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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.
Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.

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Estudiantes en la Cumbre
de la Iniciativa Campus
de UNICEF, celebrada en
junio de 2010. Más de 140
estudiantes se congregaron
en los jardines de la
Universidad de Columbia
para colocar 24.000 banderas
formando un cero, como
representación simbólica del
número de muertes infantiles
prevenibles que acontecen
cada día, y de su compromiso
de contribuir a que dicha cifra
se reduzca a cero.

estado mundial de la infancia 2011

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PERSPECTIVA

Actualmente hay más de 515 millones de niñas adolescentes
en el mundo en desarrollo. Estas niñas poseen el poten-
cial de acelerar el crecimiento y el progreso en todos los
ámbitos, de romper el ciclo de pobreza intergeneracional y
de hacer avanzar toda una economía. Y sin embargo, a las
niñas se les pasa por alto con mucha frecuencia. Las niñas
adolescentes tienen más probabilidades de que se les fuer-
ce a abandonar la escuela, se les entregue en matrimonio, y
de contraer el VIH. Además, han de enfrentarse a la realidad
de que la principal causa de muerte en las niñas de entre
15 y 19 años está relacionada con el embarazo y el parto.
Existe el riesgo de que las familias que no tienen otra cosa
recurran a tratar a sus hijas como bienes, casándolas o
vendiéndolas. Pese a estas adversidades, las niñas adoles-
centes constituyen la fuerza más potente para generar un
cambio transformador.

Sí, es cierto que las niñas a menudo enfrentan obstáculos
enormes, pero también representan una promesa sin igual.
Esa es la otra cara la historia: el “efecto niña”. Es la historia
de niñas a las que se tiene en cuenta, en las que se invierte
y a las que se incluye en la sociedad. Cuando una niña del
mundo en desarrollo recibe siete años o más de educación,
contraerá matrimonio cuatro años más tarde. Cada año adi-
cional de escuela primaria supone un incremento en el futuro
salario de las niñas de entre un 10% y un 20%. Estudios
practicados en 2003 revelaron que cuando las mujeres y las
niñas ganan un salario, reinvierten el 90% del mismo en sus
familias; los hombres y los niños, en cambio, sólo reinvierten
entre el 30% y el 40%. Los estudios muestran asimismo que
unos niveles superiores de escolarización entre las mujeres
se corresponden con una mejor salud neonatal e infantil. Sí,
este es el “efecto niña”, y sólo hemos visto el comienzo de
las muchísimas consecuencias beneficiosas que puede tener.

Es verdaderamente asombroso constatar cómo invertir en
una niña puede generar ondas expansivas que beneficien
a su familia, a su aldea y a su país. Niñas de todo el mundo
están poniendo en marcha el “efecto niña” pese a los nume-
rosos obstáculos que enfrentan en sus vidas. Sanchita, una
joven de 17 años de Bangladesh, es una de ellas. Nacida en
la pobreza, Sanchita no tenía dinero para la escuela, ni para
ropa o alimentos. Gracias a la organización no gubernamen-
tal BRAC, recibió un pequeño préstamo con el que se compró
una vaca. Vendió la leche de la vaca y empleó el dinero para
financiar su educación y la de su hermano. Con ayuda de
BRAC adquirió también las habilidades necesarias para cul-
tivar sus propias verduras y continuar ganando dinero para
su familia y para sí misma. Historias como la de Sanchita son
una luz de esperanza, y una prueba tangible de que invertir
en las niñas puede producir cambios económicos y sociales
importantes. El “efecto niña” es real, y su repercusión es a
un tiempo amplia y profunda.

