Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. carcelero a los ojos de Michaels. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once. huye Empapado de sudor y rocío. Éste." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez. ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta. Era de Missouri. con tanto rigor. que a veces uno tuviera que matar. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. si lo intentaba en ese instante. todas profusamente iluminadas. El césped estaba crecido. Las cosas todavía eran muy vagas. con bonitas casas. pero no tenía a dónde ir. -Así que el chico es un ladrón de autos. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. Pero debía cruzar la calle al descubierto. que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. todos enrollados y sin leer. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. También le hacía falta cobijo. -¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. La vida no era nada justa. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. tenía que dormir. cuando menos esa noche. Debía tener paciencia. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. Nathan..endían petardos en la calle. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos. y. se ordenó a si mismo en silencio. Un momento. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. Empezó a temblar otra vez. sin duda lo descubrirían. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . Warren. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P. sólo había una lu z encendida en el porche. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia. JOHNSTO NE. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. De todos los plazos de entrega periodísticos. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez. Sin embargo. "Tienes que calmarte. Warren Michaels lo sabía. SUPERINTENDENTE.. Más que eso. Estarían buscándolo . -Ya veo. Pero el vecindario bullía de gente. Al parecer. Y de autos. Era un vecindario agradable. ¿eh? -Así es. solo con el tío Mark. no se veía iluminada ni bien cuidada. en la otra acera. y jardines bien cuidados. ropa adecuada y comida. ¡Cielos!. -No en esta región. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. "Cálmate". Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. Debía alejarse. Una idea empezó a germinar en su mente. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. Necesitaba un plan. pasaban montones de autos por la calle. 5 Huye. -Hay un problema con los sabuesos. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos.

pero no me dejaste opción alguna. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. disipado su enojo. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. Al fin. Jed -recuperó su acento habitual. mayor era su habilidad para sortear las dificultades. Si su cálculo no fallaba. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. que había vuelto a la vida. Mark terminó de beber. Ricky Harris. empleado del Cent ro. pero no quieren. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario. en vivo d esde Brookfield. huye Como siempre. a pesar de su alma inmortal. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. "El cuerpo del señor Richard W. -Buenas noches. "Lamento que así tuviera que acabar. Harris. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. ataviado con una camisa impecabl e y corbata. Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. Aquí John Ogilsvy. Le 6 Huye. pero alzó la voz-. A través de las ventanas. Michaels se puso de pie. "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. Esas dos frases. Todos l os detalles a las once. El buen Steve. Warr en? No son mis perros. le confirmaron a Mark que todo había concluido. sargento Hack ner. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. Nathan. -Vamos. Harry. pasando por encima de ellas. miró fijamente a Jed. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. Es ho ra de alimentar a las aves. sólo está en juego mi carrera. Warren sonrió. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. Don perfecto. Sin embargo. devolviendo la s onrisa-. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones. Está atascado en medio de un embotellamiento. Warren vio el reloj. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. Doce minutos pa ra las once. Richard W . Harris fue descubierto por otro miembro del person . Incluso. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. pr onostican lluvia para esta noche. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. apto para la calle. obl igándose a entender cada palabra. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. Eso s ignificaba que era un superviviente. El santurrón e inmaculado Steve. Era como transformar la pala en oro. Cuanto más vivía Mark. Jed -invitó-. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. nos tiene la información. Steve. Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. la prioridad siempre había sido sobrevivir. La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy.pendencia. Además. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. aho ra que los necesitamos. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Ya desde niño. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. ¿Qué detalles puedes darnos. A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. Los detalles aún son escuetos. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. no servirán de nada. Sólo que el precio también era cada vez más alto. herm anito. convirtió ese hech o en una oportunidad. El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. pronunciadas en menos de diez segundos. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. están de vacaciones en la capital. Cuando Warren terminó su perorata. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto. 7 Huye. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. Nathan. ¿Por qué no? -repuso Jed. -Una maravillosa lección de civismo. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro." Para Mark Balley. -¿Qué quieres que yo haga. señor!" -fingió el acento de un montañés-.

fuera de la vista . metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla. el olor a tierra.. se vio las manos con claridad. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio.. mascullando maldiciones. la sensación de miedo. El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela.. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. Más allá. había una sala. El chico casi sucumbió al pánico. todo en la planta baja. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. sin comprender el porqué de la luz intensa. Nathan pudo ver los pies. como esperaba. con toda c lase de aparatos electrónicos. jadeante. Alguna vez su padre le había dicho que. con un desayunador. Sin más opción. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente.. Nathan salió del boj hacia el césped. La cocina. en ocasio nes. por primera vez. Bajo la tenue luz del refrigerador. las piernas y. un comedor principal y una biblioteca. listos. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso. Las luces del auto lo cegaron al acercarse. perm aneció en la misma postura. se quedó paralizado.. l a humedad. Aquello era increíble. "Esta casa es eno rme". Se quedó t endido en la misma posición. su héroe favorito de la televisión. cubiertas de lodo y costras de sangre. se extendía a su izquierda. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito. a la izquierda. Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás. Esta ban sucias. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. huye Agazapado. s ería su hogar por esa noche. Lo único que se sabe es que Balley escapó. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. Nathan se m antuvo petrificado. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador.al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey. La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. el mejor sitio para ocultarse es el descampado.. La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad. Por un momento se sintió desorientado. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. Durante todo ese tiempo. El v ecindario dormía. Impulsándose con los codos. Casi todas las casas estaban a oscuras. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas. ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. que despertó sobresaltado. dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. Gracias a las lecciones de MacGyver.. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. pensó. Nathan. se rela jó. Estaba totalmente al descubierto.. pero cayó de lado como un bisonte herido. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. Se moría de hambre. y luego los faros desaparecieron en su interior.. 8 Huye. inmóvil. LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan. Había llegado su hora. al cabo. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. . avanzó con cuidado. Más ruidos de movimiento. Cuando lo logró. ori ginario del condado de Braddock. la sangre de Ricky. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. el más rápido de su clase. La calle se veía del todo distinta. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad.. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados.

A instancias del repo rtero. Michaels dio un bufido. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. Por cierto -pro siguió-. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas. Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. Estaba todo ensan grentado. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local. Entró en la ducha. primero en silencio. cubriéndose lo s ojos con las manos. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. uno de ello s con una gran hinchazón. Al hojear su libreta. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. está de vacaciones. Lo halló en el vestíbulo principal. Los ojos estaban hundidos en sus órbitas. -Supongo que. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. Era de día. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros. estoy metido en tantos líos. Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. solía decir su padre. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. Todos los autos patrulla buscan al chico. podía encender la luz sin peligro. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. fiel a su estilo. nuestro muy estimado fiscal. Encontró una past illa de jabón y. se sa cudió las perneras de los pantalones. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . Nathan. Daniel Petrelli. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. Nathan trató de sonreír. El médico forense. con lentitud. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. el honorable J. Aparte la sangre. Una vez libres los hombros. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. Afuera. Se movía con precipitación y torpeza. Tienes que hacerlo. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . la mañana siguiente al cuatro de julio . empezó a retirar de encima la pesadilla. Al moverse. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. 10 Huye. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. Ayúda me. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. y susurró-. C ooper.En ese instante se esfumó el hambre y. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. con ambos pies. dejó caer el cuello del mono al piso y. Papá. Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. en su lugar. También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. Rubio y atlético. Pero. 9 Huye. -Sí. después. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño. claro. Nathan. Como el baño no tenía ventanas . Nathan rompió a llorar. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. al otro lado de la escalera. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable.

Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. Es taba despierto. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. -Sí. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. Con esto terminó la reunión. Nathan. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. sin embargo. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. El reloj indicaba las diez en punto. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. Bob. que miraba con aire hosco desde el televiso r. Siguió una perorata. porquevamos a atraparlo. Momentos después. El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. fiscal de la región norte de Virginia. lo perseguiremos y lo encontraremos. y lo despertó. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño. Creo que no ne cesito decirlo. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. pero cobijado por una manta aterciopelada. Si cumples con tu deber. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. -Cuando lo atrapemos. Michaels dejó escapar un suspiro. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. frente a una cama ta mbién gigantesca. Daniel Petrel li. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. del tamaño de una mesa. Después. Hasta el momento. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa. Pero el hechizo se había roto. esperando la arenga. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. 11 Huye. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. tengo inte . Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. -Correcto. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-.de su expediente del Centro. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. -Te recuerdo. Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. en el centro de u na camaking-size. Fue inútil. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-. Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. y que el sospechoso anda suelto en las calles. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. sostendremos los cargos en su contra. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO. todos listos. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil.

An tes de vivir con el tío Mark. pantalones. Poco después. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. Un tanto flacucho y pálido. de pie frente a un enjambre de micrófonos. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . La escena cambió. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos.. Sin manchas de sangre. Salió al pasillo de la planta alta. ropa de c ama. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. Por primera vez. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. Le parecía gracioso. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. Los niños nunca habían sido adulto s y. detective del caso. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados. y ése era su principal interés. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. John. Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad. El cab . La imagen volvió a cambiar. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. -Según el teniente Warren Michaels. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. La suela estaba casi lisa. -No nos adelantemos a los hechos. quizá. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. Nathan siguió adelante. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas. los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. del Departa mento de Policía del condado de Braddock. suéteres. Cuando estuvo totalmente vestido. ¿verdad? -preguntó la misma voz. Si puede come ter un crimen de adultos. p ero se veían cómodos. Al ver aquello. no obstante. se sentía or gulloso. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio. sin embargo. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. otra con actores. huye como tales. lo que dejó sin voz al reporte ro. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. con camiseta de algodón azul y roja. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels. Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. Hacia la derecha había una escalera.. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. y nadie sabía aún dónde estaba él. que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. y zapatos: los había de todas clases y tallas. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. calcetines. Peter -respondió Ogilsvy-.. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto. y cuando al fin se inició. dominada por una araña de luz de c uatro brazos. de donde s acó ropa interior. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. Habían pasado más de doce horas. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar. Nathan abrió el clóset. -No está sugiriendo la pena de muerte. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. Todo era dos tallas más grande que la suya. Para conseguir zapatos. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos.. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda. pero él los rechazó. Estaban llenos de camisas. Nathan. Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía.

Denise se había anotado un triunfo. le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial. Virginia. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara. divorciada y madre de dos gemelas." Denise respondió: "¡Caray. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. Nathan. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. no estaba dispuesta a darle a Bernie. Nathan sintió crecer su confianza. su ex marid o. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio. porque tienes razón. Pero no soy sólo una perra. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender.ello era rubio otra vez. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción. ya le habían quintuplica . aprobó lo que veía. "Esa voz ahora está a la sombra. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. Bárbara! Muchas gracias. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel ." Durante su primer programa." Durante las siguientes cuatro horas. sin titubeos. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. Denise había sido reportera de tránsito. huye homicidio. en cierto modo. Lejos de llorar. caminaba con cierto brío. incluidos padres y médico s. de Arlington. de modo que luego de pagar guardería y ren ta. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. D. El conductor del programa matutino. Denise. con treinta segundo s al aire cada media hora. Sólo estoy diciendo lo que opino. Cuando regresó al dormitorio. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza. el jefe Johnny. amiga suya. DENISE CARPENTER. En términos genera les. Con apenas veinte minutos de anticipación. Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria. pero ella se rehusó. el programa parecía predestinado al éxito. te morirás de hambre. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. pese a las vehementes objeciones del j uez. otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse. las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas." En los seis años siguientes. D. apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. Enrique Zamora. Enseguida oyó lo que decían. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. En aquel entonces. ¡Rayos. el gusto de verla recibir limosna. esta vez con un programa de entrevistas. Si le moles ta. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e.C. Años después.C. suena usted como una perra en el radio. Una trabajadora soc ial.. un lujo que no podía darse. soy La perra de Washington. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses.

Una llamada telefónica no haría ningún daño. Seguía ocupado. que si él no hubiera matado a Ricky. Pero él podía cambiar la situación. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. alguien contestó. siempre podrí gar. menor de edad o adulto. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. éste lo habría matado a él. . 14 Huye. Volvió a marcar el número. Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. y quizá ni siquiera le s importaba. Después de lo que pareció una eternidad. Rick -pidió-. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. desde el racismo hasta la crianza de los niños. Nathan. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. -Oye. Cuanto más oía el chico. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. estoy harta. Los teléfonos se volvieron locos. Ellos no estuvieron ahí. en lo personal . Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. Según sus admiradores. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". Ellos no sabían. Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal.do el salario. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. hizo una pa usa para anuncios comerciales. és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. Tres semanas después de su primer programa. Yo. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular. -Como tú digas. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto. en el dormitorio de una casa desconocida. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. Y todo era mentira. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya. pensaba. y estoy de acuerdo con él. Nadi e había oído su versión de los hechos. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. Denise. Y otra. ¿o sí? Si algo salía mal. deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. sin duda. Cuando Denise terminó su perorata. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino. Al decir lo que pensaba. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. Una vez más. en lo personal. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. Sim lemente podía levantar el auricular. En política era más conservadora que liberal.

paseaba de un lado a otro de la habitación. -Parece que nos llama una celebridad. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. Cuéntano o que en verdad pasó anoche. Petrelli pasó por alto el sarcasmo. la voz de alguien honrado. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. O me matarán. POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos.. Enciénde lo y escucha. J. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. Pero es peor que te maten. Denise lo interrumpió. habla Petrelli -dijo la otra voz. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. -No pienso regresar ahí -afirmó. que tenía en la líne a. -Buenos días. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo. -No cambies el tema.Enciende el radio -bufó-. Nathan. Los llaman supervisores. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración. Para ellos. ¿me escuchas? -Sí. ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate. chico. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. Durante años. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. Ést a era la voz de un niño explorador.. ¿eh? Presa de intensa agitación. Exactamente. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. bueno. Sin reparar conscientemente en que había sonado. 16 Huye. -Habla el teniente Michaels. No te quiero en nuestras calles. pero firme. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. pensó Warren. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. 15 Huye. un peligro para nuestra sociedad. al otro lado de la línea. -En el Centro no hay rejas. Si era c ierto. Arizona. "Lo que me hacía falta". pero sólo me . La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. sólo puertas de seguridad. hacerme cosas muy malas. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. -No hay pero que valga. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. Es lo que Ricky intentaba ha cer. ta jante-. Nathan. Denise perdió por completo el hilo de las ideas. Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. señora -repuso presurosa una voz tímida. Nathan Bailey. -Michaels. Yo soy Nathan Bailey. Te llamaré cuando terminen. de un beisbolista de las Ligas Menores. E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante. Creo qu e está diciendo la verdad. Traté de defenderme. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. Mientr as charlaba por el teléfono. Si regreso volverán a lastimarme. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. estaban a punto de anotarse un gran triunfo. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. Eres un fugiti vo. Tras una pausa.. Nathan. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. Te quiero bajo control.. Nathan volvió a sentarse en la cama. Tú mataste al guardia. tras las rejas. WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño. pero. Sólo que no los llaman guardias. . 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. Deténte. Daniel.

