Está en la página 1de 9

ACTAS DE LAS JORNADAS DE HISTORIA DE LAS VEGAS ALTAS:

LA BATALLA DE MEDELLÍN
Medellín - Don Benito, Sociedad Extremeña de Historia - Excmos. Ayuntamientos de
Medellín y Don Benito, 2009.

DIARIO DE UN SOLDADO ESPAÑOL EN LA GUERRA DE LA


INDEPENDENCIA

THE DIARY OF JOSÉ COLUNGA ALEJOS

Javier Guajardo-Fajardo Colunga


Profesor de Enseñanza Secundaria
IES Santiago Apóstol. Almendralejo (Badajoz)
jguajardo3@gmail.com

RESUMEN: Presentamos el diario de un soldado andaluz en la Guerra de la


Independencia. Por una parte se ofrece un testimonio de primera mano de la vida
cotidiana en el frente: el miedo al enemigo, el calor y la falta de agua en la batalla
de Bailén, o la decepción cuando los franceses tomaron la plaza de Lérida. En
segundo lugar, describe situaciones y encuentros que iluminan algunos episodios
de interés para los historiadores. Después de una breve presentación de lo recogido
en el diario, exponemos lo que consideramos más relevante en esas dos vertientes.

Palabras clave: Guerra de la Independencia, soldado andaluz.

ABSTRACT: We show the diary of an Andalusian soldier of de Independence


War. On the one hand we offer a first hand testimony of common life at the front
line fear of enemy, hot and water shortage in the Battle of Bailén or the deception
when the French assaulted Lérida Square. But, on the other hand, it describes
situations and events which illuminated episodes of interest for historians. After a
brief presentation of what has been recorded in the diary, we will show the most
outstanding aspects in the two sides.

Key words: Independence War, andalusian soldier.

1
2
DIARIO DE JOSÉ COLUNGA ALEJOS

La Guerra de la Independencia ya ha sido exhaustivamente estudiada por


especialistas bajo muchas perspectivas. Tanto desde el punto de vista político como
desde el sociológico o el militar, en los últimos años se han publicado numerosos y muy
buenos estudios.1 Pero para la mirada de un simple aficionado hay algunos temas que,
por razones que se nos escapan, quizás no han tenido un tratamiento demasiado atento.
Uno de ellos es la vida cotidiana de la tropa española vista por sus protagonistas. El
profesor Sánchez Mantero de la Universidad de Sevilla apunta que esta laguna quizás se
deba a que son escasos los testimonios que se conservan. En efecto, existen abundantes
diarios de soldados extranjeros, y también es posible encontrar el testimonio de
personas relevantes, pero sobre los pormenores de la vida cotidiana de los soldados
españoles no parece que haya mucha documentación. En estas líneas nos proponemos
presentar un documento que si algún interés puede tener es el de contener la narración
de experiencias que habitualmente quedan fuera de los grandes tratados.

El protagonista del diario es José María Colunga Alejos. Nació en el Puerto de


Santa María el 13 de diciembre de 1791, pero pronto su familia se trasladó a Cádiz,
donde vivió hasta los trece años. Con esta edad, su hermano, que entonces servía como
sargento en el Regimiento de Infantería Nº 9 en La Línea de la Concepción, le convence
para que se entre en el ejército a espaldas de sus padres. Aunque José se decidió desde
un primer momento, no lo consiguió hasta que cumplió catorce años. Entonces es
destinado junto a su hermano, al Castillo de Sohail en Fuengirola. Esta plaza era, desde
la ocupación inglesa de Gibraltar, un centro importante para el control del contrabando.
Así lo atestigua nuestro protagonista al apuntar que era aquél un destacamento de
bastante trabajo por la persecución que hacíamos todas las noches a los
contrabandistas para impedir los desembarcos llegando el caso de batirnos con ellos y
que nos dejaran algunas cargas.2

