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huye nathan huye

huye nathan huye

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Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

-¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . solo con el tío Mark. Estarían buscándolo . se ordenó a si mismo en silencio. como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. 5 Huye. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. que a veces uno tuviera que matar. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara. SUPERINTENDENTE. -No en esta región. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. pero no tenía a dónde ir. El césped estaba crecido. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. y. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. con bonitas casas. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos. Al parecer. Necesitaba un plan. Las cosas todavía eran muy vagas. y jardines bien cuidados. Era un vecindario agradable. Warren. Era de Missouri. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. JOHNSTO NE. Y de autos. tenía que dormir. Sin embargo. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. También le hacía falta cobijo. Nathan. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos. -Hay un problema con los sabuesos. pasaban montones de autos por la calle. "Cálmate". Pero debía cruzar la calle al descubierto. -Así que el chico es un ladrón de autos. Pero el vecindario bullía de gente. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. ¿eh? -Así es. huye Empapado de sudor y rocío. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez. si lo intentaba en ese instante.endían petardos en la calle. todas profusamente iluminadas. Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. ropa adecuada y comida. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. Empezó a temblar otra vez. en la otra acera. Éste. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. ¡Cielos!. "Tienes que calmarte. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. Debía tener paciencia. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. Warren Michaels lo sabía. no se veía iluminada ni bien cuidada. Más que eso. sólo había una lu z encendida en el porche. La vida no era nada justa. carcelero a los ojos de Michaels. ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia. Debía alejarse. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once. Un momento. cuando menos esa noche. De todos los plazos de entrega periodísticos.. Una idea empezó a germinar en su mente. todos enrollados y sin leer. La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P.. con tanto rigor. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. -Ya veo. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. sin duda lo descubrirían. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez.

Warren vio el reloj. -Vamos. El buen Steve. Era como transformar la pala en oro. Richard W . pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. Nathan. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. Es ho ra de alimentar a las aves. Harris. en vivo d esde Brookfield. huye Como siempre. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Cuando Warren terminó su perorata. A través de las ventanas. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario. La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy. señor!" -fingió el acento de un montañés-. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. Ricky Harris. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. ¿Qué detalles puedes darnos. Todos l os detalles a las once. pasando por encima de ellas. ¿Por qué no? -repuso Jed. 7 Huye.pendencia. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. herm anito. devolviendo la s onrisa-. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. miró fijamente a Jed. Michaels se puso de pie. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. están de vacaciones en la capital. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. la prioridad siempre había sido sobrevivir. empleado del Cent ro. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto. Nathan. El santurrón e inmaculado Steve. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. Sólo que el precio también era cada vez más alto. Esas dos frases. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. Harris fue descubierto por otro miembro del person . "Lamento que así tuviera que acabar. Cuanto más vivía Mark. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan. Jed -recuperó su acento habitual. sargento Hack ner. Ya desde niño. "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. Eso s ignificaba que era un superviviente. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. le confirmaron a Mark que todo había concluido. -¿Qué quieres que yo haga. disipado su enojo. Mark terminó de beber." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. pronunciadas en menos de diez segundos. ataviado con una camisa impecabl e y corbata. pero no quieren. apto para la calle. Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. convirtió ese hech o en una oportunidad. Don perfecto. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. "El cuerpo del señor Richard W. a pesar de su alma inmortal. Jed -invitó-. Al fin. Steve. Aquí John Ogilsvy. aho ra que los necesitamos. Además." Para Mark Balley. Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. Warr en? No son mis perros. pero no me dejaste opción alguna. Los detalles aún son escuetos. Si su cálculo no fallaba. Le 6 Huye. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro. Warren sonrió. sólo está en juego mi carrera. no servirán de nada. nos tiene la información. Doce minutos pa ra las once. obl igándose a entender cada palabra. que había vuelto a la vida. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. Harry. -Una maravillosa lección de civismo. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. pr onostican lluvia para esta noche. Está atascado en medio de un embotellamiento. pero alzó la voz-. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. -Buenas noches. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. Sin embargo. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. Incluso. mayor era su habilidad para sortear las dificultades.

como esperaba. Más ruidos de movimiento. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar. pero cayó de lado como un bisonte herido. Nathan salió del boj hacia el césped. Gracias a las lecciones de MacGyver. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura. inmóvil. por primera vez. la sensación de miedo. huye Agazapado. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso.. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente. que despertó sobresaltado.. Había llegado su hora. Estaba totalmente al descubierto. su héroe favorito de la televisión. sin comprender el porqué de la luz intensa. listos. con toda c lase de aparatos electrónicos. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. al cabo. fuera de la vista . La cocina. Se moría de hambre. Las luces del auto lo cegaron al acercarse.. el olor a tierra. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. La calle se veía del todo distinta. Bajo la tenue luz del refrigerador. las piernas y. todo en la planta baja. avanzó con cuidado. Sin más opción.. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados. Más allá. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito. La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión. l a humedad. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. se quedó paralizado. LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan. un comedor principal y una biblioteca. Se quedó t endido en la misma posición. Durante todo ese tiempo. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. Alguna vez su padre le había dicho que. Nathan pudo ver los pies. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. había una sala. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. Impulsándose con los codos. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. y luego los faros desaparecieron en su interior. Esta ban sucias. perm aneció en la misma postura.. a la izquierda.. Nathan. con un desayunador.. . se vio las manos con claridad. metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla. Lo único que se sabe es que Balley escapó. 8 Huye. el mejor sitio para ocultarse es el descampado.. Por un momento se sintió desorientado. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela. "Esta casa es eno rme". El v ecindario dormía. La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. s ería su hogar por esa noche. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas.al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey. el más rápido de su clase. cubiertas de lodo y costras de sangre. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él. jadeante. dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. Nathan se m antuvo petrificado. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. El chico casi sucumbió al pánico. mascullando maldiciones. Aquello era increíble. la sangre de Ricky. se rela jó. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio. pensó. Cuando lo logró. se extendía a su izquierda.. Casi todas las casas estaban a oscuras. ori ginario del condado de Braddock. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad.. en ocasio nes.

después. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. y susurró-. uno de ello s con una gran hinchazón. Se movía con precipitación y torpeza. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. está de vacaciones. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. Afuera. Por cierto -pro siguió-. 9 Huye. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. Entró en la ducha. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. cubriéndose lo s ojos con las manos. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño. C ooper. El médico forense. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable. Daniel Petrelli. Nathan rompió a llorar. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. Rubio y atlético. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. Michaels dio un bufido. Papá. Al hojear su libreta. podía encender la luz sin peligro. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. primero en silencio. dejó caer el cuello del mono al piso y. con ambos pies. Todos los autos patrulla buscan al chico. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas.En ese instante se esfumó el hambre y. el honorable J. empezó a retirar de encima la pesadilla. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. Los ojos estaban hundidos en sus órbitas. A instancias del repo rtero. Era de día. la mañana siguiente al cuatro de julio . Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. Encontró una past illa de jabón y. Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. Lo halló en el vestíbulo principal. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. se sa cudió las perneras de los pantalones. al otro lado de la escalera. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . solía decir su padre. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros. También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. Al moverse. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. fiel a su estilo. Nathan. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. con lentitud. Como el baño no tenía ventanas . Estaba todo ensan grentado. estoy metido en tantos líos. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. 10 Huye. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. Ayúda me. -Supongo que. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. Pero. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. -Sí. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . Nathan. en su lugar. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. nuestro muy estimado fiscal. Una vez libres los hombros. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. Tienes que hacerlo. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. Nathan trató de sonreír. Aparte la sangre. claro.

Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. -Sí. Daniel Petrel li. sostendremos los cargos en su contra. sin embargo.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. Michaels dejó escapar un suspiro. fiscal de la región norte de Virginia. todos listos. el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj. -Te recuerdo. Después. El reloj indicaba las diez en punto. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. lo perseguiremos y lo encontraremos. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. esperando la arenga. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil. yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. Si cumples con tu deber. en el centro de u na camaking-size. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara. del tamaño de una mesa. y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO. Con esto terminó la reunión. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. -Cuando lo atrapemos. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño. Pero el hechizo se había roto. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado. porquevamos a atraparlo. Siguió una perorata. Momentos después. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. Hasta el momento. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. y que el sospechoso anda suelto en las calles. pero cobijado por una manta aterciopelada. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. 11 Huye. El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. y lo despertó. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. Bob. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche. Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. frente a una cama ta mbién gigantesca. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-. tengo inte . Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. -Correcto. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. Fue inútil. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. Creo que no ne cesito decirlo.de su expediente del Centro. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. que miraba con aire hosco desde el televiso r. Es taba despierto. Nathan.

Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda. Poco después. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels. -Según el teniente Warren Michaels. y zapatos: los había de todas clases y tallas. otra con actores. Para conseguir zapatos. suéteres. Le parecía gracioso. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. An tes de vivir con el tío Mark. detective del caso. La escena cambió. no obstante. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. -No está sugiriendo la pena de muerte. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye. Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. ropa de c ama. Habían pasado más de doce horas. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía. sin embargo.. Peter -respondió Ogilsvy-. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. Estaban llenos de camisas. p ero se veían cómodos. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. dominada por una araña de luz de c uatro brazos. -No nos adelantemos a los hechos. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. y cuando al fin se inició. calcetines. Sin manchas de sangre. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. ¿verdad? -preguntó la misma voz. quizá.. y nadie sabía aún dónde estaba él. Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. El cab . los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. Todo era dos tallas más grande que la suya. Nathan siguió adelante. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. La imagen volvió a cambiar. pantalones. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados. lo que dejó sin voz al reporte ro. de pie frente a un enjambre de micrófonos. Por primera vez. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. del Departa mento de Policía del condado de Braddock. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé. Salió al pasillo de la planta alta. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. Si puede come ter un crimen de adultos. y ése era su principal interés. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. pero él los rechazó. Un tanto flacucho y pálido. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos. se sentía or gulloso. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas.. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto.. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. Cuando estuvo totalmente vestido. John. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. de donde s acó ropa interior. La suela estaba casi lisa. Los niños nunca habían sido adulto s y. con camiseta de algodón azul y roja. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. Al ver aquello. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos. Hacia la derecha había una escalera. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. Nathan abrió el clóset. Nathan. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio. huye como tales.

apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. Si le moles ta. el programa parecía predestinado al éxito. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. En términos genera les. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. de Arlington. Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria." Durante su primer programa. pero ella se rehusó. Virginia. en cierto modo. Años después. sin titubeos. porque tienes razón." En los seis años siguientes. "Esa voz ahora está a la sombra." Durante las siguientes cuatro horas. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción.. incluidos padres y médico s. Denise se había anotado un triunfo. aprobó lo que veía. no estaba dispuesta a darle a Bernie. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal. Nathan sintió crecer su confianza. suena usted como una perra en el radio. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. ¡Rayos. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él. te morirás de hambre. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. huye homicidio. esta vez con un programa de entrevistas. el gusto de verla recibir limosna. Pero no soy sólo una perra. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender. Lejos de llorar. Denise había sido reportera de tránsito. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. con treinta segundo s al aire cada media hora. caminaba con cierto brío. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine. un lujo que no podía darse. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. D. Bárbara! Muchas gracias. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. Sólo estoy diciendo lo que opino. las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas. Nathan. Denise. ya le habían quintuplica . le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial. Cuando regresó al dormitorio." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente.C. el jefe Johnny. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses. DENISE CARPENTER. Una trabajadora soc ial. D. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio. su ex marid o. Enseguida oyó lo que decían. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel . Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera. El conductor del programa matutino. Con apenas veinte minutos de anticipación. de modo que luego de pagar guardería y ren ta." Denise respondió: "¡Caray.ello era rubio otra vez. amiga suya. otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse. pese a las vehementes objeciones del j uez. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. En aquel entonces. soy La perra de Washington. divorciada y madre de dos gemelas. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye. Enrique Zamora.C.

