Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

y. Era un vecindario agradable. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. no se veía iluminada ni bien cuidada. solo con el tío Mark. De todos los plazos de entrega periodísticos. Una idea empezó a germinar en su mente. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. -Hay un problema con los sabuesos. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban. como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. Pero el vecindario bullía de gente. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. ropa adecuada y comida. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. Estarían buscándolo . -Ya veo. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. pero no tenía a dónde ir. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. JOHNSTO NE. pasaban montones de autos por la calle. si lo intentaba en ese instante. Warren Michaels lo sabía. ¿eh? -Así es. Éste. Las cosas todavía eran muy vagas. Warren. con bonitas casas. tenía que dormir. huye Empapado de sudor y rocío. Y de autos. "Cálmate". Más que eso. Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. Sin embargo. sin duda lo descubrirían. se ordenó a si mismo en silencio. todas profusamente iluminadas. que a veces uno tuviera que matar. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. 5 Huye. con tanto rigor. -No en esta región.endían petardos en la calle. Debía tener paciencia. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia.. La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P. cuando menos esa noche. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . en la otra acera. La vida no era nada justa." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez.. También le hacía falta cobijo. Necesitaba un plan. sólo había una lu z encendida en el porche. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez. Era de Missouri. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. Un momento. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara. ¡Cielos!. El césped estaba crecido. Nathan. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. -¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos. "Tienes que calmarte. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once. y jardines bien cuidados. que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. todos enrollados y sin leer. Empezó a temblar otra vez. Al parecer. SUPERINTENDENTE. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. Pero debía cruzar la calle al descubierto. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. carcelero a los ojos de Michaels. -Así que el chico es un ladrón de autos. Debía alejarse.

La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy. pr onostican lluvia para esta noche. a pesar de su alma inmortal. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. Doce minutos pa ra las once. nos tiene la información. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. ataviado con una camisa impecabl e y corbata. pero no quieren. "El cuerpo del señor Richard W. El buen Steve. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. pronunciadas en menos de diez segundos. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan. Steve. Harris fue descubierto por otro miembro del person . Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. Sin embargo. sargento Hack ner. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. Además. A través de las ventanas. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. Al fin. sólo está en juego mi carrera. A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. Harry. Jed -recuperó su acento habitual. Cuando Warren terminó su perorata. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. la prioridad siempre había sido sobrevivir. empleado del Cent ro. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones.pendencia. Es ho ra de alimentar a las aves. Incluso. no servirán de nada. pero no me dejaste opción alguna. Eso s ignificaba que era un superviviente. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. Era como transformar la pala en oro. -Vamos. Si su cálculo no fallaba. devolviendo la s onrisa-. pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. herm anito. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. -¿Qué quieres que yo haga. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. aho ra que los necesitamos. huye Como siempre. "Lamento que así tuviera que acabar. ¿Qué detalles puedes darnos. Está atascado en medio de un embotellamiento. Warr en? No son mis perros. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. que había vuelto a la vida. Ricky Harris. Mark terminó de beber. -Buenas noches. Warren vio el reloj. pero alzó la voz-. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. le confirmaron a Mark que todo había concluido. Le 6 Huye. Todos l os detalles a las once." Para Mark Balley. El santurrón e inmaculado Steve. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. Esas dos frases. Richard W . apto para la calle. miró fijamente a Jed. en vivo d esde Brookfield. señor!" -fingió el acento de un montañés-. 7 Huye. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. disipado su enojo." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. pasando por encima de ellas. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. Los detalles aún son escuetos. convirtió ese hech o en una oportunidad. Cuanto más vivía Mark. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. Ya desde niño. mayor era su habilidad para sortear las dificultades. Michaels se puso de pie. -Una maravillosa lección de civismo. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. Warren sonrió. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. Don perfecto. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario. ¿Por qué no? -repuso Jed. Harris. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. están de vacaciones en la capital. Sólo que el precio también era cada vez más alto. Nathan. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. Jed -invitó-. obl igándose a entender cada palabra. Aquí John Ogilsvy. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Nathan.

avanzó con cuidado. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. inmóvil. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. las piernas y. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. que despertó sobresaltado. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. pensó. Estaba totalmente al descubierto. mascullando maldiciones. La calle se veía del todo distinta. "Esta casa es eno rme". listos. Se quedó t endido en la misma posición. La cocina. fuera de la vista ... La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. Más ruidos de movimiento.. Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar. la sensación de miedo. Nathan salió del boj hacia el césped. a la izquierda. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. Casi todas las casas estaban a oscuras. . El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. El chico casi sucumbió al pánico. se vio las manos con claridad. Impulsándose con los codos. por primera vez. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. el mejor sitio para ocultarse es el descampado. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente. Había llegado su hora.. Las luces del auto lo cegaron al acercarse. La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito. Nathan. Se moría de hambre. se quedó paralizado. Por un momento se sintió desorientado. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio. Lo único que se sabe es que Balley escapó. todo en la planta baja. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura.al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. con un desayunador. un comedor principal y una biblioteca. se extendía a su izquierda. l a humedad. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas. Esta ban sucias. s ería su hogar por esa noche. LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan. 8 Huye. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. Nathan se m antuvo petrificado. Gracias a las lecciones de MacGyver. y luego los faros desaparecieron en su interior.. Alguna vez su padre le había dicho que. jadeante. el más rápido de su clase. Más allá. Durante todo ese tiempo. ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. en ocasio nes. huye Agazapado. dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él. con toda c lase de aparatos electrónicos. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión.. El v ecindario dormía. metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla.. se rela jó.. como esperaba. había una sala. Cuando lo logró. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. Nathan pudo ver los pies. pero cayó de lado como un bisonte herido. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad. cubiertas de lodo y costras de sangre. su héroe favorito de la televisión. Aquello era increíble. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. ori ginario del condado de Braddock. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados. al cabo. la sangre de Ricky. sin comprender el porqué de la luz intensa. Bajo la tenue luz del refrigerador. el olor a tierra. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador... Sin más opción. perm aneció en la misma postura.

-Supongo que. la mañana siguiente al cuatro de julio . También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. empezó a retirar de encima la pesadilla. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas. Nathan trató de sonreír. primero en silencio. Una vez libres los hombros. Daniel Petrelli. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. Nathan rompió a llorar. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros. A instancias del repo rtero. Papá. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. uno de ello s con una gran hinchazón. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local. C ooper. El médico forense. Nathan. Pero. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. con ambos pies. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. estoy metido en tantos líos.En ese instante se esfumó el hambre y. dejó caer el cuello del mono al piso y. Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. 10 Huye. podía encender la luz sin peligro. La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. Afuera. Tienes que hacerlo. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. Era de día. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. en su lugar. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. Los ojos estaban hundidos en sus órbitas. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. solía decir su padre. Se movía con precipitación y torpeza. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. está de vacaciones. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. Aparte la sangre. Encontró una past illa de jabón y. Al hojear su libreta. Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. Como el baño no tenía ventanas . el honorable J. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. al otro lado de la escalera. y susurró-. Al moverse. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared. Rubio y atlético. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. Ayúda me. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable. Nathan. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. con lentitud. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. Estaba todo ensan grentado. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. Todos los autos patrulla buscan al chico. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. después. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . cubriéndose lo s ojos con las manos. claro. -Sí. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. 9 Huye. se sa cudió las perneras de los pantalones. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. fiel a su estilo. Por cierto -pro siguió-. Michaels dio un bufido. nuestro muy estimado fiscal. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. Entró en la ducha. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. Lo halló en el vestíbulo principal.

Hasta el momento. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. y que el sospechoso anda suelto en las calles. todos listos. 11 Huye. Si cumples con tu deber. Bob. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. Siguió una perorata. Con esto terminó la reunión.de su expediente del Centro. -Sí. Michaels dejó escapar un suspiro. yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj. Pero el hechizo se había roto. El reloj indicaba las diez en punto. en el centro de u na camaking-size. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado. que miraba con aire hosco desde el televiso r. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. tengo inte . El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. Nathan. -Correcto. pero cobijado por una manta aterciopelada. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. frente a una cama ta mbién gigantesca. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. Fue inútil. del tamaño de una mesa. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara. -Te recuerdo. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. Momentos después. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. y lo despertó. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. Después. Daniel Petrel li. fiscal de la región norte de Virginia. -Cuando lo atrapemos. y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. lo perseguiremos y lo encontraremos. Es taba despierto. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. Creo que no ne cesito decirlo. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. esperando la arenga. Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO. sin embargo. porquevamos a atraparlo. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-. sostendremos los cargos en su contra. Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche.

El cab . Al ver aquello. Nathan. y nadie sabía aún dónde estaba él. Peter -respondió Ogilsvy-. calcetines.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. dominada por una araña de luz de c uatro brazos.. pantalones. no obstante. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas. los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. Si puede come ter un crimen de adultos. y zapatos: los había de todas clases y tallas. con camiseta de algodón azul y roja. Le parecía gracioso. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. Sin manchas de sangre. sin embargo. Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos. y cuando al fin se inició. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. pero él los rechazó. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . del Departa mento de Policía del condado de Braddock. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño. Habían pasado más de doce horas. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto. se sentía or gulloso. Nathan abrió el clóset. An tes de vivir con el tío Mark. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad. Por primera vez. de donde s acó ropa interior. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. detective del caso. p ero se veían cómodos. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda.. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. Salió al pasillo de la planta alta. ¿verdad? -preguntó la misma voz.. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. Cuando estuvo totalmente vestido. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. Todo era dos tallas más grande que la suya. Nathan siguió adelante. La imagen volvió a cambiar. ropa de c ama. John. otra con actores. Hacia la derecha había una escalera. Para conseguir zapatos. La escena cambió. Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía. lo que dejó sin voz al reporte ro. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. Estaban llenos de camisas. de pie frente a un enjambre de micrófonos. -No nos adelantemos a los hechos. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. quizá. y ése era su principal interés. Un tanto flacucho y pálido. Poco después. Los niños nunca habían sido adulto s y. huye como tales. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. La suela estaba casi lisa. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas.. suéteres. -No está sugiriendo la pena de muerte. que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio. -Según el teniente Warren Michaels.

huye homicidio. el gusto de verla recibir limosna. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. esta vez con un programa de entrevistas. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye. no estaba dispuesta a darle a Bernie. Enseguida oyó lo que decían. las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. ¡Rayos. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial." Durante las siguientes cuatro horas. Lejos de llorar. Nathan sintió crecer su confianza. En aquel entonces. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. Enrique Zamora. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. soy La perra de Washington. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. suena usted como una perra en el radio. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. Pero no soy sólo una perra. Denise. sin titubeos. el jefe Johnny. pese a las vehementes objeciones del j uez. Denise se había anotado un triunfo. "Esa voz ahora está a la sombra. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. DENISE CARPENTER. apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando. En términos genera les. pero ella se rehusó. porque tienes razón. el programa parecía predestinado al éxito." En los seis años siguientes. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e. con treinta segundo s al aire cada media hora. Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. incluidos padres y médico s. ya le habían quintuplica . Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine. divorciada y madre de dos gemelas. El conductor del programa matutino. Años después. caminaba con cierto brío. otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse." Durante su primer programa. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. Virginia. Denise había sido reportera de tránsito. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera." Denise respondió: "¡Caray. amiga suya. aprobó lo que veía. en cierto modo. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses. su ex marid o. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender. Si le moles ta. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo.ello era rubio otra vez. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel . Bárbara! Muchas gracias. te morirás de hambre. Con apenas veinte minutos de anticipación. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara. Sólo estoy diciendo lo que opino. de modo que luego de pagar guardería y ren ta. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente. D. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal.C. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él.. de Arlington.C. Una trabajadora soc ial. Nathan. un lujo que no podía darse. D. Cuando regresó al dormitorio.

en lo personal . Y otra. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. alguien contestó. Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. pensaba. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. en el dormitorio de una casa desconocida. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. éste lo habría matado a él. Nathan. Pero él podía cambiar la situación. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. Después de lo que pareció una eternidad. Tres semanas después de su primer programa. que si él no hubiera matado a Ricky. Sim lemente podía levantar el auricular. sin duda. Una llamada telefónica no haría ningún daño. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. Yo. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto.do el salario. Volvió a marcar el número. Ellos no estuvieron ahí. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. ¿o sí? Si algo salía mal. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. Denise. Los teléfonos se volvieron locos. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. en lo personal. Seguía ocupado. Una vez más. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. menor de edad o adulto. y estoy de acuerdo con él. Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. hizo una pa usa para anuncios comerciales. -Oye. Y todo era mentira. -Como tú digas. . siempre podrí gar. Al decir lo que pensaba. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. desde el racismo hasta la crianza de los niños. Nadi e había oído su versión de los hechos. Cuando Denise terminó su perorata. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. Según sus admiradores. estoy harta. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. En política era más conservadora que liberal. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". Cuanto más oía el chico. Ellos no sabían. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. 14 Huye. Rick -pidió-. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. y quizá ni siquiera le s importaba. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o.

