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6897062-Thompson-Tradicion-revuelta-y-Consciencia-de-Clase

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CoCo 1130
$ 3,-1S
EDWARD P. THOMPSON
TRADICiÓN, REVUELTA
Y CONSCIENCIA DE CLASE
Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial
Prólogo de
JOSEP FONTANA
EDITORIAL CRITICA
Grupo editorial Griialbo
LA SOCIEDAD INGLESA DEL SIGLO XVIII:
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? •
Lo que sigue a continuación podría ser descrito más como un
intento de argumentación que como un articulo. Las dos primeras
secciones forman parte de un trabajo argumentativo sobre el pater-
nalismo y están muy estrechamente relacionadas con mi artículo
"Patrician Society, Plebeian Culture», publicado en el J ouma! 01
Socia! History (verano 1974). Las restantes secciones (que tienen su
propia génesis) avanzan en la exploración de las cuestiones de clase
y cultura plebeya
l
Ciertas partes del desarrollo se fundamentan en
investigaciones detalladas, publicadas y sin publicar. Pero no estoy
seguro de que todas ellas juntas constituyan una "prueba» de la
argumentación. Pues la argumentación sobre un proceso histórico de
este tipo (que Popper sin duda describiría como "holístico») puede
ser refutada; pero no pretende poseer el tipo de conocimiento posi-
tivo que generalmente afirman tener las técnicas de investigación
positivistas. Lo que se afirma es algo distinto: que en una sociedad
cualquiera dada no podemos entender las partes a menos que enten-
English Sodety: Class Strugg]c without Class?»,
Social Histor)', IIl, n.' 2 (mayo 1978).
1. La polémica comenzó hace seis o siete años en el Centro pata el
Estudio de Historia Social de Warwick. Alguna parte de las secciones 1 y II
fueron presentadas en el Congreso de Historiadores (7 ju-
¡io 1972), en Londres. La sección V fue añadida para el debate del Seminario
del Centro Davies, Universidad de Prinlcton (febrero 1976). Y yo he inter-
polado, en la sección VI, algunas notas sobre la presentadas en la
Séptima Mesa Redonda de Historia Social en la Universidad de Constanza
(junio 1977). Estoy agradecido a mis anfitriones y colegas en estas ocasiones,
y por la valiosa polémica que siguió. Me doy cuenta de que un artículo
amalgamado de esta forma debe carecer de cierta coherencia.
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14 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
damos su función y su papel en su relación mutua y el1 su relación
con el total. La «verdad" o la fortuna de tal descripción holistica
sólo puede descubrirse mediante la prueba de la práctica histórica.
De modo que la argumentación que se presenta a continuación es
una especie de preámbulo, un pensar en voz alta.
1
Se ha protestado con frecuencia que los términos «feudaL>, «ca-
pit3lista) o «burgués» son en exceso imprecisos e incluyen
menos demasiado vastos y dispares para hacernos un servicio an,¡] í
tico serio. No obstante, ahora es constante el considerar útil una
nueva serie de términos, tales como «preíndustriah>·., «tradicional»,
«paternalÍsmo» y «modernización», que parecen susceptibles prác-
ticamente de las mismas objeciones, y cuya paternidad teórica es
menos segura.
Puede tener interés el que, mientras e! primer conjunto de tér-
minos dirige la atención hacia el conflicto o la tensión dentro de!
proceso social -plantean, al menos como implicación, las cuestiones
de ¿quiél1?, ¿a qtliéll?-, e! segundo conjunto parece desplazarnos
hacia una visión de la sociedad como orden sociológico autorregula-
torio. Se nos presenta, con un especioso cientifismo, como si estu-
vierfl.í1 carentes de valores.
En ciertos escritores «patriarcal» y «paternal» parecen ser térmi-
nos intercambiables, e! uno dotado de una implicación más seria, el
otro algo más suavizada. Los dos pueden realmente converger tanto
en hecho como en teoría. En la descripción de Weber de las socie-
dades «tradicionale,,>, el foco de! análisis se centra en las relaciones
familiares de la unidad tribal o la unidad doméstica, y desde este
punto se extrapolan las relaciones de dominio y dependencia que
vienen a caracterizar la sociedad «patriarcaL> como totalidad; formas
que él relaciona específicamente con formas antiguas y feudales de
orden social. Laslett, que nos ha recordado apremiantemente la im-
portancia central de la «unidad doméstica» económica en e! siglo XVII,
sugiere que ésta contribuyó a la reproducción de actitudes y relaciones
patriarcales v paternales que permearon a la totalidad de la sociedad,
y que qUlza siguieron haciéndolo hasta e! momento de la <<indus-
trialización), [vlar;.;:" es verdad, tendía a considerar las actitudes pa-
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 15
triarcales como características del sistema gremial de la Edad Media
en que:
Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organi-
zados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación
patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba
a éstos de un doble poder, por una parte mediante su influencia
directa sobre la vida toda de los oficiales y, por otra parte,
porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro
éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión
frente a los oficiales de los demás y los separaba de
éstos ...
Marx afirmaba que en la «manufactura» estas relaciones eran susti-
tuidas por «la relación monetaria entre e! trabajador y el capitalista»,
pero, «en el campo y en las pequeñas ciudades, esta relación seguía
teniendo un color patriarca!».' Es este un amplio margen, sobre
todo cuando recordamos que en cualquier época previa a 1840 la
mayor parte de la población vivía en estas condiciones.
De modo que podemos sustituir e! «matiz patriarcal» por e! tér-
mino «paternalismo». Podría parecer que este qual1tum social má·
gico, refrescado cada día en las innumerables fuentes del pequeño
taller, la unidad doméstica económica, la propiedad territorial, fue
lo bastante fuerte para inhibir (excepto en casos aislados, durante
breves episodios) la confrontación de clase, hasta que la industriali-
zación la trajo a remolque consigo. Antes de que esto ocurriera, no
existía una clase obrera con conciencia de clase; ni conflicto de clase
alguno de este tipo, sino simplemente fragmentos de! protoconflicto;
como agente histórico la clase obrera no existía y, puesto que así es,
la tarea tremendamente difícil de intentar descubrir cuál era la ver-
dadera conciencia social de los pobres, de los trabajadores, y sus for-
mas de expresión, sería tediosa e innecesaria. Nos invitan a pensar
sobre la conciencia de! oficio más que de la clase, sobre divisiones
verticales más que horizontales. Podemos incluso hablar de una so-
ciedad de <<una clase».
Examinemos las siguientes descripciones de los caballeros terra-
tenien tes de! siglo XVIII. El primero:
2. Esto lJracede de Un pasaje muy general de La ideología alemana (1845).
Yo no recuerdo ninguna parte de la misma generalidad en El capital. (Marx
y Engels, La ideología alemana, Grijalbo, Barcelona, 1974, pp. 58 y 64.)
16
TRADICIÓN, "EVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
La vida de una aldea, una parroquia, una ciudad mercado y su
hínterland, todo un condado, podía desarrollarse en torno a una
casa grande y su solar. Sus salones de recepción, jardines, establos
y perreras eran el centro de la vida social local; su despacho
de la propiedad, el centro donde se negociaban las tenencias
agrarias, los arrendamientos de minas y edificios, y un banco de
pequeños ahorros e inversiones; su propia explotación agraria, una
exposición permanente de los mejores métodos agrícolas disponi-
bles ... ; su sala de justicia ... el primer baluarte de la ley y él orden;
su galería de retratos, salón de música y biblioteca) el cuartel gene-
ral de la cultura local; su comedor, el fulero de la politica local.
y be aquí el segundo:
En el curso de adrninistmr su propiedad para sus propios
intereses) seguridad y conveniencia ejerció muchas de lns funciones
del Estado. Él era juez: resolvía disputas entre sus allegados. Era
la policía: mantenía el orden entre un gran número de gente ...
Era la Iglesia: nombraba al capellán. generalmente algún pariente
cercano con o sin formacíón religiosa, para mirar por su gente.
Era una ngencia de bienestar público: cuidaba de los enfermos,
los ancianos, Jos huérfanos. Era el ejército en caso de revuelta:
.. armaba él sus parientes,! partidarios como sí fuera una milicia
particular. Es m,ís, mediante lo que se convirtió en un intrincado
sistema de matrimonios, parentesco y patrocinio ... podía solicitar
la ayuda, en caso de nrxcsidad, de un gran número de parientes
en el campo o en las óudades que poseían propiedades y poder
similares a los suyos.
Ambas son descripciones aceptables del caballero terrateniente
del siglo XVIII. No obstante, ocurre que una describe a la aristocracia
o la gran gel1try inglesa, la otra a los dueños de esclavos del Brasil
colonia1.' Ambas servirían, igualmente, y con mínimas correcciones,
para describir a un patricio de la campagl1a en la antigua Roma, uno
de los terratenientes de Almas muertas de Gogol, un dueño de es-
clavos de Virginia,' o los terratenientes de cualquier sociedad en la
3. Harold Perkin, Tbe Origins 01 Modem ElIglish Society, 1780-1800,
1969, p. 42; Alcxander Marchant, «Colonhl Brazib>, en X. Livermorc, ed.,
Portugal and Brazil: An Introduction, Oxford) 1953, p. 297.
4. Eugene D. Genovese, The World the Slaveholders Made, Nueva York,
1969, esp. p. 96.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 17
que la autoridad econ6mica y social, poderes judiciales, sumarios, etc.,
estuvieran unidos en un solo punto.
Quedan, sin embargo, algunas dificultades. Podemos denominar
una concentraci6n de autoridad econ6mica y Cultural «paternalismo»
si así 10 deseamos. Pero, si admitimos el término, debemos también
admitír que es demasiado amplio para un análisis discriminatorio. Nos
dice muy poco sobre la naturaleza de! poder y e! Estado, sobre for-
mas de propiedad, sobre la ideologla y la cultura, y es incluso dema-
siado romo para distinguir entre mollas de explotaci6n, entre la mano
de obra servil y libre.
Además, es una descripci6n de relaciones sociales vista desde
arriba. Esto no la invalida, pero debemos ser conscientes de que esta
descripci6n puede ser demasiado persuasiva. Si s610 nos ofrecen la
primera descripci6n, es entonces muy fácil pasar de ésta a la idea
de <mna sociedad de una sola clase»; la casa grande se encuentra en
la cumbre, y todas las llneas de comunicaci6n llevan a su comedor,
despacho de la propiedad o perreras. Es esta, en verdad, una impre-
si6n que fácilmente obtiene el estudioso que trabaja entre los dom·
men tos de propiedades particulares, los archivos de los quarter ses-
siol/s, o la correspondencia de Newcastle.
