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¿GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL O NUEVA FASE DEL IMPERIALISMO?

¿GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL O NUEVA FASE DEL IMPERIALISMO?

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Las dos derrotas infligidas al movimiento popular y revolucionario en Chile, en 1973 y 1986 (ver “Las Dos Derrotas Recientes del Movimiento Popular Chileno, 1973 y 1986; Causas, Lecciones y Perspectivas”, CAD), abrieron el camino para la importación, así sin más, del vocabulario y ciertas categorías de análisis desde el campo de nuestros enemigos de clase.

Algunas de estas entelequias, de nítido origen capitalista, son las del NEOLIBERALISMO y de la GLOBALIZACIÓN, las cuales, la izquierda en su conjunto, utiliza a diestra y siniestra. Se cree, erradamente, que utilizando esos conceptos se conjuran todos los males o, mejor aún, se cree que ellos describen en forma rigurosa lo que está sucediendo.

Nuestra tesis, expuesta en el presente análisis de ¿GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL O NUEVA FASE DEL IMPERIALISMO?, se puede sintetizar en que constatamos una concentración y centralización de capitales como nunca antes había sucedido en la historia del capitalismo, capitales que son monopolizados por unas pocas corporaciones transnacionales, en un proceso ampliado al conjunto del sistema capitalista mundial y que está conduciendo a la creación de un poder supranacional; lo que denominamos el ‘Gobierno mundial’ de ese gran capital. La evidencia nos permite aseverar que nos encontraríamos, así, en los prolegómenos de una nueva fase imperialista, donde aquel poder supranacional se encontraría en la fase de la transición, fase que puede demorar años, décadas, expuesta a las vicisitudes de un par de leyes fundamentales dentro del desarrollo capitalista: la COMPETENCIA y la LUCHA DE CLASES.
Las dos derrotas infligidas al movimiento popular y revolucionario en Chile, en 1973 y 1986 (ver “Las Dos Derrotas Recientes del Movimiento Popular Chileno, 1973 y 1986; Causas, Lecciones y Perspectivas”, CAD), abrieron el camino para la importación, así sin más, del vocabulario y ciertas categorías de análisis desde el campo de nuestros enemigos de clase.

Algunas de estas entelequias, de nítido origen capitalista, son las del NEOLIBERALISMO y de la GLOBALIZACIÓN, las cuales, la izquierda en su conjunto, utiliza a diestra y siniestra. Se cree, erradamente, que utilizando esos conceptos se conjuran todos los males o, mejor aún, se cree que ellos describen en forma rigurosa lo que está sucediendo.

Nuestra tesis, expuesta en el presente análisis de ¿GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL O NUEVA FASE DEL IMPERIALISMO?, se puede sintetizar en que constatamos una concentración y centralización de capitales como nunca antes había sucedido en la historia del capitalismo, capitales que son monopolizados por unas pocas corporaciones transnacionales, en un proceso ampliado al conjunto del sistema capitalista mundial y que está conduciendo a la creación de un poder supranacional; lo que denominamos el ‘Gobierno mundial’ de ese gran capital. La evidencia nos permite aseverar que nos encontraríamos, así, en los prolegómenos de una nueva fase imperialista, donde aquel poder supranacional se encontraría en la fase de la transición, fase que puede demorar años, décadas, expuesta a las vicisitudes de un par de leyes fundamentales dentro del desarrollo capitalista: la COMPETENCIA y la LUCHA DE CLASES.

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CAD, DOCUMENTOS, MC, JUNIO 2003

DOCUMENTOS
INVIERNO 2003

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CAD, DOCUMENTOS, MC, JUNIO 2003 (rev. Mar. 11)

Introducción “Chile vive hoy la más grave crisis de su Historia”. De esta forma, categórica, comenzaban generalmente los documentos partidarios de la izquierda durante la Dictadura Militar. Era el preámbulo necesario para dar comienzo a la famosa „Situación Política Nacional‟ (SIPONA). En esa breve frase, se resumía la Crisis Nacional existente en nuestro país.

Lamentablemente, la “Grave Crisis” luego se transformaría en la “Grave Crisis de la Izquierda”, tanto de la Tradicional como de la Revolucionaria. Esta Crisis Orgánica de la izquierda TODA fue fruto de la derrota militar, política e ideológica, infligida por las fuerzas internas sostenedoras del Sistema de Dominación, con apoyo Internacional, principalmente durante 1986. Esta capitulación se expresó, entre otras formas, en: Desarticulación de los referentes Revolucionarios; resurgimiento de las posiciones y prácticas Reformistas; y en la adopción de políticas y prácticas propias de los enemigos de clase, por parte de dirigentes y militantes de la izquierda en su conjunto (utilizamos el concepto de ‟izquierda en su conjunto‟ para referirnos a la izquierda tradicional y a la izquierda revolucionaria). En el campo ideológico, la derrota ha sido casi total. Se utilizan las categorías y vocabulario de las clases dominantes. Se rechaza la utilización del materialismo histórico y del materialismo dialéctico. Inclusive, se ha escuchado decir a gente de “izquierda”: “Se debe botar al tacho de la basura al marxismo”. Son verdaderos tiempos de confusión y claramente de una derrota no reconvertida. La fragmentación es lo cotidiano. La Filosofía Idealista campea con total impunidad: A es A y no puede ser B. Es decir, por ejemplo, los trabajadores portuarios tienen sus conflictos y los enfrentan solos, mientras el resto de los trabajadores y los sectores progresistas sólo se dedican a comentar los sucesos. No se avanza en la unidad de los explotados por parte del Sistema de Dominación Capitalista. No se avanza en la articulación de un instrumento político, el cual sea capaz de plantear un claro proyecto o plataforma de Poder y de construcción de una nueva sociedad, que para nosotros sigue siendo de carácter Socialista y sustentada en el Poder Popular. La Izquierda Revolucionaria ha sido capaz de aportar al desarrollo de la Teoría Revolucionaria. Aquí dos ejemplos: La caracterización de la Conquista Española en América como una Empresa Capitalista y no Feudal, como lo pretenden los reaccionarios y los reformistas; la Tipificación del régimen surgido del Golpe Militar como una Dictadura Militar y no una Dictadura Fascista, como todavía lo pregonan los analistas del reformismo. Es decir, todos los militantes de la izquierda revolucionaria deben y tienen la obligación de participar en el rearme ideológico del movimiento popular chileno, con vistas a la elaboración de la Táctica y la Estrategia revolucionarias que nos permitan GANAR LA GUERRA (“La lucha de clases es siempre una guerra encubierta”, como lo expresara Miguel Enríquez). En tiempos en que se repliega el movimiento popular y de trabajadores del campo de esa “guerra encubierta”, no es raro ver surgir por doquier nuevas teorías. Algunas ya viejas son remozadas, se ensayan nuevas prácticas o se profundizan otras antiguas, se mira con fervor

