Está en la página 1de 68

BREVIARIOS

, ••:.-,.. del

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

435
LA INTUICIÓN DEL INSTANTE
Traducción de
JORGE FERREIRO La intuición
del instante

por GASTÓN BACHELARD

Seguido de
Introducción a la poética de Bachelard
por JEAN LESCURE

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA


MÉXICO
Primera edición en francés, 1932
Primera edición en español, 1987
Segunda edición, 1999
Segunda reimpresión, 2002

INTRODUCCIÓN

Cuando un alma sensible y culta recuerda sus esfuer-


zos por trazar, según su propio destino intelectual, las
grandes líneas de la Razón, cuando estudia, por me-
dio de la memoria, la historia de su propia cultura, se
da cuenta de que en la base de sus certidumbres ínti-
mas q u e d a aún el recuerdo de u n a ignorancia esen-
cial. En el reino del conocimiento mismo hay así una
falta original, la de tener un origen; la de perderse la
gloria de ser intemporal; la de no despertar siendo
uno mismo p a r a permanecer como uno mismo, sino
Se prohibe la reproducción total o parcial de esta obra esperar del m u n d o oscuro la lección de la luz.
—incluido el diseño tipográfico y de portada—,
sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, ¿En qué agua lustral encontraremos, no sólo la re-
sin el consentimiento por escrito del editor. novación de la frescura racional, sino además el dere-
cho al regreso eterno del acto de Razón? ¿Qué Siloé
Comentarios y sugerencias: editor@fce.com.mx p o n d r á orden suficiente en nuestro espíritu p a r a per-
Conozca nuestro catálogo: www.fce.com.mx
mitirnos c o m p r e n d e r el orden supremo de las cosas,
Título original: marcándonos con el signo de la Razón p u r a ? ¿Qué
UIntuition de Instan gracia divina nos d a r á el poder de acoplar el princi-
© 1932, Éditions Stock pio del ser y el principio del pensamiento y, empezán-
Publicado por Éditions Gonthier, París donos en verdad a nosotros mismos en un pensamien-
to nuevo, el de retomar en nosotros, p a r a nosotros y
sobre nuestro propio espíritu, la tarea del Creador?
D. R. © 1987, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA, S. A. DE C. V. Esa fuente de la juventud intelectual es la que, como
D. R. © 1999, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA buen hechicero, busca Roupnel en todos los campos
Carretera Picacho-Ajusco 227; 14200 México, D. F. del espíritu y del corazón. Tras él, poco hábiles por
nuestra p a r t e en el manejo de la v a r a de avellano,
ISBN 968-16-6033-1 (segunda edición) nosotros sin d u d a no encontraremos todas las aguas
ISBN 968-16-2385-1 (primera edición) vivas ni sentiremos todas las corrientes subterráneas
Impreso en México de un agua profunda. Pero al menos quisiéramos de-

7
8 INTRODUCCIÓN INTRODUCCIÓN " 9

cir en qué puntos de Siloé recibimos los impulsos más ofrece una fuerza de persuasión que sin duda no podría-
eficaces y qué temas enteramente nuevos aporta Roup- mos transportar a nuestro estudio. Habría que volver a
nel al filósofo que quiere meditar en los problemas del vivir el libro entero, seguirlo línea por línea para com-
tiempo y del instante, de la costumbre y de la vida. prender toda la claridad que le agrega su carácter esté-
Antes que nada, en esa obra arde un hogar secreto. tico. Por lo demás, p a r a leer convenientemente Siloé es
No sabemos lo que le da su calor ni su claridad. No po- preciso darse cuenta de que es obra de un poeta, de un
demos determinar el momento en que el misterio se psicólogo, de un historiador que aún niega ser filósofo
aclaró lo suficiente p a r a enunciarse como problema. en el momento mismo en que su meditación solitaria
Mas, ¡qué importa! Provenga del sufrimiento o de la di- le entrega la más bella de las recompensas filosóficas:
cha, todo hombre tiene en su vida esa hora de luz, la ho- la de orientar el alma y el espíritu hacia una intuición
ra en que de pronto comprende su propio mensaje, la original.
hora en que, aclarando la pasión, el conocimiento re- En los estudios siguientes, nuestra tarea principal
vela a la vez las reglas y la monotonía del Destino, el consistirá en arrojar luz sobre esa intuición nueva y
momento verdaderamente sintético en que, al dar con- en mostrar su interés metafísico.
ciencia de lo irracional, el fracaso decisivo a pesar de to-
do es el éxito del pensamiento. Allí se sitúa la diferencia Antes de adentrarnos en nuestra exposición serán úti-
del conocimiento, la fluxión newtoniana que nos permite les algunas observaciones p a r a justificar el método
apreciar cómo de la ignorancia surge el espíritu, la in- que hemos escogido.
flexión del genio humano sobre la curva descrita por el Nuestra finalidad no es resumir el libro de Roupnel.
correr de la vida. El valor intelectual consiste en man- Siloé es un libro donde a b u n d a n el pensamiento y los
tener activo y vivo ese instante del conocimiento na- hechos. Más que resumirse, debería desarrollarse.
ciente, de hacer de él la fuente sin cesar brotante de Mientras que las novelas de Roupnel están animadas
nuestra intuición y de trazar, con la historia subjetiva por una verdadera alegría del verbo, por una profusa
de nuestros errores y de nuestras faltas, el modelo ob- vida de las palabras y de los ritmos, es sorprendente que
jetivo de una vida mejor y más luminosa. El valor de co- Roupnel haya encontrado en Siloé la frase condensa-
herencia de esa acción persistente de una intuición filo-
da, recogida por entero en el fuego de la intuición.
sófica oculta se siente de principio a fin en la obra de
Desde ese m o m e n t o , nos pareció que, aquí, explicar
Roupnel. Aunque el autor no nos muestre su origen, no
era explicitar. Por tanto, retomamos las intuiciones de
podemos equivocarnos sobre la unidad y la hondura de
Siloé lo más cerca posible de su origen y nos esforza-
su intuición. El lirismo que guía ese drama filosófico que
mos por seguir en nosotros mismos la animación que
es Siloé es signo de su intimidad, pues, como escribe
esas intuiciones podían dar a la meditación filosófica.
Renán, 'lo que decimos de nosotros mismos siempre es
Durante varios meses hicimos el marco y el armazón
poesía". 1 Por ser enteramente espontáneo, ese lirismo
de nuestras construcciones. Por lo demás, u n a intui-
ción no se demuestra, sino que se experimenta. Y se
1
Souveiiiis d'enfance et de jeunesse, prefacio m. experimenta multiplicando o incluso modificando las
10 INTRODUCCIÓN

condiciones de su uso. Samuel Butler dice con razón:


"Si una verdad no es lo suficientemente sólida p a r a
soportar que se le desnaturalice o se le maltrate, no es
de especie m u y robusta". 2 Por las deformaciones que I. EL INSTANTE
hemos hecho sufrir a las tesis de Roupnel tal vez se
pueda medir su verdadera fuerza. Por tanto, con en- El presente virgen, vivo y bello.
tera libertad nos hemos valido de las intuiciones de MALLARMÉ
Siloé y, finalmente, más que u n a exposición objetiva,
lo que ofrecemos aquí es nuestra experiencia del libro. Habremos perdido hasta la memoria de
Sin embargo, si nuestros arabescos deforman de- nuestro encuentro... y sin embargo nos
masiado el dibujo de Roupnel, siempre será posible reuniremos, para separarnos y reunimos
de nuevo, allí donde se reúnen los hom-
restituir la unidad volviendo a la fuente misteriosa del
bres muertos: en los labios de los vivos.
libro. Como trataremos de demostrar, en ella se halla- SAMUEL BUTLER
rá siempre la misma intuición. Además, Roupnel nos
dice 3 que el extraño título de su obra sólo tiene verda-
dera inteligencia por sí mismo. ¿No es eso invitar al I
lector a poner también en el umbral de su lectura, su
propia Siloé, el misterioso refugio de su personalidad? LA IDEA metafísica decisiva del libro de Roupnel es la
Así se recibe de la obra u n a lección extrañamente siguiente: El tiempo sólo tiene una realidad, la del
conmovedora y personal que confirma su u n i d a d en Instante. En otras palabras, el tiempo es una realidad
un nuevo plano. Digámoslo de u n a vez: Siloé es una afianzada en el instante y suspendida entre dos na-
lección de soledad. Es la razón por la cual su intimi- das. No hay d u d a de que el tiempo p o d r á renacer,
dad es tan profunda, es la razón por la que, más allá pero antes tendrá que morir. No podrá transportar su »
de la dispersión de los capítulos y pese también al jue-
ser de uno a otro instante p a r a hacer de él una dura-
go demasiado holgado de nuestros comentarios, está
ción. Ya el instante es soledad... Es la soledad más
segura de conservar la unidad de su fuerza íntima.
desnuda en su valor metafísico. Pero u n a soledad de
Tomemos pues al punto las intuiciones rectoras sin orden.más sentimental confirma el aislamiento trági-
sujetarnos a seguir el orden del libro. Son esas intui- co del instante: mediante u n a especie de violencia
ciones las que nos darán las claves más cómodas para creadora, el tiempo limitado al instante nos aisla no
abrir las perspectivas múltiples en que se desarrolla la sólo de los demás, sino también de nosotros mismos,
obra. puesto que rompe con nuestro más caro pasado.
Allí, desde el u m b r a l de su meditación —y la m e -
ditación en el tiempo es tarea preliminar de toda
2 metafísica— está así el filósofo ante la afirmación de
Butler, La vie et Vhabitude, p. 17, trad. de Larbaud.
3
Siloé, p. 8. que el tiempo se presenta como el instante solitario,

11
12 EL INSTANTE EL INSTANTE 13

como conciencia de una soledad. A continuación ve- más muerto que la muerte es lo que acaba de desapa-
remos cómo se volverán a formar el fantasma del p a - recer... Y en efecto, la meditación del instante nos
sado o la ilusión del porvenir; pero, para comprender convence de que el olvido es tanto m á s claro cuanto
bien a bien la obra que explicamos, antes que n a d a es que destruye un pasado más cercano, igual que la in-
necesario empaparse en la igualdad total del instante certiclumbre es tanto más conmovedora cuanto que se
presente y de la realidad. ¿Cómo escaparía lo que es le sitúa en el eje del pensamiento por venir, en el sue-
real a la marca del instante presente, pero, recíproca- ño que se solicita pero al que ya se siente engañoso.
mente, cómo podría el instante presente no imprimir Por efecto de u n a permanencia enteramente formal
su huella sobre la realidad ? Si mi ser sólo toma con- que habremos de estudiar, del pasado más remoto tal
ciencia de sí en el instante presente, ¿cómo no ver que vez pueda volver y revivir un fantasma un tanto co-
ese instante es el único terreno en que se pone a prue- herente y sólido, pero el instante que acaba de sonar
ba la realidad? Aunque hubiéramos de eliminar nues- no podemos conservarlo con su individualidad, como
tro ser, en efecto es preciso partir de nosotros mismos a un ser completo. Asimismo, el luto más cruel es la
para demostrar el ser. Por consiguiente, tomemos pri- conciencia del porvenir traicionado y cuando llega el
mero nuestro pensamiento y lo sentiremos borrarse desgarrador instante en que un ser querido cierra los
sin cesar con el instante que pasa, sin ningún recuerdo ojos, al punto se siente con qué novedad hostil el ins-
para lo que nos acaba de abandonar, ni tampoco espe- tante siguiente "asalta" nuestro corazón.
ranza, ya que estamos inconscientes, para lo que el ins- Ese carácter dramático del instante tal vez pueda ha-
tante que viene nos entregará. "Tenemos conciencia cernos presentir la realidad. Lo que quisiéramos subra-
del presente y sólo del presente", nos dice Roupnel. yar es que, en esa ruptura del ser, la idea de lo discon-
tinuo se impone sin la menor sombra de duda. Tal vez
El instante que se nos acaba de escapar es la misma se objete que esos instantes dramáticos separan dos du-
muerte inmensa a la que pertenecen los mundos abolidos
raciones más monótonas. Pero llamamos monótona y
y los firmamentos extintos. Y, en las propias tinieblas del
porvenir, lo ignoto mismo y temible contiene tanto el ins- regular a toda evolución que no examinamos con aten-
tante que se nos acerca como los Mundos y los Cielos que , ción apasionada. Si nuestro corazón fuera suficiente-
se desconocen todavía.1 i mente vasto para amar la vida en el detalle, veríamos
que todos los instantes son a la vez donadores y expo-
Y Roupnel agrega un argumento que vamos a con- liadores, y que una novedad joven o trágica, repentina
tradecir con la única intención de acentuar m á s su siempre, no deja de ejemplificar la discontinuidad esen-
pensamiento: "No hay grados en esa muerte que e s a r cial del Tiempo.
la vez el porvenir y el pasado". Para reforzar el aisla-
miento del instante, incluso nos atreveríamos a decir II
que hay grados en la muerte y que aquello que está i
Pero esa consagración del instante como elemento
1
Siloé, p. 109. i primordial del tiempo evidentemente sólo p u e d e ser
14 EL INSTANTE EL INSTANTE 15

definitiva habiendo confrontado antes la noción de un tiempo uniforme y sin vida, sin término ni disconti-
instante y la noción de tiempo. Desde ese momento, nuidad. Luego entregan el tiempo enteramente deshu-
aunque Siloé no tenga ni rastro de pensamiento polé- manizado a los matemáticos. Penetrando en el campo de
mico, el lector no puede dejar de recordar algunas esos profetas de lo abstracto, el tiempo se reduce a mía
tesis bergsonianas. Puesto que en este trabajo nos he- simple variable algebraica, la variable por excelencia,
mos impuesto la tarea de confiar todos los pensamien- en lo sucesivo más adecuada para el análisis de lo posi-
tos de un lector atento, debemos hablar de todas las ble que de lo real. En efecto, la continuidad es para el
objeciones que nacían de nuestros recuerdos de los te- matemático más bien el esquema de la posibilidad pu-
mas bergsonianos. Por lo demás, oponiendo la tesis de ra que el carácter de una realidad.
Roupnel a la de Bergson tal vez se comprenda mejor De ese modo, ¿qué es el instante para Bergson? Ya
la intuición que aquí presentamos. no es sino una ruptura artificial que ayuda al pensa-
Este es entonces el plan que habremos de seguir en miento esquemático del geómetra. En su falta de ap-
las páginas siguientes: titud para seguir lo vital, la inteligencia inmoviliza el
Recordaremos la esencia de la teoría de la duración tiempo en un presente siempre facticio. Ese presente es
y desarrollaremos lo más claramente posible ambos una nada pura que ni siquiera logra separar realmen-
términos de la oposición: —La filosofía de Bergson es te el pasado y el porvenir. En efecto, parecería que el
una filosofía de la duración. —La filosofía de Roup- pasado llevara sus fuerzas al porvenir, y también pa-
nel es una filosofía del instante. recería que el porvenir fuera necesario para dar sali-
Luego trataremos de indicar los esfuerzos de conci- da a las fuerzas del pasado y que un solo y único im-
liación que personalmente hemos desplegado; pero no pulso vital solidarizara la duración. Como fragmento
daremos nuestra adhesión a la doctrina intermedia que de la vida, la duración no debe dictar sus reglas a la
nos ha retenido un momento. Si la recordamos, es por- vida. Entregada por entero a su contemplación del ser
que, a nuestro parecer, acude naturalmente al espíritu estático, del ser espacial, la inteligencia debe cuidarse
de un lector ecléctico y puede retardar su decisión. de desconocer la realidad del devenir. Finalmente, la
filosofía bergsoniana reúne indisolublemente el pasa-
En fin, tras un relato de nuestros propios debates, ve-
do y el porvenir. A partir de entonces, es preciso to-
remos que, en nuestra opinión, la posición más clara y
mar el tiempo en bloque para tomarlo en su realidad.
más prudente, la que corresponde a la conciencia más
El tiempo está en la fuente misma del impulso vital.
directa del tiempo sigue siendo la teoría roupneliana.
La vida puede recibir explicaciones instantáneas,
pero lo que en verdad explica la vida es la duración.
Estudiemos pues, primero, la posición bergsoniana.
Según Bergson, tenemos una experiencia íntima y di- Una vez recordada la intuición bergsoniana, veamos
recta de la duración. Ésta es incluso antecedente inme- de qué lado se acumularán las dificultades en su contra.
diato de la conciencia. Sin duda, luego puede elaborar- Antes que nada, he aquí cómo reacciona la crítica
se, objetivarse y deformarse. Por ejemplo, entregados bergsoniana contra la realidad del instante.
por entero a sus abstracciones, los físicos hacen de ella En efecto, si el instante es una falsa cesura, el pa-
16 EL INSTANTE EL INSTANTE 17
sado y el porvenir serán sumamente difíciles de dis- tante creador con mayor seguridad que en el surgi-
tinguir, puesto que siempre se les separa de m a n e r a miento de nuestra conciencia? ¿No es allí donde es
artificial. Entonces es necesario tomar la duración en más activo el impulso vital? ¿Por qué tratar de volver
una indestructible unidad. De ahí todas las conse- a cierta fuerza sorda y oculta, que m á s o menos ha
cuencias de la filosofía bergsoniana: en cada uno de perdido su propio impulso, que no lo ha acabado,' que
nuestros actos, en el menor de nuestros ademanes se ni siquiera lo ha continuado, c u a n d o ante nuestros
podría aprehender entonces el carácter acabado de lo ojos y en el presente activo se desarrollan los mil acci-
que se esboza, el fin en el principio, el ser y tocio su dentes de nuestra propia cultura, las mil tentativas de
devenir en el aliento del germen. renovarnos y de crearnos? Volvamos pues al punto
Mas admitamos que se puedan mezclar de m a n e r a de partida idealista, aceptemos tomar como campo de
definitiva el pasado y el porvenir. De acuerdo con esa experiencia nuestro propio espíritu en su esfuerzo
hipótesis, nos parece que se presenta una dificultad pa- de conocimiento. El conocimiento es una obra temporal
ra quien quiera llevar hasta sus últimas consecuencias por excelencia. Tratemos entonces de desligar nuestro
la utilización de la intuición bergsoniana. Luego de espíritu de los lazos de la carne, de las prisiones m a -
triunfar probando la irrealidad del instante, ¿cómo ha- teriales. En cuanto lo liberamos y en la proporción en
blaremos del principio de un acto? ¿Qué fuerza sobre- que lo liberamos, nos damos cuenta de que recibe mil
natural, situada fuera de la duración, gozará entonces incidentes, de que la línea de su sueño se quiebra en
del favor de marcar con u n a señal decisiva u n a hora mil segmentos suspendidos de mil cimas. En su obra
fecunda que, para durar, a pesar de todo debe empe- de conocimiento, el espíritu se presenta como una fila de
zar? ¡Qué oscura debe de permanecer, en u n a filosofía instantes separados con claridad. Escribiendo su his-
opuesta que niega el valor de lo instantáneo, esa doctri- toria, artificialmente como todo historiador, el psicólo-
na de los principios cuya importancia veremos en la fi- go pone en ellos el vínculo de la duración. En el fondo
losofía roupneliana! Sin duda, de tomar la vida por en de nosotros mismos, donde la gratuidad posee un senti-
medio, en su crecimiento y en su ascenso, se tiene ca- do tan claro, no captamos la causalidad que daría fuer-
bal ocasión de mostrar, con Bergson, que las palabras za a la duración, y es un p r o b l e m a docto e indirecto
antes y después sólo poseen un sentido de referencia, buscar causas en un espíritu en que sólo nacen ideas.
poique entre el pasado y el porvenir se sigue una evo- En resumen, piénsese lo que se piense de la duración
lución que, en su éxito general, parece continua. Pero en sí, aprehendida en la intuición bergsoniana cuya re-
si nos trasladamos al terreno de los cambios bruscos, visión no pretendemos haber hecho en unas cuantas
en que el acto creado se inscribe abruptamente, ¿cómo páginas, junto a la duración al menos es necesario con-
no comprender que una nueva era se abre siempre me- ceder al instante una realidad decisiva.
diante un absoluto? Pues bien, en la medida en que es Por lo demás, ya h a b r á ocasión de retomar el deba-
decisiva, toda evolución está marcada por instantes te contra la teoría de una duración considerada como
creadores. antecedente inmediato de la conciencia. Para lo cual,
¿Dónde encontraremos ese conocimiento del ins- valiéndonos de las intuiciones de Roupnel, mostrare-
EL INSTANTE 19
18 EL INSTANTE

mos cómo con instantes sin duración se puede cons- mos así nuestra experiencia inmediata del instanteF
truir la duración, lo que en esta ocasión constituirá la Todas esas reservas se exponen aquí p a r a que no se
nos acuse de círculo vicioso formal cuando tomamos
prueba, creemos que de una manera enteramente po-
las p a l a b r a s en su sentido vago, sin apegarnos a su
sitiva, del carácter metafísico primordial del instante
sentido técnico. Una vez tomadas esas precauciones,
y, en consecuencia, del carácter indirecto y mediato
podemos decir con Roupnel:
de la duración.
Nuestros actos de atención son episodios sensacionales
Mas tenemos prisa por volver a una exposición positi-
extraídos de esa continuidad llamada duración. Pero la
va. De tal suerte, el método bergsoniano nos autoriza trama continua, en que nuestro espíritu borda dibujos
a usar en lo sucesivo el examen psicológico. Fuerza es discontinuos de actos, no es sino la construcción labo-
concluir entonces con Roupnel: riosa y facticia de nuestro espíritu. Nada nos autoriza a
afirmar la duración. Todo en nosotros contradice su sen-
La idea que tenemos del presente es de una plenitud y de tido y estropea su lógica. Por lo demás, nuestro instinto
una evidencia positiva singulares. En él nos encontramos está mejor informado al respecto que nuestra razón. El
a nosotros mismos con nuestra personalidad completa. sentimiento que tenemos del pasado es el de una nega-
Sólo allí, por él y en él, tenemos la sensación de existir. ción y de una destrucción. El crédito que nuestro espíritu
Y hay identidad absoluta entre el sentimiento del presen- concede a una supuesta duración que ya no existiría y
te y el sentimiento de la vida.2 donde él no existiría es un crédito sin fondos.3 ..

Por consiguiente, desde el p u n t o de vista de la vida De paso hay que señalar el lugar del acto de atención
misma, será preciso t r a t a r de comprender el p a s a d o en la experiencia del instante. Y es que, en efecto, ver-
mediante el presente, lejos de esforzarse sin cesar por daderamente sólo hay evidencia en la voluntad, en la
explicar el presente mediante el pasado. Sin duda, lue- conciencia que se tensa hasta decidir un acto.
go h a b r á de esclarecerse la sensación de la duración. La acción desarrollada tras el acto entra ya en el
Entretanto, tomémosla como un hecho: la duración es reino de las consecuencias lógicas o físicamente pasi-
una sensación como las otras, tan compleja como las vas. Lo cual es un matiz importante que distingue la
otras. Y no tengamos empacho en subrayar su carác- filosofía de Roupnel y la de Bergson: La filosofía berg-
ter al parecer contradictorio: la duración está hecha soniana es una filosofía de la acción; la filosofía roup-
de instantes sin duración, como la recta de puntos sin neliana es una filosofía del acto. P a r a Bergson, u n a
dimensión. En el fondo, para contradecirse es necesa- acción siempre es un desarrollo continuo que, entre la
rio que las entidades actúen en la misma zona del ser. decisión y la finalidad — u n a y otra más o menos es-
Si dejamos establecido que la duración es un elemen- quemáticas—, sitúa u n a duración siempre original y
to relativo y secundario, más o menos facticio siem- real. P a r a un seguidor de Roupnel, un acto es ante
pre, como la ilusión que de ella tenemos, ¿contradiría-
3
2 Siloé, p. 109.
Siloé, \>. 109.
20 EL INSTANTE EL INSTANTE 21
todo una decisión instantánea y esa decisión es la que aislado, nos damos cuenta de que el instante es el ras-
lleva toda la carga de la originalidad. H a b l a n d o en un go verdaderamente específico del tiempo. Cuanto más
sentido más físico, el hecho de que, en mecánica, el h o n d o penetre más mengua nuestra meditación del
impulso se presente siempre como la composición de tiempo. Sólo la pereza es duradera, el acto es instan-
dos órdenes infinitesimales distintos nos conduce a táneo. ¿Cómo no decir entonces que, recíprocamente,
estrechar hasta su límite puntiforme el instante que lo instantáneo es acto? Tómese una idea pobre, estré-
decide y que sacude. Por ejemplo, una percusión se ex- chesele en un instante e iluminará el espíritu. En
plica por una fuerza infinitamente grande que se des- cambio, el reposo del ser es ya la nada.
arrolla en un tiempo infinitamente breve. Por lo demás,
¿Cómo no ver entonces que, mediante un singular
sería posible analizar el desarrollo consecutivo a u n a
encuentro verbal, la naturaleza del acto es ser actual?
decisión en los propios términos de decisiones subal-
¿Y cómo no ver luego que la vida es lo discontinuo de
ternas. Se vería que un movimiento variado —el único
los actos? Ésa es la intuición que Roupnel nos presen-
que, con toda razón, Bergson considera real— continúa
ta en términos particularmente claros:
siguiendo los mismos principios que lo hacen empezar.
Sólo que la observación de las discontinuidades del des-
Se ha llegado a decir que la duración era ]a vida. Sin
arrollo es cada vez más difícil a medida que la acción
duda; pero cuando menos es preciso situar la vida dentro
que sigue al acto se confía a automatismos orgánicos del marco de lo discontinuo que la contiene y en la forma
menos conscientes. Por eso, p a r a sentir el instante, acometedora que la manifiesta. Ya no es esa (luida conti-
nos es preciso volver a los actos claros de la conciencia. nuidad de fenómenos orgánicos que corrían unos en otros
Cuando lleguemos a las últimas páginas de este en- confundiéndose en la unidad funcional. Como extraño lu-
sayo, para comprender las relaciones del tiempo y del gar de recuerdos materiales, el ser no es de suyo sino un
progreso nos será necesario insistir en esa concepción hábito. Lo que el ser puede tener de permanente es la ex-
actual y activa de la experiencia del instante. Enton- presión, no de una causa inmóvil y constante, sino de una
ces veremos que la vida no se puede comprender en yuxtaposición de resultados fugaces e incesantes, cada
una contemplación pasiva; comprenderla es más que uno de los cuales tiene su base solitaria y cuya ligadura,
que es sólo un hábito, compone a un individuo.4
vivirla, es verdaderamente propulsarla. No corre por
una pendiente, en el eje de un tiempo objetivo que la re-
Sin duda, escribiendo la epopeya de la evolución,
cibiría como un canal. Es una forma impuesta a la fila
Bergson tenía que olvidarse de los accidentes. Como
de instantes del tiempo, pero siempre encuentra su
historiador minucioso, Roupnel no podía desconocer
realidad primordial en un instante. Desde ese mo-
que cada acción, por simple que sea, rompe necesa-
mento, si la llevamos al centro de la evidencia psico-
riamente la continuidad del devenir vital. Si se consi-
lógica, al punto en que la sensación ya no es sino el
dera la historia de la vida en detalle, se ve que es una
reflejo o la respuesta siempre compleja del acto volun-
historia como las demás, llena de repeticiones, llena
tario siempre simple, cuando la atención condensada
de anacronismos, llena de esbozos, de fracasos y de
estrecha la vida en un solo elemento, en un elemento
4
Siloé, p. 109.
EL INSTANTE EL INSTANTE 23
22

