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Las redes de empresas multimedia locales: quién

decide la realidad que vemos a través los medios de


comunicación en España.

Autor: José Almeida González


Asignatura: Principios de la sociedad del conocimiento

Resumen: En España, desde la llegada de la democracia, se ha producido un


imparable proceso de acumulación de medios de comunicación en manos de
unos pocos empresarios al mando de unas pocas compañías. Este ensayo
pretende demostrar que las pretendidas diferencias entre medios no son más
que el resultado de la necesaria espectacularización de la sociedad, pero que
las estructuras de poder y el marco socioeconómico desde el que se informa a
los ciudadanos es el mismo para la gran mayoría de los medios que cada día
llegan masivamente a los ciudadanos.

Introducción: situación de la comunicación de masas en las sociedades


modernas

Como explica Kruger (2006), en los últimos años ha existido una importante
controversia entre las diferentes definiciones acuñadas para explicar las
sociedades desarrolladas en las últimas décadas. Al principal debate entre
sociedad de la información y sociedad del conocimiento se le añade el término
popularizado por Castells (1996), que se refiere a la misma como sociedad red.
En todo caso todas las acepciones comparten una idea común: en las
sociedades modernas el flujo de información a través de las nuevas
Tecnologías de la Información y Comunicación ha revolucionado las propias
bases de la organización social, transformando las relaciones políticas,
económicas, laborales e incluso personales, y produciendo una mutación en los
principales actores e instituciones sociales mediante los que la sociedad se
conforma. El nuevo paradigma laboral pasa a ser el “trabajo inmaterial” (Hardt y
Negri, 2002, p. 266) postfordista que llega para sustituir al fabril fordista, lo que
provoca que sea la construcción de conocimiento a partir de la información

1
disponible en las nuevas redes de comunicación, el rasgo fundamental de
evolución de las sociedades modernas. La evolución tecnológica ha traído
consigo una imparable globalización que hasta ahora se muestra
especialmente provechosa para la circulación de capitales transnacionales y la
construcción de “empresas red” (Castells, 2010) que se segregan a partir de
una empresa matriz para mejorar su organización, con el objetivo final de
multiplicar sus beneficios al tiempo que se evitan responsabilidades
corporativas. Por este motivo tal vez no se debería hablar de “sociedad del
conocimiento” sino de un “capitalismo del conocimiento” (Gorz, 2001, citado en
Kruger, 2006) que se desarrolla dentro de la sociedad de la información.

En este contexto globalizado, el papel de las empresas de comunicación de


masas, de las “redes de empresa multimedia” como las llama Castells (2010, p.
109), alcanza una importancia capital a la hora de implantar, defender y difundir
la ideología1 del sistema, aquella que permite su propia existencia.

Castells (2010) trata de explicar cómo funcionan las grandes redes de poder
multimedia globales. A pequeña escala y siguiendo ese planteamiento, se
intentará profundizar en el conocimiento de las redes de poder multimedia
españolas a partir de su evolución histórica, la identificación de sus dueños, el
estudio de las relaciones que tienen con otros agentes económicos y políticos,
y el análisis del marco desde el que informan cada día a los ciudadanos.

No se puede discutir la importancia de conocer la identidad del emisor a la hora


de analizar cualquier comunicación, por lo que es “innegable el derecho del
receptor a saber quien les informa” (Bustamante, 1982, p. 12). Sigue de plena
vigencia la afirmación de Bustamante (1982) explicando los motivos sobre su
investigación respecto a la identidad de los dueños de los medios de
comunicación españoles:

Identificar a los propietarios de los medios de información masiva,


situarlos en las coordenadas políticas y económicas que
1
“Conjunto de valores sociales, ideas, sentimientos, creencias e instituciones mediante el que la gente, de
forma colectiva, da sentido al mundo en el que vive” (Quin en Aparici, 2010, p. 23). Con esta definición
Quin introduce en el concepto “las creencias y los sentimientos” yendo más allá de lo “puramente
racional”, y solo a partir de esta idea se puede entender cómo los medios ayudan a su construcción en la
mente de la población.

2
constituyen el lugar histórico concreto donde se produce la
información, conocer los procesos económicos sociales que
presuponen la producción de noticias como mercancía, son
tareas que adquieren pues una considerable importancia para el
receptor. (p. 11)

¿Por qué resulta tan importante conocer quién está detrás de los mensajes que
reciben los ciudadanos? La producción de información, la creación de
mensajes a través de los medios “conlleva construir una nueva realidad”
(Aparici, 2010). Esa realidad que se nos muestra termina determinando la que
conforman los ciudadanos, que a través de estos medios construyen su propia
imagen del mundo. Por esa razón, la única manera que estos tienen de
analizar críticamente los mensajes que les llegan es comprender los códigos
mediante los que se crean y los agentes que los producen.