J.Enciende el radio -bufó-. -No pienso regresar ahí -afirmó. E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante. -Buenos días. Mientr as charlaba por el teléfono. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. sólo puertas de seguridad. Cuéntano o que en verdad pasó anoche.. que tenía en la líne a. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. ¿eh? Presa de intensa agitación. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo. Deténte. Exactamente. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. al otro lado de la línea. Arizona. . bueno. Si era c ierto. POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos. Si regreso volverán a lastimarme. Yo soy Nathan Bailey. Traté de defenderme. Ést a era la voz de un niño explorador. Nathan. Es lo que Ricky intentaba ha cer. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. Durante años. -En el Centro no hay rejas. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. Nathan volvió a sentarse en la cama. Sin reparar conscientemente en que había sonado. 16 Huye. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. señora -repuso presurosa una voz tímida. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos.. Enciénde lo y escucha. 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. Denise perdió por completo el hilo de las ideas. O me matarán. "Lo que me hacía falta". ¿me escuchas? -Sí. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. -Parece que nos llama una celebridad.. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. Tú mataste al guardia. No te quiero en nuestras calles. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. Denise lo interrumpió. Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. la voz de alguien honrado. pero sólo me . hacerme cosas muy malas. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. -No cambies el tema. -Michaels. Nathan Bailey. estaban a punto de anotarse un gran triunfo.. ta jante-. Te llamaré cuando terminen. -Habla el teniente Michaels. -No hay pero que valga. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. Creo qu e está diciendo la verdad. tras las rejas. pero. Petrelli pasó por alto el sarcasmo. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. Daniel. Eres un fugiti vo. Para ellos. WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño. -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. paseaba de un lado a otro de la habitación. un peligro para nuestra sociedad. habla Petrelli -dijo la otra voz. Sólo que no los llaman guardias. Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. Los llaman supervisores. La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. de un beisbolista de las Ligas Menores. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. pensó Warren. Nathan. Tras una pausa. Te quiero bajo control. Pero es peor que te maten. chico. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. Nathan. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. 15 Huye. pero firme. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate.

Pero en realidad era un lugar de castigo. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja. Ricky Harris entró en la sala de recreo. salieron a un pasillo angosto. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. Aunque rara vez se usaba. pero las lágrimas le nublaron la vista. Lo intenté una vez. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. En fin. 17 Huye. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS. Nathan reanudó el forcejeo. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. pero no sabía por qué. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. entre tirones y empujones. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. claro -repuso Nathan.. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. -Escúchame -farfulló. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. Fue un gran error. en el que podía negarse la com ida. la ropa o hasta la luz. Yo no hice nada. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. el pánico empezó a invadir a Nathan. pero tiró de la oreja con más fuerza. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. Entendí que me encontraba en problemas. Como aquel día era cuatro de julio. Nathan. -¡Ricky. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas.fue peor. ¿En tendiste? Nathan asintió. Nathan estaba aterrorizado. NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. Intentó mirar a Ricky. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. El cerrojo giró y se abrió la puerta.. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo. sólo que era la mitad de ésta. -¡Suéltame. Cuando el cerrojo giró. el primer día que estuve ahí. Cuando él terminó. sarcástico-. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis. pero los patr ocinadores no se quejarían. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. Durante los siguientes dieciocho minutos. -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. con la cara contra las baldosas del piso. estás lastimándome! -gritó Nathan. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. El hombre volvió a ponerse de pie. En cuanto cruzaron la puerta. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. -Y deja de llorar. Y también los calcetines. al interior de la celda diminuta. huye Hacia las siete de aquella noche. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. -Pero aquí hace f río. aunque tenga que romperte los huesos. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. Ricky! -suplicó-. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso.

Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho. que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. tarde o tempr ano los otros te habrían matado. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. Recogió el arma del pi . no pasó nada. de unos ocho por doce centímetros. Puedo lograrlo. Con las rodillas contra el pecho. que se volcó de lado. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. luego del otro. ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. a través de la mirilla de la puerta. después de que el cerrojo se corrió. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. obligándose a recuperar la compostura. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. Sólo diez meses y saldré de aquí. Durante cinco segundos. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. El sabor de la sangre le llenó la boca.. Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. y el cuatro de julio no era la excepción. Sólo d iez meses más.os tipos. 18 Huye. Nathan lo notó en su mirada vacía. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto. había descubierto. Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. pero el corazón le palpitaba como un tambor. De una sola zancada. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. Nathan intuyó que algo iba a pasar. -Trataré de que no te duela much o. Se dijo que no tenía por qué temer. en u n intento por zafarse de Nathan. niño -ofreció. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . Nathan y Ricky se miraron fijamente. Este se tambaleó y cayó de rod llas. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . apoyó el peso en los talones. Ya pasaron ocho meses. que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón.. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. pero él no le hizo c aso. y por su vida. que cayó al suelo. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. Empezó a respirar ruidosamente. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. Durante largo rato. Apoyando las espaldas contra la pared. limitánd ose a asestar el golpe.. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. al mismo tiempo. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda.. Sacudió el brazo con fuerza. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie. oculta detrás de la espalda. Nathan. si bien no era un gran peleador. Supuso que habría una riña y. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. cuando se impulsó. tanto. Estaba ebrio. y con la mitad de eso estaré fuera. huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha. Como sea. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. y se lo entregó a Ricky. Después. 19 Huye. Nathan. con una sonrisa extraña. Ricky entró en la habitación despacio. El truco. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. y ambos cayeron. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. arrastrando las palabras-. ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. confuso y desdichado. huye Tiritando de frío. todo habría terminado en ese momento. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . ¿Tarde o temprano? Eso significaba que. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho.

Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles. más allá de ésta. pero creo que estoy bien. -Tonterías. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. De pronto. -Sí. La unidad de crisis parecía una casa del terror. adornado con flores y arbustos. Denise le creía. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-. en su int erior. Ricky moriría. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . Así s e portan los adultos cuando se emborrachan. Papá era un buen hombre. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. A partir de ese momento. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. a a libertad. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. si no hacía algo. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión.so y giró sobre sus talones. Pero necesit aba llaves para salir. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla. La suerte lo acomp añaba. pero comprendió que. y lo culparían a él. Con un último estertor. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. -¡Perdón! . El pánico invadió a Nathan. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. ¡Santo cielo. lo demás fue sencillo. el hombre murió. Era fantástico. nervioso-. Recorrió la distancia en un suspiro. -Ricky. Un superv isor estaba muerto. ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. Creo que estaba loco. Estaba acostado boca abajo. Ni pensarlo. Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. cerrando la puerta tras de sí. Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. cerró 20 Huye. La última puerta fue la más fácil. A parentaba ser un sitio acogedor. Al principio sólo la entreabr ió. En cuanto la hoja salió del cuerpo. pero fue inútil. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. Me duele el ojo y un oído. De manera instintiva. Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. cerró los ojos y la retiró de la he rida. Nathan. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil. Si les digo algo distinto. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. Estaba borracho. irse lejos y de inmediato. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. Podía despedirse de su liberación en diez meses. Nathan no sabía qué hacer. Nathan se acercó al arma. Es o lo haría sentirse mejor. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro. Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros.balbuceó Nath an. Pero. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes. Salió a hurtadillas. -Eso creo. apoyado en los codos. -Entonces. sólo pensarán que estoy mintiendo. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara. Ricky! Perdóname. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. Pu . Tenía que correr rápido. Nunca tomab a ni nada. Ahora no sería accidental.

tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo.. como me decía papá. mientras los niños no l o digan. hice todo lo que debía hacer. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. En el silencio que siguió. A nadie. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-.. Entonces. . Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. -Sí -murmuró. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-.. El chico era muy listo. Sin duda. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. pero él se limitó a mirarla. huye -Sí. Puse la o tra mejilla. Creo que te la mereces. -No. Pero ahora ves mi punto de vista. Había tantas cosas que contar. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso. y me lastimaron. -¿Por qué no? -Porque te atraparán.¿Le importa? -surgió Dense. como sea que esto termine. No devolví el golpe. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. -No. -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo. Denise se quedó boquiabierta. Nathan se había sentido muy dueño de sí. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro. ¡Qué historia! Nathan. Se lo dije al supervisor. abogados y policías. -Estás poniéndome en ridículo. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. mi única opción es entregarme. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal. cariño? -Debo irme -repuso él. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. Era inteligente. que protege la libre expres ión. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. Quizá debía de contárselo todo. al parecer. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. nadie puede rastrear llamadas. pero no lo haría. eso no es cierto -la consoló él-. Ésta es una estación de radio. y colgó. insultarlos y pegarles y está bien. ¿verdad. y me golpearon todavía más. Y. la cárcel. no -lo tranquilizó Denise-. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. -Y. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional.eden gritar a sus hijos. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. Nathan. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . -Entonces. los dos solos. se preguntó Denise.. Oye. Robé un auto. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía. con voz ahogada. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. sin duda. temo que te lastimen. Por eso seguiré huyendo. Me defiendo. Al principio. -Tienes miedo.. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. te deseamos toda la suerte del mundo. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró. si todavía nos escuchas. yo también. -se le quebró la voz y guardó silenci o. encogiéndose de hombros-. en un vecindario agradable. ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. Pero llámalo por su verdadero nombre. -Sí. y trató de matarme.

¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos. Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. J. El chico Bailey era un ladrón de autos. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. En cuanto a Nathan Bailey. era pura hipocresía. J. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. pero sin duda es interesante. Cuando Warren alzó la vista. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. y tú eres el altavoz. jefe. Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. 23 Huye. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. En cambio. teniente Michaels. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. Volveremos después de estos mensajes. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido. Yo soy el policía. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. Pero. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. Danie l. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. En primer lugar. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. el caso Bailey había parecido muy claro. -No sé si es buena o mala. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. -El niño miente. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y . Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. huye -ÓYEME BIEN. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. Aquella mañana. Como policía. en ese momento. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. -Anímate. Dan iel.rar la compostura. Si la policía no hubiera fallado así. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. un prófugo del sistema penal y un asesino. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. como tantas otras que había descargado J. En aquel trascendental año de elecciones. Nathan. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. 22 Huye. ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo. y hacía responsable a Michaels por ello. Warren no sabía qué creer. Nathan. Petrelli lo veía con claridad. J.

En la borrosa imagen en blanco y ne gro. de la noche anterior. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta. del Centro de Detención Juvenil. Además. como el área de recepción. pero nunca resolvió nada. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas.ex tutor del chico. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-. Finalmente. el niño de la pantalla se detuvo. En el radio. Nathan. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. un tren arrolló su auto y lo mató. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. con todos sus bienes como garantía. -La de la unidad de crisis no servía. pero todos sabían que era sangre de la víctima. -Creí que la cámara estaba descompuesta. p ara averiguar lo que pueda. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. Nat han robó el auto del tío. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. Es una historia bastante triste . Se veía asustado. característica de las cámaras de seguridad. hace como un año. no abrió la puerta. no quedó nad a. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias . -Detén la cinta -ordenó Michaels. el tío Mark levantó una denuncia. Por supuesto. . No tenía modo de pagar la manu tención del niño. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. El padre era un abogado con mucho dinero. Ambos hombres se pusieron de pie. A decir verd ad. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. sin emb argo.. la custodia recayó en el tío Mark. Quizá Harris sólo quería molestar. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. sí hay una grabación en vídeo. Durante sus primeros diez años de vida. el supervisor le quitó los zapatos. a fin de cuentas. Un instante después. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. así que no la pagaba. Michaels no daba crédito. Mark Bailey. ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. Al parecer. Mark Bailey hablaba por experiencia. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone.. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. no había opción. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. Michaels hizo una seña con la cabeza. y cit o textual. Bailey dijo que el guardia. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias. Hace dos años. Michaels movió la cabeza de la do a lado. a Nathan Bailey lo crió su padre. -Muy duro para un pequeño." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. Si estaba en casa. Afirmó delante del tribunal. -Cuéntame lo que sabes. Al terminar los trámites del legado. -No lo creo. -No. Al oprimir un botón. En realidad no se quieren mucho. afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción. tampoco la del pasillo. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. era el tío Mark o un hogar adoptivo. Su madre murió cuando era sólo un bebé. Resulta que.

el niño del vídeo quedó congelado. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. Se veía la salida desde afuera. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Apagaré el vídeo. -Y bien. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-. estaba decidido a hacerse notar. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. que en el pasado dependió de él por completo. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre. huye vicepresidente de servicios al consumidor. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara.-Adelante. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. En el fondo había una puerta. No puedo seguir reaccionando así. Creí que lo había superado. jefe. ¿te sientes bien? -No lo sé. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. Nathan. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. Corre la cinta otra vez. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. Poniéndose de pie a toda prisa. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. -Jamás morderán el anzuelo. Dio media vuelt a. así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. quien le hizo sabe . -No sé qué opines. no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. Jed. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. Jed. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. Nathan. Cinco minutos más tarde. -Mira. -Una de las cosas que quiero encargarte. el corazón de Michaels dio un vuelco . Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. Tras cinco años de turnos variables. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre. Mira su cara. Jed. Veamos el resto. Otra vez. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. 25 Huye. del Departament o de Policía del condado de Braddock. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. Tenía un nudo en la garganta-. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. EL PATRULLERO Harold Thompkins. Warren -musitó-. estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. Jed volvió a correr la cinta . Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. cruceros monótonos y trabajo rutinario. -Warren. Estoy bien. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. -Lo lamento. Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. -¡N . echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. Warren. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. Jed. Estaba pálido como la cera. -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. Michaels también salió. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. mirando de reojo a su jefe. Míralo. Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. huye Jed también lo notó. Jed. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. Tiene los ojos de Bria n.