reanudaciones. Entre los accidentes, Bergson sólo ha en que, para simbolizar el instante como una nada, co-
mo un vacío ficticio, pusiéramos un punto blanco.
tomado en cuenta los actos revolucionarios en que se
escindía el impulso vital, en que se dividía el árbol ge- Para Roupnel, la verdadera realidad del tiempo es
el instante; la duración es sólo una construcción, sin
nealógico en ramas divergentes. Para pintar ese fres-
ninguna realidad absoluta. Está hecha desde el exte-
co no necesitaba dibujar los detalles. Vale decir que no
rior, por la memoria, fuerza de imaginación por exce-
necesitaba dibujar los objetos. Por tanto, tenía que
lencia, que quiere soñar y revivir, pero no compren-
llegar a ese lienzo impresionista que es el libro de la
der. Por tanto, representaríamos adecuadamente el
Evolution créatice. Esa intuición ilustrada es la ima- tiempo roupneliano mediante una recta blanca, toda
gen de un alma más que el retrato de las cosas. ella de fuerza, de posibilidad, en que, de pronto, como
Pero el filósofo que quiere describir átomo por átomo, un accidente imprevisible, fuera a inscribirse un pun-
célula por célula, pensamiento por pensamiento, la his- to negro, símbolo de una opaca realidad.
toria de las cosas, de los seres vivos y del espíritu, ha de
poder desligar los hechos unos de otros, porque los he- Por lo demás, es preciso señalar que esa disposición
chos son hechos, porque hechos son actos, porque si no lineal de los instantes sigue siendo, tanto para Roupnel
como para Bergson, un artificio de la imaginación.
se acaban o si se acaban mal, unos actos al menos de-
Bergson ve en esa duración desplegada en el espacio un
ben por necesidad absoluta empezar en el absoluto del
medio indirecto de medir el tiempo. Pero la longitud de
nacimiento. Por eso es preciso describir la historia eficaz
un tiempo no representa el valor de una duración y ha-
con principios; de acuerdo con Roupnel, es preciso ha-
bría que remontarse desde el tiempo extensible hasta la
cer una doctrina del accidente como principio. duración intensiva. Donde, una vez más, la tesis dis-
En una evolución verdaderamente creadora no hay continua se adapta sin dificultad: se analiza la inten-
sino una ley general, y es que un accidente está en el sidad mediante el número de instantes en que la vo-
origen de toda tentativa de evolución. luntad se esclarece y se tensa, tan fácilmente como el
enriquecimiento gradual y fluido del yo.5
Así, en esas consecuencias relativas a la evolución de
la vida, como en su primera forma intuitiva, vemos Abramos ahora un paréntesis antes de precisar
que la intuición temporal de Roupnel es exactamente más el punto de vista de Siloé.
lo contrario de la intuición bergsoniana. Antes de
avanzar más lejos, resumamos mediante un doble es-
quema la oposición de ambas doctrinas.
Para Bergson, la verdadera realidad del tiempo es su
duración; el instante es sólo una abstracción, sin ninguna Líneas arriba decíamos que, entre las dos intuiciones
realidad. Está impuesto desde el exterior por la inteli- anteriores, personalmente habíamos vacilado largo
gencia que sólo comprende el devenir identificando es- tiempo, buscando incluso por los caminos de la con-
5
tados móviles. Por tanto, representaríamos adecuada- Cf. Bergson, Essai sur les données immédiates de la conscien-
mente el tiempo bergsoniano mediante una recta negra, ce, p. 82.
24 EL INSTANTE EL INSTANTE 25

ciliación reunir bajo un mismo esquema las ventajas para el devenir, se tiene todo por ganar poniendo esa
de ambas doctrinas. Al final, no hallamos satisfacción novedad en la cuenta del propio Tiempo: lo nuevo en
en ese ideal ecléctico. Sin embargo, puesto que nos un tiempo uniforme no es el ser, sino el instante que,
impusimos como tarea estudiar en nosotros mismos renovándose, transporta el ser a la libertad o a la suer-
las reacciones intuitivas inspiradas en las intuiciones te inicial del devenir. Además, con su ataque, el ins-
maestras, debemos al lector la revelación detallada de tante se impone de una vez por todas, por entero; es el
nuestro fracaso. factor de la síntesis del ser. Según esa teoría, el instan-
En primer lugar habríamos querido dar al instante te por necesidad reserva entonces su individualidad.
una dimensión, hacer de él u n a especie de átomo tem- En cuanto al problema de saber si los átomos tempo-
poral que conservara en sí cierta duración. Nos decía- rales se tocaban o estaban separados por la nada, el he-
mos que un acaecimiento aislado debía tener una bre- cho nos parecía secundario. 0, antes bien, en cuanto
ve historia lógica referente a sí mismo, en el absoluto aceptábamos la constitución de los átomos temporales,
de su evolución interna. Comprendíamos bien que su nos veíamos inducidos a pensarlos aisladamente y, pa-
comienzo podía vincularse a un accidente de origen ex- ra la claridad metafísica de la intuición, nos dábamos
terno; pero para brillar, y luego declinar y morir pe- cuenta de que era necesario un vacío —aunque en ver-
díamos que, por aislado que estuviera, se diera al ser su dad exista o n o — a fin de imaginar correctamente el
participación en el tiempo. Aceptábamos que el ideal átomo temporal. Por eso nos parecía ventajoso con-
de la vida fuera la vida ardiente de lo efímero, pero de densar el tiempo en torno a núcleos de acción en que el
la aurora al vuelo nupcial reclamábamos para lo efí- ser se encontraba en parte, tomando al mismo tiempo
mero su tesoro de vida íntima. Queríamos por tanto del misterio de la Siloé lo que se precisa de invención
que la duración fuera una riqueza profunda e inme- y de energía para ser y progresar.
diata del ser. Ésa fue nuestra primera posición por lo Finalmente, comparando ambas doctrinas llegába-
que toca al instante que entonces hubiera sido un pe- mos entonces a un bergsonismo parcelado, a un impul-
queño fragmento de la continuidad bergsoniana. so vital que se q u e b r a b a en impulsiones, a un plura-
Esto es lo que tomábamos en seguida del tiempo lismo temporal que, a c e p t a n d o duraciones diversas,
roupneliano. Imaginábamos que los átomos tempora- tiempos individuales, nos parecía presentar medios de
les no pudieran tocarse o, antes bien, que no pudieran análisis tan flexibles como ricos.
fundirse uno en otro. Lo que detendría siempre esa fu- Pero es m u y raro que las intuiciones metafísicas
sión era la imprescriptible novedad de los instantes, construidas con un ideal ecléctico tengan fuerza du-
cuya doctrina del accidente abrevada en Siloé nos ha- radera. Antes que n a d a , u n a intuición fecunda debe
bía convencido. En u n a doctrina de la sustancia, que dar pruebas de su unidad. No tardamos en compren-
por lo demás no está lejos de ser tautológica, sin difi- der que, mediante nuestra conciliación, habíamos
cultad se llevarán de uno a otro instante las cualidades reunido las dificultades de las dos doctrinas. Había
y los recuerdos; nunca se h a r á que lo permanente ex- que escoger, no al término de nuestros desarrollos,
plique el devenir. Si por tanto la novedad es esencial sino en la base misma de las intuiciones.
26 EL INSTANTE EL INSTANTE 27

Vamos pues a hablar ahora de cómo llegamos a la miento de la duración correspondía una duración ob-
atomización del tiempo en que nos habíamos deteni- jetiva y absoluta. Con ello, el bergsonismo pretendía
do, hasta la aritmetización temporal absoluta tal co- entonces alcanzar el campo de la medida, conser-
mo Roupnel la afirma sin desmayo. vando al mismo tiempo la evidencia de la intuición
íntima. Teníamos en nuestra alma una comunicación
Primeramente, lo que nos había seducido, lo que nos inmediata con la cualidad temporal del ser, con la
había empujado al callejón sin salida donde acabába- esencia de su devenir; mas, por indirectos que sean
mos de tropezar era una falsa concepción del orden de nuestros medios de estudiarlo, el reino de la cantidad
las entidades metafísicas: conservando el contacto con del tiempo era la reserva de la objetividad del deve-
la tesis bergsoniana, queríamos poner la duración en el nir. Así, todo parecía proteger la primitividad de la
espacio mismo del tiempo. Sin discutir, tomábamos esa Duración: la evidencia intuitiva y las pruebas dis-
duración como la única cualidad del tiempo, como si- cursivas.
nónimo del tiempo. Reconozcámoslo: no es más que Ahora veamos cómo se alteró nuestra propia con-
un postulado. No debemos juzgar su valor sino en fun- fianza en la tesis bergsoniana.
ción de la claridad y de la envergadura de la cons- Fuimos sacados de nuestros sueños dogmáticos por
trucción que favorece ese postulado. Pero aún tenemos la crítica einsteniana de la duración objetiva.
el derecho a priori de partir de un postulado distinto y
Muy rápidamente nos pareció evidente que esa crí-
de probar una nueva construcción en que la duración
tica destruye lo absoluto de lo que dura, al tiempo que,
se deduzca en vez de postularse.
como hemos de ver, conserva lo absoluto de lo que es,
Pero esa consideración a priori naturalmente no en otras palabras, lo absoluto del instante.
habría bastado para llevarnos de nuevo a la intuición Lo que el pensamiento de Einstein afecta con la re-
de Roupnel. En efecto, a favor de la concepción de la latividad es el lapso de tiempo, es la "longitud" del
duración bergsoniana estaban todavía todas las prue- tiempo. Longitud ésta que se muestra relativa a su
bas que Bergson ha reunido sobre la objetividad de la método de medición. Se nos cuenta que, haciendo un
duración. Sin duda, Bergson nos pedía sentir la dura- viaje de ida y vuelta por el espacio a una velocidad lo
ción en nosotros, en una experiencia íntima y personal. suficientemente grande, de regreso a la Tierra la en-
Pero no se limitaba a eso. Nos mostraba de manera contraríamos envejecida unos siglos cuando nuestro
objetiva que éramos solidarios de un solo impulso, que propio reloj llevado durante el recorrido habría mar-
a todos nos arrastraba a un mismo raudal. Si nuestro cado sólo unas horas. Mucho menos largo sería el viaje
hastío o nuestra impaciencia alargaba la hora, si la necesario para ajustar a nuestra impaciencia el tiem-
alegría acortaba el día, la vida impersonal, la vida de po que Bergson postula como fijo y necesario para di-
los demás nos hacía volver a la justa apreciación de la solver el terrón de azúcar en el vaso de agua.
Duración. Bastaba ponernos ante una experiencia
Por otra parte, es preciso señalar que no se trata de
simple: un terrón de azúcar que se disuelve en un
vanos juegos de cálculo. En lo sucesivo, la relatividad
vaso de agua, para comprender que a nuestro senti-
del lapso de tiempo para sistemas en movimiento es
28 EL INSTANTE EL INSTANTE 29

un dato científico. Si a ese respecto se p e n s a r a tener En este mismo lugar y en este mismo momento, ahí
derecho a recusar la lección de la ciencia, se necesita- es clara, evidente y precisa la simultaneidad; ahí se or-
ría permitirnos d u d a r de la intervención de las condi- dena la sucesión sin desmayo y sin oscuridad. La doc-
ciones físicas en la experiencia de la disolución del trina ele Einstein nos niega la pretensión de considerar
azúcar y de la interferencia efectiva del tiempo con las clara en sí la simultaneidad de dos acaecimientos loca-
variables experimentales. Por ejemplo, ¿está todo el lizados en puntos diferentes del espacio. Para estable-
m u n d o de acuerdo en que esa experiencia de disolu- cer esa simultaneidad sería preciso una experiencia en
ción pone en juego la temperatura? Pues bien, p a r a la que pudiéramos basarnos sobre el éter fijo. El fracaso
ciencia moderna igualmente hace intervenir la relati- de Michelson nos prohibe la esperanza de realizar esa
vidad del tiempo. No se toma la ciencia sólo en parte, experiencia. Por tanto, es necesario poder definir indi-
es preciso tomarla por entero. rectamente la simultaneidad en lugares diversos y, por
Así, con la Relatividad, de pronto quedó estropeado consecuencia, hay que ajusfar la medida de la duración
todo lo que se vinculaba a las pruebas externas de una que separa instantes diferentes a esa definición aún re-
Duración única, principio claro de ordenación de los lativa de la simultaneidad. No hay concomitancia se-
elementos. El Metafísico debía replegarse hacia su gura que no vaya acompañada de una coincidencia.
tiempo local, encerrarse en su propia duración íntima. Así, volvemos de nuestra incursión por el campo
Al menos de manera inmediata, el m u n d o no ofrecía del fenómeno con la certeza de que la duración sólo se
garantía de convergencia para nuestras duraciones in- aglomera, de m a n e r a facticia, en u n a atmósfera de
dividuales, vividas en la intimidad de la conciencia. convenciones y de definiciones previas, y que su uni-
Pero, ahora, he aquí lo que merece observarse: en d a d sólo procede de la generalidad y de la pereza de
la doctrina de Einstein, el instante bien precisado nuestro examen. En cambio, el instante se muestra
sigue siendo un absoluto. Para darle ese valor de ab- capaz de precisión y de objetividad, y nosotros senti-
soluto, basta considerar el instante en su estado sinté- mos en él la marca de la fijeza y de lo absoluto.
tico, como un punto del espacio-tiempo. En otras pa- ¿Vamos ahora a hacer del instante el centro de con-
labras, hay que considerar al ser como una síntesis densación en torno al cual plantearíamos u n a du-
apoyada a la vez en el espacio y en el tiempo. Está en ración evanescente, lo que se necesita exactamente de
el p u n t o en que concurren el lugar y el presente: hic continuidad para hacer un átomo de tiempo aislado en
et nunc; no aquí y m a ñ a n a , ni tampoco allá y ahora. relieve sobre la n a d a y dar en profundidad a la Nada
En estas dos últimas fórmulas, el instante se dilataría sus dos figuras engañosas según que miremos hacia el
en el eje de las duraciones o en el eje del espacio; es- pasado o que nos volvamos hacia el porvenir?
capando por un lado a una síntesis precisa, esas fór- Ésa fue nuestra última tentativa, antes de adoptar
mulas darían pábulo a un estudio enteramente relati- al fin, sin compromiso alguno, el punto de vista clara-
vo de la duración y del espacio. Pero en cuanto se mente marcado de Roupnel.
acepta soldar y fundir los dos adverbios, he aquí que Hablemos entonces de la razón que ha puesto tér-
el verbo ser recibe al fin su poder de absoluto. mino a nuestra conversación.
30 EL INSTANTE EL INSTANTE 31

Cuando todavía teníamos fe en la duración bergso- desesperante reciprocidad, la fábula del burlador bur-
niana y p a r a estudiarla nos esforzábamos por depu- lado: el devenir es el fenómeno de la sustancia, la sus-
rar y por consiguiente por empobrecer el antecedente, tancia es el fenómeno del devenir.
nuestros esfuerzos siempre e n c o n t r a b a n el mismo ¿Por qué entonces no aceptar, como más prudente
obstáculo: n u n c a lográbamos vencer el carácter de en lo metafísico, igualar el tiempo al accidente, lo que
pródiga heterogeneidad de la duración. Como es na- equivale a igualar el tiempo a su fenómeno? El tiem-
tural, sólo acusábamos a nuestra incapacidad de m e - po sólo se observa por los instantes; la duración —ya
ditar, de desligamos de lo accidental y de la novedad veremos cómo— sólo se siente por los instantes. Es un
que nos asaltaba. Nunca lográbamos perdernos lo su- polvo de instantes, mejor aún, un grupo de puntos en
ficiente para volver a encontrarnos, nunca llegábamos que un fenómeno de perspectiva solidariza de manera
a tocar y a seguir esa corriente uniforme en que la du- más o menos estrecha. 6
ración desarrollaría u n a historia sin historias, una in- Pues claramente se siente que ahora es preciso bajar
cidencia sin incidentes. Nosotros h a b r í a m o s querido hasta los puntos temporales sin ninguna dimensión
un devenir que fuera un vuelo en un cielo límpido, un individual. La línea que reúne los puntos y esquema-
vuelo que no desplazara n a d a , al que no se opusiera tiza la duración es sólo una función panorámica y re-
el menor obstáculo, el impulso en el vacío; en pocas trospectiva, cuyo carácter subjetivo e indirecto de-
palabras, el devenir en su pureza y en su simplicidad, mostraremos a continuación.
el devenir en su soledad. ¡Cuántas veces buscamos en el
Sin querer desarrollar largamente pruebas psicoló-
devenir elementos tan claros y t a n coherentes como
gicas, indiquemos tan sólo aquí el carácter psicológi-
los que Spinoza observaba en la meditación del ser!
co del problema. Démonos cuenta entonces de que la
Pero en nuestra impotencia por encontrar en nos-
experiencia inmediata del tiempo no es la experiencia
otros mismos esas grandes líneas lisas, esos grandes
tan fugaz, tan difícil y tan docta de la duración, sino
rasgos simples mediante los cuales el impulso vital de-
antes bien la experiencia despreocupada del instante,
be dibujar el devenir, de manera enteramente natural
aprehendido siempre en su inmovilidad. Todo lo que
nos veíamos inducidos a buscar la homogeneidad de la
es simple, todo lo que en nosotros es fuerte, todo lo que es
duración limitándonos a fragmentos cada vez menos
incluso durable, es el don de un instante.
extensos. Pero siempre era el mismo fracaso: ¡la dura-
ción no se limitaba a durar sino que vivía! Por peque- Para luchar al punto en el terreno más difícil, su-
ño que fuera el fragmento considerado, bastaba un brayemos por ejemplo que el recuerdo de la duración
examen microscópico para leer en él una multiplicidad está entre los recuerdos menos durables. Se recuerda
de acaecimientos; siempre bordados, nunca la tela; haber sido, pero no se recuerda haber durado. El ale-
siempre sombras y reflejos en el espejo móvil del río, jamiento en el tiempo deforma la perspectiva de la lon-
nunca la c o m e n t e límpida. Como la sustancia, la du- gitud, pues la duración siempre depende de un punto
ración no nos envía sino fantasmas. Duración y sus- 6
Desde un punto de vista ciertamente más psicológico que el
tancia incluso representan, una respecto a otra, en una nuestro, Guyau decía: "La idea del tiempo... se reduce a un efecto
de perspectiva". (Prefacio a La genese de l'idée du temps.)
32 EL INSTANTE El, INSTANTE 33

de vista. Por lo demás, ¿qué es el recuerdo puro de la es condición primordial: con la duración tal vez se
filosofía bergsoniana sino una imagen considerada en pueda medir la espera, pero no la atención misma que
su aislamiento? Si en una obra más larga tuviéramos recibe su valor de intensidad en un solo instante.
tiempo de estudiar el problema de la localización tem- El problema de la atención se nos presentó natural-
poral de los recuerdos, no nos sería difícil demostrar mente en el nivel mismo de las meditaciones que lle-
hasta qué grado se sitúan mal, hasta dónde encuentran vamos adelante sobre la duración. En efecto, ya que
artificialmente un orden en nuestra historia íntima. El personalmente no podíamos fijar por m u c h o tiempo
libro entero de Halbwachs sobre "los marcos sociales nuestra atención en esa n a d a ideal que representa el
de la memoria" nos probaría que nuestra meditación yo desnudo, debíamos vernos tentados a romper la du-
no dispone en absoluto de una trama psicológica sóli- ración en el ritmo de nuestros actos de atención. Y una
da, esqueleto de la duración muerta, donde pudié- vez más, allí, ante el mínimo de imprevisto, tratando
ramos natural, psicológicamente y en la soledad de de encontrar el reino de la intimidad pura y desnuda, de
nuestra propia conciencia fijar el lugar del recuerdo pronto nos dábamos cuenta de que esa atención para
evocado. En el fondo, nos es preciso aprender una y nosotros mismos ofrecía por su propio funcionamiento
otra vez nuestra propia cronología y, para este estudio, esas deliciosas y frágiles novedades de un pensamien-
recurrimos a los cuadros sinópticos, verdaderos resú- to sin historia, de un pensamiento sin pensamientos.
menes de las coincidencias más accidentales. Y así es Estrechado por entero contra el cogito cartesiano, ese
como en los corazones más humildes viene a inscribir- pensamiento no dura. Sólo obtiene su evidencia de su
se la historia de los reyes. Mal sabríamos nuestra pro- carácter instantáneo, sólo toma conciencia clara de sí
pia historia o cuando menos nuestra propia historia es- mismo porque es vacío y solitario. Entonces aguarda
taría llena de anacronismos, si estuviéramos menos el a t a q u e del m u n d o en u n a duración que no es sino
atentos a la historia contemporánea. Mediante la elec- la n a d a del pensamiento y por consiguiente una nada
ción tan insignificante de un presidente de la República afectiva. El m u n d o le da un conocimiento, y u n a vez
localizamos con rapidez y precisión tal o cual recuerdo más, en un instante fecundo, la conciencia se enrique-
íntimo: ¿no es prueba de que no hemos conservado el cerá con un conocimiento objetivo.
menor rastro de las duraciones muertas? Guardiana
del tiempo, la memoria sólo guarda el instante; no con- Por otra parte, puesto que la atención siente la ne-
serva nada, absolutamente n a d a de nuestra sensación cesidad y tiene la facultad de recobrarse, por esencia,
complicada y ficticia que es la duración. está del todo en sus recuperaciones. La atención es
también una serie de comienzos, está hecha de los re-
La psicología de la voluntad y de la atención —vo- nacimientos del espíritu que vuelve a la conciencia
luntad ésta de la inteligencia— nos p r e p a r a también cuando el tiempo m a r c a instantes. Además, si llevá-
para admitir como hipótesis de trabajo la concepción ramos nuestro examen a ese estrecho campo en que la
roupncliana del instante sin duración. En esa psicolo- atención es decisión, veríamos cuánto tiene de fulgu-
gía, es ya m u y seguro que la duración sólo podría in- rante una voluntad donde vienen a converger la evi-
tervenir de manera indirecta; fácilmente se ve que no dencia de los motivos y la alegría del acto. Entonces
34 EL INSTANTE EL INSTANTE 35

podríamos hablar de condiciones propiamente instan- ese camino se p o d r á realizar la fusión del atomismo
táneas. Condiciones éstas rigurosamente preliminares espacial y del atomismo temporal. Cuanto más íntima
o, mejor aún, preiniciales, por ser antecedentes de lo sea esa fusión, mejor se comprenderá el precio de la
que los geómetras llaman las condiciones iniciales del tesis de Roupnel. De ese modo se captará mejor su ca-
movimiento. Y por ello son metafísica y no abstracta- rácter concreto. El complejo espacio-tiempo-concien-
mente instantáneas. Contemplando el gato al acecho, cia es el atomismo de triple esencia, es la m ó n a d a
verá usted el instante del mal inscribirse en la reali- afirmada en su triple soledad, sin comunicación con
dad, mientras que un bergsoniano pasa de allí a con- las cosas, sin comunicación con el pasado y sin comu-
siderar la trayectoria del mal, por ajustado que sea el nicación con las almas extrañas.
examen que haga de la duración. Sin duda, el salto Mas todas esas presunciones parecerán tanto más
desarrolla al iniciarse una duración acorde con las leyes débiles cuanto que tienen en su contra muchos hábi-
físicas y fisiológicas, leyes que rigen conjuntos com- tos de pensamiento y de expresión. Por otra parte,
plejos. Pero antes ha habido el complicado proceso claramente nos damos cuenta de que la convicción no
del impulso, el instante simple y criminal de la decisión. se obtendrá de un solo golpe y de que el terreno psico-
Además, si enfocamos esa atención en el espectácu- lógico puede parecer a muchos lectores poco propicio
lo que nos rodea, si en vez de ser atención p a r a el pen- para esas investigaciones metafísicas.
samiento íntimo la consideramos como atención para ¿Qué hemos esperado acumulando todas esas razo-
la vida, al punto nos damos cuenta de que nace de nes? Sólo demostrar que, de ser necesario, aceptaríamos
una coincidencia. La coincidencia es el mínimo de no- el combate en los terrenos más desfavorables. Pero la
vedad necesaria para lijar nuestro espíritu. No po- posición metafísica del problema es más fuerte en re-
dríamos poner atención en un proceso de desarrollo sumidas cuentas. A ella dedicaremos ahora nuestro
en que la duración fuera el único principio de ordena- esfuerzo. Consideremos pues la tesis en toda su clari-
ción y de diferenciación de los acontecimientos. Se ne- dad. La intuición temporal de Roupnel afirma:
cesita algo nuevo para que intervenga el pensamiento, 1. El carácter absolutamente discontinuo del tiempo.
algo nuevo para que la conciencia se afirme y p a r a que 2. El carácter absolutamente puntiforme del instante.
la vida progrese. Pues bien, en su principio, la nove- Por tanto, la tesis de Roupnel realiza la aritmetiza-
dad a todas luces siempre es instantánea. ción más completa y más franca del tiempo. La duración
Finalmente, lo que mejor analizaría la psicología de no es sino un número cuya unidad es el instante.
la voluntad, de la evidencia, de la atención, es el pun- Para mayor claridad, enunciemos a d e m á s , como
to del espacio-tiempo. Desafortunadamente, para que corolario, la negación del carácter realmente temporal
ese análisis sea claro v probante, sería preciso que el e inmediato de la duración. Roupnel dice que "el Espa-
lenguaje filosófico, o incluso el lenguaje común, haya cio y el Tiempo sólo nos parecen infinitos c u a n d o no
asimilado las doctrinas de la relatividad. Se siente ya existen". 7 Bacon había observado ya que "no hay n a d a
que esa asimilación ha empezado, a u n q u e esté lejos
de haberse terminado. Sin embargo, creemos que por 7
Siloé, p. 126.