Pero pueden encontrarse otras formas de describir la sociedad
además de la que nos ofrece Harold Perkin en el primero de los
extractos. La vida de una parroquia puede igualmente girar en torno
al mercado semanal, los festivales y ferias de verano e invierno, la
fiesta anual de la aldea, tanto como alrededor de 10 que ocurrla en
la casa grande. Las habladurlas sobre la caza furtiva, el robo, el
escándalo sexual y el comportamiento de los superintendentes de
pobres podían ocupar las cabezas de las gentes bastante más que las
distantes idas y venidas de la posesi6n. La mayor parte de la comu-
nidad campesina no tendda demasiadas oportunidades para ahorrar
o invertir o para mejorar sus campos; posiblemente se sentían más
preocupados por e! acceso a la cocci6n, a las turberas y a los pastos
de! común que por la rotaci6n de los nabos. La justicia podía perci-
birse no como un «baluarte» sino como un tirano. Sobre todo, podla
existir una radical disociad6n -en ocasiones antagonismo--- entre
la cultura e incluso la «polltica» de los pobres y aquellas de los
grandes.
Pocos estarlan dispuestos a negar esto. Pero las descripciones del
orden social en el primer sentido, vistas desde arriba, son mucho
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18 TRADICIÓN, REVIIELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
más corrientes que [os intentos de reconstruir una vlslOn desde
abajo, Y siempre que se introduzca [a noción de «paterna[ismo» es el
primer modelo el que nos sugiere, Y el término no puede deshacerse
de implicaciones normativas: sugiere calor humano, en una relación
mutuamente admitida; el padre es consciente de sus deberes y res-
ponsabilidades hacia el hijo, el hijo el;tá conforme o activamente cons-
ciente a su estado filiaL Incluso el modelo de la pequeña unidad
doméstica económica conUeva (a pesar de los que lo niegan) un
cierto sentido de confort emocional: «hubo un tiempo -escribe
Laslett- en que toda la vida se desarroUaba en la familia, en un
círculo de rostros amados y familiares, de objetos conocidos y mima-
dos, todos de proporciones humanas".' Sería injusto contrastar esto
con el recuerdo de que Cumbres borrascosas está enmarcado exacta-
mente en una situación familiar corno esta. Laslett nos recuerda un
aspecto relevante de las relaciones económicas a pequeña escala, in-
cluso si el calor pudiera ser producido por la impotente rebelión con-
tra una dependencia abyecta, con tanta frecuencia como por el respeto
muluo. En los primeros años de la revolución industrial, los trabaja-
dores rememoraban a menudo los valores patetnalistas perdidos;
Cobbett y Oastler elaboraron el sentimiento de pérdida, Engels aEr-
111Ó el agravio.
Pero esto plantea otro problema. El patetnalismo como mito o
ideología mira casi siempre hacia atrás. Se presenta en la historia
inglesa menos como realidad que como un modelo de antigüedad,
recientemente acabada, edad de oro de la enal los actuales modos y
maneras constituyen una degeneración. Y tenemos el Country J ustice
de Langhorne (177 4):
\'7hen thy good father held this wide doma in,
The voice oi sorrow never mourn'd in vain.
Sooth'd by his pity, by his bounty fed,
The skk found medecine, and the aged bread.
He left their irlterest to no parish cate,
No bailiff urged his little empire there;
No village tyrant starved them, 01' opprcss'd;
He learn'd their wants, and he those \vants redress'd ...
5. Peter Laslett, The World We Have Losl, 1965, p. 21.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
The poor at hand their natural patrons saw,
And lawgivers were supplements of law! *
19
y continúa para negar que estas relaciones tengan alguna realidad
en el momento:
... Fashion's boundless sway
Has borne the guardian magistrate away.
Save in Augusta's streets, on Gallia's shores,
The rural pa tron is beheld no more ... * *
Pero podemos elegir Ins fuentes literarias como nos plazca. Po-
dríamos retroceder unos sesenta o setenta años hasta sir Roger de
Coverley, un tardío superviviente, un hombre singular y anticuado,
y por ello al mismo tiempo ridículo y entrañable, Podríamos retro-
ceder otros cien años hasta el Rey Lear, o hasta e! «buen anciano»
de Shakespeare, Adam; nuevamente los valores paternalistas se con-
sideran <<una antigualla», se deshacen ante el individualismo compe-
titivo de! hombre natural del joven capitalismo, en el que «el vínculo
entre e! padre y el hijo está resquebrajado» y donde los dioses FO-
tegen a los bastardos. O podemos seguir retrocediendo otros cien
años hasta sir Thomas More. La realidad de! paternalismo aparece
siempre retrocediendo hacia un pasado aún más primitivo e ideali-
zado' Y el término nos fuerza a confundir atributos reales e ideoló-
glCOS.
Para resumir: paternalismo es un término descriptivo impreciso.
Tiene considerablemente menos especificidad histórica que términos
corno feudalismo o capitalismo; tiende a ofrecer un modelo de orden
social visto desde arriba; contiene implicaciones de calor y de re!a-
* Cuando tu buen padre tenía este amplio dominio, I La voz del dolor
nunca lloró en vano. I Calmados por su piedad, por su abundancia alimen-
tados, / Los enfermos encontraban medicina y los ancianos pan. I Nunca aban-
donó sus intereses a los cuidados de la parroquia. I Ni hubo bailío alguno que
impusiera allí su pequeño imperio; I No hubo tirano de aldea que los matara
de hambre o los oprimiera; / Aprendió sus necesidades, y ellas satisfacía .. ' / /
Los pobres veían a su lado a sus protectores naturales, / y los que impartían
la ley sustituían a la ley misma.
** .. El viaje sin limites de las I Se ha llevado al magistrado
guardián. I Excepto en las calles de Augusta, en las costas de Galia, I El
patr6n rural ya nunca se vislumbra ...
6. Raymoncl Williams, The Counlry and Ihe Cily, Oxford, 1973, passim.

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20 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
ciones personales que suponen nociones valorativas; confunde lo real
con lo ideal. No significa esto que debamos desechar el término por
completa inutilidad para todo servicio, Tiene tanto, o tan poco, valor
como otros términos descriptivos generalizados -autoritario, demo-
crático, igualitario- que por sí mismos, y sin sustanciales añadi-
duras, no pueden caracterizar un sistema de relaciones sociales, Nin-
gún historiador serio debe caracteri¡;ar toda una sociedad como pa-
ternalista o patriarcal. Pero el patcrnalismo puede, como en la Rusia
zarista, en el Tapón meiji o en ciertas sociedades esclavistas, ser un
componente importante no sólo de la ideología, sino
de la mediación institucional en las relaciones sociales'" ¿Cuál es el
estado de la cuestión con respecto a la Inglaterra del siglo XVIII?
II
Dejemos a un lado de inmediato una línea de investigación ten-
tadora pero totalmente improductiva: la de intentar adivinar el peso
específico de ese misterioso fluido que es el «matiz patriarca!", en
este o aquel contexto y en distintos momentos del siglo, Comenzamos
con impresiones; adornamos nuestros presentimientos con citas opor-
tunas; terminamos con impresiones.
Si observamos, por el contrario, la expresión institucional de las
relaciones sociales, esta sociedad parece ofrecer pocos rasgos auténti-
7, El significado del análisis del paternalismo en la obra de Eugene D,
Genovese, que culmina en Rcll, lardan, Roll (Nueva York, 1974), no puede
ser una exageraci6n. Lo qm: puede serlo, en opinión de los críticos de
Genovese, es el grado de «re.dprocidad» de la relación entre los dueños de
esclavos y éstos y el grado de adaptación (o conformidad) aceptado por los
esclavos en «espacio para proporcionado por la manífiesta hegemonía
de los amos (Berbert G, Gutman, The Block Family in Slavery and Freedom,
Nueva York, 1976, esp, pp, 309-326, Y Eric Perkins, «Rall, fardan, Rall:
A "Marx" fa! the Master Class», Radical History Review, Nueva York, Ill,
TI,O 4 (otoño 1976), pp. 41-59, En una respuesta provisional a sus críticos
Ubid., invierno 1976-1977), Genovese observa que suprimió 200 páginas sobre
revueltas de esclavos en el hemisferio occidental (que aparecerán en un
volumen subsiguiente); en la parte publicada se ocupó de «analizar la dialéc-
tica de la lucha de clases y el duro antagonismo en una época en que la
con{rontaci6n abierta de tipo revolucionario era mínima». :r-..1.ientras que la
situación de los esclavos y de los trabajadores pobres ingleses del siglo XVIII
es difícilmente comparable, el análisis de Gcnovese de hegemonía y reciproci-
dad -y la polémica que le siguió- es de gran relevancia para los temas
de este artículo.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 21
camente paternalistas, Lo primero que notamos en ella es la impor-
tancia del dinero, La gentry terrateniente se clasifica no por naci-
miento u otras distinciones de status, sino por sus rentas: tienen tan-
tas libras al año, Entre la aristocracia y la gentry con ambiciones,
los noviazgos los hacen los padres y sus abogados, que los llevan con
cuidado hasta su consumación; el acuerdo matrimonial satisfactoria-
mente contraído, Destinos y puestos podían comprarse y venderse
(siempre que la venta no fuera seriamente conflictiva con las líneas
de interés político); los destinos en el ejército, los escaños parlamen-
tarios, libertades, servicios, todo podía traducirse en un equivalente
monetario: el voto, los derechos de libre tenencia, la exención de
impuestos parroquiales o servicio de la milicia, la libertad de los
burgos, las puertas en las tierras de! común, Este es e! siglo en que
el dinero «lleva toda la fuerza», en el que las lihertades se convierten
en propiedades y se cosifican los derechos de aprovechamiento, Un
palomar situado en una antigua tenencia libre puede venderse, y
con él se vende el derecho a votar; los escombros de un antiguo
caserío se pueden comprar para reforzar las pretensiones a derechos
comunales y, por tanto, para cerrar un lote más del común,
Si los derechos de aprovechamiento, servicios, etc, se convir-
tieron en propiedades que se clasificaban con el valor de tantas li-
bras, no siempre se convirtieron, sin embargo, en mercancías accesi-
bles para cualquier comprador en el mercado libre, La propiedad
asumía su valor, en la mayor parte de los casos, sólo dentro ele Ima
determinada estructura de poder político, influencias, intereses y
dependencia, que Namier nos dio a conocer- Los cargos ti tulares pres-
tigiosos (tales como rongers, keepers, constables) y los beneficios
que con ellos traían podían comprarse y venderse; pero no todo el
mundo podía comprarlos o venderlos (durante los gobiernos de Wal-
pole, ningún par tory o jacobita tenía probabilidades de éxito en
este mercado); y el detentador de un cargo opulento que incurría
en la desaprobaciÓn de políticos o Corte podía verse amenazado de
expulsión mediante procedimientos legales, La promoción a los pues-
tos más altos y lucrativos de la Iglesia, la justicia o las armas, se
encontraba en situación similar, Los cargos se obtenían mediante la
influencia política pero, una vez conseguidos, suponían normalmente
posesión vitalicia, y el beneficiario debía exprimir todos los ingresos
posibles del mismo mientras pudiera, La tenencia de sinecuras de
Corte y de altos cargos políticos era mucho menos segura, aunque
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22 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
de ningún modo menos lucrativa: el conde de Rane\agh, el duque de
Chandos, Walpole y IIenry Fax, entre otros, a111JSarOn fortunas du-
rante su breve paso por el cargo de Pagador General. Y, por otra
parte, la tenencia de posesiones territoriales, como propiedad abso-
luta, era enteramente segura y hereditaria. Era tanto el punto de
acceso para e! poder y los cargos oficiales, CalDO el punto al cual
retornaban el poder y los cargos. Las rentas podían aumentarse me-
diante una administración competente y mejoras agrícolas, pero no
ofredan las ganancias fortuitas que proporcionaban las sinecuras, los
cargos públicos, la especulación comercial o un matrimonio afortu-
nado. La influencia política podía m'.lxilTlizar los beneficios más que
la rotación de cuatro hojas, como, por ejemplo, facilitando la conse-
cución de decretos privados, tales como el cerramiento, o el conver-
tir un paquete de ingresos sinecuristas no [rtnados por vía notmal en
posesiones hipotecadas, allanando el camino para conseguir un ma-
trimonio que uniera intereses armónicos o logrando preferente
a una nueva emisión de bolsa.