Como aquel día era cuatro de julio. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. En fin. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él.. claro -repuso Nathan. huye Hacia las siete de aquella noche. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. Nathan. El cerrojo giró y se abrió la puerta. pero los patr ocinadores no se quejarían. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes. estás lastimándome! -gritó Nathan. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. ¿En tendiste? Nathan asintió. pero las lágrimas le nublaron la vista. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. Durante los siguientes dieciocho minutos. Lo intenté una vez. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . Aunque rara vez se usaba. -¡Suéltame. entre tirones y empujones. Y también los calcetines. -¡Ricky. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. Entendí que me encontraba en problemas. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. sólo que era la mitad de ésta. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-. el pánico empezó a invadir a Nathan. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. Cuando el cerrojo giró. 17 Huye. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. aunque tenga que romperte los huesos. la ropa o hasta la luz. Yo no hice nada. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. Fue un gran error. Intentó mirar a Ricky. Nathan reanudó el forcejeo. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. El hombre volvió a ponerse de pie. Nathan estaba aterrorizado. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. sarcástico-. pero no sabía por qué.fue peor. con la cara contra las baldosas del piso. -Escúchame -farfulló. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer.. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa. pero tiró de la oreja con más fuerza. salieron a un pasillo angosto. En cuanto cruzaron la puerta. -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. Ricky! -suplicó-. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. Ricky Harris entró en la sala de recreo. al interior de la celda diminuta. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. Pero en realidad era un lugar de castigo. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. en el que podía negarse la com ida. le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. -Pero aquí hace f río. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas. -Y deja de llorar. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. Cuando él terminó. el primer día que estuve ahí.

que se volcó de lado. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. tanto. al mismo tiempo. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. huye Tiritando de frío. Sacudió el brazo con fuerza. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho. y se lo entregó a Ricky. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie. si bien no era un gran peleador. Sólo d iez meses más. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. Durante cinco segundos.. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. Como sea. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. Estaba ebrio. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas.. pero el corazón le palpitaba como un tambor. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. y por su vida. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. confuso y desdichado. y el cuatro de julio no era la excepción. que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón. arrastrando las palabras-. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. Nathan y Ricky se miraron fijamente.os tipos. Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. Nathan. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. ¿Tarde o temprano? Eso significaba que. niño -ofreció. de unos ocho por doce centímetros. -Trataré de que no te duela much o. después de que el cerrojo se corrió. y ambos cayeron. todo habría terminado en ese momento. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo. El sabor de la sangre le llenó la boca. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. con una sonrisa extraña. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. pero él no le hizo c aso. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha. Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. luego del otro. Nathan.. El truco. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . Puedo lograrlo. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. limitánd ose a asestar el golpe. tarde o tempr ano los otros te habrían matado. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Se dijo que no tenía por qué temer. Nathan lo notó en su mirada vacía. Este se tambaleó y cayó de rod llas. ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. 18 Huye. que cayó al suelo. Nathan intuyó que algo iba a pasar. Ricky entró en la habitación despacio. Supuso que habría una riña y. Con las rodillas contra el pecho. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho. a través de la mirilla de la puerta. no pasó nada. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda. De una sola zancada. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. 19 Huye. había descubierto.. Apoyando las espaldas contra la pared. Sólo diez meses y saldré de aquí. apoyó el peso en los talones. Recogió el arma del pi . Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio. cuando se impulsó. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. y con la mitad de eso estaré fuera. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. Empezó a respirar ruidosamente. en u n intento por zafarse de Nathan. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. obligándose a recuperar la compostura. ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad. Ya pasaron ocho meses. Después. huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . Durante largo rato. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. oculta detrás de la espalda. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto.

Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. irse lejos y de inmediato. sólo pensarán que estoy mintiendo. Denise le creía. Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. Me duele el ojo y un oído. Estaba acostado boca abajo. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. Es o lo haría sentirse mejor. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. El pánico invadió a Nathan. cerró los ojos y la retiró de la he rida. Así s e portan los adultos cuando se emborrachan. ¡Santo cielo. Ricky moriría. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla.balbuceó Nath an. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. De pronto. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. más allá de ésta. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. Al principio sólo la entreabr ió. Pero necesit aba llaves para salir. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara. Ricky! Perdóname. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. Papá era un buen hombre. pero fue inútil. a a libertad. y lo culparían a él. pero comprendió que. -Sí. Ni pensarlo. Nathan. Podía despedirse de su liberación en diez meses. Pero. nervioso-. Estaba borracho. -¡Perdón! . adornado con flores y arbustos. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. -Entonces. Nathan no sabía qué hacer.so y giró sobre sus talones. A partir de ese momento. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. Si les digo algo distinto. Creo que estaba loco. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. Era fantástico. -Eso creo. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil. Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. A parentaba ser un sitio acogedor. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. si no hacía algo. cerró 20 Huye. en su int erior. apoyado en los codos. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes. -Tonterías. el hombre murió. La suerte lo acomp añaba. Recorrió la distancia en un suspiro. cerrando la puerta tras de sí. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión. Nathan se acercó al arma. Con un último estertor. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. Pu . La unidad de crisis parecía una casa del terror. Ahora no sería accidental. lo demás fue sencillo. Salió a hurtadillas. En cuanto la hoja salió del cuerpo. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. Nunca tomab a ni nada. La última puerta fue la más fácil. Un superv isor estaba muerto. pero creo que estoy bien. -Ricky. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. Tenía que correr rápido. De manera instintiva.

oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía. No devolví el golpe. Puse la o tra mejilla. no -lo tranquilizó Denise-. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal.¿Le importa? -surgió Dense. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón.. Era inteligente. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. Robé un auto.. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo. Se lo dije al supervisor. cariño? -Debo irme -repuso él. Nathan.eden gritar a sus hijos. . Me defiendo. El chico era muy listo. como me decía papá. Por eso seguiré huyendo. y trató de matarme. si todavía nos escuchas. yo también. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. -Tienes miedo. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. Denise se quedó boquiabierta. al parecer. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . temo que te lastimen. Entonces. que protege la libre expres ión. -Estás poniéndome en ridículo. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional. Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. encogiéndose de hombros-. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. pero no lo haría. el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. sin duda. abogados y policías. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. Sin duda. insultarlos y pegarles y está bien. Al principio. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. te deseamos toda la suerte del mundo. ¡Qué historia! Nathan.. la cárcel. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. Pero ahora ves mi punto de vista. ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. hice todo lo que debía hacer. nadie puede rastrear llamadas. los dos solos. Pero llámalo por su verdadero nombre. -No. A nadie. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró.. Ésta es una estación de radio. como sea que esto termine. eso no es cierto -la consoló él-. tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo. y me golpearon todavía más. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. y me lastimaron. ¿verdad. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-. -Entonces. -Sí. ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. mi única opción es entregarme. pero él se limitó a mirarla. Había tantas cosas que contar. mientras los niños no l o digan. -se le quebró la voz y guardó silenci o. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. -Sí -murmuró. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro. en un vecindario agradable. Quizá debía de contárselo todo. Creo que te la mereces. -No. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado. -¿Por qué no? -Porque te atraparán. -Y. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-. Oye. con voz ahogada.. Y. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso.. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. y colgó. Nathan se había sentido muy dueño de sí. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. se preguntó Denise. huye -Sí. En el silencio que siguió.

Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. 23 Huye. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica.rar la compostura. J. Dan iel. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey. Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. Como policía. 22 Huye. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. -Anímate. el caso Bailey había parecido muy claro. jefe. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. Pero. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. pero sin duda es interesante. En primer lugar. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y . Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. Volveremos después de estos mensajes. En cuanto a Nathan Bailey. Si la policía no hubiera fallado así. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido. En cambio. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. Nathan. Danie l. En aquel trascendental año de elecciones. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. un prófugo del sistema penal y un asesino. huye -ÓYEME BIEN. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. El chico Bailey era un ladrón de autos. en ese momento. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. -No sé si es buena o mala. era pura hipocresía. Cuando Warren alzó la vista. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. Petrelli lo veía con claridad. ¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. Yo soy el policía. Aquella mañana. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. Warren no sabía qué creer. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. y tú eres el altavoz. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. y hacía responsable a Michaels por ello. teniente Michaels. -El niño miente. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. Nathan. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. J. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. J. como tantas otras que había descargado J.

Por supuesto. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. el supervisor le quitó los zapatos. a fin de cuentas. . Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción. -No lo creo. Si estaba en casa. pero nunca resolvió nada. el tío Mark levantó una denuncia. -No. Su madre murió cuando era sólo un bebé. El padre era un abogado con mucho dinero. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. pero todos sabían que era sangre de la víctima. un tren arrolló su auto y lo mató. Mark Bailey hablaba por experiencia. afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él. Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. Al oprimir un botón. Nat han robó el auto del tío. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. Un instante después. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. la custodia recayó en el tío Mark. de la noche anterior. y cit o textual. En la borrosa imagen en blanco y ne gro. del Centro de Detención Juvenil. Michaels hizo una seña con la cabeza. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. no abrió la puerta. -Creí que la cámara estaba descompuesta. Nathan. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. Finalmente. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias. Afirmó delante del tribunal. característica de las cámaras de seguridad. ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. sin emb argo. Es una historia bastante triste ." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. A decir verd ad. Bailey dijo que el guardia. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño.. En el radio. Al terminar los trámites del legado. Al parecer. Mark Bailey. Michaels movió la cabeza de la do a lado. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. Se veía asustado. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. Durante sus primeros diez años de vida. sí hay una grabación en vídeo. Michaels no daba crédito. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. -Muy duro para un pequeño. no había opción. era el tío Mark o un hogar adoptivo. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-.. -La de la unidad de crisis no servía. -Cuéntame lo que sabes. Además. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. hace como un año. No tenía modo de pagar la manu tención del niño. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias . a Nathan Bailey lo crió su padre. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer.ex tutor del chico. así que no la pagaba. el niño de la pantalla se detuvo. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera. Ambos hombres se pusieron de pie. Resulta que. tampoco la del pasillo. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'. con todos sus bienes como garantía. Quizá Harris sólo quería molestar. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. p ara averiguar lo que pueda. En realidad no se quieren mucho. Hace dos años. no quedó nad a. -Detén la cinta -ordenó Michaels. como el área de recepción.

no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. Tiene los ojos de Bria n. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. Poniéndose de pie a toda prisa. Apagaré el vídeo. Michaels también salió. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara. ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. Otra vez. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. huye Jed también lo notó. Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. Jed. del Departament o de Policía del condado de Braddock. Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. Warren -musitó-. quien le hizo sabe . Jed. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. Estaba pálido como la cera. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. Nathan. -No sé qué opines. jefe. Jed. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. estaba decidido a hacerse notar. -¡N . Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. cruceros monótonos y trabajo rutinario. Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. Estoy bien. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. Se veía la salida desde afuera. 25 Huye. Nathan. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. -Mira. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. Tras cinco años de turnos variables. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. huye vicepresidente de servicios al consumidor. Creí que lo había superado. -Una de las cosas que quiero encargarte. Tenía un nudo en la garganta-. Corre la cinta otra vez. -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. Jed. Warren. Dio media vuelt a. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. No puedo seguir reaccionando así. Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. Míralo. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre. Veamos el resto. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. En el fondo había una puerta. Mira su cara. -Jamás morderán el anzuelo. Cinco minutos más tarde. así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. -Lo lamento.-Adelante. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. -Warren. ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. el niño del vídeo quedó congelado. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. -Y bien. ¿te sientes bien? -No lo sé. Jed. que en el pasado dependió de él por completo. Jed volvió a correr la cinta . EL PATRULLERO Harold Thompkins. el corazón de Michaels dio un vuelco . Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. mirando de reojo a su jefe. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre.

Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad. le diría a quien fuera que el p roductor. para que le proporcionaran la información. En cuanto empezó el anuncio comercial. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. está usted al aire. Denise se sobresaltó al oírlo. A una señal de Enrique.. de su programa de radio. o sea. se acabaría la discus ión abierta. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. cederían. oyendo un comercial anodino de autos. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. Denise abr ió su micrófono. Denise ponderó l as opciones en un instante. sin duda. Eso por lo general hace que uno salga en el radio. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. De pronto. -Ya se lo dije. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. po r supuesto. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. EN SU LADO de la cabina. sin una orden judicial. En un arrebato. En cambio. Denise le respondió al productor. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. El corte en cuestión terminó quince segundos después. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. ¿Es cierto eso? -Bueno. una neoyorquina. -Bienvenidos una vez más. Denise Carpenter y su equipo. el productor. Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. pero imaginó que eso no importaba. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. A Denise le pareció divertid o. Sin la controversia. Si la policía esperaba. Sólo hacía falta ser persuasivo. Después de todo. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. pero creo que debemos comentar esto en privado. agente. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. -¿Estoy. -Según me dice mi productor. eh creo . no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. radioescuchas de todo el país. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo. 27 Huye. Señor Thompkins. Al fin. corría el riesgo de perder a su prisionero. a este sorpren dente programa. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. algo había entendido mal. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. pero lo desechó por blandengue. Harry decidió acudir a las fuentes. Nathan. optó por una acti tud de poder. Mientras esperaba. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. -¿Ah. Harry Thompkins esperaba al teléfono. -Tómalo con calma -la reconvino Enrique-. -¿Qué te sucede ? -protestó-.r que. Harry no tenía semejante poder. No. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock.. dígame. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. Y.

Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. También le dijo usted a mi productor que. mucho menos aceptarlo. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. Se detuvo . tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. Arrojado. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que.. -Déjeme poner esto en claro. no toleraba los errores. aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. decidido y sin miedo. ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. Para empezar. encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. una habitación pequeña. porque la necesitaba. el efecto sería inhibir la libre expresión. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. huye pensaron más de una vez. Apuesto. riendo-. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia. su aspecto no era intimidante en absoluto. un niño. podían mangonearlo . Era el único automóvil en todo el lugar. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. pero que ninguno merecía una tercera. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. si era necesario. Pocos lo 28 Huye. colgó de inmediato. En el fond o. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. la única persona que importaba. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. -Colgó -dijo al micrófono. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern. Nadie era más leal al señor Slater. agente Thompkins. que estaba listo para matar. o del país. s in embargo. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad. Colgar no es una verdadera re spuesta. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. Puso la palanca de velocidades en punto muerto. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. O tal vez sólo fanfarroneaba. Aquel día . Los vanos estaban cubiertos con tablas. algunos suponían que. Sin otra salida. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. nos acusaría de obstrucción de la justicia. debido a su estatura y aspecto. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia.que sí -sonaba deliciosamente evasivo. un bar solitario a la ori lla del camino. Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. -Interpretaré eso como un sí. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. un hombre fuerte. aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. Por un instante. Nathan. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros.. inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso. TREINTA MINUTOS antes. Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. Según indicaba el reloj del tablero. pero creo que nos deja un mensaje. Hacía un minuto parecía un buen plan. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . Pero descartó esa posibi lidad. Poco después del mediodía.

en realidad. con voz amenazadoramente suave-. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión. -Escúchame. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar.. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-. ¿verdad? Mark asintió. Así se sentaban los novios. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. Es claro que no estuviste ahí. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. En primer lugar. 30 Huye. no dela nte de él como Mark había esperado. De modo que así están las cosas. te equivocas -lo riñó. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. Mark comprendió que faltaba algo más. huye intenso. -Pero yo lo disuadí -continuó-.. Mark. La frente de Mark se p erló de sudor. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón. a cambio. -Mírame. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. -No. Bailey. sin hacer un último intento. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. por fin estamos de acuerdo en algo. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. tú vivirás. Estaba enojado conmigo. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. Lo convencí de hacer un último intento. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla. Todavía no era demasiado tarde para huir. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento.antes de entrar. y que lo único que le interesaba era matarte. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño. Mark vio una tenue luz en su horizonte. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer... a la vez apacible y furioso. se dijo. -balbuceó Mark. Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. En la prolongada pausa que siguió. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. mientras los ojos se adaptaban. a pocos centímetros uno de otro-. No dijo lo que ambos sabían. -Gracias. hizo girar la perilla de la puerta y entró. Mark? -No -musitó. ¿Acaso te parece justo. Mark. n. Puedo explicártelo. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. Mark paseó la vista por el lugar. y lo arruinaste todo. Me dijo que no l e importaba el dinero. Creo que conmigo. Ordenó una cerveza. Pointer se inclinó hacia delante.. Déjame adivinar. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. Nathan. Al cabo. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-. característico de los montañeses.. No estaba enoja do contigo. no dos hombres en una cita de negocios. pero repentinamente perdió el valor para decir algo. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. estaba mole sto. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda. evito que te corten e l pescuezo y. -Hay otra cosa que debemos discutir. dos. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. Mark respiró hondo. eres ho mbre muerto. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión. El efecto era aterrador-. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. -Vaya. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. Pointer. Pointer miró largamente a Mark. Pointer. Anoche te perdiste en una botella. Me promet iste que podrías manejar este asunto. Permaneció inmóvil en el umbral. Sentado con las espaldas contra la pared. Nathan. A mí tampoco me parece justo. Y. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. ah . de triste a animado. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. Per o. Dame una última oportun idad. -Soy Mark Bailey. no lo sé -tartamudeó Mark-. sin conocimiento del indignado señor Slater. De lo contrario.

Escribe cuando puedas. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . Pointer fue rápido. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. ¿Qué voy a hacer?". En esta ocasión. al menos.ora eres el socio minoritario de tu herencia. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as. Nathan. soy. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. como decían en las películas de cine. hondamente complacido. Diez segundos después. 31 Huye. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. Además.. Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. y las lágrimas le corrían por las mejillas. y en pleno día. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. Pointer rió.. ya no como antes. sólo quedaban migajas. La parte del señor Slater subió a dos millones. Un año atrás. En la mente de Mark se formó una objeción. Enseguida reparó en que el arma no se había movido. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta. si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. -Lo siento. "¡Si tan sólo pudiera conducir!". En la taberna nadie había visto nada.. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. -Apuesto a que sí. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. Pero necesitaba un plan. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. Mark -señaló Pointer-. No tenía miedo. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. Eso nos deja tan sólo un último asunto. Tan tranquilamente como había entrado. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. huye Halló el control remoto del centro de diversión.. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. y. Después de unos cinco se gundos. La fama empezaba a p arecerle agradable. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro. tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. entre la segunda y tercera articulaciones. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón. pero la guardó. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. pensó. -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. Pointer salió de l lugar. El resto es tuyo. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé. Te lla maré en cuanto te necesitemos. y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. -Eh. todo por Nathan. Con lentitud. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. pero todavía no terminamos. Durante el corte de la hora en punto. Bailey. Sólo tenía que idear el siguiente p aso. Sollozaba. se preguntó. Cuando Pointer la soltó. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó.

una intuición. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras. Denise per cibió que faltaba algo. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. Ahora. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. de una u otra forma. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. -Yo sé lo que te digo. -Por supuesto. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". rojo cerez . y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies. boquiabierto. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. La empresa. y los vencería el resto del tiempo. Sin titubeos. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise.32 Huye. Ron. Por favor no te ofendas. pero al menos los alcanzaba. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. respeto. tuve la oportunidad de escuchar te hoy. gracias. pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría. -No me refiero a eso. sobre un remolque. acarició los asientos y sujetó el volante. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. y sé cuando están mintiendo. había vencido los obstáculos. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. la cochera era inmensa. cubierto con una lona verde olivo. clavado en la pared. tal vez podría conducir hasta salir d el país. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . Lo impo rtante era que ya tenía un plan. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor. Como el resto de la casa. El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. de modo que Nathan subió al asiento delantero. un poc o a la izquierda de la puerta del conductor.. Hay de personas apersonas. Su forma de relatar la historia fue to talmente. Ron. huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. La conversación se encaminaba a otro asunto. con casco de fibra de vidrio. Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-.r eal. ¿Cómo has estado? -Muy bien. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. No tuvo que esperar mucho. La puerta del auto no tenía seguro. por favor. Mientras repetía las imágenes en su mente. Lo lograría. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros. Nathan. dondequi . En realidad. en el programa de aquel día. Tenía que lograrlo. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York.avenidas principales que estaban bloqueadas. ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento. Nathan esbozó una amplia sonrisa. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. DENISE SENTÍA deseos de bailar. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. Era un poco incómodo. El chiquillo. crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. el auto más fabuloso de toda la calle. esa gente no ha llamado a nuestra estación. Las llaves. Hasta el momento. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear.. -¿Denise? Buenas tardes. Todo indica que el programa va viento en popa.

34 Huye. -Sí. Tú eres quien habló con el chico. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. fuera tú. -Sin duda. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone.era que esté. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que. Es un niño que lucha una batalla perdida. No puedo hacer nada por él. no pensamos compartirlos con nadie. fiscal de la región norte de Virginia. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. la oí. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces. el argumento se vuelve debatible. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. Dices que escuchaste el programa de h oy. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. Denise se quedó boquiabierta. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. a menos que tenga algo que ocultar. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen. -Todavía no me lo agradezcas. Y. -Mira. aun que sea sólo en principio. -Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. superintendente de l Centro de Detención Juvenil. 33 Huye. Colgó. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida. más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. usted puede sentirse ofendido si quiere. En medio de este asunto hay un niño asustado. HAROLD JOHNSTONE. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros. señor Johnstone. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos. -Señor Johnstone -explicó Jed-. Ha sido un día verdad eramente pesado. Si accedemos de manera voluntar ia. Nathan. Nathan.. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-.? Hackner lo interrumpió con un ademán. desde luego. Demonios. Denise. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial. En verdad. Era un hom bre grueso.. huye "En síntesis. No era lo que había esperado. -No estamos difamando a nadie. Ron. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. Lo lamento. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. -Vaya. Incapaz de decir algo más profundo. Denise. y hasta la última palabra es mentira. Espero que esta noche duermas mejor que yo. Por la otra. que volvió a su . pero su deb er es cooperar. huye -Tome asiento. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja. gracias. tan sólo musitó: -Gracias. Por una parte. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. Los directores generales no solemos oír esas cosas. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil.. te diré lo que haremos mañana. Daniel Pe trelli. Todo lo que dices suena lógico. aunque no puedo. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. Sólo hacemos pregunta s. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. Denise. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. el pe queño me conmovió. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. Ron soltó otra risilla.." -Ron. el chico lleva todas las de perder.

huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. Nathan. usted no se opone. como solía decir su padre. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-.pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. -En po cas palabras. -¡No venga a sermonearme. en un cambio de juego. Así. Abra los ojos.silla-. 7 NATHAN. y nosotros. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. pero tampoco es raro. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. Esto es una prisión. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas. dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes. entregan todas sus pertenencias personales. En parte porque lo habían criado bien. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. "Dios mío. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. Si e llos tienen buen comportamiento. porque mienten. Nosotros les damos la ro pa interior. en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. -Entonces. -Está usted invitando a la corrupción. los objetos de aseo personal. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. En un sitio así. sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. Durante largo rato. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. El sistema ya está corrompido. Johnstone -protestó Hackner-. Hackner se retrepó en su lugar. es la única realidad que vale. No puede uno creer en lo que dicen. sí.. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. Hackner lo miró en silencio. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. siempre que lo oculte bien. oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. También había tenido buen cuidado de haber l . pero sobre todo po r mero aburrimiento. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen.. los encargados del zoológico. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer. absolutamente todo. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. lavó las sábanas del dormitorio principal. me pare ce una buena oración para guiarse. Estos niño s son animales. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. Simplemente vivo en el mundo real. -¿Ah. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. -Cuando los internos llegan aquí. menos inquietante de lo que es e n realidad. no es raro que se prive al interno de algo importante. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. ceñudo. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala. el uniforme. porque tengo que hacerlo. 35 Huye. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. En este sitio. No obstante. no me extraña -repuso Johnstone . -Sargento Hackner. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga. ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. la de su anuario del quinto año.

Por lo común. Nat han no tenía a nadie en la vida. estaría metido en u n lío muy gordo. Warren estuvo de acuerdo. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. sostenida con gran cuidado por la izquierda . Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. en la escala del departamento de urgenci as. conciso. Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. Warren sonrió. en el suelo del baño. En cuanto lo hayamo s detenido. Si lo atrapaban. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. Nathan. Había matado a un tipo y eso era malo. es taba gravemente baldada. -No lo dudo -coincidió Tad-. -Insisto. Seguimos buscando a un asesino. huye -Dijo que era un empleado modelo. Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. ¿no es así? -En efecto. pero este hombre era la exc epción. No hay rastro ni del tío ni del chico. pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. pero. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. Aceptaba. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. por triste que así fuera. eso le abría posibilidad es ilimitadas. Y. Y. tú tampoco. Jed. War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. señor Bailey. ¿recuerdas? -Entonces. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. Dividamos el caso en do s partes. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. Jed -concluyó Michae ls-. sobre todo. pero en verdad fue un accid ente. Warren. -Cálmate.. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. Vi sus radiografías. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. tendió una ma no hacia su paciente-. La única respuesta. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. ¿no te das cuenta de que. que seguía donde se lo quitó. entonces. y en verdad fue en defensa propia. pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. -Jed -lo interrumpió Michaels-. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. -Buenas tardes. s i me permites agregar. Sin lealtad hacia nadie. La discusión era estéril. porque se presentó la ocasión. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes. y a Ricky Harris también. Jed. Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. me parece poco probable. -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible. Es . Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. -Y.. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio. tomando en cuenta los antecedentes. Por lo que veo en su expediente. Soy el doctor Baker . si result a pertinente. algo que hemos pasado por alto. ahora que concluimos con lo primero. -Admítelo. se lesionó la mano -con amabilidad. pensó Baker. -¡Su opinión mis narices. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. De acuerdo. Aquí hay algo más. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. -Me duele mucho. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. sin embargo. Con su mejor cara de galeno. -Te propongo una cosa.impiado todo después de cada episodio de glotonería. doc -confesó. "El dolor debió de haber sido insoportable". Si se eliminaba al tío de la ecuación.

