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Zaffaroni Eugenio Raul - Derecho Penal - Parte General

Zaffaroni Eugenio Raul - Derecho Penal - Parte General

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Manual de Derecho Penal, Parte General de Eugenio Raul Zaffaronni.
Manual de Derecho Penal, Parte General de Eugenio Raul Zaffaronni.

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1. Uno de los conceptos más discutidos -tanto en la dogmática de la imputabilidad
como en la propia psiquiatría- es el del psicópata ll5

. Las dificultades comienzan con
la tesis alienista y, en especial, con la inmediatamente precedente que consideraba que
el loco era penalmente irresponsable cuando era una bestia feroz. El racionalismo
establecía la razón como rango antropológico diferencial "6

y, por ende, era locura y

pérdida de carácter humano todo lo que iba contra la razón "7

, lo que hizo que sólo se
considerase enfermedad mental la que afectaba la esfera intelectual del humano hasta
el punto de convertirlo en una bestia salvaje. Mientras el hombre conservaba su razona-
miento no cabía considerarlo irresponsable, pese a que los médicos sabían que muchas

Soler, p. 976; Terán Lomas, La llamada imputabilidad disminuida, en "Rev. de Cs. Js. y Soc", p. 251;
Spolansky, Imputabilidad disminuida.

111

Así parece indicarlo el §21 del StGB; según Slratenwerth(p. 175) viola el principio de culpabilidad.

112

Rudolphi. p. 166; para Roxin (p. 773 y ss.) es casi obligatoria.

113

Supra§ il.

"4

infra§63.

115

Sobre psicopatías, Schneider, Klinische Psychopathologie; MacCord, W. - McCord, J., El psicó-
pata;
Patino Rojas-Huesca Laguines, La personalidad psicopática, en DPC, 1965; Pérez de Pelintj y
Bertolomeu, El hombre, su carácter anormal y el hecho delictivo; Kallwass, Wolfgang, Der Psychopath;
Sac, Jocl. Psicopatía. I; Kolle, Kurt. Psychiatrie. p. 54; Ey-Bernard-Brisset. p. 234; Quiroz Cuarón.
Medicina Forense, p. 677; Sauri, en Vidal-Belichmar-Uzandivaras, "Enciclopedia de Psiquiatría", p.
535; Spolansky, Imputabilidad y comprensión de la criminalidad; Tozzini, El problema de la respon-
sabilidad penal de las personalidades psicopáticas,
p. 178 y ss.; bibliografía por Ferracutti-Fontanesi-
Melup-Minervini, Bibliografía sui delinquenti anormalipsichici; Alberca Llórente, Rodríguez Balles-
teros y Suárez Montes en "Los delincuentes mentalmente anormales", 1962, pp. 37. 537 y 641; Alberca
Llórente en "Psiquiatría y Derecho Penal", pp. 61-62; Darracino, en JA, junio 27, 1961; López Ibor. La
responsabilidad penal del enfermo mental;
Cabello, en LL, 119 (1965), p. 1255 y ss.: Parenti- Pagaui,
Psicología y delincuencia, p. 67 y ss.; Riu-Tavella, Psiquiatría forense, p. 192 y ss.; Horas Sauz de la
Garza, Trastorno mental transitorio y drogas que inciden en la imputabilidad, p. 128 y ss.; Alexander-
Staub, Der Verbrecher und seine Richter.

116

Esta tesis ya fue explicada y acertadamente criticada en su tiempo por Maudsley, El crimen y la
locura;
Giles, The Criminal Law. Sobre las trágicas consecuencias de esta confusión de niveles, Zaffaroni,
en La capacidad psíquica de delito, cit.

117

Por todos. Foucault. Historia de la locura, cit.

