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"Crónica de una guerra contra los niños", una conferencia de Natalia Springer

"Crónica de una guerra contra los niños", una conferencia de Natalia Springer

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Transcribo en este post una conferencia que impartió Natalia Springer en el Parque Explora de Medellín sobre una de las caras olvidadas de la guerra en Colombia. Sincera y combativa, en esta charla la politóloga especialista en derechos humanos y columnista de El Tiempo no dejó indiferente a ninguno de los asistentes. Si algo hizo fue remover conciencias, generar una incomodidad crítica y mostrar desnuda y descarnada la realidad de los niños de la guerra, una de las caras más duras de un país atenazado por la violencia cuya ciudadanía es muchas veces incapaz de mirar a los ojos al conflicto.
Transcribo en este post una conferencia que impartió Natalia Springer en el Parque Explora de Medellín sobre una de las caras olvidadas de la guerra en Colombia. Sincera y combativa, en esta charla la politóloga especialista en derechos humanos y columnista de El Tiempo no dejó indiferente a ninguno de los asistentes. Si algo hizo fue remover conciencias, generar una incomodidad crítica y mostrar desnuda y descarnada la realidad de los niños de la guerra, una de las caras más duras de un país atenazado por la violencia cuya ciudadanía es muchas veces incapaz de mirar a los ojos al conflicto.

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Una conferencia de Natalia Springer en el Parque Explora de Medellín sobre una de las caras olvidadas del conflicto en Colombia

“Crónicas de una guerra contra los niños” La otra Amazonía Transcripción y edición: Carlos Egio http://periodismoindomito.blogspot.com Sincera y combativa, en esta conferencia la politóloga especialista en derechos humanos y columnista de El Tiempo no dejó indiferente a ninguno de los asistentes. Si algo hizo fue remover conciencias, generar una incomodidad crítica y mostrar desnuda y descarnada la realidad de los niños de la guerra, una de las caras más duras de Colombia, un país atenazado por la violencia cuya ciudadanía es muchas veces incapaz de mirar a los ojos al conflicto. Hoy voy a hablar de los niños y tengo que hacer dos salvedades: la primera es que jamás me podré proclamar como periodista porque no tengo esa formación, pero tampoco sería capaz de maquillar sonriente la indignidad que va contra los principios más básicos. Este es un tema muy doloroso. La segunda es que no me atrevería a atribuirme el derecho a hablar en nombre de los niños ni de una posición política. Se trata de un tema tan grave que tenemos que empezar a pensarlo de una forma más responsable por encima de cualquier interés político. Ninguno hemos conocido la paz, nuestro país está en guerra casi desde su fundación. La guerra ha sobrevivido a muchas generaciones. Nuestra primera reflexión: ¿Cómo es posible que esto suceda? No deberíamos heredar la guerra pero la estamos heredando. Vamos a hablar un crimen de guerra, un crimen contra la humanidad pero invisible. Los peores efectos del conflicto armado pesan sobre los más pequeños, los más pobres, los más desarmados y sin embargo los menos escuchados porque su voz es silenciada. Tenemos que empezar a explorar este problema de manera profunda. Los niños son los que llevan la carga más dura, los niños están atrapados en las dinámicas de los conflictos armados. ¿Cómo esa guerra ocurre precisamente en medio de la Amazonía? Es muy valiente por parte del parque [Explora] el atreverse a salir de esa visión enamorada y romántica de la selva y contar esa otra historia, lo que pasa y no se ve… y no se cuenta. Movido por esa convicción fundamental el trabajo del que les voy a hablar esta tarde [Prisioneros Combatientes: Del Uso de Niños, Niñas y Adolescentes para los Propósitos del Conflicto Armado ] hizo un diagnóstico sobre el reclutamiento y el uso de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado. 1

