Está en la página 1de 3

Eduardo Mendoza. El asombroso viaje de Pomponio Flato. Leer Juntos Sariñena. 16 febrero 2011.

VIDA Y OBRA.

Eduardo Mendoza nació el 11 de enero de 1943 en Barcelona. Es hijo del fiscal Eduardo Mendoza
Arias-Carvajal y de Cristina Garriga Alemany. Estudió un año en una escuela de las monjas de
Nuestra Señora de Loreto, otro en una de las Mercedarias y, finalmente, a partir de 1950, en el
colegio de los Hermanos Maristas. Se licenció en Derecho en 1965 tras lo cual partió de viaje por
Europa y al año siguiente consiguió una beca en Londres. A su regreso en 1967 ejerció la abogacía
pero la abandonó en 1973 para irse a Nueva York como traductor de la ONU. Regresó a Barcelona
en 1983. Allí trabajó como profesor en la Facultad de Traducción e Interpretación en la Universidad
Pompeu Fabra entre 1995 y 1999. En la actualidad compagina la faceta de escritor con la de traductor
simultáneo para organismos internacionales.

En el año 1975 aparece su primera novela editada por la editorial Seix Barral, La verdad sobre el
caso Savolta, que fue galardonada con el Premio de la Crítica y marcó un antes y un después en la
narrativa española de posguerra. En ella retrata a la Barcelona de principios de siglo. Siguieron El
misterio de la cripta embrujada (1978) -adaptada para el cine en 1981 como La cripta por Cayetano
del Real- y El laberinto de las aceitunas (1982), de carácter humorístico.

Ya de regreso a Barcelona, escribe La ciudad de los prodigios (1986, versión cinematográfica de


Mario Camus del 1999), una crónica de la evolución social y urbana que sufrió la ciudad condal
desde la dos exposiciones universales e 1888 y 1929 y La isla inaudita (1989), ambientada en
Venecia.

Dentro de una tendencia más humorística y paródica, destaca Sin noticias de Gurb (1991) que
apareció primero como folletín en el diario El País. Otras novelas suyas son El año del diluvio
(1992), llevada al cine por Jaime Chávarri en 2004, y Una comedia ligera (1996). También ha
publicado un libro sobre Nueva York (1988) y en colaboración con su hermana Cristina ha escrito la
obra Barcelona modernista (Planeta, 1989). Es autor de la obra teatral en catalán Restauració (Seix
Barral, 1990), que él mismo tradujo al castellano (Restauración, Seix Barral, 1991). La aventura del
tocador de señoras (Seix Barral, 2001) retoma las enloquecidas aventuras del innombrado
protagonista de El misterio de la cripta embrujada y El laberinto de las aceitunas, convertido esta
vez en peluquero ocasional, buscavidas incondicional y víctima de un engaño que le obliga a
investigar un asesinato para salvar su propio pellejo.

El 15 de octubre de 2010 ganó el premio de Novela de la editorial Planeta con su novela Rima de
gatos, Madrid 1936, novela ambientada en Madrid, en los prolegómenos de la Guerra Civil.
Eduardo Mendoza. El asombroso viaje de Pomponio Flato. Leer Juntos Sariñena. 16 febrero 2011.

El asombroso viaje de Ponpenio Flato


RESEÑA CRÍTICA.

.http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/22808/El_asombroso_viaje_de_Pomponio_Flato

