Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

SUPERINTENDENTE. Sin embargo. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos.endían petardos en la calle. La vida no era nada justa. -Así que el chico es un ladrón de autos. -Hay un problema con los sabuesos. 5 Huye. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. tenía que dormir. Warren. sin duda lo descubrirían. Un momento. se ordenó a si mismo en silencio. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. cuando menos esa noche. Más que eso. Empezó a temblar otra vez. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban. "Tienes que calmarte. Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. Éste. -No en esta región. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. Y de autos. Estarían buscándolo . sólo había una lu z encendida en el porche. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. pero no tenía a dónde ir. JOHNSTO NE. Era de Missouri. Las cosas todavía eran muy vagas. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez. El césped estaba crecido. Nathan. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. no se veía iluminada ni bien cuidada. Pero debía cruzar la calle al descubierto. que a veces uno tuviera que matar. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . Al parecer. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. Necesitaba un plan. huye Empapado de sudor y rocío. Warren Michaels lo sabía. solo con el tío Mark. todos enrollados y sin leer. ropa adecuada y comida. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia. con bonitas casas. en la otra acera. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. todas profusamente iluminadas. Era un vecindario agradable. -¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P. ¡Cielos!. con tanto rigor. También le hacía falta cobijo. si lo intentaba en ese instante. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. Pero el vecindario bullía de gente. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. carcelero a los ojos de Michaels. "Cálmate".. como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. -Ya veo. y jardines bien cuidados.. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once. y. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. pasaban montones de autos por la calle. Debía tener paciencia. De todos los plazos de entrega periodísticos. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara. Una idea empezó a germinar en su mente. ¿eh? -Así es. que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta. Debía alejarse.

Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. herm anito. Nathan. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. Al fin. huye Como siempre. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. Sólo que el precio también era cada vez más alto. -Una maravillosa lección de civismo. obl igándose a entender cada palabra. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Aquí John Ogilsvy. Además. A través de las ventanas. Todos l os detalles a las once. miró fijamente a Jed. "Lamento que así tuviera que acabar. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. están de vacaciones en la capital. en vivo d esde Brookfield." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. "El cuerpo del señor Richard W. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. pronunciadas en menos de diez segundos. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. Cuanto más vivía Mark. le confirmaron a Mark que todo había concluido. apto para la calle. devolviendo la s onrisa-. Richard W . mayor era su habilidad para sortear las dificultades. Warren vio el reloj. que había vuelto a la vida. pero no me dejaste opción alguna. 7 Huye. Si su cálculo no fallaba. -Vamos. Warr en? No son mis perros. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. Doce minutos pa ra las once. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. no servirán de nada. la prioridad siempre había sido sobrevivir. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. aho ra que los necesitamos. -¿Qué quieres que yo haga. Warren sonrió. La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy. Harry. convirtió ese hech o en una oportunidad. disipado su enojo. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. El buen Steve. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. pr onostican lluvia para esta noche. empleado del Cent ro. Es ho ra de alimentar a las aves. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario. Jed -recuperó su acento habitual. El santurrón e inmaculado Steve. Ricky Harris. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. Ya desde niño. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. Esas dos frases. pero no quieren. señor!" -fingió el acento de un montañés-. pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. Sin embargo. Steve. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. -Buenas noches. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. ¿Qué detalles puedes darnos. ¿Por qué no? -repuso Jed. "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. Le 6 Huye. Michaels se puso de pie. Harris. Eso s ignificaba que era un superviviente. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. Don perfecto. Harris fue descubierto por otro miembro del person . El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. Nathan.pendencia. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. Los detalles aún son escuetos. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto. ataviado con una camisa impecabl e y corbata. A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones. sólo está en juego mi carrera. sargento Hack ner. Jed -invitó-." Para Mark Balley. nos tiene la información. Está atascado en medio de un embotellamiento. pasando por encima de ellas. a pesar de su alma inmortal. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. pero alzó la voz-. Mark terminó de beber. Era como transformar la pala en oro. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro. Cuando Warren terminó su perorata. Incluso.

cubiertas de lodo y costras de sangre. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión. metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla. Cuando lo logró. l a humedad. La calle se veía del todo distinta. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente. en ocasio nes. con un desayunador. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. Sin más opción. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. avanzó con cuidado. y luego los faros desaparecieron en su interior. mascullando maldiciones. inmóvil. por primera vez. con toda c lase de aparatos electrónicos. El chico casi sucumbió al pánico. 8 Huye. Alguna vez su padre le había dicho que. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. se quedó paralizado. la sangre de Ricky. La cocina. fuera de la vista . Las luces del auto lo cegaron al acercarse. "Esta casa es eno rme". LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan... Se quedó t endido en la misma posición.. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. un comedor principal y una biblioteca. como esperaba. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador. Nathan salió del boj hacia el césped. el mejor sitio para ocultarse es el descampado. . ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad. Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás.. Nathan se m antuvo petrificado. listos. ori ginario del condado de Braddock. se rela jó. sin comprender el porqué de la luz intensa. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. la sensación de miedo. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar.. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas. La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo. Durante todo ese tiempo. Impulsándose con los codos. Estaba totalmente al descubierto. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. huye Agazapado.. a la izquierda. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. había una sala. s ería su hogar por esa noche. Lo único que se sabe es que Balley escapó. todo en la planta baja. que despertó sobresaltado. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él. El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela. al cabo. se extendía a su izquierda. jadeante. pensó. su héroe favorito de la televisión. Nathan pudo ver los pies. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. Nathan.. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. Más allá. Casi todas las casas estaban a oscuras. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad.. el olor a tierra. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura. Aquello era increíble. Bajo la tenue luz del refrigerador. el más rápido de su clase. Había llegado su hora. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. pero cayó de lado como un bisonte herido... La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. perm aneció en la misma postura. Gracias a las lecciones de MacGyver. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. las piernas y. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso. Por un momento se sintió desorientado. Más ruidos de movimiento. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio. se vio las manos con claridad. Se moría de hambre. dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. Esta ban sucias. El v ecindario dormía.al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey.

Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. solía decir su padre. Encontró una past illa de jabón y. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. al otro lado de la escalera. C ooper. el honorable J. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. podía encender la luz sin peligro. está de vacaciones. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable. Rubio y atlético. La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. con lentitud. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. -Supongo que. Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. 10 Huye. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local.En ese instante se esfumó el hambre y. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. El médico forense. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . 9 Huye. Al moverse. A instancias del repo rtero. Tienes que hacerlo. con ambos pies. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. estoy metido en tantos líos. fiel a su estilo. Estaba todo ensan grentado. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. Una vez libres los hombros. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. Todos los autos patrulla buscan al chico. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. Lo halló en el vestíbulo principal. y susurró-. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. Nathan rompió a llorar. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. Nathan. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. empezó a retirar de encima la pesadilla. Nathan. Ayúda me. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros. nuestro muy estimado fiscal. También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. la mañana siguiente al cuatro de julio . claro. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. Se movía con precipitación y torpeza. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. Papá. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. Los ojos estaban hundidos en sus órbitas. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. dejó caer el cuello del mono al piso y. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. Pero. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. cubriéndose lo s ojos con las manos. Michaels dio un bufido. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. en su lugar. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. Al hojear su libreta. Como el baño no tenía ventanas . -Sí. después. Por cierto -pro siguió-. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas. Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. Nathan trató de sonreír. uno de ello s con una gran hinchazón. primero en silencio. Entró en la ducha. Daniel Petrelli. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. Afuera. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. se sa cudió las perneras de los pantalones. Era de día. Aparte la sangre.

Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. Con esto terminó la reunión. que miraba con aire hosco desde el televiso r. en el centro de u na camaking-size. Fue inútil. Creo que no ne cesito decirlo. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-. yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. Hasta el momento. tengo inte . frente a una cama ta mbién gigantesca. Siguió una perorata. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa. Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. Michaels dejó escapar un suspiro. fiscal de la región norte de Virginia. -Sí. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. sin embargo. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche. 11 Huye. Momentos después.de su expediente del Centro. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño. Bob. Después. y que el sospechoso anda suelto en las calles. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. sostendremos los cargos en su contra. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. Es taba despierto. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. del tamaño de una mesa. -Correcto. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. lo perseguiremos y lo encontraremos. El reloj indicaba las diez en punto. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. -Te recuerdo. Si cumples con tu deber. y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. y lo despertó. Pero el hechizo se había roto. porquevamos a atraparlo. pero cobijado por una manta aterciopelada. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. todos listos. -Cuando lo atrapemos. Nathan. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. Daniel Petrel li. esperando la arenga. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj.

-Según el teniente Warren Michaels. que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. y nadie sabía aún dónde estaba él. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. Al ver aquello. Sin manchas de sangre. An tes de vivir con el tío Mark. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. Salió al pasillo de la planta alta. sin embargo. Si puede come ter un crimen de adultos. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. y cuando al fin se inició. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados. La suela estaba casi lisa. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. -No está sugiriendo la pena de muerte. John. Hacia la derecha había una escalera. de donde s acó ropa interior. -No nos adelantemos a los hechos. Por primera vez. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos. suéteres. Un tanto flacucho y pálido. La imagen volvió a cambiar. pantalones. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad.. La escena cambió. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. calcetines. dominada por una araña de luz de c uatro brazos. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. Nathan abrió el clóset. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. del Departa mento de Policía del condado de Braddock. Para conseguir zapatos. y zapatos: los había de todas clases y tallas. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. se sentía or gulloso. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels. ¿verdad? -preguntó la misma voz. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. huye como tales. Le parecía gracioso. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto. Todo era dos tallas más grande que la suya.. detective del caso. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño. no obstante. Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. Nathan. ropa de c ama. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. Los niños nunca habían sido adulto s y. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. Nathan siguió adelante. Habían pasado más de doce horas.. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos. pero él los rechazó. los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. lo que dejó sin voz al reporte ro. Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía. Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé. y ése era su principal interés. con camiseta de algodón azul y roja. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. quizá. p ero se veían cómodos. de pie frente a un enjambre de micrófonos. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. Peter -respondió Ogilsvy-. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. El cab .. Cuando estuvo totalmente vestido. otra con actores. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. Estaban llenos de camisas. Poco después. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye.

Nathan. En términos genera les. Pero no soy sólo una perra. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. en cierto modo. Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando. las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza. DENISE CARPENTER. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. el programa parecía predestinado al éxito. el jefe Johnny.C. su ex marid o. D. Denise se había anotado un triunfo. porque tienes razón. soy La perra de Washington. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e. un lujo que no podía darse. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender. el gusto de verla recibir limosna. amiga suya. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. Lejos de llorar. de modo que luego de pagar guardería y ren ta. En aquel entonces. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él. ¡Rayos. con treinta segundo s al aire cada media hora. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. pero ella se rehusó." Durante las siguientes cuatro horas. "Esa voz ahora está a la sombra. pese a las vehementes objeciones del j uez. suena usted como una perra en el radio. Con apenas veinte minutos de anticipación. incluidos padres y médico s. divorciada y madre de dos gemelas. aprobó lo que veía. ya le habían quintuplica . otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse. huye homicidio. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. Sólo estoy diciendo lo que opino. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. Cuando regresó al dormitorio. Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. de Arlington. Años después. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio." En los seis años siguientes." Durante su primer programa." Denise respondió: "¡Caray.C. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye. esta vez con un programa de entrevistas. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara. sin titubeos." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo. Nathan sintió crecer su confianza. El conductor del programa matutino. caminaba con cierto brío. Bárbara! Muchas gracias. D. Enseguida oyó lo que decían. le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial. Si le moles ta. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. Enrique Zamora.ello era rubio otra vez. Virginia. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. te morirás de hambre.. Denise. Una trabajadora soc ial. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. Denise había sido reportera de tránsito. apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a. no estaba dispuesta a darle a Bernie. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel .

En política era más conservadora que liberal. Al decir lo que pensaba. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. desde el racismo hasta la crianza de los niños. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. Según sus admiradores. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. Tres semanas después de su primer programa. Los teléfonos se volvieron locos. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. Una llamada telefónica no haría ningún daño. -Como tú digas. . Una vez más. Y todo era mentira. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. hizo una pa usa para anuncios comerciales. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya. Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. Y otra. Seguía ocupado. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. y estoy de acuerdo con él. Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. en lo personal . en lo personal. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. Después de lo que pareció una eternidad. alguien contestó. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular.do el salario. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto. Cuando Denise terminó su perorata. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. siempre podrí gar. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. Nathan. y quizá ni siquiera le s importaba. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. que si él no hubiera matado a Ricky. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. Cuanto más oía el chico. Volvió a marcar el número. ¿o sí? Si algo salía mal. Rick -pidió-. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. Ellos no estuvieron ahí. Ellos no sabían. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. -Oye. éste lo habría matado a él. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. 14 Huye. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. Sim lemente podía levantar el auricular. estoy harta. Denise. Pero él podía cambiar la situación. en el dormitorio de una casa desconocida. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. pensaba. és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. Nadi e había oído su versión de los hechos. menor de edad o adulto. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. sin duda. Yo. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino.

