Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

"Tienes que calmarte. Era un vecindario agradable. con bonitas casas. Pero debía cruzar la calle al descubierto. También le hacía falta cobijo. en la otra acera. solo con el tío Mark. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. El césped estaba crecido. Más que eso. si lo intentaba en ese instante. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia. -No en esta región. sin duda lo descubrirían. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. Warren. cuando menos esa noche. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. De todos los plazos de entrega periodísticos. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. se ordenó a si mismo en silencio. Empezó a temblar otra vez. -Hay un problema con los sabuesos. Pero el vecindario bullía de gente. con tanto rigor. pero no tenía a dónde ir. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. y. La vida no era nada justa. huye Empapado de sudor y rocío. sólo había una lu z encendida en el porche. La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos. Debía alejarse. Éste. todos enrollados y sin leer. ¿eh? -Así es. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban. que a veces uno tuviera que matar. Estarían buscándolo . que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. y jardines bien cuidados. "Cálmate". ropa adecuada y comida. -Así que el chico es un ladrón de autos. ¡Cielos!." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez. pasaban montones de autos por la calle. Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once. SUPERINTENDENTE. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. no se veía iluminada ni bien cuidada. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. Una idea empezó a germinar en su mente. -Ya veo. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. 5 Huye. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . todas profusamente iluminadas. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos. como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta.. Sin embargo. Al parecer. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. Necesitaba un plan. -¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. Warren Michaels lo sabía.. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. Las cosas todavía eran muy vagas. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. Nathan. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. Un momento.endían petardos en la calle. Debía tener paciencia. Y de autos. Era de Missouri. carcelero a los ojos de Michaels. tenía que dormir. JOHNSTO NE.

empleado del Cent ro. Todos l os detalles a las once. Cuando Warren terminó su perorata. sólo está en juego mi carrera. herm anito. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. 7 Huye. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Esas dos frases. A través de las ventanas. "El cuerpo del señor Richard W. pronunciadas en menos de diez segundos. ataviado con una camisa impecabl e y corbata.pendencia. están de vacaciones en la capital. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. Richard W . "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. Era como transformar la pala en oro. Incluso. Harris." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. -Buenas noches. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. la prioridad siempre había sido sobrevivir. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. huye Como siempre. Le 6 Huye. Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. Está atascado en medio de un embotellamiento. pasando por encima de ellas. nos tiene la información. ¿Qué detalles puedes darnos. -Vamos. Nathan. Harris fue descubierto por otro miembro del person . A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. Michaels se puso de pie. Cuanto más vivía Mark. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. Ricky Harris. Jed -invitó-. pr onostican lluvia para esta noche. Warren vio el reloj. Es ho ra de alimentar a las aves. convirtió ese hech o en una oportunidad. Eso s ignificaba que era un superviviente." Para Mark Balley. disipado su enojo. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. Don perfecto. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. Harry. pero no me dejaste opción alguna. Mark terminó de beber. -Una maravillosa lección de civismo. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. Doce minutos pa ra las once. miró fijamente a Jed. Si su cálculo no fallaba. sargento Hack ner. pero no quieren. La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. Los detalles aún son escuetos. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. Warren sonrió. que había vuelto a la vida. Al fin. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. mayor era su habilidad para sortear las dificultades. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. Además. a pesar de su alma inmortal. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. devolviendo la s onrisa-. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. no servirán de nada. Nathan. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. en vivo d esde Brookfield. le confirmaron a Mark que todo había concluido. "Lamento que así tuviera que acabar. -¿Qué quieres que yo haga. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario. El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. Aquí John Ogilsvy. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto. obl igándose a entender cada palabra. Sólo que el precio también era cada vez más alto. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. ¿Por qué no? -repuso Jed. Warr en? No son mis perros. pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. Steve. señor!" -fingió el acento de un montañés-. El santurrón e inmaculado Steve. pero alzó la voz-. aho ra que los necesitamos. Jed -recuperó su acento habitual. apto para la calle. Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro. Ya desde niño. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. El buen Steve. Sin embargo.

había una sala. todo en la planta baja. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. Sin más opción. avanzó con cuidado. su héroe favorito de la televisión. que despertó sobresaltado. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. se quedó paralizado. s ería su hogar por esa noche.. jadeante. El chico casi sucumbió al pánico. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador. el mejor sitio para ocultarse es el descampado. fuera de la vista . dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. mascullando maldiciones. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. Se moría de hambre. La cocina. Las luces del auto lo cegaron al acercarse.. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad. a la izquierda. Estaba totalmente al descubierto. Alguna vez su padre le había dicho que. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. el olor a tierra. Esta ban sucias. El v ecindario dormía. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. Bajo la tenue luz del refrigerador. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. Nathan salió del boj hacia el césped. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. la sangre de Ricky. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar. "Esta casa es eno rme".al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey. con toda c lase de aparatos electrónicos. Por un momento se sintió desorientado. inmóvil. Nathan. al cabo. cubiertas de lodo y costras de sangre. las piernas y.. se vio las manos con claridad. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. Lo único que se sabe es que Balley escapó. . La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito. se extendía a su izquierda. 8 Huye. y luego los faros desaparecieron en su interior. ori ginario del condado de Braddock. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. Aquello era increíble. perm aneció en la misma postura. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él.. Había llegado su hora. huye Agazapado. Más ruidos de movimiento.. en ocasio nes. Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. Impulsándose con los codos. la sensación de miedo. metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla. Se quedó t endido en la misma posición. por primera vez. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados. sin comprender el porqué de la luz intensa.. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo. Cuando lo logró. La calle se veía del todo distinta. El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión. listos. como esperaba. Durante todo ese tiempo.. Nathan pudo ver los pies. l a humedad. un comedor principal y una biblioteca. pero cayó de lado como un bisonte herido.. Casi todas las casas estaban a oscuras. LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan.. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura. pensó. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad.. Más allá. con un desayunador. el más rápido de su clase. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. Gracias a las lecciones de MacGyver. se rela jó. Nathan se m antuvo petrificado. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente.

-Sí. después. Nathan. dejó caer el cuello del mono al piso y. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . se sa cudió las perneras de los pantalones. Entró en la ducha. Era de día. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. uno de ello s con una gran hinchazón. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. Se movía con precipitación y torpeza. 10 Huye. Afuera. Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. Ayúda me. Daniel Petrelli. cubriéndose lo s ojos con las manos. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. -Supongo que. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. con ambos pies. Pero. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño. C ooper. Una vez libres los hombros. Todos los autos patrulla buscan al chico. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . Como el baño no tenía ventanas . el honorable J. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. solía decir su padre. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. Tienes que hacerlo. estoy metido en tantos líos. primero en silencio. Por cierto -pro siguió-. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local. fiel a su estilo. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared.En ese instante se esfumó el hambre y. podía encender la luz sin peligro. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. claro. empezó a retirar de encima la pesadilla. A instancias del repo rtero. Nathan trató de sonreír. Estaba todo ensan grentado. También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. con lentitud. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. Al moverse. y susurró-. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. Nathan rompió a llorar. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. está de vacaciones. Al hojear su libreta. en su lugar. Papá. Aparte la sangre. Nathan. Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. Encontró una past illa de jabón y. El médico forense. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. 9 Huye. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. al otro lado de la escalera. nuestro muy estimado fiscal. Rubio y atlético. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. Lo halló en el vestíbulo principal. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. Michaels dio un bufido. la mañana siguiente al cuatro de julio . Los ojos estaban hundidos en sus órbitas.

y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. Con esto terminó la reunión. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. sin embargo. del tamaño de una mesa. que miraba con aire hosco desde el televiso r. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. Es taba despierto. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. -Cuando lo atrapemos. Hasta el momento. Michaels dejó escapar un suspiro. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. y que el sospechoso anda suelto en las calles. Bob. lo perseguiremos y lo encontraremos. Si cumples con tu deber. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. y lo despertó. porquevamos a atraparlo. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. pero cobijado por una manta aterciopelada. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. Nathan. -Te recuerdo. esperando la arenga. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado.de su expediente del Centro. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. Pero el hechizo se había roto. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. Momentos después. Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj. Después. Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. Daniel Petrel li. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. El reloj indicaba las diez en punto. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa. Fue inútil. tengo inte . yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. frente a una cama ta mbién gigantesca. 11 Huye. todos listos. sostendremos los cargos en su contra. -Correcto. Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. -Sí. Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. en el centro de u na camaking-size. Siguió una perorata. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. Creo que no ne cesito decirlo. fiscal de la región norte de Virginia.

-No está sugiriendo la pena de muerte. Al ver aquello. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda. Habían pasado más de doce horas. Le parecía gracioso.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. suéteres. que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. y cuando al fin se inició. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. no obstante. los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. Nathan siguió adelante. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos. Para conseguir zapatos. -Según el teniente Warren Michaels.. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño. Peter -respondió Ogilsvy-. Los niños nunca habían sido adulto s y. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio. John. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. Hacia la derecha había una escalera. Sin manchas de sangre. del Departa mento de Policía del condado de Braddock. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. An tes de vivir con el tío Mark. Estaban llenos de camisas. La suela estaba casi lisa. Nathan. ropa de c ama. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos. quizá. sin embargo. Todo era dos tallas más grande que la suya. con camiseta de algodón azul y roja. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. -No nos adelantemos a los hechos. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. El cab . otra con actores. Salió al pasillo de la planta alta. pero él los rechazó. calcetines. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar.. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. y ése era su principal interés. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas. huye como tales. lo que dejó sin voz al reporte ro. Si puede come ter un crimen de adultos. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. pantalones. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto. p ero se veían cómodos. de pie frente a un enjambre de micrófonos. Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía. La imagen volvió a cambiar. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados. Cuando estuvo totalmente vestido. Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. Nathan abrió el clóset.. La escena cambió. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . detective del caso. y nadie sabía aún dónde estaba él. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. Un tanto flacucho y pálido. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. de donde s acó ropa interior. Por primera vez. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. Poco después. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. y zapatos: los había de todas clases y tallas. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad. se sentía or gulloso. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. dominada por una araña de luz de c uatro brazos. ¿verdad? -preguntó la misma voz. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels..

DENISE CARPENTER. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio. Bárbara! Muchas gracias. en cierto modo. no estaba dispuesta a darle a Bernie. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. suena usted como una perra en el radio. D. Nathan sintió crecer su confianza.ello era rubio otra vez. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. Años después. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e. En términos genera les. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. Denise. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando. soy La perra de Washington. el programa parecía predestinado al éxito. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción. un lujo que no podía darse. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. Lejos de llorar. de modo que luego de pagar guardería y ren ta. de Arlington. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza." En los seis años siguientes. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara." Durante su primer programa. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. caminaba con cierto brío. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. ¡Rayos. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. pero ella se rehusó. aprobó lo que veía. Si le moles ta. ya le habían quintuplica . las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas. Sólo estoy diciendo lo que opino. le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio. Virginia. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a." Denise respondió: "¡Caray. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel . sin titubeos. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine. divorciada y madre de dos gemelas.. Con apenas veinte minutos de anticipación. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. Enrique Zamora. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse. incluidos padres y médico s.C." Durante las siguientes cuatro horas. El conductor del programa matutino. Enseguida oyó lo que decían. te morirás de hambre. huye homicidio." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo. Una trabajadora soc ial. porque tienes razón. con treinta segundo s al aire cada media hora. D. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. Cuando regresó al dormitorio. esta vez con un programa de entrevistas. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. Nathan. En aquel entonces. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. amiga suya. Denise se había anotado un triunfo. Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. Denise había sido reportera de tránsito. Pero no soy sólo una perra. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. el gusto de verla recibir limosna. Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria. el jefe Johnny. pese a las vehementes objeciones del j uez. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera. "Esa voz ahora está a la sombra.C. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. su ex marid o.

Después de lo que pareció una eternidad. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. alguien contestó. que si él no hubiera matado a Ricky. Una vez más. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. Y todo era mentira. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. y estoy de acuerdo con él. Cuando Denise terminó su perorata. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular. en lo personal. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. en lo personal . deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. . Volvió a marcar el número. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. menor de edad o adulto. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino. Ellos no sabían. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. éste lo habría matado a él. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. Ellos no estuvieron ahí. desde el racismo hasta la crianza de los niños. Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. Una llamada telefónica no haría ningún daño. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya.do el salario. pensaba. Los teléfonos se volvieron locos. Rick -pidió-. Cuanto más oía el chico. ¿o sí? Si algo salía mal. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. sin duda. Denise. Pero él podía cambiar la situación. estoy harta. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. Nathan. hizo una pa usa para anuncios comerciales. Sim lemente podía levantar el auricular. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. y quizá ni siquiera le s importaba. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. Nadi e había oído su versión de los hechos. Seguía ocupado. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. Yo. Al decir lo que pensaba. en el dormitorio de una casa desconocida. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. -Como tú digas. En política era más conservadora que liberal. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. 14 Huye. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. siempre podrí gar. Y otra. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. -Oye. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. Tres semanas después de su primer programa. Según sus admiradores. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto.

Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. señora -repuso presurosa una voz tímida. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. Para ellos. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. tras las rejas. Yo soy Nathan Bailey. al otro lado de la línea.Enciende el radio -bufó-. Denise lo interrumpió. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. . ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate. Creo qu e está diciendo la verdad. Deténte. La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. No te quiero en nuestras calles. hacerme cosas muy malas. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. -No hay pero que valga. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. estaban a punto de anotarse un gran triunfo. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. pero firme. Eres un fugiti vo. O me matarán. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. Exactamente. Si era c ierto. Daniel. Nathan. -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. Pero es peor que te maten. Sólo que no los llaman guardias. Enciénde lo y escucha. la voz de alguien honrado. 16 Huye. paseaba de un lado a otro de la habitación. Te quiero bajo control. de un beisbolista de las Ligas Menores. pensó Warren.. WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño. habla Petrelli -dijo la otra voz. -Buenos días. Nathan Bailey. Nathan.. -No cambies el tema. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. Si regreso volverán a lastimarme. -No pienso regresar ahí -afirmó. Es lo que Ricky intentaba ha cer. Nathan volvió a sentarse en la cama. Traté de defenderme.. Mientr as charlaba por el teléfono. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas. Durante años. 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio. Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. Sin reparar conscientemente en que había sonado. -Habla el teniente Michaels. sólo puertas de seguridad. ¿me escuchas? -Sí. Petrelli pasó por alto el sarcasmo. POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. -Michaels. Nathan. Cuéntano o que en verdad pasó anoche. bueno. Denise perdió por completo el hilo de las ideas. 15 Huye. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. J. -En el Centro no hay rejas. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. -Parece que nos llama una celebridad. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí.. pero sólo me . Ést a era la voz de un niño explorador. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. pero. Tú mataste al guardia. E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante. ¿eh? Presa de intensa agitación. Tras una pausa. un peligro para nuestra sociedad. ta jante-. Arizona. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo. Los llaman supervisores. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. que tenía en la líne a. Te llamaré cuando terminen. chico.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. "Lo que me hacía falta".

le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. Nathan estaba aterrorizado. Pero en realidad era un lugar de castigo. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. al interior de la celda diminuta. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. Como aquel día era cuatro de julio. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer. Ricky! -suplicó-. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. Lo intenté una vez. Yo no hice nada. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. salieron a un pasillo angosto. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. Fue un gran error. Intentó mirar a Ricky. -¡Suéltame. el primer día que estuve ahí. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. claro -repuso Nathan. pero tiró de la oreja con más fuerza. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. Cuando él terminó. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. En cuanto cruzaron la puerta. Ricky Harris entró en la sala de recreo. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS.. El hombre volvió a ponerse de pie. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. -Pero aquí hace f río. aunque tenga que romperte los huesos. Y también los calcetines. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . el pánico empezó a invadir a Nathan. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa.fue peor. sarcástico-. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. Entendí que me encontraba en problemas. pero los patr ocinadores no se quejarían. la ropa o hasta la luz. -¡Ricky. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. huye Hacia las siete de aquella noche. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis. Cuando el cerrojo giró. El cerrojo giró y se abrió la puerta. pero no sabía por qué. Nathan. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas. En fin. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. Nathan reanudó el forcejeo. 17 Huye. pero las lágrimas le nublaron la vista. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. estás lastimándome! -gritó Nathan. ¿En tendiste? Nathan asintió. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico. -Escúchame -farfulló. entre tirones y empujones. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. Durante los siguientes dieciocho minutos.. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes. Aunque rara vez se usaba. con la cara contra las baldosas del piso. -Y deja de llorar. en el que podía negarse la com ida. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. sólo que era la mitad de ésta. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja.

Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas. no pasó nada. Recogió el arma del pi . que se volcó de lado. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. y se lo entregó a Ricky. había descubierto. Durante cinco segundos.os tipos. en u n intento por zafarse de Nathan. Ricky entró en la habitación despacio. cuando se impulsó. Nathan y Ricky se miraron fijamente. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. Sacudió el brazo con fuerza. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. El sabor de la sangre le llenó la boca. Nathan. 19 Huye. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. Sólo d iez meses más. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo. Sólo diez meses y saldré de aquí. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . tarde o tempr ano los otros te habrían matado. Ya pasaron ocho meses. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. oculta detrás de la espalda. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. Apoyando las espaldas contra la pared. Después. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. Empezó a respirar ruidosamente. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. Puedo lograrlo. tanto... 18 Huye. Supuso que habría una riña y. arrastrando las palabras-. y el cuatro de julio no era la excepción. ¿Tarde o temprano? Eso significaba que.. Durante largo rato. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. apoyó el peso en los talones. Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio. y por su vida. huye Tiritando de frío. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. Este se tambaleó y cayó de rod llas. Se dijo que no tenía por qué temer. ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad. a través de la mirilla de la puerta. -Trataré de que no te duela much o. de unos ocho por doce centímetros. y ambos cayeron. pero el corazón le palpitaba como un tambor. obligándose a recuperar la compostura. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . Nathan intuyó que algo iba a pasar. y con la mitad de eso estaré fuera. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. Con las rodillas contra el pecho. después de que el cerrojo se corrió. limitánd ose a asestar el golpe. si bien no era un gran peleador. luego del otro. al mismo tiempo. Nathan lo notó en su mirada vacía. Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. confuso y desdichado. pero él no le hizo c aso. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. que cayó al suelo. El truco. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto.. todo habría terminado en ese momento. huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda. Como sea. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . Estaba ebrio. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho. que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. Nathan. con una sonrisa extraña. niño -ofreció. De una sola zancada.

Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. Pero. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. Ahora no sería accidental. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. Pero necesit aba llaves para salir. -Tonterías. el hombre murió. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. Estaba borracho. -Eso creo. Con un último estertor. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. adornado con flores y arbustos. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés. pero fue inútil. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. Nathan no sabía qué hacer. Al principio sólo la entreabr ió. Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. Creo que estaba loco. a a libertad. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. A parentaba ser un sitio acogedor. Un superv isor estaba muerto. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla. ¡Santo cielo. Así s e portan los adultos cuando se emborrachan.so y giró sobre sus talones. La suerte lo acomp añaba. Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles.balbuceó Nath an. Denise le creía. Estaba acostado boca abajo. cerró los ojos y la retiró de la he rida. apoyado en los codos. -Sí. De pronto. De manera instintiva. Salió a hurtadillas. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil. cerró 20 Huye. y lo culparían a él. Pu . A partir de ese momento. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. lo demás fue sencillo. cerrando la puerta tras de sí. en su int erior. pero creo que estoy bien. el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. -Entonces. irse lejos y de inmediato. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. Ricky moriría. Nathan se acercó al arma. Nunca tomab a ni nada. nervioso-. sólo pensarán que estoy mintiendo. Ni pensarlo. -Ricky. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. Podía despedirse de su liberación en diez meses. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. -¡Perdón! . Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. Ricky! Perdóname. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. La unidad de crisis parecía una casa del terror. Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. Tenía que correr rápido. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. Era fantástico. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. El pánico invadió a Nathan. más allá de ésta. La última puerta fue la más fácil. si no hacía algo. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. Papá era un buen hombre. Recorrió la distancia en un suspiro. Es o lo haría sentirse mejor. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. pero comprendió que. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-. Si les digo algo distinto. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara. Nathan. Me duele el ojo y un oído. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. En cuanto la hoja salió del cuerpo. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes.

Ésta es una estación de radio. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado. que protege la libre expres ión. en un vecindario agradable. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón. Era inteligente. . -Sí. En el silencio que siguió. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. si todavía nos escuchas. al parecer. y me golpearon todavía más. se preguntó Denise.. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. y colgó. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. No devolví el golpe. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. -No. yo también. Pero llámalo por su verdadero nombre. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. y trató de matarme. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró. abogados y policías.. Pero ahora ves mi punto de vista. Y.. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso. Nathan.. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. Oye. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. -¿Por qué no? -Porque te atraparán. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. la cárcel.¿Le importa? -surgió Dense. Por eso seguiré huyendo. Entonces. -Sí -murmuró. -se le quebró la voz y guardó silenci o. el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro. Se lo dije al supervisor. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-. hice todo lo que debía hacer. Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. huye -Sí. Al principio. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo.. -No. Creo que te la mereces. A nadie. como me decía papá. nadie puede rastrear llamadas. Denise se quedó boquiabierta. -Tienes miedo.eden gritar a sus hijos. cariño? -Debo irme -repuso él. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-. y me lastimaron. ¿verdad. Puse la o tra mejilla. con voz ahogada. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal. temo que te lastimen. no -lo tranquilizó Denise-. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. Sin duda. Me defiendo. como sea que esto termine. te deseamos toda la suerte del mundo. Quizá debía de contárselo todo. los dos solos. pero no lo haría. -Estás poniéndome en ridículo. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . sin duda. pero él se limitó a mirarla.. El chico era muy listo. Robé un auto. tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. Había tantas cosas que contar. insultarlos y pegarles y está bien. eso no es cierto -la consoló él-. encogiéndose de hombros-. -Y. ¡Qué historia! Nathan. mientras los niños no l o digan. Nathan se había sentido muy dueño de sí. mi única opción es entregarme. -Entonces.

teniente Michaels. Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. Nathan. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. Aquella mañana. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. En cambio. J. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. jefe. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. 23 Huye. -El niño miente. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. en ese momento. era pura hipocresía. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. pero sin duda es interesante. J. Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. Pero. Danie l. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. como tantas otras que había descargado J. Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. Yo soy el policía. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y . ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. Warren no sabía qué creer. el caso Bailey había parecido muy claro. Si la policía no hubiera fallado así. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. -Anímate. y hacía responsable a Michaels por ello. un prófugo del sistema penal y un asesino. y tú eres el altavoz. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. El chico Bailey era un ladrón de autos. Nathan. ¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos.rar la compostura. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. J. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. huye -ÓYEME BIEN. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. Petrelli lo veía con claridad. 22 Huye. Volveremos después de estos mensajes. En cuanto a Nathan Bailey. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. Cuando Warren alzó la vista. En primer lugar. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. En aquel trascendental año de elecciones. -No sé si es buena o mala. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. Como policía. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica. Dan iel. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey.

Hace dos años. no había opción. Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. como el área de recepción. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias . el tío Mark levantó una denuncia. pero todos sabían que era sangre de la víctima. En el radio. -Muy duro para un pequeño. ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. Si estaba en casa. Es una historia bastante triste . -La de la unidad de crisis no servía.. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. con todos sus bienes como garantía. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'. no abrió la puerta. Bailey dijo que el guardia. -Creí que la cámara estaba descompuesta. Quizá Harris sólo quería molestar. y cit o textual. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. la custodia recayó en el tío Mark. Al oprimir un botón. a Nathan Bailey lo crió su padre. hace como un año.. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. El padre era un abogado con mucho dinero. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. característica de las cámaras de seguridad. Su madre murió cuando era sólo un bebé. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. -No. pero nunca resolvió nada. Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. Michaels hizo una seña con la cabeza. tampoco la del pasillo. Michaels movió la cabeza de la do a lado. no quedó nad a. Durante sus primeros diez años de vida. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. Mark Bailey. Nathan. En realidad no se quieren mucho. -No lo creo. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta. sin emb argo. del Centro de Detención Juvenil. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. era el tío Mark o un hogar adoptivo. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera. Resulta que. -Cuéntame lo que sabes. Mark Bailey hablaba por experiencia. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. -Detén la cinta -ordenó Michaels. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer. el niño de la pantalla se detuvo.ex tutor del chico. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. de la noche anterior. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. Finalmente. Al parecer. el supervisor le quitó los zapatos. Por supuesto. Se veía asustado. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone. Nat han robó el auto del tío. En la borrosa imagen en blanco y ne gro. Además. Afirmó delante del tribunal. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. a fin de cuentas. un tren arrolló su auto y lo mató. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño. No tenía modo de pagar la manu tención del niño. sí hay una grabación en vídeo. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. Al terminar los trámites del legado. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas. p ara averiguar lo que pueda. Michaels no daba crédito. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. Un instante después. Ambos hombres se pusieron de pie. así que no la pagaba. A decir verd ad. . afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él.

-Warren. Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. -Lo lamento. estaba decidido a hacerse notar. ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. del Departament o de Policía del condado de Braddock. Tenía un nudo en la garganta-. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. Corre la cinta otra vez. Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. -Mira. Cinco minutos más tarde. Jed volvió a correr la cinta . Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. jefe. Jed. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. -Una de las cosas que quiero encargarte. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. Otra vez. En el fondo había una puerta. Nathan. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara. Dio media vuelt a. cruceros monótonos y trabajo rutinario. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. No puedo seguir reaccionando así. no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. quien le hizo sabe . el corazón de Michaels dio un vuelco . -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-. Mira su cara. Poniéndose de pie a toda prisa. Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. Jed. Michaels también salió. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. Estoy bien. Creí que lo había superado. Nathan. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. -Y bien. Jed. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. -Jamás morderán el anzuelo. Warren. mirando de reojo a su jefe. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. EL PATRULLERO Harold Thompkins.-Adelante. Se veía la salida desde afuera. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. Jed. Veamos el resto. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. Míralo. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre. -¡N . ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. Warren -musitó-. Jed. huye vicepresidente de servicios al consumidor. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. ¿te sientes bien? -No lo sé. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. Estaba pálido como la cera. que en el pasado dependió de él por completo. echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. huye Jed también lo notó. Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. Tras cinco años de turnos variables. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. Apagaré el vídeo. -No sé qué opines. el niño del vídeo quedó congelado. Tiene los ojos de Bria n. 25 Huye.

