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Venezuela sin Petróleo

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Venezuela Sin Petróleo, Ideas para un país Mejor

Contenido Prefacio Capítulo I. Venezuela con petróleo Capítulo II. Izquierda, derecha y centro-humanismo Capítulo III. Oposición, oficialistas e indiferentes Capítulo IV. Venezuela Sin Petróleo Epílogo, ideas para un país mejor. Bibliografía

Semblanza del autor Gustavo Rojas Matute, es economista de la Universidad Santa María con Maestría en Políticas Públicas del IESA, donde participó en un programa de intercambio académico con el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Ha trabajado como economista del Banco Central de Venezuela y FOGADE. Desde 2004 es consultor económico de empresas privadas y públicas. Es profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello y también dictó clases en la Universidad Santa María. Además es profesor invitado del IESA y del IGEZ (Estado Zulia). Ha sido asistente de Miguel Rodríguez en el IESA, Francisco Rodríguez en la OAEF y Felipe Pérez en el IESA. En 2004 se incorpora a Primero Justicia como militante, resultando electo como delegado al Comité Político Regional de Caracas en 2007 y al Comité Político Nacional en 2009, en elecciones de base. En 2008 representó al partido en un Programa de Visitantes Latinoamericanos organizado por FAES, fundación vinculada al Partido Popular de España. En 2009 asistió al X Seminario de Campañas Electorales de The George Washington University. Ha publicado artículos de opinión en El Universal, El Nacional, Debates IESA, entre otros. Es frecuentemente invitado a los medios de comunicación local y como conferencista en distintos eventos nacionales.

Prefacio

Venezuela vivió entre 2004 y 2008 la primera o la segunda bonanza petrolera más grande de su historia. Sólo comparada con la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez entre 1974 y 1978.

Entre 2004 y 2008 Venezuela más que duplicó sus exportaciones al pasar de 40 mil millones de dólares a 100 mil millones. La gran cantidad de dólares que ingresaron a la economía permitieron a los venezolanos vivir por encima de sus posibilidades. Las ventas de vehículos, por ejemplo, saltaron de 100 mil al año a 500 mil al año.

Para 2009 Venezuela está experimentado una estrepitosa caída de los precios del petróleo que nos llevará a percibir los mismos ingresos en dólares de 2004. ¿Y qué hicimos estos años? ¿y qué haremos en los próximos?

Como en la década de los 80 nos enfrentamos a un escenario de frustración, de retorno a la triste y cruel realidad: no somos ricos. Ya no podemos vivir como antes. No podemos comprar 500 mil carros al año.

Frente a esta realidad, se presenta una más terrible. El futuro energético del mundo. Ya todos hablan del planeta verde, de eliminar las emisiones de CO2, de los carros híbridos, de otras alternativas energéticas. Ya no es Al Gore solo por el mundo. No es sólo el programa de Obama. Me temo que lo que algunos pensaban que ocurriría en mucho tiempo, en esta era de avances tecnológicos exponenciales, llegara mucho más rápido: el momento en el que el petróleo sólo sea una alternativa energética más. Como diría el ministro árabe: la era del piedra no se acabó porque se acabó la piedra. La del petróleo no se acabará por el petróleo.

¿Qué pasaría en Venezuela si se queda sin petróleo? Los números son devastadores. Venezuela sin petróleo sería Haití. Las exportaciones petroleras pasarían de 98 mil millones de dólares a tan sólo 6 mil millones. Por persona, pasaríamos de una exportación de 4.000 dólares por persona, a tan sólo 252 dólares por persona. El ingreso por persona ó producto interno bruto por persona, pasaría de 6 mil dólares al año a 300 al año. Imagínese pasar de

ganar 12 mil bolívares fuertes al año (que no es mucho, pero es el promedio) a 600 bolívares por persona al año. ¿Espantoso?

Venezuela dejaría de importar 48 mil millones de dólares como en 2008, e incluso 17 mil millones como en 2004. Venezuela sin petróleo es una economía que supera los 3 mil dólares de importaciones.

Si para Al Gore, su documental se denomina Una verdad incómoda, para nosotros esta verdad debe ser incómoda y dolorosa. Incómoda porque es tan grande como catedral: los venezolanos, nuestros gobiernos y los políticos no nos hemos organizado y no estamos preparados para enfrentar la Venezuela sin petróleo. No está en nuestros genes. No está en nuestra psiquis. No está en nuestro pensamiento. No hay empresario, empleado público, o vendedor de cepillados que se haya imaginado su vida en la Venezuela sin petróleo.

Dolorosa porque tenemos que reconocer que tuvimos muchas oportunidades para prepararnos y no nos ha dado la gana de hacerlo. Venezuela ha vivido varias bonanzas petroleras de considerable magnitud. Pero hubo dos de mayor importancia. La de 19741978, durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez y la de 2004-2008 en el gobierno de Chávez.

Ambas se caracterizaron por que los ingresos por exportaciones más que se duplicaron. En ambas ocurrieron aspectos económicos similares. Fundamentalmente ambos gobernantes creyeron que los ingresos petroleros podrían hacer crecer al Estado y hacerlos poderosos. En ambos gobiernos hubo programas sociales, poco productivos como inversión, muy productivos electoralmente, un paliativo socialmente. Ambas se caracterizaron porque al final de la bonaza retornamos a la triste realidad: no éramos ni somos ricos.

Otros países como Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Noruega han diseñado fondos para estabilizar los ingresos y hacerlos productivos. En los emiratos, por ejemplo, han ahorrado durante más de 40 años el 10% de sus ingresos religiosamente. Lo colocaron en bancos en Europa y hoy obtienen más ingresos por intereses que por exportaciones petroleras. En Venezuela hubiesen pegado el grito en el cielo: ¿cómo es posible que tengamos esos recursos en otros países mientras la gente se muere de hambre?

Aquí en Venezuela la idea del fondo de estabilización tuvo acogida sólo cuando los precios petróleo llegaron al piso a finales de los 90. En 1999, cuando se aprobó la ley, el precio del crudo no pasaba de 9 dólares el barril. Pero en 2002 con algo más de 7 mil millones de dólares ahorrados y en plena crisis política y económica, el presidente Chávez le ordenó al entonces Ministro de Finanzas, Nelson Merentes, la utilización de esos recursos para pagar un aumento de sueldos. Posteriormente, la Asamblea Nacional pasó la aplanadora oficialista para aprobar la modificación de la Ley del FIEM y que el presidente Chávez manejara, a su antojo, los recursos que aún quedaban y que, además, él decidiera cómo y cuándo se ahorraba. De hecho, en la bonanza petrolera 2004-2008, no se ahorró nada en el FIEM.

Por el contrario, el presidente ideó un nuevo esquema de fondos inédito en Venezuela: el FONDEN o Fondo de Desarrollo Nacional, donde él solito decide si le vende o no dólares al BCV, cuánto ingresa y cuánto gasta el fondo. Del FONDEN no existe contabilidad ó publicación oficial que valga. No conteste con eso, él además decide cuando el BCV le debe transferir recursos de las reservas internacionales.

Venezuela ha sido, como cualquier ser humano, un país con poca disciplina. Todos sabemos cosas básicas para mantenernos saludables: hacer ejercicios, comer bajo en grasas, muchas frutas. Pero con cualquier excusa siempre estamos saliéndonos de un régimen que, si mantuviésemos cierta disciplina, nos permitiría sentirnos mejor en el tiempo.

Es cierto que posiblemente salirnos del régimen alimenticio nos hará muy feliz en un momento determinado, y no invertir recursos nos dará más votos, pero al final terminaremos en el consultorio de un médico a punto de un infarto y con la obligación de hacer una terrible dieta que no admitirá excusas. Y como país, ya hemos experimentado el sinsabor de esa indisciplina, cada vez que nuestra riqueza petrolera se disuelve y entramos en décadas enteras de frustración social.

Quizás ahora estamos más que nunca frente a la posibilidad real de entender la necesidad de esa disciplina. Quizás no. Lo cierto es que tener una economía sólida que lista para la Venezuela sin petróleo requiere de mucho tiempo. Así que lo mejor será empezar lo más pronto posible.

Siempre hemos vivido de las gestas del pasado. Siempre vivimos recordando a los héroes patrios del pasado. Creo que es el momento de pasar la página. Es el momento de plantearnos ese país que nos merecemos, ese país mejor.

Este libro está estructurado de la siguiente forma: en la primera parte expongo lo que ha sido la Venezuela con petróleo y cómo ha influenciado el pensamiento político y económico contemporáneo. En la segunda parte expongo mis ideas sobre los valores de izquierda y derecha y por qué considero que el centro-humanismo la posición política con la que más identifico y la cual es propicia para prepararnos para la Venezuela sin petróleo. En la tercer parte expongo mi experiencia política desde que ingrese a Primero Justicia y la importancia que le doy a los partidos políticos para la Venezuela sin petróleo. En la cuarta parte expongo ideas para ese país mejor.

1. Venezuela con petróleo

I. Una de las pocas cosas positivas que siempre he escuchado que se le ha atribuido a la terrible dictadura de Pérez Jiménez es la construcción de una infraestructura de vías de comunicación y edificaciones que todavía se erige en el país, por su calidad e imponencia. La autopista Caracas-La Guaira y el puente sobre el Lago de Maracaibo (comenzado en la dictadura pero terminado en la democracia), son dos ejemplos de la importancia de la obra de gobierno perezjimenistas en el desarrollo de la economía venezolana.

Pero, para mi sorpresa, cuando leía una extraordinaria compilación realizada por Simón Alberto Consalvi, llama 1957 el año en el que los venezolanos perdieron el miedo, en un texto escrito nada menos y nada más que por don Rómulo Gallegos, ese mismo año, decía que el gobierno de Pérez Jiménez había manejado cuantiosos ingresos petroleros y que: esa riqueza no se ha aplicado al remedio de las necesidades básicas de la colectividad venezolana, sino que, en gran parte, a la construcción de obras suntuarias con las cuales se pretende deslumbrar al pueblo en nombre de una transformación del medio físico, que tal vez impresione al turista, pero que de ningún modo corresponde a lo que el pueblo venezolano tiene derecho a exigir de los administradores de su tesoro público (Consalvi).

Ante la ausencia de don Rómulo Gallegos, es injusto pretender hacer una interpretación exacta de lo que dijo en ese momento y en esa circunstancia. Sin embargo, pareciera evidente la crítica hacia algo que siempre he escuchado como positivo. Y no sin razón se puede atribuir ese pensamiento a mucho de lo que los políticos y los electores han pensado de la riqueza de este país.

En el libro de Lucy Gómez, El votante infiel, se publica un extracto de un estudio llamado “La situación de la democracia en Colombia, Perú y Venezuela a inicios de siglo”: se incubó en la cultura popular la idea de que el país es inmensamente rico y que, por lo tanto, los problemas económicos sólo pueden ser responsabilidad de la corrupción de la clase dirigente.

Me remito a este texto, un poco porque mucho de lo que ha sido el discurso que han manejado muchos actores de la vida diaria en Venezuela se refiere al hecho de que la riqueza petrolera ha sido mal empleada y eso parece muy alineado con lo que escribió don Rómulo Gallegos.

Sin embargo, para mí, insisto, ha resultado una tremenda sorpresa, porque me hubiese parecido lógico que el discurso de uno de los intelectuales más importantes del siglo XX y quien incluso llegó a ocupar la Presidencia de la República por elección popular, hubiese sido más bien que la inversión de la renta petrolera en infraestructura permitiría estimular inversiones privadas que generarían puestos de empleos y mayor progreso para la sociedad.

En una de las recientes visitas del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, nos recomendó a los venezolanos que viéramos el tema del petróleo como algo contable. Decía que pensáramos en el petróleo como activo y no como ingreso, y que lo transformáramos de activo en subsuelo a activo en el suelo.

Sin embargo la diatriba sobre el destino de la bonanza petrolera sigue estando muy vigente. Basta con recordar la campaña electoral de 2006, cuando Manuel Rosales propuso La Tarjeta Mi Negra y un poco antes Teodoro Petkoff había ofrecido el Cesta Ticket petrolero. Ambas propuestas coincidían en que había que destinar una parte de los ingresos petroleros al pueblo a través de un transferencia directa. Con mucha mayor anticipación, Julio Borges también habían propuesto destinar un 10% de los ingresos petroleros a la población, para cubrir el 60% de la canasta alimentaria, un seguro de salud o algún gasto esencial para la familia. Esa propuesta, luego evolucionó en la idea de crear un fondo de seguridad social con los mismos ingresos.

El debate ha sido una constante desde el famoso editorial del Doctor Uslar Pietri en el diario Ahora en 1936: Sembrar el Petróleo. La visión de éste otro intelectual, con las diferencias históricas y de circunstancias, pareciera no estar muy alineada con la de Gallegos: “urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas, amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de Independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayuda, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea

la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales” (Uslar).

La visión de Uslar, nos contrapone dos países: uno que aprovecha la renta petrolera para estimular otros sectores versus uno que vive del petróleo y “está condenado a vivir de lo precario, lo transitorio, de lo cada día tenía que disminuir sin reposición posible”.

Ahora bien, lo que sorprende en todo esto es que desde 1936, pareciera que los venezolanos no hemos encontrado una brújula que nos hagan converger en un consenso para el aprovechamiento de la renta petrolera.

Poco más de 70 años después, Francisco Rodríguez, llevó ese mismo pensamiento al plano académico con un trabajo publicado con Jeffrey Sachs y que traducido al español se titula: ¿Por los países ricos en recursos naturales crecen tan lentamente? En este trabajo, Rodríguez y Sachs esbozan la idea de que países como Venezuela que recibieron en los años 70 importantes ingresos no invirtieron adecuadamente los recursos y vivieron muy por encima de sus posibilidades. Cuando los precios del petróleo cayeron en los 80 entonces la población tuvo que “retornar” a sus niveles anteriores, generando una gran frustración social.

Francisco Rodríguez es hijo de Gumbersindo Rodríguez, quien fuera exministro de Cordiplan durante el gobierno de Pérez I y padre del plan económico de aquél período: La Gran Venezuela. Un plan que perseguía fundamentalmente la industrialización del país con base en los grandes recursos petroleros que se estaban obteniendo.