Utilizando como referencia negativa los regímenes dictatoriales, se suele


pensar que el derecho a la libertad de prensa (en relación directa con el
derecho a la libertad de expresión) es un derecho clave para valorar la calidad
democrática de una sociedad. En este ensayo no se pretende negar la
importancia de la existencia de empresas privadas en el sector de la
comunicación como contrapeso al poder del Estado, para proveer de
información alternativa a la sociedad, pero sí se intentará demostrar que la
posible evolución de la sociedad de la información hacia ese horizonte utópico
que sería la sociedad del conocimiento está gravemente amenazada, que esa
libertad que parece ofrecer la multiplicación de los canales de información es
más ficticia que real, y que si bien la irrupción de las nuevas tecnologías
planteaba que por fin se daban las condiciones para cambiarlo todo, lo cierto es
que, en cierta medida, lo han cambiado todo solo para que todo permanezca
igual.

Una de las claves está en la brutal concentración de medios de comunicación


en muy pocas manos, y en la formación de oligarquías con una increíble
capacidad de influencia. No se puede dejar de señalar el oscurantismo
existente a la hora de conocer a los propietarios de las empresas que nos
informan y las conexiones que tienen. Este hecho que ya denunciara

3
Bustamante (1982) en la España analógica, no deja de sorprender que vuelva
a ser denunciado casi treinta años después por Serrano (2010) en su análisis
de los enmarañados entramados financieros que están actualmente detrás de
los medios de comunicación de masas en la España digital.

Para poder entender cómo ha evolucionado la comunicación de masas en


España durante la democracia hasta llegar a la situación actual, será necesario
analizar en primer lugar qué grupos de poder detentaban la propiedad de los
medios tras el franquismo. Solo desde ese punto de partida se pueden
entender los cambios producidos y comprender el significado de los nuevos (y
no tan nuevos) grupos de poder.

Evolución del poder en los medios de comunicación durante la


democracia

A partir del análisis de Bustamante (1982), en lo siguiente intentaremos resumir


la situación del sector mediático en la España posfranquista, y los posibles
caminos que ya entonces se intuían.

Durante los primeros años de la dictadura, una gran mayoría de los medios
escritos que habían sido propiedad de diversas instituciones políticas y sociales
alineadas con la izquierda fueron absorbidos y transformados en meros
“apéndices” del régimen. Esta situación variaría considerablemente a partir de
los años cincuenta, cuando el “férreo control ideológico de la dictadura
comienza a aflojarse” y se va estableciendo una “oligarquía financiera local”
relacionada con las distintas facciones del régimen, facciones que terminarían
convirtiendo los diarios en un “terreno privilegiado de sus pugnas”. Cuando
Franco muere y la democracia se establece en España, los medios de
comunicación escritos están en manos de una doble red estatal y privada,
aunque con los años la estatal se reduciría drásticamente y la privada se
establecería como la paradigmática del sector. A principios de los 80 eran solo
cinco los principales grupos de poder privados en España: La familias Luca de
Tena y Godó (dueños de los periódicos de referencia ABC y La Vanguardia,
respectivamente) que habían heredado y mantenido sus grupos y propiedades
desde antes de la Guerra Civil, EDICA (Editorial Católica, que poseía un

4
periódico nacional , el Ya, y varios regionales), La Iglesia católica española
(además de estar ligada a la propia EDICA tenía el control sobre la radio
COPE), y por último el grupo sociológico ligado al Opus Dei (a través de la
banca controlaba varios medios escritos y empresas de publicidad como
Movierecord). Junto a esta red de poder privada el Estado se erigía como figura
dominante en este incipiente mercado mediático, ya que además del control
sobre innumerables medios escritos, controlaba directa o indirectamente la
radiodifusión (habría que destacar aquí la fortaleza de la SER, que a pesar de
ser privada había estado fuertemente ligada al régimen) y mantenía el
monopolio sobre la televisión.

Un aspecto reseñable y significativo fue que mediante las sucesivas leyes con
las que se fue liberalizando el sector de la comunicación en España, los
gobiernos democráticos nunca quisieron tomar en consideración que “los
derechos adquiridos del periodo franquista primaban, sin mínimo debate previo
sobre su legitimidad o la situación de oligopolio que engendraban”
(Bustamante, 1982, p. 164). Es decir, los grupos que habían ejercido el poder
económico y mediático durante el régimen, los que habían sido colaboradores
necesarios en el franquismo, fueron los beneficiados de esa progresiva
liberalización del sector y del espacio que provocó la radical “desamortización”
de la prensa estatal.

Otro detalle a destacar es la exclusión del análisis de Bustamante (1982) del


grupo Prisa (editor por entonces del diario El País, y propietario de la editorial
Santillana), aún no suficientemente relevante, a pesar de que se encontraba
en los albores de su reconversión en la primera empresa multimedia de
comunicación española bajo el paraguas del gobierno socialista que saldría de
las urnas en 1982.

