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¿Has escuchado alguna vez que alguien señala que “solamente utilizamos el 10%

de nuestro cerebro?

Pues bien, esto es mentira.

Hay quien atribuye la afirmación a Albert Einstein, Margaret Mead o William James, que
en 1908 señaló: "Sólo aprovechamos una pequeña parte de nuestros recursos mentales y
físicos" (The Energies of Men, p. 12)

Pero la idea parece haber surgido de la interpretación errónea de ciertos estudios


experimentales llevados a cabo tanto por Pierre Flourens en el siglo XIX, como por Karl
Lashley durante el periodo de 1920 a 1930.

Al principio de la década de 1800 algunos científicos creían que las regiones del cerebro
tenían funciones especializadas y bien localizadas, mientras que otros pensaban que el
cerebro actuaba más bien de manera global.

Marie-Jean-Pierre Flourens (1794-1867), de hecho propuso que, no obstante que la


corteza cerebral, el cerebelo y la médula espinal cumplían distintas funciones, lo hacían de
una manera global o equipotencial. Para probarlo llevó a cabo experimentos en los que
removió algunas áreas del cerebro de palomas, mostrando que había en ellas un deterioro
en su comportamiento, mayor a medida que aumentaba el tamaño del área eliminada.

Gustav Fritsch (1838-1927), Eduard Hitzig (1838-1907), Paul Broca (1824-1888) y Karl
Wernicke (1848-1904) hacia finales de la década de 1800, ofrecieron datos sólidos que
contradecían la teoría de la equipotencialidad. No obstante, Karl Spencer Lashley
(1890-1958) continuo promoviendo tal teoría desde el punto de vista de una "acción en
masa". Lashley propuso que la memoria no dependía solamente de una región específica
de la corteza cerebral, y que se podía probar al remover parte de ésta y observar cómo la
memoria se deterioraba proporcionalmente al tamaño del área removida.

Lashley realize experiementos con ratas, cuya habilidad para recorrer un laberinto
permanecían intactas no obstante ocasionar amplias lesiones en su corteza cerebral.
Mientras se mantuviera una cierta cantidad de corteza cerebral las ratas actuaban de
manera acostumbrada. Así, en 1939 Lashley comunicó que las ratas realizaban bien tareas
de discriminación visual con tan sólo 2% de las vías visuales talámico-corticales, calculando
que este tipo de tareas sólo requerían 700 neuronas para ser realizadas.

En 1935 Lashley había encontrado que quitar más del 58% de la corteza cerebral aún no
afectaba ciertos aprendizajes.
Estos resultados llevaron a creer que era posible que solamente se estuviera utilizando un
porcentaje mínimo de la capacidad cerebral. Pero las ratas de Lashley' nunca fueron
probadas en la realización de otro tipo de tareas más complejas o que requiriesen de otras
partes además de la corteza cerebral.

Sin embargo, hoy sabemos que el daño, incluso a una pequeña parte del cerebro puede
tener efectos muy graves en el comportamiento. Y por otro lado, se sabe que varias partes
del cerebro actúan en combinación, por ejemplo áreas de la visión con áreas del lenguaje,
lo que permite tener sensaciones y representaciones tanto icónicas como conceptuales
sobre el entorno.

Los estudios de imagenología demuestran el funcionamiento coordinado de distintas


partes de la corteza cerebral ante una tarea específica, excluso durante el sueño nuestro
cerebro mantiene una gran actividad generalizada.

La plasticidad cerebral, donde ante un daño que afecta ciertas funciones intervienen otras
partes de la corteza que adquieren la posibilidad de realizarlas, no nos habla de que esas
partes estuvieran inactivas y en reserve para un caso así, sino de la reestructuración de
grupos de neuronas que por lo mismo pueden asumir funciones al modificar sus
conexiones interneuronales.

Si realmente sólo usásemos 10% de nuestro cerebro, los accidentes vasculares del
cerebro, tales como las embolias, no afectarían tanto la funcionalidad de la persona, ya
que habría una probabilidad mayor de que afectaran el 90% del cerebro no utilizado. Pero
esto no es así.

No creas todo lo que se dice, aunque te digan que lo dijo Albert Einstein, aunque
realmente lo hubiera dicho. Ese es un tipo de argumentación utilizado para validar,
pretendidamente, la verdad de una aseveración. Así, alguien puede decirte que Tomás
Alva Édison estaba diseñando una máquina para poder ver los espíritus de gente fallecida
que están presentes entre nosotros y que no vemos a simple vista. El razonamiento te
dice que si una persona tan inteligente como Édison creía en los espíritus, luego tiene que
ser verdad que estos existen

Pero nada asegura que la gente inteligente no se equivoque también, y hay cosas que no
son susceptibles de conocerse, por mucho que seas inteligente. Siempre es necesario que
haya una demostración científica de lo que se afirma.

Si alguien te dice que solamente utilizamos el 10% de nuestro cerebro, probablemente sea
cierto para él o ella.