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Notas Etnográficas: Coatetelco, Irving Reynoso Jaime / Jesús Castro

Notas Etnográficas: Coatetelco, Irving Reynoso Jaime / Jesús Castro

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Notas Etnográficas: Coatetelco, PACMYC / UNICEDES, México, 2002, Irving Reynoso Jaime / Jesús Castro.
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Notas Etnográficas

:

COATETELCO

Irving Reynoso Jaime Jesús Castro

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Irving Reynoso Jaime / Jesús Castro

C OATETELCO :
NOTAS ETNO GRÁFICAS

PACMYC

Primera Edición 2002 Edición financiada por el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) de la Dirección General de Culturas Populares y del Instituto de Cultura de Morelos. Fotografías: Irving Reynoso Partituras: Jesús Castro ISBN: 968-878-138-X DR © Irving Reynoso Jaime Jesús Castro Andriano Impreso y hecho en México.

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ÍNDICE
Introducción.................................................................................................5 Aspectos generales.....................................................................................7

PRIMERA PARTE

DÍA DE MUERTOS
Capítulo I. Al filo de obsidiana: Morir para trascender................................11 Capítulo II. San Miguel: El día en que se termina el hambre........................15 Capítulo III. Una vez al año: Cuestiones previas..........................................19 Capítulo IV. El Huentle: Las ofrendas colgantes..........................................23 Capítulo V. Hasta los cinco años: La ofrenda del ánima sola......................29 Capítulo VI. En el camposanto: Los responsos a los muertos.......................35 Capítulo VII. Nos vemos en el panteón: Conclusiones..................................37
SEGUNDA PARTE

OFRENDAS A LOS AIRES
Capítulo VIII. Ofrendas en la laguna: Airecitos y santitos...........................55 Capítulo IX. Ofrendas en el ejido: Los telachichincles.................................63
TERCERA PARTE

FIESTA Y DANZA
Capítulo X. Fiesta de San Juan......................................................................85 Capítulo XI. Fiesta de La Candelaria............................................................91 Capítulo XII. Danza de Tecuanes.................................................................95 Apéndice. Sones de la danza de Tecuanes...................................................117 Bibliografía...................................................................................................127

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INTRODUCCIÓN Hemos tratado con este trabajo hacer una descripción etnográfica de algunas de las principales tradiciones de una comunidad morelense, Coatetelco, tradiciones que giran en torno al culto católico y a los antiguos ritos y costumbres indígenas. No es un trabajo estrictamente académico, ni basado en un marco teórico para abordar a la comunidad desde un punto de vista particular, se trata de una descripción casi periodística que nos presenta los hechos desde dos puntos de vista: el de los participantes y el de los contempladores. En la primera parte de la obra nos ocupamos del festejo de Día de Muertos, a decir de los habitantes de Coatetelco, la tradición más importante del año. Comenzamos con un análisis de la fiesta, señalando su evidente sincretismo religioso de raíces indígenas y católicas, así como otros festejos emparentados con esta fiesta y la importancia social y simbólica para la comunidad. Después de este análisis se han abordado los hechos a partir de un caso concreto: la crónica de las actividades de una familia durante los días que dura el festejo, lo que nos permite aproximarnos a la fiesta en los detalles cotidianos, trascendiendo los aspectos folklóricos. Una de las tradiciones emparentadas directamente con el Día de Muertos es la costumbre de ofrendar a “los airecitos” (telachichincles), este es el tema de la segunda parte nuestro trabajo. La angustia de un pueblo campesino por la incertidumbre que genera la época de lluvias (fundamental para su subsistencia) se hace manifiesta en los diferentes rituales propiciatorios que realizan los habitantes de la comunidad: las ofrendas a los aires en el ejido y las ofrendas en la laguna, todo con el mismo propósito: atraer la lluvia para las cosechas. La tercera parte de la obra se ocupa de las dos fiestas más grandes del año: la Fiesta de San Juan (patrono del pueblo) y la Fiesta de la Virgen de la Candelaria. Entre procesiones, 5

peregrinaciones, fervor religioso, danzas, música y alcohol, se desarrollan estas fiestas que movilizan literalmente a toda la población. Se analizan aspectos como la transmisión de las tradiciones por medio de la preparación de la comida, la participación en las danzas o la participación de las personas en la organización de los festejos. Finalmente, se hace una descripción de una de las danzas que participa en las fiestas en Coatetelco: la danza de los Tecuanes. La participación en los eventos rituales, sin ignorar su importancia simbólica, actúan como un fuerte elemento de identidad comunitaria, de ahí la importancia de la participación en esta danza, principalmente para los jóvenes de la comunidad. Se abordan también los problemas con los que se enfrentan las viejas generaciones para transmitir la tradición de la danza a las nuevas, así como la importancia de ésta como un elemento de identidad regional. Se presentan además una análisis histórico y una breve descripción de las etapas de la danza, para terminar con la trascripción de su música, pues a pesar de tener una melodía base, esta varía de región en región. Tenemos muy presente la distinción entre el lenguaje y la realidad, es decir, no se pretende mostrar a Coatetelco como es, sino como es percibido tanto por nosotros como por los mismos habitantes. Hemos decidido presentar el resultado de nuestra interacción con la gente de Coatetelco, de una manera que nos permita mostrar a sus integrantes como personas y no como objetos de estudio. El relato, la anécdota y la narración de color son las figuras literarias que hemos utilizado para mostrar los rituales y sus significaciones sociales para la comunidad. Recordando que las categorías de análisis son sólo eso, y no “la realidad”, esperamos que este trabajo sirva como un medio de acercarnos a lo diferente, a lo que es distinto, a lo que es lejano y a la vez cercano a nosotros. Ante el proceso que intenta homogenizar culturalmente al mundo, las comunidades indígenas son un ejemplo de la cohesión que se puede lograr a partir de la diversidad, sólo en el reconocimiento de “lo otro” seremos capaces de reafirmarnos a nosotros mismos y de ser concientes de nuestra propia identidad. 6

ASPECTOS GENERALES CUAUHTETELCO: EN EL MONTÍCULO DEL ÁGUILA En el suroeste del Estado de Morelos, a cuarenta y nueve kilómetros de Cuernavaca, se sitúa el poblado de Coatetelco. Esta comunidad forma parte del municipio de Miacatlán (distrito judicial de Tetecala). En varios manuscritos del Archivo General de la Nación (AGN-HJ, leg. 59) escritos en náhuatl, la lengua materna de la comunidad, significa: "en el templo o montículo de madera o del águila" (Maldonado 1999: 54). Su principal actividad económica es la agricultura. Sin embargo, en los últimos años ha crecido el índice de emigración hacia los Estados Unidos, lo que afecta de manera considerable las actividades de producción local. Otra fuga importante de mano de obra está enfocada hacia las fábricas, principalmente en la ciudad de Cuernavaca. La historia del pueblo siempre ha estado ligada a su laguna, símbolo por excelencia del agua celeste y la fertilidad vegetal, que actualmente permanece azolvada y sin el vital líquido ante la indiferencia de las autoridades gubernamentales (Maldonado 1999: 54). En el punto más alto del pueblo se encuentra la zona arqueológica de Coatetelco, que fue un importante centro ceremonial tlahuica, que pertenecía al señorío de Cuauhnahuac. Productos importantes como el algodón llamaron la atención de los mexicas. En 1438 los mexicas sometieron a Cuauhnahuac y a sus poblados, esto trajo como consecuencia una influencia mexica notable en la arquitectura de estos pueblos. Este sitio arqueológico es uno de los 1005, hasta ahora descubiertos, con los que cuenta el Estado de Morelos. En la pendiente que baja por la zona arqueológica se vislumbra la 7

Iglesia del pueblo, que data del siglo XVIII, asentada, como la mayoría de los templos católicos, sobre los restos arqueológicos de los antiguos mexicanos. Sin ser esta una construcción de grandes proporciones, representa el símbolo de una comunidad profundamente religiosa y ritualista, a pesar de la poca asistencia de los feligreses al templo en fechas ordinarias. No obstante, el 90% de la población profesa el culto católico. Si pudiéramos tener una visión aérea del pueblo, nos percataríamos de un paisaje sincrético. En la punta del cono invertido se aprecian las ruinas de una cultura que vigila al extraño edificio cristiano y reflejan la cultura de un pueblo sometido a esta fusión de ideas religiosas, costumbres, tradiciones y ritos. Coatetelco es considerado por sus vecinos como un pueblo violento. Sin embargo, esta apreciación no es tan evidente cuando se camina por sus calles. Las riñas se producen por problemas entre los pobladores y es entre ellos como llegan a un ajuste de cuentas. La gente vive en un ambiente afable y la actividad es notable, típica de una comunidad campesina. Los detalles ínfimos, tales como los niños jugando, las beatas enseñando a las nuevas generaciones la doctrina cristiana, los viejos con sombrero de palma y guaraches de cuero, con machete en cinto, jóvenes tratando de liberarse del estigma pueblerino adoptando modas urbanas, señores que regresan de las fábricas ensopados, todavía, en sudor. Son estos los detalles que nos ayudan a adentrarnos en la cotidianidad de una comunidad y entender mejor como se constituyen su sociedad y sus costumbres. Todo este conglomerado de personas, conforma un pueblo donde se observan aún costumbres y tradiciones eminentemente indígenas (con sus naturales préstamos cristianos) que lo dotan de características peculiares que lo diferencian de sus vecinos (comunidades semi-urbanas), y en las que se deposita la riqueza presente y futura de la comunidad.

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PRIMERA PARTE DÍA DE MUERTOS Irving Reynoso Jaime

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Capítulo I AL FILO DE OBSIDIANA: MORIR PARA TRASCENDER ¡Águilas y tigres!
Uno por uno iremos pereciendo, ninguno quedará. Meditadlo, oh príncipes... aunque sea jade, aunque sea oro, también tendrá que ir al lugar de los descarnados. Ms. Cantares Mexicanos, fol. 14 v.

El mito como recurrencia A mediados del siglo XX, Henry David Thoreau, destacado científico, escribía en The Journal: "No sé de un solo tratado, antiguo o moderno, que pueda proporcionarme una explicación convincente del medio físico que me rodea. La mitología es lo que más se acerca a lo que ando buscando". Los mitos fueron creados por los pueblos de la antigüedad para darle respuesta a todas sus interrogantes sobre el origen del cosmos, su propia presencia en el mundo, cómo surgieron y desde luego, lo inevitable: la muerte. Afortunadamente, es bastante lo que se sabe sobre los mitos de los pueblos mesoamericanos, sobre todo los de la llamada cultura náhuatl. El universo estaba dividido en tres niveles: el central es la tierra, el lugar donde el hombre habita; hacia arriba está el nivel celeste que a su vez se subdivide en trece estratos y hacia abajo está el inframundo, con otros nueve sub niveles; el último de ellos, el más profundo, es el Mictlán (Matos 2000: 9). Toda esta estructura universal es obra de los dioses, son ellos los grandes hacedores del tiempo, de los astros, de la tierra, del calendario y del hombre. 11

La cosmovisión dual Los toltecas concebían a Dios como un principio ambivalente, con dos rostros, uno masculino y otro femenino, pero un solo Dios: el Dios Dual, Ometéotl, que era invocado llamándolo "Señor y Señora de nuestra carne" (Tonacatecuhtli, Tonacacíhuatl) (León-Portilla 1995: 142). Para la gente antigua la dualidad se concebía como un elemento revitalizador, una de sus regiones cósmicas la nombraron Omeyoacan "lugar de la dualidad" donde pernoctaba la pareja divina Ometecuhtli y Omecihuatl. Para entender la cosmovisión de los pueblos del México antiguo, es fundamental analizar el concepto de dualidad y sus implicaciones. Esta idea tiene su sustento en un principio de unidad, los elementos de la dualidad no existen uno sin el otro, son complementarios. No es difícil imaginar cómo llegaron a esa concepción, observaban que a lo largo del año había una temporada de lluvias, en la cual todo crecía y fructificaba, y por otro lado una época de sequía donde la lluvia cesaba, venía el frío y las heladas en los meses de octubre, noviembre y diciembre (Matos 2000: 11). Todas estas observaciones fueron la guía de su calendario; los rituales a los dioses del agua se realizaban en los momentos propicios del periodo agrícola, y durante la época de sequía se realizaba el culto a los dioses guerreros y a las deidades femeninas. Hay mitos en los que Huitzilopochtli, el sol, va a combatir al sur- porque el desplazamiento de este astro en el cielo es en ese sentido-, va a luchar contra los sureños. Cuando el sol está más inclinado hacia el sur es diciembre, en plena temporada de secas, es el momento en que él va a combatir la sequía para que la vida prevalezca. Si analizamos esta concepción dual, hay una latente preocupación porque la vida vuelva a surgir, porque el ciclo no se detenga y vuelva a repetirse, como se ve en la naturaleza. La ofrenda más valiosa El sacrificio humano contribuía, ayudado por la labor de los dioses, a que la vida continuara. Los pueblos agrario12

guerreros al observar los periodos de lluvia y sequía, percibían que después de la muerte venía nuevamente la vida. De esta contemplación nació la concepción del sacrificio humano. El hombre ofrendaba lo más preciado que tenía, su vida, al dios que la requería para que el movimiento no se detuviera; en ese acto estaba patente que la muerte del hombre generaba vida, la sangre derramada en la tierra producía fertilidad, ya que la sangre es un elemento vital: si perdemos nuestra sangre morimos, en ella está asociada la vida y la muerte al mismo tiempo. La práctica del sacrificio entre los aztecas horrorizó a los europeos, y fue calificada como una práctica necrófila de pueblos bárbaros. No obstante, al igual que la religión azteca, el cristianismo también contiene el elemento del sacrificio: Cristo ofrece su vida en sacrificio para obtener el perdón de los pecados del mundo; los aztecas ofrecen su vida en sacrificio para que el Sol siga su marcha y el ciclo de regeneración no se detenga; los cristianos "beben" simbólicamente la sangre de Cristo, los aztecas se comen el corazón de los guerreros para obtener su valor. La azteca es una religión de hechos, el cristianismo es una religión de símbolos. Mariposas y colibríes Como ya se mencionó, el Mictlán era el más profundo de los niveles del inframundo, donde imperaba Mictlantecuhtli. Para la gran mayoría de la población (los macehuales), su destino era que al morir sus huesos quedaran depositados en el Mictlán, donde no se contemplaba ninguna forma de trascendencia. Los únicos que tenían la oportunidad de un "más allá", eran quienes morían en guerra o en sacrificio, o las mujeres que fallecían durante el primer parto, ellos acompañaban al sol en su camino hacia el oriente, estas personas seguían viviendo en forma de colibrí o de mariposa. Los antiguos mexicanos sentían una gran angustia y desamparo ante la muerte, sin embargo, ya que de cualquier forma iban a morir, preferían hacerlo en batalla o sacrificados, porque eso les brindaba la esperanza de trascender de alguna manera y no 13

simplemente quedar en el Mictlán. De hecho, en la poesía náhuatl se expresa el deseo de los hombres de morir al filo de obsidiana. La conquista y el sincretismo Sin negar el temor a la muerte, para los antiguos mexicanos esta era algo natural y cotidiano. Con el proceso de evangelización que trajo la conquista se difundió el temor y el terror a este fenómeno, además del temor a los infiernos y al castigo de Dios. El pensamiento antiguo y las ideas traídas por los españoles, tomadas del cristianismo, se mezclaron. Un claro ejemplo de ese sincretismo es el culto a los muertos, donde los pueblos conquistados se las ingeniaron para realizar los ritos de regeneración de sus periodos agrícolas, al mismo tiempo que atendían al santoral cristiano para conmemorar a los Fieles Difuntos. En las grandes ciudades el pensamiento que predomina es el occidental, las ceremonias mortuorias tienen que ver sobre todo con el ritual católico. Es en las comunidades rurales donde aún pueden percibirse algunos de los conceptos antiguos.