I
36 EL INSTANTE EL INSTANTE 37

más vasto que las cosas vacías". Inspirándonos en esas Formulemos esa crítica de la m a n e r a más brutal
fórmulas, creemos poder decir, sin deformar el pen- posible.
samiento de Roupnel, que en v e r d a d no existe sino En la tesis de usted, se nos dirá, no puede aceptar
la nada que sea continua. una medida del tiempo como tampoco su división en
partes alícuotas; y sin embargo, dice como todo el
m u n d o que la hora dura 60 minutos y que el minuto
IV equivale a 60 segundos. Por tanto, cree usted en la
duración. No puede h a b l a r sin emplear todos los ad-
Conocemos de sobra la réplica que provocaremos es- verbios, todas las palabras que evocan lo que dura, lo
cribiendo esa fórmula. Se nos dirá que la n a d a del que pasa, lo que se espera. En su propia discusión, se
tiempo es precisamente el intervalo que separa los ve obligado a decir: m u c h o tiempo, durante, entre-
instantes en verdad marcados por acontecimientos. tanto. La duración está entonces en la gramática, tan-
De ser necesario y para vencernos mejor, se nos con- to en la morfología como en la sintaxis.
cederá que los acontecimientos tienen nacimiento ins-
Sí, las palabras están allí antes que el pensamiento,
tantáneo, si es preciso que incluso son instantáneos,
antes que nuestro esfuerzo por renovar un pensa-
pero para distinguir los instantes se reclamará un in-
miento. Pero, ¿no es la función del filósofo deformar
tervalo con u n a existencia real. Se nos querrá hacer
lo suficiente el sentido de las palabras p a r a obtener lo
decir que ese intervalo es en verdad el tiempo, el tiem-
abstracto de lo concreto, para permitir al pensamien-
po vacío, el tiempo sin acaecimientos, el tiempo que
to evadirse de las cosas? ¿No debe, como el poeta,
dura, la duración que se prolonga y que se mide. Pero
"dar un sentido más puro a las palabras de la tribu"?
insistimos en afirmar que el tiempo no es n a d a si en él
(Mallarmé). Y si se quiere reflexionar en el hecho de
no ocurre nada, que no tiene sentido la Eternidad an-
que todas las palabras que manifiestan las caracterís-
tes de la creación; que la n a d a no se mide y no podría
ticas temporales están implicadas en las metáforas,
tener tamaño.
puesto que t o m a n u n a p a r t e de sus radicales de los
Sin duda nuestra intuición del tiempo totalmente aspectos espaciales, se verá que en el terreno de la po-
aritmetizado se opone a una tesis común, por tanto lémica no estaríamos desarmados y sin d u d a se nos
puede chocar con ideas comunes, pero es conveniente dispensará de esa acusación de círculo vicioso entera-
que nuestra intuición se juzgue en sí misma. Esa in- mente verbal.
tuición puede parecer pobre, pero fuerza es reconocer
Mas el problema de la m e d i d a sigue intacto y evi-
que, en sus desarrollos, hasta aquí es coherente consi-
dentemente es allí donde la crítica debe parecer deci-
go misma.
siva; puesto que la duración se mide, es porque tiene
Si por otra parte ofrecemos un principio que dé pie una magnitud. Por tanto, lleva el signo evidente de su
a un sucedáneo de la medida del tiempo, habremos realidad.
franqueado, o eso creemos, un momento decisivo, sin
Veamos entonces si ese signo es en verdad inmedia-
duda el último en que nos aguarde la crítica.
to. Tratemos de demostrar cómo, en nuestra opinión,
EL INSTANTE EL INSTANTE- 39
38

se debería plantear la apreciación de la duración en la to de la p a l a b r a siempre considerada en la tesis del


intuición roupneliana. tiempo continuo. Si se acepta permitirnos esta tra-
ducción, todo el lenguaje de lo continuo se nos trans-
¿Qué da al tiempo su apariencia de continuidad? Al mite mediante el uso de esa clave.
parecer, el hecho de que, imponiendo un corte donde Por otra p a r t e , la vida pone a nuestra disposición
queramos, podemos designar un fenómeno que mues- una riqueza tan prodigiosa de instantes que, ante la
tre el instante designado arbitrariamente. Así estaría- cuenta en que los tenemos, ella parece sumamente in-
mos seguros de que nuestro acto de conocimiento se definida. Nos percatamos de que podríamos gastar
entrega a una cabal libertad de examen. Dicho de otro mucho m á s y de ahí la creencia de que podríamos
modo, pretendemos situar nuestros actos de libertad gastar sin contar. En ello reside nuestra impresión de
en u n a línea continua puesto que en cualquier mo- continuidad íntima.
mento podemos experimentar la eficacia de nuestros En cuanto comprendemos la importancia de u n a
actos. Estamos seguros de todo ello, pero es todo de lo concomitancia que se expresa mediante una concor-
que estamos seguros. dancia de instantes, la interpretación del sincronismo
Expresaremos el mismo pensamiento en un lengua- es evidente en la hipótesis de la discontinuidad roup-
je un tanto distinto que, por lo demás, a primera vista neliana y, u n a vez más, hay que establecer cierto pa-
debe parecer sinónimo de la primera expresión. Dire- ralelismo entre las intuiciones de Bergson y las intui-
mos lo siguiente: podemos experimentar la eficacia de ciones de Roupnel:
nuestros actos todas las veces que queramos. Dos fenómenos son sincrónicos, dirá el filósofo
Ahora, una objeción. ¿No supone tácitamente la bergsoniano, si concuerdan siempre. Es cosa de ajus-
primera m a n e r a de expresarnos la continuidad de tar devenires y acciones.
nuestro ser y no es esa continuidad supuesta como por Dos fenómenos son sincrónicos, dirá el filósofo roup-
su propio peso la que transportamos a cargo de la du- neliano, si cada vez que el primero está presente tam-
ración? Pero, ¿qué garantía tenemos entonces de la bién lo está el segundo. Es cuestión de ajusfar reanu-
continuidad atribuida así a nosotros mismos? Basta- daciones y actos. ¿Cuál es la fórmula más prudente?
ría que el rimo de nuestro ser deshilvanado corres- Decir, con Bergson, que el sincronismo corresponde
pondiera a un ritmo del Cosmos p a r a que nuestro a dos desarrollos paralelos equivale a rebasar un poco
examen sea siempre satisfactorio o, más sencillamen- las pruebas objetivas, a ensanchar el campo de nues-
te, para probar lo arbitrario de nuestro corte bastaría tra verificación. Recusamos esa extrapolación metafí-
que nuestra ocasión de acción íntima correspondiera sica que afirma u n a continuidad en sí, c u a n d o que
a una ocasión del universo; en pocas palabras, que se nunca estamos sino ante la discontinuidad de nuestra
afirme una coincidencia en un p u n t o del espacio- experiencia. El sincronismo entonces aparece siempre
tiempo-conciencia. Siendo así, y ése es nuestro argu- en una numeración concordante de los instantes efi-
mento principal, todas las veces nos parece entonces, caces, nunca como u n a medida en cierto modo geo-
según la tesis del tiempo discontinuo, sinónimo exac- métrica de una duración continua.
40 EL INSTANTE EL INSTANTE 41

Aquí sin duda se nos detendrá para hacer otra objeción: consideran u n a cantidad homogénea y continua —y
se nos dirá que, incluso admitiendo que el fenómeno en sobre todo u n a cantidad dada de manera inmediata—
general se pueda someter a un examen sobre el esque- p a r a las necesidades del análisis; dividen ese "dato"
ma temporal exacto de la toma de perspectiva cinema- entre el denominador que de ese modo se entrega a lo
tográfica, no puede usted desconocer que, en realidad, arbitrario del examen, arbitrariedad tanto mayor cuan-
sigue siendo posible u n a división del tiempo y que in- to más sutil es el examen; nuestros adversarios incluso
cluso sigue siendo deseable si se quiere seguir el des- podrían temer ''disolver" la duración si llevaran de-
arrollo del fenómeno en todas sus sinuosidades; y se masiado lejos el análisis infinitesimal.
nos citará tal o cual ultracinematógrafo que describe el Nosotros, en cambio, partimos del denominador
devenir en diezmilésimas de segundo. ¿Por qué enton- que es signo de la riqueza de instantes del fenómeno,
ces habríamos de detenernos en la división del tiempo? base de la comparación; se le conoce n a t u r a l m e n t e ,
La razón por la cual nuestros adversarios postulan con la mayor sutileza. —Pretendemos, en efecto, que
una división sin término es que siempre sitúan su exa- sería absurdo tener menos sutileza en el a p a r a t o de
men en el nivel de u n a vida general, resumida en la medida que en el fenómeno por medir. —Apoyándo-
curva del impulso vital. Como vivimos u n a duración nos en esa base, nos preguntamos entonces cuántas
que parece continua en un examen macroscópico, veces corresponde a ese fenómeno finamente escandi-
p a r a el examen de los detalles nos vemos inducidos a do una actualización del fenómeno más perezoso; los
apreciar la duración en fracciones cada vez m á s pe- aciertos del sincronismo nos dan al fin el numerador
queñas de nuestras unidades elegidas. de la fracción.
Pero el problema cambiaría de sentido si conside- Las dos fracciones constituidas de ese modo pue-
ráramos la construcción real del tiempo a partir de los den poseer el mismo valor. No se construyen de la
instantes en vez de su división aún facticia a partir de misma manera.
la duración. Entonces veríamos que el tiempo se mul-
tiplica de acuerdo con el esquema de las correspon- Ciertamente, entendemos la tácita objeción: ¿no es
dencias numéricas, lejos de dividirse según el esque- preciso, p a r a sacar cuenta de los aciertos, que un mis-
ma de la parcelación de u n a continuidad. terioso director de orquesta m a r q u e un compás fuera
Por lo demás, la p a l a b r a fracción es ya ambigua. y por encima de los dos ritmos comparados? En otras
Desde nuestro punto de vista, habría que evocar aquí palabras, se nos dirá, ¿no es de temer que su análisis
la teoría de la fracción tal como la había resumido utilice la p a l a b r a " m i e n t r a s " , a ú n no p r o n u n c i a d a
Couturat. Una fracción es el agrupamiento de dos nú- por usted? En efecto, en la tesis roupneliana toda la
meros enteros, en que el denominador no divide ver- dificultad estriba en evitar las p a l a b r a s t o m a d a s de
d a d e r a m e n t e al numerador. E n t r e los partidarios de la psicología h a b i t u a l de la duración. Pero, u n a vez
la continuidad temporal y nosotros, la diferencia so- más, si se accede de b u e n a gana a ejercitarse en m e -
bre ese aspecto aritmético del problema es la siguien- ditar yendo del fenómeno rico en instantes al fenómeno
te: nuestros adversarios parten del n u m e r a d o r que pobre en ellos —del d e n o m i n a d o r al n u m e r a d o r — y
42 EL INSTANTE EL INSTANTE 43

no a la inversa, se aprecia que se puede pasar no sólo cobrará sentido y se esclarecerá en campos cada vez
de las palabras que sugieren la idea de duración, lo más vastos, como los del minuto, de la hora, del día...
cual no sería más que un acierto verbal, sino en fin de En cambio, si leemos el sincronismo a la manera de
la idea de duración misma, lo cual demuestra que, en los partidarios absolutos de lo discontinuo, de abajo
ese terreno en que reinaba como dueña y señora, sólo arriba, diremos que una de cada tres veces correspon-
se podría utilizar como servidora. de a los fenómenos de apariciones numerosas (fenó-
Pero, p a r a m a y o r claridad, demos un esquema de menos que se acercan más al tiempo real) un fenóme-
la correspondencia; luego, de acuerdo con ese esque- no de tiempo macroscópico.
ma, hagamos las dos lecturas, la que está en lenguaje En el fondo, ambas lecturas son equivalentes, pero
de duración y la que está en lenguaje de instantes, al la primera se antoja demasiado imaginativa; la se-
mismo tiempo que en esa doble lectura permanece- gunda está más cerca del texto primitivo.
mos, por lo demás, dentro de la tesis roupneliana. Precisemos nuestro pensamiento mediante una me-
Supongamos que el fenómeno macroscópico esté figu- táfora. En la orquesta del Mundo hay instrumentos
rado por la primera línea de puntos: que callan con frecuencia, pero es falso decir que
haya siempre un instrumento que toca. El Mundo está
1. regido de acuerdo con u n a medida musical impuesta
por la cadencia de los instantes. Si pudiéramos oír to-
Colocamos esos puntos sin fijarnos en el intervalo dos los instantes de la realidad, comprenderíamos que
puesto que, para nosotros, no es por ello que la dura- la corchea no está hecha con trozos de blanca sino
ción tiene un sentido, ni un esquema, puesto que para que, antes bien, la blanca repite la corchea. De esa re-
nosotros el intervalo continuo es la n a d a y desde luego petición nace la impresión de continuidad.
la nada no tiene "longitud' 1 como tampoco duración. Así se comprende que la riqueza relativa en instan-
Supongamos que el fenómeno escandido finamente tes nos p r e p a r a u n a especie de medida relativa del
esté figurado por la segunda línea de puntos, con las tiempo. P a r a hacer la cuenta exacta de nuestra fortu-
mismas reservas de antes. na temporal, medir en suma todo lo que se repite en
nosotros mismos, sería preciso vivir en verdad todos
los instantes del tiempo. Dentro de esa totalidad se
obtendría el verdadero despliegue del tiempo discon-
Comparemos los dos esquemas. tinuo y en la monotonía de la repetición se encontra-
Si ahora leemos a la manera de los partidarios de la ría la impresión de la duración vacía y, por consi-
continuidad, de arriba abajo —a pesar de todo lectura guiente, pura. Basado en u n a comparación numérica
roupneliana— diremos que mientras que el fenómeno con la totalidad de los instantes, el concepto de rique-
1 se produce una vez, el fenómeno 2 se produce tres ve- za temporal de u n a vida o de un fenómeno particula-
ces. Apelaremos a una duración que domine las tres se- res cobraría entonces un sentido absoluto, de acuerdo
ries, duración en que nuestra palabra ''mientras" con la m a n e r a en que se utilice esa riqueza o, antes
44 EL INSTANTE EL INSTANTE 45

bien, de acuerdo con el modo en que falle su realiza- Entonces sentimos un sordo sufrimiento cuando va-
ción. Pero esa base absoluta se nos niega y debemos mos en busca de los instantes perdidos. Recordamos
contentarnos con balances relativos. aquellas horas ricas que se m a r c a n con mil repiques
He aquí entonces que se prepara una concepción de de campanas de Pascua, de aquellas campanas de re-
la duración-riqueza, que debe prestar los mismos ser- surrección cuyos golpes no se cuentan p o r q u e todos
vicios que la duración-extensión. Puede verse que no cuentan, p o r q u e cada cual tiene un eco en nuestra
solamente explica los hechos sino también antes que alma despierta. Y ese recuerdo de dicha es ya remor-
n a d a las ilusiones; lo que, en términos psicológicos, es dimiento cuando comparamos con esas horas de vida
de i m p o r t a n c i a decisiva, pues la vida del espíritu total las horas intelectualmente lentas por ser relati-
es ilusión antes de ser pensamiento. Comprendemos vamente pobres, las horas m u e r t a s por estar vacías
t a m b i é n que n u e s t r a s ilusiones c o n s t a n t e s , encon- —vacías de intención, como decía Carlyle del fondo
tradas sin cesar, no son más que ilusión p u r a y que de su tristeza—, las horas hostiles interminables por-
al meditar nuestro error nos acercamos a la verdad. que no d a n n a d a .
La F o n t a i n e tiene r a z ó n c u a n d o nos h a b l a de las Y nosotros soñamos con una hora divina que lo die-
ilusiones " q u e j a m á s se equivocan m i n t i é n d o n o s ra todo. No con la hora plena, sino con la hora com-
siempre". pleta. La hora en que todos los instantes del tiempo
Entonces puede reducirse el duro rigor de las meta- fueran utilizados por la materia, la hora en que todos
físicas sapientes y nosotros podemos regresar a las los instantes realizados en la materia fueran utiliza-
márgenes de Siloé, donde se reconcilian, completán- dos por la vida, la hora en que todos los instantes vi-
dose, el espíritu y el corazón. Lo que constituye el ca- vos fueran sentidos, a m a d o s y pensados. Por consi-
rácter afectivo de la duración, la alegría o el dolor de guiente, la hora en que la relatividad de la conciencia
ser, es la proporción o la desproporción de las horas fuera borrada, puesto que la conciencia estaría a la
de vida utilizadas como hora de pensamiento o como medida exacta del tiempo completo.
hora de simpatía. La materia se olvida de ser, la vida Finalmente, el tiempo objetivo es el tiempo máximo.
se olvida de vivir y el corazón se olvida de amar. Dur- el que contiene todos ios instantes. Está hecho del con-
miendo perdemos el Paraíso. Por lo demás, sigamos la junto denso de los actos del Creador.
perspectiva de nuestra pereza: el átomo irradia y con
frecuencia existe, utiliza gran n ú m e r o de instantes y - r
sin embargo no utiliza todos los instantes. La célula V
viva es ya más avara en sus esfuerzos y utiliza tan sólo
u n a fracción de las posibilidades temporales que le Faltaría ahora dar cuenta del carácter vectorial de la
entrega el conjunto de átomos que la constituyen. En duración, indicar aquello que causa la dirección del
cuanto al pensamiento, él utiliza la vida por relámpa- tiempo, por qué una perspectiva de instantes desapa-
gos irregulares. ¡Tres filtraciones a través de las cua- recidos puede llamarse pasado, por qué una perspec-
les vienen a la conciencia demasiado pocos instantes! tiva de espera puede llamarse porvenir.
46 EL INSTANTE EL INSTANTE 47

Si pudimos hacer comprender el significado primor- puesto que tampoco hay n a d a que de manera inme-
dial de la intuición propuesta por Roupnel, se debe diata pueda dar razón de nuestra experiencia, sin em-
estar dispuesto a admitir que —como la duración— el bargo real, de lo que llamamos el pasado y el porve-
pasado y el porvenir corresponden a impresiones en nir, nos es absolutamente necesario tratar de construir
esencia secundarias e indirectas. Ni el p a s a d o ni el la perspectiva de instantes única que designa el pasa-
porvenir conciernen a la esencia del ser y aún menos do y el porvenir.
a la esencia primordial del tiempo. Repitámoslo, p a r a Ahora bien, escuchando la sinfonía de los instantes,
Roupnel el tiempo es el instante, y el instante presen- se sienten frases que mueren, frases que caen y son
te tiene toda la carga temporal. El pasado es tan vacío arrastradas al pasado. Mas, por el propio hecho de ser
como el porvenir. El porvenir está tan muerto como el una apariencia secundaria, esa huida hacia el pasado
pasado. El instante no acoge en su seno ninguna du- es absolutamente relativa. Un ritmo se apaga respecto
ración; no impele ninguna fuerza en uno u otro senti- de otra partitura de la sinfonía que prosigue. Decre-
do. No tiene dos caras, es entero y solo. Se podrá me- cimiento relativo éste que se representaría de manera
ditar cuanto se quiera en su esencia, pero no hallar en bastante adecuada mediante el esquema siguiente:
él la raíz de u n a dualidad suficiente y necesaria p a r a
pensar una dirección.
Por lo demás, cuando bajo la inspiración de Roup-
nel queremos ejercitarnos en la meditación del Ins-
tante, nos damos cuenta de que el presente no pasa, Del tres por cinco se constituye en dos por cinco,
pues un instante sólo se deja p a r a encontrar otro; la luego en uno por cinco y luego en el silencio de un ser
conciencia es conciencia del instante, y la conciencia que nos deja cuando alrededor el m u n d o continúa re-
del instante es la conciencia: dos fórmulas éstas tan sonando.
cercanas que nos colocan en la más próxima de las re- Con este esquema se comprende lo que tiene a la
ciprocidades y afirman una asimilación de la concien- vez de potencial y relativo aquello que, sin precisar
cia pura y de la realidad temporal. Una vez presa en sus lindes, llamamos la hora presente. Un ritmo que
una meditación solitaria, la conciencia posee la inmo- continúa inmutable es un presente con duración. Ése
vilidad del instante aislado. presente que dura está hecho de instantes múltiples
El tiempo puede recibir una homogeneidad pobre que, desde un punto de vista particular, tienen la se-
pero p u r a considerado en el aislamiento del instante. guridad de una perfecta monotonía. Con esas mono-
Por lo demás, esta homogeneidad del instante no prueba tonías se hacen los sentimientos perdurables que de-
n a d a contra la anisotropía resultante de agrupamien- terminan la individualidad de un alma particular. Por
tos que permiten encontrar la individualidad de las lo demás, la unificación se puede establecer en medio
duraciones, señaladas tan acertadamente por Bergson. de circunstancias sumamente diversas. Para quien si-
En otras palabras, puesto que en el propio instante no gue a m a n d o , un a m o r m u e r t o es a la vez presente y
hay n a d a que nos permita postular u n a duración, pasado; es presente para el corazón fiel y pasado para
48 EL INSTANTE EL INSTANTE 49

el corazón infeliz. Por tanto, es sufrimiento y consue- pasado y porvenir no son en el fondo sino hábitos. Por
lo para el corazón que acepta al mismo tiempo el su- otra parte, esos hábitos se hallan lejos de ser inme-
frimiento y el recuerdo. Lo que equivale a decir que diatos y precoces. Finalmente, las características que
un amor permanente, signo de un alma durable, es hacen que el Tiempo nos parezca durar, como aque-
otra cosa que sufrimiento y felicidad, y que, trascen- llas que hacen que se defina según las perspectivas del
diendo la contradicción afectiva, un sentimiento que pasado y del porvenir, no son, a nuestro entender,
dura adquiere un sentimiento metafísico. Un alma propiedades de primer aspecto. El filósofo debe re-
amante en verdad experimenta la solidaridad de los construirlas apoyándose en la única realidad tempo-
instantes repetidos con regularidad. Recíprocamente, ral dada de manera inmediata al Pensamiento sobre
un ritmo uniforme de instantes es una forma a priori la realidad del Instante.
de la simpatía. Ya veremos que en ese punto se condensan todas
Un esquema opuesto al primero nos representaría las dificultades de Siloé. Mas éstas pueden provenir
un ritmo naciente y nos daría los elementos de la me- de las ideas preconcebidas del lector. Si de buena
dida relativa de su progreso. El oído musical oye el gana se acepta sujetar con fuerza los dos extremos de
destino de la melodía y sabe cómo acabará la frase la cadena que vamos a fijar, en seguida se compren-
empezada. Preoímos el porvenir del sonido como pre- derá mejor el encadenamiento de los argumentos. És-
vemos el porvenir de una trayectoria. Nos tendemos tas son nuestras dos conclusiones, al parecer opuestas,
con toda la fuerza hacia el porvenir inmediato; y esa que habremos de conciliar:
tensión constituye nuestra duración actual. Como la. La duración no tiene fuerza directa; el tiempo
dice Guyau, es nuestra intención la que en verdad or- real sólo existe verdaderamente por el instante aisla-
dena el provenir como una perspectiva cuyo centro de do, está por entero en lo actual, en el acto, en el pre-
proyección somos nosotros. "Es preciso desear, es pre- sente.
ciso querer, es preciso alargar la mano y andar para 2a. Sin embargo, el ser es un lugar de resonancia
crear el porvenir. El porvenir no es lo que viene hacia para los ritmos de los instantes y, como tal, podríamos
nosotros, sino aquello hacia lo cual vamos/ 8 Tanto el decir que tiene un pasado, como se dice que un eco
sentido como el alcance del porvenir están inscritos en tiene una voz. Pero ese pasado es sólo un hábito pre-
el propio presente. sente y ese estado presente del pasado sigue siendo
Así construimos tanto en el tiempo como en el es- una metáfora. Y en efecto, para nosotros el hábito no
pacio. En lo cual hay cierta persistencia metafórica se inscribe ni en una materia ni en un espacio. Sólo
que habremos de aclarar. Reconocemos entonces que puede tratarse de un hábito absolutamente sonoro que,
el recuerdo del pasado y la previsión del porvenir se así lo creemos, sigue siendo en esencia relativo. El há-
basan en hábitos. Y como el pasado es sólo un recuer- bito que para nosotros es pensamiento resulta dema-
do y el porvenir sólo una previsión, afirmaremos que siado aéreo para registrarse y demasiado inmaterial
para dormir en la materia. Es un juego que prosigue,
8
Cuyau, La genése de l'irlée du temps, p. 33. una frase musical que debe repetirse porque es parte
EL INSTANTE 51
50 EL INSTANTE

de una sinfonía en la que tiene una función. Al me-


nos, así es como, mediante el hábito, trataremos de t Sin embargo, antes de abordar ese capítulo, podría-
solidarizar el pasado y el porvenir. mos, si tal fuese nuestra meta, buscar en el campo de
Naturalmente, el ritmo es menos sólido por el lado la ciencia contemporánea razones para fortalecer la
del porvenir. Entre las dos nadas, del ayer y del maña- intuición del tiempo discontinuo. Roupnel no ha de-
na, no hay simetría. El porvenir es tan sólo un prelu- jado de establecer una comparación entre su tesis y la
dio, una frase que se sugiere y que se ensaya. Una sola descripción moderna de los fenómenos de radiación
frase. El Mundo no se prolonga sino por una brevísi- en la hipótesis de los cuanta. 9 En el fondo, la contabi-
ma preparación. En la sinfonía que se crea, el porve- lidad de la energía atómica se realiza empleando la
nir se asegura sólo por unas cuantas medidas. aritmética más que la geometría. Esa contabilidad se
Humanamente, la disimetría del pasado y del por- expresa con frecuencias y no con duraciones, mientras
venir es radical. El pasado es en nosotros una voz que ¡ el lenguaje del "cuántas veces" suplanta poco a poco al
encontró eco. De ese modo damos fuerza a lo que no \ lenguaje del "cuánto tiempo".
es sino una forma o, más aún, damos una forma úni- Por otra parte, en el momento en que Roupnel es-
ca a la pluralidad de las formas. Mediante esa sínte- cribía, no estaba en posibilidad de prever toda la ex-
sis, el pasado cobra entonces el peso de la realidad. tensión que habrían de cobrar las tesis de la disconti-
Mas, por extenso que sea nuestro deseo, el porvenir nuidad temporal, tal como fueron presentadas en el
es una perspectiva sin profundidad. No tiene en ver- Congreso del Instituto Solvay en 1927. Leyendo tam-
dad el menor nexo sólido con la realidad. Es la ra- bién los trabajos modernos sobre las estadísticas ató-
zón por la cual nos decimos que está en el seno micas, nos damos cuenta de que se vacila en fijar el
de Dios. elemento fundamental de esas estadísticas. ¿Qué se
debe enumerar: electrones, cuanta, grupos de ener-
Tal vez todo se aclare si podemos resumir el segundo gía? ¿Dónde poner la raíz de la individualidad? No es
tema de la filosofía roupneliana. Queremos hablar del absurdo remontarse hasta una realidad temporal mis-
hábito. Roupnel lo estudia en primer lugar. Si hemos ma para hallar el elemento movilizado por el azar. De
trastocado el orden de nuestro examen es porque la ese modo se puede pensar en una concepción estadís-
negación absoluta de la realidad del pasado constitu- tica de los instantes fecundos, considerado cada cual
ye el temible postulado que se debe admitir, antes de en su aislamiento y su independencia.
apreciar convenientemente la dificultad que hay en También habría interesantes relaciones que esta-
asimilarlo a las ideas corrientes sobre el hábito. En blecer entre el problema de la existencia positiva del
pocas palabras, en el capítulo siguiente nos pregunta- átomo y su manifestación aún instantánea. En ciertos
remos cómo se puede conciliar la psicología usual del aspectos, se interpretarían de manera bastante conve-
hábito con una tesis que niega al pasado una acción
directa e inmediata sobre el instante presente. 9
Cf. Siloé, p. 121. ; •
52 EL INSTANTE EL INSTANTE 53

niente los fenómenos de radiación diciendo que el que en verdad carece de acción real pueda dar la ilu-
átomo sólo existe en el momento en que cambia. Si se sión de una acción fatal. Si un átomo permaneció in-
agrega que ese cambio se opera bruscamente, se es pro- activo muchas veces mientras que los átomos vecinos
clive a admitir que toda la realidad se condensa en el irradiaron, la ocasión de actuar de ese átomo tanto
instante; se debería hacer la cuenta de su energía va- tiempo dormido y aislado es cada vez más probable.
liéndose no de las velocidades sino de los impulsos. El reposo aumenta la probabilidad de la acción, pero
En cambio, mostrando la importancia del instante no prepara ésta en realidad. La duración no actúa "a
en el acontecimiento se haría ver toda la debilidad de la manera de una causa",10 sino que actúa a la mane-
la objeción, repetida sin cesar, del carácter supuesta- ra de una probabilidad. Una vez más, el principio de
mente real del ''intervalo" que separa dos instantes. causalidad se expresa mejor en el lenguaje de la nu-
Para las concepciones estadísticas del tiempo, el in- meración de los actos que en el lenguaje de la geome-
tervalo entre dos instantes es sólo un intervalo de pro- tría de las acciones que duran.
babilidad; cuando más se alarga su nada, hay mayor Pero todas esas pruebas científicas caen fuera de
probabilidad de que un instante venga a terminarlo. nuestra investigación actual. En caso de desarrollar-
Es esa acentuación de probabilidad la que mide su ta- las, apartaríamos al lector de la meta que se persigue.
maño. La duración vacía, la duración pura sólo tiene Y efectivamente, no queremos emprender aquí sino
entonces una medida de probabilidad. Cuando ya no una tarea de liberación mediante la intuición. Como
irradia, el átomo pasa a una existencia energética en- la intuición de la continuidad nos oprime con fre-
teramente virtual; ya no gasta nada, la velocidad de cuencia, no hay duda de que resulta útil interpretar
sus electrones va no usa ninguna energía; en ese esta- las cosas con la intuición opuesta. Independiente-
do virtual tampoco economiza una fuerza que podría mente de lo que se piense de la fuerza de nuestras de-
liberar tras un largo reposo. A decir verdad es tan sólo mostraciones, no es posible desconocer el interés que
un juguete olvidado, y aún menos: tan sólo una regla existe en multiplicar las intuiciones diferentes en la
de juego enteramente formal que organiza simples base de la filosofía y de la ciencia. Leyendo el libro de
posibilidades. La existencia volverá al átomo con la Roupnel, nosotros mismos nos hemos sentido impre-
probabilidad; en otras palabras, el átomo recibirá el sionados por la lección de independencia intuitiva
don de un instante fecundo, pero lo recibirá por azar, que recibíamos desarrollando una intuición difícil.
como una novedad esencial, según las leyes del cálcu- Por medio de la dialéctica de las intuiciones llegare-
lo de probabilidades, porque fuerza es que tarde o mos a valemos de las intuiciones, sin peligro de que-
temprano el Universo tenga en todas sus partes lo que dar deslumhrados por ellas. Considerada en su aspecto
corresponde de la realidad temporal, porque lo posi- filosófico, la intuición del tiempo discontinuo ayuda al
ble es una tentación que la realidad siempre acaba lectorque, por los terrenos más variados de las cien-
por aceptar.
Por lo demás, el azar obliga sin atar con una nece- "' Bergson, lEssai sur les données ¡mmediatés de la conscience,
sidad absoluta. Se comprende entonces que el tiempo p. 117.
54 EL INSTANTE

cias físicas, quiere seguir la introducción de las tesis


sobre la discontinuidad. El tiempo es lo más difícil de
pensar en forma discontinua. Por consiguiente, es la
meditación de esa discontinuidad temporal realizada II. EL PROBLEMA DEL HABITO
mediante el Instante aislado la que nos abrirá los ca- Y EL TIEMPO DISCONTINUO •.
minos más directos p a r a u n a pedagogía de la discon-
tinuidad. Toda alma es una melodía que se debe
renovar.
MALLARMÉ