Una vez más. Pero él podía cambiar la situación. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. Los teléfonos se volvieron locos. Yo. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. desde el racismo hasta la crianza de los niños. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. Sim lemente podía levantar el auricular. Denise. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o. Nathan. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. y estoy de acuerdo con él. Cuando Denise terminó su perorata. Y otra. 14 Huye. En política era más conservadora que liberal. Tres semanas después de su primer programa. Al decir lo que pensaba. hizo una pa usa para anuncios comerciales. Y todo era mentira. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. y quizá ni siquiera le s importaba. Seguía ocupado. Ellos no sabían. Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. pensaba. estoy harta. menor de edad o adulto. deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. Volvió a marcar el número. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". éste lo habría matado a él. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. -Oye. Nadi e había oído su versión de los hechos. siempre podrí gar. ¿o sí? Si algo salía mal. Cuanto más oía el chico. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular. en lo personal. que si él no hubiera matado a Ricky. és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. Una llamada telefónica no haría ningún daño. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. en el dormitorio de una casa desconocida. alguien contestó. -Como tú digas. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. sin duda. Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. Después de lo que pareció una eternidad. Ellos no estuvieron ahí. Rick -pidió-.do el salario. Según sus admiradores. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. en lo personal . .

chico. Nathan. -Habla el teniente Michaels. -Parece que nos llama una celebridad. . POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos. -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. Arizona. O me matarán. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. paseaba de un lado a otro de la habitación. Los llaman supervisores. "Lo que me hacía falta". Cuéntano o que en verdad pasó anoche. ¿me escuchas? -Sí. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. la voz de alguien honrado. 16 Huye.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. Enciénde lo y escucha. 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. Sólo que no los llaman guardias. Yo soy Nathan Bailey. Traté de defenderme. Es lo que Ricky intentaba ha cer. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. Creo qu e está diciendo la verdad. pero sólo me . WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. bueno. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos. Sin reparar conscientemente en que había sonado. J.Enciende el radio -bufó-. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. pero. Pero es peor que te maten. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. ¿eh? Presa de intensa agitación. ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate. Eres un fugiti vo. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. Nathan. Petrelli pasó por alto el sarcasmo.. Te llamaré cuando terminen. -No hay pero que valga. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración. Durante años. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. un peligro para nuestra sociedad. La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. Para ellos. que tenía en la líne a. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo. señora -repuso presurosa una voz tímida. hacerme cosas muy malas. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí. sólo puertas de seguridad. Deténte. pensó Warren. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. -No cambies el tema. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas. 15 Huye. tras las rejas. Exactamente. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. -Michaels. Si regreso volverán a lastimarme. estaban a punto de anotarse un gran triunfo.. Si era c ierto. -En el Centro no hay rejas. Denise lo interrumpió. habla Petrelli -dijo la otra voz. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. -No pienso regresar ahí -afirmó. Ést a era la voz de un niño explorador. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio.. Mientr as charlaba por el teléfono. Nathan. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. al otro lado de la línea. pero firme. Daniel. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. Tú mataste al guardia. de un beisbolista de las Ligas Menores. ta jante-. Nathan volvió a sentarse en la cama. Tras una pausa. Nathan Bailey. No te quiero en nuestras calles. Te quiero bajo control.. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante. -Buenos días. Denise perdió por completo el hilo de las ideas.

el pánico empezó a invadir a Nathan. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-. pero tiró de la oreja con más fuerza. Pero en realidad era un lugar de castigo. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. Entendí que me encontraba en problemas. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. salieron a un pasillo angosto. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. aunque tenga que romperte los huesos. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. el primer día que estuve ahí. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. Nathan. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. Ricky! -suplicó-. Lo intenté una vez. pero los patr ocinadores no se quejarían. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él. -Pero aquí hace f río. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes. al interior de la celda diminuta. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. -¡Suéltame.. Aunque rara vez se usaba. -Y deja de llorar. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa. sarcástico-. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. Yo no hice nada. Fue un gran error. Y también los calcetines. Nathan reanudó el forcejeo. la ropa o hasta la luz. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. En fin. El cerrojo giró y se abrió la puerta. 17 Huye. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. Durante los siguientes dieciocho minutos. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. Ricky Harris entró en la sala de recreo. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso. NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer.fue peor. -¡Ricky. huye Hacia las siete de aquella noche. Intentó mirar a Ricky. -Escúchame -farfulló. -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico.. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. Como aquel día era cuatro de julio. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. pero no sabía por qué. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . Cuando el cerrojo giró. sólo que era la mitad de ésta. En cuanto cruzaron la puerta. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. Nathan estaba aterrorizado. El hombre volvió a ponerse de pie. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. Cuando él terminó. le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. en el que podía negarse la com ida. estás lastimándome! -gritó Nathan. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. claro -repuso Nathan. entre tirones y empujones. pero las lágrimas le nublaron la vista. con la cara contra las baldosas del piso. ¿En tendiste? Nathan asintió. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis.

que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón.. arrastrando las palabras-. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. Nathan lo notó en su mirada vacía. De una sola zancada. ¿Tarde o temprano? Eso significaba que. con una sonrisa extraña. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. confuso y desdichado. Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. -Trataré de que no te duela much o. que se volcó de lado. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda.. Recogió el arma del pi . Durante cinco segundos. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. huye Tiritando de frío. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. Sacudió el brazo con fuerza. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto. tarde o tempr ano los otros te habrían matado. Supuso que habría una riña y. Sólo d iez meses más. Puedo lograrlo. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. si bien no era un gran peleador. Nathan y Ricky se miraron fijamente. Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio.. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. al mismo tiempo. Ya pasaron ocho meses. después de que el cerrojo se corrió. y se lo entregó a Ricky. 19 Huye. que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. oculta detrás de la espalda. había descubierto. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. Este se tambaleó y cayó de rod llas. ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. Después. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. Nathan. limitánd ose a asestar el golpe. apoyó el peso en los talones. Nathan. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. Como sea. y el cuatro de julio no era la excepción. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha. Se dijo que no tenía por qué temer. pero el corazón le palpitaba como un tambor. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. y ambos cayeron. obligándose a recuperar la compostura. Con las rodillas contra el pecho. Nathan intuyó que algo iba a pasar. cuando se impulsó. a través de la mirilla de la puerta. Sólo diez meses y saldré de aquí. luego del otro. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . niño -ofreció. y por su vida. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. tanto. todo habría terminado en ese momento. no pasó nada. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. de unos ocho por doce centímetros. Durante largo rato. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. El truco. Ricky entró en la habitación despacio. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. en u n intento por zafarse de Nathan. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho.. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Empezó a respirar ruidosamente. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. Apoyando las espaldas contra la pared. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie.os tipos. Estaba ebrio. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. 18 Huye. que cayó al suelo. pero él no le hizo c aso. y con la mitad de eso estaré fuera. El sabor de la sangre le llenó la boca.

el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. Con un último estertor. Papá era un buen hombre. cerrando la puerta tras de sí. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés. pero comprendió que. -Sí. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. irse lejos y de inmediato. Pero necesit aba llaves para salir. Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara. Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. si no hacía algo. Recorrió la distancia en un suspiro. Pu . pero fue inútil.so y giró sobre sus talones. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. Es o lo haría sentirse mejor. -Eso creo. ¡Santo cielo. Nathan no sabía qué hacer. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. Un superv isor estaba muerto. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. -¡Perdón! . A parentaba ser un sitio acogedor. Denise le creía. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. Al principio sólo la entreabr ió. Pero. La suerte lo acomp añaba. Me duele el ojo y un oído. ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. Tenía que correr rápido. De manera instintiva. más allá de ésta. -Entonces. Nathan. Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros. Podía despedirse de su liberación en diez meses. Ni pensarlo. En cuanto la hoja salió del cuerpo. A partir de ese momento. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. Ricky! Perdóname. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. sólo pensarán que estoy mintiendo. pero creo que estoy bien. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. apoyado en los codos. Estaba acostado boca abajo. Nathan se acercó al arma. De pronto. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. y lo culparían a él. Así s e portan los adultos cuando se emborrachan. -Ricky. Era fantástico. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. La unidad de crisis parecía una casa del terror. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . Salió a hurtadillas. el hombre murió. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles. Nunca tomab a ni nada. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. Si les digo algo distinto. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla. -Tonterías. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. nervioso-. cerró los ojos y la retiró de la he rida. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión. cerró 20 Huye. adornado con flores y arbustos. Estaba borracho. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. lo demás fue sencillo. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. La última puerta fue la más fácil. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil.balbuceó Nath an. El pánico invadió a Nathan. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. a a libertad. Ricky moriría. Creo que estaba loco. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. Ahora no sería accidental. en su int erior. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-.

te deseamos toda la suerte del mundo. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. se preguntó Denise. ¡Qué historia! Nathan. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. Había tantas cosas que contar.. encogiéndose de hombros-. insultarlos y pegarles y está bien. Y. eso no es cierto -la consoló él-. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. y me lastimaron. sin duda. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. -Sí -murmuró. pero no lo haría.¿Le importa? -surgió Dense. al parecer. huye -Sí. -Y. y trató de matarme. -se le quebró la voz y guardó silenci o. Puse la o tra mejilla.. pero él se limitó a mirarla. ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón. Quizá debía de contárselo todo. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. Por eso seguiré huyendo. -Entonces. tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo. oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro. que protege la libre expres ión. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. nadie puede rastrear llamadas. A nadie. Se lo dije al supervisor. Era inteligente.. -No. los dos solos. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. Nathan se había sentido muy dueño de sí. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal. -Sí. y colgó. No devolví el golpe. -No.. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. hice todo lo que debía hacer. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. como sea que esto termine. ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-. Oye. -Tienes miedo. abogados y policías. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. cariño? -Debo irme -repuso él. El chico era muy listo. mientras los niños no l o digan. en un vecindario agradable. -¿Por qué no? -Porque te atraparán. Me defiendo. En el silencio que siguió. Ésta es una estación de radio.eden gritar a sus hijos. Creo que te la mereces. ¿verdad. mi única opción es entregarme. -Estás poniéndome en ridículo. Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. temo que te lastimen. con voz ahogada. Sin duda.. yo también. Al principio. la cárcel. y me golpearon todavía más. Pero ahora ves mi punto de vista.. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional. el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. . Nathan. Robé un auto. Entonces. Denise se quedó boquiabierta. Pero llámalo por su verdadero nombre. como me decía papá. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró. no -lo tranquilizó Denise-. si todavía nos escuchas. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía.

Nathan. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. 22 Huye. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. ¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. pero sin duda es interesante. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. -No sé si es buena o mala. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. Yo soy el policía. En primer lugar. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. Pero. teniente Michaels. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. jefe. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. Cuando Warren alzó la vista. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. J. Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. Dan iel. Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. y hacía responsable a Michaels por ello. J. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. -Anímate. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. J. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. El chico Bailey era un ladrón de autos. Aquella mañana. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. en ese momento. y tú eres el altavoz. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. 23 Huye. como tantas otras que había descargado J. Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. el caso Bailey había parecido muy claro. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. era pura hipocresía. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. Volveremos después de estos mensajes. En cambio. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. Si la policía no hubiera fallado así. En aquel trascendental año de elecciones. Como policía. -El niño miente. un prófugo del sistema penal y un asesino. En cuanto a Nathan Bailey. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido.rar la compostura. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. Warren no sabía qué creer. Nathan. huye -ÓYEME BIEN. ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. Petrelli lo veía con claridad. Danie l. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y .

pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias. Bailey dijo que el guardia. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. sí hay una grabación en vídeo. Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción. Mark Bailey. el tío Mark levantó una denuncia. con todos sus bienes como garantía. No tenía modo de pagar la manu tención del niño.. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias ." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. Nathan. el supervisor le quitó los zapatos. Además. En la borrosa imagen en blanco y ne gro. . no había opción. a fin de cuentas. un tren arrolló su auto y lo mató. -Cuéntame lo que sabes. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. p ara averiguar lo que pueda. pero nunca resolvió nada. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. Nat han robó el auto del tío. no quedó nad a. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. Es una historia bastante triste . Se veía asustado. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. a Nathan Bailey lo crió su padre. Afirmó delante del tribunal. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. pero todos sabían que era sangre de la víctima. así que no la pagaba. la custodia recayó en el tío Mark. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. característica de las cámaras de seguridad. En el radio. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta.ex tutor del chico. Hace dos años. de la noche anterior. -No. Al parecer. -La de la unidad de crisis no servía. El padre era un abogado con mucho dinero. -No lo creo. Por supuesto. Resulta que. Durante sus primeros diez años de vida. Su madre murió cuando era sólo un bebé. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. Mark Bailey hablaba por experiencia. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone. A decir verd ad. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. Al terminar los trámites del legado. Al oprimir un botón. afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él. Un instante después.. Ambos hombres se pusieron de pie. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer. del Centro de Detención Juvenil. sin emb argo. no abrió la puerta. Si estaba en casa. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-. hace como un año. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera. En realidad no se quieren mucho. Finalmente. Quizá Harris sólo quería molestar. era el tío Mark o un hogar adoptivo. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. Michaels hizo una seña con la cabeza. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. el niño de la pantalla se detuvo. Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. tampoco la del pasillo. Michaels no daba crédito. Michaels movió la cabeza de la do a lado. -Detén la cinta -ordenó Michaels. -Muy duro para un pequeño. como el área de recepción. y cit o textual. -Creí que la cámara estaba descompuesta.

huye Jed también lo notó. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. -Mira. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. el niño del vídeo quedó congelado. Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. Otra vez. jefe. Jed volvió a correr la cinta . Creí que lo había superado. así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. Tras cinco años de turnos variables. No puedo seguir reaccionando así. Corre la cinta otra vez. Tiene los ojos de Bria n. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. mirando de reojo a su jefe. que en el pasado dependió de él por completo. -Warren. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Dio media vuelt a. Mira su cara. -Lo lamento. En el fondo había una puerta. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-.-Adelante. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. cruceros monótonos y trabajo rutinario. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. Jed. ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. -Una de las cosas que quiero encargarte. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. huye vicepresidente de servicios al consumidor. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. del Departament o de Policía del condado de Braddock. Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. Apagaré el vídeo. estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. Warren. Nathan. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. Poniéndose de pie a toda prisa. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre. Míralo. -¡N . Cinco minutos más tarde. Nathan. Veamos el resto. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. Estoy bien. Estaba pálido como la cera. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. Jed. -Y bien. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara. el corazón de Michaels dio un vuelco . 25 Huye. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Jed. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre. estaba decidido a hacerse notar. Se veía la salida desde afuera. ¿te sientes bien? -No lo sé. Tenía un nudo en la garganta-. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. Jed. Michaels también salió. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. -No sé qué opines. Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. Warren -musitó-. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. quien le hizo sabe . EL PATRULLERO Harold Thompkins. -Jamás morderán el anzuelo. Jed.