710

§ 47. Problemas particulares de ¡nimputabilidad

veces no era más que una apariencia de razonamiento normal. Cuando entre médicos
y juristas cundió el positivismo, se consideró razón a la captación de la causalidad
mecánica de los fenómenos; así se pasó a entender al loco feroz como un ser carente
de raciocinio por su incapacidad para alcanzar la explicación causal del mundo. Esta
concepción acercaba el concepto de imputabílidad a la incapacidad de instrumentar
causalmente la realidad del mundo. Si bien el ámbito de la enfermedad menta] se
amplió, lo hizo sin salir del círculo de su intelectualidad y, pese a que los médicos
habían observado que había sujetos con gravísimas perturbaciones en la esfera afectiva,
los juristas se negaban a reconocer su relevancia. En alguna medida la doctrina y la
jurisprudencia no han salido de esa etapa, como lo demuestra la tesis que identifica
comprensión con conocimiento de la criminalidad, que empalma con la tesis alienista
de la enfermedad mental. Esta posición tiene dos consecuencias directas: (a) en cualquier
caso niega relevancia a la psicopatía en cuanto a la capacidad de comprensión de la
antijuridicidad, aun cuando se la caracterice como la más grave de las anomalías de la
esfera afectiva del sujeto; (b) por otra parte, si bien algunos dentro de esta corriente
consideran posible relevarla como fuente de inimputabilidad, lo hacen por vía de la
incapacidad de adaptación de la conducta a esa comprensión.

2. El manejo laxo y equívoco de la expresión psicopatía "8

ha contribuido a oscu-
recer el problema. Sin entrar en la complejidad de las definiciones que provienen del
área de las ciencias de la conducta, es necesario advertir que cabe concluir en la
inimputabilidad sólo si se toma como válida cualquier caracterización que participe
aproximadamente de la efectuada en uno de los más importantes trabajos publicados
sobre el tema119

, según el cual la sintomatología psicopática es bien diferente de la
neurótica, puesto que el psicópata manifiesta su personalidad sin darse cuenta de su
carácter patológico ni de lo que está manifestando, con evidente agresividad y tenden-
cia a encubrir la enfermedad mediante una convincente máscara de salud: para un
observador exterior todos sus rasgos de personalidad pueden aparentar los de una
persona común 12

°. Sin embargo, son irresponsables, y llama la atención su despreocu-
pación total por las consecuencias de sus actos, como si los mismos no fueran a afec-
tarlos a ellos ni a ningún otro ser humano '21

. La motivación última que hay en la
conducta del psicópata es la venganza, y ello obedecería a que sustituye con la víctima
a figuras parentales que fueron frustradoras en su niñez. Este comportamiento vindicativo
también lo atribuye a los demás, por lo que entra en una relación víctima/vengador que
lo lleva a externalizar su sentimiento con una conducta concreta l22

, y su falta de
previsión, su tremenda incapacidad para tolerar la frustración, y su pérdida del sentido
del tiempo, le dan una cierta incoherencia para evitar la pena, lo que lo distingue de
otros sujetos 123

. Su esfera intelectual no es del todo inmune, pues padece una deficien-
cia en la simbolización, tendiendo a lo concreto, lo que hace que su inteligencia no rinda
aunque tenga una vida normal, particularmente por esta dificultad para pensar, que le
hace pensar con actos 124

. Siempre según esta caracterización, desde un punto de vista
existencial o fenomenológico, puede decirse que el psicópata es un sujeto que tiene
alterado el sentido del tiempo existencial, lo que le impide ubicarse adecuadamente
como humano, como ser en el tiempo. De allí que no tempore correctamente, que no
sienta angustia
porque no vivencia el temor a la muerte, que no conciba la autenticidad

118

Sobre ellos. Sauri, en "Enciclopedia de Psiquiatría", p. 535 y ss.; Seva, Psiquiatría clínica,p. 303

y ss.

"' Zac. Psicopatía.

120

Zac, ídem. p. 297.
'-' ídem, p. 298.
'"ídem. p. 301.

123

Sobre las dificultades de tratamiento del psicópata, StUrup, en "Nuevas sendas en criminología",
p. 167 v ss.: Thompson, The psychopathic delinquent and criminal, p. 122 y ss.

124

ídem, p. 315.

I. La incapacidad de comprensión del psicópata

711

ni a los otros como personas, sino como simples entes de los que se vale su Yo, al que
los incorpora como instrumentos.