A PRIMERA vista, como indicábamos antes, el proble-


ma del hábito parece insoluble a partir de la tesis
temporal que acabamos de desarrollar. En electo, he-
mos negado la existencia real del pasado; hemos de-
mostrado que el p a s a d o estaba totalmente muerto
cuando el nuevo instante afirmaba la realidad. Y he
aquí que, de conformidad con la idea que en general
nos hacemos del hábito, nos veremos obligados a res-
tituir al hábito, legado de un pasado extinto, la fuerza
que da al ser una figura estable bajo el devenir en mo-
vimiento. Por tanto es posible temer que nos hayamos
adentrado en un callejón sin salida. Ya veremos cómo,
siguiendo a Roupnel con confianza en ese difícil terre-
no, podremos encontrar nuevamente las grandes vías
de las intuiciones filosóficas fecundas.
Roupnel mismo indica el carácter de su tarea:
"Ahora nos es preciso investir al átomo de las realida-
des que hemos quitado al Espacio y ai Tiempo, y sacar
partido de los despojos arrancados a esos dos expolia-
dores del Templo". 1 Y es que, en efecto, el ataque di-
1
Siloé, p. 127. •'•:-•

55
56 EL PROBLEMA DEL IIABITO EL PROBLEMA DEL HÁBITO 57

rígido contra la realidad atribuida al espacio continuo no temporal, se manifiesta en el devenir del ser. En re-
no es menos viva que el a t a q u e que liemos descrito sumen, nos es preciso hallar un principio para reem-
contra la realidad atribuida a la duración, considera- plazar la hipótesis de la armonía preestablecida. Hacia
da como u n a continuidad inmediata. P a r a Roupnel, eso se orientan, según nosotros, las tesis roupnelianas
el átomo tiene propiedades espaciales del mismo sobre el hábito.
modo y de manera tan indirecta como tiene propieda- Nuestro problema consistirá entonces en demostrar
des químicas. En otras p a l a b r a s , el átomo no se sus- antes que n a d a que el hábito sigue siendo concebible
tantiva tomando un trozo de espacio que de tal suerte aun c u a n d o se le separe de su apoyo en un pasado
sería el a r m a z ó n de la realidad, todo lo que hace es postulado de m a n e r a gratuita y errónea como direc-
exponerse en el espacio. El plan del átomo sólo orga- tamente eficaz. Luego necesitaremos demostrar que
niza puntos separados, como su devenir organiza ins- ese hábito, definido esta vez en la intuición de los ins-
tantes aislados. No es el espacio ni tampoco el tiempo tantes aislados, explica al mismo tiempo la p e r m a -
el que porta en verdad las fuerzas de solidaridad del nencia del ser y su progreso.
ser. En otra parte no actúa sobre aquí, como tampoco Pero antes abramos un paréntesis.
antaño actúa sobre ahora.
Visto desde el exterior, el ser está doblemente blo- Si nuestra posición es difícil, en cambio la de nuestros
queado en la soledad del instante y del p u n t o . A esa adversarios es de u n a facilidad sorprendente. Veamos
soledad física redoblada se agrega, como hemos di- por ejemplo cómo todo es simple para el pensamiento
cho, la soledad de la conciencia c u a n d o se trata de realista, p a r a el pensamiento que lo "realiza" todo.
captar al ser por dentro. Cómo no ver en ello un re- En primer término, el ser es la sustancia, la sustancia
forzamiento de las intuiciones leibnizianas. Leibniz que, por gracia de las definiciones, es al mismo tiem-
negaba la solidaridad directa y activa de los seres dis- po soporte de las cualidades y soporte del devenir. El
tribuidos en el espacio. En cambio, la armonía prees- pasado deja una huella en la materia, por tanto pone
tablecida suponía en el seno de cada m ó n a d a una ver- un reflejo en el presente y por tanto siempre está ma-
dadera continuidad realizada por la acción de un terialmente vivo. Si se habla del germen, el porvenir
tiempo universal y absoluto a lo largo del cual se mos- parece p r e p a r a d o con la m i s m a facilidad con que la
traba la perfecta concordancia de todas las mónadas. célula cerebral g u a r d a el recuerdo. En cuanto al há-
En Siloé encontramos u n a negación adicional, la ne- bito, inútil es explicarlo puesto que es el que lo expli-
gación de la solidaridad directa del ser presente con ca todo. Baste decir que el cerebro es la reserva de los
el ser pasado. Pero, una vez más, si esa solidaridad de esquemas motores p a r a comprender que el hábito es
los instantes del tiempo no es ni directa ni está dada; un mecanismo puesto a disposición del ser por los an-
si, en otras palabras, no es la duración la que liga de tiguos esfuerzos. Así, el hábito diferenciará la materia
m a n e r a inmediata los instantes reunidos en grupos del ser, al grado de organizar la solidaridad del pasa-
de acuerdo con ciertos principios, es más necesario do y del porvenir. ¿Cuál es en el fondo la palabra-
que nunca demostrar cómo una solidaridad no directa, fuerza que aclara toda esa psicología realista? Es la
58 EL PROBLEMA DEL HABITO EL PROBLEMA DEL HABITO 59
palabra que traduce u n a inscripción. En cuanto se que, de otro modo, no podría llegar a serlo. Y no lo es
dice que el p a s a d o o el hábito están inscritos en la porque, de otro modo, ¿cómo podría llegar a serlo? El
materia, todo está explicado y no hay pregunta. germen es al mismo tiempo la materia que evoluciona y
Debemos ser más exigentes con nosotros mismos. la fuerza que lo hace evolucionar. El germen actúa sobre
P a r a nosotros, u n a inscripción no explica n a d a . For- sí mismo. Es una causa sai; si no la del ser, cuando me-
nos la de su desarrollo. El entendimiento al parecer no es
mulemos antes que n a d a nuestras objeciones contra
capaz de captar ese concepto: el ciclo orgánico de la vida
la acción material del instante presente sobre los ins- necesariamente se transforma para la lógica lineal en
tantes futuros, tal como el germen sería capaz de ejer- círculo vicioso.3
cerla en la transmisión de las formas vitales. Como
observa Roupnel, sin duda es La razón de esa confusión plena de contradicciones
proviene sin duda del hecho de haber reunido dos de-
conveniencia de lenguaje particularmente fácil investir el
finiciones diferentes de la sustancia que al mismo
germen con todas las promesas que realizará el individuo
y colocar en él el patrimonio reunido de los hábitos que tiempo debe tener el ser y el devenir, el instante real y
realizarán para el ser sus formas y sus funciones. Pero la duración pensada, lo concreto y lo construido o, para
cuando decimos que el total de esos hábitos está conteni- decirlo mejor con Roupnel, lo concreto y lo abstracto.
do en el germen, es preciso estar de acuerdo sobre el sen-
tido de la expresión o, antes bien, sobre el valor de la Si en la generación de los seres vivos — c u a n d o sin
imagen. Nada sería más peligroso que imaginar el ger- embargo es concebible un plan normativo—: no se lle-
men como un continente cuyo contenido sería un conjun- ga a comprender claramente la acción del instante
to de propiedades. Esa asociación de lo abstracto y de lo
presente sobre los instantes futuros, cuánto más pru-
concreto es imposible, y además no explica nada. 2
dente se debería ser c u a n d o se postula la inscripción
de los mil acaecimientos confusos y enredados del pa-
Es curioso vincular con esa crítica u n a objeción sado en la materia encargada de actualizar el tiempo
metafísica presentada por Koyré en su análisis del desaparecido.
pensamiento místico: En primer término, ¿por qué h a b r í a la célula ner-
viosa de registrar ciertos acaecimientos y no otros? De
Quisiéramos insistir, sin embargo, en la concepción del
una manera más precisa, si no hay u n a acción norma-
germen que, oculta o expresada, se encuentra en toda
doctrina organicista. La idea del germen es, en efecto, un tiva o estética, ¿cómo puede el hábito conservar una
misterium. Concentra, por decirlo así, todas las particu- regla y una forma? En el fondo, es siempre el mismo
laridades del pensamiento organicista. Es una verdadera debate. Los partidarios de la duración no se sienten
unión de los opuestos, e incluso de lo contradictorio. culpables de multiplicar y de prolongar las acciones
Podría decirse que el germen es lo que no es. Es ya lo que temporales. Quieren beneficiarse al mismo tiempo de
aún no es, lo que tan sólo habrá de ser. Lo es puesto la continuidad de la acción cada vez más cerca y de la
2
Siloé, p. 34. -1 A. Koyré, Boélime, p. 131.

MI
60 EL PROBLEMA DEL HABITO EL PROBLEMA DEL HÁBITO 61
discontinuidad de u n a acción que permaneciera la- cuenta de que, igual que los hábitos intelectuales más
tente y esperara a lo largo de la duración el instante activos, ésta se beneficia con el impulso dado por la
propicio p a r a renacer. Según ellos, un hábito se re- novedad radical de los instantes. Examínese el juego
fuerza tanto durando como repitiéndose. Los partida- de los hábitos jerarquizados; se verá que una aptitud
rios del tiempo discontinuo m á s bien se sorprenden sólo sigue siendo aptitud si se esfuerza por superarse,
ante la novedad de los instantes fecundos que da al si constituye un progreso. Si el pianista no quiere to-
hábito su flexibilidad y su eficacia; quisieran explicar car hoy mejor que ayer, se a b a n d o n a a hábitos menos
su función y su persistencia sobre todo mediante el claros. Si está ausente de la obra, sus dedos pronto
ataque del hábito, así como la acometida del arco de- perderán el hábito de correr sobre el teclado. El alma
cide el sonido siguiente. El hábito sólo puede utilizar es en verdad la que dirige la mano. Por tanto, es pre-
la energía si ésta se desgrana siguiendo un ritmo par- ciso captar la costumbre en su crecimiento p a r a cap-
ticular. Tal vez en ese sentido p u e d a interpretarse la tarla en su esencia; de ese modo, por el incremento de
fórmula roupneliana: ' L a energía es sólo u n a gran su éxito es síntesis de la novedad y de la rutina, y esa
memoria'. 4 Y en efecto, no es utilizable sino por la me- síntesis es lograda por los instantes fecundos. 6
moria; ella es la memoria de un ritmo.
Desde ese momento se comprende que las grandes
P a r a nosotros, el hábito siempre es entonces un creaciones, por ejemplo la creación de un ser vivo, re-
acto restituido en su novedad; las consecuencias y el clame al principio una materia en cierto modo fresca,
desarrollo de ese acto se entregan a hábitos subalter- propia para acoger la novedad con fe. Y ésa es la pa-
nos, sin duda menos ricos, aunque también gasten su labra que sale de la pluma de Butler:
energía obedeciendo a actos primordiales que los do-
m i n a n . Samuel Butler observaba ya que la memoria En cuanto a tratar de explicar cómo la parcela más pe-
se ve afectada sobre todo por dos fuerzas de caracte- queña de materia pudo impregnarse de tanta fe para que
rísticas opuestas: ' L a de la novedad y la de la rutina, se deba considerar el principio de vida, o a determinar en
por los incidentes o los objetos que nos son más o me- qué consiste esa fe, es cosa imposible, y todo lo que pode-
nos familiares". 5 En nuestra opinión, ante esas dos mos decir es que esa fe es parte de la esencia misma de to-
fuerzas, el ser reacciona m á s bien de m a n e r a sintética das las cosas y no se basa en nada. 7
que dialéctica, y nosotros de grado definiríamos el há-
bito como una asimilación rutinaria de u n a novedad. Lo es todo, diríamos nosotros, porque actúa en el ni-
Mas no introduzcamos con esa noción de rutina una me- vel mismo de la síntesis de los instantes; pero sustan-
canización inferior, lo cual nos expondría a una acu- cialmente no es nada, puesto que pretende trascender
sación de relatividad de puntos de vista y en cuanto la realidad del instante. Una vez más, la Fe es aquí es-
se lleva el examen al terreno de la r u t i n a se da uno pera y novedad. Nada menos tradicional que la fe en la
vida. En su embriaguez de novedad, el ser que se ofre-
4 6
Siloé, p. 10. Butler, op. cit., pp. 150-151.
5 7
Butler, op. cit.. p. 149. - : Ibid, p. 128.
62 EL PROBLEMA DEL HABITO EL PROBLEMA DEL H ÁBITO 63

ce a la vida incluso está dispuesto a considerar el pre- es particular y que recoge. Ese ser lo construyó con
sente como una promesa del porvenir. La fuerza más apasionado esmero, como si las llamas de amor en que
grande es la ingentiidad. Y precisamente, Roupnel ha nació lo hubieran despojado de todas sus servidumbres
señalado el estado de recogimiento en que se encuentra funcionales, restablecido en su fuerza original y restitui-
el germen de donde saldrá la vida. Comprendió cuán- do a sus pobrezas iniciales.9IIn
ta libertad afirmada había en un principio absoluto. El
germen sin duda es un ser que en ciertos aspectos imi-
ta, que vuelve a empezar, aunque en verdad no pueda
hacerlo sino en la exuberancia de un principio. Su ver-
dadera función es principiar. "El germen no lleva con- Para ser más claros, formulemos nuestra tesis opo-
sigo otra cosa que un principio de procreación celu- niéndola al punto a las tesis realistas.
lar." 8 En otras palabras, el germen es el principio de la Por lo general se dice que el hábito está inscrito en
costumbre de vivir. Si en la propagación de una especie el ser. Nosotros creemos que, empleando el lenguaje
leemos una continuidad es porque nuestra lectura es de los geómetras, más valdría decir que el hábito está
grosera; tomamos a los individuos como testigos de la exinscrito en el ser.
evolución cuando ellos son los actores. Con justa razón,
Roupnel descarta todos los principios más o menos Antes que n a d a , el individuo corresponde a una si-
materialistas propuestos p a r a asegurar una continui- m u l t a n e i d a d de acciones instantáneas en la medida
dad formal de los seres vivos. en que es complejo; sólo se siente él mismo en la pro-
porción en que se reanudan esas acciones simultáneas.
Tal vez hayamos parecido razonar —dice— como si los Tal vez nos expresemos convenientemente diciendo
gérmenes no constituyeran elementos discontinuos. que un individuo considerado según la suma de sus
Hemos investido al gameto con la herencia de las épocas, cualidades y de su devenir corresponde a u n a armo-
como si hubiera estado presente. Pero de una vez por nía de ritmos temporales. En efecto, mediante el rit-
todas declaramos que la teoría de las partículas represen- mo se comprenderá mejor esa continuidad de lo dis-
tativas nada tiene que ver con la teoría presente. No es en continuo que ahora nos es preciso establecer p a r a
absoluto necesario introducir en el gameto elementos que vincular las cimas del ser y dibujar su unidad. El rit-
hubieran sido legatarios constantes del pasado y actores mo franquea el silencio, así como el ser franquea el
eternos del devenir. Para desempeñar el papel que le atri-
vacío temporal que separa los instantes. El ser se con-
buimos, el gameto no necesita en lo mínimo de las mice-
las de Naegeli, de las gémulas de Darwin, de las pange- tinúa mediante el hábito, tanto como el tiempo dura
nas de De Vries o del plasma germinativo de Weissmann. mediante la densidad regular de los instantes sin dura-
Se basta a sí mismo, con su sustancia actual, con su vir- ción. Al menos, en ese sentido interpretamos la tesis
tud actual y con su hora; vive y mucre todo él como con- roupneliana:
temporáneo. Sólo recibe del ser actual la herencia que le
8 9
Siloé, p. 33. Siloé, p. 38.
64 EL PROBLEMA DEL HABITO EL PROBLEMA DEL HÁBITO 65

ÜI individuo es la expresión, no de una causa constante, oscuras a quien vacila en hacer descender hasta la
sino de una yuxtaposición de recuerdos incesantes fijados materia las instrucciones que recibimos del examen
por la materia, cuya ligadura no es en sí sino un hábito de nuestra vida consciente: " L a obra de los tiempos
sobrepuesto a todos los demás. El ser es ya sólo un extra- concluidos está por entero vigilante en la fuerza y la
ño lugar de los recuerdos y casi se podría decir que la inmovilidad de los elementos y se afirma dondequiera
permanencia de que se cree dotado no es sino expresión por las pruebas que llenan el silencio y componen la
del hábito en sí.10 atención de las cosas". 1 1 Pues, p a r a nosotros como
para Roupnel, son las cosas las que ponen mayor
En el fondo, la coherencia del ser no está hecha de atención en el Ser, y su atención para aprenhender to-
la inherencia de las cualidades y del devenir de la ma- dos los instantes del tiempo es su permanencia.. La.
teria,- es armónica y aérea. Es frágil y libre como una materia es así el hábito de ser realizado de la manera
sinfonía. Un hábito particular es un ritmo sostenido, más uniforme, puesto que se forma en el nivel mismo
donde todos los actos se repiten igualando de m a n e r a de la sucesión de los instantes.
bastante exacta su valor de novedad, pero sin perder
Pero volvamos al p u n t o de p a r t i d a del hábito psi-
nunca ese carácter dominante de ser una novedad. La
cológico, puesto que allí radica el origen de nuestra
dilución de lo nuevo puede ser tal que el hábito a ve-
instrucción. Dado que los hábitos-ritmos que consti-
ces puede considerarse inconsciente. Parecería que,
tuyen tanto la vida del espíritu como la vida de la ma-
siendo tan intensa al primer intento, la conciencia se
teria se desarrollan en registros múltiples y diferentes,
hubiera perdido compartiéndose entre todas las reite-
se tiene la impresión de que, por debajo de un hábito
raciones; pero la novedad se organiza economizándo-
efímero, siempre es posible encontrar un hábito más
se; inventa en el tiempo en vez de inventar en el espacio.
estable. Por tanto, p a r a caracterizar a un individuo,
La vida encuentra ya la regla formal en una regulación
claramente hay u n a jerarquía de los hábitos. Fácil-
temporal, el órgano se construye mediante la función; y
mente nos veríamos tentados a postular un hábito
p a r a que los órganos sean complejos basta con que las
fundamental. Éste correspondería al simple hábito de
funciones sean activas v frecuentes. Todo equivale en-
ser, el más sencillo, el más monótono, y ese hábito con-
tonces a utilizar un n ú m e r o cada vez m a y o r de los
sagraría la unidad y la identidad del individuo; apre-
instantes que ofrece el Tiempo. El átomo, que al pa-
hendido por la conciencia, sería por ejemplo el senti-
recer los utiliza en mayor cantidad, encuentra en ellos
miento de la duración. Pero creemos que se deben
hábitos tan consistentes, tan durables y tan regulares
conservar a la intuición que nos ofrece Roupnel todas
que precisamente terminamos por t o m a r sus hábitos
sus posibilidades de interpretación. Ahora bien, no
por propiedades. Así se consideran atributos de u n a
nos parece que el individuo esté definido de manera
sustancia características hechas de tiempo bien utili-
tan clara como enseña la filosofía escolar: no se debe
zado y de instantes bien ordenados. No es entonces
hablar ni de la unidad ni de la identidad del yo fuera
sorprendente encontrar en Siloé' fórmulas que parecen
11
Siloé, p. 36. Siloé, p. 101.
66 EL PROBLEMA DEL HÁBITO
EL PROBLEMA DEL HABITO 67
de la síntesis realizada por el instante. Los problemas de En cambio, tal vez la concepción del individuo como
la física contemporánea incluso nos inclinan a creer s u m a integral del ritmo p u e d a tener u n a interpreta-
que es igualmente arriesgado hablar de la unidad y de ción cada vez menos sustancialista, cada vez más ale-
la identidad de un átomo particular. A cualquier ni- jada de la materia y cada vez más próxima al pensa-
vel que se le aprehenda, en la materia, en la vida o en miento. Planteemos el problema en lenguaje musical.
el pensamiento, el individuo es una suma bastante va- ¿Qué produce la armonía, qué le da verdaderamente
riable de hábitos no contados. Como no todos los h á - movimiento? ¿La melodía o el acompañamiento?
bitos que caracterizan el ser, en caso de ser conocidos, ¿Puede o no darse fuerza de evolución a la partitura
disfrutan simultáneamente de todos los instantes que más melodiosa? Dejemos las metáforas y digamos en
podrían actualizarlos, la unidad de un ser siempre pa- una palabra: el ser es dirigido por el pensamiento. Los
rece afectada por la contingencia. En el fondo, el in- seres se transmiten su herencia mediante el pensa-
dividuo no es ya sino u n a suma de accidentes: pero, miento oscuro o luminoso, mediante lo que se ha
a d e m á s , esa suma es de suyo accidental. Al m i s m o comprendido y sobre todo mediante lo que fue queri-
tiempo, la identidad del ser nunca está realizada con do, en la u n i d a d y en la inocencia del acto. Todo ser
plenitud, y adolece del hecho de que la riqueza de há- individual y complejo dura así en la medida en que se
bitos no se ha regulado con suficiente atención. Así, la constituye una conciencia, en la medida en que su vo-
identidad global está hecha de reiteraciones m á s o luntad se armoniza con las fuerzas subalternas y en-
menos exactas, de reflejos más o menos detallados. El cuentran ese esquema del gasto ecónomo que consti-
individuo sin d u d a se esfuerza por copiar el hoy del tuye un hábito. Nuestras arterias tienen la edad de
ayer; y en esa copia ayuda además la dinámica de los nuestros hábitos.
ritmos, pero no todos ellos se hallan en el mismo p u n - Por ese camino viene aquí un aspecto finalista a en-
to de su evolución, por lo que de ese modo se degrada riquecer la noción de hábito. Roupnel sólo da cabida
en semejanza la más sólida de las permanencias espi- a la finalidad rodeándose de las precauciones más mi-
rituales, de identidad deseada, afirmada en un carác- nuciosas. Evidentemente, sería anormal d a r al porve-
ter. La vida lleva entonces nuestra imagen de espejo nir una fuerza de solicitación real, en una tesis en que
en espejo; somos así reflejos de reflejos y nuestro valor se niega al pasado una fuerza real de causalidad.
está hecho del recuerdo de nuestra decisión. Mas, por Pero si de grado queremos situarnos ante la intui-
firmes que seamos, nunca nos conservamos cabalmen- ción primordial de Roupnel y. poner con él las condi-
te, porque nunca estuvimos conscientes de todo nues- ciones temporales en el mismo plano de las condicio-
tro ser. nes espaciales, cuando que la mayoría de las filosofías
Por otra parte, se puede vacilar en cuanto al senti- atribuyen al espacio un privilegio de explicación in-
do en que se debe leer u n a jerarquía. ¿Radica la ver- justificado, claramente se verá que algunos problemas
dadera fuerza en el m a n d o o en la obediencia? Por se presentan bajo u n a luz más favorable. Como ocu-
eso resistimos finalmente a la tentación de buscar los rre con el finalismo. Y en efecto, es sorprendente que
hábitos predominantes entre los m á s inconscientes. en el m u n d o de la materia toda dirección privilegiada
68 EL PROBLEMA DEL HÁBITO EL PROBLEMA DEL HABITO 69

sea en última instancia un privilegio de propagación. instante sino u n a abstracción, p a r a Bergson habría
A partir de ese momento, podríamos decir en nuestra que hacer ritmos metafóricos con los intervalos "de
hipótesis que si un acaecimiento se propaga con ma- elasticidad desigual". La multiplicidad de duraciones
yor rapidez en determinado eje de un cristal, es por- se evoca con toda razón, y sin embargo no se explica
que en ese eje se utilizan más instantes que en cual- mediante esa tesis de elasticidad temporal. Una vez
quier otra dirección. Asimismo, si la vida acepta la más, corresponde a nuestra conciencia la carga de
afirmación de los instantes siguiendo u n a cadencia tender sobre el canevá de instantes u n a t r a m a sufi-
particular, crece más rápidamente en una dirección de- cientemente regular para dar al mismo tiempo la im-
terminada; la vida se presenta como una sucesión li- presión de la continuidad del ser y de la rapidez del
neal de células porque constituye el resumen de la devenir. Como indicaremos ulteriormente, tendiendo
propagación de una fuerza de generación m u y homo- nuestra conciencia hacia un proyecto más o menos ra-
génea. La fibra es un hábito materializado; está hecha cional es como encontraremos en verdad la coheren-
de instantes cuidadosamente escogidos y fuertemente cia temporal básica que, p a r a nosotros, corresponde
solidarizados mediante un ritmo. De ese modo, si nos al simple hábito de ser.
situamos ante la enorme riqueza de posibilidades que Esa repentina posibilidad de elección de los instan-
ofrecen los instantes discontinuos ligados por hábitos, tes creadores, esa libertad dentro de su vinculación en
se aprecia que podremos h a b l a r de cronotropisinos ritmos distintos ofrecen dos razones bastantes apro-
correspondientes a los diversos ritmos que constitu- piadas p a r a hacernos comprender la imbricación de
yen el ser vivo. devenires de las diversas especies vivientes. Desde hace
Así es como interpretamos en la hipótesis roupne- ya mucho tiempo nos hemos asombrado ante el hecho
liana la multiplicidad de las duraciones que reconoce de que las diferentes especies animales se encuentran
Bergson. Desde su p u n t o de vista, éste recurre a una coordinadas tanto histórica como funcionalmente. El
metáfora cuando evoca un ritmo y c u a n d o escribe: orden de sucesión de las especies da el orden de los ór-
"No hay en la duración un ritmo único; podríamos ganos coexistentes en un individuo determinado. La
imaginar muchos ritmos distintos que, m á s lentos o ciencia natural es a nuestro antojo una historia o una
más rápidos, midieran el grado de tensión o de relaja- descripción: el tiempo es el esquema que moviliza, la
miento de las conciencias y, con ello, fijaran sus sitios coordinación finalista, el esquema que la describe de
respectivos en la serie de los seres". 12 Nosotros decimos la manera más clara. En otras palabras, la coordina-
exactamente lo mismo, pero lo decimos en un lengua- ción y el finalismo en un solo ser particular son las dos
je directo, manifestando, según creemos, de manera recíprocas de un solo y único hecho. El orden del de-
directa la realidad. Y en efecto, hemos dado la reali- venir es al punto el devenir de un orden. Aquello que
dad al instante v el grupo de instantes forma natural- se coordina en la especie se encuentra subordinado en
mente p a r a nosotros el ritmo temporal. No siendo el el tiempo y viceversa. Un hábito se produce con una
altura determinada y con un timbre particular. Es un
12
Bergson, Moliere el mémoire, p. 231. haz de hábitos lo que nos permite seguir siendo dentro
70 EL PROBLEMA DEL HABITO

de la multiplicidad de nuestros atributos, dejándonos


la impresión de haber sido, incluso cuando, como raíz
sustancial, sólo pudiéramos encontrar en nosotros la
realidad que nos entrega el instante presente. De ma- III. LA IDEA DEL PROGRESO
nera análoga, por ser el hábito una perspectiva de ac-
tos, fijamos metas y fines a nuestro porvenir. Y LA INTUICIÓN DEL TIEMPO
Esa invitación del hábito a ajustarse al ritmo de ac- DISCONTINUO
tos perfectamente ordenados constituye en el fondo
una obligación de naturaleza casi racional y estética. [Si] el ser que más amo en el mundo [vi-
Lo que nos obliga entonces a perseverar en el ser son niera] a preguntarme lo que debía elegir,
menos determinadas fuerzas que determinadas razo- y cuál es el refugio más profundo, más
nes. Y esa coherencia racional y estética de los ritmos inatacable y más dulce, le aconsejaría
superiores del pensamiento es lo que constituye la abrigar su deslino en el refugio del alma
piedra angular del ser. que se supera.
Su unidad ideal aporta a la filosofía con frecuencia MAETERLINCK
amarga de Roupnel un poco de ese optimismo racio-
nal —mesurado y valeroso— que hace al libro incli-
narse hacia los problemas morales. De esa manera
nos vernos inducidos a estudiar, en un nuevo capítu- EN LA tesis de Roupnel sobre el hábito queda una difi-
lo, la idea- de progreso dentro de sus relaciones con la cultad aparente que quisiéramos elucidar. Mediante
tesis del tiempo discontinuo. ese esfuerzo de esclarecimiento nos veremos inducidos
a definir de la m a n e r a más n a t u r a l la metafísica del
progreso en relación con las intuiciones de Siloé.
Esa dificultad es la siguiente: p a r a penetrar en todo
el sentido de la idea de hábito, es preciso asociar dos
conceptos que a p r i m e r a vista parecerían contradic-
torios: la repetición y el principio. Ahora bien, la ob-
jeción se desvanece si se logra ver que todo hábito
particular se mantiene dependiente de ese hábito ge-
neral —claro y consciente— que es la voluntad. De tal
suerte, con gusto definiríamos el hábito considerado
en su sentido pleno mediante esta fórmula que conci-
lla los dos contrarios enfrentados demasiado p r e m a -
turamente por la crítica: el hábito es la voluntad de
empezar a repetirse a sí mismo.

