escuchar estas palabras, y resolvió ponerle


buena cara. Luego de comer el profesor lo llamo su despacho y
muy amablemente le dijo que era muy inteligente y que no
olvidaría lo que había hecho por él justo cuando se iba a dar por
vencido. Luego le pidió que no le dijera a nadie acerca del viaje que
era un secreto porque muchos querrían tener la primicia de hacerlo.
Axel comento la veracidad del documento a lo que el profesor
contesto que ya lo verían. Y pidió el joven que le explicara ciertas
cosas acerca del pergamino por ejemplo: que quieren decir ese
Yocul, ese Sneffels y ese Scartars, de lo que nunca oyo hablar en los
días de su vida. El profesor explico a Axel enseñándole en un atlas
el mapa de Handerson, uno de los mejores de Islandia, la isla llena
toda de volcánes, llevan el nombre de Yocuj, palabra que significa
en islandés ventisquero. Debido a la elevada latitud que ocupa
Islandia, la mayoría de las erupciones verificanse a través de las
capas de hielo, siendo ésta la causa de que se aplique el nombre de
Yocul a todos los montes ignívomos de la isla. Y ¿qué significa
Sneffels? Pregunto el muchacho ¿Ves su capital, Reykiavik? Bien;
pues remonta los innumerables fiordos de estas costas escarpadas
por el mar, y detente un momento debajo del grado 75 de latitud.
¿Qué ves? una especie de península que semeja un hueso pelado y
termina en una rótula enorrne. Pues ese es el Sneffels. Sí, una
montaña de 5.000 pies de elevación, una de las más notables de la
isla, y, a buen seguro, la más célebre del mundo entero, si su cráter
conduce al centro del globo. Después de dar explicaciones y
descartar dudas tratando de convencer al profesor que era un
intento nefasto, pero nada de aquellas teorías e hipótesis, Axel salio
de la casa ya que el tío había respondido a todo y recordó
nuevamente el no relatar a nadie lo del viaje.

VII

Hasta fiebre sintió Axel después de aquella sesión y salio a caminar


por las calles de Hamburgo para refrescarse, pensado en todo lo
que habían hablado y sentía verdadero terror de pensar en todo
aquello, nadaba entre mil contradictorias hipótesis sin poder asirse
a ninguna. Y sentía que le faltaba el valor para hacer su equipaje y
mientras caminaba se acercaba al camino de Altona guiado por un
presentimiento. A los pocos momentos diviso a su querida Graüben
y la llamo desde lejos. Pronto estuvo junto a ella y pronto se dio
cuenta que algo le pasaba y le pregunto que le ocurría y en menos
de dos segundos la puso al tanto de lo que ocurría. A lo que
Graüben manifestó que era un viaje hermoso, lo alentó a hacer el
viaje y acompañar al profesor. Desconcertado Axel al ver la actitud
de Graüben sintió pena y siguieron caminando tomados de las
manos sin hablar. Era ya de noche cuando llegaron a la casa se
encontraron con la impaciencia del profesor, gritando y corriendo
de un lado para otro, en medio de la porción de mozos de cordel
que descargaban en la calle una multitud de objetos. Cuando vio
venir a Axel le pregunto por su equipaje y le recrimino el hecho de
no haberle ayudado con la preparación del viaje ya que saldrían en
tres días al amanecer. Axel entró a su habitación desalentado para
hacer su equipaje, no podía ya hacer nada para evitarlo era una
realidad el tío había empleado la tarde en adquirir una serie de
objetos y utensilios necesarios para el viaje: la calle estaba llena de
escalas, de cuerdas con nudos, de antorchas, de calabazas para
líquidos, de grapas de hierro, de picos, de bastones, de azadas y de
otros objetos para cuyo transporte precisábanse por lo menos diez
hombres.

Después de una noche terrible, en la mañana muy temprano


Graüben llamaba a la puerta, le comento que había hablado con el
profesor es un sabio arrójado, un hombre de gran valor, y no debía
echar al olvido que su sangre corre por sus venas. Conocía ya sus
proyectos, sus esperanzas, y el cómo y el porqué espera alcanzar
su objetivo. Después de muchos preparativos, Graüben termino de
hacer el equipaje de Axel y por fin el día llego, muy temprano a las
cinco y media, oyóse fuera el rodar de un carruaje, deteniéndose en
la puerta un espacioso coche que había de conducirlos a la
estación del ferrocarril de Altona. Así pues pronto se lleno la
carreta y después de un despedida de lagrimas el coche tomo su
camino.

VIII

En menos de veinte minutos penetraron en el territorio de Holstein.


A las seis y media, detúvose el carruaje delante de la estación, los
bultos como voluminosos artículos de viaje, fueron descargados,
pesados, rotulados y cargados nuevamente en el furgón de
equipajes, Axel pensaba preocupado de como sería aquella
aventura y el profesor entre tanto revisaba que llevara todo lo
necesario para cuando llegaran a Dinamarca. Tres horas después el
tren se Detuvo en Kiel. Alli al saber que el vapor Ellenora no salía
hasta la noche hizo que el profesor se desesperara e intento
persuadir al capitan a levar anclas y zarpar inmediatamente. Fueron
enviados a dar un paseo en kiel, hasta que dieron las diez de la
noche.

Rapidamente avanzó sobre las sombrías aguas del Gran Belt. Ala
siete de la noche desembarcaron en Korsör, donde trasbordaron a
otro ferrocarril aun faltando dos horas para llegar a Dinamarca.
Estado ya ubicados en Copenhague, el profesor y Axel buscaron el
museo de Antigüedades del Norte, entrevistándose con el director
el profesor Thomson, a quien le entregarían una carta de
recomendación manifestándole que solo visitarían a Islandia en un
viaje de recreo, para no revelar el secreto de su verdadera
intención. Asi que el señor Thomson los acompaño a buscar un
buque que partiera en breve, y en efecto encontraron una pequeña
goleta danesa, la Valkvria, y abordo el capitán el señor Biarne,
luego de hacer un buen arreglo y después de reembolsarle una
buena suma se despidieron del señor Thomson y se fueron a
almorzar y visitar la ciudad; después de un largo recorrido del cual
nada llamo la atención del profesor a excepción de un campanario
que se erguía en la isla de Amak, que forma parte del barrio SO. de
Copenhague y se dirigieron hacia él a través de un pavorcito y al
llegar subieron por las escaleras que formaban un espiral alrededor
de la iglesia, con el fin de acabar con el vértigo que sufría Axel.
Después de mucho esfuerzo Axel llego a la cúpula y observo el
panorama, y durante cinco días repitieron el mismo ejercicio.
Alcanzando bastantes logros.