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algunos procesos que parecieran victoriosos, se cuestionan algunos paradigmas. Sin embargo, todo ello no hace más que fortalecer al enemigo. Aparecen, entonces, dos conceptos que han pasado a ser utilizados como „monedas de curso legal‟ por parte de la izquierda en su conjunto: GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO. Demos ahora la palabra al insigne marxiano francés Louis Althusser: “Una sola frase puede resumir la función maestra de la práctica filosófica: „trazar una línea de demarcación‟ entre las ideas verdaderas y las ideas falsas. La frase es de Lenin. La misma frase resume una de las operaciones esenciales de la dirección de la práctica de la lucha de clases: „trazar una línea de demarcación‟ entre las clases antagónicas, entre nuestros amigos de clase y nuestros enemigos. “La filosofía representa la lucha del pueblo en la teoría. Por otra parte ella ayuda al pueblo a distinguir en la teoría y en todas las ideas (políticas, morales, estéticas, etc.) las ideas verdaderas y las ideas falsas. En principio, las ideas verdaderas sirven siempre a los enemigos del pueblo (entendemos nosotros esta tesis en relación a que los enemigos del Pueblo monopolizan la información y con ello controlan y determinan las prácticas políticas, sociales, culturales e individuales, ocultando las ideas verdaderas que sólo surgen de un análisis científico de la realidad). “¿Por qué la filosofía pelea por palabras? Las realidades de la lucha de clases son „representadas‟ por las „ideas‟, las que a su vez son representadas por „palabras‟. En los razonamientos científicos y filosóficos, las palabras (conceptos, categorías) son „instrumentos‟ de conocimiento. Pero en la lucha política, ideológica y filosófica las palabras son también armas: explosivos, calmantes o venenos. Toda la lucha de clases puede, a veces, resumirse en la lucha por una palabra, contra otra palabra” (1). Luego de ésta extensa cita de Althusser, la que nos recuerda la necesidad de la ética y la consecuencia en relación con la elaboración teórica que se diga revolucionaria, pasamos a exponer nuestro ensayo sobre las implicancias de una temática que ha cobrado gran importancia en el Chile actual y a escala mundial: ¿Asistimos al desarrollo del Neoliberalismo o, en realidad, a una nueva fase del Imperialismo? Asimismo, debemos abordar el concepto Globalización, que se homologa al de Neoliberalismo.

1] Un poco de Historia Según la mayoría de los autores que utilizan el marxismo como método de análisis, el imperialismo apareció y se desarrolló a mediados del siglo XIX y se encontraba ya constituido y cristalizado en Sistema Mundial a principios del siglo XX. Así pues, es natural que un estudio del Imperialismo contemporáneo, con una óptica marxista, trate de proporcionarse fundamentos teóricos e históricos haciendo referencia primeramente a las obras fundamentales de los teóricos marxistas, los cuales, a principios de siglo pasado, definieron el IMPERIALISMO COMO UNA ETAPA NUEVA EN LA EVOLUCIÓN DEL CAPITALISMO. Lenin, en su famosa obra “El Imperialismo, fase superior del capitalismo”, demuestra, entre los capítulos I al VI del texto, que “el incremento enorme de la industria y el proceso notablemente rápido de concentración de la producción en empresas cada vez más grandes constituyen una de las particularidades más características del capitalismo” (p.732). Ya entonces puso como ejemplo a los Estados Unidos, donde cerca de la mitad de la producción era llevada a cabo por una centésima parte de la totalidad de las empresas o sea unas tres mil empresas gigantes, que reinaban en 268 ramos industriales, y añadió: “de aquí se infiere claramente que la concentración, al llegar a un grado determinado de su desarrollo, puede decirse que conduce por sí misma de lleno al monopolio, ya que a unas cuantas decenas de empresas gigantescas les resulta fácil

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ponerse de acuerdo entre sí y, por otra parte esta transformación de la competencia en monopolio constituye uno de los fenómenos más importante, de la economía del capitalismo contemporáneo” (p.733). Así, Lenin se hace solidario de Marx, quien, en “El Capital”, “había demostrado con un análisis teórico e histórico del capitalismo, que la libre competencia engendra la concentración de la producción, y que dicha concentración, en un cierto grado de su desarrollo, conduce al monopolio” (p.736). Y luego agrega que “La aparición del monopolio, al concentrarse la producción, es una ley general y fundamental de la presente fase del desarrollo del capitalismo” (p.736). Mientras tanto, Nicolai Bujarin, otro conocido marxista ruso, expresa en su texto “El Imperialismo y la Economía Mundial”, que “Hacia 1870, se comprueba, en los países más desarrollados económicamente, un brusco viraje frente al libre cambio que, evolucionando rápidamente de la educación de la industria a la defensa de los cárteles, termina en el alto proteccionismo moderno” (2). Bujarin entiende aquí por “educación de la industria”, al proteccionismo inicial que aplicaron los Estados industrializados para defender sus aparatos productivos. Volviendo a Lenin, éste estudia minuciosamente la concentración bancaria y la rapidez con que ésta se efectuó, sobre todo en Alemania, para poner de manifiesto “cómo la concentración del capital y el aumento del giro de los bancos transforman radicalmente la importancia de estos últimos”. Muestra que los bancos, cuando su operación “crece hasta alcanzar proporciones gigantescas”, se ven llevados primero a conocer la situación de los capitalistas aislados, después a controlarlos y por último a determinar su suerte” (p.749). Luego, sentencia: “así, pues, el siglo XX señala el punto de viraje del viejo capitalismo al nuevo, de la dominación del capital en general a la dominación del capital financiero” (p.760). Mientras tanto, Bujarin señala: “A esta estructura económica se encuentra ligada una política bien definida: la política imperialista. Esta es necesario entenderla, no solamente en el sentido de que el imperialismo es un producto del capitalismo financiero, sino también en el de que este último no puede hacer otra política que la imperialista. (...) El trust capitalista nacional no puede ser partidario del libre cambio, puesto que perdería así una buena parte de su razón de ser capitalista. Hemos indicado ya que el proteccionismo permite obtener, de una parte, una ganancia extraordinaria, y de otra, competir en el mercado mundial. Asimismo, el capital financiero no puede, como expresión de los monopolios capitalistas, renunciar a la monopolización de las „esferas de influencia‟, a la conquista de los mercados de venta y de materias primas y a las esferas de inversión de capital. Si un trust capitalista nacional no toma posesión de un territorio desocupado, otro lo hace en su lugar” (3). Lenin inaugura el fundamental capítulo IV de su obra, mediante esta tajante afirmación: “Lo que caracterizaba al viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre competencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capitales” (p.773). Con respecto a lo anterior, daremos un somero vistazo al proceso de cambio en la economía, particularmente europea y norteamericana, para comprobar la teoría de Lenin y a la vez establecer como corte histórico, entre librecambismo e imperialismo, la segunda mitad del siglo XIX. Para ello recurriremos a Bujarin: “En el espacio de una sesentena de años (a partir de 1850), la producción de hulla ha aumentado en más de catorce veces (1.320%); el mineral de hierro, en más de doce veces (1.113%); la fundición, en tres veces (1.266%); el cobre, en más de diecinueve veces (1.834%); el oro, en más de trece veces (1.218%). (...) Resulta así que en un período de treinta años (1881-1914) la producción de trigo se ha incrementado en 1,6 (+67%); la del algodón, en 2,2 (+127%); la del azúcar, en más de 3 ½

