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Resultados del Diagnóstico de la Familia en Nuevo León.

Resultados del Diagnóstico de la Familia en Nuevo León.

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10/16/2013

Al igual que en la Encuesta Nacional de Dinámica Familiar (DIF e IIS-UNAM, 2005),
consideramos que la familia no es un ente aislado y autárquico, sino que forma parte de un
sistema que incluye a los parientes y, en ocasiones, a otras personas. Sin embargo, a
diferencia de la encuesta nacional, aquí nos enfocamos a la familia censal, es decir, al grupo
de personas emparentadas que viven en la misma vivienda, aunque tomamos datos de los
parientes directos en línea ascendente y descendente que no viven en el hogar. La cuestión
de estas diferencias es que mientras en la encuesta nacional hay un gran énfasis puesto en
las redes sociales y familiares, en nuestro caso nos interesamos más por las interacciones
que ocurren principalmente al interior de la unidad doméstica, aunque no dejamos de lado
las interacciones con los padres y/o con los hijos que no viven en la misma casa. No
tenemos, sin embargo, datos sobre las interacciones con parientes colaterales, como
hermanos o primos, salvo algunas referencias incluidas en ciertas preguntas de la encuesta.
El INEGI clasifica a los hogares en familiares y no familiares. Los primeros pueden ser
nucleares, ampliados o compuestos, mientras los segundos son clasificados como
unipersonales (donde vive una persona sola) y de corresidentes (sin parentesco entre sus
miembros). Los hogares familiares nucleares, para el INEGI, son aquellos que están
formados por un solo núcleo básico, ya sea una pareja, una pareja con sus hijos o bien
hogares monoparentales simples. Los hogares ampliados son aquellos que tienen un núcleo
básico más otros parientes, y los compuestos consisten en hogares nucleares o ampliados en
los que se encuentran viviendo otras personas no emparentadas con el jefe del hogar.
Nosotros hemos decidido utilizar otras clasificaciones, para dar una imagen un tanto más
precisa de la compleja diversidad de los arreglos familiares que existen en Nuevo León.
Primero, hacemos un acercamiento a través de una clasificación que ha sido ampliamente
utilizada en sociología (cfr. Leñero, 1987), en la que dividimos a los hogares en familiares
y no familiares, pero haciendo una clasificación de los primeros en tres categorías:
nucleares, extensos y compuestos. En esta primera clasificación de los hogares, los
nucleares son definidos tal como lo hace el INEGI, pero los extensos serían aquellos
hogares que albergan tres generaciones, ya sean con un núcleo monoparental o biparental, o
bien dos generaciones, pero con alguno(s) de los hijos viviendo con su propia pareja en el
hogar paterno. Los hogares compuestos, en cambio, serían aquellos hogares que tienen un
núcleo y al que se añaden otros parientes colaterales. En ambos casos puede haber personas
no emparentadas viviendo en la misma casa. No utilizamos el concepto de hogar compuesto
del INEGI, pues hay muy pocos hogares de este tipo; según la Encuesta Nacional de
Dinámica de los hogares, sólo el 0.3% del total corresponde a esta categoría (DIF e IIS-
UNAM, 2005).

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Gráfica 15. Tipos de hogar (%)

Bajo esta clasificación, observamos que poco más de las dos terceras partes (67.7%) de los
hogares son nucleares, 22.3% son extensos y 2.7% compuestos. Sólo el 7.4% de los
hogares no son familiares, siendo 1.4% del total hogares de corresidentes (que pueden
incluir a parientes colaterales que no forman una familia en el sentido estricto, como
hermanos o primos viviendo bajo el mismo techo) y 6% hogares unipersonales. Es
interesante ver como hay una gran similitud con los datos encontrados en la Encuesta
Nacional de Dinámica Familiar emprendida bajo iniciativa del DIF nacional en 2005, ya
que en dicha encuesta el porcentaje de familias nucleares reportado fue de 67.9%, el de
familias extensas (que incluye también a las que nosotros llamamos compuestas) fue de
25.5% y los hogares unipersonales fue de 5.9% (DIF e IIS-UNAM, 2005).
En la tabla 12 presentamos una clasificación, un tanto más detallada, de estas formas de
arreglos de las unidades domésticas. Cabe señalar que la elaboración de una clasificación
de este tipo puede variar y ser interpretada de distintas maneras, ya que intervienen en su
construcción diversos criterios y variables. Así por ejemplo, una misma familia podría ser
considerada como monoparental si tomamos como criterio que la madre sola (viuda,
separada o divorciada) es la jefa de la familia, o simplemente como extensa, si
consideramos que la jefatura recae en sus hijos. Esto es importante —tanto desde la óptica
de una interpretación del fenómeno familiar como desde la perspectiva de la planeación de
una política pública— pues no es lo mismo una madre joven o de mediana edad que tiene
que enfrentar las dificultades y avatares de la vida diaria ella sola y ser proveedora para sus
hijos todavía dependientes, que una persona mayor que, al enviudar, se fue a vivir con la
familia de alguno de sus hijos, en cuyo caso los demás miembros del hogar familiar no
dependen de dicha mujer.

