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TRABAJO SOBRE LA MALA CONDUCTA CIENTIFICA

DESARROLLO
1) LA MALA CONDUCTA: Primero que todo definiremos el concepto de
mala conducta antes de mencionar las posibles causas que originan la
Mala conducta y como evitarlo.

El concepto de Mala conducta, en este artículo, es muy amplio. Va mucho


má s allá del simple fraude y del parafraude.
La Mala conducta científica es la violació n de los có digos está ndares de
conducta de estudiante y comportamiento ético en profesional
investigación científica.

La mala conducta científica puede ocurrir simplemente fuera de razones


de la reputació n - los científicos académicos está n bajo presió n de
producir las publicaciones en diarios repasados de par. Alternativamente
puede haber las motivaciones comerciales o políticas donde el éxito
financiero o político de un proyecto depende de la evidencia que publica
de la eficacia. Las consecuencias de la mala conducta científica pueden ser
severas en un nivel personal para ambos autores y individuo que lo
exponga. Ademá s hay implicaciones de la salud pú blica unidas a la
promoció n de las intervenciones médicas u otras basadas en resultados
dudosos de la investigació n.
La ciencia podría caracterizarse sintéticamente como una actividad de
bú squeda permanente de la verdad. La falsificació n, la “fabricació n” y el
plagio, comú nmente identificados como faltas má s ostensibles de
conducta en la ciencia, son su antítesis. Aunque la prevalencia de estas
malas conductas como expresió n aberrante del quehacer científico es
difícil de estimar motivado, entre otras causas, por la dificultad de su
diagnó stico, nadie duda de la conveniencia de su prevenció n. En Cuba,
Donde la formació n científica es una prioridad social que se orienta
igualmente a la competencia técnica y a la integridad ética, la enseñ anza
se transforma en educació n porque no implica solo transmisió n de
conocimientos, sino también formació n de há bitos.
En este artículo se intenta definir algunas conductas impropias y se
propone un marco para su diagnó stico y acciones preventivas.
 LA NATURALEZA Y LA PREVALENCIADE LA CONDUCTA
CIENTÍFICA IMPROPIAO INCORRECTA:

Al plagio, la falsificació n y la “fabricació n” como manifestaciones por


excelencia de malas conductas, algunos han añ adido prudentemente
“otras desviaciones con respecto a los cá nones aceptados de la prá ctica
científica, al proponer o ejecutar la investigació n o al divulgar sus
resultados” a lo que otros han reaccionado arguyendo que en esta ú ltima
categoría podrían ubicarse, impropiamente, los trabajos innovadores o
creativos en el campo de la ciencia.
De cualquier modo, al margen de las dificultades que se asocian siempre a
los intentos de definir conceptos, es claro que en la actividad científica
afloran conductas impropias que van má s allá de sus tres expresiones
má s burdas, y que entre ellas sobresalen por su frecuencia los modos
intencionadamente sesgados de divulgar los resultados de la
investigació n; por ejemplo, la ocultació n de los problemas asociados a
los datos mismos o a su recolecció n, la publicació n selectiva, la
interpretació n tendenciosa de los estudios con escasa potencia o
sensibilidad, la censura editorial de los resultados negativos o contrarios
a las expectativas, la publicació n repetitiva, y las atribuciones indebidas
de autoría.
No deben confundirse el error y la conducta impropia, aunque esta ú ltima
suele vestir el disfraz del primero para intentar pasar inadvertida o
conseguir impunidad. El error es, paradó jicamente, uno de los má s
eficaces recursos de la ciencia para su permanente autocorrecció n; la
conducta impropia involucra siempre una intencionalidad de falsa
representació n o, de falsa apropiació n. Hacia el extremo de la mala
conducta se agrupan las conductas tendenciosas y hacia el extremo
opuesto, las buenas prá cticas científicas, que incluyen al error
involuntario como uno de sus recursos má s frecuentes y má s fecundos.
Hacia el centro, la falta de rigor.
En un estudio realizado en universidades norteamericanas, Swazey et al6
reportaron que el 9 % de los estudiantes y miembros del personal
facultativo confesaron tener conocimiento directo acerca de conductas
plagiarias entre sus colegas. Cuando en la propia encuesta se incluyeron
otras manifestaciones de este tipo (atribució n indebida de autoría, uso
inadecuado de los fondos para la investigació n, violaciones de las medidas
de seguridad, etc.) el porcentaje ascendió a 50 % de los profesionales. En
otro estudio efectuado por Shapiro y Charrow, publicado en, JAMA (1989)
y que involucró un trabajo de autoría entre alrededor de 2 000
investigadores, se reportó una disminució n de 12 a 7 % en la comisió n de
faltas de conducta en el trabajo científico. No hay duda de que estas cifras
son alarmantes, aunque exhiban una tendencia favorable.
Para emplear una analogía epidemioló gica, lo grave de las conductas
impropias científicas, particularmente en el campo de la investigació n
biomédica, no es solo su prevalencia, sino su letalidad. Uno de los casos
má s elocuentes y de mayor impacto real y potencial para el prestigio
personal e institucional, la seguridad de los pacientes y la credibilidad
De la ciencia ante la opinió n pú blica, es la fabricació n de resultados en un
ensayo terapéutico contra el cá ncer auspiciado por el propio gobierno
norteamericano y denunciado en publicaciones relativamente recientes
de ó rganos bien reconocidos.
No tenemos conocimiento acerca de ningú n intento en Cuba por
cuantificar la magnitud de las expresiones inapropiadas en la conducta
científica.

