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Etologia

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Se trata de modelos muy elaborados cuyo objetivo es proporcionar un
medio de captar globalmente la complejidad de los mecanismos de con­
trol de la conducta. Un modelo de espacio de estados parte de la idea de
que la conducta depende de la interacción entre un número indetermi­
nado, pero muy elevado, de variables internas y externas que controlan
la producción del comportamiento (fig. 4.4). Su promotor más importante
es David McFarland (McFarland, 1985; McFarland y Houston, 1981).

68 CAPÍTULO 4

Figura 4.3.–Modelo jerárquico complejo sobre los sistemas que controlan la conducta de
incubación en la gaviota (adaptado de Baerends, 1970). Obsérvese cómo la jerarquía de los
sistemas se ve constantemente sobrepasada por conexiones de feedback que establecen una
compleja trama de interrelaciones de facilitación o inhibición entre los sistemas.

Mecanismos y causas internas de la conducta 69

Figura 4.4.–Modelos de espacio de estados. A) El espacio motivacional está constituido
por la combinación de todos los parámetros fisiológicos que afectan al organismo. Estos
parámetros pueden combinarse en espacios multidimensionales para constituir índices
que, a su vez, se combinan en nuevos espacios multidimensionales. B) La combinación
de los espacios motivacional (causas internas) y de indicios (causas extornas) da lugar al
espacio de factores causales. Véanse también figuras 4.5 y 4.6.

70 CAPÍTULO 4

Las variables internas del organismo forman el denominado espacio
motivacional, que puede representarse como un sistema de coordenadas
compuesto de muchos ejes, tantos como variables son relevantes para el
estado fisiológico interno del animal. Así, habría ejes relativos al nivel
de comida (el «hambre»), el nivel de agua (la «sed»), las conductas repro­
ductoras, la «agresividad», el «miedo», etc. En la figura 4.4, para facilitar
la representación, aparecen sólo tres ejes, correspondientes a la «sed», el
«hambre» y la tendencia a incubar los huevos, pero el lector debe tener
en cuenta que el espacio motivacional puede incluir muchas más dimen­
siones. Los valores de estos ejes pueden considerarse, a su vez, resultado
de la combinación de múltiples parámetros que podrían representarse
con otros ejes. Por ejemplo, el nivel de «hambre» sería consecuencia de
la interacción entre el nivel de grasas, proteínas, carbohidratos, glucosa,
etc. El de sed, obedecería a una combinación similar de otros factores, y
la tendencia a incubar dependería de la concentración de diferentes hor­
monas en la sangre. En conjunto, los valores de todos los ejes implicados
en el estado fisiológico del organismo harían que en un momento dado
este se encontrase en un punto determinado del espacio multidimensio­
nal que delimita todos los estados posibles de motivación interna del ani ­
mal. Las variaciones motivacionales del organismo consisten en despla­
zamientos por este espacio multidimensional.

Pero el espacio motivacional o de causas internas es sólo la mitad de
la historia. La conducta de los organismos depende también del espacio
de causas externas, que en el modelo de McFarland recibe el nombre de
espacio de indicios. La combinación de todos los factores que afectan al
valor de la estimulación que proporciona el medio se representaría tam­
bién en un espacio muldimensional.

Ya vimos anteriormente (véase capítulo precedente), a propósito de la
conducta de recuperar huevos de la gaviota, cómo las dimensiones de las
que depende el valor de los estímulos externos son variadas y pueden com­
binarse entre sí. En la figura 4.5, aparece un modelo de espacio de estados
en el que se representa el efecto combinado de los factores que afectan al
valor estimular de un huevo para provocar la conducta de recuperación
(compárese con la figura 3.5, p. 57, del capítulo anterior). Las líneas de
la figura unen aquellas combinaciones de características que poseen el
mismo valor estimular (por ejemplo un huevo verde pequeño funciona
con la misma eficacia que otro marrón grande), y reciben el nombre de
líneas isoclinas. Las líneas isoclinas son un componente importante de
los modelos de espacio de estados. Mediante ellas puede recogerse en un
solo índice la interacción entre varios parámetros estimulares (o moti­
vacionales, si se trata de factores internos). Así, vemos cómo el conjunto
anterior de líneas isoclinas relativas al aspecto de los huevos puede
resumirse en un «índice» que, en la figura 4.5, se pone en relación con
otro factor externo relevante: la distancia respecto al nido. Esta relación,

