¿Quién soy yo...?

Esta fue la pregunta que un día se hizo David (1 Cr. 17:16). Revelaba mucho más de lo que a primera vista podía parecer. No era un simple reconocimiento de pequeñez o indignidad ante la grandeza de la gracia de Dios -que lo era-. En el fondo entraña un enfrentamiento con la propia identidad de cada ser humano. En el fondo, cuando se ahonda en la cuestión con seriedad, difícilmente puede evitarse un estremecimiento interior, pues la pregunta en cuestión lleva aparejada otra no menos inquietante: Al «Quién soy yo» sigue el «qué soy yo». Llegados a este punto, las preguntas se multiplican: ¿Soy un simple átomo flotando en la inmensidad del universo o soy un ser diseñado por un Creador maravilloso? ¿Soy fruto de un azar ciego o de un propósito divino, sabio y bondadoso? ¿Soy un creyente fervoroso o un agnóstico enredado en un ovillo de dudas? ¿o soy ambas cosas alternativamente? Las reflexiones van sucediéndose y las conclusiones pueden variar según prevalezcan la fe o la incertidumbre. Viene a mi mente un poema del pastor alemán Dietrich Bonhoeffer escrito en la cárcel poco tiempo antes de ser ejecutado en 1945 por su testimonio de cristiano comprometido. El título de dicho poema es precisamente el mismo que encabeza erste artículo: ¿Quién soy yo? me preguntan con frecuencia (...) ¿Soy realmente lo que otros hombres dicen de mí o soy solamente lo que yo mismo de mí conozco? ¿Quién soy yo? ¿éste o el otro? ¿Soy una persona hoy y otra mañana? ¿Soy ambas a un tiempo, un hipócrita ante otros y ante mí mismo un cobarde despreciable? ¿O es que aún hay algo en mí comparable a un ejército derrotado que, desordenado, huye de la victoria ya alcanzada? ¿Quién soy yo? Se burlan de mí estas solitarias preguntas mías. Pero, quienquiera que sea, tú sabes, oh Dios, que soy tuyo. Podrían multiplicarse esas disquisiciones y otras parecidas; pero importa poco lo que yo, u otros como yo, piense de mí. Lo importante es lo que piensa Dios. Como el salmista sé que Dios me ha examinado y conocido aun en lo más recóndito de mi ser y en lo más escondido de mi conducta (Sal. 139:1-2). Esta realidad tiene mucho de inquietante, pues veo cuánto hay en mí que le ofende.

es bastante difícil que resulte de ello algo coherente. No puede haber mayor privilegio. Ni mayor bendición. él me ama hasta el punto de entregar a su Hijo a la muerte para expiar mis pecados y así asegurar mi salvación.Un hijo de Dios rescatado del pecado y la condenación para servirle en la expansión de su Reino. Ahora ¿qué soy yo? Un hijo suyo. Martínez ----------------------Resulta significativo que los primeros astronautas. Un hombre de Dios ha dicho: "Tú eres tres personas: Aquella que crees ser. Por supuesto. 1:2) que quiere guardarme y usarme para su gloria en su obra de extensión del Evangelio. y aquella que Dios sabe que eres y que podrás ser por medio de Cristo". Y la primera cosa a la cual echamos mano es a buscar héroes a los cuales imitar. Puedo hacer mía la confesión del cisterciense Guillermo de Teodorico: «Me miro. ideas y propósitos prestados. ¿Quién y qué soy yo? . Si me examino a la luz de mi pensamiento y de mis sentimientos. debieron dar veinte respuestas a la pregunta: "¿Quién es usted?":( Y es que el asunto de la identidad es un intrincado problema aun para los adultos. ¡Gracias. incoherentes. Pero todo cambia cuando me examino como Dios me ve: a través de su Hijo amado y de sus méritos infinitos. Es como armar un puzzle con piezas de puzzles diferentes. procuramos cubrirnos con trocitos arrancados de otras personalidades que nos resultan atractivas. y. heredero de una gloria eterna. Es como si viviesen con rasgos. nunca han logrado armar una personalidad real. y me convierto en una laboriosa y tediosa cuestión para mí mismo». a veces. . Señor. Amado joven creyente: ¿Quién eres tú. realmente?. santificado en Cristo» (1 Co. por hacer de mí lo que realmente soy! José M. me juzgo. Es así cómo muchas personas. Desconcertados ante la incógnita de nuestro propio yo. mientras eran preparados para sus vuelos a la luna. ¿Cuánto más no lo será entre los jóvenes? Desde que nos asomamos al mundo de los grandes hemos tratado de resolver este asunto. Entonces descubro no sólo que soy un hijo amado de Dios. sino que él me ve «santo. aquella que otros piensan que eres. descubro mucho que es reprochable. siendo aún mayores.Pese a todo. me discierno.

