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EDWARD P. THOMPSON
TRADICiÓN, REVUELTA
Y CONSCIENCIA DE CLASE
Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial
Prólogo de
JOSEP FONTANA
EDITORIAL CRITICA
Grupo editorial Griialbo
LA SOCIEDAD INGLESA DEL SIGLO XVIII:
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? •
Lo que sigue a continuación podría ser descrito más como un
intento de argumentación que como un articulo. Las dos primeras
secciones forman parte de un trabajo argumentativo sobre el pater-
nalismo y están muy estrechamente relacionadas con mi artículo
"Patrician Society, Plebeian Culture», publicado en el J ouma! 01
Socia! History (verano 1974). Las restantes secciones (que tienen su
propia génesis) avanzan en la exploración de las cuestiones de clase
y cultura plebeya
l
Ciertas partes del desarrollo se fundamentan en
investigaciones detalladas, publicadas y sin publicar. Pero no estoy
seguro de que todas ellas juntas constituyan una "prueba» de la
argumentación. Pues la argumentación sobre un proceso histórico de
este tipo (que Popper sin duda describiría como "holístico») puede
ser refutada; pero no pretende poseer el tipo de conocimiento posi-
tivo que generalmente afirman tener las técnicas de investigación
positivistas. Lo que se afirma es algo distinto: que en una sociedad
cualquiera dada no podemos entender las partes a menos que enten-
English Sodety: Class Strugg]c without Class?»,
Social Histor)', IIl, n.' 2 (mayo 1978).
1. La polémica comenzó hace seis o siete años en el Centro pata el
Estudio de Historia Social de Warwick. Alguna parte de las secciones 1 y II
fueron presentadas en el Congreso de Historiadores (7 ju-
¡io 1972), en Londres. La sección V fue añadida para el debate del Seminario
del Centro Davies, Universidad de Prinlcton (febrero 1976). Y yo he inter-
polado, en la sección VI, algunas notas sobre la presentadas en la
Séptima Mesa Redonda de Historia Social en la Universidad de Constanza
(junio 1977). Estoy agradecido a mis anfitriones y colegas en estas ocasiones,
y por la valiosa polémica que siguió. Me doy cuenta de que un artículo
amalgamado de esta forma debe carecer de cierta coherencia.
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14 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
damos su función y su papel en su relación mutua y el1 su relación
con el total. La «verdad" o la fortuna de tal descripción holistica
sólo puede descubrirse mediante la prueba de la práctica histórica.
De modo que la argumentación que se presenta a continuación es
una especie de preámbulo, un pensar en voz alta.
1
Se ha protestado con frecuencia que los términos «feudaL>, «ca-
pit3lista) o «burgués» son en exceso imprecisos e incluyen
menos demasiado vastos y dispares para hacernos un servicio an,¡] í
tico serio. No obstante, ahora es constante el considerar útil una
nueva serie de términos, tales como «preíndustriah>·., «tradicional»,
«paternalÍsmo» y «modernización», que parecen susceptibles prác-
ticamente de las mismas objeciones, y cuya paternidad teórica es
menos segura.
Puede tener interés el que, mientras e! primer conjunto de tér-
minos dirige la atención hacia el conflicto o la tensión dentro de!
proceso social -plantean, al menos como implicación, las cuestiones
de ¿quiél1?, ¿a qtliéll?-, e! segundo conjunto parece desplazarnos
hacia una visión de la sociedad como orden sociológico autorregula-
torio. Se nos presenta, con un especioso cientifismo, como si estu-
vierfl.í1 carentes de valores.
En ciertos escritores «patriarcal» y «paternal» parecen ser térmi-
nos intercambiables, e! uno dotado de una implicación más seria, el
otro algo más suavizada. Los dos pueden realmente converger tanto
en hecho como en teoría. En la descripción de Weber de las socie-
dades «tradicionale,,>, el foco de! análisis se centra en las relaciones
familiares de la unidad tribal o la unidad doméstica, y desde este
punto se extrapolan las relaciones de dominio y dependencia que
vienen a caracterizar la sociedad «patriarcaL> como totalidad; formas
que él relaciona específicamente con formas antiguas y feudales de
orden social. Laslett, que nos ha recordado apremiantemente la im-
portancia central de la «unidad doméstica» económica en e! siglo XVII,
sugiere que ésta contribuyó a la reproducción de actitudes y relaciones
patriarcales v paternales que permearon a la totalidad de la sociedad,
y que qUlza siguieron haciéndolo hasta e! momento de la <<indus-
trialización), [vlar;.;:" es verdad, tendía a considerar las actitudes pa-
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 15
triarcales como características del sistema gremial de la Edad Media
en que:
Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organi-
zados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación
patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba
a éstos de un doble poder, por una parte mediante su influencia
directa sobre la vida toda de los oficiales y, por otra parte,
porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro
éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión
frente a los oficiales de los demás y los separaba de
éstos ...
Marx afirmaba que en la «manufactura» estas relaciones eran susti-
tuidas por «la relación monetaria entre e! trabajador y el capitalista»,
pero, «en el campo y en las pequeñas ciudades, esta relación seguía
teniendo un color patriarca!».' Es este un amplio margen, sobre
todo cuando recordamos que en cualquier época previa a 1840 la
mayor parte de la población vivía en estas condiciones.
De modo que podemos sustituir e! «matiz patriarcal» por e! tér-
mino «paternalismo». Podría parecer que este qual1tum social má·
gico, refrescado cada día en las innumerables fuentes del pequeño
taller, la unidad doméstica económica, la propiedad territorial, fue
lo bastante fuerte para inhibir (excepto en casos aislados, durante
breves episodios) la confrontación de clase, hasta que la industriali-
zación la trajo a remolque consigo. Antes de que esto ocurriera, no
existía una clase obrera con conciencia de clase; ni conflicto de clase
alguno de este tipo, sino simplemente fragmentos de! protoconflicto;
como agente histórico la clase obrera no existía y, puesto que así es,
la tarea tremendamente difícil de intentar descubrir cuál era la ver-
dadera conciencia social de los pobres, de los trabajadores, y sus for-
mas de expresión, sería tediosa e innecesaria. Nos invitan a pensar
sobre la conciencia de! oficio más que de la clase, sobre divisiones
verticales más que horizontales. Podemos incluso hablar de una so-
ciedad de <<una clase».
Examinemos las siguientes descripciones de los caballeros terra-
tenien tes de! siglo XVIII. El primero:
2. Esto lJracede de Un pasaje muy general de La ideología alemana (1845).
Yo no recuerdo ninguna parte de la misma generalidad en El capital. (Marx
y Engels, La ideología alemana, Grijalbo, Barcelona, 1974, pp. 58 y 64.)
16
TRADICIÓN, "EVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
La vida de una aldea, una parroquia, una ciudad mercado y su
hínterland, todo un condado, podía desarrollarse en torno a una
casa grande y su solar. Sus salones de recepción, jardines, establos
y perreras eran el centro de la vida social local; su despacho
de la propiedad, el centro donde se negociaban las tenencias
agrarias, los arrendamientos de minas y edificios, y un banco de
pequeños ahorros e inversiones; su propia explotación agraria, una
exposición permanente de los mejores métodos agrícolas disponi-
bles ... ; su sala de justicia ... el primer baluarte de la ley y él orden;
su galería de retratos, salón de música y biblioteca) el cuartel gene-
ral de la cultura local; su comedor, el fulero de la politica local.
y be aquí el segundo:
En el curso de adrninistmr su propiedad para sus propios
intereses) seguridad y conveniencia ejerció muchas de lns funciones
del Estado. Él era juez: resolvía disputas entre sus allegados. Era
la policía: mantenía el orden entre un gran número de gente ...
Era la Iglesia: nombraba al capellán. generalmente algún pariente
cercano con o sin formacíón religiosa, para mirar por su gente.
Era una ngencia de bienestar público: cuidaba de los enfermos,
los ancianos, Jos huérfanos. Era el ejército en caso de revuelta:
.. armaba él sus parientes,! partidarios como sí fuera una milicia
particular. Es m,ís, mediante lo que se convirtió en un intrincado
sistema de matrimonios, parentesco y patrocinio ... podía solicitar
la ayuda, en caso de nrxcsidad, de un gran número de parientes
en el campo o en las óudades que poseían propiedades y poder
similares a los suyos.
Ambas son descripciones aceptables del caballero terrateniente
del siglo XVIII. No obstante, ocurre que una describe a la aristocracia
o la gran gel1try inglesa, la otra a los dueños de esclavos del Brasil
colonia1.' Ambas servirían, igualmente, y con mínimas correcciones,
para describir a un patricio de la campagl1a en la antigua Roma, uno
de los terratenientes de Almas muertas de Gogol, un dueño de es-
clavos de Virginia,' o los terratenientes de cualquier sociedad en la
3. Harold Perkin, Tbe Origins 01 Modem ElIglish Society, 1780-1800,
1969, p. 42; Alcxander Marchant, «Colonhl Brazib>, en X. Livermorc, ed.,
Portugal and Brazil: An Introduction, Oxford) 1953, p. 297.
4. Eugene D. Genovese, The World the Slaveholders Made, Nueva York,
1969, esp. p. 96.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 17
que la autoridad econ6mica y social, poderes judiciales, sumarios, etc.,
estuvieran unidos en un solo punto.
Quedan, sin embargo, algunas dificultades. Podemos denominar
una concentraci6n de autoridad econ6mica y Cultural «paternalismo»
si así 10 deseamos. Pero, si admitimos el término, debemos también
admitír que es demasiado amplio para un análisis discriminatorio. Nos
dice muy poco sobre la naturaleza de! poder y e! Estado, sobre for-
mas de propiedad, sobre la ideologla y la cultura, y es incluso dema-
siado romo para distinguir entre mollas de explotaci6n, entre la mano
de obra servil y libre.
Además, es una descripci6n de relaciones sociales vista desde
arriba. Esto no la invalida, pero debemos ser conscientes de que esta
descripci6n puede ser demasiado persuasiva. Si s610 nos ofrecen la
primera descripci6n, es entonces muy fácil pasar de ésta a la idea
de <mna sociedad de una sola clase»; la casa grande se encuentra en
la cumbre, y todas las llneas de comunicaci6n llevan a su comedor,
despacho de la propiedad o perreras. Es esta, en verdad, una impre-
si6n que fácilmente obtiene el estudioso que trabaja entre los dom·
men tos de propiedades particulares, los archivos de los quarter ses-
siol/s, o la correspondencia de Newcastle.
Pero pueden encontrarse otras formas de describir la sociedad
además de la que nos ofrece Harold Perkin en el primero de los
extractos. La vida de una parroquia puede igualmente girar en torno
al mercado semanal, los festivales y ferias de verano e invierno, la
fiesta anual de la aldea, tanto como alrededor de 10 que ocurrla en
la casa grande. Las habladurlas sobre la caza furtiva, el robo, el
escándalo sexual y el comportamiento de los superintendentes de
pobres podían ocupar las cabezas de las gentes bastante más que las
distantes idas y venidas de la posesi6n. La mayor parte de la comu-
nidad campesina no tendda demasiadas oportunidades para ahorrar
o invertir o para mejorar sus campos; posiblemente se sentían más
preocupados por e! acceso a la cocci6n, a las turberas y a los pastos
de! común que por la rotaci6n de los nabos. La justicia podía perci-
birse no como un «baluarte» sino como un tirano. Sobre todo, podla
existir una radical disociad6n -en ocasiones antagonismo--- entre
la cultura e incluso la «polltica» de los pobres y aquellas de los
grandes.
Pocos estarlan dispuestos a negar esto. Pero las descripciones del
orden social en el primer sentido, vistas desde arriba, son mucho
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18 TRADICIÓN, REVIIELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
más corrientes que [os intentos de reconstruir una vlslOn desde
abajo, Y siempre que se introduzca [a noción de «paterna[ismo» es el
primer modelo el que nos sugiere, Y el término no puede deshacerse
de implicaciones normativas: sugiere calor humano, en una relación
mutuamente admitida; el padre es consciente de sus deberes y res-
ponsabilidades hacia el hijo, el hijo el;tá conforme o activamente cons-
ciente a su estado filiaL Incluso el modelo de la pequeña unidad
doméstica económica conUeva (a pesar de los que lo niegan) un
cierto sentido de confort emocional: «hubo un tiempo -escribe
Laslett- en que toda la vida se desarroUaba en la familia, en un
círculo de rostros amados y familiares, de objetos conocidos y mima-
dos, todos de proporciones humanas".' Sería injusto contrastar esto
con el recuerdo de que Cumbres borrascosas está enmarcado exacta-
mente en una situación familiar corno esta. Laslett nos recuerda un
aspecto relevante de las relaciones económicas a pequeña escala, in-
cluso si el calor pudiera ser producido por la impotente rebelión con-
tra una dependencia abyecta, con tanta frecuencia como por el respeto
muluo. En los primeros años de la revolución industrial, los trabaja-
dores rememoraban a menudo los valores patetnalistas perdidos;
Cobbett y Oastler elaboraron el sentimiento de pérdida, Engels aEr-
111Ó el agravio.
Pero esto plantea otro problema. El patetnalismo como mito o
ideología mira casi siempre hacia atrás. Se presenta en la historia
inglesa menos como realidad que como un modelo de antigüedad,
recientemente acabada, edad de oro de la enal los actuales modos y
maneras constituyen una degeneración. Y tenemos el Country J ustice
de Langhorne (177 4):
\'7hen thy good father held this wide doma in,
The voice oi sorrow never mourn'd in vain.
Sooth'd by his pity, by his bounty fed,
The skk found medecine, and the aged bread.
He left their irlterest to no parish cate,
No bailiff urged his little empire there;
No village tyrant starved them, 01' opprcss'd;
He learn'd their wants, and he those \vants redress'd ...
5. Peter Laslett, The World We Have Losl, 1965, p. 21.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
The poor at hand their natural patrons saw,
And lawgivers were supplements of law! *
19
y continúa para negar que estas relaciones tengan alguna realidad
en el momento:
... Fashion's boundless sway
Has borne the guardian magistrate away.
Save in Augusta's streets, on Gallia's shores,
The rural pa tron is beheld no more ... * *
Pero podemos elegir Ins fuentes literarias como nos plazca. Po-
dríamos retroceder unos sesenta o setenta años hasta sir Roger de
Coverley, un tardío superviviente, un hombre singular y anticuado,
y por ello al mismo tiempo ridículo y entrañable, Podríamos retro-
ceder otros cien años hasta el Rey Lear, o hasta e! «buen anciano»
de Shakespeare, Adam; nuevamente los valores paternalistas se con-
sideran <<una antigualla», se deshacen ante el individualismo compe-
titivo de! hombre natural del joven capitalismo, en el que «el vínculo
entre e! padre y el hijo está resquebrajado» y donde los dioses FO-
tegen a los bastardos. O podemos seguir retrocediendo otros cien
años hasta sir Thomas More. La realidad de! paternalismo aparece
siempre retrocediendo hacia un pasado aún más primitivo e ideali-
zado' Y el término nos fuerza a confundir atributos reales e ideoló-
glCOS.
Para resumir: paternalismo es un término descriptivo impreciso.
Tiene considerablemente menos especificidad histórica que términos
corno feudalismo o capitalismo; tiende a ofrecer un modelo de orden
social visto desde arriba; contiene implicaciones de calor y de re!a-
* Cuando tu buen padre tenía este amplio dominio, I La voz del dolor
nunca lloró en vano. I Calmados por su piedad, por su abundancia alimen-
tados, / Los enfermos encontraban medicina y los ancianos pan. I Nunca aban-
donó sus intereses a los cuidados de la parroquia. I Ni hubo bailío alguno que
impusiera allí su pequeño imperio; I No hubo tirano de aldea que los matara
de hambre o los oprimiera; / Aprendió sus necesidades, y ellas satisfacía .. ' / /
Los pobres veían a su lado a sus protectores naturales, / y los que impartían
la ley sustituían a la ley misma.
** .. El viaje sin limites de las I Se ha llevado al magistrado
guardián. I Excepto en las calles de Augusta, en las costas de Galia, I El
patr6n rural ya nunca se vislumbra ...
6. Raymoncl Williams, The Counlry and Ihe Cily, Oxford, 1973, passim.

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20 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
ciones personales que suponen nociones valorativas; confunde lo real
con lo ideal. No significa esto que debamos desechar el término por
completa inutilidad para todo servicio, Tiene tanto, o tan poco, valor
como otros términos descriptivos generalizados -autoritario, demo-
crático, igualitario- que por sí mismos, y sin sustanciales añadi-
duras, no pueden caracterizar un sistema de relaciones sociales, Nin-
gún historiador serio debe caracteri¡;ar toda una sociedad como pa-
ternalista o patriarcal. Pero el patcrnalismo puede, como en la Rusia
zarista, en el Tapón meiji o en ciertas sociedades esclavistas, ser un
componente importante no sólo de la ideología, sino
de la mediación institucional en las relaciones sociales'" ¿Cuál es el
estado de la cuestión con respecto a la Inglaterra del siglo XVIII?
II
Dejemos a un lado de inmediato una línea de investigación ten-
tadora pero totalmente improductiva: la de intentar adivinar el peso
específico de ese misterioso fluido que es el «matiz patriarca!", en
este o aquel contexto y en distintos momentos del siglo, Comenzamos
con impresiones; adornamos nuestros presentimientos con citas opor-
tunas; terminamos con impresiones.
Si observamos, por el contrario, la expresión institucional de las
relaciones sociales, esta sociedad parece ofrecer pocos rasgos auténti-
7, El significado del análisis del paternalismo en la obra de Eugene D,
Genovese, que culmina en Rcll, lardan, Roll (Nueva York, 1974), no puede
ser una exageraci6n. Lo qm: puede serlo, en opinión de los críticos de
Genovese, es el grado de «re.dprocidad» de la relación entre los dueños de
esclavos y éstos y el grado de adaptación (o conformidad) aceptado por los
esclavos en «espacio para proporcionado por la manífiesta hegemonía
de los amos (Berbert G, Gutman, The Block Family in Slavery and Freedom,
Nueva York, 1976, esp, pp, 309-326, Y Eric Perkins, «Rall, fardan, Rall:
A "Marx" fa! the Master Class», Radical History Review, Nueva York, Ill,
TI,O 4 (otoño 1976), pp. 41-59, En una respuesta provisional a sus críticos
Ubid., invierno 1976-1977), Genovese observa que suprimió 200 páginas sobre
revueltas de esclavos en el hemisferio occidental (que aparecerán en un
volumen subsiguiente); en la parte publicada se ocupó de «analizar la dialéc-
tica de la lucha de clases y el duro antagonismo en una época en que la
con{rontaci6n abierta de tipo revolucionario era mínima». :r-..1.ientras que la
situación de los esclavos y de los trabajadores pobres ingleses del siglo XVIII
es difícilmente comparable, el análisis de Gcnovese de hegemonía y reciproci-
dad -y la polémica que le siguió- es de gran relevancia para los temas
de este artículo.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 21
camente paternalistas, Lo primero que notamos en ella es la impor-
tancia del dinero, La gentry terrateniente se clasifica no por naci-
miento u otras distinciones de status, sino por sus rentas: tienen tan-
tas libras al año, Entre la aristocracia y la gentry con ambiciones,
los noviazgos los hacen los padres y sus abogados, que los llevan con
cuidado hasta su consumación; el acuerdo matrimonial satisfactoria-
mente contraído, Destinos y puestos podían comprarse y venderse
(siempre que la venta no fuera seriamente conflictiva con las líneas
de interés político); los destinos en el ejército, los escaños parlamen-
tarios, libertades, servicios, todo podía traducirse en un equivalente
monetario: el voto, los derechos de libre tenencia, la exención de
impuestos parroquiales o servicio de la milicia, la libertad de los
burgos, las puertas en las tierras de! común, Este es e! siglo en que
el dinero «lleva toda la fuerza», en el que las lihertades se convierten
en propiedades y se cosifican los derechos de aprovechamiento, Un
palomar situado en una antigua tenencia libre puede venderse, y
con él se vende el derecho a votar; los escombros de un antiguo
caserío se pueden comprar para reforzar las pretensiones a derechos
comunales y, por tanto, para cerrar un lote más del común,
Si los derechos de aprovechamiento, servicios, etc, se convir-
tieron en propiedades que se clasificaban con el valor de tantas li-
bras, no siempre se convirtieron, sin embargo, en mercancías accesi-
bles para cualquier comprador en el mercado libre, La propiedad
asumía su valor, en la mayor parte de los casos, sólo dentro ele Ima
determinada estructura de poder político, influencias, intereses y
dependencia, que Namier nos dio a conocer- Los cargos ti tulares pres-
tigiosos (tales como rongers, keepers, constables) y los beneficios
que con ellos traían podían comprarse y venderse; pero no todo el
mundo podía comprarlos o venderlos (durante los gobiernos de Wal-
pole, ningún par tory o jacobita tenía probabilidades de éxito en
este mercado); y el detentador de un cargo opulento que incurría
en la desaprobaciÓn de políticos o Corte podía verse amenazado de
expulsión mediante procedimientos legales, La promoción a los pues-
tos más altos y lucrativos de la Iglesia, la justicia o las armas, se
encontraba en situación similar, Los cargos se obtenían mediante la
influencia política pero, una vez conseguidos, suponían normalmente
posesión vitalicia, y el beneficiario debía exprimir todos los ingresos
posibles del mismo mientras pudiera, La tenencia de sinecuras de
Corte y de altos cargos políticos era mucho menos segura, aunque
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22 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
de ningún modo menos lucrativa: el conde de Rane\agh, el duque de
Chandos, Walpole y IIenry Fax, entre otros, a111JSarOn fortunas du-
rante su breve paso por el cargo de Pagador General. Y, por otra
parte, la tenencia de posesiones territoriales, como propiedad abso-
luta, era enteramente segura y hereditaria. Era tanto el punto de
acceso para e! poder y los cargos oficiales, CalDO el punto al cual
retornaban el poder y los cargos. Las rentas podían aumentarse me-
diante una administración competente y mejoras agrícolas, pero no
ofredan las ganancias fortuitas que proporcionaban las sinecuras, los
cargos públicos, la especulación comercial o un matrimonio afortu-
nado. La influencia política podía m'.lxilTlizar los beneficios más que
la rotación de cuatro hojas, como, por ejemplo, facilitando la conse-
cución de decretos privados, tales como el cerramiento, o el conver-
tir un paquete de ingresos sinecuristas no [rtnados por vía notmal en
posesiones hipotecadas, allanando el camino para conseguir un ma-
trimonio que uniera intereses armónicos o logrando preferente
a una nueva emisión de bolsa.
Fue esta una fase depredadora del capitalismo agrario y comercial,
y el Estado mismo em uno de los primeros objetos de presa. El
triunfo en la alta política era seguido por el botín de guerra, así
como la victoria en la guerra era con frecuencia seguida por el botín
político. Los jefes triunfantes de las guerras de Marlborough no sólo
obtuvieron recompensas públicas) sino también enormes sumas sus-
traídas de la subcontratación militar de forrajes, transporte u orde-
nanzas; Marlborough recibió el palacio de Blenheim, Cobham y
Cadogan los pequeños palacios de Stowe y Caversham. La sucesión
hannoveriana trajo consigo una serie de bandidos-cortesanos. Pero
los grandes intereses financieros y comerciales requerían también
acceso al Estado, para obtener cédulas, privilegios, contratos, y la
fuerza diplomática, militar y naval necesarias para abrir el camino
al comercio' La diplomacia obtuvo para la South Sea Company el
8. No debemos olvidar que la gran investigación de Narnier del carácter
del sistema parlamentario se criginó como estudio de Imperial Problem
during the American Revolution», prefacio de la primera edición de Tbe
Struct.tlre 01 Politics at the Accessiol1 01 George JJI. Desde la época de
Namier, el «problema imperiah> y sus constantes presiones en la vida política
y económica de Inglaterra ha sido despreciado con excesiva frecuencia, y des-
pués olvidado. Véase también los comentarios de lrfan Habib, «Colonializatíon
oE the Indian Econorny, 1757-1900», Social Scicntíst, Delhi, n,O 32, esp.
pp. 25-30.
¿LUCHA DE tLASES SIN CLASES?
23
asiento, o licencia para el comercio de esclavos con la América espa-
ñola, y fue la expectativa de beneficios masivos de esta concesión
10 que hinchó la Somh Sea Bubble_ No se pueden hacer pompas
(bubble) sin escupir, y los escupitajos en este caso tomaron la forma
de sobornos no sólo a los ministros y a las queridas de! rey, sino
también (parece seguro) al mismo rey_
Estamos acostumbrados a pensar que la explotación es algo que
ocurre sobre el terreno, en e! momento de la producción. A princi-
pios del siglo XVIII se creaba la riqueza en este nivel primario, pero
se elevó rápidamente a regiones más altas, se acumuló en grandes
paquetes y los verdaderos agostos se hicieron en la distribución,
acaparamiento y venta de articulas o materias primas (lana, grano,
carne, azúcar, paños, té, tabaco, eseiavos), en la manipulación del
crédito y en la incautación de cargos del Estado. Un bandido patricio
compitió para lograr el botín del poder, y este solo hecho explica las
grandes sumas de dinero que estaban dispuestos a emplear en la
compra de escaños parlamentarios. Visto desde esta perspectiva, el
Estado no era tanto e! órgano efectivo de una clase determinada como
un parásito a lomos de la misma clase (la gelttry) que había triun-
fado en 1688. Y así se vela, y Se consideraba intolerable por muchos
miembros de la pequeña gel1try tory durante la primera mitad del si-
glo, cuyos impuestos y tierras velan transferidos por los medios t:1ás
patentes a los bolsillos de los cortesanos y políticos wbig, a la misma
élite aristocrática cuyos grandes dominios se estaban consolidando
frente a los pequeños, en estos años. Incluso hubo un intento por
parte de la oligarquía, en la época del duque de Sunderland, de con-
firmarse institucionalmente y autoperpetuarse mediante la tentativa
de lograr el Peerage Bill (Proyecto de Ley de Nobleza) y la Septen-
nial Act (Ley Septena!)_ El que las defensas constitucionales contra
esta oligarquía pudieran al menos sobrevivir a estas décadas se debió
en gran medida a la obstinada resistencia de la gelttry independiente
rural, en gran parte tory, en ocasiones jacobita, apoyada una y otra
vez por la multitud vociferante y turbulenta.
Todo esto se hacía en nombre de! rey_En nombre del rey podían
los ministros de éxito purgar incluso al más subordinado funciona-
rio del Estado que no estuviera totalmente sometido a sus intereses_
«No hemos ahorrado medios para encontrar a todos los malvados, y
hemos despedido a todos aquellos de los cuales teníamos la más
mínima prueba, tanto de su actual como de su pasado comporta-
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24 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
miento», escribían los tres .,crvi1cs comisaríos de Adu1118S de Dublín
al duque de Sunderland en agosto de 1715. Es <<11uestro deber no
permitir que ninguno de nuestros subordinados coma el pan de Su
lvIajestad, si no tienen todo el celo y afecto imaginables hacia su ser-
vicio y el Je1 Gobierno».' Pero uno de los interescs primeros de los
depredadores políticos era limitar la influencia del rey a la de prillltls
inter predatal·es. Cuando al ascender Jorge II pareció dispuesto a
prescindir de \'7 alpole, resultó que era susceptible de ser comprado
como cualquier político whig, aunque a más alto precio:
\l.7alpnle conocía su dchcr. Nuncrl fue sohcr,lno tratado con
mayor generosidad. El l\cy, 800.000 libras, lllás el excedellte de
todos los impuestos asignndos n ln lista civil, calculados por 1-lcrvcy
en otras 100.000 libra>: la l\cina, 100.000 libras al año. Corría el
rumor de que Pulteney ofrecía más. Si así era, su incapacidad
polítíca era asombrosa. Nadie a excepción de Walpole pocHa
haber esperado obtener tajes concesiones a través de los Comu-
nes .'. llDa cuestión que el Soherano no ull"dó en clptar ' ..
«Considere, Sir Robert), dijo el Re:!,-, ronl"oneando de gratitud
mientras su ministro se disponía a dirigirse a Jos Comunes, (..:que
10 que me tranquiliz:1 en esta cuestión e;; lo que hará también su
't'anql1itidnd; va a decidirse p:lra mi vida y para su vida.,> 10
Así que el deber de \'7 alpole resulta ser el respeto mutuo de dos la-
drones de cajas fuertes asaltando las cámaras del mismo banco.
Durante estas décadas, los conocidos «recelos» wbig de la Corona
no surgían del miedo a que los monarcas hannoverianos realizaran
un golpe de estado y pisotearan bajo stlS pies las libertades de los
súbditos al adquirir poder nhsoluto; la retórica se destinaba exclu-
sivamente ,¡ las tribunas públicas. Surgía del miedo más real a que
el monarca ilustrado encontrara lDedios para elevarse, como personi-
ficación de un poder imparcial, racionalizado y burocr<Ítico, por en-
cima y más allá del juego depredador. El atractivo de un rey tan
patriótico hubiera sido inmenso, no sólo entre la gelltry menor, sino
entre grandes sectores de la población: fue precisamente el atractivo
de su imagen de patriota incorrupto 10 que llevó a \'7illiam Pitt, el
9. MSS de Blcnheim (Sundcrland), D I1, 8.
10. J. H. Plumb, Sir Robel! 1Falpole, 1969, II, pp. 168-169.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 25
mayor, al poder en una marea de aclamación popular, a pesar de la
hostilidad, le los políticos y de la Corte}!
«Los sucesores de los antiguos Cavaliers se habían convertido en
demagogos; los sucesores de los Raundheads en cortesanos», dice
Macaulay, y continúa: «Durante muchos años, una generación de
Whigs que Sidney habría desdeñado por esclavos, continuaron li-
brando una guerra a muerte con una generación de Taries a los
cuales Jeffreys habría colgado por republicanos»." Esta caracteriza-
ciún no sobrevive mucho tiempo· después de mediado el siglo. El
odio entre whigs y faries se había suavizado mucho (y -para
algunos historiadores- desaparecido) diez años antes del ascenso de
Jorge IU, I la subsiguiente «matanza de los inocentes Pelhamitas».
Los supervivientes taries procedentes de la gran gentry volvieron a
las comisiones de paz, recuperaron su presencia política en los con-
dados y abrigaron esperanzas de compartir el botín del poder. Al
ascender la manufactura en las escalas de riqueza frente al trasiego
mercantil y la especulación, también ciertas formas de privilegio y
corrupción se hicieron odiosas a los hombres adinerados, que llega-
ron a aceptar la palestra racionalizada e «imparcial» del mercado libre:
abara uno podía hacer su agosto sin la previa compra política en
los órganos del Estado. El ascenso de Jorge IU cambió de modos
diversos los términos del juego político; la oposición sacó su vieja
retórica liberal y le dio lustre. Para algunos adquirió (como en la
ciudad de Londres) un contenido verdadero y renovado. Pero el rey
desafortunadamente malogró tvdo intento de presentarse como rey
ilustrado, como la cúspide de una burocracia desinteresada. Las fun-
ciones parasitarias del Estado se vieron bajo constante escrutinio y
ataque a destajo (ataques contra East India Company, contra puestos
y sinecuras, contra la apropiación indebida de tierras públicas, la
11. P. D. Langford, "William Pitt and Public Opinion, 1757», English
Historiea! Review, CCCXLVI (1973). Pero, cuando estuvo en el poder, el
«patriotismo» de Pia sólo se limitó a la parte derecha del gobierno. La parte
izquierda, Ne"\1:castle, «tomó el tesoro, el patronazgo civil y eclesiástico. y la
disposición ---le aquella parte del dinero del servicio secreto empleado en
aquel momento en sobornar a los miembros del Parlamen:o. Pitt era secre-
tario de Estado, y tenía la dirección de la guerra y los asuntos exteriores. De
modo que toda la porquería de todos las ruidosas y pestilentes alcantarillas
del gobierno se virtió en un solo canal. Por los restantes canales sólo pasó lo
brillante y sin mácula,> (T. B. Macaulay, Critical and Historieal Essays, 1880,
p. 747).
12 Ihid, p 746.
26
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
reforma del Impuesto de Consumos, etc.); pero su papel esencial
parasitario persistió.
«La Vieja Corrupción» es un término de análisis político más
serio de lo que a menudo s" cree; pues como mejor se entiende el
poder político a lo largo de la mayor parte del siglo XVIII es, no como
un órgano directo de clase o intereses determinados, sino como una
formación lolítica secundaria, un lugar de compra donde se
rlÍan o se incrementaban otros tipos de poder económico y social; en
relación a sus funciones primarias era caro, ampliamente ineficaz, y
sólo sobrevivió al siglo porque no inhibió seriamente los actos de
aquellos que poseían poder económico () político (local) de facto.
Su mayor fuente de energía se encontraba precisamente en la
lidad misma del Estado; en el desuso de sus poderes paternales,
cráticos y proteccionistas, en la posibilidad que otorgaba al
lismo agrario, mercantil y fabril, para realizar su propia
ducción; en los suelos fértiles que ofrecía al
Pero raramente parece ser un suelo fértil para el paternalismo.
Nos hemos acostumbrado a una visión algo distinta de la política
del siglo XVIII, presentada por historiadores que se han
brado a considerar la época en los términos de las apologías de sns
principales actores." Si se advierte la corrupción, puede legitimarse
mencionando un ¡)recedente; si los wbigs era depredadores, también
lo eran los /aries. No hav nada fuera de orden, todo está incluido en
«los criterios aceptados de la época». 1'e1·0 la visión alternativa que
yo he ofrecido no debe producir sorpresas. Es, después de todo, la
1.3. Debo subrayar que esta es una V1510n del Esuldo vista desde «dentro»,
Desde «fuera,>, en Su efectiva presencia militar, naval, diplomátíca e imperial,
directa o indirecta (como en la paraestatal Easl India Company) debe verse
cun un aspecto mucho más agresivo. La mezcla de debílidacl interna y fuerza
externa, y el équilibrio entre ambas (en política de y de «paz») nos
conducen hasta la mayoría de las cuestiones de principio reales abiertas en Ja
aLa política de mediados del siglo XVIII. Era cuando la debilídad inherente
:l Sll parasitismo interno destruía sus venganzas en derrotas externas (\a pér-
dida de Menorca y el sacrificio ritual del almirante Byng; el desast.re ame-
ricano) cuando los elementos de la clase dirigente se veían empujados por el
shock fuera de meros faccionalismos y a una política de principios clasista.
14. Pero ha hahido un cambio significativo en la reciente historiografía,
hacia un tomar más en serio bs relaciones entre los polít.icos y la nación
política «sin Véase l II. Plumb, ({Political Mao», en James 1.,.
Clifford, cel., Man versus Sociefy in Ei,r,hteentlFCentury 13ritail1, Cambridge,
1968; y, notablemente, John BrC\ver, Par/y Ideology ami PO/JUlar Politics at
¡he Accessiol1 01 George IJI, Camhriclge, 1976; así como Ilmchos otros estu-
dios eSl-'lecializados.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 27
crítica de la alta política que se encuentra en Los viajes de Gulliver
y en J ana/ban Wilde, en parte en las sátiras de Pope y en parte en
Humphrey Clinker, en «Vanity of Human Wishes» y «Londo11» de
Johnson y en el «Traveller» de Goldsmith. Aparece, como teoría
tiea, en la Fábula de las abejas de Mandeville y reaparece, de forma
más fragmentaria, en las Political Disquisitions de Burgh.
15
En las pri,
meras décadas del siglo, la comparación entre la alta política y los
bajos fondos era un recurso corriente de la sátira:
Sé que para parecer aceptable a los hombres de alcurnia hay
que esforzarse en imitarlos, y sé de qué modo consiguen Dinero
y puestos. No me sorprende que el Talento necesario para ser un
gran Hombre de Estado sea tan escaso en el mundo, dado que tan
gran cantidad de los que 10 poseen son segados en lo mejor de
sus vidas en el Old,Baily.
Así se expresaba John Gay, en una carta privada, en 1723
16
La idea
constituye la semilla de la Beggar's Opera. Los historiadores han
desatendido generalmente esta imagen como hiperbólica. No deberían
hacerlo.
Hay, desde luego, que hacer alguna salvedad. Pero una, sin
bargo, que no puede hacerse es que el parasitismo estaba frenado, o
los recelos por una clase media en progresivo aumento de
profesionales e industriales, con fines claros y con cohesión
17
Esta
clase no empezó a descubrirse a sí misma (excepto, quizás, en Londres)
hasta las tres últimas décadas del siglo. Durante la mayor parte elel
mismo, sus miembros potenciales se contentaban con someterse a una
condición de abyecta dependencia. Excepto en Londres, hicieron
pocos esfuerzos (hasta el Association Movement de finales de los
años 1770) para librarse de las cadenas del soborno electoral y la
fluencia; eran adultos que consentían en su propia corrupción. Des,
pués de dos décadas de adhesión servil a Walpole, surgieron los
15. «En nuestra época la OpOSlC10n está entre una Corte corrupta a la
que se ha unido una innumerable multitud de todos los rangos y posiciones
comprados con dinero público, y la parte independiente de la nación» (Politícal
Disquisitirms, or an Enquiry ¡nto Public Erron
J
Defects
J
and Abuses, 1774).
Esta es, por supuesto, también la crítica de la vieja oposición «rural» a
Walpole.
16. C. F. Burgoss, ed., Letters of Jolm G.y, Oxford, 1966, p. 45.
17, Pero téngase en cuenta el análisis relevante en John Cannon, Parlia-
mel1tary Reform, Cambridge, 1973, p. 49, nota 1.
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28 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CeASE
dentes con su recompensa: .'500 libras asignadas al mcritorio clen'.
Cincuenta añDS pasaron sin que pudicran lograr la dcrogación del Test
y las Corporation Acts (Leves Corporativas). Como hombres de la
Iglesia, la mayoría adulaban para obtener ascensos, eemban y bromca.
ban (con resignación) a la mesa de sus protectores y, como el
párroco \Voodforde, no se ofendhn por recibir una propina del sefior
en llna boda o un b<lutizO.
18
C01110 registradores, abogados, tutores,
administradores, mercaderes, etc., se encontraban dentro de los
les de la dependencia; sus cartas respetuosas, en quc solicitaban pues.
tos o favores, están preservada;:; en las colecciones de manuscritos
de los grandes." (Como talcs, las fuentes tienen la tendencia histo.
riográfiea a sobrec1estacar el elementl' de deferencia en la sociedad
del sigll' XVIII; un hombre en la sitcaeión, forzosa, de solicit"r favo.
res no revel"d Su verd"du·a opinión.) En general. l"s clases medias
se sometieron a una telacíóll de clicnte1ismo. OClsio1l81mclTte un indi-
viduo podía librarse, pero incluso las "rtes permanecieron coloread"s
por su dependencia de la liheralidad ele sus mecenas.'o El aspirante
a profesional o conlcrciante busc<lba ll1enos el remedio a su senti-
miento de agravio en la organiz"ción social que el1 18 tnovilid"d
social (o geogdfica, a Bengala, o al "Occidente» de Enropa: al
Nuevo Mundo). 1ntent"ba comprar la inmunidad a la deferencia
adquiriendo la riqueza que le proporcionaría «independencia», o
tierras y status de gen!!'y." El profundo resentimiento generado por
18. «11 nbril1779 T-Tahía Coches en la Tglesia, El Sr. Custance, inmedia-
tamente después de la Ceremonia, Se me acerc6 con el clC.'CO de que fl.ccrtara
un requeño presente; estaba envuelto en un pedazo de p3pcl blanco muy
fllTcglado y, ::11 abrirlo, vi que contenía no Inenos de ]8 suma de 4.4.0. Dio
tarnbién al oficial 0.10.6.» (The Dia!')' 01 a Cou17try ParsOIl, 196.3, p. 152).
19. «El correo de todo miembro del Parlamento con las más mínimas
prctel1sioncs de illflucncia eSlnba repleto de ruegos y petícíoncs de votantes
para ellos, sus parientes o subordinados. Puestos en las Adunnas y Consumos,
en el Ejército y en la Armada, en la Iglesia, en las Compañías de India
Oriental, Africa y Levante, en lüs departamentos" del Estado desde
porteros a füncionarios: trabajos en la Corte para la verdadera gef1try o
sinecuras en Irlanda, el tw:::r ,)0 diplomático, o cmüquicr otro lugar doncle
los deberes ligeros y los s:lbrios estables» (J. H. Plllmb, ({Polítical
I'v1an)}. en op. cit., p. 6).
20. De ::lC]uí la iracllnd;:¡ nota ele Blake a sir ]oshlla Reynolds: «¡Libera-
lidad.
1
no queremos liberAlidad. QUCfemos precios j\JS\()S y Valores Pro por-
cion:ldos y demanda genrT:ll para el Arte) (Gcoffrey Kcynes, cel., The
Complete Wl'itil1gs 01 1VíIliall1 E/alce, 1957, p. 446).
21. Para comentarios terribles sobre deferencia e independencia, Vé85C
Mary Thmlc, cd., The Auto,1iogI'Jph)' 01 Fra!Jcis Placc, Cambridge, 1972,
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
29
esta condición de «cliente», con sus concomitantes humillaciones y
sus obstáculos para la carrera abierta al talento, movió gran parte
del radicalismo intelectual de principios de los años 1790; sus asen as
abrasan los pies incluso en los tranqnilos y racionalistas períodos de
la prosa ele Godwin.
De modo que, al menos durante las primeras siete décadas del
siglo, no encontramos clase media alguna industrial o profesional que
ejerza una limitación efectiva a las operaciones del depredador poder
oligárquico. Pero, si no hubiera .habido frenos de ninguna clase,
ningún atenuante al dominio parasitario, la consecuencia habría sido
necesariatnente la anarquía, una facción baciendo presa :-.in restric-
ción sobre otra. Los principales atenuantes a este dominio eran
cuatro.
Primero, ya hemos hablado de la tradición en gran medida lor)'
de la pequeña gen!Yy independiente. Esta tradición es la única que
sale ele la primera mitad del siglo cubierta de honor; reaparece, con
manto whig, en el Association Movcment de los años 1770
22
En
segundo lugar, está la prensa: en sí misma una especie de presencia
de clase media, ,1de1antándose a otras expresiones articuladas, nna
presencia que extiende su alcance al extenderse la alfabetización, y
pp. 216·218, 250. El afortunado mercader de Birmingham, William Button,
anoUl en su flutobiografífl la forma en que llegó a comprar tierra por pümera
vez (en 1766 a la edad de 43 f1ños): «Desde que tenía ocho años había
desarroll<1do el amor {l la tierra, y fl menudo preguntaba acerca de ella, y
deseaba tener alguna propia. Este ardiente deseo del barro nunca me 8b20-
donó ." (rhe Lile 01 \Villiallt Hullan, 1817, p. 177).
22. Aunque la oposición del campo a \Xlalpole tenía dcmalldas centrales
qlle enm democráticas formalmente (parlamentos 811u31es, disminución de
y de la corrupción, terminar con el ejército regular, etc), la
cr"cÍa que <:e pedía era desde luego en general, a la gentry
teniente (frente a los intereses monetarios v de la Corte), como quedaba
chlro en la constante defensa tory de las cualificaciones de propiedad terri-
torial ]Jat"fl los miembros del Parlamento. Véase el útil análisis de Quentin
Skinner (que, sin embargo, no toma en consideración la dimensión de la
nación política «sin puertas}) a la que apel6 Bolingbroke), «The PrincipIes
ano Practice of Oppositiotl: The Case of Bo1íngbroke Versus \Valpole», en
Neil McKendrick, ed., Historical perspectives, 1974; H. T. Díckinson, «The
Eightecnth-Century Debate Ot1 the "GlorloUS Revolutioo'",)o, History, LXI,
n.' 201 (febrero 1976), pp. 36.40; y (para la continuidad entre la plataforma
dd viejo partido del Campo y los nuevos whigs radicales), Brewer, op. cit.,
pp. 19, 253-255. Los whigs hannoverianos también apoyaban las cualifica-
dones de gran propiedad pata los miembros del Parlamento (Cannon, op.
cit., p. 36).


J

-::
30
TRADICIÓN, REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
al aptender por sí misma a crecer y conservar sus libertades
L1
En
tercer lugar, existe «la Ley», elevada durante cstc siglo a un papel
más prominente que en cualquier otro período de nuestra historia,
y que servía como autoridad «imparcial» arbitrante en lugar de la
débil y nada ilustrada monarquía, una burocracia corrupta e ineficaz,
y una democracia que of1ecía a las activas intromisiones del poder
poco más que una retóricc. sobre su linaje. El Derecho Civil propor-
cionaba a los intereses en competencia una seLÍe de defensas de Su
propiedad, v las reglas del juego sin las que todo cllo habría caído
en la anarquía. (El Derecho Criminal, que estaba en su mayor parte
dirigido contra la gente de tipo disoluto o levantisco, prescntaba un
aspecto totalmente distinto.) En cuarto y último lugar, está la omni-
presente resistencia de la multitud: una multitud que se extendía en
ocasiones desde la pequeña gentr)', pasando por los profesiol1elcs,
hasta los pobres (y entre todos ellos, los dos primeros grupos inten-
taron en ocasiones cOlubinar la oposición al sistema con el
mato), pero que a ojos de los grandes aparecía, a través de la neblina
del verdor que rodeaba sus parques, compuesta de «tipos disolutos
y levantiscos». La relación entre In gentr)' y la multitud es el tema
particular de este trabajo.
III
Pero lo que a mí me preocupa, en este punto) no es tanto cómo
se expresaba esta relación (ello ha sido, y continúa siendo, uno de
los temas centrales de mi trabajo) cuanto las implicaciones teóricas
de esta formación histórica en particular para el estudio de 10 lucha
de clases. En «Patrician Societv, P!ebeian Culture»" he dirigido la
atención hacia la erosi6n real de las fonnas de control paternalistas
por la expansión de la mano de obra «iibre», sin amos. Pero,
aun cuando este cambio es sustancial y tiene consecuencias signiLíca-
tivas para la vida política y cultural de la nación, no representa nna
«crisis» del antiguo orden. Este, contenido en las viejas estructuras
23. Véase Brewcr, o{J. cit .., cap. 8; y, para un ejemplo de 51..1 extensión
Jlt0vincial, John J\·10ncy, «Taverns. Coffee Houscs and Cluhs: local Po!itics
and Popular Articul<1C}' in the Dirmingham Area in thc Agc of the American
Revolution», Histm·ical J (Juma!, XIV, n." 1 (1971).
24. Los siguientes tres otrccen un resumel1 de mi artículo en el
Joumal 01 Social Hi5/0I'y, \711, n.O 4 (ver3no 1974).
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 31
de poder y la begemonía cultural de la gentr)' no se ve amenazada,
siempre que la gentry satisfaga ciertas expectativas y realice ciertos
(parcialmente teatrales) papeles. Existe, sin embargo, una recipro-
cidad en la relación gentry-plebe. La debilidad de la autoridad espi-
ritual de la Iglesia hizo posible el resurgir de una cultura plebeya
extraordinariamente vigorosa fuera del alcance de controles externos.
y lejos de resistirse a esta cultura, en las décadas centrales del siglo,
la gen/r)' más tradicional le otorgó un cierto favor o lisonja. «Existe
una mutualidad en esta relación que es difícil no analizar al nivel de
relación de clase.»
Yo acepto el argumento de que mucbos artesanos urbanos reve-
laban una conciencia «vertical" del «Oficio» (en lugar de la con-
ciencia «horizontal» de la clase obrera industrial madura). (Este es
uno de los motivos por los que he adoptado el término plebe prefe-
rentemente al de clase obrera).2.' Pero esta conciencia vertical no
estaba Mada con las cadenas diamantinas del consenso a los gober-
nantes de la sociedad. Las fisuras características de esta sociedad no
se producían entre patronos y trabajadores asalariados (como en
las clases «horizontales»), sino por las cuestiones que dan origen
a la mayoría de los motines: cuando la plebe se unía como pequeños
consumidores, o como pagadores de impuestos o evasores del im-
puesto de consumos (contrabandistas), o por otras cuestiones «hori-
zontales», libertarias, económicas o patrióticas. No sólo era la con-
ciencia de la plebe distinta a la de la clase obrera industrial, sino
también sus formas características de revuelta: como, por ejemplo,
la tradición anónima, el «contrateatro» (ridículo o ultraje de los
símbolos de autoridad) y la acción rápida y directa.
Yo sostengo que debemos considerar a la multitud «como era,
2'5. Hay otros motivos; y uno es históricamente específico a la sociedad
británica del siglo XVIlt, y es posible que desUque que yo no doy «plebe» como
térmillo universalmente válido de todas las sociedades en la «etapa» de «proto-
Para la clase británica, el mundo grecorromano
(más específicamente la Roma republicana) proporcionaba un modelo socio-
lógico y político muy coherente con respecto al cual medían sus propios
problemas y conducta. Como ha observado Alasdair Maclntyre: «Para la
naciente sociedad burguesa, el mundo grecorromano proporcionaba el manto
que llevan los valores humanos}). La educación clásica ofrecía «el estudio
de tnda una sociedad, del lenguaje, la líteratura, la historia y la filosofía de la
cultur3 grecorromana,> (<<Bteaking the Chains oE Reasom>, en E. P. Thompson,
ed., Out 01 Apathy, 196(), p. 205; véase también Brewer, op. cit., pp. 258-259).
En momentos de autorreflexión y autodramatización, los gobernantes de la
Inglaterra del siglo XVIII se veían como patricíos y al pueblo corno plebe.
32
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
sui gelleris} con sus propios objetivos, operando dentro de 1.1r1<1
compleja y delicada polmidad de fuerzas en su propio contexto».
y veo la clave crítica de este equilibrio estructural en la relación
gelllr)'-multitud en el «recelo» de la gen/r)' hacia el Estado, la debili-
dad de los órganos de éste y la especial herencia legal. «El precio que
atistocracia y gé'll/ry pagal0n a cunbio de una mnnarquÍ<] limitada y
un Estado débil era, forzosamente, dar licencia a la multitud. Este
es el contexto central estructural de la reciprocidad de relaciones
entre gobernantes y gobernados.»
No era 1m precio que se pagara con gusto. A lo largo de la pri-
mera mitad del siglo, en particular, los detcs(;,ban a la licen-
ciosa multitud. rOl: lo menos desde la época de los motines de Sacha.
verell buscaron la oportunidad de frenar Sil :lcción2(· E!los [n(ton
los autores del Riot Act (Ley ,le Motines). En el momento de 10
subida de Walpole hubo indudables intentos de encontrar una
solución más autoritaria al problema del poder y el orelen. El ejército
permanente se convirtió en uno de los recursos normales ele gobiet-
no."7 El patronazgo local se apretó y se limitaron los obstáculos
electorales," Durante el mismo Parlamento que aprohó el Black Act
(Ley Negra), un comité nombrado para estudiO[' las leyes relctivas
2(¡. Es que le recuerden n uno que el duque de Newc:\stle hizo
su aprendizaje político congregan Jo una multitud, como rccordnba él en 1768
(<<Adoro a la muchedumbre, l1n<l vez yo mismo me a la Glhez<i de una.
Debemos 1:1 sucesión hannoveriana :1 la muchedumbre" J. Para el breve episodio
de la organización de muchedumbres camorristas rivales en Londres a la
subida de Jorge 1, véase James L. {(Ne\\'castlc's Moh», Aibio!!, V, n." 1
(prim,wera 1973), pp. 41-49); y Nicholas Rogers, «Popubr Prolest in Early
Hanoverial1 London». Past ond .Prescl1t (de próxinu aparición).
27, Skilmer, op. cit., pp. 96-97.
28. El c 1mbio crítico hacia una oligarquía disciplinéldJ se produce a
comienzos de los años 1720: es decir, en el momento en que la ascendencia
de anuncia <,estabilidad política». La energía de 1m clector;ldo en
expansión, indefel'enciado, ha sido mostrado en estudios: J. H.
Plumb, «The Gtowth of the Electoratc in England fmm 1600 to 1715», Pf]St
alld Fresen!, XLV (1969); W. A. Spcck, Tory alid Whig: The 5tmggle ill ¡he
CO!Jstituencies, l7Dl-1715, 1970. Esto da un relieve mucho preciso al
proceso contrario, después de 1715 y el Septennial Act (17lh): las determina·
ciones cada "cz más estrechas de la Cámrlra sobre el voto local (véase Cannon,
op. cit., p. 34, Y su útil capítulo «Pndding en general); la compra
y control de distritos; el desuso de las elecciones, etc. Adem;ís de Cannol1,
\'éase \YJ. A. Speck, Stability ond Strifc, 1977, pp. 16-19, 164; Brcwer, Ofi· cit.,
p. 6; Y especialmente el muy meticuloso an;ilisis de Gcof(rev Holmcs, Tbc
Electorale Ortd tbe NElfÍOJlol 1.\7ill in lhe First Age 01 Part}", University of
Lancaster, 1976.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 33
a los trahajadores agrícolas informó a favor de que se extendieran
amplios poderes disciplinarios sobre toda la mano de obra: los jueces
de paz debían tener autoridad para obligar a los trabajadores mascu·
linos no casados a cumplit un servicio anual, debía consolidarse la
estimación de jornales, los jueces de paz debían tener poderes para
vincular a los trabajadores que dejaran su trabajo sin terminar, y
mayores poderes aún para castigar a servidores holgazanes y revol-
tosos." El proyecto sin fechar de «secciones de una ley para evitar
tumultos y mantener la paz en las que se encuentra entre
los papeles de \>V'alpole, indica que algunos de sus allegados deseaban
ir más lejos: personns nocivas o alhorotadoras ... frecuente·
mente se reúnen de modo tumultuoso o amotinado» en las ciudades
durante las elecciones. Entre los remedios que se proponían se en-
contraba la rigufosa exclusión de tocla persona no habitante o votante
de estas ciudades durante el período de votación; el nombramiento de
condestables extraordinarios con poderes extraordinarios; multas y
penas l)('1' causnr desórdenes electorales, romper ventan8S, tirar pie-
dras, etc., debiendo dobla¡' el castigo en los casos de delincuentes
que no fueran votantes; y la prohibición de «todo tipo de Banderas,
Estandartes, Colores o Insignias», divisas o distintivos políticos.'o No
se pCfmitiría ni la acción directa, ni las actuaciones públicas y ban·
deras de le multitud sin derecho al voto. La ley, sin embargo, nunca
alcanzó el libto de estatutos. Estaba, incluso para el Gran Hombre,
más allá de los límites de 10 posible. Cualquier licencia otorgada a
la multitud por los wbigs dmante estos años surgía menos de senti·
mientos de libertad que de un sentido realista de estos límites. Y ellos,
a su vez, etan impuestos por un especial equilibrio de fuerzas que
no puede, después de todo, se!' analizado sin recmrir al concepto de
clase.
IV
Parece necesario, una vez más, explicar cómo entiende el histo-
riador -o cómo entiende este bistoriador- el término "clase». Hace
unos quince aoos concluí un ttabajo, algo prolongado, de análisis de
29. Comlnol1s Journals, XX (11 febrero 1723-4).
.JO. Cambridge University Librar)', C(holmolldeley) H (oughtoll) MSS,
P 64 (39).
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34 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
un momento particular de la formación de las clases. En el prefacio
hice algunos comentarios sobre las clases que concluían: «La clase es
definida por los honbres al vivir su propia historia, y, al final, es la
única definidón».31
Se supone hoy, generalmente entre una nueva generación de teóri-
cos marxistas, que esta afirmación tiene que ser o bien «inocente»
o (peor aún) «no inocente»: es decir, evidencia de ulla ulterior
trega al empirismo, historicismo, etc. Estas personas tienen formas
mucho mejores par" definir la clase: definiciones <¡ne pneden. ade-
más, ser rápidamente aprehendidas dentro ele la pr{¡ctien teórica y
que no conllevan la fali!;a de la investigación histórica.
El prefacio era, no obstante, ponderado y surgía tanto de la
práctica histórica como de la teórica. (Yo no partía de bs conclu-
siones del prefacio: éste expresaba mis conclusiones.) En términos
generales, y después de más de quince años de práctica, yo sosten-
dría las mismas conclusiones. Pero quizá debiern rdormularlas y
matizarlas.
1) Clase, según 111i uso del térm111o, es una categoría histórica;
es decir, está detivada de la observación del proceso social a lo
largo del tiempo. Sabemos que hay clases p01'que las gentes se han
comportado tepetidan1ente de modo clasista; estos sucesos histórÍcos
descubren regularidades en las respuestas a situaciones similares, y en
un momento dado (la formación «madura» de la clase) observamos
la creación de instituciones y de una cultura con notaciones de clase.
que admiten comparaciones transnacioO<11es. Teotizamos sohre estn
evidencia como teoría general sobre las clases y su formación, y
esperamos encontrar ciertas regularidades, «etapas» de desanollo,
etcétera.
2) Pero, en este punto, se da el Caso en exceso frecuente de
que la teoría preceda a 1,1 evidencia histórica sobre la que tiene
como misión teorizar, Es fácil suponer que las clases existen, no
como un proceso histórico, sino dentro de nuestro propio pensa-
miento. Desde luego no admitimos que estén sólo en nuestras
cabezas, auoque grao parte de lo que se argumenta sob1'e las clases
sólo existe de hecho en nuestro pensamiento. Por el contrario, se;
hace teoría de modelos y estructuras que deben supuestamente pro-
31. The Making 01 Ihe Eng/ísb Workil1g Class (edición Pelbn), p. 11.
[Hay trad. cast.: La jorml1Ción históric{/ de la clase obrera, trad. ele Ángel Abad,
vnl" T ,¡ji3. Bflrcc1ona, 1977.]
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
35
porcionarnos los determinantes objetivos de la clase: por ejemplo
como exprestones de relaciones diferentes de producción."
3) Partiendo de este (falso) razonamiento surge la noción alter-
nativa de clase como una categoría estática, o bien sociológica O
heurística. Ambas son diferentes, pero ambas emplean categorías de
estasis. Según una muy popular (generalmente positivista) tradición
sociológica, clase puede ser reducida a una auténtica medida cuanti-
tativa: determinado número de seres en esta 11 otra relación a los
medios de producción, o, en térmii10s más corrientes, determinado
número de asalariados, trabajadores de cuello blanco, etc. O clase
es aquello a lo qne la gente cree pertenecer en su respuesta a un
formulario; nuevamente la clase como categoría histórica -la observa-
ción del comportamiento a través del tiempo- ha sido dejada de
lado.
4) Quisiera decir que el uso marxista apropiado y mayoritario
de clase es el de categoría histórica. Creo poder demostrar que es
este el uso del mismo Marx en sus escritos más históricos, peto no
es este el lugar para hablar de autoridades en sus escritos. Es sin
duda el uso de muchos (aunque no todos) de los que se encuentran
en la tradición británica de historiografía marxista, especialmente de
la generación mayor." No obstante, ha quedado claro en años re-
cientes que clase como categoda estática ha ocupado tamhién sectores
muy influyentes del pensamiento marxista. En términos económicos
vulgares, esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica
positivista. De un modelo estático de relaciones de producción capi-
talista se derivan las clases que tienen que corresponder al mismo,
y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas.
En una de sus [otmas (generalmente leninista). bastante extendida,
esto proporciona una fácil justificación para la polftica de «sustitu-
ción»: es decir, ]a «vangllardi:1.» que sabe mejor que la clase misma
cuáles debea ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta. Si
32. No es mi intención sugerir que un análisis estructural estático como
éste no p'lcch ser lanto valioso como esencial. Pero 10 que nos da es una
determinante (en el sentido de «poner límites) y «ejercer presiones»:
\'éase el análisis de importancia etÍtica del determinismo en Raymond \'\Tilliaros,
.\farxism and Literafure, Oxfotd
t
1977L y no la conclusión o la ecundón
históricas; que estas relacíones de producción = a estas formaciones de clase.
Véase tamhién más adelante, párrafo 7) y nota 36.
33. Según mi opinión, es el uso que generalmente se encuentra en la
práctica histc1rica de Rodney Hilton, E. r Hobsbawm, Cristopher Hill, y mu-
cho .. otr0s.
I
1
I
.1
36 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE
ocurriera que no tuviera conciencia alguna, sen lo que' fuere
lo que ten23) es una «falsa conciencia», En 11na forma flltcrnativa
(mucho más sofisticada) -por ejemplo, cn Althusser-- todavía en-
contramos l'n3 categorb profundamente estática; una categoría Q11C
sólo halla su definiciór. dentro de una totalidad estructurnl altamente
teorizada, que desestima el veTdadero proceso CXl'crilllc;ltal histó1'Íco
de la formación de las clases. A pesar de ln sofisticación ele esta
teoría, los tesultados son mny similares a la versión vulgilt econó-
mica. Ambas tienen Jna noción parecida de dalsa conciencia" o
«iclcologh\}), aunque b teDría althusserianil tiende a tener un arSe-
nal teórico mayor pet ,! explicar el dominio idcológico y la mistifi-
cación de ]a conciencia.
5) Si volvemos a la ehse como categoría histórica, es posible
ver que los pueden empIcar el concepto en dos sc_ntidos
diferentes: a) referido a un contenido histótico real correspondiente,
empíricamente observahle; [,) como catcgoría heurística o analítica
para oqw.nízaf la evidencia histórlcD.) con una correspondencia 1ll1lcho
menos directa ,:'4 En mi opinión, el concepto puede utilizarse con
propiedad en Jl11bos sentidos; no obst:mte, snrgc a menudo la con-
fusión cuando nos trasbd:unns de 11110 otro.
a) Es cicrto que el uso moderno de clase surge del m¡]fCo ele
la sociedad inelustrial capitalist" del siglo X1X. Esto es, cl"se seg!ín
su uso moderno sólo fue al sistema cognoscitivo de las
gentes que vivían en dicha época. De aquí q\IC el concepto no sólo
nos permita organizar y analiznt la cvídencin; está también, en un
sentido dLstinto, preJfnte en la (!vidrllda misma. Es pnsiblc observar,
en la IngLllerra, Francia o Alemania industriales, instituciones de
c1asc, pnrtidos dc cbsc, cu1turns de c1nsc, ctc. Esta evidencia bistó
rica a su vez ba chelo origen Jl concc'pto milc1uro de c1;1se y, 11!1sta
cierto punto, le t),1 imprin1icio su propia cspccificidnd
b) Debemos guardarnos de esta (anacrónica) especificidad his-
tórica cuando emDleamus el término en Sil segundo sentido pnra el
análisis de sociedades "nteriores " la revolución industrial. Pues la
34. eL E. 1. Hobsha'\vm, Consciousncss 1\1 l-1ístory,>, en Is\v>in
Mcszaros, cd., AS{1ects 01 a/1J Class C(lI1scint/sl1css, 1971, p. R: «Bajo
el capilalismo la clase es 1.111<1 rcalilhid inmcdiaLl y en cierto sentido C\ircct;'-
mentC' CX1)crimcntada, micntrHs que en épOG1S prcGlpitalistas no puede ser nl<Ís
que una construcción analítica que (h [t 1l!1 complejo de datos de
otro modo inexplicables). Vl-ilSC tflmbién ¡/lid, pp. 5-h.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
37
correspondencia de la categoría con la evidencia histórica se hace
mucho menos directa. Si la clase no era un concepto asequible den-
tro del propio sistema cognoscitivo de la gente, si se consideraban
a s! mismos y llevaban a cabo sus batallas históricas en términos de
«estados» o «jerarquías» u «órdenes», etc., entonces al describir
estas luchas históricas en términos de clase dehemos extremar el
cuidado contra la tendencia a leer retrospectivamente notaciones sub-
secuentes de clase. Si decidimos continuar empleando la categoria
heurística de clase (a pesar de esta dificultad omnipresente), no es
por su perfección como concepto, sino por el hecho de que no dis-
ponemos de otra categoría alternativa para analizar Uf' proceso bis-
t6rico universal y manifiesto. Por ello no podemos (en el idioma
inglés) hablar de ducba de estados» o ducha de órdenes», mientras
que «lucha de clases» ha sido utilizado, no sin dificultad pero con
éxito notable, por los historiadores de sociedades antiguas, feudales
y modernas tempranas; y estos historiadores, al utilizarlo, le han
impuesto sus propios refinamientos y matizaciones al concepto con
respecto a su propia especialidad histórica.
6) Esto viene a destacar, no obstante, que clase, en su uso
heurístico, es inseparable de la noción de «Iucba de clases». En mi
opinión, se ha prestado una atención teórica excesiva (gran parte de
la misma claramente abistórica) a «clase» y demasiado poca a <<lucha
de clases». En realidad, lucha de clases es un concepto previo as!
como mucho más universal. Para expresarlo claramente: las clases
no existen como entidades separadas, que miran en derredor, en-
cuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. Por el con-
trario, las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en mo-
dos determinados (crucialmente, pero no exclusivamente, en relacio-
nes de producción), experimentan la explotación (o la necesidad de
mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de inte-
rés antagónico, comienzan a luchar por estas cuestiones y en el pro-
ceso de lucha se descubren como clase, y llegan a conocer este
descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de
clase son las últimas,· no las primeras, fases del proceso
real histórico.'" Pero, si empleamos la categoría estática de clase, o si
35. ef. Hobsbawm, ibid., p. 6: "Para los prop6sitos del historiador ...
la clase y los problemas de la concie:ida de c1ase son inseparables. Clase
en su sentido más pleno sólo llega a existir en el momento hjst6rico en que la
cIase empieza a adquirir conciencia de sí misma como tal,..
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38
TRADICIÓN, REVUELTA Y DE CLASE
obtenemos nuestro concepto del modelo teórico previo de una
totalidad estructural, no lo creeremos así: creeremos que la clase está
instantáneamente presente (derivada, como una proyección geomé-
trica, de las relaciones de producción) y de ello la lucha de clases."
Estamos abocados, entonces, a las interminables estupideces de la
medida cuantitativa de clase, o del sofisticado marxismo newtoniano
según el cual las clases y las de clase realizan evoluciones
planetarias o moleculares. Todo este escuálido confusionismo que
nos rodea (bien sea positivismo sociológico o idealismo marxista-
estructuralista) es consecuencia del etror previo: que las clases exis-
ten, independientemente de relaciones y luchas históricas, y que
luchan porque existen, en lugar de surgir su existencia de la lucha.
7) Espero que nada de lo escrito anteriormente haya dado
pábulo a la noción de que yo creo que la formación de clases es inde-
pendiente de determinantes objetivos, que clase puede definirse sim-
plemente como una formación cultural, etc. Todo ello, espero, ha
sido refutado por mi propia práctica histórica, así como por la de
otros muchos historiadores. Es cierto que estos determinantes obje-
tivos exigen el examen más escrupuloso." Pero no hay examen de
determinantes objetivos (y desde luego, modelo teórico obtenido de
él) que pueda ofrecer una clase o conciencia de clase en una ecuación
simple. Las clases acaecen al vivir los hombres y las mujeres sus
relaciones de producción y al experimentar sus situaciones determi-
nantes, dentro «del conjunto de relaciones sociales», con una cultura
y unas expectativas heredadas, y al modelar estas experiencias en
formas culturales. De modo que, al final, ningún modelo puede pro-
porcionarnos 10 que debe ser la «verdadera» formación de clase en
una determinada «etapa» del proceso. Ninguna formación de clase
36. La economía política marxista, en un proceso analítico necesario,
construye una totalidad en la cual las relaciones de producci6n se proponen
ya como clases. Peto cuando volvemos desde esta estructura abstracta al
proceso hist6rico pleno, vemos que la explotación (econ6mica, militar) se
experimenta de modos clasistas y sólo entonces da origen a la formación de
clases: véase mi «An Orrery of Errors», Reasoning, One, Merlin Press, sep-
tiembre 1978.
37. Para los de!crminantes de la estructura de clase (y de la propiedad
de relaciones de «extracción de la plusvalía» que imponen límites, posibilidades,
y «modelos a largo plazo» en las sociedades de la Europa preindustrial),
véase Robert Brenner, «Agradan Class Structure and Economic Deve10pment
in Pre-Industrial Europe», Pasl and Present, LXX (febrero 1976), esp .
pp. 31-32.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 39
propiamente dicha de la nistoria es más verdadera o más real que
otra, y clase se define a sí misma en su efectivo acontecer.
Las clases, en su acontecer dentro de las sociedades industriales
capitalistas del siglo XIX, y al dejar su huella en la categoría heurís-
tica de clase, no pueden de hecho reclamar universalidad. Las clases,
en este sentido, no son más que casos especiales de las formaciones
históricas que surgen de la lucha de clases.
v
Volvamos, pues, al caso especial del siglo XVIII. Debemos espe-
rar encontrar lucha de clases, pero no tenemos por qué esperar
encontrar el caso especial del siglo XIX. Las clases son formaciones
históricas y no aparecen sólo en los modos prescritos como teórica- ( ¡
mente adecuados. El hecho de que en otros lugares y períodos poda- \
mos observar formaciones de clase «maduras» (es decir, conscientes
e históricamente desarrolladas) con sus expresiones ideológicas e ins- .
titucionales, no significa que 10 que se exprese de modo menos
decisivo no sea clase.
En mi propia práctica he encontrado la reciprocidad gentry-mul-
titud, el «equilibrio paternalista» en el cual ambas partes de la
ecuación eran, hasta cierto punto, prisioneras de la contraria, más
útil que las nociones de «sociedad de una sola clase» o de consenso.
Lo que debe ocuparnos es la polarización de intereses antagónicos
y su correspondiente dialéctica de la cultura. Existe una resistencia
muy articulada a las ideas e instituciones dominantes de la sociedad
en los siglos XVII y XIX: de ello que los historiadores crean poder
analizar estas sociedades en términos de conflicto socia1. En el si-
glo XVIII la resistencia es menos articulada, aunque a menudo muy
específica, directa y turbulenta. Por ello debemos suplir parcialmente
esta articulación descifrando la evidencia del comportamiento y en
parte dando la vuelta a los blandos conceptos de las autoridades diri-
gentes para mirar su envés. Si no 10 hacemos, corremos el peligro
de convertirnos en prisioneros de los supuestos de la propia imagen
de los gobernantes: los trabajadores libres se consideran de «tipo
disoluto y levantisco», los motines espontáneos y «ciegos»; y ciertas
clases importantes de protesta sodal se pierden en la categoría de
«delito». Pero existen unos pocos fenómenos sociales que no revelan
40
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
un significado distinto al scr sometidos " este examen dialéctico.
La exhibición ostentosa, las pelucas empolvadas y el vestido de los
grandes deben también considerarse -como se quería que fueran
considerados- desde abajo, entre el auditorio del teatro de hege-
monía y control clasista. Incluso la «liberalidad» y la «caridad» de-
ben verse como actos premeditados de apaciguamiento de clase en
momentos de escasez y extorsión premeditada (bajo la amenaza de
motín) por parte de la multitud: 10 que es (desde arriba) un «acto
de concesión», es (desde abajo) un «acto de logra!». Una categorla
tan sencma como la de «robo» puede resultar ser, en ciertas circuns-
tancias, evidencia de los intentos prolongados, por parte de la comu-
nidad agraria, de defender prácticas antiguas de derechos al común,
o de los jornalero:; de defender los emolumentos establecidos por
la costumbre. Y siguiendo cada una de estas claves hasta su punto
de intersección, se hace posible reconstruir una cultura popular esta-
blecida por la costumbre, alimentada por experiencias muy distintas
de las de la cultura educada, transmitida por tradiciones orales, re-
producida por ejemplos (quizás al avanzar el siglo, cada vez más
por medios literarios), expresada en Simbo los y ritos, y muy distante
de la cultura de los que tienen el dominio de Inglaterra.
Yo dudaría antes de describir esto como cultura de clase, en el
sentido de que se puede hablar de una cultura obrera, en la que los
niños se incorporan a la sociedad con un sistema de valores con
patentes notaciones de clase, en el siglo XIX. Pero no puedo enten-
der esta cultura, en su nivel experimental, en su resistencia a la
homilia religiosa, en Sll picaresca mofa de las próvidas virtudes bur-
guesas, en su fácil recurso al desorden y en sus actitudes irónicas
hacia la ley, a menos que se utilice el concepto de antagonismos,
adaptaciones y (en ocasiones) reconciliaciones dialécticas, de clase.
Al analizar las relaciones gentry-plebe, nos encontramos no tanto
con una reñida e inflexible batalla entre antagonismos irreconcilia-
bles, como con un «campo de fuerza» societa!. Estoy pensando en
un experimento escolar (que sin duda no he comprendido correcta-
mente) en que una corriente eléctrica magnetizaba una placa cu-
bierta de limaduras de hierro. Las limaduras, que estaban uniforme-
mente distribuidas, se arremolinaban en un polo o en otro, mientras
que entre medias las limaduras que permanecían en su lugar toma-
ban el aspecto de alineaciones dirigidas hacia uno u otro polo
opuesto. Así es prácticamente como veo yo In sociedad del siglo XVlII,
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 41
con la multitud en un polo, la aristocracia y la gentry en otro, y en
muchas cuestiones, y hasta finales del siglo, los grupos profesionales
y comerciantes vinculados por líneas de dependencia magnética a
los poderosos o, en ocasiones, escondiendo sus rostros en una acción
común con la multitud. Esta metáfora permite entender no sólo la
frecuencia de situaciones de amotinamiento (y su dirección), sino
también gran parte de lo que era posible y los límites de 10 posible
más allá de los cuales no se atrevía a ir el poder. Se dice que la
reina Carolina se aficionó taoto en una ocasión al Sto James Park
que preguntó a Walpole cuánto costaria cerrarlo para hacerlo pro-
piedad privada. «Sólo una corona, Señora», fue la respuesta de
Walpole."
Utilizo por tanto la terminología del conflicto de clases mientras
que me resisto a atribuir identidad a ulla clase. No sé si esto puede
parecer herejía a otros marxistas, ni me preocupa. Pero me parece
que la metáfora de un campo de fuerza puede coexistir fructífera-
mente con el comentario de Marx en los Grundisse de que:
En toda forma de sociedad es una determinada producción
y sus relaciones las que asignan a las demás producciones y sus
relaciones rango e influencia. Es una iluminación general en la
que se mezclan los restantes colores y que modifica sus tonalidades
específicas. Es un éter especial que define la gravedad específica
de todo 10 que existe en él.
39
Lo que Marx describe con metáforas de «rango e influencia»,
«iluminación general» y «tonalidades» se presentarla hoy en un
lenguaje estructuralista más sistemático: términos en ocasiones tan
duros y de apariencia tan objetiva (como el «represivo» y los «apara-
tos ideológicos de Estado» de Althusser) que esconden el hecho de
qne signen siendo metáforas dispuestas a congelar un proceso social
fluido. Yo prefiero la metáfora de Marx; y la prefiero, en diversos
aspectos, a metáforas subsecuentes de «base» y «superestructura».
Pero 10 que yo sostengo en este trabajo es (en la misma medida que
'8. Horace Walpole, Memoirs 01 Ibe Reign 01 King Georg" Ibe Second,
1847, !I, pp. 220-221.
39. Para una traducción ligeramente distinta, véase Grundrisse, Penguin,
1973, pp. 106-107. Incluso aquí, sin embargo, la de Marx hace refe-
rencia no a la clase o las formas sociales, sino a las relaciones económicas
dominante y subordin::lda.
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42
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
lo es el de Marx) un argumento estructuralista. Me he visto forzado
a constatarlo al considerar la fuerza de las diversas objecciones al
mismo. PUeS todo rasgo de la sociedad del siglo XVIII que ha sido
considerado, puede encontrarse de forma más o menos desarrollada
en otros siglos. Hubo jornaleros libres y motines de subsistencias en
los siglos XVI, XVII Y XIX, hubo indiferentismo religioso y una
auténtica cultura folklórica plebeya en los mismos siglos; hubo activa
renovación de ritua les paternalistas --especialmente en cantos de
siega, cenas de arrendatarios, obras de caridad- en el campo del
siglo XIX. y asr sucesivmncnte. ¿Qué es, plles, lo especifico del si-
glo XVIII? ¿Cuál es la «iluminación gcnetab que modifica las «tona-
lidades específicas» de su vida social y cultural?
Para responder a estas preguntas debemos reformular el anterior
análisis en términos más estructurales. El error más corriente hoy
día es el de hacer la definición de las antítesis culturales del si-
glo XVIII (industrial / preindustrial; moderno / tradicional; clase
obrera «madura» / «primitiva») inaplicables, porque suponen el
descubrir .:n una sociedad previa categorías pata las cnales esa so-
ciedad no poseía recursos y esa cultura no poseía términos. Si clcsea-
1110S efectuar una definición antitéticamcntc, las antítesis relevantes
que se pueden aplicar a la cultura plebeya del siglo XVllI son dos:
1) la dialéctica entre lo que es y 110 es cultum -las experiencias for-
mativas del ser social, y cómo eran éstas modeladas en formas
culturales, y 2) las polaridades dialécticas --antagonismos y recon-
ciliaciones- entre las culturas refinada y plebeya de la época. Es por
esto por lo que he hecho tan largo rodeo para llegar al verdadero tema
de este trabajo.
Por descontado esta c"ltura exhibe ciertas características común-
mente atribuidas a la cultura «tradiciona]". Especialmente en la so-
ciedad rural, pero también en zonas fabriles y mineras densamente
pobladas (las ciudades textiles del oeste de Inglaterra, los mineros
de estaño de Coroualles, el Black Country), existe un fuerte peso de
expectativas y definiciones colZSuetudinarias. El aprendizaje como
iniciación en las destrezas adultas no está limitado a su expresión
industrial reglamentada. La niña hace su aprendizaje de ama de casa,
primero con su madre (o abuela), después como criada doméstica;
como madre joven, en los misterios de la crianza de los niños, es
aprendiza de las matronas de la comunidad. Es 10 m51110 en los
oficios carentes de un aprendizaje regulado. Y con la introducción en
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
43
estas especiales destrezas viene la introducción en la experiencia so.
cial o sabiduría común de la comunidad: cada generación está en
relación de aprendiz con sus mayores. Aunque cambia la vida social,
aunque hay gran movilidad, el cambio no ha alcanzado aún el punto
en que se asume que los horizontes de las generaciones sucesivas
serán diferentes; 40 ni tampoco se ha interpuesto aún
mente esa máquina de aceleramiento (o extrañamiento) cultural que
viene a Ser la educación formal en la transmisión generacional.
Pero las prácticas y normas se reproducen de generación en gene-
ración en el ambiente lentamente diferencia dar de la «costumbre».
De ello que las gentes tiendan a legitimar la práctica (o la protesta)
en términos de uso consGetudinario o de emolumento o derecho
prescriptivo. (El hecho de que --desde puntos de partida algo dis-
tintos- este tipo de argumento tienda también a controlar la alta
cultura política, actlÍa también como refuerzo de esta disposición
plebeya). Las traelidones se perpetúan en gran medida por transmi-
sión oral, con su repertorio de anécdotas y ejemplos narrativos; donde
una progresiva alfabetización suple a la tradición oral, las produc-
ciones impresas de más amplia circulación (libritos de romances, al-
manaques, pliegos, «últimos discursos ante la muerte», y relatos
dóticos de crímenes) tienden a someterse a las expectativas de la
cultura oral más que a desafiarla con alternativas. En cualquier caso,
en muchos puntos de Gran Bretaña --y especialmente en aquellas
regiones donde la dialéctica es más fuerte--, una educación básica
elemental coexiste, a lo largo del siglo XIX, con el lenguaje -y quizá
la sensibilidad- de lo que empieza a Ser <<la vieja cultura».
En el siglo XVIII, esta cultura no es ni vieja ni insegura. Trans-
mite vigorosamente -y quizás incluso genera- formas de compor-
tamiento ritualizadas y estilizadas, bien como recreación o en forma
de protesta. Es incluso posible que la movilidad geográfica, junto con
la disminución del analfabetismo, extiendan de hecho su alcance y
esparzan estas formas más ampliamente: el «fijar el precio», como
acción central del motín de subsistencias, se extiende a lo largo de
la mayot parte del país; el divotcio ritual conocido como «venta de
esposa» parece haber esparcido su incidencia en todo el país desde
40. los perceptivos comentarios sobre el sentido «circula.o) del
espacio en la parroquia agrícola antes del cerramiento en John BarreI, The
Idea 01 Laodscape aod Ihe Sense 01 Place: An Approach lo Ihe Poelry 01
Jolm Ciare, Cambridge. 1972, pp, 103, 106.
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44 TRADICI()N, RF,VUEL'fA y CONSCIENCIA DE CLASE
algún desconocido punto de origen. La evidencia de música escabrosa
indica que en las comunidcdes más tradicionales éstas no eran
siempre, de ningún modo, aquellas que poseían un perfil rural o agra-
rio- operaban fuerzas muy poderosas, autoactivantes, de regulación
social y moral. Esta evidencia puede demostrar que, mientras cierto
comportamiento dudoso se toleraba hasta cierto punto, más allá del
miSlll0 la c01l1unidad intentaba imponer sus propias expectativas,
heredadas en cuanto a los papeles maritales aceptables y la conducta
sexual, sobre los transgresores. Incluso en este caso, sin embargo,
tenen10S que proceder con cuidado: eslo no es solamente «una cultura
tradicional», Las normas que así se defienden no son idénticas él las
proclamadas por la Iglesia o las autoridades; son dcfini,bs en el
interior de la cultura plebeya misma, y las mismas formas ritnales
que se emplean contra un conocido JeHncuente sexual pueden ern-
pIearse contra un esquirol, o contra el señor y sus guardas de la caza,
el recandador, el juez de paz. Es más, las formas no son herederas
de expectativas y reproductoras de normas simplem"nte: pnede
qne las farsas populares del siglo XVII y principios del XVIII estén
dirigidas contra la mujer que peca contra las prescripciones patriar-
cales de los roles conyugales, pero la música cscabtosa del siglo XIX
está generalmente dirigida contra los que pegan a sus mujeres o (me-
nos frecuentemente) contra hombres casados conocidos por seducir
y dejar cmbatnzaclas n muchachas ióvenes.41
Es est,l, pues, una Cllltura consetvadotn en sus formas; ést'JS
apelan a la costumbre e intentan fortalecer los usos tradicionales.
Las formas son también, en ocasiones, irracionales: no apelnn a la
«razón» mediante folletos, sermones o discursos espontáneos; im-
ponen las sanciones de la fuerza, el ridículo, la vergüenza y la intimi-
dación. Pero el contenido de esta cultura no puede ser descrito como
conservador con tanta facilidad. Pues, en su «ser sociah> efectivo,
el trabajo .ce está <<liberando», década tras década, cada vez más, de
.10s controles tradicionales señoriales, parroquiales, corporativos y
paternales, y se está distanciando cada vez más de relaciones di
1
'ec-
tas de c!ientelismo con la gell!")'. De ello que nos encontremos con
41. Véase mi (<.Rough Ml1sic: Le Ch::uivari Angbis), /111l1l1leI ESe, XXVlI,
0.° 11 (1972); y mis otros cornentnrios en el curso dC'l Congreso sobre -<,Le
Charivariy, bajo los auspicios de la Écolc des Hautes Études en Scicnces
Sociales (Vr scction), París, 2.5·27 de abril de 1977 (de próxima publi-
c:1ción ).
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
45
la paradoja de una cultura tradicional que no está sujeta en sus
operaciones cotidianas al dominio ideológico de los poderosos. La
hegemonía de la gentr)' puede definir los límites del «campo de
fuerza» dentro de los cuales es libre la cultura plebeya para actuar
y crecer, pero, dado que esta hegemonía es más secular que reli-
giosa () mágica, no es mucho lo que puede hacer para determinar el
carácter de esta cultura plebeya. Los instrumentos de control e imá-
genes de hegemonía son los de la ley y no los de la Iglesia y el
poder monárquico. Pero la ley no si"embra pías cofradías de hermanas
en las ciudades, ni obtiene confesiones de los delincuentes, sus súbdi-
tos no rezan el rosario ni se unen a peregrinaciones de fieles; en lugar
ele ello, leen pliegos en las tabernas y asisten a ejecuciones públicas y
al menos algunas de las víctimas de la ley son consideradas, no con
horror, sino con ambigua admiración. La ley puede puntear los lími-
tes ele1 comportamiento tolerado por los gobernantes; pero, en el
siglo XVIII, no entra en las cabañas, es mencionada en las oraciones
del ama de casa, decora las chimeneas con iconos o informa una
visión de la vida.
De ahí una paradoja característica del siglo: nos enconuamos
con una cultura tradicional y rebelde. La cultura conservadora de la
plebe se resiste muchas veces, en nombre de la «costumbre», a aque-
llas innovaciones y racionalizaciones económicas (como el cerramien-
to, la disciplina de trabajo, las relaciones libres en el mercado ele
cereales) que gobernantes () patronos deseaban imponer. La innova-
ción es más evidente en la cima de la sociedad que más abajo, pero,
puesto que esta innovación no es un proceso técnico-sociológico sin
normas y neutro, la plebe 10 experimenta en la mayoría de las oca-
siones en forma de explotación, o expropiación de derechos de apro-
vecbamiento tradicionales, o disrupción violenta de modelos valo-
rados de trabajo y descanso. De ello que la cultura plebeya sea
rebelde, pero rebelde en defensa de la costumbre. Las costumbres
que se pertenecen al pueblo, y algnnas de ellas se funda-
mentan de hecho en una reivindicación bastante reciente en la prác-
tica. Pero enando el pueblo busca una legitimación de la protesta,
recurre a menudo a las regulaciones paternalistas de una sociedad
más autoritaria y selecciona entre ellas aquellas partes mejor pensadas
para defender sus intereses del momento; los participantes en moti-
nes de subsistencias apelan al Book of Orders (Libro de Órdenes) y
a la legislación contra acaparadores, etc., los artesanos apelan a cier-
46 TRADIClÓN, REVUELTA Y CONSCIENcrA DE CLASE
las partes (por ejemplo, la regulación del aprendizaje) del código
Tudor regulatorio del trabajo.42
Esta cultura tiene otros rasgos «tradicionales», por supuesto. Uno
de ellos que me interesa en particular es la prioridad que se otnrga,
en ciertas regiones, a la sanción, intetcatnbio o lTIotívación «no-cco-
nómic<1» frente [l la direCVlmente monetaria. Una y otra vez, al exa-
minar formas de comportamiento del siglo XVII1, nos encontramos
con la necesidad de «descifraD> 43 este comportamiento y descubrir
las reglas invisibles de acción, diferentes a las que el historiador de
«movimientos obreros» espera encontrar.
En este sentido, compnttÍl11os algunas de las preocupaciones del
historiador de Jos siglos Xv[ y XVII en cuanto a una oricnt8.ción «an-
tropológica>>: así por ejemplo, al descifrar la rmísica escabrosa, o la
venta de esposa, o estudiar el simbolismo de la protesta. En otto
sentido, el rtoblema es diferente y qurzá más complejo, pues la lógica
capitalista y el comportamiento tradicional se en-
cuentran en conflicto activo y consciente, C01110 en la resistencia a
nuevos modelos de consumo (<<necesidades»), o en la resistencia
a una del tiempo y la innovación técnica, o a la racionaliza-
ción del trabajo que amenaza con h destrucci6n de pnícticas tradi-
cionales y, en ocasiones, la organización familiar de relaciones y roles
de producción. De aquí que podamos cntender la historia social del
siglo XVIII corno una serie de confrontaciones entre una innovadora
42. En fcchn Lm tardh C0l110 18,11 sofisticndos tradf"1I!lionistas
londinenses, al apelar n. las cláusulas sobre el aprendizaje del Estntllto ele
Artífices (ql\lcciÍnicos! ¡¡Proteged vuestras libertades contra los Ilwasorcs sin
Lev!!»I, comenzaban con \lna «Od2 a la memoria de la Reina Isabel,>: «Su
me·moría es toda\'la dulce al j0rnalero, .1 Pues protegidos l)Of sus leyes, resislfll
hoy I Violaciones, que de otro modo prevalecerl<ln. 1/ Patronos tiránicos,
innov<1dnres sl1nplcs / Se ven impedidos y limitados por sus gloriosas reghls. J
De los derecho5- del trabajador es ella todavía U11a ... ,). !\('rort o/ t!J('
Trial 01 Alexander \Vadsl/.I()rlh againsf Peter Lauric (28 de mayo eJe. lB"!}),
Columbia University Library, Scligman Coliection, Place p<ll11ph1cts, vnl. Xíl
43. Espero que mí uso de «descifrar» no asimile mi atgutncntación innlf'-
di<ltamente a esta o aquelln ('sCllela ele semiótica. Lo que quíero decir debe
quedar c1al"O en las siguientes páginas: no es suficiente describir simplemente
las protestas simbólicas pnpulares (quema de efigies, ponerse hojas ele encina,
colgar botas): es también necesario recobrar el signifiC<Klo de estos símbolos
con respecto a lln universo simbólico más amplio, v así encontrar Sil f1!cr7:l.,
tanto como afrenta a l::t de los poderosos y corno expresión de ID"
ek In I1HI1titud: \'bse el sugerente iIl"tículo de \xri1!i<1m R. Hcdc1y,
,,1'h(' Tcxti\c Tradc and Ihe L1l1guagc of the CrO"wd at Rouen, 1752-·1871}),
Pa.a and P"esC1Jf. LXXIV (febrero 1977).
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
47
economía de mercado y la economía moral tradicional de la plebe.
Pero, .,i desciframos el comportamiento, ¿ se sigue de ello que
tengamos que ir más allá e intentar reconstruir con estos fragmentos
de clave un sistema cognoscitivo popular con su propia coherel'cia
ontológica y estructura simbólica? Los historiadores de la cultura
popular de los siglos XVII y XVIII pueden enfrentarse a problemas
algo diferentes a este respecto. La cuestión se ha planteado en un
reciente intercambio entre Hildred Geertz y Keith Thomas 44 y, a
pesar de que yo me asociaría firmemente a Thomas en esta polémica,
no podría responder, desde la perspectiva del siglo XVIII, en los
mismos términos exactamente. Cuando Geertt espera que un sistema
coherente subraye el simbolismo de la cultura popular, yo tengo que
estar de acuerdo con Thomas en que «la inmensa posibilidad de
variaciones cronológicas, sociales y regionales, que presenta una so-
ciedad tau diversa como la de la Inglatetta del siglo XVII» -e in-
cluso más la del siglo XVIII-, impide estas expectativas. (En todo
momento, en este trabajo, al referirme a la cultura plebeya he sido
muy consciente de sus variaciones y excepciones.) Debo unirme a Tbo-
mas aÚn más fuertemente en su objeción a «la distinci6n simple que
hace Geertz entre alfabetizados y analfabetos»; cualquier distinción
de este tipo es nebulosa en todo momento del siglo: los analfabetos
oyen las producciones de los que no lo son leídas en voz alta en las
tabernas, y aceptan de la cultura educada ciertas categorías, mien-
tras que algunos de los que saben leer y escribir utilizan sus muy
limitadas destrezas literarias sólo de forma instrumental (para escri-
bir facturas o llevar las cuentas), mientras que su «sabiduría» y
sus costumbres se transmiten aun en el marco de una cultura pre-
alfabetizada y oraL Durante unos setenta años, los coleccionistas y
especialistas en canci6n folklórica han disputado enconada mente en-
tre sí sobre la pureza, autenticidad, origen regional y medios de dis-
persi6n de su material, y sobre la mutua interacci6n entre las cultu-
ras musicales refinada, comercial y plebeya. Cualquier intento de
segregar la cultura educada de la analfabeta encontrará incluso ma-
yores obstáculos.
En lo que Thomas y yo podemos disentir es en nuestros cálculos
con respecto al grado en que las formas, rituales, simbolismo y su-
persticiones populares permanecen como «restos no integrados de
44. Jor"'ldl 01 I/1terdisciplil1ary History, VI, n.O 1 (1975).