Sin embargo, hoy en día no son pocas las críticas al gobierno de Pérez I, por no haber aprovechado la bonanza petrolera. Comenzando por el propio Francisco Rodríguez como ya lo vimos.

Desde finales de los noventa y en toda lo que llevamos de siglo XXI, son muchos los trabajos escritos por venezolanos y extranjeros en prominentes centros de investigación económica alrededor del mundo tratando de explicar, con distintos enfoques, lo que se terminó llamando la maldición de los recursos naturales. Un círculo teórico que abordó: corrupción,

falta de diversificación en otros sectores de la economía, sobre-endeudamiento, etc., y que merecieron publicaciones en importantes revistas de la ciencia económica.

Muchos de estos trabajos pudieron haber sido inspirados por la publicación de un libro titulado Introduction to Economic Growth (Introducción al Crecimiento Económico), de Charles Jones en 1998. En el capítulo I, el libro presenta una tabla (tabla 1.1) de la evolución económica de varios países entre 1960 y 1990, clasificada en: países ricos (Estados Unidos, Japón, Francia, Reino Unido, Alemania); milagros económicos (Corea del Sur, Singapur, Honk Kong y Taiwán); países pobres (China, India, Zimbabue y Uganda) y países desastrosos (Venezuela, Chad, Malí y Madagascar).

La razón por la cual esta tabla define a Venezuela como un caso desastroso y nos incluye con países que probablemente muchos venezolanos no serían capaces de identificar en un mapa (Chad y Malí, por ejemplo) es que nuestra economía muestra un crecimiento negativo anual promedio del PIB per capita de 0,5% en ese período de 30 años, mientras países como Corea del Sur crecieron a una tasa promedio de 6,0% anual en ese mismo lapso.

La teoría neoclásica del crecimiento económico y muchas otras que se derivaron de ésta, indican que los países más pobres deben crecer a tasas más altas, mientras que los países ricos deberían crecer a tasas más bajas. Esto es, porque el crecimiento de los países es como el aprendizaje del ser humano. Mientras más joven es el hombre su capacidad de aprendizaje es mayor. Cuando el ser humano alcanza cierto grado de madurez y tiene mucha sabiduría, leer un libro le proporcionará menos conocimiento porque probablemente ya conozca mucho de lo que leyó. Los países industrializados crecen menos, porque cada vez tienen menos empresas que desarrollar.

En este sentido, Venezuela es un caso excepcional de un país que teniendo niveles de ingresos por persona similares a Corea del Sur hace más 40 años, en vez de progresar, retrocedió.

Ahora bien, este no es un hallazgo de Jones. Es simplemente la inclusión de Venezuela como ejemplo de algo que ya se conocía en los círculos académicos. Y algo más sorprendente, es que al observar un gráfico del PIB por persona, del país en ese período

(1960-1990), el declive comienza en 1978, cuando el crecimiento económico alcanzó su pico histórico.

Entonces, no es casual que este pico coincida con una de las más grandiosas bonanzas petroleras de la historia democrática venezolana, iniciada en 1974 y terminada en 1981, aunque tuvo altos y bajos entre 1978 y 1980 y que ocasionada por múltiples conflictos en medio oriente.

Por el contrario, Venezuela entre 1920 y 1978, alcanzó una senda de crecimiento poco antes vista en el mundo y que la calificaba como un milagro digno de retratarnos con los tigres asiáticos actuales.

¿Qué pasó en ese período? ¿Fue la mala administración de la bonanza la que comenzó el declive? Los académicos dicen que sí. Posiblemente muchos políticos también. Pero una pregunta interesante sería saber ¿qué harían los políticos ante una nueva bonanza? Ya Chávez la ha administrado, y sus resultados no parecen ser alentadores para el futuro del país. Manuel Rosales, asomó su tarjeta Mi Negra y Teodoro el Cesta Ticket. Muchos dicen que este gobierno ha recibido la mayor cantidad de ingresos petroleros de la historia, pero en una conferencia Miguel Angel Santos advertía a los políticos que tal argumento podría convertirse en un boomerang, porque si de carambola alguno tenía asumir el poder se iba a encontrar con que los ingresos petroleros no son suficientes para satisfacer las necesidades básicas de los venezolanos, sencillamente porque el ingreso diario per persona ni siquiera llega a los seis dólares.

II. El debate sobre la administración de la bonanza es de vital importancia para los venezolanos por muchas cosas. Entre otra, porque las exportaciones petroleras nos hacen demasiado frágiles y no sabemos hacer otra cosa; porque ha creado demasiados mitos en torno a la renta petrolera, los cuales han alimentado una cultura que requerirá muchos años para arrancarla de raíz; porque no sabemos si la que comenzó en 2004 es la última bonanza petrolera y el último tren para aprovecharla.

Por eso también es crucial mirar hacia atrás y evaluar lo que hemos hecho y estamos haciendo. La forma de administrar los recursos petroleros ha estado constantemente en la

boca de los políticos venezolanos. Algunos han hecho argumentos sólidos respecto al tema y otros sencillamente hablan paja por hablar y tener algo que decir.

Y, por supuesto, el debate no escapa a quiénes deben ser los administradores de la renta, quiénes deben acompañar a los políticos en esa administración.

Pocos venezolanos comunes, por ejemplo, saben o recuerdan hoy en día que la enorme frustración social surgida en los ochenta, luego del viernes negro y el fin del “ta’ barato dame dos”, fue por la pésima administración de las bonanzas del 74 y del 79 en las administraciones de Carlos Andrés Pérez y Luis Herrera Campíns.

El primero, se caracterizó por un afán de crecimiento del Estado. El salto que dieron los precios del petróleo entre 1973 y 1974, abrieron el apetito de la voracidad estatal y política plasmada en la nacionalización de la industria del hierro (1975) y de la industria petrolera (1976). De hecho, recuerdo que en las clases de geografía económica e historia de Venezuela, siempre nos vendían estos actos como heroicos y de reafirmación de la soberanía nacional, pero hoy en día cualquier acto de nacionalización suena asqueroso.

Aquí cabe destacar que la industria petrolera iba a pasar a manos del Estado venezolano de todos modos en 1983 con la Ley de Reversión, pero el dramático aumento de los precios del petróleo llevó a Carlos Andrés a adelantar la nacionalización. Las empresas privadas, por su parte, desestimuladas por la nacionalización próxima, dejaron de realizar inversiones importantes en la industria desde principios de los 70, lo cual mermó la capacidad de producción.

Todo había empezado en los años 20, cuando bajo el gobierno de Gómez, se descubrió el potencial petrolero de Venezuela. Un país, en las condiciones paupérrimas de aquella época, no contaba ni con recursos financieros, ni mucho menos humanos para emprender semejante industria. Entonces, el negocio lógico era proponer a los expertos la explotación del crudo y compartir las ganancias. Una sociedad muy beneficiosa para todos. Más de 50 años después, con recursos humanos formados y una industria instalada, en medio de ese aluvión de dólares, era perfectamente previsible que al despertarse el apetito voraz, se solicitara a los extranjeros que abandonasen las instalaciones y las pasaran a manos del Estado venezolano.

Un caso muy similar ocurrió con la apertura petrolera. En los años 90 PDVSA no tenía el flujo de caja suficiente para soportar las enormes inversiones en los campos marginales y en la explotación de un petróleo tan pesado como el de la Faja Petrolífera del Orinoco. Lo lógico era hacer una sociedad. Y se hizo. Pero luego de que las empresas estaban instaladas, con la bonanza del 2004, el apetito se abrió de nuevo y fuimos al proceso de migración de empresas.

De ahí que algunas comparaciones entre el primer gobierno de Pérez y la larga década del Presidente Chávez en el poder siempre son válidas.

Durante esa bonanza petrolera de los setenta, el crecimiento del Estado fue exponencial. Un absurdo decreto de pleno empleo, llevó a los “compañeritos” a ocupar puestos hasta de ascensoristas en los ministerios y otras dependencias gubernamentales. La creación de empresas del Estado, el otorgamiento de créditos blandos, en vez de contribuir con la industrialización, el progreso y el bienestar de todos los venezolanos, terminó siendo un monstruo indomable y terriblemente torpe: “la implementación del programa La Gran Venezuela, significó un fenomenal aumento del gasto corriente y de inversión pública de 1974 a 1977 en todas las áreas: educación, salud, salarios, subsidios de todo tipo, infraestructura y especialmente, un gran panorama de expansión del sector de empresa públicas” (Rodríguez, 2003).

La bonanza terminó siendo un instrumento político. En los ochenta, mi abuela siempre recordaba con gratitud que “Carlos Andrés regalaba la leche”. Pero lo cierto es, que la fragilidad del modelo no pudo ser desnudada completamente al finalizar el gobierno de Pérez I, porque cuando Luis Herrera recibió un “país hipotecado”, los precios del petróleo se volvieron a disparar para mantenerse en el pico histórico más alto hasta el año 81. La administración de la bonanza, fracasó entonces porque la inyección de dinero a la economía, con un tipo de cambio fijo a Bs. 4,3, provocó el aumento de las importaciones (“ta’barato dame dos), y una estampida de capitales, subsidiada por el BCV. El Banco Central de Venezuela controló las tasas de interés, por debajo de las resto del mundo, lo cual estimuló, por supuesto, la compra de dólares que ofrecía mejor tasa de interés.

La historia básica es que, al mantener barato el tipo de cambio y las tasas de interés controladas, se compraban dólares baratos vendidos por el BCV. Hasta que la moderada

caída de los precios del petróleo en 1982, hizo que la entrada de dólares fuera menor que la salida, entonces los dólares del BCV (reservas internacionales), se acabaron y vino la devaluación de aquél viernes de carnaval, conocido como el viernes negro.

Sabiendo que la devaluación tendría efectos inflacionarios, se inició una de las más terribles épocas de la política económica venezolana. Desde 1983, con el gobierno de Herrera y hasta 1989, al finalizar el de Lusinchi, se mantuvo un pernicioso control de cambios, acompañado con los controles de precios, de importaciones y tasas de interés, que estrangularon la economía durante seis largos años.

Una las lecciones fundamentales que me he dedicado a explicarle a mis alumnos de Introducción a la Ciencia Económica son los terribles efectos de los controles de precios. De tal forma que me quedo tranquilo cuando, luego de la clase de oferta y demanda, mis alumnos, teniendo apenas un mes en la escuela de economía, pueden enseñarle a un niño de cuatro años o a un Ministro, por qué los controles de precios generan desabastecimiento.

Claro que en los ochenta yo no tenía mucha idea de esto. Mis vagos recuerdos me indican que el mensaje de aquellos días era que los especuladores acaparaban la mercancía para venderla cuando el gobierno autorizara los aumentos de precios.

En alguno de estos años recientes, se me ocurrió pedirles a mis alumnos a que fueran a la Hemeroteca Nacional a buscar titulares de los periódicos de 1987 y 1988. A pesar de las insultadas que me dieron porque no pudieron conseguir nada en Google sino en la Hemeroteca, pudimos corroboran que, en efecto, parecían titulares de 2007 y 2008.

La terrible década de los ochenta, es una época de horror para cualquier economista de hoy. Quizás la mala memoria de los políticos y de muchos venezolanos deba ser refrescada, porque ese horror sembrado tuvo su gestación en la pésima administración de las bonanzas petroleras de los setenta (la del 74 y la del 79).

Sencillamente el país fue manejado como si toda la vida íbamos a recibir el mismo ingreso, o más. Como si ganarse la lotería y vivir de sus frutos fuera cosa de todos los días.

III. El avance del modelo estatizador en países petroleros tampoco es novedoso en medio de las bonanzas. Thomas Friedman encontró una relación inversa entre el precio del crudo y la libertad económica. Países de cierta tentación autoritaria como Irán y Rusia, son capaces de mandar al carajo a cualquier país cuando tienen la independencia económica de la bonanza. En Venezuela no es distinto: No necesitamos un tratado de libre comercio para vender nuestro principal producto. No nos importa si le ponen aranceles y estamos completamente seguros que, por ahora, tampoco le impondrían restricciones ambientales.

No nos importan las relaciones con el resto del mundo. Se la tienen que calar y punto. Cuando el Presidente Chávez decidió retirar a nuestro país de la Comunidad Andina de Naciones por Ecuador, Perú y Colombia estaban firmando tratados de libre comercio bilaterales con Estados Unidos, el Presidente Uribe le dijo a Chávez que el tenía que meter a Colombia en un tratado de libre comercio porque el no tenía petróleo. Y es que es distinto vender carteras de cuero que sí tienen competencia y protección en un apetecible mercado de 300 millones de habitantes, a vender 1,5 millones de barriles diarios de petróleo cuando los norteamericanos producen apenas 8 se consumen 20. Bajo este cuadro, para cualquier miope, las relaciones con los demás países son políticas, no económicas. ¿Transferencia tecnológica?, ¿inversión extranjera? ¿Con qué se come eso? Y usamos el calificativo de miope, porque es la palabra que define a aquellos que no ven de lejos.

Claro que no siempre los modelos estatizadores vienen acompañados de una visión claramente orientada hacia la destrucción del capital privado. En muchas ocasiones se han construidos modelos mixtos, fuertemente orientados hacia el estado, pero dejando convivir a los inversionistas privados.

Lo que se presenta en cambio en el período de gobierno de Chávez, sobre todo partir del intento de reforma Constitucional de 2007, es un modelo de Estado que prácticamente no admite la presencia del sector privado. El 27 de agosto de 2008 el presidente señaló que "sencillamente aquí ha cambiado la historia" y se ha puesto fin a la entrega al capital privado nacional y extranjero "de lo que quedaba del país".

La bonanza petrolera de 2004, que se ha extendido por lo menos hasta 2008, ha permitido financiar la nacionalización de empresas que ya habían sido privatizadas por el pésimo manejo que el Estado había hecho de ellas. También han entrado en la lista empresas que nunca habían sido públicas como la Electricidad de Caracas y algunas empresas productoras de Cemento y otras que sólo habían sido públicas por un escaso tiempo y en circunstancias bien apremiantes como el Banco de Venezuela, cuando fue nacionalizado en plena crisis bancaria de los noventa, pero que fue privatizado en apenas dos años.