Harry decidió acudir a las fuentes. El corte en cuestión terminó quince segundos después. sin duda. No. En cambio. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. 27 Huye. le diría a quien fuera que el p roductor. -¿Ah. Eso por lo general hace que uno salga en el radio.r que. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo. Señor Thompkins. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. eh creo . ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. para que le proporcionaran la información. A una señal de Enrique. EN SU LADO de la cabina. está usted al aire.. -Bienvenidos una vez más. agente. pero lo desechó por blandengue. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. Denise se sobresaltó al oírlo. Si la policía esperaba. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. dígame. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock. cederían. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. pero imaginó que eso no importaba. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. una neoyorquina. -Ya se lo dije. Denise Carpenter y su equipo. Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. -¿Estoy. ¿Es cierto eso? -Bueno. sin una orden judicial. Sin la controversia. Harry Thompkins esperaba al teléfono. algo había entendido mal. Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad. el productor. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos. de su programa de radio. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. corría el riesgo de perder a su prisionero. se acabaría la discus ión abierta. o sea. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. De pronto. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. Sólo hacía falta ser persuasivo. Harry no tenía semejante poder. En un arrebato. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. Denise ponderó l as opciones en un instante. Después de todo. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. En cuanto empezó el anuncio comercial. Denise le respondió al productor. A Denise le pareció divertid o.. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. optó por una acti tud de poder. Denise abr ió su micrófono. -¿Qué te sucede ? -protestó-. Mientras esperaba. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea. Nathan. -Tómalo con calma -la reconvino Enrique-. oyendo un comercial anodino de autos. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. radioescuchas de todo el país. pero creo que debemos comentar esto en privado. a este sorpren dente programa. Al fin. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. -Según me dice mi productor. po r supuesto. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. Y.

Apuesto. agente Thompkins. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. no toleraba los errores. que estaba listo para matar. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. -Déjeme poner esto en claro. el efecto sería inhibir la libre expresión. Se detuvo . colgó de inmediato. porque la necesitaba. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. mucho menos aceptarlo. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. Nadie era más leal al señor Slater. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern. Para empezar. Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. podían mangonearlo . inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que. En el fond o.que sí -sonaba deliciosamente evasivo. Arrojado. Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. su aspecto no era intimidante en absoluto. O tal vez sólo fanfarroneaba. Pocos lo 28 Huye. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. s in embargo. Los vanos estaban cubiertos con tablas. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. -Interpretaré eso como un sí. debido a su estatura y aspecto. riendo-. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia. si era necesario. Nathan. Aquel día . Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. También le dijo usted a mi productor que. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. una habitación pequeña. huye pensaron más de una vez. Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. Colgar no es una verdadera re spuesta. -Colgó -dijo al micrófono. algunos suponían que. pero creo que nos deja un mensaje. Era el único automóvil en todo el lugar. Hacía un minuto parecía un buen plan. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. un hombre fuerte. nos acusaría de obstrucción de la justicia. la única persona que importaba. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. Según indicaba el reloj del tablero. tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. Sin otra salida. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. decidido y sin miedo. Pero descartó esa posibi lidad.. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. un niño. Puso la palanca de velocidades en punto muerto.. TREINTA MINUTOS antes. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. pero que ninguno merecía una tercera. Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. Por un instante. un bar solitario a la ori lla del camino. o del país. usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley. Poco después del mediodía. aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros.

por fin estamos de acuerdo en algo. a la vez apacible y furioso. No dijo lo que ambos sabían. Me dijo que no l e importaba el dinero. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. Y. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. Me promet iste que podrías manejar este asunto. Mark vio una tenue luz en su horizonte. y lo arruinaste todo. Pointer. ¿Acaso te parece justo. Pointer miró largamente a Mark. Ordenó una cerveza. no lo sé -tartamudeó Mark-. Mark. de triste a animado. -Hay otra cosa que debemos discutir. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión. característico de los montañeses. Así se sentaban los novios. Nathan. Per o. -Gracias. se dijo. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. y que lo único que le interesaba era matarte. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-. con voz amenazadoramente suave-.. No estaba enoja do contigo.. sin conocimiento del indignado señor Slater. Mark? -No -musitó. Mark respiró hondo. Mark comprendió que faltaba algo más. estaba mole sto. En la prolongada pausa que siguió. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar.antes de entrar. De modo que así están las cosas. sin hacer un último intento. -Soy Mark Bailey. no dela nte de él como Mark había esperado. Al cabo. El efecto era aterrador-. Es claro que no estuviste ahí. Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. pero repentinamente perdió el valor para decir algo. Lo convencí de hacer un último intento. -Vaya. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento. n. hizo girar la perilla de la puerta y entró. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas. La frente de Mark se p erló de sudor. Estaba enojado conmigo. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión. a pocos centímetros uno de otro-. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato.. te equivocas -lo riñó. -Escúchame. tú vivirás. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. De lo contrario. Bailey. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. -No. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla. -Pero yo lo disuadí -continuó-. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. en realidad. Pointer se inclinó hacia delante. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. A mí tampoco me parece justo. Permaneció inmóvil en el umbral. Mark paseó la vista por el lugar. Creo que conmigo. a cambio. Todavía no era demasiado tarde para huir. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. Déjame adivinar. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón.. eres ho mbre muerto. mientras los ojos se adaptaban. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-. Pointer. Mark. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. ¿verdad? Mark asintió. Puedo explicártelo. no dos hombres en una cita de negocios. Nathan. huye intenso. Dame una última oportun idad. ah . Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. 30 Huye. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. Anoche te perdiste en una botella. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. evito que te corten e l pescuezo y. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. -balbuceó Mark. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda.. -Mírame.. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. En primer lugar. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira. Sentado con las espaldas contra la pared. dos.

Nathan. -Lo siento. En esta ocasión. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. -Eh. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as. Cuando Pointer la soltó. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . La parte del señor Slater subió a dos millones. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. Escribe cuando puedas. Mark -señaló Pointer-. Pero necesitaba un plan. Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. entre la segunda y tercera articulaciones. pero todavía no terminamos. amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. Bailey. como decían en las películas de cine. Sollozaba. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. Eso nos deja tan sólo un último asunto. Un año atrás. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. al menos. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. Sólo tenía que idear el siguiente p aso. Te lla maré en cuanto te necesitemos. Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó. sólo quedaban migajas. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. Pointer rió. 31 Huye. ya no como antes. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. y. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. Durante el corte de la hora en punto. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara. La fama empezaba a p arecerle agradable. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta.. Diez segundos después. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro.ora eres el socio minoritario de tu herencia. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. Pointer fue rápido. hondamente complacido. pensó. ¿Qué voy a hacer?". Enseguida reparó en que el arma no se había movido.. Además.. se preguntó. y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio. soy. En la taberna nadie había visto nada. El resto es tuyo. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. Tan tranquilamente como había entrado. Pointer salió de l lugar. En la mente de Mark se formó una objeción.. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. huye Halló el control remoto del centro de diversión. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir. Con lentitud. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón. -Apuesto a que sí. Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. pero la guardó. No tenía miedo. Después de unos cinco se gundos. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos. y las lágrimas le corrían por las mejillas. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. todo por Nathan. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. y en pleno día. "¡Si tan sólo pudiera conducir!". y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida.

Como el resto de la casa.. Por favor no te ofendas. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. Lo impo rtante era que ya tenía un plan. El chiquillo. tuve la oportunidad de escuchar te hoy. En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. tal vez podría conducir hasta salir d el país. -No me refiero a eso. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". un poc o a la izquierda de la puerta del conductor. el auto más fabuloso de toda la calle. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. Era un poco incómodo. La conversación se encaminaba a otro asunto. La puerta del auto no tenía seguro. No tuvo que esperar mucho.32 Huye. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento. dondequi . Su forma de relatar la historia fue to talmente. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York. -¿Denise? Buenas tardes. -Yo sé lo que te digo. Ahora. una intuición. había vencido los obstáculos. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría. Lo lograría. Hasta el momento. pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. la cochera era inmensa. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor.r eal. pero al menos los alcanzaba. Las llaves. boquiabierto. Nathan. por favor. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . En realidad. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. Todo indica que el programa va viento en popa. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. Sin titubeos. de una u otra forma. Hay de personas apersonas. -Por supuesto. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. clavado en la pared. huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. respeto. con casco de fibra de vidrio.. gracias. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear. Nathan esbozó una amplia sonrisa. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. ¿Cómo has estado? -Muy bien. crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. DENISE SENTÍA deseos de bailar. sobre un remolque. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise. Ron. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. La empresa. cubierto con una lona verde olivo. en el programa de aquel día. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. y los vencería el resto del tiempo. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. y sé cuando están mintiendo. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. rojo cerez . acarició los asientos y sujetó el volante. y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies. Denise per cibió que faltaba algo. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. Ron. de modo que Nathan subió al asiento delantero. Mientras repetía las imágenes en su mente. Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros. Tenía que lograrlo.avenidas principales que estaban bloqueadas. esa gente no ha llamado a nuestra estación.

Por una parte. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. No era lo que había esperado. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. HAROLD JOHNSTONE." -Ron. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. que volvió a su . más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. fuera tú. -Señor Johnstone -explicó Jed-. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. Era un hom bre grueso. huye "En síntesis. En verdad. 33 Huye. desde luego. pero su deb er es cooperar. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. Dices que escuchaste el programa de h oy. Ha sido un día verdad eramente pesado. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone.. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. -No estamos difamando a nadie. No puedo hacer nada por él. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que. Demonios. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. te diré lo que haremos mañana. Todo lo que dices suena lógico. Y. 34 Huye. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J. Denise se quedó boquiabierta. fiscal de la región norte de Virginia. no pensamos compartirlos con nadie. Ron soltó otra risilla. -Sin duda.. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. Nathan. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. gracias. Nathan. -Todavía no me lo agradezcas. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen.? Hackner lo interrumpió con un ademán. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. -Sí. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia.. Denise. la oí. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. Incapaz de decir algo más profundo. tan sólo musitó: -Gracias. huye -Tome asiento. y hasta la última palabra es mentira. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. -Vaya. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. En medio de este asunto hay un niño asustado. Por la otra. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida.era que esté. -Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. aun que sea sólo en principio. el argumento se vuelve debatible. Denise. Lo lamento. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. el chico lleva todas las de perder. superintendente de l Centro de Detención Juvenil. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-. usted puede sentirse ofendido si quiere.. -Mira. Ron. a menos que tenga algo que ocultar. Espero que esta noche duermas mejor que yo. señor Johnstone. Si accedemos de manera voluntar ia. Los directores generales no solemos oír esas cosas. Denise. Sólo hacemos pregunta s. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita. el pe queño me conmovió. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros. aunque no puedo. Daniel Pe trelli. Tú eres quien habló con el chico. Colgó. Es un niño que lucha una batalla perdida.

Hackner se retrepó en su lugar. pero tampoco es raro. huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. pero sobre todo po r mero aburrimiento. usted no se opone. absolutamente todo. También había tenido buen cuidado de haber l . dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen. porque mienten. siempre que lo oculte bien. Durante largo rato.silla-. ceñudo.pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. En un sitio así. oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. el uniforme. menos inquietante de lo que es e n realidad. Johnstone -protestó Hackner-. los objetos de aseo personal. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. En parte porque lo habían criado bien. Simplemente vivo en el mundo real. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. lavó las sábanas del dormitorio principal. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-. En este sitio. -Cuando los internos llegan aquí. no me extraña -repuso Johnstone .. No puede uno creer en lo que dicen. Estos niño s son animales. Abra los ojos. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. -Está usted invitando a la corrupción. -Entonces. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio.. de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. la de su anuario del quinto año. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer. Así. y nosotros. -¿Ah. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. -¡No venga a sermonearme. Esto es una prisión. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. en un cambio de juego. Si e llos tienen buen comportamiento. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala. Hackner lo miró en silencio. sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. los encargados del zoológico. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes. Nathan. Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis. -En po cas palabras. porque tengo que hacerlo. No obstante. 35 Huye. El sistema ya está corrompido. "Dios mío. como solía decir su padre. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas. entregan todas sus pertenencias personales. es la única realidad que vale. ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. no es raro que se prive al interno de algo importante. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. -Sargento Hackner. 7 NATHAN. Nosotros les damos la ro pa interior. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. sí. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. me pare ce una buena oración para guiarse. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga.

sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. -Jed -lo interrumpió Michaels-. entonces. En cuanto lo hayamo s detenido.. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. Jed -concluyó Michae ls-. pero. señor Bailey. Dividamos el caso en do s partes. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio. Había matado a un tipo y eso era malo. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. algo que hemos pasado por alto. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. en la escala del departamento de urgenci as. No hay rastro ni del tío ni del chico. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. De acuerdo. ahora que concluimos con lo primero. Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. Con su mejor cara de galeno. pero este hombre era la exc epción. y en verdad fue en defensa propia. -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. Warren sonrió. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. Si lo atrapaban. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma. s i me permites agregar. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. Vi sus radiografías. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. Seguimos buscando a un asesino. pero en verdad fue un accid ente. por triste que así fuera. pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. Es . Y. me parece poco probable. -Y. eso le abría posibilidad es ilimitadas. en el suelo del baño. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. sobre todo. huye -Dijo que era un empleado modelo. Si se eliminaba al tío de la ecuación. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. "El dolor debió de haber sido insoportable". ¿no es así? -En efecto. -Insisto. Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. es taba gravemente baldada. Aceptaba. Jed. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. -Buenas tardes.impiado todo después de cada episodio de glotonería. Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. se lesionó la mano -con amabilidad.. pensó Baker. tomando en cuenta los antecedentes. -Te propongo una cosa. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido. conciso. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. Jed. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. ¿recuerdas? -Entonces. estaría metido en u n lío muy gordo. Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. -Cálmate. -¡Su opinión mis narices. Warren. Nat han no tenía a nadie en la vida. -Me duele mucho. -Admítelo. tú tampoco. Nathan. Por lo común. Por lo que veo en su expediente. -No lo dudo -coincidió Tad-. Sin lealtad hacia nadie. Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. Y. porque se presentó la ocasión. War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r. doc -confesó. Soy el doctor Baker . La discusión era estéril. sostenida con gran cuidado por la izquierda . y a Ricky Harris también. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. si result a pertinente. Warren estuvo de acuerdo. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. Aquí hay algo más. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. que seguía donde se lo quitó. sin embargo. ¿no te das cuenta de que. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. La única respuesta. tendió una ma no hacia su paciente-.

