P. 1
Leo Buscaglia - Amor

Leo Buscaglia - Amor

5.0

|Views: 8.560|Likes:
Publicado porkonrad_2010
Leo Buscaglia - Amor
Leo Buscaglia - Amor

More info:

Published by: konrad_2010 on Feb 15, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

12/17/2015

pdf

text

original

EL AMOR La experiencia más importante en la vida

LEO BUSCAGLIA

EL AMOR
La experiencia más importante en la vida Leo Buscaglia EL AMOR - Muchos nunca aprendemos a amar. Jugamos al amor, sin tomar en cuenta el ilimitado potencial de amar que existe dentro de cada uno, esperando ser desarrollado, ansiando crecer. EL AMOR - Un maravilloso y humano libro acerca de la experiencia más grande de la vida;-un libro que señala la necesidad de amar y ser amado, de ser escuchado, apreciado, de sentirse realizado. EL AMOR - Un fenómeno complicado y multifacético, esencial para el hombre. ”El amor es como un espejo; cuando amas a alguien te conviertes en su espejo y él en el tuyo.” LEO BUSCAGLIA, quien ha hecho del amor una profesión que quiere compartir con nosotros, vierte en este libro sus conocimientos y experiencias personales, despertando nobles sentimientos en el

corazón del lector. Escribe un libro acerca del amor, lo que es y lo que no es. Es un libro acerca de ti y de todas las personas que tratan de alcanzar el corazón de los demás. Ante todo, este libro cambiará tu manera de dar y recibir amor.

EL AMOR es un emocionante y maravilloso encuentro con Leo Buscaglia. EL AMOR es un pequeño libro sobre la experiencia más importante en la vida de un ser humano. A pesar de todo lo que sabemos, conocemos poco sobre el amor. Lee este libro y aprende.

LEO BUSCAGLIA
EDITORIAL DIANA
MÉXICO

la. Edición, Enero de 1985 9a. Impresión, Febrero de 1990 ISBN 968-13-1646-0 Título original: LOVE - Traductora: Elena de la Rosa DERECHOS RESERVADOS © - Copyright © by Charles B. Slack, Inc. Edición original en inglés publicada por Fawcett Crest, New York, N. Y., U.S.A. - Copyright ©, 1985, por EDITORIAL DIANA, s. A., Roberto Gayol 1219, México 12, D. F. - Impreso en México - Printed in Mexico.

Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización por escrito de esta casa editora

Este libro está dedicado a Tvdio y Rosa Buscaglia, mi padre y mi madre, quienes fueron mis mejores maestros de amor, porque nunca me lo enseñaron con palabras... me lo mostraron con hechos. También está dedicado a todos aquellos que me han ayudado a seguir creciendo en el amor, y a aquellos que me ayudarán el día de mañana. LEO F. BUSCAGLIA

Contenido
Introducción 13 Preámbulo al amor 17 1. El amor es un fenómeno aprendido 51 2. El hombre necesita amar y ser amado 71 3. Cuestión de definición 81 4. El amor no conoce edades 103 5. El amor se encuentra con muchos obstáculos 111 6. Para poder amar a otro es necesario amarse a sí mismo 123 7. Para amar es necesario liberarse de las etiquetas 135 8. El amor implica una gran responsabilidad 143 9. El amor reconoce las necesidades 159 10. El amor requiere que uno sea fuerte 173 11. El amor no ofrece disculpas 183 Agradecimientos 185 Acerca del autor 187

1
Privarse uno mismo del amor es la decepción más terrible; es una pérdida eterna para la cual no existe enmienda, ni en el tiempo ni en la eternidad.

KIERKEGAARD

Introducción
Era la época de invierno del año 1969, cuando una inteligente y sensible alumna mía decidió suicidarse... y lo logró. Ella provenía de una aparentemente buena familia de la clase media alta. Sus calificaciones eran excelentes. Era popular, siempre buscada por sus amigos. Cierto día de enero de aquel 1969 condujo su automóvil al acantilado del Risco del Pacífico, en Los Ángeles; dejó el motor andando y bajó para caminar hasta el borde del profundo acantilado que sobremiraba el mar, y una vez allí, saltó para encontrar su muerte en las rocas subyacentes. No dejó ninguna nota, ni una palabra que explicara su incomprensible decisión. Y tan sólo tenía 20 años. Nunca he podido olvidar sus ojos: alertas, vivos, responsivos, llenos de promesa. Recuerdo sus trabajos y exámenes, pues siempre los leí con interés. En uno de sus trabajos, que ella nunca recogió, escribí: ”Un muy buen trabajo. Perceptivo, inteligente y sensible. Indica tu habilidad para aplicar en tu vida «real» lo que han aprendido. ¡Buen esfuerzo!” Pero, ¿qué sabía yo de su vida ”real”?

A menudo me pregunto qué leería en sus ojos, o en sus trabajos, si pudiera verlos ahora. Sin embargo, como sucede con tantas personas y situaciones a lo largo de nuestras vidas, ”vivimos” hechos como éste tan
INTRODUCCIÓN

superficialmente, que los dejamos pasar sin intentar siquiera adentrarnos en ellos. Yo no me culpaba por su muerte. Sencillamente me preguntaba si hubiera podido hacer algo, aunque fuera poco, para ayudarla. Y fue esta reflexión, más que cualquier otra cosa, lo que me llevó ese mismo año a iniciar mi clase experimental. Pensé en integrar un grupo informal con asistencia voluntaria; cualquier estudiante podría estar presente y salirse en el momento que lo deseara. La clase se dedicaría al crecimiento personal. Evitaría que se convirtiera en algo orientado a los problemas, en sicoterapia de grupo o en un grupo de encuentro, pues yo era educador, no sicoterapeuta. Esperaba que esta clase fuera una experiencia de aprendizaje única, que tuviera un marco de referencia a la vez definido y flexible y que fuera de profundo interés para el estudiante, que se relacionara con su experiencia inmediata. Los alumnos con los que me relacionaba se preocupaban, más que nunca, por la vida, el sexo, el crecimiento, la responsabilidad, la muerte, la esperanza, el futuro. Así se hizo evidente que el único

tema que abarcaba todo esto, y el núcleo de todas estas preocupaciones y otras más, era el amor. De modo que iniciaría la que llamé ”Clase de Amor”. De antemano sabía que no podía ”enseñar” esta clase en el sentido formal. Sería presuntuoso. Por otro lado, me hallaba limitado en mis conocimientos y experiencias de este tema, pero me encontraba tan activamente involucrado como cualquiera de mis alumnos en la búsqueda del o los verdaderos significados de la palabra. Yo sólo fungiría como orientador de los alumnos y juntos trataríamos de guiarnos hacia el mejor entendimiento del delicado y apasionante fenómeno del amor humano.

INTRODUCCIÓN

Mi determinación de iniciar esta clase no encontró ninguna resistencia, siempre y cuando la impartiera sin percibir salario, durante mi tiempo libre y sin que se le otorgara crédito escolar. Naturalmente, muchos fruncieron el ceño al considerar que el amor no era un tema académico ni una parte seria del programa universitario. En el transcurso de la semana siguiente me divirtieron mucho las miradas de extrañeza que descubrí en algunos de mis colegas. Un profesor, al hablarle sobre mis planes durante un almuerzo en la facultad, se refirió al amor, y a quien se propusiera ”enseñarlo”, como algo ”¡irrelevante!” Otros preguntaron en tono de burla y con mirada maliciosa si la clase requería de investigación de laboratorio y si yo sería el investigador principal. Sin embargo, la inscripción de alumnos a la clase de amor fue en aumento hasta que tuvimos que aceptar a sólo 100 alumnos por año; eran de todas edades, desde primer año de facultad hasta graduados, aunque obviamente con distintos niveles de experiencia y sofisticación. Pero todos eran únicos y, por lo mismo, tenían enfoques individuales del tema y conocimientos interesantes para compartir. El presente libro es el resultado de esa ”Clase de Amor”, y como tal, de ninguna manera pretende ser un trabajo académico ni profundamente filosófico ni, por otro lado, definitivo sobre el amor. Más bien pretende compartir algunas de las ideas prácticas y vitales, sentimientos y observaciones que surgieron

en el grupo y que considero pertinentes a la condición humana. Se podría decir que los participantes de las clases y yo escribimos este libro juntos, y también que este libro tiene más de 400 autores. En tres años, nunca intentamos, ni logramos definir el amor, pues a medida que crecíamos nosotros en el amor, consideramos que el definirlo sería delimitarlo, y en

INTRODUCCIÓN

realidad el amor nos parece infinito. Un estudiante expresó: ”Encuentro que el amor se asemeja mucho a un espejo. Cuando yo amo a otro, se convierte en mi espejo y yo en el de él, ¡y al reflejarnos en el amor del otro vemos el infinito!”

Preámbulo al amor
(Extraído de un discurso pronunciado en Texas en 1970) Si ustedes y yo vamos a estar amando juntos, considero importante que sepan quién soy y en dónde me encuentro. Mi nombre es B-U-S-C-A-G-L-I-A, y se pronuncia como cualquiera otra palabra. Siempre empiezo por contar la siguiente anécdota, porque pienso que es encantadora. Recientemente pedí una llamada de larga distancia; la línea estaba ocupada, y la operadora me dijo que ella me llamaría. Le di mi nombre, esperé un rato y después sonó el teléfono. Cuando levanté el auricular, ella dijo: ”¿Quisiera decir por favor al doctor Boxear que su llamada está lista?” Respondí ”¿No será Buscaglia?” Ella emitió una risita y añadió: ”Señor, ¡podría ser cualquier nombre en el mundo!” Yo me divierto mucho con mi nombre, porque no sólo es Buscaglia, pues si se fijan, verán que también es Leo F. Bueno, esto es, Leonardo, con la inicial intermedia F., aunque en realidad mi primer nombre es Felice, que significa felicidad. ¿No es fantástico? ¡Felice Leonardo Buscaglia!

A propósito de esto, recientemente quería visitar los países del bloque comunista y necesitaba una visa. Me

encontraba en una amplia sala en Los Angeles y llené una forma muy oficial, la entregué, y se me pidió que me sentara a esperar que me llamaran. Cuando esto ocurrió, un desconcertado empleado se paró ante el mostrador durante un instante, miró la forma y yo supe que era a mí a quien iba a llamar. Le tomó unos segundos reaccionar ante el inesperado nombre, respiró profundo, miró hacia arriba y dijo: ”¿Phyllis?” Juro que respondería a cualquier nombre, pero nunca a Phyllis. Sí, yo vivo en una ”bolsa de amor”, y no me da vergüenza decirlo. Tengo un solo mensaje y te lo puedo dar ahora mismo. Entonces podrás cerrar el libro, ir a caminar y tomarte de la mano con alguien o hacer lo que te plazca. Estamos en una época en la que realmente apenas empezamos a ver de qué se trata la vida, qué es el aprendizaje y qué son los procesos de cambio. Nos estamos familiarizando con una nueva terminología. Vemos el ”condicionamiento”, vemos ”la formación y modificación de la conducta”, el reforzamiento, lo que es necesario reforzar y que probablemente afectará la conducta. Estamos empleando todo tipo de cosas para reforzar. Utilizamos dinero, campanas, choques eléctricos y hasta dulces. Mi mensaje ahora quiere expresar sencillamente que lo más valioso del mundo es un cálido, vibrante y sólido ser humano: ¡TU! El amor verdadero es un fenómeno muy humano. Hace aproximadamente cinco años empecé en la universidad una clase sobre el amor, y quizá seamos

la única universidad del país que tiene dicha clase. Nos reunimos los martes por la noche. Nos sentamos en el piso y nos relacionamos, y estoy seguro que nuestras vibraciones se sienten en todo el mundo. Naturalmente, yo no enseño acerca del amor, sino que sencillamente facilito su crecimiento.

PREÁMBULO AL AMOR

El amor es un fenómeno aprendido, y considero que los sociólogos, antropólogos y psicólogos nos confirmarían esto sin vacilar. Lo que me preocupa es que quizás muchos de nosotros no estemos contentos con la forma en que lo hemos aprendido. Como seres humanos con experiencia, indudablemente creemos en una cosa más que en cualquiera otra: en el cambio. Y en este caso, si no te gusta en dónde te encuentras en términos de amor, lo puedes cambiar, puedes crear un nuevo escenario. Sólo puedes dar lo que tienes. Éste es el milagro. Si tienes amor, puedes darlo. Si no lo tienes, entonces no lo puedes dar. De hecho, en realidad ni siquiera es cuestión de dar, sino de compartir. Lo que yo tengo lo puedo compartir contigo, sin perderlo, porque lo sigo teniendo. Por ejemplo, podría enseñarles a los lectores todo lo que sé, y seguiría sabiendo todo cuanto sé. Es posible que yo, y esto no es irrazonable, ame a todo el mundo con una misma intensidad y siga teniendo toda la energía amorosa que siempre he tenido. Apenas hasta tiempos recientes se ha vuelto ”permisible” mencionar la palabra amor en círculos profesionales. Cada vez que voy a dar una plática en alguna parte alguien me pregunta: -¿Va usted a hablar sobre el amor? -y yo respondo-: Por supuesto. -¿Cuál es el título de su plática? -Únicamente llamémosla Amor.

Vacilan por un instante, y después dicen: -Bueno, usted sabe, ésta es una reunión profesional, y quizás no lo entiendan. ¿Qué dirá la prensa? -Bien, sugiero como título ”El afecto como modificador de conducta”-. Ellos están de acuerdo en que esto parece más aceptable y ”científico” y todo el mundo queda contento. Los diversos profesionistas prácticamente han ignorado el tema del amor, y es sorprendente. Mis alumnos y yo revisamos libros de psicología, de
sociología, de antropología y nos costó trabajo encontrar siquiera una referencia a la palabra amor. Y esto resulta alarmante, porque el amor es algo que todos necesitamos, que continuamente buscamos; sin embargo, no existe una enseñanza oficial sobre él. Únicamente suponemos que nos llega a través de alguna fuerza vital misteriosa. Uno de los últimos libros de Pitirim Sorokin, The Ways and Power of Love, está lleno de estudios maravillosos sobre el afecto, del que este hombre participó porque realmente le preocupaba el hecho de que todo el mundo parecía dirigirse en caminos opuestos. El doctor Albert Schweitzer” dijo: ”Todos estamos muy juntos, sin embargo, todos morimos de soledad”. Estoy de acuerdo en esto, y el doctor Sorokin también pensó que así era y en su libro busca compartir algunas de las cosas que podrían unir de nuevo a la humanidad. Si alguna vez lo hemos necesitado, es ahora, más que nunca. En la introducción de su libro, Sorokin señala: ”La mente sensata, enfáticamente no cree en el poder del amor. Nos parece una ilusión. Lo llamamos autoengaño, opio de la gente, tonterías no científicas o delirio poco científico”. Quienes tomaron la clase ”Econ I”, en la que se dio un libro de texto escrito por Samuelson, quizá recuerden lo

horrible que era ese libro. Sin embargo, en su última edición, después de cinco anteriores ediciones (¿pueden imaginarse cinco ediciones del mismo libro?) hay un capítulo que resultaría impresionante llamado ”El amor y la economía”, el cual es muy hermoso y en su introducción manifiesta: ”Sé que mis colegas de Harvard van a decir que he perdido la cabeza, pero quiero que sepan que precisamente la acabo de encontrar”. Sorokin también señala: ”Estamos prejuiciados contra todas las teorías que tratan de probar el poder del amor

PREÁMBULO AL AMOR

en la determinación de la conducta y personalidad humanas; de cómo influye en el curso de la evolución biológica, social, mental y moral; de cómo afecta el camino de los acontecimientos históricos y la formación de instituciones sociales y culturales. En un medio sensato dichas teorías parecen ser poco convincentes, indudablemente no científicas, parciales y aun supersticiosas”. Y creo que ahí es en realidad donde nos encontramos. El amor se toma como palabrerías parciales, supersticiosas, no científicas. Quisiera mencionar algunas de las formas por las que considero seríamos personas cariñosas, tiernas, maravillosas, sólidas y reforzantes. Antes que nada, el individuo que desea amar tiene que empezar por importarse a sí mismo. Esto es lo principal. No me refiero a una persona egocéntrica. Hablo de alguien que realmente se importa a sí mismo, que dice, ”todo se filtra a través de mí, por lo que cuanto mejor sea, más tengo que dar. Cuantos mayores conocimientos tenga, más tendré que dar. Cuanto mayor sea mi comprensión, mayor será mi habilidad para enseñarles a los demás y para hacer de mí mismo el ser humano más fantástico, más hermoso, más maravilloso, más tierno del mundo”. En California, algunos grandes sicólogos humanistas como Rogers, Maslow y Herbert Otto han realizado interesantes trabajos. Ellos y otros autores afirman que desarrollamos tan sólo una pequeña parte de lo que somos, pues existe un enorme potencial en el ser humano, y no sería ridículo decir que si realmente

deseáramos volar, podríamos hacerlo. Podríamos desarrollar una habilidad tan espectacular para sentir, que percibiríamos el color. Podríamos llegar a ver mejor que un águila, oler mejor que un sabueso, y tener una mente tan activa que constantemente estaría llena de emocionantes sueños. Sin embargo, nos contentamos con ser sólo una pequeña parte.

R. D. Laing, siquiatra inglés, en su libro The Politics of Experience sugiere algo muy provocador, extraño y más bien preocupante; sin embargo, es un reto maravilloso: ”Lo que pensamos es menos de lo que sabemos: Lo que sabemos es menos de lo que amamos. Lo que amamos es mucho menos de lo que existe. Y precisamente en _esta vida desarrollamos mucho menos de lo que somos-No incita esto a pensar? Y estando conscientes de ello, deberíamos sentir un gran deseo de convertirnos en algo más. Si toda la vida está dirigida al proceso de devenir, crecer, ver, sentir, tocar, oler, entonces no debería haber un solo segundo de aburrimiento. Yo levanto la voz para decirles a mis estudiantes: ”Piensen en lo que son y en todo el fantástico potencial que tienen”. Me parece que nos falta valorar en toda su magnitud lo maravillosamente único que es cada individuo. Estaría de acuerdo en que la personalidad es la suma total de todas las experiencias vividas desde el momento de la concepción hasta el instante actual en nuestra vida, conjuntamente con la herencia. Sin embargo, lo que a menudo se pasa por alto es el ”factor X”. Algo del tú en ti mismo que te hace diferente de todos los demás seres humanos, que va a determinar cómo te proyectarás en este mundo, cómo lo verás, cómo te convertirás en una persona especial. Este aspecto de lo único que es cada ser humano es lo que me preocupa, porque me parece que lo estamos dejando a un lado. No lo estamos enfatizando; no

estamos convenciendo a la gente para que lo descubra y lo desarrolle. La educación debería ser el proceso de ayudar a la persona a descubrir en qué forma es única, enseñarle cómo desarrollar ese aspecto, y después demostrarle cómo compartirlo, porque ésta es la única razón para tener algo.

PREÁMBULO AL AMOR

Imagínate cómo sería este mundo si en todo el camino de la vida hubiese gente que te dijera: ”Qué bueno que seas único; qué bueno que seas distinto. Muéstrame tus diferencias para que yo pueda aprender de ellas”. No obstante, seguimos viendo y aceptando una y otra vez diversos procesos que tratan de hacer a todo el mundo igual. Hace unos años, junto con algunos estudiantes de maestría en la universidad, regresé a las aulas en las que yo había estudiado y me quedé perplejo al encontrar las mismas cosas tal y como sucedían cuando yo iba a la escuela, hace tantos años. Por ejemplo, entraba la maestra de arte. Recuerdo cómo nos preparábamos para recibirla. Uno acomodaba los papeles, sacaba las crayolas y esperaba hasta que finalmente entraba, visiblemente abrumada. Siempre sentí cierta lástima por esos maestros de arte ”viajantes”. Salía corriendo de otra clase y únicamente tenía tiempo para hacer una seña de saludo a otro maestro, entrar a nuestra aula y decir: ”Chicos y chicas, el día de hoy vamos a dibujar un árbol”. Se dirigía al pizarrón y dibujaba su árbol (un gran círculo verde con una pequeña base café). ¿Han visto esos árboles que parecen paleta? Nunca vi un árbol que se asemejara a ése, pero la maestra lo hacía así y ordenaba: ”Muy bien, chicos y chicas, dibujen”. Todo el mundo se ponía a dibujar. Si tienes criterio, aun a esa edad te das cuenta de que lo que ella realmente quiere es que dibujes su árbol, porque cuanto más te aproximes a él, mejor será tu

calificación. Si ya te habías dado cuenta de esto en el primer año, entonces dibujabas una pequeña paleta, y ella exclamaba: ”Oh, qué árbol tan divino”. Sin embargo, había un joven llamado Júnior, quien realmente sabía lo que es un árbol, a diferencia de esa señora que al parecer nunca había visto un árbol en su vida. En cambio él se ha-subido a un árbol, lo ha abrazado, se ha caído de él, ha escuchado la brisa a través de las ramas. En verdad sabe lo que es un árbol, y sabe que no es una paleta. Por tanto, tomó los crayones de colores morado, amarillo, naranja, verde y magenta y dibujó una ”hermosa cosa extraña” y la entregó. La maestra le echó un vistazo y gritó: ”¡Tienes atrofiado el cerebro!” En la educación se conoce una maravillosa historia que siempre me divierte. Se llama La escuela de animales. Me encanta contarla porque es muy descabellada y, sin embargo, muy cierta. Los educadores se han reído con este cuento durante años, pero nadie ha hecho otra cosa al respecto: Cierto día los animales se reunieron en el bosque y decidieron formar una escuela. Había un conejo, un pájaro, una ardilla, un pez y una anguila, los cuales formaron el Consejo de Educación. El conejo insistió en que el correr formaba parte del programa escolar. El pájaro en que el volar se incluyera en el programa. El pez en que la natación estuviera incluida y la ardilla en que el escalado perpendicular de árboles estuviera en el programa. Así que incluyeron todas estas cosas y redactaron la Guía del Programa Escolar. Después establecieron que todos los animales tomaran todas las materias. Aunque el conejo obtenía una calificación de 10 en correr, el escalado perpendicular

de árboles le representaba un verdadero problema, y continuamente caía. Muy pronto pasó a sufrir una especie de daño cerebral y ya no podía correr. Se dio cuenta de que en vez de sacarse 10 en correr, estaba sacando 7 y, naturalmente, siempre había sacado 5 en escalado perpendicular. El pájaro realmente era maravilloso para volar, pero cuando se trataba de excavar en la tierra no lo hacía muy bien. Así se rompía el pico y las alas. Pronto estaba sacando 7 en volar y 5 en excavar, y le costaba muchísimo trabajo el escalado perpendicular de
r
PREÁMBULO AL AMOR

árboles. La moraleja de la historia se encuentra en que
quien fue elegida al final como representante de la clase, fue una anguila retrasada mental que hacía todo a medias. Sin embargo, los educadores estaban contentos porque tomaban todas las materias y decían que había una educación de base amplia. Nosotros nos reímos de esto, pero era cierto. Tratamos de que todo el mundo sea igual a todos los demás, y pronto aprendemos de la habilidad para conformarse delimita el éxito en el área educativa. La conformidad sigue visible hasta la universidad, y nosotros en la educación superior tenemos tanta culpa como los demás. No decimos a la gente, ”¡Vuela! Piensa por ti mismo”. Les damos nuestros conocimientos y les decimos, ”Ahora, esto es lo esencial. Esto es lo importante”. Conozco profesores que únicamente enseñan la mejor ”forma”, pero nos dicen, ”He aquí muchos instrumentos, ahora creen el suyo propio. Entren al pensamiento abstracto. Sueñen. Sueñen un rato. Encuentren algo «nuevo»”. ¿Pudiera ser que entre sus

estudiantes haya soñadores más grandes que ellos mismos? Por lo tanto, todo empieza contigo. Sólo puedes dar lo que tienes para dar. No renuncies a tu árbol. Aférrate a él. Tú eres el único tú, la única combinación mágica de fuerzas que podrá crear ese árbol. Tú eres lo mejor de ti mismo. Siempre serás el segundo mejor de alguien más. Vivimos en una sociedad en la que se mide a la persona no por quién o por qué es, sino más bien de acuerdo con lo que posee. Si tiene mucho, debe ser un gran hombre. Si tiene poco, debe ser insignificante. Hace unos siete años decidí que haría algo verdaderamente extraño; por lo menos en aquella época así se consideraba. Pensaba vender todo lo que tenía: mi automóvil, la póliza de seguro de vida, mi casa, todas las cosas ”importantes”, e iba a viajar durante un par de años para buscarme a mí mismo. Pasé

la mayor parte del tiempo en Asia porque sabía menos acerca de ese continente que de cualquiera otra parte del mundo. Los países asiáticos son subdesarrollados. Poseen muy pocos valores materiales y, por lo tanto, deberían ser terriblemente insignificantes, según la idea anterior. Bueno, pues encontré algo totalmente distinto. Quienes hayan estado allí o estudiado alguna cultura asiática, estarán de acuerdo en qué tan erróneo es este concepto occidental. Aprendí muchas cosas valiosas en aquella lejana tierra, mismas que traje conmigo y que realmente me han hecho seguir un camino nuevo. ¿Adonde conducirá este camino? No lo sé ni me importa, pero sé que es distinto, emocionante y maravilloso. Encontré una cosa muy interesante en Camboya, país formado principalmente por un gran lago llamado Tonle Sap. Mucha gente vive y trabaja alrededor de este lago. Los turistas que llegan a Camboya, van directamente al Angkor Vat, un lugar fantástico. Son increíbles las ruinas budistas devoradas por bosques de enormes árboles plagados de changos meciéndose o jugando en ellos. Es como un sueño descabellado. Mientras estuve ahí conocí a una mujer francesa; ella amaba tanto este país, que se quedó ahí después de que los franceses salieron de Camboya. Era sincero y leal su amor por la gente y el país, y estaba dispuesta a soportar lo que fuera necesario por quedarse allí. Ella me dijo: ”¿Sabes, Leo?, si realmente quieres descubrir a esta gente, no lo lograrás buscando en las ruinas, sino en sus aldeas. Toma mi bicicleta y dirígete a Tonle Sap para que veas lo que está sucediendo ahora”. La naturaleza en Camboya es muy inclemente. Todos los años llega el monzón arrastrando todo a su paso hacia los ríos, corrientes y lagos. Es por esto que no se construyen grandes mansiones permanentes, pues la

naturaleza hace saber que todo será arrasado, así que hacen pequeñas

PREÁMBULO AL AMOR

cabañas. Los turistas observan y comentan: ”;Qué gente tan pintoresca, pero tan pobre! Viviendo entre tanta mugre”. Pero en realidad no es mugre. Depende cómo se perciba. Ellos aman sus casas, que son cómodas y exactamente adecuadas a su clima y cultura. Así que fui al lago, y vi a la gente en el proceso de reunirse y prepararse para el monzón. Esto significa que se hallaban construyendo grandes balsas comunales. Cuando llega el monzón y arrastra sus casas, varias familias se suben a una balsa y viven juntas durante aproximadamente seis meses del año. ¿No crees que sería hermoso vivir con tu prójimo? ¡Imagínate que pudiéramos hacer una balsa y vivir juntos durante seis meses 1 ¿Qué es lo que seguramente nos sucedería? De repente nos daríamos cuenta de lo importante que es tener cerca a un prójimo; saber que yo te necesito porque hoy tú puedes pescar el pez que vamos a comer, o que me simpatizas porque puedo sentarme a platicar contigo si me siento solo y aprendo de ti y conozco otro mundo. Y cuando terminan las lluvias, las familias nuevamente vuelven a vivir como unidades independientes. Quise ayudarlos a mudarse, por lo que me aproximé y ofrecí mi ayuda por medio de señas. Sin embargo, sólo tenían unas cuantas ollas y sartenes, un par de tapetes, unas cuantas ropas. En ese instante pensé: ”¿Qué haríamos nosotros si el día de mañana hubiera un monzón en Los Ángeles? ¿Qué nos llevaríamos?, ¿la televisión?, ¿el automóvil?, ¿el florero que alguna tía nos trajo de Roma?” Deberíamos meditar en esto. Algo semejante nos fue ilustrado dramáticamente durante varios incendios en