71
72 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROCRESO 73

Si, en efecto, comprendemos bien la teoría de Roup- pensamientos se retoman según el rito de hábitos cada
nel, no debemos considerar el hábito como un meca- vez más adquiridos y se invisten de fidelidades físicas
nismo desprovisto de acción renovadora. Habría con- cada vez mayores!
tradicción entre los términos si se dijera que el hábito
es una fuerza pasiva. La repetición que lo caracteriza es Si nuestros errores agravan sus funestos contornos,
una repetición que construye instruyéndose. precisan y empeoran sus formas y sus efectos... por su
parte, nuestros actos útiles y benéficos llenan de hue-
P o r lo demás, lo que rige al ser son menos las cir-
llas más firmes el rastro de los pasos eternos. A cada
cunstancias necesarias p a r a subsistir que las condi-
repetición, toca en suerte al acto alguna firmeza nue-
ciones suficientes p a r a progresar. P a r a suscitar el ser
va y, en los resultados, poco a poco aporta la a b u n -
es necesario una justa medida de novedad. Butler dice
dancia desconocida. No digamos que el acto es per-
con razón:
m a n e n t e : sin cesar se acrecienta con la precisión de
La introducción de elementos ligeramente nuevos en sus orígenes y de sus efectos. Vivimos cada vida nue-
nuestra manera de actuar nos da ciertas ventajas: lo nue- va como la obra que pasa: pero la vida lega a la vida
vo se funde entonces con lo antiguo y ello nos ayuda a so- todas sus huellas frescas. Cautivo siempre de su rigor,
portar la monotonía de nuestra acción. Pero si el elemen- el acto vuelve a pasar sobre sus intenciones y sobre
to nuevo nos es demasiado ajeno, no se produce la fusión sus consecuencias, y al hacerlo completa lo que no
de lo antiguo con lo nuevo, pues la Naturaleza parece acaba jamás. ¡Y las generosidades crecen en nuestras
sentir igual horror ante toda desviación demasiado gran- obras y se multiplican en nosotros!... En los días de
de de nuestra práctica ordinaria que ante la ausencia de los m u n d o s pasados, ¿nos reconocería bajo los gran-
toda desviación.1 des soplos aquel que nos ha visto, sensual arcilla y ba-
rro doliente, arrastrar por tierra un alma primiti-
De ese modo, el hábito se constituye en progreso. v a ? . . . Venimos de lejos con nuestra sangre tibia... ¡y
De allí la necesidad de desear el progreso p a r a conser- he aquí que somos el Alma con las alas y el Pensa-
var al hábito su eficacia. En toda reanudación, el de- miento en la Tormenta!... 2 Un destino tan largo de-
seo de progreso da el verdadero valor del instante ini- muestra que, volviendo eternamente a los orígenes del
cial que echa a a n d a r un hábito. ser, hemos hallado el valor del vuelo renovado. Antes
La idea del eterno retorno sin d u d a pasó por la que u n a doctrina del regreso eterno, la tesis roupne-
mente de Roupnel; pero él comprendió al p u n t o que liana claramente es por tanto una doctrina de, la repe-
aquella idea fecunda y verídica no podía ser un abso- tición eterna. Representa la continuidad del valor en
luto. Renaciendo, acentuamos la vida. la discontinuidad de las tentativas,, la continuidad del
ideal pese a la r u p t u r a de los hechos. Cada vez que
¡Pues no en vano resucitamos!... ¡La repetición no está Bergson habla 3 de u n a continuidad que se prolonga
hecha en absoluto de un siempre eterno, siempre idénti-
co a sí mismo!... ¡Nuestros actos cerebrales y nuestros 2
1
Siloé, p. 186.
Op. cit, p. 159. 3
Cf. Bergson, Durée et simultanéité, p. 70.
74 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 75

(continuidad de nuestra vida interior, continuidad de ra entonces mediante la permanencia de las condicio-
un movimiento voluntario) podemos traducir dicien- nes lógicas y estéticas.
do que se t r a t a de u n a forma discontinua que se re- Esa filosofía de la vida de un historiador se aclara
constituye. Toda prolongación efectiva es una adjun- mediante la aceptación de la inutilidad de la historia
ción, toda identidad una semejanza. Nos reconocemos en sí, de la historia como suma de los hechos. Cierta-
en nuestro carácter porque nos imitamos a nosotros mente hay fuerzas históricas que pueden revivir, pero
mismos y porque nuestra personalidad es así el hábi- p a r a hacerlo deben recibir la síntesis del instante y
to de nuestro propio n o m b r e . Porque nos unificamos cobrar "el vigor de los resúmenes", lo que nosotros
en torno a nuestro nombre y a nuestra dignidad —la mismos llamaríamos la dinámica de los ritmos. Como
nobleza del pobre— podemos transportar al porvenir es natural, Roupnel no separa la filosofía de la histo-
la unidad de un alma. Por lo demás, la copia que re- ria ni la filosofía de la vida. En lo cual u n a vez más el
hacemos sin cesar debe superarse, pues de otro modo presente lo domina todo; a propósito del origen de las
el modelo se empaña y el alma, siendo tan sólo persis- especies, Roupnel escribe:
tencia estética, se disuelve.
En cuanto a la mónada, nacer y renacer, comenzar Los tipos que se conservan no lo son en proporción de su
o recomenzar, equivalen siempre a la m i s m a acción papel histórico, sino de su papel actual. Las formas em-
brionarias ya no pueden sino recordar muy lejanamente
que intentamos. Pero las ocasiones no siempre son las
las formas específicas adaptadas a las antiguas condicio-
mismas, como no todas las repeticiones son sincrónicas
nes de vida histórica. La adaptación que las ha realizado
ni todos los instantes son utilizados ni están vincula- no tiene ya títulos presentes. Si usted quiere, son adapta-
dos por los mismos ritmos. No siendo las ocasiones ciones desafectadas. Son los despojos de que se apodera
sino sombras de condiciones, toda la fuerza se guarda el raptor, pues son formas de tipos pasados al servicio de
en el seno de los instantes que hacen renacer al ser y alguien más. Su interdependencia activa reemplaza su
r e a n u d a n la tarea empezada. En esas repeticiones se independencia abolida. Valen en la medida en que se
manifiesta una novedad que cobra forma de libertad llaman... 4
y de ese modo, mediante la renovación del tiempo dis-
continuo, u n a novedad esencial puede constituirse en De ese m o d o se vuelve a encontrar siempre la su-
progreso en toda la acepción de la palabra. premacía de la armonía presente sobre una armonía
La teoría del hábito se concilia así en Roupnel con preestablecida que, de acuerdo con la intuición leib-
la negación de la acción física y material del pasado. niziana, descargaría sobre el pasado el peso del destino.
El pasado indudablemente puede persistir, pero cree- Finalmente, las condiciones de progreso son las ra-
mos que sólo como verdad, sólo como valor racional, zones más sólidas y más coherentes p a r a enriquecer el
sólo como un conjunto de armoniosas solicitaciones ser, y Roupnel resume su p u n t o de vista en esta fór-
hacia el progreso. El Pasado es, si se quiere, un terre- mula que tiene tanto más sentido cuanto que se inclu-
no fácil de actualizar, pero sólo se actualiza en la pro-
porción en que ha sido un éxito. El progreso se asegu- * Siloé, p. 55.

• ^ » .
76 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO

ye en la parte del libro dedicada al examen de tesis tra la falsa claridad de la eficacia de un pasado aboli-
enteramente biológicas: "La asimilación avanzó en la do, puesto que esa eficacia es el postulado de nuestros
medida misma en que avanzó la reproducción". 5 Lo adversarios. La posición de Roupnel es particular-
que persiste es siempre lo que se regenera. mente franca. Postulando esa eficacia, dice él,

II siempre nos dejamos engañar por la constante ilusión


que nos hace creer en la realidad de un tiempo objetivo,
y nos hace aceptar sus pretendidos afectos. En la vida del
Naturalmente, Roupnel sintió toda la holgura que el ser, dos instantes que se suceden tienen entre sí la inde-
hábito considerado en su aspecto psicológico da al pro- pendencia que corresponde a la independencia de los dos
greso. ritmos moleculares que ellos mismos interpretan. Esa in-
dependencia, que desconocemos cuando se trata de dos
La idea de progreso —dice con toda razón— se asocia ló- situaciones consecutivas, se afirma cuando consideramos
gicamente a la idea de reanudación y de repetición. El há- fenómenos que no son consecutivos de manera inmedia-
bito posee ya en sí la significación de un progreso; por ta. Pero entonces pretendemos atribuir a la duración que
efecto del hábito adquirido, el acto que se recomienza se los aparta la indiferencia que los separa. En realidad,
vuelve a empezar con mayor facilidad y mayor precisión; cuando empezamos a reconocer a la duración esa energía
los movimientos que lo ejecutan pierden su amplitud ex- disolvente y esa virtud separativa es cuando empezamos
cesiva, su complicación inútil; se simplifican y se acortan. apenas a hacer justicia a su naturaleza negativa y a sus
Desaparecen los movimientos parásitos. El acto reduce el cualidades de nada. Así se tome a pequeñas o fuertes do-
gasto al mínimo necesario, a la energía suficiente, al tiem- sis, la duración sólo es siempre una ilusión. Y la fuerza de
po mínimo. Y a la vez que el dinamismo mejora v se pre- su nada separa tanto los fenómenos en apariencia menos
cisa, se perfeccionan la obra y el resultado.6 consecutivos como los menos contemporáneos.
Entre fenómenos consecutivos hay por tanto pasividad
e indiferencia. Gomo ya hemos demostrado, la verdadera
Todas esas observaciones son suficientemente clási-
dependencia está hecha de las simetrías y de las referen-
cas para que Roupnel no insista en ellas; pero agrega cias entre situaciones homologas. Según esas simetrías y
que su aplicación a la teoría de la instantaneidad del esas referencias esculpe la energía sus actos y moldea sus
ser implica dificultades. En el fondo, la dificultad de gestos. Así, los verdaderos parentescos de instantes esta-
asegurar el progreso por encima de un p a s a d o cuya rían adaptados a los verdaderos parentescos de las situa-
ineficacia se ha demostrado es la misma que la difi- ciones del ser. Si a toda costa se quisiera construir una
cultad encontrada c u a n d o quisimos fijar en ese mis- duración continua, ésta sería siempre una duración sub-
mo pasado las raíces del hábito. Por tanto, es preciso jetiva, y los instantes-vida siempre se referirían en ella a
volver incesantemente al mismo p u n t o y luchar con- las series homologas.

5
Siloé, p. 74. Un paso más y, habiendo partido de esa homología
6
/6(c/.,p. 157. o de esa simetría de instantes en g r u p o , llegaremos
78 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 79

a esa idea de que — a p r e h e n d i d a siempre de m a n e - versidad de sus sonidos, en vez de reconocer que el so-
ra i n d i r e c t a — la d u r a c i ó n sólo tiene fuerza p o r su nido m i s m o posee una vida diversa, eliminando esa
progreso. Es diversidad entre los sonidos y en el propio interior de
un sonido, trata de demostrar que, en última instan-
el perfeccionamiento, sin duda muy pequeño, pero que cia, se llega a la uniformidad. En otras palabras, qui-
resulta lógicamente innegable y es suficiente para intro- tando la materia sensible del sonido se encontraría la
ducir una diferenciación en los instantes y, por consi- uniformidad del tiempo fundamental. En nuestra opi-
guiente, para introducir el elemento de una duración. nión, por esa vía sólo se alcanza la uniformidad de la
Mas de ese modo nos percatamos de que esa duración no nada. Si examinamos un sonido que objetivamente sea
es otra cosa que la expresión de un progreso dinámico.
Y entonces, nosotros, que lo hemos reducido todo al di- lo m á s sencillo posible, veremos que subjetivamente
namismo, diremos simple y sencillamente que, de existir, ese sonido llano no es uniforme. Es imposible mante-
la duración continua es la expresión del progreso.7 ner un sincronismo entre el ritmo de la excitación y el
ritmo de la sensación. A la menor experiencia recono-
Entonces se comprende que se pueda aplicar direc- ceremos que la perfección del sonido no es una simple
tamente al grupo de los instantes reunidos mediante conminación, que las vibraciones no pueden tener un
cronotropismos activos u n a escala de perfección. Por papel idéntico puesto que no tienen el mismo sitio. De
una extraña reciprocidad, se puede estar seguro de la suerte que un sonido prolongado sin variación es una
m a r c h a del Tiempo p o i q u e hay un progreso en el sen- v e r d a d e r a t o r t u r a , como lo ha señalado sutilmente
tido estético, moral o religioso. Los instantes son dis- Octave Mirbeau. En todos los campos encontraríamos •
tintos porque son fecundos. Y no son fecundos por la misma crítica de lo uniforme, pues la repetición pura
virtud de los recuerdos que p u e d a n actualizar, sino y simple tiene efectos similares en el mundo orgánico y
antes bien por el hecho de que a ellos se agrega u n a en el m u n d o inorgánico. Esa repetición demasiado
novedad temporal convenientemente a d a p t a d a al rit- uniforme es el principio de r u p t u r a p a r a la materia
mo de un progreso. más d u r a que acaba por romperse bajo ciertos esfuer-
Pero es en los problemas más simples o más simpli- zos rítmicos monótonos. Desde ese m o m e n t o , ¿cómo
ficados donde tal vez se reconozca mejor esa ecuación podríamos h a b l a r con Bergson, siguiendo la psicolo-
entre la duración p u r a y el progreso; es allí donde se gía de la sensación acústica, "de u n a continuación de
comprenderá mejor la necesidad de asentar en la cuen- lo que precede en lo que sigue", de "la transición in-
ta del tiempo su valor esencial de renovación. El tiem- i n t e r r u m p i d a , multiplicada sin diversidad" y de la
po sólo dura inventando. "sucesión sin separación", cuando basta con prolon-
Con objeto de simplificar el elemento temporal, gar el sonido más puro para que cambie de carácter?
también Bergson parte de una melodía; pero en vez de Pero incluso sin considerar el sonido que, por su pro-
subrayar que una melodía sólo tiene sentido por la di- longación, constituye un dolor, dejando al sonido su
valor musical, debemos reconocer que, en u n a pro-
7
Siloé, p. 158. longación medida, ¡se renueva y canta! C u a n t a más
80 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 81

atención se presta a una sensación al parecer unifor- cundos que tienen bajo dependencia suya mil pensa-
me, más se diversifica. Verdaderamente equivale a ser mientos ordenados. La duración es por tanto una ri-
víctima de una abstracción imaginar una meditación queza, no se encuentra por abstracción. Su trama se
que simplificara un elemento sensible. La sensación construye poniendo uno tras otro —de nuevo sin que
es variedad, es la única memoria que uniforma. Entre se toquen— instantes concretos, ricos en novedad
Bergson y nosotros mismos siempre hay pues la mis- consciente y sumamente mesurada. La coherencia de
ma diferencia de método; él considera el tiempo ple- la duración es la coordinación de un método de enri-
no de acaecimientos en el nivel mismo de la concien- quecimiento. No se puede hablar de una uniformidad
cia de los acaecimientos, luego borra poco a poco esos pura y simple, como no sea en un mundo de abstrac-
acaecimientos o la conciencia de los acaecimientos; ciones, en una descripción de la nada. No es por el
según cree, llegaría entonces al tiempo sin acaeci- lado de la simplicidad sino por el de la riqueza por
mientos, o a la conciencia de la duración pura. En donde hay que llegar al límite.
cambio, nosotros sólo podemos sentir el tiempo mul- En nuestra opinión, la sola duración uniforme real es
tiplicando los instantes conscientes. Si nuestra pereza una duración uniformemente variada, una duración
relaja nuestra meditación, sin duda pueden quedar p r o g r e s i v a . I
todavía suficientes instantes enriquecidos por la vida
de los sentidos y de la carne para que aún tengamos
el sentimiento más o menos vago de que duramos;
mas si queremos aclarar ese sentimiento, por nuestra Si a estas alturas de nuestra exposición se nos pidiera
parte sólo hallamos esa claridad en una multiplica- marcar con una etiqueta filosófica la doctrina tempo-
ción de los pensamientos. Para nosotros la conciencia ral de Roupnel, diríamos que esa doctrina correspon-
del tiempo es siempre una conciencia de la utilización de a uno de los fenomenismos más claros que existen.
de los instantes, siempre activa, nunca pasiva; en re- Y en efecto, decir que, como sustancia, sólo el tiempo
sumen, la conciencia de nuestra duración es la con- cuenta para Roupnel equivaldría a caracterizarla muy
ciencia de un progreso de nuestro ser íntimo, por lo deficientemente pues, en Siloé, el tiempo siempre se
demás, aunque ese progreso sea efectivo, fingido o in- considera al mismo tiempo como sustancia y como
cluso simplemente soñado. El complejo organizado atributo. Así se explica esa curiosa trinidad sin sus-
así en progreso es entonces más claro y más simple, el tancia que hace que la duración, el hábito y el progre-
ritmo muy renovado más coherente que la repetición so se hallen siempre en perpetuo intercambio de efec-
pura y simple. Además, si en seguida llegamos —me- tos. Cuando se ha comprendido esa perfecta ecuación
diante una construcción sapiente— a la uniformidad de los tres fenómenos del devenir, se da uno cuenta de
en nuestra meditación, nos parece que es entonces que sería injusto lanzar aquí una acusación de círculo
una conquista más, pues hallamos esa uniformidad vicioso. Sin duda, si partiéramos de las intuiciones co-
en un ordenamiento de los instantes creadores, por munes, fácilmente se objetaría que la duración no
ejemplo, en uno de esos pensamientos generales y fe- puede explicar el progreso puesto que el progreso re-
82 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 83

clama la duración para desarrollarse, además de ob- des a la íntima concordancia que compone la natura-
jetarse que el hábito no puede actualizar el pasado leza de las cosas, y al ritmo grave y grande que rea-
puesto que el ser no tiene modo de conservar un pasa- liza el Universo entero?" 9 Sí, para que los instantes
do inactivo. Mas el orden no es ninguna prueba con- hagan la duración, para que la duración haga el pro-
tra la unidad intuitiva que vemos aclararse al meditar greso, sobre el propio fondo del tiempo se habrá de
en Siloé. Y en efecto, no se trata de clasificar reali- inscribir al Amor... Leyendo esas páginas amantes, se
dades, sino de hacer comprender los fenómenos re- siente al poeta de nuevo en marcha hacia el origen ín-
construyéndolos de múltiples maneras. Como reali- timo y misterioso de su propia Siloé...
dad, sólo hay una: el instante. Duración, hábito y Que cada cual siga entonces su camino. Puesto que
progreso sólo son agrupamientos de instantes, de los nos hemos permitido tomar del libro lo que era para
más simples de los fenómenos del tiempo. Ninguno de nuestro propio espíritu la ayuda más eficaz, indi-
esos fenómenos puede tener un privilegio ontológico. quemos pues que, por nuestra parte, antes bien per-
Por tanto, somos libres de leer su relación en ambas seguimos nuestro sueño hacia un esfuerzo donde
direcciones, de recorrer el círculo que los vincula en encontramos el carácter racional del amor.
ambos sentidos. En nuestra opinión, los caminos del progreso íntimo
son los caminos de la lógica y de las leyes generales. Un
La síntesis metafísica del progreso y de la duración buen día nos percatamos de que los grandes recuerdos
conduce a Roupnel, al final del libro, a garantizar la Per- de un alma, los que dan a un alma su sentido y su pro-
fección inscribiéndola en el corazón mismo de la fundidad, están en vías de ser racionales. Sólo se pue-
Divinidad que nos dispensa el Tiempo. Roupnel per- de llorar mucho tiempo a un ser al que es racional llo-
manece largo tiempo con un alma en espera. Pero, al rar. Entonces es la razón estoica la que consuela al
parecer, Roupnel hace de esa propia espera un cono- corazón sin pedirle olvido. En el amor mismo, lo sin-
cimiento. En una fórmula sorprendente de humildad gular siempre es pequeño, permanece anormal y aisla-
intelectual, nos indica que la trascendencia de Dios se do: no puede tener cabida en el ritmo regular que cons-
moldea en la inmanencia de nuestro deseo: "Cuando tituye un hábito sentimental. En torno a esos recuerdos
percibimos, lo inconocible ya no es fuera de nuestros de amor se podrá poner todo lo particular que se quie-
alcances sino la causa que lo explica o cuando menos la ra, el seto de espinos o el pórtico de flores, la noche de
forma en que se oculta". 8 Nuestros deseos, nuestras otoño o el amanecer de mayo. El corazón sincero es
esperanzas y nuestro amor dibujarían por tanto desde siempre el mismo. La escena puede cambiar, pero el
fuera al Ser supremo... actor sigue siendo idéntico. En su novedad esencial, la
La luz pasa entonces de la razón al corazón: "¡El alegría de amar puede sorprender y maravillar. Pero
Amor! ¿Qué otra palabra podría venir así a dar una viviéndola en su profundidad se le vive en su sencillez.
envoltura verbal adaptada de nuestras espiritualida- Los caminos de la tristeza no son menos regulares.
8
Siloé, p. 172. "Siloé, p. 162.
84 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 85

Cuando un amor perdió su misterio perdiendo su por- ral a la pasión, es necesario hallar las razones genera-
venir, cuando cerrando el libro brutalmente el destino les p a r a amar. Así se comprende el alcance metafísico
detuvo la lectura, se reconoce en el recuerdo, bajo las de las tesis que van en busca de la fuerza m i s m a de
variaciones del lamento, el tema tan claro, simple y ge- coordinación temporal, en la simpatía y la preocupa-
neral del sufrimiento-humano. Con un pie en el sepul- ción. El tiempo se prolonga y dura en nosotros porque
cro, Guyau decía aún en un verso de filósofo: amamos y sufrimos. Medio siglo antes de las tesis hoy
célebres, Guyau ya había reconocido que 'la m e m o -
Le bonheur le plus doux est celui qu 'on espere. ria y la simpatía tienen... en el fondo el mismo ori-
[La felicidad más dulce es la que se espera.] gen". 1 0 Había demostrado que el Tiempo es en esen-
cia afectivo: "La idea de pasado y porvenir", decía
Al cual responderemos nosotros evocando hondamente, "no sólo es condición necesaria de todo
sufrimiento moral; en cierto modo es su principio". 1 1
Le bonheur le plus pur, celui qu 'on a perdu. Llenamos nuestro tiempo como llenamos nuestro es-
[La felicidad más pura, la que se ha perdido.] pacio mediante el simple cuidado que tomamos en
nuestro porvenir y mediante el deseo de nuestra pro-
Sin duda, nuestra opinión es u n a opinión de filóso- pia expansión. De ese modo, en nuestro corazón y
fo y tendrá en su contra toda la experiencia de los nuestra razón, el ser corresponde al Universo y recla-
novelistas. Pero no podemos evitar la impresión de ma la Eternidad. Como dice Roupnel en una frase que
que la riqueza de caracteres singulares y con frecuen- consignamos en su redacción primitiva:
cia heteróclitos coloca a la novela en u n a atmósfera de
realismo ingenuo y fácil que, en resumidas cuentas, Allí radica el genio de nuestra alma ávida de un espacio
no es sino u n a forma primitiva de la psicología. En sin fin, hambrienta de una elucubración sin límites, sedienta
cambio, desde nuestro p u n t o de vista, la pasión es do Ideal, obsesionado, por el Infinito, cuya vida es la in-
t a n t o más variada en sus efectos cuanto que es m á s quietud de otro lugar perpetuo y cuya naturaleza no es
sino el largo tormento de una expansión a todo el Uni-
simple y más lógica en sus principios. U n a fantasía verso.
n u n c a tiene duración suficiente p a r a totalizar todas
las posibilidades del ser sentimental. Y precisamente
Así, por el propio hecho de, que vivimos, por el he-
no es sino u n a posibilidad, cuando m u c h o un ensayo,
cho mismo de que amamos y sufrimos, nos vemos
un ritmo jadeante. En cambio, un amor profundo es
adentrados por los caminos de lo universal y de lo
u n a coordinación de todas las posibilidades del ser,
permanente. Si nuestro amor queda a veces sin fuer-
pues es en esencia u n a referencia del ser, un ideal de
za, con frecuencia es porque somos víctimas del rea-
armonía temporal en que el presente se ocupa sin ce-
lismo de nuestra pasión. Vinculamos nuestro amor a'
sar en preparar el porvenir. Es a la vez u n a duración,
un hábito y un progreso. 10
Guyau, La gertése de l'idée de temps, p. 80.
P a r a fortalecer el corazón, es preciso a u n a r la m o - 11
Op'.cil., p . 8 2 . ..-::.•-.• ^--••
86 LA IDEA DEL PROGRESO LA IDEA DEL PROGRESO 87

nuestro nombre, cuando es la verdad general de un razón suficiente p a r a la unión de los instantes. En
alma; no queremos vincular en un conjunto coherente otras palabras, en las fuerzas del m u n d o sólo hay un
y racional la diversidad de nuestros deseos, a u n q u e principio de continuidad: la permanencia de las con-
sólo son eficaces si se completan y se relevan. Si tuvié- diciones racionales, de las condiciones del éxito moral
ramos la prudencia de escuchar en nosotros mismos y estético. Esas condiciones rigen el corazón como rigen
la armonía de lo posible, reconoceríamos que los mil el espíritu. Son ellas las que determinan la solidaridad
ritmos de los instantes aportan en nosotros realidades de los instantes en movimiento. La duración íntima
tan exactamente complementarias que debemos com- siempre es la sensatez. Lo que coordina el m u n d o no
prender el carácter finalmente racional de los dolores son las fuerzas del p a s a d o , sino la armonía entera-
y de las alegrías puestas en el origen del Ser. Un sufri- mente en tensión que ha de realizar el mundo. Se pue-
miento se vincula siempre a u n a redención, u n a ale- de h a b l a r de una armonía preestablecida, pero no
gría a un esfuerzo intelectual. Todo se duplica en nos- puede ser u n a armonía preestablecida en las cosas;
otros mismos cuando queremos t o m a r posesión de sólo hay acción medíante una armonía preestablecida
todas las posibilidades de la duración: en la razón. Toda la fuerza del tiempo se condensa en
el instante innovador en que la vista se abre, cerca de
Si usted ama —dice Maeterlinck—, ese amor no es parte la fuente de Siloé, bajo el toque de un divino redentor
de su destino; lo que modificará su vida es la concien- que nos da en un solo movimiento la alegría y la ra-
cia de sí que habrá hallado en el fondo de ese amor. Si lo zón, y el modo de ser eternos mediante la verdad y la
han traicionado, lo que importa no es la traición; es el bondad.
perdón que la traición hizo nacer en su alma y es la natu-
raleza, más o menos general, más o menos elevada, más o
menos pensada de ese perdón lo que orientará su existen-
cia hacia el lado apacible y más claro del destino, donde
usted se verá mejor que si lo hubieran sido fieles. Pero si
la traición no aumentó la simplicidad, la confianza más
alta, la extensión del amor, entonces lo habrán traiciona-
do inútilmente y podrá usted decir que no ha pasado
nada.12

