La ayuda invisible

Salir adelante en la inmigración

Beatriz Díaz Martínez Likiniano Elkartea. Bilbao, 1999
ISBN 84-88455-75-5 DL BI-2513-99

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A todas las personas que me han mostrado cómo ayudan. A todas las que me han pedido y me han enseñado a confiar y a las que han pasado por casa una tarde, unos días, unos meses. A las que respondieron y me animaron en mis apuros sin indagar. También a aquellos por los que he llorado y a otros de quienes he renegado; a quienes no comprendo y a los que probablemente no me entienden.

Mención especial a todas y todos los que han revisado borradores del libro. A Mari Vi y Begoña, porque me hicieron ver sobre lo que no debía tratar el libro; a Isabel y Mari Luz, porque me demostraron que esto podía ayudar a pensar; y a Quique y Rachid, quienes me convencieron de que lo iban a revisar; a Katy, quien supo decirme lo que necesitaba escuchar; a Ana, Fernando y Oswaldo, que me resaltaron lo que no me gusta oír; y a Juantxo, porque es guai. A Javi, (para el final lo más dulce)... A Javi, empeñado en que resurgiera de mis propias ruinas una y otra vez hasta que este escrito que tanto deseaba tomara forma.

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Nunca entendí lo que es un laberinto hasta que, cara a cara con mi mismo perfil, hurgara en el espejo matutino con que me lavo el polvo y me preciso. Roque Dalton, 1969 Taberna y otros lugares

EL APOYO ENTRE LOS INMIGRANTES
Será necesario empezar diciendo que vivo desde hace algún tiempo en el barrio bilbaíno de San Francisco, donde han cambiado muchas cosas en los últimos años, y también en mi propia vida. Conocer a la gente a quien se margina, entre ellos a muchos inmigrantes, y trabajar un poco de cerca con ellos, me ha dejado una huella imborrable. Ha habido muchos momentos de cansancio, de huida, de querer mirar hacia otro lado, de miedo también. La vida en el barrio no se detiene, y yo he seguido aquí; algunos momentos duros han pasado y supongo que nos esperan nuevas sorpresas. De cualquier modo, estoy satisfecha y Pablo Milanés me recuerda que “cada paso se da porque se siente”. Al llegar al barrio descubrí a los inmigrantes, descubrí la diversidad, descubrí lo más humano de su vida; nació el libro “Todo Negro no Igual; Voces de emigrantes”. Conocimos después la actitud policial hacia ellos y sus consecuencias; por eso Javi y yo escribimos “El Color de la Sospecha; El maltrato policial a inmigrantes en el barrio de San Francisco”. Tras estos libros merodeaban otras ideas, otros hallazgos que siempre quedaban relegados en pequeñas notas y no alcanzaban la pantalla del ordenador, por la presión de los acontecimientos y de otros trabajos. La ayuda, el apoyo entre la gente, la solidaridad... cuestiones tan cotidianas y desapercibidas socialmente que no acababa de ver el modo de mostrarlas. Y sin embargo no dejaban de llamarme la atención, y me pedían contar en positivo, rescatar aquello que en medio del sufrimiento ayuda a vivir y a disfrutar de la vida. Por eso decidí frenar. Sin remordimiento alguno dejé a un lado algunas urgencias y compromisos y empecé a dar forma a ese crisol de relatos y experiencias que hablan de la ayuda entre los inmigrantes de mi barrio (un barrio pobre y marginado), que en parte se reproducen en cualquier lugar donde viven inmigrantes, y en parte son peculiares de barrios como éste. Hablar del apoyo entre gente de culturas y orígenes variados, que comparten el vivir o haber vivido aquí situaciones hostiles que en ocasiones no les permiten prosperar. Las primeras imágenes que me hablaron de la solidaridad entre los inmigrantes fueron la acogida en las casas de los senegaleses, los espacios de encuentro en las tiendas de los africanos y el apoyo entre los trabajadores de la venta ambulante. Vinieron detrás muchas otras... cada pequeña revelación iba abriendo las puertas a la siguiente. En los dieciséis meses que han pasado entre el comienzo del libro y el día en que decidí no revisarlo más he tenido muchas sorpresas que me han empujado a cambiar el planteamiento inicial, a reescribir nuevamente, descartar y retomar. Precisamente este escrito que yo deseaba que fuera positivo me ha resultado más duro, por qué no decirlo, que los anteriores. Me disponía a hablar de actitudes obvias para quienes las viven: cuando 3

te asomas a mirar, cuando las ves de refilón, quizás es fácil mostrar algunas anécdotas; pero cuando entraba en el día a día la ayuda se mostraba tan extendida y asumida, que parecía ridículo explicarla. Además, no encontraba estudios que me sirvieran de molde ni hilo que pudiera ordenar tantos aspectos de la ayuda, a mi ver, interrelacionados. Más que una línea o un recorrido, yo necesitaba muchos; más que un papel, yo buscaba una fibra de múltiples dimensiones donde registrar todo lo que observaba e interpretaba. Eterno conflicto: ¿cómo simplifico, cómo recorto y adapto este complejo sistema para situarlo sobre las simples líneas rectas y paralelas de un papel? Seguramente Heissenberg, teorema de la incertidumbre en mano, se reiría al leer esto. En este sinuoso camino, tomé varias decisiones metodológicas: Primero, orientar el escrito hacia el apoyo que se da entre los inmigrantes. Centrarme en la gente era mi exigencia, porque la gente es el punto de partida y de llegada de mi trabajo. Y porque lo que precisamente quiero mostrar es que el apoyo entre la gente, como dice Dolors Comas, “posibilita la conservación de la vida, el mantenimiento de las personas, el discurrir de las generaciones” (1993:73). Las instituciones públicas y asociaciones no gubernamentales de apoyo a inmigrantes hacen, podríamos decir, dos tipos de tareas, una de ayuda directa (asesoría, ayuda económica o material...) y otra de sensibilización hacia la opinión pública y de presión y denuncia ante el Estado y las instituciones responsables, sobre su situación. En el texto se mencionan lateralmente algunas situaciones, por lo general de apoyo directo, cuando creo que pueden ayudar a entender mejor la importancia de la ayuda entre la gente. De ningún modo trato de comparar en paralelo ambas formas de ayuda, ya que creo que cada una tiene una función y un alcance diferentes. Sobre la ayuda institucional a los inmigrantes se ha escrito mucho y sin embargo hay todavía bastante por desvelar. No dudo de que tarde o temprano alguien lo hará. Yo he preferido dedicar mi energía a sacar a la luz el apoyo entre la gente, la ayuda primordial y primaria. No aporto tampoco propuestas o soluciones a algunas cuestiones relacionadas con la ayuda institucional; creo que en este ámbito sobran pautas generales de actuación y faltan acciones concretas y ajustadas a la realidad. Cada cual desde su experiencia y trabajo habrá de buscar estas últimas. Segundo, decidí hablar de la ayuda, no de la desayuda. De las actitudes humanas que permiten avanzar, no tanto de las que bloquean o frenan (el recelo, el rechazo o el engaño). Presento sobre todo hechos y actitudes que creo que es necesario reconocer, valorar y aprender de ellos. Hablo en positivo porque, en definitiva, la mayoría de la gente sale adelante a pesar de las numerosas trabas institucionales y sociales que se les impone. Tercero, adaptar las explicaciones de la gente, añadir contexto, ya que muchos comentarios recogidos no podían mostrar por sí solos todo lo que contenían; he intentado reflejar aspectos de la historia personal para los que la palabra no siempre es vehículo; hay muchas cuestiones que quedan reflejadas en la acción, en las actitudes, en las miradas... que quedan grabadas en los cuerpos. También he cambiado datos personales con más énfasis que nunca, ya que entro en muchas cuestiones que requieren cuidar especialmente la confidencialidad. Cuarto, elaborar un texto más o menos divulgativo, evitando palabras y conceptos de la sociología, antropología o psicología. Sí he incluido citas textuales de personas escritoras o investigadoras. En estos casos, añado en la cita el nombre de la autora o autor y la fecha de edición y página, y en la bibliografía al final del libro aparece la referencia completa. 4

Quinto, sé que hablar de la inmigración es hablar de muchas vivencias, incluidas las que suceden y han sucedido en el lugar de origen de los inmigrantes y en todo el recorrido antes de llegar aquí, ya que, como dice Amin Maaluof, “Antes de ser inmigrante se es emigrante, antes de llegar a un país se ha tenido que abandonar otro” (1999:52). Mi punto de referencia es aquello de lo que puedo hablar: la vida cotidiana en el barrio. La otra parte, tan importante como ésta, yo no tengo medios para visionarla. Estos papeles hablan de la ayuda entre muchos inmigrantes de mi barrio. Hablan de experiencias que he vivido, visto y recogido como vecina, como amiga y como persona que ha participado en el trabajo de varias asociaciones no gubernamentales de apoyo a inmigrantes como Bilbo Etxezabal y Afrovasca; y colaborado con otras como Cruz Roja, SOS Racismo, Cáritas o el CITE (Centro de Información para Trabajadores Extranjeros de Comisiones Obreras) y que ha tenido relación con diversas instituciones municipales, autonómicas y gubernamentales (centros de educación de adultos, el Ararteko, servicios sociales, centros de salud, prisiones e instituciones policiales). Por lo tanto, hablar de mi experiencia es hablar de gente cercana, es hablar de la experiencia de inmigrantes que ayudan o son ayudados y de gente que trabaja en diversas asociaciones de ayuda. Yo valoro especialmente su opinión, porque creo que ellos, que viven la ayuda desde dentro y desde cerca, son quienes mejor pueden hablar de ella. Ellos, como protagonistas de la ayuda, dando y recibiendo a la vez, saben cómo apoyarse, saben cuándo puede resultar más efectiva su ayuda. Son conscientes de los efectos de su solidaridad y de lo que significa pedir. Como dice Ezequiel Ander-Egg: Comprender no es siempre formular racionalmente las cosas. Comprender es muchas veces comprender vitalmente, comprender con nuestra vida, porque a nosotros nos pasa, porque la vida nuestra está hecha de muchas convicciones que no podemos formular conceptualmente (1986:114). Sé que hay muchas otras visiones. Sé que hay también, por supuesto, mucha gente que ayuda y muchos logros y frustraciones que no conozco. Presento aquí la visión de quienes he conocido y la mía. Será necesario aclarar que en este texto las personas que trabajan en la calle vendiendo droga ilegal tienen el mismo reconocimiento que las demás. Yo no creo que sean más corruptas ni que tengan menos escrúpulos que otras; más bien pienso que la legalización de las drogas evitaría el tráfico clandestino, sus altos precios, adulteraciones y mal uso. Mi experiencia en el barrio me ha conducido a mirar por igual a todos, a no juzgar el estilo de vida ni el modo de trabajar, cuando además a mucha gente no se le permite tener papeles o trabajar dignamente. Por último, decir que no he querido escribir sobre algunas experiencias ya que no debo contarlas, por el bien de quien lo ha sufrido. Y sobre otras, porque sólo con intentar darles nombre y analizarlas quedaban destrozadas en simples líneas e hilillos de tinta, deshumanizadas. Escrito en Bilbao, Cifuentes, Madrid y Tarifa.

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CUANDO LA AYUDA SE HACE INVISIBLE
La ayuda entre la gente. La ayuda entre los inmigrantes de un barrio pobre. Cuestiones escurridizas, desapercibidas, poco conocidas e infravaloradas. Comas sugiere que la relación de ayuda ocupa un lugar marginal en las investigaciones sociales, que no se ve porque se da en el ámbito particular y se diluye en otras relaciones (1993:65). ¿Qué se piensa del apoyo entre los inmigrantes?, ¿qué imagen tienen? ¿por qué se conoce poco esta forma de apoyo? ¿por qué casi no hay escritos accesibles que hablen expresamente de esto? Demos un repaso a algunas explicaciones: En primer lugar, la fabricación de la imagen del inmigrante tiene una dimensión política muy importante. De hecho, la política europea dirigida a la restricción de la emigración ha incluido, según explica Bob Sutcliffe: ... el desarrollo de una campaña ideológica para denigrar (“demonizar” es la palabra adecuada utilizada por Tahar Ben Jelloun) al migrante económico, tachándole de egoísta, codicioso e indigno” (1998:159). Esta es la imagen que se promueve. Y se hace no sólo a través de los portavoces oficiales del parlamento y gobiernos europeos sino a través de los medios de comunicación. Éstos ofrecen cobertura a los acontecimientos que provocan morbo y expectación, más que a las situaciones cotidianas, que es donde se incluye la relación de ayuda. Las personas protagonistas de estos acontecimientos considerados motivo de noticia lo ven nítidamente. Chimo, un joven francés hijo de emigrantes magrebíes, habla sobre unos periodistas que llegaron a su barrio tras un suceso cruento: Al día siguiente vinieron dos tíos jóvenes de la tele cámara al hombro, se pusieron a filmar rastros oscuros en el suelo y a preguntar a todo quisque pero nosotros no quisimos piar nada. Grand Jo hasta quería romperles los huevos y la verdad es que siempre vienen como moscas a la mierda, les encantan los suburbios cuando explotan y arden. Los abroncamos los llamamos comemierdas, los dos tíos responden que es su trabajo y viven de esto, aquí han oído hablar de una guerra de (...) nosotros no les decimos la verdad, yo soy el mejor informado de toda la historia y voy de idiota con los cables cruzados. Enrollaos dicen, ayudadnos un poco insisten (1996:147). Además los medios de comunicación sugieren y refuerzan una percepción de las y los inmigrantes como delincuentes potenciales y personas antisociales (F. Checa, y P. Escobar, 1996:148, 156), que se agrupan en guetos y se automarginan. En este contexto, incluso noticias que aluden a relaciones de apoyo entre inmigrantes, resaltan esta visión negativa. Por ejemplo, un artículo periodístico aparecido en El País (4/10/98) titulado “Meninos da rua en los suburbios de Barcelona” que habla de niños magrebíes, usa términos como supervivencia en “clanes” y “complicidad” entre ellos, cuando podría emplear “grupos de apoyo” y “solidaridad” respectivamente.

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En segundo lugar, la función de las asociaciones no gubernamentales como divulgadoras de esta realidad importante pero muy reducida. El mundo de la gente marginada (entre ellos muchos inmigrantes) y de la gente mejor situada se suele conectar a través de estas asociaciones; casi no existe otro tipo de conexión entre estos mundos. Pero al mismo tiempo, la vinculación entre la gente marginada y este tipo de asociaciones no suele ser muy estrecha. Así lo explica el Colectivo de estudios sociológicos IOE: (...) llama la atención la desconexión existente entre los marginados y los agentes de política social (partidos, sindicatos, instituciones de trabajo social, organizaciones no gubernamentales, etc.), que pocas veces representan los intereses de aquéllos. (...) Los agentes de política social, a pesar de su proximidad a los marginados, dependen más de sus intereses corporativos y de las instituciones a las que sirven, que son las que marcan la estrategia (1993:28). Y pocos trabajadores de las asociaciones se sumergen en la realidad de la marginación, la analizan y dan a conocer. Las asociaciones ven la situación de quien se acerca a pedir ayuda, quien no ha podido salir adelante por otros medios. Conocen un pequeño trozo de su vida; no saben cómo aquellos que se acercan a la oficina han superado otras situaciones difíciles en las que no necesitaron acercarse a una institución. Ni ven a quienes han salido por sus medios, gracias, entre otras cosas, a la ayuda de gente cercana. Ana Victoria, de Madrid, recuerda: Yo estuve trabajando en un centro de acogida a inmigrantes marroquíes de mi barrio. Con mucho esfuerzo, con muchas dudas, muchas idas y venidas, habíamos empezado a canalizar ayudas, a conseguir alquiler para algunos marroquíes, a dar algún apoyo... En ese tiempo me hice amiga de una chica marroquí de mi edad que también colaboraba en el centro. Con el paso de los años nos conocimos más de cerca y entonces me di cuenta de que ella, desde su casa, había ayudado a mucha más gente y en muchas más cosas que nosotras desde el centro de acogida. Y no sabíamos nada, no teníamos ni idea de lo que ella hacía día a día... De hecho la gente sale adelante principalmente gracias a su propio esfuerzo. Entre otras cosas, gracias al apoyo entre personas que viven las mismas situaciones. La ayuda e intervención institucional y de asociaciones cubre en términos globales una parte mínima, residual. No es el principal apoyo con el que cuentan ni el primero que demandan. Esto queda recogido en diversos estudios sociológicos sobre la inmigración, como comenta una persona del Colectivo IOE: Desde nuestros primeros estudios, realizados en los años ochenta y hasta la actualidad, siempre ha quedado claro que en el colectivo de inmigrantes, a la hora de llegar y ubicarse en la sociedad de llegada, superar problemas... la ayuda institucional, incluyendo la ayuda del Estado y la de asociaciones, entidades religiosas, etc... esta ayuda juega un papel mínimo. Principalmente se ubican y salen adelante a través de sus propias redes de apoyo (1999). Y los propios protagonistas de la inmigración lo saben. Dice Tahar, vecino marroquí del barrio de San Francisco: 7

Nosotros no somos de pedir, no vamos a otros sitios a pedir ayuda, somos de arreglarnoslas nosotros mismos, y así salimos adelante... Partiendo de esta realidad, ¿cuál es la imagen, le idea de los inmigrantes que transmiten las asociaciones? Una imagen que describe el pequeño trozo de realidad vista con los ojos de una asociación, que sobrevalora su propia labor de ayuda y la proclama como si no existiese otra forma de ayuda valiosa. Se instaura el valor de la ayuda de asociaciones como único, dando a entender de algún modo que son las únicas que pueden apoyar a los “excluidos sociales”. Por eso muchas veces cuando se habla de “la ayuda” se piensa sólo en “la ayuda de las asociaciones”. Las asociaciones venden este producto en que se ha convertido la ayuda y permiten que se publicite desde los medios de comunicación, sin dar valor a otras realidades. Así, un manifiesto firmado por varias asociaciones explica que los inmigrantes que no tienen papeles se ven abocados a “vivir clandestinamente, imposibilitados para regularizar su situación, desprovistos de todos los derechos y con una única vía de supervivencia: la de la precaria asistencia ofrecida por las ONGs y la de la marginación” (Varias Asociaciones, 1997). Las asociaciones que tienen capacidad para la presión y denuncia política dirigidas a conseguir leyes más justas y a que se reduzca, si no desaparezca, el sufrimiento de la gente ocasionado por la política estatal y el rechazo social hacia ellos y ellas, necesitan realizar estas tareas contando con argumentos sólidos y propuestas realizables, que son posibles partiendo del conocimiento cercano de la realidad. Un conocimiento que vaya más allá de lo que se puede ver desde la oficina o el trabajo diario de la asociación, que busque toda su complejidad y variedad. Otra razón que hace pasar desapercibida esta forma de ayuda tiene que ver con sus propios protagonistas. Para la gente que lo vive, la ayuda es algo cotidiano, habitual, ligado a su supervivencia. Por eso cuando Tahar habla sobre el apoyo que presta a sus paisanos marroquíes, no cesa de decir en sus explicaciones, “no, si esto está pasando todo el rato... si esto lo hacemos siempre... estamos hartos de acoger a gente que llega...”. Es un apoyo espontáneo, inscrito en su vida como un valor social que no requiere de propaganda ni de instituciones. Quien se siente apoyado día a día y cuenta con sus paisanos casi incondicionalmente cuando se le avecina un problema, quizás comente, por inesperada, aquella situación en que alguien no ha respondido como de costumbre, y no hable expresamente de lo demás. Además en las relaciones cotidianas se tiende a resaltar más lo anecdótico. Así lo entiende Puri, una vecina del barrio que nació en Guinea Ecuatorial: Hay más gente buena que mala, pero lo malo resalta más. Si vas a contar a alguien, no vas a decir, “es que tengo una vecina que me acoge... “ sino que te acuerdas del que te ha hecho algo malo... Por último, muchos apoyos se dan en un ambiente de ilegalidad y de estigmatización: alguien que es acogido no tiene papeles, a quien le gestionan un permiso de residencia trabaja en la prostitución, aquel que ha pedido consejo se le ve mucho con pequeños traficantes. Por eso muchas veces, para no poner en peligro a los paisanos, para no despertar sospechas ni malentendidos entre los demás, no se habla abiertamente de estas situaciones. 8

EL HILO CONDUCTOR
Este es el recorrido que haremos por el hilo invisible de la ayuda entre los inmigrantes: Capítulo 1: Las trabas para los inmigrantes. El punto de partida es aproximarnos a la gente, a las situaciones que viven como inmigrantes, a las condiciones de vida que les imponen por ser extranjeros/as. Ese es el contexto desde el que surgirá la ayuda para abordar algunas situaciones. Capítulo 2: Qué mueve a los emigrantes a ayudarse. Sobre la gente que se ayuda, tratamos de ver entre quiénes se apoyan, qué relación tienen entre ellos, por qué se unen, y las diversas motivaciones que les mueve a ayudarse. Capítulo 3: La relación de apoyo. Entramos a hablar de la relación de ayuda. Todo lo que significa apoyarse. Los protagonistas de la ayuda nos explican cómo piden y cómo responden a quien les pide. Vemos la importancia del acercamiento, de la confianza, de la disponibilidad. Capítulo 4: La ayuda implícita. Vemos situaciones cotidianas de ayuda dentro de un grupo o comunidad. Qué son las redes de apoyo. En qué consiste el apoyo entre los paisanos en la acogida, al llegar nuevo al barrio, en el trabajo y en algunas situaciones extremas de la vida de muchos inmigrantes. Capítulo 5: Personas clave en la ayuda. Conocemos a personas que son punto de referencia en la ayuda para muchos inmigrantes en el barrio. En qué situaciones muestran disponibilidad, lo que tiene de especial su aportación, y cómo hacen su trabajo. Capítulo 6: Criminalización y ayuda. Puesto que hablamos de un barrio marginado y estigmatizado, hace falta también entender cómo la política represiva y criminalizadora afecta a los lazos de solidaridad entre la gente. Descubrir que a veces la propia ayuda se criminaliza, y las consecuencias que tiene esto. Capítulo 7: Qué supone ayudar, personalmente. Recogiendo diversas situaciones presentadas, vemos el efecto humanizador de la ayuda entre la gente. Y la gente que vive la ayuda nos explica qué les supone personalmente ayudar a paisanos y vecinos inmigrantes como ellos y ellas. Cómo lo viven y cómo llevan los momentos más y menos agradables.

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No estamos locos. Lo que sentimos no es anormal, es la situación la que es loca y anormal. Anika Mikus Kos y Sanja Derviskadic-Jovanovic, 1998. Respuesta de los campesinos refugiados de BosniaHerzegovina, cuando se les ofreció ayuda psicológica.

Capitulo 1. "Yo tenía muchos problemas” LAS TRABAS PARA LOS INMIGRANTES

Para hablar de la ayuda entre los inmigrantes hace falta empezar hablando de ellos. Hablar de las situaciones que viven, de las dificultades que comparten por ser de países más pobres, unos más y otros menos. Del contexto donde surge la necesidad de apoyo. Situaciones muchas veces impuestas por la sociedad de llegada, situaciones no elegidas o inevitables. Saber de la ayuda es comenzar por conocer cómo se busca la vida la gente, cómo trata de salir adelante poco a poco, luchando activamente y contando con otras personas o buscando diferentes apoyos de las instituciones.

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A. LAS TRABAS
La gente que emigra e intentan hacer vida en la sociedad de llegada se encuentra con situaciones muy complicadas. Muchas circunstancias que viven y que no son casuales, les empujan hacia el sufrimiento y el dolor, a veces hacia la muerte. Hay diversas experiencias, gente de países, culturas, nivel social, estudios y edades variadas. Cada cual es cada cual, y a la vez comparten ciertas condiciones, por ser inmigrantes. Conozcamos algo de la historia de Miriam: MIRIAM VIVIR LA INMIGRACIÓN Miriam tiene ahora treinta y dos años. Cuando tenía veinte años salió de una ciudad de Camerún hacia España. Alguien le consiguió billete y visado a condición de que pagara después la deuda con un trabajo que le darían al llegar. El trabajo no resultó ser lo que ella pensaba, pero no tuvo otro remedio que aceptarlo. Dos años más tarde, pagada casi toda la deuda, decidió dejarlo. Su familia en Camerún no supo nada de ella en este tiempo. Llegó después a Bilbao, donde conoció y se enamoró de un paisano suyo. Alquilaron una habitación en un pequeño piso del barrio de San Francisco, conviviendo con otros jóvenes de Guinea Ecuatorial y Angola. Allí vivían cuando nació su hija, lo que motivó a Miriam para volver a establecer contacto con su familia. Pocos meses después su compañero la dejó, y ella se quedó a cargo de la hija. Pasó por una depresión de la que no saldría hasta años después, y estuvo tomando sedantes. Rompió de nuevo el contacto con su familia. Miriam encontró trabajo como cuidadora en una residencia de ancianos y metió a su hija en un internado que estaba a unas horas de viaje de su lugar de trabajo. Ella no tenía documentación y por lo tanto no tenía contrato de trabajo. Cuando salía de paseo los domingos, su día libre, algunos hombres mayores la miraban, la seguían y hacían comentarios en voz alta sobre su cuerpo. Cuando tenía treinta y un años, tras una detención de la policía nacional para comprobar su documentación, la pusieron una orden de expulsión. Miriam ha vivido situaciones relacionadas con el cambio cultural (de Camerún a España), de lengua (ella sabía inglés y -¿lengua de su tribu?) y de religión predominantes, todo lo cual que puede ocasionar depresión (como a Miriam), frustración o desorientación; situaciones relacionadas con la lejanía del lugar de origen (su familia por temporadas no ha sabido nada de ella); con el rechazo social (muchos hombres la humillaban) y con las trabas legales que impone el Estado a través de la Administración (como necesitaba visado para entrar y no tenía, lo hizo pagando una gran cantidad de dinero; además ni ella ni su hija, nacida en Bilbao, pudieron tener documentación, y después la pusieron una orden de expulsión) y de la sociedad de llegada (Miriam cobraba un sueldo ridículo, pero sin contrato no podía denunciarlo). Muchas son situaciones nuevas, que no había vivido nunca en Camerún. Algunas dificultades también las sufría la gente de su barrio (tener que alquilar una habitación cara y destartalada), un 11

barrio marcado y atravesado en todos los aspectos de su vida por el tráfico de droga ilegal y la prostitución tolerada (Miriam tuvo dos registros policiales en el piso donde vivía, y con frecuencia oía comentarios morbosos por la calle). Hay cosas que su vecinos de barrio no vivían y no entendían de Miriam, como sus dificultades de integración; ella vivía entre dos naciones, dos culturas y dos familias. Su vida estaba y está en Euskadi y en Camerún, el país que por un tiempo o quién sabe si definitivamente dejó, donde aprendió su cultura, su lengua y su religión y donde vive la mayor parte de su familia. Recorridos de vida como el de Miriam no son excepcionales. Algunas personas habrán vivido situaciones parecidas a las de Miriam y otras personas, situaciones diferentes, quizás más duras que lo que vivió Miriam y en otras ocasiones menos. En todas estas situaciones surge la necesidad de ayuda material y de consejos, contactos y apoyo afectivo para la ubicación a la llegada, para conseguir documentación legal, ubicación sociolaboral, alojamiento y comida, atención sanitaria y formativa; para disfrutar de un ocio y encuentro adecuados; para mantener prácticas religiosas; relacionarse con y hacer envíos al país de origen, mantener a su familia (su salud, vivienda, la educación de los hijos en el país de origen), estar al tanto de la situación social y política en su país; y hacer frente al rechazo social e institucional. Es necesario resaltar que la mayoría de las situaciones difíciles que vive la gente suceden por motivos no personales como las actitudes sociales (rechazo social) e institucionales (legislación violatoria de derechos humanos, exigencias de documentación) originadas por una política de Estado expresamente dirigida a impedir la entrada de emigrantes y a dificultar su estancia, y cuidadosamente planificada plasmada en la Ley de Extranjería: se exigen visados de la embajada española correspondiente para entrar en el país (una de las formas de pedir visado es con una carta de invitación de una persona española); documentación específica para trabajar o residir (permiso de trabajo y permiso de residencia); una oferta de trabajo para conseguir un permiso de trabajo; un permiso de residencia para poder obtener una convalidación o titulación reconocida de los estudios. Otras situaciones son inevitables y propias de la emigración (distancia de la familia y la cultura de origen, desconocimiento de la lengua local, diferencias climatológicas y de desarrollo social y económico entre el país de origen y el de llegada). En cualquier caso, no son debidas, como se hace creer a veces, a actitudes personales como la inseguridad, o la falta de voluntad o de autoestima.

B. SALIR ADELANTE
Lejos de faltar el ánimo o la autoestima, la mayoría de la gente es capaz de salir adelante con voluntad y dignidad en medio de situaciones impuestas y realmente complicadas, pueden mantener los ejes de su vida a pesar de no tener, en muchos casos, familia cercana, documentación ni trabajo, cuestiones fundamentales para tener una vida equilibrada en la sociedad de llegada. Y salen adelante con capacidades personales como el ánimo y las ganas de vivir, la actividad física, la fe o las ideas políticas propias, la voluntad y la dignidad; con el apoyo de su gente más cercana, de otros inmigrantes, y con la aportación de profesionales particulares, asociaciones no gubernamentales e instituciones oficiales. Salir a flote requiere luchar activamente. La gente sabe que vive situaciones muy duras, que quizás 12

podrá avanzar, pero que será lentamente, como dice Jalil, de Marruecos: Hay que empezar por donde se puede, hay que empezar por abajo. Así hemos hecho todos. Y luego a partir de ahí, poco a poco, quizás puedes ir subiendo. Sabe que no puede detenerse, que tiene que salir adelante. Marta, de Guinea Ecuatorial, años después de llegar a Bilbao se separó de su marido y se quedó a cargo de sus dos hijos. Ella luchó para salir de una depresión concentrándose en vivir el día a día, en el presente: Yo tenía muchos problemas entonces, estaba muy deprimida, y quería volverme loca... Y yo sola salí, ¡me saqué yo sola! Yo me decía a mí misma, “si vas a un psicólogo... ¡no tengo dinero para pagar un psicólogo! Si te llevan al manicomio... ¿quién va a cuidar de mis hijos?”... Yo me decía, “tienes que salir adelante, no pienses en nada, ¿hoy tienes trabajo? ¡pues a trabajar!... mañana ya veremos. Hay que pensar en lo que estás viviendo hoy, no pienses en mañana, porque si no te deprimes”. Y así salí adelante. Cheikh, de Senegal, consciente también de las dificultades que vive, intenta no hundirse manteniendo el movimiento, la actividad física, la distracción: Yo pasé unos años en la cárcel. ¡Uf...! Es mucho tiempo: en la cárcel, un mes es como un año. En la cárcel... la cárcel es un lugar muy muy malo... ¡Tú te puedes volver loco...! Si tú no tienes la cabeza abierta, si tú eres demasiado tranquilo, puedes tener... ¿cómo se dice? una depresión mental. La cárcel no es buena para nadie. Mucha gente ha salido mal... tienes que ser fuerte, tienes que buscar como mantener tu cabeza abierta. Ahora que ya no estoy en la cárcel, si pienso mucho no vale tampoco, no se puede pensar mucho, ¡porque hay tantos problemas...!. Yo por eso voy a la discoteca los fines de semana. Si me apetece bailar, bailo. Si no puedo, me siento un poco, tomo una cocacola, miro cómo baila la gente... así pasa el tiempo y luego, a las cuatro, por ejemplo, me voy a casa. Alí, de Gambia, sabe que, aunque vender por la calle es muy duro, es mejor que quedarse encerrado en casa: Si tú no sales a la calle, si estás todo el día encerrado en casa, la cabeza se te cierra un poco. Necesitas salir, necesitas trabajar. Sales a vender por las calles, andas unos kilómetros quizás. Así mueves tu cuerpo, hablas un poco, te ríes con la gente... Sales, vendes por la calle, por los bares y quizás un día sacas dinero. Si eres viejo, tú puedes estar ahí sentado todo el día, necesitas estar tranquilo, pero si eres joven, necesitas moverte para mantenerte bien. Para algunas personas, la fe es un mástil valioso al que abrazarse. Para Ismail, de Senegal, es una forma de dar sentido a la experiencia que vive: Para mí, como inmigrante, el vivir mi fe musulmana ha sido esencial para poder superar todas las dificultades de la experiencia de la inmigración. Todas las pruebas... el rechazo de 13

la gente, los problemas administrativos... las situaciones duras que yo vivo aquí puedo aceptarlas desde mi práctica religiosa. Eso es lo que me ayuda a superarlo. Para mí esta experiencia de emigración es una prueba... y gracias a mi religión es como puedo vivir aquí. Cuando la gente se busca la vida, sabe que lo hace por necesidad, no por agrado. Así, Cristina, una mujer congoleña que vive con su esposo e hija, realquila varias habitaciones de su casa, aunque esto le crea inconvenientes: Yo siempre busco una casa con muchas habitaciones para poder realquilarlas. Mil pesetas por día y cama, eso cobro. Si tú no necesitas dinero, está bien que no lo hagas. Pero los que lo necesitamos, así hacemos. Tú, si no lo necesitas, mejor que vivas sola con tu familia, sin gente desconocida. La mayoría de la gente trata de salir adelante por su cuenta. Puri solicitó asilo político al llegar y vivió durante unos meses de una ayuda de Cruz Roja. Después de este tiempo, ella se planteó: Y dices, no vas a vivir siempre de la ayuda, hay que salir por tu cuenta... y me pongo a buscar trabajo. Empiezo limpiando en casas y poco a poco voy mejorando. Pero hay muchas situaciones en las que es imprescindible pedir ayuda. Los trámites en la documentación son una muestra de esto. Exigencias burocráticas que en principio puede realizar cualquier persona se convierten en una auténtica traba para quienes no saben leer o escribir en el lenguaje local administrativo y judicial. Hace falta rellenar impresos y redactar instancias, declaraciones o certificaciones para hacer solicitudes o renovación de permisos de residencia o trabajo; gestión de visados de entrada en el país para familiares directos (llamados visados de reagrupación familiar, para el esposo o esposa, hijos y padres y madres); solicitud de ayudas sociales (en concreto el IMI, ingreso mínimo de inserción, y la llamada “ayuda de emergencia”); solicitud de plaza en mercadillos; denuncias o recursos judiciales... Por ejemplo, Alí, de Gambia, necesita hacer un escrito donde explique por qué solicita la renovación de su permiso de residencia; y Jalil, recién venido de un viaje a Marruecos, donde se ha casado, necesita un escrito para pedir un visado por reagrupación familiar para su esposa.