IX
Llegó el día de la marcha, el señor Thomson les llevo cartas de
recomendación y con gran amabilidad y gratitud el profesor le dio
un fuerte apretón de mano. Ya abordo de la Valkyria, e instalados
en unos pequeñísimos camarotes el profesor instalo conversación
con el capitán. Una hora más tarde, la capital de Dinamarca parecía
sumergirse en las lejanas olas, y la Valkiria rozaba casi la costa de
Elsenor. Enterándose que la travesía duraría mas o menos diez días.
El día 3 reconoció el capitán la isla Myganness, que es la más
oriental de este grupo, y, a partir de este momento, hizo rumbo al
cabo Portland, situado en la costa meridional de Islandia. La
travesía no ofreció ningún incidente notable. El profesor paso el
viaje mareado cosa que agrió su carácter. El día 11 montaron al
cabo Portland, permitiéndo distinguir el Myrdals Yocul, que lo
domina. No tardaron en descubrir un inmenso peñasco, horadado
de parte a parte, a través del cual pasaba enfurecido el espumoso
mar. Cuarenta y ocho horas después, sorteada una tempestad que
obligó a la goleta a correr a palo seco y, tres horas más tarde,
fondeaba la Valkyria delante de Reykiavik, en la bahía de Faxa.
Entonces salió por fin el profesor de su camarote, algo pálido y
quebrantado, pero con el mismo entusiasmo de siempre y con la
satisfacción retratada en su semblante. Los habitantes de la ciudad,
a quienes interesaba en extremo la llegada del buque, del que
todos tenían algo que recoger, se agruparonen el muelle. Antes de
bajar el profesor llevo a Axel a la proa y le indico con el dedo El
Sneffels. Al bajar lo esperaba el gobernador de la isla, el señor
barón de Trampe el profesor le entregó las cartas que traía de
Copenhague; fue muy bien recibido por las autoridades de la isla. El
profesor allí a provecho para ir a la biblioteca a buscar algún escrito
de Saknussemm, entre tanto Axel recorrió la ciudad en tres horas y
luego regresó a la casa del señor Fridriksson
X

Cuando llego la mesa estaba servida, y el profesor Lidenbrook,


comió demasiado a causa de su constante mareo que lo tuvo a
dieta durante le viaje, luego se entablo una amena conversación
científica entre le profesor y el señor Fridriksson; teniendo mucho
cuidado en no delatar el motivo de su viaje. De repente el señor
Fridriksson le pregunto acerca de su investigación en la biblioteca.
Alo que el profesor respondió que no había encontrado gran cosa, a
lo que el señor Fridriksson extrañado comento cuan importante
eran esta colección literaria y le invito a hacer parte de una
sociedad literaria fundada en 1816 a lo cual acepto el profesor con
gran agrado. Luego le pregunto que libro esperaba encontrar y el
profesor Lidenbrook vacilo en contestar hasta que se animo a
preguntar si entre las obras antiguas, poseé las de Arne
Saknussemm.

Admirado con su pregunta menciono cuan importante alquimista y


sabio islandes pero que al ser condenado por herejía fueron
quemados sus libros; exaltado el profesor comento el entender el
porque del secreto del criptograma. ¿Qué secreto? Le preguntó y el
profesor no supo responder. Entonces empezaron a tratar temas de
mineralogía, las diferentes misiones científicas, que han contribuido
al conocimiento de Islandia. Y entro a la conversación el volcán
Sneffels apagado hace ya quinientos años. Descubrió que en la isla
no había un solo bote y que tendría que llegar a pie hasta el
Sneffels, necesitando así un guía, a lo que el señor Fridriksson le
ofreció uno, habitante de la península, un hábil cazador de gansos,
y habla perfectamente el danés. Ya sabía el profesor que contaría
entonces con un guía que vería al día siguiente.

XI

Al otro día después de pasar una buena noche Axel se reunió con el
profesor que muy temprano hablaba con hombre de figura atlética,
cabello largo y ojos azules de aspecto tranquilo supuso que era el
hombre que les serviría de guía y en ese momento atendía a todo lo
que el profesor le decía, se llamaba Hans Bjelke, y en efecto seria el
futuro guía y se entendía bien con el profesor y su oficio seria
acompañarlos todo el tiempo que consideren necesario. En virtud
de lo que habían acordado Hans se comprometió a llevarlos a una
aldea llamada Stapi situada al pie del volcán Sneffels por el camino
más corto, con la compañía de cuatro caballos, partirían el día 15
de junio. Durante el transcurso de las 48 horas faltantes Axel se
dedicaron a hacer los preparativos: los instrumentos a un lado, las
armas al otro, las herramientas en este paquete, los víveres en
aquel otro, agrupándolo todo en cuatro divlsiones principales.

l .°. Un termómetro centígrado de Eigel, graduado hasta 150°


2.°. Un manómetro de aire comprimido
3.°. Un cronómetro de Boissonnas
4.°. Los brújulas de inclinación y de declinación.
5.°. Un anteójo para observaciones nocturnas.
6.°. Los aparatos de Ruhmkorff, mediante una corriente eléctrica,
daban una luz portátil, muy segura.

Llevaban además, carabinas, pólvora, picos, azadones, hacha,


martillo, cuñas, armellas y cuerdas. Las provisiones era carne carne
concentrada y galleta suficiente para alimentarnos seis meses, el
liquido que llevaban era ginebra, con absoluta exclusión de toda
agua, esperaban encontrar manantiales y llenar allí recipientes.
También hacia parte del equipaje un botiquín e ingredientes
necesarios para los aparatos de Ruhmkorff, seis pares de zapatos
de excelente calidad, impermeabilizados merced a una capa de
alquitrán y goma elástica.

Así dedicaron el día 14 en arreglar todo el equipo, el día 15


terminaron con ese oficio. Al día siguiente llego Hans a eso de las 5
de la mañana junto con los 4 caballos y salieron después de
despedirse del señor Fridriksson.