Los Ángeles. El diario Los Angeles Times publicó unas fotografías que en verdad me aterraron. En una de ellas una mujer corría por las calles de Malibú cargando una pila de libros, mientras que en el fondo se veía su casa consumida por las llamas. Me dije: ”Dios mío, me gustaría conocer a esta mujer, y saber cuáles eran

esos libros que consideraba tan valiosos”. Llevé la fotografía a un seminario de graduados que supuestamente eran estudiantes maravillosos. Les pregunté: ”¿Cuáles piensan ustedes que eran esos libros?” ¿Saben lo que me dijeron? ”¡Sus registros del impuesto sobre el ingreso!” Aquí es donde nos encontramos. ¡Hasta supe de una señora que escapó con sus timbres comerciales de descuento!, quien señaló: ”No sé por qué lo hice”, lo cual demuestra lo absurdo de la vida. Sin embargo, ¿saben lo que ella sí tenía? ¡Todavía se tenía a sí misma!, y eso es lo importante, pues en última instancia, sólo te tienes a ti mismo. En consecuencia, pienso que la persona que ama se deshace de las etiquetas. ¿Saben?, nosotros somos únicos. El ser humano es lo más maravilloso del mundo; pero también somos divertidos, y tenemos que aprender a reír de nuevo. Después de todo, hacemos cosas chistosas. Por ejemplo, creamos el tiempo y después nos convertimos en sus esclavos. Quizás ahora, por ejemplo, tú estés pensando que sólo te quedan diez minutos antes de que tengas que hacer otra cosa. Puedes estar en algún lugar donde sucede algo realmente increíble, pero son las 10:00, hora de irse, y por lo tanto, tienes que marcharte. Tenemos campanas

que nos avisan. ¡Campanas- Cada vez que escuchamos una campana respondemos. Nos indica que debemos estar aquí o allá. Nosotros, repito, creamos el tiempo. Y ahora nos hemos convertido en sus esclavos. Lo mismo es aplicable en el caso de las palabras. Cuando se leen libros como The Use and Misuse of Language de Hayakawa, o People in Quandaries de Wendell Johnson, uno se da cuenta de lo increíblemente poderoso que es el idioma. Una palabra está formada sólo por unos cuantos símbolos fonéticos sin significado que se encuentran uno junto al otro. Entonces se les da un significado, y éste se
PREÁMBULO AL AMOR

nos queda grabado. Uno le da un significado cognitivo, le da un significado emocional, y después vive con él. Cuando se encontraba en Harvard, el doctor Timothy Leary realizó un maravilloso trabajo sobre la mente. Señaló: ”Las palabras son como congelar la realidad”. Una vez que se aprende una palabra y el significado intelectual y emocional de la misma, queda grabada en la mente durante el resto de la vida. Así se construye tu mundo de palabras. Cualquier cosa que sucede es filtrada a través de este sistema rígido y congelado, que evita que crezcamos. Decimos cosas tales como ”Él es comunista”. ¡Bah!, lo rechazamos. Dejamos de escuchar. Algunas personas dicen, ”Él es judío”. ¡Bah!, lo rechazamos. Hemos dejado de respetarlo. ”Él es un dago”. ¡Bah! ¡Etiquetas, etiquetas, etiquetas! ¿Cuántos niños han dejado de recibir educación sólo porque alguien les colgó una etiqueta en algún momento dado?:

tonto, tarado, con alteraciones emocionales. Yo nunca he conocido a un niño tonto. ¡Nunca! Así como tampoco he conocido dos niños que sean iguales. Las etiquetas son fenómenos que distancian. Nos apartan. hombres negros. ¿Qué es un hombre negro? Nunca he conocido dos iguales. ¿Ama?, ¿le importa alguien?, ¿qué hay sobre sus hijos?, ¿ha llorado alguna vez?, ¿se siente solo?, ¿es hermoso?, ¿es feliz?, ¿le está dando algo a alguien? Éstas son las cosas importantes, y no el hecho de que sea un hombre negro o judío, o dago o comunista, o demócrata o republicano. Yo tuve una experiencia única en mi infancia. Puedes consultar los archivos porque todo está registrado. Nací en Los Ángeles y mis padres eran inmigrantes italianos. Una familia grande. ¡Mamá y papá evidentemente eran grandes amantes! Habían venido de una pequeña aldea
Dago: persona de ascendencia española, portuguesa o italiana de piel morena. (N. T.)

abajo de los Alpes italianos-suizos, en donde todo

mundo se conocía. Todos conocían los nombres de los perros. El sacerdote de la aldea salía y bailaba en las calles durante las fiestas y tomaba tanto vino como cualquiera otro. Era una escena muy bonita y para mí fue un placer el ser criado por esa gente y de esa forma tan tradicional. Sin embargo, cuando a los cinco años me llevaron a una escuela pública de Los Angeles y una persona de aspecto severo me hizo diversas pruebas, me di cuenta que me encontraba en la clase para los retrasados mentales. No importaba que yo pudiera hablar italiano y un dialecto italiano; también hablaba algo de francés y español, pero como no hablaba muy bien el inglés, se me consideró retrasado mental. Creo que el término empleado ahora es ”en desventaja cultural”. Así que me mandaron a la clase para retrasados mentales, y resultó que nunca he tenido una experiencia educativa más interesante en mi vida. Qué maestra tan cálida, vibrante y cariñosa tuve. Era la señorita Hunt. Y estoy seguro que era la única en la escuela dispuesta a enseñar a esos niños ”tontos”. Me acogía aun cuando yo olía a ajo. Recuerdo cuando se reclinaba sobre mí, ¡cómo la abrazaba con ternura! Por esta mujer aprendí todo tipo de cosas, porque realmente la amaba. Un día cometí un terrible error. Escribí un periódico como si yo fuera romano. Describí lo que harían los gladiadores, etcétera. Esto ocasionó que me volvieran a hacer pruebas y así fui transferido a una aula de clases

normal, en la que me aburrí muchísimo durante el resto de mi educación inicial. Esa clase ”normal” fue traumática para mí. La gente me llamaba dago y wop, expresiones muy populares en aquella época, pero yo no las entendía. Recuerdo que le pregunté a papá, quién era y sigue siendo el gran tipo patriarcal: ”¿Qué es un dago?, ¿qué es un wop?” Y él me respondió: ”Oh, no hagas caso, Felipe, la gente siempre dice nombres.

PREÁMBULO AL AMOR

No significan nada. Ellos no saben nada sobre ti al decirte esos nombres. No permitas que esto te moleste”. ¡Pero sí me molestaba!, porque sentía que me distanciaba. Me hacía a un lado. Me colgaba una etiqueta. También sentía un poco de lástima hacia mis compañeros, porque esto significaba que no sabían nada sobre mí, aunque ellos pensaban que sí, al llamarme dago, lo cual me encasillaba en una categoría y los hacía sentirse cómodos. No sabían, por ejemplo, que mi madre era cantante y que mi padre había empezado a trabajar como mesero al venir a este país. Él solía trabajar la mayor parte de la noche y mamá se quedaba un poco sola, así que nos reunía a los once hijos y tocaba Aída o La Bohemia, y ¡cómo peleábamos los hermanos por representar algún papel! Recuerdo que yo era la mejor mariposa de la familia; aún lo sigo siendo, y cuando la Ópera Metropolitana me descubra, lograrán su mejor espectáculo. Cuando teníamos diez u once años, ya conocíamos estas óperas de memoria y podíamos actuar todos los papeles. Y la gente que ”me conocía” se perdía de todo esto, por fijarse en una etiqueta estrecha. No sabían, por ejemplo, que mamá pensaba que uno no contraería ninguna enfermedad si llevaba ajo alrededor del cuello. Ella frotaba ajo, lo amarraba en un pañuelo, lo ponía alrededor de nuestros cuellos y nos mandaba a la escuela. Y les diré un pequeño secreto: mi salud era excelente. Nunca estuve enfermo un solo día. Tengo mis teorías al respecto, pues creo que nadie se me acercó lo suficiente como

para contagiarme algún germen. Ahora que me he vuelto sofisticado y he dejado el ajo, sufro un resfrío al año. Aquellos niños no sabían esto al llamarme wop y dago. Y no sabían sobre la regla de papá de que antes de levantarnos de la mesa, teníamos que decirle algo nuevo que hubiéramos aprendido ese día. Nosotros pensábamos que esto era detestable, ¡qué cosa tan loca! Mientras mis hermanos y yo nos
lavábamos las manos y peleábamos por el jabón, yo decía: ”Bueno, más vale que aprendamos algo”, así que corríamos a buscar la enciclopedia y separábamos la página en donde decía algo como ”la población de Irán es de ...” y nos murmurábamos a nosotros mismos ”la población de Irán es ...” Nos sentábamos a comer y después de una cena con grandes platillos de espagueti y pilas de ternera tan altas que uno no podía ni ver a través de la mesa, papá se reclinaba, sacaba su pequeño puro negro y decía: ”Felice, ¿qué aprendiste hoy de nuevo?”, y yo decía entre dientes: ”La población de Irán es ...”. Nada era insignificante para este hombre. Volteaba hacia mi madre y le inquiría: ”Rosa, ¿sabías eso?”, y ella contestaba, impresionada: ”No”. Nosotros pensábamos: ”Caray, estos padres están locos”. Sin embargo, les confesaré que aun ahora, cuando voy a la cama por la noche, y aunque a menudo termino exhausto, me recuesto y me digo a mí mismo: ”Felipe, viejo, ¿qué aprendiste hoy de nuevo?”, y si no se me ocurre nada, tengo que buscar un libro y encontrar algo para poderme dormir. Quizás todo esto es lo que forma el aprendizaje. No obstante, aquellos chicos no lo sabían cuando me llamaban dago. Las etiquetas son fenómenos que distancian. ¡Dejen de usarlas! Y cuando la gente las emplee, tengan la iniciativa y las agallas para decir: ”De qué y de quién hablas, porque no sé a qué te refieres”. No existe una palabra lo suficientemente amplia para empezar siquiera a describir aun al hombre más sencillo.

Sin embargo, sólo ustedes pueden ponerle fin a las definiciones. Una persona que ama no las utilizará. Hay demasiadas cosas hermosas sobre y en cada ser humano para describirlo con un solo nombre y hacerlo a un lado, clasificándolo. Entonces, la persona que ama debe reconocer que no existe mayor responsabilidad en el mundo que

PREÁMBULO AL AMOR

desarrollarse positivamente como un ser humano, y

más vale que lo crean. La persona que ama aborrece el desperdicio: el desperdicio de tiempo, de potencial humano. ¡Cómo perdemos el tiempo! Pareciera que fuéramos a vivir para siempre. Tengo que contarles esta anécdota porque es una de mis experiencias más importantes. En nuestra Escuela de Educación había una joven que consideré tenía posibilidades para ser una de las mejores maestras de todas las épocas. Era extremadamente efusiva y le encantaban los niños. Era tan entusiasta que resultaba imposible calmarla. ”Quiero estar con ellos, quiero estar con ellos”, decía siempre. Siguió sus años de escuela, se graduó y, naturalmente, fue contratada, gracias en parte a que era tan hermosa espiritual y mentalmente, y en todas las formas. Se le asignó la clase de primer año. Recuerdo todo el proceso porque lo observé, paso a paso, en los grandes momentos en los que se maravillaba. Cuando llegó al aula de clase revisó la guía del programa escolar que indicaba que la primera unidad sería ”La tienda”, la T-I-E-N-D-A. Reflexionó y dijo: ”Esto no es posible. Estamos en 1970, en Estados Unidos. Estos niños crecieron en las tiendas. Fueron arrullados en los carritos de las tiendas. Tiraron latas de sopa y botes de leche. Ya saben lo que es una tienda. ¿Qué queremos lograr al pretender estudiar una tienda?” Sin embargo, eso decía la guía del programa, por lo que ella pensó: ”Bueno, quizás esto tenga cierto mérito y pueda presentar una clase muy

emocionante sobre la tienda. Al menos lo intentaré”. El primer día se presentó con los niños y dijo, con mucho entusiasmo: ”Niños y niñas, ¿les gustaría estudiar lo que es una tienda?” Ellos contestaron: ”¡Qué horror!” En la actualidad, los niños son más despiertos que antes. McLuhan demostró que la mayoría de los niños han visto cinco mil horas de televisión antes de ingresar al jardín de niños. Han visto asesinatos y violaciones, aventuras amorosas, han escuchado música, han ”estado” en París, en Roma. En su aparato televisor han visto a gente real morir violentamente ... Y después los llevamos a la escuela, y les enseñamos sobre las tiendas. O les damos un libro que dice: ”torn, dijo «oh, oh». Mary dijo, «oh, oh». Abuelita dijo, «oh, oh». Spot dijo, «oh, oh»”. Bueno, ¡al diablo con esto! Ya es hora de que empecemos a darnos cuenta de que estamos educando niños y no cosas. Debemos decir, ”¿quién es el nuevo niño a quien estamos educando y cuáles son sus necesidades?, ¿de qué otra manera podrá él sobrevivir mañana?” Pues bien, entonces la joven y excelente maestra les preguntó: ”Muy bien, ¿qué quieren estudiar?” Uno de los niños abrió ampliamente los ojos y dijo: ”Sabes, mi papá trabaja en los Laboratorios de Propulsión de Jet, y él nos puede conseguir un cohete espacial; podríamos armarlo y aprender todo sobre el cohete y volar a la Luna”. Todos los demás chicos exclamaron, ”¡sensacional! ¡Es maravilloso!” Así que la maestra agregó, ”muy bien, hagámoslo”. Al día siguiente vino

el padre de aquel chico a la escuela y presentó el cohete a escala. Se sentó en la alfombra con los chicos, y les habló sobre volar a la Luna y cómo funciona un cohete espacial. ¡Había que ver lo que sucedía en esta aula! Hablaban sobre ciencia, astronomía, teorías matemáticas complejas. El vocabulario no era de ”oh, oh”, sino de componentes de cohetes, galaxias, el espacio; un vocabulario significativo. Entonces, un buen día, en medio de todo este aprendizaje fantástico, llegó la supervisora de la escuela, vio a su alrededor y dijo, ”señorita W, ¿en dónde está su tienda?” (algún día escribiré esta historia para The New Yorker, y la intitularé ”Señorita W, ¿en dónde está tu tienda?”).

PREÁMBULOAL AMOR
La joven maestra se acercó a la supervisora respondiendo: ”Sabe, hablamos sobre la tienda, pero los niños quisieron volar a la Luna. Vea nuestras listas de vocabulario y mire los libros que están haciendo. Después vendrá otra persona de Propulsión de Jet para hacerles una demostración .,.”. La supervisora refutó: ”Sin embargo, señorita W, la guía del programa dice que usted debe tener una tienda, y usted hará, una tienda (sonrisa forzada), ¿verdad que sí, querida?” Luego de aquello la joven maestra vino a verme y me dijo: ”Leo, me has estado diciendo tantas cosas sobre la creatividad en la educación, haciendo que me emocione y entusiasme; después empiezo a enseñar y tengo que ponerme a hacer plátanos de arcilla para una tienda y decir: te comiste un plátano, te resbalaste con la cáscara, te enfermaste por comer plátano, después pasaste seis semanas haciendo plátanos artificiales de arcilla para la tienda. ¡Qué pérdida de tiempo!”. Y ¿saben lo que ella hizo?, habló con los niños y les preguntó, ”¿quieren que la señorita W esté aquí el año próximo?” Ellos respondieron, ”¡sí, por supuesto!” ”Bueno, entonces tenemos que hacer una tienda”. Los chicos respondieron, ”muy bien, hagámosla, pero rápido”. En dos días cubrieron una clase de seis semanas. Hicieron los odiados plátanos de arcilla, apilaron cajas y las llenaron de cosas. También les dijo la maestra que cuando llegara la supervisora, sería necesario que le demostraran que podían funcionar en una tienda. Cuando llegó la supervisora, quedó muy contenta porque ahí estaba la tienda, y los niños le preguntaban, ”¿quisieras comprar plátanos hoy?” Pero tan pronto como se fue, ellos volaron a la Luna.

_No basta con vivir y aprender para hoy. Tenemos que soñar sobre cómo será el mundo dentro de 50 años y educar para dentro de 100 años y para el mundo de los sueños de aquí a mil años. El mundo actual para el

chico que está en primer año no será el mismo dentro de 30 años Miren cómo nuestro mundo ha cambiado. No es de sorprender que estemos confundidos y angustiados: no estamos preparados para enfrentarnos al mundo en que vivimos. ¡Y cambia tan rápido! No hay tiempo para contar que ”abuelita dijo, «oh, oh»”. También pienso que la persona que ama es espontánea. Esto es algo que siempre enfatizo porque considero que hemos perdido nuestra habilidad para ser espontáneos. Todos tratamos de controlar el tiempo y seguir reglamentos. Hemos olvidado lo que es reír y sentirse bien al hacerlo. Se nos enseña que una joven sofisticada no ríe ruidosamente, sino que emite una risita entre dientes. ¿Quién lo dijo? ¿Emily Post? ¡Está loca! ¿Por qué tenemos que hacerle caso a alguien que nos diga cómo vivir? Sin embargo, todos los días vemos en los periódicos cartas como la siguiente: ”Estimada señorita Post: Mi hija se casa en febrero. ¿Qué tipo de flores debe llevar?” Si su hija quiere llevar rábanos, pues que los lleve. ”Querida decoradora de interiores: Las cortinas en mi sala son color vino. ¿De qué color debe ser la alfombra?” Puedo imaginarme a la decoradora sentada en su oficina diciendo, ”je je je”, y luego responder, ”morada”. Así es que usted sale corriendo a comprar una alfombra morada que vale cientos de dólares, para combinarla con cortinas color vino, y después se tiene que aguantar la decepción ... y se lo merece. Ya

no confiamos en nuestros propios sentimientos. Dicen que ”los hombres no lloran”. ¿Quién lo dijo? Si tienes ganas de llorar, llora. Yo siempre lloro. Lloro cuando estoy contento, lloro cuando estoy triste, lloro cuando un alumno dice algo hermoso, lloro cuando leo poesía. Si tú sientes algo, hazle saber a la gente que lo sientes. ¿No te cansas de las caras adustas que no muestran nada? Si tienes ganas de reír, ríe. Si te gusta lo que alguien dice, ve y dale un abrazo. Si está bien, estará bien. Nuevamente espontaneidad, nuevamente vivir, sabe qué es sentir emoción. Algunas veces me levanto en la mañana y me siento tan satisfecho y tan bien, que no lo puedo contener. Recuerdo que una vez iba conduciendo al trabajo mientras cantaba ”Mariposa”, el dueto del amor; hacía los dos papeles, la mejor actuación que he representado en mi vida, cuando en eso un policía se asomó por la ventanilla del auto, mirándome con desconcierto, y dijo: ”Ésta es la infracción más graciosa que he levantado”. Le respondí: ”¿Me quisiera explicar, oficial?” ”Iba persiguiendo a alguien por conducir a alta velocidad y usted nos rebasó a los dos”. Me encantó eso. Ni siquiera lo había visto, me encontraba en mi propio mundo maravilloso. Constantemente nos alejamos de nosotros mismos y de los demás. Parece que lo importante fuera qué tanto se puede uno alejar de otra persona, y no qué tanto se pueda acercar. Estoy totalmente a favor de volver a la antigua costumbre de tocar a la gente. Yo

siempre extiendo la mano porque cuando toco a alguien sé que está vivo. Realmente necesitamos esta afirmación. Los existencialistas sostienen que todos pensamos que somos invisibles y que algunas veces tenemos que cometer suicidio para afirmar el hecho de que hemos vivido. Bueno, yo no quisiera hacer eso. Existen formas mejores y menos drásticas de afirmación. Si alguien te abraza, sabes que estás ahí, pues si no, te traspasaría. Yo abrazo a todo el mundo, sólo acércate a mí y lo comprobarás. No hay razón para tener miedo de tocar, de sentir, de mostrar emoción. Lo más fácil del mundo es ser lo que eres, lo que sientes. Lo más difícil es ser lo que otra gente quiere que seas, pero ésa es la situación en la que vivimos. ¿Eres realmente tú o lo que la gente te ha dicho que eres?

Si en verdad estás interesado en descubrir quién eres, te felicito, porque será la más fascinante aventura de tu vida. La persona que ama también se da cuenta de lo grato y dichoso que significa estar vivo. Estoy seguro, no obstante que muchos opinen lo contrario, que nacimos para ser felices gracias a tantas cosas hermosas que hay en nuestro mundo: árboles, animales, caras, etcétera. No hay dos cosas que sean iguales y las cosas siempre cambian. ¿Cómo podríamos aburrirnos? Nunca ha habido un mismo amanecer. Observa la cara de cada persona: es distinta. Cada quien tiene su propia belleza. Nunca ha habido dos flores iguales. La naturaleza no tolera la igualdad. Hasta dos pastos son distintos. Los budistas me enseñaron algo fantástico; ellos creen en el aquí y en el ahora. Sostienen que la única realidad es lo que está aquí, lo que está sucediendo entre tú y yo en este momento. Si vives para el mañana, lo cual es tan sólo un sueño, entonces todo lo que tendrás será un sueño no realizado. Por otro lado, el pasado ya no es real. Tiene valor porque te ayudó a ser lo que eres ahora, pero ése es su único valor. Por lo tanto, no vivas en el pasado. Vive en el presente. Cuando estés comiendo, come. Cuando estés amando, ama. Cuando estés hablando con alguien, habla. Cuando estén mirando una flor, mira, ¡atrapa la belleza del momento! Para que una persona pueda amar no necesita ser perfecta, sino simplemente humana. La idea de la perfección me asusta. Evitamos hacer muchas cosas

por temor de no hacerlas a la perfección. Maslow dice que existen maravillosas experiencias culminantes que todos debemos tener, tales como crear una vasija de cerámica o pintar un cuadro y colgarlo, afirmando: ”Ésta es una extensión de mi persona”. Hay otra teoría existencialista que sostiene: ”Debo existir porque he hecho algo. He creado algo, por lo tanto, existo”. Sin embargo, no queremos hacer algo

PREÁMBULO AL AMOR

porque tememos que no lo haremos bien, que no resulte aprobado. Si tienes ganas de hacer manchones de tinta sobre la pared, hazlo. Di, ”esto salió de mí, es mi creación, yo lo hice, y es bueno”. Pero tenemos miedo porque queremos que las cosas sean perfectas. Queremos incluso que nuestros hijos sean perfectos. Recurriendo a mis experiencias personales, recuerdo las clases de educación física cuando estaba en quinto y sexto semestres de bachillerato. Si algún maestro de educación física lee este libro, espero que le llegue mi mensaje. Tratábamos de alcanzar la perfección. La educación física debe ser algo en lo que todos tengamos una oportunidad igual, en lo que la única competencia sea con nosotros mismos. Si no podemos lanzar la pelota, entonces aprendamos a hacerlo de la mejor forma posible. Pero así no era la clase; siempre se recompensaba la perfección, y nunca faltaban muchachos altos y con visible musculatura, los que por supuesto eran las estrellas. Por otra parte estaba yo, pellejo y huesos, con mi pequeña bolsita de ajo colgada del cuello, pantaloncillos que no me quedaban y que siempre colgaban de mis pequeñas piernas delgadas. Hacía fila mientras se elegía a los que iban a jugar, y yo solía ”morir” todos los días de mi vida. Todos nos formábamos en fila, y por una parte estaban los atletas sacando el torso y decían, ”te escojo a ti” y ”te escojo a ti” y veías cómo se iba reduciendo la fila y tú seguías ahí. Al final, sólo quedaban dos chicos, tú y otro pequeño chico flaco. Después decían ”muy bien, me quedo con Buscaglia” o ”me quedo con el wop” y uno dejaba la fila sintiéndose morir porque no tenía la imagen del atleta. No era la imagen de la perfección que se buscaba. En mi clase hay un alumno que es gimnasta. Casi calificó para los juegos olímpicos el año pasado. Aunque tiene un pie

zambo, en todos los otros aspectos que se le puedan a uno ocurrir es perfecto, un cuerpo que sería la envidia

de cualquiera, una mente excepcional, una fabulosa mata de cabello, ojos alertas y con chispa. Sin embargo, en su propia percepción él no es un chico atractivo debido a su pie zambo. En algún momento, alguien lo afectó con sus comentarios sobre su ”defecto”, y todo lo que él escucha cuando camina por la calle es el paso recio de su pie, aun cuando ya nadie se da cuenta de ello. Pero si él lo oye, entonces eso les influirá. Esta idea de perfección realmente me desagrada. No obstante, el hombre posee la capacidad de crecimiento y cambio; y si tú no lo crees, te encuentras en el proceso de morir. Todos los días debes ver el mundo de una nueva forma personal. El árbol afuera de tu casa ya no es el mismo, así es que ¡míralo! Tu marido, esposa, hijo, madre, padre, también cambian diariamente, así es que míralos. Todo se encuentra en proceso de cambio, incluyéndote a ti. Un día estaba en la playa con algunos de mis alumnos y uno de ellos recogió una vieja y seca estrella de mar, y con mucho cuidado la volvió a echar al mar. Comentó: ”Sólo está seca, pero una vez que reciba humedad nuevamente, volverá a la vida”. Después reflexionó durante un minuto, se volvió a mí y dijo: ”¿Sabes?, quizá así ocurra todo proceso de cambio, quizá de cuando en cuando llegamos al punto en que nos secamos y todo lo que necesitamos es un poco más de humedad para continuar de nuevo” ... Tal vez así sea.

De hecho, una inversión en la vida es una inversión en el cambio hasta el final, y no podemos ocuparnos de la muerte porque estamos demasiado ocupados viviendo. Deja que la muerte se encargue de sí misma. Nunca creas que tu vida alguna vez será tranquila, así no es la vida. Con los cambios que se llevan a cabo en todo tu
PREÁMBULO AL AMOR

alrededor, tienes que seguir adaptándote al medio, lo
cual significa que constantemente vas a estar cambiando, y no existe un final para esto. ¡Todos nos encontramos en un viaje fantástico! Cada día es nuevo. Cada experiencia es nueva. Cada persona es nueva. Cada mañana es tu vida, es nueva. ¡Deja de verla como una lata! En Japón, el correr del agua representa toda una ceremonia. Cuando estuve allá solíamos sentarnos en una pequeña choza cuando se realizaba la ceremonia del té. Nuestro anfitrión llenaba un cucharón con agua y la vertía en la tetera y todos escuchábamos. El sonido del agua cayendo era indescriptiblemente emocionante. Me pongo a pensar en todas las personas que hacen correr el agua de la ducha y del fregadero cada día y nunca la escuchan. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste la lluvia caer? _Herbert Otto señala: ”El cambio y el crecimiento se llevan a cabo cuando la persona se arriesga y se atreve a involucrarse experimentando con su propia vida”. ¿No es fantástico? La persona se arriesga y se atreve a involucrarse experimentando con su propia vida, confiando en sí misma. Hacerlo, experimentar con la propia vida, es muy emocionante, lleno de alegría, lleno

de felicidad, lleno de descubrimientos maravillosos y, sin embargo, también puede ser aterrador, porque uno se enfrenta a lo desconocido y lleva de lado la complacencia. Estoy convencido de que lo opuesto al amor no es el odio, sino la apatía, la indiferencia. Si alguien me odia, debe ”sentir” algo con respecto a mí o no podría odiarme. Por lo tanto, existe alguna forma en la que puedo llegar a él. Si no te gusta la escena en la que estás, si eres infeliz, si te sientes solo, si no sientes que estén sucediendo cosas positivas, cambia de escenario. Rodéate de nuevos actores. Escribe una nueva obra. Y si no es una buena obra, ¡con un demonio! salte otra vez del ..escenario y

escribe otra. Existen millones de obras, tantas como

personas viven. Nikos Kazantzakis dice: ”Tienes una brocha y colores, pinta el paraíso, y entrarás a él”. La persona que ama se da cuenta de las necesidades suyas y de sus semejantes. Necesita gente a la cual le importe, o por lo menos alguien que le importe a él, que realmente lo vea y lo escuche. Quizá sólo sea una persona, pero será alguien a quien le interese profundamente. Algunas veces sólo es necesario mover un dedo para reparar un dique. _Hay una obra teatral, Our Town, muy interesante. Una de las escenas más conmovedoras es cuando muere la pequeña Emily, la llevan al cementerio y los dioses le dicen que puede regresar a la vida durante un día. Elige regresar para vivir su duodécimo cumpleaños. Baja las escaleras vistiendo su atuendo de cumpleaños, los caireles rebotando, tan contenta porque es la homenajeada. Y mamá está tan ocupada haciendo un pastel para ella que no la voltea a ver. Papá entra, y está tan ocupado con sus libros y papeles y ganando dinero, que pasa de lado y ni siquiera la ve. Su hermano está en su propia escena y tampoco se molesta en verla. Finalmente Emily termina en el centro del escenario sola, en su vestido de cumpleaños. Y exclama: ”Por favor, alguien véame”. Vuelve con su madre una vez más, e implora: ”Mamá, por favor, sólo por un minuto, mírame”. Pero nadie la mira, y se dirige a los dioses, y dice más o menos lo siguiente: ”Llévenme otra vez. Se me olvidó lo difícil que era el papel de ser humano. Ya nadie mira a nadie”.