Existen múltiples formas de victimización de los niños: convertirlos en victimarios, obligarlos a tomar parte y atentar contra la vida o la integridad de otros, o desempeñar labores como siembra de coca o instalación de minas antipersona contra su voluntad. La vinculación en todos los casos es forzada. Son empleados para combatir en todos los grupos armados, en las bandas criminales que operan en nuestros barrios y comunidades, en la milicia y en todo lo que tiene que ver con el narcotráfico. La metodología de este estudio fue muy ambiciosa. No solo entrevistó a más de 600 sujetos, sino que también se entrevistó a victimarios para saber por qué los reclamaban y a la gente de municipios para conocer si existen condiciones estructurales que empujan a la guerra. El reclutamiento es siempre forzado Les puedo contar en primer lugar que, contrariamente a la percepción que existe en las ciudades, el reclutamiento de niños es un crimen en aumento que en particular va en contra de los argumentos de seguridad. En parte es un efecto perverso de la política de seguridad democrática [la política de lucha contra la violencia del Gobierno de Álvaro Uribe], se empezó a necesitar una mano de obra gratuita que pudiera infiltrarse con facilidad y fuera fácilmente manipulable. El promedio de ingreso a los grupos armados ilegales es a los doce años. La base de esa edad son los seis años pero hasta hay casos de cuatro años de edad. Esto revela que al menos entre los seis y los catorce años hay un patrón sistemático. Esto no es solo algo que debe indignarnos, se trata de un crimen de guerra, contra la humanidad, que hay que denunciar. Hay muchos más niños que niñas pero si vemos en funciones como el auxilio, la milicia, la cooperación y la servidumbre sexual aumenta la proporción de niñas. Los grupos armados prefieren a los niños indígenas. No habíamos detectado ese patrón con anterioridad porque son poco más del tres por ciento de la población y no aparecen en los datos de volumen. Pero si miramos la población indígena en el Guaviare o en el Sur nos daremos cuenta de que estamos viviendo uno de los mayores crímenes contra esta comunidad. Los prefieren porque registran altos índices de permanencia. En organizaciones legítimas se ha hablado del reclutamiento voluntario y eso es falso. Un niño puede sentir atracción por las armas y los uniformes pero si está en Suecia no va a la guerra. Van en Colombia porque el conflicto les rodea. Ingresan a las filas de grupos que conocen porque miembros de esos grupos han entrado en contacto 2 se los los les

con ellos en cuanto circulan por sus zonas de habitación y porque en las organizaciones cuentan con familiares y amigos. El método es un método de vinculación progresiva y sistemática. Llevan a cabo contactos eventuales, valoran potenciales combatientes y buscan los que están en más riesgo, los más vulnerables. Hay una gran relación entre el desplazamiento forzado y el reclutamiento de niños. Entre la población más vulnerable siempre habrá un mercado de niños en extrema situación de riesgo. El Estado no ha puesto en marcha los mecanismos para proteger a las personas desplazadas de este crimen. Me pregunto el efecto que tendrá la ola invernal y les aseguro es algo que no me deja dormir. Un porcentaje muy alto de los niños entrevistados, uno muy alto de niños indígenas, reportó haber hecho alguna labor directamente relacionada con actividades violentas antes de su vinculación formal. ¿Por qué habían ingresado? “Mi mamá me dijo mijo váyase con los muchachos [como se llama a los guerrilleros en algunas zonas de Colombia] porque con nosotros se va a morir de hambre”. Una proporción cercana al 70% dijo haber llevado a cabo actividades como ensamblaje e instalación de minas antipersona. Esto tiene elementos verdaderamente grotescos, la razón por la que usan niños para esto es muy sencilla: como las minas antipersona son artesanales y muy inestables los accidentes son múltiples y prefieren que muera un niño a que lo haga un combatiente profesional. También dijeron haber hecho transporte de alimentos y remesas y, en el caso de las niñas, se citó la servidumbre sexual. Muchos de esos niños pertenecen a una población extremadamente vulnerable desde el punto de vista económico. Familias multinuclerares, no solo compuestas por el madre y la madre sino por abuelos, tíos… Son familias extensas que son la mejor manera de llevar la economía de conjunto. Esos niños antes de ingresar al grupo armado habían migrado en promedio cuatro veces en su vida. Recordemos que comentamos que el promedio de ingreso eran los doce años. Forman parte de familias muy pobres que no tienen ahorros y que dependen de las microeconomías. Una vez que termina el trabajo temporal en la agricultura la familia se dispersa y vuelve otra vez a conformarse. Este fenómeno es muy importante en el desarrollo de estos crímenes porque el día que desaparecen estos niños nadie se da cuenta porque la última comunidad en la que residen no los reconoce como propios. Son comunidades fantasma que se mueven por todo el país. Nadie da la alarma. En parte por eso estamos hablando de un crimen invisible.