XII
Al salir de Reykiavik, Hans los guió por la orilla del mar, el profesor
se notaba impaciente pero resaltaba el trabajo de los caballos
islandeses, que no se detendrían por ningún camino por difícil que
fuera, Axel se preocupaba por el guía que iría a pie todo el camino y
se preguntaba si lograría hacerlo, pero el profesor lo tranquilizó
diciéndole que era su naturaleza y que llegado el caso si se cansaba
el le cedía su caballo, ya que el moverse poco le causa calambres y
seria bueno de vez en cuando caminar. A paso rápido el país iba
estando ya casi desierto.
Dos horas después de haber salido de Reykiavik, llegaron a la villa
de Gufunes, llamada aoalkirkja o iglesia principal. Hans se detuvo
allí media hora, aproximadamente, almorzaron y acordaron que
pasarían la noche en Gardär un caserío ubicado a cuatro millas de
Reykiavik. No tardaron en entrar en un pingtaoer, lugar de
jurisdicción comunal, nombrado Ejulberg, allí dieron descanso a los
caballos, luego a las cuatro de la tarde habían avanzado cuatro
millas. Luego al tener que pasar un verdadero brazo de mar el
caballo del profesor se detuvo y al este obligarlo a seguir hizo que
el caballo lo dejara plantado sobre dos piedras de la orilla. El guía
sugirió una barca y vieron una barca que los transportaría con
caballos y todo pero tendrían que esperar a que creciera la marea
para esto esperaron hasta las seis de la tarde y en una hora
atravesaron el fiordo sin accidente ninguno. Media hora después
llegaban al Gardä.

XIII

Se hospedaron en la cabaña de un labriego que muy atentamente


los recibió, y les asigno de una de sus cuatro habitaciones una que
tenia aspecto de salón espacioso, las camas eran de heno seco;
Axel sentía frió y hambre percibió en el interior de la casa un
penetrante olor a pescado seco, a carne macerada y a leche agria.
Luego de bajar su equipaje, el labriego los llamo a comer, les
ofrecieron sopa de liquen y después, una enorme porción de
pescado seco, nadando en mantequilla agria, además una especie
de leche cuajada y sazonada con jugo de hayas de enebro y para
beber, suero y agua,
Después de calentarse un poco se fueron a dormir. Al otro día a las
cinco, se despidieron después de remunerar al campesino. Después
de un tiempo el camino se iba haciendo pantanoso y menos
favorable a la marcha. Luego encontraron en el camino aun leproso,
afección bastante común en Islandia.

Llegaron a un caserío de Alftanes, una milla más allá. Al anochecer,


después de haber vadeado dos ríos donde abundaban las truchas y
los sollos, el Alfa y el Heta y paseron la noche en una casucha
ruinosa y abandonada, donde sintieron mucho frió, el día siguiente
fue igual solo terreno pantanoso y al llegar la noche ya habían
recorrido la mitad del camino, de las montañas vecinas descendían
inmensas corrientes, ya solidificadas, de lava, procedentes de
volcanes. Axel empezaba a sentirse cansado, mientras que el
profesor se veían como el primer día.

El sábado 20 de junio, a las seis de la tarde, llegamos a Büdir, aldea


situada a la orilla del mar, y el guía reclamó el salario convenido.
Aquí fue la familia misma de Hans, es decir, sus tíos y primos,
quienes los hospedaron en su casa. Y a la mañana siguiente
continuar nuevamente el viaje. Cuando iban contorneando la base
del volcán el profesor lo miraba desafiante, después de veinticuatro
horas de marcha, se detuvieron los caballos a la puerta de la
rectoría de Stapi.

XIV

Stapi un lugar compuesto de treinta chozas, Hans los había


conducido a ella con probada inteligencia, y los seguiría
acompañando. Al llegar a la puerta de la casa del cura, cabaña
sencilla y de un único piso, había un hombre herrando un caballo, el
cual hablo con Hans en perfecto danés, descubriendo que este era
el cura, que de inmediato dejo su oficio y llamo a una mujer que los
atendió de mal gusto. La habitación destinada estaba sucia y
estrecha y se dio cuenta Axel y el profesor que además de cura era
pescador, cazador, carpintero y herrero, convirtiéndolo en un
grosero y descortés campesino. Así que se iniciaron rápidamente
los preparativos para no tener que quedarse por mucho tiempo en
ese lugar. Hans contrato tres islandeses que debían reemplazar a
los caballos en el transporte, estos indígenas debían descansar en
el camino y dejar a los tres solos. Entonces tuvo el profesor que
decir al cazador que tenía la intención de reconocer el cráter del
volcán hasta sus últimos límites. Se encontraban al pie del Sneffels,
y empezó nuevamente la duda de Axel que quiso exponerlas al
profesor a lo cual le confeso que también estaba pensando en eso,
pero de acuerdo a varias investigaciones del terreno y explicaciones
científicas no había que temer a una erupción del volcán y así
salieron con todas las provisiones para el centro de la tierra.

XV

Guiados por Hans por un estrecho sendero, Axel veía con interés las
curiosidades mineralógicas, analizando así la forma como se había
formado la isla, mientras caminaban sobre rocas pesadas, de color
gris oscuro, que al enfriarse habían adoptado la forma de prismas
de bases hexagonales. Así sus reflexiones lo fueron tranquilizando a
pesar de que el camino se hacia más difícil. Después de tres horas
llegaron a la falda del volcán, descansaron y almorzaron allí, luego
empezarían a subir las vertientes del Sneffels; encontraron
dificultades y tuvieron que ayudarse mutuamente durante hora y
media hasta que encontraron una especie de escalera que
simplificó la ascensión. Cuando quisieron descansar advirtieron que
se dirigía hacia ellos una tromba que no demoro mucho en chocar
con la montaña pero ellos ya se encontraban en la vertiente
opuesta y al abrigo de todo peligro recorrieron los 1.500 pies que
faltaba para llegar a la cumbre, Axel se sentía desfallecer de frió y
de hambre, cinco horas después a las 11 de la noche llegaron a la
cumbre.

XVI

Después de cenar, acomodaron cama sobre el granito para dormir


tranquilamente. Al día siguiente el aire helado los despertó, Axel
despertó y contemplo el paisaje, luego llego al lugar el profesor y
Hans el guía, para señalarle los dos picos del Sneffels, el del norte y
el del sur y en el que se encontraban en islandés se conocía como
Scartaris era un cráter que tenía forma de cono invertido. Así
iniciaron el descenso atados a luna larga cuerda a me dio día
habían llegado, en el fondo del crater se abrían tres chimeneas a
través de las cuáles arrojaba el foco central sus lavas y vapores en
las épocas de las erupciones del Sneffels. Cada una de ellas
inspeccionadas por el profesor cuando encontró en una de ellas el
nombre de Ame Saknusemm. A la mañana siguiente, un cielo gris,
nebuloso y pesado se extendía sobre el vértice del cono, pero el
domingo 28 de junio, el antepenúltimo del mes, con el cambio de
luna varió el tiempo. A la una y trece minutos el sol derramó sus
rayos en el interior del cráter, al borde de la chimenea central.
Identificando así el profesor cual era la indicada, la que los llevaría
al centro de la tierra.

