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PENSAMIENTOPENSAMIENTO

mayo-agosto 2005vol. 61 • núm. 230
mayo-agosto 2005vol. 61 • núm. 230

mayo-agosto 2005vol.

61 • núm. 230

PENSAMIENTO PENSAMIENTO

Revista de Investigación e Información Filosófica

EDITORIAL

Teilhard de Chardin, a los cincuenta años de su muerte (1955-2005)

ARTÍCULOS

LEANDRO SEQUEIROS Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), geólogo y paleontólogo

Teilhard de Chardin y el diálogo actual en- tre ciencia y religión

AGUSTÍN UDÍAS VALLINA

IGNACIO NÚÑEZ DE CASTRO La Biofilosofía de Teilhard de Chardin

CARLOS BEORLEGUI

ANTONIO GUTIÉRREZ POZO

Un acercamiento a la historia del pensa- miento filosófico latinoamericano

El concepto fenomenológico de la estéti- ca dialéctica de Adorno

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Vol. 61, núm. 230, mayo-agosto (2005), págs. 177-352, ISSN 0031-4749 Número publicado en junio de 2005

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ESTUDIOS, NOTAS, TEXTOS Y COMENTARIOS

CARLOS MEGINO RODRÍGUEZ

Supervivencia post-mortem e identidad personal en el orfismo

BIBLIOGRAFÍA

LEANDRO SEQUEIROS

Pierre Teilhard de Chardin: Índices crono- lógicos

Reseñas (ver página tercera de cubierta)

311-325

327-334

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vol. 61 • núm. 230

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La colección completa de Pensamiento está disponible en las principales bibliotecas universitarias, así como en otras muchas instituciones públicas y privadas.

Pensamiento está preparando en la actualidad un proyecto para poner en red todos los volúmenes completos desde el año 1945 (a excepción de los últimos cinco años).

La página web de Pensamiento es también accesible desde la web de la Universidad Comillas http://www.upco.es, o bien directamente por la dirección: http://www.upco.es/revistas/pensamiento. En esta página web constan los índices de los últimos cinco años, así como los abstract de todos los artículos. Puede también leerse un número completo de la revista, incluyendo el elenco en ese año de la Bibliografía Hispánica de Filosofía y algunos otros artículos. Los números del año en curso sólo serán accesibles en papel.

PENSAMIENTO

REVISTA CUATRIMESTRAL DE INVESTIGACIÓN E INFORMACIÓN FILOSÓFICA, PUBLICADA POR LAS FACULTADES DE FILOSOFÍA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS EN ESPAÑA

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EDITORIAL TEILHARD DE CHARDIN, A LOS CINCUENTA AÑOS DE SU MUERTE (1955-2005) E N el

EDITORIAL

TEILHARD DE CHARDIN,

A LOS CINCUENTA AÑOS DE SU MUERTE (1955-2005)

E N el año 1955, durante su estancia con los jesuitas de Park Avenue, falle- cía en Nueva York Pierre Teilhard de Chardin, en el último acto de una biografía marcada por los signos inequívocos de la vida de los grandes

intelectuales. Fue su biografía, ante todo, la de un científico, tal como nos hace entender el artículo de Leandro Sequeiros. Pero Teilhard fue mucho más: inser- to en la larga tradición de la cultura cristiana, se vio profundamente afectado por la fascinante cosmovisión de la ciencia. Vivió así la tensión creativa provo- cada por el impacto confluente de tradición cristiana y modernidad científica. Su obra es hoy un ejemplo relevante del diálogo entre ciencia y religión, como explica el artículo de Agustín Udías. Pero el puente entre ciencia y pensamien- to cristiano exigía ir más allá de la ciencia, construyendo una sugerente, y toda- vía hoy en gran parte aceptable, biofilosofía teilhardiana, discutida en el artícu- lo de Ignacio Núñez de Castro. En el cincuentenario de su muerte la obra de Teilhard se ve hoy desde una pers-

pectiva histórica más amplia y matizada. Los años cincuenta y sesenta, algo los setenta, son la cumbre del gran impacto de la propuesta intelectual de Teilhard. Después se entró en un tiempo de pérdida creciente de interés por su obra. Pero la celebración del cincuentenario ha sido ocasión para un cierto revival matiza- do. Desde esta atención respetuosa ante un gran intelectual proponemos alguna consideración valorativa. Para Pierre Teilhard de Chardin el cristianismo no podía ya ser explicado en los términos de una filosofía superada. Por ello, afrontó el reto de construir su repensamiento global a partir de la imagen científica del mundo, unitario y en evolución. La cultura cristiana no estaba todavía preparada para asimilar

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su propuesta. Su muerte en el exilio americano nos lo muestra. Sin embargo, Teilhard es un profeta inspirado para afrontar una tarea histórica todavía por concluir. Pero Teilhard es uno de esos grandes creadores intelectuales que nos enri- quecen de forma extraordinaria. Teilhard fue científico, pero también filósofo, teólogo, poeta y literato, un esteta, un sociólogo y un visionario filósofo de la historia que vislumbró para la humanidad un futuro de socialización y conver- gencia final. Su sorprendente obra intelectual le coloca en la lista escogida de los genios y creadores al servicio apasionado del hombre. Su biofilosofía, en efecto, le colocó por encima de su tiempo, y no sólo en la filosofía, sino también en la ciencia (entonces dominada por el positivismo). Su estudio del fenómeno humano desde la paleontología hasta la ley de compleji- dad-conciencia, anticipando el emergentismo, nos acercó a una visión monista de la evolución, como verdadero himno religioso a la unidad y poder creador de la materia y del universo. Teilhard entendió en términos religiosos el Punto Omega, referido a una transcendencia religiosa y cristiana, estadio final del proceso de convergencia unitaria de la humanidad. Sin embargo, su visión teocéntrica y religiocéntrica, quizá un tanto sesgada, es históricamente explicable por el influjo de la filoso- fía-teología progresista de su tiempo, conectada con el blondelismo, con Berg- son, con Rousselot, Duméry y Maréchal. De hecho, la interpretación de la homi- nización hecha por Karl Rahner unos años después muestra la asimilación del teocentrismo teilhardiano por el neotomismo transcendental. No obstante, avan- zado ya el siglo XX, para la sensibilidad moderna, el proceso de convergencia final de la humanidad no puede olvidar a quienes libremente lo enmarcan en una visión no religiosa, mundana, secular o sin Dios. El horizonte de progreso de la humanidad no nos aparece así hoy un proceso unitario, necesitante y reli- gioso, sino más bien un horizonte final diferenciado, desde la subjetividad huma- na, por el ejercicio legítimo de la libertad ante un universo en último término enigmático. La visión que hoy suele tenerse de Teilhard, desde diversas perspectivas, no es ya puramente entusiasta, como para algunos fue en los años sesenta. Es una valoración crítica y matizada. Pero sigue impresionando la enorme fuerza inte- lectual, poética y profética de su cosmovisión. Y si el cristianismo llegara un día a esa deseable teología de la ciencia, que cuenta con Teilhard como profe- ta, no debería desdeñar, releyéndola y reinterpretándola, la enorme fuerza crea- dora, incluso visionaria y utópica, sin duda contenida genialmente en su pen- samiento.

PENSAMIENTO, vol. 61 (2005), núm. 230

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PIERRE TEILHARD DE CHARDIN (1881-1955), GEÓLOGO Y PALEONTÓLOGO

La recuperación histórica de su obra científica

LEANDRO SEQUEIROS

Facultad de Teología. Granada

RESUMEN: Se cumple en 2005 medio siglo del fallecimiento del jesuita Pierre Teilhard de Chardin (1881- 1955). Después de su desaparición, sus ensayos de carácter filosófico y teológico se pudieron publi- car, se tradujeron y se difundieron por todo el mundo constituyendo uno de los fenómenos editoriales más sobresalientes del siglo XX. Teilhard se centró en la evolución cósmica a lo largo del tiempo, inten- tando, a partir de los datos suministrados por las Ciencias de la Tierra y las Ciencias de la Vida, una síntesis entre ciencia, filosofía, teología y mística. Cuando en 1971 se publica en Suiza en 11 tomos la recopilación de los trabajos estrictamente geológicos y paleontológicos como Oeuvre Scientifique de Teilhard (gracias a los esfuerzos de los doctores N. y K. Schmitz-Moortmann) ya había pasado la ola teilhardiana. Por ello, la difusión de ésta apenas tuvo la debida extensión. En este trabajo pretendemos recuperar ese aspecto menos conocida de Teilhard: la de geólogo y paleontólogo.

PALABRAS CLAVE: Teilhard de Chardin, Ciencia, Biología, Evolución, Geología, Paleontología, Paleo- antropología.

Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), Geologist and Palaeontologist. Historical recovery of his scientific work

ABSTRACT: The year 2005 marks half a century since the death of the Jesuit Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955). After his death, his philosophical and theological works could be published, were translated to others languages and disseminated throughout the world —one of the most prominent publishing phe- nomena of the XX th century. Teilhard focused on cosmic evolution through time, attempting, from the data provided by the earth sciences and life sciences, to construct a synthesis among science, philosophy, theology and mysticism. When the compilation of Teilhard’s strictly geological and paleontological works was published (due to the efforts of Drs. N. and K. Schmitz-Moortmann) in 11 volumes entitled Oeuvre Scientifique in Switzerland in 1971, the enthusiasm for Teilhard’s thought had already passed. Therefore the dissemination of this collection hardly attained the extent that it deserved. This paper aims to recover this lesser-known aspect of Teilhard: that of geologist and paleontologist.

KEY WORDS: Teilhard de Chardin, Science, Biology, Evolution, Geology, Paleontology, Paleoan- thropology.

«La originalidad de Teilhard es, en primer lugar, ser un científico completo, y es esto lo que le reprochan los que no han comprendido el pleno sentido del esfuerzo científico. No se es un científico completo si no se es un especialista com- petente entregado al análisis preciso en su dominio; sin esta práctica que consti- tuyó el oficio de Teilhard paleontólogo, no sería más que un diletante de la cien- cia, un mal filósofo. Pero no lo es más si, encerrándose en su especialidad, se convierte en puro técnico. En su esfuerzo de análisis no debe olvidar el especia- lista que el análisis no tiene interés más que para la síntesis» [PAUL CHAUCHARD, El pensamiento científico de Teilhard de Chardin, Éditions Universitaires, París, 1965; traducción española, Ediciones Península, Barcelona, 1966, 1967, pp. 12-13].

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INTRODUCCIÓN

Cuando se redactan estas páginas, muchas instituciones científicas, filosófi- cas y religiosas celebran actos con ocasión de los 50 años del fallecimiento el 10 de abril de 1955 del geólogo, paleontólogo y pensador jesuita Pierre Teilhard de Chardin. Ya en el año 2003 tuvieron lugar en Pekín y en Estrasburgo diversos eventos universitarios alrededor del tema Ciencia y progreso humano: hacia el espíritu de la Tierra y el dominio de la mundialización. El año pasado, 2004, con el tema Creer en Dios, creer en el hombre, se han celebrado diversos coloquios en París y en Roma 1 . Dentro de la comunidad científica española, en el verano de 2004 ha tenido lugar en La Coruña, como actividad de la UIMP un Seminario sobre «Universo y hombre: origen y evolución» en diálogo Ciencia-Religión diri- gido por Emiliano de Aguirre, Premio Príncipe de Asturias y experto en la obra de Teilhard. Y se están organizando muchos actos más. El llamado quinquenio Teilhard (2001-2005) se clausurará en Nueva York, en París y en Clermont-Ferrand con un seminario sobre El porvenir de la Huma- nidad. En Nueva York, bajo el patrocinio de la American Teilhard Association, la Catedral de San Juan, Chesnut Hill Collage, Fordham University, El Institu- to Metanexus para la Religión y la Ciencia, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y la UNESCO, celebraron en abril de 2005 cuatro sesio- nes académica de gran calado y ecos en la prensa. De particular interés y emo- tividad fue, según las notas de prensa, el coloquio de Pekín en el que se incluyó la evocación de La Misa sobre el Mundo compuesta por Teilhard en 1923 en Ordos, en las desérticas estepas de Asia. Parece que las ideas de Teilhard, que irrumpieron con fuerza después de su muerte y se extendieron con fuerza hasta 1970, y que en estos últimos 30 años parecían remansadas cuando no olvidadas e incluso denostadas, tienden a emerger de nuevo con ocasión de los 50 años de su fallecimiento. Se puede defender que, a partir del inicio en 1955 de la publi- cación de las obras filosóficas y teológicas de Teilhard 2 se produce una enorme difusión por todo el mundo de artículos y libros sobre la figura y sobre las ideas filosóficas, religiosas, místicas y teológicas de Teilhard. Teilhard ha llegado hasta los lectores de habla hispana a través de sus obras traducidas al castellano 3 que son casi todas de tipo filosófico, teológico y espi-

1 La información sobre el Coloquio de Roma sobre Teilhard (21-24 de octubre de 2004) puede encontrarse en: www.teilhard.org/Teilhard 3 nouvelles.pdf

2 TEILHARD DE CHARDIN, P., Ouvres de Pierre Teilhard de Chardin, 13 vols. (Éditions du Seuil, París, 1955-1976).

3 Son numerosos los repertorios de las obras de Teilhard traducidas al castellano. Resal- tamos las siguientes: Cartas de viaje (1923-1939) (Taurus, Madrid, 1957, 30 ed., 1965); El grupo zoológico humano (Taurus, Madrid, 1957, 40 ed., 1965); El fenómeno humano (Revista de Occi- dente, Madrid, 1958); La aparición del hombre (Taurus, Madrid, 1959, 50 ed., 1965); La visión del pasado (Taurus, Madrid, 1959, 40 ed., 1964); El medio divino (ensayo de vida interior) (Tau- rus, Madrid, 1959, 50 ed., 1966); Nuevas cartas de viaje (1939-1955) (Taurus, Madrid, 1960, 1965); El porvenir del hombre (Taurus, Madrid, 1962, 40 ed., 1967); El fenómeno humano (Tau-

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ritual. Son un total de más de 20 volúmenes traducidos de las numerosas edi- ciones francesas publicadas después de la muerte de Teilhard. En ellas, Teilhard se centró en la evolución cósmica en el tiempo intentando, a partir de los datos aportados por las ciencias de la Tierra y las ciencias de la Vida, una síntesis entre ciencia, filosofía, teología y mística. Su filosofía/teología son así una proyección del sentido del ser humano en el mundo que, desde el futuro, ilumina el pasa- do. Dios, el mundo, la materia, la socialización, la esperanza, lo humano se amal- gaman en una unidad fascinante. Para el gran público y también para muchos filósofos, teólogos, historiado- res de las ciencias y científicos (como geólogos, paleontólogos, paleoantropó- logos y prehistoriadores) con este elenco se agota el pensamiento de Teilhard que ha llegado hasta nosotros 4 . Pongamos tres ejemplos: primero, si se consul- tan los índices de Pensamiento desde el tomo primero hasta la actualidad, sólo se han encontrado nueve artículos, publicados entre 1968 (el primero) y 1974 (el último) 5 . Pero hay más: si se revisa la bibliografía teilhardiana citada en ellos, ninguno incorpora trabajos de índole científica, sino solo los ensayos filosófi- co-teológicos pertenecientes a las Obras Completas editadas en Francia 6 y casi

rus, Madrid, 1963, 1965); La energía humana (Taurus, Madrid, 1963); Génesis de un pensa- miento. Cartas (1914-1919) (Taurus, Madrid, 1963, 2.ª ed., 1965); Himno del Universo. La Misa sobre el Mundo (Taurus, Madrid, 1964); La activación de la energía (Taurus, Madrid, 1965); Escritos del tiempo de la guerra (1916-1919) (Taurus, Madrid, 1966); Cartas de Egipto (Taurus, Madrid, 1967); Ciencia y Cristo (Taurus, Madrid, 1968); Cartas de Hasting y París (Taurus, Madrid, 1968); Como yo creo (Taurus, Madrid, 1970). Últimamente han aparecido en caste- llano: Esbozo de un universo personal, estudio, notas y comentarios por José Maria Fornell (Narcea, Madrid, 1975, 149); Escritos esenciales. Introducción y edición de Úrsula King (Sal Terrae, Santander, 2001, Colección El Pozo de Siquem, n.º 130, 198); El corazón de la mate- ria, Prólogo de N. M. Wildiers (Sal Terrae, Santander, 2002), 189.

4 Algunas obras que se dedican a los aspectos científicos de Teilhard son: ÁLVAREZ DE JUAN, M., La formación del científico y Teilhard de Chardin (Tesis Universidad de Valencia, 1972), 257 pp.; AUBOUX, M.-L., Les grandes etapes de la vie scientifique de P. Teilhard de Chardin, Histoire et Archèo- logie, París, 75 (agosto) (1985), 8-13; BARBOUR, G. B., Teilhard de Chardin sur le terrain (Seuil, París, 1965), 183 pp.; BARJON, L. - LEROY, P., La carrière scientifique de Pierre Teilhard de Chardin (Edit. du Rocher, Monaco, 1964), 144 pp.; CRUSAFONT PAIRÓ, M., El pensamiento científico de Teil- hard de Chardin, Estudios Geológicos, Madrid, 12, 1956, 343-375; CUÉNOT, C., Ciencia y Fe en Teil- hard de Chardin (Plaza y Janés, Barcelona, col. RotaTiva, 1969, 1971), 122 pp.; SCHMITZ-MOOR- MANN, K., The scientific writings of Teilhard: Teilhard Review 13 (1978) 123-126.

