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Homenaje a Los Heroes de La Patria Colombia

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VIDA ACADÉMICA

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V IDA A CADÉMICA

HOMENAJE A LOS MÁRTIRES DE LA PATRIA
El 19 de julio de 2006, en cumplimiento de una de las más caras tradiciones de la Academia, se llevó a cabo en el recinto de la Iglesia de la Veracruz, Panteón Nacional, el homenaje a los mártires de la Patria, al cual concurrieron muchos académicos encabezados por los miembros de la Mesa Directiva. Presidió la eucaristía el padre Alirio López, párroco de la Veracruz y actuaron como concelebrantes el académico de número Luis Carlos Mantilla O.F.M. y Monseñor Germán Pinilla, Capellán del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y canónigo de la Catedral. Al final de la eucaristía pronunció el discurso de orden el académico de número general (r.) José Roberto Ibáñez, el cual se transcribe a continuación: “Agradezco a la Academia Colombiana de Historia, el honor que me ha dado, para llevar su voz en esta tradicional ceremonia religiosa y patriótica, con la cual, anualmente renovamos el culto a los mártires de la Patria, en este sagrado templo, que con el brillo dorado de sus nombres sobre el mármol, por sí mismo evoca su sacrificio por darnos una nación soberana y democrática. “En el presente del Mundo, cuando el sistema de valores que ha desarrollado la civilización occidental y el cristianismo, sin reato moral tiende a invertirse en busca del hedonismo y del imperio de la economía, sobre las calidades del espíritu, del honor nacional y de la dignidad humana, el culto a los héroes y mártires de la República se constituye en reactivo espiritual para encauzar a Colombia por los mandatos del derecho natural, de la solidaridad social, de la paz y de la conquista de los grandes intereses de la Patria. “Los hechos epicentros, de los cuales dimana todo nuestro desarrollo histórico están constituidos por el Descubrimiento de América o encuentro de Dos Mundos, que gestó nuestra nacionalidad; y la Guerra de Independencia, que dio nacimiento al Estado colombiano que nos rige. Pero el primero, forjado en el movimiento renacentista europeo y carente de elaboración americana, pertenece más a la historia universal. El segundo en cambio, esencia y raíz de la Patria, conlleva mayor significado espiritual para sus valores sociales.

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“Razón para sintetizar el significado de este acto, solo en sus aspectos trascendentales: en primer lugar el auténtico valor moral de la generación de mártires de la Primera República y luego su penetración y legado en el alma popular. Sin idealizarlos como ha ocurrido en nuestra historiografía romántica y tropical del pasado. Considerándolos en su esencia natural, con las virtudes y pasiones, aciertos y errores de su dimensión humana y a la luz de las circunstancias y hechos que les dieron fisonomía histórica. “Excluyendo a los precursores de la independencia: Nariño y Miranda, algunos distinguen en los héroes de la emancipación, dos generaciones sucesivas: la de mártires, cuyas figuras principales yacen en este osario, encabezados por Camilo Torres, el sabio Caldas, Baraya, Villavicencio y otros no menos insignes, y la de libertadores acaudillados por Bolívar, Santander y Córdova. Cuando en realidad son una sola, y su diferencia está dada por la reacción del Régimen del Terror que inmoló a los primeros, pero no pudo evitar que los segundos escaparan a las Llanuras Orientales y al Caribe, para cobrar los laureles de la victoria en las grandes campañas de la libertad Americana. “Recordemos ante todo que los mártires de la primera República, se identifican por su pertenencia a la clase socioeconómica de los criollos, es decir, a los descendientes de españoles nacidos en América, con escasos hilos de estirpe nativa, menos de sangre esclava. Muchos de ellos, legatarios de los encomenderos que usufructuaron la conquista, establecieron un régimen feudal y se resistieron a cumplir las Leyes de Indias cuando afectaban sus intereses económicos. Por consiguiente, eran al finalizar el siglo XVIII, los detentadores de los medios de producción de riqueza y quienes regían la economía colonial llevando una vida cómoda y placentera, aun cuando sin mayores posibilidades políticas para dirimir el destino de su pueblo. “Pero por contradicción histórica, fue justamente su posición socio-económica la que les permitió a estos criollos viajar a Europa o Norteamérica y acceder con el estudio, al ámbito de la ilustración o de la enciclopedia, para esparcir sus postulados por América como reacción a tres años de colonialismo. E identificados con un nuevo concepto de Patria, bien distinta de la España europea, se lanzaron del campo del pensamiento al de la acción, motivados por los logros de las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa. Por eso la ilustración fue el puñal que se clavó a sí mismo el despotismo. “Circunstancia que paralelamente da a esta generación de próceres y mártires, una estatura moral no alcanzada ni antes ni después de la Independencia por ninguna otra. Porque teniéndolo todo: familia, prosperidad económica

