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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades

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Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.
Estado mundial de la infancia de 2011. La adolescencia: una época de oportunidades examina el estado general de los adolescentes; describe los desafíos que enfrentan en materia de salud, educación, protección y participación; y explora los riesgos y la vulnerabilidad en esta etapa crucial. El informe pone de relieve las oportunidades singulares que ofrece la adolescencia, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas muestran que la inversión en la segunda década de los adolescentes es nuestra mejor esperanza para romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, y de sentar las bases para un mundo más pacífico, tolerante y equitativo.

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PUNTO DE MIRA

Dado el abismo de experiencia que separa a los adolescentes más jóvenes de los
mayores, resulta útil contemplar esta segunda década de la vida como dos partes: la
adolescencia temprana (de los 10 a los 14 años) y la adolescencia tardía (de los 15 a
los 19 años).

La adolescencia temprana (de los 10 a los 14 años)

Tomada en un sentido amplio, podría considerarse como adolescencia temprana el
período que se extiende entre los 10 y los 14 años de edad. Es en esta etapa en la
que, por lo general, comienzan a manifestarse los cambios físicos, que usualmente
empiezan con una repentina aceleración del crecimiento, seguido por el desarrollo
de los órganos sexuales y las características sexuales secundarias. Estos cambios
externos son con frecuencia muy obvios y pueden ser motivo de ansiedad así
como de entusiasmo para los individuos cuyos cuerpos están sufriendo la
transformación.

Los cambios internos que tienen lugar en el individuo, aunque menos evidentes, son
igualmente profundos. Una reciente investigación neurocientífca muestra que, en
estos años de la adolescencia temprana, el cerebro experimenta un súbito desarrollo
eléctrico y fsiológico. El número de células cerebrales pueden casi llegar a duplicar-
se en el curso de un año, en tanto las redes neuronales se reorganizan radicalmente,
con las repercusiones consiguientes sobre la capacidad emocional, física y mental.

El desarrollo físico y sexual, más precoz en las niñas –que entran en la pubertad
unos 12 a 18 meses antes que los varones– se refeja en tendencias semejantes
en el desarrollo del cerebro. El lóbulo frontal, la parte del cerebro que gobierna el
razonamiento y la toma de decisiones, empieza a desarrollarse durante la adolescen-
cia temprana. Debido a que este desarrollo comienza más tarde y toma más tiempo
en los varones, la tendencia de éstos a actuar impulsivamente y a pensar de una
manera acrítica dura mucho más tiempo que en las niñas. Este fenómeno contribuye
a la percepción generalizada de que las niñas maduran mucho antes que los varones.

Es durante la adolescencia temprana que tanto las niñas como los varones cobran
mayor conciencia de su género que cuando eran menores, y pueden ajustar su con-
ducta o apariencia a las normas que se observan. Pueden resultar víctimas de actos
de intimidación o acoso, o participar en ellos, y también sentirse confundidos acerca
de su propia identidad personal y sexual.

La adolescencia temprana debería ser una etapa en la que niños y niñas cuenten con
un espacio claro y seguro para llegar a conciliarse con esta transformación cognitiva,
emocional, sexual y psicológica, libres de la carga que supone la realización de fun-
ciones propias de adultos y con el pleno apoyo de adultos responsables en el hogar,
la escuela y la comunidad. Dados los tabúes sociales que con frecuencia rodean la
pubertad, es de particular importancia darles a los adolescentes en esta etapa toda

la información que necesitan para protegerse del VIH, de otras infecciones de trans-
misión sexual, del embarazo precoz y de la violencia y explotación sexuales. Para
muchos niños, esos conocimientos llegan demasiado tarde, si es que llegan, cuando
ya han afectado el curso de sus vidas y han arruinado su desarrollo y su bienestar.