A partir de ahí, la historia de la evolución de los medios de comunicación en


España hasta la actualidad es un calco de lo que ocurre en otras democracias
occidentales a partir del modelo estadounidense, pero no por ello los
ciudadanos deban obviar ni olvidar que “la formación de estas redes globales
de empresas multimedia ha sido posible gracias a las políticas públicas y los

5
cambios institucionales caracterizados por la liberalización, la privatización y la
desregulación regulada, nacional e internacionalmente”. (Castells, 2010, p. 90)

El punto de inflexión de la reconversión de estas empresas nacionales en


empresas multimedia fue la concesión de tres canales privados de televisión en
1988. Estas concesiones pueden ser “consideradas como el punto de arranque
de la concentración de los medios en este país” (Decio Machado, 2007), puesto
que “la televisión privada es entregada a quienes ya eran poderosos en otros
sectores, con lo que se refuerzan los perfiles multimedia”. (Serrano, 2010, p.
299).

Como veremos en el siguiente punto, todos lo gobiernos democráticos


(conservadores y socialistas) fueron legislando de una manera cada vez más
permisiva respecto al grado de concentración de poder en las empresas de
comunicación. Al mismo tiempo que esto sucedía, se producían fusiones
bancarias de enorme trascendencia en el país y comenzaba la hibridación de
los poderes financieros y empresariales en compañías multimedia ávidas de
expansión y diversificación, en un mercado proteccionista que permitió la
construcción de campeones nacionales (no solo en el ámbito de la
comunicación) que por fin se iban atreviendo a dar el paso y marchaban a la
caza de nuevos mercados extranjeros mediante alianzas con medios locales de
otros países. Este hecho provocó el desplazamiento final de los espacios de
poder, desde los grupos religiosos y las familias tradicionales hasta este nuevo
tipo de empresas emergentes y de modos de negocio, algo que ejemplificaba la
vertiginosa expansión del grupo Prisa.

Pero, ¿quiénes eran los nuevos dueños del poder mediático? ¿Quién estaba
detrás de estas empresas? ¿Cuáles eran sus intereses? ¿Cómo era su
funcionamiento?

Como indica Bustamante (en Serrano, 2010):

El escenario de la comunicación social masiva se ha


transformado profundamente en estas tres décadas. A un
estrecho abanico de medios bien caracterizados por su

6
especificad mediática le ha sucedido una explosión de soportes,
redes y terminales de información, cada vez más imbricados en
una convergencia digital que desdibuja sus fronteras y sus
lenguajes y los articula crecientemente en ofertas y usos sociales.
(p. 6)

Los dueños de la información españoles: ¿quienes son? ¿Cuántos son?


Relaciones entre las principales empresas

En la figura 1 podemos observar cuáles son los grupos mediáticos más


relevantes en España y algunas de las interrelaciones entre ellos: Prisa,
Planeta, Vocento, Telecinco, Unidad Editorial, Prensa Ibérica, grupo Zeta,
grupo Godó, Mediapro/Imagina y algunas pequeñas pero relevantes empresas
como la COPE, Intereconomía, Libertad Digital, Promecal y otros (Serrano,
2010) En el Anexo se puede analizar uno a uno el conglomerado mediático que
posee cada uno de ellos. ¿De dónde surgen estos grupos? ¿Cómo se han
formado? ¿Qué sucedió desde la época en la que el Estado, a través de su red
pública de medios, tenía una fuerte presencia en el sector? ¿Y con la influencia
de la Iglesia y las familias tradicionales? Lo que sucedió, como se comentó
anteriormente, fue un proceso de mutación acelerado por la propia integración
de España en los circuitos políticos y económicos de la sociedad occidental.
Como se ha señalado (Decio Machado, 2007), en 1988 se conceden las
televisiones privadas y se abre el camino para la concentración de medios en
España, y por tanto para la creación de importantes conglomerados mediáticos.
Intentando mantener y potenciar la pluralidad se estableció un límite máximo
del 25% en la titularidad de una sola empresa en esas televisiones. A medida
que pasaron los años las leyes se sucedieron aumentando ese límite primero a
un 49% (1998), para más tarde eliminarlo directamente y permitir que el 100%
de una televisión estuviera en manos de una sola empresa (2002). A pesar de
eso aún quedaban restricciones por las que el Mercado, siempre voraz e
insatisfecho, no dejaba de quejarse (así como por la competencia de TVE), ya
que no se permitía la participación de una empresa en más de una televisión y
se impedía poseer en este ámbito propiedades autonómicas y locales al mismo
tiempo.

