Huye, Nathan, huye Vea cómo Nathan escapa de un cruel encierro.

Vea cómo un asesino perverso intenta atraparlo antes que los policías. Huye, Nathan, porque tu vida depende de ello. 1 Huye, Nathan, huye 1 EL TRONIDO ahogado de un mortero distante marcó el inicio del festejo principal. Miles de ojos siguieron el cohete que ascendió en espiral cien tos de metros y desapareció en la noche antes de estallar en una lluvia refulgente , roja y dorada. Unos segundos después se oyeron las detonaciones. Las personas se ntadas en las primeras filas sintieron retumbar el ruido en el pecho y gritaron en señal de aprobación. Warren Michaels sonrió bajo el fulgurante resplandor de los fuegos de artificio. A quel día se conmemoraba el trigésimo séptimo año consecutivo en que hacía lo mismo el cuat ro de julio. Pensaba que las tradiciones eran importantes para poder cimentar un a familia feliz. Tendido sobre el capó de su autopatrulla, con su esposa a un lado y sus hijas encaramadas sobre las luces del techo, se sintió genuinamente complac ido por primera vez en mucho tiempo. -Y bien, señoritas, ¿se han divertido hoy? -preguntó Warren. -¡Sí! -¡Por supuesto! Monique únicamente gruñó, lo que hizo reír a Warren. Su esposa detestaba el calor, los i nsectos y, sobre todo, los ruidos intensos. Que tolerara este ritual año tras año sólo demostraba su gran amor por Warren. -Creo que Brian se habría divertido mucho hoy -declaró Kathleen de manera inesperada . -Yo también lo creo, linda -Monique asintió, al tiempo que oprimía la mano de Warren. Warren estrechó a su esposa; sin decir palabra, ella le correspondió con una suave p almada en el muslo. La familia Michaels había estado fuera de casa desde antes de las nueve de la mañana, cuando se iniciaron los festejos con una representación de la firma de la Declaración de Independencia en el umbral del ayuntamiento, seguida por un gra n desfile a las diez. El desfile, que duró tres horas y abarcó casi cinco kilómetros, fue auspiciado por el pueblo natal de Warren, Brookfield, Virginia. Y había crecido de modo impresionant e con los años, robándole espectadores a su contraparte de la vecina Washington, D.C . Al parecer, a la gente no le importaba sacrificar un poco del relumbrón a cambio de un patriotismo más auténtico. En el espectáculo participaron los departamentos de bomberos de tres estados y no menos de ocho bandas de escuelas. Al final del desfile venía el carnaval, 'unto con la gran comida de todos los ciud adanos al aire libre. En el campo de béisbol se encendían cientos de asadores para c arne, y familias, amigos y extraños se mezclaban en un patriótico frenesí culinario. E n un instante determinado, los padres no tenían idea de dónde estaban sus hijos, per o eso no importaba; en Brookfield no ocurrían cosas malas. Cuando apenas se habían disparado una docena de fuegos de artificio, el radiolocal izador de Warren vibró en el bolsillo de sus pantalones cortos. Molesto por la int errupción, retiró el brazo de los hombros de su esposa y se puso delante de los ojos el pequeño aparato de cinco centímetros de largo, que él llamaba su "traílla de perro". La luminosa pantalla verde mostraba el número telefónico de su oficina seguido por la clave que indicaba que era urgente. -¿Qué ocurre? -inquirió Monique. 2 Huye, Nathan, huye -No lo sé todavía. Debe de ser algo grave para que Jed intente lo calizarme durante los fuegos de artificio. Warren subió de prisa al asiento delant ero del vehículo patrulla. Levantó el teléfono celular del cargador en la consola cent

ral del vehículo, lo abrió y oprimió un botón especial de marcado. Una ronca voz femenin a le contestó al tercer timbrazo. -Policía del condado de Braddock. ¿Tiene alguna urgencia? -Hola, Janice; habla Micha els. ¿Qué sucede? -¡Oh!, teniente -jadeó la operadora-, gracias a Dios que llama. Hubo u n asesinato en el Centro de Detención Juvenil. El sargento Hackner pidió que fuera u sted allá de inmediato. -Lo siento, Janice; no estoy de turno. -El sargento Hackner fue muy específico, señor. Quiere que usted vaya. -De acuerdo -Warren exhaló un profundo suspiro-, pero alguien tendrá que recogerme. Mi autopatrulla está totalmente bloqueado en el Parque Brookfield debido a los fue gos de artificio. -Sí, señor. ¿Dónde quiere que lo recojan? Warren volvió a suspirar. -Búsquenme en la esquina de Braddock y Horner. Tardaré unos minutos. Tendré que camina r entre la multitud para llegar. -Muy bien, señor. Les diré que lo esperen. Warren colgó el teléfono y bajó del automóvil para avisarle a su familia lo que acababa de oír. HABÍAN PASADO AÑOS desde que Warren Michaels entró por última vez en el Centro de Detenc ión juvenil, conocido en el medio como "El Centro". Era un sitio deprimente. El Ce ntro, al que Warren consideraba un reformatorio, tenía por fuera los tonos color l adrillo que eran el sello arquitectónico distintivo de principios de los ochenta. Ár boles y flores adornaban los jardines, cuidados con gran esmero; no había rejas ni alambre de púas. El sitio fácilmente podría confundirse con un edificio médico o inclus o con una pequeña escuela. Lo último que parecería era un depósito de chicos violentos. Sin embargo, el interior revelaba a gritos que se trataba de un reformatorio con paredes de bloques de hormigón grises, que alguna vez habían sido blancas, percudid as por el humo de cigarrillo, el tiempo y el maltrato. Al entrar, Warren se colgó la placa dorada en la cintura de los pantalones cortos. De no ser por su rango, se habría sentido incómodo en su atuendo informal: camiseta de algodón, pantalones cortos y tenis sin calcetines. Cruzó la puerta de seguridad interior, escoltado por dos agentes uniformados, bajo los ojos vigilantes de una fotografía de Spencer Tracy en el papel del padre Flanagan. El pie de foto en el cartel rezaba: NO EXISTEN LOS NIÑOS MALOS. Después de recorrer un corto pasillo y a mano derecha, Warren se topó con un enjambr e de hombres y mujeres uniformados que iban de un lado a otro muy agitados. El p unto de atención era una puerta pequeña con el rótulo UNIDAD DE CRISIS. Warren no logr aba ver el interior del cuarto, pero los disparos deflas hes fotográficos lo delat aban como el escenario del crimen. A la vista del teniente, la muchedumbre se apartó y Warren Michaels entró en el reci nto. La escena era repugnante. Un varón blanco, de unos treinta años y que portaba e l uniforme de guardia del Centro de Detención juvenil, yacía en el suelo de la dimin uta habitación, rodeado de un charco de sangre a medio coagular. En el rincón había un catre tirado. Todas las superficies estaban cubiertas de sangre; había gotas, man chas y salpicaduras hasta lo alto de las paredes. La 3 Huye, Nathan, huye huella ensangrentada de un pie de niño apuntaba hacia la puerta . La mente de Warren recreó el enfrentamiento que había ocurrido ahí. Mientras revisaba el lugar, una voz alegre y familiar retumbó entre la batahola. -Bonito atuendo, teniente -saludó Jed Hackner desde atrás, dando una palmada en el h ombro a su jefe. Hackner y Michaels habían sido compañeros en la academia y antes, desde la secundaria. Cada uno consideraba al otro como su mejor amigo. -Gracias. Fui tan ingenuo que creí que sólo porque era mi día libre no tendría que traba jar. -Un sitio del crimen bastante nauseabundo, ¿eh? -señaló el sargento Hackner.

-¿Qué ocurrió? Hackner sacó sus notas del bolsillo interior de la chaqueta. -Según lo que hemos averiguado hasta ahora, se trata de Richard W. Harris, de vein tiocho años. Había trabajado durante los últimos cuatro años y medio como supervisor de menores. -¿Es lo mismo que guardia? -interrumpió Michaels. -Sí -admitió Jed sonriendo-, pero sólo para los viejos sin tacto político -a sus treinta y siete años, Michaels era ocho meses mayor que Jed Hackner-. Aproximadamente a las siete de la noche -pro siguió Jed-, el señor Harris tuvo algún tipo de altercado con uno de los internos, un tal Nathan Bailey, y envió al chico a la unidad de crisis. -¿La unidad de crisis es algo así como una celda de castigo? -Muy parecido. A partir de ese punto sólo tenemos conjeturas. Pero, en conclusión, creemos que Nathan Baile y mató a Ricky Harris y después escapó. Hasta el momento, Bailey sigue prófugo. -¿Alguna conjetura sobre el móvil? -Supongo que quería largarse de aquí -Hackner se enco gió de hombros-. ¿Tú no desearías lo mismo? -Creo que no mataría por ello -Michaels frunció el entrecejo-. ¿Tenemos el arma homici da? -Por supuesto. Está en el cuerpo. Buen ojo, teniente. El mango de madera de un cuchillo asomaba del pecho del occiso, justo abajo de s u nombre bordado. Desde el sitio donde Warren veía el cadáver, el arma quedaba ocult a. -Perdón, amigo -masculló el teniente. -¿Revisaron la cinta? -Warren señaló la cámara de ircuito cerrado en el rincón superior izquierdo del recinto-. Tal vez tengamos una película de todo esto. -Revisamos; sin embargo, no, no hay tal cinta. El sistema de vídeo está descompuesto . -Por supuesto. ¿De dónde salió el cuchillo? -No tenemos idea. -¿Hace cuánto murió? -No sabemos con exactitud. Yo diría que hace unas dos horas. -¡Dos horas! -los ojos de Warren Michaels parecieron taladrar a Hackner-. ¿Cuánto tiem po estuvieron contemplando el cadáver antes de llamarnos? 4 Huye, Nathan, huye -Al parecer llamaron enseguida. Según entiendo, en el turno de la noche trabaja una sola persona. El relevo de Harris lo encontró cuando llegó, a l as nueve. Son las nueve con cuarenta. Michaels movió la cabeza, incrédulo. -Entonces el niño nos lleva dos horas de ventaja, ¿no es así?

-En efecto -reconoció Hackner-. Pero ya pedimos al viejo Peters que traiga a sus p erros, y estamos poniendo bloqueos en puntos estratégicos de los caminos. Conoces toda la rutina. -Bueno -Michaels suspiró-, si no podemos encontrar a un niño, creo q ue tenemos problemas. Por cierto, ¿qué edad tiene? NATHAN BAILEY, de doce años, trató de hundir su delgada figura bajo la superficie del pajote húmedo que cubría la tierra y se apretujó más contra la pared de ladrillo de la casa. Aunque lo intentara no podía desaparecer por completo. A pesar del bochornoso calor de la noche y la humedad asfixiante no dejaba de temblar. Sus esfuerzos por mezclarse con el entorno sólo agudizaban su percepción de cómo difería de él. Todos los del mundo exterior usaban pantalones cortos y camisetas en la no che veraniega, mientras que él nadaba dentro de un mono anaranjado demasiado grand e, con las letras CDJ impresas en la espalda. Nathan no tenía idea de dónde estaba. En cuanto salió del edificio del Centro de Deten ción Juvenil, echó a correr tan rápido como se lo permitieron los pies descalzos. Al p rincipio, las ramas y las piedras lo lastimaban al pisarlas, pero cuando empezar on los fuegos de artificio, con profusión de explosiones y luces de colores, Natha n no sintió más que miedo. Siguió corriendo sin saber a dónde se dirigía. Lo único que sabí on absoluta certeza era que no volvería aese lugar. Oyó el estrépito de unas explosiones a su derecha. Si oprimía más el lado izquier do de la cara contra el pajote y cerraba el ojo derecho, Nathan podía ver por la p arte inferior del boj que le servía de escudo contra el mundo. Un grupo de niños enc

solo con el tío Mark. y los reporteros de aquélla son capaces de hacer cualquier cosa para incluir la histori a más relevante del día en sus noticiarios. La inmedia tez es la carta de triunfo de la televisión sobre sus competidores impresos. ¡Cielos!. -¿Tenía familia Ricky Harris? -Warren volvió la página. que la gente lo tratara a uno como basura cuando n o había un adulto cerca que lo ayudara.. También le hacía falta cobijo. SUPERINTENDENTE. Debía alejarse. Warren Michaels lo sabía. Nathan supuso que los ocupantes habrían salido de vacaciones. y que su única posibilidad de sobrevivir dependía de q ue actuara con inteligencia. Necesitaba un plan. Mil pensamientos e imágenes inundaron de pronto su mente. El césped estaba crecido. pero no tenía a dónde ir. Éste. Nathan apretó la barriga contra el paj ote y se arrastró sobre los codos por el angosto túnel entre el seto y el costado de la casa hasta lograr una mejor vista de la calle. no se veía iluminada ni bien cuidada.. JOHNSTO NE. pasaban montones de autos por la calle. en la entrada para autos había cerca de una docena de pe riódicos esparcidos. "Cálmate". La placa sobre el escritorio al que estaba sentado Warren decía: HAROLD P. todas profusamente iluminadas. huye Empapado de sudor y rocío. todos enrollados y sin leer." Sabía que si se dejaba dominar por el pánico haría alguna estupidez. Peters tardará al menos un par de horas en llegar aquí con ellos. tenía que dormir. Estarían buscándolo . ¿Qué hay de los perros? ¿Cómo va ese asunto? Jed se aclaró la garganta. y los periodistas que se habían instalado frente al C entro de Detención Juvenil exigían información. -Ya veo. cuando menos esa noche. una casa destacaba entre las otras: la que tenía delante. que todo lo que uno dijera fuera mentira sól o porque era niño. obligándose a pensar en cualquier cosa menos en dormir. con bonitas casas. Empezó a temblar otra vez. Una idea empezó a germinar en su mente. en la otra acera. había invitado a la pol icía a usar su oficina como centro de operaciones. se ordenó a si mismo en silencio. aunque le estaba vedado el acceso a todas ellas. y jardines bien cuidados. 5 Huye. -Así que el chico es un ladrón de autos. Nathan. Al parecer. La vida no era nada justa. sin duda lo descubrirían.endían petardos en la calle. Pero el vecindario bullía de gente. De todos los plazos de entrega periodísticos. Era un vecindario agradable. Hackner estaba sentado al otro lado del escritorio e informaba a su jefe sobre l os últimos detalles. y. como cualquier muestra d e amabilidad y todo rastro de normalidad que alguna vez había tenido la oportunida d de conocer. Nathan supuso que irían llenos de personas que volvían a casa después de los fuegos de artificio. fue a Washington a festejar el Día de la Inde . Warren. ningu no es más implacable que el de los noticiarios de las once de la noche. Eso significaba que la casa se encontraba vacía y que él podría refugiarse ahí a salvo. Sin embargo. y esperaba poder proporcionarles la información que necesitaban. Pero debía cruzar la calle al descubierto. Más que eso. Cada una de las casas a su alrededor podía ofrecerle exactamente lo que necesitaba. si lo intentaba en ese instante. Warren hojeó las dos páginas de notas manuscritas. carcelero a los ojos de Michaels. ropa adecuada y comida. No era justo que su padre se hubiera ido al cielo y lo dejara en el infierno. Y de autos. con tanto rigor. No recordaba haber estado tan can sado alguna vez. Debía tener paciencia. Volvió a acomodarse en su túnel para inici ar la espera. Era de Missouri. que a veces uno tuviera que matar. La mente de Nathan evocó una escena en la que él y su padre hacían lo propio frente a su casa. -No en esta región. Por primera vez fue consciente de la atrocidad que había cometido. "Tienes que calmarte. Las cosas todavía eran muy vagas. Que las puertas y las ventanas tuvieran llave no significaba que no fuera posible entrar por ellas. Un momento. ¿eh? -Así es. Los enviados de las estaciones de tele visión se mostraban particularmente agresivos y formulaban preguntas a gritos a cu alquiera que portara uniforme. -Hay un problema con los sabuesos. sólo había una lu z encendida en el porche. 2 FALTABAN V EINTE minutos para las once.

¿Qué detalles puedes darnos. Mark terminó de beber. Jed -invitó-. Richard W . Warr en? No son mis perros. "Asesinato en el Centro de Detención Juvenil de Brookfield. Deseaba que ese sórdido asunto de Nathan terminara de una vez por todas para seguir adelante con el resto de su vida. "El cuerpo del señor Richard W. El santurrón e inmaculado Steve. Cuando Warren terminó su perorata. perdería e l sentido en cuanto finalizara el reporte sobre el asunto de Nathan. Doce minutos pa ra las once. Lo que le pareció oír era sencillamente inconcebible. Por años hemos insistido en que la junta financie un equipo canino. que escapó de la institución y se encuentra prófugo. dejó escapar una risita amarga y negó con la cabeza. A VEINTE KILÓMETROS de Brookfield. se deslizó hasta el suelo y se acercó al televisor. Sin embargo. Cuanto más vivía Mark. "Tenemos el mejor equipo de perros de todo el estado. empleado del Cent ro. convirtió ese hech o en una oportunidad.pendencia. Aquí John Ogilsvy. pero alzó la voz-. -Una maravillosa lección de civismo. Todos l os detalles a las once. recibió varias puñaladas mientras hacía su ronda por las instalaciones. le confirmaron a Mark que todo había concluido. Ricky Harris. Mark Bailey estaba sentado con las piernas cruzadas sobre su viejo sofá tapizado en imitación cuero y bebía lentamente los últimos tragos d e una botella de whisky. no servirán de nada. sargento Hack ner. Warren vio el reloj. Es ho ra de alimentar a las aves. que había vuelto a la vida. ¿Por qué no? -repuso Jed. Sacudió la cabeza para tratar de aclarar sus ideas. huye Como siempre. Al fin. Jed -recuperó su acento habitual. Michaels se puso de pie. Ya desde niño. cuand o el gobierno depositó al cachorro de Steve delante de su puerta. devolviendo la s onrisa-. Harry. A pesar de ello conservó el aplomo cuando el rostro de Harry Caruthers apareció en la televisión para dar los avances d el noticiario." Para Mark Balley. Warren sonrió. la prioridad siempre había sido sobrevivir. "Lamento que así tuviera que acabar. Steve. Harry Caruthers abrió el programa con el reportaj e principal. Eso s ignificaba que era un superviviente. pronunciadas en menos de diez segundos. en el extremo suroe ste del condado de Braddock. pr onostican lluvia para esta noche. John? Lo primero que pasó por la cabeza de Mark Bailey fue que el whisky le había dañado el cerebro. Warren se restregó los ojos con el dorso de las m anos. Su primer brindis fue por su querido hermano difunto. nos tiene la información. -Detesto hablar con los b uitres de la prensa. El buen Steve. pero no me dejaste opción alguna. están de vacaciones en la capital. Cuando aparecieron en la pantalla los prime ros créditos del noticiario. Nathan. El sospechoso del crimen es un niño de do ce años. Esas dos frases. apto para la calle. obl igándose a entender cada palabra. pasando por encima de ellas. ataviado con una camisa impecabl e y corbata. Sólo que el precio también era cada vez más alto. pero a alguna hora e ntre las siete y las ocho treinta de esta noche. A través de las ventanas. Era como transformar la pala en oro. ¿Puedo citarlo ante las cámaras? -Claro. quien fue hallado mu erto alrededor de las nueve de la noche. Nathan. la noche semejaba mediodía debido a la luz de los reflectores de televisión. Si su cálculo no fallaba. herm anito. Está atascado en medio de un embotellamiento. -Profunda conmoción causó entre la policía el brutal asesinato de uno de los miembros del personal del Centro de Detención Juvenil de Brookfield. -¿Qué quieres que yo haga. Don perfecto. miró fijamente a Jed. huye hablé a su teléfono celular hace unos veinte minutos. de veintiocho años de edad y supervisor de menores. en vivo d esde Brookfield. La imagen dio paso a la del joven John Ogilsvy. 7 Huye. Se había enfrentado a todas las adversidades que la vida le deparó y siguió adelante. Harris fue descubierto por otro miembro del person . señor!" -fingió el acento de un montañés-. tanto l os adultos como sus compañeros lo habían declarado astuto." El rastro del chiquill o se perderá muy pronto. Incluso. Si llueve daría lo mismo que matáramos a los perro s. aho ra que los necesitamos. pero no quieren. disipado su enojo. Mark Bailey había hecho algo terrible esa noche. -Buenas noches. Harris. Nos veremos como unos palurdos: "¡Sí. Esto es lo que ocurre por escatimar los centavos. sólo está en juego mi carrera. La fachada iluminada del Centro de Detención Juvenil servía como telón de fondo. Los detalles aún son escuetos. a pesar de su alma inmortal. mayor era su habilidad para sortear las dificultades. -Vamos. Le 6 Huye. Además.

Aquello era increíble. La cocina. había una sala. se vio las manos con claridad. con toda c lase de aparatos electrónicos. La puerta se abrió de golpe y Nathan entró en un recibidor a oscuras. "Esta casa es eno rme". Eligió como punto de entrada la pu erta vidriera que había en el nivel principal por la parte de atrás. Se quedó t endido en la misma posición. Gracias a las lecciones de MacGyver. Durante todo ese tiempo.. en ocasio nes. y luego los faros desaparecieron en su interior. -¡Maldición! -siseó Mark entre los dientes apretados. Nathan echó a correr hacía las sombras de la casa que. Más ruidos de movimiento. jadeante. se rela jó. listos. Esta ban sucias. el mejor sitio para ocultarse es el descampado. Se oyó el ruido apagado de una puerta automática de cochera que se abría. Había cubierto la distancia en siete segundos con ocho décimas.. dio la señal de salida para sus adentros: en sus mar cas. Lo único que se sabe es que Balley escapó. un comedor principal y una biblioteca. mascullando maldiciones.. llegó a la call e en la sexta y se golpeó con una piedra muy bien oculta en el octavo paso. metió el brazo por el agujero e hizo girar tanto el cerrojo como la perilla. 8 Huye. su héroe favorito de la televisión. el más rápido de su clase. pensó. Se moría de hambre. fuera de la vista . la sensación de miedo. pero cayó de lado como un bisonte herido. Nathan pudo ver los pies. solamente para detenerse en la entrada a poca distancia de él. Bajo la tenue luz del refrigerador. La calle se veía del todo distinta. En ese instante surgió una explosión de luz en la casa que acababa de abandonar. Más allá. el olor a tierra. El v ecindario dormía. El chico casi sucumbió al pánico. que despertó sobresaltado. En cuanto el sujeto volvió a entrar y la puerta de la coc hera se cerró. El espacio hasta las sombras que rodeaban la casa en la acera opuesta parecía ser igual al de la pista de cincuenta metros en la que corría en la escuela. después de la zona donde estaba el televisor y los aparatos de sonido. Impulsándose con los codos.. s ería su hogar por esa noche. Su último pensamient o coherente antes de hundirse en el sopor del alcohol fue que el astuto Mark Bal ley quizá no sobreviviera a ésta después de todo. Nathan no le quitó la vista de encima al hombre que sacó un cubo de basura hasta la acera. Nathan. Nathan cerró con suavidad la puerta v idriera y volvió a correr el cerrojo. Nathan tardó unos diez segundos en abrirse paso al interior. sin comprender el porqué de la luz intensa.. a la izquierda. ¡fuera! Recorrió el jardín delantero en cinco zancadas. huye Agazapado. Casi todas las casas estaban a oscuras. Sonó la puerta de un auto al abrirse y cerrarse. inmóvil.. lo que de inmediato hundió la sal a en la oscuridad. las piernas y. Alguna vez su padre le había dicho que. LOS FAROS DE UN AUTO bañaron de luz el rostro de Nathan. por primera vez. ¿Cómo pudo Ricky arruinarlo tod o así? Mark intentó ponerse de pie. Estaba totalmente al descubierto. Por un momento se sintió desorientado. dominado por u na chimenea de piedra a la derecha y por un enorme centro de diversión. avanzó con cuidado. con un desayunador. La pie dra lo hizo caer de bruces sobre el césped de la casa de enfrente. todo el cuerpo del hombre que vivía ahí. ¿Cómo pudo suceder? Era tan sencillo. Después de romper con el codo un solo vidrio cerca de la cerradura. La primera escala de Nathan fue en el refrigerador. se quedó paralizado. Aunque los ojos se adaptaron a la oscuridad. como esperaba. perm aneció en la misma postura. . Las luces del auto lo cegaron al acercarse. Cuando lo logró. se extendía a su izquierda.. Tuvo que t irar con fuerza para abrir la puerta. aunque e s de suponer que es el principal sospechoso. esperando que alguien lo arrancara de su escondite con un ti rón del cuello de su mono. Cuando los segundos se convirtieron en minutos. al tiempo q ue arrojaba la botella vacía contra el cinescopio. cubiertas de lodo y costras de sangre. Nathan salió del boj hacia el césped. Había llegado su hora. Sin más opción. la sangre de Ricky.. l a humedad. todo en la planta baja. Se recomienda a todos los residente s de la zona que aseguren bien sus puertas esta noche. cua ndo la puerta de la cochera volvió a subir con estrépito... La puerta de la cochera se cerró con el mismo retumbo.al en la celda de un ladrón de autos de doce años de edad llamado Nathan Bailey. Aquél en ningún momento alzó la mirada hacia la casa de enfrente y no dio muest ra de haber visto al niño. al cabo. ori ginario del condado de Braddock. Nathan se m antuvo petrificado.

uno de ello s con una gran hinchazón. 3 DIME LO QUE sabemos -pidió Warren Michaels. empezó a retirar de encima la pesadilla. estoy metido en tantos líos. tomada de su anuario de quinto año -le entregó una copia a Michaels. Nat han cerró la puerta y oprimió el interruptor de la pared. -Supongo que. ¿Alguna otra cosa? -Nada bueno. Nathan se veía frágil dentro del uniforme de la prisión. después. Daniel Petrelli. de modo que se me informó esta mañana que quizá no hagan la a utopsia del cuerpo de Ricky Harris sino hasta mañana por la tarde. está de vacaciones. Ya contamos con una fotografía mejor para trabaja r. cubriéndose lo s ojos con las manos. claro. Como el baño no tenía ventanas . con ambos pies. Las emociones que tanto se había esforzado por reprimir br otaron de pronto. Al hojear su libreta. cerró la cortina y permaneció inmóvil bajo el chorro del agua. pequeñas hojuelas de sangre reseca se desprendían de la ropa c omo si fueran polvo y caían al suelo. Apartó con una mano la cortina del baño mientras con la otra abría la llave. solía decir su padre. Más que nada en el mundo ansiaba quitarse esa ropa. 9 Huye. Nathan. al otro lado de la escalera. y la cámara había captado bien los grandes ojos azules y los dientes muy blancos. que durante los últimos cinco años había dicho que deseaba ser el próximo senador por Virginia. fiel a su estilo. Contrastaba terriblemente con la fotografía oficial en la cubierta . primero en silencio. -¿Y qué tiene que decirle el señor Hollywood a los residentes de nuestra apreciable comunidad? -Levantará cargos contra el chico Bailey como si fuera adulto y lo meterá en la cárcel por el resto de su vida. Rubio y atlético. Se movía con precipitación y torpeza. Los únicos casos en que Daniel Petrelli actuaba personalmente como fiscal eran los que cumplían con el doble requisito de atraer la atención y garantizar una victoria . 10 Huye. Ayúda me. dispuso todo para que los incompetentes polizont es seamos responsables si algo sale mal. Hackner leyó los fracasos de las últimas doce horas. Una vez libres los hombros. y susurró-. Los ojos estaban hundidos en sus órbitas. Por cierto -pro siguió-. una torrencial lluvia veraniega golpeaba la tierra. Estaba todo ensan grentado. la mañana siguiente al cuatro de julio . La imagen del niño que apareció en el espejo lo a sustó: parecía tener sesenta años. Aparte la sangre. en su lugar. -Sí. Al moverse. retrepándose en el rechinante sillón tap izado de vinilo de su escritorio. tan grande para él que los hombros del mono le quedaban a medio brazo. el honorable J. El chiquillo de la fotog rafía tenía una sonrisa afable. Petrelli respondió que no descartaría la pena de muerte. Nathan tiró de las solapas del mono y arrancó el cierre de las costuras. A tan sólo cuat ro meses de las elecciones. podía encender la luz sin peligro. prorrumpió en sollozos largos y lastimeros. El cabello rubio estaba apelmazado y oscuro por la sucie dad. Petrelli no podría haber deseado una mejor plataforma desde donde pontificar. Nathan rompió a llorar. llenando los arroyos hasta el borde y borrando para siempre el rastro de un asustado niño de doce años. con lentitud. ¿acaso su padre había sentido alguna v ez tanta tristeza? -Te extraño -dijo Nathan en voz alta. nuestro muy estimado fiscal. huye Mientras la suciedad corría por su cuerpo y formaba un remolino hacia el sumidero. C ooper. Encontró una past illa de jabón y. huye -No tiene cara de asesino -comentó éste. Entró en la ducha. Papá. Nathan trató de sonreír. Pero. Una sonrisa hace un poco más feliz hasta al hombre más triste. ese niño no parecía tener ninguna preocupa ción en el mundo. Michaels dio un bufido. Era de día. consiguió que esta mañana se agotara el maquillaje en las tiendas. Un tema central e n la retórica de su campaña era la pérdida de moralidad entre los jóvenes. porque se hizo entrevistar e n todos los programas de la televisión local. Michaels imaginaba bien lo que Petrelli habría dicho esa mañana. Tienes que hacerlo. Nathan. dejó caer el cuello del mono al piso y. Todos los autos patrulla buscan al chico. También se arrancó los calzoncillos y los arrojó e ncima del montón. -Las búsq uedas y los bloqueos de caminos no dieron ningún resultado. Lo halló en el vestíbulo principal. A instancias del repo rtero. El médico forense. Encontrará a un juez que mande a un niño de doce años a la silla eléctrica -Mi chaels no ocultaba su desprecio por Petrelli. se sa cudió las perneras de los pantalones. La lluvia de anoche bo rró cualquier rastro que hubiéramos podido seguir con los perros.En ese instante se esfumó el hambre y. Afuera. surgió la necesidad urgente de e ncontrar un baño.

el cuarto se llenó con la voz de un locutor de radio que brotó con e struendo del radio-reloj. que miraba con aire hosco desde el televiso r. Petrelli siquiera se detuvo a meditar las opciones. donde se habían reunido los jefes de otras tres divisiones. Pero el hechizo se había roto. a la que Nathan intentó no hacer caso en un esfuerzo por recuperar la paz del sueño. M ichaels y Hackner se pusieron de pie y cruzaron la habitación hasta la pequeña sala de conferencias. La enorme pantalla saltó a la vida y Nathan se encontró con una fotografía suya. del tamaño de una mesa. Con esto terminó la reunión. Nathan gruñó y ocultó la cabeza ent re dos almohadas. ¿Está claro? Todos asintieron alrededor de la mesa de juntas. pero cobijado por una manta aterciopelada. Michaels se detuvo en seco y dio media vuelta para encarar al autor del comentar io. -¿Están reunidos los hombres? -preguntó a Jed. El asesino es un niño de doce años -mientras Michaels hablaba. fiscal de la región norte de Virginia. Otra vez en calma y en la habitación silenciosa. Micha els se encaminó al frente de la sala y fue al grano. -Te recuerdo. Nathan volvió a ocultar la cabeza e ntre las almohadas y esperó a que volviera el sueño.de su expediente del Centro. Mientras Michaels recorría los seis metros hasta la puerta. Después. frente a una cama ta mbién gigantesca. Bob. La noche cuando entró a oscuras en el dormitori o principal. -Todos ustedes saben que anoche hubo un asesinato en el Centro de Detención Juveni l. todos listos. y lo despertó. Momentos después. -¿Qué pasará si lo atrapan? -dijo una voz fuera de cámara. tengo inte . Fue inútil. y su mente empezaba a llenarse de planes para la escapatoria. y que el sospechoso anda suelto en las calles. Siguió una perorata. en el centro de u na camaking-size. oyó por casualidad que u no de los jefes comentaba: -Parece un chico simpático. Es taba despierto. 11 Huye. NATHAN BAI LEY DESPERTÓ DESNUDO. Hasta el momento. no tendrá la oportunidad de volver a hacerlo. sostendremos los cargos en su contra. yo en lo per sonal preferiría que esto se resolviera mientras todavía es un asunto de la policía lo cal. que ese chico simpático asesinó a uno de nuestros colegas anoche. -Cuando lo atrapemos. Les recuerdo a todos y cada uno de ustedes que quiero este caso cerrado y a Nathan Bailey encarcelado hoy mismo. El reloj digital de la mesita de noche p arpadeaba indicando las nueve con cuarenta y ocho. El sargento Hackner conseguirá que la policía del estado participe después de nuestra reunión. esperando la arenga. A Nathan no le gustó el aire despiadado de esos ojos. -Sí. Tenía que haber algún buen programa de dibujos animados en la televisión por cable. El reloj indicaba las diez en punto. Hackner hizo circular copias de la fotografía del anu ario-. sin embargo. con todo el rigor que me recen los delitos de los que se le acusa. Michaels dejó escapar un suspiro. lo perseguiremos y lo encontraremos. Creemos que Nathan Bailey mató al señor Harris. el chico rodó sobre un cos tado y manoteó sobre el aparato de radio hasta que el ruido cesó. -No podemos exagerar sobre la gravedad del crimen que estamos investigando -come ntaba Petrelli-.con la típica h istoria estilo David y Goliat: un pequeño burla al cuerpo de policía. Vayan a motivar a sus hombres para que detengan al chico de una vez p or todas. Nathan. Daniel Petrel li. Creo que no ne cesito decirlo. La prensa está divirtiéndose con este asunto -prosiguió Michaels. Si cumples con tu deber. El Sol se filtraba entre las persianas abiertas en un ángulo en que le lastimaba los ojos. las búsquedas y los bloqueos de caminos no han dado resultado. Un letrero superpuesto a la imagen identificaba al hombre como J. la imagen dio pas o a la grabación de un hombre mayor vestido de traje. -Correcto. Era la foto que le habían tomado cuando lo arrestaron. lo primero fue el enorme televisor en el rincón. huye Nathan encontró el control remoto en la mesa de noche y oprimió e l botón de encendido. porquevamos a atraparlo. de pie frente al edificio de l Centro de Detención Juvenil.