"Lo que me hacía falta". Daniel. Yo soy Nathan Bailey. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. Petrelli pasó por alto el sarcasmo. Si regreso volverán a lastimarme. Para ellos. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. Es lo que Ricky intentaba ha cer. -Michaels. -No pienso regresar ahí -afirmó. POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos. No te quiero en nuestras calles.. -No cambies el tema. estaban a punto de anotarse un gran triunfo. ta jante-.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. Enciénde lo y escucha. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio. señora -repuso presurosa una voz tímida. que tenía en la líne a. -Habla el teniente Michaels. hacerme cosas muy malas. Si era c ierto. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas. sólo puertas de seguridad. chico. O me matarán. Arizona. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. Te quiero bajo control. un peligro para nuestra sociedad. Durante años. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. la voz de alguien honrado. 15 Huye. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. pensó Warren. -Parece que nos llama una celebridad. paseaba de un lado a otro de la habitación. bueno. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. Nathan Bailey. -No hay pero que valga. ¿eh? Presa de intensa agitación. Nathan. Cuéntano o que en verdad pasó anoche. pero sólo me . Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. Nathan volvió a sentarse en la cama. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos. al otro lado de la línea. Tras una pausa. J. habla Petrelli -dijo la otra voz. pero firme. Los llaman supervisores. Denise perdió por completo el hilo de las ideas. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. Mientr as charlaba por el teléfono. Traté de defenderme. WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño.Enciende el radio -bufó-. -Buenos días. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. Sin reparar conscientemente en que había sonado. . E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante.. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración.. 16 Huye. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. -En el Centro no hay rejas. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. Nathan. Te llamaré cuando terminen. 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. Ést a era la voz de un niño explorador. Creo qu e está diciendo la verdad. tras las rejas. pero. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. Eres un fugiti vo. de un beisbolista de las Ligas Menores. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. Nathan.. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate. Denise lo interrumpió. Exactamente. Pero es peor que te maten. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo. Deténte. ¿me escuchas? -Sí. Tú mataste al guardia. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. Sólo que no los llaman guardias.

entre tirones y empujones. sarcástico-. NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer. En cuanto cruzaron la puerta. el primer día que estuve ahí. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. Nathan reanudó el forcejeo. pero no sabía por qué. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . Como aquel día era cuatro de julio. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. pero tiró de la oreja con más fuerza. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. la ropa o hasta la luz. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. Nathan estaba aterrorizado. sólo que era la mitad de ésta. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. Aunque rara vez se usaba. aunque tenga que romperte los huesos. en el que podía negarse la com ida. -¡Ricky. El hombre volvió a ponerse de pie. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis. Ricky Harris entró en la sala de recreo. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. huye Hacia las siete de aquella noche. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso. Fue un gran error. -Escúchame -farfulló. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. con la cara contra las baldosas del piso. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. Y también los calcetines. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. Durante los siguientes dieciocho minutos. salieron a un pasillo angosto. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes.. 17 Huye. -¡Suéltame. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. el pánico empezó a invadir a Nathan. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. Ricky! -suplicó-. le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. pero los patr ocinadores no se quejarían. Intentó mirar a Ricky. -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. ¿En tendiste? Nathan asintió. estás lastimándome! -gritó Nathan. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. El cerrojo giró y se abrió la puerta. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. Cuando él terminó. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS. Yo no hice nada. Lo intenté una vez. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. claro -repuso Nathan. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas. Entendí que me encontraba en problemas. al interior de la celda diminuta.. Cuando el cerrojo giró.fue peor. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. -Y deja de llorar. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. -Pero aquí hace f río. pero las lágrimas le nublaron la vista. En fin. Pero en realidad era un lugar de castigo. Nathan. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él.

De una sola zancada. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. Apoyando las espaldas contra la pared. huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. -Trataré de que no te duela much o. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. 18 Huye. 19 Huye. y por su vida. y el cuatro de julio no era la excepción. después de que el cerrojo se corrió. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo.. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. Después. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. Nathan. huye Tiritando de frío. había descubierto. confuso y desdichado. al mismo tiempo. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . tanto. Supuso que habría una riña y.os tipos. Como sea. pero él no le hizo c aso. cuando se impulsó. con una sonrisa extraña. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. Ya pasaron ocho meses. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie. Ricky entró en la habitación despacio. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . oculta detrás de la espalda. a través de la mirilla de la puerta. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. Sacudió el brazo con fuerza. Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio. arrastrando las palabras-. Este se tambaleó y cayó de rod llas. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho. si bien no era un gran peleador. El sabor de la sangre le llenó la boca. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho. Nathan lo notó en su mirada vacía. y ambos cayeron. obligándose a recuperar la compostura. Nathan. Recogió el arma del pi . Puedo lograrlo. pero el corazón le palpitaba como un tambor. limitánd ose a asestar el golpe. Con las rodillas contra el pecho. Durante cinco segundos... de unos ocho por doce centímetros. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto. El truco. y con la mitad de eso estaré fuera. Nathan intuyó que algo iba a pasar. que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón. todo habría terminado en ese momento. no pasó nada. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . Durante largo rato. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. Sólo diez meses y saldré de aquí. Empezó a respirar ruidosamente. Se dijo que no tenía por qué temer. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda. Sólo d iez meses más. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. Estaba ebrio. apoyó el peso en los talones. y se lo entregó a Ricky. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. ¿Tarde o temprano? Eso significaba que. ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. luego del otro. que se volcó de lado. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. en u n intento por zafarse de Nathan. que cayó al suelo. niño -ofreció. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha. Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. Nathan y Ricky se miraron fijamente. ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad.. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. tarde o tempr ano los otros te habrían matado.

Pero necesit aba llaves para salir. y lo culparían a él. -Eso creo. Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles. Ricky moriría. pero comprendió que. ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. lo demás fue sencillo. Era fantástico. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. adornado con flores y arbustos. -Entonces. Me duele el ojo y un oído. apoyado en los codos.balbuceó Nath an. Podía despedirse de su liberación en diez meses. De manera instintiva. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. A parentaba ser un sitio acogedor. Nunca tomab a ni nada. En cuanto la hoja salió del cuerpo. -Ricky. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. el hombre murió. cerró 20 Huye. Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. sólo pensarán que estoy mintiendo. Tenía que correr rápido. Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes. Papá era un buen hombre. Denise le creía. Con un último estertor. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. Pu . Estaba acostado boca abajo. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. Si les digo algo distinto. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés. La última puerta fue la más fácil. irse lejos y de inmediato. Al principio sólo la entreabr ió. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . De pronto. Creo que estaba loco. El pánico invadió a Nathan. más allá de ésta. pero fue inútil. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. Recorrió la distancia en un suspiro. el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. pero creo que estoy bien.so y giró sobre sus talones. si no hacía algo. Estaba borracho. La suerte lo acomp añaba. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. Salió a hurtadillas. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. Es o lo haría sentirse mejor. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. Así s e portan los adultos cuando se emborrachan. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla. Ni pensarlo. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. A partir de ese momento. -Tonterías. cerró los ojos y la retiró de la he rida. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. Ahora no sería accidental. La unidad de crisis parecía una casa del terror. Pero. Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. cerrando la puerta tras de sí. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. ¡Santo cielo. Nathan. Un superv isor estaba muerto. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-. nervioso-. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. -Sí. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. a a libertad. Nathan no sabía qué hacer. Ricky! Perdóname. en su int erior. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. -¡Perdón! . Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. Nathan se acercó al arma. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara.

el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional. Puse la o tra mejilla. Robé un auto.. El chico era muy listo. con voz ahogada. encogiéndose de hombros-.. hice todo lo que debía hacer. -Y. se preguntó Denise. mientras los niños no l o digan. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. Sin duda. como me decía papá. en un vecindario agradable. No devolví el golpe. Nathan se había sentido muy dueño de sí. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal. -Estás poniéndome en ridículo. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. eso no es cierto -la consoló él-. -Entonces. Al principio. mi única opción es entregarme. Era inteligente. Ésta es una estación de radio. -¿Por qué no? -Porque te atraparán. -se le quebró la voz y guardó silenci o. Denise se quedó boquiabierta. huye -Sí. Pero ahora ves mi punto de vista. no -lo tranquilizó Denise-. Pero llámalo por su verdadero nombre. si todavía nos escuchas. tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo. En el silencio que siguió. Por eso seguiré huyendo. Nathan. cariño? -Debo irme -repuso él.eden gritar a sus hijos. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía. Quizá debía de contárselo todo. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. Oye. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón..¿Le importa? -surgió Dense. y trató de matarme. . ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. y colgó. la cárcel. insultarlos y pegarles y está bien.. -No. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. nadie puede rastrear llamadas. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. yo también. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro. ¡Qué historia! Nathan. Y. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. -Sí -murmuró. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró. los dos solos. pero él se limitó a mirarla. y me lastimaron. -Tienes miedo. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. abogados y policías. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. pero no lo haría. Entonces.. A nadie. te deseamos toda la suerte del mundo. -No. Creo que te la mereces. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. temo que te lastimen. ¿verdad. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. -Sí. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. Había tantas cosas que contar. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. que protege la libre expres ión. sin duda. y me golpearon todavía más. al parecer. Se lo dije al supervisor. como sea que esto termine.. Me defiendo. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado.

Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. -El niño miente. y hacía responsable a Michaels por ello. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. Yo soy el policía. huye -ÓYEME BIEN. Dan iel. En primer lugar. teniente Michaels. En cambio. ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. J. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y . Cuando Warren alzó la vista. Aquella mañana.rar la compostura. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. J. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. ¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos. La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. -Anímate. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. El chico Bailey era un ladrón de autos. Volveremos después de estos mensajes. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. en ese momento. En cuanto a Nathan Bailey. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. el caso Bailey había parecido muy claro. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. Danie l. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey. 22 Huye. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido. como tantas otras que había descargado J. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. Si la policía no hubiera fallado así. Nathan. En aquel trascendental año de elecciones. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. Como policía. J. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. Warren no sabía qué creer. Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. Pero. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. y tú eres el altavoz. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. un prófugo del sistema penal y un asesino. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. Nathan. Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. 23 Huye. Petrelli lo veía con claridad. era pura hipocresía. jefe. -No sé si es buena o mala. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. pero sin duda es interesante.

Durante sus primeros diez años de vida. Al oprimir un botón. pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias.. Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. a Nathan Bailey lo crió su padre. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. no quedó nad a. -Cuéntame lo que sabes. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño. -Detén la cinta -ordenó Michaels. p ara averiguar lo que pueda. el niño de la pantalla se detuvo. pero todos sabían que era sangre de la víctima. ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. En la borrosa imagen en blanco y ne gro. Se veía asustado. Michaels hizo una seña con la cabeza. A decir verd ad. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-. del Centro de Detención Juvenil. -La de la unidad de crisis no servía. -No. hace como un año. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. así que no la pagaba. . Michaels movió la cabeza de la do a lado. y cit o textual. sin emb argo. Finalmente. no abrió la puerta. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. Además. Es una historia bastante triste . Ambos hombres se pusieron de pie. era el tío Mark o un hogar adoptivo.ex tutor del chico. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. No tenía modo de pagar la manu tención del niño. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone. de la noche anterior. Al parecer. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. Bailey dijo que el guardia. -Creí que la cámara estaba descompuesta. En realidad no se quieren mucho. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. el tío Mark levantó una denuncia. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. Hace dos años. Quizá Harris sólo quería molestar. Afirmó delante del tribunal. Nat han robó el auto del tío. Un instante después. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer. a fin de cuentas. Por supuesto. característica de las cámaras de seguridad. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias . Al terminar los trámites del legado. Resulta que. pero nunca resolvió nada. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta. afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él. Mark Bailey. Michaels no daba crédito.. el supervisor le quitó los zapatos. la custodia recayó en el tío Mark. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. Su madre murió cuando era sólo un bebé. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. sí hay una grabación en vídeo. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. -Muy duro para un pequeño. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. tampoco la del pasillo. Nathan. El padre era un abogado con mucho dinero. Mark Bailey hablaba por experiencia. En el radio. Si estaba en casa. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. no había opción. un tren arrolló su auto y lo mató. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. como el área de recepción. con todos sus bienes como garantía. -No lo creo.

Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. estaba decidido a hacerse notar. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. Estaba pálido como la cera. Tras cinco años de turnos variables. Tiene los ojos de Bria n. Otra vez. Cinco minutos más tarde. Apagaré el vídeo. Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. ¿te sientes bien? -No lo sé. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre. Tenía un nudo en la garganta-. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. -Mira. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. Michaels también salió. el niño del vídeo quedó congelado. Jed. Nathan. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. Jed volvió a correr la cinta . ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. que en el pasado dependió de él por completo. Jed. mirando de reojo a su jefe. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. Jed. No puedo seguir reaccionando así. el corazón de Michaels dio un vuelco . Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. -Jamás morderán el anzuelo. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. En el fondo había una puerta. Corre la cinta otra vez. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. del Departament o de Policía del condado de Braddock. Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. quien le hizo sabe . estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-. -¡N . Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. Creí que lo había superado. Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. Warren -musitó-. -Una de las cosas que quiero encargarte. echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. huye Jed también lo notó.-Adelante. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. 25 Huye. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. Poniéndose de pie a toda prisa. Míralo. Jed. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. jefe. Dio media vuelt a. Mira su cara. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. cruceros monótonos y trabajo rutinario. EL PATRULLERO Harold Thompkins. Jed. -Y bien. Estoy bien. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. -Lo lamento. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. Se veía la salida desde afuera. -Warren. Warren. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara. Veamos el resto. ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. -No sé qué opines. Nathan. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. huye vicepresidente de servicios al consumidor.