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No durarían mucho esas trabas, y aún bajo el gobierno del PP se permitió la
absorción (bajo apariencia de fusión) de Vía Digital (entonces en manos de
Telefónica) por parte de Canal Satélite Digital (en manos de Prisa), quedando
una única plataforma de televisión digital por satélite para todo el mercado en
una situación claramente monopolística. Las relaciones de las redes de poder
mediáticas con las redes de poder políticas permitieron que en 2002 grupos
afines al PP (Vocento y Unidad Editorial) obtuvieran licencias para la futura
TDT. Algo similar sucedería en 2005 cuando el gobierno socialista permite
convertir la que ya era claramente deficitaria Canal Plus (de Prisa, grupo afín al
PSOE) en televisión en abierto, al tiempo que concede otra licencia a Mediapro
para permitirle construir un nuevo grupo mediático en torno a la televisión en el
que se integraría prensa, internet y producción de contenidos audiovisuales. El
gobierno socialista se comprometió entonces con el sector a eliminar la
publicidad de TVE como contraposición a esta ampliación de la competencia
privada para que el pastel publicitario pudiera repartirse (lo cuál ha terminado
derivando en que en 2010 A3 y T5 vieran como se disparaban sus beneficios a
pesar de la fragmentación de las audiencias y la situación general de crisis2).
Finalmente en Mayo de 2010, se aprobó La Ley General de la Comunicación
Audiovisual que abría “la posibilidad a que una sola entidad jurídica o personal
posea varios canales o servicios de televisión con la única limitación de que su
audiencia no supere en 27%” (Moreno, 2005). Esta ley aprobada por el
gobierno socialista, supone de hecho la posibilidad de que una sola empresa
domine el panorama televisivo del país puesto que la limitación del 27% solo es
válida para el momento en que se produce una posible fusión o absorción, pero
no impide que esa empresa termine haciéndose con la mayoría de la
audiencia. Aunque como plantea Serrano (2010), puede entenderse todavía de
manera más peligrosa: “este límite lo puede conseguir una misma empresa de
publicidad que gestione mas de una cadena privada” (p. 27). Un aspecto este
que no debe obviarse puesto que como él mismo señala: “en mayo de 2010 la
Comisión Nacional de la Competencia abrió expedientes sancionadores a
Prisa, Vocento, Godó y Zeta por pactos publicitarios debido a que comparten

2
Disponible en: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/24/comunicacion/1298537114.html

9
las mismas empresas para comerciar su publicidad” (Serrano, 2010, p. 27). El
futuro se presenta desolador desde el punto de vista de la pluralidad
informativa pues estamos “ante una autopista para una gran concentración, con
el horizonte de solo tres grupos dominantes o dos dominantes y otros grupos
menores al final de la carrera (Zallo en Serrano, 2010, p. 304)

Empresas multimedia con múltiples intereses nunca evidentes que gestionan el


poder mediático, publicidad (de la que después se hablará con más detalle)
que determina los contenidos, relaciones simbióticas de interés con los poderes
políticos…Aún falta analizar la estrecha relación de los medios españoles con
la pieza que falta para completar el puzzle de los oligopolios mediáticos: el
mundo financiero, la banca, fundamentalmente la española. Como ya se ha
comentado, en España desde los años 60 del siglo pasado se construyó un
fuerte oligarquía financiera local a la que los sucesivos gobiernos (dictatoriales
y democráticos) protegió del capital exterior y permitió reconvertirse en una
banca moderna con planes de expansión nacional e internacional. Esa
evolución implicaba una necesidad importante:

La evolución del sistema financiero español desde la


recuperación democrática ha generado un escenario de
tremenda competitividad e incremento de la concentración de la
actividad bancaria en España. Este escenario ha impuesto
crecientes necesidades informativas y comunicativas a los
actores del sistema bancario que se ha convertido en un sector
altamente sensible a los flujos informativos y de comunicación”.
(Almirón, 2007)

Definitivamente, no se puede entender la comunicación masiva en España sin


analizar la imbricación de las empresas señeras del sector con los bancos y
cajas. Como explica Almirón (2007), el BSCH participó a través de Bankinter en
la expansión del grupo PRISA desde el año 1990 hasta el 2003, compartiendo
además ambos grupos desde hace años consejeros y asesores en las
empresas matrices o en filiales. Durante esos mismos años el BSCH llegó a
tener hasta un 25% de acciones en Antena3 Televisión. Por otro lado, las

10
relaciones del otro gran banco español (el BBVA) con Vocento son conocidas
ya que la familia Ybarra mantiene miembros y posee acciones en ambas
compañías. Con respecto a las cajas se puede señalar, como indica Serrano
(2010), que debido a las deudas contraídas, el grupo Zeta está actualmente en
manos de su principal acreedor (La Caixa), en un ejemplo claro de cómo el
progresivo endeudamiento de muchos de los grupos de comunicación citados
en su loca carrera de acumulación y diversificación mediática, ha ido
entrelazando su destino (y sus intereses) a los de la banca, estableciéndose
unas “estrechas relaciones “ (Chomsky & Herman, 1990).