Nathan revolvió los cajones de una imponente cómoda de pino. sin embargo. Encontró lo que buscaba detrás de la tercera puerta. Al ver aquello. quizá. La imagen volvió a cambiar. multit ud de factores se conjuraron para entorpecer la operación. los recuerdos tristes intentaron co larse en su mente. empezó a considerar que en ve rdad podría burlarlos. Por primera vez. no obstante. Nathan. Eso significa la silla eléc trica -se quedó hipnotizado por lo que veía. pudo haber una demora de h asta dos horas para empezar la búsqueda del prófugo. Durante toda la mañana la policía del condado de Braddock ha sido muy explícita acerca de sus esfuerzos para localizar al chico. La escena cambió. que ocupaba una pared completa y tenía divisiones y entrepaños. -La pena de muerte -jadeó Nathan en voz alta-. pe ro había retornado el niño al que reconocía como él mismo. La decoración de las paredes incl uía varios carteles de Michael Jordan con el uniforme de los Toros de Chicago y do s versiones de las Tortugas Ninja: una en dibujos animados.. suéteres. pero le qued aba mejor que el uniforme del Centro. esta vez para dar paso a un hombre de aspecto fatigado . Nathan tenía que conseguir ropa y comida e idear el mo do de seguir esquivando a la policía. Nathan había echad o mano a un par de viejos tenis Reebok de su talla. Petrelli soltó u na risilla desenfadada. Los niños nunca habían sido adulto s y. detective del caso. Ver los dibujos animados perdió de pronto toda importancia. Nathan regresó al dormitorio principal y se atre vió a mirarse al espejo de cuerpo entero del baño. La suela estaba casi lisa. huye como tales. -No está sugiriendo la pena de muerte. Reconoció que las noticias debían de haberlo asustado y. Todo era dos tallas más grande que la suya. dominada por una araña de luz de c uatro brazos. de donde s acó ropa interior. El problema de los adultos era que siempre pensaban 12 Huye. calcetines. Nathan tenía el mismo cartel de los dibujos animados e n la pared de su dormitorio. La primera a la izquierda del dormitorio principal daba al cuarto de una niña. Nathan siguió adelante. y cuando al fin se inició. Peter -respondió Ogilsvy-. Cuando estuvo totalmente vestido. Para conseguir zapatos. El cab . p ero se veían cómodos. Nathan oprimió el botón de SILENCIO del control remoto. La leyenda electrónica lo identificaba como el teniente Warren Michaels.. Habían pasado más de doce horas. y ése era su principal interés. otra con actores. Estos factores incluyer on desde embotellamientos de tránsito hasta el torrencial aguacero de anoche. mientras que éstos habían sido niños durante años y nunca lograban pensar como ellos. ropa de c ama. El único sonido que acompañaba las imágenes se guía siendo la voz de John Ogilsvy. ¿verdad? -preguntó la misma voz. y zapatos: los había de todas clases y tallas. con anaquel t ras anaquel de muñecas Barbie y sus accesorios. y apareció el conductor d el noticiario sentado a un escritorio.. -John Ogilsvy ha seguido la investigación p olicíaca desde sus inicios. Estaban llenos de camisas. -No nos adelantemos a los hechos. de pie frente a un enjambre de micrófonos. se sentía or gulloso. Nathan abrió el clóset. pero él los rechazó. Nathan se preguntó s i en esa casa viviría algún niño de su edad. sabían exactamente lo que pensaban los mayores. Aliviado porque el ocupante habitual de la habitación sin duda era un niño más o menos de su edad. An tes de vivir con el tío Mark.. pe ro muy parca en cuanto a los resultados de tales esfuerzos. Las puertas de todas las habitaciones estaban cerradas. ¿está la policía a punto de atrapar a Nathan Bailey? Aún no lo sé. Si puede come ter un crimen de adultos. -Según el teniente Warren Michaels.nciones de enjuiciar a este jovencito como si fuera mayor de edad. Poco después. Eso significaba que disponía de tiempo para pensar. Un tanto flacucho y pálido. John. Hacia la derecha había una escalera. con camiseta de algodón azul y roja. del Departa mento de Policía del condado de Braddock. lo que dejó sin voz al reporte ro. y nadie sabía aún dónde estaba él. que formaba un amplio semicírculo que se abría a s u izquierda. Sin manchas de sangre. Primero pongamos al jo vencito tras las rejas. también puede pagar el mismo precio que pagaría un adulto. situ ación que obstaculizó el trabajo de los perros de caza que normalmente se emplean pa ra perseguir a los fugitivos. Ya nos preocuparemos de lo siguiente cuando preparemos e l juicio. una camiseta de los Toros de Chicago y un par de pa ntalones vaqueros cortos. pantalones. Le parecía gracioso. Salió al pasillo de la planta alta.

el programa parecía predestinado al éxito. huye homicidio. Sin previo aviso y ante una oportunidad de las que surgen una sola vez en la vid a. porque tienes razón. telefoneó para decirle: " Sin afán de ofender. el gusto de verla recibir limosna." En los seis años siguientes. Enseguida oyó lo que decían. soy La perra de Washington. "Esa voz ahora está a la sombra. D. El momento definitorio para Denise lle gó cuando una mujer llamada Bárbara. Nathan tardó cinco segundos en darse cuenta d e que la gente del radio hablaba de él. busque esa perilla que tiene su aparato de radio y hágala girar hasta que mi v oz desaparezca. había sido "La perra" de Radi ocharlas 990 durante casi cinco años a causa de una transformación tan accidental qu e. Denise fu e informada de que tendría su gran oportunidad en el radio. Ella había querido el divorcio y había solicit ado la custodia de sus hijas en exclusiva. Nathan. amiga suya. La hinchazón del ojo había cedido considerablemente. Una trabajadora soc ial. no estaba dispuesta a darle a Bernie. de Arlington. por lo que permitió a Bernie escabullir se sin aportar la mínima pensión alimenticia. Denise era lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se presentaba. Los pensamientos sombríos y los recuerdos tristes sólo lo hacían sentirse asustado y confundido. con un aspecto revuelto y recién lavado que pedía el auxili o de un peine." En una industria en la que una iden tidad que venda lo es todo. desde que el tío Mark lo envió a la cárcel . otra vez pensando en eso! Tenía que controlarse. El conductor del programa matutino. incluidos padres y médico s. Bárbara! Muchas gracias. ya le habían quintuplica . apenas le quedaba suficiente dinero para comprar comida. donde le habían ofreci do convertirlo en huésped distinguido a consecuencia de siete órdenes de aprehensión p endientes. un lujo que no podía darse.ello era rubio otra vez. Hasta octubre de hacía c uatro años y nueve meses. Con apenas veinte minutos de anticipación.C. DENISE CARPENTER." Durante las siguientes cuatro horas. llegó a pensar que esas palabras eran su amuleto de buena suerte. aprobó lo que veía. su ex marid o. las líneas telefónicas estuvieron saturadas por radioesc uchas que intentaban atacar sus posturas. divorciada y madre de dos gemelas." Denise respondió: "¡Caray. pero sugirió acusar de asesinato a cualquiera que participara en un aborto. Nathan sintió crecer su confianza. Denise entró en la cabina a paso vivo y llena de confianza. Éste duró apenas lo suficiente para que reparara en que el radio-reloj había vuelto a encenderse. Pero no soy sólo una perra. en cierto modo. el jefe Johnny. cuando el procedimiento se empleara tan sólo como método de control natal. Enrique Zamora. con treinta segundo s al aire cada media hora. suena usted como una perra en el radio. Denise. pero ella se rehusó. Años después. Virginia. Cuando alguien le preguntó cómo justificaba una postura tan contradictoria. s us hijas Laura y Erin tenían sólo cinco años. ¡Rayos. terrenos que normalmente se consid eraban prohibidos. Cuando regresó al dormitorio. nacida de una renovada esperanza en sí mismo y en su futuro que no había sentido en casi un año. D. A menos de una semana después de iniciada su nueva carrera. le confesó que había perdid o veinte dólares aquel día al apostar que Denise saldría llorando antes de que concluy era el primer espacio comercial.C. Denise se había anotado un triunfo. le había dicho que cumplía los requisitos para solicitar cupones de alimentos. t elefoneó una mañana soleada desde la prisión de Washington. Denise había sido reportera de tránsito. sin titubeos.. En términos genera les. de modo que luego de pagar guardería y ren ta. caminaba con cierto brío. "No soy la voz que esperaban oír esta mañana" fueron sus primeras palabras co mo conductora de radio. pese a las vehementes objeciones del j uez. Dejó sentada su postura en favor del derecho de las mujeres par a optar por el aborto si las circunstancias lo hacían necesario. por delitos que iban desde no pagar la manutención de un hijo hasta int ento de 13 Huye. Sólo estoy diciendo lo que opino. Las últimas palabras que Bernie le dirigió al salir del tribunal fueron: "Sin mí. te morirás de hambre. esta vez con un programa de entrevistas. Lejos de llorar. Denise saludó animadamente cuando concluyó el tema musical de intro ducción." Durante su primer programa. En aquel entonces. respondió: "No t engo que justificar nada ante usted. Si le moles ta. el ingeni ero de ese tiempo y su actual productor. Denise criticó con severidad la estructura so cial de Estados Unidos pisando.

y quizá ni siquiera le s importaba. Y otra. ¿Cuántas veces oímos historias de matanzas entre pandillas. de donde pueden mandarte directo al infierno para qu e te pases la eternidad pensando en lo divertido que es asesinar. sus palabras tenía n el eco de verdad con el que su auditorio podía identificarse. Sólo tenía que tomar el teléfono y llamar a Denise. al citar el caso ocurrido en Was hington de un niño de doce años que se había fugado de la prisión después de matar a un gu ardia. Cuanto más oía el chico. Un mes después de su primer aniversario como conductora de un programa radiofónico. Nathan lo tomó y marcó el número de larga distancia sin costo de la estación. Nathan. Yo. -Como tú digas. ¿de a cuerdo? Enrique asintió e hizo un ademán de triunfo con el pulgar hacia arriba. Radiocharlas 990 ya había ganado seis pu ntos de audiencia en el reñido horario matutino. -Oye.do el salario. Sim lemente podía levantar el auricular. Con la promesa de hablar con los ra dioescuchas que esperaban al teléfono en cuanto reanudara el programa. Denise. Te quiero en prisión por el resto de tu vida o hasta que tengas ed ad suficiente para que te aten en una de esas simpáticas sillas eléctricas que tiene n empolvándose en todo el país. En política era más conservadora que liberal. -Llama usted al número de La perra -dijo la voz-. pensaba. ¿De qué quiere hablar? -Quiero hablar del asunto de Nathan Bailey. Cuando Nathan la oyó por p rimera vez. sin duda. Sólo sabían lo que la policía y los pelmazos del Cen ro decían sobre él. -La mitad de los que llaman quieren colgar al niño y. Ellos no sabían. Denise representaba todo lo que debe fracasar en el radio: una mu jer negra que hablaba abiertamente y sin ambages sobre cualquier tema. hizo una pa usa para anuncios comerciales. Al decir lo que pensaba. 14 Huye. Tres semanas después de su primer programa. estoy dispuesta a erguirme y decir: hombre o mujer. siempre podrí gar. más cuenta se daba de que la verdad se volvía irrelevante. asesinatos desde aut os y muertes en asaltos sólo para enterarnos de que los asesinos son monstruos que no llegan al metro y medio? Yo. Denise salía al aire en tres cientas veintisiete estaciones en todo el país y ganaba un sueldo millonario. Pero él podía cambiar la situación. en lo personal. . Y todo era mentira. que si él no hubiera matado a Ricky. Una llamada telefónica no haría ningún daño. la otra mitad quie re colgarte a ti -comentó Enrique por los audífonos de Denise. -El fiscal de este caso dice que enjuiciará al niño como adulto. p ero no vacilaba en arremeter contra quien se pasara de la raya. Cuando Denise terminó su perorata. Volvió a marcar el número. alguien contestó. deshazte de los que quieren decirme que el niño es inocente. Los teléfonos se volvieron locos. estoy harta. contar su versión de lo ocurrido y aclarar las cosas. Después de lo que pareció una eternidad. y el teléfono al otro extremo de la línea empezó a llamar. en el dormitorio de una casa desconocida. No oyeron las amenazas de Ricky Harris ni sin tieron las manos de éste alrededor del cuello. es cuchando a una larga serie de adultos que lo juzgaban. Una vez más. si le quitaste la vida intencionalmente a otro ser humano no te quiero como parte de mi sociedad. huye En su monólogo de esa mañana Denise había despotricado contra la de cadente moralidad de los jóvenes estadounidenses. De inme diato escuchó la intermitente señal de ocupado. Denise ofrecía las opiniones de una persona auténtica. ¿o sí? Si algo salía mal. Seguía ocupado. desde el racismo hasta la crianza de los niños. Nadi e había oído su versión de los hechos. en lo personal . és te ya se vendía para transmisión simultánea en doce mercados. y estoy de acuerdo con él. todas las luces del conmutador parpadeaban con insistencia. Al noveno intento oyó ruid os extraños por el auricular. éste lo habría matado a él. ¿Cómo pueden decir esas cosas? ". Denise alzó los ojos color de ónix de sus notas para mirar a Enrique a través del cris tal. Rick -pidió-. menor de edad o adulto. Ellos no estuvieron ahí. El teléfono era inalámbrico y estaba sobre la mesa de noche junto al aparato de radi o. NATHAN PERMANECIÓ sentado en el borde de la amplia cama durante veinte minutos. Según sus admiradores.

Nathan Bailey. Denise perdió por completo el hilo de las ideas. recuperó la co mpostura y cortó la llamada del psiquiatra de Stockdale. -No hay pero que valga. la voz de alguien honrado. ¿Dices que el guardia estaba tratando dematar te? ¿Que lo mata ste en defensa propia? -Sí. que tenía en la líne a. huye -¿Tú mataste al guardia? -Sí. POR CUA RENTA Y CINCO minutos Denise había estado tratando el tema de Nathan Bailey cuando la voz excitada de Enrique irrumpió por sus audífonos. Tú mataste al guardia.. E l chico Bailey está hablando con Denise Carpenter en este preciso instante. Se trata de un niño que dice ser Nathan Bailey. y el café que había ingerido para compensarla había formado en el estómago una capa de ácido que podría corroer hasta el vidrio. ta jante-. 16 Huye. ¿me escuchas? -Sí. Si era c ierto. Tú no sabes lo que sucedió ahí dentro. habla Petrelli -dijo la otra voz. O me matarán. Ést a era la voz de un niño explorador. Denise se había ufana do de su capacidad para reconocer rasgos del carácter con sólo oír la voz de las personas. Te llamaré cuando terminen. Nathan se retrepó con tres almohadas contra la cabecera de la gran cama y estiró las piernas. -No sé muy bien dónde empezar -titubeó-. Para ellos. ¿Por qué no cuelgas ahora mismo y llamas a la po licía? Entrégate. . Te quiero bajo control.-¿Eres un niño? Denise no habla con niños. Si les dices "guardias" te metes en muchos líos. Durante años. ¡No puedo regresar! Se hizo un largo silencio. Warren descolgó el teléfono de su esc ritorio al primer timbrazo. Petrelli pasó por alto el sarcasmo. "Lo que me hacía falta". -Debes contestar la llamada de la línea seis -le sugirió-. Deténte. Traté de defenderme. Pero es peor que te maten. Aprendí del modo más duro que nunca me llevaría bien con los demás residentes. pero. hacerme cosas muy malas. -Habla el teniente Michaels. divertirse era golpearme y robar me mis cosas y. -No pienso regresar ahí -afirmó. -Michaels. J. señora -repuso presurosa una voz tímida. La voz ronca del chiquillo rebosaba determinación. De inmediato empezó a analizar sus conclusiones sobre Nathan desde otra perspectiva. chico. Te alistas temprano para aparecer ante las cámaras. 15 Huye. Sin reparar conscientemente en que había sonado. Nathan. -¿Ya no exist e aquello de que alguien es inocente en tanto no se demuestre que es culpable? -¿Y acaso la vida humana ya no es sagrada? -preguntó Denise a su vez-. Nathan. -Déjame poner esto en claro -pun tualizó al fin Denise-. bueno. Arizona. Mientr as charlaba por el teléfono. Si regreso volverán a lastimarme. huye -Creo que sí querrá hablar conmigo.. paseaba de un lado a otro de la habitación. No te quiero en nuestras calles.Enciende el radio -bufó-. pero firme. pensó Warren. Es lo que Ricky intentaba ha cer. al otro lado de la línea. de un beisbolista de las Ligas Menores. Creo qu e está diciendo la verdad.. Los llaman supervisores. Nathan. WARREN MICHAELS resentía los efectos de la falta de sueño. Daniel. ¿No te parece qu e matar es malo? -Claro que sí. -En el Centro no hay rejas. Sólo que no los llaman guardias. -Lo último que quisi era es tener líos con los supervisores -a Denise le sorprendió oír que el tono de su p ropia voz se volvía más cálido. Tras una pausa. -No cambies el tema. Exactamente.. estaban a punto de anotarse un gran triunfo. sólo puertas de seguridad. pero sólo me . un peligro para nuestra sociedad. ¿eh? Presa de intensa agitación. -el volumen de voz de Nathan subió debido a la frustración. 4 EL NERVIOSISMO de Nathan desapareció en cuanto comenzó a hablar con Denise. tras las rejas. -Parece que nos llama una celebridad. Ese niño tenía algo que se granjeaba la simpatía-. Cuéntano o que en verdad pasó anoche. Yo soy Nathan Bailey. Nathan -lo reprendió con severidad Denlse-. ¿Qué más necesito saber? Te fugaste. Enciénde lo y escucha. Eres un fugiti vo. -Buenos días. Pon el programa de Radiocharlas novecientos noventa. Denise lo interrumpió. Nathan volvió a sentarse en la cama.

NATHAN EXPLICÓ que hacía mucho había leído todos los libros de la biblioteca del Centro que valía la pena leer. Fue un gran error. sarcástico-. En fin. -Y deja de llorar. huye Hacia las siete de aquella noche. Entendí que me encontraba en problemas. Nathan reanudó el forcejeo. tratando de zafar el brazo de las garras de Ricky. per o sólo consiguió que éste lo tomara de los cabellos para arrojarlo al suelo. Ricky Harris entró en la sala de recreo. Abrió el cerrojo con una mano y arrastró al niño. reproduciendo en la mente los hechos que Nathan describía. Se odiaba a sí mismo porque no lograba contener las lágrimas. Quizá una noche en la unidad te enseñará a no pintarrajear las paredes. -Pero aquí hace f río. Ser vía para las actividades de las horas de vigilia. Hay un área en el Ce ntro donde todos se reúnen para estudiar o jugar básquetbol o para hablar o lo que s ea. aislada de todas las demás como el sitio donde un residente en crisis podía recuperar la co mpostura. Nathan. fue directo hacia Nathan y lo levantó de la silla con un brusco tirón de oreja. Como aquel día era cuatro de julio. en el que podía negarse la com ida. Aunque rara vez se usaba. El piso era de hormigón desnudo y estaba helado. el pánico empezó a invadir a Nathan. En cuanto cruzaron la puerta. Arrastró a Nathan por la sala hac ia una de las puertas-. pero tiró de la oreja con más fuerza. Ricky! -suplicó-.fue peor. ¡Te lo juro! Ricky no respondió. Hablaba con claridad y con el ti po de entusiasmo que sólo un niño puede generar. Ricky le dirigió una mirada furiosa y tendió la mano. Un par de puertas reforzadas en un extremo y en otro llevaban a las oficinas administrativas y a la unidad de cr isis. Había un catre de metal con un colchón delgado a un lado y un re trete y un lavabo al otro. El hombre volvió a ponerse de pie. sólo que era la mitad de ésta. la novela de Howard Fast sobre un niño a qui en la Batalla de Lexington le cambia la vida. Ricky lo siguió hasta el piso y puso la boca junto a la oreja de Nathan. El cerrojo giró y se abrió la puerta. al interior de la celda diminuta. -¡Suéltame. el primer día que estuve ahí. claro -repuso Nathan. pero las lágrimas le nublaron la vista. Pero en realidad era un lugar de castigo. Vas a en trar en ese cuarto de un modo o de otro. estás lastimándome! -gritó Nathan. Yo no hice nada. Nathan se sentó en el borde d el catre y empezó a llorar otra vez. Intentó mirar a Ricky. Y también los calcetines. la ropa o hasta la luz. entre tirones y empujones. Se detuvier on ante la puerta que llevaba a la unidad de crisis apenas lo suficiente para qu e Ricky desenganchara su llavero del cinturón. Denise sólo lo interrumpió tres veces p ara aclarar algún punto. -¡Ricky. La unidad de crisis era sorprendentemente parecida a la celda de Nathan. pero no sabía por qué. A la vuelta de una esquina se encontraba la p uerta marcada con las temibles palabras UNIDAD DE CRISIS. aunque tenga que romperte los huesos. Aquello era todo un acontecimiento en el radio. sujetando con fuerza a Nathan por los cabellos. Cuando él terminó. Ricky soltó la oreja de Nathan y lo atenazó por el brazo.. el programa llevaba doce anuncios comerciales de retraso. -Grita otra vez y averiguarás lo que significa lastimar a alguien. Durante los siguientes dieciocho minutos. -¿Por qué no se lo contaste a alguien? -Sí. pero los patr ocinadores no se quejarían.. Nathan refirió su versión de lo sucedido a nte millones de radioescuchas de costa a costa. -Quítate los zapatos y dámelos -ordenó Ricky-. Nathan estaba aterrorizado. salieron a un pasillo angosto. La unidad de crisis era tan sólo una celda individual. Cuando el cerrojo giró. Yo estaba tratando de leer cuando Ricky se me acercó y me ordenó que fuera con él. Nathan se colgó del antebrazo de Ricky con ambas manos y caminó de puntill as para evitar que éste le arrancara la oreja. La sala de recreo era el núcleo de movimiento en el Centro de Detención Juvenil. pero por lo demás permaneció muda con la vista fija en su con sola de control. -Escúchame -farfulló. Por más que se esforzaba siempre terminaba llorando delante de aquell . -Ven conmigo -ordenó con aliento alcohólico. Lo intenté una vez. 17 Huye. le había parecido apropiad o leer de nueva cuenta Mañana de abril. la unidad gozaba de ciert a reputación entre los residentes. ¿En tendiste? Nathan asintió. con la cara contra las baldosas del piso. salpicando la mejilla de Nathan con gotas de saliva-.

limitánd ose a asestar el golpe. Recogió el arma del pi . de unos ocho por doce centímetros. -¿Qué hice? -gritó a todo pulmón. pudo distinguir que el corredor afuera estaba o scuro. huye Tiritando de frío. huye Clavó los dientes con todas sus fuerzas en la mano de Ricky y s intió que la piel se abría. 18 Huye. Pero prefirió el drama tismo a la eficacia y blandió el cuchillo frente a la cara de Nathan. el cuchillo descendió con rapidez sobre él en un arco amplio. y el cuatro de julio no era la excepción. El sabor de la sangre le llenó la boca. obligándose a recuperar la compostura. Este se tambaleó y cayó de rod llas. Nathan s e arrodilló y se abalanzó para morderla. Ricky entró en la habitación despacio.os tipos. y ambos cayeron. confuso y desdichado. si bien no era un gran peleador. no pasó nada. después de que el cerrojo se corrió. Sólo diez meses y saldré de aquí. había descubierto. el catre se movió y el chico logró su objetivo a medias. Durante largo rato. Era la mis ma mirada que precedía siempre las golpizas del tío Mark. y la grotesca sonrisa se hizo aún más amplia-. -¿Qué crees que se sienta? Nathan no titubeó. al mismo tiempo. que se volcó de lado. Ricky aulló como un perro al sentir el dolor. Nathan lo notó en su mirada vacía. Nathan s e incorporó y volvió a encoger las rodillas hacia el pecho. oculta detrás de la espalda. -Sabes que nunca perte neciste a este lugar -masculló. tanto. pero los dientes sólo se clavaron más hasta que al fin soltó el cuchillo. algo en el rostro de Ricky le indicó que ésta sería la pelea de su vida . Nathan intuyó que algo iba a pasar. Sin pensarlo y sin cambiar su postura sobre el catre. ¿Alguna vez has limpiado un pescado? Nathan vio el cuchillo. Se dijo que no tenía por qué temer. Durante cinco segundos.. era hacer que el tiempo pasara lo más rápidamente posible . ¿Tarde o temprano? El cerebro de Nathan pensaba a t oda velocidad. y éste nunca pasaba con más velocidad que cuando uno dormía. Rick y cubrió la mitad de la distancia que los separaba. En la mitad de e se tiempo cumpliré un año. vie ron el cuchillo en el piso y ambos se lanzaron por él. Nathan. y por su vida. Nathan y Ricky se miraron fijamente. Sacudió el brazo con fuerza. Apoyando las espaldas contra la pared. l anzó un puntapié y golpeó con el talón en la ingle de Ricky. cuando se impulsó. Después. luego del otro. Si Ricky hubiese actuado con rapidez. EL SONIDO de una llave en la cerradura despertó a Nathan con un sobresalto. Ya pasaron ocho meses. Como sea. y absorbió casi toda la energía del golpe en el c odo. pero el corazón le palpitaba como un tambor. Cuando la mano que sostenía el cuchillo retrocedía para tomar impulso. De una sola zancada. Con un movimiento ágil Ricky atrajo a Nathan hacia sí y le asestó un puñetazo en el ojo derecho. Nathan oyó que se alejaba por el corredor. Con una mano logró desviar la trayectoria apenas lo suficiente para que el arma no lo alcanzara. Puedo lograrlo. a través de la mirilla de la puerta. en u n intento por zafarse de Nathan. y se lo entregó a Ricky. ¿Debería de levantarse e ir hacia la puerta? ¿Acaso alguien v enía entrando? Nathan dio un respingo cuando la puerta se entornó hacia el interior y dejó ver a Ri cky de pie en el umbral. niño -ofreció. Aunque la luz estaba encendida dentro de su celda. Se quitó el tenis y el calcetín de un pie. Nathan. Empezó a respirar ruidosamente. Sus rodi llas chocaron con la cabeza de Ricky. ¿Tarde o temprano? Eso significaba que. Nathan se recostó de lado y trató de ocultar los pies dentro del mono par a calentarlos. apoyó el peso en los talones. El impacto del golpe arrojó a Nathan contra el catre. con una sonrisa extraña. Con las rodillas contra el pecho. Supuso que habría una riña y.. que salió bruscamente y echó el cerrojo a la puerta. y con la mitad de eso estaré fuera. que cayó al suelo. Nathan trató de saltar por encima de los hombros encorvados del guardia pero . tarde o tempr ano los otros te habrían matado. pero él no le hizo c aso. que los oídos le zumbaron por el eco de su voz en las paredes de hormigón. Antes de que Nathan pudiera incorporarse. arrastrando las palabras-. Nathan se lo había dicho a sí mismo un millón de veces: un niño sobrio siempre será más ági ue un adulto ebrio. El truco. -Trataré de que no te duela much o. Nathan encogió las piern as y apoyó la frente sobre las rodillas. Ricky sostenía un objeto en la mano derecha.. Estaba ebrio. 19 Huye.. todo habría terminado en ese momento. Sólo d iez meses más.

A parentaba ser un sitio acogedor. A partir de ese momento. cerró los ojos y la retiró de la he rida. La suerte lo acomp añaba. Ricky atenazó a Nathan por el cuello con una mano y empezó a estrangularlo. Ahora no sería accidental. pero fue inútil. La mano de ést e se aflojó y cayó al fin. -Sí. Podía despedirse de su liberación en diez meses. Salió a hurtadillas. Frente a él se extendían quince metros de césped que llevaban a una colina y. En cuanto la hoja salió del cuerpo. pero comprendió que. Quitó el llavero del cinturón de Ricky y salió a toda prisa de la celda. Creo que estaba loco. -Eso creo. Nathan se sintió tan sorprendido como parecía el propio Ricky cuando el cuchillo dio en el blanco. Con un último estertor. Al principio sólo la entreabr ió. nervioso-. más allá de ésta. Ricky! Perdóname. Todas las llaves que le hacían falta estaban en el llavero. Estaba borracho. percibiendo un nuevo giro en aquella extraordinaria odisea-. Un superv isor estaba muerto. a a libertad. Ni pensarlo. No había pruebas para demostrar que Ricky lo había atacado antes. Pero necesit aba llaves para salir. adornado con flores y arbustos. -¿Tienes idea de por qué el supervisor quiso matarte? -por inverosímil que pareciera e l relato de Nathan. Papá era un buen hombre. -¿Por qué no? Tal vez serviría que la gente entendiera un poco lo que has pasado. La gente quiere creer que todo el mundo vive como esas familias perfec tas de la televisión. en su int erior. sólo pensarán que estoy mintiendo. -Tonterías. Así s e portan los adultos cuando se emborrachan. si no hacía algo. lo demás fue sencillo. huye la puerta por fuera y arrojó las llaves a los arbustos. el hombre murió. Nunca tomab a ni nada. Nathan se dio cuenta de que había cometido un er ror. ¡Santo cielo. -¿Y estás bien? -preguntó Denise con genuino interés.so y giró sobre sus talones. ¿alguien más te golpeaba? -No quiero hablar de eso -repuso cortante. puso las manos sobre la herida para tratar de detener la sangre que manaba sin cesar. irse lejos y de inmediato. Mat ar a un supervisor era uno de los peores crímenes posibles. -¡Perdón! . cerrando la puerta tras de sí. el guardia miró obnu bilado cómo el cuchillo se acercaba en un arco horizontal y se clavaba en el abdom en hasta la empuñadura. Tenía que correr rápido. Iba a morir y se llevaría al niño consigo. lo lamento -repitió Nathan una y otra vez. Descartó la idea de quedarse ahí y enfrentar la situación. ¡El cuchillo! ¡Todavía estaba en el suelo! Nathan retiró una mano de la muñeca de Ricky y encontró la hoja junto a la rodilla. El pánico invadió a Nathan. rogando que no hubiera un policía o supervisor del otro lado. -¿Los adultos como quién? -inquirió Denise . Ricky cayó de espaldas sobre el piso de hormigón. El chiquillo se aferró con ambas manos la muñeca de Ricky para que lo soltara. De pronto. apoyado en los codos. Los ojos de Ricky tenían un brillo asesino. Pu . La última puerta fue la más fácil. Tal vez debía ayudarlo y sacarle el cuchillo. Pero. ¿Como tu papá? -No -l a vehemente respuesta de Nathan la sorprendió-. De manera instintiva. Sintió en el corazón la certeza de que lo había matado. dando una cuchillada al aire con la que tenía la intenc ión de obligar a Ricky a retroceder. -Ricky. Nathan no sabía qué hacer. Nathan. Tenía que escapar del Centro de Detención Juvenil. Recorrió la distancia en un suspiro. y lo culparían a él. Nathan reunió toda la fuerza que le quedaba para clavar el cuchillo en el pecho de Ricky. Estaba acostado boca abajo. cerró 20 Huye. Nathan se acercó al arma. Ricky moriría. -Entonces.balbuceó Nath an. Denise le creía. Era fantástico. Nathan se juró que jamás p ermitiría que volvieran a encerrarlo entre aquellos muros. Es o lo haría sentirse mejor. Incapaz de reaccionar con suficiente rapidez para esquivarlo. el Centro de Detención Juvenil era un jardín del odio. -ASÍ QUE me eché a correr -concluyó Nathan. La unidad de crisis parecía una casa del terror. Me duele el ojo y un oído. pero estaba atrapado como un ratón en las garras de un águila. pero creo que estoy bien. Si les digo algo distinto. Nathan se detuvo apenas un momento en la cima de la colina y miró atrás al Centro.

eso no es cierto -la consoló él-. se preguntó Denise. -Y.eden gritar a sus hijos. como me decía papá. pero no lo haría. -¿Estás segura? -Por supuesto que sí -aventuró. A nadie. si todavía nos escuchas.. Denise sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. y trató de matarme. Se lo dije al supervisor. ¿Qué diferencia hay de eso a que me atrapen? -Nathan. la cárcel. enf rentaba una situación con muchas más aristas de las que ella había considerado. Nathan se había sentido muy dueño de sí.. Y. -Tienes miedo. Había tantas cosas que contar. Era inteligente. -No. ¿pueden rastrear esta llamada? -su voz deja ba traslucir pánico. -Estás poniéndome en ridículo. mi única opción es entregarme. Pero si el niño devuelve el golpe o trata de escapar. Pero ahora ves mi punto de vista. abogados y policías. ¿A dónde te escapaste? ¿Dónde estás ra? Nathan suspiró. Quizá debía de contárselo todo. Por eso seguiré huyendo. Pero llámalo por su verdadero nombre. cariño? -Debo irme -repuso él. por devolver un golpe? Nathan pensó en todas las peleas en casa del tío Mark. insultarlos y pegarles y está bien. ¿cómo termina la historia? -quiso saber Denise-. -¿Así fue como terminaste en la cárcel. En el silencio que siguió. No devolví el golpe. Nathan -lo reprendió Denise en tono afectuoso. ¿A este asesino? Algo en la fran queza de sus respuestas la conmovía. Puse la o tra mejilla. . El chico era muy listo. los dos solos.¿Le importa? -surgió Dense.. y me golpearon todavía más. oficinas y autos que apenas tres días después del funeral de papá. Ésta es una estación de radio. Nathan. Me defiendo. mientras los niños no l o digan. el tío Mark lo encerró en el entresuelo de la sala sólo por diverti rse. -Sí -murmuró. y la gente que oye tu programa me llama asesino y quiere enviarme a la silla eléctrica. como sea que esto termine. jadeó cuando una i dea aterradora surgió en su mente-. ¿Era posible que admirara a este chiquillo?. sin duda. huye -Sí. Robé un auto. Quizá debía de contar a todas esas personas qu e escuchaban en sus acogedoras casas. dicen que es incorr egible y lo encierran en la cárcel. -Sí. -No sería muy listo si te lo dijera -de pronto. al auditorio le encantaría oír que sus gritos de auxilio le ganaron l a primera tunda con cinturón. hice todo lo que debía hacer. ¡Qué historia! Nathan.. Oye. Entonces. al parecer.. pero él se limitó a mirarla. -se le quebró la voz y guardó silenci o. No había nada que no hubiera contado delante de jueces. tenía once cuando lo robé -su respuesta no ocultaba un dejo de orgullo. -¡Vaya! -dijo al cabo Dense-. Mie ntras esté vigente la Primera Enmienda constitucional. temo que te lastimen. en un vecindario agradable. ¡Y vaya recompensa que se había ganado con tal es confidencias! -No -contestó Nathan-. ¿verdad. Creo que te la mereces. -¿Tienes doce años y robaste un auto? -De hecho. Denise se volvió hacia Enrique en busca de consejo. y colgó. yo también. y me lastimaron.. Denise se quedó boquiabierta. Sin duda. -¿Por qué no? -Porque te atraparán. -No. cómo su papá lo había criado en una casa agradable. nadie puede rastrear llamadas. -¿Y por eso te enviaron al centro de detención? 21 Huye. con voz ahogada. -Entonces. Al principio. que protege la libre expres ión. pero d pronto lo invadió una honda tristeza. no -lo tranquilizó Denise-. ¿qué piensas hacer? No puedes seguir huyendo. Me parece que todos necesitamos un par de minutos para recupe . te deseamos toda la suerte del mundo. encogiéndose de hombros-. Tal vez debía relatar cómo al una vez llevó una vida normal. ¿verdad? Mien tras estuve en el Centro.

La gente es taba harta de ser atemorizada por jóvenes sin control. Yo soy el policía. huye 5 PETRELLI ESTABA en la línea cinco segundos después de terminada la conversación radiofónica. Dan iel. Además de los meros aspectos de culpabilidad o inocencia. -El niño miente. -Anímate. en ese momento. El chico Bailey era un ladrón de autos. Warren sabía que a Petrel li en realidad le importaba un comino la muerte de cien supervisores. EN EL OTRO extremo de la línea telefónica. El verdade ro problema era que Daniel Petrelli había salido al aire con información incompleta y acusando a un menor de edad de un crimen acreedor de la pena capital incluso a ntes de que se reunieran las pruebas. ya te oí -repuso Warren en tono mesurado-. Que lo hayan tratado bien o mal en el Centro no tiene relevancia par a el caso. Seguiría registrando la zona de arriba abajo hasta da r con Nathan. llevaba quince horas prófugo y le había infligido un daño incalculable a una naciente carrera política. No sabes cuánto lo lamento -War ren colgó el auricular de golpe. Si nos hubieras dado tiempo para recabar pruebas antes de sentar tu caso ahora no te verías como un idiota. teniente Michaels. Aunque aceptara la afirmación de Nathan de que había matado a Ricky Harris en defens a propia. Como policía. Aquella mañana. ¡Lo que importa es que escapó de un centro de detención y que mató a un super visor! Aquella rabieta. jefe. Cuando Warren alzó la vista. Supongo que no tendrás ninguna buena noticia para mí -Warren cambió bruscamente de tema. el caso Bailey había parecido muy claro. J. Daniel Petrelli se había edificado un mu ndo mucho más complicado que aquél en el que vivía Warren Michaels. y merecía que se le castigara con todo el rigor de la ley. 23 Huye. y el asesinato flagrante y premeditado de un agente de la correccional por un prisionero fugitivo era mucho más de lo que el público podía tolerar. Sólo busca la compasión del público -sermone Michaels-. demasiado coherente para descartarla como una total mentira. pero sin duda es interesante. descub rió la silueta de Jed Hackner en el umbral. y tú eres el altavoz. huye -ÓYEME BIEN. ¿A quién rayos se le hubiera ocurrido que el niño expondría su caso directamente frente a todo el mundo en un programa de radio de difusión nacional? En escasos veinte mi nutos. Ahora tú vas a escuchar mi punto de vi sta. Nathan. el niño estaría e n prisión desde antes del amanecer. ¿Hablabas con tu amigo Petrelli? -En efecto. no hemos podido ponernos en contacto con el tío y . En cuanto a Nathan Bailey. un prófugo del sistema penal y un asesino. En primer lugar. lo único que el público veía era a un niño pequeño e indefenso perseguido por una legión de policías adultos y perversos. Si bien la historia de Nathan era inverosímil. la forma en que el chiquillo presentaba los hechos era demasiado detallada. como tantas otras que había descargado J. y hacía responsable a Michaels por ello.rar la compostura. Si la policía no hubiera fallado así. Volveremos después de estos mensajes. Warren sabía que aquellos exabru ptos eran tan sólo el primer acto de un drama de poses y manipulaciones. era pura hipocresía. J. sopesando constantemente el eco político de cada victoria y cada derrota. Pero. Warren no sabía qué creer. Nathan Bailey había puesto a la policía y a los fiscales a la defensiva. 22 Huye. No pudiste esperar para abrir la bocota esta mañana y hacer un montón de coment arios absolutamente injustificados delante de la prensa. El aspirante a senador enfrentaba una pesadilla en sus relaciones públicas. Éste sonrió y se sentó en una de las amplias sillas de respaldo alto frente al escritorio de Michaels. -¿Te sientes mejor? La voz familiar lo sobresaltó. En aquel trascendental año de elecciones. Petrelli rara vez había tenido una oportunidad así para asumir un liderazgo decidido. Nathan. El pánico lo invadió después del debut radiofónico de Nathan Bailey. aún quedaba el hecho de que había violado la ley al escapar del Centro de Detención Juvenil y seguía prófugo. J. Espero que hayas detenido a Nat han Bailey hoy por la tarde a lo sumo. el fiscal del condado tenía más posibilidades de aparecer como un sujeto que había abusa do de un menor que como un fiel guardián de la ley. Petrelli debía considerar cómo se reflejaría cad a proceso en la prensa. Petrelli lo veía con claridad. Daniel Petrelli contra Warren Michaels a lo largo de los años. -No sé si es buena o mala. Danie l. En cambio. la obligación de Michaels de aprehender al fugitivo no había cambiado. ¡Y no quiero excusas! -De acuerdo.

Entraron en la sala de conferencias frente a la oficina de Warren y cerraron la puerta. pero nunca resolvió nada. . p ara averiguar lo que pueda. el supervisor le quitó los zapatos. Por supuesto. Hace dos años. no abrió la puerta. -La de la unidad de crisis no servía. de la noche anterior. apartando de su mente por un instante su perspectiva cínica de policía y viendo las cosas con ojos de padre. En realidad no se quieren mucho. La gente de asistencia social estuvo en la cas a una docena de veces durante el año en que Nathan vivió ahí. Al parecer. El padre era un abogado con mucho dinero. con todos sus bienes como garantía. a Nathan Bailey lo crió su padre. papito había invertido más de dos millones de dólares en su despacho de abogado. no había opción. No tenía modo de pagar la manu tención del niño. no quedó nad a. -¿Crees que lo ayudó a escapar? -No. así que no la pagaba. Afirmó delante del tribunal. -No lo creo. En el radio. sí hay una grabación en vídeo. la pantalla del televisor parpadeó y bailó mientras la c inta empezaba a correr en la videograbadora. Tengo el vídeo preparado en la sala de conferencias . ¿Po r qué lo hizo? ¿Es parte de la rutina? Hackner negó con la cabeza. Mark Bailey hablaba por experiencia. Es una historia bastante triste . -Creí que la cámara estaba descompuesta. ya que pasó siete años encerrado en Leavenworth por incendiar un club de la policía en Texas. descalzo y vestido con un mono que le quedaba muy grande. A decir verd ad. no lo es -lo corrigió Jed con aire grave-. En la esquina superior de recha de la pantalla apareció un niño. Michaels observó una habitación vacía que reconoció. -Obtuve todo esto de los expedientes del Centro. Hackner sacó su libreta del bolsillo y empezó a leer. y cit o textual. -Detén la cinta -ordenó Michaels. que 'un rato en la cárcel no le hace daño a nadie'. se grabó el momento en que salía por la puerta trasera.. hace como un año. -Cuéntame lo que sabes. -No. Sin disposición alguna sobre quién se haría cargo de Nathan. Al terminar los trámites del legado. Se veía asustado. Mark Bailey. la custodia recayó en el tío Mark.. Michaels movió la cabeza de la do a lado. -Muy duro para un pequeño. con movimientos a un tiempo rápidos y titubeantes. Al oprimir un botón. era el tío Mark o un hogar adoptivo. Hoy por la t arde me reuniré con el superintendente Johnstone. Pero pudimos captar al joven Bailey cuando cruzaba por el área de recepción. característica de las cámaras de seguridad. No hace falta decir que eso desagradó mucho al tío Mark. Durante sus primeros diez años de vida. Probamos por teléfono e incluso envié una unidad a buscarlo. sin emb argo. afirmando que era la única forma de alejarse lo suficiente d e él. Finalmente. éste supuso que el niño tendría un fideicomiso de manutención. -¿Y los de asistencia social sabían todo esto cuando le asig naron la custodia? 24 Huye. pero todos sabían que era sangre de la víctima. Michaels hizo una seña con la cabeza. como el área de recepción.ex tutor del chico. También tiene en su haber como un millón de pleitos de cantina. Quizá Harris sólo quería molestar. Si estaba en casa. Un instante después. d os por alterar el orden público y una por asalto y agresión. Además. pero poca pr evisión en cuestiones testamentarias. un tren arrolló su auto y lo mató. ¿Alguna otra cosa que tenga relación con el caso? -Sí -Jed hojeó la libreta-. Nathan. En la borrosa imagen en blanco y ne gro. Nat han robó el auto del tío. del Centro de Detención Juvenil. Su madre murió cuando era sólo un bebé. huye -Eso supongo -repuso Jed y se encogió de hombros-. Michaels no daba crédito. Bailey dijo que el guardia. tampoco la del pasillo. Su ropa estaba manchada con algo que en la imagen sin color podía haber sido tinta. a fin de cuentas. en respuesta sobre todo a quejas de los vecinos. En ocho años de vivir en nuestra herm osa comunidad ha recibido tres infracciones por manejar en estado de ebriedad. Resulta que." -Un tipo agradable -refunfuñó Warren. el tío Mark levantó una denuncia. el niño de la pantalla se detuvo. y Michaels siguió fuera de la oficina a Hackner. Ambos hombres se pusieron de pie.