5 COLOMER, E., Teilhard de Chardin, filósofo: Pensamiento 26 (1970) 141-161; COLOMER, E., Teilhard de Chardin y la crisis del humanismo: Pensamiento 30 (1974) 379-397; ENRÍQUEZ, L., Materia. Espíritu en la visión antropológica teilhardiana: Pensamiento 26 (1970) 199-211; LUCAS, J. DE S., Teilhard de Chardin y el Panteísmo: Pensamiento 26 (1970) 213-230; LUCAS, J. DE S., Teil- hard de Chardin y el estatuto del Ser: Pensamiento 29 (1973) 73-104; MARTÍNEZ GÓMEZ, L., Teilhard de Chardin, entre dos siglos: Pensamiento 26 (1970) 255-275; PARÍS, C., Los aspectos cosmológi- cos en la obra de Teilhard de Chardin: Pensamiento 26 (1970) 181-198; RIAZA, F., Aportaciones teil- hardianas a una filosofía de la Técnica: Pensamiento 24 (1968) 109-124; RIAZA, F., Notas para un análisis formal de la fenomenología teilhardiana: Pensamiento 26 (1970) 163-179.

6 La edición francesa, editada en Seuil entre 1956 y 1976 por el comité presidido por María José de Bélgica, consta de 13 tomos con escritos teilhardianos a partir de 1913 (ver www.iieh.com/doc/). Hay otras obras de Teilhard editadas en diferentes editoriales (Bernard Grassé, Albin Michel, Desclée de Brouwer, Desclée et Cie, Aubier, Fayard, etc.).

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totalmente traducidas al castellano. Esto da lugar a que solo una mitad de la obra escrita de Teilhard (de la que ha sido publicada) se tenga en cuenta en las investigaciones de su pensamiento 7 . Otro ejemplo que puede ser significativo: en un reciente libro que trata de historia de las ideas sobre la evolución biológica publicado por la Universidad de Zaragoza 8 , se dedica un capítulo completo (el 8º, de los 10 que tiene) a las ideas evolutivas de Teilhard. Y sólo se citan en él tres obras de Teilhard: El fenó- meno humano, El porvenir del hombre y El grupo zoológico humano. Ninguna alusión a su extensa obra científica. Y esto suele ser frecuente. El tercer ejemplo es también muy elocuente: los elencos bibliográficos sobre la obra teilhardiana suelen ser extensos cuando citan trabajos relativos a sus ideas filosóficas o teológicas, pero parcos cuando reflejan la realidad de los tra- bajos publicados sobre la obra científica de Teilhard. La excelente monografía de Polgar 9 cita sólo 87 trabajos sobre la obra científica teilhardiana frente a un total de 2.942 entradas (sólo representan el 2,95%). El presente trabajo de investigación (la recuperación de la memoria históri- ca del Teilhard científico) exigía, por sus propios objetivos, que el mismo fuera realizado por alguien «de dentro» del mundo de la comunidad científica de geó- logos y de paleontólogos. Pretende ser una reflexión histórica y filosófica sobre la extensa obra científica de Teilhard. Desde esta perspectiva, y con criterios creemos que suficientes para poder reflexionar sobre ello, se pretende conse- guir aquí dos objetivos: se pretende mostrar, en primer lugar, que 50 años des- pués de su muerte, solo se ha dado a conocer de Pierre Teilhard de Chardin lo que podríamos llamar una mitad de su obra y de sus ideas. Tal vez se deba a que la Obra científica (compendiada y editada en Suiza en 1971) salió a la luz cuando la popularidad de las ideas filosóficas y teológicas teilhardianas sufrían un ocaso por los años setenta. Pero se pretende también mostrar que Teilhard no fue ningún advenedizo en el mundo de la geología y de la paleontología. Fue un buen científico, bien enraizado en los paradigmas geológicos de su época, y respetado dentro de la comunidad científica de su tiempo. Tenía fuertes vinculaciones con proyectos

7 Reflexiones semejantes pueden hacerse tras el estudio cuantitativo de la extensa bi- bliografía sobre Teilhard procedente de otras fuentes: www.users.globalment.co.uk/~alfar2/ teilhard_biblio.htm; http://cimbad.mnhn.fr/teilhard/oeuvre1.htm (actualizada a 6 de mayo de

2004).

8 MAKINISTIAN, A. A., Desarrollo histórico de las ideas y teorías evolucionistas (Prensas Uni- versitarias de Zaragoza, colección el Aleph, 2004), 294.

9 POLGAR, L., Bibliographie sur l’Histoire de la Compagnie de Jesús (1901-1980) (Archivum Historicum Societatis Iesu, Roma, 1990, vol. III, «Les personnes»), 359-563, entradas 21086- 24028. Teilhard tiene un total de 2942 entradas, siendo solo 87 las reseñadas para «ciencias». El mismo Polgar, en los repertorios que publicaba cada años en Archivum Historicum SI, rese- ña cada año unas cuantas publicaciones sobre Teilhard, lo que denota la falta de interés por el personaje y sus ideas que, para muchos, han quedado rápidamente obsoletas. Un reperto- rio bibliográfico que prolonga el de Polgar puede consultarse en: SALMON, J. F. - KING, TH. M., Works of Teilhard de Chardin, 1980-1994. An annotated bibliograhpy: Zygon 30 (1995) 131-142.

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internacionales de investigación y actuaba como un auténtico científico, demar- cando sus convicciones filosóficas y religiosas de las convicciones geológicas y paleontológicas. Está aún pendiente el tercer objetivo de esta investigación, que por su exten- sión y complejidad dejamos para otro momento. Partimos de una hipótesis de trabajo un tanto provocadora y que está abierta al debate: se intentará mostrar que las grandes intuiciones filosóficas de Teilhard hunden sus raíces en su per- cepción de los paradigmas geológicos y paleontológicos. Dicho de una manera gráfica, en el proceso de búsqueda teilhardiana, la locomotora que tiraba de los vagones filosóficos, teológicos y místicos era la geología y la paleontología. Desde ellas reelaboró sus convicciones creyentes. Pero la amplitud y complejidad de este tercer objetivo de investigación excedía las posibilidades de este trabajo.

1. ¿FUE TEILHARD DE CHARDIN UN BUEN CIENTÍFICO? ANÁLISIS DE LA OBRA GEOLÓGICA Y PALEONTOLÓGICA TEILHARDIANA

Dentro de una comunidad científica la excelencia de la producción intelec- tual se mide, fundamentalmente, por los libros y las publicaciones editadas en revistas de impacto y por la participación de los debates abiertos en los foros internacionales, en los Congresos y Reuniones científicas. Uno de sus mejores biógrafos, el profesor Claude Cuénot 10 , reseña al final de su obra un total de 365 artículos, notas y memorias de tipo científico, filosófico, espiritual y teológico publicados por Teilhard a partir de 1905, así como 150 trabajos más entre necro- lógicas, discursos y otros textos de índole científica. Otras fuentes 11 citan un total de 250 obras estrictamente científicas publicadas a lo largo de 40 años de investigación geológica y paleontológica. La obra geológica, paleontológica y paleoantropológica, escrita y publicada por Teilhard de Chardin es poco conocida porque se encuentra en revistas «cien- tíficas» de altura y que no suelen ser accesibles al gran público. Teilhard publi- có cientos de trabajos en revistas de prestigio científico internacional. La obra científica teilhardiana, reeditada por N. y K. Schmitz-Moorman en 1971, tiene 11 gruesos tomos y casi 5.000 páginas 12 . Comprende 274 trabajos que los edito-

10 CUÉNOT, C., Pierre Teilhard de Chardin. Les grandes étapes de son évolution (Plon, París, 1958), 489 + XLIX. Traducción española: Pierre Teilhard de Chardin. Las grandes etapas de su evolución (Taurus, Madrid, 1967), 640. También es de interés: CUÉNOT, C., Teilhard de Chardin (Nueva Colección Labor, Barcelona, 1966, 1967, 1969), n.º 24, 219 pp.

11 http://perso.wanadoo.fr/jm.mermaz/Teilhard.htm

12 SCHMITZ-MOORMANN, N. y K. (Edit.), Pierre Teilhard de Chardin. L’Oeuvre scientifique, Walter-Verlag (Olten, Suiza), 1971, prólogo de Jean Piveteau, 11 vols. El presente trabajo se ha realizado después de una minuciosa lectura de las más de 6.000 páginas de la obra cientí- fica de Teilhard, cuyo contenido se estructura del modo siguiente:

1. 1905-1923: XXXVIII- 428.

2. 1923-1928: VIII-429-888.

3. 1928-1930: VI-889-1428.

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res consideran «científicos» y que abarcan un período de 50 años (desde 1905 a 1955). Con un sentido prólogo de Jean Piveteau, antiguo alumno de Teilhard en París y luego catedrático de Paleontología y director de Annales de Paléontologie, incluye trabajos de distinta entidad y extensión. Desde extensos trabajos de Teil- hard, como su tesis doctoral, a manuscritos y cuadernos de campo, recensiones de libros, algunos artículos que son más filosóficos, mapas y cortes geológicos. Téngase en cuenta, como comparación, que la edición de Walter-Verlag de la obra filosófica y religiosa de Teilhard está editada por esta editorial entre 1974

y 1977 en sólo tres volúmenes, frente a los 11 de la obra científica. Sobre la vida y la obra de Teilhard son muchos los estudios con una cierta entidad que han visto la luz en estos años 13 . Pero ¿fue Teilhard un buen cientí- fico? ¿Cuál fue el impacto entre la comunidad de geólogos y paleontólogos de

la obra científica de Teilhard? ¿Qué ideas, propuestas, hipótesis, conclusiones científicas han quedado dentro de la comunidad de los científicos? El Dr. Paul Chauchard, doctor en medicina y en ciencias, Director del labo-

ratorio de la Escuela de Estudios Superiores de París, en una obra sobre Teilhard que se suele considerar como clásica 14 escribe: «Nadie ha negado nunca el valor de la obra científica de Teilhard en geología y paleontología, sobre todo en el capítulo de antropología en la paleontología humana. Es suficiente referirse a

la lista de sus publicaciones científicas que nos ofrecen Barjon y Leroy» 15 . Y da

las razones: «Lo que más importa en el pensamiento científico de Teilhard no

es lo que comparte con todos los paleontólogos, sino cómo, reflexionando sobre

la paleontología, llega, objetiva y científicamente, a contribuir a la comprensión

del mundo y del hombre, y cómo esta concepción científica del mundo con- cuerda para él con la visión cristiana». Y concluye con estas palabras: «Paleontólogos como [el también jesuita Edouard] Boné o [el Catedrático de Paleontología de París, Jean] Piveteau, han

4.

1930-1933: VI, 1429-1860.

5.

1933-1936: VI, 1861-2328.

6.

1936-1938: VI, 2329-2796.

7.

1938-1940: VI, 2797-3260.

8.

1940-1943: VI-3261-3746.

9.

1943-1945: VI, 3747-4222.

10.

1945-1955: VIII-3223-4634. Al final del volumen 10, hay un índice de nociones gene-

rales (geológicas y otras) [4600-4606]; un Índice de nombres de personas [4607-4610]; Índice geográfico [4611-4646]; Índice de especies fósiles y vivas [4617-4631], y un extenso Índice de mapas fuera del texto [4632-4634].

11. Mapas y figuras fuera del texto.

13 D’ARMAGNAC, CH., «Teilhard de Chardin», en: O’NEILL, CH. E. - DOMÍNGUEZ, J. M. (Eds.), Diccionario histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático (Instituto Histórico SI-Uni- versidad Comillas, Madrid, 2001), tomo IV, 3714-3717.

14 CHAUCHARD, P., Le pensée scientifique de Teilhard de Chardin (Éditions Universitaires, París, 1965); traducción española, El pensamiento científico de Teilhard de Chardin (Ediciones Península, Barcelona, 1966, 1967).

15 BARJON, P. - LEROY, P., La carrière scientifique de Pierre Teilhard de Chardin (Éditions du Rocher, Mónaco, 1964), p. 30.

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rendido homenaje a los resultados obtenidos por Teilhard y a las hipótesis de búsqueda que él ha propuesto. Nadie ignora la importancia de su participación en el descubrimiento y en el estudio detallado del Sinántropo de Chukutien. Lo que fue su primer exilio fue, igualmente, la maravillosa posibilidad de explorar esta Asia todavía tan desconocida desde el punto de vista geológico y paleonto- lógico, la participación en el movimiento científico en Pekín, así como más tarde, la dirección de jóvenes alumnos en Nueva York» (Chauchard, pp. 30-31).

1.1. La formación científica de Pierre Teilhard de Chardin como geólogo y paleontólogo

Es necesario sumergirse en la época de formación científica de Teilhard para entender en su justa dimensión su tarea como geólogo y paleontólogo. La pri- mera fase de su trabajo científico es denominada por él mismo como de «inves- tigaciones preliminares sur le terrain» 16 . Discurre por las Islas Normandas (en Jersey, entre 1901 y 1905, durante sus estudios jesuíticos de filosofía; posterior- mente, en Egipto (en El Cairo, entre 1905 y 1908) y luego en Inglaterra, donde estudia Teología, entre 1908 y 1912, donde toma contacto con las formaciones geológicas de facies Weald (Cretácico medio y superior de los geólogos). En estos años, Teilhard publicó sus primeros ensayos científicos. Teilhard 17 los describe así: «Excepto algunas notas (no mencionadas en la bibliografía) publicadas en la Sociedad Cultural de Jersey (sobre la Mineralogía de la Isla de Jersey) o en el Boletín de la Sociedad Científica de El Cairo (sobre el Eoceno del Alto Egipto), el resultado principal de esas primeras investigaciones consistió sobre todo en proporcionar muestras y observaciones (numerosas especies nue- vas) a geólogos y paleontólogos eminentes, como René Fourtou, Sir Arthur Smith-Woodward, el profesor Seward, etc.». En una carta dirigida a sus padres el 16 de mayo de 1913, escribe: «La descripción de mis plantas fósiles (Hastings) ha aparecido en la Revista de la Sociedad Geológica de Londres, y en él hay un género nuevo, Teilhardia, y una nueva especia, Teilhardi, entre otras». Proponemos aquí la hipótesis de que los años anteriores a la guerra europea (1914-1916) son fundamentales para entender la obra científica posterior de

16 TEILHARD DE CHARDIN, P., «Títulos y trabajos de Pierre Teilhard de Chardin. Redactados en 1948», en: El Corazón de la Materia (Sal Terrae, Santander, 2002), 169-189. El texto origi- nal es: Titres et travaux de Pierre Teilhard de Chardin. Redactado en 1948, 25 pp. (pp. 1-10, d.i.:

Carrière scientifique: pp. 11-25: Bibliographie), París, avril; en: Le Coeur de la Matiere (Edit. du Seuil, París), 201-221. Extr. In: Journal of Oriental Studies, vol. III, n.º 2, jull. 1956, pp. 318- 321; Cahiers de la Fondation Teilhard de Chardin, 5, 1965, 159-167 (Carrière scientifique sola- mente). En: Oeuvres, tomo X [CUÉNOT, P., op. cit., 1967, p. 591]. Estas son las circunstancias por las que escribe su currículo científico: al jubilarse el abate Henry Breuil por razón de edad en 1947, se le ofreció a Teilhard ser su sucesor como Catedrático de Paleontología en el Museo de Ciencias Naturales de París. Para ello, redactó y presentó el correspondiente currículo en el que constaban sus méritos científicos. Sin embargo, Teilhard se vio forzado a renunciar a esta cátedra por motivos de obediencia religiosa.

17 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit., 2002.

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Teilhard. Puede decirse que en esos años se produce la auténtica formación cien- tífica teilhardiana, aunque tuviera que esperar hasta después de la guerra para poder obtener un título universitario formalizado como es la Licenciatura en Ciencias Naturales. Pero, como se verá más adelante, esta época de estudios for- malmente universitarios no debieron dejar una huella especial en la organiza- ción mental de Teilhard. Desgraciadamente, la documentación sobre la forma- ción científica de Teilhard desde 1912 hasta la culminación de su tesis doctoral en 1922 no es muy completa 18 y en parte hay que acudir a suposiciones. Vaya- mos por partes:

En 1911, Teilhard se ordena de sacerdote y en 1912 finaliza sus estudios de Teología en Hasting (Inglaterra). En estos años, publicó dos breves trabajos sobre aquellos temas que constituirían su preocupación esencial durante casi medio siglo: en 1911, publica (firmado como T. de C.) un artículo titulado «L’Évolution» en el boletín de los Círculos de Estudio de Action Populaire de Reims 19 ; y en 1912, «El hombre ante las enseñanzas de la Iglesia y ante la filosofía espiritualista» 20 . Pero la vocación científica de Teilhard estaba muy clara y había ido madurando a lo largo de estos años. Su inclinación hacia el mundo de las ciencias y su capa- cidad demostrada hacia el mundo de las ciencias de la Tierra y especialmente a la paleontología y a la paleontropología facilitaron que sus superiores jesuitas a autorizaran a Teilhard para que pudiera dedicarse al cultivo de las ciencias. A mediados de 1912 tiene lugar su primera entrevista con el Dr. Marcellin Boule (1861-1942), profesor de paleontología en el Museo Nacional de Ciencias Natu- rales de París. Boule, nacido en 1861, era por entonces una autoridad indiscuti- ble en el mundo de la geología y de la prehistoria. Éste comenzó a estudiar geo- logía con Louis Lartet 21 en Toulouse y más tarde se especializó en paleontología humana 22 . Teilhard tuvo la suerte de poder pasar dos años (1912-1914) con el doc-

18 CUÉNOT, C., op. cit. (1967), 17-44.

19 TEILHARD DE CHARDIN, P., L’évolution, Le Courrier des cercles d’Études, París, 1911, 227- 232 (firmado como T. de C.)

20 TEILHARD DE CHARDIN, P., El hombre ante las enseñanzas de la Iglesia y ante la filosofía espi- ritualista, en el Diccionario Apologético de la Fe Católica, París, 1912, tomo II, fasc. 8, 510-514.