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Capítulo II SAN MIGUEL: EL DÍA EN QUE SE TERMINA EL HAMBRE
Entonces se desató una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron contra el dragón. Lucharon el dragón y sus ángeles, pero no pudieron vencer, y ya no hubo lugar para ellos en el cielo. El dragón grande, la antigua serpiente, conocida como el Demonio o Satanás, fue expulsado; el seductor del mundo entero fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él. Apocalipsis (12: 7, 9) ...pero Miguel, el príncipe de los ángeles, ha venido en mi ayuda. Daniel (10: 13)

La épica batalla Henoc cuenta cómo Dios convirtió a Luzbel en Lucifer y en padre de los demonios, y cómo fue arrojado por San Miguel a los infiernos recién creados para él y para sus ángeles rebeldes. Esos "infiernos recién creados", bien pudieran significar el mundo de los hombres, ya que el texto bíblico habla de que el demonio fue arrojado a la tierra y sus ángeles con él, el Diablo y su legión de ángeles caídos vienen a personificar la maldad de este mundo, en antagonismo con el mundo de Dios y el de los ángeles. La batalla que protagonizan estas fuerzas, desde una concepción maniquea, es la fuerza cosmogónica que mueve al mundo. Atendiendo al relato bíblico, el 29 de septiembre, Día de San Miguel, se conmemora la épica batalla contra el Príncipe de las Tinieblas, al ser derrotado Satanás por el príncipe de los ángeles, es "arrojado a la tierra", por lo que ese día el Chamuco anda suelto.

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En la víspera del día de San Miguel, 28 de septiembre, se inicia formalmente en Coatetelco el culto a los difuntos. Para protegerse de la tentación del demonio, se amarran cruces elaboradas con flor de pericón en las casas del pueblo, principalmente en las entradas (puertas y zaguanes), también se colocan en las huertas y las parcelas. Estas cruces varían de tamaño y decoración, tienen la finalidad de asustar a las fuerzas demoníacas por medio de la señal de la cruz, proteger a las personas de la tentación del Diablo, alejar la maldad y el pecado. La cruz recuerda al demonio su derrota a manos del arcángel Miguel, las casas están protegidas porque están coronadas con el símbolo de la victoria. Sin embargo, estas concepciones pertenecen totalmente al terreno de la moral religiosa, para los habitantes de Coatetelco esta tradición tiene varias acepciones. Para Enrique Maza la figura del demonio es un invento de los hombres para justificar su propia maldad (Maza 1999: 5), invento promovido por las iglesias; sin negar la poderosa influencia de la doctrina cristiana en la mentalidad de la comunidad (90% de la población practica el catolicismo) la protección contra el demonio en el día de San Miguel está más lejos del la moral y más cerca de la actividad económica, es decir, a la agricultura y sus respectivos ciclos agrícolas. Para poder entender esta concepción tenemos que remontarnos varios meses atrás en el calendario, hasta el 24 de junio, día de San Juan Bautista, patrono del pueblo. Las ofrendas a los aires La fiesta de San Juan Bautista coincide con el inicio de uno de los dos periodos agrícolas, el que va de los meses de junio a octubre. En esa fecha se elaboran varias ofrendas dedicadas a los aires (véase Capítulo IX), estas se colocan en varios lugares de manera que cubran todo el ejido de Coatetelco, sin dejar olvidado ninguno de los cuatro puntos cardinales (Cerro del Teponasillo, Laguna del Rodeo, Laguna de Coatetelco, Moctezuma, Laguna Seca, Amate prieto, Amate Grande, El mango, Las Habillas, Juan Grande). Los elementos 16

de estas ofrendas son el tradicional Huentle (tamales blancos y mole verde), el tepache y las veladoras de cebo. Esta tradición es una muestra del sincretismo religioso entre el cristianismo y las religiones nahuas, las ofrendas están dedicadas al dios Tláloc y a los aires. Sin embargo, Tláloc no es concebido como el antiguo dios de la lluvia. Su presencia en esta fiesta es muy ambigua. Para la gente de Coatetelco es una especie de "ángel intermediario" entre el hombre y la naturaleza. El propósito de estas ofrendas es pedir, en el inicio de su periodo agrícola, las lluvias que les permitan tener una buena cosecha. Por lo tanto, las flores de pericón que adornan todo el pueblo en la víspera de San Miguel, además de alejar al Diablo y al pecado, pretenden alejar las plagas sobre las cosechas que están por obtenerse y erradicar las sequías y las plagas para la próxima cosecha. Ya que el Chamuco anda suelto, no sólo puede pervertir las almas, también puede echar a perder las cosechas. Una invitación Ya en el mes de septiembre, regresando al día 28, cuando se recoge la cosecha, como un agradecimiento por los frutos obtenidos, se ofrenda el fruto de la primera cosecha a los muertos, que son los que en algún modo pueden tener contacto con la divinidad. El maíz, principal cosecha de la comunidad, es ofrendado a los muertos adornando sus tumbas con elotes hervidos y tamales de elote, flores de pericón y tlapanecas (flor blanca parecida al pericón), estos son los elementos de la tradición original. También se acostumbra decorar las tumbas con objetos personales del difunto o algún alimento o bebida de que haya gustado en vida, frutas de temporada, principalmente manzanas y ciruelas. El elemento local lo representan las coronas de flores, características de Coatetelco, que adornan las cabeceras de las tumbas; estas coronas en un principio eran de flores naturales, ahora son elaboradas con flores de plástico y son utilizadas durante el año en todo tipo de festejos de la comunidad.

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Las tumbas de los niños difuntos tienen una decoración especial. Sus extremos están delimitados por unos arcos de alambre forrados con papel china blanco. Al centro se encuentra una pequeña cruz, rociada de confeti de colores. La forma de los arcos hace pensar que la tumba está adornada de manera que simule una cuna, no obstante, su intención es simbolizar, por medio de la blancura, que el infante murió con el alma pura, sin pecado. El confeti es una alusión a la alegría característica de los niños. Podríamos resumir que esta celebración es una invitación a los difuntos, la gente acude a ofrendarles el fruto de la cosecha para que ellos sepan el día en que les es permitido visitar a sus parientes, y asegurarles que estos tendrán con qué recibirlos. Los elotes y los tamales son sólo un aperitivo que anticipa al banquete que se les ofrendará en noviembre. Así, el 29 de septiembre es el día en que San Miguel vence al demonio; el día en que el demonio es arrojado a la tierra y hay que protegerse del él con la señal de la cruz; el día en que se recoge la primera cosecha y es ofrendada a los muertos. El día en que se termina el hambre.

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Capítulo III UNA VEZ AL AÑO: CUESTIONES PREVIAS
La vida en México prevé la muerte, porque sabe que la muerte es el origen de todo Carlos Fuentes, Los Cinco Soles de México

La fiesta más costosa del año "¿En qué les ayudo?" Don Lucano Solís Leónides es oriundo de Coatetelco, donde ha vivido siempre, trabajando la tierra toda su vida. Recuerda que en su niñez se unió a la bola de la Revolución, donde pudo ver varias veces a Emiliano Zapata. Hace dos años que dejó de ir al campo, debido a su delicado estado de salud: "Se enojó mucho cuando le dijimos que se quedara en la casa a descansar, dijo que si él faltaba, sus hermanos no iban a hacer bien el trabajo. No puede estar sin hacer nada, le gusta sentirse útil, pero tiene que descansar y cuidarse", comenta doña Reyna, hija de don Lucano. Resignado, don Lucano se sienta en una pequeña silla y observa a sus tres hijas (las señoras Emilia, Amparo y Reyna), ocupadas en la preparación de la comida que adornará la ofrenda familiar por la noche. Al otro lado del patio, doña Modesta, esposa de don Lucano, descansa recostada sobre una hamaca, abanicándose para sofocar un poco el calor de esa mañana del 31 de octubre, día en que se ofrenda en memoria de los niños difuntos. Ese día, las actividades comienzan desde muy temprano. En el mercado municipal la gente adquiere los artículos necesarios para su ofrenda, abundan las flores de cempasúchil y terciopelo, pan de muerto, el indispensable pipián (semilla de calabaza) para hacer el tradicional mole verde, frutas, cazuelas, cubetas, velas, copal, etc. La ofrenda tradicional exige que 19

cualquier elemento que intervenga en su preparación debe ser nuevo, lo que implica un gasto importante para la familia. Poner una ofrenda con todos los elementos característicos de la comunidad, reclama un gasto promedio de 1,500 pesos, más la ofrenda del día primero dedicada los difuntos adultos, que también "debe ser nueva", suman un gasto promedio de 3,000 pesos. - ¿Quién cubre los gastos de la ofrenda? - Casi todo lo pagan mis papás, nosotros (los hijos) sólo ponemos una que otra cosa: que una cubeta, que una cazuela, que una gallinita.... A pesar del costo relativamente alto de la ofrenda, aproximadamente el 80% de la población conserva la tradición de la ofrenda original de Coatetelco. Siendo la agricultura la principal actividad económica del pueblo, en esta temporada los campesinos venden sus cosechas, principalmente maíz y cacahuate, para pode cubrir los gastos de la fiesta. Esta coincide con el término de uno de los periodos agrícolas de la región, el que va de junio a octubre. "Es la fiesta más costosa del año. Ni con la virgencita de Guadalupe ni en Semana Santa se gasta tanto", explica doña Amparo, mientras mezcla el mole lentamente con la cuchara. Los preparativos En un sencillo y pequeño molino doña Reyna y Daniel, también hijo de don Lucano Solís, que ha llegado para ayudar en el trabajo, muelen cacao y galletas de harina, que una vez mezclados con canela y azúcar servirán para la elaboración de las tablillas de chocolate. Cerca de ellos, don David muele las semillas de pipián en un tipo de molcajete llamado "forma". A lo largo del patio la actividad no cesa, nadie dirige ni asigna las actividades, todos están prestos a colaborar y van de un lugar a otro, como siguiendo un plan determinado y conocido por todos. La preparación del mole y los tamales ocupan un papel protagónico en las actividades. Doña Modesta y su hija Emilia quitan las hojas al maíz para ponerlas a remojar en una tina, además de desgranar las mazorcas, después los granos son 20

molidos y con la masa resultante se elaboran los tamales, que son envueltos con las hojas de maíz puestas con anterioridad a remojar. Mientas, doña Reyna y su hermana Amparo matan y despluman las gallinas, después se destazan y se ponen ha hervir. Con el pipián bien molido, y las partes del pollo cocidas se elabora el mole verde, condimentado con ajo y cebolla. La preparación de la ofrenda necesita, por cuestiones prácticas, la participación de varias personas, esto da lugar a que la familia se reúna. Así, la fiesta para conmemorar a los muertos se torna en una forma de comunión entre los vivos. Los huehuechiques ¿No va a venir mi padrino?. Pregunta don Lucano. Llega más al rato. Contesta una voz anónima salida del ajetreo del trabajo. Don Lucano se refiere a su yerno Florencio Nepomuceno, que es también su padrino de bodas tardías. Las relaciones de parentesco son muy importantes en Coatetelco, las bodas son las ceremonias que mejor lo reflejan, ya que los padrinos pasan a formar parte de la familia y están comprometidos moralmente a participar en todos los festejos. Lo mismo pasa con las fiestas de cumpleaños, bautizos, confirmaciones, quince años, etc. Aunque no es necesario ser padrino para contraer compromisos, con el simple hecho de ser invitado a una fiesta una persona ya es considerara en alta estima por la familia. Todavía hace algunas décadas, existía en Coatetelco la figura del huehuechique, que era como se le llamaba a quien cumplía la función de apadrinar un matrimonio y se distinguía por su manera de expresarse. Cuando se quería contraer matrimonio, era necesario buscar un huehuechique. Este se encargaba de ir a pedir la mano de la novia, a su vez, los padres de esta tenían también que buscar a otro huehuechique para que entre ellos negociaran los términos en que se daría la boda: la familia del novio se comprometía a cubrir todos los gastos de la boda, que eran fiestas masivas que daban cabida a todos los miembros de las familias de los contrayentes; la familia de la 21

novia exigía garantías sobre la vida futura de ésta y daba la cantidad correspondiente a la dote, que no se entregaba en efectivo, sino en especie (granos de maíz, animales, tierras, etc.). Todo esto era pactado por los huehuechiques, especialistas en las tradiciones y relaciones económicas de la comunidad, dotados del don de la palabra que les permitía argumentar en favor de sus apadrinados. Esta costumbre desapareció por la sencilla razón de que los huehuechiques se terminaron. Sin embargo, la importancia capital de las relaciones de parentesco permanece intacta. Hay quienes no sienten nostalgia por esas épocas: Cuando iba a casarme me pidieron que buscara a un huehuechique, "el que se quiere casar con su hija soy yo y yo se la estoy pidiendo", le contesté a mi suegro. Nos cuenta don Florencio, que ha llegado a ayudar en la preparación de la ofrenda. La familia se reúne El trabajo continúa, envolviendo los tamales, condimentando el mole, haciendo las tablillas de chocolate, arreglando las flores, escogiendo la fruta..., ya en la tarde, con el trabajo casi terminado y esperando que el reloj marque las ocho de la noche para poner la ofrenda, llegan los nietos y bisnietos de don Lucano; toda la familia se reúne para cenar el Huentle. Las madres ordenan discretamente a sus hijos a que vallan a saludar al patriarca. Vestidos de colores pastel con ropa estilo sport, los niños se acercan a don Lucano para darle un saludo formal: Buenas tardes abuelito. Hola abuelito. Pásenle, pásenle. ¡Hoy vamos a comer molito!, aunque sea una vez al año.