Empezó su búsqueda por lo más obvio: una llamada a la compañía telefónica. el niño del vídeo quedó congelado. Jed. Jed. -Warren. Michaels ya había visto ese gesto muchas veces en el rostro de otro niño inseguro e introvertido de doce años. el corazón de Michaels dio un vuelco . Dio media vuelt a. -Jamás morderán el anzuelo. Estaba pálido como la cera. Michaels guió a su compañero de vuelta a su oficina y al asunto pendiente: atrapar al cachorrito apaleado que hacía a Petrelli sudar la gota gorda. No puedo seguir reaccionando así. Cinco minutos más tarde. Tenía un nudo en la garganta-. Jed.-Adelante. Tras cinco años de turnos variables. EL PATRULLERO Harold Thompkins. Lo que necesitaba era una oportunidad que le permitiera destacar. después de avisar a su secretaria que podían l ocalizarlo en su teléfono celular. Se oyó un breve z umbido y la imagen desapareció. Se veía la salida desde afuera. Corre la cinta otra vez. cruceros monótonos y trabajo rutinario. huye Jed también lo notó. Esa cinta hará mi trabajo mucho más difícil. -Haz que te den la información voluntariamente -sugirió. ¿qué piensas? -Quisi era no haberla visto -suspiró Michaels-. Quiero que localices la computadora y averigües el número del que procedió la llamada. Harry Thompkins compren dió que aquélla era la oportunidad que había estado esperando. Nathan. estaba decidido a hacerse notar. -Y bien. Se sobresaltó visiblemente al descubrir la cámara. ¿Ya la tiene la prensa? -¿Bromeas? Los sabuesos de Petrelli revisaron la cinta mil vec es. Cada llamada hecha a un número de la rga distancia sin costo debe quedar almacenada en una computadora en algún lugar. Ésta se abrió lentamente para dejar ver al héroe de aquel pequeño drama televisi vo que salió a hurtadillas. Mira su cara. Poniéndose de pie a toda prisa. En el fondo había una puerta. pero que en e se entonces guardaba silencio para siempre. Lo rastrearemos para recuperar al chico. Jed volvió a correr la cinta . Jed. Warren -musitó-. Nathan. -Lo lamento. -Mira. Otra vez. -No sé qué opines. Tiene los ojos de Bria n. es que revises los registros telefónicos de ese programa de radio. echó el cerrojo y corrió fuera del cuadro. Michaels también salió. Se sintió mareado de pronto y se dejó ca er pesadamente en una silla. mirando sobre un hombro y otro a cada paso. -Necesitaremos una orden judicial -advirtió Jed-. Hackner oprimió el interruptor y apagó el televisor. Necesitaba encontrar una prueba útil o descubrir una pista importante para resolver algún caso trascendental. mirando de reojo a su jefe. Veamos el resto. quien le hizo sabe . así que no me digas l o que no podemos hacer sin haberlo intentado siquiera. al parecer para averiguar si alguien lo seguía. ¿de acuerdo? Quiero a Nathan Bailey detenido hoy mismo. que en el pasado dependió de él por completo. no lo hagas! -protestó Michaels con energía-. El niño de la pantalla se dirigía en línea recta a la cámara. del Departament o de Policía del condado de Braddock. al fin comunicaron a Harry c on el 26 Huye. Warren. 25 Huye. jefe. Apagaré el vídeo. ¿Entendiste? Jed dio medía vuelta y salió sin decir palabra. No tenemos ninguna posibilidad a nte una estación de radio. -Una de las cosas que quiero encargarte. Me atrevo a sugerir que la enviaron a los noticiarios incluso antes de que hiciéramos las copias. Cuando el sargento Hackner acudió a él aquella mañana con el encargo de rastrear la ub icación de Nathan Bailey mediante los registros telefónicos. -¡Detén la cinta! La orden fue más enérgica ahora. Jed -Warren no despegaba los ojos de la pantal la. ¿te sientes bien? -No lo sé. -¡N . Alguna vez había visto esa misma expresión de los ojos de Nathan. Bajo la sangre y el temor estaba el rostro de un niño que pedía auxilio. Míralo. huye vicepresidente de servicios al consumidor. no tenemos ninguna pista de dónde está el chiquillo. pero lo que yo vi parecía más un cachorro asustado que un asesin o. estaba listo para jugar al detective y desempeñar una verdadera labor policíaca. Jed. Estoy bien. Creí que lo había superado. Cuando Nathan se volvió otra vez hacia la cámara. Los ojos refle jaban miedo e incertidumbre. Después de ser t sferido de un burócrata a otro media docena de veces. Tiene la película de un asesino que chorrea sangre.

pero lo desechó por blandengue. -¿Qué te sucede ? -protestó-. Denise Carpenter y su equipo. Ella frunció el entrecejo y señaló su reloj. sí? Lo pondremos al aire cuando regresemos del corte comercial. Harry decidió que si era cuestionado sobre su forma de presentar las cosas. -Según me dice mi productor. En cambio. El corte en cuestión terminó quince segundos después. quien le indicaba que hiciera un c orte comercial. Señor Thompkins. Ya sabes que no recibo llamadas urgentes durante el programa. Sólo hacía falta ser persuasivo. una voz titubeante dijo: -¿Hola? -¿Agente Thompkins? Entiendo que quiere usted mandarme a prisión. -Ya se lo dije. sin duda. está usted al aire. estoy saliendo por el radio? -Llamó usted a una estación de radio. radioescuchas de todo el país. Harry no tenía semejante poder. Denise ponderó l as opciones en un instante. Denise bebía una coca de dieta y hablaba con Joanne. Mientras esperaba. En cuanto empezó el anuncio comercial. Sin la controversia. Harry sabía que las órdenes judiciales tardaban una ete rnidad. Al fin. para que le proporcionaran la información. Harry decidió acudir a las fuentes. -Bienvenidos una vez más. ¿Qué ocurre? La voz del otro extremo tartamudeó en forma lamentable. po r supuesto. -Tómalo con calma -la reconvino Enrique-. a este sorpren dente programa. agente. No. De pronto. eh creo . A una señal de Enrique. En un arrebato. -Dile que nuestros registros telefónicos están fuera de su alcance -respondió-. 27 Huye. oyendo un comercial anodino de autos. -¿Estoy. corría el riesgo de perder a su prisionero. se acabaría la discus ión abierta. A Denise le pareció divertid o. algo había entendido mal. le diría a quien fuera que el p roductor. ¿Es cierto eso? -Bueno. usted quiere consultar los registros telefónicos de est e programa para averiguar de dónde llamó Nathan Bailey esta mañana. huye Durante un largo momento no hubo ningún sonido al otro extremo de la línea.. optó por una acti tud de poder. Tengo en la línea a un polizonte que quiere usar nuestros registros telefónicos para rastrear la llamada de Nathan. Era sorprendente lo que el público es tadounidense ignoraba sobre sus derechos..r que. ¿qué tenían que perder? Ayud r a resolver un caso de asesinato sería la clase de publicidad que les agradaría. Denise sería tan sólo una comentarista más del montón. dígame. Denise se sobresaltó al oírlo. Después de todo. una neoyorquina. Nathan. En est e lugar tomamos muy en serio la Primera Enmienda. Denise abr ió su micrófono. Meditó sobre un enfo que altruista y amable. Si la policía esperaba. pero creo que debemos comentar esto en privado. cederían. no podía autorizar la divulgación de registros telefóni cos sin permiso del cliente. distraj o a Denise la voz de Enrique por los audífonos. quien amenaza con env iar a mi personal y a mí a la cárcel por esto. Y. -¿Ah. Harry Thompkins esperaba al teléfono. Si se corría la voz de que la policía podía rastrear llama das a través de un programa de radio. sin una orden judicial. Si presionaba lo suficiente a esa gente del radio y usaba el argum ento de obstrucción de la justicia. el productor. de su programa de radio. Diría lo que tuviera que decir a los propiet arios de esos registros telefónicos. pero amenazó con acusarnos de obstrucción de la justicia si no coope ramos. ¿Cómo se llama? -Es el agente Thompkins. Enrique pronunció algo inin teligible a través del vidrio y levantó el teléfono. De repente la voz de Denise había perdido el tono festivo. Harry le aseguró a éste que esta ba en inminente riesgo de cárcel si no cooperaba. Tenemos en la línea a un agente de la policía del condado de Braddock. EN SU LADO de la cabina. ¿por qué quiere ponerme a la sombra? -Lo siento. El interés derivado de mi charla con Nathan Bailey crece. lamentaba algunas de las cosas que le había di cho a Enrique Zamora. Eso por lo general hace que uno salga en el radio. pero imaginó que eso no importaba. Denise le respondió al productor. o sea. quien no creía que Nathan hubiera hecho algo malo.

Refugio de infinidad de secretos y planes incalificables. Y ahora le daré una respuesta que no necesita interpretación. Colgar no es una verdadera re spuesta.que sí -sonaba deliciosamente evasivo. Bailey llevaría casi media h ora esperándolo. pensó en poner ma rcha atrás y salir de Virginia. pero creo que nos deja un mensaje. ¡Cielos! Por algo la llamaban La perra. En ese instante podía ver toda su carrera pasar delante de sí. Por un instante. -Déjeme poner esto en claro. colgó de inmediato. Los vanos estaban cubiertos con tablas. Pointe r se había ganado el respeto del señor Slater. Con un metro setenta de estatura y setenta y si ete kilos de peso. Apuesto. agente Thompkins. huye pensaron más de una vez. mucho menos aceptarlo. riendo-. nos acusaría de obstrucción de la justicia. encima de las cuales h abía uncollage de anuncios de neón que seguían encendidos a plena luz del día. Mark Bailey reparó en la f alta de ventanas. Si bien el señor Slater reconocía un trabajo bi en hecho. algunos suponían que. Hacía un minuto parecía un buen plan. Hillbilly Tavern era el tipo de lugar que sólo podía existir en la zona rural de Vir ginia. Si yo le permitiera el acceso a nuestro s registros. Para empezar. En el fond o. s in embargo. su aspecto no era intimidante en absoluto. ¿Cómo pudieron echarlo a perder así? En unos quin e minutos lo sabría. Poco después del mediodía. Lyle Pointer agradecía aquello de la segunda oportunidad. No se parecía en nad a al patán bestial que Hollywood presenta como el estereotipo del matón para los aju stes de cuentas. decidido y sin miedo. no toleraba los errores. era un sitio do nde una persona con el valor suficiente para entrar podía discutir cualquier cosa con quien quisiera. un bar solitario a la ori lla del camino. Sin otra salida. Y nuestra Constitución proteg e la libre expresión. Y lo ha bía logrado a base de brutalidad pura. Todo aquel asunto de Mark Bailey y su sobrino se había salido tanto de control. el efecto sería inhibir la libre expresión. aún te nía una resaca tan terrible que no podía moverse y menos todavía conducir. ¡Pero era t an simple! Todos los elementos estaban presentes: un trabajo discreto. si era necesario. También le dijo usted a mi productor que. que estaba listo para matar. la única persona que importaba.. Aquel día . aunque había tres motocicleta s Harley Davidson destartaladas frente a la entrada. Según indicaba el reloj del tablero. nadie más eficiente que él para cumplir sus órdenes. si no le permitíamos h usmear en nuestros registros. Era el único automóvil en todo el lugar. aunque se consolaba pensando que en cuanto se entregara el dinero y él hubiera cumplido con su parte del trato. Mark Bailey había acomodado cuidadosamente su camioneta Bro nco en un estacionamiento alejado en Hillbilly Tavern. Pero descartó esa posibi lidad. Arrojado. Usted va a acusarme de un crimen por ejercer mis derechos constitucionales. -Colgó -dijo al micrófono. podían mangonearlo . Nadie era más leal al señor Slater. una habitación pequeña. TREINTA MINUTOS antes. Cuando se acercaba a la puerta principal de la taberna. inteligente y dotado de un sentido del humor poco habi tual entre los de su gremio. un hombre fuerte.. tenía que ganarse a pulso el respeto que su trabajo m erecía. -Interpretaré eso como un sí. Mark estaba consciente de que con toda seguridad no sobreviviría a aquel capítulo de su vida. con la absoluta certeza de que nada de lo dicho sería repetido . Pocos lo 28 Huye. o del país. Nathan. porque la necesitaba. Thompkins no sólo se había puesto en ridículo a sí mismo sino a todo su departament o ante millones de personas. Se detuvo . Slater y sus matones harían que el fina l fuera rápido. ¿no es así? -Quizá pude mencionar que. Mientras viajaba a gran velocidad por una zona rural de Virginia camino de su re unión. pero que ninguno merecía una tercera. Pointer a menudo oía a su jefe decir que todo h ombre merecía una segunda oportunidad. jamás debió prestar oídos al plan de Bailey. ¿no les parece? 6 LYLE POINTER se cons ideraba a sí mismo un profesional. Sin haber pronunciado una sola oración compl eta. un niño. Lyle Pointer apenas podía contener la rabia. O tal vez sólo fanfarroneaba. Era mucho más fácil comunicarse con gente como Bailey después de hacerl a esperar un rato. debido a su estatura y aspecto. Lyle Pointer no era la clase de hombre a quien se dice que no. Puso la palanca de velocidades en punto muerto. Denise oyó el clic y le sonrió a Enr ique con disimulo. usando tácticas de intimidación para no tener que seguir los conduct os que manda la ley.

no dos hombres en una cita de negocios. ¿Acaso te parece justo. lo s parroquianos habituales alzaron la vista apenas lo suficiente para volver a de sviarla.antes de entrar. estaba mole sto. pero optó por esperar en lugar de pregunt ar. Todavía no era demasiado tarde para huir. característico de los montañeses. te equivocas -lo riñó. con la e speranza de que un poco más de alcohol aliviaría su resaca. Nathan... Pointer soltó la cara de Mark y se retrepó en la silla. Anoche te perdiste en una botella. -Soy Mark Bailey. que estaban en juego su honor y la dignidad de su nombre. huye -¿Acaso crees que estoy loco? Yo me ocuparé de deshacerme del chi co. ¿Y sabes qué me resp ondió? -Pointer tomó la cara de Mark con la mano izquierda y lo hizo volverse de mod o que quedaron frente a frente. Mark? -No -musitó. sin conocimiento del indignado señor Slater. Al cabo. -¿Quién eres? -preguntó una voz áspera entre las sombras. En primer lugar. Creo que conmigo. Mark. sentenció: -Rompiste tu promesa -su voz tenía un tono extraño. Puedo explicártelo. Nathan. Sentado con las espaldas contra la pared. Déjame adivinar. Pointer se dirigió a la mesa de Mark y se sentó junto a su anfitrión. ¿sabes con quién estaba enfadado? -No. Mark. -Vaya. pero repentinamente perdió el valor para decir algo. Mark paseó la vista por el lugar. aunque en el preciso instante en que esas palabras se formaron en su cabeza supo que eran men tira. tan cerca que Mark pudo oler su goma de mascar. Me promet iste que podrías manejar este asunto. en realidad. sin hacer un último intento. 30 Huye.. -Mírame. Baile y -ordenó Pointer en voz baja-. -Gracias. a pocos centímetros uno de otro-. La transición de un So l candente a la oscuridad casi total lo cegó durante un momento. Había llegado a la reunión armado con excusas y explicaciones para el f racaso de Ricky. No estaba enoja do contigo. Dame una última oportun idad. a cambio. a la vez apacible y furioso. mientras los ojos se adaptaban. Vine a ver a un hombre apellidado Pointer. De lo contrario. Si tu sob rino muere y nosotros recibimos nuestro dinero. eres ho mbre muerto. Pointer. Hablé con el señor Slater hoy por la mañana. huye intenso. Así se sentaban los novios. y lo arruinaste todo. En la prolongada pausa que siguió. No dijo lo que ambos sabían. de triste a animado. Aparte de él y el cantinero había otros tres individuos. evito que te corten e l pescuezo y. ¿Han oído de él? -el silencio le indicó que sí. Tú sólo tienes que esperar los papeles de tu abogado. por fin estamos de acuerdo en algo. -Pero yo lo disuadí -continuó-. El efecto era aterrador-. La misión de Mark co nsistía tan sólo en esperar. La única razón por la que Lyle Pointer había sal ido en su defensa era para proteger los doscientos mil dólares que ganaría con el tr ato. Pointer miró largamente a Mark. Mark vio una tenue luz en su horizonte. Lo convencí de hacer un último intento. -No quiero tus explicacione s -lo interrumpió Pointer-. tú vivirás. no lo sé -tartamudeó Mark-. ¿verdad? Mark asintió. y que lo único que le interesaba era matarte. -No. Bailey. Es claro que no estuviste ahí. De modo que así están las cosas. CIJANDO LYLE Pointer entró al fin en Hillbilly Tavern. Permaneció inmóvil en el umbral.. pero siempre acentuadas por el modo de arrastrar las palabras. Pointer respiró hondo y resopló ruidosam ente. Había sido demasiado tarde para él desde el momento en que recurrió a Pointer en busca de ayuda. -¿Así agradeces lo que hago por ti? Salgo en tu defensa. no dela nte de él como Mark había esperado. ¿sabes? Volví a cubrirte las espaldas.. Pointer. Mark comprendió que faltaba algo más. Me dijo que no l e importaba el dinero. Mark respiró hondo.. se te ocurre delegar tu trabajo en un incompetente guard ia de la prisión. Per o. porque fui lo bastante estúpido para creer que podías idear un plan a prueba de falla para matar a un niño dentro de un cuarto de hormigón. Mark cerró l puerta y caminó pesadamente hasta una mesa en el rincón. La frente de Mark se p erló de sudor. hizo girar la perilla de la puerta y entró. Le dije al señor Slater que había demasiado di nero en juego para matarte así nada más. dos. n. -Hay otra cosa que debemos discutir. Y. ah . con voz amenazadoramente suave-. Ordenó una cerveza. Pointer se inclinó hacia delante. Las conversaciones entre los hombres iban de quedo a 29 Huye. A mí tampoco me parece justo. -Escúchame. se dijo. -balbuceó Mark. Estaba enojado conmigo.

pero todavía no terminamos. pero la guardó. y tu cuenta asciende a un total de dos millones y medio. "¡Si tan sólo pudiera conducir!". amartilló y colocó el cañón a dos centímetros del ojo derecho de M ark. Pointer volvió el martillo de la pistola a su sitio y en fundó. soy. -Pon la mano derecha sobre la mesa -ordenó Pointer. y las lágrimas le corrían por las mejillas. Sabía que su prioridad debía ser poner distancia entre él el Centro. Cuando Pointer la soltó. cuando todo el mundo reparaba en un niño al volante de un auto. como decían en las películas de cine. Nathan volvió a ver su cara en la pantalla. Nathan.. -Eh. Pointer sacó una pistola de algún lugar bajo la vistosa chaqueta de cu ero que llevaba puesta. La mano temblaba violentame nte cuando Mark la colocó sobre la mesa. 31 Huye. Tan tranquilamente como había entrado. Pointer salió de l lugar. Durante el corte de la hora en punto. Pointer rió. El matón se puso de pie y empujó la silla hacia atrás con la pierna para tener un poco de espacio a su alrededor. No tenía miedo. calculaba que no podía ser a más de dos o tres kilómetros del punto inicial. Te lla maré en cuanto te necesitemos. Mark aulló de dolor y cayó de la silla al piso mugriento. que lo recorrió como una descarga eléctrica hasta el hombro y lo hizo morderse el labio inferior. -¿Eres zurdo o diestro? -preguntó. Vuelve a poner la mano sobre la mesa. En esta ocasión. Mark retiró la mano lesionada y la acunó en el hueco del codo como a un bebé. -Apuesto a que sí. ¡Un momento! ¿Por qué no? Conducir la camioneta pi k up de su tío Mark fue originalmente la causa del problema. Bailey. hondamente complacido. diestro -balbuceó Mark en tono plañider o. y. el índice de Mark se luxó con un suave chasquido. sólo quedaban migajas.. huye Halló el control remoto del centro de diversión. En la mente de Mark se formó una objeción. Diez segundos después. Con lentitud. y en pleno día. La fama empezaba a p arecerle agradable. Sujetó el meñique de Mark en el momento en que éste apoyaba la mano sobre la mes a y se lo retorció con rapidez hacia atrás y a un lado. NATHAN SE CHUPÓ de los dedos un resto de salsa de pizza y se dejó caer sobre los mullidos cojines de cuero del sofá de la sala de estar. tomada de una imagen de vídeo borrosa que no había visto antes. El reportero incluso había dicho q ue no tenían pista alguna de su paradero. Mark -señaló Pointer-. Pero necesitaba un plan. de modo que se conformó con una repetición de Viaje a las estrell as. La mano ya se había hinchado al doble de su tamaño normal. No estaban transmitiendo ningún serial de dibujos animado s que le agradara. Nathan había recorrido alrededor de cuarenta kilómetros en la camioneta del tío Mark antes de que un policía lo detuviera. ¿Qué voy a hacer?". si bien no tenía una idea clara de dónde estaba. Sollozaba. Pointer fue rápido. ya no como antes. Un año atrás. Eso nos deja tan sólo un último asunto. Si tan sólo pudiera viajar de noche y evitar las carreteras y . Enseguida reparó en que el arma no se había movido. El resto es tuyo. entre la segunda y tercera articulaciones. yo voy a agregar otros trescientos mil por dejarte vivir. -Ha sido un placer hacer negocios contigo. Después de unos cinco se gundos. un mueble con to da clase de aparatos electrónicos. Supuso entonces que había logrado huir sin dejar rastro. -Lo siento. Eso lo ubicaba en el corazón de la zona de búsqueda. pensó. Donde alguna vez hubo una pizza congelada sobre una bandeja de cartón. Además.. Suma e so a los doscientos mil que ya me debes personalmente.. En la taberna nadie había visto nada. El noticiario matutino había mostrado imágenes de partidas de búsqu eda y bloqueos en los caminos. Pointer sujetó el índice derecho de Mark y apoyó el pulgar con fuerza en la base del dedo. Escribe cuando puedas. La parte del señor Slater subió a dos millones. y oprimió botones al azar hasta que la descomunal pantalla saltó a la vida. -Puedo vivir con eso -dijo azorado por la broma involuntaria. al menos.ora eres el socio minoritario de tu herencia. Mark se sacudió de pies a cabeza por el dolor. el de do se rompió a la mitad bajo el pulgar de Pointer. todo por Nathan. se preguntó. Sólo tenía que idear el siguiente p aso.

el auto más fabuloso de toda la calle. La conversación se encaminaba a otro asunto. En el espacio del medio había una reluciente lancha de motor. -Por supuesto. dime por qué crees en la historia de ese jovencito. en el programa de aquel día. La empresa. Encontró los bot ones que controlaban la posición del asiento.. Den ise estaba en la línea con el señor Dorfman. Vino a entregarme un citatorio para qu e comparezca mañana por la tarde en los juzgados del condado de Braddock. Nathan tomó la esquina de la lona y descubrió el auto. Lo impo rtante era que ya tenía un plan. de modo que Nathan subió al asiento delantero. lo entiendo -Denise sintió tensión en los hombros.r eal. Nathan. era la encargada de distribuir el programa radiofónico y también la que pagaba los sueldos de Enrique y de Denise. huye Tres minutos después de que Enrique oprimió el botón de espera. pero al menos los alcanzaba. ¿Cómo has estado? -Muy bien. rojo cerez . Mientras repetía las imágenes en su mente. clavado en la pared. Sin titubeos. Hasta el momento.32 Huye. Las llaves. Supuso que ahí guardarían el vehículo que la familia usaba. Como el resto de la casa. la cochera era inmensa. Era un poco incómodo. -Dime qué opinas sobre el asunto del chico que mató al guardia de la prisión. ¿Cómo se responde a una pregunta así? ¿Cómo resumir un sentimiento. boquiabierto. Ante él apareció un flamante BMW descapotable. sobre un remolque. -No me cabe duda -coincidió Dorfman-. un poc o a la izquierda de la puerta del conductor. No tuvo que esperar mucho. Ahora. Por favor no te ofendas. -No me refiero a eso. y deslizó éste hasta que pudo tocar los pedales con los pies. Las que ocupan puestos important es no están de acuerdo contigo. tal vez podría conducir hasta salir d el país. Su forma de relatar la historia fue to talmente. Denise per cibió que faltaba algo. -¿Denise? Buenas tardes. Eran exactamente las cuatro en punto cuando Enrique entró en su oficina para avisa rle que el señor Dorfman la llamaba por teléfono. de una u otra forma. pendían de un gancho con el rótulo LLAVES. Lo lograría. pero mi trabajo no me permite hacerlo muy a men udo. La puerta del auto no tenía seguro. -¡Cielos! -exclamó en voz alta. Creo que -¿Y por qué lo -Con el debido si me parece que está diciendo la verdad? Pues mi respuesta es afirma sí. ¿Qué opinas de la situación? -¿Me preguntas tiva. acarició los asientos y sujetó el volante. -Me parece que fue un gran tema para el radio -repuso ella sin titubear. En realidad. gracias. crees? Hay muchas personas allá afuera que no están de acuerdo contigo. respeto. -Yo sé lo que te digo. y sé cuando están mintiendo. dondequi . En las horas transcurridas desde que salió del aire había recibido incontables llamadas telefónicas y mensajes por fax de personas que e xpresaban su interés. Habla Ron Dorfman -su tono era amistoso-. esa gente no ha llamado a nuestra estación. El chiquillo.. Ronald Dorfman era el presidente d e Omega Broadcasting. cubierto con una lona verde olivo. sintió que su confianza se multiplicaba a cada instante. había vencido los obstáculos. Nathan esbozó una amplia sonrisa. E l tapiz de cuero era aún más suave que el del viejo sillón de su padre. de manera que resulte coherente para el director de una empresa de sete cientos millones de dólares? Denise tartamudeó un poco al buscar las palabras. Todo indica que el programa va viento en popa. con una etiqueta manuscrita q ue decía "BMW". pero al fin contestó: -La principal razón por la que le creo es porque tengo hijas más o me nos de esa edad. -Hace media hora estuvo en mi o ficina un policía del estado de Nueva York. cuyas oficinas centrales estaban en Nueva York . por favor. Ron. Lo que buscaba estaba en el tercero y último e spacio. guiando el vehículo en su ima ginación por las curvas de las autopistas en las que pronto viajaría.avenidas principales que estaban bloqueadas. DENISE SENTÍA deseos de bailar. Tenía que lograrlo. Hay de personas apersonas. con casco de fibra de vidrio. Hubo un profundo suspiro al otro extremo de la línea. tuve la oportunidad de escuchar te hoy. El sitio más cercano a la puerta de la cocina se encontraba vacío. y los vencería el resto del tiempo. una intuición. Ron.

No era lo que había esperado. con la corbata tan apretada como la gordura se lo pe rmitía. Dices que escuchaste el programa de h oy. -¡Y vaya que sí! Un día muy pesado -coincidió Johnstone.? Hackner lo interrumpió con un ademán. Nuestros abogados me informan que tu defe nsa basada en la Primera Enmienda constitucional es válida sólo si el gobierno está en posición de exigir que entreguemos los registros. basado en la suposición de que el chiquillo está diciendo la verdad y que no va a cometer más c rímenes. Los directores generales no solemos oír esas cosas. Denise se quedó boquiabierta. Colgó. huye -Tome asiento. gracias. 34 Huye. -Sin duda. -Señor Johnstone -explicó Jed-. Daniel Pe trelli. -No estamos difamando a nadie. Ha sido un día verdad eramente pesado. Denise. Era un hom bre grueso. -Sin duda es una de las más valientes -las palabras brotaron directamente del cora zón de ella. En verdad. No puedo hacer nada por él. Denise. y podrían demandarnos si e l chico resulta un asesino y comete otro crimen. y no me parece justo darles acce so a los registros telefónicos cuando ya tienen todos los naipes en la mano. Quiero que me digas lo qu e consideres que debemos hacer. quizá te faltó un punto importante -argumento Dense con cautela-. aunque no puedo. -Vaya. pero esto va más allá de una disputa de nuestros derechos contra l os de la comunidad. estamos ante la obligación de apoyar a la policía en sus esfuerzos po r llevar a un asesino confeso ante la justicia. huye "En síntesis. -Pues creo que dejé muy bien sentada mi postura. -Debería saber que sus preguntas son insultantes -le dijo Johnstone. fuera tú. Ron soltó otra risilla. Sólo hacemos pregunta s. Espero que esta noche duermas mejor que yo.. superintendente de l Centro de Detención Juvenil. señor Johnstone -quiso conciliar Hackner-. tenemos la obligación ética con nosotros mismos y con la industria de proteger algo que es nuestro. Si accedemos de manera voluntar ia. no pensamos compartirlos con nadie. a fin de responder a una demanda interpuesta por un tal J.era que esté. que volvió a su . fiscal de la región norte de Virginia. Lo lamento. la oí. 33 Huye. el argumento se vuelve debatible. llevaríamos so bre nuestras espaldas una enorme responsabilidad civil. Y. y hasta la última palabra es mentira. usted puede sentirse ofendido si quiere. Ron. HAROLD JOHNSTONE. ¿Qué opinas de eso? -Me parece que es una jugarreta muy sucia.. Esta vez fue Dorfman el sorprendido. Es un niño que lucha una batalla perdida. que tenía un sobrepaso mínimo de veinticinco kilos. el chico lleva todas las de perder." -Ron. Nathan. -Todavía no me lo agradezcas. Ésta podría ser la decisión más estúpida de mi vida. Sostendremos ante el tribunal que nuestros registros telefónicos son privad os y que.. Ricky Harris tenía una ficha de trabajo impecable. Voy a apostar mi trabajo y el tuyo. dejando a Denise con la mirada fija e n el teléfono y una sonrisa de oreja a oreja. Tú eres quien habló con el chico. En medio de este asunto hay un niño asustado. ¿Cómo se atreve a insinuar que yo soy culpable de algún. Denise. tan sólo musitó: -Gracias. Nathan. Los abogados opinan que si nos negamos a p ermitir el acceso a los registros y ganamos en el proceso judicial. -Mira. desde luego. tendría mucho cuidado de no rebasar los límites de velocidad en los próximos d os años. Pero quiero que entiendas lo que está en juego. Por una parte. nuestra postura es la siguiente -resumió Dorfman-. te diré lo que haremos mañana. Al parecer quieren tener acceso a n uestros registros telefónicos. Incapaz de decir algo más profundo. Todo lo que dices suena lógico. señor Johnstone. Llevaba siempre abie rto el cuello de la camisa. ¿Oíste mi conversación con el policía? Dorfman dejó escapar una risita. -Sí.. Quisiera tenderle la mano y ayudarlo a salir del embrollo. más una parte sustancial de los bienes de esta compañía. Demonios. Por la otra. -Sargento Hackner -Johnsto ne se levantó del asiento-. -Esta mañana oí lo que dijo ese delincuente y asesino por el radio. a menos que tenga algo que ocultar. el pe queño me conmovió. pero su deb er es cooperar. aun que sea sólo en principio. se puso furioso ante la sola idea de que el sargent o Hackner pudiera creer semejantes infundios sobre uno de sus empleados más leales y eficaces.

. como solía decir su padre. no es raro que se prive al interno de algo importante. usted no se opone. y nosotros. Abra los ojos. Así. "Dios mío.silla-. en esta institución usamos una serie de eufemismos en un intent o por proyectar nuestra misión como algo menos. En este sitio. los objetos de aseo personal. es la única realidad que vale. -En po cas palabras. decir problema de conducta se conv ierte en algo relativo. -Sargento Hackner. pueden ganar puntos para la adquisición de su pro pia pastilla de jabón o de una botella de su champú favorito. E stá diciéndome que su personal puede hacer lo que le venga en gana y. -¿Notaron los demás chicos tal problema? Johnstone rió socarronamente. oprimía con el pulgar los botones del control remoto para cambiar de un canal a otro sin cesar. 7 NATHAN. ¿Y acaso acepto como verdad lo que me dice mi person al? Sí. de modo que pedir su colaboración es un ej ercicio vano. Hackner lo miró con los ojos entrecerrados. Yo no pregunto a los internos sobre la conducta de los d emás. -¿Es un procedimiento habitual quitarle los zapatos a un in terno cuando se le envía a la unidad de crisis? -preguntó por confusión. lavó las sábanas del dormitorio principal. -Yo no diría que es lo común -repuso Johnstone-. Si e llos tienen buen comportamiento. la de su anuario del quinto año. -¿Sabe? Ese argumento se aleja mucho de lo que hemos llegado a creer. No puede uno creer en lo que dicen. -¿Por qué enviaron a Nathan a la unidad de crisis anoche? -Temo que sólo podemos hacer conjeturas -Johnstone pareció avergonzado-. en un cambio de juego. El sistema ya está corrompido. siempre que lo oculte bien. absolutamente todo. En parte porque lo habían criado bien. -Entonces. Las notici as sobre sí mismo se habían vuelto aburridas. sí? Pues yo prefiero aquello de No hagas a otros lo que no quieras para ti. Estos niño s son animales. menos inquietante de lo que es e n realidad. entregan todas sus pertenencias personales. el uniforme. -Piense lo que quie ra de mí y de mi forma de operar el Centro -siseó entre dientes. No era correcto irse de un lugar sin haber tendido la cama. Hacemos de cuenta que estos jóvenes tienen alguna esperanza cuando no la tienen. Hackner esgrimió la siguiente pregunta como si fuera un arma. -¿Ah. -Cuando los internos llegan aquí.pero jamás he solapad o un solo acto de violencia en la institución. Nosotros les damos la ro pa interior. los encargados del zoológico. SENTADO con aire impasible en el sofá de la sala. estas cosas se conv ierten en símbolos de posición social. -¡No venga a sermonearme. Hackner se retrepó en su lugar. Nathan. según usted su personal siempre tiene la razón aunque no la tenga. me pare ce una buena oración para guiarse. No obstante. En e se punto se vuelven dependientes del sistema para todo. Durante largo rato. huye -Sus expedientes indican que Nathan Bailey fue violado con el palo de una escoba en su primera noche en el Centro. ¿Eso formaba parte de su pro grama? Una furia más allá del odio ardió en los ojos de Johnstone. Cuando se portan mal y se les envía a la unidad de crisis. -¿Con qué finalidad? Johnstone habló como si estuviera preparado para esa pregunta. Esto es una prisión. Todo este episodio ha resultado muy inquietante. -Está usted invitando a la corrupción. En un sitio así. dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar". -Después de las mentiras que contó Nathan en el radio. Supongo que hubo alguna clase de problema de conducta. sargento! -Johnstone go lpeó el escritorio con un puño-. Johnstone -protestó Hackner-. ¿Acaso creo que los intern os mienten? Sí. sí. no me extraña -repuso Johnstone . Simplemente vivo en el mundo real. porque tengo que hacerlo. ceñudo. 35 Huye. Hackner lo miró en silencio. pero tampoco es raro.. con una expresión mezclada de incre dulidad y repugnancia. Nathan Bailey mató a un b uen supervisor. se dio cuenta con gran al ivio de que cuando menos una de las estaciones había conseguido una mejor fotografía de él. pero sobre todo po r mero aburrimiento. También había tenido buen cuidado de haber l . porque mienten.

-Me duele mucho. ¿recuerdas? -Entonces. frunció el entrecejo y lamentó al instante la decisión de la enfermera de de jar el caso hasta el final. HACÍA MUCHO tiempo que Warren Michaels no veía a Hackner tan alterado. era no dejarse atrapar por ningún motiv o. War ren -Jed no quitaba el dedo del renglón-. entonces. que escapar del Centro quizá fue una estupidez. Pero averiguaré más sobre el tal Ricky. s i me permites agregar. tú tampoco. los dedos rotos eran una lesión de baja prioridad. volvió a reflexionar sob re los líos en que estaba metido. Ya ha bía agregado el robo con allanamiento de morada y ahora planeaba hurtar un auto en las próximas horas. ¿no es así? -En efecto. ¿Puedo verla? Mark Bailey analizó la cara del médico unos segun dos y después le acercó la mano derecha. porque se presentó la ocasión. estaría metido en u n lío muy gordo. pero las pruebas contra Nathan son abrumadoras. Iba adquiriendo una nueva perspectiva del proble ma. y en verdad fue en defensa propia. Con su mejor cara de galeno. Comprendo que Johnstone es una amenaza para los que están bajo su control. Es . Lo que en verdad lo asombraba era el ritmo al que crecía su lista de crímenes.. Había matado a un tipo y eso era malo. De acuerdo. tomando en cuenta los antecedentes. Mientras cambiaba distraídamente de canal en canal. eso le abría posibilidad es ilimitadas. en la escala del departamento de urgenci as. Las opciones que el chico tenía sólo estaban limitadas por el a lcance de su imaginación y por su astucia. -Admítelo. Jed -concluyó Michae ls-. Vi sus radiografías. -Jed -lo interrumpió Michaels-. Jed. ¿a dónde más pudo ir ? -No se me ocurre un solo lugar al que no pueda haber ido este muchacho -respon dió Jed. Antes de llegar a Canadá calculaba que tendría que allanar al men os otras dos casas y robar un par de autos más. y a Ricky Harris también. Por lo común. el doctor Tad corrió la cortina y saludó por primera ve z al ocupante de la cama cuatro. tendremos todo el tiempo del mundo para preparar el caso contra él. Warren estuvo de acuerdo.impiado todo después de cada episodio de glotonería. No hay rastro ni del tío ni del chico. ¿qué hay sobre la casa del tío? Confío en que la tenemos bajo vigilancia. ¿Te parece justo? -Tendré que aceptarlo. Sin lealtad hacia nadie. Por lo que veo en su expediente. Seguimos buscando a un asesino. pero en este momento sencillamente no tengo tiempo para preocuparme por el personal del Centro. Dividamos el caso en do s partes. Aceptaba. pero. ¿Qué hay de Ricky Harris? ¿Qué dijo Johnstone de él? 36 Huye. el mundo entero le pertenecía a este fugi tivo de la justicia. que seguía donde se lo quitó. En cuanto lo hayamo s detenido. -No lo dudo -coincidió Tad-. tendió una ma no hacia su paciente-. ¿Por qué huyó entonces? Porque estaba asustado y. sin tener siquiera la obligación de llamar a alguien para decirle que estaba bien. ¿no te das cuenta de que. pero en verdad fue un accid ente. Si lo atrapaban. es taba gravemente baldada. Yo quiero darle al chico el beneficio de la duda tanto como tú. me parece poco probable. Nathan. Jed. ahora que concluimos con lo primero. sostenida con gran cuidado por la izquierda . Y entonces será el momento de exhibir a Johnstone. "El dolor debió de haber sido insoportable". -Te propongo una cosa. La primera parte: debemos poner al niño en custodia. -Cálmate. Aquí hay algo más. El superintendente Johnstone sólo te expresaba su opinión. -¡Su opinión mis narices. -¿Crees que se hayan fugado juntos? -Sería posible.. CUANDO EL doctor Tad Baker deslizó las radiografías del paciente en turno en el nega toscopio. La mano blanca y fantasmal que el médico tenía frente a él no estaba sólo rota. Pese a sus intenciones de ser un buen huésped (¿un buen intruso quizá?). en el suelo del baño. -Buenas tardes. -Y. pensó Baker. si result a pertinente. no pudo decid irse a hacer nada con el mono del Centro. Warren. War ren! Este tipo es una amenaza para los propios chicos que se supone debe protege r. El tío fue el motivo original para que Nathan escapara. Warren sonrió. La discusión era estéril. Soy el doctor Baker . se lesionó la mano -con amabilidad. sin embargo. huye -Dijo que era un empleado modelo. Nat han no tenía a nadie en la vida. conciso. -Insisto. sobre todo. Y. La única respuesta. señor Bailey. por triste que así fuera. Si se eliminaba al tío de la ecuación. pero este hombre era la exc epción. doc -confesó. algo que hemos pasado por alto. Y.

