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EL NACIONAL TODO EN DOMINGO - DOMINGO 24 DE AGOSTO DE 2008 TODO EN DOMINGO/26

Reportaje Especial

LAS CULEBRAS CRIOLLAS TIENEN SUS CUSTODIOS

Expertos en cuaimas

Se mueven con coraje y aplomo en tre macaureles, an acon das y corales. Las
estudian y las defien den in con dicion almen te, a pesar de h aber sufrido algún
acciden te ven en oso. Estos avezados h erpetólogos –así se llama a quien es estudian
reptiles y an fibios– relatan sus experien cias con las serpien tes y revelan porqué es
tan importan te protegerlas

MAGALY RODRÍGUEZ mrodriguez@el-nacional.com FOTOGRAFÍAS MARCEL CIFUENTES


marcelcifuentes@gmail.com

C ada vez que se aparece en el Hospital Periférico de


Coch e, algun os médicos se pon en n erviosos. "¿Estás
bien ?", le pregun tan . Luis Fern an do Navarrete,
h erpetólogo del Laboratorio de In mun oquímica del
In stituto de Medicin a Tropical de la UCV, h a sido
mordido por serpien tes ven en osas en seis ocasion es.
"Voy allá de vez en cuan do por razon es de trabajo,
pero siempre se asustan un poco porque creen que me
pasó algo", explica.

"Un a de esas veces casi me morí. Me distraje por un segun do y me atacó un a


cuaima piñ a". ¿Qué sin tió? "Es como ten er un carbón al rojo vivo que se riega
bajo la piel. Llega un momen to en el que el dolor es tan in ten so que ya un o n o
sabe qué le duele más". Estuvo cin co días en terapia in ten siva. "Lo del tún el, la
luz blan ca y todo eso es tal cual. Un o sien te que se va apagan do, que se le está
acaban do la batería".

Sin embargo, las serpien tes n o lo traumatizan . Como biólogo, Navarrete estudia
las características de los ven en os ofídicos y a diario man ipula cascabeles y
mapan ares. También es la cabeza de Bioreptilia, un a cooperativa que promueve la
protección de esa familia an imal. "Las serpien tes n o son esos an imales perversos
que la mayoría cree; parte de n uestro trabajo con siste en detectar n uevos usos
médicos para sus ven en os. En el futuro van a salvar much as más vidas que las que
cobran . Ellas n o persiguen a la gen te n i matan por ocio porque les cuesta much a
en ergía; sólo atacan cuan do se sien ten amen azadas, pero lo triste es que much os
las matan en seguida por miedo o por ign oran cia".

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Con pin ta de rockstar –sí, porque también toca en un a ban da–, Navarrete
trabaja en un laboratorio don de las serpien tes reposan en tupperwares

(Continúa en la página 27...)

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Reportaje Especial

Expertos en cuaimas

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gigan tes y agujereados. Basta un golpecito con un


n udillo sobre las cajas de cascabeles para que un coro
in visible de maraquitas pon ga los pelos de pun ta. En
otro cubículo, un a pitón albin a serpen tea con tra el
cristal y saluda primorosa con la len güita.

Alberto Blan co con oce bien el lugar. Jun to con


Navarrete y Juan Carlos López-Joh n ston escribió un
libro sobre ellas. "Siempre sen tí un a gran fascin ación
por las serpien tes. Son un as depredadoras perfectas", explica.

Blan co estudió admin istración de empresas turísticas, con servación de la


n aturaleza y man ejo de faun a silvestre. Es un o de los socios del Grupo Río Verde,
un a compañ ía de ecoturismo especializada en la búsqueda de un a amplia
variedad de especimen es en todo el país.

"Como yo sé dón de se con siguen ciertos an imales y cómo man ipularlos, se los
muestro a turistas y cien tíficos en su h ábitat n atural. De aquí y de afuera, n os
buscan much os h erpetólogos, en tomólogos y orn itólogos. En el caso de las
serpien tes, todos esos estudios son muy importan tes porque el ven en o de la
mapan are de un a zon a puede ser distin to al de otra. Lo buen o es que de las 190
especies ofídicas que ten emos en Ven ezuela, sólo 20% es ven en osa".

MALUCAS NO SON
Cuan do un matrimon io de h erpetólogos tien e h ijos, debe tomar un a decisión
técn ica: ¿las serpien tes se van de la casa o se quedan ? Adolfo y Eleon ora de
Houtman n decidieron que todos podían con vivir en paz.