C. ELEGIR LA SALIDA
Si es necesario o se puede contar con el apoyo grupal o social, cada persona elige diferentes vías, cada cual decide qué tipo de apoyo buscar según criterios propios. Esto lo podemos ver con un ejemplo: varias personas que hacen gestiones para solicitar su permiso de residencia. SOLICITAR UN PERMISO DE RESIDENCIA QUÉ APOYOS BUSCA LA GENTE Una de las formas de obtener un permiso de residencia (el documento que reconoce como legal la estancia de una persona en un país) para las personas que no lo han tenido nunca es solicitar un permiso de trabajo (otras formas son obtenerlo como estudiante, como refugiado político o por 14

motivos de salud). En esta solicitud hay que presentar una oferta de trabajo por parte de un particular o de una empresa, que es un escrito que muestra su intención de hacerle un contrato laboral; de este modo se justifica la necesidad de que a esa persona le den el permiso de trabajo, ya que para hacerle el contrato es necesario disponer previamente del permiso de trabajo. Cuando se abre el plazo para dar nuevos permisos de residencia, se establece un cupo o cantidad limitada de permisos a dar por cada provincia y sector de empleo. Las solicitudes se revisan por orden de entrega, de modo que los primeros que entregan la solicitud tienen más oportunidades que los siguientes. Por eso se organizan grandes colas a las puertas de las Delegaciones Provinciales de Trabajo. Esos días se instaló un mesa en la Delegación de Trabajo de Bizkaia para recoger las solicitudes. En la cola podía verse a gente que lo pedía por primera vez, como Miriam, y a otros que llevaban varios años pidiéndola. Se podía ver a familias marroquíes con hijos pequeños y a chicas ecuatoguineanas jóvenes. Había muchas mujeres que habían pagado grandes cantidades de dinero a cambio de que alguien les hiciera un documento falso (ya que trabajaban en la prostitución y no les era posible hacer un contrato real); otros como Phil, de Ghana, o Miriam, tenían una oferta de trabajo en el sector forestal y en el del servicio doméstico, respectivamente; otros tenían algún amigo o conocido que estaba dispuesto a hacerles algún papel para que pudieran así gestionar su residencia. Independientemente del modo en que consiguieron los documentos exigidos, algunos de los que esperaban habían tenido que pagar a un abogado o abogada particular por su asesoría; otros lo habían hecho a través de un servicio gratuito de asesoría jurídica en una asociación o sindicato, por lo que no habían pagado nada; hubo también quienes no esperaron la cola, ya que su abogado había logrado introducir las solicitudes por otra vía. A un lado de la cadena humana había algunas personas que no venían a arreglar su documentación, sino a cubrir el suceso para incluirlo como noticia en algún diario local. Y se vio también a un anciano que recorría la hilera repartiendo bocadillos recién comprados en un supermercado cercano, porque había oído en la televisión que esa gente llevaba horas esperando bajo la lluvia para presentar cuanto antes su solicitud de residencia.

Las personas que hacían cola, consiguieron la documentación necesaria para solicitar el permiso de residencia por cuenta propia (contactando directamente con el o la posible empleadora), contando con la asesoría de un profesional a quien se le paga; a través de una persona u organización que falsifica documentos, a quien se paga; con ayuda personal, sin pago; o con la ayuda de una asociación o institución que no cobra. Cada cual habrá escogido según sus necesidades (por ejemplo, hay quien tendrá más urgencia por conseguirlo; o quien no tendrá conocidos que le ayuden), sus capacidades (hay quien sabrá hablar y leer castellano, y quien no sabrá casi nada; hay quien tendrá más dinero y quien no tenga), y su experiencia en otras situaciones (si le ha ido bien con ese abogado; si confía en cierta asociación). Hay quien busca una red de falsificación de documentos porque está trabajando en algo ilegal y sin documentación legal. En este contexto, recurrir a una vía ilegal le resulta lo más cercano y a veces la única posibilidad. Esta es la opción de personas que trabajan en la prostitución o en el tráfico de drogas y que viven de forma semiclandestina. Estas personas pueden obtener muchos ingresos con estos 15

trabajos pero no pueden hacer vida abierta o cambiar de trabajo hasta que no adquieran documentación legal. Como Melva, que no tiene documentación, y ha venido de Nigeria a través de una red de tráfico de personas y trabaja como prostituta. Así lo explica ella: Yo he estado mucho tiempo trabajando para sacar dinero: trabajar, trabajar sin parar para poder pagar la cuenta por haberme traído a España. Acabé de pagar y estaba sin papeles. Yo quería conseguir mis papeles, estabilizarme, y pensaba, “pago a alguien para que me los consiga, voy a trabajar todo lo que haga falta, voy a pagar lo que sea y que me consigan los papeles” Yo siempre hacía así, trabajar, trabajar mucho para sacar dinero... con dinero la consigo, no importa si era mucho dinero. Algunas personas, utilizan esta vía porque no conocen otra alternativa. Como Doris, de Brasil: Doris estaba muy preocupada, llevaba años aquí y no veía el modo de conseguir su permiso de residencia. Le habían dicho que intentara conseguir una oferta de trabajo. Doris estuvo preguntando entre la gente que conocía cómo conseguir eso, y le pusieron en contacto con una paisana suya que estaba dispuesta a conseguírselo por doscientas mil pesetas. Otras, como los solicitantes de asilo político, aunque no tienen permiso de residencia, pueden vivir de forma algo más abierta porque no pueden ser expulsados. Sin embargo, sin tener permiso de residencia no pueden hacer ciertas gestiones y se ven obligados a recurrir a redes ilegales si desean hacerlas. Por ejemplo, Kamel de Senegal fue solicitante de asilo político y trabaja en la venta ambulante desde hace cuatro años, cuando le denegaron su solicitud. Quiere mejorar en su trabajo y para eso necesita tener un carnet de conducir y un coche con el que salir a playas y fiestas a vender: He encargado que me traigan un carnet de conducir de Senegal, dentro de unos meses estará aquí. Yo pago y ya está. Un amigo me está enseñando a conducir y cuando aprenda un poco voy a buscar algunas clases particulares. El coche... le he pedido a otro senegalés que me deje su residencia para comprarlo a su nombre. Yo le pago veinte mil pesetas. Con un coche viejo de segunda o tercera mano me vale, yo sólo lo quiero para ir a los pueblos... Priorizar, elegir la salida que parece más adecuada, es una cuestión muy personal. Por eso, aunque la gestión no lo exija, a veces la gente recurre a un abogado o abogada particular, para agilizar el trámite o por cuestión de dignidad. Así hizo Abdulhak, de Marruecos, cuando estaba haciendo gestiones para renovar su permiso de trabajo: En las oficinas de la Delegación de Trabajo me ponen pegas, no se fían de lo que les digo, se ríen de mí... Yo veo estas cosas y me pongo nervioso. Y entonces me cuesta responderles, explicarles bien... me cuesta defenderme. Por eso voy a buscarme un abogado y que me lo haga él todo. No me importa tener que coger un abogado y pagar mucho dinero. Prefiero perder dinero a perder mi dignidad, a humillarme... Mantener la dignidad es una necesidad muy presente cuando se viven situaciones extremas y se busca el modo de salir adelante. Para no sentirse humillado por los funcionarios de la Delgación de Trabajo, Abdulhak recurre a un abogado particular. Para Rosibel, de República Dominicana mantener su dignidad implica hacer algo muy diferente. 16

Cuando llegó a Bilbao, recién casada con un bilbaíno, Rosibel no encontraba trabajo; algunas veces recogía restos de comida de la basura para comer en su casa. Ella sabía que podía pedir plaza para ir a comer a un comedor social si solicitaba una tarjeta, previa entrevista con un responsable del tema, y que después podría pasar a renovarla quincenalmente. No quiso pedirla, pues prefería buscarse la vida de un modo más digno para ella. Así lo explica Rosibel: Cuando yo recogía de los contenedores, me decían, “¿por qué no vas al comedor social?” Quizás pensaban que recoger de los contenedores es indigno, pero yo me siento más digna recogiendo patatas viejas de la basura y llegando a casa sabiendo que yo las recogí, que me costó un sacrificio haberlas recogido, y me lo como con más gusto y lo digiero más fácil, que tener un vale y sentarme allá en un salón y esperar a que me sirvan el plato... ¡Eso yo no lo puedo hacer! Cada persona busca el modo de mantener su dignidad. Abdulhak lo hace buscando un abogado particular, sin importarle el gasto económico; y por encima de la imagen que pueda crear a su alrededor, Rosibel decide buscar comida entre la basura. Aengus Finucane, director de una asociación no gubernamental irlandesa, explica la importancia de respetar la dignidad humana en situaciones extremas donde se plantea la ayuda: Los servicios de salud, alimentación, vivienda y educación se pueden describir como necesidades físicas básicas. Pero la base de las necesidades humanas de los refugiados es la restauración de la dignidad. La dignidad es el ingrediente vital que falta cuando las necesidades físicas básicas se cubren de una manera mecánica e impersonal. Con mucha frecuencia, el respeto por la dignidad humana es la primera víctima de las respuestas de emergencia para ayudar a los refugiados (R. Needham, 1994:17-19).

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Yo estaba haciendo lo que podía por ayudar a ese chico. Y un día él me pregunta, como extrañado, “Oye ¿tú por qué me ayudas?”, ¡no entiende por qué le ayudo...! “Porque soy humano”, le digo, “porque yo también soy extranjero, como tú...”, le explico. Él no entiende por qué le ayudo... Abdesalam, de Egipto

Capítulo 2. “Somos todos una familia” ¿QUÉ MUEVE A LOS EMIGRANTES A AYUDARSE?

La gente pasa por situaciones difíciles y se ayuda para salir adelante. Ayudar, apoyarse, solidarizarse, dar un empujoncito, complementar, subsanar, echar una mano... Todas las personas nos ayudamos, todas pedimos ayuda en algún momento; hay situaciones en que se tiene más necesidad de ayuda y otras en que hay más posibilidades de prestarse. Los inmigrantes, como cualquiera, se apoyan entre ellos, y mucha gente que no ha emigrado también les ayuda. Se ayudan entre personas conocidas, sobre todo entre familiares y amigos; también entre vecinos, entre compañeros de trabajo y entre paisanos. A nivel personal, se sienten movidos a ayudar por motivos variados, motivos pasionales (amistad, compasión, empatía), ideológicos, religiosos o por tradición cultural y comunitaria de origen.

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A. QUIÉN SE AYUDA
El barrio de San Francisco es un barrio de inmigración interior y exterior. En un espacio como éste conviven personas de la misma familia, personas que eran vecinas en su país de origen, personas del mismo pueblo, de la misma ciudad, región geográfica, cultural o lingüística. Gente del mismo país. Gente con la piel de tono parecido. Gente del mismo continente. El apoyo se establece entre la gente que se siente unida, que se identifica como igual. Primero entre la familia; los inmigrantes que están lejos de su familia se unen más con paisanos y si no tienen paisanos, entre gente de la misma lengua o de culturas cercanas, etc. Aquella gente a quien se sienten más unidos, ya sean paisanos o hermanos de continente, se convierten en la familia; como explicaba Cheikh, de Senegal, pocos días después de salir de la cárcel, donde había pasado unos años: Yo ahora me voy a Valencia, me voy a buscar trabajo. Comprar artesanías, venta ambulante... Bueno, yo allí no tengo familia, pero es lo mismo. Allí hay mucha gente de Senegal. Los africanos somos todos una familia, ensemble, unidos ¿entiendes? La gente ayuda cuando entiende lo que siente el otro, porque lo ha vivido o lo está viviendo. Dos personas del mismo país o cultura, fuera de la misma, se sienten comprendidas y se unen. Esto sucede siempre, hablemos de culturas más o menos comunitarias. Los andaluces en Catalunya viven y trabajan en los mismos pueblos y barrios. Muchos gallegos en Euskadi viven en los mismos barrios y pueblos y hacen fiestas en la Casa de Galiza, muchos vascos en Latinoamérica practican deporte y cocina vascos y se dan cita periódicamente. Además, si la gente se enfrenta a situaciones especialmente duras, cuando se siente agredida o rechazada, tiende a unirse más. La ayuda puede darse entre cualquiera. Entre unos más y entre otros menos. Cada uno recurre o apoya a las personas que siente más cercanas. Quien puede cuenta con su paisanos del mismo barrio en el país de origen, quien no tiene paisanos, cuenta con sus vecinos de continente o con otros emigrantes de otros continentes. De cualquier modo siempre se establecen lazos de apoyo. Hay quienes se sienten cerca porque se identifican en el aspecto, aunque sean de culturas y continentes diferentes. Tienen en común, eso sí, el estar en una sociedad y cultura desconocida y diferente a la de origen. Así le sucedió a Celina, de Perú, que cuenta: Cuando yo llegué aquí por primera vez, fue la comunidad china la que me acogió y ayudó. Yo empecé trabajando en un restaurante chino, allí fue donde primero quisieron darme trabajo. También las mujeres filipinas. Será porque... ¡ya ven que tenemos algún parecido! chinas, peruanas y filipinas, nos vemos entre nosotras parecidas de cara. Aquí había poca gente de mi país y ellos fueron los que me acogieron, como si fuera una más. Participaba en sus encuentros, y las filipinas incluso me invitaban a sus fiestas, que eran sólo para filipinas. ¡Filipinas...! Yo hasta entonces no sabía nada de ese país, nunca había conocido a nadie de allí. Y ellas son las que primero me ayudaron a salir adelante, junto con alguna paisana mía. En general, quien vive o ve de cerca la situación de otra persona, sea o no inmigrante, está más dispuesto a ayudarle. Como los habitantes de un pueblo holandés, cuando el gobierno holandés 19

montó un precario campamento para refugiados en una finca cercana: (...) Son unas 70 personas diarias las que las autoridades van enviando desde el lunes al campamento, como una riada interminable (...). Los más privilegiados llegan en autobús, a los menos los ponen en un tren que se detiene a cinco kilómetros de la zona empantanada. Los vecinos de Ermelo, impresionados, han organizado turnos para esperarlos y trasladarlos en sus coches privados (Sonia Robla, 1998).

B. MOTIVACIONES PERSONALES
Hemos visto entre quiénes se da o busca el apoyo. Damos ahora un paso más para plantearnos, ¿qué motivaciones personales tiene cada cual cuando ayuda? Vamos a verlo con el caso de la gente apoyó a Abdul en su juicio: APOYANDO A ABDUL EN SU JUICIO QUÉ MUEVE A AYUDAR Abdul es un comerciante senegalés vecino del barrio desde hace más de ocho años que regenta un comercio de bisutería. Estando en la calle delante de su tienda, un ertzaina le agarró por detrás, colocándole la porra en el cuello. Abdul le exigió un mejor trato y en respuesta fue insultado, forzado para esposarle y tirado al suelo sin ninguna explicación. Estando esposado en el suelo recibió una brutal paliza por varios ertzainas. Abdul puso una denuncia contra estos ertzainas por agresiones. Seis meses después se celebró el juicio y varias personas y asociaciones del barrio organizaron un acto de apoyo en los juzgados. No fueron muchas las personas que se hicieron presentes. Un grupito entraron en la sala donde se celebraría el juicio y el resto se quedó afuera, detrás de una pancarta donde se podía leer: “Alto a las agresiones policiales contra los inmigrantes”. Entre quienes guardaban la pancarta y repartían información a los viandantes estaba Miguel, de la asociación SOS Racismo de Bizkaia. A su lado, una amiga de Abdul. Dentro, esperaban a entrar en la sala del juicio una empleada de una tienda cercana al comercio de Abdul, que iba como testiga porque vio la paliza desde su trabajo y la novia de Abdul. De testigo también fue un vecino del barrio que pasaba por allí en ese momento e increpó a los policías. Afortunadamente, como es profesor de psicología, el juez tomó por cierto su testimonio con más confianza que el de otros testigos. Vinieron unos cuantos chicos senegaleses, sus paisanos más allegados. Sólo uno de ellos pudo entrar en la sala y los demás se marcharon a sus trabajos. Los más puntuales en llegar al lugar fueron un asesor de la oficina del Ararteko y María, una vecina angoleña que ha vivido una situación parecida a la de Abdul. Cuando acabó el juicio se la vio apartada llorando y fumando compulsivamente. Tuvo la mala suerte de cruzarse dentro de los juzgados con el policía que la había pegado. Como vino María llegó también su novio, pero casi al final. Por eso se quedó afuera con el grupo de la pancarta. 20

Las personas que estuvieron en el juicio de Abdul vinieron por motivos variados: Unos vinieron como testigos, sensibilizados por haber visto la paliza con sus propios ojos. Otros, como su novia o sus paisanos, motivados por sus sentimientos como familiares o amigos cercanos. Otras personas como María vinieron porque habían vivido situaciones similares y deseaban solidarizarse con Abdul; María había recibido también apoyo en su propio juicio y deseaba hacer lo mismo con otros africanos afectados por el maltrato policial. Otros, como el representante de la oficina del Ararteko, vinieron porque su trabajo consistía, entre otras cosas, en estar presentes en estos actos. Algunos miembros de asociaciones, como Miguel, vinieron por su convicción ideológica, porque para ellos la agresión a Abdul representaba, en palabras suyas, “una violación de derechos básicos por parte de funcionarios policiales contra una persona negra y, por lo tanto, un hecho de racismo institucional”. Cada uno tiene un motivo diferente para estar presente. Hay motivos personales, naturales (amistad, amor, complicidad) que son las de la gente más cercana a Abdul (testigos, amigos, novia, paisanos y otros africanos). Y hay razones más ideológicas (compromiso político, lucha contra el racismo) o técnicas (representación institucional), sobre todo de la gente que no le conoce personalmente (varios miembros de asociaciones o instituciones). Sea cual sea la causa por la que acudieron al juicio, el efecto de su presencia fue uno sólo, apoyar a Abdul. Hacer que no se sienta sólo, que se sienta comprendido; hacer ver a los demás que cuenta con apoyo y reconocimiento; y tratar de denunciar la situación que está viviendo. Como Miguel cuando fue al juicio de Abdul, hay quien se plantea la ayuda como una forma de solidaridad y una aportación desde un grupo de apoyo a inmigrantes, aunque en un principio no vive las mismas situaciones que ellos. Marta explica por qué se acercó a un bar del barrio frecuentado por africanos: Fuimos allí porque queríamos ver lo que pasaba. Yo vivo en el barrio de San Ignacio y no voy mucho por San Francisco... bueno, voy a veces para comprar comida africana o para ver a alguna amiga. La gente de la asociación y otros africanos nos hablaban de los problemas con la policía en San Francisco, del racismo... un día era uno y otro día era otro el que tenía un problema; un registro ilegal, una paliza, insultos... Mi amiga Puri, que lleva el bar, también me hablaba de eso. Ella había tenido muchos problemas. Y pensamos, “pues tenemos que ver qué es lo que pasa, tenemos que estar allí...” Existen más motivaciones personales que mueven a ayudar, recordemos que a veces la ayuda representa una forma de vivir la propia religiosidad, es decir, se ayuda como modo de cumplir con preceptos religiosos. Muchos textos religiosos definen un modelo concreto de ayuda. Por ejemplo la Biblia propone estar dispuesto a dar tanto como a recibir, ayudar a quien tiene necesidad, ayudar a salir de la opresión; y ayudar sabiendo que en caso de dificultad se encontrará apoyo:

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El agua apaga las ardientes llamas, la limosna perdona los pecados. Quien responde haciendo el bien, prepara su futuro, y al momento de caer encontrará apoyo. Hijo, no niegues al pobre su alimento, ni dejes esperando al que te mira suplicante. No entristezcas al hambriento, y no enojes a nadie en su necesidad. No apenes al que tiene el corazón afligido, y no te demores para dar limosna al mendigo. No rechaces al hombre afligido que te suplica ni vuelvas la cara al necesitado; (...) Escucha al pobre y respóndele con palabras buenas. Arranca al explotado de manos del opresor. No te acobardes cuando haces justicia. (...) No tengas la mano abierta para recibir y cerrada para dar. La Biblia, Eclesiástico, 3 (30-31), 4(1-4, 8-9, 31) Y el Corán propone dar sin exigir ni hacer daño, dar parte de lo valioso que se tiene, no de lo que sobra; y no hacer ostentación de la ayuda: Quienes dan sus riquezas en la senda de Dios y a continuación no hacen seguir lo que gastaron ni de reproche ni de perjuicio, tendrán su recompensa junto a su señor. No tengan temor, pues no serán de los afligidos. (...) ¡Oh, los que creéis! Gastad en la limosna parte de los bienes que poseéis y de los que hemos hecho salir para vosotros de la tierra. No deis lo vil como limosna. (...) Si dáis las limosnas en público, ellas os son buenas; si las ocultáis y las dais a los pobres, os son mejores (...). Dios está bien informado de lo que hacéis. El Corán, Azora II, 264/262, 269/267, -/270 Recordemos que la generosidad y la limosna son importantes preceptos en la religión musulmana que deben cumplir todos los creyentes, cada cual en su medida, según su riqueza o pobreza. Aisha, de Marruecos, dice: Los musulmanes hemos de ser generosos. Si Aláh es bueno contigo, se espera de tí que repartas su gracia, que seas generoso. Además hay una limosna obligada para los musulmanes, la llamamos sadaka. Lo hacemos después del Ramadán. Reunimos dinero y se lo damos a una familia necesitada. Por ejemplo, el año pasado se lo dimos a una marroquina que vive en el barrio, porque está sola y tiene que mantener a un montón de hijos. Lo damos de forma discreta, y ella acepta. Darlo y recibirlo, las dos cosas, son un deber. Se ayuda por compasión, como dice María, que tiene un comercio en el barrio: Viene un chico a la tienda y me roba algo de comida. Yo me dejo, porque me da pena... Claro, entonces él viene otro día y vuelve a robarme... ¡repite...! Otro entra pidiéndome algo y yo le di el bocadillo que me estaba comiendo. Y otro día vuelve a entrar y mando a mi hijo que vaya a la tienda a comprar pan y atún y que le haga un bocadillo... ¡Soy así...! O por empatía. Este es el caso de personas que trabajan en el contexto de la actividad policial y 22

judicial y se encuentra con paisanos o gente cercana en situaciones delicadas y que sienten la obligación de protegerles, por delante de su compromiso laboral. Como Moha, un marroquí que trabaja de traductor de árabe: Un día me llaman para traducir y es para un chico que ha llegado hace poco a Bilbao. Trabaja en la venta ambulante, está sin residencia y le han llevado detenido a comisaría. El chico no entendía nada, además tenía miedo de que le expulsaran y estaba muy nervioso. Le toman declaración, le preguntan qué medios de vida tiene y él no sabe explicar de qué vive... le preguntan dónde está durmiendo y él no sabe qué decir... Y yo le digo en nuestra lengua, “habla un poco, di lo que sea, tú haz que respondes y no te preocupes, que yo voy a ayudarte...” ¿Qué voy a hacer? ¡yo tenía que ayudarle...! Y otro día, uno que le cogen sin papeles y dice que es palestino, porque a los de algunos países no les expulsan. ¿Sabes lo que te digo?... cada uno se las arregla como puede, ¿quién va a dejarse repatriar sin intentar antes lo que sea?... Y cuando están tomándole declaración, le digo, ”ya sé que tú no eres palestino, pero tranquilo, no voy a decir nada”. Ayudar fue para María, cuando trabajaba como prostituta y antes de abrir su comercio, un intento de sobrellevar situaciones personales difíciles, un intento de salir de la soledad, de la depresión, de tratar de olvidar los propios problemas, de sentirse útil... Así lo explica: Yo tuve una depresión, entonces ya no quería estar allí todo el día. En casa no hacía nada, algo tenía que hacer... Yo veía a ancianos que andaban por la calle solos y me ofrecí a estar con ellos, yo por mi cuenta lo hacía. Sacarles a pasear, estar con ellos, darles conversación, compañía... Comas explica que las personas se ven motivadas a apoyar a otras por altruismo o sentimientos individuales (compasión, complicidad, empatía...) y también por sentimientos moldeados o condicionados por la cultura (1993:66). Efectivamente, mucha gente es consciente de que tienen una cultura de ayuda y de que esto es parte de su forma de vivir, de hacer, de ser. Pili, de Guinea Ecuatorial, siente que su cultura es más de ayudar y que esto no lo entiende su hijo, que ha nacido y vivido en Euskadi: Mi hijo viene conmigo a Guinea... Y cuando llegas allí una señora mayor va a venir a casa y te va a regalar una piña. Mi hijo se va a extrañar, “¿cómo me regala esto si no me conoce?” O una señora me dice, “mira, te voy a ayudar a lavar la ropa, que llevas aquí quince días...” y él no va a entender eso. Eso son cosas nuestras, de nuestra cultura... ¡Y él no va a entender! porque aquí no se hace esto... En muchas culturas los lazos entre los miembros de una familia exigen un apoyo incondicional, que prevalezca por encima de otros sentimientos personales. Por eso Abdelatif, de Egipto, sigue al lado de su hermano, apoyándole, a pesar de los conflictos y desacuerdos que ha tenido con él: Yo tengo que estar con mi hermano, no puedo dejarle solo. No me gusta lo que hace, no me gusta lo que me exige hacer. Él es malo, pero no puedo dejarle. Yo llamo por teléfono a mi madre. Hablo con ella y mi madre me dice, “cuida de tu hermano, hijo, no le dejes solo...” No sé si me entiendes... Para vosotros, un hermano es otra cosa, para nosotros los árabes, un hermano es tu sangre, no te puedes separar nunca de tu hermano... 23

La gente entiende que algunas costumbres son propias de su cultura, y a la vez las conciben en oposición a la costumbre local. En cierto modo, su identidad se refuerza por contraste con lo que ven a su alrededor. Así lo transmite Moustakhi cuando explica lo que significa para los senegaleses compartir la comida diaria: Nosotros hacemos mucha comida todos los días. Mi mujer prepara para muchos. Nosotros vamos a comer a casa de otro si queremos y no tenemos que avisar antes. El otro día, por ejemplo, vinieron cinco personas a comer, ellos llegan y se sientan a comer, no tienen que avisar. No es como vosotros, tú normalmente no vas a ir a comer donde un amigo si no has avisado, o si no te ha invitado. Nosotros, en el momento vamos allí y todos los que estamos comemos. No decimos “voy a comer”, no... En nuestra lengua, la lengua wolof, decimos “kay ñu ñan, vayamos a comer”, y ya está. Si sobra comida se la damos a los del piso de arriba. Allí viven otros senegaleses que trabajan en mercadillos. Llegan cansados, quizás llegan a las tres o las cuatro y a veces no tienen tiempo de preparar la comida... Nosotros en nuestro país, cuando llega la hora de comer y está la comida preparada, la gente que está cerca de la casa en la calle, trabajando, entran en casa y comemos todos juntos. Todos lo hacemos, aunque tengas poco, lo compartes. Tú estás arreglando la carretera o recogiendo algo... tú pasas por allí, quizás le conoces, quizás no. Tú estás allí y entras en la casa y comemos todos juntos. Desde su experiencia en la emigración, mucha gente que vive problemas como inmigrantes y recibe el apoyo de otros tiene la convicción de que ayudar es parte de su forma de ser, y de que en general los europeos no les ayudan del mismo modo. Mansour, de Sudán, contrasta el estilo de ayuda de los africanos con el de los europeos. Él pensaba ir a París por un tiempo para buscar trabajo y ver la posibilidad de quedarse allí y una amiga le propuso que llevara la dirección de un conocido suyo, para que estuviera en su casa los primeros días. Mansour le respondió del siguiente modo: ¡Tú estás loca!, ¡yo no puedo ir a la casa de un europeo si no le conozco! Yo conozco Europa, llevo ya muchos años aquí. Los europeos no ayudan. Entre los africanos es diferente. Si tú eres africano, llegas a París, a Londres, buscas a tus paisanos, buscas africanos y ellos te van dar casa, comida, ellos van a ayudarte. Pero los europeos no nos ayudan, ¡yo lo sé muy bien porque lo he vivido...! Un valor muy importante en muchas culturas de origen de los inmigrantes latinoamericanos, árabes, africanos y asiáticos es la hospitalidad. Como explica Pili: Nosotros nos adaptamos bien a estar en otro país africano, nos entendemos con otros africanos. Y aquí también nos unimos enseguida, porque sabemos que todos somos emigrantes. Nosotros los africanos tenemos costumbre de que si alguien lo pasa mal lo acogemos. Come en casa y está con nosotros hasta que puede encontrar alguna f orma de arreglar su situación, de buscarse la vida... La hospitalidad, es un valor cultural que se ha debilitado mucho y rápidamente en algunas 24

sociedades por la masificación de los lugares de vida, por la introducción de otros valores más asociados al dinero que a la persona o al medio natural, y por el miedo frente a la llamada „seguridad‟ personal. Cuando la sociedad de llegada no cultiva el valor de la hospitalidad, cabe dudar si será capaz de acoger en lo más básico a los y las inmigrantes. En muchas culturas, en las culturas más tradicionales, existe un fuerte sentimiento de comunidad, que es muy importante para la supervivencia de la gente. Las culturas latinoamericanas, africanas y asiáticas son más comunitarias que las europeas y norteamericanas. En estas últimas, la cultura se ha hecho más individualista a través del capitalismo y el consumismo. Este sentimiento de comunidad arraigado en la cultura es el que mueve a acoger y a os otros miembros del grupo y a compartir con ellos. Ya que esto nos ayuda a entender por qué la gente se ayuda, vamos a ver ahora con más detalle lo que significa vivir en comunidad, con el ejemplo de la comunidad formada por los senegaleses en la emigración.

C. VIVIR EN COMUNIDAD
Los senegaleses tienen una organización comunal que es propia de su cultura. En muchas tribus de Senegal este modo de organización está muy arraigado (Liliana Suárez, 1996). Estos pueblos tienen tradiciones culturales muy antiguas que se mantienen todavía y que son esenciales para mantener los lazos de apoyo de los senegaleses en el extranjero. Adriana Kaplan explica una de estas tradiciones, llamada dankutó: El dankutó es una relación de familiaridad que se dio entre diversos estados mandingas. Significó que las dos partes juraban apoyarse mutuamente en tiempos de conflicto, mediar en favor del otro sin ocasionar ofensas y permitir los enlaces matrimoniales entre ellos. La alianza era vinculante incluso para generaciones futuras y cualquier persona que la rompiera estaría sujeta a una terrible maldición (1993:71). En la comunidad se define la identidad en función del grupo. Esto significa que cada persona se ve y se sitúa como parte de un grupo, como parte de un organismo donde tiene una aportación y una función. En la comunidad lo colectivo prevalece sobre lo individual. En una comunidad, todos están relacionados con los demás: lo que afecta a una parte del grupo, afecta a todo el grupo. Así lo expresó claramente Aliou, de Senegal, cuando justificaba la indignación de la comunidad de senegaleses porque varios ertzainas habían pegado a un paisano suyo: Los senegaleses somos una piña, si pegan a uno, es como si pegan a todos. En una sociedad comunitaria la propiedad es compartida, como explica el jefe samoano Tuiavii de Tiavea comparando su sociedad con la sociedad occidental: En nuestro idioma lau significa „mío‟, pero también significa „tuyo‟. Es casi la misma cosa. Pero en el idioma de los papalagi, es difícil encontrar dos palabras que difieran tanto en significado como „mío‟ y „tuyo‟ (Tuiavii de Tiavea, 1993:30). 25

Por eso los senegaleses sienten que en su comunidad “lo que es de uno, es de todos”, como explicó Mbaye a Laura, una vecina madrileña del barrio, cuando ésta le ofreció un ejemplar de un libro sobre los inmigrantes en San Francisco: Gracias, pero ya tengo... O sea... a mí no me has dado, ¡pero has dado a otros de nosotros! Un chico que vive en mi piso tiene un libro y otro paisano mío también: tenemos dos libros ya. Nosotros, lo que es de uno, es de todos... Gracias. Yo voy a leer tu libro cuando pueda. Una persona sola ve debilitada su identidad, su fuerza. Por eso en culturas colectivistas, la gente puede sentirse más afectada por el hecho de estar sola o no estar con su familia. En las culturas comunitarias, donde además se da un valor de respeto y obediencia a los mayores como transmisores de la experiencia en la vida, cuesta entender que los ancianos y ancianas vivan solas. Meib habla así de una vecina suya llamada Amparo: Esa mujer vive sola. Es muy mayor, y sus hijos no la quieren llevar con ella. Tiene hijos y nietos, pero vive sola. Y pasa mucho tiempo con nosotros. Casi todos los senegaleses la conocemos. Por la mañana y por la tarde, en casa y en la tienda. Ella viene a casa, vemos la televisión... Por las tardes está un rato en la tienda, se sienta allí y charla con los africanos. Mi mujer sube a buscarla a su casa si pasa uno o dos días sin verla, “Amparo, ¿qué tal estás? hace dos días que no te veo, pensaba que estabas enferma, que te había pasado algo... ¿estás bien?”. Vivir solo es muy malo, ¡no se puede dejar a una persona sola...! A través de este apoyo a Amparo, la comunidad de senegaleses está cubriendo un vacío que la cultura local no le aporta. Mirando hacia atrás en la historia de la sociedad de llegada, vemos que en momentos no muy distantes la protección a los ancianos en la familia y en la comunidad local era mayor. Así, la comunidad de senegaleses está apoyando a Amparo con una actitud que ha perdido valor en la sociedad de esta mujer. El sentimiento de pertenencia a un grupo o comunidad tiene efectos positivos para la persona, como son ayudar a mantener la seguridad emocional y el apoyo y protección interna hacia todos los miembros de la comunidad, y como contraparte requiere de otros aspectos que limitan más las opciones personales, como es la presión social. Hace falta un control, una supervisión hacia adentro del grupo, para mantener la coherencia del grupo. Este control lo realizan todos los miembros en general (a través, por ejemplo, de los chismes o rumores), y algunas personas realizan esta función más que otras (por ejemplo, los ancianos critican más los cambios de costumbres de los jóvenes).

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Estaban siempre dispuestos a abrir su puerta para amparar a otros, su casa se convirtió en un pasadero de gente. Hoy por ti, mañana por mí, a veces toca dar y otras recibir, es la ley natural de la vida, decía Inmaculada. Comprobaron que la generosidad tiene efecto multiplicador, no les faltó la buena fortuna ni el trabajo, los hijos resultaron sanos y las amistades agradecidas, con el tiempo superaron las pobrezas del comienzo. Cinco años después de llegar a la ciudad Pedro instaló su propio taller de automóviles. Isabel Allende, 1991. El plan infinito

Capítulo 3. “A veces la ayuda es para uno, otras veces para otro” LA RELACIÓN DE APOYO

Quienes se apoyan entre ellos día a día para salir adelante saben que ayudar o pedir ayuda implica muchas cosas. Se ayuda mejor en un contexto de contacto cercano, de conocimiento mutuo, de respeto y aceptación, confianza y disponibilidad; capacidades humanas que se relacionan entre sí y que a veces se funden. Saben que sólo si alguien siente que va a ser creído se acercará a contar o a pedir; y que esto supone estar presente en los momentos duros, estar disponible. Saben que es cada cual quien define sus necesidades, quien valora cuándo ha de solicitar apoyo, y probablemente lo hará sólo en situaciones muy concretas. Y que a veces hay que dar respuesta a engaños de gente cercana. Todo esto es lo que constituye la relación de apoyo. Una relación en la que se encuentran o se buscan para hablar de lo que necesitan de modo y en espacios cotidianos como las tiendas y bares del barrio. Una relación de ida y vuelta, donde todos dan o reciben en algún momento, y donde hay una retroalimentación en forma de agradecimiento, que estimula el propio apoyo.