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48 TRADICIÓN, REVU1:'LTA y CONSCIENr::l A DE CLASE
modelos de pensamiento rrl<Ís antiguos», los cUJles, incluso tOnlfldos
en conjunto) constítuycn «no un solo código, sino 11nFl nmalgatna de
despojos culturales de muchos distintos modos de pensamiento, crís-
ti<1no y pagano, teutónico y clásico; y serta absurdo pretender que
todos estos elementos hayan sido barajados de modo que formen
un sistema nuevo y cohercnte».4
5
Yo he hecho ya una crítica de las
referencias de 1hom<1s <1 la (<ignorancia popubp>, a la cual ha res-
pondido brevemente Thomas; 46 y sin duda puede hablarse de ello
más detenidamente en el futuro, Pero, ¿será quizás el siglo, o los
campos de fuerza relevantes de los distintos siglos, aSl como el
tipo de evidencia que cada uno de ellos hace prominente, lo que
haga la dHerencia? Si lo que estudiamos son la «magia», la astro-
logía o los silbíos, ello puede ilpoyar las conclusiones de Thonuls;
si lo que observamos son las procesiones bufns popl11ares, los rilaS
de pasaje o las formas características de motín y protesta del si-
glo XVIII, apoyaría las mías.
Los datos del siglo XVIIl me parecen señalar hacia un universo
mental bastante m"s coherente, ell que el símbolo infomla la práctica,
Pero la coherencia (y no me extrañaría si en este momento alg{lO
antropólogo tirara este trabajo disgustado) surge no tanto de una
estructuta inherente cognoscitiva como de un campo de fuerza deter-
minado y llDa oposiclcSn sociológica, pCC111infcs a 1n sociedad del
siglo XVllI: para habbr cbro, los elementos desunidos y fragmen-
tados de mas antiguns form<1s de pensamiento quedan integrados por
la clase. En algunos casos esto no tiene significado político y social
alguno, más allá de la antítesis elemental de las definiciones dentro
de culturas antitéticas: el escepticismo en relación a las homilías del
párroco, la mezc1a de 111fltcl'lal1SmO efectivo y vestigios ele supersti-
ciones de los pobres, se cotlserVJn con especilll confinnzn porque ('stns
actitudes están amparadas pot- el ámbito de una cultnra más amplia
y más robusta. Esta confianza nos sorprende llnn y otra vez: (l)ios
bendiga a sus scñorí<ls», exclamó un habitonte del West Country
ante un reverendo coleccionista de folklore bien cntt<ldo el siglo Xlx,
al ser interrogado sohre 1<1 venta de espOS<1S, «que p1.lec\e preguntar
a quien quiera si no es eso el matrimonio bueno, sólido y cristiano
4'5. Keith Thomas, Rcligioll and the Declinc o/ lI'f.-1.2jc, 1971, pp. 627-628.
46. «Anthropology ,md the Discipline of nistmical C0I11CXb>, Afidlal1d
Histnry, 1. n.O 3 (pdmlwcra 1972); JOl/mal 01 TlItcrdisciplíltary [-Jístory .. VI,
'-" 1 (1q7<:;\ nt.., 1()4-10'l. eso. nota :n.
¿ LUC l-I A DE CLASES SIN CLASES?
49
y les dírán que 10 es».47 «Dios bendiga a sus señorías» entraña un
sentido de condescencia desdeñosa; «quien quiera» sabe lo que es
cierto e-excepto, por supuesto, el párroco y el señor y sus bien
educados hijos-; cualquiera sabe mejor que el mismo párroco lo que
es... i «cristiano»! En otras ocasiones, la asimilación de antiguos
fragmentos a la conciencia popular o incluso al arsenal de la pro-
testa popular es muy explícita: de la quema de brujas y herejes
toma la plebe el simbolismo de quemar a sus enemigos en efigie;
las «viejas profecías», como las de Merlín, llegan a formar parte del
repertotio rle la protesta londinense, apareciendo en forma de folleto
durante las agitaciones que rodearon el cerramiento de Richmond
Park, en pliegos y sátiras en época de Wilkes,
Es en la clase misma, en derto sentido un conj unto Huevo de
categorías, más que en más antiguos I1lOdelos de pensamiento, donde
encontramos la organización formativa y cognoscitiva de la cultura
plebeya, Quizás, en rea Hdad, era necesario que la clase fuera posible
en el conocimiento antes de que pudiera encontrar su expresión ins-
titucionaL Las clases, por supuesto, estaban también muy presentes
en el sistema cognoscitivo de los gobernantes de la sociedad, e infor-
maban sus instituciones y S\1S rituales de orden, pero esto sólo viene
a destacar el que la ge/ltl'y y la plebe tenían visiones alternativas de
la vida y de la gradación de sus satisfacciones, Ello nos plantea pro-
blemas de evidencia excepcionales, Todo lo que nos ha sido trans-
mitido mediante la cultura educada tiene que ser sometido a un
minucioso escrutinio, Lo que el distante clérigo paternalista considera
«ignorancia popular» no puede aceptarse como tal sin una investiga-
ción escrupulosa, Para tomar el caso de los desórdenes destinados a
tomar posesión de los cuerpos de los ahorcados en Tyburn, que Pe-
ter Linebaugh ha (creo) descifrado en Albiol1's Fatal Tree: era sin
duda un gesto de «ignorancia» por parte del amotinado el arriesgar
su vida para que su compañero de taller o rancho no cumpliera la
Inuy r,](ion,1I y utilitaria función de convertirse en espécimen de disec-
ción en la sala del citujano, Pero no podernos presentar al amotinado
como figura arcaica, motivada por los «despojos» de los antiguos
modelos de pensamiento, y despachar luego la cuestión lOn una refe-
rencia a las supersticiones de muerte y les 1'Oh IhauIJZaturges, Line-
47,
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S. Baring-Gould, Devonshire Characters and Strange Events, 1908,
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50 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
baugh nos demuestra que el amotinado estaba motivado por su soli-
daridad con la víctima, respeto por los parientes de la misma, y
nociones del respeto debido a la integridad del cadáver y al rito de
enterramiento que forman parte de unas creencias sobre la muerte
ampliamente extendidas en la sociedad. Estas creencias sobreviven
con vigor hasta muy avanzado el siglo XIX, como evidencia la fuerza
de los motines (y prácticamente histerias) en varias ciudades contra
los ladrones de cadáveres y su venta.'" La clave que informa estos
desórdenes, en Tyburn en 1731 o Manchester en 1832, no puede
entenderse simplemente en términos de creencias sobre la muerte y
sobre la forma debida de tratarla. Supone también solidaridades de
clase y la bostilidad de la plebe por la crueldad psíquica de la jus-
ticia y la comercialización de valores primarios. Y no se trata sólo,
en el siglo XVIII, de que se vea amenazado un tabú: en el caso de la
disección de cadáveres o el colgar los cadáveres con cadenas, una
clase estaba deliberadamente, y como acto de terror, rompiendo o
explotando los tabúes de otra.
Es, pues, dentro del campo de fuerza de la clase donde reviven
y se reintegran los restos fragmentados de viejos modelos. En un
sentido, la cultura plebeya es la propia del pu,-:blo: es una defensa
contra las intromisiones de la gCl1try o el clero; consolida aquellas
costumbres que sirven sus propios intereses; las tabernas son suyas,
suyas las ferias, la música escabrosa forma parte de sus propios me-
dios de autorregulación. No es una cultura «tradicional» cualquiera
sino una muy especial. No es, por ejemplo, fatalista, ofrece consuelo
y defensas para el curso de una vida que está totalmente determi-
nada y restringida. Es, más bien, picaresca, no sólo en el evidente
sentido de que hay más gente que se mueve, que se va al mar, o son
llevados a las guerras y experimentan los azares y aventuras de los
caminos. En ambientes más estables -en las zonas en desarrollo de
manufactura y trabajo libre-, la vida misma se desenvuelve a 10
largo de caminos cuyos avatares y accidentes no se pueden prescribir
o evitar mediante la previsión: las fluctuaciones en la incidencia de
mortalidad, precios, empleo, se viven como accidentes externos más
allá de todo control; la alta tasa de mortalidad infantil hace absurda
la planificación familiar predictiva; en general, el pueblo tiene pocas
48. Pe ter Linebaugh, «The Tyburn Riot against the Sutgeons», en Douglas
f-Lly y o:ros, Albioll'I Fatal Tree, 1975; Ruth Richardson, «A Dissection ot
thc i\natomy Act;.> , Sffldin in Lahnur Bislor)'. 1, Brigbwn, 1976.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 51
notaciones predictivas del tiempo; no proyectan «carreras», o ven sus
vidas con un aspecto determinado ante ellos, o reservan para uso
fututo semanaS enteras de altas ganancias en ahorros, o planean la
compra de casas, o piensan en unas «vacaciones» una sola vez en su
vida. (Un joven, sabiendo esto por medio de su cultura, podia salir,
una ve7, en su vida, a los caminos «para ver mundo».) De ello que la
experiencia o la oportunidad se aprovecha donde surge la ocasión,
con pocas consideraciones sobre las consecuencias, exactamente como
impone la multitud su poder en ·momentos de acción directa insur-
gente, a sabiendas de que su triunfo no durará más de una semana
o un día.
Pues la cultura plebeya está, finalmente, restringida a los pará-
metros de la hegemonía de la gelltry: la plebe es siempre consciente
de esta restricción, consciente de la reciprociclad de las relaciones
gel1try-plebe," vigilante para aprovechar los momentos en que pueda
ejercer su propia ventaja. La plebe también adopta para su propio
uso parte de la retórica de la gelltry. Pues, otra vez, este es el siglo
en que avanza el trabajo dibre)}. La costumbre que era «buena» y
«vieja» había a menudo adquirido valor recientemente. Y el rasgo
distintivo del sistema fabril era que, en muchos tipos de empleo, los
trabajadores (incluyendo pequeños patronos junto con jornaleros y
sus familias) todavía controlaban en cierta medida sus propias rela-
ciones inmediatas y sus modos de trabajo, mientras que tenían muy
poco control sobre el mercado de sus productos o los precios de
materias primas o alimentos. Esto explica parcialmente la estructura
de las relaciones industriales y la protesta, así como los instrumentos
de la cultura y de su cohesión e independencia de contra!." Explica
también en gran medida la conciencia del «inglés nacido libre», que
senlÍa como propia cierta porción de la retórica constitucionalista ele
sus gobernantes, y defendía con tenacidad sus derechos ante la ley
y sus derechos a protestar de manera turbulenta contra militares,
patrulla de reclutamiento o policía, junto con su derecho al pan hlanco
y la cerveza barata. La plebe sabía que una clase dirigente cuyas
pretensiones de legitimidad descansaban sobre prescripciones y leyes
49 Compárese con Genovese, Roll, fordan, Roll, p. 91: (Los esclavos
aceptaban la dísci¡11ina de reciprocidad, pero con una diferencia profunda. A la
ielen de deberes recíprocos añadieron la doctrina de derechos recíprocos».
lO. Sostengo aquí la idea de Getald M. Sider, «Christmas Mumming and
the Nnv Yeflr i11 Glltpnrt NewfoundJancl», Fas! aJfd Present (mayo 1 q76).
52 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIF,NCIA DE CLASE
tenía poca nutoridnd p.1t(1 desestimar sus propias costumbres y
leyes.
La reciprocidad ele estas relaciones subraya la importancia ele la
expresión simbólica ele hegemonía v protesta en el siglo XVIII. Es
por ello que, en mi trabajo previo, dediqué tanta atención a la
noción de teatro. Desde luego cada sociedad tienen $11 propio estilo
de teatro; gran parte de la vida política de nuestras propias socieda-
des puede entenderse sólo como una contienda por la autoridad sim-
bólicaS! Pero lo que estoy diciendo no es solamente que las con-
tiendas simbólicas del siglo XVI n eran peculiares de este siglo y
exigen mnyor c:::;tudio. Yo creo que el simbolisl11C1, e11 este siglo,
tenía una especial importancia debido a la debilidad de otros órganos
de control: la autoridad de la T glcsia está en retirada y no ha llegado
aún la autCH"ilbd de las escuelas y de los llledios milsivos de colnu-
nicación. La gell/n tenía ttes prinCIpales recursos de control: un
sistema de influencias v promociones que difícilmente podía incluir
a los desfavorecidos pobres; la majestad y el terror de la justicia,
y el simbolismo ele su hegemonía. Ésta era, en ocasiones, un delicado
equilibrio snci<11 en el que los gobernantes se veian forzados a hacer
concesiones. De ello que la rivalidad por la autoridad simbólica
pueda considerarse, no como Uné] forma de representar ulteriores
contiendas «reales», sino como una vcrdndcra contienda en sí misma.
La protesta plcbevn, a veces, no tenía más objetivo que desafiar la
seguridad hegemónica de la p,ell/rv, extirpar del poder sus
dones simbólicas, o incluso sólo blasfemar. Era una lucha de «apa-
riencins), pero el resultado de la misma podía tener consecuencias
materiales: en el modo en que se aplicaban las Leyes de Pobres, en
las medidas que la p'cl1!r)' crda necesarias en épocas de precios altos,
en que se aprisionara o se dejara en libettad a \'Vilkes.
Al menos debemos retornar al siglo XVIII prestando tanta aten-
ción a la contienda simbólica de las calles como a los votos de la
Cámara de los Comunes. Estas contiendas aparecen en toelo tipo de
formas y lugares inesperados. Algunas veces consistía en el uso jocoso
de un simbolismo jacobíta o antihnnl1overirmo, un retorcer la cola
ele la gCIl!"". El Dr. Stratford escribió desde Berkshire en 17\8:
Los nísticos de estn región son muy retozones y muy insolentes.
51. Véa5c Conor Cruisc O'Bricn, "Politics r1S Drilma as l-'olitics»), Pnwer
t1nd C011SclOtl5Ji¡-55, Nncvn York, 1969.
¿LUC ¡¡ A DE CLASES SIN CLASES? S3
Algunos honrados jueces se reunieron para aSlstn al día de Coro-
nación en \XTattleton, y hacia el atardecer cU<'lndo sus mercedes
estuvieran tranquilos <'.]l.1ef{<'ln h(lcer nnn fogata campestre, Sabién-
dolo algunos patanes lomaron un enorme nabo y le metieron
tres ,relns colocándolo sobre la casa de Chetwynd ' .. Fueron a
decir a sus mercedes que para honrar la Coronación del Rey
Jorge había aparecido una estrella fulgurante sobre el hogar del
Sr. Chetwynd. Sus mctcedes tuvieron el buen conocimiento de
111ont1t a caballo e ir a ver esta m(lravilla, y se encontraron, para
su considerable decepción, q\ie su estrella habíase quedado en
llabo:
72
El nabo er,', por supuesto, el emblema panicobr de Jorge 1 elegido
pO\" la multitud jacobita cuando estaban de buen humor; cuando
han de mal humor era el rey cornudo, y se empleahan los cuernos en
lugar del nabo. Pero otras confrontaciones simbólicas de estos años
podían llegar a ser verdaderamente muy hirientes. En una aldea de
Somerset, en 1724 tuvo lugar una oscura confrDntación (una entre va-
rias del mismo tipo) por lo erección de una «Vara de Mayo».'·' Un
terrateniente y magistrado de la localidad parece haber derribado «la
vieja Vara de Mayo», recién adornada con flores y guirnaldas, y
haber enviado después a dos hombres al correccional por cortar un
olmo pata hacer una nueva vara. Como respuesta se cortaron en su
jardín monznnos y cerezos, se mató a un buey y se envenel1nron
perros. Al ser soltados los prisioneros, se reerigió la vara y se celebró
el «Día de Mavo', con baladas sediciosas y libelos burlescos contra
. .
el magistrado. Entre los que adornanan la vara habia dos trabaja-
dores, un lllaltero, un cnrpintero, un herrero, un tejedor de lino, un
carnlcero, un molinero, un posndero, un mozo de cuadra y dos ca-
balletcls.
SJ
52. Hilt. MSS. Comm, Por·tZa/1d MS.s, VII, pp. 245·246.
* Un palo pintado con rayas espirales de distintos colores y cot0nado
de flores, instalndo en un espRcio abierto, para que las gentes en fiestas bailen
a su alrededor en 1ft celebración del Día de M:1yo (l de mayo). (N. del l.)
5.1. Public Record Office (e11 adelante PRO). KB 2 (1), Affidavits, Pascua
10 G 1, relativos (\ Hcnstridge, Somcrsct, 1724. A la subida de Jorge, la gente
del pueblo en Bedford «vistieron la Vara de Mayo de luto») y un oficial
militar la derribó. En ;:tgosto 172,) hubo una refriega sobre una Vara de
MilYo en Bflrford (\\Tilts.), entre Jos habitantes y un caballero que sospechaba
que h V3ra hí\hía 5ido rohndrt oe sus hosques (como era probablcmen:e la
verdad). El caballero pidió 1m pelotón para ayudarle, pe re los habitantes
g3mnon: parn Bedford, ,1111 Aceoanl 01 Lhe Rio/s, TU1?lults and ofha Treovma-
Me Prarliccs silla His MajeslY'-Í Accessiol1 fa Ihe Thml1c, 1715, p. 12'; pata
Ihrford, Mis/'s "J?ecJ:.ly JOUr11(¡{ (28 agosto 1725).
~
~
1
54 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Al traspasar la mitad del siglo, el simbolismo jacobita decae l' el
ocasional Yransgresor distinguido (quizás introduciendo sus propios
intereses bajo la capa de la multitud) desapatece con él." El simbo-
lismo de la protesta populat después de 1760 es a veces un desafío
a la autoridad de forma muy directa. Y no se empleaba el simbolis-
mo sin cálculo o cuidadosa premeditación. En la gran huelga de
marineros del Támesís de 1768, en que unos cuantos miles marcha-
ron al Parlamento, la afortunada snpervivencia de un documento nos
permite obsétvar este hecho en acción.
55
En el momento álgido de
la huelga (7 de mayo 1768), en que los marineros no recibían satis-
facción a1guna, algunos de sus dirigentes se dirigieron a una tabe1"l18
del muelle \. pidieron al tabernero que les esnibiera uJ1a proclama
con buena letra y forma apropiada que tenían In intención de colo-
car en todos los muelles y escaleras del río. El tabernero leyó el
papel y encontró «mucbas Exptesiones de Traición e Insubotdina-
ción» y al pie «Ni M ... , ni R. .. » (esto es, «Ni Wilkes, ni Rey»). El
tabernero (por ptopio aeuetdo) teconvino con ellos:
Tabernero: Ruego n los Cab(\lIcfos que no hablen de coacción o
sean culpables de la menor Incgularidad.
j\1t1rineros: ¿Qué significa esto, Señor?, si no nos desagravian
rápidamente hay Barcos y Grandes Cañones disponibles que
l1tilizaremcs como 10 pida la ocasión para desagraviarnos y
además estamos dispuestos <1 desarbolar todos los barcos del
Río y luego le diremos adiós a usted y a la vieja Inglaterra
y navegaremos hacia otro país ...
Los marineros estaban senci1lamente jugando el mismo juego que la
legislación con sus repetidos decretos sobre delitos capitales y sus
anulaciones legislativas; ambas partes de esta relación tendían a ame-
nazar más que a realizar. Decepcionados pm el iaberneto, le llevaron
54. Sin embargo, como nos recllerdan los episodios de Varas de Mayo,
la tradición tory de paternalismo, que se remonta al Book of Sports (Libro
de Deportes) de los Stuart, V que otorga patronazgo o un cálido permiso
a las recreaciones del pueb1<J, sigue siendo extremÁdl1!11et1te fuerte incluso
en el siglo XIX. Esta cuestión es demasiado extensa para ser tratada en este
trabajo, pero véase R. \V. Ivla1coltnson, Popular Recreatío11s in El1glish Society,
1700·1850, Cambridge, 1973.
55. William L. Clemcnt Library, Ann Arbor, Michigan, Shelbume Papen,
vol. 133, «IV1emorials of Dialogues betwixt Several Seamen, a Certain Victurlller,
& a S. Master in lhe Late Rio1». Agrndezco al bibliotecario y a su personal
que me permitieran consultar y citar estos papeles.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 55
su escrito a un maestro de escuela que efectuaba esta especie de
tarea clerical. Nuevamente el punto de vacilación fue la terminación
de la proclama: a la derecha «Marineros», a la izquierda «Ni W ... ,
ni R ... ». El maestto tenía e! suficiente aprecio a su cuello para no
ser autor de tal esetito. Siguió entonces este diálogo, por propio
acuetdo, aunque parece una conversación improbable para las esca-
leras de Shadwell:
Marineros: No eres Amigo de los Matinetos.
Maestro: Señores, soy tan Alnigo Suyo que de ningún modo quiero
ser el Instrumento pata causarles la mayor Injuria cuando se
les Proclame Traidores a nuestro Temido Soberano Señor el
Rey y provocadores de Rebeldía y Sedición enne sus compa-
ñeros, y esto es lo que yo creo humildemente ser el Contenido
de Su Escrito ...
Marineros: La Mayoría de nosotros hemos arriesgado la vida en
defensa de la Persona, la Corona y Dignidad de Su Majestad
y por nuestro país hemos atacado al enemigo en todo momento
con coraje y Resolución y hemos sido Victoriosos. Pero, desde
el final de la Guerra, se nos ha despreciado a nosotros 105
Marineros y se han reducido nuestros Salarios tanto y siendo
tan Caras las Provisiones se nos ha incapacitado para procurar
las necesidades corrientes de la Vida a nosotros y nuestras Fa-
milias, y para hablarle claro si no nos Desagravian rápida-
mente hay suficientes Barcos y Cañones en Deptford y Wool-
wich y armaremos una Polvareda en la Laguna como nunca
vieron los LOl;ldinenses así que cuando hayamos dado a los
Comerciantes ~ n coup de grease [sic] navegaremos hasta Fran-
cia donde estamos seguros de encontrar una cálida acogida.
Una vez más los marineros fueron decepcionados; y con las pala-
bras, «¿crees que un Cuerpo de marineros Btitánicos va a recibir
órdenes de un Maestro de Escuela viejo y Retrógrado?», se despiden.
En algún lugar lograton un esctibano, pero incluso éste rehusó la
totalidad del encargo. A la mañana siguiente apareció efectivamente
la proclama en las escaleras de! río, firmada a la detecha «Marine-
ros» y a la izquierda ... <<¡Libenad y Wilkes por siempre!».
El punto cena al de esta anécdota es que, en el clímax mismo
de la huelga marinera, los dirigentes del movimiento pasaron varias
horas de la tabema al maestro y de éste a un escribano, en busca de
un escribiente dispuesto a estampar la mayor afrenta a la autoridad
56 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
que pudiera imagin'l.fsc: «Ni Rey». Es posible que los marineros no
fueran en ningún sentido reflexivo republiGlDos; pero era este el
mayor "C3í1ón» simbólico que podían disparar y, si hubiera sido
disparado con el <1¡xnente apoyo cic unos curtntos miles de hombres
de mar británicos, habría sido sin du<..h:¡ un gran cañc'lnazo:
56
La contienda simbólica adquiere su sentido sólo dentro de un
equilibrio determinado de relaciones sociales. La cultma plebeya no
puede ser analizada aisladamente de este equilibrio; sus definiciones
son, en algunos aspectos, antagónicas 3 las definiciones de la cultura
educada. Lo que va he intentado demosttar, quizá repetitivamente,
es que es posible que cada uno de los elementos de esta sociedad,
tO\TI<ldos por scpanldo, tengan sus precedentes y sus Sl1ccsnres, pero
que, al tomarlos en su conjunto, forman una totalilbd quc es m{]s
que la simple suma de pnrtcs: es un conjunto de relaciones estruc-
turado, en el que el Estado, la ley, la ideología antiautoritaria, las agi-
taciones )' acciones directas de la multitud, cumplen papeles intrínse-
cos al sistema, y dentro de ciertos límites asignados por este sístema,
límites que son simultáneamente los límites de lo que es política-
mente «posible» y, hasta un p:ado extraordinario, también los lími-
tes de lo que es intelectualmente y cultllfalmcnte «posible». La mul-
titud) incll.lso Ct18ndo es más avanzada, sólo raramente puede tl'ascen-
56 Hastn qué ¡ml1to las cxplícítas antimonnrquicns y republicanas
cst:lhan presentes entre el t)ucbl0, cSl1t?_cinlmentc lhnantc los turbtllcntos a\10S
1760, es Ull,l Cucstil1n m,ls ft"CClJC!1tC!11cn:c dejad,l de ];ldo con un,l ncgativn,
que investigada. El CnOrtllCmcnte ndinso tn,b¡ljo de Hutlé sobre la
multitud londinense tiende a evidencinr un escepticismo metodológico hacia
las motivaciolles pnHticas "ídealcs»: "sí, se ha tropezado con el fU1l10r, en
otra fuente, de que los manifestantes utilizabnn el sll)gaJl «Ni \"\Tilkes, Ni Rey»,
pl"W lo ha c!escchfldo com(' un fumor; véase e, Fudé, \Vilkc.í dlld
Lilli"rfy, Oxford, 1962, p. 50; nrcwcr, 0r. cit., p. 190; \Y/. J Shclton,
EI!glish Hlfugcr al/ti INdustrial Disordcr5, 1973, pp. 1.88, ]90. Por olra pfltte,
tenemos el fl'crtc ClíPeo! de J. tI. PIUlllh: «Los hi"tori"ldrncs, me parece,
nunca dan el suficien1e é¡lfasis a la pr('\,:::I1('!lCia de cnco!lfl(los sentimientos
antimonárqllicos, lJtorrepuhlicanos en los 1760 v lT7fb (<<Politica1 j\:Ian»-,
op. cit., p. 15). «N() <.:S prohahlc que pCHhnlos d(·'scuhrir 1:1 verdad en lf1s
fucnte:; impre<:;ls, sujetas al escrutinio del Abogado del Tcsorn, Hay momen-
tos, dUranll' es:a;; déc,d8s, en que se la scns"ciún de q\le una buena
pl-Htc del jlueblo inglés cstClban 11l,ís dispucst'0s a separarse de la Cor(l\l(l que
<11l1cric1!los; pCrl1 tuvieron la clcsgrlcia de nn CS!.;H protegido<; por el
En 1775, aígunns ,utc!'anos rrivilcgiadanlcntc silU8doc:: rudieron se-
pararse m:ís dirc(t1l1l1Cllte, h,s ,lgentes americanos (di<:frazados con rnpas de
Tnl1jcrl CS1,lh;ln rccluLl1ll1o '1l"11Y8I11C!1'.C m;'is de UIl harco (omp]c1u cmpin·
teros na\'ales de \X
T
0C.]-\I:ich» (\Xlilli>Ull 1,. Ckment Libro)!"v, \Fcddcrbftr/l Papen,
11, J, Pn\\'!1;lll a Ak.xandcr \Vcddcrbllrn, 2.3 dc agosto- dE: 1775).
¿ LIJe H A DF CLASES SIN CLASES? 57
der la retórica antiaulotltaria de la tradición radical wbig; los poetas
no pueden trascender la sensibilidad del bumano y generoso paterna-
lista 57 La furiosa cmta anónima que surge de las más bajas profun-
didades de la sociedad maldice contra la hegemonía de la gentry,
pero no ofrece una estrategia para reemp1azarla,
_En cierto sentido es esta unR conclusión bastante conservadora,
pues estoy sancionando la imagen retórica que de sí misma tenía la
sociedad del siglo XVIl1, a saber, que el Acuerdo de 1688 definió su
forma y sus relaciones características. Dado que el Acuerdo estableció
la forma de gobictno de una hurguesía agraria,58 parece que era tanto
la forma del poder estatal como el moelo y las relaciones de produc-
c¡6n los que determinaron las expfesiones políticas y culturales de los
cien nños siguientes. Ciertamente el Estado, débil como era en sus
funciones burocráticas y racionalizadoras, era inmensamente fuerte y
efectivo como instrumento auxiliar de producci6n por derecho pro-
pio: al abrir las sendas del imperialismo comercial, al imponer el
cerramiento de los campos, al facilitaf la acumulaci6n y movimiento
de capital, tanto mediante sus funciones bancarias y de emisión de ti-
57. Yo 110 de que huhiera una auténtica y significativa tradición
paternalisln entre la f!.clllry y los grupos profesionales. Pero esa es otfa
cuestión, lAl que me ocupa a mí aquí es la definición de los límites del
lJaternalisnlD, y presentar objeciones la idea de que las relaciones sociales
(o de clase) dd siglo XVlJI es:aban mediatizadas por el paternalismo, en sus
¡lropios 1"érminos.
58. El profesor J. H. Hexter se quedó sorprendido cuando yo pronuncié
esta unión impropia (<<burguesía agraria») en el seminario del Davis Centre
de Princdon en 1976. Perry Andel·soll también quedó sorprendido diez años
<'<Socialísm ancl New Left RcvieuJ, XXXV (enero--
febrero 1966), p. 8
1
: «Ona burguesía, si es que el término va a retener algún
significado, es un3 clase con base en las cíudadcs; eso es lo que significa la
p::tlflbnn). Véase tfllnbién (en mi lado de la polémica), Genovese, Tbe \Ylorld
fbe Slaveholdcrs Made, p. 249; Y un comentario juicioso sobre este asunto
de Richard .1ohnsoo, \Vorki,¡?, Papen in Cultural Studies, Birmingham, IX
(primaverfl 1976), Mi rcforn1111Actón de este {algo cohvencional} argtlmento
rnarxis:a se hizn en «The PecuHarities o.f thc English)}, Socialisf RegiJter
09(,5), esp. p. 318. En él subr<1Yo no sólo la lógica económica del CApitalismo
ngrario, sino la amalgama específica de atributos urbanos y rurales en el
estilo ele vida de In W'11fry del siglo XVllI: los lugares de baños; la temporada
de Londres o la temporada de ciudad; los ritos de pasaje periódicos urbanos,
en Cdllcflción o en los VrlrÍOR mercados matrimoniales; y otros atributos espe-
cíficos de la cultura mixta agraria-urbana. Los argumentos económicos (ya
presentados caneel-amente POt Dobb) han sido reforzados por Brenner) op. cit.,
esp, pp. 62-68. Se mtÍs evidencia sobre las comodidades urbanas
al alcance de b f!.fnfry en Petcr Borsay, «The Englísh Urhan Renaissance:
The Df'\
7
eloplnent of Provincial Urban Culture, c. J 680-c. 1760», Social
Hisl()f"Y, V (mayo 1977).
58 TRADICTÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA nr; CLASE
tu los como, más abiertamente, mediante las extracciones patasitarias
a sus propios funcionarios. Es esta combinación específica de debili-
dad y fuerza lo que proporciona la «iluminación general» en la que
se mezclan todos los colores de la época; ésta la que asignal", a
jueces y magistrados sus papeles; la que bada necesario el teatro de
hegemonía cultural y la que escribía para el mismo el guión paterna·
lista y antiautoritario; ésta la que otorgaba a la multitud su oportuni-
dad de protesta y presión; la que establecía las condiciones de nego-
ciación entre autoridad y plebe y la que ponía los límites más allá de
los cuales no podía aventurarse la negociación.
Finalmente, ¿con qué ak:lllCc y en qué sentido utilizo el concepto
de «hegemonía cultural»? Puede responderse a esto en los niveles
prÁctico y teórico. En el práctico es evidente que la hegemonía ele
la ge1lt,." sobre la vida política de la nación se impuso de modo efec-
tivo hasta los años 1790:" Ni la blasfemia ni los episodios esporá-
dicos de incendios premeditados ponen esto en duda; pues éstos no
quieren desplazar el dominio de la gel1try sino simplemente castigarla.
Los límites de lo que era políticamente posible (hasta la Revolución
Francesa) :se expresaban externamente en forma constitucional e, in-
ternamente, en el espíritu de los hombres, como tablíes, expectativas
limitadas y una tendencia a formas tradicionales de protestR) destina-
das a menudo a recordar a la gelltry sus deberes paternalista,.
Pero también es necesario decir lo que 110 supone la hegemonía.
No supone la admisión por parte de los pobres del pnternalismo en
los propios términos de la gel1try o en la imagen ratificada que ésta
tenía de sí misma. Es posible que los pobres estuvieran dispuestos
a premiar con su deferencia a la gCl1trYJ pero sólo a un cierto precio.
El precio era sustancial. Y la deferencia estaba a menudo privada de
toda ilusión: desde abajo podía considerarse en parte necesaria para
la autoconservaciótl, en parte como la extracción calculada de todo
lo que pudiera extraerse. Visto desde esta perspectiva, los pobres
59. Digo esto a pesar ce la cuestión suscitada en In nota '54. Si los senti-
mientos republicanos se hubierfln convertido en una hlcrza efectiva, creo que
sólo 10 habrían hecho bajo la dirección de una gentry repuhiican<1, en la
primera etapa. Recibo con gusto la nueva visión de Jaho Brewer del ritual
y el simbolismo de la oposición wilkcsiana (Rrewer, op. cit .. esp pp. 181-191 L
Pero si \Vilkes hizo el papel del para la multitud, nunca dejó de ser
un tonto-caballero En términos generales, mi artículo se ha ocupado princi-
palmente de la «autollctivante» multitud plebeya, y (una seria debilidacD me
he visto forzado a dejar fuera la multitud con licencia o manipulada por la
gCl1try.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
59
impusieron a los ricos ciertos deberes y funciones paternaEstas tanto
como se les imponía a ellos la deferencia. Ambas partes de la ecua-
ción estaban restringidas a un mismo campo de fuerza.
En segundo lugar, debemos recordar otra vez la inmensa distan-
cia que había entre las culturas refinada y plebeya; y la energía de
la auténtica auto activación de esta última. Sea lo que fuere esta
hegemonía, no envolvía las vidas de los pobres y no les impedía
defender sus propios modos de trabajo y descanso, fotmar sus pro-
pios ritos, sus propias satisfocciones y' visión de la vida. De modo
que con ello quedamos prevenidos contra el intento de forzar la
noción de hegemonía sobre una extensión excesiva y sobre zonas
indebidas." Esta hegemonía pudo haber definido los límites externos
de lo que era políticamente y socialmente practicahle y, por ello,
influir sobre las formas de lo practicado: oheda el armazón desnudo
de una estructura de relaciones de dominio y subordinación, pero
dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas
escenas y desarrollarse dramas diversos.
Con el tiempo, una cultura plebeya tan robusta como ésta pudo
haber alimentado expectativas alternativas, que constituyeran un
desafío a esta hegemonía. No es así como yo entiendo lo sucedido,
pues cuando se produjo la ruptura ideológica con el ¡laternalismo,
en los años 1790, se produjo en ptimer lugar menos desde la cultnra
plebeya que desde la intelectual de las clases medias disidentes y
desde allí fue extendida al artesanado urban0
6
! Pero las ideas paini-
60. En una crítica relevante de ciertos usos del COl1cep:o de hegemonía,
R. J. Mortis observa que puede Ímplicar «prácticamente la imposibilidad de la
d8se obrera o de secciones organizadas de la misma para poder generar
ideas radicales independientes de la ideología dominante». El concepto
implica la necesidad de buscar intelectuales para él mismo, mientras que el
sistema de valores dominante se ve como «una variable exógena indepen-
dientemente generada}} de grupos o clases subordinados (<<Bargaining with
Hegcmony;), 13ullc/in 01 (he Society 101' the Study o{ Lahotlr Hi.ítor)l, XXXV,
ntnño 1977, pp. 62-63). Véase también la aguda respuesta de Genovese a las
críticas a este punto: «La hegemonía implica lucha de y no tiene
ningún ."entielo aparte de eHa No tiene nada en com\ll1 con historia del
(011$CI150 y Icpresenta su antítesis: una forma de definir el contenido histórico
de la lucha de clases en épocas de quiescencia) (Radical History Review,
invierno 197()-1977, p. 98). Me alegro de que esto se haya dicho.
61. La cuestión de si una clase subordinada puede o no desarrollar una
crítica intelectual coherente de la jdeología dominante una estrategia que
llegue más allá de los límites ele su me parece ser una cuestión
histórica (es decir, una cuestión respecto a la cual la historia ofrece muchas
respuestas diferentes, algunas muy matizadas), y no una que puede ser resuelta
60 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CU\S.E
las, transportadas por los artesanos a una CIlltnra plebeya más
desarrollaron en ell<l nlÍces instantáneamente, y quizá la pro-
tección que les proporcionó esta robusta e independiente cultura les
permitiera (loreeer y propag?rse, hasta que se produjeron las grandes
y nada dderentes agitaciones populares al término de las guerras
francesas.
Digo esto teóricamente. El concepto de hqrcITIonía es inmensa-
mente valioso, y sin él no sabríamos entender la estrllcturaóón de
relaciones del siglo XV1!1. Pero mient,""s que esta hegemonía cultural
pudo definir los límites de lo posible, e el desarrollo de hori-
zonte;:; y ¡::xpcctativns altctnativps, este proceso no tiene nnda de
determinado o automático, 1Jna hegemonía tal sólo puede ser mante,
nida por los gohernantes mediante 11n constante y dicstl-o ejercicio,
de teatro y concesión. En segundo lugar, la hegemonía, incluso cuan-
do se impone con fortuna. no impone una visión de la vida totali-
zadora; más bien impone orejeras que impidan In visión en ciettas
direcciones mientras la dejan libre en otras, Puede coexistir (como
en efecto 10 hizo en la Inglaterra del siglo XVIII) con una cultura
del pueblo vigorosa y autoactivante. derivada ele SllS propias
r¡encías y recursos. Esta cultura, que se resiste en muchc).) a
cualquier forma de dominio exterior, constituye una nmenaZa omni"
presente a las descripciones oficiales de la realidad; dados los violen-
tos uaqueteos dE' la experiencia y la inuotnisión de propagandistas
«sediciosos». la multitud partidaria de Iglesia v Rey puede hacerse
jacobina ü ludit", la leal al'mada zarista puede convertirse en una
flota bolchevique insuuecta, Se sigue que no puedo aceptar la opi-
nión, ampliamente difundida en algunos círculos estructuralístas y
marxistas de Europa occidental. de que la hegemonía imponga un
dominio total sohre los gobernados --o sobre todos aquellos que no
son intelectuales-- que alcanza hasta el umbral mismo de su
rienda) e implnnta en sus espíritus desdE' su nacimiento categorías
de subordinación de las cuales son incapaces de liberarse y para enya
corrección su experiencJa resulta impot.ente. Pudo oCLluir esto, aquí
y allá, pero no en Inglat<'rt:a. no en el siglo XVIII,
C(1J1 pr01lunci;-¡micntns de «pr,íctic;-¡ tcúricm" "fl l1ÚrnCf(1 de
(en el sentido de Cnllmcil entre los 'WtC'Sil.!105 y tr;lhaj::1.dotcs de Gran
Thetililil entre J "lOO \' J R"ín !lO elche
¿LUC.H A DE CLASES STN CLASES?
61
VI
La VleJfl eCUHClon perdh fuerza incluso
antes ele la Revolución Francesa, aunque vio una tCllll'ntal reanima-
ción en las muchedumbres pnrtidarias de T glesia y Hey de principios
de los años 1790, el especuículo militar y el antig,dicanismn de las
guerras. Los motines de GorJon habían presenciado el clímax, y tam-
bién la apoteosis, de In licencia plebeya; inflingieron l1l1 trauma a los
gobernantes que puede ya observarse en el tono cada vez más disci-
plinario ele los ni10S 1780. Pero, por entonces, la telnción tecíproca
entre W'/1tr)' y plebe, inclinándose ahora 1e un lado. ahmn del otro,
hahía durado un siglo, Por muy desigual que resultMa estn relación.
la gentil' necesitaba a pesar de todo cierta clase de apovo de los po-
bres, y éstos sentían que eran neccsitndos. Durante CAsi cien años los
pobres no fueron los completos perdedores, Conservaron su cultura
tradicional; logral'on atajar parcinlmente la disciplina Ioboral del
me!: industrialismo; quizás ampliaron el alcnncf' de las Leyes de
Pohres; obligaron a que se ejerciera una caricbd que pudo evitar
que los aRos de escasez se convirtieran en crisis de subsistencias; y
disfrutaron de las libertades de Lrnzarse a las calles. empujar,
tezar y dar hurras, tirar las casas de panaderos o disidentes detesta-
hles, y de 1'na disposición bulliciosa y no vigilada que asombraba a
los visitant12:s cxtt<-lnjeros y casi les indujo crróncnrnentc a pensar que
eran "libres», Lns aiíos 1790 eliminaron tal ilusión v, a raíz de las
experiencias de esos nños, la relación de reciprocichld S;lltÓ, Al saltar,
en ese mismo momento, perdió la gen!ry su confiada hegemonía cul-
turaL Pareci" repentinamente quc el mundo no cstabn. después de
todo, ligado en t.odo punto por sus gobernantes y vigilndo por su
poder. Un hü1l1hfC era un hombre «<1 pesrt!' de todo». Nos apart3mos
del campo de fuerza del siglo XVI11 v entramos en un pcrí"do en que
se produce una reorganización estructural de rcL1Cioncs de clase e
ideología, Se hace posible, por primera vez, analizar el pl"Oceso
tlÍrico en los términos de notaciones de clase del siglo XIX,
LA ECONOMíA «MORAL» DE LA MULTITUD
EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XVIII·
Al que acapare el trigo el pueblo lo maldecid;
Inas la bendición recaerá sobre quien ]0 venda.
Proverbios XI, 26
1
Hemos sido prevenidos, en los últimos años --por George Rudé
entre otros-, contra el uso impreciso del término «populacho». Qui-
siera en este artículo extender la advertencia al término «motín»,
especialmente en lo que atañe a los motines de subsistencias en la
Inglaterra del siglo XVIII.
Esta simple palabra de cinco letras puede ocultar algo susceptible
de describirse como una visión espasmódica de la historia popular.
De acuerdo con esta apreciación, rara vez puede considerarse al
pueblo como agente histórico con anterioridad a la Revolución
Francesa. Antes de este período la chusma se introduce, de manera
* «Tbe Moral Econorny of the English Crowd ín the Eightecnth Ccntury»¡
Past al1d Present, n.O 50 (febrero 1971), pp. 76-136. (Copyright mundial: Past
and Present Socicty, Corpus Chrísti College, Oxford). Este artículo se basa
en una investigación comenzada en 1963 y tetrtt"ada duran te los tí ltimos
cinco años por las de trabajo en una nueva universidad. Una primera
versión fue presentada en una conferencia organizada por el Departamento
de Historia de la Universidad del de Nueva Y otk en Buffalo, en
abril de 1966. Tengo que agradecer a la Fundación NuffieId una reciente
ayuda de investigación, y a Mr. Ma1colm Thomus, Miss J. Neeson y Mr. E. E.
D0dd su ayuda. El trabajo original ha sido tevisado y ampliado en varios
puntos. [Publicado antetÍotmente en castellano en Revista de Occidente, n.O 1.33
(abril 1974), pp. 54-125.]
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 63
ocasional y espasmódica, en la trama histórica, en épocas de distur-
bios sociales repentinos. Estas irrupciones son compulsivas, más que
autoconscientes o autoactivadas; son 'simples respuestas a estímulos
económicos. Es suficiente mencionar una mala cosecha o una dismi-
nución en el comercio, para que todas las exigencias de una explica-
ción histórica queden satisfechas.
Desgraciadamente, aun entre aquellos pocos historiadores ingleses
que han contribuido a nuestro conocimiento de estos movimientos
populares, se cuentan varios partidarios de la imagen espasmódica.
No han reflexionado, sino de manera superficial, sohre los mate-
riales que ellos mismos han descubierto. Así, Beloff comenta con
respecto a los motines de snbsistencias ({oad riols) de principios del
siglo XVIII: «este resentimiento, cuando el desempleo y los altos pre-
cios se combinaban para crear condiciones insoportables, se descar-
gaba en ataques contra comerciantes de cereales y molineros, ataques
que muchas veces deben de haber degenerado en simples excusas para
el crimem,-' Sin embargo, registraremos inútilmente sus páginas en
busca de la evidencia que nos permita detectar la frecuencia de esta
«degeneración». Wearmouth, en su útil crónica de los disturbios, se
permite ennnciar nna categoría explicatoria: la «miseria».' Ashton,
en su estudio sobre los motines de subsistencias entre los mineros,
formula e! rrgumento propio del paternalista: «la turbulencia de los
mineros debe, por supuesto, ser explicada por algo más elemental
que la política: era la reacción instintiva de la virilidad ante el ham-
bre»' Los disturbios fueron «rebeliones de! estómago», y puede
sugerirse que esto, en cierto modo, es una explicación reconfortante.
La línea de análisis es: hambre-elemental-instintiva. Charles Wilson
continúa la tradición: «Alzas espasmódicas en e! precio de los ali-
mentos incitaron al modn a los barqueros del Tyne en 1709 y a los
mineros del estaño a saquear graneros en Falmouth en 1727». Un
espasmo condujo a otro: el resultado fue el «pillaje».'
1. M. BeloH, Publie Order al1d Popular Dislurbal1ees, 1660-1714, Oxfotd,
1938, p. 75.
2. R. F. Wearmouth, Metbodism al1d Ibe Common People 01 Ibe Eigbleelllb
Century, Londres, 1945) esp. caps. 1 y 2.
3. T. S. Ashton y ]. Sykes, The Coal 1I1duslry 01 lhe Eigbteenlb Cenlury,
Manchester, 1929, p. 131.
4. Charles Wilson, England's Apprenticesbip, 1603-1763, Londres, 1965,
p. 345. Es cierto que los magistrados de Falmouth informaron al duque de
Newcastle (16 noviembre 1727) de que <dos revoltosos mineros del estañm>
habían «irrumpido y saqueado varías despensas y graneros de cerc:1h:,. Su in-
64
TRADICIt)N, RFViJE1.:l'A y CONSCtENCfA DI', CJ,ASF.
Durante dé,cadas, la historia sodal sistemática ha quedado reza··
gada con respecto a la historia económica, hasta el momento actual
en que se da por hecho que ui1a especialización en la segunda dis-
ciplina confiere, autom,\ticalnente, igual nivel de 11crícia -a ]a primera.
Ono no puede quejarse, por lo tanto, de que las recientes investiga-
ciones hayan tendido a tergiversar y cuantificar testimonios que sólo
se han entendido de manera imperfecta. El decano de la escuela
espasmódica es, 'lor supuesto, Rostow, cuyo tosco «gráfico de la
tensión social" fue presentado en 1948 por ¡lrimeta vez.' De acuerdo
con este gráfico, no necesitamos más que unir un índice de desempleo
y uno de altos precios alimenticios pmn encontrarnos en condiciones
de hacer un gráfico del curso de los distnrbios sociales. Esto contiene
llDa verdad autocvidcntc (1a gente protesta cuando tiene hambre);
de igual manera que un «gLáfico de la tensión sexua1» Jllostr;tría que
el comienzo de la madurez sexual puede corre1ncionarse co11 una Jna-
yor frecuencia en dicha actividad. La objeción es que este gráfico,
si no se usa con discreción, puede dar por concluida la investig3clón
en el punto exact.o en que ésta adquiere verdadero interés sociológico
o cultural: cuando está hambrienta (o con apetito sexual), ¿qué es
lo que hace la gente?, ¿cómo es modificada su conducta por la cos-
tumbre, la cultura, y la tazón? Y (habiendo convenido en que el
estímulo primario de la «miseria» está presente), ¿contribuye la con-
ducta de las gentes a una función más compleja, y cultutalmente
mecliatizad,l) que -por 111ocbo que se cueza en el horno del análisis
estaelístico- no puede rettoUaerse de nuevo al estímulo?
Son muchos, entre nosotros, los historiadores del desarrollo cul-
pables de un craso reduccionismo económico que elimina las com-
plejidades ele motivación, conducta y función; reduccionismo que, de
gdvertirlo en el trabajo de sus colegas marxistas, les haría protestar.
forme concluye eol1 un comentario que sugiere que no {UCfClO mucho más
capaces que historiadores modernos en c0111prcndcr la racion:::tlidad de la
acción directa de los ml11cros: <da causa de estos atropel\os, según pretendían
los amotinados, efa la escasez de grano en el condado, pero esta sugerencia
es probablemente falsa, pues la m3yotÍa de los que se llevaron el grano lo
dieron o lo vendieron a un cuarto dc su precio,), PRO, sr 36A.22.
5. \v. \"r. Roslm-v, 13rilüh EconolJly in fbe Ninctecnib CC
11
!ury, Oxford,
1948, pp. 122-1.25. Elltre los más estudios que relacionan
precios-cosechas Y disturbios populares están: E. J. Hobsb::nvm, «Economic
Fluctuations and SOIllC Social :rvJcvcmcnts.'-,., Lahourhti!, MCII, Londres, 1964, Y
T. S. Ashtol1, Eco!lomic Fluctualiol1s i/1 Ellgland, 1700-1800, OxforJ, 1.959.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTITUn 65
El lado débil que comparten estas explicaciones es una imagen abre-
viada del homhre económico. Lo que es quizá un motivo de sorpresa
es el clima intelectual-esquizoide, que permite a esta historiografía
cUf1ntitativa coexistir (en los mismos sitios y a veces en las mismas
mentes) con una antropología social que deriva de Durkheim, Weber
o Malino\Vski. Conocemos muy bien todo lo relacionado con el deli-
cado tejido de las normas sociales y las reciprocidades que regulan
la vida de los isleños de Trohriand, y las energías psíquicas involu-
cradas en el contenido de los c\Jltos ele· Melanesia; pero, en algún
momento, esta criatura social infinitamente compleja, el hombre
me1ancsio, se convierte (en tll1cstrns hjstorias) en el minero inglés
del siglo XVTTT que gnlpea sus 1TInnos espasmódicatllC'ntc sobre su
estómago v responde a estímulos económicos elementales.
A esta visión espasmódica opondré mi l)fopio punto de vista.
6
Es posible ddcctar en casi toda acción de masas del siglo XVIII alguna
noción lcgitimizantc. Con el concepto de legitimizaci6n quiero decir
el que los hombres y las mujeres que constituían el tropel creían es-
tar defendiendo derechos o costumbres tradicionales; y, en general,
que estaban apoyados por el amplio consenso de la cOlllunidad. En
0casiones este consenso popnbr era confirmado por una cietta tole-
rancia por parte de las autoridnc1cs, pero en la Jn8YOrí;¡ ele los CASOS,
el consenso era tan mateado y enérgico que anulaba las motivaciones
de temor n respeto.
El lllotín de subsistencias en la Inglaterra del siglo XV1I1 fue
O"a fotma muy compleja de acción popular directa. disciplinada y
con claros objetivos. IIasta qué punto estos ohjetivos fueron alcan-
zados --esto es, hasta qué punto el motín de subsistencias fue una
forma de r1cción coronnda por el éxito---- es una cuestión muy
trincada para abotdarla dentro de los límites ele un artículo; pero
pnede al menos plantearse en vez de negarla y abandonarla sin
examen, como de cost\lmbre, y esto no puede hacerse h,,,'a que sean
identificados los ohjetivos propios de la tnuchcdumhre. Es cierto,
pnr SUpl1cstO) que los motines de subsistencins eran provocndos por
precios que sl.1bínn vertiginosatl1ente, por práctic{1:"; incorrectas de los
comerciantes, o por hambre. Pero ·estos agravlos opetaban dentro
Ú He: ('nconl t<1rlo de 1:'1 máxima milidlld el estudio pionero de R. B. Hose,
"Eightccnth (('ntory Pricc Riots <1!1d Pl1h1ic Pnlicy in Englanch, [lllernatÍOl1al
R.c.'FieUl 01 Snrifl! }-lis!()I"Y. VI (19Gl), y G. Fudé, Thr Croll,d in History,
:\Qc\,<1 YNk, 19(d.
66
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
de un consenso popular en cuanto a qué prácticas eran legítimas y
cuáles ilegítimas en la comercialización, en la elaboración del pan, etc.
Esto estaba a su vez basado en una idea tradicional de las normas y
obligaciones sociales, de las funciones económicas propias de los dis-
tintos sectores dentro de la comunidad que, tomadas en conjunto,
puede decirse que constituían la «economía '''morar' de los pobres».
Un atropello a estos supuestos morales, tanto como la privación en
sí, constituía la ocasión habitual para la acción directa.
Aunque esta «economía moral» no puede ser descrita como -«po··
lítica" en ningún sentido progresista, tampoco puede, no obstante,
definirse como apolítica, puesto que supone nociones del bien pú-
blico categórica y apasionadamente sostenidas, que, ciertamente, en-
contraban algún apoyo en la tradición paternalista de las autoridades;
nociones de las que el pueblo, a su vez, se hada eco tan estrepitosa-
mente que las autoridades eran, en cierta medida, sus prisioneros. De
aquí que esta economía moral tiñese con carácter muy general el
gobierno y el pensamiento del siglo XVIII, en vez de interferir única-
mente en momentos de disturbios. La palabra «motín» es muy corta
para abarcar todo esto.
II
Así como habhmos del nexO del dinero en efectivo surgido de la
revolución industrial, existe un sentido en el que podemos bablar
del nexo del pan en el siglo XVIII. El conflicto entre campo Y ciudad
fue mediatizado por el precio del pan- El conflicto entre tradiciona-
lismo y la nueva economía política pasó a depender de las Leyes
Cerealistas. El conflicto económico de clases en la Inglaterra del si-
glo XIX encontró su expresión característica en el problema de los
salarios; en la Inglaterra del siglo XVIII, la gente trabajadora era
incitada a la acción más perentoriamente por el alza de precios.
Esta conciencia de consumidor altamente sensible coexistió con la
gran era de mejoras agrícolas del cinturón cerealista del Este y del
Sur. Esos años que llevaron la agricultura inglesa a una nueva cima
en cuanto a calidad, están jalonados de motines --o como los con-
temporáneos a veces los describen, de <<Ínsurrecciones» o «levanta-
mientos ele los pobres»- 1709, 1740, 1756-1757, 1766-1767, 1773,
1732, y, sobre todo, 1795 y 1800-1801. Esta industria capitalista
LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 67
boyante flotaba sobre un mercado irascible, que podía en cualquier
momento desatarse en bandas de merodeadores, que recorrían el
campo con cachiporras, o surgían en la plaza del mercado para «fijar
el precio» de las provisiones a un nivel popular. Las fortunas de las
clases capitalistas más fuertes descansaban, en último término, sobre
la venta de cereales, carne, lana; y los dos primeros artículos debían
ser vendidos, con poca íntervención de los intermediarios, -a los mi-
llones de personas que componían la legión de los consumidores.
De aquí que las fricciones del mercado nos lleven a una zona crucial
de la vida nacional.
En el siglo XVTII la clase trabajadora no vivía sólo de 1'''", peto
(como muestran los presupuestos reullidos por Eden y David Davies)
muchos de ellos subsistían casi exclusivamente por el pan. Este pan
no era todo de trigo, si bien el pan de trigo fue ganando terreno
continuamente sobre otras variedades hasta principios de la década
de 1790. Durante los años sesenta, Charles Smith calculó que de la
supuesta población de alrededor ele 6 miJlones de Inglaterra y Gales,
3.750.000 comían pan de trigo, 888.000 lo consumían de centeno,
739.000 de cebada y 623.000 de avena.' Hacia 1790 podemos calcu-
lar que por lo menos dos tercios de la población consumían trigo.'
El esquema de consumo refleja, en parte, grados compnrativos de
pobreza, y en pArte, condiciones ecológicas. })istritos con suelos po-
bres y distritos de tierras altas (como los Peninos) donde el trigo no
maduraba, eran Jos bastiones del consumo de otros cereales. Aun,
en los años noventa, los trabajadores de las minas de estaño de
Cornualles subsistían en su mayor parte gracias al pan de cebada.
Se consumía mucha harina de avena en Lancashire y Y orkshire, y
no sólo por parte de los pobres. Los informes de Notthumberland
son contradictorios, pero parecería que Newcastle y muchas aldeas
mineras de los alrededores se habían pasado por entonces al trigo,
mientras que el campo y ciudades más pequeñas se alimentaban de
pan de avena, de centeno, un pan mezcla de vados cereales {I o una
mezcla de cebada y legumbres secas.
1O
7. C. Smith, Threc Tracts on lhe COlon-TraJe ona Corn-Laws. Londres,
1766', pp. 140, 182-185. .
8. Fitzjohn Brand, A Determinatirm 01 lhe Average Depl'cssion 01 \V heal
iN \t'ar bclow lbat 01 the Preceding Peace ... ) Londres, 18:00, pp. 62-63, 96.
9. Para ({maslim> (un pan hecho de varios cereales)) véase Sir William
Ashley, The Bread 01 our Forclathers, Oxford, 1928, pp. 16-19.
10. C. Smith, op cit., p. 194 (par!'! 17(5). Pero el alcaldr: de N('\,-'nlst!c
68 TRAnTClóN, REVUELTA Y CONSCTF,NCJA nE CL¡\SF
A lo l"rgo del siglo, nuevamente el pan Llanco fue gallOnc!o te
treno a variedndes m<Í.f. oscuras de harina integral. Esto se debió en
parte a una cuestión de valores de status, de posición relativa, que se
asociaron ;11 pnn blanco, pero en modo nlguno fue exclusivall1C'_ntc
por eso. El problema es complejo, y pueden mencionarse rápidn-
fIlen te varios de sus aspectos.
Era productivo p3r1 los panaderos y molineros vender pan blanco
o harinas finas, pues el beneficio que podía obtenerse de estas ventas
era, en general, lTInyor. (Irónicamente, esto fue en parte consecuen-
ciJ de la protección patcrnalista al consumidor, pues el J\ssizc of
Bread --·regulación o «Reglamento sobre el Precio del P<'lIl» , de
acuerdo con el precio del grano- intentaba evitar que los panaderos
obtuvieran sus ganancias del pan de los pobres; por lo tanto, iba en
Ínterés del panadero el hacCf la menor canl idad posible para «uso
doméstico», y esta pequeña cantidad hacerla ele pésima calidad.) 11 En
las ciudades, que estaban aletta contta el peligro de la "dulteracicín,
el pan negro era sospechoso, pues podía ocultar fáci1l11ente aditivos
tóxicos. En las óltim"s dócachs del siglo muchos molineros "dapta-
ton sus maquinarias y sus tamices en tal fonna que, de hecho, no
servían para prepann- la h<1rinJ para la hogaza doméstica de tipo in-
termedio, !Jroducicndo sólo las mejores calidades para el pan bbnco
y los desperdicios, el salvado, para un pan negro que un observador
consideró «tan rancio, repu 151vo y pernicioso como pata poner en
peligro la constitución fisica>;>.12 Los intentos realizados por las autori-
dades, en épocas de escasez, para imponer la manufactura de
dades de harina más bastas (o, como en 1795, el uso gencr"1 dc la
hogaza «doméstica»), encontraron muchas elificult"des y con frecuen-
cia resistencia, tanto por parte de los molineros como de los pana-
deros."
informaba (4 mayo 1796) que el pan de centeno era «muy usado por los
trabajadores empleados en la T ndustria del Carhóm>, y 11n infemnador de
flexharn Ahbcy decía que cebada, cebada y kgumhrcé' o alnbias <<eS el
único pan de los trabajadores pobres y de los ctiados de los agriC1 ... 1ltores e
indu:-:.o de muchos agricultores», con ccnleno o «maslim> en las ciudades: PRO,
pe l.33.A.88.
11. Nathaniel Forstcr, AH Enquil')' illto the Cause of ¡be HiJ!,b Fria af
Proflis-ions"¡ Londres, 176'-7, pp. 14<1-147.
12. J. S. Girdkr, ObsenJ¡1/ioils 011 tbe Pcntici()ff,í COllseqllcllces o{ FOJ'estall-
ing, Regratillf!. and 1llgrossill5?, Londres, 1800, p. 88.
13. El problema fue discutido con lucidez en [Gobernador] POW\l<1l!,
COluidcratiol1,Í 011 the Scarcity and Higb Prices o{ (md Bread,
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUt)
69
A finales de siglo, los Sentlmlcntos de status estabBn profunda-
mente arraigados dondequierB que prevaleciese el pan de trigo y este
fuese "1nenazado 1'0,. la posibilidad de mezclas más bstas. Se insi-
nó" que los ttabajadores acostumbmdos al pan de ttigo 110 podían
en verdad trahajar -sufríau de dehilidad, indigestión, o náuseas-
si les [orzaban a catnhiat al pan hecho con l\1e7.clas más bast"s. Aun
frente a los "troces precios de 1795 y 1800-1801, la resistencia de
gran parte de los trabajadores resultó invencible.'·' Los diputados del
gremio en Calne inform"ton al Privado (Pri,,1' C()u7Icil) en
1796 que RC'.nte «que merece confianza>;> estaba usando las
de cchada y trigo requerjdas por lRs autoridades, y que los nrtesanos
y obrerDs pobJ-es con fBmilias numetoS"S
han uSildo en general sol<lmenl.e pi111 de cebacli1. El resto, que
Slllnan qlli'1;;1 alrededor de 1J{1 tercio de los artcs:mos pobres, y
otros, con familias mns pequeñas (diciendo que ellos no podí:1n
ohtener más que pan) han comido, como antes de la escasez, sob. ..
mente pan de panaderífl hecho de Higo llamado de segunda.
El algmlcil de Heigate informaba en términos simibre<;:
En cuanto a los ttabajadore" pohres que flpcnn.s tienen ot.ro
que el pan y que por la costumhre del vecindario siempre
han comido pan hecho solamente con trigo, entre elJos, no he
impuesto ní cxpresnoo el deseo de que con::;nmiescn pan de mezcla,
Cnnbridge, 1795, esp. pp. 25 .. 27. VéAse también 10td Tolln Sbdfield, Remark,;
(1/1 ,he [)c{irirfley o! Graln occ(1sioned by [he bad Haruesf ni 1799, Londres,
1800) esp. pp. 10.5 .. 106, para la evidencia de que (1795) «no hay pan
tiro hecho en J,ondrcs}). Un correspollsnl de HO!llton describía en 176G el pan
doméstico como «una infame mezcla de sa lvado molido v cernido, al cual se
añade la peor clase de harín<1 inclasificl1ble»: [Jüt, iHS.S. CÓfJ1I11., eir)' 01 Excier,
serie LXXTII, p. 255. Sobre esta compleja cuestión, véase además S. y B.
\\fcbh, Assizc of Breacb, EC0110!n;C .Toumal XIV (1904), esp. pp. 203-206.
14. R. N. Salaman, Tbe [-listar')! a1Jd Social lnflucl1cr 01 I.hc Pota/o,
Camhridge, 1
9
49, esp. IIp. 493-517. La' resistencia se extendía desde las rcgionc"
consumidoras de trigo del sm y del centro a las consumidoras de avena del
norte; un cmrcsponsal ele Stockport en 1795 ohr,crvó que «1.lIla muy generosa
suscripción r1 sido hecha con el propósito de distribuir harina de avena u
otras ptClvisioncs entre los pobres a precios reducidos. Esta medida, siento
decirlo, da poca satisfacción al pueblo, que to[lavía clama e insístc en obtener
pan ele 'trigo»: PRO, \VO 1.1094. Véase también J. L. y B. Hammond, The
Villag,e Labourer, Lundres, ed. 1966, pp. 119-123.
70 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
por miedo a que no estén suficientemente alimentados pata poder
con su traba jO.
Los pocos trabajadores que habían probado pan hecho de mez-
clas, «se encontraron déhiles, afiebrados, e incapaces para trabajar
con un cierto grado de vigon>. Cuando, en diciemhre de 1800, el
gobierno presentó un decreto (popularmente conocido como el De-
creto del Pan Negro o «Decreto del Veneno») que prohibía a los
molineros e18borar otra barina que no fuera de trigo integral, la
respuesta popular fue inmediata. En Horsham (Sussex),
Un grUllO de tnl1jctC's fue al molino de viento de Godscn,
donde, injuriando al molinero por haberles dado harina morena,
se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba
preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del
Pan, y lo cortaron en mil pedazos; amenazando al mismo tiempo
con tratar ;:lsÍ todos los utensilios similares que intentase usar
en el futuro de igual manera. La amazónica dirigente de esta
cabalgata en say<lS, ofreció después <l sus colegas licor) por valor
de una guinea) en la taberna de Ctab Tree.
Como resultado de semejantes actitudes, el decreto fue revocado en
menos de dos meses.
Cuando los precios eran altos, más de la mitad de los ingresos
semanales de la familia de un trabajador podía muy bien gastarse
exclusivamente en pan
15
¿Cómo pasaban estos cereales desde la tierra
a los hogares de los trabajadores? A simple vista parece sencillo. He
aquí el grano: es cosechado, trillado, llevado al mercado, molido
ell el molino, cocido y comido. Pero en cada etapa de este proceso
hay toda una irradiación de complejidades, de oportunidades para
la extorsión, pun tos álgidos alrededor de los cuales los motines po-
dían surgir. Y apenas se puede proseguir sin esbozar, de manera
esquemática, el modelo paterna lista del proceso de elaboración y
comercialización -el ideal phtónico tradicional al que se apelaba
en la ley, el panfleto, o el movimiento de protesta-- y contra el que
chocaban las emb.lIazosas realidades del comercio y del consumo.
15. Véase especialmente los presupuestos en D. Davies, The Case 01
LabOllren in Husballdr:v, BJth, 1795, Y en Sir Frederick Eckn, The Sfate 01 the
Poor. Londres, 1797. T<llnbién, D. J. V . .Tones. «Thc Corn lZints in \XTales,
17nllQ(¡1" 111",,!,¡' l-Jiu r.::! í'., 11 nO 4 f191S5). 3rt. 1. p. 347.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUn
71
El modelo paternalista exIstía en un cuerpo desgastado de ley
estatuida, Así como en el derecho consuetudinario y ]ns costumbres.
Era el modelo que, muy frecuentemente, informaba las acciones del
gobierno en tiempos de emergencia hasra los años sctenta; yal cual
muchos magistrados locales continuaron apelando. Según este mo-
delo, la comercialización debía ser, en lo posible, dil-ecta, del agricul-
tor al consumidor. Los agricultores habían de traer su cereal a granel
al mercado local; no debían venderlo mientras estuviera en las mieses,
y tampoco retenerlo con la esperanza de subir los precios. Los mer-
cados tenían que estar controlados; no se podían hacer ventas antes
de hotas determinadas, que se anunciarían a toquc de campana; los
pobres deberían tener la oportunidad de comprar ellos primero grano,
harina de flor o harina, en pequet10s paquetes cuyo peso y medida
estuviesen debidamente supervisados. A una hora determinada, cuan-
do sus necesidades estuvieran cubicrtas, hahía de sonar lIna segunda
campana, y los comerciantes al por mayor (con la oportuna licencia)
podían hacer sus compras. Los traficantes estahan cercados de trabas
y restricciones, inscritas en los mohosos pergaminos de las leyes
contra el acaparamiento, regateo y monopolio, codificadas durante el
reinado de Edua.rdo VI. No debían comprar (y los agricultores no
debían vender) por muestreo, No debían comprar el cereal en la
mies ni adquirirlo para revender (dentro del plazo de tres meses), en
el mismo mercado) con ganancias, o en mercados cercanos, etc. Cierta-
mente durante la mayor parte del siglo XVIII el intermediario siguió
siendo legalmente sospechoso) y sus transacciones, en teoría, fueron
severamente acotadas .16
De la supervisión de los mercados pasamos a la protección del
consumidor. Los molineros y -en mayor escala- los panaderos era o
considerados servidores de la comunidad que trabajaban, no para
16. El mejor estudio general de los mercados de grano del siglo XVIII es
todavía R. B. Westerfield, Míddlemen in English Btúiness, 1660-1760. Ne\v
I-laven, 1915, cap. 2 Véase también N. S. B. Grass, The Evol.utiol1 01 the
Englirh Corn Market f'·m" the Twelfth to the Eighteenth Century, Cambridge,
Mass., 1915; D. G. Barnes, A History 01 the English Corl1 Laws, Londres,
1930; C. R. Fay, The Corn Laws and Sncial England, Cambridge, 1932; E.
Lipsan, Ecol1Omic HÜlory 01 Englalld, Londres, 1956', 1I, pp. 419-4419; L. W.
Moffitt, E1/gland Ofl the Eve 01 lhe Industrial RevolutiOfl, Londres, 1925,
cap. 3; G. E. Pussell y C. Goodmen, «Traffie in Farm Produce in Eighteenth
Century Eng13nd», Agricultural His!ory, XII, n.O 2 (1938); ,hnet Blackman,
«The Food Supply of ao Industrial Town (Sch( ffieldh, Business History, V
(1963 )
72 TTU\u\CIÓN. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
lucrarse, sino para lograr una ganancia razonable. Iv1uchos de
pobres cornprab<.Hl su grano e11 el mercado directamente (o lo obte-
nían como un suplemento del salario o espigando); lo llevaban al
molino para ser molido, en cuyo caso el nl0linero podía cobrar la
maquila acostumbrada, y ellos cocer después su propio pan. En Lon-
dres y en las grandes c:udadcs donde esto había dejado ele ser la
norma hacía mucho tiempo, el beneficio o ganancia del panadero era
calculado ,le acuerdo con el Assize of Bread, en el que, tanto el
precio como el peso de la hogaza eran fijados con relación al precio
vigente del trigo
r
,
Este modelo, por ,",upucsto, se <lleja en muchos puntos de lRs
rca1id;Jdes del siglo XVIII Lo más sorprendente es observar hasta qué
punto funcionaba en parte tOllavía, Por ello, Aikin puede así des-
cribir en 1795 la ordc!1'H.b rcguhciúll del mercado de Preston:
Jos mercadas sC111:1nales ... están cxtrcm;ldamcnte bien regulados
pat<l evitar el acaparamiento y el regateo. Sólo a la gente del
pueblo se le permite comprar a primera horn, de las ocho a las
nueve de la mañ;:111a, a las nueve pueden COnl.prM los demás; pero
nint2"un:l lllCrG\I1Cí:l sin vender puede retirarse del mercado hasta
la unr¡ en pllnto .. cxccpnl<llb el pescndo 18
En el mismo año, en el Sudoeste (otta de las zonas conocic1:1s por su
tnldicionalismo), las. ,'\lltotídadc:; 1111lnicipalcs de Exeter intentaron
cClntrnbr :1 los «revelldedores, buhoneros y detJl1ístas» excluyéndolos
del mcrcndo dcsde las ocho de la mañana h:1sta mediodía, hora en
17. S. y B. \\'/ebb. «The Assizc p{ Enmomic }L, XIV (.1904).
18. J. Aikio, A DcsC/"ipt1(}!J o/ lhe COUl1l/'y Irol1J fhid)' lo lorly Míles
rOtll1d ALmchestcl", Londres, 1795, p. 286. Uno de los mejores fl1'Chivos de un
bicn rcgu.iad.n mcrcado señorial del siglo XVIU es el de i'vhnchestcr. Aquí fneron
nombrados durante todo el siglo vigilantes de 111ctGlCl" pMa el y .h
carne) para pesos y medidas de grano, para catTlcs blancas. el 1\ssi7,c of
Bread, así como catadores ele cel·Vel.a y pata impedir <(monopolio,
nCflparamicnto y rcgatcQ», hastfl los liños 17SÜ fueron frcc1.1cn\es hs 1T111l!-;-¡S
por {leso o medida eSG1SOS, carnes invendibles) etc.; la stl[)crvisi6n f1lc
algo más ligerA (aunque continuó), con un resurgi111iento dc la vigihncia en
los aílos 1.790. Se i111pusieron lllUlt{lS por vCllder cargas de gt'ano antes de que
sonar:l la Camp,lJ13 dc1 mercado en 17)4, 1737 Y 1748 (Cl1<1l1dn \\1i1\i:lIH Wyat
f\lc muhado en 20 chelines «por vender ilntes de que soniltrl la C!1!l1\XIIl8. y decla-
rM que vendería a cualquier lInfa del Día a pesar del Señnr del 1'''C\1(1<1 (1 de Ctml-
quicr otra pcrSOn,h}), y otra vcz en 1760,. Thc Cor!rf Lecr Rccord.l· 01 !he AL1IIor
01 Manchesfcr, cct J. P. Ea1"\Vilker, f\·l<,chc.ster, 1888-1889, vol.<:. Vfl, VllI, IX,
p<lssím. Para la regulación del uGlpnramicnto en ·t-,,1anchcstcr, véase: m;\s aclclflntc
not;'! 46.
I
LA ECONOMÍA MORAr. DE LA MI.J!.'! 1 ¡"un
73
que ]a campana del sonaba. El AssizC' nf Rread estllbo.
mín vigente dunmtc el siglo XVln en Londres y en mucllas ciudncles
de rn
r
rcaclo_
19
En el C:1S0 de la venta por muestreo podemos observar
el peligro de asumir premnturamentc In disolución de las restricciones
consagradas por ln costumbre.
Sc supone con frecuencia que la venta de grano muestreo
estaba generalizada a mediados del siglo XVll, CIlando Best descrihe
la práctica en el este de Yorkshire,20 y eon segmidad en 1725, cuando
Deloe redactéÍ su farnoso informe sobre' el comercio cerealista." Pero,
mientrns lnllChos grandes agricultores vendían s.in duda por muestreo
en la mayorh de los condados, por aqucl1as fechas, los ilntiguos mer-
cndos de pucstos criln corrientes to(bvía y sobrcvivíill1 mín en los
alrededores de Londres. En 1718 el autor de un l'anflel<¡ dcscrihía
la decadencia de Jos II1cl"Cados rumles C01110 l1l1 hecho qlle había te
nido lugar en años recientes:
Se pueJen ver pOC3S C05,15 l1p,nte ele jl1gUCtcrÍ:1s puestos de
baratijas y chucherías ... Los impuestos casi h;:tll desaparecido;
y donde --scglín memoria de muchos de los habitantes-···· solínl1
venir antes n la ciudad en un dí;l, cien, doscientas, quizá 1"1"('.'-
cienta;; cargas de gU.no, y en algunos 1l1unicipios Clwtrociclltns
ahofil. crece la hierba en el emplazamiento elel mercl1dí!.
Los agricultores (se lamentaba) habían llegado a esquivar el mercado
y a operar con corredotcs y otros «conttaban,list8s» (1 las puertas de
aquel. Otros agricultores trrlÍan tod8vía al mcrcnclo una única cnrga
«para hacer un sÍtnl.lbcro de merc'Klo
J
y pAra que les fijaran el pre.
cio», pero el verdadero negocio se hacÍll en «paquetes de gnmo r.n
una bolsa o en un p¡:¡ñuelo que son llamados JJZucslraJ,».n
Esta era, en efecto., ]a tendencia; peto mucllos pequeños agricul-
totes continuaron vendiendo Su grano en Jos puestos del mercado,
como entes. y el viejo modelo quedó en la mente de los hombl'cs
19. S. y B. Wcbb, op. cit., passim, y J. Btlrnctt, (,The BaHn¡:; Jndustry
in thc Ninetcenth Cenl1.l1"Y'», B.T/SSineI His!nty, V (1963), pp. 9R-99.
20. R1Iral Eco11omy ;11 y or I:s !Jire in 1 G 41 (Sllttee!' Socicty, XXXHI), 1 g.57,
pp. 99-1ll5.
21. TIJe Com¡)!cfc E1Jgli.dJ Tl'adesman, Londres, 1727, 1I, parte 2.
22. Anon., An Essay lo Provc lhal RegralOi'S, E1JgrosS('1".l, Fores/allers,
Hawhn, and ]obben 01 COnJ, Cattle, and o/ber l"farJ;ct(7blc Goot!s are
DeJfruc/if'c 01 Trade, OpprcJson lo thc Poor, alu{ a CO!11moll Nuis(11Icc lo {he
Ringdom in Gcucrol, Londres, 1718, pp. 13, 18-20.
74 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
COlno fuente de resentimiento. Una y otra vez fueron impugnados
los nuevos procedimientos de comercialización. En 1710, una petición
a favor de la gente pobre de Stony Stratford (Buckinghamshire) se
lamenta de que los agricultores y comerciantes estaban «comprando y
vendiendo en los corrales y en las puertas de sus Graneros, de ral
maneta que ahora los pobres habitantes no podemos consegnir una
molienda en proporción razonable a nuestto dinero, lo cual es una
gran calamidad». En 1733 varios municipios apelaron a la Cámara de
los Comunes en contra de tal práctica. Halsemere (Surrey) se lamen-
taba de molineros y harineros que acaparaban el comercio; «compra-
ban secretamente grandes cantidades de cereales de acuerdo con pe-
queñas muestras, y se regaban a comprar el que había sido expuesto
en el mercado público». Esta práctica sugiere In existencia de una
ocultación y pérdida de diafanidad en los procedimientos de comer-
cia lización.
Con el transcorso del siglo no cesaron las quejas, aunque ten-
dieron a trasladarse hacia el Norte y el Oesre. Con ocasión de la
escasez de 1756, el Consejo Privado, además de poner en movi-
miento las viejas leyes contra el acapararniento, promulgó una pro-
clama ordenando a «todos los agricultores, bajo severas penas, traer
sus cereales al mercado público, y no venderlo a muestreo en sus
propios lares». Pero a las autoridades no les agradaba sentirse dema-
siado presionados en este asunto; en 1766 (otro afio de escasez) los
magistrados de Surrey inquirieron si comprar por muestreo era, en
efecto, un delito punible, y recibieron una respuesta prodigiosamente
evasiva: el secretario de Su Majestad no está autorizado, en tazón de
su cargo, para interpretar las leyes.
Dos cartas dan alguna idea del desarrollo de nuevas prácticas en
el Oeste. Un corresponsal que escribía a lord Shelbourne en 1776
acusaba a los comerciantes y molineros de Chippenham de «com-
[)lot» :
Él mismo mandó comprar una arroba de trigo al mercado,
y aunque había allí muchas cargas, y era inmediatamente después
de haber sonado la campana del mercado, dondequiera que su
agente solicitase, la respuesta era «Está vendido». De forma que,
aunque para evitar el castigo de la ley, 10 traen al mercado, el
negocio se hace antes, y el mercado es sólo una farsa ...
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
75
(Estas prácticas podían dar oeaSlon a un motín; en junio de 1757,
se informó de que <da población se sublevó en Oxford y en pocos
minutos se apropió y dividió una carga de trigo que se sospechaba
había sido vendida por muestra y traída al mercado solamente para
salvar las "p&riencias».) La segunda carta es de 1772, de un corres-
ponsal en Dorchester, y describe una práctica diferente de tasa de
mercado; sostiene que los grandes agricultores se reunían para fijar
los precios antes de ir al mercado,
y muchos de estos hombres no venderán tnenos de cuarenta
bU.'ihels/' que 105 pobres no pueden comprar. Por esto el molinero,
que 110 es enemigo del agricultor, da el precio que éste te pide y el
pobre tiene que aceptarlo.
Los paternalistas y los pobres continuaron lamentándose del
desarrollo de estas prácticas de mercado que nosotros, en visión
retrospectiv3, tendemos a aceptar como inevitables y «naturales»."
Pero lo que puede parecer ahora como inevitable no era necesaria-
mente, en el siglo XVIII, materiaaprobable. Un panfleto caracterís-
tico (de 1768) clamaba indignado contra la supuesta libertad de cada
agricultor pora hacer 10 que quisiera con sus cosas; esto sería liber-
tad «natura],>, pero 110 «civil»:
No puede decirse, entonces, que sea la libertad de un ciudadano
o de uno que vive bajo la protección de alguna comunidad; es
más bien la libertad de un salvaje; por consiguiente, el que se
aproveche de eUa, no merece la protección que el poder de la
Sociedad proporciona.
La asistencÍ1 del agricultor al mercad0 es <<una parte material de su
obligación; no se le debería permitir guardar sus mercanCÍas o ven-
derlas en otro lugar».24
Pero después de 1760, los mercados tuvieron tan poca función
* Medida inglesa de áridos, equivalente a 36,35 litros. (N. de t.)
23. Pueden encontrarse ejemplos, dentro de una abundante literatura en
Gentleman's Magazine, XXVI (1756), p. 534; Anon. [Ralph CoulI:eviUe], The
Cries 01 the Public, Londres, 1758, p. 25; Anan. [e. L.], A Letter to a
Member al Padiament proposing Amendments lo lhe Lau)J against Forestallers,
Ingrossers, and Regraters, Londres, 1757, pp. 5-8; Museum Rusticum el Com-
mercia/e, IV (1765), p. 199; Forster, op. cit., p. 97.
24. Anon., An Enqtáry into the Priee 01 Wheat, Malt .. , Londres, 1768,
pp. 119-123.
7(,
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSC1ENC1A Dr. CLASF
en la mavor parte de hs tierras del Sut V en hs Midhnc\s que, cn
c\ichos distritos, las quejas contra la venta por muestreo son menos
frecuentes, n pesar de que, a finales ele siglo, sc protcst,ü)a todavía
de que los pobres no pudiesen comprar pequeñas cantidades." En
algunos Jugares del NDrte el asuntD era distinto. Ona pctición de los
trabajadDres de Leeds en 1795 se queja de "los agenles de cereales
y molineros y un grupo de gente que nosotros l1am311l0S rq?;8tones
y los llarineros que tienen el grano en sus manos de rnR.T1Cra que
pueden retenerlo v venderlo a.l ptecio que quieran, " no vendcrlo».
"Los agricultores no llevan n"ís grano al metcado que el que llevan
en :;n5 boisillos como muestra 10 cua' hace quejarse mucho a los
pobres». Tanto fue el tiempo que tmdó en abrirse camino y resol·
verse un proceso, que. lTIUy n menudo. se documenLl ya cien años
antes.
Se ha seguido este ejemplo para ilustrar la densidad v particula-
ridad del detalle, la variedad de las costumbres locales y el mm bo
que el resentimientCl popular podía t0mar c"audo cambiaban las
viejas pdcticas de mercado. La misma densidad, la misma diversichd,
existe en el área de comercialización) cscas,Hnente definida. El n10··
de10 patem"lista {altaba, por supuesto, en muchos (,t""s puntos. El
A,<;;::;1Z(' of Bread, si bien fue dectivn controlar L1S gal1nnc1o-\s de
10s panaderos, se limitaba a rd1el,n el precio el1 curse) del trigu () la
harina y no podía de nínguna \ll¡111Cfa influir sobre 1<lS precios en sí.
Los molineros eran ahor", en Bertlordshir
e
v el valle de Támcsis,
empresarios acaudalados, y a veces comerciantes de grano o malla,
así como grandes fabricantes de harina." Fuera de los distritos
cerealistas los mercados l.Uh;lnOs no podían en modo
alguno ser abastecidos sin las open)Ciones de agentes euva,s activida·
des hubierw queehde' anuladas de habcrse impuesto estricU1l1ente
la legislación contra los aC8paradorcs.
¿Hasta qué punto reconocieron las autoridades qllC su modelo
25, Véase) por ej" Davies ([¡¡fra. p. 92), Sr: informó de"de Cnrnll<i\ks
fTI 1795 que «(muchos 8griolltores tehllsan vender en pCqUcl1¡lS Ci\I1-
tidadcs a los pobres, 10 cual causa ¡lranctcs murmuraciones»: PRO, HO 42.14,
y desde Essex en 1800 que «en ;1!g.nnos lugares no se dcctÚ<ln vcnU1S excepto
('n 105 sitios ordinarios, dQnde compraclnrc<; y vendedores \ principalmente moli-
neroS y agentes) cenan juntos .. el bencficiD dd Moc¡¡do se hél. pndido casi
para el vecindario»; tales prácticas $C)\l menciolHKhs «con gran indignación
por las clases m,Í.$ hajas>:>: PRO, HO
26. f . .l. Fi'Sher, «The Dcvclopr¡:("!1t ot the Lnndoll Fond i'v\arket, 1540-
16--W)), Ecoll_ Hi5f. Rrt'icH'. V (19'::q.lt)351.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 77
se alejaba de la realidad? La respuesta varía según las autoridades
implicadas v con el correr del siglo, Pero puede darse una respuesta
general: los paternalistas, en su práctica normal, aceptahan en gran
patte el cambio, pero volvían a este modelo en cuanto surgía alguno
situación de emergencia. En esto eran, en cierta medida, prisioneros
del pueblo, que adoptaba partes del modelo como su derecho y pa-
trimonio. Existe incluso la impresión de que; en rC<-11ic18d, se acogía
bien esta ambigüedad. En distritos con motines, en época de esca-
sez, daha a los magistrados cierta capacidad de maniohra, y prestaha
cierta aprobación a sus intentos de reducir los precios empleando la
pcrsuasión. Cuando el Consejo Privado autorizó (como sucedió en
1709, 17 40, 17 56 Y 1766) la emisión de proclamas en letra gótica
ilegible amenazando con terribles castigos a acaparadores, buhoneros,
trajineros, revendedores, mercachifles, etc., ayudó a los magistrados
a inculcar el temor de Dios entre los molineros y comerciantes loca·
les. Es cierto que la legislación contra el acaparamiento fue revocada
en 1752, pero el Acta de revocación no fue bien redactada, y durante
la gran escasez quc siguió, en 1795, lord Kenyon, el justicia mayor,
tomó la responsabilidad de anunciar que el acaparamiento continuaba
siendo un (leHto procesable según el derecho consuetudinario;
pesar de qlle el decreto dc Eduardo VI fue revocado (si lo fue aCer-
tada o desacertadamente no soy yo quien deba decidirlo) mín sigue
siendo un delito de derecho consuetudinario, coetáneo a la constitu-
ción». El reguero de procesos que puede observarse a lo largo del
siglo -normalmente por delitos insignificantes y sólo en años de
escasez-·-- no se agotc\: por el contrario, en 1795 y 1800-1801 hubo
quizá más procesos que en cualquier otro período de Jos veinticinco
años anteriores
H
Pero está bien claro que estaban destinados a pro-
ducir un efecto simbólico, con objeto de hacer ver a los pobres que
las autoridades actuaban en vigilancia de sus intereses.
De aquí ql1e el modelo patemalista tuviera una existencia ideal,
pero también una existencia real frngmentaria, En años de buenas
cosechas y precios moderados, las autoridades lo dejaban caer en el
27. Girdler (op. cit., pp. 212-260) da una lista de varias sentencias en 1795
y 1800, En varios condados se establecieron asociaciones privadas para juzgar
8 los acaparadores: Rev. ]. Malham, Tbe scarcity 01 Graif1 cOflsidered
J
Salisbury,
1800, pp. 35.-44. El acaparamiento, etc.) siguieron siendo delitos de derecho
("0fn11n h:1<:t" lRtlA· \'(1 l-.J ..... ,..1 r: .. T .... T 1
78 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE. CLASE
olvido. Pero si los precios subían y los pobres se mostraban levan-
tiscos se lo reavivaba, al menos para crear un efecto simbólico.
III
Pocas victorias intelectuales han sido más arrolladoras que la
que los exponentes de la nueva economía política ganaron en ma-
teria de regulación del comercio interno de cereales. A ciertos histo-
riadores esta victoria les parece, en efecto, tan absoluta, que difícil ..
mente pueden ocultar su malestar con respecto al partido derrotado.
El modelo de la nueva economía política puede tomarse muy bien
por el de Adam Smith, a pesar de que quepa considerar a La riqueza
de las naciones, no sólo como punto de partida, sino también como
una gran terminal central en la que convergen, a mediados del si-
glo XVIII, muchas líneas importantes de discusión (algunas de ellas,
como la lúcida obra de Charles Smith, Tracts on the Com Trade,
1758-17 59, apuntaban específicamente a demoler las viejas regu-
laciones paternalistas de mercado). El debate producido entre 1767
y 1772, que culminó con la revocación de la legislación contra el
acaparamiento, señaló una víctoria., en esta área, para el laíssez ¡aire)
cuatro años antes de ser publicada la obra de Adam Smith.
Esto significaba más un antimodelo que un nuevo modelo: una
negativa directa a la desintegradora política de «previsión» de los
T ndor. «Sea revocado toelo decreto relacionado con las leyes de ce-
reales -escribió Arbuthnot en 1773-; dejemos que e! cereal corra
como el agua, y encontrará su nivel»." La «ilimitada, incontenida
libertad de! comercio de cereales» fue también la exigencia de Adam
Smith
29
La nueva economía suponía una "desmoralización» de la
teoría del comercio y del consumo de tanto alcance como la deroga-
ción, ampliamente debatida, de las restricciones contra la usura.'"
Con el término «desmoralización» no se quería sugerir que Smith
28. J. Arbuthnot («Un agricultor»), An Inquiry into tbe Connection
Bctwecn the Presef1t Pría 01 ProvisiOfIS and ¡he Size 01 FOl'ms, Londres,
1773, p. 88.
29. La «disgresión con respecto al Comercio de Granos y a las Leyes de
Cereales») de Aclam Smith, está en el libro IV, cap. 5 de The \Veallb 01
Nati(ms.
30. R. H. Tawnev discl1te el problema en Rcli;inn t1nd ¡be' ni.fE' 01
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 79
y sus colegas eran inmorales 31 o no estaban interesados en el bien
público." Significaba, más bien, que se limpiaba a la nueva econo-
mía política de imperativos morales intrusos. Los antiguos panfletis-
tss eran, en primer lugar, moralistas y sólo en segundo economistas.
En la nueva teoría económica no entraban cuestiones sobre política
moral de la comercialización, a menos que fuera como preámbulo
y motivo de peroración.
En la práctica, el nuevo modelo funcionaba del siguiente modo.
La operación natural de la oferta y la demanda en el mercado libre
llevaría al máximo la satisfacción de todos los sectores y establecería
el bien común. El mercado no estaba nunca mejor regulado que
cuando se le dejaba autorregularse. En el curso de un año normal,
el precio del grano se ajustaría a través del mecanismo del mercado.
Inmediatamente después de la cosecha, los pequeños agricultores y
todos aquellos que tenían que pagar salarios por la recolección y
rentas de la fiesta de San Miguel (correspondiente a los meses ele octu-
bre, noviembre y diciembre), trillarían su grano y lo traerían al merca-
do, o permitirían la salida de lo que habían contratado de antemano
para ser vendido. Desde septiembre a Navidades se podían esperar
precios bajos. Los agricultores de tipo medio retendrían sus cereales,
con la esperanza de que subieran los precios en el mercado, hasta
el comienzo de la primavera; mientras que los agricultores más
opulentos y los pertenecientes a la gentry agricultora retendrían parte
de su grano {Xlr más tiempo todavía --de mayo a agosto-- con la
expectativa de llegar al mercado cuando los precios alcanzaran su
punto máximo. De esta manera se racionaban adecuadamente las
reservas de cereales de la nación, a través del mecanismo del precio,
durante cincuenta y dos semanas, sin ninguna intervención del Es·
tado. En la medida en que los intermediarios intervenían y compro-
metían por adelantado el grano de los agricultores, realizaban, más
31. La sugerencia fue hecha, sin embargo, por alguno de los oponentes de
Smith. Un panflctista, que pretendía conocerle bien, sostenía que Adam Smith
le había dicho que «la Religión Cristiana degrada la mente humana)}, y que la
«Sodomía era una cosa en sí indiferente». No sorprende que sostuviera puntos
de vista inhumanos sobre el comercio de granos: Anon., T houghts 01 an Old
Alan 01 Independenl Mind Ihough Dependenl Porlune on Ihe Presenl High
Prias 01 Corn, Londres, 1800, p. 4.
32. A nivel de Intenci6n no veo razón para discrepar del profesor A. W.
C..,oats, «The Classical Economists and the Labourer», en E. L. Jones y G. E.
Mingay, eds., Ld11d) LabotJr afld Poprdatíol1, Londres, 1967. Pero la intenci6n
es una mala medida del interés ideológico y de las comecuencÍas históricas.
80
TRADICTÓN, T' \rUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
eficientemente aún, este serviClo de racionamiento. En a1105 de esca-
sez el precio del grano podía subir hasta alturas pEligrosas; pero esto
era providencial, pues (además de suponer un incentivo para el im-
portador) era otra nueva forma eficaz de racionar, sin la cual, todas
las existencias serían consumidas en los nueve primerns meses del
a.ño y en los tres meses restantes la escasez se convertiría en autén-
tica hambre.
Las únicas vias por Ins que se podía romper esta economía
autorregulable, eran la interferencia del Estado y del prejuicio popu-
lae
ll
Habia que dejar fluir libremente el cereal desde las "reas de
superabundancia a las zonas de escasez. Por lo tanto, el inrernK
diario representaba nll papel necesario, productivo l' loable. Los
prejuicios contra los acaparadores fueron rechazados tajantemente
por Smith como supersticiones a igual nivel que la brujería. La inter-
ferencia con el modelo natural de comercio podía producir hombres
locales o desalentar a los agricultores en el aumento de su produc-
ción. Si se obligaba a ventas prematuras o se restringían los precios
en épocas de escasez) podrian consumirse con exceso las existencias.
Si los agricultores retenían S'J grano mucho tiempo, saldrían proba-
blemente perjudicados al caer los precios. La misma lógica puede
aplicarse a los demás culpables a ojos del pueblo: molineros, hari-
neros, comerciantes y panaderos. Sus comercios respectivos eran
competitivos. Como m\lcho, sólo podian distorsionar el nivel natural
de los precios en periodos cortos) y a menudo para su propio per-
juicio en última instancia. A finales de siglo, c\lando los precios
comenzaron a dispararse, el remedio se buscó, no en una vuelta a la
regulación del comercio, sino en mejoras tales como el incremento
de los cercamientos, y el cultivo de terrenos baldíos.
No debería ser necesario discutir que el modelo de una economía
natural y autorregulnble, q\le labora providencialmente para el bien
de todos, es una superstición del mismo orden que las teorías que
sustentaba el modelo paternalista; a pesar de que, curiosamente, es
esta una superstición que algunos historiadores de la economía han
,ido los últimos en abandonar. En ciertos aspectos, el modelo de
33. Smith opinaba que bs dos iban a la par: «las leyes concernientes al
gmDo pueden compararse en todas partes a las leyes concernientes a la religión.
La gente se siente tan Íntclcsada en lo que se refiere, bien a su subsistencia
en esta vida, bien a su felicidad en la vida futura, ql1e el gobierno debe ceder
ante sus prejuicios