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Capítulo IV EL HUENTLE: LAS OFRENDAS COLGANTES
La muerte toma siempre la forma de la alcoba que nos contiene Javier Villaurrutia

La ofrenda Al ofrendar se comparten los frutos obtenidos durante el año con los parientes difuntos. La ofrenda lleva implícitos sentimientos de amor, gratitud y veneración. Se adorna de tal manera que no disguste a las almas visitantes. Atendiendo a la doctrina cristiana, influida por las ideas platónicas, el hombre es un ser dual, compuesto por espíritu (alma) y materia (cuerpo); las cosas están compuestas por materia y esencia. La fiesta de día de muertos descansa sobre la creencia de que las almas de los difuntos regresan a su hogar para compartir los alimentos con sus antiguos parientes. Éstos los reciben con flores aromáticas, abundante comida, artículos personales y alimentos o bebidas que hayan degustado en vida. Los espíritus se alimentarán de "la esencia" de las cosas. Después, los parientes comerán de los mismos alimentos que sirvieron de comida a sus difuntos. Así se establece una comunión sagrada por medio de los alimentos con un mundo sobrenatural y con la Divinidad, puesto que al morir (continuando con el discurso cristiano) las almas son llamadas al Reino del Padre. Las ofrendas que se realizan en todo el país tienen diferentes características, dependiendo del Estado o municipio de que se trate. La ofrenda original de Coatetelco posee una particularidad única en el Estado: está colgada del techo. Esta ofrenda es llamada huentle, aunque no es la ofrenda en sí misma, sino "lo que se ofrenda". Está compuesta originalmente de mole verde con tamales blancos envueltos con 23

hojas de maíz, frutas, chocolate, pan, velas y flores de cempasúchil. Cada familia agrega un elemento personal, según el pariente a quien se ofrende. Todo esto se coloca sobre una cama de varas de acahual, que descansan sobre dos vigas paralelas llamadas huamochilt o uhizache (árboles antiguos) tejidas con lazo de ixtle (sacado del maguey), todo esto recibe el nombre de huatapextle, que tiene la forma de una plancha. El huatapextle se cubre con un "mantel" ha base de hojas de plátano (popacla), con el fin de mantener los alimentos frescos. Por último el huatapextle es colgado del techo de la casa amarrado de dos vigas paralelas. Pero no siempre las ofrendas en Coatetelco estuvieron colgadas de los techos de las casas. Antes, en contraste, se ponían en el piso. Hace algunas décadas la comunidad era una zona típicamente rural, las familias eran tan pobres que algunas no poseían una mesa, así que colocaban sus ofrendas en el piso sobre un tapete, sin embargo, como era de lo más común que en las casas los animales pasearan libremente (gallinas, gatos, perros, guajolotes), hasta los que las ponían sobre mesas temían que sus animales las estropearan. Así que optaron por colgarlas del techo de sus casas, que eran jacales hechos con varas y vigas. La comunión con los muertos En la iglesia de San Juan Bautista comienzan a sonar las campanas. Son las ocho de la noche y es la hora en que los muertos salen del panteón para visitar las casas de sus familiares. Don Lucano se levanta de su silla, sin avisar a nadie enfila sus pasos hacia el huatapextle, que para esa hora ya está adornado con flores de cempasúchil. Los demás miembros de la familia, al percatarse, corren inmediatamente a acercarle una silla y todo lo necesario para adornar la ofrenda. El chocolate y el pan son los primeros elementos que son colocados. Don Lucano sube a la silla ayudado de sus hijas y comienza a colocarlos sobre el huatapextle. El ambiente se torna a manera de un rito sagrado y todo se vuelve un símbolo. Comienzan las invocaciones: 24

Papacito, este plato de mole es par ti. Dice don Lucano, al mismo tiempo que coloca el plato. Mamita, este otro es para ti... Así, hasta poner doce platos sobre la "mesa", que simbolizan a los Doce Apóstoles. Nadie quiere quedarse fuera del ritual. Todos tratan de acercarle algo. Él va colocando todo con mucho cuidado y paciencia: las flores de cempasúchil y de terciopelo, que representan la tranquilidad y la alegría de recordar y reabrir la casa a los muertos, además de ayudarlos a guiarse por el olor; las ceras y veladoras, cuya luz servirá también de guía, puesto que al irse, las almas tomarán una para alumbrar su oscuro camino; las frutas (manzanas, plátanos, mandarinas) que representan la buena cosecha; un vaso con agua, que además de calmar la sed, después del largo camino recorrido, representa la buena voluntad y la alegría de recibirlos. Terminada la tarea de adornar la ofrenda, doña Reyna le da a su padre un sahumerio con copal; inicia la segunda parte del ritual. Don Lucano comienza a esparcir el copal por toda la ofrenda, se encorva con dificultad para pasar por debajo del huatapextle, se muestra ensimismado y demora todo el tiempo que cree necesario. Terminado el rito, le da el sahumerio a la persona más próxima y camina de regreso a su silla, toma asiento, se apoya sobre su bastón y permanece en silencio, inmutable. Todo este ritual encierra varios significados. En primer término, es un ofrecimiento a los difuntos, por medio del copal que es simbólicamente "la esencia", entendida como algo que no puede ser retenido. El jefe de la familia invita a los difuntos a probar la esencia de los alimentos. Es también un elemento de purificación, para que lo ofrendado no esté contaminado por el mal de este mundo. Finalmente, es una forma de comunión con la Divinidad, ya que es precisamente el miembro de mayor edad quien lo realiza, por ser quien está más cerca de emprender el viaje sin retorno. Esta comunión es, a su vez, una muestra de que en vida trató bien a los difuntos, esperando que se haga lo mismo con él.

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Chicos y grandes Todas las tradiciones del México contemporáneo son producto del sincretismo. Hoy no existe un pensamiento puro prehispánico en ningún pueblo indígena, 400 años pesan mucho (Matos 2000: 16). En el México antiguo, el culto a los muertos se repartía entre varios de los 18 meses del año. Destacaban los realizados en los meses noveno y décimo, correspondientes a Tlaxochimaco y Xocotlhuetzin, cuyas fechas eran aproximadamente del 12 al 31 de julio y del 1 al 20 de agosto. En la primera, se celebraba el Miccailhuitontli o Fiesta de los Difuntos Chiquitos y la segunda correspondía al Miccailhuitl, o Fiesta de los Difuntos Adultos. Los pueblos nahuas acomodaron sus celebraciones antiguas a las fechas de la celebración cristiana para los Fieles Difuntos y Todos Santos, agregando la noche del 31 de octubre para venerar a los niños (Turok 2000: 34). Los días de los festejos del santoral cristiano fueron propuestos por el Papa Gregorio IV durante el siglo IX: uno de noviembre, para el "día de los angelitos" y el día siguiente "día de los fieles difuntos". Desde entonces, se celebran en Europa; en el continente Americano penetró a través de la conquista española en el siglo XVI. Así, en Coatetelco se ofrenda a los Difuntos Chiquitos el 31 de octubre. Todos los elementos que se coloquen sobre el huatapextle tienen que ser pequeños: los doce platos donde se sirve el mole verde, los tamales, las tablillas de chocolate, la fruta, los saleros; también se adorna con utensilios de barro en miniatura (ollas, cazuelas, platos), dulces y canastitas. Por último, al centro se ubica una pequeña vela que sirve de guía a las almas de los infantes. En la ofrenda del 1 de noviembre, día de los Difuntos Adultos, desaparecen los dulces y son sustituidos por diversos elementos, dependiendo a quien se ofrende, en el caso de los varones lo más característico es encontrar sombreros, huaraches, botellas de tequila, cigarros, machetes y azadones; la ofrenda de las mujeres se adorna con enaguas, rebozos, canastas, metates, 26

molcajetes y las "formas" (molcajetes especiales para moler pipián). Ahora, los platos de mole y jarros con chocolate son de tamaño normal, al igual que las tablillas y las frutas, el pan y los saleros; la vela que domina el centro es dos veces mayor.

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Capítulo V HASTA LOS CINCO AÑOS: LA OFRENDA DEL ÁNIMA SOLA
...cuando alguien muere de manera violenta solemos decir: "se la buscó"...cada quien tiene la muerte que se busca... Muerte de cristiano o muerte de perro son maneras de morir que reflejan maneras de vivir. Si no morimos como vivimos es porque realmente no fue nuestra la vida que vivimos: no nos pertenecía como no nos pertenece la mala suerte que nos mata. Octavio Paz, El Laberinto de la Soledad

Nada más entre nosotros “Nosotros no vamos a Coatetelco porque allá matan y no entierran”; esta frase se ha convertido en un lugar común desde hace muchos años en los pueblos vecinos ha Coatetelco. La violencia es un problema grave en la comunidad. En los años noventa fue cuando esta situación se agudizó: a decir de los pobladores "no pasaba semana sin que hubiera muertes" violentas en el pueblo. Estos eventos tenían lugar principalmente al calor de las fiestas: bodas, quince años, santos, bautizos, etc., propiciados por el alto grado de bebidas embriagantes que allí se consumían, si bien no en todas había muertos, en la mayoría la violencia se manifestaba. Entre los habitantes parece haber acuerdo en aceptar que el alcoholismo es la principal causa de la violencia. Tan sólo en la zona centro hay 3 centros de atención a alcohólicos. De hecho, los hombres bebiendo en las esquinas (algunos menores de edad) han pasado a ser algo habitual en el paisaje del pueblo. Es indudable que se trata de un problema de género. Abundan las anécdotas contadas por taxistas de la región, que refieren sobre agresiones físicas y verbales por parte de “los coatetelcos” (expresión altamente peyorativa muy en 29

boga en los pueblos vecinos) generalmente en estado de ebriedad. Sin embargo, don Florencio Nepomuceno aclara: "el miedo que se le tiene a venir a Coatetelco es exagerado, es cierto que hemos tenido problemas, pero siempre ocurren entre nuestra gente, aquí nunca se ha agredido a gente de afuera, al contrario, somos muy hospitalarios y respetuosos con ellos, ni que en otros lados no hubiera borrachos". Cuenta también que los primeros brotes importantes de violencia se dieron a causa de un pleito de cantina. En la ya desaparecida Casa del Portal, según don Florencio, hace muchos años hubo una gresca que terminó con muertos, lo que provocó que los familiares de las "víctimas" se enfrascaran en un interminable "ajuste de cuentas" que sigue hasta nuestros días. Los esfuerzos Sin dejar de ser un problema serio, esta situación se ha aminorado con el paso del tiempo. Para esto han influido varios factores, como el desarrollo del comercio, gracias a la construcción de la carretera que comunica a Coatetelco con Alpuyeca; un esporádico pero importante turismo, gracias a la zona arqueológica; y la construcción de la Escuela Secundaria Técnica No. 20, que ha elevado el nivel de escolaridad de la comunidad. En pocos años, Coatetelco a pasado de ser una comunidad "cerrada" a una "abierta". Esto no quiere decir que el contacto con personas de diferentes costumbres y un ligero aumento en su nivel de educación hayan sido determinantes, más bien su influencia ha sido indirecta. Los profesores que laboran en las diferentes escuelas de Coatetelco han tratado de inculcar valores de tolerancia y respeto en las jóvenes generaciones, los resultados han sido considerables, aunque a decir de los propios profesores, insuficientes. La señora Marta Gutiérrez, integrante de Comité de Padres de Familia de la escuela secundaria, analiza la situación: Al terminar la secundaria son muy pocos los que pueden y quieren seguir estudiando, y ya no digamos llegar a la 30

universidad. Las jovencitas se casan muy jóvenes y los muchachos van a trabajar al campo, a la ciudad o de plano a Estados Unidos. Aquí, como en muchos lados, la lucha por la vida empieza muy temprano, y pues cada quien lucha y se defiende como puede, en muchos casos esto ocasiona desgracias, porque muchos toman para olvidar sus problemas y se desquitan con el primero que pueden. Sin permiso Me mataron a mis dos hijos, andaban en pleitos con otros muchachos, y me los mataron... Este año, la ofrenda de doña Valentina Saldaña no estará colgada del techo, sino montada sobre una mesa en el patio de su casa. Según la costumbre, las personas que ofrenden a parientes que hayan fallecido de manera violenta, no pueden colocar la ofrenda dentro de la casa, esta tiene que estar en el patio. Es lo que se conoce como la ofrenda del ánima sola. Esa costumbre deriva de la creencia de que una muerte violenta priva al alma de la persona del descanso eterno. Al morir asesinada una persona no muere en paz, por lo que su alma andará errante buscando consuelo y purificación, ya que su muerte estuvo involucrada con el pecado de otra persona (el asesino), aunque indirectamente, está contaminada con el pecado. El día de muertos, las almas en pena están autorizadas para salir de sus sepulcros y visitar a sus parientes, sin embargo, éstos no les conceden el permiso de entras a sus casas. Su muerte, aunque involuntaria, estuvo vinculada con la mala fortuna y la desgracia, por lo tanto, se prohíbe su entrada por que podría traer consigo la mala suerte, que en el caso de una comunidad agrícola como Coatetelco, puede equivaler al temor de una mala cosecha. Pareciera que esta es una costumbre excluyente o discriminatoria, sin embargo, la ofrenda del ánima sola contiene implícitos todos lo elementos de amor, gratitud y veneración característicos de cualquier ofrenda. A pesar de que la gente cree que es Dios quien todo lo dispone, quien "nos llama cuando 31

quiere", esto no quiere decir que las personas carezcan de libre albedrío, así que una muerte violenta tiene necesariamente que estar vinculada a la mala fortuna, no es pues, una muerte cristiana. Así que es indudable que el alma en pena tiene que purificarse, de qué forma lo logrará es un misterio que trasciende al entendimiento de la gente, "son cosas que se entienden cuando uno esta en el otro mundo". Sólo se sabe que, por razones indefinidas, después de cinco años se alcanzará la purificación y entonces le estará permitido al alma entran a la casa familiar. Como ya se mencionó, la ofrenda del ánima sola se coloca en el exterior de la casa habitación, esta se pone al estilo convencional: sobre una mesa cubierta con un mantel blanco y adornada con papel china de varios colores, principalmente morado y amarillo. No puede faltar el Huentle (mole verde y tamales blancos), las frutas, el pan de muerto, la sal, el agua, las flores de cempasúchil y terciopelo, etc., no obstante; se puede decir que la decoración de esta ofrenda goza de una mayor libertad estética, no es necesario colocar los doce platos de manera simétrica ni hay que poner atención en el tamaño de las veladoras, a diferencia de las demás ofrendas que en su mayoría son colectivas (ofrendadas a varios parientes) la ofrenda del ánima es individual, así que está llena de elementos personales. En el piso, frente a la mesa, se ordenan varias veladoras alrededor de una cruz formada con flores de cempasúchil y un copal con incienso. Otro elemento importante es la foto del difunto, que generalmente va acompañada de alguna imagen religiosa, una virgen o un santo. Otra característica de esta ofrenda es que tiene que ser velada hasta el amanecer, ya que no le es permitido entrar a la casa, siempre tiene que haber algún familiar fuera para acompañar el alma del difunto, quien a la hora de su regreso querrá despedirse de sus familiares, así que la ofrenda tiene que velarse hasta el alba. Abuelita, ya me voy a dormir Doña Valentina le da la bendición a su nieto de ocho años. 32

Que Dios te bendiga mi niño... Pensativa y triste, se conduele de la familia de su hijo: Este año me mataron al menor, y ahí tienen a su esposa, pobre muchacha, tan joven, sin marido, sin trabajo y con dos hijos...

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Capítulo VI EN EL CAMPOSANTO: LOS RESPONSOS A LOS MUERTOS
Es una verdad sincera/ lo que nos dice esta frase:/ que sólo el ser que no nace/ no puede ser calavera. Anónimo

La bienvenida La fiesta termina. En el día de Todos los Santos, todos los muertos regresan a su morada. Bienvenida el alma que llega a gozar del descanso eterno, reza la leyenda en la entrada del cementerio de Coatetelco, al pie del cerro del Teponasillo. Desde temprano, las familias acuden al cementerio municipal a despedir a sus difuntos. Comienzan limpiando las tumbas. Es necesario retirar los restos de la última visita (las coronas y flores del día de San Miguel, ya marchitas); después de barrerlas y limpiarlas, se adornan con flores de cempasúchil y de terciopelo (las mismas que adornaron sus ofrendas) que son las tradicionales, aunque algunas personas también llevan clapanecas y crisantemas, sin olvidar las típicas coronas del pueblo. Se percibe una intensa actividad. Los niños cargan con las cubetas de agua, los padres rozan la hierba y las madres colocan las flores y coronas. El intercambio de saludos formales y conversaciones cotidianas es la constante; como en la mayoría de los panteones, la organización de las tumbas es caótica, el tránsito es difícil y en ocasiones resulta inevitable caminar por encima de ellas. Todos están a la espera del sacerdote del pueblo, quien oficiará una misa al mediodía; es la única ocasión en el año que la misa se celebra fuera del Templo de San Juan. Al pie de un gran árbol, sobre una mesa, están ya colocadas, a manera de altar, una cruz de madera y varias veladoras. El

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sacerdote llega, acompañado de los mayordomos y da inicio la misa. Los responsos El propósito de esta ceremonia es "darle responsos a los muertos", es decir, rezar una oración por ellos. Anteriormente, la gente tenía que asistir al Templo a dar el nombre de sus difuntos y pagar cierta cantidad para que el padre los nombrara en la misa (Maldonado 1999: 62). Actualmente el padre no nombra a nadie en particular, sólo pide por el descanso "de nuestros queridos difuntos". Con esta ceremonia llega a su fin la fiesta del Día de Muertos en Coatetelco, que abarca un periodo de treinta y seis días: de San Miguel al día de Todos los Santos, que coincide con el fin del periodo agrícola junio-octubre y con el inicio de la temporada de seca. Los habitantes de Coatetelco regresan a sus hogares, después de haber cumplido con la tradición, aunque tarde o temprano tendrán que regresar a este lugar.