En cuanto empezó el anuncio comercial. -Según me dice mi productor. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. -Bienvenidos una vez más. corría el riesgo de perder a su prisionero. le diría a quien fuera que el p roductor. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. Al fin. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. Y. Señor Thompkins. está usted al aire. Denise se sobresaltó al oírlo. oyendo un comercial anodino de autos. EN SU LADO de la cabina. ¿Es cierto eso? -Bueno. a este sorpren dente programa. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. -Tómalo con calma -la reconvino Enrique-.. ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. algo había entendido mal. A una señal de Enrique. pero imaginó que eso no importaba. Denise Carpenter y su equipo. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea.r que. Si la policía esperaba. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos. Denise le respondió al productor. Después de todo. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. A Denise le pareció divertid o. Eso por lo general hace que uno salga en el radio. pero lo desechó por blandengue. -¿Qué te sucede ? -protestó-. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. de su programa de radio. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. Harry decidió acudir a las fuentes. optó por una acti tud de poder. sin una orden judicial. el productor. se acabaría la discus ión abierta. El corte en cuestión terminó quince segundos después. En un arrebato. cederían. agente. Nathan. Harry Thompkins esperaba al teléfono. -¿Estoy. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. Denise abr ió su micrófono. No. -¿Ah. pero creo que debemos comentar esto en privado. 27 Huye. -Ya se lo dije.. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. Denise ponderó l as opciones en un instante. po r supuesto. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. Sólo hacía falta ser persuasivo. Mientras esperaba. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. eh creo . Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. En cambio. Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. dígame. no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. De pronto. El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. radioescuchas de todo el país. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. Sin la controversia. una neoyorquina. o sea. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. Harry no tenía semejante poder. para que le proporcionaran la información. sin duda.

aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. pero creo que nos deja un mensaje. Según indicaba el reloj del tablero. encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. -Déjeme poner esto en claro. si era necesario. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern.. En el fond o. agente Thompkins. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. Pero descartó esa posibi lidad. porque la necesitaba. Puso la palanca de velocidades en punto muerto. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. un bar solitario a la ori lla del camino. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que. colgó de inmediato. -Interpretaré eso como un sí. Arrojado. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad. Hacía un minuto parecía un buen plan. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. Era el único automóvil en todo el lugar. un hombre fuerte. mucho menos aceptarlo. Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. nos acusaría de obstrucción de la justicia. Para empezar. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. Los vanos estaban cubiertos con tablas. También le dijo usted a mi productor que. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. su aspecto no era intimidante en absoluto. la única persona que importaba. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. Aquel día . pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia. algunos suponían que. Colgar no es una verdadera re spuesta. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. el efecto sería inhibir la libre expresión. aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. no toleraba los errores. tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros. un niño. Pocos lo 28 Huye. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. debido a su estatura y aspecto. Nadie era más leal al señor Slater. podían mangonearlo . No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. O tal vez sólo fanfarroneaba. TREINTA MINUTOS antes. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. s in embargo. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. o del país. Se detuvo . ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. una habitación pequeña. riendo-. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. huye pensaron más de una vez. Por un instante. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia.. Poco después del mediodía.que sí -sonaba deliciosamente evasivo. Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. Sin otra salida. Apuesto. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. Nathan. decidido y sin miedo. -Colgó -dijo al micrófono. que estaba listo para matar. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. pero que ninguno merecía una tercera.

-Gracias. En la prolongada pausa que siguió. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. mientras los ojos se adaptaban. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. con voz amenazadoramente suave-. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. Mark paseó la vista por el lugar.. te equivocas -lo riñó. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. estaba mole sto. De lo contrario. No estaba enoja do contigo. y que lo único que le interesaba era matarte. Mark comprendió que faltaba algo más. Mark vio una tenue luz en su horizonte. hizo girar la perilla de la puerta y entró. Todavía no era demasiado tarde para huir. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. se dijo. tú vivirás. por fin estamos de acuerdo en algo. Anoche te perdiste en una botella. Permaneció inmóvil en el umbral. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. ¿Acaso te parece justo. y lo arruinaste todo. ¿verdad? Mark asintió. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. Nathan. Es claro que no estuviste ahí.. Me promet iste que podrías manejar este asunto. -Escúchame. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento. Ordenó una cerveza. Mark. Puedo explicártelo. ah .. a la vez apacible y furioso. no dela nte de él como Mark había esperado. -Soy Mark Bailey. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-. a cambio. Sentado con las espaldas contra la pared. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño.antes de entrar. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión. Y. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-. Déjame adivinar. Creo que conmigo. Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato.. -No. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. característico de los montañeses.. Per o. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas. -Pero yo lo disuadí -continuó-. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. Lo convencí de hacer un último intento. de triste a animado.. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón. Al cabo. Pointer. Pointer miró largamente a Mark. A mí tampoco me parece justo. -balbuceó Mark. No dijo lo que ambos sabían. huye intenso. Mark respiró hondo. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. Mark. Bailey. sin conocimiento del indignado señor Slater. n. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. Estaba enojado conmigo. Pointer. dos. no dos hombres en una cita de negocios. -Mírame. Nathan. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira. eres ho mbre muerto. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. Pointer se inclinó hacia delante. 30 Huye. De modo que así están las cosas. a pocos centímetros uno de otro-. Dame una última oportun idad. en realidad. Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. no lo sé -tartamudeó Mark-. pero repentinamente perdió el valor para decir algo. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión. Mark? -No -musitó. Así se sentaban los novios. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. Me dijo que no l e importaba el dinero. El efecto era aterrador-. En primer lugar. -Vaya. -Hay otra cosa que debemos discutir. sin hacer un último intento. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. La frente de Mark se p erló de sudor. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. evito que te corten e l pescuezo y.

Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta. Diez segundos después. Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente. Pero necesitaba un plan. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. como decían en las películas de cine. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. Sólo tenía que idear el siguiente p aso. Durante el corte de la hora en punto. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir.. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. Un año atrás. Pointer fue rápido. y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio. Pointer rió. La fama empezaba a p arecerle agradable. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. -Eh. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. El resto es tuyo. Sollozaba. En la mente de Mark se formó una objeción. En la taberna nadie había visto nada. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. ¿Qué voy a hacer?". y en pleno día. Nathan. 31 Huye. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. Enseguida reparó en que el arma no se había movido. todo por Nathan. Cuando Pointer la soltó. Después de unos cinco se gundos.ora eres el socio minoritario de tu herencia. y las lágrimas le corrían por las mejillas. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos.. al menos. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. pero todavía no terminamos.. y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida. Además. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. soy. entre la segunda y tercera articulaciones. ya no como antes. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. Te lla maré en cuanto te necesitemos. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. hondamente complacido. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. se preguntó. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. Tan tranquilamente como había entrado. En esta ocasión. y. "¡Si tan sólo pudiera conducir!". -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. No tenía miedo. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón. Bailey. pensó. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. huye Halló el control remoto del centro de diversión. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. La parte del señor Slater subió a dos millones. Eso nos deja tan sólo un último asunto. Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro.. Escribe cuando puedas. sólo quedaban migajas. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé. Con lentitud. -Apuesto a que sí. Mark -señaló Pointer-. amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. Pointer salió de l lugar. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as. pero la guardó. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. -Lo siento. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara.

¿Cómo has estado? -Muy bien. -Por supuesto. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . No tuvo que esperar mucho. Hay de personas apersonas. La empresa. Ron. en el programa de aquel día. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. tal vez podría conducir hasta salir d el país.r eal. La puerta del auto no tenía seguro. y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies. y los vencería el resto del tiempo. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". tuve la oportunidad de escuchar te hoy. -Yo sé lo que te digo. -¿Denise? Buenas tardes. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. por favor. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. había vencido los obstáculos. esa gente no ha llamado a nuestra estación. Nathan. respeto. pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear. Tenía que lograrlo. Por favor no te ofendas. Lo lograría. El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. acarició los asientos y sujetó el volante. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento. rojo cerez . boquiabierto. Mientras repetía las imágenes en su mente. sobre un remolque. DENISE SENTÍA deseos de bailar. Hasta el momento. En realidad. de una u otra forma. Lo impo rtante era que ya tenía un plan. con casco de fibra de vidrio. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. dondequi . ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento.avenidas principales que estaban bloqueadas. Como el resto de la casa. la cochera era inmensa. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. y sé cuando están mintiendo. En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-. Las llaves. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros. el auto más fabuloso de toda la calle. La conversación se encaminaba a otro asunto. una intuición. pero al menos los alcanzaba. cubierto con una lona verde olivo. Era un poco incómodo. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. Todo indica que el programa va viento en popa. -No me refiero a eso. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. Ahora. El chiquillo.. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. de modo que Nathan subió al asiento delantero. un poc o a la izquierda de la puerta del conductor. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. clavado en la pared. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York. Ron. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise. gracias. Su forma de relatar la historia fue to talmente. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor. Nathan esbozó una amplia sonrisa..32 Huye. crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. Denise per cibió que faltaba algo. Sin titubeos.

. Daniel Pe trelli. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil. Demonios. aunque no puedo. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen.? Hackner lo interrumpió con un ademán. Denise. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros. el argumento se vuelve debatible. 33 Huye. -Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. desde luego. No puedo hacer nada por él. Lo lamento. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. HAROLD JOHNSTONE. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. el pe queño me conmovió. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. y hasta la última palabra es mentira. -Mira. Colgó. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-. Nathan. te diré lo que haremos mañana. Tú eres quien habló con el chico. que volvió a su . Y. No era lo que había esperado. Ha sido un día verdad eramente pesado. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida. Espero que esta noche duermas mejor que yo. -Sí. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone." -Ron. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. Ron. tan sólo musitó: -Gracias.era que esté. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. huye -Tome asiento. Era un hom bre grueso. Nathan. Por la otra. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. -No estamos difamando a nadie. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. En medio de este asunto hay un niño asustado. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial.. Si accedemos de manera voluntar ia. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. el chico lleva todas las de perder. usted puede sentirse ofendido si quiere. -Vaya. huye "En síntesis. Los directores generales no solemos oír esas cosas. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. Denise se quedó boquiabierta. a menos que tenga algo que ocultar. fiscal de la región norte de Virginia. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos. señor Johnstone. pero su deb er es cooperar.. no pensamos compartirlos con nadie. Sólo hacemos pregunta s. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. -Todavía no me lo agradezcas. 34 Huye.. superintendente de l Centro de Detención Juvenil. fuera tú. la oí. aun que sea sólo en principio. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia. Por una parte. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. -Sin duda. Todo lo que dices suena lógico. Denise. más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. En verdad. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita. Incapaz de decir algo más profundo. gracias. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja. Ron soltó otra risilla. Es un niño que lucha una batalla perdida. Denise. Dices que escuchaste el programa de h oy. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. -Señor Johnstone -explicó Jed-.

el uniforme. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. Si e llos tienen buen comportamiento. y nosotros. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. Hackner lo miró en silencio.. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. Durante largo rato. pero sobre todo po r mero aburrimiento. menos inquietante de lo que es e n realidad. Abra los ojos. en un cambio de juego. -En po cas palabras. dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". -Entonces. No puede uno creer en lo que dicen. ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. Nathan. me pare ce una buena oración para guiarse. -Cuando los internos llegan aquí. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-. Esto es una prisión. -Está usted invitando a la corrupción. 35 Huye. ceñudo. los objetos de aseo personal. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. porque mienten. -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio. siempre que lo oculte bien. El sistema ya está corrompido. en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas. porque tengo que hacerlo. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. pero tampoco es raro. los encargados del zoológico. -¿Ah. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. En un sitio así. En parte porque lo habían criado bien. usted no se opone.silla-. No obstante. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. no me extraña -repuso Johnstone . oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. Nosotros les damos la ro pa interior. Así. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. En este sitio. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga. no es raro que se prive al interno de algo importante. Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. es la única realidad que vale. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. -Sargento Hackner. 7 NATHAN. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. -¡No venga a sermonearme. Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen. "Dios mío. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. También había tenido buen cuidado de haber l . sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes.pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. absolutamente todo. la de su anuario del quinto año. Simplemente vivo en el mundo real. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. Hackner se retrepó en su lugar. entregan todas sus pertenencias personales.. sí. lavó las sábanas del dormitorio principal. como solía decir su padre. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. Johnstone -protestó Hackner-. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. Estos niño s son animales. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala.

Seguimos buscando a un asesino. Aquí hay algo más. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. en el suelo del baño. algo que hemos pasado por alto. eso le abría posibilidad es ilimitadas. Si lo atrapaban. Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. si result a pertinente. -Me duele mucho. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. En cuanto lo hayamo s detenido. Vi sus radiografías. -¡Su opinión mis narices. doc -confesó. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. y en verdad fue en defensa propia. Sin lealtad hacia nadie. tomando en cuenta los antecedentes. Por lo común.. Y. Jed. pero en verdad fue un accid ente. Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. -Jed -lo interrumpió Michaels-. Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. ¿no es así? -En efecto. Dividamos el caso en do s partes. y a Ricky Harris también. Aceptaba. Warren sonrió. que seguía donde se lo quitó. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. es taba gravemente baldada. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. -Buenas tardes. Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes. Es . Nathan. pensó Baker. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. tú tampoco. señor Bailey. sostenida con gran cuidado por la izquierda . War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r.impiado todo después de cada episodio de glotonería. La discusión era estéril. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. sobre todo. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. ¿recuerdas? -Entonces. s i me permites agregar. HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. pero. No hay rastro ni del tío ni del chico. sin embargo. -Cálmate. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. estaría metido en u n lío muy gordo. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. Jed. La única respuesta. Warren estuvo de acuerdo. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. tendió una ma no hacia su paciente-. me parece poco probable. Nat han no tenía a nadie en la vida. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. pero este hombre era la exc epción. Por lo que veo en su expediente. -Admítelo. Con su mejor cara de galeno. Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio. conciso. ahora que concluimos con lo primero. Había matado a un tipo y eso era malo. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. -No lo dudo -coincidió Tad-. pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. De acuerdo. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. Soy el doctor Baker . Warren. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. Y. por triste que así fuera. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible. Si se eliminaba al tío de la ecuación. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. en la escala del departamento de urgenci as. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma. -Insisto. -Te propongo una cosa. "El dolor debió de haber sido insoportable". Jed -concluyó Michae ls-. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. entonces. sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. huye -Dijo que era un empleado modelo. ¿no te das cuenta de que. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. se lesionó la mano -con amabilidad. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. -Y. porque se presentó la ocasión. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido..