"
At

'.<
'"

LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 81
Smith se adapta mejor a realidades del siglo XVIII que el paterna-
lista, y era superior en simetría y envergadura de construcción in-
telectual. Pero no deberíamos pasar por alto el aparente (lire de vaJi·
dez empírica que tiene el modelo. Mientras que el primero invoca
una norma moral -lo que deben ser las obligaciones recíprocas de
los hombres-- el segundo parece decir: «este es el modo en que
las cosas actúan, o actuarían si el Estado no interfiriese». Y sin em-
bargo, si 'e consideran esas partes de La riqueza de las Ilaciones,
impresionan menos como ensayo de investigación empír_íc8 que como
un soberbio ensayo de lógica válido en sí mismo.
Cuando consideramos la organización real del comercic) de ce
reales en el siglo XVIII no disponemos de verificación empírica para
ninguno de los dos modelos. Ha habido poca investig"ción detallach
sobre la comercialización; 34 ningún estudio importante de una fjgur::!
clave: el molinero." Aun la primera letra del alfabeto de Smith --el
supuesto de que los altos precios eran una forma efectiva de raciOfla-
miento-- queda nada más que como una meU1 afirmación. Es noto-
rio que la c
1
emanda de grano, o pan, es muy poco flexible. Cuando
el pan es caro, los pobres ----como le recordaron" un observador de
alta posición- no se pasan a los pasteles. Según algunos observa-
dores, cuando los precios subían los trabajadores podrían CClmer la
misma cantidad de p"n, pero era porque eliminaban otros productos
de su presupuesto; podían incluso comer más pan para CClmpensar la
pérdida ele otros artículos. De un chelín, en un año normal, seis
peniques se destinarían a pan, seis a «carne de mala calidad y mo-
chos productos de huerta»; pero en on año de precios altos, todo el
chelín se gastaría en pan .36
34. sin embargo, A. Everi:t, (iThe I'vhnkctíng of Agricultu,al
Produce», en Joan Thirsk, ecl., The Agrarian Hülory 01 EUf!,la!ld [{nd '"Vales.
voL IV; 15001(,40, Cambridge, 1967, y D. Baker, "The Marketing nf Coro
in the first Half (lf thc Eighteenth-Centmy: North-cast Kent», A,gric. Hist.
R"v, XVIll (1970)
35. lby alguna información lÍtil en R, Bennett y ]. Elton, History 01
CMn Mí/ling, Liverpool, J 898, 4 vols.
36. Emanuel Collins, Lyíng Detecud, Bris:ol, 1758, pp. 66,67. Esto parece
confirmado por los presupuestos de Davies y Eden (véase nota 15), y por los
n!--scrvadores del siglo XIX: véase E. P. Thompson y E. Yeo, eds., TIJé T}lIknnwn
.\favhew, ]971, ap. Il. E. I-I. Pbclps Brown y S. V, Hopkins, «Seven
Centuries of the Prices of Consumables compared with Builders' rates)),
Eco1tnmica, XXII (1956), pp. 297-298, conceden que sólo un 20 por 100 del
pre-5upuesto total doméstico se gastab'J en alímentos harinosos, aunque los
presupuestos de Davies y de Edcn (tomados en al1tY- de precios altos) mues-
82 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
De cualqtJier manera, es bien sabido que los movimientos de los
precios del grano no pueden ser explicados por simples mecanismos
de precio, ele oferta y demanda; y la prima pagada para alentar a la
exportación cerealista, distorsionaba aún más las cosas. Junto con el
aire y e! agua, el grano era un artículo de primera necesidad, extra-
ordinariamente sensible a cualquier deficiencia en el abastecimiento.
En 1796, Arthur Young calculó que el déf'cit total de la cosecha de
trigo fue menor de! 25 por ciento; pero el precio subió en un 81;
proporcionando, por tanto, según sus cálculos, a la comunidad agrí-
cola un beneficio de 20 millones de libras más que en un año not-
maL" Los escritores tradicionalistas se lamentaban de que los agri-
cultores y comerciante:::. actuaban por la fuerza del «monopolio»; su
punto de vista fue rebatido, en escrito tras escrito, como "dcma-
siado absurdo para ser tratado seriamente: ivamos!, i más de dos-
cientas mil personas ... !»,38 El asunto a tratar, sin embargo, no era
si e:::te agricultor o aquel comerciante podía actuar como un «mono-
polista», sino si los intereses de producción y de comercio en su con-
junto eran capaces, en una larga y continuada sucesión de circuns-
tran un término medio de 53 por ciento. Esto sugiere nuevamente que en taJes
años el consumo de pan permaneció estable, pero otros artículos alimenticios
fueron suprimidos por completo. Es posible que en Londres hubiera ya una
mayor diversificación de la dicta hacía los años 1790. P. Colquhoun escribió a
Portland, 9 Jc julio de l795, que había abundancía de verduras en el mercado
de Spitglfields, especialmente pat:ltas, «ese gran substituto del Pan), zanahorias
y nahos: PRO, PC 1.27.A.54.
37 Annals 01 Agriculture, XXVI (1796), pp. 470, 473. Davenant había
estitnado en 1699 que uoa deficiencia de un décimo en la cosecha subín el
precio tres décimos: Sir C. Whitworth, The Poliiical and Commercial W' orks
01 Charles Davenanl, Londres, 1771, 1I, p. 224. El problema está tratado en
la obra de W. M. Stern) «The Bread Crisís in Britain, 1795-1796), Economica,
nueva ser., XXXI (1964), Y J. D. Gould, Fluctuations and the
Engl;sh Economy in the Eighteenth Century», JI. Ec. Hisl., XXII (1962).
De Gould hace hincapié sobre un punto mencionado a menudo en apologías
contemporáneas de los precios altos (p. ej., Farmer'J Magazine, 1I, 1801,
p. 81), según el cual los pequeños ogricultores en años de escasez
toda la cosecha para simiente y para su propio ,-oosumo: en factores como
este ve él <da explicación teorética principal de la extrema volatilidad de los
precios de granos en los comienzos de la época moderna). Se requeriría más
investigación del real funcionamiento del mercado antes de que tales explica-
ciones fueran convincentes.
38. Anon. [«Un Agricultor»], Three Letters to (l Member 01 lbe HOl/se 01
Cnmm0115 Concerning the Priccs 01 Provisions, Londres, 1766, pp. 18-19.
otros ejemplos, véase Lord John Sheffie1d, OhscrvatiollS mI lhe Corn Bill
cmd Present Sl.arcily and high Price 01 Provisions, Londres, 1800, p. 33; J. S.
Fry, Lellers on lhe COrH-T rade, Bristol, 1816, pp. 10-11.
LA FC.ONOM íA MOHA L Dr:. LA I\Hn.TITUD
S3
tancias favorables, de aprovechar su dominio sobre un artículo ele
primera necesidad y elevar el precio para el consumidor, de igual
manera que las naciones desatrolladas e industrializadas de hoy han
podido aumentar e! precio de ciertos artículos manufacturados con
destino a las naciones menos desattolladas
Al avanzar el siglo, los procedimientos de mercado se volvieron
menos claros) pues el grano pasaba a través de una red más compleja
de intermedíarios. Los agricultores ya no vendían en un mercado
competitivo y libre (que en un sentido local y ·regional, constituía la
meta de! modelo paternalista y no la del modelo del laissez faire),
sino n COlllercwnres o molineros que estaban en mejor situaciém para
retener las existencias y mantener altos los ptecios en el mercado.
En bs últimas décadas del siglo, al crecer la población, el consumo
presionó continuamente sobre la producción, y Jos ptoductores pu-
dieron dominar, en forma más general, un mercado de ventas. Las
condiciones de las épocas ele guerra, que en realidad no inhibieron
demasiado la importación de grano durante los períodos de escasez,
sin embargo acentuaron en esos años las tensiones psicológicas.
39
Lo
que importaba para fijar el precio posterior a la cosecha era la
expectativa del rendimiento ele esta, y en las ü!timas décadas del
siglo hay evidencia del desarrollo de grupos de presión de agriculto-
res .. que conocían muy bien los efectos psicológicos involucrados en
el nivel de los precios posteriores a la cosecha, y fomentahan asidua-
. d 4°N· - d
mente expectativas e esca.sez. ototlamente, en anos e escasez,
los agricultores ostentaban una faz sonriente,41 mientras que en años
de cosechas abundantes e! premio inconsiderado de la Señora Natu-
raleza provocaba gritos de <'idesastre!» en Jos agricultores. Y por
muy ahundante que pudiera aparecer la cosecha ante los ojos del
ciudadano, en cada caso iba acompañada de comentarios sobre el
mildiu, las inund<lcíones, las espigas atizonadas que se convertían en
polvo cuando cotnenzaba la trilla, ete.
39. 0lson, EcoflOmics ni lhe Wartime Shortage, cap . .3; W. F. GaIpin,
Tbc Grain Supply 01 E/lgland d¡¡ring lhe Napoleollic Period, Nueva York,
1925.
40. Véase, p. ej., Anon. r «Un Molinero de malta del Oeste» l COllsidcra-
tiollS Off the prcscnl High Prices 01 Provisiof1S, and lhe Neccssitics 01 Lile,
Londre" 1764, p. 10.
41. «Espero --escribía un terrateniente de Yorkshire en 1708!........ que la
escasez de grano que probablemente continuará bnstantes años, hará la agri-
cultura muy rentable para nosotros, roturando y mejorando toda nuestra nueva
tierra», citado por BeloH. op. cit., p. 57.
,cq TR:\PIC](\.":. HE\"llFLl·,\ y nr Cl
El rn",dcl\..) de lil"rc lllcrc:1dc\ 5Urcnc un:l ::;ccucllcia de rcqucfios
él (l&ricultorc5 que su gr;mo ;11 mercc1c1o durante el año:
pcr-r.) :1 fínes de siglll. 8] stlccder5e los 1ltPS precios un ;1ño tras otro,
un mayor número de pequeiios 3gricultores podíiln retener sus pro-
"isiones h8:::ta Ql1t' el meruuJo subícra ;:¡ sntisfacción suyn. (Después
de tod\..l, p:lr;1 ello5 no crn un aSllnto de comercialización ttltin;uia,
sino de intenso, de vital interés: su ganancia anu;¡} podía depender,
en gran medid3) del precio al que tres o ctwtro montones de grano
podían llegar a venderse.) Si tenían que pagar renUs, el desannllo
b:111Ul.río nual facilitó al agricultor la obtención de préstatnos.'l1 El
motín de septiembre u octubre rcsldt<Í desencndenndo muy a menudo
porque no se producía h C<lída de los precios c1espl1és de una
cosecha ap:uentemcntc ;:¡bundanlc) y ello indicaba un" conhnnta-
cicSn consciente entre el productor reluctante y el consumidor fu-
rlosO.
Traemos a colaci.ón c:::tos comentarios, no para tcfutar a l\dam
Smíth, sino simplemente p8ra indicar 1ns puntos donde hny que tener
precaución hasta que nuc.':;tros conocimientos se amplíen. Con res-
pecto <11 modelo de hfisscz f(lÍre no hny que decir sino que no se lul.
demostrado empíricnmente; que es intrínseclmente improh,lb1c, y
que exis1c cierta eyidcncin en n'ntLl. Nos han rccord,lc1o reciente-
mente que comc1'cia111es f!,l11;lhan dinero en el siglo XVIII», y
que los comerciantes de grano lo deben haher gtll1ado «J11tlnípulnndo
el Estas l11anipuhcioncs se registran ocasionalmente) si
bien ratnt11ente de manc1';] tan franca como fue anotado por 1111 flgri-
cultor y comerciante de granos de \X'hittlcsford (Camhridgeshire), en
su diario, en 1802:
Yo compré Centeno hace Doce Meses n cínCllCIlI<1 chelines 1<1
arroba. Podría haberlo vendido a 122 chelines in arroha. Los
pobres consiguieron su h<Jrin,1, hucn centeno, a 2 chclillC's 6 peni-
ques el celemín. La Parroquia me pagó 1::; difcrcllci" que fue 1 chelín
42, El hecho es ohscn'8do en Anoo., A Leffer fa Ihe Rt. !-Ion. \Villiam
PiN 011 (he Causes 01 l/U: Hif!.h Pricc 01 Provisio!ls, Hcrcford, 179,'5, p. 9;
Anon. [<,Una Socicd;-¡d de Agricultores Pnícticos»)], A Lelfcr lo Ihe R/. HCJ11.
Lnrd Somerl-,¡llc, Londres, 1800, p. 49. efr. L.. S. Pressnell, COílfllry Banking
in [be Industrial Rel.:olufiol1, Oxford, 1956-, pp. 346·348.
43. C. \Y/ .. :. Grainr,er y C. M. El1iott, «A F"C5h Lonk <Jt \XThc<Jt Prices
rlnd i\hrkets in the Eighteenth Ecof1. Hist. Rev.} 2.' sn., XX (1967),
p. 26-2.
1
I
¡
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
85
Q peníques por celemín. Fue una bendiciétn parn Pobres y
bUeno p,Ha mí. Compré 320 arrobas:
w
La gannncia en esta transacción fue superior a mil libras,
IV
Si se pt1eden reconstruír claros modelos' altetn:Hivos U'as J[I po"
lítica de nndicionalistas y economistas políticos, ¿podría hacerse lo
mismo con 1n cconomÍ8 «moraL de lA. multitud? Esto es menos
sencillo. Nns C'nfrentamos con un complejo de an¡Hisis racional, pre-
juicio y modelos tradicionales de respuesta a la escasez. Tampoco es
posible, en un momento dado, identificar claramente a los grupos
que respaldaban las teorías de la multitucL Estos abarcan <l seres
capaces de expresarse articubdamente y seres incapaces de eHo) e
incluyen hombres con educación y elocuencia. Después de 1750) todo
año de escasez fue acompañado de un torrente de esnitas y cartas
a la prensa de vdor desiguaL Era una queja común a todos los pro-
tagonistas del Uhre comercio de granos la de que la gen!r)' ilusa
agregabl combustible a In, llamas del descontento del populacho,
11n)' cierta verdad en La multitud dedujo su sentimiento
de legitimid"d, en realidad, del modelo paternalista, A muchos caba-
lleros r\l1l1 les molestaban los intermediarios, a quienes Cl"lllSideraban
como intrusos. Allí donde los señores de los feudos conservaban aún
derechos de mercado, se sentían molestos por la pérdida (a través de
la venta por muestreo, etc) de tales impuestos. Si eran propietarios
que presenciaban cómo se vendía la harina o la carne fl
precios desproporcionadamente ah os en relación a 10 que ellos reci-
bían ele los tratantes, les molestaban aún más las ganancias de estos
vulgares comerciantes, El autor del ensayo de l7l8 nos presenta un
título que es un resumen de su tema: Un ensayo para demostrar que
lor RegatOl1es, AfoI10polis!as, Acaparadores, TraiÍllel'OS e Illterme-
diarios de (;,.on05, Ganado y otros bienes comerciales ... SOI1 Destruc-
toreJ del Comercio, Opresores de los Pobres y Uf! Perjuicio C'omtii1
para el Rc;,JO ('71 General. Todos los (a menos que
fueran simples boyeros o carreteros que transportasen provisiones de
44. E. M. llnmps0o, The Treatmcnl nI Popa/v in Camhridf!..cshire, 1597-
18J4, C>lmhrid¡?:c, 1934, p, 21.1.
8(, TRADTCIÓN, REVUEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE
un sttio a ctto) le parecen a este escritor, que no deja de ser obser-
vador, «un grupo de hombres viles y perníciosos}), y, en los clásicos
términos de condc:na que los campesinos arraigados a la tierra adop-
tan con respecto al burgués, dice:
son una clase de gente vagabunda llevan todas sus pertenencias
(ansi,en, \' sus existencias no pasan de ser un simple traje de
montar. un buen caballo, una lista de ferias y mercldos, y una
cantidad prodigiosa de desvergüenza. Tienen la marca de Caín, y
como él vagan de un lugar a otto, llevando a cabo unas transac-
ciones no autorizadas entre el comerciante bien intencionado y el
honesto consu11l1dor.
45
Esta hostilidad hacia el comerciante se daba aún entre muchos
n18gistrados rl.1rales, cuya inactividad se hacía notar, en algunos C1SOS,
cuando disturbios populares 2.nasaban zonas bajo su jutÍsdicción, No
les disgustaban los ataques contra los disidentes o los agentes de
granos cuáqueros. El autor de un escrito de Bristol, que es claramente
un agente de cereales, se quejaba amargamente en 1758, ante los jue-
ces de paz, de «sn populacho:jue impone leves}), el cual habia impedi-
do, el año anterior. la exportación de cereales de los valles del Severo
y \YJye) y de «llluchas solicitlJdes infructuosas hechas a varios Jueces
de Paz». Ciertamente, crece la convicción de que un alboroto populat
({mtra los hcaparadores no era mal acogido por algunas autoridades;
distraía la dtención puesta en agricultores y rentistas, mientras que
vagas amenazas del Quarter SessiOl1al * contra los acaparadores da-
ban a los pobres la idea de que las autoridades se ocnpaban de sus
intereses. Las viejas leyes (ontf[! los acaparadores, se lamentaba un
comerciante en 1766 J
45 Aclaro Smith observó casi sesenta años después que «el odio popular.
qllC afecta :11 comercio del grano en los años de escasez, únicos años en que
puede ser muy rentable, hace a gente de carácter y for:-una adversos a tomar
parte en él. Se abandona a un grupo infetior de comerciantes}). Veinticinco
años más tarde el conde FítZ\villiam escribía: «los comercial1tes en grano se
están retirando del comercio, temerosos de traficar con un artículo comercial
((ln el cual les ha hecho susceptibles a tanta injuría y calumnia, para ser
dirigido por un populacho ignorante, sin confianza en la protección de aquellos
que deben ser más Fitz\villíam a Port1and, 3 septiembre 1800,
PRO, HO 42.51. Pero un examen de las fortunas de familias tales como los
l1nwards, Frys y Gurneys podría poner en duela tal evidencia literaria.
* Órgano informativo de los tribunales llamados <,Quarter Sessions).
(N del t.)
LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD 87
se publiuH1 en todos los periódicos y están pegadas en todos los
rincones por orden de los jueces) para tnlimidar a los Inonopolistas,
contra los cuales se propagan muchos tumores. Se enseña al pueblo
a abrigar una muy alta opinión y un respeto hacia estas leyes ...
Ciertamente, acusaba a los jueces de alentar «la extraordinaria
pretensión de que la fuerza y el espiritu del populacho son necesa-
rios para poner en vigor las leyes». Pero si realmente se ponían en
marcha las leyes, se aplicaban, sin excepción, contra pequeños delin-
cuentes -picaros locales o placeros que se embolsaban pequeños be-
neficios en transacciones sin mientras que no afectaban
a los grandes comerciantes y molineros.
46
Así, tomando un ejemplo tardío, un juez de paz anticuado y
malhumorado de Middlesex, J. S. Girdler, inició una campaña gene-
ral de procesos contra esos transgresores en 1796 y 1800, con octa-
villas ofreciendo tecompensa por información, eartas a la prensa, etc.
Se impusieron condenas en vatios Quarter Sessions, * pero la canti-
dad ganada por los especuladores no sumaba más que diez o quince
chelines. Podemos adivinar a qué tipo de culpables afectaban los
procesos del juez por el estilo literario de una carta anónima que
recibió:
Savemos que eres enemigo de Agricultores, Molineros, Arineros
y Panaderos y de nuestro Comercio si no avria sido por ml y por
otro' ú hijo de perra uvicras sido asesinado hace mucho por ofrecer
46. Contrariamente a la SupoSlCiOn común, la legislación sobre acapara-
miento no había caído en desuso en la primera mitad del siglo XVIII. Los juicios
eran poco frecuentes, pero suficientes para sugerir que tenían algún efecto en
regular el pequefio comercio en el mercado abierto. En M:lOchester (véase nota
18) rnult-as por acapammiento o regateo fueron impuestas -a veces amlalmente, a
veces cada dos o tres años, desde 1731 a 1759 (siete multas}. Los productoF;
implicados incluían mantequilla, queso, leche, ostras, pescado, carne, zanahorias,
guisantes, patatas, nabos, pepinos, manzanas, alubias, uvas, pasas de Corinto,
cerezas, pichones, aves de corral, pero muy raramente avena y trigo. Después
de 1760 las multas son menos frecuentes pero incluyen 1766 (trigo y mante-
quilla), 1780 (avena y anguilas), 1785 (carne) y 1796, 1797 Y 1799 (en todos,
patatas). Simbólicamente, el número de agentes de Court Leet nombrados
anualmente para impedir el acaparamiento subió de 3 o 4 (173ü-1795) a 7
en 1795, 15 en 1796, 16 en 1797, Además los transgresores fueron juzgados
ocasionalmente (como en 17'7) en Quarter Sessions. Véase Earwaker, Court
Leel Records (citado en nota 18), voE. VII, VIII y IX, y Constables' Accounts
(nota 49), n, p. 94.
* Tribunales de jueces de paz de los condados, de jurisdicción civil y
limitada, que actuaban trimestralmente. (N. del t.)
88
TRADICIÓN, REV1JF,LT/\ y CONSCIENCIA CLASF,
tus fCCompCnS;l,", ')' perseguir Nucstn
1

te maldiga y arruine tú no bívids p,Ha VCl' otr<l cn:;('chn
Dios
[I¡el
A tradicionalistas compasivos como Gircller se unieron ciudadn·
nos de variados rangos. Para la mayoría de los londinenses cualqnier
pctsC'na que tuviera algo que ver con el comercio de gr;lIlOS) harinn
o pnn, resultah1 Sllspecta de todo tipo de extorsiones. Los grnpos
urbanos de presión eran,o por supuesto, especblmentc poderosos a
tl1cclindos de siglo y presiollJban en pro de que terminaran lns primas
A ¡" exportoción, o de lo prohibición de todo expnrtación en épocas
de escasez. Pero Londres y hs ciudades gmndcs nbl"igaban inmensas
reservas de rescntimicntn, V alg,mas de las violentas
vinieron de ese medio amhiente. Un C1crt(l doctor Nbnning, en los
oños 1750, publicó alego tos de que el pan efa adnltcfado no sólo
con lllumbre, tiza, blanco de España y harina de fréjoles, sino tmn-
bié_ll con cal muerta y albayalde. Más sensacionnl fue su afirmación
de que los molineros mezclaban en la harina «bolsas de huesos viejos
molidos>;: «los osarios de los muertos sao hurgados, para agregar
inmundicias a la comida de los vivos», o. como comentaba otto
p:1nfletist<1, «la época actu<li está comiéndose vorazmente los huesos
ele la anterior».
I
Lns acusaciones de l'"bnning fueron mucho 1n3S allá de los límites
de J:, credibilidod. (On crítico coleuló que si se huhiera usado cal en
J:, escala de sUS alegatos, se hubiera urilizado más en los hornos de
Londres que en la industrio de In construcción.) 47 Ademns de alum-
bre) que se usaba en profusión 1':1r:1. blanquear el pnn, la mnnera
más común de adulteración era probablemente una mezc1a de harina
. d h' 48 P 1 11" 1 1/.
ranCla y estropea a con arma nueva. ero a po") aclon ,Ir _lana o>
tendía a creer que se practicaban adulteraciones aún m,-ls nocivas, y
csta creencia contrihuyó a una pelea, la «Shudehill Fight» en MAO-
chester, en 1757, donde se creío que uno de los molinos atacados
mezebba «Cereal, Habicbuc1as, Huesos, Blanqueador, Paja Picada,
incluso Estiércol de Caballo» en sus hnrinas, mientras que en otro
molino la presencia de adulterontes peligrosos cetco de las tolvos
47. Emanuel Co1lins, op. cit." pp. '1 (r37; P. Markham, Syhoroc, Londres,
1758, J) pp. 11-31; Poisofl Detccfcd: nI" Fl"íg,htful Trutbs in a Treatise on
Bread, 1757, esp. pp. 16<38.
48. Vérrse, por ejemplo, John Smith, AtJ Impartia[ Relation of Fadl
Conccrning ¡be Malcpractircs 01 Bllh::-I"S, Londres, s.f., ¿1740?
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MUL'J'IT1_lD
89
(descubierta por la muchedumhre) produjo la quemA de cril"" y
cedazos, y la destrucción de las piedr8s de molino y bs tned;:¡s .49
Habio otras áreAS ir,ualmente sensibles, donde lns quej'ls de la
multitud eran olimentadas por las Je los o por las de
profesi'onalcs urbmos. Ciertamente, se puede que si los
motines o la fijación de precios por la muchedumbre actuaban de
acuerdo a un modelo teórico consistente, este modelo era una tecons"
tr\lccióh selectiva del modelo páternalista, que tomobo de él todos
aquellas Ciltactcrísticas que más favotecían a los pobres y que of rccÍiln
\lna perspectivo de grano barato. Sih embargo, ero menos
dor que el punto de visto de los paternalistos. Los datos conscrvndns
en tchción con lns pobres muestran un mnyor particularismo: S{ln
este molinero, aquel comerciante, esos agricultores que retienen el
ccreal, los que 'provoca11 la indignación y la Acción. Sin embargo, este
particularismo estaba animado por nociones generales de derechos
que se nos revelnn de forma más clara únicamente cuando
la muchedumbre en acción; porque, en un sentido) 1<1 economíf\ ln()-
tal de la multit.ud rompió decisivamente con 1:1 de los paternalistas)
puesto que la ética popular sancionabA la acción directa c-te la mu-
chedumhre, mientras que los valores de orden que opuntabbon el
modelo p:-lternalist.a se oponían a ella categóricamente.
La economía de los pohres era todavío local y regionAl, derivada
de uno economía de subsistencia. El grano debío de ser consumido
en la región en la cual se cultivaba, especialmente en épocns de
escasez. La exportación en épocas de eSCflSe7, suscitó un profundo
disgusto durante varias centurias. Un magistrado escribió Jo siguiente
en 1631, sobre un motín debido a b exportación, en Suffolk: '<vel'
cómo les es arrebatado su pan y enviado a exttal10s ha convertido
la impaciencia de los pobres en furia y desesperoción desen.frenochs».
En un informe muy gráfico sobre un motín en el mismo condado
setenta y ocho at10S desI_més (1709), un comerciante descrihíó C{)llln
.el Populacho se ahó, él crce que etan unos cientos, y dijo que el
grano no debín de ser sacado fuero de Jo ciudad,,: "de entre el
Jacho algunos tenían aL-tlJardas, otros pajos y Ot1'OS cachiporr<1s
Viajando haciA Norwich, en varios lugares de la ruta:
49. J. P. Earwaker, The COflstahles' ACCOtn1tS 01 lbe Ma110r 01 Mallcbestcl",
.\hnchestet, 11'91. TU, pp. F. Nicholson y E. Axon, «The Ibtficld
Famil)' of M:'Il1chc!'iter, and the Food Riots of 1757 and 1812h, Tral1s. Lal1cs.
"d Chcsh. Antiq. ,loe., XXVIII pp. 83.90.
90 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
el Popubcho, sabiendo que ét iba a cruZar carg<1c!o con grano, le
dijo <¡ue no debería pasar por la Ciudad, porque era un Canalla,
y un Traficante de grano, y algunos gritaron: Tiradle piedras,
otros Tiradlo del caballo, otros GolpeadIo, y aseguraos de que le
habéis dado; que él ... les preguntó qué les hacía sublevarse de
ese modo inhumano para el perjuicio de ellos y del país, pero
ellos seguían gritando que era un Canalla y que iba a llevarse el
grano a Francia ".
Exceptuando Westminster, las montañas, o los grandes distritos
de pastoreo, los hombres nunca estaban lejos del grano. La industria
fabril estaba dispersa por el campo: los mineros del carbón marcha-
ban a su trabajo junto a los campos de cereales; los trabajadores
domésticos dejaban sus telares y talleres para recoger la cosecha.
La sensibilidad no estaba confinada sólo a las exportaciones al extran-
jero. Las áreas de exportación marginales eran especialmente sensi-
bles, pues en ellas se exportaba poco cereal en años normales, pero,
en épocas de escasez, los traficantes podían esperar un precio de ganga
en Londres, que, en consecuencia agravaba la escasez 10ca1.5(I Los
hulleros -de Kingswood, del Forest of Dean, de Shropshire, del
Noroeste-- eran especialmente propensos a la acción en aquellos
tiempos. Notoriamente los mineros del estaño de Cornualles poseían
una irascible conciencia de consumidores, y una decidida inclinación
a recurrir a la fuerza. "Nosotros tuvtmos al demonio y todo 10 de-
más que trae un motín en Padstow», escribió un señor de Bodmin
en 1773, con una admiración mal disimulada:
Algunas personas han ido muy lejos en la exportación de
grano Setecientos u ochocientos mineros del estaño se unieron,
y primero ofrecieron a los agentes de grano diez y siete chelines
por veinticuatro galones de trigo, pero como les dijeran que no
les darían nada, ellos inmediatamente rompieron y abrieron las
puertas de la bodega y se llevaron todo lo que había allí sin dinero
nI preCIO.
El resenttmtento más grande fue provocado a mediados de siglo
por las exportaciones al exterior, por las que se pagaron primas. Se
consideraba al extranjero como una persona que recibía cereal a pre-
50. D. G. D. Isaac, 'lA Study of Popular Disturbancc in Britain, 1714-
175
'
h, Edimburgo, Unív. Ph. D. thesis, 1953, cap. 1.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
91
cios a veces por debajo de los de! mercado inglés, con la ayuda de
subvenciones extraídas de los impuestos ingleses. De aquí que e!
rencor máxtmo recayese a veces sobre el exportador J que era visto
corno e! hombre que busca ganancias privadas -y desbonestas- a
expensas de sus compatriotas. A un agente ele North Yorkshire, a
quien dieron un chapuzón en el tÍo en 1740, le dijeron que era
mejor que nn rebelde». En 1783 se colocó un cartel en la cruz del
mercado en Carlisle, que comenzaba así:
Peter Clemeseson y Mases Luthart esto es para daros una
Advertencia de que debéis Abandonar vuestro Comercio ilegal
o Morir y Maldita sea vuestra compr<1 ele grano para m;:!tar de
hambre a los Pobres Habitantes de la Ciudad y Suburbios de
Cadislc para mandarlo (l Francia y recibir la Prima Dada por la
Ley por llevar el Grano fuera del País, pero por el Señor Dios
Todopoderoso nosotros os daremos la Prima a Expensas de Vues-
tras Vidas, Malditos Canallas ...
"y si Alguna T::.verna en Catlisle (continuaba el cartel) Te per-
mite a ti o d Luthatt guardar en sus Casas el Grano sufrirán por
ello.» Este sentimiento renació en los últimos años de] siglo, especial-
mente en 1795, cuando circulaban rumores por el país sobre expor-
taciones secretas a Francia. Por otra parte, los años 1795 y 1800
conocieron de huevo el renacer de una conciencia regional, tan vívida
como la de cien años antes. Las carreteras fueron bloqueBdas para
impedir les exportaciones de la parroquia. Se detuvo a los carros y los
clescargar-on en las ciudades por donde pasaban. El movimiento de
grano en convoyes noctutnos asumió las proporciones de una
ción milit8.r:
Lns carros crujen prnfunclamentc bajo 51J'> pesadas cngas,
I\1ientras siguen su oscuro curso por ]m camin0s;
Una rueela tra;:; otra, en una temerosa procesión lenta,
Con rncdia cosecha, :l sus destinos van
La expedición secreta, corno la noche
QUE' cubre sus intenciones, aún rehúye 1<1 luz
),vlientras que el pobre labrador, cuando deja su lecho,
Ve el inmenso granero tan vacío como su cobertizo.51
.51. S. J. Ptatt, S .....mlpathy ami Other PO('JJJs. Londres, 1807. 222.2n.
92 TRADICIÓN, REVOEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE
Se amenazó con destruir los Se asaltaron barcos en 10.0;
puertos. Los mineros de- la mina de carbón de Nook, CCrGl ele I-Invcr-
[orchvest, con cerrar el cstu1rio en un punto angosto.
Ni lag gabarras de log ríos Scvern y \'Vye se libraron del ataque.
51
La indignación podía inflamarse también contta un cOl11crciant-e
cuyas obligaciones con un mercado fonÍnco interrumpían los sumi-
nistros regulares de la Cl'munidad local. En 1795, ulJ agricultor y
tabernero acaudabdo, próximo a Tivcrton, se quejó al Ministerio de
b Guerra de asambleas desordenadas «que amenazan con tirar abajo
o quem'lr ;u casa porque recibe Mantequilla de sus vecinos Agricul.
tares y Lecheros, pn1':1. cnviarln con el cano del camino vecinal, que
pasa por su puerta, a Londres». En Chudlcigh (Devon), en el
mismo aoo, la muchcJulllbtc dcstl-ozó la malluiJl,\ri;l de un molinero
que dejó -:-le harin;l a b comunidad local porque hahía
sido contratado por el Departamento de Avituallamiento de la Arma·
da para hacer galletas para los barcos: esto originó (dice el intere-
sacio en una frase teveladora) «la Idea de que e echo [sic 1 rnl1cho
daño a la Comunidad». Treinta años antes un grupo de comerciantes
londinenses necesitó de la protección del ejército para sus depósitos
de queso sitllados a 10 largo del río Trcncl:
Los depósitos en pc1¡,gro por los amotinados !lO son
propiedad de ningún monopolizador, sino ele l1n numeroso cuerpo
de traficantes de queso, y absolutamente necesarios pata la recep-
ción del queso, para transportado a HulI, y que desde allí se flete
para Londres.
Estos ¡lgravios se relacion 1n con la queja, ya obsenrada, con res-
pecto a la ldirada de mercnncÍas del mercado püblico. Al irse alejan-
do de Londres los comerciantes y concurrir más frecuentemente a
mercados provinciales, podían ofrecer precios y comprar en Gltltida-
des lo cual provocaba en los agricultores un sentimiento de molestia
nI tener que atender los pequeños peeJidos de los pobres. ',Ahora no
es negocio para el agricultor -escribía Davics en 1795-· vcnder
grano por b1lshet al por menor a este o aquel pobre; excepto en algu-
nos lugares determinados, y como favor) a sus propios trabajadores.})
y donde los pobres cambiaban su demanda de grano por la de
harina la historia era muy parecida:
52. E. P. Thompson, The Making 01 ¡he English Workinf. Clan, Penguin
cd., 19681, pp. 70-7.3.
LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 93
Ni el molinero ni el harinero vendcl·fin al trabajador una c;:¡n-
tidad menor a un saco de harin:1 por deh;1jo del precio al por
menor ,,1 que se vende en las tiendas, y el bolsillo del poh¡·c pocns
veces podrá permitirle comprar todo un S"KO de una sola vez.
De aquí que el trabajador se viese empujado a la pequeñn tienda al
por menor, donde los precios eran aumentados.-"] Los viejos mer-
cados decayeron, 0, donde se mantuvieron, cmnbiaron sus funciones.
Si un cliente intentaba comprar un solo queso.o UD pedazo de tocino
--escribía Girdlcr en 1800····- «está seguro de que le contestan con
un insulto, y le comunican que todo el 101e ha sido comprado por
algún contratisLl ]ondinensc».
Como expresiva de estos ngravios -que nlgunns veces ocasio
naton un podemos tomar llnn carta an611ima dejada en
1795 a la puerta del alcalde de Salisbury:
Caballeros de la Corporacíón yo les ruego pongan fin a esta
pt,-lctiOI de la que se hace uso en nuestros l\1crcados por Rook
y (ltroS trajinantes al darles la Libertad de Entrometerse en el
Mercado en todo de tal manera que los Hahitantcs no Pllcdcn
comprar un solo Artícu10 sin ir a parar para ello al Comerciante
y Pagar precios Extorsionantes que ellos creen apropiados y (tún
avasalbt· a la Gente como si esta no mereciera ser tenida en con-
sidnación. Pero pronto les llegará su Fin, tan pronto como los
Soldados hayan salido de 1:1 ciudad.
Se pidió a la corporación ordenara a los trajin<ll1tes que salieran del
mercado hasta que la gente del pueblo huhieta sido atendida, «y n(1
pennitáis a Jos Carniceros mandar ]a carne fuera en reses enteras
sino obligecllos a cortarla en el Mercaclo y atencler a In Ciudad jwirne-
ro». La carta informa al alcalde de que más de trescientos ciudndilJlOS
han «jurado positivamente ser fieles los unos a los otros pRra la
Destrucción de los Trajinantes».
Doncle los trabajadores podían comprar ce tea les en pequeñas
cantidades podían surgir graves prohlemas sobre pesos y medidas.
«Somos exhortados en el Evangelio de San Lucas: Dad y se os dará,
53. (,E1 primet prinCIpIO que deja :;cntfldo un panndero, cuando viene a
una parroquia, es hacer a tod(\:; los pobres deudores suyo.<;; luego h2lcc el p[\n
del peso y cRlidad que le place .», Gettt[eman's Magazine, XXVI (17'56),
p.557.
94 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
huena medida, apretada, rcmccicIa, desbordante será la que os echarán
en vuestro senO.1> Esto no era, desgradadamente, la práctica que
seguían todos los agricultores y come,ciantes en la Inglaterra protes-
tante. Un (Iecreto de Carlos n hahía incluso dado a los pohres el
derecho de saClldir la medida de harina; tan valioso era el grano del
pobre que lIna pérdida en la medida podía significar la diferencia de
p;1sar un día sin hogaza. El mismo decreto intent6, con una total
ralla de éxito, imponer la medida ele Winchester, como patrón na-
cional. Una gran diversidad de medidas que variaban incluso deu-
lro de los límites de un mismo condado de un mercado ciudadano a
otro, daba abundantes oportunidades para pequeñas ganancias. Las
antiguas medidas eran generalmente 1TIflyorcs veces mucho
mayorcs- que la de Winchcstcr; a veces etan apoynebs por los
<lgt-icl1ltores () comerCi<111tes, pero más a menudo 10 Críln por los clien-
les. Un observador comentó que «las clases más bajas la detestahan
(la medida de \X!inchesterl, por lo pcqneño de su contenido, y los
... los instigaban a ello, siendo su interés mantener toda
aquella incertidumbre con respecto a los pesos y las medidas».54
Los intentos de cambiar la medida encontraron muchas veces
y ocasionalmente, d1cron lugar a motínes. Una carta de
n[; minero de ele e Hill (Shropshire) a un «Compafíero de Infortunio»
declaraha:
El Parb111cnto para rucstro alivio ayudarnos a morir de
h"'lllbre va a reducir nuestras Medidas y Pesos al Nivel más bajo.
SC11ll0S ",lrededor de Diez mil pet;;;ol1as conjuradas y listas en todo
momento. Y queremos que toméis las Armas y Chafarotes y juréis
ser fieles los unos a los otros No tenemos más que una Vida
que Perder "V no vamos 2 morir de hambre
Un"s cartas a agricultores de Northiam (Sussex) advertían:
Caballeros todo 10 que deseo es que toméis esto como una
advertencia a todos vosotros para que dejéis los pequeños bus beis
y toméis la antigua medida nuevamente porque si no lo hacéjs
54. Annols 01 Agriculture, XXVI (1796), p. 327; Museum RU5licum el
Cnmmerria{e, IV (1756), p. 198. La diferencia entre bushels podía ser muy
mnsiderable: frente al busbel de \'{finchestCT de 8 galones, el de Stam(ord
tenía 16, el de Carlislc, 24 y el de Chester, 32: véase J. Houghton, A CollectÍon
{or Tmpro1!cment 01 Husl:;andry ond TraJe, Londres 1727, n.O XLVI, 23 de
junio de 1693.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 95
habrá una gran compañía que quemará la pegueñfl medida cuando
vosotros estéis en la cama y dormidos y vuestros graneros y all11iares
y a vosotros también con ellos
Un colaborador ele los AUl10ls o/ Agríeulture de Hampshire ex-
plicó en 1795 que los pobres «han concebido erróneamente la idea
de que el precio del grano ha aumentado por la última reformo del
bUJhel de Uueve galones a la medida de Winchester, babiendo pasado
esto en un momento en que subían los pretios en el mercado, por
lo cual se pagó igual cantidad de dinero por ocho galones que
la que se solía p<lgar por nueve>>-. «Confieso», continúa,
que tengo una predilección indudable por la medida de nncvc
galones, porque es la medida más aproximada a un bllshel de
harina; y por consiguiente, el pobre es capaz de juzgar qué es
lo que debe pagar por un bushel de harina, lo cual, en la medida
presente requiere más aritmética de la que él puede conocer.
Aun así, las nociones aritméticas de! pobre podían no haber sido tan
erróneas. Los cambios en las medidas, como los cambios en la moneda
decimal, tendían por arte de magia a desfavorecer al consumidor.
Si los pobres compraban (a fines de siglo) menos canlidad de
grano en el mercado público, esto indicaba también el ascenso bacia
una condición de mayor importancia del molinero, El molínero ocupó,
durante muchos siglos, un lugar en el folklore popular tan pronto
envidiable n:mo lo contrario. Por un lado, era considerado como un
libertino fabulosamente afortunado, cuyas proezas se perpetúan aún
quizá en e! sentido vernáculo de la palabra «moler». Quizá lo ade-
cuado del molino de pueblo, oculto en un lugar apartado del río,
al cual las ll1ujeres y doncellas del pueblo traían su grano para mo-
lerlo; quizá también su poder sobre los medios de subsistencia; quizá
S\1 condición social en el pueblo, que le convertía en un buen parti-
do; todo pudo haber contribuido a la leyenda:
1:..1118 joven mOZ:1 vigorosa tan vigorosa y alegre
Fue "d molino un día Traigo un celemín de grano para moler
Sólo puedo quedarme un momento
Ven siéntate, dulce y hermosa querida mía
No puedo moler tu grano) me lo temo,
96 TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASF
piedra:" están alt8s y el bnj<l
No puedo moler pues el molino no anda
Entonces ena se sentó sohre un saco
HabJ8ron de esto y aquello
Hab1:1ron de amor, y de que era agradable
EHa prnnto descubrió ClllC eJ molino molería
Por otro lado, la reputación del molinero era menos envidiable.
,,¡Amar
'
», exclamo Nellie Dcan en \f7l1thcrillg Hei,ghts: ,,¡Amar
l
¿Oyó alguien alguna vez cosa parecida) Podía también hablar de
;111131' 31 molmero que viene una vez ;,11 año a comprar n\lestro gtano».
Si creemos todo ]0 que ha sido eser; tn sobtc él en estos años) la
l\istoria dclmolinero ha cambiado poco desde el (/Cuento de Rcevcsl>,
de Chaucer. Pero mientras que el pequcI10 molinero rural era ,lCU-
sado de costumbres típicamente medievales excesiva-
mente grandes para recolectar el impuesto en especie, hatina oculta
en ías cajas de las piedras, etc.-- su duplicado, el molinero más
importante, era acusado de agregar nuevos y mucho más osados
desfalcos:
robaba con discrccj(lf)
PCfO <-1hora es UIl !Jdrón
En un extremo nÚll tenernos el pcql1cílO mnlinn f11r;11 exigiendo
í1ll¡mcstos de ;lCtlcrdo :1 5U prcjli,l c05tll111hrc. IJ pndí<1 ser
cohm.do en h,ullla (siempre de «la rnejor de bs héHinas, y ele la
h<1l"inn más fina que está en el centro de b 1.01v:1>'> L \' como la pro-
pnrcÍón no variabn con las fluctaci(1nes de precios, efa una ventaja
para el molinero si Jos precios ctan altos. Alrededor de los pequeños
molinos que exigían impuestos (mm donrlc el impuc<;tn había sido
conmntrldo por pt1gos en ¿ineto) bs injustícias se rnllltiplicahan, y
había intentos espasmódÍC"os de Desde qnc los mnlirw-
ros se dedicaron con mayor íntcnsicbd al comercio) y a moler el
grano por u propia cuenta para los panaderos, tenían peco tiempo
para los pequeños clientes (con un saco o dos de grano espigadn); de
aquí t<1rdanzas sin fin; y de aqllí tnlllhién que, cuando h harína era
de\'llelta al cliente, podín ser el producto de otro grane' de calidad
inferÍor. (1Iubo quejas de que algunos molineros cornprabal1 a mit.ad
de precio grano dañado y que lo mezclaban con el grano de sus

LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 97
clientes.) Al transcurrir el siglo, el paso ele mucbos molinos a fines
industriales colocó él los pequeíl0s molinos de trigo supervivientes en
una posición mt1s ventajosa. Y en 1796 estas injusticias se hicieron
sentir con sufkiente fuerza como para permitir a sir Francis Bassett
presentar Ll MiIler's Toll Bill (Ley de Impuestos del Molinero), que
int.entaba regular más est.rictamente sus prácticas de pesos y me-
didas,
Sin embargo, estos molineros eran., por supuesto, lA gentecilla
del siglo XVIII. Los graneles molineros del valle del Támesis y de las
grandes ciudades respondían a un tipo diferente de empresarios que
comerciaban ampliamente en harina y malta. A los mo]inerns no
les afectaba la Tasa del Pan (Assize ol Bread), y podían hacer reper-
cutir inmcdiatmncnte sobre c.l consumidor nwlquier alzA en el precio
del grano. J tenía tAmbién, en el siglo XVlIr, sus ballalités
menos conocidas, incluyendo esos vestigios extrAordin<lrios) los moli-
nos con nerechos señoriales (soke-mílls), que ejercían un monopolio
absoluto en el molino de grano (y venta de harina) en centros fabri-
les importantes, entre ellos Manchester, Bradford y Leeds. En la
mayoría de los casos los feudatarios que poseían los derechos seño-
riales por utilizrlción del molino (maqllila), los vendían o art"r-nda··
han a especuladores privados. 1'v1ás tormentosa aún fue b hist.oria
de los Molinos-Escuela en Manchester, cuyos derechos señoriales
eran destinadCls a notación carit.ativa para mmltener la escuela secun-
daria. Dos arrendatarios de estos derechos, poco populares, inspi-
raron en 17 3 7 los versos del doctor Byrom:
HueSDS y Piel, el":1n dos molineros flAcos,
Que mataban de hambre a la ciudad, o andaban cerca de ello;
Pero sepan, Piel JI Huesos,
que Carne y Sangre no pueden soportJr!o.
Cuando, en 1757, los nuevos arrendatarios qnlsleton prohibir lo im·
portación de harina a la cindad en desarrollo, mientms que al mismo
tiempo manejaban sus molinos (se alegi1ba) con extorsión y demora)
la carne y la sangre no pudieron realment.e soportarlo por mas tiem-
po. En la lamosa «pelea de la colina Shnd» (Shud-hiil FiRht) de ese
año, por lo menos cuatro hombres fueron muertos a tiros de mosque-
te, pero finalmente los derechos sobre molienda fueron abolidos.
E incluso en donde no obtenían este tipo de derechos, un molino
98
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
pocHa igualmente dominar a una populosa comunidad, y podía
provocar la furia popular por un aumento repentino en el precio de
la harina o un deterioro evidente de su calidad. Los molinos fueron
el blanco visible y tangible de algunos de los motines urbanos más
serios del siglo. Los molinos de Albion en el puente de Blackfriars
(los primeros molinos de vapor de Londres) eran gobernados por
un sindicato cuasi-filantrópico; sin embargo, cuando se quemaron
en 1791, los londinenses bailaron y cantaron baladas de júbilo en
las calles. El primer molino a vapor de Birmingham (Snow Hi!!) no
10 pasó mejor, pues fue blanco de un ataque masivo en 179.5.
Puede parecer a primera vista muy curioso que tanto los comef-
cl:111tcs como los molineros continuaran figurando entre los objetivos
de los motines de fines de siglo, cuando en muchos puntos de las
MidIands y del Sur (y seguramente en áreas urbanas) la clase obrera
se había acostumbrado a comprar pan en las panaderías más que
grano o harina en los mercados. No sabemos bastante como para
hacer un gráfico del cambio con exactitud, y seguramente se siguió
cociendo el pan en las casas en gran medida. Pero aun donde el cam-
bio fue completo, no se debe subestimar la complejidad de la situa-
ción ni los objetivos de la. multitud. rlubo, por supuesto, mtlChfsimos
pequeños motines frente a las panaderías, y mucbas veces la multitud
«[ijaba el precio» del pan. Pero el panadero (cuyo naba jo en tiem-
pos de altos precios puede haber sido muy poco envidiable) era el
único que, entre todos los que bregaban con las necesidades de la gcnte
(tcl'ratenientes, agricultores, arrieros y molineros), se hallaba en con-
tacto diario con el consumidor, y se encontraba más protegido que i:
cualquiera de los demás por la visible insignia del paternalismo. El ,-
Assize of Bread limitó clara y públicamente sus beneficios legítimos .•
(tendiendo también de este modo a dejar el comercio de panadería ¡
en manos de numerosos comerciantes pequeños con poco capital) pro-
tegiéndolos así, hasta cierto punto, de la cólera popular. Incluso
Charles Sm!!h, el hábil exponente del libre comercio, pensaba que la
continuación de! Assize era oportuna: «En Pueblos y ciudades gran-
des siempre será necesario establecer el Assize, para convencer al
pueblo de cme el precio que exigen los Panaderos no es más que lo
que creen razonable los Magistrados».
El efecto psicológico del Assize fue, por ello, considerable. El
panadero no podía tener esperanza de aumentar sus beneficios por
encima de la cantidad calculada en e! Assize más que con pequeñas
LA ECONOMf ¡\ MORAL nF, LA MtJLTrnJD
99
estratagemas, algunas de las cuales -como el pall de peso escaso,
adulteración, mezcla de harinas baratas y est<1ban sujetas
a rectificaciones .legales o a recibir instRntáneas represalias de la muJ-
tilucl EJ pan<lclero, ciertamente, tenía a veces que atender a sus pro-
pt;:¡s relaciones púh1icas, aun al extremo de tener que alisten a la ml1l-
titud a su Livor: Cuando llann1h Pain de Kcttcring se ql1cje; a
alguaciles so1,re la escasez de peso del p811, el panadel'o «levantó al
populacho conl'ra ella. y dijo que mcre\ín ser azohlda, pues ya
había suficientes heces de b sociedad de este tipo». Much;lS corpo
l'adones, él. 10 latgo del siglo, hicieron gran espectác\llo de h supcrvi-
si6n de pcsos y !Tlediclr!s, y del castigo ele lns transgresores. El '<.Tllstice
Ovc¡'c1o» de Bcn Johnson estaba todavía ocupado en las (;111es de
Rcading, o Londres:
Alegre, entra en todas las ccrvccerÍ<ls v baja a todos los
miele las tort;1.S pesa las hogn(ls de pan en Sil dedn cor;li:z1n
d::t las tortas a los pobres, el pan BI hambricnto, la!) llntil1as ;1. Sus
niños
Denl'ro de esta tradición encontramos a 1J11 lTIJgistrado de Londres,
en 1795, quc, l1egrlOdo rd csccnariCJ de un motín en Scvcn Dials,
donde lo multitud estaba ya demoliendo una panadería acusada de
vender pfln de peso escaso, intervino, se apoderó de las merc111cías
del panflclero, pesó las hogazas y, encontrándolas realmente deficien-
tes de peso, las distribuyó entre la multitud.
Sin duda los panaderos, que conocían a sus clientes, se quejaban
a veces de impotencia para reducir Jos rJrecÍos, y dirighn a la mul-
titud hacia el molino o el mercí1do de gtan()s, «DCSPllés de vaciar
1111"has panaderías» referia el molinero ele Snow Hill, Rinninr-h,un.
refiriéndose al ataque de J 79,J, «víniel'on en grandes grupos contra
nosotros .. ». Peto en muchos C(¡SOs 13 multitud elegía clar;1mente
sus propios hlancos, eludiendo deliberadamente a los panaderos. Así
en 1740 en Norwich la gente «fue a casa de cada uno de los Panade-
ros de la Ciudad, y fijó una Nota en su Puerta con estas palabras:
"Trigo a Diez y Seis Chelines la Rastra"». En el mismo año en \'(Tis-
beach obligaron a <<1os Comerciantes a vender Trigo a CU<1tro peni-
ques el husbel no sólo a ellos, sino también a los Panaderos,
donde ellos regulaban los .Pesos y Precios del Pan».
Pero a esta altura está clato que estamos tratando con un mode,
100 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
lo de acción mucho más complejo que el que puede explicarse
factoriamente por un encuentro cara a cara entre el populacho y
molineros determinados, comerciantes o panaderos. Es necesarío
dibujar una imagen más amplia de las acciones de la multitud.
v
s" ha sugerido que el término «motín» representa un instrumento
de análisis basto, torpe, para muchos de los agravios y
cias determinados. Es también un término impreciso para describir
I ;
11
los movimientos populares. Si buscamos la fórmula característica de
la acción directa, deberíamos tomar, no las disputas en las
tÍns en las afueras de Lanches, ni aun bs grandes refriegas provoca-
das por el descontento contra los grandes molineros, sino los <<levan-
tamientos pepulares» (muy especialmente los de 17 40, 17 56, 1766,
1795 v 1800) en los cuales los mineros del carbón y del estaño, los
tejedores y operaríos de calcetería fueron quienes se destacaron. Lo i':
extraordinarío en estas «insurrecciones>} es, en primer Jugar, su dis- 5(
ciplina y, en segundo lugar, el hecho de que exhiben un modelo de
conducta cuyo origen debemos buscar unos cientos de años atrás;
que más bien crece en complejidad en el siglo XVIII; que se repite,
aparentemente de manera espontánea, en diferentes puntos del país
y después del transcurso de muchos años tranquilos. La ncción
tral en este modelo no es el saqueo de graneros ni el robo de grano
o harina sino el acto de dijar el preClO». li
Lo extraordinario de este modelo es que reproduce, a veces con -1
gran precisión, las medidas de emergencia, en épocas de escasez, cuya .
(unción, entre los años 1580 y 1630, fue codificada en e! Book of
Orders. Estas medidas de emergencia se emplearon en épocas de
escasez en los últimos años de! reinado de Isabel 1, Y fueron pues-
tas en vigor, en forma un tanto revisada, durante el reinado de
Carlos l, e:1 1630. Durante el reinado de Isabel I se exigía a los
magistrados la asistencia a los mercados locales,
y donde encuentre q-ce es insuficiente la cantidad traída pata
abastecer y atender a dichos mercados y especialmente a las clase!'
más pobres, se dirigirá a las casas de los Agricultores Y otros
dedicados a la labranza y verá qué depósitos y provisiones de grano
ha retenido tanto trílJado como no trillado
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 101
Podían entonces ordenar a los agricultores mand:n ({cantidades con-
al mercado, pata ser vendidas, {,y esto a precio f<17011a-
hle». Los nlguílciles adquirieron luego autoridad para «estílblecer un
cierto precio por bushel de toda clase de granm>. La reina y su
Consejo opinaban que los altos precios se dehian en parte a los
monopolistas, y en parte a la de los cultivadores de grano)
quienes «no están satisfechos con ninguna ganancia moderad;:!, sino
que buscan y proyectan medios de mantener altos los precios con la
consiguiente manifiesta opresión de la clase m·ás pobre». Las órdenes
deben ser :mpuestas «sin ninguna parcialidad que perdone a ningún
hombre» .55
En esencia, pues, el Book of Orders otorgaba a los magistrados el
poder (con la avuda de tribunales locales) de inspeccion;¡r las exis-
tencias de en cámaras y graneros; de ordenar el envío de
ciertas cantidndcs nI mercfldo; y de imponer con severidad tochls las
normas de h legislación sobre licencins y acapar8mientn, No se portía
vender grano fuem del mercado público, «salvo a alguno, pobres
artesanos, o Jornaleros de 18 parroquia en que viven, que no pueden
llegar convenientemente a las Ciudades de Mcrcac1c)}>. Lns Ordenan··
zas ele 1630 no facultaban explíciratnente a los alguaciles para fijar
el precio, rero les ordenaban asistir al mercado y asegurarse de que
«se proveía a Jos pobres de los Granas necesarios con tanta con-
veniencia en los Precios, como pudiera ser obtenida por la Persui1-
sión más enérgica de l"s alguaciles». El poder- de fijar el precio del
o la harina quedaba, en casos de emergencia, a mitad de c3mi··
no entre la imposici()n y la persuasión.
56
55. Hav algún informe sobre el funcionamiento del Book of Orders en
E. M. Em1y HistMy 01 Enf!.lish POOl" Re/id, Cunbridge, 1900: Graso,
f}[l_ cit., pp_ 236·242; Lipson, op. cit., nT, pp. 440.450; B. E. Supple,
rnrrcial Crisü t1nd ChI1l1P.,e in EI1f!./and .. 1600-1642, Cambridge, 19CJ4, p. 117.
Hay documentos que ílustran su funcionamiento en O//icial Papen n/ Núfhm;iel
Bacon o/ St¡ljkc? Nor!olk (Camdcn Saciety, 3: seL, XXVI, 1915), P[1. 130-157.
56. Por un Acta de 15.34 {25 George VIII, cirea 21, el Consejo Privado
tenía poder para tasar los precios del grano en caso de emergencia. En una
m,ís bien confusa nota. Gras (op. cit., pp, 132-13j) opina que, después de 1550,
dicho pnder no se us6 nunC:1. En cualquier caso no fue nlvidado; una pro--
clama de 1(103 aparece para fijar los precios (Seiigman Colkction, Cohm1hia
Uní\', Lib., Proclamntions, James 1, 160j); el Book ot Ordcrs de 1630 cClndllvc
rnn ln arlvertcncia de que, «si los dueños de grano y otros de
Víveres.. no cumplen voluntariamente estas órdenes»-, Sn Majestad (¡dad
Orden :de que sean fijados Precios el Consejo Privado intentó
runtrolar 10$ precios por medio de una prochlma en 1709, Liverpool Papers,
Brit, l\lus., add. tvIS. _'8353, fol. 195, y el a5un10 fue activamente disclltido
102 TRAD1CIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Esta legislación de emergencia se fue desmoronando durante hs
guerras civiles.
57
Pero la memoria popular, especialmente en una so·
cicdad analfabeta, es extraordinariamente larga. Poca duda cabe de
que hay una tradición directa que se extiende desde el Book of
Orelers de 1630 a los movimicutos de los trabajadores de la confec-
ción en el este y oeste de Inglaterra durante el siglo XVlIl. (La per-
sona con letras también tiene recuerdos muy profundos: el propio
Book 01 Orders fue vuelto a publicar, extraoficialmente, en 1662, y
nuevamente en 17 58, con un discurso preliminar para el lector que
se refería a la actual «perversa alianza para producir la escasez»,)
Las ordenanzas mÍsmas eran en parte una respucstll a las pre-
siones de los pobres:
El Grano es tan caro
Que no dudo que muchos morirán de hall1brc este año.
Así decía una copla fijada a la entrada de la iglesia en la parroquia
de Wye (Kent) en 1630:
Si no os ocupáis de esto
Algunos de vosotros vais a pasarlo mal.
Nuestras almas nos son caras,
De nuestro cuerpo tenemos algún cuidado.
Antes de levantarnos
Menos cantidad será suficiente
Vosotros que estáis establecidos
Mirad de no deshonrar
Vuestras profesiones ...
en 1757; véase Smith, Three Tracts 011 the Com Trade, pp. 35. Y (aparte
del Assize of Bread) otros poderes de tasa de precios subsistieron. En 1681
en el mercado de Oxfotd (controlado por la Universidad) se fijaron precios
para la mantequilla, queso, ave;, carne, tocino, velas, avena y alubias: «The
Oxford Market», Cnlleelal/ea, 2.' ser., Oxford, 1890, pp. 127-128. Parece que
el Assize of Ale desapareció en Midd1csex en 1.692 (Lipson, op. cit.) 11, p. 501)
y en 1762 <;e autorizó a los cerveceros a subir el precio de una forma t:17:o-
nable (por 2 Geog. III, c. 14); pero cuando en 1762 se propuso elevar el
precío en medio penique el cuartillo, Sir John Fielding escribió al conde de
Suffolk que el aumento «no puede considerarse razonable; ni se someterán
a él los súbditos»: Calendar of l-fome Office Papen, 1773, pp. 9-14; P. Mathias,
Tbe Brewí!tg Industry in Englfllld. J700-1830, Cambridge, 19.59, p. 360.
57. G. D. Ramsay, «Industrial Laisser-Faire and the Polícy of CromweIh,
Econ. Hist. Reo., 1." ser., XVI (l946.), esp. pp. 103-104; M. James, Social
Problems and Paliey durif1g the Pu,.itatt RefJolutio1z, Londres, 1930, pp. 264-271.
¡j
(4
\1
1/
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTI'rUD
103
Ciento treinta años después (1768) se clavaron nuevamente hojas
incendiarias en las puertas de las igleSIas (flsÍ como en las enseñas de
las posadas) de ¡,arroquias dentro del mismo contorno de Scray, en
Kent, incitando a los pobres a sublevarse. Pueden observarse mu-
chas continuidades semejantes, aUl1que sin duda e! modelo de acción
directa se extendió a nuevos distritos en el siglo XVIII. En mucha;')
ocasiones, en las antiguas regiones fabriles del Este y el Oeste, la
multitud sostuvo que, puesto que las autoridades se negaban a im-
poner <<las leyes», tenían que imponerlas por si mismos. En 1693, en
Banhury y Chipping Norton la multitud «sacó el grano a la fuerza
de Jos calTOS, cuando se 10 nevaban los acaparA.d(ltcs, diciendo que
estaban rCSl1eltos a ejecutar las leyes, ya que los magistrados 110 se
oCllpabrtn de hacerlo». Durante los desórdenes que se extendieron por
el Oeste en 1766 el sberi!! de Gloucestershire, un pañero, no pudo
ocultar su respeto por los amotinados, los cuales
fueron ... a una casa de labranza y atentamente expresaron su
deseo de que se trillara y llevara al mercado el trigo y se vendiera
en cinco chelines por bushel, prometido 10 cual y hahiéndoles dado
algunas provisiones sin solicitarlas, se marcharon sin la menor
violencia u ofensa.
Si seguimos otros pasajes de! relato del sheril! podemos encon-
trar la mayor parte de las características que presentan estas acdoncs:
El Viernes pasado, al toque de trompeta, se puso en pie una
muchedumbre compuesta toda ella de h gente más haja, como
tejedores, menestrales, .labradores, aprendices y chicos, etc.
«Se dirigieron a un molino harinero que está cerca del pueblo
abrieron los costales de Harina y la tepartieron y se la llevaron y des.
truyeron el grano, etc.» Tres días después envió otro informe:
Visitaron a Agricultores, Molineros, Panaderos y tiendas de
buhoneros, vendiendo grano, harina, pan, queso, mantequilla y toci ..
no a sus propios precios. En general devolvieron el producto (es
decir, el dinero) a los propietarios o en ausencia de ellos dej::Hon el
dinero; y se comportaron con gran regularidad y decencia donde no
encontraron oposición, con desenfreno y violencia donde la e l l c o n ~
traron; pero saquearon muy poco, pata evitar ]0 cual no permiten
ahora a las Mujeres y a los muchachos que les acompañen.
104 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
DC'spués de visit8t los molinos y meren Jos en los alrededores de
G-Ioucester, Sttoud y Cirenccstcr, se dividieron en grupos de cin-
cuenta y cien y visitaron las "Ideas y fincas pidiendo que se llevara el
grano al mercado a precios justos, y entrando a la fuerza en los
graneros. Un grupo grande visitó al shfl"iff en persona, soltaron sus
porras mientras les hablaba de sus delitos, escuchaton con paciencia,
«gritaron alegremente Dios Salve al Rey» y después recogieron sus
pOlras y voívieron a la buena labor de fijar el precio. El movimien-
to tuvo en parte el carácter de huelga general de todo el distrito
textil: «1os amotinados entraron en nuestros talleres y forzaron a
salir ¡] todos los hombres, quisieran o no unirse n ellos».
Fue este un movimiento cxtr<1onLnariamcntc disciplinado y a
gff\n escala. Pero el relato nos lleva a observar características que se
encuentran tepctidillllCntc. Así, el movirnlcntn de la multitlld desde el
mcrcc"do hacia los molinos y de allí (C01110 en el Hook o[ Orelers) a ins
fincas) donde se inspeccionaban las existencias y se ordenaba a los
agricu Itores enviar el grano al mercado al precio dictado por la
multitud: todo esto se encuentra habitualmente. Ello iba a veces
acompañado de la tradicional ronda de visitas a las residencias de
las personas importantes, para pedir contribuciones, forzadas o vo-
luntarias. En Norwich, en 1740, In multitud, después de obligar a la
baja de precios en la ciudad, y de apoderarse, en el tÍo, de una barca-
za cargada de trigo y centeno, pidió contribuciones a los ticos de la
cluch"t_d:
El martes pot la M:1ñana temprano, se reunieron nuevamente,
al toque de los Cuernos; y después de una breve Confabulación,
se divjdieron en grupos y salieron del Pueblo por diferentes Puer-
tas, llevando delante de ellos un largo cartel que- proponía visitar
n los Caballeros y Agricultores de las aldeas vecinas, para exigirles
Dinero, Cerveza Fuerte) etc. En muchos lugares, donde la
rosídad de la Gente no respondía :l. sus Expectaciones, se dice que
mostraron su resentimiento pisoteando el Grano de loS" Campos
Las multitudes, en Sll deambular con el propósito de inspeccionar,
se mostraron muy activas durante este año, especialmente en Durham
v Northumberland, el \'Vest Riding y varias zonas del norte de Gales.
Los manifestantes en contra de la exportnción, que salieron de
b11l"y (abril de 1740), iban encabezados por un tamborilero y «algo
parecido a una enseña o hlndcr:1»; realizaron un recorrido regular

LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD
105
de los molinos locales, destruyendo maquinaria, cortando sacos y
llevándose grano y harina. En 1766, la multitud que recorría el valle
del Támesis en acto de inspeccionar, se bautizó a sí misma con el
nombre de «los Reguladores»; un agricultor aterrorizado les permitió
dormir en la paja de su corral y «pudo oír desde su Aposento que
hablaban entre sí sobre a quién habían asustado más, y dónde habían
tenido mejor fortuna». El modelo se continúa en la década de 1790:
en Ellsmere (Shropshire) la multitud detuvo el grano que era conduci-
do a los molinos y amenazó individualmente a los agricultores; en el
Bosque de Dean los mineros visitaron los molinos y las viviendas de
los agricultores, exigiendo dinero «3 las personas que encontraban en
la carretera»; en el oeste de Cornualles los mineros del estaño visi-
taron las fincas con un dogal en una mano y en la otra un acuerdo
escrito de llevar e! grano a precios reducidos al mercado. Lo notable
es la moderación, más que el desorden. Y no cabe la menor duda de
que estas acciones eran aprobadas por un consenso popular abruma-
dor; se siente la profunda convicción de que los precios deben ser
regulados épocas de escasez, y de que los explotadores se excluyen
a sí mismos de la sociedad. En ocasiones, la multitud intentaba por
persuasión o por fuerza atraerse a un magistrado, jefe de la policía
de la parroquia, o a algún otro representante de la autoridad, para
presidir la laxa/ion populatú. En 1766 en Drayton (Oxon.) miembros
de un trape! fueron a casa de J ohn Liford «y le preguntaron si era
Jefe de Policía; al contestar "sí" Cheer le dijo que debía acompañarlos
a la Cruz V recibir el dinero de tres sacos de harina que habían
tomado de una tal Betty Smith y que venderían a cinco chelines el
bushei»; la misma muchedumbre se agenció al jcEe de policía de
Abingdon para el mismo servicio. El jefe de policía de Handborough
(también en Oxfordshire) fue requerido de manera similar, en 1795;
la multitud fijó un precio -y un precio sustandal- de 40 chelines
el saco de un carro de harina que había sido interceptado, y le fue en-
tregado el dinero correspondiente a no menos de quince sacos. En la
isla de Ely, en el mismo año, «el populacho insistió en comprar carne
a 4 peniques la libra, y pidieron al Sr. Gardner, un Magistrado, que
supervisara la venta, como había hecho el Alcalde en Cambridge el
Sábado por la noche». Y también en 1795 hubo un cierto número
de ocasionts en que la milicia o las tropas regulares supervisaron
ventas forzadas, algunas veces a punta de bayoneta, mientras sus
oficiales miraban resueltamente hacia otro lado. Una operación combi-
106
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
nada de soldados y muchedumbre forzó al alcalde de Chichester a
acceder a fijar el precio de! pan. En Wells miembros del 122 regi-
miento empezaron
por abuchear a los que ellos denominaban acaparadores o trafi-
cantes de mantequilla, a quienes persiguieron en distintas partf.'s
del pueblo ~ · s e apoderar:::m de la mantequilla- la reunieron tod8
-le pusieron centinelas- y después la echaron, y la mezclaron
en una cuba -y después la vendieron al por menor) pesándola ell
balanzas y vendiéndola al precio de 8 peniques la libra ... aunque
el precio normal que le daban los intermediarios era algo más
de 10 peniques.
Sería absurdo sugerir que, cuando se abría brecha tan grande en
los muros del respeto, no aprovechasen muchos la oportunidad para
llevarse mercancías sin pagar. Pero existen abundantes testimonios
ele lo contrario, y algunos son impresionantes. Está el caso de los
encajeros ele Honiton que, en 1766, quitaron e! grano a los agriculto-
res, lo vendieron en el mercado a precio popular y devolvieron a los
agriCllltores, no sólo el dinero, sino también los sacos; la muchedum-
bre de Oldham, en 1800, que racionó a cada comprador a dos cele-
mines por cabeza, y las muchas ocasiones en que se detenían los
carros en la carretera, se vendía su contenido y se confiaba el dinero
al nl1'retero.5l!
j\1lcls aún, en aquellos casos en que se tomaban las mercancías
sin pagarlas, o en que se cometían actos de violencia, sería prudente
averiguar si el caso presenta alguna circunstancia particular agra-
vante. Se hace la distinción en el informe de una acción llevada a
cabo en Portsea (Hants.) en 1795. Los panaderos y carniceros fueron
los primeros a quienes ofreció la multitud los precios por ella fijados:
«a los que se amoldaron a estas exigencias se les pagó con exactitud,>,
pero los que se negaron vieron sus tiendas desvalijadas, «sin recibir
más dinero que el que quiso dejar el populacho». Los canteros de
Port Isaac (Cornualles), en el mismo año, se apoderaron de la cebada
almacenada para la exportación, pagando un precio razonablemente
alto de 11 peniques el bushel, advirtiendo al mismo tiempo al pto-
pictario que «si ¡ore tendía transportar el Remanente vendrían y 10
58. R. B. Rose, op. di.} p. 435; Edwin Butterworth, Historical Sketches
01 Oldham, Oldham, 1856, pp. 137,139, 144,145.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 107
tomarían :::in compcnsaClon alguna». Con frecucnci<l aparecen moti-
vaciones de castigo o venganza. El gran motín de Newcastle de
1740, en que los mineros y los bateleros irrumpieron en e! ayunta-
miento, destruyeron los libros, se repartieron el contenido de las arcas
municipales y arrojaron barro y piedra a Jos concejales) se produjo
tan sólo a consecuencia de dos provocaciones: primero, tras romperse
un acuerdo entre los dirigentes de los mineros y los comerciantes (en
que actuó un concejal como árbitro), acuerdo que fijaba los precios del
grano; segundo, cuando representantes de la autoridad, aterrorizados,
dispararon contra la multitud desde las escaleras del ayuntamiento.
En 1766, en Gloucestershire, se dispareron tiros contra la multitud
desde una cosa, lo cual -escribe el Iheriff-
les molestó tanto que entraron por la fuerza en la casa, y destruye-
ran todos Jos muebles, ventanas, ete., y quitaron parte de las tejas;
después reconocieron que se arrepentían mucho de este acto p o r ~
que no era el dueño de la casa (que estaha fuera) el que había
disparado contra ellos
En 179'5 los mineros del estaño organizMon un ataque contra un
comerciante de Penryn (CornuaIles) que había sido contratado para
enviarles cebada, pero que les había mandado grano estropeado y en
germinación. Cuando se atacaba a los molinos, y se estropeaba la
maquinarja, era a menudo como consecuencia de una advertencia
prolongada eue no había sido escuchada, o como castigo a alguna
práctica escandalosa,
Realmente, si deseamos poner en duda la visión no lineal y es-
pasmódica del motín de subsistencias, no tenemos más que Rpuntar
hacia este tema continuado de la intimidación popular, en el que
homhres y mujeres a punto de morir de inanición atacaban nn obs-
tante molinos y graneros, no para robar el alimento, sino para cas-
tigar a los propietarios, Repetidamente, el grano o la harina eran
dE'rramndos ? lo largo de cnrteteras y setos, arrojado al do) estropea-
da la maquinaria v abiertos los diques de! molino. Ante ejemplos de
un comportamiento tal, las autoridades reaccionaban tanto con indig-
nación como con asombto. Era un comportamiento (en su opi.nión)
sintomático del estado de ánimo «frenético» y destemplado de una
gente cuyo cerebro estaba excitado por el hambre. En 1795, tanto el
justicia mayor como Arthur Y oung, dirigieron discursos a los pobres
en los que se destacaba que la destrucción del grano no era el mejor
108 TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
medio de mejorar el suministro de pan. Hannah More añadió una
dlomilía de Medio Penique». Un versificador anónimo de 1800 nos
da un ejemplo bastante más vivo de estas amonestaciones a las clases
bajas:
Cuando pasas las horas con tus Amigos del campo,
y tomas, con la abundancia que quietas, el vaso desbordante
Cuando todo se vuelve ttanquilo, si oyes por casualidad
son los Acapamdores los que encarecen tanto el grano;
Que necesitan y conseguirán pan: ya han comido bastante
Arroz y Sopa, y engrudos por el estilo:
Lo tomar<Ín sin pedirlo: y se esforzarán por la fuerza y la violencia
En vengarse ele estos ladrones de granos}}:
Joho jura que luchará mientras le quede aliento,
«Es mejor ser colgado que morir de hamhre:
Quemará el granero del Señor Hoardúm, eso hará,
Sofocará al viejo Filch Bag, y destruirá su molino)?
\' cuando preparen la Púa y la Horca
y todos los útiles de la guerra rústica".
Háblales de los males que acompañan los actos ilegales,
Acciones que, comenzadas en la ira, terminan en dolor,
Que quemar pajares, y destruir molinos,
No producirá grano ni llenad los estómagos.
¿Pero eran realmente tan ignorantes los pobres? Uno sospecha
que los molineros y comerciant'?s que estaban ojo avizor con respecto
a la gente y al tiempo procuraban elevar al máximo sus beneficios,
conocían mejor las circunstancias que los poetastros sentados en sus
escritorios. Pues los pobres tenían sus propias fuentes de
ción. Trabajaban en los puertos. Transportaban las barcazas a lo
largo de los canales. Conducían los carros y manejaban las barreras
de peaje. Trabajaban en los graneros y molinos ... Con frecuencia
conocían los hecbos locales mucho mejor que la gentl'y; en muchas
acciones fueron derechos a las provisiones de grano escondidas cuya
existencia habí",1 negado, de ,bueoa fe, los jueces de paz. Si es cierto
que los rumores iban muchas veces más allá de todo lírnite, tenían
siempre al menos su raíz en tll1<1 ligera base de realidad. Los pobres
sabían que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el
bmzo.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 1119
VI
Las iniciadoras de los motines eran, con .frecuencia, las muje-
res. SabelTI'Js que en 1693 una gran cantidad de mujeres se
ron al mercado de Northampton, con «cucbíllos escondidos en sus
corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación».
En un motín contra exportación en 17 3 7, en Poole (Dorset), se in-
formó que <dos Grupos se CDmponen de muchas Mujeres, y los Hom-
bres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a algu-
na de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran
Número de Hombres y destruir tanto Barcos calDo Cargamentos». El
populacbo fue alzado en Stockton (Dnrham) en 1740 por una "SeI10-
ra con un palo y una corneta». En Haverfordwest (Pembr{)ke), en
1795, un qnticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subal-
terno, luchar con los mineros del carbón, se quejó de que "das muje-
res íncitab,n a los Hombres a la pelea, y eran perfectas fnrias.
Recibí algunos golpes de alguna de ellas sobre mís Espaldas ... ».
Un periódico de Birmingham describía Jos motines de Snow Hi11
como obra de «una chusma, incitada por furiosas mujeres>? En doce-
nas de casos ocutre lo mismo: las mujeres apedreando a un
ciante poco popular con sus propias patatas, o combinando astuta-
mente la furia con el cálculo de que eran algo más inmunes que
lQS hQmbres a las represalias de las autoridades; <<las mujeres dijeron
a los hombres del vulgo>}, dijo el magistrado de Haverforclwest refi-
riéndose a los solcbdos, «que ellas sabían qUf:' las tcnÍ:.Ul en sus COtB-
zones y que no les harían ningún daño}}.
Estas mujeres parecen baber pertenecido a una prehistoria ele su
sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían
haber esperado unos doscientos años pata su liberación. (Southcy
podia escribir, C01110 lugar común, en 1807: mujeres están más
dispuestas ;l amotinarse: tienen menos temor a la ley J en parte por
ignorancia, y en parte porque abusan del privilegio de su sexo, y pm
consiguiente en todo tumulto público sobresalen en violencia y feto-·
cidad.») 50 Eran también, por supuesto, las más involucradas en la
59. Leftas !rom E1tglawl. Londres, 18l4, Il, p. 47. Las mujeres tenían
otros recursos además de la ferocidad: un coronel de Voluntarios Sí' laJnentaba
de que <w] Diablo en forma de Mujetes está ahora usando toda su influencia
para inducir a la tropa a romper su lealtad a sus Oficiales»: Lt.-Col. J. Entwislc,
Rochelalc, 5 agosto 1795, PRO, WO l.lO&6.
110
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE
compra y venta car8 a cara, más sensibles a la trascendencia del
precio, las nüís experimentadas en detectar el peso eSGISO o la calidad
inferior. Es probable que con mucha frecuencia las mujeres precipi-
tnran Jos movimientos espontáneos) pero otros tipos de acciones se
preparaban con más cuidado. Algunas veces se clavaban carteles en las
puertas de iglesias o posadas. En 1740 due pregonado en Ketring
un Partido de Fútbol de Quirientos Hombres de un lugar, pero la
intención era Destruir los Molinos de la Señora Betey ]esmaine».
A (inales ele siglo, es posible que se hiciera más corriente la distri-
hución de avisos escritos a mano. Proveniente de \'i7 akefield (Y ork-
shire), 1795:
Pa1"n avisar
A todas lns 1v1ujercs domiciliadas en \V'lkcficld que se desea
se: relÍnan en la Iglesia Nueva .. , el próximo Viernes a las Nueve
para fijar el precio del trigo ...
Por desco de los habirantes de Ha1ifax
que se reunÍrán con ellas allí.
De Saarron (Cortlualles), 1801:
A todos los Hombres trabajadores Comerciantes en la
tena de Stratton que están dispuestos a ;;;alvar a sus iv1ujetes e
Hijos de la Terrible condición de ser llevados a la TvIucrte por
H8.111bre por el insensihle y ac,lpar¡:¡dor Agricultor Reuníos todos
inmediatamente y marchad en temeroso Orden de Batalla a Vi-
yiendas de los agricultores usureros, y Obligad los a Vender el
Grano en el I\1ercaclo, a un precio justo y razonable ...
6O
La aCClcm espontánea en pequefía escala podía derivarse de una
especie de abucheo o griterío ritual frente a la tienda del vendedor
al por men·)r, de la intercepción ele carros de grano o harina al pasar
por un centro populoso, o de la simple congregación de una multi-
tud amenazante. Con gran rapidez se dcsarrolhba una situación de
negociaClon: el propietario de las provisiones sabia muy bien que si
no aceptaba voluntatiamente el precio impuesto por la multitud (y
()o. Ketteting: PRO, SP 3650: para otros ejemplos del uso del hítbol
{';Ha congregar :1 las 11l;1QS, véase R. 1\1. i\1alcnlmsoll, «Popular Recrc<ltions in
Snciety, \Varwick Uni\'. Ph. D. thesis, 1970, pp. 89-90.
I
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 111
su conformidad hacía muy difícil cualquier prosecución subsiguiente)
cotrÍa el peligro de perder todas sus mercancífls. Cuando fue inter-
ceptado un carro con sacos de trigo y harina en Handborough (Oxon.),
en 1795, unas mujeres se subieron al carro y tiraron los sacos a los
lados de la carretera. «Algunas de las personas allí reunidas dijeron
que darían Cuarenta Chelines por el Saco de Harina, y que pagarían
eso, y no darían más, y que si eso no era bastante, lo tomarían por
la fuerza.» El propietario (un yeaman) * lo aceptó finalmente: "Si
tiehe que ser ese el precio, que lo sea». El procedimiento de forzar In
negociación puede verse con igual claridad en la declaración de
Thomas Smith, un panadero. que fue a Hadstock (Essex) con pan en
sus alforjas (1795). Fue detenido en la calle de la aldea por un grupo
de cuarenta o más mujeres y niños. Una de 18s mujeres (esposa de
un trabajador) detuvo su caballo
y habiéndole preguntado si había rebajado el precio del Pan, él
le dijo que no tenía Órdenes de los Molineros de rebajarlo, y ella
dijo entonces «Por Dios que si no lo rebajas no dejarás ningún
Pan en este Pueblo) ..
varias personas entre la multitud ofrecieron entonces 9 peniques
por un pao de 4 lihras, mientras que él pedía 19 peniques. Enton-
ces «juraron que si no se lo daba a 9 peniques la Hogaza se lo
rían, y antes de que pudiera dar otra respuesta, varias Personas que
estaban a su alrededor sacaron varías I-Iogazas de sus Cestas ... ».
Sólo al llegar a este punto aceptó Smith vender a 9 peniques la
hogaza. La negociación fue bien entendida por ambas partes, y los
vendedores al por menor, que tenían que contar con sus clientes
tanto en los años buenos como en los malos, capitulaban con frecuen-
cia ante las primeras señales de turhulencia por parte de la multitud.
En disturhios a gran escala, una vez formado el núcleo del motín,
el resto de b muchedumbre era a menudo levantado a toque de trom-
peta y tambores. "El lunes pasado -comenzaba una carta de un ma-
gistrado de Shropshire en 1756-·, los mineros de Broseley se reu-
nieron al sao de las trompetas, y se dirigieron al Mercado de \X7en-
lock .,,» El punto crítico era la reunión de un núcleo determinado.
No sólo se explica el destacado papel de los mineros por su «vin-
lidad" y por el hecho de estar particularmente expuestos a la explo-
>lo Hacendado o lanrador 3CClmodado. (N. del f.)
J 12 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DF CLASE
ud6n del consumidor, sino también por su número y por b nntutal
disciplina de una comunidad minen!. «El jueves por la mañana
--declaró John Todd, un minero de la mina de carbón Heaton,
Gateshead (1740)-, en el momento en que empezaba la ronda de
noche», sus compañeros de mina, «en número de 60 u 80 detuvieron
la bomba de agua de la mina '" y se propuso venir a Newcastle para
fijar los precios del grano ... ». Cuando vinieron desde lo mina de
carbón Nook a Haverfordwest en 1795 (e! magistrado relata que su
ayudante dijo: «Doctor, aquí vienen los mineros". yo levanté la vista
y vi una gran multitud de hombres, mujeres y niños con potras de
roble que bajaban por la calle gritando "todos a una, a una'\>),
los mineros explicaton más tarde que habían venido a petición de los
pobres de 1.1 ciudad, que no tenían el nnimo necesario p8nl fijiU el
precio por su CUenta.
La composición de 1:1 multitud en cuanto a profesiones nos pro-
porciona pocas sOl'presas. Era (parece) bastante representativa de
las ocupaciones de las «clases más bajas» en las zonas de motines.
En (Oxon.) encontramos informes contra un tejedor de man-
tas, un sastre) la mujer de un vendedc)t· de bebidas alcohólicas y un
cri,Hlo; en Saf[ron \,\7:dden (Essex) acus;lCiClllCS contn1 dos cabestre-
ros, un zapatero, un nlbañiJ, \ln carpIntero, un asetr:1Jor, un traba-
jndor en estambre, y nueve 1abtadorc::;; en varias aldeas de Devon-
shirc (Sampford Peverell, Dur1escomb, Culmstock) cncontnl1110S con
que se l1CUS3 n un l1ibndero, dos tejedores) un card;l(lor de lnn<1, un
zapateta, un bordador y diez trabajadores; en el suceso de Handbo-
rough se habló en nnn información de un carpintero, un C[lntero, un
aserrador y siete labradores. I-Iabía menos acusaciones en relación n
la supuesta instigncíón por pJtte de personas con u.na posición supe-
rior en la \·¡da de las que Rudé y ottos han ohservado en Francia,
a pesar de que se sugería con frecuencia que los ttabajadore:; emn
alentados por sus superiofes a ndoptnr un tono hostil hacia agricul-
tores e intermediarios. Un observador del sudoeste sostellía en 1801
que los motines estaban «cíel"tamentc dirigidos por comcrciantes in-
feriores, cardadores, y disidentes, que se mantenüm np:1ttados pero,
por su lenguaje e inmediata influencia, gobernab<ll1 a las clases bajas».
Ocasionalmente, ¡.;e adujo que person-as que emplealxm muchos tra-
b:,ljadores habían animado a sus propios obreros a nctuar.
Otra diferencia importante, en comparación con Francia) era la
rebtiva inactividad de los lab,ad01'es de Inglaterra en contraste con
I
I
I
I
!
I

,
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 113
la ,actividad de los vigl1erO!1S y el pcqueño campesinado ftancés.
Muchos productores de cereal, por supuesto, continuaron con la cos-
tumbre de vender grano barato a sus propios jornaleros. Pero esto
se aplicaba sólo a los jornaleros regulares, con contratos anuales, y "
ciertos distritos. Por otra parte, los trabajadores rnrales sí que
participaban en los motines cuando otro grnpo (como los mineros)
formaba el núcleo original, o cuando una cierta actividad Jos reu-
nía en número suficiente. Cuanclo un grupo grande de trabajadore,
recorrió el valle del T ámesis en 1766, la ·acción había comenzado
entre cuadrillas que trabajaban en la barrera ele portazgo de una
carretera, (luienes dijeron «con una sola voz: Vamos todos n una a
Nc\VsbJry en una corporación para Poner más Barato el Pam). Una
vez en el ¡--ueblo, lograron más apoyos, desfilando pOI' la pInza y
dando tres vítores. En el East Anglia en 1795 se crecí un mieleo simi-
lar eéltre los bal1.ken (cuadrillas «empleadas para limpiar Zanjas de
Dren"je y en la presa» l. Los banken estaban tamllién menos sujetos
a la identificación inmediata y al castigo, o a las venganzas del pater-
nalismo rural que los tr8baiadores de la tierra, puesto que eran, «en
su mayor extranjeros de diferentes comarcas los ctI81es no
son tan fácilmente ap8ciguados como los que viven en el lugar».
En realidad el motín de subsistencias no precisaba de un alto
grado de organización. Necesitaba un consenso de apoyo en la comu-
nidad, y un modelo de acción heredado, con sus propios objetivos y
restrtccione5;. La persistencia de esta form8 de acción suscita una
cuestión lnteresante: ¿hasta qué punto tuvo, en cualquier sentido,
éxito? ¿IIubiern continuado durante tantos años --tealrnente cien-
tos de años- si hubiera fracasado decididamente en lograr sus obje-
tivos) y no hubiera deiado tras sí más que unos pocos molinos des-
truidos y víctimas en las horcas? Es una pregunt8 especialmente difí·
ci! de contestar; pero que debe ser planteada.
VIl
A corto plazo, parece probable que el motín)' la fijación de pre-
cios frustraron sus propios objetivos. Los agricultores eran a veces
intimidados hasta tal punto que se negaban después, durante varias
semanas, a llevar sus productos al mercado. Es probable que la inter-
dicción del movimiento del grano dcntru de la región no hiciera más
¡ 14 'IHADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCTA DE CLASE
que agravar la escasez en otras. AUi1ql1c pueden encontrarse ejem-
plos en que e! motín parece producir una caída de los precios, y
ejemplos también de lo contrario, e incluso otros en los que parece
haber poca diferencia en el movimiento de precios en mercados donde
hubo y no hubo motín, ninguno de esos ejemplos ---5cnn calculados
por agregación o por término medio-- tiene por qué revelar necesa-
riamente el efecto que la expectación del motín ptoducín sobre la
situación total del mercado.
61
Podemos tomar una analogía de la guerra. Los beneficios reales
inmediatos de la guerra rara vez son significativos, ni para vence-
dores ni para vencidos, pero los beneficios que pueden obtenerse de
la amenaza de guerra pueden ser considerables y, sin embargo, la
AlnenaZa de guerra no comporta terror alguno si no se llega nunca
<1 la sanción de la guerra. Si el mercado fue un campo de batalla de
la guerra de clases en la misma medida en que llegaron a serlo la
fábrica y la mina durante la revolución industrial, entonces la ame-
naza del motín afectaría a la situRción total de mercado, no sola-
mente en años de escasez, sino también en años de cosecha media,
y no solamente en poblados destacados por su susceptibilidad al
motín, sino también en aldeas donde las antoridades deseaban per-
severar una tradíción de paz. Por muy meticulosamente que cuanti-
fiquemos Jos datos disponibles, no pueden Éstos mostrarnos a qué
nivel habrían subido los precios si se hubiera eliminado totalmente la
nmcnaza de motín.
Las autoridades de zonas propensas al motín dominaban a menu-
do Jos disturbios de manera equilibrada y competente. Esto nos per-
mite a veces olvidar que el motín era una calamidad que producía
con frecuencía una profunda dislocación de las relaciones sociales de la
comunidad, cuyos efectos podían perdurar durante años. Los magis-
trados provinciales se encontraban muchas veces en un extrem;:Jdo
aislamiento. Las tropas, si es que se las llamaba, podían tardar dos,
tres o más días en llegar, y la multitud lo sabía muy bien. El sherilf
de Gloucestersbire, en los primeros días del ,<levantamiento» de
61. Indudablemente, investigaciones pormenorizadas de movimientos de
pi"C(105 a corto pla7.0 en relación con los motines, quc varios investigadores
dcs:1.tTotLm ahora con ayuda de computadoras, ayudará a afinar la cuestión)
~ l C r o las variables son muchas, y la cvídencia con respecto a algunas (antici-
pación de motín, persuasión ejercida sobre arrendatarios, comerciantes, etc.,
S\1scri!xioncs caritativas, aplic1Cjrín de precios. para pobres, etc.) es a menudo
difícil de encontrar y de cuan:ílícar.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
115
1766, no pudo sino acudir al mercado de Strond con s\]s «hombres
de jabalina». Un magistrado de Suffolk, en 1709, se abstuvo de en-
carcelar a los dirigentes de la muchedumbre porgue "el Populacbo
amenazó con destruir tanto su casa como el Calabozo si castigaba a
cualquiera de sus compañeros». Otro magistr8do que, en 1.740, di-
rigió un harapiento y nada marcial posse commÍlatu5 a través del
Yorksbire del norte basta Durham, baciendo prisioneros por el ca-
mino, quedó desalentado al ver a los ciudadanos de Durham darse la
vuelta y liberar a dos de los presos a la puerta de la cárcel. (Tales
rescates eran normales.) Un exportador de grano, de Flint, tuvo una
experieneia aún más desagtadable en el mismo año: los amotinado¡
entraron en su casa, se bebieron la eerveza y el vino de su bodega,
y permanecieron
con una Espada Desnuda apuntando al pecho de mi Nllera
Tienen muchas Armas de Fuego, Picas y Espadas. Cinco de ellos
con Picas declaran que cuatro son suficientes para llevar mis
Cuatro Cuartos y el otro mi Cabeza en trÍunfo con ellos .'.
La cuestión del orden no era ni mucho menos sencilla. La insuficien-
cia de las fuerzas civiles se combinaba con la repugnancia a emplear
la fuerza militar. Los funcionarios mismos tenían la suficiente huma-
nidad y estaban acorralados por ambigüedades suficientes, en cuanto
a sus poderes en caso de disturbios civiles, como para mostrar una
marcada falta de entusiasmo por ser empleados en este "Servicio
Odioso». Si los magistrados locales llamaban a las tropas, o autori-
zaban el uso de armas de fuego, tenían que seguir viviendo en el
distrito después de la marcha de las tropas, incurriendo en el odio de
la población local, quizá recibiendo cartas amenazadoras o siendo
víctimas de rupturas de ventanas e incluso de incendios. Las tropas
alojadas en un pueblo se hacían rápidamente impopulares incluso
entre aquellos que al principio las habían llamado. Con extraña regu-
laridad las peticiones para recibir ayuda de tropas son seguidas, en
los documentos de! Ministerio del Interior o del lvlinisterio de la
Guerra, tras un intervalo de cinco o seis semanas, por peticiones para
su retirada. Una lastimosa súplica de los habitantes de Sunderland,
encabezada por su rector, pedía, en 1800, la retirada del 68 regi-
miento:
116
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Su principal objetivo ('$ el robo. Varias petsonas han sido
golpeadas y despojadas de sus relojes, y siempre se ha hecho de la
manera más vlolenta y brutal.
A un joven le fracturaron el cráneo, a otro le cortaron el labio supe-
rior. Los habitantes de Wantage, Farringdon y Abingdon pidieron
en nombre de Dios ... que se lleven de este lugar la seCClOll del
Regimiento de Lord Landaff {) si no el Asesinato será forzosamente
la consecuencia, pues un grupo de Villanos comO este no ha
entrado nunca en este
Un magistrado local, que apoyaba esta petición, añadía que el «sal-
veje comportamiento de los so:dados. exaspera a la población hasta
10 indecible. El trato normal de los campesinos en ferias y merca-
dos se ha deteriorado mucho:>.
El motín era una calamidad. El «orden» que podía seguir tras
el motín, podía ser una calamidad aún mayor. De aquí la 3.nsiedad
de las autoridades por anticiparse al suceso o abortarlo con rapidez
en sus primeras fases, por medio de su presencia personal, por exhor"
taciones y concesiones. En una carta de 1763 el alcalde de Penryn,
sitiado por iracundos mineros del estaño, escribe que el pueblo fue
visitado por trescientos «de aquellos bandidos, C011 los cuales nos
vimos forzados a parlamentar y llegar a un acuerdo por el cual les
permitimos que obtuvieran el p-r:1110 a \.In tercio menos de 10 que
h:1bí<l costtldo 8. los propietrll"ios).:>. T;l{eS acuerdos, o menos fOt-
7.ados, eran corrientes. Un experimentado magistrado de Warwick.-
shite, sir Richard Newdigate, anotó en su diario del 27 de septiembre
de 17(,6:
A las once cabalgué a Nuneaton y con las personas princi-
pales del pueblo me entrevisté con los mineros y el populacho de
Bedworth que vínicron vociferando y armados con palos, pidieron
10 que querían, prometí s3tisfacer todas sus peticiones razonables
si se apaciguaban y tiraban <;us palos lo c11n1 hicieron todos en el
prado; después fui con ellos a todas las casas en que creían se
hahía acaparado V permití a ') n 6 cntntr para registrar y persuadir
a los dueños de vender el queso que se encontrase
Entonces los mineros abandonaron en orden el pueblo, después de
que sir Richard Newdigate y otros dos les hubieran dacio cada uno
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 117
media guinea. Habían actuado en efecto de acuerdo con el Book of
Orders.
Este tipo de negociaclon en los comienzos del motín, solía ga-
rantizar concesiones a la multitud. Pero debemos también observar
los esfuerzos de los magistrados y terratenientes para prevenir el
motín. Así, un magistrado de Shropshire en 1756 descrihe cómo
los mineros «dicen que si los agricultores no traen su grano a los
mercados, irán cllos a sus casas para trillarlo ellos mismos»:
Yo he enviado orden a mis arrendatarios para que cada uno
lleve cierta cantidad de grano al mercado los Sábados como único
medio de prevenir mayores daños.
En el mismo aflo puede vetse a los magistrados de Devon realizando
esfuerzos similares. Se habían producido motines en Ottery, el grano
de los agricultores había sido arrebatado y vendido a 5 chelines un
bus"el y varios molinos habían sido atacados. Sir Geotge Yongc
envió a su criado a fijar un pasquín admonitorio y conciliador en el
mercado:
El populacho se congregó, insultó a mi Cdado e intimidó al
Pregonero ... al leer el pasquín (kcl:nawn que nn servía, no nece-
sitaban molestarse Jos Cab('¡}leros porgue Ellos fijarían el precio
a 4 chelines 9 peniques en el próximo Día ele Mercado: en vista
de esto fui ayer al Pueblo y dije tanto a la Gente Comlín como
a los de mejor clase, que si la situaci6n no perméwecÍa
habría ele Hamar al ejército ...
Él y dos miembros de la gel1try de la vecindad enviaron su propio
grano a los mercados locales:
He ordenarlo que el mío se venda a 5 chelines 3 peniques
y 5 chelines 6 peniques por bushel a ht gente más pobre, puesto
que hemos decidido mantenerlo algo por encima del precio dictado
por el populacho. Consultaré con Jos molineros para snher si pueden
darnos algo de Harina ."
El alcalde de Exeter contestó a Yonge q\le las antorichcles de la
ciudad habían ordenado que se vendiera el grano a .'5 chelines ro perlÍ-
ques: (/fodo quedó tranquilo en cuanto los agriculuwes bajaron el
precio ... ». Medidas similates se tomahan todavía en Devon en
1801, «ciertos caballeros entre los Inás respetables de la vecindad de
J 1 g THADlcrÓN, REVUELTA Y CONSC1ENCIA DE CLASE
Exctcr ... ordenaron ... a sus Arrendatarios nevar el Gnll10 al
:rvicrcHlo IXljO pena de no renov8rles los En 179.5
y t 8()(q 80 1, órdenes como estas de los terratenientes tradicionalistas
a sus arrendatarios eran frecuentes en otros condados, El conde de
\Varwick (un archipaternalista y un defensor de la legislación contra
con el máximo rigor) recorrió en persona sus
des dando órdenes como estas a sus arrendatariDs.
Presiones tales en prevención de un motín, pueden haber sido
n1<'ís eficaces de lo que se ha supuesto en cuanto a llevar gtfll10 al
mercado, frenar la subida de precios e impedir cieHo tipo de lucro.
1'",1:t5 ,nín) unn predisposición al lTlo1.Ín era dertnmente cfcctivíl como
advertencia a los ricos de que dehÍ<lJ1 poner en buenas condiciones
la organización de la beneficencia parroquial y de la Glridnd, grano
y p<lIl subvencionado los pObITS. En enero de 17.57, la corpo-
r<1ción de Reacling acordó:
Que se organizara una S11SCIJpCl0I1 para reunir dinero para
compr;¡r P;¡n que scnl dist!:ibuido entre los Pobres a un precio
qlle será fijado muy por d(,bajo del precio actual del Pan ..
la corporación misma donó 21 libras, Tales medidas se adoptaban
con much<1 f reenencia, por in1ciativa unas veces de una corporación,
otrns de un individuo de la geJltry, nlgunas de un ttibul1al 11111nicipnl
tJ-imcstral, otras de las autoridades parroquiales, o ele los patronos,
cspccinlmente de flquellos que cmp1c8ban un número considemblc
de tr,lbajadol"es (C01110 los mineros del plomo) en distritos nisIados.
L;lS medidas tomadas en 1795 fueron especialmente amplias, va-
ri"das y bien documentadas, Iban desde suscripciones directas para
reducir el precio del pan (las p,uroquias enviaban a veces sus propios
agentes directamente a los puertos a comprar grano importado), pa-
sanclo por precios subvencionados para los pobres, hasta el sistema
Spcenhamland,* El examen ele dich<ls medidas nos adentraría más
profundamente en la bistoria de l<ls Leyes de Pobres ele lo que es
nuestra intcnción)D2 pero los efectos érall en ocasiones curiosos. Las
,'c de ayuda a los pobres aclopt"do en 1795 por los magistrados
del Berkshire y que se mantuvo en gran parte de Inglaterra incluso hasta
principÍ(ls del siglo XIX. (N. del t.) •
62 Espcci"lmentc útiles son 1<1:; respuestas de Jos corresponsales en
n{ ,'l.f1,l"icu!ltIrC, XXIV y XXV 079'i). Véase tmllbién S. y B. \'\1chb. «The
;\ssi7.c of 13rc;1(1)>, oIJ. cit.} pp. 2C!8·209; J. L. y B. l1am!1lnnd, ofJ. cit.) cap. VI;
\YJ. 1\'1. Sto-no op. cit., pp. 181-186.
¡
LA ECONO!\-1ÍA MORAL DE LA MULTITUD
119
suscripciones, aunque tranquilizaban una zona, podian provocar un
motín en otra adyacente al despertar un agudo sentimiento de desi-
gualdad, En 1740, un acuerdo concertado en Ncwcastle pnra reducir
los precios entre los comerciantes y una delegación de una manifes-
tación de 1l1ineros (actuando concejales como mediadcnes), produjo
el que ln ciudad se viera inundada por «gente del campo» de las
aldeas de los alrededores; se intentó sin éxito limitar la venta a per-
sonas con un certificado escrito de un «Ajustador, un Encargado del
Depósito del Carbón, nn Medidor o un Capillero», La participación
de soldados en motines encaminados a fijar el precio fue explicada
por el duque de Hich1l1ond como por l1n<l desigualdad si-
milar: alegahan los soldados que «mientl'as 1<1 Gente del C;1lllpO es
socorrida por sus Parroquias y Subscripciones, los Soldados no reci-
ben ningún Beneficio similar». Además; tajes suscripciones, <1unque
su intención era «sobornan> al motín (real o potencial), pndínn 8. me-
nudo producir el efecto de elevar el precio del pan para los que no
participahan del beneficio de la suscripción.') Puede observatse este
proceso en Devon del sur, donde .las flutor.ídades !lctunban todavía en
1801 dentro de la tradición de l/TI, Una multitud se manifestó en
Exeter, en el mercado, pidiendo trigo a 1 () chelines el hllshel:
Los Caballero,,, y los Agricultorc,<; se reunieron y el Pueblo
esper6 Sll decisión " .. fueron informados de qlle no se accptnría
ningún Precio gtlC ellos propusicnlD o fijaran, y principillmcntc
porque el principio ele Fijar un Precio encontrada su npnsici{lll.
Los Agricultores después acordaron el de 12 chelines y que cadn
Habitante lo obtuvÍcra en proporción a su Familia
Los Argumentos de los descontentos en Exmouth son muy con-
tundentes. «Dadnos cualquier cantidad que permitan las Existen-
cias Disponibles, y a un precio por el cual po(bmos obl.encrl<l, y
es1"aremos satisfechos; no aceptaremos ningul1l1 Subscripción de la
Gcntry porque al.lmenta el precio, y supone una rlrivación para

Lo que importa ::lquí 110 es solament.e que los precios, en momentos
de escasez, estuvieran determinados por muchos otros factol"es ade.
63. Un punto que debe ser comidcraclo en todo an8.1isis cl.lantific;:¡do: el
preCio que quedaba en el mcrcndo después de l111 motín pnclía .rubí,-, 8unq1.1C, 8
consecuencia del motín o de la nmenaza de motín, el pobre poc1ín recihir grano
(\ precios subvencionados.
120 'rRADICIÓN, REVUELTA y CONSCIENCTA DE CLASE
de las simples fuerzas de 1l1C1T,ldo: cualquiera con un conoci-
miento, incluso pequeño, de las muy difamadas fuentes «literarias»)
tiene que ser consciente de ello. Es más importante observar todo el
contexto socioeconómico dentro del cual operaba el mercado, y la
lógica ele la presión popular. Otro ejemplo, esta vez de un mercado
libre de motines hasta el momento, puede mostrarnos esta lógica en
acción. El relato proviene de un agricultor acomodado, John Toogoocl
en Sherborne (Dorset). El año 1757 comenzÓ con una «queja ge-
nerah· contra los altos precios, y frecuentes informes de motines en
ottos lug;:tres:
El 30 de abril) siendo Día de 1vlcrcado, muchos de nuestros
ociosos e insolentes Hombres y Mujere.s Pobres se reunieron y
empezaron un 1\110 tí n en la Plaza del Mercldo, fueron al Molino
de Oborl1 y trajeron muchos Sacos de Harina y dividieron el Botín
aqHí en T riunro.
E1 lunes siguiente se encontró en la abadín una carta anontma, diri-
gida al hermano de Toogood (que acababa de vender 10 bllshels
de trigo a 14 chelines 10 peniques un precio
alt()))-- a un molinero): ;,<Señor, si no traéis vuestto Trígo al rvlerca-
do, y lo vendéis a un ptecio razonable, serán destruidos vuestros gra-
neros ... »
Puesto que los mutines son una Co::;a muy nueva en Shetborne ...
y puesto que las Parroquias vecinas parecían estar a punto de
participar en este Deporte, pensé que no había Tiempo que perder,
y que era conveniente aplastar esle l'v\al de Raíz, para lo cual toma-
mos :;¡s sij2:uientes lvledida!".
Habiendo convocado una "Reunión en el Hospicio, se acordó
que el señor Jeffrey y yo hiciéramos un Informe de todas las
FamiJias del Pueblo más necesitadas, hecho esto, reunimos alre-
dedor de 100 libros por S1.lbscripc!(lneS y antes del Sigtiiente Día
de T\1ercado, nuestro Juez de Pa;: y otros habitantes principales
hicieron una J. través de todo el Pueble, y publicaton
por medio del Pregonero del Pueblo el siguiente Aviso:
«(Que se entregará <l las Familias Pobres de este Pueblo una
Cantidad de Trigo suficiente para su ivlantenirniento todas las
Semanas h3sta la Cosecha 31 Precio de 8 chelines por bushel y que
si cualquier persona despué" de este aviso pt.'lblico utilizara cual·
quier expresión 8.!llCl1<l.Z;\(.1ora n ('(1mctiera cualquier motín o De5-
LA ECONOMÍA T\'¡ORAL DE LA MULTITUD 121
orden en ('"te Puchlo, sed el cu1pahle condenado H Prisi6n en el
acto».
Después contrataron la compra de trigo a 10 chelines y 12 peniques
el bushel, suministrándolo a la «Lista de Pobres» a 8 chelines hasta
la cosecha. (60 /mshels a la semana en este período supondrhn un
suhsidio de entre 100 Y 200 libras.) "Por estos medios resrauramos
la Paz, y desilusionamos a muchos Sujetos vagos y desordenados c1e
las Parroquias Vecinas, que aparecieron en el MercRdo con los
Sacos vncíos, esperando haber obtenido Grano sin Dinero.» Tohn
Toogood
J
(-:5cribiendo este relato para guía de sus hijos, concluía
con el consejo:
Si circunstancias como estas conclltren en el futuro ell vuestra
Vida y algllno de vosotros está dedicado él los Negocios de la
Agricultura, no dejéis que os tiente un ojo Codicioso a ser los
primeros en aumental' el Precio del Grano, sino dejad mejor que
vuestra Conducta muestre alguna Compasión y Caridad hacia la
Conclici{)n del Pohre ..
Es dentro de un contexto como este donde puede descuhrirse b
función del motín. Este pudo ser contraproducente (1 corto plazo,
aunque no :"le haya demostrado todavía. Pero, repetimos, el motín era
una calamidad social, que debía evitarse a cualquier coste. Podía
consistir éste en lograr un término medio entre un precio «econó-
mico» muy alto en el mercado y un precio «moral» tradicional deter-
minado por la multitud. Este término podía alcanzarse por la inter-
vención de los paterna listas, por la automoderación de ngricu1tores
y comerciantes, o conquíst3ndo un8 parte de la mllltitud por medio
de la cRridad y tos subsidios. Como cantaba 'llegrem<"ntc n"nmh
More, en el personeje elel sentencioso Jack Anvil al intentar disuadir
éste 3 Tom Hood de 31 motín:
Así, trabajaré todo el día, y el Domingo buscaré
en la Iglesia cómo :>oportat toda:> las necesidades de la 5('mana.
Las gentes de bien, también, nos proporcionad n provisiones,
Harán suscripciones -y renunciarán a sus hizcochos y pasteles.
Derry doum
122 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Si, dcrry dowlJ y ¡tra-Jará-Jará! Sin embargo, siendo como era el ca-
rácter de las gentes de bien, era más probable que un motín ruidoso
en la parroquia vecina engrasara las ruedas de la caridad, que la ima-
gen de J ack Anvil arrodillado en la iglesia. Como lo expresaron sucin-
tamente las coplas colocadas fuera de las puertas de la iglesia en
Kent en 1630,
Cuanto antes nos levantemos
Menos sufriremos.
VIII
Hemos estado examinando un modelo de protesta social que se
deriva de un consenso con respecto a la economía moral del bienes-
tar público en tiempos de escasez. Normalmente no es útil examinarlo
con relación a intenciones políticas claras y articuladas, a pesar de
que éstas a veces por coincidencia casual. Pueden encon-
trarse a menudo frases de rebdión, normalmente destinadas (sospe-
ellO) a helar la sangre de los ricos con su efecto teatral. Se decía que
los mineros de Newcastle, animados por el éxito de la toma del ayun-
tntntento, <,cran partidarios de poner en práctica los antiguos prin-
cipios niveladores»; al menos desgarraron los retratos de Carlos II
y Jacobo II e hicieron pedazos sus marcos. En contraste, los barque-
ros de Henley (Oxon.) gritaron «Viva el Pretendiente», en 1743, y
olguíen en Woodbridge (Suffolk) clavó un aviso en el mercado, en
1766, que el magistrado local consideró «particularmente descarado y
sedicioso y de alto y delicada significación>>: «Deseamos
Cjue nuestro exilado Rey pueda venir o enviar algunos funcionarios».
Es posible que esa misma intención amenazante tuvieran en el Sudoes-
te, en 1753, las amenazas de que «los Franceses estarán aquí pronto».
Más habituales son las amenazas generales de «nivelación», e
imprecaciones contra los ricos. En \Vitney (1767) una carta ase-
gureba a los alguaciles de la ciudad que la gente no permitiría a «estos
lnolditos pillos resollan tes y cebados que Maten de Hambre a los
Pobres de Manera tan Endemoniada para que ellos puedan dedicarse
a b caza, lns carteras de caballos, ctc, y para mantener a sus fami·
lias en el Orgullo y la extravagancia». Una carta dirigida al Gold
Cross de Snow Hill en Birmingham (1766), firmada por «Kidder-
minster y Stourbridge», se acerca más al tipo de la copla
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
123
... tenemos un Ejército de más de tres mil todos dispuestos a luchar
y maldito sea si no hacemos polvo el ejército del Rey
Si resulta que el Rey y el Parlamento DO 10 remedian
Convertiremos Inglaterra en Basura
y si incluso así no abaratan las cosas
Maldito sea si no quemamos el Parlamento y lo arreglamo,<; todo
En 1772, una carta de Colches ter, dirigida a todos los agricultores,
molineros, carniceros, tenderos y comerciantes de granos, advertía
a todos los «Malditos Pillos» que tnvieran
pOfque estamos en noviembre y tenemos unas doscientas o tres-
cientas bombas listas para los Molineros y par<1 todos, y no
ni rey ni parlamento sólo una maraña de pólvora por tod<1 la
nación.
Se advirtió a los cahalleros de Fareham (Hants.), en 1766, que se
prepararan «para UDa guerra del Populacho o Civil» que «atranca-
ría a Jorge de su trono y derrumharía las casas de los pillos y des-
truiría los sitiales de los Legisladores». «Es mejor Soportar un Yugo
Extranjero que ser maltratados de esta forma», escribía un aldeano
de cerca de Hereford al año siguiente. Y casos similares se encuentran
en casi todos los lugares de Inglaterra. Es, principalmente, retórica,
aunque una retórica que deshace la retórica de los historiadores
respecto a la deferencia y solidaridad social en la Inglaterra ele
Jorge IlI.
Unicamente en 179.5 y 1800-1801, cuando es frecuente encontrar
un matiz jacobino en estas cartas y volantes, tenemos la impresión
de que existe una corriente subterránea de motivaciones po1íticas
articuladas. Un tajante ejemplo de ellas es cierta copla dirigida a «los
que hacen :os caldos y los Amasadores» que alarmó a un magistrado
de Maldon (Essex):
Queréis que se alimenten los pobres de bazofia y granos
y bajo la guillotina querríamos ver vuestras cabezas
porque creo que es una vergüenza atender a los pobres así
y creo que algunas de vuestras cabezas serán un buen espectáculo.
Cientos y cientos de cartas como estas circularon en estos años. De
Uley (Glos.) <<DO el Rey sino una Constitución abajo ahajo abajo oh
caed altos gorros y orgullosos sombreros por siempre abajo abajo ... ».
124 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
En Le\ves después de haber sido ejecutados varios hnmbres
de la milicia por su participación en la fijación de precios, fue
do un cartel: «i A las Armas, soldados!».
Levantaos y vengad vuestra causa
Contra esos malditos bestias, Pitt y Jotge,
Porque ya que no pueden mandaros a Francia
A ser asesinados como Cerdos, o atravesados por una Lanza,
Sois requeridos urgentemente para que volváis rápidamente
y os maten corno Cuervos, o colgados por turno ...
En Ramsbury (\Vtlts.l. en 1800, se fijó un cartel en un árbol:
Terminad con vuestro Lujurioso Gohierno tanto espiritual como
temp0ral n os !v10ríréis de Hamhrc-. O;; hfln quitncln el pan, Queso,
Carne cte., etc, ctc.. cte., etc, y hasta vucsttas vi (1<1 s os han
quitado <1 OlJles en sus Expediciones que ia Familia Borbónica de-
fienda su propia causa y volvamos nuestra vista, los verdaderos
ingleses, hacia nosotros devolvamos a algunos a Hanover de donde
salieron, Abajo con vuestra Constitución. Erigid una repüblica o
vosotros y vuestros hijos pasar'éi;; hambre el Resto de vuestros
días. Queridos Hermanos. reclinaréis vuestras cabezas y moriréis
baío estos Devoradores de Hombres y dejaréis a vuestros hijos
hajo d peso dd Gobierno de Pillos que os está devorando.
Dios Salve a los Pobres y abajo Jorge IlL
Pero estos aÍlos de crisis bélicas (1800-1801) necesitarían un estudio
apartc. Estamos llegando al fin de una tradición, y In nueva apenas
ha surgido. En estos años, la forma alternativa de presión económica
--presión sobre los sabrios- se hace más vigorosa; hay también
algo más que retórica bajo el lenguaje sedicioso: organización obrera
clandestina, juramentos, los sombríos United Englishmen (<<Ingleses
unidos»). En 1812 los motines tradicionales de subsistencias coinci-
den con el ludismo* En 1816, los trabajadores de East Anglia no
solamente fijan los precios. sino que también exigen un salario
mo y el fin del socorro Speenhamland. Se acercan estos motines a
In revuelta de trabajadores, muy diferente, de 1830. La antigua forma
fe que tenia por obícto destruir maquinaria, que hizo su
aparición en Inglaterra a fines de un 1, y cuyos componentes, formados en
se l.lamaron ludds. (N. del t.)
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 125
de acción subsiste en los años 1840 e incJnso más tarde, con raíces
especialmente profundas en el Sudoeste. Pero en las nuevas zonas de
la revolución industrial evoluciona gradualmente hacia otras formas
de acción. La ruptura en los precios del trigo después de las guerra,
facilitó la transición. En las ciudades del Norte, la lucha contra los
agiotistas de grano dio paso a la lucha contra las Leyes Cerealistas
Hay otra razón por la cual los años 1795 y 1800·1801 nos sitúan
en un terreno histórico distinto. Las formas de acción que hemos
examinado dependen de un conjunto particl1lar de relaciones socia-
les, un equilibrio especial entre la autnridad paternalista y la muche-
dumbre. Este equilibrio se dislocó con las guerras por dos motivos.
En primer lLlgar, el antijacobinismo de la gel1try produjo un nuevo
temor hacia cualquier forma de actividad popular; los magistrados
estaban dispuestos a ver señales de sedición en las acciones encami*
nadas a la fijación de precios, incluso cuando no existía tal sedición;
el temor a la invasión levantó a los Voluntarios, dando de esta
forma a los poderes civiles medios mucho más inmediatos para en-
frentarse a la muchedumbre, no parlamentando y con concesiones,
sino con la represión" En segundo lugar, esta represión resultaba
legitimizada, en opinión de las autoridades centrales y de muchas
locales, por el triunfo de una nueva ideología de economía política.
El secretarío del Interior, duque de Porthnd, sirvió como dip1J-
tado temporal de este triunfo celestial. Hizo gala, en 1800-1801, ele
una firmeza completamente nueva, no solamente en su manera de
tratar los desórdenes, sino en anular y reconvenir a las autoridades
locales que todavía apoyaban el viejo paternalismo. En septiembre
de 1800 tuv" lugar en Oxford un episodio significativo. Por un cierto
asunto relacionado con la determinación del precio de la mantequilla
en el mercado, la caballería hizo su aparición en la ciudad (a petición
-se descubrió- del subsecretario). El secretario del Ayuntamiento,
por indicación del alcalde y los magistrados, escribió al secretario
de la Guerra, expresando su «sorpresa porque un cuerpo del ejército
de soldados de caballería haya aparecido esta mañana temprano>>:
Tengo el placer de- informark que la población de Oxf0td no
ha mostrado hasta el momento ninguna disposición al motín, excepto
que c·l haber traído al mercado algunas cestas de mantequilla \'
64. J. R. Wcstern, «The Volunteer Movement as 20 Anti·Rcvoll.ltionarv
Force, 179.J·IROb, Eng Hísl. Rev. LXXI (1956).
126
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
haberlas vendido a un chelín 1<1
al propietario de la mantequilla
ción
libra y dado cuenta del dinero
pucda responder a tal desctip-
"No obstante la extrema tensión de los tiempos», las autoridades de
la ciudad eran de <<la decidida opinió!1» de que no había «lugar en
esta ciudad para la presencia del Ejército regular» especialmente por-
que los magistrados esta han desplegando la mayor actividad para
reprimir «lo que ellos creen ser una de las causas principales de la
carestía, los delitos de acaparamiento, monopolio y reventa .. »
La carta del secretario del Avuntamiento fue enviada al duque de
Portland, :le quien recibió una grave reprimenda:
Su Excelencía desea que informe al Alcalde y lvI<'lgistrados,
PUCS{Cl que su situaci«n oficial le permite <'lprccinr de manera
muy especial el alcance del daño Plrblíco que se seguirá inevita-
blemente de la continuación de: los ;;;ucesos tumultuosos que han
tenido lugar en varias panes del Reino como consecuencia de .la
actual eSCasez de provisiones, se considera más inmedi<ltamente obli-
gado ,1 ejercer su propio juicio y discreción en ordenar que se
t0men las medidas adecuaths para la eliminación inmediata y efec-
tiva de tan peligrosas acciones. Porque lamentando mucho Su Ex-
ccJencifl la cau;;;a de estos Motines, nada es más cierto que estos
no pueden producir atto efecto que el de aumentar el mal más
;¡l1á de todo posible cálculo. Su Excelencia, por tanto. no puede
permitirse pa$,n en 5iilcncio lil parte de su carta que afirma «que
la población de Oxford no ha mostrado hosta el momento ninguna
disposición al motín, excepto que el haber tr8ído al mercado
algunas cestas de mantequilla, y haberlas vendido a un chelín la
libra, y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla,
pueda responder a tal descripcióm" Lejos de considerar esta cir-
cunstancia desde el p1.1nto de vista trivial en que <lparece en S11
carta (incluso suponiendo que no esté conect<lda con otr<lS de natu-
raleza similar y aún más peligrosas, que esperamos 110 sea el C8S0).
SU Excelencia lo ve desde el punto de vista de un al<lquc violento
e injustificado a la propiedad, preñ<ldo de las fatrdes COtlsc"
cuencias para la Ciudad de Oxford y sus habitantes de cualquier
clase; lo cual, Su Excelencia d::!. por supuesto que el Alcalde y
IvIagi:;;traclos debían haber pens,ldn que era su oblig<'ldo deber su-
primir y castig8r el inmediato apresamienlo y condena
de los transgtesores.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 127
A lo largo de 1800 y 1801 el duque de Portland se ocupó de impo-
ner las mismas doctrinas. El remedio contra los desórdenes era el
ejército o los voluntarios; incluso las generosas suscripciones para
conseguir grano barato debían ser desaconsejadas, porque agotaban
las existencias; la persuasión ejercida sobre agricultores o
tes para reducir los precios era delito contra la economía política.
En abril de 1801 escribía al conde Mount Edgcumbe,
Su Señoría debe excusar la libertad que me tomo de no dejar
pasar desapercibido el acuerdo al cual, según menciona, han llegado
voluntariamente los Agricultores de Cornua11es para proveer a los
Mercado de Grano y otros Artículos de Provisión a PrecÍos redu-
cidos ...
El duque había recibido información de que los agricultores habían
sido objeto de presiones por parte de las autoridades del condado:
mi experiencia ... me obliga a decir que toda empresa de este
tipo no puede ;;;er justificada por la naturaleza de las cosas y tiene
inevitablemente, y pronto, que aumentar y agravar la desgracia
que pretende aliviar, y me atreveré incluso a afirmar que cuanto
más general se haga más perjudiciales serán las consecuencias que
a la fuerza la acompañarán, porque necesariamente impide el Em-
pleo oe Capital en la Agricultura ".
La «naturaleza de las cosas» que en otros momentos había hedlo
imperativa, en épocas de escasez por 10 menos, una solidaridad sim-
bólica entre las autoridades y los pobres, dictaba ahora la solidaridad
entre las autoridades y «el Empleo de Capital». Es, quizás, adecuado
que el ideólogo que sintetizó un antijacobinismo histérico con la
nueva economía política fuese quien firmase la sentencia de muerte
de aquel paternalismo que, en sus más sustanciosos pasajes de retó-
rica, había celebrado. «El Pobre Trabajadon>, exclamó Burke: «deje-
mos que la compasión se muestre en la acción»,
pero que nadie se lamente por su condición. No es un alivio
para sus míseras circunstancias; es sólo un insulto para su mísero
entendimiento Paciencia, trabajo, sobriedad, frugalidad y reli-
gión le deben ser recomendados; todo 10 demás es un fraude
totaJ.t:5
65. E. Burke, ThotlJ!,hts and Details on Scarcif)', originolly pre,rented lo the
12B 'fRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Contra un tono como este, el cartel de Ramsbury Ct<l 1<1 Ílllkil res-
puesta posible.
IX
Espero que de este relato haya surgido un cuadro algo diferente
Jel acostumbrad .. , flc intentado describir, no un espasmo involun-
tario, sino un modelo de comportamiento del cual no tenia pOl" qué
avergonzarse un isleño de Trobriand.
Es difícil reimaginar los supuestos morales de otra configlltación
;;\ocÍn1. No nos es fáci1 concebir que Imela haber una él'oc<l, dentro de
1111:1 comunidad Inenor y más in Legrada, en que parecía «antinatural»
que un hombre se beneficiara de las necesidades dt otro, y cuando se
daba por supuesto que, en momentos de escasez, los precios de estas
({Jleccsídades» debían permanc.:r al nivel acostumbrado, incluso aun-
que pudiera haber menos.
«La economí" del municipio medieval -escribió R. H. Taw.
era tal, que el consumo ostentaba, en cierta tnedid,), la misma
primacía en la mentalidad pública, como árbitro indiscutido del es-
fuerzo económico, que el siglo XIX atribuía a los beneUcios».u, Estos
se encontraban, naturalmente, fuertemente amenazados rnu-
cl10 antes del siglo XVIII. Pero en nuestras historias se abrevian con
frecuencia bs grandes transiciones, Abandonamos el aca-
paramiento y la dacttina del precio justo en el siglo xvn y empe-
ZanlelS la historia de la economía de libre mercado en el XIX. Pero
la muerte de la antigua economía motal de abastecimiento tareló
tanto en consumarse como la muerte de la intetvención paterna lista
en la industria y el comercio. El cor1surnidor defendió SllS viejas no--
dones de derecho tan tenazmente como (qui¡;<Ís el mismo hombre
en otro papel) defendió su situaci6n profesional como artesano.
Estas nociones de derecho estaban claramente articuladas y lleva-
ron durante mucho tiempo el imprimat"r de la Iglesia. El J)ook of
lU, Holt. W'illiam Pi!! in NOt'ember, .1795. L,ondres, 1800, p. '1. Indudable-
mente, este p<lnf1eto tuvo influencia sobre Fitt y Portbnd, y puede har,er
contribuido a las más dura::- disposiciones de 1800.
66. R. H. Tawney, RcligiOli mtd the Risc 01 Capitalísm, Londres, 1926,
p. 33.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
129
Orders de 1630 consideraba el precepto moral y el ejemplo como
una parte integral de las medidas de emergencia:
que todas las buenas Medidas y Persuasiones sean u!iUzaclas por
los Justicias en sus distintas Divisiones, y por Admoniciones y
Exhortaciones en Sermones en las Iglesias que los Pobres sen n
provistos de Gr:1!1o a Precios convenientes y caritativos. Y adelnás
de esto, que las clases más ricas seriamente movid:1s por la
caridad cristian:1, a hacer que su grano sea. vendido al Precio com{¡!1
del Mercado a las clases más pobres: Una acción piadosa, que serñ
sin duda recompensada por Dios Todopoderoso.
Por lo menos uno de estos sermones, predicado en Bodmin y Fow·cy
(Cornualles) (antes de r-cunirse el Ql1arter Session), en 1630, por el
reverendo Charles Fitz·Gcffrey, era todavía conocido por los lectores
del siglo XVIll. Los acapar-adores de trigo eran denunciados como
esos que odian nI Hombre, opuestos al bien Común, como si el
mundo se hubicl'a hecho sólo para ellos, que se apropiarfrtn de l;¡
tierra, y de sus frutos, exclusivamente p<Ha ellos (('linO las
Codornices engol'dan con Cicuta, que es 1m veneno para otras cria-
tur;lS, así eIJos se alimentan de la escasez ...
Son «enemigos de .Dios y del I-:Iombrc, opuestos tanto a 1ft Gracia
como a Ja Naturaleza». Por lo que respecta ;:11 comerciante, que ex-
porta grano en momentos de escasez, «el sabor del lucro le es dulce,
a pesar de haberlo sacado hurgando en el charco de la más sucia pro-
fesión de Europa ... »."
Al avanZar e1 siglo xvn enmudeció este tipo de cxhort:lción
1
espe-
cialmente entre los pnrít8.nos. Fn Baxter, unA. p:1tte del precepto mo-
ral se diluye en nna p<lrtc de cnsuística y otra de prudencin comer-
cial: «dehe ejercerse .h catÍc.bcl así COmo la justicia'», si bjcn los pro.
ductos podían ser retenidos en espera de la subid<l de precios, esto
no debí:1 hacerse <{en perjuicio de la nación, como si el retenerlos
fuera la causa de la escasez,;..68 Las antiguas enseñanzas morales se
dividieron, progresivamente, entre la {!,entry p;1tcrnalista pOl" un lado,
y la plebe rebelde por otro. Hay un epitafio en la iglesia de 5to-
67. C. Fitz-Geffrcy, GOdJ.f Blessing UpOI1 (he Providers 01 Cornf': ami
Got/'s Curse UPOl1 the l-loarden:, Londres, 1631; repr. 1648, pp. 7, 8, U.
68. Tawney, op. cit., p. 222, Véase tamhién e Hi11, ,Yociety ond PurítonÍJm
in Prc-Rct!olutionor)' El1fJond, Londres, 1964, esp. pp. 277-278.
130
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
nekigh (Warwicks.) dedicado a Humphrey How, portero de lady
Lcigh que murió en 1688:
Aquí Yace uD Fiel Amigo del Pobre
Que repartió Abundantes Limosnas de la Despensa de su señor
No Lloréis pobre gente aunque haya Muerto Vuestro Servidor
El Señor en persona Os Dará Pan a Diario
Si el rvlercado Sube nO Protestéis Amargamente Contra Sus Precios
El Precio es Siempre el 1vEsmo a las Puertas de Stone Lcigh.
Los antiguos preceptos resonaron a todo 10 largo del siglo XVIII Y
oc;1Sionalmente podían todavía oírse desde el púlpito:
La Exacción de cualquier tipo es vil; pero en lo que se rdicre
al grano es del tipo más vil. Recae con más peso sobre los Pobres)
es robarles por que 10 son es asesinar abiertamente a aquellos
que encuentran medio muertos Y saquear el Barco naufragado ...
estos son los Asesinos flcusados por el Hijo de Sirach, cuando
dijo: El Pa" del pobre es SU vida: aquel que se lo robare es p01"
ello tm Hombre Sanguinario . Con justicia puede llamarse a tales
opresores Hombres Sanguinarios; Y con seguridad que de la Sangre
de aquellos que mueren rOl' su culpa se les tornará cuenta.
Se encontraban con más frecu211cia en folletos o periódicos:
:t-.bntcner alto el Precio del Sostén mismo de la vida en una
Venta tan extravagante, que el pobre no puede comprarlo es
la mayor iniquidad de que cualquier hombre puede ser culpable;
no es menos que el Asesinato, no, el más Cruel Asesinato.
A veces en hojas sueltas impresas y baladas:
Idos ahora hombres ricos de corazón duro,
Llorad y gritad en vuestra desgracia,
Vuestro oro corrupto se levantará contra vosotros,
y será Testígo contra vuestras almas ...
y frecuentemente en
tro dios», advertía
cartas anommas. "No hagáis del dinero
a los caballeros de Newbury en 1772:
vues-
sino pensad en los pobres, vosotrOS ¡::randes hombres pensáis ir al
I
1
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 131
cielo °al infierno, pensad en el sermón que se predicó el 11 de
map;n pnrquc malditos seRmos si no os ohligamos pensáis matar
de hambre a los pobres vosotros malditos hijos de put<l
({¡Mujer Avariciosa!») decían los mineros de estaflo dirlgiéndose a
una aC<=lparadora de trigo de CornuaIles, en 1795: «estamos deci-
didos a reunirnos y marchar inmediatamente hasta lIegar a tu fdolo
o tu Dios J tu Moisés, [?] a quien consjc!eras como tal y destruirlo
y lo mismo tu Casa ... »,
110y no damos importancia a los mecanismos extorsionantes de
lIna economía de mercado no regulado porque a la mayoría de nos-
otros nos CalIsan sólo inconvenientes y perjuicios de poco bulto. En
el siglo XVIII no era este el caso. Las eSCaseces eran verdaderas
seceso Los ¡crecios altos significaban vientres hinchados y nii'ios en·
fermos cuyo alimento consistía en un pan basto hecho con harina
rancia. No se ha publicado todavía ningún testimonio qne muestre
algo parecido a la clásica Grire des subsistal1ces francesa en la Ingla-
terra del siglo XVIII: es verdad que la mortalidad de 1795 no se
aproximó a la de Francia en el mismo año) pero hubo Jo que la clase
acomodada describió como una desgracia «vetdaderélmente penosa»;
la subida de precios, escribió uno, «les ha despojado ele las Ropas
que cubrían sus hombros, les ha arrancado los zapatos y las medias
de los pies, y arrebatado la comida de la boca». El levantamiento
de los mineros del estaño en Cornualles fue precedido de escenas
angustiosas: .los hombres se desmayaban en el trabajo y tenían que
ser llevados a sus casas por sus compaf'leros, que no estaban en
mucho mejot cstildo. La escasez fue acompañad él por unil eridcmiil
de «Fiehre Amarilla», muy probablemente la ictericia que acompaña
a la inanición. En un año como este. el «buhonero» de \Xlords\Forth
deambulaba entre las cabañas y vio
Las desgracias de aquella estación;
Muchos ricos se hundían, como en un sueño, entre los pobres,
y muchos pobres dejaron de vivir
y sus lugares no les reconocieron
Ahnra bien. si el mercad" era el punto en el que lns trabajadores
sentían con mayor frecuencia que estaban expuestos a la explotación,
era también el lugar --especialmente en distritos o en dis-
tritos fabriles dispersos-- donde podbn llegar a organizarse con más
132 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
bcilidad. La comercialización (o la «compra») se hace progresiva
mente más impersonal en una sociedad industrial madura. En la In-
glaterra o le Francia del siglo XvIII (en regiones del sur de Italia, o
de Haití, o de la India rural, o del Africa de hoy) el mercado per-
tnaneció como nexo social tanto como económico. Era el lugar donde
se llcvaban a cabo cientos de trans8cciones socirdes y personales,
donde se cOlnunícaban las noticias, circulaban el rumor y la murmu-
ración v se discutía de política (cuando se hacía) en las posadas o
bodegas que rodeaban la plaza del mercado. Era el lugar donde la
gente, por razón de su nÍlmero, sentía por un momento que era
{ucrte.(i9
Las confrontacíones en el mercndo, en llna socicclnd «prcindus--
triah), son, por supucsto, m,\s universales ql1e cualquier experiencia
naciol1Rl, y los preceptos morales elementales del (,precio rRzonable)}
son igualmente universales. Se puede sugerir, en verdad, la supervi-
vencia en Inglaterra de una imaginería pagana que alcanza niveles
más oscuros que el simbolismo cristiano. Pocos rituales folklóricos
han sobrevivido con tanto vigor hasta fines del siglo XVJ1I como toda
la parafernalia hogm"cña durantel:-t cosecha, con sus encantos, sus
cenas, sus ferias y festivales; jnc1uso en áreas fabriles el año
curda todavía al ritmo de 18s estaciones y no al de los bancos. La
escasez representa siempre para tales comunidades un profundo
impacto psíquico que, cuando VH acompañado del conocimiento de
injusticias, y la sospecha de que b escasez es manipu lada, el choque
se convierte en furia.
Impresiona, 81 abrirse el nuevo SIglo, el creciente simbolismo ele
la sangre, v su asimilación a la demauda de pan. En Nottingbam,
en 1812, las mujeres marcharon con una hogaza colocada en lo alto
de 1111 palo listada de rojo y atada con un crespón negro, represen-
tando el «hambre sangrienta, engalanada de arpillera». En Yeovil
(Somerset), en 1816, apareció una carta anónima, "Sangre y Sangre
y Sangre, tiene que haber uoa Revolución General ... », firmada con
un tosco corazón sangrante. En los motines de East Anglia, en el
mismo año, frases como «Tomaremos sangre antes de cenao), En
Plymouth, <moa I-Iogaza que ha sido haFíada en sangre .. con un cora-
ó9. Sidney Mintz, <,lntcrnal Markct Systems as Mechanisms of Social
Infcrmcdíatc Societies. Social Mobility al1d CommunicatíOll, Ame-
rican Etbnological Society, 1959, y del mismo autor «Pcasant :tvbrkets», Scieltfi-
fir American, CCllI (1960), pp. 112-122.
LA ECONOMíA MORAL DE 1.A MULTITUn 133
zón a su JRelO, fuc encontrada en 1<1s cRIles).). En Jos grandes motlnes
de Merthyr, de 18.31, Se sacrificó un tetnel'O y una hogaza empapada
en su sangre, clavada en el asta de nOn bandeta, sirvió como emble-
ma de la revuelta.
Esta furifl en relación con el grflno es una culminación cudosa
de la época de los aclelantos agrícolas. En la década de 1790, la
gel1try misma estaba algo perpleja. Paralizados a veces por un exceso
de alimentos nlltritivos, los magistrados, de vez en cuando, abando-
naban su industriosa compilación de archivos para Jos di::;cíp111os de
sir Lewis Namicr, y miraban desde las alturas de sus parques ;.1 los
campns de cereales donde sus lahriegos hamblT. (Tvlás de un
csnihi{, a] l-lollle Officc, en c0yuntl1ra t<111 crítica, des-
cribiendo las medidas que tomarla contra amol il1:1dos si no
estuviera confinado en su casa por ]a g<Jta.) El no estará
seguro durante la cosecha.) escribió el señor lugnrtcnicntc de Cnm-
bridgeshire, «sin algunos soldados, pues había oído que el Pueblo
tenía la intención de llevarse el trigo sin pedirlo cuanclo estuviera
madurc»>, Consideraba esto como «verdaderamente un asunto muy
serio» y «en este campo abierto, muy fácil ele que se haga, por lo
menos a hurtadillas».70
«No pondrás freno al buey que trilla el grano.» El avance de
la nueva economín política de lihre- mercado supuso tal11hién el defi
moronamiento de la antiguR. economíA moral de apu1visíonélmiento.
Después de las gueaas lo único que quedaba de ella en la caridad,
y el Speenharnland. La economía «mora]" ele la muchcelllmhrc tard,í
más tiempo en morir: es recogida en los primeros tn01inos harineros
cooperativos, por algunos de los socialistAS de Owcn, y
subsistió durante años en algún fondo de las entrañas de la Sociedad
Cooperativa Mayorista (Cooperative \Vholcsale Society). Un síntoma
de su final desaparición es que hayamos podido aceptar durante
tanto tiempo un cuadro abreviado y (<:ec011omista}) del motín de
subsistencias, como respuesta directa, espasmódica e irracional al
hambre; t111 cuadro que es en sí mismo un producto de la economía
70. En 1795. cuando entregaba a los pohres pan negm slJbvencionndo de
su propia p:uroQl1ifl, el párroco \\7oodforde no dejó de cumplir con la obliga"
dón de su cena: 6 de marzo, <c par:'! cenar Un Par de Pollos hervidos
y- Cabenl de Cerdo, muy buena sopa de Guisantes, un excelente filete de Vaca
hervido, 1111 prodigiosamente bueno, grande v muy gordo Pavo asado, Macarro--
nes, Tarta de crema», etc.: James \'{Toodforde, J);ary 01 {/ COflftlry Panrm, ed.
J. Bercsford, Wotld's Classies, Londres, 1963, pp. 4RJ, 485.
1:34 TRADIC1ÓN, REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
polítíca que redujo las reciprocidades humanas al nexO salar_ial. Más
generosa, pero también más autoritaria, fue la afirmación del "herir!
de Gl011cestershire en 1766. Las masas de aquel año, escribió, habían
cometido muchos actos de violencia,
algunos de desenfreno y excesos; y en algunas ocasiones algunos
actos de valor, prudencia, justicia y consecuencia con aquello que
pretendían obtener.
EL ENTRAMADO HEREDITARIO:
UN COMENTARIO *
Los ensayos presentados en el volumen del que, originalmente,
formaba pmte este capítulo nos han hablado mucho del tejido
social de comunidades determinadas y de ciertas relaciones existen-
tes en su interior, que ejemplifican las pr:ícticas hereditarias. Hemos
aprendido menos, quizá, sobre su desarrollo en el tiempo, ya que
las intenciones de los sistemas hereditarios, como en otras cues-
tiones, ofrecen a menudo conclusiones muy diferentes a las proyec-
tadas. Si diseccionamos Jos sistemas hereditarios en condiciones de
estasis, el pensamiento puede llegar a aceptar una falacia que, en
horas de vigilia, conocemos perfectamente como falsa, y es que
aquello que se hereda permanece como constante histórica: «propie-
dad», «pertenencia» o, más sencillamente, «la tierra», tierra que, a
fín de cuentas, pasaba en efecto de generación en generación, que
podemos aún pisar, que puede aún hoy ser dedicada en gran medida
al mismo tipo de cultivo, o madera, o ganado, que hace trescientos
años.
Naturalmente sabemos que esta constancia es ilusoria. En térmi-
nos de tierras Jo que se transmite a través de los sistemas heredita-
rios es eon mucha frecuencia no tanto la propiedad de las mismas,
«The Grid of Inheritance: a Commenb>, en E. P. Thompson, }ack Goody
y .Toan Thirska, Family and Inber;lance, Cambridge University Press, Londres,
1976, cap. 9, pp. 328-360. Estos comentarios están basados en trabajos, alguno
de los cuales no ha sido publicado todavía: para las zonas de bosque de
Be-rkshire y I-Iampshire del este, \,(!higs al1d HUl1tCrI, Londres, 197.'5, y p ~ : ¡ f a
(I!gún otro de Jos aspectos de las costumbres del siglo z,,-VITI, «Comman Right
;lnd Enc1oSUfe)}, CUJtomJ in Common (de próxima aparición). En cWl1quier caso,
aquí ::;c proponen mucho;; puntos como preguntas, que necesitan más investiga-
ción, m<Ís que com0 conclusiones.