Tú . Así. sabes perfectamente quién eres. o bien. porque Dios te lo ha mostrado por su Palabra. al revés. que tu problema no tiene solución. que eres conceptuado muy positivamente o. Ni tú mismo sabes qué y cómo eres. Nada aquí es aparente. más afín a como tú crees que eres. LO QUE DIOS SABE QUE ERES Y QUE PODRÁS SER POR MEDIO DE CRISTO Ante Dios y para Dios eres realmente lo que eres. ¿Y qué eres para Dios? Como ya has sido alcanzado por la luz de Dios. ¿quién podrá ayudarte? LO QUE OTROS PIENSAN QUE ERES Muy pronto te das cuenta que hay una disociación entre lo que crees ser y lo que otros piensan que eres. No caben aquí falsificaciones ni hipocresías. Y entonces luchas por mostrar quién realmente eres o crees ser. A veces la imagen que proyectas te sirve de escudo. También te darás cuenta de que esa imagen que proyectas está grandemente determinada por tu cuerpo. ni tan inteligente. a veces muy a tu pesar. Sientes. buscando imponer a los demás claramente lo que crees ser.Vienen argumentos a tu corazón que dicen que todo cuanto hagas será inútil. cediendo del ser al parecer ser. no estás conforme con ella. Pero a veces ocurre lo contrario. que no habrá una nueva oportunidad para ti. cuando de verdad sabes que no eres ni tan fuerte. ni tan noble. no hay imágenes impostadas. además. Y tratas de introducir en tu cuerpo las modificaciones (aunque sea disfrazándolo) necesarias para alcanzar tu objeto. Crees no estar a la altura de lo que esperan de ti. la imagen que proyectas va en desmedro de lo que crees ser realmente. Oh. El no estar conforme contigo mismo puede llevarte a momentos de gran depresión. Como que te dan ganas de que haber tenido otro cuerpo. y luego. que eres objeto de una tremenda injusticia. y de hecho crees que no lo eres. sientes que no eres digno de ser amado. Y. o bien. todo es real. surge la necesidad de ajustar ambas imágenes. Puede ser que en un momento estés relativamente conforme contigo. caes en el desánimo por largo tiempo.LO QUE CREES SER Lo más probable es que la imagen que tienes de ti mismo sea huidiza y cambiante.

creo que nunca más caerás en el hoyo de la depresión. eres un pecador perdido. Esto es lo que eres hoy para Dios. en algún tiempo más. reconociendo tu irreparable pecaminosidad. De manera que eres. salvo para siempre. ¡Qué tremendo objetivo! Para lograrlo. sino en la bendita posición de hijo de Dios. y te lo demuestra claramente cada día. Q el señor los ilumine siempre!! . estás destinado a la condenación. está agregando la vida y el carácter de Cristo. Y Dios ya no te ve en ti mismo. Así que. hay algo más. ¿Quién podrá salvarte? Tú sabes que en ti no mora el bien. para que participes de su santidad. te has acogido a la gracia de Dios en Cristo Jesús. el Espíritu Santo hace un doble trabajo en ti. ¿Qué es? Dios desea que tú llegues a ser en todo semejante al Señor Jesús. que muestra las flaquezas de la destitución anterior.eres un pecador. en ti hay una doble realidad. amándote y sometiéndote a su disciplina. Dios te trata como un Padre trata a sus hijos. que habita en él. frágil. Sin embargo. ni te verás jamás desamparado. bajo condenación eterna. por medio de ellas -especialmente por medio de tus sufrimientos. un espíritu nuevo dentro de ti.este bendito carácter de Cristo se vaya plasmando en ti. Hay algo que todavía conservas de tu antigua estirpe: tu alma con inclinaciones al mal. Que. es decir. ¿No es maravilloso? Lo que eres para Dios es ¡un pecador salvado y regenerado! Lo que puedes llegar a ser es ¡nada menos que semejante a Cristo! Después de conocer estas cosas. ni mejor ni peor que todos los hombres. Por un lado. y el mismo Espíritu de Dios. En tanto. qué oscuro panorama. eres un magnífico tesoro dentro de ese vaso. un vaso de barro. y tu cuerpo de humillación. que todo tu ser está inclinado al pecado. Dios sabe que tú has recibido a Jesucristo en el corazón. la justicia de Jesucristo viene a ser tuya por la fe. No hay mérito en ti. por otro. Entonces. De modo que. Dios te ama. Eres hijo de Adán. ¿Cómo lo hace? Él dispone todas las circunstancias de tu vida para que. está restando cosas de ti y. seas más y más Cristo y menos Adán. Hay algo que tú puedes llegar a ser por medio de Cristo. qué desoladora realidad! Pero eso no es todo. ahora. ¡Oh. Pero también llevas mucho de la nueva creación: Un nuevo corazón. por otro. pero. y como tal. por un lado.

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