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A. CONFIAR
Cuando hablamos de la confianza nos referimos a creer, a respetar la verdad de cada uno, su forma de vivir y entender la vida (porque no hay una forma única de vivir). Confiar en alguien es también creer en su autonomía. Se aprende a creer, a confiar, desde la cercanía. Laura explica su experiencia: Como vecina del barrio, cuando empecé a conocer a los inmigrantes africanos y magrebíes, desde la cercanía aprendí a creer en ellos y ellas; era una necesidad para poder entenderles. Algunas personas me pedían apoyo y yo sentía que si quería responder a lo que me pedían, tenía que empezar por creer lo que me contaban de sí mismas, retales de sus vidas no desvelados a todos. Confiando podía conocerles, y así iba descubriendo lo que sucedía y a quienes sucedía y ellos me conocían a la vez. Una asociación religiosa que trabaja en el barrio y quería abrir un piso para mujeres inmigrantes que trabajan como prostitutas pidió consejo a María, de Angola, porque ella tiene credibilidad entre muchas mujeres africanas del barrio. María lo único que les sugirió fue la necesidad de crear confianza: Me pedís mi opinión, me dices que te ayude... Pues mira, yo creo que lo primero que tenéis que hacer es abrir las puertas. Las extranjeras somos así, somos un poquito desconfiadas, por todos los problemas que hemos tenido... Algunas no tienen papeles, a otras las han tratado muy mal, las tratan muy mal... tenemos miedo. Por eso te lo digo, lo primero es abrir las puertas, que sepan que estáis allí, que vean que hay confianza... y poco a poco se van a acercar. La gente que vive en un mismo espacio vive situaciones parecidas y puede conocerse de cerca. Se puede trabajar desde la confianza y la claridad en la comunicación. Vemos por ejemplo, la relación de Laura con Teresa, una mujer congoleña a quien Laura conoció cuando daba clases de alfabetización: Yo era profesora y ella alumna. Esos papeles se fueron difuminando cuando acabaron las clases. Vivimos cerca. Yo iba a verla a su casa. Empecé a cuidarle al niño y algunos días ella me lo traía a casa cuando tenía que marchar a un recado. Ella me hacía papilla de mandioca cuando estaba enferma del estómago. Nos encontrábamos por la calle. Estábamos juntas en el parque con los niños. La iba a visitar al bar donde trabajaba. Poco a poco empezamos a tener conocidos comunes. Su vida no era fácil. A veces iba a verla y la encontraba con un lío, con un problemón. Trataba de hacer algo, de apoyarla. Sabía lo que estaba viviendo, sabía que era sincera. Ofrecer confianza significa muchas veces aportar algunas cuestiones básicas para que la otra persona esté bien, sin preguntas, sin condiciones y sin esperar contrapartida. Marta, cuando llevaba pocos años en Bilbao invitaba a personas africanas a quienes no conocía, les ofrecía compañía, conversación, comida... Ofrecía confianza, como a a alguien de la familia. Así recuerda ella a un 28

chico de Nigeria que conoció hace más de veinte años: Creo que él tenía veintinueve años cuando le conocí. Él llevaba unos seis meses aquí. Mi marido se lo encontró en la calle y como entonces eramos pocos africanos, invitábamos a todos los que veíamos: “ven a casa... vente a pasar la Navidad...”. Ese chico vivía en una pensión, con un amigo. Ahí vivió creo que un año. Como estaba solo, venía a casa. Si viene a casa, le das un plato de comida, le ofreces... le hablas... y él te trata como a alguien de la familia, porque no tenía a nadie... No sabemos por qué vino... quizás por problemas políticos... Ni cómo llegó aquí. Hay cosas que no sé... porque no tienes que preguntar... si no te las cuentan, no las preguntas, porque parece que vas a controlar, o le va a sentar mal... No sé qué trabajo buscaba, ni qué pensaba de muchas cosas. Lo que más recuerdo de él es su interés por aprender castellano. Iba por la calle, y no le gustaba ver que no podía contestar en español, ni a los que le miraban bien, ni a los que le miraban mal... Llevaba siempre un diccionario en el bolsillo y lo memorizaba todo. Venía a casa también con el diccionario y cuando hablaba decía “zapato, zapata...”, “cuaderno, cuaderna...” ¡Por eso en casa le llamábamos Zapato Zapata! Andaba buscando trabajo y no encontraba. Se le hacía difícil estar aquí, estaba desanimado... Dejé de verle de repente, no se despidió. Quizás se marchó a Londres, porque él sabía inglés... Marta no interroga, no tiene afán de saber sobre la otra persona más de lo que ésta quiera contar. Este no pedir explicaciones cuando no son necesarias es una muestra de confianza hacia la gente, y esta confianza se valora mucho. Así lo comprobó Laura: María me llama un día por teléfono: “Laura, mira, una chica quiere hablar contigo, ¿puedes venir a su tienda?”. “De acuerdo, me paso esta tarde hacia las cinco o seis, dime dónde es”. Paso por allí. No sé para qué es. María me presenta a Fátima, una chica africana... creo que ecuatoguineana. “Un amigo mío quiere pedir visado para venir a España... necesita una carta de invitación para solicitarlo...”, me dice Fátima. Yo no le pregunto nada. “De acuerdo, voy a buscar a alguien”, le digo. Dos días después le paso el número de teléfono de una amiga mía que está dispuesta a hacérsela. “Fátima estaba sorprendida”, me comentaba más tarde María. “Fátima me dice, qué gente más buena... me ha ayudado y ni siquiera me conoce, me busca alguien para hacerme ese papel y casi no sabe quién soy... ni me ha pedido explicaciones...” Por eso, a veces esta muestra de confianza tiene más efecto positivo que la propia ayuda. Laura continúa: Cuando la gente a quien ayudo me agradece, yo siento que sobre todo me agradecen la confianza que muestro. El estar disponible, el creer en ellos o ellas y no preguntar más de lo necesario, el rechazar con claridad... Yo creo que no agradecen una ayuda concreta, agradecen mi disponibilidad, el saber que pueden contar conmigo. Me agradecen esa confianza que no se esperaban... 29

B. ESTAR DISPONIBLE
La cercanía y la confianza están enlazadas a la disponibilidad. Cuando el apoyo se da a través de encuentros cotidianos entre vecinos de un barrio, no hay horarios de trabajo ni oficinas de atención. Hay presencia, disponibilidad, simplemente; desde esta presencia hay escucha, compañía, comprensión. Y en este marco de relación creado por la confianza puede surgir con más facilidad una petición de ayuda a alguien que se sabe está dispuesto, como veremos después. Una relación de confianza ha de mostrar claramente hasta dónde llega la disponibilidad y las posibilidades reales de prestarse. No tiene sentido ofrecer una disponibilidad absoluta, que no será viable. He aquí dos modos diferentes de responder, vividos en la relación entre Laura y Teresa: El día que me pidió dinero por primera vez, me explicó para qué lo necesitaba y, como estábamos dando un paseo, al momento fuimos a un cajero y le di lo que me pedía. No le puse plazos, y Teresa tardó un año en devolvérmelo. En la siguiente ocasión, quise saber lo que quería hacer con el dinero y negocié la cantidad a dejarla. Le dije, “mira, no te puedo dar todo lo que me pides. Eso es mucho para mí, ahora no puedo dejarte tanto... No te puedo dar más ahora, porque no sé cuándo me lo vas a devolver. Si te puedes arreglar con menos... yo creo que sí... te doy algo.. Ahora no trabajo, si yo te doy todo eso ahora y no sé cuándo me lo devuelves, voy a necesitarlo dentro de poco...” Me lo devolvió en dos semanas. Pedir significa hacer ver una necesidad. Cuando alguien pide, está explicando cómo piensa que pueden apoyarle desde fuera, está planteándose junto con alguien varias posibilidades de salir adelante o mejorar. Saber pedir es saber definir lo que necesitamos, la ayuda que buscamos. Así, Hafida, una mujer marroquí que vive sola, fue a casa de Laura. Laura la invitó a comer y Hafida aceptó, al tiempo que le aclaraba cortésmente: Oye, no te preocupes por la comida. No tengo hambre. No he venido a comer, he venido a hablar contigo, porque estoy mal... Siéntate a mi lado, mírame y escúchame. Yo sólo necesito cariño, compañía. Necesito alguien que me escuche, que me haga una caricia... No pido más. Sólo necesito eso, ¿sabes? En general la ayuda entre personas se inicia por una petición, el apoyo responde a una petición. La propuesta de ayuda parte de quien necesita, quien necesita busca ayuda (no se busca a quien necesite ayuda). Es la gente quien define sus propias necesidades. Cada cual da importancia a cuestiones diferentes en momentos diferentes, y además cuando hay una necesidad prioritaria satisfecha es cuando aflora otra que hasta ese momento no parecía importante. Veamos algunos casos de los presentados hasta ahora: Abdulhak busca un abogado privado que le ayude a renovar su residencia; Teresa pide dinero prestado a Laura y Hafida le pide cariño y compañía; Fátima pide apoyo a María para conseguir una carta de invitación.

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Hay una situación en que se ofrece apoyo: el acto de apoyo en el juicio de Abdul, que estaba convocado por asociaciones y vecinos del barrio, y refrendado antes por Abdul. En otras ocasiones no se da expresamente una petición ni una oferta: Cheikh sabe que cuenta con sus paisanos para encontrar vivienda y trabajo; Moustakhi explica que cualquiera puede comer en su casa; Mansour cuenta con el apoyo de otros africanos para ser acogido, y también Pili. Estos ejemplos nos hablan de una ayuda extendida, insertada en la vida cotidiana, asumida como modo de actuar, que sólo requiere tener la certeza de que puedes contar con alguien, o estar disponible. En el próximo capítulo hablaremos más de esto. Con frecuencia, la ayuda institucional consiste en ofertas, no en respuestas a peticiones. Para definir la oferta se valoran previamente las necesidades, sin conocer de cerca a los interesados. De este modo es fácil no beneficiarles. Álvaro, profesor en un centro de educación de adultos, comentaba sobre la oferta de clases de castellano de su escuela: Yo creo que muchas veces es más una intención y una necesidad nuestra, desde nuestra perspectiva, y que para ellos no es real. No siempre es necesidad prioritaria el aprender la lengua, o integrarse, tal como nosotros les pedimos. Nosotros insistimos sólo en eso, y claro, ellos no responden, y nos frustramos o no entendemos... Por otra parte, la confianza es muy frágil. Cuando se duda de alguien en un aspecto, se abre la grieta en el resto de su recorrido. Así explica Laura lo que significaba para ella confiar en un joven africano a quien acogió en su casa: Ese chico había sido mi alumno por unos días. Habíamos tomado café juntos alguna vez, habíamos comido juntos... Hubo unos meses en que le veía desesperado porque no conseguía alquiler y le echaban del piso donde estaba. No encontraba con quién compartir piso y él no podía firmar el contrato de alquiler. Un día le dijimos, “mira, no te agobies, vente a casa y tranquilamente sigues buscando alquiler. Cuando encuentres un sitio en condiciones y alguien dispuesto a compartir te vas... Si te metes en cualquier sitio dentro de dos meses estás igual...” El chico lo estaba pasando mal, a mí me salió de dentro... Y cuando empezamos a vivir juntos yo pensaba, “¡si yo no le conozco... no sé en qué anda...! Tenía claro que no iba a preguntarle. Nunca le pregunté. No podía hacer eso, porque se iba a sentir incómodo. Él contaba de sí mismo cuando quería. A los dos o tres meses se marchó a un piso donde un amigo suyo dejaba libre una habitación.

C. ACERCARSE A CONTAR
Cuando muestras confianza, cuando la gente sabe que les vas a creer, te cuentan, se acercan, piden. Veamos cómo María habla de dos profesionales que trabajan en el ámbito de la salud y la prostitución, en centros subvencionados del barrio, comparando su modo de estar con la gente: Llevan años trabajando en el barrio con las prostitutas. Las dos son muy majas. Las dos 31

trabajan bien. Pero una está más al tanto que la otra de lo que pasa, ¿por qué? Una hace su trabajo y sale del barrio. Te la encuentras por la calle, quieres contarle algo, quizás un día se para y te escucha, pero otro día no te va a escuchar. Un día puede que sí, pero no va a ser siempre, no va a ser cualquier día. Por eso quizás ella no va a saber todo lo que nos pasa. Quizás alguna vez le contamos algo, pero no va a saber muchas otras cosas. No vamos a confiar tanto en ella. La otra te va a escuchar siempre. Ella viene con un problema suyo y lo va a dejar a un lado para escucharte. Nunca te va a decir que no tiene tiempo, que no es momento. En ésta sí confiamos más para hablar. A ésta sí se van a acercar más las mujeres para contarla, van a confiar. Porque ella está siempre abierta. Por el contrario, si no crees en alguien, esa persona no te cuenta. Si no sabes lo que está sucediendo a través de quien lo vive ni a través de los medios de comunicación, seguirás sin creerle y no te pedirá apoyo, por desconfianza y por temor a que no le creas. Algunos vecinos del barrio que trabajan en asociaciones de apoyo a inmigrantes, pudieron comprobar esto de forma muy palpable cuando promovieron una investigación fundamentada en la recogida de denuncias sobre el maltrato policial a inmigrantes (recogidas en el informe “El Color de la Sospecha”). Lo cuenta Laura, quien participó en la investigación: La primera vez que alguien te cuenta que le han dado una paliza, te resulta superfuerte y no te atreves a creértelo. Pero unas semanas después otra persona te cuenta otra cosa. Y oyes de otra a quien también le ha pasado... Entonces empiezas a creer, aunque todavía tienes dudas, te preguntas, “¿y esto será muy frecuente?... ¿desde cuándo está pasando? ¿por qué yo no sabía nada hasta ahora?” Comentas en algunas asociaciones y casi nadie ha oído hablar de eso, no han llegado allí con denuncias por maltrato policial... Y te dices, “hay que mover esto, hay que ver qué está pasando aquí, hay que denunciar...” Así fue como nos planteamos hacer una recogida de experiencias de maltrato policial. Y fue impresionante, porque durante esta campaña denunciaron muchísimas personas a través de gente de confianza del barrio. Cada vez contaban más y cada vez se oían detalles más duros. La gente veía que creíamos en ella, y entonces contaban. Y cada vez que uno venía a contarte, te daba la referencia de otro a quien también le había pasado algo con la policía. ¡Se rompió el cordón del silencio y apareció todo lo que por meses y años había estado oculto para quienes no lo sufrían! Por eso Miguel, de SOS Racismo, quien también participó en la recogida de denuncias, reflexionaba meses después de iniciarse este trabajo de investigación: Nos hemos dado cuenta de que nosotros, la asociación no tenemos presencia en este barrio. Estamos en la oficina de la asociación y si viene alguien a denunciar algo, pues le atendemos. Pero nunca habíamos estado en el barrio de verdad... Estás en el barrio y es diferente, entras en una tienda y la gente se acerca para comentarte cosas y te cuentan alguna historia que les ha pasado... Ayudas un día a un chico, discutes con el policía que le está intentando robar un dinero y al final el policía se 32

lo devuelve. A los pocos días el chico se te acerca, te saluda y te da las gracias... ¡el tío superagradecido! Cuando no se conoce de cerca la situación o cuando ni siquiera se ha visto u oído hablar de ello, es difícil creer y confiar, y por lo tanto no se está dispuesto a prestar un apoyo, por pequeño que sea. Esto lo ha vivido muchas veces Faisal, de Marruecos, cuando busca a gente que ayude a sus paisanos en los trámites con la documentación: Algunos paisanos necesitan un precontrato para pedir la residencia. Yo busco alguien que se lo haga, pero aquí es difícil. Yo he vivido mucho tiempo en Valencia. Allí la gente está más acostumbrada a estas cosas. Aquí no. Allí pides a alguien que te haga un precontrato y te lo hacen. Aquí tienen miedo, no saben y piensan que les va a pasar algo... Por eso cuesta encontrar a alguien que lo haga. La confianza tiene un límite claro e inevitable. Contamos y nos cuentan hasta cierto punto. Porque no podemos traspasar la barrera que nos separa de la otra persona, la frontera que delimita nuestra intimidad y nos protege frente al daño o la injerencia. La confianza facilita una relación de ayuda equilibrada, y a su vez la relación de ayuda genera una confianza, un reconocimiento, un respeto. Por eso con frecuencia somos capaces de hablar de nosotros mismos, de abrirnos y ofrecer vivencias propias delicadas de transmitir a otra persona, cuando sentimos ese respeto y reconocimiento tras su apoyo. La ayuda genera unos lazos que hacen posible mantener la relación.

D. ENCONTRARSE
Para plantear una necesidad, para solicitar un apoyo, hace falta entrar en relación con una persona o grupo, hace falta localizarla e iniciar la comunicación. Muchas personas de este barrio no tienen teléfono (viven en pensiones, en realquileres), algunos no saben escribir o leer con facilidad o no están acostumbrados a usar la escritura para comunicarse. ¿Cómo llegan hasta esa persona que está dispuesta a ayudar o cómo se muestran disponibles? ¿cómo se encuentra la gente? ¿dónde se encuentra? Vamos a poner un ejemplo, el recorrido que hizo Laura una tarde por la calle San Francisco, para hacer algunos recados. SALGO A HACER RECADOS EL ENCUENTRO Me asomo al bar Marcos y dejo un sobre a nombre de Miguel, para que pase a recogerlo. Aprovecho para preguntar si han visto a Tahar. No ha pasado por ahí esta tarde. “Dile que les estoy buscando, que me llame”. Le dejo mi teléfono por si no lo tiene a mano. Sigo calle adelante... Toco el timbre de Teresa. Se asoma al balcón: “¡sube!”. “Otro día, tranquilamente”, la digo, “sólo 33

quiero que sepas que Sara ya ha conseguido la ropa, avisa a tu amiga para que pase a recogerla cuando quiera, ya sabes dónde es, ¿no?”. Continúo el camino... Meib me hace un gesto a través del cristal de su tienda y entro a saludarle. Hay dentro varios africanos, entre ellos Alí. Me habla de un conocido suyo que está en la cárcel. Me apunta su nombre, y yo le doy el teléfono de alguien que puede ayudarle. Otro chico a quien no conozco se me acerca y me da una notificación judicial para que se la interprete. Alguien entra y deja una bolsa de plástico en el mostrador: “¡luego paso a recogerla, gracias!” Salgo de la tienda y entro en el bar de al lado... Por fin encuentro a María. Me invita, pido un té. “Una chica joven busca para compartir casa con otra mujer... ¿sabes de alguien? Mañana por la tarde estoy aquí en el bar, si sabes de alguien me lo dices”. Y yo le digo, “mira, otra cosa, lo de la denuncia de ese chico... me han explicado que no hay mucho qué hacer. Pero dile que si él quiere, lo intentamos, lo que quiera él... “Bueno, si viene otra vez a buscarme, ya le diré”. Ya en la calle, de regreso... Me encuentro con Shamsuddin . “Tengo algo que contarte”, me dice. “Vente a comer mañana a casa y hablamos”. “Mañana no puedo”, me dice. “Pasado mañana”. “De acuerdo, estoy allí a las dos, ¿qué número era tu puerta?”

¿Cómo llegan a encontrarse Laura y Miguel, Tahar, Teresa, Meib, Alí, María, Shamsuddin y otras personas de quienes no sabemos sus nombres, en este recorrido? Los lugares de encuentro son un bar (donde sabemos que suele pasar cierta persona), una casa (el balcón y el portal), una tienda (de un conocido) y la propia calle. Más adelante hablaremos de estos espacios como lugares de encuentro y acogida. Hay encuentros casuales y otros buscados. Si no se puede contactar en ese momento con la persona se deja un recado o paquete, se pregunta por alguien, se acuerda un encuentro posterior. Cuando alguien encuentra a la persona que busca, le pide apoyo (para leer un papel, por ejemplo), o le habla de sus necesidades o de otra persona (alguien que busca alquiler, que está en la cárcel o que quiere hacer una denuncia delicada). ¿Cómo son estos encuentros? Son cotidianos (suceden cualquier día), abiertos (no tienen límite de hora o espacio más que el de la propia intimidad), fluidos (cada cual los escoge y usa según su necesidad), cercanos (cualquiera sabe y puede usarlos) y humanos (establecen una comunicación de tú a tú). Estos canales de acceso a la persona, que son el punto de partida de la relación de apoyo, van a favorecer un modo de ayuda y comunicación también cotidiano, abierto, fluido, cercano y humano. Existen otros canales como el horario fijo y la cita previa; la sala de espera, la ventanilla o la mesa de despacho con silla y sillón en lados opuestos; la ficha, formulario o solicitud escrita... que son más usados en instituciones y asociaciones. Estos canales, junto a algunas actitudes, con facilidad marcan distancia, crean indefensión y dañan la dignidad de quien trata de solicitar apoyo. Una mujer del grupo de Madres de Plaza de Mayo explica por qué empezaron a reunirse en la plaza: ... Y nos creamos porque en los otros organismos no nos sentíamos bien cerca; había siempre un escritorio de por medio, había siempre una cosa más burocrática. Y en la plaza éramos todas iguales. Ese “¿qué te pasó? ¿cómo fue?”. Éramos igual a la otra; a todas nos habían llevado a los hijos, a todas nos pasaba lo mismo, habíamos ido a los mismos lugares. 34

Y era como que no había ningún tipo de diferencia, ningún tipo de distanciamiento. Por eso es que nos sentíamos bien, por eso es que la plaza agrupó, que la plaza consolidó (Beristain, 1999). Cada forma de apoyo tiene diferentes ventajas. Ante una petición, la respuesta que da una institución o asociación puede ser muy diferente a la de una persona a título particular. Así lo pudo comprobar María. Una mañana, cuando estaba frente a su portal hablando con Rose, una amiga nigeriana, llegó un policía nacional de paisano y les pidió la documentación. Su amiga no tenía el permiso de residencia y la llevaron a la comisaría “para comprobar su identidad”, según le explicaron. María se quedó preocupada: “¿Qué van a hacer con ella?” pensé. Podían expulsarla, como habían hecho con otras mujeres, o maltratarla, como me pasó a mí. Yo sé lo que es estar sin papeles, sé lo que es que te lleven a comisaría. Estás sola, hace unas horas has dejado a tu hijo en la escuela, le das un beso, “hasta la tarde, cariño” ¡Y de repente ves que te pueden expulsar! Llamé enseguida a los abogados que están en la Oficina del Inmigrante que hay en el barrio, a ver si podían hablar con la policía, ir a comisaría y ver qué estaban haciendo con ella... Me dijeron que no se podía hacer nada, era la hora de cerrar su oficina y ya no podían hacer nada hasta el día siguiente. Después, camino de mi trabajo me encontré a un amigo de esa mujer, le conté lo que había pasado y él me dijo, “vete tranquila a trabajar, que voy a hacer lo que pueda”. Llamó a la Policía Nacional y no quisieron darle información, porque decían que solo informan a abogados, así que se fue corriendo a la comisaría para visitarla y hablar con la policía. Tras la detención de Rose, María pide ayuda a una institución municipal, la Oficina del Inmigrante, y a un amigo. En la oficina, donde trabajan abogados, personas más reconocidas por los funcionarios policiales, no dan ninguna respuesta, porque les preocupa cumplir su horario de trabajo. El amigo de Rose, que no es abogado, llamó a comisaría y fue a visitarla. Aunque María llamó primero a la oficina, porque sabía que los abogados tienen más capacidad de presión en estas situaciones, desde el punto de vista de Rose, quien le apoyó fue su amigo.

E. PEDIR
Una relación de confianza sienta las bases para que la gente se anime a pedir, a pesar de que es difícil. Se pide en situaciones más o menos extremas. David, un joven estudiante de Guinea Ecuatorial, lo explicaba así a un conocido suyo cuando le pidió ayuda para una gestión complicada: No te creas que es fácil hacer esto, no te creas que no me lo he pensado antes de pedírtelo... ¡Me lo he pensado mucho...! Tú hazte a la idea de que para mí es un esfuerzo, ¡yo esto no se lo pido a cualquiera...! no le pido a cualquiera que me consiga ese papel... Piensa que si yo pudiera arreglármelas no te lo pediría... Yo me siento mal, pero tengo que pedírtelo... ¡no tengo otro remedio! ¿Me entiendes? Se pide sólo en situaciones en las que uno no se puede manejar sólo, como explica David. Entre otras razones, porque al pedir se muestra cierta vulnerabilidad; porque pedir ayuda es pedir cierta dedicación de tiempo, energía, atención... Porque pedir coloca en una posición incómoda: de algún 35

modo quien pide se pone en manos de la otra persona y quizás haya de responder a sus planteamientos o exigencias. Quien pide, tiene interés en ser autónomo, en poder manejarse solo, por eso intenta que la ayud a dure lo menos posible. Además se minimiza la petición, o sea, se pide lo mínimo necesario para salir adelante, no más de lo necesario; de forma que suponga la menor molestia y tratando de ofrecer garantías. El pedir sólo cuando no vemos otro remedio, el minimizar la petición, el tratar de ofrecer garantías y de agradecer el favor, son gestos o actitudes en la búsqueda de ayuda entre personas y son posibles en un contexto de confianza. No siempre suceden cuando una persona se acerca a pedir a una asociación o institución.

F. LA CONFIANZA QUEBRADA
En la relación de ayuda, como en otras relaciones, hay engaños, hay expectativas de confianza que no se satisfacen. En estas ocasiones es posible dar una respuesta que no necesite recurrir al castigo, la venganza u otras actitudes deshumanizadoras. Como la respuesta de Simone, de Malí, a un paisano que le robó dinero: Simone llevaba entonces poco tiempo en Bilbao, y casi no hablaba castellano. Se alojaba en una pensión con un paisano, que le guardaba su dinero y se encargaba de pagar a la dueña de la pensión. A final de mes la dueña no había cobrado y su paisano se había marchado fuera de Bilbao. Meses después Simone le encontró y le pidió que le devolviera el dinero. Simone explica lo que sucedió entonces: Él me dijo, “espérate quince días y cuando cobre te lo daré”. Yo esperé unos días y después pensé, “si me espero los quince días va a ser peor. Él no me va a devolver el dinero, nos vamos a pelear, va a haber lío... Si le denuncio, igual va a la cárcel, y por robarme un dinero no merece la pena que el chico vaya a la cárcel, la cárcel no es buena para nadie... Así que mejor lo dejo”, y me fui a buscar trabajo en otro lado. Una respuesta que cuestione, que trate de impedir que se repita ese engaño. Así hicieron varias personas cuando un joven africano le dejó a Laura una deuda por más de cien mil pesetas: Yo no sabía qué decirle... Él entendía poco castellano, ¿cómo íbamos a discutir lo sucedido? Pensé que me había dejado engañar y que ya no había mucho que hacer. Nunca recuperé el dinero. “Dios sabe lo que ha hecho, Dios se lo cobrará”, me decía una amiga musulmana, mas no era esa mi forma de entenderlo. Lo que me dio mucha satisfacción fue saber que mis amigos africanos comunes le amonestaron por lo sucedido. Uno a uno, en diferentes momentos, me hicieron saber lo que habían hablado con él: le recordaron algunas suras del Corán que hablaban de esa actitud y le explicaron lo que suponía robar a alguien que ofrecía su casa y su confianza a los africanos.

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La gente que ayuda y pide ayuda es consciente de que si una persona rompe la confianza, la otra persona detiene también la relación de apoyo. Cuando sucedió lo anterior, Meib buscó a Laura y le comentó: Ese chico te ha engañado. Y no te ha dado ninguna explicación. Ni siquiera te ha mirado a los ojos cuando has ido a hablar con él después. Yo estoy muy enfadado con él, muy avergonzado. Tú ayudas a los africanos. Eres una buena persona ¡pero ahora quizás no vas a ayudar más a los africanos! Para Meib, el no mirar a los ojos es un signo de falta de sinceridad o claridad, y también el no dar explicaciones. Para él esas tres actitudes (no mirar a los ojos, no dar explicaciones, y engañar) van enlazadas en una sola.

G. EL APOYO MUTUO
Normalmente, entre gente que vive situaciones comunes de emigración, uno mismo puede ayudar en un momento y ser ayudado en otro. No se juega siempre el mismo papel. Otros animales actúan así, tanto entre especies diferentes, como el guiamiel y el tejón abejero: Un pájaro llamado guiamiel ha formado una asociación con el tejón abejero; el guiamiel localiza la colmena y conduce al tejón hasta ella, entonces el tejón rompe la colmena y se come la miel y las larvas de abeja. Después come el guiamiel. El guiamiel puede encontrar colmenas con cierta facilidad, pero no puede abrirlas, mientras que el tejón no puede localizarlas pero sí puede romperlas (Eric Pianka, 1982:216). ... como entre individuos de la misma especie, que es el caso de los murciélagos vampiros: Ciertos murciélagos vampiros de Costa Rica dedican parte de la sangre conseguida en sus salidas nocturnas a alimentar a otros murciélagos que están en estado de inanición porque no han podido conseguir alimento esa noche. Un murciélago que ha recibido sangre, el día que tenga éxito en su cacería alimentará a su vez a otros murciélagos (Helen Curtis y N. Sue Barnes, 1995:1082). La gente pasa por épocas más o menos necesitadas, con más o menos disponibilidad para ayudar. Teresa, a quien una vecina del barrio encontró durmiendo en la calle y la acogió en su casa, ha acogido después a otras mujeres. Jean, de Camerún, ayudaba económicamente a algunos paisanos suyos cuando tenía posibilidades y en otro momento, cuando estaba pasando una mala racha, fue acogido en casa de un amigo suyo. El ayudar y ser ayudado en diferentes momentos facilita que esta ayuda sea más fluida. Se entiende mejor el problema de la otra persona cuando se ha vivido algo similar. Por ejemplo, Jean explica un encuentro con un paisano: Ese chico me para, me pide un cigarro, me pide dinero. Él está enganchado, todo el día fumando... y me pide dinero. Es paisano mío, somos de la misma tribu, hablamos la misma lengua... Y yo le digo en nuestra lengua, “¿por qué me pides? ¿no ves que no tengo trabajo, 37

que no tengo dinero?”. Yo antes de estar así le daba al chico mil pesetas todos los días para pagar su comida y sus cosas. Le daba cuando me lo encontraba en la calle: “Toma, mil pesetas...” Después se me acabó el dinero. Ya no puedo ayudarle. Como no puede dar dinero a su paisano, le explica su negativa con claridad. Quien ayuda y es ayudado, cuando le piden, sabe bien lo que significa tener esa necesidad y tener que pedir, porque lo ha vivido. Cuando pide, sabe lo que significa dar, porque también ha dado cuando tenía posibilidad de hacerlo. Se puede ayudar en un momento y ser ayudado en otro momento, y también se puede dar y recibir apoyo al mismo tiempo, ya que en la relación de ayuda hay diferentes necesidades y diferentes capacidades para ayudar. Quizás al tiempo que se recibe una ayuda por dificultades económicas, ayudamos de otro modo a alguien cercano que está peor. Por ejemplo, Mansour, que recibía ayuda institucional para comer en un comedor social, a veces ayudaba a un paisano que no tenía acceso a esta ayuda. Mansour dice: La tarjeta para el comedor social... tú puedes pedirla y luego se la das a un amigo, a otro que no puede pedirla. Porque todos no pueden pedir... Si tú hablas bien español, puedes conseguir más fácilmente ayuda. Puedes explicarte, “Yo soy pobre, no tengo casa, no tengo dónde comer, yo tengo mucha hambre...” y te dan ayuda. Pero si tú no hablas bien, no puedes decir eso. Ellos no te entienden, no se fían y quizás no te dan ayuda. Por eso a veces uno pide la tarjeta para el comedor y se la da a otro amigo que necesita comida. Así hacía yo a veces. La gente aporta recordando cuando ha sido apoyada, sabiendo que otras veces aquel a quien da u otro le han ayudado, y considerando que esta actitud también le permitirá contar con apoyo en otro momento. Existe un dicho sobre la ayuda de ida y vuelta entre dos personas: “hoy por ti, mañana por mí”. Hay otra forma de expresar la reciprocidad en el apoyo: “a veces damos y otras recibimos”, que concibe el dar y recibir de un modo más global. En la vida todos damos y recibimos, aunque en cada relación particular no siempre sea así. Alí lo explica tras ayudar a Mohamed, un joven de Guinea Conakry para que saliera de la cárcel y, una vez fuera, animarle a buscar trabajo en el campo: Reunimos dinero entre algunos conocidos africanos y así él puede coger el tren y se va a Murcia a la lechuga. Me llama unos días después desde un pueblo de Murcia y me dice, “Alí, muchas gracias”. Yo le digo, “no pasa nada, Mohamed, algunas veces la ayuda es para uno, otras veces es para otro. ¡Nunca sabes en la vida con qué te vas a encontrar, nunca sabes lo que te va a pasar!”