No creerá que estoy mintiéndole. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. -Si no me pareciera descabellado. -¿Ah. alguien le había roto los dedos de manera intencional. pensó. un agud o contraste con la noche. Quizá fue cuest ión de suerte. -Es cierto. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. doc. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. Nathan. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. Nathan. -Nadie más que yo mismo. Ya había ajustado el asiento y el volante. -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. Alguien lo lastimó. Lo más complicado era log . huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. "Yo ya hice mi parte. -Descanse un rato. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye. -Entonces. Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. me cayó encima t oda la camioneta. ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. señor Bailey. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. -Entonces. -No tengo idea. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. giró el volante al máximo. Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. No me lasti mó en absoluto. Tad le dirigió una sonrisa reservada. cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía.una lesión bastante compleja. Lo veré más tarde. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. En opinión de Tad. No quiero l astimarlo por ningún motivo. pensó Tad. -Por supuesto que no. amigo". ¿Qué te sucedió? 37 Huye. La frase resultaba interesante. La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. ¿verdad? Mark rió por el comentario. Actuaba con rapidez. por lo demás tranquila. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. "¡Maldición! El médico sospecha algo". Es un contraste agradable. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. "Es tu mano y tu vida. tanto adentro como afuera. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. doc -Mark en efecto se relajó-. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. No había marcha atrás. Después. largo e inclinado. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. Más que nada. -Sí. -Relájese -lo instó en tono amistoso-. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba.

el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. Además. Al acercarse al crucero. Dese sperado. En su carril. det enía ciertos autos al azar. bigote. no dejes que me detengan. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. Si hacían contacto visual. ellos también podrán verme a mí". De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían.rar que el auto se desplazara de manera uniforme. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. Cabello rubio. sus peores temores s e confirmaron. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. Dios mío." Los ojos empezaban a anegársele. Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. Tenía las manos bañadas en sudor. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. no dejó pasar dos ni tres. se fijaría en él. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. Era su única opción. hacia el norte rumbo a Canadá. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. No me detengas ahora. Nathan. En cuanto el policía terminó de revisar. A la dista ncia. el p olicía hizo detener el siguiente auto. "Por favor. unos veintitrés años de edad. hizo una seña al conductor para que avanzara. Sin mover la cabeza. "Ha z que me dejen pasar. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. luego habló duran . El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. pensó. sus facciones podían di stinguirse con claridad. . En ese turno. dejó pasar cinco. Nadie. No había policías a bordo de los autos patrulla. pensó Nathan. pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. por favor. "Ahora soy el tercer auto". en medio del embotellamiento. Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. Enseguida. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. y Nathan se sintió bien al mando del auto. y se sin tió al borde del pánico. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. te lo suplico". Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. Unos quince minutos después. Quiso tragar saliva. "Si yo puedo verlo. a partir de ésta. "Conserva la calma". 39 Huye. En el siguiente turno. Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. y las piernas le temblaban sin control. Había planeado cuidadosamente aquella noche. pero contuvo el llanto.. EL BMW RODABA con suavidad. No parecía seguir ningún patrón. Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. Natha n eligió el carril de la izquierda. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. La siguiente vez fueron sólo dos. y el policía hizo señas para que pasaran tres. Luego de diez minutos. No había ningún accidente. Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. era un bloqueo. Antes. que señalaban el camino a casa del tío Mark. -Dios mío -rogó en voz alta-. A pesar de la oscuridad de la noche. no muy lijos de donde vivía su tío. rogó en silencio para no llamar la atención. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. Quinientos metros más adelante.

Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo.. Era libre.. amor -lo consoló Monique-. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos. huye Llevaba las ventanas cerradas. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama. todavía gentil. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía. Lu ego del bloqueo. Sin emba rgo. Nathan. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. -¿Qué te ocurre. De pronto. notó que su esposo no estaba . se puso un a bata y fue a buscar a su marido. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo. nena -la saludó. Estaba preocupada por Warren. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor. Por lo general. No sabes la vida que ha tenido. Vestía camiseta y pantalones deportivos. escuchó con atención. todavía fuerte. o al menos rogaba que así fuera. Vol vió a vencerlos. frente al psicoterapeuta. En los últimos dos años lo pe . huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. Warren estaba despierto. cuando Warren no podía dormir. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. Pero el dolor persistía como una herida abierta. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. el tránsito se aligeró. 40 Huye. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. y casi golpeó el auto de adelante por ver. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. con un vaso de whisky en la mano. pero esta vez no estaba ahí. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. -Hola.. ella podía dar cauce a su rabia.. Gracias a la psicoterapia. cariño? -le preguntó. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. pero la casa se hall aba en silencio. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal. Apoyada en un codo. eh. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes. Monique bajó de la cama. Warren respiró hondo. -Estoy preocupada por ti. Con aire sumiso. -Me. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño. 41 Huye. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto. Sé cuánto lo extrañas. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. pero si el policía acaso pudo reconocerlo. Y Warren seguía igual: todavía estoico. Semana tras semana. y salió sin hacer ruido a reunirse con él. creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. y planeaba seguír así. Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. Nathan. ¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. aunque la conversación pareció subir de tono. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s.te largos treinta segundos con el conductor. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. su dolor y su amargura. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta. -L o siento mucho. a la que Warren se opuso todo el tiempo. -¿Warren? -llamó en voz baja-. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. y se espabiló de inmediato.

Juntos como pareja. Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. Era un nuevo núcleo residencial. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. "Nathan. con movim ientos tan suaves como pudo. podría fanfarronear para siempre. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. "Vaya. c asi todo aún en construcción. Monique n o pensaba forzar el proceso. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. Seguía adelante con la rutina cotidiana. La avenida principal de la urbanización. En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. exclusivo de ellos dos. compartían un mundo especial. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. Nathan. Decidió seguir adelante. y buscaba su próxima parada para descansar. pero algo se había perdido irremisiblemente. como era de esp erarse. y ambos estaban conscientes de ello. pensó. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales. bordeado de tiendas de comestibles. Estaba en un distrito comercial p obre. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. algunos. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. eres un genio". ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. 42 Huye. Monique vio a su esposo morir por dentro. se dijo. se felicitó a sí mismo. Se hizo un silencio. pero cada uno co n sus pensamientos. -No es justo -musitó él después de un largo rato.rdió todo. Un letrero le informó que. pudo . "Ya se te ocurrirá algo. Apagó las luces del auto y. como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. Tenía hambre y sed. pensó sin decirlo. la personalidad de Warren cambió. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. al que las mujeres no t enían acceso. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. con múltiples cruceros y semáforos. Estaba segura de que iba a suceder algún día. Pensi lvania. Con un nudo en la garganta." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. "Igual que yo". Idénticos en apariencia y personali dad. Una vez que dejó atrás el bloqueo. Brian era la vida de Warren. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. De pie ante las manijas. vaya". abrió la puerta del conductor. a penas a doce kilómetros de ahí. Jamás volvería a ser el mismo. se llamaba Little Rocky Trail. asta do s.

Como es peraba. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. tenía que deshacerse del automóvil. En p rimer lugar. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. Nathan decidió que era momento de ser temerario. poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. Esperaba que. tengo que irme . Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. Además. de seis años. Tenía delante otras opciones. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. buscaba el limpiador para alfombras. el aire estaba denso por la humedad. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. un Honda. por supuesto. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. y su juego terminaría. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. volvió al BMW y arrancó. Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. Uno de éstos. Bajó del vehículo. Su sentido de la distancia lo traicionó. Patty. un p astor alemán. El hijo de ambos. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. Recordó haber pasado. no porque lo deseara sino por necesidad. de un año. 43 Huye. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. pero desistió. Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. descubrió otro auto guardado. había un lugar desocupado. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. si devolvía las llaves. -Patty. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. -Peter. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. Se irguió. ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. Tomó nota del número de la casa. El tiempo se le agotaba. Nathan. Mejor aún.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. empezó a aumentar el tráfico. Aún no eran las seis de la mañana. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. Y. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. donde el terreno irregular. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba. en realidad no se tratara d e un robo. cuatro mil ciento veinte. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro. Nathan a su vez le ladró al perro. y su perro Labrador. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros.

el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. Contuvo su impulso de correr. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. Son casi las seis. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. lo invadió el agotamiento. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones. mo lesta-. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. Nunca debí salir al descubierto. Al preguntarle el motivo. Nece sitaba dormir. Warren le apuntó con un índice acusador. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. Fue directo al dormitorio principal. -Sí. Hay cosas pendientes en la casa.ahora. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar. -Buenos días. Tomó su portafolios. Cuando sacaba el auto. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. Wa rren lo esperaba. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. Diez minutos después. -En verdad lo lamento. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. Está disponiendo todo para nuestra entrevista. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. huye TODD VIO al chico saludar. -Imagínatela. y no intentó huir. Nathan. pero no dijo nada sobre su charla de ayer. Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. de modo que respondió a su vez con u n ademán. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. con el cabello rubio despeinado. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. . pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. alto y delgado. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. tienes que irte -replicó Patty. En l as últimas veinticuatro horas. Supuso que para eso servían los adultos. aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. El niño parecía normal. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. que era tan verdadero como falso. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. Era un niño apuesto. para mantener la perspectiva. Con g ran esfuerzo. La cara le pareció va ente conocida. Una de tantas veces. por supuesto. pero no tenía tiempo. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. 44 Huye. le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. a mí siempre me tocan las labores más odiosas". jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. Había muchos niños en el vecindario. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña. Después de su conversación del día anterior. pero debo irme -declaró. Ni siquiera miró atrás. El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir.

huye -Sí. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. co mo era de esperarse. Johnstone ocupó una silla en el rincón. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-.-Compórtate. vacío por lo demás. pasarás la mayor parte de tus días encerrado. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. sé que no quieres creer nada de lo que digo. para iniciar la entrevista. hasta su liberación. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. Nada de pleitos. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro. existen menos probabilidades de que lo lastimen. Quiere n hacerte algunas preguntas. pero no vio nada. Como no se le ocurrió ninguna. Si no lo traemos de regreso. donde permanecería seis años más. Johnstone los esperaba en su oficina. seño Johnstone? -preguntó Michaels. un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. mejor conocido como "As". -Iré directo al grano -empezó Warren-. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. 46 Huye. pero As no se movió. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. -Pero si yo no digo nada. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría. después de haber matado a uno de los guardias. podría terminar muerto. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. No te agrado porque soy policía. lo mismo que Jed. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. pero hizo caso omiso. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. -Oigan. Si seguía por ese camino. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. farsantes. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. De modo que vas a responderme algunas preguntas. 45 Huye. Johnstone se quedó paralizado durante un momento . Nathan. As. Tras las formalidades de costumbre. Si podemos encontrarlo antes que los demás. Warren sonrió. Espero que lo logre. Johnstone habló primero. ¿verdad? As se mantuvo impávido. duraría quizá un año en las calles. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. A petición de Warren. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . -As. pero todos sabían que no era u na petición. -¿Podría disculparnos por favor. ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. Nathan. era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson. Su tono era amistoso. mirándose las uñas. se puso de pie y se retiró. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. A los quince años. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. -Mira. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio.

Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. Kendra le clavó una mirada fulminante. O. Espero que tu sentencia te sea leve. pero no sé por qué. desapareció en el espejo retrovisor . Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. salvaje. cuando Norfolk. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta. -Gracias por tu tiempo. pero lo esencial estaba ahí. en espera de que alguien llegara. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. Usted es Mark Bailey. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. señor -lo abordó el policía-. Por el momento no es sospechoso. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. Se le busca pa ra interrogarlo. Luego. Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla. -Vaya. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. Los niños. 47 Huye. abreviatura dewildman. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe. Virginia. ojos azules y bigote. la camioneta Bronco roja. Antes de que s ubiera los escalones. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. blanco. la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. Nathan. "Varón blanco . momento en el que. Y también Mark. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. con toda seguridad. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. Por toda respuesta. de unos setenta kilos. y ambos se dirig ieron hacia la puerta. hasta nuevo aviso. -Yo no dije nada. Jed se levantó con él. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. no necesita preguntar. Su misión. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. al menos. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. y los consecu entes rezongos de sus hijos. -Disculpe. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró. Jamie Amy. soy yo." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. con un vendaje voluminoso en una mano. As -concluyó. setenta kilos. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. poniéndose de pie-. -Si le han dicho que era malo. La matrícula dice WLDMAN. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. Del vehículo se apeó un varón rubio. Steve notó que la tensión cedía un poco. -Disculpe -llamó a voces-. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. Sin embargo. Ambos se volvieron-. -Me parece lógico. rubio. En algún punto de Carolina del Sur. . K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. Había omitido algunas palabras. Harris la traía contra Bailey. Has sido muy tol erante. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. -Sí. Este lugar iba a terminar con él. a dos kilómetros de su casa. -Oigan. Harry lo había alcanzado. vitorearon. En ese momento. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez.