Este explosivo cóctel que combina bonanza petrolera con resentimiento puede llevar a la nación a una futura catástrofe. Del resentimiento no tenemos ninguna experiencia positiva. En el siglo XIX, cuando triunfó el General Falcón con la Federación, la toma de haciendas por parte de la montonera, se tradujo más que en libertad, en arrase: “desgraciadamente, en lugar de transformar la estructura social de nuestro agro, estas guerras sólo sirvieron para que individuos de las castas inferiores desplazaran a los mantuanos de sus haciendas, apoderándose de ellas y dejando el mismo régimen agrícola y económico. Sobre las ruinas de las antiguas oligarquías se fundaron nuevas oligarquías. Pero Juan el veguero, el peón, siguió siendo tan pobre como antes”(Liscano, 1960).

A esto se suma uno de los 26 decretos-leyes aprobados, supuestamente, el 31 de julio cuando agonizaba el período habilitante, que no es más ni menos, que la Ley de Recursos excedente. La misma, básicamente, permite, que sea el Presidente quién decida el destino de las utilidades netas que generarán todas las empresas nacionalizadas. Un buen inversionista, en una economía normal, en condiciones normales, minimizaría la extracción de utilidades netas, y mantendría recursos para reinvertir y aumentar la producción. Pero bajo el concepto ideológico del Presidente Chávez, no cabe duda que todo ese gran pote que se va a conformar con esos recursos, servirá para alimentar el clientelismo político. Es por eso que no auguramos ningún futuro promisorio a las empresas nacionalizadas.

Ya entre los años ochenta y noventa, cuando las bonanzas petroleras escasearon , la ausencia de recursos del Estado, permitió desnudar la realidad de las empresas públicas. Recuerdo claramente cuando, a principios de los noventa, como estudiaba bachillerato de tarde, en las mañanas mi papá antes de salir de la casa me pedía que le hiciera algunas llamadas. Esta tarea era básicamente una tortura. Se levantaba el teléfono y se debía esperar al menos 10 minutos, aunque podía tardar hasta media hora, para obtener tono. Una vez que realizabas la






























































1

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Fueron
pocas
las
ocasiones
en
las
que
se
observaron
importantes
incrementos
de
los
precios
del
petróleo.
 Una
de
esas
pocas
fue
la
de
1991
con
la
guerra
del
Golfo
Pérsico,
la
cual
sin
embargo,
fue
insignificante
al
 ser
comparada
con
la
del
74,
la
del
79
o
la
del
2004.



llamada, tenías que rezar para que no cayera ocupado o se cayera la línea. Esa era la CANTV pública de los noventa. Empresa que, junto con SIDOR, VIASA, y un montón de máquinas generadoras de pérdidas para el bienestar de los venezolanos, tuvieron que ser privatizadas para darle alivio a las finanzas públicas.

Esto tampoco lo ven los miopes.

IV.

Los pésimos resultados de la mala administración de la bonanza en los gobiernos de Pérez y Herrera, que condujeron al desastre de la administración de Lusinchi, trajeron mucha frustración social y el recuerdo del 4,30 y el “ta’ barato dame dos” era una gran añoranza.

Al asumir Pérez su segunda presidencia (“el gran populista de los 70” como se refiere Miguel Rodríguez), se encuentra con un país completamente desabastecido, sin reservas internacionales, con un dólar oficial en Bs. 12 y uno paralelo rozando los 40. La necesidad de pedir un préstamo al FMI era realmente imperativa, para cubrir la ausencia de las reservas internacionales.

Era menester dar un “Gran Viraje” a la política económica. Se escribió un plan de largo plazo destinado a realizar grandes reformas estructurales. Había que desengañar a la gente. Ese era el trabajo político de Carlos Andrés Pérez. El plan también contempló una serie de medidas de corto plazo enfocadas a corregir el inmenso desastre de la administración anterior. Pero nadie le dijo al pueblo que la extirpación del tumor dolía tanto o más que le mismo tumor.

Había que liberar el control de precios para recuperar el abastecimiento. Había que unificar el distorsionado sistema cambiario que tenía tres precios: el preferencial para importaciones, el preferencial para exportaciones y el libre. Incluso hubo que declarar la moratoria de la deuda, porque no había ni dólares ni bolívares para pagarla. Pero el resultado del ajuste macroeconómico resultó en 84% de inflación y una caída de la economía de 8,3%.

Pero ¿con qué cara, el gran populista de América Latina le decía al pueblo: “ahora el petróleo eres tú”? El aumento de un medio (Bs. 0,25 de aquella época), se tradujo en un incremento de 200% en el pasaje de Guarenas a Caracas. Ahí se prendió la llama de un estallido social de magnitudes desconocidas por los venezolanos hasta ese momento. Era más de una década de frustración. Una década en la que las familias iban perdiendo sus empleos. Una década en la que la Venezuela saudita se desvanecía y nadie entendía cómo se le iban destruyendo sus oportunidades. La explosión de la bomba era cuestión de tiempo.

Cuando en 1986 se terminaron de desplomar los precios del petróleo, cayendo de 26 dólares a 13 dólares el barril en menos de un año, los ministros de la economía se reunieron con el presidente Lusinchi y le manifestaron su preocupación. La recomendación de ese momento era: recortar el gasto público. Lusinchi, se negó. Decía que si recortaba el gasto perdía el candidato de AD en el 88. Aumentó el gasto bajo la filosofía de que ese gasto se transformaría en crecimiento y que ese crecimiento absorbería a los que resultasen desempleados cuando recortara el gasto público a futuro. La deuda externa se hizo inmensa, pero todo se desconocía. “Tenemos la botija llena”, dijo el presidente.

El gobierno se encargaba de importar todo aquello que más nadie podía por el control de cambios. Al igual que en la actualidad, el ejecutivo le hacía el mercado a los venezolanos todas las semanas, pues el sector privado no podía vender a precios por debajo del costo. Pero el mercado no alcanzaba.

Recuerdo que poco después que se liberaron las importaciones a principio de los noventa, un amigo mío le regaló una manzana a su mamá el día de su cumpleaños. ¡Era un lujo! Las manzanas habían desaparecido de la vista de los venezolanos por más de 5 años. Pero, eso no era nada. No se encontraba azúcar, no había arroz, se importaba la carne de Estados Unidos. Los automercados y comerciantes eran unos especuladores. Acaparaban los productos.

¿Y el petróleo? ¿Qué se hizo todo ese tiempo? Cuando Pérez era candidato, volvieron las esperanzas de la Gran Venezuela. Eduardo Fernández, de COPEI, hablaba de cambio. Pero el cambio lo hizo CAP. Las expectativas de la población cuando Pérez se coronó en el Teatro Teresa Carreño e invitó a Fidel Castro eran distintas. Todo el mundo esperaba el retorno del ta’ barato. Pero a los 27 días del mes de febrero de 1989 las expectativas eran

otras. “El petróleo eres tú”… “¿yo?” diría el pueblo y le mandó un tatequieto a los ministros y su paquete de medidas.

“El Caracazo significó el desgarramiento de la percepción que de nosotros teníamos con gente chévere y pacífica. La vieja advertencia del análisis político-social de los caraqueños – “cuidado bajan los cerros”- de algún modo se había hecho realidad” (Piñango, 2003).

V.

La última clase del curso de macroeconomía que tomé en el IESA con el profesor Miguel Rodríguez fue dedicada a hablar sobre el “paquete”. El profesor siempre profesa con energía que si CAP no hubiera cedido y no lo hubieran destituido y juzgado, Venezuela hubiese ido por otro camino. “De no haberse interrumpido ese programa económico, Venezuela hubiera alcanzado tasas altísimas de crecimiento durante estos diez años, y por lo menos durante dos décadas adicionales, que es lo que corresponde a un país con inmensos recursos y enormes potencialidades económicas. Con el programa económico de 1989 en funcionamiento, la economía venezolana ha podido crecer a tasas promedio de un 8% por año desde 1992 hasta hoy, ser una economía de pleno empleo con un mínimo sector informal, y mantener una inflación de un dígito por lo menos desde 1995. El país habría adelantado significativamente en el proceso de reducción de la pobreza, y estaría hoy en condiciones de avanzar a través de un fuerte compromiso educativo, porque dispondría de las finanzas para ello, en su superación definitiva” (Rodríguez, 2003). ¿Qué falló? Uno se imaginaría que ante el desastre la política económica en los gobiernos de Pérez I, Herrera y Lusinchi, lo ideal era poner al timón a un equipo “formado esencialmente por jóvenes académicos y profesionales”. Como economista, una de mis grandes críticas al gobierno de Chávez siempre ha sido la ausencia de capacidad de sus ministros, la falta de conocimiento sobre la teoría económica. En un programa de TV (Grado 33), se me ocurrió mandar al Ministro Morejón y a todo el gabinete a tomar un curso conmigo.

Sin embargo, parece evidente que la sola presencia de ministros preparados o talents no es suficiente. Algunos consideran que hubo exceso de soberbia y falta de comunicación por parte del Presidente Pérez, quien era el líder del proyecto. Otros consideran que hubo una

conspiración de Acción Democrática para quitarle apoyo político al gobierno. Pero la verdad, es que aún con el caracazo, el programa económico no se detiene sino hasta 1992, con el intento de golpe del 4 de febrero.

Las voces que se unieron al consenso de la existencia de una crisis (entre ellos Rafael Caldera, quien luego se haría Presidente de la República por segunda vez gracias al discurso pronunciado en el Congreso de la República el 4 de febrero de 1992), obligó a la convocatoria de un grupo de “notables’, que recomendó, entre otras cosas, que el presidente Pérez cediera a las presiones que pujaban por cambio en el tren ministerial. El cambio más emblemático fue el de Miguel Rodríguez, quien había sido el jefe del gabinete económico, y quien pasó a presidir el Banco Central de Venezuela por unos meses.

VI.

También en la era Chávez hubo una presencia de tecnócratas en el gobierno. Luego de la crisis del 11 de abril, las voces de rectificación obligaron al Presidente, aún en contra de su voluntad, a cesar temporalmente a su Ministro y guía espiritual Jorge Giordani, por el único venezolano que ha obtenido un Ph.D en Economía de la Universidad de Chicago y profesor del IESA: Felipe Pérez.

Éste se había hecho notar en artículos de periódicos y polémicas declaraciones como por ejemplo que el gobierno debía estatizar un banco grande, lo cual incluso de valió una temporal pero torpe decisión de ser excluido de las filas del IESA.

Ya en el gobierno, Felipe, quién además fue mi profesor de Teoría de Juegos, tutor de trabajo de grado y quien me dio la oportunidad de ser su asistente en Microeconomía II, mantuvo una actitud que a las luces de los medios de comunicación fue un poco estrafalaria. Hicieron un programa de televisión llamado Hola Economía, donde Felipe llamada a los televidentes a no dejarse llevar por las malas expectativas que los medios de comunicación nos querían hacer ver. La defenestración de Felipe se gestó a principios del 2003 cuando en una declaración pública negó rotundamente la posibilidad de implantar un control de cambios. Su declaración llegó hasta el 22 de enero de 2003 cuando el Ministerio de Finanzas y el Banco Central de Venezuela firmaron el Convenio Cambiario número 1.

Sin embargo, en esa movida de mata de abril de 2002 el jefe del gabinete pasó Tobías Nóbrega, conocido economista de la UCV con doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. En los años noventa Nóbrega se hizo conocido por sus duras críticas frente a la política económica del gobierno de Caldera. En mi opinión muy personal la presencia de Tobías Nóbrega en el gabinete hizo valer más que nunca aquél pensamiento del libertador que reza: “El talento sin probidad es un azote”.

Nóbrega fue Ministro de Finanzas entre 2003 y 2005. Generó confianza en el mercado cambiario gracias a la introducción de la política de emisiones de bonos de deuda pública pagados en bolívares pero que se podían vender en dólares. Se dice que una de las molestias más grandes del presidente fue generada cuando Nóbrega adelantó en noviembre de 2004 el nuevo tipo de cambio que regiría a partir del mes de enero. Evidentemente, un talentoso como Nóbrega conoce muy bien los efectos de una de devaluación anunciada versus una devaluación sorpresa. Al anunciarla todos los agentes que pudieron se colocaron en dólares para esperar el desenlace anunciado.

Un tercer tecnócrata, quién prácticamente pasó desapercibido, Ramón Rosales, también profesor del IESA y en ese entonces asumió la cartera de Producción y Comercio. A Rosales le tocó anunciar el control de precios. Hoy todavía me pregunto si en el fondo estaba de acuerdo con la medida.

Por razones completamente (o radicalmente) distintas, la experiencia de equipos de tecnócratas no ha sido muy afortunada. Ni en el gobierno de Pérez II, ni en el gobierno de Chávez.

En la primera oportunidad pudo haber sido la excesiva confianza de CAP en sí mismo, sin velar por el proceso de comunicación y negociación del programa económico con los distintos actores, empezando por su propio partido político. En la segunda, porque cada ministro era un mundo, cada uno tenía sus propios intereses y su propia ideología, la carencia de coordinación era total.

VII. El profesor del MIT y del IESA, Roberto Rigobón, decía por allá en 1999 que Chávez, con su capital político tenía la inmensa oportunidad de tener un dream team en su equipo de gobierno. Los profesores Drazen y Alesina, quienes han estudiado mucho los fenómenos de por qué los políticos retrasan decisiones inminentes de la economía cuando están en crisis, seguramente hubiesen estado de acuerdo con Rigobón.

El modelo económico venezolano en épocas de bonanzas siempre ha tenido un patrón muy particular: aumento del gasto público, disminución de los impuestos, fijación del tipo de cambio. Como ya lo hemos comentado, esto provoca que no se creen fondos para ahorrar y que el país viva por encima de sus posibilidades. Cuando los precios del crudo caen, entonces, vienen las medidas antipáticas. Antipáticas pero necesarias.

Es como tener que hacer dieta cuando tienes el colesterol alto, por no cuidar tus hábitos de alimentación. Hacer dieta es antipático, pero es lo más sano.

Luego de la bonanza, se toman decisiones de ajuste como bajar el gasto, devaluar y aumentar los impuestos. Claro que ningún político quiere hacerlo. Los menos irresponsables optan por tomar decisiones inmediatas aún en contra de su voluntad (caso Agenda Venezuela). Otros prefieren correr la arruga (caso Lusinchi).