Fue esta una fase depredadora del capitalismo agrario y comercial,
y el Estado mismo em uno de los primeros objetos de presa. El
triunfo en la alta política era seguido por el botín de guerra, así
como la victoria en la guerra era con frecuencia seguida por el botín
político. Los jefes triunfantes de las guerras de Marlborough no sólo
obtuvieron recompensas públicas) sino también enormes sumas sus-
traídas de la subcontratación militar de forrajes, transporte u orde-
nanzas; Marlborough recibió el palacio de Blenheim, Cobham y
Cadogan los pequeños palacios de Stowe y Caversham. La sucesión
hannoveriana trajo consigo una serie de bandidos-cortesanos. Pero
los grandes intereses financieros y comerciales requerían también
acceso al Estado, para obtener cédulas, privilegios, contratos, y la
fuerza diplomática, militar y naval necesarias para abrir el camino
al comercio' La diplomacia obtuvo para la South Sea Company el
8. No debemos olvidar que la gran investigación de Narnier del carácter
del sistema parlamentario se criginó como estudio de Imperial Problem
during the American Revolution», prefacio de la primera edición de Tbe
Struct.tlre 01 Politics at the Accessiol1 01 George JJI. Desde la época de
Namier, el «problema imperiah> y sus constantes presiones en la vida política
y económica de Inglaterra ha sido despreciado con excesiva frecuencia, y des-
pués olvidado. Véase también los comentarios de lrfan Habib, «Colonializatíon
oE the Indian Econorny, 1757-1900», Social Scicntíst, Delhi, n,O 32, esp.
pp. 25-30.
¿LUCHA DE tLASES SIN CLASES?
23
asiento, o licencia para el comercio de esclavos con la América espa-
ñola, y fue la expectativa de beneficios masivos de esta concesión
10 que hinchó la Somh Sea Bubble_ No se pueden hacer pompas
(bubble) sin escupir, y los escupitajos en este caso tomaron la forma
de sobornos no sólo a los ministros y a las queridas de! rey, sino
también (parece seguro) al mismo rey_
Estamos acostumbrados a pensar que la explotación es algo que
ocurre sobre el terreno, en e! momento de la producción. A princi-
pios del siglo XVIII se creaba la riqueza en este nivel primario, pero
se elevó rápidamente a regiones más altas, se acumuló en grandes
paquetes y los verdaderos agostos se hicieron en la distribución,
acaparamiento y venta de articulas o materias primas (lana, grano,
carne, azúcar, paños, té, tabaco, eseiavos), en la manipulación del
crédito y en la incautación de cargos del Estado. Un bandido patricio
compitió para lograr el botín del poder, y este solo hecho explica las
grandes sumas de dinero que estaban dispuestos a emplear en la
compra de escaños parlamentarios. Visto desde esta perspectiva, el
Estado no era tanto e! órgano efectivo de una clase determinada como
un parásito a lomos de la misma clase (la gelttry) que había triun-
fado en 1688. Y así se vela, y Se consideraba intolerable por muchos
miembros de la pequeña gel1try tory durante la primera mitad del si-
glo, cuyos impuestos y tierras velan transferidos por los medios t:1ás
patentes a los bolsillos de los cortesanos y políticos wbig, a la misma
élite aristocrática cuyos grandes dominios se estaban consolidando
frente a los pequeños, en estos años. Incluso hubo un intento por
parte de la oligarquía, en la época del duque de Sunderland, de con-
firmarse institucionalmente y autoperpetuarse mediante la tentativa
de lograr el Peerage Bill (Proyecto de Ley de Nobleza) y la Septen-
nial Act (Ley Septena!)_ El que las defensas constitucionales contra
esta oligarquía pudieran al menos sobrevivir a estas décadas se debió
en gran medida a la obstinada resistencia de la gelttry independiente
rural, en gran parte tory, en ocasiones jacobita, apoyada una y otra
vez por la multitud vociferante y turbulenta.
Todo esto se hacía en nombre de! rey_En nombre del rey podían
los ministros de éxito purgar incluso al más subordinado funciona-
rio del Estado que no estuviera totalmente sometido a sus intereses_
«No hemos ahorrado medios para encontrar a todos los malvados, y
hemos despedido a todos aquellos de los cuales teníamos la más
mínima prueba, tanto de su actual como de su pasado comporta-
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24 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
miento», escribían los tres .,crvi1cs comisaríos de Adu1118S de Dublín
al duque de Sunderland en agosto de 1715. Es <<11uestro deber no
permitir que ninguno de nuestros subordinados coma el pan de Su
lvIajestad, si no tienen todo el celo y afecto imaginables hacia su ser-
vicio y el Je1 Gobierno».' Pero uno de los interescs primeros de los
depredadores políticos era limitar la influencia del rey a la de prillltls
inter predatal·es. Cuando al ascender Jorge II pareció dispuesto a
prescindir de \'7 alpole, resultó que era susceptible de ser comprado
como cualquier político whig, aunque a más alto precio:
\l.7alpnle conocía su dchcr. Nuncrl fue sohcr,lno tratado con
mayor generosidad. El l\cy, 800.000 libras, lllás el excedellte de
todos los impuestos asignndos n ln lista civil, calculados por 1-lcrvcy
en otras 100.000 libra>: la l\cina, 100.000 libras al año. Corría el
rumor de que Pulteney ofrecía más. Si así era, su incapacidad
polítíca era asombrosa. Nadie a excepción de Walpole pocHa
haber esperado obtener tajes concesiones a través de los Comu-
nes .'. llDa cuestión que el Soherano no ull"dó en clptar ' ..
«Considere, Sir Robert), dijo el Re:!,-, ronl"oneando de gratitud
mientras su ministro se disponía a dirigirse a Jos Comunes, (..:que
10 que me tranquiliz:1 en esta cuestión e;; lo que hará también su
't'anql1itidnd; va a decidirse p:lra mi vida y para su vida.,> 10
Así que el deber de \'7 alpole resulta ser el respeto mutuo de dos la-
drones de cajas fuertes asaltando las cámaras del mismo banco.
Durante estas décadas, los conocidos «recelos» wbig de la Corona
no surgían del miedo a que los monarcas hannoverianos realizaran
un golpe de estado y pisotearan bajo stlS pies las libertades de los
súbditos al adquirir poder nhsoluto; la retórica se destinaba exclu-
sivamente ,¡ las tribunas públicas. Surgía del miedo más real a que
el monarca ilustrado encontrara lDedios para elevarse, como personi-
ficación de un poder imparcial, racionalizado y burocr<Ítico, por en-
cima y más allá del juego depredador. El atractivo de un rey tan
patriótico hubiera sido inmenso, no sólo entre la gelltry menor, sino
entre grandes sectores de la población: fue precisamente el atractivo
de su imagen de patriota incorrupto 10 que llevó a \'7illiam Pitt, el
9. MSS de Blcnheim (Sundcrland), D I1, 8.
10. J. H. Plumb, Sir Robel! 1Falpole, 1969, II, pp. 168-169.
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 25
mayor, al poder en una marea de aclamación popular, a pesar de la
hostilidad, le los políticos y de la Corte}!
«Los sucesores de los antiguos Cavaliers se habían convertido en
demagogos; los sucesores de los Raundheads en cortesanos», dice
Macaulay, y continúa: «Durante muchos años, una generación de
Whigs que Sidney habría desdeñado por esclavos, continuaron li-
brando una guerra a muerte con una generación de Taries a los
cuales Jeffreys habría colgado por republicanos»." Esta caracteriza-
ciún no sobrevive mucho tiempo· después de mediado el siglo. El
odio entre whigs y faries se había suavizado mucho (y -para
algunos historiadores- desaparecido) diez años antes del ascenso de
Jorge IU, I la subsiguiente «matanza de los inocentes Pelhamitas».