He visto este cambio producirse en Bangladesh, Brasil, Burun-
di, Kenya, Uganda, República Unida de Tanzanía, y muchos

otros países. Niñas de todo el mundo están poniendo en
práctica el “efecto niña” cuando se les dan las herramientas
para hacerlo. En este mismo instante, niñas empresarias de
la India preparan sus planes de negocio, niñas de Bangladesh
estudian para ser enfermeras a fin de atender a las necesida-
des sanitarias de quienes han sido desatendidos por mucho
tiempo; y niñas de Uganda y la República Unida de Tanzanía
reciben formación en materia de técnicas de vida, acceden a
microcréditos, y se benefician de unos espacios seguros en
los que poder soñar sin límites y hacer sus sueños realidad.

Pero aún hay mucho trabajo por hacer. Si queremos saber lo
que lo que está ocurriendo con las niñas y llevar un segui-
miento de su progreso –o falta de progreso–, necesitamos
urgentemente datos desglosados por género y por edad.
Es preciso mostrar el valor de las niñas y convencer a los
gobiernos, aldeas, empresas y familias de que invertir en las
niñas adolescentes es una operación inteligente. Debemos
situar a las niñas en el centro de nuestras discusiones,
admitirlas como un grupo de población único, y abordar
sus necesidades particulares.

Para liberar el potencial de las niñas adolescentes debería-
mos comenzar por lo siguiente:

1. Dejar de tratar a las mujeres como si fueran la
infraestructura de la pobreza.
2. No dar por hecho que nuestros programas dan cobertura
a las niñas. Llegar a ellas de forma específica.
3. Tener en cuenta a las niñas. Asegurarnos de que figuran
en nuestras cifras.
4. No es preciso modificar las estrategias; se trata sólo de
incluir a las niñas en lo que ya hacemos.
5. Aplicar las políticas ya existentes.
6. Los hombres y niños pueden actuar como defensores de
la causa de las niñas.
7. No tratar a las niñas como el tema del día.

Este enfoque reportará numerosos beneficios en las
décadas por venir. Si invertimos sinceramente en las niñas,
gozaremos de comunidades y familias más fuertes, de eco-
nomías sostenibles, de unos menores índices de VIH y sida,
tendremos menos pobreza, más innovación, unos índices
menores de desempleo y una prosperidad más equitativa. El
“efecto niña” es real, y muy poderoso. Pero no cobraremos
plena conciencia de su onda expansiva hasta que no empe-
cemos a tomárnoslo en serio y a ampliar su alcance.

María Eitel es Presidenta fundadora y Directora General de la
Fundación Nike, en la que trabaja para promover el “efecto niña”:
el potente cambio económico y social que se produce cuando las
niñas tienen oportunidades. Antes de colaborar con la Fundación,
María Eitel desempeñó el cargo de vicepresidenta de responsabili-
dad corporativa de NIKE, Inc. Con anterioridad a ello colaboró en la
Casa Blanca, en Microsoft Corporation, en la Corporation for Public
Broadcasting y en la MCI Communications Corporation.

Las niñas adolescentes:

La mejor inversión que podemos hacer

por María Eitel,
Presidenta de la
Fundación Nike

inVertir en los adolescentes

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cada sociedad, para diseñar y desarrollar enfoques innovadores

y pertinentes a fin de llegar a ellos y contar con su participación,

y para garantizar que las inversiones estén dirigidas a ofrecerles

acceso y oportunidades equitativas para su crecimiento y su

desarrollo.

En un esfuerzo por avanzar hacia una mayor equidad en la salud,

los gobiernos nacionales están tomando medidas, con el apoyo

internacional, para suprimir los costos de usuario en los servicios

básicos de salud. Entre los países que han tomado esta iniciativa

cabe destacar Burundi, Ghana, Kenya, Lesotho, Liberia, Níger,

Senegal y Zambia. Países donantes como Francia y el Reino

Unido ofrecen incentivos para eliminar las tasas mediante la

prestación de asistencia adicional a los países que lo hagan.

Organismos de desarrollo tales como la Organización Mundial

de la Salud y el Banco Mundial también se han manifestado con

firmeza contra las tasas de usuario en la atención de la salud20
.

Cuando los aliados se ponen de acuerdo de esta manera, se puede

lograr avances significativos en materia de derechos humanos.

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