XVII

Comenzó entonces el verdadero viaje, Axel sintió deseos de


renunciar pero sintió vergüenza ante que aceptaba con tal
tranquilidad la aventura, miro hacia el vació y sintió vértigo. El
profesor se encargo de repartir a cada uno lo que llevaría y como
harían el descenso. Así bajaron los tres y después de media hora
tocaron la superficie de una roca fuertemente adherida a la pared
de la chimenea y desde allí aún no se veía fondo. Iniciaron
nuevamente mientras que el profesor tomaba nota y ciertas
observaciones acerca del terreno que los rodeaba rechazando en
absoluto la teoría de un calor central;

En total, diez horas y media; de descenso cuando llegaron al fondo


en aquel lugar se entreveía un corredor que se dirigía oblicuamente
hacia la derecha. Allí cenaron y descansaron hasta el día siguiente.

XVIII

A las ocho de la mañana una esplendorosa luz los despertó, el


profesor sabía que faltaba mucho mas y que el lugar donde estaban
era el piso de la isla. A medida que continúen los pulmones se
habituarían a una atmósfera más comprimida les aseguro el
profesor y antes de continuar almorzaron muy bien por que sería
una larga jornada y ahora seguirían el camino del corredor,
maravillado Axel por todo lo que veía a su alrededor y gracias a la
luz artificial que llevaba su tío. Hasta que en la noche a eso de las 8
dieron una parada en una especie de caverna donde había
suficiente aire, comieron con gran gusto y cansancio, con la
preocupación de que pronto acabarían el agua y no habían
encontrado manantiales como lo había supuesto el profesor, pero a
lo cual le aseguro que encontrarían en abundancia. La temperatura,
que hubiera debido ser de 81° en aquel lugar, era apenas de 15, lo
cual suministraba motivo para muchas reflexiones.

XIX

Al día siguiente martes 30 de junio, a las seis de la mañana,


reiniciaron su jornada hasta las doce y diez minutos de la noche, en
la que encontraron dos caminos ambos sombríos y estrechos. Y casi
a la suerte el profesor señalo el túnel del este. Los pazadisos eran
muy estrechos y bajos que tuvieron que arrastrarse para avanzar. A
las seis de la tarde, tras un paseo poco fatigoso, dieron un
descanso, comieron y durmieron envueltos en un amanta sin
ninguna preocupación con una seguridad absoluta. Al día siguiente
reanudaron la marcha. Axel sintió que estaban subiendo
nuevamente y que pronto llegarían a la superficie de la isla, y siguió
el paso un poco más ligero porque temía extraviarse. Al medio día
se dio cuenta que cambiaron de aspecto las paredes de la galería y
le mostró al profesor como la variada sucesión de los asperones, las
calizas y los primeros indicios de terrenos pizarrosos. En conclusión
Axel estaba convencido de que habían llegado al período en que
aparecieron las primeras plantas y los primeros animales.
Conclusión a la que el profesor no respondió. Continúo su camino
haciendo caso omiso a los restos de plantas primitivas y conchas.

XX

Al tener poca agua empezaron a economizar, ya que la provisión


que tenían no duraría más de tres días. Caminaban sin hablar
durante todo el día siguiente observando restos de animales
primitivos pero al profesor le preocupaba más encontrar un pozo
vertical que l permitiera descender y así llego nuevamente la noche
sin realizarse esa esperanza y atormentados por la sed descansaron
y al otro día reanudaron el viaje, después de diez horas observaron
una reverberación de las lámparas que decrecía sobre las paredes.
Descubrieron que estaban dentro de un yacimiento de hulla. Llego
la hora de cenar. Al siguiente día emprendieron la marcha, en toda
la superficie del globo reinaba un calor tórrido, que media la misma
intensidad se notaba un olor muy pronunciado a protocarburo de
hidrógeno, peligroso fluido que los mineros cuya explosión ha
causado con frecuencia tan espantosas catástrofes. Cuando eran
las seis tropezaron con un muro que cerraba el camino no había
salida. Así que tuvieron que descansar y devolverse al día siguiente
al punto donde la galería se bifurca.

XXI

Muy temprano se devolvieron y tal como lo predestino Axel el agua


se acabo el primer día, solo les quedaba algo de ginebra y eso les
quemaba la garganta, por esto sentían la temperatura sofocante.
Axel sentía ya paralizadas las piernas y por fin el 8 de julio llego
caminando casi de rodillas y manos, eran las diez y se sentía
desfallecer, el profesor y lo tomo en sus brazos le dio de beber un
poco de agua y lo contemplo con tristeza. Era el último sorbo de
agua que conservaba el profesor y sabía durante el camino que
sería para Axel que llegaría medio muerto. Una vez medio repuesto
le manifestó al profesor que era preciso retroceder hasta regresar a
la cumbre pero el profesor no piensa renunciar a la expedición y le
pidió que regresara con Hans y que lo dejaran solo. Hans siempre
se vio ajeno a la discusión y cuando tuvo que elegir escogió
quedarse con el profesor. Pero el profesor le propuso a Axel que le
diera un día y si no encontraban agua en el otro túnel entonces
regresarían a la superficie de la tierra. Propuesta a la que Axel
accedió

XXII

Emprendieron entonces el descenso por la nueva galería. Todo


parecía para Axel como si estuviesen dentro de un diamante hueco,
se había encerrando en medio de paredes de granito, eran las 8 y
agua aún no aparecía, entonces Axel grito y de desplomo al suelo y
cerro los ojo s cuando los abrió vio a los dos durmiendo envueltos
en sus mantas, pensaba cuando de repente se dio cuenta que Hans
se alejaba con la lámpara dejándolos a oscuras quiso llamarlo pero
no pudo soltar palabra, pensó que había decidido abandonarlos
pero como si se internaba mas en ella? , entonces ordeno sus ideas
y espero tal vez había escuchado un ruido y se dirigía a
inspeccionar.
XXIII

Espero casi una hora dándose as i mismo muchas razones por las
que Hans se internara más dentro del túnel. Luego escucho sus
pasos y la luz se acercaba cada vez más y cuando llego se acerco al
profesor y lo despertó, en su idioma le dijo agua, agua, Axel
ignoraba el danés pero en ese momento comprendió todo lo que le
dijo. Y emprendieron la marcha, cuando pasó media hora
empezaron a escuchar un ruido, el profesor sabía que un río
subterráneo circulaba alrededor de ellos pero no veían nada una
pared de granito los separaba. Axel sintió de nuevo desfallecer y
perder sus fuerzas pero observo a Hans que tomaba la lámpara y se
acercaba a la pared y aplicó el oído a la piedra seca y lo paseó por
ella lentamente, escuchando con suma atención, buscaba el punto
preciso en que se oyera con más claridad el ruido, cuando encontró
el punto tomo el pico y se dirigió nuevamente al lugar dándole
pequeños golpes a la roca y así paso una hora en espera de ver
aparecer el liquido, pero justo cuando impaciente el profesor tomo
un pico se escucho como un silbido y salió con gran fuerza un
chorro de agua que toco la pared del frente. Hans grito de dolor,
igual lo hizo Axel cuando descubrió que estaba caliente. Bebieron
cuando ya estaba fría, le dieron a ese arroyuelo el nombre de Hans
Bach. Llenaron unas vasijas con agua y decidieron no taponar el
orificio de salida del agua, luego comieron y durmieron.