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(+261%). (...) en veinte años, de 1890 a 1911, la longitud de las vías férreas crece en 1,71 (+71%)” (4). Luego, Bujarin pasa revista a las exportaciones de capitales realizados por Francia, Inglaterra, Alemania y Bélgica. Demuestra como dos Bancos alemanes controlan la actividad económica, no sólo al interior de este país, sino que también participan en numerosas inversiones internacionales. Estos bancos son DIE DEUTSCHE BANK y el DISKONTO-GESELLSCHAFT. Asimismo, nos entrega ésta valiosa información: “En Estados Unidos, dos bancos ejercen por sí solos el monopolio: el NATIONAL CITY BANK (ROCKEFELLER) y el NATIONAL BANK OF COMMERCE (MORGAN). Una infinidad de empresas industriales y de bancos ligados entre sí de múltiples maneras, dependen de ellos. Se tendrá una idea aproximada de la amplitud de las operaciones bancarias de los grupos Rockefeller y Morgan cuando se sepa que en 1908 tenía el primero como clientes, cuyas reservas guardaba, 3.350 bancos nacionales o extranjeros, y el segundo, 2.757. Ningún nuevo trust puede ser fundado sin su intervención. Es el monopolio de la producción de los monopolios” (5). Posteriormente (pues obtuvo la materia prima de la obra de Bujarin), Lenin expuso su famosa definición del imperialismo, que consta de estos cinco caracteres fundamentales: “1] La concentración de la producción y del capital ha llegado hasta un grado tan elevado de desarrollo, que ha creado los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2] La fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este „capital financiero‟, de la oligarquía financiera; 3] La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere importancia particularmente grande; 4] La formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo; y 5] La terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.” (P.799). A la par, el marxista ruso observa que existe una severa contradicción en la nueva fase del capitalismo: Por una parte, la fijación de precios de monopolio hace que desaparezcan hasta cierto punto las causas estimulantes del progreso técnico, y las patentes se guardan en los cajones hasta que su utilización resulte inevitable. Por otra parte la posibilidad de disminuir los gastos de producción y de aumentar los beneficios implantando mejores técnicas obra a favor de las modificaciones. Sin embargo, añade, “la tendencia al estancamiento y a la descomposición, inherente al monopolio, sigue obrando a su vez, y en ciertas ramas de la industria y en ciertos países hay períodos en que llega a imponerse” (p.p.708-709). Resumen La nueva fase del Capitalismo, que cristaliza a comienzos del siglo XX, tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX. Es por ello que podemos decir que los tres tomos de El Capital, nos describen “la acumulación originaria del capitalismo maduro para pasar a la nueva fase Imperialista”. Esta nueva fase posee características bien definidas: Un incremento sustancial del sector industrial, con una producción ampliada de bienes y servicios; crecimiento de los Bancos en proporciones gigantescas, que controlan a la Industria y luego determinan su existencia; el predominio de la exportación de capitales por sobre la exportación de mercancías; la continuidad de la competencia entre los trusts y cárteles internacionales; el desarrollo de la expoliación de los países de Africa, Asia y América. El Estado, que en una sociedad dividida o estructurada en clases sociales es el “factor de cohesión de la unidad de una formación [social], es también la estructura en la que se condensan las contradicciones de los diversos niveles de una formación. Es, pues, el lugar en que se refleja el índice de predominio y de superdeterminación que caracteriza a una

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formación, en una de sus etapas o fases. El Estado se manifiesta también como el lugar que permite descifrar la unidad y la articulación de las estructuras de una formación” (6). Desde el punto de vista marxista, la superestructura juridico-política es el reflejo de la infraestructura económica, por lo tanto el Estado capitalista de esta nueva fase es un Estado que esta al servicio de los Trusts, de los cárteles. Recordemos que el tipo de Estado, para el caso que nos importa, de carácter capitalista, es invariable. Lo que sufre variación es la forma de régimen de gobierno, pudiendo ser una Democracia parlamentaria, una Democracia presidencialista o regímenes de excepción constitucional: bonapartismo, fascismo o dictadura militar. Lenin señala: “El imperialismo y el capitalismo financiero son superestructuras del antiguo capitalismo. Demoled la parte superior y aparecerá el antiguo capitalismo”. Finalmente, entregamos una definición del concepto „Fase‟: “Parece justificado reservar la palabra „fases‟ para designar los dos grandes momentos del desarrollo de una formación social, a saber: 1] la de sus comienzos, es decir, la fase de transición en sentido estricto; 2] la fase de la reproducción ampliada de la estructura. (...) Los estadios de esa formación se refieren, no obstante, a la coexistencia real de ciertas formas diferenciales y específicas del modo de producción capitalista „puro‟. Estas formas abarcan „realidades económicas‟ profundamente diferentes, pues van de la producción mercantil simple al capitalismo de Estado monopolizador, pasando por la producción capitalista privada, la producción capitalista social y el capitalismo monopolizador. (...) No obstante, si todas las formas del MPC „puro‟ implican teóricamente una esfera política relativamente autónoma de la económica, está claro que el capitalismo privado implica un Estado no intervencionista, y el capitalismo monopolista un Estado intervencionista” (7). 2] El Superimperialismo Por los años en que Lenin y Bujarin analizaron el nuevo fenómeno económico germinado desde el Capitalismo, un teórico que alguna vez fue marxista para luego pasarse a las filas del enemigo, nos referimos a Karl Kautsky, elaboró una teoría que hacía ver a la nueva fase económica como algo positivo. A esta teoría la denominó “Superimperialismo”. Dice Kautsky: “desde el punto de vista puramente económico, no está descartado que el capitalismo pase todavía por una nueva fase: la aplicación de los cárteles a la política exterior, la fase del ultraimperialismo, esto es, el superimperialismo, la unión de los imperialismos de todo el mundo y no la lucha entre ellos, la fase de la creación de las guerras bajo el capitalismo, la fase de la explotación general del mundo por el capital financiero unido internacionalmente (...) ¿no puede la política imperialista actual ser desalojada por otra nueva, ultraimperialista, que en vez de la lucha de los capitales financieros y nacionales entre sí colocase la explotación común de todo el mundo por el capital financiero unido internacionalmente”. Sobran los comentarios. Tanto Lenin como Bujarin expresaron que si bien los Monopolios eran la expresión fundamental de la nueva fase del capitalismo, era imposible la creación pacífica de un monopolio único mundial, puesto que la competencia es una de las leyes inmanentes del capitalismo. Aunque, luego veremos qué es lo que ha sucedido con esta temática, en el mundo actual del 2002. De hecho, retornaremos al concepto de superimperialismo, pero definido de otra forma.