También es tiempo de que empecemos a escucharnos unos a otros. Necesitamos ser escuchados. Solía gustarme la idea de ”comparte y cuenta” en el salón de clase. Pensaba que era el momento en que la gente escuchaba. Sin embargo, cuando hubo inscripciones en la escuela
PREÁMBULO AL AMOR

avisaron a los maestros que debían tener los recibos de
inscripción listos para las 9:05, así que emplearon este tiempo para compartir y contar. Los pequeños pasaban al frente y decían: ”Ayer en la noche mi papi le pegó a mi mami con el rodillo y la dejó sin los dos dientes de enfrente, vino la ambulancia y se la llevó, y está en el hospital”. El maestro veía hacia arriba y decía: ”Muy bien, ¿quién es el siguiente?” Otro pequeño iba al frente y le mostraba una roca al maestro, ”encontré una roca al venir camino a la escuela hoy”. El maestro decía, ”bien, Juanito, ponía en la mesa de prácticas”. Me pregunto qué hubiera sucedido si el profesor hubiera tomado la roca y dijera: ”Déjame verla. Vean esto. Niños, observen el color de esta roca? ¿De dónde vienen las rocas? ¿Qué es una roca? ¿Qué tipo de roca es ésta?” Puedo imaginarme cómo se podría dejar todo a un lado y solo dedicarse a aprender sobre la roca. ¿Pero qué sucede? El maestro dice simplemente, ”ponía en la mesa de prácticas”. El hombre necesita sentir que tiene logros. Todos lo necesitamos. Tenemos que ser reconocidos por hacer algo bien. Y alguien nos lo tiene que señalar. Alguien de cuando en cuando tiene que darnos una palmada en la espalda y decirnos ”¡Caray! qué bien. Realmente me gustó lo que hiciste”. Sería sensacional si le hiciéramos

saber a la gente lo que hace bien en vez de señalar siempre lo que hace mal. Además, el que ama, para aprender, cambiar y devenir en algo más, necesita libertad. Thoreau dijo algo maravilloso: ”Los pájaros nunca cantan en las cuevas”. Y tampoco la gente. Uno tiene que ser libre para poder aprender. Tiene que haber gente interesada en tu árbol, no es un árbol tipo paleta, y uno tiene que estar interesado en sus árboles. ”Muéstrame tu árbol, muéstrame quién eres, y entonces sabré en dónde puedo empezar”. Pero los

pájaros nunca cantan en cuevas. Necesitamos ser

libres para crear. Recientemente tuve una experiencia inesperada. Hablé con un grupo de chicos talentosos en un distrito escolar de California. Yo desvarié y disparaté en mi forma acostumbrada, y ellos permanecían sentados como si estuvieran pegados a la silla; las vibraciones entre nosotros eran increíbles. Después de la sesión de la mañana los profesores me llevaron a almorzar. Cuando regresé, los chicos me recibieron y dijeron: ”Oh, doctor B., algo terrible ha sucedido. ¿Se acuerda del chico que estaba sentado ahí enfrente de usted?” Yo respondí, ”sí, por supuesto, nunca me olvidaré de él, estaba tan compenetrado”. ”Bueno, pues ha sido expulsado de la escuela por dos semanas”. Me desconcertó aquello. Parece que en mi plática estuve reiterando que la forma en que uno conoce algo de verdad es experimentándolo por completo. Había señalado: ”Si realmente quieren conocer un árbol, por ejemplo, tienen que subirse al árbol, sentirlo, sentarse en sus ramas, escuchar cómo sopla el viento a través de las hojas. Entonces podrán decir, «conozco a ese árbol»”. Y el chico pensó: ”Claro, me acordaré de eso. Es lo importante”. Así que durante la hora del almuerzo, este chico vio un árbol y se subió. El vicerrector pasó por ahí, lo vio sobre el árbol, lo bajó y lo expulsó de la escuela. Comenté: ”Debe haber un error; hubo un malentendido. Hablaré con el vicerrector”. No sé por qué, pero los vicerrectores son siempre ex maestros

de educación pública. Fui a la oficina en donde estaba sentado y le dije, ”soy el doctor Buscaglia”. Me lanzó una mirada furiosa y respondió, ”¿es usted el hombre que viene a esta escuela a decirles a los chicos que se suban a los árboles? ¡Es usted una amenaza!” A lo que yo agregué: ”bueno, usted no entiende. Pienso que hubo un mal...”. Me gritó, ”¡es usted

PREÁMBULO AL AMOR

una amenaza! ¡Decirles a los chicos que se suban a los árboles! ¿Qué pasa si se caen? ¡Ya tenemos suficientes problemas con ellos!” Nunca lo pude hacer entender, era imposible, no podía tratar con él. Así que fui a la casa del chico, que ahora tenía dos semanas de ”vacaciones” para subirse a los árboles, me senté con él, y me dijo, ”creo que lo que he aprendido de esto es cuándo subirme a los árboles y cuándo no. Parece que mi juicio no fue bueno, ¿verdad?” Él había escuchado. Va a tener que adaptarse al vicerrector, pero seguirá subiéndose a los árboles. Existen formas para cumplir con las necesidades de la sociedad y, de cualquier modo, hacer lo que uno quiere. Es cuestión de saber en dónde, cuándo y cómo. Cada quien tiene su propia manera de hacer las cosas y se debe dar amplia libertad. Existen mil caminos para amar, y cada quien encontrará el suyo si se escucha a sí mismo. No permitas que nadie te imponga su camino. Hay un maravilloso libro que se llama Las enseñanzas de don Juan, que escribió el antropólogo Carlos Castañeda. Se trata de los indios yaquis, a los que él estudió. Ahí destaca la figura de un hombre llamado don Juan, quien dice: ”Cada camino es únicamente uno en un millón de caminos. Por lo tanto, siempre debes tener en mente que un camino es sólo un camino. Si sientes que en este camino debes seguirlo, no necesitas dejar de seguirlo en ninguna circunstancia. Cualquier camino es sólo un camino. No existe afrenta ni para ti ni para los demás si lo dejas, si eso es lo que tu corazón te dice que

hagas. Sin embargo, tu decisión de seguir un camino o de dejarlo debe estar libre de temor y ambición. Te advierto: mira cada camino cuidadosa y deliberadamente. Inténtalo tantas veces como pienses que sea necesario. Después pregúntate a ti mismo y sólo a ti lo siguiente: ¿tiene ese camino un corazón? Todos los caminos son iguales, no conducen a ninguna parte. Son caminos que atraviesan el matorral o van al matorral o pasan por debajo del matorral. ¿Tiene este camino un corazón?, es la única pregunta a plantear. Si lo tiene, entonces el camino es bueno. Si no lo tiene, no vale la pena”. Si tu camino es el amor, la meta no tiene importancia, el proceso tendrá corazón. Sólo puedes ser ”real” en tu camino. Lo más difícil del mundo es tratar de ser algo que uno no es. Al alejarte de ti mismo debes acercarte cada vez más a lo que eres. Encontrarás que es una forma fácil de ser. Lo más fácil en el mundo es ser tú mismo. Lo más difícil es ser lo que otra gente quiere que seas. No permitas que te coloquen en esa posición. Encuéntrate ”a ti mismo”, averigua quién eres, sé como eres, y entonces podrás vivir con sencillez. Puedes aprovechar toda la energía que se requiere para ”controlar a los fantasmas”, de acuerdo con los términos de Alpert. Ya no tendrás ningún fantasma que controlar. Ya no estarás jugando. Desházte de ellos y di: ”Éste soy yo. Acéptame como soy con todas mis vulnerabilidades, con toda mi tontería, etcétera. Y si no puedes, entonces sólo déjame ser”. Ahora ya estamos listos para compartir un maravilloso viaje al amor, el cual por cierto no pretende ser un

camino. Se trata de compartir, así que aprovecha aquello que sientas adecuado para ti. Sin embargo, primero me gustaría comunicarles un poco de valiosa filosofía que escribió un hombre llamado Zinker, quien trabaja en el Instituto Gestalt en Cleveland. Lo siguiente es la conclusión de un trabajo que intituló Sobre los conocimientos públicos y la revolución personal. ”Si un hombre común tratara de encontrar su ser interior, ¿qué tipo de ideas orientadoras desarrollaría con respecto a cambiar su existencia? Quizás descubriría que su cerebro todavía no está muerto, que su cuerpo no está

PREÁMBULO AL AMOR

seco, y que independientemente de dónde se encuentre en este momento, sigue siendo el creador de su propio destino. Puede cambiar su destino tomando la decisión de cambiar seriamente, luchando contra sus pequeñas resistencias al cambio y al temor, aprendiendo más sobre su mente, intentando conductas que llenen sus necesidades reales, realizando actos concretos en vez de conceptualizarlos” (yo estoy convencido de esto: dejemos de hablar y empecemos a actuar), ”practicando los actos de ver y oír y tocar y sentir como nunca antes había aprovechado estos sentidos, creando algo con sus propias manos sin exigir perfección, pensando en las formas como se comporta de una manera autodestructiva, escuchando las palabras que dice a su esposa, hijos, amigos; escuchándose a sí mismo, escuchando las palabras y mirando a los ojos a quienes le hablan, aprendiendo a respetar el proceso de sus propios encuentros creativos y teniendo fe en que pronto lo llevarán a alguna parte. Sin embargo, debemos recordarnos a nosotros mismos que ningún cambio se realiza sin esfuerzo y sin ensuciarse las manos. No existen fórmulas ni libros que se puedan memorizar respecto a cómo adquirir identidad. Yo sólo sé esto: existo, soy, estoy aquí, estoy deviniendo, yo forjo mi vida y nadie más lo hace por mí. Debo enfrentarme a mis propias carencias, errores, transgresiones. Nadie puede sufrir mi no ser como yo. Pero mañana es otro día y debo decidir levantarme temprano de la cama y vivir nuevamente. Y si fracaso, no tendré el consuelo de culparte a ti, ni a la vida, ni a Dios”.

El amor es un fenómeno aprendido Todos funcionamos a una pequeña fracción de nuestra capacidad para vivir plenamente dentro del significado completo de amar, interesarnos en otros, crear y aventurarnos. Por lo tanto, la realización de nuestro potencial puede convertirse en la aventura más emocionante de nuestra vida.
HERBERT OTTO

1
A principios de este siglo, se encontró a un niño en los bosques de una pequeña aldea en Francia. Sus padres abandonaron la búsqueda al darlo por muerto. Pero gracias a algún milagro sobrevivió, sólo que no en su forma de niño, aun cuando físicamente era un ser humano, sino más bien como animal, por su comportamiento. Caminaba sobre las cuatro extremidades, formó su hogar cavando un hoyo en la tierra, no tenía un lenguaje significativo aparte de emitir algún sonido animal; no llevaba ninguna relación estrecha, y no le importaba nadie ni nada, excepto su supervivencia. Casos como éste, y como el de Kumala, la joven india, se han conocido desde tiempos remotos. Tienen en común el hecho de que si el hombre es criado como animal, se comportará como animal, ya que el hombre ”aprende” a ser humano, y por lo mismo aprende a comportarse, a sentir y amar como humano. Los sicólogos, siquiatras, sociólogos, antropólogos y educadores han sugerido en incontables estudios y numerosos trabajos de investigación, que el amor es ”una respuesta aprendida, una emoción aprendida”. La forma en que el hombre aprende a amar parece

estar directamente relacionada con su habilidad para aprender con las

EL AMOR ES UN FENÓMENO APRENDIDO

personas que le enseñen en su medio ambiente, así como con el tipo, magnitud y sofisticación de su cultura. Por ejemplo, la estructura familiar, las prácticas de cortejo, las leyes maritales, los tabúes sexuales varían según el lugar donde se vive. Las normas y costumbres relacionadas con el amor, el sexo, el matrimonio y la familia, son distintas, por ejemplo, en Bali y en la ciudad de Nueva York. En Bali, la estructura familiar es cerrada; en Manhattan es flexible y menos estructurada. En Bali, el matrimonio es polígamo; en Manhattan, por lo menos para efectos legales, es monógamo. Estos hechos, relativos a los efectos del aprendizaje en la conducta, parecen evidentes por sí mismos cuando se señalan. Sin embargo, tienen poco o ningún efecto en la mayoría de la gente cuando se aplican al amor. La mayoría de nosotros seguimos comportándonos como si el amor no requiriera aprenderse, sino que estuviera latente en cada ser humano y sencillamente esperara una mística etapa de conciencia para surgir y florecer. Muchos terminan esperando esta etapa eternamente. Nos negamos a enfrentar el hecho evidente de que casi todos pasamos la vida tratando de encontrar el amor, de vivir en el amor para finalmente morir sin haberlo descubierto verdaderamente. Por una parte están los que descartan el amor como una idea ingenua y romántica de nuestra cultura. Otros se ponen poéticos y dicen que ”el amor lo es todo”, ”el amor es el llamado del ave y el destello en

los ojos de una joven en una noche de verano”. Algunos son dogmáticos y señalan enfáticamente que ”Dios es el amor”. Y ciertas personas, de acuerdo con su propia experiencia personal, afirman que ”el amor es una fuerte unión emocional con i otro ...”, etc. En algunos casos encontraremos que a determinadas personas nunca se les ha ocurrido cuestionar el amor, mucho menos definirlo, y hasta se oponen violentamente a la sugerencia de que piensen en el amor. Para ellos, el amor no es algo que deba ser sopesado; sencillamente se vive. Es verdad que, hasta cierto punto, estas afirmaciones son correctas, pero sugerir que cualquiera de ellas es la mejor o que cubre todo lo existente con respecto al amor, sería demasiado simplista. Por lo tanto, cada persona vive el amor en su propia forma limitada y, al parecer sin relacionar la confusión y soledad resultantes, con esta falta de conocimientos sobre el amor. Si una persona deseara saber algo sobre automóviles, sin duda alguna estudiaría diligentemente los diversos temas automovilísticos. Si su esposa deseara ser una magnífica cocinera, indiscutiblemente estudiaría el arte culinario, quizás hasta tomaría clases especiales de cocina. Pero cuando se trata de querer vivir el amor, por lo general no se piensa que sea necesario dedicar por lo menos tanto tiempo como el mecánico automotriz o la buena cocinera al estudio del amor. Ningún mecánico o cocinera podrían asegurar que sólo por el hecho de ”desear” adquirir conocimientos en su campo se convertirían en expertos. Al hablar sobre el amor, sería conveniente considerar las siguientes premisas: ~

No se puede dar lo que no se posee. Para dar amor hay que tener amor. No se puede enseñar lo que no se entiende. Para enseñar de amor hay que comprender el amor. No se puede saber lo que no se estudia. Para estudiar el amor es necesario vivir en el amor. No se puede apreciar lo que no se reconoce. Para reconocer el amor es necesario estar receptivo al amor.

EL AMOR ES UN FENÓMENO APRENDIDO

No se puede dudar de aquello en lo que uno desea confiar.

Para confiar en el amor es necesario estar convencido del amor. No se puede admitir aquello ante lo que uno no se rinde. Para rendirse al amor es necesario ser vulnerable al amor. No se puede vivir aquello a lo que uno no se dedica. Para dedicarse al amor es necesario crecer eternamente en el amor. Un niño recién nacido no tiene conocimientos sobre el amor. Y está totalmente indefenso, en gran parte ignorante, dependiente y vulnerable. Si se le deja solo, si no se le cuida durante tiempo razonable, antes de que cumpla seis o siete años de edad, habrá muchas probabilidades de que muera. Un niño requiere de más tiempo que cualquier otra criatura viviente para aprender a ser independiente. Al parecer, a medida que las sociedades se vuelven más complejas y sofisticadas, el tiempo para lograr la independencia se va extendiendo al grado de que algunos individuos permanecen dependientes aun hasta su muerte, si no económica, sí emocionalmente. A medida que el niño crece, el ambiente que lo rodea, la gente con la que interactúa en su mundo, le enseñan lo que significa el amor. Al principio esto puede implicar que llore cuando tiene hambre, se siente solo, tiene algún dolor o está incómodo. Su llanto puede provocar una respuesta, por lo general de alguien que lo alimenta y lo protege, para que ya no sienta dolor debido al hambre; alguien que lo abraza para que ya no se sienta solo; alguien que elimine o evite la fuente de su dolor

para que nuevamente esté cómodo. Éstas son las primeras interacciones

que lo enseñan a identificarse con otro ser humano. Todavía no puede relacionar su fuente de incomodidad con un papel humano, tal como el de la madre, padre, sirviente, niñera, abuela. Es probable que si un lobo (se ha sabido de algún caso semejante) llenara sus necesidades básicas, el niño desarrollaría una relación de necesidad con el lobo. Sin embargo, eso aún no sería amor, sino sencillamente una relación de necesidad. Pero eso no importa, porque es la primera reaccióninteracción que, por unilateral y sencilla que parezca, a la larga conducirá al multifacético y complicado fenómeno del amor. Para este periodo la actitud del objeto del que depende y al que reacciona el niño juega un papel importante. También el objeto tiene necesidades. Responderá al niño de acuerdo con sus necesidades, por ejemplo, el refuerzo para una madre que se levanta durante la noche y atiende a su bebé o que hace mil tareas distintas requeridas de una madre del siglo xx, puede ser sencillamente una sensación de satisfacción por haber creado una vida o la sonrisa o la calidez del niño contra su cuerpo; sin embargo, la madre necesitará refuerzo o abandonará al niño. Ella responderá de acuerdo a como estos actos satisfagan sus necesidades. Se ha observado que las madres de niños autistas (que no responden en lo absoluto) tienden a alejarse, a cargar menos al bebé, a abrazarlo y acariciarlo menos y, en general, a responder menos a las necesidades del niño. Conforme va creciendo el niño se amplía su mundo y sus relaciones. Su mundo de amor sigue limitado, por lo general, a su familia, su padre, hermanos, hermanas, pero principalmente a su madre. Cada miembro de la familia, a su vez, jugará un papel importante al enseñarle

algo sobre el amor. Lo harán a través del trato que le dan, cómo juegan o hablan con él, cómo reacciona él hacia ellos, etc.

Ciertamente, ningún miembro de la familia se propone deliberadamente ”enseñar” amor a un niño. El amor es una emoción, esto es cierto. Pero también es una ”respuesta” a una emoción y, por lo tanto, una expresión ”activa” de lo que se siente. El amor no se aprende por ósmosis. Es algo que de hecho se actúa. Cada miembro de la familia puede enseñar sólo lo que sabe sobre el amor, y el niño actuará cada vez más lo que está aprendiendo. Los elementos positivos que exprese y sean aprobados y reforzados de acuerdo con los sentimientos y creencias de la familia, serán adoptados como parte de su conducta, y los elementos desaprobados, que quizás hasta sean castigados, no formarán parte de su conducta. Si la familia constituye un grupo demostrativo donde el afecto se expresa abiertamente, el niño será reforzado con una respuesta positiva cuando exprese este sentimiento. Por ejemplo, un niño salta a los brazos de su padre y le da un tronado beso. El padre manifiesta una conducta recíproca, con alegría, en forma verbal, tierna, sonriente y aprobatoria. Le enseña al niño que esta expresión abierta de amor es buena. Por otra parte, el niño puede saltar espontáneamente a los brazos de su padre, que quizá sea igualmente cálido, pero cuya expresión de amor no incluye esta actuación demostrativa del afecto. Este padre tal vez alejará tiernamente al niño y le dirá sonriente: ”Los

hombres no se besan ni se abrazan”. Este padre le ha enseñado a su hijo que está bien amar, pero que la demostración abierta de amor no es aprobada en su medio social. El filósofo francés Jean-Paul Sartre señaló: ”Mucho antes de nuestro nacimiento, aun antes de que seamos concebidos, nuestros padres ya han decidido quiénes vamos a ser”. Aparte de nuestra familia inmediata, existen otras influencias que nos enseñan sobre el amor. El efecto de estas influencias puede ser ostensible y una de ellas
es la cultura del individuo, la cual, en muchos casos, le enseña a la familia sus respuestas al amor. Por lo tanto, servirá para reforzar aún más las actitudes del niño. Un niño francés que es criado en una sociedad china por padres chinos, crecerá como un niño chino, con todos los juegos, respuestas, modales, reacciones, gustos y aversiones, lenguaje, aspiraciones y sueños chinos. Este mismo niño francés criado en una cultura china por padres franceses, se convertirá en un niño francés en una sociedad china, asimilando los aspectos de la cultura francesa que le enseñen sus padres y adaptándolos, a medida que crece, a fin de poder vivir en una sociedad china. Después desarrollará las características francesas comunes a los niños franceses, pero también tendrá que adaptarlas a la cultura china. Ninguna persona puede estar totalmente libre de presiones e influencias culturales. Para ser ”socialmente aprobado” es necesario renunciar a cierta parte de uno mismo. Un Robinson Crusoe puede ser completamente libre en su isla, pero paga por esa libertad con el

aislamiento. Cuando aparece Viernes, otra persona, él tiene una opción. Puede convivir con él y hacerlo a su semejanza, lo cual implicaría cambiarle los hábitos y participar en un intercambio democrático, o puede hacer que Viernes sea su esclavo. Esta decisión requerirá de poco o ningún cambio en la personalidad y vida de Crusoe, a excepción de que tendría que mantener una vigilancia continua y estrecha sobre Viernes, su esclavo. En el otoño de 1970 tuve una experiencia interesante en cuanto a la convivencia social. Me encantan las hojas de otoño, los colores, el sonido de las hojas cuando uno camina sobre ellas. Por esta razón dejo que se acumulen libremente en la entrada y sobre la banqueta de mi casa, hasta que se convierten en una alfombra crujiente y de varios colores bajo mis pies. Cierto día me encontraba en casa con algunos de mis alumnos y alguien tocó a la puerta. Era un grupo de vecinos que habían venido a quejarse por la acumulación de hojas, lo que ellos consideraban ”una apariencia ofensiva para el vecindario”. Me preguntaron si estaba dispuesto a retirar las hojas y también cortésmente se ofrecieron a hacerlo por mí. Pronto estuve de acuerdo en complacerlos, provocando cierta decepción en mis alumnos, quienes pensaron que me había ”acobardado”, pues debí haberles dicho a qué nivel del Infierno de Dante se deberían ir. Les expliqué que podíamos llegar a una solución mutuamente satisfactoria si los vecinos me ayudaban a recoger las hojas y ponerlas en los canastos. Condescendieron dudosamente y a regañadientes, maldiciendo la cultura ”traumada” que violaba las leyes del individuo. Una vez que hubimos recogido las hojas, tomé los canastos y los vacié sobre el piso de mi sala. Ahora los vecinos tendrían una vista más aceptable para ellos y yo

tendría mi anhelado mundo colorido de otoño crujiendo bajo mis pies, para alegría de mi corazón (sería muy sencillo barrer o aspirar mi sala cuando así lo deseara). Había cedido ante la cultura, porque disfruto y necesito a mis vecinos, pero también satisface mis propias necesidades, pues disfruto y necesito las hojas de otoño. Es posible que cuando optamos por ceder una libertad de orden inferior, logremos una de orden superior. (Al barrer las hojas sigo teniendo vecinos a quienes les importo. El hombre nunca sabe cuándo puede necesitar una tasa de harina.) Entonces, la cultura y la sociedad tendrían el poder si nosotros elegimos ser miembros de ella, para que acepte nuestros pensamientos, limite nuestras opciones, moldee nuestra conducta, nos enseñe su

definición de adaptación y nos muestre a qué se

refiere con la palabra amor. Por lo tanto, la forma en que aprendas el amor estará determinada en cierta forma por la cultura en la que te desenvuelves. Algunas veces, la familia y la cultura del individuo pueden entrar en conflicto. Mis padres y familiares (que eran bastantes, formando una familia cálida, demostrativa, muy emotiva y con fuertes lazos personales) me enseñaron a expresar el amor abiertamente. Sin embargo, al ir a la escuela y abrazar y besar a otros niños y maestros, pronto me hicieron ver que era inmaduro, afeminado o, cuando menos, disociado. Puedo recordar la confusión en mi mente cuando la mamá de uno de mis compañeros de clase vino a mi casa y les explicó a mis desconcertados padres que yo no era un compañero de juegos adecuado para sus hijos, pues era demasiado ”físico”. Sin embargo, dejó de ser un conflicto cuando me lo explicaron y pude entender que cuando estaba en nuestro hogar, o en otros similares al nuestro, había una forma correcta de expresar nuestro afecto, pero en otras casas, podría ser distinto. Debía observar y responder de acuerdo con mi propio criterio. Naturalmente, para esa época ya estaba convencido de que un apretón de manos o hasta una franca sonrisa nunca podrían brindarme tanto placer como un abrazo cálido o un beso tierno (sigo creyendo que esto es cierto).