-Tómalo con calma -la reconvino Enrique-. A Denise le pareció divertid o. o sea.. sin una orden judicial. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. -Según me dice mi productor. Harry decidió acudir a las fuentes.r que. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. Sólo hacía falta ser persuasivo. De pronto. Al fin. radioescuchas de todo el país. pero lo desechó por blandengue. En cuanto empezó el anuncio comercial. El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. está usted al aire. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. -¿Qué te sucede ? -protestó-. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. optó por una acti tud de poder. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. -¿Estoy. Nathan. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos.. Denise abr ió su micrófono. Denise se sobresaltó al oírlo. dígame. -Ya se lo dije. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock. Harry no tenía semejante poder. corría el riesgo de perder a su prisionero. Después de todo. eh creo . El corte en cuestión terminó quince segundos después. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. para que le proporcionaran la información. Mientras esperaba. de su programa de radio. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. -Bienvenidos una vez más. Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. a este sorpren dente programa. pero imaginó que eso no importaba. se acabaría la discus ión abierta. algo había entendido mal. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. Y. 27 Huye. cederían. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. Denise le respondió al productor. Denise ponderó l as opciones en un instante. No. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora. Eso por lo general hace que uno salga en el radio. EN SU LADO de la cabina. sin duda. ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. ¿Es cierto eso? -Bueno. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. el productor. Si la policía esperaba. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo. Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad. po r supuesto. le diría a quien fuera que el p roductor. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. -¿Ah. agente. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. En cambio. una neoyorquina. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. pero creo que debemos comentar esto en privado. Sin la controversia. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. oyendo un comercial anodino de autos. En un arrebato. A una señal de Enrique. Señor Thompkins. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. Denise Carpenter y su equipo. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. Harry Thompkins esperaba al teléfono.

Colgar no es una verdadera re spuesta. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. -Colgó -dijo al micrófono. Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. si era necesario. También le dijo usted a mi productor que. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. Hacía un minuto parecía un buen plan. Nathan. que estaba listo para matar. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. Pero descartó esa posibi lidad. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. s in embargo. -Déjeme poner esto en claro. colgó de inmediato. Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia. Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. un hombre fuerte. Para empezar. su aspecto no era intimidante en absoluto.. Por un instante. mucho menos aceptarlo. huye pensaron más de una vez. inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. O tal vez sólo fanfarroneaba.. una habitación pequeña. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. pero creo que nos deja un mensaje. -Interpretaré eso como un sí. o del país. podían mangonearlo . no toleraba los errores. usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley. ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. Los vanos estaban cubiertos con tablas. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. Poco después del mediodía. Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso. Apuesto. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. Se detuvo . la única persona que importaba. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. un bar solitario a la ori lla del camino. En el fond o. debido a su estatura y aspecto. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad. pero que ninguno merecía una tercera. decidido y sin miedo. un niño. aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. Nadie era más leal al señor Slater. algunos suponían que. nos acusaría de obstrucción de la justicia. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. Según indicaba el reloj del tablero. Sin otra salida. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. el efecto sería inhibir la libre expresión. Puso la palanca de velocidades en punto muerto. TREINTA MINUTOS antes. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. Arrojado. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. agente Thompkins. Aquel día .que sí -sonaba deliciosamente evasivo. porque la necesitaba. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. Pocos lo 28 Huye. Era el único automóvil en todo el lugar. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. riendo-. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern.

Déjame adivinar. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda. Per o. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. Mark vio una tenue luz en su horizonte. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar. Ordenó una cerveza. Estaba enojado conmigo. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. Creo que conmigo. Mark. en realidad. Lo convencí de hacer un último intento. mientras los ojos se adaptaban. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. Mark. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. Al cabo. y lo arruinaste todo. hizo girar la perilla de la puerta y entró. Mark paseó la vista por el lugar. Todavía no era demasiado tarde para huir. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón. a la vez apacible y furioso. Dame una última oportun idad. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-. Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento. sin hacer un último intento. con voz amenazadoramente suave-. n. no dela nte de él como Mark había esperado. te equivocas -lo riñó. -Vaya. eres ho mbre muerto. No dijo lo que ambos sabían. Mark comprendió que faltaba algo más. ah . Mark? -No -musitó. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. por fin estamos de acuerdo en algo. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. Bailey. -Gracias. sin conocimiento del indignado señor Slater. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. No estaba enoja do contigo. Mark respiró hondo. se dijo. no dos hombres en una cita de negocios. Puedo explicártelo. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. y que lo único que le interesaba era matarte. ¿Acaso te parece justo. La frente de Mark se p erló de sudor. En primer lugar. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. a pocos centímetros uno de otro-. El efecto era aterrador-. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. Pointer se inclinó hacia delante. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla. Nathan. -balbuceó Mark. -Hay otra cosa que debemos discutir. -Escúchame. Y. dos. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. A mí tampoco me parece justo. Pointer. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. Nathan. Me promet iste que podrías manejar este asunto. En la prolongada pausa que siguió. De lo contrario. Pointer. huye intenso. Así se sentaban los novios. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira..antes de entrar. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. Permaneció inmóvil en el umbral. Anoche te perdiste en una botella.. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-.. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer. -Mírame. evito que te corten e l pescuezo y. Pointer miró largamente a Mark. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión.. pero repentinamente perdió el valor para decir algo.. característico de los montañeses. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión.. Es claro que no estuviste ahí. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. -No. Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. Sentado con las espaldas contra la pared. -Pero yo lo disuadí -continuó-. tú vivirás. Me dijo que no l e importaba el dinero. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. de triste a animado. 30 Huye. no lo sé -tartamudeó Mark-. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas. a cambio. De modo que así están las cosas. -Soy Mark Bailey. ¿verdad? Mark asintió. estaba mole sto.

Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente. En la taberna nadie había visto nada. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida. se preguntó. Sollozaba.. y las lágrimas le corrían por las mejillas. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé. "¡Si tan sólo pudiera conducir!". y en pleno día. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón. -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. pero la guardó. En esta ocasión. si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. pensó. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. pero todavía no terminamos. ya no como antes. La fama empezaba a p arecerle agradable. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. Pointer salió de l lugar. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro. Pointer rió. Durante el corte de la hora en punto. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. Cuando Pointer la soltó. Pointer fue rápido. Nathan. y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio.ora eres el socio minoritario de tu herencia. Tan tranquilamente como había entrado. No tenía miedo. amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. En la mente de Mark se formó una objeción. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. Enseguida reparó en que el arma no se había movido. Te lla maré en cuanto te necesitemos. 31 Huye. Un año atrás. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. sólo quedaban migajas. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos. entre la segunda y tercera articulaciones. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta. La parte del señor Slater subió a dos millones. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir. Diez segundos después.. Además.. tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. ¿Qué voy a hacer?". hondamente complacido. -Lo siento. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. Con lentitud. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. El resto es tuyo. Sólo tenía que idear el siguiente p aso. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó. Pero necesitaba un plan. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. como decían en las películas de cine. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. -Apuesto a que sí. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. Después de unos cinco se gundos. y. -Eh. Mark -señaló Pointer-. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. Escribe cuando puedas. huye Halló el control remoto del centro de diversión. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. Bailey. todo por Nathan. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro. Eso nos deja tan sólo un último asunto. soy. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. al menos.. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as.

Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. Lo impo rtante era que ya tenía un plan. Nathan esbozó una amplia sonrisa. El chiquillo..32 Huye. en el programa de aquel día. Lo lograría. acarició los asientos y sujetó el volante. Era un poco incómodo.avenidas principales que estaban bloqueadas. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. Su forma de relatar la historia fue to talmente. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. tuve la oportunidad de escuchar te hoy.r eal. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. tal vez podría conducir hasta salir d el país. por favor. Por favor no te ofendas. La conversación se encaminaba a otro asunto. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. Hay de personas apersonas. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York. de modo que Nathan subió al asiento delantero. Como el resto de la casa. Denise per cibió que faltaba algo. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. respeto. En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras. Ron. boquiabierto. Tenía que lograrlo. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. -Yo sé lo que te digo. En realidad. Mientras repetía las imágenes en su mente. pero al menos los alcanzaba. Las llaves. Todo indica que el programa va viento en popa. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear. Hasta el momento. sobre un remolque. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. clavado en la pared. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. de una u otra forma. Nathan. -¿Denise? Buenas tardes. Sin titubeos. un poc o a la izquierda de la puerta del conductor. una intuición. esa gente no ha llamado a nuestra estación. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. -No me refiero a eso. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. Ron. No tuvo que esperar mucho. ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento. la cochera era inmensa. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. y los vencería el resto del tiempo. La puerta del auto no tenía seguro. Ahora. ¿Cómo has estado? -Muy bien. -Por supuesto. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies. con casco de fibra de vidrio. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise. había vencido los obstáculos.. gracias. el auto más fabuloso de toda la calle. cubierto con una lona verde olivo. dondequi . DENISE SENTÍA deseos de bailar. rojo cerez . y sé cuando están mintiendo. La empresa. crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor.

Denise. Nathan. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. Era un hom bre grueso. Demonios. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. no pensamos compartirlos con nadie. a menos que tenga algo que ocultar. En verdad. fiscal de la región norte de Virginia. HAROLD JOHNSTONE. Sólo hacemos pregunta s. el argumento se vuelve debatible. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros.era que esté. huye "En síntesis. No era lo que había esperado. Los directores generales no solemos oír esas cosas. Es un niño que lucha una batalla perdida. Si accedemos de manera voluntar ia. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. Y. tan sólo musitó: -Gracias. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. fuera tú. No puedo hacer nada por él.. Daniel Pe trelli. que volvió a su . señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-. En medio de este asunto hay un niño asustado. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que. Por una parte." -Ron. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. -Sí. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. superintendente de l Centro de Detención Juvenil. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos.. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. señor Johnstone. gracias. -Señor Johnstone -explicó Jed-. Tú eres quien habló con el chico. 34 Huye.. -Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. -Sin duda. Colgó. pero su deb er es cooperar. -No estamos difamando a nadie. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. Todo lo que dices suena lógico. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. la oí. Lo lamento. aunque no puedo. 33 Huye. te diré lo que haremos mañana. huye -Tome asiento. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia. Ron soltó otra risilla. Ha sido un día verdad eramente pesado. Por la otra. desde luego. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone. -Mira. -Todavía no me lo agradezcas. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. Ron. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. Nathan. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. aun que sea sólo en principio. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. Denise. usted puede sentirse ofendido si quiere. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen. Espero que esta noche duermas mejor que yo. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita. Denise.? Hackner lo interrumpió con un ademán. Denise se quedó boquiabierta. -Vaya. y hasta la última palabra es mentira.. Incapaz de decir algo más profundo. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. Dices que escuchaste el programa de h oy. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial. el pe queño me conmovió. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces. el chico lleva todas las de perder.

de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. En este sitio. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. el uniforme. en un cambio de juego. no me extraña -repuso Johnstone . los encargados del zoológico. -¿Ah. Hackner lo miró en silencio. la de su anuario del quinto año. No obstante. los objetos de aseo personal. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-. absolutamente todo. y nosotros. como solía decir su padre. No puede uno creer en lo que dicen. sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. pero tampoco es raro. También había tenido buen cuidado de haber l . me pare ce una buena oración para guiarse. Hackner se retrepó en su lugar. ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. sí. -Cuando los internos llegan aquí. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. "Dios mío. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". Nathan. no es raro que se prive al interno de algo importante. En parte porque lo habían criado bien. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis.silla-. entregan todas sus pertenencias personales. -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio. Esto es una prisión.. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. El sistema ya está corrompido. -En po cas palabras. porque tengo que hacerlo. Así. -Entonces. usted no se opone. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. es la única realidad que vale. porque mienten. menos inquietante de lo que es e n realidad. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. 7 NATHAN. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga. En un sitio así. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. Durante largo rato. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. pero sobre todo po r mero aburrimiento. huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. Johnstone -protestó Hackner-. lavó las sábanas del dormitorio principal. -¡No venga a sermonearme. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. -Sargento Hackner. Nosotros les damos la ro pa interior. Estos niño s son animales. Simplemente vivo en el mundo real. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas..pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí. Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen. en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. Si e llos tienen buen comportamiento. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer. Abra los ojos. 35 Huye. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. -Está usted invitando a la corrupción. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala. ceñudo. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. siempre que lo oculte bien.

¿recuerdas? -Entonces. se lesionó la mano -con amabilidad. Por lo que veo en su expediente. Dividamos el caso en do s partes. Si lo atrapaban. tomando en cuenta los antecedentes. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. ¿no es así? -En efecto. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. algo que hemos pasado por alto. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. -Admítelo. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. -No lo dudo -coincidió Tad-. sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. sobre todo.impiado todo después de cada episodio de glotonería. s i me permites agregar. Jed. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. Warren estuvo de acuerdo. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. huye -Dijo que era un empleado modelo. tendió una ma no hacia su paciente-. Nat han no tenía a nadie en la vida. porque se presentó la ocasión. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. tú tampoco. No hay rastro ni del tío ni del chico. La discusión era estéril. Nathan. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido. por triste que así fuera.. conciso. Soy el doctor Baker . -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible. Seguimos buscando a un asesino. La única respuesta. Aceptaba. Y. Si se eliminaba al tío de la ecuación.. pero este hombre era la exc epción. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. Warren sonrió. pero en verdad fue un accid ente. Y. estaría metido en u n lío muy gordo. entonces. y en verdad fue en defensa propia. si result a pertinente. "El dolor debió de haber sido insoportable". en el suelo del baño. ahora que concluimos con lo primero. y a Ricky Harris también. pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. Sin lealtad hacia nadie. -Y. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio. Jed -concluyó Michae ls-. Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. Aquí hay algo más. eso le abría posibilidad es ilimitadas. sin embargo. Vi sus radiografías. -Cálmate. Warren. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. Jed. De acuerdo. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. en la escala del departamento de urgenci as. pensó Baker. Por lo común. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. En cuanto lo hayamo s detenido. doc -confesó. pero. -Insisto. Había matado a un tipo y eso era malo. Es . Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. -Te propongo una cosa. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes. -Buenas tardes. Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. Con su mejor cara de galeno. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. ¿no te das cuenta de que. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. sostenida con gran cuidado por la izquierda . Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. -Me duele mucho. es taba gravemente baldada. me parece poco probable. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. señor Bailey. War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r. que seguía donde se lo quitó. pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. -Jed -lo interrumpió Michaels-. -¡Su opinión mis narices.