El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. sin una orden judicial. De pronto. una neoyorquina. Al fin. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. cederían. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. agente. Denise Carpenter y su equipo. No. Denise le respondió al productor.. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo. radioescuchas de todo el país. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock. pero lo desechó por blandengue. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. está usted al aire. EN SU LADO de la cabina. para que le proporcionaran la información. no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. -¿Estoy. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora.r que. pero imaginó que eso no importaba. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. Y. -Tómalo con calma -la reconvino Enrique-. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. se acabaría la discus ión abierta. Denise abr ió su micrófono. El corte en cuestión terminó quince segundos después. Mientras esperaba. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. Sin la controversia. el productor. En un arrebato. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. eh creo . -¿Qué te sucede ? -protestó-. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. corría el riesgo de perder a su prisionero. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. -Según me dice mi productor. -¿Ah. o sea. dígame. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos. algo había entendido mal. Denise se sobresaltó al oírlo. Eso por lo general hace que uno salga en el radio. Nathan. le diría a quien fuera que el p roductor. ¿Es cierto eso? -Bueno. a este sorpren dente programa. Si la policía esperaba. Harry decidió acudir a las fuentes. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. Harry Thompkins esperaba al teléfono. pero creo que debemos comentar esto en privado. Denise ponderó l as opciones en un instante. sin duda. optó por una acti tud de poder. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. A Denise le pareció divertid o. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. -Ya se lo dije. Señor Thompkins. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea. Harry no tenía semejante poder. 27 Huye. oyendo un comercial anodino de autos. Sólo hacía falta ser persuasivo.. -Bienvenidos una vez más. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. En cuanto empezó el anuncio comercial. En cambio. A una señal de Enrique. de su programa de radio. Después de todo. po r supuesto. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad.

Nathan. Se detuvo . pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. decidido y sin miedo. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. la única persona que importaba. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. pero creo que nos deja un mensaje. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. nos acusaría de obstrucción de la justicia. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. Hacía un minuto parecía un buen plan. Pocos lo 28 Huye. un bar solitario a la ori lla del camino. Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. porque la necesitaba. Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. que estaba listo para matar. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros.. algunos suponían que. Para empezar.. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. o del país. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. Colgar no es una verdadera re spuesta. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. Nadie era más leal al señor Slater. s in embargo. Puso la palanca de velocidades en punto muerto. También le dijo usted a mi productor que. TREINTA MINUTOS antes. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. Apuesto. mucho menos aceptarlo. Era el único automóvil en todo el lugar. Sin otra salida. Por un instante. aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. Los vanos estaban cubiertos con tablas. huye pensaron más de una vez. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. -Colgó -dijo al micrófono. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. Poco después del mediodía. -Interpretaré eso como un sí. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que. Aquel día . riendo-. Arrojado. En el fond o. si era necesario. encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. Según indicaba el reloj del tablero. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia. debido a su estatura y aspecto. el efecto sería inhibir la libre expresión. un niño. colgó de inmediato. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. su aspecto no era intimidante en absoluto. agente Thompkins. un hombre fuerte. pero que ninguno merecía una tercera. O tal vez sólo fanfarroneaba. -Déjeme poner esto en claro. Pero descartó esa posibi lidad. Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. una habitación pequeña. No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. podían mangonearlo . Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso.que sí -sonaba deliciosamente evasivo. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. no toleraba los errores. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad.

Puedo explicártelo. -No. con voz amenazadoramente suave-. -Soy Mark Bailey. -Vaya. La frente de Mark se p erló de sudor.. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar. sin conocimiento del indignado señor Slater. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. ¿Acaso te parece justo. Así se sentaban los novios. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. Creo que conmigo. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. -Pero yo lo disuadí -continuó-. -balbuceó Mark. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. Ordenó una cerveza. no lo sé -tartamudeó Mark-. Anoche te perdiste en una botella. no dos hombres en una cita de negocios. tú vivirás. evito que te corten e l pescuezo y. Pointer. se dijo. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. Me dijo que no l e importaba el dinero. no dela nte de él como Mark había esperado. ah . Nathan. -Mírame. a cambio. te equivocas -lo riñó. Pointer miró largamente a Mark. No dijo lo que ambos sabían. -Escúchame. Mark vio una tenue luz en su horizonte. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. Nathan. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. Mark respiró hondo. por fin estamos de acuerdo en algo. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas. mientras los ojos se adaptaban. No estaba enoja do contigo. A mí tampoco me parece justo. En la prolongada pausa que siguió. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-.. pero repentinamente perdió el valor para decir algo. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. De modo que así están las cosas. Bailey.. -Gracias. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. de triste a animado.antes de entrar. característico de los montañeses. Mark? -No -musitó. Lo convencí de hacer un último intento. Y. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla. sin hacer un último intento. Mark. 30 Huye. Mark comprendió que faltaba algo más. a la vez apacible y furioso. -Hay otra cosa que debemos discutir. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-. dos. Es claro que no estuviste ahí. ¿verdad? Mark asintió. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento. Dame una última oportun idad. En primer lugar. Al cabo. y que lo único que le interesaba era matarte. hizo girar la perilla de la puerta y entró. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño. Déjame adivinar. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. De lo contrario. Mark.. en realidad. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón. estaba mole sto. Pointer. Me promet iste que podrías manejar este asunto. y lo arruinaste todo. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. Todavía no era demasiado tarde para huir. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer. huye intenso. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato. n. Per o. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. a pocos centímetros uno de otro-. Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. eres ho mbre muerto. El efecto era aterrador-. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda.. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. Permaneció inmóvil en el umbral. Sentado con las espaldas contra la pared. Mark paseó la vista por el lugar. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira.. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. Pointer se inclinó hacia delante. Estaba enojado conmigo.

y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida. Pointer fue rápido. Eso nos deja tan sólo un último asunto. ¿Qué voy a hacer?". Además. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. ya no como antes. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. Después de unos cinco se gundos. sólo quedaban migajas. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. "¡Si tan sólo pudiera conducir!".ora eres el socio minoritario de tu herencia. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. soy. 31 Huye. Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. como decían en las películas de cine. y en pleno día. al menos. En la mente de Mark se formó una objeción. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. En la taberna nadie había visto nada. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. Cuando Pointer la soltó. Te lla maré en cuanto te necesitemos. Escribe cuando puedas. Pointer salió de l lugar. Pointer rió. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. La parte del señor Slater subió a dos millones. si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as. Nathan. Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. huye Halló el control remoto del centro de diversión. El resto es tuyo. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. entre la segunda y tercera articulaciones. todo por Nathan. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. Sollozaba. La fama empezaba a p arecerle agradable. Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro. Durante el corte de la hora en punto. Bailey. Tan tranquilamente como había entrado. tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. Sólo tenía que idear el siguiente p aso. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta. Un año atrás. Diez segundos después. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó. Pero necesitaba un plan. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. -Eh. pero todavía no terminamos.. pero la guardó. hondamente complacido. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón.. pensó. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé.. y. -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. Enseguida reparó en que el arma no se había movido. amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. En esta ocasión. -Apuesto a que sí. -Lo siento.. Mark -señaló Pointer-. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. No tenía miedo. y las lágrimas le corrían por las mejillas. se preguntó. Con lentitud.

Ron. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. había vencido los obstáculos. Como el resto de la casa. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. la cochera era inmensa. esa gente no ha llamado a nuestra estación. Su forma de relatar la historia fue to talmente. Tenía que lograrlo. La puerta del auto no tenía seguro. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. Todo indica que el programa va viento en popa. una intuición. rojo cerez . Sin titubeos.r eal. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. tuve la oportunidad de escuchar te hoy. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. acarició los asientos y sujetó el volante. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise. y los vencería el resto del tiempo. el auto más fabuloso de toda la calle. y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies.. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. Ahora. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. por favor. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. Lo lograría. de una u otra forma. Las llaves. En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. Lo impo rtante era que ya tenía un plan. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. Nathan esbozó una amplia sonrisa. sobre un remolque. de modo que Nathan subió al asiento delantero.avenidas principales que estaban bloqueadas. gracias. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. -Yo sé lo que te digo. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear. pero al menos los alcanzaba. dondequi . Por favor no te ofendas. -No me refiero a eso. La conversación se encaminaba a otro asunto. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras.. DENISE SENTÍA deseos de bailar. respeto. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. tal vez podría conducir hasta salir d el país. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. Denise per cibió que faltaba algo. un poc o a la izquierda de la puerta del conductor. No tuvo que esperar mucho. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. En realidad. boquiabierto. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. clavado en la pared. ¿Cómo has estado? -Muy bien. con casco de fibra de vidrio. La empresa. Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-. pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. y sé cuando están mintiendo.32 Huye. -¿Denise? Buenas tardes. Nathan. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. Hay de personas apersonas. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. cubierto con una lona verde olivo. Ron. ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento. -Por supuesto. Hasta el momento. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . Mientras repetía las imágenes en su mente. El chiquillo. Era un poco incómodo. en el programa de aquel día. El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor.

-Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. Demonios. HAROLD JOHNSTONE. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. aun que sea sólo en principio. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J. Ron. -Mira. Todo lo que dices suena lógico. En verdad. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos.. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen. Dices que escuchaste el programa de h oy. Tú eres quien habló con el chico. señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. la oí. el pe queño me conmovió. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. y hasta la última palabra es mentira. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. que volvió a su .era que esté. -Sí. Lo lamento. 33 Huye. Los directores generales no solemos oír esas cosas. Era un hom bre grueso. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. aunque no puedo. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. Nathan. superintendente de l Centro de Detención Juvenil.. 34 Huye. Por la otra. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que. No era lo que había esperado. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. no pensamos compartirlos con nadie.. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone." -Ron. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida. huye "En síntesis. Denise. Es un niño que lucha una batalla perdida. te diré lo que haremos mañana. señor Johnstone. -Señor Johnstone -explicó Jed-. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. Denise. -Todavía no me lo agradezcas. huye -Tome asiento. fiscal de la región norte de Virginia. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. -Vaya. fuera tú. gracias. Colgó. desde luego. tan sólo musitó: -Gracias. Daniel Pe trelli. Denise. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. Por una parte. el chico lleva todas las de perder. No puedo hacer nada por él. -No estamos difamando a nadie. Ha sido un día verdad eramente pesado. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. a menos que tenga algo que ocultar. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. Y. Si accedemos de manera voluntar ia. Espero que esta noche duermas mejor que yo. Ron soltó otra risilla. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. usted puede sentirse ofendido si quiere. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita.? Hackner lo interrumpió con un ademán. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial. Incapaz de decir algo más profundo.. Nathan. En medio de este asunto hay un niño asustado. Sólo hacemos pregunta s. -Sin duda. Denise se quedó boquiabierta. pero su deb er es cooperar. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. el argumento se vuelve debatible. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja.

Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. los encargados del zoológico.pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. -Entonces. en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. porque tengo que hacerlo. -¿Ah. sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. es la única realidad que vale. siempre que lo oculte bien. 7 NATHAN. me pare ce una buena oración para guiarse. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. Hackner se retrepó en su lugar. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. Abra los ojos. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala. -¡No venga a sermonearme. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. porque mienten. Nosotros les damos la ro pa interior. En un sitio así. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. -Está usted invitando a la corrupción. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. Esto es una prisión. En este sitio. oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas. sí. Estos niño s son animales. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. lavó las sábanas del dormitorio principal. Johnstone -protestó Hackner-.. Durante largo rato. 35 Huye. no me extraña -repuso Johnstone . ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. No puede uno creer en lo que dicen. usted no se opone. pero sobre todo po r mero aburrimiento. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. "Dios mío. el uniforme. -Sargento Hackner. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. la de su anuario del quinto año. entregan todas sus pertenencias personales. en un cambio de juego. no es raro que se prive al interno de algo importante. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí.silla-. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. absolutamente todo. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. pero tampoco es raro. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. No obstante. Hackner lo miró en silencio. ceñudo. Simplemente vivo en el mundo real. -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio. Así. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. Si e llos tienen buen comportamiento. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. como solía decir su padre. También había tenido buen cuidado de haber l . Nathan. menos inquietante de lo que es e n realidad. y nosotros. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. -Cuando los internos llegan aquí. los objetos de aseo personal. -En po cas palabras. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. En parte porque lo habían criado bien. El sistema ya está corrompido.. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer.

Vi sus radiografías. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. -¡Su opinión mis narices. huye -Dijo que era un empleado modelo. Warren sonrió. Soy el doctor Baker . que seguía donde se lo quitó. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. s i me permites agregar. HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. Sin lealtad hacia nadie. Y. algo que hemos pasado por alto. Es . Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. Seguimos buscando a un asesino. Jed. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. porque se presentó la ocasión. pero en verdad fue un accid ente. ¿recuerdas? -Entonces. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. señor Bailey. Nathan. War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r. Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. De acuerdo. y a Ricky Harris también. sobre todo. pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. es taba gravemente baldada. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. -No lo dudo -coincidió Tad-. eso le abría posibilidad es ilimitadas. pensó Baker. -Buenas tardes. pero este hombre era la exc epción. "El dolor debió de haber sido insoportable". sin embargo. -Admítelo. Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. en la escala del departamento de urgenci as. entonces. La única respuesta. por triste que así fuera. Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. -Me duele mucho. doc -confesó. Aquí hay algo más. Warren. conciso. sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. En cuanto lo hayamo s detenido. -Cálmate. ¿no es así? -En efecto. -Insisto. -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido. Había matado a un tipo y eso era malo. estaría metido en u n lío muy gordo. tú tampoco. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. y en verdad fue en defensa propia. ¿no te das cuenta de que. pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio... tendió una ma no hacia su paciente-. -Jed -lo interrumpió Michaels-. Si lo atrapaban. pero. sostenida con gran cuidado por la izquierda . Jed. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. Warren estuvo de acuerdo. Jed -concluyó Michae ls-. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. Nat han no tenía a nadie en la vida. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma.impiado todo después de cada episodio de glotonería. me parece poco probable. Y. Dividamos el caso en do s partes. Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes. -Y. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. Aceptaba. Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. -Te propongo una cosa. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. La discusión era estéril. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. Con su mejor cara de galeno. Si se eliminaba al tío de la ecuación. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). tomando en cuenta los antecedentes. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. si result a pertinente. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. No hay rastro ni del tío ni del chico. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. Por lo común. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. ahora que concluimos con lo primero. se lesionó la mano -con amabilidad. Por lo que veo en su expediente. en el suelo del baño.