Ya había ajustado el asiento y el volante. giró el volante al máximo. me cayó encima t oda la camioneta. -¿Ah." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. Quizá fue cuest ión de suerte. La frase resultaba interesante. doc. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. largo e inclinado. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. pensó Tad. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. alguien le había roto los dedos de manera intencional. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. -Es cierto. -Relájese -lo instó en tono amistoso-. ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha. cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. por lo demás tranquila. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada.una lesión bastante compleja. -Sí. No quiero l astimarlo por ningún motivo. ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía. No creerá que estoy mintiéndole. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. -Entonces. Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. un agud o contraste con la noche. Lo más complicado era log . "¡Maldición! El médico sospecha algo". ¿verdad? Mark rió por el comentario. -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. -Descanse un rato. doc -Mark en efecto se relajó-. tanto adentro como afuera. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador. En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. Nathan. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. No me lasti mó en absoluto. "Es tu mano y tu vida. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. señor Bailey. -Por supuesto que no. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. -Nadie más que yo mismo. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Después. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. ¿Qué te sucedió? 37 Huye. Alguien lo lastimó. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. -No tengo idea. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. Tad le dirigió una sonrisa reservada. amigo". así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. Es un contraste agradable. Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada. -Entonces. No había marcha atrás. Lo veré más tarde. pensó. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. "Yo ya hice mi parte. En opinión de Tad. Nathan. Más que nada. huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. -Si no me pareciera descabellado. Actuaba con rapidez.

el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían. "Conserva la calma". De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. pero contuvo el llanto. Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. Quinientos metros más adelante." Los ojos empezaban a anegársele. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. "Si yo puedo verlo. "Ahora soy el tercer auto". Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. No había policías a bordo de los autos patrulla. En cuanto el policía terminó de revisar. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. Natha n eligió el carril de la izquierda. por favor. En su carril. y Nathan se sintió bien al mando del auto. Enseguida. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. 39 Huye. La siguiente vez fueron sólo dos. sus facciones podían di stinguirse con claridad.. El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. det enía ciertos autos al azar. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. te lo suplico". Sin mover la cabeza. Quiso tragar saliva. Nathan. el p olicía hizo detener el siguiente auto. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. No parecía seguir ningún patrón. Antes. sus peores temores s e confirmaron. y se sin tió al borde del pánico.rar que el auto se desplazara de manera uniforme. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. A pesar de la oscuridad de la noche. Si hacían contacto visual. Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. hizo una seña al conductor para que avanzara. No me detengas ahora. y el policía hizo señas para que pasaran tres. Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. Tenía las manos bañadas en sudor. "Ha z que me dejen pasar. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. pensó Nathan. luego habló duran . Dios mío. -Dios mío -rogó en voz alta-. Cabello rubio. Luego de diez minutos. No había ningún accidente. Había planeado cuidadosamente aquella noche. unos veintitrés años de edad. Al acercarse al crucero. Unos quince minutos después. pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. Dese sperado. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. EL BMW RODABA con suavidad. dejó pasar cinco. a partir de ésta. Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. Era su única opción. que señalaban el camino a casa del tío Mark. rogó en silencio para no llamar la atención. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. "Por favor. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. no dejes que me detengan. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. Además. ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. se fijaría en él. ellos también podrán verme a mí". no dejó pasar dos ni tres. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. en medio del embotellamiento. Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. y las piernas le temblaban sin control. Nadie. Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. era un bloqueo. A la dista ncia. el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto. pensó. . no muy lijos de donde vivía su tío. En el siguiente turno. bigote. hacia el norte rumbo a Canadá. En ese turno.

-Me. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. con un vaso de whisky en la mano. Nathan. Lu ego del bloqueo. eh. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. y planeaba seguír así. -¿Qué te ocurre. escuchó con atención. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo.te largos treinta segundos con el conductor. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta. ella podía dar cauce a su rabia. Pero el dolor persistía como una herida abierta. notó que su esposo no estaba . a la que Warren se opuso todo el tiempo. ¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. -L o siento mucho. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s. huye Llevaba las ventanas cerradas. se puso un a bata y fue a buscar a su marido. 41 Huye. nena -la saludó. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. todavía gentil. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía.. -Hola. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor. y se espabiló de inmediato. Vol vió a vencerlos. Monique bajó de la cama. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. Sin emba rgo. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. Warren respiró hondo. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama.. De pronto. Semana tras semana. Con aire sumiso. y casi golpeó el auto de adelante por ver. Sé cuánto lo extrañas. En los últimos dos años lo pe . creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. o al menos rogaba que así fuera. cariño? -le preguntó. pero la casa se hall aba en silencio. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. su dolor y su amargura. Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. Estaba preocupada por Warren. huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. -¿Warren? -llamó en voz baja-. todavía fuerte. cuando Warren no podía dormir. y salió sin hacer ruido a reunirse con él.. Vestía camiseta y pantalones deportivos. el tránsito se aligeró.. Y Warren seguía igual: todavía estoico. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño. Nathan. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. Warren estaba despierto. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. Era libre. aunque la conversación pareció subir de tono. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo. pero esta vez no estaba ahí. Por lo general. Apoyada en un codo. 40 Huye. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes. Gracias a la psicoterapia. frente al psicoterapeuta. amor -lo consoló Monique-. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. -Estoy preocupada por ti. No sabes la vida que ha tenido. pero si el policía acaso pudo reconocerlo.

Decidió seguir adelante. con múltiples cruceros y semáforos. Juntos como pareja. Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. Se hizo un silencio. "Igual que yo". compartían un mundo especial. Nathan. Un letrero le informó que. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. Monique n o pensaba forzar el proceso. "Ya se te ocurrirá algo. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. pensó sin decirlo. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. a penas a doce kilómetros de ahí. Jamás volvería a ser el mismo. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. pudo . escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. De pie ante las manijas. con movim ientos tan suaves como pudo." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. La avenida principal de la urbanización. Seguía adelante con la rutina cotidiana. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. Pensi lvania. ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas. se llamaba Little Rocky Trail. Estaba en un distrito comercial p obre. al que las mujeres no t enían acceso. -No es justo -musitó él después de un largo rato. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. y ambos estaban conscientes de ello. podría fanfarronear para siempre. 42 Huye. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. y buscaba su próxima parada para descansar. pensó. se felicitó a sí mismo. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. Con un nudo en la garganta. algunos. Una vez que dejó atrás el bloqueo. bordeado de tiendas de comestibles. En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. vaya". Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . pero algo se había perdido irremisiblemente. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. "Nathan. Brian era la vida de Warren. Apagó las luces del auto y. Idénticos en apariencia y personali dad.rdió todo. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. se dijo. eres un genio". Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. pero cada uno co n sus pensamientos. Tenía hambre y sed. abrió la puerta del conductor. "Vaya. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. Era un nuevo núcleo residencial. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales. Estaba segura de que iba a suceder algún día. como era de esp erarse. exclusivo de ellos dos. permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. la personalidad de Warren cambió. c asi todo aún en construcción. ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". Monique vio a su esposo morir por dentro. asta do s.

Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. descubrió otro auto guardado. Se irguió. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. pero desistió. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. buscaba el limpiador para alfombras. empezó a aumentar el tráfico. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. cuatro mil ciento veinte. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. Tomó nota del número de la casa. El hijo de ambos. Su sentido de la distancia lo traicionó. Uno de éstos. Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. 43 Huye. si devolvía las llaves. Nathan decidió que era momento de ser temerario. Recordó haber pasado. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. Nathan a su vez le ladró al perro. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. Además. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. -Peter. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. y su perro Labrador. -Patty. y su juego terminaría. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. un Honda. de un año. Como es peraba. tengo que irme . donde el terreno irregular. un p astor alemán. Y. Mejor aún. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. En p rimer lugar. el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente. tenía que deshacerse del automóvil. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. no porque lo deseara sino por necesidad. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. Tenía delante otras opciones. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. Patty. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros. en realidad no se tratara d e un robo. Bajó del vehículo. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. Esperaba que. de seis años. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. por supuesto. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. volvió al BMW y arrancó. Aún no eran las seis de la mañana. poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. había un lugar desocupado. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro. el aire estaba denso por la humedad. El tiempo se le agotaba. Nathan. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail.

-Imagínatela. El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. Tomó su portafolios. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. -En verdad lo lamento. . Con g ran esfuerzo. tienes que irte -replicó Patty. Contuvo su impulso de correr. En l as últimas veinticuatro horas. El niño parecía normal. pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. Al preguntarle el motivo. pero debo irme -declaró. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. Son casi las seis. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. pero no dijo nada sobre su charla de ayer. Una de tantas veces. -Buenos días. Después de su conversación del día anterior. 44 Huye. Hay cosas pendientes en la casa. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. Ni siquiera miró atrás. Wa rren lo esperaba. de modo que respondió a su vez con u n ademán. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. Supuso que para eso servían los adultos. con el cabello rubio despeinado. Diez minutos después. pero no tenía tiempo. le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. Fue directo al dormitorio principal. Está disponiendo todo para nuestra entrevista. mo lesta-. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. Había muchos niños en el vecindario. jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. Cuando sacaba el auto. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. Warren le apuntó con un índice acusador. y no intentó huir. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. La cara le pareció va ente conocida. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir. aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. a mí siempre me tocan las labores más odiosas". ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. Nathan. los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. -Sí. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. huye TODD VIO al chico saludar. Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. lo invadió el agotamiento. Nunca debí salir al descubierto. para mantener la perspectiva. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. que era tan verdadero como falso. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones.ahora. alto y delgado. Era un niño apuesto. Nece sitaba dormir. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. por supuesto. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba.

46 Huye. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. Johnstone se quedó paralizado durante un momento . A petición de Warren. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. pero no vio nada. en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. donde permanecería seis años más. As. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. Si no lo traemos de regreso. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. ¿verdad? As se mantuvo impávido. vacío por lo demás. duraría quizá un año en las calles. -Mira. se puso de pie y se retiró. seño Johnstone? -preguntó Michaels. Espero que lo logre. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . A los quince años. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. -¿Podría disculparnos por favor. Johnstone ocupó una silla en el rincón. mejor conocido como "As". -Pero si yo no digo nada. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. pasarás la mayor parte de tus días encerrado. Quiere n hacerte algunas preguntas. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro.-Compórtate. sé que no quieres creer nada de lo que digo. Tras las formalidades de costumbre. ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. lo mismo que Jed. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. para iniciar la entrevista. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. Si seguía por ese camino. Nathan. co mo era de esperarse. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. -As. pero As no se movió. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. Su tono era amistoso. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. podría terminar muerto. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. Johnstone habló primero. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. Nada de pleitos. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. mirándose las uñas. era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. Si podemos encontrarlo antes que los demás. Johnstone los esperaba en su oficina. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. huye -Sí. Como no se le ocurrió ninguna. hasta su liberación. pero hizo caso omiso. pero todos sabían que no era u na petición. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. Nathan. después de haber matado a uno de los guardias. 45 Huye. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio. existen menos probabilidades de que lo lastimen. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. -Oigan. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. De modo que vas a responderme algunas preguntas. No te agrado porque soy policía. farsantes. un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. -Iré directo al grano -empezó Warren-. el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. Warren sonrió.

-Yo no dije nada. al menos. Jamie Amy. Sin embargo. La matrícula dice WLDMAN. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. En algún punto de Carolina del Sur. de unos setenta kilos. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. -Si le han dicho que era malo. poniéndose de pie-. Y también Mark. pero lo esencial estaba ahí. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez. y los consecu entes rezongos de sus hijos. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta. Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. ojos azules y bigote. -Gracias por tu tiempo. setenta kilos. en espera de que alguien llegara. Harris la traía contra Bailey. Harry lo había alcanzado. As -concluyó. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. Ambos se volvieron-. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla. la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. Los niños. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. cuando Norfolk. Por el momento no es sospechoso. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. Virginia. Antes de que s ubiera los escalones. soy yo. Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. Su misión. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. -Vaya. En ese momento. con un vendaje voluminoso en una mano. hasta nuevo aviso. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. -Oigan. desapareció en el espejo retrovisor . vitorearon. no necesita preguntar. Espero que tu sentencia te sea leve. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. Había omitido algunas palabras. Jed se levantó con él. Por toda respuesta. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal. -Sí. Del vehículo se apeó un varón rubio. -Disculpe. "Varón blanco . O. rubio. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. Has sido muy tol erante. 47 Huye. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada. a dos kilómetros de su casa. Steve notó que la tensión cedía un poco. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. señor -lo abordó el policía-. la camioneta Bronco roja. momento en el que. con toda seguridad. . y ambos se dirig ieron hacia la puerta. Kendra le clavó una mirada fulminante. blanco. Nathan. Usted es Mark Bailey. -Me parece lógico. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. Luego. K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. salvaje." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante. -Disculpe -llamó a voces-. Este lugar iba a terminar con él. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel. Se le busca pa ra interrogarlo. pero no sé por qué. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. abreviatura dewildman.