Cómo expresar mejor que el ser sólo puede conser-


var del pasado lo que sirve a su progreso, lo que pue-
de entrar en un sistema racional de simpatía y de
afecto. Sólo dura lo que tiene razones p a r a durar. La r
duración es así el p r i m e r fenómeno del principio de

12
Maeterlinck, Sagesse et destinée, p. 27.
CONCLUSIÓN

El ser entregado a la razón encuentra fuerzas en la


soledad. Posee en sí los medios de corregirse. Tiene
para sí la eternidad de lo cierto sin la carga ni la cus-
todia de la experiencia pasada. Con toda razón decía
Jean Guéhenno (Habla Caliban): "La razón, esa ex-
traña sin memoria y sin herencia, que siempre quisie-
ra recomenzarlo todo", pues en verdad, mediante la
razón, todo puede empezar de nuevo. El fracaso es
tan sólo u n a prueba negativa, el fracaso es siempre
experimental. En el terreno de la razón, basta con re-
lacionar dos temas oscuros p a r a que se produzca la
claridad de la evidencia. Entonces se hace una nove-
dad fecunda con lo antiguo mal comprendido. De ha-
ber un eterno retorno que sostenga al m u n d o , es el
eterno retorno de la razón.
No es por el lado de esa inocencia racional por don-
de Roupnel busca los caminos de la redención del ser.
Roupnel encuentra en el Arte un medio adaptado más
directamente a los principios mismos de la creación.
Y de las páginas que llegan al centro mismo de la in-
tuición estética, nos trae a esa frescura del alma y de
los sentidos que renueva la fuerza poética. Es

el Arte lo que nos libera de la rutina literaria y artísti-


ca... El nos cura de la fatiga social del alma y rejuvenece
la percepción gastada. El restituye a la expresión envile-
cida el sentido activo y la representación realista. El de-
vuelve la verdad a la sensación y la probidad a la emo-
ción. El nos enseña a valemos de nuestros sentidos y de
nuestras almas corno si nada hubiera depravado aún su

89
90 CONCLUSIÓN CONCLUSIÓN 91

vigor o estropeado su clarividencia. El nos enseña a ver y en la voz interior en que canta el Universo entero. Un
a escuchar el Universo como si apenas tuviéramos ahora amor vehemente, una simpatía universal nos busca el
la revelación sana y repentina de sí. El trae ante nuestra corazón y quiere vincularnos al alma que tiembla en toda
mirada la gracia de una Naturaleza que despierta. Él nos cosa.
entrega los momentos encantadores de la mañana pri- El Universo que cobra su belleza es el Universo que
migenia resplandecientes de creaciones nuevas. El nos cobra su sentido; y las imágenes en desuso que le atribui-
devuelve, por decirlo así, al hombre maravillado que es- mos caen del rostro absoluto que surge del misterio.2
cuchó nacer las voces en la Naturaleza, que asistió a la
aparición del firmamento y ante el cual se levantó el Creemos que, en el origen de esa redención contem-
Cielo como un Desconocido.' plativa, hay una fuerza que nos permite aceptar en un
solo acto la vida con todas sus contradicciones ínti-
Pero, u n a vez más, si el Arte, como la Razón, es so- mas. Y situando la n a d a absoluta en los dos bordes
ledad, he aquí que la Soledad es el propio Arte. del instante, Roupnel tenía que ser llevado a una
Después del sufrimiento, se nos devuelve "a la altiva intensidad de conciencia tal que, mediante un súbito
soledad de nuestro corazón... y entonces, nuestra resplandor, toda la imagen de un destino era legible
alma, que ha roto las infames cadenas, vuelve a su en el acto mismo del espíritu. La causa profunda de
templo subterráneo". Y Roupnel agrega: la melancolía roupneliana tal vez obedezca a esa ne-
cesidad metafísica: En un mismo pensamiento debe-
El arle es la escucha de esa voz interior. El nos trae el mos hacer caber el lamento y la esperanza. Síntesis
murmullo escondido. El es la voz de la conciencia sobre- sentimental de los contrarios, así es el instante vivido.
natural que reside en nosotros sobre el fondo inalienable Por lo demás, podemos invertir el eje sentimental del
y perpetuo. El nos devuelve al sitio primordial de nues- tiempo y situar la esperanza en un recuerdo cuya fres-
tro Ser y al lugar inmenso donde estamos en el Universo
cura restituimos en nuestro ensueño. En cambio, con-
entero. Nuestra parcela miserable cobra allí su grado
universa] v nos entrega la autoridad que él detenta. templando el porvenir podemos desalentarnos por-
Triunfador sobre todos los temas discontinuos que sepa- que, en determinados instantes, por ejemplo en la
ran al Ser y componen al Individuo, el Arte es el sentido cúspide de la edad, nos damos cuenta de que no po-
de Armonía que nos restituye al suave ritmo del Mundo y demos posponer más p a r a el m a ñ a n a la custodia de
nos devuelve al infinito que nos llama. nuestras esperanzas. La amargura de la vida es el la-
Todo en nosotros es entonces participante, del ritmo mento de no poder esperar, de no oír más los ritmos
absoluto donde se desarrolla el fenómeno completo del que nos solicitan para tocar nuestra parle en la sinfo-
Mundo. Entonces, todo en nosotros se somete a las supre- nía del devenir. Es entonces cuando el "lamento son-
mas directivas, todo se aclara para las clarividencias ín- riente" nos aconseja invitar a la Muerte y aceptar,
timas. Las luces cobran su significado mensajero. Las lí- como u n a canción de cuna, los ritmos monótonos de
neas despliegan la gracia de una asociación misteriosa a la Materia.
los acordes infinitos. Los sonidos desarrollan su melodía
1 2
Siloé, p. 196. Siloé, y>. 198.
92 CONCLUSIÓN

En esa atmósfera metafísica es donde nos gusta si-


tuar a Siloé; con esa interpretación personal nos gus-
ta releer esa obra extraña. Ella nos habla entonces
en la fuerza y la tristeza porque es verdad y valor. Y en
efecto, en esa obra amarga y tierna la alegría es siem- INSTANTE POÉTICO E INSTANTE
pre u n a conquista; la b o n d a d rebasa p o r sistema la METAFÍSICO*
conciencia del mal, porque la conciencia del mal es ya
el deseo de la redención. El optimismo es voluntad in-
cluso cuando el pesimismo es conciencia clara. ¡Asom- I
broso privilegio de la intimidad! El corazón h u m a n o
es en verdad la m a y o r fuerza de coherencia en las LA POESÍA es u n a metafísica instantánea. En un breve
ideas opuestas. Leyendo Siloé, claramente nos dába- poema, debe dar una visión del universo y el secreto de
mos cuenta de que, con nuestro propio comentario, un alma, un ser y unos objetos, todo al mismo tiem-
aportábamos nuestra parte de graves contradicciones; po. Si sigue simplemente el tiempo de la vida, es me-
pero al p u n t o la simpatía por la obra nos alentaba a nos que la vida; sólo puede ser más que la vida inmo-
tener confianza en las lecciones que sacábamos de vilizando la vida, viviendo en el lugar de los hechos la
nuestros propios errores. dialéctica de las dichas y de las penas. Y entonces es
Por eso es Siloé un bello libro h u m a n o . En vez de principio de u n a simultaneidad esencial en que el ser
enseñar, evoca. Como obra de la soledad, es una lec- más disperso, en que el ser más desunido conquista su
t u r a de solitario. E n c o n t r a m o s el libro como nos unidad.
encontramos entrando en nosotros mismos. Si el lec- Mientras todas las demás experiencias metafísicas
tor lo contradice, le responde. Si lo sigue, lo impulsa. se p r e p a r a n en prólogos interminables, la poesía se
Apenas cerrado renace va el deseo de volver a abrirlo. niega a los preámbulos, a los principios, a los méto-
No bien ha callado c u a n d o ya en el a l m a que lo ha dos y a las p r u e b a s . Se niega a la d u d a . C u a n d o
comprendido le responde un eco. m u c h o necesita un preludio de silencio. Antes que
nada, golpeando contra palabras huecas, hace callar
la prosa o el c a n t u r r e o que dejarían en el a l m a del
lector u n a continuidad de pensamiento o de m u r m u -
llo. Luego, tras las sonoridades huecas, produce su
instante. Y para construir un instante complejo, p a r a
reunir en ese instante gran número de simultaneida-

* Cómo complemento de La intuición del instante, se presenta


este texto de Bachelard publicado originalmente en 1939, en el nú-
mero 2 de la revista Messages: Métaphysique el poésie, que pro-
longa la meditación del autor sobre el problema del tiempo.

93
94 INSTANTE POÉTICO INSTANTE POÉTICO 95

des, destruye el poeta la continuidad simple del tiem- o devaluar. En el instante poético, el ser sube o baja,
po encadenado. sin aceptar el tiempo del mundo que reduciría la am-
Así, en todo poema verdadero se pueden encontrar- bivalencia o la antítesis y lo simultáneo a lo sucesivo.
los elementos de un tiempo detenido, de un tiempo que Esa relación de la antítesis o de la ambivalencia se
no sigue el compás, de un tiempo al que llamaremos verificará fácilmente si se está dispuesto a comulgar
vertical para distinguirlo de un tiempo común que co- con el poeta, quien, con toda evidencia, vive en un ins-
rre horizontalmente con el agua del río y con el viento tante ambos términos de sus antítesis. Al segundo tér-
que pasa. De allí cierta paradoja que es preciso enun- mino no lo llama el primero. Ambos términos nacieron
ciar con claridad: mientras que el tiempo de la proso- juntos. Desde ese momento se encontrarán los verda-
dia es horizontal, el tiempo de la poesía es vertical. La deros instantes poéticos de un poema en todos los pun-
prosodia sólo organiza sonoridades sucesivas; rige ca- tos en que el corazón humano pueda invertir las antí-
dencias, administra fugas y conmociones, ron frecuen- tesis. De u n a manera más intuitiva, la ambivalencia
cia, ¡ay!, a contratiempo. Aceptando las consecuencias bien urdida se revela por su carácter temporal: en vez
del instante poético, la prosodia permite acercarse a del tiempo masculino y valiente que se lanza y que rom-
la prosa, al pensamiento explicado, a los amores teni- pe, en vez del tiempo suave y sumiso que lamenta y que
dos, a la vida social, a la vida corriente, a la vida que llora, he aquí el instante andrógino. El misterio poéti-
corre, lineal y continua. Mas todas las reglas prosódi- co es un androginia.
cas son sólo medios, viejos medios. El fin es la verti-
calidad, la profundidad o la altura:, es el instante es- II
tabilizado en que, ordenándose, las simultaneidades
demuestran que el instante poético tiene perspectiva Mas, ¿es tiempo todavía ese pluralismo de aconteci-
metafísica. mientos contradictorios encerrados en un solo instan-
El instante poético es entonces necesariamente com- te? ¿Es tiempo toda esa perspectiva vertical que do-
plejo: conmueve, prueba —invita, consuela—, es sor- mina el instante poético? Sí, pues las simultaneidades
prendente y familiar. En esencia, el instante poético acumuladas son simultaneidades ordenadas. Dan al
es u n a relación armónica de dos opuestos. En el ins- instante u n a dimensión puesto que le dan un orden
tante apasionado del poeta hay siempre un poco de interno. Ahora bien, el tiempo es un orden v no otra
razón; en la recusación r a z o n a d a queda siempre un cosa. Y todo orden es un tiempo. El orden de las am-
poco de pasión. Las antítesis sucesivas gustan al poe- bivalencias en el instante es, por tanto, un tiempo.
ta. Mas para el encanto, para el éxtasis, es preciso que Y es ese tiempo vertical el que descubre el poeta cuan-
las antítesis se contraigan en ambivalencia. Entonces do recusa el tiempo horizontal, es decir, el devenir de
surge el instante poético... El instante poético es los otros, el devenir de la vida v el devenir del mundo.
cuando menos conciencia de u n a ambivalencia. Pero Estos son entonces los tres órdenes de experiencias
es más, porque es u n a ambivalencia excitada, activa sucesivas que deben desatar al ser encadenado en el
\ dinámica. El instante poético obliga al ser a valuar tiempo horizontal.
96 INSTANTE POÉTICO INSTANTE POÉTICO 97

lo. Acostumbrarse a no referir el tiempo propio al Otros poetas m á s felices c a p t a n n a t u r a l m e n t e el


tiempo de los demás; romper los marcos sociales de la instante estabilizado. Como los chinos, Baudelaire ve
duración. la h o r a en el ojo de los gatos, la h o r a insensible en
2o. Acostumbrarse a no referir el tiempo propio al que la pasión es tan completa que desdeña realizarse:
tiempo de las cosas; romper los marcos fenoménicos " E n el fondo de sus ojos a d o r a b l e s veo siempre la
de la duración. hora claramente, siempre la misma, es u n a hora vas-
3o. Acostumbrarse —difícil ejercicio— a no referir ta, solemne, grande como el espacio, sin divisiones de
el tiempo propio al tiempo de la vida: no saber si el minutos ni de segundos, u n a h o r a inmóvil que no
corazón late, si la dicha surge; romper los marcos vi- marcan los relojes... , , ] P a r a los poetas que así realizan
tales de la duración. el instante fácilmente, el poema no se desarrolla sino
Entonces y sólo entonces se logra la referencia auto- se t r a m a , se teje de n u d o en n u d o . Su d r a m a no se
sincrónica, en el centro de sí mismo y sin vida perifé- efectúa. Su mal es una flor tranquila.
rica. Toda la horizontalidad llana se borra de pronto. En equilibrio a la medianoche, sin esperar n a d a del
El tiempo no corre. Brota. soplo de las horas, el poeta se despoja de toda vida in-
útil; siente la ambivalencia abstracta del ser y del no
ser. En las tinieblas ve mejor su propia luz. La sole-
III dad le brinda el pensamiento solitario, un pensamien-
to sin desviación, un pensamiento que se eleva y se
Para conservar o, mejor dicho, p a r a recobrar ese ins- apasiona exaltándose puramente.
tante poético estabilizado, hay poetas, como Mallar- El tiempo vertical se eleva. A veces también se hun-
mé, que violentan directamente el tiempo horizontal, de. Para quien sabe leer El cuervo, medianoche nunca
que invierten la sintaxis, que detienen o desvían las más suena horizontalmente. Suena en el alma b a -
consecuencias del instante poético. Las prosodias com- jando, b a j a n d o . . . Raras son las noches en que tengo
plejas ponen guijarros en el arroyo p a r a que las ondas el valor de bajar hasta el fondo, h a s t a la duodécima
pulvericen las imágenes fútiles, y para que los remo- campanada, hasta la duodécima herida, hasta el duo-
linos quiebren los reflejos. Leyendo a Mallarmé, de décimo recuerdo... Entonces vuelvo al tiempo llano;
pronto se tiene la impresión de un tiempo recurrente encadeno, me reencadeno y vuelvo al lado de los vi-
que viene a a c a b a r instantes acabados. Entonces se vos, vuelvo a la vida. P a r a vivir es preciso traicionar
viven tardíamente los instantes que h a b r í a n tenido fantasmas...
que vivirse: sensación ésta tanto m á s extraña cuan- A lo largo de ese t i e m p o vertical — b a j a n d o — se
to que no participa en ningún lamento, en ningún arre- escalonan las peores penas, las penas sin causalidad
pentimiento ni en ninguna nostalgia. Simple y senci- temporal, las penas agudas que traspasan un corazón
llamente está hecha de un tiempo trabajado que a por una n a d a , sin languidecer jamás. A lo largo del
veces sabe poner el eco ante la voz y la negativa ante
1
la confesión. Baudelaire, (Euvres, tomo l, Pleiade, p. 429.
98 INSTANTE POÉTICO INSTANTE POÉTICO 99

tiempo vertical —subiendo— se consolida el consuelo que la causalidad formal se desarrolla en el interior del
sin esperanza, ese extraño consuelo autóctono y sin instante, en el sentido de un tiempo vertical, mientras
protector. En pocas p a l a b r a s , todo aquello que nos que la causalidad eficiente se desarrolla en la vida y
desliga de la causa y de la recompensa, todo aquello en las cosas, horizontalmente, agrupando instantes de
que niega la historia íntima y el deseo m i s m o , todo intensidades diversas.
aquello que devalúa a la vez el pasado y el porvenir Naturalmente, dentro de la perspectiva del instante
está allí, en ese instante poético. ¿Se desea un estudio se p u e d e n experimentar ambivalencias de m a y o r al-
de un pequeño fragmento del tiempo vertical? Que se cance: "De m u y niño sentí en el corazón dos senti-
tome el instante poético del lamento sonriente, en el mientos contradictorios: el horror por la vida y el
momento mismo en que la noche duerme y estabiliza éxtasis ante la vida". 2 Los instantes en que esos senti-
las tinieblas, en que las horas a p e n a s respiran y en mientos se experimentan juntos inmovilizan el tiem-
que la soledad por sí sola es ya un remordimiento. Los po, pues experimentan juntos vinculados por el inte-
polos ambivalentes del lamento sonriente casi se rés fascinante ante la vida. Llevan al ser fuera de la
t o c a n . La m e n o r oscilación sustituye al u n o p o r el duración común. Y esa ambivalencia no se puede es-
otro. El lamento sonriente es p o r t a n t o u n a de las cribir en tiempos sucesivos como un vulgar balance
ambivalencias más sensibles de un corazón sensible. de alegrías y de penas pasajeras. Opuestos tan vivos y
Pues bien, con t o d a evidencia se desarrolla en un tan fundamentales derivan de u n a metafísica inme-
tiempo vertical, puesto que ninguno de los dos m o - diata. Su oscilación se vive en un solo instante, m e -
mentos, ni la sonrisa ni el lamento, es su antecedente. diante éxtasis y caídas que incluso pueden oponerse a
Aquí, el sentimiento es reversible o, mejor dicho, la los acontecimientos: el mismo hastío de la vida llega
reversibilidad del ser está a q u í sentimentalizada: a invadirnos en el gozq tan fatalmente como el orgu-
la sonrisa l a m e n t a y el l a m e n t o sonríe, el l a m e n t o llo en la desgracia. Los temperamentos cíclicos que en
consuela. Ninguno de los tiempos expresados sucesi- la duración habitual y siguiendo a la luna desarrollan
vamente es causa del otro, y por lo tanto es prueba de estados contradictorios no ofrecen sino parodias de la
que están mal expresados en el tiempo sucesivo, en el ambivalencia fundamental. Sólo u n a psicología p r o -
tiempo horizontal. Pero a u n así hay del uno al otro un funda del instante podrá darnos los esquemas necesa-
devenir, devenir que no se puede experimentar sino rios p a r a comprender el d r a m a poético esencial.
verticalmente, subiendo, con la impresión de que el
lamento se aligera, de que el alma se eleva y de que
el fantasma p e r d o n a . Entonces en v e r d a d florece la IV
desdicha. De tal suerte que un metafísico sensible
e n c o n t r a r á en el lamento sonriente la belleza for- Por lo demás, es sorprendente que u n o de los poetas
mal de la desdicha. En función de la causalidad formal que h a n captado con mayor fuerza los instantes deci-
comprenderá el valor de desmaterialización donde se
2
reconoce el instante poético. N u e v a p r u e b a ésta de Baudelaire, Mon coeur mis á nu, p. 88. •."•'•:-!

-*•"
100 INSTANTE POÉTICO INSTANTE POÉTICO 101
sivos del ser sea el poeta de las correspondencias. La forma y de la persona. Demuestra que la forma es una
correspondencia baudelairiana no es, corno m u y fre- persona y que la persona es una forma. La poesía es
cuentemente se ha manifestado, una simple transpo- así un instante de la causa formal, un instante de la
sición que dé un código de analogías sensuales. Es fuerza personal. Entonces se desinteresa de lo que
una suma del ser sensible en un solo instante. Pero las rompe y de lo que disuelve, de u n a duración que dis-
simultaneidades sensibles que reúnen los perfumes, persa "ecos. Busca el instante. Sólo necesita del instan-
los colores y los sonidos no hacen m á s que preparar te. Crea el instante. Fuera del instante sólo hay prosa
simultaneidades m á s lejanas y más profundas. En y canción. En el tiempo vertical de un instante inmo-
esas dos unidades de la noche y de la luz se encuentra vilizado encuentra la poesía su dinamismo específico.
la doble eternidad del bien y del mal. Por lo demás, lo Hay un dinamismo p u r o de la poesía pura. Es el que
que tienen de "vasto" la noche y la claridad no debe se desarrolla verticalmente en el tiempo de las formas
sugerirnos una visión espacial. La noche y la luz no se y de las personas.
evocan por su extensión, por su infinito, sino por su
unidad. La noche no es un espacio. Es u n a amenaza
de eternidad. Noche y luz son instantes inmóviles, ins-
tantes oscuros o luminosos, alegres o tristes, oscuros y
luminosos, alegres v tristes. Nunca el instante poético
fue más completo que en ese verso donde se le puede
asociar a la vez con la inmensidad del día y de la no-
che. Nunca se ha hecho sentir t a n físicamente la am-
bivalencia de los sentimientos, el maniqueísíno de los
principios.
Meditando por ese camino se llega pronto a esta
conclusión: toda moralidad es instantánea. El impe-
rativo categórico de la moralidad n a d a tiene que ver
con la duración. No tiene ninguna causa sensible, no
espera ninguna consecuencia. Va directo y vertical-
mente por el tiempo de las formas y de las personas.
El poeta es entonces guía n a t u r a l del metafísico que
quiere comprender todas las fuerzas de uniones ins-
tantáneas, el ímpetu del sacrificio, sin dejarse dividir 9
por la dualidad filosófica b u r d a del sujeto y del obje-
to, sin dejarse detener por el dualismo del egoísmo y
del deber. El poeta anima una dialéctica más sutil. En
el mismo instante, revela a la vez la solidaridad de la
INTRODUCCIÓN
A LA POÉTICA DE BACHELARD,
JEAN LESCURE

No temo en absoluto a los que me ata-


quen sino a los que me defiendan.
ANDRÉ GIDE

La poesía desconfía del discurso. De uno a otro ins-


tante procede mediante denominaciones inmediatas.
Sus razones son el hecho de sus comentaristas. Los
encadenamientos que se le encuentran suceden a sus
presencias. Las explicaciones que se le dan son inca-
paces de revelarla. ¿Cómo acercarse a ella por otro
medio distinto de sí misma y libre de lo que conside-
ramos sus oscuridades?
Caídos ya los cohetes surrealistas y remitidos a un
erotismo de bazar los extravíos abismales, la poesía
todavía se interroga sobre lo que puede ser. ¿Qué son
esas imágenes que crea y que rehuyen a la pintura?
Creerlas visibles y creer las descripciones de lo visible
extravió a pintores buenos en productos ingenuos de
la imaginación. ¿No es identificarlas con la música
perderse lo que porta significados en las palabras que
hay en ellas? Mas, desde luego, ¿quién pensaría en
igualar con el poema esos significados, por conmove-
dores o por gloriosos que fueran? Ese objeto cargado
de sentidos parece impaciente de recusarlos. Se ve ac-
t u a r en él u n a resistencia al significado que lo mantie-
ne m u y cerca del silencio de las estatuas. Quiere ser a

