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376 - Everett Harrison - Introducción al Nuevo Testamento

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Uno de los resultados del estudio de las cartas de los papiros ha sido la
aparición de la pregunta respecto a la correcta designación de las epístolas
del Nuevo Testamento. A. Deissmann ha escrito vigorosa y bastante
extensamente respecto a este asunto.6

Su opinión es que si bien una carta y
una epístola pueden ser similares en su forma, las mismas representan dos
tipos diferentes de redacción. La epístola es un intento literario consciente,
cuyo propósito es su publicación; la carta es de carácter privado y está
escrita para una ocasión específica, careciendo del propósito de llegar a
la posteridad. Nada tiene que ver el hecho de que una carta sea escrita a
toda una iglesia en vez de a un individuo. Si tiene las características de una
carta, no es una epístola. Deissmann se vio obligado a reconocer que las
cartas de Pablo no son uniformes. Filemón y 2 Corintios son las más
personales, y Romanos la menos personal. Sin embargo, Romanos no es un
tratado o un ensayo. La mayor parte de las epístolas universales, por otro
lado, son aptamente designadas epístolas en vez de cartas. La de Santiago
puede ser tomada como ilustración. El párrafo inicial deja ya en claro que la
misma debía ser multiplicada para alcanzar a los lectores a quienes fue
dirigida.

Deissmann ha logrado demostrar lo que se propuso y lo ha hecho bien. Al
mismo tiempo se ha mostrado renuente a admitir elementos literarios en
los escritos de Pablo, por lo cual ha sido criticado por Sir William
Ramsay.7

La impresión de que Pablo es un artesano que escribe con ciertas
dificultades, que es lo que Deissmann declara, es bastante poco con-
vincente. En la opinión de J. Weiss, las cartas de Pablo no son creaciones del
momento, escritas apresuradamente, sino que tienen un pensamiento muy
cuidadosamente elaborado. Se necesitaba tiempo para componerlas. Las
mismas difieren, por ello, de las improvisaciones que constituyen

^Bible Studies, pp. 1-59; Paul, pp. 1-26; "Epistolary Literature" en E.B. v. i.; Ligfit from
the Ancient East,
pp. 1-251.

1

The Teaching of Paul ¡n Terms of the Presen! Day, pp. 412-447.

252

Introducción a las Epístolas

una carta ordinaria.8

En un sentido muy real, estas cartas son obras de un
artista. ¿Quién puede dejar de darse cuenta de que el apóstol podría haber
resuelto su asunto respecto a Onésimo y Filemón en la mitad del espacio
utilizado, si se hubiese dado por satisfecho con una mera expresión de lo
sucedido y con un pedido formal? Pero si él hubiese decidido escribir de tal
modo, el encanto de la carta, que consiste en su carácter delicado y en su
patetismo, estaría ausente.
Al enfatizar el carácter ocasional de las cartas, Deissmann está en lo
cierto—desde el punto de vista técnico—cuando afirma que el apóstol no
escribió conscientemente para generaciones futuras, pero no parece darse
cuenta de la importancia de la autoridad apostólica, que le daba a las cartas
de Pablo un carácter normativo para otros tiempos y lugares; tampoco hace
la suficiente justicia al uso de una carta en otra congregación después de
haber servido su propósito entre el círculo original de lectores (Col. 4:16).
Además, si bien los escritores pensaban solamente en satisfacer las
necesidades de los cristianos de su propio tiempo, en la providencia de Dios
ellos escribieron de tal modo que su obra tiene un valor y una autoridad
permanentes para la iglesia universal. Se debe hacer plena justicia tanto a los
factores humanos como a los divinos. Los escritos de Pablo son perennes
porque tienen a Cristo como tema central. Esto los pone
inconmensurablemente por encima de las cartas de la vida diaria.
Vale la pena notar, de paso, que una carta está menos expuesta a la fal-
sificación que una epistola. En tanto que esta última tiene muy poca, o
quizá ninguna, coloración circunstancial que refleje una determinada si-
tuación histórica, aquélla abunda en tal coloración. Son precisamente
aquellas cosas que le crean dificultades al estudioso moderno de 2 Corintios,
al no poder estar seguro en ciertas ocasiones a qué se refería el escritor—si
bien es obvio que los receptores originales lo sabían—las que son marcas
seguras de su genuinidad. Otro buen ejemplo se encuentra en 2
Tesalonicenses 2:5-6.
Quizás en mayor grado de lo que se supone habitualmente, las cartas de
Pablo fueron escritas en respuesta a misivas que le fueron enviadas por
diferentes iglesias. Se reconoce que gran parte del material de I Corintios
surge como respuesta a una carta de sus amigos de Corinto ~:lss).
Algunas traducciones han hecho el esfuerzo de colocar ante el .ector, por
medio de comillas, las palabras y frases que parecen ser tomadas de tal carta
por el apóstol (cf. 1 Co. 8:1-5). J. Randall Harris ha formulado un caso muy
plausible a favor de que 1 Tesalonicenses, Colosen->es y Filipenses
responden a comunicaciones escritas de estas iglesias.9

'Das Urchristentum, pp. 309-310. The Expositor, 5a
serie, VIII (1898), 401-410.

253

Introducción al Nuevo Testamento

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