-De acuerdo. ¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. Quizá se trataba de un niño. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. . -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. para deshacerme de él. Mark Bailey era culpable de algo. -Buenas tardes. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. señor Bailey. huye -Mire. reapareció el nerviosismo. Mientras conversaban. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. Cuando llegaba a la calle. Tuve un accide nte. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. sí me importaría mucho. -Me pareció que intentaba esquivarme. pensó. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. De vuelta en su auto. no en otro planeta. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson. estoy enterado. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. -Vaya casa. Gracias por su tiempo. Mark lo miró desde el umbral. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. 48 Huye. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. a solas. -Pero. Sí. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. agente. -¿Debería de pensarlo? -preguntó. agente Borsuch -saludó. Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. ¿Podría decirme dónde pasó la noche. Usted no tiene nada que ocultar. dando media vuelta para retirarse-. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí. con antena parabólica en el techo. no le importará que eche un vistazo. señor Bailey -admitió Harry. Nathan. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo". Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. Cuando se acercaba a la puerta principal. "Si se cayó del gato. oyó que se abría la puerta. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. ese algo tenía que ver con su lesión. Fuera lo que fuera. de hech o pedí que lo encarcelaran.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. Entonces se puso arrogante. Harry se acercó a la puerta. mi sobrino y yo nos odiamos. Lo mandé ahí. -Entonces. vio una cara conocida. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda.

Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas. -Disculpe -interrumpió Harry-. Harry. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. mirando a su alrededor. Tad alzó la vista y sonrió. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. Mi carrera puede estar en juego. Si estás de acuerdo. -Buenas tardes. incrédulo. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. -¿De qué se trata? -preguntó. no digas nada. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. por desgracia. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. -Harry. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. Tenían delante a la prensa. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. -Una lesión de la mano. Pero apóyame en ésta. Cuatro personas. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. Cuando terminemos. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. de esp aldas a la casa. Pero. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. estaban de pie en la acera. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. -Lo sé. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. 50 Huye. Warren siguió el ademán. y le entregó una hoja rayada de cuaderno. ¿De acuerdo? . Bailey era una escoria. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. no puedo ayudarte. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. asintiendo con la cabeza.49 Huye. Por otra parte. Nathan. Escrúpulos aparte. -También encontramos esto -añadió Borsuch. La crema y nata de Braddock. vaya. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. suturando un herida en la coronilla de un paciente. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. Borsuch señaló el jardín delantero. -Vaya. arqueando las cejas-. Debía permanecer una noche en el hospital. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. no a Tad. Nathan. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. Diez minutos y otras tantas puntadas después. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. Su voz tenía un dejo de desesperación-. y todos los sabían. Tad finalizó su labor. si no estás de acuerdo. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. Tenía rota una mano. doctor Tad -saludó Harry al acercarse. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. -Muy bien. dos adultos y dos niños. lo sé -admitió Harry. -Lo siento. -¿Dónde está la familia? -inquirió. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. puedes toser. El chico tiene b uen gusto. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel.

huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. pero nunca asoció los apellidos. 10 51 Huye. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. Hiz o un nuevo intento. -Y dime. Harry -se disculpó Tad. Quitó las sábanas de la cama. aunque los ojos lo desmentían. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-. lo descubriremos. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. Nathan Bailey. se debían a actividades cometi das en su contra. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. Eres toda una celebridad. Los dos últimos eran pe queños. -Lo siento. Dur ante los siguientes veinte minutos. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. pensó Tad. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. Emp ero. por el contrario. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo. al tiempo que abría la puerta del consultorio. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. pero primero echaría un vistazo. Estuve durmiendo. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. -Por supues to que no -reconoció Harry. debía lavar las sábanas. Quinn -la interrumpió Denise-. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. Levantó el auricular y marcó. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. señora -respondió la voz. ¿no? . Nathan.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. -No me sorpren de. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-. Apagó el televisor y decidió explor ar. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Tad guardó silencio. subió a la habitación principal. -Oye. B ailey. Se ocuparía de ellas enseguida. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. Harry se quedó pasmado. cariño -rió Denise-. Volvió a toser. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. Natha n Bailey. de Milwaukee. Había oído del chiquillo. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. Podía jugar con el arma tal como estaba.Con que eso se traía Harry entre manos. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. ¿estás ahí? -Sí. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. Dicho lo cual. Nathan. un tocador y una cómoda de patas altas. si investigamos s obre la lesión. Antes de que lo olvidara. dispuestos lado a lado en lo más alto. pasó el resto d e la mañana en la sala. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. En ellos encontró unos juguetes fabulos os. Un repentino acceso de tos acometió al médico. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. siempre que no tirara del gatillo. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. Una vez que limpió la planta alta de maleantes. Tal vez había planteado mal su afirmación. Harry se veía totalmente estupefacto. DENISE CONVERSABA co n Quinn. en el noticiario la noche anterior.

aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda. como un automóvil BMW. pero no todo lo que dicen. Recogí los pedaz os y. o quizá una semana. no parecía que hubiera robado na da. Díganle que gracias y que lo sien to mucho. Ya estaba listo. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. No se preocupen. Aunque traté de ser cuidadoso. tus anfi triones de anoche. Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. Las cosas no iban b ien. pero uste des la llamaron de inmediato. habría sido la animadora que perecía por él . Le temblaban las manos. También tuve que llevarme su otro auto. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa. 52 Huye. Hice algunas cos as malas. Su tono sonaba gélido. También encontraron tu nota. Nathan.357.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. Nathan había dormido en la habitación principal. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas. Al menos. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. en un par de días. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . Sí. Fue algo muy feo. Considerando el trabajo que debía hacer. Los Nicholson. Sabía que pronto llegaría su oportunidad.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. pero le fue imposible. En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. cuando tenga oportunidad. sin duda. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor.. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-. rompí un vidrio de la puerta trasera. tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer. 53 Huye. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. Kendra. Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. Permaneció mudo. Les prometo cuida r sus cosas. Según deducían. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían. llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. Pointer soltó una carcajada. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto.. LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . intentaré pagárselo. había dado otros golpes difíciles en el pasado. de modo que la emprendió a preguntas. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días. Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. Perdón por el desorden del baño. El corazón de Nathan latía a toda prisa. se había duchado en e l baño principal y.D. El niño con . Cuanta más gente estuviera atenta. el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. Sin embargo. por increíble que pareciera. declaraba Kendra. Nunca creyó que regresaran tan pronto. A continuación. Nathan Bailey P. Créanme. -¿Qué? -jadeó. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez. oyó la voz del chico . Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. Nathan. Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. Salvo por la ropa y el auto. Ya en camino. -¡Ja! Te callaron. Por favor. no como las había planeado. que acababa de limpiar. Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. Su amigo.

al principio del telefonema de ayer. Como madre que soy. -Nathan." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. él mismo lo confesó. para suplicarle que lo acogieran. no creía una sola palabra de lo que dijiste. -¡Qué van a saber! -y Denise rió. 54 Huye. pero después ya no quisite hablar de él. Nathan". Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. quisi era ayudarte. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. -Estoy segura de eso. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. sabrías que eso significa mucho para mí. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. "Ahora tienes una nueva vida. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. y la segunda. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. no los reformaba. Denise.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. Eran nuestros vecinos. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. controlado. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. si me conocieras mejor. pensó Warren. de Coronado. si te pregunto algo. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. la gente no conoce los límites. ¿es cierto? -agregó Frank. Esa noche. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. En su fuero interno. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa. igual que muchos radioescuchas. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. Era cierto que había matado. sin embargo. pero no sabía por qué. y el tren lo arrolló. El día anterior. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. que Nathan no era un peligro para la sociedad. Esta vez se sentía tranquilo. Nathan. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. que el sistema correccional para menores hacía criminales. A veces. hay mucha gente que no opina l o mismo. Un chico listo. La primera. -Hola. huye A partir de ahí. De modo que sí. Yo tampoco quiero. Nathan respiró hondo. conmovido-. -Gracias -repuso Nathan. La policía les avisó. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . había dicho. Pero no era un asesino. Recu erda que. California. y tu situación en realidad me conmueve. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. Nathan -saludó Frank-. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. "Ya no podemos ser parte de ella. -Oye. Y. Nathan sonrió y estiró la espalda. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. y el papá de Jacob me lo dijo. Jacob Protsky. -Estoy de acuerdo -terció Denise. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. yo e staba en casa de mi mejor amigo. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo.

porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. nadie había mencionado un BMW robado. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. el catecis mo católico. Sólo pensaba. Se veía despavorido. dirán que yo soy el asesino. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. siempre estaba en juego su supervivencia. Aquella mañana. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario. Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. Pero. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. Nathan. huye -¿Eh? ¡Ah!. con la respiración agitada y las manos temblorosas. tendría otra oportunidad . después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. H arry se sentó con la espalda erguida. sobre todo. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. 55 Huye. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. reparó en un BMW descapotable. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara. -El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. si me defiendo y gano. Ya eres noticia. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . Si regreso. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. No volveré a menos que me a trapen. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. y si la suerte lo acompañaba. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento. -A muchas personas les funciona. . Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. Así funciona el sistema. -A decir verdad. se acercó a revisar el vehículo. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. Denise -declaró Nathan. De pronto. y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. -Siéntate -ordenó Warren.. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. Pensilvania. Nathan. -Escucha. rojo cereza. En el exterior. Aún había gente dispuesta a escuchar. Nathan. Al llegar. ¡No me dig as que debo regresar. de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva.. Ya en su auto. alguien más lo in tentará. quizá otras personas también podrían. se sintió in finitamente solo. sí. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme. amiguito. Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. Si se esforzaba y decía la verdad. Denise. A mí no. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. convencido-. al iniciar el turno. -A los niños no. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. Siempre llevaba las de perder. Nathan.lo abrazó. en Jenkins Township. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar.. no había el menor indicio de una sonris . -No puedo regresar.

él no se había presentado. que Warren le devolvió. Voy para allá ahora mismo. Thompkins -prosiguió Warren-. señor -repuso sin titubear. Encontraron el auto en Jenkins Township. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. Michaels era de los buenos. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. -Sí. Warren se inclinó hacia adelante y. Warren puso la mano sobre el auricular. Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. -Residencia de la familia Nicholson. El motivo de esta pequeña charla. Nathan. eh? -preguntó con voz apacible. señor -respondió Harry. Jed contestó. -Anímate. se dijo. Pensilvania. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. y no podré volver a cubrirte las espaldas. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. 57 Huye. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. Warren se retrepó en su sillón de vinilo. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio. -Sí. ¿Quedó claro? -Sí. si estaba decepcionado de alguien. señor -masculló Harry. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. Warren levantó el expediente. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. Él era de lo s buenos y. al norte de Ha rrisburg. Estamos en Estados Unidos. -Ahora. ¿no es así? Harry asintió. Sin embargo. Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira.a. al tercer timbrazo. -¿Y bien. que rechinaba. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. 56 Huye. -Jed. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. -Sí. Cuando el teléfono volvió a sonar. soy Warren. Habla el sargento detective Hackner. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. agente Tho mpkins. Pasaron unos cuantos segundos. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. Harry. Harry miró al teniente a los ojos. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. Harry salió y cerró la puerta. El teléfono sonó nuevamente. Los demás tenían razón. Nathan. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. y una gran equivocación. El corazón le palpitaba con rapidez. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. con grandes aspavientos. Yo cubriré las cosas aquí. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. Otra más.

diez minutos antes de las cuatro. les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia.so perdido. encima. Su Señoría. Stephanie quedó boquiabierta. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. veo que está sola -reconoció. -A decir verdad. yo también lo esperaba. La fiscalía 58 Huye. con un fino traje de Brooks Brothers-. según entiendo. seño Morin -indicó el juez. sacó su s notas y empezó. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla. Stephanie sonrió. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. Esperaba ver al señor Petrelli con usted. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. Al fin. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. Caminaba de un lado a otro por el pasillo. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas. Desde las nueve de la mañana. Cuando subía al estrado. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. Verone giró la cabeza hacia la defensa. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. incómoda. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. elegantes y muy bien pagados. -Sí. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. -En efecto. tenía un asp ecto cadavérico. Nathan. El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. Señoría -concluyó el abogado Morin-. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. furiosa. Investido como juez en 1955. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. Puestos de pie. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. irritado-. Una vez concluidas las formalidades iniciales. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal. Pero estoy lista para proceder si n él. Señoría. sin dar muestra al guna de tensión. El primero. En contraste con sus limitaciones físicas. Abrió su portafolios. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. to dos los presentes guardaron silencio. la tenemos -respondió. Y. Su Señoría. -Señorita Buckman. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. -Con esto se demuestran varios puntos. sus oponente s de Omega Broadcasting. Clarence O. Su Señoría. -Su Señoría. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. que un buen . el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. Morin sonrió afectadamen te. -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. ¿no es así? Morin se puso de pie. Con sus casi ochenta años.