Los supervivientes taries procedentes de la gran gentry volvieron a
las comisiones de paz, recuperaron su presencia política en los con-
dados y abrigaron esperanzas de compartir el botín del poder. Al
ascender la manufactura en las escalas de riqueza frente al trasiego
mercantil y la especulación, también ciertas formas de privilegio y
corrupción se hicieron odiosas a los hombres adinerados, que llega-
ron a aceptar la palestra racionalizada e «imparcial» del mercado libre:
abara uno podía hacer su agosto sin la previa compra política en
los órganos del Estado. El ascenso de Jorge IU cambió de modos
diversos los términos del juego político; la oposición sacó su vieja
retórica liberal y le dio lustre. Para algunos adquirió (como en la
ciudad de Londres) un contenido verdadero y renovado. Pero el rey
desafortunadamente malogró tvdo intento de presentarse como rey
ilustrado, como la cúspide de una burocracia desinteresada. Las fun-
ciones parasitarias del Estado se vieron bajo constante escrutinio y
ataque a destajo (ataques contra East India Company, contra puestos
y sinecuras, contra la apropiación indebida de tierras públicas, la
11. P. D. Langford, "William Pitt and Public Opinion, 1757», English
Historiea! Review, CCCXLVI (1973). Pero, cuando estuvo en el poder, el
«patriotismo» de Pia sólo se limitó a la parte derecha del gobierno. La parte
izquierda, Ne"\1:castle, «tomó el tesoro, el patronazgo civil y eclesiástico. y la
disposición ---le aquella parte del dinero del servicio secreto empleado en
aquel momento en sobornar a los miembros del Parlamen:o. Pitt era secre-
tario de Estado, y tenía la dirección de la guerra y los asuntos exteriores. De
modo que toda la porquería de todos las ruidosas y pestilentes alcantarillas
del gobierno se virtió en un solo canal. Por los restantes canales sólo pasó lo
brillante y sin mácula,> (T. B. Macaulay, Critical and Historieal Essays, 1880,
p. 747).
12 Ihid, p 746.
26
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
reforma del Impuesto de Consumos, etc.); pero su papel esencial
parasitario persistió.
«La Vieja Corrupción» es un término de análisis político más
serio de lo que a menudo s" cree; pues como mejor se entiende el
poder político a lo largo de la mayor parte del siglo XVIII es, no como
un órgano directo de clase o intereses determinados, sino como una
formación lolítica secundaria, un lugar de compra donde se
rlÍan o se incrementaban otros tipos de poder económico y social; en
relación a sus funciones primarias era caro, ampliamente ineficaz, y
sólo sobrevivió al siglo porque no inhibió seriamente los actos de
aquellos que poseían poder económico () político (local) de facto.
Su mayor fuente de energía se encontraba precisamente en la
lidad misma del Estado; en el desuso de sus poderes paternales,
cráticos y proteccionistas, en la posibilidad que otorgaba al
lismo agrario, mercantil y fabril, para realizar su propia
ducción; en los suelos fértiles que ofrecía al
Pero raramente parece ser un suelo fértil para el paternalismo.
Nos hemos acostumbrado a una visión algo distinta de la política
del siglo XVIII, presentada por historiadores que se han
brado a considerar la época en los términos de las apologías de sns
principales actores." Si se advierte la corrupción, puede legitimarse
mencionando un ¡)recedente; si los wbigs era depredadores, también
lo eran los /aries. No hav nada fuera de orden, todo está incluido en
«los criterios aceptados de la época». 1'e1·0 la visión alternativa que
yo he ofrecido no debe producir sorpresas. Es, después de todo, la
1.3. Debo subrayar que esta es una V1510n del Esuldo vista desde «dentro»,
Desde «fuera,>, en Su efectiva presencia militar, naval, diplomátíca e imperial,
directa o indirecta (como en la paraestatal Easl India Company) debe verse
cun un aspecto mucho más agresivo. La mezcla de debílidacl interna y fuerza
externa, y el équilibrio entre ambas (en política de y de «paz») nos
conducen hasta la mayoría de las cuestiones de principio reales abiertas en Ja
aLa política de mediados del siglo XVIII. Era cuando la debilídad inherente
:l Sll parasitismo interno destruía sus venganzas en derrotas externas (\a pér-
dida de Menorca y el sacrificio ritual del almirante Byng; el desast.re ame-
ricano) cuando los elementos de la clase dirigente se veían empujados por el
shock fuera de meros faccionalismos y a una política de principios clasista.
14. Pero ha hahido un cambio significativo en la reciente historiografía,
hacia un tomar más en serio bs relaciones entre los polít.icos y la nación
política «sin Véase l II. Plumb, ({Political Mao», en James 1.,.
Clifford, cel., Man versus Sociefy in Ei,r,hteentlFCentury 13ritail1, Cambridge,
1968; y, notablemente, John BrC\ver, Par/y Ideology ami PO/JUlar Politics at
¡he Accessiol1 01 George IJI, Camhriclge, 1976; así como Ilmchos otros estu-
dios eSl-'lecializados.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 27
crítica de la alta política que se encuentra en Los viajes de Gulliver
y en J ana/ban Wilde, en parte en las sátiras de Pope y en parte en
Humphrey Clinker, en «Vanity of Human Wishes» y «Londo11» de
Johnson y en el «Traveller» de Goldsmith. Aparece, como teoría
tiea, en la Fábula de las abejas de Mandeville y reaparece, de forma
más fragmentaria, en las Political Disquisitions de Burgh.
15
En las pri,
meras décadas del siglo, la comparación entre la alta política y los
bajos fondos era un recurso corriente de la sátira:
Sé que para parecer aceptable a los hombres de alcurnia hay
que esforzarse en imitarlos, y sé de qué modo consiguen Dinero
y puestos. No me sorprende que el Talento necesario para ser un
gran Hombre de Estado sea tan escaso en el mundo, dado que tan
gran cantidad de los que 10 poseen son segados en lo mejor de
sus vidas en el Old,Baily.
Así se expresaba John Gay, en una carta privada, en 1723
16
La idea
constituye la semilla de la Beggar's Opera. Los historiadores han
desatendido generalmente esta imagen como hiperbólica. No deberían
hacerlo.
Hay, desde luego, que hacer alguna salvedad. Pero una, sin
bargo, que no puede hacerse es que el parasitismo estaba frenado, o
los recelos por una clase media en progresivo aumento de
profesionales e industriales, con fines claros y con cohesión
17
Esta
clase no empezó a descubrirse a sí misma (excepto, quizás, en Londres)
hasta las tres últimas décadas del siglo. Durante la mayor parte elel
mismo, sus miembros potenciales se contentaban con someterse a una
condición de abyecta dependencia. Excepto en Londres, hicieron
pocos esfuerzos (hasta el Association Movement de finales de los
años 1770) para librarse de las cadenas del soborno electoral y la
fluencia; eran adultos que consentían en su propia corrupción. Des,
pués de dos décadas de adhesión servil a Walpole, surgieron los
15. «En nuestra época la OpOSlC10n está entre una Corte corrupta a la
que se ha unido una innumerable multitud de todos los rangos y posiciones
comprados con dinero público, y la parte independiente de la nación» (Politícal
Disquisitirms, or an Enquiry ¡nto Public Erron
J
Defects
J
and Abuses, 1774).
Esta es, por supuesto, también la crítica de la vieja oposición «rural» a
Walpole.
16. C. F. Burgoss, ed., Letters of Jolm G.y, Oxford, 1966, p. 45.
17, Pero téngase en cuenta el análisis relevante en John Cannon, Parlia-
mel1tary Reform, Cambridge, 1973, p. 49, nota 1.
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28 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CeASE
dentes con su recompensa: .'500 libras asignadas al mcritorio clen'.
Cincuenta añDS pasaron sin que pudicran lograr la dcrogación del Test
y las Corporation Acts (Leves Corporativas). Como hombres de la
Iglesia, la mayoría adulaban para obtener ascensos, eemban y bromca.
ban (con resignación) a la mesa de sus protectores y, como el
párroco \Voodforde, no se ofendhn por recibir una propina del sefior
en llna boda o un b<lutizO.
18
C01110 registradores, abogados, tutores,
administradores, mercaderes, etc., se encontraban dentro de los
les de la dependencia; sus cartas respetuosas, en quc solicitaban pues.
tos o favores, están preservada;:; en las colecciones de manuscritos
de los grandes." (Como talcs, las fuentes tienen la tendencia histo.
riográfiea a sobrec1estacar el elementl' de deferencia en la sociedad
del sigll' XVIII; un hombre en la sitcaeión, forzosa, de solicit"r favo.
res no revel"d Su verd"du·a opinión.) En general. l"s clases medias
se sometieron a una telacíóll de clicnte1ismo. OClsio1l81mclTte un indi-
viduo podía librarse, pero incluso las "rtes permanecieron coloread"s
por su dependencia de la liheralidad ele sus mecenas.'o El aspirante
a profesional o conlcrciante busc<lba ll1enos el remedio a su senti-
miento de agravio en la organiz"ción social que el1 18 tnovilid"d
social (o geogdfica, a Bengala, o al "Occidente» de Enropa: al
Nuevo Mundo). 1ntent"ba comprar la inmunidad a la deferencia
adquiriendo la riqueza que le proporcionaría «independencia», o
tierras y status de gen!!'y." El profundo resentimiento generado por
18. «11 nbril1779 T-Tahía Coches en la Tglesia, El Sr. Custance, inmedia-
tamente después de la Ceremonia, Se me acerc6 con el clC.'CO de que fl.ccrtara
un requeño presente; estaba envuelto en un pedazo de p3pcl blanco muy
fllTcglado y, ::11 abrirlo, vi que contenía no Inenos de ]8 suma de 4.4.0. Dio
tarnbién al oficial 0.10.6.» (The Dia!')' 01 a Cou17try ParsOIl, 196.3, p. 152).
19. «El correo de todo miembro del Parlamento con las más mínimas
prctel1sioncs de illflucncia eSlnba repleto de ruegos y petícíoncs de votantes
para ellos, sus parientes o subordinados. Puestos en las Adunnas y Consumos,
en el Ejército y en la Armada, en la Iglesia, en las Compañías de India
Oriental, Africa y Levante, en lüs departamentos" del Estado desde
porteros a füncionarios: trabajos en la Corte para la verdadera gef1try o
sinecuras en Irlanda, el tw:::r ,)0 diplomático, o cmüquicr otro lugar doncle
los deberes ligeros y los s:lbrios estables» (J. H. Plllmb, ({Polítical
I'v1an)}. en op. cit., p. 6).
20. De ::lC]uí la iracllnd;:¡ nota ele Blake a sir ]oshlla Reynolds: «¡Libera-
lidad.
1
no queremos liberAlidad. QUCfemos precios j\JS\()S y Valores Pro por-
cion:ldos y demanda genrT:ll para el Arte) (Gcoffrey Kcynes, cel., The
Complete Wl'itil1gs 01 1VíIliall1 E/alce, 1957, p. 446).