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y existencia placentera, al asimilar el nuevo concepto de democracia y calibrar sus bondades, todo lo abandonaron y a costa de sus propias vidas, se lanzaron al campo de batalla a redimir al pueblo de los lastres de la esclavitud, del servilismo, del fanatismo y de la ignorancia generados por tres siglos del rancio y protervo colonialismo hispano. Ratificando de paso, que ninguna revolución triunfa sin el liderazgo de parte de la propia clase dirigente a la que pretende derribar y sin el sacrificio de otra buena cuota de sus adalides. Tal como ocurrió en nuestra Primera República con el martirio de quienes reposan bajo esta pira sagrada y de quienes esculpieron de gloria los campos de Boyacá, Carabobo, Bomboná, Pichincha, Junín y Ayacucho. “En el terreno de las grandes realizaciones humanas, el título de mártir, que da la sociedad a quienes ofrendan su vida por ella, es tal vez la aureola más reconocida, trascendente y perdurable: por cuanto comprende a todas las demás virtudes de una comunidad como el patriotismo, el heroísmo, el valor, el honor, la honestidad, el amor al prójimo, la dignidad y la gloria. Tal vez por eso, nuestro Dios, al asumir su condición humana, escogió el martirio como forma de redención eterna, para edificar sobre él la religión cristiana que hoy profesa casi la mitad de la población del Mundo. “Pero, además, la sangre de los mártires de la Primera República al emprender su vuelo hacia la eternidad sobre los horizontes de la gloria, refractó en seguida a la tierra colombiana, la luz de la fortaleza y de la fe para que el pueblo famélico y desnudo cruzara los Andes y realizara la gran epopeya de 1819. La cual no podemos concebir, sin el paradigma de los mártires que de 1816 a 1818 fueron inmolados por los pelotones de fusilamiento de Morillo. “La profunda identificación entre los mártires y héroes con el pueblo que prosigue rindiéndoles culto, es tan fuerte e imperecedera, que sus lecciones fecundas, determinan con dinámica creadora el alma de las masas hacia la virtud en sus momentos de crisis y de angustia. Don Miguel de Unamuno desentraña esta realidad sicológica de la sociedad, dividiendo a los hombres en tres categorías: LOS HÉROES Y MÁRTIRES, LOS DOCTORES, Y EL PUEBLO. Entre los héroes y mártires y los doctores, no puede existir buena comunicación, por la preconcepción mental de los segundos de fórmulas o patrones intelectuales que a veces los inhiben para ser portadores entre el espíritu y la naturaleza. Los héroes y mártires en cambio, poseedores de misteriosas potencias, encarnan un mensaje al pueblo con una fuerza también misteriosa. Dice al respecto el célebre rector de Salamanca: “A los héroes los entiende mejor el pueblo que a los Doctores. Don Quijote pudo arrastrar detrás de sí a Sancho, no al bachiller Sansón Carrasco. Al pueblo le van administrando los intelectuales doctrinas y enseñanzas que en cada ge-

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neración se le despegan porque no las vive hondamente. Es vano que traten de inculcarse maneras que riñen con su ser profundo. Siempre que Don Quijote redivivo, llame a Sancho, el escudero dejará con la palabra en la boca a Sansón Carrasco para irse detrás de su amo, a quien pide con lloro que no se muera sin que lo lleve a la tierra prometida, Sancho espera a Don Quijote sin saber lo que espera. Los naturales esperan a los espirituales, hastiados de fríos y hueros sermones del intelecto revestidos de piedad. Nada más cerca de las masas que los poetas, los videntes y los héroes y mártires. Los doctores le muestran al pueblo sus conocimientos almacenados; ‘los espirituales’ le muestran su personalidad, la visión de un hombre entero y verdadero, la revelación de un alma al desnudo. “Y los movimientos populares, no se enmarcan dentro de la lógica de esquemas sociales predeterminados, justamente por sus profundas raíces sicológicas. Las masas piensan antes con el corazón que con el cerebro y aceptan las ideas solo cuando vienen cargadas de potencia emotiva y volcánica; potencia que sólo poseen los héroes y mártires, no las doctrinas y los programas, porque trasmiten sus razones de lucha espiritual a las multitudes, que siguen su llamado y su memoria, llenando el vacío de su orfandad y desamparo con el sentimiento vibrante de quienes fueron capaces de ofrendarse en aras del altruismo. “Cuando estamos en los umbrales de la conmemoración bicentenaria de nuestro proceso independentista y observamos la realidad de la violencia que nos sobrecoge y angustia, estas consideraciones nos hacen comprender mejor cómo el ejemplo de los mártires de la Primera República ilumina la Nación de esperanza para superar el conflicto, justamente con el sacrificio del sinnúmero de soldados que a diario caen bajo la aleve emboscada de toda esa caterva de bandidos que infestan la República. Y que en contravía de la voluntad popular, pretende derribar el Estado de Derecho vigente, con el pretexto de reivindicar a la sociedad, pero corrompiéndola, atacándola y martirizándola de manera indiscriminada y cruel. La sangre generosa de estos mártires, hoy se funde con la de los de ayer en el cementerio heroico de la Patria y se eleva al cielo como una plegaria por la paz de Colombia. “A veces resulta difícil hacer entender el significado del martirio de nuestros héroes, tanto de la generación de la independencia como de la del presente, por la interpretación que de nuestro pasado tomaron las corrientes del determinismo económico y del materialismo histórico, implantadas con carácter esnobista hace tres décadas por el propio Ministerio de Educación. Corrientes que aún condicionan los programas de estudio en varios establecimientos académicos y educativos, los cuales amalgaman la historia dentro

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de otra serie de ciencias sociales y la circunscriben exclusivamente a las contradicciones sociales, dejando de lado los grandes hombres que con su pensamiento o acción la hicieron posible, en beneficio del protagonismo de las masas informes que por sí mismas jamás habrían logrado escribir las páginas gloriosas de la libertad, menos de su desarrollo y progreso de los pueblos. “De tal manera, este acto de la Academia Colombiana de Historia cobra permanente vigencia y penetración en el alma nacional. Porque nos recuerda que el disfrute de nuestra libertad, de nuestras posibilidades de una vida mejor, de las bondades y de las dificultades de la Patria que hoy tenemos, ha sido fruto de la labor sacrificada y heroica de las generaciones de ayer y de hoy que no dudaron en sacrificarse por Colombia”.