Aun en la actualidad, el niño continuamente está a merced de sus maestros, del medio en que vive y de los individuos (seres humanos) con los que entra en contacto. Ellos son responsables de enseñarle a amar. Por supuesto, sus padres serán los maestros más importantes. Tendrán el mayor impacto en él y le enseñarán únicamente el tipo de amor que ellos han aprendido y sólo en la medida en que lo han aprendido, ya que, ellos también, han estado
a merced de sus maestros y de su cultura. _Los maestros únicamente pueden enseñar lo que han aprendido, y si el amor que han aprendido es inmaduro, confuso, posesivo, destructivo, exclusivo, entonces eso será lo que transmitan y enseñen a los chicos. Si, por otra parte, vivieron y conocen un amor libre, maduro, en constante desarrollo, esto es lo que enseñarán. Un niño no puede presentar resistencia a sus maestros; tiene poco o ningún poder para hacerlo. Con el fin de existir a cierto nivel de comodidad, debe aceptar lo que se le ofrece, a menudo sin cuestionar. De hecho, hará pocas preguntas, ya que tiene pocos conocimientos y casi nada con lo cual pueda comparar. Su mundo se le administra en cucharadas, se le dan los instrumentos para satisfacer sus requerimientos y los símbolos para organizarlos. Hasta se le enseña qué cosas son significativas, qué sonidos escuchar y lo que significan, así como lo que no tiene valor. En otras palabras, se le enseña una forma particular de amar. Para ser amado, a su vez, sólo necesita escuchar, ver y responder como los demás. Es un asunto sencillo, pero el costo a pagar por su individualidad resulta demasiado elevado. El lenguaje es el principal medio para transferir conocimientos, actitudes, prejuicios, sentimientos, y los

aspectos que hacen que la personalidad y la cultura sean únicas. El lenguaje se enseña y aprende en y por medio de la familia y la sociedad. Cualquier niño normal cuenta con el equipo biológico, mental y físico necesario para aprender cualquier idioma del mundo, y puede ejecutar, en su niñez, todos los sonidos del alfabeto fonético universal. Aunque nunca se le enseñe formalmente, a los tres o cuatro años de edad ya hablará inteligiblemente, con el lenguaje aprendido de su cultura. Las palabras que emplea y el significado que les dé serán decididas por quienes le enseñen

en su mundo inmediato. Naturalmente, aún no podrá leer, y por lo tanto aprende su lenguaje oralmente. No está consciente de que el lenguaje que aprende determinará quién es, cómo verá al mundo, cómo organizará su mundo y cómo lo presentará a otros. Todas las palabras tienen un contenido intelectual. Hay poca dificultad al definir, por ejemplo, una ”mesa” o una ”casa”. Pero cada palabra también tiene un contenido emocional. Es muy distinto definir ”casa” en contraposición a hablar de la ”primera casa” en la que uno vivió. Todos conocemos el significado superficial de la palabra ”libertad”. No obstante, si intentáramos definir la libertad en nuestros propios términos, en nuestro entorno actual, quizá nos veríamos en dificultades. Cuando Timothy Leary elaboró su interesante trabajo sobre el lenguaje y la conciencia, se refirió

a las palabras como ”la huella (el congelamiento) de la conciencia externa”. Explicó que cada vez que uno de los padres o la sociedad enseña al niño un nuevo símbolo, se da un contenido tanto intelectual como emocional a dicho símbolo, y tal contenido está limitado por las actitudes y sentimientos de sus padres y de la sociedad. Este proceso empieza en una etapa demasiado temprana para que el niño pueda opinar con respecto a lo que las palabras van a significar para él. Una vez ”congeladas”, las actitudes y sentimientos hacia los objetos o personas a las que se refieren las palabras se vuelven muy estables, en muchos casos irreversibles. Entonces, a través de las palabras al niño no sólo se le da el contenido sino también la actitud. Así se forman sus actitudes con respecto al amor. Se establece una especie de mapa estático, explica Leary, en el cual se realiza todo el aprendizaje subsecuente de actitudes y conciencia. El ”mapa” del niño estará determinado de acuerdo a. qué tanto se asemejen los símbolos a los hechos y
cómo sean considerados, asimilados, analizados y reforzados a través de la experiencia. El lenguaje importante para establecer la conducta, las relaciones, la acción, las actitudes, la empatía, la responsabilidad, la confianza, el interés en otros, la alegría, la respuesta, en otras palabras, el lenguaje del amor, se determina de esta manera. A partir de este momento el niño se encuentra a merced de sus maestros. Se le ha forzado debido a su

falta de experiencia y aprovechando su dependencia, a confiar en sus maestros y aceptar el mundo de amor que le ofrecen como una realidad. Aproximadamente en esta época el chico empieza a ir a la escuela. Se depositan grandes esperanzas en la educación, a través de la cual se le ofrece su primer posible escape, nuevos mundos por descubrir, llenos de actitudes y definiciones diferentes, excepcionales e interesantes sobre la vida y el amor. Sin embargo, el muchacho, pronto se desilusiona, pues en vez de ”liberarlo” para que siga su propia vida, ahora se encuentra en un nuevo ambiente que a menudo es menos flexible que el de su hogar. Charles Reich expresa esta idea dramáticamente en The Greening of America: ”Si bien la autoridad escolar no tiene poder legal, no obstante, la escuela es una faceta que la ley hace obligatoria, y hasta existen sanciones por considerar un delito el no asistir a ella. (La opción de asistir a una escuela privada existe para las familias que se pueden dar el lujo de pagarla, aunque ésta no es la propia elección del estudiante, y obviamente sólo está disponible para unos cuantos.) La escuela no tiene barrotes como la prisión, ni puertas cerradas bajo llave como los manicomios, pero el estudiante no es más libre de salir de ella que el preso sin esperanzas de salir de la penitenciaría. Con el niño así encerrado, la educación formal supone que su principal tarea es el proceso de transmitir ”los

conocimientos acumulados del pasado”, por lo general a expensas del presente y del futuro. Más bien se trata de ”alimentarle conocimientos” y no de ”conducirlo hacia el saber”. Se le enseña todo, a excepción de lo aparentemente necesario para el creciente conocimiento del individuo sobre sí mismo, sobre su relación con los demás. Encuentra que muchos de sus maestros son individuos sin vida, sin entusiasmo, esperanza o alegría. Erich Fromm dijo: _”El vivir es el proceso de volver a nacer continuamente. La tragedia en la vida de la mayoría de nosotros es que morimos antes de haber nacido completamente”. La educación moderna no hace mucho para guiar al niño desde la muerte al renacimiento. Ni el amor por sí mismo (lo que los educadores llaman autorrespeto) ni el amor hacia los demás (responsabilidad y amor por el prójimo) pueden ser enseñados en nuestro sistema educativo actual. Los maestros están demasiado ocupados ”administrando para poder ”crear”. Como señaló Albert Einstein: ”Es casi un milagro que la instrucción en la actualidad no haya estrangulado la sagrada curiosidad de la indagación, ya que esta delicada y pequeña planta principalmente tiene necesidad de libertad, sin la cual caerá en el desastre y en la ruina completos y sin duda morirá”. Así pues, el individuo, una vez que ha crecido, sale de las escuelas confundido, sintiéndose solo, enajenado, perdido, irritado, y además con la mente llena de hechos aislados y sin significados precisos, que juntos

reciben irrisoriamente el nombre de educación. No sabe ni quién es ni en dónde está ni cómo llegó ahí. No tiene idea de hacia dónde va, cómo llegar ni de lo que hará cuando llegue. No sabe lo que tiene ni lo que quiere ni cómo desarrollarlo. En esencia, es una especie de robot, envejecido prematuramente, viviendo en el pasado, confundido por el presente, asustado por el futuro ... muy semejante a los maestros que lo formaron. En ninguna parte de este camino ha estado el sujeto directamente expuesto al amor como fenómeno aprendido. Lo que ha aprendido sobre el amor lo ha hecho indirectamente, por casualidad o por ensayo y error. Su mayor experiencia, y a menudo su única enseñanza, ha ocurrido a través de los medios masivos comerciales que han explotado el amor para sus propios fines. Los poetas frustrados, con la ayuda de la Metro-Golden-Mayer y 20th Century Fox, crearon el amor romántico para el mercado mundial. Su particular concepto del amor, por lo general, no llega más allá de que el chico conoce a la chica, ésta riñe con el chico (o viceversa), quien pierde a la chica, ambos ven la luz a través de un golpe mágico del destino, el chico conquista a la chica, y viven ”eternamente felices”. Todo esto con sus diversas variaciones. Un ejemplo clásico de lo anterior fue el éxito de las películas de Rock Hudson y Doris Day. Rock conoce a Doris, la corteja con atenciones: regalos, flores, palabras amables, persecuciones extravagantes y buenos modales. Doris se la pasa huyendo de las

acometidas de Rock durante seis carretes del filme. Finalmente, Doris ya no puede resistir más, se rinde y se entrega a Rock, quien la carga a través del umbral de la puerta, y así desaparecen de la escena. Lo interesante sería ver lo que sucede después que desaparecen de la escena. Indudablemente, pensaríamos que cualquier chica como la del personaje que actúa Doris, que ha huido de un hombre durante seis carretes, debe ser frígida; y cualquier hombre que soporta ese tipo de tonterías debe ser impotente. Es decir, están hechos el uno para la otra. De todas formas, son los ejemplos como éste (e incontables más) los que crean en nosotros la idea de lo que es el amor. Los anuncios de desodorantes, los comerciales de cigarrillos, las compañías de cosméticos, todos juegan un papel adicional en el fortalecimiento de esta idea loca sobre el amor. Nos aseguran que amar significa correr juntos en una pradera, prender dos cigarrillos en la oscuridad o aplicarse cierto desodorante diariamente. Se transmite la idea de que el amor sólo ”sucede”, por lo general a primera vista. Según eso, uno no tiene que esforzarse, el amor no necesita de ningún maestro, uno sólo se enamora si se siguen al pie de la letra las reglas adecuadas y se juega el ”juego” correctamente. A mí no me gustaría formar una sociedad con un arquitecto que tenga escasos conocimientos sobre la

construcción, ni con un corredor de bolsa que tenga datos limitados de la bolsa de valores. Aun así, tratamos de formar lo que esperamos serán relaciones permanentes de amor con personas que casi no tienen ningún conocimiento de lo que el mismo significa, y que equiparan el amor con el sexo, la atracción, la necesidad, la seguridad, el romance, la atención y mil cosas similares. El amor puede ser todo esto y, a la vez, no ser ninguna de estas cosas. Alguien en una clase sobre el amor comentó: ”Quisiera que ella me amara más y me necesitara menos”. La mayoría de nosotros nunca aprendemos a amar. Jugamos al amor, imitamos a los amantes, tratamos al amor como a un juego. ¿Es de sorprender entonces que tantos de nosotros estemos muriendo de soledad, nos sintamos angustiados e insatisfechos, aun en relaciones aparentemente cercanas, y que siempre busquemos en otra parte algo más que sentimos debe estar ahí? ”¿Es esto todo lo que hay?”, como dice una canción.

I

Hay algo más, muy sencillo pero importante: el potencial ilimitado de amor que existe dentro de cada persona ansiosa de ser reconocida, en espera de poder desarrollarse, añorando crecer. Nunca es demasiado tarde para aprender, especialmente cuando uno tiene el potencial para lograrlo. Si uno quiere aprender a amar, debe empezar por el proceso de averiguar qué es, qué cualidades forman a la persona que ama y cómo se desarrollan. Toda persona cuenta con el potencial para amar, pero éste nunca se culminará sin esfuerzo, lo cual no significa dolor. El amor se aprende mejor al maravillarse, al alegrarse, al estar en paz, al vivir.

En este momento los científicos están descubriendo que el considerar que vivir y amar son lo mismo, es la única forma de vida adecuada para los seres humanos porque, de hecho, ésa es la forma de vida que exige la naturaleza innata del hombre.
ASHLEY MONTAGU

Es cierto que, en un análisis final, todo hombre está solo. No importa qué tantas personas lo rodeen o qué tan famoso sea; en los momentos más significativos de su vida es muy probable que se encuentre solo. El momento de su nacimiento se da en un mundo ”solo”, al igual que el momento de su muerte. Entre estos extremos de suma importancia se encuentra la soledad de los momentos de lágrimas, de lucha para el cambio, de decisión. Éstas son las ocasiones cuando el hombre se enfrenta solo a sí mismo, ya que nadie más puede entender verdaderamente sus lágrimas, su lucha, o las complejas motivaciones subyacentes a sus decisiones. La mayor parte de los hombres, esencialmente siguen siendo extraños, aun para aquellos que los aman. Orestes se encontraba solo cuando decidió matar a Clitemnestra, su madre, en un acto que lo liberó. Hamlet se hallaba solo cuando tomó la decisión de vengar la muerte de su padre, en un acto que lo destruyó a él y prácticamente a todos los que lo rodeaban. John Kennedy estaba solo cuando tomó la famosa decisión de Bahía de Cochinos, que pudo haber provocado otra gran guerra mundial. La mayoría de nosotros no conocerá nunca el peso de una soledad tan trascendental, pero al mismo tiempo, cada vez que tomemos una decisión, por insignificante que parezca, estaremos igual de solos. El concepto de soledad se vuelve aún más devastador cuando comparamos el ”estar solo” con ”sentirse solo”. Estos dos aspectos son radicalmente distintos. Uno puede estar solo y nunca sentirse sólo, y

viceversa, sentirse solo aun cuando se encuentre entre mucha gente. Todos hemos experimentado distintos grados de soledad, aunque no siempre han sido aterradores. Hemos descubierto que estar solo algunas veces no sólo es necesario sino que representa un reto, motivo inspirador y aun una fuente de alegría. Necesitamos estar solos con nosotros mismos para reencontrarnos en el sentido más profundo. Necesitamos tiempo para reflexionar, atar cabos sueltos, entender el significado de nuestra confusión o sencillamente para soñar. Y descubrimos que a menudo podemos lograr mejor todas estas cosas cuando estemos solos. Albert Schweitzer lo enfatizó conmovedoramente al comentar que el hombre moderno forma parte inevitable de una muchedumbre y está muriendo de un sentimiento de soledad personal. La mayoría de los hombres parece lidiar con el hecho de estar solos como un reto único, aunque no eligen la soledad como un estado permanente. El hombre es por naturaleza un ser sociable. Encuentra que se siente más cómodo en su soledad en el grado en que puede relacionarse a voluntad con otros. Descubre que con cada relación profunda se acerca aún más a sí mismo; que los demás lo ayudan a obtener fortaleza personal, y con esta fortaleza, a su vez, se le facilita más enfrentarse a su soledad. Por lo tanto, el hombre trata conscientemente de llegar a otros y atraerlos más, en el grado en que le es posible y en el que es aceptado. Cuanto más pueda aliarse con todas las cosas, aun con la muerte, menos temeroso estará del aislamiento. Por estas razones el hombre creó

i

EL HOMBRE NECESITA AMAR Y SER AMADO

el matrimonio, la familia, las comunidades y, más recientemente, las comunas, y también, según sostienen algunos, creó a Dios. Parece haber un notable cúmulo de evidencia que indica la verdadera necesidad innata de estar juntos, de interacción humana, del amor. Y al parecer, sin esos lazos estrechos con otros seres humanos, un niño recién nacido, por ejemplo, podría tener una regresión, desde el punto de vista de su desarrollo, perder conciencia, caer en la idiotez y morir. Esto es posible aun si está en un ambiente físico perfecto, con una dieta estupenda y gozando de atención médica. Estos aspectos no parecen suficientes para el continuo desarrollo físico y mental. La tasa de mortalidad infantil en instituciones bien equipadas, pero con falta de personal, ha sido apabullante en la última década. En las dos décadas anteriores, antes de que se aceptara la importancia de la respuesta humana en el desarrollo del niño, las estadísticas de mortalidad infantil eran aún más dramáticas. En 1915, en una reunión de la Sociedad Norteamericana de Pediatría, el doctor Henry Chapin informó que habían muerto todos los niños menores de dos años, y otros informes de la misma época resultaron muy similares. El doctor Griffith Banning, en un estudio efectuado con 800 niños canadienses, informó que los niños cuyos padres estaban divorciados, muertos o separados, y

quienes carecían de los sentimientos de amor y afecto, presentaban mucho más daño en su crecimiento que el que pudiera haberles provocado alguna enfermedad. Skeels, conocido sicólogo y educador, informó recientemente sobre el dramático estudio a largo plazo con niños huérfanos en los que la única variable era el amor y el calor humano. Un grupo de 12 niños permaneció albergado en un orfanatorio; cada uno de ellos, en un segundo grupo, diariamente era llevado a una institución cercana para ser atendido y amado por una chica adolescente, retrasada mental. Los hallazgos de Skeels se han vuelto clásicos de la literatura. Después de más de 20 años de estudio, ha encontrado que de todos los chicos del primer grupo que permanecieron en el orfelinato, sin amor personal, en la actualidad todos estaban, si no muertos, recluidos en instituciones para retrasados mentales. Los del segundo grupo, que recibieron amor y atención, actualmente se mantienen todos a sí mismos, la mayoría se graduaron en bachillerato y todos están felizmente casados, habiendo únicamente un divorcio. ¡Son estadísticas impresionantes! En la ciudad de Nueva York, el doctor Rene Spitz, en la última década, estudió a niños que vivían en dos instituciones diferentes, pero físicamente adecuadas. Las instituciones diferían principalmente en su enfoque en cuanto a la cantidad de contacto físico y la atención que los niños recibían. En una de ellas el niño permanecía en contacto diario con un ser humano, por lo general su madre. En la segunda

institución había una sola enfermera a cargo de 8 a 12 niños. El doctor Spitz estudió a cada niño en términos de factores de desarrollo, así como médica y psicológicamente. Se ocupó del cociente de desarrollo del niño, el cual incluía aspectos de personalidad tan importantes como la inteligencia, percepción, memoria, habilidad para imitar, etc., y concluyó que gracias al cálido contacto humano, el cociente de desarrollo aumentó de 10: .50 a 105 y mostró una tendencia de aumento continuo. Por otra parte, los niños privados de esa atención empezaron con un cociente de desarrollo promedio de 124, y para el segundo año de estudios había bajado a un sorprendente 45.

EL HOMBRE NECESITA AMAR Y SER AMADO

Hay otros estudios de los doctores Fritz Ridel, David Wineman y Karl Menninger, que indican una correlación positiva entre el interés humano y el estar juntos, con el crecimiento humano y el desarrollo. Un informe muy interesante y más completo de estos estudios y muchos otros de naturaleza similar, se puede encontrar en el artículo fascinante que escribió Ashley Montagu en el Phi Delta Kappan (mayo, 1970). Así que, al parecer, el niño no conoce ni entiende la sutil dinámica del amor, pero ya tiene una necesidad tan fuerte del mismo que su carencia puede afectar su crecimiento y desarrollo y hasta causarle la muerte. Y esta necesidad no cambia en la vida adulta. En muchos casos, el amor, el estar junto a otros, se convierte en el principal impulso y meta de la vida del individuo. Se sabe que la falta de amor es la principal causa de la neurosis severa y hasta de la psicosis en la vida adulta. Hace algunos años yo solía pasar los domingos por la noche en una estación de radio que programaba música de rock en Los Ángeles, que tenía una línea abierta a la ciudad. Sólo estábamos dos personas en una pequeña cabina de cristal repleta de equipo electrónico, y afuera había una sola recepcionista que manejaba 6 líneas telefónicas en funcionamiento continuo. De las 7:00 p.m. hasta las 10:00 p.m. escuchábamos y hablábamos con voces extrañas de toda la ciudad. Las líneas nunca estaban desocupadas, siempre estábamos platicando con alguien mientras otras cinco personas esperaban. El tema era el amor y resultaba interesante que la mayoría de las llamadas se relacionaban con la soledad, la incapacidad para amar a otros, la confusión en las relaciones interpersonales, el temor de amar por miedo a

ser herido. Los cientos de personas cuyas llamadas se recibían cada noche deseaban amar, pero no sabían cómo hacerlo. Un hombre joven

El amor es como un espejo. Cuando amas a alguien te conviertes en su espejo y él en el tuyo... Y al reflejar el amor del otro se logra ver el infinito. expresó: ”Estoy solo en un pequeño departamento en la avenida Melrose. Hay muchas personas como yo en esta calle, cada quien en su propio departamento, todos esperando estar con alguien, pero ninguno sabe cómo romper el muro. ¿Qué es lo que pasa con nosotros?” De hecho, el temor a la soledad y la falta de amor son tan grandes en la mayoría de nosotros, que es posible que lleguemos a convertirnos en esclavos de este temor. Para evitarlo, estamos dispuestos a renunciar hasta a nuestro verdadero yo, a cualquier cosa, a satisfacer las necesidades de otros y en esta forma obtener una compañía íntima para nosotros. Hay una popular obra musical en Broadway que se llama Company. Sugiere que la única razón para el amor y el matrimonio es tener compañía, para bien o para mal; es decir, que algo es mejor que nada. En Wild Palms, William Faulkner señaló: ”Si tuviera que

escoger entre el dolor y nada, eligiría el dolor”. La mayoría de los hombres estarían de acuerdo con él. El niño aceptará hábitos irrazonables para obtener el amor de sus padres. El adolescente perderá su identidad, renunciará a sí mismo, para ser aceptado como parte de un grupo; se vestirá como sus compañeros, se peinará como ellos, escuchará la misma música, practicará los mismos bailes y adoptará las mismas actitudes. En la vida adulta encontramos que la forma más fácil de ser aceptados es comportarse como aquellos que queremos que nos acepten. De manera tal que nos conformamos; nos ponemos a jugar bridge, a leer los mismos best sellers, damos cocteles similares, construimos casas parecidas, nos vestimos adecuadamente, de acuerdo con las normas del grupo, para poder adquirir un sentido de comunidad y seguridad. Durante el cortejo y el periodo de amor romántico cambiamos de la manera más radical para obtener

la aprobación y aceptación del ser amado, al grado de seguir la letra de aquella canción: ”A él le gustan los caireles y a mí nunca me gustaron, pero a él le gustan los caireles, así que ahora son mi fascinación”. Al llegar a viejos, voluntaria o involuntariamente nos trasladamos a entornos artificiales para los ancianos, a fin de escapar de un mundo de juventud en donde ya no parecemos ser útiles o deseados, y buscamos un mundo donde podamos seguir sintiéndonos uno con el grupo. Independientemente de qué tanto lo neguemos, encontramos que en cada etapa de nuestra vida tratamos de acercarnos a otros: a los padres cuando somos niños, a los muchachos cuando somos adolescentes, a posibles parejas sexuales cuando somos adultos jóvenes, a comunidades adecuadas cuando somos adultos maduros, y a comunidades de retiro cuando somos mayores, hasta nuestra muerte. Necesitamos a otros, para amarlos y ser amados por ellos. Es indudable que sin esto, nosotros también, al igual que el bebé que se deja solo, dejaríamos de crecer, dejaríamos de desarrollarnos, quizá llegaríamos a la locura e incluso a la muerte.

Cuestión de definición
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se regocija de la injusticia, mas se regocija de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. I CORINTIOS 13.

3
La tarea de tratar el tema del amor se deja generalmente a los poetas, filósofos y religiosos. Los científicos parecen evitarlo. Abraham Maslow ha señalado: ”Es sorprendente lo poco que la ciencia empírica puede ofrecer sobre el tema del amor. Es peculiarmente extraño el silencio de los sicólogos, algunas veces meramente triste o irritante, como en el caso de los libros de texto de sicología y sociología que no reconocen el tema”. Pitirim Sorokin, el famoso sociólogo de Harvard, en su libro The Ways and Power of Love, explica por qué piensa que el científico durante mucho tiempo ha evitado la discusión sobre el amor: ”Las mentes «sensatas» enfáticamente no creen en el poder del amor. A nosotros nos parece algo ilusorio. Lo llamamos autoengaño. El opio de la gente, tonterías idealistas, delirio no científico. Estamos prejuiciados contra todas las teorías que tratan de probar el poder del amor y otras fuerzas positivas, en la determinación de la personalidad y conducta

humana; su influencia en el curso de la evolución biológica, social, mental y moral; su impacto en el curso de los acontecimientos históricos; en la formación de instituciones sociales y culturales. En el medio ambiente sensato parecen no ser convincentes, ni científicas, y sí parciales y supersticiosas”.

Por lo tanto, la ciencia y los científicos permanecen callados en cuanto respecta a este tema. Algunos lo reconocen como una realidad mientras que otros lo ven como una idea fantaseada para dar significado a una vida sin significado. Hasta hay quienes lo condenan como totalmente patológico. No hay duda de que el amor no es un tema fácil de tratar. Quizás ocuparse de él signifique ”caminar por donde los ángeles temen pisar”. Sin embargo, es absurdo que una fuerza de vida tan poderosa permanezca ignorada, no investigada, condenada por los científicos ortodoxos. Es posible que los temores se fundamenten en una base semántica. Tal vez no exista una palabra más mal interpretada que la de amor. Francois Villon, el poeta romántico francés, condenó el hecho de que constantemente ”empleamos la palabra amor en cosas relacionadas con la cocina y deseos diarios”. Una persona puede ”amar” a Dios y ”amar” la tarta de manzana o a los Dodgers. Puede concebir el ”amor” como un sacrificio o dependencia, o únicamente en una relación de hombre-mujer; como una referencia al ”amor” sexual; o quizás lo vea sólo como pureza santa. Como individuos, estamos obligados a llegar a algún entendimiento del amor para poder manejarlo. Esto, como se indicó anteriormente, no es tarea fácil y a menudo es conveniente y satisfactorio darle una breve consideración. Dicha tarea puede parecernos imposible y limitante por ser el concepto del amor tan

amplio, y es por esto que los científicos prefieren ignorarlo por completo. Por lo tanto, el amor ha caído en manos del santo que lo define en términos de un estado de éxtasis; del poeta que lo ve como un estado exagerado de alegría o decepción; del filósofo que intenta analizarlo en una forma racional, pero a menudo oscura. El amor, según parece,
encaja perfectamente en ninguno de estos moldes, ya que puede ser todo eso a la vez: un estado de éxtasis, de alegría, de decepción, racional o irracional. El amor es muchas cosas, quizás demasiadas para pretender ser definitivos al respecto. Así que, quien intente definirlo corre el riesgo de terminar siendo vago o nebuloso y no llegar a ninguna parte. Ya hemos dicho que todo hombre aprende constantemente el amor en una forma única e individual. Esperar que entienda esta palabra cuando es empleada por otro, de manera no generalizada, es como esperar un milagro. Si una persona le dice a otra, ”amo la tarta de manzana”; casi no habría duda de lo que quiere decir: que la tarta de manzana es atractiva para su gusto gastronómico. Sin embargo, si la misma persona le dijera a la otra ”te amo”, la cuestión sería distinta. Tenderíamos a preguntar: ”¿a qué se refiere con eso?, ¿ama él mi cuerpo?, ¿mi mente?, ¿me ama él en este momento?, ¿para siempre?”. Una alumna en la clase de amor planteó esto con precisión cuando dijo: ”La diferencia entre decir «te amo» a un amigo o a un amante es que si le dijeras «te amo» a un amigo, él sabría exactamente a qué te refieres”.

Indudablemente, hasta aquí queda claro para el lector que definir el amor presenta gigantescos problemas, porque uno crece en el amor, por lo tanto la definición cambia y se amplía. No obstante, hay ciertas cosas que se pueden decir sobre el amor, ciertos elementos comunes que se pueden analizar ayudan a aclarar el tema para efectos de discusión. Mi propósito al escribir este libro ha sido compartir algunas ideas relativas a estos aspectos del amor. El amor es una reacción emocional aprendida, una respuesta a un conjunto de estímulos y conductas aprendidos. Al igual que toda la conducta aprendida, se efectúa

EL AMOR

a través de la interacción del que aprende con su medio ambiente, de la habilidad de la persona para aprender, y del tipo y potencia de los reforzadores presentes; es decir, qué gente responde, cómo responde y en qué grado responde a su amor expresado. El amor es una interacción dinámica que se vive cada segundo de nuestra vida, y durante toda ella. Por lo tanto, se encuentra en todas partes, en todo momento. Por esta razón, tenga aversión hacia la palabra ”enamorarse”. Yo no creo que uno se enamore o se desenamore. Uno aprende a reaccionar de modo particular en cierto grado a un estímulo específico. Esta reacción será el índice visible del amor. No se posee más amor para ”enamorarse” o

”desenamorarse” del que uno tiene y actúa en un momento dado de su vida. Sería más adecuado decir que uno crece en el amor. Cuanto más se aprende, mayores son las oportunidades de cambiar las respuestas conductuales y por lo tanto de ampliar la capacidad para amar. El hombre está constantemente creciendo en el amor o muriendo. Por ende, tanto sus acciones como sus interacciones irán cambiando a lo largo de su vida. Si uno desea conocer el amor, debe vivirlo activamente. El pensar en o leer sobre el amor o elaborar discursos profundos sobre el amor está muy bien, pero en última instancia, ofrecerá poca, si es que alguna, respuesta. Los pensamientos, lecturas y discursos sobre el amor sólo tienen valor cuando presentan cuestiones sobre los cuales actuar. Se puede aprender el amor con una introspección fresca, con cada nueva añadidura de conocimiento, sobre los cuales se actúa, y ante los cuales se reacciona, pues de otro modo el conocimiento carecerá de valor. Como dice Rilke con tanta precisión, sencillamente hay que ”amar hasta que algún día se encuentre la respuesta”. En otras palabras, se vive en constante cuestionamiento.
Sin embargo, con el fin de vivir ese cuestionamiento es lógico que uno tenga que plantear las preguntas. Al vivir las preguntas se aprenderán muchas verdades sobre el amor; entre ellas, que el amor no es una cosa. No es un artículo con el que se pueda hacer un trueque, o se pueda comprar o vender, ni tampoco se puede forzar a alguien a amar. Sólo se puede dar amor voluntariamente. Si una persona elige compartirlo por

igual con todos, es libre de hacerlo. Si opta por reservarlo para unos cuantos, también lo puede hacer. Su amor le pertenece y lo puede dar como mejor le parezca. Hay gente dispuesta a comprar cuerpo y mente en nombre del amor. Sin embargo, se engaña a sí mismo si cree que el amor verdaderamente se puede comprar. Se puede comprar el cuerpo, el tiempo, las posesiones materiales de alguien, pero nunca se podrá comprar su amor. Uno puede fingir amor por cierto precio, y éste es un arte dramático que ha sido perfeccionado por muchos al grado que algunas veces es imposible discernir el engaño. No obstante, este juego de fingir el amor no es fácil, y además el costo es muy alto y nunca vale el precio que se paga. El amor no puede ser capturado o amarrado; se desliza a través de las cadenas, pero si desea tomar otro curso, simplemente se va; y todas las prisiones, guardias, cadenas u obstáculos del mundo nunca serán lo suficientemente fuertes para detenerlo ni un segundo. Si un ser humano deja de desear crecer en el amor con otro, el otro puede jugar distintos papeles para retenerlo. Puede convertirse en un villano y amenazarlo; o en una persona generosa y ofrecerle regalos; puede manipularlo y hacerlo sentirse culpable; se puede volver astuto y engañarlo para que se quede, o puede cambiar su propio proyecto para satisfacer las necesidades del otro. Pero independientemente de lo que haga, habrá

desaparecido el amor del otro, y usted sólo recibirá, a cambio de toda su energía, un cuerpo vacío, sin amor, muerto. Por lo tanto, el precio por sus esfuerzos será vivir tratando de retener desesperadamente y dando su amor a un marco humano sin vida, sin amor.

