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EN ÁREA HOSTIL Y SIN LICENCIA

Por:

Luix flow

EN ÁREA HOSTIL Y SIN LICENCIA Por: Luix flow Corría el año 1942 en un mes

Corría el año 1942 en un mes donde la lluvia tropical azotaba mi pueblo y los tsunamis las costas Pacificas de mi tierra. Nací en Shanghái, soy chino barato de esos que viven por ahí en medio de los tumultos llenando espacios del montón pero me he leído mis libritos. Mi padre emigro a Colombia disque porque allá los pescados no estaban limpios, yo no entendía bien esas sus conversaciones de mar, pero eso decía él que es pescador, le gusta pescar ahora en el rio Cali, bien arriba donde no hay polución, antes pescaba en mar abierto cuando era marinero, ahora está muy enfermito, aun así a punta de pescado nos educo a todos los tarados de mis hermanos y yo. Yo todavía estudio ingeniería marina en una universidad privada de esas baratas sobre una calle poluta de Cali, no estoy seguro o me da desconfianza de si las cosas que nos enseñan son en verdad sanas para una humanidad que se está rebelando a toda hora contra lo establecido, bueno, al menos yo si me rebelo, soy un poco rebelde. Aunque no tengo mucha educación de esa otra donde aprende uno sabiduría y esas cosas, soy como me dice mi hermano mayor: un culicagado de esos acomplejados pero bocón, un anti-todo que no estoy conforme con mi desdichada vida y que me gusta mandar las miradas a otros lados que no sea a mi mismo porque soy deprimente y que entonces solo vivo criticando lo de los demás, esa es mi patética vida aunque me las pico de muy machito porque hago hizque demostraciones con Greenpeace, siembro arboles con los

verdes, escucho mi musiquita bacana y me dejo la barba medio a medio y una trencita reggae. Un día cualquiera entre mi patética y monótona vida me levanto algo perezoso pero algo diferente a varios otros días porque sin verlo claro, me da la impresión de que el día trata de comenzar sin mi, dejándome sin una rutina. Después de ponerme a pensarlo un largo rato aun tendido sobre la cama por estar inseguro de lo que quería hacer -porque no me salía nada, y estando en esas soy sorprendido por un repentino cambio de planes en la voz de mi padre algo ya anciano y enfermito como les decía antes, pero todavía con la tenacidad de marinero chino; que me saca de mis dudas

y me veo de pronto y tan temprano en la mañana metido dentro de una especie de taxi de esos

grandes genéricos y públicos dirigiéndonos hacia una cita médica. El edificio es horriblemente feo y

sucio como una continuidad a las áreas hostiles visuales que continúan apareciendo como el guardia uniformado y gordo con voz se esas que hacen ruido, y conste que no estoy enguayabado. La voz de la autoridad temporal se interpone bruscamente y grita a esa hora de la mañana, me imagino que lo hace de la misma forma como le gritaban sus padres cuando era niño. Subo por las escaleras por falta de espacio en un mini ascensor con capacidad solo para tres personas que sube cuatro pisos y baja muchas otras veces con la misma monotonía fría que usa un medico para hablarle a sus pacientes. Al subir no noto nada inusual, no estoy prestando atención a mis rededores, pues me siento incomodo de estar ahí entre ese edificio desagradable. Entre el azare

mental y por la falta de respeto de mi padre para con la gente de sus alrededores, por aquello de su personalidad de chino sobre todo cuando él tiene algo que hacer, entonces la secretaria recepcionista manda una onda de energía negativa que queda por ahí revoloteando y me hago el loco como si estuviera en otro planeta. Entre la masa de cemento construida sin tacto, gris y sucia; me pongo a mirar hacia fuera por entre un espacio que encuentro vacio y propenso para ello o para un suicidio sin premeditación porque da a la calle. Estoy en el cuarto piso, miro a todos lados

y me encuentro abajo, desde allá de mi punto de observación, a un caleño de mediana edad y