A) CAUSAS DE LA MALA CONDUCTA:

Hay dos grupos de causas que podrían denominarse endógenas y


exógenas. Entre las primeras figuran factores econó micos, el ego o la
vanidad y la falta de valores éticos asociados a una formació n deficiente;
entre las segundas, las presiones sociales o institucionales por la
publicació n, los patrones distorsionados de competencia personal o
institucional, el control o monitoreo ineficientes de la actividad científica
y la falta de un trabajo educativo o incluso, las influencias perniciosas que
ejercen los investigadores ya consagrados en sus colaboradores má s
jó venes con sus prá cticas científicas irresponsables o, en ocasiones,
abiertamente fraudulentas. En sociedades diferentes a la nuestra, los
factores econó micos tienen una funció n muy importante como estímulo a
la mala conducta. El investigador no es ajeno a las angustias sociales de la
lucha por la subsistencia; gran parte de su tiempo debe dedicarla al
trá mite de recursos para la investigació n, que es cada vez una actividad
má s costosa y también má s sujeta a consideraciones de costo-utilidad en
el má s estricto sentido econó mico y no siempre ético. No es fá cil
vislumbrar có mo podría revertirse esta tendencia. La competencia y las
presiones por la publicació n figuran entre las causas má s invocadas de la
mala conducta científica. Tampoco resulta fá cil concebir una estrategia
que minimice los efectos perjudiciales de estos factores, ya que ellos son,
por otra parte, dos de los elementos que hacen de la ciencia la actividad
respetada y productiva que es en la actualidad. Nuestra sociedad no es
ajena a los efectos positivos ni a los negativos de estos factores. ¿ A qué
causas pueden atribuirse las urgencias de muchos profesores e
investigadores en vísperas de una evaluació n, una promoció n de
categoría o una campañ a de la institució n para llenar de carteles la sede
del pró ximo fó rum o para cubrir el tiempo de la pró xima reunió n
científica? ¿Se debe trabajar para un evento o aprovechar las
circunstancias del evento para dar a conocer los resultados del trabajo
científico? Si para procurarse un lugar de privilegio en falsas emulaciones
basadas en burdos criterios de contabilidad simple, se estimula o se
transige con una producció n de baja calidad. ¿No se está elevando la mala
conducta al rango institucional y a la vez estimulando a otros a que hagan
lo mismo y contribuyan así a perpetuar el fraude y la
autocondescendencia? Dos medidas se imponen como parte de una
estrategia consciente: anteponer la calidad a la cantidad y erradicar
definitivamente el há bito de la publicació n honoraria.