Esto, aunque pueda parecer repugnante, es práctica común por medio de la cual se busca obtener seguridad, fama o fortuna. La dinámica se vuelve aún más grotesca cuando se considera que esta relación sin salida obstaculiza todas las posibilidades de crecimiento continuo del amante. El amor siempre tiene los brazos abiertos, y de la misma manera uno permite que el amor llegue y se vaya cuando lo desee, libremente, pues a fin de cuentas eso es lo que hará. Si cierras los brazos con respecto al amor, encontrarás que te quedas abrazándote a ti mismo. El amor, en algún tipo y grado, está presente en todos los hombres civilizados, así como una base para el amor y el potencial para crecer en él. El amor es entonces un proceso de ”construir sobre” lo que ya está ahí, pues nunca es completo en ninguna persona. Siempre hay cabida para mayor crecimiento. En cada etapa de la vida, el amor se encuentra en un nivel distinto de desarrollo así como en el proceso de devenir. Es tonto sentir o creer que el amor alguna vez está completamente realizado. De hecho, el amor perfecto es muy raro y cabe preguntarse si algún hombre lo ha logrado. Esto no significa que la perfección en el amor sea imposible, o que sea una meta a la cual no valga la pena dedicarse encarecidamente. De hecho, es nuestro mayor reto, ya que el amor y el yo interno son uno y el descubrimiento de cualquiera de los dos representa la realización de ambos. También se dará uno cuenta de que no hay ”tipos” de amor. El amor es amor. Uno conoce, expresa y actúa

lo que sabe del amor en cada etapa de crecimiento. Es como

EL AMOR

un niño que nace sabiendo poco del amor y ama a todos los objetos de igual manera. Pero a medida que crece en el amor, establece diferencias, gracias al creciente conocimiento que va adquiriendo y elige objetos que le respondan para probar su amor. Ama su alimento; también ama a su madre. Su madre es más responsiva y le satisface más que el alimento ... por lo menos eso esperamos. Por lo tanto, el amor por su madre se vuelve más profundo. Entonces, hay grados de amor, pero sólo existe un tipo de amor. Descubrirá que el amor significa confianza. La experiencia parece convencernos de que sólo los tontos confían, creen y aceptan todas las cosas. Si esto es cierto, entonces el amor es sumamente tonto, ya que si no se basa en la confianza, fe y aceptación, no es verdadero amor. _Erich Fromm dijo: ”Amar significa comprometerse sin garantía, darse por completo con la esperanza de que nuestro amor produzca amor en la persona amada. El amor es un acto de fe y quien tenga poca fe también tiene poco amor”. El amor perfecto sería el que diera todo sin esperar nada. Naturalmente, estaría dispuesto y encantado de recibir lo que se le ofreciera; cuanto más, mejor. Pero no pediría nada, ya que si uno no espera ni pide nada, nunca será decepcionado ni engañado. Cuando el amor exige, es entonces que causa dolor. Esta afirmación parece elemental y sencilla, pero en la práctica resulta bastante difícil. Hay pocas personas tan fuertes, tan totalmente permisivas, con tanta

confianza como para dar sin esperar recibir. Esto no es de sorprender, ya que desde la infancia se nos enseña a esperar una recompensa por cualquier esfuerzo realizado. Si trabajamos, exigimos un salario adecuado; si no, cambiamos de empleo. Si cultivamos plantas y árboles, esperamos que haya flores y frutos; si no, los cortamos. Si invertimos
tiempo en una tarea, esperamos alguna satisfacción o elogio; si no, nos negamos a hacerla otra vez. De hecho, una recompensa palpable es en muchos casos la única motivación para el aprendizaje. El amor no es así; sólo es amor cuando se da sin esperar nada a cambio. Por ejemplo, no se puede insistir en que alguien a quien tú ames, te ame a su vez; hasta la idea misma es risible. No obstante, inconscientemente ésta es la forma en que la mayoría de la gente vive. Si amas en verdad, entonces no tienes otra opción que creer, confiar, aceptar y esperar que tu amor sea correspondido. Nunca puede haber certeza, nunca alguna garantía. Si se piensa esperar para amar hasta estar seguro de recibir un amor igual a cambio, quizá esperará eternamente. Si ama con cualquier expectativa como base, seguramente a la larga quedará decepcionado, porque no es probable que determinada persona pueda satisfacer todas sus necesidades, aun si su amor por ella es muy grande. Uno ama porque así lo desea, porque le produce alegría, porque sabe que el crecimiento y el descubrimiento de si mismo depende del amor. Sabe que la única certeza que podría tener se encuentra en sí mismo. Si confía y cree en sí mismo, confiará y creerá en otros. Está ansioso de aceptar todo lo que le puedan dar, pero no puede estar seguro de recibirlo ni depender de nada, excepto de sí mismo.

Los budistas dicen que uno se encuentra en camino a la iluminación cuando ”deja de desear”. Quizás nunca podamos alcanzar este envidiable estado de paz interior, pero en la medida en que podamos vivir sin exigir ni esperar (excepto de nosotros mismos), podremos estar libres de decepciones y desilusiones. Esperar algo de alguien por considerarlo nuestro derecho, es como cortejar a la infelicidad. Los otros pueden dar, pero sólo darán lo que pueden,

Amor es tener siempre los brazos abiertos. Si le cierras los brazos al amor, encontrarás que sólo te rodean a ti mismo. Cuando dejas de ponerle condiciones a tu amor, has dado un paso gigantesco hacia el aprendizaje del amor. El humano que busque el amor sabrá que debe ser paciente. El que ama sabe que cada persona puede aumentar su conocimiento acerca del amor para acercarlo más a sí mismo. Sabe que la experiencia y el conocimiento que la gente tiene del amor difieren. Le emociona la idea de que una relación signifique compartir, que sea la revelación mutua de los conocimientos de cada uno sobre el amor. Sabe que todo hombre tiene una capacidad infinita para amar, pero que ésta se desarrolla de manera distinta en cada hombre. Cada persona crece a su propio ritmo, en su propia forma, en su propio momento, debido a que es única. Por lo tanto, es inútil reprochar, juzgar, predecir, exigir o suponer. El amor debe ser paciente,

debe esperar. Claro que esto no significa que el amor espera pasivamente por siempre, de ser necesario, para que la persona crezca. El amor es activo, no pasivo. Continuamente participa en el proceso de abrir nuevas puertas y ventanas, para que nuevas ideas y preguntas puedan ser admitidas. Comparte conocimientos y ofrece un terreno sólido para intentar practicar lo que se aprende. Pone una mesa atractiva, apetecedora, de gourmet, pero no puede forzar a nadie a que coma. Le otorga a cada quien la libertad de seleccionar y rechazar de acuerdo con sus gustos. El amor se ofrece a sí mismo como una fiesta continua de la que uno se puede alimentar, sabiendo que cuanto más se prueba, cuanto más se ingiere y digiere, la energía será mayor se tendrá más que ofrecer cuando otros vengan a nuestra fiesta. El potencial del amor es ilimitado. El amor tiene una forma distinta de revelarse a través de cada hombre. El esperar que otros amen como tú en este momento, es poco realista. Sólo tú eres tú y por lo

EL AMOR

tanto sólo tú puedes responder al amor, dar amor y sentir amor como tú lo haces. La aventura se encuentra en el descubrimiento del amor en ti mismo y en otros; en observar cómo el amor se revela en otros; un suave, maravilloso descubrimiento; un desenvolvimiento cuidadoso y dulce.

El amor no teme sentir y ansia expresarse. Las culturas varían en su actitud con respecto a la expresión emocional. En algunas de ellas, por ejemplo, se espera que la familia grite en un funeral, y los amigos quedarían sorprendidos y contrariados si no ocurriera así. En otras culturas se aprueba altamente el enfoque calmado y austero hacia la muerte, y una demostración efusiva de emoción se consideraría inadecuada. En Estados Unidos, a la mayoría de los niños se les enseña a ”controlar” sus emociones, a internalizar sus sentimientos. El ser demostrativo, reírse bulliciosamente o llorar amargamente son señales de inmadurez, pues sostienen que sólo lloran los bebés. Por lo tanto, no es de sorprender que el adulto encuentre difícil expresar sentimientos fuertes tales como el amor. Le es difícil verbalizar lo que siente; no cuenta ni con las palabras ni con la práctica. Los amantes latinos, por ejemplo, tienen fama de mostrarse adecuadamente poéticos de acuerdo con cada nuevo amor, lo que a menudo se revela en la riqueza de sus palabras con una carga tan emocional en sus idiomas. El francés, el italiano y el español son ejemplos de estas lenguas ”romance”, que agregan a sus palabras animación y gesticulación para intensificar el contenido emocional. Con frecuencia es posible entender a estas personas meramente observándolas, aunque no se comprenda ni una sola palabra.

Las emociones fuertes están presentes en toda la gente. Si no sintiéramos, no seríamos humanos. No es natural que el hombre oculte sus sentimientos,

aunque, si se le enseña a hacerlo, lo puede aprender.
El amor le enseña al hombre a mostrar lo que siente, y nunca presupone que pueda discernirse o sentirse sin expresarlo.

Cada vez que viajo a Italia para ver a mis parientes, me resalta de inmediato su amor, el cual expresan de una manera notoriamente dulce y cálida. Al instante siento su emoción y alegría ante mi presencia; me veo atrapado en sus gritos de felicidad, exclamaciones de amor, abrazos, besos, caricias, todas estas afirmaciones de sus sentimientos. Y para mí esto es refrescante y encantador, pues fui criado en un medio ambiente como ése. Mi familia siempre demostró lo que sentía, y lo expresaba abiertamente. Sin embargo, es comprensible que para aquellos que no están acostumbrados a esta demostración de sentimientos la experiencia pueda ser abrumadora y hasta deprimente. Por otro lado, las lágrimas están desapareciendo en nuestra cultura. Ciertamente, el hombre no acostumbra llorar, y hasta la mujer es considerada ”emocional” si lo hace. Por lo mismo, todos tenemos que llorar solos o correr el riesgo de ser llamados ”neuróticos” o ”anormales”. Recientemente, mientras veía en teatro El hombre de la Mancha, obra musical basada en Don Quijote, la novela de Cervantes, me sorprendí a mí mismo atrapado en las vicisitudes del desdichado caballero incomprendido. No me fue difícil entender su necesidad de volver a celebrar lo hermoso, lo romántico y lo bueno en un mundo en el que tales virtudes ya no se consideran de mucho valor. Durante la escena de su muerte, rodeado por los que amaba, don Quijote se levanta, toma su lanza, y nuevamente se manifiesta listo para luchar contra los

molinos de viento por el amor de su Dulcinea. Esta escena me conmovió mucho al grado de que libremente corrieron lágrimas por mis mejillas. Una mujer que se hallaba sentada junto a mí, le dio un discreto codazo a su marido y le murmuró

CUESTIÓN DE DEFINICIÓN

con sorpresa, ”¡mira querido, ese hombre está llorando!” Al oírla, tomé mi pañuelo y me limpié la nariz ruidosamente mientras seguía llorando. Esta señora quedó tan sorprendida de ver llorar a un hombre mayor, que tuve la certeza de que ni siquiera se dio cuenta del final de la obra. Amar es no tener miedo de sentirlo y expresarlo. Como seres humanos, estamos aún más separados físicamente. Aunque en todas partes de Europa y Asia las mujeres y los hombres por igual se besan, abrazan y caminan de la mano o del brazo, en ciertas ciudades de Estados Unidos estos actos serían considerados como delitos y estos hombres y mujeres serían encarcelados. El tocarse aún se permite entre mujeres, pero está estrictamente prohibido, desde la infancia, entre hombres. Esto a pesar de que el tocar ofrece una forma de comunicación que a menudo dice mucho más que las palabras y la expresión. El poner los brazos alrededor de otra persona o sobre su hombro es una forma de decirle ”te veo”, ”siento contigo”, ”me importas”. He visto a personas llorar mientras otros las miran con una incomodidad embarazosa. Quizás alguien disimuladamente les ofrezca un pañuelo, pero rara vez un abrazo. Los bebés y los perros son invitados comunes a la clase de amor. Una joven mujer hizo esta observación: ”Es increíble, pero nadie vacila en tocar o darle una palmada a un bebé, o en acariciar a un perro extraño. Y yo en ocasiones me muero porque

alguien me toque, pero nadie lo hace”. Habiendo dicho esto, caminó entre los estudiantes ”sobre sus cuatro extremidades” y, sobra decir, su petición fue cumplida. Concluyó que quizás era necesario, aunque pareciera ignominioso, que el ser humano hiciera conocer sus necesidades. ”Creo”, dijo, ”que no confiamos en decirle a la gente que a todos nos gusta ser tocados, porque tememos que nos malinterpreten. Preferimos permanecer rodeados de soledad y aislamiento físico”. El amor necesita ser expresado físicamente. El amor vive el momento. La mayoría de la gente vive o bien en el pasado o bien esforzándose arduamente para el futuro. Se remonta a los ”viejos tiempos” con añoranza y trata de encontrar en el presente la seguridad que tuvo en el pasado. No obstante, pronto descubren que están paralizados y no se dan cuenta que en nuestro mundo de rápido movimiento, el paralizarse es ir hacia atrás, y el ir hacia atrás equivale a morir. El pasado está muerto, es irreal. Tiene valor únicamente en cuanto a lo que afecta al momento presente. Otras personas viven para el mañana. Amasan fortunas y las almacenan. Se niegan a sí mismos todos los días y compran cuantiosas pólizas de seguros. Dirigen todo su proceso de vida hacia un futuro nebuloso o hacia la muerte misma. Están tan preocupados por el mañana que olvidan el propósito presente de la vida. Se olvidan de que no existen metas permanentes. Cuando tienen una meta y la alcanzan, lo único que hacen es buscar otra para remplazar la anterior. El mañana que planean nunca

llega, pues sólo viene con la muerte. La vida no es la meta, sino el proceso. Lo que importa es ”ir hacia allá, no llegar”. Thoreau señaló: ”Oh Dios, haber llegado a la muerte tan sólo para darse cuenta que nunca se ha vivido”. Así sucede con quien sólo vive en la irrealidad del pasado que ya está muerto o del futuro que nunca llega. Lo único que existe es el momento, el ahora. Sólo lo que se está viviendo en este segundo es real. Esto no significa vivir exclusivamente para el momento, sino que significa vivir el momento, lo cual es muy distinto. Claro que hay valor en el pasado; después de todo, te trajo hasta donde te encuentras. También hay valor en el futuro, pero se encuentra en un sueño, ya que ¿quién puede predecir

EL AMOR

el mañana? Sólo el momento tiene un verdadero valor porque está aquí. El amor sabe esto, no ve hacia atrás, aunque experimenta el pasado y aprovecha lo mejor del mismo. Y no ve hacia adelante pues sabe que el sueño del mañana permanece en espera y quizá no venga nunca. ¡El amor es ahoral, y sólo en el ”ahora” es una realidad y tiene significado. Si uno mira una flor, es uno solo con la flor; si está leyendo, permanece totalmente absorbido; si escucha música, fluye con el sonido; si habla con o escucha a otro, es el otro. Un antiguo Koan budista relata la historia de un monje que huye de un oso hambriento. Corre hacia una cañada y se ve en la disyuntiva de saltar o ser comido por la bestia. Decide lanzarse y al caer logra asirse de un pequeño pedazo de madera que sale del muro de la cañada. Ve hacia abajo y descubre que un tigre hambriento espera su caída. En ese momento, a un lado de la cañada, aparecen dos topos que empieza a devorar el pedazo de leño del cual se encuentra suspendido. Ahí está, entre el oso hambriento arriba, el tigre voraz abajo y los topos a un lado. Mira más allá de los topos y en un arbusto de fresas silvestres ve una fresa gigantesca, roja, madura y jugosa que se encuentra enfrente de él, lista para ser saboreada; la arranca, se la lleva a la boca y se la come, exclamando, ”¡qué deliciosa!” El amor goza y crece en el momento y en la alegría del momento.

Así pues, hemos visto que el amor significa muchas cosas, pero nunca es en sí una cosa en el sentido de que no puede ser ni comprado, ni vendido, ni pesado, ni medido. El amor únicamente puede ser dado, expresado libremente. No puede ser capturado o retenido porque no se puede amarrar. Se encuentra en todo el mundo y en todas las cosas en distintos grados y espera ser realizado. No es algo separado del yo interno de la persona. El amor y el
yo interno son uno. No existen tipos de amor, el amor es amor; pero sí existen grados de amor. Amor es confiar, aceptar y creer, sin pedir garantía. El amor es paciente, aunque no es una espera pasiva, sino activa, ya que continuamente se ofrece a sí mismo en una revelación mutua, en un compartir mutuo. El amor es espontáneo y ansia ser expresado a través de la alegría, de la belleza, de la verdad, e incluso a través de las lágrimas. El amor vive el momento; no añora el ayer ni se pierde en el mañana. ¡El amor es ahora!

El amor no conoce edades
Quien haya bebido beberá, quien haya soñado soñará. No renunciará al seductor abismo, al sonido de lo impenetrable, a entrar en lo prohibido, al esfuerzo de tocar lo impalpable y ver lo invisible, regresará a él, se someterá ante él, dará un paso hacia adelante, después dos; y es así que se penetra en lo impenetrable y ahí se encuentra la liberación ilimitada de la meditación infinita. VÍCTOR HUGO No hay amor en donde no hay voluntad. GANDHI

4
El hombre puede aprender, reaprender o desaprender hasta su muerte. Siempre habrá algo más por descubrir. Independientemente del conocimiento que

tenga, nunca podrá saber todo acerca de todos los temas. El cambio es el resultado final de todo verdadero aprendizaje e incluye tres cosas: primero, una insatisfacción con el propio yo, la percepción de un vacío o necesidad; segundo, una decisión de cambio para llenar ese vacío o necesidad, y tercero, una dedicación consciente al proceso de crecimiento y cambio, el acto consciente de realizar el cambio, de hacer algo diferente. El hombre eternamente expresa su soledad, su desesperación, su frustración, su pérdida de esperanza. En su vida diaria encuentra que le es difícil compartir, entender y relacionarse con los demás. Siente que debe enfrentarse a una cantidad excepcional de envidia, temor, angustia y odio. Constantemente encuentra razones para su infelicidad, en los que lo rodean y en su medio ambiente externo: ”El sistema político es corrupto y siempre lo será”. ”Las guerras son inevitables”. ”El hombre es esencialmente malo y no puede cambiar”. ”La justicia, la paz y la seguridad son únicamente para los ricos; el hombre común es una víctima del sistema”. ”La educación no significa nada
EL AMOR

en el futuro, está limitada por su propia irrelevancia”. ”La existencia es un callejón sin salida en el que la

muerte espera sosteniendo un puñal. No hay desviación ni escape”. De esta forma, el hombre se ve a sí mismo indefenso en una situación en la cual no vislumbra esperanza. Parece decidido a encontrar la tristeza, se muestra más dispuesto a aceptar lo negativo que lo positivo, siempre más propenso a dudar que a confiar. Continuamente vive preocupado por el futuro y desilusionado con respecto al pasado. Rara vez se encuentra a sí mismo en la fuente de su infelicidad. Se burla de la idea de que él también puede elegir la felicidad aunque, de hecho, quizás el hombre sea la única criatura viviente con la suficiente voluntad e inteligencia para elegir la felicidad, por lo cual es muy entristecedor que con tanta frecuencia opte por la desesperación. El optimista es considerado tonto. El que ama es visto como un romántico indefenso. Si uno disfruta de la vida es llamado ”bueno para nada”. El hombre tiene la sensación de que si es alegre, con certeza será castigado por ello el día de mañana. El viejo adagio reza, ”todo lo bueno en el mundo es ilegal, inmoral o engorda”, e ilustra la idea en cuestión. La ética cristiana que convence al hombre de que no se encuentra en este mundo para conocer la dicha y la satisfacción, sino más bien para trabajar y padecer y así ganar la paz eterna con Dios, es otra ilustración equivocada. El hombre rara vez cuestiona el hecho de que la fealdad y el mal se encuentran en el mundo. Sin embargo, no acepta tan fácilmente que la vida también ofrece un potencial y belleza ilimitados para la dicha, así como infinitas oportunidades para el placer.

El hombre se vuelve insatisfecho consigo mismo y al culpar los aspectos inalterables de un mundo hostil, encuentra alivio en esa falta de esperanza creada por él

EL AMOR NO CONOCE EDADES

mismo. De esta forma se lava las manos de toda responsabilidad. No estoy sugiriendo que no exista el mal en el mundo, ni nada de qué temer, ni corrupción, ni odio, ni malicia, ni rencor, etcétera. Sólo hace falta tomar el periódico, ver la televisión, leer cualquier novela moderna, o seguir los acontecimientos políticos mundiales para contemplar toda la injusticia y los aspectos desagradables de la humanidad, mismos que podrían reforzar una actitud negativa. Sin embargo, la mayor parte de los hombres no logran ver que existen por lo menos dos fuerzas importantes que le influyen en el complicado proceso de su adaptación. Es indudable que debe enfrentarse a las diversas fuerzas externas, a las fuerzas naturales. Un terremoto, inundación o carga eléctrica pueden destruirlo a él o a los que ama. Un accidente puede dejarlo inválido permanentemente. No obstante, la manera en que responda, reaccione y viva con su padecimiento o después del terremoto o inundación y sus consecuencias, es otra cosa. Esto sí lo puede regular. Sobre esto sí tiene control. El hombre tiene voluntad y por lo tanto en gran medida puede guiar su vida. Los devastadores efectos de las fuerzas naturales o externas no son una experiencia muy frecuente en la vida. Por lo tanto, el hombre tiene la libertad necesaria para aprovechar sus poderes internos y hacer su propia vida. Él puede escribir su propio diálogo, rodearse de los actores que elija, pintar el fondo de su escenario y realizar el arreglo de música de fondo. Si no le gusta la obra que ha creado

para sí, sólo podrá culparse a sí mismo. Pero aun así, cuenta con la opción de salirse del escenario y producir una nueva obra. El hombre libre es libre aun en la prisión más oscura. La mayoría de la gente desesperada tiene pocos conocimientos y menos voluntad para mejorar las cosas para sí

EL AMOR NO CONOCE EDADES

misma. Está convencido de que las cosas son inalterables y seguirán así por siempre. No obstante, mientras el hombre tenga voluntad, tendrá cierto grado de control sobre sus reacciones, respuestas y conclusiones. En esta medida puede asumir la responsabilidad de su propia vida. No se encuentra totalmente a merced de fuerzas mayores, ya que él mismo se convierte en una fuerza poderosa. Para poder cambiar, el hombre debe tener confianza en que es capaz de hacerlo. Si no está satisfecho con su habilidad para vivir en el amor, por ejemplo, entonces debe enfrentarse a este hecho convencido de que puede hacer algo positivo al respecto. Una vez sabiendo que uno es siempre capaz de lograr el cambio, el segundo paso consiste en tomar la decisión de cambiar. El cambio no ocurre meramente deseándolo, al igual que la conducta no cambia sencillamente a través de la introspección. Puede darse cuenta de que algo es malo, doloroso o peligroso, pero seguir haciéndolo inexorablemente. Sólo es posible dirigirse hacia el cambio cuando voluntariamente se propone hacerlo. El hombre obeso que desesperadamente quiere verse delgado y atractivo en traje de baño, no lo logrará tan sólo con desearlo. Debe planear una dieta adecuada, seguirla y llevar a cabo los ejercicios correctos; de otra manera, su deseo nunca se convertirá en realidad. Cuando se tiene la introspección sobre cómo lograr una meta, ésta no servirá de nada mientras no se lleve a la acción. ”Existir es hacer”, dicen los

existencialistas. ”Uno sólo se vuelve real (humano) en el momento de la acción”. Si uno quiere amar, es evidente que debe actuar respecto al amor. El tercer paso para el cambio es quizás el más difícil, porque implica el proceso real de reaprendizaje. Todo aprendizaje incluye búsqueda, hallazgo, análisis,

EL AMOR

evaluación, experiencia, aceptación, rechazo, práctica y refuerzo. A menudo se dice que ”el amor es su propia recompensa”. Si esto significa que si se es un ser humano que ama, uno recibe todo el refuerzo que necesita, sólo es parcialmente cierto. También puede significar que como la sociedad y el hombre a menudo no son tan perfectos, algunas veces será necesario que uno se refuerce a sí mismo para seguir aprendiendo. El que ama debe decir: ”Amo porque debo, porque lo deseo. Amo para mí mismo, no para los demás. Amo por la alegría que me proporciona (y sólo incidentalmente), por la alegría que brinda a otros. Si me refuerzan, qué bien; si no, no importa, porque tengo la voluntad de amar. Al igual que cuando se aprenden otras cosas, el hombre debe estar constantemente alerta, en vigilia, paciente, observar, confiar, tener la mente abierta y no decepcionarse fácilmente. Debe estar dispuesto a experimentar, evaluar y ser flexible. La vida y la experiencia a través de la inmersión total del vivir ofrecen la mejor aula para aprender el amor. Ni el mejor gurú puede darte el amor. Ünicamente te ayudará guiándote, ofreciéndote introspecciones, sugerencias y aliento. No aprenderás el amor observándolo en otros; tienes que convertirte en participante activo del amor. En conclusión, si uno está insatisfecho con su habilidad para vivir en el amor, está bien, ya que puede ser el primer paso para encontrar el amor que anhela. Pero éste es únicamente el comienzo.

También debe desear cambiar y emprender acción hacia el cambio. El aprendizaje es un proceso complicado que dura toda la vida. Aprender a amar es estar en cambio constante. El proceso es interminable, ya que el potencial del hombre para amar es infinito.

El amor se encuentra con muchos obstáculos
Sólo porque el mensaje puede nunca ser recibido, significa que no valga la pena enviarlo.