El gobierno de Chávez se inició en plena crisis, a pesar de que ya se había instrumentado un programa de ajustes en 1996. Pero los precios del petróleo estaban en sus niveles más bajos en décadas. Este era un extraordinario momento para tomar decisiones, no digamos drásticas, sino de largo plazo. La actitud de Chávez frente a la crisis fue convocar a una reunión extraordinaria de la OPEP y no podemos negar que su participación revitalizó el cartel. Pero posteriormente, volvió a ser el germen del rentismo petrolero cuando se produjo la bonanza entre 2004 y 2008.

Pero quizás hubiese sido más productivo que, a la par, se hubiese iniciado un programa de estímulo a otros sectores distintos al petróleo que lograra al fin, la tan anhelada senda de desarrollo.

Más aún, la bonanza 2004-2008, hubiese terminado de catapultar, a través de la siembra petrolera, un modelo de crecimiento económico sostenido y con una distribución del ingreso mucho más equitativa.

Claro, es innegable que todo este pensamiento es absolutamente tecnócrata. Y es que la aspiración lógica de quienes hemos pasado por la academia es que con la llegada de Chávez al poder y su inmenso capital político en 1999, era la simbiosis de un gabinete de ministros compuestos por tecnócratas con visión de largo plazo y gerentes sociales, dedicados a construir un modelo de convivencia que hiciera alcanzable la meta del desarrollo amén de las necesidades inmediatas de una población muy pobre con requerimientos inmediatos.

No se puede negar que la carga social y el capital político de Chávez hicieron click de inmediato. De lo contrario, la tragedia de Vargas se hubiese transformado en un pandemónium, con confrontaciones que aún no hubiesen terminado.

De tal manera, que la presencia de tecnócratas en ese momento, comprometidos con un modelo de desarrollo a través del crecimiento económico, la generación de empleo y una mejor distribución del ingreso, hubiese sido mucho más exitosa que en cualquier otro momento de la historia reciente de Venezuela.

VIII.

Todos los políticos hablan de justicia social. Algunos hablan de progreso y de riqueza y otros de equidad y justa distribución. Los venezolanos estamos acostumbrados a que se nos hable de la riqueza del petróleo y de su distribución. La constitución habla de utilidad pública. Todas estas palabras son hermosas consignas, pero que para ser alcanzadas deben ser cuantificadas.

Una meta, por ejemplo, es ser un país rico. Pero para algunos no sería necesario por que “somos un país rico”. Sin embargo cuando se analizan las tablas de Producto Interno Bruto por persona de todos los países del mundo, nos enfrentamos a una terrible realidad: ni

siquiera con todo nuestro petróleo somos ricos. En 2008, por ejemplo, con el precio del crudo venezolano superando los US$ 120 el barril, Venezuela produjo apenas US$ 6.000 por persona (equivalente a unos Bs.F 13.000 al año).

Dos realidades son innegables: 1) una devaluación desaparecería de un plumazo ese ingreso (divida por ejemplo, 13.000/4,30 en lugar del tipo de cambio oficial 2,15 para el momento en cual se está escribiendo este texto). 2) no somos ricos. Países como Noruega y el “Imperio” norteamericano tienen ingresos que superan fácil los US$ 40.000 por persona al año. Ellos sí son países ricos.

La primera realidad es una gran tragedia para los venezolanos. En las bonanzas ingresan muchos dólares. La mayoría de ellos se vuelve bolívares. Si la cantidad de bolívares crece más rápido que la producción habrá inflación. Entonces, los precios en Venezuela crecen. Pero como hay muchos dólares en el Banco Central de Venezuela, éstos se venden a los importadores manteniendo el tipo de cambio fijo. Como resultado, sale más barato importar que comprar en Venezuela. La demanda por dólares crece en la medida en que los precios en el país son más altos. Luego, cuando se caen los precios del petróleo, entran menos dólares, pero los gobiernos, negados a devaluar, siguen vendiendo al mismo ritmo hasta que se acaban los dólares. Y entonces la devaluación es obligatoria. La otra alternativa común ante la inminente devaluación es controlar las importaciones o vender menos dólares. Entonces hay escasez, pero igualmente la devaluación llega tarde o temprano.

Esta tragedia hace que los venezolanos pasemos por una montaña rusa, donde nos enriquecemos rápidamente y nos empobrecemos rápidamente. Pero esta realidad no hace que la ilusión de riqueza sea efímera. Siempre se mantiene la creencia de que somos ricos, pero cuando la renta petrolera no nos alcanza, surge la creencia de que se están robando el dinero.

Por eso para tener la aspiración de ser un país rico debemos empezar por saber que no somos ricos.

Esta aspiración, por cierto, no es exclusiva de quienes creemos en la existencia de la propiedad privada y el mercado. El mismo Marx pronosticaba que cuando se destruyera la barrera que la explotación del proletariado y la propiedad privada generaban a la producción

se produciría una ilimitada abundancia de recursos para la felicidad de todos. Pero el estruendoso fracaso del socialismo en la Unión Soviética y la Europa del Este, dio paso a la patética teoría del hombre nuevo. Un ser que sería libre de si mismo, cuando se despojara de sus propiedades y del espíritu que desataba el consumismo y el materialismo. En esencia, el hombre nuevo es feliz porque es pobre.

El discurso populista es tremendamente tentador en economías como las nuestras donde todos tenemos la percepción de que somos un país rico. Cuando los recursos no alcanzan para satisfacer las imposibles expectativas sociales que los mismos gobernantes han generado, entonces nadie mejor para soportar la culpa que los especuladores. La implantación de controles de precios, siempre ha sido buena salida para que los gobiernos no se responsabilicen de la crisis.

Después de una pésima administración de la bonanza petrolera, una caída de los ingresos petroleros (algo que usualmente es predecible), obliga a una devaluación que compense con más bolívares la menor entrada de dólares. Luego entonces, la perniciosa devaluación se traduce en inflación, pero la culpa es de los especuladores.

Los controles de precios han demostrado que son totalmente ineficientes. Tanto a Carlos Andrés Pérez como a Caldera le estallaron los controles de precios. En el caso de Pérez, el heredado por Lusinchi. Ambos tuvieron que levantarlos, ante la escasez generada. En la era Chávez, esto no es distinto. Su pragmatismo lo ha llevado a asumir los aumentos de precios cada vez que los productos abandonan los anaqueles porque los costos superan los precios.

La historia de la Venezuela con petróleo es una historia sin memoria. Durante décadas hemos ensayado la misma historia y definitivamente no hemos entendido que para dar un paso hacia delante y romper con el pasado, en definitiva tenemos que romper con todas las políticas económicas fracasadas de ayer y de hoy.

2. Izquierda, derecha y centro

I.

Algunos consultores políticos como Jaime Durán y Santiago Nieto afirman que hoy en día los ciudadanos latinoamericanos no están interesados en los temas de la derecha o de la izquierda y que no se mueven por ideologías. La gente está más preocupada por su vida cotidiana. La canción Muerto en Choroní del grupo Circo Urbano, refleja muy bien esta afirmación para el caso venezolano.

En el mensaje político la gente obedece más a los sentimientos que a la razón y quienes insisten en dedicarse a plantear manifiestos de libre mercado o socialistas terminan fracasando en su intelectualidad. Nadie le para a los gigantescos programas de gobiernos publicados como encartes en los periódicos o en las páginas web de los candidatos o los partidos políticos. El mensaje político cala más cuando entra la vida cotidiana, o cuando mueve el corazón de la gente, bien sea porque el dirigente le cae muy bien, o bien sea porque le cae muy mal y se moviliza contra éste.

En 1998, el Presidente Chávez llegó al poder sobre la base del voto castigo contra el bipartidismo, el establishment. La gente se movió por el resentimiento. Pero nunca por el socialismo. Incluso el Presidente Chávez siempre negó que fuera socialista durante su campaña de 1998.

Pero en los últimos años su discurso socialista ha tronado. El presidente Chávez nos habla de un nuevo modelo: el socialismo del siglo XXI. Dice que lo está construyendo. Pero generalmente termina refiriéndose a Marx, a la malo del capitalismo y a lo malo de la producción y el imperialismo.

Mucha gente cree que al Presidente Chávez se le combate hablando desde la derecha. No estoy seguro de que eso cale mucho. En una encuesta de Seijas publicada en abril de 2009 un 25% de los venezolanos se declaraban pro-socialistas. Más del 50% se declaraban de democracia social, menos del 20% se identificó como capitalista.

Además resulta que la mayoría de las encuestas y focus groups indican que las personas identifican el socialismo con programas sociales, solidaridad, ayuda del Estado. Sin embargo, los venezolanos aprecian la necesidad de la existencia de empresas privadas y destacan que la pobreza sólo puede ser superada con la libre empresa, respetan la propiedad privada y, en su mayoría, están en contra de las expropiaciones. Esto no es una paradoja.

En 2007 hizo el planteamiento de la reforma constitucional. La batalla parecía ganada luego de su aplastante victoria contra Manuel Rosales en 2006. Pero pareciera que hubo una mezcla de sentimientos que hizo que su gente no lo acompañara. El cierre de RCTV, los temores sobre la propiedad privada y la patria potestad evitaron que la gente fuera las urnas para apoyar a su comandante. En aquél momento el presidente basó su campaña en explicarle a la gente qué diablos era el socialismo. Nadie lo entendió.

Un año y poco meses después, el 15 de febrero de 2009, la gente votó mayoritariamente para que se enmendara la constitución y pudiera reelegirse sin límite. La campaña esta vez fue más simple, pero aplastante: Que la gente elija si lo saca o lo deja. Con bombardeos en las páginas web, vayas en las autopistas, comerciales en radio y televisión. Utilizando estrellas del béisbol.

La enmienda fue aprobada, pero un mes después, una encuesta de Alfredo Keller indicaba que el 85% de los encuestados decía que el presidente debía ahora dedicarse a resolver los problemas de la gente. Sólo el 12% quería que se profundizara el socialismo.

Está claro que la mayoría de la gente no entiende, ni está interesada en entender qué es la izquierda y qué es la derecha. En curso que dicté sobre el centro-humanismo y los valores de Primero Justicia a un grupo militantes de las parroquias de Caracas, al preguntar que creían ellos que era la izquierda y la derecha, alguien me respondió: la izquierda son los pobres y la derecha son los ricos. Más sorprendentemente, en una encuesta de Consultores 21 la gente identificó a Acción Democrática como el partido más ubicado a la derecha. Igual ocurrió con

Un Nuevo Tiempo y COPEI. Primero Justicia en cambio quedó como un partido de centro. En general todos los partidos de oposición fueron ubicados a la derecha y todos los de gobierno a la izquierda.

II.

En estos tiempos el discurso pragmático se ha impuesto. Los gobiernos socialistas no eliminan la propiedad privada y conviven con el mercado. La tendencia de los países que entran en el carril del desarrollo, es la de la co-existencia de soluciones del mercado y soluciones de estado. Todo depende de qué genera mayor bienestar a la sociedad en un momento dado.

El mundo no está para dogmas. Los franceses se están cuestionando el Estado benefactor. Los americanos el libre mercado. George W Bush, un presidente republicano defensor del libre mercado, terminó aceptando la necesidad de intervenir mediante el Estado para combatir la inmensa crisis económica a finales de 2008. En China, el partido comunista, gobierna con reformas de mercado desde la muerte de Mao en la década de los setenta.

En Venezuela, por ejemplo, el pico y placa es una intervención eficiente de Estado para resolver el problema del tráfico. Es un problema que no se debe dejar al libre mercado. Pero la producción de arroz ha sido regulada por el Estado y eso es una intervención ineficiente que produce escasez. En ese caso, el mercado sería más eficiente.

Los promotores del socialismo y de la izquierda trasnochada, han pronosticado el fin del capitalismo, desde Marx. No obstante, el mayor fracaso fue el sufrido por el socialismo que llevó a la caída del muro de Berlín y de la llegada de la democracia a países desvanecidos en la más absurda pobreza.

El socialismo plantea un igualitarismo absurdo. Ante el fracaso del modelo, cobró fuerza la tesis de la felicidad ante la distribución de la pobreza. Como nos dijo recientemente

Armando Briquet, el socialismo es juntar a 100 donde 3 son cojas y el resto es normal, y para lograr la igualdad, es necesario amputarle una pierna a los 97 sanos.

Hoy en día, el socialismo es tan absurdo como tesis que los gobiernos de partidos socialistas como Bachelet en Chile y Rodríguez Zapatero en España jamás se les hubiesen ocurrido nacionalizar los medios de producción. Más bien tienden a ser más pragmáticos y a querer parecerse a gobiernos de centro.

Pero lo que ha caracterizado fundamentalmente a estos dos gobiernos es el respeto a las instituciones. Pueden gobernar bien o gobernar mal. Pueden quizás querer ser más planificadores o interventores, y eso a ha determinado si el desempleo, los precios y el producto interno bruto crecen o no, pero, en general, mantienen las reglas establecidas sus habitantes siguen manteniendo niveles de calidad de vida envidiables para quienes somos un día ricos y al día siguiente pobres.

Una evolución de singular importancia es el estilo de gobierno de los laboristas en Inglaterra, con la llegada al poder de Tony Blair. Recuerdo haberle escuchado cuando entregó el poder a Gordon Brown, que él (Blair) escuchaba a la gente de su partido diciendo constantemente que el Estado debía participar en la economía y controlar todo, mientras que los Conservadores sólo hablaban del mercado, el mercado y el mercado. “No tenía sentido para mí”, decía Blair.

La tesis que defendía Blair, la llamada tercera vía, buscaba la conciliación de un modelo donde hubiese equilibrio entre el Estado y el Mercado para la búsqueda de una mayor calidad de vida.

Los Conservadores británicos y nórdicos son defensores de la tesis del libre mercado. Y vaya que hay que hacer importantes aclaratorias en este sentido, pues muchas veces quienes defienden al libre mercado también se hacen llamar liberales, aún cuando liberales puede y es interpretado como contrario a los conservadores. Se entiende por conservadores quienes defienden la existencia de las instituciones actuales, del status quo. Pero también puede ser atribuida a una conducta “moral” de la sociedad.

Por su parte los liberales, defienden la tesis de la igualdad y luchan contra el status quo. Consideran que cuando privan instituciones con “privilegios” para unos cuantos, es necesario cambiar esas instituciones para lograr la igualdad. Fue el movimiento liberal el que propuso la separación de la iglesia del estado en la América Latina independentista. Los conservadores promovían la permanencia de las instituciones del imperio español. Los liberales se oponían.