La adolescencia tardía (de los 15 a los 19 años)

La adolescencia tardía abarca la parte posterior de la segunda década de la vida, en
líneas generales entre los 15 y los 19 años de edad. Para entonces, ya usualmente
han tenido lugar los cambios físicos más importantes, aunque el cuerpo sigue
desarrollándose. El cerebro también continúa desarrollándose y reorganizándose, y
la capacidad para el pensamiento analítico y reflexivo aumenta notablemente. Las
opiniones de los miembros de su grupo aún tienden a ser importantes al comienzo
de esta etapa, pero su ascendiente disminuye en la medida en que los adolescentes
adquieren mayor confianza y claridad en su identidad y sus propias opiniones.

La temeridad –un rasgo común de la temprana y mediana adolescencia, cuando
los individuos experimentan con el “comportamiento adulto”– declina durante la
adolescencia tardía, en la medida en que se desarrolla la capacidad de evaluar
riesgos y tomar decisiones conscientes. Sin embargo, el fumar cigarrillos y la experi-
mentación con drogas y alcohol frecuentemente se adquieren en esta temprana fase
temeraria para prolongarse durante la adolescencia tardía e incluso en la edad adul-
ta. Por ejemplo, se calcula que 1 de cada 5 adolescentes entre los 13 y los 15 años
fuma, y aproximadamente la mitad de los que empiezan a fumar en la adolescencia
lo siguen haciendo al menos durante 15 años. El otro aspecto del explosivo desarro-
llo del cerebro que tiene lugar durante la adolescencia es que puede resultar seria y
permanentemente afectado por el uso excesivo de drogas y alcohol.

En la adolescencia tardía, las niñas suelen correr un mayor riesgo que los varones
de sufrir consecuencias negativas para la salud, incluida la depresión; y a menudo
la discriminación y el abuso basados en el género magnifican estos riesgos. Las
muchachas tienen una particular propensión a padecer trastornos alimentarios, tales
como la anorexia y la bulimia; esta vulnerabilidad se deriva en parte de profundas
ansiedades sobre la imagen corporal alentadas por los estereotipos culturales y
mediáticos de la belleza femenina.

No obstante estos riesgos, la adolescencia tardía es una etapa de oportunidades,
idealismo y promesas. Es durante estos años que los adolescentes ingresan en
el mundo del trabajo o de la educación superior, establecen su propia identidad y
cosmovisión y comienzan a participar activamente en la configuración del mundo
que les rodea.

Véanse las referencias en la página 78

Rim Un Jong, de 10 años,
sentado en su clase de
matemáticas de cuarto grado
en la escuela primaria de
Jongpyong, en la provincia
oriental de Hamgyong Sur de la
República Popular Democrática
de Corea.

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la nueVa GeneraciÓn

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importantísima del presente; viven, trabajan y contribuyen a sus

hogares, comunidades, sociedades y economías.

Al igual que los niños pequeños, los adolescentes de ambos

sexos merecen protección, atención, apoyo y oportunidades; ac-

ceso a productos esenciales y a servicios; y reconocimiento de su

existencia y su valor como seres humanos. En algunos contextos

–sobre todo, en lo que se refere a riesgos para su protección,

como el matrimonio precoz, la explotación

sexual con fnes comerciales y los proble-

mas con la ley–, los adolescentes tienen las

necesidades más grandes de todos los niños.

Sin embargo, se trata de las mismas cuestio-

nes a las que comúnmente se presta menos

atención y asistencia, y en las que menos

recursos se invierten, casi siempre debido

a susceptibilidades políticas, culturales y

sociales. En vista del fuerte nexo entre la

protección, la educación y la supervivencia

infantil, es indudable que invertir en los

adolescentes y, sobre todo, en las adoles-

centes, es imperativo para combatir la violencia, el abuso y la

explotación de los niños y las mujeres.

Todo esto apunta a una verdad innegable: tanto hoy como en las

próximas décadas, la lucha contra la pobreza, la desigualdad y

la discriminación por motivo de género no será completa ni to-

talmente efectiva mientras no se otorgue una mayor prioridad al

desarrollo y la participación de los adolescentes.