21. Para comentarios terribles sobre deferencia e independencia, Vé85C
Mary Thmlc, cd., The Auto,1iogI'Jph)' 01 Fra!Jcis Placc, Cambridge, 1972,
¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
29
esta condición de «cliente», con sus concomitantes humillaciones y
sus obstáculos para la carrera abierta al talento, movió gran parte
del radicalismo intelectual de principios de los años 1790; sus asen as
abrasan los pies incluso en los tranqnilos y racionalistas períodos de
la prosa ele Godwin.
De modo que, al menos durante las primeras siete décadas del
siglo, no encontramos clase media alguna industrial o profesional que
ejerza una limitación efectiva a las operaciones del depredador poder
oligárquico. Pero, si no hubiera .habido frenos de ninguna clase,
ningún atenuante al dominio parasitario, la consecuencia habría sido
necesariatnente la anarquía, una facción baciendo presa :-.in restric-
ción sobre otra. Los principales atenuantes a este dominio eran
cuatro.
Primero, ya hemos hablado de la tradición en gran medida lor)'
de la pequeña gen!Yy independiente. Esta tradición es la única que
sale ele la primera mitad del siglo cubierta de honor; reaparece, con
manto whig, en el Association Movcment de los años 1770
22
En
segundo lugar, está la prensa: en sí misma una especie de presencia
de clase media, ,1de1antándose a otras expresiones articuladas, nna
presencia que extiende su alcance al extenderse la alfabetización, y
pp. 216·218, 250. El afortunado mercader de Birmingham, William Button,
anoUl en su flutobiografífl la forma en que llegó a comprar tierra por pümera
vez (en 1766 a la edad de 43 f1ños): «Desde que tenía ocho años había
desarroll<1do el amor {l la tierra, y fl menudo preguntaba acerca de ella, y
deseaba tener alguna propia. Este ardiente deseo del barro nunca me 8b20-
donó ." (rhe Lile 01 \Villiallt Hullan, 1817, p. 177).
22. Aunque la oposición del campo a \Xlalpole tenía dcmalldas centrales
qlle enm democráticas formalmente (parlamentos 811u31es, disminución de
y de la corrupción, terminar con el ejército regular, etc), la
cr"cÍa que <:e pedía era desde luego en general, a la gentry
teniente (frente a los intereses monetarios v de la Corte), como quedaba
chlro en la constante defensa tory de las cualificaciones de propiedad terri-
torial ]Jat"fl los miembros del Parlamento. Véase el útil análisis de Quentin
Skinner (que, sin embargo, no toma en consideración la dimensión de la
nación política «sin puertas}) a la que apel6 Bolingbroke), «The PrincipIes
ano Practice of Oppositiotl: The Case of Bo1íngbroke Versus \Valpole», en
Neil McKendrick, ed., Historical perspectives, 1974; H. T. Díckinson, «The
Eightecnth-Century Debate Ot1 the "GlorloUS Revolutioo'",)o, History, LXI,
n.' 201 (febrero 1976), pp. 36.40; y (para la continuidad entre la plataforma
dd viejo partido del Campo y los nuevos whigs radicales), Brewer, op. cit.,
pp. 19, 253-255. Los whigs hannoverianos también apoyaban las cualifica-
dones de gran propiedad pata los miembros del Parlamento (Cannon, op.
cit., p. 36).


J

-::
30
TRADICIÓN, REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
al aptender por sí misma a crecer y conservar sus libertades
L1
En
tercer lugar, existe «la Ley», elevada durante cstc siglo a un papel
más prominente que en cualquier otro período de nuestra historia,
y que servía como autoridad «imparcial» arbitrante en lugar de la
débil y nada ilustrada monarquía, una burocracia corrupta e ineficaz,
y una democracia que of1ecía a las activas intromisiones del poder
poco más que una retóricc. sobre su linaje. El Derecho Civil propor-
cionaba a los intereses en competencia una seLÍe de defensas de Su
propiedad, v las reglas del juego sin las que todo cllo habría caído
en la anarquía. (El Derecho Criminal, que estaba en su mayor parte
dirigido contra la gente de tipo disoluto o levantisco, prescntaba un
aspecto totalmente distinto.) En cuarto y último lugar, está la omni-
presente resistencia de la multitud: una multitud que se extendía en
ocasiones desde la pequeña gentr)', pasando por los profesiol1elcs,
hasta los pobres (y entre todos ellos, los dos primeros grupos inten-
taron en ocasiones cOlubinar la oposición al sistema con el
mato), pero que a ojos de los grandes aparecía, a través de la neblina
del verdor que rodeaba sus parques, compuesta de «tipos disolutos
y levantiscos». La relación entre In gentr)' y la multitud es el tema
particular de este trabajo.
III
Pero lo que a mí me preocupa, en este punto) no es tanto cómo
se expresaba esta relación (ello ha sido, y continúa siendo, uno de
los temas centrales de mi trabajo) cuanto las implicaciones teóricas
de esta formación histórica en particular para el estudio de 10 lucha
de clases. En «Patrician Societv, P!ebeian Culture»" he dirigido la
atención hacia la erosi6n real de las fonnas de control paternalistas
por la expansión de la mano de obra «iibre», sin amos. Pero,
aun cuando este cambio es sustancial y tiene consecuencias signiLíca-
tivas para la vida política y cultural de la nación, no representa nna
«crisis» del antiguo orden. Este, contenido en las viejas estructuras
23. Véase Brewcr, o{J. cit .., cap. 8; y, para un ejemplo de 51..1 extensión
Jlt0vincial, John J\·10ncy, «Taverns. Coffee Houscs and Cluhs: local Po!itics
and Popular Articul<1C}' in the Dirmingham Area in thc Agc of the American
Revolution», Histm·ical J (Juma!, XIV, n." 1 (1971).
24. Los siguientes tres otrccen un resumel1 de mi artículo en el
Joumal 01 Social Hi5/0I'y, \711, n.O 4 (ver3no 1974).
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 31
de poder y la begemonía cultural de la gentr)' no se ve amenazada,
siempre que la gentry satisfaga ciertas expectativas y realice ciertos
(parcialmente teatrales) papeles. Existe, sin embargo, una recipro-
cidad en la relación gentry-plebe. La debilidad de la autoridad espi-
ritual de la Iglesia hizo posible el resurgir de una cultura plebeya
extraordinariamente vigorosa fuera del alcance de controles externos.
y lejos de resistirse a esta cultura, en las décadas centrales del siglo,
la gen/r)' más tradicional le otorgó un cierto favor o lisonja. «Existe
una mutualidad en esta relación que es difícil no analizar al nivel de
relación de clase.»
Yo acepto el argumento de que mucbos artesanos urbanos reve-
laban una conciencia «vertical" del «Oficio» (en lugar de la con-
ciencia «horizontal» de la clase obrera industrial madura). (Este es
uno de los motivos por los que he adoptado el término plebe prefe-
rentemente al de clase obrera).2.' Pero esta conciencia vertical no
estaba Mada con las cadenas diamantinas del consenso a los gober-
nantes de la sociedad. Las fisuras características de esta sociedad no
se producían entre patronos y trabajadores asalariados (como en
las clases «horizontales»), sino por las cuestiones que dan origen
a la mayoría de los motines: cuando la plebe se unía como pequeños
consumidores, o como pagadores de impuestos o evasores del im-
puesto de consumos (contrabandistas), o por otras cuestiones «hori-
zontales», libertarias, económicas o patrióticas. No sólo era la con-
ciencia de la plebe distinta a la de la clase obrera industrial, sino
también sus formas características de revuelta: como, por ejemplo,
la tradición anónima, el «contrateatro» (ridículo o ultraje de los
símbolos de autoridad) y la acción rápida y directa.
Yo sostengo que debemos considerar a la multitud «como era,
2'5. Hay otros motivos; y uno es históricamente específico a la sociedad
británica del siglo XVIlt, y es posible que desUque que yo no doy «plebe» como
térmillo universalmente válido de todas las sociedades en la «etapa» de «proto-
Para la clase británica, el mundo grecorromano
(más específicamente la Roma republicana) proporcionaba un modelo socio-
lógico y político muy coherente con respecto al cual medían sus propios
problemas y conducta. Como ha observado Alasdair Maclntyre: «Para la
naciente sociedad burguesa, el mundo grecorromano proporcionaba el manto
que llevan los valores humanos}). La educación clásica ofrecía «el estudio
de tnda una sociedad, del lenguaje, la líteratura, la historia y la filosofía de la
cultur3 grecorromana,> (<<Bteaking the Chains oE Reasom>, en E. P. Thompson,
ed., Out 01 Apathy, 196(), p. 205; véase también Brewer, op. cit., pp. 258-259).
En momentos de autorreflexión y autodramatización, los gobernantes de la
Inglaterra del siglo XVIII se veían como patricíos y al pueblo corno plebe.
32
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
sui gelleris} con sus propios objetivos, operando dentro de 1.1r1<1
compleja y delicada polmidad de fuerzas en su propio contexto».
y veo la clave crítica de este equilibrio estructural en la relación
gelllr)'-multitud en el «recelo» de la gen/r)' hacia el Estado, la debili-
dad de los órganos de éste y la especial herencia legal. «El precio que
atistocracia y gé'll/ry pagal0n a cunbio de una mnnarquÍ<] limitada y
un Estado débil era, forzosamente, dar licencia a la multitud. Este
es el contexto central estructural de la reciprocidad de relaciones
entre gobernantes y gobernados.»
No era 1m precio que se pagara con gusto. A lo largo de la pri-
mera mitad del siglo, en particular, los detcs(;,ban a la licen-
ciosa multitud. rOl: lo menos desde la época de los motines de Sacha.
verell buscaron la oportunidad de frenar Sil :lcción2(· E!los [n(ton
los autores del Riot Act (Ley ,le Motines). En el momento de 10
subida de Walpole hubo indudables intentos de encontrar una
solución más autoritaria al problema del poder y el orelen. El ejército
permanente se convirtió en uno de los recursos normales ele gobiet-
no."7 El patronazgo local se apretó y se limitaron los obstáculos
electorales," Durante el mismo Parlamento que aprohó el Black Act
(Ley Negra), un comité nombrado para estudiO[' las leyes relctivas
2(¡. Es que le recuerden n uno que el duque de Newc:\stle hizo
su aprendizaje político congregan Jo una multitud, como rccordnba él en 1768
(<<Adoro a la muchedumbre, l1n<l vez yo mismo me a la Glhez<i de una.