21 Louis Lartet (1840-1899) fue hijo del gran geólogo y paleontólogo Edouard Lartet (1801- 1871). Dedicó su vida a la enseñanza de la geología y de la paleontología, destacando en es- pecial sus estudios sobre mamíferos y sobre fósiles humanos. En 1868 fue delegado por el gobierno francés para verificar la autenticidad del llamado hombre de Cro-Magnon [BALTEAU, J. - PRÉVOST, M. - LOBIES, J.-P., Dictionnaire de Biographie française, vol. 19 (Letouzey, París, 2001)]. Édouard Lartet fue el primero en interpretar un primate fósil como próximo a la evo- lución humana: el Dryopithecus fontani. Más tarde, describió el fósil humano de Cro-Magnon (1868) [datos recogidos de E. AGUIRRE, Crónica y desarrollo de la Paleontología humana (en:

Historia de la Paleontología, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1988), 89-120] (E. Aguirre, comunicación personal).

22 Según CUÉNOT, C., op. cit. (1967), Boule defendió una brillante tesis doctoral sobre los depósitos volcánicos de Velay y en 1888 publicó su Essai de paléontologie stratigraphique de l’homme. Desde 1893 y hasta 1940, dirigió la revista l’Anthropologie. Fue nombrado en 1902 profesor en el Museo Nacional de Historia Natural de París. En 1913 estudió el esqueleto de un neandertal de la Capelle-aux-Saints. En 1920, el príncipe Alberto de Mónaco le ofreció la dirección del Instituto de Paleontología humana que había fundado en París. En 1921 se publi-

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tor Marcellin Boule en el Instituto de Paleontología humana, incorporado al Museo de Historia Natural de París. En esta prestigiosa institución, Teilhard se siente feliz y se dedica, entre otras cosas, y por indicación de Boule, a estudiar los res- tos fósiles de mamíferos terciarios incluidos en las fosforitas de Quercy. Aquí conoció Teilhard en 1912 a otro investigador que marcará su futuro y con el que se unirá con una sólida amistad, no exenta de tensiones: el sacerdo- te Henri Breuil (1877-1961), experto en prehistoria, con quien discutía casi todos los días de paleontología humana y sus implicaciones teológicas. Henri Breuil fue comisionado junto al experto en prehistoria española, Hugo Obermaier (1877-1946) en 1910 para estudiar los yacimientos prehistóricos de España 23 . Esto explica por qué en el verano de 1913, Teilhard acompaña al abate Breuil en su viaje científico al norte de España 24 . Visitan la Cueva de Altamira (Santi- llana del Mar), la gruta de Hornos de la Peña, y especialmente la zona de Puen- te Viesgo, el Castillo y la Pasiega (Cantabria) dirigidos por Hugo Obermaier, Nels C. Nelson y Paul Wernert. Se conserva una vieja fotografía, así como una postal de Puente Riesgo, firmada por el mismo Teilhard el 30 de junio de 1913, dirigida a la familia Bouyssonie (donde se alojó en su visita a la Chapelle-aux- Saints un año antes). No se suele citar que en 1913, cuando Teilhard tiene solo 32 años, escribe su primera colaboración en la prestigiosa revista Études sobre algunas de las últimas novedades en el campo de la prehistoria 25 donde ya se apuntan algunas intuiciones teológico-científicas, fruto sin duda de sus discu- siones con Breuil. En estos años, decisivos para su formación científica, entre 1912 y 1915, Teil- hard siguió algunos cursos de geología en el Instituto Católico de París. Entre ellos, los impartidos por Jean Boussac 26 , yerno del experto en rocas cristalinas Pierre Termier 27 (que estimaba mucho a Teilhard); por el geólogo Émile Haug

ca su tratado Les Hommes Fósiles. Fue Presidente de la Sociedad Geológica de Francia y fue quien animó más tarde a Teilhard al estudio de los mamíferos de las fosforitas de Quercy.

23 En 1914, al llegar la Guerra Europea, Obermaier decide permanecer en España donde realizó una gran labor docente e investigadora.

24 De esta visita a España, tan trascendental en la vida científica de Teilhard, hay una amplia reseña en OBERMAIER, H., El hombre fósil (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid, 1916), 104, 175, 237; reedición de E. Aguirre, Istmo, Madrid, 1985, introducción y pp. 57-60 (E. Aguirre, comunicación personal); CUÉNOT, P., op. cit. (1967), 48ss; también PIVE- TEAU, J., op. cit. (1983), 6-13; AUBOUX, M.-L., Teilhard de Chardin et les Origines de l’Homme: His- toire et Archéologie 75 (1983) 14-47; TOSCA-BERNÀLDEZ, F., En Espagne avec l’abbé Breuil: His- toire et Archéologie 75 (1983) 66-69.

25 TEILHARD DE CHARDIN, P., La prehistoire et ses progrès: Études CXXXIV (1913) 40-53. Reproducido en L’Apparition de l’Homme [edición castellana, La aparición del Hombre (Tau- rus, Madrid, 1958), 21-35].

26 Jean Boussac, fallecido prematuramente en 1916, fue experto en el estudio de los mate- riales terciarios de los Alpes, desde el punto de vista tectónico y sedimentario.

27 Pierre Termier (1859-1930) fue Ingeniero de Minas y desde 1894 profesor de minera- logía en la Escuela de Minas de París. Sus trabajos versaron sobre todo sobre los procesos de formación del granito en los Alpes. Este tema sería retomado por Teilhard en China. A él se refiere Teilhard en La visión del pasado.

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(de tectónica general, de geología del período geológico Secundario) 28 ; y por André Cailleux (en el Colegio de Francia) 29 sobre sedimentología y estratigrafía. Muy pronto se ganó su confianza por su entusiasmo en el trabajo tanto de labo- ratorio como de campo. Pero en 1915 estalla la guerra europea. Teilhard es movilizado y destinado como camillero en el 21 regimiento mixto de zuavos y tiradores. Según sus bió- grafos, el contacto con la crueldad de la guerra hizo que desde 1916 (con 35 años) se produjera el llamado «despertar del genio teilhardiano». Sus vivencias están reflejadas magistralmente en su Diario 30 . A partir de enero de 1916, su Diario toma un nuevo sesgo: ya no le interesan tanto sus avatares como camillero en la guerra, sino que se extiende en temas filosóficos y teológicos: la materia divina, el sacrificio, la energía apasionada, la unión con el todo, la divinización y la acción creadora de Dios. Sus consideraciones se ven acompañadas por esquemas, dia- gramas y dibujos que revelan ya la emergencia de nuevas concepciones de la fe que se trenzan con los conceptos científicos. En estos años, Teilhard tiene su segundo reencuentro con la obra de John Henry Newman 31 , y más especialmente con su Apología pro vita sua y sus Cartas publicadas en francés. Ya en Jersey, y ciertamente aquí en Hastings había leído y oído hablar de Newman. Aquí se reen- cuentra con su pensamiento que lo marcará profundamente, sobre todo en lo relativo a las relaciones tensas con el magisterio de la Iglesia, de modo que Teil- hard escribe (16 de julio de 1916) que éste hace la misma función que la selec- ción natural en la teoría darwinista. En 1919, Teilhard es desmovilizado. Finaliza la carrera de Ciencias Natura- les en París y desde 1920 a 1922 se dedica a la Tesis Doctoral. Los biógrafos ape- nas informan sobre su actividad como estudiante en la Universidad de París entre 1919 y 1920. Parece ser que finalizó su licenciatura en Ciencias Naturales de forma apresurada y superficial, al estar acogido a la ley de desmovilización. Teilhard acudió a las clases de Edgard Hérouard (1858-1932), zoólogo experto en equinodermos, y del profesor de Robert (del que no hemos podido tener más información). En junio de 1919, Teilhard aprobó la Geología con la nota de «notable». Pero en Botánica (octubre de 1919) y Zoología (marzo de 1920) esta-

28 Ëmile Haug (1861-1927) fue un excelente geólogo francés que fue profesor en la Uni- versidad de París. Experto en cuestiones de tectónica relacionadas con la sedimentación. Publi- có un Tratado de Geología (1908-1911) que fue manual en muchas escuelas de Minas. A él se refiere Teilhard en La visión del pasado.

29 André Cailleux (1907-1986), profesor de Geología en la Universidad de París, está con- siderado como un experto sedimentólogo de rocas detríticas. Sus enseñanzas serían de gran utilidad a Teilhard en China. A él se refiere Teilhard en La aparición del hombre.

30 TEILHARD DE CHARDIN, P., Journal. Tome I. 26 août - 4 janvier 1919 (Walter-Verlag, Olten, Suiza, 1971), 396 pp., edición preparada por N. y K. Schmitz-Moormann

31 John Henry Newman (1801-1890): cardenal, teólogo, filósofo, escritor, fue uno de los intelectuales más señalados que se convirtieron al cristianismo desde la Reforma. Su gran libertad de espíritu le acarrearon problemas con la ortodoxia anglicana y con la católica. Es, según parece, el primer autor inglés que usó la palabra development, anticipándose a Darwin y a Spencer.

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ba peor preparado. Se encontraba, como él mismo escribe en 1920, muy fati- gado. Un dato interesante es que fue discípulo (y luego amigo) de Alfred Lacroix (1863-1948), asimismo alumno del gran experto en mineralogía Fouqué. Lacroix era profesor de mineralogía en el Museum y fue experto en geología de volca- nes. Parece ser que animado por el prestigioso paleontólogo Pierre Termier, Teil- hard volvió a entrar en contacto con Marcellin Boule en el Museum. Desde la Pascua de 1920, Teilhard se entrega seriamente a su tesis doctoral sobre los mamíferos del Eoceno inferior de Francia y sus yacimientos. Por con- sejo de Boule inició su estudio con un excelente material que había sido colec- cionado por un viejo médico de Reims, el doctor Victor Lemoine. Este material estaba depositado en el Museo y fue el inicio del trabajo de campo que tuvo que llevar a cabo Teilhard. La tesis fue presentada el 5 de julio de 1921 y defendida con éxito en 1922, con el título de Los Mamíferos del Eoceno inferior francés y sus yacimientos. Antes de su publicación, Teilhard había publicado dos exce- lentes monografías sobre los carnívoros y sobre los primates de las fosforitas de Quercy 32 . La publicación de la tesis no verá la luz hasta 1925 33 . Apenas termi- nado el doctorado, a Teilhard se le concede el Premio Viquesnel dentro de la Sociedad Geológica de Francia, de la que ya era miembro desde 1912. Pero hay un texto poco citado de Teilhard que ilumina sobre el sentido pro- fundo de sus estudios y la referencia a un horizonte que le supera: «Más ade- lante, cuando estudiaba Geología, podría pensarse que probaba fortuna sim- plemente, con convicción y éxito, en una carrera científica. Pero en realidad, lo que durante toda mi vida me ha llevado irresistiblemente (aun a expensas de la Paleontología) al estudio de las grandes masas eruptivas y de los zócalos conti- nentales, no es sino la insaciable necesidad de mantener contacto (un contacto de comunión) con una especie de raíz, o de matriz, universal de los seres» 34 .

1.2. Los méritos y las publicaciones científicas de Teilhard de Chardin

El nivel científico de sus publicaciones está atestiguado por la presencia de sus trabajos, aceptados por revistas de alto nivel, como Annales de Paléontolo- gie (París), el Boletín de la Sociedad Geológica de Francia, los Archivos del Ins- tituto de Paleontología Humana de París, las Memorias de la Sociedad Geoló- gica de Francia, las Memorias del Museo de Historia Natural de Bélgica, el Boletín de la Sociedad Geológica de China las Memorias del Servicio Geológi- co de China, Palaeontologia Sinica, las Publicaciones del Instituto de Geobiolo- gía de Pekín, la Revue des Questions Scientifiques, Revista de Antropología…

32 Los dos trabajos publicados antes de la Tesis son: TEILHARD DE CHARDIN, P., Les Car- nassiers des Phosphorites de Quercy: Annales de Paléontologie IX (1914-1915) 103-191, 13 figs.; Oeuvre Scientifique, 1971, I, 89ss; ÍD., Sur quelques primates des Phosphorites de Quercy: Anna- les de Paléontologie X (1916) 1-20, 6 figs.

33 TEILHARD DE CHARDIN, P., Les Mammifères de l’Eocène inférieur français et leurs gisements (thèse de doctorat), Annales de Paléontologie, París, X (1922), 171-176; XI (1922), 1-108, 8 lám., 42 figs.; Oeuvre Scientifique, 1971, I, 253ss.

34 TEILHARD DE CHARDIN, P., El corazón de la materia (Sal Terrae, Santander, 139, 2002), 22.

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Entre sus títulos y reconocimientos se contaban (tal como atestigua en su currículo de 1948) 35 : los de Doctor en Ciencias por la Universidad de París en 1922; Presidente de la Sociedad Geológica de Francia entre 1922 y 1923; Profe- sor de Geología en el Instituto Católico de París, entre 1922 y 1928; Consejero del Servicio Nacional Geológico de China, desde 1929; Director del Laborato- rio de Geología aplicada al Hombre (Altos Estudios) desde 1938; Director de Investigación del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) desde 1947; Miembro correspondiente del Instituto (Academia de Ciencias) desde 1947; Miembro de la Sociedad Linneana de Londres desde 1947; Oficial de la Legión de Honor, Medalla Militar. Son reconocimientos debidos, sobre todo, a la cali- dad de sus publicaciones científicas en Europa y en Asia. Según comunicación personal de un testigo, el Dr. Emiliano Aguirre, en el Instituto de Paleontología de Vertebrados y de Antropología de la Academia Sinica de Pekín, se sigue con- memorando en un cartel con su nombre a la puerta del laboratorio donde tra- bajaba.

1.3. El currículo científico de Teilhard de Chardin como geólogo y paleontólogo

Pero ¿cuál es el currículo científico de Teilhard? Una de las fuentes funda- mentales para conocer cómo el mismo Teilhard valora su carrera como cientí- fico es el currículo ya citado. Éste lo escribió en septiembre de 1948, iba dirigi- do al Director del Colegio de Francia para optar a la plaza dejada vacante por Boule y fue consultado por el profesor Jean Piveteau para reconstruir el itine- rario científico de Teilhard 36 . Escrito en un lenguaje sencillo y directo, Teilhard describe en su currículo a grandes rasgos su carrera científica y comenta lo que considera son sus mejo- res aportaciones científicas plasmadas en sus publicaciones. El número total de publicaciones científicas reseñadas es de 125, siendo la primera de 1913 y la última de 1948. Este documento es de gran interés para el historiador de la cien- cia y consiguientemente para el filósofo de la ciencia, por cuanto es una valio- sa herramienta para esta evaluación de su quehacer científico como geólogo y paleontólogo. La primera frase es ya una declaración de intenciones 37 . Como él mismo escri- be en este currículo, «en una existencia a lo largo de la cual acontecimientos inesperados me han hecho oscilar constantemente entre Occidente y Oriente, se pueden distinguir las tres fases siguientes». Estas fases son: la fase de inves- tigaciones preliminares en el campo, que llevan desde 1901 hasta 1912; la segun-

35 TEILHARD DE CHARDIN, P., Títulos y trabajos de Pierre Teilhard de Chardin, op. cit. (2002),

169-189.

36 PIVETEAU, J., Les travaux scientifiques de Teilhard de Chardin ont ouvert de grandes voies de recherche et de réflexion en paléontologie humaine: Histoire et Archaéologie 75 (1983) 6-13.

37 TEILHARD DE CHARDIN, P., Títulos y trabajos de Pierre Teilhard de Chardin, op. cit. (2002),

169-189.

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da fase discurre entre 1912 y 1923 y la define como «fase de investigaciones pale- ontológicas en Europa»; la tercera fase (1923-1945) se centra en las «explora- ciones en Asia Central». Ha sido descrito ampliamente por Cuénot (1967) en la obra citada con anterioridad. En Europa (entre 1922 y 1923) trabajando en París en el Museo y en el Ins- tituto Católico de París, su gran dinamismo le hace entablar buenas relaciones con geólogos y paleontólogos americanos (Walter Granger), belgas (Louis Dollo)

y franceses. Pero su trabajo en Europa se va a ver interrumpido muy pronto. Este mismo año de 1922, el padre Émile Licent (1876-1952) 38 , con quien luego tendrá mucho contacto en China, pone la primera piedra en Tientsin del edificio destinado a

ser el museo Hoang-ho-Paiho. Licent, al entrar en la Compañía de Jesús acari- ciaba la idea de fundar en tierra de infieles un centro de irradiación científica

y cristiana. Licent llegó a China en 1914 y comenzó su tarea con medios muy

escasos. El estudio de los fósiles de mamíferos de Chukutien era tentador para Licent que se puso en contacto con Marcellin Boule del Museo Nacional de His- toria Natural de París. El proyecto se realizó gracias a Boule que animó a Teil- hard a incorporarse a esta campaña financiada por el Museo. ¿Por qué Teilhard decide aceptar la invitación de Licent y cambia tan brus- camente su actividad científica en París, tan prometedora, para hacer que desde ahora su vida derrote hacia China y Extremo Oriente? Una respuesta respetuo- sa pero incompleta se encuentra en una breve nota autobiográfica que se publi- có en la revista Études en 1950 39 . En ella habla solo de su decisión de unirse a Licent en China. El día 6 de abril de 1923, Teilhard se embarca en Marsella y el 23 llega a Tientsin. Se inicia así lo que Cuénot (1967) denomina «La experien- cia China». Son los años de la exploración de los Ordos en Mongolia en 1923, el desierto de Gobi (1924), de Chuchutien y de las grandes expediciones inter- nacionales (como la del Crucero Amarillo) entre 1926 y 1936 40 . Hacia mediados de septiembre de 1938, Teilhard abandona China para ir a Francia camino de Estados Unidos, y es nombrado Director del Laboratorio de

38 Las relaciones de Teilhard con el Padre Émile Licent (1876-1952) fueron a menudo conflictivas por la diferencia de carácter y el modo opuesto de entender las relaciones entre fe y ciencia y el papel del científico cristiano. A Licent se le considera sobre todo por sus tra- bajos de entomología. Misionero en China desde 1914, Licent se dedicó a la creación del Museo de Hoand-ho Païo en Tientsin para el que solicitó el destino a China de Teilhard. Licent acom- pañó a Teilhard de Chardin en muchos viajes por China y regresó a Francia en 1938 [más información en: O’NEILL, CH. E. - DOMÍNGUEZ, J. M. (Eds.), op. cit., 2001, tomo III]. Ver: C- NOT, P., op. cit. (1967), 81-100, 110-115, 123, 154-159, 165, 175, 295-296, 320.

