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ERGONOMIA COGNITIVA*
Dr. José J. Cañas Delgado - Catedrático de Ergonomía
Dto. de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento
UNIVERSIDAD DE GRANADA
http://www.psicologia-online.com/articulos/2004/ergonomia.shtml
http://www.ugr.es/~ergocogn/publications_all.htm

La Ergonomía es definida como la disciplina científica que estudia


el diseño de los sistemas donde las personas realizan su trabajo. A
estos sistemas se les llama ‘sistemas de trabajo' y son definidos
de una forma amplia como ‘ el sector del ambiente sobre el que el
trabajo humano tiene efecto y del que el ser humano extrae la
información que necesita para trabajar '. El objetivo que tiene el
ergónomo es describir la relación entre el ser humano y todos los
elementos del sistema de trabajo.

Es conveniente resaltar que en la relación entre la persona y el


sistema de trabajo podemos destacar dos aspectos relativamente
diferentes. Por una parte, tenemos el aspecto puramente físico que
hace referencia a la estructura muscular y esquelética de la
persona. Por ejemplo, una persona trabajando en una oficina,
puede estar sentada (escribiendo en un ordenador) o de pie
(haciendo fotocopias). La postura que tiene en las dos situaciones
es diferente y el diseño del puesto de trabajo tiene que hacerse
pensando en las características de la estructura del cuerpo
humano para que la persona se encuentre cómoda, no se canse,
no desarrolle ninguna patología de la columna vertebral, etc. De
este aspecto se ocupa la Ergonomía Física y es quizás el más
popularizado. Por ejemplo, cuando se anuncia un nuevo coche con
‘diseño ergonómico', el slogan suele significar que, por ejemplo, la
altura del volante es ajustable para adaptarse a la altura del
conductor.

Sin embargo, hay otro aspecto de la relación entre la persona y el


sistema de trabajo que hace referencia a como una persona
conoce y actúa. Para poder realizar su tarea una persona tiene que
percibir los estímulos del ambiente, recibir información de otras
personas, decidir qué acciones son las apropiadas, llevar a cabo
estas acciones, transmitir información a otras personas para
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puedan realizar sus tareas, etc. Todos estos aspectos son el objeto
de estudio de la Ergonomía Psicológica o Cognitiva (Cañas y
Waern, 2001). En el diseño de un coche, a nosotros nos interesará
como la información es presentada al conductor. Por ejemplo, a la
hora de diseñar el indicador de velocidad podemos hacerlo
utilizando indicadores analógicos o digitales. Cada indicador tiene
sus ventajas y sus inconvenientes desde el punto de vista de cómo
el conductor percibe y procesa la información sobre velocidad.

Aunque los dos aspectos, el físico y el psicológico (ver Figura 1),


no son totalmente independientes, en Ergonomía Cognitiva nos
interesa el segundo y hacemos referencia al primero en la medida
que tenga consecuencias psicológicas. Por ejemplo, si un
controlador aéreo adopta una determinada postura incómoda
aumentará su fatiga y ésta tendrá efectos psicológicos como
disminuir su nivel de vigilancia.

Figura 1. Ergonomía Física y Ergonomía Cognitiva

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Cuando combinamos los términos Cognición y Ergonomía lo


hacemos para indicar que nuestro objetivo es estudiar los aspectos
cognitivos de la interacción entre las personas, el sistema de
trabajo y los artefactos que encontramos en él, con el objeto de
diseñarlos para que la interacción sea eficaz. Los procesos
cognitivos como percepción, aprendizaje o solución de problemas
juegan un papel importante en la interacción y deben ser
considerados para explicar tareas cognitivas, tales como la
búsqueda de información y su interpretación, la toma de
decisiones y la solución de problemas, etc.