General (r.) José Roberto Ibáñez

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O BITUARIO

PILAR MORENO DE ÁNGEL
Siempre son tristes las despedidas, pero al decir adiós a un ser humano como Pilar Moreno de Ángel se multiplican las razones para la tristeza. Se ha perdido no solo a una persona excepcional sino con ella, a una multitud de interlocutores, cada uno especial en sí mismo y parte constitutiva de su personalidad profunda y versátil, capaz de interesarse en todo lo que significara cultura, belleza y conocimiento. Dejaremos de oír a la historiadora versada y amena, sus narraciones iluminadas por certeros juicios y anécdotas. No la veremos más frente a los tesoros de su biblioteca, señalando una primera edición largamente buscada, o admirando un grabado exquisito. Recordaremos siempre a la amiga generosa, a la Académica erudita y memoriosa, a la crítica de arte, a la mujer fuerte capaz de organizar y ordenar una Biblioteca de 400.000 volúmenes, pero también atenta a los cuidados de su hogar, de su familia y sus amigos. Pilar Moreno de Ángel murió el 26 de junio de 2006 después de una vida llena de hazañas. En efecto, desde muy joven Pilar se sintió atraída por la investigación histórica, impulsada por las enseñanzas de su padre, don Juvenal Moreno, gran aficionado a la historia y las humanidades. En 1971 obtuvo un premio otorgado por el Instituto Colombiano de Cultura a su biografía de Alberto Urdaneta y ese triunfo le sirvió de acicate para emprender la vastísima investigación sobre José María Córdoba. Después de años de trabajo en el Public Reccord Office de Londres surgieron los tres volúmenes de la correspondencia y los documentos relativos al general Córdoba y más adelante la historia de su vida. Siguiendo su vocación, Pilar inició las investigaciones conducentes a la empresa monumental de la bio-

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grafía del general Francisco de Paula Santander, la más completa y documentada de cuantas se han escrito sobre la vida, obra y pensamiento del Hombre de las Leyes. Este trabajo narra la vida del héroe desde su infancia, sus estudios en el colegio de san Bartolomé, su dedicación al ideal patriótico que lo impulsa a cooperar en la organización del ejército libertador y su amor por la lógica y el orden que serán el substrato sobre el cual se construirán las Leyes de la República. Simultáneamente Pilar dirigía las obras de reorganización de la Biblioteca Nacional. Esto implicaba el desmontar, restaurar, limpiar y acomodar los 400.000 volúmenes de la colección. Esta empresa le exigía ser a la vez arquitecta, bibliotecaria y constructora, tener un sistema ejemplar y un orden impecable que le permitiera cuidar de los incunables, los documentos preciosos y los miles de libros para salvarlos del polvo y el movimiento. Debía arreglar el edificio, sacar con buenas maneras a ciertos inquilinos incómodos, reordenar los volúmenes y proteger los empleados sofocados entre el polvo que se había acumulado en 40 años. Esa labor salvadora de nuestro patrimonio se complementó con su trabajo en el Archivo Nacional que dirigió con su habitual seriedad, método e inteligencia. A la biografía del general Santander siguió un pequeño volumen sobre don Antonio de la Torre y Miranda, viajero y poblador. Este singular oficial viajó por toda la región norte del Virreinato de la Nueva Granada, vistiendo el uniforme de los ejércitos del Rey, fundando pueblos y navegando por ríos recién descubiertos y anotando sus observaciones sobre la naturaleza y las costumbres de los nativos. El último libro publicado por Pilar Moreno de Ángel fue El Daguerrotipo en Colombia. A la autora le encantaba la fotografía como documento histórico y había recogido una muy valiosa y ordenada colección. Esta afición la llevó a interesarse en su historia y como consecuencia lógica en el daguerrotipo, su origen, su técnica y sus aplicaciones. La investigación preliminar llevó a la autora a buscar ejemplos y curiosidades en todo el mundo y a establecer correspondencia con especialistas hasta lograr una joya de belleza y conocimientos. Si Pilar fue un ejemplo como intelectual y profesional, en su hogar logró concretar los matices más exquisitos de su amor por el arte y la cultura. Esposa, madre y abuela cariñosísima, compartió con su familia no solo su amor por todo lo bello sino su alegría, su amor por la naturaleza y su respeto por todas las manifestaciones de la inteligencia.