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Como decíamos, muchas veces por razones de supervivencia cambia la estructura medular de la familia. Muchos padres no reconocen un crimen en entregar a sus hijos, sobre todo cuando hay otro miembro de la familia en el grupo armado, sino como otra forma de supervivencia no solo económica sino para protegerse del daño del conflicto armado. El importante papel de la educación y las comunidades Se trata de un patrón que se va degradando y hay sistematicidad. Antes de la entrada en la violencia de estos niños los padres deciden sacarlos del colegio. No hay que dejar que los niños se desescolaricen porque al hacerlo ya tienen un pie en la ilegalidad. Es supremamente importante retenerlos. En medio de la supervivencia económica y la violencia intrafamiliar es necesario que los maestros retengan a los niños. Son familias sin seguridad alimentaria, a veces se acuestan sin tener qué dar a los hijos. Ésa es la realidad de estos niños. Al empuñar un arma ellos se ven víctimas de un proceso de opresión del que por fin ven una salida. Son seres humanos invisibles para las instituciones que no reconocen tener obligación con ellos, para las autoridades, las comunidades y sin embargo un día toman un arman y todos los ven. Por eso creen encontrar en un arma la única manera de hacerse visibles. Es un círculo perverso en el que estamos incluidos. Hoy el riesgo y la vulnerabilidad más alta se encuentran en ciudades como Medellín. En este sentido hay que llamar la atención de las comunidades. Como ciudadanos no podemos seguir excluyéndonos y renunciando a la política; pero no a la política electoral sino a la de los ciudadanos que como seres políticos asumen la veeduría y el control de lo que pasa en sus comunidades. ¿Qué sucede en los colegios de nuestros barrios? Todo tiene que ver con nosotros y la amenaza es gigante. Hoy buena parte de la guerra se está librando en los colegios y en eso, en la educación, vamos a tener que apersonarnos todos. En cosas así este parque [el Parque Explora de Medellín] tiene un papel fundamental, es uno de los diques más grandes contra el reclutamiento. No cesen… Estos niños desarrollan una cierta incapacidad de establecer relaciones sociales por lo que desconocen sus deberes y obligaciones con los demás. No forman parte de un circuito social que vigile su desarrollo y, como hemos indicado, algunos entran en la economía informal a causa del desempleo. Un comandante nos dijo que los niños tienen menos miedo, aprenden más rápido, son la primera línea de combate, se le miden a lo que sea, es fácil convencerlos y no cuestan nada, solo la comida.

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“Estábamos perdiendo gente y entonces vino esa hambruna por la caída del algodón e hicimos nuestros agosto. Todos esos muchachitos y la gente desempleada nos entregaban a los niños porque no sabían qué hacer con eso”. No sé si podemos seguir viviendo mucho tiempo por fuera de esa realidad. ¿Cómo pueden hablar de moralidad los partidos sin señalar a la corrupción? Hay que recordárselo a los partidos, los ciudadanos tienen que volver a la política porque su ejercicio se ha desnaturalizado notablemente. De los padres incluidos en el estudio, dos tercios trabajaban en el sector rural y ninguno de ellos lograba hacer ni el salario mínimo. Solo por los reportes y lo que podemos documentar la malnutrición era la regla. Muchos conocieron la alimentación más básica haciendo parte de un grupo armado que los alimentaba para que pudieran combatir porque siempre tenían sueño. “Yo andaba rezao a mí las balas no me pasan”. “Cuando iba a visitar a mi mamá las señoras hacían fila para que fuera a asustar a sus maridos cuando yo antes era un don nadie”. “De mi casa mataron a tres yo no podía dormir pensando en como vengarme de esos hijos de puta”. “Tendrás plata y viejas y todo lo que quieras”. El poder del narcotráfico Buena parte del combustible de este conflicto tan atroz procede del narcotráfico. Los partidos deberán asumir una posición valiente para hablar del futuro de esa guerra contra el tráfico de drogas. El 81% de los niños entrevistados reportó no haber superado la primaria y muchos de ellos, a pesar de pasarla, no habían conseguido aprender a leer y escribir. No se puede hablar de un atisbo de voluntad en un ser humano que ingresa a esa edad y en esas condiciones a un grupo armado. A todos esos elementos agréguenle uno más con un efecto demoledor: la violencia intrafamiliar que como fenómeno en las ciudades se reproduce exponencialmente. ¿Qué estamos haciendo desde la escuela para identificar ese fenómeno y reducirlo de una manera efectiva? Cuando les preguntamos a esos niños que si creían que hubieran encontrado oportunidades fuera de la violencia el cien por cien decía no tener ninguna posibilidad de acceder a la tierra, a estudios ni a