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LA SOCIEDAD INGLESA DEL SIGLO XVIII: ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? •
Lo que sigue a continuación podría ser descrito más como un intento de argumentación que como un articulo. Las dos primeras secciones forman parte de un trabajo argumentativo sobre el paternalismo y están muy estrechamente relacionadas con mi artículo "Patrician Society, Plebeian Culture», publicado en el Jouma! 01 Socia! History (verano 1974). Las restantes secciones (que tienen su propia génesis) avanzan en la exploración de las cuestiones de clase y cultura plebeya l Ciertas partes del desarrollo se fundamentan en investigaciones detalladas, publicadas y sin publicar. Pero no estoy seguro de que todas ellas juntas constituyan una "prueba» de la argumentación. Pues la argumentación sobre un proceso histórico de este tipo (que Popper sin duda describiría como "holístico») puede ser refutada; pero no pretende poseer el tipo de conocimiento positivo que generalmente afirman tener las técnicas de investigación positivistas. Lo que se afirma es algo distinto: que en una sociedad cualquiera dada no podemos entender las partes a menos que enten>~ <(Eighteenth~Century

I ¡

1

English Sodety: Class Strugg]c without Class?»,
en el Centro pata el de las secciones 1 y II de Historiadores (7 juel debate del Seminario

Social Histor)', IIl, n.' 2 (mayo 1978). 1. La polémica comenzó hace seis o siete años Estudio de Historia Social de Warwick. Alguna parte fueron presentadas en el Congreso Anglo~Americano ¡io 1972), en Londres. La sección V fue añadida para

del Centro Davies, Universidad de Prinlcton (febrero 1976). Y yo he interpolado, en la sección VI, algunas notas sobre la <~clase» presentadas en la Séptima Mesa Redonda de Historia Social en la Universidad de Constanza (junio 1977). Estoy agradecido a mis anfitriones y colegas en estas ocasiones, y por la valiosa polémica que siguió. Me doy cuenta de que un artículo
amalgamado de esta forma debe carecer de cierta coherencia.

14

TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE

¿ LUC H

A DE CLASES SIN CLASES?

15

damos su función y su papel en su relación mutua y el1 su relación

con el total. La «verdad" o la fortuna de tal descripción holistica sólo puede descubrirse mediante la prueba de la práctica histórica. De modo que la argumentación que se presenta a continuación es una especie de preámbulo, un pensar en voz alta.

triarcales como características del sistema gremial de la Edad Media en que: Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organizados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación

1
Se ha protestado con frecuencia que los términos «feudaL>, «cao «burgués» son en exceso imprecisos e incluyen fcnó~ menos demasiado vastos y dispares para hacernos un servicio an,¡] í tico serio. No obstante, ahora es constante el considerar útil una nueva serie de términos, tales como «preíndustriah>·., «tradicional», «paternalÍsmo» y «modernización», que parecen susceptibles prácticamente de las mismas objeciones, y cuya paternidad teórica es menos segura. Puede tener interés el que, mientras e! primer conjunto de términos dirige la atención hacia el conflicto o la tensión dentro de! proceso social -plantean, al menos como implicación, las cuestiones de ¿quiél1?, ¿a qtliéll?-, e! segundo conjunto parece desplazarnos hacia una visión de la sociedad como orden sociológico autorregulatorio. Se nos presenta, con un especioso cientifismo, como si estuvierfl.í1 carentes de valores. En ciertos escritores «patriarcal» y «paternal» parecen ser términos intercambiables, e! uno dotado de una implicación más seria, el otro algo más suavizada. Los dos pueden realmente converger tanto en hecho como en teoría. En la descripción de Weber de las sociedades «tradicionale,,>, el foco de! análisis se centra en las relaciones familiares de la unidad tribal o la unidad doméstica, y desde este punto se extrapolan las relaciones de dominio y dependencia que vienen a caracterizar la sociedad «patriarcaL> como totalidad; formas que él relaciona específicamente con formas antiguas y feudales de orden social. Laslett, que nos ha recordado apremiantemente la importancia central de la «unidad doméstica» económica en e! siglo XVII, sugiere que ésta contribuyó a la reproducción de actitudes y relaciones patriarcales v paternales que permearon a la totalidad de la sociedad, y que qUlza siguieron haciéndolo hasta e! momento de la <<industrialización), [vlar;.;:" es verdad, tendía a considerar las actitudes pa-

patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba a éstos de un doble poder, por una parte mediante su influencia directa sobre la vida toda de los oficiales y, por otra parte, porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión frente a los oficiales de los demás mae~tros y los separaba de éstos ... Marx afirmaba que en la «manufactura» estas relaciones eran sustituidas por «la relación monetaria entre e! trabajador y el capitalista», pero, «en el campo y en las pequeñas ciudades, esta relación seguía teniendo un color patriarca!».' Es este un amplio margen, sobre todo cuando recordamos que en cualquier época previa a 1840 la mayor parte de la población vivía en estas condiciones. De modo que podemos sustituir e! «matiz patriarcal» por e! término «paternalismo». Podría parecer que este qual1tum social má· gico, refrescado cada día en las innumerables fuentes del pequeño taller, la unidad doméstica económica, la propiedad territorial, fue lo bastante fuerte para inhibir (excepto en casos aislados, durante breves episodios) la confrontación de clase, hasta que la industrialización la trajo a remolque consigo. Antes de que esto ocurriera, no existía una clase obrera con conciencia de clase; ni conflicto de clase alguno de este tipo, sino simplemente fragmentos de! protoconflicto; como agente histórico la clase obrera no existía y, puesto que así es, la tarea tremendamente difícil de intentar descubrir cuál era la verdadera conciencia social de los pobres, de los trabajadores, y sus formas de expresión, sería tediosa e innecesaria. Nos invitan a pensar sobre la conciencia de! oficio más que de la clase, sobre divisiones verticales más que horizontales. Podemos incluso hablar de una sociedad de <<una clase». Examinemos las siguientes descripciones de los caballeros terratenien tes de! siglo XVIII. El primero:
2. Esto lJracede de Un pasaje muy general de La ideología alemana (1845). Yo no recuerdo ninguna parte de la misma generalidad en El capital. (Marx y Engels, La ideología alemana, Grijalbo, Barcelona, 1974, pp. 58 y 64.)

pit3lista)

«Colonhl Brazib>. o la correspondencia de Newcastle. 1780-1800.. estuvieran unidos en un solo punto. establos y perreras eran el centro de la vida social local. Además. la fiesta anual de la aldea. su sala de justicia . esp. para mirar por su gente.'ji ". Era una ngencia de bienestar público: cuidaba de los enfermos. armaba él sus parientes. Él era juez: resolvía disputas entre sus allegados. una exposición permanente de los mejores métodos agrícolas disponi- bles . y be aquí el segundo: En el curso de adrninistmr su propiedad para sus propios intereses) seguridad y conveniencia ejerció muchas de lns funciones del Estado. Genovese. en X. Pero las descripciones del orden social en el primer sentido. la otra a los dueños de esclavos del Brasil colonia1. y un banco de pequeños ahorros e inversiones. Pero. tanto como alrededor de 10 que ocurrla en la casa grande. un dueño de esclavos de Virginia. y con mínimas correcciones. 96. La vida de una parroquia puede igualmente girar en torno al mercado semanal. debemos también admitír que es demasiado amplio para un análisis discriminatorio. una ciudad mercado y su hínterland.. es una descripci6n de relaciones sociales vista desde arriba. Livermorc. podía solicitar la ayuda.entre la cultura e incluso la «polltica» de los pobres y aquellas de los grandes.. su despacho de la propiedad.' Ambas servirían. Portugal and Brazil: An Introduction. en verdad. No obstante. Sobre todo. generalmente algún pariente cercano con o sin formacíón religiosa. Tbe Origins 01 Modem ElIglish Society. Era el ejército en caso de revuelta: . son mucho )' ~ j ~ ~ B r i (C ¡ l' ! r ~ . posiblemente se sentían más preocupados por e! acceso a la cocci6n. Era la policía: mantenía el orden entre un gran número de gente . el robo.! partidarios como sí fuera una milicia particular. es entonces muy fácil pasar de ésta a la idea de <mna sociedad de una sola clase». los arrendamientos de minas y edificios. y es incluso demasiado romo para distinguir entre mollas de explotaci6n. Jos huérfanos. p. podla existir una radical disociad6n -en ocasiones antagonismo--. 1969. su comedor. Esto no la invalida. mediante lo que se convirtió en un intrincado sistema de matrimonios. pero debemos ser conscientes de que esta descripci6n puede ser demasiado persuasiva. parentesco y patrocinio . vistas desde arriba. una parroquia.. Nos dice muy poco sobre la naturaleza de! poder y e! Estado. entre la mano de obra servil y libre. si admitimos el término. una impresi6n que fácilmente obtiene el estudioso que trabaja entre los dom· men tos de propiedades particulares. sobre la ideologla y la cultura. Era la Iglesia: nombraba al capellán. salón de música y biblioteca) el cuartel gene- ral de la cultura local. Las habladurlas sobre la caza furtiva.". los ancianos. Es esta. en caso de nrxcsidad. "EVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 17 La vida de una aldea. La justicia podía percibirse no como un «baluarte» sino como un tirano. que la autoridad econ6mica y social. 297. etc.. 4.' o los terratenientes de cualquier sociedad en la 3. el fulero de la politica local. podía desarrollarse en torno a una casa grande y su solar. Eugene D. p. ed. Nueva York. la casa grande se encuentra en la cumbre... sumarios. algunas dificultades. Alcxander Marchant. Pero pueden encontrarse otras formas de describir la sociedad además de la que nos ofrece Harold Perkin en el primero de los extractos. igualmente. para describir a un patricio de la campagl1a en la antigua Roma. poderes judiciales. jardines.' 16 TRADICIÓN. sobre formas de propiedad. ocurre que una describe a la aristocracia o la gran gel1try inglesa. 1969. Ambas son descripciones aceptables del caballero terrateniente del siglo XVIII. el centro donde se negociaban las tenencias agrarias. Podemos denominar una concentraci6n de autoridad econ6mica y Cultural «paternalismo» si así 10 deseamos.. Harold Perkin. 42. Es m. The World the Slaveholders Made. Quedan.. su galería de retratos. Sus salones de recepción. el escándalo sexual y el comportamiento de los superintendentes de pobres podían ocupar las cabezas de las gentes bastante más que las distantes idas y venidas de la posesi6n. Oxford) 1953.. los festivales y ferias de verano e invierno. de un gran número de parientes en el campo o en las óudades que poseían propiedades y poder similares a los suyos. despacho de la propiedad o perreras. los archivos de los quarter sessiol/s.ís. . su propia explotación agraria. y todas las llneas de comunicaci6n llevan a su comedor. p. el primer baluarte de la ley y él orden.. a las turberas y a los pastos de! común que por la rotaci6n de los nabos. sin embargo. Pocos estarlan dispuestos a negar esto. Si s610 nos ofrecen la primera descripci6n. uno de los terratenientes de Almas muertas de Gogol. todo un condado. La mayor parte de la comunidad campesina no tendda demasiadas oportunidades para ahorrar o invertir o para mejorar sus campos.

' tl. I La voz del dolor nunca lloró en vano. / Aprendió sus necesidades.. Raymoncl Williams. Peter Laslett.. el hijo el. No bailiff urged his little empire there. Y el término no puede deshacerse de implicaciones normativas: sugiere calor humano. La realidad de! paternalismo aparece siempre retrocediendo hacia un pasado aún más primitivo e idealizado' Y el término nos fuerza a confundir atributos reales e ideológlCOS.. incluso si el calor pudiera ser producido por la impotente rebelión contra una dependencia abyecta. ~ l. edad de oro de la enal los actuales modos y maneras constituyen una degeneración.. tiende a ofrecer un modelo de orden social visto desde arriba. Y tenemos el Country Justice de Langhorne (177 4): \'7hen thy good father held this wide doma in. El patetnalismo como mito o ideología mira casi siempre hacia atrás. / Los enfermos encontraban medicina y los ancianos pan. 21.J·· . 1965.. And lawgivers were supplements of law! * y continúa para negar que estas relaciones tengan alguna realidad en el momento: . Adam. Se presenta en la historia inglesa menos como realidad que como un modelo de antigüedad.:\l. el padre es consciente de sus deberes y responsabilidades hacia el hijo.. Engels aEr111Ó The poor at hand their natural patrons saw. contiene implicaciones de calor y de re!a* Cuando tu buen padre tenía este amplio dominio.. Fashion's boundless sway Has borne the guardian magistrate away. o hasta e! «buen anciano» de Shakespeare. " ~ .. . I El patr6n rural ya nunca se vislumbra . un tardío superviviente. passim. Laslett nos recuerda un aspecto relevante de las relaciones económicas a pequeña escala. I Calmados por su piedad. en las costas de Galia. / y los que impartían la ley sustituían a la ley misma. He left their irlterest to no parish cate. 1973. todos de proporciones humanas". Podríamos retroceder otros cien años hasta el Rey Lear.en que toda la vida se desarroUaba en la familia.i ~ 18 TRADICIÓN.i II I ~ ~ 1.1 lil.1 " j 1~~ ~ " 1 J ~ ~ . I Nunca abandonó sus intereses a los cuidados de la parroquia. ~\ it·~ <!-': ~~ 5. O podemos seguir retrocediendo otros cien años hasta sir Thomas More.i < The voice oi sorrow never mourn'd in vain. The rural pa tron is beheld no more . en un círculo de rostros amados y familiares.tá conforme o activamente consciente a su estado filiaL Incluso el modelo de la pequeña unidad doméstica económica conUeva (a pesar de los que lo niegan) un cierto sentido de confort emocional: «hubo un tiempo -escribe Laslett. y por ello al mismo tiempo ridículo y entrañable. * * Pero podemos elegir Ins fuentes literarias como nos plazca. ~j- ~i Para resumir: paternalismo es un término descriptivo impreciso. Tiene considerablemente menos especificidad histórica que términos corno feudalismo o capitalismo. el agravio. recientemente acabada. Pero esto plantea otro problema. de hambre o los oprimiera. Save in Augusta's streets. con tanta frecuencia como por el respeto muluo. un hombre singular y anticuado. Sooth'd by his pity. Cobbett y Oastler elaboraron el sentimiento de pérdida. No village tyrant starved them. Podríamos retroceder unos sesenta o setenta años hasta sir Roger de Coverley. en el que «el vínculo entre e! padre y el hijo está resquebrajado» y donde los dioses FOtegen a los bastardos. y ellas satisfacía . ** . 1 I ~ 1t·'J·' . [i _.' Sería injusto contrastar esto con el recuerdo de que Cumbres borrascosas está enmarcado exactamente en una situación familiar corno esta. ~ &\ ~~ ': más corrientes que [os intentos de reconstruir una vlslOn desde abajo. ' / / Los pobres veían a su lado a sus protectores naturales. I Excepto en las calles de Augusta. . los trabajadores rememoraban a menudo los valores patetnalistas perdidos. El viaje sin limites de las cos~umbres I Se ha llevado al magistrado guardián. The World We Have Losl. I Ni hubo bailío alguno que impusiera allí su pequeño imperio. I No hubo tirano de aldea que los matara -. Oxford..... p. by his bounty fed. nuevamente los valores paternalistas se consideran <<una antigualla». 01' opprcss'd. se deshacen ante el individualismo competitivo de! hombre natural del joven capitalismo. The skk found medecine. En los primeros años de la revolución industrial. por su abundancia alimentados. on Gallia's shores. He learn'd their wants. and he those \vants redress'd . Y siempre que se introduzca [a noción de «paterna[ismo» es el primer modelo el que nos sugiere. de objetos conocidos y mimados. The Counlry and Ihe Cily.. REVIIELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 19 ~J ~4 ~ . en una relación mutuamente admitida. N~ ~i ~. ~j ~. and the aged bread. 6.

Entre la aristocracia y la gentry con ambiciones. Los cargos se obtenían mediante la influencia política pero. Tiene tanto. y el beneficiario debía exprimir todos los ingresos posibles del mismo mientras pudiera. Rall: A "Marx" fa! the Master Class». . pero no todo el mundo podía comprarlos o venderlos (durante los gobiernos de Walpole. no pueden caracterizar un sistema de relaciones sociales. en mercancías accesi- I ! '~ Si observamos. «Rall. The Block Family in Slavery and Freedom. ser un componente p~ofunda~cnte importante no sólo de la ideología. intereses y dependencia. Este es e! siglo en que el dinero «lleva toda la fuerza». libertades. 309-326. es el grado de «re. adornamos nuestros presentimientos con citas oportunas. en opinión de los críticos de Genovese. La gentry terrateniente se clasifica no por nacimiento u otras distinciones de status. . :r-. Lo primero que notamos en ella es la importancia del dinero. o tan poco.Los cargos ti tulares prestigiosos (tales como rongers. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 21 ~ ~ .dprocidad» de la relación entre los dueños de • ~ > . se convirtieron en propiedades que se clasificaban con el valor de tantas libras. por el contrario. en la mayor parte de los casos. se encontraba en situación similar. valor como otros términos descriptivos generalizados -autoritario. pp. que Namier nos dio a conocer. influencias. sólo dentro ele Ima determinada estructura de poder político.1 ) 20 TRADICIÓN.. en el Tapón meiji o en ciertas sociedades esclavistas. La propiedad asumía su valor. etc. 1974). Si los derechos de aprovechamiento. la expresión institucional de las relaciones sociales. democrático. Nueva York. los noviazgos los hacen los padres y sus abogados.O 4 (otoño 1976). los derechos de libre tenencia. Roll (Nueva York. suponían normalmente posesión vitalicia. fardan. Comenzamos con impresiones.que por sí mismos. que los llevan con cuidado hasta su consumación. Nueva York. pp. servicios. Y Eric Perkins. Ill.. Radical History Review. sino de la mediación institucional en las relaciones sociales'" ¿Cuál es el estado de la cuestión con respecto a la Inglaterra del siglo XVIII? i r II Dejemos a un lado de inmediato una línea de investigación tentadora pero totalmente improductiva: la de intentar adivinar el peso específico de ese misterioso fluido que es el «matiz patriarca!". los escaños parlamentarios. La tenencia de sinecuras de Corte y de altos cargos políticos era mucho menos segura. Gutman. por tanto. Un palomar situado en una antigua tenencia libre puede venderse. esta sociedad parece ofrecer pocos rasgos auténti7. No significa esto que debamos desechar el término por completa inutilidad para todo servicio.ientras que la situación de los esclavos y de los trabajadores pobres ingleses del siglo XVIII es difícilmente comparable. IJ ! I ciones personales que suponen nociones valorativas. los destinos en el ejército. TI. el análisis de Gcnovese de hegemonía y reciprocidad -y la polémica que le siguió. servicios. no siempre se convirtieron. Pero el patcrnalismo puede. camente paternalistas..ar toda una sociedad como paternalista o patriarcal.1. el acuerdo matrimonial satisfactoriamente contraído. la exención de impuestos parroquiales o servicio de la milicia.~ • 1 . esp. El significado del análisis del paternalismo en la obra de Eugene D. 41-59. keepers. confunde lo real con lo ideal. y con él se vende el derecho a votar..es de gran relevancia para los temas de este artículo. Ningún historiador serio debe caracteri¡. En una respuesta provisional a sus críticos Ubid. constables) y los beneficios que con ellos traían podían comprarse y venderse. igualitario. y sin sustanciales añadiduras. terminamos con impresiones. La promoción a los puestos más altos y lucrativos de la Iglesia. como en la Rusia zarista. l I . en la parte publicada se ocupó de «analizar la dialéctica de la lucha de clases y el duro antagonismo en una época en que la con{rontaci6n abierta de tipo revolucionario era mínima». invierno 1976-1977). lardan. Genovese observa que suprimió 200 páginas sobre revueltas de esclavos en el hemisferio occidental (que aparecerán en un volumen subsiguiente). Genovese. para cerrar un lote más del común. sino por sus rentas: tienen tantas libras al año. todo podía traducirse en un equivalente monetario: el voto. que culmina en Rcll. en el que las lihertades se convierten en propiedades y se cosifican los derechos de aprovechamiento. y el detentador de un cargo opulento que incurría en la desaprobaciÓn de políticos o Corte podía verse amenazado de expulsión mediante procedimientos legales. no puede ser una exageraci6n. las puertas en las tierras de! común. aunque . la justicia o las armas. 1 . en este o aquel contexto y en distintos momentos del siglo. la libertad de los burgos. Lo qm: puede serlo. ningún par tory o jacobita tenía probabilidades de éxito en este mercado). los escombros de un antiguo caserío se pueden comprar para reforzar las pretensiones a derechos comunales y. 1976. sin embargo. Destinos y puestos podían comprarse y venderse (siempre que la venta no fuera seriamente conflictiva con las líneas de interés político).: I I esclavos y éstos y el grado de adaptación (o conformidad) aceptado por los esclavos en ~l «espacio para vivín~ proporcionado por la manífiesta hegemonía de los amos (Berbert G. una vez conseguidos. bles para cualquier comprador en el mercado libre.

El triunfo en la alta política era seguido por el botín de guerra. " traídas de la subcontratación militar de forrajes. grano. y el Estado mismo em uno de los primeros objetos de presa. era enteramente segura y hereditaria. Desde la época de Namier. el «problema imperiah> y sus constantes presiones en la vida política y económica de Inglaterra ha sido despreciado con excesiva frecuencia. carne. y Se consideraba intolerable por muchos miembros de la pequeña gel1try tory durante la primera mitad del siglo. Era tanto el punto de acceso para e! poder y los cargos oficiales.1 ~ n I -i m~ I i rante su breve paso por el cargo de Pagador General. pp. «Colonializatíon oE the Indian Econorny. esp. privilegios. el duque de Chandos. y este solo hecho explica las grandes sumas de dinero que estaban dispuestos a emplear en la compra de escaños parlamentarios. Todo esto se hacía en nombre de! rey_En nombre del rey podían los ministros de éxito purgar incluso al más subordinado funcionario del Estado que no estuviera totalmente sometido a sus intereses_ «No hemos ahorrado medios para encontrar a todos los malvados. Pero los grandes intereses financieros y comerciales requerían también acceso al Estado. en e! momento de la producción. acaparamiento y venta de articulas o materias primas (lana. La sucesión hannoveriana trajo consigo una serie de bandidos-cortesanos. Social Scicntíst.~ "'1\ . y hemos despedido a todos aquellos de los cuales teníamos la más mínima prueba. l I 22 TRADICIÓN. en la época del duque de Sunderland. Un bandido patricio compitió para lograr el botín del poder. prefacio de la primera edición de Tbe Struct. sino también (parece seguro) al mismo rey_ Estamos acostumbrados a pensar que la explotación es algo que ocurre sobre el terreno. No debemos olvidar que la gran investigación de Narnier del carácter del sistema parlamentario se criginó como estudio de (~TI1e Imperial Problem during the American Revolution».~ a una nueva emisión de bolsa. los cargos públicos. para obtener cédulas. paños. y la fuerza diplomática. Y. Delhi. facilitando la consecución de decretos privados. como.-! 1 -~ l ! .~ . Fue esta una fase depredadora del capitalismo agrario y comercial.1 . tanto de su actual como de su pasado comporta- . el Estado no era tanto e! órgano efectivo de una clase determinada como un parásito a lomos de la misma clase (la gelttry) que había triunfado en 1688. CalDO el punto al cual retornaban el poder y los cargos. en la manipulación del crédito y en la incautación de cargos del Estado.. Marlborough recibió el palacio de Blenheim. pero se elevó rápidamente a regiones más altas. transporte u ordenanzas. apoyada una y otra vez por la multitud vociferante y turbulenta. así como la victoria en la guerra era con frecuencia seguida por el botín político. azúcar. Las rentas podían aumentarse mediante una administración competente y mejoras agrícolas. Incluso hubo un intento por parte de la oligarquía. La influencia política podía m'. o licencia para el comercio de esclavos con la América española. la tenencia de posesiones territoriales. Visto desde esta perspectiva.lxilTlizar los beneficios más que I1 ~ -~ la rotación de cuatro hojas. y los escupitajos en este caso tomaron la forma de sobornos no sólo a los ministros y a las queridas de! rey.1 j • I . Los jefes triunfantes de las guerras de Marlborough no sólo obtuvieron recompensas públicas) sino también enormes sumas sus- '1 . en ocasiones jacobita. por ejemplo. 1757-1900». se acumuló en grandes paquetes y los verdaderos agostos se hicieron en la distribución. A principios del siglo XVIII se creaba la riqueza en este nivel primario. a la misma élite aristocrática cuyos grandes dominios se estaban consolidando frente a los pequeños. la especulación comercial o un matrimonio afortunado. o el convertir un paquete de ingresos sinecuristas no [rtnados por vía notmal en posesiones hipotecadas. Walpole y IIenry Fax. a111JSarOn 1 • I fortunas du- l . por otra parte. y después olvidado. tabaco. tales como el cerramiento. 25-30. eseiavos). contratos. -~: asiento. en estos años. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE tLASES SIN CLASES? 23 de ningún modo menos lucrativa: el conde de Rane\agh. ' i' 11 I. I . Y así se vela. en gran parte tory. como propiedad absoluta. militar y naval necesarias para abrir el camino al comercio' La diplomacia obtuvo para la South Sea Company el 8. n. Cobham y Cadogan los pequeños palacios de Stowe y Caversham. té. Véase también los comentarios de lrfan Habib. entre otros.tlre 01 Politics at the Accessiol1 01 George JJI. y fue la expectativa de beneficios masivos de esta concesión 10 que hinchó la Somh Sea Bubble_ No se pueden hacer pompas (bubble) sin escupir. pero no ofredan las ganancias fortuitas que proporcionaban las sinecuras.O 32. cuyos impuestos y tierras velan transferidos por los medios t:1ás patentes a los bolsillos de los cortesanos y políticos wbig.¡ n . de confirmarse institucionalmente y autoperpetuarse mediante la tentativa de lograr el Peerage Bill (Proyecto de Ley de Nobleza) y la Septennial Act (Ley Septena!)_ El que las defensas constitucionales contra esta oligarquía pudieran al menos sobrevivir a estas décadas se debió en gran medida a la obstinada resistencia de la gelttry independiente rural. allanando el camino para conseguir un matrimonio que uniera intereses armónicos o logrando ~lcceso preferente i t ..

Para algunos adquirió (como en la ciudad de Londres) un contenido verdadero y renovado. contra la apropiación indebida de tierras públicas. CCCXLVI (1973). cuando estuvo en el poder. El l\cy. B.-. I la subsiguiente «matanza de los inocentes Pelhamitas». II. 747). aunque a más alto precio: \l.000 libra>: la l\cina. por encima y más allá del juego depredador. Critical and Historieal Essays. 1880. Nadie a excepción de Walpole pocHa haber esperado obtener tajes concesiones a través de los Comunes .24 TRADICIÓN. lllás el excedellte de todos los impuestos asignndos n ln lista civil. una generación de Whigs que Sidney habría desdeñado por esclavos.. la retórica se destinaba exclusivamente . p 746. Pero. La parte izquierda.' Pero uno de los interescs primeros de los depredadores políticos era limitar la influencia del rey a la de prillltls inter predatal·es. Surgía del miedo más real a que el monarca ilustrado encontrara lDedios para elevarse. D I1. P. «Considere. Así que el deber de \'7 alpole resulta ser el respeto mutuo de dos ladrones de cajas fuertes asaltando las cámaras del mismo banco. contra puestos y sinecuras.¡ las tribunas públicas. que llegaron a aceptar la palestra racionalizada e «imparcial» del mercado libre: abara uno podía hacer su agosto sin la previa compra política en los órganos del Estado. el patronazgo civil y eclesiástico. Ne"\1:castle. sino entre grandes sectores de la población: fue precisamente el atractivo de su imagen de patriota incorrupto 10 que llevó a \'7illiam Pitt.. Pitt era secretario de Estado.lno tratado con mayor generosidad. 9. su incapacidad polítíca era asombrosa. y tenía la dirección de la guerra y los asuntos exteriores. Nuncrl fue sohcr. los sucesores de los Raundheads en cortesanos». J. .> 10 . 800. 1969. también ciertas formas de privilegio y corrupción se hicieron odiosas a los hombres adinerados. "William Pitt and Public Opinion. al poder en una marea de aclamación popular. a pesar de la hostilidad.'. no sólo entre la gelltry menor. «tomó el tesoro. si no tienen todo el celo y afecto imaginables hacia su servicio y el Je1 Gobierno». p. Plumb. MSS de Blcnheim (Sundcrland). Es <<11uestro deber no permitir que ninguno de nuestros subordinados coma el pan de Su lvIajestad. racionalizado y burocr<Ítico.crvi1cs comisaríos de Adu1118S de Dublín al duque de Sunderland en agosto de 1715.000 libras al año. El ascenso de Jorge IU cambió de modos diversos los términos del juego político. El atractivo de un rey tan patriótico hubiera sido inmenso. (. resultó que era susceptible de ser comprado como cualquier político whig. calculados por 1-lcrvcy en otras 100.> (T. el Historiea! Review. Al ascender la manufactura en las escalas de riqueza frente al trasiego mercantil y la especulación.. dijo el Re:!. English ficación de un poder imparcial. pp. Macaulay. el «patriotismo» de Pia sólo se limitó a la parte derecha del gobierno.:que 10 que me tranquiliz:1 en esta cuestión e. De modo que toda la porquería de todos las ruidosas y pestilentes alcantarillas del gobierno se virtió en un solo canal. la 11. va a decidirse p:lra mi vida y para su vida. los conocidos «recelos» wbig de la Corona no surgían del miedo a que los monarcas hannoverianos realizaran un golpe de estado y pisotearan bajo stlS pies las libertades de los súbditos al adquirir poder nhsoluto." Esta caracterizaciún no sobrevive mucho tiempo· después de mediado el siglo.desaparecido) diez años antes del ascenso de Jorge IU. como personi- mayor. D. escribían los tres .7alpnle conocía su dchcr. 8. ronl"oneando de gratitud mientras su ministro se disponía a dirigirse a Jos Comunes.000 libras. la oposición sacó su vieja retórica liberal y le dio lustre. llDa cuestión que el Soherano no ull"dó en clptar ' . 12 Ihid. Por los restantes canales sólo pasó lo brillante y sin mácula. Los supervivientes taries procedentes de la gran gentry volvieron a las comisiones de paz. y la disposición ---le aquella parte del dinero del servicio secreto empleado en aquel momento en sobornar a los miembros del Parlamen:o.. 100. dice Macaulay. H. recuperaron su presencia política en los condados y abrigaron esperanzas de compartir el botín del poder. Langford. Las funciones parasitarias del Estado se vieron bajo constante escrutinio y ataque a destajo (ataques contra East India Company. le los políticos y de la Corte}! «Los sucesores de los antiguos Cavaliers se habían convertido en demagogos.~ . Sir Robel! 1Falpole. Si así era. Sir Robert). 1757». REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 25 miento». Cuando al ascender Jorge II pareció dispuesto a prescindir de \'7 alpole. lo que hará también su 't'anql1itidnd. 168-169. como la cúspide de una burocracia desinteresada. Pero el rey desafortunadamente malogró tvdo intento de presentarse como rey ilustrado. 10. El odio entre whigs y faries se había suavizado mucho (y -para algunos historiadores. Corría el rumor de que Pulteney ofrecía más. Durante estas décadas.. continuaron librando una guerra a muerte con una generación de Taries a los cuales Jeffreys habría colgado por republicanos». y continúa: «Durante muchos años.

1'e1·0 la visión alternativa que yo he ofrecido no debe producir sorpresas.\ d . No hav nada fuera de orden.. en el desuso de sus poderes paternales. y el équilibrio entre ambas (en política de ~<gucrra» y de «paz») nos conducen hasta la mayoría de las cuestiones de principio reales abiertas en Ja aLa política de mediados del siglo XVIII. eran adultos que consentían en su propia corrupción. Aparece. John BrC\ver. surgieron los Disi~ 15. o los recelos ~igilados.y. así como Ilmchos otros estudios eSl-'lecializados. en Su efectiva presencia militar. Pero ha hahido un cambio significativo en la reciente historiografía. 1966. en relación a sus funciones primarias era caro. Burgoss. por una clase media en progresivo aumento de profesionales e industriales. No me sorprende que el Talento necesario para ser un gran Hombre de Estado sea tan escaso en el mundo. Oxford. ~ ¡-1 1'1 1. Pero téngase en cuenta el análisis relevante en John Cannon. no como un órgano directo de clase o intereses determinados.Baily. Nos hemos acostumbrado a una visión algo distinta de la política del siglo XVIII. etc. por supuesto. cel. en la Fábula de las abejas de Mandeville y reaparece. Par/y Ideology ami PO/JUlar Politics at ¡he Accessiol1 01 George IJI. Cambridge. mercantil y fabril. La mezcla de debílidacl interna y fuerza externa. que hacer alguna salvedad. en Londres) hasta las tres últimas décadas del siglo. todo está incluido en «los criterios aceptados de la época». en una carta privada. crítica de la alta política que se encuentra en Los viajes de Gulliver y en Jana/ban Wilde. desde luego. después de todo. p. Clifford. también lo eran los /aries. 1973. meras décadas del siglo. en 1723 16 La idea constituye la semilla de la Beggar's Opera. 15 En las pri. presentada por historiadores que se han acostum~ brado a considerar la época en los términos de las apologías de sns principales actores.3. Así se expresaba John Gay. la 1. y.. 17. como teoría polí~ tiea. ampliamente ineficaz.'i ~l t'l 1. en la posibilidad que otorgaba al capita~ lismo agrario. 49.r. Pero una. en James 1. Letters of Jolm G. sin em~ bargo. pero su papel esencial parasitario persistió. nota 1. quizás. y sólo sobrevivió al siglo porque no inhibió seriamente los actos de aquellos que poseían poder económico () político (local) de facto. Desde «fuera. Des. con fines claros y con cohesión 17 Esta clase no empezó a descubrirse a sí misma (excepto. si los wbigs era depredadores. . or an Enquiry ¡nto Public Erron Defects and Abuses. puede legitimarse mencionando un ¡)recedente. que no puede hacerse es que el parasitismo estaba frenado. para realizar su propia autorrepro~ ducción." Si se advierte la corrupción.hteentlFCentury 13ritail1. mel1tary Reform. notablemente.).. Plumb. diplomátíca e imperial. pues como mejor se entiende el poder político a lo largo de la mayor parte del siglo XVIII es. Era cuando la debilídad inherente :l Sll parasitismo interno destruía sus venganzas en derrotas externas (\a pérdida de Menorca y el sacrificio ritual del almirante Byng. Los historiadores han desatendido generalmente esta imagen como hiperbólica. «En nuestra época la OpOSlC10n está entre una Corte corrupta a la que se ha unido una innumerable multitud de todos los rangos y posiciones comprados con dinero público. en las Political Disquisitions de Burgh. un lugar de compra donde se obte~ rlÍan o se incrementaban otros tipos de poder económico y social. Excepto en Londres. but"O~ cráticos y proteccionistas. 16. hacia un tomar más en serio bs relaciones entre los polít.re americano) cuando los elementos de la clase dirigente se veían empujados por el shock fuera de meros faccionalismos y a una política de principios clasista. Véase l II. y sé de qué modo consiguen Dinero y puestos. ParliaJ J ¡. Debo subrayar que esta es una V1510n del Esuldo vista desde «dentro». Camhriclge. de forma más fragmentaria. C. Es. Durante la mayor parte elel mismo." tl ~ lf':] ~.. 14. en parte en las sátiras de Pope y en parte en Humphrey Clinker.. Esta es. también la crítica de la vieja oposición «rural» a Walpole. 1976. pués de dos décadas de adhesión servil a Walpole. 45. sus miembros potenciales se contentaban con someterse a una condición de abyecta dependencia. en los suelos fértiles que ofrecía al laissez~faireIl Pero raramente parece ser un suelo fértil para el paternalismo.26 TRADICIÓN. 1774). 1968. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 27 reforma del Impuesto de Consumos. F.icos y la nación política «sin puer~as». sino como una formación lolítica secundaria. y la parte independiente de la nación» (Politícal Disquisitirms. p. naval. en «Vanity of Human Wishes» y «Londo11» de Johnson y en el «Traveller» de Goldsmith. directa o indirecta (como en la paraestatal Easl India Company) debe verse cun un aspecto mucho más agresivo. Hay.>. Su mayor fuente de energía se encontraba precisamente en la debi~ lidad misma del Estado. «La Vieja Corrupción» es un término de análisis político más serio de lo que a menudo s" cree. la comparación entre la alta política y los bajos fondos era un recurso corriente de la sátira: Sé que para parecer aceptable a los hombres de alcurnia hay que esforzarse en imitarlos. dado que tan gran cantidad de los que 10 poseen son segados en lo mejor de sus vidas en el Old. Man versus Sociefy in Ei. ({Political Mao». ed. el desast. hicieron pocos esfuerzos (hasta el Association Movement de finales de los años 1770) para librarse de las cadenas del soborno electoral y la in~ fluencia. 1640~18J2. No deberían hacerlo. Cambridge.

The Complete Wl'itil1gs 01 1VíIliall1 E/alce.. 152). ({Polítical I'v1an)}. Como hombres de la Iglesia. o tierras y status de gen!!'y. 1957. «11 nbril1779 T-Tahía Coches en la Tglesia. en op. Plllmb.¡ ~ ~ . Primero. pp. «El correo de todo miembro del Parlamento con las más mínimas prctel1sioncs de illflucncia eSlnba repleto de ruegos y petícíoncs de votantes para ellos. p. mercaderes. en quc solicitaban pues. no se ofendhn por recibir una propina del sefior 18 en llna boda o un b<lutizO. Díckinson. Para comentarios terribles sobre deferencia e independencia. Los principales atenuantes a este dominio eran cuatro. «The Eightecnth-Century Debate Ot1 the "GlorloUS Revolutioo'". sus asen as abrasan los pies incluso en los tranqnilos y racionalistas períodos de la prosa ele Godwin. y fl menudo preguntaba acerca de ella.:. Africa y Levante. 36. H. 446). Aunque la oposición del campo a \Xlalpole tenía dcmalldas centrales qlle enm democráticas formalmente (parlamentos 811u31es. riográfiea a sobrec1estacar el elementl' de deferencia en la sociedad del sigll' XVIII..in restricción sobre otra. pp.1de1antándose a otras expresiones articuladas. 22. disminución de fllncionario~ y de la corrupción. con sus concomitantes humillaciones y sus obstáculos para la carrera abierta al talento. no encontramos clase media alguna industrial o profesional que ejerza una limitación efectiva a las operaciones del depredador poder oligárquico. con manto whig. ed.¡ 28 TRADICIÓN. . sus cartas respetuosas. op. cd. p. H. si no hubiera . la mayoría adulaban para obtener ascensos. un hombre en la sitcaeión. se encontraban dentro de los 1ími~ les de la dependencia. «The PrincipIes ano Practice of Oppositiotl: The Case of Bo1íngbroke Versus \Valpole».ccrtara un requeño presente.. 21. 19. y deseaba tener alguna propia. como el párroco \Voodforde.) En general.. Los whigs hannoverianos también apoyaban las cualificadones de gran propiedad pata los miembros del Parlamento (Cannon. Historical perspectives. pero incluso las "rtes permanecieron coloread"s por su dependencia de la liheralidad ele sus mecenas. Esta tradición es la única que sale ele la primera mitad del siglo cubierta de honor.)o.l. 1972. movió gran parte del radicalismo intelectual de principios de los años 1790. 1974. 250. n.. las fuentes tienen la tendencia histo. y (para la continuidad entre la plataforma dd viejo partido del Campo y los nuevos whigs radicales). l"s clases medias se sometieron a una telacíóll de clicnte1ismo.. ban (con resignación) a la mesa de sus protectores y. cit. terminar con el ejército regular.40. administradores. la demo~ cr"cÍa que <:e pedía era desde luego limi~ada. cel. en las Compañías de India Oriental. eemban y bromca. Brewer." ). El afortunado mercader de Birmingham. 19. tos o favores. LXI. op. tutores. a Bengala.' 201 (febrero 1976). etc.'o El aspirante a profesional o conlcrciante busc<lba ll1enos el remedio a su sentimiento de agravio en la organiz"ción social que el1 18 tnovilid"d social (o geogdfica. esta condición de «cliente». etc).0. en el Association Movcment de los años 1770 22 En segundo lugar. la consecuencia habría sido necesariatnente la anarquía. . dentes con su recompensa: .6.. inmediatamente después de la Ceremonia. cit. I ' ':-~ . p.. el tw:::r .:¡ nota ele Blake a sir ]oshlla Reynolds: «¡Liberalidad. en la Iglesia. Cincuenta añDS pasaron sin que pudicran lograr la dcrogación del Test y las Corporation Acts (Leves Corporativas). en las colecciones de manuscritos de los grandes. 216·218. Puestos en las Adunnas y Consumos. reaparece. p. 1817. ningún atenuante al dominio parasitario. C01110 registradores.)0 diplomático. Vé85C Mary Thmlc." El profundo resentimiento generado por 18. 1ntent"ba comprar la inmunidad a la deferencia adquiriendo la riqueza que le proporcionaría «independencia». a la gentry terra~ teniente (frente a los intereses monetarios v de la Corte). sus parientes o subordinados.'CO de que fl. o al "Occidente» de Enropa: al Nuevo Mundo). forzosa. ya hemos hablado de la tradición en gran medida lor)' de la pequeña gen!Yy independiente. está la prensa: en sí misma una especie de presencia de clase media. res no revel"d Su verd"du·a opinión. p. o cmüquicr otro lugar doncle los deberes h~eran ligeros y los s:lbrios estables» (J. QUCfemos precios j\JS\()S y Valores Pro porcion:ldos y llD~ demanda genrT:ll para el Arte) (Gcoffrey Kcynes. El Sr.10. en general. The Auto.j I ~ ti ~j . Cambridge. T. Véase el útil análisis de Quentin Skinner (que. OClsio1l81mclTte un individuo podía librarse. cit. en ~odos lüs departamentos" del Estado desde porteros a füncionarios: trabajos en la Corte para la verdadera gef1try o sinecuras en Irlanda. 196.» (The Dia!')' 01 a Cou17try ParsOIl. en el Ejército y en la Armada. 1 :~ I. como quedaba chlro en la constante defensa tory de las cualificaciones de propiedad territorial ]Jat"fl los miembros del Parlamento. Dio tarnbién al oficial 0. 36). .'500 libras asignadas al mcritorio clen'.'~ . no toma en consideración la dimensión de la nación política «sin puertas}) a la que apel6 Bolingbroke). History. vi que contenía no Inenos de ]8 suma de 4. 253-255. William Button.1iogI'Jph)' 01 Fra!Jcis Placc. De ::lC]uí la iracllnd. 177). una facción baciendo presa :-. sin embargo.. de solicit"r favo. anoUl en su flutobiografífl la forma en que llegó a comprar tierra por pümera vez (en 1766 a la edad de 43 f1ños): «Desde que tenía ocho años había desarroll<1do el amor {l la tierra. estaba envuelto en un pedazo de p3pcl blanco muy fllTcglado y. ::11 abrirlo. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CeASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 29 :~ .~ I ¡ ¡ . abogados.habido frenos de ninguna clase. están preservada. 6). en Neil McKendrick. Pero. y " • " pp. Se me acerc6 con el clC.3.. nna presencia que extiende su alcance al extenderse la alfabetización.. Este ardiente deseo del barro nunca me 8b20donó .4. De modo que." (Como talcs...1 no queremos liberAlidad. Custance. 20. al menos durante las primeras siete décadas del siglo." (rhe Lile 01 \Villiallt Hullan.

La relación entre In gentr)' y la multitud es el tema particular de este trabajo. «Existe una mutualidad en esta relación que es difícil no analizar al nivel de relación de clase. 2'5. cit. En momentos de autorreflexión y autodramatización. y continúa siendo. hasta los pobres (y entre todos ellos. La debilidad de la autoridad espiritual de la Iglesia hizo posible el resurgir de una cultura plebeya extraordinariamente vigorosa fuera del alcance de controles externos. véase también Brewer. la líteratura. Como ha observado Alasdair Maclntyre: «Para la naciente sociedad burguesa.. sin embargo." 1 (1971). cap.~: ~\ 30 TRADICIÓN. Para la clase dominan~e británica. Hay otros motivos. de poder y la begemonía cultural de la gentr)' no se ve amenazada. No sólo era la conciencia de la plebe distinta a la de la clase obrera industrial. Existe. en E. y lejos de resistirse a esta cultura. \711. Este. XIV. existe «la Ley». En «Patrician Societv. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 31 al aptender por sí misma a crecer y conservar sus libertades L1 En tercer lugar. 196().' Pero esta conciencia vertical no estaba Mada con las cadenas diamantinas del consenso a los gobernantes de la sociedad. Las fisuras características de esta sociedad no se producían entre patronos y trabajadores asalariados (como en las clases «horizontales»). no representa nna -:: «crisis» del antiguo orden. o como pagadores de impuestos o evasores del impuesto de consumos (contrabandistas). siempre que la gentry satisfaga ciertas expectativas y realice ciertos (parcialmente teatrales) papeles. y que servía como autoridad «imparcial» arbitrante en lugar de la débil y nada ilustrada monarquía. pasando por los profesiol1elcs. ed. (Este es uno de los motivos por los que he adoptado el término plebe preferentemente al de clase obrera). P!ebeian Culture»" he dirigido la atención hacia la erosi6n real de las fonnas de control paternalistas por la expansión de la mano de obra «iibre». 8. op... en este punto) no es tanto cómo se expresaba esta relación (ello ha sido. 205. p. económicas o patrióticas. contenido en las viejas estructuras 23. pp. del lenguaje. uno de J ~ los temas centrales de mi trabajo) cuanto las implicaciones teóricas de esta formación histórica en particular para el estudio de 10 lucha de clases. la historia y la filosofía de la cultur3 grecorromana.) En cuarto y último lugar. una burocracia corrupta e ineficaz. 24. sobre su linaje. o por otras cuestiones «horizontales». a través de la neblina del verdor que rodeaba sus parques.O 4 (ver3no 1974). y. 258-259). n. Out 01 Apathy. que estaba en su mayor parte dirigido contra la gente de tipo disoluto o levantisco. pero que a ojos de los grandes aparecía. elevada durante cstc siglo a un papel más prominente que en cualquier otro período de nuestra historia. Thompson.2. Histm·ical J(Juma!. Los siguientes tres Jl~¡rrafos otrccen un resumel1 de mi artículo en el Joumal 01 Social Hi5/0I'y.. compuesta de «tipos disolutos y levantiscos».1 extensión Jlt0vincial. prescntaba un aspecto totalmente distinto. El Derecho Civil proporcionaba a los intereses en competencia una seLÍe de defensas de Su propiedad. y es posible que desUque que yo no doy «plebe» como térmillo universalmente válido de todas las sociedades en la «etapa» de «protoindustriali7. Coffee Houscs and Cluhs: local Po!itics and Popular Articul<1C}' in the Dirmingham Area in thc Agc of the American Revolution». sino también sus formas características de revuelta: como. Yo sostengo que debemos considerar a la multitud «como era. Véase Brewcr. n. la gen/r)' más tradicional le otorgó un cierto favor o lisonja. o{J.ncióm~. v las reglas del juego sin las que todo cllo habría caído en la anarquía. y una democracia que of1ecía a las activas intromisiones del poder poco más que una retóricc. cit . . aun cuando este cambio es sustancial y tiene consecuencias signiLícativas para la vida política y cultural de la nación.. los dos primeros grupos intentaron en ocasiones cOlubinar la oposición al sistema con el anoni~ mato). el «contrateatro» (ridículo o ultraje de los símbolos de autoridad) y la acción rápida y directa. «Taverns. está la omnipresente resistencia de la multitud: una multitud que se extendía en ocasiones desde la pequeña gentr)'. III Pero lo que a mí me preocupa. P. por ejemplo. para un ejemplo de 51. el mundo grecorromano (más específicamente la Roma republicana) proporcionaba un modelo sociológico y político muy coherente con respecto al cual medían sus propios problemas y conducta. sino por las cuestiones que dan origen a la mayoría de los motines: cuando la plebe se unía como pequeños consumidores. sin amos. los gobernantes de la Inglaterra del siglo XVIII se veían como patricíos y al pueblo corno plebe. Pero. John J\·10ncy. una reciprocidad en la relación gentry-plebe. y uno es históricamente específico a la sociedad británica del siglo XVIlt. La educación clásica ofrecía «el estudio de tnda una sociedad.» Yo acepto el argumento de que mucbos artesanos urbanos revelaban una conciencia «vertical" del «Oficio» (en lugar de la conciencia «horizontal» de la clase obrera industrial madura). la tradición anónima.> (<<Bteaking the Chains oE Reasom>. libertarias. el mundo grecorromano proporcionaba el manto que llevan los valores humanos}). en las décadas centrales del siglo. (El Derecho Criminal.

de análisis de 29. Estandartes.. Plumb. pp. ni las actuaciones públicas y ban· deras de le multitud sin derecho al voto. etc. Comlnol1s Journals.32 TRADICIÓN. 1970.. Entre los remedios que se proponían se encontraba la rigufosa exclusión de tocla persona no habitante o votante de estas ciudades durante el período de votación. y la prohibición de «todo tipo de Banderas.Prescl1t (de próxinu aparición). después de 1715 y el Septennial Act (17lh): las determina· ciones cada "cz más estrechas de la Cámrlra sobre el voto local (véase Cannon. Brcwer.» No era 1m precio que se pagara con gusto. dar licencia a la multitud. incluso para el Gran Hombre.JO. indica que algunos de sus allegados deseaban ir más lejos: <~L8S personns nocivas o alhorotadoras .o que le recuerden n uno que el duque de Newc:\stle hizo su aprendizaje político congregan Jo una multitud. Y ellos.el término "clase». A lo largo de la primera mitad del siglo. más allá de los límites de 10 posible. los jueces de paz debían tener poderes para vincular a los trabajadores que dejaran su trabajo sin terminar. tirar piedras.le Motines).. 34. y veo la clave crítica de este equilibrio estructural en la relación gelllr)'-multitud en el «recelo» de la gen/r)' hacia el Estado. Esto da un relieve mucho m~s preciso al proceso contrario. Es ~:-. Tbc Electorale Ortd tbe NElfÍOJlol 1. «Popubr Prolest in Early Hanoverial1 London».. ha sido mostrado en ba~tantcs estudios: J. lo menos desde la época de los motines de Sacha. 28. Aibio!!.ban a la licenciosa multitud. {(Ne\\'castlc's Moh». Skilmer. cit. Cambridge University Librar)'. pp.. Hace unos quince aoos concluí un ttabajo.wera 1973).ldo en expansión. nunca alcanzó el libto de estatutos. Estaba.~s detcs(. Para el breve episodio de la organización de muchedumbres camorristas rivales en Londres a la subida de Jorge 1. los 1Ubi. Speck.. indefel'enciado. el desuso de las elecciones. 16-19. «El precio que atistocracia y gé'll/ry pagal0n a cunbio de una mnnarquÍ<] limitada y un Estado débil era. a su vez. forzosamente. 41-49). la compra y control de distritos. Este es el contexto central estructural de la reciprocidad de relaciones entre gobernantes y gobernados. Pf]St alld Fresen!. IV Parece necesario. \'éase \YJ. En el momento de 10 subida de Walpole hubo indudables intentos de encontrar una solución más autoritaria al problema del poder y el orelen.. etc. y mayores poderes aún para castigar a servidores holgazanes y revoltosos. pp. Adem. etan impuestos por un especial equilibrio de fuerzas que no puede. un comité nombrado para estudiO[' las leyes relctivas a los trahajadores agrícolas informó a favor de que se extendieran amplios poderes disciplinarios sobre toda la mano de obra: los jueces de paz debían tener autoridad para obligar a los trabajadores mascu· linos no casados a cumplit un servicio anual. el nombramiento de condestables extraordinarios con poderes extraordinarios. p. H.\7ill in lhe First Age 01 Part}". 1977. divisas o distintivos políticos. Y su útil capítulo «Pndding Time)~. se!' analizado sin recmrir al concepto de clase. El ejército permanente se convirtió en uno de los recursos normales ele gobietno. 96-97. en particular. C(holmolldeley) P 64 (39). Y especialmente el muy meticuloso an. 164. l7Dl-1715. Tory alid Whig: The 5tmggle ill ¡he CO!Jstituencies. l1n<l vez yo mismo me pu~c a la Glhez<i de una.'o No se pCfmitiría ni la acción directa. cit." 1 (prim. XLV (1969). después de todo. W. como rccordnba él en 1768 (<<Adoro a la muchedumbre. A. 6. University of Lancaster. Colores o Insignias». en general). debiendo dobla¡' el castigo en los casos de delincuentes que no fueran votantes. algo prolongado. p. op." El proyecto sin fechar de «secciones de una ley para evitar tumultos y mantener la paz en las elecci~nes» que se encuentra entre los papeles de \>V'alpole. H (oughtoll) MSS. . V. Debemos 1:1 sucesión hannoveriana :1 la muchedumbre" J. Fitt~. 1976. «The Gtowth of the Electoratc in England fmm 1600 to 1715». . Cualquier licencia otorgada a la multitud por los wbigs dmante estos años surgía menos de senti· mientos de libertad que de un sentido realista de estos límites. 27. verell buscaron la oportunidad de frenar Sil :lcción2(· E!los [n(ton los autores del Riot Act (Ley .1r1<1 compleja y delicada polmidad de fuerzas en su propio contexto». y Nicholas Rogers. Past ond . la debilidad de los órganos de éste y la especial herencia legal. Spcck. romper ventan8S.ombro. XX (11 febrero 1723-4). El c 1mbio crítico hacia una oligarquía disciplinéldJ se produce a comienzos de los años 1720: es decir. multas y penas l)('1' causnr desórdenes electorales. Stability ond Strifc. op. Ofi· cit.. véase James L. frecuente· rOl: 2(¡. en el momento en que la ascendencia de \~Jalpole anuncia <.ís de Cannol1. operando dentro de 1. debía consolidarse la estimación de jornales."7 El patronazgo local se apretó y se limitaron los obstáculos electorales. mente se reúnen de modo tumultuoso o amotinado» en las ciudades durante las elecciones. sin embargo. La energía de 1m clector. La ley.ilisis de Gcof(rev Holmcs. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 33 sui gelleris} con sus propios objetivos. una vez más. explicar cómo entiende el historiador -o cómo entiende este bistoriador.estabilidad política». n. A." Durante el mismo Parlamento que aprohó el Black Act (Ley Negra).

clase puede ser reducida a una auténtica medida cuantitativa: determinado número de seres en esta 11 otra relación a los medios de producción. esto proporciona una fácil justificación para la polftica de «sustitución»: es decir.¡ji3. trad. o bien sociológica O heurística. . otr0s. generalmente entre una nueva generación de teóricos marxistas. 4) Quisiera decir que el uso marxista apropiado y mayoritario de clase es el de categoría histórica. E. y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas.~ '- " un momento particular de la formación de las clases. es una categoría histórica. O clase es aquello a lo qne la gente cree pertenecer en su respuesta a un formulario. que admiten comparaciones transnacioO<11es. Por el contrario." No obstante. No es mi intención sugerir que un análisis estructural estático como éste no p'lcch ser lanto valioso como esencial. peto no es este el lugar para hablar de autoridades en sus escritos. etc. " ? . Pero 10 que nos da es una !(Í~dC. El prefacio era. párrafo 7) y nota 36. y esperamos encontrar ciertas regularidades.] porcionarnos los determinantes objetivos de la clase: por ejemplo como exprestones de relaciones diferentes de producción.: La jorml1Ción históric{/ de la clase obrera. En una de sus [otmas (generalmente leninista). Sabemos que hay clases p01'que las gentes se han comportado tepetidan1ente de modo clasista. Bflrcc1ona.a de la investigación histórica. etc. evidencia de ulla ulterior en~ trega al empirismo. Ambas son diferentes. en térmii10s más corrientes. Desde luego no admitimos que estén sólo en nuestras cabezas. Oxfotd t 1977L y no la conclusión o la ecundón históricas. ~ vnl" T. etcétera. además.. ha quedado claro en años recientes que clase como categoda estática ha ocupado tamhién sectores muy influyentes del pensamiento marxista. no obstante. es el uso que generalmente se encuentra en la práctica histc1rica de Rodney Hilton. según 111i uso del térm111o. Pero quizá debiern rdormularlas y matizarlas. está detivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo. historicismo. Es fácil suponer que las clases existen. 1977.':1 r . Teotizamos sohre estn evidencia como teoría general sobre las clases y su formación. Estas personas tienen formas mucho mejores par" definir la clase: definiciones <¡ne pneden. y en un momento dado (la formación «madura» de la clase) observamos la creación de instituciones y de una cultura con notaciones de clase. nuevamente la clase como categoría histórica -la observación del comportamiento a través del tiempo. En el prefacio hice algunos comentarios sobre las clases que concluían: «La clase es definida por los honbres al vivir su propia historia. estos sucesos histórÍcos descubren regularidades en las respuestas a situaciones similares. especialmente de la generación mayor. 33. ponderado y surgía tanto de la práctica histórica como de la teórica. Creo poder demostrar que es este el uso del mismo Marx en sus escritos más históricos. 34 TRADICIÓN. ser rápidamente aprehendidas dentro ele la pr{¡ctien teórica y que no conllevan la fali!. Hobsbawm. bastante extendida. auoque grao parte de lo que se argumenta sob1'e las clases sólo existe de hecho en nuestro pensamiento.I~ II ~ I ~ ~ ~ I··~ ¿ ~. En términos económicos vulgares. (Yo no partía de bs conclusiones del prefacio: éste expresaba mis conclusiones. «etapas» de desanollo. esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica positivista. es la única definidón».l determinante (en el sentido de «poner límites) y «ejercer presiones»: \'éase el análisis de importancia etÍtica del determinismo en Raymond \'\Tilliaros. pero ambas emplean categorías de estasis. es decir. De un modelo estático de relaciones de producción capitalista se derivan las clases que tienen que corresponder al mismo. en este punto. y.. determinado número de asalariados. 1) Clase. Véase tamhién más adelante.\farxism and Literafure.1 evidencia histórica sobre la que tiene como misión teorizar. yo sostendría las mismas conclusiones.<8 Hi ¡ 1 • . The Making 01 Ihe Eng/ísb Workil1g Class (edición Pelbn). Según mi opinión. hace teoría de modelos y estructuras que deben supuestamente pro31. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 35 j I I I ~ . que esta afirmación tiene que ser o bien «inocente» o (peor aún) «no inocente»: es decir. que estas relacíones de producción = a estas formaciones de clase. se da el Caso en exceso frecuente de que la teoría preceda a 1. trabajadores de cuello blanco. al final. sino dentro de nuestro propio pensamiento. o.. y después de más de quince años de práctica. . ele Ángel Abad. 11. no como un proceso histórico. se.) En términos generales. Es sin duda el uso de muchos (aunque no todos) de los que se encuentran en la tradición británica de historiografía marxista. p. y mucho . [Hay trad. ]a «vangllardi:1. Cristopher Hill.ha sido dejada de lado.» que sabe mejor que la clase misma cuáles debea ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta." 3) Partiendo de este (falso) razonamiento surge la noción alternativa de clase como una categoría estática. cast. Según una muy popular (generalmente positivista) tradición sociológica. 2) Pero.31 Se supone hoy. Si 32.

encuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. l~ ii l1 iI 11 i¡ ji .! explicar el dominio idcológico y la mistifi5) Si volvemos a la ehse como categoría histórica. p. cl"se seg!ín su uso moderno sólo fue ~\s('qulblc al sistema cognoscitivo de las gentes que vivían en dicha época.-Cla~s Consciousncss 1\1 l-1ístory. ef. En mi opinión. que clase. si empleamos la categoría estática de clase. Por el contrario. R: «Bajo el capilalismo la clase es 1. en la IngLllerra. p.. no es por su perfección como concepto.ltal histó1'Íco de la formación de las clases. en un sentido dLstinto. no sin dificultad pero con éxito notable. mientras que «lucha de clases» ha sido utilizado. ~. 5-h. cn Althusser-. Es pnsiblc observar. está también. fases del proceso real histórico.1 1 (mucho más sofisticada) -por ejemplo. cd.· no las primeras. La clase y la conciencia de clase son ~iempre las últimas. A pesar de ln sofisticación ele esta teoría. que desestima el veTdadero proceso CXl'crilllc. si se consideraban a s! mismos y llevaban a cabo sus batallas históricas en términos de «estados» o «jerarquías» u «órdenes». por los historiadores de sociedades antiguas. preJfnte en la (!vidrllda misma. micntrHs que en épOG1S prcGlpitalistas no puede ser nl<Ís que una construcción analítica que (h ~enticlt1 [t 1l!1 complejo de datos de otro modo inexplicables). Hobsha'\vm. en su uso heurístico. no obstante. es inseparable de la noción de «Iucba de clases». los tesultados son mny similares a la versión vulgilt econó- mica. Esto es.todavía encontramos l'n3 categorb profundamente estática. a) Es cicrto que el uso moderno de clase surge del m¡]fCo ele la sociedad inelustrial capitalist" del siglo X1X. la clase y los problemas de la concie:ida de c1ase son inseparables. [. Hobsbawm. 6) Esto viene a destacar. Francia o Alemania industriales.. ibid..>. instituciones de c1asc. 6: "Para los prop6sitos del historiador .. Si decidimos continuar empleando la categoria heurística de clase (a pesar de esta dificultad omnipresente).1 imprin1icio su propia cspccificidnd hi~t()rica. comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase. empíricamente observahle. feudales y modernas tempranas. snrgc a menudo la confusión cuando nos trasbd:unns de 11110 ~. una categoría Q11C sólo halla su definiciór.. las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados (crucialmente. al utilizarlo.:'4 En mi opinión. que miran en derredor. 1971. pnrtidos dc cbsc. o si 35. en relaciones de producción). sen lo que' fuere lo que ten23) es una «falsa conciencia». lucha de clases es un concepto previo as! como mucho más universal. identifican puntos de interés antagónico.'mentC' CX1)crimcntada. no obst:mte. dentro de una totalidad estructurnl altamente teorizada. 1. 11!1sta cierto punto. teDría althusserianil tiende a tener un arSe- nal teórico mayor pet .. y llegan a conocer este descubrimiento como conciencia de clase. etc. Por ello no podemos (en el idioma inglés) hablar de ducba de estados» o ducha de órdenes». y estos historiadores. sino por el hecho de que no disponemos de otra categoría alternativa para analizar Uf' proceso bist6rico universal y manifiesto. entonces al describir estas luchas históricas en términos de clase dehemos extremar el cuidado contra la tendencia a leer retrospectivamente notaciones subsecuentes de clase.'" Pero. Ambas tienen Jna noción parecida de dalsa conciencia" o «iclcologh\}). eL E. aunque b cación de ]a conciencia.) como catcgoría heurística o analítica para oqw. le han impuesto sus propios refinamientos y matizaciones al concepto con respecto a su propia especialidad histórica. REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 37 ocurriera que «ést~l» no tuviera conciencia alguna. el concepto puede utilizarse con propiedad en Jl11bos sentidos.l otro. De aquí q\IC el concepto no sólo nos permita organizar y analiznt la cvídencin. Si la clase no era un concepto asequible dentro del propio sistema cognoscitivo de la gente. b) Debemos guardarnos de esta (anacrónica) especificidad histórica cuando emDleamus el término en Sil segundo sentido pnra el análisis de sociedades "nteriores " la revolución industrial. en Is\v>in Mcszaros. En realidad. se ha prestado una atención teórica excesiva (gran parte de la misma claramente abistórica) a «clase» y demasiado poca a <<lucha de clases». cu1turns de c1nsc. En 11na forma flltcrnativa I .1se y. Vl-ilSC tflmbién ¡/lid. pero no exclusivamente. ctc.nízaf la evidencia histórlcD. AS{1ects 01 f-h~!r7ry a/1J Class C(lI1scint/sl1css.111<1 rcalilhid inmcdiaLl y en cierto sentido C\ircct. experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los explotados). le t).) con una correspondencia 1ll1lcho menos directa . Para expresarlo claramente: las clases no existen como entidades separadas. es posible ver que los histori~\d(lrcs pueden empIcar el concepto en dos sc_ntidos diferentes: a) referido a un contenido histótico real correspondiente.ii I 36 TRADICIÓN. pp. Clase en su sentido más pleno sólo llega a existir en el momento hjst6rico en que la cIase empieza a adquirir conciencia de sí misma como tal. correspondencia de la categoría con la evidencia histórica se hace mucho menos directa. Pues la 34.. Esta evidencia bistó rica a su vez ba chelo origen Jl concc'pto milc1uro de c1.

en lugar de surgir su existencia de la lucha. pues. La economía política marxista. El hecho de que en otros lugares y períodos poda. construye una totalidad en la cual las relaciones de producci6n se proponen ya como clases. propiamente dicha de la nistoria es más verdadera o más real que otra. . Ninguna formación de clase 36. prisioneras de la contraria. septiembre 1978. Lo que debe ocuparnos es la polarización de intereses antagónicos y su correspondiente dialéctica de la cultura. el «equilibrio paternalista» en el cual ambas partes de la ecuación eran.1'· } ~ ~. véase Robert Brenner. En el siglo XVIII la resistencia es menos articulada. vemos que la explotación (econ6mica. titucionales. y clase se define a sí misma en su efectivo acontecer. 7) Espero que nada de lo escrito anteriormente haya dado pábulo a la noción de que yo creo que la formación de clases es independiente de determinantes objetivos. De modo que.38 TRADICIÓN. aunque a menudo muy específica. no significa que 10 que se exprese de modo menos decisivo no sea clase. directa y turbulenta. militar) se experimenta de modos clasistas y sólo entonces da origen a la formación de clases: véase mi «An Orrery of Errors». y que luchan porque existen.. en este sentido.¡ ~ • '. REVUELTA Y CO~SCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 39 -. conscientes e históricamente desarrolladas) con sus expresiones ideológicas e ins. o del sofisticado marxismo newtoniano según el cual las clases y las fraccion~s de clase realizan evoluciones planetarias o moleculares. posibilidades." Estamos abocados. One. pero no tenemos por qué esperar encontrar el caso especial del siglo XIX. Todo este escuálido confusionismo que nos rodea (bien sea positivismo sociológico o idealismo marxistaestructuralista) es consecuencia del etror previo: que las clases existen. Las clases son formaciones históricas y no aparecen sólo en los modos prescritos como teórica. en su acontecer dentro de las sociedades industriales capitalistas del siglo XIX. «Agradan Class Structure and Economic Deve10pment in Pre-Industrial Europe». ningún modelo puede proporcionarnos 10 que debe ser la «verdadera» formación de clase en una determinada «etapa» del proceso. etc. Si no 10 hacemos. como una proyección geométrica. así como por la de otros muchos historiadores. dentro «del conjunto de relaciones sociales». hasta cierto punto.\ mos observar formaciones de clase «maduras» (es decir.( ¡ mente adecuados. ~ ~ ~ obtenemos nuestro concepto del modelo teórico previo de una totalidad estructural. Para los de!crminantes de la estructura de clase (y de la propiedad de relaciones de «extracción de la plusvalía» que imponen límites. Debemos esperar encontrar lucha de clases. '" 1 sJ ~ I li i ~ B) ' .." Pero no hay examen de determinantes objetivos (y desde luego. no lo creeremos así: creeremos que la clase está instantáneamente presente (derivada. 1 ~ j . ha sido refutado por mi propia práctica histórica. que clase puede definirse simplemente como una formación cultural. Reasoning. 31-32. de las relaciones de producción) y de ello la lucha de clases. Es cierto que estos determinantes objetivos exigen el examen más escrupuloso. esp . Existe una resistencia muy articulada a las ideas e instituciones dominantes de la sociedad en los siglos XVII y XIX: de ello que los historiadores crean poder analizar estas sociedades en términos de conflicto socia1.. Merlin Press. y al modelar estas experiencias en formas culturales. a las interminables estupideces de la medida cuantitativa de clase. espero. al caso especial del siglo XVIII.. y al dejar su huella en la categoría heurística de clase. los motines espontáneos y «ciegos». no son más que casos especiales de las formaciones históricas que surgen de la lucha de clases. Peto cuando volvemos desde esta estructura abstracta al proceso hist6rico pleno. entonces.. y «modelos a largo plazo» en las sociedades de la Europa preindustrial). modelo teórico obtenido de él) que pueda ofrecer una clase o conciencia de clase en una ecuación simple. Las clases. 37. en un proceso analítico necesario. corremos el peligro de convertirnos en prisioneros de los supuestos de la propia imagen de los gobernantes: los trabajadores libres se consideran de «tipo disoluto y levantisco».~ ~ • . Por ello debemos suplir parcialmente esta articulación descifrando la evidencia del comportamiento y en parte dando la vuelta a los blandos conceptos de las autoridades dirigentes para mirar su envés. '. con una cultura y unas expectativas heredadas. al final. más útil que las nociones de «sociedad de una sola clase» o de consenso.. Todo ello. En mi propia práctica he encontrado la reciprocidad gentry-multitud. Las clases. y ciertas clases importantes de protesta sodal se pierden en la categoría de «delito». Pasl and Present. v Volvamos. Las clases acaecen al vivir los hombres y las mujeres sus relaciones de producción y al experimentar sus situaciones determinantes. no pueden de hecho reclamar universalidad. LXX (febrero 1976). independientemente de relaciones y luchas históricas. Pero existen unos pocos fenómenos sociales que no revelan 1 ~ ~i ~ l. pp.

en ocasiones. y la prefiero.40 TRADICIÓN. en Sll picaresca mofa de las próvidas virtudes burguesas. los grupos profesionales y comerciantes vinculados por líneas de dependencia magnética a los poderosos o. Incluso aquí. sin embargo. escondiendo sus rostros en una acción común con la multitud. en la que los niños se incorporan a la sociedad con un sistema de valores con patentes notaciones de clase. de defender prácticas antiguas de derechos al común. en su nivel experimental. en su resistencia a la homilia religiosa. . a ~t1S metáforas subsecuentes de «base» y «superestructura». alimentada por experiencias muy distintas de las de la cultura educada. Esta metáfora permite entender no sólo la frecuencia de situaciones de amotinamiento (y su dirección). en el sentido de que se puede hablar de una cultura obrera. con la multitud en un polo. fue la respuesta de Walpole. o de los jornalero:. transmitida por tradiciones orales. Así es prácticamente como veo yo In sociedad del siglo XVlII. como con un «campo de fuerza» societa!. «Sólo una corona. de clase. Señora». Pero me parece que la metáfora de un campo de fuerza puede coexistir fructíferamente con el comentario de Marx en los Grundisse de que: en En toda forma de sociedad es una determinada producción y sus relaciones las que asignan a las demás producciones y sus relaciones rango e influencia. las pelucas empolvadas y el vestido de los grandes deben también considerarse -como se quería que fueran considerados. en el siglo XIX. por parte de la comunidad agraria. Es una iluminación general en la que se mezclan los restantes colores y que modifica sus tonalidades específicas. No sé si esto puede parecer herejía a otros marxistas. entre el auditorio del teatro de hegemonía y control clasista. Pero 10 que yo sostengo en este trabajo es (en la misma medida que '8. nos encontramos no tanto con una reñida e inflexible batalla entre antagonismos irreconciliables. Horace Walpole. expresada en Simbo los y ritos. 106-107. y muy distante de la cultura de los que tienen el dominio de Inglaterra. Para una traducción ligeramente distinta. Yo prefiero la metáfora de Marx. que estaban uniformemente distribuidas. cada vez más por medios literarios). sino a las relaciones económicas rocxi~tef1tes dominante y subordin::lda. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 41 un significado distinto al scr sometidos " este examen dialéctico. Pero no puedo entender esta cultura. en diversos aspectos. se arremolinaban en un polo o en otro. «iluminación general» y «tonalidades» se presentarla hoy en un lenguaje estructuralista más sistemático: términos en ocasiones tan duros y de apariencia tan objetiva (como el «represivo» y los «aparatos ideológicos de Estado» de Althusser) que esconden el hecho de qne signen siendo metáforas dispuestas a congelar un proceso social fluido. !I. reproducida por ejemplos (quizás al avanzar el siglo. ni me preocupa." Utilizo por tanto la terminología del conflicto de clases mientras que me resisto a atribuir identidad a ulla clase. mientras que entre medias las limaduras que permanecían en su lugar tomaban el aspecto de alineaciones dirigidas hacia uno u otro polo opuesto. pp. pp. la me~áfora de Marx hace referencia no a la clase o las formas sociales. adaptaciones y (en ocasiones) reconciliaciones dialécticas. Estoy pensando en un experimento escolar (que sin duda no he comprendido correctamente) en que una corriente eléctrica magnetizaba una placa cubierta de limaduras de hierro. 1847. se hace posible reconstruir una cultura popular establecida por la costumbre. Penguin. y hasta finales del siglo. en su fácil recurso al desorden y en sus actitudes irónicas hacia la ley. la aristocracia y la gentry en otro. 220-221. Una categorla tan sencma como la de «robo» puede resultar ser. y en muchas cuestiones. Memoirs 01 Ibe Reign 01 King Georg" Ibe Second. Al analizar las relaciones gentry-plebe. véase Grundrisse. 39. La exhibición ostentosa.desde abajo. evidencia de los intentos prolongados. de defender los emolumentos establecidos por la costumbre. Se dice que la reina Carolina se aficionó taoto una ocasión al Sto James Park que preguntó a Walpole cuánto costaria cerrarlo para hacerlo propiedad privada. Las limaduras.39 Lo que Marx describe con metáforas de «rango e influencia». 1973. en ciertas circunstancias. Es un éter especial que define la gravedad específica de todo 10 que existe en él. es (desde abajo) un «acto de logra!». Incluso la «liberalidad» y la «caridad» deben verse como actos premeditados de apaciguamiento de clase en momentos de escasez y extorsión premeditada (bajo la amenaza de motín) por parte de la multitud: 10 que es (desde arriba) un «acto de concesión». a menos que se utilice el concepto de antagonismos. sino también gran parte de lo que era posible y los límites de 10 posible más allá de los cuales no se atrevía a ir el poder. Y siguiendo cada una de estas claves hasta su punto de intersección. Yo dudaría antes de describir esto como cultura de clase.