En junio de 1805 podría haber ascendido a cabo segundo, pero renuncia a ello
por no ir a Melilla y que se queda como primero. No deja de ser curiosa esta reticencia
dado el carácter aventurero del autor, pero no ha de extrañarnos si tenemos en cuenta
que aceptar el ascenso hubiera significado separarse de su hermano, que en estos
primeros momentos aparece como su protector dentro del regimiento. En calidad de tal
es destinado a Granada junto a 300 hombres de su regimiento para reforzar la guardia
del Capitán General, y allí permanece hasta agosto de 1807, cuando recibe la orden de
volver a Málaga con su regimiento. Estando allí varios soldados caen enfermo de
1
Algunos estudios recientes son: FUGIER, A. La Guerra de las naranjas: Luciano Bonaparte en
Badajoz, Diputación Provincial de Badajoz, 2007; SAÑUDO BAYÓN, J. J. La Albuera 1811. ¡Glorioso
Campo de Sufrimiento, Almena Ediciones, 2007; PAWLY, R. Napoleo’s Scouts of tha Imperial Guard,
Osprey Military; ESDAILE, Ch. España contra Napoleón. Guerrillas, bandoleros y el mito del pueblo en
armas, EDHAS, 2007; CUENCA TORIBIO, J. M. La Guerra de la Independencia un conflicto decisivo,
Ed. Encuentro, 2006.
2
Diario de José Colunga Alejos. Archivo particular de Dª Teresa Colunga Lasarte (A.P.T.C.), p. 5.

3
hidropesía, entre otros su hermano, y pide conducirlos hasta Lanjarón con la esperanza
de que el tratamiento con aguas termales los curara. No fue así; es más, su hermano ni
siquiera llegó hasta allí, pues no pudiendo ya caminar fue ingresado en el Hospital de
Vélez Málaga, donde murió. Con este motivo, y por haber recibido noticias de la muerte
de su padre poco antes, pide licencia y vuelve a Cádiz.

El 8 de marzo de 1808 se incorpora de nuevo a su regimiento, que se hallaba


entonces en Algeciras. Con enorme laconismo describe la noticia que allí recibe y que
será determinante para el curso de su vida: En la ciudad de Algesiras estaba mi
Regimiento cuando la entrada de los franceses en España. Proclamación del Sr.
Fernando Septimo. Salida de los reyes para Bayona, rebolución de Madrid y formación
de la Junta Central, el cual recibió la orden de marchar para Utrera para formar parte
del Ejcto de Andalusia alas ordenes del Excmo Señor Don Fco Javier Castaños y
empezó su marcha el 11 de junio de 1808.3 A Utrera llegan el día 23 y allí se reúne,
según el testimonio del autor, un ejército de veinte y cinco mil hombres. Permanecen en
esta población hasta el día 2 de julio. Seis días después se hallan en Porcuna, donde se
concentró todo el ejército que había de hacer frente a los franceses. Un dato curioso es
que nuestro autor anota en cada movimiento las poblaciones por las que pasan, el
número de leguas que caminan, el trazo del terreno y el tiempo atmosférico. Pues bien,
camino de Porcuna el regimiento recorrió diariamente entre cinco y seis leguas (es
decir, aproximadamente treinta kilómetros) por caminos todos con mal trazo, y bajo un
calor asfixiante. Esto nos da una idea de la precipitación con la que, según los
historiadores, se preparó aquél ejército.

Una vez en Porcuna, el General Castaños organizó las fuerzas. Él se dirigió


hacia Andujar, donde se hallaba Dupont al mando de las tropas francesa, Reding
emprendió la marcha hacia Mengíbar, y Coupigny hacia Villanueva de la Reina. El
regimiento de José Colunga estaba bajo el mando de Reding, y en su diario nos da
noticias de un primer enfrentamiento con los franceses antes de llegar a Mengíbar. En
él, gracias a la estrategia del Reding, el enemigo fue repelido y se hicieron prisioneros,
además de apoderarse de numerosas armas y caballos de los franceses. No obstante, este
enfrentamiento hizo a los soldados tomar conciencia de que se hallaban ante un peligro
inminente. Tanto es así que se extremaron las precauciones para el resto de la marcha,
hasta el punto de que fumar durante la noche se castigó con pena de la propia vida. Tras
este pequeño bautismo tuvo lugar primera gran experiencia: la Batalla de Bailén.
Veremos de forma paralela la versión oficial y la que él nos ofrece.