39 TEILHARD DE CHARDIN, P., «La carrera científica de Pierre Teilhard de Chardin», en: El corazón de la materia (Sal Terrae, Santander, 2002), pp. 163-165. Este texto reproduce un artículo que Teilhard de Chardin, con ocasión de su nombramiento en 1947 como miembro de la Academia de Ciencias de París, escribió para la revista Études a petición del director de la revista. Fue publicado dos años más tarde de forma anónima con algunos leves retoques lo que podría hacer sospechar de una «censura»: ANÓNIMO: La carrière scientifique du P. Teilhard de Chardin: Études, juilliet-août, CCLCVI (1950), 126-128.

40 CUÉNOT, C., op. cit., 1967, pp. 189ss.

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Geología aplicada al Hombre en el Instituto de Estudios Superiores. Los años que discurren entre 1951 y 1955 suele denominarse la época americana. A peti- ción de la Fundación Viking de Nueva York (que al poco tiempo pasó a ser la Fundación Wenner-Gren para la Investigación Antropológica) se dirige Teil- hard en verano de 1951 a África Oriental con el objeto de valorar el potencial de los yacimientos e investigaciones paleoantropológicos y el éxito previsible de investigaciones y ayudas patrocinadoras en esta región. En noviembre desem- barca en Estados Unidos y, como agregado de la Fundación Wenner-Gren per- manece en América (realizando viajes a África del Sur, Rodesia y Francia) hasta su muerte repentina, ocurrida en Nueva York el día de Pascua, el 10 de abril de 1955.

2. LÍNEAS DE TRABAJO CIENTÍFICO DE TEILHARD DE CHARDIN Y RESULTADOS MÁS SATISFACTORIOS

Presentada esta esquemática panorámica biográfica, queda establecido el marco histórico en el que tiene lugar la investigación geológica, paleontológica y paleoantropológica de Teilhard de Chardin en Europa, en China y en África y Asia. Tres fueron las líneas de trabajo científico que desarrolló durante su vida:

la línea que tiene como objetivo la investigación geológica en general, la refe- rente a la paleontología de los mamíferos, y la más específica de paleontología humana y prehistoria. Pero será necesario situar primero a Teilhard en el contexto general de las ciencias de su tiempo y de las Ciencias de la Tierra en particular.

2.1. La geología y la paleontología en Europa en la primera mitad del siglo XX

No será posible entender el valor de los trabajos de investigación de tipo geo- lógico y paleontológico de Pierre Teilhard de Chardin si no los situamos en el contexto del desarrollo de las Ciencias y, en especial, de las Ciencias de la Tie- rra de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX 41 . Cuando se inicia el siglo XX, las ciencias están convulsionadas por la emergencia de nuevos para- digmas explicativos de la realidad material 42 , inorgánica y orgánica, en el pla- neta surgidos en el siglo XIX. La aparición en 1859 de El origen de las especies por

41 Muchas de las ideas de este capítulo están tomadas de SEQUEIROS, L., «El sentido de la evolución» de Georges G. Simpson (1949). Cincuenta años de debates entre biología, filosofía y teología, Proyección, Granada, 193 (junio) (1999), 137-154; SEQUEIROS, L., Las ciencias en Espa- ña (1901-2001): un siglo en compañía de Razón y Fe, Razón y Fe, Madrid 243, n.º 1231 (2001), 477-485; SEQUEIROS, L. - ANGUITA, F., Nuevos saberes y nuevos paradigmas en Geología. Historia de las nuevas propuestas en las ciencias de la Tierra en España entre 1978 y 2003, Llull, Zara- goza, 55 (26) (2003), 279-307; SEQUEIROS, L., De la ira de los dioses a la Geología Global. Un enfoque histórico de las imágenes científicas sobre las energías de la Tierra, ALFA, Sociedad Andaluza de Filosofía, VII, 13 (2003) 81-95.

42 ÁLVAREZ, A., Filosofía de las ciencias de la Tierra, Pentalfa ediciones, Oviedo 2004, 355.

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la selección natural de Charles Robert Darwin convulsionó las ideas explicati- vas sobre el origen y evolución de la vida. Las ciencias de la Tierra, como todo conocimiento organizado, no es obra de una sola persona sino de muchas a lo largo de mucho tiempo generando múl- tiples controversias 43 . Tal vez, las más interesantes para el desarrollo de las ideas acerca del conocimiento de los procesos que han dado lugar a las ideas actua- les sobre la configuración de la Tierra sean las referentes a los debates entre neptunistas, vulcanistas y plutonistas, las mantenidas entre catastrofistas y uni- formitaristas y las que se centraron en la edad de la Tierra 44 . Desde finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, las Ciencias de la Tierra dieron un estirón considerable. Para mayor claridad se ha sistematizado esta información en tres grandes capítulos que agrupan a los partidarios de tres paradigmas explicativos del funcionamiento dinámico de la Tierra 45 . En otro lugar 46 hemos hablado de los macroparadigmas. Estas sistematizaciones tienen el peligro de mutilar la visión global, pero introducen una mayor claridad expo- sitiva. Gran parte de los debates geológicos en los comienzos del siglo XX se cen- traban en las grandes estructuras terrestres y en especial en los mecanismos de formación de las masas graníticas. Por una parte, un amplio grupo de debates geológicos desarrollados en los siglos XIX y XX, pretenden dar respuestas al problema del origen y la naturaleza de las fuerzas que dan lugar a la formación de las montañas. Una de las hipó- tesis más influyente por su coherencia interna fue la de la contracción de la cor- teza de la Tierra. El ingeniero de minas francés Leonce Elie de Beaumont (1798- 1874) propuso en 1829 la teoría de la contracción, que desarrollaría con más profusión en un trabajo publicado 25 años después. Su propuesta, muy acepta- da por los geólogos franceses, se basaba en las ideas defendidas por Buffon y luego por Laplace según la cual la Tierra estaría originalmente fundida, y pos-

43 HALLAM, A., Grandes controversias geológicas (Editorial Labor, Barcelona, 1985), 180 pp.; CAPEL, H., Organicismo, fuego interior y terremotos en la ciencia española del siglo XVIII, Cua- dernos GeoCrítica, Barcelona, n. os 27/28 (1983),1-94; CAPEL, H., La Física Sagrada. Creencias religiosas y teorías científicas en los orígenes de la geomorfología española (Ediciones del Ser- bal, Barcelona, 1985), 223 pp.; SEQUEIROS, L., Teología y Ciencias Naturales. Las ideas sobre el diluvio universal y la extinción de las especies biológicas hasta el siglo XVIII, Archivo Teológico Granadino, Granada, 63 (2000), 91-160; PEDRINACI, E., Los procesos geológicos internos (Sín- tesis Educación, DCE, Madrid, 2001), 222 pp. [especialmente, 49-66].

44 PELAYO, F., El catastrofismo y actualismo en España: Llull, 7(12) (1984), 47-68; PELAYO, F., Las teorías geológicas y paleontológicas durante el siglo XIX: Historia de la Ciencia y de la técnica (AKAL, Madrid, 1991), 40, 55 pp.; GARCÍA CRUZ, C. M., El principio de uniformidad: el presente:

una aproximación al neocatastrofismo. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 8(2) (2000), 99- 107; GARCÍA CRUZ, C. M., El actualismo-uniformitarismo como obstáculo epistemológico, Cuader- nos IG/UNICAMP, Campinas (SP), 9(1) (2001), 22-32; GARCÍA CRUZ, C. M., Origen y desarrollo his- tórico del concepto de ciclo geológico: Enseñanza de las Ciencias de la Tierra 9(3) (2001) 222-234.

45 PELAYO, F., Del Diluvio al Megaterio. Los orígenes de la Paleontología en España, Cua- dernos Galileo de Historia de la Ciencia (CSIC, Madrid, 1996) 16, 310 pp.

46 SEQUEIROS, L., Las cosmovisiones científicas o macroparadigmas: su impacto en la Ense- ñanza de las Ciencias de la Tierra, Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 10(1) (2002), 17- 25.

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teriormente, lenta pero inexorablemente, iba perdiendo calor. El enfriamiento provocaría una pérdida de volumen de modo que el exterior se arruga. La teo- ría de la contracción recibió un gran impulso con la obra del prestigioso geólo- go austriaco Eduard Suess (1831-1914) que publicó entre 1885 y 1909 su obra La faz de la Tierra. Para Suess, la Tierra estaba estratificada en tres capas con- céntricas: la corteza superior granítica, el manto intermedio y el núcleo central. Grandes bloques de la corteza original se iban hundiendo a medida que se enfria- ba el interior terrestre, dando lugar a las cuencas oceánicas. Para Suess «asis- timos al hundimiento del globo terrestre». La concepción gravitatoria como ori- gen de las deformaciones estaba muy presente. Pero en los últimos años del siglo XIX aparece un paradigma alternativo que aborda el problema desde otra perspectiva: el de la isostasia. Para George Airy (1801-1892), la corteza granítica se encontraría flotando sobre unos materiales poco resistentes, aunque no necesariamente líquidos, pero sí muy densos. Com- paró la corteza con unos troncos de árbol flotando en el agua. Sólo emerge una parte de ellos. «Las montañas tendrían raíces» y eso explicaba las anomalías gravimétricas. El tercer macroparadigma explicativo del funcionamiento de la Tierra es el movilista. La historia de las llamadas ideas movilistas está ligada a la obra El origen de los continentes y océanos publicada por vez primera en 1915. Su autor, Alfred Wegener (1880-1930) 47 era un meteorólogo alemán que tres años antes había presentado sus ideas en una conferencia y en dos artículos. Sostenía que los continentes rígidos y graníticos se movían como barcos a la deriva flotando sobre el manto. Postulaba que, incluso, en la antigüedad remota habían estado unidos formando un supercontinente, la Pangea. En sus últimos trabajos, y espe- cialmente tras la elaboración del proyecto Geobiología, Teilhard se referirá a la estructura granítica de China, al origen de los granitos y a las relaciones entre los movimientos de las masas terrestres y la evolución biológica 48 . Al recorrer las publicaciones científicas de Teilhard, se podrá mostrar que éste conocía y partía en sus trabajos del estado de la «ciencia normal» de su época y que, pese a la lejanía de los grandes centros de investigación, seguía el desarrollo de las innovaciones científicas de su tiempo.

2.2. Las investigaciones científicas teilhardianas en el campo de la Geología en general

La vida de Teilhard de Chardin discurrió por los cinco continentes reco- rriendo las formaciones geológicas más sobresalientes del planeta. Debieron de

47 ANGUITA, F., «La teoría de Alfred Wegener y la nueva geología», en: A. WEGENER, El ori- gen de los continentes y océanos (Pirámide, Madrid, 1983), 138 pp.; GARCÍA CRUZ, C. M., Puen- tes continentales e isostasia: aspectos históricos y didácticos, Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 6(3) (1998), 211-216.

48 SEQUEIROS, L., Tectónica de placas y evolución biológica. Construcción de un paradigma e implicaciones didácticas, Enseñanza de las Ciencias de la Tierra, 3(1) (1995), 14-22.

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ser miles los kilómetros recorridos en los medios más diversos, muchas veces a pie o en mulo, y en condiciones muy duras bajo climas extremos. Escribe él mismo (1948) 49 : «Gracias a las múltiples expediciones de las que he tenido el honor de formar parte en Extremo Oriente, se me ha concedido la poco fre- cuente oportunidad de poder hacer yo mismo, paso a paso (y siguiendo distin- tas variantes): a) un corte geológico completo que ha discurrido de este a oeste, desde el extremo del Shantung a los confines de Pamir, y b) otra sección de direc- ción norte-sur casi completa, que ha descendido desde Manchuria (Harbin) hasta los confines de Indochina». Cuando se consultan por vez primera las obras científicas de Teilhard, el lector tiene la impresión de encontrarse con un Teilhard diferente. Dejando de lado cualquier especulación que no se atenga a los datos observados en el campo en sus largas y durísimas jornadas de campo, Teilhard aparece como un frío testigo de lo que, como geólogo y paleontólogo, experimenta a tra- vés de sus ojos, el martillo, la lupa o el microscopio. Siguiendo estas líneas generales de trabajo, el mismo Teilhard era consciente de la magnitud de los problemas geológicos con que se enfrentaba y a los que buscaba una res- puesta. Al llegar a China, la geología del país era casi completamente desconocida en una región de muchos miles de kilómetros cuadrados. Estudiando en con- junto los proyectos geológicos de Teilhard, se constata la capacidad de traba- jo y la perspicacia para saber deducir las conclusiones que lógicamente se podían proponer. Siguió el método típico de los geólogos: una etapa de explo- ración del territorio, recogiendo muestras bien identificadas, levantando las series estratigráficas, realizando cortes geológicos (estratigráficos y tectóni- cos) de pequeña a gran escala, levantando cartografías con ayuda de los esca- sos y deficientes mapas topográficos y sacando conclusiones que luego pasa- ban a informes escritos y eligiendo puntos que con posterioridad debían ser estudiados en detalle. La mayor parte de estos itinerarios, como él mismo reconoce, se reali- zaron por regiones inhóspitas, áridas y recorridas por bandidos y ejércitos hostiles, y por las que antes ningún geólogo había puesto sus pies. Son las regiones de Weich’ang, Gran Khingam, Ordos, Gobi Occidental, Tsinling, Peis- han…). Pero todo esto le permitió elaborar hipótesis novedosas sobre la geología de China, como la de la gran estructura en forma de flexura de Asia Oriental, con posibles consecuencias a favor de la idea de una expansión (por granitización) de los Continentes. Estas hipótesis fueron desarrolladas y publicadas entre 1936 y 1945. Por vez primera las expuso a la comunidad científica en el XVI Congreso Geológico Internacional de Washington (Actas, vol. II, 1031-1039) y posterior- mente en el Boletín de la Sociedad Geológica de China y en la revista Geobiolo- gie. Sugiere Teilhard que la formación de los continentes tuvo lugar por grani-

49 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 172.

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tización debido a una especie de crecimiento activo e irreversible, y que la últi- ma explicación de las flexuras debe buscarse en las presiones del magma sub- continental. Al recorrer la obra geológica de Teilhard, él mismo selecciona seis como sus publicaciones en las que se aportan datos geológicos significativos para la cien- cia 50 . La valoración de los resultados más destacados de la investigación es resal- tada por el propio Teilhard (1948) 51 : «De ahí, claro está, un considerable núme- ro de datos nuevos puestos en conocimiento de los geólogos (cadenas de volcanes cuaternarios en el Dalainor, Oligoceno de Ordos, cuencas eocenas hundidas de Tsinling, etc.)» 52 .

2.3. Trabajos científicos de Teilhard de Chardin en el campo de la Paleontología de los mamíferos

Los primeros trabajos paleontológicos de Teilhard, en continuidad con su tesis doctoral, se referían a los mamíferos de la era Terciaria de Francia. Pos- teriormente, estudió las faunas de Bélgica. Ya en China apareció, en 1927, su estudio sobre los mamíferos del Eoceno inferior de Bélgica 53 . El mismo Teil- hard presenta una valoración de lo que supusieron científicamente estos tra- bajos 54 : «Volviendo a mis primeros trabajos en Paleontología, realizados en Europa sobre material europeo, deseo que hayan contribuido: a) tanto a orde- nar mejor el conjunto de nuestros conocimientos sobre la fauma esparnaciense y paleocena [de los inicios del Terciario, hace unos 60 millones de años] de Francia, Bélgica e Inglaterra; b) como a clarificar la masa particularmente farragosa de los carnívoros eocenos y oligocenos de las fosforitas de Quercy; c) o bien, finalmente, a poner de manifiesto la individualidad y el interés

50 TEILHARD DE CHARDIN, P. - LICENT, E., Observations géologiques sur la bordure occidenta- le et méridionale de l’Ordos, Bulletin de la Societé Géologique de la France, París, 4.ª série, tomo XXIV (1924), 49-91, 15 figs.; TEILHARD DE CHARDIN, P., Étude géologique sur la région du Dalai-Noor, Mémoires de la Societé Géologique de la France, París, tomo III, n.º 7 (1926), 153 pp., 21 figs., 2 láminas; TEILHARD DE CHARDIN, P., The Geology of the Weichang Area: Geolo- gical Bulletin of Geological Survey of China 19 (1931) 1-49, 1 lámina; TEILHARD DE CHARDIN, P., Observations géologiques à travers les déserts d’Asia centrale de Kalgan à Hami (Mission Citroën Centre Asie, 1931-1932): Revue de Géographie Physique, París, vol. V (1933), 365-397, 14 lámi- nas, 2 mapas; TEILHARD DE CHARDIN, P. (junto con G. B. BARBOUR y M. N. BIEN), A geological reconnaissance across the eastern Tsinling (between Leyang and Hsichuan, Honan): Bulletin of the Geological Survey of China 25 (1935), 9-38, 16 figuras, 2 láminas, 1 mapa; TEILHARD DE CHARDIN, P., The structural Geology of Eastern Shantung (between Tsingtao and Yungch’eng):

Geological Bulletin, Nanking, 29 (1937), 85-105, 2 láminas.

51 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 172.

52 Pero todo esto le permitió elaborar hipótesis novedosas sobre la geología de China, como la de la gran estructura en forma de flexura de Asia Oriental, con posibles consecuen- cias a favor de la idea de una expansión (por granitización) de los Continentes. Estas hipóte- sis fueron desarrolladas y publicadas entre 1936 y 1945.

53 TEILHARD DE CHARDIN, P., Les Mammifères de l’Eocène inférieur de la Belgique: Mémoires du Museun Royal d’Histoire Naturelle de la Belgique 36 (1927) 1-33, 29 figuras, 6 láminas.

54 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 173.