Mark reconoció de inmediato que su historia no er a coherente. -Si no me pareciera descabellado. largo e inclinado. Actuaba con rapidez. ¿Qué te sucedió? 37 Huye. giró el volante al máximo. doc. Tad reparó de inmediato en l a inquietud y la ansiedad de su paciente y le sonrió amable. -Sí. dejando con delicadez a la mano de Mark sobre el pecho. pues se dio cuenta de inmediato de que era m entira. Ya había ajustado el asiento y el volante. Nathan. "Yo ya hice mi parte. ¿Está seguro de que se lesionó la mano porque le cayó encima un gato? -¿Un gato? No. y en la tarde pasó casi una ho ra memorizando la ubicación de todas las palancas e interruptores del BMW. El movimiento de la puerta trajo consigo una explosión de sonidos y luces. No creerá que estoy mintiéndole. Buscó en la visera el botón que abría la puerta automática de la c ochera y lo oprimió. tanto adentro como afuera. -¿Ah. movió la pala nca a la posición de avanzar y pisó suavemente el acelerador. -Entonces. me cayó encima t oda la camioneta. -Relájese -lo instó en tono amistoso-. ¿verdad? Tad lo miró a los ojos apenas lo suficiente para transmitir sus verdaderos pensami entos. Después. huye una revista que la familia recibía por correo) y salió por la coc ina a la cochera. Cuando la puerta de la cochera termi nó de subir. así fue -respondió Mark con el cuerpo tenso y listo para retirar la mano si el médico lo lastimaba. -Entonces. Nadie en su sano juicio se atrevería a mentirle a su médico. -Descanse un rato. No cabía duda de que las lesiones de Mark Bailey eran el resultado de una causa diferente de la que había referido. huye -Estaba arreglando los frenos de mi camioneta cuando se zafó el gato -explicó Mark-. Tad escudriñó el rostro de Mark buscando la verdad. pensó Tad. No me lasti mó en absoluto. Tenía prisa y no puse mucho cuidado. Natha n le dio los últimos toques a su nota para los Nicholson (había encontrado el nombre de sus anfitriones en 38 Huye. -Nadie más que yo mismo. alguien le había roto los dedos de manera intencional. Nathan. No quiero l astimarlo por ningún motivo. ¿por qué supone que sólo se rompieron dos dedos en lugar de toda la mano? En medio del dolor que lo aturdía. -¿Eso dije? -Mark se mostró evasivo. -No tengo idea. doc -Mark en efecto se relajó-." Tapó su estilográfica y se la guardó en el bolsillo de la bata. Quizá fue cuest ión de suerte. juraría que alguien le rompió la mano de manera deliberada. -Por supuesto que no. por lo demás tranquila. señor Bailey. "¡Maldición! El médico sospecha algo". Supongo que es la misma h istoria que oyen ustedes todos los días. La respuesta a tal necesidad estaba en l a cochera. "Es tu mano y tu vida. Se detuvo a la mitad del descenso para cerrar la puerta de la cochera. -Es cierto. pensó. Lo veré más tarde. Nathan habría jurado que todos los vecinos en un radio de dos manzanas estaban telefoneando a la policía para inform ar sobre el robo del auto de los Nicholson. Nathan metió marcha atrás y se volvió en el asiento para bajar el auto por el camino de entrada. Tad le dirigió una sonrisa reservada. En opinión de Tad. un agud o contraste con la noche. cu ando las ruedas traseras llegaron a la calle. se abrochó el cin turón de seguridad y accionó la marcha.una lesión bastante compleja. De su paseo en la camioneta del tío Mark recordaba que dirigir el volante no era muy difícil. Apenas había dado vuelta a la llave cuando el motor ya rugía potente. ERAN CASI las diez y todo estaba oscuro. No había marcha atrás. necesitaba poner tierra de por medio con el Centro de Detención Juvenil. -Ajá -Tad fingió concentrarse en el expediente médico-. sí? ¿A qué se refiere? -¿A qué me refiero con qué? -Dijo usted que era un contraste agradable porque yo no quería lastimarlo. Más que nada. Lo más complicado era log . Alguien lo lastimó. El automóvil arrancó con u na sacudida y avanzó hasta el final de la calle. amigo". ¿los dedos quedaron atrapados bajo alguna de las ruedas? -preguntó mientr as exploraba la mano con delicadeza. En cuanto se instaló cómodamente en el asiento. Es un contraste agradable. ¿verdad? Mark rió por el comentario. La frase resultaba interesante.

Antes. Natha n eligió el carril de la izquierda. A la dista ncia. 39 Huye. reconoció que seguía sin saber con exactitud dónde se encontraba. que lo llevaría hasta la autopista ochenta y uno y. rogó en silencio para no llamar la atención. En el siguiente turno. no dejes que me detengan. A pesar de la oscuridad de la noche. Sabía que Cannonball cruzaba con la Prince William Road. aunque no tomó en cuenta la posibilidad de lo que tenía delante. y las piernas le temblaban sin control. pero no había modo de cruzar la división sin despertar toda clase de sospechas. . Sólo quedaban ocho vehículos delante de Nathan. -Dios mío -rogó en voz alta-. la noche se veía iluminada por las luces intermitentes de vehículos de urgenci a. Unos quince minutos después. ellos también podrán verme a mí". pensó Nathan. Nathan. el panorama que rodeaba la avenida empezó a parecerle familiar. se fijaría en él. Si hacían contacto visual. "Conserva la calma". en medio del embotellamiento. el tráfico se volvió más lento y al fin se detuvo. det enía ciertos autos al azar. Dios mío. huye Con la esperanza de pasar lo más inadvertido que pudiera. nombre que reconoció de los meses pasados en casa del tío Mark. "Si yo puedo verlo. pisaría el acelerador a f ondo y correría el riesgo. En su carril. "Ha z que me dejen pasar. no dejó pasar dos ni tres. Pero ya lo había dominado una ve z y tenía confianza en que lo lograría de nuevo. el chiquillo intentó planear su escapatoria si lo descubrían. Nadie. Era su única opción. se dijo e n voz alta por enésima vez en el día. pero sentía la boca como s i hubiera masticado tiza. unos veintitrés años de edad. Había planeado cuidadosamente aquella noche. Cabello rubio.. sus facciones podían di stinguirse con claridad. Re cordó que unos dos kilómetros adelante estaba el crucero donde había un supermercado 7 -Eleven y un McDonald's. pensó. veintitrés autos y dos motocicletas lo separ aban del bloqueo. En ese turno. Dio vuelta a la izquierda con la esperanza de encontrar una calle que lo sacar a del vecindario. Pasó mucho tiempo revisando el asiento trasero con la linterna. y el policía hizo señas para que pasaran tres. llegó a la Cannonball Parkway Avenue. No había policías a bordo de los autos patrulla. a partir de ésta. El primer impulso de Nathan fue dar vuelta en U y regresar por donde había veni do. No parecía seguir ningún patrón. Además. por favor. En ese momento enfrentaba su primera decisión crítica: podía ir hacia la izquierda o hacia la derecha . Natha n apreció que la pierna derecha le temblaba mientras intentaba mantener una presión uniforme sobre el pedal del freno. Los policías dejaron pasar seis autos sin revisarlos. "Por favor. quizá fuera tan sólo un accidente de tránsito. Sintió como el corazón le palpitaba con fuerza y apretó l volante hasta que los dedos se le adormecieron. lo que red ucía el número a diecisiete delante de él. La siguiente vez fueron sólo dos. el p olicía hizo detener el siguiente auto. No me detengas ahora. En cuanto el policía terminó de revisar. No había ningún accidente. y se sin tió al borde del pánico. El policía pareció especialmente interesado en el vehículo que estaba delante de Natha n. Quiso tragar saliva. era un bloqueo. ¡y detuvo al auto que seguía! A la luz verdosa del tablero de instrumentos. Tenía las manos bañadas en sudor.rar que el auto se desplazara de manera uniforme. cuando planeaba su viaje cuidadosamente en un mapa que encontró en la guant era. bigote. "Ahora soy el tercer auto". pero contuvo el llanto. te lo suplico". De ahí podía seguir directo a la autop ista sesenta y seis. que señalaban el camino a casa del tío Mark. hizo una seña al conductor para que avanzara. luego habló duran . Enseguida. Sin mover la cabeza. EL BMW RODABA con suavidad. Quinientos metros más adelante. y Nathan se sintió bien al mando del auto. sus peores temores s e confirmaron." Los ojos empezaban a anegársele. Varios policías de uniforme color café dejaban pasar tres o cuatro autos a la vez y detenían el siguiente para r evisarlo con una linterna y hablar con el conductor. Al acercarse al crucero. miró de reojo al conductor que tenía a la derecha. dejó pasar cinco. Dese sperado. ¡Ha estado deteniéndolos cada tres!" Para horror de Nathan. Tan sólo respira r el mismo aire de ese lugar le trajo recuerdos que esperaba no tener que enfren tar nunca más. no muy lijos de donde vivía su tío. hacia el norte rumbo a Canadá. Luego de diez minutos. el policía dejó pasar sólo tres autos antes de revisar el cuarto.

Estaba preocupada por Warren. Vol vió a vencerlos. aunque la conversación pareció subir de tono. Pero a veces los niños d e esa edad se parecen entre sí. y planeaba seguír así. 40 Huye. -Hola. el policía hizo una señal a Nat han para que rodeara el auto y empezara a avanzar. Monique al fin consi guió la libertad para llorar y dolerse abiertamente. pero si el policía acaso pudo reconocerlo. creo que me cuesta trabajo mantener este asunto de Nathan Bailey en perspectiva -le contó sobre el vídeo y el parecido momentáneo de Nathan con Brian. Monique c reía que ya habían superado ese dolor atroz. frente al psicoterapeuta. Nathan. amor -lo consoló Monique-. Gracias a la psicoterapia. sencillamente iba a la planta baja y encendía el televisor hasta que el sueño lo ven cía. Nathan tardó tres o cuatro kilómetros en comprender que había logrado escabullirse. Nathan no alcanzaba a oír las palabra s. Apoyada en un codo. No sabes la vida que ha tenido. todavía gentil. huye Llevaba las ventanas cerradas. Con cada señal de la carretera Nathan se acercaba más a la libertad. y salió sin hacer ruido a reunirse con él. cariño? -le preguntó. y se espabiló de inmediato. el tránsito se aligeró. Mientras buscaba a tientas las esposas con una mano. -Me.. golpeó la capota con el puño y gritó a voz en cu ello: -¡Sí! 8 CUANDO MONIQUE Michaels se dio vuelta en la cama. 41 Huye. Semana tras semana.. Sólo que me resul ta más difícil encerrarlo. -¿Warren? -llamó en voz baja-. notó que su esposo no estaba . Con aire sumiso. huye -Eso supongo -él le dirigió una sonrisa forzada-. y casi golpeó el auto de adelante por ver. con un vaso de whisky en la mano. Pero el dolor persistía como una herida abierta. Podría volver a empezar y hacer de cuenta que el tío Mark y Ricky y los jueces y la muerte misma jamás habían irrumpido en su vida y puesto fin a su infancia. Sé cuánto lo extrañas. Nathan. pero esta vez no estaba ahí. la rabia de Monque cedió apenas lo suficiente para permitir que vol viera el amor. a la que Warren se opuso todo el tiempo. En los últimos dos años lo pe . nena -la saludó.te largos treinta segundos con el conductor. cuando Warren no podía dormir. El policía abrió la puerta del conducto r y le ordenó que bajara del auto. -¿Qué te ocurre. Un letrero indicaba que la autopista sesent a y seis estaba a cinco kilómetros. se puso un a bata y fue a buscar a su marido. todavía fuerte. eh. Warren estaba despierto. Aquella noche él se comportó de modo sumamente extraño. Sin emba rgo. y tenía los pie s descalzos cruzados sobre el barandal.. Warren respiró hondo. ¡Cuánto lo había odiado po r eso! Al final. pero sólo dos desde que Warren empezó a enfrentar la situación. el conductor se apeó y puso las manos sobre el techo del vehículo. ella podía dar cauce a su rabia. Monique bajó de la cama. Warren no había derramado una sola lágrima que ella viera. ¿Dónde estás? No obtuvo respuesta. Natha n observó la riña un momento por el espejo lateral. Por lo general. Habían transcurrido nueve meses desde que su hijo Brian fue asesinado mientras rep artía diarios. -L o siento mucho. Era libre. Y Warren seguía igual: todavía estoico. percibió un movimiento en el porche y vio la puerta delantera entreabie rta. o al menos rogaba que así fuera. sentado en una de las cómodas mecedoras de madera. el radio a todo volumen y el a ire acondicionado en lo más alto. Vestía camiseta y pantalones deportivos. -Estoy preocupada por ti. conforme la psicoterapia se espació de tres sesiones por semana a dos se siones al mes. El reloj digital de la mesa de noche marcaba las tre s con veintiún minutos.. La sensación de orgullo y triunfo lo embriagó. escuchó con atención. De pronto. la posibilid ad se esfumó cuando el detenido empezó a forcejear y ambos cayeron por tierra. Cuando una sensación de triunfo desbordante se apoderó de él. Lu ego del bloqueo. ¿Qué sucede? -Monique se sentó en la mecedora contigua. pero la casa se hall aba en silencio. Hicieron contacto visual dura nte una fracción de segundo. su dolor y su amargura.

Bajo la tenue luz de las estrellas y los faroles de la calle. Decidió seguir adelante. Ese día de octubre en que un adolescente ebrio les arrebató a Brian bajo un montón de fierro y aluminio retorcidos. Nathan. Monique se dio cuenta de que amaba más a su marido en ese momento que el día en que él le propuso matrimonio. Seguía adelante con la rutina cotidiana. Era un nuevo núcleo residencial. bordeado de tiendas de comestibles. De pie ante las manijas. al que las mujeres no t enían acceso. HACIA LAS cuatro y cuarto de la madrugada. Nathan estaba en algún punto entre Harrisburg y Wilkes-Barre. se felicitó a sí mismo. algunos. dejó el motor encendido y caminó de puntillas hasta la puerta de la cochera. pero algo se había perdido irremisiblemente. Mientras nadie pudiera atis bar los naipes. Después de seis horas al volante no había llegado ni con mucho tan lejos como esperaba. exclusivo de ellos dos. Estaba segura de que iba a suceder algún día. la nueva urbanización Little Rocky Creek vendía casas so las a precios accesibles. De ella se desprendían diez calles cerradas alrededor de las cuales se situaba la mayor parte de las casas. asta do s. como le había ocurrido a ella una y otra vez en el consultorio del terapeuta. Estaba en un distrito comercial p obre. la personalidad de Warren cambió. Monique vio a su esposo morir por dentro. abrió la puerta del conductor. Se hizo un silencio. ferreterías y restaurantes de comida rápid a con las fachadas percudidas. -Iremos a Littie Rocky Creck -le anunció al auto. Jamás volvería a ser el mismo. se dijo. Disimulaba su d olor del mismo modo en que un apostador oculta una mala mano. Pensi lvania. La avenida principal de la urbanización. compartían un mundo especial. 42 Huye. Sólo rogaba estar a su lado cuando llegara el momento . escuchando el agudo chirrido de un millón de criaturas nocturnas. cruzó Virginia y Maryland sin incidente. No sabía cuánto más podría acumular Warren dentro de sí antes de derrumbarse. como era de esp erarse. El indicador del combustib le marcaba casi vacío cuando salió de la autopista y se dirigió hacia lo que parecía una zona residencial. Idénticos en apariencia y personali dad. y ambos estaban conscientes de ello. "Nathan. Juntos como pareja. Apagó las luces del auto y. Un letrero le informó que. Monique tomó la mano de W arren y observó con disimulo las lágrimas que le asomaron a los ojos y le rodaron po r las mejillas sin afeitar. La mirada de Warren y su postura en la mecedora le recordaron a Monique los días t erribles que siguieron a la muerte de Brian. Así era como Warren enfrentaba sus problemas. La rampa de salida de la autopista ochenta y uno lo condujo a otra arteria de cu atro carriles. a penas a doce kilómetros de ahí.rdió todo. Warren no dijo nada ni se movió para tratar de enjugar las. pero cada uno co n sus pensamientos. "Vaya. huye Todos los vecinos recibían un diario matutino. pensó sin decirlo. Nathan empezó su paseo por el vecindario con un recorrido de las calles laterales. Una vez que dejó atrás el bloqueo. se llamaba Little Rocky Trail. eres un genio". Monique n o pensaba forzar el proceso. ¿Cómo reconocería la casa donde estuvieran de vacaciones si había diarios en todas la s entradas? "Tranquilo". con movim ientos tan suaves como pudo. pensó. Observó las puertas principales de las casas vecinas y se aseguró de que en ninguna hubiera vo lantes en la manija. vaya". con múltiples cruceros y semáforos. Tenía hambre y sed. c asi todo aún en construcción. "Igual que yo". En el instante en que Jed Hackne r entró en la casa con la noticia de lo ocurrido a Brian. Su princip al problema resultó ser un calambre en la pierna derecha por mantener el pie en pu nta todo el tiempo para alcanzar el acelerador. y buscaba su próxima parada para descansar. pudo . permanecieron sentados en silencio en el porche durante más de una hora. podría fanfarronear para siempre. Con un nudo en la garganta. -No es justo -musitó él después de un largo rato." Al fondo de la décima ca lle cerrada le llamaron la atención tres volantes enrollados que alguien había acomo dado en la manija de la puerta de tela de alambre. Brian era la vida de Warren. "Ya se te ocurrirá algo.

Pronto caminó cerca de los patios traseros de las casas. Nathan a su vez le ladró al perro. huye El número cuatro mil ciento veinte estaba al fondo de una calle cerrada. y su juego terminaría. El tiempo se le agotaba. Justo en e se punto el bosque terminaba y daba lugar a una franja de tierra con excavacione s para los sótanos y montones de material de construcción. miraban cariacontecidos desde el otro lado de la ha bitación. Además. Nathan decidió que era momento de ser temerario. pero desistió. Tomó nota del número de la casa. ¿cuántas veces te he dicho que no dejes frascos de comida abiertos? -dijo To dd. lo vio a través de la cerca y le ladró ferozmente. Otra posibilidad era seguir por el bosque y rodear la brecha en construcción hasta llegar a donde necesitaba. si devolvía las llaves. No hay c omo una barrera de roble de dos metros para sentirse valiente. Tenía delante otras opciones. Si atravesaba por la zona en construcción era seguro que lo vieran. Su sentido de la distancia lo traicionó. donde el terreno irregular. Cuando Nathan entró en el estacionamiento a bordo del BM W y acomodó el auto en el sitio más apartado. por supuesto. un p astor alemán. Desde su punto de observación no alcanzaba a ver el extremo más distante del conjunto de edif icios. El hijo de ambos. el cielo del este empezaba a teñirse de rojo. al otro lado de Little Rocky Trail de donde ahora Nathan se encontraba . poco antes de l a entrada a Little Rocky Creek. "Poco antes de la entrada" resultó ser casi un kilómetro de distancia. Recordó haber pasado. y su perro Labrador. de seis años. se acomodó el cabello con los dedos y simplemente salió del bosque. un Honda. Aún no eran las seis de la mañana. -Patty. con la esperanza de hallar su camino más fácilmente cuando regre sara a pie. ése era el sitio preciso que el perro eligió para vomitar. Como es peraba. las alimañas y los zarzales se con fabularon para entorpecer su avance. hasta el mome nto Dios parecía escucharlo. El problema era que no podía calcular la distancia ni cuánto tiempo tardaría en recorrerla. Mejor aún. Y. Era la hora en que mucha gente deja salir a sus perros. Patty. No tenía idea de que fuera a amanecer tan temprano. empezó a aumentar el tráfico.atisbar a través de las pequeñas ventanas hacia la oscuridad de la cochera. como al fi n habían podido comprar el tapete persa para el que tanto habían ahorrado. y el chiquillo se vio obligado a alejarse de la cinta de asfalto e inter narse en el bosque. -Peter. Cuando al fin distinguió la desviación hacia Little Rocky Trail. dio vuelta y siguió e n línea paralela a la calle nueva. Conforme la oscuridad se disipó y las sombras se aclararon. Ante él se erguía la iglesia católica de San Sebastián. volvió al BMW y arrancó. 43 Huye. cuatro mil ciento veinte. TODD BRISCOW arrojó un manojo de servilletas al cesto de la Cocina mientras su esp osa. el aire estaba denso por la humedad. Tenía la ropa empapada de sudor y el ca bello pegado a la frente. buscaba el limpiador para alfombras. tengo que irme . Bajó del vehículo. en realidad no se tratara d e un robo. con el aire de quien pertenece al mundo igual que todos los demás. ocultó las llaves bajo el tapete del lado del conductor y cerró la pu erta con seguro. Finalmente llegó al extremo de las construcciones ya existentes y vio ante sí el sitio donde iban a edificar la nueva zona de urbanización. lo que desencadenó un c oro de ladridos en todo el vecindario. había un lugar desocupado. Los patios traseros parecían extenderse hasta el infinito mientras Nathan avanzaba por el bosque. NATHAN TARDÓ cuarenta y cinco minutos completos en regresar hasta Little Rocky Cre ek. Todd vio su reloj por enésima vez aquella mañana y le dijo a Patty exactamente las p alabras erróneas. En p rimer lugar. tenía que deshacerse del automóvil. A su creciente lista de obstáculos debía agregar el tiempo. descubrió otro auto guardado. Uno de éstos. de un año. Puso especial atención en los nombres de las calles mientras salía de aquel lugar residencial. no porque lo deseara sino por necesidad. El perro acababa de zamparse un frasco entero de mermelada de fresa que Pete r dejó sobre la barra después de prepararse pan tostado. al lado de una imponente iglesia que sería el luga r ideal. Se irguió. Nathan pensó en entrar para charlar con Dios. Nathan. y la tempera tura era de casi treinta grados centígrados. Esperaba que.

Nece sitaba dormir. ¿Dormiste anoche com o esperabas? Las profundas ojeras de Warren contestaban elocuentemente y sin pal abras la pregunta. pero debo irme -declaró. huye TODD VIO al chico saludar. Supuso que para eso servían los adultos. Little Rocky Creek estaba convirtiéndose en un magnífico lugar para vivir. por supuesto. 9 CUANDO JED HACKNER entró en el estacionamiento del Centro de Detención Juvenil. a mí siempre me tocan las labores más odiosas". los pensamientos de Todd se centraron en la propuesta de Reischman n. Nathan dio vuelta en ángulo recto y se dirigió hacia el bosque. Ni siquiera miró atrás. Una de tantas veces.ahora. Mientras aceleraba hacia el extremo de la calle. la suerte le volvería la espalda y él tendría que encontrar sus p ropias soluciones. -Imagínatela. Cuando sacaba el auto. El niño parecía normal. Fue directo al dormitorio principal. se desvistió h asta quedar en calzoncillos y por fin pudo dormir profundamente. se apoyó contra un árbol y se dejó c aer pesadamente a tierra. pero no tenía tiempo. La reunión con Reischmann empezará a las ocho. -Sí. Mientras estos pensamientos danzaban en la cabeza. lo invadió el agotamiento. le lanzó un beso a Patty y se dirigió a la cochera. EN CUANTO el Chevy se perdió de vista. jefe -lo saludó cuando ambos bajaron de sus autos-. que era tan verdadero como falso. Ni siquiera modificó el paso al cruzar la calle. su jefe respondió lacónico que quería hablar con algunos internos. La cara le pareció va ente conocida. Hay cosas pendientes en la casa. Al llegar otra vez al amparo de las sombras y la oscuridad. su primer impulso fue echar a correr y ocul tarse. Nathan. -En verdad lo lamento. logró entrar en el cuatro mil ciento veinte a través de una vent ana del sótano a nivel del piso. 44 Huye. Nada podía hacer más que tratar de pasar inadvertido. Son casi las seis. -Johnstone vino a charlar un momento conmigo mientras te espe raba. Tomó su portafolios. mo lesta-. Contuvo su impulso de correr. pero siempre proc uraba darse un poco de tiempo para su familia. Por eso mismo se sentía tan solo sin un adulto cerca. pero algo en su manera de conducirse hizo pensar a Todd que no tenía buenas intencione s. aunque no logró ubicarla en ninguna de las familias de Little Rocky Creek. El Chevy se le acercó desde atrás por la izquierda. su buena suerte lo había sacado de todos los apuros. para mantener la perspectiva. La cabeza le decía que era inútil preocuparse por las cosa que no podía cambiar. Está disponiendo todo para nuestra entrevista. aunque cambió de rumbo para dirigirse hacia el frente de la urbanización. de modo que respondió a su vez con u n ademán. y todavía nec esito imprimir algunas gráficas. -¿Sabe que te acompañaré? -Se lo mencioné. Era un niño apuesto. Diez minutos después. ¿Qué haré si ese po me reconoció? Un asunto más de qué preocuparse y sobre el cual no tenía control. y no intentó huir. Nathan sonrió cortés y saludó con la mano. CUANDO NATHAN vio acercarse el auto. Warren le apuntó con un índice acusador. -¡Qué estupidez! -exclamó en un susurro-. pero esas cosas podían hacer que volviera a la cárcel o aun que termin ara muerto. necesitaba esa visión menos sombría que el reposo trae consigo. . -Buenos días. el pleito perenne centrado en el recurrente argumento de "nunc a haces nada. ¿no? Sus palabras tenían toda la intención de provocar una riña. alto y delgado. Todd admiró los resultados de su labor como jardinero el fin de semana anterior. Después de su conversación del día anterior. se puso de pie y emprendió los últimos doscientos metros de aquella in terminable noche. Nunca debí salir al descubierto. Jed se sorprendió al reci bir una llamada de Warren casi al amanecer para que se reuniera con él ahí a las nue ve. tienes que irte -replicó Patty. Al preguntarle el motivo. Con g ran esfuerzo. n ada de crímenes y un intenso espíritu comunitario que unía a todos. El empleo de Todd como ejecutivo de cuenta en la compañía telefónica lo ob ligaba a trabajar casi todas las noches y los fines de semana. En l as últimas veinticuatro horas. pero no dijo nada sobre su charla de ayer. Wa rren lo esperaba. con el cabello rubio despeinado. Había muchos niños en el vecindario. ¿Quién es ése?Un niño de doce o trece años cruzaba la calle hacia él. Bajó la velocidad casi imperceptib lemente al pasar.

sé que no quieres creer nada de lo que digo. ¿Era tan malo como me han dicho? Hubo un destello en el . Johnstone se quedó paralizado durante un momento . Si podemos encontrarlo antes que los demás. huye -Sí. 45 Huye. -Nathan estaba en la celda contigua a la tuya. -Pero si yo no digo nada. Como no se le ocurrió ninguna. -¿Sabes quién pudo ayudarle a escapar? Silencio. -¿Alguna idea de dónde fue? No hubo respuesta. en busca de alguna f rase digna para acompañar su salida. pasaro n juntos por el mostrador de seguridad. para iniciar la entrevista. Johnstone los esperaba en su oficina. Si no lo traemos de regreso. -Mira. As. y Michaels tenía esperanzas de obtener alguna pista sobre el lugar a donde Nathan podía haber escapado y quién pudo ayudarle. pero todos sabían que no era u na petición. lo mismo que Jed. As pareció complacido por la incomodidad del superintendente. ¿verdad? Pero ambos tenemos un problema. Warren giró la silla para apoyar el pecho contra el respaldo y sentarse delante de As. Espero que lo logre. El sargento Hackner y yo estamos dispuestos a creer que no fue tan sencillo. hasta su liberación. ¿quién de los dos es el policía buen o y quién es el malo? Quiero entender bien el reparto antes de que empiece la func ión. existen menos probabilidades de que lo lastimen. pero As no se movió. Había llegado a la cima de la pirámide en las correccio nales. farsantes. papá -respondió Jed en actitud de burla y aparentando una exag erada inocencia. Johnstone ocupó una silla en el rincón. Tanto Warren como Jed le tendieron la mano. donde permanecería seis años más. duraría quizá un año en las calles. huye -¿Por qué? ¿Ustedes van a matarlo? -No -respondió Michaels después de q ue el corazón le dio un vuelco-. el superintendente Johnstone había organizado una reunión privada con Tyrone Jefferson. un individuo de quince años detenido en tres ocasiones y cuyo expediente incluía un asesinato des de un auto. después de haber matado a uno de los guardias. se puso de pie y se retiró. hay todavía menos posibilidades de que lo atrapen -razonó As-. mejor conocido como "As". Su tono era amistoso. en tanto descubrimos a ese cómplice o descar tamos la posibilidad. Nada de pleitos. ¿de acuerdo? As pasó la mirada de uno a otro. As estaba sentado a la mesa cuando los p olicías entraron en el salón de clases. podría terminar muerto. te presento al teniente Michaels y al sargento Hackn er. mirándose las uñas. As ocupaba la celda contigua a la que había sido de Nathan. Tod as las pruebas apuntan a un cómplice y. Nathan. Tenía exacta mente la misma mirada que había observado en los ojos de innumerables adultos en i ncontables salas de interrogatorio. Nathan. Nathan Ba iley huyó de aquí el otro día. sin embargo sólo busco lo me jor para Nathan. Quiere n hacerte algunas preguntas. era mucho más duro de lo que Warren o Jed serían jamás. Michaels estaba a punto de po nerse de pie y salir cuando Hackner intervino. seño Johnstone? -preguntó Michaels. 46 Huye. Pero hay una multitud de tipos armados allá afuera que lo buscan. Tu vida en este lugar no será igual mientras no lo encontremos y lo traigamos de vuelta. -Oigan. Tras las formalidades de costumbre. De modo que vas a responderme algunas preguntas. -Iré directo al grano -empezó Warren-. Los dos trabajan en el Departamento de Policía del condado de Braddock. Mi chaels escudriñó los ojos del joven durante largo rato. pasarás la mayor parte de tus días encerrado. A los quince años. -¿Qué hay de Ricky? -inquirió-. Piensan que asesinó a Ricky Harris a sangre fría. co mo era de esperarse. Me parece que era muy importante para él salir de aquí. Johnstone habló primero. ataviado con el mono naranja que usaban todos los internos. ¿verdad? As se mantuvo impávido. A petición de Warren. pero no vio nada. pero hizo caso omiso. -As. La mirada que clavó en Jed dejó en claro que lo consideraba responsable de aquella humillación. vacío por lo demás.-Compórtate. Warren sonrió. El joven negro sentado al otro lado de la mesa se mostraba hosco e impasibl e. As se había entrenado toda su vida para ser el rey del sistema carcelario. No te agrado porque soy policía. y a mí no me gus taría que salieras con mis hijas. Si seguía por ese camino. -¿Podría disculparnos por favor.

Había omitido algunas palabras. Le pareció que era mejor dar por terminado el viaje. -Yo no dije nada. En el momento en que la puerta se levantó del su elo notó que algo andaba mal. Usted es Mark Bailey. Antes de que s ubiera los escalones. Kendra le clavó una mirada fulminante. setenta kilos. rubio. Su misión. -Disculpe -llamó a voces-. -Me parece lógico. consistía en permanecer sentado en un auto común y corri ente al lado de la casa de Mark Bailey. con toda seguridad. . Nathan. Los niños. Había sido idea de Steve conducir sin una sola escala a su regreso d e Disney World. desapareció en el espejo retrovisor . En algún punto de Carolina del Sur. Espero que tu sentencia te sea leve. Luego. hasta nuevo aviso. Del vehículo se apeó un varón rubio. Kendra llegó a su límite y empezó a cabildear para q ue pasaran la noche en un hotel. Este lugar iba a terminar con él. Has sido muy tol erante. Virginia. cuando Norfolk. abreviatura dewildman. Por el momento no es sospechoso. -Si le han dicho que era malo. Ambos se volvieron-. Conduce una Bronco roja de modelo reciente. O. momento en el que. y los consecu entes rezongos de sus hijos. Por toda respuesta. -Gracias por tu tiempo.fondo de los ojos de As antes de que los clavara en Jed. -Digamos que espero que haya muerto despacio -declaró. no necesita preguntar. de unos setenta kilos. ¿verdad? Mark trató de aparentar fastidio mientras hurgaba en su cerebro qué podía saber el pol izonte. ojos azules y bigote. t uvo la certeza de que su mujer recuperaría su buen talante." Harry abrió los ojos para verif icar su evocación y sonrió. "Varón blanco . Sin embargo. vitorearon. Steve notó que la tensión cedía un poco. al menos. ¡Señor Bailey! Mark dio media vuelta y apretó el paso hacia su puerta. La matrícula dice WLDMAN. la paciencia de ella se agotó y dejó de hablar. -Sí. Harry cerró los ojos y recitó la ficha descriptiva de Mark Bailey sin mirarla. Steve enfiló la camioneta Range Rover a la entrada de autos y accionó el control remoto pa ra abrir la puerta de la cochera. Harry la vio enfilarse haci a la entrada y detenerse. Me da mucho gusto que Bailey se haya largado. Harris la traía contra Bailey. 47 Huye. en una sola maratón larguísima en lugar de prolongar el sufrimiento varios días. en espera de que alguien llegara. con un vendaje voluminoso en una mano. conforme se acercaba el med iodía y el recuerdo de las terribles horas de oscuridad se esfumaba de la memoria. pero no sé por qué. y ambos se dirig ieron hacia la puerta. -¿Por qué? -se aventuró a preguntar Jed. la carrera en la que tanto se había esforzado por destaca r llegaría a un final ignominioso. Pero fue Kendra quien le dio voz a sus pensamientos: -¿Dónde está el auto? -preguntó con voz ahogada. Los tres permanecieron en un silencio incómodo durante un instante hasta que Warre n rompió la tensión. K ENDRA Y STEVE Nicholson no se habían dirigido la palabra durante los últimos doscien tos kilómetros. Jamie Amy. -Disculpe. -Vaya. gracias -Warren asintió respetuoso hacia el prisionero. salvaje. blanco. En ese momento. Steve la convenció de seguir unos doscientos kilóme tros más. -Oigan. a dos kilómetros de su casa. Jed se levantó con él. ¿Qué quiere? -Necesito hacerle algunas preguntas. Se le busca pa ra interrogarlo. señor -lo abordó el policía-. soy yo. la camioneta Bronco roja. poniéndose de pie-. pero lo esencial estaba ahí. Harry lo había alcanzado. huye -¡Allí está! -anunció cuando su hogar apareció ante él. EL PATRULLERO Harry Thompkins miró en la carátula de su reloj digital los últimos sesenta segundos antes de las diez. Y también Mark. Donde antes había habido una estudiada indiferencia apareció un odio descarnado. Mark alzó el brazo como en un brindis torpe. Harry Thompkins bajó del auto y cruzó la calle a paso rápido. Sólo cuat ro horas más de sufrimiento hasta su cita con el teniente Michaels. As -concluyó. polizontes -llamó As cuando la mano de Warren tocó la perilla de la puerta.

agente Borsuch -saludó. Fuera lo que fuera. Tomó algo de ropa del hijo de los Nic holson. Cuando se acercaba a la puerta principal. señor Bailey. con antena parabólica en el techo. De vuelta en su auto. -Entonces.-¿Tengo la apariencia de un hombre que pueda correr? Harry percibió de inmediato que Mark ocultaba algo. ¿Dónde ocurrió eso exactamente? -En el extremo del brazo -Mark desapareció en el interior de la casa y cerró la puer ta tras de sí. Mientras conversaban. "¡Un momento! Aquí sólo hay un vehículo". Gracias por su tiempo. -Vaya casa. señor Bailey -admitió Harry. Harry consultó otra vez el reloj y sintió alivio al descubrir q ue todavía le quedaban tres horas y media a su carrera. ¿o sí? -La verdad -lo contradigo Mark-. Se le ocurrió que ocuparía par te de ese tiempo en ir al hospital. mi sobrino y yo nos odiamos. Se volvió y preguntó a voces: -Oiga. -Me pareció que intentaba esquivarme. Parecía nervioso a más no poder hasta que empezó a hablar sobre Nathan. Harry volvió la cabeza para mirar la casa y la Bronco que estaba detenida frente a ella. para deshacerme de él. de hech o pedí que lo encarcelaran. pero en realidad fue muy sencillo -abrió la puerta del baño para que Warren viera la pila de ropa ensangrent ada en el sitio donde Nathan la había dejado-. oyó que se abría la puerta. Usted no tiene nada que ocultar. Sí. ¿quién volvió rlo para que Bailey se trasladara en él al hospital?" No cabía duda. Harry meditó sobre la petulancia del últ imo comentario de Mark en el contexto de toda la discusión. . ¿Podría decirme dónde pasó la noche. reapareció el nerviosismo. "Si se cayó del gato. Cedió el paso a Warren y lo escoltó por la entrada h asta el descomunal vestíbulo. Entonces se puso arrogante. 48 Huye. Cuando s urgió de nuevo el tema de la lesión. a solas. Harry se acercó a la puerta. Mark lo miró desde el umbral. no le importará que eche un vistazo. estoy enterado. El policía que vigilaba la puerta se sintió or gulloso de que lo reconocieran. ese algo tenía que ver con su lesión. señor? -En el hospital -Mark hizo un ligero ademán con la mano lesionada-. El auto me cayó encima cuando estaba arreglándole los frenos. agente. Lo mandé ahí. Cuando llegaba a la calle. engulló un montón de su comida y se fue en su BMW. -Porque usted no trae una orden judicial y nada me obliga a dejarlo entrar en mi casa. -¿Está usted enterado de que su sobrino escapó del Centro de Detención Juvenil antenoche? -Dije que estuv e en el hospital. Tuve un accide nte. -¿Sí? -Dice que el auto le cayó encima de la mano. ¿Acaso piensa usted que pu edo tener a Nathan aquí? Harry arqueó una ceja. -De acuerdo. -Buenas tardes. sí me importaría mucho. ¿no le parece? -Lo mismo opino -coincidió Warren-. Mark Bailey era culpable de algo. -Pero. huye -Mire. Éste es el último lugar a donde Natha n vendría. pensó. dando media vuelta para retirarse-. no en otro planeta. ¿cuál es la razón? -quiso saber Thompkins-. Es ust ed un hombre que conoce sus derechos. ¿Y qué los hace pensar que el chico Bailey estuvo aquí? -Quisiera decirle que se debió a un brillante trabajo detectivesco -respondió Borsuc h mientras conducía a Michaels por el pasillo principal-. vio una cara conocida. inmediatamente atrás de la camioneta de una est ación televisiva. Nathan. Quizá se trataba de un niño. WARREN MICHAELS fue el primer investigador q ue llegó a la casa de los Nicholson. Pareció que nadie jamás le había contestado eso a Harry. -¿Debería de pensarlo? -preguntó.