103
104 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 105

la vez omnipresente y estar a p u n t o de ser. Jamás embargo se hincha con esa investidura de su claridad
transformado por el tiempo que pasa en sus conse- por t a n t a s sombras o por tantas p e n u m b r a s . Cosas
cuencias, parecería que se extenuara en negarlas y que no puedo n o m b r a r no obstante parecen manifes-
que ello tal vez equivaliera a negarse a sí mismo. Y sin tarse en él al menos mediante el sentimiento que ten-
embargo, ese objeto del lenguaje no se niega sino para go de u n a cercana presencia. La vida me concede el
darse, renaciendo siempre, secreto y evidente, igual a feliz p o d e r de transformar en acto, casi a discreción,
sí mismo en cada uno de sus instantes. una posibilidad p u r a cuya pureza no altera ese poder.
Por lo que adviene y que un instante antes aún no era,
Poco es lo que vivimos cada instante de lo que nos cada instante puedo hacer saber que hay posibilidad
propone el instante. Y sin embargo, todo lo que de él y que esa posibilidad provoca en mí cierta conciencia
vivimos es el propio instante. Es preciso imbuirnos de instantáneamente presente, mientras que él me dispo-
"la total igualdad del instante presente y de la reali- ne de mil maneras a convocar su advenimiento. Y sin
d a d " . Escribo estas frases, copio estas p a l a b r a s que embargo, no me valgo de ese poder, no uso ese poder;
reunía Bachelard y todo a mi alrededor se amotinan todo el placer que da obedece a que siempre se m a n -
cien frases más de las que estoy a p u n t o de acordar- tiene en reserva. Sé que está allí y que a su primera
me o que pienso que podría descubrir, tal vez la voz sacudida vendrán las palabras, de la conciencia, del
del filósofo que las pronunciaría, que oigo y que no ser. Suele suceder que engañe yo a mi ensueño.
oigo, que se apaga antes de sonar, que sólo puede Cuando me obliga a ceder y trato de contenerlo,
aparecer aquí porque desapareció antes de hacerlo, siento que el nacimiento de las palabras se detiene
estando en lo sucesivo absolutamente ausente, pero largamente en el umbral donde su formación las ha-
en mis sueños locamente a p u n t o de ser, y permane- ría a la vez surgir y morir, sustituyendo por el instan-
ciendo con mil m u n d o s en el confuso espino del que te en que sobrevinieron quién sabe qué otro instante
el presente sólo obtiene a fin de cuentas poca cosa. que las borra, cuya figura dibujarán en un momento
Bachelard tuvo el placer de transcribir las bellas otras palabras.
frases de Roupnel: Si mantengo su continuación, si no vacía de palabras
al menos vacante de razonamientos y de discurso, esos
El instante que acaba de escapársenos es la propia muer- instantes se llenan de colores y de sonidos, incluso tal
te inmensa a la que pertenecen los mundos abolidos y los
vez de fonemas que los designan vagamente: el cielo
firmamentos extintos. Y, en las propias tinieblas del por-
claro de la m a ñ a n a en mi ventana los fija, sin que apa-
venir, lo ignoto mismo y temible contiene tanto el ins-
tante que se nos acerca como los Mundos y los Cielos que rezca la palabra, cielo, las tejas viejas del techo cerca-
se desconocen todavía. no, el vuelo de los martinetes, el piar de los gorriones...
Demasiado cerca de la agresión de lo visible, las pala-
Por simple que sea, por replegado que a veces pue- bras que se me ocurrirían se intimidan y se borran.
da estar sobre la vacilación de u n a sola palabra (cómo ¿Hacia dónde me llevan tantas presencias diversas?
se ve que la poesía logra constreñirlo), el instante sin Nada en principio parece destinarlas a componer' un
106 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 107

conjunto coherente o memorable. Y sin embargo el proximidad. Pero alguna otra, que no me parece se-
placer de un instante tal vez las alie de manera in- guir en el instante mismo y que nada habrá de des-
disoluble, como, posteriormente, quizás me lo revele pertar antes de mucho tiempo, he aquí que, en unos
el sabor de una magdalena que, yo también, puedo años, aparecerá y se asociará a la primera, resultando
vincular a él. a su vez estar muy próxima. Tan próxima tal vez que
Por el momento, se me remite al silencio. Una pura ingenuamente podremos preguntarnos si no es la mis-
amenaza de ser inviste una sombra de conciencia. El ma o por qué antes no pensamos en ella. ¿Y qué ar-
hombre parte de su soledad, del umbral de su sole- monía podría haber así entre las cosas mismas para
dad. Vivir sólo lo saca de ella para arrojarlo de nuevo que, desde tan lejos, parezcan solicitar a la razón aco-
en ella. -. •••••-. gerlas en su vasta coherencia? A no ser que las cosas
y el espíritu sean tan distintas y que un solo instante
Mas cierta impaciencia de ser se superpone a esa in- nos dé unas y otras a la vez. A no ser que la razón
vasión. Tal vez en las propias cosas, cuando no las opere misteriosamente una interminable reunión en
considero, cierta manera que tienen de avisarme, de las fragmentaciones de ser cuyo teatro y cuyo actor
avisarse, cierta distracción, que oponen al adormeci- soy y procese en ella "la armonía por entero en ten-
miento de mi conciencia, responda a la excitación que sión que el mundo va a realizar".
me viene del nacimiento de una vida pensativa que se
forma en mí sin que yo tenga bien a bien el senti- "¡Ah! —decía sonriendo Bachelard a una entrevista-
miento de ser su autor. Me siento como un lugar don- dora—, no vivo en el infinito porque nuestra morada
de fuera contemporáneo del mundo. Y de tanto que no es el infinito." Sobre un "porvenir traicionado",
ese mundo me apremia, en esa conciencia de azul o de sobre especies de ruinas, el filósofo se había propuesto
viento o de canciones que soy, ya no sé ni quién es él construir su casa y su reposo. Su apuesta, que hoy los
ni quién soy yo. Pensamientos se encadenan así, sin hechos verifican, es que sería habitable para los de-
que yo los dirija. Quiero descifrarlos. Leería a un más. La necesitaba terminada y actual, aquí y ahora.
mundo abierto si supiera desenredar pensamiento y De Roupnel, cita: "'El espacio y el tiempo sólo nos
cosas enmarañadas. parecen infinitos cuando no existen". Y del tiempo, lo
No necesariamente es el más próximo de esos pen- que existe nunca es sino el instante que vivimos. No
samientos, o ideas, el que se vincula al que muere y le podemos vivir de él otra cosa. Pero en él podemos vi-
sucede. ¿Qué sentido puede tener realmente aquí la vir extrañeza y sorpresa, admiración y protesta, todas
noción de proximidad? Antes de aparecer, la idea que las cosas al mismo tiempo salvo pasado y futuro, re-
va a venir está inconmensurablemente lejos de la que en conocimiento y proyecto. Nada en él escapa a sí mis-
un momento parecerá haberla suscitado. Una distan- mo ni se reduce a ninguna duración confusa y sin ob-
cia absoluta separa lo que es de lo que no es. Sólo por jeto. Todo se exalta ante la irremplazable presencia.
su sucesión, y por el encadenamiento que nos ingenia- A la cual le es preciso morir para renacer en otros ob-
remos para verificar entre ellas, concluiremos sobre su jetos, igualmente pura.
108 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHEIARD 109

En ese tiempo entrecortado se alejan las Bellas ilu- ta de que implicaban significados que ni siquiera con-
siones de u n a continuidad dada. ¿Cómo desposar sus cebía al escribirlas. Las releyó mucho tiempo sin des-
olas? De algún modo está preso en u n a especie de sus- cubrir en ellas más que el discurso que estimaba ha-
tancia a donde no se ve cómo iríamos a buscarlo. El ber compuesto. Cada cual se encadenaba sólo con la
orgullo de las nobles heredades se agota, son dudosos que él le diera por siguiente. U n a lógica que recono-
la constancia de u n a naturaleza o los imperativos de cía sacaba aquel rebaño de sí mismo.
u n a astrología, y la orgullosa seguridad del saber se Pero que escriba otro libro y empezará a sorpren-
hace modesta. Todo lo que enliga al hombre lo p a r a - derse del primero. El nuevo libro ha modificado la
liza o io somete, le estorba o lo fataliza y se remite a lectura que hacía del precedente. Él lo comprende.
la superstición. A la orilla de todo pensamiento vacila U n a conducta m a n t e n i d a así d u r a n t e toda una vida
u n a noche futura que nos contiene, h a s t a de verla y da en fin a las primeras intuiciones un contenido que
de asirla. Sus secretos son falsos secretos. Aspira a re- no agotan. Que al contrario reaniman. Habría que leer
velarlos. A las luces sucesivas que en esa noche se en- a un autor a la inversa. Sus primeros libros al final, sus
ciendan se a l u m b r a r á la conciencia que nace en ese últimos al principio. Método singular. Que es preciso
instante y morirá en él. Cada cosa nueva, cada pensa- examinar.
miento ganado, cada descubrimiento, cada ilumina-
ción, tirados hacia nosotros desde la confusión tene- El m u n d o de las p a l a b r a s es dudoso. Tan lleno de
brosa del porvenir, d a n a todo el p a s a d o un sentido t r a m p a s como aquel cuya visibilidad garantiza lar-
que lo alimenta, lo organiza y lo anima. Si bien sólo go tiempo al espíritu la evidente y simple realidad.
en parte lo hace inteligible, no cesa de concederle u n a Aprendimos a desconfiar de la apariencia. Quisimos
inteligencia viva, pronta a excitar nuevas salidas hacia creer en la autoridad del verbo revelado. Al parecer,
nuevas sorpresas. Ella explica su invención de nuevas necesitamos aprender a leer a la u n a y al otro. Mas las
experiencias: los viajes de la exploración metódica. Su claves de la lectura son poco seguras. Quien se vale de
energía se recrea con que, volviendo su luz hacia el las p a l a b r a s y quien ingenuamente pensaba que sin
pasado, vaya a repercutir en él un futuro que tenía. gran dificultad se les somete al servicio de intenciones
Nuestra vida entera disfruta de su progreso. Avanza a claras, empieza a saber que las palabras se resisten.
cada instante, m u y completa y desconocida, toda an- O, antes bien, en las composiciones mismas que el es-
tigua y toda nueva. Más que respuestas al pasado, las píritu piensa asignarles y en los encadenamientos en
señales que deja de sí misma son preguntas al futuro. que cree mantenerlas, forman incontables combina-
ciones mediante las cuales escapan a sus intenciones.
A los ojos de un autor, un libro de a n t a ñ o p u e d e ser Enseñan significados involuntarios. Sorprenden. Se les
irritante y reclamar que se relea o simplemente se considera. Se quiso decir una cosa y en efecto se dijo.
deseche. Se detiene en las frases que la imprenta fija. Pero t a m b i é n se dijo otra. De la que claramente es
Sin embargo, el hombre que las escribió se ha adelan- preciso conceder a quien la oye que se encuentra en
tado. Volviéndose hacia ellas y girándolas, se da cuen- las palabras a las que interroga y no en el ensueño de
110 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 111

su sola conciencia. Y no es que no proyecte en m o d o que aparece el nombre de uno de los cuatro elemen-
alguno sus sueños en los signos que h a s t a él llegan. tos a los cuales refirió en un principio su estudio de lo
Sino que no son sueños cualesquiera. Y los que en imaginario. Lleva así la carga de a u n a r a la descrip-
ocasión de esos signos figuran son despertados singu- ción del agua, del aire y de la tierra el cuarto elemen-
larmente por ellos. to del que se imaginan todas las cosas posibles. ¿Se
Valéry no dejó de advertir a sus contemporáneos puede consentir que ese elemento tenga menor impor-
al respecto. Las hermenéuticas de hoy han despojado al tancia que los demás? ¿Habrá que distinguirlo en un
autor de sus derechos a comprenderse p a r a a r m a r s e libro donde su presencia se ha disimulado señalando
de ellos exclusivamente. Lo cual es olvidar que en esos que toda objetividad desmiente siempre el primer
varios métodos de explicación de un texto, basados en contacto con el objeto? Si antes que nada los ejes de
la sospecha a la m a n e r a del psicoanálisis o del m a r - la poesía y de la ciencia son inversos, si tiene razón
xismo, o en una voluntad de "recolección" como la Éluard, al que cita Bachelard:
que describe Ricoeur, el autor puede conservar u n a
clave considerable p a r a descifrar su obra. Y es la de // ne faut pas voir la realité telle que je suis,
su proyecto. El modo de lectura que es el suyo es en- [No hay que ver la realidad tal como soy,]
tonces el de la soledad en que se descubre como des-
conocido de sí mismo. ¿es preciso ver en el Fuego y los ensueños que provo-
Sigue siendo cierto que leemos a Racine como n u n - ca sólo un obstáculo al conocimiento? El primer pro-
ca se leyó a él mismo. Y suele suceder que, 10 o 20 yecto de Bachelard era, según se dice, exonerar a la
años después, nosotros mismos nos asombremos de ciencia de los extravíos de la psique. Claramente se
las frases que escribíamos y de los grupos de palabras siente lo que al respecto podía molestar al filósofo de
en que pensábamos fijar significados de los que cuan- la conciencia nocturna de la poesía. En el propio títu-
do menos nos parece extraño que, en aquel momento, lo de su obra. Y es que el psicoanálisis es enteramente
no h a y a m o s derivado las consecuencias que saltan a diurno y social. Sometía su examen a la preocupación
los ojos en u n a nueva lectura. Sin embargo parecen de librar a la conciencia científica de los fantasmas
seguirse de acuerdo con un rigor casi m a t e m á t i c o . que la p e r t u r b a n . H a b í a querido hacer de él, había
¿Cómo fue que no las vimos, disimuladas en las pro- hecho de él una crítica del conocimiento objetivo.
posiciones que actualmente nos las revelan? Aquel H a b í a querido mostrar que ese conocimiento afirma-
m o m e n t o no las portaba. El presente sí las contiene. do como objetivo con suma frecuencia no es sino dis-
Pero cambia de rostro toda u n a historia. fraz de u n a subjetividad, la proyección autorizada de
Así, en sus últimos años Bachelard no leía sus pri- ensueños prohibidos. A la que por tanto es convenien-
meros libros como los había escrito. A veces hablábamos te exponer a u n a crítica rigurosa con el fin de "librar-
de El psicoanálisis del fuego, que desempeña un p a - la tanto de sus filias como de sus fobias". Lo que mos-
pel importante t a n t o en el catálogo de su o b r a como t r a b a claramente su examen de cierta química y de
en la cronología de su reflexión. Es la primera obra en algunos tratados de flogística es que la materia de la
112 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 113

ciencia mezclada con el ensueño de un alma no puede antes no se dejaba cerrar fácilmente el p i c o . " Si hu-
aspirar al rigor científico si no extravía el espíritu ob- biera que buscar un enunciado metódico a esas pala-
jetivo. Y tal vez parecía ya que, mal empleada, impi- bras, se encontraría en La filosofía del no en la si-
diera manifestarse a una realidad totalmente distinta. guiente forma: "La verdad es hija de la discusión..."
Era en efecto El psicoanálisis del fuego, libro en Creo que en esa alianza de humores hay que ver, más
que paradójicamente se advierte al lector que leyén- que un temperamento, una sabiduría y lo que podría
dolo "no enriquecerá en absoluto sus conocimientos", llamarse una naturaleza convertida. Quizás en'sí mis-
libro que, además de su crítica, se propone enseñar un ma v en la medida que se desee, pero transformada en
método, el de la ironía que nos aplicamos a nosotros valor asignado. Para Bachelard, la naturaleza n u n c a
mismos, la que hace cuidar de creernos demasiado, es m u y interesante; " u n complejo n u n c a es m u y ori-
que con gusto nos burlemos de sus poderes y de sus ginal", decía. Lo original está ante nosotros. Somos
hallazgos y sin la cual "no es posible ningún progreso nosotros mismos refutados por nosotros mismos. Toda
en el campo del conocimiento". naturaleza que se ve opera en sí misma esa impugna-
Pero aquel método se abría hacia otros que h a b r í a n ción y esa transformación. Y también es un método.
de devolver a su sitio a un psicoanálisis ingenuamen- P a r a el espíritu decidido a esclarecerse, con el fin de
te expansivo. librarse de su azar, toda acción se constituye en méto-
do. Toda decisión es una manera de ser. Proyecta re-
Dos de las últimas obras de Bachelard llevan cada cusar en sí el accidente y constituirse en hábito. Al
cual en primer plano u n a frase en que aparece la pala- mismo tiempo expresa en sí su permanencia y su pro-
bra método. La de La poética del ensueño está toma- greso. Pues si el hábito es "la voluntad de empezar a
da de Laforgue: "Método, Método, ¿qué quieres de repetirse", fuerza es ver que lo importante es la vo-
mí? Sabes bien que he probado el fruto de lo incons- luntad de repetir un principio, puesto que quién pue-
ciente". ¿Responde voluntariamente a Laforgue, y de de saber lo que uno mismo es antes que el fin permita
qué modo, la segunda, que se lee en el manuscrito iné- en efecto definirlo.
dito de la introducción a La poética del fénix (redac- Imagino a Bachelard tender una trampa a su lector.
tada en agosto de 1962) y está tomada de R i m b a u d ? : Malicioso como cuando escribe: "Lo que echa a andar
"¡Nosotros te afirmamos, método! No olvidamos que la locomotora es el silbato del jefe de estación"; bue-
ayer glorificaste todas nuestras épocas". ¿ H a b r á un no como cuando aconseja: "¿Quiere usted sentirse en
método de lo inconsciente? O antes bien, si se quiere calma? Respire suavemente ante la flama ligera que
pasar a un inconsciente enteramente psicológico, ¿ha- cumple en calma su trabajo de luz", donde se ve cla-
brá un método de lo imaginario? ramente que u n a función tan primordial como la res-
piración es método para el filósofo ocupado en trazar
Malicia y bondad se alian en Bachelard. E r a en él una los caminos de una filosofía del reposo.
naturaleza. Tal vez. "La polémica me despierta", me —¡Ah, Método! Método por conquistar tanto como
dijo un día; "a pesar de todo soy un c h a m p a n e s que la vida sensata cuya conquista harás posible a tu vez,
114 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 115

antes que nada debes comprometerte. Tú, filósofo, te psíquica es homogénea y limitada, y está vinculada a
sobresaltarás ante ese desdén de Laforgue por una or- su función psicológica". ¿Quién podría, de manera
ganización tan necesaria, mientras que tú, poeta, enteramente seria, hacernos creer cuando se habla de
triunfarás y con razón creerás hacerlo. Y sin embargo Baudelaire que "el autor de sus poemas es hijo de su
yo, "soñador de palabras, soñador de palabras escri- madre"? Poco peso tiene la psicología ante las con-
tas", arrastraré a ambos en la búsqueda metódica de ductas creadoras que califican al hombre para la fe-
lo imaginario no metódico. El método no es ningún li- nomenología. Bachelard encuentra en los "principios
bro de cocina. Es la vida misma. Tú, filósofo, apren- de la fenomenología" el método que puede abrirnos la
derás a escuchar al poeta, "fenomenólogo nato"; tú, puerta de la "conciencia creante del poeta". ¿Cómo
poeta, deberás discernir las razones y los caminos di- podría un filósofo "doblegar su orgullo para hacer
fíciles por los que es posible apartar a la poesía de las obra de psicólogo"? El filósofo no renuncia tan fácil-
escorias y las reminiscencias que la matan, y actuar mente a su propia poética que consiste en afirmar va-
de suerte que, "pese a la vida", un hombre sea poeta. lores. Para empezar, los de aquellas imágenes que el
Pues el poeta no nace, sino que se hace. Para lo cual análisis fenomenológico nos presenta precisamente
se precisan armas poderosas. como de orígenes puros. Donde aparece que "la poe-
sía es uno de los destinos de la palabra".
Nada de lo que somos nos es dado y todo lo que de Esta afirmación, que Bachelard pronunciaba al fi-
humano somos es producto de una metamorfosis. nal de su vida, respondía exactamente a la pregunta
Todo surgimiento de conciencia "repercute" en los que va en 1936, en La dialéctica de la duración, el fi-
profundos pasadizos donde se entenebra nuestro pa- lósofo de las ciencias que era se había visto inducido
sado, y todo nuevo instante proyecta su luz nueva so- a plantear: "¿Tendrá el hombre un destino poético?"
bre realidades jamás comprendidas cabalmente. En el Pregunta escandalosa en sumo grado.
propio acto se dibuja poco a poco un progreso que al
punto hace aparecer al mundo y a mí mismo. Pero ese Bachelard todavía no pensaba en el método fenome-
camino se enfrenta extrañamente a lo desconocido. Si nológico cuando redactaba sus primeros libros. E in-
es preciso "imbuirse de la total igualdad del instante cluso en las obras dedicadas a los elementos todavía
presente y de la realidad", también lo es convencerse aparece sólo en filigrana. Tal vez no se inclinaba aún
de que el hombre está solo, no consigo mismo, sino de- por aquellas "imágenes" que, en vez de ser lo que ex-
solado de sí mismo, abandonado de sí mismo, aislado travía una búsqueda de conocimiento objetivo, antes
de su pasado por los bordes del instante en que lo en- que nada son "raíces de la realidad". "Por un privi-
cierra un tiempo desgarrado. legio único, se constituyen en imágenes verdaderas."
Se desliga de sus funciones. Helo aquí heterogéneo, Esta frase, en que la noción casi epistemológica de
sin límites asignables, sin identidad aprensible. No es verdad viene a calificar el mundo imaginario, la escri-
sino el "material neurótico" sobre el que opera el psi- birá apenas al final de su vida. Pero, ¿no es legible ya
coanálisis "que puede hacernos creer que la energía a lo largo de sus primeros libros? ¿Es posible reescri-
116 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 117

bir un libro? Cuando pregunté a Malratxx por qué no Ciertamente, menos para examinarlos que para expe-
retomaba la continuación de Los nogales de Alten- rimentarlos. No tiene intención de explicarlos y de
burgo, destruida por los alemanes, me respondió: justificarlos. Antes bien, se negaría a hacerlo. Su her-
"Una obra de imaginación no vuelve a hacerse". Sin menéutica es singular. No traduce unas palabras.
duda. La idea me pareció evidente. Largo tiempo Suscita otras nuevas. No descifra un sentido. Antes
pensé en ella. Me parecía que en efecto no se podía bien, agregaría sentido al sentido y enigma al enigma.
volver a hacer. Por próxima a la primera que esté la Actúa de tal suerte que tanto el nuevo sentido provoca
obra reiniciada, por semejante que se pretenda, no enigma como el antiguo enigma da sentido y viceversa.
puede re-producirla, sólo alterarla. El propio recuer- Se trata menos de un texto pasado que quiere poner
do que pudiera conservar de ella amenazaría más al día que de un texto nuevo al que pretende constre-
bien con obstruirla y extraviarla. Sería preciso acep- ñir a iluminar el antiguo con sus luces enigmáticas.
tar rio acordarse, dejar tal vez todas las oportunida- En pocas palabras, su hermenéutica procede median-
des para otra obra... Pues, en efecto, no sería la mis- te descubrimientos, avanza y, método poético, profesa
ma, sino otra. "Una obra de imaginación no vuelve a que es preciso ir
hacerse."
Aunque precisamente, ¿no sería ésa una nueva opor- au fond de /' inconnu pour trouver du nouveau.
tunidad? No de rehacer sino de hacer algo nuevo. De [al fondo de lo desconocido para hallar algo nuevo.]
hacer de nuevo. Y además, en el caso de los libros de
Bachelard, éstos son obras sobre la imaginación, in- No se acepta con facilidad que un filósofo sea poeta
cluso si la imaginación conspira en su elaboración. Salvo al cabo de algún tiempo y electivamente en el
¿Es o no posible operar diversos descubrimientos so- caso de los presocráticos, cuyos fragmentos decepcio-
bre un mismo tema, por más cercanos que estén unos nan a los rumiantes de los sistemas. Hay algo tranqui-
de otros? Pues, al fin y al cabo, ¿no hay ejemplos de lizante en la mueca que algunas personas hacen al decir
autores que han pasado la vida diciendo de mil ma- de Bachelard: "Es un poeta", pensando desacreditar
neras cosas muy semejantes y diferentes, como vemos así su reflexión. Dándose cuenta de que no es desacre-
que son todas las cosas del mundo? ditarlo concederle un poder que toda su obra exalta,
De suerte que no acogí corno una empresa absurda otras le niegan al mismo tiempo ser tanto filósofo
el sorprendente proyecto abrigado por Bachelard de como poeta. Entre dos sillas desaparece de la mesa de
ceder a las ganas de rehacer sus libros. Por el contra- los profesores. Siendo inclasificable, en consecuencia
rio, me parecía que podía entrar dentro de un método tal vez no exista.
de la creación y que debía formar una especie de arte Y, en efecto, tal vez no sea ni filosofo ni poeta en el
poético. En él se restituían al autor sus derechos a de- sentido en que lo entienden los espíritus escolares. No
clararse el hermeneuta de sí mismo. ¿Que los críticos escribe en verso. Razona. Enseña. Pero sueña. No hace
pretendían encerrarlo en lo que había dicho y remitirlo confidencias sobre sus amores. Incluso afirmaría que
a sus enigmas? A ellos se remitía él antes que nadie. escribir es ocultarse. Mas, ¿de quién es esta frase?
118 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 119

"Antaño, en un antaño por los sueños misinos olvida- sa el abrigo de la distancia y la perspectiva del pro-
do, la llama de u n a vela hacía pensar a los sabios." blema. La manera de leer la poesía es un mimologis-
¿No hace en cierto modo eco a: " U n a vez, en u n a lú- mo. Es preciso desposar la propia cosa; el objeto que
gubre medianoche, mientras me adormecía débil y compone las palabras no deja escapar de sí n a d a cuya
fatigado sobre un m u y curioso y raro volumen de sa- fuerza no reforme al punto. Qué lenguaje tan extraño
ber olvidado..."? Que, desde luego, es de Mallarme, a p a r a un filósofo el que resiste a su sentido y aspira a
quien nadie niega el título de poeta, ni siquiera cuan- una existencia distinta e insensata.
do traduce a Poe, a quien igualmente nadie, etcétera.
¿Y pertenecen o no a la poesía gnómica estas frases En la lectura de un discurso lógico el espíritu va de
que otras tantas páginas nos dan?: argumento en argumento encadenado por los luego,
los así y los por tanto. Sin embargo, es libre de inte-
El hombre es una superficie para el hombre. r r u m p i r su curso p a r a examinarlos, no sin mantener
Todo lo que miro me mira. presente su sucesión. La continuidad instituida por
En el agua dormida reposa el mundo. esos eslabones que unen los momentos de la reflexión
Qué caracol es la palabra rumor. lo lleva a operaciones paralelas en que él mismo se
Estoy solo y por tanto somos cuatro. complace en vincularse. Los fragmentos de esos dis-
Cuando respira la memoria son buenos todos los olores. cursos al p u n t o hacen aparecer en sus bordes la au-
Bajo su madera roja el armario es una almendra muy sencia de cadenas que los justifiquen. H a n obrado a
blanca.
modo de atenuar los efectos de todo lo que el pensa-
Imagino esta obra destruida y encontrada p o r frag- miento tiene de espontáneo y de sorprendente, de suer-
mentos. Al p u n t o se agregaría a esos presocráticos te que toda proposición parece derivar de la anterior
que están tan de moda. ¿Qué es entonces la poesía sino y propone la ilusión de u n a vasta u n i d a d encontrada
tal vez simplemente u n a combinación de p a l a b r a s en un espacio de tiempo lo suficientemente largo para
que poseen la singular propiedad de impedir al signi- simular la duración inmóvil.
ficado, o a los significados que de ella se siguen, abolir ¿Habrá que convenir que, para un filósofo que me-
la figura sensible? "Lenguaje libre respecto de sí mis- dita en el desgarramiento del tiempo en cada uno de
m a " , también lo es respecto del sentido que porta. No sus instantes, que quiere vivir el propio estallido en
es posible traducirlo ni trasponerlo, sin anularlo total- que el tiempo en-cada-uno-de-sus-instantes propone
m e n t e en otra figura. Y esa resistencia que la poesía la evidente irrupción de la realidad, aun cuando razone,
opone a la función de comprender la hace enigmáti- aun c u a n d o introduzca en el tropel de surgimientos
ca. No es que su sentido no sea claro, lo que constitu- instantáneos la rigurosa perspectiva» de su proyecto,
ye un enigma, sino que no sea todo de ella misma. Al queda convencido de vivir y de morir en c a d a - u n o -
punto ha dejado ya de ser esencial y la realidad es la de-sus-instantes, cada uno de los instantes en que la
figura de las imágenes sonoras, a la que ya no deja- realidad le entrega sus secretos? A cada "por consi-
mos de enfrentarnos en un cuerpo a cuerpo que recu- guiente", p o d r á n derivarse otras consecuencias a las
120 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 121