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Capítulo VII NOS VEMOS EN EL PANTEÓN Muertos de risa El mexicano no se ríe de la muerte, esto es un hecho. Nadie va a estar muerto de risa el día en que fallezca un familiar querido. Sin embargo, si preguntamos a la gente sobre la actitud del mexicano frente a la muerte, seguramente contestará: "los mexicanos nos burlamos de la muerte, nos reímos de ella, no le tenemos miedo". Se ha abusado de la idea de que el mexicano no le teme a la muerte, es una actitud que quiere ser definida como un arquetipo nacional. Ni los orgullosos Señores del Anáhuac estaban exentos del sentimiento de angustia que les producía el misterio de la muerte, a pesar de su creencia de que la vida se prolongaba en la muerte. En la poesía náhuatl está plasmado este sentimiento:
¿Adónde iremos? ¿Cómo sufriremos aquí? Que no haya aflicción, esto nos hace enfermar, nos causa la muerte. Pero, esforzaos, que todos tendremos que ir al lugar del misterio. El Dador de vida se burla: Sólo un sueño perseguimos, oh amigos nuestros, nuestros corazones se confían, pero él en verdad se burla Conmovidos gocemos, en medio del verdor y las pinturas. Nos hace vivir el dador de la vida, él sabe, él determina, como moriremos los hombres.

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Nadie, nadie, nadie, de verdad vive en la tierra. Ms. Cantares Mexicanos, Fol. 13 v

El mexicano contemporáneo sigue angustiado, como toda la humanidad, ante la perspectiva de morir. ¿De dónde viene entonces la idea de que el mexicano se burla de la muerte? El señor de las calaveras Cuando se comparan las tradiciones rurales con las de las ciudades, destaca que en éstas se ha desarrollado una nueva visión del Día de Muertos, que se extiende hacia otros centros dentro y fuera del país. Evidentemente, representó un papel muy importante José Guadalupe Posada, cuyos grabados de principios del siglo XX alimentaron una visión gráfica popular, cuya función original fue la sátira social y la crítica de las vanidades. Encontramos a "la calavera" como sátira literaria llena de ingenio, que también es utilizada como un recurso de crítica hacia los políticos y figuras públicas (Turok 2000: 36). Aunque no en su totalidad, la influencia de Posada contribuyó a formar la actitud desenfadada que tienen los mexicanos ante la muerte. La sátira y crítica social de sus cartones recuerdan al pueblo que, después de todo, los políticos y adinerados habrán de morir, pese a todo su poder y riqueza. Así, la muerte se vuelve un elemento de igualdad:
Es calavera el inglés, calavera, sí señor, calavera fue el francés y Faure y Sadi Carnot. El chino, el americano, el Papa y los cardenales, reyes, duques, concejales y el jefe de la nación en la tumba son iguales calaveras del montón. Anónimo

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Esta visión del Día de Muertos, que es representativa sobre todo de la capital, tuvo repercusiones nacionales, ya que no es gratuita la imagen de los mexicanos como un pueblo que juega y se divierte con la muerte. Los dichos populares así lo indican: "si me han de matar mañana, que me maten de una vez"; "a mí la muerte me pela los dientes"; "yo no le tengo miedo a nada, ni a la muerte". Surge ahora una segunda interrogante ¿si el mexicano le teme a la muerte, por qué se burla de ella? Octavio Paz sostiene que el objeto de la burla e ironía de los mexicanos no es la muerte, sino la vida misma: "Calaveras de azúcar o de papel de China, esqueletos coloridos de fuego de artificio, nuestras representaciones populares son siempre burla de la vida, afirmación de la nadería e insignificancia de la humana existencia. Adornamos nuestras casas con cráneos, comemos el día de los Difuntos panes que fingen huesos y nos divierten canciones y chascarrillos en los que se ríe la muerte pelona, pero toda esta fanfarronada familiar no nos dispensa de la pregunta que todos nos hacemos: ¿qué es la muerte? No hemos inventado una nueva respuesta. Y cada vez que nos la preguntamos, nos encogemos de hombros: ¿qué me importa la muerte, si no me importa la vida?" (Paz 1983: 53). Lo urbano y lo rural El festejo del Día de Muertos, como se ha mencionado antes, es producto del sincretismo religioso. En los medios urbanos prevalecen las ideas derivadas del catolicismo, se celebra el Día de Muertos conforme al calendario católico, o sea, el día 2 de noviembre. En cambio, en las comunidades rurales (indígenas o no) se las ingenian para ganar unos días más para realizar esa celebración, como ocurría en el concepto prehispánico, donde el culto a los muertos era mucho más largo y estaba asociado a los periodos agrícolas. Coatetelco es un claro ejemplo de lo anterior. Toda la fiesta abarca un periodo de 36 días, desde el 28 de septiembre, cuando se celebra a San Miguel y se ofrenda a los muertos en el panteón, hasta el día 2 de noviembre, cuando se les despide con una misa y se les dan los responsos; en medio se encuentra el 39

día de San Simón (28 de octubre) cuando se coloca la ofrenda de calabaza y los días 31 octubre y 1 de noviembre, cuando se ofrenda a los Niños Difuntos y a los Difuntos Adultos, respectivamente. Además, están las actividades que si bien no pertenecen formalmente al festejo, tienen una influencia sobre el mismo; como el día de San Juan (24 de junio), cuando se ofrenda a los vientos en los cuatro puntos cardinales de la comunidad para pedir la lluvia que les permita tener una buena cosecha que, de darse, se recogerá en el mes de noviembre, coincidiendo con la fiesta del Día de Muertos y la temporada de sequía. Prácticamente todos los elementos que prevalecen en las zonas urbanas y semi-urbanas están ausentes en Coatetelco: las calaveras de azúcar, el papel picado, los esqueletos de juguete, los dulces de pipián, etc.; la característica principal de la fiesta en esta comunidad es la estrecha relación de ésta con los periodos agrícolas, la cosecha y la fertilidad. Las comunidades que necesitan elementos de cohesión e identidad social, al no encontrarlos dentro de sus sociedades, importan costumbres y tradiciones de otros pueblos, o combinan las propias con las ajenas. El festejo del Día de Muertos en Coatetelco posee elementos de identidad sólidos, lo que le permite oponer una mayor resistencia a las influencias externas. La singularidad de las ofrendas colgadas del techo, la zona arqueológica de la cultura tlahuica que los identifica con su pasado y las estrechas relaciones familiares son algunos de los factores que contribuyen a la cohesión social y a la preservación de las tradiciones, aunque se pueden observar algunas influencias externas. Halloween para el campanero Prácticamente en todo el país se tiene la costumbre de salir a "pedir ofrenda" la noche del día 1 de noviembre. Grupos de niños y adolescentes tocan a la puerta de las casas sonando una campana bajo la consigna: "ofrenda para el campanero", la gente les obsequia frutas, dulces y pan de muerto. En las ciudades se le llama "pedir calavera". La influencia del festejo 40

anglosajón del halloween, vía Estados Unidos, ha propiciado que no pocos se disfracen de monstruos y brujas y salgan a las calles al grito de "queremos halloween" o "dulce o travesura", amenazando con cometer algún prejuicio a los inquilinos de la casa que se nieguen a obsequiarles alguna golosina. Por muchos años, Coatetelco había permanecido ajeno a cualquier tipo de costumbre de pedir ofrenda. Doña Reyna comenta: Hace más o menos cinco años que los niños salen a pedir ofrenda, pero son pocos, la gente no está acostumbrada a eso y sólo algunos les dan, porque no quieren quitar algo de sus ofrendas. En los pocos niños que salen a pedir ofrenda se puede observar una mezcla de elementos: salen disfrazados con máscaras de monstruos y, sin embargo, no piden halloween, sino ofrenda para el campanero. En otras comunidades morelenses como Ocotepec, Chamilpa y Ahuatepec, las campanas de los templos tienen que sonar cada determinado tiempo durante toda la noche, incluso hasta la madrugada; esto es con el propósito de guiar a los muertos por medio del repique de las campanas a su comunidad, evitando que se extravíen. El trabajo lo realizan por turnos varios campaneros. Como agradecimiento, la gente sale por la noche a pedir ofrenda para el campanero y se la llevan hasta el campanario del templo (tamales, elotes hervidos, pan de muerto, chocolate). En Coatetelco el campanero suena las campanas a las ocho de la noche, con el mismo propósito, pero el pueblo no tiene la costumbre de pedir ofrenda para ellos. El día de muertos La fiesta de Día de Muertos en Coatetelco es, sobre todo, una convivencia entre los vivos. Los preparativos, la colocación de la ofrenda, la visita al panteón, la cena del Huentle, todo requiere la participación de varios o de todos los miembros de la familia. Es, además, un elemento de cohesión social e identidad regional, un festejo con un claro sincretismo religioso, aunque prevalecen las concepciones antiguas sobre las cristianas. Festejo de una comunidad donde las relaciones de parentesco 41

son fundamentales y la institución de la familia goza de una gran estabilidad, comunidad no exenta de problemas importantes, como el alcoholismo, la violencia, el desempleo y la falta de oportunidades. El paisaje rural de Coatetelco contrasta con el derroche de recursos materiales y económicos característicos de sus fiestas, sobre todo en las bodas, igual que los bautizos, los santos, los quince años, las confirmaciones, los festejos religiosos, etc., Paz explica: "Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares...un pobre mexicano ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que le compensan de su estrechez y de su miseria? Las fiestas son nuestro único lujo...el desperdicio atrae o suscita la abundancia y es una inversión como cualquiera otra. Sólo que aquí la ganancia no se mide, ni cuenta. Se trata de adquirir potencia, vida, salud. En este sentido la Fiesta es una de las formas económicas más antiguas, con el don y la ofrenda." (Paz 1983:45). En verdad, en esta comunidad las fiestas son fundamentales, se vende la cosecha y el ganado para realizarlas y, en caso de ser necesario, los familiares y padrinos ponen lo que hace falta. El hecho de que los campesinos vendan sus cosechas para financiar la ofrenda del Día de Muertos es un claro ejemplo. La despedida La noche del 1 de noviembre, al despedirnos de la familia que amablemente nos alojó en la comunidad, se presentó una situación, que, aunque involuntaria, refleja la actitud de los mexicanos ante la muerte, que si bien le tememos, no desaprovechamos ninguna oportunidad para divertirnos con ella: Buenas noches y muchas gracias por todo. ¿Mañana no van a venir?, Pregunta la señora Reyna. No, mañana vamos a la misa en el panteón. Don Lucano intervino inesperadamente: Pues nos vemos en el panteón. Todos reímos. 42

Purificación de la ofrenda

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Invocación y ofrecimiento

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La ofrenda de Día de Muertos

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Cementerio de Coatetelco

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Adorno para los niños difuntos

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SEGUNDA PARTE OFRENDAS A LOS AIRES

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Capítulo VIII OFRENDAS EN LA LAGUNA: AIRECITOS Y SANTITOS Siendo Coatetelco una comunidad principalmente campesina, es perceptible la preocupación manifiesta de sus habitantes por la temporada de lluvias, ya que de ella depende la cosecha y, por consiguiente, los ingresos económicos que permitirán a las familias mantenerse hasta el próximo periodo agrícola. Por lo tanto, no es extraño que los coatetelcos realicen ritos simbólicos y ofrendas destinadas a pedir un buen temporal. En esta comunidad se tiene la creencia en la existencia de airecitos, que son los responsables de que traer la lluvia, pues se piensa que los aires tienen la faculta de llamar al agua. Antaño estos airecitos se encontraban en todas partes, se les mantenía contentos gracias a las ofrendas que la comunidad les hacia, pero la pérdida de las tradiciones que se observa en las nuevas generaciones a cambiado la situación, como explica don Genaro, un especialista en poner ofrendas para llamar a los aires: - Tenemos la creencia de que había una especie de airecitos, pero ahora ya casi no existen, por que la juventud ya no tiene creencias, y si ven un aguaje no lo cuidan, lo destruyen, le avientan piedras; si la gente ve un huentle lo toma y se lo da de comer a los perros, eso está mal, entonces los aires se retiran, se van a los cerros donde nadie los persiga. Hace doce años se vivió en la comunidad una situación crítica: la laguna se secó casi por completo. Como no era la primera vez que esto sucedía, varias personas sugirieron que los aires y la Virgen de la Candelaria (véase Capítulo XI) podrían estar molestos. Se decidió que cada año se les ofrecería en la laguna una ofrenda a los aires, para evitar que ésta volviera a secarse y para pedir abundantes lluvias, ya que una de las 55

formas en que las lagunas se alimentan es por medio del agua que reciben de las lluvias. Esta costumbre no tiene una fecha específica, varia según los campesinos crean que está próxima la primera lluvia. En años anteriores se ponía el 21 de mayo, sin embargo, debido a los cambios climáticos, la fecha se ha ido recorriendo en el calendario, este año se pondrá la ofrenda el 3 de mayo, sin tener ninguna relación con la fiesta de la Santa Cruz. Los colonos de El Muelle y los comerciantes de la laguna son los que llevan a cabo la tradición. Es una familia la que se hace responsable de cubrir los gastos que ocasionen las ofrendas, así como de prepararlas y buscar a una persona instruida que sepa hablarle a los aires. La responsabilidad se turna a otra familia después de dos años. El ritual de ofrendar a los aires (de raíces indudablemente indígenas) se mezcló con elementos cristianos, ya que también se les ofrenda con el mismo propósito y el mismo día a tres imágenes religiosas de santos. Estos santos son: San Pedro, Sagrado Corazón de Jesús, y un pequeño Cristo. Originalmente se llevaba a San Juan, que es el patrono del pueblo. Su simbolismo en el rito es evidente por ese sentido, como patrono tiene la obligación que velar por el bienestar de la comunidad, sin embargo, esta imagen fue robada hace un año de la Iglesia junto con otras imágenes, por lo que este año se sustituyó por el Sagrado Corazón. El simbolismo de la imagen de San Pedro es fundamental, en la mano derecha ostenta una llave dorada; él, como guardián del reino, es quien tiene la facultad de “abrir la llave del cielo” y hacer caer la lluvia. El pequeño Cristo simboliza a San Salvador, cuya intervención es muy importante para la efectividad del rito, pues se le atribuyen facultades milagrosas, a él se le pide que evite las resequedades. Para la gente de Coatetelco este rito se enmarca más en el terreno de la fe y los milagros que en el de las “explicaciones racionales de la naturaleza”. Así lo dice Don Genaro: - “San Pedro es porque tenemos la creencia de que él es patrón de las llaves y del agua también, luego viene un Cristo que nosotros decimos que es San Salvador, a él le 56

