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EL SILBIDO MACABRO

CARLOS DOPICO
Entramos en la habitación meditando en silencio, pensando en los hechos que nos habían llevado a
actuar de tal forma, rebuscando en nuestro pasado un pequeño origen de nuestro desprecio hacia lo
divino y hacia nuestra inclinación por la belleza bizarra de las fogosas iluminaciones que emergen
de las tinieblas, adoradores de lo oculto…no, preferíamos llamarlo buscadores del éxtasis en el
inframundo, usurpadores de lo desconocido en busca de manifestaciones prohibidas. En aquella
habitación había una enorme mesa rectangular larga y robusta, la madera era vieja pero aún así se
mantenía en buen estado, como si de alguna extraña manera aún estuviese en uso diario, la sacamos
fuera con dificultad, dejando libre el espacio que se extendía de una pared a otra, desocupando la
enorme sala de oscura belleza. Sacamos varias sillas que tenían peor estado, estaban demasiado
viejas por el paso del tiempo, sus respaldos eran largos y oscurecidos pero a pesar de todo aún se
podía apreciar la belleza con la que habían sido trabajadas minuciosamente, ahora bañadas en polvo
y deterioro. Todo era hermoso y mágico, una indescriptible atmósfera de hechizo y tranquilidad.

La sala, con sus paredes empapeladas con un ya sucio y gastado papel amarillento, descolorido y
marchito por el abandono en el tiempo, poseía las huellas que delataban la presencia en el pasado de
cuadros de distintos tamaños, no tenía ningún mueble, a excepción de la mesa y las sillas, ya
llevadas al exterior por mi novia y por mí. El suelo estaba formado por largas tablillas unidas entre
si, algunas demasiado hundidas como para arriesgarse a caminar por encima, no había ni una sola
ventana.

Era el lugar adecuado para la invocación, el místico ritual que haría ascender de las profundidades
desde lejanas cámaras del tiempo a KHÚNTONM, el demonio sin figura, la entidad espectral de
viento negro y silbido errante…

Mi novia estaba nerviosa, pero perversamente emocionada, al igual que yo. Encendimos velas
negras alrededor de la sala, colocamos cráneos de perros, de gatos y cabezas decapitadas de
corderos sacrificados a lo largo de la estancia, todo un goce hacia los caprichos de los monarcas del
abismo… Nadie nos molestaría en la noche, la casa abandonada sólo era pasto de ratas y borrachos
que se acercaban a vomitar en las inmediaciones…

Me puse la túnica negra para ejercer de vínculo ancestral, mi novia desnuda empezó a bailar de
forma grotesca, mientras yo me disponía a recitar el encantamiento del profundo a la vez que
dibujaba en el aire con las manos, siluetas sin conexión ninguna…es la llamada de KHÚNTONM:

“estás atento a la llamada, dentro del círculo,


las llamas del infierno ascienden, ¡blasfemia!
la cruz está invertida,
en la inmortalidad renaces
bajo las garras del lobo y el abrazo de la serpiente,
el amor de la bestia,
hijo del abismo
escupes fuego hacia el reino de los cielos, ¡Ave Khúntonm!”

Mi novia entró en pleno éxtasis emocional, bailaba muy rápido, y su rostro se volvió cada vez más
diabólico y morboso, se reía con fuerza pasando casi al unísono a jadear como si de un orgasmo se
tratase. Cayó al suelo, acariciándose lentamente, con suavidad, pero con énfasis…Tuve la sensación
de sentir su orgasmo demoníaco de placer, las llamas de las velas se volvieron llamaradas de fuego
oscuro, observé dos cuernos emerger del abismo, una visión fantasmagórica. De repente, de la nada
surgieron extrañas siluetas de brujas bañadas en sangre, danzando y riendo sobre un pentagrama de
muerte, una de ellas abrió un libro prohibido, yo volví a recitar el conjuro del mal, pero ahora otras
voces pavorosas me acompañaban en cada palabra…
Solo faltaba la culminación de la llamada…Me agaché, cerré los ojos, di tres palmadas y rugí como
una bestia desquiciada, un maléfico sonido seguido de un soplo largo hacia el suelo…Esa era la
finalización del rito, sólo había que esperar…

Se oyó un débil silbido. Un perro empezó a ladrar afuera, seguido de un silencio total, mi novia
permanecía aún en el suelo, salpicada de sudor, entre dormida y despierta, de nuevo estábamos
solos, las extrañas visiones y voces habían desaparecido por completo…

La calma seguía, hasta que se volvió a oír un silbido, esta vez como un extraño susurro, parecía que
algo había tras la puerta de la sala donde estábamos.

Una a una las velas se fueron apagando, entonces me fijé que el humo de las velas, al apagarse, se
entrecruzaba entre si…Solo una vela permaneció encendida, pude contemplar entre la oscuridad
una masa pequeña de humo negro. Volví a oír un silbido, esta vez más agudo. Finalmente el humo
se evaporó y el silbido desapareció con él…

Las velas se volvieron a encender una a una, iluminando mi rostro de incertidumbre y pavor. Había
presenciado algo fuera de todo conocimiento humano, algo perversamente maligno estuvo despierto
durante unos instantes, lo sabía, pero se había vuelto a dormir, fui testigo de un acto sobrenatural,
algo que perseguía desde hacía tiempo.

Cogí a mi novia en brazos, estaba aturdida y apenas podía hablar del gran cansancio que parecía
pesar sobre su cuerpo y rostro. Abrí la puerta de la sala con dificultad para salir, pero al fondo del
pasillo no estaba solo la puerta de esa casa ahora embrujada. Ante la puerta estaba él, no había
duda, era KHÚNTONM, su sombra en el aire no me era ya desconocida, flotaba frágilmente sin
aspecto definible, macabro y blasfemo se deslizó por debajo de la puerta…

Despertó de un largo letargo, salió al exterior, subió desde los lejanos infiernos hacia un infierno
aún mayor. En esa época estábamos en guerra, pero todo empeoró cuando él despertó. Hubo más
muertes, más conflictos, enfrentamientos, angustias, devastación…

KHÚNTONM aún se desliza por los vientos con hambre de caos y muerte…¿es más fuerte el brillo
del fuego en el pecado, o la débil luz del rebaño en el miedo?

Carlos, 7 de Abril 2002.