Ricardo SENABRE | Publicado el 03/04/2008

Eduardo Mendoza se ha trasladado en esta ocasión al siglo I para situar en él una historia compuesta
sin más propósito que el del puro entretenimiento. Un viajero romano, Pomponio Flato -irónico
nombre si se tienen en cuenta los permanentes desarreglos intestinales del personaje-, deambula en
busca de un supuesto arroyo cuyas aguas proporcionan la sabiduría a quien las toma. En su obstinada
peregrinación va a parar a Nazaret, un pueblo sometido a la jurisdicción romana en el que un
carpintero judío llamado José está a punto de ser crucificado tras haber sido declarado culpable de
asesinato. Un niño llamado Jesús, hijo del carpintero, convence a Pomponio Flato para que emprenda
una investigación encaminada a descubrir la verdad de los hechos y la identidad del auténtico
homicida. Este planteamiento, esbozado vertiginosamente en unas pocas páginas, es el de una
tradicional novela de misterio cuyo “detective” tampoco ofrecería demasiadas novedades, puesto que
ya existen autores del género de intriga que sitúan sus acciones en el antiguo Egipto, en la Grecia de
Aristóteles -al que convierten en brillante investigador de crímenes- o en la Roma clásica.

Lo que singulariza la novela de Mendoza es su acusado carácter de juego paródico, poco sutil
ciertamente, que comienza por los nombres -Pomponio Flato, Apio Pulcro o el fornido legionario
llamado Quadrato- y se extiende a multitud de alusiones diversas. Así, el atlético joven llamado Judá
Ben-Hur tiene como “única afición” las carreras de cuadrigas (pág. 172), y Mateo, desengañado por
sus desgracias, decide retirarse de la civilización “a esperar la llegada del Mesías, al que seguiría y a
cuyo servicio pondría los conocimientos adquiridos en Grecia, escribiendo puntualmente su vida,
enseñanzas y milagros” (pág. 170). Análogo carácter paródico tiene la configuración de los capítulos
como una serie de epístolas dirigidas a “Fabio”, el carácter marcadamente oral del relato -con su
coexistencia de pasado narrativo y de presente- o el uso reiterado de caracterizaciones y fórmulas
reconocibles, procedentes de la literatura y la mitología clásicas, como el comienzo del capítulo III,
que evoca el celebérrimo de la Guerra de las Galias, o acuñaciones del tipo “la Aurora temprana de
rosados dedos”, “el sol, que asomaba su dorada cabellera por el horizonte”, “cuando la Aurora
extienda su rosado manto”, “antes de que la Aurora se alzara del lecho de Titonio” y otras similares.

La agilidad narrativa y el gracejo verbal de Eduardo Mendoza son virtudes bien conocidas, y también
su afición a la parodia y al jugueteo con la intriga. No es, por tanto, algo que haya que descubrir
ahora. Pero en la docena de narraciones de distinta enjundia que constituyen la obra del autor existen
títulos más acabados que éste. Naturalmente, un escritor tiene derecho a escribir lo que le venga en
gana, y también a tomarse su tarea como un juego y hacer partícipes a los lectores de esta actitud
lúdica frente a la literatura. Sobre todo cuando ya cuenta con una ejecutoria que muchos autores
envidiarían. Pero se echa de menos en El asombroso viaje de Pomponio Flato una mayor ambición,
un esfuerzo para lograr algo más que un divertimiento intrascendente sin renunciar por ello a contar
una historia divertida que hasta incluye oportunamente ribetes críticos y guiños a la actualidad, como
Eduardo Mendoza. El asombroso viaje de Pomponio Flato. Leer Juntos Sariñena. 16 febrero 2011.

en lo relativo al turbio negocio inmobiliario que tienta al tribuno Apio Claudio. Es ésta una
construcción demasiado facilona -para Mendoza, claro está-, de ésas que parecen escritas para pasar
el rato, sin el menor afán de profundizar, de utilizar la parodia como un trampolín para saltar hasta el
humor. Citar aquí el Quijote o Tristram Shandy como ejemplos de esta proeza parece inapropiado,
porque Mendoza no es Cervantes ni Sterne. Pero es Eduardo Mendoza -valga la perogrullada-, el
autor de La verdad sobre el caso Savolta o La ciudad de los prodigios, y siempre cabe esperar
mucho más de él.

Ideas centrales

• El viaje en pos de una quimera.


• El influjo de la religión en la sociedad.
• La corrupción de los poderosos.
• La lectura humorística y satírica de la materia histórica y bíblica.

Temas y valores

• Justicia
• Voluntad
• Cultura