pedimos que no vaya a haber resequedades. Antes se traía también a un San Juanito, pero se lo robaron, y ahora en vez de San Juanito viene el Sagrado Corazón. Entonces nosotros venimos venerándolos porque tenemos la creencia de que nos echan la agüita, tenemos fe en sus milagros” Esta tradición pone de manifiesto el sincretismo religioso y simbólico que prevalece en la mayoría de las tradiciones mexicanas contemporáneas. Para facilitar el análisis, es necesario describir por separado la ofrenda a los aires y la ofrenda para los santos. La ofrenda a los airecitos Desde temprano comienzan los preparativos. Un grupo de alrededor de quince mujeres se divide el trabajo: unas llevan el nixtamal al molino, otras matan y despluman las gallinas, una muele la semilla del pipián en una forma, otras muelen la semilla de cacao en un pequeño molino, ponen a hervir agua en el fogón, limpian las hojas para envolver los tamales, acercan platos, ollas, cazuelas, etc. Una parte de la comida para la ofrenda se compone de chocolate, huentle (mole verde), huanextle (tamales najos) hechos con tequezquite, cal y ceniza. Los demás elementos de la ofrenda son: alcohol, tepache, copal, pan, veladoras de cebo y cigarros. Mientras tanto, los hombres se ocupan en construir el huatapextle (una cama hecha con varas de acahual) sobre el cual se colocará la ofrenda. El huatapextle se monta sobre cuatro estacas que han sido clavadas en la superficie de la laguna, a unos cuantos metros alejadas de la orilla. Don Genaro será el encargado de poner la ofrenda, sabe como llamar a los aires. Las mujeres le acercan piloncillo y limones, con los que él preparará tepache. A partir de ese momento se muestra parco y retraído, sólo habla para pedir lo que necesita y para dirigir el rito. La concentración es parte de la preparación espiritual necesaria para entrar en contacto con los aires. Cuando ha terminado de preparar el tepache, lo sirve en 57

pequeños jarritos de barro, después sirve huentle con piezas pequeñas de pollo en diminutos platos. Todo esto lo pone en una cazuela y agrega los demás elementos: alcohol, copal, tamales najos, cigarros y veladoras. Sólo tres hombres entran en la laguna acompañando a don Genaro, uno de ellos carga la cazuela con los elementos de la ofrenda, los otros dos sólo verificarán que las estacas estén bien clavadas y soporten el peso del huatapextle, todos se recogen los pantalones a las rodillas y entran en el agua. Doña Úrsula, quien ayudó en la preparación de los tamales, comenta: - La ofrenda tiene que ser puesta por los hombres, porque son ellos los que están trabajando en el campo y es allí donde sienten los airecitos. Al llegar al huatapextle, don Genaro empieza poniendo dos platos de mole verde (huentle), después coloca el copal, el tepache, el alcohol, las veladoras, los tamales y por último los cigarros y los cerillos. Cuando ha terminado, los otros hombres regresan para dejarlo solo, entonces comienza platicar con los aires, los invoca y les reza. Es aquí donde los aires le darán varias señales para que él sepa como será el próximo temporal. Según don Genaro, una de esas señales se manifiesta en la llama de las veladoras: - Ahí los airecitos nos dan señas de sí va a haber un buen temporal, si nosotros vemos que las velas de las ofrendas no están tranquilas o se apagan es que no va a haber buen temporal. Los designios que le revelaron los aires a don Genaro se mantienen en secreto, sólo se los dice a las personas responsables de la ofrenda. Cuando a regresado a tierra firme se sienta en una silla y permanece en silencio, las mujeres recomiendan no molestarlo para que pueda hacer una buena lectura de lo que los aires le revelaron. Doña Úrsula, mientras ayuda en los preparativos, recuerda malos tiempos: - Yo ya llevo doce años ayudando a poner la ofrenda. Me a tocado ver cuando el señor después de poner la ofrenda regresa y viene bien distraído y dice “no, pues no va a haber buen temporal, no se acercaron”, por que él ve, al 58

momento que los llama se da cuenta si están contentos o si están enojados los airecitos y si se arriman o no se arriman. La colocación de la ofrenda dentro de la laguna tiene dos sentidos: uno simbólico, ya que se ofrenda a los aires y a la laguna, la gente cree que el agua llama a los aires y viceversa, por lo tanto es natural que la ofrenda se coloque dentro del agua para que sea más fácil atraer a los aires. El otro sentido es mucho más práctico: - La ofrenda se pone a la orilla del agua, pero como vienen muchos perritos y se la tragan, la pusimos dentro del agua para que dilatara siquiera una noche. La ofrenda se le pone a los aires y a la laguna, es igual, porque el agua llama a los aires. En efecto, en el transcurso del día los niños tienen que ahuyentar en varias ocasiones a los perros que cautelosos nadan hacia la ofrenda atraídos por el sugerente olor de la comida. Cala elemento de la ofrenda tiene su simbolismo. El copal sirve para darles la señal a los aires de que ahí tienen su ofrenda. Las velas son indispensables ya que por medio de ellas se manifestarán algunas señales sobre el temporal. Los coatetelcos le atribuyen a los aires una personalidad parecida a la de los humanos, de ahí que se enojen y se contenten, por lo tanto se les ofrenda lo mismo que comen los hombres: huentle, tamales, tepache, alcohol; es muy significativo que los últimos elementos en ser colocados en la ofrenda sean los cigarros y los cerillos: - Cuando te invitan a un comilitón, cuando te acabas tu comida y tu bebida, te ofrecen cigarros, así nosotros, por eso les ponemos a los airecitos en la ofrenda comida y cigarros. El incienso es para llamarlos, para que se den cuenta de que ahí se les está ofrendando y atraerlos.- Nos explica don Genaro, un poco más calmado después de poner la ofrenda. Esta costumbre se observa en todas las reuniones sociales de la comunidad, ya sea en bodas, bautizos, cumpleaños e incluso en los novenarios que les rezan a los difuntos, después 59

de que los invitados terminan de comer, los anfitriones les ofrecen cigarros. Aquí impera el famoso dicho popular: después de un buen taco, un buen tabaco, y por su puesto, las ofrendas a los aires no son la excepción. La ofrenda permanecerá en la laguna todo el día y será velada por la noche, al otro día se tiene que esperar a que se seque la comida, señal de que los aires se alimentaron de su esencia, sólo entonces podrá ser retirada. Abandonando sus actitudes de reserva, don Genaro confiesa: - Pude ver que habrá dos tormentas muy fuertes, pero en general, será un buen temporal. La ofrenda a los santos Al mismo tiempo que se empieza a poner la ofrenda a los airecitos, alrededor de las once horas, un grupo de veinte personas se encarga de ir a traer a los santos a la Iglesia de San Juan, ubicada a dos kilómetros y medio de la laguna, en el centro de Coatetelco. El grupo llega a la Iglesia, los hombres sacan las imágenes de sus nichos y las colocan en el atrio, donde las mujeres las limpian y adornan. A cada imagen se le coloca un collar (rosario) hecho con flores de cempasúchil, a San Pedro y al Sagrado Corazón se les pone una corona y una capa. Se trata de darles una imagen que proyecte poder, la corona y la capa son usadas por los reyes y poderosos, de esta forma la gente manifiesta a los santos la devoción que les confieren, ya que los creen dotados de poderes milagrosos y tienen fe en los buenos resultados que obtendrán al realizar el rito. Una vez adornados, una señora pasa el copal alrededor de ellos, mientras se tocan las campanas de la Iglesia para llamar a la gente que quiera acompañar a la procesión. Casi de inmediato comienzan a llegar las personas, en su mayoría mujeres y niños. San Pedro y el Sagrado Corazón se montan sobre andas (tableros sostenidos por dos barras horizontales y paralelas para llevar imágenes en las procesiones). El pequeño Cristo es amarrado a una cruz mayor, de aproximadamente dos metros y 60

medio de alto, que es cargada por una sola persona. Las otras dos imágenes son cargadas en las andas por cuatro personas, al Sagrado Corazón lo cargan las mujeres y a San Pedro, los hombres. Al mediodía comienza la procesión rumbo a la laguna, el grupo se compone de cincuenta personas aproximadamente, de las cuales casi tres cuartas partes son mujeres. Una señora va esparciendo copal mientras otra dirige los cantos y las oraciones. En la punta del grupo un niño arroga al piso pétalos de cempasúchil, marcando de esta forma el camino recorrido por la procesión. La procesión baja por la calle Bugambilias, por donde se llega al Panteón Municipal, al píe del cerro del Teponasillo, las tumbas aún ostentan las coronas con las que fueron adornadas el año pasado en Día de Muertos. El grupo sigue de largo, recorriendo una larga calle sin pavimentar, hasta topar con la carretera que conduce a El Muelle, donde lo espera la gente de la palapa La Conchita. El grupo avanza lento, “un poquito más rápido, que no es penitencia, es procesión”, reclama uno de los mayordomos de la Iglesia. A la una de la tarde llega la procesión a la laguna. La gente de la palapa ayuda a colocar a los santos en una enramada construida especialmente para recibirlos. El Cristo se pone en el centro, San Pedro a su derecha y el Sagrado Corazón a la izquierda, el altar se adorna con crisantemos puestos en floreros blancos. Las personas se sientan en sillas dispuestas a cada costado de los santos. Para la gente de Coatetelco los santos poseen una “alma innata” residente en la imagen. La tradición sigue la pauta de ofrecer a los santos lo mismo que comen los hombres. Inmediatamente después de ser instalados en la enramada, los anfitriones reparten agua fresca a la gente de la procesión, al mismo tiempo de se coloca un vaso de agua enfrente de cada imagen. El propósito en ambos casos es el mismo: saciar la sed de santos y personas después del largo recorrido, en un caso de manera simbólica, en el otro de forma real.

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Después de haber ofrecido el agua, se empiezan a repartir el huentle y los tamales. Entonces se pone una mesa frente a las imágenes, sobre la cual se coloca una cazuela grande de huentle. Cuando se ha repartido a todas las personas, se sirve el huentle de la cazuela en platos medianos y se ponen a los pies de cada santo. Otra vez el mismo fenómeno, se da de comer a las personas y a los santos. El proceso se repite, pero esta vez con el chocolate. De esta manera se establece una comunión entre las personas y los santos por medio de la comida. Aquí no hay ningún tipo de invocación ni de plegaria, el propósito es pedirle a los santos un buen temporal, además de proteger a la laguna para que no se seque. A diferencia de los airecitos, que tienen que ser llamados a la ofrenda, los santos son traídos por las personas al lugar que desean que protejan y beneficien. Las imágenes permanecen en la laguna hasta el otro día, en la noche se les reza un rosario y se velan; por la mañana se les despide con una misa. Después son llevados de regreso a la Iglesia.

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Capítulo IX OFRENDAS EN EL EJIDO: LOS TELACHICHINCLES Para poder entender de una manera más amplia la relación holística entre las relaciones sociales, religiosas, productivas y simbólicas de cualquier comunidad indígena, es necesario tener presente las palabras de M. A. Bartolomé: “La práctica de sembrar, regar, desyerbar, proteger, cosechar y almacenar el maíz ha sido la tarea colectiva absorbente de los indígenas desde hace 5,000 años por lo menos. Esta costumbre fue la que creó el vínculo milenario entre el campesino y la milpa, entre el ser humano y la tierra que lo alimenta. Esta práctica cotidiana forjó los lazos de identidad que unieron a un campesino con otro, y fue el crisol donde cristalizaron las formas de vida campesina que perduran hasta nuestros días”1 Dicho en otras palabras: el cultivo del maíz es sinónimo de identidad indígena, de una forma específica de vida campesina. No obstante, frente a la amenaza de que los santos y ritos cristianos pudieran afectar las antiguas identidades indígenas, éstos reactivaron sus mecanismos integradores y sobrepusieron a la ceremonia católica el ritual de las comunidades campesinas2. Un claro ejemplo de esto se ha presentado en el capítulo anterior, donde la tradición prehispánica para propiciar las lluvias se mezcló con el culto a imágenes católicas de santos (aunque éstos cumplen una función simbólica en el rito muy diferente a su labor en el ritual cristiano). Uno de los medios que los pueblos indígenas han utilizado para transmitir la memoria colectiva, son los rituales.
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FLORESCANO E. “Identidad étnica y transmisión de la memoria colectiva” en: Memoria indígena, México: ed. Taurus, 1999, p. 314. 2 Ibídem, p. 315.

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Analizaremos ahora uno de los rituales prehispánicos que se han mantenido en Coatetelco, quizá el más importante del año para la comunidad, relacionado precisamente con la actividad productiva agrícola: las ofrendas a los aires en el ejido. En este ritual, un grupo de campesinos recorre todo el ejido de Coatetelco (donde se cultivan las tierras de temporal), de hecho, se divide en dos grupos, uno para el lado norte y otro al sur. El propósito del recorrido es ofrendar a los aires para que haya un buen temporal, las pequeñas ofrendas son colocadas en puntos estratégicos preestablecidos. Los telachichincles Desde las cinco de la mañana, en la casa de don Basilio Ramos, varias mujeres de distintas edades comienzan la preparación de la comida y los adornos necesarios para las ofrendas a los aires: es el 24 de junio, víspera de la fiesta de San Juan, patrono del pueblo. Un poco más tarde, alrededor de las siete, llegan los hombres que integrarán el grupo que saldrá a la jornada. El patio de la casa proyecta una clara división de género: por una parte, las mujeres preparan la comida: unas limpias las hojas para envolver los tamales (najos), otra bate la olla del mole, unas envuelven los tamales, otras preparan el tepache, otras adornan con estambre las banderillas∗..., en el otro extremo del patio, los hombres se sientan a platicar en espera de que se sirva el almuerzo, algunos ayudan a cargan mesas y sillas. Ya se ha mencionado que los ritos son un modo de transmisión de la memoria indígena, aquí habría que señalar que la preparación de la comida también lo es, ya que los hábitos alimenticios de un pueblo son una parte esencial de su cultura. En el grupo de mujeres hay varias adolescentes, hijas y sobrinas de las mayores, en esta actividad tenemos un claro ejemplo de endoculturación, como a través de la preparación de la comida se transmite una tradición a las nuevas generaciones.
Pequeñas cruces hechas con ocote que se adornan con estambres de diversos colores. Se utilizan para adornan las ofrendas a los aires el 23 de junio.

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En el grupo de hombres no hay ningún joven, éstos por lo general no se muestran muy entusiastas en participar de los rituales. Durante el almuerzo, don Marino Macedonio, guiador de la jornada durante muchos años, comenta: - Antes los antecesores hacían las cosas como en verdad tienen que ser, no como ahora, ellos les hablaban a los aires en náhuatl, o en mexicano como le decían ellos, los airecitos se llaman telachichincles, así les hablaban los antecesores, ahora ya nadie quiere aprender, dicen que para qué. Este año va a ser el último que los voy a acompañar, le voy a enseñar aquí a Manuel como leer las velas y saber si los airecitos se acercan o no, se tiene que aprender también todos los lugares de memoria, no puede faltar ni una ofrenda, son dieciocho por todas. Don Marino se refiere a don Manuel Marcos Prieto, que este año lo reemplazará en el ritual debido a su avanzada edad, ya que se necesita una buena condición física para resistir todo el recorrido. Don Manuel explica: - Yo he acompañado muchos años a la jornada, ha aprendido nada más viendo, no es muy difícil. Creo que estos de los airecitos es una cosa de fe, de las creencias que uno tiene, nadie los ha visto, pero nosotros creemos en ellos. Los antecesores nos dejaron esta tradición, de que teníamos que ofrendar a los airecitos para que hubiera lluvias, y pues nosotros lo seguimos haciendo, es la costumbre. Aquí conviene hacer una breve reflexión, siguiendo la argumentación de M. A. Bartolomé, cuando afirma que el eficiente manejo de los símbolos culturales compartidos es lo que hace a un individuo ser plenamente reconocido como miembro de un específico grupo humano3. Por lo tanto, la participación en los eventos rituales, sin ignorar su importancia simbólica, actúan como un fuerte elemento de identidad comunitaria.

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BARTOLOMÉ, M.A. “Religiones nativas e identidades étnicas en México” en Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México, México: coed. Siglo XXI e INI, 1997, p. 99.