que esta vez algo sin d u d a impide ser y p e r m a n e c e n imagen, con un amor que deslizo en los libros... Pero es
desconocidas. Pero a las que tal vez otro tiempo, otras una bendición que no salga de mí.
cosas en otra ocasión dejarán aparecer.
P o r eso propongo un método de lectura de Ba- Descubrimos que el arte es un producto de la pare-
chelard que sea un método de lo discontinuo, que ja autor-consumidor y que, contrariamente a lo que
sepa interrumpir cada instante el curso del razona- creía el prometeísmo romántico, de los miembros de
miento, superponerle las altas verticalidades de los esa pareja el que puede ausentarse mejor no es el con-
instantes, que instantáneamente pueda exaltarse en el sumidor sino el autor Aun cuando su lector leyéndolo
descubrimiento y hundirse en la repercusión profun- h a g a la experiencia de u n a extraña comunión con
da de su resplandor. En pocas palabras, que m a n t e n - otro ser que es su "semejante", su " h e r m a n o " , p a r a -
ga sin cesar esa obra futura. Es preciso saber ¿destruir dójicamente. el poeta se ha hecho menos necesario para
y construir su orden vivido, leer al revés v al derecho, el poema que el lector, el escultor para la estatua que el
al azar y en todos sentidos, provocar sus sorpresas, espectador. La estatua nace de cierta mirada, el poe-
ponerla en perspectivas inesperadas, tal vez de sí mis- ma de cierto silencio. El arte en bruto ha confiado al
m a , leerla y releerla, y volver a releerla, indefinida- consumidor la decisión que hace de un objeto de la
mente como un poema que no se agota nunca en sus naturaleza, de una figura del m u n d o de la apariencia,
significados: " L a literatura empieza con la segunda u n a obra de arte. Y p a r a ser bella, toda obra de arte
lectura". Desligada del discurso al que la plegaba la precisa en lo sucesivo de la elección que su lector o su
modestia del filósofo, leída en las emergencias de mil espectador hace de ella. El autor repetirá "yo es otro"
fragmentos reunidos, y m á s profundamente compro- o "yo no soy un poeta", esperando del lector o del es-
metida en sí misma, parece ser lo que es: un grande y pectador que está en él el juicio que conferirá a un ob-
numeroso poema gnómico. jeto que él mismo ha echado al m u n d o la dignidad de
No juraría yo que Bachelard no haya escrito nunca la belleza.
versos. Ciertas palabras evasivas, acompañadas de un La poesía que se escribe en Francia con frecuencia
movimiento de la m a n o me permiten creer lo contra- es como si no existiera, a falta de haber aprendido
rio. Lo cierto es que jamás los enseñó. Y sin d u d a buenamente sus lectores eventuales a leerla y a darle
abandonó muy prematuramente su preocupación por el a m o r que la hace aparecer y hace efectivos sus fa-
ellos. Cierto día en que hablábamos del nacimiento de vores. El orgullo de lector con que Bachelard invitaba
las imágenes y en que yo lo impulsaba a confesar que a los aficionados a conocer la poesía tal vez no tenga
él mismo... más sentido que situar en la poesía un m u n d o que,
p a r a ser, exige u n a adhesión de singular naturaleza.
No —me dijo—, pues siempre he tenido dos oficios... No De todos modos fue m u c h a b o n d a d por parte de
quiero permitirme soñar. Se necesita que un poeta llegue Bachelard declarar públicamente que a nuestro en-
de pronto a mi mesa, y entonces olvido, evidentemente, cuentro ocurrido en 1939 hay que imputar su decisión
olvido mi trabajo... Y allí estoy en camino de amar la de dedicar, t a m b i é n , su vida a lo imaginario y a la
122 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 123

poesía. Igual lo habría hecho sin mí. Por lo demás, no Bachelard hablaba poco de su pasado, de su juven-
me había esperado para a m a r la poesía. Sin embargo, tud. Había que impulsarlo. Pero cuando llegaba a re-
no a c o s t u m b r a b a h a b l a r p a r a no decir n a d a . ¿Qué cordar a Roupnel, su voz c a m b i a b a . Se hacía más
deseaba significar más allá de un gesto de afecto, e in- profunda, se envolvía en un calor que agravaba el ale-
cluso cediendo a ese gesto, queriéndolo hacer públi- jamiento del recuerdo. Cierta impaciencia de reunirse
co? Me parece que lo que dimos a Bachelard a partir con el amigo perdido la hacía precipitarse, como la
del 1939 y, sobre todo, de 1941, cuando vino a insta- hacía suspenderse el sueño de una presencia recupe-
larse en la plaza Mauber de París y empezó sus cursos r a d a de pronto. Bachelard evocaba antiguas palabras,
en la Sorbona, fue la animación de sentirse escucha- inflexiones que en lo sucesivo sólo él oía y hacia las
do y solicitado, de sentirse urgido de ser futuro. Se oía cuales orientaba su silencio. "¿A dónde va la luz de
oído, se veía visto y se leía leído. Y acosado por nues- u n a mirada cuando la muerte pone su dedo frío sobre
tras preguntas, mezcladas con las que él mismo se h a - los ojos de un m o r i b u n d o ? " Cierto día en que yo ha-
cía. En discusión, por nosotros, consigo mismo. Sa- bía logrado convencerlo de dejar registrarse en una
cado de su soledad y devuelto a su soledad todos los g r a b a d o r a la conversación que sosteníamos: "¡Ah!",
días. Éluard, Queneau, Frénaud, Guillevic, Benjamín dijo interrumpiéndose y m i r a n d o el a p a r a t o , "nos-
Fondane, Ubac, Noel Artaud asistieron a sus cursos. otros no teníamos n a d a p a r a conservar u n a voz y ni
El interrogaba largo tiempo a sus obras y a lo que él siquiera usted tiene n a d a aquí que hubiera fijado el
mismo decía. A lo largo de conversaciones en que ademán de lo que él decía".
se bromeaba fuerte, compartíamos los raros pollos "Permítame decirle que coa Roupnel tuve", me dijo
del mercado negro, las raciones de vino. E r a n a q u é - Bachelard ese día, "tuvimos al punto simpatía de mo-
llas "las verdaderas fiestas de la a m i s t a d " , decía destia."
Bachelard. Oigo su voz pronunciar esas palabras. En verdad la
oigo. No lo invento, como se dice tan bien en francés.
Gran sentimiento ése en la vida de Bachelard. La Está allí en la cinta magnética que giraba en silencio
amistad fue en él cuidadosa y fiel, atenta y respetuo- mientras h a b l á b a m o s y que hoy me la restituye fiel-
sa, conmovida y generosa. Veinticinco años de sus do- mente. Me dice todo lo que a ú n busco oír. Todo
nes me dejan perdido desde su muerte. Bachelard instantáneamente está presente aquí. Pero
La amistad no es un sentimiento tan común. P a r a desesperadamente. Privado p a r a siempre de futuro,
experimentarlo claramente se necesita ingenuidad, se de agregar a esas palabras otras palabras nuevas.
necesita el don de maravillarse, el placer de admirar: Ante la insistencia con que se pronuncian las palabras
"al m u n d o se entra admirándolo", u n a voluntad sos- que he citado siento que esa simpatía de modestia
tenida con dignidad, "esa nobleza del p o b r e " , como claramente es otra cosa que u n a confidencia psicoló-
dice él, y generosidad. Cuando en 1930 es n o m b r a d o gica. En el hombre engendrador de realidad que ama-
profesor en Dijon, conoce allí a Gastón Roupnel, el ba Bachelard, la modestia del trabajador se alia al or-
autor de ese gran libro que es La campagne frangaise. gullo de la provocación. Es su dignidad. La modestia
124 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 125

es también un método. Conduce el espíritu a evitar las medio de análisis. No explica. Lo cual sería una pobre
t r a m p a s de la suficiencia. F o r m a p a r a el respeto. p r u e b a de afecto, u n a falsa p r u e b a de simpatía. ¿Se
Ayuda a admirar. explica acaso la poesía? "Una intuición no se prueba,
Poco más adelante, en la cinta magnética, la pala- sino que se experimenta." Quiere explicitar, dice. Des-
bra bondad viene a agregarse al nombre de Roupnel. pliega su vida pensativa p a r a invocar un libro cuyas
bellezas le ofrecen a su vez las claves secretas de la
Simpatía de bondad amistad. Todo aquí le enseña u n a m a n e r a de condu-
cirse. Y más que conducir sus pensamientos, lo que de-
La paradoja de toda gran obra, y singularmente de sea es conducir su vida. O, antes bien, puesto que vivir
toda obra poética, es que remite indefinidamente a sí es pensar, es encontrar el modo de pensar su vida vi-
misma y fuera de sí. Invita a dos conjuntos igualmen- viendo su pensamiento.
te abiertos: el qué constituye la conciencia del lector "Por t a n t o , retomamos las intuiciones de Siloe lo
donde nacen, además de las nociones que ésta profe- m á s cerca posible de su origen y nos esforzamos por
sa, ideas que no ha hecho explícitas pero que excita en seguir en nosotros mismos la animación que esas in-
él. y el que fomenta la larga expresión de un pensa- tuiciones podían dar a la meditación filosófica." Ese
miento que, sin embargo, un buen día es detenido por acto de retomar el pensamiento de un amigo en el
la muerte y permanece abierto dentro de sí mismo en la pensamiento que se vive, que es absolutamente preci-
cerrada red de las figuras múltiples, de las innumera- so vivir entonces, esa m a n e r a de empezar por devol-
bles combinaciones que autoriza indefinidamente, tal
ver futuro a momentos de conciencia pasados y al pa-
vez porque se ha negado toda sistematización y se ha
recer inmovilizados en un libro, esa animación de sí
definido por su enfrentamiento a lo que en él sigue
que es reanimación del otro agrega una exaltación de
siendo un futuro. Bachelard sabe que el pensamiento
afecto y agradecimiento al placer de vivir. La vida re-
de que quiso apoderarse sobreviene en el instante. Es
clusa del estudio está allí en comunión con un ser de
un pensamiento a punto de, maravillado ante u n a rea-
pronto real. La soledad a que el instante nos remite
lidad instantánea, sorprendido ante la verdad. La con-
sin cesar es rota sin cesar por ese progreso del espíri-
ciencia de la que ha hecho el lugar de una alabanza y
tu que en su paso arrastra el paso que lo arrastra, que
de un "asombro de ser" es la conciencia del umbral.
empuja ante sí la real presencia que lo empuja. La
En la meditación del tiempo que le propone Roup- b o n d a d de Bachelard quería que el hombre reconocie-
nel, Bachelard capta esa revelación de un u m b r a l que ra la felicidad fraterna que propone el pensamiento
siempre se vuelve a empezar. Que se a b a n d o n a y se verdadero.
encuentra sin cesar. La amistad que sentía por el No veo ningún otro método recomendable p a r a
compañero de sus paseos borgoñeses y la complicidad quien se ponga a leerlo. Si se piensa buscar en su obra
p a r a sus intuiciones autorizan un método de la sim- un sistema, hay que desconfiar de un hombre que
patía. Debo decir que Bachelard hizo en la amistad la profesaba que había quedado atrás la era de los gran-
experiencia de un método de descubrimiento y de un des sistemas. Metafísico sin duda y, claro está, su obra
126 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 12V

u n a metafísica del ser; pero que dice ser un camino a su valor. No sin ironía: "Una filosofía del reposo no
abierto a u n a b ú s q u e d a viva, m á s que un saber, u n a lo es de todo reposo".
manera de preguntar más que u n a respuesta. A la co-
herencia de un pensamiento racional le conserva No hay valor h u m a n o natural. Estamos y no estamos
la posibilidad necesaria p a r a que no se p u e d a ence- en el m u n d o . Aún debemos poner en él ese cuerpo que
rrarlo en una definición escolar donde a veces se deja es del m u n d o , y volver a ponerlo sin cesar. ¿Qué me-
deshacer la razón más clara. dios desesperados nos auxilian? En u n a impaciencia
Los lazos que el pensamiento establece consigo profunda y fraterna dos grandes muertos alian en mi
mismo son a la m a n e r a del guiño más que del corsé. soledad la injusticia de su ausencia. E l u a r d y Ba-
Fuerza es que cada cual se convenza de que, según chelard sabían por igual que " p a r a fortalecer un co-
frase del prefacio a El psicoanálisis del fuego, leyendo razón es preciso duplicar la pasión por la moral". El
esas obras no enriquecerá en n a d a sus conocimientos hombre es u n a decisión. Nuestros valores se inscriben
ni.acumulará haberes perecederos, pero exaltará su ca- al término de la acción mediante la cual hacernos nos-
pacidad de vivir, agudizará su- arte de conducir su vida otros mismos, de los instantes que vivimos, nuestro
pensativa y aprenderá a burlarse de sí mismo. tiempo.
Descifrará u n a biografía de la sapiencia asombra- Enteramente orientada a no ver en nosotros sino el
da. Rastreará una trayectoria ejemplar en que los be- producto enfermo de antiguos accidentes, la psicolo-
llos campos de la soledad, del valor, del silencio y de gía distingue m a l las bellas perspectivas que nos
la palabra, del ensueño y de la realidad se abrieron abren nuestras sorpresas. ¿Será cierto que nos mue-
p a r a una voluntad de hacer al hombre bien, y de ha- van necesidades tan simples? ¿No lleva consigo el len-
cerlo amigable. guaje en que transformamos sus impulsos ninguna
realidad ni n a d a del m u n d o que nos abre? Si se co-
Se t r a t a de u n a virtud. Invito al lector a a b a n d o n a r nocen los mecanismos mediante los cuales llega a suce-
aquí las ideas que la escuela p u d o imbuirle sobre lo der que necesidades ingenuas se transformen en be-
que debe ser un filósofo. Es necesario imaginar a un llas palabras, se olvida que la belleza de las palabras
sabio, cuya ambición es responder por esta vida. Para ha a c a b a d o por triunfar sobre las necesidades que
sí; p a r a todos. La intersubjetividad de los sueños lo creíamos que sólo ellas expresaban, al grado de for-
lleva al m u n d o común. Se aplica a conducir su exis- zarlas a delegar su energía p a r a fines diferentes. Ha-
tencia fuera de las agitaciones cotidianas. En ellas nos blar no es traducir cierta sensación de malestar, sino
perdemos. Fuera de los yerros de las pasiones. En ellos entrar en el m u n d o de la p a l a b r a en que operan ex-
nos extraviamos. Él pretende izarse hasta los tiempos traños poderes.
intensos en que es posible desarrollar u n a filosofía del El poeta agrega a las cosas aquello que se alia a sus
reposo.
poderes secretos. Lo que equivale a lanzarlas en una
Bachelard sin duda alcanzó ese objetivo que, desde realidad que llevan en sí, pero oscuramente. Las cosas
el principio de La dialéctica de la duración, asignaba se ponen a despertar indefinidamente en mí, quien las
LA POÉTICA DE BACHELARD 129
128 LA POÉTICA DE BACHELARD
ción operan atracciones incansables en esa alma me-
interrogo en las palabras que las n o m b r a n , en ensue-
tafísica. La palabra " p u r a " se repite una y otra vez en
ño sonoro formador de palabras. Las palabras propo-
su obra. "Una conciencia p u r a " escribe en la Dura-
nen revelar indefinidamente un algo de realidad en
ción. "Un instante puro", "un principio puro" y "el acto
las cosas. Les impacientaría el sonsonete del corazón.
p u r o " en Lautréamont. "La espontaneidad p u r a " en
Quieren m á s . Cada instante la muerte del instante
el último texto de introducción a La poética del fénix.
prohibe al poeta detenerse e impulsa su historia hacia
Apareciendo con tanta frecuencia, ese atributo me-
un "después" interminable. Somos los seres del meta
rece sufrir u n a mutación sustancial. Fuerza es hablar
y del supra. Los prefijos de la conversión nos desig-
de pureza, de la pureza como factor de realidad. En
nan. Suprarrealistas o supranaturalistas, se trata siem-
la nomenclatura de los elementos objetivos que deben
pre de los poderes de la metamorfosis. Y toda conducta
desprenderse de la confusión del m u n d o donde actúa
h u m a n a es meta-física.
el lenguaje, la pureza se debe considerar una prueba
de ser y tal vez incluso un motor, u n a fuente de ener-
" L a meditación en el tiempo es tarea preliminar de
gía. Cuando, en las matemáticas, Bachelard exalta "la
toda metafísica." Y es cierto que toda la obra de Ba-
alegría de vivir abstractamente la no vida" es que, sin
chelard es metafísica y que sería no comprender n a d a
duda, hay una vida impura que no puede llegar al ser.
de ella considerar a la imaginación de que allí se trata
Si es preciso "apartarse de las obligaciones del deseo",
como u n a noción psicológica, como aquella que, en
"quebrar el paralelismo de la voluntad y la felicidad"
los manuales especializados, se estudia entre la per-
es que, p a r a ser, todas las cosas pueden y deben sufrir
cepción y la memoria.
una metamorfosis. La no vida no es ninguna otra par-
La imaginación es u n a facultad específica. "A ella
te, ningún anywhere out of the world. Siendo igual a
pertenece esa función de lo irreal, que psíquicamente
la vida, su ausencia es tan sólo ingenuidad. Pues es el
es tan útil como la función de lo real." Quizás podría-
aquí mismo y el ahora transformados en sí mismos.
mos leer La poética del ensueño como u n a Crítica de
"La función principal de la poesía es transformar-
la Imaginación Pura. Bachelard sin duda habría pre-
1 Ti nos." Y: "a algunos poetas solitarios les está reservado
ferido a ese título el de "fantástico trascendental que vivir en estado de metamorfosis p e r m a n e n t e " . Por
en ocasiones t o m a b a con gula de Novalis. "Un hom- eso, "no se puede reproducir lo bello; antes que nada
bre debe definirse por el conjunto de tendencias que se debe producirlo. Lo bello toma de la vida... ener-
lo impulsan a superar la h u m a n a condición." Al ser- gías elementales que primero se transforman y luego
vicio de esas tendencias pone la imaginación las ar- se transfiguran".
mas de las palabras. El m u n d o aparece en ellas. El matemático y el poeta se unen. El alma matemá-
Bachelard citaba a Novalis: "De la imaginación tica de L a u t r é a m o n t "se acordaba de las horas en que
productora deben deducirse todas las facultades, to- detenía sus impulsiones, en que aniquilaba en él la
das las actividades del m u n d o interior y del m u n d o vida p a r a obtener el pensamiento, en que gustaba de
exterior". la abstracción como de una bella soledad". Pero es en
Los valores de conversión, de redención y de purifica -
130 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 131

Éluard en quien Bachelard halla la p r u e b a de que hay La memoria objetiva y fechada, con sus acaecimientos,
"almas p a r a las cuales la expresión es m á s que la es para Bachelard una mentira del hombre para sí y para
vida". los demás, y sobre todo una pequeña leyenda, inventada
por los adultos. Más allá de esos "hechos" localizados,
vive en nosotros una niñez real y permanente; por lo de-
La propia vida y sólo la vida p u e d e ser m á s que la más, no surge sino tardíamente, en la vejez, cuando se
vida. La vida n o m b r a d a . El lenguaje es un m o d o de atenúan los ruidos de la existencia... Bachelard opera au-
existencia. En él se produce el descubrimiento. No re- daces inversiones: la infancia se constituye en un porve-
produce el m u n d o sino lo produce. Lo que lleva en sí nir en reanudación perpetua, en una creación continua...
no existe ni fuera ni antes de sí. No se agrega a la vida,
sino agrega a la vida. Y es la vida y siempre la vida la Y es cierto que en esa obra encontramos infancia y
que en él se agrega a la vida. recuerdos. Algún día tal vez se saque de esos libros
una "historia de mis ensueños" en la que se leerá:
Aunque se vuelva hacia el p a s a d o , la p a l a b r a se en-
frenta a un "todavía n o " , impone a las confesiones la Nací en una región de arroyos y de ríos, en un rincón de la
ausencia en que se encoge algo del futuro. "El ensue- Champaña de los valles, en el Vallage, llamado así a cau-
ño orientado a la infancia no consiste realmente en sa de sus innumerables valles. La más bella de las mora-
acordarse... Toda la poética de Bachelard se rebela das estaría para mí enclavada en un valle pequeño, a ori-
llas de un agua viva, a la sombra breve de los sauces y de
contra ese falso realismo", escribe Francoise Dago-
los juncos. Y al llegar octubre, con sus brumas por encima
gnet en el excelente libro que dedicó a su amigo, de~l río...
quien también fue su maestro.
Bachelard a d m i r a b a a esa antigua a l u m n a suya. Cuando estaba enfermo, mi padre encendía el fuego en
Sin d u d a también se tenían "simpatía de modestia" mi habitación. Ponía gran cuidado en parar los leños so-
Su pasión por la enseñanza era u n a forma m á s de ese bre la leña menuda, en deslizar entre los morillos el pu-
don que tenía p a r a la amistad. C u a n d o quería a al- ñado de virutas....
guien era preciso que se compartiera esa amistad.
E r a , m á s que un sentimiento, u n a conciencia de los De los dientes de la cremallera colgaba el negro calde-
valores. ro. La marmita se adentraba en tres pies en la ceniza ca-
Francoise Dagognet señala que a partir de La poé- liente. Soplando a lodo pulmón en el cañón de acero, mi
abuela reavivaba las llamas adormecidas.
tica del espacio Bachelard mezcla m á s su propio
e n s u e ñ o con las i m á g e n e s de los p o e t a s en las que Para las grandes fiestas de invierno, encendíamos en
b a s a su reflexión. Se creería que r e c u e r d a , que se mi niñez un brulote. Mi padre echaba orujos de nuestra
vuelve, que renuncia a parte del porvenir por las com- viña en un platón. En el centro colocaba terrones de azú-
placencias morosas del pasado, que se conmueve con- car rotos, los más grandes de la azucarera. En cuanto el
tándose. Pero no; en el p a s a d o mismo descubre algo fósforo tocaba la punta del azúcar, la llama azul bajaba
del futuro. con un ruidito hacia el alcohol extendido. Mi madre apa-
132 LA POÉTICA DE BACHELARD
LA POÉTICA DE BACHELARD 133
gaba la suspensión. Era la hora del misterio y de la fiesta
un tanto grave... Lo que me arroja a la muerte es también lo que me
da ocasión de renacer.
Un pozo marcó mi tierna infancia. Nunca me acerca- Pues en ningún momento somos la suma de nues-
ba a él sino tomado de la mano de un abuelo. ¿Quién de tro pasado. Cada instante que se descubre es lo que
los dos tenía miedo: el abuelo o el niño?... cada instante da sentido a la historia insensata que ya
vivimos y lo que concede a nuestro esfuerzo un poco
Es preciso leer esos recuerdos como los de un futuro, del sentido que necesitamos para apropiarnos de un
como los de una infancia por formar, como los de una alma que será la nuestra.
poesía por esperar. No se puede dejar de vivir, de ga-
nar la vida contra la vida. Fijar nuestro pasado sólo Un poco de felicidad es posible en este mundo. Aun
significaría fijarnos en nuestro pasado. Los dramas cuando su presencia se haga con una ausencia acosa-
que encontráramos en él derivarían de una represen- da para siempre:
tación. Tal vez satisfarían cierta complacencia ro-
mántica a considerarnos y a querer que nos consideren la felicidad más pura, la que se ha perdido.
un lugar de bellos desastres. Un personaje es lo que
definirían. Lo contrario del hombre que Bachelard Es posible que, para ser, toda felicidad antes tenga
quiso vivo y feliz. que perderse. El hombre es la vasta energía de su
trasmutación. De ese modo es hasta la muerte su pro-
A la mitad de su vida y diestro en el ejercicio de bur- pio futuro. Ésa es sin duda su libertad. Nuestras pa-
larse de sí mismo, Bachelard aprendía a consentir no labras nos alian en nuestro ensueño a nuestro porve-
en lo que era sino en lo que necesitaba ser para ser. nir. No son expresión "de un pensamiento previo".
Vivir con el trabajo es una moral. Una moral metafí- Son el nacimiento mismo del pensamiento. Lejos de
sica nace con La intuición del instante. "Para quien ser esclavos de nuestro pasado y de estar encadenados
se espiritualiza", dirá después Bachelard, "la purifi- a nuestros remordimientos y atados a nuestros temo-
cación tiene una suavidad extraña y la conciencia de res, somos la franqueza de ser lo que no somos. Es
la pureza prodiga una extraña luz." preciso una poética para sacar de su ausencia a ese ser
Las conductas de la purificación suponen la posibi- para siempre por venir. La tiniebla extrema, eso des-
lidad de los nacimientos reiterados. Quieren que el conocido puro que espera que lo iluminemos al mis-
instante desgarre la fatalidad temporal, que la dis- mo tiempo que nos ilumina con su destrucción, nos
continuidad autorice acaecimientos sorprendentes. Si brinda nuestra figura secreta. No aún sino siempre se-
"el luto más cruel es la conciencia del porvenir trai- creta. Nuestra figura del secreto. Somos el animal que
cionado", la evidencia del tiempo obstinado provee- por sí mismo se asigna a sí mismo su descubrimiento
dor de asombro, de sorpresa y de novedad se asocia a sin fin. En la obra de Bachelard la novedad es un fac-
esa revelación inicial del sufrimiento, a esa irrupción tor de realidad. La poesía se designa con ella como
del instante expoliador. "una de las formas de la audacia humana".
134 LA POÉTICA DE BACHELARD LA POÉTICA DE BACHELARD 135

Para el espíritu enamorado de saber y de vivir, antes entregado al pasado que me engulle. La verdadera
que nada todo conocimiento es falible y toda vida está vida está presente porque está siempre por ganar.
ausente. ¿Qué Siloé nos permitirá "comprender el or- Actúa en cada uno de nuestros desvelos. Es contem-
den supremo de las cosas? ¿Qué gracia divina nos poránea de nuestras palabras. Como el ave de fuego,
dará el poder de conceder el principio del ser y del renace y nos invita a renacer de sus cenizas. No basta
pensamiento?" Hay un camino de la ciencia y uno de con decir que para nosotros es posible una nueva
vida. Es preciso afirmar que también es "un destino
la poesía. Sin haberse obstinado nunca en reconciliar
para el hombre". La filosofía de Bachelard la instau-
sus poderes diurnos con sus potencias nocturnas,
ra en una sonrisa maliciosa; una nueva vida tal vez no
Bachelard señaló que, sabio o poeta, el hombre no es
sea simple y sencillamente sólo la vida nueva, la vida
un ser dado. El hombre se hace. Como en poesía,
siempre y a cada instante nueva.
"todo progreso real del pensamiento científico necesi-
ta una conversión". Fuerza era que, pasando por El psicoanálisis del
A un sabio para quien la belleza progresa en la obra fuego, el último libro de ese sabio fuese La poética
de los poetas y de los artistas, para quien hay progre- del fénix. Fuerza era que el primero en introducirnos
so en el arte y, por consiguiente, progreso en la vida, a las metamorfosis de la pureza fuese La intuición del
hay que leerlo en términos de progresión. Es preciso instante.
seguirlo, viviendo su exaltación. "La poesía es una
admiración, exactamente en el nivel de la palabra, en
la palabra y por la palabra."
Sólo se escapa de la muerte escogiéndola. No de
la del ser absoluto, sino de la del tiempo humano, de la
que actúa sobre el tiempo y lo desgarra, aquella cuya
irrupción en nuestra existencia hace posible la salien-
te de la vida; el vacío en el cual arrojamos nuestra vo-
luntad; la ausencia en pos de la cual comprometemos
incansablemente nuestra libertad por nacimientos no
previstos.
Allí es el hombre igual al mundo, dado con las co-
sas, y en realidad contemporáneo suyo. Lo que el ins-
tante nos ofrece es ciertamente "un ser y unos objetos,
a la vez". A orillas del mundo, el mundo y nosotros 9
vacilamos con la misma vacilación. A punto de ser,
durante el instante de un instante, aún no soy lo que
se aniquila. Existiendo durante el instante de un sur-
gimiento, de una invasión del silencio, no me siento
»

BIOGRAFÍA

Gastón Bachelard nace el 27 de junio de 1884 en Bar-


sur-Aube, donde sus padres tienen un expendio de
tabaco y periódicos. Pasa sus primeros años en esa
ciudad. En 1903, habiendo obtenido su bachillerato,
entra en la administración de correos, a la cual per-
manecerá ligado hasta 1913. A disponibilidad por
razones de estudios, prepara desde esa fecha el curso
de alumnos ingenieros de telégrafos y termina al mis-
mo tiempo su licenciatura en matemáticas. Pero
Bachelard no será ingeniero; en 1919, después de la
guerra, su vida da un giro: entra en la enseñanza
secundaria como profesor de ciencias en el colegio de
su ciudad natal. Agregado de filosofía en 1922, logra
permanecer en Bar-sur-Aube como profesor de cien-
cias y de filosofía. En 1927 sostiene sus dos tesis: Essai
sur la connaissance approchée y Etude sur Vévolution
d' un probleme de physique: la propagation thermi-
que dans les solides. Estas dos obras constituyen el
preludio de numerosas publicaciones, de las cuales las
más conocidas son los estudios dedicados a la imagi-
nación al contacto de los elementos naturales. La
Facultad de Letras de Dijon lo llama en 1930, y luego
también la Sorbona en 1940. Gastón Bachelard muere
en París el 16 de octubre de 1962.
9

137