 Mala conducta científica…un hecho que se debe


evitar
El plagio y la duplicidad de artículos, es un hecho que infelizmente se da
en las publicaciones científicas sin tener en cuenta las implicaciones que
estas puedan traer.

Segú n un estudio realizado por la British Journal of Industrial Medicine la


proporció n de artículos publicados de forma duplicada en esa revista
aumentó de 5 % en 1988 a 12 % en 1990. Otro estudio mostró có mo la
publicació n de artículos fraudulentos só lo disminuyó en un tercio el
nú mero de veces que eran citados. 1

¿Cuá les son las causas de fraude, de plagio, de publicació n duplicada y de


fenó menos similares?

Bravo Toledo en su artículo "Aspectos éticos en las publicaciones


científicas" señ aló que aunque no existe un consenso en cuanto a
definiciones y clasificació n, se les suele agrupar de forma general bajo el
epígrafe de mala conducta científica, que incluye tanto las faltas graves,
como el fraude científico y  prá cticas menores relacionadas con el proceso
ú ltimo de la publicació n. 3 Este autor hace una tipología de la mala
conducta científica, en la cual describe, por solo citar algunas:

 Invención: El fraude científico nunca ha sido una prá ctica


generalizada. Se puede presentar de diversas formas: la invenció n, en
la que los autores "fabrican" la totalidad o parte de los datos de un
estudio remitido para publicació n.
 Falsificación y manipulación de datos: Consiste en proporcionar
datos o métodos falsos dentro de un estudio. Los datos correctos
existen, pero los autores modifican los valores a su antojo con el fin de
obtener un resultado favorable a la hipó tesis del estudio.
 Plagio: Apropiació n de ideas o frases de otros artículos, presentá dose
como trabajo original y sin citar la fuente, constituye otra forma de
fraude.

Plagiar (del latín "plagiare", "secuestrar") se define como "Copiar en lo


sustancial obras ajenas, dá ndolas como propias."(Diccionario de la lengua
españ ola - Vigésima segunda edició n). El plagio es una clara violació n
intencionada de la ética en la investigació n científica que si se comete se
considera una conducta improcedente.

Ademá s, describió las faltas de ética en el proceso de publicació n, en el


cual se encuentra:

 Autoría ficticia: El concepto de autor en las publicaciones científicas


se aplica a los que redactan el original y a la vez contribuyen
sustancialmente al desarrollo de la investigació n; sin embargo, es
prá ctica comú n incluir a otras personas que no cumplen estos
requisitos dá ndose el fenó meno conocido como autoría regalada,
honoraria o ficticia. En varios casos de fraude se han visto
involucrados prestigiosos científicos, que si bien no participaron en él,
si consintieron figurar como autores de trabajos que no habían
realizado.
 Publicación duplicada: Consiste en la publicació n, en parte o en su
totalidad, de un articulo previamente editado en otra revista, o en
otros documentos impresos o electró nicos. La publicació n del artículo
duplicado es simultá nea o subsiguiente al artículo original, se realiza
por los mismos autores y sin el conocimiento de los redactores de las
revistas implicadas. 
B) COMO EVITAR LA MALA CONDUCTA:

 HACIA UNA ESTRATEGIA DE ERRADICACIÓN DE LA CONDUCTA


CIENTÍFICA IMPROPIA:
Cualquier estrategia de prevenció n tiene dos componentes: uno
secundario y otro primario. La conducta científica incorrecta no es una
excepció n. En el modelo salubrista clá sico, la prevenció n secundaria
implica la detecció n oportuna y el tratamiento efectivo. La prevenció n
secundaria de la mala conducta científica supone incrementar los
recursos y las oportunidades para descubrir instancias de conducta
impropia, el tratamiento, diseñ ar los procedimientos para la investigació n
de los casos y el cuerpo de sanciones proporcionales a la frecuencia y la
magnitud de la infracció n.