Gracias por su tiempo. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. -Entonces. ¿Podría decirme dónde pasó la noche. De vuelta en su auto. -Pero. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo". sí me importaría mucho. . no le importará que eche un vistazo. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. Tuve un accide nte. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. Quizá se trataba de un niño. mi sobrino y yo nos odiamos. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. Mientras conversaban. pensó. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. huye -Mire. -Vaya casa. Mark lo miró desde el umbral. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. oyó que se abría la puerta. Fuera lo que fuera. Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. señor Bailey -admitió Harry. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. "Si se cayó del gato. Cuando se acercaba a la puerta principal. de hech o pedí que lo encarcelaran. vio una cara conocida. Harry se acercó a la puerta. Usted no tiene nada que ocultar. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. -Buenas tardes. ese algo tenía que ver con su lesión. agente Borsuch -saludó. -Me pareció que intentaba esquivarme. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda. no en otro planeta. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. Sí. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. 48 Huye. Mark Bailey era culpable de algo. Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. ¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. -¿Debería de pensarlo? -preguntó. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. para deshacerme de él. reapareció el nerviosismo. Cuando llegaba a la calle. -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. Nathan. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. Entonces se puso arrogante. a solas. dando media vuelta para retirarse-. Lo mandé ahí. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson. estoy enterado. agente. con antena parabólica en el techo. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. señor Bailey. -De acuerdo.

incrédulo. 50 Huye. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. Harry. La crema y nata de Braddock. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. Bailey era una escoria. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. Pero.49 Huye. -Vaya. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. Nathan. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Diez minutos y otras tantas puntadas después. -Harry. Borsuch señaló el jardín delantero. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. ¿De acuerdo? . estaban de pie en la acera. -Disculpe -interrumpió Harry-. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. Si estás de acuerdo. por desgracia. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. asintiendo con la cabeza. Tenían delante a la prensa. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. -Buenas tardes. lo sé -admitió Harry. Tenía rota una mano. mirando a su alrededor. Tad alzó la vista y sonrió. no puedo ayudarte. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. Escrúpulos aparte. El chico tiene b uen gusto. Su voz tenía un dejo de desesperación-. Debía permanecer una noche en el hospital. no digas nada. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. Cuando terminemos. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. -¿De qué se trata? -preguntó. y todos los sabían. -Lo sé. Por otra parte. -¿Dónde está la familia? -inquirió. Warren siguió el ademán. suturando un herida en la coronilla de un paciente. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. Tad finalizó su labor. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. dos adultos y dos niños. Mi carrera puede estar en juego. y le entregó una hoja rayada de cuaderno. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. puedes toser. Pero apóyame en ésta. si no estás de acuerdo. Cuatro personas. -Muy bien. Nathan. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. doctor Tad -saludó Harry al acercarse. no a Tad. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. de esp aldas a la casa. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. -También encontramos esto -añadió Borsuch. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. -Una lesión de la mano. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. -Lo siento. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. arqueando las cejas-. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. vaya.

en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo. se debían a actividades cometi das en su contra. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. DENISE CONVERSABA co n Quinn. Harry -se disculpó Tad. Quitó las sábanas de la cama. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. siempre que no tirara del gatillo. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. 10 51 Huye. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. ¿estás ahí? -Sí. señora -respondió la voz. Los dos últimos eran pe queños. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. -Y dime. pensó Tad. -Lo siento. Podía jugar con el arma tal como estaba. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-. Había oído del chiquillo. Eres toda una celebridad. Quinn -la interrumpió Denise-. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. Hiz o un nuevo intento. Nathan. Nathan Bailey. ¿no? . Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez. Antes de que lo olvidara. Apagó el televisor y decidió explor ar. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. pero nunca asoció los apellidos. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. en el noticiario la noche anterior. Volvió a toser. pasó el resto d e la mañana en la sala. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. Estuve durmiendo. subió a la habitación principal. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. En ellos encontró unos juguetes fabulos os. Tal vez había planteado mal su afirmación. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Natha n Bailey. huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. Emp ero. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. de Milwaukee.Con que eso se traía Harry entre manos. si investigamos s obre la lesión. al tiempo que abría la puerta del consultorio. -Por supues to que no -reconoció Harry. un tocador y una cómoda de patas altas. Dicho lo cual. -No me sorpren de. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. Tad guardó silencio. Se ocuparía de ellas enseguida. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. por el contrario. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. Harry se veía totalmente estupefacto. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. lo descubriremos. aunque los ojos lo desmentían. dispuestos lado a lado en lo más alto. Nathan. Dur ante los siguientes veinte minutos. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. Harry se quedó pasmado. -Oye. debía lavar las sábanas. B ailey. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. Levantó el auricular y marcó. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. Una vez que limpió la planta alta de maleantes. tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. cariño -rió Denise-. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. pero primero echaría un vistazo. Un repentino acceso de tos acometió al médico.

no como las había planeado. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. Hice algunas cos as malas. Sabía que pronto llegaría su oportunidad. No se preocupen. 52 Huye. Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa. Nathan. Ya en camino. Según deducían. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. Las cosas no iban b ien. se había duchado en e l baño principal y. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor. Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. También tuve que llevarme su otro auto. rompí un vidrio de la puerta trasera. sin duda. El corazón de Nathan latía a toda prisa. Recogí los pedaz os y.. -¿Qué? -jadeó. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. no parecía que hubiera robado na da. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. tus anfi triones de anoche. Cuanta más gente estuviera atenta. llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. Su tono sonaba gélido. -¡Ja! Te callaron.. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW. Salvo por la ropa y el auto. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock. que acababa de limpiar. o quizá una semana. aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. cuando tenga oportunidad. pero no todo lo que dicen. había dado otros golpes difíciles en el pasado. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa.D.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. Ya estaba listo. Nathan. Aunque traté de ser cuidadoso. También encontraron tu nota. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-. Los Nicholson. Sí. Díganle que gracias y que lo sien to mucho. Su amigo. Pointer soltó una carcajada. Créanme. pero uste des la llamaron de inmediato. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990. Perdón por el desorden del baño.357. Les prometo cuida r sus cosas. Por favor. Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. de modo que la emprendió a preguntas. Considerando el trabajo que debía hacer. Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. Kendra. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. pero le fue imposible. habría sido la animadora que perecía por él . Le temblaban las manos. Al menos. Sin embargo. declaraba Kendra. como un automóvil BMW. Nunca creyó que regresaran tan pronto. Fue algo muy feo. en un par de días. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían. tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer. El niño con . Nathan Bailey P. A continuación. 53 Huye. Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. oyó la voz del chico . Permaneció mudo. Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. intentaré pagárselo. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días. Nathan había dormido en la habitación principal. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. por increíble que pareciera. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas.

"Ya no podemos ser parte de ella. -Gracias -repuso Nathan. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. ¿es cierto? -agregó Frank. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. Nathan. pensó Warren. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. para suplicarle que lo acogieran. y la segunda. -Oye. pero no sabía por qué. 54 Huye." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. la gente no conoce los límites. huye A partir de ahí. conmovido-. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. Y. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. sabrías que eso significa mucho para mí. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. Nathan -saludó Frank-. En su fuero interno. A veces. -Hola. La policía les avisó. La primera. Era cierto que había matado. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. al principio del telefonema de ayer. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . pero después ya no quisite hablar de él. y el papá de Jacob me lo dijo. que el sistema correccional para menores hacía criminales. De modo que sí. Pero no era un asesino.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. quisi era ayudarte. él mismo lo confesó. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo. que Nathan no era un peligro para la sociedad. Nathan". -¡Qué van a saber! -y Denise rió. -Estoy segura de eso. "Ahora tienes una nueva vida. Denise. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. Esta vez se sentía tranquilo. Esa noche. no los reformaba. había dicho. Yo tampoco quiero. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. igual que muchos radioescuchas. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. Jacob Protsky. si me conocieras mejor. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. Como madre que soy. y tu situación en realidad me conmueve. de Coronado. California. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. si te pregunto algo. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. Nathan respiró hondo. no creía una sola palabra de lo que dijiste. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. sin embargo. controlado. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. -Nathan." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. y el tren lo arrolló. hay mucha gente que no opina l o mismo. Un chico listo. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. -Estoy de acuerdo -terció Denise. El día anterior. yo e staba en casa de mi mejor amigo. Recu erda que. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. Nathan sonrió y estiró la espalda. Eran nuestros vecinos. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa.

dirán que yo soy el asesino. De pronto.. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo.. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. Aquella mañana. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva. alguien más lo in tentará. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. sobre todo. tendría otra oportunidad . creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida. -Siéntate -ordenó Warren. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. Nathan. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. reparó en un BMW descapotable. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. huye -¿Eh? ¡Ah!. -A los niños no. Aún había gente dispuesta a escuchar. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme. siempre estaba en juego su supervivencia. 55 Huye. ¡No me dig as que debo regresar. Si se esforzaba y decía la verdad. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara. y si la suerte lo acompañaba. se acercó a revisar el vehículo. en Jenkins Township. de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. Nathan. amiguito. al iniciar el turno.lo abrazó. no había el menor indicio de una sonris . Al llegar. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. A mí no. después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. Denise. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. Denise -declaró Nathan. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. Pero. En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . Nathan. Ya eres noticia. convencido-. Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. Nathan. Pensilvania. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. -El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. rojo cereza. Sólo pensaba. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. Siempre llevaba las de perder. Si regreso. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar. quizá otras personas también podrían. -A muchas personas les funciona. -A decir verdad. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. . sí. No volveré a menos que me a trapen. Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. Se veía despavorido.. si me defiendo y gano. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta. con la respiración agitada y las manos temblorosas. En el exterior. y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. se sintió in finitamente solo. H arry se sentó con la espalda erguida. Ya en su auto. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario. -Escucha. el catecis mo católico. nadie había mencionado un BMW robado. Así funciona el sistema. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. -No puedo regresar.

al tercer timbrazo. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. Yo cubriré las cosas aquí. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. y no podré volver a cubrirte las espaldas. -Sí. eh? -preguntó con voz apacible. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. Warren levantó el expediente. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. Encontraron el auto en Jenkins Township. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. Habla el sargento detective Hackner. Cuando el teléfono volvió a sonar. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. Otra más. ¿Quedó claro? -Sí. Nathan. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. -Jed. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. Voy para allá ahora mismo. Él era de lo s buenos y. Warren se retrepó en su sillón de vinilo. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . 56 Huye. Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. y una gran equivocación. Warren puso la mano sobre el auricular. -Sí. Thompkins -prosiguió Warren-. Harry miró al teniente a los ojos. huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. él no se había presentado. -Anímate. Pasaron unos cuantos segundos. El motivo de esta pequeña charla. al norte de Ha rrisburg. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. señor -masculló Harry. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. -Residencia de la familia Nicholson. soy Warren. Jed contestó. Warren se inclinó hacia adelante y. -¿Y bien. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. Pensilvania. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. con grandes aspavientos. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. que Warren le devolvió. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. 57 Huye. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. señor -repuso sin titubear. -Sí. ¿no es así? Harry asintió. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. -Ahora. Michaels era de los buenos. si estaba decepcionado de alguien. Harry salió y cerró la puerta. El corazón le palpitaba con rapidez. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio. Harry. Sin embargo. señor -respondió Harry. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. que rechinaba. Estamos en Estados Unidos.a. El teléfono sonó nuevamente. Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. se dijo. Los demás tenían razón. agente Tho mpkins. Nathan.

Esperaba ver al señor Petrelli con usted. Su Señoría. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas. Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia. Cuando subía al estrado. to dos los presentes guardaron silencio. furiosa. tenía un asp ecto cadavérico. Abrió su portafolios. Su Señoría. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. ¿no es así? Morin se puso de pie. -Sí. Stephanie sonrió. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. -Con esto se demuestran varios puntos. incómoda. En contraste con sus limitaciones físicas. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal. tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. según entiendo. Stephanie quedó boquiabierta. Morin sonrió afectadamen te. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. diez minutos antes de las cuatro. -En efecto. sin dar muestra al guna de tensión. Nathan. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. Pero estoy lista para proceder si n él. veo que está sola -reconoció. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. Investido como juez en 1955. Una vez concluidas las formalidades iniciales. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. -A decir verdad. seño Morin -indicó el juez. Señoría. irritado-. Al fin. les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. elegantes y muy bien pagados. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar.so perdido. Desde las nueve de la mañana. sus oponente s de Omega Broadcasting. -Señorita Buckman. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. Y. con un fino traje de Brooks Brothers-. Clarence O. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. la tenemos -respondió. sacó su s notas y empezó. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. encima. Verone giró la cabeza hacia la defensa. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. El primero. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. Señoría -concluyó el abogado Morin-. Con sus casi ochenta años. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. Puestos de pie. Su Señoría. el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. La fiscalía 58 Huye. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. -Su Señoría. yo también lo esperaba. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. que un buen . de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. Caminaba de un lado a otro por el pasillo.

se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior. Había decidido llevarse el arma. El Honda de la cochera complicaba las cosas. EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. Era de transmisión manual. todo po r su propia culpa. "Debe haber una salida. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. Infórmele que. y. alguna forma de ganarles la delantera. Por primera ocasión. Tiene que haberla. -Ese último comentario no viene al caso. de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. pero l sitio exacto. Hablarían con la gente. Necesitaba analizar su sit uación. Virginia. el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. los policías habían anulado su ventaja de dos días. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. ¿Quedó claro? -Sí. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles. Su Señoría -objetó Stephanie. pero no tardaría mucho. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. Tenia que escribir otra nota. La espera lo volvía loco. Señorita Buckman. mostrarían su fotografía.. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato." Volvió a sentarse e rguido. un grandísimo imbécil. En unas cuantas horas. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor. -Por el contrario . No era posible. . Nathan." Apagó el televisor. y había limpiado la cas a. se dijo. Lo sacó y se tendió en el sofá. sin duda. Nathan estaría pr eparado. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. lo meteré en la cárcel por desacato. con el arma apoyada sobre el pecho. con los pies descalzos plantados en el suelo. Pens ilvania. Pese a sus reflexiones y planes. y el segundo. no tenía relación alguna con el mundo real. lo declararían culpable y. . Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo. Se dejó caer en el sofá. señor -respondió Stephanie. Sólo esperaba recordar cómo. Buscó des esperado alguna solución. La ropa estaba lavada. en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual. quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. ha sido localizado. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. Cuando el sujeto oyera las noticia s. vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. si intenta otra jugarreta como ésta. Era u n idiota. Si algún maleante lo elegía como su presa. señorita Buckman. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. y debía aguardar. lo encarcelarían por el resto de su vida. De hecho. Aun en los días más oscuros. lo recordaría. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. Faltaban tres horas para el anochecer. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. "Piensa". pese a todas sus oraciones. Según fuentes policíacas. Todo y to dos lo habían abandonado. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios.