Esta verdad es conocida y aceptada por muchos. No obstante,

en el esfuerzo por conquistar los ODM y llevar a buen término

otros aspectos de la Declaración del Milenio, existe el riesgo de

no prestar la debida consideración a las necesidades de los ado-

lescentes. Y aun cuando se escuchan sus opiniones, pocas veces

se actúa con base a ellas.

Durante mucho tiempo, los adolescentes han pedido que cum-

plamos el compromiso plasmado en la Declaración del Milenio

de 2000, de hacer del mundo un lugar donde reinen la toleran-

cia, la seguridad, la paz y la equidad; en otras palabras, un mun-

do apropiado para los niños, los adolescentes y la gente joven.

Un mundo apropiado para todos nosotros.

En los últimos meses, UNICEF comenzó a reorientar su labor ha-

cia la consecución de los ODM, redoblando sus esfuerzos por

conseguir la equidad para todos los niños y niñas, y dando priori-

dad a la infancia menos favorecida de los países y las comunida-

des. Si bien gran parte de estos esfuerzos se han centrado en lograr

una mayor equidad en materia de supervivencia y desarrollo de

los niños pequeños, abordar las desigualdades en la adolescencia

es igual de difícil y reviste la misma importancia.

En esta etapa de la vida, la segunda década, son mucho más evi-

dentes las desigualdades. Su situación desventajosa impide a los

adolescentes más pobres y marginados continuar su educación en

la escuela secundaria, y los expone a ser víctimas de abusos contra

su protección –especialmente a las niñas–, como el matrimonio

precoz, la iniciación sexual temprana, la violencia, y el trabajo en

el servicio doméstico, mermando sus posibilidades de desarrollar

plenamente su capacidad.

Vulnerar el derecho de los adolescentes a una

educación de calidad, a la atención médica,

a la protección y a la participación perpetúa

su pobreza, o genera condiciones de vida que

desembocan en la exclusión y la imposibilidad

de adquirir las herramientas para salir adelan-

te en la vida, aumentando la probabilidad de

que sus hijos también sufran la denegación de

sus derechos.

Por estas razones, y con motivo del segundo

Año Internacional de la Juventud, que se ini-

ció el 12 de agosto de 2010, UNICEF dedica a los adolescentes y

a la adolescencia la edición de 2011 de su emblemático informe

sobre el Estado Mundial de la Infancia.

El informe empieza examinando brevemente el concepto de ado-

lescencia y explicando por qué conceder más importancia a la

segunda década de la vida es defnitivo para poder cumplir los

compromisos internacionales relativos a la infancia, y para crear

un mundo más pacífco, tolerante y equitativo. A continuación se

refere al contexto histórico de la adolescencia, subrayando el cre-

ciente reconocimiento de su relativa importancia social por parte

de la comunidad internacional.

En el segundo capítulo se presenta una evaluación detallada de

la situación mundial de los adolescentes, los lugares donde vi-

ven y los problemas que atentan contra su supervivencia, salud,

educación, protección e igualdad.

En el tercer capítulo se evalúan los riesgos que suponen para el

bienestar presente y futuro de los adolescentes las nuevas ten-

dencias económicas y laborales; el cambio climático; los cam-

bios demográfcos; la delincuencia y la violencia juvenil; y las

amenazas para la paz y la seguridad.

En su capítulo fnal, el Estado Mundial de la Infancia 2011 ex-

plora algunos mecanismos para promover la autonomía de los

adolescentes y la gente joven; prepararlos para la edad adulta y el

ejercicio de la ciudadanía; e invertir en su bienestar, su desarrollo

integral y su participación activa. Datos desglosados provenien-

tes de encuestas internacionales en los hogares, complementados

por fuentes nacionales, cuando es posible, suministran abundante

“Los niños y las niñas
no deberían sentirse
atemorizados ni en
peligro en sus hogares

ni en la escuela”

Víctor, 11 años, México

estado mundial de la infancia 2011

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información sobre la adolescencia tardía (15-19 años), que consti-

tuye uno de los aspectos centrales del informe. Los puntos de vista

de los adolescentes sobre el estado de su mundo están presentes

en todo el informe.

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