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De tal suerte, hemos separado los hogares monoparentales según quién tiene la jefatura del
hogar, y hemos dividido a los hogares extensos y nucleares en varios sub-tipos, aunque
reconocemos que al interior de dichos sub-tipos pueden hacerse aún más precisiones,
elevando el número de formas de organización doméstica. Pero al mismo tiempo, es preciso
señalar que hay diversas condiciones que hacen más compleja la tarea de hacer una
tipología familiar y que le pueden restar cierto grado de precisión. Así por ejemplo, no
sabemos si un hogar que ha sido catalogado como extenso constituye en realidad una forma
permanente de hogar extenso o si su dinámica corresponde a la concepción que nos
hacemos de un hogar extenso. Tomemos el caso de un hogar en donde encontramos
claramente a tres generaciones emparentadas entre sí en línea vertical. Puede tratarse de una
situación esporádica, en la que una familia nuclear se une por un corto período a la familia
de sus padres mientras consiguen una casa, e incluso puede darse el caso de que se trate de
dos familias nucleares, emparentadas entre sí en línea vertical (padres, hijos y nietos) y que
viven bajo el mismo techo, pero que funcionan como dos familias nucleares
independientes, sin compartir necesariamente el mismo presupuesto y sin estar sujetos a
una sola autoridad familiar. Del mismo modo, la definición de jefe de hogar no representa
lo mismo para todos los casos. Para algunas familias el jefe de hogar puede ser la persona
que más dinero aporta a la casa; pero también puede ser simbólica y ser otorgada a la
persona de mayor edad o a la que ejerce mayor autoridad. Resulta pues que al elaborar una
tipología como la que aquí proponemos, dos investigadores pueden llegar a conclusiones
distintas al observar el mismo fenómeno.
Brindar detalles más específicos a este respecto es algo que sobrepasa las pretensiones de la
encuesta cuyos resultados aquí presentamos. Para ello sería necesario hacer un estudio
específico, incluyendo un mayor número de dimensiones y de variables relacionadas con la
organización familiar y excluyendo muchas de las variables que hemos incluido en el
presente estudio.
En esta clasificación ampliada podemos ver que la familia nuclear típica, compuesta por los
dos padres y sus hijos apenas constituye el 48% de todos los hogares, correspondiendo
42.1% a familias nucleares típicas y 5.9% a familias nucleares reconstituidas, es decir
aquellas en donde al menos uno de los cónyuges estuvo previamente casado o en unión
consensual. De hecho, si tomamos el conjunto de hogares familiares que están encabezados
por una pareja, independientemente de si son nucleares o no, el 13.2% pueden ser
clasificados como hogares reconstituidos12. Estos datos son de suma relevancia, ya que nos
muestran que los arreglos familiares distan mucho de la visión simplista, que pretende ser
universal, que considera que la familia es un grupo primario formado exclusivamente por
los padres y sus hijos. Los datos muestran claramente que poco menos de la mitad de los
hogares se apega a esta visión idealizada de la familia y que, en cambio, encontramos una
multiplicidad de formas de arreglos y de organización que muestra lo compleja que es la
realidad familiar.

12 La manera en que consideramos aquí el término “familia reconstituida” o “familia reconstruida” no implica
necesariamente que los hijos vivan con un padre biológico y uno no biológico. Agrupamos bajo esta categoría a todas
aquellas familias encabezadas por una pareja en la que al menos uno de los dos cónyuges estuvo previamente en una
unión conyugal, ya fuese esta por matrimonio vincular o por unión consensual.

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Tabla 12. Tipos de familia y de hogares (%)