106. cenas de arrendatarios. Y con la introducción en estas especiales destrezas viene la introducción en la experiencia so. Por descontado esta c"ltura exhibe ciertas características comúnmente atribuidas a la cultura «tradiciona]". (El hecho de que --desde puntos de partida algo distintos. almanaques.. . El aprendizaje como iniciación en las destrezas adultas no está limitado a su expresión industrial reglamentada. una educación básica elemental coexiste. El error más corriente hoy día es el de hacer la definición de las antítesis culturales del siglo XVIII (industrial / preindustrial. Aunque cambia la vida social. hubo indiferentismo religioso y una auténtica cultura folklórica plebeya en los mismos siglos.entre las culturas refinada y plebeya de la época. Si clcsea1110S efectuar una definición antitéticamcntc. con su repertorio de anécdotas y ejemplos narrativos. actlÍa también como refuerzo de esta disposición plebeya). En el siglo XVIII. existe un fuerte peso de expectativas y definiciones colZSuetudinarias. en los misterios de la crianza de los niños. The Idea 01 Laodscape aod Ihe Sense 01 Place: An Approach lo Ihe Poelry 01 Jolm Ciare.de lo que empieza a Ser <<la vieja cultura». Transmite vigorosamente . primero con su madre (o abuela). pliegos.) 'Ji j!1J. como madre joven. puede encontrarse de forma más o menos desarrollada en otros siglos. en muchos puntos de Gran Bretaña --y especialmente en aquellas regiones donde la dialéctica es más fuerte--. hubo activa renovación de ritua les paternalistas --especialmente en cantos de siega. se extiende a lo largo de la mayot parte del país. PUeS todo rasgo de la sociedad del siglo XVIII que ha sido considerado. el divotcio ritual conocido como «venta de esposa» parece haber esparcido su incidencia en todo el país desde 40. Vé~se los perceptivos comentarios sobre el sentido «circula. I j lo es el de Marx) un argumento estructuralista. Es por esto por lo que he hecho tan largo rodeo para llegar al verdadero tema de este trabajo. 1. XVII Y XIX. y asr sucesivmncnte.j I !~ 1 1 ! . La niña hace su aprendizaje de ama de casa. Me he visto forzado a constatarlo al considerar la fuerza de las diversas objecciones al mismo.j l. es aprendiza de las matronas de la comunidad. clase obrera «madura» / «primitiva») inaplicables.:n una sociedad previa categorías pata las cnales esa sociedad no poseía recursos y esa cultura no poseía términos. 1972. donde una progresiva alfabetización suple a la tradición oral.este tipo de argumento tienda también a controlar la alta cultura política. el Black Country). En cualquier caso. después como criada doméstica. Pero las prácticas y normas se reproducen de generación en generación en el ambiente lentamente diferencia dar de la «costumbre». obras de caridad. «últimos discursos ante la muerte».en el campo del siglo XIX. las antítesis relevantes que se pueden aplicar a la cultura plebeya del siglo XVllI son dos: 1) la dialéctica entre lo que es y 110 es cultum -las experiencias formativas del ser social. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 43 ~ . esta cultura no es ni vieja ni insegura. plles. bien como recreación o en forma de protesta.y quizás incluso genera. a lo largo del siglo XIX. extiendan de hecho su alcance y esparzan estas formas más ampliamente: el «fijar el precio». !¡I !:l I. Es 10 m51110 en los oficios carentes de un aprendizaje regulado. el cambio no ha alcanzado aún el punto en que se asume que los horizontes de las generaciones sucesivas serán diferentes. las producciones impresas de más amplia circulación (libritos de romances. como acción central del motín de subsistencias. ¿Qué es. 103. 40 ni tampoco se ha interpuesto aún signíficativa~ mente esa máquina de aceleramiento (o extrañamiento) cultural que viene a Ser la educación formal en la transmisión generacional. ii í: I . y 2) las polaridades dialécticas --antagonismos y reconciliaciones.o) del espacio en la parroquia agrícola antes del cerramiento en John BarreI. De ello que las gentes tiendan a legitimar la práctica (o la protesta) en términos de uso consGetudinario o de emolumento o derecho prescriptivo. pero también en zonas fabriles y mineras densamente pobladas (las ciudades textiles del oeste de Inglaterra. Especialmente en la sociedad rural. y relatos anec~ dóticos de crímenes) tienden a someterse a las expectativas de la cultura oral más que a desafiarla con alternativas. Cambridge. Las traelidones se perpetúan en gran medida por transmisión oral.formas de comportamiento ritualizadas y estilizadas. Es incluso posible que la movilidad geográfica.!' f. los mineros de estaño de Coroualles. Hubo jornaleros libres y motines de subsistencias en los siglos XVI.' ~. junto con la disminución del analfabetismo. y cómo eran éstas modeladas en formas culturales. aunque hay gran movilidad. cial o sabiduría común de la comunidad: cada generación está en relación de aprendiz con sus mayores. l' i: ). pp. moderno / tradicional. lo especifico del siglo XVIII? ¿Cuál es la «iluminación gcnetab que modifica las «tonalidades específicas» de su vida social y cultural? Para responder a estas preguntas debemos reformular el anterior análisis en términos más estructurales.I'i l. porque suponen el descubrir . con el lenguaje -y quizá la sensibilidad.42 TRADICIÓN.

es mencionada en las oraciones del ama de casa. Pero la ley no si"embra pías cofradías de hermanas en las ciudades. las formas no son herederas de expectativas y reproductoras de normas simplem"nte: pnede qne las farsas populares del siglo XVII y principios del XVIII estén dirigidas contra la mujer que peca contra las prescripciones patriarcales de los roles conyugales. autoactivantes.. De ello que nos encontremos con 1 41.VUEL'fA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 45 algún desconocido punto de origen.41 Es est.44 TRADICI()N. Las normas que así se defienden no son idénticas él las proclamadas por la Iglesia o las autoridades. de regulación social y moral. sin embargo. /111l1l1leI ESe. irracionales: no apelnn a la «razón» mediante folletos.° la paradoja de una cultura tradicional que no está sujeta en sus operaciones cotidianas al dominio ideológico de los poderosos.Le Charivariy.5·27 de abril de 1977 (de próxima public:1ción ). mientras cierto comportamiento dudoso se toleraba hasta cierto punto. y se está distanciando cada vez más de relaciones di 'ectas de c!ientelismo con la gell!")'._y éstas no eran siempre. cada vez más. recurre a menudo a las regulaciones paternalistas de una sociedad más autoritaria y selecciona entre ellas aquellas partes mejor pensadas para defender sus intereses del momento. el juez de paz. y las mismas formas ritnales que se emplean contra un conocido JeHncuente sexual pueden ernpIearse contra un esquirol. o disrupción violenta de modelos valorados de trabajo y descanso. pues. aquellas que poseían un perfil rural o agrario. Incluso en este caso. la plebe 10 experimenta en la mayoría de las ocasiones en forma de explotación. son dcfini. el trabajo . sobre los transgresores. las relaciones libres en el mercado ele cereales) que gobernantes () patronos deseaban imponer. pero. puesto que esta innovación no es un proceso técnico-sociológico sin normas y neutro. la disciplina de trabajo. Esta evidencia puede demostrar que. Véase mi (<. imponen las sanciones de la fuerza. no es mucho lo que puede hacer para determinar el carácter de esta cultura plebeya. dado que esta hegemonía es más secular que religiosa () mágica. o expropiación de derechos de aprovecbamiento tradicionales. Las formas son también. corporativos y paternales. Las costumbres que se defi~nden pertenecen al pueblo. La cultura conservadora de la plebe se resiste muchas veces. no entra en las cabañas. pero. París. La hegemonía de la gentr)' puede definir los límites del «campo de fuerza» dentro de los cuales es libre la cultura plebeya para actuar y crecer. en nombre de la «costumbre». De ahí una paradoja característica del siglo: nos enconuamos con una cultura tradicional y rebelde. XXVlI. los artesanos apelan a cier- . o contra el señor y sus guardas de la caza. Es más. 11 (1972). los participantes en motines de subsistencias apelan al Book of Orders (Libro de Órdenes) y a la legislación contra acaparadores. decora las chimeneas con iconos o informa una visión de la vida. de . en lugar ele ello. no con horror. en ocasiones. una Cllltura consetvadotn en sus formas. y algnnas de ellas se fundamentan de hecho en una reivindicación bastante reciente en la práctica. el ridículo. La innovación es más evidente en la cima de la sociedad que más abajo. más allá del miSlll0 la c01l1unidad intentaba imponer sus propias expectativas. La ley puede puntear los límites ele1 comportamiento tolerado por los gobernantes.ce está <<liberando». de ningún modo. 2. RF. Pero el contenido de esta cultura no puede ser descrito como conservador con tanta facilidad. pero rebelde en defensa de la costumbre. la vergüenza y la intimidación. etc. en su «ser sociah> efectivo. leen pliegos en las tabernas y asisten a ejecuciones públicas y al menos algunas de las víctimas de la ley son consideradas. 0.Rough Ml1sic: Le Ch::uivari Angbis).operaban fuerzas muy poderosas. pero. ést'JS apelan a la costumbre e intentan fortalecer los usos tradicionales. De ello que la cultura plebeya sea rebelde. ni obtiene confesiones de los delincuentes.l. Pero enando el pueblo busca una legitimación de la protesta. pero la música cscabtosa del siglo XIX está generalmente dirigida contra los que pegan a sus mujeres o (menos frecuentemente) contra hombres casados conocidos por seducir y dejar cmbatnzaclas n muchachas ióvenes. y mis otros cornentnrios en el curso dC'l Congreso sobre -<. a aquellas innovaciones y racionalizaciones económicas (como el cerramiento. sermones o discursos espontáneos. Pues. bajo los auspicios de la Écolc des Hautes Études en Scicnces Sociales (Vr scction). en el siglo XVIII. el recandador. Los instrumentos de control e imágenes de hegemonía son los de la ley y no los de la Iglesia y el poder monárquico.bs en el interior de la cultura plebeya misma. parroquiales. La evidencia de música escabrosa indica que en las comunidcdes más tradicionales ~. sus súbditos no rezan el rosario ni se unen a peregrinaciones de fieles.10s controles tradicionales señoriales. tenen10S que proceder con cuidado: eslo no es solamente «una cultura tradicional». heredadas en cuanto a los papeles maritales aceptables y la conducta sexual. década tras década. sino con ambigua admiración.

vnl.. resislfll hoy I Violaciones. 1752-·1871}).. a pesar de que yo me asociaría firmemente a Thomas en esta polémica. origen regional y medios de dispersi6n de su material.46 TRADIClÓN.¡ 1\ iii ¡[I. la regulación del aprendizaje) del código Tudor regulatorio del trabajo. mientras que algunos de los que saben leer y escribir utilizan sus muy limitadas destrezas literarias sólo de forma instrumental (para escribir facturas o llevar las cuentas).1 !! "1 f i: lí 1'. en ciertas regiones. n.). LXXIV (febrero 1977). en ocasiones. . autenticidad. al descifrar la rmísica escabrosa. Una y otra vez.a and P"esC1Jf. En otto sentido. Scligman Coliection. simbolismo y supersticiones populares permanecen como «restos no integrados de 44. . yo tengo que estar de acuerdo con Thomas en que «la inmensa posibilidad de variaciones cronológicas. 1/ Patronos tiránicos.. por supuesto. En lo que Thomas y yo podemos disentir es en nuestros cálculos con respecto al grado en que las formas. en los mismos términos exactamente.ción «antropológica>>: así por ejemplo..1 Pues protegidos l)Of sus leyes. Hcdc1y.. La cuestión se ha planteado en un reciente intercambio entre Hildred Geertz y Keith Thomas 44 y.1 j~ l. los coleccionistas y especialistas en canci6n folklórica han disputado enconada mente entre sí sobre la pureza.>: «Su me·moría es toda\'la dulce al j0rnalero.i desciframos el comportamiento. que presenta una sociedad tau diversa como la de la Inglatetta del siglo XVII» . y aceptan de la cultura educada ciertas categorías. pues la lógica capitalista y el comportamiento tradicional «no-económlcO~> se encuentran en conflicto activo y consciente. En este sentido. Uno de ellos que me interesa en particular es la prioridad que se otnrga. VI. comercial y plebeya. cualquier distinción de este tipo es nebulosa en todo momento del siglo: los analfabetos oyen las producciones de los que no lo son leídas en voz alta en las tabernas. y sobre la mutua interacci6n entre las culturas musicales refinada. sociales y regionales. Cuando Geertt espera que un sistema coherente subraye el simbolismo de la cultura popular. Jor"'ldl 01 I/1terdisciplil1ary History. Cualquier intento de segregar la cultura educada de la analfabeta encontrará incluso mayores obstáculos. . J De los derecho5. De aquí que podamos cntender la historia social del siglo XVIII corno una serie de confrontaciones entre una innovadora 42. rituales. compnttÍl11os algunas de las preocupaciones del historiador de Jos siglos Xv[ y XVII en cuanto a una oricnt8. i. comenzaban con \lna «Od2 a la memoria de la Reina Isabel.emonía de los poderosos y corno expresión de ID" (''\:pcct~1ti\·as ek In I1HI1titud: \'bse el sugerente iIl"tículo de \xri1!i<1m R. innov<1dnres sl1nplcs / Se ven impedidos y limitados por sus gloriosas reghls. en este trabajo.O 1 (1975). las cláusulas sobre el aprendizaje del Estntllto ele Artífices (ql\lcciÍnicos! ¡¡Proteged vuestras libertades contra los Ilwasorcs sin Lev!!»I. En fcchn Lm tardh C0l110 18. !\('rort o/ t!J(' Trial 01 Alexander \Vadsl/. Columbia University Library. Lo que quíero decir debe quedar c1al"O en las siguientes páginas: no es suficiente describir simplemente las protestas simbólicas pnpulares (quema de efigies. il tri I~ ¡I! ¡~ Pa. diferentes a las que el historiador de «movimientos obreros» espera encontrar. ponerse hojas ele encina. colgar botas): es también necesario recobrar el signifiC<Klo de estos símbolos con respecto a lln universo simbólico más amplio. ¡~1 l' . no podría responder. nos encontramos con la necesidad de «descifraD> 43 este comportamiento y descubrir las reglas invisibles de acción..11 cicr~os sofisticndos tradf"1I!lionistas londinenses. (En todo momento. al apelar n. Pero. o estudiar el simbolismo de la protesta. que de otro modo prevalecerl<ln.e incluso más la del siglo XVIII-.I()rlh againsf Peter Lauric (28 de mayo eJe. Place p<ll11ph1cts. v así encontrar Sil f1!cr7:l.1'h(' Tcxti\c Tradc and Ihe L1l1guagc of the CrO"wd at Rouen. o a la racionalización del trabajo que amenaza con h destrucci6n de pnícticas tradicionales y. tanto como afrenta a l::t l1C'~:. al examinar formas de comportamiento del siglo XVII1. Espero que mí uso de «descifrar» no asimile mi atgutncntación innlf'di<ltamente a esta o aquelln ('sCllela ele semiótica. lB"!}). Xíl 43. mientras que su «sabiduría» y sus costumbres se transmiten aun en el marco de una cultura prealfabetizada y oraL Durante unos setenta años. ¿ se sigue de ello que tengamos que ir más allá e intentar reconstruir con estos fragmentos de clave un sistema cognoscitivo popular con su propia coherel'cia ontológica y estructura simbólica? Los historiadores de la cultura popular de los siglos XVII y XVIII pueden enfrentarse a problemas algo diferentes a este respecto. a la sanción.. la organización familiar de relaciones y roles de producción. impide estas expectativas.) Debo unirme a Tbomas aÚn más fuertemente en su objeción a «la distinci6n simple que hace Geertz entre alfabetizados y analfabetos». o la venta de esposa. el rtoblema es diferente y qurzá más complejo.del trabajador es ella todavía U11a garan~ía . C01110 en la resistencia a nuevos modelos de consumo (<<necesidades»).42 Esta cultura tiene otros rasgos «tradicionales». intetcatnbio o lTIotívación «no-cconómic<1» frente [l la direCVlmente monetaria. . desde la perspectiva del siglo XVIII. al referirme a la cultura plebeya he sido muy consciente de sus variaciones y excepciones. o en la resistencia a una disc¡~Jlina del tiempo y la innovación técnica. REVUELTA Y CONSCIENcrA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 47 las partes (por ejemplo. economía de mercado y la economía moral tradicional de la plebe. 1I iil .

REVU1:'LTA y CONSCIENr::l A DE CLASE ¿ LUC l-I A DE CLASES SIN CLASES? 49 modelos de pensamiento rrl<Ís antiguos». Line47. como las de Merlín. I li • r R j j !il ti! m r 59 . aSl como el tipo de evidencia que cada uno de ellos hace prominente. Esta confianza nos sorprende llnn y otra vez: (l)ios bendiga a sus scñorí<ls». más allá de la antítesis elemental de las definiciones dentro de culturas antitéticas: el escepticismo en relación a las homilías del párroco. n. llegan a formar parte del repertotio rle la protesta londinense. la astrología o los silbíos.md the Discipline of nistmical C0I11CXb>. 46 y sin duda puede hablarse de ello más detenidamente en el futuro. ' . Devonshire Characters and Strange Events." 1 (1q7<:. «Anthropology . motivada por los «despojos» de los antiguos modelos de pensamiento.. En algunos casos esto no tiene significado político y social alguno. la mezc1a de 111fltcl'lal1SmO efectivo y vestigios ele supersticiones de los pobres. Pero. sino 11nFl nmalgatna de despojos culturales de muchos distintos modos de pensamiento. ¿será quizás el siglo. los rilaS de pasaje o las formas características de motín y protesta del siglo XVIII. exclamó un habitonte del West Country ante un reverendo coleccionista de folklore bien cntt<ldo el siglo Xlx. Rcligioll and the Declinc o/ lI'f. más que en más antiguos I1lOdelos de pensamiento. e informaban sus instituciones y S\1S rituales de orden. 1908. donde encontramos la organización formativa y cognoscitiva de la cultura plebeya.4 5 Yo he hecho ya una crítica de las referencias de 1hom<1s <1 la (<ignorancia popubp>. pCC111infcs a 1n sociedad del siglo XVllI: para habbr cbro. el párroco y el señor y sus bien educados hijos-. si lo que observamos son las procesiones bufns popl11ares. Quizás. ello puede ilpoyar las conclusiones de Thonuls. VI. los cUJles. y despachar luego la cuestión lOn una referencia a las supersticiones de muerte y les 1'Oh IhauIJZaturges. cualquiera sabe mejor que el mismo párroco lo que es.lec\e preguntar a quien quiera si no es eso el matrimonio bueno. «que p1.](ion. apareciendo en forma de folleto durante las agitaciones que rodearon el cerramiento de Richmond Park. Ello nos plantea problemas de evidencia excepcionales. Todo lo que nos ha sido transmitido mediante la cultura educada tiene que ser sometido a un minucioso escrutinio. 1()4-10'l.2jc. Keith Thomas. incluso tOnlfldos en conjunto) constítuycn «no un solo código. o los campos de fuerza relevantes de los distintos siglos.. que Peter Linebaugh ha (creo) descifrado en Albiol1's Fatal Tree: era sin duda un gesto de «ignorancia» por parte del amotinado el arriesgar su vida para que su compañero de taller o rancho no cumpliera la Inuy r. JOl/mal 01 TlItcrdisciplíltary [-Jístory . Es en la clase misma. en derto sentido un conj unto Huevo de categorías..-1. teutónico y clásico. Afidlal1d Histnry. Para tomar el caso de los desórdenes destinados a tomar posesión de los cuerpos de los ahorcados en Tyburn. S.47 «Dios bendiga a sus señorías» entraña un sentido de condescencia desdeñosa. 627-628. . ell que el símbolo infomla la práctica. Pero no podernos presentar al amotinado como figura arcaica. por supuesto. estaban también muy presentes en el sistema cognoscitivo de los gobernantes de la sociedad. Baring-Gould. se cotlserVJn con especilll confinnzn porque ('stns actitudes están amparadas pot. Lo que el distante clérigo paternalista considera «ignorancia popular» no puede aceptarse como tal sin una investigación escrupulosa. 1971. en rea Hdad.O 3 (pdmlwcra 1972). «quien quiera» sabe lo que es cierto e-excepto. era necesario que la clase fuera posible en el conocimiento antes de que pudiera encontrar su expresión institucionaL Las clases. la asimilación de antiguos fragmentos a la conciencia popular o incluso al arsenal de la protesta popular es muy explícita: de la quema de brujas y herejes toma la plebe el simbolismo de quemar a sus enemigos en efigie.48 TRADICIÓN.1I y utilitaria función de convertirse en espécimen de disección en la sala del citujano. apoyaría las mías. las «viejas profecías». pero esto sólo viene a destacar el que la ge/ltl'y y la plebe tenían visiones alternativas de la vida y de la gradación de sus satisfacciones. Pero la coherencia (y no me extrañaría si en este momento alg{lO antropólogo tirara este trabajo disgustado) surge no tanto de una estructuta inherente cognoscitiva como de un campo de fuerza determinado y llDa oposiclcSn sociológica. y serta absurdo pretender que todos estos elementos hayan sido barajados de modo que formen un sistema nuevo y cohercnte». i «cristiano»! En otras ocasiones. sólido y cristiano 4'5. crísti<1no y pagano.\ nt.1 ~ I ~ . 1. 46. pp. a la cual ha respondido brevemente Thomas. Los datos del siglo XVIIl me parecen señalar hacia un universo mental bastante m"s coherente. y les dírán que 10 es». nota :n.el ámbito de una cultnra más amplia y más robusta.. lo que haga la dHerencia? Si lo que estudiamos son la «magia». al ser interrogado sohre 1<1 venta de espOS<1S. por supuesto. eso. en pliegos y sátiras en época de Wilkes. los elementos desunidos y fragmentados de mas antiguns form<1s de pensamiento quedan integrados por la clase.

Pues la cultura plebeya está. Es. como evidencia la fuerza de los motines (y prácticamente histerias) en varias ciudades contra los ladrones de cadáveres y su venta. en Douglas f-Lly y o:ros. Sostengo aquí la idea de Getald M. La costumbre que era «buena» y «vieja» había a menudo adquirido valor recientemente." Explica también en gran medida la conciencia del «inglés nacido libre». la música escabrosa forma parte de sus propios medios de autorregulación. el pueblo tiene pocas 48. Brigbwn. Supone también solidaridades de clase y la bostilidad de la plebe por la crueldad psíquica de la justicia y la comercialización de valores primarios. en el siglo XVIII. o ven sus vidas con un aspecto determinado ante ellos. ~ ""1 baugh nos demuestra que el amotinado estaba motivado por su solidaridad con la víctima. y nociones del respeto debido a la integridad del cadáver y al rito de enterramiento que forman parte de unas creencias sobre la muerte ampliamente extendidas en la sociedad. «A Dissection ot thc i\natomy Act. Y el rasgo distintivo del sistema fabril era que. los trabajadores (incluyendo pequeños patronos junto con jornaleros y sus familias) todavía controlaban en cierta medida sus propias relaciones inmediatas y sus modos de trabajo. rompiendo o explotando los tabúes de otra. o son llevados a las guerras y experimentan los azares y aventuras de los caminos. con pocas consideraciones sobre las consecuencias. pues. restringida a los parámetros de la hegemonía de la gelltry: la plebe es siempre consciente de esta restricción. la cultura plebeya es la propia del pu. 50 TRADICIÓN. 1. En ambientes más estables -en las zonas en desarrollo de manufactura y trabajo libre-. Albioll'I Fatal Tree. la vida misma se desenvuelve a 10 largo de caminos cuyos avatares y accidentes no se pueden prescribir o evitar mediante la previsión: las fluctuaciones en la incidencia de mortalidad. fatalista. no puede entenderse simplemente en términos de creencias sobre la muerte y sobre la forma debida de tratarla. junto con su derecho al pan hlanco y la cerveza barata. y defendía con tenacidad sus derechos ante la ley y sus derechos a protestar de manera turbulenta contra militares. Y no se trata sólo. 91: (Los esclavos aceptaban la dísci¡11ina de reciprocidad. dentro del campo de fuerza de la clase donde reviven y se reintegran los restos fragmentados de viejos modelos." vigilante para aprovechar los momentos en que pueda ejercer su propia ventaja.-:blo: es una defensa contra las intromisiones de la gCl1try o el clero. o reservan para uso fututo semanaS enteras de altas ganancias en ahorros. una ve7. la alta tasa de mortalidad infantil hace absurda la planificación familiar predictiva.'" La clave que informa estos desórdenes. y como acto de terror. no proyectan «carreras». de que se vea amenazado un tabú: en el caso de la disección de cadáveres o el colgar los cadáveres con cadenas. en muchos tipos de empleo. consolida aquellas costumbres que sirven sus propios intereses. lO. este es el siglo en que avanza el trabajo dibre)}. así como los instrumentos de la cultura y de su cohesión e independencia de contra!. p. 1975. Pe ter Linebaugh. fordan. más bien. que senlÍa como propia cierta porción de la retórica constitucionalista ele sus gobernantes. finalmente. La plebe también adopta para su propio uso parte de la retórica de la gelltry. se viven como accidentes externos más allá de todo control. o piensan en unas «vacaciones» una sola vez en su vida. «Christmas Mumming and the Nnv Yeflr i11 Glltpnrt NewfoundJancl». Roll. Esto explica parcialmente la estructura de las relaciones industriales y la protesta. en Tyburn en 1731 o Manchester en 1832. Ruth Richardson. empleo. Sider. En un sentido. respeto por los parientes de la misma. mientras que tenían muy poco control sobre el mercado de sus productos o los precios de materias primas o alimentos. a los caminos «para ver mundo». Pues. precios. Es. por ejemplo.I el if~ !! I~ ¡ . exactamente como impone la multitud su poder en ·momentos de acción directa insurgente.> . picaresca. No es una cultura «tradicional» cualquiera sino una muy especial.) De ello que la experiencia o la oportunidad se aprovecha donde surge la ocasión. en su vida. otra vez. . «The Tyburn Riot against the Sutgeons». Fas! aJfd Present (mayo 1q76). 1976. Sffldin in Lahnur Bislor)'. No es. en general. una clase estaba deliberadamente. La plebe sabía que una clase dirigente cuyas pretensiones de legitimidad descansaban sobre prescripciones y leyes 49 Compárese con Genovese. pero con una diferencia profunda. podia salir. suyas las ferias. consciente de la reciprociclad de las relaciones gel1try-plebe. que se va al mar. no sólo en el evidente sentido de que hay más gente que se mueve. A la ielen de deberes recíprocos añadieron la doctrina de derechos recíprocos».. a sabiendas de que su triunfo no durará más de una semana o un día. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 51 (\\ ~t:. Estas creencias sobreviven con vigor hasta muy avanzado el siglo XIX. Roll. (Un joven. patrulla de reclutamiento o policía. notaciones predictivas del tiempo. sabiendo esto por medio de su cultura. las tabernas son suyas. ofrece consuelo y defensas para el curso de una vida que está totalmente determinada y restringida. o planean la compra de casas.

ell/rv. no como Uné] forma de representar ulteriores contiendas «reales».52 TRADICIÓN. un carnlcero. TU1?lults and ofha TreovmaMe Prarliccs silla His MajeslY'-Í Accessiol1 fa Ihe Thml1c. Al menos debemos retornar al siglo XVIII prestando tanta atención a la contienda simbólica de las calles como a los votos de la Cámara de los Comunes. Pero otras confrontaciones simbólicas de estos años podían llegar a ser verdaderamente muy hirientes. Entre los que adornanan la vara habia dos trabajadores. para su considerable decepción. y el simbolismo ele su hegemonía.1t(1 desestimar sus propias costumbres y leyes. el emblema panicobr de Jorge 1 elegido pO\" la multitud jacobita cuando estaban de buen humor. pe re los habitantes g3mnon: parn Bedford. p. Sus mctcedes tuvieron el buen conocimiento de 111ont1t a caballo e ir a ver esta m(lravilla. En .:tgosto 172. o incluso sólo blasfemar. pata Ihrford. La reciprocidad ele estas relaciones subraya la importancia ele la expresión simbólica ele hegemonía v protesta en el siglo XVIII. Véa5c Conor Cruisc O'Bricn.]l. "Politics r1S Drilma as l-'olitics»). y haber enviado después a dos hombres al correccional por cortar un olmo pata hacer una nueva vara. El Dr. Hilt. Es por ello que. Pascua 10 G 1. El caballero pidió 1m pelotón para ayudarle. un tejedor de lino. Yo creo que el simbolisl11C1. del l. Era una lucha de «apariencins).. el magistrado. Algunas veces consistía en el uso jocoso de un simbolismo jacobíta o antihnnl1overirmo. la gente del pueblo en Bedford «vistieron la Vara de Mayo de luto») y un oficial militar la derribó. (N. en las medidas que la p'cl1!r)' crda necesarias en épocas de precios altos. 1724. dediqué tanta atención a la noción de teatro. recién adornada con flores y guirnaldas. Chetwynd.) hubo una refriega sobre una Vara de MilYo en Bflrford (\\Tilts. pp. en mi trabajo previo. . q\ie su estrella habíase quedado en llabo:72 El nabo er. instalndo en un espRcio abierto.1ef{<'ln h(lcer nnn fogata campestre. 1969.'·' Un terrateniente y magistrado de la localidad parece haber derribado «la vieja Vara de Mayo».ly JOUr11(¡{ (28 agosto 1725).tudio. * Un palo al~o pintado con rayas espirales de distintos colores y cot0nado de flores. Stratford escribió desde Berkshire en 17\8: Los nísticos de estn región son muy retozones y muy insolentes. Ésta era. A la subida de Jorge. extirpar del poder sus mixtifica~ dones simbólicas.NCIA DE CLASE ¿LUC ¡¡ A DE CLASES SIN CLASES? S3 tenía poca nutoridnd p.s. . Como respuesta se cortaron en su jardín monznnos y cerezos.relns colocándolo sobre la casa de Chetwynd ' . un molinero. se reerigió la vara y se celebró el «Día de Mavo'.'. La gell/n tenía ttes prinCIpales recursos de control: un sistema de influencias v promociones que difícilmente podía incluir a los desfavorecidos pobres. 1715. 12'. no tenía más objetivo que desafiar la seguridad hegemónica de la p. Mis/'s "J?ecJ:. REVUELTA Y CONSCIF. Al ser soltados los prisioneros. Pnwer Nncvn York.) 5. tenía una especial importancia debido a la debilidad de otros órganos de control: la autoridad de la Tglcsia está en retirada y no ha llegado aún la autCH"ilbd de las escuelas y de los llledios milsivos de colnunicación. por supuesto. para que las gentes en fiestas bailen a su alrededor en 1ft celebración del Día de M:1yo (l de mayo). 51.). en que se aprisionara o se dejara en libettad a \'Vilkes. VII. un posndero. un mozo de cuadra y dos caballetcls. a veces. cuando csta~ han de mal humor era el rey cornudo. Desde luego cada sociedad tienen $11 propio estilo de teatro. KB 2 (1). sino como una vcrdndcra contienda en sí misma. La protesta plcbevn. y hacia el atardecer cU<'lndo sus mercedes estuvieran tranquilos <'. Comm. De ello que la rivalidad por la autoridad simbólica pueda considerarse. En una aldea de Somerset. Fueron a decir a sus mercedes que para honrar la Coronación del Rey Jorge había aparecido una estrella fulgurante sobre el hogar del Sr. en 1724 tuvo lugar una oscura confrDntación (una entre varias del mismo tipo) por lo erección de una «Vara de Mayo». t1nd C011SclOtl5Ji¡-55. Estas contiendas aparecen en toelo tipo de formas y lugares inesperados. Sabiéndolo algunos patanes lomaron un enorme nabo y le metieron tres . 245·246. y se empleahan los cuernos en lugar del nabo. pero el resultado de la misma podía tener consecuencias materiales: en el modo en que se aplicaban las Leyes de Pobres. se mató a un buey y se envenel1nron perros. Affidavits. MSS. e11 este siglo. en ocasiones. un herrero. un lllaltero.1. gran parte de la vida política de nuestras propias sociedades puede entenderse sólo como una contienda por la autoridad simbólicaS! Pero lo que estoy diciendo no es solamente que las contiendas simbólicas del siglo XVI n eran peculiares de este siglo y exigen mnyor c:::. y se encontraron. Somcrsct. SJ 52. la majestad y el terror de la justicia. relativos (\ Hcnstridge. un retorcer la cola ele la gCIl!"". Algunos honrados jueces se reunieron para aSlstn al día de Coronación en \XTattleton. un delicado equilibrio snci<11 en el que los gobernantes se veian forzados a hacer concesiones. con baladas sediciosas y libelos burlescos contra . Public Record Office (e11 adelante PRO). .1111 Aceoanl 01 Lhe Rio/s. entre Jos habitantes y un caballero que sospechaba que h V3ra hí\hía 5ido rohndrt oe sus hosques (como era probablcmen:e la verdad). un cnrpintero. Por·tZa/1d MS.

Popular Recreatío11s in El1glish Society. como nos recllerdan los episodios de Varas de Mayo. ». Marineros: La Mayoría de nosotros hemos arriesgado la vida en defensa de la Persona. en que los marineros no recibían satisfacción a1g u na. desde el final de la Guerra.. Ann Arbor. le llevaron 54.. en busca de un escribiente dispuesto a estampar la mayor afrenta a la autoridad . vol.. y esto es lo que yo creo humildemente ser el Contenido de Su Escrito . a Certain Victurlller. pero incluso éste rehusó la totalidad del encargo. .55 En el momento álgido de la huelga (7 de mayo 1768). Los marineros estaban senci1lamente jugando el mismo juego que la legislación con sus repetidos decretos sobre delitos capitales y sus anulaciones legislativas. . ambas partes de esta relación tendían a amenazar más que a realizar. Shelbume Papen. Y no se empleaba el simbolismo sin cálculo o cuidadosa premeditación. Siguió entonces este diálogo. Nuevamente el punto de vacilación fue la terminación de la proclama: a la derecha «Marineros». . William L. Decepcionados pm el iaberneto. 55. aunque parece una conversación improbable para las escaleras de Shadwell: Marineros: No eres Amigo de los Matinetos. pero véase R. Clemcnt Library. la tradición tory de paternalismo. que se remonta al Book of Sports (Libro de Deportes) de los Stuart. la afortunada snpervivencia de un documento nos permite obsétvar este hecho en acción. En la gran huelga de marineros del Támesís de 1768. El maestto tenía e! suficiente aprecio a su cuello para no ser autor de tal esetito. El punto cena al de esta anécdota es que. el simbolismo jacobita decae l' el ocasional Yransgresor distinguido (quizás introduciendo sus propios intereses bajo la capa de la multitud) desapatece con él. Ivla1coltnson. firmada a la detecha «Marineros» y a la izquierda ..ldinenses así que cuando hayamos dado a los Comerciantes ~n coup de grease [sic] navegaremos hasta Francia donde estamos seguros de encontrar una cálida acogida... V que otorga patronazgo o un cálido permiso a las recreaciones del pueb1<J.. ni Rey»). El tabernero leyó el papel y encontró «mucbas Exptesiones de Traición e Insubotdinación» y al pie «Ni M . En algún lugar lograton un esctibano. Esta cuestión es demasiado extensa para ser tratada en este trabajo. Una vez más los marineros fueron decepcionados. Pero. «IV1emorials of Dialogues betwixt Several Seamen. Master in lhe Late Rio1». algunos de sus dirigentes se dirigieron a una tabe1"l18 del muelle \. en que unos cuantos miles marcharon al Parlamento. y para hablarle claro si no nos Desagravian rápidamente hay suficientes Barcos y Cañones en Deptford y Woolwich y armaremos una Polvareda en la Laguna como nunca vieron los LOl.. Sin embargo. j\1t1rineros: ¿Qué significa esto. Michigan. sigue siendo extremÁdl1!11et1te fuerte incluso en el siglo XIX." El simbolismo de la protesta populat después de 1760 es a veces un desafío a la autoridad de forma muy directa.~ ~ 1 54 TRADICIÓN. se nos ha despreciado a nosotros 105 Marineros y se han reducido nuestros Salarios tanto y siendo tan Caras las Provisiones se nos ha incapacitado para procurar las necesidades corrientes de la Vida a nosotros y nuestras Familias.. \V. A la mañana siguiente apareció efectivamente la proclama en las escaleras de! río. si no nos desagravian rápidamente hay Barcos y Grandes Cañones disponibles que l1tilizaremcs como 10 pida la ocasión para desagraviarnos y además estamos dispuestos <1 desarbolar todos los barcos del Río y luego le diremos adiós a usted y a la vieja Inglaterra y navegaremos hacia otro país . Señor?. se despiden.. ni R .. a la izquierda «Ni W . 1700·1850. » (esto es. soy tan Alnigo Suyo que de ningún modo quiero ser el Instrumento pata causarles la mayor Injuria cuando se les Proclame Traidores a nuestro Temido Soberano Señor el Rey y provocadores de Rebeldía y Sedición enne sus compañeros.. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 55 Al traspasar la mitad del siglo. «Ni Wilkes. <<¡Libenad y Wilkes por siempre!». los dirigentes del movimiento pasaron varias horas de la tabema al maestro y de éste a un escribano. la Corona y Dignidad de Su Majestad y por nuestro país hemos atacado al enemigo en todo momento con coraje y Resolución y hemos sido Victoriosos. «¿crees que un Cuerpo de marineros Btitánicos va a recibir órdenes de un Maestro de Escuela viejo y Retrógrado?». Maestro: Señores. su escrito a un maestro de escuela que efectuaba esta especie de tarea clerical. 133. Agrndezco al bibliotecario y a su personal que me permitieran consultar y citar estos papeles.. pidieron al tabernero que les esnibiera uJ1a proclama con buena letra y forma apropiada que tenían In intención de colocar en todos los muelles y escaleras del río. Cambridge. 1973. El tabernero (por ptopio aeuetdo) teconvino con ellos: Tabernero: Ruego n los Cab(\lIcfos que no hablen de coacción o sean culpables de la menor Incgularidad. & a S. ni R. por propio acuetdo. y con las palabras. en el clímax mismo de la huelga marinera.

nunca dan el suficien1e é¡lfasis a la pr('\. tanto mediante sus funciones bancarias y de emisión de ti57. antagónicas 3 las definiciones de la cultura educada.s .ís dispucst'0s a separarse de la Cor(l\l(l que J\~S <11l1cric1!los. Hay momentos. en algunos aspectos.]-\I:ich» (\Xlilli>Ull 1.dE: 1775). Se encuen~ta mtÍs evidencia sobre las comodidades urbanas al alcance de b f!.5).H protegido<. La cultma plebeya no puede ser analizada aisladamente de este equilibrio. tengan sus precedentes y sus Sl1ccsnres.l Cucstil1n m.. En él subr<1Yo no sólo la lógica económica del CApitalismo ngrario. si hubiera sido disparado con el <1¡xnente apoyo cic unos curtntos miles de hombres de mar británicos. las agitaciones )' acciones directas de la multitud. ]90. déc. p. Genovese. al imponer el cerramiento de los campos.. los poetas no pueden trascender la sensibilidad del bumano y generoso paternalista 57 La furiosa cmta anónima que surge de las más bajas profundidades de la sociedad maldice contra la hegemonía de la gentry.xandcr \Vcddcrbllrn. p. al facilitaf la acumulaci6n y movimiento de capital. op. 15). Social Hisl()f"Y. Papen in Cultural Studies. sujetas al escrutinio del Abogado del Tcsorn. la temporada de Londres o la temporada de ciudad. . y dentro de ciertos límites asignados por este sístema. PIUlllh: «Los hi"tori"ldrncs.'is de UIl harco (omp]c1u dt~ cmpin· teros na\'ales de \XT0C.. 2. véase e. se ha tropezado con el fU1l10r. Vé. 249. hasta un p:ado extraordinario.ls ft"CClJC!1tC!11cn:c dejad.l de ]. pero era este el mayor "C3í1ón» simbólico que podían disparar y.lgentes americanos (di<:frazados con rnpas de Tnl1jcrl CS1.lS~ nrcwcr.C m. sólo raramente puede tl'ascen56 Hastn qué ¡ml1to las idc~s cxplícítas antimonnrquicns y republicanas cst:lhan presentes entre el t)ucbl0.ln rccluLl1ll1o '1l"11Y8I11C!1'. Ni Rey». 58. \Vilkc. esp.fsc: «Ni Rey». Pn\\'!1. a saber. New Left RcvieuJ. es un3 clase con base en las cíudadcs. Es posible que los marineros no fueran en ningún sentido reflexivo republiGlDos. pl"W lo ha c!escchfldo com(' un ~imrlc fumor. y otros atributos específicos de la cultura mixta agraria-urbana. por el Al1~ntico. sino la amalgama específica de atributos urbanos y rurales en el estilo ele vida de In W'11fry del siglo XVllI: los lugares de baños. Socialisf RegiJter 09(. lJtorrepuhlicanos en los ailn~ 1760 v lT7fb (<<Politica1 j\:Ian»-. IX (primaverfl 1976). «The Englísh Urhan Renaissance: The Df'\7eloplnent of Provincial Urban Culture. multitud londinense tiende a evidencinr un escepticismo metodológico hacia "sí. la ideología antiautoritaria. 1. Mi rcforn1111Actón de este {algo cohvencional} argtlmento rnarxis:a se hizn en «The PecuHarities o. eso es lo que significa la p::tlflbnn). impre<:.f thc English)}. Véase tfllnbién (en mi lado de la polémica). c. Oxford. \Vorki. El profesor J. p. me parece. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LIJe H A DF CLASES SIN CLASES? 57 que pudiera imagin'l. al tomarlos en su conjunto. 1962. Los argumentos económicos (ya presentados caneel-amente POt Dobb) han sido reforzados por Brenner) op. V (mayo 1977).:S prohahlc que pCHhnlos d(·'scuhrir 1:1 verdad en lf1s fucnte:. Por olra pfltte. es Ull. Pero esa es otfa cuestión. las motivaciolles pnHticas "ídealcs»: 0r.56 TRADICIÓN. si es que el término va a retener algún : significado.í dlld Lilli"rfy. Perry Andel·soll también quedó sorprendido diez años ante~: <'<Socialísm ancl Pseudo"Emp¡ricism~>. Yo 110 (hJ~(l de que huhiera una auténtica y significativa tradición paternalisln entre la f!... quizá repetitivamente. EI!glish Hlfugcr al/ti INdustrial Disordcr5. que investigada. 62-68. sus definiciones son.lso Ct18ndo es más avanzada. límites que son simultáneamente los límites de lo que es políticamente «posible» y. también los límites de lo que es intelectualmente y cultllfalmcnte «posible».:::I1('!lCia de cnco!lfl(los sentimientos antimonárqllicos.utc!'anos rrivilcgiadanlcntc silU8doc:: rudieron separarse m:ís dirc(t1l1l1Cllte. La multitud) incll. dUranll' es:a.l ncgativn. tI. en sus ¡lropios 1"érminos. ~' h.ls. Lo que va he intentado demosttar. _En cierto sentido es esta unR conclusión bastante conservadora. habría sido sin du<. 1760». en Cdllcflción o en los VrlrÍOR mercados matrimoniales. Y un comentario juicioso sobre este asunto de Richard ..58 parece que era tanto la forma del poder estatal como el moelo y las relaciones de producc¡6n los que determinaron las expfesiones políticas y culturales de los cien nños siguientes..lll a Ak. que el Acuerdo de 1688 definió su forma y sus relaciones características. J Shclton. pCrl1 tuvieron la clcsgrlcia de nn CS!. de que los manifestantes utilizabnn el sll)gaJl «Ni \"\Tilkes. cSl1t?_cinlmentc lhnantc los turbtllcntos a\10S 1760. H.3 dc agosto. pero no ofrece una estrategia para reemp1azarla. XXXV (enero-febrero 1966). 190. en el que el Estado. lAl que me ocupa a mí aquí es la definición de los límites del lJaternalisnlD.¡?. y presentar objeciones ~\ la idea de que las relaciones sociales (o de clase) dd siglo XVlJI es:aban mediatizadas por el paternalismo. cit. aígunns . es que es posible que cada uno de los elementos de esta sociedad. p. 81 «Ona burguesía. 318. pp.b¡ljo de Gcorg(~ Hutlé sobre la der la retórica antiaulotltaria de la tradición radical wbig. J 680-c. cumplen papeles intrínsecos al sistema. 11.h:¡ un gran cañc'lnazo:56 La contienda simbólica adquiere su sentido sólo dentro de un equilibrio determinado de relaciones sociales.1ohnsoo. Hexter se quedó sorprendido cuando yo pronuncié esta unión impropia (<<burguesía agraria») en el seminario del Davis Centre de Princdon en 1976. en que se tiel1f~ la scns"ciún de q\le una buena pl-Htc del jlueblo inglés cstClban 11l. débil como era en sus funciones burocráticas y racionalizadoras.lh. \Fcddcrbftr/l Papen. pero que. pues estoy sancionando la imagen retórica que de sí misma tenía la sociedad del siglo XVIl1. en otra fuente. esp. cit. Fudé.88. Tbe \Ylorld fbe Slaveholdcrs Made.clllry y los grupos profesionales. Dado que el Acuerdo estableció la forma de gobictno de una hurguesía agraria. \Y/. Birmingham. pp. la ley. forman una totalilbd quc es m{]s que la simple suma de pnrtcs: es un conjunto de relaciones estructurado. El CnOrtllCmcnte ndinso tn. tenemos el fl'crtc ClíPeo! de J. 1973. p.d8s. En 1775. «N() <. 50. cit. Ckment Libro)!"v.fnfry en Petcr Borsay. p. era inmensamente fuerte y efectivo como instrumento auxiliar de producci6n por derecho propio: al abrir las sendas del imperialismo comercial. los ritos de pasaje periódicos urbanos. Ciertamente el Estado. tO\TI<ldos por scpanldo. J.ldo con un.

ésta la que asignal". creo que sólo 10 habrían hecho bajo la dirección de una gentry repuhiican<1. ntnño 1977. sus propias satisfocciones y' visión de la vida. algunas muy matizadas). internamente." Esta hegemonía pudo haber definido los límites externos de lo que era políticamente y socialmente practicahle y. la que bada necesario el teatro de hegemonía cultural y la que escribía para el mismo el guión paterna· lista y antiautoritario. Y la deferencia estaba a menudo privada de toda ilusión: desde abajo podía considerarse en parte necesaria para la autoconservaciótl. 61. REVUELTA Y CONSCIENCIA nr. Recibo con gusto la nueva visión de Jaho Brewer del ritual y el simbolismo de la oposición wilkcsiana (Rrewer.. Ambas partes de la ecuación estaban restringidas a un mismo campo de fuerza.. cit . una cuestión respecto a la cual la historia ofrece muchas respuestas diferentes. como tablíes. se produjo en ptimer lugar menos desde la cultnra plebeya que desde la intelectual de las clases medias disidentes y desde allí fue extendida al artesanado urban0 6 ! Pero las ideas paini60. debemos recordar otra vez la inmensa distancia que había entre las culturas refinada y plebeya. El precio era sustancial. Con el tiempo. una cultura plebeya tan robusta como ésta pudo haber alimentado expectativas alternativas. y la energía de la auténtica auto activación de esta última. 181-191 L Pero si \Vilkes hizo el papel del tOf1'~O para la multitud. Finalmente. más abiertamente. 98). J. y (una seria debilidacD me he visto forzado a dejar fuera la multitud con licencia o manipulada por la gCl1try.~y una estrategia que llegue más allá de los límites ele su hegemonía~~ me parece ser una cuestión histórica (es decir. invierno 197()-1977. Sea lo que fuere esta hegemonía. No supone la admisión por parte de los pobres del pnternalismo en los propios términos de la gel1try o en la imagen ratificada que ésta tenía de sí misma. Me alegro de que esto se haya dicho. que constituyeran un desafío a esta hegemonía. esp pp. mediante las extracciones patasitarias a sus propios funcionarios. pues éstos no quieren desplazar el dominio de la gel1try sino simplemente castigarla. 62-63). en los años 1790. El concepto implica la necesidad de buscar intelectuales para él mismo. impusieron a los ricos ciertos deberes y funciones paternaEstas tanto como se les imponía a ellos la deferencia. y no una que puede ser resuelta R. Es esta combinación específica de debilidad y fuerza lo que proporciona la «iluminación general» en la que se mezclan todos los colores de la época. Si los sentimientos republicanos se hubierfln convertido en una hlcrza efectiva. Visto desde esta perspectiva. ésta la que otorgaba a la multitud su oportunidad de protesta y presión. 13ullc/in 01 (he Society 101' the Study o{ Lahotlr Hi. Pero también es necesario decir lo que 110 supone la hegemonía. en el espíritu de los hombres. XXXV. En una crítica relevante de ciertos usos del COl1cep:o de hegemonía. pues cuando se produjo la ruptura ideológica con el ¡laternalismo. Mortis observa que puede Ímplicar «prácticamente la imposibilidad de la d8se obrera o de secciones organizadas de la misma para poder generar ideas radicales independientes de la ideología dominante». en parte como la extracción calculada de todo lo que pudiera extraerse. por ello. nunca dejó de ser un tonto-caballero En términos generales. influir sobre las formas de lo practicado: oheda el armazón desnudo de una estructura de relaciones de dominio y subordinación. En el práctico es evidente que la hegemonía ele la ge1lt.)." sobre la vida política de la nación se impuso de modo efectivo hasta los años 1790:" Ni la blasfemia ni los episodios esporádicos de incendios premeditados ponen esto en duda."entielo aparte de eHa No tiene nada en com\ll1 con historia del (011$CI150 y Icpresenta su antítesis: una forma de definir el contenido histórico de la lucha de clases en épocas de quiescencia) (Radical History Review. no envolvía las vidas de los pobres y no les impedía defender sus propios modos de trabajo y descanso. . La cuestión de si una clase subordinada puede o no desarrollar una crítica intelectual coherente de la jdeología dominante . op. la que establecía las condiciones de negociación entre autoridad y plebe y la que ponía los límites más allá de los cuales no podía aventurarse la negociación. CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 59 tu los como. en la primera etapa. los pobres 59. No es así como yo entiendo lo sucedido.. Los límites de lo que era políticamente posible (hasta la Revolución Francesa) :se expresaban externamente en forma constitucional e. pp. expectativas limitadas y una tendencia a formas tradicionales de protestR) destinadas a menudo a recordar a la gelltry sus deberes paternalista. Véase también la aguda respuesta de Genovese a las críticas a este punto: «La hegemonía implica lucha de c1ase~ y no tiene ningún . ¿con qué ak:lllCc y en qué sentido utilizo el concepto de «hegemonía cultural»? Puede responderse a esto en los niveles prÁctico y teórico. mientras que el sistema de valores dominante se ve como «una variable exógena independientemente generada}} de grupos o clases subordinados (<<Bargaining with Hegcmony. En segundo lugar. mi artículo se ha ocupado principalmente de la «autollctivante» multitud plebeya. De modo que con ello quedamos prevenidos contra el intento de forzar la noción de hegemonía sobre una extensión excesiva y sobre zonas indebidas. p. pero dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas escenas y desarrollarse dramas diversos.ítor)l. Digo esto a pesar ce la cuestión suscitada en In nota '54. Es posible que los pobres estuvieran dispuestos a premiar con su deferencia a la gCl1trYJ pero sólo a un cierto precio. a jueces y magistrados sus papeles. fotmar sus propios ritos.58 TRADICTÓN.

que alcanza hasta el umbral mismo de su expe~ rienda) e implnnta en sus espíritus desdE' su nacimiento categorías de subordinación de las cuales son incapaces de liberarse y para enya corrección su experiencJa resulta impot. hahía durado un siglo. derivada ele SllS propias expe~ r¡encías y recursos.lhaj::1. perdió la gen!ry su confiada hegemonía culturaL Pareci" repentinamente quc el mundo no cstabn. b()s~ tezar y dar hurras. constituye una nmenaZa omni" presente a las descripciones oficiales de la realidad.dicanismn de las guerras. y ¡::xpcctativns altctnativps.60 TRADICIÓN. Nos apart3mos del campo de fuerza del siglo XVI11 v entramos en un pcrí"do en que se produce una reorganización estructural de rcL1Cioncs de clase e ideología. Esta cultura. empujar.ente. tirar las casas de panaderos o disidentes detestahles. Se sigue que no puedo aceptar la opinión. la relación de reciprocichld S. la gentil' necesitaba a pesar de todo cierta clase de apovo de los pobres. Puede coexistir (como en efecto 10 hizo en la Inglaterra del siglo XVIII) con una cultura del pueblo vigorosa y autoactivante. y disfrutaron de las libertades de Lrnzarse a las calles. ampliamente difundida en algunos círculos estructuralístas y marxistas de Europa occidental. El concepto de hqrcITIonía es inmensamente valioso. hasta que se produjeron las grandes y nada dderentes agitaciones populares al término de las guerras francesas.-¡ tcúricm" "fl l1ÚrnCf(1 de «in!clcctlJ~le~ org~­ nicn:. C(1J1 pr01lunci. aunque vio una tCllll'ntal reanimación en las muchedumbres pnrtidarias de Tglesia y Hey de principios de los años 1790. ligado en t.íctic. En segundo lugar.lltÓ. Digo esto teóricamente. ~ inflingieron l1l1 trauma a los gobernantes que puede ya observarse en el tono cada vez más disciplinario ele los ni10S 1780. quizás ampliaron el alcnncf' de las Leyes de Pohres.""s que esta hegemonía cultural pudo definir los límites de lo posible. más bien impone orejeras que impidan In visión en ciettas direcciones mientras la dejan libre en otras. Un hü1l1hfC era un hombre «<1 pesrt!' de todo». por entonces.:. logral'on atajar parcinlmente la disciplina Ioboral del pri~ me!: industrialismo. Conservaron su cultura tradicional. la telnción tecíproca entre W'/1tr)' y plebe.H A DE CLASES STN CLASES? 61 las. y sin él no sabríamos entender la estrllcturaóón de relaciones del siglo XV1!1. 1Jna hegemonía tal sólo puede ser mante. nida por los gohernantes mediante 11n constante y dicstl-o ejercicio. a raíz de las experiencias de esos nños. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CU\S. y quizá VI La VleJfl eCUHClon patcrn~1isTllo-deferencia perdh fuerza incluso antes ele la Revolución Francesa. la hegemonía. después de todo.) l~untos a cualquier forma de dominio exterior. de que la hegemonía imponga un dominio total sohre los gobernados --o sobre todos aquellos que no son intelectuales-.E ¿LUC. no en el siglo XVIII. Los motines de GorJon habían presenciado el clímax. analizar el pl"Oceso his~ tlÍrico en los términos de notaciones de clase del siglo XIX. Se hace posible.-¡micntns de «pr. pero no en Inglat<'rt:a. Al saltar. por primera vez. este proceso no tiene nnda de determinado o automático. y éstos sentían que eran neccsitndos. el especuículo militar y el antig.c . obligaron a que se ejerciera una caricbd que pudo evitar que los aRos de escasez se convirtieran en crisis de subsistencias. Pero mient. dados los violentos uaqueteos dE' la experiencia y la inuotnisión de propagandistas «sediciosos».odo punto por sus gobernantes y vigilndo por su poder. e inhibil~ el desarrollo de horizonte. la leal al'mada zarista puede convertirse en una flota bolchevique insuuecta. que se resiste en muchc). no impone una visión de la vida totalizadora. Pero. de teatro y concesión. transportadas por los artesanos a una CIlltnra plebeya más ex~ la protección que les proporcionó esta robusta e independiente cultura les permitiera (loreeer y propag?rse.)~ (en el sentido de Cnllmcil entre los 'WtC'Sil. ahmn del otro. Lns aiíos 1790 eliminaron tal ilusión v. aquí y allá. Por muy desigual que resultMa estn relación. incluso cuando se impone con fortuna.dotcs de Gran Thetililil entre J "lOO \' J R"ín !lO elche subcstjlJ1~lr:. inclinándose ahora 1e un lado. y de 1'na disposición bulliciosa y no vigilada que asombraba a los visitant12:s cxtt<-lnjeros y casi les indujo crróncnrnentc a pensar que eran "libres». de In licencia plebeya.!105 y tr. la multitud partidaria de Iglesia v Rey puede hacerse jacobina ü ludit". tensa~ desarrollaron en ell<l nlÍces instantáneamente. y también la apoteosis. Durante CAsi cien años los pobres no fueron los completos perdedores. Pudo oCLluir esto. en ese mismo momento.

1929. [Publicado antetÍotmente en castellano en Revista de Occidente. Oxford). 1938. Sykes. por supuesto.' 1. Charles Wilson. Una primera versión fue presentada en una conferencia organizada por el Departamento de Historia de la Universidad del E~:ado de Nueva Y otk en Buffalo. en la trama histórica. 1603-1763. aun entre aquellos pocos historiadores ingleses que han contribuido a nuestro conocimiento de estos movimientos populares. cuando el desempleo y los altos precios se combinaban para crear condiciones insoportables. Este artículo se basa en una investigación comenzada en 1963 y tetrtt"ada duran te los tí ltimos cinco años por las exigencía~ de trabajo en una nueva universidad. La línea de análisis es: hambre-elemental-instintiva. contra el uso impreciso del término «populacho». de manera * «Tbe Moral Econorny of the English Crowd ín the Eightecnth Ccntury»¡ Past al1d Present. n. y a Mr. 4. 1660-1714. sohre los materiales que ellos mismos han descubierto. Inas la bendición recaerá sobre quien ]0 venda. especialmente en lo que atañe a los motines de subsistencias en la Inglaterra del siglo XVIII. en su estudio sobre los motines de subsistencias entre los mineros. Beloff comenta con respecto a los motines de snbsistencias ({oad riols) de principios del siglo XVIII: «este resentimiento. p.-' Sin embargo. E. Wearmouth. Neeson y Mr. (Copyright mundial: Past and Present Socicty. registraremos inútilmente sus páginas en busca de la evidencia que nos permita detectar la frecuencia de esta «degeneración». Ma1colm Thomus. 1 y 2. De acuerdo con esta apreciación. 54-125. son 'simples respuestas a estímulos económicos. 3. ser explicada por algo más elemental que la política: era la reacción instintiva de la virilidad ante el hambre»' Los disturbios fueron «rebeliones de! estómago». en los últimos años --por George Rudé entre otros-. se descargaba en ataques contra comerciantes de cereales y molineros. Metbodism al1d Ibe Common People 01 Ibe Eigbleelllb Century. en abril de 1966. No han reflexionado. en épocas de disturbios sociales repentinos. 76-136. 75. ataques que muchas veces deben de haber degenerado en simples excusas para el crimem. en su útil crónica de los disturbios. 345. p. 26 1 Hemos sido prevenidos. Antes de este período la chusma se introduce. 2. se cuentan varios partidarios de la imagen espasmódica. Así. rara vez puede considerarse al pueblo como agente histórico con anterioridad a la Revolución Francesa. 1945) esp. se permite ennnciar nna categoría explicatoria: la «miseria». R. Un espasmo condujo a otro: el resultado fue el «pillaje». Es suficiente mencionar una mala cosecha o una disminución en el comercio. pp. Corpus Chrísti College. sino de manera superficial. Estas irrupciones son compulsivas. Ashton y ]. Londres. M. BeloH. Quisiera en este artículo extender la advertencia al término «motín». pp. en cierto modo. Publie Order al1d Popular Dislurbal1ees. 1965.. Oxfotd. caps. formula e! rrgumento propio del paternalista: «la turbulencia de los mineros debe. p. Su in- . es una explicación reconfortante. n. Desgraciadamente. Es cierto que los magistrados de Falmouth informaron al duque de Newcastle (16 noviembre 1727) de que <dos revoltosos mineros del estañm> habían «irrumpido y saqueado varías despensas y graneros de cerc:1h:. S.33 (abril 1974). Miss J. Proverbios XI. más que autoconscientes o autoactivadas. T. The Coal 1I1duslry 01 lhe Eigbteenlb Cenlury.O 1.O 50 (febrero 1971).' Ashton. 131.LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 63 LA ECONOMíA «MORAL» DE LA MULTITUD EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XVIII· Al que acapare el trigo el pueblo lo maldecid. Wearmouth. Tengo que agradecer a la Fundación NuffieId una reciente ayuda de investigación. Charles Wilson continúa la tradición: «Alzas espasmódicas en e! precio de los alimentos incitaron al modn a los barqueros del Tyne en 1709 y a los mineros del estaño a saquear graneros en Falmouth en 1727».] ocasional y espasmódica. Esta simple palabra de cinco letras puede ocultar algo susceptible de describirse como una visión espasmódica de la historia popular. Londres. El trabajo original ha sido tevisado y ampliado en varios puntos. Manchester. D0dd su ayuda. England's Apprenticesbip. F. y puede sugerirse que esto. para que todas las exigencias de una explicación histórica queden satisfechas. E.

el consenso era tan mateado y enérgico que anulaba las motivaciones de temor n respeto.no puede rettoUaerse de nuevo al estímulo? Son muchos. pnr SUpl1cstO) que los motines de subsistencins eran provocndos por precios que sl.l) que -por 111ocbo que se cueza en el horno del análisis estaelístico. \"r.1bínn vertiginosatl1ente. 122-1. 1948.. hasta el momento actual en que se da por hecho que ui1a especialización en la segunda disciplina confiere. J. los historiadores del desarrollo culpables de un craso reduccionismo económico que elimina las complejidades ele motivación.tría que el comienzo de la madurez sexual puede corre1ncionarse co11 una Jnayor frecuencia en dicha actividad. La objeción es que este gráfico.es una cuestión muy in~ trincada para abotdarla dentro de los límites ele un artículo. Thr Croll. Hose. 13rilüh EconolJly in fbe Ninctecnib CC 11 !ury. y las energías psíquicas involucradas en el contenido de los c\Jltos ele· Melanesia..22. ¿cómo es modificada su conducta por la costumbre. \v. 36A. S. de que las recientes investigaciones hayan tendido a tergiversar y cuantificar testimonios que sólo se han entendido de manera imperfecta.:l'A y CONSCtENCfA DI'. disciplinada y con claros objetivos. por práctic{1:". Es cierto. en general. MCII. conducta y función. de gdvertirlo en el trabajo de sus colegas marxistas. y. Con el concepto de legitimizaci6n quiero decir el que los hombres y las mujeres que constituían el tropel creían estar defendiendo derechos o costumbres tradicionales. pero. o por hambre. OxforJ. 6 Es posible ddcctar en casi toda acción de masas del siglo XVIII alguna noción lcgitimizantc. ¿contribuye la conducta de las gentes a una función más compleja. Londres. IIasta qué punto estos ohjetivos fueron alcanzados --esto es. Elltre los más jnl'cre:~antes estudios que relacionan precios-cosechas Y disturbios populares están: E. Weber o Malino\Vski. ¿qué es lo que hace la gente?. según pretendían los amotinados. sr El lado débil que comparten estas explicaciones es una imagen abreviada del homhre económico. A esta visión espasmódica opondré mi l)fopio punto de vista.959. 'lor supuesto. e~p. pero esta sugerencia es probablemente falsa. esta criatura social infinitamente compleja.ASF. pero en la Jn8YOrí. autom. Fudé. PRO. CJ. 5. el hombre me1ancsio.. si no se usa con discreción. Ashtol1. :\Qc\. y la tazón? Y (habiendo convenido en que el estímulo primario de la «miseria» está presente). Hobsb::nvm. de igual manera que un «gLáfico de la tensión sexua1» Jllostr. Y T. Pero ·estos agravlos opetaban dentro Ú He: ('nconl t<1rlo de 1:'1 máxima milidlld el estudio pionero de R. LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTITUn 65 Durante dé. El lllotín de subsistencias en la Inglaterra del siglo XV1I1 fue O"a fotma muy compleja de acción popular directa. «Economic Fluctuations and SOIllC Social :rvJcvcmcnts. B.25. que permite a esta historiografía cUf1ntitativa coexistir (en los mismos sitios y a veces en las mismas mentes) con una antropología social que deriva de Durkheim.cadas. El decano de la escuela espasmódica es. Oxford. Roslm-v. 19(d.¡ ele los CASOS. Lahourhti!. VI (19Gl).'a que sean identificados los ohjetivos propios de la tnuchcdumhre. Esto contiene llDa verdad autocvidcntc (1a gente protesta cuando tiene hambre). la cultura. Ono no puede quejarse. forme concluye eol1 un comentario que sugiere que no {UCfClO mucho más capaces que alguno~ historiadores modernos en c0111prcndcr la racion:::tlidad de la acción directa de los ml11cros: <da causa de estos atropel\os. hasta qué punto el motín de subsistencias fue una forma de r1cción coronnda por el éxito---. puede dar por concluida la investig3clón en el punto exact. [lllernatÍOl1al R. les haría protestar. reduccionismo que.)..' De acuerdo con este gráfico. pues la m3yotÍa de los que se llevaron el grano lo dieron o lo vendieron a un cuarto dc su precio. . y cultutalmente mecliatizad.\ticalnente.d in History. pero pnede al menos plantearse en vez de negarla y abandonarla sin examen. Conocemos muy bien todo lo relacionado con el delicado tejido de las normas sociales y las reciprocidades que regulan la vida de los isleños de Trohriand. 1964. cuyo tosco «gráfico de la tensión social" fue presentado en 1948 por ¡lrimeta vez. y esto no puede hacerse h. igual nivel de 11crícia -a ]a primera. RFViJE1.o en que ésta adquiere verdadero interés sociológico o cultural: cuando está hambrienta (o con apetito sexual). Rostow. Eco!lomic Fluctualiol1s i/1 Ellgland. 1700-1800. por lo tanto. En 0casiones este consenso popnbr era confirmado por una cietta tolerancia por parte de las autoridnc1cs. "Eightccnth (('ntory Pricc Riots <1!1d Pl1h1ic Pnlicy in Englanch. y G.'FieUl 01 Snrifl! }-lis!()I"Y. se convierte (en tll1cstrns hjstorias) en el minero inglés del siglo XVTTT que gnlpea sus 1TInnos espasmódicatllC'ntc sobre su estómago v responde a estímulos económicos elementales. que estaban apoyados por el amplio consenso de la cOlllunidad. 1.c. como de cost\lmbre. Lo que es quizá un motivo de sorpresa es el clima intelectual-esquizoide. la historia sodal sistemática ha quedado reza·· gada con respecto a la historia económica. no necesitamos más que unir un índice de desempleo y uno de altos precios alimenticios pmn encontrarnos en condiciones de hacer un gráfico del curso de los distnrbios sociales. efa la escasez de grano en el condado. incorrectas de los comerciantes. entre nosotros.'-. en algún momento.<1 YNk. pp.64 TRADICIt)N.

están jalonados de motines --o como los contemporáneos a veces los describen. en vez de interferir únicamente en momentos de disturbios. Este pan no era todo de trigo. un pan mezcla de vados cereales {I o una mezcla de cebada y legumbres secas. Durante los años sesenta. 1756-1757. Las fortunas de las clases capitalistas más fuertes descansaban. encontraban algún apoyo en la tradición paternalista de las autoridades. ) Londres. en último término. op cit. 10.750. Fitzjohn Brand. en la Inglaterra del siglo XVIII. condiciones ecológicas. . 140. no obstante. 8. Esos años que llevaron la agricultura inglesa a una nueva cima en cuanto a calidad. y los dos primeros artículos debían ser vendidos. y.000 de cebada y 623. a su vez. 1766-1767. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 67 de un consenso popular en cuanto a qué prácticas eran legítimas y cuáles ilegítimas en la comercialización. carne. los trabajadores de las minas de estaño de Cornualles subsistían en su mayor parte gracias al pan de cebada. en parte. De aquí que las fricciones del mercado nos lleven a una zona crucial de la vida nacional. etc. nociones de las que el pueblo. tampoco puede. 1773. El conflicto entre campo Y ciudad fue mediatizado por el precio del pan.' El esquema de consumo refleja.000 de avena. Threc Tracts on lhe COlon-TraJe ona Corn-Laws. que recorrían el campo con cachiporras. Esta industria capitalista boyante flotaba sobre un mercado irascible. pp. lana. })istritos con suelos pobres y distritos de tierras altas (como los Peninos) donde el trigo no maduraba. p. de <<Ínsurrecciones» o «levantamientos ele los pobres». sobre la venta de cereales. Los informes de Notthumberland son contradictorios. en la elaboración del pan. 194 (par!'! 17(5). ciertamente. 1766'. en cierta medida. o surgían en la plaza del mercado para «fijar el precio» de las provisiones a un nivel popular.' Hacia 1790 podemos calcular que por lo menos dos tercios de la población consumían trigo. Un atropello a estos supuestos morales. En el siglo XVTII la clase trabajadora no vivía sólo de 1'''". tomadas en conjunto. y no sólo por parte de los pobres. de centeno. que.. 739. la gente trabajadora era incitada a la acción más perentoriamente por el alza de precios. Esto estaba a su vez basado en una idea tradicional de las normas y obligaciones sociales. puede decirse que constituían la «economía '''morar' de los pobres». 16-19. Para ({maslim> (un pan hecho de varios cereales)) véase Sir William Ashley. sobre todo. mientras que el campo y ciudades más pequeñas se alimentaban de pan de avena. de las funciones económicas propias de los distintos sectores dentro de la comunidad que. definirse como apolítica.66 TRADICIÓN. 1740. Charles Smith calculó que de la supuesta población de alrededor ele 6 miJlones de Inglaterra y Gales. pero parecería que Newcastle y muchas aldeas mineras de los alrededores se habían pasado por entonces al trigo. 1732. y en pArte. De aquí que esta economía moral tiñese con carácter muy general el gobierno y el pensamiento del siglo XVIII. 1O 7. 18:00.. Smith. constituía la ocasión habitual para la acción directa. The Bread 01 our Forclathers. que podía en cualquier momento desatarse en bandas de merodeadores. 3. 1928. 1795 y 1800-1801.El conflicto entre tradicionalismo y la nueva economía política pasó a depender de las Leyes Cerealistas. puesto que supone nociones del bien público categórica y apasionadamente sostenidas. 62-63. A Determinatirm 01 lhe Average Depl'cssion 01 \V heal iN \t'ar bclow lbat 01 the Preceding Peace . 182-185. El conflicto económico de clases en la Inglaterra del siglo XIX encontró su expresión característica en el problema de los salarios. II Así como habhmos del nexO del dinero en efectivo surgido de la revolución industrial.. se hada eco tan estrepitosamente que las autoridades eran. Pero el alcaldr: de N('\. pp. La palabra «motín» es muy corta para abarcar todo esto.-'nlst!c . si bien el pan de trigo fue ganando terreno continuamente sobre otras variedades hasta principios de la década de 1790. peto (como muestran los presupuestos reullidos por Eden y David Davies) muchos de ellos subsistían casi exclusivamente por el pan. tanto como la privación en sí.000 comían pan de trigo. en los años noventa. Londres. Esta conciencia de consumidor altamente sensible coexistió con la gran era de mejoras agrícolas del cinturón cerealista del Este y del Sur. -a los millones de personas que componían la legión de los consumidores. 9. C. 96. eran Jos bastiones del consumo de otros cereales. Oxford. sus prisioneros. con poca íntervención de los intermediarios. existe un sentido en el que podemos bablar del nexo del pan en el siglo XVIII. pp. Aunque esta «economía moral» no puede ser descrita como -«po·· lítica" en ningún sentido progresista. 888. Se consumía mucha harina de avena en Lancashire y Y orkshire. grados compnrativos de pobreza. Smith. C.1709. Aun.000 lo consumían de centeno.

indigestión. pp. 1795.. J.) 11 En las ciudades. esto fue en parte consecuenciJ de la protección patcrnalista al consumidor.. el salvado.nte «que merece confianza>. 11. y 11n infemnador de flexharn Ahbcy decía que cebada. \\fcbh. L. eir)' 01 Excier.. no servían para prepann. Londres.crvó que «1. pues el J\ssizc of Bread --·regulación o «Reglamento sobre el Precio del P<'lIl» . para la evidencia de que (1795) «no hay pan dnmés~ tiro hecho en J. Girdkr. Sobre esta compleja cuestión. iHS.e Labourer.clas más bast"s. 1796 que RC'. la resistencia de gran parte de los trabajadores resultó invencible. p.la h<1rinJ para la hogaza doméstica de tipo intermedio. . y B. 25 . 14. el pan negro era sospechoso. REVUELTA Y CONSCTF. 1800) esp. para un pan negro que un observador consideró «tan rancio.>. sob. en épocas de escasez. 88. La' resistencia se extendía desde las rcgionc" consumidoras de trigo del sm y del centro a las consumidoras de avena del norte. 119-123. \VO 1. un cmrcsponsal ele Stockport en 1795 ohr.lIla muy generosa suscripción sido hecha con el propósito de distribuir harina de avena u otras ptClvisioncs entre los pobres a precios reducidos. véase además S. por lo tanto. con ccnleno o «maslim> en las ciudades: PRO. (1/1 r1 .1' C()u7Icil) en El algmlcil de Heigate informaba en términos simibre<. mente pan de panaderífl hecho de Higo llamado de segunda. CÓfJ1I11. 203-206.ondrcs}). de posición relativa.. Aun frente a los "troces precios de 1795 y 1800-1801. y que los nrtesanos y obrerDs pobJ-es con fBmilias numetoS"S han uSildo en general sol<lmenl. 176'-7.í COllseqllcllces o{ FOJ'estalling. lTInyor. y pueden mencionarse rápidn- fIlen te varios de sus aspectos. Salaman. 255. El problema fue discutido con lucidez en [Gobernador] POW\l<1l!. pp. 1966. R. El problema es m~ís complejo. pe l. Un correspollsnl de HO!llton describía en 176G el pan doméstico como «una infame mezcla de sa lvado molido v cernido. entre elJos.33. al cual se añade la peor clase de harín<1 inclasificl1ble»: [Jüt.s tienen ot.1094.> estaba usando las mezc1a~ de cchada y trigo requerjdas por lRs autoridades.11 pnn blanco..S. En las óltim"s dócachs del siglo muchos molineros "daptaton sus maquinarias y sus tamices en tal fonna que.5 . 1800. para imponer la manufactura de cali~ dades de harina más bastas (o. Se insinó" que los ttabajadores acostumbmdos al pan de ttigo 110 podían en verdad trahajar -sufríau de dehilidad.o de muchos agricultores». (Irónicamente.C . 493-517. VéAse también 10td Tolln Sbdfield. A finales de siglo. pues el beneficio que podía obtenerse de estas ventas era. Tbe [-listar')! a1Jd Social lnflucl1cr 01 I. ObsenJ¡1/ioils 011 tbe Pcntici()ff. 106. que estaban aletta contta el peligro de la "dulteracicín. serie LXXTII.nmiescn pan de mezcla. iba en Ínterés del panadero el hacCf la menor canl idad posible para «uso doméstico». de hecho. nuevamente el pan Llanco fue gallOnc!o te treno a variedndes m<Í.hc Pota/o.88. IIp. Cnnbridge. Hammond. pp. tanto por parte de los molineros como de los panaderos. de acuerdo con el precio del grano. !Jroducicndo sólo las mejores calidades para el pan bbnco y los desperdicios. los Sentlmlcntos de status estabBn profundamente arraigados dondequierB que prevaleciese el pan de trigo y este fuese "1nenazado 1'0. ~ Esta medida. esp. encontraron muchas elificult"des y con frecuencia resistencia. cebada y kgumhrcé' ~ccas. que Slllnan qlli'1. pp. 10.. 13.12 Los intentos realizados por las autoridades. Véase también J. COluidcratiol1. . 14<1-147. pero en modo nlguno fue exclusivall1C'_ntc por eso. que to[lavía clama e insístc en obtener pan ele 'trigo»: PRO.Toumal XIV (1904). pp.e pi111 de cebacli1.'·' Los diputados del gremio en Calne inform"ton al Consej~ Privado (Pri. o alnbias <<eS el único pan de los trabajadores pobres y de los ctiados de los agriC1. con familias mns pequeñas (diciendo que ellos no podí:1n ohtener más que pan) han comido. EC0110!n.68 TRAnTClóN. indu:-:. da poca satisfacción al pueblo. pues podía ocultar fáci1l11ente aditivos tóxicos.: En cuanto a los ttabajadore" pohres que flpcnn. y B. como antes de la escasez. and 1llgrossill5?. oscuras de harina integral. AH Enquil')' illto the Cause of ¡be HiJ!. Era productivo p3r1 los panaderos y molineros vender pan blanco o harinas finas. 27. 1ltores e . siento decirlo. p. ed.NCJA nE CL¡\SF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUt) 69 A lo l"rgo del siglo.ro ~ustcnto que el pan y que por la costumhre del vecindario siempre han comido pan hecho solamente con trigo. El resto.f. esp. 19 49.he [)c{irirfley o! Graln occ(1sioned by [he bad Haruesf ni 1799.A.intentaba evitar que los panaderos obtuvieran sus ganancias del pan de los pobres. repu 151vo y pernicioso como pata poner en peligro la constitución fisica>. esp.1 alrededor de 1J{1 tercio de los artcs:mos pobres. Esto se debió en parte a una cuestión de valores de status. Camhridge. y otros. o náuseassi les [orzaban a catnhiat al pan hecho con l\1e7. S. Nathaniel Forstcr.b Fria af Proflis-ions"¡ Londres. como en 1795. la posibilidad de mezclas más bstas.. 12. N. Remark. y esta pequeña cantidad hacerla ele pésima calidad.Í 011 the Scarcity and Higb Prices o{ J3read~corn (md Bread. ~(The Assizc of Breacb." informaba (4 mayo 1796) que el pan de centeno era «muy usado por los trabajadores empleados en la Tndustria del Carhóm>. Regratillf!. Londres. en general. Lundres. no he impuesto ní cxpresnoo el deseo de que con::. el uso gencr"1 dc la hogaza «doméstica»). The Villag. que se asociaron .