Si estás de acuerdo. Pero. Condujo a Harry hasta la intimidad de un consultorio vacío. ¿Te dijo que se había lastimado cuando el gato se zafó del auto? Este era prec isamente el tipo de aprieto legal que Tad se había esmerado en evitar. La crema y nata de Braddock. doctor Tad -saludó Harry al acercarse. Tad finalizó su labor. Tenían delante a la prensa. -A juzgar por la manera en que la prensa se ha ocupado de este caso -comentó Warre n Michaels-. Tomó el atajo por la entrada de ambulancias. Se detuvo ante el mostrador de traumatología. -Harry. le sonrió amablemente a la enfermera de la recepción y entró en el Departamento de Urg encias. no a Tad. vaya. -Sólo necesito un poco de ayuda -suplicó Harry de prisa-. y todos los sabían. Diez minutos y otras tantas puntadas después. ambos podremos declarar b ajo juramento que nunca me diste información alguna. Tad estaba en el extremo más disyant e de la sala de urgencias. Harry. Nathan. Bailey era una escoria. Los policías les enviamos a ustedes montones de trabajo. pero optó por darse de alta él mismo contra las recomendaciones del médico. -Todo el mundo conoce al doctor Tad. donde un joven asistente médico llenab a algunos papeles. -Vaya. Cuatro personas. Warren siguió el ademán. -¿De qué se trata? -preguntó. ¿o no? Harry se alejó del escritorio. -Disculpe -interrumpió Harry-. El joven miró al techo mientras hurgaba en su memoria. y le entregó una hoja rayada de cuaderno. -Muy bien. -¿Dónde está la familia? -inquirió. Nathan. -Lo siento. dos adultos y dos niños. con los lentes de las cámaras que brill aban al Sol dirigidos hacia ellos. Y sus lesiones eran las de un hombre con amigos malvado s. -También encontramos esto -añadió Borsuch. suturando un herida en la coronilla de un paciente. arqueando las cejas-. Sólo quiero da rte algunas de mis opiniones. Por otra parte. lo sé -admitió Harry. ya sabes que no puedo comentar ningún detalle del expediente de los pacientes. Todas mis conversaciones c on los pacientes son confidenciales. Pero apóyame en ésta.49 Huye. -Buenas tardes. Su voz tenía un dejo de desesperación-. sería bueno para los Nicholson acostumbrarse a salir en televisión. HAR RY THOMPKINS detuvo su autopatrulla en uno de los espacios de estacionamiento de l hospital reservados para la policía. Escrúpulos aparte. el médico no iba a arriesgarlo todo por ayu dar a un amigo. Mi carrera puede estar en juego. incrédulo. huye -¿Atendiste ayer a un paciente llamado Mark Bailey? -quiso sabe r Harry-. 50 Huye. le correspondía a Harry atrapar a los tipos malos y meterlos en la cárcel. Sólo déjame terminar de zurcir a este amigo y enseguida te atiendo. El grupo desordenado que ocup aba la acera se había convertido en una improvisada conferencia de prensa. de esp aldas a la casa. ¿Qué te trae a este valle de lágrimas? -Tengo algunas preguntas para ti. estaban de pie en la acera. Tad alzó la vista y sonrió. Era la conducta típi ca de quien oculta algo. puedes toser. El chico tiene b uen gusto. Cuando terminemos. Desde q ue Warren llegó al lugar se habían sumado otras dos camionetas de estaciones televis ivas. huye -¿Un BMW? -repitió Warren. -El ladrón más cortés de la historia -comentó Borsuch. y los micrófonos de jirafa sostenidos sobre las cabezas. Debía permanecer una noche en el hospital. asintiendo con la cabeza. -Lo sé. -Una lesión de la mano. por desgracia. no digas nada. si no estás de acuerdo. no puedo ayudarte. Borsuch señaló el jardín delantero. Warren leyó la nota y movió la cabeza de lado a lado. ¿verdad? Entonces debió de ser el doctor Tad Baker. -¿Tad Baker? -¿Lo conoce? Harry se encogió de hombros. -¿Dejó una nota? -preguntó Warren. Necesito hablar con el médico que trató ayer a un paciente de nombre Mark Bailey. Tenía rota una mano. mirando a su alrededor. ¿De acuerdo? .

aunque los ojos lo desmentían. Nathan alcanzó a distinguir la punta de cuatro balas por los orificios del cilindr o. Nathan.-Jamás podría acceder a algo así -protestó Tad. pero tendría que aclarar su confusión por sí solo. -Se están acumulando los pacientes en la sala de espera. Acercó un a silla a la cómoda para curiosear en los cajones de arriba. con el arma sostenida con ambas manos y los br azos extendidos. de Milwaukee. registró las habitaciones como había visto en la s series policíacas de la televisión. por el contrario. donde se tendió en el sofá a ver los dibujos animados y hartar se de frituras empacadas y cerveza de raíz. Como supuso que la gente guardaba las cosas buenas en los dormitorios. al tiempo que abría la puerta del consultorio. Una ve ntaja de esa casa respecto a la de los Nicholson era un centro de lavado en la p lanta alta. Harry se veía totalmente estupefacto. Aparte de l a cama sólo había dos muebles grandes. Harry se quedó pasmado. en el noticiario la noche anterior. un tocador y una cómoda de patas altas. Nathan. Un repentino acceso de tos acometió al médico. ¿no? . Se ocuparía de ellas enseguida. Hizo una pausa para ordenar sus ideas-. Emp ero. tampoco tenía manera de relacionar las lesiones de Bailey con cualquier activ idad ilegal que hubiera cometido. Podía jugar con el arma tal como estaba. se entretuvo apenas lo suficiente como para meter las sábanas en la lavadora y reanudó la batall a en la planta baja. -Por supues to que no -reconoció Harry. siempre que no tirara del gatillo. Los dos últimos eran pe queños. Nathan Bailey. te tengo una sorpresa en la otra línea -oprimió e l botón-. Reparó en el teléfono en el momento en que empezaba a aburrirse otra vez.Con que eso se traía Harry entre manos. sobre los temores de esta última por la seguridad de Nathan cuando le avisaron que la verdadera estrella del programa esperaba en la línea ca torce. DENISE CONVERSABA co n Quinn. Levantó el auricular y marcó. Tal vez había planteado mal su afirmación. ¿has e oyendo el programa? -preguntó Denise-. -Creo que se rompió la mano mientras cometía un crimen y teme que. No l o he oído -respondió con tono de auténtica disculpa-. de los cuales tuvo que matar al me nos media docena a la vez que él mismo recibía una bala en cada hombro. Las series que le gustaban terminaron al mediodía. Dur ante los siguientes veinte minutos. Estuve durmiendo. pensó Tad. El cajón de la izquierda guardaba una cala de balas. Eso contr ibuía mucho a tranquilizar su conciencia respecto al robo con allanamiento. pero primero echaría un vistazo. Hiz o un nuevo intento. -No me sorpren de. Dicho lo cual. dispuestos lado a lado en lo más alto. 10 51 Huye. pero nunca asoció los apellidos. subió a la habitación principal. Antes de que lo olvidara. -Y dime. Supongo que lavar toda esa ropa agotaría a cualquier niño. -Lo siento. Eres toda una celebridad. El dormitorio principal estaba decorado con muebles de pino y roble. en el derecho estaba un e norme revólver azul negro y pesado como un ladrillo. Tad guardó silencio. -Oye. señora -respondió la voz. si investigamos s obre la lesión. Volvió a toser. el médico regresó a sus la bores y dejó a Harry a solas con sus dudas. salió al vestíbulo y las dejó en el piso frente a la lavadora. cariño -rió Denise-. Natha n Bailey. lo descubriremos. pasó el resto d e la mañana en la sala. Apagó el televisor y decidió explor ar. Había oído del chiquillo. En ellos encontró unos juguetes fabulos os. se debían a actividades cometi das en su contra. debía lavar las sábanas. ¿estás ahí? -Sí. -Creo que Mark Bailey se lesionó cuando ayudaba a alguien a escapar de la prisión. Harry -se disculpó Tad. Después de despertar cerca de las diez y media y agasajarse con otra prolongada ducha caliente. B ailey. Quinn -la interrumpió Denise-. Mark Bailey mi ente sobre cómo se lesionó. Toda su teoría se basaba en la suposición de que Mark se había roto los dedos mientras ayudaba a Nathan a escapar. Quitó las sábanas de la cama. huye LA CASA de Little Rocky Trail cuatro mil ciento veinte no tenía ni siquiera la mitad del tamaño de la residencia de los Nicholson. Se preguntó de qué estaría hablando Denise ese día. pero le brindó a Nathan su primera experiencia con un colchón de agua. Una vez que limpió la planta alta de maleantes.

Quizá ya se enteraron de que tengo graves problemas con la policía. pero uste des la llamaron de inmediato. Sin embargo. de modo que la emprendió a preguntas. Ya estaba listo. no parecía que hubiera robado na da.. En cuan to la pantalla digital del radio mostró el novecientos noventa. el asunto estaría concluido y el señor Slater dejaría de fastidiarlo. También encontraron tu nota. Nathan había dormido en la habitación principal. Díganle que gracias y que lo sien to mucho. Sabía que pronto llegaría su oportunidad. Nathan. Ella las contestó lo mejor que pudo hasta que la únic a interrogante que hizo el periódico local la dejó sin habla. Encontré ropa sucia y la lavé junto con las sábanas en las que dormí anoche. tus anfi triones de anoche. huye EN CUANTO KENDRA terminó de leer. había lavado las sábanas y vuelto a hac er la cama antes de irse. rompí un vidrio de la puerta trasera. que acababa de limpiar. A continuación. llegaron a casa esta mañana y descubrieron que faltaban algunas cosas. aunque él estaba concentrado en el estudio minucioso de una d e sus uñas. pero no todo lo que dicen. Nathan. Al menos.D. El corazón de Nathan latía a toda prisa. en un par de días. Colocó seis tiros en el arma y puso de nuevo el cil indro en su sitio. Créanme. ¿Cómo se sienten por ello? Kendra se sonrojó y miró a Stev e en busca de ayuda.? -¿Tampoco viste la conferencia de prensa? ¿Conferencia de prensa? ¿De qué hablaba? Nathan trató de encontrarle pies y cabeza a aqu ello. LYLE POINTER vio la conferencia de prensa en la sala de su casa mientras armaba lenta y metódicamente su revólver Magnum . Cuando todo esto acabe pensaré cómo avisarles dónde está. oyó la voz del chico . Según deducían. Aunque traté de ser cuidadoso. a Pointer no le gustaba para nada la aten ción que el chico Bailey estaba recibiendo de todos los medios de comunicación de la zona de Braddock. Ya he conducido y prometo que tendré muchísimo cuidado. como un automóvil BMW. huye -¡Entonces no lo sabes! -exclamó Denise-. Les prometo cuida r sus cosas. Recogí los pedaz os y.. Es o significaba que sólo le llevaba unas horas de ventaja a la policía. 52 Huye. Permaneció mudo. Steve tenía el aspecto de un ex jugador de fútbol americano colegial. sin duda. -¡Ja! Te callaron. Tienen una casa muy bonita y el mejor televisor que yo haya visto.357. Por favor. declaraba Kendra. Se pregu ntaba si Nathan tendría la desfachatez de llamar a Denise por segunda vez.Nathan sintió que la sangre se le helaba en las venas. Considerando el trabajo que debía hacer. Nathan había irrumpido en su casa a través de la puerta vidriera en la parte de atrás. No se preocupen. había dado otros golpes difíciles en el pasado. en especial si estaban buscándolo? Surgieron mil interrogantes en su mente. Sí. También tuve que llevarme su otro auto. Nathan Bailey P. -Nathan les pidió que no llamaran a la policía sino después de un par de días. Ya en camino. Fue algo muy feo. pero le fue imposible. Le temblaban las manos. Kendra leyó la nota: Estimados señores Nicholson e hijos: Lamento haber entrado sin permiso en su casa. ¿Cómo lo sabía? ¿Cómo podía. ¿eh? Aún sonreía cuando reanudó su labor. -¿Qué? -jadeó. Perdón por el desorden del baño. por increíble que pareciera. intentaré pagárselo. Nunca creyó que regresaran tan pronto. encendió el radio de su auto a fin de oír Radiocharlas 990. o quizá una semana. habría sido la animadora que perecía por él . Hice algunas cos as malas. Los Nicholson parecían recién salido s del serial de televisión Los pioneros. El niño con . tanto más difícil sería liquidar a l niño y desaparecer. Los Nicholson. WARREN MICHAELS salió de la casa de los Nicholson a toda prisa para volver a la jefatura . Por favor dígan le a su hijo que tuve que tomar algo de su ropa. Las cosas no iban b ien. Salvo por la ropa y el auto. Cuanta más gente estuviera atenta. Su tono sonaba gélido. cuando tenga oportunidad. Pointer soltó una carcajada. 53 Huye. Necesitaba enterarse cuanto antes de lo que todos los demás sabían. la multitud de periodistas di sparó una andanada de preguntas. se había duchado en e l baño principal y. no como las había planeado. Su amigo. Notó con extraño placer que un día de libertad había animado mucho a Nathan. Kendra. no llamen a la policía sino hasta unos días después de que encuentren esto. ¿Cuánto tiempo ten dría que pasar antes de que localizaran el BMW.

Esa noche. Iba cruzando unas vías de tren que no tenían señales. Nathan. Un chico listo. Era cierto que había matado. Denise. Como madre que soy. pero después ya no quisite hablar de él. Nathan". no creía una sola palabra de lo que dijiste. él mismo lo confesó. y oprimió el botón para cortar la llamada de Califor nia-. sin embargo. pero no sabía por qué. -¿Frank? Estás al aire con el legendario Nathan Bailey. -Hola. huye A partir de ahí. Y. -Nathan. Cualesquiera dudas que hubiese abrigado al respecto se disiparon desp ués de su conversación con As. si me conocieras mejor. La primera.taba alegremente cómo había evadido un bloqueo la noche anterior. ¿prometes responderme sólo con la verdad? ¿Me lo di rás aunque creas que eso podría hacerme sentir mal? -De acuerdo. ¿Qué le suce Nathan respiró hondo. Pero debo confesar que hay algo en tu voz y en tu personalidad que res ulta encantador. DENISE TENÍA e n la línea a Frank. y el tren lo arrolló. El día anterior. hablar de esas cosas le había parecido mucho más difícil. -Murió en un accidente de tránsito cuando yo tenía diez años -respondió con claridad-. quisi era ayudarte. Aquella charla había confirmado a los ojos de Warren do s verdades innegables. no puedo negar que tus llamadas han sido benéficas para mi programa. había uno que todavía no lograba enfrentar d esde una perspectiva lógica. Habían pasado dos años desde que alguien se había mostrado amable con él. Puedo decirte sincer amente que me agradarías aunque hicieras que nuestras cifras de audiencia de hecho bajaran. Jacob Protsky. controlado. De modo que sí. La respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular era importante para él. de Coronado. que Nathan no era un peligro para la sociedad. -¡Qué van a saber! -y Denise rió. Yo tampoco quiero. aunque tuvo buen c uidado de no dar la ubicación. No podía olvidar el tono frío e indiferente de la voz cuando ella le ordenó que dejara de telefonearles. las imágenes se ensombrecían al recordar cuando la llamó de un teléfono público después de la primera golpiza con cinturón. igual que muchos radioescuchas. yo e staba en casa de mi mejor amigo. Nathan sonrió y estiró la espalda. la gente no conoce los límites. para suplicarle que lo acogieran. conmovido-. -Gracias -repuso Nathan. ¿es cierto? -agregó Frank. Recu erda que. Esta vez se sentía tranquilo. cariño -corroboró Denise en tono consol ador-." -Ayer también insinuaste que te habían maltratado. Ayer nos contaste que tu mamá murió cuand o eras un bebé y que te crió tu papá. Eran nuestros vecinos. Hizo a un lado sus dudas y preguntó: -¿Te seguiría simpatizando aunque no hiciera que tus cifras de audiencia aumentaran? Denise meditó un momento antes de contestar. no los reformaba. En su fuero interno. Nathan respiró hondo. La policía les avisó. hay mucha gente que no opina l o mismo. Fue muy triste -recordó que había permanecido con los Protsky durante el funeral hasta que el tío Mark al fin estuvo lo bastante sobrio para ir a recogerlo y llevarlo a su guarida. -Ya no quiero hablar de eso -respondió Nathan en tono despreocupado. sentía que podía comentarlo sin rompe r en llanto. al principio del telefonema de ayer. Y estoy segura porque creo que educó a un hijo muy simpático. -Estoy de acuerdo -terció Denise. "No te olvides de llamarnos si necesitas cualquier cosa. Pero no era un asesino. y la segunda. que el sistema correccional para menores hacía criminales. y tu situación en realidad me conmueve. pensó Warren. "Ahora tienes una nueva vida. Warren deseaba que Nathan lograr a escapar. -Estoy segura de eso. La respuesta de Denise hizo sonreír a Nathan. lo hizo sentir una calidez que hacía m ucho tiempo no sentía. sabrías que eso significa mucho para mí. 54 Huye. Entre los muchos sentimientos que Warren había analizado con toda minuciosidad la noche anterior en el porche de su casa. A veces. si te pregunto algo. California. -Oye. "Ya no podemos ser parte de ella. -Papá era el mejor hombre d el mundo -afirmó Nathan. había dicho. dos años desde la última vez en que alguien le dio una palmada en el hombro o . y el papá de Jacob me lo dijo." Nathan evocaba las pal abras que la señora Protsky le había dicho mientras le daba un sincero abrazo. Nathan -saludó Frank-.

Tú no sabes cómo es que te metan en una jaula de hormigón. ¡No me dig as que debo regresar. ¿Estaría bien si le pidiera a los que te oyen que les digan a sus amigos que en verdad no soy un niño malo y q ue necesito ayuda? Quizá en los noticiarios dejarían de mostrar mi fotografía todo el tiempo. -¿Sigues ahí? -inquirió ella. amiguito. si me defiendo y gano. tendría otra oportunidad . Pero.. un silencio tan profundo que podía oír los latidos del propio corazón. pero era un sitio muy sospechoso para dejar un auto tan costoso. huye -¿Eh? ¡Ah!. -A muchas personas les funciona. y Warren tuvo que morders e la lengua para no sonreír. Al llegar.. Lo que preocupa a todos es tu seguridad. Aquella mañana. sí. Nathan se negaba a creer que esos tiempos se hubieran esfumado para siempre. No volveré a menos que me a trapen. Pensilvania. Si se esforzaba y decía la verdad. y nunca cruzó por su mente la idea de pelear con otros por lo más esencial de la vida. Denise -declaró Nathan. Como esta diligencia era de naturaleza personal y Greg todavía estaba d e turno. -El sistema de justicia me metió en esto -refunfuñó. Nathan.. Nathan. Así funciona el sistema. estaba sólo y lo rodeaba el silencio. con la respiración agitada y las manos temblorosas.lo abrazó. Me pr eocupa pensar en ti al volante de un auto. Cada minuto que estés prófugo corres un verdadero peligro . alguien más lo in tentará. ubicado en un extremo de la parte trasera del estacionamiento. porque no regresaré! Nathan colgó el teléfono con tal violencia que hizo caer al suelo la lámpara de la mes a de noche. después con los rufianes del Centro y en la actualidad con la policía. . y se puso en pie de un salto al oír que se abría la puerta. siempre estaba en juego su supervivencia. quizá otras personas también podrían. al iniciar el turno. Desde que ese tren lo privó de todo lo que era bueno y amab le. En medio del silencio reconoció el sabor de su ira y su tristeza. la vida de Nathan había sido una pelea continua: primero con el tío Mark. se acercó a revisar el vehículo. A mí no. 55 Huye. creo que es demasiado tarde para eso -respondió Denise co n aire genuinamente maternal-. nadie había mencionado un BMW robado. y quería cerciorarse de que estuviera inscrita en las clases adecuadas de la Confraternidad para la doctrina cristiana. Permaneció de pie en la sala de una casa desconocida. y si la suerte lo acompañaba. Greg había asistido toda su vida a la i glesia de San Sebastián. de modo que pudiera empezar de nuevo sin que la gente me reconozca. No sabes cómo se sien te cuando los demás te golpean hasta que te cierran los ojos -Nathan gritaba-. A veces creo que lo más seguro para ti sería entregarte a las autoridade s y permitir que el sistema de justicia te cuidara. Nathan. sobre todo. Maté a Ricky Harris porque estaba tratando de asesinarme. dirán que yo soy el asesino. Su hija ingresaría en el primer año de primaria en el otoño. se sintió in finitamente solo. Los adultos siempre tienen la razón y los niños no la tienen nunca. Nathan. Lo siento -Nathan hizo otra pausa y reunió valor para ejecutar el plan que acababa de concebir-. -Siéntate -ordenó Warren. -Escucha. rojo cereza. Durante los primeros diez años de su vida jamás tuvo que preocuparse por s er duro o valiente. Y si Denise podía pensar cosas agradables sobr e él e incluso creerle. Denise. y me parece que seguirás siéndolo ha sta que esto se resuelva. Aún había gente dispuesta a escuchar. Se veía despavorido. H arry se sentó con la espalda erguida. EL AGENTE de policía Greg Preminger agradeció a la hermana Elizabeth su ayuda y volv ió a subir las escaleras hacia el santuario. en Jenkins Township. Decidió radiar el número de matrícula para verificarlo. tenía prisa por regresar a su autopatrulla antes de que pudiera perderse alguna llamada telefónica. Sólo pensaba. Si regreso. pensar en que burles bloqueos de cami nos y andes solo de noche. Añoraba los tiempos en que s us mayores preocupaciones se centraban en si lo elegirían para el equipo de fútbol o si obtendría buenas notas en el examen de ortografía. reparó en un BMW descapotable. Siempre llevaba las de perder. De pronto. no había el menor indicio de una sonris . -No puedo regresar. Le pareció curioso que no lo hubiera visto al entrar. convencido-. En el exterior. Ya eres noticia. Ya en su auto. EL PATRULLERO Thompkins esperaba en la oficina de Warren Michaels cuando éste llegó. -A decir verdad. el catecis mo católico. -A los niños no.

Thompkins? ¿Así que aho ra eres nuestra estrella de radio. El reloj en el corredor principal del juzgado indicaba las tres con cuarenta. Encontraron el auto en Jenkins Township. Warren se inclinó hacia adelante y. y tienes el derec ho absoluto e inalienable de ponerte en ridículo cuantas veces quieras. señor -respondió Harry. agente Tho mpkins. y Stephanie comprendió por e xperiencia que tal ausencia significaba que ella tendría que arreglárselas con un ca . 56 Huye. lárgate de aquí y regresa a tu trabajo. Pasaron unos cuantos segundos. con grandes aspavientos. -Quizá pienses que voy a gritarte por el ridículo que hiciste ayer en el radio.a. Pensilvania. Warren puso la mano sobre el auricular. Estaba dispuesto a enfrentar lo que venía como un hombre. señor -masculló Harry. si estaba decepcionado de alguien. Yo cubriré las cosas aquí. -La próxima vez que vea tu nombre por escrito. Nadie que hubiera come tido la primera falta sabía si detrás de esa mirada se ocultaba un torrente de ira. Warren levantó el expediente. sólo la mirada gélida que tantos agentes de policía habían enfrentado en un momento u otro de sus carreras. -Residencia de la familia Nicholson. quiero que sea en una mención de hono r o en la recomendación del comité para la próxima vacante de detective. Él era de lo s buenos y. casi dos horas después de la hora fijada para la audiencia. huye Era una mirada de enojo y desaprobación. huye 11 STEPHANIE BUCKMAN no tenía más asuntos de aspecto importante c on qué matar el tiempo. Warren se retrepó en su sillón de vinilo. Harry salió y cerró la puerta. El corazón le palpitaba con rapidez. Sin embargo. aunque en la siguiente ocasión te agradecería que lo hicieras solo y dejaras al departamento f uera de tus asuntos -hizo una pausa-. -Sí. Harry. El motivo de esta pequeña charla. se dijo. señor -repuso sin titubear. -¿Y bien. Los demás tenían razón. Harry miró al teniente a los ojos. Tus acciones me indican que estás perfectamente consciente de que el modo correcto ca si siempre tarda más. Cuando el teléfono volvió a sonar. y no podré volver a cubrirte las espaldas. señor -Harry esbozó una sonrisa tímida. -Sí. al norte de Ha rrisburg. eh? -preguntó con voz apacible. Michaels era de los buenos. y una gran equivocación. Y no le pidas ningún favor a Petrelli durante un buen tiempo. ¿Quedó claro? -Sí. -Jed. -Has tenido una larga serie de éxitos en tu carrera. Otra más. al tercer timbrazo. Habla el sargento detective Hackner. soy Warren. Jed contestó. Nathan. s osteniendo el teléfono celular con el hombro mientras enfundaba el arma. abrió el expediente de trabajo de Thompkins. -Ahora. -¡Magnífico! -exclamó Jed-. WARREN BAJÓ de dos en dos los escalones hacia el estacionamiento. es que existe un modo correcto y otro incorrecto de obtener pruebas. ¿no es así? Harry asintió. porque muy pocos habían visto al teniente Michaels enfadado alguna vez. -Sí. que rechinaba. Nathan. -Anímate. que Warren le devolvió. Estamos en Estados Unidos. ¿entiendes? -en ese momento sonó el teléfono de Warren. él no se había presentado. Pe trelli había expedido un citatorio para ver los registros telefónicos privados de Om ega Broadcasting. el departamento en pleno estaba d esilusionado de esa persona. Voy para allá ahora mismo. El teléfono sonó nuevamente. De pronto adquirió la expresión de un escolar en la oficina del directo r. Thompkins -prosiguió Warren-. 57 Huye.

El juez Verone le devolvió la sonrisa fugazmente. Investido como juez en 1955. Desde las nueve de la mañana.so perdido. Puestos de pie. Cuando subía al estrado. -Su Señoría. Nathan. Morin habló sobre el regreso de los N icholson de vacaciones y acerca de sus hallazgos al llegar a casa. Abrió su portafolios. incómoda. El primero. sacó su s notas y empezó. Verone parecía lo bastante viejo para hab er firmado en persona la primera Constitución. -En efecto. Era un feroz defensor de las víctimas y un firme crey ente en la individualidad. sin dar muestra al guna de tensión. ¿Qué clase de ju ego se traía Petrelli entre manos? -Ilústrenos por favor. Que hubieran asignado a Verone la petición de la fiscalía de acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting sin duda explicaba la conspicua ausencia de Petrelli. tr as un escape temerario y sangriento del Centro de Detención Juvenil. Caminaba de un lado a otro por el pasillo. en los cuales la información solicitada por la fiscalía se obtuv o a través de otros medios. En contraste con sus limitaciones físicas. sus oponente s de Omega Broadcasting. al tiempo que re pasaba en silencio su abultada lista de casos pendientes. Al fin. preguntándose en secreto cuánto más podría durar e l vejete. con un fino traje de Brooks Brothers-. Los ojos oscuros y las mejillas hundidas le daban un aire maligno que le había servido muy bien a lo largo de los años para intimidar a muchos huéspede s del tribunal. Si nos brindara e l acceso a los registros telefónicos de Omega Broadcasting. -Señor Morin -se dirigió a un abogado de aspecto distinguido. Stephanie sonrió. Morin sonrió afectadamen te. el juez Verone se volvió hacia Step hanie. veo que está sola -reconoció. Señoría. ustedes tienen una visión distinta sobre este asun to. Stephanie quedó boquiabierta. Su Señoría. Su Señoría. de modo que ustedes puedan sa lir a pescar a un solo radioescucha. según entiendo. tenía un asp ecto cadavérico. el conocimiento que el juez Verone tenía de las leyes era formidable. furiosa. diez minutos antes de las cuatro. Pero estoy lista para proceder si n él. Tenemos a nue stro alcance el mecanismo para volver a ponerlo bajo custodia. Esperaba ver al señor Petrelli con usted. -¿Cuentan ustedes con alguna información que quieran presentarme en este momento que no se haya incluido en su réplica escrita? -inquirió Verone. la def ensa considera que el asunto es por completo irrelevante debido a los acontecimi entos de esta mañana. ¿no es así? Morin se puso de pie. un criminal convicto y asesino confeso está libre hoy. to dos los presentes guardaron silencio. pero en ocasiones debe prevalecer el bien común. su paciencia para luchar contra los molinos de viento de Petrelli se había agotado. nos permitiría rastrear a este jovencito y devolverlo a donde debe estar. -Señorita Buckman. -No estoy muy seguro de eso -la contradijo-. encima. Una vez concluidas las formalidades iniciales. huye no desea violar el derecho a la intimidad de nadie. Clarence O. Señoría -concluyó el abogado Morin-. La fiscalía 58 Huye. -Sí. -A decir verdad. En un a prosa impecable y florida describió el incalculable perjuicio que se infligiría a los derechos que otorgaba la Primera Enmienda a todos los ciudadanos en caso de que se accediera a la petición de la fiscalía. la tenemos -respondió. -Con esto se demuestran varios puntos. He visto su petición y estoy dispuest o a desecharla. Y. Su Señoría. que un buen . yo también lo esperaba. Verone giró la cabeza hacia la defensa. tuvo que hacer una pausa momentánea para pe rmitir que las artríticas rodillas soportaran el gran esfuerzo. elegantes y muy bien pagados. seño Morin -indicó el juez. a menos que se le ocurra un motivo de peso para violar el derech o a la intimidad de cientos de personas inocentes. Con treinta y tres del itos muy graves y otros numerosos asuntos por atender. irritado-. Con sus casi ochenta años. permanecían cómodamente senta dos en el otro extremo del pasillo y conversaban en voz baja. Además de todos los argumentos presentados hasta el momento. no había regresado a su of icina y nadie le mencionó una sola palabra sobre esos "otros medios". les avisaron que el jue z Verone estaba listo para empezar. Stephanie permaneció de pie mientras ordenaba sus ideas.

Si algún maleante lo elegía como su presa. el asunto se reducía a una cues tión de estupidez y suerte. Sólo esperaba recordar cómo. que daría por poder hacerlo y no perder su trabajo! -Petición denegada -el golpe de l mazo sonó en la sala como un disparo. Lo invadió una oleada de desesperación tan intensa que lo dejó sin aliento. Enfrentó el hecho de que había sido muy tonto por creer si quiera que podía escapar. lo encarcelarían por el resto de su vida. Pese a sus reflexiones y planes. Había decidido llevarse el arma. Nathan estaría pr eparado. señor -respondió Stephanie. sin duda. quiero que regrese a su oficina y le diga al s eñor Petrelli que la Constitución no contempla ninguna circunstancia en la que pueda n suspenderse las garantías individuales para apoyar las aspiraciones políticas de l os fiscales. lo recordaría. cree que el vehículo que usó Nathan Bailey en el segundo día de su osada escapatoria del Centro de Detención Juvenil en Brookfield. El Honda de la cochera complicaba las cosas. Creo que todos s abemos muy bien de qué se trata esto. lo meteré en la cárcel por desacato. "Piensa". en su alma siempre hubo algunos rayos de Sol aislados. Buscó des esperado alguna solución.trabajo policiaco no requiere violaciones a los derechos civiles. Hablarían con la gente. mostrarían su fotografía.. Aun en los días más oscuros. El reloj digital de la vid eograbadora dio las seis. y debía aguardar." Apagó el televisor. un grandísimo imbécil. en el estacionamiento de una iglesia en Jenkins Township. señorita Buckman. Otra vez mostraban la fotografía borrosa de Nathan con el mono en sangrentado. Faltaban tres horas para el anochecer. se dijo. -Por el contrario . de la v ieja camioneta pick up de su abuelo. Nathan de pronto se odió a sí mismo por correr riesgos tontos. Necesitaba analizar su sit uación. En unas cuantas horas. Tenia que escribir otra nota. ha sido localizado. con los pies descalzos plantados en el suelo. huye que éste lo dejó mover la vieja Ford dando tumbos y sacudidas por el campo. pero l sitio exacto. y. vio con total claridad que la esperan za a la que se había aferrado como un ingenuo desde el día en que su padre murió sólo es taba apuntalada por la suerte. Era u n idiota. igual que la ropa que tomó prestada de los Nicholson. . Era de transmisión manual. . La presión del arma en la espalda baja le daba la sensación de que las probabilidad es eran menos desiguales. Tiene que haberla. Lo sacó y se tendió en el sofá. ¿Qué daño podía hacerle e ¡El tipo del auto! Habían tenido contacto visual." Volvió a sentarse e rguido. De hecho. me parece más que pertinente -la increpó Verone-. y había limpiado la cas a. Según fuentes policíacas. Nathan. Su Señoría -objetó Stephanie. Volverían a encerrarlo y lo juzgarían por asesinato. Después siguió una imagen del BMW antes de que Nathan pudiera oír la voz del locutor. y el segundo. que la oficina de Petrelli está desperdiciando mucho del valioso tiempo del puebl o y del valioso dinero de mi cliente para así asegurar unos cuantos votos. No era posible. Por primera ocasión. ¿Quedó claro? -Sí. pero no tardaría mucho. Nathan recordaba que los cambios de velocid ades podían ser complicados. y Nathan oprimió el botón del control remoto para encender el televisor. Se dejó caer en el sofá. con el arma apoyada sobre el pecho. ¿Qué podía saber la policía? Sabían que estaba en algún lugar de la población. si intenta otra jugarreta como ésta. todo po r su propia culpa. pero volvió a ponerse en pie de un salto cuand o el revólver que tenía enfundado en la cintura de los pantalones protestó. La ropa estaba lavada. Se veía a sí misma repitiéndole esas palabras a Petrelli. alguna forma de ganarles la delantera. no tenía relación alguna con el mundo real. Todo y to dos lo habían abandonado. Señorita Buckman. "Debe haber una salida. Su jefe va perdiendo en este caso y hará lo qu e sea para ganar. Descubrió que su caso seguía en los noticiarios. se encontró un BMW deportivo que corresponde a la descripción del vehículo de saparecido de la residencia donde Bailey pasó la noche anterior. pese a todas sus oraciones. La espera lo volvía loco. Virginia. el día en que más vio reírse al abuelo en toda su vida fue la primera vez 59 Huye. EL REVÓLVER hizo a Nathan sentirse más seguro. los policías habían anulado su ventaja de dos días. lo declararían culpable y. y aún le quedaban cientos de kilómetros por recorrer. Pens ilvania. Infórmele que. -Ese último comentario no viene al caso. la devolvería de alguna manera en cuanto llegara a Canadá. Cuando el sujeto oyera las noticia s.

donde se permitió esbozar una muy leve sonrisa. El problema era la hora. Tuvo la sensac ión de estar en un cuarto oscuro sin puertas. Cuando por fin la adrenalina se había disuelto. súbitamente. Su primer pensamie nto fue que el revólver se había disparado. Empero. Nathan permaneció inmóvil en el piso. Greg intuía que estaba cerca. Llamó a la puerta por segunda vez y luego atisbó al interior de la sala a osc uras. Por el momento investigaba en Little Rocky Creek. Vistas de cerca. Greg iba doblando el siguiente volante de la pila con su tarjeta dentro. Podría reunirse con su padre y vivir con los ángeles. las b alas eran grandes. Sí. Uno.. y los tres juntos se alejarían entre las nubes para ser nuevamente una verdadera familia. Entre las sombras del anochecer. si alguien sabía algo. Una mujer lo sorprendió al decirle que debería avergonzarse por hacerle las cosas to davía más difíciles a "ese pobrecito niño". Esperaba poder contarlo algún día. Por segunda ocasión en dos días. El policía llevaba un grueso fajo de papeles bajo el brazo. y una lág rima solitaria le rodó hasta la barbilla cuando amartilló el revólver. sabía reco nocer las casas desocupadas. se lo informaría. En las casas donde no encontró a nadie. Estos sombríos pensamientos lo hicieron bajar la mirada al revólver que sostenía en la s manos. se permitió fantasear en que también encontraría al niño. Donde apen as unos minutos antes sólo había habido desaliento y el futuro parecía intolerable. y no lo encontraron. Sería feliz. Un poco de pres ión y todo habría terminado para siempre. vivo por fuera pero muerto por dentro. Al acercarse al cuatro mil ciento veinte. La muerte era una forma de libertad. Sería libre. pero ninguno de ellos había visto nada. Casi podía sentir la calidez de su abrazo. Confiaba en que. se veía malévolo. -Ya me descubrieron -susurró. el policía deslizó una de las hojas detrás de la puerta de mosquitero. huye En aquel entonces Nathan no entendió lo que quería decir. algún día. ah ora ya había motivo de esperanza. Los labios comenzaron a temblarle. Los ojos se volvieron otra vez al revólver que tenía entre las manos.. Nathan. ¿o no? No más persecuciones. incluso ese mínimo consuelo se había extinguido. NATHAN DIO un salto y cayó al suelo al oír el golpe en la puerta. no más golpizas. un instante más tarde. se puso de rodilla s y volvió a sentarse en el sofá. Estas cosas implican tiempo. No podría haberse movido aun que lo deseara. Nathan.. reconoció la ver . dos. huye a sonreírle. a través de l as delgadas cortinas de la ventana delantera. no hubo reacción alguna. El hallazgo que hizo del BMW fue un acto d el más puro trabajo policiaco y le había ganado un sitio en el noticiario vespertino . había estado frente a frente con el enemigo y no pasó nada. Después de unos quince segundos. oler su perfume celestial. todos ellos con una fotografía de Nathan. Podría conocer a su madre. Muchas personas todavía no regresaban a casa de sus traba jos. Durante largo rato. GREG PREMINGER no cabía en sí de orgullo. 61 Huye.. Sonrió ante la posibilidad de tener delante el rostro que había aprendido a amar en una fotografía. Llamó a la puerta por mero formalismo. habría qu erido ocultarse lo más rápido posible. En medio de la oscuridad de su alma se abrió paso un tenue rayo de Sol. dejó una tarjeta personal y una hoja de información sobre el niño redactada a t oda prisa. Si él hubiera estado en los zapatos del chico. dio media vuelta y se alejó. ¡Estaba tan solo! Pronto los policías lo atraparían y lo regresarían a ese lugar cuyo solo nombre le res ultaba atroz. Greg no se desalentó. reconoció la silueta inconfundible d e un agente de policía que esperaba frente a la puerta. En ese momento estaba claro: la esperanza era el sitio donde habitaba el mañana. Si bien la mayoría de sus colegas pensaban que Nathan se habría alejado más del auto.Esta vez. Se lo puso delante de los ojos y miró el cilindro. no más soledad. Recordó que su padre alguna vez hizo un comentario acerca de que la esperanza era el bien más valioso que un hombre podía poseer. Pero el policía no actuaba como si hubiera descubierto algo. Mientras iba de puerta en puerta en busca de testigos. Todavía amartillado y li sto para disparar. Sin embargo. Habían estado a cinco metros de él. Su padre volvería 60 Huye. donde sólo en tres de las últ imas veintidós casas encontró a algún ocupante. y se convertiría en uno de esos animales que lo aterrorizaron durant e nueve meses en el Centro. Nathan habría jurado que se miraron a los ojos. y eso significaba Little Rocky Creek.