"Lógicamen te tomamos much as medidas de seguridad, pero n uestros dos h ijos


crecieron vién dolas desde ch iquiticos". En la casa de los Houtman n se in stauró "el
cuarto de las culebras", al que los n iñ os sólo podían en trar con sus padres sin
tocar n ada. Adolfo An dreé, de 15 añ os de edad, n o vacila en alimen tarlas con
raton citos.

¿No le da lástima, grima, pavor? "No, porque esto es lo que ellas comen .

Recon ócelas, pueblo

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"En todo el país h ay culebras. En Caracas, por mon ton es. Detrás de cualquier
casa con un cerro o un bosquecito puede h aber un a", dice el n aturalista Alberto
Blan co como si h ablara de agen cias de lotería. Como siempre es buen o con ocer a
las vecin as, Blan co y sus compañ eros están lan zan do la segun da edición de la
Guía de las serpien tes de Ven ezuela . Allí posan oron das las más populares y
exóticas especies del país, con sus señ as de autodefen sa y las recomen dacion es
de qué h acer en casos de emergen cia. El libro se con seguirá a partir de octubre
en el Terrario del Parque del Este, Tecn icien cia y por los teléfon os (0414) 162
0782 y (0416) 809 5264.

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Reportaje Especial

Expertos en cuaimas

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Más an imales matamos n osotros los h uman os", dice


con pasmosa sabiduría. "Hay gen te que les tien e
pán ico, pero a las culebras h ay que tratarlas con el
mismo respeto con el que se trata a un perro o a un a
person a". Él y su h erman o, Adolfo Man uel, de 17 añ os,
estudiarán Biología como su papá.

Dora es la tragaven ado. Saeta y Amazon as son la


parejita de an acon das.

En tre las boas torn asoles están Ch ucuta I y Ch ucuta


II, que deben sus n ombres a las colitas maltratadas en
acciden tes previos. Todas tien en sus permisos en regla
para vivir allí. Adolfo Houtman n , un o de los
fun dadores del serpen tario del Acuario de Valen cia en
los 80, admite que su pasión por los reptiles comen zó
como un a fobia abrumadora de la in fan cia, un a que
eviden temen te superó con creces. Dirige jun to a su
esposa un a compañ ía de con sultoría que asesora a las
empresas para que se in tegren de man era respon sable
al medio ambien te, con serven especies y preven gan
acciden tes laborales por con tacto con an imales de la
zon a. También ofrecen al público su propio stock de
an tídotos y dan ch arlas didácticas en escuelas.
"Duran te el paro n os rebuscábamos llevan do a los
an imales a fiestas privadas, para h acerles shows
ecológicos a los n iñ os. Nos iba muy bien , pero
decidimos dejar de h acerlo por los adultos: cuan do
un o sacaba las culebras, n un ca faltaba un papá rascado que las acaparaba y n o
se las dejaba ver a los n iñ itos. Era un a in justicia".

En Caracas, Jack Hoopia h ace precisamen te eso: como guía del terrario de Parque
del Este explica al público por qué estos reptiles merecen respeto y gratitud. "La
gen te los satan iza por con cepcion es místicas y religiosas. Creen que son un as
máquin as despiadadas de muerte, cuan do más bien con trolan especies que n os
perjudicarían aún más. Si un o se las en cuen tra, simplemen te tien e que alejarse
con cuidado". Hoopia admira al difun to "cazador de cocodrilos" Steve Irwin y está
preparan do sus propios documen tales.

Con su pelo largo, verbo apasion ado y un dedo men os –un a tigra mariposa se lo

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malogró con un mordisco ven en oso h ace un par de añ os–, n o se can sa de h acer un
llamado de con cien cia con tra el tráfico ilegal de an imales silvestres. "La gen te n o
se imagin a el desequilibrio que gen era al comprar un a tragaven ado en un a
carretera; por cada ejemplar vivo, mueren cin co. Si un o suelta un a pitón en el
Ávila porque ya n o sabe qué h acer con ella, puede gen erar un caos en ese
ecosistema al que n o perten ecen . Quien se empeñ e en ten er un a culebra como
mascota, que al men os la obten ga por la vía legal y susten table, por favor".