. E. cuando sus necesidades estuvieran cubicrtas. y tampoco retenerlo con la esperanza de subir los precios. muy frecuentemente. En Horsham (Sussex). Así como en el derecho consuetudinario y ]ns costumbres. El modelo paternalista exIstía en un cuerpo desgastado de ley estatuida. 1932. el decreto fue revocado en menos de dos meses. que se anunciarían a toquc de campana. Grass. «se encontraron déhiles. cocido y comido. «Traffie in Farm Produce in Eighteenth Century Eng13nd». Y apenas se puede proseguir sin esbozar. en diciemhre de 1800.16 De la supervisión de los mercados pasamos a la protección del consumidor. cap. en lo posible. Londres. The Evol. Pussell y C. Fay. «Thc Corn lZints in \XTales. la comercialización debía ser. se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del Pan. 1915.Tones. 1. B. molido ell el molino. 1925. 1930. G. informaba las acciones del gobierno en tiempos de emergencia hasra los años sctenta. Ciertamente durante la mayor parte del siglo XVIII el intermediario siguió siendo legalmente sospechoso) y sus transacciones. donde. Moffitt. G. No debían comprar el cereal en la mies ni adquirirlo para revender (dentro del plazo de tres meses). Davies. p. Véase especialmente los presupuestos en D. Míddlemen in English Btúiness. 347. Agricultural His!ory. en el mismo mercado) con ganancias. 1915.:lsÍ todos los utensilios similares que intentase usar en el futuro de igual manera. llevado al mercado. Un grUllO de tnl1jctC's fue al molino de viento de Godscn. . no se podían hacer ventas antes de hotas determinadas. Los agricultores habían de traer su cereal a granel al mercado local. n. y los comerciantes al por mayor (con la oportuna licencia) podían hacer sus compras. L. The Case 01 LabOllren in Husballdr:v. Los molineros y -en mayor escala. C. V (1963 ) . «The Food Supply of ao Industrial Town (Sch( ffieldh. BJth. hahía de sonar lIna segunda campana. Mass. harina de flor o harina.. en teoría.hnet Blackman. ofreció después <l sus colegas licor) por valor de una guinea) en la taberna de Ctab Tree. Ne\v I-laven. Cuando. cap. 3. Ecol1Omic HÜlory 01 Englalld. V . The Corn Laws and Sncial England. fueron severamente acotadas . o el movimiento de protesta-. XII. pun tos álgidos alrededor de los cuales los motines podían surgir. E1/gland Ofl the Eve 01 lhe Industrial RevolutiOfl. 419-4419. de manera esquemática. 2 Véase también N. Barnes. Pero en cada etapa de este proceso hay toda una irradiación de complejidades. 1956'. Cuando los precios eran altos. D. Como resultado de semejantes actitudes. afiebrados. 1660-1760. A History 01 the English Corl1 Laws. La amazónica dirigente de esta cabalgata en say<lS. del agricultor al consumidor. T<llnbién. Era el modelo que. yal cual muchos magistrados locales continuaron apelando. Londres. trillado. no debían venderlo mientras estuviera en las mieses. Los traficantes estahan cercados de trabas y restricciones. B.::! í'. S. D. Según este modelo. 15. A una hora determinada. Londres.. los pobres deberían tener la oportunidad de comprar ellos primero grano. o en mercados cercanos. No debían comprar (y los agricultores no debían vender) por muestreo. el modelo paterna lista del proceso de elaboración y comercialización -el ideal phtónico tradicional al que se apelaba en la ley.70 TRADICIÓN. Cambridge. Y en Sir Frederick Eckn. The Sfate 01 the Poor. pp. El mejor estudio general de los mercados de grano del siglo XVIII es todavía R. e incapaces para trabajar con un cierto grado de vigon>. 11 nO 4 f191S5). E. Lipsan.los panaderos era o considerados servidores de la comunidad que trabajaban. regateo y monopolio. de oportunidades para la extorsión. dil-ecta. codificadas durante el reinado de Edua. 1I. He aquí el grano: es cosechado.lIazosas realidades del comercio y del consumo.rdo VI. Los mercados tenían que estar controlados. la respuesta popular fue inmediata. no para 16. W. J.!. etc. Business History. Westerfield. 17nllQ(¡1" 111". Londres. 1795. 1797. Los pocos trabajadores que habían probado pan hecho de mezclas. el panfleto. inscritas en los mohosos pergaminos de las leyes contra el acaparamiento. en pequet10s paquetes cuyo peso y medida estuviesen debidamente supervisados. 3rt.. y lo cortaron en mil pedazos. injuriando al molinero por haberles dado harina morena. el gobierno presentó un decreto (popularmente conocido como el Decreto del Pan Negro o «Decreto del Veneno») que prohibía a los molineros e18borar otra barina que no fuera de trigo integral.utiol1 01 the Englirh Corn Market f'·m" the Twelfth to the Eighteenth Century. Goodmen. más de la mitad de los ingresos semanales de la familia de un trabajador podía muy bien gastarse exclusivamente en pan 15 ¿Cómo pasaban estos cereales desde la tierra a los hogares de los trabajadores? A simple vista parece sencillo. Cambridge.O 2 (1938). amenazando al mismo tiempo con tratar .¡' l-Jiu r. R.y contra el que chocaban las emb. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUn 71 por miedo a que no estén suficientemente alimentados pata poder con su traba jO.

y J. Aikin puede así des- alrededores de Londres. Aikio. 20. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE lucrarse. carnes invendibles) etc. a las nueve pueden COnl. Hawhn.h carne) para pesos y medidas de grano. Londres. crece la hierba en el emplazamiento elel mercl1dí!.<:. 22. Londres. nCflparamicnto y rcgatcQ»..lbcro de merc'Klo y pAra que les fijaran el pre. cct J.in duda por muestreo en la mayorh de los condados. XIV (..:tll desaparecido.'\lltotídadc:. . en el Sudoeste (otta de las zonas conocic1:1s por su tnldicionalismo).. quizá 1"1"('. Btlrnctt. Cattle.15 l1p.. pp. 18-20. An Essay lo Provc lhal RegralOi'S. tanto el precio como el peso de la hogaza eran fijados con relación al precio vigente del trigo r . 17. Anon. Este modelo.b rcguhciúll del mercado de Preston: Jos mercadas sC111:1nales . se <lleja en muchos puntos de lRs I LA ECONOMÍA MORAr.». CIlando Best descrihe la práctica en el este de Yorkshire..upucsto. Thc Cor!rf Lecr Rccord. y otra vcz en 1760. 21. con un resurgi111iento dc la vigihncia en los aílos 1. parte 2. .nte ele jl1gUCtcrÍ:1s ~' puestos de baratijas y chucherías . Iv1uchos de lo~ pobres cornprab<.. Sc supone con frecuencia que la venta de grano r~or muestreo estaba generalizada a mediados del siglo XVll. en cuyo caso el nl0linero podía cobrar la maquila acostumbrada. Por ello.n Esta era. En Londres y en las grandes c:udadcs donde esto había dejado ele ser la norma hacía mucho tiempo..1anchcstcr.c of Bread. IX. sino para lograr una ganancia razonable. cxccpnl<llb el pescndo 18 hecho qlle había te Se pueJen ver pOC3S C05. véase: m. VllI. 99-1ll5.iad.J!. están cxtrcm.T/SSineI His!nty. Uno de los mejores fl1'Chivos de un bicn rcgu.Hl su grano e11 el mercado directamente (o lo obtenían como un suplemento del salario o espigando). cit. y declarM que vendería a cualquier lInfa del Día a pesar del Señnr del 1'' C\1(1<1 (1 de Ctmlquicr otra pcrSOn. lo llevaban al molino para ser molido. passim. pp. P. peto mucllos pequeños agricultotes continuaron vendiendo Su grano en Jos puestos del mercado. mín vigente dunmtc el siglo XVln en Londres y en mucllas ciudncles 19 de rn r rcaclo_ En el C:1S0 de la venta por muestreo podemos observar el peligro de asumir premnturamentc In disolución de las restricciones consagradas por ln costumbre. 1888-1889. OpprcJson lo thc Poor. y B. vol.-¡S por {leso o medida eSG1SOS. El AssizC' nf Rread estllbo. E1JgrosS('1". pero nint2"un:l lllCrG\I1Cí:l sin vender puede retirarse del mercado hasta la unr¡ en pllnto . hastfl los liños 17SÜ fueron frcc1. y B.\s aclclflntc not.ster. Wcbb. Otros agricultores trrlÍan tod8vía al mcrcnclo una única cnrga «para hacer un sÍtnl. de las ocho a las nueve de la mañ.'! 46. 13.dJ Tl'adesman. en el que. \\'/ebb. pp. y el viejo modelo quedó en la mente de los hombl'cs J En el mismo año.". Los impuestos casi h. como entes. ]a tendencia. Londres.h}). and o/ber l"farJ. por . Se i111pusieron lllUlt{lS por vCllder cargas de gt'ano antes de que sonar:l la Camp. 1I.20 y eon segmidad en 1725.. Para la regulación del uGlpnramicnto en ·t-. y donde --scglín memoria de muchos de los habitantes-···· solínl1 venir antes n la ciudad en un dí. cuando Deloe redactéÍ su farnoso informe sobre' el comercio cerealista.ct(7blc Goot!s are DeJfruc/if'c 01 Trade. XXXHI). 19. alu{ a CO!11moll Nuis(11Icc lo {he Ringdom in Gcucrol. Jndustry in thc Ninetcenth Cenl1. 1737 Y 1748 (Cl1<1l1dn \\1i1\i:lIH Wyat f\lc muhado en 20 chelines «por vender ilntes de que soniltrl la C!1!l1\XIIl8. buhoneros y detJl1ístas» excluyéndolos del mcrcndo dcsde las ocho de la mañana h:1sta mediodía. Aquí fneron nombrados durante todo el siglo vigilantes de 111ctGlCl" pMa el pes(~do y .72 TTU\u\CIÓN. «The Assizc p{ Brc<1~b. para catTlcs blancas.le acuerdo con el Assize of Bread. las. la stl[)crvisi6n f1lc c. p<lssím.lcs~)\lés algo más ligerA (aunque continuó)..lJ13 dc1 mercado en 17)4. f\·l<. TIJe Com¡)!cfc E1Jgli. 1111lnicipalcs de Exeter intentaron cClntrnbr :1 los «revelldedores.l. J.l· 01 !he AL1IIor 01 Manchesfcr.:111a. en efecto.n una bolsa o en un p¡:¡ñuelo que son llamados JJZucslraJ. cien. B. Ea1"\Vilker. hora en S. 286. los ilntiguos mercndos de pucstos criln corrientes to(bvía y sobrcvivíill1 mín en los rca1id." Pero. y en algunos 1l1unicipios Clwtrociclltns ahofil.l. Enmomic }L. por aqucl1as fechas..57. 1795.chc. pero el verdadero negocio se hacÍll en «paquetes de gnmo r. Sólo a la gente del pueblo se le permite comprar a primera horn.11 y or I:s !Jire in 1G41 (Sllttee!' Socicty. S. mientrns lnllChos grandes agricultores vendían s. V (1963).. 1727. Fores/allers. 1718. 1g. R1Iral Eco11omy . 18.'! 1 ¡"un 73 que ]a campana del ayunt~micnto sonaba.l1"Y'».prM los demás. 9R-99.no.list8s» (1 las puertas de aquel. y ellos cocer después su propio pan.The BaHn¡:.1cn\es hs 1T111l!-.ldamcnte bien regulados pat<l evitar el acaparamiento y el regateo.1904). cargas de gU. Vfl. En 1718 el autor de un l'anflel<¡ dcscrihía la decadencia de Jos II1cl"Cados rumles nido lugar en años recientes: C01110 l1l1 cribir en 1795 la ordc!1'H. (.790. p. doscientas. A DcsC/"ipt1(}!J o/ lhe COUl1l/'y Irol1J fhid)' lo lorly Míles rOtll1d ALmchestcl". el beneficio o ganancia del panadero era calculado . and ]obben 01 COnJ. Los agricultores (se lamentaba) habían llegado a esquivar el mercado y a operar con corredotcs y otros «conttaban.Jdes del siglo XVIII Lo más sorprendente es observar hasta qué punto funcionaba en parte tOllavía. cio». ~"'lara el 1\ssi7.n mcrcado señorial del siglo XVIU es el de i'vhnchestcr. así como catadores ele cel·Vel. op. DE LA MI.'cienta.a y <1gen~es pata impedir <(monopolio.

dondequiera que su agente solicitase. Una y otra vez fueron impugnados los nuevos procedimientos de comercialización. Con ocasión de la escasez de 1756. 1757. promulgó una proclama ordenando a «todos los agricultores. de un corresponsal en Dorchester. de ral maneta que ahora los pobres habitantes no podemos consegnir una molienda en proporción razonable a nuestto dinero. tendemos a aceptar como inevitables y «naturales». . materiaaprobable. pero 110 «civil»: No puede decirse. p. A Letter to a Member al Padiament proposing Amendments lo lhe Lau)J against Forestallers. da el precio que éste te pide y el pobre tiene que aceptarlo.. pp. Londres. XXVI (1756). el negocio se hace antes. los mercados tuvieron tan poca función * Medida inglesa de áridos. «compraban secretamente grandes cantidades de cereales de acuerdo con pe- (Estas prácticas podían dar oeaSlon a un motín. bajo severas penas. la respuesta era «Está vendido».. L.24 Pero después de 1760. op. aunque tendieron a trasladarse hacia el Norte y el Oesre. p. Por esto el molinero.74 TRADICIÓN. un delito punible. Un corresponsal que escribía a lord Shelbourne en 1776 acusaba a los comerciantes y molineros de Chippenham de «com[)lot» : Él mismo mandó comprar una arroba de trigo al mercado. Malt . and Regraters. queñas muestras. Forster. sostiene que los grandes agricultores se reunían para fijar los precios antes de ir al mercado. Anon. 5-8. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 75 COlno fuente de resentimiento. Museum Rusticum el Commercia/e. Ingrossers. aunque para evitar el castigo de la ley. p. 199. 24. y no venderlo a muestreo en sus propios lares». Anon. de t. el que se aproveche de eUa. p. De forma que. Esta práctica sugiere In existencia de una ocultación y pérdida de diafanidad en los procedimientos de comercia lización. y aunque había allí muchas cargas. Con el transcorso del siglo no cesaron las quejas. Anan. en junio de 1757. lo cual es una gran calamidad». que 110 es enemigo del agricultor. Gentleman's Magazine. 1758. [Ralph CoulI:eviUe]. An Enqtáry into the Priee 01 Wheat. Un panfleto característico (de 1768) clamaba indignado contra la supuesta libertad de cada agricultor pora hacer 10 que quisiera con sus cosas. 534. y el mercado es sólo una farsa . En 1710. 119-123..].) La segunda carta es de 1772. y describe una práctica diferente de tasa de mercado. dentro de una abundante literatura en efecto. La asistencÍ1 del agricultor al mercad0 es <<una parte material de su obligación. para interpretar las leyes.. traer sus cereales al mercado público. entonces. cit. pp. equivalente a 36. el Consejo Privado. no merece la protección que el poder de la Sociedad proporciona. se informó de que <da población se sublevó en Oxford y en pocos minutos se apropió y dividió una carga de trigo que se sospechaba había sido vendida por muestra y traída al mercado solamente para salvar las "p&riencias». Halsemere (Surrey) se lamentaba de molineros y harineros que acaparaban el comercio. Dos cartas dan alguna idea del desarrollo de nuevas prácticas en el Oeste.35 litros. en tazón de su cargo.'ihels/' que 105 pobres no pueden comprar. en el siglo XVIII. una petición a favor de la gente pobre de Stony Stratford (Buckinghamshire) se lamenta de que los agricultores y comerciantes estaban «comprando y vendiendo en los corrales y en las puertas de sus Graneros. 10 traen al mercado. esto sería libertad «natura]." Pero lo que puede parecer ahora como inevitable no era necesariamente. Londres. Pero a las autoridades no les agradaba sentirse demasiado presionados en este asunto. por consiguiente. que sea la libertad de un ciudadano o de uno que vive bajo la protección de alguna comunidad. y muchos de estos hombres no venderán tnenos de cuarenta bU. The Cries 01 the Public. y se regaban a comprar el que había sido expuesto en el mercado público». y era inmediatamente después de haber sonado la campana del mercado. En 1733 varios municipios apelaron a la Cámara de los Comunes en contra de tal práctica. IV (1765). no se le debería permitir guardar sus mercanCÍas o venderlas en otro lugar». 1768. es más bien la libertad de un salvaje. [e. Pueden encontrarse ejemplos.) 23. 25. .>. en 1766 (otro afio de escasez) los magistrados de Surrey inquirieron si comprar por muestreo era. y recibieron una respuesta prodigiosamente evasiva: el secretario de Su Majestad no está autorizado. en visión retrospectiv3. 97. en Los paternalistas y los pobres continuaron lamentándose del desarrollo de estas prácticas de mercado que nosotros. (N.. Londres. además de poner en movimiento las viejas leyes contra el acapararniento.

cit. así como grandes fabricantes de harina. el justicia mayor. existe en el área de comercialización) cscas. en 1795. en muchos (. Girdler (op.nnos lugares no se dcctÚ<ln vcnU1S excepto ('n 105 sitios ordinarios.. Existe incluso la impresión de que. «The Dcvclopr¡:("!1t ot the Lnndoll Fond i'v\arket. en su práctica normal. Sr: informó de"de Cnrnll<i\ks fTI 1795 que «(muchos 8griolltores tehllsan vender [cel. <~a pesar de qlle el decreto dc Eduardo VI fue revocado (si lo fue aCertada o desacertadamente no soy yo quien deba decidirlo) mín sigue siendo un delito de derecho consuetudinario.. r. p.7(. Tbe scarcity 01 Graif1 cOflsidered Salisbury... En años de buenas cosechas y precios moderados. Ona pctición de los trabajadDres de Leeds en 1795 se queja de "los agenles de cereales y molineros y un grupo de gente que nosotros l1am311l0S rq?. 10 cual causa ¡lranctcs murmuraciones»: PRO. El reguero de procesos que puede observarse a lo largo del siglo -normalmente por delitos insignificantes y sólo en años de escasez-·-. etc. La misma densidad. ayudó a los magistrados a inculcar el temor de Dios entre los molineros y comerciantes loca· les. . con objeto de hacer ver a los pobres que las autoridades actuaban en vigilancia de sus intereses. buhoneros." En algunos Jugares del NDrte el asuntD era distinto..8tones y los llarineros que tienen el grano en sus manos de rnR.$ hajas>:>: PRO. se acogía bien esta ambigüedad. En esto eran. trajineros. aceptahan en gran patte el cambio. HO 42. pp. el bencficiD dd Moc¡¡do se hél.~. en época de escasez. pndido casi para el vecindario».n5 boisillos como muestra 10 cua' hace quejarse mucho a los pobres». se limitaba a rd1el. Ecoll_ Hi5f. Cuando el Consejo Privado autorizó (como sucedió en 1709.T1Cra que pueden retenerlo v venderlo a. mercachifles. las quejas contra la venta por muestreo son menos frecuentes. lord Kenyon. Los molineros eran ahor".) siguieron siendo delitos de derecho ("0fn11n h:1<:t" lRtlA· \'(1 l-. en rC<-11ic18d..54. T .ü)a todavía de que los pobres no pudiesen comprar pequeñas cantidades. El n10·· de10 patem"lista {altaba. TRADICIÓN. Se ha seguido este ejemplo para ilustrar la densidad v particularidad del detalle.lnOs no podían en modo alguno ser abastecidos sin las open)Ciones de agentes euva. 35. se alejaba de la realidad? La respuesta varía según las autoridades implicadas v con el correr del siglo. El A. Pero puede darse una respuesta general: los paternalistas. que adoptaba partes del modelo como su derecho y patrimonio. Malham... y desde Essex en 1800 que «en . 17 56 Y 1766) la emisión de proclamas en letra gótica ilegible amenazando con terribles castigos a acaparadores. en cierta medida. Tanto fue el tiempo que tmdó en abrirse camino y resol· verse un proceso.l.. .14.l"~~. pero volvían a este modelo en cuanto surgía alguno situación de emergencia.l ptecio que quieran. CLASF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD en la mavor parte de hs tierras del Sut V en hs Midhnc\s que. 17 40. prisioneros del pueblo..1Z(' of Bread." Fuera de los distritos cerealistas ~)rincipales~ los mercados l. daha a los magistrados cierta capacidad de maniohra.<. 26. 92). Es cierto que la legislación contra el acaparamiento fue revocada en 1752.1 r: .I. "Los agricultores no llevan n"ís grano al metcado que el que llevan en :. Fi'Sher..I:~. cn c\ichos distritos. y vendedores \ principalmente molineroS y agentes) cenan juntos . pero también una existencia real frngmentaria...t""s puntos.no se agotc\: por el contrario. T 1 J .. V (19'::q. f . lTIUy n menudo..._". pp. 154016--W)). etc. por supuesto.~l(_h\] en pCqUcl1¡lS Ci\I1- tidadcs a los pobres. tales prácticas $C)\l menciolHKhs «con gran indignación por las clases m.. que. las autoridades lo dejaban caer en el 27. ¿Hasta qué punto reconocieron las autoridades qllC su modelo 25. Véase) por ej" Davies ([¡¡fra. la variedad de las costumbres locales y el mm bo que el resentimientCl popular podía t0mar c"audo cambiaban las viejas pdcticas de mercado. empresarios acaudalados.lt)351. la misma diversichd.. y durante la gran escasez quc siguió. y a veces comerciantes de grano o malla. En varios condados se establecieron asociaciones privadas para juzgar 8 los acaparadores: Rev.. 1800.Í. " no vendcrlo». sc protcst. revendedores. n pesar de que. Rrt'icH'.. ]. dQnde compraclnrc<. se documenLl ya cien años 77 antes. en 1795 y 1800-1801 hubo quizá más procesos que en cualquier otro período de Jos veinticinco años anteriores H Pero está bien claro que estaban destinados a producir un efecto simbólico.1-. a finales ele siglo.Hnente definida.::.. HO ¡~2. 212-260) da una lista de varias sentencias en 1795 y 1800. REVUELTA Y CONSC1ENC1A Dr. pero el Acta de revocación no fue bien redactada.-44. De aquí ql1e el modelo patemalista tuviera una existencia ideal..s activida· des hubierw queehde' anuladas de habcrse impuesto estricU1l1ente la legislación contra los aC8paradorcs.n el precio el1 curse) del trigu () la harina y no podía de nínguna \ll¡111Cfa influir sobre 1<lS precios en sí. si bien fue dectivn p<1r~l controlar L1S gal1nnc1o-\s de 10s panaderos. En distritos con motines. tomó la responsabilidad de anunciar que el acaparamiento continuaba siendo un (leHto procesable según el derecho consuetudinario. El acaparamiento.J. ~I:.Uh. coetáneo a la constitución».. T. en Bertlordshir e v el valle de Támcsis.1!g. y prestaha cierta aprobación a sus intentos de reducir los precios empleando la pcrsuasión.

W. Los antiguos panfletistss eran. mente pueden ocultar su malestar con respecto al partido derrotado. señaló una víctoria.'" Con el término «desmoralización» no se quería sugerir que Smith 28. al menos para crear un efecto simbólico. que se limpiaba a la nueva economía política de imperativos morales intrusos. La sugerencia fue hecha. An Pría 1773. con la esperanza de que subieran los precios en el mercado. «Sea revocado toelo decreto relacionado con las leyes de cereales -escribió Arbuthnot en 1773-. sino también como una gran terminal central en la que convergen. mientras que los agricultores más opulentos y los pertenecientes a la gentry agricultora retendrían parte de su grano {Xlr más tiempo todavía --de mayo a agosto-. y encontrará su nivel»." Significaba.. Pero si los precios subían y los pobres se mostraban levantiscos se lo reavivaba.LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 79 78 TRADICIÓN. El modelo de la nueva economía política puede tomarse muy bien por el de Adam Smith. los pequeños agricultores y todos aquellos que tenían que pagar salarios por la recolección y rentas de la fiesta de San Miguel (correspondiente a los meses ele octubre. sostenía que Adam Smith le había dicho que «la Religión Cristiana degrada la mente humana)}. en primer lugar. En la medida en que los intermediarios intervenían y comprometían por adelantado el grano de los agricultores. y que la «Sodomía era una cosa en sí indiferente».oats. R. J. que pretendía conocerle bien. Ld11d) LabotJr afld Poprdatíol1. Tracts on the Com Trade. p. 1967. . Londres. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE. ampliamente debatida. incontenida libertad de! comercio de cereales» fue también la exigencia de Adam 29 La nueva economía suponía una "desmoralización» de la Smith teoría del comercio y del consumo de tanto alcance como la derogación. de las restricciones contra la usura.. por alguno de los oponentes de Smith. E.con la expectativa de llegar al mercado cuando los precios alcanzaran su punto máximo. que difícil. Jones y G. en E. Esto significaba más un antimodelo que un nuevo modelo: una negativa directa a la desintegradora política de «previsión» de los T ndor. 32.inn t1nd ¡be' ni. está en el libro IV. H. Tawnev discl1te el problema en Rcli. De esta manera se racionaban adecuadamente las y sus colegas eran inmorales reservas de cereales de la nación. El mercado no estaba nunca mejor regulado que cuando se le dejaba autorregularse. CLASE olvido. 4. Londres. hasta el comienzo de la primavera. como la lúcida obra de Charles Smith. sin ninguna intervención del Es· tado. Desde septiembre a Navidades se podían esperar precios bajos. a través del mecanismo del precio. noviembre y diciembre). En la práctica... a mediados del siglo XVIII. El debate producido entre 1767 y 1772. para el laíssez ¡aire) cuatro años antes de ser publicada la obra de Adam Smith. cap. moralistas y sólo en segundo economistas. a menos que fuera como preámbulo y motivo de peroración.fE' 01 Bctwecn the Presef1t 01 ProvisiOfIS and Inquiry into tbe Connection ¡he Size 01 FOl'ms. A nivel de Intenci6n no veo razón para discrepar del profesor A. Mingay. p. el nuevo modelo funcionaba del siguiente modo. durante cincuenta y dos semanas. 88. en esta área. 31 o no estaban interesados en el bien público. «The Classical Economists and the Labourer». muchas líneas importantes de discusión (algunas de ellas. Inmediatamente después de la cosecha. 30. En la nueva teoría económica no entraban cuestiones sobre política moral de la comercialización. La «disgresión con respecto al Comercio de Granos y a las Leyes de Cereales») de Aclam Smith. eds. apuntaban específicamente a demoler las viejas regulaciones paternalistas de mercado). C.. III Pocas victorias intelectuales han sido más arrolladoras que la que los exponentes de la nueva economía política ganaron en materia de regulación del comercio interno de cereales. realizaban. En el curso de un año normal. que culminó con la revocación de la legislación contra el acaparamiento. en efecto. Londres. A ciertos historiadores esta victoria les parece. L. T houghts 01 an Old Alan 01 Independenl Mind Ihough Dependenl Porlune on Ihe Presenl High Prias 01 Corn. más bien. Un panflctista. Arbuthnot («Un agricultor»).. no sólo como punto de partida." La «ilimitada. 5 de The \Veallb 01 Nati(ms. Los agricultores de tipo medio retendrían sus cereales. 1758-17 59. el precio del grano se ajustaría a través del mecanismo del mercado. más 31. 29. sin embargo. o permitirían la salida de lo que habían contratado de antemano para ser vendido. No sorprende que sostuviera puntos de vista inhumanos sobre el comercio de granos: Anon. La operación natural de la oferta y la demanda en el mercado libre llevaría al máximo la satisfacción de todos los sectores y establecería el bien común. a pesar de que quepa considerar a La riqueza de las naciones. dejemos que e! cereal corra como el agua. Pero la intenci6n es una mala medida del interés ideológico y de las comecuencÍas históricas. tan absoluta. trillarían su grano y lo traerían al mercado. 1800.

es muy poco flexible. En a1105 de esca- sez el precio del grano podía subir hasta alturas pEligrosas. el remedio se buscó. Vé<1~e.80 TRADICTÓN." Aun la primera letra del alfabeto de Smith --el supuesto de que los altos precios eran una forma efectiva de raciOflamiento-.67. pero esto era providencial. 4 vols. el modelo de 33. V. Yeo. y el cultivo de terrenos baldíos. Cambridge. E. De un chelín. ap. Smith opinaba que bs dos iban a la par: «las leyes concernientes al Smith se adapta mejor a le~ realidades del siglo XVIII que el paternalista. es esta una superstición que algunos historiadores de la economía han . cuando los precios subían los trabajadores podrían CClmer la misma cantidad de p"n. A.ño y en los tres meses restantes la escasez se convertiría en auténtica hambre.>~. TIJé T}lIknnwn . seis a «carne de mala calidad y mochos productos de huerta». o actuarían si el Estado no interfiriese». pero en on año de precios altos. Pero no deberíamos pasar por alto el aparente (lire de vaJi· dez empírica que tiene el modelo.< At R"v. harineros. curiosamente. Baker. pp. bien a su felicidad en la vida futura. Cuando el pan es caro. A finales de siglo. es una superstición del mismo orden que las teorías que sustentaba el modelo paternalista. productivo l' loable. Según algunos observadores.gric. Mientras que el primero invoca una norma moral -lo que deben ser las obligaciones recíprocas de los hombres-. 15001(. Y sin embargo. "The Marketing nf Coro in the first Half (lf thc Eighteenth-Centmy: North-cast Kent». A. bien a su subsistencia en esta vida.no se pasan a los pasteles. Por lo tanto. Liverpool. 'l~ . ecl.\favhew. (iThe I'vhnkctíng of Agricultu. Lyíng Detecud. pues (además de suponer un incentivo para el importador) era otra nueva forma eficaz de racionar. este serviClo de racionamiento. Everi:t. pero era porque eliminaban otros productos de su presupuesto. Es noto1 rio que la c emanda de grano. La interferencia con el modelo natural de comercio podía producir hombres locales o desalentar a los agricultores en el aumento de su producción. Elton. En ciertos aspectos. en Joan Thirsk. impresionan menos como ensayo de investigación empír_íc8 que como un soberbio ensayo de lógica válido en sí mismo. «Seven Centuries of the Prices of Consumables compared with Builders' \xr~ge' rates)). Eco1tnmica. I-I. Londrc~J ]971. Como m\lcho. y por los n!--scrvadores del siglo XIX: véase E. y era superior en simetría y envergadura de construcción intelectual.ido los últimos en abandonar. 34 ningún estudio importante de una fjgur::! clave: el molinero. aunque los presupuestos de Davies y de Edcn (tomados en al1tY. eran la interferencia del Estado y del prejuicio populae ll Habia que dejar fluir libremente el cereal desde las "reas de superabundancia a las zonas de escasez. no en una vuelta a la regulación del comercio. 36. y D. podían incluso comer más pan para CClmpensar la pérdida ele otros artículos. XVIll (1970) 35. Esto parece confirmado por los presupuestos de Davies y Eden (véase nota 15). conceden que sólo un 20 por 100 del pre-5upuesto total doméstico se gastab'J en alímentos harinosos. c\lando los precios comenzaron a dispararse. sólo podian distorsionar el nivel natural de los precios en periodos cortos) y a menudo para su propio perjuicio en última instancia. voL IV. History 01 CMn Mí/ling. Si se obligaba a ventas prematuras o se restringían los precios en épocas de escasez) podrian consumirse con exceso las existencias. Las únicas vias por Ins que se podía romper esta economía autorregulable. sin la cual. La gente se siente tan Íntclcsada en lo que se refiere. Hopkins. Thompson y E. Ha habido poca investig"ción detallach sobre la comercialización.el segundo parece decir: «este es el modo en que las cosas actúan.de precios altos) mues- gmDo pueden compararse en todas partes a las leyes concernientes a la religión. q\le labora providencialmente para el bien de todos. Il. 1967. a pesar de que. sin embargo.queda nada más que como una meU1 afirmación. ~ '" . 297-298. lby alguna información lÍtil en R. Pbclps Brown y S. Cuando consideramos la organización real del comercic) de ce reales en el siglo XVIII no disponemos de verificación empírica para ninguno de los dos modelos. XXII (1956). si 'e consideran esas partes de La riqueza de las Ilaciones. seis peniques se destinarían a pan. en un año normal. Bennett y ]. comerciantes y panaderos.la!ld [{nd '"Vales. pp. P.36 34. Los prejuicios contra los acaparadores fueron rechazados tajantemente por Smith como supersticiones a igual nivel que la brujería. Emanuel Collins. Si los agricultores retenían S'J grano mucho tiempo.. el inrernK diario representaba nll papel necesario. saldrían probablemente perjudicados al caer los precios. 1758.40.. todas las existencias serían consumidas en los nueve primerns meses del a. sino en mejoras tales como el incremento de los cercamientos. The Agrarian Hülory 01 EUf!. No debería ser necesario discutir que el modelo de una economía natural y autorregulnble. eds. 66.al Produce». Sus comercios respectivos eran ~x " competitivos. los pobres ----como le recordaron" un observador de alta posición. T' \rUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 81 eficientemente aún. o pan. ql1e el gobierno debe ceder ante sus prejuicios . La misma lógica puede aplicarse a los demás culpables a ojos del pueblo: molineros. Hist. Bris:ol. J 898. todo el chelín se gastaría en pan .

pp.. pero otros artículos alimenticios fueron suprimidos por completo. GaIpin.. ej. Se requeriría más investigación del real funcionamiento del mercado antes de que tales explicaciones fueran convincentes. sino si los intereses de producción y de comercio en su conjunto eran capaces. mente expectativas de esca.. en una larga y continuada sucesión de circunstran un término medio de 53 por ciento. PC 1.38 El asunto a tratar. El problema está tratado en la obra de W. su punto de vista fue rebatido. pero el precio subió en un 81.. En bs últimas décadas del siglo. en cada caso iba acompañada de comentarios sobre el mildiu. M. zanahorias y nahos: PRO. Hisl. 1795-1796). Stern) «The Bread Crisís in Britain. J. los agricultores ostentaban una faz sonriente.82 TRADICIÓN. Londres. ete. 38. Farmer'J Magazine. 39. no era si e:::te agricultor o aquel comerciante podía actuar como un «monopolista». p. Junto con el aire y e! agua. 1925. . de igual manera que las naciones desatrolladas e industrializadas de hoy han podido aumentar e! precio de ciertos artículos manufacturados con destino a las naciones menos desattolladas Al avanzar el siglo. Los agricultores ya no vendían en un mercado competitivo y libre (que en un sentido local y ·regional. p. sino n COlllercwnres o molineros que estaban en mejor situaciém para retener las existencias y mantener altos los ptecios en el mercado. p. Tbc Grain Supply 01 E/lgland d¡¡ring lhe Napoleollic Period. i más de doscientas mil personas . nueva ser.sez. y en las ü!timas décadas del siglo hay evidencia del desarrollo de grupos de presión de agricultores . 4°N· ototlamente.. las inund<lcíones. sin embargo acentuaron en esos años las tensiones psicológicas. constituía la meta de! modelo paternalista y no la del modelo del laissez faire). según el cual los pequeños ogricultores en años de escasez necesi~aban toda la cosecha para simiente y para su propio . Anon. 1801. 470.. 1766. Es posible que en Londres hubiera ya una mayor diversificación de la dicta hacía los años 1790. 1771. 1800. 57. a la comunidad agrícola un beneficio de 20 millones de libras más que en un año notmaL" Los escritores tradicionalistas se lamentaban de que los agricultores y comerciante:::. Davenant había estitnado en 1699 que uoa deficiencia de un décimo en la cosecha subín el precio tres décimos: Sir C. P.ONOM íA MOHA L Dr:. especialmente pat:ltas. sin embargo. 473. 41. Three Letters to (l Member 01 lbe HOl/se 01 Cnmm0115 Concerning the Priccs 01 Provisions. 18-19. 224. Y J. que en realidad no inhibieron demasiado la importación de grano durante los períodos de escasez. cit. p.. Bristol.sh Economy in the Eighteenth Century». Lellers on lhe COrH-T rade. y fomentahan asidua. 37 Annals 01 Agriculture. Londres. 1I. Ec. los procedimientos de mercado se volvieron menos claros) pues el grano pasaba a través de una red más compleja de intermedíarios. pp. Esto sugiere nuevamente que en taJes años el consumo de pan permaneció estable. hará la agricultura muy rentable para nosotros. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA FC. Véase. r . pp. Fry. citado por BeloH. Las condiciones de las épocas ele guerra. W..3. Londre" 1764. JI. and lhe Neccssitics 01 Lile. 10-11. p. ele oferta y demanda. distorsionaba aún más las cosas. 39 Lo que importaba para fijar el precio posterior a la cosecha era la expectativa del rendimiento ele esta. tancias favorables. 40. 1816. y Jos ptoductores pudieron dominar.41 mientras que en años de cosechas abundantes e! premio inconsiderado de la Señora Naturaleza provocaba gritos de <'idesastre!» en Jos agricultores. op. !». de aprovechar su dominio sobre un artículo ele primera necesidad y elevar el precio para el consumidor.A. roturando y mejorando toda nuestra nueva tierra». un mercado de ventas. p. en forma más general. «Espero --escribía un terrateniente de Yorkshire en 1708!. Economica. <~Agricultural Fluctuations and the Engl.. «ese gran substituto del Pan).. como "dcmasiado absurdo para ser tratado seriamente: ivamos!. XXXI (1964). extraordinariamente sensible a cualquier deficiencia en el abastecimiento. De Gould hace hincapié sobre un punto mencionado a menudo en apologías contemporáneas de los precios altos (p. el grano era un artículo de primera necesidad. 0lson. Nueva York.. véase Lord John Sheffie1d. el consumo presionó continuamente sobre la producción. EcoflOmics ni lhe Wartime Shortage. [«Un Agricultor»]. «Un Molinero de malta del Oeste» l COllsidcratiollS Off the prcscnl High Prices 01 Provisiof1S. Gould. según sus cálculos.TITUD S3 De cualqtJier manera. D. actuaban por la fuerza del «monopolio». S. En 1796. LA I\Hn. en anos de escasez. ej. 9 Jc julio de l795. las espigas atizonadas que se convertían en polvo cuando cotnenzaba la trilla. The Poliiical and Commercial W' orks 01 Charles Davenanl. proporcionando. P~n\ otros ejemplos. 81).27. en escrito tras escrito.arcily and high Price 01 Provisions. 33. Anon. al crecer la población. cap . es bien sabido que los movimientos de los precios del grano no pueden ser explicados por simples mecanismos de precio. 10. que conocían muy bien los efectos psicológicos involucrados en el nivel de los precios posteriores a la cosecha. Arthur Young calculó que el déf'cit total de la cosecha de trigo fue menor de! 25 por ciento. OhscrvatiollS mI lhe Corn Bill cmd Present Sl. que había abundancía de verduras en el mercado de Spitglfields. Y por muy ahundante que pudiera aparecer la cosecha ante los ojos del ciudadano.54. XXII (1962).-oosumo: en factores como este ve él <da explicación teorética principal de la extrema volatilidad de los precios de granos en los comienzos de la época moderna). 1I. Londres. Whitworth. XXVI (1796).. y la prima pagada para alentar a la exportación cerealista.. por tanto.. F. Colquhoun escribió a Portland. que la escasez de grano que probablemente continuará bnstantes años.

\ y (~(1. SOI1 DestructoreJ del Comercio. M. etc) de tales impuestos. Oxford.on05. 26-2. El autor del ensayo de l7l8 nos presenta un título que es un resumen de su tema: Un ensayo para demostrar que su diario. que presenciaban cómo se vendía la harina o la carne fl precios desproporcionadamente ah os en relación a 10 que ellos recibían ele los tratantes. «A F"C5h Lonk <Jt \XThc<Jt Prices rlnd i\hrkets in the Eighteenth Ccntur~}»·.1.er y C. difcrcllci" que fue 1 chelín El hecho es ohscn'8do en Anoo. \Villiam (he Causes 01 l/U: Hif!. nI Popa/v in Camhridf!. Podría haberlo vendido a 122 chelines in arroha. 1934. que es intrínseclmente improh.lhan dinero en el siglo XVIII». [<. 8] stlccder5e los 1ltPS precios un . p.) de lil"rc lllcrc:1dc\ 5Urcnc un:l ::. Compré 320 arrobas: w La gannncia en esta transacción fue superior a mil libras. E. un mayor número de pequeiios 3gricultores podíiln retener sus pro"isiones h8:::ta Ql1t' el meruuJo subícra . Nns C'nfrentamos con un complejo de an¡Hisis racional. A Leffer fa Ihe Rt. 1597- .) Si tenían que pagar renUs.. Con respecto <11 modelo de hfisscz f(lÍre no hny que decir sino que no se lul. 9. a 2 chclillC's 6 peniques el celemín.-¡d de Agricultores Pnícticos»)].Una Socicd. M. 1800.1. !-Ion. L.] tan franca como fue anotado por 1111 flgricultor y comerciante de granos de \X'hittlcsford (Camhridgeshire).. Hcrcford....4. A muchos caballeros r\l1l1 les molestaban los intermediarios. HCJ11.":.l11.cshire.río nual facilitó al agricultor la obtención de préstatnos. en gran medid3) del precio al que tres o ctwtro montones de grano podían llegar a venderse.-\ nr Cl . y que los comerciantes de grano lo deben haher gtll1ado «J11tlnípulnndo el mcrcado)~.'5. (Después de tod\. Rev. XX (1967). IV Si se pt1eden reconstruír claros modelos' altetn:Hivos U'as J[I po" lítica de nndicionalistas y economistas políticos. del modelo paternalista.:¡ sntisfacción suyn. 179. identificar claramente a los grupos que respaldaban las teorías de la multitucL Estos abarcan <l seres capaces de expresarse articubdamente y seres incapaces de eHo) e incluyen hombres con educación y elocuencia. multitud? Esto es menos sencillo.Ha mí. A Lelfcr lo Ihe R/. Ecof1. 346·348... C>lmhrid¡?:c. Pressnell..tros conocimientos se amplíen.\~F LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 85 El rn". Después de 1750) todo año de escasez fue acompañado de un torrente de esnitas y cartas a la prensa de vdor desiguaL Era una queja común a todos los protagonistas del Uhre comercio de granos la de que la gen!r)' ilusa agregabl combustible a In.ón c:::tos comentarios.':.lb1c. sino de intenso. La multitud dedujo su sentimiento de legitimid"d.uia.¡llc.mo . 49. Fue una bendiciétn parn lo~ Pobres y bUeno p. prejuicio y modelos tradicionales de respuesta a la escasez.¡} podía depender.1ño tras otro. 21. p.ccucllcia de rcqucfios él ~r. HE\"llFLl·. en realidad. TraiÍllel'OS e Illtermediarios de (. Traemos a colaci.lndes (l&ricultorc5 que tL~cn su gr. 11n)' cierta verdad en e~to. Tampoco es posible.JO ('71 General. pp. PiN 011 42. Allí donde los señores de los feudos conservaban aún derechos de mercado. Todos los comercj~mte.:olufiol1. Si eran propietarios ~gricult(lrcs.11 mercc1c1o durante el año: pcr-r.:¡bundanlc) y ello indicaba un" conhnntacicSn consciente entre el productor reluctante y el consumidor furlosO. el desannllo b:111Ul. C.1 ello5 no crn un aSllnto de comercialización ttltin. Londres. COílfllry Banking in [be Industrial Rel. Anon. efr. llnmps0o.s (a menos que fueran simples boyeros o carreteros que transportasen provisiones de 44.'(·lF"Cl.'<.. Opresores de los Pobres y Uf! Perjuicio C'omtii1 para el Rc.' sn. p. demostrado empíricnmente. Ganado y otros bienes comerciales . se sentían molestos por la pérdida (a través de la venta por muestreo. les molestaban aún más las ganancias de estos vulgares comerciantes. Los pobres consiguieron su h<Jrin. a quienes Cl"lllSideraban como intrusos.h Pricc 01 Provisio!ls.:. sino simplemente p8ra indicar 1ns puntos donde hny que tener precaución hasta que nuc. en 1 I ¡ Q peníques por celemín. AfoI10polis!as. en 1802: Yo compré Centeno hace Doce Meses n cínCllCIlI<1 chelines 1<1 arroba. de vital interés: su ganancia anu. no para tcfutar a l\dam Smíth. El1iott. La Parroquia me pagó 1::.. llamas del descontento del populacho. p:lr..'l1 El motín de septiembre u octubre rcsldt<Í desencndenndo muy a menudo porque no se producía h C<lída de los precios c1espl1és de una cosecha ap:uentemcntc .) :1 fínes de siglll. Lnrd Somerl-.' Estas l11anipuhcioncs se registran ocasionalmente) si bien ratnt11ente de manc1'. Nos han rccord.dcl\. ¿podría hacerse lo mismo con 1n cconomÍ8 «moraL de lA. \Y/ . 43.} 2.. lor RegatOl1es. en un momento dado. Grainr. S.. hucn centeno. The Treatmcnl 18J4. y que exis1c cierta eyidcncin en n'ntLl.lc1o recientemente que «lo~ comc1'cia111es f!. p.l. Hist. 1956-.cq TR:\PIC](\. Acaparadores.

94. pichones. que no deja de ser observador. J. y una cantidad prodigiosa de desvergüenza. El autor de un escrito de Bristol. (N del t. nabos. Arineros y Panaderos y de nuestro Comercio si no avria sido por ml y por otro' ú hijo de perra uvicras sido asesinado hace mucho por ofrecer ban a los pobres la idea de que las autoridades se ocnpaban de sus intereses. ostras. «un grupo de hombres viles y perníciosos}). 46 Así. (N. No les disgustaban los ataques contra los disidentes o los agentes de granos cuáqueros. sin excepción. que actuaban trimestralmente. temerosos de traficar con un artículo comercial ((ln el cual les ha hecho susceptibles a tanta injuría y calumnia. inició una campaña general de procesos contra esos transgresores en 1796 y 1800. TRADTCIÓN. sin confianza en la protección de aquellos que deben ser más i1us~rados}): Fitz\villíam a Port1and. VII. PRO. cuya inactividad se hacía notar. Los productoF. S. patatas). en los clásicos términos de condc:na que los campesinos arraigados a la tierra adoptan con respecto al burgués. ante los jueces de paz. se aplicaban. 1785 (carne) y 1796. contra pequeños delincuentes -picaros locales o placeros que se embolsaban pequeños beneficios en transacciones sin importancia~ mientras que no afectaban a los grandes comerciantes y molineros. distraía la dtención puesta en agricultores y rentistas. se lamentaba un comerciante en 1766 J 45 Aclaro Smith observó casi sesenta años después que «el odio popular. únicos años en que puede ser muy rentable. Simbólicamente. Podemos adivinar a qué tipo de culpables afectaban los procesos del juez por el estilo literario de una carta anónima que recibió: Savemos que eres enemigo de Agricultores. * Tribunales de jueces de paz de los condados. un buen caballo. voE. p. implicados incluían mantequilla. Pero un examen de las fortunas de familias tales como los l1nwards. la exportación de cereales de los valles del Severo y \YJye) y de «llluchas solicitlJdes infructuosas hechas a varios Jueces de Paz». 45 se publiuH1 en todos los periódicos y están pegadas en todos los rincones por orden de los jueces) para tnlimidar a los Inonopolistas. 1797 Y 1799 (en todos. Pero si realmente se ponían en marcha las leyes. se quejaba amargamente en 1758. eartas a la prensa. de «sn populacho:jue impone leves}).. HO 42. pepinos. y Constables' Accounts (nota 49). hace a gente de carácter y for:-una adversos a tomar parte en él. son una clase de gente vagabunda Esta hostilidad hacia el comerciante se daba aún entre muchos n18gistrados rl. tomando un ejemplo tardío. qllC afecta :11 comercio del grano en los años de escasez. etc. pescado. alubias.nasaban zonas bajo su jutÍsdicción.en. y como él vagan de un lugar a otto. el cual habia impedido. zanahorias. Girdler. que es claramente un agente de cereales. n. la legislación sobre acaparamiento no había caído en desuso en la primera mitad del siglo XVIII. Se enseña al pueblo a abrigar una muy alta opinión y un respeto hacia estas leyes . Contrariamente a la SupoSlCiOn común.8(. en algunos C1SOS. Véase Earwaker. REVUEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD 87 un sttio a ctto) le parecen a este escritor. carne. el número de agentes de Court Leet nombrados anualmente para impedir el acaparamiento subió de 3 o 4 (173ü-1795) a 7 en 1795. un juez de paz anticuado y malhumorado de Middlesex. Molineros. \' sus existencias no pasan de ser un simple traje de montar. llevando a cabo unas transacciones no autorizadas entre el comerciante bien intencionado y el honesto consu11l1dor.51. dice: llevan todas sus pertenencias (ansi. con octavillas ofreciendo tecompensa por información. Las viejas leyes (ontf[! los acaparadores.) . leche. 15 en 1796.Quarter Sessions). 3 septiembre 1800. uvas. Además los transgresores fueron juzgados ocasionalmente (como en 17'7) en Quarter Sessions. 1780 (avena y anguilas). pero muy raramente avena y trigo. queso. cuando disturbios populares 2. del t. contra los cuales se propagan muchos tumores. una lista de ferias y mercldos. Se impusieron condenas en vatios Quarter Sessions.) 46.. aves de corral. y. Veinticinco años más tarde el conde FítZ\villiam escribía: «los comercial1tes en grano se están retirando del comercio. Se abandona a un grupo infetior de comerciantes}). manzanas. desde 1731 a 1759 (siete multas}. Después de 1760 las multas son menos frecuentes pero incluyen 1766 (trigo y mantequilla).1rales. acusaba a los jueces de alentar «la extraordinaria pretensión de que la fuerza y el espiritu del populacho son necesarios para poner en vigor las leyes». pero suficientes para sugerir que tenían algún efecto en regular el pequefio comercio en el mercado abierto. Frys y Gurneys podría poner en duela tal evidencia literaria. * pero la cantidad ganada por los especuladores no sumaba más que diez o quince chelines. mientras que vagas amenazas del Quarter SessiOl1al * contra los acaparadores da- Ciertamente. Ciertamente. * Órgano informativo de los tribunales llamados <. 16 en 1797. En M:lOchester (véase nota 18) rnult-as por acapammiento o regateo fueron impuestas -a veces amlalmente. patatas. Court Leel Records (citado en nota 18). a veces cada dos o tres años. Los juicios eran poco frecuentes. pasas de Corinto. el año anterior. VIII y IX. de jurisdicción civil y limitada. Tienen la marca de Caín. para ser dirigido por un populacho ignorante. cerezas. crece la convicción de que un alboroto populat ({mtra los hcaparadores no era mal acogido por algunas autoridades. guisantes.

Axon. credibilidod. Paja Picada.mas de las aCl1. Pero Londres y hs ciudades gmndcs nbl"igaban inmensas dor que el punto de visto de los paternalistos. modelo p:-lternalist. . . otros pajos y Ot1'OS cachiporr<1s Viajando haciA Norwich. P. y dijo que el incluso Estiércol de Caballo» en sus hnrinas. El grano debío de ser consumido J:. aquel comerciante. en Suffolk: '<vel' cómo les es arrebatado su pan y enviado a exttal10s ha convertido tendía a creer que se practicaban adulteraciones aún m.frenochs».loe.\hnchestet.:¡s . y la impaciencia de los pobres en furia y desesperoción desen. 359~361.o por supuesto. especialmente en épocns de Londres que en la industrio de In construcción. 1758. J. XXVIII (1910~1911). tiza. Tral1s. Más sensacionnl fue su afirmación que se nos revelnn de forma más clara únicamente cuando eX~l1nin<llTIos de que los molineros mezclaban en la harina «bolsas de huesos viejos la muchedumbre en acción.l." pp. 11'91.: «los osarios de los muertos sao hurgados. donde lns quej'ls de la A tradicionalistas compasivos como Gircller se unieron ciudadn· multitud eran olimentadas por las Je los tradicionalist~s o por las de nos de variados rangos.. o de lo prohibición de todo expnrtación en épocas \lna perspectivo de grano barato. P. y la destrucción de las piedr8s de molino y bs tned. en un sentido) 1<1 economíf\ ln()molidos>.Ir1 a _lana 1/. publicó alego tos de que el pan efa adnltcfado no sólo ccreal. esos agricultores que retienen el oños 1750. pp. Londres. csta creencia contrihuyó a una pelea. 11-31. .. él crce que etan unos cientos. sobre un motín debido a b exportación.". L(lndrc~.: "de entre el rOpl1~ molino la presencia de adulterontes peligrosos cetco de las tolvos Jacho algunos tenían aL-tlJardas. Markham. Ciertamente.90. La exportación en épocas de eSCflSe7. derivada de J:. Bread. Londres.49 Habio otras áreAS ir. F.LT/\ y CONSCIENCIA m~c CLASF. la mnnera disgusto durante varias centurias.:. '1 (r37. Vérrse. este con lllumbre. como comentaba otto puesto que la ética popular sancionabA la acción directa c-te la mup:1nfletist<1.88 TRADICIÓN. suscitó un profundo bre) que se usaba en profusión 1':1r:1. Sin embargo. TU. en varios lugares de la ruta: 47. (On crítico coleuló que si se huhiera usado cal en de uno economía de subsistencia. en los este molinero. para agregar tal de la multit. donde se creío que uno de los molinos atacados setenta y ocho at10S desI_més (1709). resultah1 Sllspecta de todo tipo de extorsiones. se hubiera urilizado más en los hornos de en la región en la cual se cultivaba. Blanqueador. o.f. John Smith. ¿1740? Famil)' of M:'Il1chc!'iter. «The Ibtficld 48.ud rompió decisivamente con 1:1 de los paternalistas) inmundicias a la comida de los vivos». mientras que en otro grano no debín de ser sacado fuero de Jo ciudad. se puede s~]gcrir que si los pctsC'na que tuviera algo que ver con el comercio de gr. J) pp. Habicbuc1as. 16<38. and the Food Riots of 1757 and 1812h. cit. los que 'provoca11 la indignación y la Acción. en 1757. Emanuel Co1lins.. Para la mayoría de los londinenses cualqnier profesi'onalcs urbmos. escala de sUS alegatos. .Ha VCl' Nucstn 1 (~(lm('rci(l Dios [I¡el otr<l cn:.ualmente sensibles. Los grnpos acuerdo a un modelo teórico consistente. Syhoroc. Un C1crt(l doctor Nbnning. porque. 48 Pero 1 po") aclon . AtJ Impartia[ Relation of Fadl o> tus c(lndC'nJda~ fCCompCnS. la «Shudehill Fight» en MAOEn un informe muy gráfico sobre un motín en el mismo condado chester. Lns acusaciones de l'"bnning fueron mucho 1n3S allá de los límites La economía de los pohres era todavío local y regionAl. esp.lIlOS) harinn motines o la fijación de precios por la muchedumbre actuaban de o pnn. pp. sino tmnparticularismo estaba animado por nociones generales de derechos bié_ll con cal muerta y albayalde. que tomobo de él todos tl1cclindos de siglo y presiollJban en pro de que terminaran lns primas aquellas Ciltactcrísticas que más favotecían a los pobres y que of rccÍiln A ¡" exportoción. este modelo era una tecons" urbanos de presión eran. 11" ranCla y estropea da con h ' arma nueva. op. por ejemplo. blanco de España y harina de fréjoles. 83. Sih embargo.htful Trutbs in a Treatise on 49. ')' perseguir te maldiga y arruine tú no bívids p. 1757. Antiq. Poisofl Detccfcd: nI" Fl"íg. (descubierta por la muchedumhre) produjo la quemA de cril"" y cedazos. Huesos. REV1JF. Los datos conscrvndns reservas de rescntimicntn.el Populacho se ahó. blanquear el pnn. V alg. «la época actu<li está comiéndose vorazmente los huesos chedumhre. Nicholson y E. Un magistrado escribió Jo siguiente más común de adulteración era probablemente una mezc1a de harina . Earwaker. "d Chcsh. mientras que los valores de orden que opuntabbon el ele la anterior». The COflstahles' ACCOtn1tS 01 lbe Ma110r 01 Mallcbestcl". ero menos gener"liza~ de escasez. un comerciante descrihíó C{)llln mezebba «Cereal. en 1631.~lCion('s tn~S violentas en tchción con lns pobres muestran un mnyor particularismo: S{ln vinieron de ese medio amhiente.-ls nocivas. s.a se oponían a ella categóricamente.) 47 Ademns de alumescasez. Lal1cs. especblmentc poderosos a tr\lccióh selectiva del modelo páternalista.('chn I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MUL'J'IT1_lD 89 Conccrning ¡be Malcpractircs 01 Bllh::-I"S. pp.

"Nosotros tuvtmos al demonio y todo 10 demás que trae un motín en Padstow». y un Traficante de grano. que él . Londres. D. :l sus destinos van La expedición secreta. que comenzaba así: J Exceptuando Westminster. Por otra parte. en épocas de escasez. 222. los años 1795 y 1800 conocieron de huevo el renacer de una conciencia regional. Ptatt.» Este sentimiento renació en los últimos años de] siglo.:.a expensas de sus compatriotas. o los grandes distritos de pastoreo. Con rncdia cosecha. los traficantes podían esperar un precio de ganga en Londres.verna en Catlisle (continuaba el cartel) Te permite a ti o d Luthatt guardar en sus Casas el Grano sufrirán por ello. D.eran especialmente propensos a la acción en aquellos tiempos. le dijo <¡ue no debería pasar por la Ciudad. y primero ofrecieron a los agentes de grano diez y siete chelines por veinticuatro galones de trigo. 'lA Study of Popular Disturbancc in Britain. de Shropshire.:!tar de Ciudad y Suburbios de Cadislc para mandarlo (l Francia y recibir la Prima Dada por la Ley por llevar el Grano fuera del País. por las que se pagaron primas.. ellos inmediatamente rompieron y abrieron las puertas de la bodega y se llevaron todo lo que había allí sin dinero nI Peter Clemeseson y Mases Luthart Advertencia de que debéis Abandonar o Morir y Maldita sea vuestra compr<1 hambre a los Pobres Habitantes de la esto es para daros una vuestro Comercio ilegal ele grano para m. otros GolpeadIo. S . Notoriamente los mineros del estaño de Cornualles poseían una irascible conciencia de consumidores. con una admiración mal disimulada: Algunas personas han ido muy lejos en la exportación de grano Setecientos u ochocientos mineros del estaño se unieron. Unív.vlientras que el pobre labrador. otros Tiradlo del caballo. cios a veces por debajo de los de! mercado inglés. les preguntó qué les hacía sublevarse de ese modo inhumano para el perjuicio de ellos y del país. pero como les dijeran que no les darían nada. 1807. en consecuencia agravaba la escasez 10ca1. En 1783 se colocó un cartel en la cruz del mercado en Carlisle. pues en ellas se exportaba poco cereal en años normales. los hombres nunca estaban lejos del grano. De aquí que e! rencor máxtmo recayese a veces sobre el exportador que era visto corno e! hombre que busca ganancias privadas -y desbonestas. G. cap. escribió un señor de Bodmin en 1773. ~"1p. Se detuvo a los carros y los clescargar-on en las ciudades por donde pasaban. pero ellos seguían gritando que era un Canalla y que iba a llevarse el grano a Francia ". las montañas. Edimburgo. con la ayuda de subvenciones extraídas de los impuestos ingleses.. corno la noche QUE' cubre sus intenciones. 1714.5(I Los hulleros -de Kingswood. Las áreas de exportación marginales eran especialmente sensibles. J. Malditos Canallas . cuando deja su lecho. "y si Alguna T::. los trabajadores domésticos dejaban sus telares y talleres para recoger la cosecha. 1.90 TRADICIÓN. La industria fabril estaba dispersa por el campo: los mineros del carbón marchaban a su trabajo junto a los campos de cereales. El resenttmtento más grande fue provocado a mediados de siglo por las exportaciones al exterior. en una temerosa procesión lenta. aún rehúye 1<1 luz ). y aseguraos de que le habéis dado. y algunos gritaron: Tiradle piedras. . que... 1953. y una decidida inclinación a recurrir a la fuerza. Se consideraba al extranjero como una persona que recibía cereal a pre50. del Noroeste-. pero por el Señor Dios Todopoderoso nosotros os daremos la Prima a Expensas de Vuestras Vidas. sabiendo que ét iba a cruZar carg<1c!o con grano. pero. Isaac. le dijeron que ~<no era mejor que nn rebelde». porque era un Canalla. Ve el inmenso granero tan vacío como su cobertizo. A un agente ele North Yorkshire.2n. La sensibilidad no estaba confinada sólo a las exportaciones al extranjero. I\1ientras siguen su oscuro curso por ]m camin0s. Las carreteras fueron bloqueBdas para impedir les exportaciones de la parroquia.51. del Forest of Dean. .mlpathy ami Other PO('JJJs. thesis. otra. tan vívida como la de cien años antes. Ph. El movimiento de grano en convoyes noctutnos asumió las proporciones de una opeta~ ción milit8. cuando circulaban rumores por el país sobre exportaciones secretas a Francia. S. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 91 el Popubcho. D.r: Lns carros crujen prnfunclamentc bajo 51J'> pesadas cngas. preCIO. a quien dieron un chapuzón en el tÍo en 1740. . especialmente en 1795. Una rueela tra.51 175 'h.

donde se mantuvieron.. REVOEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 93 Se amenazó con destruir los c:lnnle~. que pasa por su puerta. pecto a la ldirada de mercnncÍas del mercado do de Londres los comerciantes y concurrir mercados provinciales.gro por los mil1erq~ amotinados !lO son propiedad de ningún monopolizador. «y n(1 pennitáis a Jos Carniceros mandar ]a carne fuera en reses enteras y comprar en Gltltidades lo cual provocaba en los agricultores un sentimiento de molestia nI tener que atender los pequeños peeJidos de los pobres. se quejó al Ministerio de b Guerra de asambleas desordenadas «que amenazan con tirar abajo o quem'lr . Doncle los trabajadores podían comprar ce tea les en pequeñas cantidades podían surgir graves prohlemas sobre pesos y medidas.. sino obligecllos a cortarla en el Mercaclo y atencler a In Ciudad jwirnero». 19681. próximo a Tivcrton. P. Si un cliente intentaba comprar un solo queso. E.. La carta informa al alcalde de que más de trescientos ciudndilJlOS han «jurado positivamente ser fieles los unos a los otros pRra la Destrucción de los Trajinantes». Ni el molinero ni el harinero vendcl·fin al trabajador una c. la muchcJulllbtc dcstl-ozó la malluiJl. luego h2lcc el p[\n del peso y cRlidad que le place . Como expresiva de estos ngravios -que nlgunns veces ocasio naton un rnotín·-~· podemos tomar llnn carta an611ima dejada en 1795 a la puerta del alcalde de Salisbury: Caballeros de la Corporacíón yo les ruego pongan fin a esta pt. 0. '. ulJ agricultor y tabernero acaudabdo. y le comunican que todo el 101e ha sido comprado por algún contratisLl ]ondinensc». Al irse alejanmás frecuentemente a Se pidió a la corporación ordenara a los trajin<ll1tes que salieran del mercado hasta que la gente del pueblo huhieta sido atendida. .-lctiOI de la que se hace uso en nuestros l\1crcados por Rook y (ltroS trajinantes al darles la Libertad de Entrometerse en el Mercado en todo de tal manera que los Hahitantcs no Pllcdcn comprar un solo Artícu10 sin ir a parar para ello al Comerciante y Pagar precios Extorsionantes que ellos creen apropiados y (tún avasalbt· a la Gente como si esta no mereciera ser tenida en considnación. Penguin cd. Ni lag gabarras de log ríos Scvern y \'Vye se libraron del ataque. donde los precios eran aumentados. Gettt[eman's Magazine.. Thompson. a Londres». En 1795. CCrGl ele I-Invcr[orchvest. De aquí que el trabajador se viese empujado a la pequeñn tienda al por menor.1jo del precio al por menor . sino ele l1n numeroso cuerpo de traficantes de queso. En Chudlcigh (Devon).-"] Los viejos mercados decayeron. y absolutamente necesarios pata la recepción del queso. The Making 01 ¡he English Workinf.l de un molinero que dejó -:-le ~ulnini~trar harin. tares y Lecheros.1 que se vende en las tiendas. Pero pronto les llegará su Fin. 53. Clan.».E1 primet prinCIpIO que deja :. con respüblico. podían ofrecer precios ya obsenrada.<. p. para transportado a HulI. en el mismo aoo.557.Ahora no es negocio para el agricultor -escribía Davics en 1795-· vcnder grano por b1lshet al por menor a este o aquel pobre. ~!menaZJron con cerrar el cstu1rio en un punto angosto. cnviarln con el cano del camino vecinal. cmnbiaron sus funciones. cuando viene a una parroquia. 51 La indignación podía inflamarse también contta un cOl11crciant-e cuyas obligaciones con un mercado fonÍnco interrumpían los suministros regulares de la Cl'munidad local. los pobres deudores suyo.la mina de carbón de Nook.92 TRADICIÓN. Los mineros de.u casa porque recibe Mantequilla de sus vecinos Agricul. pp. excepto en algunos lugares determinados. tan pronto como los Soldados hayan salido de 1:1 ciudad. «Somos exhortados en el Evangelio de San Lucas: Dad y se os dará. Treinta años antes un grupo de comerciantes londinenses necesitó de la protección del ejército para sus depósitos de queso sitllados a 10 largo del río Trcncl: Los depósitos en pc1¡.o UD pedazo de tocino --escribía Girdlcr en 1800····.}) y donde los pobres cambiaban su demanda de grano por la de harina la historia era muy parecida: 52. y el bolsillo del poh¡·c pocns veces podrá permitirle comprar todo un S"KO de una sola vez. es hacer a tod(\:.:¡ntidad menor a un saco de harin:1 por deh.\ri. (. 70-7. XXVI (17'56). Estos ¡lgravios se relacion 1n con la queja. puertos. Se asaltaron barcos en 10.l a b comunidad local porque hahía sido contratado por el Departamento de Avituallamiento de la Arma· da para hacer galletas para los barcos: esto originó (dice el interesacio en una frase teveladora) «la Idea de que e echo [sic 1 rnl1cho daño a la Comunidad».3.0.cntfldo un panndero. y como favor) a sus propios trabajadores.«está seguro de que le contestan con un insulto. y que desde allí se flete para Londres. pn1':1.

A CollectÍon {or Tmpro1!cment 01 Husl:. 23 de junio de 1693. 198. tendían por arte de magia a desfavorecer al consumidor. lo cual. La diferencia entre bushels podía ser muy mnsiderable: frente al busbel de \'{finchestCT de 8 galones. XXVI (1796).1118 Ven siéntate. Un observador comentó que «las clases más bajas la detestahan (la medida de \X!inchesterl.. babiendo pasado esto en un momento en que subían los pretios en el mercado. Londres 1727. daba abundantes oportunidades para pequeñas ganancias.lrededor de Diez mil pet. Una gran diversidad de medidas que variaban incluso deulro de los límites de un mismo condado de un mercado ciudadano a otro..O XLVI. a veces etan apoynebs por los <lgt-icl1ltores () comerCi<111tes. Una carta de n[. esto indicaba también el ascenso bacia una condición de mayor importancia del molinero. Museum RU5licum el Cnmmerria{e. Y queremos que toméis las Armas y Chafarotes y juréis No tenemos más que una Vida ser fieles los unos a los otros que Perder "V no vamos 2 morir de hambre Un"s cartas a agricultores de Northiam (Sussex) advertían: Caballeros todo 10 que deseo es que toméis esto como una advertencia a todos vosotros para que dejéis los pequeños bus beis y toméis la antigua medida nuevamente porque si no lo hacéjs 54. Un (Iecreto de Carlos n hahía incluso dado a los pohres el derecho de saClldir la medida de harina. SC11ll0S ". durante muchos siglos. tan valioso era el grano del pobre que lIna pérdida en la medida podía significar la diferencia de p. Houghton. el de Carlislc. desbordante será la que os echarán en vuestro senO. Annols 01 Agriculture. oculto en un lugar apartado del río. dulce y hermosa querida mía No puedo moler tu grano) me lo temo.andry ond TraJe.ciantes en la Inglaterra protestante. imponer la medida ele Winchester..1> Esto no era. el pobre es capaz de juzgar qué es lo que debe pagar por un bushel de harina. desgradadamente. en la medida presente requiere más aritmética de la que él puede conocer. como los cambios en la moneda decimal. por lo cual se pagó igual cantidad de dinero por ocho galones que la que se solía p<lgar por nueve>>-.ol1as conjuradas y listas en todo momento. rcmccicIa. Aun así. minero de ele e Hill (Shropshire) a un «Compafíero de Infortunio» declaraha: El Parb111cnto para rucstro alivio p~na ayudarnos a morir de h"'lllbre va a reducir nuestras Medidas y Pesos al Nivel más bajo.94 TRADICIÓN. siendo su interés mantener toda aquella incertidumbre con respecto a los pesos y las medidas». al cual las ll1ujeres y doncellas del pueblo traían su grano para molerlo. El mismo decreto intent6.54 Los intentos de cambiar la medida encontraron muchas veces re~istencía. Si los pobres compraban (a fines de siglo) menos canlidad de grano en el mercado público. con una total ralla de éxito. un lugar en el folklore popular tan pronto envidiable n:mo lo contrario. 32: véase J. apretada. d1cron lugar a motínes. quizá S\1 condición social en el pueblo. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 95 huena medida. 24 y el de Chester. El molínero ocupó. la práctica que seguían todos los agricultores y come. . cuyas proezas se perpetúan aún quizá en e! sentido vernáculo de la palabra «moler». habrá una gran compañía que quemará la pegueñfl medida cuando vosotros estéis en la cama y dormidos y vuestros graneros y all11iares y a vosotros también con ellos Un colaborador ele los AUl10ls o/ Agríeulture de Hampshire explicó en 1795 que los pobres «han concebido erróneamente la idea de que el precio del grano ha aumentado por la última reformo del bUJhel de Uueve galones a la medida de Winchester.1sar un día sin hogaza. y ocasionalmente. quizá también su poder sobre los medios de subsistencia. y los comcrciant~s .. Los cambios en las medidas. como patrón nacional. todo pudo haber contribuido a la leyenda: joven mOZ:1 vigorosa tan vigorosa y alegre Fue "d molino un día Traigo un celemín de grano para moler Sólo puedo quedarme un momento 1:.. y por consiguiente. pero más a menudo 10 Críln por los clienles. p. que le convertía en un buen partido. las nociones aritméticas de! pobre podían no haber sido tan erróneas. el de Stam(ord tenía 16. Las antiguas medidas eran generalmente 1TIflyorcs ~~. continúa. 327. Quizá lo adecuado del molino de pueblo. los instigaban a ello.que la de Winchcstcr. p.tlgl1nélS veces mucho mayorcs. porque es la medida más aproximada a un bllshel de harina. era considerado como un libertino fabulosamente afortunado. Por un lado. IV (1756). que tengo una predilección indudable por la medida de nncvc galones. n. por lo pcqneño de su contenido. «Confieso».

y de que era agradable EHa prnnto descubrió ClllC eJ molino molería presentar Ll MiIler's Toll Bill (Ley de Impuestos del Molinero). lA gentecilla del siglo XVIII.lCU. el paso ele mucbos molinos a fines industriales colocó él los pequeíl0s molinos de trigo supervivientes en una posición mt1s ventajosa. En la lamosa «pelea de la colina Shnd» (Shud-hiil FiRht) de ese año. Alrededor de los pequeños molinos que exigían impuestos (mm donrlc el impuc<.e soportarlo por mas tiempo. exclamo Nellie Dcan en \f7l1thcrillg Hei. pero finalmente los derechos sobre molienda fueron abolidos..ativa para mmltener la escuela secun- sado de costumbres típicamente medievales ~recípientes excesivamente grandes para recolectar el impuesto en especie. 1'v1ás tormentosa aún fue b hist.ghts: .~rra tenía tAmbién. J nglat. incluyendo esos vestigios extrAordin<lrios) los molinos con nerechos señoriales (soke-mílls). Desde qnc los mnlirwros se dedicaron con mayor íntcnsicbd al comercio) y a moler el grano por ~ u propia cuenta para los panaderos.¡ci{~n. los vendían o art"r-nda·· han a especuladores privados. y ele la h<1l"inn más fina que está en el centro de b 1. Sin embargo. estos molineros eran. que Carne y Sangre no pueden soportJr!o. efa una ventaja para el molinero si Jos precios ctan altos. Dos arrendatarios de estos derechos.l consumidor nwlquier alzA en el precio del grano. Pero sepan. de Chaucer. o andaban cerca de ello. en 1757. por supuesto. que int.. tenían peco tiempo para los pequeños clientes (con un saco o dos de grano espigadn).su duplicado. de\'llelta al cliente.. entre ellos Manchester. Los graneles molineros del valle del Támesis y de las grandes ciudades respondían a un tipo diferente de empresarios que comerciaban ampliamente en harina y malta.111131' didas. podín ser el producto de otro grane' de calidad inferÍor.lCtlcrdo :1 5U prcjli.tn había sido conmntrldo por pt1gos en ¿ineto) bs injustícias se rnllltiplicahan. cuando h harína era daria. Y en 1796 estas injusticias se hicieron sentir con sufkiente fuerza como para permitir a sir Francis Bassett Entonces ena se sentó sohre un saco HabJ8ron de esto y aquello Hab1:1ron de amor.do en h. cuyos derechos señoriales eran destinadCls a notación carit.-. hatina oculta en ías cajas de las piedras. era acusado de agregar nuevos y mucho más osados desfalcos: i\nte~ PCfO robaba con discrccj(lf) <-1hora es UIl !Jdrón (. poco populares. tn sobtc él en estos años) la l\istoria dclmolinero ha cambiado poco desde el (/Cuento de Rcevcsl>.rictamente sus prácticas de pesos y me- Por otro lado. y había intentos espasmódÍC"os de rcgu]. mientms que al mismo tiempo manejaban sus molinos (se alegi1ba) con extorsión y demora) la carne y la sangre no pudieron realment. y de aqllí tnlllhién que. . Si creemos todo ]0 que ha sido eser.1~ua bnj<l No puedo moler pues el molino no anda clientes. A los mo]inerns no 31 les afectaba la Tasa del Pan (Assize ol Bread).11 exigiendo í1ll¡mcstos de . sus ballalités menos conocidas. En la mayoría de los casos los feudatarios que poseían los derechos señoriales por ~(l utilizrlción del molino (maqllila). y podían hacer repercutir inmcdiatmncnte sobre c.l c05tll111hrc. de aquí t<1rdanzas sin fin.oria de los Molinos-Escuela en Manchester. Bradford y Leeds. (1Iubo quejas de que algunos molineros cornprabal1 a mit..) Al transcurrir el siglo. que ejercían un monopolio absoluto en el molino de grano (y venta de harina) en centros fabriles importantes. los nuevos arrendatarios qnlsleton prohibir lo im· portación de harina a la cindad en desarrollo.s«llldal(l~o. por lo menos cuatro hombres fueron muertos a tiros de mosquete. Que mataban de hambre a la ciudad. E incluso en donde no obtenían este tipo de derechos. IJ i1l1pue~to pndí<1 ser cohm.entaba regular más est.ullla (siempre de «la rnejor de bs héHinas. inspiraron en 17 3 7 los versos del doctor Byrom: HueSDS y Piel. En un extremo nÚll tenernos el pcql1cílO mnlinn f11r. el":1n dos molineros flAcos.01v:1>'> L \' como la propnrcÍón no variabn con las fluctaci(1nes de precios. Piel JI Huesos. la reputación del molinero era menos envidiable. un molino . el molinero más importante.¡Amar l ¿Oyó alguien alguna vez cosa parecida) Podía también hablar de molmero que viene una vez . Pero mientras que el pequcI10 molinero rural era .¡Amar ' ».11 año a comprar n\lestro gtano». etc.ad de precio grano dañado y que lo mezclaban con el grano de sus Cuando. en el siglo XVlIr.~ 96 lvli~ TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 97 piedra:" están alt8s y el .

para convencer al pueblo de cme el precio que exigen los Panaderos no es más que lo que creen razonable los Magistrados». en 1795.1mente sus propios hlancos. por supuesto. ». no se debe subestimar la complejidad de la situación ni los objetivos de la. y del castigo ele lns transgresores.1. y dijo que mcre\ín ser azohlda. las distribuyó entre la multitud. El '<. y seguramente se siguió cociendo el pan en las casas en gran medida. y mucbas veces la multitud «[ijaba el precio» del pan. considerable.legales o a recibir instRntáneas represalias de la muJtilucl EJ pan<lclero. y se encontraba más protegido que cualquiera de los demás por la visible insignia del paternalismo. él. los londinenses bailaron y cantaron baladas de júbilo en las calles.• donde lo multitud estaba ya demoliendo una panadería acusada de vender pfln de peso escaso. Pero a esta altura está clato que estamos tratando con un mode. pues fue blanco de un ataque masivo en 179. refiriéndose al ataque de J 79. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMf ¡\ MORAL nF.5.Tllstice Ovc¡'c1o» de Bcn Johnson estaba todavía ocupado en las (. entre todos los que bregaban con las necesidades de la gcnte (tcl'ratenientes. Incluso Charles Sm!!h.S pesa las hogn(ls de pan en Sil dedn cor. miele las tort. multitud. cuando se quemaron en 1791.. Rinninr-h. el panadel'o «levantó al populacho conl'ra ella. que conocían a sus clientes.Pesos y Precios del Pan».98 TRADICIÓN. Pero el panadero (cuyo naba jo en tiempos de altos precios puede haber sido muy poco envidiable) era el único que. quc.J. sin embargo. pensaba que la continuación de! Assize era oportuna: «En Pueblos y ciudades grandes siempre será necesario establecer el Assize.est<1ban sujetas a rectificaciones . y fijó una Nota en su Puerta con estas palabras: "Trigo a Diez y Seis Chelines la Rastra"». Así en 1740 en Norwich la gente «fue a casa de cada uno de los Panaderos de la Ciudad. el pan BI hambricnto. y podía provocar la furia popular por un aumento repentino en el precio de la harina o un deterioro evidente de su calidad. ciertamente.un. adulteración.. encontrándolas realmente deficientes de peso.:¡s relaciones púh1icas. arrieros y molineros). «víniel'on en grandes grupos contra nosotros . 10 latgo del siglo. agricultores. por ello. El efecto psicológico del Assize fue. Peto en muchos C(¡SOs 13 multitud elegía clar. Sus niños Denl'ro de esta tradición encontramos a 1J11 lTIJgistrado de Londres. El primer molino a vapor de Birmingham (Snow Hi!!) no 10 pasó mejor. la!) llntil1as . No sabemos bastante como para hacer un gráfico del cambio con exactitud. el hábil exponente del libre comercio. se quejaban a veces de ~'11 impotencia para reducir Jos rJrecÍos. Puede parecer a primera vista muy curioso que tanto los comefcl:111tcs como los molineros continuaran figurando entre los objetivos de los motines de fines de siglo.li:z1n d::t las tortas a los pobres. mezcla de harinas baratas y dañad<1S~. sino también a los Panaderos.111es de Rcading. a J()~ alguaciles so1. C~)nvcntry o Londres: Alegre. se apoderó de las merc111cías del panflclero. El panadero no podía tener esperanza de aumentar sus beneficios por encima de la cantidad calculada en e! Assize más que con pequeñas estratagemas. «DCSPllés de vaciar 1111"has panaderías» referia el molinero ele Snow Hill. Los molinos fueron el blanco visible y tangible de algunos de los motines urbanos más serios del siglo. Pero aun donde el cambio fue completo. intervino. l1egrlOdo rd csccnariCJ de un motín en Scvcn Dials. donde ellos regulaban los . hicieron gran espectác\llo de h supcrvisi6n de pcsos y !Tlediclr!s. y dirighn a la multitud hacia el molino o el mercí1do de gtan()s. eludiendo deliberadamente a los panaderos. LA MtJLTrnJD 99 pocHa igualmente dominar a una populosa comunidad. i: ¡ . rlubo. algunas de las cuales -como el pall de peso escaso.1. En el mismo año en \'(Tisbeach obligaron a <<1os Comerciantes a vender Trigo a CU<1tro peniques el husbel no sólo a ellos. hasta cierto punto. aun al extremo de tener que alisten a la ml1ltitud a su Livor: Cuando llann1h Pain de Kcttcring se ql1cje. Much..re la escasez de peso del p811. tenía a veces que atender a sus propt. de la cólera popular. se hallaba en contacto diario con el consumidor.lS corpo l'adones. pues ya había suficientes heces de b sociedad de este tipo». mtlChfsimos pequeños motines frente a las panaderías. Sin duda los panaderos. Los molinos de Albion en el puente de Blackfriars (los primeros molinos de vapor de Londres) eran gobernados por un sindicato cuasi-filantrópico. cuando en muchos puntos de las MidIands y del Sur (y seguramente en áreas urbanas) la clase obrera se había acostumbrado a comprar pan en las panaderías más que grano o harina en los mercados.. pesó las hogazas y. El Assize of Bread limitó clara y públicamente sus beneficios legítimos (tendiendo también de este modo a dejar el comercio de panadería en manos de numerosos comerciantes pequeños con poco capital) protegiéndolos así. . entra en todas las ccrvccerÍ<ls v baja a todos los ~(Stann<.

ni aun bs grandes refriegas provocadas por el descontento contra los grandes molineros. 1900: Graso. entre los años 1580 y 1630. {... fue codificada en e! Book of Orders. que más bien crece en complejidad en el siglo XVIII. Supple.de fijar el precio del ~rano o la harina quedaba. Liverpool Papers. Lo extraordinario de este modelo es que reproduce. (unción. aparentemente de manera espontánea. E. Las órdenes deben ser :mpuestas «sin ninguna parcialidad que perdone a ningún hombre» . 1795 v 1800) en los cuales los mineros del carbón y del estaño. durante el reinado de Carlos l. rero les ordenaban asistir al mercado y asegurarse de que «se proveía a Jos pobres de los Granas necesarios con tanta conveniencia en los Precios. en segundo lugar.iel Bacon o/ St¡ljkc? Nor!olk (Camdcn Saciety. pata ser vendidas. después de 1550. 1600-1642. 56 55. el hecho de que exhiben un modelo de conducta cuyo origen debemos buscar unos cientos de años atrás. pues. pp. el Book ot Ordcrs de 1630 cClndllvc rnn ln arlvertcncia de que. sino que buscan y proyectan medios de mantener altos los precios con la consiguiente manifiesta opresión de la clase m·ás pobre».. 3: seL..¡r las existencias de c~reales en cámaras y graneros. op./and.55 En esencia. Brit.34 {25 George VIII. sino los <<levantamientos pepulares» (muy especialmente los de 17 40.100 TRADICIÓN. tvIS. B. o Jornaleros de 18 parroquia en que viven. Si buscamos la fórmula característica de la acción directa. Es también un término impreciso para describir los movimientos populares. Estas medidas de emergencia se emplearon en épocas de escasez en los últimos años de! reinado de Isabel 1.lish POOl" Re/id. e:1 1630."~Dnablcs». 11 LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 101 v s" ha sugerido que el término «motín» representa un instrumento de análisis basto. 160j). f}[l_ cit. La ncción cen~ tral en este modelo no es el saqueo de graneros ni el robo de grano 5( o harina sino el acto de dijar el preClO».. Sn Majestad (¡dad Orden :de que sean fijados Precios ni. Es necesarío dibujar una imagen más amplia de las acciones de la multitud. cirea 21. de ordenar el envío de ciertas cantidndcs nI mercfldo. Cambridge. a veces con -1 gran precisión. 117. add. Lib. 130-157. Durante el reinado de Isabel I se exigía a los magistrados la asistencia a los mercados locales. que se repite.. Lo i': extraordinarío en estas «insurrecciones>} es. En cualquier caso no fue nlvidado. deberíamos tomar. Gras (op. Hay documentos que ílustran su funcionamiento en O//icial Papen n/ Núfhm. cit. El poder. una pro-clama de 1(103 aparece para fijar los precios (Seiigman Colkction. en épocas de escasez. Proclamntions. para muchos de los agravios y circunstan~ cias determinados. No se portía vender grano fuem del mercado público. «si los dueños de grano y otros prori~ultios de Víveres. que no pueden llegar convenientemente a las Ciudades de Mcrcac1c)}>. 17 56. y donde encuentre q-ce es insuficiente la cantidad traída pata li Podían entonces ordenar a los agricultores mand:n ({cantidades conveníentes>~ al mercado. su disciplina y. las medidas de emergencia. 132-13j) opina que. 1915). en primer Jugar. en diferentes puntos del país y después del transcurso de muchos años tranquilos. dicho pnder no se us6 nunC:1. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE lo de acción mucho más complejo que el que puede explicarse satis~ factoriamente por un encuentro cara a cara entre el populacho y molineros determinados. y en parte a la «avaricia~> de los cultivadores de grano) quienes «no están satisfechos con ninguna ganancia moderad. el Consejo Privado tenía poder para tasar los precios del grano en caso de emergencia. y el a5un10 fue activamente disclltido abastecer y atender a dichos mercados y especialmente a las clase!' más pobres. Em1y HistMy 01 Enf!.ís bien confusa nota. los ~ tejedores y operaríos de calcetería fueron quienes se destacaron. En una m. I . cit. pp. como pudiera ser obtenida por la Persui1sión más enérgica de l"s alguaciles». M. 195. Cohm1hia Uní\'. Y fueron puestas en vigor.450. «salvo a alguno. comerciantes o panaderos. nT. Hav algún informe sobre el funcionamiento del Book of Orders en E. Por un Acta de 15. torpe. en forma un tanto revisada. Leon~rd. no cumplen voluntariamente estas órdenes»-. el Book of Orders otorgaba a los magistrados el poder (con la avuda de tribunales locales) de inspeccion. pobres artesanos. P[1. 56. y de imponer con severidad tochls las normas de h legislación sobre licencins y acapar8mientn. fol. 19CJ4. James 1. l\lus. cuya .y esto a precio f<17011ahle». 440. La reina y su Consejo opinaban que los altos precios se dehian en parte a los monopolistas.. COIJl~ rnrrcial Crisü t1nd ChI1l1P. 1766. Lipson. se dirigirá a las casas de los Agricultores Y otros dedicados a la labranza y verá qué depósitos y provisiones de grano ha retenido tanto trílJado como no trillado . Lns Ordenan·· zas ele 1630 no facultaban explíciratnente a los alguaciles para fijar el precio. no las disputas en las panade~ tÍns en las afueras de Lanches.e in EI1f!. Cunbridge. el Consejo Privado intentó runtrolar 10$ precios por medio de una prochlma en 1709. XXVI. _'8353. p. en casos de emergencia. pp_ 236·242. Los nlguílciles adquirieron luego autoridad para «estílblecer un cierto precio por bushel de toda clase de granm>. a mitad de c3mi·· no entre la imposici()n y la persuasión.:!.

prometido 10 cual y hahiéndoles dado algunas provisiones sin solicitarlas. En 1693. Oxford Market». 1. queso. En 1681 en el mercado de Oxfotd (controlado por la Universidad) se fijaron precios para la mantequilla. XVI (l946. velas. aprendices y chicos. Y (aparte del Assize of Bread) otros poderes de tasa de precios subsistieron. 57. Pueden observarse muchas continuidades semejantes. un pañero.. «Se dirigieron a un molino harinero que está cerca del pueblo abrieron los costales de Harina y la tepartieron y se la llevaron y des. III. En mucha. 1890.arroquias dentro del mismo contorno de Scray. carne. la multitud sostuvo que. Three Tracts 011 the Com Trade. queso. Oxford. 501) y en 1762 <. Social Problems and Paliey durif1g the Pu. 360.itatt RefJolutio1z. pp. 1930. extraoficialmente.. P.) 11. a una casa de labranza y atentamente expresaron su deseo de que se trillara y llevara al mercado el trigo y se vendiera en cinco chelines por bushel. en Banhury y Chipping Norton la multitud «sacó el grano a la fuerza de Jos calTOS. 103-104. los cuales fueron . Econ.. Durante los desórdenes que se extendieron por el Oeste en 1766 el sberi!! de Gloucestershire. 2. cit. diciendo que estaban rCSl1eltos a ejecutar las leyes..). REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTI'rUD 103 Esta legislación de emergencia se fue desmoronando durante hs guerras civiles. D. Ramsay. Así decía una copla fijada a la entrada de la iglesia en la parroquia de Wye (Kent) en 1630: Si no os ocupáis de esto Algunos de vosotros vais a pasarlo mal. vendiendo grano.. menestrales. 264-271. Molineros. cuando se 10 nevaban los acaparA. en 1662. especialmente en una so· cicdad analfabeta. op. mantequilla y toci . véase Smith. es extraordinariamente larga. en las antiguas regiones fabriles del Este y el Oeste. 9-14. p.. se puso en pie una muchedumbre compuesta toda ella de h gente más haja. 35. En general devolvieron el producto (es decir. al toque de trompeta. 127-128. . Cnlleelal/ea. avena y alubias: «The Si seguimos otros pasajes de! relato del sheril! podemos encontrar la mayor parte de las características que presentan estas acdoncs: El Viernes pasado. y se comportaron con gran regularidad y decencia donde no encontraron oposición. no a sus propios precios. M. Antes de levantarnos Menos cantidad será suficiente Vosotros que estáis establecidos Mirad de no deshonrar Vuestras profesiones . tenían que imponerlas por si mismos. Cambridge. ni se someterán a él los súbditos»: Calendar of l-fome Office Papen. Hist. James. Parece que el Assize of Ale desapareció en Midd1csex en 1.. . Panaderos y tiendas de buhoneros. etc. G. etc. y nuevamente en 17 58. pata evitar ]0 cual no permiten ahora a las Mujeres y a los muchachos que les acompañen. tocino. con desenfreno y violencia donde la ellcon~ traron. pp.. «Industrial Laisser-Faire and the Polícy of CromweIh. Londres. Reo. De nuestro cuerpo tenemos algún cuidado.102 TRAD1CIÓN. Mathias. 14). Sir John Fielding escribió al conde de Suffolk que el aumento «no puede considerarse razonable. harina. pan. truyeron el grano. el dinero) a los propietarios o en ausencia de ellos dej::Hon el dinero. (La persona con letras también tiene recuerdos muy profundos: el propio Book 01 Orders fue vuelto a publicar. c. con un discurso preliminar para el lector que se refería a la actual «perversa alianza para producir la escasez».. en 1757. 57 Pero la memoria popular.) Las ordenanzas mÍsmas eran en parte una respucstll a las presiones de los pobres: El Grano es tan caro Que no dudo que muchos morirán de hall1brc este año. Nuestras almas nos son caras.' ser. esp.d(ltcs. Ciento treinta años después (1768) se clavaron nuevamente hojas ¡j (4 incendiarias en las puertas de las igleSIas (flsÍ como en las enseñas de las posadas) de ¡.» Tres días después envió otro informe: Visitaron a Agricultores. como tejedores. pero saquearon muy poco. puesto que las autoridades se negaban a imponer <<las leyes». se marcharon sin la menor violencia u ofensa.e autorizó a los cerveceros a subir el precio de una forma t:17:onable (por 2 Geog. p.692 (Lipson. ave. pp.') ocasiones. Poca duda cabe de que hay una tradición directa que se extiende desde el Book of Orelers de 1630 a los movimicutos de los trabajadores de la confección en el este y oeste de Inglaterra durante el siglo XVlIl.labradores. Tbe Brewí!tg Industry in Englfllld. 1773. J700-1830. incitando a los pobres a sublevarse. aUl1que sin duda e! modelo de acción directa se extendió a nuevos distritos en el siglo XVIII. ya que los magistrados 110 se oCllpabrtn de hacerlo».." ser. pero cuando en 1762 se propuso elevar el precío en medio penique el cuartillo.59. en Kent. pp. no pudo \1 1/ ocultar su respeto por los amotinados. 19. pp.