vestido decentemente, que esta comiendo algo, parece un helado que se mete a la boca mientras con la otra mano tira la envoltura de papel al piso de forma automática. Observé el piso a su alrededor y encuentro que hay varios pedazos de papeles y otras cosas desparramadas por entre el andén y la calle. Todo contrasta: el sucio del edificio donde me encuentro parece que estuviera reflejado en la calle y sus transeúntes. Mientras trato de escribir estos pensamientos sobre lo que me sucede en una mañana hostil, pero normal para el resto del mundo, mi padre, desde su punto de vista estresado de marinero frustrado, me comienza a hablar de no sé qué carbón y unas minas

y cosas que suceden en un mundo decadente que ya no recibe energía positiva sino ráfagas de

sombras que maltratan las mañanas como esta. La gente dice que es un mundo actualizado por la media informática que manipula todavía eventos, sucesos y pensamientos dentro de televisores y por entre las letras de periódicos de papel que se lleva el viento de todos modos, a mi me manipulan a veces por ignorante. Trato de ignorar a mi padre por no saber de que está hablando y

por yo estar metido en este mundo interior mío que tiene una saborcito diferente, que huele distinto

a veces feo, que suelta imágenes de píxeles a otras velocidades y lo peor de todo es que se

deforman al salir de mi mente. Yo ignoro en ese momento a mi papa porque si no me mete en ese tren de sus azares en donde también vive metida mi familia, me da tristeza el solo pensar esto y me da pesar de él por no conocer alternativas de vida u otras posibilidades de donde escoger por culpa de una educación universitaria que le metieron en la cabeza. Me da pena también porque me imagino que él trata amablemente de crear una conversación entre nuestras generaciones, pero como ando aún medio desconectado de la “realidad”, quedan sus palabras en el aire, toditas desatendidas. Vuelvo a la escena de las escaleras desde donde observo, solo observo la calle, no tengo otras opciones alentadoras en esta mañana hostil y sin licencia para florecer, y me pongo a escanear la calle detenidamente, miro los transeúntes, las edificaciones que están todas fielmente construidas siguiendo diseños arquitectónicos untados del sueño de los gringos. Todas ellas embadurnadas de un cemento mas bien frio y sin imaginación. Se choca de pronto mi pensamiento

y la escritura que trata de rememorar esos instantes recién sucedidos de la mañana que rápida se

va, con otra interrupción de mi padre que desea que voltee a mirar un televisor al frente de la sala de espera, donde un tipo fabrica balas para crear ambientes hostiles alrededor de otras gentes que

tal vez mueran en una guerra de intereses económicos o en la esquina de una acera caleña donde un sicario por necesidad le saca la sangre a borbotones a un pobre cristiano que vivía dentro de la misma necedad o la misma ignorancia por la vida. Entonces me toca ignorar a mi papa otra vez y vuelvo a las acciones de las escaleras donde sigo mirando a todos lados como buscando un escape, así como Sophia Magdalena buscaba su ventana, dirijo la mirada hacia los arboles y los encuentro callados, no como otras veces; y como están en silencio y no murmuran nada hacia donde estoy, sino que me parece que el dialogo se centra solo entre ellos, como al margen de la ciudad ruidosa que veo allá abajohasta ahora nada me trae una imagen de escape que necesito urgentemente como si tuviera sed de ella. El tiempo que permanecí en ese estado de observación no fue mayor de un par de minutos mientras mi padre concretaba con la secretaria recepcionista la entrada a la sala de espera del consultorio. Puede ser que mi necesidad de encontrar una imagen de “escape” en ese momento se deba al llevar ya tanto tiempo divagando por entre el ruido mental de las gentes citadinas. Entonces no juego más a sentir los arboles, sino que mi mente sigue la búsqueda usando los ojos que tengo; en ese instante siento un mareo de ayuno, ya son las diez de la mañana y no he podido tomar sino agua. Me distraigo y se me va la mente a la noche anterior donde vi un programa de televisión del que admire la forma tan bien estructurada del guionista, del director de cine guiando correctamente la actuación del elenco y los tiempos de las secuencias entre una temática normal hollywoodense sin arte pero cautivante por desempolvar la corrupción de las mega empresas gringas dedicadas al engaño comercial amparadas por congresistas del mismo gobierno para vender guerra como si fuera el caramelo o el helado que el caleño de mediana edad comía esta mañana, al tiempo que se tira al piso, con la otra mano, lo que no sirve.