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ningún negocio de futuro. La pobreza y la miseria en el campo se multiplican de manera exponencial. Todas las niñas reportaron haber tenido relaciones sexuales en el marco de su colaboración. Se vulneraban todos sus derechos sexuales y reproductivos. Debían dejarse “montar” por los comandantes con el único objetivo de sobrevivir o tener algún tipo de prebenda en el grupo armado. La esterilización es forzada, el aborto obligatorio y en las peores condiciones y el castigo sexual es común. La violación se toma como una manera de fortalecer el carácter, especialmente de las niñas. “Quedé en embarazo y me lo sacaron a patadas”. Crece el reclutamiento en las ciudades y en los municipios más vulnerables. Se identifican de alto riesgo 300 de 1.110. Deshaciendo ciudadanos, la instrucción: La instrucción ocurre en varias fases: “En el entrenamientos unos hacían de guerrilla y otros de AUC [Autodefensas Unidas de Colombia] y nos echábamos bala de verdad” [declaración de un niño]. Se incluye el endurecimiento emocional que no es otra cosa que un crimen contra la humanidad. Decían que era necesario para soportar la realidad de la guerra, les enseñaban a cargar pedazos de cuerpos para perderles cualquier respeto tanto a la vida como a los cuerpos de otros seres humanos, a asesinar a cualquiera y por cualquier razón o sin razón para romper su frágil estructura moral. Es un proceso de contraestructura moral. En realidad es un trauma y el impacto es muy profundo. Imagínense lo que como sociedad nos viene encima para acoger a esos seres humanos. Este proceso genera enormes inconvenientes en el proceso de reintegración futura de estos niños a la vida civil. Sin embargo, los reclutadores son personas demasiado normales; no hay patologías particulares. El hecho de que sean tan comunes hace que las comunidades no reconozcan en ellos personas de riesgo; son líderes, saben escuchar, son generosos. La gente no ve en ellos un riesgo sino un foco de atención interesante. Los estudios sobre los torturadores latinoamericanos y los médicos nazis han concluido que estos perpetradores son personas normales y comunes. El examen de estos crímenes atroces ha concluido que la explicación de estos hechos no tiene una explicación relacionada con las características individuales de estas personas y la generalización sería muy dudosa. 6

Es más útil concluir que el reclutamiento no obedece a una patología sino a una estrategia óptima para el desarrollo del conflicto y la violencia. Los niños son más fáciles de manipular, de enseñar y de tomar las primeras líneas por lo que la lógica es casi económica. Hasta hoy, tanto el ICBF [Instituto Colombiano de Bienestar Familiar], como otras organizaciones decían que el quince por ciento de la población armada está formada por niños. Podemos refutar esa declaración, los niños no son una población estática. Las cifras oficiales parten de las cifras de desmovilizados. Un quince por ciento se desmoviliza siendo aún niños. Si acudimos a la base de datos de 14.000 desmovilizados y cotejamos la fecha de ingreso al grupo con la fecha de salida y la edad, con una certeza superior al 99 % podemos afirmar que hoy el 52,1% de las FARC está compuesta por niños. Aproximadamente el 36% de los desmovilizados de las autodefensas eran niños pero los datos no se pueden saber con certeza porque antes de las negociaciones de paz se deshicieron de muchos de ellos. Por otro lado en el ELN los menores son un 54%. Sobre los niños recae una presión mucho más fuerte que sobre el resto de la sociedad y emanciparse de un grupo armado es muy difícil porque es considerado traición y se suele pagar con la pena de muerte. Solo hay que revisar el último video que grabó Jorge Briceño (El Mono Jojoy). En una de sus últimas escenas grabadas dice: “si esto está lleno de niños”. Si uno repasa toma a toma se da cuenta de que esto es así. A los entrevistados esto les parece natural. Muchos de ellos creen que han salvado la vida de los niños, si los hubieran dejado en sus comunidades hubieran muerto de hambre o por la guerra. Esto no ocurre de manera voluntaria pero hay una modalidad que utilizan las bandas criminales cada vez más en las ciudades: la cuota a las familias para definir la afinidad hacia uno u otro bando. Es una práctica que se mueve entre la seducción, la violencia y la combinación de ambos. Es imposible detectar la influencia por la seducción o la coerción. Conclusiones: Quiero usar esta presentación como una denuncia y no como la historia de algo que pasó porque esto sucede hoy en Medellín, en Bogotá, en el Norte, en el Pacífico… Pasa hoy en nuestra casa y depende de nosotros detener, denunciar y hacer todo lo que podamos.