1. Persona sola

6.0

2. Pareja sola

10.6

3. Pareja con hijos (nuclear)

42.1

4. Pareja con hijos en la que el hombre o la mujer estuvo previamente casado(a)

5.9

5. Mujer sola con hijos (monoparental encabezada por mujer)

6.6

6. Hombre solo con hijos (monoparental encabezada por varón)

1.0

7. Tres generaciones con pareja en la jefatura (extensa)

10.9

8. Tres generaciones con pareja en la jefatura + otros parientes

0.4

9. Tres generaciones con mujer sola como jefa (monoparental femenina extensa)

4.4

10. Tres generaciones con hombre solo como jefe (monoparental masculina extensa)

.9

11. Nuclear + otros parientes colaterales (compuesta)

2.6

12. Mujer sola con hijos y otros parientes (Monoparental femenina compuesta)

0.6

13. Hombre solo con hijos + otros parientes (Monoparental masculina compuesta)

0.2

14. Unidad familiar atípica (hermanos viviendo juntos, etc.)

1.2

15. Unidad de corresidencia (residentes sin parentesco entre ellos)

0.2

16. Abuelos con nietos (sin hijos)

0.5

17. Abuelos con nietos y bisnietos (sin hijos)

0.1

18. Extensa con jefatura de hijos

0.8

19. Monoparental femenina extensa jefatura hijos

2.9

20. Monoparental masculina extensa jefatura hijos

1.0

21. Abuela con nietos (Monoparental Femenina)

0.2

22. Monoparental femenina con jefatura de hijos

0.5

23. Monoparental masculina con jefatura de hijos

0.3

24. Monoparental femenina extensa compuesta con jefatura de hijos

0.0

25. Monoparental masculina extensa compuesta con jefatura de hijos

0.0

26. Monoparental femenina compuesta con jefatura de hijos

0.0

27. Abuela con nietos y bisnietos

0.0

Total

100.0

Nota: En la encuesta encontramos casos de todos los tipos de hogares reportados en esta clasificación. Si
algunos casos aparecen como 0% es porque son escasos y no alcanzan a sumar al menos un 0.1%.

Observamos así formas no comunes de organización familiar, como abuelos (en pareja o
solos) viviendo con sus nietos —muchas veces menores de edad; a abuelos con nietos y
bisnietos; a familias en donde conviven bajo el mismo techo una pareja con sus hijos,
acompañados por el padre y el suegro viudos del jefe de hogar; hogares monoparentales
simples, compuestos y extensos (con jefatura en ocasiones femenina y en otras menos
frecuentes masculina). Incluso encontramos, sin que ello fuese una pretensión de la
encuesta, a 5 familias encabezadas por parejas del mismo sexo (una con pareja sola y 4
nucleares, es decir parejas con hijos); en una de estas familias la pareja estaba compuesta
por dos hombres y cuatro de ellas eran parejas de mujeres. Ello muestra que, más allá de
cualquier discusión ideológica al respecto, es un fenómeno que existe y que muy
posiblemente tienda a crecer en los años venideros.
El 18.7% de todos los hogares pueden ser considerados monoparentales, ya sean estos
seminucleares, extensos o compuestos, aunque esta cifra disminuye a 13.7% si restamos
aquellos hogares en donde la jefatura recae en los hijos.
Entre los hogares monoparentales encabezados por mujeres, el 16.3% están encabezados
por madres solteras, lo que muestra la fuerte incidencia de este fenómeno, aunque cabe

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mencionar que en 4.9% del total de hogares de la muestra encontramos viviendo a mujeres
solteras con sus hijos, aunque no en todos los casos son ellas las jefas del hogar, sino que se
encuentran viviendo con sus propios padres o con otros parientes. Los datos muestran que
en Nuevo León, se están incrementando los nacimientos de hijos de mujeres solteras, que
entre 1993 y 2005 pasaron del 4.7% al 5.7% de todos los nacimientos. En el área
metropolitana de Monterrey el crecimiento fue ligeramente menor, ya que en el mismo
período pasaron de 4.8% a 5.6% (INEGI, 2008a).
La mayoría de estos hogares monoparentales están conformados por mujeres viudas como
jefas de la familia, llegando a constituir el 45.3% de todas las familias monoparentales
encabezadas por mujeres. Resalta la incidencia, que parece creciente, de la proporción de
familias de este tipo encabezadas por mujeres divorciadas y separadas, que en conjunto
constituyen el 38.3% de este tipo de familias. Las tendencias que hemos observado a partir
de diversos indicadores, pero particularmente a través del crecimiento de las tasas de
rupturas matrimoniales auguran que en breve la mayoría de los hogares monoparentales
femeninos tendrán su origen precisamente en los divorcios y separaciones conyugales (cfr.
Ribeiro, 2010a).

Gráfica 16. Hogares monoparentales femeninos, según origen de monoparentalidad (%)

En cuanto a las familias nucleares de la muestra, que constituyen el 67.7% del total de
hogares encuestados, un 70.9% representa a hogares nucleares completos (62.2% de
nucleares típicos y 8.7% de nucleares reconstituidos); 15.6% atañe a parejas solas, 12.7%
son familias monoparentales simples (a los que algunos autores llaman familias semi-
nucleares) y 0.7% corresponde a abuelos con nietos.

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Gráfica 17. Tipos de familias nucleares (%)

Entre los hogares no familiares encontramos 6% de hogares unipersonales, 1.2% de
unidades familiares atípicas (donde viven personas emparentadas entre sí pero que
estrictamente no forman una familia (tíos y sobrinos, primos, hermanos, etc.) y 0.2% de
unidades de corresidencia.

Gráfica 18. Tipos de hogares unipersonales, según estado civil (%)

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La mayoría de los hogares en los que habita una persona sola están compuestos de personas
viudas (45%), lo que resulta normal si tomamos en consideración el acelerado proceso de
envejecimiento poblacional, el cual es consecuencia de la segunda fase de la transición
demográfica, que implica una reducción de las tasas de natalidad y de mortalidad y que se
acompaña por un incremento en la esperanza de vida de las personas (cfr. Ham, 2003). No
obstante resalta el hecho notable de un incremento en los hogares formados por personas
divorciadas y separadas, que juntas llegan a ser un 26.3% del total de los hogares
unipersonales.

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