Mientras tanto, como ya se comentó, estas empresas multimedia locales, con


el apoyo financiero y político se lanzaron al exterior buscando convertirse en
globales, diversificando sus intereses, creando sinergias con otras empresas
locales de los países (principalmente latinoamericanos) donde desembarcaban,
y estableciendo “alianzas estratégicas” (Castells, 2010, p. 110) con múltiples
actores políticos y económicos, por lo que iban comprometiendo así cada vez
más su capacidad para informar libremente debido a los intereses cruzados
que mantenían.

El ejemplo más interesante en España debido a que representa a la perfección


la evolución de las empresas de comunicación desde el franquismo hasta su
mutación en empresas red es Prisa, empresa cuyos orígenes se remontan a la
creación de la editorial Santillana por Jesús Polanco en 1958 (Serrano, 2010).
Posteriormente Prisa fundaría el diario El País y se convertiría en accionista
mayoritario de la Cadena SER en 1985. Posteriormente se introduciría en
mundo de la televisión con la concesión de Canal Plus y la creación de la
plataforma de televisión digital (Canal Satélite). A partir de los 90 comenzó una
vertiginosa carrera que la llevaría a convertirse en unos de los grupos de
comunicación más importante en el mundo de habla hispana, diversificando su
negocio en todos los ámbitos mediáticos posibles relacionados con la industria
de la cultura y la comunicación. Ese crecimiento obligó a la empresa a contraer
fuertes deudas con bancos y cajas hasta que en 2008 (con su fundador Jesús
Polanco ya muerto y la empresa en manos de sus herederos) la situación se
hizo insostenible. Tras múltiples rumores, y tras tener que desinvertir y vender

11
parte de propiedades tan representativas como Santillana o Cuatro (a
Telecinco), no tuvo más remedio que llegar a un acuerdo de venta con el grupo
estadounidense Liberty3, por el que este se hizo con el 57,7% de Prisa.
Finalmente, para mantenerse a flote, Prisa tuvo que recurrir a “capitales de
riesgo” (Castells, 2010, p. 137) cerrando el círculo, convirtiéndose en una
verdadera empresa red multimedia con capital transnacional y con intereses
transversales en todo el mundo a la que no se le puede ya otorgar, más que
desde la ingenuidad, una ideología tradicional desde la que construye la
realidad en sus medios. Aunque evidentemente, como veremos en el capítulo
siguiente, eso no significa que no tenga ninguna.

Casi treinta años después de que Bustamante (1982) mostrara su


preocupación por aquella incipiente concentración de medios tradicionales, el
problema no solo no parece haberse solucionado sino que su radical mutación,
transformación e integración en las redes de poder de la sociedad de la
información ha servido para que su magnitud crezca exponencialmente. En
ningún caso se pude entender como un proceso espontáneo y natural. Como
afirma Castells (2010):

La evolución de las políticas reguladoras es resultado de las


estrategias de construcción de poder a través de la articulación de
intereses empresariales y políticos disfrazados de discursos sobre
las maravillas tecnológicas y la elección de los consumidores,
respaldados por modelos económicos que adoraban la autoridad
suprema de la Mano Invisible (p. 154)

Entender cómo afecta esta concentración de medios, esta oligarquía mediática


a la información que llega a los ciudadanos es clave para poder comprender la
realidad política y económica de nuestras sociedades.

3
“Se trata de una fórmula de especulación híbrida entre el capital de riesgo y una empresa cotizada”
(Serrano, 2010:178)

12
Análisis del marco en que el que se desarrolla la comunicación de masas
en España: qué y cómo transmiten los medios.

En España, como en el resto del mundo, se ha asumido como verdad primaria


o principio indiscutible, que los medios de comunicación independientes (es
decir privados) son “la única garantía de democracia informativa, de la libertad
de expresión” (Bustamante, 1982, p. 129). Uno de los mitos en los que se
asentaron las democracias occidentales durante el siglo XX fue precisamente
el derecho a la libertad de prensa, en contraposición al férreo control estatal de
la información en los países del bloque comunista. En España se fue más allá y
se recogió en la Constitución el “derecho a recibir una información veraz”.
Como era de esperar, tras la dictadura franquista, esta libertad de prensa se
asoció inmediatamente con la idea liberal de medios de titularidad privada. El
debate sobre quiénes eran los que disponían del suficiente capital para crear
estos nuevos medios de comunicación o comprar los del Estado no fructificó.
La revolución tecnológica y la liberalización del sector no trajeron consigo una
mayor pluralidad a los medios españoles sino, curiosamente, una sustitución (o
mutación según los casos) de unos agentes por otros. El reconocimiento de la
acumulación de medios en muy pocas manos y la interrelación entre ellos que
hemos analizado en el capitulo anterior, debe permitir al ciudadano abandonar
esa visión distorsionada de que en España existe una pluralidad informativa
suficiente. Más bien al contrario: esas voces que informan no son más que, en
una gran mayoría de casos, “voces ventrílocuas” (Serrano, 2010, p. 6) que
repiten lo mismo de diferentes maneras para cada uno de los segmentos de la
audiencia a los que se dirigen. Existe una “evidente homogeneización de
estrategias y comportamientos” (Serrano, 2010, p. 7) que solo un observador
“alfabetizado mediáticamente” (Aparici, Fernández, García, Osuna, 2009, p.
293) puede intuir y comenzar a comprender. Pero esa alfabetización pasa
indefectiblemente por conocer la identidad de los agentes emisores que a
través de las diferentes plataformas (prensa, radio, internet, literatura, cine,
publicidad…) trasladan al público una y otra vez sin descanso su ideología, y
construyen para él una realidad afín a sus propios intereses, que son los
intereses del Mercado. Por este motivo “el hecho de consultar diferentes
medios de comunicación para informarse, no garantiza distintos enfoques