Los comités de ética, habitualmente má s preocupados por los aspectos de


la investigació n relativos a la integridad y los derechos de los pacientes, el
cumplimiento de las normas del consentimiento informado y el respeto a
los cá nones éticos de la investigació n experimental, deberían asumir su
cuota de responsabilidad en la auditoría y el monitoreo de la producció n
científica, en todas sus fases, desde el proyecto y la ejecució n hasta la
divulgació n del resultado. El há bito pernicioso de la “descuartizació n” de
los trabajos científicos para multiplicar artificialmente la producció n, no
debe pasar inadvertido ni ser premiado con la transigencia o la
impunidad.
Tampoco la clonació n o el há bil camuflaje. Las instituciones científicas, y
de un modo muy especial los centros de educació n superior que ademá s
se dedican a la investigació n, deben revisar sus criterios de valoració n de
la actividad científica, para no abandonarse a la autoindulgencia y, sobre
todo, para no trasmitir a los estudiantes y a los jó venes investigadores la
falsa percepció n de que la ciencia es algo que puede hacerse sin rigor y a
la carrera, como quien llena un formulario de rutina o cumple con un
simple trá mite administrativo.
Hay algunos escollos que superar antes de ejercer una prevenció n
secundaria efectiva. En primer lugar, a escala individual, liberarse de la
tendencia a la contemporizació n y el silencio, que son formas de
complicidad, y por tanto, expresiones de mala conducta. Sería
inconsecuente no entenderlo así en momentos en que la propia juventud,
sacundiéndose de una inercia de añ os, se ha declarado resuelta a
emprender una batalla frontal contra el fraude académico y reconquistar
así logros que ya había hechos suyos las generaciones que les precedieron
durante los dos primeros decenios después del triunfo revolucionario en
el país.
En segundo lugar, a escala institucional, se requiere un cambio de
perspectiva en el sentido de reivindicar la necesaria autonomía y estar en
condiciones de resistir las coacciones externas derivadas de concepciones
esquemá ticas, no auténticamente orientadas a mejorar la calidad de la
producció n científica.
Por lo tanto, hay que diseñ ar e institucionalizar procedimientos para
investigar y procesar presuntos casos de conducta científica impropia. Lo
má s importante, y tal vez también lo má s difícil es conseguir que este
proceso se efectú e con el mayor rigor, la mayor imparcialidad y la mayor
transparencia, requisitos inexcusables para evitar las catastró ficas
consecuencias de decisiones contemporizadoras y de juicios injustos. En
algunos escenarios, se han previsto sanciones como la prohibició n de
publicar en determinadas revistas, para aquellos autores involucrados en
Malas conductas manifiestas y probadas. Es razonable prever que tal
como ocurre al poner en marcha un programa efectivo de vigilancia
epidemioló gica, la incidencia se incremente artificialmente, como simple
resultado de un control má s riguroso. Tal evento no debería tomar de
sorpresa a los comités de ética, ni generar alarmas injustificadas.
Otra medida, que al igual que en la salud pú blica dará seguramente
mejores dividendos en el largo y mediano plazos, es la prevenció n
primaria, la cual se concibe tanto como la identificació n y remoció n de las
causas de los eventos adversos (la conducta científica impropia en
nuestro caso), como la identificació n de los factores reductores de la
prevalencia o la incidencia de dichos eventos (lo que algunos llaman
promoció n en el contexto salubrista).
Cuando proclamamos nuestra vocació n de educadores, nos suponemos
depositarios de un conjunto de valores y principios no siempre
explícitamente enunciados. Dentro de ese conjunto es necesario incluir la
fidelidad a una ética científica y profesional congruente. No hay dudas de
que puede formularse y trasmitirse un có digo de conducta científica
responsable y comprometida, pero una ética científica no se reduce a un
conjunto de reglas, del mismo modo que la propia ciencia no se agota en
un puñ ado de procedimientos canó nicos. En cualquier prá ctica científica
Emergerá n siempre incontables situaciones no previstas en un cuerpo
legal.

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