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CUENTO El rey que cumplió su más grande deseo

CUENTO El rey que cumplió su más grande deseo

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Un cuento que escribí para mi niña.
Un cuento que escribí para mi niña.

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El rey que cumplió su más grande deseo.

Había una vez un Rey, el cual prácticamente tenía todas las cualidades que todo hombre desea tener, bondadoso, noble, afectuoso, bueno con sus súbditos, pero tenía una debilidad: su más grande deseo era tener todo lo que sus vecinos poseían, porque este rey era el monarca del Reino del Centro, el cual era muy, pero muy pequeño, y alrededor de este Reino, había reyes con territorios muy pero muy grandes y muchísimo más ricos y poderosos que él. Los Reinos que rodeaban al Reino del Centro eran los siguientes: El Reino del Norte, El reino del Sur, El Reino del Este y el Reino del Oeste. Una noche, el rey tuvo un sueño muy extraño. En este sueño, el rey se veía al borde de un pozo en un bosque lleno de fresnos, y se le acercaba un hombre el cual le decía: “Buen rey, dame agua de ese pozo” y el rey le contestaba “Veo que no estás incapacitado para sacarla tú mismo del pozo”, a lo que el hombre le contestaba “tienes razón buen rey, pero tú tienes el cordel y el recipiente para sacarla”, El rey le contestaba “si es por esa razón, toma el cordel y el recipiente y tómala tú mismo”: El hombre le contestaba: “ Si tú buen rey me das…” y justo en ese momento el rey despertó, y se quedó largo rato despierto, pensando en su sueño, hasta que por fin se quedó dormido.

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A la mañana siguiente, el rey no se acordaba del sueño que había tenido y siguió atendiendo los asuntos de su reino, pero esa misma noche tuvo el mismo sueño y justo cuando el hombre le decía “si tú me das…”, el rey despertaba. Así estuvo el rey soñando lo mismo durante un mes, pero a la mañana siguiente lo olvidaba. Hasta que en el último sueño el rey pensó “creo que esto ya lo he vivido muchas veces, creo que le daré a este hombre lo que me pide y sólo así me dejará en paz” El rey tomó el recipiente y el cordel, y lo arrojó al pozo, lo sacó lleno de agua y se lo dio al hombre. El hombre tomó del agua sacada del pozo, y una vez saciada su sed, le dijo al rey: “Buen rey, puesto que me has dado agua del pozo, sin esperar a escuchar mi propuesta, quiero decirte quien soy en realidad. Soy el dios de los deseos, y debido a esto cumpliré el más grande de tus deseos. No me digas cuál es, pues como te dije, soy el dios de los deseos, conozco los deseos de todos y cada uno de los hombres; desde el deseo más insignificante, hasta el más grande”. Habiendo dicho esto el hombre en el sueño del rey, este despertó y se quedó pensando en lo que le había dicho el hombre, hasta que se quedó dormido. A la mañana siguiente, despertó y se dedicó por completo a las tareas que todo rey tiene, olvidándose por completo de lo que había soñado.
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En la tarde de ese mismo día llegó un mensajero del Reino del norte con un mensaje muy importante el cual debía ser entregado personalmente al rey. El rey lo recibió en el salón donde se reciben las visitas, donde el mensajero le dio el mensaje a viva voz: “Buen Rey, el rey del Reino del Norte desea venir a tu Reino en una misión importante que beneficiará a ambos reinos. Cuánto más pronto lo recibas, será mejor para los dos”. El rey se quedó pensando un momento y le contestó: “mensajero del Reino del Norte, dile a tu rey que disponga de lo necesario, para realizar el viaje a este Reino, el cual lo considera como un amigo”. El mensajero le contestó “Oh rey, partiré inmediatamente hacia el Reino del Norte para darle a mi rey tu contestación”. El rey le pidió que se quedara a descansar pero el mensajero insistió en que tenía que partir inmediatamente con la repuesta, por lo que el rey le dio caballos descansados para que pudiera partir enseguida. En los siguientes días llegaron los mensajeros del Reino del Sur, del Reino del Este y del Reino del Oeste casi con el mismo mensaje que el mensajero anterior, y partiendo con la misma respuesta.