XXIV

Fue mucho mejor el día siguiente, maravillados al no sentir sed los


ánimos eran diferentes y Axel estaba decidido llegar hasta el final. Y
se inicio la marcha el día jueves a las 8 de la mañana, encontrando
en el recorrido recodos simulando un laberinto, pero con dirección
siempre al sudeste, horizontalmente y así todo el día y el siguiente
día descendiendo. El viernes 10 de julio según cálculos estaban a
treinta leguas de Reykiavik. Un rato después hallaron un pozo y se
dispusieron a bajar ya que las piedras salientes formaban una
escalera en forma de caracol. Por fin, el miércoles 15 se hallaban a
siete leguas bajo tierra y a cincuenta del Sneffels, y de acuerdo con
las observaciones y anotaciones del profesor se encontraban bajo el
océano. Cuatro días después el sábado 15 de julio llegaron a una
especie de gruta bastante espaciosa, el siguiente día fue de reposo.

XXV

El domingo después haber descansado y almorzado, después de


muchos cálculos con el fin de determinar con toda exactitud su
ubicación y así al regresar el profesor trazaría un plano del viaje y
en el momento estaban a diez y seis leguas de profundidad
alcanzada, sorprendido por que de acuerdo alas leyes del calor
deberían estar a 1.500°, pero en realidad se encontraban a
Veintisiete grados y seis décimas, estableciendo que el aumento de
la temperatura proporcionalmente a la profundidad es un error.
Luego de muchos cálculos Axel dedujo que lo que falta para llegar
al centro de la tierra serían 2 mil días, cerca de cinco años y medio.
El profesor se molesto con las teorías de Axel. Sentían algunos
dolores de oído a causa de la presión pero no era grave, pero se
preguntaba como podía asegurarse que el alquimista Saknussemm
había encontrado el centro del globo si en su época no había
manómetro, barómetro y otros instrumentos necesarios para la
expedición?. Y así en medio de cálculos se continúo la marcha.

XXVI

El trayecto no fue fácil, en mucho ayudo Hans, solos no hubieran


podido avanzar a tantos peligros. Siempre callado y su silencio
aumentaba cada día. Durante las dos semanas que siguieron no
ocurrió ningún incidente más que un solo acontecimiento de suma
gravedad, el día 7 de agosto, cuando caminaban Axel se percato de
que estaba solo y pensó que había caminado muy rápido y decidió
devolverse pero camino media hora y no encontró a nadie, los
llamo y no respondían ya no sabía si iba adelante o detrás de ellos
así que decidió remontar el curso del arroyuelo para dar con las
huellas de los compañeros y cuando quiso beber agua encontró que
ya no corría el piso estaba seco.

XXVII
Se sintió realmente desesperado al verse solo sintió que moriría de
hambre y de sed, pensó que en algún punto el caminos se había
bifurcado, entonces como haría sin poder ubicar huellas y mucho
menos dejar huellas en el suelo de granito y cuando se vio lejos de
todo socorro humano recurrió a la oración. Tenía víveres para tres
días y agua, lo importante para ubicarse era encontrar el cauce de
las aguas y empezó a subir por especio de media hora y encontró
un callejón sin salida desesperado pensó en la muerte y en como si
algún día encontraban su cuerpo en estado fósil, su aparición en las
entrañas de la tierra, a treinta leguas de su superfïcie, suscitaría
graves cuestiones científicas. Al tropezar con la pared y caer se
estropeó la lampar y pronto quedo en medio de la tiniebla. Al cabo
de varias horas ya agotado se desplomo y perdió la noción.

XXVIII

Cuando volvió en sí, por haber caminado a oscuras se había


tropezado y lastimado sentía que sangraba mucho, de repente
escucho un retumbar pero no sabía de donde provenía, por
casualidad puso su oído en la pared y escucho murmullos. Concluyo
que si el escuchaba voces desde ahí también podrían escucharlo y
empezó a gritar pero no escucho nada más. Nuevamente se puso a
escuchar y volvió a sonar en su oído la palabra förlorad ,
nuevamente escuchó y encontró que era la voz del profesor que lo
estaba buscando. Hizo lo mismo y hacia la pared pronunció el
nombre del profesor después de un rato la voz del profesor que
repreguntaba donde estaba. Analizaron de esta forma que distancia
los separaba ya que lo había buscado subiendo y bajando, así Axel
le explicó al profesor como había llegado allí y como lo
encontrarían. Decidió Axel levantarse y andar y como la pendiente
era bastante rápida y se dejo resbalar por ella hasta que sintió caer
y rebotar contra las piedras, su cabeza choco con una piedra aguda
y perdió el conocimiento.

XXIX

Cuando despertó el profesor lo tenía envuelto en una manta y


cuando vio que abrió los ojos grito de júbilo estaba porque se había
salvado, igual vio en los ojos de Hans gran satisfacción, eran las 11
de la noche del día domingo 9 de agosto se había extraviado por un
tiempo de 4 días, muy cansado y después de recibir unas
compresas en la cabeza durmió hasta el otro día. Cuando despertó
estaban en una gruta y en ella una semiobscuridad ya que
inexplicablemente se filtraban uno s rayos de luz del exterior y
escuchaba un murmullo indefinido como el que producen las olas al
reventar en la playa, entonces pensó que soñaba cuando lo saludo
muy contento el profesor. Axel quería almorzar y se sentía mejor.
Axel pensó que estaba loco al enterarse que se encontraban aún en
la profundidad y quiso saber la procedencia de la luz convenció al
profesor de dejarlo salir rápidamente, y, para mayor precaución, se
envolvió en una manta y salio de la gruta en seguida.