Las tropas llegaron al Mengíbar al amanecer del 15 de julio, y allí descansaron


durante todo el día. Según las fuentes históricas la ofensiva de Castaños motivó que
Dupont llamara a Andujar a una de las brigadas de Bailén, pero el general Vedel acudió
no con lo solicitado sino con toda la división, dejando únicamente mil trescientos
hombres para defender Bailén y el camino de Mengíbar. Reding, sabedor de la
situación, rodeó a los franceses haciendo pasar el río a parte de su gente aprovechando
el vado de Rincón. Se inicia entonces un ataque de las tropas españolas, que obligan a
los franceses a retirarse esperando que llegaran los refuerzos del general Gobert. Los
españoles vuelven a atacar y en la refriega muere el general Gobert, tomando el mando
de las tropas francesas el general Dufour. Finalmente, los franceses, vencidos, se retiran
al Cerro de la Harina y Reading decide volver a Mengibar a espera de las tropas de
Coupigny. Este combate, que es el prolegómeno de la Batalla de Bailén, es descrito con
3
A. P. T. C., pp. 9-10.

4
cierto detalle por nuestro protagonista, aunque con un sorprendente baile de cifras.
Narra que estando en Mengibar les informaron que el enemigo se hallaba acampado en
el lado opuesto del río “en número de diez mil hombres”, lo cual es a todas luces
exagerado. En cualquier caso, el dibujo que presenta del ataque a las tropas francesas y
de cómo se les pudo perseguir pero no se hizo por prudencia es bastante exacto. En su
relato aparecen, además, detalles que, como decíamos, son los que dotan al diario de
interés. Por ejemplo, cuenta que a pesar de la alegría por la momentánea victoria el
regreso a Mengíbar fue horrible: la tropa estaba exhausta por el calor, apenas tenían
agua, y para colmo la quema de los trigos que estaban para legar creaba una atmósfera
asfixiante. De hecho, muchos de los heridos sufrieron serias quemaduras al atravesar los
campos.

Bailén quedó algo desantendido al dirigirse las tropas vencidas en Mengibar


hacia Guarromán, pensando que el ejército de Valdecañas se disponía a ocupar los pasos
de la Sierra. Esto fue aprovechado por Reding y Cuopigny para ocupar Bailén. Dupont
se dirige entonces hacia esta plaza y se entabla la batalla que tanto determinó el curso de
la guerra. Según la versión de nuestro protagonista, los franceses lograron romper la
primera y segunda línea, pero no pudieron con la tercera. Lacónicamente describe la
lucha como muy sangrienta.

A pesar de la capitulación de Dupont, de quien Napoléon dio que “nunca ha


habido nadie tan inepto, tan estúpido y tan cobarde”,4 el general Vadel, que no era
consciente de la situación, atacó a las tropas españolas que encontró en su camino desde
La Carolina hacia Bailén. A pesar que fue advertido por los españoles de que Dupont se
había rendido, Vedel sólo concedió quince minutos a su ayudante para confirmar la
noticia, evidentemente tiempo insuficiente, con lo cual ordenó el ataque. En el combate,
que duró escasamente media hora, venció a las tropas que se hallaban en el Cerro del
Ahorcado, pero no a las que estaban en el Cerro de San Cristóbal. A las seis de la tarde
un ayudante de Dupont le ordenó suspender las acciones.5

José Colunga era uno de los se encontraba en el Cerro del Ahorcado, y este es
uno de los pocos episodios en los que la versión que nos ofrece es completamente
distinta a la de los historiadores. Según nuestro autor, no es que los franceses de Vadel
sorprendieran a su ya confiado batallón o que no creyeran que aquel movimiento fuera
un ataque, como sostienen todas las fuentes oficiales, sino que deliberadamente no se
defendieron porque así lo había ordenado Reding: Cerca de la noche fue hecho
prisionero mi Rgimto con otros, en una altura que está camino de la Carolina, por la
división q. venia de dicha población á reforzar al General Dupon, mas como estaba el
fuego suspenso de resulta de la Capitulación que estaban haciendo el General en Gefe,
no se le hizo fuego ni resistencia alguna por orden de Redig y nos hisieron rendir las
armas pero álas 24 horas nos entregaron al Ejcto. Y volbimos a Baylen y los franceses
se fueron para la Carolina pero vobieron el 21 y se rindieron prisionero.6 En efecto,
Vadel pretendió, por insinuación de Dupont, escapar de la zona, pero los españoles
amenazaron a este último con pasar a cuchillo a todo el ejército si esto ocurría, ante lo
cual no tuvo más remedio que ceder. En cualquier caso, lo interesante es que el autor del
diario, poco dado a alardear de heroísmo, sostiene que la derrota fue simplemente por
4
MARTÍNEZ DE VELASCO, A. Historia de España. Tomo 8. La España de Fernando VII, Madrid,
1999, p. 65.
5
Cfr. http://www.ingenierosdelrey.com/guerras/1808_independencia/batallas/1808_07_19_bailen.htm
(2009).
6
A. P. T. C., p. 12.