Entre las sombras del anochecer. Habían estado a cinco metros de él. Nathan. 61 Huye. súbitamente. Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. se lo informaría. pero ninguno de ellos había visto nada. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. un instante más tarde. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. si alguien sabía algo. Durante largo rato. Los labios comenzaron a temblarle. Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. no más golpizas. Vistas de cerca. algún día. ah ora ya había motivo de esperanza. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. No podría haberse movido aun que lo deseara. Uno. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. se permitió fantasear en que también encontraría al niño.. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Nathan permaneció inmóvil en el piso. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa. En las casas donde no encontró a nadie. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro.. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. y no lo encontraron. Casi podía sentir la calidez de su abrazo. se veía malévolo. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. Greg no se desalentó. dio media vuelta y se alejó. y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. sabía reco nocer las casas desocupadas. Podría conocer a su madre. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. Sí. Esperaba poder contarlo algún día. huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir. Todavía amartillado y li sto para disparar. El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino . Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. -Ya me descubrieron -susurró. Después de unos quince segundos. vivo por fuera pero muerto por dentro. Por segunda ocasión en dos días. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. Estas cosas implican tiempo. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable. las b alas eran grandes. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. Si él hubiera estado en los zapatos del chico.. donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. Sería feliz. dos. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. ¿o no? No más persecuciones. Confiaba en que. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. Empero.. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. huye a sonreírle. reconoció la ver . Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. y eso significaba Little Rocky Creek. no hubo reacción alguna. Su padre volvería 60 Huye. Llamó a la puerta por mero formalismo. Greg intuía que estaba cerca. oler su perfume celestial. todos ellos con una fotografía de Nathan. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. no más soledad. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero. GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. El problema era la hora. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. La muerte era una forma de libertad. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. Sin embargo.Esta vez. Nathan. Sería libre.

-¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. -Señorita Cahill.. gracias. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar. compañer a. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. ¿acaso cree usted que.. donde pudiera verse a través de la mirilla. señorita. con el dorso de las manos en los ojos. Vaya nombre. Po favor -suplicó más tranquila-. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. Nathan dejó caer el arma en la alfombra y. -Bueno. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. Nathan. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-. -Mitsy -lo corrigió ella. -Por supuesto que no. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. pero no pue do. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta.. La suposición de Jed no podía ser más errada. A CASI doscientos kilómetros de distancia. de unos veinticinco años. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una. señorita. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy. cos . -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-. pero. Me agrada t ener compañía. Mire usted. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas. No obstante..? 62 Huye. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento. Si alguien le hub iera colmado la paciencia. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-.. -Cahill. -Señorita Cahill. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. Al cruzar el umbral de la puerta. eh. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. Joven.. Le recordaba una vieja canción.. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed...güenza de lo que había estado a punto de cometer.. Se llamaba Misty. -No.. sé que esto no es agradable. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. -No es sólo una víctima inocente. ¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. Por favor. llámeme Mitsy. Cuando volvió a mirar a Jed. Por favor. Sin embargo. formulada sin ambages. eso es lo que estamos investigando. No había r egistro alguno de que tuviera esposa. el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada. sostuvo la placa junto a la cara. Al llamar a la p uerta de chapa de madera. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. póngase cómodo. pero no bebió. y ella las enjugó con los dedos. -No entiendo.. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. -De hecho. s e veía enojada. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo. Jed se sentó en el viejo sillón. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso . rompió a llorar. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano. Respiró hondo. ¿verdad? Esa pregunta. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar. Misty. en algún momento posterior. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky.. podría pasar cualquier cosa. Ya era hora de que vinieran. Contempló un rato la botella de cerveza. Sién tese y hable conmigo. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado. Mitsy Cahill. -Muy bien..

-Ya se lo dije. la camiseta de algún equipo deportivo. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. En cuanto Todd viera la fot ografía. Sin embargo. celebrando su inmi nente victoria. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf. Y. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. Tenía ante sí mucha información nuev . y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda. -Es él -aseguró Todd-. pero no sabía qué hacer con ella. Su tono era brusco y apremiante. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. 63 Huye. La esposa de Todd. Y el cabello era igua l. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. en casa de los Nicholso n. Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. amable-. creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. -Hasta donde pude ver. Nathan. En un arranque de inspiración. -No tengo idea. huye -En honor a la verdad. encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. a mí -concluyó e n un susurro. de una camiseta de los Toros de Chicago. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. Fuera lo que fuera. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. Según los informes procedentes de Virginia. Nathan Bailey se había apoderado. Su aceleración no er a precisamente uniforme. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. Debemos llamar a la policía. La otra parecía extraída de un vídeo. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta.as de Ricky. era un boleto abierto. de eso estoy s eguro. No recuerdo de cuál. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. Finalme nte. Rasgo p or rasgo. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. hace como una semana. 64 . no lo sé. pero tampoco era tan irregular como había temido. por supuesto. lo sabría con certeza. ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so. AL FIN oscureció. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. Llevaba pantalones cortos.

dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. las luces altas de su auto. Nathan. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. Lo siento. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. Era sólo una sala a oscuras. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino. -Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. En el resplandor tenue de la luz. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. 12 EN LA OSCURIDAD. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos. sostenida en ángulo recto frente a él. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. Sin saber con certeza qué buscaba. a nivel del piso. se había hecho de un arma. Acabo de recordar que los Grimes. El arma era una extensión del brazo de recho. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. una familia de la otra calle. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta.. -Sí. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. pero fue inútil. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. o más bien le pareció haberlo percibido. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. que parecían intactas. bajó por el hueco de la ventana. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. Durante los últimos ocho kilómetros.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. salieron de vacaciones. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. 65 Huye.. Greg se movía como una araña dentro de la casa. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. El tipo seguía ahí. que . reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral. Al acercarse a la puert a principal. porque vio movimiento a través de las cortina s. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara.Huye. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia. nada parecía fuera de sitio. A petición de Gr eg. El patio trasero se veía igual. -¡Si seré. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. sin cruzar nunca l os pies. Estaba cruzando la calle. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. Nathan. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. -En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. y también aceleró en un intento por perderlo. De modo casi inconsciente. -Señor Bris cow -empezó a decir. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. por cierto.

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

La pistola cayó al piso. A pareció rápidamente y rodeó la puerta. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. Al parecer. -Buenos días -saludó Pointer animado-. Quizá podría. Nathan. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. No era muy grande. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. Otra vez. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. Pointer no respondió. no hay nadie más que el chico y yo. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. más le irritaba el día que tenía por delante. -Sí. El lugar se ve vacío. sólo se agachó para re el arma. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. No logró identificarlo. la bala ya iba en camino. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba. P arece una noche muy tranquila. Nathan se preparó p ara dar el segundo..rota como si estuviera íntegra. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. A LAS CUATRO y media de la mañana. como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. "Tal vez pueda alzar el catre". Soy policía del condado de Braddock. Watts sonrió. pero sí pesada. En cuanto pronunció aquellas palabras. sintió que la sangre se le heló en las venas.. atrapamos al maleante. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. pero no se disparó. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. Esto no podía estar o curriéndole. El "policía" cayó desmayado. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. En este caso. Otra vez. ¡Pum!Otra vez. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. Vio el arma entrar primero. huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones. 70 Huye. Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. El pánico invadió a Nathan. Eran raros los visitantes a esa hora. Un arma. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche. ¡pum!. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. sino que tuvo más resonancia. se dio cuenta de su grave error. Sólo vine para dar una mano. Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. Se oyó una llave en la cerradura. amiguito -rió Pointer. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. Er a innegable que algo estaba sucediendo. Tenía que huir. El ves . Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. señor. pre parándose para disparar. pensó Nathan. -En efecto. tomó la pistola y giró. Cu ando logró entender. Tras un primer golpe. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. la pesadilla todavía no terminaba. -¿Quién es usted? -gritó.

la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía. Cuando corría por el pueblo. empezó a maquinar un plan. pero los 72 Huye. Nathan. -Has sido un niño malo.tíbulo estaba desierto. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. En el escritorio. la estructu ra más prominente en el centro. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. que estaba ubicado en el campo. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. Nathan -se burló en voz alta. 71 Huye. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. con la cabeza c aída sobre el pecho. se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. Nathan. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. pero cuando aparecieron. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo. Pointer se quejó en voz alta. Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. dominado por escaparates y callejones. llegaron por montones. de lo que s in duda era la plaza principal. Por lo pronto. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. El señor Slater no estaría muy complacido. Nathan no sabía qué hacer. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. No le costó mucho traba jo sonar convincente. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. De haberlo sabido. En retrospectiva. parecido a un lápiz gigante. Era muy fácil. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. que se guardó bajo el brazo. Al ver la prueba física ahí. La gente ya creía que Nathan era un asesino. Ocasionalmente. Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. adoptó la posición de tirador. veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. los ojos no la dejaron tras lucir. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. Volvió a quejarse. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. y las puertas abiertas de par en par. De hecho.

Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. -Ni siquiera pudieron defenderse. Realmente me tragué la histori a del chico. por fortuna. Después de colgar. "Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. Brian jamás habría podido matar a un hombre. Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. lo oyera. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. desde luego. sitios siemp re oscuros y húmedos. Escucha. Ya los tribunales decidirían su destino. huye Entonces. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian. en el condado de Pitcairn. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. estaba abierta. Y. tras la brutal ejecución de sus dos captores. Warren viviría en paz con el resultado. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. Nathan. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-. -Creo que todos abogábamos por Nathan." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. Después de todo. 73 Huye. Nathan no era su hijo. la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. P rimero incorporó el ruido a un sueño. Jed. aunque. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. tanto reales como imaginarias. y terminó con el tiroteo-. Warren. por el momento. Warren guardó silencio largo rato. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. -Hola. que dormía profundamente.o eran viables." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. por supuesto. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. En cuanto vio la puerta. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. Mientras trataba de idear un nuevo plan. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. Mas. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. no podía quedarse donde estaba. reconoció que había descubierto su única opción. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. -¡No! -musitó. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. -¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. pero vaciló ante s de moverse. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas. Y cayeran los dados com o cayeran. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. Y. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos. lo hizo estremecerse. Jed lo entendió. Warren se quedó inmóvil un momento. -Ya que estoy aquí. no era el padre del pequeño. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto.

En aquel momento. -Quinientos mil dólares son mucho dinero. En aquélla siempre había algo bueno que comer. Lyle llamará esta mañana. Cuando su mamá estaba en casa. esperando a que se reconociera su presencia. protección. -Sí. y después los ajusticiaba. Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. Cuan do llame. tal como usted le dijo a Pointer ayer. Sammy. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. Sammy. su fiel lugarteniente. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. Sammy. Aquello no tenía sentido. Tenía sus libros y su televisor. por otra parte. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. Ya era bastante con el guardia de la prisión. Sammy se aclaró la garganta. huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. por lo pronto. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. señor Slater . En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. Permaneció unos instantes d e pie. claro. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. como perros. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. Enseguida. inmóvil. Debemos sacrificar a Pointer. -Está claro. 74 Huye. -Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. -Sí. El propio Lyle. A los diez años. -Sí. con las manos en alto. pero. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. porque trabajaba todo el tiempo. serena y metód icamente. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. Denise trató de imag inarse a Nathan. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. Pero lo peor era la soledad. en la que Nathan era la verda dera víctima. Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. era un verdadero horn o. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. Sin embargo. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . pero algo en todo esto no cuadraba. El departamento de Billy. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. Si alguien se pasaba de la raya. lo son. El señor Siater lo hizo callar con un ademán. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. lo ponía en orden.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris. uno s animales torpes e incompetentes. incluso para pasar por cómica. Hoy mató a dos policías. además. J. Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. quiero hablar con él. Nathan. Tenemos que detenerlo. Hay que hacer lo que hay que hacer. No vale la pe na. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. señor. -Sí. Y. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. Esta imagen resultaba demasiado absurda.

Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. se inyectaban o a veces morían. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. Billy no perdió tiempo. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli. Las ca mionetas de la prensa. Billy le explicó todo. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo.. con antenas parabólicas sobre el techo. pero tenemos un televisor. pero no lo logró. y hay algunos juegos y juguetes. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. será mejor que salga. Daniel Petrelli al grupo-. que ya daba audiencia en el ves tíbulo. -Lamento los problemas. que se puso de pie muy despacio. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. ¿verdad? 75 Huye. -Todo el mundo sabe quién eres. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. sea quien sea. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. seguramente te agarrarán. Nathan. el lugar estaba atestado de periodistas. -Eres Nathan. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. Salvo por algunos problemas en este caso. S.. Todos andan buscándome. -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli.. -Todavía no lo sé. -La policía. No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días. si a eso te refieres. ¿Qu.basura al sótano. Algunas cajas del rincón se movieron. No hay mucha comida. Billy había visto las noticias aquella mañana. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. -Entonces. Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí. Expert . Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. Una tras otra. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez. Nathan. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. J. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. Ahora sí. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez.. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. El sótano de su edificio era un lugar oscuro. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. ceñudo. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. 76 Huye. aterrado. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan. huye Warren le dirigió una mirada fulminante.