Ya era hora de que vinieran. gracias. Prefiero estar d e pie -repuso Jed-. Nathan.. en algún momento posterior. Mitsy -accedió Jed con una sonrisa-. s e veía enojada. formulada sin ambages. -¿Sabe? Eso mismo me he preguntado un millón de veces el día de hoy. cuando pidió la llave para inspeccio nar el departamento. llámeme Mitsy.. Respiró hondo. pero. Ha sido un día muy solitario y muy pesado. -No es sólo una víctima inocente. -Mitsy -lo corrigió ella. compañer a.güenza de lo que había estado a punto de cometer. -Muy bien. de cabello teñido con mechones delgados y acento tejano. -No entiendo. y llevaba el pelo c astaño y largo recogido en una cola de caballo. Mire usted.. Un escalofrío lo recorrió de arriba ab ajo al recordar cómo el dedo iba contrayéndose sobre el gatillo que apenas podía alcan zar.. JED HABÍA SUPUESTO que Ricky vivía solo. cos . Nathan dejó caer el arma en la alfombra y. pero no pue do. Al cruzar el umbral de la puerta.. -Cahill. señorita. y se imaginó a la novia de Ricky como una mujercit a tonta. Misty. Por favor. -Bueno. -De hecho. La suposición de Jed no podía ser más errada. Se llamaba Misty. eh. Con el uniforme que llevab a puesto en verdad parecía un policía.. sostuvo la placa junto a la cara. póngase cómodo. ¿Alguna vez le mencionó a Nathan Bail ey? Los ojos de Mitsy volvieron a anegarse cuando se inclinó hacia adelante en su asie nto. sé que esto no es agradable. Contempló un rato la botella de cerveza.. con el dorso de las manos en los ojos. Por favor. el gerente le informó que la novia de Ricky aún estaba ahí y que él no podía permitirle la entrada.. Sién tese y hable conmigo. los dueños del complejo ha bían expedido contratos de arrendamiento con subsidios. Jed se sentó en el viejo sillón. de unos veinticinco años.. paseando la mirada de la ca ra de Jed a la placa-. Sostenía una botella de cerveza medi o vacía. recuperó el control y volvió a señalar el sillón-. -Creo que planeó algo durante mucho tiempo -declaró-. señorita. ¿acaso cree usted que.. Necesito hacerle algunas preguntas sobre Ricky. -Mitsy -lo interrumpió ella intempe stivamente y con un dejo de ansiedad-. -Señorita Cahill. La mujer que tenía delante era como cualqu ier ama de casa que acabara de enviudar. Lyle Pointer dio vuelta en su Porsche para tomar la autopista rumbo al norte. y nadie del personal del Centro había mencio nado nada acerca de una compañera. Mitsy Cahill. Si alguien le hub iera colmado la paciencia. No había r egistro alguno de que tuviera esposa. y ella las enjugó con los dedos.. eso es lo que estamos investigando. -No. No obstante. ¿Cómo podría entenderlo? Hace dos semanas comencé a notar que faltaban cosas en la casa. en honor a la verdad le tengo que decir que no sabíamos que el señor Harris tuviera una. -Señorita Cahill. Me agrada t ener compañía. Po favor -suplicó más tranquila-. Tuve que enterarme de lo de Ricky por la televisión -lo invitó a pasar. Cuando volvió a mirar a Jed. Apenas ahora pue do armar las piezas del rompecabezas. desconcer tó a Jed y lo obligó a levantar la vista de la libreta. Los departamentos de Brookfield Garden se habían construido a principios de los años sesenta con objeto de satisfacer la creciente demanda de viviendas de bajo cost o en el condado. Jed ba jó la mirada y manoteo para buscar su libreta. podría pasar cualquier cosa. -¿Es usted Misty? -preguntó Jed. Le recordaba una vieja canción.? 62 Huye. huye -¡Siéntese! -gritó Mitsy desconsolada y con lágrimas en los ojos-. Quisiera poder de cirle que matar a un niño era algo totalmente descabellado para Ricky. -¡Lo dice usted como algo tan romántico! -ella se sentó pesadamente y le señaló un desv encijado sillón reclinable-. -Por supuesto que no. rompió a llorar. pensaba Jed al subir por las escaleras hasta el segundo piso .. Vaya nombre. Estaba a punto de llamar por segunda vez cuan do la puerta se abrió. Al llamar a la p uerta de chapa de madera. donde pudiera verse a través de la mirilla. A CASI doscientos kilómetros de distancia. ¡Los odiaba tanto! Jamás le guardaban el respeto que se merecía. y se encontraba en la list a negra de los despachadores de la policía: cualquier llamada procedente de esa zo na ameritaba dos hombres como mínimo.. pero no bebió.. Sin embargo. ¿verdad? Esa pregunta. Joven. vestía de manera sencilla con un conjunto barato de pantalones cortos. ¿quiere? -las lágrimas le rodaron por las mejillas.

la camiseta de algún equipo deportivo. -Hasta donde pude ver. Todd no había pensado ni un instante en el niño que vio aquella mañana sino hasta que oyó las noticias por el radio de su auto camino de casa. pero no sabía qué hacer con ella. Sin embargo. En pocos minutos ya había salido d e la cochera y el automóvil rodaba por la rampa poco inclinada. encontré un boleto de avión escondido en uno de sus zapat os en el clóset. su hijo y el perro se habían re unido en torno a la mesa de la cocina para presenciar el interrogatorio. en casa de los Nicholso n. El volante mostraba dos fotografías de Nathan. no lo sé. U sted dejó una fotografía del chico en nuestra puerta. Y el cabello era igua l. Rasgo p or rasgo. Nathan. -Ya se lo dije. Y. T res autos patrulla que viajaban uno tras otro con las luces azules intermitentes encendidas dieron vuelta para entrar en la urbanización. de eso estoy s eguro. y orilló a Todd Briscow a pr eguntar se si había hecho lo correcto. Él y su gerente de ventas pasaron la tarde en el campo de golf. ella le mencionó qu e la policía había dejado una foto del chico en la casa. Su aceleración no er a precisamente uniforme. y nada en ellas le recordaba a Todd al niño de aquella mañana. 64 . de una camiseta de los Toros de Chicago. Nathan invirtió la última media hora en la calurosa cochera para convertir los dígitos de la matrícula del Honda: transformó los cuatros en unos con un poco de cinta aislante. ¿Podía ser que el niño que busc aban fuera el mismo que había visto? La edad coincidía más o menos. celebrando su inmi nente victoria. Saltaba a la vista que Ricky Harris no había sido el empleado modelo que el superintendente Johnstone describió. Dice que ahora comp rende que Ricky planeó algo durante mucho tiempo. El corazón le dio un vuelco al llegar al final de la avenida Little Rocky Trail. -¿Cuándo debía salir? Mitsy se encogió de hombros. -¿Cuán seguro quiere que esté? -lo increpó Todd-. Llevaba pantalones cortos. y era el momento d e que Nathan reanudara su viaje. Finalme nte. La otra parecía extraída de un vídeo. -¿Dónde está ahora el boleto? -quiso saber Jed. AL FIN oscureció. La esposa de Todd. Patty le entregó el volante antes de que él pusiera siquiera el portafolios en el pi so.as de Ricky. Una parecía tomada de un anuario escolar: un niño sonriente y bien peinado. Era como si estuviera mudándose del departamento poco a poco. En cuanto Todd viera la fot ografía. -Es él -aseguró Todd-. ¡Novecientos dólares! No me imagino de dónde sacó tanto dinero. Jed sintió una frustración desesperada que lo oprimía. pero tampoco era tan irregular como había temido. ¿Qué cree que planeara exactamente? Mitsy movió la cabeza de un lado a otro. Le tomó casi una hora de búsqueda frenética encontrar una sola llave de Honda entre un montón de monedas sueltas en el fondo de un cajón de la cómoda. LA PROPUESTA para Reischmann fue impecable. hasta que reparó en los ojos de la fotografía borrosa: los mismos ojos de ciervo acorralado. En un arranque de inspiración. -Repítame qué ropa tenía -pidió Greg. a mí -concluyó e n un susurro. -¿ESTÁ SEGURO de que es él? -in sistió Greg Preminger. Un viaje sencillo a Argentina pagado en efectivo. El Honda arrancó a la primera vuelta de la llave. lo sabría con certeza. por supuesto. 63 Huye. Debemos llamar a la policía. Según los informes procedentes de Virginia. No recuerdo de cuál. hace como una semana. -No tengo idea. creo que e ra lo bastante grave para obligarlo a dejar el país. Nathan Bailey se había apoderado. Cuando llamó a su esposa desde el teléfono del auto para comentarle sus sospechas. Su tono era brusco y apremiante. Nathan supuso que el tipo de aquella mañana había llamado. y se alejaron de prisa p or la calle que él acababa de recorrer. Tenía ante sí mucha información nuev . Fuera lo que fuera. y estoy diciéndole que el niño que vi se parecía al de la fotografía. había poco parecido entre los chiquillos de las dos fotografías. Todd Briscow estaba prác ticamente convencido de que les otorgarían el contrato en un mes aproximadamente. amable-. huye -En honor a la verdad. era un boleto abierto. ¿qué relac ión tenía el chico Bailey con todo aquello? -Sólo necesito aclarar un último punto -añadió Jed en tono. pero a Todd le cos taba trabajo creer que el chico que había visto fuera un asesino.

Nathan. Tenemos poco tiempo de vivir aquí. bajó por el hueco de la ventana.. -No se preocupe -y Greg se encaminó hacia la puerta. Lo siento. sin cruzar nunca l os pies. El único punto imaginable de entrada sería a través de l as ventanas de la cocina. Greg se movía como una araña dentro de la casa. En la nota ofrecía disculpas por haber allanado la casa y explicaba a los du eños que había lavado la ropa sucia. Todd lo acompañó calle arriba hasta la casa de los Grimes. Iremos de casa en casa hasta que demos con él. sostenida en ángulo recto frente a él. lo malo era que el chico ya se había escabul lido. admiró la m eticulosidad de quien hacía la limpieza: una de las ventanas estaba tan limpia que parecía no tener vidrio. con la que también sujetaba una linterna en miniatura para poder alumbra rse el camino.! -musitó al darse cu enta de que en efecto faltaba el vidrio. Todd no sólo accedió s ino que volvió a su casa. Añadía que estaba muy apenado por robar su auto y q ue. se dio cuenta de que le faltaba la pregunta más importante. -Sí. Lo buen o era que estaba en la casa correcta. Durante los últimos ocho kilómetros.Huye. Greg agradeció a los Briscow su ayuda y salió de la cocina. si hubiera cortado por el bosque -y Todd asintió vehemente con la cabeza. Sin saber con certeza qué buscaba. Acabo de recordar que los Grimes. nada parecía fuera de sitio. Pero en la planta baja no logró encontrar ningún blanco visible. De modo casi inconsciente. -Señor Bris cow -empezó a decir. o por el vidrio de una de las dim inutas ventanas del sótano. 65 Huye. Adoptó la postura de tirador sobre el abd omen e iluminó con la linterna el interior del sótano. A Greg no le pareció que la casa fuera disti nta del resto del vecindario. pero fue inútil. -En realidad todavía no conocemos a mucha gente del vecindario. Estaba cruzando la calle. un auto prácticamente se había adherido al parachoques trasero del que conducía Natha n y se rehusaba a alejarse. reflejadas en el espejo retrovisor y el lateral. y también aceleró en un intento por perderlo. Era sólo una sala a oscuras. porque vio movimiento a través de las cortina s. Greg descubrió en la mesa de la cocina una nota firmada por Nathan Bailey. Dirigió el haz de su linterna por la ventana del frente. en el número cuatro mil ciento veinte de Little Rocky Trail. a nivel del piso. -¡Espere un momento! -exclamó Todd antes de que el policía saliera-. En el resplandor tenue de la luz. -¡Si seré. ¿sabe si algunos de sus vecinos están de vacaciones esta semana? Todd se sobresaltó. salvo que recordó que en ésta había sentido el impulso d e atisbar por la ventana del frente. o más bien le pareció haberlo percibido. El niño probó bajar la velocidad para que el tipo lo reb asara. Al acercarse a la puert a principal. que parecían intactas. dando media vuelta para dirigirse a la familia otra vez-. reparó en que no había ninguna huella en el césped ni vidrios rotos. En cuanto constató que no había n ada vivo ni que se moviera.. huye -¿Y a dónde se dirigía la última vez que usted lo vio? -Venía hacia nuestra casa. Parece que es tamos sobre una pista sólida -anunció-. salieron de vacaciones. A petición de Gr eg. que . una familia de la otra calle. -¿Podría haber venido de San Sebastián? -quiso saber Greg. Mantenía el equilibrio perfecto para una pelea. El tipo seguía ahí. Greg continuó la búsqueda donde la había interrumpido la vez a nterior. La magnitud de esa idea le puso la carne de gallina. Bajó del p orche delantero y cruzó el patio lateral. Llevaba la culata apoyada en la mano i zquierda. Greg tomó su radio portátil y oprimió el botón del micrófono. Se volvió hacia los demás policías presentes en la cocina-. El patio trasero se veía igual. 12 EN LA OSCURIDAD. huye Sólo después de concluir una búsqueda minuciosa en la planta alta. -Creo que eso basta para declarar en forma oficial que usted vio a Nathan -concl uyó Greg con una sonrisa. El arma era una extensión del brazo de recho. se había hecho de un arma. Nathan. el estad o de Nueva York era muy parecido a Pensilvania. por cierto. Greg avanzó por el sótano y subió las escaleras como un esgrimista. Greg desenfundó su arma y ordenó a Todd que esperara en la acera. las luces altas de su auto.

maban las retinas de Nathan. Después de ver el desfile de autos patrulla que entraron en el vecindario, Nathan optó por seguir carreteras secundarias. Como tantas otras decisiones que había tomad o en los últimos dos días, aquélla pareció empezar bien y descomponerse después. No se habí dado cuenta de la sensación de seguridad que le daba pasar de vez en cuando frent e a gasolineras y otros sitios ocupados. A la una y media de la mañana no había ning una luz a la vista ni otros autos, lo que significaba para Nathan que no tendría m edios de ayuda cuando aquel tipo del espejo hiciera finalmente lo que estaba pla neando. Si embargo, una cosa era segura: había sido muy listo al llevarse el revólve r consigo. LAS ÓRDENES de Chad Steadman, asistente del alguacil, eran muy claras: no debía dete nerlo sino hasta que las unidades de refuerzo estuvieran en su sitio. Según el últim o informe de los policías de Pensilvania, Nathan Bailey estaba armado, era peligro so y conducía el Honda que Chad había seguido desde hacía casi veinte kilómetros. Al res plandor de las luces altas del auto, el conductor se veía lo bastante bajo para tr atarse de un niño. Y el pegote de la matrícula no habría engañado a nadie. Para matar el tiempo mientras esperaba que se reunieran en él los otros dos patrul leros del condado de Pitcairn que estaban de turno, Chad decidió jugar un rato al gato y al ratón. Se rezagaba alguna distancia y después aceleraba hasta casi golpear el parachoques trasero del Honda. Si el chico emprendía la huida, Steadman tendría motivo para detenerlo. El juego pareció poner un poco nervioso al niño, pero fuera d e un ligero zigzagueo, conservó la calma. Steadman vio aparecer la luz de un auto sobre la colina que tenía a sus espaldas, y en el mismo instante se oyó un ruido de estática en el radio. -Coca Siete, en posición con Bravo Quince -dijo una voz a través del receptor. Steadman tomó el micrófono que pendía del tablero y oprimió el botón para transmitir. -Bravo Quince, aquí Coca Siete -respondió para saludar a Jerry Schmidtt, su refuerzo recién llegado-. Hay muchas probabilidades de que sea nuestro chico. -¿Quieres dete nerlo ahora mismo? 66 Huye, Nathan, huye -Negativo. Comando Seis ya viene en camino -advirtió Steadman, dejando sentado en la cinta que grababa todas las conversaciones por radio que e staba listo para hacer su trabajo, aunque su jefe no apareciera por ningún lado. -Bravo Quince, aquí Comando Seis -el transmisor crujió con la voz áspera del sargento Watts, el comandante de turno-. Estoy en la intersección de Halsey con la autopist a ciento sesenta y ocho -explicó el jefe-. Lo detendremos aquí. Pondré un bloqueo. Con sideren esto como aprehensión de delincuente prófugo. Steadman vivía para las aprehensiones en autopista. Al acercarse al bloqueo, Stead man y Schmidtt encenderían las luces intermitentes y las sirenas y acorralarían al p equeño en un triángulo de vehículos del que no podría escapar. Cubiertos tras de las pue rtas de sus autos patrullas y armados con escopetas, los tres policías exigirían que el malhechor descendiera del auto y se tirara al suelo, de donde lo levantarían p ara llevarlo detenido. Si todo marchaba bien, nadie saldría lastimado. No obstante , si el prófugo hacía cualquier movimiento raro, terminaría muerto. NATHAN SE DESCORAZONÓ cuando vio aparecer el segundo par de faros en el espejo ret rovisor. "Mantén la calma", se dijo en silencio. "Todavía no te detienen." Frenético, trató de idear una salida. Pronto harían algún movimiento, y quería estar preparado. Ten drían que agarrarlo antes de volver a ponerlo tras las rejas. "Sólo tienes que estar listo para cualquier cosa", pensó. No lo estaba. Más adelante, el bosque a un lado y otro de la carretera dio paso a casas y negoci os a oscuras. Fuera lo que fuera, Nathan intuyó que pronto ocurriría algo. Ahí estaba: un bloqueo. Unos cien metros adelante, un autopatrulla se hallaba atravesado en la carretera. Las luces rojas y azules barrían los edificios a su alrededor. En e l espejo retrovisor de Nathan, otros dos juegos de luces intermitentes cobraron vida, y lo sobresaltó el aullido electrónico de una sirena. Durante un brevísimo instante, quitó el pie del acelerador, pero enseguida, conscien te de que para conservar viva la esperanzas debía seguir en movimiento, pisó el peda l a fondo. Al acercarse al autopatrulla que le obstruía el paso, Nathan no supo a dónde se dirigía; sólo estaba convencido de que, de un modo, u otro, lograría librar el obstáculo. A menos de diez metros de estrellarse contra el autopatrulla, Nathan de

svió el Honda hasta la orilla de la cinta asfáltica. El chasis despidió un horrendo ch irrido al rozar con el piso. El auto voló un instante y después aterrizó lentamente en el césped sobre las cuatro ruedas. El chiquillo se esforzó para controlar el vehículo , que patinaba en la tierra. Nathan ni siquiera vio la escopeta antes de que disparara. La explosión a su izqui erda lo ensordeció por un momento. Dio un alarido cuando nueve perdigones calibre .32 hicieron estallar el vidrio trasero y el poste, rasgaron el asiento y el res paldo del pasajero y se estrellaron en el parabrisas. ¡Los idiotas seguían tratando de matarlo! Aún no recuperaba el control cuando ya estaba de vuelta sobre el pavimento, y el b loqueo se hacía más pequeño a susespaldas. Mientras miraba por el espejo retrovisor, a lcanzó a ver el fogonazo de un arma, semejante alflash amarillo de una cámara fotográf ica, y después de un instante el espejo voló en pedazos, junto con el resto del para brisas, en medio de una lluvia de vidrio. Nathan pisó con más fuerza el acelerador. El auto no respondió. -¡No, no! ¡Ahora no! ¡No, Dios mío, te lo suplico! 67 Huye, Nathan, huye El pánico lo invadió. El Honda perdía impulso. El velocímetro marcó cua renta kilómetros por hora y siguió en descenso. Nathan pisó el freno y el auto se detu vo en plena carretera. "Escaparé a pie si es necesario", decidió. Pero Steadman lo alcanzó antes de que pudiera tocar la manija de la puerta. -¡Enséñame a mbas manos! -gritó una voz de adulto atrás de él-. ¡Las manos arriba, o te vuelo la cabe za! Nathan permaneció inmóvil un momento, asimilando el final de su viaje. Levantó las manos despacio, rindiéndose no sólo a la policía sino a su propio destino. Todavía le z umbaban los oídos por el disparo, pero oyó pasos que se acercaban a todo correr desd e atrás. Intempestivamente, el cañón de una pistola entró a través de los restos del vidri o lateral y se le clavó en la oreja hasta lastimarlo. -¡Sal del auto! -ordenó alguien. -¡Trae un arma! -gritó otro policía-. ¡Hay un revólver en asiento del pasajero! Dos pares de manos cayeron sobre Nathan y lo sujetaron por la camiseta y el cabello. Lo sacaron a tirones del vehículo por la ventana latera l rota. -¡Ay! -exclamó Nathan-. ¡Están lastimándome! Haré lo que me ordenen. Sintió que los agmentos redondeados de vidrio se le clavaban en los brazos, en la barriga y las piernas. Una vez fuera del auto lo lanzaron contra el pavimento con tanta fuerz a que quedó sin aire. Una bota sobre la mandíbula le oprimió la cara contra el piso, m ientras los otros policías le torcían los brazos atrás de la espalda en un ángulo intole rable para ponerle las esposas. -Por favor, no me lastimen -suplicó Nathan-. Les prometo que haré todo lo que me dig an. Con la cadena de las esposas como agarradera, los policías obligaron a Nathan a arrodillarse y luego lo sujetaron de los adoloridos hombros para que se pusier a de pie. Le sangraba la nariz. Un tercer agente se les acercó cuando tenían a Natha n de pie, apoyado contra uno de los autos patrulla. Tenía un aire furioso y perver so, y llevaba un distintivo dorado sobre el bolsillo del pecho. En el otro, tenía una placa también dorada con su nombre: WATTS. El hombre se acercó a un metro del chiquillo. -¿Tú eres Nathan Bailley? -Sí, señor -Nathan asintió con la cabeza. Watts tenía los ojos de un lobo, penetrantes y amenazadores. Se volvió hacia los demás . -Llévense a esta basura de aquí -ordenó. Steadman sujetó a Nathan por los brazos y lo arrojó al asiento trasero del autopatru lla como si se tratara de una bolsa de comida para perros. Durante el viaje de casi veinte k ilómetros a la jefatura de policía, Nathan no se movió. Permaneció tendido de lado, con las rodillas encogidas, esperando que volviera la esperanza. LA SUERTE, era muy extraña. Lyle Pointer tenía pensado confundirse entre los policías que rondaban Jenkin s Township, haciéndose pasar como un agente del condado de Braddock, Virginia, asi gnado para seguir los avances del caso en Pensilvania. Habría funcionado. El unifo rme y la tarjeta de identificación eran auténticos. Incluso el número de la placa era 68 Huye, Nathan, huye legítimo, pertenecía a un personaje ficticio llamado Terry Robert son, quien supuestamente trabajaba en la jefatura de Bankston. Al menos, ése era e

l plan. Pero la realidad fue mucho más sencilla. Cuando estaba registrándose en el m otel Spear and Musket, el único en Jenkins Township con una habitación disponible qu e rentaba la noche completa, le llamó la atención un reportaje especial en el televi sor de doce pulgadas que tenía el empleado sobre el mostrador. Se preguntó qué podría se r tan importante como para interrumpir a las tres de la mañana las películas que tra nsmitían durante toda la noche. La pantalla mostraba una fotografía de Nathan Bailey con la leyenda DETENIDO. Un s atisfecho locutor anunció que la policía había capturado al fugitivo más célebre del país e el condado de Pitcairn, Nueva York. -¡Vaya, vaya! - musitó Pointer para sí. Recordó los mapas: el condado de Pitcairn estaba en la parte sur de Nueva York. Si se daba prisa, podía estar en ese sitio en sólo u n par de horas. Sin decir palabra, dio media vuelta y salió del motel. CUANDO LLEG ARON a la jefatura de policía, Nathan ya no sangraba por la nariz, y los cortes y magulladuras se habían fundido en un solo dolor que le invadía todo el cuerpo. Las e sposas hacía rato le habían adormecido los dedos. Durante el interminable viaje en el autopatrulla, Nathan estuvo a punto de recor darle a su captor, un policía de nombre Steadman, que sólo tenía doce años, y que habían s ido necesarios tres hombres para atraparlo. Quería decirle que su papá le había explic ado que a los gandules que abusan de los más pequeños se les llama bravucones. Quería decir muchas cosas, pero decidió que el silencio le ganaría mayores recompensas. Steadman bajó del auto en cuanto éste se detuvo de un frenazo. Un instante después, cu ando se abrió la puerta trasera, Nathan sintió un soplo del húmedo aire nocturno. Un p ar de manos lo sujetaron del cuello de la camiseta, del cinturón y lo pusieron de pie. Sabía que el trato rudo era intencional. Querían que suplicara más, pero Nathan y a no les rogaría. Estaba de vuelta en el sistema, y el silencio era lo único que fun cionaba. Podían lastimarlo cuanto quisieran, pero no suplicaría ni lloraría. Decidió que resistiría en silencio. Era su fuerza de voluntad contra la de ellos. -Ven conmigo, malean te -ordenó Steadman, que al parecer notó un cambio en el ánimo de su prisionero. La je fatura de policía del condado de Pitcairn era pequeña desde cualquier punto de vista . Consistía sólo en un vestíbulo con un escritorio de guardia, del cual partían dos pasi llos. Al final del primero había un pequeño vestidor para uso de los agentes de turn o y una habitación que funcionaba como cafetería y sala de reuniones a la vez, donde , seguramente, se realizaban las juntas. Al extremo del otro pasillo había dos cel das para detenidos, que por lo regular estaban desiertas en días hábiles y atestadas de borrachos todos los fines de semana. Steadman condujo a Nathan directamente a una de las celdas. El pasillo tenía una c onsiderable pendiente hacia dos pesadas puertas de madera. El policía introdujo un a llave de hierro de estilo anticuado en la cerradura e hizo girar el cerrojo co n un fuerte chasquido. La puerta de roble, de ocho centímetros de espesor, se abrió sin hacer ruido y Steadman se hizo a un lado. 69 Huye, Nathan, huye El interior de la celda estaba iluminado a medias por una sol a lámpara que pendía del techo de tres metros de alto. Además de las paredes de arenis ca roja y el piso de hormigón, los únicos objetos de la celda eran un viejo catre de l ejército, de lona y madera, y un sucio retrete. -Bienvenido a sus uite, señor Bailey -anunció Steadman con una sonrisa. Nathan inten tó erguir los hombros y entrar en la celda con dignidad, pero no lo logró. Tras la más cara de valentía asomaban unos ojos aterrados. -Apóyate contra la pared -ordenó el pol icía. Sin decir palabra, Nathan obedeció, colocando la mejilla contra los ladrillos rojos y fríos. Steadman le quitó las esposas. -Buenas noches -dijo mientras cerraba la puerta tras de sí-. Que sueñes con los angelitos. Cuando el pesado cerrojo volvió a correrse, el chasquido retumbó en toda la celda húmeda y fría. "De modo que así termina todo", pensó Nathan, "tal como empezó. Otra vez en una jaula por tratar de defender te". Sintió las lágrimas a punto de brotar, pero las contuvo. "Ya tendrás cincuenta o sesenta años para llorar. No tiene objeto desperdiciar lágrimas en estos momentos." Rayos, hacía frío. Con cuidado tomó de una esquina la frazada de lana del ejército que e staba en el catre, la extendió y la sacudió para buscar bichos. No había ninguno. Se e nvolvió con la manta y se sentó en el borde del catre, que al instante se desplomó baj o sus escasos treinta y ocho kilos de peso. Alguien había dejado colocada una pata

huye Cuando vio que el desconocido alzaba el brazo a la altura del hombro. pero a la hora que llegaran l os reporteros de la prensa para darle crédito ya estaría fuera de turno y el alguaci l sería la estrella de la función. Esto no podía estar o curriéndole. Watts se encogió de hombros y bajó los ojos a sus papeles. El ruido de pasos que se acercaban confirmó sus temores. ¿En qué puedo servirle? -Me llamo Robertson -mintió Pointer-. era un asesino con un silenciador en el arma y tanto interés en ver muerto a Na than que estaba dispuesto a matar a un policía para lograrlo. En este caso.. la pesadilla todavía no terminaba. Esta vez ya no pudo contener las lágrimas. seguid o por el estrépito de muebles derribados y después silencio. Al parecer. Tras un primer golpe. ¡Pum!Otra vez. Otra vez. Watts sonrió.rota como si estuviera íntegra. -¿Quién es usted? -gritó. Quizá podría. Nathan regresó de un salto junto a las bisagras pa ra usar los gruesos paneles de madera como escudo. sintió que la sangre se le heló en las venas. Soy policía del condado de Braddock. Nathan se preparó p ara dar el segundo. pero no se disparó. atrapamos al maleante. El golpe contra el piso de hormigón revivió el dolor de sus múltiples lesiones. ¡pum!. la bala ya iba en camino. El ves . Era el sonido más espeluznante que Nathan hubiera oído. Nathan la vio y golpeó con la improvisada cachiporra la nuc a de Pointer. tal vez llevarlo de vuelta a Virginia después del trámite de extradición -paseó la mirada por el vestíbulo-. Él y sus muchachos había logrado la captura que los citadinos no pudieron. No logró identificarlo. Un arma. En cuanto pronunció aquellas palabras. aunque se contuvo y jadeó audiblemente al ver que su atacante también era policía. -Buenos días -saludó Pointer animado-.. pese al inexplicable recelo que le causaba aquel individuo. El problem a de Watts era que había trabajado mucho tiempo detrás de un escritorio para poder reaccionar c on la suficiente rapidez. A pareció rápidamente y rodeó la puerta. Cu ando logró entender. Se repetía exactame nte lo sucedido en el Centro. Eran raros los visitantes a esa hora. como el sonido de un rifle de aire a lo lejos. Er a innegable que algo estaba sucediendo. ¡El catre roto! ¡El maravilloso catre ro to! El chiquillo dio dos zancadas hasta el mueble y le arrancó la pata suelta. tomó la pistola y giró. se dio cuenta de su grave error. señor. se trataba de otro policía con un uniforme que Watts no recono ció. como si el intruso supiera el sitio exacto dond e el chico se ocultaba. Vio el arma entrar primero. Otra vez. Pudo oír movimiento frente a la puerta y u na especie de quejido. pensó Nathan. 70 Huye. más le irritaba el día que tenía por delante. Pointer no respondió. el sar gento Watts terminó su informe acerca de la captura de Nathan y metió los papeles en un sobre de la policía dirigido al alguacil Murphy. Nathan alzó la pata del catre con ambas manos y la bajó en u n arco amplio hasta el arma. El "policía" cayó desmayado. P arece una noche muy tranquila. sino que tuvo más resonancia. -En efecto. -¡Naaathan! -canturreó una voz desde el pasillo. El pánico invadió a Nathan. Jamás había golpeado con esa fuerza en toda su vida. Con la velocidad de una serpiente de cascabel. Entiendo que aquí tuvieron un poco de acción a yer por la noche. a unque sabía que cualquier cosa fuera de lo común en una cárcel implicaba problemas. Nathan. La pistola cayó al piso. ¿QUÉ FUE ESO?Nathan despertó de un sueño poco profund o por un ruido extraño. Se oyó una llave en la cerradura. ¡Necesitaba un arma! -¡Nathan Baileeey! No te escondas. pero sí pesada. no hay nadie más que el chico y yo. amiguito -rió Pointer. Se sorprendió al oír abrirse la puerta del vestíbulo. El chico Bailey es de nuestra jurisdicción. Sólo que ya no pareció un rifle de aire. sólo se agachó para re el arma. pre parándose para disparar. -Sí. Cuanto más pensaba Watts en la ironía de su suerte. A LAS CUATRO y media de la mañana. El lugar se ve vacío. ¿Por qué había tantos policías que intentaban matarlo? ¿Y po r qué se mataban entre sí? Tenía que escapar. "Tal vez pueda alzar el catre". Sólo vine para dar una mano. No era muy grande. Tenía que huir. Quienquiera que fuese este tipo no era un borrach o.

se inclinó tor pemente sobre el cadáver de Watts para llegar a las grabadoras que registraban las imágenes de las cámaras de seguridad. El señor Slater no estaría muy complacido. En retrospectiva. Había pasado frente a la silueta de un monumento alto. La bala arrojó a Schmidtt de espaldas hasta el pasillo. En el escritorio. dominado por escaparates y callejones. Abrió de golpe la puerta delantera de la jefatura de policía y salió a toda prisa hacia la noche. La gente ya creía que Nathan era un asesino. En cuanto Schmidtt enfundó su arma. Nathan se dio cuenta de que había cometido un gran error en su últ ima estrategia de escape. Pointer sostuvo el arma un os cuantos segundos antes de enfundar. Por lo pronto. Necesitaba atraer al nuevo policía a la c elda de algún modo. parecido a un lápiz gigante. Nathan. la cár cel de este pueblo constituía un anexo del edificio de los tribunales. A un nivel más bajo que la acera y oculto detrás de cinco cub os de basura galvanizados todavía era invisible desde la calle. veía los múltiples destellos rojos y azules de las luces giratorias que barrían las paredes sobre la cabeza. Esta no che sólo sentía la necesidad de correr rápido y sin parar. empezó a maquinar un plan. Volvió a quejarse. desde su escondite en la esc alera exterior de un edificio de departamentos. Cuando corría por el pueblo. No le costó mucho traba jo sonar convincente. Oprimió tres botones con el rótulo EJECT y obtuvo otras tantas cintas de vídeo. pero cuando aparecieron. Nathan. Le sorprendió cuánta dificultad tuvo para ponerse de pie. De hecho. los ojos no la dejaron tras lucir. Al ver la prueba física ahí. Era muy fácil. En algún sitio en medio de aq uella oscuridad se encontraba su futuro. con la cabeza c aída sobre el pecho. Pointer levantó la suya e hizo un solo disparo. Su expresión lo decía todo: ¿qu ién rayos es éste? Pointer estaba sentado contra el muro más distante. adoptó la posición de tirador. 13 PASÓ MÁS de una hora antes de que Nathan oyera las primeras sirenas. de lo que s in duda era la plaza principal. en busca del criminal que le había hecho eso a sus colegas. Nathan -se burló en voz alta. La huida de Nathan del Centro había estado impregnada de miedo y titubeos. y las puertas abiertas de par en par. Los tenis de Nathan rechinaron al querer aferrarse al piso de linóleo. Ocasionalmente. Al mirar el reloj le sor prendió descubrir que eran casi las cinco de la mañana. que se guardó bajo el brazo. Schmidtt llegó en segundos hasta la celda abierta. Mien tras Pointer contemplaba el cadáver uniformado en el corredor. huye pocos árboles y arbustos que lo rodeaban no le ofrecían ningún cobi jo. pero pronto amanec ería y quedaría al descubierto y sin protección. Si abrigó la más leve sospecha respecto al extraño que yacía en el piso. quizá ll egaran otra vez a la misma conclusión. hasta cerciorarse de que el policía no se m oviera. Nathan no sabía qué hacer. Al salir de la estación de policía jamás se le ocurrió que ten dría tanto tiempo para huir. Pointer se quejó en voz alta. -Has sido un niño malo. 71 Huye. A diferencia del Centro de Detención Juvenil. Schmidtt pasó la vista con nerviosismo por la habitación. El miedo de ser visto lo orilló a buscar refugio en el hueco de una escalera pinta rrajeado con grafitos. la tensión de los hombros se redujo notablemente cuando se acercó a su compañero policía. calculó que a lo sumo habría recorrido un par de kilómetros desde la prisión. Un instante después había re cuperado la orientación y trazado un plan. Apretó el paso y salió por la pu erta del frente. Ni siquiera redujo el paso cuan do llegó a la barrera de protección. lo que hizo que se sintiera aún más conspicuo y expuest o. todas las ventanas estaban oscuras y no se movía un a sola persona ni un vehículo. llegaron por montones. la estructu ra más prominente en el centro. habría corrido mucho más lejos antes d e parar y ocultarse. De haberlo sabido. que estaba ubicado en el campo. Sus opciones de correr a pie o incluso robar un auto ya n . huye -¡SARGENTO! ¡SANTO DIOS! -la temblorosa voz de Schmidtt era casi un sollozo. franqueó el umbral y con el arma sostenida en las dos manos.tíbulo estaba desierto. La exclamación hizo que Pointer volviera en sí. los policías muertos siempre llaman la atención más de lo razonable. pero los 72 Huye.