Errores humanos

Un área de aplicación de la Ergonomía Cognitiva que tiene una


larga tradición y que está acaparando una gran atención
actualmente es la de la predicción y evitación de los llamados
Errores o Fallos Humanos. Muchas veces nos vemos
sorprendidos por la noticia de un trágico accidente como cuando
un tren descarrila provocando la muerte de un gran número de
personas. Estos accidentes ocurren cuando una máquina (e.g. un
tren), que está siendo controlada por una persona (e.g. el
maquinista), tiene un comportamiento inapropiado (e.g.
descarrila). Por ello, en los primeros pasos de la investigación los
técnicos centran su atención en la posible existencia de una avería
técnica. Sin embargo, a menudo ocurre que, tras un examen
minucioso de la máquina, no se encuentra ningún funcionamiento
defectuoso de sus componentes. Entonces, cambian su atención
hacia el otro posible responsable del accidente, la persona que
controlaba la máquina. Desgraciadamente, lo primero que salta a
las primeras páginas de la prensa es la sospecha de que esta
persona tuviese alteradas sus condiciones físicas o psíquicas. Por
ello, los médicos, a las ordenes de un juez instructor, comienzan a
realizar análisis, buscando rastros de alcohol, drogas o cualquier
otra sustancia que justifiquen un comportamiento anormal. Sin
embargo, el desconcierto de los técnicos y del público se hace
patente cuando estos análisis tampoco revelan nada. La persona
que controlaba la máquina se encontraba en perfecto estado físico
y psíquico.

¿Que ha pasado entonces? A menudo, llegado este momento


oímos que “el accidente se ha debido a un error humano”. Es

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decir, la persona que controlaba la máquina, en perfecto estado de


salud, ha cometido un error incomprensible. Evidentemente, se
descarta la posibilidad de que el error haya sido intencionado.
Nadie quiere estrellarse con un tren. Por tanto, la pregunta que
queda en el aire es ¿por qué cometió el error? No basta con
catalogar el accidente como debido a un error o fallo humano. Eso
es no decir nada y, lo que es peor, no ayuda a poner las medidas
necesarias para que no vuelva a ocurrir. Es necesario buscar sus
causas.

En Ergonomía Cognitiva tomamos como punto de partida la


definición de error humano que ha sido propuesta por Reason
(1992) quien lo considera como 'un término genérico empleado
para designar todas aquellas ocasiones en las cuales una secuencia
planeada de actividades mentales o físicas fallan al alcanzar su
pretendido resultado, y cuando estos fallos no pueden ser
atribuidos a la intervención de algún factor de azar'. En términos
similares Sanders y McCormick (1993) definen error humano como
'una decisión o conducta humana inapropiada o indeseable que
reduce, o tiene el potencial para reducir, la efectividad, la
seguridad, o la ejecución del sistema'. En cualquier caso, un error
humano es un fallo a la hora de realizar una tarea
satisfactoriamente y que no puede ser atribuido a factores que
están más allá del control inmediato del ser humano.

Para entender porque una persona comete un error debemos


empezar por considerar que controlar una máquina significa
establecer una comunicación entre ésta y la persona. Desde este
punto de vista, la máquina debe tener medios para transmitir a la
persona su estado interno. Así, cuando el ingeniero la construye
diseña paneles con todo tipo de indicadores (diales, pantallas, etc.)
pensados para ofrecer toda la información que se considera que el
operario necesitará para controlarla correctamente. Además,
puesto que esta comunicación ocurre dentro de un ambiente físico
sobre el qué la máquina opera, se diseñan también señales que
presentan la información sobre las condiciones externas en las que
se trabaja. Finalmente, la comunicación entre la persona y la
máquina ocurre casi siempre en situaciones en las que están
implicadas otras personas y otras máquinas. La comunicación
entre todas ellas se establece a través de medios técnicos
diseñados para que la información sea recibida y procesada

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correctamente por la persona que la necesita. Por todo esto, desde


hace muchos años se viene reconociendo que la causa de estos
errores humanos muchas veces hay que buscarla en un posible
mal diseño de la máquina, de las señales informativas o de los
medios de comunicación entre las personas. Pero, ¿qué es un mal
diseño?

En primer lugar, debemos tener en cuenta que al hablar de un mal


o buen diseño no debemos adoptar el punto de vista según el cuál
una máquina bien diseñada es aquella que funciona
correctamente, es decir, que todos sus componentes realizan la
función para la que han sido pensados. Por el contrario, para la
Ergonomía Cognitiva, un buen diseño también es aquel en el qué
se tiene en cuenta que la persona que debe trabajar con la
máquina tiene una serie de características cognitivas que imponen
limitaciones en su capacidad de procesar información y tomar
decisiones. Una máquina mal diseñada es aquella que exige que la
persona sea capaz de atender a más estímulos de los que su
capacidad atencional le permite, recuerde más datos en cortos
periodos de tiempo de los que son posibles retener en su memoria,
tome decisiones con información incompleta y en intervalos de
tiempo demasiado cortos para su capacidad de procesamiento,
etc.