3. Si se prescinde de caracterizaciones vagas y se la conceptúa en estos términos
sintéticos (o en otros análogos), poca duda cabe de que el psicópata es un inimputable,
porque la grave distorsión que padece su actividad afectiva con repercusión en la esfera
intelectual, le priva de la capacidad de vivenciar la existencia ajena como persona y,
por consiguiente, también la propia. Como síntesis de esta caracterización, el psicópata
no puede internalizar valores ni castigos, por lo cual es absurdo que el derecho penal
pretenda exigirle que los internalice y reprocharle que no lo haya hecho. Si se relaciona
este cuadro patológico con las advertencias que se han formulado, se verá que la
consideración jurídico-penal de la psicopatía como causa de inimputabilidad penal
responde al reconocimiento del concepto moderno de enfermedad mental y a la supe-
ración del antiguo concepto positivista125
.

4. La falta de unidad en la nosotaxia psiquiátrica ha desorientado a los penalistas,
particularmente cuando se pretende concluir que una determinada enfermedad men-
tal invariablemente acarrea o no la incapacidad de delito. La doctrina alemana dis-
cutió largo tiempo si el psicópata era inimputable o si correspondía ubicarlo en la
imputabilidad disminuida, lo que es bastante explicable, dado que se orienta por el
criterio laxo de psicopatía que proviene de la vieja obra de Kurt Schneider. Contra
la tesis de la inimputabilidad se alza el temor a la ruptura del dique con las absolu-
ciones, en tanto que contra la segunda se alzaba el temor de que se violase el principio
de culpabilidad l26

, considerando como sujetos con imputabilidad disminuida a ver-
daderos incapaces. Se intentó resolver la cuestión al introducirse en el código la
fórmula del art. 20 que agrega otros disturbios anímicos graves l27

, aunque siguió
pesando en la jurisprudencia y en la doctrina la teoría biológica de Schneider, como
lo pone de manifiesto la ambigüedad en esta materia en varios autores, que no admi-
ten la inimputabilidad de la locura moral ni de las monomanías 12S

, terminología
bastante anticuada en psiquiatría. De cualquier manera, eso indica que la confusión
no ha desaparecido, porque psiquiátricamente la locura moral es la denominación
que a la psicopatía se daba en el siglo XIX, en tanto que las monomanías no nece-
sariamente son signo de psicopatía (que de serlo excluiría la inimputabilidad), sino
que pueden responder a otras patologías, pero en cualquier caso pertenecerá a la
categoría de las compulsiones, por lo que cabe preguntar acerca de su grado, que
siendo severo, puede determinar un supuesto de falta de capacidad para adecuar la
conducta a la comprensión de la antijuridicidad.

5. De cualquier manera, la confusión está agravada por la disparidad con que se
caracteriza a la psicopatía en la nosotaxia psiquiátrica, que sin duda torna muy borrosos
sus límites. La discusión sobre las distintas acepciones 129

corresponde al campo psi-
quiátrico y psicológico, pero el problema jurídico no es más difícil que el de determi-
nación de cualquier margen de culpabilidad, pues siempre será cuestión, conforme a
la sintomatología del sujeto, de saber si podía exigírsele o no la comprensión de la
antijuridicidad del hecho en concreto 13

°.

123

Síntesis de la jurisprudencia de la ciudad de Buenos Aires, con certero enfoque del problema, en
Spolansky, en "Rev. de Derecho Penal y Criminología", n° 1, 1968, p. 83 y ss.; también López Bolado,
Los médicos y el código penal, p. 300.

126

Roxin.'p. 757.

127

Cfr. Maurach, p. 433.

128

Maurach, p. 436; Rudolphi, p. 159.

129

v. el enorme listado de Zac, op. cit., cap. [.

130

Esta es la conclusión de Suárez Montes, en "Los delincuentes mentalmente anormales", p. 641 y
ss., precisamente porque se maneja con un concepto mucho más amplio y nebuloso.

712

§ 47. Problemas particulares de inimputabilidad

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