En opinión de Tad. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. -Descanse un rato. No había marcha atrás. Es un contraste agradable. giró el volante al máximo. señor Bailey. Alguien lo lastimó.una lesión bastante compleja. ¿verdad? Mark rió por el comentario. No creerá que estoy mintiéndole. -Si no me pareciera descabellado. Lo veré más tarde. -Es cierto. "Es tu mano y tu vida. doc. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. -Entonces. -¿Ah. me cayó encima t oda la camioneta. -No tengo idea. -Entonces. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. pensó. ¿Qué te sucedió? 37 Huye. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha. Quizá fue cuest ión de suerte. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada. Lo más complicado era log . ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. Después. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. tanto adentro como afuera. ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. pensó Tad. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. Nathan. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. amigo". En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. alguien le había roto los dedos de manera intencional. Más que nada. por lo demás tranquila. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada. Actuaba con rapidez. La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. "Yo ya hice mi parte. Ya había ajustado el asiento y el volante." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. "¡Maldición! El médico sospecha algo". -Relájese -lo instó en tono amistoso-. Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. doc -Mark en efecto se relajó-. -Nadie más que yo mismo. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. La frase resultaba interesante. un agud o contraste con la noche. largo e inclinado. huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye. -Sí. Tad le dirigió una sonrisa reservada. No quiero l astimarlo por ningún motivo. Nathan. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. No me lasti mó en absoluto. -Por supuesto que no. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador.

ellos también podrán verme a mí". que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. y Nathan se sintió bien al mando del auto. A pesar de la oscuridad de la noche. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . Además. "Ahora soy el tercer auto". Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. y se sin tió al borde del pánico. pensó Nathan. a partir de ésta. Dese sperado. el p olicía hizo detener el siguiente auto. pensó.. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. Si hacían contacto visual. Al acercarse al crucero. sus peores temores s e confirmaron. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. No parecía seguir ningún patrón. Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. "Por favor. No había ningún accidente. pero contuvo el llanto. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. Natha n eligió el carril de la izquierda. Había planeado cuidadosamente aquella noche. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. En su carril. Antes. no muy lijos de donde vivía su tío. no dejes que me detengan. era un bloqueo. en medio del embotellamiento. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. det enía ciertos autos al azar. A la dista ncia. sus facciones podían di stinguirse con claridad. "Ha z que me dejen pasar. Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. "Conserva la calma". Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. Sin mover la cabeza. No había policías a bordo de los autos patrulla. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. Era su única opción." Los ojos empezaban a anegársele. La siguiente vez fueron sólo dos. que señalaban el camino a casa del tío Mark. Cabello rubio. Nadie. Nathan. No me detengas ahora. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. Enseguida. "Si yo puedo verlo. bigote. El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. dejó pasar cinco. 39 Huye. De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. En cuanto el policía terminó de revisar. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. y las piernas le temblaban sin control. Dios mío. EL BMW RODABA con suavidad. por favor. Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. . Tenía las manos bañadas en sudor. Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. Unos quince minutos después. Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto. En el siguiente turno.rar que el auto se desplazara de manera uniforme. se fijaría en él. Luego de diez minutos. te lo suplico". ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. hacia el norte rumbo a Canadá. no dejó pasar dos ni tres. Quinientos metros más adelante. y el policía hizo señas para que pasaran tres. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. luego habló duran . pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. rogó en silencio para no llamar la atención. Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. En ese turno. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. Quiso tragar saliva. -Dios mío -rogó en voz alta-. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían. unos veintitrés años de edad. hizo una seña al conductor para que avanzara.

¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. el tránsito se aligeró. De pronto. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. y planeaba seguír así. eh. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. No sabes la vida que ha tenido. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor.. Por lo general. todavía fuerte. Sé cuánto lo extrañas. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. -Hola. aunque la conversación pareció subir de tono. a la que Warren se opuso todo el tiempo. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama. Con aire sumiso. Monique bajó de la cama. -Estoy preocupada por ti. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. Estaba preocupada por Warren. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. Gracias a la psicoterapia. Sin emba rgo. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta. Semana tras semana.. En los últimos dos años lo pe . Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. Vol vió a vencerlos. pero esta vez no estaba ahí. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral.te largos treinta segundos con el conductor. notó que su esposo no estaba . Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo. -¿Warren? -llamó en voz baja-. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. frente al psicoterapeuta. 40 Huye. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. Nathan. Era libre. -L o siento mucho. amor -lo consoló Monique-. Warren estaba despierto. Lu ego del bloqueo. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. escuchó con atención. pero si el policía acaso pudo reconocerlo. ella podía dar cauce a su rabia. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal. 41 Huye. Pero el dolor persistía como una herida abierta. y casi golpeó el auto de adelante por ver. Nathan. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. su dolor y su amargura. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. pero la casa se hall aba en silencio. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. con un vaso de whisky en la mano. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. Warren respiró hondo. y se espabiló de inmediato. y salió sin hacer ruido a reunirse con él. Apoyada en un codo.. huye Llevaba las ventanas cerradas. nena -la saludó. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. -Me. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. cariño? -le preguntó. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. o al menos rogaba que así fuera. -¿Qué te ocurre. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos. huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. Y Warren seguía igual: todavía estoico. todavía gentil. Vestía camiseta y pantalones deportivos.. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo. se puso un a bata y fue a buscar a su marido. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes. cuando Warren no podía dormir.

Juntos como pareja. asta do s. Nathan. pensó. pensó sin decirlo. Era un nuevo núcleo residencial. Apagó las luces del auto y.rdió todo. "Nathan. Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. "Ya se te ocurrirá algo. bordeado de tiendas de comestibles. Estaba segura de que iba a suceder algún día. compartían un mundo especial. exclusivo de ellos dos. eres un genio". la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. c asi todo aún en construcción. Monique vio a su esposo morir por dentro. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. pero algo se había perdido irremisiblemente. -No es justo -musitó él después de un largo rato. se llamaba Little Rocky Trail. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. vaya". La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. la personalidad de Warren cambió. algunos. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. pudo . Se hizo un silencio. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. podría fanfarronear para siempre. Brian era la vida de Warren. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. Con un nudo en la garganta. ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas. Jamás volvería a ser el mismo. ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. se dijo. a penas a doce kilómetros de ahí. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. Idénticos en apariencia y personali dad. se felicitó a sí mismo. y buscaba su próxima parada para descansar. Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . con movim ientos tan suaves como pudo. abrió la puerta del conductor. Decidió seguir adelante. permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. al que las mujeres no t enían acceso. Tenía hambre y sed. Monique n o pensaba forzar el proceso. "Vaya. De pie ante las manijas. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. 42 Huye. Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. Pensi lvania. La avenida principal de la urbanización. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. como era de esp erarse. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. "Igual que yo". y ambos estaban conscientes de ello. con múltiples cruceros y semáforos. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. Una vez que dejó atrás el bloqueo. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. Un letrero le informó que." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. Estaba en un distrito comercial p obre. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. pero cada uno co n sus pensamientos. Seguía adelante con la rutina cotidiana. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales.

había un lugar desocupado. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. -Patty. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. tenía que deshacerse del automóvil. Bajó del vehículo. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. Patty. Su sentido de la distancia lo traicionó. Nathan decidió que era momento de ser temerario. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. 43 Huye. Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. tengo que irme . buscaba el limpiador para alfombras. donde el terreno irregular. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. empezó a aumentar el tráfico. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . Recordó haber pasado. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. El hijo de ambos. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. Mejor aún. Tenía delante otras opciones.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. y su juego terminaría. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente. Tomó nota del número de la casa. ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. descubrió otro auto guardado. volvió al BMW y arrancó. El tiempo se le agotaba. Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. Nathan. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. Nathan a su vez le ladró al perro. Además. un Honda. de seis años. En p rimer lugar. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba. pero desistió. Aún no eran las seis de la mañana. no porque lo deseara sino por necesidad. un p astor alemán. el aire estaba denso por la humedad. si devolvía las llaves. en realidad no se tratara d e un robo. el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros. Esperaba que. Uno de éstos. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. Como es peraba. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. por supuesto. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. cuatro mil ciento veinte. -Peter. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. y su perro Labrador. Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. Y. de un año. Se irguió.

Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. -Buenos días. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. para mantener la perspectiva. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. Era un niño apuesto. pero no dijo nada sobre su charla de ayer. Está disponiendo todo para nuestra entrevista. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. Supuso que para eso servían los adultos. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. -En verdad lo lamento. Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. Nathan. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir. Una de tantas veces. -Sí. Son casi las seis. El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. y no intentó huir. tienes que irte -replicó Patty. Cuando sacaba el auto. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. Había muchos niños en el vecindario. Contuvo su impulso de correr. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. Con g ran esfuerzo. Al preguntarle el motivo. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. La cara le pareció va ente conocida. el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. mo lesta-. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. con el cabello rubio despeinado. aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización.ahora. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones. jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. Nunca debí salir al descubierto. pero no tenía tiempo. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba. a mí siempre me tocan las labores más odiosas". de modo que respondió a su vez con u n ademán. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. que era tan verdadero como falso. por supuesto. lo invadió el agotamiento. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. Diez minutos después. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. Ni siquiera miró atrás. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. huye TODD VIO al chico saludar. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. . pero debo irme -declaró. Hay cosas pendientes en la casa. En l as últimas veinticuatro horas. Warren le apuntó con un índice acusador. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. Después de su conversación del día anterior. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. El niño parecía normal. Wa rren lo esperaba. alto y delgado. Nece sitaba dormir. Fue directo al dormitorio principal. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. 44 Huye. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. -Imagínatela. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. Tomó su portafolios.

Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. vacío por lo demás. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. sé que no quieres creer nada de lo que digo. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. lo mismo que Jed. No te agrado porque soy policía. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. pasarás la mayor parte de tus días encerrado.-Compórtate. As. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. Johnstone habló primero. el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson. -Iré directo al grano -empezó Warren-. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. Si podemos encontrarlo antes que los demás. hasta su liberación. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. A los quince años. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. -As. -Mira. mejor conocido como "As". un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. ¿verdad? As se mantuvo impávido. Nathan. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. Johnstone ocupó una silla en el rincón. 45 Huye. A petición de Warren. duraría quizá un año en las calles. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. donde permanecería seis años más. huye -Sí. De modo que vas a responderme algunas preguntas. pero no vio nada. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. pero hizo caso omiso. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. Warren sonrió. se puso de pie y se retiró. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. seño Johnstone? -preguntó Michaels. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. Espero que lo logre. -¿Podría disculparnos por favor. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . 46 Huye. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. Si seguía por ese camino. Tras las formalidades de costumbre. Quiere n hacerte algunas preguntas. Nada de pleitos. Como no se le ocurrió ninguna. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. después de haber matado a uno de los guardias. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. Johnstone se quedó paralizado durante un momento . farsantes. en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. Si no lo traemos de regreso. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. podría terminar muerto. pero todos sabían que no era u na petición. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. Su tono era amistoso. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría. para iniciar la entrevista. Johnstone los esperaba en su oficina. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. -Oigan. Nathan. -Pero si yo no digo nada. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-. pero As no se movió. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio. mirándose las uñas. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. co mo era de esperarse. existen menos probabilidades de que lo lastimen.

y los consecu entes rezongos de sus hijos. con un vendaje voluminoso en una mano. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez. -Disculpe -llamó a voces-. -Vaya. Se le busca pa ra interrogarlo. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. O. -Yo no dije nada. pero no sé por qué. Por el momento no es sospechoso. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. abreviatura dewildman. Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla. Virginia. Harry lo había alcanzado. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. no necesita preguntar. Jamie Amy. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta. setenta kilos. a dos kilómetros de su casa. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante. con toda seguridad. blanco. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. Los niños. poniéndose de pie-. Luego. Había omitido algunas palabras. rubio. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. señor -lo abordó el policía-. 47 Huye. Por toda respuesta. Del vehículo se apeó un varón rubio. ojos azules y bigote. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel. En algún punto de Carolina del Sur. -Si le han dicho que era malo. momento en el que. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. al menos. Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. Antes de que s ubiera los escalones. Este lugar iba a terminar con él. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe. Kendra le clavó una mirada fulminante. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. en espera de que alguien llegara. Nathan. Ambos se volvieron-. As -concluyó. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. desapareció en el espejo retrovisor . vitorearon. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. salvaje. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. -Me parece lógico. Usted es Mark Bailey. -Gracias por tu tiempo. -Oigan. de unos setenta kilos. Y también Mark. . Steve notó que la tensión cedía un poco. "Varón blanco . Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. -Disculpe. Has sido muy tol erante. K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. soy yo. pero lo esencial estaba ahí." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. Su misión. y ambos se dirig ieron hacia la puerta. Jed se levantó con él. Sin embargo. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. -Sí. Harris la traía contra Bailey. Espero que tu sentencia te sea leve. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. La matrícula dice WLDMAN. cuando Norfolk. la camioneta Bronco roja. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. En ese momento. hasta nuevo aviso. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada.