¿Y si me muerden ?
MacGyver e In dian a Jon es n os h an men tido todo este tiempo: n ada de lo que se
ve en las películas n eutraliza los rápidos efectos de un ven en o ofídico. No h ay
torn iquete, succión , n i n avaja can den te que valga. "De h ech o, h oy se sabe que
el torn iquete es lo peor que se puede h acer, porque ciertos ven en os destruyen
muy rápido los tejidos y reten erlos allí aumen ta la probabilidad de amputación ",
explica Luis Fern an do Navarrete. "Ch upar tampoco sirve de n ada, porque la
mordida es profun da y el ven en o tien de a in corporarse al torren te san guín eo en
un dos por tres. Cortar la zon a o quemarla tampoco tien e sen tido; los colmillos
de las serpien tes son curvos y el área de la mordida n o es la misma en don de
luego in yectaron el ven en o bajo la piel. Lo ideal es tratar de n o caer en pán ico,
lavarse la h erida con agua y jabón , man ten er la zon a en alto e ir rápidamen te
a un h ospital".

¿Hay que matar a la agresora? "Much a gen te recibe mordeduras precisamen te


tratan do de matarlas. Para n o expon erse n i perder tiempo, es preferible
memorizar ciertas características o tomarle un a foto con un celular. Eso es
suficien te para iden tificarlas a la h ora de sumin istrar el an tídoto", recomien da
Adolfo Houtman n .

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Reportaje Especial

Expertos en cuaimas

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THE ANACONDA MAN


An tes de que el sol llan ero lo tueste todo, Jesús Rivas
se levan ta bien tempran o. An te las cién agas del Hato
El Cedral, se quita los zapatos y se mete len tamen te
en el agua lodosa. Con los pies desn udos comien za a
tan tear el fon do, buscan do algo medio liso, curvilín eo
y muy grueso. Algo así como un a an acon da. Rivas es
un a celebridad de la h erpetología mun dial: es la
autoridad máxima en el estudio de estas serpien tes.
Las captura, mide, pesa, marca y suelta. Sabe qué
comen , cómo se reproducen , dón de viven , a qué dedican el tiempo libre; ellas h an
sido sus coestrellas como presen tador de varios documen tales y películas para
Nation al Geograph ic.

Con el auspicio de Wildlife Con servation Society, Profaun a y Cites, Rivas in ició en
1992 su in vestigación bajo el título Anaconda Project. "En esa época se sabía muy
poco de ellas. Ser el primero en esto h a sido un a en orme satisfacción y un
compromiso muy gran de", asegura. "Un a h embra gran de puede llegar medir cin co
o seis metros y a pesar un os 100 k ilos; en cambio los mach os miden men os de tres
y pesan seis o siete k ilos. Su n oción del tiempo es muy distin ta a la n uestra: un a
an acon da puede pasar och o h oras comién dose un a presa y n o volver a comer en
seis meses.

Puede pasar días sin moverse. La h embra se aparea con un grupo de 12 o 13


mach os y copula con ellos duran te tres o cuatro seman as", arroja el in vestigador.
"Estudiarlas es más difícil si un o quiere agarrarlos a todos para h acer un a
prueba de patern idad, sobre todo porque un o tien e dos man os y se en fren ta a 13
bocas a la vez", señ ala.

Si bien n o son ven en osas, Rivas recon oce que las an acon das muerden duro.

"El morado que dejan n o es n ormal, aun que su defen sa real es en roscarse
alrededor de la presa y apretar muy fuerte. No son agresivas por n aturaleza, pero
cuan do un o n ecesita agarrarlas por el cuello para revisarlas, es cuan do se
defien den ". Para domar a un a an acon da arisca se n ecesitan al men os dos
person as dispuestas a retorcerse con ellas por varios min utos. El h erpetólogo
recon oce que se h a sen tido in defen so un par de veces con ejemplares que casi h an
logrado apurruñ arlo más de la cuen ta. "Por eso n un ca voy solo".

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Madre susto
Sin duda, madre h ay un a sola y su amor es in fin ito. La de Saúl Gutiérrez,
director del Terrario de Parque del Este, todavía n o en tien de del todo porqué su
h ijo se rodea de serpien tes ven en osas. Por su parte, Alberto Blan co recuerda el
escape de un a tragaven ado que ten ía en su casa como mascota.