Mecanismos y causas internas de la conducta 71

Figura 4.5.–A) Espacio de indicios correspondiente a las características estimulares en la
conducta de recuperación de huevos de la gaviota argéntea. El grosor de las líneas isoclinas
(líneas que unen estímulos de igual eficacia) indica el nivel de eficacia de los modelos
para provocar la respuesta. El hecho de que estas líneas sean paralelas significa que las
dimensiones representadas tienen efectos aditivos (véase capítulo anterior). B) Espacio de
indicios correspondiente a la combinación de las características estimulares de los huevos y
la proximidad al nido. El grosor de las líneas isoclinas (líneas que unen estímulos de igual
eficacia) indica el nivel de eficacia de los modelos para provocar la respuesta. El hecho de
que las líneas no sean enteramente paralelas significa que las dimensiones representadas
interactúan de forma multiplicativa (véase capítulo anterior).

72 CAPÍTULO 4

a su vez, da lugar a otra serie de líneas isoclinas que pueden resumirse
mediante otro índice que es el que, finalmente, representaría el «valor de
indicio» global del espacio de estímulos externos.

En los modelos de espacio de estados, los espacios muldimensionales
interno y externo se combinan para especificar las tendencias del ani­
mal, dando lugar al denominado espacio de factores causales (fig. 4.4).
La conducta que un animal realiza en un momento dado depende de la
combinación de sus parámetros internos (espacio motivacional) y externos
(espacio de indicios). Que un animal coma o no depende de su nivel de
«hambre» tanto como de la presencia de alimentos adecuados; que la ga­
viota recupere o no un huevo depende de las características de este, pero
también de la fase del ciclo reproductor en que se encuentre el animal.

En el espacio de factores causales pueden trazarse también líneas iso­
clinas que especifiquen qué puntos del espacio darán lugar a la misma
conducta. De esta forma es posible, en teoría, comprender los cambios en
la conducta de un animal como cambios de estado, es decir, desplaza­
mientos por este espacio causal, determinados por desplazamientos en
los espacios motivacional y de indicios, que, a su vez, están causados por
la interacción entre múltiples parámetros internos y externos, respec­
tivamente. Un punto cualquiera en el espacio causal corresponde a la
tendencia de realizar una conducta determinada. Una misma conducta
puede estar determinada por varios puntos distintos del espacio causal,
es decir, puede estar controlada por distintas combinaciones de causas.
Así, en la figura 4.4, la tendencia a dar la respuesta de ingestión de comida
es igual en todos los puntos unidos por la línea isoclina D1. La línea D2
une todos los puntos en que el animal presenta una tendencia de alimen­
tación mayor que la anterior, y así sucesivamente.

La situación que se presenta en la figura 4.4, con ser compleja, consti­
tuye una simplificación. Se refiere sólo a la conducta de ingerir alimen­
tos y, por lo tanto, sólo tiene en cuenta los espacios correspondientes a
la alimentación. Sin embargo, los espacios motivacionales y de indicios
completos de cualquier animal deberían incluir también las tendencias
correspondientes a otras actividades (beber, aparearse, cuidar los huevos,
huir, agredir, etc.). Los modelos de espacio de estados aspiran, en última
instancia, a captar todos los factores que controlan la conducta del animal.
Pero esto supone ya entrar en el tema de la competencia entre sistemas
motivacionales, del que nos ocupamos en el siguiente apartado.

El principal atractivo del enfoque de espacio de estados radica, como
señala McCleery (1983), en que «no es exactamente un modelo de motiva­
ción… ni es una teoría específica. Es un marco de referencia dentro del
cual pueden presentarse los modelos». Ya hemos visto cuán fácilmente
puede aplicarse al estudio de Baerends y Kruijt (1973) sobre los paráme­
tros estimulares que controlan la conducta de recuperar huevos, realizado

Mecanismos y causas internas de la conducta 73

independientemente de este enfoque. En la sección siguiente, veremos
cómo en el estudio de las prioridades de la conducta este enfoque puede
permitir la integración de teorías a primera vista distintas.

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