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DC'spués de visit8t los molinos y meren Jos en los alrededores de G-Ioucester, Sttoud y Cirenccstcr, se dividieron en grupos de cincuenta y cien y visitaron las "Ideas y fincas pidiendo que se llevara el grano al mercado a precios justos, y entrando a la fuerza en los graneros. Un grupo grande visitó al shfl"iff en persona, soltaron sus porras mientras les hablaba de sus delitos, escuchaton con paciencia, «gritaron alegremente Dios Salve al Rey» y después recogieron sus pOlras y voívieron a la buena labor de fijar el precio. El movimiento tuvo en parte el carácter de huelga general de todo el distrito textil: «1os amotinados entraron en nuestros talleres y forzaron a salir ¡] todos los hombres, quisieran o no unirse n ellos».
Fue este un movimiento cxtr<1onLnariamcntc disciplinado y a

gff\n escala. Pero el relato nos lleva a observar características que se encuentran tepctidillllCntc. Así, el movirnlcntn de la multitlld desde el mcrcc"do hacia los molinos y de allí (C01110 en el Hook o[ Orelers) a ins fincas) donde se inspeccionaban las existencias y se ordenaba a los agricu Itores enviar el grano al mercado al precio dictado por la multitud: todo esto se encuentra habitualmente. Ello iba a veces acompañado de la tradicional ronda de visitas a las residencias de las personas importantes, para pedir contribuciones, forzadas o voluntarias. En Norwich, en 1740, In multitud, después de obligar a la baja de precios en la ciudad, y de apoderarse, en el tÍo, de una barcaza cargada de trigo y centeno, pidió contribuciones a los ticos de la cluch"t_d:
El martes pot la M:1ñana temprano, se reunieron nuevamente, al toque de los Cuernos; y después de una breve Confabulación, se divjdieron en grupos y salieron del Pueblo por diferentes Puertas, llevando delante de ellos un largo cartel que- proponía visitar n los Caballeros y Agricultores de las aldeas vecinas, para exigirles Dinero, Cerveza Fuerte) etc. En muchos lugares, donde la Gene~ rosídad de la Gente no respondía :l. sus Expectaciones, se dice que mostraron su resentimiento pisoteando el Grano de loS" Campos

~,

Las multitudes, en Sll deambular con el propósito de inspeccionar, se mostraron muy activas durante este año, especialmente en Durham v Northumberland, el \'Vest Riding y varias zonas del norte de Gales. Los manifestantes en contra de la exportnción, que salieron de Dews~ b11l"y (abril de 1740), iban encabezados por un tamborilero y «algo parecido a una enseña o hlndcr:1»; realizaron un recorrido regular

de los molinos locales, destruyendo maquinaria, cortando sacos y llevándose grano y harina. En 1766, la multitud que recorría el valle del Támesis en acto de inspeccionar, se bautizó a sí misma con el nombre de «los Reguladores»; un agricultor aterrorizado les permitió dormir en la paja de su corral y «pudo oír desde su Aposento que hablaban entre sí sobre a quién habían asustado más, y dónde habían tenido mejor fortuna». El modelo se continúa en la década de 1790: en Ellsmere (Shropshire) la multitud detuvo el grano que era conducido a los molinos y amenazó individualmente los agricultores; en el Bosque de Dean los mineros visitaron los molinos y las viviendas de los agricultores, exigiendo dinero «3 las personas que encontraban en la carretera»; en el oeste de Cornualles los mineros del estaño visitaron las fincas con un dogal en una mano y en la otra un acuerdo escrito de llevar e! grano a precios reducidos al mercado. Lo notable es la moderación, más que el desorden. Y no cabe la menor duda de que estas acciones eran aprobadas por un consenso popular abrumador; se siente la profunda convicción de que los precios deben ser regulados ~n épocas de escasez, y de que los explotadores se excluyen a sí mismos de la sociedad. En ocasiones, la multitud intentaba por persuasión o por fuerza atraerse a un magistrado, jefe de la policía de la parroquia, o a algún otro representante de la autoridad, para presidir la laxa/ion populatú. En 1766 en Drayton (Oxon.) miembros de un trape! fueron a casa de John Liford «y le preguntaron si era Jefe de Policía; al contestar "sí" Cheer le dijo que debía acompañarlos a la Cruz V recibir el dinero de tres sacos de harina que habían tomado de una tal Betty Smith y que venderían a cinco chelines el bushei»; la misma muchedumbre se agenció al jcEe de policía de Abingdon para el mismo servicio. El jefe de policía de Handborough (también en Oxfordshire) fue requerido de manera similar, en 1795; la multitud fijó un precio -y un precio sustandal- de 40 chelines el saco de un carro de harina que había sido interceptado, y le fue entregado el dinero correspondiente a no menos de quince sacos. En la isla de Ely, en el mismo año, «el populacho insistió en comprar carne a 4 peniques la libra, y pidieron al Sr. Gardner, un Magistrado, que supervisara la venta, como había hecho el Alcalde en Cambridge el Sábado por la noche». Y también en 1795 hubo un cierto número de ocasionts en que la milicia o las tropas regulares supervisaron ventas forzadas, algunas veces a punta de bayoneta, mientras sus oficiales miraban resueltamente hacia otro lado. Una operación combi-

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nada de soldados y muchedumbre forzó al alcalde de Chichester a acceder a fijar el precio de! pan. En Wells miembros del 122 regimiento empezaron
por abuchear a los que ellos denominaban acaparadores o traficantes de mantequilla, a quienes persiguieron en distintas partf.'s del pueblo ~·se apoderar:::m de la mantequilla- la reunieron tod8 -le pusieron centinelas- y después la echaron, y la mezclaron en una cuba -y después la vendieron al por menor) pesándola ell balanzas y vendiéndola al precio de 8 peniques la libra ... aunque el precio normal que le daban los intermediarios era algo más de 10 peniques.

tomarían :::in compcnsaClon alguna». Con frecucnci<l aparecen motivaciones de castigo o venganza. El gran motín de Newcastle de 1740, en que los mineros y los bateleros irrumpieron en e! ayuntamiento, destruyeron los libros, se repartieron el contenido de las arcas municipales y arrojaron barro y piedra a Jos concejales) se produjo tan sólo a consecuencia de dos provocaciones: primero, tras romperse un acuerdo entre los dirigentes de los mineros y los comerciantes (en que actuó un concejal como árbitro), acuerdo que fijaba los precios del grano; segundo, cuando representantes de la autoridad, aterrorizados, dispararon contra la multitud desde las escaleras del ayuntamiento. En 1766, en Gloucestershire, se dispareron tiros contra la multitud desde una cosa, lo cual -escribe el Iheriffles molestó tanto que entraron por la fuerza en la casa, y destruyeran todos Jos muebles, ventanas, ete., y quitaron parte de las tejas; después reconocieron que se arrepentían mucho de este acto por~ que no era el dueño de la casa (que estaha fuera) el que había disparado contra ellos En 179'5 los mineros del estaño organizMon un ataque contra un comerciante de Penryn (CornuaIles) que había sido contratado para enviarles cebada, pero que les había mandado grano estropeado y en germinación. Cuando se atacaba a los molinos, y se estropeaba la maquinarja, era a menudo como consecuencia de una advertencia prolongada eue no había sido escuchada, o como castigo a alguna práctica escandalosa, Realmente, si deseamos poner en duda la visión no lineal y espasmódica del motín de subsistencias, no tenemos más que Rpuntar hacia este tema continuado de la intimidación popular, en el que homhres y mujeres a punto de morir de inanición atacaban nn obstante molinos y graneros, no para robar el alimento, sino para castigar a los propietarios, Repetidamente, el grano o la harina eran dE'rramndos ? lo largo de cnrteteras y setos, arrojado al do) estropeada la maquinaria v abiertos los diques de! molino. Ante ejemplos de un comportamiento tal, las autoridades reaccionaban tanto con indignación como con asombto. Era un comportamiento (en su opi.nión) sintomático del estado de ánimo «frenético» y destemplado de una gente cuyo cerebro estaba excitado por el hambre. En 1795, tanto el justicia mayor como Arthur Young, dirigieron discursos a los pobres en los que se destacaba que la destrucción del grano no era el mejor

Sería absurdo sugerir que, cuando se abría brecha tan grande en los muros del respeto, no aprovechasen muchos la oportunidad para llevarse mercancías sin pagar. Pero existen abundantes testimonios ele lo contrario, y algunos son impresionantes. Está el caso de los encajeros ele Honiton que, en 1766, quitaron e! grano a los agricultores, lo vendieron en el mercado a precio popular y devolvieron a los agriCllltores, no sólo el dinero, sino también los sacos; la muchedumbre de Oldham, en 1800, que racionó a cada comprador a dos celemines por cabeza, y las muchas ocasiones en que se detenían los carros en la carretera, se vendía su contenido y se confiaba el dinero al nl1'retero.5l! j\1lcls aún, en aquellos casos en que se tomaban las mercancías sin pagarlas, o en que se cometían actos de violencia, sería prudente averiguar si el caso presenta alguna circunstancia particular agravante. Se hace la distinción en el informe de una acción llevada a cabo en Portsea (Hants.) en 1795. Los panaderos y carniceros fueron los primeros a quienes ofreció la multitud los precios por ella fijados: «a los que se amoldaron a estas exigencias se les pagó con exactitud,>, pero los que se negaron vieron sus tiendas desvalijadas, «sin recibir más dinero que el que quiso dejar el populacho». Los canteros de Port Isaac (Cornualles), en el mismo año, se apoderaron de la cebada almacenada para la exportación, pagando un precio razonablemente alto de 11 peniques el bushel, advirtiendo al mismo tiempo al ptopictario que «si ¡ore tendía transportar el Remanente vendrían y 10
58. R. B. Rose, op. di.} p. 435; Edwin Butterworth, Historical Sketches 01 Oldham, Oldham, 1856, pp. 137,139, 144,145.

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medio de mejorar el suministro de pan. Hannah More añadió una dlomilía de Medio Penique». Un versificador anónimo de 1800 nos da un ejemplo bastante más vivo de estas amonestaciones a las clases bajas:
Cuando pasas las horas con tus Amigos del campo,

VI
Las iniciadoras de los motines eran, con .frecuencia, las mujeres. SabelTI'Js que en 1693 una gran cantidad de mujeres se dirigie~ ron al mercado de Northampton, con «cucbíllos escondidos en sus corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación». En un motín contra exportación en 17 3 7, en Poole (Dorset), se informó que <dos Grupos se CDmponen de muchas Mujeres, y los Hombres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a alguna de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran Número de Hombres y destruir tanto Barcos calDo Cargamentos». El populacbo fue alzado en Stockton (Dnrham) en 1740 por una "SeI10ra con un palo y una corneta». En Haverfordwest (Pembr{)ke), en 1795, un qnticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subalterno, luchar con los mineros del carbón, se quejó de que "das mujeres íncitab,n a los Hombres a la pelea, y eran perfectas fnrias. Recibí algunos golpes de alguna de ellas sobre mís Espaldas ... ». Un periódico de Birmingham describía Jos motines de Snow Hi11 como obra de «una chusma, incitada por furiosas mujeres>? En docenas de casos ocutre lo mismo: las mujeres apedreando a un comer~ ciante poco popular con sus propias patatas, o combinando astutamente la furia con el cálculo de que eran algo más inmunes que lQS hQmbres a las represalias de las autoridades; <<las mujeres dijeron a los hombres del vulgo>}, dijo el magistrado de Haverforclwest refiriéndose a los solcbdos, «que ellas sabían qUf:' las tcnÍ:.Ul en sus COtBzones y que no les harían ningún daño}}. Estas mujeres parecen baber pertenecido a una prehistoria ele su sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían haber esperado unos doscientos años pata su liberación. (Southcy podia escribir, C01110 lugar común, en 1807: <~L.3S mujeres están más dispuestas ;l amotinarse: tienen menos temor a la ley en parte por ignorancia, y en parte porque abusan del privilegio de su sexo, y pm consiguiente en todo tumulto público sobresalen en violencia y feto-· cidad.») 50 Eran también, por supuesto, las más involucradas en la
J

y tomas, con la abundancia que quietas, el vaso desbordante
Cuando todo se vuelve ttanquilo, si oyes por casualidad ~<Que son los Acapamdores los que encarecen tanto el grano; Que necesitan y conseguirán pan: ya han comido bastante Arroz y Sopa, y engrudos por el estilo: Lo tomar<Ín sin pedirlo: y se esforzarán por la fuerza y la violencia En vengarse ele estos ladrones de granos}}: Joho jura que luchará mientras le quede aliento, «Es mejor ser colgado que morir de hamhre: Quemará el granero del Señor Hoardúm, eso hará, Sofocará al viejo Filch Bag, y destruirá su molino)? \' cuando preparen la Púa y la Horca y todos los útiles de la guerra rústica". Háblales de los males que acompañan los actos ilegales, Acciones que, comenzadas en la ira, terminan en dolor, Que quemar pajares, y destruir molinos, No producirá grano ni llenad los estómagos.

¿Pero eran realmente tan ignorantes los pobres? Uno sospecha que los molineros y comerciant'?s que estaban ojo avizor con respecto a la gente y al tiempo procuraban elevar al máximo sus beneficios, conocían mejor las circunstancias que los poetastros sentados en sus escritorios. Pues los pobres tenían sus propias fuentes de informa~ ción. Trabajaban en los puertos. Transportaban las barcazas a lo largo de los canales. Conducían los carros y manejaban las barreras de peaje. Trabajaban en los graneros y molinos ... Con frecuencia conocían los hecbos locales mucho mejor que la gentl'y; en muchas acciones fueron derechos a las provisiones de grano escondidas cuya existencia habí",1 negado, de ,bueoa fe, los jueces de paz. Si es cierto que los rumores iban muchas veces más allá de todo lírnite, tenían siempre al menos su raíz en tll1<1 ligera base de realidad. Los pobres sabían que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el

bmzo.

59. Leftas !rom E1tglawl. Londres, 18l4, Il, p. 47. Las mujeres tenían otros recursos además de la ferocidad: un coronel de Voluntarios Sí' laJnentaba de que <w] Diablo en forma de Mujetes está ahora usando toda su influencia para inducir a la tropa a romper su lealtad a sus Oficiales»: Lt.-Col. J. Entwislc, Rochelalc, 5 agosto 1795, PRO, WO l.lO&6.

1801: A todos los Hombres trabajadores ~' Comerciantes en la Ccn~ tena de Stratton que están dispuestos a . Entonces «juraron que si no se lo daba a 9 peniques la Hogaza se lo quit('l~ rían. varias Personas que estaban a su alrededor sacaron varías I-Iogazas de sus Cestas .. y antes de que pudiera dar otra respuesta. el próximo Viernes a las Nueve I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 111 su conformidad hacía muy difícil cualquier prosecución subsiguiente) cotrÍa el peligro de perder todas sus mercancífls. mientras que él pedía 19 peniques.. capitulaban con frecuencia ante las primeras señales de turhulencia por parte de la multitud. de la intercepción ele carros de grano o harina al pasar por un centro populoso. del f.» El propietario (un yeaman) * lo aceptó finalmente: "Si tiehe que ser ese el precio. "El lunes pasado -comenzaba una carta de un magistrado de Shropshire en 1756-·. véase R. La negociación fue bien entendida por ambas partes.alvar a sus iv1ujetes e Hijos de la Terrible condición de ser llevados a la TvIucrte por H8. Ph. 1795: Pa1"n avisar A todas lns 1v1ujercs domiciliadas en \V'lkcficld que se desea se: relÍnan en la Iglesia Nueva . ». que tenían que contar con sus clientes tanto en los años buenos como en los malos..) . «Algunas de las personas allí reunidas dijeron que darían Cuarenta Chelines por el Saco de Harina. y que pagarían eso. De Saarron (Cortlualles). y se dirigieron al Mercado de \X7enlock . los mineros de Broseley se reunieron al sao de las trompetas.. En 1740 due pregonado en Ketring un Partido de Fútbol de Quirientos Hombres de un lugar. una vez formado el núcleo del motín. y ella para fijar el precio del trigo . D. en 1795. No sólo se explica el destacado papel de los mineros por su «vinlidad" y por el hecho de estar particularmente expuestos a la explo>lo Hacendado o lanrador 3CClmodado.. que lo sea». SP 3650: para otros ejemplos del uso del hítbol :1 las 11l. Sólo al llegar a este punto aceptó Smith vender a 9 peniques la hogaza. Por desco de los habirantes de Ha1ifax que se reunÍrán con ellas allí. o de la simple congregación de una multitud amenazante..Ha congregar Ketteting: PRO.l1f~!í~h {'. La aCClcm espontánea en pequefía escala podía derivarse de una especie de abucheo o griterío ritual frente a la tienda del vendedor al por men·)r.lpar¡:¡dor Agricultor Reuníos todos inmediatamente y marchad en temeroso Orden de Batalla a Viyiendas de los agricultores usureros. 1700-1¡:. .. 6O dijo entonces «Por Dios que si no lo rebajas no dejarás ningún Pan en este Pueblo) . El procedimiento de forzar In negociación puede verse con igual claridad en la declaración de Thomas Smith. un panadero. Proveniente de \'i7 akefield (Yorkshire). r.. En disturhios a gran escala.. unas mujeres se subieron al carro y tiraron los sacos a los lados de la carretera. el resto de b muchedumbre era a menudo levantado a toque de trompeta y tambores. Algunas veces se clavaban carteles en las puertas de iglesias o posadas.110 TRADICIÓN. que fue a Hadstock (Essex) con pan en sus alforjas (1795). a un precio justo y razonable .. pp. y Obligad los a Vender el Grano en el I\1ercaclo..). es posible que se hiciera más corriente la distrihución de avisos escritos a mano. Con gran rapidez se dcsarrolhba una situación de negociaClon: el propietario de las provisiones sabia muy bien que si no aceptaba voluntatiamente el precio impuesto por la multitud (y ()o. él le dijo que no tenía Órdenes de los Molineros de rebajarlo. la~ más sensibles a la trascendencia del precio. las nüís experimentadas en detectar el peso eSGISO o la calidad inferior. 1\1. y no darían más. thesis. i\1alcnlmsoll. y los vendedores al por menor.111bre por el insensihle y ac. REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE compra y venta car8 a cara.» El punto crítico era la reunión de un núcleo determinado.50)~ \Varwick Uni\'. Una de 18s mujeres (esposa de un trabajador) detuvo su caballo y habiéndole preguntado si había rebajado el precio del Pan. Cuando fue interceptado un carro con sacos de trigo y harina en Handborough (Oxon. y que si eso no era bastante. 1970. Es probable que con mucha frecuencia las mujeres precipitnran Jos movimientos espontáneos) pero otros tipos de acciones se preparaban con más cuidado.1QS. 89-90. pero la intención era Destruir los Molinos de la Señora Betey ]esmaine». (N. A (inales ele siglo.. lo tomarían por la fuerza. Fue detenido en la calle de la aldea por un grupo de cuarenta o más mujeres y niños.. «Popular Recrc<ltions in Snciety. varias personas entre la multitud ofrecieron entonces 9 peniques por un pao de 4 lihras.

l(lor de lnn<1. sino también por su número y por b nntutal disciplina de una comunidad minen!. «en su mayor ~Jdtte) extranjeros de diferentes comarcas los ctI81es no son tan fácilmente ap8ciguados como los que viven en el lugar». por su lenguaje e inmediata influencia. en varias aldeas de Devonshirc (Sampford Peverell. Necesitaba un consenso de apoyo en la comunidad. un aserrador y siete labradores.actividad de los vigl1erO!1S y el pcqueño campesinado ftancés.. sus compañeros de mina. la ·acción había comenzado entre cuadrillas que trabajaban en la barrera ele portazgo de una carretera. gobernab<ll1 a las clases bajas».) encontramos informes contra un tejedor de mantas. un trabajndor en estambre. Un observador del sudoeste sostellía en 1801 que los motines estaban «cíel"tamentc dirigidos por comcrciantes inferiores. y nueve 1abtadorc::. Es probable que la interdicción del movimiento del grano dcntru de la región no hiciera más I ~ . mujeres y niños con potras de roble que bajaban por la calle gritando "todos a una.. aquí vienen los mineros". cardadores. con contratos anuales. Una vez en el ¡--ueblo. ». a llevar sus productos al mercado. recorrió el valle del T ámesis en 1766. y disidentes. Los banken estaban tamllién menos sujetos a la identificación inmediata y al castigo. En el East Anglia en 1795 se crecí un mieleo similar eéltre los bal1. éxito? ¿IIubiern continuado durante tantos años --tealrnente cientos de años.ad01'es de Inglaterra en contraste con I I I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 113 I ! la . los mineros explicaton más tarde que habían venido a petición de los pobres de 1. La composición de 1:1 multitud en cuanto a profesiones nos proporciona pocas sOl'presas. Los agricultores eran a veces intimidados hasta tal punto que se negaban después.si hubiera fracasado decididamente en lograr sus objetivos) y no hubiera deiado tras sí más que unos pocos molinos destruidos y víctimas en las horcas? Es una pregunt8 especialmente difí· ci! de contestar. a pesar de que se sugería con frecuencia que los ttabajadore:. que se mantenüm np:1ttados pero. puesto que eran. dos tejedores) un card. por supuesto. ¡.lCiClllCS contn1 dos cabestreros. La persistencia de esta form8 de acción suscita una cuestión lnteresante: ¿hasta qué punto tuvo. continuaron con la costumbre de vender grano barato a sus propios jornaleros. Gateshead (1740)-.~ a una'\>). desfilando pOI' la pInza y dando tres vítores.1 ciudad. un nlbañiJ. o cuando una cierta actividad Jos reunía en número suficiente. Era (parece) bastante representativa de las ocupaciones de las «clases más bajas» en las zonas de motines. que no tenían el nnimo necesario p8nl fijiU el precio por su CUenta.\7:dden (Essex) acus. un bordador y diez trabajadores. En realidad el motín de subsistencias no precisaba de un alto grado de organización. en comparación con Francia) era la rebtiva inactividad de los lab. con sus propios objetivos y restrtccione5. pero que debe ser planteada. los trabajadores rnrales sí que participaban en los motines cuando otro grnpo (como los mineros) formaba el núcleo original. Culmstock) cncontnl1110S con que se l1CUS3 n un l1ibndero. Cuanclo un grupo grande de trabajadore. y un modelo de acción heredado. parece probable que el motín)' la fijación de precios frustraron sus propios objetivos. un C[lntero. VIl A corto plazo. yo levanté la vista y vi una gran multitud de hombres. emn alentados por sus superiofes a ndoptnr un tono hostil hacia agricultores e intermediarios. Por otra parte. lograron más apoyos. «en número de 60 u 80 detuvieron la bomba de agua de la mina '" y se propuso venir a Newcastle para fijar los precios del grano .ljadores habían animado a sus propios obreros a nctuar. Otra diferencia importante.. I-Iabía menos acusaciones en relación n la supuesta instigncíón por pJtte de personas con u. todo. Dur1escomb. . REVUELTA Y CONSCIENCIA DF CLASE ud6n del consumidor. En ~Titncy (Oxon.Hlo.e adujo que person-as que emplealxm muchos trab:. \ln carpIntero.. un zapatero. un asetr:1Jor. Ocasionalmente.ken (cuadrillas «empleadas para limpiar Zanjas de Dren"je y en la presa» l.na posición superior en la \·¡da de las que Rudé y ottos han ohservado en Francia. en el momento en que empezaba la ronda de noche». «El jueves por la mañana --declaró John Todd. un zapateta. un minero de la mina de carbón Heaton. (luienes dijeron «con una sola voz: Vamos todos n una a Nc\VsbJry en una corporación para Poner más Barato el Pam). en Saf[ron \. un sastre) la mujer de un vendedc)t· de bebidas alcohólicas y un cri.J 12 TRADICIÓN. o a las venganzas del paternalismo rural que los tr8baiadores de la tierra. Pero esto se aplicaba sólo a los jornaleros regulares. en el suceso de Handborough se habló en nnn información de un carpintero.. y " ciertos distritos. Cuando vinieron desde lo mina de carbón Nook a Haverfordwest en 1795 (e! magistrado relata que su ayudante dijo: «Doctor. durante varias semanas. en cualquier sentido. Muchos productores de cereal.

Picas y Espadas. como para mostrar una marcada falta de entusiasmo por ser empleados en este "Servicio Odioso». ni para vencedores ni para vencidos.740.) Un exportador de grano. se bebieron la eerveza y el vino de su bodega. Las tropas alojadas en un pueblo se hacían rápidamente impopulares incluso entre aquellos que al principio las habían llamado. Esto nos permite a veces olvidar que el motín era una calamidad que producía con frecuencía una profunda dislocación de las relaciones sociales de la comunidad.0 en relación con los motines. Las tropas. ninguno de esos ejemplos ---5cnn calculados por agregación o por término medio-. en 1709. en 1800. Con extraña regularidad las peticiones para recibir ayuda de tropas son seguidas. Un magistrado de Suffolk. persuasión ejercida sobre arrendatarios. cuyos efectos podían perdurar durante años.¡ 14 'IHADICIÓN. tres o más días en llegar. sino también en aldeas donde las antoridades deseaban perseverar una tradíción de paz. pi"C(105 1766. pedía. ayudará a afinar la cuestión) ~lCro las variables son muchas.tiene por qué revelar necesariamente el efecto que la expectación del motín ptoducín sobre la situación total del mercado. El sherilf de Gloucestersbire. La cuestión del orden no era ni mucho menos sencilla. miento: . la retirada del 68 regi- 61.. encabezada por su rector. y no solamente en poblados destacados por su susceptibilidad al motín. La insuficiencia de las fuerzas civiles se combinaba con la repugnancia a emplear la fuerza militar. Cinco de ellos con Picas declaran que cuatro son suficientes para llevar mis Cuatro Cuartos y el otro mi Cabeza en trÍunfo con ellos . en los primeros días del . podían tardar dos. pero los beneficios que pueden obtenerse de la amenaza de guerra pueden ser considerables y. la AlnenaZa de guerra no comporta terror alguno si no se llega nunca <1 la sanción de la guerra. en 1. por peticiones para su retirada.'. tras un intervalo de cinco o seis semanas. Los magistrados provinciales se encontraban muchas veces en un extrem. y ejemplos también de lo contrario. en cuanto a sus poderes en caso de disturbios civiles.61 Podemos tomar una analogía de la guerra.<levantamiento» de Indudablemente.:Jdo aislamiento. comerciantes. e incluso otros en los que parece haber poca diferencia en el movimiento de precios en mercados donde hubo y no hubo motín. Una lastimosa súplica de los habitantes de Sunderland. AUi1ql1c pueden encontrarse ejemplos en que e! motín parece producir una caída de los precios. etc. quc varios investigadores dcs:1. entonces la amenaza del motín afectaría a la situRción total de mercado. Las autoridades de zonas propensas al motín dominaban a menudo Jos disturbios de manera equilibrada y competente. incurriendo en el odio de la población local.tTotLm ahora con ayuda de computadoras. tuvo una experieneia aún más desagtadable en el mismo año: los amotinado¡ entraron en su casa. baciendo prisioneros por el camino. Si los magistrados locales llamaban a las tropas. y permanecieron con una Espada Desnuda apuntando al pecho de mi Nllera Tienen muchas Armas de Fuego. no pudo sino acudir al mercado de Strond con s\]s «hombres de jabalina». quedó desalentado al ver a los ciudadanos de Durham darse la vuelta y liberar a dos de los presos a la puerta de la cárcel. de Flint. no solamente en años de escasez. tenían que seguir viviendo en el distrito después de la marcha de las tropas. aplic1Cjrín de precios. Los funcionarios mismos tenían la suficiente humanidad y estaban acorralados por ambigüedades suficientes. sin embargo. etc. sino también en años de cosecha media. Otro magistr8do que. quizá recibiendo cartas amenazadoras o siendo víctimas de rupturas de ventanas e incluso de incendios. S\1scri!xioncs caritativas. se abstuvo de encarcelar a los dirigentes de la muchedumbre porgue "el Populacbo amenazó con destruir tanto su casa como el Calabozo si castigaba a cualquiera de sus compañeros». en los documentos de! Ministerio del Interior o del lvlinisterio de la Guerra. investigaciones pormenorizadas de movimientos de a corto pla7. o autorizaban el uso de armas de fuego. si es que se las llamaba. Por muy meticulosamente que cuantifiquemos Jos datos disponibles. para pobres.) es a menudo difícil de encontrar y de cuan:ílícar. no pueden Éstos mostrarnos a qué nivel habrían subido los precios si se hubiera eliminado totalmente la nmcnaza de motín. Los beneficios reales inmediatos de la guerra rara vez son significativos. REVUELTA Y CONSCIENCTA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 115 que agravar la escasez en otras. y la multitud lo sabía muy bien. (Tales rescates eran normales. y la cvídencia con respecto a algunas (anticipación de motín. Si el mercado fue un campo de batalla de la guerra de clases en la misma medida en que llegaron a serlo la fábrica y la mina durante la revolución industrial. dirigió un harapiento y nada marcial posse commÍlatu5 a través del Yorksbire del norte basta Durham.

. Medidas similates se tomahan todavía en Devon en 1801. pidieron 10 que querían. el grano de los agricultores había sido arrebatado y vendido a 5 chelines un bus"el y varios molinos habían sido atacados.'5 chelines ro perlÍques: (/fodo quedó tranquilo en cuanto los agriculuwes bajaron el precio . «ciertos caballeros entre los Inás respetables de la vecindad de . El «orden» que podía seguir tras el motín. los propietrll"ios). C011 los cuales nos vimos forzados a parlamentar y llegar a un acuerdo por el cual les permitimos que obtuvieran el p-r:1110 a \..nsiedad de las autoridades por anticiparse al suceso o abortarlo con rapidez en sus primeras fases. De aquí la 3. por medio de su presencia personal. irán cllos a sus casas para trillarlo ellos mismos»: Yo he enviado orden a mis arrendatarios para que cada uno lleve cierta cantidad de grano al mercado los Sábados como único medio de prevenir mayores daños. Varias petsonas han sido golpeadas y despojadas de sus relojes.. ». por exhor" taciones y concesiones. añadía que el «salveje comportamiento de los so:dados.In tercio menos de 10 que h:1bí<l costtldo 8. que si la situaci6n no perméwecÍa tr~lllqui1a habría ele Hamar al ejército .. exaspera a la población hasta 10 indecible. A un joven le fracturaron el cráneo. sitiado por iracundos mineros del estaño. Se habían producido motines en Ottery. puesto que hemos decidido mantenerlo algo por encima del precio dictado por el populacho. sir Richard Newdigate.l{eS acuerdos. El motín era una calamidad. no necesitaban molestarse Jos Cab('¡}leros porgue Ellos fijarían el precio a 4 chelines 9 peniques en el próximo Día ele Mercado: en vista de esto fui ayer al Pueblo y dije tanto a la Gente Comlín como a los de mejor clase. Pero debemos también observar los esfuerzos de los magistrados y terratenientes para prevenir el motín. un magistrado de Shropshire en 1756 descrihe cómo los mineros «dicen que si los agricultores no traen su grano a los mercados. Consultaré con Jos molineros para snher si pueden darnos algo de Harina ." Entonces los mineros abandonaron en orden el pueblo. que apoyaba esta petición. Él y dos miembros de la gel1try de la vecindad enviaron su propio grano a los mercados locales: He ordenarlo que el mío se venda a 5 chelines 3 peniques y 5 chelines 6 peniques por bushel a ht gente más pobre. El trato normal de los campesinos en ferias y mercados se ha deteriorado mucho:>. Sir Geotge Yongc envió a su criado a fijar un pasquín admonitorio y conciliador en el mercado: El populacho se congregó. a otro le cortaron el labio superior.. Así. Farringdon y Abingdon pidieron en nombre de Dios .shite. Los habitantes de Wantage. prometí s3tisfacer todas sus peticiones razonables si se apaciguaban y tiraban <. Este tipo de negociaclon en los comienzos del motín..us palos lo c11n1 hicieron todos en el prado. pues un grupo de Villanos comO este no ha entrado nunca en este pw~blo. después de que sir Richard Newdigate y otros dos les hubieran dacio cada uno El alcalde de Exeter contestó a Yonge q\le las antorichcles de la ciudad habían ordenado que se vendiera el grano a . Un magistrado local. Habían actuado en efecto de acuerdo con el Book of Orders. al leer el pasquín (kcl:nawn que nn servía. T. y siempre se ha hecho de la manera más vlolenta y brutal. después fui con ellos a todas las casas en que creían se hahía acaparado V permití a ') n 6 cntntr para registrar y persuadir a los dueños de vender el queso que se encontrase En el mismo aflo puede vetse a los magistrados de Devon realizando esfuerzos similares. solía garantizar concesiones a la multitud. escribe que el pueblo fue visitado por trescientos «de aquellos bandidos. ll1~lS o menos fOt7.ados. media guinea..116 TRADICIÓN.. En una carta de 1763 el alcalde de Penryn. Un experimentado magistrado de Warwick.6: A las once cabalgué a Nuneaton y con las personas principales del pueblo me entrevisté con los mineros y el populacho de Bedworth que vínicron vociferando y armados con palos. eran corrientes. podía ser una calamidad aún mayor. insultó a mi Cdado e intimidó al Pregonero . que se lleven de este lugar la seCClOll del Regimiento de Lord Landaff {) si no el Asesinato será forzosamente la consecuencia. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 117 Su principal objetivo ('$ el robo. anotó en su diario del 27 de septiembre de 17(.:>.

Presiones tales en prevención de un motín. Además.las flutor.¡n que scnl dist!:ibuido entre los Pobres qlle será fijado muy por d(. Un punto que debe ser comidcraclo en todo an8.1isis cl. y a un precio por el cual po(bmos obl. 181-186. \'\1chb. J.lmenta el precio. REVUELTA Y CONSC1ENCIA DE CLASE LA ECONO!\-1ÍA MORAL DE LA MULTITUD 119 Exctcr . Véase tmllbién S.lbajadol"es (C01110 los mineros del plomo) en distritos nisIados. podian provocar un motín en otra adyacente al despertar un agudo sentimiento de desi- la corporación misma donó 21 libras. un acuerdo concertado en Ncwcastle pnra reducir los precios entre los comerciantes y una delegación de una manifestación de 1l1ineros (actuando concejales como mediadcnes). En 179.. no aceptaremos ningul1l1 Subscripción de la Gcntry porque al. produjo el que ln ciudad se viera inundada por «gente del campo» de las aldeas de los alrededores.<.nín) unn predisposición al lTlo1. respuestas de Jos corresponsales en Anl1(ll.f1. ordenaron . frenar la subida de precios e impedir cieHo tipo de lucro. órdenes como estas de los terratenientes tradicionalistas a sus arrendatarios eran frecuentes en otros condados.. El conde de \Varwick (un archipaternalista y un defensor de la legislación contra <lcJp<nador~s con el máximo rigor) recorrió en persona sus propieda~ des dando órdenes como estas a sus arrendatariDs. estuvieran determinados por muchos otros factol"es ade.1C. pidiendo trigo a 1 () chelines el hllshel: Los Caballero. ofJ.') Puede observatse este proceso en Devon del sur. fueron informados de qlle no se accptnría ningún Precio gtlC ellos propusicnlD o fijaran. «The . Iban desde suscripciones directas para reducir el precio del pan (las p. Las de ayuda a los pobres aclopt"do en 1795 por los magistrados del Berkshire y que se mantuvo en gran parte de Inglaterra incluso hasta principÍ(ls del siglo XIX.¡ J 1g THADlcrÓN. donde .:¡do: el preCio que quedaba en el mcrcndo después de l111 motín pnclía . aunque tranquilizaban una zona.lS medidas tomadas en 1795 fueron especialmente amplias. \YJ.. pasanclo por precios subvencionados para los pobres. 8 consecuencia del motín o de la nmenaza de motín. VI.57. 63.rubí. . (N.1:t5 .. en el mercado. por in1ciativa unas veces de una corporación.-.lantific. cit.'c Si~tema Lo que importa ::lquí 110 es solament. pp. En 1740. los Soldados no reciben ningún Beneficio similar». y principillmcntc porque el principio ele Fijar un Precio encontrada su npnsici{lll.. y B.. 1\'1.. nn Medidor o un Capillero». va- gualdad. pndínn 8.encrl<l. <1unque su intención era «sobornan> al motín (real o potencial). cspccinlmente de flquellos que cmp1c8ban un número considemblc de tr.. cit.\ssi7. cit.~ n{ . y B. un Encargado del Depósito del Carbón. 1'". del t. Sto-no op.} pp. La participación de soldados en motines encaminados a fijar el precio fue explicada por el duque de Hich1l1ond como produc¡d~ por l1n<l desigualdad similar: alegahan los soldados que «mientl'as 1<1 Gente del C. nlgunas de un ttibul1al 11111nicipnl tJ-imcstral. a sus Arrendatarios nevar el Gnll10 al :rvicrcHlo IXljO pena de no renov8rles los arrend~lmicntos».1(1)>. y es1"aremos satisfechos. en momentos de escasez. En enero de 17.) • 62 Espcci"lmentc útiles son 1<1:. 2C!8·209.¡r P.c of 13rc.5 y t 8()(q 80 1. 8unq1. Los Agricultores después acordaron el de 12 chelines y que cadn Habitante lo obtuvÍcra en proporción a su Familia Los Argumentos de los descontentos en Exmouth son muy contundentes.* El examen ele dich<ls medidas nos adentraría más profundamente en la bistoria de l<ls Leyes de Pobres ele lo que es nuestra intcnción)D2 pero los efectos érall en ocasiones curiosos.. l1am!1lnnd.Ín era dertnmente cfcctivíl como advertencia a los ricos de que dehÍ<lJ1 poner en buenas condiciones la organización de la beneficencia parroquial y de la Glridnd. se reunieron y el Pueblo esper6 Sll decisión ". oIJ.bajo del precio actual del Pan . el pobre poc1ín recihir grano (\ precios subvencionados. tajes suscripciones. grano y p<lIl subvencionado par~l los pObITS. suscripciones. hasta el sistema Spcenhamland.~) ri"das y bien documentadas. otras de las autoridades parroquiales. . XXIV y XXV 079'i).uroquias enviaban a veces sus propios agentes directamente a los puertos a comprar grano importado).'l.l"icu!ltIrC. otrns de un individuo de la geJltry. y supone una rlrivación para el. menudo producir el efecto de elevar el precio del pan para los que no participahan del beneficio de la suscripción. L.1lllpO es socorrida por sus Parroquias y Subscripciones. pueden haber sido n1<'ís eficaces de lo que se ha supuesto en cuanto a llevar gtfll10 al mercado. Tales medidas se adoptaban con much<1 f reenencia.) cap.ídades !lctunban todavía en 1801 dentro de la tradición de l/TI.los. la corpor<1ción de Reacling acordó: Que se organizara una S11SCIJpCl0I1 para reunir dinero para a un precio compr. «Dadnos cualquier cantidad que permitan las Existencias Disponibles. L. Una multitud se manifestó en Exeter.e que los precios. y los Agricultorc. se intentó sin éxito limitar la venta a personas con un certificado escrito de un «Ajustador. o ele los patronos.

120 m:~s 'rRADICIÓN. para lo cual tomamos :. » Puesto que los mutines son una Co::. dirigida al hermano de Toogood (que acababa de vender 10 bllshels de trigo a 14 chelines 10 peniques ~«verd8deramente un precio alt()))-. reunimos alrededor de 100 libros por S1.'lblico utilizara cual· quier expresión 8. y puesto que las Parroquias vecinas parecían estar a punto de Si circunstancias como estas conclltren en el futuro ell vuestra Vida y algllno de vosotros está dedicado él los Negocios de la Agricultura. y el Domingo buscaré en la Iglesia cómo :>oportat toda:> las necesidades de la 5('mana. Es más importante observar todo el contexto socioeconómico dentro del cual operaba el mercado. de las muy difamadas fuentes «literarias») tiene que ser consciente de ello. y lo vendéis a un ptecio razonable.¡s sij2:uientes lvledida!". John Toogoocl en Sherborne (Dorset). Podía consistir éste en lograr un término medio entre un precio «económico» muy alto en el mercado y un precio «moral» tradicional determinado por la multitud. El año 1757 comenzÓ con una «queja generah· contra los altos precios. sino dejad mejor que vuestra Conducta muestre alguna Compasión y Caridad hacia la Conclici{)n del Pohre . en el personeje elel sentencioso Jack Anvil al intentar disuadir éste 3 Tom Hood de \_l11ir~e 31 motín: Así. concluía con el consejo: J E1 lunes siguiente se encontró en la abadín una carta anontma. Habiendo convocado una "Reunión en el Hospicio. esperando haber obtenido Grano sin Dinero.1ora n ('(1mctiera cualquier motín o De5- Es dentro de un contexto como este donde puede descuhrirse b función del motín. hecho esto. serán destruidos vuestros graneros . Harán suscripciones -y renunciarán a sus hizcochos y pasteles. Como cantaba 'llegrem<"ntc n"nmh More. sed el cu1pahle condenado acto»... o conquíst3ndo un8 parte de la mllltitud por medio de la cRridad y tos subsidios.!llCl1<l. El relato proviene de un agricultor acomodado. nuestro Juez de Pa.. suministrándolo a la «Lista de Pobres» a 8 chelines hasta la cosecha.lbscripc!(lneS y antes del Sigtiiente Día de T\1ercado. trabajaré todo el día. REVUELTA y CONSCIENCTA DE CLASE LA ECONOMÍA T\'¡ORAL DE LA MULTITUD 121 Prisi6n en el de las simples fuerzas de 1l1C1T.\(. también. esta vez de un mercado libre de motines hasta el momento. participar en este Deporte.: y otros habitantes principales hicieron una Procesil~n J. que debía evitarse a cualquier coste.:tres: El 30 de abril) siendo Día de 1vlcrcado. aunque no :"le haya demostrado todavía.» Tohn Toogood (-:5cribiendo este relato para guía de sus hijos. por la automoderación de ngricu1tores y comerciantes.. y desilusionamos a muchos Sujetos vagos y desordenados c1e las Parroquias Vecinas.s Pobres se reunieron y empezaron un 1\110 tí n en la Plaza del Mercldo. si no traéis vuestto Trígo al rvlercado. Este término podía alcanzarse por la intervención de los paterna listas. Este pudo ser contraproducente (1 corto plazo. través de todo el Pueble.. puede mostrarnos esta lógica en acción. fueron al Molino de Oborl1 y trajeron muchos Sacos de Harina y dividieron el Botín aqHí en Triunro. incluso pequeño. Pero. orden en ('"te Puchlo.Z. muchos de nuestros ociosos e insolentes Hombres y Mujere. y la lógica ele la presión popular. H Después contrataron la compra de trigo a 10 chelines y 12 peniques el bushel. y que era conveniente aplastar esle l'v\al de Raíz. (60 /mshels a la semana en este período supondrhn un suhsidio de entre 100 Y 200 libras. y frecuentes informes de motines en ottos lug. repetimos. Derry doum ..a un molinero): . que aparecieron en el MercRdo con los Sacos vncíos. Otro ejemplo.a muy nueva en Shetborne . se acordó que el señor Jeffrey y yo hiciéramos un Informe de todas las FamiJias del Pueblo más necesitadas. pensé que no había Tiempo que perder. el motín era una calamidad social. no dejéis que os tiente un ojo Codicioso a ser los primeros en aumental' el Precio del Grano. Las gentes de bien.<Señor. y publicaton por medio del Pregonero del Pueblo el siguiente Aviso: «(Que se entregará <l las Familias Pobres de este Pueblo una Cantidad de Trigo suficiente para su ivlantenirniento todas las Semanas h3sta la Cosecha 31 Precio de 8 chelines por bushel y que si cualquier persona despué" de este aviso pt.ldo: cualquiera con un conocimiento. nos proporcionad n provisiones.) "Por estos medios resrauramos la Paz.

los barqueros de Henley (Oxon.5 y 1800-1801. tenderos y comerciantes de granos. «Es mejor Soportar un Yugo Extranjero que ser maltratados de esta forma».. dirigida a todos los agricultores.cran partidarios de poner en práctica los antiguos principios niveladores». <. normalmente destinadas (sospeellO) a helar la sangre de los ricos con su efecto teatral. pOfque estamos en noviembre y tenemos unas doscientas o trescientas bombas listas para los Molineros y par<1 todos. dcrry dowlJ y ¡tra-Jará-Jará! Sin embargo. Se decía que los mineros de Newcastle. Más habituales son las amenazas generales de «nivelación».). Como lo expresaron sucintamente las coplas colocadas fuera de las puertas de la iglesia en Kent en 1630. Pueden encontrarse a menudo frases de rebdión. cuando es frecuente encontrar un matiz jacobino en estas cartas y volantes. era más probable que un motín ruidoso en la parroquia vecina engrasara las ruedas de la caridad. las amenazas de que «los Franceses estarán aquí pronto». REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 123 Si.) gritaron «Viva el Pretendiente». ». animados por el éxito de la toma del ayuntntntento. ctc. tenemos un Ejército de más de tres mil todos dispuestos a luchar y maldito sea si no hacemos polvo el ejército del Rey Si resulta que el Rey y el Parlamento DO 10 remedian Convertiremos Inglaterra en Basura y si incluso así no abaratan las cosas Maldito sea si no quemamos el Parlamento y lo arreglamo. Y casos similares se encuentran en casi todos los lugares de Inglaterra. y para mantener a sus fami· lias en el Orgullo y la extravagancia». Normalmente no es útil examinarlo con relación a intenciones políticas claras y articuladas. molineros. Es posible que esa misma intención amenazante tuvieran en el Sudoeste. en 1766.. siendo como era el carácter de las gentes de bien. . lns carteras de caballos. todo En 1772. en 1766.) <<DO el Rey sino una Constitución abajo ahajo abajo oh caed altos gorros y orgullosos sombreros por siempre abajo abajo . en 1753. al menos desgarraron los retratos de Carlos II y Jacobo II e hicieron pedazos sus marcos. . una carta de Colches ter. Un tajante ejemplo de ellas es cierta copla dirigida a «los que hacen :os caldos y los Amasadores» que alarmó a un magistrado de Maldon (Essex): Queréis que se alimenten los pobres de bazofia y granos y bajo la guillotina querríamos ver vuestras cabezas porque creo que es una vergüenza atender a los pobres así y creo que algunas de vuestras cabezas serán un buen espectáculo.. y olguíen en Woodbridge (Suffolk) clavó un aviso en el mercado. Cuanto antes nos levantemos Menos sufriremos. Cientos y cientos de cartas como estas circularon en estos años. Unicamente en 179. que la imagen de J ack Anvil arrodillado en la iglesia. advertía a todos los «Malditos Pillos» que tnvieran c~¡jdado.122 TRADICIÓN. que se prepararan «para UDa guerra del Populacho o Civil» que «atrancaría a Jorge de su trono y derrumharía las casas de los pillos y destruiría los sitiales de los Legisladores». tenemos la impresión de que existe una corriente subterránea de motivaciones po1íticas articuladas. aunque una retórica que deshace la retórica de los historiadores respecto a la deferencia y solidaridad social en la Inglaterra ele Jorge IlI.<. Es. principalmente. escribía un aldeano de cerca de Hereford al año siguiente. retórica. Una carta dirigida al Gold Cross de Snow Hill en Birmingham (1766). carniceros.. firmada por «Kidderminster y Stourbridge». en 1743. VIII Hemos estado examinando un modelo de protesta social que se deriva de un consenso con respecto a la economía moral del bienestar público en tiempos de escasez. y no hflhn~ ni rey ni parlamento sólo una maraña de pólvora por tod<1 la nación. a pesar de que éstas ~urgieran a veces por coincidencia casual. que el magistrado local consideró «particularmente descarado y sedicioso y de alto y delicada significación>>: «Deseamos --deda~ Cjue nuestro exilado Rey pueda venir o enviar algunos funcionarios». se acerca más al tipo de la copla Se advirtió a los cahalleros de Fareham (Hants. e imprecaciones contra los ricos. De Uley (Glos. En contraste. En \Vitney (1767) una carta asegureba a los alguaciles de la ciudad que la gente no permitiría a «estos lnolditos pillos resollan tes y cebados que Maten de Hambre a los Pobres de Manera tan Endemoniada para que ellos puedan dedicarse a b caza.

o atravesados por una Lanza.. esta represión resultaba legitimizada. band~s. y hasta vucsttas vi (1<1 s os han quitado <1 OlJles en sus Expediciones que ia Familia Borbónica defienda su propia causa y volvamos nuestra vista. En las ciudades del Norte. etc. Hizo gala. sino que también exigen un salario míni~ mo y el fin del socorro Speenhamland. R.ltionarv . por el triunfo de una nueva ideología de economía política. Queso. El secretarío del Interior.informark que la población de Oxf0td no ha mostrado hasta el momento ninguna disposición al motín. con raíces En Ramsbury (\Vtlts. facilitó la transición. los sombríos United Englishmen (<<Ingleses unidos»). en opinión de las autoridades centrales y de muchas locales. O. dando de esta Dios Salve a los Pobres y abajo Jorge IlL Pero estos aÍlos de crisis bélicas (1800-1801) necesitarían un estudio apartc.124 TRADICIÓN. fue co[oca~ do un cartel: «i A las Armas. Erigid una repüblica o vosotros y vuestros hijos pasar'éi. la caballería hizo su aparición en la ciudad (a petición -se descubrió. el antijacobinismo de la gel1try produjo un nuevo temor hacia cualquier forma de actividad popular. Rev.. sino en anular y reconvenir a las autoridades locales que todavía apoyaban el viejo paternalismo. «The Volunteer Movement as Force.se hace más vigorosa. J. el temor a la invasión levantó a los Voluntarios. Eng Hísl. sino con la represión" En segundo lugar. ctc. en 1800-1801. hambre el Resto de vuestros días. la forma alternativa de presión económica --presión sobre los sabrios.. 20 aparición en Inglaterra a fines de un 1. El secretario del Ayuntamiento.. En septiembre de 1800 tuv" lugar en Oxford un episodio significativo.) ~. Queridos Hermanos.del subsecretario). hay también algo más que retórica bajo el lenguaje sedicioso: organización obrera clandestina. La ruptura en los precios del trigo después de las guerra. o colgados por turno .. Abajo con vuestra Constitución. ele una firmeza completamente nueva. Pitt y Jotge. Levantaos y vengad vuestra causa Contra esos malditos bestias. por indicación del alcalde y los magistrados. (N.. Wcstern. que hizo su y cuyos componentes. de acción subsiste en los años 1840 e incJnso más tarde. Se acercan estos motines a In revuelta de trabajadores. etc. soldados!». Las formas de acción que hemos examinado dependen de un conjunto particl1lar de relaciones sociales. Porque ya que no pueden mandaros a Francia A ser asesinados como Cerdos. Sois requeridos urgentemente para que volváis rápidamente y os maten corno Cuervos. incluso cuando no existía tal sedición. se fijó un cartel en un árbol: Terminad con vuestro Lujurioso Gohierno tanto espiritual como temp0ral n os !v10ríréis de Hamhrc-. los trabajadores de East Anglia no solamente fijan los precios.J·IROb. no solamente en su manera de tratar los desórdenes. 179. los verdaderos ingleses. cte. sirvió como dip1Jtado temporal de este triunfo celestial. LXXI (1956). hacia nosotros devolvamos a algunos a Hanover de donde salieron. escribió al secretario de la Guerra.l. Este equilibrio se dislocó con las guerras por dos motivos. y In nueva apenas ha surgido. en 1800. En estos años. hfln quitncln el pan.. no parlamentando y con concesiones. Por un cierto asunto relacionado con la determinación del precio de la mantequilla en el mercado. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 125 En Le\ves (Sl1s~ex) después de haber sido ejecutados varios hnmbres de la milicia por su participación en la fijación de precios. excepto que c·l haber traído al mercado algunas cestas de mantequilla \' 64. los magistrados estaban dispuestos a ver señales de sedición en las acciones encami* nadas a la fijación de precios. La antigua forma fe forma a los poderes civiles medios mucho más inmediatos para enfrentarse a la muchedumbre. duque de Porthnd. expresando su «sorpresa porque un cuerpo del ejército de soldados de caballería haya aparecido esta mañana temprano>>: Tengo el placer de. juramentos. Carne cte. En primer lLlgar. un equilibrio especial entre la autnridad paternalista y la muchedumbre. se l. la lucha contra los agiotistas de grano dio paso a la lucha contra las Leyes Cerealistas Hay otra razón por la cual los años 1795 y 1800·1801 nos sitúan en un terreno histórico distinto. Pero en las nuevas zonas de la revolución industrial evoluciona gradualmente hacia otras formas de acción. reclinaréis vuestras cabezas y moriréis baío estos Devoradores de Hombres y dejaréis a vuestros hijos hajo d peso dd Gobierno de Pillos que os está devorando. especialmente profundas en el Sudoeste. Estamos llegando al fin de una tradición.lamaron ludds. muy diferente. En 1812 los motines tradicionales de subsistencias coinciden con el ludismo* En 1816. de 1830. del t. formados en Anti·Rcvoll.lovimíento que tenia por obícto destruir maquinaria.

Su Excelencia. las autoridades de la ciudad eran de <<la decidida opinió!1» de que no había «lugar en esta ciudad para la presencia del Ejército regular» especialmente porque los magistrados esta han desplegando la mayor actividad para reprimir «lo que ellos creen ser una de las causas principales de la carestía. Burke. exclamó Burke: «dejemos que la compasión se muestre en la acción». Su Excelencia d::!. » La carta del secretario del Avuntamiento fue enviada al duque de Portland. una solidaridad simbólica entre las autoridades y los pobres. En abril de 1801 escribía al conde Mount Edgcumbe.... que esperamos 110 sea el C8S0).. han llegado voluntariamente los Agricultores de Cornua11es para proveer a los Mercado de Grano y otros Artículos de Provisión a PrecÍos reducidos . pero que nadie se lamente por su condición. por supuesto que el Alcalde y IvIagi:. No es un alivio para sus míseras circunstancias. ThotlJ!.rented lo the .1nto de vista trivial en que <lparece en S11 carta (incluso suponiendo que no esté conect<lda con otr<lS de naturaleza similar y aún más peligrosas. Porque lamentando mucho Su ExccJencifl la cau. y haberlas vendido a un chelín la libra. adecuado que el ideólogo que sintetizó un antijacobinismo histérico con la nueva economía política fuese quien firmase la sentencia de muerte de aquel paternalismo que. no puede permitirse pa$. E. nada es más cierto que estos no pueden producir atto efecto que el de aumentar el mal más .a de estos Motines. en sus más sustanciosos pasajes de retórica.. frugalidad y religión le deben ser recomendados. en épocas de escasez por 10 menos. Es.126 TRADICIÓN.. y me atreveré incluso a afirmar que cuanto más general se haga más perjudiciales serán las consecuencias que a la fuerza la acompañarán. se considera más inmedi<ltamente obligado . los delitos de acaparamiento..traclos debían haber pens. «El Pobre Trabajadon>. es sólo un insulto para su mísero entendimiento Paciencia. dictaba ahora la solidaridad entre las autoridades y «el Empleo de Capital». La «naturaleza de las cosas» que en otros momentos había hedlo imperativa.. lo cual.n en 5iilcncio lil parte de su carta que afirma «que la población de Oxford no ha mostrado hosta el momento ninguna disposición al motín. todo 10 demás es un fraude totaJ..1 ejercer su propio juicio y discreción en ordenar que se t0men las medidas adecuaths para la eliminación inmediata y efectiva de tan peligrosas acciones. según menciona.. SU Excelencia lo ve desde el punto de vista de un al<lquc violento e injustificado a la propiedad. porque necesariamente impide el Empleo oe Capital en la Agricultura ".hts and Details on Scarcif)'. Su Señoría debe excusar la libertad que me tomo de no dejar pasar desapercibido el acuerdo al cual. pueda responder a tal descripcióm" Lejos de considerar esta circunstancia desde el p1. qllC~ PUCS{Cl A lo largo de 1800 y 1801 el duque de Portland se ocupó de imponer las mismas doctrinas.. preñ<ldo de las Ill~S fatrdes COtlsc" cuencias para la Ciudad de Oxford y sus habitantes de cualquier clase.ldn que era su oblig<'ldo deber suprimir y castig8r Il1cdi~lnte el inmediato apresamienlo y condena de los transgtesores.. excepto que el haber tr8ído al mercado algunas cestas de mantequilla. por tanto. que aumentar y agravar la desgracia que pretende aliviar. incluso las generosas suscripciones para conseguir grano barato debían ser desaconsejadas. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 127 haberlas vendido a un chelín 1<1 libra y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla pucda responder a tal desctipción "No obstante la extrema tensión de los tiempos».t:5 65. y pronto. había celebrado. El remedio contra los desórdenes era el ejército o los voluntarios. originolly pre.la actual eSCasez de provisiones. me obliga a decir que toda empresa de este tipo no puede . quizás. porque agotaban las existencias. y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla. sobriedad. monopolio y reventa . la persuasión ejercida sobre agricultores o comercian~ tes para reducir los precios era delito contra la economía política. :le quien recibió una grave reprimenda: Su Excelencía desea que informe al Alcalde y lvI<'lgistrados. trabajo.ucesos tumultuosos que han tenido lugar en varias panes del Reino como consecuencia de .er justificada por la naturaleza de las cosas y tiene inevitablemente. El duque había recibido información de que los agricultores habían sido objeto de presiones por parte de las autoridades del condado: mi experiencia .¡l1á de todo posible cálculo. que su situaci«n oficial le permite <'lprccinr de manera muy especial el alcance del daño Plrblíco que se seguirá inevitablemente de la continuación de: los .

277-278. W'illiam Pi!! in NOt'ember. p. Holt. Taw.ondres. 7. en momentos de escasez. Londres. no un espasmo involuntario. en cierta tnedid. L. 67. progresivamente. esp.12B 'fRADICIÓN.disposiciones de 1800. era todavía conocido por los lectores del siglo XVIll. No nos es fáci1 concebir que Imela haber una él'oc<l.. y puede har. Fn Baxter. predicado en Bodmin y Fow·cy (Cornualles) (antes de r-cunirse el Ql1arter Session). R. Tawney. como árbitro indiscutido del esfuerzo económico. la misma primacía en la mentalidad pública. Londres. que serñ sin duda recompensada por Dios Todopoderoso. 66. GOdJ.. Pero en nuestras historias se abrevian con Jcm~lsiada frecuencia bs grandes transiciones.entry p..:11 comerciante.\ocÍn1. »." lU. que se apropiarfrtn de l. . 68. en que parecía «antinatural» que un hombre se beneficiara de las necesidades dt otro. Por lo que respecta . 8. naturalmente. cit. 222. unA. repr. dentro de 1111:1 comunidad Inenor y más in Legrada. op.:r al nivel acostumbrado. Son «enemigos de . H. y cuando se daba por supuesto que.u. como si el mundo se hubicl'a hecho sólo para ellos.f Blessing UpOI1 (he Providers 01 Cornf': ami Got/'s Curse UPOl1 the l-loarden:.<Ís el mismo hombre en otro papel) defendió su situaci6n profesional como artesano. y por Admoniciones y Exhortaciones en Sermones en las Iglesias que los Pobres sen n provistos de Gr:1!1o a Precios convenientes y caritativos. Estas nociones de derecho estaban claramente articuladas y llevaron durante mucho tiempo el imprimat"r de la Iglesia. Tawney.lS. este p<lnf1eto tuvo influencia sobre Fitt y Portbnd.nos. IX Espero que de este relato haya surgido un cuadro algo diferente Jel acostumbrad . p:1tte del precepto moral se diluye en nna p<lrtc de cnsuística y otra de prudencin comercial: «dehe ejercerse .).1tcrnalista pOl" un lado.Dios y del I-:Iombrc. fuertemente amenazados rnucl10 antes del siglo XVIII.68 Las antiguas enseñanzas morales se dividieron.. si bjcn los pro... como si el retenerlos fuera la causa de la escasez. que las clases más ricas se~Hl seriamente movid:1s por la caridad cristian:1.er Al avanZar e1 siglo xvn enmudeció este tipo de cxhort:lción especialmente entre los pnrít8. Fitz-Geffrcy. p.h catÍc.Yociety ond PurítonÍJm in Prc-Rct!olutionor)' El1fJond. entre la {!. el cartel de Ramsbury puesta posible. incluso aunque pudiera haber menos. esto no debí:1 hacerse <{en perjuicio de la nación. 1800. que el consumo ostentaba. . Estos Sl1pUC~tüs se encontraban. en 1630. opuestos tanto a 1ft Gracia como a Ja Naturaleza». Es difícil reimaginar los supuestos morales de otra configlltación . Hay un epitafio en la iglesia de 5to1 contribuido a las más dura::..1795. Indudablemente.bcl así COmo la justicia'». pp. 1926. flc intentado describir. El cor1surnidor defendió SllS viejas no-dones de derecho tan tenazmente como (qui¡. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 129 Contra un tono como este. vendido al Precio com{¡!1 del Mercado a las clases más pobres: Una acción piadosa. Y adelnás de esto. El J)ook of Por lo menos uno de estos sermones. '1. «La economí" del municipio medieval -escribió R.. que el siglo XIX atribuía a los beneUcios». ductos podían ser retenidos en espera de la subid<l de precios. exclusivamente p<Ha ellos (('linO las Codornices engol'dan con Cicuta. Los acapar-adores de trigo eran denunciados como esos que odian nI Hombre. y de sus frutos. . Londres. 1964. a pesar de haberlo sacado hurgando en el charco de la más sucia profesión de Europa . U. Véase tamhién Hi11. ney~ era tal. pp. H. 1648. que exporta grano en momentos de escasez. Abandonamos el acaparamiento y la dacttina del precio justo en el siglo xvn y empeZanlelS la historia de la economía de libre mercado en el XIX. p. opuestos al bien Común. los precios de estas ({Jleccsídades» debían permanc. 1631. 33.¡ tierra. C. RcligiOli mtd the Risc 01 Capitalísm.. y la plebe rebelde por otro.. así eIJos se alimentan de la escasez . «el sabor del lucro le es dulce. sino un modelo de comportamiento del cual no tenia pOl" qué avergonzarse un isleño de Trobriand. que es 1m veneno para otras criatur. a hacer que su grano sea. e . Pero la muerte de la antigua economía motal de abastecimiento tareló tanto en consumarse como la muerte de la intetvención paterna lista en la industria y el comercio. por el reverendo Charles Fitz·Gcffrey. Ct<l 1<1 Ílllkil res- Orders de 1630 consideraba el precepto moral y el ejemplo como una parte integral de las medidas de emergencia: que todas las buenas Medidas y Persuasiones sean u!iUzaclas por los Justicias en sus distintas Divisiones.

REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE nekigh (Warwicks. 110y no damos importancia a los mecanismos extorsionantes de Los antiguos preceptos resonaron a todo 10 largo del siglo oc. que no estaban en mucho mejot cstildo. "No hagáis del dinero tro dios». escribió uno..) dedicado a Humphrey How. estos son los Asesinos flcusados por el Hijo de Sirach. y arrebatado la comida de la boca». pero en lo que se rdicre al grano es del tipo más vil. Y con seguridad que de la Sangre de aquellos que mueren rOl' su culpa se les tornará cuenta. ~e advertía a los caballeros de Newbury en 1772: sino pensad en los pobres.. En el siglo XVIII no era este el caso. «les ha despojado ele las Ropas ello tm Hombre Sanguinario .. cuando dijo: El Pa" del pobre es SU vida: aquel que se lo robare es p01" seceso Los ¡crecios altos significaban vientres hinchados y nii'ios en· fermos cuyo alimento consistía en un pan basto hecho con harina rancia. I 1 LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 131 cielo al infierno. En un año como este. Con justicia puede llamarse a tales opresores Hombres Sanguinarios. y muchos pobres dejaron de vivir y sus lugares no les reconocieron A veces en hojas sueltas impresas y baladas: Idos ahora hombres ricos de corazón duro. muy probablemente la ictericia que acompaña a la inanición..bntcner alto el Precio del Sostén mismo de la vida en una Venta tan extravagante. La escasez fue acompañad él por unil eridcmiil de «Fiehre Amarilla». el «buhonero» de \Xlords\Forth Las desgracias de aquella estación. No se ha publicado todavía ningún testimonio qne muestre algo parecido a la clásica Grire des subsistal1ces francesa en la Inglaterra del siglo XVIII: es verdad que la mortalidad de 1795 no se aproximó a la de Francia en el mismo año) pero hubo Jo que la clase acomodada describió como una desgracia «vetdaderélmente penosa». que el pobre no puede comprarlo es la mayor iniquidad de que cualquier hombre puede ser culpable. como en un sueño.130 TRADICIÓN. ». pensad en el sermón que se predicó el 11 de map. vosotrOS ¡::randes hombres pensáis ir al deambulaba entre las cabañas y vio Ahnra bien.donde podbn llegar a organizarse con más . Recae con más peso sobre los Pobres) es robarles por que 10 son es asesinar abiertamente a aquellos que encuentran medio muertos Y saquear el Barco naufragado . Vuestro oro corrupto se levantará contra vosotros.. en 1795: «estamos decididos a reunirnos y marchar inmediatamente hasta lIegar a tu fdolo o tu Dios J tu Moisés. les ha arrancado los zapatos y las medias de los pies. vuesy frecuentemente en cartas anommas. entre los pobres. Llorad y gritad en vuestra desgracia. no es menos que el Asesinato. Las eSCaseces eran verdaderas esca~ La Exacción de cualquier tipo es vil. [?] a quien consjc!eras como tal y destruirlo y lo mismo tu Casa . era también el lugar --especialmente en distritos rl1rale~ o en dis- tritos fabriles dispersos-. la subida de precios. Muchos ricos se hundían. El levantamiento de los mineros del estaño en Cornualles fue precedido de escenas angustiosas: . y será Testígo contra vuestras almas . portero de lady Lcigh que murió en 1688: Aquí Yace uD Fiel Amigo del Pobre Que repartió Abundantes Limosnas de la Despensa de su señor No Lloréis pobre gente aunque haya Muerto Vuestro Servidor El Señor en persona Os Dará Pan a Diario Si el rvlercado Sube nO Protestéis Amargamente Contra Sus Precios El Precio es Siempre el 1vEsmo a las Puertas de Stone Lcigh.los hombres se desmayaban en el trabajo y tenían que ser llevados a sus casas por sus compaf'leros.1Sionalmente podían todavía oírse desde el púlpito: XVIII Y lIna economía de mercado no regulado porque a la mayoría de nosotros nos CalIsan sólo inconvenientes y perjuicios de poco bulto. que cubrían sus hombros. el más Cruel Asesinato. Se encontraban con más frecu211cia en folletos o periódicos: :t-. si el mercad" era el punto en el que lns trabajadores sentían con mayor frecuencia que estaban expuestos a la explotación.n pnrquc malditos seRmos si no os ohligamos pensáis matar de hambre a los pobres vosotros malditos hijos de put<l ° ({¡Mujer Avariciosa!») decían los mineros de estaflo dirlgiéndose a una aC<=lparadora de trigo de CornuaIles. no..

En Jos grandes motlnes de Merthyr. Se puede sugerir. Consideraba esto como «verdaderamente un asunto muy serio» y «en este campo abierto. J. En Yeovil (Somerset). v su asimilación a la demauda de pan. Esta furifl en relación con el grflno es una culminación cudosa de la época de los aclelantos agrícolas. por razón de su nÍlmero. la gel1try misma estaba algo perpleja. m. American Etbnological Society. En Plymouth.. un excelente filete de Vaca hervido. cuando entregaba a los pohres pan negm slJbvencionndo de su propia p:uroQl1ifl. grande v muy gordo Pavo asado. Impresiona. espasmódica e irracional al hambre. y el Speenharnland. en 1816. pp. en c0yuntl1ra t<111 crítica. donde se cOlnunícaban las noticias. de vez en cuando. La economía «mora]" ele la muchcelllmhrc tard. y miraban desde las alturas de sus parques . sirvió como emble- ma de la revuelta. En los motines de East Anglia.. frases como «Tomaremos sangre antes de cenao). y la sospecha de que b escasez es manipu lada. representando el «hambre sangrienta. sentía por un momento que era {ucrte. Social Mobility al1d CommunicatíOll. son. CCllI (1960). sus ferias y festivales. <c par:'! cenar Un Par de Pollos hervidos y. los magistrados. firmada con un tosco corazón sangrante. Pocos rituales folklóricos han sobrevivido con tanto vigor hasta fines del siglo XVJ1I como toda la parafernalia hogm"cña durantel:-t cosecha. Era el lugar donde la gente. 1959. 1963.ary 01 {/ COflftlry Panrm. y los preceptos morales elementales del (.precio rRzonable)} son igualmente universales. Wotld's Classies. En Nottingbam.).A MULTITUn 133 bcilidad. muy fácil ele que se haga. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMíA MORAL DE 1. t111 cuadro que es en sí mismo un producto de la economía 70.1 los campns de cereales donde sus lahriegos pa~ilbm hamblT. las mujeres marcharon con una hogaza colocada en lo alto de 1111 palo listada de rojo y atada con un crespón negro. engalanada de arpillera».Cabenl de Cerdo.) escribió el señor lugnrtcnicntc de Cnmbridgeshire. describiendo las medidas que tomarla contra lo~ amol il1:1dos si no estuviera confinado en su casa por ]a g<Jta. jnc1uso en áreas fabriles el año trans~ curda todavía al ritmo de 18s estaciones y no al de los bancos.» El avance de la nueva economín política de lihre. clavada en el asta de nOn bandeta.: James \'{Toodforde. . Scieltfifir American. ». Bercsford. el párroco \\7oodforde no dejó de cumplir con la obliga" dón de su ~)rnpja cena: 6 de marzo. circulaban el rumor y la murmuración v se discutía de política (cuando se hacía) en las posadas o bodegas que rodeaban la plaza del mercado. de 18. Macarro-nes. el creciente simbolismo ele la sangre. el choque se convierte en furia. muy buena sopa de Guisantes. Después de las gueaas lo único que quedaba de ella en la caridad. en llna socicclnd «prcindus-triah). (Tvlás de un magistr~ldo csnihi{. zón a su JRelO. Sidney Mintz. o de la India rural.cíp111os de sir Lewis Namicr. <moa I-Iogaza que ha sido haFíada en sangre. ed.í más tiempo en morir: es recogida en los primeros tn01inos harineros cooperativos. o del Africa de hoy) el mercado pertnaneció como nexo social tanto como económico. en verdad. por lo menos a hurtadillas». 485. y subsistió durante años en algún fondo de las entrañas de la Sociedad Cooperativa Mayorista (Cooperative \Vholcsale Society). la supervivencia en Inglaterra de una imaginería pagana que alcanza niveles más oscuros que el simbolismo cristiano. Era el lugar donde se llcvaban a cabo cientos de trans8cciones socirdes y personales. Tarta de crema».70 «No pondrás freno al buey que trilla el grano. Paralizados a veces por un exceso de alimentos nlltritivos. 112-122.\s universales ql1e cualquier experiencia naciol1Rl. 1111 prodigiosamente bueno. en 1812. economíA moral de apu1 visíonélmiento. a] l-lollle Officc.132 TRADICIÓN. apareció una carta anónima. <. Londres. por supucsto. En 1795. 81 abrirse el nuevo SIglo.mercado supuso tal11hién el defi moronamiento de la antiguR. y del mismo autor «Pcasant :tvbrkets». 4RJ. en el mismo año. o de Haití. fuc encontrada en 1<1s cRIles).(i9 Las confrontacíones en el mercndo. como respuesta directa.) El cond~clo no estará seguro durante la cosecha. J).lntcrnal Markct Systems as Mechanisms of Social ¡\tticu1ation>~) Infcrmcdíatc Societies. con sus encantos. En la década de 1790. tiene que haber uoa Revolución General . Se sacrificó un tetnel'O y una hogaza empapada en su sangre. con un coraó9. cuando VH acompañado del conocimiento de injusticias. Un síntoma de su final desaparición es que hayamos podido aceptar durante tanto tiempo un cuadro abreviado y (<:ec011omista}) del motín de subsistencias. etc. pues había oído que el Pueblo tenía la intención de llevarse el trigo sin pedirlo cuanclo estuviera madurc»>. por algunos de los socialistAS seguidotc~ de Owcn.31. La comercialización (o la «compra») se hace progresiva mente más impersonal en una sociedad industrial madura. "Sangre y Sangre y Sangre. pp. En la Inglaterra o le Francia del siglo XvIII (en regiones del sur de Italia. sus cenas. abandonaban su industriosa compilación de archivos para Jos di::. La escasez representa siempre para tales comunidades un profundo impacto psíquico que.. «sin algunos soldados.

P. «Comman Right . REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE polítíca que redujo las reciprocidades humanas al nexO salar_ial. habían cometido muchos actos de violencia. como en otras cuestiones. Hemos aprendido menos. en E. pasaba en efecto de generación en generación. y es que aquello que se hereda permanece como constante histórica: «propiedad». 1976. Las masas de aquel año. «la tierra». que ejemplifican las pr:ícticas hereditarias. y p~:¡fa (I!gún otro de Jos aspectos de las costumbres del siglo z. . 197. fue la afirmación del "herir! de Gl011cestershire en 1766. conocemos perfectamente como falsa. pero también más autoritaria. el pensamiento puede llegar a aceptar una falacia que. Más generosa. «The Grid of Inheritance: a Commenb>. EL ENTRAMADO HEREDITARIO: UN COMENTARIO * Los ensayos presentados en el volumen del que. 9. \.c proponen mucho. ya que las intenciones de los sistemas hereditarios. que necesitan más investigación. pp.. 328-360. sobre su desarrollo en el tiempo. cap. puntos como preguntas. m<Ís que com0 conclusiones.(!higs al1d HUl1tCrI. escribió. formaba pmte este capítulo nos han hablado mucho del tejido social de comunidades determinadas y de ciertas relaciones existentes en su interior.-VITI. que hace trescientos años. ofrecen a menudo conclusiones muy diferentes a las proyectadas. Si diseccionamos Jos sistemas hereditarios en condiciones de estasis. prudencia. Estos comentarios están basados en trabajos. CUJtomJ in Common (de próxima aparición). que podemos aún pisar. o madera. en horas de vigilia. tierra que. Londres.'5. Thompson. más sencillamente. a fín de cuentas. Naturalmente sabemos que esta constancia es ilusoria. }ack Goody y . originalmente. Londres. «pertenencia» o. algunos de desenfreno y excesos. y en algunas ocasiones algunos actos de valor.lance.lnd Enc1oSUfe)}. En términos de tierras Jo que se transmite a través de los sistemas hereditarios es eon mucha frecuencia no tanto la propiedad de las mismas. En cWl1quier caso. Family and Inber. alguno de los cuales no ha sido publicado todavía: para las zonas de bosque de Be-rkshire y I-Iampshire del este.. justicia y consecuencia con aquello que pretendían obtener.1:34 TRADIC1ÓN. Cambridge University Press.Toan Thirska. que puede aún hoy ser dedicada en gran medida al mismo tipo de cultivo. aquí ::. quizá. o ganado.

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