Evidentemente que la palabra liberal es asociada con libertad. La libertad que se perseguía en la Revolución Francesa en la lucha contra una monarquía que poseía privilegios muy por encima del pueblo oprimido. Una población que se reveló contra el status quo.

De ahí se derivan los valores defendidos por los movimientos de izquierda: la igualdad y la justicia social. Siendo, para el momento de la Revolución Francesa, el status quo la derecha conservadora. Pero hoy en día el concepto de la derecha es un poco menos encajonado. Se asocia de igual manera a una sociedad conservadora, pero no puede ser atribuida una tiranía hegemónica que explota a una sociedad.

Hoy en día, y aunque pareciera contradictorio, los movimientos de derecha defienden principalmente la libertad. La libertad individual como centro de la dignidad humana. Y por ello promueven el libre mercado. La existencia de la derecha actual está muy ligada a la tesis liberal de Adam Smith.

Los movimientos de izquierda, por otro lado, defienden la planificación de la economía. Consideran que para lograr la igualdad es necesario que alguien reparta la riqueza. Según ellos, esa sería la vía para alcanzar la justicia social.

III.

Tanto los movimientos de derecha como los de izquierda tienen sus matices. En la izquierda militan los comunistas y los socialistas, y los socialdemócratas. En la derecha están los conservadores, pero hay movimientos nacionalistas que se consideran de “ultraderecha” o “ultraconservadores” y que desdeñan de los grupos que no pertenezcan a una raza o élite específica.

Los demócratas americanos son considerados liberales. Pero no de izquierda. Desde el punto de vista económico se inclinan más al keynesianismo. Pero Keynes nunca defendió la tesis socialista, aún cuando las políticas keynesianas promueven la participación activa del Estado a través del gasto público.

Los republicanos americanos son conservadores y defienden la tesis del libre mercado. Pero en las primarias de 2008, muchos acusaban a John McCain de liberal. En este entendido, incluso en los partidos políticos, aún teniendo valores compartidos se encuentran matices. El mismo presidente Bush defendió la intervención del Estado a través del plan Paulson para enfrentar la crisis financiera al término de su mandato. La mayoría de los congresistas republicanos llegaron a darle la espalda al plan Paulson al principio, por considerar que se oponía a sus principios básicos de libre mercado. La primera votación negativa en el congreso contra el plan, cuando los republicanos tenían aún la mayoría, provocaron un desplome descomunal en todas las bolsas del mundo.

La confusión es máxima si vamos a los orígenes conservadores de los demócratas y liberales de los republicanos, estos últimos impulsados por Abraham Lincoln quien abolió la esclavitud, desatando la guerra federal entre los conservadores demócratas del sur y los liberales del norte.

La evolución de los partidos políticos y sus formas de gobierno, como lo han hecho Bachelet o Blair, son una muestra de que los dogmatismos son ideologías inviables. Eso lo entendió Rómulo Betancourt en su momento. El socialdemócrata Carlos Andrés Pérez fue el presidente más populista de Venezuela antes de la llegada de Chávez. Gobernó dos veces. En la primera, sobre la base de una inmensa bonanza petrolera y la nacionalización de ésta industria (la petrolera), promovió un crecimiento desmesurado del Estado y llegó al extremo de dictar un decreto de pleno de empleo. En su segundo gobierno, con casi una década sin bonanza petrolera y una economía completamente quebrada, su equipo de gobierno promovió un plan de ajuste macroeconómico y de reformas institucionales que le daba más espacio a la economía privada y el libre comercio. Un plan que con mucha razón fue denominado el Gran Viraje.

Este tipo de reformas se introdujeron en toda América Latina en los noventas. No siempre con buenos resultados. En muchos casos significaron grandes sacrificios y el mal manejo de su implementación causó en muchos casos altos grados de insatisfacción con la democracia.

Los mejores resultados, que no los más humanos, fueron en el modelo chileno. Después de varios ensayos y errores en la férrea dictadura de Pinochet se instrumentó un programa que en principio sería calificado de capitalismo salvaje, aún cuando en el tiempo y gracias al modelo de la concertación chilena, se ha logrado mantener en democracia, con instituciones más sólidas y un rostro más humano.

Pero el fracaso de la implementación de reformas en muchos países de América Latina y sobre todo la no consecución de los objetivos de bienestar, abrió paso nuevamente a gobiernos de izquierda, en muchos casos radical. Entre estos se puede incluir al propio Lula Da Silva, cuya historia de radicalismo contrasta bastante con su forma de gobierno, con amplio respeto a las instituciones y fundamentalmente a la inversión privada.

También esta coyuntura permitió que destacara el discurso del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, quien se oponía a la forma en la cual los organismos multilaterales aplicaban “recetas” a las economías latinoamericanas para ayudarlas a salir de los atolladeros en los cuales las habían metido los gobiernos de izquierda de los setenta y los ochenta. Algo parecido ocurrió con Jeffrey Sachs uno de mis economistas favoritos.

Pero la verdad sea dicha. Algún grado de éxito hubo de existir en la mayoría de esas reformas, que al final, y a pesar de la decepción que sobre los latinoamericanos había generando, terminaron siendo aceptadas por gobiernos de izquierda como el de Bachelet en Chile y Da Silva en Brasil. Y más recientemente por el gran populista Alan García, luego del camino hecho por Alejandro Toledo.

IV.

La idea de la tercera vía no es nueva, ni un invento de Blair. Fueron los demócratas cristianos alemanes quienes en los cincuenta introdujeron el concepto de la economía social de mercado, bajo la premisa de “tanto mercado como sea posible, tanto estado como sea necesario”.

Este ha sido el punto de arranque de los partidos que se consideran de centro. Los de centro somos quienes defendemos una vía más pragmática para alcanzar justicia social respetando la libertad individual. Consideramos fundamental la co-existencia de la propiedad privada, un mercado fuerte y competitivo y un estado que regule las desigualdades, no para distribuir pobreza, sino riqueza. Para que aquellos individuos más vulnerables tengan las mismas oportunidades que los más fuertes.

Ante la crisis financiera, nos decía recientemente en Madrid el Presidente Aznar, que “no podemos ser dogmáticos”. La crisis financiera no es el fin del capitalismo, pero evidencia la necesidad de mercados con regulaciones más eficientes porque estos no son perfectos. En esos mismos días de octubre de 2008, nos recordaba el presidente Fox la importancia de un mercado responsable.

En las sociedades como la latinoamericana donde los gobiernos han sido tremendamente ineficientes, las empresas no pueden estar ausentes de las carencias de las comunidades que la rodean y, mucho menos, hacerse la vista gorda frente a los requerimientos de sus empleados.

Es justamente un modelo de convivencia entre los distintos actores de la sociedad lo que permitirá construir una sociedad más justa y mas libre. Los obreros y las comunidades más pobres exigen ser escuchados. Para ellos el principal logro de Chávez es el respeto y la inclusión.

V.

El centro humanismo se aleja de los extremos dogmáticos. Sabemos que el socialismo es un modelo fracasado. No olvidamos que quienes derribaron el muro de Berlín fue la gente que se moría de hambre en la Alemania oriental. Pero también asimilamos la lección de que los

mercados no son perfectos y por lo tanto no deben estar a la deriva sin la presencia del Estado.

Creemos que la libertad individual es el primer paso para el progreso. Que cada ciudadano pueda escoger a qué se dedica y que el estado le brinde las posibilidades de alcanzar el nivel que él, como individuo, desea alcanzar. El límite se lo pone el individuo. No el estado. El estado no te restringe, te brinda oportunidades.

En una sociedad como la venezolana, bendecida por la presencia del petróleo, éste ha debido utilizarse para que todos los ciudadanos tuvieran las mismas oportunidades: a través de la educación, la salud, la infraestructura, la ayuda a los discapacitados, a los más pobres, a los más débiles.

El centro humanismo promueve la subsidiaridad, que a pesar de lo complicado que suena, se traduce en la iniciativa de cada quien. Que la comunidad tenga sus propias iniciativas, sin esperar a que el Estado te resuelva todo. Pero también creemos en la solidaridad. Creemos que cuando hay grupos más débiles, ellos deben ser “emparejados” de alguna manera con el resto. A esto lo llamamos: igualdad de oportunidades.

VI.

Quizás el problema fundamental de los liberales (en el sentido de los que defienden la libertad) frente a los socialistas es el problema de la comunicación de las ideas. Los socialistas y comunistas siempre han contado con aparatos de propaganda y de difusión del mensaje con organización y disciplina stalinista. Pero más aún, han contado con líderes carismáticos que se conectan emocionalmente con la gente.

Basta con revisar el discurso de Mao, Fidel o el Presidente Chávez para entender la tremenda disciplina y conexión emocional que han tenido estos líderes para sostener ideas totalmente inverosímiles con la realidad.

Hoy, por ejemplo, es palpable el fracaso de las expropiaciones y nacionalizaciones del gobierno de Chávez, pero muchos obreros continúan aupándolas, paralizando empresas privadas con el objetivo de que sean nacionalizadas.

El gran desastre económico de Venezuela, de hecho, ocurre, entre otras cosas, porque las políticas económicas han sido de intervención total. Desde el control total de la renta petrolera, hasta el precio de los estacionamientos. Las llamadas reformas o políticas neoliberales que el presidente Chávez nombra todo el tiempo, apenas ocurrieron durante el corto segundo período de gobierno de Carlos Andrés Pérez y alguna reforma durante la Agenda Venezuela de Caldera. Del resto, la historia es la misma: el gobierno que me resuelva mi problema.

Por eso es que hay que tocar inevitablemente el tema de la comunicación. El gobierno del Presidente Chávez es el que menos viviendas ha construido a pesar de que ha gobernado más que nadie desde 1958, pero una gran grupo de la población cree que es el que más casas ha construido.

Los liberales o defensores del libre mercado y la libertad individual no han construido un discurso que le llegue al corazón a la gente. Las personas tienen que sentir cómo es que la libertad te va a llegar a tu día a día. Nadie está pensando en los derechos humanos. Poca gente percibe que la democracia esté en peligro en un país donde se hacen elecciones todos los años. La construcción de un frente en defensa de la democracia no le dice nada a nadie.

Un amigo ecuatoriano de la Fundación Ecuador Libre cree que hay que educar a la gente para un voto consciente. Hoy en día yo creo que se trata más bien de que quienes defendemos la libertad como valor, aprendamos a comunicar nuestras ideas y a conquistar los corazones de mucha gente que sigue esperando una propuesta mejor.

3. Opositores, oficialistas e indiferentes

I.

La primera vez que acudí a una caminata en un sector popular fue en 1995. En aquél entonces yo era representante estudiantil ante el consejo de facultad de FACES en la Santa María. Entonces se me ocurrió hacer un ciclo de foros con los candidatos a la Alcaldía del Municipio Libertador de aquél entonces: Antonio Ledezma, Nelson Chitty y el candidato a la Alcadía de Baruta, Jorge Roig.

Interesado un poco más en los temas políticos y electorales, pedí acompañar a parte del grupo de militantes de COPEI que acompañaban a Nelson Chitty en su campaña. Fui entonces por primera vez a un sector popular en Las Adjuntas.

En aquél entonces reinaba la apatía. La gente no recibía, ni se interesaba en los volantes. Claro, el candidato de COPEI tampoco levantaba muchas pasiones. COPEI nunca había sido un partido con penetración en esos sectores caraqueños. Pero en todo caso, los resultados de esa elección a alcaldes en 1995 reflejó altísimos niveles de abstención. Poco entusiasmo.

En 1998 la historia fue distinta. La campaña de Chávez se contagió en los sectores populares. Una especie de conjunción de astros le allanó el camino. En primer lugar, el gobierno de Caldera, que había llegado sobre la ola populista y anti-neoliberal, logró decepcionar a propios y extraños con un viraje hacia la agenda Venezuela. Una muestra más de la incoherencia de los gobiernos de turno entre CAP y Caldera II. En segundo lugar, por la espantosa caída de los precios del petróleo que arruinó la posibilidad de estimular vía gasto público cualquier sensación de satisfacción aunque fuese transitoria e insostenible. En tercer

lugar, la necesidad de cambio, interpretada por la ruptura definitiva con el bipartidismo y todos sus aliados. Colaboraron no en balde los medios de comunicación y muchísimos empresarios a llevar a Chávez al estrellato y a estimular el sentimiento antipartido.

El sentimiento antipartido era tal que cuando la favorita en las encuestas Irene Sáez recibió la bendición de COPEI, era como haber recibido el beso de la muerte. Lo mismo ocurrió con Salas Romer cuando en un último gesto desesperado, recibió el apoyo del bipartidismo.

Era el final de un ciclo. Provocado o no, el modelo llegaba a su fin. El sentimiento de cambio era requerido. El voto fue espontáneo. Los sectores populares se movilizaron como no lo hacían desde los mejores tiempo de AD. La clase media, siempre contestataria también le dio el respaldo. En el edificio de Montalbán donde mi familia siempre ha vivido, sólo dejamos de votar por Chávez mi papá, mi hermana y yo.

II.

Me inscribí en Primero Justicia después del Referendum Revocatorio de 2004. Quienes habíamos votado Sí, para solicitar la revocatoria del mandato del Presidente Chávez, estábamos devastados. Me sentí infeliz por algunos minutos. Pero luego me puse a la orden de José Luis Mejía quien para entonces era el secretario general de Primero Justicia.

Escogí ese momento para incursionar en la política porque consideré necesario aportar algún granito de arena luego de la decepción del referéndum. Era muy cómodo culpar a los políticos, era más cómodo pelear desde el sillón de la casa viendo Aló Ciudadano.

Desde mis inicios como militante traté de ser muy activo. Me incorporé en la organización de operativos de asistencia médica en el Estado Vargas y posteriormente a la campaña de Andrés Bello como concejal por el circuito Caricuao-LaVega. Sentí la necesidad de entender cómo funcionaba un partido político y comencé a participar en las pequeñas cosas que hacían los dirigentes parroquiales. Colgamos pendones, volanteamos, coordiné un centro de votación.

En esos días la poca participación de los opositores en la política había ayudado a minimizar la polarización que se había vivido en 2002, 2003 y 2004. Los abstencionistas y la decepción dominaban la escena. Por eso se hizo relativamente fácil caminar en los barrios. No era que nos prestaran mucha atención, pero al menos no habían agresiones.