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de ciertos grupos zoológicos poco conocidos, como el de los curiosos quiró- midos» 55 . Pero ya en China, dedicó mucho esfuerzo al estudio de las faunas de mamí- feros terciarios de tan inmenso territorio, desarrollando varias líneas de traba- jo. La primera, estuvo dirigida a la reconstrucción de la historia del Terciario reciente en China del Norte. El segundo de los proyectos en paleontología de mamíferos de Asia Oriental es el de la fauna Villafranquiense [un piso geológi- co a caballo entre el Terciario y el Cuaternario] en los estratos de Nihowan, en Hopei (y cita varias publicaciones sobre estos materiales) 56 . El tercer proyecto es el estudio de las faunas del Pleistoceno inferior, como las de las contenidas en los materiales blandos que cierran las fisuras en las rocas duras de Chuku- tien (entre un millón y 500 mil años) y que fueron publicadas en amplios tra- bajos en Palaeontologia Sinica entre los años 1936 y 1941. La cuarta línea de tra- bajo consistió en el estudio de los restos del Pleistoceno superior (entre 40 mil y 10 mil años), que son propiamente objetos arqueológicos y que fueron publi- cados en una amplia memoria científica 57 . Estos proyectos de investigación llevaron a excelentes resultados 58 . Estas son las propias palabras de Teilhard 59 : «Así iba construyéndose gradualmente un marco estratigráfico y faunístico indispensable para el progreso de las grandes investigaciones en Paleontología Humana emprendidas justo en la misma época, como veremos, por el Servicio Geológico de China». Hasta ahora, la orientación metodológica del proyecto paleontológico de Teil- hard es coherente con la metodología clásica de la investigación en Ciencias de la Tierra desde una perspectiva empirista: la construcción del marco estrati- gráfico y bioestratigráfico para obtener información sobre la historia geológica de una región. Desde el punto de vista de un «evaluador» científico, no hay nin- guna objeción seria a la rigurosa metodología científica teilhardiana tal como aparece en estos voluminosos trabajos, que se ajustan a los formatos tradicio- nales de las memorias geológicas y paleontológicas.

55 Los quirómidos son unos primates del grupo de los prosimios cuyos únicos represen- tantes actuales viven en Madagascar y que Teilhard los encontró en el Eoceno de Quercy y de Bélgica.

56 Hoy se sigue citando a Teilhard, incluso por autores chinos. Así, para la caracteriza- ción de la paleofauna de Niherian y su valor biostratigráfico. Por ejemplo: ZHANG, S., en VAN COVERING (Edit.), The Pleistocene Boundary (Cambridge University Press, New York, 1997), 247-253 (E. Aguirre, comunicación personal).

57 TEILHARD DE CHARDIN, P. - BOULE, M. - BREUIL, H. - LICENT, E., Le Paleolithique de la Chine, Archives de Institut d’Archéologie Humane, París, 138 (1928), 53 figs., 30 láminas.

58 Estos son algunos de los resultados de sus proyectos: TEILHARD DE CHARDIN, P. - TRAS- SAERT, M., The Proboscidians of Southern Shansi, Palaeontologia Sinica, Pekín, serie C, vol. XIII, fasc. 11 (1937), 58 pp., 6 figs., 13 lám.; TEILHARD DE CHARDIN, P. - TRASSAERT, M., Pliocene Came- lidae, Giraffidae and Cervidae of S. E. Shansi, Palaeontologia Sinica, Pekín, serie C, n.º 1 (1937); TEILHARD DE CHARDIN, P. - TRASSAERT, M., Cavicornia of S. E. Shansi, Palaeontologia Sinica, Pekín, serie C, n.º 5. [los Cavicornia son un grupo de cérvidos].

59 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 174.

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Pero, con cautela, Teilhard aventura otras dimensiones de su tarea: «Al mismo tiempo, de la reconstrucción de la evolución de la fauna china, se deducían cier- to número de particularidades o leyes biológicas muy generales que arrojaban nueva luz sobre la existencia y las modalidades de los movimientos orgánicos colectivos en el seno de la Biosfera». Como ejemplo de estos «movimientos orgá- nicos colectivos» (Teilhard incluía los procesos de evolución dentro de un para- digma más amplio de tipo geobiológico), Teilhard apunta tres, dejando abierta la cuestión 60 :

«a) Abundancia inicial de los Mustélidos del Pontiense, que recordaban sor- prendentemente la de los Cynodictis y los Cynodon oligocenos de las fosforitas de Quercy» 61 (…). b) Desarrollo en China del Norte, durante el Plioceno, de una fauna de antílopes estrepsicerinos [es decir, antílopes de gran talla, muy pare- cidos a los ciervos, propios del Mioceno y Pleistoceno de Europa meridional], con una evolución paralela pero no directamente vinculable con la de los antí- lopes de África 62 (…). c) Notable ortogénesis de la rata-topo, permitiendo obser- var, desde el Pontiense hasta nuestros días, una misma serie perfectamente defi- nida de modificaciones osteológicas y dentarias (soldadura de las vértebras cervicales, pérdida de las raíces de los dientes molariformes, aumento de talla…) produciéndose simultáneamente en diversas ramas, excepcionalmente netas, un mismo grupo zoológico en áreas estrictamente limitadas». En esta última memoria, Teilhard no duda en introducir un concepto de la biología evolucionista muy discutido en su tiempo, como es el de ortogénesis. Este concepto, acuñado por el biólogo alemán Th. Eimer (1897), fue utilizado por algunos biólogos evolucionistas y finalistas para describir el proceso de cam- bio orgánico como ordenado de antemano hacia un destino superior. Analizar aquí la filosofía «oculta» del evolucionismo teilhardiano, llevaría más allá de los límites de este trabajo que pretende situarse solo en los aspectos estrictamente científicos, geológicos y paleontológicos 63 . Y concluye este apartado del modo siguiente: «Gracias a la riqueza y conti- nuidad de las faunas así exhumadas se hace posible (como he mostrado con mi

60 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 174-175.

61 Aquí Teilhard se refiere a la publicación que vio la luz en 1945: TEILHARD DE CHARDIN, P. - LEROY, P., Les Mustélidés de Chine, Publications de l’Institute de Géobiologie de Pekín, 12 (1945), 56 pp., 24 figs., 2 mapas.

62 Teilhard se remite aquí a una de sus publicaciones de 1939: TEILHARD DE CHARDIN, P., The Miocene Cervids from Shantung: Bulletin of the Geological Service of China XIX (1939)

269-278.

63 Teilhard remite en su relación de 1948 a su trabajo: TEILHARD DE CHARDIN, P., New Rodents of the Pliocene and Lower Pleistocene of North China, Publications de l’Institute de Geobiologie de Pekín, 9 (1942), 100 pp., 61 figs. El tema de la «ortogénesis» lo desarrolla más ampliamente en un trabajo posterior, publicado en 1950, y que se contiene en las Actas del Coloquio del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) celebrado en 1947. Cuando Teilhard escribe su currí- culo en 1948 aún era inédito. Este trabajo, breve y denso, es: TEILHARD DE CHARDIN, P., «Sur un cas remarquable d’orthogenése de groupe: l’évolution des Siphneidés de Chine», en: Paléontologie et transformisme (Colloque du CNRS, París, 1947, edit. 1950), 169-173 [Oeuvre.Sc., X, 4276-4280].

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colega Pierre Leroy en el caso de los Félidos y los Mustélidos) seguir la evolu- ción de una gran parte de la fauna actual de China a partir del Pontiense, tanto en su instalación, como en su organización y sus modificaciones in situ: en defi- nitiva, uno de los primeros ensayos realizados, si no me equivoco, para cons- truir una Zoología en la que ya no se haría ninguna diferencia en la misma región entre las formas vivas y las formas extinguidas». Es decir, una interpretación paleobiogeográfica mucho más completa que incluye aspectos tectónicos, cli- máticos, biológicos y evolutivos.

2.4. Pierre Teilhard de Chardin y la paleontología humana

La imagen que parte del gran público mantiene sobre las aportaciones cien- tíficas de Teilhard se refiere a las investigaciones sobre los orígenes y la evo- lución de lo que él llamaba el «grupo zoológico humano». Muchos lectores de Teilhard lo identifican casi exclusivamente con sus aportaciones al conoci- miento de los fósiles humanos, a la dispersión hacia China desde África de los homínidos y a sus intuiciones sobre los mecanismos de la aparición de la capa- cidad mental humana, con las implicaciones teológicas en el caso del pecado original. Los detractores de Teilhard sólo contemplan un episodio que, al menos es oscuro en su biografía, como es su posible participación en el llamado «fraude del hombre de Piltdown». En 1953 se demuestra el fraude del llamado Eoanth- ropus, el Hombre de Piltdown 64 . Se constata que se trata de un cráneo moder- no grueso al que se le añadió una mandíbula simiesca. Es por ello uno de los «fraudes» científicos más popular en la historia del pensamiento científico. El conocido como hombre de Piltdown había sido «descubierto» en 1908 por un aficionado llamado Charles Dawson en el condado de Sussex. El 31 de mayo de 1909, Teilhard (con 28 años de edad y que entonces estudiaba Teología en Ore Place), conoce a Charles Dawson cuando ambos buscaban fósiles por el campo y luego mantuvieron la amistad. El biólogo evolucionista, palentólogo e historiador de las ciencias, fallecido en 2002, Stephen Jay Gould 65 , cree que pudo ser el entonces joven y ambicioso jesuita quien estuviera involucrado en el fraude. Según Gould, tal vez por hacer una broma o tal vez por escondida ambición, Dawson y Teilhard pudieron urdir la trama. Pero al morir Dawson, Teilhard ya no tuvo fuerza para revelar el enga- ño. La verdad es que Gould aporta algunas posibles pruebas, pero éstas pare- cen tener un peso escaso. La publicación de este artículo cáustico y acusatorio de Gould suscitó enconadas polémicas dentro de la comunidad científica, de modo que paleontólogos de la talla de Pierre P. Grassé y Jean Piveteau salieron en defensa de Teilhard. Recientes investigaciones han mostrado que en el caso

64 Datos en: http://home.tiac.net/~cri_a/piltdown/bibliog.html y en http://home.tiac.net/ ~cri_a/piltdown/piltref.html

65 GOULD, S. J., «Nueva visita a Piltdown», en: El pulgar del panda (Hermann Blume edi- tores, Madrid, 1983), 113-129.

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Piltdown pudo ser un técnico del Museo el autor de la posible «broma» o enga- ño doloso. Por ello, hoy se duda de la culpabilidad de Dawson y de Teilhard. Aunque todavía algunos escriben sobre este hecho, parece ser que Teilhard, siempre con respeto y discreta ponderación, mantuvo su convicción de que no eran una sola cosa, sino dos partes superpuestas, un humano moderno y un mono. Pero volvamos a la aportación de Teilhard a los conocimientos de la paleo- antropología. Su papel en esta disciplina paleontológica no se puede soslayar. En opinión del mismo Teilhard fueron cuatro los factores que «convergían para orientarme poco a poco y cada vez más hacia los problemas y la búsqueda del Hombre Fósil». Reproducimos sus mismas palabras 66 : el primero de los facto- res fue «el prolongado contacto con formaciones eruptivas y sedimentarias que hacían aumentar a mis ojos la importancia de una estratigrafía de los suelos y de una geología de los Continentes». El segundo factor: «las ocasiones muy tem- pranas de estudiar ciertos Primates fósiles particularmente antiguos y excep- cionalmente bien conservados». Teilhard alude a tres de sus primeras publica- ciones: las de 1916 sobre los primates de las fosforitas de Quercy, ya citada más arriba; su tesis doctoral publicada en 1922 sobre los Mamíferos del Eoceno infe- rior; y la extensa memoria sobre los Mamíferos del Eoceno inferior de Bélgica

de 1927 (también ya citada) 67 . El tercer factor que despertó en Teilhard el inte- rés por los fósiles humanos fue «la atmósfera inicial de un Laboratorio en que

se preparaban y estudiaban diariamente a mi lado los esqueletos de La Chape-

lle-aux-Saints y La Feyrassie», aludiendo a la densa estancia, cuando contaba

sólo 32 años, en el Museo de Historia Natural de París junto a Marcellin Boule.

Y concluye: «sin hablar de la fascinación intrínseca del tema mismo», como

cuarto factor de su interés. Justificada por parte de Teilhard su convergencia hacia el estudio de los humanos fósiles, describe de forma ordenada y cronológica su encuentro con las raíces de la humanidad en Asia oriental. Poco después de su llegada a China, «en la línea del registro paleontológico humano, tuve en 1923 mi primera opor- tunidad con Émile Licent para poder establecer la existencia, hasta entonces contestada, de un Hombre paleolítico en China del Norte». Alude a la referen-

cia citada más arriba que publicó en París en 1928, junto a Boule, Breuil y Licent, sobre el Paleolítico de China. Y continúa: «Pero la segunda y más decisiva, ciertamente, ha consistido en poder colaborar más de cerca, durante casi diez años, en las grandes excava- ciones de Chukutien, en las proximidades de Pekín, y en el descubrimiento del Sinántropo». Dada la importancia del hallazgo, Teilhard describe en el currículo de 1948

la historia de las investigaciones desde 1929 hasta 1944, resaltando con modes-

66 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 175.

67 Respecto al estudio de los primates del Eoceno, cabe mencionar el que Teilhard des- cribió como Omomys belgicus y que G. G. Simpson reclasificó como Teilhardina belgica, en honor y reconocimiento (E. Aguirre, comunicación personal).

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tia y sin afán de protagonismo, que se trata de una tarea de un amplio equipo internacional 68 : «En esta obra colectiva, dirigida conjuntamente por la Funda- ción Rockefeller y el Servicio Geológico de China, mi función ha consistido sobre todo en dirigir el estudio estratigráfico, paleontológico y arqueológico del yaci- miento» 69 . Los primeros informes sobre los depósitos fosilíferos de Chukutien los publi- có con Young en 1929 en el Boletín del Servicio Geológico de China. La indus- tria lítica del yacimiento fue dada a conocer en la misma revista cuatro años más tarde, en 1932, firmada por Teilhard y W. C. Pei, y al año siguiente en las Memorias Geológicas de Pekín junto con Davidson Black, Young y Pei, en un extenso trabajo de 158 páginas y 81 figuras. Las conclusiones paleoantropoló- gicas («The Early Man in China») aparecen en 1941 en una publicación del Ins- tituto de Geobiología de Pekín 70 . Y prosigue Teilhard su relato 71 : «Estudio delicado, puesto que en el mismo macizo calcáreo se encontraban seis tipos diferentes de fisuras, correspondien- tes a otros tantos períodos distintos de relleno (desde los del Mioceno al Pleis- toceno superior). Pero estudio fecundo, en compensación, porque gracias a la abundancia de fósiles recogidos, se hacía posible la interrelación entre «dos geo- logías», la de las cuencas y terrazas, y la de las fisuras, construidas indepen- dientemente la una de la otra bajo mi dirección o con participación mía, y cuyo ajuste se ha realizado sin la menor dificultad». Pero ¿cuál es la metodología científica de Teilhard? «De hecho, desde 1933 mis investigaciones se han desarrollado sobre todo en torno y a partir de las

68 El primer descubrimiento de fauna fósil e industria lítica en Chukutien/Zhoukoudian

fue O. Zdansky en 1921. Al tiempo que Teilhard de Chardin y Licent, Birger Bohlin y W. C.

Pei se añadieron al grupo. Teilhard colaboró con estos últimos y D. Black dirigió el programa

de excavaciones subvencionadas (E. Aguirre, comunicación personal).

69 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 175.

70 Las obras más interesantes de Teilhard de Chardin (según su propia valoración) rela- tivas a los orígenes de la humanidad son: las antiguas publicadas entre 1916 y 1928: TEILHARD DE CHARDIN, P., Sur quelques Primates des phosphorites du Quercy, Annales de Paléontologie, París, IX (1916), 1-20, 6 figs., 2 lám.; TEILHARD DE CHARDIN, P., Les Mammifères de l’Éocene infé- rieur français et leurs gisements (Tesis Doctoral), Annales de Paléontologie, X (1916), 171-176;

XI (1921), 1-108, 8 lám., 42 figs. [Oeuvr.Sc., I, 253ss]; TEILHARD DE CHARDIN, P. - BOULE, M. -

BREUIL, P. - LICENT, E., Le Paléolithique de la Chine, Archives de l’Institut de Paléontologie Humaine, París, 4 (1928), 138 pp., 53 figs. [Oeuvr.Sc., III, 889ss]. Los datos más elaborados sobre los fósiles de Chukutien están en: TEILHARD DE CHARDIN, P. - YOUNG, C.-C., Preliminary report on the Chou-Kou-Tien fossiliferous deposit, Bull. Geological Society of China, Pekín, VIII (1929), 173-202; TEILHARD DE CHARDIN, P. - PEI, W. C., The litic industry of the Sinanthropus depo- sits in Chou-Kou-Tien, Bull. Geologica Society of China, Pekín, XI (1932), 315-358; TEILHARD DE CHARDIN, P. - DAVIDSON BLACK, P. - YOUNG, C.-C. - PEI, W. C., Fósil Man in China. The Chou- Kou-Tien cave depossits with a sinopsis of aour knowledge of the late Cenozoic in China, Geo- logical Memoirs, Peiping, serie A., 11 (1933), 158 pp., 81 figs. [Oeuvr.Sc. V, 1903ss]; TEILHARD DE CHARDIN, P., Early Man in China, Publicat. Institute de Géobiologie de Pékin, 7 (1941), 112 pp., 51 figs. [Oeuvr.Sc., VIII, 3219ss]; TEILHARD DE CHARDIN, P., Le Néolithique de la Chine, Publicat. Institute de Géobiologie de Pékin, 10 (1943), 112 pp., 48 figs. [Oeuvr.Sci., IX, 3937ss].

71 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 176.