H. AGRADECER
A alguien que ayuda, sea una ayuda grande o pequeña, se le recuerda de modo especial, se le agradece, como poco, con una consideración. Como lo muestra Sulaimán, de Senegal, a Katy. Ella trabajó en una asociación dando clases de castellano a inmigrantes, y Sulaimán fue su alumno. 38

Sulaimán se marchó a trabajar a Salou, y desde hace años llama a Katy por teléfono: Yo nunca te voy a olvidar, Katy, nunca te olvido. Nunca os olvidaré a vosotras. El español es muy importante. Vosotras me habéis enseñado a mí el español cuando vine aquí. Yo no sabía nada y vosotras me lo habéis enseñado a mi poco a poco. Ahora yo sé español, yo puedo hablar y entender... Vosotras sois muy buenas. Ahora yo estoy aquí en Tarragona, pero nunca te voy a olvidar. Gracias, muchas gracias... Se agradece una compañía, una relación abierta o una confianza. Se agradecen apoyos materiales como una gestión, un préstamo o la acogida en una casa. Aisha, que llegó de Marruecos hace veinte años a Bilbao con sus padres, explica: Hay un marroquí que estuvo en nuestra casa un mes, acababa de llegar de Marruecos. Estuvo un mes con nosotros, y luego se fue a vivir a Francia, encontró allí trabajo. Y el hombre viene todos los años a visitarnos. ¡Hace seis años que viene a agradecernos por aquel mes que estuvo con nosotros, y nos lo recuerda todo el rato...! Se agradece guardando un respeto especial hacia la persona que ha apoyado, un respeto entendido a veces desde la vivencia religiosa. Por ejemplo Simone, de Malí, le explicaba a Laura cuando ella le acogió en su casa: Yo estoy aquí en tu casa, yo no te pago, me das para dormir, como en tu casa... Si yo un día te veo en Barcelona, en Madrid, si un día me encuentro contigo y no te miro, a Dios no le va a gustar, entonces Dios no va a mirarme bien. Si tú te encuentras a una persona en la calle y la das de comer... le llevas a tu casa y esa persona duerme en tu casa y la das de comer... esa persona no te va a olvidar nunca. Quien recibe un apoyo y siente la necesidad de agradecer busca variadas formas. Hay muchos modos de dar cuando no se tiene casi nada. Estos son, por ejemplo, diferentes detalles que Laura recibió, según explica ella: Aquel año, Rosibel me regaló varias latas de la ayuda alimentaria de Cruz Roja. La primera y la última vez que acepto algo tan incomible. Teresa me dio una falda: a ella le acababan de dar dos iguales en el ropero de la parroquia, porque lo estaban desmantelando. Otro día me llevó a la pescadería con ella y me compró dos kilos de chicharro. Moustafá me trajo una lámpara vieja y unos pliegos de colores que encontró al lado de un cubo de basura. A Moustafá le encanta recoger y aprovechar cosas de la calle y no deja de admirarse de la cantidad de objetos que se dan por inútiles y se tiran. A los tres les había conocido en las clases de castellano que entonces se daban en el barrio. Rosibel era la alumna más aventajada. A Teresa no logré enseñarla a escribir. Moustafá, por último, estuvo unos meses como profesor, enseñando a sus paisanos. Nuestra amistad no había hecho más que empezar y es a través de pequeñas peticiones, agradecimientos e intercambios como avanzaría. 39

Quien presta un apoyo no suele esperar retribución, aunque este apoyo sí genera una necesidad de agradecer. Un agradecimiento no busca pagar la ayuda con algo equivalente, equiparable; no existen medidas. Se agradece desde la percepción y capacidades de quien recibió. Por eso a veces se agradece especialmente a las personas de la sociedad de llegada, de quienes no se espera ya un apoyo; o no se agradece a quien se tiene más cerca, como explica Aisha, que ha ayudado a muchos paisanos suyos, porque lleva mucho tiempo en Bilbao y se desenvuelve bien en esta sociedad: A un paisano, con quien tienes más confianza, le vas a exigir más cuando le pides y en un momento dado también le vas a reprochar. Esperas más de él. Si un paisano te ayuda, piensas, “es que es de los nuestros”, es como un deber ayudar, y entonces no se lo agradeces. Se agradece cuando se puede. Así como no tiene medida, el agradecimiento tampoco tiene un límite temporal. Cuando se está un poco mejor, quizás uno recuerde a quien le apoyó en otros momentos y le agradezca. Así hace Abubacar, un chico de Malí que vivió tres meses en casa de Cristina. Dormía con otros dos chicos en una pequeña habitación. Entonces no tenían trabajo. Compartían la casa con Cristina, su familia y otros chicos que realquilaban. Pasaban mucho tiempo en la casa, iban a la cocina cuando estaba libre, se hacían macarrones o arroz y se metían en la habitación a comer. Después de unos meses Abubacar se fue a trabajar al campo: Entender a Cristina era difícil, pero algo sí hablábamos entre nosotros. Estábamos juntos mucho tiempo. Su hija era muy lista... Han pasado años de aquello y aún me acuerdo mucho de ella. Ahora, cuando vengo a Bilbao y me los encuentro por la calle, le doy a Cristina algo de dinero. “Toma, mil pesetas”, le digo, “para que le compres algo a la niña”. La ayuda que genera una confianza, un respeto y reconocimiento, permite desde estos lazos que quien recibió ayude a su vez, muestre su disponibilidad: así, una ayuda posibilita otra a modo de agradecimiento. Se unen la persona agradecida con quien le ayudó y también con cualquier miembro del grupo o comunidad de esa persona. Se entiende que la persona es parte de una comunidad, y que sus actitudes son también las de su grupo. Se agradece ayudando, y de este modo se abren más posibilidades de apoyo. Recordemos lo hablado sobre la reversibilidad, entendida de forma global como “unas veces damos y otras recibimos”: si se ayuda a cualquier miembro del grupo con quien se identifica a esa persona, se promueve una refuerzo positivo del apoyo; cuanto más se da un apoyo, hay más posibilidades de que siga dándose. Cuanto más ayudas tú, más te ayudan; y cuanto más te ayudan, más ayudas de nuevo. En la relación de una persona con una institución o asociación es más difícil crear una relación abierta ya que hay una gran brecha entre quien ayuda y es ayudado. Pocas veces quien ayuda desde una institución o asociación se abre, se da a conocer, muestra su vulnerabilidad. Por eso hay poca retroalimentación a través del agradecimiento. Este ciclo de ayuda y agradecimiento existe como un valor cultural y de supervivencia. Una cultura donde el apoyo mutuo es importante, como sucede en muchas culturas de origen de los 40

inmigrantes, es también una cultura donde se sabe agradecer. Se sabe dar, esto es, ayudar en una dirección; y se sabe aceptar, recibir, o sea, ayudar en dirección inversa. Se sabe también agradecer, y así se da el refuerzo positivo de la ayuda. Se viven y entienden las tres acciones formando parte de un todo. A veces en culturas con menos arraigo de la ayuda y el agradecimiento, cuesta entender algunas actitudes. Sole explica lo que le pasó cuando contrató como empleada de hogar a una paisana de Faisal, de Marruecos: Después de quedar los dos con el abogado y hacer el contrato de trabajo, me llamó dieciocho veces... un montón de veces... Todo el mes estuvo llamando. Sonaba el teléfono, preguntaban por mí. “¿Qué tal estás, Sole? soy Faisal ” me decía. “Bien, bien”, respondía yo. “¿Qué tal estás?” volvía a preguntar, “¿qué tal todo? ¿qué tal la familia?”. Y yo pensaba, “eso es que le falta un papel y le da vergüenza decírmelo”. Yo pensaba que me llamaba porque necesitaba algo y me ponía nerviosa, porque pensaba “¡nunca acaba de pedírmelo”. Me ponía nerviosa ¡y no sabía cómo seguirle la conversación para que soltara lo que quería! Llamaba un día y otro día... Y al final me di cuenta de que no, que me llamaba para ver qué tal estaba y ya está. O sea, me llamaba porque estaba muy agradecido por el favor que yo le había hecho al contratar a su paisana... era su forma de agradecérmelo, creo yo.

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Todos soltamos un hilo, como los gusanos de seda. Roemos y nos disputamos las hojas de morera. Pero ese hilo, si se entrecruza con otros, si se entrelaza, puede hacer un hermoso tapiz, una tela inolvidable. Manuel Rivas, 1998 El lápiz de carpintero

Capitulo 4. “Así hacemos nosotros” LA AYUDA IMPLÍCITA
Hemos descubierto formas de apoyo que permiten superar un bache en la inmigración: surgen cuando alguien tiene una necesidad en una situación concreta, puntual, y pide o se le ofrece apoyo. A veces buscamos alguien que pueda apoyarle, tiramos del hilo de las amistades y los familiares. Creamos así una pequeña cadena de ayuda: yo le pido a otro, que a su vez pide a... hasta que mi amiga consigue aquello que necesitaba, ese empujón, esa información, ese dinero o recomendación. Todos conocemos y vivimos esta forma de apoyo. “Le ayudo”, “me ayuda”, explicamos cuando sucede. Hemos visto también apoyos que permiten salir adelante en lo más básico: situaciones variadas de inmigración, en las que todo un grupo de personas vive necesidades parecidas y entonces, sin que sea necesaria una petición expresa o una oferta verbalizada, se unen y se ayudan. Aquí el grupo, la cadena de apoyo no se forma ante una situación concreta como en la ayuda puntual. El grupo ya existe, es el grupo de los inmigrantes, el de los africanos, el de los paisanos... una amplia y fuerte red que permite ensayar a caminar por la obligada cuerda; aprender, a quien no le queda otro remedio que subir al trapecio, a balancearse con cierta seguridad, una red que anima e invita a entrar a quien lo necesita. La propia comunidad es el seguro de vida. Probablemente no todos conocemos esta forma de apoyo, que es más común en situaciones extremas y en ciertas comunidades y culturas. A menudo quien lo vive no le pone nombre, no lo define, porque está imbricado en lo más cotidiano. Ambas formas de apoyo se mezclan y se funden. No existen criterios para asignar en uno u otro apartado a cada peculiar situación de ayuda. No tratamos aquí de hacer una clasificación ni de dar títulos a una y otra. Lo importante es entender en qué consiste esta ayuda que con frecuencia se apoya en una red, en un grupo, en una cultura; y sobre todo ver cuál es su efecto en la vida de la gente. Respuestas cotidianas que acogen a la llegada, que arropan e incorporan al grupo, que permiten encontrar o aprender un oficio, manejarse en situaciones extremas, apoyar al pueblo de origen... logros de esta forma de vivir la ayuda que es necesario reconocer y promover, y sobre la que profundizaremos a continuación. 42

A. LA RED DE APOYO
Mirando las relaciones entre las personas de un grupo, nos daremos cuenta de que los lazos de apoyo o líneas imaginarias que las unen forman un entramado similar a una red de pesca. Por eso cuando nos referimos a las relaciones de ayuda entre las personas de un mismo grupo o las relaciones entre varios grupos hablamos a veces de redes de ayuda o redes de apoyo. Las redes de apoyo son efectivas en tanto que funcionan no sólo a nivel individual, para facilitar que alguien salga adelante, sino a nivel global, para que una comunidad de paisanos pueda mantenerse, y para que sea más factible todo un proceso migratorio. Una gran proporción de inmigrantes no tiene papeles, no puede hacer variadas gestiones administrativas, no puede cruzar fronteras libremente; otros, tengan o no papeles, no tiene derecho o acceso real a la asistencia pública social, educativa y sanitaria; la mayoría no tiene derecho a voto. Se mantienen por lo tanto al margen de lo que es la parte más formal del funcionamiento del Estado: el funcionamiento administrativo, la delimitación de fronteras, la asistencia pública y la participación electoral. No porque no quieran incluirse, sino porque se les excluye. A pesar de todo esto, la mayoría de los inmigrantes logra hacer vida en esta sociedad, lo que significa trabajar; tener una vivienda donde comer y dormir dignamente; tener cierta actividad social, cultural y religiosa; mantener vínculos con su familia y sociedad de origen, etc. Las redes de apoyo compensan en unos mínimos las limitaciones en derechos humanos básicos (salud, vivienda, educación, trabajo, circulación). Cientos de comunidades salen adelante gracias al apoyo entre ellos y ellas. Suárez afirma: La precariedad de los emigrantes, que viven entre dos o más Estados, relativamente desplazados de los dos, se contrarresta con actitudes y actuaciones basadas en las relaciones de apoyo y protección y las redes sociales. Estas redes superan las limitaciones de las fronteras geográficas, de la distancia cultural y de las barreras políticas (Suárez, 1996: 26). La forma en que circula el apoyo en una red se llama estructura de la red o modo de funcionar de la red. Veamos la estructura de la red de apoyo que se creó en torno a Mohamed, de Guinea Conakry, cuando estaba en prisión preventiva: APOYANDO A MOHAMED EN LA CÁRCEL ESTRUCTURA DE LA RED DE APOYO Cuando a Mohamed lo metieron en la cárcel, llevaba poco tiempo en el barrio y casi no tenía gente conocida en Bilbao. Durante los seis meses que estuvo en prisión varias personas le ayudaron. Algunas sólo le conocieron una vez fuera de la cárcel. Laura, que estaba entre ellas, explica cómo le apoyaron: Yo no le conocía. Alí me llamó un día, me contó lo que pasaba, que le habían metido en prisión... y yo averigüé quién le había tocado como abogado de oficio. 43

Llamé a Ainhoa, una amiga que trabajaba algunos días en la cárcel y le expliqué la situación. Mi amiga Ainhoa comenzó a hablar con él en sus visitas a la cárcel. Alí le hizo llegar dinero para que Mohamed pudiera llamarnos por teléfono. Y cada vez que Mohamed necesitaba algo, Alí me llamaba a casa y me lo comentaba. Yo le dí mi dirección a Mohamed y él me escribía cartas desde la cárcel. Escribía también a Alí y nos pedía a los dos que buscáramos y le lleváramos su ropa, que le lleváramos cosas de aseo. Nos pedía también que habláramos con su abogado de oficio. En realidad las cartas que recibíamos de la cárcel no las escribía Mohamed, las escribía su compañero de celda. Alí fue quien me pidió que ayudara a Mohamed ¡y una vez me vi animando a Alí a que le apoyara! Era yo quien le pedía a Alí que le enviara algunas cosas a Mohamed, porque él estaba cansado y escéptico. Cada vez que Ainhoa o Mohamed se ponían en contacto conmigo por carta o por teléfono, yo llamaba a Alí, llamaba a Oiane, una amiga abogada y llamaba al abogado de oficio para transmitirles las inquietudes de Mohamed y ponernos al día mutuamente. Más adelante Alí habló con algunos conocidos de Mohamed que vivían en el barrio. Opinaban que había que conseguirle abogado particular, porque quizás el abogado de oficio no estaba haciendo todo lo que podía. Ellos pensaron en reunir dinero entre todos para pagar uno en el caso de que Mohamed decidiera cambiar. Mi amiga Ainhoa le seguía visitando siempre que iba por la cárcel. Y me llamaba de vez en cuando para contarme cómo estaba. Alí me decía cuando hablábamos del tema, “¿quién es esa amiga tuya que trabaja en la cárcel? ¡Esa chica es muy buena!” Ainhoa me decía muchas veces, “este chico está muy sólo, está muy desesperado, este chico no tiene que estar en la cárcel, no ha hecho nada...” Me pedía, “llama al abogado otra vez”, “consíguele libros para que se distraiga un poco”, “quizás sea bueno hablar con el juez, inténtalo...”. Realmente, había momentos en que yo seguía apoyando a Mohamed porque mi amiga le apoyaba. Porque ella, que le veía de cerca, nos insistía. Y llamaba a Dominique, una amiga francesa, para que me prestara libros y le escribiera en francés, para que Mohamed lo pudiera entender mejor. Por eso él también escribió a mi amiga francesa. Hablamos muchas veces por teléfono con el abogado de oficio. Poco a poco él empezó a confiar en nosotras, y después empezó a creer en Mohamed. Conocí a Mohamed el día del juicio, que fue el mismo día en que salió de la cárcel. Sólo nos pudimos ver de frente en la sala en el momento en que los dos policías que le vigilaban se levantaron para esposarle y sacarle de allí.

Esta es la historia de cómo varias personas relacionadas entre sí apoyaron a Mohamed mientras él estaba en la cárcel. Vamos a fijarnos en algunos detalles de la historia, que nos indican como era esta red de apoyo a Mohamed: 44

Varias personas que no conocían a Mohamed estuvieron dispuestas a ayudarle a título personal, porque confiaban en amigos o conocidos comunes: Laura ayuda porque se lo pide Alí, confía en Alí; la abogada, Ainhoa y Dominique ayudan porque confían en Laura, quien a su vez confía en Alí. La red se fundamenta en relaciones personales, se construye a través de la confianza. A través de esos lazos de confianza, varias personas podían intercambiar información sobre la situación de Mohamed, sobre el mejor modo de apoyarle; hacer llegar dudas y peticiones y responder éstas (dudas sobre lo que había que hablar con el abogado, peticiones de ropa, de libros...); transmitir inquietudes, miedos o ánimo. Indirectamente, a través de la comunicación que establecieron, también intercambiaban la experiencia personal de cada una. La red de ayuda permite hacer fluir, hacer circular información y experiencias. Al compartir con alguien la experiencia e información personal, ésta puede ser de utilidad para todas las partes de la red, se hace de todos. La red permite prestar apoyos concretos, en forma de tareas o gestiones, y también permite hacer circular información y experiencias. Cada vez que se da un paso, que alguien hace una petición: Alí pide averiguar su paradero; Mohamed pide hablar con el abogado o con el juez; Ainhoa pide conseguirle ropa y libros... quien puede responde, y todos saben lo que sucede. Durante el tiempo en que Mohamed estaba en la cárcel la comunicación entre todas estas personas no cesó, si no era una persona, era otra quien ponía en marcha el flujo de información, quien llamaba para contar, para pedir, para preguntar... Tampoco abandonaron los esfuerzos por apoyarle, porque si una parte de la red se debilitaba, si alguien se cansaba o desanimaba, siempre había otro que le empujaba a seguir adelante: Alí p idió apoyo a Laura y después fue Laura quien animaba a Alí a seguir; Laura pidió apoyo a Ainhoa al principio, y después fue Ainhoa quien insistía a Laura; por último, Mohamed pedía e insistía a todos. La red se autorrefuerza constantemente. En capítulos precedentes hemos visto que el equilibrio, la igualdad y el agradecimiento permiten invertir el sentido de la ayuda. En este caso, la comunicación, al apoyo o el ánimo se da a veces en un sentido (Laura anima a Alí), otras en el sentido opuesto (Alí anima a Laura), y a la vez en varias direcciones (Laura llama a varias amigas). La red es reversible. Laura mantenía relación con algunas personas (profesionales, amistades y conocidas suyas, entre ellas Alí). Alí tenía relación con los africanos del barrio. Laura y Alí son como puntos de referencia, nudos de la red, que contactan de modo especial con otra gente. La red tiene personas clave o personas de referencia. Alí no conocía a las amigas de Laura; Laura no conocía a los amigos de Alí, ni los conoció después; y sólo Ainhoa, que entraba en la cárcel, conocía al compañero de celda de Mohamed, quien le escribía las cartas. Es decir, nadie conocía todos los eslabones de la cadena y a la vez había grupos de conocidos enlazados entre sí a través de personas clave. Por eso si fallaba un paso (por ejemplo, si Alí se desanimaba), no se detenía el flujo de ayuda en la red, porque podían funcionar otras ramas de la red. Había siempre un enlace con otra pequeña red, que refuerza el hueco dejado por alguna de estas personas. Es en conjunto una red formada por pequeñas redes o ramas. La red tiene ramificaciones. En el caso de Mohamed, la red de ayuda creada sirvió para prestarle apoyo jurídico, para darle ánimo y para hacerle llegar cosas a la cárcel. La red de apoyo funcionaba de forma diferente, según el momento o la persona que participara. Es una red flexible. La red funciona en situaciones diversas. No está especializada en una sola situación y modo de responder. 45

Cuando Mohamed salió de la cárcel, a pesar de llevar seis meses encerrado allí, su red de conocidos había crecido: se habían incorporado Laura, Oiane, Ainhoa y Dominique. Gente diversa, cada cual aportando lo que podía. Como la red de ayuda sugería diversas posibilidades de acción, podía participar gente con disposiciones y capacidades diferentes. Así es como la red podía crecer, aglutinando a gente variada. La red crece y se fortalece cuanto más se usa. Dado el primer paso, esa petición, esa respuesta, que sería como el ensayo primero de una ayuda, la relación de ayuda se hacía cada vez más cercana e intensa, más fluida, como lo explica Laura: Quienes nos conocimos a través de Mohamed y ensayamos por primera vez aquella red de apoyo, la volvimos a usar en sucesivas situaciones. Sabíamos que podíamos confiar en las otras personas para hablar de cuestiones delicadas. Sabíamos para qué podíamos contar con cada una, desde nuestra experiencia y capacidades. Encontraremos y reconoceremos estas características a menudo en las situaciones de apoyo en grupo, en red, que veremos a continuación.

B. APOYO EN SITUACIONES EXTREMAS
Hay momentos en los que casi todo el mundo está dispuesto a aportar o ayudar, y otros en los que no. De algún modo, se priorizan unas situaciones frente a otras. Hay situaciones en las que subjetivamente se ve más necesaria la ayuda, más apremiante o más obligada éticamente, situaciones más difíciles de llevar en soledad, más extremas, como la muerte y el encarcelamiento.

MUERTE
La muerte fuera del lugar de origen es uno de las situaciones en que casi todas las comunidades se unen para dar respuesta, y dentro de la comunidad, todos aportan, sobre todo si la persona muerta no tenía familiares en el lugar donde residía. Vicky, mujer angoleña que lleva cuatro años aquí con su marido, también angoleño, y que tiene una hija pequeña, decía sobre sus paisanos: Nosotros yo creo que casi no nos ayudamos, pero lo que sí hacemos entre todos es juntar dinero para llevar un cadáver... Siempre que ha muerto un africano hemos juntado dinero para llevarlo a África. Los ritos funerarios y de duelo son necesarios para muchas familias y comunidades, permiten reconocer la pérdida, facilitan la expresión del dolor, mitigan la separación, ayudan a garantizar el orden social y a honrar la memoria de la persona muerta (Bowlby, 1980). La necesidad del duelo, las tradiciones de cada cultura respecto a la muerte, el valor afectivo de la muerte de un ser cercano y querido... hay muchos factores que hacen de la muerte fuera de “casa” una situación universal a la hora de apoyar. Especialmente si hablamos de países con poco desarrollo económico y poca cobertura social, donde no se va a contar con el apoyo de las embajadas para la 46

repatriación del cadáver, o no hay una cobertura del sistema de seguridad social para estas situaciones. Algunos motivos de muerte de inmigrantes africanos y magrebíes en los últimos años en Bizkaia son enfermedades (cáncer, pulmonía, sida), agresiones y suicidios. Cuando un inmigrante muere se hacen colectas de forma muy organizada y casi todos participan en ellas. La noticia de la muerte llega con rapidez a todos los conocidos, paisanos o hermanos de cultura, religión o continente. Todos entienden la necesidad de repatriar el cadáver y permitir un duelo y enterramiento dignos, acorde con su cultura y religión, y según los deseos de su familia. Así como la información pasa de boca en boca, las donaciones anónimas pasan de mano en mano hasta llegar a las personas encargadas de recoger el dinero y hacer las gestiones para enviar y acompañar el cadáver. En la comunidad senegalesa, por ejemplo, una persona cercana se encargará de viajar a otros lugares del país donde viven paisanos a llevar la noticia y recoger dinero. Frente a estas situaciones en las que prácticamente todas las comunidades y personas se unen y se establece automáticamente una red de apoyo, en otros casos no es así. El apoyo dependerá del momento y la persona. Por eso Aidalina, de República Dominicana, dice: Está muy bien que nos movamos cada vez que se muere una chica, pero lo que hay que hacer es para antes de muerta, antes de morirnos tenemos que ayudarnos, ¿no? También depende de cada cultura y religión, y del tiempo que la comunidad emigrante lleva asentada aquí. Min, de China, que lleva veinte años en Bilbao, apunta: Para nuestros padres igual era muy importante la forma de enterrar a los muertos. Hacerlo, por ejemplo, según la tradición budista, hacerlo en una caja de madera especial, de muy buena calidad, que es muy cara... Nosotros ya no lo vemos igual. Yo si me muero, que me dejen aquí, ¿qué más me da? Ya estoy muerto. Quizá mi madre no lo ve así, pero eso es lo que pienso yo... Las catástrofes en el país de origen son otras situaciones en las que se hacen colectas. Min explica sobre los chinos: Hace uno o dos años, el año de las inundaciones en China, mucha gente se quedó sin casa, y luego había un montón de enfermedades que se transmiten por... el tifus y otras... En Bilbao recogimos dinero, reunimos entre todos y lo hicimos llegar a China a través de la embajada.

ENCARCELAMIENTO
Las precarias condiciones de vida y de documentación personal de muchos inmigrantes junto al tratamiento que se les da en el ámbito policial y judicial hacen frecuentes las detenciones, el pasar días en comisarías o calabozos y el ser ingresado en prisión preventiva aunque esté acusado de pequeños delitos, con el argumento de “falta de arraigo” o “falta de un domicilio de referencia”. En estas situaciones, si no hay familiares o amigos cercanos, puede que nadie se extrañe de su 47

ausencia, que nadie le eche de menos, pregunte por él, pida explicaciones o denunciar su desaparición... Por eso es tan importante estar al tanto de esta gente que está más sola, más aislada. Alí, de Gambia, se preocupó tras algún tiempo sin ver a Mohamed: Pasaron quince días y yo no veía a Mohamed en la calle. Preguntaba por él y nadie le había visto. Y yo pensé, “a este chico igual le han detenido, igual está en la cárcel...” Yo sabía que él andaba my mal, no tenía dinero, no tenía trabajo, andaba trapicheando... Él estaba solo, no tiene nada de familia aquí, no tenía amigos... Y yo pensé, “igual le ha cogido la policía, igual está en la cárcel”. Y llamé a una abogada para ver si ella podía averiguar dónde estaba. No es extraño, por ejemplo, que algunas personas pasen tres días en comisaría sin que nadie más que la propia policía o jueces sepan nada de ellas. En las situaciones extremas en que viven los y las inmigrantes, muchos han pasado meses en la cárcel sin comunicación con el exterior, antes de que alguien más o menos cercano se diera cuenta de su ausencia en el barrio o pudiera averiguar su paradero. En cuanto a la situación de los extranjeros en las cárceles del País Vasco, el Ararteko afirma, entre otras cosas, que existe lentitud en los trámites con su documentación, que no les informan de sus derechos, que tienen dificultades para las comunicaciones, desatención de abogados y denegación de permisos (1996:129-130). La cárcel es en definitiva un ambiente muy cerrado, poco transparente. Por ejemplo, la comunicación con una persona presa se permite sólo si es a iniciativa de ésta. No es posible llamarla por teléfono (ha de llamar ella, si tiene dinero) o ir a visitarla directamente (ha de hacer una “autorización” previa de la visita), no se aceptan envíos de paquetes por correo y no todas las cartas llegan. Por eso no fue fácil que Mansour localizara a Tom, su paisano. Veámoslo: Mansour y Tom salieron de Sudán durante un conflicto y por vías diferentes. Años después se encontraron en Bilbao, y eran los dos únicos paisanos en la ciudad. Tom era toxicómano. Por temporadas dormía en las ruinas de una fábrica del barrio de Rekalde, junto con otros toxicómanos africanos. Otras veces en los bajos de un edificio de Renfe, junto al muelle de la ría de Bilbao, y otras pasaba las noches bajo el puente de Atxuri. Cambiaba de lugar donde dormir cuando la policía le molestaba, pero donde adquiría la droga era siempre el mismo sitio. Por eso Mansour se lo encontraba de vez en cuando por la calle San Francisco. A veces Tom le daba una bolsa de ropa sucia y Mansour la lavaba en su casa. Mansour empezó a dudar si a Tom le había pasado algo tras mes y medio sin encontrarse con él por la calle. Mansour estaba nervioso y preocupado. “Igual está en la cárcel... igual está muerto... Un día aparece muerto en la calle, un yonqui muerto, un negro muerto, y nadie se va a enterar...”. Decía. Preguntó a la gente que le veía a diario en la calle y a los comerciantes africanos que le conocían. Nadie la había visto desde tiempo. Había que averiguar dónde estaba Tom. Empezaron por los hospitales, después intentaron en las comisarías de la Ertzaintza y de la Policía Municipal y en la Prisión Provincial de Basauri, pero en estas últimas no informaban: “sólo podemos decirlo a un familiar suyo, lo siento, entienda que debemos proteger su intimidad”. ¿Cómo confirmar si estaba ahí? Recurrieron a una persona que trabajaba dentro de la cárcel y ella les confirmó que Tom llevaba allí dos meses. 48

A quien no ha estado nunca dentro ni cerca de una institución tan cerrada como la cárcel, sólo le queda imaginar o tomar como modelo las cárceles de su país. Alí decía: Muchos tenemos miedo, no sabemos qué es la cárcel, pensamos que si vamos a ver a un amigo a la cárcel nos coge la policía y nos mete para adentro. Tenemos mucho miedo de acercarnos, no queremos que nos vean por allí... Luego la conoces, y te das cuenta de que la cárcel aquí es otra cosa, no es como África. Aquí en la cárcel no estás mal, te tratan bien. Solo que no puedes trabajar, pierdes el tiempo, no puedes mantener a tu familia si estás en la cárcel... Y Ousman, de Senegal, dice: Nunca he ido a visitar a nadie a la cárcel. Nosotros pensamos que cuando alguien hace algo malo, algo que nos gusta, si vamos a verle a la cárcel van a pensar que somos como él, que hacemos mal... por eso muchos no vamos. Gilberto, de Cabo Verde, intentaba visitar a sus amigos en la cárcel, y se frustraba porque no le dejaban. Hasta que le explicaron cómo tenía que hacer: Primero mi amigo tenía que rellenar una solicitud con mis datos, nombre, apellidos, el nombre de mi padre y de mi madre, el número de residencia, mi fecha de nacimiento... Claro, él no sabía todo eso, así que yo tenía que enviarle una carta por correo primero o esperar a que me llamara por teléfono, pero eso no era fácil, ¡porque él solo podía hacer una llamada de teléfono a la semana!... Y cuando ya estaba todo, yo tenía que llamar para pedir hora para el fin de semana. Ahora ya sé cómo hacerlo, y cuando meten a alguien, voy a visitarle. Me dejan verle durante veinte minutos a través de un cristal, y hablo con él por un telefonillo. Antes, como no sabía, iba allí y no me dejaban verle. A pesar de la dificultad que supone, muchos inmigrantes hacen visitas a sus familiares, amigos o paisanos en la cárcel. Y se hacen las gestiones que haga falta para conseguir, por ejemplo, objetos de culto religioso musulmán (rosarios y alfombras para rezar, coranes...) o para establecer contacto con representantes de otras religiones africanas.

C. LA ACOGIDA
La acogida, en las situaciones que viven las personas que emigran, más aún cuando residen en un barrio excluido de atención social, es uno de los ejes que posibilita su supervivencia. Nos referimos a la acogida en lugares de la vida cotidiana, nos referimos a la acogida que da calor humano cuando se acaba de llegar o en otros malos momentos. Hay espacios que son más adecuados para la acogida, para establecer relaciones de apoyo. Uno de ellos son las casas o pensiones donde conviven paisanos o gente de lugares diversos, y otro son algunos bares y tiendas de inmigrantes. 49

La gente que emigra está dispuesta a acoger en su casa, porque sabe que es importante para echar a andar o para salir de un bache. Esto lo tiene claro Ghizlain, de Marruecos: Yo conocí una chica marroquina, esa chica era muy buena... Hace mucho que no sé nada de ella, y me han dicho que ahora está muy mal, que está sola, bebe mucho y lo está pasando muy mal... Mira, ¿sabes qué te digo? Si yo la encuentro ahora, la voy a ayudar. Si yo me la encuentro por ahí un día la voy a llevar a mi casa, la voy a tener allí y le voy a dar lo que necesita, lo que sea... Miriam, que ahora trabaja como empleada de hogar, no se lo pensó mucho cuando le llamó por teléfono una antigua compañera de trabajo. Miriam recuerda: Esa chica... era de Nigeria, era muy joven, hace tiempo que no sabía nada de ella, y un día me llama por teléfono, me dice, “mira, Miriam, estoy muy mal, estoy enganchada, no tengo dónde dormir, déjame ir tu casa...” Yo la dije que sí... “venga, vente a mi casa”. Y al día siguiente me dice, “mira, mi novio también está enganchado, está como yo, en la calle...”. Y la digo, “bueno, llama a tu novio, que venga...”. Y estuvieron unos días en mi casa. Estar dispuesto a acoger a alguien significa tener la casa abierta y darle las cuestiones básicas para vivir: lecho, comida, ropa, conversación, compañía y hasta apoyo para la inserción laboral, haciéndole sentir bien, “como en su casa”. Como ofreció Cristina, de República del Congo, a una joven conocida que llegó a Bilbao con una niña de pocos años. De un día para otro, Cristina las acogió en su casa, les dio cama y comida, le buscó trabajo, se quedó a cargo de su hija pequeña, y empezó a hacer gestiones para conseguir ropa para la niña y matricularla en una escuela. Así lo explicaba Cristina el día siguiente a la llegada de esta joven: Llegó desde Francia ayer por la tarde. Se ha venido, porque allí su tío le estaba tratando muy mal y ella no aguantaba más. Ya la hemos encontrado trabajo en una casa, esta mañana ha venido una vecina a recogerla para llevarla... Y esta niña que me sigue a todas partes de la casa... claro, la madre no está y como sólo me conoce a mí... Hemos puesto una colchoneta detrás del sofá y ahí han dormido. Está sin nada de ropa... le quité la ropa que llevaba para lavársela, y resulta que no tenía más, había venido con lo puesto. A ver si podemos apuntar a la niña a la escuela y conseguir ropa cuanto antes... Dicen que hay unas monjas allí arriba que dan ropa un día a la semana. En la acogida no se disponen plazos de antemano, se ofrece vivir con la familia o el grupo, hasta que pueda salir adelante por sí mismo. Así conoció Carmen a su amiga Teresa, pocos meses después de que llegara a Bilbao con su compañero y su hijo pequeño. Carmen dice: Una noche me los encontré a los tres sentados, acurrucados en las escaleras de ahí abajo. Estaba lloviendo y como además hacía viento, se notaba mucho el frío. A mí me dio pena ver al niño tan pequeñito llorando en brazos de su mamá... Yo les pregunté que por qué estaban ahí y me dijeron que no tenían donde dormir, que les habían cerrado la casa que alquilaban y les habían tirado las cosas, la ropa y todo a la basura. Ellos me lo explicaron en portugués, por eso me fue fácil entenderles, yo soy gallega... Así que les dije, “vénganse a mi casa”... Yo les dejé libre una habitación y comíamos juntos en la 50

cocina... Y así pasamos juntos unas semanas. Hasta que tuvieron para volver a alquilar otra casa. La acogida es un espacio de apoyo a la persona, un espacio que resuelve algunas situaciones vitales, ya que es un ambiente cercano y sin límite temporal previamente establecido. Una persona que se siente sola, que tiene un trauma o está deprimida, encuentra en la acogida distracción, compañía y conversación. Veamos qué supone la acogida para Samir, de Somalia: Samir no podía trabajar con contrato porque era solicitante de asilo. Él trabajaba en la venta ambulante por calles y bares, y dejó su trabajo porque se sentía muy rechazado por la gente, así que cesó su única actividad física. Cuando empezó a vivir de la ayuda social exclusivamente, no tenía una rutina que le obligara a salir de casa a diario, y como pasaba mucho tiempo encerrado estaba muy aislado. Parecía difícil que saliera de esa situación. Iba a veces a visitar a su amigo Mario, de Perú. Mario estaba preocupado por Samir: Y nosotros veíamos que no estaba bien. Hablábamos entre nosotros y decíamos, “este chico está mal, está muy solo, vamos a decirle que venga a casa. Necesita compañía, este chico no puede estar solo”... Y le insistimos, “vente a casa, puedes dormir en la sala, te buscamos un armario y una cama, y duermes ahí”... se lo dijimos muchas veces y al final se vino. Mario y los otros compañeros de piso fueron su apoyo en esa temporada. Fueron su compañía, su conversación, su acompañamiento para hacer gestiones. Se llevaban bien, comían siempre juntos y a veces salían al monte. Más adelante animaron a Samir a que se apuntara a un curso de electricidad y le acompañaron en las gestiones para matricularse. Mario estaba satisfecho de ese logro: Ya sabemos que no le servirá para trabajar... pero este chico necesita salir... ¡Este chico no puede estar todo el día encerrado en casa! Teníamos que hacerle salir... Ahora por lo menos sale todos los días de casa, y pasa distraído un rato... ¡eso ya es bastante para él! Recordemos que en la emigración hay un antes, una historia cultural, social y personal previa, donde se encuadra el presente. Aunque la gente esté lejos físicamente, esa historia no desaparece; aunque sea difícil de conocer y reconocer por la sociedad a donde llegan, la historia les afecta. Estas situaciones dejan efectos, consecuencias, dejan traumas, y se mezclan con otras dificultades. Así, estas aportaciones se convierten en un modo de rehacer la vida dentro de un grupo o tejido social. Las personas como Samir, que en su experiencia de inmigración sufren traumas o dificultades psicológicas, es en la gente cercana donde encontrarán comprensión; son otros inmigrantes los pocos que quizás estarán dispuestos a permitir y respetar sus reacciones difíciles, sus altos y bajos. Shamsuddin, de India, explica sobre un paisano suyo: Ese hombre... si se quedaba solo se ponía a llorar. Llevaba muchos años sin papeles, lo había intentado todo, y no conseguía los papeles. Lejos de su familia, sin poder salir... Tenía más de cuarenta años y le veías llorar con una facilidad... Y unos dolores de cabeza que no le dejaban dormir. Yo no lo podía dejar solo. Siempre estaba con miedo, no podía sacarse la tensión del cuerpo... 51