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3] Setenta Años Después En la década de 1970, la nueva fase del Modo de Producción Capitalista se encontraba plenamente cristalizada como realidad Histórica. Muchos marxistas realizaban los análisis correspondientes y en base a estos se construían las directrices para una estrategia revolucionaria. Aquí, contamos con cuatro Textos para el análisis: -“El Imperialismo en 1970”, de Pierre Jalée; -“Ensayos sobre el Neocapitalismo”, de Ernest Mandel; -“El Capital Monopolista”, de Paul Baran y Paul Sweezy; -“Las clases sociales en el capitalismo actual”, de Nicos Poulantzas. Siendo el objetivo del presente trabajo precisar que nos encontramos en una nueva fase dentro del desarrollo del Imperialismo, fenómeno éste último que continúa su proceso histórico, presentamos a continuación un esbozo de las ideas principales de los autores de esas cuatro obras, las que nos permiten dar una mejor base a nuestras tesis: Pierre Jalée, por su parte, analiza la interdependencia existente entre los países centrales (o Imperialistas) y los países dependientes (o Neocoloniales). Para ello, éste autor comienza revisando la producción de Materias Primas, situadas geográficamente en los países Neocoloniales y que resultan indispensables para la continuidad de las políticas económicas Imperialistas. Antes de exponer sus planteamientos sobre tal interdependencia, digamos que Jalée demuestra, a través de diversas estadísticas, que las Empresas Trasnacionales, apoyadas por sus Estados respectivos, invierten mucho más en los propios países centrales que en los periféricos. Sin embargo, nos advierte: “Me sentiría tentado casi a concluir de todo esto que, en resumidas cuentas, el saqueo del Tercer Mundo ejerce sólo una influencia pequeña en la economía global del imperialismo. Pero es que todavía no se ha hecho alusión a los datos del capítulo II. Recordémoslos y digamos en qué se resumen: la economía de los países imperialistas, en su conjunto, habida cuenta de sus necesidades globales, depende de las aportaciones del Tercer Mundo: a) En una proporción muy grande, en lo que respecta a los productos oleaginosos (cacahuates y coquito de palma, sobre todo), y en una proporción grande en lo que concierne al caucho; b) Por lo que respecta a la totalidad de las necesidades del cacao; c) En 1964, la dependencia imperialista respecto del Tercer Mundo ascendía al 48% de las necesidades de petróleo, y en 1980 alcanzará por lo menos al 65% de estas necesidades. Las aportaciones de petróleo al Tercer Mundo, en 1964, ascendían al 19% del total de la energía de diversas fuentes utilizadas por los países imperialistas, y este porcentaje se elevará al 50% en 1980. El equilibrio energético de los países imperialistas descansa en una participación vivamente creciente de los suministros de petróleo del Tercer Mundo (...); d) La dependencia imperialista, en lo que respecta a los minerales de hierro, se eleva actualmente a un tercio de estas necesidades. Crece año tras año (triplicación en 15 años); e) La dependencia imperialista en minerales de cromo y de manganeso es casi total en lo que respecta a las a las importaciones de diversos orígenes (Tercer Mundo+Países Socialistas), y asciende a cuatro quintas partes por lo menos en lo que respecta sólo al Tercer Mundo; f) En lo que toca al cobalto, la dependencia de los países capitalistas, medida según las aportaciones del tercer Mundo, actualmente es por lo menos de las tres cuartas partes de las necesidades, y va en aumentando; g) La dependencia es casi total en el caso del estaño; h) Es de cerca del 40% de las necesidades de cobre, y aumenta; i) Esta dependencia asciende hoy a dos tercios de las necesidades de bauxita, crece rápidamente y seguirá creciendo cada vez más (...). Para asegurar en las mejores condiciones, desde cualquier punto de vista, los indispensables suministros para sus necesidades de petróleo y de materias primas básicas,

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los monopolios imperialistas controlan casi la totalidad de las fuentes irremplazables situadas en el Tercer Mundo” (8). Pierre Jalée, luego de analizar el Imperialismo en su conjunto; es decir, tomando en cuenta los países centrales o imperialistas, los países del Tercer Mundo y el Campo Socialista, llega a la conclusión de la existencia del SUPERIMPERIALISMO NORTEAMERICANO, definición bastante alejada de la entregada por Kautsky, pues para el autor francés este Superimperialismo se definiría por la hegemonía lograda por el país del Norte a través de la exportación de mercancías y la exportación de capitales, además de la presencia en otros países centrales de empresas productivas y financieras de capitales norteamericanos. Esta definición, en todo caso, estaría sujeta a los efectos de las contradicciones de la propia fase imperialista, una de las cuales, que sería la contradicción principal, es la competencia cotidiana que se da en esta fase entre todos los monopolios mundiales, lo que va creando un equilibrio inestable. Pero retengamos el concepto de SUPERIMPERIALISMO, el cual ya ha recibido una nueva y más acertada definición, pero que, con todo, no será la última. Por último, Jalée expresa algo que nos parece de primera importancia, y que a veces parece que olvidamos: “Entre estas contradicciones, la más fundamental es la que resulta de la oposición entre la socialización efectiva de la producción y la forma privada, o capitalista, de la propiedad de los medios de producción y de la apropiación de la plusvalía. Esta contradicción se ahonda objetivamente, puesto que, sin duda, la socialización de la producción se extiende y se intensifica y la apropiación privada, o más exactamente el poder que resulta de la misma, se concentra cada vez más sin cesar. Pero esta contradicción objetiva creciente tiene poder revolucionario sólo en la medida en que la resienten subjetivamente quienes son sus víctimas, es decir, el conjunto de los trabajadores asalariados y, principalmente, del proletariado. Ahora bien, esta contradicción suprema, de claridad cegadora para quien haya leído a Marx y analice como marxista la evolución de la sociedad capitalista, sigue siendo relativamente teórica y abstracta para la masa de los asalariados y de la clase obrera: La historia del movimiento obrero nos prueba que la tal contradicción es experimentada subjetivamente tan sólo en sus efectos concretos, y que no da origen a vastas luchas más que cuando se traduce, sobre todo a través de recesiones o de las crisis, en una agravación de las condiciones y de la tasa de explotación de la clase obrera. La contradicción fundamental del capitalismo no se advierte en su esencia, sino tan sólo a través de sus manifestaciones sensibles más flagrantes, y la ideología revolucionaria no nace espontáneamente en el seno del proletariado” (9, negritas nuestras). Hoy por hoy, cuando se discute acerca de los Sujetos Sociales, de los Sujetos Históricos, etcétera, etcétera, se debe volver la mirada hacia la Teoría Revolucionaria, no para decir que ya no sirve, sino para extraer lo verdadero, lo cierto, lo útil. Y en su génesis encontraremos, una y otra vez, la valiosa consideración expuesta por Jalée: La clase trabajadora, por su rol en el proceso productivo, no es capaz de elaborar una teoría revolucionaria, y la debe importar de “ideólogos de la clase obrera” (Lenin) o de “intelectuales orgánicos” del proletariado (Gramsci), los cuales no necesariamente provienen de la clase obrera, desde el punto de vista del proceso productivo. Nosotros repetimos, una vez más: aquellos jóvenes de los “80 que se la jugaron contra la Dictadura Militar y que aún mantienen en alto la dignidad revolucionaria, que accedieron a través de los estudios a trabajos no directos, son los encargados, junto a todos los que quieran hacer la revolución social, de elaborar la táctica y la estrategia revolucionarias para las luchas del presente, las cuales deben ser puestas en práctica por un partido que tenga como objetivo central la toma del Poder y la construcción de una nueva sociedad, que para nosotros sigue