Debemos 1:1 sucesión hannoveriana :1 la muchedumbre" J. Para el breve episodio
de la organización de muchedumbres camorristas rivales en Londres a la
subida de Jorge 1, véase James L. {(Ne\\'castlc's Moh», Aibio!!, V, n." 1
(prim,wera 1973), pp. 41-49); y Nicholas Rogers, «Popubr Prolest in Early
Hanoverial1 London». Past ond .Prescl1t (de próxinu aparición).
27, Skilmer, op. cit., pp. 96-97.
28. El c 1mbio crítico hacia una oligarquía disciplinéldJ se produce a
comienzos de los años 1720: es decir, en el momento en que la ascendencia
de anuncia <,estabilidad política». La energía de 1m clector;ldo en
expansión, indefel'enciado, ha sido mostrado en estudios: J. H.
Plumb, «The Gtowth of the Electoratc in England fmm 1600 to 1715», Pf]St
alld Fresen!, XLV (1969); W. A. Spcck, Tory alid Whig: The 5tmggle ill ¡he
CO!Jstituencies, l7Dl-1715, 1970. Esto da un relieve mucho preciso al
proceso contrario, después de 1715 y el Septennial Act (17lh): las determina·
ciones cada "cz más estrechas de la Cámrlra sobre el voto local (véase Cannon,
op. cit., p. 34, Y su útil capítulo «Pndding en general); la compra
y control de distritos; el desuso de las elecciones, etc. Adem;ís de Cannol1,
\'éase \YJ. A. Speck, Stability ond Strifc, 1977, pp. 16-19, 164; Brcwer, Ofi· cit.,
p. 6; Y especialmente el muy meticuloso an;ilisis de Gcof(rev Holmcs, Tbc
Electorale Ortd tbe NElfÍOJlol 1.\7ill in lhe First Age 01 Part}", University of
Lancaster, 1976.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 33
a los trahajadores agrícolas informó a favor de que se extendieran
amplios poderes disciplinarios sobre toda la mano de obra: los jueces
de paz debían tener autoridad para obligar a los trabajadores mascu·
linos no casados a cumplit un servicio anual, debía consolidarse la
estimación de jornales, los jueces de paz debían tener poderes para
vincular a los trabajadores que dejaran su trabajo sin terminar, y
mayores poderes aún para castigar a servidores holgazanes y revol-
tosos." El proyecto sin fechar de «secciones de una ley para evitar
tumultos y mantener la paz en las que se encuentra entre
los papeles de \>V'alpole, indica que algunos de sus allegados deseaban
ir más lejos: personns nocivas o alhorotadoras ... frecuente·
mente se reúnen de modo tumultuoso o amotinado» en las ciudades
durante las elecciones. Entre los remedios que se proponían se en-
contraba la rigufosa exclusión de tocla persona no habitante o votante
de estas ciudades durante el período de votación; el nombramiento de
condestables extraordinarios con poderes extraordinarios; multas y
penas l)('1' causnr desórdenes electorales, romper ventan8S, tirar pie-
dras, etc., debiendo dobla¡' el castigo en los casos de delincuentes
que no fueran votantes; y la prohibición de «todo tipo de Banderas,
Estandartes, Colores o Insignias», divisas o distintivos políticos.'o No
se pCfmitiría ni la acción directa, ni las actuaciones públicas y ban·
deras de le multitud sin derecho al voto. La ley, sin embargo, nunca
alcanzó el libto de estatutos. Estaba, incluso para el Gran Hombre,
más allá de los límites de 10 posible. Cualquier licencia otorgada a
la multitud por los wbigs dmante estos años surgía menos de senti·
mientos de libertad que de un sentido realista de estos límites. Y ellos,
a su vez, etan impuestos por un especial equilibrio de fuerzas que
no puede, después de todo, se!' analizado sin recmrir al concepto de
clase.
IV
Parece necesario, una vez más, explicar cómo entiende el histo-
riador -o cómo entiende este bistoriador- el término "clase». Hace
unos quince aoos concluí un ttabajo, algo prolongado, de análisis de
29. Comlnol1s Journals, XX (11 febrero 1723-4).
.JO. Cambridge University Librar)', C(holmolldeley) H (oughtoll) MSS,
P 64 (39).
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34 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
un momento particular de la formación de las clases. En el prefacio
hice algunos comentarios sobre las clases que concluían: «La clase es
definida por los honbres al vivir su propia historia, y, al final, es la
única definidón».31
Se supone hoy, generalmente entre una nueva generación de teóri-
cos marxistas, que esta afirmación tiene que ser o bien «inocente»
o (peor aún) «no inocente»: es decir, evidencia de ulla ulterior
trega al empirismo, historicismo, etc. Estas personas tienen formas
mucho mejores par" definir la clase: definiciones <¡ne pneden. ade-
más, ser rápidamente aprehendidas dentro ele la pr{¡ctien teórica y
que no conllevan la fali!;a de la investigación histórica.
El prefacio era, no obstante, ponderado y surgía tanto de la
práctica histórica como de la teórica. (Yo no partía de bs conclu-
siones del prefacio: éste expresaba mis conclusiones.) En términos
generales, y después de más de quince años de práctica, yo sosten-
dría las mismas conclusiones. Pero quizá debiern rdormularlas y
matizarlas.
1) Clase, según 111i uso del térm111o, es una categoría histórica;
es decir, está detivada de la observación del proceso social a lo
largo del tiempo. Sabemos que hay clases p01'que las gentes se han
comportado tepetidan1ente de modo clasista; estos sucesos histórÍcos
descubren regularidades en las respuestas a situaciones similares, y en
un momento dado (la formación «madura» de la clase) observamos
la creación de instituciones y de una cultura con notaciones de clase.
que admiten comparaciones transnacioO<11es. Teotizamos sohre estn
evidencia como teoría general sobre las clases y su formación, y
esperamos encontrar ciertas regularidades, «etapas» de desanollo,
etcétera.
2) Pero, en este punto, se da el Caso en exceso frecuente de
que la teoría preceda a 1,1 evidencia histórica sobre la que tiene
como misión teorizar, Es fácil suponer que las clases existen, no
como un proceso histórico, sino dentro de nuestro propio pensa-
miento. Desde luego no admitimos que estén sólo en nuestras
cabezas, auoque grao parte de lo que se argumenta sob1'e las clases
sólo existe de hecho en nuestro pensamiento. Por el contrario, se;
hace teoría de modelos y estructuras que deben supuestamente pro-
31. The Making 01 Ihe Eng/ísb Workil1g Class (edición Pelbn), p. 11.
[Hay trad. cast.: La jorml1Ción históric{/ de la clase obrera, trad. ele Ángel Abad,
vnl" T ,¡ji3. Bflrcc1ona, 1977.]
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
35
porcionarnos los determinantes objetivos de la clase: por ejemplo
como exprestones de relaciones diferentes de producción."
3) Partiendo de este (falso) razonamiento surge la noción alter-
nativa de clase como una categoría estática, o bien sociológica O
heurística. Ambas son diferentes, pero ambas emplean categorías de
estasis. Según una muy popular (generalmente positivista) tradición
sociológica, clase puede ser reducida a una auténtica medida cuanti-
tativa: determinado número de seres en esta 11 otra relación a los
medios de producción, o, en térmii10s más corrientes, determinado
número de asalariados, trabajadores de cuello blanco, etc. O clase
es aquello a lo qne la gente cree pertenecer en su respuesta a un
formulario; nuevamente la clase como categoría histórica -la observa-
ción del comportamiento a través del tiempo- ha sido dejada de
lado.
4) Quisiera decir que el uso marxista apropiado y mayoritario
de clase es el de categoría histórica. Creo poder demostrar que es
este el uso del mismo Marx en sus escritos más históricos, peto no
es este el lugar para hablar de autoridades en sus escritos. Es sin
duda el uso de muchos (aunque no todos) de los que se encuentran
en la tradición británica de historiografía marxista, especialmente de
la generación mayor." No obstante, ha quedado claro en años re-
cientes que clase como categoda estática ha ocupado tamhién sectores
muy influyentes del pensamiento marxista. En términos económicos
vulgares, esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica
positivista. De un modelo estático de relaciones de producción capi-
talista se derivan las clases que tienen que corresponder al mismo,
y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas.
En una de sus [otmas (generalmente leninista). bastante extendida,
esto proporciona una fácil justificación para la polftica de «sustitu-
ción»: es decir, ]a «vangllardi:1.» que sabe mejor que la clase misma
cuáles debea ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta. Si
32. No es mi intención sugerir que un análisis estructural estático como
éste no p'lcch ser lanto valioso como esencial. Pero 10 que nos da es una
determinante (en el sentido de «poner límites) y «ejercer presiones»:
\'éase el análisis de importancia etÍtica del determinismo en Raymond \'\Tilliaros,
.\farxism and Literafure, Oxfotd
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1977L y no la conclusión o la ecundón
históricas; que estas relacíones de producción = a estas formaciones de clase.
Véase tamhién más adelante, párrafo 7) y nota 36.
33. Según mi opinión, es el uso que generalmente se encuentra en la
práctica histc1rica de Rodney Hilton, E. r Hobsbawm, Cristopher Hill, y mu-
cho .. otr0s.
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36 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE
ocurriera que no tuviera conciencia alguna, sen lo que' fuere
lo que ten23) es una «falsa conciencia», En 11na forma flltcrnativa
(mucho más sofisticada) -por ejemplo, cn Althusser-- todavía en-
contramos l'n3 categorb profundamente estática; una categoría Q11C
sólo halla su definiciór. dentro de una totalidad estructurnl altamente
teorizada, que desestima el veTdadero proceso CXl'crilllc;ltal histó1'Íco
de la formación de las clases. A pesar de ln sofisticación ele esta
teoría, los tesultados son mny similares a la versión vulgilt econó-
mica. Ambas tienen Jna noción parecida de dalsa conciencia" o
«iclcologh\}), aunque b teDría althusserianil tiende a tener un arSe-
nal teórico mayor pet ,! explicar el dominio idcológico y la mistifi-
cación de ]a conciencia.