Diseño de Interfaces

Considerado así el diseño, el componente de la máquina más


importante para un ergónomo cognitivo es la interfaz con la que
interactúa el operario. De una forma simple, podemos decir que
una interfaz es el “medio” a través del cual se comunican la
persona y la máquina. Esta comunicación se establece en las dos
direcciones. Por tanto, al hablar de una interfaz debemos incluir el
medio por el cual la máquina presenta información a la persona y
el medio por el cual la persona introduce información en la
máquina.

La cantidad de dispositivos de entrada y salida que están


disponibles en las interfaces actuales es tan grande que no es
posible clasificarlos de una forma fácil. Sin embargo, puesto que l
a tecnología informática se ha introducido en casi todas las
máquinas que se diseñan actualmente, el diseño de interfaces se

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estudia fundamentalmente dentro de un área de la Ergonomía


Cognitiva moderna denominada ‘Interacción Persona-Ordenador'.

El avance que estamos observando en el diseño de interfaces


actualmente es tan rápido que está obligando a los ergónomos
cognitivos a investigar la interacción en contextos nuevos para el
ser humano. Por ejemplo, estamos pasando de interactuar con
ordenadores personales que disponen de una pantalla, un teclado
y un ratón, a interfaces virtuales donde los dispositivos de entrada
y salida permitirán tener experiencias de interacción que pueden
sobrepasar las capacidades naturales de los seres humanos (ver
Figura 2). Con el ordenador personal la interacción ocurre a través
de los sentidos de la vista y el oído fundamentalmente. Sin
embargo, en los entornos de realidad virtual, el ser humano puede
interactuar con las máquinas, por ejemplo, a través del sentido
vestibular que informa al cerebro sobre el equilibrio del cuerpo
humano. Por ello, la Ergonomía Cognitiva se está enfrentado
actualmente a retos nuevos para aplicar la investigación de la
Psicología y las Neurociencias al diseño de las interfaces para que
éstas estén adaptadas a las condiciones en las que el trabajo
humano se desarrolla.

Figura 2. Dispositivos de entrada y salida de las interfaces

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Sistemas de control de procesos

El diseño de sistemas de control de procesos industriales es un


área donde los ergónomos cognitivos trabajan habitualmente y
puede servirnos para ilustrar la importancia del diseño de
interfaces en el contexto de la prevención y evitación de errores
humanos. En la industria de transformación de energía y
fabricación de productos químicos ocurren cadenas de procesos
que tienen que ser controlados por seres humanos a través de
artefactos que sirven para presentar información y actuar sobre las
operaciones que están ocurriendo dentro y fuera del complejo
industrial. La interacción de las personas encargadas de este
control con los artefactos ocurre generalmente dentro de las
llamadas salas de control de operaciones, como la que puede
verse en la Figura 3. En estas salas de control podemos encontrar
un buen ejemplo de la importancia que un buen diseño de las
interfaces tiene desde el punto de vista de la predicción y evitación
de errores humanos.

Figura 3. Sala de control de operaciones

La tarea de una persona en una sala de control de procesos es


supervisar lo que ocurre, intervenir cuando se requiera, conocer el
estado del sistema, reprogramarlo, tomar control de los procesos
automatizados cuando es necesario y planificar las acciones
futuras a corto y largo plazo (Sheridan, 1997). Todas estas
funciones hacen referencia a procesos cognitivos humanos cuyo

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correcto funcionamiento depende de un buen diseño de la


interacción persona-máquina. Para que la supervisión sea posible
es necesario que las interfaces presenten información sobre el
estado del sistema de tal manera que pueda ser atendida,
percibida, comprendida, memorizada, etc. Por ejemplo, por la
investigación psicológica realizada sobre los movimientos oculares
sabemos que éstos no se dan a una velocidad de más de dos por
segundo. Por tanto, no es recomendable presentar información a
un ritmo que exceda esta velocidad (Vicente, 1999). Lo mismo
podríamos decir de la memoria. Los resultados experimentales
muestran que el ser humano no puede almacenar temporalmente
más de 9 unidades de información (Miller, 1956).

La validez de las decisiones de diseño que se toman cuando se


construyen las salas de control de procesos se muestra de una
forma dramática cuando ocurren los accidentes. Generalmente,
estas salas disponen de un gran número de artefactos automáticos
que funcionan en condiciones normales. Sin embargo, cuando
ocurre un accidente, es el ser humano el que tiene que tomar
control sobre el proceso interactuando con los artefactos
directamente. Incluso, en condiciones normales se recomienda que
los operaciones no dejen todo en manos de los sistemas
automáticos porque se ha demostrado que entonces nos podemos
encontrar con un fenómeno conocido como complacencia
(Parasuraman y Riley, 1997). Este fenómeno ocurre cuando la
persona confía demasiado en el buen funcionamiento del sistema
automático y deja de supervisar (interactuar) el proceso, de tal
manera que cuando aparece el problema no detecta la necesidad
de intervenir.