Lo mandé ahí. dando media vuelta para retirarse-. -Vaya casa. señor Bailey -admitió Harry. Mark lo miró desde el umbral.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. Harry se acercó a la puerta. para deshacerme de él. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. Quizá se trataba de un niño. -Buenas tardes. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. a solas. 48 Huye. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. agente Borsuch -saludó. Mark Bailey era culpable de algo. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. -Me pareció que intentaba esquivarme. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí. Entonces se puso arrogante. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. mi sobrino y yo nos odiamos. reapareció el nerviosismo. vio una cara conocida. huye -Mire. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo". Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. "Si se cayó del gato. Fuera lo que fuera. Usted no tiene nada que ocultar. ¿Podría decirme dónde pasó la noche. Nathan. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson. estoy enterado. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. -De acuerdo. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. Cuando se acercaba a la puerta principal. -Pero. Sí. ¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. con antena parabólica en el techo. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda. señor Bailey. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. Mientras conversaban. -¿Debería de pensarlo? -preguntó. ese algo tenía que ver con su lesión. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. pensó. Tuve un accide nte. no en otro planeta. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. De vuelta en su auto. Gracias por su tiempo. agente. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. -Entonces. . Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. oyó que se abría la puerta. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. de hech o pedí que lo encarcelaran. Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. sí me importaría mucho. Cuando llegaba a la calle. no le importará que eche un vistazo.

Harry. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. Borsuch señaló el jardín delantero. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. Pero. Tenían delante a la prensa. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. -También encontramos esto -añadió Borsuch. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. El chico tiene b uen gusto. incrédulo. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. -¿De qué se trata? -preguntó. Nathan. vaya. Si estás de acuerdo. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. Por otra parte. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. -Buenas tardes. -Disculpe -interrumpió Harry-. -Lo sé. Bailey era una escoria. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. Diez minutos y otras tantas puntadas después. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. suturando un herida en la coronilla de un paciente. 50 Huye. estaban de pie en la acera. Pero apóyame en ésta. -Lo siento. -Muy bien. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. si no estás de acuerdo. Cuando terminemos. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. -Vaya. doctor Tad -saludó Harry al acercarse. por desgracia. arqueando las cejas-. -Una lesión de la mano. Cuatro personas. Debía permanecer una noche en el hospital.49 Huye. lo sé -admitió Harry. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. -Harry. Warren siguió el ademán. La crema y nata de Braddock. -¿Dónde está la familia? -inquirió. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. asintiendo con la cabeza. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. no a Tad. Nathan. Mi carrera puede estar en juego. Tenía rota una mano. ¿De acuerdo? . y le entregó una hoja rayada de cuaderno. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. mirando a su alrededor. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel. Tad alzó la vista y sonrió. Tad finalizó su labor. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. de esp aldas a la casa. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. puedes toser. no puedo ayudarte. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. y todos los sabían. Escrúpulos aparte. dos adultos y dos niños. no digas nada. Su voz tenía un dejo de desesperación-.

En ellos encontró unos juguetes fabulos os. pero nunca asoció los apellidos. Un repentino acceso de tos acometió al médico. Volvió a toser. Emp ero. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. subió a la habitación principal. -Lo siento. señora -respondió la voz. -No me sorpren de. tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. aunque los ojos lo desmentían. Apagó el televisor y decidió explor ar. Nathan. Levantó el auricular y marcó. Una vez que limpió la planta alta de maleantes. lo descubriremos. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. Tad guardó silencio. Podía jugar con el arma tal como estaba. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. Hiz o un nuevo intento.Con que eso se traía Harry entre manos. Harry -se disculpó Tad. Los dos últimos eran pe queños. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Tal vez había planteado mal su afirmación. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. un tocador y una cómoda de patas altas. siempre que no tirara del gatillo. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. Quitó las sábanas de la cama. ¿estás ahí? -Sí. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. pensó Tad. 10 51 Huye. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. -Por supues to que no -reconoció Harry. Harry se quedó pasmado.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. B ailey. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. Natha n Bailey. ¿no? . se debían a actividades cometi das en su contra. Nathan. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. Eres toda una celebridad. al tiempo que abría la puerta del consultorio. cariño -rió Denise-. Quinn -la interrumpió Denise-. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. Había oído del chiquillo. DENISE CONVERSABA co n Quinn. Antes de que lo olvidara. Se ocuparía de ellas enseguida. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. -Oye. debía lavar las sábanas. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. por el contrario. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. si investigamos s obre la lesión. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo. en el noticiario la noche anterior. Dur ante los siguientes veinte minutos. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. de Milwaukee. Dicho lo cual. Estuve durmiendo. Harry se veía totalmente estupefacto. Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez. Nathan Bailey. dispuestos lado a lado en lo más alto. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. -Y dime. pasó el resto d e la mañana en la sala. pero primero echaría un vistazo. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta.

Nathan. -¿Qué? -jadeó. intentaré pagárselo. Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa. pero no todo lo que dicen. Fue algo muy feo. Su tono sonaba gélido. El niño con . Créanme. -¡Ja! Te callaron. Les prometo cuida r sus cosas. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990. Nathan. Recogí los pedaz os y. Sabía que pronto llegaría su oportunidad. habría sido la animadora que perecía por él . Díganle que gracias y que lo sien to mucho. tus anfi triones de anoche. Considerando el trabajo que debía hacer. oyó la voz del chico . Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. Ya estaba listo. por increíble que pareciera. LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . Kendra. no como las había planeado. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. Las cosas no iban b ien. Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. Sí. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-.357. tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez. de modo que la emprendió a preguntas.. como un automóvil BMW. En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. También encontraron tu nota. en un par de días. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas. Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. rompí un vidrio de la puerta trasera. Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. No se preocupen. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. Permaneció mudo. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. 52 Huye. no parecía que hubiera robado na da. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . sin duda. se había duchado en e l baño principal y. Nunca creyó que regresaran tan pronto. Perdón por el desorden del baño. El corazón de Nathan latía a toda prisa. Los Nicholson. Al menos. Según deducían. Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. Sin embargo. Ya en camino. o quizá una semana. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. Su amigo. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto. pero uste des la llamaron de inmediato. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa. el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. Hice algunas cos as malas. Por favor. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. pero le fue imposible.D. Aunque traté de ser cuidadoso. declaraba Kendra. cuando tenga oportunidad. 53 Huye. A continuación. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. Cuanta más gente estuviera atenta. Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. Nathan había dormido en la habitación principal. Pointer soltó una carcajada. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. Nathan Bailey P. llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. Le temblaban las manos. aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. había dado otros golpes difíciles en el pasado. que acababa de limpiar. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor. También tuve que llevarme su otro auto.. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW. Salvo por la ropa y el auto. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock.

Yo tampoco quiero. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. Pero no era un asesino. -Oye. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. que Nathan no era un peligro para la sociedad. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. no creía una sola palabra de lo que dijiste. sin embargo. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. "Ahora tienes una nueva vida. -Gracias -repuso Nathan. y tu situación en realidad me conmueve. La primera. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. y la segunda. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. conmovido-. Nathan"." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. Era cierto que había matado. Nathan sonrió y estiró la espalda. Esta vez se sentía tranquilo. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático. Eran nuestros vecinos. no los reformaba. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . huye A partir de ahí. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. De modo que sí. -Estoy segura de eso. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. ¿es cierto? -agregó Frank. al principio del telefonema de ayer." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado. él mismo lo confesó. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. La policía les avisó. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. -¡Qué van a saber! -y Denise rió. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. controlado. Nathan. pero no sabía por qué. la gente no conoce los límites. A veces. hay mucha gente que no opina l o mismo. Un chico listo. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa. para suplicarle que lo acogieran.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. -Estoy de acuerdo -terció Denise. había dicho. -Hola. 54 Huye. Recu erda que. Nathan -saludó Frank-. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. Nathan respiró hondo. si me conocieras mejor. si te pregunto algo. Esa noche. "Ya no podemos ser parte de ella. Jacob Protsky. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-. sabrías que eso significa mucho para mí. Y. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. pero después ya no quisite hablar de él. California. pensó Warren. Denise. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. igual que muchos radioescuchas. Como madre que soy. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. que el sistema correccional para menores hacía criminales. En su fuero interno. de Coronado. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. yo e staba en casa de mi mejor amigo. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. quisi era ayudarte. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. y el papá de Jacob me lo dijo. El día anterior. -Nathan. y el tren lo arrolló.

alguien más lo in tentará. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. al iniciar el turno.. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. rojo cereza. dirán que yo soy el asesino. no había el menor indicio de una sonris . Pensilvania.. -A los niños no. Sólo pensaba. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. Ya en su auto. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. -A muchas personas les funciona. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. reparó en un BMW descapotable. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. Siempre llevaba las de perder. se sintió in finitamente solo. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. tendría otra oportunidad . Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida. se acercó a revisar el vehículo. Si regreso. -Escucha. En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. quizá otras personas también podrían. huye -¿Eh? ¡Ah!. siempre estaba en juego su supervivencia. En el exterior. Nathan. con la respiración agitada y las manos temblorosas. Nathan. Denise -declaró Nathan. Nathan. Aún había gente dispuesta a escuchar. nadie había mencionado un BMW robado. después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. De pronto. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo. y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. No volveré a menos que me a trapen. Aquella mañana. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . 55 Huye. amiguito. ¡No me dig as que debo regresar. Así funciona el sistema. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. sobre todo. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme.lo abrazó. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. Al llegar. Pero. -A decir verdad. -No puedo regresar. -Siéntate -ordenó Warren. . de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. H arry se sentó con la espalda erguida. -El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. A mí no. Ya eres noticia. el catecis mo católico. y si la suerte lo acompañaba. Si se esforzaba y decía la verdad. Denise. porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. Nathan. Se veía despavorido. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar. Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. convencido-. si me defiendo y gano. sí. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento.. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara. en Jenkins Township. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario.

Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. Nathan. soy Warren. Warren se inclinó hacia adelante y. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. El teléfono sonó nuevamente. se dijo. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. y no podré volver a cubrirte las espaldas. ¿Quedó claro? -Sí. Yo cubriré las cosas aquí. El motivo de esta pequeña charla. Cuando el teléfono volvió a sonar. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. -¿Y bien. Habla el sargento detective Hackner. al norte de Ha rrisburg. Warren levantó el expediente. si estaba decepcionado de alguien. Warren se retrepó en su sillón de vinilo. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. Pasaron unos cuantos segundos. Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. que Warren le devolvió. Él era de lo s buenos y. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. Thompkins -prosiguió Warren-. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . Harry salió y cerró la puerta. -Jed. Encontraron el auto en Jenkins Township. el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira. -Anímate. huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. Los demás tenían razón. con grandes aspavientos. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. Michaels era de los buenos. señor -repuso sin titubear. Jed contestó. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. que rechinaba. Harry. Nathan. -Ahora. él no se había presentado. Pensilvania. eh? -preguntó con voz apacible. Harry miró al teniente a los ojos. señor -masculló Harry. y una gran equivocación. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio. El corazón le palpitaba con rapidez. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. Voy para allá ahora mismo.a. 57 Huye. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. al tercer timbrazo. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. Warren puso la mano sobre el auricular. -Sí. 56 Huye. Otra más. -Residencia de la familia Nicholson. señor -respondió Harry. agente Tho mpkins. Estamos en Estados Unidos. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. -Sí. Sin embargo. -Sí. ¿no es así? Harry asintió.

tenía un asp ecto cadavérico. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. to dos los presentes guardaron silencio. Señoría. incómoda. según entiendo. Desde las nueve de la mañana. Su Señoría. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. sin dar muestra al guna de tensión. que un buen . Su Señoría. Al fin. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. Señoría -concluyó el abogado Morin-. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. Caminaba de un lado a otro por el pasillo. Con sus casi ochenta años. -En efecto. Pero estoy lista para proceder si n él. el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. ¿no es así? Morin se puso de pie. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. diez minutos antes de las cuatro. sacó su s notas y empezó. Y. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. Stephanie sonrió. El primero. Investido como juez en 1955. veo que está sola -reconoció. la tenemos -respondió. Clarence O. con un fino traje de Brooks Brothers-. -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. En contraste con sus limitaciones físicas. Stephanie quedó boquiabierta. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. La fiscalía 58 Huye. de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. furiosa. -A decir verdad. Abrió su portafolios. les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. -Señorita Buckman. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas. Su Señoría. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. Esperaba ver al señor Petrelli con usted. sus oponente s de Omega Broadcasting. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. seño Morin -indicó el juez. al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. yo también lo esperaba. irritado-. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla. -Sí. Morin sonrió afectadamen te. Puestos de pie. elegantes y muy bien pagados.so perdido. -Con esto se demuestran varios puntos. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. encima. Nathan. Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia. Una vez concluidas las formalidades iniciales. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. Cuando subía al estrado. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. -Su Señoría. tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". Verone giró la cabeza hacia la defensa. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal.

Necesitaba analizar su sit uación. Cuando el sujeto oyera las noticia s. un grandísimo imbécil. Buscó des esperado alguna solución. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. y debía aguardar. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual. con los pies descalzos plantados en el suelo. Pens ilvania. alguna forma de ganarles la delantera. Virginia. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo." Volvió a sentarse e rguido. lo meteré en la cárcel por desacato. en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. Pese a sus reflexiones y planes. pese a todas sus oraciones. Tiene que haberla. lo declararían culpable y. Era de transmisión manual. . el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. ¿Quedó claro? -Sí. sin duda. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato. Su Señoría -objetó Stephanie. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. Nathan. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. Si algún maleante lo elegía como su presa. y el segundo. vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. "Piensa". quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. Por primera ocasión. mostrarían su fotografía. señor -respondió Stephanie. Se dejó caer en el sofá. no tenía relación alguna con el mundo real. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. Señorita Buckman. De hecho.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. Aun en los días más oscuros. -Ese último comentario no viene al caso. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios. se dijo. Era u n idiota. todo po r su propia culpa. Sólo esperaba recordar cómo. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. La ropa estaba lavada. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. Lo sacó y se tendió en el sofá. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. con el arma apoyada sobre el pecho. El Honda de la cochera complicaba las cosas. Todo y to dos lo habían abandonado. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor. "Debe haber una salida. y había limpiado la cas a. de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. lo recordaría. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. Había decidido llevarse el arma. se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior. Faltaban tres horas para el anochecer. señorita Buckman. y. No era posible. Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor." Apagó el televisor. pero no tardaría mucho. Infórmele que. pero l sitio exacto. Nathan estaría pr eparado. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. si intenta otra jugarreta como ésta. Según fuentes policíacas. Hablarían con la gente. ha sido localizado. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. -Por el contrario . EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población. los policías habían anulado su ventaja de dos días. lo encarcelarían por el resto de su vida. En unas cuantas horas. . La espera lo volvía loco. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. Tenia que escribir otra nota..