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Toda su vida, pública y privada, se cimentó en su relación con Jaime Ángel Villegas, su compañero, su apoyo, su admirador y su respaldo. Jaime ha sido al mismo tiempo el tierno padre de Silvia, Carolina y Camilo y el abuelo de Valentina, Alejandra, Cristina y María. Para todos ellos el dolor de esta despedida está aminorado con la esperanza de un reencuentro en la biblioteca celestial que sin duda Dios le tenía preparada. Teresa Morales de Gómez Palabras de su hijo Jaime en las exequias que tuvieron lugar en la Parroquia de la Inmaculada del Chicó, el 27 de junio de 2006 a la 1 p.m. El día en que Jaime conoció a nuestra mamá, se enamoró de ella. La vio a lo lejos, desde la puerta de entrada de la casa de Carolina Gómez y se enloqueció por ella. Allí, desde esa puerta, Jaime supo que se casaría con aquella mujer vestida de negro de los pies a la cabeza. Le propuso matrimonio al día siguiente. Nuestra madre, pensó para sus adentros, que se había enamorado de un loco y le contestó con un largo no..., que a la verdad no duró demasiado, pues a los tres meses sucumbió en sus brazos y de allí no volvió a apartarse nunca. Tuvimos la suerte de nacer del amor de esta pareja extraordinaria, en donde la armonía y la calidez eran el diario vivir. Su empatía por el otro trascendía los límites normales. Un hombre y una mujer que se compaginaron y se abrazaron, como si fuesen uno solo y que crecieron, uno al lado del otro, enorgulleciéndose del otro. Pilar fue una madre como pocas. Nuestra amiga, compañera, confidente y maestra. Viajamos los cinco, por todo Colombia, conociendo pueblo a pueblo, iglesia a iglesia, cuadro a cuadro, batalla a batalla. Cada día era una lección de arte y de historia, de Colombia y del mundo, envidiable para cualquier erudito. Una mujer divertida y alegre, llena de vida y de humor, con una inteligencia extraordinaria, una memoria extensa y un carácter cariñoso. Su último discurso, cuando fue nombrada miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, no lo podremos olvidar. Hablaba de Cristóbal Colón, de sus hazañas, de sus aventuras. Escuchamos atentamente hechos extraordinarios y novedosos. Cosas que los historiadores se habían saltado en sus libros y que nos conducían a un viaje fantástico, a través de las más increíbles aventuras. No sabíamos entonces, que este sería su último diálogo con el mundo y que ella, en un par de años, moriría emblemáticamente, en el restaurante 1492. Ahora entendemos por qué este era su lugar para morir y no otro. Si tuviésemos nuevamente la opción de escoger entre miles de millones de oportunidades, escogeríamos sin lugar a dudas, a Jaime y Pilar como pa-

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dres. Esto ha sido como ganarse el premio gordo de la lotería. Nos sentimos los más privilegiados. Ellos, “los adelantados”, comprendían el valor de la educación y del buscar entender al otro. Ellos, “los adelantados”, han sido ejemplo de generosidad y amor para todos aquellos que de alguna u otra forma los compartimos y fuimos afortunados de conocerlos y de vivir dentro de su hogar y de compartir su amor. Esto, sin lugar a dudas, ha sido un privilegio y se lo agradecemos a Dios, de todo corazón. Un enorme beso para Jaime y un hasta luego para Pilar, de sus hijos, con todo nuestro más profundo amor. Sylvia, Carolina y Camilo Palabras pronunciadas por el Presidente de la Academia al finalizar el funeral Doña Pilar Moreno de Ángel ocupaba la más alta categoría en el escalafón de la Academia Colombiana de Historia, la de Miembro Honorario. Tal distinción le fue concedida teniendo en cuenta sus dotes innatas de investigadora, su interés por la Corporación, a la que sirvió en diferentes posiciones con innegable dedicación, y especialmente sus obras, entre los que sobresalen las biografías de Francisco de Paula Santander, José María Córdova y Alberto Urdaneta, así como documentados escritos sobre el patrimonio artístico nacional como el dedicado al daguerrotipo en Colombia. Además, en el ámbito nacional ocupó importantes cargos como los de Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia y directora del Archivo General de la Nación. Correspondió a Pilar Moreno de Ángel ser la primera dama en ocupar un sitial de miembro de número en la Academia, calidad en la cual abrió nuevos espacios, merced a la seriedad de sus trabajos y a su compromiso con la entidad. Tras ello la presencia femenina en la Academia ha sido fundamental y decisiva. Desde niña Pilar mostró una especial inquietud intelectual que fue madurando y que se manifestó en su real dimensión en 1971, cuando su trabajo sobre Alberto Urdaneta fue galardonado con el tercer premio en el Concurso Nacional de Historia. Gracias a esta biografía publicada en la Colección de Autores Nacionales, Alberto Urdaneta fue ubicado en el sitial que merece dentro del panorama cultural del país. Su vocación de historiadora no podía quedar satisfecha y la condujo a indagar sobre José María Córdova. Tres volúmenes recogen la Correspondencia y documentos del General José María Córdova compilados y co-