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Lo que realmente importa para la pertenencia social no es tanto el conocimiento como la práctica de la cosmología: compartir una “costumbre” ritual identifica a los protagonistas más que el conocimiento de su sentido. La comunidad ritual es más una comunidad de conducta que una colectividad teológica, si bien los comportamientos deben transitar por canales simbólicos preestablecidos4. Todos estos elementos teóricos encuadran muy bien en el ritual de ofrendar a los aires en Coatetelco. Por una parte, hemos visto como los encargados de dirigir el rito aceptan que éste ha perdido su sentido original, que “ya no se hace como antes”. Cuando se les pregunta sobre el significado o el sentido del rito, se limitan a contestar con el tradicional “es la costumbre”, sin embargo, la práctica compartida de esa “costumbre” es lo que los identifica con su comunidad, les otorga un sentido de pertenencia social, sin olvidar que esta costumbre tiene que seguir rutas preestablecidas. Además, las ceremonias de petición de lluvias, más allá de sus ricos aspectos simbólicos, cumplen la función de hacer colectiva la angustia individual por la falta de lluvias y proporcionan a cada campesino un grupo fraternal con el cual compartir la ansiedad y ampararse5. Cuando Bartolomé dice que la vigencia de conceptos y prácticas mesoamericanos pone de manifiesto que estos mantienen su eficacia, se refiere sobre todo a la eficacia cultural, social y simbólica, más que a la eficacia tangible del sentido del rito. En este caso, la eficacia de las ofrendas a los aires (como la de todas las tradiciones del pueblo) se demuestra en el grado de identidad comunitaria que se ha conseguido entre los habitantes de Coatetelco, que a pesar de ser vistos como gente “cerrada” por sus vecinos, también los definen como “gente muy unida”. Los ritos otorgan a los individuos su sentido de identidad
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BARTOLOMÉ, M.A. “Religiones nativas e identidades étnicas en México” en Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México, México: coed. Siglo XXI e INI, 1997, pp. 109. 5 BARTOLOMÉ, M.A. “Religiones nativas e identidades étnicas en México” en Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México, México: coed. Siglo XXI e INI, 1997, pp. 111.

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comunitaria y agregan un componente de cohesión social. La eficacia inmediata del rito queda relegada a una importancia secundaria. Don Manuel relata: - Con todo lo que ha llovido en el mes, les deberíamos de pedir a los ariecitos que dejen de echar el agua, porque hay lugares en los que está bien difícil sembrar, otros no tanto. Pero no podemos dejar la costumbre, tenemos que hacerla, así nos enseñaron. Pero no se crea, me acuerdo de un año en que no llovía y no llovía, y después de las ofrendas, al otro día en la fiesta de San Juan, ¡cayó un aguacerazo! que los arreglos de la Iglesia se echaron a perder. La jornada Los hombres terminan de almorzar. El grupo se organiza para comenzar la jornada: uno lleva el huentle, otro los tamales, otros el tepache, los cigarros, las velas de cebo, los cerillos, el alcohol, las banderillas, los cohetes... En un cuarto con poca iluminación se encuentra una mesa sobre la cual hay una imagen de Cristo, acompañada de una veladora y dos jarrones con flores. Una vez que todos han cargado con lo que les corresponde, se forman para esparcir copal a la imagen de Cristo. El primero es don Marino, le sigue don Manuel y después el resto del grupo, que está conformado aproximadamente de veinte personas, todos hombres. - Antes de salir, tenemos que darle gracias a diosito. Es como en todo, cualquier cosa que vayas a hacer, primero le agradeces a Dios- comenta Guadalupe Ramos, hermano de don Manuel. Cuando les ha tocado el turno a todos, don Manuel toma una botella de alcohol, toma un sorbo generoso pero no lo bebe, sino que lo rocía escupiéndolo sobre la cara y la espalda de cada uno de los miembros del grupo, que una vez más han vuelto a formarse. La intención es proteger al grupo de “los malos aires”, como lo explica don Marino: - A la jornada tenemos que ir nada más los hombres, porque somos los que estamos todo el tiempo trabajando 67

en el campo, por eso es un hombre el que tiene que hablarles, porque estamos con ellos cuando trabajamos. Pero también están los que nosotros llamamos “malos aires”, o “aires de muerto”, cuando alguien se enferma decimos que “agarro un aire”, y luego hay que curarlo dándole santo, que nosotros decimos que quiere mixcotón**. Por eso antes de salir a la jornada, se tiene que proteger al grupo echándole alcohol para que no vaya a agarrar un aire. La jornada comienza, el grupo avanza por la calle El Troje, hasta llegar a un montículo coronado con una cruz, que se ubica precisamente en la intersección de dos caminos, donde el grupo habrá de dividirse. Estas cruces se encuentran por todo Coatetelco, ya sea en el pueblo o en el campo, parecen tener diferentes funciones, como veremos en la Fiesta de San Juan, ésta en particular, ha servido al grupo como punto de referencia para dividirse, las que encontraremos más adelante en el campo sirven como guía para seguir el recorrido. Don Marino enciende una veladora y la deja sobre el montículo, después esparce incienso con el copal alrededor de ella. El grupo se divide en dos partes, ya que el lado norte del ejido es el más extenso, y sería imposible recorrerlo a pie en un solo día. Los lugares en los que se colocarán las ofrendas fueron preestablecidos por los antecesores, pero no sólo tienen que respetarse los lugares para las ofrendas, también la ruta a seguir forma parte del ritual. Hay lugares, como las pirámides de la zona arqueológica, a las que se podría llegar con sólo caminar dos cuadras, sin embargo, el grupo camina por detrás de la zona atravesando el cerro y sorteando cercas de púas. Esto nos índica que indudablemente la ruta del recorrido proviene del ritual

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En Coatetelco se practica un rito de curación denominado “dar santo” o mixcotón, que consiste básicamente en colocar al enfermo una corona y un escapulario de flores, además de vestirlo de santo, con la intención de que los santos (San Domingo y San Antonio) lo curen. El ritual implica relaciones de compadrazgo que refuerzan los lazos sociales entre los participantes.

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prehispánico y que actualmente los campesinos sólo se limitan a seguirla para mantener la tradición. Las zonas preestablecidas por los antecesores para colocar las ofrendas son los parajes de La Candelaria, Capiri, Teponasillo, La Piedra Labrada, El Amate Prieto, Moctezuma, Laguna Verde, Laguna Seca, El Panadero, La Angostura, Ojo de Venado, esta parte del ejido esta pegada a las ruinas de Xochicalco. Las ofrendas Cuando el grupo llega al lugar indicado (generalmente cerca de grandes rocas) se procede a colocar la ofrenda. Primero se pone un pedazo de papel estraza, sobre el que se vierte un poco de tepache (“es la costumbre...”). Después, al lado de dos de las esquinas del papel, se clavan en el piso dos banderillas adornadas con estambres de varios colores, cumplen la función simbólica de atraer a los aires por medio de sus colores vistoso, su función práctica es de simple decorado. El siguiente paso el poner sobre el papel dos pequeñas cazuelas con huentle, así como dos jarritos con tepache y trozos de tamales nejos envueltos en una hoja de maíz, estos elementos constituyen la base de la ofrenda: comida y bebida. Enfrente del aguar se pone copal con la intención de llamar a los aires por medio del olor. Otra forma de atraerlos es lanzando cohetes, se quema uno por cada ofrenda. Por último se ponen dos velas de cebo en el extremo contrario al de las banderillas, el guiador del rito enciende las velas y comienza a invocar a los aires: - Cerro de la Campaña, cerro de Cempoala, échenos agua. Acérquense a comer su molito, con sus hermanitos, sus tíos, háblenles que se vengan a echar su molito, échenos agua, ustedes saben cómo se entienden, cómo se deben de comprender... En ocasiones los aires no se acercan a la ofrenda, esto lo determina el guiador basándose en el movimiento de las velas: - No se quieren acercar, vienen y se van. Nada más los de este lado se están acercando. 69

La invocación que hace a los cerros es parte de la invocación que se hacía en náhuatl. Según don Marino Macedonio, quién fue testigo de la invocación que los antecesores hacían en ese idioma, dice que la referencia a los cerros se debe a que los aires viven en ellos, viajando de cerro en cerro hasta llegar al lugar en que fueron convocados. Explica que el Tepozteco era el punto de llegada a la zona, pasando por Xochicalco y terminando en el cerro del Teponasillo, en Coatetelco. Cuando por fin los aires se han acercado a probar la ofrenda, cada uno de los integrantes de la jornada toman un jarro de tepache y fuman un cigarro. De esta forma entran en comunión con los aires, ya que les atribuyen capacidades humanas, como la de comer, enojarse, alegrarse, tener parientes (“sus hermanitos, sus tíos...”), comunicarse entre ellos (“ustedes saben como se entienden”), seres que pueden ser atraídos con colores llamativos y olores fuertes. Por lo tanto, si los aires se han acercado a saborear la ofrenda, los hombres les agradecen tomándose un trago de tepache con ellos, seguido de un buen cigarro, al igual que sucede con los invitados a una comida. Todo este ritual se repite en cada uno de los parajes donde se colocan las ofrendas, cada paraje está separado del otro aproximadamente por un kilómetro. El primer grupo regresa a la casa de don Basilio a las seis de la tarde (han partido a las diez de la mañana), nuevamente esparcen copal frente a la imagen de Cristo, agradeciéndole por la buena jornada, pasan al patio y las mujeres les sirven de comer y beber: huentle, tamales y tepache, obviamente. El segundo grupo llega hasta las once de la noche. El semblante de franco cansancio que todos proyectar se ve eclipsado por el inminente estado de ebriedad en que se encuentran. Esto no les impide agradecer a la imagen de Cristo cuando entran a la casa. Se les sirve de comer, aunque ellos prefieren seguir tomando, actividad a la que se unen los hombres del primer grupo. Comienzan a contar anécdotas de jornadas pasadas, don Marino recuerda:

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...como la vez que íbamos llegando al Amate, y nos dimos cuenta que un compañero se nos había perdido, tuvimos que pasarnos dos horas búsquelo y búsquelo, hasta que lo encontramos todo borracho, tirado atrás de un ojo de agua... Don Manuel interviene: - Cuando yo estaba chamaco, me acuerdo que se salía desde la cinco de la mañana, no se tenían que dividir, todas las ofrendas las ponía el mismo guiador, y ahí van los pobres abuelos poniendo ofrendas por todo el ejido, todo el santo día, bueno, si regresaban hasta las doce de la noche, y luego nos quejamos de que sí está lejos, que sí no se qué.... Los rituales enfrentan a las colectividades con su pasado, lo actualizan en el presente y lo proyectan hacia el futuro. De esta manera, la memoria histórica se expresa y actualiza a través de las conductas rituales: hemos estado juntos en el tiempo al igual que ahora estamos juntos en el espacio6. El sentido de esta reflexión es precisamente lo que se respira en el ambiente de este grupo personas compartiendo la bebida y la comida al filo de la medianoche, después de realizar un ritual y haber cumplido con la costumbre de sus antecesores.

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BARTOLOMÉ, M.A. “Religiones nativas e identidades étnicas en México” en Gente de costumbre y gente de razón. Las identidades étnicas en México, México: coed. Siglo XXI e INI, 1997, pp. 110.

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Elementos de purificación

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Procesión dirigiéndose a la laguna

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Por las calles de Coatetelco

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Invocación a los “airecitos”

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Ofrenda a los “airecitos”

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TERCERA PARTE FIESTA Y DANZA Jesús Castro

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Capítulo X FIESTA DE SAN JUAN

Preparativos Los preparativos comienzan unos meses antes al 24 de junio, cuando en asamblea popular se elige al comité de festejos de la fiesta de San Juan. El comité está compuesto por un presidente, un secretario, un tesorero y un vocal por cada barrio de la comunidad. Estos últimos tienen la comisión de realizar las colectas cada domingo, en sus respectivos barrios, la comunidad dona principalmente cuentas de maíz, semilla de pipián y algunas gallinas; cuando una familia se ve imposibilitada para donar en especie lo hace en efectivo. De esta manera toda la población se involucra en la fiesta y apoya a los miembros del comité. La excepción a la regla la constituye los miembros de la hermandad (como se les conoce en Coatetelco), miembros de los diferentes grupos religiosos de la comunidad que no profesan el culto católico. Estos se niegan a colaborar para la organización de la fiesta ajena a su religión. Esta situación a generado conflictos, pues hay gente que opina que si no cooperan deberían de construir “su propio mercado” y enterrar sus muertos en “su propio panteón”. Una vez concluida la colecta los vocales entregan los recursos obtenidos al secretario, que en coordinación con el tesorero realizan un inventario de lo obtenido en efectivo y en especie. El presidente de la fiesta tiene que buscar una familia que se encargue de realizar la comida para la celebración, esta familia debe de gozar de cierto respeto entre los miembros de la comunidad, pues la labor que se le encomendara será muy

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grande: cocinar mole verde, preparar tamales nejos7, arroz y botellas de torito8 para alimentar a todos los participantes. Para semejante labor, por supuesto, la comunidad apoya a la familia encargada. En la víspera del día San Juan, cocineras expertas del pueblo llagan a la casa designada donde se preparará la comida, esta cooperación a pesar de ser voluntaria, es numerosa. Aquí encontramos un factor muy importante para la transmisión y preservación de las costumbres, pues dichas cocineras se hacen acompañar por sus hijas, nietas, sobrinas y demás parientes, para instruirlas en la elaboración de la comida ritual. La elaboración de la comida debe de cumplir ciertas características, por ejemplo, el pipián para el mole verde debe ser molido a mano, pues de lo contrario la comida no sabría igual; de la misma forma las gallinas tienen que ser de “rancho”, algunas cocineras se encargan de degollarlas y pelarlas mientras otras envuelven los tamales con hojas de plátano, otras se encargan del arroz, etcétera; las más jóvenes atienden a los visitantes y a los miembros del comité. Esta cantidad de trabajo requiere de la participación de familias enteras, por lo que la preparación de la comida se convierte en una pequeña convivencia que anticipa la gran celebración del día siguiente. Día de San Juan El 24 de junio los festejos inician desde muy temprano, cuando en la casa de la familia que prepara la comida se dan cita los miembros del comité organizador de la fiesta para almorzar. Son atendidos con la mayor diligencia, después de haber
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Los mexicas empleaban tamales como ofrendas y como parte de los ritos que se realizaban a lo largo del año ritual. Fray Bernardino comenta: "... hacían unos tamales que se llamaban tzatzapaltamalli, hechos de bledos (amaranto) o cenizos; principalmente hacían estos tamales los del barrio llamado Coátlan y los ofrecían en el mismo cu (templo), delante de la diosa que ellos llamaban Coatlicue, por otro nombre Coatlantonan, a la cual estos maestros de hacer flores tenían gran devoción".
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Agua ardiente de caña fermentado con cebolla, chile, ajo, queso y avispas. Puede variar sus ingredientes dependiendo de la persona que lo elabore, según la tradición de Coatetelco sólo los hombres lo pueden preparar.