Y Hafida, que estaba sin trabajo y vivía sola, por temporadas se venía abajo porque no veía cómo salir adelante y poder mantener a su madre en Marruecos. Cuando Hafida estaba en casa de sus paisanas, se sentía diferente: Hay unas paisanas mías que tienen una casa muy bonita. La han arreglado ellas poco a poco... Tienen un salón como los de Marruecos, con los sofás, la mesita y todo igual, la tapicería de Marruecos también... Yo voy a visitarlas a veces. Y cuando estoy allí en la sala, tomo el té con ellas... y con el té y en el casete la música árabe, yo me siento tan bien... ¡es como si estoy en mi pueblo! A veces pienso, “si me voy a vivir allí con ellas me curo”, ¡se me pasa la depresión! Estoy allí, en esa casa, con el té y todo... ¡y ya me pongo bien!... ¡entonces puedo salir, buscar trabajo y hacer lo que sea! Muchos emigrantes tienen más posibilidades de trabajar en unas cosas que en otras, y sólo tienen acceso a los trabajos más duros. Esto significa que trabajan a veces en situaciones de mucho estrés psicológico: trabajar en la venta ambulante, vender por las calles y bares de noche supone oir a diario risas y comentarios despectivos; trabajar como prostituta significa tener que asimilar muchas situaciones inaceptables humanamente. Esta gente necesita vivir con esto, aprender a llevarlo; necesita mantener su dignidad a pesar de ello; y es través de la compañía, del intercambio de vivencias donde encuentra salidas más fácilmente, ya que compartir las experiencias ayuda a reconocer y entender lo que vivimos, a sobrellevarlo. Así lo vivía Paula, de Guinea Ecuatorial, cuando trabajaba en la prostitución: Yo recuerdo a una chica... Esa chica, cuando trabajábamos en el alterne, vivía sola. Yo también vivía sola. Nos conocemos del trabajo, a veces nos encontramos también en la calle, haciendo recados... Y entonces un día me dice, “vamos a comer juntas... ¿eh? Tú vienes a mi casa y comemos juntas...” Ella venía todos los días y comemos las dos como en nuestro país... ella cocinaba muy bien... tomamos un café después, charlamos... Unas veces prepara ella la comida, otras veces compro yo las cosas, subo a su casa y le ayudo. A veces ella tiene más tiempo para cocinar, otras veces yo... Hablábamos mucho, y ella me enseñaba muchas cosas... porque llevaba en esto más tiempo que yo, tenía más experiencia... y me enseñaba muchas cosas de la vida. Ella me enseñó mucho. Bueno, yo también le enseñé. Yo le contaba otras cosas que sabía y que ella no conocía... Las dos aprendíamos... las dos lo estábamos pasando mal. Y así nos apoyábamos... Muchas situaciones parecidas a las que viven Samir, el paisano de Shamsuddin, Hafida y Paula son poco reconocidas y atendidas por las instituciones de la sociedad de llegada, que suelen atender necesidades más materiales, más fáciles de medir. Además, algunas vivencias traumáticas que se necesitan abordar sólo pueden contarse a quien vive algo similar, ya que se trata de situaciones fuera del margen legal, difíciles de entender o que requieren mucha discreción. No poder contarlas crea un conflicto interno, un sentimiento de ambigüedad, de incomprensión o aislamiento. Por lo tanto donde primero pueden y deben ser 52

abordados estos temas es en espacios cerrados, casas y tiendas donde se habla relajado y en confianza. Las casas de paisanos son un espacio de acogida y también un espacio donde se puede vivir la propia cultura. Conviviendo con paisanos se vive la cultura a través de la comunicación en la lengua materna, a través de las imágenes culturales, de comidas y bebidas, a través de pequeños detalles de costumbres cotidianas... así es como nos reconocemos como parte de nuestro grupo cultural. Todos nos identificamos con una o más culturas y necesitamos mantenerlas, vivirlas. En el caso de los inmigrantes, esto les dará fuerza para sobrellevar sus problemas y ser más capaces de incorporar otras formas culturales. Como dice Maalouf: Cuanto más perciba un inmigrado que se respeta su cultura de origen, más se abrirá a la cultura del país de acogida (1999:55). Es posible que una comunidad de paisanos acoja a gente de otras culturas o países. Samir explica cómo le acogieron en la comunidad senegalesa meses después de llegar a Bilbao: Yo solicité asilo político. Entonces tuve una ayuda de la Cruz Roja durante unos meses, porque siendo solicitante de asilo no me permiten trabajar. Luego se acabó la ayuda. Yo no tenía aquí nadie de mi país, estaba muy solo. Conocí a unos senegaleses en el barrio. Los senegaleses son muy buenos. Aquí viven muchos senegaleses, unos en un piso, otros en otro... hay muchos senegaleses. Un día me dijo uno de ellos: “Samir, vente a vivir con nosotros, estás con nosotros en casa, sabes que aquí siempre vas a tener para comer. Duermes aquí conmigo, mientras conseguimos un colchón. No gastes en alquiler... Tú compra algo de género, lo vendes por la calle y con lo que vayas vendiendo podrás comprar algo más... así puedes ahorrar un poco...” Yo estuve con ellos más de un año. Comía con ellos... comía arroz, los senegaleses siempre comen arroz, arroz con carne, arroz con pescado... Y trabajaba con ellos. Poco a poco ahorré algo, hasta que me cambié a otro piso de senegaleses, ¡y esta vez ya podía pagar alquiler y comida! Ellos entienden que es el grupo de paisanos de cada cual el que podría arroparle en esa situación. Cuando no existen familiares cerca, algún paisano puede acoger. Y si no hay paisanos, otras personas cercanas pueden hacerlo. Vemos asimismo en qué puede consistir la acogida: la comunidad senegalesa le brinda a Samir techo y comida, le ofrece compañía, y también le garantiza su entrada en el mercado laboral. Con frecuencia el realquiler o la pensión donde se alojan los inmigrantes es inhóspita y desoladora. Además mucha gente que emigra viene de lugares donde la vida social y familiar se desarrolla en la calle o en el patio más que en el interior de la casa y siempre en grupo. Este es el caso de muchos africanos. Por eso, no sólo la casa de unos paisanos o conocidos puede ser espacio de acogida. Una carnicería musulmana, una peluquería africana, una tienda de bisutería regentada por senegaleses, un restaurante chino, un bar bereber... diversos locales llevados por inmigrantes o con ambiente multicultural puede convertirse en lugar de acogida para musulmanes, africanos, senegaleses, chinos, bereberes... Espacios de intercambio de información, donde pasar al baño o sentarse largas horas junto a la estufa, donde charlar con conocidos, distraerse y olvidarse por un 53

rato de los problemas que obsesionan. Como explica Baba, de Senegal: Llego del mercadillo, cuando me toca preparo el arroz, comemos, echo una siesta y salgo a la calle. Yo paso la tarde en las tiendas de mis amigos. Estoy un rato con un amigo, luego con otro. Estoy en su tienda y entran otros paisanos, hablo con ellos, arreglamos asuntos del trabajo, comentamos cosas... Los senegaleses nos encontramos en algunos bares. Siempre vamos a los mismos. Vemos la televisión, el partido. En la tienda a veces también vemos la televisión, o escuchamos música o cintas del Corán. Entra la gente a comprar y me distraigo, aprovecho para charlar, para saber dónde está un paisano con quien tengo que hablar. Hay dos o tres sillas en la tienda y siempre están ocupadas. Espero hasta que mi amigo cierra la persiana y si hace buena noche nos quedamos un rato hablando en la calle. Nosotros somos de estar en la calle y nos gusta estar con la gente... no nos gusta estar solos. Las fiestas son otra forma de apoyo mutuo. Ghizlain explica cómo hacía una paisana suya: Había un paisana mía que estaba muy sola, sin familia... a veces hacía una fiesta en su casa, porque otros paisanos vivían en pensiones, realquileres... ¡no podían hacer eso en la pensión! y nos juntábamos algunos paisanos, los que andábamos así solos y algunos que llevaban poco tiempo aquí, que habían venido hace poco y no estaban acostumbrados a esta vida. Tomábamos algo, bebíamos, nos reíamos. Una fiesta es un espacio de distracción, de encuentro, de reunión con paisanos, y a la vez, como en las casas y tiendas, permite compartir tradiciones culturales, recuerdos de la tierra de origen. Quizás esta es la razón por la que las asociaciones formadas por inmigrantes ponen interés en la organización de fiestas. A veces este tipo de actividades es menos valorado por las asociaciones de apoyo a inmigrantes, que se dedican más a la ayuda puntual, la asesoría y la sensibilización y denuncia. Los comercios y bares transformados en espacios de encuentro y acogida, son posibles en barrios de inmigración, porque son espacios cotidianos y grupales. Un espacio de encuentro fuera del lugar de vida o de residencia deja de ser un espacio cotidiano, donde pasar por casualidad. Esa tienda que permanece abierta o a media persiana todo el día de lunes a domingo, fuera de un barrio de inmigración deja de ser el punto de referencia de muchos canales de ayuda como recados, mensajes o contactos. Estos espacios son abiertos, no tienen medidas, como los concibe Aisha: Para nosotros los marroquíes el espacio no es igual que para vosotros. Vosotros decís, “ven, hay camas suficientes”, o bien “no hay bastantes habitaciones, no puedes venir”. Nosotros decimos, “pasa”, “entra”. Lo de menos es si va a dormir compartiendo cama o en la sala sobre unas mantas dobladas. Siempre hay sitio. Algunos sitios pueden ser espacios de acogida con más facilidad que otros. Vamos a ver el ejemplo de la casa de Cristina: Por la casa de Cristina ha pasado en los últimos cinco años mucha gente, gente de todas las edades y tonos de piel: mujeres marroquíes solteras, parejas bilbaínas, mujeres africanas 54

con niños pequeños, jóvenes africanos que no tienen familia; gente abandonada por su familia, o sin empleo, o mujeres que trabajan en clubes, gente que trapichea con droga ilegal... Algunos han estado unos meses, unas semanas, otros varios años. Unos alquilan habitación, otros se alojan sin pagar nada, al menos mientras empiezan a salir adelante. Cristina también ha estado al cuidado de niños algunas temporadas, cuando sus madres iban a trabajar fuera de Bilbao. Su casa es muy grande y tiene habitaciones alquiladas, pero no es una casa de alquiler solamente. La casa de Cristina es también lugar de llegada. En el barrio no hay muchas mujeres africanas en su misma situación: Cristina no tiene trabajo fijo; en casa trabaja siempre, y a veces también trabaja cocinando en bares, planchando o limpiando casas; Cristina no es muy joven ni muy mayor, vive con su marido y entra y sale de su casa con cierta libertad. En esta situación que vive y con su forma de ser, es más posible que en su casa se sientan acogidas personas muy variadas; que sea un espacio donde gente con problemas de vivienda, laborales, de soledad, etc. pueda encontrar un hueco.

D. EL APOYO ENTRE PAISANOS
En anteriores apartados hemos visto muchos ejemplos de apoyo entre paisanos. La acogida entre senegaleses que ofrece casa, comida, compañía y trabajo, el ánimo que Hafida encuentra en la casa de sus paisanas marroquíes, el apoyo entre Paula y su paisana ecuatoguineana. Nos será fácil entender entonces que entre paisanos existen unos lazos de confianza implícitos, por ser del mismo país o la misma región cultural. Idir, de Argelia, explica qué significa para él la relación con sus paisanos: Entre nosotros hay una confianza como hermanos, te abres para todo, no sé cómo decirte... Con ellos puedo charlar y hacer bromas a mi estilo, trivializar, y hacerlo en mi lengua. Vienen cuando quieren a casa, tomamos café... Y nos ayudamos en pequeñas cosas. Gestiones con la residencia, el empadronamiento, los papeles del IMI... Uno que tenía un problema médico, le acompañas, consigues que le atiendan... Me gusta ayudarles, me siento bien. Ellos responden siempre que les pido, para subir unos muebles a casa, para hacer unos arreglillos, unas chapucillas... Son pequeñas cosas pero me hacen estar bien, me dejan bien. A veces no importa si no le conoces, estás dispuesto a apoyar a alguien sólo porque es de tu país. Por eso Alí contaba de un paisano suyo: Yo leí en el periódico que un señor había disparado a un chico de Gambia. Yo sabía quién era ese paisano mío porque le había visto en un bar. Él me oyó hablar y me dijo, “¿tú de dónde eres?”, yo soy de Gambia, y él me dice, “yo soy de Gambia también”... y hablamos un rato. Yo leí eso en el periódico y fui al hospital a preguntar por él, fui a su habitación, estuve hablando con él y luego cuando sale del hospital voy a visitarle a la casa donde estaba.

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Quizás es fácil de entender con un ejemplo inverso, el de unos españoles residentes en Gambia que apoyan a dos pescadores españoles retenidos durante meses en la capital: Antonio y Domingo no se cansan de alabar a la que llaman “su familia”. Algunos de los pocos españoles que residen en Gambia han formado una piña alrededor de los dos marineros retenidos. (...) A Antonio le gusta llamarles “tios” a estos extraños compañeros de viaje. Y tío este y tío el otro les han ayudado a sobrevivir en un ambiente extraño. (...) han facilitado a estas personas sobrepasar el trago de la distancia y la desolación sin perder la razón (Santiago Fuentes, 1998:17). Y Jawad, de Marruecos, ayuda a pasar la frontera a paisanos que viven fuera de Bilbao. Lo que importa es que son paisanos: Muchas veces llega un paisano a Bilbao, no tiene papeles, no tiene nada... yo no le conozco, viene desde Logroño, por ejemplo. Y me dice, “yo quiero ir a Francia, quiero que me ayudes a pasar...” Yo le digo, “ven a mi casa”. Está conmigo en casa unos días, come y duerme conmigo... y un día nos vamos juntos a Hendaia, le acompaño hasta allí ¡He acompañado a mucha gente! Llegamos a la frontera y yo le digo, “bueno, yo soy tu amigo, te acompaño hasta aquí, tú sigue adelante, a partir de ahora no te conozco... si pasa algo, tú no me conoces de nada...” Y nos despedimos discretamente. Entonces él sigue adelante y yo me quedo mirando así un poco apartado y compruebo que él pasa sin problemas... Nunca ha habido problemas... El apoyo entre paisanos puede ser no sólo beneficioso, sino necesario para tener una vida emocional y psicológica equilibrada. Idir lo vive así: Los primeros años que pasé en Bilbao no pude relacionarme con mis paisanos. Yo sabía que estaba siendo observado, y que cualquier contacto con personas consideradas traficantes podían usarlo como escusa para no darme la residencia. No conocía a casi ningún argelino. Estaba sólo con gente de aquí o de otros países. Fueron varios años de muchos nervios. Desde que puedo relacionarme con ellos, desde que me acerqué, me noto con menos tensión, más relajado... Ha sido un cambio, verdaderamente. En una red de apoyo entre paisanos, es fácil localizar a alguien o hacerle llegar una cosa, un mensaje. Por eso Tahar afirma con seguridad: Localizarnos a los marroquíes a través de otros paisanos es lo más fácil del mundo. Las redes de apoyo entre paisanos permiten, por ejemplo, conseguir mucha información sobre la situación en los países de origen, que los medios de comunicación no ofrecen. Cuando el teléfono, el correo y las agencias de envíos no son accesibles, las redes de apoyo también permiten mantener la relación con las familias y amigos a través de otra gente que va o vuelve de la misma zona. Permiten intercambiar información sobre los trámites para conseguir la documentación, y en 56

especial sobre los abogados: ¿qué abogados llevan mejor este tema? ¿qué abogados atienden a nuestros paisanos? ¿qué tipo de casos han resuelto? ¿cobran mucho o poco? ¿hay situaciones en las que no cobran? Esta información va constantemente de boca en boca, y de este modo la gente, partiendo de la experiencia de sus paisanos o conocidos, recurre a un abogado que ha podido resolver un caso parecido (“este abogado es muy bueno, a nosotros nos ha ayudado, a tí también te ayudará”). También la experiencia negativa previene a otros (“a ese abogado no voy, muchos paisanos míos han tenido problemas con él, ya le conocemos...”). Entre familiares, conocidos y sobre todo entre paisanos, se informan sobre cómo manejarse en cada situación. Esto permite responder a nuevas situaciones, adaptarse con rapidez a los cambios, y en definitiva supone que las restricciones en la normativa sobre las personas extranjeras en el Estado, pueden dificultar pero no impedir su entrada y estancia. Por ejemplo, en cierto momento se empieza a pedir visado de entrada a los latinoamericanos, y ellos se avisan e informan, se adaptan al cambio y siguen entrando al país; o la Policía Municipal empieza a ser más estricta en la exigencia de un carné de conducir reconocido por la Comunidad Europea; quienes no lo tienen averiguan cómo obtenerlo, y mientras tanto no dejan de usar el coche como herramienta de trabajo. Uno de los aspectos más importantes del apoyo entre los paisanos es la acogida cuando la persona acaba de llegar al país o ciudad, y una vez superada esta etapa, la cobertura en los gastos de la casa siempre que sea necesario. Shamsuddin explica cómo hacen entre los indios: Nosotros casi todos nos ayudamos. Siempre que viene uno nuevo lo tenemos en casa unos meses sin pagar nada. Eso lo hacemos todos, aquí, en Madrid, en Barcelona... Cuando llega uno no tiene dinero, no sabe hablar, no sabe nada... Está en casa de alguien, puede comer y todo, no tiene que pagar nada hasta que encuentra un trabajo, aprende algunas cositas... Yo cuando vine de Francia me acogieron así. Ahora acabamos de tener durante un mes a un chico que venía de Suiza, ayer se marchó a Madrid... Y la semana que viene me voy a París, porque va a llegar un tío mío que no ha estado nunca en Europa, y voy a ayudarle un poco. Luego, otra cosa, cuando nos vamos de vacaciones a India y volvemos, durante unas semanas no pagamos nada en la casa. Porque cuando te vas a tu país lo gastas todo, vienes sin un duro, hasta que estás trabajando un tiempo no tienes dinero... hasta entonces puedes estar sin pagar comida ni recibos. Eso es así siempre, ¿entiendes? No tenemos que hablarlo, “oye, mira...”, no... es así, es como hacemos nosotros siempre. Como dice Shamsuddin, este tipo de apoyos con frecuencia se realizan de un modo tácito, es decir, no es necesario plantear la necesidad o acordar el modo de solucionarlo, en el grupo todos saben que es así y lo hacen porque es su modo de estar con los paisanos. Cuando hablábamos de los motivos por los que se ayuda la gente, pusimos el ejemplo de los senegaleses para explicar en qué consiste el apoyo mutuo en la vida en comunidad. Vamos ahora a ver en qué consiste el apoyo entre paisanos, con el ejemplo de la red de acogida entre los paisanos marroquíes.

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E. LA ACOGIDA ENTRE MARROQUÍES
Llamamos red de acogida a la red de apoyo que funciona en la llegada. Aisha dice: Cuando vienes, tienes algún familiar que te acoge. Llaman los primos. Llama uno, “que voy mañana”, pues venga... Uno estuvo ocho meses. Y le dices, “bueno... ¡tendrás que buscar trabajo...!” La red acoge a los recién llegados que son del mismo país, por eso la gente que llega a una ciudad por primera vez, si necesita apoyo se dirige a la zona donde viven más inmigrantes, donde encontrará paisanos o al menos personas con necesidades parecidas. Tahar, de Marruecos, se ha encontrado muchas veces en estas situaciones. Él lo explica con claridad: LLEGA GENTE NUEVA VIVIR LA ACOGIDA Muchas veces llegan marroquíes aquí... llegan de cualquier lado... de Madrid, de Murcia, buscan trabajo... o quieren ir hacia el norte. O llegan de Francia y quieren volver a Marruecos... Llegan sin nada, muertos de hambre, llegan sin papeles, sin dinero... Estamos cansados de eso... ¡ha pasado tantas veces...! Gente que no tiene una dirección, que no conoce a nadie... porque si por lo menos tiene una dirección va a llegar allí sin avisar y le van a acoger, le van a dar casa, comida y con suerte también trabajo... Pero cuando ni siquiera tienen una dirección piensas, “¿este hombre qué va a hacer ahora? ¿va a pasar las noches tirado en la calle? ¿le van a coger y le devuelven a Marruecos...? Y si no sabe nada de castellano peor todavía, porque no puede defenderse, no puede decir lo que quiere ni nada... Llega gente nueva, paisanos que no saben a dónde ir, que no tienen dónde quedarse... y les decimos que vayan a la Mezquita... Allí pueden hablar con todos los marroquíes y si no tienen dinero, que les digan... ellos le van a dar lo que necesiten. Le van a pagar el billete para que llegue hasta donde tenga que llegar... a esa dirección que traen apuntada o que recuerdan más o men os de memoria. Y si no tiene dónde dormir, le van a conseguir un sitio. A veces te da pena y al final le metes en casa... te lo piensas antes un poco, porque es un desconocido y no sabes lo que puede hacerte en la casa... pero al final lo metes, le tienes una semana o dos, o le tienes un mes... Es difícil, porque nunca sabes cuánto tiempo va a quedarse, cuánto va a necesitar hasta que decide lo que va a hacer, hasta que ve alguna posibilidad... ¿y cómo le vas a decir que se vaya de casa? Un día, una semana, no es mucho gasto, pero pasa el tiempo y ya lo notas... Hay que reunir dinero entre los paisanos, hay que hablar con él... Le tienes en casa y le llevas contigo a donde sea... ¡porque no puede estar todo el día encerrado! Vas a trabajar y te lo llevas a la obra. Le dices, “si quieres me ayudas, estás aquí conmigo, me echas una mano... Si te cansas me esperas en el bar de al lado, te tomas un café...” No le llevas para que te ayude, le llevas porque una persona en esa situación necesita estar con alguien, estar acompañada, moverse y hablar... para que se vaya aclarando poco a poco. A ver qué es lo que 58

quiere hacer, si va a buscarse la vida aquí, si prefiere ir a otro lugar, a trabajar en la fruta o en el invernadero... Porque llegas y al principio nadie sabe lo que quiere hacer ni cómo, y además, si no tiene papeles y vas con él es más difícil que tenga problemas con la policía. A veces te dice que se quiere quedar aquí, le tienes uno, dos o tres meses trabajando contigo, para que vaya aprendiendo el oficio y conozca a gente del gremio. Cada dos por tres tenemos alguna de éstas. Ahora es un chaval de dieciséis años. Ha llegado hace poco de Madrid. Estaba allí con otros chicos, se quedó sólo y se vino para aquí. Está en el internado de Lujua, los fines de semana se viene al barrio, está con nosotros, le tienes en casa, le llevas a comer.... Un día le acompaña uno, duerme en su casa, otro día sale a pasear con otro. Tahar es suficientemente expresivo en sus explicaciones sobre la acogida entre paisanos. Retomaremos algunos aspectos: Él habla de la acogida a través de la mezquita, punto de encuentro de los musulmanes y de los marroquíes especialmente. Es un espacio donde además se combate la soledad. Esto sucede con los hombres, ya que en ciudades como Bilbao, de inmigración transcontinental reciente, hay pocas mezquitas y son sólo para hombres. Las mujeres, si pueden, han de recurrir al espacio de la vivienda propia o de una amiga (Varios Autores, 1998). En Bilbao, la creación de la mezquita se organizó entre la propia comunidad marroquí musulmana. Jalil recuerda: Juntamos dinero entre nosotros para alquilar y arreglar la lonja que sería la mezquita. La arreglamos por dentro, pintarla, poner un tabique, instalación eléctrica, agua y un cartel en la entrada tallado en madera, que pone en castellano y en árabe “Esta mezquita es para rezar”; reunimos material para la cocina, para el té, y las alfombras... Pagamos un dinero o limosna mensual que va destinado al sueldo del imán y al alquiler y gastos de la lonja. En la mezquita un recién llegado puede encontrar a otros paisanos, y éstos le ofrecerán las cuestiones básicas para pasar los primeros días. Tahar muestra también que es muy consciente de lo que significa acoger. Sabe que supone un riesgo y un gasto y que hacerlo exige respetar unos ritmos (“nunca sabes cuánto tiempo va a necesitar hasta que decide lo que va a hacer, hasta que ve alguna posibilidad...”). Sabe que el acompañamiento en el quehacer cotidiano y en el trabajo es muy necesario, y menciona cuatro razones para acompañar a la gente recién llegada, cuatro cuestiones que hacen valioso el acompañamiento: salir del encierro en casa, tener actividad física y hablar con otras personas, posibilitar un espacio de reflexión adecuado, evitar que tenga problemas con la policía y, si se da el caso, apoyo para trabajar. Esta acogida flexible y humanizadora que se da dentro de una red de paisanos, no es posible desde una institución como Bienestar Social, que gestionan el Albergue Municipal para las personas llamadas transehuntes. Así vivió Tahar este contraste: Llega un chico marroquí, dice que viene de Almería, no tiene dónde dormir, no tiene dinero... Alguien le ha dicho que vaya al Albergue Municipal. Pregunta dónde está y le llevo en el coche. Cuando llegamos está cerrado, no dejan entrar a la gente hasta las ocho de la noche. Llamamos por teléfono. Nos explican que le van a dejar quedarse una noche, pero que a la 59

mañana siguiente tiene que ir a otro sitio para hablar con una asistente social, y esa asistente le va a decir si puede quedarse por cinco noches más, nos dicen que allí no dan cenas ni desayunos. Y yo me quedo pensando... “Ese chico lleva todo el día sin comer, ¿dónde va a cenar? No sabe hablar nada de castellano, ni francés... no conoce Bilbao... ¿cómo va a llegar donde la asistente social mañana?, ¿quién le va a traducir? Y mañana también tendrá que tomar algo por la mañana... ¿dónde va a desayunar?” Y al final pienso “Mejor me lo llevo a mi casa, que coma y que descanse todo lo que necesite. Mañana le acerco a la peluquería de mi amigo para que le corte el pelo, le busco algo de ropa... Ya me las arreglaré...” Algunos profesionales de servicios sociales toman como referencia esta forma de acoger. Así, Jorge Barudy, un profesional chileno exiliado en Bélgica que trabaja con familias para prevenir el maltrato infantil, propone trabajar creando una red de profesionales que pueda funcionar a largo plazo alrededor de la familia, creando una relación solidaria entre los profesionales y la familia, para proteger a los niños maltratados. Barudy explica que lo aprendió de los emigrantes africanos en Bélgica: Esta idea nació de encuentros con familias africanas exiliadas, donde me impresionó su capacidad natural de funcionar en red para hacer frente a las carencias existentes en el medio ambiente y para aportar cuidado a uno de los suyos en el caso de que la familia natural no pudiera hacerlo (1998:92).

F. EL APOYO LABORAL
El Estado y la sociedad de llegada en general no apoyan activamente el acceso al empleo de los inmigrantes. Por eso acceden a trabajos no reconocidos social o legalmente como la venta ambulante en las calles y bares; el tráfico de drogas ilegales en su escalón más bajo, la prostitución y el trabajo de limpieza y cuidados en casas sin contratos; o a trabajos en el campo o las minas. En la mayoría de estas situaciones se necesita su participación y por eso se permite, aunque en condiciones laborales de explotación y a veces de semiesclavitud. He aquí el beneficio de su aportación. Es a través de los paisanos como casi siempre se logra acceder a estos trabajos. La red de apoyo entre paisanos facilita a mucha gente aprender y desempeñar un oficio, un trabajo. Por eso lo más frecuente es que la gente empiece a trabajar en lo mismo que sus paisanos. Veamos el ejemplo de cómo un grupo de angoleños empezaron a trabajar en lo mismo, contado por María: Joao, un chico angoleño, empezó hace unos años a enviar contenedores a Angola. Invierte un dinero, compra cosas de segunda mano o cosas nuevas, las envía en un contenedor; allí alguno de su familia las vende; le envían parte del dinero que han sacado... ellos salen ganando algo y él también. Joao empezó y le salió bien. Entonces otros angoleños hemos empezado a hacerlo. Todos queríamos intentarlo, “si a él le ha salido, nosotros también...” Unos enviaban ropa, otros coches, lavadoras... otros comida. Vimos que a él le iba bien y empezamos a hacerlo... Hasta que empezaron a ponernos más trabas en Angola. Cuando llegaba el contenedor había que estar presente, había que firmar para poder entregarlo. Luego se puso peor lo de 60

la guerra y ya no fue tan fácil... Y entonces ahí estamos los angoleños arreglándonos cada uno con nuestro seguro, porque muchos envíos se han quedado sin entregar... a ver si cobramos indemnización... Este tipo de negocio es más factible para un inmigrante, ya que su red de familiares en Angola participa y tiene beneficios directos. María explica cómo sus paisanos angoleños se van incorporando a esa tarea. ¿Por qué los paisanos? Porque son quienes pueden conocer más de cerca los detalles del negocio a través de Joao, y porque el negocio se establece con el mismo lugar, Angola. Incorporarse a la misma actividad que otros paisanos con quienes hay cierta confianza supone poder conocer de cerca esta tarea y beneficiarse del negocio; y supone también que cuando va mal el negocio, les puede ir mal a todos los paisanos. La promoción en el trabajo se hace a través de préstamos, bien para comprar género, para invertir en montar un negocio, abrir una tienda, un bar... Esta gente no suele recibir créditos bancarios, por eso es crucial poder reunir dinero entre paisanos. Min explica cómo se puede progresar así: ¿Prestarnos dinero? Para algunas cosas, igual no, pero para un negocio, los chinos siempre están dispuestos a juntar dinero. Prestar dinero, por ejemplo, para poner un restaurante. Eso sí... Cuando llegas te pones a trabajar enseguida. Alguien te ha buscado un contacto, por ejemplo en un restaurante. Llegas a la estación de Bilbao, alguien te viene a recoger. No tienes que buscar alquiler. El dueño te busca dónde dormir, en casa de otros chinos. Con una manta en un sofá te arreglas La comida es en el mismo restaurante, no es mucho gasto... Así que mientras trabajas puedes ahorrar prácticamente todo el sueldo. A la vez vas creando confianza entre otros chinos, entonces se prestan entre varios y ya pueden montar un negocio. Una forma de dar posibilidades para buscar nuevos trabajos es algo tan sencillo como reunir dinero entre varias personas para pagar un billete de autobús o de tren. Recordemos cómo poco después de salir de la cárcel, cuando Mohamed decidió ir a Murcia a buscar trabajo en el campo, Alí y otros conocidos suyos reunieron dinero para su billete de tren y los gastos de los primeros días hasta que encontrase dónde trabajar. El apoyo entre paisanos en estos aspectos es algo natural, obvio, con lo que se puede contar de antemano. Esto permite hacer planes de cambio o mejora laboral, explorar otros trabajos con cierto margen de riesgo, con cierta confianza y tranquilidad, siempre que los paisanos lo hagan, o que se pueda contar con ellos para empezar. Shamsuddin piensa en la posibilidad de abrir un comercio: Yo estoy pensando en abrir un negocio... Si yo abro un negocio aquí, puedo contar con mis paisanos. Yo vivo con seis paisanos más. Si necesito dinero para abrir un negocio me van a dar lo que haga falta, no hay problema. Nosotros somos como familia... ¿entiendes? Si me tengo que marchar de la tienda no hay problema, ellos se quedan unas horas en mi comercio, no les tengo que pagar. ¡Siempre me van a ayudar! Y Abdulhak, vendedor ambulante, deja durante algunos meses del año este trabajo y se va a La Rioja, Navarra o Cataluña a la fruta o el espárrago, el tomate, el champiñón... Cuando se dirige hacia estos sitios, no sabe exactamente en qué pueblo y con quién va a trabajar: 61

No lo sé. Pero allí hay muchos marroquíes, no hay problema... Veamos en qué consiste el apoyo laboral en la venta ambulante, uno de los trabajos donde un inmigrante puede entrar con más facilidad: La venta ambulante se realiza en mercadillos y en fiestas, con o sin licencia municipal; y en bares, playas y calles, donde esta actividad está más o menos tolerada, según el municipio. Como es competencia de otros comercios, se restringe y controla localmente. Sobre todo entre marroquíes y senegaleses, se cuenta con el apoyo de los paisanos para aprender el oficio y con préstamos de género o de dinero, como primer paso para incorporarse con éxito a la tarea. Makhtar Ndiaye dice sobre la venta ambulante: Para vender hay que hacerlo donde te dejan y donde no. Pirateamos. Te quita la mercancía la policía o te ponen multas; nunca sabes si esto es ilegal, pero tienes que pagarles si quieres recuperar algo del género. En los pueblos cobran un montón por poner los puestos... Puedes hacerlo sin hablar bien castellano, no exige demasiada experiencia ni capital de inversión, y como al ser inmigrante estás al margen, tampoco puedes competir con la gente de aquí en el trabajo de otros campos. El apoyo entre nosotros para entrar a la venta ambulante es cuestión de solidaridad y de redistribución. Uno que llega, tiene su amigo o pariente que le ofrece ir a vender. Le explica cómo trabajar. Le da dinero. Y al otro también le va bien, porque es una forma de que le venda su propia mercancía (1999). Se aprende a través del acompañamiento. Lo explica Meib, de Senegal, que tiene un comercio de bisutería: Mis paisanos venden en las calles. Salen por la mañana, a las doce o la una, cogen el bus a Basauri, a Otxarkoaga... a donde sea. Van a tres o cuatro bares, y sacan tres o cuatro mil pesetas. Vuelven a casa hacia las cuatro, a descansar. A la tarde vuelven a salir. Van a otro pueblo a las ocho de la tarde. Y venden en total unas diez mil. Cuando llegan son nuevos, no saben bien... por eso al principio no van solos. Salen acompañados. Van con otra persona los primeros quince días, uno que sabe y les enseña. Cuando yo vine, fui con un amigo quince días. Luego llegó otro amigo y yo le ayudé quince días, le enseñé. Luego llegó otro y ese le acompañó. Y así se hace... unos ayudamos a otros, primero aprende y luego enseña. Todos empiezan sin saber, todos nesitamos aprender. Empezar es así... ... Uno que llega nuevo puede aprender, porque tiene costumbre. Nosotros los senegaleses tenemos costumbre de vender en nuestro país, por eso luego aprendemos fácil aquí. Como dice Meib, hay que tener en cuenta que el comercio ambulante es tradición en algunos pueblos, entre ellos el pueblo wolof de Senegal. En la lengua wolof, venta ambulante se dice “butic um’ bag”, que significa “la tienda en las espaldas”. 62

Entre varios vendedores se reparten las tareas. Mientras unos venden, otro vigila y silba o avisa cuando se acerca la Policía Municipal. Hay ejemplos de esta forma de cooperación en otras especies animales como los cuervos: Un córvido centinela pasa un breve periodo de tiempo encaramado en un árbol observando a los depredadores mientras el resto de la bandada se ocupa en la obtención del alimento (Pianka, 1982:161). Esta red de apoyo, que logra la inserción laboral, incluye apoyo para préstamos y aprendizaje y también para los viajes de trabajo, para el almacén del género, para dormir y comer. Es decir, todo lo necesario para aprender, trabajar y vivir al menos durante el tiempo en que no hay ingresos propios. Abde, un marroquí que mantiene a su esposa e hijos en Marruecos, vino a trabajar a Bilbao desde Huelva: Yo estaba agobiado por las deudas. Tenía pendiente de pagar un dinero en mi país y hasta que no lo pagara no vería a mis hijos, ni podría volver a Marruecos... ¡porque entonces me iban a meter en la cárcel! Yo empecé ayudando a mi amigo Jalil en su puesto. Vivía con Jalil en la pensión y comía con él. Como él tenía coche era más fácil ir lejos a vender a las fiestas de los pueblos importantes. Cuando tuve un poco de dinero, compré algo de mercancía y me puse a su lado en su puesto... así no había tanto problema por los permisos o las tasas. El género que comprábamos en Madrid lo guardábamos en la lonja que habíamos alquilado entre diez o quince paisanos. Hasta que empecé a ponerme yo solo en los mercadillos y por las calles... Este año no tengo plaza en ningún mercadillo, pero me pongo a la entrada, siempre atento por si viene la policía, y así voy tirando... Las redes de apoyo para el empleo y la vivienda permiten una auténtica autonomía frente a los canales de venta habituales, y salvan las limitaciones por la exigencia de documentación legal para muchas gestiones laborales y relacionadas con la vivienda y las limitaciones por no poder usar la lengua y los recursos locales. De este modo, la comunidad puede echar a andar y mantenerse, como explica Suárez respecto a los inmigrantes senegaleses en Granada (1996:28-29). El apoyo entre paisanos les ayuda a mantener a sus familias y también a personas o instituciones importantes en su sociedad de origen. Así, a través de colectas organizadas, la comunidad china envió dinero para los afectados por unas inundaciones. Y la comunidad senegalesa en la emigración apoya a los marabouts, que son, como explica Kaplan: ... personajes que gozan de un gran prestigio y respeto dentro de la comunidad (senegambiana). Además de atender sus funciones ceremoniales religiosas diarias, de la atención a los bautizos y funerales, de ejercer de maestros en las escuelas tradicionales coránicas y ser los líderes religiosos, también practican curaciones y algunos son adivinos (1998:138). Los marabouts viajan expresamente a Europa para buscar el apoyo de la comunidad senegalesa. Alí detalla cómo se apoya a estas personas: 63

Ese chico que has visto es un marabout. Los marabout a veces vienen aquí, piden visado y vienen. Vienen donde otros senegaleses y están en la casa de uno, por ejemplo, en la casa de Meib, duermen allí. Y están allí unos días y recogen dinero, la gente les da dinero, cada uno pone un poco, uno pone mil pesetas, otro dos mil, cada uno pone lo que puede, otro cinco mil... Juntan dinero y vuelven a su país y con eso pueden vivir otro tiempo y dar de comer a su familia y a sus hijos. Y financia proyectos de desarrollo. Laura explica: En la tienda de Alhagi estaba expuesto este listado: 625.000 128.000 1.238.000 386.000 de Salou de Bilbao de Valencia de Madrid portado por Ndiaye portado por Lo portado por Dia portado por Seye

Alhagi me explicó que era el dinero que los senegaleses de cada ciudad habían recogido. “Los nombres son de las personas que se encargan de recoger el dinero en cada grupo... en cada ciudad. El dinero es para mantener un hospital en Touba, nuestra ciudad. Hace tiempo que pagamos la construcción del hospital, ahora hace falta dinero para que se mantenga...”