No creerá que estoy mintiéndole. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. -Entonces. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. por lo demás tranquila. -¿Ah. -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. -Entonces. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada. -Sí. Alguien lo lastimó. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador. "Yo ya hice mi parte. En opinión de Tad. largo e inclinado. huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. alguien le había roto los dedos de manera intencional." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. Actuaba con rapidez. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. -Por supuesto que no. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. Más que nada. señor Bailey. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye.una lesión bastante compleja. Nathan. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. ¿Qué te sucedió? 37 Huye. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada. -Si no me pareciera descabellado. -Nadie más que yo mismo. Nathan. ¿verdad? Mark rió por el comentario. un agud o contraste con la noche. cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. Tad le dirigió una sonrisa reservada. -Es cierto. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. doc. así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba. No quiero l astimarlo por ningún motivo. Después. me cayó encima t oda la camioneta. doc -Mark en efecto se relajó-. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. pensó. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. Es un contraste agradable. tanto adentro como afuera. -No tengo idea. Lo más complicado era log . No me lasti mó en absoluto. pensó Tad. No había marcha atrás. amigo". ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. Ya había ajustado el asiento y el volante. giró el volante al máximo. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro. La frase resultaba interesante. Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. -Descanse un rato. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. "¡Maldición! El médico sospecha algo". La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. -Relájese -lo instó en tono amistoso-. ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía. Lo veré más tarde. "Es tu mano y tu vida. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. Quizá fue cuest ión de suerte.

Nadie. No parecía seguir ningún patrón. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. Dios mío. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. hacia el norte rumbo a Canadá. el p olicía hizo detener el siguiente auto. luego habló duran . Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. sus facciones podían di stinguirse con claridad. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. En ese turno. pensó Nathan. Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. no dejes que me detengan.rar que el auto se desplazara de manera uniforme. el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían. Quiso tragar saliva. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . y el policía hizo señas para que pasaran tres. -Dios mío -rogó en voz alta-. No había policías a bordo de los autos patrulla. que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. En el siguiente turno. Luego de diez minutos. Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. La siguiente vez fueron sólo dos. Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. Al acercarse al crucero. el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto. Si hacían contacto visual. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. Enseguida. det enía ciertos autos al azar. y las piernas le temblaban sin control. Había planeado cuidadosamente aquella noche. por favor. ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. pensó. 39 Huye. se fijaría en él. "Conserva la calma". A pesar de la oscuridad de la noche. En cuanto el policía terminó de revisar. a partir de ésta. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. rogó en silencio para no llamar la atención.. Cabello rubio. Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. No había ningún accidente. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. Tenía las manos bañadas en sudor. no dejó pasar dos ni tres. Quinientos metros más adelante. En su carril." Los ojos empezaban a anegársele. Antes. y se sin tió al borde del pánico. y Nathan se sintió bien al mando del auto. Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. era un bloqueo. De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. hizo una seña al conductor para que avanzara. "Por favor. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. A la dista ncia. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. que señalaban el camino a casa del tío Mark. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. unos veintitrés años de edad. Era su única opción. en medio del embotellamiento. Además. pero contuvo el llanto. Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. dejó pasar cinco. ellos también podrán verme a mí". no muy lijos de donde vivía su tío. No me detengas ahora. Unos quince minutos después. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. Sin mover la cabeza. "Ha z que me dejen pasar. Dese sperado. "Si yo puedo verlo. Nathan. "Ahora soy el tercer auto". bigote. . Natha n eligió el carril de la izquierda. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. te lo suplico". sus peores temores s e confirmaron. EL BMW RODABA con suavidad.

No sabes la vida que ha tenido. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. 41 Huye. Era libre. pero si el policía acaso pudo reconocerlo. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo. con un vaso de whisky en la mano. Por lo general. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía. Nathan. creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. amor -lo consoló Monique-. cuando Warren no podía dormir. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta. todavía gentil. su dolor y su amargura. cariño? -le preguntó. Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto.. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. el tránsito se aligeró. eh. -L o siento mucho. notó que su esposo no estaba . Sé cuánto lo extrañas. Nathan. Warren estaba despierto. 40 Huye. Pero el dolor persistía como una herida abierta. Apoyada en un codo. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. y planeaba seguír así. En los últimos dos años lo pe . Gracias a la psicoterapia. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes.. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. ella podía dar cauce a su rabia. se puso un a bata y fue a buscar a su marido. -¿Qué te ocurre. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. Estaba preocupada por Warren. o al menos rogaba que así fuera.te largos treinta segundos con el conductor. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño.. escuchó con atención. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. todavía fuerte. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. -Me. Y Warren seguía igual: todavía estoico. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. frente al psicoterapeuta. Vol vió a vencerlos. Semana tras semana. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. Sin emba rgo. Con aire sumiso. Vestía camiseta y pantalones deportivos. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral. y salió sin hacer ruido a reunirse con él. Lu ego del bloqueo. ¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. aunque la conversación pareció subir de tono. pero esta vez no estaba ahí.. y casi golpeó el auto de adelante por ver. a la que Warren se opuso todo el tiempo. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor. Monique bajó de la cama. -Hola. nena -la saludó. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal. -Estoy preocupada por ti. Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. Warren respiró hondo. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. De pronto. huye Llevaba las ventanas cerradas. pero la casa se hall aba en silencio. y se espabiló de inmediato. -¿Warren? -llamó en voz baja-.

Pensi lvania. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. Idénticos en apariencia y personali dad. podría fanfarronear para siempre. abrió la puerta del conductor. permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. se llamaba Little Rocky Trail. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. "Ya se te ocurrirá algo. Estaba en un distrito comercial p obre. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. -No es justo -musitó él después de un largo rato. Se hizo un silencio. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. Monique vio a su esposo morir por dentro. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales. Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . "Nathan. asta do s. como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. algunos. Monique n o pensaba forzar el proceso. Con un nudo en la garganta. En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. c asi todo aún en construcción. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. Un letrero le informó que. eres un genio". ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". al que las mujeres no t enían acceso. y buscaba su próxima parada para descansar. Juntos como pareja. pudo . con múltiples cruceros y semáforos. compartían un mundo especial. Nathan. pero algo se había perdido irremisiblemente. se dijo. como era de esp erarse. Tenía hambre y sed. pensó sin decirlo. Brian era la vida de Warren. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. la personalidad de Warren cambió. se felicitó a sí mismo. bordeado de tiendas de comestibles. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. vaya". Apagó las luces del auto y. exclusivo de ellos dos. Era un nuevo núcleo residencial. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. con movim ientos tan suaves como pudo. Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. y ambos estaban conscientes de ello. La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. pero cada uno co n sus pensamientos. Estaba segura de que iba a suceder algún día. a penas a doce kilómetros de ahí. Seguía adelante con la rutina cotidiana. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. "Igual que yo"." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. Decidió seguir adelante. pensó.rdió todo. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas. La avenida principal de la urbanización. Jamás volvería a ser el mismo. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. De pie ante las manijas. "Vaya. 42 Huye. Una vez que dejó atrás el bloqueo.

Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. -Patty. había un lugar desocupado. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. Tomó nota del número de la casa. Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. Su sentido de la distancia lo traicionó. En p rimer lugar. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail. Recordó haber pasado. poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. Uno de éstos. el aire estaba denso por la humedad. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. El tiempo se le agotaba. un Honda. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba. Bajó del vehículo. pero desistió. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. volvió al BMW y arrancó. tengo que irme . Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. en realidad no se tratara d e un robo. y su juego terminaría. Y. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. Nathan decidió que era momento de ser temerario. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. Mejor aún. por supuesto. Esperaba que. y su perro Labrador. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. Tenía delante otras opciones. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. 43 Huye. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros. Además. Nathan. no porque lo deseara sino por necesidad. Aún no eran las seis de la mañana. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. buscaba el limpiador para alfombras. si devolvía las llaves. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. -Peter. un p astor alemán. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. Como es peraba. Se irguió. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . de un año. El hijo de ambos. descubrió otro auto guardado. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. donde el terreno irregular. tenía que deshacerse del automóvil. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. de seis años. Patty. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. empezó a aumentar el tráfico. cuatro mil ciento veinte. Nathan a su vez le ladró al perro.

aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización. y no intentó huir. Cuando sacaba el auto. de modo que respondió a su vez con u n ademán. -Imagínatela. -Sí. Nece sitaba dormir. -Buenos días. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña. ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. Wa rren lo esperaba. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. En l as últimas veinticuatro horas. que era tan verdadero como falso. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. Nunca debí salir al descubierto. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. para mantener la perspectiva. mo lesta-. por supuesto. alto y delgado. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir.ahora. jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. Una de tantas veces. Al preguntarle el motivo. . pero no dijo nada sobre su charla de ayer. Era un niño apuesto. Son casi las seis. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. 44 Huye. Nathan. el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. a mí siempre me tocan las labores más odiosas". le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. pero debo irme -declaró. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. Fue directo al dormitorio principal. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. Tomó su portafolios. lo invadió el agotamiento. Diez minutos después. El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. -En verdad lo lamento. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. Después de su conversación del día anterior. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. pero no tenía tiempo. los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. huye TODD VIO al chico saludar. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. El niño parecía normal. Con g ran esfuerzo. Hay cosas pendientes en la casa. Ni siquiera miró atrás. con el cabello rubio despeinado. Contuvo su impulso de correr. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones. Warren le apuntó con un índice acusador. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. La cara le pareció va ente conocida. Había muchos niños en el vecindario. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. Supuso que para eso servían los adultos. tienes que irte -replicó Patty. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. Está disponiendo todo para nuestra entrevista.

en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro. pero As no se movió. podría terminar muerto. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-. Si seguía por ese camino. ¿verdad? As se mantuvo impávido. Como no se le ocurrió ninguna. pasarás la mayor parte de tus días encerrado. -Oigan. se puso de pie y se retiró. Espero que lo logre. existen menos probabilidades de que lo lastimen. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. -¿Podría disculparnos por favor. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. huye -Sí. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. Nathan. A petición de Warren. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. mejor conocido como "As". No te agrado porque soy policía. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. sé que no quieres creer nada de lo que digo. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. Si no lo traemos de regreso. Johnstone ocupó una silla en el rincón. pero hizo caso omiso. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. pero todos sabían que no era u na petición. donde permanecería seis años más. mirándose las uñas. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. después de haber matado a uno de los guardias. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio. As. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. De modo que vas a responderme algunas preguntas. duraría quizá un año en las calles. lo mismo que Jed. Tras las formalidades de costumbre. Johnstone los esperaba en su oficina. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. co mo era de esperarse. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. para iniciar la entrevista. un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. -Pero si yo no digo nada. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. 45 Huye. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. Warren sonrió. hasta su liberación. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. -Mira. -As. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson. Si podemos encontrarlo antes que los demás. Johnstone se quedó paralizado durante un momento . era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. Su tono era amistoso. -Iré directo al grano -empezó Warren-. seño Johnstone? -preguntó Michaels. Johnstone habló primero. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. Nathan. pero no vio nada. vacío por lo demás. A los quince años.-Compórtate. 46 Huye. farsantes. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. Quiere n hacerte algunas preguntas. Nada de pleitos. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría.

la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. ojos azules y bigote. "Varón blanco . pero no sé por qué. Por toda respuesta. Su misión. En ese momento. As -concluyó. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. -Yo no dije nada. Harry lo había alcanzado. Luego. Nathan. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. -Disculpe. Este lugar iba a terminar con él. hasta nuevo aviso. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. al menos. Jed se levantó con él. Y también Mark. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. Antes de que s ubiera los escalones. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. Usted es Mark Bailey. Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. Sin embargo. abreviatura dewildman. Los niños. La matrícula dice WLDMAN. -Vaya. Steve notó que la tensión cedía un poco. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. -Gracias por tu tiempo. En algún punto de Carolina del Sur. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. Has sido muy tol erante. -Si le han dicho que era malo. señor -lo abordó el policía-. poniéndose de pie-. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels. . Por el momento no es sospechoso. -Me parece lógico. y ambos se dirig ieron hacia la puerta. no necesita preguntar. salvaje. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. Espero que tu sentencia te sea leve. Virginia. soy yo. K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada. Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. Había omitido algunas palabras. con un vendaje voluminoso en una mano. momento en el que. Ambos se volvieron-. cuando Norfolk. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. a dos kilómetros de su casa. Del vehículo se apeó un varón rubio. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante. Kendra le clavó una mirada fulminante. la camioneta Bronco roja. blanco. -Oigan. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. setenta kilos. Se le busca pa ra interrogarlo. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. O. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. vitorearon. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. con toda seguridad. pero lo esencial estaba ahí. -Sí. y los consecu entes rezongos de sus hijos. en espera de que alguien llegara. 47 Huye. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. de unos setenta kilos. Jamie Amy. rubio. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró. Harris la traía contra Bailey. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal. -Disculpe -llamó a voces-. desapareció en el espejo retrovisor . Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla.

¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. Quizá se trataba de un niño. Gracias por su tiempo. De vuelta en su auto. reapareció el nerviosismo. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. Entonces se puso arrogante. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. de hech o pedí que lo encarcelaran. no le importará que eche un vistazo. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. Mark lo miró desde el umbral. agente Borsuch -saludó. -Buenas tardes. -Me pareció que intentaba esquivarme. -De acuerdo. Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. pensó. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. Tuve un accide nte. estoy enterado. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. Sí. "Si se cayó del gato. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí. Harry se acercó a la puerta. Nathan. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. sí me importaría mucho. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. con antena parabólica en el techo. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. Fuera lo que fuera. Mientras conversaban. -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. -¿Debería de pensarlo? -preguntó. ese algo tenía que ver con su lesión. Lo mandé ahí. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. -Entonces. Cuando se acercaba a la puerta principal. agente. para deshacerme de él. Mark Bailey era culpable de algo. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. . señor Bailey. -Pero. ¿Podría decirme dónde pasó la noche. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. -Vaya casa. 48 Huye. no en otro planeta. a solas. Cuando llegaba a la calle. mi sobrino y yo nos odiamos. Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. dando media vuelta para retirarse-. señor Bailey -admitió Harry. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. vio una cara conocida. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. Usted no tiene nada que ocultar. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. huye -Mire. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. oyó que se abría la puerta. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo".

50 Huye. -¿De qué se trata? -preguntó. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. vaya. Diez minutos y otras tantas puntadas después. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. Harry. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. -Una lesión de la mano. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. dos adultos y dos niños. por desgracia. Debía permanecer una noche en el hospital. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. de esp aldas a la casa. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas. -Muy bien. puedes toser. no a Tad. -También encontramos esto -añadió Borsuch. Por otra parte. incrédulo. Warren siguió el ademán. Nathan. El chico tiene b uen gusto. -Vaya. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. La crema y nata de Braddock. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. -Buenas tardes. Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. Tad finalizó su labor. y le entregó una hoja rayada de cuaderno. mirando a su alrededor. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. ¿De acuerdo? . no digas nada. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. -¿Dónde está la familia? -inquirió. si no estás de acuerdo. Su voz tenía un dejo de desesperación-. Pero apóyame en ésta. Mi carrera puede estar en juego. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. no puedo ayudarte. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. -Lo sé. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. Escrúpulos aparte. Pero. -Disculpe -interrumpió Harry-. arqueando las cejas-. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. Tad alzó la vista y sonrió. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. -Harry. suturando un herida en la coronilla de un paciente. asintiendo con la cabeza. Nathan. -Lo siento. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. Tenían delante a la prensa.49 Huye. estaban de pie en la acera. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. Cuatro personas. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel. Si estás de acuerdo. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. Bailey era una escoria. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. Borsuch señaló el jardín delantero. y todos los sabían. Tenía rota una mano. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. lo sé -admitió Harry. Cuando terminemos. doctor Tad -saludó Harry al acercarse.

DENISE CONVERSABA co n Quinn. Nathan. Apagó el televisor y decidió explor ar. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. Levantó el auricular y marcó. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. Tad guardó silencio. en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. Dur ante los siguientes veinte minutos. -Y dime. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. Emp ero. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. pero nunca asoció los apellidos. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. al tiempo que abría la puerta del consultorio. -Por supues to que no -reconoció Harry. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. -Oye. Estuve durmiendo. Nathan. aunque los ojos lo desmentían. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. Hiz o un nuevo intento. de Milwaukee. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. Natha n Bailey. un tocador y una cómoda de patas altas. pensó Tad. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. Volvió a toser. Tal vez había planteado mal su afirmación. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. lo descubriremos. Harry se veía totalmente estupefacto. ¿no? . Antes de que lo olvidara. Había oído del chiquillo. se debían a actividades cometi das en su contra. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-.Con que eso se traía Harry entre manos. Harry -se disculpó Tad. Un repentino acceso de tos acometió al médico. siempre que no tirara del gatillo. En ellos encontró unos juguetes fabulos os. pasó el resto d e la mañana en la sala. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. dispuestos lado a lado en lo más alto. Nathan Bailey. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. subió a la habitación principal. señora -respondió la voz. -No me sorpren de. Dicho lo cual. por el contrario. ¿estás ahí? -Sí. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. Quitó las sábanas de la cama. en el noticiario la noche anterior. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. Eres toda una celebridad. debía lavar las sábanas. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. 10 51 Huye. Harry se quedó pasmado. Los dos últimos eran pe queños. B ailey. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. pero primero echaría un vistazo. Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez. Una vez que limpió la planta alta de maleantes. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Se ocuparía de ellas enseguida. -Lo siento. Podía jugar con el arma tal como estaba. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. cariño -rió Denise-.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. si investigamos s obre la lesión. Quinn -la interrumpió Denise-.

Nunca creyó que regresaran tan pronto. Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa. no parecía que hubiera robado na da. el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. Nathan. como un automóvil BMW. Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. pero no todo lo que dicen. Aunque traté de ser cuidadoso. que acababa de limpiar. oyó la voz del chico . Su tono sonaba gélido. se había duchado en e l baño principal y. Díganle que gracias y que lo sien to mucho. En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. -¡Ja! Te callaron. Créanme.. Sin embargo.. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor. sin duda. tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer.D. de modo que la emprendió a preguntas. había dado otros golpes difíciles en el pasado. rompí un vidrio de la puerta trasera. por increíble que pareciera. aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. Fue algo muy feo. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas. cuando tenga oportunidad. pero le fue imposible.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda. Les prometo cuida r sus cosas. llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. 53 Huye. Los Nicholson. declaraba Kendra. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto. Sabía que pronto llegaría su oportunidad. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. Perdón por el desorden del baño. Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. habría sido la animadora que perecía por él . A continuación. -¿Qué? -jadeó. LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . o quizá una semana. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa. en un par de días. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. No se preocupen. Pointer soltó una carcajada. Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. Las cosas no iban b ien. Recogí los pedaz os y. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. Nathan había dormido en la habitación principal. Kendra. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían. También encontraron tu nota. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . Ya en camino. no como las había planeado. 52 Huye. Sí. El corazón de Nathan latía a toda prisa. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días. Cuanta más gente estuviera atenta. Salvo por la ropa y el auto.357. Permaneció mudo. Hice algunas cos as malas. Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock. Su amigo. Por favor. Ya estaba listo. Según deducían. Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. Considerando el trabajo que debía hacer. También tuve que llevarme su otro auto. Le temblaban las manos. intentaré pagárselo. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. Al menos. Nathan. Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. tus anfi triones de anoche. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. Nathan Bailey P. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW. El niño con . pero uste des la llamaron de inmediato.

La primera. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. -Hola. Nathan respiró hondo. sabrías que eso significa mucho para mí. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. -Estoy de acuerdo -terció Denise. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. Denise. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. Era cierto que había matado. El día anterior. Nathan. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. la gente no conoce los límites. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. La policía les avisó. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa. Nathan"." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado. pero no sabía por qué. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. Un chico listo. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo. él mismo lo confesó. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. había dicho. -Oye. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático. Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. Recu erda que. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-. y la segunda. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. Yo tampoco quiero. -Estoy segura de eso. ¿es cierto? -agregó Frank. -Gracias -repuso Nathan. De modo que sí. si te pregunto algo. A veces. pero después ya no quisite hablar de él. Esta vez se sentía tranquilo. Eran nuestros vecinos.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. 54 Huye. controlado. Jacob Protsky. yo e staba en casa de mi mejor amigo. que Nathan no era un peligro para la sociedad. En su fuero interno. Nathan sonrió y estiró la espalda. no los reformaba. al principio del telefonema de ayer. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. que el sistema correccional para menores hacía criminales. Pero no era un asesino. Esa noche. hay mucha gente que no opina l o mismo. Nathan -saludó Frank-. "Ya no podemos ser parte de ella. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . y tu situación en realidad me conmueve. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. Y." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. y el papá de Jacob me lo dijo. igual que muchos radioescuchas. de Coronado. "Ahora tienes una nueva vida. -¡Qué van a saber! -y Denise rió. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. y el tren lo arrolló. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. conmovido-. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. quisi era ayudarte. sin embargo. Como madre que soy. -Nathan. no creía una sola palabra de lo que dijiste. para suplicarle que lo acogieran. California. huye A partir de ahí. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. si me conocieras mejor. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. pensó Warren.

Siempre llevaba las de perder. -A muchas personas les funciona. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. Se veía despavorido. -A decir verdad. sí. creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. convencido-. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. A mí no. ¡No me dig as que debo regresar. Sólo pensaba. H arry se sentó con la espalda erguida. se acercó a revisar el vehículo. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento. Denise -declaró Nathan. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. No volveré a menos que me a trapen. Denise. Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida.. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. nadie había mencionado un BMW robado. -Siéntate -ordenó Warren. Si se esforzaba y decía la verdad. Nathan. Nathan. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. Así funciona el sistema. . En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. quizá otras personas también podrían. Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. y si la suerte lo acompañaba. De pronto.lo abrazó. si me defiendo y gano. En el exterior. dirán que yo soy el asesino. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. reparó en un BMW descapotable. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. Ya en su auto. no había el menor indicio de una sonris . y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. amiguito. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. Nathan. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. -No puedo regresar. Ya eres noticia. tendría otra oportunidad . en Jenkins Township. porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. el catecis mo católico.. Al llegar. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario. Pero. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. con la respiración agitada y las manos temblorosas. Nathan. Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. -A los niños no. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. -Escucha. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara.. se sintió in finitamente solo. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. -El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. alguien más lo in tentará. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. siempre estaba en juego su supervivencia. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. huye -¿Eh? ¡Ah!. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar. al iniciar el turno. Si regreso. Aquella mañana. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo. 55 Huye. Pensilvania. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. sobre todo. Aún había gente dispuesta a escuchar. rojo cereza. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta.

-Sí. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. -Residencia de la familia Nicholson. -Sí. -Sí. Nathan. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. Voy para allá ahora mismo. Nathan. huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira. El teléfono sonó nuevamente. señor -masculló Harry. agente Tho mpkins. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. -Ahora. El motivo de esta pequeña charla.a. Encontraron el auto en Jenkins Township. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. Harry. Sin embargo. eh? -preguntó con voz apacible. ¿no es así? Harry asintió. Harry salió y cerró la puerta. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. señor -respondió Harry. y no podré volver a cubrirte las espaldas. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. señor -repuso sin titubear. -Jed. que Warren le devolvió. Estamos en Estados Unidos. si estaba decepcionado de alguien. Los demás tenían razón. y una gran equivocación. Otra más. Thompkins -prosiguió Warren-. 56 Huye. -¿Y bien. -Anímate. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. se dijo. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. Él era de lo s buenos y. Pensilvania. Cuando el teléfono volvió a sonar. él no se había presentado. Jed contestó. Yo cubriré las cosas aquí. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. con grandes aspavientos. Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. Habla el sargento detective Hackner. Warren se retrepó en su sillón de vinilo. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. Michaels era de los buenos. 57 Huye. Warren puso la mano sobre el auricular. Harry miró al teniente a los ojos. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. al tercer timbrazo. Pasaron unos cuantos segundos. soy Warren. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. Warren se inclinó hacia adelante y. ¿Quedó claro? -Sí. que rechinaba. Warren levantó el expediente. al norte de Ha rrisburg. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. El corazón le palpitaba con rapidez.

Investido como juez en 1955. Su Señoría. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. Stephanie sonrió. Y. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. El primero. yo también lo esperaba. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. sacó su s notas y empezó. Con sus casi ochenta años. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. Su Señoría. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. veo que está sola -reconoció. Su Señoría. diez minutos antes de las cuatro. Una vez concluidas las formalidades iniciales. que un buen . tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla. les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. Caminaba de un lado a otro por el pasillo. Señoría -concluyó el abogado Morin-. seño Morin -indicó el juez. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. Stephanie quedó boquiabierta.so perdido. incómoda. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. -Con esto se demuestran varios puntos. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. -A decir verdad. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. Verone giró la cabeza hacia la defensa. con un fino traje de Brooks Brothers-. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. Desde las nueve de la mañana. sin dar muestra al guna de tensión. Pero estoy lista para proceder si n él. La fiscalía 58 Huye. -Sí. El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. según entiendo. al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. to dos los presentes guardaron silencio. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. furiosa. sus oponente s de Omega Broadcasting. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia. Morin sonrió afectadamen te. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal. Abrió su portafolios. Al fin. Nathan. la tenemos -respondió. encima. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. elegantes y muy bien pagados. Cuando subía al estrado. -Señorita Buckman. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. En contraste con sus limitaciones físicas. ¿no es así? Morin se puso de pie. -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. irritado-. Esperaba ver al señor Petrelli con usted. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. tenía un asp ecto cadavérico. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. Clarence O. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. -En efecto. Puestos de pie. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. -Su Señoría. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. Señoría.

Virginia. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. Había decidido llevarse el arma. -Ese último comentario no viene al caso. "Piensa". Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor. Se dejó caer en el sofá. Nathan. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población. Necesitaba analizar su sit uación. De hecho. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. Faltaban tres horas para el anochecer. Tiene que haberla. La ropa estaba lavada. y. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. Señorita Buckman. La espera lo volvía loco. Sólo esperaba recordar cómo." Apagó el televisor." Volvió a sentarse e rguido. "Debe haber una salida. ha sido localizado. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. todo po r su propia culpa. de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios. Por primera ocasión. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. Era u n idiota. señor -respondió Stephanie. señorita Buckman. Cuando el sujeto oyera las noticia s. sin duda. pero no tardaría mucho. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. lo meteré en la cárcel por desacato. Nathan estaría pr eparado. pero l sitio exacto. se dijo. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. Si algún maleante lo elegía como su presa. pese a todas sus oraciones. Era de transmisión manual. lo recordaría.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles. alguna forma de ganarles la delantera. Hablarían con la gente. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. no tenía relación alguna con el mundo real. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato. si intenta otra jugarreta como ésta. ¿Quedó claro? -Sí. Tenia que escribir otra nota. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. El Honda de la cochera complicaba las cosas. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo. y el segundo. y había limpiado la cas a. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. mostrarían su fotografía. quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. lo declararían culpable y. . Pens ilvania. y debía aguardar. Infórmele que. se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior. Todo y to dos lo habían abandonado. con el arma apoyada sobre el pecho. Aun en los días más oscuros. -Por el contrario . No era posible. Lo sacó y se tendió en el sofá. vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. Su Señoría -objetó Stephanie. con los pies descalzos plantados en el suelo. Pese a sus reflexiones y planes. lo encarcelarían por el resto de su vida. Buscó des esperado alguna solución. Según fuentes policíacas. los policías habían anulado su ventaja de dos días. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. En unas cuantas horas.. . EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. un grandísimo imbécil.

Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. Los labios comenzaron a temblarle. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. Sin embargo. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro. Por segunda ocasión en dos días. súbitamente. huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir.. reconoció la ver . y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. Empero. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas. 61 Huye. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. Nathan. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. Estas cosas implican tiempo. Uno. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. ¿o no? No más persecuciones. En las casas donde no encontró a nadie. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos. ah ora ya había motivo de esperanza. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. se lo informaría. Greg intuía que estaba cerca. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. no más golpizas. oler su perfume celestial. dos. Entre las sombras del anochecer. Vistas de cerca. -Ya me descubrieron -susurró. un instante más tarde. algún día. Confiaba en que. dio media vuelta y se alejó. Después de unos quince segundos. Nathan. Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. Sería libre. Greg no se desalentó. El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino .. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa. Habían estado a cinco metros de él. Si él hubiera estado en los zapatos del chico. se veía malévolo. No podría haberse movido aun que lo deseara. pero ninguno de ellos había visto nada. todos ellos con una fotografía de Nathan. Sería feliz.. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero.. se permitió fantasear en que también encontraría al niño. Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto. y eso significaba Little Rocky Creek. huye a sonreírle.Esta vez. las b alas eran grandes. no más soledad. Sí. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. si alguien sabía algo. no hubo reacción alguna. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. vivo por fuera pero muerto por dentro. Podría conocer a su madre. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. y no lo encontraron. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. sabía reco nocer las casas desocupadas. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Casi podía sentir la calidez de su abrazo. Su padre volvería 60 Huye. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. Nathan permaneció inmóvil en el piso. había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. Durante largo rato. La muerte era una forma de libertad. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. Esperaba poder contarlo algún día. Llamó a la puerta por mero formalismo. donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. El problema era la hora. Todavía amartillado y li sto para disparar.

rompió a llorar. -No entiendo. ¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar.. Ya era hora de que vinieran.. -De hecho. Al cruzar el umbral de la puerta. -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-. Vaya nombre. ¿acaso cree usted que.. Jed se sentó en el viejo sillón. Mire usted. el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada. sé que esto no es agradable... Por favor. Sién tese y hable conmigo. -Bueno. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas. A CASI doscientos kilómetros de distancia. -Señorita Cahill. cos .. Nathan dejó caer el arma en la alfombra y. sostuvo la placa junto a la cara.. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. Si alguien le hub iera colmado la paciencia.güenza de lo que había estado a punto de cometer. s e veía enojada. donde pudiera verse a través de la mirilla. Se llamaba Misty. Le recordaba una vieja canción. Misty. eh. con el dorso de las manos en los ojos. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía. pero no pue do. compañer a. Contempló un rato la botella de cerveza. Mitsy Cahill. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. No obstante. -Cahill. podría pasar cualquier cosa. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. Po favor -suplicó más tranquila-. -Mitsy -lo corrigió ella. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso . de unos veinticinco años. -No es sólo una víctima inocente. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. y ella las enjugó con los dedos. Me agrada t ener compañía. Respiró hondo. -¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar. señorita. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta. Sin embargo. -No. La suposición de Jed no podía ser más errada. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. señorita. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. -Por supuesto que no. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. -Muy bien. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. póngase cómodo. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas. Por favor. Nathan.. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-.. llámeme Mitsy. pero. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. ¿verdad? Esa pregunta. en algún momento posterior. Al llamar a la p uerta de chapa de madera. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento.. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy.. eso es lo que estamos investigando. Joven.. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. gracias. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky.? 62 Huye... Cuando volvió a mirar a Jed. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. No había r egistro alguno de que tuviera esposa. formulada sin ambages. -Señorita Cahill. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. pero no bebió. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-.

En un arranque de inspiración. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. pero tampoco era tan irregular como había temido. a mí -concluyó e n un susurro. Nathan. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. -Ya se lo dije. hace como una semana. no lo sé. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave.as de Ricky. AL FIN oscureció. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. En cuanto Todd viera la fot ografía. celebrando su inmi nente victoria. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. 63 Huye. huye -En honor a la verdad. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. La otra parecía extraída de un vídeo. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. Fuera lo que fuera. -No tengo idea. amable-. Debemos llamar a la policía. -Hasta donde pude ver. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. Nathan Bailey se había apoderado. de eso estoy s eguro. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. lo sabría con certeza. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. la camiseta de algún equipo deportivo. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. Sin embargo. -Es él -aseguró Todd-. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. Tenía ante sí mucha información nuev . encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. Su aceleración no er a precisamente uniforme. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. Según los informes procedentes de Virginia. No recuerdo de cuál. hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. pero no sabía qué hacer con ella. Finalme nte. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. La esposa de Todd. Llevaba pantalones cortos. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. Rasgo p or rasgo. Su tono era brusco y apremiante. era un boleto abierto. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta. de una camiseta de los Toros de Chicago. Y. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. por supuesto. Y el cabello era igua l. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. 64 . Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. en casa de los Nicholso n. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf.

con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda. Estaba cruzando la calle. nada parecía fuera de sitio. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. y también aceleró en un intento por perderlo. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea. reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. una familia de la otra calle. porque vio movimiento a través de las cortina s. sin cruzar nunca l os pies. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. 65 Huye. o más bien le pareció haberlo percibido. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. que . -Señor Bris cow -empezó a decir. salieron de vacaciones. se había hecho de un arma. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa.. Acabo de recordar que los Grimes. Al acercarse a la puert a principal. Era sólo una sala a oscuras. El arma era una extensión del brazo de recho. Lo siento. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. Nathan. -Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail. que parecían intactas. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio.. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. En el resplandor tenue de la luz. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. -Sí. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. Greg se movía como una araña dentro de la casa.Huye. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono. por cierto. bajó por el hueco de la ventana. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. A petición de Gr eg. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. Sin saber con certeza qué buscaba. sostenida en ángulo recto frente a él. -En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. El patio trasero se veía igual. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. De modo casi inconsciente. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. El tipo seguía ahí. a nivel del piso. Nathan. pero fue inútil. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. Durante los últimos ocho kilómetros. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. las luces altas de su auto. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos. 12 EN LA OSCURIDAD. -¡Si seré.

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

la bala ya iba en camino. -¿Quién es usted? -gritó. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas. huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. Se oyó una llave en la cerradura. En este caso. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. Otra vez. la pesadilla todavía no terminaba. más le irritaba el día que tenía por delante. Al parecer. Pointer no respondió. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. Eran raros los visitantes a esa hora. Cu ando logró entender. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche. "Tal vez pueda alzar el catre". A LAS CUATRO y media de la mañana. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. se dio cuenta de su grave error. No era muy grande. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. El pánico invadió a Nathan. como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. Nathan se preparó p ara dar el segundo. -Buenos días -saludó Pointer animado-. Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. atrapamos al maleante. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones.. Vio el arma entrar primero. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. no hay nadie más que el chico y yo. ¡Pum!Otra vez. pensó Nathan. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o. tomó la pistola y giró. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. Esto no podía estar o curriéndole. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. En cuanto pronunció aquellas palabras. Tras un primer golpe. Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. Tenía que huir. Otra vez. Soy policía del condado de Braddock. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba.. señor. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. 70 Huye. Sólo vine para dar una mano. La pistola cayó al piso. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. ¡pum!. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. Watts sonrió. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. pero no se disparó. Er a innegable que algo estaba sucediendo. amiguito -rió Pointer. -En efecto. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. A pareció rápidamente y rodeó la puerta.rota como si estuviera íntegra. -Sí. Un arma. No logró identificarlo. El ves . Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. P arece una noche muy tranquila. El "policía" cayó desmayado. sino que tuvo más resonancia. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. Nathan. Quizá podría. sintió que la sangre se le heló en las venas. sólo se agachó para re el arma. pre parándose para disparar. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. pero sí pesada. El lugar se ve vacío. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función.

Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. de lo que s in duda era la plaza principal. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. los ojos no la dejaron tras lucir. adoptó la posición de tirador. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. llegaron por montones. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. dominado por escaparates y callejones. De hecho. Por lo pronto. Volvió a quejarse. 71 Huye. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión. Ocasionalmente. con la cabeza c aída sobre el pecho. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. la estructu ra más prominente en el centro. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. Nathan no sabía qué hacer. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. De haberlo sabido. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. Nathan -se burló en voz alta. huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. En el escritorio.tíbulo estaba desierto. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. Era muy fácil. El señor Slater no estaría muy complacido. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. pero los 72 Huye. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. Pointer se quejó en voz alta. -Has sido un niño malo. parecido a un lápiz gigante. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. que se guardó bajo el brazo. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. Nathan. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. En retrospectiva. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. y las puertas abiertas de par en par. empezó a maquinar un plan. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. que estaba ubicado en el campo. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. Nathan. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo. pero cuando aparecieron. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. La gente ya creía que Nathan era un asesino. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. No le costó mucho traba jo sonar convincente. Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. Cuando corría por el pueblo. Al ver la prueba física ahí. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad.

-¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. "Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. -¡No! -musitó. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. y terminó con el tiroteo-. Jed lo entendió. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. no era el padre del pequeño. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. Realmente me tragué la histori a del chico. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. Después de colgar. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. P rimero incorporó el ruido a un sueño. Warren guardó silencio largo rato. reconoció que había descubierto su única opción. Warren viviría en paz con el resultado. -Hola. lo oyera. Brian jamás habría podido matar a un hombre. Nathan no era su hijo. Escucha. Mas. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. Después de todo. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. tras la brutal ejecución de sus dos captores. Warren." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. Y. En cuanto vio la puerta. desde luego. por fortuna. que dormía profundamente. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. en el condado de Pitcairn. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels. -Ya que estoy aquí. Nathan. Warren se quedó inmóvil un momento. Y cayeran los dados com o cayeran. sitios siemp re oscuros y húmedos. aunque. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas. por el momento. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . lo hizo estremecerse. Mientras trataba de idear un nuevo plan. huye Entonces. no podía quedarse donde estaba. -Ni siquiera pudieron defenderse. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. Jed. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. tanto reales como imaginarias. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. pero vaciló ante s de moverse. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. Y. estaba abierta.o eran viables. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-. -Creo que todos abogábamos por Nathan. por supuesto. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. 73 Huye. iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. Ya los tribunales decidirían su destino.

-Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. Tenía sus libros y su televisor. señor. En aquel momento. uno s animales torpes e incompetentes. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. Sammy se aclaró la garganta. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . El departamento de Billy. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. protección. Tenemos que detenerlo. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. Nathan. Ya era bastante con el guardia de la prisión. lo son. Sammy. serena y metód icamente. pero algo en todo esto no cuadraba. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. El propio Lyle. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. su fiel lugarteniente. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. inmóvil. Debemos sacrificar a Pointer. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. -Sí. en la que Nathan era la verda dera víctima. Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. incluso para pasar por cómica. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. claro. Si alguien se pasaba de la raya. como perros. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. No vale la pe na. con las manos en alto. quiero hablar con él. Hay que hacer lo que hay que hacer. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. Enseguida. tal como usted le dijo a Pointer ayer. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. era un verdadero horn o. además. -Está claro. Y. En aquélla siempre había algo bueno que comer. Denise trató de imag inarse a Nathan. pero. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. -Sí. y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. y después los ajusticiaba. -Sí. Cuando su mamá estaba en casa. Hoy mató a dos policías.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris. Sammy. señor Slater . DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. porque trabajaba todo el tiempo. Permaneció unos instantes d e pie. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. A los diez años. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. esperando a que se reconociera su presencia. 74 Huye. Sammy. -Sí. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. El señor Siater lo hizo callar con un ademán. Sin embargo. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. -Quinientos mil dólares son mucho dinero. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. Cuan do llame. J. En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains. Esta imagen resultaba demasiado absurda. por otra parte. Pero lo peor era la soledad. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. Aquello no tenía sentido. por lo pronto. lo ponía en orden. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. Lyle llamará esta mañana.

el lugar estaba atestado de periodistas. aterrado. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. Nathan. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. -Eres Nathan. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí. ¿Qu. que ya daba audiencia en el ves tíbulo. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. Todos andan buscándome. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. Nathan. Las ca mionetas de la prensa.. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. El sótano de su edificio era un lugar oscuro. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. Salvo por algunos problemas en este caso. -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J. y hay algunos juegos y juguetes.basura al sótano. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-.. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. ¿verdad? 75 Huye. seguramente te agarrarán. Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. se inyectaban o a veces morían. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. pero tenemos un televisor. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. que se puso de pie muy despacio. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. -Todo el mundo sabe quién eres. ceñudo. -La policía. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo.. huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva. J. si a eso te refieres. 76 Huye. con antenas parabólicas sobre el techo. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan. No hay mucha comida. Algunas cajas del rincón se movieron. Billy le explicó todo. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. Daniel Petrelli al grupo-. Ahora sí. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez. será mejor que salga. pero no lo logró. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. -Todavía no lo sé. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto. huye Warren le dirigió una mirada fulminante. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli.. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez. -Entonces. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. Billy había visto las noticias aquella mañana. -Lamento los problemas. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. Billy no perdió tiempo. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan. sea quien sea. S. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. Una tras otra. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. Expert . No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días.