5) Si volvemos a la ehse como categoría histórica, es posible
ver que los pueden empIcar el concepto en dos sc_ntidos
diferentes: a) referido a un contenido histótico real correspondiente,
empíricamente observahle; [,) como catcgoría heurística o analítica
para oqw.nízaf la evidencia histórlcD.) con una correspondencia 1ll1lcho
menos directa ,:'4 En mi opinión, el concepto puede utilizarse con
propiedad en Jl11bos sentidos; no obst:mte, snrgc a menudo la con-
fusión cuando nos trasbd:unns de 11110 otro.
a) Es cicrto que el uso moderno de clase surge del m¡]fCo ele
la sociedad inelustrial capitalist" del siglo X1X. Esto es, cl"se seg!ín
su uso moderno sólo fue al sistema cognoscitivo de las
gentes que vivían en dicha época. De aquí q\IC el concepto no sólo
nos permita organizar y analiznt la cvídencin; está también, en un
sentido dLstinto, preJfnte en la (!vidrllda misma. Es pnsiblc observar,
en la IngLllerra, Francia o Alemania industriales, instituciones de
c1asc, pnrtidos dc cbsc, cu1turns de c1nsc, ctc. Esta evidencia bistó
rica a su vez ba chelo origen Jl concc'pto milc1uro de c1;1se y, 11!1sta
cierto punto, le t),1 imprin1icio su propia cspccificidnd
b) Debemos guardarnos de esta (anacrónica) especificidad his-
tórica cuando emDleamus el término en Sil segundo sentido pnra el
análisis de sociedades "nteriores " la revolución industrial. Pues la
34. eL E. 1. Hobsha'\vm, Consciousncss 1\1 l-1ístory,>, en Is\v>in
Mcszaros, cd., AS{1ects 01 a/1J Class C(lI1scint/sl1css, 1971, p. R: «Bajo
el capilalismo la clase es 1.111<1 rcalilhid inmcdiaLl y en cierto sentido C\ircct;'-
mentC' CX1)crimcntada, micntrHs que en épOG1S prcGlpitalistas no puede ser nl<Ís
que una construcción analítica que (h [t 1l!1 complejo de datos de
otro modo inexplicables). Vl-ilSC tflmbién ¡/lid, pp. 5-h.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
37
correspondencia de la categoría con la evidencia histórica se hace
mucho menos directa. Si la clase no era un concepto asequible den-
tro del propio sistema cognoscitivo de la gente, si se consideraban
a s! mismos y llevaban a cabo sus batallas históricas en términos de
«estados» o «jerarquías» u «órdenes», etc., entonces al describir
estas luchas históricas en términos de clase dehemos extremar el
cuidado contra la tendencia a leer retrospectivamente notaciones sub-
secuentes de clase. Si decidimos continuar empleando la categoria
heurística de clase (a pesar de esta dificultad omnipresente), no es
por su perfección como concepto, sino por el hecho de que no dis-
ponemos de otra categoría alternativa para analizar Uf' proceso bis-
t6rico universal y manifiesto. Por ello no podemos (en el idioma
inglés) hablar de ducba de estados» o ducha de órdenes», mientras
que «lucha de clases» ha sido utilizado, no sin dificultad pero con
éxito notable, por los historiadores de sociedades antiguas, feudales
y modernas tempranas; y estos historiadores, al utilizarlo, le han
impuesto sus propios refinamientos y matizaciones al concepto con
respecto a su propia especialidad histórica.
6) Esto viene a destacar, no obstante, que clase, en su uso
heurístico, es inseparable de la noción de «Iucba de clases». En mi
opinión, se ha prestado una atención teórica excesiva (gran parte de
la misma claramente abistórica) a «clase» y demasiado poca a <<lucha
de clases». En realidad, lucha de clases es un concepto previo as!
como mucho más universal. Para expresarlo claramente: las clases
no existen como entidades separadas, que miran en derredor, en-
cuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. Por el con-
trario, las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en mo-
dos determinados (crucialmente, pero no exclusivamente, en relacio-
nes de producción), experimentan la explotación (o la necesidad de
mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de inte-
rés antagónico, comienzan a luchar por estas cuestiones y en el pro-
ceso de lucha se descubren como clase, y llegan a conocer este
descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de
clase son las últimas,· no las primeras, fases del proceso
real histórico.'" Pero, si empleamos la categoría estática de clase, o si
35. ef. Hobsbawm, ibid., p. 6: "Para los prop6sitos del historiador ...
la clase y los problemas de la concie:ida de c1ase son inseparables. Clase
en su sentido más pleno sólo llega a existir en el momento hjst6rico en que la
cIase empieza a adquirir conciencia de sí misma como tal,..
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38
TRADICIÓN, REVUELTA Y DE CLASE
obtenemos nuestro concepto del modelo teórico previo de una
totalidad estructural, no lo creeremos así: creeremos que la clase está
instantáneamente presente (derivada, como una proyección geomé-
trica, de las relaciones de producción) y de ello la lucha de clases."
Estamos abocados, entonces, a las interminables estupideces de la
medida cuantitativa de clase, o del sofisticado marxismo newtoniano
según el cual las clases y las de clase realizan evoluciones
planetarias o moleculares. Todo este escuálido confusionismo que
nos rodea (bien sea positivismo sociológico o idealismo marxista-
estructuralista) es consecuencia del etror previo: que las clases exis-
ten, independientemente de relaciones y luchas históricas, y que
luchan porque existen, en lugar de surgir su existencia de la lucha.
7) Espero que nada de lo escrito anteriormente haya dado
pábulo a la noción de que yo creo que la formación de clases es inde-
pendiente de determinantes objetivos, que clase puede definirse sim-
plemente como una formación cultural, etc. Todo ello, espero, ha
sido refutado por mi propia práctica histórica, así como por la de
otros muchos historiadores. Es cierto que estos determinantes obje-
tivos exigen el examen más escrupuloso." Pero no hay examen de
determinantes objetivos (y desde luego, modelo teórico obtenido de
él) que pueda ofrecer una clase o conciencia de clase en una ecuación
simple. Las clases acaecen al vivir los hombres y las mujeres sus
relaciones de producción y al experimentar sus situaciones determi-
nantes, dentro «del conjunto de relaciones sociales», con una cultura
y unas expectativas heredadas, y al modelar estas experiencias en
formas culturales. De modo que, al final, ningún modelo puede pro-
porcionarnos 10 que debe ser la «verdadera» formación de clase en
una determinada «etapa» del proceso. Ninguna formación de clase
36. La economía política marxista, en un proceso analítico necesario,
construye una totalidad en la cual las relaciones de producci6n se proponen
ya como clases. Peto cuando volvemos desde esta estructura abstracta al
proceso hist6rico pleno, vemos que la explotación (econ6mica, militar) se
experimenta de modos clasistas y sólo entonces da origen a la formación de
clases: véase mi «An Orrery of Errors», Reasoning, One, Merlin Press, sep-
tiembre 1978.
37. Para los de!crminantes de la estructura de clase (y de la propiedad
de relaciones de «extracción de la plusvalía» que imponen límites, posibilidades,
y «modelos a largo plazo» en las sociedades de la Europa preindustrial),
véase Robert Brenner, «Agradan Class Structure and Economic Deve10pment
in Pre-Industrial Europe», Pasl and Present, LXX (febrero 1976), esp .
pp. 31-32.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 39
propiamente dicha de la nistoria es más verdadera o más real que
otra, y clase se define a sí misma en su efectivo acontecer.
Las clases, en su acontecer dentro de las sociedades industriales
capitalistas del siglo XIX, y al dejar su huella en la categoría heurís-
tica de clase, no pueden de hecho reclamar universalidad. Las clases,
en este sentido, no son más que casos especiales de las formaciones
históricas que surgen de la lucha de clases.
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Volvamos, pues, al caso especial del siglo XVIII. Debemos espe-
rar encontrar lucha de clases, pero no tenemos por qué esperar
encontrar el caso especial del siglo XIX. Las clases son formaciones
históricas y no aparecen sólo en los modos prescritos como teórica- ( ¡
mente adecuados. El hecho de que en otros lugares y períodos poda- \
mos observar formaciones de clase «maduras» (es decir, conscientes
e históricamente desarrolladas) con sus expresiones ideológicas e ins- .
titucionales, no significa que 10 que se exprese de modo menos
decisivo no sea clase.
En mi propia práctica he encontrado la reciprocidad gentry-mul-
titud, el «equilibrio paternalista» en el cual ambas partes de la
ecuación eran, hasta cierto punto, prisioneras de la contraria, más
útil que las nociones de «sociedad de una sola clase» o de consenso.
Lo que debe ocuparnos es la polarización de intereses antagónicos
y su correspondiente dialéctica de la cultura. Existe una resistencia
muy articulada a las ideas e instituciones dominantes de la sociedad
en los siglos XVII y XIX: de ello que los historiadores crean poder
analizar estas sociedades en términos de conflicto socia1. En el si-
glo XVIII la resistencia es menos articulada, aunque a menudo muy
específica, directa y turbulenta. Por ello debemos suplir parcialmente
esta articulación descifrando la evidencia del comportamiento y en
parte dando la vuelta a los blandos conceptos de las autoridades diri-
gentes para mirar su envés. Si no 10 hacemos, corremos el peligro
de convertirnos en prisioneros de los supuestos de la propia imagen
de los gobernantes: los trabajadores libres se consideran de «tipo
disoluto y levantisco», los motines espontáneos y «ciegos»; y ciertas
clases importantes de protesta sodal se pierden en la categoría de
«delito». Pero existen unos pocos fenómenos sociales que no revelan
40
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
un significado distinto al scr sometidos " este examen dialéctico.
La exhibición ostentosa, las pelucas empolvadas y el vestido de los
grandes deben también considerarse -como se quería que fueran
considerados- desde abajo, entre el auditorio del teatro de hege-
monía y control clasista. Incluso la «liberalidad» y la «caridad» de-
ben verse como actos premeditados de apaciguamiento de clase en
momentos de escasez y extorsión premeditada (bajo la amenaza de
motín) por parte de la multitud: 10 que es (desde arriba) un «acto
de concesión», es (desde abajo) un «acto de logra!». Una categorla
tan sencma como la de «robo» puede resultar ser, en ciertas circuns-
tancias, evidencia de los intentos prolongados, por parte de la comu-
nidad agraria, de defender prácticas antiguas de derechos al común,
o de los jornalero:; de defender los emolumentos establecidos por
la costumbre. Y siguiendo cada una de estas claves hasta su punto
de intersección, se hace posible reconstruir una cultura popular esta-
blecida por la costumbre, alimentada por experiencias muy distintas
de las de la cultura educada, transmitida por tradiciones orales, re-
producida por ejemplos (quizás al avanzar el siglo, cada vez más
por medios literarios), expresada en Simbo los y ritos, y muy distante
de la cultura de los que tienen el dominio de Inglaterra.