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mentados por ella. Tras esta dispendiosa labor de ordenamiento y análisis era obvio que abocase su biografía. En 27 capítulos recreó la vida de este prócer mediante el completo estudio de sus antecedentes familiares, su formación intelectual y su vida política y militar. La obra que más identifica a Pilar Moreno como historiadora es su biografía del general Francisco de Paula Santander. Sin exageraciones, se trata de la más completa y documentada de las biografías del “Hombre de las Leyes”. A través de 45 densos capítulos se nos presenta un Santander lleno de cualidades y también, como cualquier ser humano, adornado de no pocos defectos. El libro nos muestra a Santander en su verdadera dimensión de militar, jurista, estadista, hombre de mundo y promotor de la educación y la cultura. En forma paralela, al lado de los hechos más destacados en la carrera vital del prócer se relata la gesta emancipadora sin dejar de lado ninguno de los sucesos que marcaron la historia de la revolución granadina. Otro de sus libros es el titulado Antonio de la Torre y Miranda, viajero y poblador. En el se describen las aventuras de un viajero singular, muy propio del siglo XVIII, quien en su carácter de oficial de los ejércitos reales y de católico convencido, recorrió sin descanso la región del Caribe, fundando pueblos y estableciendo colonias. En esta labor fundó o reestableció 43 poblados. En El daguerrotipo en Colombia Pilar Moreno relata buena parte de la historia de la fotografía en nuestro medio; en esta reseña cuidadosamente ilustrada, los adelantos técnicos y las innovaciones giran alrededor de tres precursores, los señores Gros, García Hevia y Armstrong Bennet. La última obra de Pilar lleva el título de Santafé de Bogotá 1864-1865. Se trata de un álbum único y raro en el que se hace la reproducción de 30 láminas elaboradas por Otón de Bourgoing, Secretario de la Legación de Francia en la Nueva Granada. Las láminas, bastante ingenuas, ilustran las costumbres, los tipos humanos y el entorno de la capital colombiana a través de ensambles en los que se utiliza una técnica mixta de collage y pintura. Para la cultura colombiana y especialmente para la Academia Colombiana de Historia la muerte de Pilar Moreno de Ángel constituye una pérdida irreparable. Hemos perdido no solo a una apreciada colega dotada de un vasto talento y una marcada vocación de servicio sino a una historiadora de verdad cuya obra habla por sí misma. Su ausencia nos priva del concurso de sus ideas y del vigor de sus facultades intelectuales. Por ello, la Academia honra su memoria, deplora profundamente su fallecimiento, y comparte solidariamente el duelo que este acontecimiento causa a Jaime Ángel, a sus hijos Silvia, Carolina y Camilo, a sus nietos y al resto de su familia, así como al ámbito académico nacional.

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BIBLIOGRAFÍA DE LA ACADÉMICA PILAR MORENO DE ÁNGEL
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1985. Hoja de servicios del general de División, don José María Córdova, héroe de Ayacucho, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 72, No. 748, págs. 137-145. 1987. Horacio Rodríguez Plata, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 74, No. 759, págs. 798799. 1989a. (correseñadora) Don Eduardo y el discreto encanto de su larga vida, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 76, No. 766, págs. 597-599. 1989b. “Dimensión de Urdaneta, 1788-1988”, editado por Pequiven, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 76, No. 767, págs. 1043-1046. 1989c. Vida y obra del General Santander, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 76, No. 767, págs. 895-899. 1990a. Proyecciones inmortales, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 77, No. 769, págs. 385387. 1990b. Renuncia irrevocable a la Comisión Colombiana del V Centenario del Descubrimiento de América, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 77, No. 771, Págs. 1092-1093. 1991. José Celestino Mutis y la Ilustración en el Nuevo Reino de Granada, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 78, No. 774, págs. 557-570. 1992. (Coautora) Informe de comisión, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 79, No. 776, págs. 223-224. 1993. Sobre el libro “Patriota y amante de Usted: Manuela Sáenz y el Libertador”. Ni patriota ni amante de Usted, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 80, No. 782, págs. 817-819. 1994. El culto a la historia, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 81, No. 787, págs. 899-902. 1995a. El Amazonas y el Brasil a través de las exploraciones y viajes del general Rafael Reyes en la segunda mitad del siglo XIX, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 80, No. 788, págs. 113-125. 1995b. El IV Congreso de Academias de historia, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 82, No. 789, págs. 541-543. 1995c. La historia de Colombia ya no se enseña, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 82, No. 790, págs. 763-764. 1997a. Bienvenida a don Carlos José Reyes Posada, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 84, No. 797, págs. 383-390. 1997b. (Coautora) En salvaguarda del patrimonio histórico: los barandales de la Quinta de Bolívar, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 84, No. 798, págs. 863-872. 1998a. Los santandereanos y la historia, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 85, No. 803, págs. 1157-1160. 1998b. Bicentenario del nacimiento del general José María Córdova, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 86, No. 807, págs. 1089-1099. PRÓLOGOS 1976. Prólogo y notas, en ALBERTO URDANETA, Dibujos y caricaturas, Grupo de Seguros Colombia, Bogotá. 1983. Prólogo, en JOSÉ MARÍA ESPINOSA, Memorias de un abanderado, Academia Colombiana de Historia, Bogotá. Colección “Complemento a la Historia Extensa de Colombia, 7”. 1988. Prólogo, en FRANCISCO DE PAULA SANTANDER, Escritos sobre Santander, Fundación Francisco de Paula Santander, Bogotá. Colección “Monográfica, 3”. 1999. Prólogo, en EMILIANO DÍAZ DEL CASTILLO, Espíritu y sangre de Santa Teresa de Jesús en Colombia, Academia Colombiana de Historia, Bogotá. Colección “Biblioteca de Historia Nacional, 155”. 2000b. Investigación y textos, en OTHÓN DE BOURGOING, Santafé de Bogotá 1863-1864, Duff and Phelps de Colombia, Bogotá.