Me di cuenta de algunas cosas que de otra manera no hubiese podido creer. La gente de los barrios nos recriminaba el paro y las guarimbas. Me enteré del reconcomio que existía en los sectores populares por algo que yo creía había sido casi una gesta histórica. En el contacto con la gente me percaté de una visión totalmente contraria a la que había tenido hasta ese momento.

De alguna manera comencé a digerir la información y a entenderla. Por un lado, el paro provocó una inmensa catástrofe económica. Para quienes nos hemos opuesto al Presidente, el paro constituía una legítima forma de lucha contra un gobierno que no era democrático. Era un sacrificio válido en la lucha por la libertad. Pero resulta que más de la mitad del país no se sentía en un régimen distinto a la democracia y las acciones del paro sólo contribuyeron a que no llegaran los alimentos a los más desposeídos.

Por supuesto que los opositores siempre apelábamos al hecho de que un Presidente democrático y preocupado por su pueblo renunciaría con tal de que el pueblo no pasara hambre. Pero la verdad es que salimos derrotados en los hechos, en los argumentos y en las urnas, porque también perdimos el referéndum.

El lunes 16 de agosto de 2004, un día después de esa histórica jornada electoral, lleno de frustración me uní a un grupo de menos de 20 personas aglutinadas en las inmediaciones del Meliá Caracas a gritar fraude. La gente que transitaba en los alrededores de Sabana Grande no se nos unió. Realmente dábamos. Para el sentimiento generalizado de fraude de quienes habíamos respaldado la revocatoria, la poca participación de la gente en la protesta era una señal clara e inequívoca de que algo estábamos haciendo mal.

III.

La nominación de Julio Borges como candidato presidencial de Primero Justicia por parte del Comité Político Nacional en mayo de 2005 marcaba el inicio de una visión estratégica. Yo era un recién llegado al partido y no tenía mayores posibilidades de participar en las decisiones, así que me tomó por sorpresa. Pero era un decisión legítima, basada en los estatutos, por consenso entre todos los dirigentes de mayor jerarquía (Liliana Hernández, Henrique Capriles, Leopoldo López, entre otros) y por unanimidad del Comité Político Nacional, órgano que representa la mayor institución de partido y donde se ven reflejadas las representaciones de todos los estados del país. Además, según los estatutos, el Comité Político Nacional es el órgano que elige la candidatura presidencial. Primero Justicia es un partido federal donde las bases eligen a sus representantes ante los comités políticos municipales, regionales y nacional.

El objetivo estratégico de la candidatura de Julio no era ganar las elecciones presidenciales en 2006 que se veían muy lejanas con un oficialismo que poseía 21 de 23 gobernaciones. Era recorrer el país con una excusa. La misma excusa de Betancourt en 1941 para recorrer el país y fundar Acción Democrática. Primero Justicia era un partido regional y requería convertirse en un partido nacional. Con la candidatura de Julio se perseguía posicionar al Primero Justicia como el partido alternativo al oficialismo.

El otro objetivo intrínseco era el de siempre tomar la vía electoral. Se trataba de proponerle al país transitar una ruta democrática frente a un gobierno no democrático. El consenso era general.

Pero conforme avanzaba el 2005 se acercaban las elecciones parlamentarias. Se conformaron planchas unitarias con mucho esfuerzo. Se diseñaron estrategias de morochas para contrarrestar la técnica oficialista que había barrido con la oposición en la mayoría de los Consejos Legislativos y Concejos Municipales.

La abstención crecía. La opinión pública la estimulaba. Los partidos políticos sacaban sus cuentas. Un máximo de 40 diputados en el mejor de los escenarios. El interés en medirse fue perdiendo espacio en varios partidos políticos, sobre todo en Acción Democrática, que estaba siendo desplazada en votación. Liliana Hernández, quien nos acompañaba en la lista de Primero Justicia también sacó sus números en Caracas. No le daban, como primera de la lista.

Hoy son más los que se lamentan del retiro de las parlamentarias que los que todavía añoran por un nuevo movimiento abstencionista. La historia le da la razón a quienes tomaron la vía electoral. El retiro de las elecciones también fue un conflicto para Primero Justicia como partido. A mí me queda la satisfacción de ser una persona que sigue instituciones y no personas.

Primero Justicia es el partido político donde encontré mi afinidad ideológica. Ahí convivimos seres humanos y por eso tenemos muchas diferencias en medio de las convergencias. Hay cosas que me gustan y cosas que no me gustan. Hay militantes buenos y otros que podrían ser mejores, según mi criterio.

Cuando se toman decisiones las acepto, esté de acuerdo o no. De eso se trata la militancia. Pero siempre manifiesto mi opinión y hago sentir mi voz. Cuando hay algo que no me gusta lo manifiesto y lucho por cambiar las cosas. En 2007, por ejemplo, fui electo ante el Comité Político Regional por las bases de Caracas y en 2009 fui electo delegado ante el Comité Político Nacional por los delegados de las parroquias de Caracas ante el Comité Político Regional.

En el país ocurre lo mismo. Algunos se van del país porque no les gusta lo que pasa, pero la gran mayoría de los que no están de acuerdo con algo siguen dando la pelea aquí adentro. Eso es lo que debería ocurrir con los partidos políticos. Su existencia es fundamental para la democracia. Por eso si usted no está de acuerdo con lo que pasa en su partido, dé una lucha interna, convenza a su gente y promueva los cambios.

IV.

Es menester retomar el tema de la comunicación de las ideas. En muchas ocasiones los militantes de los partidos nos quejamos porque la gente no quiere saber nada de los partidos. Esta es una realidad en todos lados. La pregunta está en cómo cambiar la imagen de los partidos políticos y en el caso de Venezuela cómo cambiar la imagen de la oposición.

En los últimos años, a pesar del avance de la oposición en los eventos electorales, el país se sigue dividiendo prácticamente en tres grandes bloques: los opositores, los oficialistas y los indiferentes. Pareciera que los avances se han consolidado por un muy limitado crecimiento de voto de los indiferentes.

Pero en los momentos en los cuales el presidente Chávez arremete con más fuerza en contra de funcionarios electos por voluntad popular como el Alcalde Metropolitano y los gobernadores de varios estados importantes del país, surge una slogan y una propuesta que parecen hablarles sólo a un tercio del país: ¡Basta ya!, y la conformación de un frente de defensa de la democracia.

De nuevo parece que estamos cayendo en los discursos muy elaborados sobre los derechos humanos, la democracia y el respeto a las minorías, sin construir un discurso que le enseñe a la gente cómo esta arremetida afecta sus vidas cotidianas. El más claro contra-ejemplo, fue la implementación del canal expreso para transporte público en la vía Guarenas-Caracas. Miles de personas demoraban más de dos horas en la mañana para llegar a sus trabajos en Caracas. Con la implementación de esta vía expresa por parte de Henrique Capriles muchas personas comenzaron a demorar apenas 45 minutos. En un intento del exgobernador Diosdado Cabello por sabotear esta política, los transportistas y pasajeros defendieron con entusiasmo la vía expresa. En esta oportunidad sí se observó cómo la gente entendió el efecto sobre su vida cotidiana.

En el umbral de un país donde los espacios democráticos parecen achicarse y la necesidad de construir la Venezuela sin petróleo es sólo preocupación de alguno que otro loco como yo que no está tan pendiente de la vida cotidiana sino de lo que nos espera en los próximos 10 ó 15 años, es fundamental aprender a comunicar nuestras ideas y para ellos debemos llegar a los indiferentes y a los chavistas lights.

Roberto Izurieta, profesor de la George Washington University resume en su artículo cómo comunicarse con ciudadanos indiferentes en cinco grandes bloques. Para que la gente nos escuche, debemos ser breves, simples, positivos, entretenidos y sinceros. Está claro que para divulgar nuestras ideas debemos competir con Sábado Sensacional, la liga de Béisbol Profesional o los conciertos de reguetón.

Quienes queremos conquistar los corazones de la gente para cambiar a este país porque creemos que puede ser mejor, debemos meternos en el ADN de los venezolanos, utilizar formas creativas para llegarles, pero principalmente, tener la convicción y aprender a vender la esperanza que se puede hacer mejor, lo podemos hacer mejor y lo vamos a hacer mejor

V.

Son esos indiferentes los que están hartos de la confrontación política. Son esos chavistas Light que cuestionan la revolución pero se preguntan y si no es Chávez, entonces quién. La gente reclama que si le vas a hablar, no te dediques a criticar todo lo que hace Chávez, dedícate más bien a ofrecer algo mejor.

La forma de hacer política y comunicarse cambió en Venezuela y en el mundo. No obstante, la campaña de Obama con su diseño de tecnología y su ambiente de estrella de rock, se ha hecho merecedora del comentario de la mejor campaña de la historia. Con un estilo de recaudación de fondos y de comunicación con la gente, logró crear un movimiento de voluntario de 15 millones de personas. Prácticamente el 25% de sus votantes. Algo inédito, sobre todo en un país como los Estados Unidos donde la gente es más individualista y despreocupada por el bien común que en cualquier parte del mundo.

En Venezuela no podemos esperar que la gente sea distinta. A veces conversamos con la gente y le preguntamos qué debemos hacer como partido político y, en algunas ocasiones, nos comentan que hay que llamar a la gente a la calle para protestar. Pero cuando le increpas a esa persona que propuso la calle, que si está dispuesta a hacer para protestar, te dice que tiene que ir a buscar a los niños al colegio. Esa es la realidad de la mayoría de los seres humanos. Debe resolver su problema cotidiano.

Por supuesto que sí hay gente que participa y mucha. La experiencia de estos diez años nos dice que la gente quiere resolver sus problemas en los centros de votación. Aquellos que promueven la calle como salida en su mayoría sigue recostado en su sofá o caminando por algún buen centro comercial. La gente puede estar a favor o en contra del Presidente Chávez, pero casi nadie está dispuesto a dar su vida por él o contra él. Nadie quiere ser mártir. Por eso no debemos promover mártires.

Quizás yo esté totalmente equivocado y haya sobredimensionado demasiado todo lo que he leído y aprendido recientemente por los consultores electorales. A lo mejor si es verdad que: ¡Basta ya!, y que la gente quiere salir a la calle en defensa de la democracia.

Pero se me ocurre que en los próximos meses y años, la tarea será ir a los juegos de los Cocodrilos de Caracas contra los Trotamundos de Carabobo, con mensajes sencillos para convencer a la gente y atraerla hacia un movimiento que sea capaz de derribar ese gran muro en que se ha convertido el presidente Chávez para el futuro del país y para la que la Venezuela sin petróleo sea mejor.

Se trata de un esfuerzo que va más allá de las ruedas de prensa que cada vez menos personas escuchan. De visitar otros programas distintos a los de opinión. A la gente hay que entrarle con sus códigos, con sus gustos. Hay que respetarlos y hacerles llegar un mensaje claro y convincente.

Se trata de ser más estratégicos y menos tácticos. Se trata de posicionar las ideas firmes en un solo mensaje que sea repetido en una sola voz por todos los voluntarios que quieran incorporarse a este movimiento. Se trata de convencer a la gente y hacerla soñar con ese país mejor.

Se trata de que ese país mejor sea traducido en el lenguaje del día a día, de la vida cotidiana de cada ciudadano. Que si no tomamos conciencia hoy, sino somos capaces de cambiar este país hoy, todas nuestras vidas se verán afectadas irremediablemente en el futuro.

La idea es cada ciudadano se levante cada día y mire a su alrededor, mire su casa, su barrio, su transporte y se pregunte si esto puede o no ser mejor.

Para lograr esto, para convencer a todos de que es necesario ponernos a trabajar en conjunto para construir la Venezuela sin petróleo, es crucial que seamos disciplinados en el discurso y lo repitamos una y otra vez. La gente se olvida, por eso hay que repetir una y otra vez. La homogeneidad en el discurso y la disciplina en su comunicación, son claves para alcanzar el éxito.

La estrategia pasa por posicionar un mensaje y divulgarlo con disciplina, expandir el mapa hacerle llegar ese mensaje apropiadamente a la mayor cantidad de personas y construir un movimiento donde cada asuma su responsabilidad para consolidar el alcance del mensaje.

4. Venezuela Sin Petróleo
I. Venezuela recibió en 2008 casi 100 mil millones de dólares. De los cuales 93 fueron petróleo y apenas 7 fueron distintos. Nuevamente nuestra economía se ve en aprietos. La caída de los precios del petróleo había sido anticipada por muchos economistas. No porque estuviésemos rezando por ello, sino porque es lo que generalmente ocurre luego de una bonanza tan fuerte.

Ya nos había ocurrido en los setenta. No tendría porque ser diferente. Las recomendaciones se hicieron: aprovechar la bonanza petrolera para sentar las bases para una economía que no dependiera del petróleo. Utilizar los recursos para generar un gran fondo de seguridad social para todos los venezolanos. Darle espacio a un sector productivo responsable con una economía de empresarios, pequeños y grandes. No se hizo. El Presidente Chávez nos prometió la independencia del petróleo, pero los gallineros verticales y los cultivos organopónicos no dieron la talla.

Llegamos al 2009 sin la posibilidad cierta de enfrentar la crisis. Sin un sector distinto al petrolero. Los sectores productivos fueron golpeados. La propuesta para aumentar la producción era expropiar empresas. Los resultados han sido devastadores. La mayoría de las empresas exitosas expropiadas como SIDOR y la Electricidad de Caracas disminuyeron sus utilidades o pasaron a dar pérdidas. He aquí un ejemplo claro de cómo la mala concepción de la política económica puede no sólo destruir el capital del empresario, sino la calidad de vida de los empleados. La mayoría de los empleados de SIDOR y de la Electricidad de Caracas son accionistas minoritarios. Ellos se esfuerzan en su trabajo porque saben que mientras más productivos sean, obtendrán mayor remuneración. Pero desde que el gobierno tomó la gerencia de ambas, vieron cómo se desplomaban sus ingresos por dividendos.

Algo peor pasó con INVEPAL. La antigua VENEPAL fue expropiada bajo la esperanza de que la iban a recuperar de su quiebra. Desde su toma en 2005, no ha producido ganancias, sólo pérdidas. ¿Quién cubre esas pérdidas? Por supuesto que el Estado, que deja de invertir en educación, salud y muchas otras cosas, para sostener una empresa que no beneficia a nadie.