Tad le dirigió una sonrisa reservada. por lo demás tranquila. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada. ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. En opinión de Tad. Nathan. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha. así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. -Es cierto. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. "¡Maldición! El médico sospecha algo". -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. Lo más complicado era log . Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada. largo e inclinado. -Descanse un rato.una lesión bastante compleja. Lo veré más tarde. me cayó encima t oda la camioneta. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. "Es tu mano y tu vida. tanto adentro como afuera. doc. Alguien lo lastimó. giró el volante al máximo. ¿verdad? Mark rió por el comentario. Nathan. No creerá que estoy mintiéndole. pensó Tad. No me lasti mó en absoluto. pensó. Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. -Entonces. En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. No había marcha atrás. Ya había ajustado el asiento y el volante. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. Quizá fue cuest ión de suerte. Más que nada. señor Bailey. -Sí. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. doc -Mark en efecto se relajó-." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. un agud o contraste con la noche. Actuaba con rapidez. -Entonces. -Nadie más que yo mismo. amigo". cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. -¿Ah. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. Es un contraste agradable. alguien le había roto los dedos de manera intencional. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Después. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. ¿Qué te sucedió? 37 Huye. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. -Si no me pareciera descabellado. No quiero l astimarlo por ningún motivo. "Yo ya hice mi parte. -Relájese -lo instó en tono amistoso-. -Por supuesto que no. -No tengo idea. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. La frase resultaba interesante. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro.

Nadie. det enía ciertos autos al azar. El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. Dios mío. Unos quince minutos después. A pesar de la oscuridad de la noche. -Dios mío -rogó en voz alta-. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. No había ningún accidente. te lo suplico".rar que el auto se desplazara de manera uniforme. Tenía las manos bañadas en sudor. En cuanto el policía terminó de revisar. y las piernas le temblaban sin control. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. era un bloqueo. Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. sus facciones podían di stinguirse con claridad. Además. que señalaban el camino a casa del tío Mark. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. Nathan. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. . Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. Sin mover la cabeza. "Conserva la calma". el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto. Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. Antes. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. Luego de diez minutos. A la dista ncia. Si hacían contacto visual. no dejes que me detengan. pensó Nathan. En ese turno. y se sin tió al borde del pánico. Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. Quiso tragar saliva. a partir de ésta. se fijaría en él. EL BMW RODABA con suavidad. Quinientos metros más adelante. dejó pasar cinco. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. ellos también podrán verme a mí". La siguiente vez fueron sólo dos. pero contuvo el llanto. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. y el policía hizo señas para que pasaran tres. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. No me detengas ahora. "Ahora soy el tercer auto". bigote. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían." Los ojos empezaban a anegársele. pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. "Si yo puedo verlo. De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. No había policías a bordo de los autos patrulla. "Por favor. rogó en silencio para no llamar la atención. En el siguiente turno. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. Natha n eligió el carril de la izquierda. "Ha z que me dejen pasar. hizo una seña al conductor para que avanzara. pensó. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. Era su única opción. Había planeado cuidadosamente aquella noche. No parecía seguir ningún patrón. luego habló duran . Al acercarse al crucero. no dejó pasar dos ni tres.. Enseguida. el p olicía hizo detener el siguiente auto. que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. unos veintitrés años de edad. En su carril. Dese sperado. 39 Huye. Cabello rubio. no muy lijos de donde vivía su tío. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. por favor. y Nathan se sintió bien al mando del auto. en medio del embotellamiento. hacia el norte rumbo a Canadá. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. sus peores temores s e confirmaron.

-L o siento mucho. o al menos rogaba que así fuera. En los últimos dos años lo pe . No sabes la vida que ha tenido. con un vaso de whisky en la mano. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. Sin emba rgo.. ¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía. y casi golpeó el auto de adelante por ver. y se espabiló de inmediato. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño. De pronto.. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. -¿Warren? -llamó en voz baja-. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. amor -lo consoló Monique-.. -Me. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. Vol vió a vencerlos. Nathan. Sé cuánto lo extrañas. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. Pero el dolor persistía como una herida abierta. huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. ella podía dar cauce a su rabia. Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. pero la casa se hall aba en silencio. eh. Warren estaba despierto. notó que su esposo no estaba . Estaba preocupada por Warren. Con aire sumiso. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. -¿Qué te ocurre. -Estoy preocupada por ti. huye Llevaba las ventanas cerradas. frente al psicoterapeuta.te largos treinta segundos con el conductor. y planeaba seguír así. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. Por lo general. Lu ego del bloqueo. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. Apoyada en un codo. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral. se puso un a bata y fue a buscar a su marido. aunque la conversación pareció subir de tono. el tránsito se aligeró. Monique bajó de la cama. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. pero esta vez no estaba ahí. nena -la saludó. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. Gracias a la psicoterapia. Warren respiró hondo. a la que Warren se opuso todo el tiempo. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto. pero si el policía acaso pudo reconocerlo. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. Era libre. su dolor y su amargura. Semana tras semana.. cuando Warren no podía dormir. cariño? -le preguntó. todavía gentil. todavía fuerte. -Hola. y salió sin hacer ruido a reunirse con él. Nathan. Vestía camiseta y pantalones deportivos. Y Warren seguía igual: todavía estoico. escuchó con atención. 41 Huye. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. 40 Huye. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta.

Decidió seguir adelante. Una vez que dejó atrás el bloqueo. pensó sin decirlo. se felicitó a sí mismo. Con un nudo en la garganta.rdió todo. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. asta do s. algunos. Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . Monique n o pensaba forzar el proceso. ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. De pie ante las manijas. Era un nuevo núcleo residencial. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. Idénticos en apariencia y personali dad. y buscaba su próxima parada para descansar. Estaba segura de que iba a suceder algún día. como era de esp erarse. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. eres un genio". -No es justo -musitó él después de un largo rato. Seguía adelante con la rutina cotidiana. c asi todo aún en construcción. pero algo se había perdido irremisiblemente. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. compartían un mundo especial. vaya". abrió la puerta del conductor. Juntos como pareja. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. La avenida principal de la urbanización. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. la personalidad de Warren cambió. Pensi lvania. se dijo. ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". podría fanfarronear para siempre. 42 Huye. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. Monique vio a su esposo morir por dentro. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. bordeado de tiendas de comestibles. La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. "Nathan. con movim ientos tan suaves como pudo. exclusivo de ellos dos. con múltiples cruceros y semáforos. como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. Jamás volvería a ser el mismo. Se hizo un silencio. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. "Vaya. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales. Estaba en un distrito comercial p obre. Tenía hambre y sed. escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. Nathan. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. al que las mujeres no t enían acceso. "Igual que yo". Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. Apagó las luces del auto y. Un letrero le informó que. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. y ambos estaban conscientes de ello. se llamaba Little Rocky Trail. pudo . Brian era la vida de Warren. a penas a doce kilómetros de ahí. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. "Ya se te ocurrirá algo. pero cada uno co n sus pensamientos. pensó.

el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. y su juego terminaría. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail. en realidad no se tratara d e un robo. Y. Recordó haber pasado. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. Se irguió. Patty. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. de seis años. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. Uno de éstos. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros. por supuesto. Esperaba que. si devolvía las llaves. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. Nathan decidió que era momento de ser temerario. Aún no eran las seis de la mañana. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. Bajó del vehículo. de un año. donde el terreno irregular. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. En p rimer lugar. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. Nathan. poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. cuatro mil ciento veinte. Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. buscaba el limpiador para alfombras. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. descubrió otro auto guardado. Su sentido de la distancia lo traicionó. -Peter. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. el aire estaba denso por la humedad.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. 43 Huye. un Honda. tengo que irme . tenía que deshacerse del automóvil. no porque lo deseara sino por necesidad. un p astor alemán. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . Mejor aún. y su perro Labrador. Tomó nota del número de la casa. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. Tenía delante otras opciones. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. Además. empezó a aumentar el tráfico. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. había un lugar desocupado. El tiempo se le agotaba. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. El hijo de ambos. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. pero desistió. -Patty. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. volvió al BMW y arrancó. Como es peraba. Nathan a su vez le ladró al perro. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente.

a mí siempre me tocan las labores más odiosas". Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. Era un niño apuesto. pero debo irme -declaró. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. Nathan. Supuso que para eso servían los adultos. Con g ran esfuerzo. Una de tantas veces. Hay cosas pendientes en la casa. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. -En verdad lo lamento. -Buenos días.ahora. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. Contuvo su impulso de correr. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. Fue directo al dormitorio principal. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. -Imagínatela. para mantener la perspectiva. . El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. Ni siquiera miró atrás. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. mo lesta-. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. Wa rren lo esperaba. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. Nunca debí salir al descubierto. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar. tienes que irte -replicó Patty. Nece sitaba dormir. con el cabello rubio despeinado. Cuando sacaba el auto. aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización. por supuesto. En l as últimas veinticuatro horas. 44 Huye. los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. lo invadió el agotamiento. El niño parecía normal. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones. Al preguntarle el motivo. -Sí. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. Había muchos niños en el vecindario. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. y no intentó huir. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. Tomó su portafolios. Después de su conversación del día anterior. que era tan verdadero como falso. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. Son casi las seis. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. Diez minutos después. pero no dijo nada sobre su charla de ayer. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. La cara le pareció va ente conocida. pero no tenía tiempo. huye TODD VIO al chico saludar. Warren le apuntó con un índice acusador. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba. alto y delgado. Está disponiendo todo para nuestra entrevista. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. de modo que respondió a su vez con u n ademán. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña.

Si podemos encontrarlo antes que los demás. mejor conocido como "As". Como no se le ocurrió ninguna. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. co mo era de esperarse. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. podría terminar muerto. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. -¿Podría disculparnos por favor. ¿verdad? As se mantuvo impávido. sé que no quieres creer nada de lo que digo. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. No te agrado porque soy policía. -Mira. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. Si no lo traemos de regreso. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . después de haber matado a uno de los guardias. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. seño Johnstone? -preguntó Michaels. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. pero hizo caso omiso. pero todos sabían que no era u na petición. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. existen menos probabilidades de que lo lastimen. Johnstone los esperaba en su oficina. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. huye -Sí. Johnstone habló primero. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. pasarás la mayor parte de tus días encerrado. -Oigan. Quiere n hacerte algunas preguntas. -Iré directo al grano -empezó Warren-. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. Tras las formalidades de costumbre. para iniciar la entrevista. 45 Huye. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. hasta su liberación. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. Johnstone se quedó paralizado durante un momento . ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. vacío por lo demás. Nathan. Nathan. mirándose las uñas. -Pero si yo no digo nada. farsantes. -As. De modo que vas a responderme algunas preguntas. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. Nada de pleitos. A los quince años. As. pero no vio nada. lo mismo que Jed. era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. A petición de Warren. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. se puso de pie y se retiró. Johnstone ocupó una silla en el rincón. pero As no se movió. Warren sonrió. Espero que lo logre. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro.-Compórtate. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. donde permanecería seis años más. 46 Huye. Si seguía por ese camino. Su tono era amistoso. duraría quizá un año en las calles. el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson.

Se le busca pa ra interrogarlo. -Disculpe -llamó a voces-. Su misión. salvaje. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. -Gracias por tu tiempo. Del vehículo se apeó un varón rubio. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. Virginia. Jed se levantó con él. -Vaya. Antes de que s ubiera los escalones. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. y ambos se dirig ieron hacia la puerta. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada. Harris la traía contra Bailey. la camioneta Bronco roja. poniéndose de pie-. pero lo esencial estaba ahí. Por toda respuesta. 47 Huye. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. blanco. -Sí. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta. hasta nuevo aviso. Luego. -Oigan. rubio. ojos azules y bigote. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. Harry lo había alcanzado. As -concluyó. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. desapareció en el espejo retrovisor . Kendra le clavó una mirada fulminante. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. En ese momento. Jamie Amy. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. abreviatura dewildman." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez. con toda seguridad. al menos. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels. Steve notó que la tensión cedía un poco. O.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. Y también Mark. En algún punto de Carolina del Sur. soy yo. pero no sé por qué. Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla. -Si le han dicho que era malo. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. a dos kilómetros de su casa. Usted es Mark Bailey. Por el momento no es sospechoso. "Varón blanco . Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe. y los consecu entes rezongos de sus hijos. Espero que tu sentencia te sea leve. no necesita preguntar. -Me parece lógico. Nathan. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. Este lugar iba a terminar con él. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante. Ambos se volvieron-. momento en el que. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. Los niños. señor -lo abordó el policía-. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. . K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. -Yo no dije nada. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. -Disculpe. Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. Había omitido algunas palabras. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. en espera de que alguien llegara. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal. setenta kilos. vitorearon. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró. cuando Norfolk. La matrícula dice WLDMAN. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. Sin embargo. de unos setenta kilos. Has sido muy tol erante. con un vendaje voluminoso en una mano.

Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. Fuera lo que fuera. De vuelta en su auto. Entonces se puso arrogante. Quizá se trataba de un niño. -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. "Si se cayó del gato. ¿Podría decirme dónde pasó la noche. reapareció el nerviosismo. -Buenas tardes. Sí. no en otro planeta. dando media vuelta para retirarse-. -Vaya casa. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. Gracias por su tiempo. Lo mandé ahí. pensó. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. . Tuve un accide nte. 48 Huye. Mark Bailey era culpable de algo. Harry se acercó a la puerta. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. señor Bailey -admitió Harry. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo". Cuando se acercaba a la puerta principal. ese algo tenía que ver con su lesión. Nathan. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. vio una cara conocida. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. no le importará que eche un vistazo. para deshacerme de él. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda. Mientras conversaban. Cuando llegaba a la calle. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. de hech o pedí que lo encarcelaran. estoy enterado. mi sobrino y yo nos odiamos. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. -Me pareció que intentaba esquivarme. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson. con antena parabólica en el techo. Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. -¿Debería de pensarlo? -preguntó. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí. -Entonces. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. a solas. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. oyó que se abría la puerta.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. Usted no tiene nada que ocultar. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. señor Bailey. agente Borsuch -saludó. -Pero. huye -Mire. sí me importaría mucho. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. ¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. agente. -De acuerdo. Mark lo miró desde el umbral.

Bailey era una escoria. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. Por otra parte. suturando un herida en la coronilla de un paciente. si no estás de acuerdo. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. -¿De qué se trata? -preguntó. -Lo sé. puedes toser. y le entregó una hoja rayada de cuaderno. incrédulo. Debía permanecer una noche en el hospital. Tenían delante a la prensa. La crema y nata de Braddock. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Harry. -Muy bien. Nathan. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. por desgracia. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. Cuatro personas. -Lo siento. -Una lesión de la mano. no puedo ayudarte. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. Warren siguió el ademán. no a Tad. Tad finalizó su labor. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. ¿De acuerdo? . dos adultos y dos niños. Si estás de acuerdo. Escrúpulos aparte. Tad alzó la vista y sonrió. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. Su voz tenía un dejo de desesperación-. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. -También encontramos esto -añadió Borsuch. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. Borsuch señaló el jardín delantero. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. doctor Tad -saludó Harry al acercarse. -Vaya. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. vaya. Diez minutos y otras tantas puntadas después. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. Cuando terminemos. 50 Huye.49 Huye. Mi carrera puede estar en juego. -Buenas tardes. El chico tiene b uen gusto. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. no digas nada. asintiendo con la cabeza. lo sé -admitió Harry. y todos los sabían. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. -Disculpe -interrumpió Harry-. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. Pero. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. estaban de pie en la acera. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. Nathan. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. -Harry. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. mirando a su alrededor. Pero apóyame en ésta. -¿Dónde está la familia? -inquirió. Tenía rota una mano. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. de esp aldas a la casa. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. arqueando las cejas-. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas.

10 51 Huye. -Lo siento. Los dos últimos eran pe queños. en el noticiario la noche anterior. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. Apagó el televisor y decidió explor ar. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. pensó Tad. por el contrario. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. En ellos encontró unos juguetes fabulos os. si investigamos s obre la lesión. Había oído del chiquillo. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-. lo descubriremos. DENISE CONVERSABA co n Quinn. al tiempo que abría la puerta del consultorio. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta. Tad guardó silencio. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. -Oye. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. Volvió a toser. un tocador y una cómoda de patas altas. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. Natha n Bailey. Harry se quedó pasmado.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. aunque los ojos lo desmentían. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. cariño -rió Denise-. pero primero echaría un vistazo. Harry se veía totalmente estupefacto. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. ¿estás ahí? -Sí. Una vez que limpió la planta alta de maleantes. Un repentino acceso de tos acometió al médico. ¿no? . tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. Antes de que lo olvidara.Con que eso se traía Harry entre manos. -Y dime. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. Levantó el auricular y marcó. huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. Hiz o un nuevo intento. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. de Milwaukee. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. Estuve durmiendo. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. pero nunca asoció los apellidos. siempre que no tirara del gatillo. pasó el resto d e la mañana en la sala. Nathan Bailey. Dur ante los siguientes veinte minutos. Harry -se disculpó Tad. se debían a actividades cometi das en su contra. Nathan. subió a la habitación principal. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-. -No me sorpren de. Eres toda una celebridad. Quinn -la interrumpió Denise-. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. Se ocuparía de ellas enseguida. B ailey. Tal vez había planteado mal su afirmación. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. Dicho lo cual. Emp ero. debía lavar las sábanas. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. Nathan. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. Podía jugar con el arma tal como estaba. Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez. dispuestos lado a lado en lo más alto. Quitó las sábanas de la cama. señora -respondió la voz. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. -Por supues to que no -reconoció Harry. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo.

Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. -¡Ja! Te callaron. tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. El corazón de Nathan latía a toda prisa. se había duchado en e l baño principal y. Sí. LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . Las cosas no iban b ien. Ya estaba listo. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. Nunca creyó que regresaran tan pronto. no parecía que hubiera robado na da. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas. Al menos. Los Nicholson. Ya en camino. en un par de días. El niño con . Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. de modo que la emprendió a preguntas. Nathan había dormido en la habitación principal. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. había dado otros golpes difíciles en el pasado. Su amigo. Nathan.. pero le fue imposible. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda. Sabía que pronto llegaría su oportunidad. Recogí los pedaz os y. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW. sin duda. Hice algunas cos as malas. Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. Créanme. Kendra. Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa.. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . Su tono sonaba gélido. oyó la voz del chico . En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. Según deducían. pero uste des la llamaron de inmediato. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock. Le temblaban las manos. 52 Huye. habría sido la animadora que perecía por él . llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. Díganle que gracias y que lo sien to mucho. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. Salvo por la ropa y el auto. Les prometo cuida r sus cosas. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. Sin embargo. Considerando el trabajo que debía hacer. 53 Huye. Fue algo muy feo. declaraba Kendra. También encontraron tu nota. rompí un vidrio de la puerta trasera. Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. Nathan.357. no como las había planeado. A continuación. cuando tenga oportunidad. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-. No se preocupen. Por favor. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. o quizá una semana. Cuanta más gente estuviera atenta. Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. También tuve que llevarme su otro auto. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa. Aunque traté de ser cuidadoso. Nathan Bailey P. Pointer soltó una carcajada. Perdón por el desorden del baño. intentaré pagárselo. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. por increíble que pareciera. -¿Qué? -jadeó. tus anfi triones de anoche. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez. Permaneció mudo.D. como un automóvil BMW. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor. pero no todo lo que dicen. que acababa de limpiar.

En su fuero interno. que el sistema correccional para menores hacía criminales. Denise. Nathan sonrió y estiró la espalda. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. Nathan. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. pero no sabía por qué. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. Eran nuestros vecinos. Yo tampoco quiero. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. -¡Qué van a saber! -y Denise rió. sin embargo. "Ahora tienes una nueva vida. si te pregunto algo." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. de Coronado. -Gracias -repuso Nathan." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. Nathan -saludó Frank-. 54 Huye. Recu erda que. si me conocieras mejor. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. "Ya no podemos ser parte de ella. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. Nathan respiró hondo. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. -Oye. Jacob Protsky. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático. ¿es cierto? -agregó Frank. conmovido-. pensó Warren. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. y el papá de Jacob me lo dijo. igual que muchos radioescuchas. -Nathan. A veces. controlado. al principio del telefonema de ayer. -Hola. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. Esta vez se sentía tranquilo. y el tren lo arrolló. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. -Estoy segura de eso. había dicho. California. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. Era cierto que había matado. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. hay mucha gente que no opina l o mismo. y la segunda. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. Nathan". la gente no conoce los límites. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. sabrías que eso significa mucho para mí. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . La primera. El día anterior. Esa noche. Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. yo e staba en casa de mi mejor amigo. La policía les avisó. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-. Y. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. Como madre que soy. no los reformaba. Un chico listo. para suplicarle que lo acogieran. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. De modo que sí. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. Pero no era un asesino. -Estoy de acuerdo -terció Denise. y tu situación en realidad me conmueve. huye A partir de ahí. él mismo lo confesó. pero después ya no quisite hablar de él. no creía una sola palabra de lo que dijiste. que Nathan no era un peligro para la sociedad. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. quisi era ayudarte. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo.

-El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. Pero. Pensilvania. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. Siempre llevaba las de perder. En el exterior.. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. -Escucha. Nathan. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme. tendría otra oportunidad . 55 Huye. Si regreso. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. Nathan. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. nadie había mencionado un BMW robado. y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta. y si la suerte lo acompañaba. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. dirán que yo soy el asesino. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara. Aún había gente dispuesta a escuchar. Así funciona el sistema. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. Nathan. Si se esforzaba y decía la verdad. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. se acercó a revisar el vehículo. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. Denise. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. Ya eres noticia. al iniciar el turno. -A muchas personas les funciona. -Siéntate -ordenó Warren. -No puedo regresar.lo abrazó. huye -¿Eh? ¡Ah!. no había el menor indicio de una sonris . alguien más lo in tentará. . De pronto. Denise -declaró Nathan. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. si me defiendo y gano. sí. se sintió in finitamente solo. de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. ¡No me dig as que debo regresar. creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. Ya en su auto. Al llegar. rojo cereza. -A decir verdad. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. sobre todo. Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. reparó en un BMW descapotable. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. Aquella mañana. Sólo pensaba. el catecis mo católico. Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. No volveré a menos que me a trapen.. quizá otras personas también podrían. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar. -A los niños no. Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida. en Jenkins Township. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. convencido-. Se veía despavorido. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. H arry se sentó con la espalda erguida. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. amiguito. con la respiración agitada y las manos temblorosas. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. A mí no.. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. Nathan. siempre estaba en juego su supervivencia.

Warren se retrepó en su sillón de vinilo. Encontraron el auto en Jenkins Township. Pasaron unos cuantos segundos. -¿Y bien. Warren levantó el expediente. señor -masculló Harry. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. que Warren le devolvió. -Ahora.a. él no se había presentado. Harry miró al teniente a los ojos. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. Sin embargo. Harry. -Anímate. El motivo de esta pequeña charla. con grandes aspavientos. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. Estamos en Estados Unidos. Michaels era de los buenos. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. y no podré volver a cubrirte las espaldas. Yo cubriré las cosas aquí. -Jed. -Sí. Nathan. ¿Quedó claro? -Sí. Cuando el teléfono volvió a sonar. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. Thompkins -prosiguió Warren-. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. -Residencia de la familia Nicholson. soy Warren. si estaba decepcionado de alguien. se dijo. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. al norte de Ha rrisburg. Voy para allá ahora mismo. y una gran equivocación. Habla el sargento detective Hackner. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. Warren se inclinó hacia adelante y. Jed contestó. señor -repuso sin titubear. que rechinaba. Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. al tercer timbrazo. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. 57 Huye. señor -respondió Harry. Pensilvania. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. 56 Huye. ¿no es así? Harry asintió. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. Él era de lo s buenos y. El corazón le palpitaba con rapidez. Warren puso la mano sobre el auricular. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . agente Tho mpkins. Nathan. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. -Sí. Otra más. el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira. El teléfono sonó nuevamente. -Sí. eh? -preguntó con voz apacible. Los demás tenían razón. huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. Harry salió y cerró la puerta.

incómoda. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. Señoría. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. to dos los presentes guardaron silencio. -Sí. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. Puestos de pie. sin dar muestra al guna de tensión. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. la tenemos -respondió. elegantes y muy bien pagados. sus oponente s de Omega Broadcasting. Señoría -concluyó el abogado Morin-. Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia. Su Señoría. -Su Señoría. Morin sonrió afectadamen te. -Con esto se demuestran varios puntos. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. Caminaba de un lado a otro por el pasillo. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar. Abrió su portafolios. Stephanie sonrió. seño Morin -indicó el juez. Cuando subía al estrado. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. furiosa. Clarence O. al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. -Señorita Buckman. Esperaba ver al señor Petrelli con usted. sacó su s notas y empezó. Su Señoría. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. tenía un asp ecto cadavérico. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. irritado-. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas. Su Señoría. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. yo también lo esperaba. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. Desde las nueve de la mañana. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. Nathan. ¿no es así? Morin se puso de pie. tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. -En efecto. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. Investido como juez en 1955. encima. que un buen . Una vez concluidas las formalidades iniciales. Verone giró la cabeza hacia la defensa. veo que está sola -reconoció. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal. En contraste con sus limitaciones físicas. les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. Con sus casi ochenta años. según entiendo. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". Y. Stephanie quedó boquiabierta. diez minutos antes de las cuatro.so perdido. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. El primero. Al fin. -A decir verdad. con un fino traje de Brooks Brothers-. Pero estoy lista para proceder si n él. La fiscalía 58 Huye. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla.

Su Señoría -objetó Stephanie. Cuando el sujeto oyera las noticia s. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. No era posible. Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor. y el segundo. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. Por primera ocasión. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor." Apagó el televisor. La espera lo volvía loco. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. Era u n idiota. pero l sitio exacto. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. Aun en los días más oscuros. Pens ilvania. lo meteré en la cárcel por desacato. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual. Hablarían con la gente. De hecho. ¿Quedó claro? -Sí. Señorita Buckman. Tenia que escribir otra nota. "Piensa". Nathan. lo recordaría. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. En unas cuantas horas. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. y.. ha sido localizado. pese a todas sus oraciones. Sólo esperaba recordar cómo. en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. no tenía relación alguna con el mundo real. señorita Buckman. con los pies descalzos plantados en el suelo. mostrarían su fotografía. Todo y to dos lo habían abandonado. El Honda de la cochera complicaba las cosas. Era de transmisión manual. lo encarcelarían por el resto de su vida. Tiene que haberla. Buscó des esperado alguna solución. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. Si algún maleante lo elegía como su presa. Necesitaba analizar su sit uación. . si intenta otra jugarreta como ésta. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. Pese a sus reflexiones y planes. el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población. alguna forma de ganarles la delantera. los policías habían anulado su ventaja de dos días. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. señor -respondió Stephanie. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. con el arma apoyada sobre el pecho. EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. Faltaban tres horas para el anochecer. Nathan estaría pr eparado. lo declararían culpable y. "Debe haber una salida. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. Según fuentes policíacas. un grandísimo imbécil. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. Lo sacó y se tendió en el sofá. vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. y debía aguardar. se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo. -Ese último comentario no viene al caso. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios. y había limpiado la cas a. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato. se dijo. . de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. sin duda. Se dejó caer en el sofá. La ropa estaba lavada. -Por el contrario . Infórmele que. todo po r su propia culpa." Volvió a sentarse e rguido. Había decidido llevarse el arma. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. pero no tardaría mucho. Virginia.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles.