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Llegaron los Reyes de los cuatro reinos que rodeaban al Reino del Centro y se reunieron con el rey de dicho reino. La propuesta que le llevaron los cuatro reyes era la siguiente: Ellos estaban cansados de reinar en reinos muy grandes y con muchísimos súbditos, por lo que, sabiendo que el rey del Reino del Centro era un rey sabio (los reyes no sabían el deseo de este Rey), le pasaban el reinado de sus cuatro reinos a él. El rey del Reino del Centro se alegró en su corazón, por que este era su deseo más grande, pero no lo manifestó delante de los otros reyes. Se puso serio, y les dijo de manera muy elocuente: “esto que ustedes me piden, es demasiado, pues, quien en su vida no desea ser rey, y ustedes quieren dejar de serlo”. Pero los reyes insistieron y el rey del Reino del Centro aceptó, no sin antes negociar las condiciones en las que recibiría los Reinos. Esto tenía que suceder para que el más grande deseo del rey se cumpliera. Al principio, cuando el rey comenzó a reinar en los cuatro reinos (junto con el Reino del Centro, ahora se hacía llamar El Gran Reino), estaba feliz, pues se le había cumplido su más grande deseo.
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Pero como su reino se había multiplicado enormemente, las complicaciones también habían aumentado, pues para gobernar un reino no solamente basta ser rey, hay que hacer obras y diversas cosas para que los súbditos se sientan contentos, y no comiencen a rebelarse contra su rey; había que hacer puentes entre los ríos que atravesaban El Gran Reino, caminos para comunicar a los diferentes pueblos que formaban el Gran Reino, escuelas para los hijos de sus súbditos (porque aunque no lo crean, en ese reino si había escuelas para los niños, y los maestros si estaban capacitados para enseñar y enseñaban con agrado, pues recibían un buen salario), hospitales, jardines y muchísimas cosas más que no voy a enumerar porque me llevaría muchísimo tiempo. Además los reyes vecinos, viendo que el Gran Reino era muy grande y que el rey no se daba tiempo para poder atenderlo, comenzaron a codiciar el reino y empezaron a invadir las fronteras del Gran Reino. Llegó un momento en que el rey, a pesar de que se había rodeado de ayudantes capaces de realizar las labores necesarias para que El Gran Reino funcionara, se sintió tan, pero tan cansado, que ya no quería ser el rey del Gran Reino, y se retiró a descansar a una casa de descanso del que había sido el Reino del Sur. Una ocasión, caminado por un bosque frondoso, lleno de fresnos y otros árboles, se sentó a descansar junto a un pozo, y tomó entre sus manos el recipiente para sacar el agua y el

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cordel y lo comenzó a jugar, para poder olvidar por un momento la enorme responsabilidad que ahora tenía. En ese momento, como surgido por arte de magia, apareció un hombre, el cual se dirigió hacía el rey y le dijo: “Buen rey dame agua de ese pozo” El rey como despertando de un sueño, volteó a verlo, lo observó de arriba abajo, y le dijo: “Veo que no estás incapacitado para sacarla tú mismo del pozo”. A lo cual el hombre le contestó: “tienes razón buen rey, pero tú tienes el cordel y el recipiente para sacarla”. Como el rey se sentía cansado física y moralmente, le contestó: “si es por esa razón, toma el cordel y el recipiente y sácala tú mismo” El hombre le contestó: “Si tú, buen rey me das…” Justo en ese momento, el rey recordó el sueño que había tenido durante un mes, y no le dejó terminar la frase, diciéndole:

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“Sé quién eres y te daré el agua no por lo que eres, sino porque las reglas de cortesía me dicen que esto es lo correcto que hay que hacer. Disculpa mi actitud grosera”. El rey sacó el agua del pozo y se la entregó al hombre, el cual sorbió hasta que quedó satisfecho. Una vez que hizo esto, le comenzó a decir al rey: “Buen rey, tú sabes quien soy, y así como tú has visto que a veces el que el deseo más grande se cumpla, esto no es lo mejor, o la cosas no resultan como las imaginamos; lo he visto desde que existo, he visto infinidad de hombres que sufren porque su más grande deseo se les ha cumplido, así como a hombres que son felices por lo mismo. El cumplir el más grande deseo es un arma de dos filos: tanto puede hacerlos felices, o puede causarles sufrimiento lo que dure su vida. En tus manos está el que puedas corregir el rumbo que han tomado las cosas, todavía estás a tiempo, envía mensajeros a los cuatro reyes que te entregaron el reino, y diles que se reúnan contigo. Una vez reunido, regrésales el reino a cada uno de ellos, y vuelve a reinar en el Reino del Centro”. El rey hizo como el hombre le dijo, y regresó a gobernar el Reino del Centro, ahora sí, gobernó con mas sabiduría y contento con lo que Dios le había dado para gobernar.

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Toda esta historia me la contó un habitante del Reino del Centro, y si no me crees, cuando veas a algún habitante del Reino del Centro, dile que te cuente la historia de

El rey

que cumplió su más grande deseo.

FIN

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