Volvió su atención hacia Murphy. seguido de Petrelli. Nathan. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. Ya no quiero oír tus excusas. deberá ser cuidadoso. de unos veinte años de edad-. Sino. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes.. elimínelo. Lo comunicaron de inmediato. y lo enfrentaré a mi modo. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. te rminará frío. El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. Me refiero a que es un niño. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo. señores -concluyó Petrelli-. Por lo pronto ven aquí. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. -Ahí lo tienen. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía. sin usarse. Es muy sencillo. Lyle -ordenó el señor Slater-. teniente Michaels. señor Slater explicó Pointer. La prueba física circunstancial era innegable.. sorprendido por el temblor de su propia voz-. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. Warren estaba horrorizado. así será.o en fingir sordera. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. Se habían hecho tres disparos. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. pero así es. y colegas de ustedes. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy. Si se siente amenazado. huye Sin decir más. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato. como si ya estuviera muerto.? -Ya nos encargaremos de él. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. Murphy se dejó llevar por la ira. teniente. Ahora es mi caso. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. -Mire. todos letales. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. Sin embargo. Cuando lo arresten. Lyle? -Sí. a las cinco. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . teniente -respondió con paciencia-. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . -Esta madrugada. -Oye. Pero la decisión n o depende de mí. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. sin embargo. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. -Petrelli. -Alguacil -lo recrimi nó-. ¿Entendiste. age nte. En respuesta a su pregunta. sí. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. Lyle. -Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. Eso es todo. L a puntería era asombrosa. Petrelli estaba listo para responder. sí lo es! -de pronto. Pointer no podía controlar la respiración. No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. era un profesional. Si matan al niño será porque se lo mere cía. Ese animal mató a dos de mis homb res. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. tiene luz verde. Podía haber tenido otra. Eso s hombres eran mis amigos. señor -respondió Pointer con voz ahogada. Si ust edes no hubieran fallado así. -Cállate. Ésas son sus órdenes. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a. Si representa una amenaza. Si pueden atrapar al chico vivo. Necesitamos discutir algunas cosas. 77 Huye. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño. -No me diga cómo manejar mi jefatura. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. agente.

ocupado con el papeleo. -Creo que no hay duda -afirmó Warren. Y dígame dónde hay un teléfono. y oigo d isparos en el pasillo. Jed vio claro. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento. -Agente. correría por el pasillo con el arma desenfundada. Las piezas caían en su sitio. d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. pero piensa. habría tenido acceso al pasillo. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. pensó Warren. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. Así que investiga sus antecedentes financieros. Así que. Con la puerta de la ce lda abierta. Eso sí era lógico. -Muy bien -dijo en voz alta-. A menos que. pero al menos las cosas serían más congruentes. -No tengo la menor idea. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. 78 Huye. ún icamente se está defendiendo. aunque no hemos conse guido gran cosa. ¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. la mente se le iluminó.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. ni siquiera desenfundó. tal vez notendr ía. Precisamente quiero que lo averigües. Oye. pensativo-. no to do el sistema. -Sí -declaró el agente.. Bueno.. no lo tiene -asintió Warren. tendido ya en el piso. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. Su voz desbordaba alegría-. huye Warren asintió. -¿Un matón profesional? Warren. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. En un solo momento de inspiración. todos le desagradaban. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. Como mínimo. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros. Esto va más allá de lo s asesinatos. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. todo lo demás encaja a la perfección. Simplemente se interpusieron en su camino. Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. de un modo u otro. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. Br . Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. Y. -Con el debido respeto. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. Nathan. Entonces. Si un policía oye disparos. Nathan. ¿estás se uro? -Piénsalo. -No. Jed -lo apremió Michaels-. 79 Huye. Warren. Trata de identificar a la persona que le pagó. No tengo idea -admitió Warren-. -En efecto. Primero el tiro en el pecho y luego. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. Estoy sentado aquí. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. desenfunda . -Mi duda es la siguiente. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven. Como reacción al ruido . Sí. un disparo a la cabe za. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. Este niño no es un asesino. -¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. Reacciona. no se queda sentado. para empezar. De pronto. -Supongamos que. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. Tenía el logotipo de un banco. además. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. Correcto. Alguien tuvo que pagarle. Nathan había sometido a Schmidtt.

Te comunicaré enseguida. contestó una voz familiar. . si me eq uivoco en este caso. -Aquí vamos. -No lo dudo -farfulló el niño-. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño. No había nadie que pudiera oírlo. -Sí. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. q ue por eso 80 Huye. -Hola. sólo dinos lo que pasó. jefe. todos cambiaremos de puesto. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. Creo que est oy en deuda con él. y Ricky. Tal vez haya algo. -Tad. Enrique reconoció la voz. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. Nathan obedeció. -Y otra cosa. -Muy bien. Pero. -En efect o -reconoció con aire jovial-. yo no maté a los policías. -¿Qué tal. -Espera un instante. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. -Eso supongo. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. Nathan.. huye Harris trató de asesinarle. -El hospital de Braddock. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. Tad no dijo palabra. Ahora. nadie era tan amable con nosotros. o incluso de trabajo. Estaba al aire. Por favor. Cuando terminemos con ese asunto. Creo que acaban de llegar. -Nathan Bailey. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. no dices nada y. pues tengo otra teoría. -Muy bien. Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora. -En otro tiempo -sonrió J ed-. Nathan. cariño. -De acuerdo. después . quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. Sin embargo. Empieza por ahí. ¿eres tú? -preguntó Denise.. -¿Eso es qué? Harry no respondió. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. y. -De acuerdo. Necesito hablar con Denise. la recuerdo -lo interrumpió. Harry fue directo al grano. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro. por favor -pidió después de una breve pausa-. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. Servicio de urgencias. si a eso te refi eres. manos a la obra. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. -¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido.addock Bank and Trust-. el villano. hasta que al fin pudo comunicarse. y nadie hubiera objetado-. Después de treinta timbrazos. Yo te creo -lo consoló-. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. Harry respiró profundamente. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. ¿verdad? -Sí. lo sé -rió Warren-. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. Se hizo una pausa. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. -Me da gusto oírlo.

estaba el nexo. lo felic itaron por su disposición para colaborar. Virginia. que ya se dirigía a la puerta-. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. Cerró la puerta y descolgó. Todd sonaba como un perro jadeante. Ahí. sargento -respondió Harry. Pointer empezó a concebir un plan. en el condado Pitcairn. y ese tra bajo estaba ahí. Las dos pri mera noches. ¿Habría robado otro auto? Era posible. DE UN MODO u otro. -¿Sabe? Antes de que colguemos. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. se preguntó. -Sí. habla Larry Vincent. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. A los oídos de Pointer. matar siempre había sido un negocio . Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. ¿no e a así? Sí. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. estaba muy equivocado. Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. Quiero decirle. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin. De hecho. así era. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. casi corrió a su despacho. me pregunt . -Señor Briscow. Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. Jed lo siguió. Se lo explicaré en el auto. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos.. de la oficina del señor Petrelli -mintió-. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. Lo tenía delante. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey. Jamás volveremos a hacerlo. efusivo. Todd Briscow. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites.-Tal vez un matón profesional.. que empezó a volverse bochornosa. doc -dijo Harry. Silencio. a nombre del señor Petrelli. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. Pero esa madrugad a fue distinto. -Vamos. de nada. Sólo hizo tres. e n la página del diario. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. 81 Huye. -Un millón de gracias. PARA SU GRAN alivio. -Habla Todd Briscow. De pronto se convirtió en algo personal. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. -En realidad no fue nada -respondió Todd. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. El radio. Eso significaba que s eguía a pie. huye Nathan Bailey le había robado su honor. Trabajaba para la compañía telefónica. Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. Hasta ese momento. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. Nathan. Lyle tenía un trabajo pendiente. -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. sí. pero las veces anteriores había tenido las llaves. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. El testigo. e n algún sitio. para dar por terminada la conv ersación. Cuanto más decía.

Steve tenía t odo. según descubrió Mark. La ironía era en verdad delici osa. además. La venganza era placer de dios es. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. El dinero de verdad. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer. La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. Cuando el viejo murió. nada. huye los dieciocho años. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. Usted sabe que. Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. Un año antes. "Porque lo digo yo". Querría compartir la gloria con un amigo. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto. esos quinientos mil podían convertirse en . Pointer se lo pidió. "¿Por qué a mí?". Todo eso costaba dinero. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. zalamero-.. La mirada del enano miserable lo dijo to do. Nathan. naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. Salvo que no había tal dinero. 82 Huye. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. Necesitamos su ayuda por última vez. pero Mark no. volvería a ser coherente en pocas horas. Y.. Todd no supo qué contestar. su hermano perfecto. señor Briscow. Y aunque se permitió.. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. oprimido por la sombra de Steve. y usted tiene la clave para hallarlo. mucho dinero. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. No. comprendió lo que había sucedido. Pe ro lo decía absolutamente en serio. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. su testamento quedó forjado en hierro. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. por supuesto. Y luego. huye -Lo siento. Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra. Por supuesto. Mark. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. Y. dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. En lugar de compartirla. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. Incluso Nathan recibió una buena porción. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. Tras acabarse la enésima botella de whisky. pero no es posible. el dinero de su querido viejo. tan en serio como un ataque cardiaco. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. pero se acabó muy pronto. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. -De acuerdo -reconoció Pointer-.aba si podría hacerme un favor. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. Está pidiéndome que viole la ley. Si la historia se re petía. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. estaba en el negocio de la importación. -Vamos.. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. señor Briscow. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. señor Vincent. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa. inmutable. durante un instante. Nathan.

Entre ellos. Tu familia tiene millones. Antes de que te rebane el gaznate. veinte mil dólares. Ricky sólo tenía que liquidar al . y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. explicó con gran aplomo. pero Mark reconoció l a verdad.más de cinco millones. empezaron los problemas para él. le aseguró. Tendría todo resuelto de por vida. -¿Sabes. Pero. Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. Cuando terminó. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. Según le explicó. El resto fue asombrosamente sencillo. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. Pero el reloj seguía su marcha. el legado se entregará al padre del difunto o. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark." 84 Huye. Lyle Pointer había descubierto la mentira. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. también había una cláusula de excepción. Sí había un modo. Treinta días después. Nathan. En las calles. en partes proporcionales. Pointer ya tenía un plan. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. Cuando el av ión no regresó. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. investigué un poco sobre ti. Comprendió que. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. Eres g ente de dinero. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. y Nathan era el único. Mientras tanto. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. Mark aún sentía el dolor. Pointer se rió de él. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. De pronto. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. en algún lugar. Si n embargo. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. Empero. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo. para e l día treinta y uno. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. Dejaría que Mark viviera un poco más. eso no servía. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos. y entregarlos al día siguiente como anticipo. En el transcurso de la velada. Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. Mark se encargaría de los detalles. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. No. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. Mark pidió sólo un poco de tiempo. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. susurró jadeante. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. Valuado en poco más de tres millones de dólares. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción.

cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey . -¿Qué quiere? -preguntó Mark. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. que trató de abrirlo. Está en la sala. Harry la detuvo con el hombro. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. todos abiertos en artícu . inspeccionó el resto de la sala. Era un hombre corpulent o. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. lo encontré -anunció Harry. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared. El hombre entró sin esperar a ser invitado. apuntando con la pistola en ambas manos. listo para entrar en acción. Harry lo siguió. No hubo respuesta. Es un presentimiento. Como no cedió. El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. -¿El asesino se fue? -preguntó. -Sargento. Todas las persianas están cerradas. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. Mark -respondió-. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. Era c erca del mediodía. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. Parece una casa abandonada. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. dirigiéndose a Harry. pareció entusiasmado. y.. muerto. poco arriba del picaporte. Harry asintió con la cabeza. -Sí.. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala. -¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. de unos sesenta y tres años. bastante alterado-. Así empezó. Mientras esperaba en l a línea. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. Se separaron. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala. -¡Mark Bailey. hacia el porche. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero. Jed llamó con varios golpes fuertes. nada se movió e n el interior de la casa. Con tres rápidas zancadas. Yo iré arriba. ligeramente inclinado. -No lo sé -su urró Jed-. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. sin embargo. El lugar está limpio. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados . se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. Jed corrió escaleras abajo. que estaba a su derecha. El señor Slater te manda saludos. en particular le llamó la atención el televiso r roto. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. -Vine a hablar contigo. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. Algo no andaba bien.chico y largarse del país. Frente a la entrada había un a Ford Bronco. Harry podía cubrir el pasillo del frente. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. Y en ese momento. ¡Abra la puerta! Pese al ruido.85 Huye. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. Nathan. al lado d el picaporte. nada se movió. mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya. Tenía la boca abierta. Como s i la hubieran abierto con dinamita. En el mismo sitio que ayer. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. De pie a un lado de las bisagras. es la policía! -gritó Jed-. -Es su vehículo -señaló Harry-. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta. mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta.

oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. los ojos se posaron en un montón de papeles. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo. teniente? -ofreció Murphy. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. documentos legales. Nathan. A Warren no le quedaba nada por hacer. "Para estos dos. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. Puedo conseguirle una escolta. después de escuchar a Warren-. ¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. Cuando daba media vuelta para retirarse. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él. ¡Usted les dio autorización para dispararle. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. -Mire. -¿Qué encontró. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía. encargado de la investigación. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. Petrelli ro mpió el silencio. 86 Huye. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. Si Petrelli desacreditab a a Warren. Habla Julie -le dijo una voz al oído." Como Warren no contestó. -¿Qué dices. -Warren. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. Stephanie -dijo. -¿Por qué mejor no te mueres. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-. no a una víctima llamada Nathan. el punto en discusión no era la objetividad. Teniente Michaels. "Es inútil". había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. no obstante. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. Esta vez. sargent -preguntó Harry. Nathan. lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. huye -El móvil -declaró Jed. Warren empezó a atar cabos. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. Así. J. se dijo. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos. Cuando vio el . -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy.los que hablaban de Nathan. Jed le pidió que esperara un momento. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. creo que e sta reunión ya terminó. -Entiende. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. En ese momento sonó e l teléfono-. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. Sin embargo. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. ni dio muestra alguna de pretender contestar. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. hojeó al descuido las hojas engranadas. -Oficina del forense. encaramado como una cotorra junto a su colega. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. tras oír un largo rato-. Warren no debía seguir adelante con el caso. Warren? -insistió Petrelll-. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. A la mitad del segundo párrafo. Como no tenía na da mejor que hacer. Están buscando a un asesino llamado N athan. tajante. te di go que yo no llamé a nadie. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación.

huye -Nathan. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. Sólo debes confiar en mí. -Sí.? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. Ahora. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan . sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. el chico no tuvo una respuesta ensayada. -No lo sabes -repuso Warren-. de la policía del condado de Braddock. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. el pulso se le aceleró. ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-. Lo único que necesito es ese número. Se oyó un clic y. pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo. En caso de que no se haya en terado. señor. -Déme el número -exigió. Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. -Step hanie. Tras una larga vacilación. ¿por qué. cualquier prueba será inválida. enseguida. sería el primer medio minuto en q . soy uno de los buenos. Pero. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia. sí.. -Mire. Tendré mucho gu sto en explicarle después. -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido. l a voz de Warren se incorporó a la conversación. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise.. al menos. -Un momento. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago. hijo.panorama completo. El tipo que lo pidió es el asesino. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento. Nathan corre un grave peligro. Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. señora. habla la operadora. a menos que quiera oír el tono de marcar. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. En ge neral. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. si los agentes de la policía qu erían matar a alguien. pero. teniente -protestó Denise-. Esto es asunto de vida o muerte . -De acuerdo. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. Hi jo. ganaron -confirmó Warren-. abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. -No me importa -aseguró Warren-. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. ayer ganamos la demanda. -Sí. Nathan palideció.. -No. pero yo seguiré oyendo. -Ya sabe que si usted usa esta información. Adelante.. Warren no había pla do tanto.. 88 Huye.. Tienen treinta segundos para ustedes solos. Nathan. Aunque no lo creas. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria.. Stephanie. tienes que salir ahora mismo de donde estás. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o. Stephanie se lo dio. -Teniente. ¿no es así? -S. Probablemente hace más de veinte minutos. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí.. una víctima en potencia. déme el número. necesito ese número. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley... el temor. en tono suplicante y amabl e. En todos sus años de trabajar en la radio. Por favor . habla el teniente Michaels. -De acuerdo -accedió-. no lo sé con exactitud. Sin decir palabra. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. Y. por el momento.

¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. amigos -les indicó Denise-. Ahora. -Todo el mundo conoce tu cara. se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. Tambaleante. Iba vestido con uniforme de policía. -Por fin la fuga ha terminado. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior. Por último. Tienes que confi ar en alguien. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. y yo soy tu única opción. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. Rodó hacia la izquierda. vamos a comerciales. a diez centímetros de él. Sí. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. la conozco. El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. y salió por la puerta del departamento. -Ve allá y nos encontraremos. Parezco policía. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. Debo irme ya -concluyó. Cuando llegó abajo. Su tiempo ya está corriendo. pero ganaba terreno con rapid ez. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. -Adelante. Pointer venía dos pisos atrás. -Gracias. Nathan no se detuvo. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. -Gracias -repitió. Después. Me d a buena suerte. Sintió un frío extraño. Nathan comprendió que estab a en problemas. Me reconocerás. Nathan. Nathan! -lo llamó una voz. Antes del último disparo. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. -Toma. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. Enrique. Impulsado p or el miedo. 89 Huye. Nathan sonrió. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-. Billy -se despidió-. uno de los Hombres X. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. Nathan -concluyó Warren Michaels-. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. Te lo agr adezco. -¡Oye. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto. No tenías que ayudarme. Faltaban sól o cinco metros. A un tiempo. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. Trece pasos ad . Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. y que la policía no estaba implic ada en ella. -¿Confias en él? -preguntó Billy. traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. amigo. Primero que nada.ue tendría las orejas descubiertas. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto.

se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. con un movimiento suave pero muy estudiado. Respiraba agitadamente. Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas. Nathan se dijo que se había librado del hombre. lo primordial era seguir con vida. Después de contar hasta dos. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. 90 Huye. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. Las sirenas estaban muy cerc a. el primer autopatrulla apareció por la esquina. el resto del grupo invadió el departamento. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. así como las polillas siguen la luz. unos trece vehículos policíacos. . cuyos elementos ll egaron uno por uno. c on la esperanza de pasar inadvertido. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. Con éstas bajo control. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. Ya no estaba evitando que lo capturaran. en la sala. huye Todo había cambiado. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. Entonces. Nathan. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida. Mientras Nathan corría. El oficial Steadman. de aproxima damente diez años de edad. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. estaba tendido en un sofá. Están saliendo en televisión. Nathan. festivo-. El arresto sería váli do. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. un niño negro. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. Cada vez que miraba sobre el hombro. Podía verlo en los ojos de las personas. Ahí estaba. no veía rastro de Pointer. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. -¡Hola. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. 91 Huye. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. El pequeño se incorporó y les sonr ió. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. Cuando creyó que era seguro descansar. Y. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado.elante. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. Mantenerse libre se volvió s ecundario. mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. donde todo había empezado. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. listos para disparar. que era el principal francotirador del grupo. Si el chiquillo se mostraba agresivo. Sabían que había mat ado a Ricky. Una vez que llegaron al s exto piso. cada quien en su propio vehículo. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. amigos! -los saludó Billy. para detener a Nathan Bai ley. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. pero donde pensaba que podían verlo. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. reducía el paso hasta una marcha rápida. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios.

tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. Cuando los brazos se aflojaron un poco. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. Calculó que serían unos tres minutos más. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. el chiquillo era rápido. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. -Se acabó. Al p rincipio. NATHAN SE ACERCABA. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. -¡Suélteme! -gritó Nathan. pe no logró obligarse a tocarlo. Estaba cerca y lo sabía. Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. Empero. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. éste lo soltó. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños.. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. unos diez centímetros abajo de la axila . ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. -¡Alto ahí. manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares. La prenda e staba sucia. Sin embargo. Nathan cayó de pie y se agazapó. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. 92 Huye. en este día no era sino otro dolor.C. pero si n correr. Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn. -¡Oye. -¡Oye. Arriba. Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. habría oído al entrometido gritar su nombre. Nathan empezó a zafarse. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones. El niño avanzaba sin precipitación. en el suelo. de modo que no podía apuntarle y dis parar. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. Nathan. era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. Consciente de que debía proseguir. D. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. sin conta r el aguiero de bala. niño. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". Caminaba de prisa. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. preparado para defenderse del siguiente atacan te. gemía en voz alta. En Washington.Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. El hombretón. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire. . señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. No le dolía más que un raspón profundo. resultante de un ataque más de un adulto más. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado. Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción.

NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. el detective parecía inquieto. Nathan vio su mirada bondadosa. Denise lloraba. La carrera continuaba. Y. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. -¡FUE ÉL. Desde ahí. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó. resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. Pointer echó a correr detrás de él. y ahí estaba el asesino. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa. Por el modo en qu e actuaba el teniente. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. -Soy policía del condado de Braddock. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. -¡Yo no hice nada! -gritó. Pointer sintió que se ruborizaba. a esa distancia.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. Decidió llevar la farsa un poco más lejos. algo que jamás había hecho al aire. también se explic aba su intenso afán protector. Durante los últimos diez minutos. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. ¡Rayos! ¿Dónd . Fue él quien mató a los policías. haciendo una seña con el cañón del arma. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-. con Steadman y a en su puesto. así. niño -ordenó. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia. el sujeto no podía fallar el tiro. -Tírate al piso. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. -Corre. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. cariño -suplicó-. Nathan había ganado unos doce metros. El policía acaba de disparar a dos personas. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. Creo que puedo resolver este problema. Se acu clilló. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. agente -continuó Kassablan. no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. implorando ayuda con los ojos-. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. Nathan corre por la calle. El abogado cayó de bruces. 93 Huye. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. pero no lo dejaron. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. ¡Por favor. Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . afable-. tratand o de escapar. Nathan trató de colarse entre las personas. conocido en clave como Paco Uno. -No reconozco su uniforme. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. allá se busca a este jovenci to por asesinato. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. Nathan. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. Ambos sabían que. Virginia -explicó-. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. Soy abogado. Al menos. -Yo también -s iscó Pointer-. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. El arresto se llevaría a cabo pronto y. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. G iró sobre los talones. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. En menos de diez segu ndos.

ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. Por cierto. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. con jersey de un equipo de fútbol americano. distinguió a un hombre con un arma. Paco Uno. EN LA CAMIONETA de mando. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. Steadman colocó el rifle en posición. cerdo. y éste era su última cart a para negociar. Al fin había llegado su momento. y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento.stán losver dader os policías? 94 Huye. se supo perdido. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . -Pésimas -respondió-. podía . listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. huye EN LA CAMIONETA de mando. Antes de que W arren pudiera reaccionar. pero las piernas no le respondieron. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. después. cualquier suspiro. Un policía uniformado. Al oír la segunda. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. un movimiento repentino del objetivo. -Aquí comandante a Paco Uno. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. Murphy golpeó con el puño. Warren corrió otros diez metros. A esa distancia. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. apareció en su campo de visión. Esta vez. NATHAN NO PODÍA re spirar. De lo contrario. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. NATHAN TRATÓ de acelerar. DESDE SU SITIO. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. El hombre tenía una mirad a amable y triste. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. pero lo detuvo una potente bofetada. Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. camisa azu l y corbata de rayas. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. deteniéndolo con el brazo izquierdo. -PACO UNO a comandante. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica. Suéltelo y vivirá. 95 Huye. vio el uniforme extraño. entre la niebla y el dolor. a menos que el niño amenace a alguien. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. pero el blanco era difíci l. Nathan. venía apenas unos pasos detrás. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. comprendió lo que ocurría. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. -¡Atrás. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. al que no reconoció. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. Con los pies en el aire. -¡Policía! -le gritó al impostor-. vestido con traje marrón. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. un minuto después. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. Delante de él. Al principio. Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. Parecía un buen tipo. Nathan. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. Intentó tirar un puñetazo. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. Steadman sonrió. Ya no tenía aliento para pedir ayuda.

Entonces Nathan recordó su cara en la televisión. Y el tipo le sonreía. Brindo porque otra vez seas un niño. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. acercánd ose un paso más. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos. El disparo fue perfecto. Los ojos de Nathan estaban desorbitados. h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama. Nathan. y tiró de l gatillo. Ante millones de telespectadores en vivo. Tienes que confiar en alguien. el aroma de la fuerza . -Ya terminó todo. Enrique dijo algo acerca de estar al aire. que se acercaban a él. 97 Huye. Em pieza por confiar en mí. -Soy yo. Cohibido al principio. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones." Recogió el revólver de Pointer de la acera. WARREN SE adelantó a los d emás. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira. A través de l os audífonos. pero ella no logró pronunci ar palabra. Cargó un tiro de calibre . Pero los ojos de este policía eran amables. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. Usted me matará -y a martilló el revólver. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. escúchame -suplicó Michaels. Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. Al fin todo había terminado. Nathan ya conocía esas palabras. rodilla en tierra. se acer có al niño y se sentó a su lado. cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. En forma ostensible. el teniente Michaels. Ésta se presentó. Durante largo rato permanecieron juntos. mu y despacio. esta vez tenía que confiar en el policía. por favor! No quiero volver a pasar por esto. Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie.. Nathan -murmuró con suavidad-. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. Es una trampa -declaró-. ya terminó todo. era el de la camiseta de tenis. ¡Otra vez no. Ly le Pointer se desplomó. chico. pero siempre fueron mentiras. con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. -Aléjense de mí -gritó-. después. .30.convertir un disparo certero en una tragedia. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. Hablamos por te léfono. Confía en mí. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía. Denise observaba en silencio. Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-. De pronto. Ya sé lo que ocu rrió. Había creído en los buenos. -Espera -fue la respuesta. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. -Nathan. -Paco U no a comandante. Soy tu amigo. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. -Nathan. Warren lo miró incómodo un momento. Había escuch ado promesas y compromisos. AL OTRO LADO de la plaza. apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. Nathan. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. Mientras Nathan sollozaba en la acera. Ya acabaron tus problemas. -¡Bravo. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. a la zona sin reflejos. en la confianza y la esperan za. Nathan. Nathan. todos con uniforme de policía. -Seamos amigos -invitó Warren. y lo empuñó con ambas manos. El niño gritó y cayó a tierra. Sin embargo. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. hijo -dio un paso adelante-. hijo. huye A SOLAS en el tranquilo estudio. Pointer lo miró directamente. donde había caído. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento.. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. Mírame. Todo está bien. Conf supervisor. Confía en el juez. -No. en televisión nacional. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. No puedo más -susurró.

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