G. MITOS SOBRE EL APOYO MUTUO
Hemos conocido suficientes experiencias de cerca como para analizar ahora dos imágenes que tenemos sobre los inmigrantes, imágenes que en la distancia tienden a emborronarse y se transforman en mitos. Una imagen es aquella que nos presenta a los barrios de inmigrantes como “guetos” donde la gente se aferra a su cultura y a sus paisanos y evita el contacto con el resto de la sociedad, porque no desea integrarse; se trata pues de un mito que peyoriza a los barrios de inmigrantes. Otra imagen es la que nos habla siempre de las asociaciones de inmigrantes como espacios de formación de lazos, donde pueden apoyarse más que otros colectivos que no se organizan en asociaciones; esto no siempre es así. Se trata, por lo tanto de un mito que idealiza a las asociaciones. Trataremos de romper estas imágenes, de desmitificarlas:

BARRIOS GUETO
Hemos visto casas y tiendas de inmigrantes que se convierten en verdaderos espacios de acogida, hemos visto que cuando la gente llega por primera vez a Bilbao busca en este barrio a sus paisanos, y sabe que le van a acoger. También hemos comprobado que aprender ciertos oficios y trabajar es más fácil si se hace con otros paisanos. 64

Vivir juntos en el mismo barrio, en la misma casa, compartir cama y comida, pasar los ratos libres en tiendas y bares de otros inmigrantes, trabajar en lo mismo... puede ser entendido como una forma de mantenerse viviendo como en el lugar de origen y aislarse del resto de la gente, de hacer “gueto”; es en realidad un modo de salir adelante, de sobrevivir, es la respuesta a unas condiciones de vida impuestas. Salir adelante a través de la ayuda entre la gente del barrio, en familia, en grupo, en comunidad, es un hecho que nos desvela a esos barrios llamados guetos como lugares de apoyo. Estos espacios se crean en respuesta al propio rechazo social. Es decir, paradójicamente, se fomentan cuando hay carencia de apoyo en la sociedad llamada de acogida. En estos barrios se reduce el contacto de sus habitantes con el exterior: los inmigrantes que viven dentro no quieren salir; y también se reduce el contacto del exterior con sus habitantes: algunos inmigrantes que viven fuera vienen para estar con sus paisanos, pero otros no quieren ni pasar; como veremos, huyen del acoso policial y del estigma y la criminalización que es más aguda dentro del barrio; y al tiempo la gente no inmigrante que vive fuera no quiere entrar, por la imagen que se ofrece del barrio. Así, en un barrio de inmigrantes se sienten más seguros, porque conocen a la gente y saben que les conocen a ellos; fuera del barrio se sienten observados, son raros, diferentes; alguien desconfiará cuando le vea pasar entre las estanterías de una tienda de ropa. Dentro del barrio conocen a los funcionarios policiales, saben quién actúa y cómo lo hace; fuera del barrio quizás les pare un policía que no les conoce. Mucha gente que vive en estos barrios viviría en otros lugares si encontrara allí vivienda barata. Además, en el barrio hay personas, que, aunque desconocidas, viven sus mismas penurias, lo que crea lazos entre ellas. Así lo explica un inmigrante en Catalunya: Vas con aquellos que hablan la misma lengua, que escuchan la misma música, que comparten tus necesidades, tus mismos problemas, tus mismas vivencias. Y no es que vayas con ellos porque sean mejores, sino porque son los únicos que pueden entenderte o los únicos con los que puedes comunicarte (VVAA, 1998:166). A veces es la necesidad de dar sentido a una vivencia cultural o religiosa lo que hace a la gente unirse, buscarse, compartir espacios de vida o de ocio. Así le pasa a Imad, musulmán y de Marruecos, quien va al barrio de San Francisco con más frecuencia en el mes de Ramadán: Yo vivo en Larrabasterra, pero vengo a San Francisco de vez en cuando, sobre todo ahora, en Ramadán, para dar más sentido a mi ayuno... para sentirme mejor. Me siento mejor entre otra gente que también hace Ramadán, porque allí, en el piso donde vivo, la gente fuma, o me ofrecen una cerveza... y eso no me ayuda... Cuando un inmigrante comparte su vida cotidiana con gente de su país o de su cultura, esto le permite “crecer socialmente y tener una vida rica (...) abrirse a los de aquí en pie de igualdad, es decir, con la misma autoestima que tienen los de aquí” (VVAA, 1998:207-208). Si una persona no se siente respetada, puede llegar a aferrarse exclusivamente a la cultura de origen, y se plasma en detalles tan cotidianos como no estar dispuesto a saborear una comida local, valorar sólo la música de la cultura de origen o ser incapaz de escuchar un comentario sobre su tierra de origen sin exaltarse y buscarle un doble sentido. Maalouf explica por qué sucede esto: 65

Para ir con decisión en busca del otro, hay que tener los brazos abiertos y la cabeza alta, y la única forma de tener los brazos abiertos es llevar la cabeza alta. Si a cada paso que da una persona siente que está traicionando a los suyos, que está renegando de sí misma, el acercamiento al otro estará viciado; si aquel cuya lengua estoy estudiando no respeta la mía, hablar su lengua deja de ser un gesto de apertura y se convierte en un acto de vasallaje y sumisión (1999:57-58). Por otra parte, los inmigrantes no niegan sistemáticamente la relación con otros vecinos, pero muchos han constatado que aunque hayan pasado cinco, diez o quince años viviendo aquí, quienes están dispuestos a ayudarles sin condiciones son sus paisanos u otros inmigrantes. La cultura de origen y el color de la piel pesan mucho. Las condiciones impuestas que les hacen ser ciudadanos de tercera categoría por haber nacido en países más pobres se arrastran con los años. Quien comprende mejor estas dificultades es quien lo vive: una de las mejores amigas de Marta es también ecuatoguineana, y a su amiga Puri la ve poco, pero sabe que puede contar con ella para lo que sea; Miriam se siente apoyada por María; María busca comprensión en un amigo africano... Y las tres llevan más de doce años aquí.

ASOCIACIONES DE INMIGRANTES
En Bizkaia existen varias asociaciones formadas por inmigrantes, asociaciones de chilenos, africanos, angoleños, congoleños, senegaleses, bereberes, chinos... que se han ido creando en los últimos años. Cada asociación ha surgido de un modo diferente y ha tenido su propio desarrollo: por ejemplo, la angoleña tiene una vinculación directa con un partido político de origen; en la de africanos trabajan muchas mujeres no africanas; la chilena ha ido incorporando a otros latinoamericanos. Todas estas asociaciones tiene una utilidad y una función. Pueden contribuir a promover el conocimiento de sus culturas en la sociedad de llegada, sacar a la luz y denunciar situaciones injustas, hacerse reconocer como colectivo de cara al exterior, etc. Su creación puede haber significado un paso para estrechar la unión entre sus socios o participantes, para apoyarse más entre ellos. “Qué bien, por fin se unen para ayudarse”, se comenta a veces al saber que se ha creado una nueva asociación de inmigrantes. Pero no siempre supone eso: puede ser que la comunidad esté perfectamente organizada para apoyarse, sin que se haya creado ninguna asociación o, por el contrario, que a pesar de existir una asociación en ese colectivo, no haya más apoyo que antes. Hemos conocido cómo los senegaleses viven en grupo y se apoyan entre ellos. Hace algo más de dos años se creó la Asociación de Senegaleses en Euskadi. Veamos en qué circunstancias fue: En un periodo de pocas semanas, varios senegaleses fueron agredidos por policías, unos por policías municipales y otros por ertzainas. Esto ya venía ocurriendo desde hace años en el barrio, pero en ese momento la situación era especialmente apremiante. Los agentes les daban auténticas palizas, les robaban dinero a comerciantes, les hacían desnudarse en plena calle.... Esta situación de maltrato e impunidad afectó y afecta a muchos inmigrantes, en especial a 66

los africanos negros. Cada colectivo vivió circunstancias diferentes. Unos recurrieron a sus abogados particulares, otros no denunciaron. Algunos se unieron de forma transitoria, para participar en una campaña de denuncia del maltrato policial. Entonces algunos senegaleses que tenían más reconocimiento en la comunidad y otros que llevaban mucho tiempo en Bizkaia, empezaron a plantearse que era el momento de crear una asociación, que había que dar el último impulso a ese debate pendiente en la comunidad. Podrían denunciar desde la asociación, y tener un abogado que atendiera los problemas más comunes, pagándolo entre todos con una cuota mensual. Casi todos conocían otras experiencias similares de senegaleses en Cataluña, Andalucía o Madrid, ya que tenían familiares o habían trabajado allí. Hicieron falta unas pocas reuniones, y en pocos meses estuvo constituida la Asociación de Senegaleses en Euskadi. Aparte de las gestiones para legalizar la asociación y contratar al abogado, hubo otros gestos de apoyo: algunas personas afectadas contactaron con el Ararteko. Meses después otros paisanos fueron agredidos y llevados a comisaría. Quienes habían sufrido el maltrato policial anteriormente llamaron por teléfono a la comisaría para preguntar por ellos, intentaron visitarles, avisaron al Ararteko para pedir protección y denunciar lo sucedido y acompañaron también a sus paisanos en las entrevistas con abogados y en los juicios. La creación de esta asociación se debe entender como un paso para su reconocimiento desde el exterior, desde las instituciones gubernamentales o no gubernamentales, un paso para defenderse y tener más posibilidades de denuncia y reivindicación. La legalización representó la formalización de unos lazos de apoyo que, como sabemos, ya existen, y que son los que permiten la supervivencia de la comunidad. Ismael subraya: Nosotros no necesitamos una asociación para apoyarnos, eso está claro. Hace unas semanas, cuando murió el padre de Moustakhi, en un día reunimos el dinero suficiente para pagarle el billete de avión a Senegal. Él ha estado allí dos semanas con su familia, en las celebraciones y todo... No hemos hecho la asociación para apoyarnos, eso ya lo hacemos todos los senegaleses, los que estamos en la asociación y los que no... La unión de los senegaleses está mediada por la cultura de origen, no por la asociación: con o sin asociación, en Euskadi, en Almería o en Canarias, la comunidad senegalesa tiene unas fuertes lazos de apoyo.

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“El padre de los africanos”, así me llaman a mí. Alí, de Gambia

Capítulo 5. “Siempre está dispuesta a ayudarte” PERSONAS CLAVE EN LA AYUDA

Hemos hablado de ayudas puntuales y de la ayuda cotidiana, insertada en la vida diaria. En ambas situaciones, dentro del entramado de relaciones que forman la red de apoyo, hay personas que se relacionan más, que ayudan más, personas de referencia en su grupo, que hacen alguna tarea peculiar, como mediar, y conectan a pequeñas redes entre sí. Gente que ayuda a personas variadas, desconocidas quizás. Que vive dificultades como cualquier inmigrante y a la vez tiene más capacidad para prestar apoyos que no cualquiera puede dar, como la mediación. Y cuya actitud les lleva a implicarse más en los problemas, a arriesgarse más. Personas a quienes, por lo tanto, es necesario darles voz y credibilidad.

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A. QUIÉNES SON
Algunas personas clave en la ayuda a inmigrantes en el barrio son, Faisal, Marta, Alí y María, a quienes ya conocemos. Estas dos últimas nos han presentado su experiencia de apoyo en situaciones concretas: juicios, gestiones con la documentación, para encontrar alquiler, denuncias de maltrato policial, visitas a personas detenidas y apoyo a gente encarcelada; y sus reflexiones sobre la confianza, el apoyo entre paisanos o la reciprocidad. Por ejemplo Faisal es una persona clave entre sus paisanos marroquíes. Desde hace años, Faisal se mueve para ayudar a sus paisanos en los trámites para conseguir documentación, ayudarles en los viajes de un país a otro. Ha conseguido trabajos y hecho otras gestiones para muchos de ellos. Les acompaña cuando necesitan, se preocupa por su situación. Él explica: Un paisano me pide apoyo, no sabe cómo hacer los papeles, tiene miedo... yo viajo a su ciudad, hablamos con gente, con amigos, le pongo en contacto con alguien que le puede hacer la gestión. Buscamos una empresa donde pueden hacerle un contrato laboral, antes de hacerlo nos acercamos a un sindicato para aclarar los términos del contrato, le relleno los formularios; paso unos días con él hasta que todo está listo; entonces vuelvo a mi casa. Faisal dedica un tiempo y un esfuerzo a estas tareas de enlace y apoyo que no dedican otros paisanos suyos. Por eso otros paisanos se dirigen a él en busca de ayuda. Él continúa diciendo: Todas las semanas hago gestiones con mis paisanos. Tres o cuatro días tengo que salir a acompañar a uno al médico, al hospital... acercar a otro al aeropuerto, ir al abogado, recoger a uno que viene de Madrid... Todas las semanas estoy haciendo cosas con mis paisanos, ayudándoles... Personas como Faisal se manejan mejor que otras en estas situaciones. En general, tienen más experiencia de emigración y conocen mejor el castellano. Faisal es entre sus paisanos quien mejor se entiende en castellano, es quien lleva más tiempo en Bilbao, y ha tenido vivencias como emigrante en otros países de Europa. Es una persona desenvuelta y de carácter animoso. Esto sucede también con John, que es de los nigerianos que más tiempo lleva en Bilbao. Él tiene un buen nivel de estudios y habla y escribe bien en castellano. Además tiene nacionalidad española y trabaja como maestro. Esta posición privilegiada respecto a otros paisanos y paisanas suyas, unido a su forma de ser, ha hecho que se convierta en un punto de referencia de ayuda en muchas gestiones. Rose, la joven nigeriana amiga de María, afirma: En Bilbao vivimos muchas nigerianas. Algunas llevamos aquí algunos años, pero no aprendemos bien el castellano. Nosotras hablamos inglés, y nos cuesta aprender el castellano. Estás todo el día trabajando, encerrada en el bar. Del bar a casa y de casa al bar. Pasa el tiempo y cuando tenemos que hacer una gestión con papeles, no sabemos arreglárnoslas. Te llega una carta del ayuntamiento o del juzgado, hay que renovar un documento, hacer un envío... Muchas de nosotras buscamos a John. Él nos ayuda siempre, traduce, explica, te acompaña a hacer lo que sea... No importa si te conoce mucho o poco, siempre está dispuesto a ayudarte. 69

Marta, de Guinea Ecuatorial, que vimos que lleva más tiempo de su vida aquí que en su país de origen, representa un ejemplo de nudo en una red más amplia que las redes de paisanos. Ella afirma que se siente más de aquí que de allá, pero también se identifica con los africanos porque es su misma cultura de origen y color de piel, y porque entiende algunas situaciones que ellos viven ahora y que ella tuvo que vivir hace tiempo. Marta participa en la Asociación Afrovasca, y aunque no vive en el barrio, trata de estar al tanto de lo que pasa, y hace de mediadora entre africanos y españoles. Muchas veces, por ejemplo, acompaña a otros africanos a buscar piso para alquilar: A mí me llaman unos conocidos africanos u otros que no conozco, pero que alguien les ha dicho que yo les puedo acompañar, porque ellos saben que yo hablo bien castellano y que llevo aquí muchos años. Me dicen, “ayúdanos a encontrar alquiler, acompáñanos a buscar piso...” y yo voy con ellos, a ver si podemos hacer algo... Quedamos pronto por la mañana, te hablan de su situación, te cuentan sus problemas con el alquiler. Compramos el periódico, preguntamos por las tiendas...Te pasas mañanas de aquí para allá... Y es tremendo, ¡los caseros te dicen unas cosas...! tienes que estar oyendo de todo. A veces discutes y otras te dan ganas de reírte. Porque sabes que es mentira, que cuando no quieren alquilar a los negros... En resumen, esta gente tiene más disposición personal para apoyar, un carácter más animoso y además tienen más posibilidades de hacerlo, porque se manejan mejor en algunas situaciones burocráticas o administrativas; saben hablar y escribir bien en castellano; tienen cierto nivel de estudios; quizás están algo mejor económicamente que la gente a quien ayudan. En algunos casos se trata además de personas que tienen cierto peso social, religioso o sanitario en su cultura de origen. En otros, es gente con más experiencia de inmigración en tiempo y recorridos. Estas diferencias respecto a sus paisanos o hermanos de continente o en la inmigración hacen posible que sean ejes de apoyo en sus grupos. Al mismo tiempo, el compartir vivencias duras y agradables con ellos les da mayor capacidad de ayuda. Porque hablamos de personas que viven dentro del barrio, así que su experiencia como inmigrantes es similar el de otras personas. Unas más que otras, en su propia piel o en la de sus familiares o amigos, han vivido diversas sensaciones y situaciones difíciles. Han tenido que dejar su país, llegar a un lugar nuevo y desconocido, intentar ubicarse... A su llegada, han pasado tiempos de desconfianza y temor. María dice: Cuando yo llegué aquí no confiaba en nadie, desconfiaba de toda la gente, me preguntaban de dónde era, y decía que de un país diferente, nunca decía de verdad... La gente me preguntaba cómo me llamaba y yo decía cualquier nombre, estaba yo sola, no conocía nada, no confiaba en nadie... Luego me arriesgué, según pasó el tiempo me ha abierto el camino una asociación que se llama Askabide que trabajaba con prostitutas, me ha dado confianza, me ha protegido, me ha ayudado, me ha dado trabajo. Entonces me he abierto... No están necesariamente mejor situados ni más estables que otra gente del barrio. Hay personas clave en la ayuda que tienen familiares con problemas de alcoholismo o de depresión; otras que trabajan trapicheando o en la prostitución; muchas de ellas pasan momentos duros 70

económicamente y piden dinero para salir adelante; algunas se ven en situaciones de tensión y traumas acumulados y recurren a apoyo médico y psicológico. En su relación con algunas instituciones de ayuda, han vivido situaciones de humillación o rechazo, como otros inmigrantes del barrio. Alí explica por qué no ha ido a una asociación a pedir ayuda para hacer un escrito, y ha preferido decírselo a una conocida: Voy allí a pedir un papel, una cosa que se hace en un rato, y me van a preguntar muchas cosas y me hacen perder el tiempo. Van a tardar mucho, me dirán, ven otro día... ¿Sabes? A veces me mandan de aquí para allá y vuelta a empezar... Y María, que fue a una asociación a pedir un préstamo, cuenta cómo lo vivió: Una vez tuve un problema muy grande y me encontré totalmente endeudada. He ido a pedir un préstamo y me han dicho que no me lo dan, me han dicho que si necesitaba dinero que me fuera a Lérida a trabajar en la fruta. La chica de al lado, una chica joven, decía lo mismo, decía, “sí, eso es, tienes que ir a Lérida” ... ¡Dios mío...! ¿ella qué sabe? pensaba yo... Y yo, claro... ¡he salido de su oficina peor de lo que entré...! Varias personas clave, entre ellas Marta, María y Alí, han vivido la estigmatización, el maltrato y la impunidad policial al tiempo y de igual modo que la gente que les rodea y que les pide ayuda: han sido detenidas sin justificación, han sido maltratadas y amenazadas tras denunciar estas violaciones de derechos básicos. Hemos presentado algunos testimonios de estos hechos. El vivir situaciones duras y difíciles como cualquier vecino del barrio no impide que sean referencia de ayuda para mucha gente, al contrario, esa experiencia les enseña y les da capacidad de ayuda y credibilidad; y es precisamente el vivir problemas similares lo que les hace sentirse cerca de la gente y que la gente confíe en ellas para pedirles. Para examinar con más detalle quiénes son las personas clave en la ayuda y cómo trabajan, vamos a conocer la experiencia de María y Alí.

B. A QUIÉN AYUDAN, QUIÉN LES PIDE
Hemos visto que el apoyo es más fácil entre paisanos o personas que hablan la misma lengua, o son del mismo barrio o región. En el caso de personas clave como Alí y María, la ayuda se establece en un ámbito más amplio. Ayudan a gente desconocida mucho más que otras personas. Veamos el ejemplo de María: Mucha gente va a pedir a María sin conocerla, porque alguien le ha hablado de ella, o porque le llevan hasta ella y se la presentan. En la calle, en el barrio, se sabe que “ella ayuda”. La gente le pide porque, aunque no la conozcan personalmente, sabe que responde bien, que ayuda sin discriminar. María explica cómo le pide un favor un chico africano a quien no conocía: Es un chico de Guinea Bissau. Es toxicómano. Me ve una noche por la calle y me llama: 71

“¡Mamá, mamá...!”. Él dice que quiere salir de la droga, está empezando a buscar cómo hacerlo. No sabe dónde ir. Tiene miedo... Quiere que le ayude a pedir cita en el Centro de Salud, para ver si puede apuntarse a un programa de desintoxicación. Me deja un papel con su nombre y sus apellidos para que sepa cómo se llama, para que lo apunten en la cita... Yo he ido al Centro de Salud, pero me han dicho que tenía que venir él en persona. He ido después a buscar al chico y se lo he explicado, que tenía que venir él conmigo. “Mamá”, así llaman a María en el barrio muchas personas, africanos, jóvenes toxicómanos, etc. Moustafá, de Marruecos, decía sobre María: Ella es madre y hermana nuestra, embajadora de los inmigrantes. La gente sabe que María está disponible. Ella muestra confianza, se abre, y por eso la gente se acerca a contar: Todos vienen a preguntarme, o a contarme, a que les escuche... Todos vienen a contarme, hasta los yonquis. Me paran por la calle, me cuentan lo que les pasa, me llaman “Mamá”. “¡Mamá, Mamá...!” me paran y me lo cuentan todo. Ellas también vienen y me cuentan. ¡Yo no les pregunto...! Las chicas me buscan, me cuentan lo que les pasa... yo no sé... Gente variada, que sabe que puede contar con ella para cosas pequeñas y grandes. Como este chico que llama al timbre de María de madrugada: Esta noche, ¿qué me ha pasado? Estoy durmiendo y tocan el timbre. Me levanto “¿Sí...?” Es un un yonqui que me llama, “¡María, dame una manta... Tengo frío...!” Busco por casa una manta vieja, la meto en una bolsa, me asomo por el balcón, se la tiro y me vuelvo a la cama. ¡El chico tenía frío...! María, vive su disposición a apoyar como una relación abierta, e identifica la ayuda con la confianza, con contar y escuchar, y con la mediación. Ella explica: Y yo ahora me entrego a la gente toda. Que vengan negros, blancos, lo que sea, me entrego a todos. Me vienen a hablar, y yo les digo las cosas a la cara. Yo no hablo, chillo y empiezo a gritar. Ya todos me conocen que yo no hablo, grito... Y nada, entonces les pongo en su sitio... Yo creo que tengo un don, es como un don. Yo no sé si me ven como una persona buena, porque yo tengo muy mala hostia a veces... pero ellas confían en mí. Es como mi madre, cuando yo vivía con mi madre, todas las vecinas venían a ella. Si tenían un problema, una disputa, venían a ella a contarla o la pedían que fuera donde la otra vecina a explicarla, le pedían que mediara... Mi madre era así, todas acudían a ella. A mí me pasa lo mismo. Aquí, en este barrio, es donde se han encontrado mucha gente alrededor a quien pueden ayudar. En este barrio es donde se define su identidad, donde tienen ese reconocimiento. En otros momentos quizás tenían otras tareas o dedicaciones. Y en el futuro esto puede cambiar también. 72

María sabe que fuera de aquí no podría desarrollar esa tarea, mantener ese reconocimiento: Este es mi barrio. Yo llevo aquí muchos años. Aquí todos me conocen. Todos me saludan cuando se encuentran conmigo por la calle. Vienen a pedirme. Me agradecen. Aquí soy conocida... Pero si me voy a otro pueblo, si me voy a veinte minutos de este sitio, no va a ser igual. Nadie va a venir a verme, nadie se va a acordar de mí. Puedo estar allí y nadie me va a llamar. Si estoy aquí, pasan por mi casa y tocan el timbre, o me ven y me paran para comentar algo. Yo sé que si me voy no sería lo mismo.

C. AYUDAS MÁS CARACTERÍSTICAS
Entre las tareas de apoyo que hacen estas personas, hay algunas más peculiares, que no suele hacer otra gente, o que ellas las hacen con más frecuencia o de un modo especial. Son entre otras, el acompañamiento y la acogida, la mediación y la tarea de enlace. Así lo explica la gente que recibe su apoyo, y ellas mismas son conscientes de ello.

ACOGIDA Y ACOMPAÑAMIENTO
Estas personas están al tanto de los demás, lo que vimos que es tan necesario cuando falta la familia. Preguntan, hacen seguimiento de cómo le fue a ésta o a aquel, se preocupan por la gente que está más sóla... Así para algunos, Alí es punto de referencia para saber cómo les va a los africanos en el barrio. Así lo entiende Adolfo, de Guinea Bissau: Yo llego al barrio cuando vengo de viaje y lo primero que hago es buscar a Alí. Alí sabe cómo está todo el mundo. Yo le pregunto, “Alí ¿qué sabes de éste? ¿cómo está el otro?... Alí ¿a dónde fue ese chico de Ghana?” Primero hablo con Alí y después ya puedo ir a buscar a otras personas, a otros conocidos, amigos... Se preocupan especialmente por la gente que sabemos que está s0la. Por eso estas personas son en determinados momentos fuente de ánimo, de energía, de apoyo psicológico. Alí preguntaba por Mansour cuando pasaba mucho tiempo sin verle, porque sabía que estaba muy solo. Y Moustafá explica sobre María: Muchos días estoy triste, estoy deprimido... A veces voy por la calle y me encuentro con María, me ve de lejos, o la veo yo. Me llama, se acerca... María siempre tiene unas palabras de ánimo, te va a preguntar qué tal estás, siempre va a pararse a hablar un rato conmigo... Me encuentro con María y por un tiempo me levanta el ánimo, es algo especial... ¡Recupero las fuerzas sólo con estar un poco con ella...! Estar dispuesto a apoyar y dar confianza a gente desconocida es posibilitar la ubicación a la llegada, es abrirles la puerta a la “integración” en el barrio. Abubacar ve en Alí una persona capaz de hacer esto. Así lo explica: 73

Cuando llega un africano nuevo al barrio, la gente no le conoce. Otros africanos no se fían, algunos no le hablan, no se acercan... Alí siempre le ayuda. Alí sabe todas las lenguas, con todos puede hablar. Alí dice, “Ahora es nuevo, no le conocemos, pero un día será como nosotros. Un día será uno más en el barrio, por eso hay que ayudarle”. Alí ayuda a todos... ... Alí siempre se lee el periódico, todos los días, sabe las noticias, lo que pasa en el mundo, el futbol... Y la gente va por la calle y le pregunta, “¡oye, Alí! ¿hoy hay partido?” Y Alí les dice... Por eso le avisan cuando llega alguien al barrio. Y muchas veces si otros africanos se encuentran ante alguien que necesita apoyo recurren a Alí, porque saben que suele ayudar bien y que le gusta hacerlo: Una mañana llegó un chico desconocido al barrio, hablaba árabe y chapurreaba francés. No tenía dinero. No llevaba equipaje consigo. Buscaba dónde dormir, preguntaba a la gente... y en un bar le sugirieron que fuera al Albergue Municipal. Entró después en una tienda donde había varios comerciantes africanos y comentó su situación. Todos los de la tienda estaban de acuerdo en que debían avisar a Alí, ”Alí sabe árabe bien, podrá entenderse con él, Alí sabe dónde está ese albergue... Le dejaremos recado para que se pase por la tienda antes de las seis de la tarde. Al chico vamos a decirle que le espere aquí...”, propuso uno de ellos. Alí habla de otro chico africano que estaba durmiendo en la calle: Ese chico... yo no tenía nada que ver con él, pero me daba pena verle así, y le ayudaba... Él estaba durmiendo en la calle... Le veía muy solo y otros africanos me decían, “Alí, habla con él, está muy solo... Tú que te entiendes bien, habla con él... está durmiendo en la calle...” Y yo fui a buscarle. En el capítulo anterior hablábamos de los espacios de acogida. El lugar de trabajo, la tienda de María, se convirtió en un espacio de referencia especial para la ayuda. Como decía Javi Fantova: Su comercio no sólo es un lugar de compra y venta. Es mucho más. Es un lugar donde la gente está, donde muchas mujeres encuentran un espacio para reunirse y afirmar su propia identidad, donde alguien puede llevarse algo con la promesa de quizás pagar al día siguiente, donde refugiarse cuando no queda dinero para hacerlo en un bar. Mucha gente obtiene préstamos sin plazo y a nulo interés; personas recién llegadas tienen un lugar al que acercarse, conocer gente de su país, orientarse en qué pueden trabajar; también hay quien sale a patadas por haber dicho una mentira o por haber faltado a una promesa (1998:1). María conoce a gente muy desubicada y se preocupa por ellos. Quiere que estén ocupados al menos un rato con las clases, para que no se metan en líos o para que no se depriman... Pasar las horas, el tiempo, en la tienda de María, ha sido a veces el fruto de un compromiso con ella para salir del círculo de estar en la calle trapicheando y enganchado al alcohol, la cocaína o la heroína. Joseph, de Sudáfrica, decía: 74

Yo estoy todo el día en su tienda. Ella está siempre allí, apoyándome... Yo voy a estar en su tienda siempre, y no voy a estar sólo, voy a recordar que tengo que cuidar de mí. Ella va a mirarme, va a vigilarme para que no ande por la calle haciendo otras cosas. Solo voy a salir para ir a estudiar español. Y cuando salgo de estudiar voy a buscarla otra vez. Así puedo pasar el tiempo, hasta que encuentro un trabajo. María es como mi hermana... es más que mi hermana.

MEDIACIÓN
En un barrio de inmigración se habla o entiende una gran variedad de lenguas. Esto genera no pocos problemas de comunicación. Por otra parte, la gente africana que casi no habla la lengua colonial de su país, necesita también comunicarse con otros africanos para expresar sus sentimientos e inquietudes. En un barrio multicultural los conflictos por malos entendimientos y desconfianzas son comunes, por eso es muy importante todo lo que pueda facilitar la comunicación y el entendimiento, y la tarea de mediación. Veamos cómo hace Alí: Alí se entiende con muchos africanos porque conoce muchos idiomas, tanto africanos como europeos. Esto le facilita hacer de intermediario. Marisa, una mujer ecuatoguineana que tiene un comercio en el barrio, se dio cuenta enseguida: Hay un chico que viene a mi tienda... ese chico es muy listo, sabe todas las lenguas. Ese chico puede hablar con todos los africanos. Le oyes hablar en inglés, en euskera, en mandinga dice que habla... En wolof con los senegaleses. En francés, en castellano... A otro le habla en saranjule... ¡se entiende con todo el mundo! La gente recurre a Alí para buscar alquiler, no tanto por ubicar el piso, sino para poder negociar con el casero. Quizás quien le pide sabe un poco de castellano, pero confía en que Alí se va a entender mejor con los caseros y va a saber acordar con ellos para que alquilen la habitación a un africano. Así, la primera vez que Abubacar buscó alquiler en Bilbao, se dirigió a Alí. Alí le acompañó a varias casas y al final se alojó en casa de Cristina, quien, como sabemos, le alquiló una habitación. En este tipo de situaciones, Alí busca unas condiciones de equilibrio en el pago del alquiler, unas condiciones que permitan autonomía y animen a buscar trabajo. Por eso explica: Yo le he buscado alquiler al chico.. Yo le he dicho, “yo pongo la mitad del alquiler, yo te pongo quince mil, la otra parte la pagas tú”. Yo le he dicho, “si quieres trabajar, yo te enseño a vender ambulante”. Él me entiende bien porque yo puedo hablar en su lengua. Yo se cómo está Abubacar, porque también he tenido muchos problemas como él... Yo tengo que ayudarle, porque es africano... pero el africano tiene que trabajar. Si el africano no trabaja, el africano a tomar por culo... si no busca trabajo, no voy a ayudarle más. Le llaman para que les haga de traductor en discusiones o malentendidos y su tarea de traducción se transforma a menudo en la de mediación. No traduce simplemente, sino que intenta entender primero a cada parte, explica luego para que cada uno entienda la postura del otro, para que entiendan los referentes culturales de la otra parte. Alí habla de una situación conflictiva:

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Un día me vienen a avisar. Quieren que vaya a la pensión de Marina, porque había un problema con un chico africano y ese chico pedía que viniera yo. Yo llego allí, veo al chico muy enfadado, gritando a Marina. Yo creo que como él casi no entendía español y además estaba muy nervioso, por eso parecía enfadado. Yo le digo, “a ver, cuéntame lo que ha pasado”, y él no sabía explicarme lo que pasaba... no entendía y estaba muy nervioso... Entonces Marina me dice que no había pagado la pensión. Yo le digo en mandinga, “escúchame, tú no puedes hablar así con la señora. Ella tiene razón, ella te está pidiendo el dinero, no tienes que gritarla... esta señora tiene su negocio, por eso te pide el dinero...”. Así le explico yo. Alí es consciente del valor de la mediación. Sabe cómo usarla. Así recuerda una situación en la que intentó mediar: Un paisano mío tenía un problema con el señor que le realquilaba habitación. Mi paisano traía chicas a casa, y el señor se enfadaba, no quería chicas. Cada vez hablaba más alto ese señor. Mi paisano le decía que en su habitación podía hacer lo que quisiera. Un día que yo estaba visitándole tuvieron una fuerte discusión, yo intenté ayudarles a entenderse, pero el señor ya no quería escuchar. Por eso busqué a una mujer que conoce a ese señor. Él tiene confianza en ella, y yo pensé, “si ella viene y nos escucha, él va a escucharnos también, así podremos hablar, entendernos...”