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cuestiones planteadas por el Sinántropo». Es decir, los «datos» de campo, los restos paleontológicos de Asia. Por ello, describe las diversas estrategias de con- trastación experimental de las hipótesis sugeridas. De nuevo reencontramos al «científico» que sabe demarcar perfectamente las fronteras del conocimiento

experimental respecto al especulativo, filosófico o teológico. Estas son las estra- tegias de contrastación desarrolladas directamente por Teilhard: la primera de ellas parte del viaje a Kwangsi para establecer el sincronismo de las capas del Sinántropo de China del Norte con las capas del orangután de China del Sur». Las conclusiones se publican en 1935, en un trabajo firmado por Teilhard junto

a Young, Pei y Chang en el Boletín de la Sociedad Geológica de China. La segunda línea de trabajo (la distribución asiática del Sinántropo) lleva a Teilhard hasta la India. Primero publica en EEUU en la Sociedad Científica de Philadelphia, con Helmut de Terra en 1936 sobre las formaciones Siwalik de la India; posteriormente, en 1937 en l’Anthropologie resumiendo la paleontología humana en Asia Oriental. Y posteriormente, sus investigaciones llegan en ese año 1937 hasta Birmania, con una nueva nota sobre la paleontología humana en Asia Meridional. En estas ocasiones Teilhard está muy en contacto con Helmut de Terra y con von Koenigswald 72 . Escribe Teilhard: «y después a Birmania con Helmut de Terra, desembocando (…) en el descubrimiento de un rico paleolítico antiguo

en las terrazas, por fin clasificadas, de las tres cuencas del Indo, el Narbada y el Irrawaddy» (…) «Visita y estudio en dos ocasiones (guiados por el Dr. Von Koe- nigswald), a los yacimientos del Pitecántropo de Java…». Todos estos contactos sirvieron a Teilhard para establecer sólidos lazos de amistad y cooperación científica: escribe: «En 1939, se encontraba establecida en Asia Oriental una red notable de investigadores, centrada en Pekín, Singapur

y Bandoeng, fuertemente apoyada por las instituciones científicas norteameri-

canas, y que cubría sistemáticamente los diversos problemas que se iban susci- tando por la investigación sobre el Hombre fósil en extremo Oriente» 73 . Y más

adelante: «Esta “red modélica”, de la que yo tenía el privilegio de formar parte, se rompió momentáneamente por motivo de la guerra, pero no antes de que se obtuviera una serie coherente de resultados, gracias a los cuales puede decirse que la Paleontología, desde hace cincuenta años, ha hecho la penetración mayor en el misterio de los orígenes humanos en la franja pacífica del Mundo Antiguo». Junto a los aspectos estrictamente paleoantropológicos, Teilhard no descui- dó los estudios arqueológicos, primero en África oriental y posteriormente en China. Él mismo cita tres de sus trabajos como más significativos: uno de 1929

y otro de 1939 sobre arqueología de Somalia, y el último de 1944 sobre el Neo-

lítico de China.

72 Ralp von Koeningswald nació en Berlín en 1902. En 1930, el gobierno holandés le ofre- ció una plaza de paleontólogo en el Servicio Geológico de las Indias Orientales Neerlandesas de Java. Desde 1948 fue profesor de paleontología en Utrecht. Siempre mantuvo mucha corres- pondencia con Teilhard.

73 TEILHARD DE CHARDIN, P., op. cit. (2002), 176.

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Y concluye: «Y ahora, para decirlo todo y sinceramente, ¿por qué no confe- sar para finalizar que de la aproximación lentamente operada en mí entre las dos nociones conjugadas de estructura genética de las faunas y de estructura genética de los continentes, me han sugerido una tercera noción, que puede con- trastarse con los hechos: la de estructura genética de la Humanidad (enfocada como una unidad biológica especial de amplitud planetaria), que se me ha ido presentando poco a poco y tiende a prevalecer en mí sobre cualquier otro obje- to de investigación? Es a la exploración titubeante de esta disciplina aún infor- me y anónima, pero que quizá sea mañana una Ciencia de la Antropogénesis, a lo que he consagrado últimamente una serie de ensayos». Estos atisbos de emergencia de una nueva ciencia interdisciplinar son apun- tados en 1930 en la primera descripción de El fenómeno humano 74 . Entre 1948 y 1955 sus trabajos científicos inciden una y otra vez sobre pos- tulados relacionados con la emergencia de lo humano en el proceso evolutivo, presentadas en la Revue des Questions Scientifiques, en l’Anthropologie, y en notas presentadas en la Sociedad Geológica de Francia. Las últimas obras teilhardianas de tipo científico reseñadas por Schmitz- Moorman (1971) se refieren a lo que Teilhard denomina «la exploración titu- beante de esta disciplina aún informe y anónima, pero que quizá sea mañana una Ciencia de la Antropogénesis, a lo que he consagrado últimamente una serie de ensayos» 75 . El intento de «saltar» de la ciencia a la construcción de una nueva interdisciplinar (la Antropogénesis) fue interrumpida por su repentino falleci- miento. Muchas de las grandes intuiciones se encuentran dispersas en su amplia bibliografía posterior consistente en ensayos reunidos en los volúmenes publi- cados por ediciones Seuil y posteriormente traducidos al castellano y que son los que han llegado al público español.

74 Publicada en las Revue des Questions Scientifiques, t. XVIII, noviembre de 1930, pp 390- 406. Son los años también de la primera redacción de El fenómeno humano, síntesis de su pensamiento antropológico que no se vería publicado en Francia hasta 1955, después de su

muerte (la primera edición española es de 1963).

75 Estas ideas surgen por vez primera en un trabajo de 1930: TEILHARD DE CHARDIN, P., Le phénomene humain: Revue des Questions Scientifiques XVIII (1930) 390-406. Las desarrolla sobre todo a partir de 1947: TEILHARD DE CHARDIN, P., La question de l’Homme fossile, Éditions Psyché, París, 33 pp., 12 figs.; TEILHARD DE CHARDIN, P., Le rebondissement humaine de l’Évolu- tion, et ses consequences: Revue des Questions Scientifiques CXIX (1948) 166-185; TEILHARD DE CHARDIN, P., La structure phylétique du grupoup humain, Annales de Paléontologie, París,

XXXVII (1951), 49-79; TEILHARD DE CHARDIN, P., Hominisation et spéciation: Revue Scientfique,

90, 3320 (1952), 434-438; TEILHARD DE CHARDIN, P., Les recherches pour la découverte des origi-

nes humaines en Áfrique, au sud du Sahara: L’Anthropologie LVIII (1954) 74-78; TEILHARD DE

CHARDIN, P., Les singularités de l’espèce humaine, Annales de Paléontologie, París, XLI (1955),

1-54. Sus reflexiones filosóficas sobre la antropogénesis, se publicaron después de su muerte en 1955: TEILHARD DE CHARDIN, P., Le Phénomene Humain (Editions du Seuil, París, 1955); TEIL- HARD DE CHARDIN, P., La Place de l’Homme dans la Nature (Editions du Seuil, París, 1963) (la

primera edición con el título original de Le group zoologique humain ou la place de l’Homme

dans la nature —structure et direction évolutives, Prefacio de Jean Piveteau. Editions Albin Michel, París, 1956).

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Pero, ¿cuáles son los problemas científicos y paleontológicos que intenta resolver Teilhard? Evidentemente, Teilhard y su equipo intentan justificar el carácter «homínido» de los restos encontrados y explicar cómo pudieron en fecha tan temprana llegar hasta China si es que no aparecieron los humanos por un proceso poligenético en varios lugares a la vez. Téngase en cuenta que las hipótesis africanas del origen de la humanidad aún no habían sido documen- tadas con fósiles.

CONCLUSIONES: ¿QUÉ QUEDA DE TEILHARD COMO CIENTÍFICO?

Nos proponíamos en este trabajo describir uno de los aspectos olvidados de Teilhard de Chardin: el del científico, geólogo, paleontólogo y paleoantropólo- go. Teilhard no fue solamente un pensador agudo que intentó, desde las cate- gorías filosóficas y científicas encontrar lenguajes nuevos para la fe. Si dentro del mundo intelectual (y especialmente del mundo de los científicos) tuvo eco su pensamiento es, entre otras cosas, porque se trataba de un científico de fama reconocida. Tal vez el hecho de que su obra científica se publicó completa en 1971, cuando la ola del pensamiento teilhardiano se encontraba en reflujo, pudo hacer que haya llegado al gran público (e incluso al mundo intelectual) con un notable sesgo que haya provocado que mucha gente conoce solo medio Teil- hard, el de los ensayos filosóficos y teológicos. Creemos haber mostrado que Teilhard tiene una extensa obra científica como geólogo y paleontólogo y que esta obra le consiguió el respeto y la consideración como científico en la pri- mera mitad del siglo XX. Tal vez, quien mejor puede resumir las aportaciones teilhardianas a las cien- cias de la Tierra es su biógrafo Paul Chauchard 76 : «Puesto que Teilhard es pale- ontólogo, su pensamiento es el de un biólogo y el de un paleontólogo. Pero por- que quiere ser un biólogo y un antropólogo completo, no alguien que cree saberlo todo, sino alguien que conoce en qué sentido es necesario investigar y que no olvida la parte más importante —aunque la menos conocida y la menos fácil de su dominio—, se encuentra aislado e incomprendido. Rehusando encerrarse en la búsqueda elemental ordinaria que omite situar biológicamente al hombre en su lugar y en toda su dimensión, o al menos, hasta donde puede percibir la bio- logía —que puede bastante más de lo que se piensa—, no cae él, maestro de la psicología comparada de la humanización, en la tentación fácil de la biología- ficción…». Y más adelante 77 : «Teilhard es, sobre todo, un paleontólogo esclarecido que pide el máximo a su ciencia: una paleontología no ordinaria, sino huma- nista. Es un biólogo que extrae de la biología evolucionista una visión del

76 CHAUCHARD, P., El pensamiento científico de Teilhard de Chardin (Ediciones Península, Barcelona, 1966), 83.

77 CHAUCHARD, P., op. cit., 257.

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mundo que es una síntesis de las ciencias o hiperfísica constituyendo una cien- cia humanista e integrada, incluyendo el conjunto de las ciencias; un plan nuevo de la reflexión científica de espíritu filosófico, pero puramente cien- tífico».

Catedrático de Paleontología en excedencia Facultad de Teología Campus Universitario de Cartuja Profesor Vicente Callao, 15. 18011 Granada Apartado 2002. 18080 Granada lsequeiros@probesi.org

LEANDRO SEQUEIROS

[Artículo aprobado para publicación en octubre 2004]

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TEILHARD DE CHARDIN Y EL DIÁLOGO ACTUAL ENTRE CIENCIA Y RELIGIÓN

AGUSTÍN UDÍAS VALLINA

Universidad Complutense de Madrid

RESUMEN: Podemos encontrar en los escritos de Teilhard de Chardin muchos puntos de interés para el diálogo hoy entre la ciencia y la religión. He seleccionado en este trabajo tres de ellos: su concep- ción de la ciencia, de la materia y de la evolución humana. El primero se centra en su gran estima por la ciencia y su papel en la historia humana. La ciencia para él representa la línea a lo largo de la cual la evolución progresa a nivel humano. La ciencia sobrepasa su función específica y además prepara al hombre para encontrar los más profundos y escondidos significados de la realidad. Esta concepción de la ciencia puede servir de punto de partida en el diálogo entre ciencia y religión, ya que reconoce las potencialidades de la ciencia para ser interpretada en términos religiosos. La segunda es su con- cepción de la materia que supera toda dualidad entre materia y espíritu. La materia para Teilhard tiene un dinamismo interno que la conduce hacia el espíritu a través del proceso de evolución cósmica. La tercera es su concepción de la evolución humana que la sitúa dentro de la evolución cósmica. En ella la consciencia humana progresa en la línea de un incremento cada vez mayor de unidad hasta con- verger en el Punto Omega, donde encuentra su perfeccionamiento definitivo.

PALABRAS CLAVE: Diálogo ciencia-religión, Teihard de Chardin, ciencia, progreso, Materia-espíritu, complejidad, evolución, convergencia, conciencia, socialización, globalización.

Teilhard de Chardin and the Present Dialogue between Science and Religion

ABSTRACT: We can find in Teilhard’s writings many points of interest for the dialogue between science and religion. I have selected three of them: his understanding of science, matter and human evolution. The first is his high esteem for science and its role in human history. Science for him represents the line along which evolution progresses towards the human level. Science goes beyond its specific function and also prepares people to find the profound and hidden meaning of reality. This understanding of science may serve as a good starting point in the science-religion dialogue, since it recognizes a potentiality in science to be interpreted in religious terms. The second is his understanding of matter which surpasses all matter-spirit dualism. Matter for him has an internal dynamism, which leads it to the spirit, through the process of cosmic evolution. The third is his conception of human evolution as part of cosmic evolution. By this, the consciousness of man (noosphere), progresses along the line of increasing unity to finally converge into an Omega Point, where it finds its ultimate fulfillment.

KEYWORDS: Science-religion dialogue, Teihard de Chardin, science, progress, matter-spirit, comple- xity, evolution, convergence, consciousness, socialization, globalization.

INTRODUCCIÓN

Este año 2005 celebramos el cincuenta aniversario de la muerte de Teilhard de Chardin, ocasión que se brinda para reexaminar su pensamiento. Pierre Teil- hard de Chardin (1881-1955), sacerdote jesuita, geólogo y paleontólogo desa- rrolló paralelamente a su carrera científica un sistema de pensamiento original que se puede situar entre las fronteras de la ciencia, la filosofía, la teología y la

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mística. Durante su vida las autoridades eclesiásticas prohibieron la publica- ción de la mayoría de sus escritos no-científicos, aunque algunos ensayos fue- ron publicados en revistas y otros circularon entre sus amigos y admiradores en copias privadas. Las dos obras extensas Le phénomène humain (El fenóme- no humano) y Le Milieu divin (El medio divino), a pesar de todos los esfuerzos de su autor por lograr la autorización de su publicación, no llegaron a ser publi- cadas durante su vida. Cuando, después de su muerte en 1955, los escritos de Teilhard empezaron a ser publicados causaron inmediatamente un enorme impacto y fueron traducidos a muchos idiomas. La publicación de todos sus escritos ha sido un proceso lento. En su versión original francesa, el primer tomo de las obras de Teilhard se publicó en 1955 y el último en 1976. Otros escritos, cartas y apuntes personales han ido publicándose también desde entonces 1 . En este artículo las citas de sus escritos se refieren a la edición francesa de sus obras completas, dando el título del ensayo en francés con su traducción, el tomo de las obras y las páginas. Como Teilhard asigna un significado especial a algunos términos y creó muchos neologismos, algunos de ellos se citan aquí en el origi- nal francés además de su traducción. El profundo interés que despertaron por todas partes las ideas de Teilhard se puede medir por el número de publicaciones sobre ellas, que entre 1956 y 1980 contaba con más de 3.000 entre libros y artículos publicados en diversos países 2 . El pensamiento de Teilhard ha sido y sigue aún hoy siendo el objeto de numerosos estudios, que lo analizan en sus diversos aspectos científicos, filo- sóficos y teológicos 3 . Más recientemente se ha despertado un creciente interés

1 Las obras completas en francés están publicadas en 13 tomos por Éditions de Seuil, Paris: I. Le phénomène humain (1955); II. L’Apparition de l’Homme (1956); III, La Vision de passé (1957); IV. Le Milieu divin (1957); V. L’Avenir de l’Homme (1959); VI. L’Énergie humain (1962); VII. L’Activation de la énergie (1963); VIII. La Place de l’homme dans la nature (1963); IX. Science et Christ (1965); X. Comment je crois (1969); XI. Les Directions de l’avenir (1973); XII. Écrits du temps de la guerre (1916-1919) (1976); XIII. Le Coeur de la matière (1976). Sus cartas han sido publicadas por diversas editoriales en 10 tomos, algunas de los más intere- santes son: Lettres d’Égypte (Aubier-Montagne, 1963); Lettres de Hasting et de Paris (1908-1914) (Aubier-Montagne, 1965); Genèse de un pensée, Lettres (1914-1919) (Grasset, 1961); Lettres inti- mes à Auguste Valensin, Bruno de Solages, Henri de Lubac (Aubier-Montagne, 1974); Lettres de voyage (1923-1955) (Grasset, 1961); Lettres inédits à l’abbé Gaudefroy et à l’abbé Breuil (Rocher, 1988). Además se ha publicado parte de su diario, Journal, tome 1 (1915-1919) (Fayard, 1975), las notas de sus retiros, Notes de retraites (1919-1954) (Seuil, 2003) y otros textos cortos como Hymne de l’Univers (Seuil, 1961). En español se publicaron entre 1957 y 1966 los tomos I al VII y XII (Taurus, Madrid) y en 2001 el tomo XIII (Sal Terrae, Santander). Taurus también ha publicado cuatro tomos de cartas: Cartas de viaje (1957); Nuevas cartas de viaje (1960); Génesis de un pensamiento (1963) y Cartas de Egipto (1967), y Desclée de Brouwer (Bilbao), Cartas íntimas de Teilhard de Chardin (1974). Recientemente se ha vuelto a publicar El Medio Divino (Alianza, Madrid, 1989) y El Himno del Universo (Trotta, Madrid, 1996).

2 Una bibliografía muy extensa de libros y artículos sobre Teilhard se puede encontrar en POLGAR, L., Bibliographie sur l’histoire de la Compagnie de Jésus (1901-1980), vols. I-IV, Archi- vum Historicum Societatis Jesu, Rome, 1990 (tomo III, 359-563).