5
motivos de disciplina. Los especialistas podrán justificar esta contradicción, si es que
realmente existe; nosotros simplemente la presentamos.

Tras la Batalla de Bailén se formó el Regimiento de Infantería Santa Fe, al que


se incorporó nuestro protagonista, que fue ascendido a sargento segundo. Desde
Andalucía emprendieron una marcha hacia Cataluña. En la descripción que hace de ella
se deja ver con especial claridad que la guerra no era exclusivamente un conflicto
político o militar, sino que la población civil se implicó como una fuerza más. Así,
cuenta que: En todas partes nos recibían con vibas, musicas, campanas y arcos
triunfales, llegando el caso, en algunos pueblos, de no ser necesario hacer alojamiento,
pues los vecinos venian ála plaza donde formabamos para llevarnos, á pofia, alojados
ásu casa dandonos la manutención.7 Una vez en Cataluña se formó la división que, bajo
el mando del General Castro, puso su cuartel general en Igualada. Allí vivió numerosos
enfrentamientos con los franceses y fue ascendido a sargento primero. El 19 de
diciembre su regimiento es destinado a Lérida, a donde llegaron el 24 del mismo mes. A
partir de este momento se inician una serie de acontecimientos que convierten la vida
del protagonista en una trama novelesca.

La toma de Lérida por parte de los franceses es un episodio que dejó una
profunda huella en el ánimo de los españoles. Las defensas de la ciudad consistían en
una muralla flanqueada por baluartes y torreones, un castillo construido sobre una roca
a 62 metros sobre el nivel del río, y el fuerte de Gardeny. El general Suchet fue el
encargado de organizar el sitio y posterior ataque. Después de rodear la ciudad evitando
cualquier posibilidad de contacto con el exterior acometió su toma abriendo una brecha
entre los baluartes del Carmen y de la Magdalena. Tanto el ejército como la población
se refugiaron en el castillo, que en la madrugada del 13 al 14 de mayo fue
bombardeado, obligando al gobernador a rendir la plaza.8

La versión que ofrece nuestro protagonista no difiere de la oficial, pero sí aporta


datos que ayudan a un mejor entendimiento de la acción. Habiendo sido elevado al
grado de subteniente, narra que participó prácticamente en todas las salidas que se
hicieron para dificultar el trabajo de lo sitiadores y describe las dificultades que en ello
encontraron debido a la enorme potencia de la fuerza enemiga. Según cuenta, tuvieron
que enfrentarse a baterías que prácticamente estaban a distancia de tiro de pistola. En el
ataque los sitiadores tiraron más de 2000 bombas, 1900 granadas y sien mil balas raza,
habriendo brecha por la parte de mas endeble que fue la Bateria del Carmen.9 Además,
explica que los franceses optaron por penetrar por esta zona porque en ella la muralla
era de tierra, lo que evidentemente facilitaba su incursión. Aun así, justifica el avance
francés por la apatía del ejército suizo, que era el encargado de defender la zona.
Después de estar dos días prisionero en el castillo con la mayor retriccion fue
conducido a Francia. Es entonces cuando comienza la narración de hechos
particularmente curiosos.

Antes de ir a Francia es conducido junto con los demás prisioneros a Zaragoza.