5
El amar nunca es fácil y es posible que el hombre que ha decidido vivir en el amor encuentre muchas barreras para su crecimiento en él. Sin embargo, si las analiza astuta y cuidadosamente, es probable que descubra que todos son obstáculos artificiales y principalmente creados por él mismo, y que en realidad no existen, en su mayoría son sencillamente excusas para no aceptar el reto del amor. El hombre que se deja embaucar por estos factores disuasivos se condena para siempre a no ser un ente completo, en toda la extensión de la palabra. Por muchas razones el hombre culpa a factores ajenos a él de su incapacidad para amar. Por ejemplo, puede insistir en que los demás son básicamente corruptos, depravados y que no pueden cambiar. Por lo tanto, ¿no sería tonto que él tratara de influir en ellos de alguna manera? Puede acusar al hombre de ser hostil por naturaleza. Entonces, ¿no está bien fundamentada su decisión de evitar contacto con otros, a menos que sea un tonto, ya que puede resultar herido? Tal vez señale que los interminables obstáculos para el amor son insuperables y siempre lo han sido, históricamente. Tratar de eliminar estas barreras, ¿no sería como un insecto que trata de cambiar el curso de un río gigantesco? ¡Qué pérdida de tiempo y energía! O puede
EL AMOR

quedarse tranquilo con la certeza de que ya sabe amar, satisfecho con su capacidad para amar y ser amado. ¿No sería tonto jugarse su seguridad por un futuro dudoso? El hombre tiende a ocultarse cómodamente tras estas ”racionalizaciones” fácilmente reforzables durante toda su vida. Nunca ve la que tienen con su incapacidad para formar relaciones significativas o vivir experiencias trascendentales. Quien crea una imagen del hombre básicamente hostil y negativa, tendrá razón al vacilar en mostrarse abiertamente y sobre todo en revelar su amor, ya que al hacerlo quedaría susceptible a ser herido. Es mucho más cómodo y seguro para él quedarse solo -aun si siente el impulso natural de relacionarse con otrosque correr el riesgo de ser rechazado. Naturalmente, su primera suposición es que los otros lo van a rechazar. Pocas veces considera que tiene una oportunidad igual de ser aceptado, pues no le parece posible que la persona de la mesa de junto o del otro lado de la sala, pueda tener tanta necesidad de él como él de ella. Decide permanecer callado, sintiéndose solo, y expresa como defensa básica, ”¿qué tal si lo abordo y me da la espalda?” Rara vez pregunta, ”¿qué tal si le extiendo la mano a otro y su respuesta es recíproca?” Me acuerdo de una noche en un bar de San Francisco, donde me encontraba acompañado de buenos amigos. La conversación era animada. Todos compartíamos nuestras reacciones ante las

diversiones de un día maravilloso. Vi a un caballero en una mesa cercana, sentado, solo, con la vista fija en su copa medio vacía. -¿Por qué no le pedimos que se siente con nosotros? Parece tan solo -dije-. Yo sé lo que es estar solo en un lugar lleno de gente. -Déjalo tranquilo -fue la opinión de los otros-. Quizás quiera estar solo.

EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

-Muy bien, pero si se lo pregunto, entonces podrá elegir. Me acerqué a este caballero y le pregunté si le gustaría sentarse con nosotros o prefería permanecer solo. Se iluminaron sus ojos con sorpresa y aceptó felizmente. Era un visitante de Alemania. Al sentarse con nosotros, nos platicó que había viajado por todo Estados Unidos sin hablar con nadie, a excepción de recepcionistas de hoteles, guías de turistas y meseros. Nuestra invitación era un cambio que le sentaba de maravilla. Por supuesto, debe admitirse que parte de la culpa era del caballero alemán, ya que cierta responsabilidad de acercarnos a los demás reside en cada uno de nosotros. Si corremos el riesgo, es cierto que podemos ser rechazados, pero también debemos recordar que todas las personas ofrecen la posibilidad de convertirse en amigos y en alguien a quien amar. Con mayor facilidad tendemos a sospechar que el hombre es malo y no bueno. Lo malo de él nos llega a través de todos los medios masivos de comunicación a diferencia de lo bueno que rara vez nos es transmitido. Considerando la población mundial, hay relativamente pocos homicidios, robos, violaciones u otros delitos de importancia. Sin embargo, cuando ocurre algún delito,

queremos enterarnos de los detalles, no sólo porque forma parte de las noticias, sino más bien por cierta morbosidad que todos tenemos. Algunas personas parecen disfrutar del sensacionalismo y encontrar cierto placer en lo repulsivo. Pero la verdad es que la mayoría son como cualquiera de nosotros: no hieren voluntariamente a otro ser humano ni le roban ni lo matan. Por lo general se puede confiar en ellos, son gente cálida y amistosa. La mayor parte vive su vida sin tener que ver con la policía, tribunales de justicia ni abogados. Este hecho se considera más bien, como

EL AMOR

lo que debe esperarse del hombre. Por otra parte, el mal es magnificado, es de interés porque constituye la desviación. Sin embargo, a menudo actuamos como si la desviación fuera la regla. Quizás el mayor tributo a la bondad en el hombre fue brindado por Ana Frank, joven judía que literalmente pasó la mayor parte de su breve vida escondiéndose de los nazis en un pequeño departamento en Amsterdam hasta que finalmente encontró la muerte a manos de ellos. Poco antes de ser asesinada pudo escribir en su diario: ”No importa. Sigo creyendo que en el fondo el hombre es bueno”. El hombre aprende el mal de la misma manera en que aprende el bien. Si cree en un mundo de maldad responderá con sospecha; temerosa y constantemente buscará e indudablemente encontrará el mal que busca. Por otra parte, si cree en un mundo de bondad seguirá teniendo confianza, siendo vulnerable y manteniendo esperanza. Quien sólo ve el mal y voluntariamente vive bajo su sombra, estará levantando otro obstáculo contra el amor. Otro aspecto disuasivo con respecto al amor es la ”racionalización” de que hay demasiadas fuerzas que prohiben amar a la persona cuerda. Aunque el hombre por naturaleza es creador, crea vida y construye sobre el conocimiento, con frecuencia se

le enseña desde una edad muy temprana que su supervivencia dependerá de su habilidad para destruir. Se le visualiza como si estuviera constantemente a merced de una serie de posibles fuerzas destructivas. De hecho, se hace aparentar como si los destructores fueran los que realmente prosperan en la cultura. Por lo mismo, es comprensible que tenga poco incentivo para emplear su fuerza creativa a fin de combatir la destrucción, pues le parece tan inútil. No obstante, el hombre es más feliz cuando está creando. De hecho, su estado más elevado se encuentra en el yo?”

EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

acto creador. El amor siempre crea, nunca destruye. En esta máxima se encuentra la única promesa válida para el hombre. Thornton Wilder terminó su sorprendente novela filosófica, The Bridge of San Luis Rey, con la siguiente afirmación: ”Existe la tierra de los que viven y la tierra de los muertos. El puente entre ellos es el amor; es la única verdad, la única supervivencia”. Si el hombre se pusiera a considerar la cantidad de personas en el mundo que no aman y no son amadas el panorama le parecería tan abrumador, que seguramente renunciaría por completo a cualquier esperanza. Si estudia el pasado, encuentra que el egoísmo, la ambición, la malicia y las penas han existido desde el principio de la historia. Está convencido de que en el pasado, así como en el futuro, el hombre siempre ha codiciado y codiciará más y más cosas y luchará por adquirirlas; católicos contra protestantes contra judíos, comunistas contra socialistas contra capitalistas, ricos contra pobres contra clase media, negros contra blancos contra amarillos, genios contra intelectuales contra ignorantes. Su evidencia y apoyo se encuentran en el argumento de que siempre ha sido así y, por lo tanto, siempre será así y él como individuo no puede hacer nada por cambiar las cosas. Es cierto que problemas como la miseria, hambruna, guerra, ignorancia, prejuicios, temores y antipatía abundante en todo el orbe. Hay pocos individuos que poseen el poder suficiente para terminar con el prejuicio, la pobreza universal o las guerras mundiales, pero ésta no es la cuestión. La única pregunta que podemos

formularnos a nosotros mismos con justicia es: ”¿Qué puedo hacer yo?” La respuesta por lo general es sencilla, pero a la vez no se puede dar; en especial, si realmente estamos interesados y dispuestos a asumir la responsabilidad del cambio.

EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

Conocí a un joven refugiado chino en Hong Kong. Pertenecía a una familia de once hermanos, los cuales estaban a punto de morir de hambre. Aunque él tenía cierto conocimiento del idioma inglés, quería aprenderlo bien desesperadamente para obtener un puesto con buen sueldo en la ciudad. Le ayudé con unos cuantos dólares para que comprara libros y se inscribiera en la Sociedad de Habla Inglesa, y así pudo obtener los medios necesarios para sostener decorosamente a su familia. Estaba decidido a pagarme en cuanto se graduara, pero yo me negué y le dije que buscara a otro joven en situación semejante a la de él y le ofreciera una oportunidad similar. Hasta la fecha hemos enviado a tres jóvenes a la escuela, y aunque no he resuelto el problema de los refugiados en Hong-Kong, al menos he ayudado a tres familias a sobrevivir. Si cada persona asumiera una pequeña responsabilidad, las cosas podrían mejorar. Está bien ayudar a través de los grandes sistemas de caridad, pero éstos han perdido su valor personal, la alegría y satisfacción al percibir y ver los resultados. Las cosas pueden cambiar. Nada es irreversible. Quizá yo en lo personal no pueda hacer mucho con respecto a la tasa de mortalidad infantil o los problemas de los ancianos, pero sí puedo contribuir con parte de mi tiempo para que un día en la vida de un niño o los días que le restan a un anciano en este mundo por lo menos sean más agradables.

El conocimiento ilimitado del amor y la satisfacción que esto trae también es un freno para el crecimiento en el amor. Si el hombre sabe que cuenta con el amor de unos cuantos en su vida y que él puede amarlos a su vez, supone que esto es todo lo que tiene que saber del amor o todo lo que puede encontrar; ¿qué más puede haber? No sospecha que el amor es ilimitado, profundo, infinito y que el potencial de una mayor seguridad, alegría y

EL AMOR

crecimiento del mismo está en sus manos. No se

pone a pensar en la posibilidad de que en otro lugar, en ese preciso momento, exista alguien que necesite de su amor. A veces es necesario un duro golpe emocional para despertarlo de su estado letárgico. Digamos que ahora tiene una esposa a la que ama y que lo ama; ambos llevan una vida sexual bastante aceptable; dos hijos que crecen a su imagen; una casa con muros gruesos y grandes cerraduras para protegerlos del mundo exterior; un buen empleo y algo de dinero en el banco para asegurar su futuro. Lo tiene todo. Pero, ¿qué sucederá si, como en la historia de Job, una cosa tras otra se vienen abajo? Por ejemplo sus hijos, deciden vivir en una comuna hippie; su esposa encuentra un amante; él pierde su empleo; sus muros se tambalean; el banco se desestabiliza o sus cerraduras son violadas. Tiene varias opciones. Puede volverse loco o suicidarse. Puede amargarse y vivir cual sería imposible, porque nunca se puede revivir nada; cuando mucho, sólo logrará una mala copia del original. Puede volverse loco o suicidarse. Puede amargarse y vivir sin confianza, ni esperanza ni interés. O tiene la opción de aprender de esta experiencia, de crecer con base en ella y empezar de nuevo, con nuevos conocimientos, esperanzas, posibilidades y alternativas.

Cuando el hombre se enfrenta a la necesidad del cambio, suele dar la excusa de que es demasiado viejo para cambiar, demasiado viejo para aprender. Dice, ”no se le pueden enseñar nuevos hábitos a un viejo perro”. Esta analogía, cuando se dirige al hombre, es tan condescendiente como falsa. Hasta un ”viejo perro” puede aprender nuevos hábitos. El meollo del asunto es que le falta motivación o sencillamente es demasiado perezoso. Siempre será mayor la habilidad del hombre para aprender que la del ”viejo perro”, y el hecho de compararlos significa
Láfjs

EL AMOR SE ENCUENTRA CON MUCHOS OBSTÁCULOS

degradar la fuerza misma que hace que un perro sea un perro, pero que el hombre sea humano. Todos los días se nos ofrecen nuevos medios para aprender y crecer en el amor. Cada día nos volvemos más observadores, más flexibles, más conocedores, más conscientes, crecemos en el amor. Hasta el detalle aparentemente más insignificante nos puede acercar más a nosotros mismos y por lo tanto hacia los demás. Si en todo momento escuchamos y aprendemos, el lamento de la gaviota en una playa desierta nos dirá tanto sobre la vida, sobre el vivir y el morir, como la tragedia que destruye nuestro hogar y seres queridos. Como dice el haiku japonés, ”habiéndose quemado totalmente mi granero, ahora puedo ver la Luna”. Hay introspección, conocimiento y

descubrimiento tanto en el granero como en la Luna, ahora el granero los conoce a ambos. Uno nunca debe estar satisfecho con su habilidad para amar. Independientemente de en dónde se encuentre, siempre será sólo el comienzo. Finalmente, un gran factor disuasivo del amor se encuentra en el temor al cambio, pues como se sugirió anteriormente, el crecer, aprender y experimentar implican cambio. El cambio es inevitable, y es desde luego de lo único que uno puede estar seguro. Negar el cambio es negar la única realidad existente. Las actitudes cambian, los sentimientos cambian, los deseos cambian, y especialmente el amor cambia. Es imposible detenerlo, retenerlo; únicamente se puede fluir con él. Hay un cuento hindú acerca de un hombre que viajaba en una pequeña barca, remando en un río contra la rápida corriente. Después de un gran esfuerzo, finalmente se da cuenta de que todo es inútil, por lo que se rinde, levanta los remos y empieza a cantar. Este momento le enseña

EL AMOR

una nueva forma de vida; cuando el hombre va con el río cambiante, es verdaderamente libre. Los frenos al amor son creados por el propio hombre, pero nunca será totalmente disuadido. El amor fluye como el río; siempre es el mismo; sin embargo, paradójicamente, siempre cambia, y no existe obstáculo para él.

Para poder amar a otros es necesario amarse a sí mismo

Después de todo, tú y yo somos uno solo, juntos sufrimos, juntos existimos, y para siempre nos recrearemos el uno en el otro
TEILHARD DE CHARDIN

Para poder amar a otros es necesario amarse a sí mismo. Ya hemos señalado varias veces que sólo se puede dar a los demás lo que uno mismo tiene. Esto es especialmente cierto en el caso del amor. Uno no puede dar lo que no ha aprendido ni vivido. Como el amor no es un objeto, no se pierde cuando se da. Puedes ofrecer tu amor por completo a cientos de personas y seguir conservando el mismo amor que tenías originalmente. Sucede igual que con el conocimiento: el hombre sabio puede enseñar todo lo que sabe y seguir sabiendo todo lo que ha enseñado. Pero, obviamente, primero debe tener el conocimiento. Sería mejor decir que el hombre ”comparte” amor, de la misma manera que ”comparte” conocimiento, pero nada más puede compartirlo en la cantidad que posee. El amarse a sí mismo no implica una realidad egocéntrica como la de la vieja bruja de Blanca Nieves, que gozaba con el proceso mecánico de mirar el espejo y preguntarle, ”espejito, espejito que cuelgas de la pared, ¿quién es la más hermosa?” El amarse a sí mismo significa un genuino interés, calidez y respeto por uno mismo. El importarse a sí mismo es algo básico para el amor. El hombre se ama a sí mismo cuando se observa con precisión, cuando aprecia genuinamente lo que ve, y cuando le emociona en especial y le constituye un

reto lo que puede devenir. Como ya dijimos, cada hombre es único y singular, la naturaleza aborrece la igualdad. Cada flor en el campo es diferente. Cada brisna de pasto es distinta. ”¿Alguna vez has visto dos rosas idénticas, aun entre la misma variedad? No hay dos caras que sean idénticas, aun en el caso de

”gemelos idénticos”. Nuestras huellas digitales son tan singularmente nuestras que podemos ser identificados por ellas sin lugar a dudas. Y a pesar de esto, _el hombre es una criatura extraña. La diversidad lo asusta. En vez de aceptar el reto, el gozo, la maravilla de la variación, por lo general le teme: o se aleja de la singularidad o trata de tornarla en igualdad, pues así se siente seguro. Cada niño que nace es una nueva creación, una nueva combinación maravillosa. En general, su anatomía es similar a la de cualquiera otro, pero en un nivel sutil, aun en la forma como funciona su anatomía, varía de acuerdo con cada individuo. El desarrollo de su personalidad parece tener ciertos elementos en común que lo afectan, tales como la herencia, el medio ambiente y aun la casualidad. Sin embargo, ciertamente existe un elemento adicional, todavía no identificable científicamente, que puede ser llamado el factor ”X” de la personalidad; una combinación especial de fuerzas que actúan en el individuo para que reaccione, responda y se perciba como es él, individualmente. El niño es excepcional, pero la mayor parte del aprendizaje que recibirá a partir de su nacimiento no le dará la libertad necesaria para descubrir y desarrollar esta singularidad. Como ya se indicó, la verdadera función de la educación del niño debe ser ayudarlo a descubrir su singularidad, auxiliarlo en su desarrollo y

enseñarle cómo compartirla con otros. Más bien, en el niño la educación es

PARA PODER AMAR A OTROS

una ”imposición” de lo que se llama ”realidad”. Por otra parte, la sociedad debe ser el agente a través del cual se comparta esa singularidad, ya que necesita de enfoques nuevos y frescos a su vida individual y de grupo. Sin embargo, la sociedad tiene la idea de que las cosas deben hacerse como se han hecho durante siglos, aun cuando no se ha comprobado, la eficacia de esto y se sostiene que es la mejor forma. Y cuando el sujeto se apega a esta falacia, su individualidad queda condenada. Cada niño ofrece una nueva esperanza para el mundo, aunque esta idea al parecer asusta a la mayoría de la gente. ¿Cómo sería la sociedad si estuviera formada totalmente por ”individuos”, todos distintos? ¿Sería ingobernable y conduciría a la anarquía? Nos horroriza esta idea, pues nos sentimos más cómodos con la ”mayoría silenciosa”. Desconfiamos y sospechamos de los ”excéntricos”. Creemos que la familia debe hacer que el niño ”encaje” en el esquema de la sociedad, y a la educación se le da un papel muy similar: su mayor éxito ocurre cuando logra mantener el statu quo, cuando forma lo que llamamos ”buenos ciudadanos”. La definición de un ”buen ciudadano”, por lo general, es alguien que ”piensa, se comporta y responde como todos los demás miembros de una sociedad”. Los educadores también consideran que hay un conjunto esencial de conocimientos que es su deber implantar en cada niño, y defienden esta postura afirmando que están enseñando ”la sabiduría de los siglos”.

El amarse a sí mismo es luchar por redescubrir y mantener la propia singularidad. Es entender y apreciar la idea de que tú serás el único que vivirá en esta tierra, que cuando tú mueras también desaparecerán todas tus fantásticas posibilidades. Es darse cuenta que ni tú mismo estás totalmente consciente de todas las maravillas latentes en tu ser. Herbert Otto señala que aproximadamente sólo el 5 por ciento de nuestro potencial humano se realiza o desarrolla durante nuestra vida. La hipótesis de Margaret Mead es también que sólo se descubre el 5%. ¿Qué hay con respecto al otro 95%? El siquiatra R. D. Laing escribe: ”¡Pensamos mucho menos de lo que sabemos, sabemos mucho menos de lo que amamos, amamos mucho menos de lo que existe, y precisamente en esta medida somos mucho menos de lo que somos!” Existe una parte tuya latente. Un potencial dentro de ti esperando ser realizado. No importa si tienes un cociente intelectual de 60 o de 160, hay mucho más de ti de lo que actualmente estás consciente. Quizás la única paz y dicha en la vida yace en la búsqueda y desarrollo de este potencial. Es de dudar que pudiera realizarse completamente nuestro ”yo” durante la vida, aun si dedicáramos a ello cada segundo de ella. Goethe hace que Fausto descubra esto cuando dice: ”Si en este mundo un momento de paz pudiera yo encontrar, a ese momento le diría, «permanece unos instantes, eres tan hermoso»”. Si descansa en su búsqueda, aun por un breve momento, ”estará

cortejando al diablo”, ya que no puede haber paz en la lucha del hombre por devenir. El Evangelio de San Juan nos dice que nuestra casa tiene muchos cuartos, cada uno de ellos con sus propias maravillas por descubrir. ¿Cómo podemos permitir que las arañas, ratas, podredumbre y muerte invadan nuestra casa? Lo que puede ser tiene siempre un potencial para su descubrimiento. Nunca es demasiado tarde. Este conocimiento debe significarle al hombre su mayor reto, la búsqueda de sí mismo, su propia odisea personal, penetrar en sus cuartos y ponerlos en orden. Debe ser un reto no únicamente para que él sea una buena persona, que ama,

Cuando el hombre posee amor ya no se encuentra a merced de fuerzas negativas superiores a él, pues él mismo se convierte en la máxima fuerza de vida.

PARA PODER AMAR A OTROS

que siente, inteligente, sino que sea la mejor persona, que desarrolle a su máxima capacidad su virtud de amar, sentir más y ser más inteligente. Su búsqueda no está en competencia con la de nadie más; él se convierte en su propio reto personal. Así pues, el amarte a ti mismo implica el descubrimiento de la verdadera maravilla de ti mismo; no únicamente del tú actual, sino de las muchas posibilidades que posees. Implica la continua conciencia de que eres único, distinto a cualquier otra persona en el mundo; que la vida es, o debería ser, un descubrimiento, un desarrollo y un acto de compartir tu singularidad. Este proceso no siempre es fácil, ya que uno está sujeto a encontrar gente que se sentirá amenazada por tu cambio y crecimiento. Sin embargo, siempre será emocionante, fresco, y como todas las cosas nuevas y cambiantes nunca resultará aburrido. El viaje que se realiza al interior de uno mismo es el más maravilloso, placentero y duradero,

y el costo del pasaje meramente incluye experimentar, evaluar, educar e intentar una nueva conducta en forma continua. Sólo tú puedes ser el juez final en la determinación de lo que es correcto para ti. La cultura occidental ha sido una cultura de competidores. El valor del hombre siempre se ha medido de acuerdo con cuánto tiene en comparación con otros hombres. Se piensa que si tiene una casa más grande, un automóvil más lujoso, una instrucción escolar más impresionante, debe ser un hombre mejor. Pero éstos no son valores universales. Hay culturas en las que la mayor alabanza se dirige al hombre santo, al sabio, quienes han dedicado su vida al autodescubrimiento y no tienen nada de valor material para ofrecerlo como prueba. Existen culturas que valoran más la alegría y la paz mental que la propiedad y la diligencia. Su hipótesis afirma que,

EL AMOR

como todos los hombres tarde o temprano deben morir, sean pobres o ricos, la única meta verdadera en la vida es la dicha actual y la realización de sí mismo en la alegría, y no la acumulación de cosas materiales. En algunas áreas la naturaleza ha enseñado y sigue enseñando esta lección por medio de lo que podría considerarse una venganza. ¿De qué sirve acumular objetos o construir grandes villas en las faldas del Monte Etna? ¿Cuál es el propósito de levantar viviendas permanentes en lugares en los que el monzón se presenta anualmente y arrasa con todo, excepto la gente y la tierra? La década de 1930 en Estados Unidos, con todas sus convulsiones provocó en mucha gente la necesidad urgente de hacer una revisión profunda de sus valores. Después del colapso financiero, los hombres que habían invertido todo su capital en ”cosas” diversas desaparecieron junto con ellas, y unos incluso llegaron al suicidio. Otras personas que depositaron su esperanza en sí mismas, suspiraron reflexionando: ”Logré levantarme una vez. Lo puedo volver a lograr”, y empezaron de nuevo. El amarse a sí mismo implica apreciar tu propio valor por encima de todas las cosas. El amarte a ti mismo también implica el conocimiento de que sólo tú puedes ser tú. Si tratas de ser como

alguien más, quizás te aproximes mucho, pero siempre serás una imitación aunque de mayor valor. Ser uno mismo es lo más sencillo, lo más práctico, lo más satisfactorio, así que tiene mucho sentido el hecho de que únicamente puedas ser para otros lo que eres para ti mismo. Si te conoces, aceptas y aprecias a ti mismo, así como tu singularidad, permitirá que otros también lo hagan. Si valoras y aprecias el descubrimiento de ti mismo, alentarás a otros a que emprendan esta importante búsqueda. Si reconoces tu necesidad de ser libre para saber quién
eres, permitirás que otros también tengan la libertad para hacerlo. Cuando te des cuenta que tú eres lo mejor de ti mismo, aceptarás el hecho de que otros son lo mejor de ellos mismos, aun cuando se entiende que todo empieza contigo. En la medida en que te conozcas a ti mismo (y todos somos más similares que diferentes) puedes conocer a otros; cuando te ames a ti mismo, amarás a otros. Y en la profundidad y medida en que puedas amarte a ti mismo, precisamente en esa profundidad y medida podrás amar a otros.

Para amar es necesario liberarse de etiquetas

El hombre tiene una idea muy estática del mundo, la cual se le imprimió, accidentalmente o por la fuerza, a través de cadenas de asociaciones condicionadas. El hombre cree que esta impresión es la realidad. TIMOTHY LEARY

7
En una sección anterior comentamos la importancia de las palabras en el proceso de aprender a amar. Mencionamos que las palabras provocan una huella permanente, un congelamiento de la realidad, a través del cual se filtran todo el aprendizaje y la percepción futuros. Esta filtración es un gran obstáculo para el amor. Si tu aprendizaje ha provocado que tengas una reacción de rechazo hacia los negros, judíos o mexicanos, o hacia los que tengan modales o costumbres distintos a los tuyos, o vistan diferente, entonces tus posibilidades de llegar a amar a estos seres humanos se reducirán al mínimo. El hombre creó las palabras para liberarse. Creó el lenguaje para poder comunicarse con los demás y permitirles a ellos hacer lo mismo. En un principio el propósito de las palabras era ayudar a organizar y registrar la sabiduría del pasado y los sueños del futuro. El hombre descubrió que las palabras lo ayudaban a organizar su medio ambiente; pero sobre todo, empleó diversas palabras para pensar y crear. Desarrolló el lenguaje para liberarse, sin imaginar que algún día se convertiría en su esclavo. Encontró que las mismas etiquetas que ideó meramente para representar una cosa, pronto tenían el poder de convertirse en el objeto mismo, así que el hombre empezó aactuar como si la palabra fuera el objeto. Al tener los nombres a la mano, supuso que tenía el ”objeto” a la mano. Por lo tanto, infirió que podía comunicárselo a otros sencillamente usando

determinada etiqueta. Cuando hablaba de un francés, suponía que toda la gente tenía el mismo cuadro estático de un francés. Esto, naturalmente, era erróneo y por ende su habilidad para comunicarse empezó a desintegrarse. La etiqueta embaucó al hombre convirtiéndolo en su esclavo y lo distanció de otros seres humanos. El hombre nunca se detuvo a cuestionar qué era lo que él u otros entendían con respecto a otro individuo cuando lo etiquetaban de ”comunista”, ”católico”, ”republicano”, ”judío”, etcétera. No se molestó en preguntar si el ”comunista”, por ejemplo, también era un buen padre, un hombre cortés, un maestro dedicado, un buen ser humano, alguien que amaba con calidez, un pacifista, un soñador o un creador. Los estímulos negativos que producía la palabra ”comunista” eran suficientes para convencerlo de que podía o debía ”odiar” a tal individuo. Y conforme a esto se hicieron las cosas. Durante mi niñez era común en Estados Unidos llamar a los italianos ”dagos” y ”wops” (como mencioné en capítulos anteriores). Nos mudamos a un vecindario norteamericano en el que nunca había vivido una familia italiana. Inmediatamente se puso a funcionar la etiqueta. ”Todos los dagos son miembros de la mafia”. ”Si hay un dago en el vecindario, el valor de la propiedad bajará”. ”Ya no hay paz en el vecindario. Los dagos son gente muy ruidosa y emotiva”. Durante meses fuimos ignorados u hostilizados aunque tratábamos de atravesar las barreras. Fuimos hechos a un lado, clasificados en una categoría. Bajo esa simple connotación de ”dagos” nuestros vecinos

pensaron que nos conocían y se sentían tranquilos al rechazarnos.