13
informativos” (Aparici & Barbas en Aparici, 2010, p. 36). Esta idea, que suele
ser la alternativa más comúnmente utilizada por el ciudadano preocupado por
entender lo que parecen ser posturas enfrentadas en el panorama mediático,
conlleva el grave de error de no considerar que “todos los grupos mediáticos
comparten una historia representacional del mundo” (Aparici & Barbas en
Aparici, 2010, p. 36). Por ello, siguiendo a Serrano (2010), debe bastar con
conocer quiénes son los dueños de los medios de comunicación de masas
para comprender que la ideología que todos comparten y que van a defender
de manera conjunta es la del libre mercado, la del neoliberalismo económico
que les ha permitido construir sus emporios, por lo que lo natural será que
ataquen o silencien (también conjuntamente) cualquier planteamiento político o
económico que represente una alternativa a la estructura económica y social
dominante.
Mientras Castells (2010) sigue insistiendo en su obra en el análisis de la
influencia, uso y presión de la política sobre los medios de comunicación de
masas, parece más necesario empezar a considerar que los sucesivos
procesos de liberalización y desregulación producidos en todos los sectores de
la sociedad han empezado a generar una inversión en la antigua relación del
poder político con los demás actores sociales y económicos, provocando que la
red de poder político se integre como una red de poder más (en algunos
aspectos incluso de manera secundaria) dentro de la nueva estructura de las
sociedades modernas basadas en el capitalismo global o transnacional. Este
nuevo capitalismo no solo ejerce su poder en el ámbito económico, laboral y
político sino que dispone de las nuevas armas que le proporcionan las nuevas
tecnologías para conseguir, a través de sus altavoces mediáticos, introducir sus
valores y ejercer su “poder simbólico” (Aparici & Barbas, 2010, p. 36) sobre las
emociones de los ciudadanos.

¿Cuáles son los mecanismos por los que se manipula la información que le
llega a la población? Además de la ocultación de los verdaderos intereses y las
identidades de los dueños de los medios, y a pesar de la espectacularización
de la sociedad (Debord, 2002) mediante la que cada día los medios generan un
ruido informativo ensordecedor (con el objetivo de hacer creer a los receptores
de su información la existencia de enormes diferencias entre ellos, y entre las

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ideologías superficiales que parecen representar, incluso cuando a veces
pertenecen a la misma empresa), es una realidad que ciertos hechos
inconvenientes son ocultados a los receptores, del mismo modo que se niega
el acceso a los altavoces privilegiados a las voces discrepantes siempre que su
visibilidad pueda causar un perjuicio al propio sistema, o a alguno de los
múltiples intereses de uno de los dueños del medio en cuestión. En este
sentido resulta clave analizar la dictadura que la publicidad instaura sobre la
información que ofrece un medio de comunicación de masas. Siguiendo a
Callejo (2008), todo el entorno de la comunicación se puede considerar
publicidad, y en ese contexto no parece exagerada su idea de “producción de
audiencias para los anunciantes” ya que es a través de la publicidad como
obtienen los beneficios las empresas. En un arrebato de extraña sinceridad, el
consejero delegado de Telecinco, Paolo Vasile, lo explicaba con rotundidad en
unas declaraciones a la revista Squire, recogidas en el portal de internet
Vertele4 (2010): “En Telecinco hacemos televisión para vender publicidad”.
Esta es la mejor explicación que se puede dar a por qué, por ejemplo, nunca
se encuentre una sola noticia negativa en los medios de masas españoles
sobre empresas como Repsol o El Corte Inglés (al que esos mismos medios
facturan “151 millones de euros anuales en publicidad” (Serrano, 2009, p. 32).
En otras ocasiones no hace falta la censura (o la autocensura), sino que como
explican Chomsky & Herman (2003), basta con contextualizar adecuadamente
(espacial o temporalmente) la noticia o la declaración y no repetirla demasiadas
veces para que su repercusión sea prácticamente nula.