"La busqué por todas partes, pero n o la en con tré". Su progen itora, sin embargo,
tuvo mayor tin o: lista para dormir, bastó que esa n och e levan tara el edredón de
su propia cama para ten er un en cuen tro cercan o con dos metros verdes
en rollados sobre el colch ón .

"De lo que más me acuerdo es del grito. Pobrecita", dice Blan co con travesura.

La madre del h erpetólogo Adolfo Houtman n , de 93 añ os, tuvo que adaptarse,


porque en un momen to llegó a con vivir con más de 300 ofidios bajo el mismo
tech o. "Hace un os añ os vin o un a patrulla de la policía con un as culebras que se
h abían soltado en la parte de atrás. Querían que las sacáramos", relata él. "Y o
n o estaba y n o h abía más n adie, así que con sus och en ta y pico añ os, mi mamá
agarró su gan ch o, las sacó solita y las guardó. Lo h izo muy bien ", cuen ta
orgulloso. "A mí an tes n o me gustaban ", recon oce ella con un a son risa dulce y
resign ada. "¿Pero qué h ace un o?".

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DEJARLAS, JAMÁS
Luis Fern an do Navarrete está apestoso. La an acon da
de la foto le perfumó la ropa en un rastrero acto de
in con tin en cia. El olor es tan n efasto y pen etran te que
h asta la piedra más educada se taparía la n ariz, pero
así como él se queja, también se ríe. "A mis n ovias les
leo la cartilla. Esto es así. Si quieren estar con migo,
n o pueden ten erle n i miedo n i asco a las culebras",
dice divertido. "Siempre h ay gen te que me pregun ta si
estoy loco, pero que un a serpien te me en ven en e n o es
suficien te; yo sé que ésas son las reaccion es
in stin tivas de un an imal salvaje. Las pocas veces que
h e pen sado en dejar todo esto h an sido más bien por
gen te que pon e obstáculos", asegura.

Aun que vive en Ken tuck y, Jesús Rivas tampoco deja de visitar regularmen te a sus
n ovias verdes en El Cedral. "Es un trabajo que implica cierto riesgo, pero la
fascin ación y curiosidad por estos an imales siempre es mayor. He man ipulado más
de 1.200 an acon das y la emoción siempre es la misma", asegura. "Yo n o diría que
se requiere un valor especial. Más bien h ay que con servar cierto miedo porque
todo an imal silvestre es impredecible". Las mujeres seguramen te acosan a un
h ombre capaz de batirse en duelo con boas de cin co metros. "Un o pen saría que sí,
pero n o. Ojalá", dice Rivas rien do de buen a gan a. "Lo que sí me pasa a veces,
cuan do digo que trabajo en esto, es que alguien dice que vio en Nation al
Geograph ic a un `pata pelada’ que se revuelca con las an acon das.

Se quedan locos cuan do les digo que ése soy yo".

Para los Houtman n , ser aliados de las serpien tes y demás bich os de Dios también
es motivo de orgullo y diversión . "Hace tiempo n os veían pasar por la calle y n os
ch asqueaban los dedos, como si fuéramos Los Locos Addams. El otro día un
vecin ito n os pregun tó si éramos extraterrestres", cuen ta con gracia Eleon ora de
Houtman n .

"Cuan do con verso con amigas que h ace tiempo que n o veo, me pregun tan que
cómo carrizo fue que me casé con un culebrero...

¿Saben qué h ubiera sido h orroroso para mí? Casarme con un borrach o o un
mujeriego. Eso sí sería un espan to; n o las culebras. Y o recon ozco que soy
cuaimísima, y como mi esposo n o es n in gun a de las dos cosas, pues me quedo con

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mi culebrero".

Las culebras son un sh ow


El terrario de Parque del Este tien e un a de las
coleccion es de reptiles, an fibios y artrópodos más
completa de América Latin a. Su director, el biólogo
Saúl Gutiérrez, comen ta que 8.000 visitan tes al mes
quieren ver sus 70 especies. "Ten emos ejemplares de
todas partes, como el lagarto de cola espin osa del
desierto del Sah ara y la ran a toro african a. En
serpien tes raras ten emos cuaimas y cascabeles
n egras". En sus in stalacion es, el público puede
tomarse fotos con culebras con bozal h abituadas al
con tacto h uman o. El terrario también presen ta a la
"cuaima casera", cuya imagen –vale acotar– es la
que refleja un en orme espejo.

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