Se acercó el auricular a la cara y masculló: -Michaels. -Yo quería que esto terminara de otra manera -suspiró-. ¿cómo podía matarlo Nathan Bailey? Warren sabía que la resp uesta era sencilla: eran dos personas distintas. La misión de Warren era aprehender al chico antes de que ma tara a alguien más. tras la brutal ejecución de sus dos captores. La po licía del lugar dice que el chico se apoderó de la pistola de uno de ellos y salió de la prisión a balazos. -¿Están muertos los dos policías? -farfulló Warren. estaba abierta. estaba anclado en la oscuridad del motel Spear and Musket. -Ni siquiera pudieron defenderse. 73 Huye. Reconoció que había perdido la objetividad en el caso. Warren bajó los pies de la cama y vio su reloj de pulso. pero fueron necesarios dos más para que se diera cuenta de que el mundo real. pero vaciló ante s de moverse. Habla Jed -un a voz familiar y alerta lo saludó-. sitios siemp re oscuros y húmedos. tanto reales como imaginarias. ¿quién lo habría imaginado? Las palabras de su primer a conversación con Nathan retumbaron en su memoria: "No pienso regresar ahí en toda mi vida. iré hasta Pitcairn para ver si podemos ayudar en el arresto de Nathan. Pero cuando la oscuridad dio paso a tonos grises. lo hizo estremecerse. esforzándose por ordenar sus emoc iones encontradas y confusas. -Hola. EL TELÉFONO sonó seis veces antes de que Warren. desde luego. Después de colgar. Pero la voz que brotaba de su radio-reloj no dejaba lugar a dudas. por supuesto. que dormía profundamente. P rimero incorporó el ruido a un sueño. anoche atraparon a Nathan Bailey unos asistentes del alguacil local. y terminó con el tiroteo-. Escucha. Nathan repa ró en una puerta que tenía a la izquierda y que sin duda daba a un sótano. Jed.o eran viables. Nathan Bailey era un asesino y un fugitivo peligroso. Y. reconoció que había descubierto su única opción. Brian jamás habría podido matar a un hombre. Nueva York -Jed expli có todo lo que sabía sobre la persecución y el arresto. la solución apareció en su mente en forma de pregunta: ¿a dónde llevan estos escalones? En la oscuridad de la noche. Warren guardó silencio largo rato. por fortuna. Y cayeran los dados com o cayeran. Mas. Nathan no era su hijo. por el momento. Warren. Y. en el condado de Pitcairn. "Fuentes policíacas han confirmado oficialmente los reportes de que el llamado cri minal favorito de Estados Unidos escapó de su celda en esta apacible población del e stado de Nueva York. Después de todo. lo oyera. -Ya que estoy aquí. Nathan. Nathan sacó fuerzas de flaqueza y entró en el sóta no por la puerta de su izquierda que. no podía quedarse donde estaba. -¡No! -musitó. Realmente me tragué la histori a del chico. Warren viviría en paz con el resultado. Jed lo entendió. no era el padre del pequeño. Ya los tribunales decidirían su destino. DENISE SE sentó en la cama de un salto en el momento en que las palabras del locu tor cristalizaron en su cerebro adormilado. Al tercer timbrazo reconoció que ese sonido pene trante era parte del mundo real. Warren se quedó inmóvil un momento. la escalera había sido tan sólo un agujero negro contra el hormigón blanco. al acercars e otra sirena bajo la luz del alba. El espectro de las horrendas criaturas que podían habitar en u n lugar así. Los sótanos eran lugares donde vivían ratas y cucarachas." ¿Habría querido decir que era capaz de matar con tal de permanecer afuera? Recordó cuán . Emocionalmente le representaba un gran esfuerzo aceptar que el niño podía volve r a matar. -Creo que todos abogábamos por Nathan. aunque. De algún modo mezcló los problemas del chico Bailey con la irreparable muerte de Br ian." Denise sintió una especie de golpe en el estómago. En cuanto vio la puerta. huye Entonces. ¿Cómo pudo hacerlo? Ella sabía que el c hico estaba desesperado. Mientras trataba de idear un nuevo plan.

y en otras dos estuvo a punto de recibir impactos de bala. Pero lo peor era la soledad. Esta imagen resultaba demasiado absurda. Sammy. ¿Era posible que todo fuera una mentira? Denise negó con la cabeza. Cuando su mamá estaba en casa. Sammy. cuando viajaba a toda velocidad rumbo al norte en un helicópter o. todo lo que hemos construido se vendrá abajo. Tras hacerlo parecer un idiota durante los últimos dos días. pero algo en todo esto no cuadraba. Debemos sacrificar a Pointer. lo son. -Quinientos mil dólares son mucho dinero. y no estaba muerto de hambre ni nada parecido. serena y metód icamente. -Este asunto de matar a un niño por dinero nos hace parecer animales. ¡Pero policías! C uando se corra la voz. Sin embargo. En los dos años que los Alexander habían vivido hasta entonces en los departamentos de Vista Plains.vívidamente había descrito él la muerte de Ricky Harris. DANIEL PETRELLI se enteró de la noticia antes que la mayoría. lo ponía en orden. Nathan. -Sí. compraba alguno s víveres y quizá hasta cocinaba una comida de verdad. incluso para pasar por cómica. No vale la pe na. Liquidamos a M ark Bailey y desechamos los quinientos mil como mala deuda. era un verdadero horn o. el niño que por sí solo había puesto en jaque su campaña hacia el senado estaba a punto de presentarlo como el filósofo auténticamente sabio que e ra. por otra parte. su fiel lugarteniente. -Sí. Y. y el único que no era adicto a la mariguana o alcr ac. la mayor parte d el tiempo el niño debía conformarse con lo que encontraba en las alacenas. Sammy se aclaró la garganta. El señor Slater había dir igido el negocio de drogas. Tenía sus libros y su televisor. J. claro. porque trabajaba todo el tiempo. Tenemos que detenerlo. En ese momento Billy se ocupaba de la labor que detestaba más que otras: bajar la . Billy había sido golpeado en cinco ocasiones. BILLY ALEXANDER era el único niño en la clase de cuarto grado de la señorita Lippincott que prefería la escuela a las vacaciones de v erano. -Está claro. a quien veía en su mente como un niño más bajo que los chicos de doce años en la vida real. El señor Siater lo hizo callar con un ademán. -Sí. señor Slater . huye -Supongo que quieres comentar algo sobre Lyle Pointer otra ve z -empezó a decir. Hay que hacer lo que hay que hacer. con las manos en alto. al tiempo que ordenaba a dos fornidos policías que se formara n contra una pared. 74 Huye. quiero hablar con él. Denise trató de imag inarse a Nathan. y después los ajusticiaba. esperando a que se reconociera su presencia. en la que Nathan era la verda dera víctima. Podría llamársele intuición femenina o de cualquier otro modo. -¿Y qué hay del dinero? ¿Propones que sencillamente nos olvidemos de él? -Sí -afirmó SammyNos olvidamos del dinero. de boca de un reportero del W ashington Post que buscaba obtener una declaración rugosa de un fiscal adormilado. le gustaba imaginar que las cosas serían diferentes para él. Cuan do llame. los medios de co municación al fin iban a reconocer la sabiduría de sus palabras. El departamento de Billy. como perros. En un rápido y sorpre ndente acto de violencia. Si alguien se pasaba de la raya. usura y prostitución en esa parte de la capi tal del país por más de cuatro décadas. tal como usted le dijo a Pointer ayer. pero. El propio Lyle. Ya era bastante con el guardia de la prisión. -Sí. inmóvil. SAMMY BELL cerró la puerta de la oficina del señor Slater. Sammy. Lyle llamará esta mañana. Enseguida. Billy era el chico más joven de su edi ficio por unos seis años. ni siquiera intentaba disimular su alegría ante el nuevo giro de los acontecimi entos. protección. el señor Slater alzó la vista de sus papeles y le señaló a Sammy uno de los m ullidos asientos para visitantes que había delante del escritorio. amigos con quienes jugar y air e acondicionado. Hoy mató a dos policías. Suponía que tarde o temprano acabaría por ser u n fracasado como todos los demás. Aquello no tenía sentido. uno s animales torpes e incompetentes. Durante ese tiempo se había apoyado en Sammy par a todo. En aquel momento. por lo pronto. lo que hacía falta para restaurar su imagen senatorial. Pero no olvidemos quién concibió este plan desquiciado en primer lugar. señor. En aquélla siempre había algo bueno que comer. Permaneció unos instantes d e pie. A los diez años. además.

El sótano de su edificio era un lugar oscuro. Las cajas dejaron ver a un niño blanco. ¿quién mató al segundo policía? -¿Cuál segundo policía? -inquirió Nathan. Nathan. Hasta hoy por la mañana yo creía que eras fantástico. Acababa de dar media vuelta para subir las escaler as cuando oyó un ruido. Nadie le había pedido qu e hiciera nada. en medio del enjambre de reporteros y ciudadanos. -Lamento los problemas. S. Expert . huye Nathan asintió en silencio y tragó saliva. Billy no perdió tiempo. Alzó la tapa del cubo galvanizado y dejó caer las tres bolsas de plástico repletas de basura. Daniel -musitó en voz apenas audible para Petrelli-. sea quien sea. seguramente te agarrarán. No todos podemos tener tanto éxito como el que has alcanzado en los últimos días. Pe ro matar a esos policías anoche fue una estupidez.basura al sótano. -¿Qué piensas hacer ahora? -preguntó Billy luego de asentir. -Les presento al teniente detective Warren M ichaels -anunció J. ¿verdad? 75 Huye. cajas y bolsas de basura cayeron de la pila que había en el rincón y rodaron por el suelo. 76 Huye. -¿Puedo ocultarme en tu casa este día? -Sí. -Entonces. Nathan meditó largo rato en su siguiente pregunta antes de atreverse a formularla. que se puso de pie muy despacio. ¿Por qué? ¿Tienes una cita? -Necesito llam ar a alguien por teléfono alrededor de las diez. quién anda ahí? -preguntó Billy a las espeluznantes sombras-. el lugar estaba atestado de periodistas.. si a eso te refieres. -Teniente Michaels -lo llamó Petrelli con su tono más oficioso-. -¿Cómo sabes quién soy? -preguntó Nathan. pero tenemos un televisor. -¿Qué hora es? -Eran como las ocho qu ince cuando bajé -Billy se encogió de hombros-. La primera cara que distinguió fue la de Petrelli. Nathan.. Las ca mionetas de la prensa. se inyectaban o a veces morían. suspiró y se abrió paso entre un grupo de agentes de policía para detenerse al lado de Petrelli. Tardó cinco segundos en comprenderlo to do. -¡Yo no maté aningún policía! -protestó Nathan sin reparar en el uso del plural que había echo Billy-. -La policía. huye Warren le dirigió una mirada fulminante. y hay algunos juegos y juguetes. será mejor que salga. ¿Qué vas a hacer tú? -No voy a llamar a la policía. -Todo el mundo sabe quién eres. Se hallaba en Pitcairn por su propia voluntad. CUANDO WARREN llegó a la jefatura d e policía del condado de Pitcairn. Warren sabía muy bien qu e no estaba preparado para enfrentar a Petrelli en ese preciso momento y trató de pasar inadvertido al cruzar entre la multitud. -¿Qué haces aquí? Nathan volvió a tragar saliva. No hay mucha comida. pero no lo logró. J. aterrado. Algunas cajas del rincón se movieron. y no estaba muy s eguro de cómo podría reaccionar el jefe cuando se enterara. invadían los últimos qu inientos metros de la calle principal. Pero la placa de Warren le brindó acceso in mediato al edificio. -Todavía no lo sé. que ya daba audiencia en el ves tíbulo. Todos andan buscándome. Ahora sí. por supuesto -repuso Billy en tono despreocupado-.. Salvo por algunos problemas en este caso. ¿Qu. Falto de sueño y con demasiada cafeína en el organismo. húmedo y maloliente do nde los vagabundos se refugiaban. ¿Puede venir aquí un mo mento? Warren se detuvo. -¿Y acaso creen que yo hice todo eso? -Nathan se quedó boquiabierto.. el teniente Michaels es uno de los mejores policías que tenemos en todo el condado de Braddock. Billy le explicó todo. con antenas parabólicas sobre el techo. Daniel Petrelli al grupo-. ceñudo. Le pedí que viniera para colaborar en la captura del peligros o Nathan Bailey. Billy había visto las noticias aquella mañana. -Eso dicen -Billy estudió al otro niño. Otro policía lo mató y luego trató de matarme a mí. -Eres Nathan. Una tras otra.

. Pero la decisión n o depende de mí. Por lo pronto ven aquí. Murphy se dejó llevar por la ira. donde repasó las fotografías Polaroid por sexta vez. como si ya estuviera muerto. Pointer no podía controlar la respiración. Ahora pongamos manos a la obra para de tener a este animal antes de que pueda lastimar a alguien más. Ahora es mi caso. ¿Cómo había podido aprender a matar con tal habilidad un niño de d oce años que había pasado la mayor parte de sus años Normativos en un suburbio de clas e acomodada? Tenía que haber matado primero a Schmidtt. teniente. -Oye. Quiero que dejes en paz a l niño y regreses acá de inmediato. Warren estaba horrorizado. Ésas son sus órdenes. ¡No tienes fuero para autorizar una ejecución! Los ojos de Petrelli ardían con farisaico ira. esos hombres consideran que usted acaba de autorizarlos para matar a un niño de doce años. Vayan y traigan de regr eso a ese animal. Sino. -Sólo estamos tratando de terminar el trabajo que tú no pudiste concluir. todos letales. ¿Entendiste. -Mire. No quiero pasar el resto de mi carrera en un tribunal si nos enfrentamos cara a cara y yo gano. Si matan al niño será porque se lo mere cía. señor -respondió Pointer con voz ahogada. -Cállate. Eso s hombres eran mis amigos. -Petrelli. teniente Michaels. y lo enfrentaré a mi modo. Si pueden atrapar al chico vivo. Petrelli estaba listo para responder. ¿cómo había obtenido el ar ma? Warren anotó en su bloc: ¿Traía el arma?" No. -¡No es tan sencillo! -¡Sí. yo no habría tenido que consolar a dos viudas esta mañan a. Lyle. -¿Y qué hay de Mark Bailey? ¿No desea que. era un profesional. Si representa una amenaza. tiene luz verde. huye Sin decir más. mis muchachos saben cómo hacer su trabajo. te rminará frío. señores -concluyó Petrelli-. -Todos sabemo s lo que está en juego -prosiguió el fiscal-. Murphy apretó la mandíbula y encaró a sus hombres. y colegas de ustedes. En respuesta a su pregunta. teniente -respondió con paciencia-. Sin embargo.. ¿Dónde aprende un chiquillo a tirar así? Anotó esa idea en un bl oc de papel amarillo.? -Ya nos encargaremos de él. Se habían hecho tres disparos. señor Slater explicó Pointer. El arma que había tomado en casa de los Grimes apareció en el Honda. Lo comunicaron de inmediato. Michaels boquiabierto se volvió hacia Murphy y hac ia Petrelli. Cuando lo arresten. Podía haber tenido otra. ¿Quién te da derecho de formar un piquete de linchamiento? Eres un funcionario judicial . El murmullo que corrió por el grupo dio a entender la aprobación a lo sugerido por e l joven policía. agente. elimínelo. -Esta madrugada. Nathan. Aquí están las fotos -le arrojó a Warren un manojo de fotografías Polaroid-. Eso es todo. ¿dónde la habría ocultado? El informe decía que lo . de unos veinte años de edad-. -Alguacil -lo recrimi nó-. el alguacil dio media vuelta y se dirigió a su ofi cina. -No me diga cómo manejar mi jefatura. acabas de emitir una orden de ejecución contra ese niño. WARREN SE INSTALÓ en una oficina vacía.o en fingir sordera. así será. La prueba física circunstancial era innegable. Si se siente amenazado. Me refiero a que es un niño. pero Warren no lograba armar todo e l cuadro en su mente. sin embargo. Te espero en mi oficina hoy por la tarde. LO ÚLTIMO QUE Lyle deseaba en el mundo era telefonear a l señor Slater. 77 Huye. Warren reconoció que no te nía objeto hablar con Petrelli. Es muy sencillo. dos espléndi das familias perdieron a buenos esposos y padres -empezó a decir en voz baja-. Necesitamos discutir algunas cosas. Cuando el grupo de policías se disper saba y salía a cumplir sus órdenes. ¿es cierto lo que dicen las noticias? -inquirió la voz áspera del hombre-. Lyle? -Sí. pero así es. Si ust edes no hubieran fallado así. sí. a las cinco. seguido de Petrelli. Ese animal mató a dos de mis homb res. y uno de los deberes de los profe sionales es enfrentar sus propios errores. age nte. deberá ser cuidadoso. Petrelli hizo caso omiso de aquel comentario. -Ahí lo tienen. Lyle -ordenó el señor Slater-. L a puntería era asombrosa. Ya no quiero oír tus excusas. ¿Es cierto que dejaste escapar otra vez al chico Bailey? -Lo siento. Volvió su atención hacia Murphy. sorprendido por el temblor de su propia voz-. -¿Tenemos luz verde p ara eliminarlo si es necesario? -inquirió uno de los agentes. sí lo es! -de pronto. -Desde el principio expresé m i opinión de que debemos tratar a este monstruo como a un adulto. Todos los ojos se volvieron hacia un hombre calvo y robusto que estaba separado de Petrelli por Mi chaels. sin usarse. Eso deberá indicarlo el alguacil Murphy.

Esto va más allá de lo s asesinatos. -Muy bien -dijo en voz alta-. Correcto. además. Bueno. Oye. Alguien tuvo que pagarle. desenfunda . Nathan había sometido a Schmidtt. Warren. todo lo demás encaja a la perfección. -Eso tampoco tiene sentido -refunfuñó el agente. de un modo u otro. Trata de identificar a la persona que le pagó. Warren se estremeció cuando el rompecabezas estuvo en su sitio. Jed vio claro. ¿Por qué otro motivo s e habría metido Ricky Harris en tantos líos para matar a un niño? Uno no tira su vida por la borda solamente porque le desagrada un interno del Centro de Detención Juve nil. Su voz desbordaba alegría-. Si suponemos que alguien pagó para que Nath an fuera asesinado. El joven policía asignado para mantener la seguridad en la escena le cedió el pas o. Br . Nathan. no lo tiene -asintió Warren. Y dígame dónde hay un teléfono. "Supongamos que alguien le disparó primero a Watts". un disparo a la cabe za. -No tengo la menor idea. huye Warren asintió. Nathan. Michaels caminó hasta el escritorio de guardia e hizo algunos rápidos cálculos mentale s. Pero el arma del sargento Watts est aba en la funda. aunque no hemos conse guido gran cosa. ¿no es verdad? Listo para cualqu ier tipo de enfrentamiento. espera -un sobre amarillo estaba en su bandeja de correspo ndencia desde la última vez que pasó por su oficina. ocupado con el papeleo. la mente se le iluminó. -Agente. ¿Qué hago? -Se levanta y va a investigar -respondió el joven. Así que investiga sus antecedentes financieros. De pronto. Si un policía oye disparos. pensó Warren. Pero al sargento Watts lo mataron en su si lla. Tal com o usted dijo -revisó las fotografías una vez más-. se dio cuenta de que habían analizado toda la prueba en torno a la fuga de Nathan desde la persp ectiva errónea. pensativo-. llame al alguacil Mur phy de inmediato -ordenó-. ¿quién podría pagar para que mataran a un niño? -inquirió Jed. Jed -lo apremió Michaels-. Reacciona. No tengo idea -admitió Warren-. ¿estás se uro? -Piénsalo. para empezar. tendido ya en el piso. Entonces. Como reacción al ruido . d ebió de haber un tiroteo en el pasillo. ¿Y Schmidtt? Tendría que haberle disparado después. Tenía el logotipo de un banco. y oigo d isparos en el pasillo. Con la puerta de la ce lda abierta. Simplemente se interpusieron en su camino. Este niño no es un asesino. Así que. Eso sí era lógico. -Supongamos que. -Mi duda es la siguiente. -Sí -declaró el agente. Como mínimo. 79 Huye. ¿por qué Watts no reaccionó? Cua ndo uno oye disparos pasillo abajo. ¿Por qué en la funda? El joven se encogió de hombros. ni siquiera desenfundó. -Con el debido respeto.. En un solo momento de inspiración. correría por el pasillo con el arma desenfundada. Las piezas caían en su sitio. -¿Cuál boleto de avión? Jed le contó de su charla con Mitsy. habría tenido acceso al pasillo. no se queda sentado. 78 Huye. Es exactamente lo que usted haría -asintió Warren-. pero piensa. -En efecto. -Creo que no hay duda -afirmó Warren. ¿Cómo explicas la descompostura del sistema de vídeo en el Centro. Esos dos policías nunca habían sido el objetivo de quienquiera que los mató. Dijiste que in dagarías algo más sobre Ricky Harris. Y. Estoy sentado aquí.. ún icamente se está defendiendo. Nathan tenía problem as mucho más graves de lo que él mismo había imaginado. todos le desagradaban. tal vez notendr ía. Primero el tiro en el pecho y luego. no to do el sistema. Precisamente quiero que lo averigües. sino sólo las partes que habrían mostrado las idas y venidas de Ricky ? -Y el boleto de avión -en ese momento.habían registrado meticulosamente antes de encerrarlo. JED HACKNER casi dejó caer el a uricular cuando oyó la teoría de Warren Michaels. Sí. ¿no crees que estás exagerando el beneficio de la du da? -Sé que parece como si hubiera perdido la razón. huye -Ya empezamos -Jed frunció el entrecejo-. pero al menos las cosas serían más congruentes. Warren se colocó detrás del escritorio para reproducir los hechos. A menos que. -No. -¿Un matón profesional? Warren.

Se hizo una pausa. Empieza por ahí. Enrique reconoció la voz. Harry respiró profundamente. la recuerdo -lo interrumpió. -De acuerdo. Necesito hablar con Denise. -Muy bien. yo no maté a los policías. Por favor. Estaba al aire. Los radioescuchas han estado muy duros contigo hoy. soy yo -saludó el chico sin más rodeos-. y Ricky. Te comunicaré enseguida. -¡Yo no fui! -gritó Nathan de inmediato con un tono defensivo. quiere que probemos que a los policías de Nueva York no los asesinó Nath an sino un matón profesional. Nathan obedeció. -Aquí vamos. ¿recuerdas nuestra charla del otro día? Si estás de acuerdo. -¡Eso es! -exclamó de pronto Harry. todos cambiaremos de puesto. q ue por eso 80 Huye. Yo te creo -lo consoló-. Después de treinta timbrazos. si a eso te refi eres. Después de la sem ana que ha tenido le caería bien una palmada en el hombro. cariño. Tad no dijo palabra. y. ¿verdad? -Sí. por favor -pidió después de una breve pausa-. Aquí están sus estados de cuenta bancario s. -Espera un instante. jefe. Consígueme argumentos para demostrar que Nathan es un bu en chico. Tenemos los estados de cuenta de Ri cky. -Eso supongo. El teniente Warren Michaels quiere que demostremos que alguien está pagando para que maten al chico Bailey. Ahora. Denise oyó el pánico en la voz y tuvo que contener las lágrimas. ¿eres tú? -preguntó Denise. Creo que acaban de llegar.. Los dos estamos convencidos de que el verdadero blan co era el niño. o incluso de trabajo. -¿Eso es qué? Harry no respondió. -¿Qué tal. -Sí. si me eq uivoco en este caso. Jed le dio una palmada en el hombro al joven agente. Harry fue directo al grano. que revelan un depósito de veinte mil dólares hecho hace tres semanas. Nathan. Harry? -saludó afable al tomar el auricular. -De acuerdo. y nadie hubiera objetado-. Nathan. -Hola. -Tad. Estoy seguro de que tomará tu llamada en un momento. Servicio de urgencias. no dices nada y. tardó un par de minutos en recordar su última conversación. -En otro tiempo -sonrió J ed-. -El hospital de Braddock. huye Harris trató de asesinarle. Sin embargo.. contestó una voz familiar. TAD BAKER no había vuelto a pensar en el asunto de los Bailey desde que habló con Harry Thompkins la última vez. Cuando terminemos con ese asunto. Creo que alguien le rompió los dedos intencionalmente a Mark Bailey por que deseaba perjudicarlo. pues tengo otra teoría. hasta que al fin pudo comunicarse. nadie era tan amable con nosotros. después . -Me da gusto oírlo. -Nathan Bailey. manos a la obra. Tal vez haya algo. el villano. el retiro total de los fondos la mañana del día en que murió.addock Bank and Trust-. Creo que est oy en deuda con él. -No lo dudo -farfulló el niño-. -Y otra cosa. ¿Listo? Tad miró a su alrededor. . Pero. -En efect o -reconoció con aire jovial-. sólo dinos lo que pasó. -Muy bien. Tan sólo descolgó el teléfono y marcó el número de información. Cuando oyó que el policía le llamaba por teléfon o. -¿El teniente me nombró a mí específi amente? -Michaels podía haberlo despedido. HARRY THOMPKINS no podía creer lo que acababa de oír. No había nadie que pudiera oírlo. lo sé -rió Warren-. -¿Sí? -Incluye al patrullero Thompkins en la investigación -pidió Warren-. 14 NATHA N MARCÓ sin cesar durante más de una hora.

Pointer esta ba dispuesto a apostar que el chiquillo no sabía cómo hacerlo. estaba el nexo. -¿De qué se trata todo esto? -quiso saber Jed. Las dos pri mera noches. En lugar de criticarlo por no haber actuado antes. Conectar la march a directamente era mucho más difícil de lo que la televisión hacía parecer. de nada. Todd sonaba como un perro jadeante. Sólo hizo tres.. me pregunt . Nathan. ¿Habría robado otro auto? Era posible. Hasta ese momento. estaba muy equivocado. Lyle con tinuó alabando el sentido cívico de Briscow. huye Nathan Bailey le había robado su honor. de la oficina del señor Petrelli -mintió-. hacia el mediodía Todd logró compr ender cuál había sido su auténtico papel: el elemento crítico que resolvió el caso de Nath an Bailey. e n algún sitio. Pero apostaría cien dólares a que él sabe quién fue. Cuando su secretaria le dijo que llamaban de la oficina del fiscal del condado d e Braddock. lo felic itaron por su disposición para colaborar. El radio. El idiota dijo que se había sentido "fatal" porque no había reconocido al chiquillo antes. Pero esa madrugad a fue distinto. e n la página del diario. si pensaba que se olvid aría del niño Bailey y en cambio haría un viaje suicida a las fauces de los perros de presa de Slater. ¿o no? Había tenido que decidir con rapidez. Eso significaba que s eguía a pie. -Vamos.-Tal vez un matón profesional. más ansioso parecía por oírl -Le agradezco mucho su llamada -dijo Todd al fin.. Lyle Pointer sabía que era hombre muerto. DE UN MODO u otro. -Sí. Virginia. -¿Sabe? Antes de que colguemos. Ahí. así era. en el condado Pitcairn. el novato tuvo tiempo para elegir sus escondites. Si no fuera por la ayuda de ciudadanos como usted. j amás podríamos abatir el crimen en la sociedad -durante dos largos minutos. Jamás volveremos a hacerlo. A los oídos de Pointer. Tal vez haría cualquier cosa para mitigar su culpabilidad. Pero si el señor Slater creía que iba a entregarse como una oveja en el matadero. La línea se cortó y Harry colgó el auricular. Trabajaba para la compañía telefónica. Lyle Pointer sólo estaba seguro de una cosa: el niño no viviría para participar de la broma. habla Larry Vincent. sí. Lyle tenía un trabajo pendiente. ¿A dónde va un niño cuando los policías lo obligan a esconderse?. cuánto agradecemos su colaboración para resolve r el problema de Nathan Bailey. sargento -respondió Harry. -Señor Briscow. -No diga eso -lo contradijo Poi nter con igual efusividad-. -¿Crees que el tío del chiquillo lo hizo? -No. Pointer empezó a concebir un plan. -En realidad no fue nada -respondió Todd. ¿Qué distancia podía recorrer? Pointer se ufanaba de su lógica para tales asuntos. ¿Qué era lo que había leído en los diarios? Un artículo sobr el testigo de Pensilvania que avistó al niño. Y estaba dispuesto a disfrutar hasta el último segundo. -Habla Todd Briscow. se preguntó. De hecho. pero las veces anteriores había tenido las llaves. Lo tenía delante. PARA SU GRAN alivio. ¡Si tan sólo pudiera localizarlo con precisión! El teléfono. 81 Huye. -Un millón de gracias. Todd descubrió que sus amigos y colegas se mostraron más benévolo s hacia él que él mismo. a nombre del señor Petrelli. Quizá habría salido del dis trito comercial a toda prisa para dirigirse a las afueras. Todd Briscow. y estaba seguro de que el niño a ndaba cerca. Un infeliz chiquillo lo había convertido en un hazmerreír. efusivo. ¿o no? Pointer calculó que serían necesarias cinco llamadas telefónicas para obtener el núm ero que necesitaba. Cuanto más decía. Silencio. para dar por terminada la conv ersación. que ya se dirigía a la puerta-. ¿no e a así? Sí. Jed lo siguió. Quiero decirle. Se lo explicaré en el auto. que empezó a volverse bochornosa. De pronto se convirtió en algo personal. El colmo había sido la llamada del mocoso a la radiodifusora esa mañana. El testigo. doc -dijo Harry. Cerró la puerta y descolgó. y ese tra bajo estaba ahí. matar siempre había sido un negocio . ¿En qué puedo servirle? -preguntó con gran aplomo. casi corrió a su despacho.

Los supervivientes se vuelven hábiles para descubrir las oportunidades que la adversidad encierra. La fortuna de Steve se había evaporado al desplomarse el mercado. Un año antes. exitoso hombre de negocios y presidente de su generación en la universidad. Tras acabarse la enésima botella de whisky. El chiquillo crecía como la mala hierba y comía sin parar. naturalmente supuso que habría dinero para su manutención. En lugar de compartirla. Todd sintió que no le quedaba otra sa lida. MARK BAILEY únicamente quería que terminara el sufrimiento tanto mental como físico. "¿Por qué a mí?". señor Briscow. Querría compartir la gloria con un amigo. preguntaban suplicantes los ojos de Nathan. -Vamos.aba si podría hacerme un favor. Mark. Y aunque se permitió.. Todd no supo qué contestar. nada. El dinero de verdad.. y los fondos de Nathan estaban en un fideicomiso que el niño no podía t ocar sino hasta 83 Huye. inmutable.. durante un instante. Cuando el viejo le informó que su herencia dependía de que terminara sus est udios en la universidad. comprendió lo que había sucedido. No. Salvo que no había tal dinero. zalamero-. La venganza era placer de dios es. Steve terminó convertido en papilla en un cruce de ferrocarril. A t ravés de algunos amigos conoció gente que a su vez conocía gente. Steve tenía t odo. Pointer no era de los que asumen la culpa s olos. pero no es posible. Necesitamos su ayuda por última vez. tan en serio como un ataque cardiaco. Si lograba juntar qu inientos mil dólares y viajar a Colombia. dos meses después de que el mercado de bienes raíces se desplomó. Mark jamás habría necesitado dine ro fácil. Todo eso costaba dinero. señor Vincent. Usted sabe que. Incluso Nathan recibió una buena porción. había una póliza de seguro por un cuarto de millón de dólares. pero Mark no. volvería a ser coherente en pocas horas. Steve invirtió la herencia en inmuebles y en su bufete de abogado. Y. su hermano perfecto. dio a entender la desvergonzada sonrisa de Mark. el dinero de su querido viejo. al ver cómo trataban a su hijo exactamente con la misma falta de res peto a la que Mark se había acostumbrado. Cuando supo que había un nuevo huérfano en el mundo. Por supuesto. por supuesto. Tenemos que poner a Nathan Bailey bajo custodia otr a vez. 82 Huye. La ironía era en verdad delici osa. Mark sonrió al imaginar lo que habría pensado Do n Perfecto Abogado. huye -Lo siento. cuando levantó cargos contra el hijo huérfano de éste. Mark estaba conscient e de lo que seguía después de esa noche. Si el viejo le hubi era tenido el mismo respeto que al perfecto Steve. huye los dieciocho años. La mirada del enano miserable lo dijo to do. -De acuerdo -reconoció Pointer-. Y luego. oprimido por la sombra de Steve. Volveré a llamarlo exactamente en media hora. Nathan. su testamento quedó forjado en hierro. Está pidiéndome que viole la ley. Nathan. mucho dinero. Pointer interpretó correctamente su silencio como una respuesta afirmativa.. Le daré treinta minutos para obtener la información q ue necesito. pero se acabó muy pronto. -¿Sí? -Le recuerdo que el tiempo es vital en este asunto. y usted tiene la clave para hallarlo. Pointer se lo pidió. ¿acaso era posible que sólo hubieran pasado tres semanas?. Cuando el viejo murió. Mark no creyó ni por un instante que hablara en serio. -Dígame qué necesita y lo haré con gusto. Durante treinta y tres años Mark había tenido que sobrevivir por sus propios medios. Creo que no me ha entendido -insistió Pointer. V olver a oír la voz de Nathan en el radio lo puso al borde de la locura. según descubrió Mark. "Porque lo digo yo". Si la historia se re petía. Mark era sagaz y estaba acostumbrado a sobrevivir. además. En cuanto Mark vio las noticias por la televisión. señor Briscow. Y. En aquel entonces todo había parecido muy sencillo. esos quinientos mil podían convertirse en . Pe ro lo decía absolutamente en serio. ¿Quién hubiera imaginado que iba a complicarse tanto? Nada de esto era su culpa. Mark hizo el pacto consigo mismo de qu e recuperaría la sobriedad lo suficiente para idear algún plan. sentirse reivindicado por el fracaso de un asesino "profesional" para concluir el trabajo que le había pagado a Ricky hacía tanto tiem po. estaba en el negocio de la importación.

también había una cláusula de excepción. Algunos especularon que el piloto se había matado en una repentina tormenta sobre el Golfo de México. Empero.más de cinco millones. el piloto que había contratado despegó a bordo de un avión alq uilado para hacer la compra que convertiría a Mark en un hombre rico. Mark pidió sólo un poco de tiempo. En el transcurso de la velada. Mark le invitó a Ricky muchos tragos. explicó con gran aplomo. con un agudo ol fato para cuidar de su propio bolsillo. En las calles. Fue necesaria toda su labia para obtener el dinero: un préstamo a tr einta días con veinte por ciento de interés. Mientras tanto. Tu familia tiene millones. Su plan era retirar el resto del dinero de su segu ro. No. el legado se entregará al padre del difunto o. Mark descubrió a Ricky siguiendo a los guard ias que salían del Centro de Detención Juvenil al concluir su turno y se reunían a beb er en un bar llamado Woodbine Inn. en algún lugar. y entregarlos al día siguiente como anticipo. Comprendió que. y Pointer se c ompadeció: le dio un día más. la citada cantidad se distribuirá entre mis descendientes vivos. susurró jadeante. Había a lgunos problemas para distribuir la droga. empezaron los problemas para él. Pero. Eres g ente de dinero. y esperas que el señor Slater crea que no puedes pagar la miserable cantidad de seiscientos mil dólares. en el momento exacto en que Mark había recibido el préstamo. el más vociferante e ra uno joven y flaco de nombre Ricky Harris. Los hombres sonaban descontentos y se quejaba n sin cesar de todos los aspectos de su trabajo. Pointer se rió de él. Mark aún sentía el dolor. Treinta días después. Según le explicó. y Nathan era el único. Sí había un modo. El resto fue asombrosamente sencillo. Entonces aparecieron Lyle Pointer y el señor Slater en escena. Antes de que te rebane el gaznate. Entre ellos. Valuado en poco más de tres millones de dólares. Era casi la m edianoche cuando le propuso el trato. Ricky sólo tenía que liquidar al . Cuando terminó. ¿qué importaban cien mil de los grand es cuando el objetivo eran cinco millones? El veintisiete de mayo. Pointer ya tenía un plan. mientras desenvolvía de m anera metódica una gran tira de goma de mascar-. Menos de un minuto después de enterarse so bre la cláusula de excepción. Tendría todo resuelto de por vida. Pero el reloj seguía su marcha. veinte mil dólares. ¿puedes explicarme los motivos por los que nos lo habías ocultado ? Aunque había pasado un mes desde aquella tarde. para e l día treinta y uno. Bailey? -Lyle hablaba retrepado en el sofá de Mark. De pronto. en partes proporcionales. Pointer lo protegería de la ira del señor Slater a cambio d e doscientos mil dólares. Mark había oído mencionar el "banc o" de Slater. Point er apareció en su puerta para exigir el pago. eso no servía. Lyle Pointer había descubierto la mentira. -¿Sabes. Mark recordó una cláusula en el testamento de su padre. Todavía record aba la exagerada paciencia del matón mientras escuchaba la historia de cómo excluyer on a Mark de su familia. Mark se encargaría de los detalles. alguien estaba gastando sus cinco millones de dólares sin haber invertido ni un centavo. Fue el brillo de la navaja lo que hizo a Mark concebir lo inimaginable. Como reconoció que los detalles pueden ser muy costosos. y susti tuyó la discusión por un refinado plan para mostrarle todo un nuevo universo de dolo r. Si n embargo. Nathan. El vie jo había establecido un fideicomiso para sus nietos. si tal entrega no fuere posible por c ualquier motivo." 84 Huye. Pointer pareció auténticamente decepcionado a l reconocer que no tenía más opción que abrirle la garganta de un tajo. le devolvió el ant icipo de veinte mil dólares. le aseguró. pero Pointer le advirtió que esperaba un trabajo limpio. el ma tón perdió todo interés en los motivos por los que Mark no podía pagar su deuda. con el único objetivo de que matara a su sobrino y recibiera el dinero de la h erencia. Dejaría que Mark viviera un poco más. "En caso de que algún nieto falleciera antes de su decimotercer cumpleaños y antes d e concluir un curso de estudios acreditados según se define en el párrafo octavo. y cuando Mark le ofr eció los veinte mil. huye Resultó que Pointer también era un superviviente. el fideicomiso tenía como objeto paga r los estudios universitarios de los nietos y después ayudarles a establecerse. La golpiza duró casi media hora antes de que Pointer dijera otra palabra. pero Mark reconoció l a verdad. Cuando el av ión no regresó. investigué un poco sobre ti.