Otro aspecto a destacar es conocer el origen de la gran mayoría de las noticias


que llegan al ciudadano. A pesar del gran número nominal de medios de
comunicación de masas mundiales, Chomsky & Herman (2003) advertían que
durante los años 80 “el 80% de las noticias que circulaban por el mundo las
producían las cuatro principales agencias de información occidentales”. (p. 27)
Aunque este dato Castells (2010) lo rebaja al 70 % en la actualidad (y aumenta
a seis el número de agencias), puede permitir comprender por qué diariamente,
a nivel local, los telediarios de diferentes cadenas de televisión cuentan
4
Disponible en:
http://www.vertele.com/noticias/paolo-vasile-hemos-comprado-cuatro-para-quitarnos-a-un-rival/

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similares noticias con similares imágenes al tiempo que terminan tratando
prácticamente los mismos temas. En cuestión informativa, lo que se ofrece
cada a día a los receptores de medios de comunicación de masas no es más
que un menú cerrado de comida precocinada.

Serrano (2010) va más allá y afirma que “la era de la información se traduce en
la práctica social en una inmensa desinformación masiva” (p. 99). Pero más
que una desinformación masiva lo que hay es un exceso de información
redundante (algo que internet ha multiplicado por mil) que impide al receptor
analizar las fuentes de las noticias y el marco desde el que se ha construido.

Este es el aspecto fundamental que se ha querido resaltar en este ensayo: la


información que le llega al ciudadano a través de los medios multimedia en la
sociedad de la información lo hace a través de un marco preestablecido
conformado por los intereses de las diferentes redes de poder. Los poderes
económicos, políticos y mediáticos se entrelazan y transmiten una visión del
mundo de la que parece imposible escapar. El modelo neoliberal de libre
mercado se muestra como el único posible, con el Mercado como gran
organizador invisible, resultando imposible escuchar en esos medios otras
visiones legítimas del mundo. Por ese motivo será complicado en la España
actual encontrar en esos medios noticias y editoriales que denuncien la
fiscalidad de las SICAV5, puesto que son mediante este mecanismo financiero
como las grandes fortunas del país invierten su capital para tributar menos que
cualquier Pyme. Será complicado en la España actual encontrar noticias o
editoriales en contra de la reforma laboral planteada por el gobierno en 2010, y
por la que en la práctica se reducen las indemnizaciones por despido, cuando
importantes empresas del sector como Vocento o Prisa están inmersas en
EREs para reducir el número de trabajadores de sus plantillas, motivo por el
cuál se aprovecharán de esa medida. Será complicado igualmente encontrar
noticias y editoriales que defiendan una salida de la crisis económica que no
pase por los dogmas liberales de contención de gasto público y recorte de
costes laborales. O reportajes de investigación acerca de los fondos de rescate

5
Según la Wikipedia: las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV) son sociedades de
inversión colectiva que gozan de importantes ventajas fiscales ya que tributan al 1% en el impuesto sobre
sociedades”.

16
con dinero público aportados por el Gobierno a cajas y bancos para solucionar
la gran crisis de capital especulativo que el grueso de trabajadores españoles
evidentemente no había provocado. Estos enfoques no se encontrarán. O se
encontrarán sin que su tratamiento los pueda convertir en significativos.

Entonces… ¿Dónde se pueden encontrar? ¿Es internet y la “autocomunicación


de masas” (Castells, 2010, p. 99) la solución al problema?

Autocomunicación de masas: ¿una verdadera alternativa?

Siguiendo a Castells (2010) se puede entender la “autocomunicación de


masas” como la comunicación que se está produciendo a través de Internet
mediante correos electrónicos, chats, redes sociales, blogs, portales
corporativos… Este tipo de comunicación horizontal entre ciudadanos que se
convierten en nodos que reciben y envían información mientras construyen
conocimiento tiene una “audiencia potencialmente global”, aunque en muchas
ocasiones caiga en el “autismo electrónico” que supone que nadie reciba lo que
miles de ciudadanos envían.

¿Es la red la solución para encontrar información plural mediante la cuál


construir una imagen más libre de la realidad? No se puede negar el hecho de
que actualmente Internet tiene ese potencial. Se puede rastrear parte de la
información presentada en este ensayo en la red sin demasiados problemas.
¿Pero realmente está el ciudadano del siglo XXI mejor informado que hace
veinte años cuando Internet no existía? Una reflexión que siempre se realiza en
torno a este asunto es si realmente esa información de la que el ciudadano
dispone gracias a los procesos de autocomunicación de masas que se
producen en la red, no queda silenciada por la enorme magnitud de la
“infobasura” (Aparici, 2010, p. 32) que cada día se genera en ella. Es decir,
ante la avalancha informativa disponible el receptor es incapaz de discriminar lo
relevante y se vuelve cada vez más pasivo. No se puede negar que esta idea
posee gran fuerza. Pero descarga de responsabilidad al ciudadano tanto como

17
receptor pasivo de la comunicación de masas, como cuando ejerce de
emerec6: creador y receptor al tiempo en la autocomunicación de masas.