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Existe un marco de violencia que está en curso y que aún no se ha resuelto. Cruzarse de brazos es un error no una posición política ni la defensa de un legado. No está relacionado con ser o no uribista; desconocer esa realidad nos hace más vulnerables a nosotros y a los que están en altísimo riesgo. El alto impacto de la violencia en las regiones donde habitan esos niños se convierte en una estrategia de supervivencia o de vida. El reclutamiento persiste y crece porque siendo invisible no existe una red institucional esforzada en proteger a los niños de manera sistemática y organizada. Muchas creen que consiste en ir y ver, pero no estamos en Dinamarca. Los niños son mano de obra básica y un grupo indispensable para el desarrollo estratégico de los grupos armados. No pueden ser interrogados por la justicia y por esos son perfectos para ellos. Es algo progresivo y sistemático, ocurre ante nosotros y es nuestra obligación cambiar esa situación. Preguntas del público: Público: ¿Qué es una posición valiente de los partidos? ¿Política social o aumentar penas para los victimarios y los menores que están en el conflicto? Natalia: No debería decir tanto lo que pienso porque siempre me meto en problemas. Pero han formulado las preguntas que son. “Es que como la violencia es tan grande no podemos hacer nada, incluidos los partidos”. Los riesgos están para todos pero ésa es la primera decisión política que deberían adoptar todos los ciudadanos. Estaba fuera del país y en un noticiero la Fiscalía me dice que un sicario viene a asesinarme y tienen que llevarme. Me llevaron a una zona militar durante dos días para protegerme. ¿Cuál es la elección mía como ciudadano cuando veo que la violencia me somete? ¿Qué es lo que está pasando con las comunidades? ¿Qué sucede con la educación? ¿Dónde están los partidos? En mi caso nací libre y me pienso morir así y mucho más siendo mujer. No me debo esconder yo, son los ampones [delincuentes] los que deberían hacerlo. ¿Cómo es posible? Tienen las armas pero, ¿cómo es posible que nos hayamos dejado someter? ¿Cómo es posible que los maestros hayan olvidado que lo son en medio de la violencia? ¿Cómo podemos ser comunidad sin tener en cuenta que estamos en medio de la violencia? Los partidos están fuera del país, la academia está fuera del país generando formas de hacerse más sabio y presumir ante los demás. ¿Hicimos un doctorado para que nos llamaran doctores o estudiamos para servir a los demás?

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No es un problema de policía ni de ejército. Tenemos fuerzas armadas sólidas que funcionan. Lo que no funciona es la ciudadanía, matada de susto, con miedo de hablar. La gente está muerta de susto, arrodillada. Yo de morirme me muero de pie pero no me voy a morir de miedo y llamaré al mal por su nombre porque ni la corrupción ni la violencia pasan de espaldas y sin embargo nos quedamos callados. Necesitamos una revolución pero de las pequeñas cosas, de la actitud de sentar las fronteras éticas. La educación es una apuesta revolucionaria. Los que enseñan son revolucionarios y harán la diferencia entre la persistencia de la violencia, que la hereden nuestros hijos o detener este círculo aquí y decidir que pasará por encima de nuestro cadáver. Público: Es muy difícil cuando estamos en las montañas del Cauca y vienen unos señores con AK 47 y dicen que necesitan pollos. Yo fui misionero y nos vamos para el Chocó y es difícil y temeroso entrar en esas zonas porque crean personas sin una conciencia moral. Natalia Springer: Es difícil pero sí que se puede. Asistente: Vamos a un congreso de justicia y paz en Bogotá y cuando Petro [exlíder del Polo Democrático, partido de la izquierda colombiana] fue a hablar acerca del hermano de Uribe un grupo lo sacó del hotel Bacatá y todos nos quedamos callados. La situación en Colombia es muy confusa. Natalia Springer: Se trata de algo mucho más profundo que el legado de una persona u otra. ¿Cómo en este país tan católico el hambre que persiste se considera algo natural? De nuevo los dejo indignados, pensando en las preguntas y la construcción de las soluciones que son siempre muy locales.

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