Sigo observando por entre el espacio vacío de las escaleras en el cuarto piso del edificio feo este donde esta empotrado un consultorio de otro doctor que gana su sustento promoviendo lo que saben mejor: recetar drogas multinacionales. Mis ojos de pronto se encuentran con el rio Cali y siento alivio al fin por primera vez en la mañana, es como una vena de sangre viva que atraviesa esta pesadilla diurna de tener que cohabitar con vidas normales las explosiones de mis pensares. Oh, rio Cali, gracias por salvarme el día entre la área hostil y sin licencia para funcionar dentro de la Matrix. Sigo con el recuerdo de esta mañana mientras estoy sentado en una sala de espera junto a otra gente amable que se esfuerza por estar saludable en un sistema que me parece que alimenta a sus súbditos con demasiados químicos y formulas mágicas de sabores que mantienen a todos como hipnotizados. Veo a lo lejos dos indigentes que comparten la mañana junto al rio que baja veloz. Uno de ellos esta recostado junto a un gran árbol mientras que aparenta que disfruta el paisaje allá abajo, al otro lado del mismo árbol una bolsa grande de polietileno de esas que usan los recicladores que parece estar llena de objetos para cobrarle la tarifa al día y como a la espera de los menesterosos en su descanso matutino. El compañero del reciclador está más abajo, junto

a la orilla del rio, desde mi posición solo alcanzo a verle ¾ del cuerpo. Parece que él estuviera

sintiendo el caudal del fluido y olfateara el olor a lluvia y tierra que trae desde los Farallones, sigo observando y el individuo comienza a quitarse la camiseta, es roja y tiene un letrero de esos de las multinacionales, perdonen la mención, no es crítica, es observación, pienso yo. El tipo se quita la

camiseta en forma súper lenta, deben estar hablando algo los amigos, eso pienso, y lo hace de una manera totalmente opuesta a como yo me la hubiera quitado: rápidamente y la hubiera tirado igual de rápido mirando a un seco sobre la hierba o una roca amplia lejos de la corriente. El tipo por el contrario luego de quitársela lentamente, la colocó muy meticulosamente sobre algo que no se veía desde donde yo estaba. Pero no era yo el que estaba junto al rio, yo permanecía empotrado aun entre gentes “socialmente agresivas”, fuimos criados de esa manera, estamos acostumbrados a reaccionar de esa manera, no conocemos otra forma, somos prevenidos que

caminamos previniendo ser agredidos por otros y cuando reaccionamos a un conflicto de palabras, lo hacemos agresivamente, atacando de cualquier forma. Si no fuera porque esta mañana me desperté totalmente desubicado, estuviera viendo el programa de televisión de cómo fabricaban balas y hablando de minas de carbón y las formas de transportarlo. Me da por imaginarme que la conversación entre los dos recicladores debe tener las mismos ingredientes, pareciera que todos respirásemos el mismo virus; es como un antígeno aeróbico que tal vez inhalamos a cada segundo entre el oxigeno, es como un ingrediente que nos mantiene “socialmente” armonizados dentro de unos parámetros de mala onda que no detectamos fácilmente como alienígena, sino como parte de nuestra vida normal. Me canso de escribir porque no soy tan buen amigo de la perseverancia literaria por culpa de mi pluralidad y me pongo más bien a pensar bobadas como lo que los dos tipos allá abajo podrían estar diciendo

Tipo 1: “K chimba de rio viejo tal, me voy a pegar un baño parcero pa kitarme la mierda k llevo encima”

Tipo 2: “Sakate la mugrera de sangre de la puta esa k matastes anoche, malparido”

La misma conversación de ellos mismos en tierra utópicamente alienígena:

Tipo 1: “K buena energía del agua… voy a sentirla en mi piel un rato…”

Tipo 2: “Es como recibir una energía de amor k te acompaña durante el día”

En otro mundo “bizarro”, la conversación seria así:

Tipo 1: “………………

(silencio)

Tipo 2: “…………………

 

(silencio)

FIN