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siendo de carácter socialista. El PARTIDO ELABORA Y SISTEMATIZA LA TEORÍA REVOLUCIONARIA. Pasemos ahora a revisar el libro de los norteamericanos P. Baran y P. Sweezy. En primer lugar, elaboran una teoría sobre los Excedentes que, en sus palabras, es la diferencia entre lo que una sociedad produce y los costos de esta producción. La magnitud de tal excedente es un índice de productividad y de riqueza, de la libertad que tiene una sociedad para alcanzar las metas que se ha fijado para sí misma. Es obvio que los excedentes son cada vez mayores en los países imperialistas, y que deben tener alguna salida; es decir, se debe realizar la circulación del capital. Es por ello que para los autores, tres son los grandes sectores que permiten absorber esos excedentes: el Gobierno, en los países imperialistas y dominados; el gasto militar y las campañas de ventas. De estas tres formas de absorción del excedente imperialista, que surge principalmente de las “corporaciones gigantes” o transnacionales o multinacionales, ambos autores aportan datos precisos de cómo operan a favor del desarrollo de la economía monopolista. Por ejemplo, las campañas de ventas han alcanzado niveles estratosféricos de gasto y, en relación al gasto militar, sólo baste recordar lo ocurrido con la compra de los aviones F-16 a EEUU por parte del Estado chileno. La obra “El capital monopolista”, es un excelente análisis marxista, pues engloba no sólo la esfera económica, sino que también distingue los otros niveles de la vida social. Puntualicemos que el análisis de estos autores, se refiere solamente a la formación social norteamericana. No obstante, es increíble poder comparar la realidad descrita en los años “70 en EEUU y constatar, ¡30 AÑOS DESPUÉS!, que una realidad similar opera en Chile. Como muestras, algunos botones: “Está en la esencia del capitalismo que tanto bienes como fuerza de trabajo sean comprados y vendidos en el mercado. En una sociedad tal, las relaciones entre los individuos están dominadas por el principio del cambio de equivalentes, del quid pro quo, no solamente en materia económica, sino en todos los aspectos de la vida. (...) En el país capitalista más desarrollado una gran parte de la población vive en una pobreza abismática mientras que, en los países subdesarrollados, miles de millones sufren de enfermedades y hambre porque no hay un mecanismo que efectúe un cambio de lo que producen por lo que necesitan desesperadamente. (...) Sin poder justificar un orden social irracional, inhumano e incapaz de responder a las urgentes necesidades cada vez mayores que plantea, la ideología burguesa se adhiere a conceptos anacrónicos y moribundos (...). La pretensión de la economía de Estados Unidos de ser un sistema de „libre competencia‟ es un caso en cuestión. En ningún tiempo la empresa fue completamente libre, en el sentido de que cualquiera que quisiera podía empezar su propio negocio. (...) De naturaleza similar es la incesante repetición de que el régimen político de Estados Unidos actualmente es una democracia. (...) Consideremos la religión, (...) El lema „Salve Jesús‟ en innumerables carteles a lo largo de los caminos, las actividades de propaganda masiva de las iglesias del vecindario, las exhortaciones en anuncios para unirse a cualquiera de las instituciones eclesiásticas disponibles omnipresentes, los mensajes espirituales llevados a millones de hogares por medio de la prensa y ondas aéreas, todo esto tiene poco que ver con la fe y la moral de las gentes, y menos aún con su percepción de la realidad (...). No hay nada inherente interesante acerca de la mayoría de las tareas mezquinamente subdivididas que los trabajadores están obligados a desempeñar; y siendo el propósito del trabajo en el mejor de los casos vago y, en el peor, humanamente degradante, el trabajador no encuentra satisfacción en el logro de sus esfuerzos (...) De esta manera el consumo se vuelve una especie de extensión y continuación del proceso de ganarse la vida, (...) De esta manera el trabajo y el consumo comparten la misma ambigüedad: mientras llenan las necesidades básicas de supervivencia, van perdiendo

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cada vez más su contenido y significado interiores (...), el ocio ya no significa hacer lo que la persona desea, algo diferente de lo que hace en el trabajo, de lo que debe hacer, significa cada vez más sencillamente no hacer nada. Y la razón para no hacer nada se debe en parte a que hay muy poco humanamente interesante que hacer, pero tal vez aún más por la vacuidad y falta de propósito determinado de la vida en la sociedad capitalista que ahoga el deseo de hacer cualquier cosa. (...) Tal vez nada es más sintomático de la parte que representa la holganza en la vida diaria que esta degeneración de la conversación en charla. Con la amistad, la conversación presupone la existencia de ciertos propósitos comunes, intereses y actividades. La amistad implica un compromiso emocional; la conversación requiere un esfuerzo intelectual. Cuando estas precondiciones no existen cuando la gente vive junta pero no se relaciona una con otra en alguna forma básica, ambas, conversación y amistad, están confinadas a atrofiarse. Cuando la gente no tiene nada que decir, las „habladurías‟ se vuelven la orden del día. A medida que la palabra amigo palidece y pasa a designar a alguien que conocimos por casualidad, se aplica a multitud de conocidos y a nadie en particular. Las reuniones sociales cada vez son menos motivadas por el deseo de estar con otras gentes que por el temor de encontrarse solo. La falta de relación entre las gentes en estas reuniones con frecuencia y en forma característica se disuelve en alcohol.” (10). Esta extensa cita nos hace recordar el clásico texto de Carlos Marx “Manuscritos económico-filosóficos”, en donde el teórico alemán analiza el fenómeno de la alienación; ¡Cuánta validez tienen aún estos análisis! Mandel, por su lado, ratifica los análisis de Jalée y de Baran junto a Sweezy. Sus análisis se refieren a la cristalización absoluta del Imperialismo. De su brillante obra sólo describiremos cinco tesis, que nos parece relevante destacar: A] Plantea que el concepto de Superimperialismo sólo se puede aplicar cuando surja un Poder Supranacional; es decir, un Poder que este por sobre los Estados Nacionales. El autor expresa que eso es imposible, pues la fase imperialista se enmarca dentro de la ley del desarrollo desigual y combinado; esto es, la competencia de las grandes empresas multinacionales produce equilibrios inestables, imposibilitando un Poder Mundial. Esta tesis coincide con lo planteado por Poulantzas. B]”Los intentos de estimular el crecimiento por medio de la inflación, como los de detener la inflación a través de políticas deflacionarias, tendrán que resultar contraproducentes a la larga. La inflación galopante es una de las contradicciones básicas del neocapitalismo. Esta se deriva simultáneamente de los desarrollos orgánicos del capital („precios administrados‟ bajo el capitalismo monopolista) y de las características específicas de la época (enormes crecimientos en los gastos armamentistas y desembolsos improductivos en general)” (11). Esto nos parece relevante en el Chile actual, en donde los “perros guardianes” del Estado luchan por mantener sujetos los índices de la inflación y los equilibrios macroeconómicos. C] “Los socialistas tampoco pueden oponer a estas técnicas de planeación el ideal reaccionario del laissez-faire, ni apoyarlas como un „paso adelante‟, sino insistir en la realidad de la planificación socialista, la cual no implica diferencias técnicas (tales como un gran incremento en el volumen de las inversiones estatales directas y un sector público más amplio que harán posible una dirección centralmente planeada de la economía), pero sí prioridades sociales muy diferentes de las que actualmente se obtienen (...). Alrededor de esas prioridades, se organizará entonces, de manera automática, una serie de objetivos de producción y nos proporcionará un patrón de producción para las necesidades en oposición a la producción para obtener ganancias que es el patrón que prima actualmente (...). El control obrero es el paso primero y esencial hacia la planeación socialista y democrática –la única respuesta eficiente a la programación neocapitalista. Es el primer paso hacia la gestión obrera de una economía socializada y