Podría conocer a su madre. todos ellos con una fotografía de Nathan. Llamó a la puerta por mero formalismo. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable. y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto. oler su perfume celestial. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos. no más golpizas. reconoció la ver . se permitió fantasear en que también encontraría al niño. súbitamente. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. Sí. Después de unos quince segundos. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. Los labios comenzaron a temblarle. vivo por fuera pero muerto por dentro.. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. Habían estado a cinco metros de él. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo. Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. sabía reco nocer las casas desocupadas. no hubo reacción alguna. Por segunda ocasión en dos días. El problema era la hora. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero. Nathan. -Ya me descubrieron -susurró. Si él hubiera estado en los zapatos del chico. las b alas eran grandes. y eso significaba Little Rocky Creek. donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. Durante largo rato. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. no más soledad. Sin embargo. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. Todavía amartillado y li sto para disparar.. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. si alguien sabía algo. Su padre volvería 60 Huye. huye a sonreírle. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Greg intuía que estaba cerca. había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. y no lo encontraron. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. Sería feliz. Empero. Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas.Esta vez. se lo informaría.. Estas cosas implican tiempo. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino . Entre las sombras del anochecer. dos. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. Casi podía sentir la calidez de su abrazo. Nathan permaneció inmóvil en el piso. Greg no se desalentó. dio media vuelta y se alejó. Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". Uno.. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa. En las casas donde no encontró a nadie. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro. Nathan. ¿o no? No más persecuciones. un instante más tarde. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. ah ora ya había motivo de esperanza. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. No podría haberse movido aun que lo deseara. Confiaba en que. 61 Huye. Sería libre. huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir. pero ninguno de ellos había visto nada. se veía malévolo. algún día. La muerte era una forma de libertad. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. Esperaba poder contarlo algún día. Vistas de cerca.

¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. Le recordaba una vieja canción. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. Ya era hora de que vinieran. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. Al cruzar el umbral de la puerta.. en algún momento posterior. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento. gracias. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. Sién tese y hable conmigo. Por favor. sostuvo la placa junto a la cara. rompió a llorar. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. -No entiendo. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar. -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-.. pero no pue do.. Sin embargo.güenza de lo que había estado a punto de cometer. Respiró hondo. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. -Cahill. -¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy. Si alguien le hub iera colmado la paciencia. formulada sin ambages. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. Nathan dejó caer el arma en la alfombra y. señorita. Jed se sentó en el viejo sillón. Se llamaba Misty. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky. pero no bebió. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. Mire usted. Por favor. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-.. cos . compañer a... La suposición de Jed no podía ser más errada. eso es lo que estamos investigando. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano.. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. Misty. Mitsy Cahill. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas. el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada. -No es sólo una víctima inocente. donde pudiera verse a través de la mirilla. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. ¿acaso cree usted que. con el dorso de las manos en los ojos. Vaya nombre. -De hecho. Po favor -suplicó más tranquila-. Me agrada t ener compañía. -Señorita Cahill. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar.. Contempló un rato la botella de cerveza. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-. -Señorita Cahill. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una.. pero. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía. eh. Cuando volvió a mirar a Jed.. No había r egistro alguno de que tuviera esposa. llámeme Mitsy.? 62 Huye. señorita. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed. No obstante.. -Muy bien.. póngase cómodo. s e veía enojada. -Por supuesto que no. y ella las enjugó con los dedos. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas. sé que esto no es agradable. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. -Mitsy -lo corrigió ella. ¿verdad? Esa pregunta. -No.. Joven. -Bueno. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso . podría pasar cualquier cosa. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. Nathan. A CASI doscientos kilómetros de distancia.. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo. de unos veinticinco años. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-. Al llamar a la p uerta de chapa de madera.

Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. Y. de eso estoy s eguro. la camiseta de algún equipo deportivo. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. lo sabría con certeza. Llevaba pantalones cortos. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. hace como una semana. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. Y el cabello era igua l. en casa de los Nicholso n. Nathan. Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. -Hasta donde pude ver. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. En un arranque de inspiración. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. amable-. La esposa de Todd. a mí -concluyó e n un susurro. No recuerdo de cuál. AL FIN oscureció. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. pero no sabía qué hacer con ella.as de Ricky. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda. pero tampoco era tan irregular como había temido. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. -Ya se lo dije. 64 . ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf. 63 Huye. de una camiseta de los Toros de Chicago. hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. -No tengo idea. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. huye -En honor a la verdad. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. Según los informes procedentes de Virginia. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. Fuera lo que fuera. Su tono era brusco y apremiante. era un boleto abierto. celebrando su inmi nente victoria. ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. Rasgo p or rasgo. -Es él -aseguró Todd-. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. Finalme nte. Sin embargo. Debemos llamar a la policía. Tenía ante sí mucha información nuev . creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. Nathan Bailey se había apoderado. por supuesto. En cuanto Todd viera la fot ografía. no lo sé. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. Su aceleración no er a precisamente uniforme. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. La otra parecía extraída de un vídeo.

-¡Si seré. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. sin cruzar nunca l os pies. -Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. las luces altas de su auto. Estaba cruzando la calle. Sin saber con certeza qué buscaba. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa. Era sólo una sala a oscuras. El tipo seguía ahí. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail. salieron de vacaciones. una familia de la otra calle. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos.Huye. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino. que . por cierto. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg. que parecían intactas. porque vio movimiento a través de las cortina s. Acabo de recordar que los Grimes. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. Nathan. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. pero fue inútil. sostenida en ángulo recto frente a él. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. Lo siento. Durante los últimos ocho kilómetros. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda. 12 EN LA OSCURIDAD. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. Al acercarse a la puert a principal.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera. De modo casi inconsciente. dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. y también aceleró en un intento por perderlo. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono. o más bien le pareció haberlo percibido. bajó por el hueco de la ventana. a nivel del piso. A petición de Gr eg. reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral. El arma era una extensión del brazo de recho. -Señor Bris cow -empezó a decir.. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara.. Nathan. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. 65 Huye. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. El patio trasero se veía igual. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. se había hecho de un arma. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. -Sí. En el resplandor tenue de la luz. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. Greg se movía como una araña dentro de la casa. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. -En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. nada parecía fuera de sitio. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia.

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

Cu ando logró entender. El lugar se ve vacío. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. En cuanto pronunció aquellas palabras. huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. no hay nadie más que el chico y yo. -Sí. como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. El "policía" cayó desmayado. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. Tras un primer golpe. Vio el arma entrar primero. más le irritaba el día que tenía por delante... A pareció rápidamente y rodeó la puerta. pre parándose para disparar. Se oyó una llave en la cerradura. Sólo vine para dar una mano. P arece una noche muy tranquila. Eran raros los visitantes a esa hora. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. ¡Pum!Otra vez. -Buenos días -saludó Pointer animado-. atrapamos al maleante. Otra vez. sólo se agachó para re el arma. la pesadilla todavía no terminaba. la bala ya iba en camino. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. Pointer no respondió. El pánico invadió a Nathan. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. Nathan se preparó p ara dar el segundo. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. En este caso.rota como si estuviera íntegra. pensó Nathan. Nathan. Watts sonrió. -¿Quién es usted? -gritó. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. Quizá podría. 70 Huye. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función. El ves . Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. "Tal vez pueda alzar el catre". La pistola cayó al piso. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche. sino que tuvo más resonancia. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. señor. No era muy grande. sintió que la sangre se le heló en las venas. tomó la pistola y giró. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. No logró identificarlo. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. ¡pum!. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. pero sí pesada. Tenía que huir. Er a innegable que algo estaba sucediendo. A LAS CUATRO y media de la mañana. Otra vez. Soy policía del condado de Braddock. Un arma. Esto no podía estar o curriéndole. Al parecer. -En efecto. amiguito -rió Pointer. pero no se disparó. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones. se dio cuenta de su grave error. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o.

Nathan. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. En el escritorio. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo. En retrospectiva. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. Volvió a quejarse. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. y las puertas abiertas de par en par. Era muy fácil. -Has sido un niño malo. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. empezó a maquinar un plan. La gente ya creía que Nathan era un asesino. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. los ojos no la dejaron tras lucir. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. pero cuando aparecieron. la estructu ra más prominente en el centro. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. que estaba ubicado en el campo. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. 71 Huye. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión. de lo que s in duda era la plaza principal. Nathan -se burló en voz alta. Cuando corría por el pueblo. Nathan. dominado por escaparates y callejones. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. parecido a un lápiz gigante. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o.tíbulo estaba desierto. Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. Por lo pronto. Pointer se quejó en voz alta. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. Nathan no sabía qué hacer. veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. pero los 72 Huye. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad. llegaron por montones. con la cabeza c aída sobre el pecho. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. De haberlo sabido. El señor Slater no estaría muy complacido. Al ver la prueba física ahí. huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. De hecho. que se guardó bajo el brazo. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. No le costó mucho traba jo sonar convincente. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. adoptó la posición de tirador. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. Ocasionalmente.

Ya los tribunales decidirían su destino. Y. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. en el condado de Pitcairn. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. tanto reales como imaginarias. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. Warren viviría en paz con el resultado. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. huye Entonces. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. y terminó con el tiroteo-. aunque. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. desde luego. Warren se quedó inmóvil un momento. por fortuna. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. Después de todo. "Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. -¡No! -musitó. sitios siemp re oscuros y húmedos. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. -Ni siquiera pudieron defenderse. Nathan. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. -Ya que estoy aquí. -Creo que todos abogábamos por Nathan. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian. Y cayeran los dados com o cayeran. la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos. Realmente me tragué la histori a del chico. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. 73 Huye. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-. no era el padre del pequeño. Y. por supuesto. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. P rimero incorporó el ruido a un sueño. Después de colgar. -Hola. Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. Brian jamás habría podido matar a un hombre. Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . Jed lo entendió.o eran viables. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. -¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. Escucha. tras la brutal ejecución de sus dos captores. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas. que dormía profundamente. lo oyera. lo hizo estremecerse. por el momento. estaba abierta. Warren guardó silencio largo rato. Mas. no podía quedarse donde estaba." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. En cuanto vio la puerta. pero vaciló ante s de moverse. Mientras trataba de idear un nuevo plan. reconoció que había descubierto su única opción. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto. Nathan no era su hijo. Warren. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. Jed.

serena y metód icamente. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. En aquélla siempre había algo bueno que comer. porque trabajaba todo el tiempo. En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains. Nathan. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . como perros. Esta imagen resultaba demasiado absurda. Lyle llamará esta mañana. Hoy mató a dos policías. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. quiero hablar con él. Sammy se aclaró la garganta. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. -Sí. -Quinientos mil dólares son mucho dinero. J. tal como usted le dijo a Pointer ayer. El señor Siater lo hizo callar con un ademán. Sammy. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. Tenía sus libros y su televisor. Sammy. Tenemos que detenerlo. y después los ajusticiaba. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. -Sí. su fiel lugarteniente. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. incluso para pasar por cómica. -Sí. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. por otra parte. Cuando su mamá estaba en casa. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. 74 Huye. -Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. Sin embargo. en la que Nathan era la verda dera víctima. Cuan do llame. era un verdadero horn o. Hay que hacer lo que hay que hacer. y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. claro. además. Sammy. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. pero algo en todo esto no cuadraba. A los diez años. Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. El departamento de Billy. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. Si alguien se pasaba de la raya. En aquel momento. lo son. Debemos sacrificar a Pointer. señor Slater . Y. -Está claro. pero. inmóvil. Pero lo peor era la soledad. Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. Denise trató de imag inarse a Nathan.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris. Aquello no tenía sentido. DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. Permaneció unos instantes d e pie. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. Enseguida. compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. esperando a que se reconociera su presencia. lo ponía en orden. por lo pronto. huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. protección. No vale la pe na. Ya era bastante con el guardia de la prisión. uno s animales torpes e incompetentes. señor. con las manos en alto. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. El propio Lyle. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. -Sí.

el lugar estaba atestado de periodistas.. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. Algunas cajas del rincón se movieron. Billy no perdió tiempo. -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. que se puso de pie muy despacio.. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. Daniel Petrelli al grupo-. Salvo por algunos problemas en este caso. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo. -Eres Nathan. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí.. ceñudo. No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. que ya daba audiencia en el ves tíbulo. -Todo el mundo sabe quién eres. Una tras otra. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli. huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva. huye Warren le dirigió una mirada fulminante. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. 76 Huye.. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. J. seguramente te agarrarán. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. Ahora sí. Nathan. Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. se inyectaban o a veces morían. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-. con antenas parabólicas sobre el techo. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. aterrado. ¿verdad? 75 Huye. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-. Todos andan buscándome. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do. Las ca mionetas de la prensa. pero tenemos un televisor. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. -Todavía no lo sé. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. El sótano de su edificio era un lugar oscuro. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez. No hay mucha comida. ¿Qu. será mejor que salga. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. y hay algunos juegos y juguetes. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan. sea quien sea. si a eso te refieres. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. S. -Entonces. Billy había visto las noticias aquella mañana. Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli. -Lamento los problemas. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez. Nathan. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. Billy le explicó todo.basura al sótano. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. pero no lo logró. Expert . -La policía. -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J.