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BOLETÍN DE HISTORIA Y ANTIGÜEDADES – VOL. XCIII No. 834 – SEPTIEMBRE 2006

ROBERTO MARÍA TISNÉS JIMÉNEZ, c.m.f. Presbítero
Falleció en la Clínica Marly de Bogotá el 29 de agosto de 2006, a los ochenta años de edad, en vísperas de ser dado de alta por la mejoría que ya experimentaba de los quebrantos cerebrales que habían urgido su hospitalización cuatro días antes. Sus solemnes exequias tuvieron lugar en la basílica del Voto Nacional de la capital, presididas por el obispo de Ibagué, Monseñor Flavio Calle, numerosos presbíeros y el superior provincial de la Comunidad de Claretianos, a la cual pertenecía el ilustre difunto, y en cuyo seminario de Bosa residía últimamente. En representación de la Academia se hicieron presentes el señor Presidente, don Santiago Díaz Piedrahíta, el doctor Luis Horacio López y el académico numerario don Alberto Corradine Angulo. Al momento de su deceso era el decano de la Academia Colombiana de Historia, por razón de antigüedad elegido como Miembro de Número, el 9 de marzo de 1962 para suplir la vacancia de la silla 18, tras la muerte de su titular Enrique Ortega Ricaurte. De esta silla tomó posesión el 26 de junio del mismo año con la lectura de una conferencia que intituló Un conspirador desconocido: Manuel Vicente Prieto, basado en documentos del Archivo Nacional de Madrid: “un inquieto personaje granadino de finales del siglo XVIII, agitador y revolucionario, letrado y escritor, personalidad muy afín a la del prócer don Pedro Fermín de Vargas”, según anunció el recipiendario a los concurrentes en el preámbulo de su exposición [cfr. Boletín de Historia y Antigüedades vol. 50 (abriljunio 1963): 149-179]. Desde junio de 1955, fecha en la que ingresó a la Academia como Miembro Correspondiente, hasta 1992, cuando se registra su última participación en las sesiones de la corporación, fue un académico entusiasta y decidido, de esos miembros vitales a la institución por su actividad y por sus aportes. No obstante, después de su improviso aislamiento continuó frecuentando casi diariamente la biblioteca, en donde se había reservado un lugar con una vetusta máquina de escribir –que le fue respetado y conservado–, desde donde adelantaba sus pesquisas bibliográficas. Escritor fecundísimo, dejó publicados numerosos artículos en las más variadas revistas, pudiéndose distinguir dentro de esa producción su predilección por un tema y un período histórico: la Independencia y los héroes patrios. Pero también por la historia local, circunscrita a Zipaquirá, y a Sonsón, Antioquia, su patria chica, donde vio la luz el 6 de febrero de 1926. Al lado de estos temas, se destaca su inclinación por los relativos a la historia de la Iglesia y la devoción mariana, habiendo hecho del culto a la Madre de Dios uno de sus principales apostolados como sacerdote. También dedicó muchos escritos a aspectos históricos de su comunidad claretiana y de su santo fundador Antonio María Claret. De su enorme bibliografía destacamos los siguientes libros: El Clero y la Independencia en Santafé (1810-1815), que corresponde al tomo 13, volumen 5 de la Historia Extensa de Colombia, Bogotá 1971. Capítulos de historia zipaquireña (1480-1830), Bogotá, 1956; Movimientos preindependientes grancolombianos, publicado por la Academia Colombiana de Historia en su colección