Y este es el asunto. Las expropiaciones sólo han servido para botar el dinero de los venezolanos. Las empresas manejadas en manos de inexpertos a quienes no les duele el capital invertido sólo han producido pérdidas que son pagadas por todos nosotros.

Con la caída de los precios del petróleo será peor. Porque entonces no habrá dinero del Estado para cubrir las pérdidas. Y la privatización será inminente. No es que uno esté promoviendo la privatización de cuanta industria del Estado se encuentre en el camino. Pero es obvio que no podemos seguir dándonos el lujo de botar el dinero sin que la gente se beneficie de ello.

Creo profundamente en la democratización del capital y creo que los trabajadores deben ser dueños de las acciones de sus empresas. Pero para recuperar empresas quebradas como las de Guayana es necesario que alguien invierta. Deben entrar capitales nuevos para recuperar equipos que no han tenido mantenimiento y que en su mayoría están obsoletos. Entonces la fórmula es permitir la entrada de inversionistas que traigan tecnología, que le garanticen mayor capacitación del trabajo a los obreros y que éstos (los obreros) sean co-responsables del éxito de la empresa con su participación en el capital accionario de la empresa.

II.

El estrepitoso aumento de los precios del crudo afectó a parte de la economía mundial. Mientras los venezolanos nos veíamos beneficiados por el aumento de recursos, los compradores de petróleo se veían en dificultades. Esto alertó al mundo y tuvo un espacio en el debate presidencial entre McCain y Obama. El Republicano propuso aumentar la inversión en Alaska para aumentar la producción de petróleo en esa zona. Pero Obama ha sido más radical. Durante su campaña y ahora como Presidente ha impulsado la inversión en el desarrollo de nuevas tecnologías.

Los ambientalistas también generan presiones. Y los chinos desarrollaron un carro eléctrico que viaja 40 km sin recarga.

Todo esto debe llevarnos a una gran reflexión. ¿Estamos preparados para enfrentar la Venezuela sin Petróleo? ¿Tienen nuestras empresas y trabajadores las capacidades para enfrentarla?

Si hoy, frente a una caída de los precios del petróleo no tenemos capacidad de respuesta, salvo rezar para que se recuperen, qué haremos mañana para enfrentar una caída en nuestras ventas.

La hemorragia de expropiaciones, el discurso anti sector privado, la inestabilidad macroeconómica y la falta de recursos para créditos de largo plazo en los bancos son algunas de las razones por las cuáles no hay inversión privada que ayude a Venezuela a desarrollar sectores económicos distintos al petróleo.

Montar una empresa en Venezuela es una real hazaña. Todo comienza en las terribles colas para registrar la empresa en el Cubo Negro. Ni hablar de las trabas. Lo complicado de la solvencia laboral y otros permisos. Esto es lo que termina estimulando la informalidad. ¿Ustedes creen que un señor con un pequeño abasto en el barrio puede cubrir semejantes costos? ¿y los artesanos?. No tendrían razón para hacerlo. Y por cada empresa informal que se constituye, se emplean personas que nunca podrán acceder a beneficios como la seguridad social y préstamos en los bancos, ante la inexistencia de constancias de trabajos.

El tema de la insuficiencia de recursos también es preocupante y se ha evaluado poco. Cuando las tasas de interés de los depósitos de ahorro y a plazo están por debajo de la inflación, la mayoría de los depositantes prefieren tener sus depósitos a la vista, es decir, en cuentas corrientes. Esto implica que el depositante no tiene compromiso para dejar su dinero en el banco. Cuando el depositante contrata un plazo fijo, firma un contrato para no retirar su dinero antes del plazo previsto. Eso le da garantías al banco de que mientras ese dinero esté colocado a plazo el banco puede prestarlo. Mientras más largo el plazo, más largo los créditos.

Los créditos de largo plazo son importantes para el desarrollo de un país. Montar una planta industrial requiere de créditos de 5 ó 10 años. Pero hasta ahora el 70% de los créditos son otorgados a menos de 1 año. Nadie puede pedir un crédito para montar una planta y pagarla a un año. ¡Ni siquiera le daría tiempo de montar la planta!

La única vía posible para estimular el ahorro y contar con recursos para financiar el progreso es combatiendo la inflación. Pero la inflación no se combate con controles. Se combate con producción y productividad. Más productos y más eficiencia. Eso requiere que el gobierno invierta y estimule la tecnología y la capacitación para el trabajo. Requerimos abrirle las puertas a la inversión extranjera, para que traiga toda su tecnología e invierta en nuestro país.

Un ejemplo palpable es McDonalds. Ellos trajeron toda su tecnología a Venezuela y es una empresa exitosa que garantiza la capacitación de sus empleados y promueve su ascenso dentro de la empresa conforme acumulan logros.

Para abrirle las compuertas a la inversión y al progreso es necesario un gobierno que se comprometa con respetar las reglas del juego y mantener disciplina en la política económica. Las decisiones de inversión se basan fundamentalmente en la confianza que se pueda tener sobre un país. Nadie quiere invertir en una economía donde su presidente de un día para otro decide expropiar empresas y confiscar terrenos sin respetar los derechos de propiedad. Los incentivos fiscales son importantes. Recorte en los impuestos para las empresas que inviertan en tecnología y capacitación laboral. Por cada empleo que logre la empresa pagará menos impuestos.

Premio a las empresas socialmente responsables. Creo firmemente en la libre competencia, pero no creo en las empresas aisladas de la comunidad. Las empresas deben comprender que para poder construir un modelo de convivencia deben ser consecuentes con el progreso de la comunidad donde estén instalados. Esto es una vacuna contra el resentimiento y estimula la participación popular en la medida en que la comunidad se involucra en la elaboración de proyectos sociales patrocinado por las empresas.

Este es el espíritu del proyecto de Ordenanza de Responsabilidad Social Empresarial que entregué a la Comisión de Participación Ciudadana del Cabildo Metropolitano, encabezada por Andrés Bello. Estimular a la empresa a patrocinar proyectos que involucren a la comunidad, donde se estimulara el empleo en personas con discapacidades, cerrar la brecha tecnológica, administrar el mantenimiento de parques y otros espacios públicos, entre otros.

En un ambiente tan repulsivo a los empresarios, éstos deben entender su rol en una sociedad donde la desigualdad alarma. Por supuesto que generar empleos y pagar impuestos es una contribución. Pero no es suficiente. No fue para la Shell que se convirtió en la empresa líder en la promoción del ambientalismo consciente del daño que la contaminación generada de sus actividades estaba produciendo. El caldo de cultivo está ahí y el presidente Chávez se nutre de él para estimular el resentimiento. No entender el rol social de la empresa y su responsabilidad para evitar las desigualdades, es no haber entendido lo que ha ocurrido en este país desde hace una década.

III.

Otro de los grandes fracasos de las malas políticas económicas desde Carlos Andrés Pérez, hasta el Presidente Chávez, es haberle negado a las futuras generaciones la posibilidad de disfrutar de la riqueza petrolera. Un padre responsable compra activos durante su vida para dejarle un patrimonio a sus hijos.

Los países árabes como los Emiratos y Kuwait así como Noruega en Europa crearon fondos de ahorro en función de las bonanzas petroleras. Lo llamaron fondos para las futuras generaciones. El principio es bastante sencillo, pero en país como el nuestro puede sonar como un pecado. Se trataba de ahorrar 10% de los ingresos petroleros y colocarlo en bancos a bajo riesgo. Proponer esto en Venezuela puede despertar a muchos Rómulos Gallegos, o muchos Presidentes Chávez clamando que esos recursos no pueden estar en bancos mientras la gente tiene tantas necesidades. Bajo ese argumento se destruyó parte del sistema monetario cuando el Presidente Chávez solicitó la transferencia de las reservas internacionales al FONDEN.

El sistema monetario funciona como una cuenta corriente. El depositante va al banco, lleva su dinero y el banco le otorga una chequera. Los cheques son un pedazo de papel que sólo tiene valor si existe un respaldo en bolívares. De esta misma manera, cuando los exportadores (principalmente PDVSA) venden dólares al Banco Central de Venezuela, el banco aumenta sus reservas internacionales e imprime bolívares que le da a cambio al vendedor de dólares. Los bolívares son como los cheques, que sólo tienen valor si existen reservas internacionales que las respalden.

En todo caso, esos recursos ahorrados por algunos países exportadores de petróleo le han servido para que al día de hoy reciban más ingresos por los intereses de sus ahorros que por las exportaciones petroleras. Eso es una forma de hacernos menos vulnerables al petróleo.

Una de las propuestas en las que más insistimos durante la bonanza petrolera era la de transferir parte los recursos del petróleo a un fondo de seguridad social. Más del 70% de la población económicamente activa no tiene seguridad social. Y los que sí la tienen, tampoco tienen un futuro muy prometedor. Salvo que la persona pertenezca a una institución o empresa con planes especiales de jubilación como el Banco Central de Venezuela, la única aspiración al retirarse del trabajo es hacer interminables colas en los bancos para ganar sueldo minimo.

En otros países es mejor. La generación de japoneses que nacieron después de la segunda guerra mundial entre 1947 y 1948 se jubilaron hace unos 4 años con más de 150 mil dólares en sus cuentas.

Llama mucho la atención que la Constitución del año 1999 promueva la existencia de la seguridad social para trabajadores por cuenta propia y que el Presidente Chávez haya insistido en el intento de reforma de 2007 en la misma propuesta que ya estaba consagrada. Para la enmienda de 2009 el Presidente puso todo su empeño en la reelección indefinida, pero es lastimoso que no haya habido la misma insistencia en la creación de un fondo de seguridad social.

La propuesta todavía es posible pero menos viable. No existen tantos recursos como los hubo en los años de bonanza. Pero la idea sería crear un gran fondo solidario con recursos de los ingresos petroleros, un fondo individual obligatorio y un fondo individual voluntario. El fondo solidario es para repartirlo entre todos por igual en función de la antigüedad de cada trabajador. El fondo individual obligatorio son los aportes qie debe hacer cada persona para emparejar sus cotizaciones y el fondo individual voluntario es para que cada individuo haga aoprtes adicionales si quiere ahorrar más de lo que se requiere.

Así como cada persona escoge el banco donde deposita sus ahorros, cada individuo debería escoger dónde depositar su seguridad social. Si desea depositarla en un banco privado o publico, e incluso en dólares para proteger los ahorros en el tiempo.

IV.

Cuando ganó el Presidente Chávez en 1998, una vecina me decía que ella lo que más deseaba era el gobierno regulara los precios de los colegios privados. Yo creo que los colegios privados deben ser supervisados en la calidad de sus maestros, los valores que infunden y el contenido de las materias que instruyen. Pero creo que la labor fundamental de Estado en la educación es la de invertir en escuelas públicas que superen la calidad de las privadas. Las familias no deberían recurrir a los colegios privados para educar a sus hijos. Los colegios públicos deberían ser la primera opción en educación. Y su calidad debería ser tan buena que no debería haber deserción escolar y los egresados deberían tan competitivos como los de los privados a la hora de ingresar a las universidades.

Si los gobiernos no desperdiciaran tanto dinero en expropiaciones, sobrefacturaciones, comisiones, etc., habría más recursos para la educación.

Tanto la educación formal como la capacitación para el trabajo y la inversión en tecnología son claves para desarrollo de un país. Para el desarrollo de la Venezuela Sin Petróleo. Pero más aún, son la mejor forma de vencer la inflación. Sólo con trabajadores más productivos y empresas con tecnologías más eficientes, así como reglas de juego claras, es posible tener un mayor nivel de producción y a mejor precio. Más competencia y más productos para escoger en el mercado.

Las universidades deben ser los grandes centros de producción tecnológica. El sistema educativo debería estimular a los bachilleres a estudiar más ingeniería y menos derecho. Deberíamos graduar más ingenieros que abogados. No es algo que sea sencillo. Estudiar ingeniería es más complejo, pero una educación básica más científica y basada en la mejor enseñanza de las matemáticas podría incentivar la presencia de más estudiantes de ingeniería que de derecho.

Creo en la coexistencia de las universidades públicas y privadas y en la necesidad del financiamiento de los estudios superiores. Pero creo que las empresas que se beneficien de la producción de tecnología deben ser las que más deben invertir en las universidades. Inclusive más que el Estado.

La exclusión de la educación superior no puede verse como un simple tema de falta de universidades. Desconozco mucho la Universidad Bolivariana de Venezuela, pero estoy seguro que no es un centro de producción de tecnología, sino de pensamiento ideológico. Muchos de sus estudiantes han sido beneficiados con el ingreso en la universidad, que de otra forma se les ha negado. Son buenos en el debate ideológico. Son buenos defendiendo sus ideas socialistas. Pero dudo mucho que tengan un futuro promisorio en un mundo competitivo, donde el conocimiento tecnológico priva sobre el debate de las ideas. Venezuela necesita más científicos produciendo vacunas, diseñando computadores e inventando chips.

Una de las inversiones claves que deberían estar haciendo las universidades y los centros científicos es en el estudio de las nuevas alternativas energéticas. Debemos hacernos competitivos en muchas cosas. En turismo, en tecnología, pero también en energías alternativas. Esta es una necesidad que debemos enfrentar para el bienestar de nuestra sociedad en la Venezuela Sin Petróleo. Incluso, creo que hoy deberíamos estar invirtiendo en desarrollar, sobre la base del petróleo, nuevas formas de gasolina más limpia y barata. Así tendríamos un país que podría competir con o sin petróleo en el siglo XXI.

V. El debate sobre la salud es en esencia muy parecido al de la educación. La evidencia de que nuestro sistema de salud pública está colapsado es la proliferación de pólizas de seguros de hospitalización, cirugía y maternidad para los empleados públicos y, como consecuencia, la sobredemanda de servicios en las clínicas privadas.

No se justifica de ninguna manera la falta de inversión en salud. Ciertamente los Barrio Adentro forman parte de una cadena que podría ser mucho más exitosa. Esto significa para mí que sí estoy de acuerdo con los módulos de Barrio Adentro, pero que los mismos tienen que estar abiertos las 24 horas del día y deben ser financieramente sostenibles.