Camino da la capital aragonesa les hacen contemplar el fusilamiento de un oficial
español que había intentado huir, y para evitar que el hecho volviera a ocurrir los
franceses idean una estrategia maquiavélica: obligan a los prisioneros a firmar un papel

7
A. P. T. C., p. 14.
8
Cfr. http://www.1808-1814.org/efem/mayo.html. (2009).
9
A. P. T. C., pp. 19-20.

6
en el que se indica quién será ejecutado en caso de que él huya. Lo describe de este
modo: No mandaron hacer y firmar, papelezas pª. responder unos de otros de otros, és
decir, en faltando uno de los que firmaban afusilaban áellos y aunque esto no se
verifico sin embargo nos tenían aterrados y con más razón cuando oiamos tiros a
nuestras espaldas que les tiraban álos que no podian seguir la marcha q. quedaban
muertos en el acto.10 Precisa el autor que estaban bajo la vigilancia de un regimiento
polaco que los trató “con la mayor inhumanidad. Una vez en Zaragoza fueron
encerrados en un castillo donde eran cuidados por unas monjas y, cosa curiosa, por
caballeros de la ciudad a los que permitían llevarles comidas y ropa. Se les ofreció la
oportunidad de recuperar la libertad si reconocían a José Napoleón como Rey de
España, pero sólo cuatro lo hicieron. Este hecho explicita algo que el autor trata de
transmitir a lo largo de todo el diario: en la guerra que nos ocupa la mayoría de los
soldados luchaban completamente persuadidos de que sus esfuerzos tenían una razón.
Es conveniente resaltar esto porque en los últimos años se ha querido ver en las
celebraciones del aniversario una exaltación encubierta del nacionalismo español
disfrazando de patriotismo lo que sólo es una contienda irracional. No era esta la
conciencia con la que lo vivieron los protagonistas; para ellos se trataba de una lucha
justa frente a un ejército invasor.

El 25 mayo de 1810 partieron hacia Francia escoltados esta vez por franceses,
los cuales les dieron un trato más humano, hasta el punto de que los dejaban alojarse en
las poblaciones dando ellos su palabra de honor de no escaparse. No obstante, en
Tafalla se dieron a la fuga treinta prisioneros ayudados por un espía de Mina, lo que
provocó un recorte de las libertades que les habían concedido. Estando en Bayona se les
volvió a ofrecer la posibilidad de recuperar la libertad si reconocían a José Napoleón,
pero en esta ocasión nadie lo hizo. Llegaron hasta Autun, que era su destino. Se
encontraba allí una importante colonia de prisioneros españoles, pues aparece en el
diario que sólo oficiales había mil. Permaneció en esta ciudad dos años en un régimen
de casi libertad. En efecto, cuenta el protagonista que recibían un sueldo (100 pesetas al
mes los coroneles, 75 los tenientes coroneles, 50 los capitanes, 35 los tenientes y 29 los
subtenientes) que empleaban en organizar actividades que hicieran más agradable el
cautiverio; de entre ellas la más solicitada era la representación de comedias. Además,
la población debió de aceptar su presencia sin recelo, prueba de ello es que una Señora
bieja y rica hacia mucho bien por los Españoles y pagaba en el Ynbierno todas las
estufas que eran necesarias en el cuartel, y la leña q ue se consumia en el; hacia mucho
frio de muerte (…) por nuestra desgrasia fallecio y remuneramos este servicio
haciendole unos funerales q. se adquirio álos franceses.11

Según nuestro autor la población española llegó a adquirir tal dimensión que las
autoridades francesas decidieron dividirla. A los oficiales los enviaron a “Bon” y a los
suboficiales a Bon-sur-Ornain (con la caligrafía del autor estas poblaciones resultan
imposibles de identificar, pero en cualquier caso de la segunda sabemos que se trata de
un pueblo situado a seis leguas de Saint Dizier, es decir, a unos treinta kilómetros
aproximadamente). Allí llegó José Colunga el 27 de mayo de 1812. La población,
aunque en principio mostró cierto recelo por la fama de poco civilizados que tenían los
españoles, pronto los acogieron sin problemas: Como nada teníamos que hacer, al
instante se trató de hacer comedias, y se formaron dos compañías que al instante
principiaron á trabajar, en lo que estabamos dibertidos y adquirimos partido, pues
10
A. P. T. C., p. 21.
11
A. P. T. C., p. 23.