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Eduardo Santos, no. 27, 1962, libro con el cual participó –y ganó– en el concurso abierto por la Academia Colombiana de Historia para conmemorar el Sesquicentenario de la Independencia; Fray Ignacio Mariño, O.P., capellán general del Ejército Libertador, Academia Colombiana de Historia, Colección Historia Nacional no. 101, Bogotá 1963; Los Mártires de la Patria (1810-1819), Bogotá, 1966; Los Tisnés en Colombia y Argentina, Editorial Salesiana, Medellín, 1971, escrito en asocio con Félix Tisnés Jaramillo; Don Pedro Fermín de Vargas: biografía de un precursor, Academia de Historia de Santander, Colección Biblioteca Santander, no. 33, Bucaramanga, 1979; Caballero y Góngora y los Comuneros, Instituto de Cultura Hispánica, Bogotá, 1984; Belisario Peña, poeta colomboecuatoriano, Bogotá, Editorial ABC, Colección Biblioteca de Autores Zipaquireños, no. 1, 1989; Juan de Dios Morales, prócer colombo-ecuatoriano, Academia Colombiana de Historia, Colección Historia Nacional, no. 146, 1996. La memoria del padre Roberto María Tisnés, además de la Academia Colombiana de Historia, habrá de perdurar en los anales de las Academias de Historia de Cundinamarca y de Historia Eclesiástica, de las cuales fue cofundador y en las que proyectó mucho entusiasmo y actividad. L. C. Mantilla R. BIBLIOGRAFÍA DEL ACADÉMICO ROBERTO MARÍA TISNÉS JIMÉNEZ, C.M.F.
LIBROS 1956. Capítulos de historia zipaquireña (1480-1830), Bogotá, [s. ed.]. 1962. Movimientos pre-independientes grancolombianos, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Biblioteca Eduardo Santos, 27”. 1963. Fray Ignacio Mariño, Capellán General del Ejército Libertador, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Biblioteca de Historia Nacional, 101”. 1965. Fray Ignacio Mariño, Capellán General del Ejército Libertador, Medellín, Academia Antioqueña de Historia, Colección “Academia Antioqueña de Historia, 1”. 1967. Los mártires de la patria, 1810-1822 (estudio),Medellín, Universidad Pontificia Bolivariana, Colección “Rojo y Negro, 51”. 1968. Un antioqueño héroe de Bárbula, Medellín, Academia Antioqueña de Historia, Colección “Academia Antioqueña de Historia, 9”. 1969a. Un prócer: don Pedro Fermín de Vargas, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Bolsilibros, 3”. 1969b. Un fraile guerrillero, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Bolsilibros, 4”. 1969c. Un antioqueño héroe de Bárbula, 2a. Ed., Medellín, Editorial Granamérica. 1970a. Antonio Arredondo: Coronel español al servicio de la independencia, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección“Bolsilibros, 7”. 1970b. Dos precursores: don Francisco de Miranda, don Pedro Fermín de Vargas, Caracas, Instituto de Estudios históricos Mirandinos. 1971a. Apuntes genealógicos: los Tisnés en Colombia y Argentina, Medellín, Editorial Salesiana. 1971b. Historia eclesiástica: el Clero y la Independencia en Santafé (1810-1815), Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Historia Extensa de Colombia, XIII: 5”. 1975. Efemérides sonsonesas (1761-1971), Bogotá, Editorial Retina.

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1976. La independencia en la Costa Atlántica, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Biblioteca de Historia Nacional, 134”. 1979. Pedro Fermín de Vargas: biografía de un precursor, Bucaramanga, Academia de Historia de Santander, Colección “Biblioteca Santander, 33”. BES. 1980. Don Juan del Corral: libertador de los esclavos, Bogotá, Banco Popular, Colección “Biblioteca Banco Popular, 83”. BES. 1984. Caballero y Góngora y los comuneros, Bogotá, Instituto de Cultura Hispánica. 1987. Alejandro Geraldini, primer Obispo residente de Santo Domingo en La Española, amigo y defensor de Colón, Santo Domingo, Editorial Amigo del Hogar, Colección “Catedral Primada, 1”. 1989. Belisario Peña: poeta colombo-ecuatoriano, Bogotá, Editorial ABC., Colección “Biblioteca de Autores Zipaquireños, 1”. 1991a. Los archivos eclesiásticos: el Archivo General Claretiano, Bogotá, Art. Colombia, Pinilla Hnos. 1991b. Dionisio González de Mendoza: un palentino ignorado (1815-1887), Palencia (Esp.), Imp. Merino-Mayor. 1996. Juan de Dios Morales, prócer colombo-ecuatoriano, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, Colección “Biblioteca de Historia Nacional, 146”. 1999. La Co-redención Mariana: ¿el próximo quinto Dogma Mariano?, Quito, Fundación Jesús de la Misericordia. 2003. Catecismo de los dogmas marianos: la Co-redención, Bogotá, Editorial Kimpres Ltda. ARTÍCULOS 1951. Otros dos mártires zipaquireños, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XXXVIII, Nos. 435-437, págs. 163-165. 1953. El epitafio de Sugamuxi, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 40, No. 462, págs, 199204. 1956. El Padre Nuestro de Ghisletti es Kicua (sic.), no Chibcha, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 43, No. 495, págs. 907-910, (reseñador). 1958. “Historia de la Orden Tercera de Cali”, de fray Gregorio Arcila Robledo, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 45, No. 519, págs.174-175. 1962. Elogio de los mártires de la Patria, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 49, No. 573, págs. 303-308. 1963. Un conspirador desconocido: Manuel Vicente Prieto, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 50, No. 582, págs. 149-179. 1966. Don Antonio Nariño ¿enciclopedista y masón, o católico?, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 1, No. 3-4, págs. 275-301. 1967a. El escuadrón Guías de Casanare, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 54, No. 633, págs. 347-361 1967b. Jesuitas expulsados de la Nueva Granada (1767), en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 2, No. 6, págs. 135-165. 1967c. De los viejos archivos: transcripción de documentos de la Diócesis de Santa Marta, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 2, No. 7 y 8, págs. 297-316. 1968a. La patria: ¿ciudad histórica? La Academia Colombiana de Historia por tierras del Huila, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 55, No. 645, págs. 378-409. 1968b. Oswaldo Díaz Díaz, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 55, No. 639, págs. 49-52. 1969a. Juan José Rondón, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 56, No. 657, págs. 419-430. 1969b. Roberto Cortázar Toledo, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 56, No. 654, págs. 198-201. 1969c. Literatura eclesiástica colonial, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 4, No.13, págs. 5-30.