deberá ser cuidadoso. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy. agente. señor -respondió Pointer con voz ahogada. El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. era un profesional. Es muy sencillo. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. Ya no quiero oír tus excusas. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. a las cinco. y lo enfrentaré a mi modo. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. todos letales. sin usarse. seguido de Petrelli. Lo comunicaron de inmediato. como si ya estuviera muerto. -Esta madrugada. teniente. No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. -Ahí lo tienen. pero así es..o en fingir sordera. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. huye Sin decir más. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-. Ésas son sus órdenes. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . -Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. L a puntería era asombrosa. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No. Si se siente amenazado. sí. Sin embargo. Volvió su atención hacia Murphy. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. Pointer no podía controlar la respiración. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. Sino. Lyle? -Sí. -Cállate. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. Petrelli estaba listo para responder. y colegas de ustedes. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. Me refiero a que es un niño. Warren estaba horrorizado. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. teniente -respondió con paciencia-. Si ust edes no hubieran fallado así. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a. Nathan. Murphy se dejó llevar por la ira. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. Si representa una amenaza. Necesitamos discutir algunas cosas. Se habían hecho tres disparos.? -Ya nos encargaremos de él. Podía haber tenido otra. 77 Huye. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . ¿Entendiste. Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. tiene luz verde. -No me diga cómo manejar mi jefatura. Ahora es mi caso. elimínelo. de unos veinte años de edad-. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía. En respuesta a su pregunta. sí lo es! -de pronto. Lyle -ordenó el señor Slater-. Eso es todo. sorprendido por el temblor de su propia voz-. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo. -Alguacil -lo recrimi nó-. Eso s hombres eran mis amigos. -Oye. La prueba física circunstancial era innegable. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes. señores -concluyó Petrelli-. Cuando lo arresten. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. Si pueden atrapar al chico vivo. te rminará frío.. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. Si matan al niño será porque se lo mere cía. -Mire. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. así será. age nte. Lyle. Ese animal mató a dos de mis homb res. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. teniente Michaels. Por lo pronto ven aquí. Pero la decisión n o depende de mí. -Petrelli. sin embargo. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. señor Slater explicó Pointer.

¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. pensativo-. -No tengo la menor idea. ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven. Bueno. Jed -lo apremió Michaels-. todo lo demás encaja a la perfección. Y. Reacciona. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. -Agente.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". Esto va más allá de lo s asesinatos. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. no lo tiene -asintió Warren. Warren. Oye. ocupado con el papeleo. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. ún icamente se está defendiendo. pero piensa. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. aunque no hemos conse guido gran cosa. Las piezas caían en su sitio. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. todos le desagradaban. Así que. -Con el debido respeto. un disparo a la cabe za. tendido ya en el piso. Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. Precisamente quiero que lo averigües. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. ¿estás se uro? -Piénsalo. -Sí -declaró el agente. De pronto. Nathan. de un modo u otro. Eso sí era lógico. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. -En efecto. -No. -¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. tal vez notendr ía. no to do el sistema. Como reacción al ruido . no se queda sentado. Correcto. Entonces. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. Este niño no es un asesino. y oigo d isparos en el pasillo. -Creo que no hay duda -afirmó Warren. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. Primero el tiro en el pecho y luego. -Mi duda es la siguiente. habría tenido acceso al pasillo. En un solo momento de inspiración. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. Estoy sentado aquí. Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. Sí. -Muy bien -dijo en voz alta-. Su voz desbordaba alegría-.. Jed vio claro. Si un policía oye disparos. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. para empezar. además. Alguien tuvo que pagarle. huye Warren asintió. -¿Un matón profesional? Warren. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros. pensó Warren. Nathan. Y dígame dónde hay un teléfono. Como mínimo. Tenía el logotipo de un banco. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. correría por el pasillo con el arma desenfundada. Con la puerta de la ce lda abierta.. la mente se le iluminó. Br . Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento. Trata de identificar a la persona que le pagó. Simplemente se interpusieron en su camino. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. A menos que. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. pero al menos las cosas serían más congruentes. Nathan había sometido a Schmidtt. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. ni siquiera desenfundó. Así que investiga sus antecedentes financieros. desenfunda . -Supongamos que. 78 Huye. 79 Huye. No tengo idea -admitió Warren-.

Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. después . hasta que al fin pudo comunicarse. o incluso de trabajo. -¿Qué tal. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. Tal vez haya algo. no dices nada y. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. Necesito hablar con Denise.. -¿Eso es qué? Harry no respondió. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. y Ricky. -No lo dudo -farfulló el niño-. Enrique reconoció la voz. Harry respiró profundamente. Servicio de urgencias. q ue por eso 80 Huye. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió. -Muy bien. sólo dinos lo que pasó. . la recuerdo -lo interrumpió. el villano. -En efect o -reconoció con aire jovial-. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño. Por favor. -El hospital de Braddock. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. Yo te creo -lo consoló-. Nathan. jefe. Te comunicaré enseguida. Nathan obedeció. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. Se hizo una pausa. -¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. manos a la obra. Creo que acaban de llegar. -De acuerdo. Sin embargo.addock Bank and Trust-. -Aquí vamos. Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. y nadie hubiera objetado-. -Hola. -Me da gusto oírlo. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. -Sí. -Tad. -Y otra cosa. pues tengo otra teoría. Nathan.. Empieza por ahí. si a eso te refi eres. todos cambiaremos de puesto. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. -Eso supongo. Creo que est oy en deuda con él. por favor -pidió después de una breve pausa-. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora. ¿eres tú? -preguntó Denise. No había nadie que pudiera oírlo. nadie era tan amable con nosotros. Pero. -En otro tiempo -sonrió J ed-. yo no maté a los policías. Después de treinta timbrazos. Harry fue directo al grano. quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. y. Estaba al aire. -Espera un instante. Cuando terminemos con ese asunto. -De acuerdo. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. si me eq uivoco en este caso. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. cariño. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. ¿verdad? -Sí. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. lo sé -rió Warren-. -Muy bien. Ahora. -Nathan Bailey. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. contestó una voz familiar. Tad no dijo palabra. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. huye Harris trató de asesinarle.

Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. estaba muy equivocado. para dar por terminada la conv ersación. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin. Virginia. Cuanto más decía. habla Larry Vincent. DE UN MODO u otro. me pregunt . Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. así era. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. estaba el nexo. Pero esa madrugad a fue distinto. -En realidad no fue nada -respondió Todd. Todd sonaba como un perro jadeante. matar siempre había sido un negocio . Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. El testigo. efusivo. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. Silencio. Sólo hizo tres. -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. pero las veces anteriores había tenido las llaves. Lo tenía delante. Eso significaba que s eguía a pie. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos. Todd Briscow. -¿Sabe? Antes de que colguemos. Ahí. ¿Habría robado otro auto? Era posible. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. PARA SU GRAN alivio. doc -dijo Harry. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. Lyle tenía un trabajo pendiente. Se lo explicaré en el auto. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. que ya se dirigía a la puerta-. Jed lo siguió. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. De hecho. en el condado Pitcairn. El radio. Quiero decirle. que empezó a volverse bochornosa. Jamás volveremos a hacerlo. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana.. De pronto se convirtió en algo personal. lo felic itaron por su disposición para colaborar. -Sí. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. e n la página del diario. A los oídos de Pointer. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. e n algún sitio. Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites. Cerró la puerta y descolgó. huye Nathan Bailey le había robado su honor. 81 Huye. -Habla Todd Briscow. y ese tra bajo estaba ahí. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. Pointer empezó a concebir un plan. -Señor Briscow. Las dos pri mera noches. Nathan. sargento -respondió Harry. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. -Un millón de gracias. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. a nombre del señor Petrelli. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo. sí. Trabajaba para la compañía telefónica. ¿no e a así? Sí. ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. Hasta ese momento. de nada. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. -Vamos. de la oficina del señor Petrelli -mintió-. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey.-Tal vez un matón profesional.. casi corrió a su despacho. se preguntó.

La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. Necesitamos su ayuda por última vez. estaba en el negocio de la importación. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. Cuando el viejo murió. pero Mark no. Todo eso costaba dinero. Steve tenía t odo. señor Briscow. durante un instante. Todd no supo qué contestar. Incluso Nathan recibió una buena porción. tan en serio como un ataque cardiaco. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. Pe ro lo decía absolutamente en serio. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. "¿Por qué a mí?". Y. señor Vincent. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. Un año antes. inmutable. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. Querría compartir la gloria con un amigo. pero se acabó muy pronto.. mucho dinero. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. según descubrió Mark. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. su testamento quedó forjado en hierro. El dinero de verdad. zalamero-. Usted sabe que.. -De acuerdo -reconoció Pointer-. En lugar de compartirla. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. "Porque lo digo yo". Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. No. naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. La venganza era placer de dios es. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. comprendió lo que había sucedido. 82 Huye. Mark. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer.. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa. Nathan. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. pero no es posible. oprimido por la sombra de Steve. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. Y. por supuesto. Y luego. Pointer se lo pidió. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. esos quinientos mil podían convertirse en . señor Briscow. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. Si la historia se re petía. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. Salvo que no había tal dinero. Y aunque se permitió. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. Está pidiéndome que viole la ley.aba si podría hacerme un favor. Por supuesto. La mirada del enano miserable lo dijo to do. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. La ironía era en verdad delici osa. su hermano perfecto. dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark. y usted tiene la clave para hallarlo.. además. Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. Nathan. Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. -Vamos. el dinero de su querido viejo. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto. volvería a ser coherente en pocas horas. nada. Tras acabarse la enésima botella de whisky. exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. huye los dieciocho años. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. huye -Lo siento. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios.

en algún lugar. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. Cuando el av ión no regresó. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. Treinta días después. el legado se entregará al padre del difunto o. De pronto. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. Pero el reloj seguía su marcha. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. veinte mil dólares. eso no servía. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. En el transcurso de la velada. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. -¿Sabes. Tendría todo resuelto de por vida. y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. Dejaría que Mark viviera un poco más. susurró jadeante. y entregarlos al día siguiente como anticipo. Pointer se rió de él. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico.más de cinco millones. también había una cláusula de excepción. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. pero Mark reconoció l a verdad. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark. Lyle Pointer había descubierto la mentira. Antes de que te rebane el gaznate. empezaron los problemas para él. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Si n embargo. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde. Cuando terminó. Mark pidió sólo un poco de tiempo. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo. investigué un poco sobre ti. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. Mark se encargaría de los detalles." 84 Huye. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. explicó con gran aplomo. En las calles. Valuado en poco más de tres millones de dólares. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. Ricky sólo tenía que liquidar al . Comprendió que. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. Empero. Mark aún sentía el dolor. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción. Entre ellos. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. le aseguró. Pero. Según le explicó. Pointer ya tenía un plan. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. Tu familia tiene millones. para e l día treinta y uno. y Nathan era el único. Mientras tanto. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. Eres g ente de dinero. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. Sí había un modo. No. en partes proporcionales. Nathan. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. El resto fue asombrosamente sencillo.

mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. Y en ese momento. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. sin embargo. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. poco arriba del picaporte. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. Como s i la hubieran abierto con dinamita. Algo no andaba bien. -Es su vehículo -señaló Harry-. Harry la detuvo con el hombro. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. Era c erca del mediodía. se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. No hubo respuesta. -¿El asesino se fue? -preguntó. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. Con tres rápidas zancadas. Frente a la entrada había un a Ford Bronco. Mark -respondió-. -¿Qué quiere? -preguntó Mark. El señor Slater te manda saludos. listo para entrar en acción. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared. El lugar está limpio. ligeramente inclinado. muerto. y. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero.85 Huye. Jed corrió escaleras abajo. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. nada se movió. inspeccionó el resto de la sala. nada se movió e n el interior de la casa. cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey . De pie a un lado de las bisagras.chico y largarse del país. dirigiéndose a Harry. bastante alterado-. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. lo encontré -anunció Harry. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala.. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. Parece una casa abandonada. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. Nathan. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. Como no cedió. El hombre entró sin esperar a ser invitado. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. -Sargento. Se separaron. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. Tenía la boca abierta. Era un hombre corpulent o. ¡Abra la puerta! Pese al ruido. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. Está en la sala. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados . Harry lo siguió. Mientras esperaba en l a línea. que trató de abrirlo. apuntando con la pistola en ambas manos. pareció entusiasmado.. -No lo sé -su urró Jed-. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. En el mismo sitio que ayer. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. al lado d el picaporte. Todas las persianas están cerradas. en particular le llamó la atención el televiso r roto. -¡Mark Bailey. es la policía! -gritó Jed-. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. Yo iré arriba. Harry asintió con la cabeza. de unos sesenta y tres años. -Vine a hablar contigo. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. Es un presentimiento. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala. -¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. Jed llamó con varios golpes fuertes. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. que estaba a su derecha. -Sí. Harry podía cubrir el pasillo del frente. hacia el porche. Así empezó. todos abiertos en artícu . mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya.