XXX

Cuando salió no vio nada ya que sus ojos estaban acostumbrados a


la oscuridad pero cuando pudo abrirlos vio el mar, sus olas
producían una espuma liviana algunos peñascos formando cabos,
era un verdadero océano pero desierto y de aspecto salvaje. La luz
que iluminaba no era el sol, era una especie de aurora boreal, un
fenómeno cósmico continuo que alumbraba aquella caverna capaz
de albergar en su interior un océano y su luz era fría había algunas
nubes suspendidas en la atmósfera. Era una caberna por llamarla
de laguna manera pero con unas extensiones bastantes
considerables ya que no se veía un fin. Axel recordó algunas
cavernas celebres como la gruta de Guachara, en Colombia, la
caverna del Mammouth, en Kentucky, pero no se comparaban con
el lugar donde se encontraban, llena de vapores, sus irradiaciones
eléctricas y un vasto mar encerrado entre sus flancos. Dieron un
paseo por la orilla de la playa, vio cascadas, arroyuelos y una selva
elevada, con árboles frondosos y de medianas dimensiones, al
acercarse y entrar a este lugar observo Axel que eran hongos
gigantes, licopodios de cien pies de elevación, sigilarias
gigantescas, helechos arborescentes, del tamaño de los abetos de
las altas latitudes, lepidodendrones de tallo cilíndrico bifurcado, que
terminaban en largas hojas y erizados de pelos rudos como las
monstruosas plantas grasientas. También observó Osamentas de
animales antediluvianos.

XXXI

Al día siguiente, Axel se dio un baño y regreso con mucho apetito,


como había agua y fuego vario la comida y hasta tomaron café
como ya comenzaba a subir la marea, se encontraban a treinta y
cinco leguas. Hans construía una balsa al anochecer del siguiente
día, gracias a la habilidad de Hans, estaba terminada la balsa, que
medía diez pies de longitud por cinco de ancho. Las vigas de
surtarbrandr, amarradas unas a otras con resistentes cuerdas,
ofrecían una superficie bien sólida, y una vez lanzada al agua, la
improvisada embarcación flotó tranquilamente sobre las olas del
mar de Lidenbrock.

XXXII

La mañana siguiente muy temprano se alistaron para emprender el


viaje, en la balsa que Hans había improvisado con maderos
fosilizados le dieron nombre al lugar y fue bautizado como Puerto-
Graüben, viajaron con gran velocidad gracias al viento del nordeste,
y si seguían a esta velocidad y según cálculos del profesor llegarían
pronto al otro lado. A eso del medio día vieron flotar unas algas
inmensas. la balsa pasó al lado de ovas de 3.000 y 4.000 pies de
longitud, inmensas serpientes que se prolongaban hasta perderse
de vista. Había llegado la noche y la luz no disminuía, cenaron, Axel
durmió al lado del mástil, ya que había sido encargado de anotar las
observaciones de los fenómenos más interesantes del recorrido.
Has a medio día preparo un anzuelo y después de un rato pico un
pez que tenia la cabeza chata y redondeada, y la parte anterior del
cuerpo cubierto de placas óseas; carecía de dientes en la boca, y
sus aletas pectorales, bastante desarrolladas y cuerpo desprovisto
de cola y así pescaron gran variedad de peces milenarios.

XXXIII

El Sábado 15 de agosto no se veía el profesor estaba de mal humor


y preocupado por que el mar era muy grande ya que no
descendían. El Domingo 16 de agosto. No ocurre novedad. El mismo
tiempo. El profesor ato un metal a una cuerda para ver si tocaba
fondo pero no obtenía resultado, de repente Hans hizo ver a Axel
que el metal tenía unas marcas de dientes se veía medio roída por
sus marcas eran dientes cónicos como los del cocodrilo. El lunes 17
de agosto a causa de las marcas se percataron de que las armas
estuviesen cargadas por si algún animal los atacaba. Llega así el
martes 18 de agosto con el la noche, o, por mejor decir, el
momento en que el sueño quiere cerrar sus ojos. Mientras Hans
hace la guardia Axel durmió dos horas cuando lo despertó una
fuerte sacudida que lo hizo estremecer, pensaron que habían
tocado algún bajo, pero en realidad era el lomo de una marsopa
colosal un lagarto marino de tamaño extraordinario y más lejos un
monstruoso cocodrilo. A lo lejos el profesor identifica una especie
de ballena y permanecen atónitos, sobrecogidos, estupefactos ante
aquella colección de monstruos marinos, al tratar de esquivarlos se
encuentran con una tortuga de cuarenta pies de ancho, y una
serpiente que mide treinta de longitud, y alarga su enorme cabeza
por encima de las olas, así que fue imposible huir y los reptiles
hacen círculos alrededor de la balsa, entre tanto se apoderan de las
carabinas y permanecen mudos de espanto. En un momento ven
que se acercan y Axel se prepara para disparar pero Hans hace una
seña para que no lo haga. Era una riña entre reptiles y no los
vieron. Observaron detenidamente los animales eran en realidad
dos un plesiosauro y un ictiosauro.

XXXIV

Miércoles 19 de Agosto, después de ver semejante lucha en la que


salio uno victorioso huyeron del lugar y cada un o vuelve al estado
en el que se encontraban y continuaron en la misma monotonía. El
jueves 20 de agosto, a lo lejos escucharon una especie de mugido
sin saber lo que era, pensó el profesor que era un escollo pero
pronto descartaron la idea, pasaron tres horas y los mugidos
parecían provenir de un catarata lejana. Después de unas horas
Hans observa a lo lejos una inmensa columna de agua que se eleva
por encima del Océano, cerca de las 8 de la noche se aproximaban
aun más y al llegar vieron que se trataba de una isla y la columna
de agua era un géiser, el piso de la isla era muy caliente y el agua
de un pequeño estanque a 163º. El profesor bautizo la isla con el
nombre de Axel. Luego siguieron su camino. Habían recorrido 270
leguas sobre la superficie del mar, a partir de Puerto-Graüben.

XXXV

Al día siguiente, viernes 21 de agosto se habían alejado del islote


Axel. El día se torna opaco, a las diez de la mañana se acentuaba
una tempestad, el profesor de mal genio, guardaba silencio de
repente empezó la lluvia, el viento es mas intenso y hacen caer al
profesor, la lluvia forma una catarata hacia la cual se dirigen,
relampaguea, caen rayos y tienen que sujetarse muy fuerte para no
caer al agua. El domingo 23 de agosto a gran velocidad son
arrastrados, sus oídos sangran a causa de los fuertes sonidos del
trueno. Lunes 24 de agosto, ya fatigados amarraron el equipaje y
ellos también un disco de fuego arranca la vela juntamente con el
palo. La atmósfera está llena de un olor de gas nitroso que penetra
en la garganta y los pulmones, la ciada del rayo había imanado todo
el hiero de abordo. Martes 25 de agosto la tempestad continúa, de
repente escucharon un nuevo ruido.

XXXVI

La balsa choco con los escollos de la costa, Hans ayudo a Axel a


salir del agua y lo llevo al lado del profesor y luego trato de
recuperar algunos restos del naufragio, el diluvio seguía cayendo.
Cansados sin dormir por tres días descansaron y durmieron. Al otro
día el tiempo era el mejor, el profesor despertó de buen humor ya
que por fin y a pesar de las circunstancias habían llegado Axel
preguntó como regresarían. El profesor le dijo que tal vez
encontrarían otro camino de regreso o deberían devolverse por
donde llegaron. Hans había salvado los objetos más necesitados,
habían perdido las armas, las provisiones estaban completas.
Mientras almorzaban trataban de calcular el lugar donde estaban, al
tomar la brújula se asombraron la ver que señalaba el norte y no el
sur como suponían. En cualquier posición que se colocase, la aguja
volvía a tomar en seguida la inesperada dirección. Así pues estaban
nuevamente en la playa que creían haber dejado.

XXXVII

El profesor estaba muy irritado, era imposible habían retrocedido


tendrían que empezar de nuevo se mostró desafiante y no iba a
desfallecer, Axel trato de persuadirlo diciéndole que era cosa de
locos volverlo a intentar en tan malas circunstancias. Pero el tío
absorbido en sus pensamientos no lo escucho. Ordeno volver a la
balsa que ya la terminaba de reparar Hans, partirían al día
siguiente, reconocerían la isla antes de salir. Encontraron a su paso
innumerables cochitas y carpachos de animales milenarios, algunos
gigantescos. Trataban Axel de darse muchas explicaciones de todo
cuanto veía, caminaban por una especie de terreno sedimentario de
repente el cambió súbitamente de aspecto parecía como si hubiese
sido transformado por una sacudida, caminaron por este difícil
camino hasta encontrar una llanura llena de osamentas, realmente
asombrados veían una completa colección de lepoterios,
mericoterios, mastodontes, protopitecos, pterodáctilos y de todos
los monstruos antediluvianos acumulados allí para su satisfacción
personal. Pero más se asombraron al encontrar un cráneo humano.

XXXVIII

Evocaba el profesor a varios ilustres ya que el 28 de marzo de 1863


en unas excavaciones en un departamento de Francia encontraron
una mandíbula humana a catorce pies de profundidad, junto a él,
fueron halladas hachas de piedra y sílices tallados, coloreados y
revestidos por el tiempo de una especie de barniz uniforme,
descubrimiento que produjo gran ruido y varios sabios demostraron
la incontestable autenticidad de la osamenta en cuestión, otros
sabio asumieron el hecho como cierto entre ellos el profesor
Lidenbrock. Los otros sabios no admitían que la especie humana
hubiese sido contemporánea de los animales de la época
cuaternaria. Tal sería entonces para el profesor el descubrimiento
de un cuerpo humano perfectamente reconocible. Aquel cadáver de
piel tersa y apergaminada, con los miembros aún jugosos por lo
menos a la vista, con los dientes intactos, la cabellera abundante y
las uñas de los pies y de las manos prodigiosamente largas, se
presentaba ante sus ojos tal como había vivido. Era un asombroso
espectáculo el que ofrecían aquellas generaciones de hombres y de
animales confundidos en aquel cementerio.

XXXIX

Avanzaron observando tanto fósil y restos óseos, se alejaban mucho


sin miedo de extraviarse, gracias al fenómeno de la luz que los
alumbraba podían observar las diversas superficies de los objetos.
Después de andar una milla legaron a una selva inmensa, pero este
era diferente al que habían visto de os hongos gigantes; la
vegetación era de la época terciaria en toda su magnificencia
guanos, pinos, tejos, cipreses, entre ellos una inmensurable red de
bejucos, musgos y hepáticas, algunos arroyos. Solo faltaba en aquel
lugar el color vivificante del sol, todo érase un color pardusco y
como marchito. Se aventuraron a entrar e asa selva convencidos
que habrían también mamíferos y en efecto encontraron un rebaño
de gigantescos mastodontes, animales prehistóricos, de las épocas
ternaria y cuaternaria. El profesor quiso acercarse pero Axel
manifestó su miedo por no tener armas y no podrían enfrentarse a
la furia de esos animales y que ningún ser humano se atrevía a
desafiarlos, pero el profesor le indico que no era cierto ya que veía
a un ser humano entre ellos, Axel miro incrédulo pero casi pierde el
habla cuando vio a un hombre apoyado sobre un tronco enorme. Ya
no era un fósil si no de un hombre con un rebaño de mastodontes,
era grande, su talla mayor de 12 pies, de cabello largo y abundante.
Huyeron antes de ser descubiertos y se dirigieron hacia el mar de
Lidenbrock. Luego encontraron en la playa un puñal del siglo XVI de
origen español. Quisieron busacar al hombre que habían visto y
encontraron la entrada de un túnel oscuro en una de las rocas unas
iniciales A.S. probablemente Arne Saknussemm.

XL

Axel no salía de su asombro había visto muchas maravillas pero lo


dejo anonadado las dos iniciales que habían en la roca y mas aún
tener en sus manos el estilete con que había sido grabada.
Decidieron ponerle el nombre de Cabo Saknussemm. Olvidaron los
padecimientos del viaje, Axel quería entrar de inmediato pero el
profesor lo detuvo debían volver por Hans y traer cerca la balsa,
agradecieron a la tempestad el haberlos devuelto al lugar que
debían seguir, llegaron hablando de todo lo que debían hacer, al
lugar donde estaba Hans, y así navegaron hasta el cabo
Saknussemm. Debían examinar esa galería primero, y al entrar se
encontraron a seis pasos una roca que no permitía el paso, para
quitarla decidieron usar pólvora, para cuando terminaron de
arreglar la pólvora en la piedra era media noche y para encenderla
esperarían al otro día.

XLI

El siguiente, jueves 27 de agosto, fue una fecha célebre de aquel


viaje subterráneo. Alas seis ya estaban de pie. Axel encendería la
mecha y luego correría a la balsa donde se encontraban sus
compañeros, y se alejarían con el fin de evitar los peligraros de la
explosión, pero cuando esto se hizo no escucharon la detonación
pero fu como si se hubiese corrido un telón y detrás de el un
abismo, el mar se convirtió en una ola enorme y de pronto
quedaron en la oscuridad mas tenebrosa, comprendían lo que había
sucedido habían quitado una roca que tapaba un abismo que ahora
los absorbía. La balsa corría a veces dando vueltas, al impulso de
ciertos remolinos y las horas, entretanto, transcurrían, y la situación
no cambiaba, hasta que un nuevo incidente vino a complicarla.
Gran parte de sus objetos habían desaparecido, sujetos
fuertemente a la balsa y en completa oscuridad tratando de
calcular a que velocidad iban y cuanto tiempo tenían de vida tenían.
La pendiente de las aguas se hacía cada vez mayor tenían la
sensación de una caída vertical.

XLII

Después de una zambullida y volver a la superficie y escucharon


como se reestablecía el silencio y la voz del profesor que decía
repetidamente ¡subimos!, como pudo Hans encendió una antorcha,
produjendo una claridad suficiente para alumbrar toda la escena. El
profesor sin saber que habían perdido las provisiones propuso
recobrar fuerza comiendo, y empezaron a padecer un hambre
tenaz. Inesperadamente a medida que subían la temperatura subía
también cosa que les extraño demasiado ya que habían contado
con una temperatura moderada. Pensó por un momento el profesor
y decidió que era conveniente comerse lo poco que quedaba para
tener suficientes fuerzas si se presentaba la oportunidad de
hacerlo. El agua estaba caliente y la temperatura aumentaba más y
la brújula estaba como loca.

XLIII

La aguja saltaba de un polo al otro con bruscas sacudidas; recorría


todos los puntos del cuadrante, y giraba como si se hallase poseída
de un vértigo. La corteza mineral amenazaba con romperse y ellos
serían triturados en una comprensión de materias, pensaba Axel
por unos instantes. Entre tanto el profesor se mostraba más
tranquilo a pesar de que los indicios que observaba Axel eran del
inicio de un terremoto, el esperaba algo más grande una erupción
ya que se hallaban en la chimenea de un volcán. Axel pensó que el
tío estaba loco cuando menciono que era lo mejor que les podía
pasar, le pareció inaudito saber que iban a ser arrojados en medio
de cenizas, llamas y lava ardiente, pero el profesor le aseguró que
era la única forma de volver a la superficie de la tierra. Toda la
noche estuvieron en movimiento y se sentía asfixiado y pensaba
largamente a que lugar serían arrojados. La temperatura se hacía
insoportable, y un termómetro expuesto en aquella atmósfera
habría marcado más de 70°. A eso de las ocho de la mañana cesó
el movimiento ascensional de improviso y la balsa quedó
completamente inmóvil. Luego se inicio nuevamente durante dos
minutos y se detuvo de nuevo y a los diez minutos fueron
empujados por una fuerza asombrosa y se detuvo y así se repitió
muchas veces esta maniobra.

XLIV

Axel estaba completamente magullado, y Hans lo sujetaba de un


brazo para que no cayera a un despeñadero, inmediatamente
pregunto donde estaban ya que el profesor , Axel y Hans se
hallaban tendidos hacia la mitad de la escarpada vertiente de una
montaña calcinada por las ardores del sol a lo lejos vieron como se
abría el cráter de un volcán, por el cual se escapaba, de cuarto en
cuarto de hora, con fuerte detonación, una alta columna de llamas,
mezcladas con piedra pómez, cenizas y lavas. Por la parte de
adelante veían un pequeño puerto, precedido de algunas casas, en
el que a impulso de las alas azules, decidieron bajar ya que tenían
mucha sed y hambre. Por fortuna, después de dos horas de marcha
se presento ante ellos una campiña enteramente cubierta de olivos,
de granados y de vides, así que comieron aquellas frutas y cerca
pasaba un arroyuelo y calmaron allí su sed, entre tanto se acerco a
ellos un niño quien se asusto a verlos y salio corriendo pero Hans lo
alcanzó y el profesor le pregunto en varios idiomas como se
llamaba el lugar pero el niño no contestaba, hasta que dijo
Strombolí, se hallaban en pleno mediterráneo en Sicilia. Sin
embrago aun seguían sin entender por que la brújula marcaba
hacia el norte.

XLV

Fueron recibidos por las pescadores de Estrómboli con los


consideraciones debidas a unos náufragos, después de cuarenta y
ocho horas de espera, el 31 de agosto, una embarcación pequeña
fueron conducidos a Mesina. El viernes, 4 de septiembre,
embarcaron a bordo del Volturne y, tres días más tarde pisaron
tierra en Marsella. El 9 de septiembre, por la noche, llegaron a
Hamburgo. Marta y Graüben no podían creerlo cuando los vieron
entrar y felices, se enteraron que gracias a Marta se había enterado
todo el mundo acerca de su viaje al centro de la tierra pero por
supuesto nadie le creyó. Sin embargo la compañía de Hans y las
informaciones de Islandia hicieron famoso al profesor, se celebró
una sesión pública en el Jahannaeum, en la que el profesor hizo un
detallado relato de su expedición, omitiendo, naturalmente, los
hechos extraordinarios relativos a la brújula. Tantos honores tenían
necesariamente que suscitarle envidiosos. Así sucedió, en efecto, y,
como sus teorías, basadas en hechos ciertos, contradecían los
sistemas establecidos por la ciencia sobre la cuestión del fuego
central, sostuvo verbalmente y por escrito muy notables polémicas
con los sabios de todos los países. Hans regresó a Hamburgo,
apreciaban mucho a Hans ya que en varias oportunidades les había
salvado la vida. Este viaje fue unánime sensación en el mundo. Fue
traducido e impreso en todas las lenguas; los más importantes
periódicos publicarón sus principales episodios, que fueron
comentados, discutidos, atacados y defendidos con igual
entusiasmo por los creyentes a incrédulos. Pero un profundo
disgusto, un verdadero tormento amargaba esta gloria. El hecho de
la brújula seguía sin explicación, y el que semejante fenómeno no
hubiese sido explicado constituía verdaderamente un suplicio para
la inteligencia de un sabio. Un día, arreglaba Axel el despacho y
observo que la brújula marcaba hacia el sur así que llamo al
profesor para decírselo, sus polos estaban invertidos y la causa de
esta inversión se debió al rayo que imano el hierro de la balsa eso
terminó con sus dudas. Axel se caso con su bella novia y el ilustre
profesor Otto Lidenbrock, miembro correspondiente de todas las
sociedades científicas, geográtïcas y mineralógicas de las cinco
partes del mundo.

FIN

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