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almorzado y bebido algunos tragos de torito y cervezas, conversan por unos momentos y se retiran a la Ayudantía Municipal. Ya en la Ayudantía, mientras los miembros del comité se preparan para llevar a la iglesia la ofrenda de flores, diferentes bandas de viento tocan en la explanada municipal para convocar a la gente del pueblo a la procesión. Cuando se ha reunido la gente, el presidente de la fiesta encabeza la procesión con su comité a cuestas, llevando cada uno un ramo de flores, acompañados por la música y las diferentes danzas que se organizan en la comunidad: pastoras, chinelos, concheros y tecuanes. La procesión recorre el primer cuadro del pueblo, rodeando la Iglesia, encontrando a su paso pequeños altares con una cruz en la punta, estos altares están colocados estratégicamente en cada una de las esquinas del primer cuadro, donde algunos miembros de la procesión encienden una veladora. En la distribución de estos altares encontramos elementos de la cosmovisión indígena, no hay que olvidar que debajo de Coatetelco existe enterrada una ciudad prehispánica, debajo de la iglesia estaba construida una pirámide, cuyos cimientos aún se observan. Los altares colocados en cada una de las esquinas del primer cuadro a manera de que la iglesia quede en el centro sugieren que en otra época esta zona estaba destinada a ritos que tienen que ver con el periodo agrícola, ya que los altares pueden significar los cuatro puntos cardinales. Después de darle la vuelta a la iglesia, la procesión entra en ella para que el comité deposite la ofrenda de flores en el altar a San Juan, mientras los miembros de los diferentes grupos permanecen en el atrio, para posteriormente ejecutar sus danzas. Ya por la tarde los danzantes, músicos e invitados, sin olvidar al comité, se dan cita en la casa de la familia donde se preparó la comida. Los anfitriones los reciben y les ofrecen el muy típico mole de pipián (huentle). Los festejos del día 24 de junio terminan con la celebración de una misa para el “santo”, a quien la población vela durante toda la noche. 87

La fiesta de San Juan, como la mayoría de las celebraciones en México, son un derroche de elementos culturales y económicos en los que se entrega todo, sin una justificación coherente para los que tenemos una “mentalidad civilizada”. Doscientas botellas de Torito, Huentle para todo “el que guste” comer, bandas de viento, comparsa de chinelos, danzas de pastoras, de tecuanes, corridas de toros, juegos mecánicos, bailes por la noche, riñas y excesos. Todo se integra de manera perfecta a pesar de tantas diferencias y se torna un bullicio de expresiones. El espacio se llena de color y música, remolinos de gente por las calles que huelen a infancia, incienso, pólvora, tepache, pan de nata, dulce de piloncillo, sabritas, pan bimbo, coca cola con bacardy y aguardiente. La fiesta de San Juan es desborde de emociones, es preocupación, perversión, recato, apatía y gozo. Pero principalmente es una relación de la comunidad con lo interno y externo a ella, esta relación satisface una serie de fines culturales y sociales que no están establecidos de antemano. Lo que hace posible esta celebración son los elementos que la integran: contempladores y participantes, la relación que se produce entre estos se logra mediante el lenguaje que es a su vez una experiencia entre estos elementos. Pero ante todo la fiesta es expresión y luego comunicación, es la hibridación cultural de lo antiguo con la modernidad. Contempladores y participantes Para esta celebración llega mucha gente de todos los pueblos que circundan Coatetelco, desde simples amigos y parientes hasta comerciantes y devotos de San Juan. La gran mayoría de ellos andan sumergidos en un mundo distinto al suyo, estos son los contempladores, los que participan de manera indirecta con todo lo que sucede en la fiesta. El primer elemento que utilizan inconscientemente es la contemplación, esta como nos dice Dewey, es una experiencia de contextualización a través de la cual se establece significado. El establecimiento de significado lleva implícito, valores culturales propios de cada individuo o comunidad. 88

La función de los contempladores, en cierta forma, es juzgar a los participantes, es ser testigo de la continuidad de sus celebraciones y formar con ellos una conexión que les permita articular, a través de expresiones y sentimientos, un estado de empatía e identificación con las costumbres de la fiesta, aunque esta en si misma, les sea ajena o no les pertenezca. Los participantes por contrarío son todos aquellos de los que ha surgido la fiesta, es el pueblo mismo en su totalidad convertido en expresión. Son los que organizan, cooperan, rechazan, cocinan, comen, beben, rezan, cantan, bailan y finalmente reivindican su identidad y tradición, ante un mundo que tiene muy poco que ofrecerles. El mundo de los que contemplan. La fiesta esta llena de experiencias individuales, que son compartidas por contempladores y participantes. Estas experiencias pasan de un plano particular a uno general. La danza es uno de los elementos internos que interactúan en la relación de contempladores y participantes. Existen otros como la comida, las corridas de toros, el alcohol y la celebración religiosa. Contraponiéndose a lo interno está la desterritorialización como un elemento netamente externo a la comunidad. En este sentido la danza juega un papel fundamental porque es el pueblo el que en realidad actúa con ella, al ser participe como danzantes o como simples miembros de una comunidad que le otorga y le demanda a la danza una función determinada dentro de la sociedad Una de las danzas más importantes que se realizan en las celebraciones de la comunidad de Coatetelco, es la danza de los Tecuanes, esta representa un genero distinto de “danza-teatro”. Este genero siempre va impregnado de gran significado social y de un alto grado de expresión visual. La mayoría de las veces esta comparte escenario con diferentes grupos de Pastoras, comparsa de Chinelos, Contradanzas o danza “Ingles” y danzas aztecas.

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Capítulo XI FIESTA DE LA CANDELARIA

Antecedentes El día de la Candelaria es celebrado de muy diferentes formas en nuestro país. Cada comunidad se encarga de organizar la fiesta según sus posibilidades y costumbres, varia desde una simple “tamaliza” a nivel familiar, hasta la fiesta de un pueblo entero, como es el caso de Coatetelco. Las festividades de la Candelaria tienen que ver con purificación y cambio de ciclos. “En el mundo indígena el ciclo de Purificación y Penitencia se inicia con esta festividad, la Candelaria, sigue con el Carnaval, la Cuaresma y la Semana Santa. Visto con la perspectiva europea, debiera comenzar con el Carnaval, pero desde la cosmovisión indígena y campesina, estas dos festividades quedaron invertidas. Es ciclo de la siembra y las estaciones del año el que marca toda la vida religiosa, social, humana, comercial y cultural del pueblo en sus fuertes manifestaciones culturales prehispánicas”9 Para Coatetelco esta fiesta es de gran significado ya que es cuando regresa la Virgen al pueblo, después de su larga estancia en Tetecala. Pero en sí, esta celebración sólo trasluce la cosmovisión indígena, sabemos por Sahagún, que es el 2 de Febrero es cuando inicia el año mexica, con el mes nombrado Atlcahualo o Quauitleoa: "Este mes comenzaba en el segundo día del mes de febrero, cuando nosotros celebramos la purificación de Nuestra Señora. En el primer día de este mes celebraban una fiesta a honra, según algunos, de los dioses Tlaloques, que los tienen por dioses de la lluvia; y según otros

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Fiestas Mexicanas, Investigación realizada por Alma Solis del Manzano Trovamala.

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de su hermana la diosa del agua Chalchiuhtlicuo; y según otros, a honra del gran sacerdote o dios de los vientos Quetzalcóatl."10 La celebración de la Candelaria es un producto híbrido, como la mayor parte de las tradiciones en nuestro país. Para los habitantes de Coatetelco la fiesta de la Candelaria gira alrededor de una antigua leyenda, “La aparición de la Virgen a orillas de la laguna y su traslado a Tetecala” como cuenta don Alicio Palacios: - Lo de la virgen quién sabe, pero dicen que se desapareció y se fue para Tetecala, esos son cuentos... ¡se la robaron de aquí! ¡Cómo crees que se va a desaparecer! Siempre se han robado todo, nomás que inventan eso para que no se pelee la gente. ¡Pero esa se la robaron!. La virgen apareció aquí, y aquí estuvo por un tiempo. Luego se la llevó el que se la encontró, uno de Tetecala. Eso es todo. El milagro Existe una infinidad de versiones que nos relatan la aparición o el descubrimiento de la virgen de la Candelaria en terrenos ejidales de Coatetelco y su traslado a al municipio de Tetecala a principios del siglo XX. Estas versiones cuentan una serie a apariciones y desapariciones de la virgen en las diferentes comunidades, interpretadas a la conveniencia de cada una para justificar que la virgen “deseaba quedarse” en tal o cual lugar. La versión más difundida y aceptada nos dice que un habitante de Tetecala encontró la imagen de la Virgen en uno de sus terrenos de Coatetelco, por lo cual se adueñó de ella y la llevó a Tetecala, donde la colocó en la capilla familiar. Fue entonces cuando comenzaron las apariciones y desapariciones, para muchos, robos y contrarobos, lo que generó tensiones entre las partes. Finalmente se solucionó el problema llegando a un acuerdo, los habitantes de Coatetelco podrían llevarse a la virgen a su comunidad una vez al año para “celebrarle su día”.
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Sahagún

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A partir de entonces los habitantes de Coatetelco realizan una peregrinación a Tetecala el 22 de enero para llevar a la virgen a su comunidad, donde permanece una semana para festejarla (de forma religiosa y popular). Esta tradición fue interrumpida hace algunos años debido a que en Coatetelco se adquirió una imagen de la Virgen de la Candelaria, a la cual se le festejó su día, dejando de lado a la de Tetecala. Curiosamente, en esa mismo época ocurrió un acontecimiento de gran peligro para la población: la laguna de Coatetelco se secó (véase capítulo VIII). Esto fue interpretado como un castigo de la virgen, por el cual, la comunidad no a dejado desde entonces de acudir a la cita con la Virgen de la Candelaria todos los años en Tetecala. La virgen es devuelta a la capilla en Tetecala, en un ambiente de tristeza. La peregrinación A partir de las 10 de noche se empieza a juntar la gente en el interior de la capilla que lleva el nombre de la Virgen de la Candelaria, en Tetecala. Esto no es algo que llame mucho la atención, pues para los habitantes de este lugar, la celebración la misma relevancia, esta fiesta no convoca a gran parte de la población, en comparación con otras fiestas. Todo parece como si fuera una noche común y corriente. Sin embargo, en Coatetelco los preparativos han iniciado desde meses antes, como ocurrió en la fiesta de San Juan. Se ha nombrado un nuevo comité al cual se entregará la virgen y será encomendada toda la organización de las festividades. Se han instalado los pequeños altares o enramadas donde descansará la virgen en su camino a Coatetelco. La comida esta ya lista y sólo falta la Candelaria, que no se sabe exactamente si va o regresa. Alrededor de la media noche la gente de Coatetelco llega a la capilla. Algunos lo hacen en autos particulares, pero la gran mayoría utiliza los clásicos taxis, es algo sorprendente porque aquel pequeño atrio en el que antes había unas cuantas personas, se ha inundado por una multitud que da la impresión de que se duplica, con cada minuto que pasa. Los habitantes de Coatetelco 93

que se dan cita en ese lugar son en su gran mayoría gente joven, por un momento pareciera que es una festividad de niños, más que de adultos. Con forme van llegando las diferentes danzas entran al atrio a saludar a la virgen. Posteriormente actúan simultáneamente, haciendo cada vez más caótico aquel ritual. La peregrinación inicia aproximadamente a las dos de la mañana cuando se entrega la virgen al comité y este la transporta a la cabeza de la peregrinación. Se encienden las velas y se empieza a escuchar la música de viento, el sonido de la flauta, el violín y el tambor. Y finalmente los peregrinos emprenden el camino de regreso. Una vez instalada la Virgen en Coatetelco, se le ofrecen misas en los diferentes barrios y la parroquia de la comunidad (y por supuesto, en la laguna). Las festividades en si dan inicio desde el día 22 de enero. A partir de aquí todos los días, son días de fiesta en Coatetelco, y estos culminan el día 2 de febrero en Tetecala. Coatetelco en Tetecala El día 2 de febrero la virgen es regresada nuevamente, en peregrinación, a su capilla en el municipio Tetecala. Esta peregrinación sale de Coatetelco alrededor de las 6 de la mañana. Acompañada por casi todos sus habitantes la peregrinación, después de descansar en varios puntos estratégicos del pueblo, llegan a la iglesia de San Francisco de Asís y ahí se le celebra una misa y se bendicen las imágenes de niño dios, y las velas. Acto seguido el comité, junto con las danzas y beatos se encaminan hacia la capilla para hacer entrega de la Virgen. La fiesta en Tetecala la organizan los habitantes de Coatetelco, que una vez que “cumplieron” con la Virgencita, se toman el resto del día para festejarla muy a su manera, compartiendo el alimento y la bebida en el lugar donde su Virgen descansa. De está forma los habitantes de Coatetelco no tan sólo se apropian de la Virgen de la Candelaria, sino también de su Tetecala: llenando sus calles y comercios. 94

Capítulo XII DANZA DE TECUANES
“Los Tecuanes para mí vienen siendo así como brujos, como nahuales. Andan haciendo alabanzas como para que la cosecha se dé mejor, eso creo pues. La danza de ellos me gusta porque se me hace como un ritual muy antiguo, el sonido de su danza no es molesto”. Comentario de Félix Flores, sesenta años de edad. Habitante de Coatetelco. Fragmento extraído del diario de campo.

“La Danza del Tecuan también conocida como Danza de los Tecuanes o Danza del tigre, tiene una amplia distribución en nuestro país; se baila, con variaciones locales en el tratamiento del tema, en los trajes, pasos y formas coreográficas, en diversas comunidades de los Estados de México, Puebla, Morelos, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas”11. Este capítulo se ocupa únicamente de la danza de los Tecuanes en la región de Coatetelco, en las celebraciones del día de San Juan y de la Virgen de la Candelaria. El tema central de esta danza está relacionado directamente con el trabajo del campo aunque actualmente la danza adquiere otro significado, debido al abandono cada vez mayor de los campos de cultivo. La presencia del tigre puede ser vinculada con la danza de Tlacololeros del estado de Guerrero, o por su semejanza, con la danza del Torito o de las Locas en la sierra gorda del estado de Guanajuato. Todas estas danzas forman parte del género de danza-teatro, podríamos decir que todas tienen el mismo origen, o por lo menos uno similar. La formación parte del ciclo de danzas de tigres que incluye, además, elementos prehispánicos en su contexto, de
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Fonadan, 1975 “La danza del tecuan”

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claro origen colonial. Los elementos prehispánicos los encontramos en la estructura musical y dancística, y los personajes del tigre o jaguar y el venado12. Sin embargo, estos elementos en la actualidad mantienen otro tipo de relaciones y están transformados a tal grado que adquieren otro significado. La trama, extensamente dramatizada, se refiere al tigre que ha causado contratiempos en una hacienda, al devorar a los animales y las cosechas. El tigre es acechado, perseguido y por último, cazado por los peones de la hacienda y devorado por los zopilotes y perros. El personaje de la Risueña juega un papel importante en esta danza debido al contraste que genera en relación con los demás integrantes, este personaje es una variante que sólo se encuentra en algunas regiones de los estados de Morelos y México. En nuestros días el significado de esta danza es diferente, porque el régimen de propiedad se ha transformado radicalmente pues las haciendas han desaparecido y las tierras están divididas en pequeñas propiedades; la trama de la danza sólo recuerda un periodo de la historia social y económica del pueblo ahora superado. La danza tiene un carácter alegre y
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El Jaguar está presente en Mesoamérica desde los primeros horizontes culturales y entre los antiguos mexicanos era la representación del dios Tezcatlipoca, rival de Quetzalcóatl, cuya lucha significaba siempre la sucesión de la vida y la muerte, del día y la noche. El jaguar era también la deidad propiciatoria de los cultivos: Tepeyolotl, “corazón del cerro” llamado también “Jaguar de la montaña”, dios sureño de las tierras y de las cuevas. Tezcatlipoca era el señor de la creación, de la tierra, del agua, de lluvia y de los productos agrícolas, pero además con en sentido dialéctico se le relaciona con el rayo y con la muerte; era por lo tanto en la época prehispánica un dios bueno y malo a la vez, un espíritu protector, creador y destructor simultáneamente. En muchos ritos prehispánicos Tezcatlipoca, en sus diferentes acepciones y acompañantes (Chicomecoatl y Centeotl que eran dioses de los mantenimientos y del maiz respectivamente) era objeto de grandes ofrendas y sacrificios de esclavos. Sus principales fiestas eran en los meses Hueytozostli, Toxcatl y Teotleco, que corresponden aproximadamente a los meses de Mayo, Junio y Septiembre en nuestro calendario. Otro elemento prehispánico presente en la danza del Tecuan es el Venado, cuya advocación estaba muy relacionada con la cacería y su dios protector: Mixcoatl-Camaxtli. En la mitología indígena frecuentemente se asocia al Venado con la luna y con la agricultura; también aparece en las danzas de antigua tradición de cazadores. (FONADAN: 1975 La danza del tecuán).