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hacia una democracia industrial (y mientras la economía es capitalista, los trabajadores deben rechazar toda corresponsabilidad en la administración de las empresas). La demanda de control obrero es el medio para incorporar a la clase obrera al gran debate en torno a los volúmenes agregados de salarios y ganancias (plusvalía), que es a donde conducirá inevitablemente la discusión en torno a una política de ingresos” (12). He aquí, algo olvidado en los “nuevos tiempos” que corren: EL OLVIDO DE LAS CONSIGNAS DE CLASE. Consignas que pueden parecer obsoletas, sobre todo cuando se discute la “desaparición de la clase obrera industrial en Chile”, que algunos, miope o interesadamente, aseguran existe. En el siguiente punto, Mandel nos plantea algo sobre esta temática, que se discute en nuestro país tres décadas después de lo apuntado por el belga; D] Este autor nos plantea una tesis que nos parece fundamental, y que dice relación con la tipificación del llamado sector terciario o de servicios de la economía capitalista. Concluye que en ese sector, la burguesía monopolista invierte menos en el capital constante y sobrexplota la fuerza de trabajo (esto en los países dependientes), aumentando la plusvalía a través de la vía absoluta. Nos parece crucial el punto, por cuanto hoy en Chile el sector terciario es el más dinámico. Por la tesis anterior, entonces, se comprende que aquellos trabajadores directos que laboran en dicho sector producen igualmente plusvalía, tanto o más como lo hacen los trabajadores del sector secundario o industrial. La variante se encuentra en las formas de socialización del proceso productivo. Podemos decir que una cantidad significativa de los obreros industriales en Chile se ha desplazado, más bien fueron desplazados, al sector terciario, debido al rol que nos corresponde en la división mundial del trabajo. E] Citamos ahora una tesis de Mandel que, nos parece, debe ir con mayúsculas: “FINALMENTE EXISTEN QUIENES PIENSAN QUE EL NEOCAPITALISMO CREA SUS ENTERRADORES EN SU PROPIO SENO, PERO, SUPONEN QUE ESTOS ENTERRADORES SALEN DE LOS GRUPOS MARGINADOS: MINORÍAS NACIONALES Y RACIALES, SECTORES SUPEREXPLOTADOS DE LA POBLACIÓN, ESTUDIANTES REVOLUCIONARIOS Y LA NUEVA VANGUARDIA JUVENIL. TODAS ESTAS CONCLUSIONES TIENEN COMO DENOMINADOR COMÚN EL HECHO DE QUE ELIMINAN AL PROLETARIADO DE LOS PAÍSES METROPOLITANOS DEL PAPEL CENTRAL EN LA LUCHA MUNDIAL EN CONTRA DEL IMPERIALISMO Y DEL CAPITALISMO” (13). 30 años después, los mismos fantasmas recorren Chile, o sea, la misma problemática que se discute hoy en Chile ya se había planteado entonces en Europa. Dijimos en nuestra Introducción, que en los momentos de repliegue de la lucha de clases surgen teorías diversas, que parecieran vanguardistas. A la cita de Mandel sólo bastaría agregarle “las minorías sexuales” y sería una copia textual de las discusiones que se escuchan por este largo y sufrido terruño. Demos una vez más la palabra a Mandel, con el objeto de profundizar en esta última problemática: “Por una parte, la producción y la distribución contemporáneas de la riqueza material están basadas más que nunca en la industria y la fábrica modernas. En realidad, podría decirse que la tercera revolución industrial, simultáneamente, reduce el trabajo industrial en la fábrica, como resultado de la automatización, e incrementa el trabajo industrial en amplia escala en la agricultura, la distribución, los servicios industriales y la administración. Porque la automatización debe concebirse tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista social, como un vasto movimiento de industrialización de estos diferentes sectores de la actividad económica. Tendremos que sacar importantes conclusiones de esta tendencia, pero lo que destaca particularmente es que el trabajo industrial, en el sentido amplio de la palabra –hombres que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo en la manufactura, en las plantaciones de algodón, en el procesamiento de datos o en ¡las fábricas que producen fantasías!-, ocupa, ahora más que nunca, el lugar central en

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la estructura económica (...). Hoy, son precisamente esas tres características del trabajo moderno –su papel clave en el proceso productivo, su enajenación básica y su explotación económica- las raíces objetivas de su papel potencial como la fuerza principal para el derrocamiento del capitalismo, las raíces objetivas de su misión revolucionaria señalada. Cualquier intento de transferir ese papel a otros sectores sociales que no son capaces de paralizar de un golpe la producción, que no juegan un papel clave en el proceso productivo, que no son la fuente principal de las ganancias y de la acumulación de capital, nos hace retroceder en definitiva del socialismo científico al socialismo utópico, del socialismo que surge de las contradicciones internas del capitalismo a la inmadura concepción socialista que nació de la indignación moral de los hombres independientemente de la posición que ocupan en la producción social” (14). Insistimos, para articular la lucha de los trabajadores manuales e intelectuales, de los marginados del sistema capitalista y de todos aquellos que se sientan explotados dentro del sistema de dominación, se vuelve necesario la creación de un instrumento Político y Material, con vocación de Poder en pos de una Sociedad Socialista. Es hora de abandonar esos discursos del fin de los Sindicatos, de la superación de los partidos políticos, qué éste sujeto social o aquel sujeto histórico, que el Neoliberalismo, que la Globalización, y comenzar una discusión fraterna que conduzca a la UNIDAD de todos aquellos que quieran hacer los cambios fundamentales en nuestra formación social. 4] ¿Qué pasó? Nos hacemos esta legítima pregunta. Hoy, a la vuelta de treinta años, la prensa de izquierda y sus dirigentes, en los foros, talleres, discusiones, etc., hablan del NEOLIBERALISMO y de la GLOBALIZACIÓN a diestra y a siniestra. Se cree que utilizando esos conceptos se conjuran todos los males o, mejor aún, se cree que ellos describen en forma rigurosa lo que está sucediendo, ¿No será que el Diablo esta metiendo su cola, una vez más? Citemos a Poulantzas: “Ahora bien, acabamos de ver en primer término que la internacionalización del capital no da lugar a una efectiva „fusión transnacional‟ de capitales. Pero éste no es sino uno de los aspectos del problema. ¿Qué ocurre del lado de las clases obreras de los países europeos? De hecho, en tanto que las luchas de las masas populares se desarrollan más que nunca sobre un fondo mundial que determina las coyunturas concretas, y que la instauración de relaciones de producción mundiales y la socialización del trabajo refuerzan objetivamente la solidaridad internacional de los trabajadores, la forma nacional es la que prevalece en su lucha, la cual, en su esencia, es internacional. Esto se debe, por una parte, al desarrollo desigual y a las especificidades concretas de cada formación social, por lo tanto, a unos rasgos de la índole misma del capitalismo, opuestamente a lo que sostienen las diversas ideologías de la „mundialización‟; pero, en las particularidades que estas revisten actualmente, se debe a las organizaciones –partidos, sindicatos- que gozan de la preponderancia en las clases obreras europeas” (15). De aquí podemos obtener dos conclusiones: Primero, hace ya treinta años se había levantado la ideología de la “mundialización”, léase Globalización; segundo, que si bien la lucha es contra el Imperialismo, esa lucha debe ser nacional. Esta es la tesis también sostenida por Mandel y por el leninismo; es decir, golpear todos los eslabones de la cadena imperialista. Prosigamos. El Liberalismo Económico (también llamado de Libre Competencia o Librecambista), se le puede situar históricamente desde los siglos XVI al XIX, preferentemente en Europa occidental. Cabe hacer notar que a la par del desarrollo del capitalismo, encaminado a su forma superior