3 Entre ellos se pueden destacar los siguientes: CRESPY, P., La pensée théologique de Teil- hard de Chardin, Éditions Universitaires, Paris, 1961; DE LUBAC, H., La pensée religieuse du Père

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por los aspectos místicos de su obra, de forma que se le empieza a considerar como uno de los místicos más importantes del siglo XX 4 . En los años de su com- posición, entre 1916 y 1955, los escritos de Teilhard fueron vistos con sospecha en ambientes eclesiásticos, sobre todo por su incorporación de la evolución al pensamiento cristiano y sus ideas sobre el origen del hombre, el pecado origi- nal y el papel de Cristo en un universo evolutivo, por lo que no se permitió su publicación. Incluso después de su publicación, se prohibió su lectura en los seminarios. El mismo Teilhard era consciente de la novedad de sus plantea- mientos y de su choque con algunos aspectos de la doctrina tradicional católi- ca. Sin embargo, a pesar de todas las dificultades se mantuvo siempre fiel tanto a la Iglesia como a la Compañía de Jesús, convencido al mismo tiempo de su propia ortodoxia 5 . Con los cambios provocados por el Concilio Vaticano II, esta actitud empezó a cambiar y en algunos documentos del concilio se pueden encon- trar reflejos del pensamiento teilhardiano aunque no citados explícitamente 6 . A partir de hacia 1980, el interés por Teilhard parece haber decaído, aunque se puede apreciar recientemente un cierto despertar. En el nuevo diálogo entre ciencia y religión, que tiene su origen hacia los años 1970, la obra de Teilhard es poco citada. Una cierta explicación puede ser la preponderancia en este diá- logo de autores de la tradición anglosajona 7 en la que las ideas de Teilhard han tenido menor penetración. Sin embargo, se pueden encontrar en sus escritos muchos puntos de vista de indudable interés para este diálogo. En este trabajo se presentan algunos de ellos agrupados en torno a sus ideas sobre la ciencia, la materia, y la evolución humana. Antes de entrar en el tema propuesto nos ayudará el presentar brevemente las etapas principales de la vida y del desarrollo del pensamiento de Teilhard. Un testimonio autobiográfico escrito en 1950 nos relata como su pensamiento

Pierre Teilhard de Chardin, Aubier, Paris, 1962; RIDEAU, E., La pensée du Père Teilhard de Char- din, Éditions du Seuil, Paris, 1965; CHAUCHARD, P., La pensée scientifique de Teilhard, Éditions Universitaires, Paris, 1965.

4 Algunas obras que tratan de la mística de Teilhard son: el primero y ya clásico, MOO- NEY, C. F., Teilhard de Chardin and the mystery of Christ, Doubleday-Image, Garden City, N.Y., 1968, y los más recientes de KING, T. M., The way of the Christian mystics: Teilhard de Chardin, Michael Glazier, Wilmington, 1988; HÉRONNIÈRE, E. DE LA, Teilhard de Chardin, une mystique de la traversée, Albin Michel, París. 2003.

5 En las notas de un retiro en 1951 exponía el fundamento de su ortodoxia en la forma:

«El hombre en flecha, Cristo histórico resucitado a la cabeza, el catolicismo como eje de pan- convergencia; en este triple signo ¿cómo no reconocer que mi curso es ortodoxo u “ortodro- mo”?» (Notes de retraites, 322). «Ortodromo» es un neologismo creado por Teilhard para refe- rirse a su curso o trayectoria recta.

6 En especial estos se encuentran en el documento sobre la Iglesia en el Mundo, Gau- dium et Spes. En el se valora el esfuerzo humano en sí mismo, el papel de la ciencia y la téc- nica en el progreso humano y la obra misma de los hombres.

7 Tres de los autores más representativos en el moderno diálogo entre ciencia y religión son Ian Babour, John Polkinghorne y Arthur Peacocke. De ellos las obras más representativas son: BABOUR, I. G., Religion in an age of science, SCM Press, Londres, 1990; POLKINGHORNE, J., Faith, science and understanding, Yale University Press, Londres, 2000; PEACOCKE, A., Theology for a scientific age, SCM Press, Londres, 1993.

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se remonta a intuiciones vividas desde su infancia y que fueron madurando durante toda su vida 8 . Su interés por las ciencias naturales y en especial por la geología se despertó muy pronto, ya desde sus estudios de bachillerato. Después de su entrada en la Compañía de Jesús mantuvo este interés y entre 1905 y 1908 fue profesor de ciencias en el colegio de los jesuitas en el Cairo, donde empezó

a realizar trabajos de campo de geología. Este fue también su primer contacto

con el oriente que siempre mantuvo un especial atractivo sobre él. Este atracti- vo llevó consigo una cierta constante tentación panteísta del pensamiento orien- tal. Después de sus estudios de teología y más tarde de los de geología, Teilhard es movilizado en 1914 y pasa la experiencia de la guerra como camillero en el frente. Esta es una de las experiencias más fuertes de su vida que él interpretó como un «bautismo en lo real». En uno de sus primeros escritos, fechado en

1916, aparecen ya en germen muchos de los temas que se repetirán a lo largo de su vida y la que será su actitud vital que refleja en las primeras líneas de la introducción de este ensayo: «Escribo estas líneas por la exuberancia de la vida

y por la necesidad de vivir, para expresar una visión apasionada de la Tierra y

para buscar una solución a las dudas de mi acción; porque yo amo al Universo, sus energías, sus secretos, sus esperanzas y porque al mismo tiempo estoy entre- gado a Dios, el solo Origen, la sola Salida, el solo Término» 9 . Este amor apa- sionado a Dios y a la Tierra será una constante hasta su muerte. En la misma introducción hay ya una llamada al cristiano a reconocer este «despertar cós- mico» y «descubrir el Ideal divino en la médula de los objetos más materiales y terrestres y penetrar el valor beatificante y las esperanzas eternas de la santa Evolución». La aceptación del carácter evolutivo del universo y de la vida y su integración en su visión religiosa y cristiana estará siempre en el centro de su pensamiento. Los 20 ensayos escritos durante el tiempo de la guerra (1916-1919) contienen ya la mayoría de las intuiciones fundamentales de su pensamiento sobre las que trabajará durante toda su vida. Terminada su licenciatura en ciencias naturales en París en 1919 empieza su docencia de geología en el Institut Catholique que tendrá que interrumpir pron- to. En 1923 Teilhard realiza su primer viaje a China, donde trabaja en la geología del norte de China y Mongolia. A partir de este primer viaje su vida queda vincu- lada al trabajo geológico y paleontológico en China. A partir de 1939, reconocido ya en los círculos científicos, realiza viajes a Francia y Estados Unidos y realiza trabajos de campo, además de en China, en Cachemira, Java, Birmania y África del Sur, vinculando su trabajo cada vez a los estudios sobre los orígenes del hom- bre. Al mismo tiempo realiza una continua producción de su pensamiento filo- sófico y religioso que culmina con la redacción de sus dos textos fundamentales:

El fenómeno humano entre 1938 y 1940 y El medio divino entre 1926 y 1927 con una revisión en 1932. El primero recoge su pensamiento, que podemos llamar hoy filosófico, aunque él lo consideró como una reflexión científica, de física o «hiper-

8 Le Coeur de la Matière (El corazón de la materia), XIII, 19-92.

9 La vie cosmique (La vida cósmica), XII, 5.

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física» a la manera de los filósofos griegos de la antigüedad, no una física en el sentido moderno de la palabra. Por ella entiende una visión global (Weltanschaung) de toda la evolución del universo, incluida la del hombre, tomando como punto de partida los datos proporcionados por las ciencias. Al final de la obra añade unas consideraciones sobre el fenómeno cristiano, y como debe interpretarse desde estas nuevas perspectivas. El segundo es un trabajo de carácter puramente reli- gioso, en el que presenta un nuevo enfoque de temas de ascética y mística cris- tianas, coherentes con su visión evolutiva del mundo. A lo largo de su vida, de una enorme actividad de conferencias y charlas, el número total de ensayos que dejó escritos sobre diversos temas, fuera de los estrictamente científicos, y contenidos en los 13 tomos de sus obras completas son 243, el último escrito en marzo de 1955, solo un mes antes de su muerte 10 .

EL SENTIDO RELIGIOSO DE LA CIENCIA

La primera consideración que encontramos en la obra de Teilhard, que puede ayudar hoy en el diálogo entre ciencia y religión, se encuentra en su gran estima por la ciencia y el papel que le asigna en la evolución de la humanidad. En efec- to, para él la ciencia es más que un cuerpo de conocimientos sobre la naturaleza, se trata, en sus mismas palabras, de Le gran affaire du Monde (el gran asunto del mundo), y se refiere a ella como «una función humana vital, tan vital como la nutrición y la reproducción». Esto nos puede parecer exagerado, pero más ade- lante se verá como lo justifica. Teilhard va aún más allá y añade que debemos «creer» en la investigación científica, que cuando se sigue con fe constituye la fuente de una única mística humano-cristiana que puede contribuir a crear una verdadera unanimidad humana 11 . Esta integración de la investigación científica con el sentimiento religioso, que Teilhard considera necesaria, es para él una con- secuencia de una visión unitaria, en la que el universo está «atravesado» (traver- sée) por la presencia de Dios. En un ensayo corto escrito un poco antes de su muer- te Teilhard nos dejó su última opinión sobre lo que las ciencias suponían para él 12 . En este ensayo insiste, en primer lugar, en la constatación del hecho de que la investigación científica ha llegado a ser cuantitativa y cualitativamente la forma principal de la actividad humana. Si esto era ya verdad en los años en que escri- bía Teilhard, lo es mucho más hoy que vivimos en una cultura fuertemente influi- da por la ciencia y la tecnología. No solo está hoy la vida del hombre profunda- mente influida a todos los niveles por los adelantos de la tecnología, sino que su concepción del universo y de sí mismo están basadas en los conocimientos apor-

10 La lista completa de sus ensayos contenidos en los 13 tomos de sus obras completas se encuentra en XIII (Index bibliographique général), 225-236. Allí se encuentra también una lista cronológica de sus ensayos de 1913 a 1955 (Chronologie général des oeuvres), XIII, 237-246.

11 Sur le valeur religieuse de la recherche (Sobre el valor religioso de la investigación), IX,

258-263.

12 Recherche, travail et adoration (Investigación, trabajo y adoración), IX, 281-289.

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tados por la ciencia. De alguna manera, como ya lo intuía Teilhard, se puede decir que la ciencia se ha convertido en la base de la vida humana. Escribiendo sobre

los problemas que pueden encontrar los jóvenes estudiantes jesuitas dedicados a las ciencias, Teilhard se refiere explícitamente al conflicto entre ciencia y religión

y afirma que una solución de este problema requiere el replanteamiento del men-

saje cristiano a la luz de la ciencia, especialmente incorporando las ideas de la evolución cósmica. Concluye el ensayo haciendo notar cómo los investigadores científicos del presente se pueden considerar como la avanzadilla de una socie- dad que progresa hacia nuevas formas de adoración. Esta consideración de la

investigación científica como una forma de adoración se repite a menudo en varios de sus ensayos y solo se puede comprender a partir de la consideración de la acti- vidad científica dentro del esquema evolutivo, como veremos más adelante, en el que Dios aparece como motor y fin de la evolución y de su concepción de la pre- sencia de Dios en el mundo. De esta forma Teilhard consideraba con optimismo

a la ciencia, como el verdadero motor del progreso humano. Más aún, la ciencia

no solo constituye, para él, la fuente de conocimientos y comprensión sobre el universo, sino que se abre hacia formas más profundas de comprensión de la rea- lidad, de forma que se puede decir que ella tiene en sí misma un carácter real- mente religioso. Esto solo se puede entender desde su punto de vista, en el que se da a la ciencia un sentido más amplio que el normalmente aceptado. En efecto, para él la ciencia no se limita al conocimiento de la estructura y funcionamiento del mundo material, sino que se extiende más allá de lo que generalmente consi- deramos sus límites, para extenderse a todos los aspectos de la realidad en los que entran también la dimensión espiritual y la trascendencia. Para entender la posición sobre la ciencia de Teilhard tenemos que conside- rarla en el contexto de su visión sobre la evolución humana y ésta, a su vez, como parte de la evolución total cósmica. Aunque esto se explicará más detenidamente en la próxima sección, ahora basta con anticipar que para Teilhard el universo está en un estado de evolución cósmica de la que la evolución humana es una parte integral. Ahora bien, para él una parte central de la evolución humana la forma precisamente el trabajo científico. Así, la ciencia representa la línea por la que la evolución progresa a nivel humano. Como la característica principal de la visión evolucionista de Teilhard es la de su convergencia hacia su última perfección a través del espíritu en lo que él llama el Punto Omega, que identifi- ca con Dios, como se verá más adelante con mayor detalle, todo movimiento en la dirección de convergencia del universo adquiere en sí mismo un carácter reli- gioso. En un universo convergente, concebido de esta forma, la ciencia y la inves- tigación científica tienen que ser vistas como cooperando a su consagración y consumación en Dios, ya que éste es el punto convergente (Punto Omega) hacia el que todo el universo progresa. Es en este sentido que Teilhard se refería a que la ciencia, debido a su relación con el eje de convergencia del universo, adquie- re en realidad un carácter místico 13 . En otras palabras, en un universo en el que

13 La mystique de la science (La mística de la ciencia), VI, 202.

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todo se dirige finalmente a una convergencia a través del espíritu hacia Dios, tenemos que reconocer en la ciencia misma un profundo significado de «santi- dad» y «comunión» 14 . Con estas palabras de santidad y comunión, expresa Teil- hard lo mismo a lo que se refiere con su carácter religioso y místico, es decir, relacionado con el proceso evolutivo convergente hacia Dios. En un verdadero sentido, para Teilhard el trabajo científico, que consiste en desarrollar por el conocimiento nuestra conciencia del mundo, se convierte también en algo que puede llamarse una operación sacerdotal, ya que consiste en una contribución al progreso del mundo que está orientado últimamente hacia Dios 15 . Esta es para él la razón última del sentido religioso y místico de la ciencia. El esfuerzo científico lleva a hacer progresar por la acción de los hombres un universo en el que Dios mismo nos sale al encuentro y en el que es su último fin. Para él, por lo tanto, la oposición entre ciencia y religión ya no puede tener sentido. Teilhard dio aún un paso más en la línea de búsqueda de la comprensión del significado de la ciencia y su relación con la religión, introduciendo desde la fe cristiana el papel de Cristo en un universo convergente 16 . Hay que recordar que Teilhard, al considerar lo que el llama el «fenómeno cristiano» identifica a Jesu- cristo como el Punto Omega de la evolución que se hace presente ya en el mundo. Descubre así que, a través de la encarnación de Cristo, el mismo Polo de la con- vergencia del universo se hizo presente en el verdadero corazón de la materia, para atraer y llevar a su consumación todo el movimiento de la evolución. Para él, en consecuencia, Cristo no es un extranjero en el mundo, sino el verdadero Centro de su convergencia. Hacia Cristo y a través suyo, Luz y Vida del mundo, por medio del trabajo y el esfuerzo humano se realiza la convergencia universal por el espíritu 17 . A través de su visión cósmica del papel que juega Cristo en la evo- lución y que trataremos también en los dos siguientes secciones, Teilhard justifi- ca más profundamente su visión religiosa de la ciencia. Él concibió el trabajo de toda su vida como un esfuerzo por traer a Cristo al centro del universo y llevar el universo hacia Cristo («universalizar» a Cristo y «cristificar» el universo) 18 . La comprensión de Teilhard de, tanto el papel de la ciencia como el asigna- do por la fe cristiana a Cristo, y que él interpreta en el contexto del proceso de la evolución, es fundamental para entender su posición sobre el carácter reli- gioso de la ciencia. En este sentido la ciencia no solamente no se opone a la reli- gión, sino que de alguna manera es una preparación para ella. En efecto, la cien- cia prepara al hombre para encontrar el profundo sentido oculto de la realidad, que para Teilhard está fundamentado en la convergencia de toda la evolución finalmente hacia Dios. Una vez que nosotros aceptamos que nuestro universo es un universo en convergencia hacia su unión con Dios, a través del camino de

14 La mystique de la science, VI, 222.

15 La mystique de la science, VI, 202.

16 Esto se encuentra desarrollado en el epílogo con título «Le phénomène chrétien» de Le Phénomène humain (El fenómeno humano), I, 324-332.