Por ello, el diseño de las salas de control ha sufrido un cambio de


filosofía en los últimos años que va en la línea de reconocer la
importancia de la interacción persona-máquina y, por tanto, de la
contribución de la Ergonomía Cognitiva en este contexto. En la
concepción clásica, las salas de control eran diseñadas pensando
que las máquinas debían ser automáticas y la persona sólo debería
actuar cuando el accidente ocurriera. Sin embargo, ahora se
piensa que el diseño de estas salas debe hacerse desde la
concepción basada en la estrategia que Zwaga y Hoonhout (1994)
llamaron supervisión a través del conocimiento conciente de la
situación.

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Siempre que una persona está en una situación cualquiera tiene


un conocimiento de lo que ocurre en su entorno. Incluso cuando
estamos sentados sin hacer nada tenemos información de todo lo
que ocurre a nuestro alrededor. Sin embargo, cuando tenemos que
realizar una tarea compleja como la que se realiza en una sala de
control, es necesario que procesemos un conjunto ingente de
datos sobre lo que está ocurriendo dentro y fuera de ella. Toda
esta información debe ser atendida, retenida, interpretada y usada
para las tomar decisiones necesarias para que el proceso industrial
progrese correctamente. A todo esto se le llama adquirir, procesar
y utilizar Conocimiento de la Situación, lo que ha sido definido
como “la percepción de los elementos en el ambiente dentro de un
volumen de tiempo y espacio, la compresión de su significado y la
proyección de su estado en un futuro cercano” (Endsley, 1995).

En muchos de los dominios de aplicación de la Ergonomía


Cognitiva, como el tráfico de control aéreo, el pilotaje de aviones,
o el control de una central nuclear o térmica, los ergónomos han
necesitado utilizar este concepto para describir e integrar todos los
procesos cognitivos que son responsables de la adquisición,
almacenamiento y uso de la información que está disponible para
que la persona pueda realizar el trabajo en ellos y, de esta manera
ayudar a que el diseño del sistema de trabajo sea el apropiado
para el ser humano, mejorando su bienestar y evitando los
temibles errores humanos.

Conclusión

La importancia que la Ergonomía está adquiriendo actualmente


como disciplinar científica que puede contribuir a mejorar el
bienestar humano, requiere que hagamos un esfuerzo para definir
bien su objeto de estudio. En este sentido, en este trabajo hemos
querido llamar la atención sobre los dos aspectos, el físico y el
psicológico, que son importantes diferenciar en la relación del ser
humano y el sistema donde trabaja, y que dan pié a distinguir dos
subdisciplinas dentro de la Ergonomía, la Física y la Cognitiva.

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Bibliografía

Cañas, J.J., y Waern, Y. (2001). Ergonomía Cognitiva . Madrid:


Editorial Médica Panamericana.

Endsley, M. (1995a). Toward a Theory of Situation Awareneness in


Dynamic Systems. Human Factor , 37 (1), 32-64.

Miller, G.A. (1956). The magical number seven plus or minus two: Some
limits on our capacity for processing information. Psychological Review ,
63 , 81-97.

Parasuraman, R. and Riley, V. (1997). Humans and automation: Use,


misuse, disuse, abuse. Human Factors , 39 , 230-253.

Reason, J. (1992). Human Error . New York : Cambridge University


Press.

Sanders, M.S., and McCormick, E.J. (1993). Human Factors in


Engineering and Design . McGraw-Hill, Inc.

Sheridan , T.B. (1997). Supervisory control. En G.Salvendy (ed.)


Handbook of Human Factors . New York : Wiley.

Vicente, K.J. (1999). Cognitive work analysis: Toward Safe, Productive


and Healthy Computer-based Work . Marwah: LEA.

Zwaga, H.J.G., and Hoonhout, H.C.M. (1994). Supervisory control


behavior and the implementation of alarms in process control. En N.A.
Stanton (ed.) Human Factors in Alarms Design : London: Taylor and
Francis.

* Este artículo se publicó originalmente en Alta Dirección:


Cañas, J.J. (2003). Ergonomía Cognitiva. Alta dirección, vol. 227, 66-70

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