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o Imperialismo, asimismo la clase trabajadora se va dotando de defensas en contra de esa nueva forma de relaciones sociales que imponen sus enemigos de clase. De este modo, “La revolución de 1848, que lleva al poder, junto con Luis Blanc, a socialistas y representantes de la clase obrera, proclama el derecho de trabajo y la libertad de asociación (decreto del 25 y del 29 de febrero de 1848) (...), limita la duración del trabajo de los adultos (diez horas en París, once horas en las provincias) (...). Pero la desgraciada experiencia de los Talleres Nacionales, desviada como se sabe, de sus objetivos por los adversarios de Luis Blanc, provoca en el mes de junio revueltas y una aniquilación de los progresos realizados. La ley del 27 de noviembre de 1849 restablece la prohibición de las coaliciones; el decreto del 25 de marzo de 1852 suprime la libertad de asociación (...). Será necesario esperar el segundo imperio para que se de un paso decisivo con la ley del 25 de mayo de 1854, que suprime el delito de coalición y, en consecuencia, hace posibles las huelgas y la acción obrera colectiva. (...) A pesar de una nueva reacción después de los desórdenes de la Comuna, una ley del 19 de mayo de 1874 prohibirá el trabajo de las mujeres y de los niños en las minas y organizará la Inspección del Trabajo (...). Finalmente, una tendencia hacia la internacionalización del derecho del trabajo comienza a manifestarse y el Tratado de Versalles creará en 1919 la Organización Internacional del Trabajo” (16). Aquí podemos observar cómo la clase obrera va construyendo sus propias defensas, las cuales, sí bien presentan un carácter economicista, permiten pasar del instinto de clase a la conciencia de clase. Cabe recordar que el carácter economicista de ese movimiento, se debe a la no-existencia de un partido revolucionario de la clase. En nuestro país, la clase trabajadora comienza a organizarse desde principios del siglo XIX, cristalizando su organización a principios del siglo XX, cuando consigue imponer a la Burguesía la fijación de la llamada Legislación Social. Un solo ejemplo: los obreros franceses logran el descanso dominical en 1906 y en Chile se conquista en 1915. Se puede argumentar que la Burguesía, a la vez que concede, se ve en la obligación de redoblar la explotación por otros medios, lo cual es cierto. Es la consiguiente lucha entre las clases fundamentales de la sociedad capitalista, en una formación social determinada, lo que permite el avance de las fuerzas productivas, entendiendo este proceso de avance de estas fuerzas no sólo como instrumentos técnicos, sino la aplicación de los conocimientos científicos al perfeccionamiento y remplazo de estos instrumentos. Y es que en realidad, en lo medular, las fuerzas productivas no se reducen sólo a cosas, puesto que, en su definición más interesante, no es su enumeración o su composición, sino el ritmo o el aspecto de su desarrollo lo que las define mejor, ya que ese ritmo está directamente ligado con la naturaleza de las relaciones sociales de producción y con la estructura del modo de producción. A este respecto, Marx nos explica que “Para el capital, la ley del crecimiento de la fuerza productiva del trabajo no se aplica en forma absoluta. Para el capital, esta productividad aumenta no cuando se puede realizar una economía en el trabajo vivo en general, sino sólo cuando en la fracción pagada del trabajo vivo se puede realizar una economía más importante que lo que se agregó del trabajo pasado (...)” (Cfr. “El Capital” Tomo III, p.259). Es decir, en la medida de que la clase trabajadora intenta hacer subir el precio de la fuerza de trabajo, la Burguesía debe incrementar las fuerzas productivas. Mientras el capitalismo real acentúa desigualdades y siembra miseria, paralelamente vende imágenes y sonidos, creando un mundo de fantasía e ilusiones que pretende ocultar las facetas más oscuras de la realidad. Modernización, revolución científico-técnica, eficiencia, eficacia, globalización, neoliberalismo, entre otros conceptos de contenido impreciso, se transforman en muchos casos en sonidos huecos que sustituyen el análisis y entierran en el olvido términos más precisos y adecuados, tales como imperialismo, explotación, analfabetismo, hambre. Los medios de

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comunicación construyen/reconstruyen día tras día un mundo irreal. El individualismo es el pan de cada día, pero es un individualismo creado, generado por el sistema de dominación, pues mientras el sistema rapiña a través de los monopolios u oligopolios, las personas se aíslan, viven sin darse cuentas de sus propias desgracias y la de los demás. Recordemos que uno de los caracteres particulares de la ideología burguesa dominante consiste en que oculta de una manera totalmente específica la explotación de clase, en la medida en que toda huella de dominio de clase está sistemáticamente ausente de su propio lenguaje. Con un espectacular despliegue, pretende ocultar las sombras de un funcionamiento económico cada vez más irracional e injusto; es el arte de birlibirloque llevado a la apoteosis. En este contexto, podemos constatar cómo se pretende encubrir la expansión imperial de los grandes grupos económicos, del capital financiero, bajo la discreta denominación de “GLOBALIZACIÓN”. 1990 marca el derrumbe del llamado Campo Socialista (conocido también como “socialismo realmente existente”; “Socialismo Burocrático”, etc.). Por esas fechas, que parecen lejanas, se habló del “Fin de las Ideologías”, que no había más Historia, que el sistema capitalista estaba llamado a construir un Reino Milenario, etc. El Imperialismo había logrado su sueño: derribar Estados que limitaban su poder y a la vez penetrar mercados vírgenes. Hoy día podemos apreciar cómo el Imperialismo trata de derribar la cultura musulmana, para invadir sus formaciones con sus mercancías y apropiarse de sus materias primas, imponiendo Gobiernos Títeres. Las Burguesías Internas, que subordinan sus intereses al gran capital para mantener sus privilegios, justifican la sumisión en nombre de la “libertad de mercados”. Otras vertientes, supuestamente más progresistas, levantan la bandera del “realismo” (léase LA TERCERA VÍA DE LA SOCIALDEMOCRACIA). La dialéctica y las contradicciones son cuidadosamente olvidadas, renacen planteos similares a los que un siglo atrás confundieron el colonialismo con la modernización y apoyaron a potencias imperiales en nombre del marxismo y del progreso. La tentación de caer en la fácil utopía de la conciliación de intereses contrapuestos, mediante “alianzas de papel” (léase MERCOSUR), renace más allá de sus innumerables fracasos en América Latina y el mundo. Pasamos ahora a describir parte de un análisis realizado por el teórico uruguayo José Rocca, que nos parece muy pertinente: “[podemos observar un] Crecimiento de costos fijos en investigación y difusión de tecnologías en mercados con fuerte competencia en el ámbito de la renovación de productos y métodos de producción. La velocidad de los cambios genera la obsolescencia en muchos procesos y productos y exige rapidez en la comercialización. Ello incentiva a las corporaciones a crear poderosas infraestructuras de ventas para acelerar el período de rotación de los nuevos productos. (…) Profundización de procesos de sustitución de mano de obra por otras formas de capital: „En las compañías competitivas actualmente el contenido de mano de obra directa ni siquiera representa el 10% del costo total de producción‟. El requerimiento de rápido acceso a materias primas, materiales y mercados gesta acuerdos entre compañías del mismo bloque económico o incluso entre empresas de diferente origen (por ejemplo norteamericanas, japonesas y alemanas)”. Luego, Rocca concluye: “La acumulación capitalista asume escalas planetarias y tiende a borrar fronteras. La interdependencia es cierta, pero también lo son las desigualdades y contradicciones. No podemos soslayar que estamos muy lejos de la existencia de un „mercado mundial‟ único. Los precios de los bienes y servicios, y especialmente los niveles de salarios, tasas de interés, son radicalmente diferentes en los países del orbe. Si bien desaparecen algunas limitaciones a la circulación de capitales (especialmente financieros) hay enormes trabas a los desplazamientos de trabajadores, no sólo por

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factores económicos, geográficos culturales, sino aún por impedimentos políticos que pueden transformarse incluso en riesgo de vida.” (17). Con respecto al concepto de “Globalización”, debemos recordar que ya en el siglo XVI, que es el siglo de la expansión europea en América, Africa y Asia, se genera el mercado mundial. El concepto Globalización puede fácilmente ser utilizado por las clases dominantes como un concepto que describe un proceso pacífico y benéfico. En efecto, éste concepto es definido de esa forma por conspicuos dirigentes del PS y del Partido por la Democracia, en una muestra más de la derrota ideológica de la izquierda, en su conjunto, cuando utilizan conceptos que son entregados por el propio sistema de dominación, aún cuando se puede cuestionar el carácter de izquierda de los dirigentes de los dos partidos citados.