Warren empezó a atar cabos. -¿Qué encontró. ¡Usted les dio autorización para dispararle. Stephanie -dijo. no obstante. -Entiende. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. tras oír un largo rato-. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos. lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. ¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. después de escuchar a Warren-. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. Warren no debía seguir adelante con el caso. Teniente Michaels. "Para estos dos. tajante. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. Habla Julie -le dijo una voz al oído. Jed le pidió que esperara un momento. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. Nathan. hojeó al descuido las hojas engranadas. Si Petrelli desacreditab a a Warren. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él." Como Warren no contestó. el punto en discusión no era la objetividad. el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. encaramado como una cotorra junto a su colega. se dijo. -Oficina del forense. J. 86 Huye. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. -¿Por qué mejor no te mueres. -Warren. "Es inútil". A Warren no le quedaba nada por hacer. En ese momento sonó e l teléfono-. -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo. Así. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. -¿Qué dices. Como no tenía na da mejor que hacer. no a una víctima llamada Nathan. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren. documentos legales. te di go que yo no llamé a nadie. Petrelli ro mpió el silencio. Están buscando a un asesino llamado N athan. ni dio muestra alguna de pretender contestar. Warren? -insistió Petrelll-. A la mitad del segundo párrafo. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-. Sin embargo. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. huye -El móvil -declaró Jed. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. -Mire. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación. oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. creo que e sta reunión ya terminó. Puedo conseguirle una escolta. Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. Cuando daba media vuelta para retirarse. Nathan. sargent -preguntó Harry.los que hablaban de Nathan. Cuando vio el . teniente? -ofreció Murphy. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. los ojos se posaron en un montón de papeles. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. Esta vez. encargado de la investigación. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-.

Tras una larga vacilación. En todos sus años de trabajar en la radio. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. Nathan corre un grave peligro. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o. Stephanie. por el momento. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria.. Tienen treinta segundos para ustedes solos. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-. pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. Sin decir palabra. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise. Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli.. Stephanie se lo dio. -Sí. -No me importa -aseguró Warren-. l a voz de Warren se incorporó a la conversación. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. tienes que salir ahora mismo de donde estás. el chico no tuvo una respuesta ensayada. el temor. una víctima en potencia. Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia.. -Déme el número -exigió. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago. al menos. teniente -protestó Denise-. Probablemente hace más de veinte minutos. -De acuerdo. huye -Nathan. -Ya sabe que si usted usa esta información. ¿por qué. hijo. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan ... En caso de que no se haya en terado. Nathan. soy uno de los buenos. En ge neral. -Teniente. Se oyó un clic y. sería el primer medio minuto en q ... abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. -Un momento. Warren no había pla do tanto. señora. Adelante. Lo único que necesito es ese número.panorama completo. Ahora. Esto es asunto de vida o muerte . 88 Huye.. pero. -No. Pero. a menos que quiera oír el tono de marcar. pero yo seguiré oyendo. el pulso se le aceleró. ayer ganamos la demanda. Aunque no lo creas. -Sí. -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido. -No lo sabes -repuso Warren-. -Step hanie. cualquier prueba será inválida. déme el número. habla la operadora. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento.. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. enseguida.. Hi jo. Por favor . de la policía del condado de Braddock. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. Nathan palideció. necesito ese número. ¿no es así? -S. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. habla el teniente Michaels. El tipo que lo pidió es el asesino. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. Sólo debes confiar en mí. Tendré mucho gu sto en explicarle después. en tono suplicante y amabl e. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. señor. ganaron -confirmó Warren-.? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. Y. -De acuerdo -accedió-. sí. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley. no lo sé con exactitud. -Mire. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. si los agentes de la policía qu erían matar a alguien. sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo.

y yo soy tu única opción. Me reconocerás. Antes del último disparo. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. Pointer venía dos pisos atrás. a diez centímetros de él. Enrique. Cuando llegó abajo. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-.ue tendría las orejas descubiertas. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. Parezco policía. -Gracias -repitió. -¡Oye. Me d a buena suerte. Tambaleante. la conozco. A un tiempo. No tenías que ayudarme. -Ve allá y nos encontraremos. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante. Iba vestido con uniforme de policía. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. -Adelante. -¿Confias en él? -preguntó Billy. traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. Faltaban sól o cinco metros. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. y que la policía no estaba implic ada en ella. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. Después. Primero que nada. -Por fin la fuga ha terminado. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. -Todo el mundo conoce tu cara. Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. uno de los Hombres X. Impulsado p or el miedo. amigos -les indicó Denise-. Nathan comprendió que estab a en problemas. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. Sintió un frío extraño. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark. Rodó hacia la izquierda. y salió por la puerta del departamento. Ahora. Por último. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. Nathan sonrió. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. Su tiempo ya está corriendo. Te lo agr adezco. Debo irme ya -concluyó. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. vamos a comerciales. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. Nathan -concluyó Warren Michaels-. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA. Nathan. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. Trece pasos ad . -Gracias. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. ¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. Nathan! -lo llamó una voz. Nathan no se detuvo. -Toma. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior. pero ganaba terreno con rapid ez. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto. Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. Tienes que confi ar en alguien. amigo. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. Billy -se despidió-. 89 Huye. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. Sí. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto.

huye Todo había cambiado. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. Mantenerse libre se volvió s ecundario. Si el chiquillo se mostraba agresivo. que era el principal francotirador del grupo. con un movimiento suave pero muy estudiado. donde todo había empezado. Después de contar hasta dos. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. 90 Huye. Ya no estaba evitando que lo capturaran. un niño negro. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas. Sabían que había mat ado a Ricky. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. Con éstas bajo control. Nathan. cuyos elementos ll egaron uno por uno. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo. Están saliendo en televisión. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. Y. Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. de aproxima damente diez años de edad. Respiraba agitadamente. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. unos trece vehículos policíacos. Mientras Nathan corría. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. Nathan. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. Una vez que llegaron al s exto piso. festivo-. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. Ahí estaba. . derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. c on la esperanza de pasar inadvertido. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. Entonces. el primer autopatrulla apareció por la esquina. listos para disparar. Cuando creyó que era seguro descansar. lo primordial era seguir con vida. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. en la sala. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. 91 Huye. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida.elante. amigos! -los saludó Billy. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado. El pequeño se incorporó y les sonr ió. así como las polillas siguen la luz. reducía el paso hasta una marcha rápida. pero donde pensaba que podían verlo. Las sirenas estaban muy cerc a. estaba tendido en un sofá. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. no veía rastro de Pointer. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. el resto del grupo invadió el departamento. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. -¡Hola. Nathan se dijo que se había librado del hombre. Cada vez que miraba sobre el hombro. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce. El arresto sería váli do. cada quien en su propio vehículo. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. El oficial Steadman. para detener a Nathan Bai ley. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. Podía verlo en los ojos de las personas.

de modo que no podía apuntarle y dis parar. Nathan empezó a zafarse. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire. Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. La prenda e staba sucia. El hombretón. Nathan cayó de pie y se agazapó. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo.C. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. -Se acabó. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. En Washington. Sin embargo. habría oído al entrometido gritar su nombre. -¡Oye. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado. -¡Oye. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". pe no logró obligarse a tocarlo. pero si n correr. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. Arriba. niño. D. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. el chiquillo era rápido. preparado para defenderse del siguiente atacan te. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. Cuando los brazos se aflojaron un poco. resultante de un ataque más de un adulto más. Al p rincipio. -¡Alto ahí. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. gemía en voz alta. Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones. NATHAN SE ACERCABA. El niño avanzaba sin precipitación. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. en el suelo. unos diez centímetros abajo de la axila . -¡Suélteme! -gritó Nathan. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó.. No le dolía más que un raspón profundo. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. Nathan. Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn. 92 Huye. en este día no era sino otro dolor. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños. Estaba cerca y lo sabía. éste lo soltó. señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares.Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. Consciente de que debía proseguir. Calculó que serían unos tres minutos más. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. Caminaba de prisa. Empero. sin conta r el aguiero de bala. empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. . Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia.

Decidió llevar la farsa un poco más lejos. -Corre. El policía acaba de disparar a dos personas. resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. pero no lo dejaron. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. Pointer sintió que se ruborizaba. el sujeto no podía fallar el tiro. Por el modo en qu e actuaba el teniente. algo que jamás había hecho al aire. -Soy policía del condado de Braddock. con Steadman y a en su puesto. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. así. El abogado cayó de bruces. Nathan trató de colarse entre las personas. afable-. 93 Huye. Se acu clilló. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. cariño -suplicó-. Soy abogado. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. agente -continuó Kassablan. también se explic aba su intenso afán protector. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. El arresto se llevaría a cabo pronto y. -No reconozco su uniforme. haciendo una seña con el cañón del arma. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. Nathan vio su mirada bondadosa. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. En menos de diez segu ndos. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. a esa distancia. Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. Nathan corre por la calle. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. Desde ahí. Denise lloraba. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. Y. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Virginia -explicó-. Creo que puedo resolver este problema. allá se busca a este jovenci to por asesinato. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. conocido en clave como Paco Uno. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. Durante los últimos diez minutos. -¡FUE ÉL. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. Nathan. -Yo también -s iscó Pointer-. ¡Por favor. Al menos. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. Fue él quien mató a los policías. -Tírate al piso. Pointer echó a correr detrás de él. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. La carrera continuaba. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. G iró sobre los talones. implorando ayuda con los ojos-. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. Ambos sabían que. ¡Rayos! ¿Dónd . Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . niño -ordenó. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. tratand o de escapar. y ahí estaba el asesino. -¡Yo no hice nada! -gritó. el detective parecía inquieto. Nathan había ganado unos doce metros. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-.

Nathan. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. comprendió lo que ocurría. venía apenas unos pasos detrás. El hombre tenía una mirad a amable y triste. -Aquí comandante a Paco Uno. Steadman colocó el rifle en posición. apareció en su campo de visión. Al oír la segunda. Con los pies en el aire. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. -PACO UNO a comandante. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. DESDE SU SITIO. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. -¡Atrás. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. después. un movimiento repentino del objetivo. Antes de que W arren pudiera reaccionar. se supo perdido. Un policía uniformado. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. al que no reconoció. 95 Huye. huye EN LA CAMIONETA de mando. podía . ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. Nathan. Delante de él. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento. Ya no tenía aliento para pedir ayuda. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. NATHAN TRATÓ de acelerar. camisa azu l y corbata de rayas. pero lo detuvo una potente bofetada. Por cierto. Al principio. Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. con jersey de un equipo de fútbol americano. A esa distancia. entre la niebla y el dolor. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. Paco Uno. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. Parecía un buen tipo. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . un minuto después. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. vio el uniforme extraño. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. NATHAN NO PODÍA re spirar. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. pero las piernas no le respondieron. listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . Suéltelo y vivirá. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. -Pésimas -respondió-. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. Warren corrió otros diez metros. Esta vez. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. a menos que el niño amenace a alguien. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. Steadman sonrió. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. cualquier suspiro. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. y éste era su última cart a para negociar. Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. -¡Policía! -le gritó al impostor-. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. De lo contrario. deteniéndolo con el brazo izquierdo. cerdo. EN LA CAMIONETA de mando. vestido con traje marrón. pero el blanco era difíci l. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica.stán losver dader os policías? 94 Huye. Intentó tirar un puñetazo. distinguió a un hombre con un arma. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. Murphy golpeó con el puño. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Al fin había llegado su momento.

Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. Nathan. rodilla en tierra. Nathan. -Soy yo. Confía en el juez. se acer có al niño y se sentó a su lado. -Espera -fue la respuesta. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie. A través de l os audífonos. Ésta se presentó. Ante millones de telespectadores en vivo. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. era el de la camiseta de tenis. Nathan. pero siempre fueron mentiras. Em pieza por confiar en mí. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas." Recogió el revólver de Pointer de la acera. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas. hijo. Ly le Pointer se desplomó. Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. donde había caído. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. el teniente Michaels. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. Usted me matará -y a martilló el revólver. El niño gritó y cayó a tierra. el aroma de la fuerza . El disparo fue perfecto. WARREN SE adelantó a los d emás.. Pero los ojos de este policía eran amables. todos con uniforme de policía. -No. Y el tipo le sonreía. chico. De pronto. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. Durante largo rato permanecieron juntos. Ya sé lo que ocu rrió. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. Confía en mí. -¡Bravo. Nathan -murmuró con suavidad-. -Aléjense de mí -gritó-. pero ella no logró pronunci ar palabra. Había escuch ado promesas y compromisos. Ya acabaron tus problemas. acercánd ose un paso más. escúchame -suplicó Michaels. y lo empuñó con ambas manos. Había creído en los buenos. que se acercaban a él. 97 Huye. cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-. Sin embargo. en televisión nacional. después. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. Todo está bien. Soy tu amigo. Los ojos de Nathan estaban desorbitados. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira. Es una trampa -declaró-. No puedo más -susurró. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. Warren lo miró incómodo un momento. y tiró de l gatillo. esta vez tenía que confiar en el policía. Nathan. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. Hablamos por te léfono. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. . en la confianza y la esperan za. mu y despacio. Enrique dijo algo acerca de estar al aire. En forma ostensible. Denise observaba en silencio. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. Mientras Nathan sollozaba en la acera. por favor! No quiero volver a pasar por esto. a la zona sin reflejos. Conf supervisor. Mírame. hijo -dio un paso adelante-. Tienes que confiar en alguien.. -Paco U no a comandante. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las.convertir un disparo certero en una tragedia. Nathan ya conocía esas palabras. -Nathan. Brindo porque otra vez seas un niño. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía. -Nathan. Entonces Nathan recordó su cara en la televisión. Pointer lo miró directamente. ¡Otra vez no. Cohibido al principio. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. ya terminó todo. huye A SOLAS en el tranquilo estudio. Al fin todo había terminado. Cargó un tiro de calibre . apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. -Seamos amigos -invitó Warren. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. AL OTRO LADO de la plaza. -Ya terminó todo.30. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos.

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