Se ha mostrado en los puntos anteriores algunos de los filtros que imponen a la


información los medios de comunicación de masas, mediante los que impiden
que información relevante llegue a la población. Los ciudadanos debieran hacer
lo mismo con la infobasura en la red: autoimponerse filtros mediante los cuales
reduzcan su propio acceso a ella y les obliguen a investigar en aquellas
direcciones que intuyan que se le están negando por los circuitos habituales de
los medios de comunicación de masas. El problema de este planteamiento es
que no tiene en cuenta que las decisiones, la búsqueda de información y su
análisis no se hacen solo desde la razón, sino que como afirma Castells (2010):

Las emociones pueden actuar directamente en el proceso de


toma de decisiones impulsando al sujeto a decidir según lo que
siente. No es que el razonamiento se vuelva irrelevante, sino que
las personas tienden a seleccionar la información que favorece
aquella decisión que se siente inclinadas a tomar. (p. 199)

¿Y cuál se sienten inclinadas a tomar? Aquella para la que han sido educadas
mediante lo que “Althusser identificó como instituciones fundamentales que
llevan a cabo el proceso de socialización: la iglesia, la familia, el sistema
educativo y los medios de comunicación” (Quin en Aparici, 2010, p. 30). Los
medios de comunicación de masas actúan directamente sobre estas
emociones educadas de los receptores, conectando con “una forma de pensar,
una forma de actuar” (Castells, 2010, p. 218) que les permite controlar la
agenda diaria de noticias que consume la población y que esta asume como la
fundamental. Por otro lado, como afirma Castells (2010):

Cuando la gente busca información, empieza con sus valores y


después trata de hallar información que los confirme. Popkin ha
demostrado que los individuos son “avaros cognitivos” que
buscan información que confirme sus creencias y costumbres, un

6
Término acuñado por Jean Cloutier para designar “un modelo de comunicación donde todos los
participantes tienen la posibilidad de ser emisores” (Rubio en Aparici, 2010, p. 37)

18
atajo cognitivo que reduce el esfuerzo mental necesario para
realizar una tarea. (p. 206)

Y si además se tiene también en cuenta lo que Callejo (2008) denomina “teoría


del “consumidor vago, […] que está dispuesto a ceder sus iniciativas y
libertades en pos de mayores niveles de comodidad” (p. 46), se puede empezar
a entender las razones por las que la red en muchas ocasiones y para una gran
mayoría de los ciudadanos, no es más que otro canal por el que acceder a los
contenidos que ofrecen los medios de comunicación de masa que a su vez
siguen diversificando sus negocios y proponen cada vez mayor variedad de
productos a los consumidores, primando fundamentalmente el entretenimiento,
y multiplicando los efectos de la desinformación gracias a la capacidad de
amplificación de la red.

Mientras los ciudadanos no luchen contra su “avaricia cognitiva” ni contra su


“pereza consumidora” la red solo aumentará el problema, permitiendo eso sí, la
existencia de una pequeña parte de la población (que difícilmente será crítica
para determinar cambios significativos) que mantendrá una enorme actividad e
intentará encontrar cauces para hacer patente su presencia en la sociedad. Lo
que no es más que una nueva vuelta de tuerca a los viejos modos de las
democracias liberales.

Conclusiones

En España la llegada de la democracia comenzó el proceso de liberalización y


desregularización del sector de la comunicación, dejando los medios
principales en manos de grupos de poder tradicionales que habían sido
amables con el régimen franquista, y abriendo la puerta a la llegada de nuevos
actores nacionales. Con el paso de los años se produjo un desplazamiento de
ese poder hacia nuevas formas de empresas red multimedia que fueron
conformando conglomerados mediáticos que abarcaban diferentes formas de
comunicación, así como la producción de contenidos propios. En esta
evolución se involucraron activamente los poderes financieros españoles que
habían iniciado al mismo tiempo un camino paralelo que les llevaría a
convertirse en poderes económicos transnacionales con una fuerte

19
implantación en el extranjero y una decidida implicación en la comunicación de
masas en España. Resulta fundamental para el ciudadano identificar a los
dueños de estas empresas y reconocer sus verdaderos intereses y
compromisos, para poder analizar la información que recibe y poder
comprender el marco a través del cuál le llega dicha información. A pesar de
que Internet ha facilitado el acceso general a la información no parece haber
mejorado las condiciones de pluralidad, ya que la construcción de la agenda
diaria de noticias trascendentes sigue siendo responsabilidad de los grupos de
poder, que por otro lado han aprendido a gestionar y canalizar las emociones
de sus consumidores para poder establecer con más eficacia sus postulados
socioeconómicos. Para que la sociedad de la información se convierta en una
verdadera sociedad del conocimiento uno de los aspectos claves debiera ser el
despertar de la ciudadanía respecto a la información y el tipo de ocio que
consume a través de los medios de comunicación de masas.

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Anexo: Conglomerado mediático de las principales empresas españolas
de comunicación (Serrano, 2010) (Actualizado a enero de 2001)

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22
23
24
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