COROLARIO (provisorio) Nos sentimos tentados, luego de todo este extenso análisis, a expresar que asistimos a una nueva fase del propio Imperialismo: EL SUPERIMPERIALISMO, en la forma en que lo expresaba Mandel, en los años “70. Es decir, avanzaríamos en la construcción de un Poder Supranacional, que podríamos situar en el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los demás organismos financieros mundiales. El caso reciente de Argentina, no es el primero ni será el último que evidencie ese nuevo Poder. Es evidente, como ya advirtiéramos, que el desarrollo desigual es una ley inherente al capitalismo y extensible al Imperialismo, por ende, sería más correcto afirmar que ese poder se encontraría en la fase de la transición, fase que puede demorar años, décadas. La realización de ésta fase será dramática, pero no exenta de los efectos de otra ley fundamental, que fuera sistematizada primeramente por Carlos Marx, LA LUCHA DE CLASES. Finalmente, en un Documento entregado por los Colectivos de Trabajadores (CCTT), se puede leer: “Chile ha sido el laboratorio en que las corrientes neoliberales mundiales y criollas han ensayado toda su ingeniería social. Se ha querido construir un capitalismo „perfecto‟, sin vuelta ni alternativa. Comenzaron los chicago boys, amparados por Pinochet. Siguieron los gobiernos civiles y los nuevos reclutas neoliberales” (18). “Corrientes neoliberales”, “nuevos reclutas neoliberales”; es decir, aquí se comprueba todo lo que hemos expuesto: la derrota ideológica de la izquierda hace que se utilicen conceptos que no describen ninguna categoría de la realidad y, además, se ha pasado a asumir como propio el vocabulario del enemigo. Se echa por la borda todo lo acumulado, se descarta la Teoría Revolucionaria y parece como si todo lo avanzado hubiese sido inútil. El sociólogo Andrés Pascal, a fines de los “80, realizó la siguiente caracterización del nuevo régimen surgido de la Dictadura Militar: “Los sectores tradicionales de la burguesía (en especial aquellos orientados al mercado interno) y los sectores de la pequeña y mediana burguesía que apoyaron el golpe, concebían al gobierno militar como una situación de excepción y transitoria, necesaria para poder reestablecer las antiguas formas estatales y de dominio. Pero los sectores de la burguesía monopólica financiera vinculados a las áreas más dinámicas de la economía y al capital extranjero, consideraban que el anterior sistema de dominación estaba agotado y su proyecto era fundar una nueva forma de Estado, de carácter autoritario, que no sólo consolidara la dominación burguesa sobre la clase obrera y el pueblo, sino además les permitiera imponer sus intereses particulares al resto de la burguesía. Tal propósito era coincidente con las concepciones de „seguridad nacional‟ y la estrategia contrainsurgente de las FFAA, y se ajustaba igualmente a los intereses imperialistas y las tendencias del capital financiero internacional. La Junta Militar abandonó pronto su autonomía relativa y se convirtió en la Dictadura Militar del capital monopólico-financiero nacional e internacional” (19). ¿Es que acaso nuestro

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país sufrió una transformación tan violenta en pocos años, cómo para pasar de un Estado hegemonizado por la burguesía monopólico-financiera a un Estado hegemonizado por una fantasmal “Burguesía Neoliberal”? También en los “80, otro autor (que pudiera estar cuestionado en relación a su accionar frente al Golpe), nos referimos a Carlos Altamirano, resaltaba el papel determinante que durante la Dictadura jugaba la Burguesía Monopólico-Financiera al interior del Bloque en el Poder. No debemos olvidar que el Movimiento Popular, en su conjunto, fue capaz de remontar la grave crisis orgánica planteada por el Golpe Militar del “73 y que, inclusive, pudo pasar a la ofensiva, mediante los ciclos de protesta social, ya en los “80. Ambas situaciones permitieron acerar a vastos sectores sociales, que así conocieron del combate callejero y de otras formas de lucha. Además, dieron paso a la formación de una generación que se fortaleció en lo ideológico y que hoy se requiere aporte en la reconstrucción o, más bien, en la potenciación del Movimiento Popular y Social. Es cierto, la derrota del “86 ha sido mucho más profunda y hasta nuestros días, con mucho dolor, podemos constatar sus efectos. Mas no debemos olvidar que toda crisis tiene dos caras, y sería más provechoso que pensáramos según el viejo adagio del proletariado chino: “LOS MUERTOS NO SE HAN IDO, SÓLO HAN IDO A BUSCAR NUEVAS FUERZAS Y YA VOLVERÁN”. Martin Nicolaus escribe: “No hay más contradicciones „locales‟, ni contradicciones „económicas‟ en el sentido que se le da usualmente; todas nuestras contradicciones, y cuanto más profundas son más verdadero es esto, tienen causas universales y efectos universales: UN NIÑO QUE LLORA DE HAMBRE EN UN CUARTO DE CUALQUIER PUEBLO, PONE EN CUESTIÓN TODA LA HISTORIA DEL MUNDO”. Y complementa Mandel: “Esto es completamente verdad, y está dicho primorosamente. No es nuevo, porque también era verdad hace un siglo”. ¡DE LA DERROTA SE SALE LUCHANDO!
COLECTIVO ACCION DIRECTA ~CAD
JUNIO 2003 NOTAS (1) Louis Althusser, “Para Leer El capital”; Editorial Siglo Veintiuno, 1970; p. 11. (2) Nicolai Bujarin, “El imperialismo y la economía mundial”; Cuadernos de Pasado y Presente, 1971; página 97. (3) Op. Cit.; página 177. (4) Op. Cit.; páginas 49 a 51. (5) Op. Cit.; página 92. (6) Nicos Poulantzas, “Clases Sociales y Poder político en el estado capitalista”; Editorial Siglo Veintiuno, 1969; página 44. (7) Op. Cit.; páginas 185 a 187. (8) Pierre Jalée, “El Imperialismo en 1970”; Editorial Siglo Veintiuno, 1971; páginas 200201. (9) Op. Cit.; páginas 265-266. (10) P. Baran y P. Sweezy, “El capital monopolista”; Editorial Siglo Veintiuno, 1970; páginas 266 a 275. (11) Ernest Mandel, “Ensayos sobre el neocapitalismo”; Ediciones Era, 1976; página 20. (12) Op. Cit.; páginas 24-25. (13) Op. Cit.; página 72. (14) Op. Cit.; páginas 73 a 75. (15) Nicos Poulantzas, “Las clases sociales en el capitalismo actual”; Editorial Siglo Veintiuno, 1971; página 74. (16) Joseph Lajugie, “Los sistemas económicos”; Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997; páginas 69 a 71. (17) José Rocca, “Capitalismo Real y Globalización Virtual”; Revista Alfaguara, Uruguay, Mayo 2001, Número 25; páginas20 a 23. (18) CCTT, “Hacia una Plataforma de Lucha por los Derechos Generales de los Trabajadores”, 2002. (19) A. Pascal A., “Balance Histórico del MIR y su lucha revolucionaria”, 1987; página 39.

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