EL SUEÑO DE DON JOSE DE SAN MARTIN.

Un día del año 1820 frente a la bahía de Paracas el General San Martín, agitado por, los afanes de preparar la marcha del ejercito libertador, se recostó bajo la sombra de una palmera y se quedo dormido. Entonces soñó que estaba frente a un gran puerto, donde había buques grandes con banderas de todas las nacionalidades. Soñó también que los arenales de la bahía se habían convertido en una población con altos y hermosos edificios donde ondeaban muchas banderas, pero entre todas ellas había una que sobresalía por su belleza y colorido, cuando fijaba su atención en esta dio un sobresalto y despertó. El mar, siempre silencioso, los arenales solitarios, nada había a su alrededor. Y cuando pensaba en la hermosa bandera de su sueño, diviso que cruzaban en airado vuelo, varias ³PARIHUANAS´, aves marinas de pecho blanco y alas de rojo intenso. se entusiasmó el general y exclamo: ¡General Las Heras! ¿Ve aquella bandada de aves que va hacia el norte? ¡si! respondió Las -, Heras -, parece San una bandera. Martín:

efectivamente

agrego

¡esa es la bandera de la libertad! Blanca y roja, bandera de la libertad peruana que venimos a conquistar!.
Sueño de San Martin:

Cuenta la leyenda que mientras el libertador José de San Martín dencansaba luego de su desembarco en Paracas a la sombra de unas palmeras, tuvo un sueño. En él observó una enorme bandada de flamencos que al volar desplegaba los colores rojo y blanco. Más tarde, sería esta visión la que le serviría para crear el pabellón peruano a partir de los colores de aquellas hermosas aves. Lo que no cuenta la leyenda y muy pocos saben es que los flamencos que San Martín observara al cruzar la bahía de Paracas, y que luego motivaran su premonitorio sueño, fueron quizá los tatarabuelos de las aves con las que hoy podemos deleitarnos en la misma bahía. La razón es simple, los flamencos o parihuanas (Phoenicopterus chilensis) están entre las aves más longevas del mundo, alcanzando a vivir hasta ochenta años. Si bien el hábitat típico e ideal para estas curiosas criaturas son los gélidos salares y lagos altoandinosdel Perú, Chile y Bolivia, es posible observarlos de manera casi permanente también en la costa peruana, especialmente en la bahía de Paracas. En contraste con el sentimiento inspirador que los flamencos despertaron en el Libertador, y con preocupaciones bastante diferentes a las batallas y los ejércitos, algunos científicos y naturalistas sufrían no pocos dolores de cabeza al tratar de descifrar el enigma que representaba la inusual y casi ridícula apariencia de estas aves, sin mencionar lo pecualiar de sus hábitos alimentarios y reproductivos.

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