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mágico que es resultado de una hibridación cultural; que da brillo a las celebraciones de la fiesta religiosa; proporcionando elementos que nos hacen recordar lo que somos, tanto a los participantes como a los contempladores, que en su mayoría son campesinos, que habitan la región de Coatetelco, visitantes de las localidades vecinas y extranjeros en busca de lo extraño, lo colorido, de disfraces y niños descalzos que retratar. Al analizar el significado y forma actuales de la danza, encontramos que tanto por su temática, como por los personajes que intervienen en ella y por el hecho de que siempre está asociada principalmente a las festividades cristianas, podemos encuadrarla entre las danzas creadas en el periodo colonial. Como anteriormente se ha dicho. Por su trama sabemos que su contexto original es el régimen hacendario que prevaleció en esta zona desde la colonia hasta antes de la revolución: los parlamentos y las actividades del personal administrativo de la hacienda al dirigirse a los peones que aparecen en la danza, dan cuanta de las diferencias sociales y económicas existentes entre los amos y los trabajadores, así como del espíritu protector y paternalista de los patrones y caciques locales que, presentado dentro de un espíritu un tanto jocoso, encubre la gran explotación que caracterizo a este sistema. La danza de los Tecuanes tuvo en su momento la función de reflejar las bondades del “amo” y justificar el régimen colonialista de la época al mismo tiempo que distraer a los pueblos con ella. La Risueña Uno de los personajes que más llaman la atención en esta danza es la “Risueña”, este viene a contrastar con los demás integrantes debido a su carácter mofesco y burlón. Mientras todos danzan en su lugar (dentro de una de las dos columnas paralelas y equidistantes, que es la base de las formas coreográficas) con cierto respeto y orden, ella anda haciendo travesuras a medio mundo, correteando a los niños, espantando a los jóvenes y corriendo de un lado para otro. La Risueña es el elemento que da espacialidad a la danza, la caracteriza y diferencia de una manera radical de otras de este mismo género. 97

La Risueña provoca una interacción de la danza con el público, y de alguna forma lo integra a su desarrollo. La Risueña es el único personaje dentro de la danza de los tecuanes, que no se sabe con certeza qué es o de dónde viene, representa a un ser ambiguo en todos los aspectos que se encuentra detrás de todos los demás, con la función de “dar apoyo” para que las ordenes sean siempre bien cumplidas. Es también un personaje que representa a los descarnados, a la muerte. Existe una gran similitud de comportamientos entre los Tecuanes y la comunidad en cuanto al recato antes las deidades y el comportamiento extravagante ante la sociedad, los habitantes se reconocen en la danza, esta es un reflejo de la comunidad. La presencia de rasgos de origen prehispánico y contemporáneos en la danza, hacen que el pueblo la acepte y se reivindique culturalmente con ella. Episodios de la danza La danza presenta tres periodos: la campeada, la toreada y finalmente la matanza del tigre. La campeada. El señor Salvador da la orden de para que vayan a buscar a la risueña, posterior mente Juan Titichi y el Rastrero tienen que ir a campear al tigre, porque está acabando con el capital y los animales del señor Salvador. Por consiguiente Juan Titichi y el señor Rastrero tienen que buscar al tigre por el cerro de Xóchitl, cerro de Las Campanas y el cerro de Las Víboras. La toreada. El señor Salvador da la orden al señor Flechero y al señor Lancero, que acompañados de La Risueña, tienen que ir a torear al tigre para ver si lo pueden amansar y así poderlo matar. El señor Flechero es el primero en enfrentar al tigre, encomendándose a Dios, sin embargo, el tigre lo ataca y lo hiere en una pierna. Lo suple el señor Lancero quien también se encomienda a Dios y también es herido por el tigre. El Doctor interviene para curar a los heridos y La Risueña trata de irse sin pagar una cuota a El Doctor, no obstante, es obligada a pagar. 98

Por último, es el turno de La Risueña para torear al tigre, pero esta se niega, Juan Tirador y señor Lancero la obligan y ésta accede, corriendo con la misma suerte que los anteriores. El tigre la daña y todos le gritan: “¡hágase fuerte Risueña!”, y Juan Tirador y el Lancero intervienen y le dicen: “¡Un brinquito, un brinquito!”, la Risueña se arma de valor y dice: “¡Suéltenmelo, suéltenmelo!” y la danza reinicia. El tigre es amansado y se le avisa al señor Salvador que su mandato ha sido cumplido. La matanza. El señor Salvador da la orden a Juan Titichi y al Rastrero que acompañados de la Risueña y los perros tienen que ir a matar al tigre, de lo contrario tendrán que pagar con su vida. Se realiza una coreografía que le llaman “el monte” donde Juan Titichi le dispara al tigre y lo mata, acto seguido, se hace la repartición de las partes del tigre entre el señor Salvador, Mayeso, y el resto es para los perros y los zopilotes. Los personajes de la danza de los Tecuanes son: El Tigre, El Venado, Salvador, Juan Titichi, Mayeso, el Doctor, la Doctora, Pascasio, Lancero, Flechero, Rastrero, Chunhuastleros, Zopilotes, Perros y la Risueña. Los Tecuanes de Coatetelco Para los habitantes de Coatetelco la danza de los Tecuanes es una más entre otras que se realizan en la región, no es nada espectacular, es algo que esta ahí y nada más. La danza es vista de muy diferentes formas como comenta don Octavio López: - Pues si la danza es diferente para cada quien. A unos les gusta a otros no, así es esto. Unos dicen que eso viene desde los antiguos, otros que es puro relajo. La verdad pues si, la danza es alegre, distrae. Nada mas que antes era más bonita porque muchos participaban, ahora ya casi no. La danza a estado ahí desde hace mucho tiempo nada más va cambiando la gente, unos se mueren y otros vendrán a ocupar ese lugar, digo... y si todavía la bailan es por que les gusta. Antes el encargado era don Lauro

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pero ya murió, tendrá como un año. El que esta encargado ahora se llama Alicio. El grupo de danzantes esta integrado en su mayoría por niños y jóvenes de sexo masculino. Las mujeres sólo pueden danzar con el grupo de pastoras o la comparsa de chinelos, no se les permite ser Tecuanes debido a que se considera una danza un poco fuerte y agresiva. En el comentario de Luz Maria Figueroa de 16 años de edad, nos deja muy claro como perciben algunas mujeres esta danza: - Los Tecuanes me dan miedo porque usan unas mascaras muy feas de mujer y de diablos, y charros pintados de la boca. Siempre andan como borrachos... además les gusta golpearse y también molestan a las mujeres, son muy groseros no respetan a las niñas ni a las personas adultas. A mí me dan miedo, desde que una vez estaban haciendo como el acto sexual, y en la iglesia …son medio lujuriosos. Para los varones es diferente, ya que de alguna manera se identifican con los personajes, como comenta David y José Ortega: - Me gusta mucho como se visten, como bailan y como corretean a la gente. Los trajes son raros, pero es lo que más me gusta de los tecuanes, tienen mucho colorido y son muy llamativos. Hay charros, perros, zopilotes, tigres, doctores y uno que no sé muy bien que es, pero anda lleno de carrizos por todo el cuerpo, es el que más grita y el más chistoso, nada más que a veces cuando lo molestas, te jala y te arrastras con los demás. - Si pues, te arrastran entre varios, pero no siempre juegan. Lo que me gusta a mí es como corretean al tigre y también, como se oye la flauta y el tambor... luego luego me late el corazón más rápido, como si me llamaran para algo muy importante. Siento como miedo y alegría juntos.

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La actuación La danza adquiere coherencia a través de los diálogos que se dan entre “son” y “son”. El total de los sones que se tocan en Coatetelco son doce. Este número varía dependiendo de la región y de la importancia de la celebración. Siempre en las fiestas del pueblo se representa la danza completa. Es aquí donde la danza cumple su verdadera función y va más allá de patrones rítmico-cinéticos y del concepto mismo de expresión, desde el punto de vista estético. La danza funciona como un vehículo que conecta lo divino con lo humano; y lo humano con lo animal. En ella encontramos elementos que hilan el mito, rito y costumbre. Pero como dice don Alicio Palacios (responsable de la danza en Coatetelco): “la danza es para divertirnos un rato, nomás mientras se puede, la danza es para gozarla” y esto es notable al presenciar una actuación de los Tecuanes, hasta dan ganas de bailar con ellos, al ver como disfrutan de la danza. En los diálogos también esta plasmado este sentido alegre, como se ve en el siguiente fragmento que se da entre El Rastrero y Mayeso: - ¡Compañerito Rastrero!
Que se le ofrece compañerito Mayeso Pues que se me ha de ofrecer, quiero que me acompañe vamos a ver a la Risueña, para que nos acompañe a buscar al tigre, a ver si así se para ese perjuicio, ya ve que se anda comiendo a los animales. ¡Los becerritos ya nomás quedan! Si compañerito, acompañaría yo, pero necesito una corta feria. ¿Cómo cuánto va a querer? Nada más déme unos $ 50 000.00 ¿Dónde lo va a llevar? En esta bolsita ¡Tenga! 1, 2, 3, 4 ¡Hasta más compañero! Ahora sí, ¡Vamos! Grítele a sus perros compañerito y con su animal rastree donde esta ese tigre.

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Los Tecuanes además de danzar, actúan. Esta característica hace más atractiva su presentación. En general la gente y los danzantes disfrutan mucho viendo e interpretando

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esta danza, que tiende más a ser de corte social y político, que religiosa. Perdida y continuidad Los medios masivos de comunicación y la política mexicana de estas últimas décadas, han jugado un papel importante dentro de la pérdida y la continuidad de las tradiciones en Coatetelco. Las necesidades de la población tanto económicas como culturales han cambiado a través de los años, y esto trae como consecuencia una transculturación gradual que se refleja en algunos casos, con la integración de nuevos elementos a la tradición y en otros con la perdida total de las costumbres. Esta perdida de costumbres se debe primeramente a la falta de interés de los jóvenes por hacer suyo todo aquello que fue de sus antepasados. Estos crecen sin una tradición, sin una ideología, sin nada que les ayude a encontrarse a ellos mismos. La única de referencia que tienen son los medios comunicación. La televisión y la radio deciden como deben de vestirse, de peinarse, que música deben escuchar y bailar, que deben de comer, de beber. En fin, los medios de comunicación dictan como hacerle para ser un “un buen ciudadano” y no un pobre naquito, y como dar el salto a esa modernidad que los hará nuevas personas, más educadas, civilizadas. Aunado a esta situación esta también todo un sistema político-económico ineficiente que en vez de ayudar, agrava más los problemas de subsistencia. En el caso de Coatetelco cada vez más habitantes se ven en la necesidad de emigrar a las poblaciones vecinas como Cuernavaca, Mazatepec, Miacatlán y algunos otros se aventuran a los EE.UU. en busca de una mejor manera de vivir, como nos relata don Rafael Martínez(campesino): - Ya no alcanza. Si siembras, con mucho trabajo te sale para el consumo y luego los hijos ya no quieren ayudar, hay otras cosas que hacer. Muy pocos son los que siembran. Son otros tiempos. Yo aun siembro porque

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siempre me gustó comer bien, con tortillas de buen maíz, frijolitos. Como era antes pues. Esta situación repercute no tan sólo en la comunidad de Coatetelco, sino también en sus tradiciones como es el caso de los grupos de danzas. Comenta don Alicio Palacios: - Ya nadie tiene tiempo de andar en esto, ni quien quiera aprender a tocar. Unos por el trabajo, yo creo que ya no les gusta. Cuando se murió don Lauro, Adán se quedo como encargado, pero pronto se fastidió, es que esto requiere tiempo, hay que andar para arriba y para abajo buscando a los que bailan y como son puros hombres nomás están jugando o no ponen atención, Él prefirió irse con la comparsa de Chinelos o Pastoras no recuerdo, y como son puras mujeres. No hace tanto coraje. Y ni modo, me quedo yo con los Tecuanes, la verdad ya no quería, pero me dijo mi compadre, “no vayas a dejar caer eso Alicio aunque no le sepas tocar como es, así aprenderás”. Es difícil estar a cargo porque se requiere mucho tiempo, hay que andar comprando los trajes, las mascaras, y a veces hay personas que le echan a uno en cara habladas, hay de todo pues. Muchos de los sones que toca don Alicio en la danza, son muy parecidos a los que bailan otros grupos de Tecuanes de algunas comunidades de Guerrero y el estado de México. Esto se debe gracias a la gran difusión que tuvo don Lauro, antiguo encargado de la danza, como músico y maestro tecuanero. Por desgracia en Coatetelco la única persona que aprendió a tocar estos sones es don Alicio Palacios, como él comenta: - Y aquí estoy. Escucha este son, se llama el gusanito... está bonito ¿No?, pero el tambor no es como lo toco, es distinto nomás que yo lo toco simple. Cuando se me olvida veo el vídeo, hay uno que tengo ahí con todos los sones grabados, son doce sones en total, nomás le digo a mi nieto ponme el vídeo. Ese lo grabaron hace tiempo, un señor de aquí abajo fue padrino de vídeo. Cuando no me acuerdo voy y veo. Yo no tengo buena memoria las cosas se me olvidan, les digo a los muchachos que 103

aprendan pero nadie quiere. Así que le tengo que entrar yo, luego hasta meda pena porque no toco como es. El difunto me dejo la flautita y el tambor. Nada más que la flauta hay que humedecerla porque se reseca y ya no suena igual. Oye como suena, está muy reseca aún.

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Don Alicio Palacios

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La señora Gervasia

108

El señor rastreador

110

El señor Mayeso

112

La danza de los Tecuanes

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La danza de los Tecuanes

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APÉNDICE SONES DE LA DANZA DE TECUANES

117

118

LA MÚSICA
Los "sones" que a continuación están escritos, representan tan sólo patrones melódicos y rítmicos "encuadrados" en un sistema de notación occidental. Para el análisis dancístico y musical seria inútil utilizar códigos ajenos a la comunidad. Los sones adquieren sentido en relación con la danza, se complementan y son una única expresión. En cuanto a su ejecución y desarrollo, esta se logra a través de la repetición y variaciones de los diferentes motivos temáticos. Estas variaciones dependen del ánimo de los ejecutantes y del ambiente en general de la fiesta.
6 8 Flauta

3

.

. . . .

Tambor
5

. . . .
7

.

.

Variaciones melódicas
1 3

.

.
4

. .
5

.

Variaciones rítmicas . . . .

2 4 Flauta

“El brinquito”
3

. . . .

Tambor
7

Variaciones melódicas
1 3 3

3 4

3

3

3

Variaciones rítmicas

3 4 Flauta

Son de recorrido 1
3

Tambor 3 8 2 4 3 8 2 4

.

.

8

.
10

.

3 4

3 8

.

. Variaciones rítmicas

6 8 Flauta

Son de recorrido 2
2

.

3

.

5

Tambor

.

7

.

9

.

. Variaciones rítmicas . .

.

4 4 Flauta

SONES DE ATRIO: “El rapidito”

3

Tambor 3 4

5

.

.

6

4 4

. . Variaciones rítmicas .

6 8 Flauta

Son de atrio 1 . .
3

.

5

. . . .

Tambor

7

.

9

.

Variaciones melódicas
8 2 9

.

.

Variaciones rítmicas .

2

2

2 4 Flauta

“La entrada”
3 5

Tambor

7

9

3 8

.

2 4

13

15

. Variaciones rítmicas

6 8 Flauta

“La salida” . .
3

.

.

Tambor 3 8

5

.

7

.

6 8

.
2

.
11 2

.

.

. Variaciones rítmicas . .

2

BIBLIOGRAFÍA
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