Uno de los grandes errores que se cometen tanto en la educación pública como en la salud es creer que hacer una inversión en infraestructura es suficiente. Se construyen, se pintan, se arreglan, se dotan y se abandonan. Ninguna inversión pública es eficiente sino es viable

financieramente. Los recursos para el mantenimiento y la dotación deben ser constantes y deben haber sido previstos desde la construcción inicial o la remodelación.

Para ello el gobierno nacional, regional o local debe abrir una partida presupuestaria constante y se deben crear incentivos en la administración de los centros de salud para que no se pierdan los recursos asignados. Los centros de salud pública debe ser supervisados con indicadores de eficiencia.

Creo que los gobiernos deben promocionar la salud preventiva. Estimular a las familias para que tengan sus planes alimenticios y hacer ejercicios. Las familias también deben ser responsables por su salud física. Cuando he acompañado los operativos de salud que hemos hecho a través de las casas de la justicia me he percatado de la alarmante epidemia de hipertensión que existe nuestros barrios. Los malos hábitos alimenticios, la carencia de recursos, el fumar y el sedentarismo son causas fundamentales de las afecciones de salud que sufren nuestros conciudadanos.

La principal responsabilidad de un gobierno en materia de salud es educar a su población sobre las sus responsabilidades en la prevención de las enfermedades.

VI.

Otro de los puntos claves que quiero enfatizar es sobre los programas sociales. Muchas de las políticas fracasadas como los controles de precios son concebidas como programas sociales. Otra distorsión es la de otorgar pagos mensuales sin contraprestación de trabajo.

Como ya lo había indicado políticas como los controles de precio terminan favoreciendo a los más ricos. Los programas sociales deben ser enfocados en las personas más pobres. Los programas más exitosos a nivel mundial para combatir la pobreza están dirigidos fundamentalmente a las madres más pobres.

Hemos visto programas muy loables que han fracasado estrepitosamente como los créditos del Banco del Pueblo. Estos fracasos ocurren porque se enfocan en objetivos electorales y no

en combatir la pobreza. He visto gente que no quiere trabajar porque le regalan bolsas de comidas o acuden a casas de alimentación donde se conforman con dos comidas al día. Esto es terrible. Es gente que ha perdido la esperanza de un futuro mejor. Que desprecia el progreso y el futuro. Este tipo de programas son diseñados no para combatir la pobreza sino para fomentarla, para nutrirla.

Creo en las becas para los estudiantes y en programas de alimentación para los más pequeños. Creo en microcréditos para las madres. Los programas sociales deben ir enfocados hacia los más débiles: los niños, los discapacitados y las madres y los ancianos.

La administración de transporte público es clave en el desarrollo de un país. Es paradójico que en medio de una hemorragia de expropiaciones, el transporte público sea completamente privado. El Gobierno Nacional debería promover con las alcaldías y gobernaciones niveles de administración del transporte público: organizado por rutas y horarios, con servicios estándares y una tarifa uniforme. Unidades transportadas por gas natural. Los transportistas actuales formarían parte de una empresa privada que presta el servicio de conducción del transporte y recibirían todos los beneficios laborales de los cuales hoy carecen. Con unidades transportadas con gas natural es más fácil sincerar el precio de la gasolina sin afectar a los que menos tienen.

VII. Durante la campaña por el NO en el referéndum revocatorio de 2007, estuvimos caminando por el mercado municipal de la Pastora. Ahí conversé amablemente con tres señoras que al principio se negaron a recibirme el volante, porque ellas eran chavistas. Abordé el tema de la seguridad con ellas “eso no lo resuelve nadie”, me dijeron. En otra ocasión en el Boulevard de Sabana Grande, mientras hacíamos un recorrido con unas pancartas que rezaban “Patria, socialismo o muerte…47 venezolanos mueren diariamente a manos del hampa”, un joven nos increpó comentándonos que la inseguridad no era culpa del Presidente Chávez porque los “malandros no tienen 10 años”.

Estos comentarios son el fiel reflejo de cómo la habilidad comunicativa del Presidente y la desesperanza se han apoderado de sus simpatizantes hasta el punto de creer que el Presidente no tiene responsabilidad sobre este tema, o peor aún, que nadie lo resolverá.

Frente a esta situación he optado por hacerle recordar a la gente las películas de El Vengador Anónimo, que mostraban una Ciudad de Nueva York hecha pedazos, tomada por la violencia y la impunidad y que años más tardes, con el liderazgo de Rudy Giuliani logró recuperar espacios para volver a convertirse en la metrópolis de siempre.

La inseguridad es un problema que tiene solución y sólo hace voluntad políticas y recursos para ello. Debemos entender lo complejo del problema. Tiene que ver con la pobreza, pero también con la impunidad y la ausencia de castigo.

Soy economista y la influencia de Gary Becker en mi pensamiento siempre me lleva a utilizar el enfoque económico en los temas sociales. El delincuente lleva a cabo su fechoría siempre y cuando obtenga un mayor beneficio que el costo de llevarla a cabo. En Venezuela delinquir es gratis. No hay leyes ni probabilidad de ser castigado. El problema de la impunidad ha agudizado el problema de la inseguridad. No se justifica que en los años de bonanza petrolera haya aumentado la inseguridad.

La presencia policial y la prevención de delitos menores son un punto importante para iniciar la lucha.

El desarme es crucial. En 2008 cuando fui jefe de campaña de Andrés

Bello para la Alcaldía del Municipio Libertador tomé prestado el nombre de la Misión Vida que utilizaba mi partido para crear un modelo de convivencia basado en dos programas fundamentales: el proyecto Alcatraz y el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

El primero, es un modelo para el desarme. La idea es premiar a quien entregue su arma con la reinserción en la sociedad y el modelo laboral. Aquí toma nuevamente la importancia la empresa privada responsable que asuma el patrocinio del joven valiente que será evaluado durante un tiempo prudencial y será guiado en su reinserción. La empresa recibe estímulos fiscales.

El modelo del sistema de orquestas es para la prevención en los más jóvenes. La idea es replicar el sistema no sólo en la música sino en el deporte, las artes escénicas, la literatura, entre otros. Si los venezolanos nos uniéramos en torno a un programa como este fuéramos el país mejor que todos soñamos ser.

Pero el problema de la inseguridad necesita mucho más. Necesitamos un sistema judicial más eficiente y un sistema penitenciario que realmente permita la reinserción en la sociedad de quiénes han sido condenados y pagado condena. Policías respetuosos de los derechos humanos, honestos y bien pagados serán claves en el proceso de reforma del sistema.

Otros países han logrado superar la calamidad de la inseguridad. Países tomados por el narcotráfico y la guerrilla, han enfrentado peores situaciones que la nuestra y han sido exitosos. Debemos actuar antes de que la crisis de la seguridad llegue a extremos que sean más difíciles de enfrentar.

Epílogo

Cuando terminé de escribir estas líneas se había producido la sentencia de los comisarios Vivas, Simonovis y Forero y de varios comisarios de la Policía Metropolitana. Aunque la noticia no era sorpresa pues no era un juicio penal sino político, no dejé de sentir indignación por el ensañamiento de la justicia política sobre un grupo de honrosos individuos sobre los cuales no pesaba una sola prueba contundente.

No sólo se trata de otro episodio más de injusticia, se trata de un nuevo intento por cambiar la historia. Se trata de un nuevo intento por sepultar lo que en Venezuela ha sucedido y tratar de interpretarlo de acuerdo a la manera de cada quien.

Al mismo tiempo se aprobaba la Ley Especial del Distrito Capital que permitirá el nombramiento por el Presidente de una autoridad por encima del Alcalde Metropolitano de Caracas quien fuera electo por la voluntad popular. Y por si fuera poco se aprobaba la Ley de Reordenamiento Territorial que permitiría al Presidente igualmente elegir autoridades a dedo por encima de los gobernadores electos por los votos.

El país se encuentra en este momento divido en tres grandes toletes, cada uno de ellos está de espalda a los otros dos. Debemos encontrar el mensaje que pueda unificarnos. Quienes estamos en la oposición lo hacemos porque creemos que este país puede ser mejor. Quienes están en el oficialismo tienen la esperanza de que este país será mejor. Quienes son indiferentes también aspiran a un país mejor.

Un país donde las madres envíen a sus hijos a la escuela con la certeza de que culminarán los estudios para aspirar al futuro, donde los niños estén alimentados los suficiente para poder estudiar y donde las escuelas públicas sean tan buenas o mejores que las privadas, es un país mejor.

Un país donde los egresados de los liceos públicos puedan ganarle en los exámenes a los egresados de los privados, es un país mejor. Un país donde cada uno decida qué estudiar y hasta dónde quiere llegar sin que nadie te ponga techo, es un país mejor.

Un país donde salir del barrio vivir en el barrio no signifique santiguarse al llegar a la casa sano y salvo, donde no tengas que quedarte en casa de otro porque se te hizo tarde y no hay transporte para tu casa. Donde caminar por una calle o salir muy tarde no signifique buscar la muerte, es un país mejor.

Un país donde los jóvenes vayan a una fiesta sin temor a que esta se acabe a tiros, un país donde en las canchas se practique deporte y no se fume droga, un país donde el ejemplo a seguir sea el éxito de los que progresan y no el patán con la pistola más grande, ese es un país mejor.

Un país donde los obreros y los empleados sean propietarios y accionistas de sus empresas, un país sin resentidos y un país sin explotadores, con trabajadores que conozcan la ruta del progreso y empresarios que garanticen su inversión, un país donde cualquiera que lo desee pueda tener una empresa, es un país mejor.

Un país donde nuestros productos sean nacionales y no importados es un país mejor. Un país donde la inflación se combata con más producción, con más tecnología con obreros más capacitados y no persiguiendo a quienes producen, es un país mejor.

Un país con carreteras seguras, con servicios de electricidad que no se interrumpan, con acceso al agua potable es un país mejor.

Un país donde el obrero merezca respeto y sea incluido en las decisiones y empresario sea socialmente responsable con la comunidad es un país mejor. Un país donde los programas sociales sean para crear oportunidades y salir de la pobreza y no para estimularla y nutrirla, es un país mejor.

Un país donde se produzca riqueza para repartirla y no envidia para repartir la miseria, es un país mejor.

Un país donde gobernar sea para todos y no para un grupo, donde construir para unos no signifique destruir para otros, donde no exija el color de una franela para optar a un beneficio, es un país mejor.

Un país donde la libertad no signifique injusticia, donde la justicia no restrinja la libertad, donde la justicia social y la libertad individual sean compatibles, es un país mejor.

Un país donde no tengamos que levantarnos con el amargo sabor de no querer las noticias por no querer saber cuál es el peo de hoy. Un país donde los venezolanos nos levantemos todos los días con ganas de trabajar, con ánimos de hacerlo crecer, con el empeño de ser más productivo, ese es un país mejor.

No conozco a nadie que no crea que las cosas pueden ser mejor. No conozco a nadie que no aspire a vivir mejor. Por eso tengo la convicción de que el mensaje que nos une es el de un país mejor.

Venezuela, despierta, abre los ojos, esto puede ser mejor.

Hoy más que nunca se impone la necesidad de una visión estratégica de cómo salir de esta pesadilla. No hay soluciones mágicas. Si fuera tan fácil como que los partidos se pongan de acuerdo y ya, Mussolini, Hitler o Castro no hubiesen permanecido tanto tiempo en el poder. Son líderes que se han conectado con su gente, que tienen apoyo popular, y bajo esas circunstancias, los atajos sólo nos conducirán al fracaso o a la ingobernabilidad.

En 2010, Venezuela tendrá, según la Constitución, elecciones parlamentarias. Ante la ausencia de talante democrático del Presidente de la República, ya muchas personas piensan que no habrán elecciones. Otros creen que Chávez las pegará con las suyas en 2012. Mi opinión es que el Presidente busca desesperadamente desmovilizar a la población, desmotivarla para que pierdan la fé en el voto.

El voto ha sido un instrumento para demostrar que el Presidente Chávez tiene popularidad pero no es una mayoría aplastante. Ha sido un instrumento para demostrar que cuando la gente considera que los candidatos oficialistas no son tan buenos como el Presidente se los pinta, prefieren elegir a un opositor como Ocariz o Capriles Radonsky. E incluso ha sido un instrumento para demostrar que cuando la gente no entiende la propuesta del Presidente, por mucho que lo quiera, no lo acompaña.

En 2005 cometimos el grave error de entregar el 100% de los diputados al oficialismo. Para que tengamos idea de la magnitud de ese error, veamos sólo este resumen: de allí vinieron la Ley Habilitante que permitió al Presidente aprobar 27 leyes de un solo plumazo, la Enmienda Constitucional del 15F y la Ley del Distrito Capital. Allí se eligió al Contralor General de la República, al Fiscal, la Defensora del Pueblo y los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia.

El General Raúl Isaías Baduel en su libro Mi Solución propuso la Asamblea Nacional Constituyente. Para mí, los venezolanos que nos oponemos al mandato del Presidente Chávez debemos encauzar nuestras energías en la convocatoria a las elecciones parlamentarias.

Muchos dirán que soy un ingenuo, que Chávez no permitirá otras elecciones. Y es cierto. Pinochet tampoco las quiso. Pero la concertación chilena generó una presión suficiente para lograr el plebiscito. Si somos políticos, si nos hacemos llamar líderes, si logramos posicionar ese liderazgo en la calle, si logramos posicionar un mensaje sólido y coherente, el mensaje que venda la esperanza del país mejor, lograremos entonces construir la mayoría que gane las elecciones parlamentarias o que se movilice para presionar, desde la calle, la realización de estas elecciones.

Le gente ha demostrado consistentemente que está dispuesta ha resolver los problemas y manifestarse en las urnas. Los más de 5 millones de votos que obtuvo el NO el 15F de 2009 lo demuestran. La gente se movilizó para votar. Pero nunca veremos a esa cantidad de gente movilizando para protestas masivas, a menos que el esfuerzo de dejar de hacer lo que están haciendo sea compensando con el hecho de que participar tendrá un resultado definitivo.

El resultado definitivo lo veremos en las urnas y en los escaños obtenidos. Y desde la Asamblea Nacional, construir el espacio necesario para el proyecto de todos los venezolanos: Venezuela sin petróleo.

Siempre con la convicción y la esperanza que se puede hacer mejor, lo podemos hacer mejor y lo vamos a hacer mejor.

Bibliografía

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