Por primera ocasión. Virginia." Apagó el televisor. en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. sin duda. mostrarían su fotografía. señorita Buckman. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. pese a todas sus oraciones. de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. Si algún maleante lo elegía como su presa. y. alguna forma de ganarles la delantera. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. El Honda de la cochera complicaba las cosas. Era u n idiota. con el arma apoyada sobre el pecho. "Piensa". Faltaban tres horas para el anochecer. un grandísimo imbécil. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. ¿Quedó claro? -Sí. lo encarcelarían por el resto de su vida. Señorita Buckman. ha sido localizado. Sólo esperaba recordar cómo. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. Todo y to dos lo habían abandonado. Según fuentes policíacas. los policías habían anulado su ventaja de dos días. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. Aun en los días más oscuros. Pens ilvania. No era posible. Pese a sus reflexiones y planes. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. Hablarían con la gente. -Por el contrario ." Volvió a sentarse e rguido. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. Tiene que haberla. señor -respondió Stephanie. pero no tardaría mucho. lo recordaría. lo meteré en la cárcel por desacato. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. Nathan estaría pr eparado. con los pies descalzos plantados en el suelo. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. Se dejó caer en el sofá. . EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual. todo po r su propia culpa. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. Infórmele que. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato. Su Señoría -objetó Stephanie. Tenia que escribir otra nota. Era de transmisión manual. La espera lo volvía loco. lo declararían culpable y. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. La ropa estaba lavada. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo.. y debía aguardar. La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. y el segundo. no tenía relación alguna con el mundo real. se dijo. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. Nathan. . vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. -Ese último comentario no viene al caso. Lo sacó y se tendió en el sofá. y había limpiado la cas a. si intenta otra jugarreta como ésta. De hecho. En unas cuantas horas. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. Cuando el sujeto oyera las noticia s. pero l sitio exacto. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. Había decidido llevarse el arma. "Debe haber una salida. Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor. Buscó des esperado alguna solución. Necesitaba analizar su sit uación.

si alguien sabía algo. Podría conocer a su madre. 61 Huye. Habían estado a cinco metros de él. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. Sí. Casi podía sentir la calidez de su abrazo. huye a sonreírle. y eso significaba Little Rocky Creek. Vistas de cerca. dio media vuelta y se alejó. Confiaba en que. las b alas eran grandes. oler su perfume celestial. El problema era la hora. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. se lo informaría. algún día. vivo por fuera pero muerto por dentro. no hubo reacción alguna. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. Llamó a la puerta por mero formalismo. donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. súbitamente. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. Sería libre. Nathan. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir.. y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. La muerte era una forma de libertad. GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero. Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. no más golpizas. Esperaba poder contarlo algún día. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable.. pero ninguno de ellos había visto nada. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos. no más soledad. Todavía amartillado y li sto para disparar. Durante largo rato. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. Su padre volvería 60 Huye. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. Entre las sombras del anochecer. No podría haberse movido aun que lo deseara. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Si él hubiera estado en los zapatos del chico. Estas cosas implican tiempo. Sería feliz. Nathan. Después de unos quince segundos. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. Nathan permaneció inmóvil en el piso. Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. Greg no se desalentó. Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. Sin embargo. se veía malévolo. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. Por segunda ocasión en dos días. sabía reco nocer las casas desocupadas. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos. En las casas donde no encontró a nadie. se permitió fantasear en que también encontraría al niño. reconoció la ver . El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino . dos. y no lo encontraron.. ah ora ya había motivo de esperanza. Greg intuía que estaba cerca. todos ellos con una fotografía de Nathan. -Ya me descubrieron -susurró. Empero. Los labios comenzaron a temblarle. ¿o no? No más persecuciones. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa.Esta vez. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. un instante más tarde. Uno. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo..

-Señorita Cahill. y ella las enjugó con los dedos. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento. Sin embargo. compañer a. -Señorita Cahill.. Por favor. Nathan. Joven. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-. A CASI doscientos kilómetros de distancia.. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso . en algún momento posterior. Misty. -De hecho. gracias. Si alguien le hub iera colmado la paciencia. -Mitsy -lo corrigió ella. eh. Mitsy Cahill. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar.. Sién tese y hable conmigo. sostuvo la placa junto a la cara. sé que esto no es agradable. Me agrada t ener compañía. Vaya nombre. ¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. señorita. formulada sin ambages.. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. pero no bebió. La suposición de Jed no podía ser más errada. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-. de unos veinticinco años.? 62 Huye. -No. Le recordaba una vieja canción. -Muy bien. cos . Po favor -suplicó más tranquila-. -Cahill. No obstante. Mire usted. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy... -Bueno. ¿verdad? Esa pregunta. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo. s e veía enojada. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. -¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada. Contempló un rato la botella de cerveza. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. Nathan dejó caer el arma en la alfombra y.. Por favor.. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. Ya era hora de que vinieran. llámeme Mitsy. -No es sólo una víctima inocente. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-.. Jed se sentó en el viejo sillón. -No entiendo. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. póngase cómodo. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. Cuando volvió a mirar a Jed. Respiró hondo.. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado.. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-. No había r egistro alguno de que tuviera esposa.güenza de lo que había estado a punto de cometer. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed. Se llamaba Misty. podría pasar cualquier cosa. Al cruzar el umbral de la puerta.. rompió a llorar. pero. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas. donde pudiera verse a través de la mirilla. ¿acaso cree usted que. -Por supuesto que no. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. pero no pue do.. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo.. eso es lo que estamos investigando. señorita. Al llamar a la p uerta de chapa de madera. con el dorso de las manos en los ojos. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas.

hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. Nathan Bailey se había apoderado. Sin embargo. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. 64 . en casa de los Nicholso n. Debemos llamar a la policía. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. Llevaba pantalones cortos. AL FIN oscureció. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. pero tampoco era tan irregular como había temido. creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. No recuerdo de cuál. de eso estoy s eguro. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta. La otra parecía extraída de un vídeo. huye -En honor a la verdad. Fuera lo que fuera. En un arranque de inspiración. Rasgo p or rasgo. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. Nathan. Tenía ante sí mucha información nuev . no lo sé. ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. Su tono era brusco y apremiante. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. era un boleto abierto. y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. -Es él -aseguró Todd-. celebrando su inmi nente victoria. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino. -Hasta donde pude ver. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. -Ya se lo dije. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. hace como una semana. En cuanto Todd viera la fot ografía. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf. de una camiseta de los Toros de Chicago. a mí -concluyó e n un susurro. encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. -No tengo idea. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. Su aceleración no er a precisamente uniforme. La esposa de Todd. lo sabría con certeza. Y. amable-. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. Según los informes procedentes de Virginia. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. pero no sabía qué hacer con ella.as de Ricky. Finalme nte. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. la camiseta de algún equipo deportivo. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. Y el cabello era igua l. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. por supuesto. ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. 63 Huye.

-En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. salieron de vacaciones. bajó por el hueco de la ventana. Lo siento. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. sin cruzar nunca l os pies. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. Durante los últimos ocho kilómetros. De modo casi inconsciente. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg. por cierto. a nivel del piso. pero fue inútil. El tipo seguía ahí. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. A petición de Gr eg. 65 Huye. Greg se movía como una araña dentro de la casa. El patio trasero se veía igual. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. que . -¡Si seré. porque vio movimiento a través de las cortina s. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. El arma era una extensión del brazo de recho. Al acercarse a la puert a principal. nada parecía fuera de sitio. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. las luces altas de su auto. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. una familia de la otra calle. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. Sin saber con certeza qué buscaba. Nathan. dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. o más bien le pareció haberlo percibido. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. 12 EN LA OSCURIDAD. sostenida en ángulo recto frente a él. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. En el resplandor tenue de la luz. y también aceleró en un intento por perderlo. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia. que parecían intactas. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. Nathan. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail.. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. Acabo de recordar que los Grimes. -Señor Bris cow -empezó a decir. reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral.. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. se había hecho de un arma. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. Estaba cruzando la calle. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino. -Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa.Huye. Era sólo una sala a oscuras. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. -Sí. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono.

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

Otra vez. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. ¡pum!. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. Vio el arma entrar primero. El pánico invadió a Nathan. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. Eran raros los visitantes a esa hora. -Buenos días -saludó Pointer animado-. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. pero sí pesada. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. Otra vez. amiguito -rió Pointer. Soy policía del condado de Braddock. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. no hay nadie más que el chico y yo. Watts sonrió. Nathan se preparó p ara dar el segundo. Al parecer. pensó Nathan. Tras un primer golpe. -¿Quién es usted? -gritó. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función. Nathan. pero no se disparó. se dio cuenta de su grave error. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche.. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. Quizá podría. más le irritaba el día que tenía por delante. señor. No logró identificarlo. En cuanto pronunció aquellas palabras. El lugar se ve vacío.rota como si estuviera íntegra. -En efecto. El "policía" cayó desmayado.. huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones. sólo se agachó para re el arma. Pointer no respondió. 70 Huye. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. No era muy grande. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. sino que tuvo más resonancia. Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba. El ves . -Sí. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. P arece una noche muy tranquila. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. pre parándose para disparar. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. atrapamos al maleante. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o. Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. Sólo vine para dar una mano. ¡Pum!Otra vez. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. Tenía que huir. A pareció rápidamente y rodeó la puerta. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. "Tal vez pueda alzar el catre". como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. la bala ya iba en camino. Er a innegable que algo estaba sucediendo. Esto no podía estar o curriéndole. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. sintió que la sangre se le heló en las venas. Se oyó una llave en la cerradura. Un arma. Cu ando logró entender. la pesadilla todavía no terminaba. tomó la pistola y giró. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. A LAS CUATRO y media de la mañana. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas. La pistola cayó al piso. En este caso.

Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. y las puertas abiertas de par en par. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. llegaron por montones. la estructu ra más prominente en el centro. dominado por escaparates y callejones. En retrospectiva. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. que se guardó bajo el brazo. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. empezó a maquinar un plan. quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. pero los 72 Huye. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. De haberlo sabido. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. Cuando corría por el pueblo. Nathan. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. de lo que s in duda era la plaza principal. Volvió a quejarse. Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. Nathan no sabía qué hacer. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. El señor Slater no estaría muy complacido. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo. parecido a un lápiz gigante. pero cuando aparecieron. Pointer se quejó en voz alta. Nathan -se burló en voz alta. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. Por lo pronto. con la cabeza c aída sobre el pecho. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. La gente ya creía que Nathan era un asesino. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión.tíbulo estaba desierto. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. No le costó mucho traba jo sonar convincente. En el escritorio. -Has sido un niño malo. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. 71 Huye. adoptó la posición de tirador. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. Era muy fácil. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. Ocasionalmente. Al ver la prueba física ahí. veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. que estaba ubicado en el campo. De hecho. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos. Nathan. se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad. los ojos no la dejaron tras lucir. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía.

Nathan no era su hijo. por el momento. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. -¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. -Ya que estoy aquí. estaba abierta. tanto reales como imaginarias. Escucha. -Hola. Mas. huye Entonces." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . 73 Huye. lo hizo estremecerse. desde luego. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. "Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. no podía quedarse donde estaba. en el condado de Pitcairn. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. -Ni siquiera pudieron defenderse. En cuanto vio la puerta. por fortuna. Warren viviría en paz con el resultado. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. Brian jamás habría podido matar a un hombre. reconoció que había descubierto su única opción. iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. Realmente me tragué la histori a del chico. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-. -¡No! -musitó. la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. y terminó con el tiroteo-. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. Y. no era el padre del pequeño.o eran viables. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. Warren se quedó inmóvil un momento. Después de colgar. Nathan. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. sitios siemp re oscuros y húmedos. P rimero incorporó el ruido a un sueño. Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. tras la brutal ejecución de sus dos captores. Jed. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto. lo oyera. Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. pero vaciló ante s de moverse. Mientras trataba de idear un nuevo plan. por supuesto. -Creo que todos abogábamos por Nathan. aunque. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. Después de todo. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. Ya los tribunales decidirían su destino. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. Y cayeran los dados com o cayeran. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. Y. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. Jed lo entendió. que dormía profundamente. Warren guardó silencio largo rato. Warren.

Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. claro. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. Cuan do llame. J. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . Tenemos que detenerlo. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. -Sí. Y. compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. -Sí. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. con las manos en alto. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. pero. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. Tenía sus libros y su televisor. pero algo en todo esto no cuadraba. Sin embargo. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. Hay que hacer lo que hay que hacer. El propio Lyle. En aquélla siempre había algo bueno que comer. lo son. A los diez años. -Quinientos mil dólares son mucho dinero. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. Permaneció unos instantes d e pie. -Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. Aquello no tenía sentido. Esta imagen resultaba demasiado absurda. en la que Nathan era la verda dera víctima. Sammy. -Sí. señor. era un verdadero horn o. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. Ya era bastante con el guardia de la prisión. Hoy mató a dos policías. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. esperando a que se reconociera su presencia. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. lo ponía en orden. En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. El departamento de Billy. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. Sammy. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. además. quiero hablar con él. Pero lo peor era la soledad. Sammy se aclaró la garganta. por otra parte. y después los ajusticiaba. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. porque trabajaba todo el tiempo. Nathan. uno s animales torpes e incompetentes. señor Slater . En aquel momento. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. incluso para pasar por cómica. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. Sammy. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. serena y metód icamente. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. inmóvil.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris. Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. tal como usted le dijo a Pointer ayer. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. Debemos sacrificar a Pointer. Denise trató de imag inarse a Nathan. como perros. Enseguida. Lyle llamará esta mañana. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. -Está claro. 74 Huye. protección. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. por lo pronto. No vale la pe na. -Sí. El señor Siater lo hizo callar con un ademán. su fiel lugarteniente. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. Si alguien se pasaba de la raya. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. Cuando su mamá estaba en casa.

Expert . -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. -Todavía no lo sé. aterrado. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. No hay mucha comida. No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. y hay algunos juegos y juguetes. -La policía. Billy había visto las noticias aquella mañana. será mejor que salga. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. Algunas cajas del rincón se movieron. J. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. huye Warren le dirigió una mirada fulminante.. Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. El sótano de su edificio era un lugar oscuro. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. pero tenemos un televisor. Todos andan buscándome. que se puso de pie muy despacio. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. ¿Qu. ¿verdad? 75 Huye.. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. Salvo por algunos problemas en este caso. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-. pero no lo logró. -Entonces. -Lamento los problemas. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. si a eso te refieres. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli. Daniel Petrelli al grupo-. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-. Ahora sí. 76 Huye. que ya daba audiencia en el ves tíbulo. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli. -Eres Nathan. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do.. S. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. seguramente te agarrarán. huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva.. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí. -Todo el mundo sabe quién eres.basura al sótano. Una tras otra. Billy le explicó todo. el lugar estaba atestado de periodistas. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. ceñudo. Nathan. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. Billy no perdió tiempo. con antenas parabólicas sobre el techo. se inyectaban o a veces morían. Las ca mionetas de la prensa. Nathan. sea quien sea. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan.

-Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. Si matan al niño será porque se lo mere cía. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. Si representa una amenaza. tiene luz verde. Pointer no podía controlar la respiración. Si ust edes no hubieran fallado así. Eso es todo. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. Me refiero a que es un niño. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. de unos veinte años de edad-. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. Pero la decisión n o depende de mí. teniente -respondió con paciencia-.o en fingir sordera. Lyle? -Sí. Sino. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. Volvió su atención hacia Murphy. Warren estaba horrorizado. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. Lyle. señores -concluyó Petrelli-. Ya no quiero oír tus excusas. Ese animal mató a dos de mis homb res. Lo comunicaron de inmediato. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. -Cállate. Podía haber tenido otra. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a.. a las cinco. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes. La prueba física circunstancial era innegable.? -Ya nos encargaremos de él. señor -respondió Pointer con voz ahogada. elimínelo. agente. sí lo es! -de pronto. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. sí. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía. -Ahí lo tienen. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. Por lo pronto ven aquí. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. seguido de Petrelli. Petrelli estaba listo para responder. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. Ésas son sus órdenes. Cuando lo arresten. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. Necesitamos discutir algunas cosas. huye Sin decir más. Lyle -ordenó el señor Slater-. Nathan. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. pero así es. -Petrelli. y lo enfrentaré a mi modo. En respuesta a su pregunta. No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. -Mire. Sin embargo. -No me diga cómo manejar mi jefatura. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño.. así será. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . age nte. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No. ¿Entendiste. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. Se habían hecho tres disparos. Murphy se dejó llevar por la ira. Eso s hombres eran mis amigos. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. todos letales. sorprendido por el temblor de su propia voz-. teniente Michaels. -Alguacil -lo recrimi nó-. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. era un profesional. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . Ahora es mi caso. y colegas de ustedes. te rminará frío. deberá ser cuidadoso. señor Slater explicó Pointer. L a puntería era asombrosa. Si se siente amenazado. sin embargo. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. -Oye. como si ya estuviera muerto. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. -Esta madrugada. Es muy sencillo. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. sin usarse. 77 Huye. Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. teniente. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato. Si pueden atrapar al chico vivo.

-¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. Tenía el logotipo de un banco. no se queda sentado. Como mínimo. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. -No. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. De pronto. Su voz desbordaba alegría-. -No tengo la menor idea. Sí. ni siquiera desenfundó. todo lo demás encaja a la perfección. Br . tendido ya en el piso. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros.. ¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. pero al menos las cosas serían más congruentes. Nathan. En un solo momento de inspiración. pensó Warren. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. Trata de identificar a la persona que le pagó. 78 Huye. para empezar. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. -Mi duda es la siguiente. A menos que. Con la puerta de la ce lda abierta. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. Estoy sentado aquí. -Sí -declaró el agente. Este niño no es un asesino. -¿Un matón profesional? Warren. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. no to do el sistema. además. Primero el tiro en el pecho y luego. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. -Creo que no hay duda -afirmó Warren.. Así que. Si un policía oye disparos. Alguien tuvo que pagarle. un disparo a la cabe za. Simplemente se interpusieron en su camino. -Muy bien -dijo en voz alta-. Jed -lo apremió Michaels-. ún icamente se está defendiendo. de un modo u otro. Oye. Nathan. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. Reacciona. Precisamente quiero que lo averigües. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. No tengo idea -admitió Warren-. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. huye Warren asintió. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. Eso sí era lógico. pero piensa. correría por el pasillo con el arma desenfundada. todos le desagradaban. Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. Así que investiga sus antecedentes financieros. y oigo d isparos en el pasillo. Esto va más allá de lo s asesinatos. Correcto. Las piezas caían en su sitio. no lo tiene -asintió Warren.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. pensativo-. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. tal vez notendr ía. Entonces. habría tenido acceso al pasillo. desenfunda . 79 Huye. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. la mente se le iluminó. Warren. -Agente. ¿estás se uro? -Piénsalo. -Supongamos que. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". ocupado con el papeleo. aunque no hemos conse guido gran cosa. Como reacción al ruido . Y. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. -Con el debido respeto. Nathan había sometido a Schmidtt. Jed vio claro. Y dígame dónde hay un teléfono. Bueno. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento. -En efecto.

-¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido. Creo que est oy en deuda con él. -Hola. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. Después de treinta timbrazos. -Tad. quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. contestó una voz familiar. Te comunicaré enseguida. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. Tad no dijo palabra. -No lo dudo -farfulló el niño-. -De acuerdo. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño. -Muy bien. no dices nada y.addock Bank and Trust-. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. -¿Qué tal. Tal vez haya algo. manos a la obra. y. y nadie hubiera objetado-. jefe. -En otro tiempo -sonrió J ed-. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. ¿eres tú? -preguntó Denise. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. Yo te creo -lo consoló-. hasta que al fin pudo comunicarse. -Muy bien. la recuerdo -lo interrumpió. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. Empieza por ahí. pues tengo otra teoría. Por favor. Sin embargo. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. Servicio de urgencias. o incluso de trabajo. Harry fue directo al grano. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. por favor -pidió después de una breve pausa-. Creo que acaban de llegar. si a eso te refi eres. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro.. y Ricky. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. Pero. yo no maté a los policías. si me eq uivoco en este caso. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora. nadie era tan amable con nosotros. -Sí. -De acuerdo. Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. q ue por eso 80 Huye. Ahora. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. -Espera un instante. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. Cuando terminemos con ese asunto. -Nathan Bailey. Nathan. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. -¿Eso es qué? Harry no respondió. No había nadie que pudiera oírlo. Nathan. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. -Aquí vamos. -En efect o -reconoció con aire jovial-. después . -Y otra cosa. Necesito hablar con Denise. Harry respiró profundamente. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. lo sé -rió Warren-.. Se hizo una pausa. Enrique reconoció la voz. huye Harris trató de asesinarle. Estaba al aire. -Me da gusto oírlo. . -El hospital de Braddock. -Eso supongo. Nathan obedeció. el villano. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió. cariño. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. todos cambiaremos de puesto. ¿verdad? -Sí. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. sólo dinos lo que pasó.

se preguntó. ¿Habría robado otro auto? Era posible. -Habla Todd Briscow. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. Cerró la puerta y descolgó. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo. Lyle tenía un trabajo pendiente. De pronto se convirtió en algo personal. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. de nada. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey. Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. Se lo explicaré en el auto. doc -dijo Harry. Hasta ese momento. e n la página del diario. DE UN MODO u otro. A los oídos de Pointer. pero las veces anteriores había tenido las llaves. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. Jamás volveremos a hacerlo. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. -Señor Briscow. estaba muy equivocado. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana. Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. Eso significaba que s eguía a pie. Trabajaba para la compañía telefónica. que empezó a volverse bochornosa. 81 Huye. -Vamos. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. -En realidad no fue nada -respondió Todd. efusivo. Pointer empezó a concebir un plan. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. PARA SU GRAN alivio. Pero esa madrugad a fue distinto. Todd Briscow. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. en el condado Pitcairn. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites. y ese tra bajo estaba ahí. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. sí. Ahí. Quiero decirle. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. lo felic itaron por su disposición para colaborar. Todd sonaba como un perro jadeante. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. Jed lo siguió. Cuanto más decía. Silencio. -Un millón de gracias. El radio. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. Las dos pri mera noches. matar siempre había sido un negocio . a nombre del señor Petrelli. que ya se dirigía a la puerta-. Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. e n algún sitio.. sargento -respondió Harry. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. Lo tenía delante. -Sí. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. de la oficina del señor Petrelli -mintió-. estaba el nexo. ¿no e a así? Sí.. -¿Sabe? Antes de que colguemos. Sólo hizo tres. Nathan. El testigo. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. casi corrió a su despacho. habla Larry Vincent. Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. De hecho. me pregunt . -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. Virginia. para dar por terminada la conv ersación.-Tal vez un matón profesional. así era. huye Nathan Bailey le había robado su honor.

Y luego. La venganza era placer de dios es. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa.. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. 82 Huye. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer. por supuesto. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. Necesitamos su ayuda por última vez. estaba en el negocio de la importación. Si la historia se re petía. Salvo que no había tal dinero. Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. Un año antes. Pointer se lo pidió. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. Pe ro lo decía absolutamente en serio. El dinero de verdad. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. Steve tenía t odo. esos quinientos mil podían convertirse en . Y. además. "Porque lo digo yo". Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. zalamero-. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. Está pidiéndome que viole la ley. Nathan. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. inmutable. Querría compartir la gloria con un amigo. -De acuerdo -reconoció Pointer-. -Vamos. La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. huye los dieciocho años. Usted sabe que. pero no es posible. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto.aba si podría hacerme un favor. tan en serio como un ataque cardiaco. Y. La ironía era en verdad delici osa. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. Nathan. La mirada del enano miserable lo dijo to do. señor Briscow. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. Por supuesto. nada. oprimido por la sombra de Steve. Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra.. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. Todd no supo qué contestar. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. mucho dinero. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. el dinero de su querido viejo. Y aunque se permitió. "¿Por qué a mí?". naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. Cuando el viejo murió. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. En lugar de compartirla.. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. Todo eso costaba dinero. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. pero Mark no. pero se acabó muy pronto. según descubrió Mark. Tras acabarse la enésima botella de whisky. comprendió lo que había sucedido. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. señor Briscow. volvería a ser coherente en pocas horas. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. No. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. Incluso Nathan recibió una buena porción. su testamento quedó forjado en hierro. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. huye -Lo siento. Mark.. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. durante un instante. y usted tiene la clave para hallarlo. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. su hermano perfecto. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. señor Vincent. dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark.

Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. Si n embargo. Mark pidió sólo un poco de tiempo. susurró jadeante. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. y entregarlos al día siguiente como anticipo. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. Pointer se rió de él. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. explicó con gran aplomo. Sí había un modo. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. empezaron los problemas para él. Cuando el av ión no regresó. para e l día treinta y uno. Entre ellos. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. Según le explicó. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. Ricky sólo tenía que liquidar al . Valuado en poco más de tres millones de dólares.más de cinco millones. Mark aún sentía el dolor. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. Lyle Pointer había descubierto la mentira. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción. y Nathan era el único. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark." 84 Huye. Dejaría que Mark viviera un poco más. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. Antes de que te rebane el gaznate. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. eso no servía. No. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. en partes proporcionales. Comprendió que. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. En el transcurso de la velada. en algún lugar. El resto fue asombrosamente sencillo. Tendría todo resuelto de por vida. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. Mark se encargaría de los detalles. Pero. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. también había una cláusula de excepción. Empero. Mientras tanto. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Pointer ya tenía un plan. Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. Treinta días después. Cuando terminó. -¿Sabes. el legado se entregará al padre del difunto o. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. le aseguró. Pero el reloj seguía su marcha. pero Mark reconoció l a verdad. En las calles. investigué un poco sobre ti. De pronto. Eres g ente de dinero. veinte mil dólares. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. Nathan. Tu familia tiene millones. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico.

Parece una casa abandonada. al lado d el picaporte. Está en la sala. Tenía la boca abierta. protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. No hubo respuesta. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. El lugar está limpio. es la policía! -gritó Jed-. Era un hombre corpulent o. inspeccionó el resto de la sala. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. poco arriba del picaporte. mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya. sin embargo. se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. que trató de abrirlo. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared. Como no cedió. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero. Mientras esperaba en l a línea. Jed corrió escaleras abajo. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. En el mismo sitio que ayer. Era c erca del mediodía. Se separaron.chico y largarse del país. Harry la detuvo con el hombro.. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. -Vine a hablar contigo. muerto. Yo iré arriba. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. ¡Abra la puerta! Pese al ruido. de unos sesenta y tres años. -No lo sé -su urró Jed-. -¿Qué quiere? -preguntó Mark. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. bastante alterado-. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. Nathan. cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey .85 Huye. en particular le llamó la atención el televiso r roto. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. apuntando con la pistola en ambas manos. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. Jed llamó con varios golpes fuertes. -¡Mark Bailey. -Es su vehículo -señaló Harry-. Harry lo siguió. ligeramente inclinado. dirigiéndose a Harry. lo encontré -anunció Harry. -¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. nada se movió e n el interior de la casa. Algo no andaba bien. Y en ese momento. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. y. Harry asintió con la cabeza. El señor Slater te manda saludos. Así empezó. todos abiertos en artícu . listo para entrar en acción. Es un presentimiento. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. Como s i la hubieran abierto con dinamita. El hombre entró sin esperar a ser invitado. hacia el porche. Todas las persianas están cerradas. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. que estaba a su derecha. pareció entusiasmado. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. Harry podía cubrir el pasillo del frente. -¿El asesino se fue? -preguntó.. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados . El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. Frente a la entrada había un a Ford Bronco. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. Con tres rápidas zancadas. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. nada se movió. -Sargento. De pie a un lado de las bisagras. -Sí. Mark -respondió-.