PARA AMAR ES NECESARIO LIBERARSE DE ETIQUETAS

Lo que no sabían sobre nosotros era mucho más importante y significativo que lo poco que sabían. No sabían, por ejemplo, que mamá era cantante y que nuestra casa siempre estaba invadida de música. Mamá también tenía importantes conocimientos médicos, y mientras ella nos atendió, nadie enfermó en nuestra familia. Sus tratamientos consistían principalmente en dos remedios importantes: ”el ajo”, que era un curalotodo general de uso diario, y la ”polenta”, una mezcla espesa y ardiente de harina de maíz y agua, la cual se colocaba ardiendo en el pecho cuando todo lo demás fallaba. El ajo era frotado, usado en crudo y atado con un pequeño pañuelo alrededor del cuello cada mañana, antes de que fuéramos a la escuela. De esta simple pero sorprendente manera nunca estábamos enfermos. (Yo he desarrollado una teoría a este respecto: al llevar ajo crudo nadie se nos acercó lo suficiente para contagiarnos algún germen.) La polenta también hacía milagros, aun cuando nunca he podido entender su valor farmacéutico. Quizás se debía a que nos dábamos cuenta de que independientemente de la enfermedad que tuviésemos, ésta era de segunda importancia en comparación con las quemaduras de segundo grado que dejaba la mezcla de maíz ardiente en la piel. Éstas ya eran suficiente razón para que los vecinos no nos excluyeran. ¿Qué mejores remedios médicos se pudieron haber compartido? ¿Qué arias y óperas tendrán oportunidad de escuchar otra vez con una actuación tan soberbia?

Papá hacía un vino digno del altar papal. También exigía un crecimiento continuo en nuestra educación. Su pregunta favorita, que nos hacía a cada uno después de la comida, era: ”Bueno, ¿qué aprendiste hoy de nuevo?” Siempre estaba ansioso por aprender y preocupado por su propia educación. Por otro lado, en la familia pensábamos que el vino era excelente. Si desea ser una persona que ama, • debe empezar por decirle sí al amor.

La práctica de compartir nuevos conocimientos no nos parecía muy atractiva, pues cuando él cenaba con nosotros, todos los hermanos nos poníamos a buscar en la enciclopedia algo nuevo que enseñarle a papá, mientras él descansaba, pasándose la mano por el bigote y tomando vino. Nuestros exclusivos vecinos se perdían de este intercambio intelectual y sobre todo de los deleites para el paladar del ”vino rosso” elaborado en casa. Para poder amar también es necesario controlar el medio ambiente lingüístico, ”descongelar” todas las ideas preconcebidas derivadas de antiguas trampas de palabras. Se dice que a Buckminster Fuller le preocupaba tanto que las palabras lo controlaran, que pasó dos años casi completamente solo, estudiando lo que las palabras significaban específicamente para él. Sólo después de un periodo de dos años se sintió suficientemente libre de trampas lingüísticas para usar el lenguaje como agente para acercarse más a las cosas en vez de alejarlas, para hacer del lenguaje un instrumento propio. El efecto del lenguaje en la personalidad, se conoce ahora como la ciencia de la sicolingüística. El sicolingüista demuestra cómo el lenguaje afecta la conducta, y algunos han creado un ámbito lingüístico positivo, con palabras alegres, agradables, que reflejan lo hermoso y refuerzan lo bueno. Otros ejercen control con palabras negativas, insensibles, mordaces, sin vida, tristes, tediosas, deprimentes, desagradables, que refuerzan lo malo.

Quizás la palabra más positiva en el idioma inglés y la que más conduce al crecimiento continuo en el amor sea sí. Sí es el mejor ”descongelador” de los símbolos e ideas. El que ama le dice ”sí” a la vida, ”sí” a la dicha, ”sí” al conocimiento, ”sí” a la gente, ”sí” a las diferencias. Se da cuenta de que todas las cosas y toda la gente tienen algo que ofrecerle, que todas las cosas se encuentran en todas

EL AMOR

las cosas. En caso de que ”sí” te parezca demasiado amenazante, entonces intenta la palabra Quizás. El decir ”no” a algo, es excluirlo, y esto significa cerrarle las puertas, quizás para siempre. James Joyce, en su obra maestra Ulises, finaliza con la más notable afirmación de la literatura, cuando Molly, durante varias páginas, suspira ”síes”. ”¡Sí, sí, sí, sí!” Dag Hammarskjold escribió en su fantásticamente personal Markings: ”Yo no sé quien, o qué, formuló la pregunta; no sé cuándo se hizo. Ni siquiera me acuerdo de haber respondido. Pero en un momento dado respondí sí a alguien o a algo. Y desde ese momento tuve la certeza de que la existencia tiene un significado y, por lo tanto, mi vida en abandono tenía una meta”. Una persona que desea amar debe empezar por decirle sí al amor, fijándose cuidadosa y objetivamente en las palabras que emplea al hablar con su esposa o esposo e hijos, con el jefe y compañeros de trabajo, con los vecinos y amigos cercanos, con la vendedora y la persona que atiende en la gasolinera, etcétera. Las palabras que uses te dirán lo que eres, lo que has visto, lo que has aprendido y cómo lo has aprendido, pues tus palabras demuestran lo que eres y pueden significar un paso largo e importante en el camino hacia el descubrimiento del amor.

El amor implica una gran responsabilidad

Sólo cuando el amor se vuelve un deber, y sólo entonces, queda el amor eterna y -felizmente asegurado contra la desesperación,

KIERKEGAARD

8
Antes de que el hombre pueda amar a todos los seres humanos, o a cualquiera de ellos, su primera responsabilidad en el amor es, y siempre lo será, para consigo mismo. El Evangelio dice: ”Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, afirmación que presupone que primero exista el amor hacia sí mismo y sugiere que el hombre ”amará” a otros en la medida en que se ame a sí mismo. En el capítulo anterior hablamos del amor a sí mismo, por lo tanto no ahondaremos más en este hecho. Baste decir que en la profundidad y medida en que uno se sienta responsable para crecer en el amor para sí mismo, así se podrá sentir hacia otros. Todos los hombres viven interrelacionados en mayor o menor grado, y cada hombre que se acerca más a sí mismo, en alguna forma, se acerca mayormente a los demás. Albert Schweitzer en repetidas ocasiones afirmó que mientras hubiera un ser humano en el mundo que tuviera hambre, estuviera enfermo, solo o temeroso, este hombre sería su responsabilidad. Y Schweitzer llevó una vida de acuerdo con esta creencia; una vida de excelsitud, de la más alta satisfacción, de la mayor dicha, de la más elevada dignidad, de la mayor estima y, por lo tanto, del amor más culminante.

EL AMOR

La sociedad no ha producido muchos Schweitzer, pero todos conocemos y aceptamos algún nivel de responsabilidad para con nosotros mismos y para con otros. El hecho es que ser humano es ser responsable. Muchos hombres encuentran difícil asumir una responsabilidad total aun hacia ellos mismos, por no hablar de otro individuo o grupo de individuos. Por lo tanto, a ellos la idea de tener que dar cuentas y ser responsable de la ”familia del hombre” le parece una tontería inconcebible, irreal, idealista. Cuando el amor es verdaderamente responsable, se tiene el deber de amar a todos los hombres. El hombre no tiene más opción que aceptar este deber, porque cuando no lo hace, encuentra que sus alternativas yacen en la soledad, destrucción y desesperanza. El asumir esta responsabilidad significa formar parte del deleite, del misterio y del crecimiento, así como dedicarse al proceso de ayudar a otros a realizar su amor a través de él. En términos sencillos, ser responsable en el amor es ayudar a otros hombres a amar. Recibir ayuda para realizar tu amor significa que eres amado por otros hombres.

Se ha sabido que distintos hombres enfocan esta responsabilidad en cuanto al amor desde diferentes ángulos, pero los fines son siempre los mismos: lograr el amor universal. Algunos empiezan sosteniendo una profunda relación personal con otro individuo y, con base en ella, aprenden que el amor no puede ser exclusivo, y que si el amor significa crecimiento, necesitará diversas mentes, innumerables individuos y la exploración de distintos caminos. Un solo ser humano no le puede brindar todas estas cosas, por lo que debe ampliar su amor para incluir a toda la humanidad en el mismo. Cuando más inclusivo sea su amor, mayor será su crecimiento. El amor a la humanidad

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

es el resultado natural del amor a un solo individuo, de un hombre a todos los hombres. Herbert Otto señala: ”Sólo en una relación continua existe la posibilidad de que el amor se vuelva más profundo y completo, de manera tal que incluya toda nuestra vida y se extienda a la comunidad. Ya que sólo una relación profunda ofrece la aventura de descubrir la profundidad de nuestro amor, la culminación de nuestra humanidad. Significa arriesgarnos física y emocionalmente; dejar atrás antiguos patrones y hábitos y desarrollar otros nuevos y mejores; poder expresar nuestros deseos abiertamente, a la vez que permanecemos sensibles a las necesidades del otro; estar conscientes de que cada uno cambia a su propio ritmo, y no temer a pedir ayuda cuando la necesitemos”. Otros han considerado que cualquier cosa que no incluya el amor de todos los hombres, no es amor en lo absoluto. Sostienen que el que no ame a todos los seres con sinceridad no puede amar ni siquiera a una sola persona profundamente, ya que todos los hombres son uno solo. El amar a todos los hombres equivale a amar a cada hombre. Kierkegaard es uno de los principales proponentes de esta idea: ”De hecho -dice- es el amor cristiano el que descubre y sabe que existe el prójimo y que ... es una sola y la misma cosa... todos son el

prójimo. Si amar no fuera un deber, entonces no habría ningún concepto del prójimo en lo absoluto. Sólo cuando uno ama a su prójimo, el egoísmo de amor preferencial es eliminado y la igualdad de lo eterno preservada”. Por otra parte, al dedicarse a la humanidad, Kierkegaard descubre que es sólo una extensión del amor que se siente por todo viviente. A través del amor dado una sola persona, Herbert Otto siente que uno adquiere suficiente fuerza para asumirla

EL AMOR

responsabilidad de la comunidad humana. Independientemente de cómo se enfoque, se acepta que el amor no es ni egoísta ni exclusivo, sino generoso e inclusivo. Sigue latente el hecho de que el mundo encuentra difícil aceptar la verdad universal. Si uno se ama únicamente a sí mismo, se le etiqueta de egocéntrico, egoísta. Si se ama a sí mismo y a una pequeña comunidad, incluyendo a su esposa y familia, la sociedad considera que verdaderamente ama y lo elogia como hombre sensato. Pero si ama a todos los hombres, con una mentalidad sumamente abierta, por lo general se le ridiculizará como ingenuo, imaginativo y tonto. La tercera responsabilidad que implica el amor es tener la seguridad continua de que siempre nos dirigiremos hacia el crecimiento, tanto personal como del yo interno y de aquellos a quienes amamos. Antoine Saint-Exúpery definió el amor como ”el proceso mediante el cual yo te conduzco de vuelta hacia a ti mismo”. En esta aseveración confirma su fe en la habilidad del hombre para guiar a su prójimo hacia el amor. Sugiere que un yo interno en crecimiento trae consigo un amor creciente. El amor aborrece el desperdicio, en especial el desperdicio de potencial humano. En una reciente ceremonia nupcial en la que a dos personas se les permitió redactar sus propios votos de matrimonio, repitieron, ”te amaré mientras pueda

ayudarte a crecer en el amor”. Me parece que esto es la esencia de amar a otro, asegurarle que estamos dedicados a su crecimiento, a la realización de su potencial ilimitado. Esta pareja estaba decidida a aprovechar la unión de sus energías para ayudarse uno a otro a través del interminable proceso de descubrir quiénes son en realidad, y después gozar eternamente en este conocimiento y descubrimiento de

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

constante cambio. Ünicamente de esta manera puede florecer el amor humano. En tanto una relación amorosa no me conduce a mí mismo, en tanto en una relación amorosa no conozca a la otra persona a sí misma, este amor, aun si parece ser el lazo más seguro y estático que haya experimentado, no es un amor verdadero, ya que el amor verdadero se dedica a un continuo devenir. Cuando por cualquier razón cesa este proceso, el amor se torna tedioso, indiferente y se ve condenado a desaparecer, decae, se destruye a sí mismo. De esta manera, lo que pudiera parecer un comienzo viene a ser, en realidad, el principio del fin. Cualquier tipo de responsabilidad puede parecer intimidante y, por esta razón, el hombre puede temer a las relaciones verdaderamente profundas con otros seres humanos. Una relación le sugiere a él la más extrema de las responsabilidades. Implica una carga, una restricción a su libertad, rara vez lo contrario. Un alumno de la clase de amor comentó: ”Siempre he temido a una relación profunda debido a la responsabilidad que parecía imponerme. Tenía miedo de las exigencias que me pudiera hacer y me preocupaba que yo no pudiera cumplir con ellas. Me sorprendí cuando tuve el valor de formar una relación, porque de hecho me volví más fuerte. Adquirí dos mentes en vez de una; cuatro manos, cuatro brazos, cuatro piernas, y el mundo de uno más. Al unir fuerzas con

alguien, obtuve el doble de fuerza para crecer, con el doble de opciones. Ahora es más fácil para mí amar a otros. Soy más fuerte y ya no tengo miedo”. Este chico había descubierto una introspección importante. Otra responsabilidad del amor es crear alegría, parte integral del amor. Hay alegría en todo acto de la vida, independientemente de lo trivial o repetitivo que sea. Trabajar con amor es trabajar con alegría. Vivir con amor es
Cuando la relación amorosa no me conduce a mí mismo, cuando yo, en una relación amorosa no conduzco al otro a sí mismo, este amor, aun cuando pareciera la relación más segura y estable que haya vivido, no será verdadero.

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

vivir con alegría. Quizás no se tenga ante sí el día más creativo y satisfactorio, pero uno sabe que hay que vivirlo. Aunque también se puede hacer del día una obligación, aburrida, que destruya los nervios, frustrante, una pérdida de tiempo. O el mismo día puede ser emprendido con energía, entusiasmo y determinación de hacerlo uno de los mejores días de tu vida, para ti mismo y para los que te rodean. Hay que vivir cada momento como si ”fuera el último día de tu vida”. Es el mismo día, requiere de la misma cantidad de energía y horas. La diferencia está en que puedes elegir vivirlo con alegría o miserablemente. ¿Por qué no optar por lo primero? En una de mis clases pedí a los alumnos que escribieran algo respecto el tema ”Si fuera a morir mañana, ¿cómo viviría esta noche?” Siempre trae una gran introspección responder a esta pregunta. Al trabajar en este ejercicio los estudiantes se dan cuenta que están perdiendo un tiempo precioso en muchas formas. Aunque durante su juventud vea la muerte muy lejana, aun para el que viva más, logra vivir más, existe un tiempo limitado. ¿Por qué no vivirlo con alegría? El amor responsable necesita ser expresado. El amor es comunicación. Así como el hombre debe asumir la responsabilidad de expresar su alegría, también es responsable de comunicar su tristeza y soledad. En realidad, parece que cuanto más desolada está una persona, más defensas y racionalizaciones desarrolla, y crea muros detrás de los cuales se pone a refunfuñar. No es comprendida, no la aman. Abusan

de ella. Se le explota. En otras palabras, cuanto más parece una persona necesitar comprensión amorosa, se aleja más de cualquier posibilidad de recibirla. El ”síndrome del berrinche” es el ejemplo perfecto de esto. Si uno necesita algo, debe comunicar su necesidad a otros o nunca podrá ser satisfecho, ya que nadie, ni

EL AMOR

aun los amantes, pueden leer la mente. En ocasiones, cuando la gente se permite a sí misma expresar una necesidad, se sorprende de la respuesta que recibe: ”No me imaginaba que te sintieras solo”. ”Parecías siempre tan autosuficiente, tan sereno, tan satisfecho. Realmente me complace saber que eres humano”. Al demostrarles a otros que uno los ama, también debe revelarles su necesidad de amor. No se puede suponer que la gente, aun los que están más cerca de ti, sabrán y entenderán tus necesidades y sentimientos no expresados. Si quieres que la gente los conozca, sólo tú eres responsable de comunicarte con ella. El amor responsable significa aceptar y entender. El amor crece a distintos ritmos y en direcciones diferentes en todos los individuos. Por ejemplo, en el matrimonio, o en cualquier otra relación estrecha, el amor es el proceso de crecer tomados de la mano, pero separadamente, porque es imposible esperar que dos individuos, incluso en el amor, crezcan al mismo ritmo y en la misma dirección. Esto significa que no siempre se entenderá o apreciará por completo el crecimiento del otro y la conducta resultante. Sin embargo, el amor nos ayuda a aceptar el hecho de que otro individuo se comporta en la forma en que puede comportarse en ese momento. Requerirle que se conduzca de otra manera es pedir lo imposible. El amor responsable es empático. Aunque quizás se haya abusado de la palabra empatía, sigue siendo

maravillosa. Significa ”sentir con”. No implica un ”entendimiento total”. Sabemos que en realidad nunca llegamos a entender a otra persona, pero como en el amor hay tantos elementos positivos y comunes, se tiene esperanza. Si la conducta es contradictoria a nuestras expectativas o nos resulta molesta o decepcionante, debe ser vista meramente como una fase pasajera. El amor siempre es cambiante y un aprendizaje constante, y ofrece la mayor flexibilidad.

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

Sólo pide que aceptemos el comportamiento según se expresa, con el conocimiento de que esta conducta no será permanente. No es cuestión de perdonar, pues esto, en cierto sentido, implica condescender. Más bien es cuestión de aceptar a la persona incondicionalmente como es en ese momento, consciente de que lo que es hoy, no es lo que será mañana. Por lo tanto, el que ama constantemente observa, escucha, espera, siente, se adapta, se readapta y cambia. Cuando dos personas se alejan en el amor, por lo general se debe al hecho de que una o la otra se niega a crecer o a cambiar. En este caso, el que ama puede decidir adaptarse a esta conducta, ignorarla o, después que todo lo demás parezca inútil, alejarse de ella. Quizás el lector pregunte, ”pero «alejarse» es realmente amor?” De hecho, lo es. Porque si el que ama se interpone en el camino de otro, entonces ya no está amando. El amor responsable tiene en su núcleo universal la humanidad del hombre. En el sentido más profundo, todos tenemos un núcleo de humanidad. Lo mejor que el hombre puede ser es un humano con todas las fuerzas y debilidades implicadas en este significado. Los más maravillosos personajes del mundo por lo regular han sido los más ”humanos” y los menos renuentes a revelarlo. Mientras estuvo en la tierra, Jesús lloró, sintió soledad, decepción, dolor y desesperanza. Pero sólo en esta forma pudo entender lo que significaba ser un hombre. Buda conocía las características humanas más básicas: la confusión, el

egocentrismo, el orgullo, la envidia y hasta la indigestión. Gandhi sintió humildad, agotamiento, privación física, enfermedad, fragilidad, tortura y padeció lo que él llamó el ”accidente temporal de su propia personalidad”. En distintos grados, todos hemos experimentado también lo que sintieron los grandes hombres como Jesús, Buda y Gandhi.

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

Y en ese mismo grado tenemos empatía con ellos, lo cual es un lazo común. Seguido oímos decir, o decimos, ”es humano”, en el sentido de que sabemos que la perfección es un concepto que se encuentra aún lejos de la mayoría de nosotros. Por lo tanto, debemos arreglárnoslas con lo que tenemos. Es fácil entender que a un padre en la India, por ejemplo, no le resulta más sencillo el hecho de mirar con impotencia cómo muere de hambre su familia de lo que sería para un padre en cualquier otra parte del mundo. Los africanos son tan capaces de sentir felicidad como los peruanos. Los ricos son igual de susceptibles a las lágrimas que los pobres. Los sabios pueden confundirse tan fácilmente como los retrasados mentales. En otras palabras, es la humanidad del hombre la que nos da la base común sobre la cual podemos tener empatía en el amor. La empatía nos hace responsables en el amor. Por cada hombre que muere en el mundo, cada uno de nosotros muere un poco. Por cada persona que sufre, nosotros también sufrimos un poco. Por cada niño que nace en el mundo, todos nos volvemos más ricos en posibilidades. Todos somos incondicionalmente como el otro; la diferencia estriba en que nos encontramos en distintos países, interpretando papeles diferentes en toda una variedad de vestuarios, con fondos diferentes en distintos escenarios y ante auditorios extraños. Sería interesante que pudiéramos cambiar de vestuario y aparecer en diversos escenarios durante nuestra vida; esto nos proporcionaría una

gran introspección a la universalidad del hombre. Nosotros existimos para cada individuo al igual que cada individuo existe para nosotros. Si todos se encontraran desnudos y se nos pidiera que cerráramos los ojos y los sintiéramos, la chica que vende las flores podría ser confundida con la reina, el bufón

EL AMOR

podría pasar por rey y el presidente podría ser tomado por un trabajador inmigrante o por un militante enfurecido. Quizás no exista mayor conocimiento que éste: cada persona en el mundo, no importa qué tan bajo o principesco sea su nivel, es básicamente un ser humano. Rechazar a alguien es perder todas las posibilidades que ofrece la intimidad de conocer profundamente y sentir sinceramente con un semejante. El amor responsable comparte. En realidad, ningún hombre posee nada salvo a sí mismo. El dicho que reza: ”No podrás llevarte nada cuando mueras”, aunque ha sido repetido en exceso, es singularmente cierto. En el momento de la muerte uno no puede asirse de nada ni de nadie. El amor debe compartirse con otros. ¿Qué propósito tiene poseer conocimientos si no se ofrecen a los estudiantes? ¿Qué significado tiene la belleza que no se expone para que todos la disfruten? ¿De qué sirve el amor que no se da libremente? El amor significa un constante compartir activo. Si uno tiene amor para dar, lo puede brindar a todos en el mundo y seguirá teniendo el mismo amor. Nunca perdemos nada al compartirlo, ya que para empezar nada es únicamente nuestro. De hecho, el amor adquiere significado sólo cuando se comparte. En una clase de sociología en una universidad del este de Estados Unidos se efectuó un interesante experimento. El profesor hablaba sobre el proceso de dar y cómo se relaciona con la responsabilidad. Pidió a la clase que diera

10 centavos para cualquiera de las siguientes tres situaciones de necesidad. Primero, había una sequía muy grave en el sur de la India, y para combatirla se necesitaba dinero. Morían mujeres y niños; los hombres se encontraban abatidos. Al cooperar, los alumnos estarían ayudando en una batalla por la vida misma. Segundo, podrían ofrecer sus 10 centavos para un fondo universitario destinado

EL AMOR IMPLICA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

a auxiliar a un excelente estudiante negro que se estaba viendo forzado a dejar la escuela debido a una insuperable desgracia familiar que sólo podía remediarse con dinero inmediato. Tercero, podían contribuir a un fondo que se estaba iniciando con objeto de comprar una nueva máquina fotocopiadora para uso de los estudiantes. Esta máquina con seguridad haría su vida académica mucho más sencilla. Los resultados de esta lección no serán una sorpresa ni de gran impacto para muchos: más del 85% de los estudiantes, de acuerdo con una votación secreta, donaron sus 10 centavos para la compra de la máquina fotocopiadora para su propio uso inmediato. La siguiente cantidad en orden de importancia, aproximadamente 12%, se dio para que el estudiante negro permaneciera en la escuela. Y únicamente el 3% de los estudiantes contribuyeron a la necesidad más urgente de conservar la vida en la India. Cuanto más lejano se encuentra el problema, menor responsabilidad se siente de compartirlo. La urgencia de la necesidad en la India pareció no importar. No fue el generoso ”yo” sino el egoísta ”yo” el que perdió la oportunidad de dar vida a la gente hindú o educación al joven negro. Fue el ”yo” egoísta quien ignoró el hecho de que en última instancia había obtenido poco. ¿Acaso todas las máquinas fotocopiadoras en el mundo tienen el valor siquiera de una sola vida? El no darse cuenta de esto es depositar valor en ”cosas” vacías, mismas que cuando la

muerte haga su llamado inevitable, tendrán que ser dejadas en su puerta. Finalmente, el amor responsable se erige aun más allá de la esperanza. La capacidad para tener esperanza, ciertamente, es uno de los principales factores para salvar la vida del hombre. Con la esperanza, el hombre muestra un profundo respeto y fe en la capacidad humana para

EL AMOR

cambiar, una creencia en la ”integridad del

universo”, en los nuevos comienzos, en los emocionantes mañanas. La esperanza es esencial para el hombre, ya que éste aún no es lo suficientemente valeroso o capaz para existir sin ella. El vivir sin esperanza sería devastador para el hombre, quien todavía no ha aprendido a trabajar por la alegría de trabajar, por el crecimiento mismo, a crear por la expresión y la exaltación en el acto, o amar sencillamente por el placer de amar; sigue necesitando una recompensa. Hasta que el hombre no aprenda estas cosas, la esperanza tendrá que ser su fuerza básica de motivación. En el trabajo obtendrá salarios más altos y mejores puestos; en el conocimiento necesitará grados y diplomas; en la creatividad requerirá reconocimiento; en el amor, necesitará reafirmación. Hasta que no se dé cuenta de que cada cosa en sí es la recompensa, necesitará de la esperanza como muleta para seguir adelante. No hay nada de malo con la esperanza en el amor; sencillamente es la segunda mejor posibilidad. Mientras tanto, la esperanza, sin lugar a dudas, es una fuerza creativa muy fuerte. Como dijo Norman Cousins: ”La esperanza es el principio de los planes. Les da a los hombres un destino, un sentido de dirección para llegar, y la energía para empezar, los sensibiliza. Da valores adecuados a los sentimientos así como a los hechos”.

Su esperanza, continúa Cousins, incluye ”el revivir la imaginación humana con respecto a la vida de acuerdo a cómo le gustaría al hombre; el aprovechamiento completo de su inteligencia para traer cordura y sensibilidad a su mundo y a su arte; la importancia del individuo; su capacidad para crear nuevas instituciones, descubrir nuevos enfoques, percibir nuevas posibilidades”. Indudablemente, todo esto es cierto. Pero el amor va más allá. La esperanza es un principio. El amor es eterno.
4-.,

El amor reconoce las necesidades
JOHN MILTON

La mente no ha de ser cambiada por el lugar ni por el tiempo; la mente es su propio lugar, y por sí misma puede hacer del Infierno un Cielo, y del Cielo un Infierno.

El hombre tiene necesidades tanto físicas como emocionales. Aunque pasa la mayor parte de su tiempo, de su vida, luchando por las primeras, éstas son las más fáciles de satisfacer. El hombre sólo requiere de una pequeña cantidad de alimento, y la mayoría de nosotros comemos demasiado; un techo para protegerse de los elementos naturales, y no las grandes residencias en las que vivimos; la ropa necesaria para el invierno; en algunas partes del mundo muchos siguen cubriéndose con una simple hoja y, naturalmente, agua. Todo lo demás es un lujo, aceptable, por supuesto, por comodidad, pero no necesario para la supervivencia. En la actualidad dos terceras partes del mundo dan testimonio de esto. Pero el hombre también tiene otras necesidades: las emocionales. Éstas también son pocas, pero igual de importantes que los requerimientos físicos; sin embargo, no son tan sencillas de satisfacer. Si no se satisfacen, pueden ser tan devastadoras como el hambre física, tan incómodas como la falta de techo, tan nulificantes como la sed, etcétera. La frustración, el aislamiento y la angustia que provocan las necesidades emocionales insatisfechas pueden al igual que la privación física, causar la muerte o cierto grado de muerte en vida, como neurosis y sicosis.
EL AMOR

Aun así, consciente de esto, el hombre sigue dedicando una pequeñísima parte de su tiempo a las actividades que lo llevarían a satisfacer sus necesidades emocionales y al proceso de ayudar a otros hacia la misma satisfacción. Ciertamente,

pocas personas considerarían sus necesidades emocionales lo suficientemente importantes para justificar una cantidad de tiempo igual a la que se dedica a ganar el salario con el cual se satisfacen sus necesidades físicas. Por otra parte están las necesidades sicológicas básicas del hombre: requiere ser visto, reconocido, apreciado, oído, acariciado, complacido sexualmente. Debe concedérsele la libertad para elegir su propio camino, crecer a su propio ritmo y cometer sus propios errores; es decir, para aprender. Necesita aceptarse a sí mismo y a otros seres humanos y, a su vez, ser aceptado por ellos. Desea ser un ”yo” al igual que un ”nosotros”. Lucha por crecer y convertirse en el individuo único que es. Si el amor no reconoce estas necesidades, es falso. Si cualquiera de ellas no se satisface, el individuo nunca podrá realizarse totalmente y permanecerá oculto, en parte, aun de él mismo. Es algo muy semejante al árbol del que ciertas ramas no han recibido los rayos del sol, y mientras que el resto del árbol crece, las partes que han sido privadas de la luz solar nunca se desarrollarán en una forma normal. Por ejemplo, el presidente de un banco puede ser altamente eficiente, inteligente, aceptado, respetado, un miembro que aporta valores a la comunidad: sería como un fuerte árbol en

crecimiento. Pero su esposa sabe que en cuanto a sus hábitos alimenticios tiene los gustos limitados de un niño, y en su vida sexual también es tan impotente como un niño. Quizá en alguna fase de su crecimiento emocional tuvo una fuerte necesidad que no se satisface

EL AMOR RECONOCE LAS NECESIDADES

hizo. Como debía seguir creciendo hizo a un lado aquella necesidad, desde el punto de vista sicológico, y sus hábitos alimenticios y sexuales quedaron a un nivel infantil, mientras que el resto de su personalidad avanzó hacia la madurez. Naturalmente, ésta es una sobresimplificación de la dinámica implicada, que es mucho más compleja y sutil. La idea primordial que deseo señalar con esto es que el hombre sufre cuando sus necesidades emocionales o sicológicas no son satisfechas. Como ya señalé, el hombre tiene la necesidad de ser visto, oído y acariciado, y el amor reconoce estas necesidades. En la actualidad los individuos parecen estar demasiado ocupados para detenerse y mirar o escuchar a nadie, ni siquiera, en ocasiones, a su propia familia. A esto le llamo el síndrome del ”hombre invisible”: está ante uno todos los días, durante las comidas, en la sala, hasta en la cama. Uno sabe que está ahí, pero no lo ve. Si amas a alguien, lo observarás cuidadosamente y sabrás que está cambiando todos los días a través de un hermoso proceso gradual, del cual seguramente te perderás si no aprendes a observar. ¿Cuándo fue la última vez que miraste la cara de tu esposa o marido, la de tu hijo, la de tu madre? Y para el caso, ¿qué tanto tiempo hace que te miraste tú mismo profundamente, no mientras te rasurabas o te lavabas o te ponías el maquillaje, sino durante un momento de paz, sólo mirándote?