Casi podía sentir la calidez de su abrazo. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas. Sí. La muerte era una forma de libertad. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. Habían estado a cinco metros de él. Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto. se permitió fantasear en que también encontraría al niño. Sería feliz. Durante largo rato. Greg no se desalentó. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. algún día. El problema era la hora. Sería libre.. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. Empero. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. vivo por fuera pero muerto por dentro.Esta vez. Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro. ah ora ya había motivo de esperanza. Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. súbitamente. Si él hubiera estado en los zapatos del chico. Su padre volvería 60 Huye. Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. y no lo encontraron. huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. Vistas de cerca. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. Greg intuía que estaba cerca. Esperaba poder contarlo algún día. huye a sonreírle.. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. Confiaba en que. Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. Los labios comenzaron a temblarle. oler su perfume celestial. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero. Después de unos quince segundos. Uno. donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa.. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. -Ya me descubrieron -susurró. Por segunda ocasión en dos días. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. Podría conocer a su madre. si alguien sabía algo. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable. El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino . Sin embargo. sabía reco nocer las casas desocupadas. Todavía amartillado y li sto para disparar. reconoció la ver . no más soledad. No podría haberse movido aun que lo deseara.. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos. Nathan. y eso significaba Little Rocky Creek. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. ¿o no? No más persecuciones. se lo informaría. las b alas eran grandes. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. un instante más tarde. 61 Huye. dos. Entre las sombras del anochecer. se veía malévolo. no más golpizas. Llamó a la puerta por mero formalismo. pero ninguno de ellos había visto nada. había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. Nathan permaneció inmóvil en el piso. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo. En las casas donde no encontró a nadie. Nathan. todos ellos con una fotografía de Nathan. Estas cosas implican tiempo. no hubo reacción alguna. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. dio media vuelta y se alejó. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos.

pero no bebió. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. ¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy. llámeme Mitsy.. de unos veinticinco años.. Nathan. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. -Muy bien. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-.. cos . rompió a llorar. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. Por favor. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento. Cuando volvió a mirar a Jed. Se llamaba Misty... Le recordaba una vieja canción. pero no pue do. Al cruzar el umbral de la puerta. Joven. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. Vaya nombre. señorita. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso .? 62 Huye. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. -Por supuesto que no. Sién tese y hable conmigo. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. La suposición de Jed no podía ser más errada. A CASI doscientos kilómetros de distancia. -De hecho. eso es lo que estamos investigando. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar. póngase cómodo. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas. con el dorso de las manos en los ojos. -¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky. Por favor. en algún momento posterior. No había r egistro alguno de que tuviera esposa. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed.. y ella las enjugó con los dedos. Mitsy Cahill. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta. -Señorita Cahill. ¿acaso cree usted que... el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada. Nathan dejó caer el arma en la alfombra y. eh. sé que esto no es agradable. Sin embargo. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. pero. Ya era hora de que vinieran. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía. sostuvo la placa junto a la cara. -Cahill. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. ¿verdad? Esa pregunta. No obstante. formulada sin ambages. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. Me agrada t ener compañía... Jed se sentó en el viejo sillón. Al llamar a la p uerta de chapa de madera. -Mitsy -lo corrigió ella. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. podría pasar cualquier cosa.. -Señorita Cahill. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. -No es sólo una víctima inocente. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas.. Mire usted. Contempló un rato la botella de cerveza. -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-.güenza de lo que había estado a punto de cometer. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo.. señorita. Misty. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-. gracias. Po favor -suplicó más tranquila-. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. donde pudiera verse a través de la mirilla. Respiró hondo. compañer a. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una. Si alguien le hub iera colmado la paciencia. -Bueno. s e veía enojada. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. -No entiendo. -No.. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar.

Nathan. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so. celebrando su inmi nente victoria. Su aceleración no er a precisamente uniforme. 63 Huye. Rasgo p or rasgo. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. Fuera lo que fuera. de una camiseta de los Toros de Chicago. lo sabría con certeza. hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. -Es él -aseguró Todd-. hace como una semana. de eso estoy s eguro. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. amable-. era un boleto abierto. -No tengo idea. Debemos llamar a la policía. Su tono era brusco y apremiante. a mí -concluyó e n un susurro. -Hasta donde pude ver. no lo sé. creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. en casa de los Nicholso n. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. La esposa de Todd. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. Sin embargo. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. Y. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. la camiseta de algún equipo deportivo. Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. -Ya se lo dije. y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. pero no sabía qué hacer con ella. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino.as de Ricky. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. Nathan Bailey se había apoderado. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. Tenía ante sí mucha información nuev . ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. Según los informes procedentes de Virginia. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. En cuanto Todd viera la fot ografía. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. Llevaba pantalones cortos. En un arranque de inspiración. No recuerdo de cuál. Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. por supuesto. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta. Finalme nte. 64 . pero tampoco era tan irregular como había temido. La otra parecía extraída de un vídeo. Y el cabello era igua l. AL FIN oscureció. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. huye -En honor a la verdad. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda.

-Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. -Sí. dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. 12 EN LA OSCURIDAD. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. El tipo seguía ahí. Nathan. o más bien le pareció haberlo percibido.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. y también aceleró en un intento por perderlo. -¡Si seré.. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta. -Señor Bris cow -empezó a decir. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. El arma era una extensión del brazo de recho. una familia de la otra calle. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. Estaba cruzando la calle. Lo siento. a nivel del piso. Era sólo una sala a oscuras. Nathan. por cierto. sostenida en ángulo recto frente a él. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono. las luces altas de su auto. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. El patio trasero se veía igual. Sin saber con certeza qué buscaba. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. nada parecía fuera de sitio. sin cruzar nunca l os pies. En el resplandor tenue de la luz. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. que parecían intactas. A petición de Gr eg. Durante los últimos ocho kilómetros. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda.Huye. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino. Acabo de recordar que los Grimes. bajó por el hueco de la ventana. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa. se había hecho de un arma. De modo casi inconsciente. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. salieron de vacaciones. Al acercarse a la puert a principal. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. Greg se movía como una araña dentro de la casa.. porque vio movimiento a través de las cortina s. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera. 65 Huye. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg. -En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. pero fue inútil. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. que .

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

se dio cuenta de su grave error. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. ¡pum!. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. A pareció rápidamente y rodeó la puerta. El pánico invadió a Nathan. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. Pointer no respondió. No logró identificarlo. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. El "policía" cayó desmayado. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. Esto no podía estar o curriéndole.. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. En cuanto pronunció aquellas palabras. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. atrapamos al maleante. pre parándose para disparar. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. Vio el arma entrar primero. más le irritaba el día que tenía por delante. -Buenos días -saludó Pointer animado-. Tras un primer golpe. -Sí. Nathan. Tenía que huir. Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. Al parecer. P arece una noche muy tranquila. -En efecto. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche. A LAS CUATRO y media de la mañana. no hay nadie más que el chico y yo. Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. 70 Huye. sólo se agachó para re el arma. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. Quizá podría. huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. sino que tuvo más resonancia. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones. En este caso. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. pensó Nathan. -¿Quién es usted? -gritó. pero sí pesada. Eran raros los visitantes a esa hora. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. Soy policía del condado de Braddock. El lugar se ve vacío. Sólo vine para dar una mano. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. El ves . Otra vez. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o. Er a innegable que algo estaba sucediendo. Se oyó una llave en la cerradura. la bala ya iba en camino. la pesadilla todavía no terminaba. pero no se disparó. Cu ando logró entender.rota como si estuviera íntegra. sintió que la sangre se le heló en las venas. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función. Un arma. señor. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. La pistola cayó al piso. Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. amiguito -rió Pointer.. Otra vez. Watts sonrió. ¡Pum!Otra vez. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. "Tal vez pueda alzar el catre". No era muy grande. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. Nathan se preparó p ara dar el segundo. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. tomó la pistola y giró. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas.

se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad. Por lo pronto. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. Cuando corría por el pueblo. Nathan. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. Nathan. huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. Nathan no sabía qué hacer. Volvió a quejarse. de lo que s in duda era la plaza principal. Nathan -se burló en voz alta. Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. pero los 72 Huye. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. la estructu ra más prominente en el centro. -Has sido un niño malo. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. que estaba ubicado en el campo. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. En el escritorio. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. De hecho. El señor Slater no estaría muy complacido. parecido a un lápiz gigante. Al ver la prueba física ahí. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. Ocasionalmente. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión. Pointer se quejó en voz alta. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . los ojos no la dejaron tras lucir. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. y las puertas abiertas de par en par. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo.tíbulo estaba desierto. Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o. que se guardó bajo el brazo. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. En retrospectiva. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. La gente ya creía que Nathan era un asesino. con la cabeza c aída sobre el pecho. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. 71 Huye. Era muy fácil. llegaron por montones. veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. pero cuando aparecieron. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. dominado por escaparates y callejones. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. De haberlo sabido. la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía. No le costó mucho traba jo sonar convincente. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. adoptó la posición de tirador. empezó a maquinar un plan.

"Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. -Hola. Brian jamás habría podido matar a un hombre. Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. -¡No! -musitó. estaba abierta. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. sitios siemp re oscuros y húmedos. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. Ya los tribunales decidirían su destino. Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto. Jed lo entendió. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. tras la brutal ejecución de sus dos captores. y terminó con el tiroteo-. Nathan no era su hijo. Escucha. Warren se quedó inmóvil un momento. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. Warren guardó silencio largo rato. desde luego. Y. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. P rimero incorporó el ruido a un sueño. por fortuna. Después de colgar. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. tanto reales como imaginarias.o eran viables. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. por supuesto. -Ya que estoy aquí." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. -Ni siquiera pudieron defenderse. en el condado de Pitcairn. -Creo que todos abogábamos por Nathan. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian. reconoció que había descubierto su única opción. no era el padre del pequeño. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. Warren. por el momento. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. Warren viviría en paz con el resultado. pero vaciló ante s de moverse. Y. Mientras trataba de idear un nuevo plan. iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. Realmente me tragué la histori a del chico. que dormía profundamente. Después de todo. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. -¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. Y cayeran los dados com o cayeran. lo hizo estremecerse. no podía quedarse donde estaba. lo oyera. Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. 73 Huye. En cuanto vio la puerta. Nathan. Jed. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. huye Entonces. aunque. Mas.

Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. quiero hablar con él. -Está claro. uno s animales torpes e incompetentes. En aquel momento. Denise trató de imag inarse a Nathan. -Sí. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. El departamento de Billy. Tenía sus libros y su televisor. Tenemos que detenerlo. con las manos en alto. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. Nathan. y después los ajusticiaba. tal como usted le dijo a Pointer ayer. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. Sin embargo. Hay que hacer lo que hay que hacer. Sammy. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. Lyle llamará esta mañana. En aquélla siempre había algo bueno que comer. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. El propio Lyle. A los diez años. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. Sammy. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. -Sí. además. Aquello no tenía sentido. y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. -Sí. inmóvil. era un verdadero horn o. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. -Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. claro. por lo pronto. Ya era bastante con el guardia de la prisión. Enseguida. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. por otra parte. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. su fiel lugarteniente. Cuan do llame. En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains. Hoy mató a dos policías. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. Debemos sacrificar a Pointer. -Sí. No vale la pe na. serena y metód icamente. incluso para pasar por cómica. Sammy se aclaró la garganta. señor. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. Y. pero. Esta imagen resultaba demasiado absurda. Cuando su mamá estaba en casa. Permaneció unos instantes d e pie. Si alguien se pasaba de la raya. DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. señor Slater . compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. esperando a que se reconociera su presencia. 74 Huye. como perros. lo ponía en orden. pero algo en todo esto no cuadraba. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . -Quinientos mil dólares son mucho dinero. lo son. en la que Nathan era la verda dera víctima. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. Pero lo peor era la soledad. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. J. porque trabajaba todo el tiempo. protección. Sammy. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. El señor Siater lo hizo callar con un ademán.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris.

Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. será mejor que salga. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. con antenas parabólicas sobre el techo. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. ¿verdad? 75 Huye. ceñudo. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. -La policía. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli.. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. el lugar estaba atestado de periodistas. Ahora sí. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-. No hay mucha comida. Nathan. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. si a eso te refieres. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. Billy le explicó todo. J. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo. Nathan. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. pero tenemos un televisor. S. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan. Todos andan buscándome. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. pero no lo logró. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. y hay algunos juegos y juguetes. -Entonces. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto. 76 Huye. Una tras otra. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. huye Warren le dirigió una mirada fulminante. que ya daba audiencia en el ves tíbulo.. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. Salvo por algunos problemas en este caso. Algunas cajas del rincón se movieron. -Eres Nathan. Billy no perdió tiempo. que se puso de pie muy despacio. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli. -Todo el mundo sabe quién eres. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. ¿Qu. Daniel Petrelli al grupo-. -Lamento los problemas. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. seguramente te agarrarán. El sótano de su edificio era un lugar oscuro. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. Billy había visto las noticias aquella mañana. -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J.basura al sótano. No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. sea quien sea.. aterrado. se inyectaban o a veces morían. Expert . -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. -Todavía no lo sé. Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. Las ca mionetas de la prensa. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan..

Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. Podía haber tenido otra. te rminará frío. señor Slater explicó Pointer. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato.? -Ya nos encargaremos de él. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. -Mire.. y colegas de ustedes. Si pueden atrapar al chico vivo. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. era un profesional. agente. Murphy se dejó llevar por la ira. sin usarse. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. pero así es.. Warren estaba horrorizado. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. sin embargo. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. Si se siente amenazado. Sino. -Oye. señores -concluyó Petrelli-. a las cinco. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. tiene luz verde. Me refiero a que es un niño. Volvió su atención hacia Murphy. Petrelli estaba listo para responder. deberá ser cuidadoso. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño. L a puntería era asombrosa. -Alguacil -lo recrimi nó-. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. Lyle? -Sí. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes. El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. Si ust edes no hubieran fallado así. Ya no quiero oír tus excusas. En respuesta a su pregunta. Lo comunicaron de inmediato. teniente. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. Eso es todo. Pero la decisión n o depende de mí. Nathan. Ésas son sus órdenes. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a. sorprendido por el temblor de su propia voz-. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. sí lo es! -de pronto. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. -Ahí lo tienen. así será. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía. Lyle. -No me diga cómo manejar mi jefatura. señor -respondió Pointer con voz ahogada. Sin embargo. ¿Entendiste. Es muy sencillo. Cuando lo arresten. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No. huye Sin decir más. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. -Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. Ese animal mató a dos de mis homb res. y lo enfrentaré a mi modo. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. La prueba física circunstancial era innegable. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. Por lo pronto ven aquí. todos letales. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. Lyle -ordenó el señor Slater-. Eso s hombres eran mis amigos. 77 Huye. -Cállate. de unos veinte años de edad-. -Esta madrugada. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. age nte. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-. Se habían hecho tres disparos.o en fingir sordera. Necesitamos discutir algunas cosas. seguido de Petrelli. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. Si representa una amenaza. teniente -respondió con paciencia-. -Petrelli. Si matan al niño será porque se lo mere cía. teniente Michaels. Ahora es mi caso. elimínelo. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . como si ya estuviera muerto. sí. Pointer no podía controlar la respiración.

-No tengo la menor idea. Reacciona. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. Precisamente quiero que lo averigües. -No. además. Como reacción al ruido . Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. la mente se le iluminó. Así que. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. Tenía el logotipo de un banco. Jed -lo apremió Michaels-. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. Esto va más allá de lo s asesinatos. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. -Mi duda es la siguiente. 79 Huye. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". -Con el debido respeto. Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. Oye. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento. no lo tiene -asintió Warren. ún icamente se está defendiendo. desenfunda . huye Warren asintió. Su voz desbordaba alegría-. para empezar. d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. -Supongamos que. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. Simplemente se interpusieron en su camino. correría por el pasillo con el arma desenfundada.. -Muy bien -dijo en voz alta-. no se queda sentado. Como mínimo. Sí. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. ¿estás se uro? -Piénsalo. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros. Entonces. Nathan. de un modo u otro. pensativo-. pensó Warren. A menos que. pero piensa. Si un policía oye disparos. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. -Agente. ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven. Y dígame dónde hay un teléfono. tendido ya en el piso. y oigo d isparos en el pasillo. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. Y. Alguien tuvo que pagarle. pero al menos las cosas serían más congruentes. todos le desagradaban. Nathan había sometido a Schmidtt. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. Trata de identificar a la persona que le pagó. Este niño no es un asesino. Primero el tiro en el pecho y luego. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. Nathan. -¿Un matón profesional? Warren. Así que investiga sus antecedentes financieros. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. En un solo momento de inspiración. Warren. Bueno. Las piezas caían en su sitio. -Creo que no hay duda -afirmó Warren. No tengo idea -admitió Warren-.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. Correcto. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. Br . Eso sí era lógico. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. ocupado con el papeleo. -En efecto. -¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. todo lo demás encaja a la perfección. Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. no to do el sistema. aunque no hemos conse guido gran cosa. habría tenido acceso al pasillo. ni siquiera desenfundó. tal vez notendr ía. De pronto. un disparo a la cabe za. Con la puerta de la ce lda abierta. ¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. -Sí -declaró el agente. Estoy sentado aquí.. Jed vio claro. 78 Huye.

jefe. Harry fue directo al grano. -De acuerdo. después . Te comunicaré enseguida. Necesito hablar con Denise. -En efect o -reconoció con aire jovial-.. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. Nathan obedeció. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. yo no maté a los policías. y nadie hubiera objetado-. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño.. No había nadie que pudiera oírlo. -Espera un instante. Nathan. hasta que al fin pudo comunicarse. no dices nada y. lo sé -rió Warren-. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. -De acuerdo. pues tengo otra teoría. Creo que est oy en deuda con él. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. Sin embargo. -No lo dudo -farfulló el niño-. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. Por favor. ¿eres tú? -preguntó Denise. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. ¿verdad? -Sí. Nathan. quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. -Aquí vamos. Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. Pero. -El hospital de Braddock. si a eso te refi eres. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora. Empieza por ahí. Se hizo una pausa. todos cambiaremos de puesto. nadie era tan amable con nosotros. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. Harry respiró profundamente.addock Bank and Trust-. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. Creo que acaban de llegar. por favor -pidió después de una breve pausa-. -¿Eso es qué? Harry no respondió. Enrique reconoció la voz. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. o incluso de trabajo. -Nathan Bailey. la recuerdo -lo interrumpió. -Tad. -Eso supongo. cariño. y Ricky. -Hola. -¿Qué tal. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. Cuando terminemos con ese asunto. -Me da gusto oírlo. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. -Sí. Después de treinta timbrazos. -Muy bien. Ahora. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro. -Muy bien. -Y otra cosa. Estaba al aire. Yo te creo -lo consoló-. . si me eq uivoco en este caso. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. el villano. -En otro tiempo -sonrió J ed-. manos a la obra. Tad no dijo palabra. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. Tal vez haya algo. contestó una voz familiar. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. -¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido. Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. q ue por eso 80 Huye. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. huye Harris trató de asesinarle. y. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. sólo dinos lo que pasó. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. Servicio de urgencias.

huye Nathan Bailey le había robado su honor. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. de nada. De hecho. estaba el nexo.. a nombre del señor Petrelli. -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. Trabajaba para la compañía telefónica. ¿Habría robado otro auto? Era posible. sí. Pointer empezó a concebir un plan. Lo tenía delante. Cerró la puerta y descolgó. Silencio. DE UN MODO u otro. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. lo felic itaron por su disposición para colaborar. A los oídos de Pointer. casi corrió a su despacho. Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. Pero esa madrugad a fue distinto. Virginia. -Vamos. 81 Huye. De pronto se convirtió en algo personal. -En realidad no fue nada -respondió Todd. Todd Briscow. El testigo. Ahí. se preguntó. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. Jed lo siguió. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. Las dos pri mera noches. estaba muy equivocado.-Tal vez un matón profesional. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. Nathan. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. Cuanto más decía. que ya se dirigía a la puerta-. doc -dijo Harry. matar siempre había sido un negocio . Sólo hizo tres. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. sargento -respondió Harry. de la oficina del señor Petrelli -mintió-. Jamás volveremos a hacerlo. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos. e n algún sitio. El radio. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. efusivo. e n la página del diario. -Sí. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. -Un millón de gracias. Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. -¿Sabe? Antes de que colguemos. que empezó a volverse bochornosa. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. Se lo explicaré en el auto. ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. Hasta ese momento. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin. Eso significaba que s eguía a pie. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey. Lyle tenía un trabajo pendiente. habla Larry Vincent. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. Quiero decirle. así era. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. me pregunt . ¿no e a así? Sí. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites. -Señor Briscow. Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. pero las veces anteriores había tenido las llaves. Todd sonaba como un perro jadeante. para dar por terminada la conv ersación.. PARA SU GRAN alivio. -Habla Todd Briscow. en el condado Pitcairn. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. y ese tra bajo estaba ahí. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo.

Tras acabarse la enésima botella de whisky. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. Cuando el viejo murió. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. tan en serio como un ataque cardiaco. mucho dinero. pero no es posible. Y luego. "Porque lo digo yo". -Vamos. esos quinientos mil podían convertirse en . No. Está pidiéndome que viole la ley. inmutable. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. Usted sabe que. Salvo que no había tal dinero. oprimido por la sombra de Steve. exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. huye los dieciocho años. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. Todo eso costaba dinero. durante un instante. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. Y. además. El dinero de verdad.aba si podría hacerme un favor. su testamento quedó forjado en hierro. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. volvería a ser coherente en pocas horas.. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer. pero se acabó muy pronto. La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. Y. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. -De acuerdo -reconoció Pointer-.. señor Vincent. pero Mark no.. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. La mirada del enano miserable lo dijo to do. Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. Pointer se lo pidió. Pe ro lo decía absolutamente en serio. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. Todd no supo qué contestar. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. Un año antes. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa. señor Briscow. por supuesto. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra. comprendió lo que había sucedido. huye -Lo siento. Y aunque se permitió. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. señor Briscow. Por supuesto. según descubrió Mark. Mark. Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. Querría compartir la gloria con un amigo. Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. Nathan.. nada. su hermano perfecto. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. Si la historia se re petía. Incluso Nathan recibió una buena porción. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. "¿Por qué a mí?". dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark. En lugar de compartirla. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. y usted tiene la clave para hallarlo. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios. Steve tenía t odo. La ironía era en verdad delici osa. zalamero-. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. Nathan. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. La venganza era placer de dios es. 82 Huye. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. estaba en el negocio de la importación. Necesitamos su ayuda por última vez. el dinero de su querido viejo.

Pointer ya tenía un plan. Mientras tanto. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. veinte mil dólares.más de cinco millones. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. Entre ellos. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico. y entregarlos al día siguiente como anticipo. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. Ricky sólo tenía que liquidar al . Pointer se rió de él. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción. en partes proporcionales. En las calles. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. Cuando terminó. Eres g ente de dinero. y Nathan era el único. Antes de que te rebane el gaznate. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. Dejaría que Mark viviera un poco más. en algún lugar. también había una cláusula de excepción. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. Empero. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. para e l día treinta y uno. Lyle Pointer había descubierto la mentira. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. Valuado en poco más de tres millones de dólares. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. En el transcurso de la velada. Mark se encargaría de los detalles. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. investigué un poco sobre ti. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. El resto fue asombrosamente sencillo. Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. Mark pidió sólo un poco de tiempo. empezaron los problemas para él. No. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. Nathan. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. Treinta días después. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos." 84 Huye. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. Si n embargo. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark. pero Mark reconoció l a verdad. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. el legado se entregará al padre del difunto o. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. eso no servía. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. susurró jadeante. Tu familia tiene millones. Mark aún sentía el dolor. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. Cuando el av ión no regresó. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. De pronto. Sí había un modo. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde. Tendría todo resuelto de por vida. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. Comprendió que. y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. Pero. le aseguró. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. Según le explicó. explicó con gran aplomo. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. Pero el reloj seguía su marcha. -¿Sabes.

Frente a la entrada había un a Ford Bronco. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. Nathan. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. Tenía la boca abierta. de unos sesenta y tres años. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. -Es su vehículo -señaló Harry-. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. Así empezó. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya. Todas las persianas están cerradas. Harry asintió con la cabeza. Jed corrió escaleras abajo. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. Se separaron. El señor Slater te manda saludos. hacia el porche. pareció entusiasmado. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared. El hombre entró sin esperar a ser invitado. Y en ese momento. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados . en particular le llamó la atención el televiso r roto. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. Algo no andaba bien. Está en la sala. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. Mark -respondió-. Con tres rápidas zancadas. -¿Qué quiere? -preguntó Mark.85 Huye. El lugar está limpio. mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta. Parece una casa abandonada. Harry la detuvo con el hombro. -Vine a hablar contigo. nada se movió e n el interior de la casa. sin embargo. -¡Mark Bailey.chico y largarse del país. Era c erca del mediodía. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. nada se movió. -Sargento. No hubo respuesta. -¿El asesino se fue? -preguntó. Jed llamó con varios golpes fuertes. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. Como no cedió. -¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. lo encontré -anunció Harry. se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. Yo iré arriba. listo para entrar en acción. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. Mientras esperaba en l a línea. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey . protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta.. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. dirigiéndose a Harry. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. es la policía! -gritó Jed-.. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. Como s i la hubieran abierto con dinamita. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. Era un hombre corpulent o. El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. muerto. al lado d el picaporte. que estaba a su derecha. todos abiertos en artícu . ¡Abra la puerta! Pese al ruido. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. Harry lo siguió. Harry podía cubrir el pasillo del frente. inspeccionó el resto de la sala. apuntando con la pistola en ambas manos. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala. que trató de abrirlo. -Sí. bastante alterado-. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala. poco arriba del picaporte. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero. En el mismo sitio que ayer. y. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. -No lo sé -su urró Jed-. Es un presentimiento. ligeramente inclinado. De pie a un lado de las bisagras.