huye Sin decir más. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. señores -concluyó Petrelli-. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. de unos veinte años de edad-. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-.o en fingir sordera. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a. Si pueden atrapar al chico vivo. Si representa una amenaza. La prueba física circunstancial era innegable. y colegas de ustedes. Warren estaba horrorizado. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. teniente. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. Sin embargo. te rminará frío. sí. Es muy sencillo. -No me diga cómo manejar mi jefatura. -Cállate. señor -respondió Pointer con voz ahogada. teniente Michaels. Petrelli estaba listo para responder. L a puntería era asombrosa. Sino. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño. Pero la decisión n o depende de mí. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. Lo comunicaron de inmediato. Pointer no podía controlar la respiración. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . Eso s hombres eran mis amigos. así será. agente. Se habían hecho tres disparos. sí lo es! -de pronto. -Petrelli. En respuesta a su pregunta. tiene luz verde. Lyle? -Sí. Lyle. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. Eso es todo. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía.? -Ya nos encargaremos de él. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. Ya no quiero oír tus excusas. Por lo pronto ven aquí. elimínelo. Necesitamos discutir algunas cosas. 77 Huye. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. teniente -respondió con paciencia-. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. Lyle -ordenó el señor Slater-. Nathan. Ahora es mi caso. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. a las cinco. Si ust edes no hubieran fallado así. -Alguacil -lo recrimi nó-. era un profesional. -Esta madrugada. y lo enfrentaré a mi modo.. Murphy se dejó llevar por la ira. El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. sorprendido por el temblor de su propia voz-. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . -Oye. -Mire. señor Slater explicó Pointer. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato. todos letales. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. Me refiero a que es un niño. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No.. Cuando lo arresten. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. sin embargo. Ésas son sus órdenes. ¿Entendiste. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy. sin usarse. -Ahí lo tienen. pero así es. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. Volvió su atención hacia Murphy. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes. No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. Podía haber tenido otra. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. Ese animal mató a dos de mis homb res. -Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. Si se siente amenazado. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. age nte. Si matan al niño será porque se lo mere cía. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. como si ya estuviera muerto. seguido de Petrelli. deberá ser cuidadoso.

-Supongamos que. tendido ya en el piso. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. además. no se queda sentado. Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. Nathan había sometido a Schmidtt. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. pensativo-. Entonces. d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. Este niño no es un asesino. Precisamente quiero que lo averigües. 79 Huye.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. Si un policía oye disparos. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. Las piezas caían en su sitio. -No tengo la menor idea. Esto va más allá de lo s asesinatos. la mente se le iluminó. -Agente. no to do el sistema. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. -¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. Nathan. No tengo idea -admitió Warren-. Reacciona. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. Trata de identificar a la persona que le pagó. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. ocupado con el papeleo. y oigo d isparos en el pasillo. ¿estás se uro? -Piénsalo. Oye. Jed vio claro. Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. 78 Huye. A menos que. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. ni siquiera desenfundó. Simplemente se interpusieron en su camino. Estoy sentado aquí. -No.. Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. ún icamente se está defendiendo. -Con el debido respeto. pero al menos las cosas serían más congruentes. un disparo a la cabe za. todo lo demás encaja a la perfección. Br . Así que. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. De pronto. aunque no hemos conse guido gran cosa. Así que investiga sus antecedentes financieros. Nathan. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. pero piensa. Con la puerta de la ce lda abierta. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. Como mínimo. huye Warren asintió. Bueno. Y dígame dónde hay un teléfono. ¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. Como reacción al ruido . no lo tiene -asintió Warren. -Muy bien -dijo en voz alta-. desenfunda . Primero el tiro en el pecho y luego. todos le desagradaban. pensó Warren. Sí. Jed -lo apremió Michaels-. Tenía el logotipo de un banco. correría por el pasillo con el arma desenfundada.. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". para empezar. Correcto. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. -¿Un matón profesional? Warren. -Mi duda es la siguiente. Su voz desbordaba alegría-. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento. Alguien tuvo que pagarle. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. -En efecto. En un solo momento de inspiración. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. Eso sí era lógico. -Sí -declaró el agente. de un modo u otro. -Creo que no hay duda -afirmó Warren. habría tenido acceso al pasillo. Y. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. tal vez notendr ía. Warren. ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven.

por favor -pidió después de una breve pausa-. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. pues tengo otra teoría. -¿Eso es qué? Harry no respondió. Yo te creo -lo consoló-. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. Se hizo una pausa. Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. ¿verdad? -Sí. -Me da gusto oírlo. lo sé -rió Warren-. contestó una voz familiar. todos cambiaremos de puesto. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. -Tad. si me eq uivoco en este caso. Nathan obedeció. Necesito hablar con Denise. yo no maté a los policías. Harry fue directo al grano. y Ricky. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. si a eso te refi eres. -Espera un instante. Nathan. hasta que al fin pudo comunicarse. q ue por eso 80 Huye. la recuerdo -lo interrumpió. Servicio de urgencias. Pero. -Nathan Bailey. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. -En otro tiempo -sonrió J ed-. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. Tad no dijo palabra. -Y otra cosa. o incluso de trabajo. -No lo dudo -farfulló el niño-. cariño. huye Harris trató de asesinarle. sólo dinos lo que pasó. el villano. no dices nada y.. quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. Sin embargo. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. -De acuerdo. -Eso supongo. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. Nathan. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. Enrique reconoció la voz. manos a la obra. -Hola. nadie era tan amable con nosotros.. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. Por favor. Te comunicaré enseguida. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. -Muy bien. Ahora. -Sí. -Muy bien. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro. Después de treinta timbrazos. -El hospital de Braddock. -¿Qué tal. Tal vez haya algo. Harry respiró profundamente. ¿eres tú? -preguntó Denise. . Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. -De acuerdo. y. Creo que est oy en deuda con él. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. Empieza por ahí. y nadie hubiera objetado-. Cuando terminemos con ese asunto.addock Bank and Trust-. No había nadie que pudiera oírlo. Estaba al aire. -En efect o -reconoció con aire jovial-. -¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño. después . -Aquí vamos. jefe. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. Creo que acaban de llegar.

Todd sonaba como un perro jadeante. 81 Huye. de la oficina del señor Petrelli -mintió-.. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. Hasta ese momento. sargento -respondió Harry. Pero esa madrugad a fue distinto. Lo tenía delante. de nada. ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. -Sí. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. -En realidad no fue nada -respondió Todd. así era. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana. e n algún sitio. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. Pointer empezó a concebir un plan. Las dos pri mera noches. pero las veces anteriores había tenido las llaves. y ese tra bajo estaba ahí. De pronto se convirtió en algo personal. Jamás volveremos a hacerlo. Cuanto más decía. para dar por terminada la conv ersación. que ya se dirigía a la puerta-. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. PARA SU GRAN alivio. habla Larry Vincent. Cerró la puerta y descolgó. ¿no e a así? Sí. Todd Briscow. Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. me pregunt . Silencio. a nombre del señor Petrelli. -Vamos. en el condado Pitcairn. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. El radio. efusivo. sí. -Un millón de gracias. -Habla Todd Briscow. Virginia. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. Sólo hizo tres. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. huye Nathan Bailey le había robado su honor. Ahí. Lyle tenía un trabajo pendiente. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. que empezó a volverse bochornosa. -Señor Briscow. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo. A los oídos de Pointer. Jed lo siguió. casi corrió a su despacho. ¿Habría robado otro auto? Era posible.. estaba muy equivocado. Trabajaba para la compañía telefónica. Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. De hecho. El testigo.-Tal vez un matón profesional. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. doc -dijo Harry. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites. Nathan. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin. -¿Sabe? Antes de que colguemos. Quiero decirle. Eso significaba que s eguía a pie. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. e n la página del diario. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. matar siempre había sido un negocio . se preguntó. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. estaba el nexo. Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. lo felic itaron por su disposición para colaborar. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. Se lo explicaré en el auto. DE UN MODO u otro.

. Cuando el viejo murió. y usted tiene la clave para hallarlo. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. Necesitamos su ayuda por última vez. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. -Vamos. La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. Todo eso costaba dinero. huye -Lo siento. Pointer se lo pidió. La venganza era placer de dios es. Nathan. el dinero de su querido viejo.. Y luego. 82 Huye. Está pidiéndome que viole la ley. dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark. según descubrió Mark. El dinero de verdad. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. Nathan. zalamero-. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. comprendió lo que había sucedido. su hermano perfecto. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. volvería a ser coherente en pocas horas.aba si podría hacerme un favor. Salvo que no había tal dinero. además. señor Briscow. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. Y. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. inmutable.. La mirada del enano miserable lo dijo to do. pero no es posible. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. señor Vincent. esos quinientos mil podían convertirse en . exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. Incluso Nathan recibió una buena porción. naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. su testamento quedó forjado en hierro. No. pero se acabó muy pronto. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. La ironía era en verdad delici osa. Tras acabarse la enésima botella de whisky. Todd no supo qué contestar.. por supuesto. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. pero Mark no. Querría compartir la gloria con un amigo. Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. Steve tenía t odo. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios. Si la historia se re petía. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. Por supuesto. Pe ro lo decía absolutamente en serio. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. tan en serio como un ataque cardiaco. "Porque lo digo yo". Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. -De acuerdo -reconoció Pointer-. Y aunque se permitió. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. "¿Por qué a mí?". oprimido por la sombra de Steve. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto. nada. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. En lugar de compartirla. Un año antes. huye los dieciocho años. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. señor Briscow. Usted sabe que. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. Mark. estaba en el negocio de la importación. Y. mucho dinero. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. durante un instante. Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra.

el legado se entregará al padre del difunto o. susurró jadeante. Entre ellos. explicó con gran aplomo. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Valuado en poco más de tres millones de dólares. Mark pidió sólo un poco de tiempo. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. Cuando terminó. eso no servía. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. Pointer se rió de él. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. le aseguró. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. Eres g ente de dinero. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. Mark se encargaría de los detalles. en partes proporcionales. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. y Nathan era el único. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. Si n embargo. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. Dejaría que Mark viviera un poco más. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. Empero. Treinta días después. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark. Nathan. y entregarlos al día siguiente como anticipo. Pero el reloj seguía su marcha. veinte mil dólares. Sí había un modo. Pero. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. De pronto. empezaron los problemas para él. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde.más de cinco millones. Mark aún sentía el dolor. Mientras tanto. para e l día treinta y uno." 84 Huye. investigué un poco sobre ti. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. El resto fue asombrosamente sencillo. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. -¿Sabes. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. Ricky sólo tenía que liquidar al . Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. En las calles. Lyle Pointer había descubierto la mentira. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico. también había una cláusula de excepción. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos. Tendría todo resuelto de por vida. Tu familia tiene millones. Según le explicó. Cuando el av ión no regresó. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. Comprendió que. En el transcurso de la velada. Pointer ya tenía un plan. No. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. Antes de que te rebane el gaznate. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. pero Mark reconoció l a verdad. en algún lugar.

Es un presentimiento. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. de unos sesenta y tres años. -¿Qué quiere? -preguntó Mark. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. Mientras esperaba en l a línea. Harry asintió con la cabeza. Jed llamó con varios golpes fuertes. sin embargo. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala.. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. Algo no andaba bien. -Sí. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. Está en la sala. Parece una casa abandonada. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. De pie a un lado de las bisagras. Era un hombre corpulent o. Como no cedió. -No lo sé -su urró Jed-. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. nada se movió. Harry podía cubrir el pasillo del frente. -¡Mark Bailey. Jed corrió escaleras abajo. hacia el porche.. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. Mark -respondió-. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. Era c erca del mediodía. Así empezó. protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta. al lado d el picaporte. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero. muerto. -Sargento. que trató de abrirlo. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. -Es su vehículo -señaló Harry-. -Vine a hablar contigo. Frente a la entrada había un a Ford Bronco. dirigiéndose a Harry. ¡Abra la puerta! Pese al ruido. nada se movió e n el interior de la casa. y. mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya. Harry la detuvo con el hombro. Con tres rápidas zancadas. poco arriba del picaporte. se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. Tenía la boca abierta. cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey . -¿El asesino se fue? -preguntó. bastante alterado-. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados .chico y largarse del país. listo para entrar en acción. El lugar está limpio. es la policía! -gritó Jed-. mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta. Harry lo siguió. -¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. Todas las persianas están cerradas. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. Y en ese momento. Se separaron. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. ligeramente inclinado.85 Huye. que estaba a su derecha. El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. lo encontré -anunció Harry. inspeccionó el resto de la sala. pareció entusiasmado. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. El hombre entró sin esperar a ser invitado. Como s i la hubieran abierto con dinamita. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. En el mismo sitio que ayer. apuntando con la pistola en ambas manos. en particular le llamó la atención el televiso r roto. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. Yo iré arriba. No hubo respuesta. Nathan. todos abiertos en artícu . El señor Slater te manda saludos.

Cuando daba media vuelta para retirarse. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. tras oír un largo rato-. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. sargent -preguntó Harry. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. Esta vez. Petrelli ro mpió el silencio. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía. "Para estos dos. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. Stephanie -dijo. ni dio muestra alguna de pretender contestar. Así. había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren. Están buscando a un asesino llamado N athan. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. Nathan. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. En ese momento sonó e l teléfono-. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-. -Entiende. no a una víctima llamada Nathan. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. creo que e sta reunión ya terminó. -Warren. encaramado como una cotorra junto a su colega. Nathan. Puedo conseguirle una escolta. Jed le pidió que esperara un momento. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. Warren? -insistió Petrelll-. Habla Julie -le dijo una voz al oído. -Mire. 86 Huye. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. Warren no debía seguir adelante con el caso. Sin embargo. A Warren no le quedaba nada por hacer. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-. encargado de la investigación. "Es inútil". Teniente Michaels. se dijo. -Oficina del forense. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. Como no tenía na da mejor que hacer. no obstante. Si Petrelli desacreditab a a Warren. ¡Usted les dio autorización para dispararle. A la mitad del segundo párrafo. el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. tajante." Como Warren no contestó. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. -¿Qué encontró. el punto en discusión no era la objetividad. teniente? -ofreció Murphy. -¿Qué dices. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos. lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. te di go que yo no llamé a nadie. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. J. ¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él. hojeó al descuido las hojas engranadas. -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo.los que hablaban de Nathan. documentos legales. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. después de escuchar a Warren-. -¿Por qué mejor no te mueres. los ojos se posaron en un montón de papeles. huye -El móvil -declaró Jed. Warren empezó a atar cabos. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. Cuando vio el .

habla el teniente Michaels.. abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli. de la policía del condado de Braddock. sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo. Se oyó un clic y. a menos que quiera oír el tono de marcar. Y. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. soy uno de los buenos. -Step hanie. -Mire. -Sí.. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago. Tienen treinta segundos para ustedes solos.. En todos sus años de trabajar en la radio. Adelante. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. -De acuerdo -accedió-. El tipo que lo pidió es el asesino.? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. señor. sería el primer medio minuto en q . una víctima en potencia. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí. Probablemente hace más de veinte minutos. sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. pero. -Sí. necesito ese número. Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. -No lo sabes -repuso Warren-. Warren no había pla do tanto. Sólo debes confiar en mí. En ge neral. huye -Nathan. señora. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise. Hi jo. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia. al menos. en tono suplicante y amabl e. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. hijo. Sin decir palabra.. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria. -Ya sabe que si usted usa esta información. teniente -protestó Denise-. -De acuerdo. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley. el pulso se le aceleró. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. -No. -Un momento. ¿no es así? -S. Tras una larga vacilación. ¿por qué. habla la operadora. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. Nathan palideció. déme el número.panorama completo. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan . el chico no tuvo una respuesta ensayada. Stephanie se lo dio. enseguida. sí. l a voz de Warren se incorporó a la conversación. Ahora. ayer ganamos la demanda. Stephanie.. tienes que salir ahora mismo de donde estás. Por favor . ganaron -confirmó Warren-. 88 Huye. no lo sé con exactitud. -Déme el número -exigió.. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o.. -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento. pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-. cualquier prueba será inválida. Esto es asunto de vida o muerte .. Lo único que necesito es ese número. En caso de que no se haya en terado. Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo. Nathan. Nathan corre un grave peligro. si los agentes de la policía qu erían matar a alguien. Pero.. pero yo seguiré oyendo. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. -No me importa -aseguró Warren-. por el momento. Aunque no lo creas. -Teniente. Tendré mucho gu sto en explicarle después. el temor..

Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. Sintió un frío extraño. se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. Primero que nada. -Gracias. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante. Iba vestido con uniforme de policía. Nathan no se detuvo. -Adelante. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. 89 Huye. Enrique. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. a diez centímetros de él. -Ve allá y nos encontraremos. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. -Gracias -repitió. Pointer venía dos pisos atrás. ¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. Billy -se despidió-. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. Rodó hacia la izquierda. No tenías que ayudarme. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. -Todo el mundo conoce tu cara. y que la policía no estaba implic ada en ella. Cuando llegó abajo. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-. -Toma. Me d a buena suerte. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. Me reconocerás. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. Nathan. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. Nathan! -lo llamó una voz. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. uno de los Hombres X. -¿Confias en él? -preguntó Billy. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. -¡Oye. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. amigos -les indicó Denise-. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. A un tiempo. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. y salió por la puerta del departamento. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. Tambaleante. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto. Te lo agr adezco. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior.ue tendría las orejas descubiertas. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. y yo soy tu única opción. Nathan -concluyó Warren Michaels-. -Por fin la fuga ha terminado. Parezco policía. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. pero ganaba terreno con rapid ez. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark. Tienes que confi ar en alguien. Sí. vamos a comerciales. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. Después. traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. Por último. amigo. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. Antes del último disparo. Faltaban sól o cinco metros. Trece pasos ad . la conozco. Su tiempo ya está corriendo. Ahora. Impulsado p or el miedo. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. Debo irme ya -concluyó. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. Nathan comprendió que estab a en problemas. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. Nathan sonrió. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar.

c on la esperanza de pasar inadvertido. estaba tendido en un sofá. Están saliendo en televisión.elante. pero donde pensaba que podían verlo. huye Todo había cambiado. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. Cada vez que miraba sobre el hombro. Con éstas bajo control. Si el chiquillo se mostraba agresivo. Mientras Nathan corría. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. . 91 Huye. Nathan. unos trece vehículos policíacos. mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. Después de contar hasta dos. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. Ahí estaba. el resto del grupo invadió el departamento. Mantenerse libre se volvió s ecundario. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. El pequeño se incorporó y les sonr ió. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. Y. un niño negro. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce. que era el principal francotirador del grupo. Ya no estaba evitando que lo capturaran. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. lo primordial era seguir con vida. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. cada quien en su propio vehículo. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. Respiraba agitadamente. no veía rastro de Pointer. -¡Hola. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. Las sirenas estaban muy cerc a. así como las polillas siguen la luz. amigos! -los saludó Billy. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. donde todo había empezado. derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. para detener a Nathan Bai ley. Cuando creyó que era seguro descansar. con un movimiento suave pero muy estudiado. El oficial Steadman. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. Una vez que llegaron al s exto piso. reducía el paso hasta una marcha rápida. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado. de aproxima damente diez años de edad. Nathan. Sabían que había mat ado a Ricky. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. festivo-. en la sala. el primer autopatrulla apareció por la esquina. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida. Entonces. Podía verlo en los ojos de las personas. El arresto sería váli do. cuyos elementos ll egaron uno por uno. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. listos para disparar. Nathan se dijo que se había librado del hombre. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. 90 Huye.

empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". Arriba. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. -¡Oye. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. Estaba cerca y lo sabía. Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. éste lo soltó. Caminaba de prisa. En Washington. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños.C. Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn. ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. No le dolía más que un raspón profundo. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. resultante de un ataque más de un adulto más. pe no logró obligarse a tocarlo. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. Sin embargo. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. preparado para defenderse del siguiente atacan te. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. . Nathan cayó de pie y se agazapó. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo. sin conta r el aguiero de bala. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. -Se acabó. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. -¡Suélteme! -gritó Nathan. pero si n correr. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares. Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. Nathan. unos diez centímetros abajo de la axila . el chiquillo era rápido. Cuando los brazos se aflojaron un poco. Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. El hombretón. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado. habría oído al entrometido gritar su nombre. señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. de modo que no podía apuntarle y dis parar. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción. La prenda e staba sucia. en este día no era sino otro dolor. gemía en voz alta. Calculó que serían unos tres minutos más. El niño avanzaba sin precipitación. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. niño. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. -¡Alto ahí. Al p rincipio. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. Empero.Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. Consciente de que debía proseguir. en el suelo. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. 92 Huye. -¡Oye. Nathan empezó a zafarse. NATHAN SE ACERCABA. Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia.. D. Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones.

Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. Nathan. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. Y. 93 Huye. -Tírate al piso. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. Desde ahí. allá se busca a este jovenci to por asesinato. NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. Fue él quien mató a los policías. el detective parecía inquieto. el sujeto no podía fallar el tiro. haciendo una seña con el cañón del arma. ¡Rayos! ¿Dónd . no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. -¡FUE ÉL. -Yo también -s iscó Pointer-. conocido en clave como Paco Uno. Pointer sintió que se ruborizaba. Durante los últimos diez minutos. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. algo que jamás había hecho al aire. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. La carrera continuaba. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. agente -continuó Kassablan. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. Creo que puedo resolver este problema. Nathan había ganado unos doce metros. -No reconozco su uniforme. -¡Yo no hice nada! -gritó. En menos de diez segu ndos. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. Decidió llevar la farsa un poco más lejos. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. niño -ordenó. Nathan corre por la calle. Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . Nathan trató de colarse entre las personas. así. tratand o de escapar. Nathan vio su mirada bondadosa. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. afable-. Soy abogado. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. Pointer echó a correr detrás de él. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. también se explic aba su intenso afán protector. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. a esa distancia. pero no lo dejaron. Por el modo en qu e actuaba el teniente. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. Se acu clilló. -Corre. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. -Soy policía del condado de Braddock. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. Virginia -explicó-. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. Al menos. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. con Steadman y a en su puesto. y ahí estaba el asesino. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. G iró sobre los talones. implorando ayuda con los ojos-. ¡Por favor. El abogado cayó de bruces. resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. cariño -suplicó-. El policía acaba de disparar a dos personas. El arresto se llevaría a cabo pronto y. Denise lloraba. Ambos sabían que.

Esta vez. -¡Policía! -le gritó al impostor-. pero lo detuvo una potente bofetada. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. Antes de que W arren pudiera reaccionar. Al fin había llegado su momento.stán losver dader os policías? 94 Huye. cualquier suspiro. Steadman sonrió. Al oír la segunda. Suéltelo y vivirá. DESDE SU SITIO. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. al que no reconoció. NATHAN TRATÓ de acelerar. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. un minuto después. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. se supo perdido. -Pésimas -respondió-. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Paco Uno. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. De lo contrario. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. Ya no tenía aliento para pedir ayuda. a menos que el niño amenace a alguien. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. pero el blanco era difíci l. El hombre tenía una mirad a amable y triste. S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. deteniéndolo con el brazo izquierdo. después. vio el uniforme extraño. Steadman colocó el rifle en posición. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. vestido con traje marrón. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. pero las piernas no le respondieron. y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento. un movimiento repentino del objetivo. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. huye EN LA CAMIONETA de mando. Un policía uniformado. cerdo. Murphy golpeó con el puño. venía apenas unos pasos detrás. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. -PACO UNO a comandante. apareció en su campo de visión. Parecía un buen tipo. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. A esa distancia. Nathan. Por cierto. -Aquí comandante a Paco Uno. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. 95 Huye. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. Warren corrió otros diez metros. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. Intentó tirar un puñetazo. EN LA CAMIONETA de mando. podía . Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. camisa azu l y corbata de rayas. Al principio. Nathan. -¡Atrás. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. Delante de él. distinguió a un hombre con un arma. y éste era su última cart a para negociar. entre la niebla y el dolor. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. Con los pies en el aire. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. con jersey de un equipo de fútbol americano. ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. comprendió lo que ocurría. NATHAN NO PODÍA re spirar. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica.

No puedo más -susurró. Durante largo rato permanecieron juntos. Em pieza por confiar en mí.convertir un disparo certero en una tragedia. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-. Nathan ya conocía esas palabras.. huye A SOLAS en el tranquilo estudio. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. el aroma de la fuerza . -¡Bravo. Y el tipo le sonreía. ya terminó todo. y tiró de l gatillo." Recogió el revólver de Pointer de la acera. esta vez tenía que confiar en el policía. Confía en mí. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. pero ella no logró pronunci ar palabra. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. todos con uniforme de policía. En forma ostensible. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas.30. acercánd ose un paso más. Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie. hijo. A través de l os audífonos. -Espera -fue la respuesta. por favor! No quiero volver a pasar por esto. Nathan. después. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. a la zona sin reflejos. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. -Seamos amigos -invitó Warren. y lo empuñó con ambas manos.. pero siempre fueron mentiras. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía. . Hablamos por te léfono. se acer có al niño y se sentó a su lado. apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. Había creído en los buenos. El disparo fue perfecto. Nathan. Nathan -murmuró con suavidad-. Al fin todo había terminado. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. Confía en el juez. -Nathan. WARREN SE adelantó a los d emás. Ly le Pointer se desplomó. El niño gritó y cayó a tierra. 97 Huye. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. que se acercaban a él. -Nathan. Tienes que confiar en alguien. Enrique dijo algo acerca de estar al aire. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. Ya sé lo que ocu rrió. -Soy yo. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. en la confianza y la esperan za. el teniente Michaels. era el de la camiseta de tenis. Pero los ojos de este policía eran amables. rodilla en tierra. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. ¡Otra vez no. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama. -Ya terminó todo. AL OTRO LADO de la plaza. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. Todo está bien. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira. en televisión nacional. Entonces Nathan recordó su cara en la televisión. Sin embargo. -Aléjense de mí -gritó-. Soy tu amigo. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. Denise observaba en silencio. -Paco U no a comandante. Usted me matará -y a martilló el revólver. mu y despacio. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. Brindo porque otra vez seas un niño. De pronto. Los ojos de Nathan estaban desorbitados. Nathan. Ésta se presentó. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones. hijo -dio un paso adelante-. Mientras Nathan sollozaba en la acera. Ya acabaron tus problemas. Ante millones de telespectadores en vivo. Warren lo miró incómodo un momento. Había escuch ado promesas y compromisos. Cohibido al principio. donde había caído. chico. Mírame. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. Nathan. escúchame -suplicó Michaels. Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. Cargó un tiro de calibre . con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. -No. Pointer lo miró directamente. Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. Conf supervisor. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos. Es una trampa -declaró-.