-¿Qué está pasando? -preguntó sorprendido al tiempo que también desenfundaba. listo para entrar en acción.. Se separaron. -¿El asesino se fue? -preguntó. que surgió contra el brillante resplandor del Sol. al lado d el picaporte. Jed entró para cubrir el lado izquierdo. Éste se sorpr endió cuando vio que Jed extrajo su imponente Glock 9 milímetros de la funda que traía oculta bajo la chaqueta deportiva. Algo no andaba bien. -Este lugar me da mala esp ina -musitó Jed-. -Vine a hablar contigo. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. que estaba a su derecha. -Revisa esta planta -ordenó Jed-. bastante alterado-. El lugar está limpio. envuelta en el vapor que ascendía del piso a causa del calor. se maravillaba al recapacitar en lo mal que había salido todo. Es un presentimiento. protegido en ca so de que alguien disparara por el vano de la puerta. es la policía! -gritó Jed-. Mientras esperaba en l a línea. Harry acababa de concluir una revisión frenética de la planta baja cuando Jed entró en la sala. -¡Mark Bailey! -volvió a gritar-. con la cabeza echad a hacia atrás sobre el respaldo. Tal vez sólo trata de mantener la casa fr esca. cuando descubrió que el blanco era Nathan Bailey . Jed llamó con varios golpes fuertes. Jed usó el teléfono de la mesita que estaba junto al sofá para llam ar a la unidad de investigación criminal y al médico forense. nada se movió e n el interior de la casa. y la temperatura ya rondaba los treinta y seis grados centígrados . muerto. Harry lo siguió. ligeramente inclinado. mientras Harry giraba para e strellar la suela de la bota contra la puerta. de unos sesenta y tres años. -Sí. en particular le llamó la atención el televiso r roto. lo encontré -anunció Harry. todos abiertos en artícu . Está en la sala. De pie a un lado de las bisagras. Harry podía cubrir el pasillo del frente. Así empezó. -No lo sé -su urró Jed-. Los diarios de tres días estaban apilados en el sofá. hacia el porche. Como s i la hubieran abierto con dinamita. nada se movió. Como no cedió. Y en ese momento. Todas las persianas están cerradas. -Es su vehículo -señaló Harry-. El señor Slater te manda saludos. -Sargento. ¡Somos policías! Harry permanecía agazapado. huye Jed descendió del autopatrulla y subió sin hacer ruido por el pat io delantero. Jed corrió escaleras abajo.85 Huye. Harry la detuvo con el hombro. El cadáver de Mark Bailey estaba atado con fuerza a una silla. Era un hombre corpulent o. la puerta cedió con un chasquido y rebotó contra la pared.. Nathan. 15 LO PRIMERO en que Jed reparó cuando él y Harry Thompkins se detuvieron frente a l a descuidada casa de Mark Bailey fue en las cortinas cerradas. una caverna grotesca rodeada de manchas carmesí. Jed abandonó su puesto defensivo y adoptó la postura d e tirador. apuntando con la pistola en ambas manos. poco arriba del picaporte.chico y largarse del país. Mark -respondió-. Quiso la suerte que veinte mil dólares fueran más dinero del que Rick y Harris había visto en su vida. Jed apenas había llegado a lo alto de la escalera cuando Harry a voc es lo llamó desde la sala. ¡Abra la puerta! Pese al ruido. pareció entusiasmado. El hombre entró sin esperar a ser invitado. Con tres rápidas zancadas. Harry adoptó una posición similar a la de Jed. -Me pregunto si habrá alguien en casa -pensó en voz alta. sin embargo. Mark se dirigió tambaleante a la puerta y la abrió de golpe. que trató de abrirlo. No hubo respuesta. Desde su incómodo sitio en el lado izqui erdo. inspeccionó el resto de la sala. -¡Mark Bailey. En el mismo sitio que ayer. Parece una casa abandonada. Era c erca del mediodía. mientras Mark permanecía sentado en el calor sofocante d e la casa que pronto ya no sería suya. Yo iré arriba. Veinte mil dólares alcanzaban para mucho en algunos luga res del mundo. Le daban al inmue ble un aspecto siniestro y abandonado. -¿Qué quiere? -preguntó Mark. dirigiéndose a Harry. y. -L a Bronco sigue en la entrada -señaló Harry-. Tenía la boca abierta. Frente a la entrada había un a Ford Bronco. Jed miró el picaporte y lo señaló con la cabeza a Harry. Harry asintió con la cabeza.

¿Quiere que pase por alto toda la prueba física que tenemos y coordine los esfuerzos de m is hombres a encontrar a un supuesto matón profesional? Warren escudriñó los rostros del alguacil y de Petrelli. aprovechando la oportunidad para ver algo que no fuera el cuerpo. A la mitad del segundo párrafo. Las amenazas de Petrel li eran del todo huecas. te di go que yo no llamé a nadie. -Ya fue suficiente -intervino el alguacil Murphy-. Jed le pidió que esperara un momento. encaramado como una cotorra junto a su colega. encargado de la investigación. -¿Qué dices. según reconoció por las líneas numeradas y los márgenes amplios. Puedo conseguirle una escolta. -¿Por qué mejor no te mueres. no a una víctima llamada Nathan. Creo que tal vez has perdido la perspectiva en este cas o. alguacil -Warren se volvió hacia Murphy-. -¿De qué rayos hablas? -explotó Petrelli-. hojeó al descuido las hojas engranadas. -Entiende. El corazón estaba tan inmiscuido en el asunto como la cabeza. el punto en discusión no era la objetividad. También sabía que el jefe Sherwood era el único ser humano en la Tierra que detestaba a Petrelli todavía más que Warren." Como Warren no contestó. En ese momento sonó e l teléfono-. -Oficina del forense. -DÉJEME VER SI entendí -resumió el alguacil Murphy. creo que e sta reunión ya terminó. tras oír un largo rato-. tajante. Warren? -insistió Petrelll-. Lo decía claramente la primera página: última voluntad y testamento de alguien llamando William Steven Bailey. Eso cambia por completo el modo en que pie nsan arrestarlo. Así. A Warren no le quedaba nada por hacer. Esta vez. Mientras Jed esperaba con impaciencia que contestaran en la oficina del forense. documentos legales. quien había presentado la ridícula solicitud de Petrelli ante el juez V erone el día anterior. Quizá deberías retirarte voluntariamente de él. ¿Por qué no renuncias de una vez? Warren sonrió amablemente. teniente? -ofreció Murphy. -¿Qué encontró. después de escuchar a Warren-. Daniel? Sabía reconocer cuando perdía. Habla Julie -le dijo una voz al oído. no obstante. "Stephanie" tenía que ser Stepha nie Buckman. estoy muy preocupado por ti -declaró con exagerada condes cendencia y moviendo la cabeza-. Sin embargo. Warren empezó a atar cabos. Warren recordó además lo que Jed le había informado momentos ante s acerca de la llamada de Nathan de esa mañana a la estación de radio. -Warren. Nathan.los que hablaban de Nathan. había creído que re accionaría de manera profesional y objetiva cuando fuera necesario. "Es inútil". Están buscando a un asesino llamado N athan. 86 Huye. "Para estos dos. Todos sabemos lo dura que fue para ti la muerte de tu hijo el año pasado. Teniente Michaels. Sólo una profunda y arraigada convicción en el sistema de justic ia impidió que Warren empezara a golpearlos. Había estado c onsciente de ello desde que vio la imagen congelada del vídeo del Centro. Cuando daba media vuelta para retirarse. Cuando vio el . lo único que le pido es prudencia por parte de sus hombres. sargent -preguntó Harry. J. el trabajo policiaco es sólo cuestión de votos y nada más. ¡Zas! Lo peor de todo e ra que Petrelli tenía razón. Las palabras de Petrelli hirieron a Warren como un mazazo. -Mire. Como no tenía na da mejor que hacer. el fiscal podría recuperarse en parte del daño político que la popularidad de Nathan le había infligido. el fiscal y futuro senador parecía tan confuso como iracundo. ¡Yo no hice semejante cosa! 87 Huye. huye -El móvil -declaró Jed. oyó que Murphy contestaba el teléfono y se lo pasaba a Petrelli. Si Petrelli desacreditab a a Warren. ¿Acaso piensas que quiero suicidarme? El juez Verone me encerraría en un segundo. ¡Usted les dio autorización para dispararle. huye Warren se detuvo unos pasos antes de llegar a la puerta para oír subrepticiamente la conversación. Nathan. Warren no debía seguir adelante con el caso. Stephanie -dijo. se dijo. no tendré que pedirle al jefe Sher wood que te excluya de la investigación. irguió la espalda y se sentó en el borde del mullido sofá. Algo en la página catorce del testamento le llamó la atención. ni dio muestra alguna de pretender contestar. Petrelli ro mpió el silencio. por el amor de Dios! -¿Es necesario que alguien lo acompañe. los ojos se posaron en un montón de papeles.

Warren cruzó la oficina de un salto y le arrebató el teléfono a Daniel Petrelli. -Step hanie. en tono suplicante y amabl e. Sólo debes confiar en mí.. el pulso se le aceleró. teniente -protestó Denise-. -Un momento. -¿No podría quitarse los audífonos? Denise dio un suspiro audible al micrófono. Debo interrumpirlos porque hay una llamada de urgencia. Lo único que necesito es ese número. pero. a esas horas Nathan parecía haberse tranquilizado mucho. el temor.. ¿qué mejor lugar que la prisión? -Disculpe -los interrumpió una voz extraña-. señor. habla el teniente Michaels. -De acuerdo -accedió-. por el momento. Adelante. En cuanto terminó de recibirlo Warre n colgó de golpe. -Ya sabe que si usted usa esta información.. Esto es asunto de vida o muerte . -¿Cómo sé que no es una trampa? -preguntó aturdido. sabía que el despreciable gusa no dejaría linchar a su propia madre antes que aceptar el desprestigio que le caus aría violar una orden judicial. abandonó la oficina de Murphy al tiempo que mar caba en su teléfono celular. sí -aceptó Stephanie con un tartamudeo. ayer ganamos la demanda. -¿Es indispensable? -preguntó Warren. Nathan. Stephanie. una víctima en potencia.. -Teniente. Nathan palideció.. ¡huye! -¿A dónde? -preguntó el niño con un nudo en el estómago. -Sí. -Déme el número -exigió. ¿por qué. En ge neral. de la policía del condado de Braddock. En caso de que no se haya en terado. -Mire. Tras una larga vacilación. sí. El hombre que trató de matarte anoc he está a punto de llegar ahí. -No me importa -aseguró Warren-. En todos sus años de trabajar en la radio. tienes que salir ahora mismo de donde estás. -Sí. hijo. Se oyó un clic y. 88 Huye. DENISE SE SORPRENDIÓ por el margen en que los radioescu chas de la tarde se inclinaban en favor de Nathan. a menos que quiera oír el tono de marcar. Cuando Denise señaló que los guardianes de la ley parecían morir como moscas en presencia de Nathan .? -¿Hace cuánto tiempo? -Warren casi gritaba. l a voz de Warren se incorporó a la conversación. Sólo insistió en que era una víctima igual que los demás o. ganaron -confirmó Warren-. El tipo que lo pidió es el asesino. Probablemente hace más de veinte minutos. Por favor . pero imitó su ejemplo y se quitó los a udífonos. ¡Alguien trataba de rastrear la llamada de Nathan! Por más que Warren Michaels deseara detectar alguna jugarreta de Petrelli como cau sa del desacuerdo anterior entre éste y su asistente. Pero. si los agentes de la policía qu erían matar a alguien. -De acuerdo. no lo sé con exactitud.. Nathan corre un grave peligro. al menos. habla la operadora. Tendré mucho gu sto en explicarle después. El perseguidor de Nathan preparaba su siguiente mo vimiento. pero yo seguiré oyendo. huye -Nathan. -¿Puede sacarnos del aire un momento? -le pidió a Denise. Enrique la miró como si se hubiera vuelto loca. Stephanie se lo dio.. Sólo se le ocurrió un lugar en el pueblo. Tienen treinta segundos para ustedes solos. déme el número.. Ahora. Ustedes descubrieron que alguien trató de rastrear la última llamada telefónica que hizo Nathan Balley. soy uno de los buenos. sería el primer medio minuto en q . Denise percibió la sinceridad en la voz del policía. -No. Hi jo. señora.panorama completo. Sin decir palabra. y estaba en el corazón del conflic to: el obelisco de la plaza principal. ¿no es así? -S. se reservó los detalles relativos a su captura y escapatoria. habla Warren Michaels -la saludó de prisa-. Warren no había pla do tanto... cualquier prueba será inválida. el chico no tuvo una respuesta ensayada. Y. enseguida. -¿Esa persona logró conseguir el número? -S. necesito ese número. Después de haber sonado tan alt erado aquella mañana. -No lo sabes -repuso Warren-. Aunque no lo creas.

-¡Oye. la conozco. Nathan! -lo llamó una voz. Trece pasos ad . Parezco policía. en la plaza principal? -¿Se refiere usted a la torre alta y puntiaguda? -preguntó el chico-. Nathan sonrió. Cuando oyó que los pasos de Pointer se detenían de pronto. El polvo de yeso le hirió los ojos cuando un tiro dirigido a la cabeza se estrelló en la pared. Nathan. vamos a comerciales. y una diminuta lluvia de yeso se desprendió de la pare d. Tambaleante. Después. Sólo quince metros más y estaría en la puerta que daba a las escaleras. ¡corre! Nathan colgó el teléfono y miró a Billy Alexander. Rodó hacia la izquierda. usando el pasamano me tálico para saltar de un descanso al siguiente. uno de los Hombres X. -Por fin la fuga ha terminado. El joven fugitivo se ató los cordones de los tenis a toda prisa y se dirigió a la puert a del departamento. Tienes que confi ar en alguien. Debo irme ya -concluyó. y que tenían autorización de dispararle si se oponía al arresto. No tenías que ayudarme. y salió por la puerta del departamento. Nathan se enteró de que había una conspiración para matarlo. Nathan comprendió que estab a en problemas. Nathan franqueó la puerta y voló escaleras abajo. Traigo un traje marrón con camisa azul y corbata de ra yas. Me reconocerás. supo que ese tal teniente Michael s era la única persona en el universo en la que podía confiar. Impulsado p or el miedo. Primero que nada. ambos reconocieron el sonido de las sirenas que se acercaban-. Rodó otra vez para ponerse de pie y corrió por el segundo pasil lo. se atrevió a dar u n vistazo hacia arriba. LAS INSTRUCCIONES de Billy para llegar al obelisco fueron breves. -Todo el mundo conoce tu cara. y que lo más importante y sensato que podía hacer era dejar que el propio Michaels lo detuviera. Nathan reflexionó un momento antes de responder: -Sí. huye -Supongo que usted ya sabe cómo soy yo -aventuró. Su tiempo ya está corriendo. -Gracias -repitió. Se arrojó de bruces sobre la alfombra sucia del pasillo al oír el sordo¡pum! que ya conocía y le era familiar. amigos -les indicó Denise-. Nathan no se detuvo. sintió que su mundo se volvía muy pequeño. pero ganaba terreno con rapid ez. completas y ac lararon los borrosos recuerdos que tenía Nathan de su huida la noche anterior. Te lo agr adezco.ue tendría las orejas descubiertas. y que la policía no estaba implic ada en ella. Por último. Cuando llegó abajo. y un agujero redondo y perfecto apare ció en la puerta metálica. 89 Huye. Sí. Nathan se alejó de las escaleras y atravesó el sótano en dirección a la luz. Nathan corrió a gatas hasta un recodo del pasillo y se lanzó en el último metro para c ubrirse detrás del muro. amigo. Antes del último disparo. ¿Sabes dónde se encuentra el monumento de Lewis y Clark. Iba vestido con uniforme de policía. li mitado tan sólo a él y a ese policía llamado Warren Michaels. -Gracias. Billy metió la mano en un bolsillo de los pantalones y le entregó un juguete de unos ocho centímetros: la figura de Cyclops. -Adelante. Ahora. -Toma. Nathan -concluyó Warren Michaels-. y al golpeteo de los pies se sumó el retumbar de las pisadas del p olicía. A un tiempo. Apenas había dado tres pasos por el corredor cuando oyó unos pies que corrían a sus es paldas. y yo soy tu única opción. Billy -se despidió-. oyó que casi todos los agentes que estaban en la calle creían qu e él había matado a los policías de la prisión la noche anterior. Me d a buena suerte. Sintió un frío extraño. El cuerpo de Nathan reaccionó a esa voz antes de que su cerebro pudiera identifica rla. a diez centímetros de él. Nathan aceptó el regalo de buen grado y lo guardó en el bolsillo del antero de los maltrechos pantalones cortos. -¿Confias en él? -preguntó Billy. MIENTRAS NATHAN ESCUCHABA. traspasó la puerta de la calle como si no estuviera ahí. Faltaban sól o cinco metros. Pointer venía dos pisos atrás. y la segunda bala se estrelló en el lugar que acababa de ocupar en la alfombra. -Ve allá y nos encontraremos. Enrique. Oyó otro disparo ahogado en el mismo instante en que un puño invisib le lo golpeaba en el lado derecho del tórax. Nathan alcanzó a ver fu gazmente a su atacante.

Ya no estaba evitando que lo capturaran. -¡Policía! ¡Que nadie se mueva! Delante de ellos. El grupo de siete integrantes se lanzó escaleras arriba. derribar la pue rta y sacar al chiquillo sin negociar. Al menos en dos ocasiones notó que lo recono cían. Nathan se dijo que se había librado del hombre. Entonces. así como las polillas siguen la luz. donde todo había empezado. se movieron con agilidad y en silencio hasta el departamento seiscien tos doce.elante. Mientras Nathan corría. . unos trece vehículos policíacos. Después de contar hasta dos. huye Justo en el momento en que Lyle Pointer franqueó la escalera ex terior y llegó a la acera. entonces debían liquidarlo sin m iramientos. el sudor lo cubrió de pies a cabeza y le causó un dolor ardiente en las costillas. El alguacil Murphy había despachado a los departamentos de Vista Plains todas las unidades disponibles. donde la sangre empezaba a mancharle la ropa. Como el número lo había obtenido originalmente un ter cero. para que él pudiera llevarlo de regreso al Ce ntro. fue uno de los últimos en acudir a la escen a. pero en s u fuero interno sabía que se engañaba. El pequeño se incorporó y les sonr ió. c on la esperanza de pasar inadvertido. lo primordial era seguir con vida. cuyos elementos ll egaron uno por uno. reducía el paso hasta una marcha rápida. creían que había asesinado a otros policías y lo buscaban para acabar con él. evitando a la gente y agazapándose en esquinas y callejones. CUANDO ESTABA SEGURO de que no había nadie alrededor. los que escuchaban a Denise estab an enterados de que Nathan ya se habría marchado cuando llegaran. para detener a Nathan Bai ley. Les ordenó que no corrieran riesgos in necesarios. Recordó a sus hombres que la presa tenía ante cedentes innegables de haber matado policías. Mantenerse libre se volvió s ecundario. un niño negro. -¡Hola. listos para disparar. Nathan. Saludó a los policías que llegaban con un ama ble movimiento de cabeza y cruzó la calle con aire despreocupado hacia la escuela. los reporteros se dirigieron en pos d el ulular de las sirenas. festivo-. Lo que nadie sabía con precisión era hacia dónde se dirigía el chico. los policías podían ganar el tiempo necesario pa ra esperar al escuadrón táctico especial del condado de Pitcairn. estaba tendido en un sofá. 16 PETRELLI VOLVIÓ a llamar a Stephanie. el resto del grupo invadió el departamento. mientras Gale Purvis hizo lo propio hacia la derecha. Si el chiquillo se mostraba agresivo. Con éstas bajo control. su actitud era asombrosamente tranquila frente a todas las armas. pero donde pensaba que podían verlo. Sabían que había mat ado a Ricky. Las sirenas estaban muy cerc a. que era el principal francotirador del grupo. cada quien en su propio vehículo. Petrelli no estaba desacatando la orden del juez Verone. no veía rastro de Pointer. 90 Huye. Tommy Coyle abrió la puerta de un puntapié y entró agazapado hacia la izquie rda. Están saliendo en televisión. amigos! -los saludó Billy. Y. Podía verlo en los ojos de las personas. de aproxima damente diez años de edad. Nathan. El oficial Steadman. se ocultó tras un cubo de basura y se sentó en un viejo cajón de leche. El líder del escuadrón táctico decidió entrar rápidamente y por la fuerza. en la sala. Pointer destornilló el silenciador de la Magnum y la enfundó disimuladamente. cruzaba la vía hacia el patio de una escuela. El arresto sería váli do. con un movimiento suave pero muy estudiado. Respiraba agitadamente. Cada vez que miraba sobre el hombro. el primer autopatrulla apareció por la esquina. Las primeras unidades que llegaron al edificio de departamentos bloquearon todas las salidas. Incluso el objetivo de Nathan al correr había cambiado. Se atrevió a mirarse por primera ve z el costado. buscando a un policía que le aseguraba ser digno de confianza. huye Todo había cambiado. Una vez que llegaron al s exto piso. 91 Huye. Ahí estaba. Se quitó la camiseta m uy despacio y observó la herida. Los que habían estado al pendiente de las comunicaciones policíacas sabían que iban detrás del chico Bailey. Cuando creyó que era seguro descansar. y en pocos minutos ya habían relacionado el número telefónico con la dirección. Nathan corría todo lo que le permitían las pi ernas. S olamente importaba el hecho de que la policía trataba de matarlo.

NATHAN SE ACERCABA. Nathan empezó a zafarse. el chiquillo era rápido. Arriba. sin conta r el aguiero de bala. pero si n correr. El niño avanzaba sin precipitación. -¡Cielos! ¡Me dieron! -musitó. ¡Detengan a se niño! ¡Es Nathan Bailey. pe no logró obligarse a tocarlo. La labor del alguacil Murphy consistía en marcar cada punto en un mapa dentro de la camioneta habilitada como unidad de mando y deducir el modo de adelantársele. No le dolía más que un raspón profundo. dos helicópteros que transmitían noticias a es taciones de televisión de Búfalo y Syracuse seguían los acontecimientos desde el aire. pero no reconoció cuánto sino hasta que vio al hombre que señalaba frenético a la calle. Pataleó frenético y se retorció en todas direcciones. empezaron a llover en el Centro de Operaciones d el condado de Pitcairn llamadas telefónicas de personas que había visto a Nathan. En Washington. habría oído al entrometido gritar su nombre. Cuando los brazos se aflojaron un poco. tú eres Nathan Bailey! ¡Deténte! -siguió gritando el hombre-. -¡Oye. LAS CAMIONETAS de los noticiarios se habían unido a la flota de autos patrulla que intentaba interceptar al niño. preparado para defenderse del siguiente atacan te.. gemía en voz alta.C. Ya a solas lo liquidaría cuando no hubiera testigos. El matón había decidido vengarse simulando un arresto. éste lo soltó. Consciente de que debía proseguir. Los separaban tan sólo unos quince metros y un grupo de personas. Si el policía asesino hub iera estado en un radio de cien metros. Nathan cayó de pie y se agazapó. Nathan. resultante de un ataque más de un adulto más. MÁS O MENOS al mismo tiempo en que el al guacil Murphy recibió el aviso del escuadrón táctico de que el chico había salido de los departamentos de Vista Plains. de modo que no podía apuntarle y dis parar. -¡Que alguien lo detenga! -pidió. un diminuto televisor había sido llevado al estudio de Denise en Radiocharlas 990 para que pudiera atestiguar el curso de los acontecimientos . D. -Se acabó. ¿Por qué la gente no podía ocuparse de sus propios asuntos? Alguien sujetó a Nathan desde atrás como una tenaza asfixiante. La prenda e staba sucia. alrededor de una tajada en la piel del grueso de un dedo y del largo de una ve la de cumpleaños. le sujetó los brazos a los costados y lo levantó en vilo. el que mató a los policías! A media cuadra de distancia Poin ter oyó los gritos. era claro que ignoraba que Pointer le pisaba los talones. Calculó que serían unos tres minutos más. 92 Huye. Pointer tendría que esperar hasta encontrarse práctic amente encima de él para entrar en acción.Se veía horrible: una masa púrpura e hinchada. Esposaría al niño y se lo llevaría "detenido". manchada de sangre y desgarrada en una docena de lugares. tú! -gritó un hombre desde la puerta trasera de un restaurante. Caminaba de prisa. Ya alcanzaba a distinguir el obelisco a la distancia. Nathan reaccionó de inmediato y salió a toda carrera del callejón. niño. se tambaleó y por fin se desplomó al su elo. Nathan se puso de pie y volvió a ponerse la camiseta de los Toros de Chicago por la cabeza. Pointer se movió entre la muchedumbre como un torpedo que se dirige al blanco. Pensaba que recibir un disparo debía ser una experienc ia más aterradora. unos diez centímetros abajo de la axila . en este día no era sino otro dolor. Sin embargo. señor Bailey! -dijo una voz desde atrás. Estaba cerca y lo sabía. ¡Te tengo! Nathan sólo podía ver un par de antebrazos musculosos que le cruzaban el pecho. pero los acontecimientos dieron otro giro inesperado. . Murphy supuso que el último sitio al que iría el niño sería de regreso al cent ro del pueblo donde había cometido sus crímenes. El tip o del restaurante lo había desconcertado con sus alaridos. sin volverse siquiera para ver quién gritaba. -¡Suélteme! -gritó Nathan. -¡Alto ahí. El hombretón. en el suelo. Impulsó la cabeza hacia atrás pa ra golpear al hombre en la nariz. Pero no cabía duda de que era ahí a don de se dirigía. -¡Oye. cerrando gradualmente la distancia entre él y Nathan. Al p rincipio. Empero. huye EN CUANTO RECOBRÓ la pista de su presa. Denise estaba dispuesta a brindar a su auditorio un recuento minucioso de lo q ue ocurría en Pitcairn.

Y. Sus órdenes eran apostarse en el tercer piso de un edificio de oficinas en contraesquina del monumento de Lewis y Clark. Nathan había ganado unos doce metros. ¡Tienen que creerme! Un hombre alto vestido de traje salió de entre la muchedumbre y se colocó a menos de un metro tanto del pol icía como del chico. conocido en clave como Paco Uno. LOS TRIPULANTES de un autopatrulla reconocieron a Warren al pie del monumento. tarde o temprano tendrían a Nathan bajo custodia. Mientras Paco Uno lo observaba por la mira telescópica de su rifle Remington. Steadman interpretó esa inquietud co mo prueba de que la otra parte se demoraba. Ambos sabían que. y ahí estaba el asesino. Decidió llevar la farsa un poco más lejos.El sonido de la voz de Pointer hizo saltar a Nathan como una descarga eléctrica. giró hacia la izquierda y se escurrió entre la muchedumbre. ¿De dónde viene? Pointer sintió que perdía el control. niño -ordenó. ¡Por favor. Nathan reconoció que ésa era la mejor oportunidad que podía tener para huir. Al menos. agente -continuó Kassablan. el sujeto no podía fallar el tiro. a esa distancia. El arresto se llevaría a cabo pronto y. Stea dman estaba consciente de que era capaz de enfrentar lo que fuera. no dejen que me lleve! -nadie se movió para ayudarlo-. Nathan corre por la calle. ése fue el mensaje que recibió el agente Steadman. así. -No reconozco su uniforme. 93 Huye. Desde ahí. Mi solución es que usted no se entrometa y me deje cumplir con mi tra bajo -hablaba sin quitar los ojos del niño. Pointer volvió a apuntar el arma y la muchedumbre se dispersó. Durante los últimos diez minutos. ¡Rayos! ¿Dónd . resultaba lógico que hubiera dispuesto encontrarse con el n iño. tratand o de escapar. Pointer sintió que se ruborizaba. -Corre. afable-. Steadman le volaría los sesos sin miramie nto. con Steadman y a en su puesto. -Tírate al piso. aún con el uniforme de policía y apuntan do con el arma al pecho de Nathan. Pointer echó a correr detrás de él. Virginia -explicó-. Michaels no había hecho más que caminar de un lado a otro y ver su r eloj constantemente. -Yo también -s iscó Pointer-. Fue él quien mató a los policías. Nathan trató de colarse entre las personas. cariño -suplicó-. -¡FUE ÉL. -Me llamo Albert Kassabian -d ijo el hombre-. implorando ayuda con los ojos-. Soy abogado. Sabía de lo que era capaz una men te criminal como ésa. si el asesino de policía s intentaba cualquier acto de violencia. huye Después de tres años como francotirador en el escuadrón táctico. E l plan del alguacil Murphy era sencillo: encontrar a Warren Michaels y mantenerl o vigilado. Se acu clilló. Nathan. -Soy policía del condado de Braddock. El policía acaba de disparar a dos personas. Denise lloraba. haciendo una seña con el cañón del arma. Era obvio que el hombre había perdido la perspectiva. Dejemo s las cosas como están hasta que llegue alguno de nuestros policías y haga el arrest o. La idea de ve ngar la muerte de sus amigos hacía todo mucho más fácil. Las personas se dejar on caer a tierra como si hubieran sido víctimas del tiroteo. también se explic aba su intenso afán protector. Steadman había visto el arma en el asiento del auto del niño y los horrendos agujeros en la cabeza de sus colegas . NO YO! -gritó Nathan al tiempo que retrocedía hacia el círculo de curiosos-. Nathan vio su mirada bondadosa. Pointer vio al niño desaparecer ante él y disparó. -¡Yo no hice nada! -gritó. -¡SANTO Dios! -exclamó Denise al micrófono con voz casi ahogada -. Por el modo en qu e actuaba el teniente. El matón se volvió hacia Kassabian e hizo varios disparos. Creo que puedo resolver este problema. El abogado cayó de bruces. La edad de Nathan no engañaba al oficial Steadman. -Le diré qué haremos -ofreció Kassabian en tono conciliador-. el detective parecía inquieto. pero no lo dejaron. El tiro le fracturó la rótula a una mujer que estaba atrás del sitio donde había estado Nathan. tendría una visión complet a del área que rodeaba al obelisco. algo que jamás había hecho al aire. allá se busca a este jovenci to por asesinato. La carrera continuaba. En menos de diez segu ndos. después de que Petrelli relató el asunto del hijo de Michaels. Entonces el pobrecillo sí decía la verdad. G iró sobre los talones.

pero las piernas no le respondieron. Por cierto. y la imagen en la mira de Steadman era mitad policía y mitad niño en continuo movimiento. listos para tenderle una tr ampa a Bailey en el monumento de Lewis y Clark. ocupó dos segundos en colgarse la placa dorada en el bolsillo y ec hó a correr hacia la acción. las personas lo esquivaban para evitar una colisión. huye -No voy a ningún lado -d eclaró Warren-. dio la co ntraorden cuando se percató de que Nathan encabezaba la persecución hacia la plaza. 95 Huye. acató la indicación y le cerró el paso a Nathan . Nathan ya no tenía fuerzas para oponerse al a dolescente. ¡No se mueva! Pointer reaccionó al instante. Cuando sintió que Pointer lo sujetaba por el cuello de la camiseta. Al principio. entre la niebla y el dolor. o le vuelo la tapa de los sesos! -gritó Pointer y a puntó con la Magnum a la sien del niño. El corazón le dio un vuelco cuando un niño sucio y harapiento. comprendió lo que ocurría. podía . a menos que el niño amenace a alguien. -¡Atrás. El joven con el jersey de fútbol americano apareció de la nada y en verdad estropeó las cosas. Petre lli se inclinó sobre el hombro de Murphy para mirar el drama que se desarrollaba e n vivo por televisión. Levantó a Nathan en vilo y usó como escudo el cuerpo del chiqui llo que se retorcía. ¡Deténganlo! Un adolescente corpulento. deteniéndolo con el brazo izquierdo. El hombre tenía una mirad a amable y triste. -¡Ese niño es un fugitivo! -lo señaló Pointer-. Nathan. Nathan.stán losver dader os policías? 94 Huye. Pointer ya tenía sujeto a Nathan del cuello con el anteb razo y lo arrastraba consigo. Un policía uniformado. vestido con traje marrón. está usted muerto -Warren trató de ate morizarlo en posición de tirador. Murphy golpeó con el puño. De lo contrario. vio el uniforme extraño. y éste era su última cart a para negociar. -Aquí comandante a Paco Uno. Steadman colocó el rifle en posición. -Pésimas -respondió-. el alguacil se mostró complacido por el inminen te arresto. un movimiento repentino del objetivo. por lo cual tuvo que cambiarse de la v entana del frente a una lateral para seguir su avance. EN LA CAMIONETA de mando. A esa distancia. Con los pies en el aire. Intentó tirar un puñetazo. cerdo. distinguió a un hombre con un arma. Ordenó a la operadora que todas la s unidades se desplazaran hacia el lugar del tiroteo. NATHAN TRATÓ de acelerar. DESDE SU SITIO. WARREN AMINORÓ la marcha cuando vio que Nathan se abría paso entre la muchedumbre ha cia él. Warren corrió otros diez metros. Desenfundó su Smith & Wesson de cañón recortado. Parecía un buen tipo. se supo perdido. -¡Policía! -le gritó al impostor-. ¿Qué posibilidades de éxito tienes en este instante? La distancia había aumentado a cien metros. Delante de él. Esta vez. NATHAN NO PODÍA re spirar. WARREN CONSIDERO la posibilidad de que la primera detonación proviniera del escape de un auto. venía apenas unos pasos detrás. pero lo detuvo una potente bofetada. Se sintió aliviado de que el niño siguiera con vida. Los pasos rápidos que lo perseguían iban acortando la distancia. al que no reconoció. de modo q ue siguió a Michaels con la mira telescópica. Nadie dispararía mientras Pointer tuviera al niño como escudo. no tenía fuerzas en los brazos para sostenerse. que correspondía a la descripción de Nathan Bailey . Suéltelo y vivirá. Antes de que W arren pudiera reaccionar. un minuto después. Steadman no pudo precisar de dónde procedían los disparos. ¿Tengo luz verde si el blanco se pone a tiro? -Afirmativo. -PACO UNO a comandante. camisa azu l y corbata de rayas. observó a dos votantes caer heridos y re conoció de inmediato que Michaels había tenido razón desde el principio. -¡No puedo creerlo! ¡Tengo a un asesino como rehén de un secuestrador disfrazado de po licía! Le arrebató el micrófono a la operadora. Paco Uno. pero sabía que jamás podría dispararle sin herir a Nat han. ¿quié es mi objetivo? ¿El policía o el niño? -Parece que el policía es tu objetivo básico -cont estó Murphy tras una pausa-. S intió que la cabeza iba a estallarle en mil pedazos. cualquier suspiro. Steadman sonrió. Ya no tenía aliento para pedir ayuda. huye EN LA CAMIONETA de mando. pero el blanco era difíci l. Al oír la segunda. aunque el pavor en los oj os de éste le confirmó que el peligro le pisaba los talones. Gritaba algo que Nathan no pudo oír. con jersey de un equipo de fútbol americano. apareció en su campo de visión. Cayó en la cuen ta de que todos sus hombres estaban fuera de posición. después. Al fin había llegado su momento.

h ijo -musitó Warren con voz entrecortado-. el teniente Michaels. -Paco U no a comandante. era el de la camiseta de tenis. después. enfundó el arma y tendió las manos donde Nathan pudiera ver las. Ahora tengo al segundo objetivo en la mira. Los hombros se le encorvaron y los ojos se le llenaron de lágrimas-.convertir un disparo certero en una tragedia. Solicito instruccio nes -dijo por el transmisor. -Nathan. acercánd ose un paso más. Todo está bien. que se acercaban a él. pero siempre fueron mentiras. Durante largo rato permanecieron juntos.. Pero los ojos de este policía eran amables. escúchame -suplicó Michaels. Nathan. -Soy yo. Inclinó la ca beza un poco al oír la voz de Warren. -No. al tiempo que alzaba la coca de dieta h acia el televisor-. Mírame. se ntados en la acera y llorando como dos criaturas. con la gracia de quien lo ha hecho en incontables ocasiones. Y el tipo le sonreía. tomó conciencia de un ejército de hombres armados. Cargó un tiro de calibre . Conf supervisor. atrajo a Nathan hacia sí y acarició la maraña de cab ellos sucios. Ante millones de telespectadores en vivo. y lo empuñó con ambas manos. por favor! No quiero volver a pasar por esto. El niño gritó y cayó a tierra. mu y despacio. Cohibido al principio. -¡Bravo. huye La línea azul se detuvo y se oyó el chasquido de las armas. Warren lo miró incómodo un momento. se acer có al niño y se sentó a su lado. pero ella no logró pronunci ar palabra. -Seamos amigos -invitó Warren. ¡Otra vez no. Cerró los ojos y se dejó transportar a épocas más felices y lejanas. El labio inferior de Na than empezó a temblar cuando bajó el arma y la dejó caer al pavimento. 97 Huye.30. AL OTRO LADO de la plaza. Nathan. Hablamos por te léfono. pero luego con la calidez y la ternura de un padre compadecido. Tienes que confiar en alguien. como si alguien hubiera encendido un inte rruptor en su cerebro. con los dedos apoyados en los labios y el rímel corrido por las mejillas. UN VIOLENTO impacto sacudió grotescamente el cuerpo de Natha n. En forma ostensible. así que baja el arma y vamos a arreglarlo. donde había caído. -Aléjense de mí -gritó-. mirando más allá del amenazador cañón del arma a los ojos del niño que la sostenía. Es una trampa -declaró-. Nathan! -exclamó Denise al micrófono. una sonrisa llorosa floreció tras sus dedos. todos con uniforme de policía. El disparo fue perfecto. ¡Aléjense o disparo! 96 Huye. Em pieza por confiar en mí. ¿Cuántas veces había oído eso? Confía en el tío Mark. apoyó e l cañón en el antepecho de la ventana y se dispuso a esperar su oportunidad. en la confianza y la esperan za. Cuando las cámaras tomaron de cerca a Nathan Bailey y al policía vestido de civil. -Espera -fue la respuesta. Apuntó arriba de la ceja derecha del blanco. a la zona sin reflejos. -Ya terminó todo. huye A SOLAS en el tranquilo estudio. Ésta se presentó. y sus facciones se transformaron e n las de un niño triste que necesitaba un abrazo. Sé que nunca quisiste hacerle daño a nadie. Soy tu amigo." Recogió el revólver de Pointer de la acera. esta vez tenía que confiar en el policía. Al fin todo había terminado. Denise observaba en silencio. Ya sé lo que ocu rrió. Steadman fijó el cruce de la retícula del Remington en Nathan. De pronto. Entonces Nathan recordó su cara en la televisión.. Había creído en los buenos. Yo no te lastimaría por nada en el mundo. chico. Brindo porque otra vez seas un niño. Los ojos de Nathan estaban desorbitados. Mientras Nathan sollozaba en la acera. No puedo más -susurró. Ya acabaron tus problemas. Confía en mí. Enrique dijo algo acerca de estar al aire. Pointer lo miró directamente. Sin embargo. A través de l os audífonos. y tiró de l gatillo. Paco Uno no tuvo tiempo de planear el tiro. hijo -dio un paso adelante-. rodilla en tierra. Confía en el juez. cu ando quince policías adoptaron la posición de tirar. -No tengo amigo s -gimió lastimosamente y cayó de rodillas. Nathan -murmuró con suavidad-. Usted me matará -y a martilló el revólver. Ly le Pointer se desplomó. Nathan percibió un sutil aroma de loción para afeitar y sudor. Nathan ya conocía esas palabras. WARREN SE adelantó a los d emás. Nathan. en televisión nacional. Ya nadie podrá lastimarte -estrechó a Nathan y lo meció suavemente-. . el aroma de la fuerza . hijo. -Nathan. Ésa fue la clave que cambió todo el panorama. Había escuch ado promesas y compromisos. ya terminó todo. Nathan.

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