ENLACE
Hay personas que son puntos de referencia, de conexión entre grupos (de paisanos, por ejemplo) e instituciones (policial, sanitaria, municipal...). Lo explica Abdulhak, de Marruecos: En San Sebastián hay unos nueve o diez marroquíes que son como las personas de referencia, las más conocidas por la policía, y también tienen su nombre y su teléfono en los hospitales. Cuando detienen a alguien, cuando hay un problema, si aparece alguien muerto o si hay un accidente, pues les llaman a ellos y a través de ellos se localiza a los familiares. Una vez acuchillaron a un chico por una disputa. En realidad era español, nacido aquí, pero de padres marroquíes. La policía lo recogió y como tenía rasgos árabes, llamaron a un marroquí que conocían. Él le reconoció y así se pudo localizar a su familia. Cuando no pueden dar salida a la situación que les plantean, tratan de buscar otra persona o institución que pueda apoyarles. Conocen algo el trabajo de las instituciones y asociaciones de apoyo a inmigrantes y a su vez les conocen en estos lugares. María pone en contacto a quien le pide ayuda con alguien que quizás trabaje en una institución o quizás no, pero en cualquier caso, busca a alguien de confianza. Cuando le pide apoyo a Laura, ésta puede dar respuesta a algunas peticiones personalmente, o acercándoles a otras asociaciones. Laura explica sus primeros años de relación con María:

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MARÍA BUSCA QUIÉN APOYE SER ENLACE Durante cuatro años fui vecina de María, fuimos vecinas de la misma calle. Pocos días después de conocernos, y cuando supo que me dedicaba a dar clases de castellano en el barrio por medio de la asociación Bilbo Etxezabal, empezó a pedirme apoyo para algunas personas que se dirigían a ella. Me puso en contacto con gente que quería aprender. Me fue presentando a gente en situaciones variadas relacionadas con los estudios: un niño pequeño a quien había que llevar a la escuela porque su madre a esas horas estaba durmiendo, un marroquí que se ofrecía a enseñar a escribir a sus paisanos... Semana a semana me hizo llegar todo tipo de gente, quien buscaba alquiler, quien necesitaba una oferta de trabajo, quien necesitaba hacer una gestión en la policía pero temía hacerse presente porque tenía una orden de expulsión... Me veía desde la acera de enfrente y me avisaba, o venía a buscarme a casa. Otras veces aprovechaba cuando pasaba por su tienda a saludarla... Me buscaba en el trabajo, o me llamaba por teléfono cuando no tenía otra opción.

María pone en contacto a Laura con la gente para que alguien aprenda castellano, busque otras posibilidades de estudios, encuentre alquiler, arregle la documentación o haga gestiones judiciales. Después de ese primer contacto entre Laura y quien le pidió, María trata de seguir el caso, de saber si consiguió lo que necesitaba... Pregunta a Laura y pregunta a la interesada cómo les fue. Si la persona a quien deriva tiene una pequeña red de apoyo, como es el caso de Laura, esta red podrá ir creciendo. María explica sobre alguien que venía con frecuencia a pedirle ayuda: Ese chico, antes venía siempre a pedirme a mí. ¡Todas las semanas pasaba por mi tienda! Yo le puse en contacto con Laura. Laura le ha ayudado... ¡Y ahora ya no viene a verme a mí! Ahora le busca a ella cuando necesita ayuda, ¡todos los días Laura tiene visita...! Las personas clave hacen también de canal en sentido inverso, para ayudar a una institución que ofrece ayuda y busca clientes a ponerse en contacto con la gente. María es un punto de referencia para las asociaciones del barrio y para las que trabajan desde fuera con inmigrantes: cuando hace falta difundir una convocatoria o localizar a inmigrantes, sobre todo si se trata de africanos, se dirigen a ella en primer lugar (por ejemplo en campañas de vacunaciones y convocatorias de cursos y jornadas). Ellos saben que son muy necesarios para las instituciones, ven con claridad que una institución aporta y también recibe; no sólo porque aprende de aquellos a quienes dice ayudar sino porque necesita de ciertas personas que hagan de enlace, que contacten con el colectivo al que se dirigen, para que su ayuda pueda tener un mínimo alcance. Perciben la ayuda como un intercambio, como un dar y recibir a la vez, tanto entre personas como entre personas e instituciones. Así lo afirma María:

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Yo les he ayudado mucho a las asociaciones. Venían a pedirme que les pusiera en contacto con gente. Venían a pedirme que les hiciera entrevistas... Todos han venido a pedirme, del centro de atención psicosocial... ¿cómo se llama...? y de Cáritas, del Centro de Salud para la vacunación de los niños... y de otro sitio que no recuerdo el nombre, que querían contactar con mujeres. La última vez fueron unos que buscaban extranjeros con permiso de residencia para un curso de nosequé... Todas las asociaciones han venido a pedirme, ¡y los curas de la parroquia también!, todos han venido por mi tienda. Cuando necesitan gente todos vienen... De todos los sitios han venido a pedirme ayuda y yo se la he dado... Yo hacía lo que podía, porque veía que eso podía servir para que mi gente estuviera un poco mejor. Personas como María y Alí no derivan a instituciones tanto como se espera desde las propias instituciones, si tenemos en cuenta la cantidad de gente que se dirige a ellos a pedirles. Su experiencia personal con las instituciones les ha hecho tomar distancia con éstas, desconfiar en ocasiones. Un modo de establecer contacto entre los inmigrantes y las instituciones y resto de la sociedad es ser voz de la gente ante los medios de comunicación y estudiosos del tema. Cuando sucede algo en el barrio relacionado con los inmigrantes (una paliza policial, una pelea, detenciones por tráfico de personas, cierre de un club de prostitución...), los medios de comunicación se dirigen a María para preguntarla; año tras año vienen a entrevistarla emisoras de radio, canales de televisión y periódicos locales, nacionales y estatales; se han dirigido a ella en estudios sobre los inmigrantes relacionados con la salud o el maltrato policial. No hay muchas personas inmigrantes en el barrio que estén dispuestas a hablar en público y que se relacionen con soltura con periodistas y entrevistadores.

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Antes de la droga, a cualquiera que venía se le daba casa, venía a vivir con alguno de nosotros. Y le poníamos a trabajar en los mercadillos, en la venta ambulante. Después de llegar la droga al barrio, ya no ayudamos a cualquiera, no nos fiamos. Tahar, de Marruecos

Capítulo 6. “Ya no nos fiamos” CRIMINALIZACIÓN Y AYUDA
Los inmigrantes de países pobres que son etiquetadas habitualmente con el apelativo de “ilegales”, “negros” o “negras”, o como “traficantes”, sufren la criminalización y la represión policial que se justifica a partir de estos estigmas. La criminalización de los inmigrantes hace más difícil el apoyo, porque se fomenta la desconfianza y se dificulta el encuentro entre la gente, porque lo hace más arriesgado. Como comprobaremos, la ayuda a quienes cargan con estos estigmas también se criminaliza: apoyarles se considera “ilegal”, se considera “dar cobertura a la delincuencia organizada”, lo que tiene graves consecuencias, sobre todo en las personas clave en la ayuda y en los propios espacios de acogida.

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A. ESTIGMAS Y CRIMINALIZACIÓN
En el barrio de San Francisco, después de payos y gitanos, fueron sobre todo marroquíes y argelinos los que se incorporaron al tráfico de drogas en su escalón más inferior; más tarde entraron africanos; en algunas tareas, unos colectivos fueron sustituyendo a otros. El tráfico de drogas se sumó a la prostitución como sustento económico del barrio directa o indirectamente (comercios, farmacias, bares y pensiones participan de los beneficios de la compra y venta ilegal, ya que traficantes y toxicómanos pasan en el barrio el día y algunos la noche también). Cuando tener el estigma “negro” es por sí mismo una prueba de delito, cuando el hecho de ser negro es signo de ser delincuente; se está criminalizando a la población negra, por ser negra. Dicen Beatriz Díaz y Javi Fantova: El estigma, una etiqueta asociada a alguna característica de la persona (en este caso el color de la piel) parece explicar completamente sus acciones. El estigma no distingue a las personas, y hace pasar a todas por el mismo rasero en función de una imagen social determinada. Por efecto del estigma, todas las personas etiquetadas (en nuestro caso, “negras”) pasan a pertenecer al mismo grupo, a tener las mismas características. Para quienes lo utilizan y promueven, el estigma es suficiente para justificar las actuaciones contra ellas (1998:75). A la vez, el estigma “traficante” es promovido y reforzado por las instituciones estatales. De hecho, la identificación o detención a través del estigma es defendida públicamente por representantes de instituciones policiales: en unas jornadas abiertas, una funcionaria de la Ertzaintza, explicó consideraban como indicios evidentes de criminalidad el vestir ropa cara, unido al color de la piel y al lugar por donde se pasa (Itziar Marrokín, 1997). Es en el contexto de la política autonómica, estatal y europea frente a la inmigración donde se crean algunos estigmas, una política que trata de frenar la inmigración impidiendo la entrada (así se crean el estigma “ilegal” y el estigma “mafia”) y haciendo difícil la estancia (así se crean el estigma “negro” y el estigma “traficante”). Se trata también de una política de lucha contra la delincuencia bien definida y aplicada ya en Estados Unidos y en diversos países de Europa, a pesar de no tener resultados positivos, según afirma Loïc Wacquant: ... “tolerancia cero”, toque de queda, denuncia de la violencia de los jóvenes (es decir de los jóvenes considerados inmigrantes de los barrios puestos en barbecho económico), focalización sobre los pequeños traficantes de droga (...) esos programas no tienen ninguna incidencia mensurable en la delincuencia, se contentan con desplazarla en el tiempo y en el espacio (...) y están siendo vigorosamente combatidos ante los tribunales en razón de su aplicación discriminatoria y de su vocación represiva que contribuye a criminalizar a los jóvenes de color de los barrios segregados (1999:13). La criminalización, la represión y la impunidad policial existen en este barrio y se viven en el día a día. La gente trata de responder a ello. Cuando varios senegaleses sufrieron agresiones policiales, 80

se movilizaron para apoyarse; cuando detuvieron a la amiga de María, ella corrió a pedir ayuda a una oficina municipal y a un amigo; en la campaña de denuncia del maltrato policial a inmigrantes en el barrio, muchos de ellos ofrecieron testimonios; si alguien es encarcelado se le apoya; si desea denunciar una agresión policial, se buscan los medios para que lo haga; cuando alguien llega nuevo al barrio, como explicaba Tahar, se le hace un acompañamiento más cercano, que entre otras cosas sirve para evitar que tenga problemas con la policía. En medio de la criminalización, estas actitudes de apoyo son difíciles y arriesgadas, por eso decimos que la criminalización tiene efectos en la ayuda entre la gente.

B. EFECTOS DE LA CRIMINALIZACIÓN EN LA AYUDA
LOS LAZOS DE APOYO SE DEBILITAN
En un barrio donde se entrelazan varias redes de trabajo ilegal como son el tráfico de droga ilegal, la prostitución, la falsificación de documentos y el tráfico de personas, la verdad y la mentira están confundidas; porque a través de esta confusión pueden ocultarse mejor estas actividades. Pero al mismo tiempo, para que ciertos apoyos puedan ser efectivos, para que la persona que ayuda no se arriesgue más de lo necesario, hace falta una claridad en la relación que a veces no es posible. Por otra parte, cuando no se tiene documentación también hace falta construir una doble versión de algunos hechos de la propia vida y a veces vivir semiclandestino. Esto supone una dificultad añadida a la hora de prestar ayuda. La estigmatización se suma a estas limitaciones inevitables. El estigma se apoya en el señalamiento de lugares y personas (“¿qué haces tú en este bar?”, le preguntó la policía a Marta). Se convierte en traficante todo aquel a quien la policía u otros vecinos señalan. Por ejemplo, para la gente que vive fuera, ir al barrio a visitar a un amigo o a dejar un recado puede ser muy costoso. Zuriñe lo explica así, hablando de los africanos: La gente no quiere hablar del tema, no quiere pasar por el barrio, no quiere que nadie piense que... “¿Qué hacías tú un martes por la tarde en San Francisco?” El menor acto supone una acusación, una marca. Y la gente quiere vivir tranquila. Conseguir dinero, apoyar a la familia en África y ya está. Entre los inmigrantes que se sienten afectados por estigmas y estereotipos, quien puede se va a vivir fuera del barrio, quien puede no pasa por allí. Esto provoca dificultades de encuentro entre paisanos o gente cercana, encuentro que sería el punto de partida para establecer un apoyo. Además, se agudiza la imagen de marginalidad del barrio, la imagen de “gueto”, como vimos en el capítulo anterior, y esto impide más aún que gente diversa se acerque al barrio, y hace que los inmigrantes que salen fuera del barrio se sientan señalados u observados. Los rumores crean desconfianza y miedo a ayudar: si estás aquí, si vas con ése, hacen creer a tu entorno incluso a tí mismo que también colaboras (“si me relacionan con él van a pensar que yo 81

también...”). Quien no desea verse afectado por ese estigma, ve necesario saber si las personas que se relacionan con él o ella están “metidas”, saber quiénes frecuentan el local donde acaba de entrar. Desea saber para que no le impliquen, para que no le identifiquen con “esos”. Comienza a sospechar y desconfiar. De este modo, entre amigos, entre paisanos, entre pobres, entre los que forman parte del propio colectivo criminalizado se empieza a usar el estigma y se asume la forma de actuar y los criterios de sospecha de la policía (Díaz y Fantova, 1998:76). A mucha gente que tiene miedo de que se le implique en el tráfico le cuesta confiar en desconocidos. Moustafá, de Marruecos, explica lo que le sucedió hace años cuando llegó al barrio por primera vez: Yo vine de Barcelona, allí trabajaba por temporadas en el campo, y convivía con otros paisanos y africanos... yo estaba acostumbrado a compartir casa y comida con mis compañeros... Llegué a San Francisco, iba todo el día con mi equipaje al hombro. Pedí a varios paisanos que me dejaran guardarlo en su casa, para no andar todo el día cargado. Nadie quería, nadie respondía. “No, es que en la pensión no podemos tener cosas...” me decían. Al final tuve que deshacerme de él, lo tiré a un contenedor, ¡ya no tendría que cargarlo más! Tras una operación policial de registro de un local, tras una redada, una detención o encarcelamiento, circulan con rapidez las versiones sobre los hechos, (“por algo habrá sido, ya lo decía yo...”); no se desmentirá una afirmación aunque se crea malintencionada; no hay gestos visibles de apoyo; pocos se acercan a la persona o a su local los primeros días; porque esto supondría ser relacionado con quienes han sido señalados. Abdurrahim, de Egipto, era vecino de un chico que fue ingresado en prisión preventiva acusado de tráfico de drogas. Mientras el chico estaba dentro, alguien tendría que llevarle algo de ropa y calzado a la cárcel, y recoger y guardar sus pertenencias. Abdurrahim no pensaba hacerlo: Yo no quiero saber nada... Se ha metido en eso, y ahora ya no quiero saber nada de él. A mí me da igual si entran en su casa. Me da igual si necesita ropa. Si alguien se lleva las cosas, me da igual... Esta muestra de desconfianza y desinterés, más que una cuestión personal, se entiende como una forma de desenvolverse en este entramado sin que te impliquen y a la vez sin delatar, en respuesta a la necesidad de sobrevivir en el barrio. Otras personas sí se relacionan con paisanos que trafican. Cuando se vive al margen, como es el caso de estos pequeños traficantes, el acercamiento y la confianza entre paisanos cobra una especial importancia; cuestiones que no se quieren sacar a relucir con otra gente, surgen hablando entre paisanos y pueden solucionarse. Idir explica: A veces me encuentro con unos paisanos que llevan tiempo aquí. Ellos viven un poco al margen, apartados, porque trabajan en la droga, entonces no quieren que les molesten... ni tampoco meter en líos a nadie... ¡Y ni se han planteado hacerse los papeles!. Les dices, “¿no tienes papeles todavía?” Hay cosas que no se les habían ocurrido, pensaban que no podían, yo qué sé... Entonces les ayudas a intentarlo, a hacérselos. 82

Algunos tienen la seguridad de que no les van a implicar; pero saben también que han de guardar ciertas distancias y precauciones, porque la policía sí puede hacerlo. Idir explica: Mis paisanos conmigo están bien. Algunos trabajan en la droga, pero conmigo no hay problemas... Ellos viene a mi casa, pero yo no voy a su casa si me invitan a comer, porque igual están metidos en la blanca, y si entra la policía en su casa y tú estás alli, meten a todos en el mismo saco. Cuando estas situaciones se generalizan, cuando van afectando a aspectos diversos de la vida cotidiana, pueden debilitar la cobertura de apoyo entre la gente, especialmente entre paisanos. Por eso Tahar tiene claro que la entrada de la droga en el barrio supuso una limitación para la con fianza entre sus paisanos. Y Abdulie, de Gambia, recuerda: Cuando yo llegué a España, hace muchos años, era diferente. Entonces todos los africanos estábamos juntos. Se reunía dinero... necesitabas viajar a otro sitio, se juntaba dinero entre todos. Era otra historia... Luego empezó el rollo este, las drogas, estos sitios donde... eso antes no existía, los líos en estos barrios, con la policía... todo eso. Entonces cambió la cosa... Para ellos, el momento de la entrada de algunos inmigrantes al tráfico de drogas y el aumento de la marginalización de los barrios de inmigrantes es la frontera entre el antes y el después de la ayuda entre paisanos o hermanos de continente. Esto es quizás lo que define de forma más cruda el efecto que el estigma y la criminalización pueden tener en las redes de apoyo.

LA AYUDA SE HACE ARRIESGADA
En un contexto de criminalización y de estigmatización de colectivos variados ayudar supone arriesgarse. No todo el mundo está dispuesto a hacer tareas en principio sencillas que a través de la criminalización y el estigma se hacen complicadas. Apoyar a alguien afectado por la impunidad policial (por ejemplo, estar presente en un juicio como el de Abdul) denunciar o hacer de testigo contra una institución poderosa como la policía, significa ponerse en peligro, cargar con otra marca. No es fácil tomar la decisión cuando se sabe de muchas personas cercanas que han sido amenazadas, seguidas o agredidas por la policía después de denunciar públicamente o por vía judicial. Veamos un ejemplo: Un grupo de africanos fueron detenidos ilegalmente en una redada policial y maltratados en comisaría. Uno de ellos fue ingresado en prisión. Varias de las personas que fueron detenidas se buscaron en días posteriores, hablaron de lo sucedido y se animaron entre ellas para denunciar los hechos en la oficina del Ararteko. Una de ellas comentaba: Esto es una cosa muy difícil, muy peligrosa. La policía tiene mucha fuerza. Podemos tener problemas luego, porque somos africanos, puede pasar algo y no va a importar a nadie luego, ¿sabes? Algunos dicen que van a denunciar. Pero otros ya no quieren, dijeron que sí, 83

pero se han echado para atrás, tienen miedo. Tenemos que denunciar, tenemos que apoyar a ese chico... queremos hablar para que no se haga injusticia... Ese chico no tiene que estar en la cárcel. Según explica esta persona, la intención de la denuncia es reparar el daño y humillación personales y apoyar a quien está en la cárcel, alguien que está peor que el resto del grupo.

AFECTA A PERSONAS CLAVE
El ejemplo de María es muy claro. Poco tiempo después de que María abriese su tienda se había creado un ambiente de acogida, de escucha, de intercambio. Ella explica: Todos saben que soy muy reconocida en el barrio, que tengo un respeto, que la gente escucha lo que digo y para ellos es importante. En mi tienda podía entrar todo el mundo, yo no marcaba diferencias. Saben que estoy al tanto de lo que pasa en el barrio, yo me entero de todo lo que pasa... Su tienda era un referente donde acercarse a contar problemas o pedir ayuda. Ella no discriminaba. Se convirtió así en una persona con mucho reconocimiento en el barrio y a la vez en un punto de referencia de ayuda para todo tipo de gente, entre ellos pequeños traficantes. Cuando María fue agredida por varios ertzainas, que la pegaron y humillaron delante de su tienda en plena calle, ella convocó una reunión en el barrio para pedir apoyo y respuesta pública. Avisó a todas las personas y asociaciones que conocía. Probablemente nunca en una reunión del barrio convocada por ninguna asociación había ido tanta gente africana y magrebí, que no suelen participar activamente en asociaciones. Fue quizás la constatación de que era de las pocas personas en el barrio con un grupo tan amplio y variado de personas que confiaban en ella. Este tipo de agresiones no sólo las había sufrido ella, pero a través de ella se pudo movilizar a otros para denunciar la situación. A través de ella otra gente se animó a denunciar por la radio, en la calle, en ruedas de prensa o en entrevistas personales, el maltrato policial que habían vivido. Tras los primeros meses del calor de las movilizaciones de denuncia y cuando perdió el juicio por la denuncia que la Ertzaintza puso contra ella, María cerró su tienda. Como explica Fantova, no fue casualmente: María fue una de tantas personas que por el solo color de su piel fue objeto de maltrato policial. María fue de las pocas que se atrevió a denunciar (...) Todo esto fue una carga de profundidad en la línea de flotación de su dignidad. Una identidad basada en el respeto ganado a pulso durante años, se derrumbó. Pérdidas económicas, señalamientos por parte de vecinas y vecinos del barrio, escalada en el hostigamiento policial. María cerró la tienda, y con ella buena parte de su historia y su sentido de vivir (1998:1). Para María, cerrar su tienda fue cerrar parte de su identidad. Para el barrio, y en concreto para muchos inmigrantes, significaba cerrar un espacio de acogida. 84

María trata después de salir adelante. Así lo cuenta Laura: Vi como María se hundía, ¡y no creo que fuera sólo por los problemas económicos! Fue también porque su identidad, en este barrio donde había vivido más de quince años, se fundamentaba en la ayuda a los demás y su tienda era el punto de referencia para esta ayuda. Lo pude comprobar cuando un año después trataba de recuperar su ánimo y su identidad del mismo modo: tratando de ayudar, de relacionarse con la gente. Ella era consciente de que se había debilitado ese eje importante en su vida y trataba de reconstruirlo. Tiempo después, María comentaba: Echo de menos la tienda. Cuando estaba en la tienda... ¡Eso era increíble! ¡venía todo el mundo...! Todos venían a contarme. ¡Estaba cansada de escuchar historias! Eso no era una tienda, ¡era como un centro de salud mental! Actualmente, María sigue luchando por mantener su papel en el barrio. Dos años después de las agresiones policiales que vivió y de sus denuncias, sigue recibiendo un goteo de variadas denuncias por parte de la Ertzaintza. Habiéndose quedado sin empleo como efecto de la propia represión policial, todavía se ve obligada a pagar multas tras resoluciones judiciales en su contra, acusada de “faltar el respeto a la autoridad”. La represión policial, en definitiva, no sólo supone una humillación personal y una violación de los derechos básicos, sino que tiene este efecto a largo plazo que acabamos de ver. Supone, en definitiva, una forma de cortar, de bloquear ese fortalecimiento de los lazos de ayuda que se apoya especialmente en estas personas. Tiene como efecto “secundario” romper la vida de una persona y alterar además una amplia red de apoyo que estaba centrada en esa persona.

LAS ASOCIACIONES E INSTITUCIONES PARTICIPAN EN LA REPRESIÓN
Hemos visto cómo la gente afectada por la criminalización puede acabar asumiendo el estigma y los criterios criminalizadores del estado y de la policía en concreto. Del mismo modo sucede con algunas asociaciones e instituciones, lo que tiene graves consecuencias. Las asociaciones y grupos religiosos que tradicionalmente han apoyado a los pobres y marginados son acusadas de colaborar con el tráfico de drogas ilegales cuando apoyan a alguien sospechoso de ser traficante. Muchas de ellas, ante estas acusaciones, lejos de enfrentarse a las instituciones oficiales y policiales que realizan este señalamiento y promueven el estigma, optan por no ofrecer ayuda a personas de este colectivo estigmatizado, no acercarse a ellos, no responder a sus solicitudes o, si se había establecido algún tipo de ayuda, retirársela. Veamos varias situaciones en que se han retirado ayudas y las explicaciones o justificaciones que ofrecen estas asociaciones a las personas afectadas.

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NO TRABAJAMOS CON “ESOS” PARTICIPANDO EN LA REPRESIÓN La institución encargada de administrar el pase para los comedores sociales (quincenal, para ciudadanos no españoles, mensual para ciudadanos españoles) se lo ha retirado a algunas personas de quienes piensa que trafican; en la oficina les dicen que no deberían hacer “eso” (es decir, vender droga ilegal). En una asociación se retiró el apoyo para tramitar una denuncia por malos tratos policiales a una persona que podía tener relación con el tráfico de drogas; la asociación le explicó que no trabajaban con “esos temas” porque no querían arriesgarse a tener problemas. En una parroquia del barrio se despidió como empleada de la limpieza a una persona que realquilaba habitaciones a pequeños traficantes. Ella misma lo cuenta: Yo estuve unos años trabajando en la parroquia, con los curas. Limpiaba los locales dos veces a la semana, y ellos me pagaban algo. Así salía adelante, con eso y lo de las habitaciones que realquilaba. Una tarde, cuando acabé de limpiar en la parroquia, un cura me dijo: “Cuando quieras puedes dejar de venir a limpiar, porque hay gente que lo necesita más que tú... Tú ya tienes suficiente...” Así fue como dejé de trabajar allí... Y después otro día que no tenía para la comida fui a pedir a la parroquia algo de dinero. Ya me iba a dar el dinero un cura cuando otro le llamó y le dijo desde el otro lado del cristal... ¡pero yo lo oía todo!... ”A ella no se le da dinero, no le des nada, a ella no”. La asistente social de la parroquia también me dijo que no me iban a dar más ayuda. No me explicó más. En otra asociación durante algún tiempo se impedía ser socio o se expulsaba de la asociación a quien se pensaba que traficaba. En la asociación afirmaban que no querían recibir acusaciones de apoyar el narcotráfico.

Las explicaciones dadas a la gente en estas situaciones han sido, en general, poco transparentes: la trabajadora social y algunos curas de la parroquia no se sienten obligados a dar explicaciones; el encargado de dar el pase para el comedor social y otro cura de la parroquia, ofrecen justificaciones que entran a juzgar cómo la gente se busca la vida, valorando que trapichear o realquilar a pequeños traficantes es menos adecuado que otras formas; en las asociaciones dijeron más abiertamente que querían protegerse para evitar acusaciones. Estas instituciones no se detienen a cuestionar la estigmatización o denunciar la relación entre la ilegalización y el tráfico clandestino de algunas drogas. Al retirar su ayuda buscan proteger la imagen de la asociación, lo que de hecho resulta necesario y dificultoso, ya que algunas asociaciones han sido acusadas públicamente o por vía judicial, tanto por instituciones policiales como por una asociación vecinal, de colaborar con el “narcotráfico” y de encubrir a traficantes (de esto hablaremos más adelante). Poco a poco la imagen y la seguridad de la institución llega a convertirse en la referencia de su actuación, y la persona que necesita ayuda deja de ser el objetivo principal. Incluso en situaciones de violaciones de derechos básicos relacionadas con la criminalización, las asociaciones no siempre están dispuestas a colaborar. Un ejemplo: 86

Una noche, un joven africano murió desangrado en la calle, tras recibir una puñalada en la pierna. Los testimonios de varias personas coincidieron en subrayar la lenta respuesta de la Policía Municipal y de la Ertzaintza en atender y trasladar al chico al hospital. Un testigo aseguraba que desde que se hizo presente la policía hasta que murió en ese mismo lugar pasó más de media hora. Otro testigo escuchó comentarios despectivos de los funcionarios que vigilaban al chico cuando les pidió que lo llevaran al hospital (“no lo vamos a trasladar, no somos taxistas”) y una vez muerto (“¡un negro menos!”). Un tercer testigo afirmó que tras la muerte del chico, un mando se hizo presente y estuvo amonestando a los policías por no haber valorado antes la gravedad de la situación. La versión que la policía ofreció a la prensa hablaba de una puñalada “con tan mala suerte que le provocó la muerte instantánea”. Muchas asociaciones conocieron estos hechos y escucharon testimonios de varios testigos. Sabían también que el joven apuñalado y dejado desangrar vendía drogas ilegales. El Ararteko dio el paso de pedir a las instituciones policiales datos concretos sobre su actuación aquella noche (pero la impunidad policial permite también cambiar y ocultar datos). Ninguna otra asociación denunció, cuestionó o pidió investigar el caso. Una mujer africana que fue testigo, impresionada por el silencio y la pasividad de las asociaciones vecinales y de apoyo a inmigrantes, exclamaba: Un día me puedo morir, me matan... Van a decir que soy traficante, van a decir que soy ladrona, que soy prostituta... ¡pero no van a investigar mi muerte, porque soy negra! La Policía Municipal y la Ertzaintza emplean, entre otros métodos, la presión psicológica con amenazas, para hacer que se firmen escritos, o la convocatoria de reuniones para que las asociaciones de ayuda participen en la represión informando, asesorando o haciendo de enlace. Una persona cuenta: Teníamos miedo, nos sentíamos presionados, coaccionados. Estábamos aturdidos. No sabíamos que hacer. A algunas personas les pedían firmar una declaración de que estaban contra los traficantes, a otras les pedían que hicieran de confidentes... muchos nos negamos, no queríamos saber nada... ¡Ellos querían usarnos!... Poco después de comenzar el operativo especial de lucha contra el tráfico de droga en el barrio de San Francisco, ambas policías convocaron a los representantes de asociaciones vecinales, asociaciones de inmigrantes y de apoyo a inmigrantes, y les pidieron su “colaboración” para localizar e identificar a pequeños traficantes. La mayoría de las asociaciones se negaron a colaborar. M‟ Foumou, de Angola, que es socio de Afrovasca, recuerda: Llamó el jefe de la comisaría de la Policía Municipal a la asociación y pidió cita para hablar conmigo. Fui allí, y me pidió que “colaborara“ con la policía... ellos lo llaman así, “colaborar”... que les diera listados de los africanos que trabajan en la droga. Y también quería que les explicara cuáles son los documentos válidos y cuáles no, porque ellos no saben, detienen a alguien y no saben si su documento está en regla... Yo le dije que ése no era mi trabajo. Para mí eso es vender a mis hermanos africanos, sean o no de mi país, ¡mi trabajo es proteger a mis hermanos, no hacer de chivato! 87

También me han llamado de la Ertzaintza, “a ver si nos apoyas en este proyecto que vamos a hacer”. El sindicato de la policía convocó una reunión con las asociaciones, lo mismo, querían “colaboración”. Y nos decían, “si no queréis colaborar, por algo será”. Dicen que algunos africanos han dado nombres a cambio de conseguir sus papeles... si no nos controlamos caemos en su trampa. Una asociación sí estuvo y está dispuesta a colaborar, y lo hace de modos variados. A Irene, socia de Afrovasca, no le cabe duda de que hay una estrecha colaboración entre esta asociación y las dos instituciones policiales que actúan en el barrio. Y lo explica con el ejemplo de un acto de protesta convocado por esta asociación: Una noche, al acabar una reunión, vinieron a avisarnos, que la asociación esa iba a manifestarse frente a un bar de africanos. Vamos para allá. La asociación coloca una pancarta al lado del bar. A un lado la Ertzaintza, al otro la Policía Municipal, por allí cerca dos furgonetas. El presidente de la asociación, megáfono en mano, empieza a hablar contra los negros y los traficantes, que tal, que cual... en tono provocador. Una situación muy tensa... Cuando dejaba de hablar, uno de la Ertzaintza le hacía un gesto para que siguiera. El otro repetía lo mismo una y otra vez. Querían provocar. En un momento dado, la Ertzaintza coge a una mujer africana que estaba con nosotras, se la lleva aparte, le pide los papeles, le toma los datos, y la vuelve a traer... nosotras teníamos claro que había que controlarse, ¡ellos querían que saltáramos! De repente la Ertzaintza dice, “se acabó”, y se retiran todos. Yo lo tengo muy claro, la policía era quien dirigía esa acción, los otros estaban a sus órdenes. Tengo la seguridad de que querían provocar a los africanos para que saltasen, justificar detenciones y el registro del bar.

Los Servicios Sociales de Base municipales participan también en la criminalización de algunos colectivos. Tras una petición de ayuda (Ingreso Mínimo de Inserción o Ayuda de Emergencia) hay una intromisión de la institución en la vida personal, a través de entrevistas, y se imponen condiciones para conceder la ayuda, entre ellas la presentación de un certificado de convivencia. Este certificado es expedido por agentes de la Policía Municipal que trabajan de paisano en el barrio y se dedican expresamente a ello, y quienes usan criterios difusos y discriminatorios para decidir si extienden el certificado (Díaz y Fantova, 1998:66-67). Osakidetza (Servicio Vasco de Salud) también exige un certificado de convivencia a los menores extranjeros o mayores de edad con residencia, para conceder la Tarjeta Sanitaria. De este modo, queda en manos de la propia policía el valorar si esa persona puede recibir una ayuda social o si se le debe reconocer el derecho a la atención sanitaria. Estas instituciones públicas asumen el estigma, como indica el Colectivo Apachas (1999:41), y participan de forma creciente en la tarea de la represión y control estatal, lo cual es un modo de criminalizar la propia pobreza. En cuanto a algunas asociaciones no gubernamentales, al dejarse arrastrar por el huracán de acusaciones criminalizadoras y no apoyar a quien es considerado delincuente, asumen también indirectamente la llamada estrategia policial de lucha contra la delincuencia, dejándose utilizar por el Estado. 88

Otra consecuencia es que muchas personas no se acercan a estas instituciones y asociaciones a pedir apoyo o denunciar violaciones de derechos humanos, porque sienten que no les creen, que siendo pequeños traficantes no pueden recibir apoyo, o porque saben de otras personas a quienes han rechazado (recordemos lo explicado en el capítulo 3, sobre acercarse a contar). En algunas asociaciones de ayuda, a raíz de algunas experiencias similares se ha generado un debate que ha ayudado a retomar sus principios de actuación. Puede ser positivo también aprender de la reciente experiencia de movimientos de apoyo a toxicómanos, a personas presas o con determinadas ideas políticas, que también fueron criminalizados. El colectivo educativo Apachas, que trabaja en un barrio situado entre Getafe y Madrid, sugiere, desde su experiencia: (...) trabajar en la lucha contra la criminalización de la pobreza (en concreto contra las actuaciones represivas de policías y servicios sociales) “tejiendo y fortaleciendo redes sociales de autodefensa en los barrios y pueblos”: sacar a la luz las situaciones, ayudar a perder el miedo, formar asambleas a través de las cuales denunciar públicamente, apoyar procesos judiciales abiertos, organizar manifestaciones de denuncia, acciones de información y debate, y luchar por una renta económica básica incondicional (1999:47).