Warren empezó a atar cabos. teniente? -ofreció Murphy. tras oír un largo rato-. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. -Entiende. 86 Huye. Si Petrelli desacreditab a a Warren. -¿Qué encontró. después de escuchar a Warren-. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-. Nathan. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. huye -El móvil -declaró Jed. Teniente Michaels. Están buscando a un asesino llamado N athan. Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. Esta vez. documentos legales.los que hablaban de Nathan. A Warren no le quedaba nada por hacer. oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él. no a una víctima llamada Nathan. Sin embargo. Warren? -insistió Petrelll-. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. -¿Qué dices. encaramado como una cotorra junto a su colega. Puedo conseguirle una escolta. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. Stephanie -dijo. "Es inútil". creo que e sta reunión ya terminó. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación. Nathan. se dijo. Jed le pidió que esperara un momento. los ojos se posaron en un montón de papeles. "Para estos dos. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-. A la mitad del segundo párrafo. había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy. Cuando daba media vuelta para retirarse. J. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. hojeó al descuido las hojas engranadas. encargado de la investigación. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. Habla Julie -le dijo una voz al oído." Como Warren no contestó. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. Petrelli ro mpió el silencio. sargent -preguntó Harry. ¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. En ese momento sonó e l teléfono-. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía. lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. -Oficina del forense. te di go que yo no llamé a nadie. -Mire. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. -¿Por qué mejor no te mueres. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. Como no tenía na da mejor que hacer. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. Cuando vio el . el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. tajante. ni dio muestra alguna de pretender contestar. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. no obstante. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. Así. Warren no debía seguir adelante con el caso. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. ¡Usted les dio autorización para dispararle. el punto en discusión no era la objetividad. -Warren. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos.

Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo. Aunque no lo creas. Por favor . habla el teniente Michaels. Probablemente hace más de veinte minutos. no lo sé con exactitud. abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. señor. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. sería el primer medio minuto en q . si los agentes de la policía qu erían matar a alguien.. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria. Tienen treinta segundos para ustedes solos. Esto es asunto de vida o muerte . Nathan palideció. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. el temor. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley. enseguida. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. Adelante. Sin decir palabra. -Un momento. En caso de que no se haya en terado. soy uno de los buenos. -Teniente. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento. Se oyó un clic y. Pero. cualquier prueba será inválida. Stephanie se lo dio..panorama completo. Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan . sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo. pero yo seguiré oyendo. Hi jo. ganaron -confirmó Warren-. ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-. Nathan.. ¿no es así? -S. ¿por qué. pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. Warren no había pla do tanto. l a voz de Warren se incorporó a la conversación.? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. Stephanie. -No lo sabes -repuso Warren-. al menos. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. hijo. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido. déme el número. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. En todos sus años de trabajar en la radio. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. en tono suplicante y amabl e. -Sí. pero. 88 Huye. -De acuerdo. Sólo debes confiar en mí. -Mire. El tipo que lo pidió es el asesino. tienes que salir ahora mismo de donde estás. En ge neral. Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí.. señora. por el momento. Ahora. el chico no tuvo una respuesta ensayada. de la policía del condado de Braddock. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia.. Nathan corre un grave peligro. -Déme el número -exigió. -No. Tras una larga vacilación. el pulso se le aceleró. una víctima en potencia. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. habla la operadora. -Step hanie. -Ya sabe que si usted usa esta información. sí. teniente -protestó Denise-.. huye -Nathan... -Sí. Tendré mucho gu sto en explicarle después. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago.. ayer ganamos la demanda.. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise. necesito ese número. Lo único que necesito es ese número. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. -De acuerdo -accedió-. Y. -No me importa -aseguró Warren-. a menos que quiera oír el tono de marcar.

El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. -Por fin la fuga ha terminado. -Ve allá y nos encontraremos. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. Nathan no se detuvo. Nathan. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. Iba vestido con uniforme de policía. Sí. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. la conozco. Billy -se despidió-. Enrique. -Adelante. Trece pasos ad .ue tendría las orejas descubiertas. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. pero ganaba terreno con rapid ez. 89 Huye. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. Parezco policía. Pointer venía dos pisos atrás. uno de los Hombres X. -Gracias -repitió. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. Me d a buena suerte. Debo irme ya -concluyó. Primero que nada. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto. Nathan! -lo llamó una voz. se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. Ahora. Faltaban sól o cinco metros. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. Me reconocerás. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. amigo. y salió por la puerta del departamento. a diez centímetros de él. Su tiempo ya está corriendo. Impulsado p or el miedo. -¡Oye. Nathan comprendió que estab a en problemas. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. Sintió un frío extraño. traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. No tenías que ayudarme. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. -Toma. y que la policía no estaba implic ada en ella. Tambaleante. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. Tienes que confi ar en alguien. Cuando llegó abajo. Nathan sonrió. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. Te lo agr adezco. y yo soy tu única opción. -¿Confias en él? -preguntó Billy. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar. vamos a comerciales. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. Después. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. Nathan -concluyó Warren Michaels-. -Gracias. amigos -les indicó Denise-. ¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. Antes del último disparo. Por último. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. Rodó hacia la izquierda. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior. A un tiempo. -Todo el mundo conoce tu cara. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark.

Mantenerse libre se volvió s ecundario. que era el principal francotirador del grupo. . mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. c on la esperanza de pasar inadvertido. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. El arresto sería váli do. Después de contar hasta dos. estaba tendido en un sofá. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. cuyos elementos ll egaron uno por uno. donde todo había empezado. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas.elante. Con éstas bajo control. Ahí estaba. Mientras Nathan corría. Si el chiquillo se mostraba agresivo. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce. Las sirenas estaban muy cerc a. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. un niño negro. huye Todo había cambiado. Y. 91 Huye. Una vez que llegaron al s exto piso. Respiraba agitadamente. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. lo primordial era seguir con vida. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. amigos! -los saludó Billy. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. El oficial Steadman. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. reducía el paso hasta una marcha rápida. Nathan. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado. pero donde pensaba que podían verlo. Entonces. el primer autopatrulla apareció por la esquina. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios. de aproxima damente diez años de edad. derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. unos trece vehículos policíacos. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. el resto del grupo invadió el departamento. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. Podía verlo en los ojos de las personas. Nathan. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. Nathan se dijo que se había librado del hombre. 90 Huye. en la sala. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. El pequeño se incorporó y les sonr ió. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. cada quien en su propio vehículo. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. listos para disparar. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo. Están saliendo en televisión. Sabían que había mat ado a Ricky. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. Cada vez que miraba sobre el hombro. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. Cuando creyó que era seguro descansar. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. no veía rastro de Pointer. así como las polillas siguen la luz. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. con un movimiento suave pero muy estudiado. para detener a Nathan Bai ley. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. -¡Hola. festivo-. Ya no estaba evitando que lo capturaran.

Nathan cayó de pie y se agazapó. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. niño.. preparado para defenderse del siguiente atacan te. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. 92 Huye. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó. Nathan empezó a zafarse. tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. Al p rincipio. Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. Empero. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo.C. Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia. . Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. pero si n correr. D. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire. éste lo soltó. Sin embargo. Arriba. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. Calculó que serían unos tres minutos más.Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. -¡Oye. Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. el chiquillo era rápido. Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Estaba cerca y lo sabía. -Se acabó. de modo que no podía apuntarle y dis parar. -¡Oye. resultante de un ataque más de un adulto más. pe no logró obligarse a tocarlo. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. En Washington. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños. El hombretón. ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. Nathan. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn. Cuando los brazos se aflojaron un poco. Consciente de que debía proseguir. -¡Alto ahí. Caminaba de prisa. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones. manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares. habría oído al entrometido gritar su nombre. La prenda e staba sucia. en el suelo. gemía en voz alta. era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. unos diez centímetros abajo de la axila . sin conta r el aguiero de bala. No le dolía más que un raspón profundo. en este día no era sino otro dolor. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. -¡Suélteme! -gritó Nathan. El niño avanzaba sin precipitación. señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. NATHAN SE ACERCABA. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado.

afable-. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. Soy abogado. tratand o de escapar. allá se busca a este jovenci to por asesinato. Al menos. Nathan trató de colarse entre las personas. En menos de diez segu ndos. Virginia -explicó-. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. pero no lo dejaron. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. Fue él quien mató a los policías. La carrera continuaba. cariño -suplicó-. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. 93 Huye. también se explic aba su intenso afán protector. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. conocido en clave como Paco Uno. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. Durante los últimos diez minutos. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa. -Yo también -s iscó Pointer-. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Nathan. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. Creo que puedo resolver este problema. a esa distancia. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. haciendo una seña con el cañón del arma. G iró sobre los talones. Denise lloraba. agente -continuó Kassablan. El policía acaba de disparar a dos personas. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. implorando ayuda con los ojos-. algo que jamás había hecho al aire. Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-. Desde ahí. -No reconozco su uniforme. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. Nathan vio su mirada bondadosa. niño -ordenó. ¡Por favor. -Corre. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. El arresto se llevaría a cabo pronto y. Pointer sintió que se ruborizaba. Pointer echó a correr detrás de él. -Tírate al piso. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. con Steadman y a en su puesto. Nathan corre por la calle. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. Ambos sabían que. -¡Yo no hice nada! -gritó. Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . y ahí estaba el asesino. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. Nathan había ganado unos doce metros. resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. Se acu clilló. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. Decidió llevar la farsa un poco más lejos. ¡Rayos! ¿Dónd . NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. Por el modo en qu e actuaba el teniente. -Soy policía del condado de Braddock. el detective parecía inquieto. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. así. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. Y. El abogado cayó de bruces. el sujeto no podía fallar el tiro. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. -¡FUE ÉL.

-Pésimas -respondió-.stán losver dader os policías? 94 Huye. A esa distancia. ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. cerdo. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. pero lo detuvo una potente bofetada. -PACO UNO a comandante. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. y éste era su última cart a para negociar. -¡Atrás. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. camisa azu l y corbata de rayas. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. Nathan. después. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. Esta vez. al que no reconoció. distinguió a un hombre con un arma. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. -¡Policía! -le gritó al impostor-. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. DESDE SU SITIO. Al principio. huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. a menos que el niño amenace a alguien. Delante de él. vestido con traje marrón. podía . pero las piernas no le respondieron. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. 95 Huye. Murphy golpeó con el puño. Suéltelo y vivirá. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. El hombre tenía una mirad a amable y triste. S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. Al fin había llegado su momento. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Warren corrió otros diez metros. Por cierto. NATHAN NO PODÍA re spirar. comprendió lo que ocurría. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. Steadman sonrió. Parecía un buen tipo. deteniéndolo con el brazo izquierdo. entre la niebla y el dolor. vio el uniforme extraño. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica. cualquier suspiro. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. Paco Uno. -Aquí comandante a Paco Uno. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. un movimiento repentino del objetivo. venía apenas unos pasos detrás. De lo contrario. un minuto después. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. huye EN LA CAMIONETA de mando. NATHAN TRATÓ de acelerar. EN LA CAMIONETA de mando. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. Intentó tirar un puñetazo. pero el blanco era difíci l. Ya no tenía aliento para pedir ayuda. con jersey de un equipo de fútbol americano. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . Steadman colocó el rifle en posición. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. se supo perdido. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. Nathan. apareció en su campo de visión. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. Un policía uniformado. Con los pies en el aire. Al oír la segunda. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. Antes de que W arren pudiera reaccionar.

Nathan. era el de la camiseta de tenis. Es una trampa -declaró-. Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. después. Ésta se presentó. -Nathan. Ante millones de telespectadores en vivo. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía.. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira.convertir un disparo certero en una tragedia. cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos. El disparo fue perfecto. h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. el teniente Michaels. Enrique dijo algo acerca de estar al aire. Todo está bien. el aroma de la fuerza . Ly le Pointer se desplomó. chico. mu y despacio. en televisión nacional. ya terminó todo. Al fin todo había terminado. esta vez tenía que confiar en el policía. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. que se acercaban a él. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. Entonces Nathan recordó su cara en la televisión. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. -Soy yo. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. Ya sé lo que ocu rrió. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. -Paco U no a comandante. Conf supervisor. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las. Pero los ojos de este policía eran amables. . Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie. A través de l os audífonos. Durante largo rato permanecieron juntos. Cargó un tiro de calibre . Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-. Brindo porque otra vez seas un niño. -No. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas. rodilla en tierra. -Aléjense de mí -gritó-. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. Había escuch ado promesas y compromisos. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. -Nathan. En forma ostensible. Y el tipo le sonreía. Pointer lo miró directamente. Había creído en los buenos. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. Soy tu amigo. Tienes que confiar en alguien. Nathan. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones. -Espera -fue la respuesta. Warren lo miró incómodo un momento. Mientras Nathan sollozaba en la acera." Recogió el revólver de Pointer de la acera. Hablamos por te léfono. Cohibido al principio. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. en la confianza y la esperan za. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. pero ella no logró pronunci ar palabra. 97 Huye. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama.30. Nathan -murmuró con suavidad-. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. se acer có al niño y se sentó a su lado. donde había caído. todos con uniforme de policía. huye A SOLAS en el tranquilo estudio. Confía en el juez. El niño gritó y cayó a tierra. Denise observaba en silencio. Nathan ya conocía esas palabras. Usted me matará -y a martilló el revólver. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. No puedo más -susurró. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. AL OTRO LADO de la plaza. -Ya terminó todo. apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. hijo.. Mírame. Ya acabaron tus problemas. y tiró de l gatillo. Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. Sin embargo. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. ¡Otra vez no. Nathan. hijo -dio un paso adelante-. Nathan. escúchame -suplicó Michaels. Los ojos de Nathan estaban desorbitados. a la zona sin reflejos. WARREN SE adelantó a los d emás. por favor! No quiero volver a pasar por esto. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. acercánd ose un paso más. De pronto. y lo empuñó con ambas manos. pero siempre fueron mentiras. -Seamos amigos -invitó Warren. Confía en mí. -¡Bravo. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas. Em pieza por confiar en mí.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful