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Universidad del Aconcagua

Facultad de Psicología

*Licenciatura en Criminalística*

Cátedra de Criminología

Mendoza, Miércoles 22 de septiembre de 2010

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ALUMNAS:
Anea Belén
Gonzales Daiana
Montalvini Gimena
Orlandi Vanesa

PROFESOR:
Lic. Osvaldo Cuello

TEMA GENERAL

“Delitos Contra La Integridad Sexual”

TEMA ESPECIAL

“Pluricausalidad Criminológica”

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INDICE

CARATULA 1……………………………………………………………………………………………………………………………..1

CARATULA 2……………………………………………………………………………………………………………………………..2

1. INTRODUCCION…………………………………………………………………………………………………………………….3

1.1 PLANTEAMINETO DEL PROBLEMA……………………………………………………………………………………………3


1.2 FORMULACION DE PROBLEMA………………………………………………………………………………………………..4

2. MARCO TEORICO………………………………………………………………………………………………………………….5

2.1. DELITO…………………………………………………………………………………………………………………………………….5

2.2 PSICOLOGIA DEL DELINCUENTE SEXUAL…………………………………………………………………………………..6

2.2.1. CARACTERISTICAS DEL DELINCUENTE SEXUAL CONDENADO…………………………………………………6

2.2.2. COGNICION – AGRESION SEXUAL…………………………………………………………………………………………6

2.3. UN MODELO PARA LA COMPRENSION DE LA AGRESION SEXUAL ……………………………………………8

2.4 TIPOLOGIA……………………………………………………………………………………………………………………………..10

2.5. TRATAMIENTO……………………………………………………………………………………………………………………...12

3. OBJETIVOS……………………………………………………………………………………………………………………………13

4. HIPOTESIS…………………………………………………………………………………………………………………………….13

5. FUENTES BIBLIOGRAFICAS…………………………………………………………………………………………………….14

“DELITOS CONTRA LA INTEGRIDAD SEXUAL”

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1. INTRODUCCIÓN

Uno de los delitos que mayor alarma social en el mundo genera, es sin duda el abuso
sexual, a diario los medios de comunicación nos muestras hechos que son exhibidos como
crónicas, existiendo innumerables factores que inciden en que se desconozca íntegramente la
magnitud del problema.

Sin embargo, no siempre se analiza esta problemática desde una óptica científica que permita
establecer la pluricausalidad de los ilícitos sexuales.

El abuso sexual incluye conductas sexuales tales como manoseo, actos obscenos o lascivos,
coito oral, sodomía, penetración o introducción de objetos extraños al ano o a genitales,
violación, incesto y explotación sexual.

La política preventiva de los estados para controlar estas formas de criminalidad adolece de
coherencia, por un lado permite la difusión de valores e imágenes que despiertan la apetencia
genésicas de la población y por otro, pretende resolver el problema apelando solo al
incremento desmedido de las penas.

El 14 de abril de 1999 se sancionó la Ley 25087 que modificó el capitulo concerniente a


las agresiones sexuales, dando una nueva perspectiva. El primer cambio transcendente es del
titulo de “Delitos contra la honestidad” a “Delitos contra la integridad sexual de las personas”,
es decir un cambio radical en el bien jurídico tutelado, esto consagra que estos delitos afectan
la integridad sexual y no la honestidad sexual de las personas. Consecuentemente con el
cambio en la definición del bien jurídico tutelado se reemplazo “abuso deshonesto” por
“abuso sexual”.

La violación es un ataque al cuerpo, a la sexualidad, a la persona, a su integridad,


dignidad y libertad.

1.1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

El código respecto a esta temática expresa: Artículo 119 del Código Penal por el
siguiente texto: “Será reprimido, con reclusión o prisión de seis a cuatro años el que
abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, esta fuera menor de trece
años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una
relación de dependencia, de autoridades de poder o aprovechándose de que la víctima
por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción.

La pena será de cuatro a diez años de reclusión o prisión cuando el abuso por su
duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento sexual

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gravemente ultrajante para la víctima. La pena será de seis a quince años de reclusión o
prisión cuando mediando las circunstancias del primer párrafo hubiere acceso carnal por
cualquier vía. En los supuestos de los dos párrafos anteriores, la pena será de ocho a
veinte años de reclusión o prisión si:

a) Resultare un grave daño en la salud física o mental de la víctima;

b) El hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano,
tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o
de la guarda;

c) El autor tuviere conocimiento de ser portador de una enfermedad de transmisión


sexual grave, y hubiere existido peligro de contagio;

d) El hecho fuere cometido por dos o más personas; o con armas

e) El hecho fuere cometido por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de


seguridad en ocasión de sus funciones;

f) El hecho fuere cometido contra un menor de dieciocho años, aprovechando la


situación de convivencia preexistente con el mismo.

En el supuesto del primer párrafo, la pena será de tres a diez años de reclusión o prisión
si concurren las circunstancias de los incisos a), b), e) o f).

Artículo 120 del Código Penal por el siguiente texto: “Será reprimido con prisión o
reclusión de tres a seis años el que realizare algunas de las acciones previstas en el segundo o
en el tercer párrafo del artículo 119, con una persona menor de dieciséis años,
aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su
relación de preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente, siempre
que no resultare un delito más severamente penado.

La pena será de prisión o reclusión de seis a diez años si mediare alguna de las
circunstancias previstas en los incisos a), b), e) o f) del cuarto párrafo del artículo 119.

1.2. FORMULACION DEL PROBLEMA

¿Que correspondencia hallamos entre la criminología y los delitos contra la integridad sexual?

2. MARCO TEÓRICO

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2.1. El delito

La primera cuestión que hemos de plantearnos al analizar esta área de estudio


criminológico es precisamente la definición o concepto de delito. Desde el derecho penal
la respuesta no puede ser más simple: un delito es aquel comportamiento que esta
tipificado como tal en el código penal, para nuestro análisis se entiende que el delito es
una acción típica, antijurídica y culpable. La definición legal del delito resulta de este
modo para salvaguarda del principio de legalidad, una explicación circular que no aporta
elementos que ayuden a la comprensión criminológica del comportamiento delictivo. La
definición jurídica no aclara cual es el motivo de que un determinado hecho sea
considerado delito, ni las razones existentes para considerar un delito más grave que
otro. La responsabilidad de estas definiciones es imputada por los juristas a un ente
misterioso, “El Legislador".

El código penal, que establece los limites de lo que cada sociedad considera delito y
castiga, va evolucionando como resultado de las diversas presiones políticas. El sistema
penal se expande en algunos casos al penalizar nuevas conductas y se restringe a
despenalizar otras.

Las definiciones naturalistas del delito plantea también algunos problemas: los
conceptos de moralidad o de daño son igualmente ambiguos e imprecisos y se limitan a
sustituir las valoraciones legales por otras de carácter sociocultural, según el criterio de
cada autor. El argumento circular de que un delito es un delito debido a que está
castigado como tal por la ley se reemplaza por otro, igualmente circular, que vendría a
decir que el delito lo es por que es antisocial, repulsivo o contrario al buen gusto.

Siguiendo con otros intentos de acercarnos a la definición de delito plantearnos la


posibilidad de sustituirlo por el concepto de desviación. Es decir desde el concepto de
desviación como enfermedad. Desde esta perspectiva la desviación es interpretada como
algo esencialmente patológico, que revelaría la presencia de una enfermedad, esta
concepción se basa en la analogía médica que contrapone la salud “a la enfermedad”, la
patología, la disfunción o la anomalía de un organismo. No obstante, en el terreno social
no existe un criterio universal que permita delimitar que constituye una conducta sana.

No parece que se pueda aceptar una definición a este nivel de igual modo que se
asume una definición de salud física.

Si descubrimos que, por ejemplo, los violadores condenados tienen una inteligencia
mas baja que la media de la población, puede ser que precisamente ésa sea una de las
razones de que se encuentren en la cárcel, los violadores “mas listos” están
probablemente en la calle.

2.2. La psicología del delincuente sexual. ¿Quiénes son los delincuentes sexuales?

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Disponemos de varias fuentes de información sobre las personas que han sido
condenadas por un delito sexual. El estudio de Pulido et al. (1988) se cita varias veces;
también se dispone de estudios de Garrido et al, (1995) y Bueno García y Sánchez
Rodríguez (1995). Estos datos se pueden complementar con datos penitenciarios que
permiten comparar los encarcelados por delitos sexuales con otros tipos de
delincuentes.

Sin embargo, todos estos datos tienen la limitación de que analizan solamente los
sujetos que han sido identificados y condenados. Los delincuentes habituales sexuales o
no, tarde o temprano pasan por la cárcel. Sin embargo, por cada violador en la cárcel o
en tratamiento psiquiátrico existen, posiblemente, muchas otras personas que no han
sido procesadas.

2.2.1. Características del delincuente sexual condenado

1. Es algo mayor que el delincuente común, con una edad media cercana a los
treinta años.

2. Tiene escasos estudios, dos terceras partes no han llegado más que a la
enseñanza primaria.

3. La mayoría suele estar integrado laboralmente, “siendo obrero sin cualificar”


la categoría mas frecuente.

4. Dos de cada tres delincuentes sexuales no tenían una pareja estable cuando
ocurrió el hecho.

5. Entre una tercera parte y la mitad tienen antecedentes penales, siendo el


delito contra la propiedad él mas frecuente, menos de un 10% han sido
condenados por delitos sexuales anteriormente.

6. Estos delincuentes no suelen padecer trastornos mentales. En el estudio de


Bueno García y Sánchez Rodríguez se observó un retraso mental en el 10% de los
casos, un trastorno esquizofrénico en un 4% y otros trastornos en el 22% de los
casos. En un 64% de los casos no se observó ningún trastorno.

2.2.2. Cognición – agresión sexual. La perspectiva mas prometedora en el estudio de la


delincuencia sexual se ha centrado en la localización de factores psicológicos y
situacionales que puedan explicar el desencadenamiento de las agresiones sexuales,
estudiando la topografía de la excitación sexual, las actitudes hacia las mujeres y los
niños, las distorsiones cognitivas, y la competencia social de los agresores. Como
veremos numerosos estudios han evaluado las preferencias sexuales de los
violadores a través del pletismógrafo, técnica que permite medir cambios en el
volumen del pené en función de la excitación del sujeto ante la presentación de
estímulos sexuales que son manipulados mediante diapositivas, cintas
magnetofónicas o de video. Lo mismo podemos decir sobre las actitudes: no se ha

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podido demostrar todavía que los violadores pese a su conducta de violencia sexual,
sean, como grupo más conservadores y negativos en sus actitudes hacia las mujeres
que los no violadores (Redondo, 1994).

Con respecto a la competencia psicosocial, claramente necesaria para una


conducta sexual apropiada, también la investigación ha obtenido resultados equivalentes
(Hollín, 1989).

En algunos casos la violación se ha considerado una alternativa a la escasa


capacidad de lograr relaciones sexuales consentidas; así algunos estudios han encontrado
que efectivamente los violadores son menos asertivos, más ansiosos y presentan
limitadas habilidades sociales y de resolución de problemas (Lakey, 1994; Ford y Linney,
1995; Seidman et al., 1994). Unas deficientes habilidades cognitivas para resolver
problemas interpersonales pueden hacer que estos sujetos generen menos respuestas
alternativas y eficaces ante ciertos obstáculos y metas, y consecuentemente muestren
mayor número de conductas desadaptativa para conseguirlas. De modo parecido, un
funcionamiento cognitivo limitado puede provocar una interpretación errónea de las
claves emitidas por las mujeres, interpretando como muestra de interés lo que son
mensajes emocionales negativos (Lipeon et al., 1987; Marshall y Eccles, 1991). Sin
embargo la evidencia empírica que afirma que los violadores como grupo son poco
eficaces en sus habilidades sociales no son todavía concluyentes (Segal y Marshall 1985;
Award y Saunders, 1991).

La característica más importante, según Lakey (1994:1757): La distorsión cognitiva


que se manifiesta por una corriente de mala información y extrañas creencias y
actitudes, que forman la base de decisiones tomadas a partir de falsas percepciones y
errores de pensamiento. Según este planteamiento, los agresores sexuales no entienden
la conexión entre evento, pensamiento y sentimientos: se crea una idea, se forma una
opinión sobre lo que desearían que pasara y actúa como si fuera a ocurrir de verdad sin
importarles las posibilidades reales, sin consideraciones morales, ignorando las reglas
sociales, tomando lo que quieren y sirviendo de sus propios criterios, lo que potencia la
falta de respeto por los derechos y sentimientos de los demás y el surgimiento de
conductas delictivas.

Muchos individuos suelen describir un estado alterado de consciencia durante la


comisión del acto sexual, un estado de hiperalerta durante el que no están
particularmente excitados, pero sí muy conscientes de lo que ocurre en ese momento en
el ambiente. Llegan a excitarse pensando acerca del acto que van a cometer. La
satisfacción obtenida de éste se suele relacionar más con el placer fantaseado. La
conducta delictiva sexual suele manifestarse junto a dificultades en el establecimiento de
emociones íntimas y de relación sexual. Karpman (1954) señala que parece haber una
relación entre esta conducta y el control de impulsos hostiles y sádicos. MeGuire (1965)
entiende que el delincuente sexual siente un fracaso crónico de impotencia y falta de
asertividad con las mujeres.

2.3. Un modelo para la comprensión de la agresión sexual

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Marshall y Barbaree (1989), después de desacreditar las teorías psicodinámicas,
situacionales (donde se pone el acento en la conducta provocadora de la víctima, el
alcohol, una situación de enojo, un deseo urgente sexual o una perturbación mental
transitoria como detonantes del ataque), feministas y conductuales como parciales en la
explicación de la génesis de la agresión sexual, presentan un modelo comprehensivo que
trata de ser útil especialmente en los casos de violación y de abusos deshonestos a niños,
y que recoge los aspectos más válidos de las teorías anteriores.

2.3.1. Los aspectos biológicos. En nuestra constitución biológica existen dos elementos
que tienen relevancia para comprender la agresión sexual. El primero radica en la
semejanza de los mediadores neuronales y hormonales responsables de la conducta
sexual y de la agresiva; esto es, los varones tendrán que enfrentarse a la difícil tarea
de aprender a inhibir la agresión dentro de un contexto sexual, especialmente
durante el período de la pubertad. El segundo hecho biológico relevante para
nuestro tema es la relativa inespecificidad del impulso sexual innato, que nos obliga
a aprender a seleccionar las parejas sexuales apropiadas para cada edad, poniendo
de relieve el papel de la experiencia como modelador del apetito sexual del hombre.
Por consiguiente, está claro que un ajuste sexual adecuado en nuestra sociedad
exige que el individuo sea capaz de inhibir las tendencias agresivas y seleccionar las
parejas apropiadas, que en el caso de los adultos a de implicar siempre otro adulto
que consienta en la relación sexual.

2.3.2. El fracaso de la inhibición. Estos controles inhibitorios, sin embargo, son más bien
débiles, como se demuestra por las claves situacionales que tienden a asociarse con
la agresión sexual (es decir, la embriaguez, el sentirse enojado, etc.). ¿Qué es lo que
hace que determinados sujetos sucumban ante los estímulos provocadores, y otros
no? Para los autores, la respuesta se halla en la investigación básica de la psicología
criminal, donde se revelan una serie de factores que explican el menor aprendizaje
inhibitorio de los violadores: pobres modelos educativos paternos, disciplina severa
e inconsistente, padres agresivos y alcohólicos, abuso físico y sexual sufrido en la
niñez... «Como resultado de esas experiencias no parece extraño que estos chicos
[los violadores en su infancia] no desarrollen una gran preocupación por las
necesidades y derechos de los demás; más bien esperaríamos que fueran
egocéntricos, incapaces de aprender a inhibir la agresión y, a causa del aislamiento
en que se introducen con respecto a chicos diferentes de ellos mismos, contarían
también con notables déficit sociales. Esta falta de habilidades sociales puede ser un
elemento crítico para explicar la incapacidad del adolescente y del adulto en
establecer relaciones adecuadas a su edad»

2.3.3. Las actitudes socioculturales. Los chicos que han vivido una infancia deficiente
tienen que enfrentarse, además, a normas culturales que apoyan la violencia como
un cauce adecuado de expresión. Como afirma Sanday (1981), los estudios
transculturales indican que las sociedades facilitadoras de la violencia y de las
actitudes negativas hacia las mujeres tienen las tasas más altas de violación. Sendos
estudios de Burt (1980) y de Pascual et al. (1989) evidenciaron la vinculación que

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existe entre las actitudes proclives hacia la violencia a la mujer y el sostenimiento de
los llamados «mitos» de la violación (en los que se contempla a la mujer «pidiendo»
ser violada y disfrutando conello).

2.3.4. La pornografía. La exposición a la pornografía desinhibe la actividad conducente a


la violación, y aunque no todos los delincuentes sexuales emplean material
pornográfico para instigar sus agresiones, es muy probable que los jóvenes que han
padecido una socialización deficiente tengan una menor resistencia ante sus efectos,
especialmente si consideramos que uno de los mensajes más importantes
transmitidos por los «guiones» de este entretenimiento es el de otorgar un cierto
sentido de poder y de dominio sobre mujeres débiles y deseosas. En el caso de los
adultos que abusan sexualmente de los niños, la investigación revela que en su
infancia muchos de ellos además de haber sido víctimas, a su vez, de abuso sexual,
fueron expuestos a la pornografía para que se suscitara su interés sexual en
beneficio del agresor. «Sin duda la combinación de exposición a la pornografía, un
adulto modelando el abuso hacia el niño, y la propia activación sexual del niño en
este contexto, proporciona una base para las fantasías sexuales futuras que pueden
ejercer una atracción hacia las conductas desviadas sexuales» (Marshall y Barbaree,
1989).

2.3.5. Circunstancias próximas. Hemos dicho que los varones que están
deficientemente equipados por sus experiencias infantiles para enfrentarse a las
influencias negativas socioculturales fracasarán a la hora de construir inhibiciones
sólidas contra la agresión sexual. Pero esto no significa que el asalto sea inevitable;
se precisan determinadas circunstancias, como la intoxicación etílica, una reacción
de cólera (ambos aspectos, además, desinhiben el deseo sexual de la violación de
varones normales), el sostenimiento prolongado de una situación de estrés o una
activación sexual previa.

2.3.6. Distorsiones cognitivas. Hay ciertas formas de construir la realidad que ayudan,
igualmente, a superar los controles internos de la agresión sexual: son las
distorsiones cognitivas. Por ejemplo, el padre que abusa de su hija puede pensar que
la está educando sobre la sexualidad, y el violador de mujeres percibirá a su víctima
como deseosa del encuentro íntimo. Todo aquello que sirva para racionalizar el
asalto es, sin duda, un elemento facilitador del mismo.

2.3.7. Circunstancias oportunas se refieren a la disponibilidad de una mujer o un niño


para victimizar, sin que hayan riesgos evidentes de detectación o castigo. Una vez
que se ha producido el primer ataque, siguen Marshall y Barbaree, los delitos
siguientes se cometerán con más facilidad, especialmente si las experiencias del
individuo fueron reforzantes, y no hubo castigo. Igualmente es importante señalar el
proceso de desensibilización que se va operando de forma cada vez más creciente, lo
que permite una mayor exhibición de violencia ante la víctima.

2.4. Tipología

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Es posible dividirlos en función de la naturaleza del acto cometido: pedófilos,
agresores de mujeres adultas, agresores de homosexuales, necrófilos, exhibicionistas y
los que practican la zoofilia. Estas conductas sexuales tienen en común que son delictivas
en nuestro país, pero hay otras parafilias que suelen considerarse desviaciones sexuales
sin que la ley tenga nada que decir al respecto, como el fetichismo o el masoquismo.

Sigmund Freud, en su obra Tres contribuciones, agrega tres componentes de modo


necesario en la psicología de los agresores sexuales: hostilidad, poder y sexualidad
(Groth, 1979). Las interrelaciones entre estos factores y la intensidad relativa con que
son expresados varían de un sujeto a otro.

2.4.1. Se pueden establecer tres patrones básicos de agresión según Grot:

2.4.1.1. En la violación de hostilidad hay más violencia de la necesaria para


consumar el acto, de modo tal que la excitación sexual es consecuencia de la
propia exhibición de fuerza del agresor, al tiempo que es una expresión de
hostilidad y rabia hacia las mujeres (en desagravio por todas las afrentas
recibidas de manos de las mujeres). El sexo es un arma, y la violación es el
modo en que éste es usado para herir y degradar a sus víctimas. Estas personas
suelen ser también violentas con las mujeres en otros contextos (familia,
trabajo, etc.).

2.4.1.2. En la violación de poder la meta es la conquista sexual, como


compensación a la vida rutinaria del agresor. Es decir, la violación es el medio
por el que el sujeto afirma su identidad personal y su adecuación sexual. La
satisfacción sexual alcanzada no parece elevada, ya que estos sujetos
presentan una gran cantidad de fantasías masturbatorias como predecesoras
del asalto.

2.4.1.3. En la violación sádica, a diferencia de la violación de hostilidad, no hay una


explosión de agresión concomitante con la agresión, sino que el asalto es aquí
totalmente premeditado, proporcionando la perpetración de las lesiones una
satisfacción sexual ascendente, en un feed-back a modo de espiral.

2.4.2. Otra de las tipologías más extendidas es la elaborada por el Centro de


Tratamiento Bridgewater, de Massachusetts, debida a Cohen y su equipo (Cohen et
al., 1969, 1971), en la que se hace una distinción entre cuatro grupos de violadores:

2.4.2.1. El violador de agresión desplazada no presenta ninguna excitación sexual


inicial, ya que la violación tiene el sentido de agraviar y humillar a la víctima
empleando con frecuencia el sadismo. Agresión desplazada significa aquí que la
víctima no ha jugado ningún rol directo en el desencadenamiento de la
agresión. Tendría semejanzas importantes con el tipo de violador sádico visto
anteriormente.

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2.4.2.2. El violador compensatorio está motivado fundamentalmente por el deseo
de demostrar a su víctima su competencia sexual, en un intento de compensar
su falta de adecuación para una vida socialmente ajustada. Se correspondería
con la «violación de poder» de Groth.

2.4.2.3. El violador sexual-agresivo debe infligir daño físico para sentir excitación
sexual, y se parece claramente al «violador hostil» de Groth.

2.4.2.4. El violador impulsivo, cuya acción es el resultado de aprovechar «una


buena oportunidad» usualmente presente en el transcurso de otros hechos
delictivos como el robo.

2.4.3. Perfiles de los distintos delincuentes sexuales. Así pues, parece haber un acuerdo
significativo entre Cohen y Groth con respecto a los criterios básicos para clasificar a
los violadores de mujeres. Más modernamente, Ronald Holmes (1989) ha
completado con técnicas apropiadas de interrogatorio la tipología
extraordinariamente descriptiva de Knight y Prentky (1987), donde se distinguen
cuatro tipos básicos, un tanto diferentes de los anteriores:

2.4.3.1. El violador de afirmación de poder se correspondería con el


compensatorio, y es el menos violento de los violadores, así como el menos
competente desde el punto de vista social. De un bajo nivel académico, tiende
a permanecer soltero y a vivir con sus padres. Tiene pocos amigos, sin pareja
sexual y usualmente es una persona pasiva, poco atlético. Suele visitar las
tiendas donde se vende material pornográfico, y puede presentar otras
desviaciones sexuales como travestismo, exhibicionismo, fetichismo. Por lo que
respecta al proceso de violación, la motivación es básicamente sexual,
buscando elevar su autoestima: «El se percibe como un perdedor. El control de
otro ser humano le sirve para creer que es una persona importante. Por esta
razón, sólo empleará la fuerza necesaria para dominar a su víctima» (Holmes,
1989, p. 104). Su agresión sexual es una materialización de sus fantasías, de ahí
que opere bajo la idea de que sus víctimas realmente disfrutan de la relación
sexual, razón por la que puede conservar un diario de sus asaltos. Estos
continuarán periódicamente hasta que sea atrapado.

2.4.3.2. El violador por venganza quiere desquitarse, mediante su agresión, de


todas las injusticias, reales o imaginarias, que ha padecido en su vida. Aunque
es considerado socialmente competente, su infancia ha sido difícil, con sucesos
habituales de malos tratos, divorcio de los padres, y diversas experiencias de
residir con familias acogedoras y padres adoptivos. Su percepción de sí mismo
es la de «macho» y atlético, suele estar casado, y es descrito por sus amigos
como impulsivo y violento. En general, la violación es el resultado de una
discusión anterior con una mujer significativa en su vida, como su madre o
esposa, produciéndose de forma impremeditada y con el fin de dañar a la
víctima. En efecto, el violador por venganza puede llegar hasta el asesinato de

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su víctima; empleará cualquier arma que esté a su disposición, y exigirá de su
víctima -a la que pretende aterrorizar- cualquier vejación y humillación. Los
asaltos pueden sucederse cada seis meses o un año.

2.4.3.3. El violador depredador intenta expresar en su agresión su virilidad y su


masculinidad. «Experimenta un sentido de superioridad simplemente porque
es un hombre; está legitimado para violar. Esa es la forma correcta de tratar a
las mujeres» (Holmes 1989, p. 108). Su infancia es similar a la del violador por
venganza, pero su vida doméstica actual es más tormentosa que la de éste. Le
gusta vestir de forma llamativa, y frecuenta bares de encuentros. La víctima
suele estar en el sitio equivocado en el momento equivocado; es una víctima
de la oportunidad. Empleará la violencia que sea necesaria para dominarla, y la
someterá a múltiples asaltos. La agresión es un acto de depredación, y no se
preocupa por ocultar su identidad. La violencia puede incrementarse en
violaciones subsiguientes, llegando a planear ciertos aspectos de las mismas,
como el ir provisto de un arma.