C. CUANDO AYUDAR SE CONVIERTE EN DELITO
Personas que estaban presenciando actuaciones policiales han sido increpadas por los policías y les han pedido incluso forzado a que se marchen. Se ha llegado a identificar y registrar a un trabajador de SOS Racismo que observaba una actuación (Díaz y Fantova, 1998:65,102). Este es un modo de criminalizar los intentos de garantizar el respeto a los derechos de los inmigrantes por esta asociación, y de tratar de neutralizar su testimonio. Otro método policial que refleja un intento de criminalización es filmar y fotografiar a los participantes en manifestaciones o actos de apoyo a inmigrantes. Por ejemplo, una filmación en un acto de protesta contra la violación de una mujer brasileña en una comisaría de la Policía Nacional en Bilbao, convocado frente a esta comisaría, da a entender que están considerando como sospechosas a las personas que muestran su apoyo a esta mujer afectada por la impunidad policial. La ayuda a las personas marcadas como “ilegales” también es criminalizada. Dice Mikel Mazkiarán que “la Ley de Extranjería, de forma subliminal, trata al extranjero como a un “ilegal”. De ahí que los medios de comunicación no hayan hecho sino multiplicar y normalizar el concepto de ”ilegal” en sus crónicas diarias” (1998:18). Las personas identificadas como “ilegales” por no tener documentos son consideradas gente sin derechos; no se les llama personas, se les llama inmigrantes ilegales; aunque la ilegalidad no es una característica humana, hacer algo ilegalmente o estar presente en un lugar ilegalmente se considera ser ilegal. Ser extranjero se identifica con ser ilegal y con ser delincuente, con lo que existe un doble motivo de ilegalidad. Mazkiarán afirma que “basta con dar un repaso a la legislación europea para ver que el asilo es tratado junto con la delincuencia organizada, las drogas y el terrorismo” (Mazkiarán, 1998:19). 89

De hecho, ley de Extranjería actual considera como infracción grave el apoyo a personas sin documentación: (...) promover, mediar o amparar la situación ilegal de extranjeros en nuestro país o facilitar el incumplimiento de cualquiera de las obligaciones que a éstos se señalan en las disposiciones vigentes. Se consideran incluidos en este apartado los incumplimientos de los compromisos contraídos por quienes suscriban certificados de alojamiento o actas notariales de notificación a favor de extranjeros, cuando actúen con la finalidad de facilitar la estancia ilegal de éstos (apartado 10, artículo 98). La sanción prevista puede llegar a una multa de medio millón de pesetas (en la proposición de ley pendiente de aprobar en estos meses asciende a un millón de pesetas). Hasta ahora esta ley no se ha aplicado con rigurosidad, salvo en situaciones contadas. Efectivamente, Gabriele Schwab dice, hablando de la política policial de inmigración europea, que “muchas de las medidas decididas por los ministros de interior y justicia europeos no se han desarrollado todavía plenamente” (1997:6). La inmigración es un espacio de ensayo de políticas estatales y comunitarias. Con los inmigrantes se ensaya la negación de derechos básicos, la criminalización de la ayuda y el control: (...) evidentemente, es con los refugiados y los inmigrantes -legales, sin papeles o como seacon quienes se va a ensayar, y se está ensayando ya, un sistema de control, de recogida e intercambio de datos y de medidas represivas (Schwab, 1997:5-6). Se ensaya en esta población porque es inexistente desde el punto de vista de la opinión, presión y alarma social: oculta (que no se ve y no se hace ver, flotante), por lo tanto la actuación estatal con ellas no alarman ni escandalizan al resto de la población. Además es inexistente desde la visión judicial y electoral, se les niegan derechos y protección jurídica (ya que no tienen documentación, o temen perderla o no poder renovarla) y no inciden en el cambio político a través del voto. Este sistema de control y represión va extendiéndose a toda la población: por una parte se dirige a otra porción de ciudadanos que interesa excluir, que son los pobres en general. Por otra parte se dirige hacia la sociedad, porque no es posible continuar reprimiendo la inmigración llamada ilegal sin reprimir al resto de la sociedad, como bien expresa Sutcliffe: Los países ricos intentan preservar su riqueza relativa a través de la exclusión de los pobres. Pero los pobres tienen tanto conocimiento como medios para entrar. El barco tiene un agujero. Pero la única manera de cerrarlo seguramente es utilizar sobre los extranjeros una violencia que será posible solamente abandonando los derechos democráticos para todos. Ninguna sociedad ha descubierto un método de restringir su represión solamente a los extranjeros (1998:163). Hay que tener en cuenta que muchas de estas medidas represivas se deciden fuera del ámbito parlamentario, lo que hace muy difícil conocerlas, ser sometidas a control o cuestionadas por los ciudadanos. Sutcliffe explica cómo se establecen las políticas sobre la inmigración europea: Cada vez más las políticas son el resultado de consultas ad hoc entre los distintos gobiernos. Aunque los países de la Unión Europea han llegado a diseñar sus políticas de migración 90

colectivamente, lo hacen a través de instituciones que no son parte constituyente de la Unión Europea y que por lo tanto no están sujetas al examen del Parlamento Europeo o del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (1998:161). María Teresa Gil Bazo, de Amnistía Internacional, afirma: Durante décadas, en países europeos se premiaba a los civiles que ayudaban a las víctimas de guerra, sobre todo los que ayudaron a los judíos. En la actualidad, hay Estados miembros de la Unión que quisieran criminalizar a aquellos que ayudan a los refugiados (Adrián Soto, 1999).

De hecho existen muchas experiencias en las que se ha criminalizado el apoyo: hemos visto que la ayuda entre la gente es importante para entrar y vivir sin papeles. Jawad ayuda a sus paisanos a pasar la frontera, Faisal les apoya para conseguir ofertas y contratos de trabajo. Muchas veces esta ayuda se oculta y criminaliza haciéndola ver como mafia, se equipara a quien ayuda a personas indocumentadas con quienes lo hacen por lucro. Esto es lo que le pasó a Min, que como sabemos lleva muchos años residiendo en Bizkaia: Hace unos años... ¿sabes lo que me pasó? Fue hace cuatro o cinco años. Yo fui a la Policía Nacional a acompañar a cuatro chinos para que arreglaran su situación, porque había salido una nueva ley, y entonces ellos tenían posibilidad de conseguir los papeles, la residencia, vamos... porque hasta entonces no habían podido. ¿Qué pasó? Al lado de la oficina donde íbamos a hacer los papeles me detuvo la policía. Dijeron que yo pertenecía a una mafia de tráfico de inmigrantes, de tráfico de chinos. Me esposaron, me llevaron a la comisaría. Me tuvieron en comisaría cuatro días. ¡Sí, cuatro días!... ya sé qué solo te pueden tener setenta y dos horas en comisaría, pero a mí me tuvieron cuatro días... Yo no denuncié, no podía hacerlo porque iba a poner en peligro a esos chicos, ellos no tenían documentación... ¡claro, por eso habían ido conmigo a arreglar los papeles! Cuando salí de allí, de comisaría, me hicieron ir a firmar cada quince días durante unos meses... Ya ves... ¡Eso me pasó por acompañar a unos chinos a hacerse los papeles! Se criminaliza la actuación de personas y también la de asociaciones de emigrantes. Un ejemplo de ello es la detención del portavoz y del presidente de AEME (Asociación de Emigrantes Marroquíes en España) a principios de 1999, acusados de promover la inmigración ilegal, y de falsificar documentación y lucrarse con ello. Precisamente esta asociación ha denunciado repetidamente los malos tratos policiales a inmigrantes y la existencia de redes policiales que se benefician del tráfico de inmigrantes (Colectivo Tritón, 1999:19). Jalid, vecino marroquí del barrio y miembro de AEME, declaraba que en este proceso aún abierto varias personas y empresas han sido presionadas por policías para que declarasen en contra de AEME y que casi todos los medios de comunicación silenciaron las declaraciones de AEME y las manifestaciones de la plataforma de asociaciones creada en su apoyo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que muchas veces, la única vía posible para cumplir la exigencia de documentos propuesta por el Estado es encargar su falsificación. 91

Faisal explicaba que la gente tiene miedo de hacer ofertas de trabajo, porque piensan que es ilegal. Confundiendo la ayuda con la extorsión se facilita el rechazo en la opinión pública y la confusión personal (“¿estaré haciendo algo ilegal?”). Si por acompañar a alguien que quizás no tiene papeles me detienen y me denuncian, a los ojos de la gente que me rodea, he hecho algo ilegal o al menos puedo empezar a ser objeto de sospecha. Mi apoyo ha sido criminalizado. Se criminaliza también entrando en el campo de la opinión y decisión personal de algunos colectivos. Es el ejemplo de los casamientos considerados ilegales. Los casamientos llamados acordados (entre personas que no creen en la naturaleza de ese matrimonio) o ilegales son muy frecuentes y están extendidos entre diversas clases sociales. Incluyen objetivos muy variados: conseguir con facilidad un permiso de vacaciones en el trabajo; conseguir un crédito; detener las presiones familiares; hacer acopio de bienes; lograr un mayor reconocimiento social; conseguir la documentación con más facilidad... El Estado no cuestiona los motivos de casamiento de cada persona, sólo este último caso se criminaliza y es objeto de investigación judicial y policial. A pesar de todo esto, hay gente dispuesta a hacer ciertas gestiones que son criminalizadas o que traspasan el límite de la ley. Este es el caso de Peru: Casarme por acuerdo, para mí es como una forma de reírme de... Yo no creo en eso, para mí no significa nada y además a esta persona se le va a solucionar... Mira, después de muchos años con miedo y dolores de cabeza, con preocupaciones, sin poder volver a su país para ver a sus hijos que se van haciendo mayores... va a tener documentación, dejará atrás el miedo a ser expulsada, y ya puede volver a su país sin problemas... pues venga... Una experiencia de lucha contra la criminalización desde las organizaciones no gubernamentales es la campaña de autoinculpaciones promovida por diversas asociaciones de Andalucía, Barcelona y Madrid, donde se rechaza la disposición legal que penaliza el apoyo a la estancia de personas indocumentadas. Esta campaña consiste esencialmente en recoger escritos (ver anexo) firmados por personas más o menos reconocidas socialmente y representantes de asociaciones, en los que declaran que están en contra de la ley y que han apoyado a personas indocumentadas, y hacerlos llegar al ministro de Interior (Centro de Documentación, 1998:5); se llaman autoinculpaciones porque estas personas se declaran culpables de haber violado dicha ley. Henry David Thoreau dice sobre este modo de actuar, llamado desobediencia civil: Creo que deberíamos ser primero hombres y después súbditos. No es tan deseable cultivar el respeto por la ley como cultivar el respeto por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que creo justo. (...) Si se requiere de ti que seas agente de la injusticia para con otro, entonces digo: rompe la ley. Haz que tu vida sea una contrafricción para detener la máquina. Lo que tengo que hacer es observar en cualquier circunstancia que no me presto al mismo mal que condeno (1849:4,18). Frente a la criminalización de la ayuda de personas e instituciones y al uso de éstas como instrumento de la represión, la gente y las asociaciones se unen, cuestionan la ley... Se sigue viviendo en el barrio y apoyando a quien es reprimido, se siguen pasando fronteras y acogiendo a quien acaba de llegar y no tiene papeles; y siempre hay personas que a título individual o desde una institución están más dispuestas a asumir el riesgo de la criminalización. 92

La política europea dirigida a frenar la inmigración, con todas sus disposiciones legales y su aparato policial represivo, no es capaz de detener la entrada y asentamiento de emigrantes. El flujo migratorio permanece, y no sólo gracias a las llamadas “mafias”; aunque es deseable que fuera sin tanto sufrimiento y sin los miles de muertos y desaparecidos que esta política provoca.

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La emigración es una experiencia clave para conocer la naturaleza humana, para aprender cómo funcionamos los humanos, cómo trabajamos, cómo nos situamos en el entorno, cómo nos hacemos a nosotros mismos, cómo nos estructuramos. Porque en la emigración, en la experiencia personal del emigrante, todos estos procesos básicos se dan de una manera desnuda. Vivirlo personalmente es muy dramático. Aunque también se aprende mucho, se crece mucho. Inmigrante latinoamericana en Catalunya, 1998 La interculturalidad que viene. El diálogo necesario

Capítulo 7. “A mí me da nosequé, pero también me gusta” QUÉ SUPONE AYUDAR, PERSONALMENTE

Hemos visto efectos de la criminalización en la ayuda, cómo la limita o interfiere. El apoyo entre la gente ayuda a salir de muchas situaciones difíciles y al mismo tiempo, como veremos, es humanizador. Aparte de estos efectos, ayudar tiene consecuencias en la persona que se compromete. Para cada cual estas implicaciones pueden ser muy diferentes. Presentamos a continuación estos dos efectos de la ayuda.

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A. UN APOYO QUE HUMANIZA
Hemos recogido en el siguiente cuadro todas las situaciones mencionadas en las que la gente se ayuda en nuestros ejemplos y las formas de apoyo que se sugieren, se intentan o se dan. Todas las necesidades tienen aspectos humanos como son la dignidad, la inserción en la comunidad, la necesidad de comunicación... Además, unas son más materiales, como la necesidad de ubicación a la llegada, de formarse en lengua y oficios, de trabajo, alojamiento, dinero y papeles; de manejarse en situaciones cotidianas en que se exige documentación cuando no se tiene y de mantener contacto y apoyar a la gente del país de origen. Y otras menos materiales, como sentirse útil, sentirse parte de un grupo, de una cultura y comunidad; estar acompañada; dar salida a situaciones traumáticas pasadas que afectan en el presente y hacer frente al rechazo social e institucional de la sociedad de llegada. Así las hemos agrupado en el cuadro, donde se ve con claridad que esta forma de apoyo reconoce todas estas situaciones (se da cuenta de que existen), las valora (se da cuenta de que son importantes) y les da respuesta.

NECESIDAD
UBICARSE A LA LLEGADA COMER

FORMA DE APOYO EN RESPUESTA
Acogida en casa Acompañamiento, consejos Comer en casa de paisanos o conocidos Pagar una comida, dar un bocadillo Pasar tarjeta del comedor social Prestar o pagar pensión o alquiler Acogida en casa Acogida en mezquita Acompañar a buscar alquiler Préstamo personal sin intereses Apoyo para pedir ayudas sociales Contactos, acompañamiento Préstamo personal sin intereses Acompañamiento, búsquedas, consejos Transporte al lugar de trabajo Préstamo de material Acompañar y apoyar en gestiones con conseguir abogados. Acogida en casa. Ayudar a conseguir ofertas y contratos de trabajo Acompañamiento, consejos, información 95

DORMIR, ALOJAMIENTO

NECESIDAD DE DINERO FORMACIÓN EN LENGUA Y OFICIOS INSERCIÓN LABORAL necesidad de dinero para invertir, material, transporte, contactos laborales ABORDAR PROBLEMAS DE PAPELES documentación, gestiones y paso de fronteras sin papeles, trámites administrativos

Casamientos acordados Compras a nombre de un conocido Préstamo de documentos SENTIRSE ÚTILES SENTIRSE PARTE DE UN GRUPO, ENTENDERSE CON ALGUIEN, MANTENER LA PROPIA CULTURA SENTIRSE ESCUCHADO/A Y RECONOCIDO/A Acogida en casas y tiendas Dar tareas de la casa o el trabajo Espacios de encuentro, tiendas y bares Compañía, conversación, fiestas Denuncias y declaraciones en nombre del grupo

SALIR DE LA SOLEDAD, AISLAMIENTO Acogida, seguimiento en la cárcel, en la casa, en el hospital Contactos, visitas, envíos Compañía de paisanos, conversación ABORDAR SITUACIONES TRAUMÁTICAS PASADAS QUE AFECTAN EN EL PRESENTE ENTERRAMIENTO Y DUELO DIGNOS ABORDAR RECHAZO SOCIAL E INSTITUCIONAL AGRESIONES POLICIALES: reducir el efecto de la agresión, superar el trauma, denuncia pública o judicial CONTACTO CON Y APOYO A LA GENTE EN EL PAÍS DE ORIGEN Acogida, compañía

Colectas para la repatriación y acompañamiento Vida en grupo, acompañamiento Intervención en el momento Visitas y llamadas a comisaría, a abogados y oficinas de derechos humanos Contratación de un abogado para la comunidad Compañía, intercambio experiencias Envíos a través de conocidos Colectas para proyectos de desarrollo Apoyo económico a figuras sociales

El recorrido por los anteriores capítulos también nos ha revelado que estas necesidades se resuelven entre la gente de una forma humanizadora, porque el apoyo entre las personas se establece cuidando unos valores. Retomamos algunos de ellos: Esta forma de ayuda no impone roles. La gente no tiene sus funciones definidas de antemano, puede por lo tanto desempeñar tareas variadas. Cada cual actúa desde su integridad, cada cual escoge los términos en que da o acepta, no juega un papel concreto previamente asignado. Es, como veíamos, flexible, reversible. Está insertada en la comunidad y potencia nuestra capacidad de comunicarnos, como seres sociales. Potencia la conversación, el entendimiento (desde la cercanía), la claridad. Se busca y se da a través del grupo, de redes. Usa la presencia, la compañía, el acompañamiento, los espacios de acogida y encuentro. 96

Es integral, es global, encuadrada en su contexto (quien ofrece su casa, lo hace con todo lo que implica: dormir, comer, compañía, conversación...) Cuando la gente da y recibe, en definitiva, se hace más humana. Cuando se ayuda a título personal, el apoyo (sea desde el grupo o individualmente) dependerá de la implicación de la gente, no depende de una estructura fija y organizada, como sucede en la ayuda puntual o directa desde una institución. Depende de valores personales como la voluntad, la vitalidad y la constancia, y de que existan efectos gratificantes. A diferencia del apoyo prestado por algunas instituciones y asociaciones, esta forma de ayuda: Puede responder a necesidades inmediatas (comer un día, dormir unos días, averiguar algo concreto) y a medio plazo (comer con paisanos, ser acogido en casas). Puede automantenerse (no hay aportes externos ni son necesarios). Es económica, porque se da entre gente de pocos medios, que busca un mínimo gasto; por otra parte, no hay gastos de infraestructura: las oficinas no son necesarias; las llamadas y viajes corren por cuenta de quien hace la gestión, o se acuerda entre ambas partes quién lo paga; los gastos necesarios para la persona que es ayudada se cubren con colectas en el grupo más cercano. Permite una continuidad, ya que siempre están presentes los actores y los recursos, no hay horarios ni turnos de trabajo. Es rápida, ya que hay cercanía y la información fluye con relativa facilidad. No hay plazos arbitrarios de solicitud o de espera. Al mismo tiempo, tiene el contrapunto de la fragilidad. Hace falta cuidar la relación, cuidar al grupo, porque debido a coyunturas personales puede debilitarse la red de apoyo o la ayuda individual, como veremos a continuación.

B. QUÉ SUPONE AYUDAR
Cuando se ayuda no siempre se recibe reconocimiento o agradecimiento. A veces la ayuda no es bien entendida por quien recibe. Tahar, de Marruecos, que acoge a paisanos desconocidos y sabe que puede suponerle un riesgo y un gasto, dice: Les propones a tus paisanos que vengan contigo a trabajar para que aprendan el oficio. Saben poco castellano. Aceptan encantados. Pasa el tiempo, y cuando ya empiezan a despertar, cuando aprenden a trabajar y saben hablar mejor... entonces quieren ir por su cuenta ¡Y algunos dicen que te has aprovechado de ellos porque no les pagabas! pero no es eso... Porque cada persona resalta cuestiones diferentes de una misma relación. Como dice Aisha: 97

A veces el que acoge resalta cómo acogió. No dice nada de los problemillas que hubo. El que fue acogido va contando que el otro le hizo nosequé... Y cada parte puede tener expectativas diferentes. María, a menudo, queda con alguien para acompañarle a hacer gestiones; como ese chico de Guinea Bissau que se acercó a pedirle ayuda para desintoxicarse y quedaron para ir al Centro de Salud. A veces esa persona no aparece. María trata de explicar así su actitud: El chico tiene miedo, hemos quedado y él no ha aparecido. Hasta hoy sigo esperándole. No he sabido nada de él. Tiene miedo. Quien ha movilizado esfuerzos por alguien espera implícitamente, al menos una despedida o una explicación, que no siempre se da. “No he sabido nada de él”, dice María. “Se marchó sin despedirse”, comenta Marta de aquel chico nigeriano que conoció en la calle. “No he vuelto a saber nada de ella”, dice Miriam de la joven a quien acogió en su casa. Quizás una de las dos espera que ese acercamiento para pedir u ofrecer sea el inicio de una relación más fuerte. “Mucha gente sólo te llama cuando te necesita, cuando tiene un problema” comentan tanto Abdesalam, de Egipto, como Laura. Aisha también tiene esa sensación respecto a sus paisanos marroquíes: Te cuentan sus problemas, te piden y nadie se preocupa por los tuyos. Muchos se te acercan por necesidad, pero no es una amistad de verdad. No se preocupan por tu vida. Ni se les ocurre decirte, “¿a tí que tal te va?”. La ayuda de algunas personas puede darles un beneficio económico. Por ejemplo, cuando María hace gestiones y contactos, lo hace desde su tienda. Esto quizás le permite crear o aumentar la clientela, aunque podría tenerla, como cualquier otro comerciante, sin prestar esos apoyos. De cualquier modo, su trabajo no le exige esa actitud: pudiendo no hacerlo, ella elige ayudar, y desde su trabajo y en cualquier momento, sin sacar beneficio directo del apoyo que presta. A veces pierden, a veces se presta un dinero que nunca será devuelto, o se paga por un mes una habitación que no podrá ser usada, como le pasó a Alí: Una vez yo le pago al señor de una pensión para que pueda dormir un chico africano. Y cuando me entero de que lo han metido en la cárcel, yo voy al señor y le digo, “Dame el dinero de las semanas que faltan, porque este chico tiene problemas y no va a venir más”. Y el señor me dice que no, que le busque otro chico... Yo no quiero tener problemas con él, por eso al final el señor se ha quedado con mi dinero: el chico ha estado allí sólo unos días y el señor se ha quedado con el dinero de todo el mes. Saben que puede pasarles eso, ya que les ha pasado otras veces, y eso no frena su disposición a apoyar. La propia experiencia de la ayuda anima a seguir ayudando, fortalece las relaciones personales y grupales. Cada vez que se pide a una nueva persona y responde, ésta sigue colaborando con las demás, es decir, se incorpora a la red; cada vez hay más confianza y por lo tanto es posible un 98

mejor seguimiento. Así es como poco a poco se va ampliando el ámbito de la relación de ayuda, va creciendo la red. La red se fortalece también aprendiendo de la experiencia de otros. Se van creando claves comunes de actuación y complicidades entre las personas que participan. Así es como se mantiene la ayuda entre la gente. Enrique Martínez Reguera dice: La vida se rige por dos principios, el de la dominación y el de la solidaridad. (...) La dominación siempre glotoneando y engordando a costa de los demás. Sin embargo, la solidaridad, qué vigorosa no será, puesto que ve caer un imperio tras otro y a pesar de todo sobrevive (1990: 10-11).

C. AYUDAR DESDE LA MARGINALIZACIÓN
El apoyo supone un compromiso implícito que no siempre es valorado. Hay situaciones más arriesgadas que otras: apoyar a una persona en el contexto de la ilegalización o de la criminalización, supone más riesgo. Retomemos el ejemplo del juicio de Abdul (capitulo 2), ¿qué supone personalmente para cada uno su presencia en el acto? APOYANDO A ABDUL EN SU JUICIO QUÉ SUPONE PERSONALMENTE Para los testigos, el dar testimonio contra unos policías que trabajan a diario en su calle, frente a su casa o su lugar de trabajo, supone un riesgo personal. Supone también volver a revivir -y por lo tanto sufrir- aquella visión de la paliza. En tercer lugar, al tener que ceñirse a responder a las preguntas de juez y abogados (“¿cúanto tiempo duró? ¿a qué hora fue? ¿cuántos golpes vio dar? ¿cuántos policías estaban? ¿en qué parte de la calle estaba exactamente? ¿en qué parte del cuerpo dice que le pisaron con la bota? ¿dónde daban los golpes exactamente...?”) y al verse forzados a transformar un testimonio de su vivencia del maltrato y humillación en una fría descripción temporal, espacial y cuantitativa, se sintieron muy violentados. Más de un testigo rompió a llorar o acabó respondiendo al juez con actitud molesta. Los amigos y familiares de Abdul también tuvieron que revivir aquella situación, y también suponía cierto riesgo a aquellos paisanos que día a día han de encontrarse con esos mismos policías en el barrio, que es su lugar de trabajo. El trabajador de la Oficina del Ararteko está presente en este tipo de juicios por su compromiso laboral. Se trata de una de sus tareas encomendadas y la realiza dentro de su horario de trabajo. Para él estar es una forma de conocer más de cerca estas situaciones y de hacerse conocer. Los amigos y familiares de Abdul y también los voluntarios de asociaciones, tuvieron que dejar sus trabajos o responsabilidades diarias para estar en el juicio. Algunos no abrieron su comercio ese día y otros, como Miguel, tuvieron que cambiar su turno de trabajo. María, al estar presente en el juicio de Abdul tuvo que rememorar su propia experiencia, que fue muy traumática, y enfrentarse cara a cara de nuevo con aquellos policías que la maltrataron y que violaron su dignidad. 99

Resumiendo, vemos que la participación en un acto de apoyo tiene implicaciones personales variadas, que abarcan riesgos personales debidos a las amenazas, a la necesidad de renovar periódicamente la documentación, a las pérdidas económicas por desatención del comercio; la vivencia repetida de situaciones traumáticas, el reencuentro con los agresores, el deterioro de la imagen personal. También supone, para quienes no conocían de cerca estas vivencias, acercarse a ellas y sensibilizarse. Ayudar inmerso en la situación, desde dentro (como María o como los paisanos de Abdul) lleva a arriesgarse más que estando fuera. Marta, que fue al bar de una amiga a ver qué sucedía (capítulo 2), es negra y africana, así que sabía que podía ser tratada como el resto de los africanos a quienes intentaba ayudar. Marta no sólo se acerca y escucha, sino que se mete en el mismo bar donde le han dicho que hay problemas. Esta actitud le llevó a vivir en su propia piel aquello que había querido conocer. Como ella dijo: ...¡Fíjate lo que me pasó!, aquel día yo estaba en el bar de Puri y ese día también entró la policía y estuvo registrando de malas formas. Entonces me ven a mí, me piden la documentación y me preguntan qué hago yo allí... Cuando los policías me preguntaron yo les expliqué por qué estábamos en ese bar. A mí me trataron tan mal como a los demás, me hicieron vaciar el bolso y tirar las cosas al suelo, me insultaron...... y como tengo nacionalidad española les puse una denuncia. Tuvimos suerte, porque gané el juicio y pocas personas han ganado juicios así... ¡aunque lo pasé muy mal, de verdad, muy mal...! Vivir esto desde dentro, hizo que Marta se sensibilizara más y que mantuviera y ampliara su compromiso de presencia en el barrio, junto a otras personas que trabajan con ella en la asociación Afrovasca. Por eso dice: ...Y después lo hemos hecho más veces, salimos de una reunión o de una charla y decimos, “vamos un rato al bar de Puri, a saludarla”, “vamos a ver cómo van las cosas...” Y Puri te dice nada más entrar, “mira, justo se acaban de llevar a un chico que estaba aquí y le han quitado treinta mil pesetas... a ver si podéis alcanzarlos en la comisaría o en el juzgado”. Y vamos corriendo para allá. O en la barra un africano te cuenta lo que le pasó ayer... Y cuando ves estas cosas te da una impotencia... pero al mismo tiempo dices, “tengo que venir más por aquí... tenemos que hacer algo...”

D. QUÉ SUPONE PARA LAS PERSONAS CLAVE
La criminalización repercute especialmente en las personas referencia de la ayuda, ya que ayudan sin discriminar. No es casualidad que María y Alí hayan sido observados cuidadosamente y amenazados por funcionarios policiales. El cierre del comercio de María no sólo significó la desaparición de un importante espacio de acogida, sino que María viera tambalearse un importante eje de su vida. Puesto que muestran una gran disponibilidad, a veces pueden verse desbordados por las peticiones o impotentes ante tantas personas cuyos problemas y situaciones conocen de cerca y a 100

quienes no saben cómo apoyar o acompañar. María se agobia, porque tiene sus propios problemas, y a veces le es difícil conjugar ayudar con salir adelante: Vienen a mi tienda siempre a pedirme ayuda. Yo no sé qué hacer, me gustaría ayudarles a todos, pero también tengo que cuidarme a mí, tengo que sacar el negocio adelante... Desde las situaciones que viven dentro del barrio, apoyan a la gente y entienden a quien vive lo que ellas. También en este contexto se dibujan los límites de su ayuda. Laura explica: María a veces se siente incapaz de apoyar a gente que es nerviosa como ella. O a quien ha vivido como ella duras experiencias en el tiempo en que trabajaba como prostituta. Cuando se encuentra en estas situaciones, calla y escucha, no se ofrece, porque se siente débil. Ella también necesita superar traumas y olvidar. También necesita ser escuchada. Pueden sentirse quemadas, porque no reciben siempre retroalimentación, como Alí: ¿Sabes? Algunos africanos, tú les ayudas. Vienen pidiéndote, “estoy solo, necesito dinero, explícame esto, ayúdame a encontrar pensión...” y les ayudas, les das dinero... ¡yo he perdido mucho dinero ya...! Dedicas tu tiempo, te esfuerzas por ellos, estás con ellos... Y cuando han solucionado su problema ¡ya no quieren saber de tí! no te van a dar las gracias, no te van a devolver el dinero. No te van a a saludar... Eso hacen algunos africanos ¿sabes? ¿Cómo se da salida personalmente a estas sensaciones? Se aprender a vivir con ellas entendiendo lo que sucede. María y Alí son muy conscientes de lo que supone su forma de actuar, lo han ido aprendiendo con la experiencia. Como hemos visto a través de sus propias explicaciones, saben que son referencia de la ayuda, saben por qué lo hacen, conocen los efectos que tiene su actuación. Como no se trata de un apoyo casual o puntual, no se acaba con un enfado ni cuando llega la sensación de estar desbordado. Con todo esto, con cansancio, con desesperanza a veces, la ayuda puede quizás detenerse por un tiempo y luego sigue adelante. Los aspectos dificultosos de esta forma de ayuda son los propios de cualquier relación humana, y se entienden como pasajeros o como parte de la reconstrucción de una relación. Para muchas personas clave, esta es su forma de ser, de vivir. Ellas se presentan y definen como personas que ayudan, están orgullosas de ello. Esa misma actitud de ayuda que les desborda y quema a veces, les aporta a su autoestima e imagen. Es duro y agradable, es contradictorio, como la vida misma. Por eso María dice: Todos vienen a contarme, a pedirme... A mí me da no se qué, pero también me gusta... Para ellas la ayuda ha sido o es el eje de su vida, como dice María: Para mí, toda esa gente que ha pasado por mi tienda a buscarme, a aceptarme, a pedirme... es la que más me ha apoyado. Ellas son las personas más importantes de mi vida.

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GLOSARIO
Ararteko (euskera): Defensor del Pueblo en el País Vasco. Blanca: cocaína. Estar metido en la blanca: participar en el tráfico de cocaína. Ensemble (francés): juntos. Ertzaintza (euskera): policía autónoma vasca. Ertzaina: policía de la Ertzaintza. Imán: entre los musulmanes, quien dirige la oración en la mezquita. Magrebí: del Magreb. Magreb: región cultural e histórica que incluye Mauritania, la República Saharaui, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Mandinga: pueblo y lengua de África del Oeste. Mandioca: arbusto tropical con una raiz grande y carnosa de donde se saca una harina comestible. Marabout (francés): morabito, santón musulmán. Se llama así en África del Oeste a las personas que tienen poderes mágicos y una función sanadora y como adivinos. A la vez pueden ser líderes religiosos. Meninos da rua (brasileño): niños de la calle. Papalagi (samoano): hombres blancos. Ramadán: noveno mes del año lunar musulmán. Es un periodo de ayuno diario desde que sale el sol hasta que se pone, y de oración; y con un significado religioso en origen similar a la cuaresma cristiana. Sadaka (árabe): limosna. Saranjule: pueblo y lengua de África del Oeste. Sura (árabe): cada una de las divisiones o apartados del Corán. Wolof: pueblo y lengua de África del Oeste, muy presente en Senegal y Gambia.

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BIBLIOGRAFÍA
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ÍNDICE DE PERSONAS
Abde Abdesalam Abdelatif Abdul Abdulhak Abdulie Abdurrahim Abubacar Adolfo Ainhoa Alhagi Aidalina Alí Aliou Aisha Alvaro Amparo Ana Victoria Baba Carmen Celina Cheikh Cristina David Dominique Doris Faisal Fátima Gilberto Ghizlain Hafida Idir Imad Irene Ismail Jalid Jalil Jawad Jean Marruecos Egipto Egipto Senegal Marruecos Gambia Egipto Malí Guinea Bissau Bilbao Senegal República Dominicana Gambia Senegal Marruecos Bilbao Bilbao Madrid Senegal Galiza Perú Senegal República del Congo Guinea Ecuatorial Francia Brasil Marruecos Guinea Ecuatorial Cabo Verde Marruecos Marruecos Argelia Marruecos Bilbao Senegal Marruecos Marruecos Marruecos Camerún 106

Joao John Joseph Kamel Katy Laura Mansour María Mario Marisa Marta Mbaye Meib Melva M‟ Foumou Miguel Min Miriam Moha Mohamed Moustafá Moustakhi Oiane Ousman Phil Pili Paula Puri Rose Rosibel Samir Sara Shamsuddin Simone Sole Sulaimán Tahar Teresa Tom Vicky Zuriñe

Angola Nigeria Sudáfrica Senegal Bilbao Madrid Sudán Angola Perú Guinea Ecuatorial Guinea Ecuatorial Senegal Senegal Nigeria Angola Bilbao China Camerún Marruecos Guinea Conakry Marruecos Senegal Bilbao Senegal Ghana Guinea Ecuatorial Guinea Ecuatorial Guinea Ecuatorial Nigeria República Dominicana Somalia Bilbao India Malí Bilbao Senegal Marruecos Angola Sudán Angola Bilbao 107

ÍNDICE GENERAL
EL APOYO ENTRE LOS INMIGRANTES ............................................................................................... CUANDO LA AYUDA SE HACE INVISIBLE........................................................................................ EL HILO CONDUCTOR ...................................................................................................................... “Yo tenía muchos problemas” ................................................................................................................. LAS TRABAS PARA LOS INMIGRANTES ............................................................................................. “Somos todos una familia” ...................................................................................................................... ¿QUÉ MUEVE A LOS EMIGRANTES A AYUDARSE? .......................................................................... “A veces la ayuda es para uno, otras veces para otro” .......................................................................... LA RELACIÓN DE APOYO .................................................................................................................... LA CONFIANZA QUEBRADA ............................................................................................................. AGRADECER ..................................................................................................................................... “Así hacemos nosotros” .......................................................................................................................... LA AYUDA IMPLÍCITA ............................................................................................................................ LA RED DE APOYO ........................................................................................................................... APOYO EN SITUACIONES EXTREMAS ............................................................................................ LA ACOGIDA ...................................................................................................................................... EL APOYO ENTRE PAISANOS .......................................................................................................... MITOS SOBRE EL APOYO MUTUO .................................................................................................. “Siempre está dispuesta a ayudarte” ...................................................................................................... PERSONAS CLAVE EN LA AYUDA ...................................................................................................... QUIÉNES SON ................................................................................................................................... A QUIÉN AYUDAN, QUIÉN LES PIDE ............................................................................................... AYUDAS MÁS CARACTERÍSTICAS................................................................................................... “Ya no nos fiamos” ................................................................................................................................. CRIMINALIZACIÓN Y AYUDA ................................................................................................................ ESTIGMAS Y CRIMINALIZACIÓN ...................................................................................................... EFECTOS DE LA CRIMINALIZACIÓN EN LA AYUDA ....................................................................... CUANDO AYUDAR SE CONVIERTE EN DELITO .............................................................................. “A mí me da nosequé, pero también me gusta” ...................................................................................... QUÉ SUPONE AYUDAR, PERSONALMENTE ...................................................................................... QUÉ SUPONE AYUDAR .................................................................................................................... AYUDAR DESDE LA MARGINALIZACIÓN ......................................................................................... QUÉ SUPONE PARA LAS PERSONAS CLAVE ................................................................................ GLOSARIO ............................................................................................................................................. BIBLIOGRAFÍA ....................................................................................................................................... ÍNDICE DE PERSONAS .........................................................................................................................

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