Durante muchos años el hombre negro en Estados Unidos ha experimentado este sentimiento de ”ser invisible”, al grado que se ha llamado a sí mismo el ”hombre invisible”. Los existencialistas han desarrollado toda una teoría alrededor de la idea de la futilidad de la lucha personal del hombre por lograr reconocimiento, de su búsqueda de afirmación en su existencia real y del significado de
EL AMOR

esa existencia. El que ama reconoce la necesidad que tienen otros de ser vistos. ¡Míralos! Es igualmente importante la necesidad de ser escuchado. Suelo referirme a esta carencia como síndrome de ”fiesta coctel”. Hay muchedumbres charlando alegremente ante el otro, intercambiando lo que se ha denominado ”trivialidades”. Se habla mucho, pero se oye o escucha poco. Se podría decir que meramente se emite aire para formar una vibración. La vibración no se vuelve un sonido sino hasta que es recibida por el oído y las vibraciones son traducidas e interpretadas en símbolos por el cerebro. El cerebro juega un papel poco importante en la ”fiesta coctel” común, a excepción del de órgano listo a ser entumecido. Aun cuando una persona escucha a otra, a menudo escucha precisamente lo que desea oír. Tiene la capacidad de elegir o filtrar lo que le resulta incómodo.

En un interesante libro escrito por Alexandra DavidNeel y Lama Yongden, The Secret Oral Teaching in Tibetan Buddhist Sects, la autora nos dice cómo se dirigió a un sabio tibetano para realizar su plan de escribir este libro. La respuesta que recibió del sabio es a la vez divertida e ilustrativa de la idea que trató de señalar. Le dijo: ”Es una pérdida de tiempo. La gran mayoría de los lectores y escuchas son iguales en todo el mundo. No hay duda de que la gente en tu país es igual a la que he conocido en China e India, y estos últimos son justo como los tibetanos. Si les hablas de verdades profundas bostezan y, si se atreven, se alejan, pero si les cuentas fábulas absurdas son todo ojos y oídos. Desean que se les den sermones de las doctrinas, ya sean religiosas, filosóficas o sociales, que sean congruentes con sus conceptos; que satisfagan sus inclinaciones; de hecho, que se. puedan encontrar ellos mismos en ellas, y que se sientan aprobados por ellas”.

EL AMOR RECONOCE LAS NECESIDADES

Y para hacer aún más grande la confusión, las palabras con frecuencia significan cosas distinfas para gente distinta. Esto algunas veces produce un fenómeno más bien extraño, al que Timothy Leary se ha referido como ”mi tablero de ajedrez tratando de comunicarse con tu juego de monopolio”. Edward Albee ha ilustrado hermosamente esta escena en The American Dream, que abre con una conversación entre un hombre y su esposa; ella describe un episodio de su día de compras hasta en el más mínimo detalle, y él se encuentra a mil kilómetros de distancia perdido en sus propios pensamientos. La única interrupción se da cuando la mujer hace una pausa lo suficientemente larga para pedirle a su esposo que le repita lo que ella ha dicho, pues quiere cerciorarse de que la ha escuchado. Indudablemente, él no ”oyó” ni una palabra, pero repitió todo a la perfección. El público encuentra muy divertida esta escena, y es extraño que no llore, ya que la mayoría nos encontramos en este tipo de drama todos los días de nuestra- vida. Quizás si escucháramos a otra persona, si verdaderamente escucháramos, podríamos sentir su alegría o su lamento. El amor escucha. El amor también toca, acaricia. El amor físico es necesario para la felicidad, el crecimiento y el desarrollo. Anteriormente mencionamos que el bebé necesita ser acariciado o morirá aun si se satisfacen todas sus necesidades biológicas. La afirmación de Freud en el sentido de que la base de toda enfermedad mental es la falta de gratificación

sensual, tiene muchas y variadas interpretaciones; incluso se ha etiquetado al célebre sicoanalista de ”viejo sucio”. Pero lo que él quería decir con gratificación sensual, abarcaba desde la madre que amamanta a su hijo y le cambia los pañales, hasta las experiencias sexuales más apasionadas, y todas las fases físicas intermedias. Un apretón de manos puede ser clasificado como gratificación

EL AMOR

sensual. Independientemente del grado, y nosotros esperamos que todas las personas aprovechen la oportunidad para experimentar la vasta gama de experiencias, el hombre necesita ser tocado, acariciado. La fuerza del impulso sexual es testimonio de esto, y en algunas personas es tan fuerte que dirige toda su vida. Se ha sabido de reinos que han ascendido y luego caído estrepitosamente, de guerras que se han declarado, de asesinatos que se han cometido sólo para que alguien pudiera tener ese momento de unión sexual, con frecuencia sin amor en el sentido real, estrictamente con pasión. El amor no necesariamente significa sexo, incluso cuando la gratificación sensual en distintos grados siempre forma parte del amor. Pero intentar escribir un libro sobre el amor sin considerar la importancia del sexo sería absurdo. Es imposible imaginar una situación en la que uno ame profunda y sinceramente sin que tenga el deseo de alguna forma de gratificación sensual. Nuestros prejuicios en contra del contacto humano más superficial son tan grandes (incluso llegan a establecer leyes que lo prohiben), que muchos se han alejado casi por completo de cualquier forma de amor físico, exceptuando un nivel puramente animal. Aun la opción del apretón de manos, hombre con mujer, de acuerdo con Emily Post, queda bajo el criterio de la mujer. Si ella extiende la mano, el hombre la acepta, aunque también es ”correcto” que ella no la extienda. Así, nos distanciamos unos de otros, a través de los modales y de ciertas leyes.

No hay duda de que una persona es real cuando uno la toca, cuando siente su piel sobre la propia, aunque sea durante un breve momento. Podría decir que yo violo continuamente la etiqueta establecida, ya que siempre extiendo la mano tanto a los hombres como a las mujeres por igual; y provoco miradas horrorizadas cuando sostengo gunter yo sel

EL AMOR RECONOCE LAS NECESIDADES

la mano del otro más tiempo de lo ”aceptado” y la cubro cálidamente con mi mano libre. Algunos que me miran curiosamente y con asombro, se asustan y quizá se pregunten, ”¿qué busca?”, pero en la mayoría de los casos yo sé que este acto es una afirmación mutua de que somos seres humanos relacionándose en un nivel muy real. Esto pudiera conducir a una nueva aseveración filosófica: ”Toco, luego existo”. Sin duda hay pocas personas que no encuentran placentero el ser tocadas o tocar a otro; naturalmente algunos lo encuentran, en forma patológica, muy desagradable. He estado en situaciones en las que alguien me ha dicho: ”Por favor no me toques. Prefiero que no me toquen”. Por supuesto, es su derecho, y debe ser respetado. Sin embargo, el amor es físico, toca, acaricia. El amor necesita libertad. Ya dijimos que, en todo sentido, el amor siempre es libre; se da y se recibe libremente, pero también necesita libertad para poder crecer. Cada hombre que crece en el amor encontrará su propia forma, su propio camino hacia el amor. No podemos forzar a otros a que sigan nuestra forma, pero sí podemos alentarlos para que encuentren la suya propia. Carlos Castañeda, en su interesantísimo libro sobre los indios yaquis, Las enseñanzas de don Juan, cita la sabiduría de su personaje don Juan: _Siempre debes tener en mente que un camino es sólo un camino; si sientes que no lo debes seguir, no debes seguirlo bajo ninguna circunstancia... Cualquier camino es sólo un camino, no representa una afrenta para ti ni para otros el dejarlo, si es lo que tu mente te

indica que hagas. Pero tu decisión de seguir en el camino o dejarlo debe ser libre de temor o ambición. ¡Te prevengo! Ve cada camino cuidadosa y deliberadamente. Inténtalo cuantas veces pienses que es necesario. Después házte a ti mismo, y sólo a ti, una pregunta ... que es ésta ... ¿este camino tiene corazón? Todos los caminos

EL AMOR RECONOCE LAS NECESIDADES

son iguales; no conducen a ninguna parte. Son caminos que van a través del matorral, o al matorral. La pregunta es si este camino tiene corazón. Si lo tiene, entonces el camino es bueno; si no lo tiene, no sirve de nada. Los dos caminos no conducen a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace que el viaje sea alegre, y mientras lo sigas serás uno con él. El otro te hará maldecir la vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita”. Cada individuo es el único que puede juzgar por sí mismo qué camino tiene corazón para él. Cuando los caminos se cruzan hay una unión; cuando van paralelos hay paz, siempre y cuando cada camino ame y honre al otro. El amor nunca ofrece direcciones, pues sabe que el desviar a un hombre de su camino sería darle nuestro camino, el cual nunca será verdaderamente adecuado para él y con certeza lo ”debilitará”. Debe ser libre de seguir su propio camino, en la forma que haya elegido y a su propio ritmo. Debe verse libre para cometer sus propios errores y aprender de ellos lo que pueda. Nuestro amor se encuentra ahí para darle apoyo, fuerza para continuar su búsqueda con seguridad, con alegría, y para ofrecerle el aliento diario que necesitará. Cualquier ayuda que brindemos sólo debe dirigirse a orientarlo para encontrar el yo interno que ha estado buscando durante mucho tiempo. El amor es su guía, no su conductor. Cada hombre es su propio conductor. El amor nunca refleja al que lo da, ya que si existe cualquier detección de nuestra ayuda,

entonces hemos evitado que el ser amado viaje por su propio camino y realmente no habrá sido libre. Él tiene su propio camino y el amor lo alienta a seguirlo, aun cuando este camino no se encuentre con nuestro camino deseado. Retenerlo en lo que pensemos que es el camino adecuado para él, es conducirlo a la oscuridad y, como dice Thoreaú: ”Los pájaros nunca pueden cantar en cuevas”.

EL AMOR

El amor escucha sus propias necesidades. La sociedad está repleta de prejuicios, reglamentos y directrices para ”encontrar” el amor y la aceptación social. Es común que el hombre se ocupe tanto de lo que otros creerán o pensarán o dirán, que deja de escuchar lo que él cree, piensa o dice. La sociedad le dirá que debe vivir en cierto tipo de casa, pero él siempre ha querido vivir en un iglú. Si lo construye, ”la gente” pensará que está loco, así es que mejor diseña una casa rústica que lo hace enloquecer ”a él”. Le gustan las paredes de un color cálido, quizás naranja, un color que le ha encantado desde que era niño. Pero el decorador de interiores le dice que ”nadie pinta las paredes de naranja”. En cambio el verde aguacate es delicioso y muy ”de moda”. Así es que pinta las paredes de verde siguiendo el consejo del decorador y coloca cortinas moradas (”muy elegantes”) y un tapete color vino (”lo último en la moda”). Entonces las paredes son verdes, las cortinas moradas y el tapete color vino, y usted cada vez que entra a esta habitación se siente físicamente enfermo, pero lo acepta porque los vecinos y los ”mejores hogares y jardines” lo aprueban; por lo tanto, así debe estar bien. Las casas se construyen para los contratistas, la ropa es diseñada por modistas sádicos, Hollywood y Cinecittá definen la belleza, y de esta forma el individuo está perdido, se convierte en todas las cosas que otros dictan, algunas veces inconscientemente.

Estamos atrapados por cosas triviales que, se nos dice, indudablemente nos conducirán a la felicidad. Cada día de nuestra vida se vuelve más complicado. Nos levantamos; hacemos ejercicio durante 20 minutos; después nos damos un regaderazo, nos secamos, nos ponemos talco o crema para la piel, cepillamos nuestros dientes y usamos un enjuague bucal para ”cerciorarnos doblemente”, cepillamos el pelo decenas de veces después de haberlo lavado

EL AMOR RECONOCE LAS NECESIDADES

con champú, acondicionado, secado, dado forma y peinado. Nos ponemos desodorante, nos envolvemos en ropas, forzamos los pies con unos zapatos, arreglamos la cama, tomamos una taza de café y, después de todo esto, por fin estamos listos ”para empezar el día”. Y hay casos en que la misma rutina se repite por la noche, antes de ir a la cama, pero a la inversa. Como resultado de tanto arreglo, ya no sabemos a qué huele un ser humano y hasta nos repelen los olores humanos naturales. Estamos tan limpios, que tenemos poca o ninguna resistencia a los gérmenes cuando viajamos a otro país. Estamos tan involucrados en lo que ”debe” hacerse, que no tenemos tiempo para lo que queremos hacer. Quiero aclarar que no estoy abogando por adoptar hábitos de mala higiene, ni por el exterminio en masa de todos los que escriben libros ”de etiqueta” que complican tanto nuestras vidas, ni por el exilio de todos los diseñadores de ropa, decoradores de interiores y publicistas. Sencillamente sugiero que el hombre debe escuchar su propia ”voz”, actuar conforme a lo que sienta, de lo contrario quedará fuera de sí mismo. El amor escucha sus propias necesidades y aprecia su propia singularidad. Aborrece el hecho de que los hombres se están volviendo cada vez más similares, por lo que en poco tiempo la única forma en que” se

le podrá identificar como individuo será a través de su número del seguro social. En conclusión a este capítulo, diré que el amor reconoce las necesidades, tanto físicas como emocionales. Ve al igual que mira, escucha al igual que oye. El amor toca, acaricia y goza con la gratificación sensual. Es libre y no podrá ser realizado a menos que se le deje en libertad. El amor encuentra su propio camino, establece su propio

EL AMOR

ritmo y se conduce en su propia forma. Acepta y aprecia su Caridad. El amor no necesita reconocimiento ya que su efecto es reconocible, no será un amor verdadero.

El amor requiere que uno sea fuerte

Son los débiles los que son crueles. La bondad sólo puede esperarse de los fuertes. LEO ROSTEN

Vivir en el amor es el mayor reto en la vida. Requiere de más sutileza, flexibilidad, sensibilidad, entendimiento, aceptación, tolerancia, conocimiento y fuerza que cualquiera otra actividad o emoción humana, ya que el amor y el mundo real constituyen lo que parecen ser dos grandes fuerzas contradictorias. Por una parte, el hombre sabe que sólo siendo vulnerable puede realmente ofrecer y aceptar amor. Pero al mismo tiempo sabe que si revela esta vulnerabilidad en su vida diaria, correrá el riesgo de que abusen o se aprovechen de él. Puede intuir que si mantiene parte de sí mismo en reserva para proteger su vulnerabilidad, siempre recibirá a cambio sólo el amor parcial que da y, por lo tanto, la única oportunidad que tiene de hallar un amor profundo es dar todo lo que tiene. Sin embargo, descubre que cuando lo da todo, muchas veces recibe poco o nada a cambio. El ser humano sabe que debe confiar y creer en el amor. Pero también sabe que si expresa su confianza y fe, la sociedad no vacilará en aprovecharse de él y lo considerará un tonto. Si tiene esperanza en el amor y sabe que sólo así puede hacer realidad el sueño de una humanidad que se ame entre sí, la sociedad lo ridiculizará como soñador idealista. Si no busca el amor frenéticamente, se

EL AMOR

sospechará que es impotente y ”excéntrico”. No

obstante, sabe que el amor no se busca; se encuentra en todas partes, y el buscarlo es un autoengaño. Si decide pasar cada momento de su existencia viviendo en el amor, con el conocimiento de que así es más real y humano, la sociedad lo etiquetará como un romántico débil. El amor y las prácticas del mundo real se encuentran a kilómetros de distancia. No es sorprendente que tanta gente no tenga valor para intentar pasar la brecha, ya que en la práctica, ésta parece infranqueable. El hombre cuenta con el entendimiento e impulsos para crecer en el amor, pero la sociedad dificulta la práctica de este conocimiento. La realidad de la sociedad difiere de la realidad del amor. La fuerza para creer en el amor cuando eres objeto de lástima y desaprobación es superior a lo que la mayoría de la gente puede aceptar, así que encuentran más sencillo hacerlo a un lado, reservarlo para personas particulares, en ocasiones específicas y unir fuerzas con la sociedad en el cuestionamiento de su supuesta realidad. Para estar abierto, confiar, creer, tener esperanza y vivir en el amor, se requiere de la mayor fuerza que se posea. Esto se experimenta tan rara vez en la vida real que la gente no sabe cómo enfrentarlo una vez que lo descubre.

Crucifican a Jesús, le disparan a Gandhi, decapitan a Thomas More y envenenan a Sócrates... En la sociedad hay poca cabida para la honestidad, la ternura, la bondad o la calidez, porque éstas obstaculizan la forma en que ”funciona el mundo”. Este fenómeno ha sido la base de grandes obras de la literatura, desde La república de Platón y El idiota de Dostoievsky, hasta La pasión griega de Kazantzakis y El nazareno de Luis Buñuel. Es casi como un juego. La gente busca personajes a quiénes exaltar. Los selecciona cuidadosamente, pasa un tiempo a sus pies adulándolos y después obtiene incomprensible satisfacción

EL AMOR REQUIERE QUE UNO SEA FUERTE

cuando desaparecen. Es como si esa gente no pudiera manejar la perfección, como si ésta hiciera que tuvieran que reflexionar en ellos mismos, y les provocara el cambio, idea que quizás sea demasiado incómoda y dolorosa. Es más fácil no ver ni ocuparse de la perfección. De esta forma la gente puede estar satisfecha con su propia imperfección. Es un hecho que el hombre no vive en un mundo de gente que ama. Es más probable que encuentre egoísmo, crueldad, engaño, manipulación y acciones parásitas similares. Si depende del mundo real fuera de él mismo para que le dé refuerzo, se decepcionará y pronto descubrirá que la sociedad y los hombres son mucho menos que perfectos, ya que la sociedad fue creada por hombres menos que perfectos. Para enfrentarse a lo que encuentra a su paso y aun así seguir viviendo en el amor, el ser humano debe tener mucha fuerza. Sólo sobrevivirá si esta fuerza se encuentra dentro de sí mismo. Si deposita su amor en el mundo y se le rechaza no debe culpar al mundo por su insensibilidad. Si no encuentra amor, lo más seguro es que se deba a que él mismo no tiene amor, y necesita tenerlo dentro de él; dedicarse, estar decidido y firme en su amor. No debe ser como La tonta cándida de Voltaire, que sólo veía bondad en donde existía el mal. También debe conocer el mal, el odio y el prejuicio como fenómenos reales, pero consciente de que el amor es la mayor fuerza. No debe dudar de esto ni por un instante, o de lo contrario estará perdido. Su única salvación está en

dedicarse al amor, al igual que Gandhi se dedicó -a predicar la fuerza de la no violencia, Sócrates la verdad, Jesús el amor y More la integridad. Sólo así tendrá el poder para combatir las fuerzas de la duda, confusión y contradicción. No puede depender de nadie ni de nada en cuanto a reforzamiento y afirmación, sino de sí mismo. Este camino puede
EL AMOR

ser solitario, pero lo será menos si está dispuesto a comprender lo siguiente: La función principal del hombre es ayudar a desarrollar su verdadero Yo interno. De igual importancia que esta función es ayudar a otros a volverse fuertes y a perfeccionarse como individuos únicos. La mejor manera de lograr esto es dándoles a todas las personas la oportunidad de mostrar sus sentimientos, expresar sus aspiraciones y compartir sus sueños. Debe considerar las cosas etiquetadas de ”incorrectas” como fuerzas que emanan de personas que sufren y que, al igual que él, son ”humanas” y se encuentran en el proceso de tratar de perfeccionar su ”ser interno”.

Debe combatir estas fuerzas negativas a través de su amor activo, profundamente preocupado e interesado en la búsqueda libre del descubrimiento de cada persona. Debe estar convencido de que no es el mundo lo desagradable, amargo y destructivo; lo que el hombre le ha hecho lo hace aparecer así. Debe ser un modelo. No un modelo de perfección, estado que rara vez alcanza el hombre, sino un modelo de ser humano. Ya que un buen ser humano es lo mejor que se puede alcanzar. Debe poder perdonarse a sí mismo por ser menos que perfecto. Debe entender que el cambio es inevitable y que cuando se dirige al amor y a su autorrealización, siempre será positivo.

EL AMOR REQUIERE QUE UNO SEA FUERTE

Debe estar convencido de que para aprender la conducta, es necesario intentarla. ”Ser es hacer”. Debe aprender que no todos los seres pueden amarlo, aunque éste sea el ideal. En el mundo de los hombres no ocurre así. Puede ofrecer a todos la mejor ciruela del mundo, madura, jugosa, dulce, suculenta. Pero debe considerar que habrá hombres a los que no les gusten las ciruelas. Debe entender que si es la mejor ciruela del mundo y a alguien a quien ama no le gustan las ciruelas, tendrá la opción de convertirse en un plátano, pero debe ser advertido de que si opta por convertirse en un plátano, será de segunda clase. Sin embargo, siempre podrá ser la mejor ciruela. Debe darse cuenta de que si opta por ser un plátano de segunda, corre el riesgo de que el ser amado lo encuentre ”de segunda” y, al desear sólo lo mejor, lo haga a un lado. Entonces puede pasarse la vida tratando de convertirse en el mejor plátano, lo cual será imposible si en realidad es una ciruela, o puede volver a tratar de ser la mejor ciruela. Debe esforzarse por amar a todos los hombres aun si ellos no lo aman. No ama esperando ser amado; ama por amar. No debe rechazar a nadie, porque sabe que forma parte de todo hombre y rechazar a un solo hombre es rechazarse a sí mismo.

Debe saber que si ama a todos los hombres y uno de ellos lo rechaza, no debe alejarse por temor, dolor, decepción o enojo. No es culpa del otro. No estaba listo para lo que se le ofreció. El amor no se le ofreció con condiciones. Dio amor porque fue lo suficientemente afortunado de tenerlo para darlo, porque sintió alegría al dar, y no por lo que recibiría a cambio.

EL AMOR REQUIERE QUE UNO SEA FUERTE

Debe entender que, si es rechazado en un amor, existen cientos de otros que están esperando ese amor. La idea de que hay sólo un amor correcto es errónea. Hay muchos amores correctos. Espero que estas ideas te sirvan como auxiliares y te den la fuerza para amar, porque continuamente necesitarás la sutileza de los sabios, la flexibilidad del niño, la sensibilidad del artista, el entendimiento del filósofo, la aceptación del santo, la tolerancia de los dedicados, el conocimiento del estudioso y la fortaleza de los que viven en certeza. ¡Vaya requerimientos! Todas estas cualidades podrán desarrollarse en quien elija amar, ya que de hecho forman parte de su potencial y sólo se realizarán a través del acto de amar. Entonces, todo es cuestión de amar la forma en la que amas.

El amor no ofrece disculpas
Si no estoy al nivel de lo más bajo, no soy nada; y si no supiera con certeza que el más loco borrachín de ¿a aldea es mi igual, y no estuviera orgulloso de que él caminara junto a mí como mi amigo, no escribiría una palabra más, ya que ésta es mi fuerza.

EDWARD CARPENTER

11
Este breve libro no ha sido más de lo que se prometió: difícilmente una obra profundamente filosófica o definitiva sobre el amor, ni una exploración académica del fenómeno. Semejante responsabilidad pienso que deberá asumirla una mujer o un hombre mucho más sabio y poético y con más experiencia y conocimiento del tema. Más bien, la intención de este trabajo es y ha sido compartir. En este sentido es una obra de amor. Si el mensaje se recibe o no, de cualquier forma valió la pena el esfuerzo, ya que al escribir un libro sobre el amor, intencionalmente me he expuesto al elogio o al ridículo, a la aceptación o al rechazo; me he hecho a mí mismo totalmente vulnerable. Y la vulnerabilidad siempre se encuentra en el corazón del amor, de quien ama. El padre William Du Bay lo planteó mucho mejor que yo, cuando dijo: ”Lo más humano que tenemos que hacer en la vida es aprender a expresar nuestras honestas convicciones y sentimientos y vivir con las consecuencias. Éste es el primer requerimiento del amor y nos hace vulnerables entre otras personas que pueden ridiculizarnos. Sin embargo, lo único que podemos dar a otra gente es nuestra vulnerabilidad”.

¡Así es ...!
. . .y nosotros mismos seremos amados por un tiempo y después olvidados. Pero el amor habrá sido suficiente; todos los impulsos del amor regresan al amor que los creó. Ni siquiera el recuerdo es necesario para el amor. Existe el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, y el puente es el amor, la única supervivencia, el único significado. THORNTON WILDER

3
Agradecimientos
Me complace expresar mi agradecimiento por el permiso concedido para reproducir breves citas de las siguientes obras: Carlos Castañeda, Las enseñanzas de don Juan: una forma de conocimiento yaqui. Berkeley: University of California Press, 1968. El extracto citado de este libro se reprodujo con permiso de los Regentes de la Universidad de California. Alexandra David-Neel y Lama Yongdon, The Secret Oral Teachings in Tibetan Buddhist Sects. San Francisco: City Lights Book, 1967. Reproducido con permiso de City Lights Books.

Charles Reich, The Greening of America: How the Youth Revolution is Trying to Make America Livable. Nueva York: Random House, Inc., 1970. Pitirim A. Sorokin, The Ways and Power of Love. Chicago: Henry Regnery Company, 1967.

Acerca del autor
El doctor Leo Buscaglia es profesor adjunto de Educación en la Universidad del Sur de California, ciudad donde nació. A través de sus numerosas exposiciones y presentaciones personales, el doctor Buscaglia se ha convertido en un hombre universalmente conocido y amado. Con base en su conciencia de la vida, desarrolló un curso sobre ”el amor” en la Universidad del Sur de California. El Amor es el resultado de sus interacciones con sus estudiantes durante dicho curso. La teoría básica del

doctor Buscaglia es que el amor se aprende y que todo el mundo puede y debe aprender a amar. A través de la enseñanza, conferencias y escritos, Leo Buscaglia pretende ejercer una oportuna influencia en todos nosotros al explicarnos de qué se trata la vida y el saber vivirla.
ESTA EDICIÓN DE 15 000 EJEMPLARES SE TERMINÓ DE IMPRIMIR EL 28 DE FEBRERO DE 1990 EN LOS TALLERES DE IMPRESORES CUADRATÍN Y MEDIO, S.A. DE C.V. DR. VÉRTIZ 931-A, 03020 MÉXICO, D.F.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->