7
tácitamente eramos dueños de la Población particularmente de las damas, que muchos
se hisieron maridos y luego las dejaron al salir de la ciudad. Ignoro si habrán buelto
por ellas.12

Tanto este fragmento como los anteriores nos sitúan ante un hecho que no
puede dejar de sorprender: la inmensa capacidad del ser humano para encontrar resortes
que doten de sentido las circunstancias adversas. Nuestro autor insiste en la diversión
que le proporcionaban las comedias; otros se refugiaban en las relaciones con las
francesas. En cualquier caso todos intentaban hallar motivos que ahuyentaran el
absurdo, que es la mayor amenaza en la vida de los prisioneros. Aunque no es el
momento de hacerlo, sería interesante realizar una lectura del diario en la clave que
Viktor E. Frankl suministra en su clásica obra El hombre en busca de sentido.13 La
descripción que encontramos en nuestro documento posee muchos paralelos con la del
psiquiatra vienés, salvando claro está la distancia que existe entre un campo de
concentración nazi y las condiciones de los prisioneros españoles en la Francia
decimonónica. A pesar de que esa distancia no se puede olvidar hay algo común en
ambos casos: los prisioneros perciben, quizás de un modo inconsciente, la necesidad de
afrontar el momento presente contando con la posibilidad de un futuro. Y no hablamos
de un futuro lejano, de la esperanza de volver a su tierra, de recuperar a la familia, sino
de algo mucho más simple: la necesidad de tener preocupaciones que orienten la
existencia aunque sean tan nimias como preparar una comedia. Sólo con pequeños
detalles como este se puede mantener la salud mental y, por consiguiente, la fuerza
necesaria para sobrevivir. Podría decirse que los prisioneros mejor adaptados son
aquéllos que logran vivir sus circunstancias proyectando desde ellas sin dejarse atrapar
por la desesperación. Este diario es un testimonio más de que es el ser humano puede,
como decía Nietzsche, danzar entre cadenas. Pero volvamos a los hechos históricos.

En Enero de 1813 los prisioneros españoles se unen a las tropas que venían de
retirada después de la derrota sufrida por Napoleón en Moscú. Con ello desaparecen las
comodidades y comienza para ellos un verdadero suplicio. En primer lugar por las
condiciones en la que tenían que hacer las marchas, y en segundo por los malos tratos
que recibían de los soldados franceses, heridos y desalentados. Una idea del estado de
abatimiento de los franceses y de la dureza de las condiciones nos la da el hecho de que
un pequeño grupo de prisioneros, entre los que se hallaba José Colunga, perdió el
camino que seguía el ejército (no es que se escaparan) y los franceses no hicieron
siguiera el intento de perseguirlos; al contrario, fueron ellos los que lucharon por unirse
al grueso del ejército, pues sabían que aunque los maltrataran siempre tenían más
posibilidades de sobrevivir junto a ellos que solos en mitad del bosques helados.
Finalmente encontraron el ejército en Espère, donde logró ver al Emperador. Desde allí
realizaron una marcha hasta Fontainebleau, y al poco de salir de esta ciudad se comenzó
a correr el rumor de que los rusos estaban cerca, lo cual decidió a un grupo de españoles
a intentar unirse a ellos.

Es al menos curiosa la vívida descripción que hace del encuentro: Corrimos


hasta reunirnos con los cosacos, que en nº de 8 de caballeria, estaban de avansadilla
en una altura los cuales paresian facinerosos con los capotes de salea blanca, con
capucha, ellos se pusieron sobre las armas y nos condujeron, ála abansada, hasta áel
Escuadron, donde habia un Coronel y despues de darnos la enhorabuena y mandar
12
A. P. T. C., pp. 25-26.
13
Cfr. FRANKL, V. E. El hombre en busca de sentido, Barcelona, 1989.

8
senos diera de comer, nos ofrecio poner en el cuartel general siempre que nos
quedaramos atrás, pues teniamos que andar dose leguas, y pasar dos sibisiones
francesas que estaban aun retaguardia en fin seguimos caminando con frio y la nieve
hasta la rodilla, al paso de la Caballeria que nos custodiaba.14 A partir de este
momento se une a las tropas rusas con las que viajará por los Países Bajos y Alemania
hasta el fin de la guerra. Sería interesante detallar un buen número de anécdotas que
ayudan enormemente recrear la vida dentro del ejército ruso y cómo se vivió, desde el
interior de él, la victoria sobre los franceses, pero el espacio del que disponemos es
limitado, además de que nuestra pretensión era sólo hacer una presentación del
documento.

14
A. P. T. C., p. 28.