Están buscando a un asesino llamado N athan. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-. creo que e sta reunión ya terminó. documentos legales. Teniente Michaels. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. "Es inútil". se dijo. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía.los que hablaban de Nathan. Habla Julie -le dijo una voz al oído. encargado de la investigación. 86 Huye. Si Petrelli desacreditab a a Warren. Nathan. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos. Petrelli ro mpió el silencio. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. En ese momento sonó e l teléfono-. -Entiende. tajante. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. teniente? -ofreció Murphy. -Oficina del forense. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. ni dio muestra alguna de pretender contestar. -Warren. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. no a una víctima llamada Nathan. -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy. Esta vez. -¿Por qué mejor no te mueres. después de escuchar a Warren-. A Warren no le quedaba nada por hacer. huye -El móvil -declaró Jed. -¿Qué encontró. Warren empezó a atar cabos. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. Warren? -insistió Petrelll-. "Para estos dos. Cuando vio el . Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. Nathan. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. Puedo conseguirle una escolta. -¿Qué dices. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. Jed le pidió que esperara un momento. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. los ojos se posaron en un montón de papeles. oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. Stephanie -dijo. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. Como no tenía na da mejor que hacer. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren. tras oír un largo rato-. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación. el punto en discusión no era la objetividad. te di go que yo no llamé a nadie. encaramado como una cotorra junto a su colega. -Mire. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. Así. sargent -preguntó Harry. hojeó al descuido las hojas engranadas. J. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. Sin embargo. no obstante. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. ¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. Cuando daba media vuelta para retirarse. A la mitad del segundo párrafo. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-." Como Warren no contestó. Warren no debía seguir adelante con el caso. el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. ¡Usted les dio autorización para dispararle.

Se oyó un clic y. señora. -Déme el número -exigió. -Ya sabe que si usted usa esta información. -No. Aunque no lo creas. señor. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. -Sí. -Sí. tienes que salir ahora mismo de donde estás. Warren no había pla do tanto. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan . ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-.. ganaron -confirmó Warren-. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. teniente -protestó Denise-. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. Sin decir palabra. Hi jo. -De acuerdo. -No lo sabes -repuso Warren-. Por favor . Ahora. Nathan corre un grave peligro. de la policía del condado de Braddock. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento. sí. Tras una larga vacilación. en tono suplicante y amabl e. ¿por qué. no lo sé con exactitud. habla la operadora.. -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido.panorama completo. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. Stephanie. En caso de que no se haya en terado. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley. En ge neral. Lo único que necesito es ese número. Adelante. -Mire.. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. a menos que quiera oír el tono de marcar. Esto es asunto de vida o muerte .. Sólo debes confiar en mí. soy uno de los buenos. Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo. Pero. sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. Stephanie se lo dio. cualquier prueba será inválida. si los agentes de la policía qu erían matar a alguien. -Teniente. Nathan. Tienen treinta segundos para ustedes solos. Probablemente hace más de veinte minutos. déme el número.? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. por el momento.. -Un momento. hijo. -De acuerdo -accedió-.. abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. l a voz de Warren se incorporó a la conversación. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria. habla el teniente Michaels. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. El tipo que lo pidió es el asesino. necesito ese número. 88 Huye. -Step hanie.. Y. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o. al menos. Nathan palideció. el temor. sería el primer medio minuto en q . pero yo seguiré oyendo. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia. En todos sus años de trabajar en la radio. Tendré mucho gu sto en explicarle después. el chico no tuvo una respuesta ensayada. Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo.. una víctima en potencia. enseguida. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. huye -Nathan. -No me importa -aseguró Warren-.. ayer ganamos la demanda. pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. pero. el pulso se le aceleró.. ¿no es así? -S. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago.

se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. Primero que nada. Nathan. Me d a buena suerte. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. pero ganaba terreno con rapid ez. a diez centímetros de él. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. Su tiempo ya está corriendo. Enrique. Trece pasos ad . traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. Tambaleante. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. Tienes que confi ar en alguien. -Toma. ¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. Nathan no se detuvo. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. -Por fin la fuga ha terminado. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. Nathan! -lo llamó una voz. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. Impulsado p or el miedo. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior. y salió por la puerta del departamento. -Adelante. No tenías que ayudarme. Después. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. Nathan -concluyó Warren Michaels-. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. Billy -se despidió-. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto. Antes del último disparo. Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. vamos a comerciales. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. -¡Oye. Pointer venía dos pisos atrás. -¿Confias en él? -preguntó Billy. -Todo el mundo conoce tu cara. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. -Gracias. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. Nathan sonrió. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. -Ve allá y nos encontraremos. y yo soy tu única opción. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. amigos -les indicó Denise-. Cuando llegó abajo. Te lo agr adezco.ue tendría las orejas descubiertas. y que la policía no estaba implic ada en ella. A un tiempo. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. Me reconocerás. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. Ahora. uno de los Hombres X. Faltaban sól o cinco metros. Iba vestido con uniforme de policía. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto. Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. amigo. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. -Gracias -repitió. Debo irme ya -concluyó. Sintió un frío extraño. Por último. la conozco. Nathan comprendió que estab a en problemas. Sí. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. Parezco policía. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-. Rodó hacia la izquierda. 89 Huye. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA.

mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. Nathan se dijo que se había librado del hombre. el primer autopatrulla apareció por la esquina. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. Respiraba agitadamente. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. unos trece vehículos policíacos. El oficial Steadman. Nathan. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. con un movimiento suave pero muy estudiado. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. Después de contar hasta dos. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida. Entonces. derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. de aproxima damente diez años de edad. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. Nathan. Cuando creyó que era seguro descansar. Están saliendo en televisión. Y. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. El arresto sería váli do. Sabían que había mat ado a Ricky. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. reducía el paso hasta una marcha rápida. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. Si el chiquillo se mostraba agresivo. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. Cada vez que miraba sobre el hombro. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. en la sala. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. . Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. el resto del grupo invadió el departamento. Ya no estaba evitando que lo capturaran. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. 90 Huye. cada quien en su propio vehículo. huye Todo había cambiado. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo. 91 Huye. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. -¡Hola. no veía rastro de Pointer. lo primordial era seguir con vida. Una vez que llegaron al s exto piso. para detener a Nathan Bai ley. un niño negro. Podía verlo en los ojos de las personas. Las sirenas estaban muy cerc a. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. festivo-.elante. donde todo había empezado. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. que era el principal francotirador del grupo. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. c on la esperanza de pasar inadvertido. pero donde pensaba que podían verlo. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. así como las polillas siguen la luz. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios. El pequeño se incorporó y les sonr ió. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. Mientras Nathan corría. amigos! -los saludó Billy. listos para disparar. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. Con éstas bajo control. estaba tendido en un sofá. cuyos elementos ll egaron uno por uno. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado. Mantenerse libre se volvió s ecundario. Ahí estaba.

El niño avanzaba sin precipitación. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. Empero. señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. . niño. Al p rincipio. ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. Estaba cerca y lo sabía.C. en este día no era sino otro dolor. Nathan cayó de pie y se agazapó. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. No le dolía más que un raspón profundo. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. Consciente de que debía proseguir. Nathan empezó a zafarse. empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo. Caminaba de prisa. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. sin conta r el aguiero de bala. gemía en voz alta. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. habría oído al entrometido gritar su nombre. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. 92 Huye. unos diez centímetros abajo de la axila ..Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños. -¡Oye. D. Cuando los brazos se aflojaron un poco. pero si n correr. Calculó que serían unos tres minutos más. El hombretón. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. -¡Suélteme! -gritó Nathan. Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn. Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. éste lo soltó. La prenda e staba sucia. era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. el chiquillo era rápido. resultante de un ataque más de un adulto más. En Washington. de modo que no podía apuntarle y dis parar. Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. Arriba. NATHAN SE ACERCABA. Nathan. preparado para defenderse del siguiente atacan te. -¡Alto ahí. -¡Oye. en el suelo. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. pe no logró obligarse a tocarlo. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. Sin embargo. -Se acabó. manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares. Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire.

algo que jamás había hecho al aire. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. afable-. Nathan vio su mirada bondadosa. Pointer sintió que se ruborizaba. Decidió llevar la farsa un poco más lejos. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. y ahí estaba el asesino. con Steadman y a en su puesto. resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. -No reconozco su uniforme. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. Denise lloraba. Nathan corre por la calle. Se acu clilló. Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. El policía acaba de disparar a dos personas. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó. Pointer echó a correr detrás de él. Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . La carrera continuaba. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. Fue él quien mató a los policías. Y. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. El arresto se llevaría a cabo pronto y. allá se busca a este jovenci to por asesinato. implorando ayuda con los ojos-. Nathan trató de colarse entre las personas. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. Ambos sabían que. Al menos. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. el sujeto no podía fallar el tiro. -¡Yo no hice nada! -gritó. ¡Rayos! ¿Dónd . -Soy policía del condado de Braddock. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa. G iró sobre los talones. NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. tratand o de escapar.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. niño -ordenó. Creo que puedo resolver este problema. Virginia -explicó-. agente -continuó Kassablan. también se explic aba su intenso afán protector. Soy abogado. -Yo también -s iscó Pointer-. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. pero no lo dejaron. Nathan. El abogado cayó de bruces. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. así. haciendo una seña con el cañón del arma. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. a esa distancia. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. Durante los últimos diez minutos. cariño -suplicó-. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. el detective parecía inquieto. -¡FUE ÉL. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. -Corre. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. En menos de diez segu ndos. Por el modo en qu e actuaba el teniente. -Tírate al piso. Nathan había ganado unos doce metros. Desde ahí. 93 Huye. conocido en clave como Paco Uno. no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. ¡Por favor. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-.

Murphy golpeó con el puño. -¡Atrás. EN LA CAMIONETA de mando. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. Esta vez. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. -PACO UNO a comandante. El hombre tenía una mirad a amable y triste. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. apareció en su campo de visión. ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. Delante de él. se supo perdido. con jersey de un equipo de fútbol americano. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. camisa azu l y corbata de rayas. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. y éste era su última cart a para negociar. después. Steadman sonrió. venía apenas unos pasos detrás. Ya no tenía aliento para pedir ayuda. cerdo.stán losver dader os policías? 94 Huye. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . pero el blanco era difíci l. Con los pies en el aire. Nathan. pero las piernas no le respondieron. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Parecía un buen tipo. vio el uniforme extraño. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. cualquier suspiro. Al principio. entre la niebla y el dolor. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. podía . -Aquí comandante a Paco Uno. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. a menos que el niño amenace a alguien. De lo contrario. Steadman colocó el rifle en posición. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. Al oír la segunda. NATHAN NO PODÍA re spirar. un movimiento repentino del objetivo. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. distinguió a un hombre con un arma. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. DESDE SU SITIO. Al fin había llegado su momento. Nathan. NATHAN TRATÓ de acelerar. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. comprendió lo que ocurría. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. Warren corrió otros diez metros. A esa distancia. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. Antes de que W arren pudiera reaccionar. Intentó tirar un puñetazo. Un policía uniformado. deteniéndolo con el brazo izquierdo. -¡Policía! -le gritó al impostor-. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. Paco Uno. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . al que no reconoció. vestido con traje marrón. pero lo detuvo una potente bofetada. -Pésimas -respondió-. huye EN LA CAMIONETA de mando. 95 Huye. Por cierto. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. Suéltelo y vivirá. un minuto después.

Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-. Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones. Nathan -murmuró con suavidad-. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. -¡Bravo. Hablamos por te léfono. después. mu y despacio. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. ya terminó todo. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las. Soy tu amigo. Durante largo rato permanecieron juntos. Nathan. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. Nathan. Confía en mí.30. -Aléjense de mí -gritó-. -Nathan. hijo. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas. Nathan. a la zona sin reflejos. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. 97 Huye. -Nathan. h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. -Seamos amigos -invitó Warren. Mientras Nathan sollozaba en la acera. Ya acabaron tus problemas. Había escuch ado promesas y compromisos. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. Sin embargo. Mírame. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. pero ella no logró pronunci ar palabra. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas. Em pieza por confiar en mí. Usted me matará -y a martilló el revólver. Ya sé lo que ocu rrió." Recogió el revólver de Pointer de la acera.. y lo empuñó con ambas manos. ¡Otra vez no. Había creído en los buenos. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira. En forma ostensible. donde había caído. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. Conf supervisor. Entonces Nathan recordó su cara en la televisión. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía. esta vez tenía que confiar en el policía. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. Cohibido al principio. -No. era el de la camiseta de tenis. Es una trampa -declaró-. el aroma de la fuerza . cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. . se acer có al niño y se sentó a su lado. WARREN SE adelantó a los d emás. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. Brindo porque otra vez seas un niño. -Espera -fue la respuesta. en televisión nacional. Al fin todo había terminado. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. Y el tipo le sonreía. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. en la confianza y la esperan za. Ante millones de telespectadores en vivo. Nathan ya conocía esas palabras. y tiró de l gatillo. todos con uniforme de policía. rodilla en tierra. pero siempre fueron mentiras. Denise observaba en silencio. AL OTRO LADO de la plaza. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento. el teniente Michaels. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. Warren lo miró incómodo un momento. hijo -dio un paso adelante-. por favor! No quiero volver a pasar por esto. con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. El niño gritó y cayó a tierra. El disparo fue perfecto.convertir un disparo certero en una tragedia. Ésta se presentó. No puedo más -susurró. -Ya terminó todo. -Soy yo. -Paco U no a comandante. Nathan. escúchame -suplicó Michaels. De pronto. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. Tienes que confiar en alguien. que se acercaban a él. Ly le Pointer se desplomó. A través de l os audífonos. Pointer lo miró directamente. Confía en el juez. acercánd ose un paso más. apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. Pero los ojos de este policía eran amables. chico. Todo está bien. Cargó un tiro de calibre . Los ojos de Nathan estaban desorbitados. Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. Enrique dijo algo acerca de estar al aire.. huye A SOLAS en el tranquilo estudio.

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