CUANDO LA SED NOS ALCANCE

(Segunda Parte)

Por: Juan Manuel Estarrón

ACAPONETA, NAYARIT. 01-O9-2009.- Contra la creencia popular de que los ríos Mezquital (San Pedro o Tuxpan) y Acaponeta nacen en Nayarit, sólo toman sus nombres por el paso en dichos municipios pero realmente tienen sus orígenes en el sur del estado de Durango, e n los bosques de la región tepehuana, sin desconocer que ya en nuestro territorio reciben grandes cu otas de agua por sus innumerables afluentes entre riachuelos, arroyos y ojos de agua. Como zona escasamente vigilada la sierra de Huajicori -El Nayar y duranguense, fue propicio para una explotación de bosques sin freno en cantidades de madera y, probablemente sin respetar límites territoriales ; al son de los mineros que buscaban el oro abriendo brechas por la serranía, también los rapamontes y talabosques se fueron sobre una riqueza más segura: el oro verde o blanco, más abundante y menos riesgoso por la frecuencia de los asaltos. Sobre todo los concesionarios sólo tenían que preocuparse por las maniobras del corte, cargado de trozas y transportación ya que esta materia prima salía casi regalada tomando en cuenta la ignorancia ancestral de las etnias y mestizos quienes no alcanzaban a cuantificar el valor comercial de aquella riqueza que calculaban nunca se acabaría; ya ni se diga su valor estratégico como bosque dador de la vida. Las comunidades indígenas, unas establecidas permanentemente pero otras itinerantes, siempre fueron el blanco de la explotación del hombre blanco, si se permite la expresión; los atropellos no cesaban desde la conquist a evangelizadora de los serranos, este era uno más y a cambio de espejitos permitían también la instalación de aserraderos legales y clandestinos. Por ese tiempo el gobierno federal introdujo en Nayarit el Plan HUICOT, un programa para el desarrollo d e las etnias huichol, cora y tepehuana ±de ahí sus siglas- que en su momento fue controversial su funcionamie nto por acusaciones de corrupción oficial y, a la vez, corruptor de autoridades nativas o tribales; sin embargo los esfuerzos fueron buenos y hubie ran sido mejor enfocados a defender los bosques. ¿Cuántas hectáreas de bosque virgen estarían en pie si aquella genera ción hubiera sido tantita así de visionaria? Cuando menos condicionando una

explotación con desarrollo sustentable bajo una ley forestal endurecida , aplicada al pie de la letra para obligar a sustituir con cinco árboles nuevos por cada uno derribado y garantizando su crecimiento a unos dos metros; no nos consta que esto haya ocurrido y casi es seguro que se siga burlando la ley porque seguimos viendo cerros casi pelones con otros tipos de vegetación. Pero en aquel tiempo aún no se acuñaban términos como ³desarrollo sustentable´ ³zona natural protegida´ ³reserva de la biósfera´ ³parque natural´ ³parque nacional´ ³corredor eco turístico´, etc. Estos llegaron demasiado tarde cuando esta cuenca acuífera tiene un río moribundo, anémico con riesgo de transmitir su enfermedad a los ecosistemas que alimenta a su paso y los más importantes en su desembocadura. Este verano los ríos de Nayarit bajaron su cuotas de agua drásticamente afectando en esa proporción la pesca ribereña del camarón por el desarrollo tardío del crustáceo y los volúmenes bajos al igual que el año anterior; ³Es que no ha miado el cora allá arriba´, así expresaba mi bisabuelo Chema cuando ya era tiempo de irnos a las marismas y estas estaban secas todavía muy entrado julio. Con esa frase sintetizaba un viejo atarrayero todo un proceso natural que comienza y culmina con los ríos que en condiciones normales aportan suficiente agua para el llenado de lagunas, marismas y esteros arrastrando con ella los nutrientes, así mismo equilibrando temperatura y salinidad creando condiciones óptimas para el crecimiento del camarón y otras especies. Pero también se complica la vida cuando ³el cora orina de más´; estamos familiarizados con las grandes arriadas que afectan todas las actividades incluyendo la misma pesca porque lo común es que el camarón escape al mar tempranamente a completar su ciclo biológico. Así es que al probar los dos extremos, escasez o excesos de agua, concluimos que resulta más dramático lo primero ya que de una inundación al menos queda humedad para seguir sembrando. Ahora que la Comisión Nacional del Agua enciende foco s rojos en varios estados cuyos sistemas de agua potable dependen de presas, lo que consuela saber es que al menos cuentan con algo para almacenar excedentes de las lluvias evitando que se desperdicie toda en los mares; en cambi o para los norte nayaritas fue una esperanza remota por muchos sexenios que nos construyeran una presa sobre el río Acaponeta , y los políticos hicieron muchas pero en los discursos. Cuando la sed nos ponga contra la pared por el agudizamiento del calentamiento global tendremos pocas alternativas para enfrentarla y las generaciones que vienen nos culparán de todos estos errores : no haber evitado la tala irracional de los bosques; haber contaminado el río con todo lo que pudimos y quisimos; no haber previsto la construcción de grandes vasos de almacenamiento de agua (presas) y no haber protegido esa reserva de agua declarándola ³zona de protección forestal´ o reserva de la biósfera.

A pesar de haberse perdido gran parte de esa región boscosa, probablemente irrecuperable a largo plazo por sus daños permanentes, aún quedan algunas zonas que por su inaccesibilidad escaparon a la moto sierra, pero si no se actúa rápido acabarán con ellas dado que todavía están activos grandes aserraderos; entonces sí: que el Dios Tláloc nos agarre confesados y si por error vemos serpentear un hilito entrecortado por este valle, que no sea motivo de alarma: es que ³el cora sí quiere orinar´ pero tal vez padezca una severa displasia prostática. Para quejas y comentarios, por favor al 3252520702 ó 3461040253. P.D. Como un tributo al recuerdo imborrable de don Fiedencio Espinosa Ávalos, distinguido acaponetense quien escribiera grandes páginas por la defensa de la Ecología.

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