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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.
Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.

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A los adolescentes se les persigue a menudo como una amenaza

contra la paz y la seguridad de la comunidad. Este punto de vista

no se limita al alarmismo o a los estereotipos sobre los jóvenes

presentes en los medios de comunicación de masas; el Grupo

de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, por

ejemplo, considera que la combinación de un aumento de la

población adolescente y el desempleo y la urbanización puede

aumentar los riesgos de conflicto civil.

La idea es que si los adolescentes no están empleados en un

trabajo productivo o sienten que carecen del apoyo de la socie-

dad, especialmente los varones, hay más posibilidades de que

expresen su frustración mediante la violencia. Pero a pesar de

las dificultades que supone la transición hacia la vida adulta,

el hecho es que la gran mayoría de los jóvenes son miembros

estables de la sociedad que se ocupan pacíficamente de sus

asuntos14
.

En la práctica, aunque una pequeña proporción de adolescen-

tes desarrolla hábitos negativos, como el abuso de drogas, el

comportamiento violento y la criminalidad, que condicionan de

manera adversa el curso de sus vidas adultas, la gran mayoría

avanza hacia una edad adulta en la que aceptan los códigos de

conducta prevalecientes y ellos mismos se preocupan sobre el

comportamiento criminal de las generaciones posteriores. Según

las Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la

delincuencia juvenil (Directrices de Riad), “el comportamiento

o la conducta de los jóvenes que no se ajustan a los valores y

normas generales de la sociedad son con frecuencia parte del

proceso de maduración y crecimiento y tienden a desaparecer

espontáneamente en la mayoría de las personas cuando llegan

a la edad adulta15

”.

Como ocurre con cualquier otro grupo de edad de la sociedad,

los adolescentes son muy diversos en sus características, situa-

ciones vitales y actitudes. Por lo general, en los escritos sobre los

jóvenes y la violencia hay una ausencia marcada de materiales

que señalen las contribuciones positivas de los adolescentes a

La tecnología de la información y la comunicación ofrece la posibilidad de eliminar los
obstáculos a la educación y la alfabetización. Unas jóvenes voluntarias aprenden a
manejar computadoras en un centro de capacitación informática y alfabetización que
organiza la Media Luna Roja del Afganistán.

desafÍos mundiales Para los adolescentes

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OPINIONES DE LOS
ADOLESCENTES

Yo crecí en Tijuana, y a menudo escuchaba relatos de
los tiempos en que se consideraba la tierra prometida
de México. Esta ciudad fronteriza situada en la frontera
entre los Estados Unidos y México representaba la
esperanza para los colonos procedentes de otras partes
del país, como mis abuelos, que buscaban un mejor nivel
de vida. Tijuana crecía y se iba convirtiendo en una de
las ciudades más prósperas de México. Según me han
contado, los índices de empleo y asistencia a la escuela
aumentaron de forma notable, la población se sentía se-
gura, y los fines de semana, la Avenida de la Revolución,
la principal avenida comercial, estaba llena de turistas
procedentes de los Estados Unidos.

Conforme fui creciendo y comencé a leer periódicos
locales, me di cuenta de que estaban ocurriendo cosas
malas. A lo largo de los últimos años, una ola de delitos
violentos relacionados con el narcotráfico ha golpeado
Tijuana y otras ciudades mexicanas. Secuestros, tortura,
asesinatos, persecuciones, amenazas, intervención
militar, vidas inocentes destruidas… todo ocurría en
el lugar donde nací. Tijuana es hoy uno de los lugares
más peligrosos del país, lo que ha supuesto la ruina de
la industria turística y ocasionado la pérdida masiva de
empleos.

En el último año hemos logrado avanzar: algunos de
los principales líderes del cártel de drogas han sido
arrestados y la influencia del narcotráfico ha disminuido.
Sin embargo, con la interrupción de la actividad del
cártel, la violencia ha aumentado y puede que empeore
antes de mejorar. Debido a la crisis económica mundial y
al aumento de la violencia, muchos mexicanos han emi-
grado a los Estados Unidos. Muchos residentes están
aterrorizados y evitan salir de sus hogares; otros dicen
que es un asunto entre delincuentes en el que ellos no
tienen nada que ver. Pero ¿cómo pueden volver la mirada
hacia otro lado cuando se nos habla de un tiroteo en un
hospital o a las puertas de un jardín de infancia?

Existe una diferencia entre la apatía y la ignorancia. Yo
era ignorante. Creía que Tijuana era una ciudad pacífica
y que las historias que contaban los medios de comu-
nicación eran exageraciones. Pero cuando oyes decir
que han disparado a tu vecino o que han asesinado al
padre de tu amigo, comienzas a pensar: ¿cómo podemos
acabar con esto?

Muchos residentes creen que la causa del aumento de la
violencia es la falta de una ejecución adecuada de la ley
en Tijuana. En consecuencia, la comunidad ha perdido la
fe en sus representantes. Esto hace que las personas,
jóvenes y mayores, se sientan impotentes y dejen de
participar como ciudadanos activos. El negocio del nar-
cotráfico tiene el poder de silenciar a las personas. En mi

opinión, los jóvenes de Tijuana ya no esperan que se pro-
duzca ningún cambio: han perdido la esperanza. Para los
ciudadanos es difícil confiar en las autoridades cuando
se dice que parte de la policía ha estado involucrada en
el narcotráfico.

Las personas se acostumbran a la violencia, acaban
aceptándola. Oigo a adolescentes, padres y madres decir
que la violencia en Tijuana es “normal”. Cuando oyen
hablar de un nuevo asesinato, dicen “no es ninguna no-
vedad”. El negocio de las drogas transforma incluso los
sueños. Algunos chicos adolescentes están fascinados
por la ilusión de glamour que ofrece, y se refieren a sí
mismos como “mangueras”, que significa aspirantes a
traficantes. Dicen que su sueño es convertirse en trafi-
cantes de droga para así tener dinero con el que atraer
a las mujeres y comprarse coches. ¿Qué ha pasado con
las personas como mis abuelos, que anhelaban una vida
mejor y más segura para sus descendientes?

Es cierto que a menudo culpamos al gobierno cuando las
cosas van mal, pero debemos hacer más que quejarnos o
echarnos las manos a la cabeza. Necesitamos funciona-
rios honestos que velen por el cumplimiento de la ley, así
como un sistema de justicia penal eficaz. Si queremos
avanzar, es preciso restaurar la confianza pública y la
esperanza en la comunidad local. Es hora de recuperar
la ciudad de Tijuana.

Brenda García creció en Tijuana, México. Es estudiante
universitaria y habla español, inglés, italiano y algo de
portugués. Su objetivo es obtener una licenciatura en
seguridad internacional y resolución de conflictos.

Recuperar Tijuana:

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