2.4.3.4. De todos los tipos, el violador- sádico es el más peligroso de todos. El


propósito de la violación es la expresión de sus fantasías agresivas y sexuales.
«Tiene el propósito de dañar a sus víctimas tanto física como psicológicamente.
Muchos de ellos tienen personalidades antisociales y son bastante agresivos en
su vida diaria, especialmente cuando son criticados o resultan obstaculizados
en su búsqueda de satisfacción personal» (Holmes, 1989, p. 110). Como en los
dos últimos casos, su infancia ha sido difícil, detectándose en la investigación
de Knight y Prentky (1987) que seis de cada diez violadores de este tipo
procedían de hogares con un solo padre, y muchos habían vivido en sus casas
episodios de abuso físico, en las que su padre manifestaba episodios de
desviación sexual. En la infancia-adolescencia manifiesta ya problemas
sexuales, como excesiva masturbación. En su edad adulta, suele estar casado y
ostentar una posición de clase media, teniendo el respeto de sus vecinos. Se
trata de una persona inteligente, que planea sus asaltos, difícil de apresar. Su
agresión está dirigida a disfrutar horrorizando a la víctima, de ahí que utilice
parafernalia variada y un ritual en su ejecución. Generalmente su violencia irá
incrementándose, llegando probablemente a matar a sus víctimas,
convirtiéndose en un asesino en serie. La periodicidad de sus ataques no está
establecida, su perfil es el de un psicópata, y dependerá de su empleo de
drogas, los planes que establezca, etc.

2.5. TRATAMIENTO

El tratamiento de los delincuentes sexuales no ofrece resultados espectaculares, y


sin duda son junto a la población de delincuentes adictos a las drogas, los sujetos que
menos índice de éxito alcanzan en la literatura especializada. Esta afirmación se aplica
especialmente a los casos donde la violencia sexual se acompaña de hechos agresivos
más graves, denotadores de la existencia de una psicopatía sexual. Es decir, la tipología

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de los violadores sádicos representaría el desafío más notable que han de abordar los
especialistas en la rehabilitación de los delincuentes sexuales, sin descartar aquí los
sujetos responsables de agresiones repetidas y violentas.

3. OBJETIVOS

3.1. OBJETIVO GENERAL

3.1.1. Identificar que vinculación existe entre la pluricausalidad criminológica y los delitos
contra la libertad sexual.

3.2. OJETIVOS ESPECIFICOS

3.2.1. Identificar las causas de las conductas delictivas.

3.2.2. Determinar que los aspectos fisiológicos, psicológicos o sociológicos forman parte
de dicha pluricausalidad.

3.2.3. Establecer la tipología del delincuente sexual.

4. HIPÓTESIS

Se espera obtener las características generales a fines y comunes en la unidad de


investigación como también los hechos y elementos de la vida y etapas del abusador sexual
que permita identificar elementos comunes que hayan afectado o influido en la conducta
delictiva. Se espera indagar entonces en:

4.1. ¿Cuál ha sido el contexto familiar del sujeto, tanto en su familia de origen como la
que tenga actualmente?

4.2. ¿Qué encuentra el sujeto abusador sexual en la victima, que lo lleva a cometer
abusos en ella?

4.3. ¿Cuáles podrían ser los rasgos de personalidad de este sujeto?

4.4. ¿Cómo influye el aprendizaje de comportamientos disfuncionales hacia el sexo


como experiencia del abuso sexual?

4.5. ¿Cuál podría ser el perfil criminológico de este sujeto?

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5. FUENTES BIBLIOGRAFICAS

1. PARMA Carlos.
Abuso Sexual.
Ed. Libro Jurídicos S.A

2. PARMA Carlos.
Delitos contra la integridad sexual.
Ediciones Jurídicas Cuyo.

3. GENOVÉS Vicente Garrido.


Psicópatas y otros delincuentes violentos.
Ed. Tirant Criminología y Ed. Social.

4. DELAY, Jean.
La psicofiología Humana.
Ed. Paidos, Buenos Aires. 1959.

5. INGENIEROS, José.
Criminología.
Ed. En Talleres Gráficos Argentinos, Buenos Aires, 1919.

6. PAGINAS DE INTERNET

- www.cunsdeh.hn
- www.justiciaviva.org.pe/penademuerte/perfilpsicologico

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