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1969d. Los Archivos Parroquiales, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 4, No.15-16, Págs. 336-339. 1970. La Iglesia y la Independencia, en Revista de la Academia Colombiana de historia Eclesiástica, Vol. 5, No. 17-18, págs. 21-28. 1977. Guillermo Vargas Paúl, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 64, No. 716, págs., 161162, (reseñador). 1978a. “Aspectos literarios de la obra de don Juan de Castellanos”, de Mario Germán Romero, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 65, No. 722, págs. 417-419, (reseñador). 1978b. “Historia moderna de la Iglesia colombiana”, de Humberto Bronx, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 65, No. 722, págs. 719-721. 1979a. Don Tomás Rueda Vargas (1879-1943), en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 66, No. 727, Págs. 525-547. 1979b. La Academia de Historia de Santander, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 66, No. 727, págs.521-524, (reseñador). 1979c. “Manual de Historia de Colombia”, Vol. 1, editado por el Instituto Colombiano de Cultura, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 66, No. 724, págs. 123-139, (reseñador). 1979d. “Monseñor Builes, el hombre, el apóstol, el místico”, de María Dolly Olano García, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 66, No. 724, págs. 139-143. 1979e. Nota bibliográfica: centenario de dos grandes publicaciones históricas, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 66, No. 725, págs. 235-250. 1981a. Caballero y Galán, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 68, No. 733, págs. 474-483. 1981b. La declaración de don Salvador Plata, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 68, No. 735, págs. 1136-1171. 1983a. El cardenal Luigi Frezza y la independencia de la Nueva Granada, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 70, No. 743, págs. 1058-1073. 1983b. La Iglesia que entendió Bolívar, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 70, No. 742, págs. 683-692, (reseñador). 1984a. Bibliografía: “La Gran Colombia”, compilación y edición de José María De Mier, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 71, No. 744, págs. 273-275. 1984b. El Arzobispo Monseñor Vicente Arbeláez (1822-1884), en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 71, No. 747, págs. 901-905. 1984c. Nacimiento y muerte del Rey Fernando VII, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 71, No. 745, págs. 449-455. 1985a. La Europa de diciembre de 1830: lo que hubiera visto Bolívar, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 72, No. 749, págs. 420-444. 1985b. La Iglesia hispanoamericana en los manuales de la historia eclesiástica, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 72, No. 748, págs. 213-230. 1986a. Dos obras clásica colombianas, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 73, No. 752, págs. 285-298. 1986b. Los libros de historia en Francia, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 73, No. 755, págs. 1125-1133. 1986c. Manuel Briceño, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 73, No. 754, págs. 729-754. 1987a. Colón y la empresa americana, en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 74, No. 758, págs. 603-625. 1987b. Gregorio Marañón (1887-1960), en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 74, No. 756, págs. 89-105. 1989. La Santa Sede reconoce la Independencia Colombiana, en Revista de la Academia Colombiana de historia Eclesiástica, Vol. 16, No. 41, págs. 225-236. 1990. El ilustrísimo José Telésforo Paúl (1831-1889), en Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. 77, No. 768, págs. 83-119.

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1991. Colombia y su aporte histórico al V Centenario, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, Vol. 17, No. 43, págs. 93-97. 1993. Cartas de los Obispos de Cartagena: una importante obra de historia, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, No. 45, págs. 55-70. 1996. Nueva propuesta para el Manual de Historia Eclesiástica, en Revista de la Academia Colombiana de Historia Eclesiástica, No. 46, págs. 107-123.

VIRGILIO OLANO BUSTOS Médico
Falleció el 14 de julio de 2006 en la Clínica Shaio de Bogotá, víctima de una afección cardíaca que lo mantuvo recluido en la sala de cuidados intensivos varios días antes de su deceso. Sus exequias tuvieron lugar en la iglesia de Cristo Rey al día siguiente a la una de la tarde, siendo su cadáver conducido al cementerio Jardínes del Recuerdo para su cremación. Médico Cirujano de la Universidad Nacional de Colombia, nacido en Bogotá el 28 de julio de 1935, al lado de su profesión fundamental y de la dirección general de su propia clínica (Clínica Bogotá S.A.), dio cabida a una multifacética red de actividades en las que tuvo ocasión de proyectar sus intereses, aficiones y su gran sensibilidad por el arte. Su don de gentes, por otra parte, su locuacidad y ese espíritu abierto a todas las manifestaciones culturales, le ganó numerosos amigos y le abrió las puertas de las distintas academias y centros culturales. Al momento de su deceso era el Presidente de la Sociedad Bolivariana de Colombia, que presidía desde hacía varios años, y también había sido Presidente de la Academia de Historia de Cundinamarca. De la Academia Colombiana de Historia fue nombrado Miembro Correspondiente en febrero de 1996, y al ingresar a la corporación ostentaba en su hoja de vida su filiación como Correspondiente de la Academia de la Lengua, y de la Filipina de la Lengua, de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina así como de otras instituciones culturales nacionales y extranjeras. Sobrellevó con admirable coraje la pena que le ocasionó el fallecimiento repentino de su esposa doña María Cecilia Acosta de Olano, ocurrida en Bogotá en febrero de 2003. Lo mismo que el recuerdo de su espíritu amplio y alegre, queda el testimonio de sus composiciones musicales, numerosas poesías, novelas, obras de teatro y ensayos. L. C. Mantilla R.

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