17 Science et Christ ou analyse et synthèse (La ciencia y Cristo o análisis y síntesis), IX, 61.

18 Notes de retraites, 202.

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un incremento continuo de la conciencia, el trabajo científico adquiere por sí

mismo un sentido religioso. En una conferencia sobre la relación entre ciencia

y religión, Teilhard distingue entre el método de la ciencia y el de la religión a

los que califica respectivamente como de análisis y de síntesis. Con estos dos términos, análisis y síntesis, expresa la distinción entre el conocimiento cientí- fico y el religioso. No hay, por lo tanto, en él una confusión entre los dos. Tenien- do en cuenta su imagen del universo, podemos entender que para él, estas dos formas de conocimiento no se excluyen, ni se oponen la una a la otra. Por eso afirma que: «La ciencia con sus análisis no debe de preocuparnos en nuestra fe. Debe, por lo contrario, ayudarnos a comprender y apreciar a Dios» 19 . Hablan-

do sobre los conflictos entre ciencia y religión, Teilhard concluye que éstas no se oponen, sino que de algún modo se complementan. La ciencia en su afán por alcanzar la verdad última del universo llega al final a encontrarse con el pensa- miento religioso. «Después de dos siglos de apasionada lucha, ni la ciencia ni la fe han podido desacreditar a su adversario. Por lo contrario, se ha hecho evi- dente, que ninguna de las dos se puede desarrollar normalmente sin la otra… Ni en su impulso ni en sus resultados, puede la ciencia llegar a sus verdaderos límites sin llegar a teñirse de mística y cargarse con fe… La religión y la ciencia son dos facies o fases de un mismo acto completo de conocer» 20 . «Una ciencia cargada con fe» es precisamente el título del capítulo dedicado a Teilhard por Charles P. Henderson 21 . En ese capítulo Henderson desarrolla la propuesta de Teilhard de unir juntas la ciencia y la teología en una apasionada búsqueda de Dios, cuya presencia debe ser reconocida en ambas. Al introducir el misterio cristiano de la encarnación de Dios a través de Cristo en el universo, Teilhard fue aún más allá y concluyó que: «En consecuencia es vano e injusto el oponer la ciencia a Cristo, o el separarlos como dos dominios extraños el uno para el otro. La ciencia por sí misma no puede descubrir a Cristo, pero Cristo cumple los deseos que nacen dentro de nuestro corazón en la escuela de la ciencia» 22 . Ya en uno de sus primeros ensayos, en 1916, Teilhard había hablado del «fuego sagrado de la investigación» y había expresado: «que jamás se pueda decir de la religión que su influencia ha hecho a los hombres más perezosos, más tími- dos, menos humanos… que sus dogmas se arriesgan a agostar el interés del mundo, limitando el avance del horizonte de la investigación y la esfera de las energías» 23 . Teilhard estaba totalmente convencido que ciencia y religión deben caminar juntas. Acostumbrados como estamos a la conocida solución de mantener separadas

a la ciencia y la religión sin ninguna interacción entre ellas, podemos pensar que

19 Science et Christ ou analyse et synthèse, IX, 61.

20 Le phénomène humain, I, 316-317.

21 HENDERSON, C. P., God and science. The death and rebirth of theism, John Knox Press, New York, 1986.

22 Science et Christ ou analyse et synthèse, IX, 62.

23 La maitrise du Monde et le Règne de Dieu (El dominio del mundo y el Reino de Dios), XII, 83.

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la propuesta de Teilhard es no solo irreal sino absurda. ¿No es la ciencia en sí misma atea, es decir, no prescinde de todo aspecto transcendente de la realidad? ¿Cómo entonces puede convertirse de ninguna manera en un camino hacia Dios? La solución de considerar ciencia y religión como dos dominios independientes y autónomos ha servido como una buena solución para evitar los conflictos del pasado 24 . Pero aún aceptando esta separación y autonomía mutua, también se reconoce que no se puede dejar que ambas se ignoren totalmente entre sí; un diá- logo fructífero entre ellas es a todas luces necesario. Aún un proponente de la completa independencia entre ciencia y religión como Stephen Gould, él mismo un crítico acerbo de Teilhard, está de acuerdo con la necesidad de un cierto diá- logo entre las dos 25 . Hoy en día existe un fuerte convencimiento de que la teolo- gía no puede progresar aislada del continuo incremento del conocimiento del mundo natural que proporciona la ciencia. Esto no es nada nuevo, ya los teólo- gos medievales habían sido conscientes de la necesidad de un correcto conoci- miento del mundo para la teología 26 . Por otro lado, la ciencia no puede tampo- co aislarse totalmente de la fuente de inspiración y las exigencias éticas que nacen de la religión. Aunque no debe olvidarse nunca la necesaria autonomía de la cien- cia y la religión, una mutua interacción beneficiará siempre a ambas y es muy necesaria 27 . En sus propuestas integradores de continuidad entre ciencia y reli- gión, nos puede parecer que quizás Teilhard ha ido demasiado lejos, pero no podemos menos de aceptar que sus ideas nos abren caminos por los que debe- mos de atrevernos a caminar.

LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LA MATERIA

La postura ideológica que recibe el nombre de «materialismo científico» se reconoce como la fuente más seria de confrontaciones entre ciencia y religión 28 . El materialismo científico se fundamenta en dos principios: el primero, la mate- ria (incluyendo la energía) es la realidad única del universo y el segundo, la cien- cia, que estudia la materia, es el único conocimiento válido. El primero es una afirmación de carácter ontológico y el segundo una de carácter epistemológico

24 Ver sobre las relaciones entre ciencia y religión y en concreto la de la mutua separa- ción en BARBOUR, I. G., Religion in an age of science, SCM Press, Londres, 1990.

25 Steven Gould propone una mutua independencia de ciencia y religión bajo la formu- lación de «magisterios no solapables» (non-overlaping magisteria). Para él la ciencia trata del mundo y su funcionamiento y la religión sobre el sentido y la moralidad. Sin embargo, al final de su obra acepta la posibilidad de un diálogo entre ellas. GOULD, S. T., Rocks of ages. Science and religion in the fullness of life, Ballentine, Nueva York, 1999, 221-222.

26 Tomás de Aquino afirma que una idea falsa sobre el mundo lleva a una idea falsa sobre Dios y puede apartar a los hombres de él, Summa contra Gentiles, lib. 2, cap. 3, 6.

27 Esta mutua necesidad de diálogo entre ciencia y religión se encuentra afirmada por la mayoría de los autores que tocan estos temas y puede encontrarse en las obras citadas de Bar- bour, Peacocke y Polkinghorne.

28 Babour, 1990, 7-9.

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basada en el primero. En efecto, si todo lo que existe es materia, el único cono- cimiento posible de la realidad es el de la ciencia, que estudia precisamente la naturaleza y procesos de la materia. En consecuencia, para el materialismo cien- tífico, la única realidad es la material conocida a través de la ciencia. El mate- rialismo implica siempre un cierto reduccionismo, es decir, la afirmación de que todo conocimiento de cualquier sistema, por complejo que sea, puede redu- cirse al de sus elementos más simples. De esta forma, al menos en principio, todo podría explicarse en términos de los elementos más simples de la materia, es decir, de las partículas elementales y sus interacciones. Siguiendo esta línea, las ciencias pueden clasificarse en perfecta continuidad, de acuerdo con la menor a mayor complejidad de su objeto, en física, química, biología, sicología y socio- logía. La física que trata de las partículas más elementales de la materia, sus interacciones y las fuerzas de la naturaleza, podría, en principio, explicar todos los fenómenos. Hemos dicho, en principio, pues en la práctica no se procede así, y cada ciencia parte de unos principios propios para explicar el comporta- miento de los sistemas cada vez más complejos. El materialismo, sin embargo, no excluye la idea de que en un sistema complejo aparezcan («emerjan») algu- nas cualidades no contenidas en sus elementos aislados, pero que siguen estan- do al estricto nivel material. En consecuencia, para el materialismo científico no existe ninguna realidad fuera de la materia y, por lo tanto, se ha de rechazar la consideración de cualquier otra realidad, como espiritualismos o animismos, sin fundamento. Estas ideas están hoy muy extendidas, pues, como dice Babour:

«El hecho que el materialismo científico toma su origen de ciertas ideas cientí- ficas, le confiere una considerable influencia en una edad que tanto respeta la ciencia». En el diálogo con esta mentalidad las ideas de Teilhard sobre la mate- ria pueden ser de gran ayuda. Comienza Teilhard rechazando todo dualismo materia-espíritu y presenta un concepto de materia que incluye en sí mismo una dimensión espiritual. Veamos brevemente su argumentación. Teilhard trata de entender la naturaleza de la materia, no desde el punto de partida de sus partículas más elementales, sino desde la evidencia de la consciencia en el hombre. Es decir, en lugar de tratar de entender la consciencia humana desde los constituyentes de la materia, es decir, desde su biología o química, como tratan de hacer hoy tantos neurobiólogos, trata de entender la materia desde el hecho de la presencia de la consciencia en el ser material que es el hombre. En efecto, si el hombre es un ser material auto- consciente, esta cualidad de la consciencia, clara y explícitamente presente en el hombre, tiene, para Teilhard, que estar de alguna manera también presente en toda la materia. Una cualidad, como es la autoconsciencia, no puede aparecer como algo totalmente nuevo en el hombre, sin que en un cierto modo, aunque sea muy primitivo, no esté ya presente en los demás seres. Esto le llevó a propo- ner que hay un «interior» (dedans) de la materia, además de su «exterior» (dehors), cuya naturaleza y funcionamiento es el objeto de las ciencias experimentales 29 .

29 Le phénomène humain, I, 49-64.

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El interior de la materia está ligado a la complejidad (complexité), de forma que al aumentar ésta, aumenta también su grado de interioridad. La complejidad, a su vez, está relacionada con otra característica de la materia a la que llama «cen- tricidad» (centréité), y ambas a su vez están relacionadas con la consciencia. La centricidad constituye la capacidad de integración de los elementos de un siste- ma en una unidad, por así decirlo, «centrada», de orden cada vez mayor, al agru- par cada vez más elementos. Al hablar de complejidad se fija Teilhard en la agru- pación de muchos elementos en cada nueva unidad, y al hablar de centricidad pone el énfasis en que cada nueva unidad está centrada en sí misma, agrupando todos los elementos que la forman. Cuantos más elementos se integran en una unidad, mayor es su centricidad. Para Teilhard, por lo tanto, complejidad, cen- tricidad, interioridad, y consciencia van unidas, de forma que el aumento en las primeras conlleva también un aumento en la última. Es decir, el grado de cons- ciencia aumenta, al tiempo que aumenta el grado de complejidad y centricidad. Esta vinculación de interioridad, complejidad, centricidad y consciencia es fun- damental en el pensamiento de Teilhard y se fundamenta en que la consciencia aparece claramente en el hombre, cuyo cerebro posee la mayor complejidad. A este doble carácter de la materia (interior y exterior) corresponden tam- bién dos tipos de energía: una energía «tangencial» (tangentielle), que corres- ponde a la energía física con la que las cosas interaccionan a su mismo nivel, y otra energía «radial» (radiale), que es responsable de la convergencia de la evo- lución de la materia en la línea de una mayor complejidad y una mayor cons- ciencia. Estos dos tipos de energía son en realidad los dos componentes de una única energía fundamental. Teilhard llama también a la energía radial energía espiritual, ya que para él consciencia y espiritualidad se identifican. Tenemos, por lo tanto, en Teilhard la identificación en la materia de interioridad, com- plejidad, centricidad, consciencia y espiritualidad, como dimensiones propias, que aumentan a lo largo del proceso evolutivo, debido a la acción de la energía radial. Estos conceptos de materia y energía se deducen para Teilhard de su visión de la evolución cósmica que procede de forma continua desde las partí- culas elementales del universo primitivo, hasta la aparición del hombre cons- ciente y libre sobre la Tierra. En conclusión, la materia para Teilhard tiene, por lo tanto, un dinamismo interno que incluye la dimensión espiritual. Es un hecho de observación que la evolución procede a lo largo de la línea de una mayor complejidad, con la apa- rición de sistemas cada vez más complejos. El universo más primitivo estaba formado solo de las partículas más elementales (quarks y leptones), para más tarde sintetizar los átomos más sencillos de hidrógeno y helio. A partir de éstos se sintetizan, en el interior de las estrellas, los otros átomos y luego se forman las moléculas, desde las más sencillas a los compuestos orgánicos más comple- jos. Cuando la complejidad de estos compuestos llega a un cierto grado, apare- ce la vida en la forma más simple de bacterias unicelulares. Con la aparición de la vida sobre la Tierra se constituye la formación de una capa de nuevas carac- terísticas a la que Teilhard llama la «biosfera» (Biosphère). Él utiliza, también, la palabra «emergencia», para describir la aparición de esta nueva condición de

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la materia 30 . Una vez aparecida la vida, ésta se desarrolla hacia formas cada vez más complejas, desde los animales unicelulares a los mamíferos y dentro de ellos a los primates, en los que el cerebro adquiere un mayor desarrollo en com- plejidad. Como ya hemos dicho, a este incremento en complejidad correspon- de un incremento en consciencia, y en consecuencia en un grado mayor de espi- ritualidad. Los seres al evolucionar desde la materia inerte a la vida y más tarde hacia grados cada vez mayores de consciencia, van creciendo en su dimensión espiritual a medida que van avanzando a lo largo de la línea de una mayor com- plejidad. Un paso nuevo se da con la aparición del hombre, en el que la cons- ciencia está ya claramente desarrollada. Lo mismo que la aparición de la vida creó la biosfera, la aparición de la consciencia desarrollada en el hombre crea una nueva envoltura de la tierra, a la que él llamó la «noosfera» (Noosphère) 31 . De esta forma para asegurar la continuidad de la evolución, la consciencia, que está presente de forma completa en el hombre, debe estar también en una cier- ta forma primitiva en todos los seres materiales. Con esta continuidad de la evo- lución, Teilhard no niega la existencia, también, de una discontinuidad entre la vida y la materia inerte y entre el hombre y los otros animales, a la que se refie- re como «discontinuidad de continuidad». La aparición de la biosfera y de la noosfera son dos casos de procesos de emergencia, que forman una disconti- nuidad en continuidad, con la aparición de la vida en el primero y de la cons- ciencia en el segundo 32 . En uno de sus estudios sobre las formas de la materia, Teilhard elabora una especie de jerarquía de formas en la materia en la que distingue siete grados o niveles, de acuerdo con su posición en el movimiento ascendente hacia el espí- ritu 33 . Teilhard habla de una materia formal o concreta, al nivel más bajo, y de una materia universal, total o relativa, a un nivel más alto y finalmente de la materia liberada o resucitada, al nivel más alto de todos. Esta última forma de materia esta ligada a la situación de la materia después de realizarse la conver- gencia del universo en el Punto Omega. Estos niveles pueden considerarse como escalones en el proceso de espiritualización de la materia o de otra forma, del crecimiento de la dimensión espiritual dentro de la misma materia. Al nivel más bajo se sitúa la materia más primitiva y al más alto la materia con el grado más alto de espiritualización. Reconoce, sin embargo, que existen en realidad dos movimientos o procesos básicos en la evolución de la materia, es decir, uno hacia abajo en la dirección hacia la materia más primitiva y otro hacia arriba en la dirección del espíritu, es decir, materialización y espiritualización (maté- rialisation y spiritualisation) que están fuertemente ligados con las dos facies o dimensiones (material y espiritual) de la misma realidad material. El primero

30 Le phénomène humain, I, 77-92 (La aparición de la vida).

31 Noosfera (Noosphere), «por esta palabra designo la capa pensante formada por el esta- blecimiento del grupo zoológico humano, por encima (y en discontinuidad) de la Biosfera». La structure phylétique du groupe humain (La estructura filética del grupo humano), II, 191.

32 Le phénomène humain, I, 187-188.

33 Le noms de la matière (Los nombres de la materia), XII, 449-464.

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lleva a disgregación y hacia lo múltiple, incremento de la dimensión «material» de la materia. En este proceso, los sistemas complejos se desintegran en sus par- tes elementales, perdiendo complejidad y centricidad, y, por lo tanto, nivel de consciencia. El segundo tiende a la unificación y hacia lo uno creciendo su com- plejidad y centricidad. Los sistemas van integrando así en una unidad un núme- ro cada vez mayor de elementos, lo que lleva consigo un grado mayor de cons- ciencia y constituye un incremento de la dimensión espiritual. Detrás de esta concepción está lo que Teilhard llama «el poder espiritual de la materia», que le permite a la materia misma llegar a ser «la matriz del espíritu» 34 . De esta manera afirma que la materia es la matriz del espíritu y el espíritu a su vez un estado superior de la materia 35 . Podemos decir que para Teilhard la materia misma posee un dinamismo interior que la hace evolucionar hacia cotas cada vez mas altas de su dimensión espiritual, hasta la aparición explícita de la cons- ciencia y del espíritu en el hombre. No acaba en el hombre este movimiento evolutivo de la materia hacia el espí- ritu, pues a través del espíritu humano, la evolución de la materia continúa hasta su última realización en la convergencia, como ya se vio, en un punto común convergente, el Punto Omega. La convergencia del movimiento cósmico evolu- tivo es un elemento esencial en el pensamiento de Teilhard. Para él una evolu- ción que no converja no tiene sentido 36 . En la convergencia en el Punto Omega se realiza la perfección final de toda la evolución. Esta convergencia se realiza a través de la noosfera (la evolución humana), como ya veremos más adelante. La materia misma que inició su movimiento evolutivo en el origen del univer- so no llega a su completitud hasta su convergencia en el Punto Omega, a través de la evolución de su dimensión espiritual en el hombre. De esto hablaremos con más detenimiento en la sección siguiente. Para los filósofos griegos, sobre todo de la escuela platónica, materia y espí- ritu eran dos realidades totalmente distintas. En el hombre el espíritu (nous) está encerrado en su cuerpo (soma) y, por lo tanto, la materia era considerada como un obstáculo a superar en el desarrollo del espíritu. Este tipo de pensa- miento es la fuente del dualismo materia-espíritu (cuerpo-alma, y moderna- mente cerebro-mente) presente, de diversas formas, en gran parte del pensa- miento de occidente. Para esta mentalidad, la gran dificultad estriba en explicar la interacción entre los dos elementos, espíritu y materia. Teilhard, al dar a la materia el poder de progresar hacia el espíritu, se propone superar este dualis- mo. Su visión unitaria le lleva, al terminar sus consideraciones sobre la mate- ria, a entonar un poético y místico «Himno a la Materia», en el que la materia es saludada al principio como «tierra estéril, roca dura que no cedes más que a la violencia… Materia peligrosa, mar violento, pasión indomable que nos devo- ras y encadenas», pero más adelante se dirige a ella como «la poderosa Mate-

34 La puissance spirituelle de la matière (El poder espiritual de la materia), XII, 467-478.

35 Le coeur de la matière, XIII, 45. Le phénomène spirituel (El fenómeno espiritual), VI,

117-139.

36 Le phénomène humain, I, 286-293 (La convergencia de lo personal y el Punto Omega).

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ria, evolución irresistible, realidad siempre naciente… que nos obligas a perse- guir siempre más lejos la Verdad», y finalmente como «Medio divino lleno de poder creativo, océano agitado por el Espíritu, arcilla amasada y animada por el Verbo encarnado» 37 . Vemos aquí tres estadios de la materia: el primero lleno de potencialidades todavía no definidas de la materia inerte, el segundo desa- rrollando ya el movimiento evolutivo de la vida hacia el espíritu y el último, ins- pirado por la fe cristiana, como vehículo del poder creador de Dios (que se iden- tifica con el Punto Omega) y relacionada con el misterio de la encarnación de Cristo (Verbo). De esta forma, la propuesta del materialismo científico en la que la materia es la única realidad, que constituye la semilla del ateísmo, puede ser superada, mostrando el interno dinamismo hacia el espíritu de la misma mate- ria, en el esquema general de una evolución convergente en la que el final últi- mo es Dios mismo. Desde el punto de vista de Teilhard, la naturaleza de la materia conocida por la ciencia es en sí misma incompleta, ya que no puede explicar su evolución