Yo dudaría antes de describir esto como cultura de clase, en el
sentido de que se puede hablar de una cultura obrera, en la que los
niños se incorporan a la sociedad con un sistema de valores con
patentes notaciones de clase, en el siglo XIX. Pero no puedo enten-
der esta cultura, en su nivel experimental, en su resistencia a la
homilia religiosa, en Sll picaresca mofa de las próvidas virtudes bur-
guesas, en su fácil recurso al desorden y en sus actitudes irónicas
hacia la ley, a menos que se utilice el concepto de antagonismos,
adaptaciones y (en ocasiones) reconciliaciones dialécticas, de clase.
Al analizar las relaciones gentry-plebe, nos encontramos no tanto
con una reñida e inflexible batalla entre antagonismos irreconcilia-
bles, como con un «campo de fuerza» societa!. Estoy pensando en
un experimento escolar (que sin duda no he comprendido correcta-
mente) en que una corriente eléctrica magnetizaba una placa cu-
bierta de limaduras de hierro. Las limaduras, que estaban uniforme-
mente distribuidas, se arremolinaban en un polo o en otro, mientras
que entre medias las limaduras que permanecían en su lugar toma-
ban el aspecto de alineaciones dirigidas hacia uno u otro polo
opuesto. Así es prácticamente como veo yo In sociedad del siglo XVlII,
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 41
con la multitud en un polo, la aristocracia y la gentry en otro, y en
muchas cuestiones, y hasta finales del siglo, los grupos profesionales
y comerciantes vinculados por líneas de dependencia magnética a
los poderosos o, en ocasiones, escondiendo sus rostros en una acción
común con la multitud. Esta metáfora permite entender no sólo la
frecuencia de situaciones de amotinamiento (y su dirección), sino
también gran parte de lo que era posible y los límites de 10 posible
más allá de los cuales no se atrevía a ir el poder. Se dice que la
reina Carolina se aficionó taoto en una ocasión al Sto James Park
que preguntó a Walpole cuánto costaria cerrarlo para hacerlo pro-
piedad privada. «Sólo una corona, Señora», fue la respuesta de
Walpole."
Utilizo por tanto la terminología del conflicto de clases mientras
que me resisto a atribuir identidad a ulla clase. No sé si esto puede
parecer herejía a otros marxistas, ni me preocupa. Pero me parece
que la metáfora de un campo de fuerza puede coexistir fructífera-
mente con el comentario de Marx en los Grundisse de que:
En toda forma de sociedad es una determinada producción
y sus relaciones las que asignan a las demás producciones y sus
relaciones rango e influencia. Es una iluminación general en la
que se mezclan los restantes colores y que modifica sus tonalidades
específicas. Es un éter especial que define la gravedad específica
de todo 10 que existe en él.
39
Lo que Marx describe con metáforas de «rango e influencia»,
«iluminación general» y «tonalidades» se presentarla hoy en un
lenguaje estructuralista más sistemático: términos en ocasiones tan
duros y de apariencia tan objetiva (como el «represivo» y los «apara-
tos ideológicos de Estado» de Althusser) que esconden el hecho de
qne signen siendo metáforas dispuestas a congelar un proceso social
fluido. Yo prefiero la metáfora de Marx; y la prefiero, en diversos
aspectos, a metáforas subsecuentes de «base» y «superestructura».
Pero 10 que yo sostengo en este trabajo es (en la misma medida que
'8. Horace Walpole, Memoirs 01 Ibe Reign 01 King Georg" Ibe Second,
1847, !I, pp. 220-221.
39. Para una traducción ligeramente distinta, véase Grundrisse, Penguin,
1973, pp. 106-107. Incluso aquí, sin embargo, la de Marx hace refe-
rencia no a la clase o las formas sociales, sino a las relaciones económicas
dominante y subordin::lda.
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42
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
lo es el de Marx) un argumento estructuralista. Me he visto forzado
a constatarlo al considerar la fuerza de las diversas objecciones al
mismo. PUeS todo rasgo de la sociedad del siglo XVIII que ha sido
considerado, puede encontrarse de forma más o menos desarrollada
en otros siglos. Hubo jornaleros libres y motines de subsistencias en
los siglos XVI, XVII Y XIX, hubo indiferentismo religioso y una
auténtica cultura folklórica plebeya en los mismos siglos; hubo activa
renovación de ritua les paternalistas --especialmente en cantos de
siega, cenas de arrendatarios, obras de caridad- en el campo del
siglo XIX. y asr sucesivmncnte. ¿Qué es, plles, lo especifico del si-
glo XVIII? ¿Cuál es la «iluminación gcnetab que modifica las «tona-
lidades específicas» de su vida social y cultural?
Para responder a estas preguntas debemos reformular el anterior
análisis en términos más estructurales. El error más corriente hoy
día es el de hacer la definición de las antítesis culturales del si-
glo XVIII (industrial / preindustrial; moderno / tradicional; clase
obrera «madura» / «primitiva») inaplicables, porque suponen el
descubrir .:n una sociedad previa categorías pata las cnales esa so-
ciedad no poseía recursos y esa cultura no poseía términos. Si clcsea-
1110S efectuar una definición antitéticamcntc, las antítesis relevantes
que se pueden aplicar a la cultura plebeya del siglo XVllI son dos:
1) la dialéctica entre lo que es y 110 es cultum -las experiencias for-
mativas del ser social, y cómo eran éstas modeladas en formas
culturales, y 2) las polaridades dialécticas --antagonismos y recon-
ciliaciones- entre las culturas refinada y plebeya de la época. Es por
esto por lo que he hecho tan largo rodeo para llegar al verdadero tema
de este trabajo.
Por descontado esta c"ltura exhibe ciertas características común-
mente atribuidas a la cultura «tradiciona]". Especialmente en la so-
ciedad rural, pero también en zonas fabriles y mineras densamente
pobladas (las ciudades textiles del oeste de Inglaterra, los mineros
de estaño de Coroualles, el Black Country), existe un fuerte peso de
expectativas y definiciones colZSuetudinarias. El aprendizaje como
iniciación en las destrezas adultas no está limitado a su expresión
industrial reglamentada. La niña hace su aprendizaje de ama de casa,
primero con su madre (o abuela), después como criada doméstica;
como madre joven, en los misterios de la crianza de los niños, es
aprendiza de las matronas de la comunidad. Es 10 m51110 en los
oficios carentes de un aprendizaje regulado. Y con la introducción en
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
43
estas especiales destrezas viene la introducción en la experiencia so.
cial o sabiduría común de la comunidad: cada generación está en
relación de aprendiz con sus mayores. Aunque cambia la vida social,
aunque hay gran movilidad, el cambio no ha alcanzado aún el punto
en que se asume que los horizontes de las generaciones sucesivas
serán diferentes; 40 ni tampoco se ha interpuesto aún
mente esa máquina de aceleramiento (o extrañamiento) cultural que
viene a Ser la educación formal en la transmisión generacional.
Pero las prácticas y normas se reproducen de generación en gene-
ración en el ambiente lentamente diferencia dar de la «costumbre».
De ello que las gentes tiendan a legitimar la práctica (o la protesta)
en términos de uso consGetudinario o de emolumento o derecho
prescriptivo. (El hecho de que --desde puntos de partida algo dis-
tintos- este tipo de argumento tienda también a controlar la alta
cultura política, actlÍa también como refuerzo de esta disposición
plebeya). Las traelidones se perpetúan en gran medida por transmi-
sión oral, con su repertorio de anécdotas y ejemplos narrativos; donde
una progresiva alfabetización suple a la tradición oral, las produc-
ciones impresas de más amplia circulación (libritos de romances, al-
manaques, pliegos, «últimos discursos ante la muerte», y relatos
dóticos de crímenes) tienden a someterse a las expectativas de la
cultura oral más que a desafiarla con alternativas. En cualquier caso,
en muchos puntos de Gran Bretaña --y especialmente en aquellas
regiones donde la dialéctica es más fuerte--, una educación básica
elemental coexiste, a lo largo del siglo XIX, con el lenguaje -y quizá
la sensibilidad- de lo que empieza a Ser <<la vieja cultura».
En el siglo XVIII, esta cultura no es ni vieja ni insegura. Trans-
mite vigorosamente -y quizás incluso genera- formas de compor-
tamiento ritualizadas y estilizadas, bien como recreación o en forma
de protesta. Es incluso posible que la movilidad geográfica, junto con
la disminución del analfabetismo, extiendan de hecho su alcance y
esparzan estas formas más ampliamente: el «fijar el precio», como
acción central del motín de subsistencias, se extiende a lo largo de
la mayot parte del país; el divotcio ritual conocido como «venta de
esposa» parece haber esparcido su incidencia en todo el país desde
40. los perceptivos comentarios sobre el sentido «circula.o) del
espacio en la parroquia agrícola antes del cerramiento en John BarreI, The
Idea 01 Laodscape aod Ihe Sense 01 Place: An Approach lo Ihe Poelry 01
Jolm Ciare, Cambridge. 1972, pp, 103, 106.
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44 TRADICI()N, RF,VUEL'fA y CONSCIENCIA DE CLASE
algún desconocido punto de origen. La evidencia de música escabrosa
indica que en las comunidcdes más tradicionales éstas no eran
siempre, de ningún modo, aquellas que poseían un perfil rural o agra-
rio- operaban fuerzas muy poderosas, autoactivantes, de regulación
social y moral. Esta evidencia puede demostrar que, mientras cierto
comportamiento dudoso se toleraba hasta cierto punto, más allá del
miSlll0 la c01l1unidad intentaba imponer sus propias expectativas,
heredadas en cuanto a los papeles maritales aceptables y la conducta
sexual, sobre los transgresores. Incluso en este caso, sin embargo,
tenen10S que proceder con cuidado: eslo no es solamente «una cultura
tradicional», Las normas que así se defienden no son idénticas él las
proclamadas por la Iglesia o las autoridades; son dcfini,bs en el
interior de la cultura plebeya misma, y las mismas formas ritnales
que se emplean contra un conocido JeHncuente sexual pueden ern-
pIearse contra un esquirol, o contra el señor y sus guardas de la caza,
el recandador, el juez de paz. Es más, las formas no son herederas
de expectativas y reproductoras de normas simplem"nte: pnede
qne las farsas populares del siglo XVII y principios del XVIII estén
dirigidas contra la mujer que peca contra las prescripciones patriar-
cales de los roles conyugales, pero la música cscabtosa del siglo XIX
está generalmente dirigida contra los que pegan a sus mujeres o (me-
nos frecuentemente) contra hombres casados conocidos por seducir
y dejar cmbatnzaclas n muchachas ióvenes.41
Es est,l, pues, una Cllltura consetvadotn en sus formas; ést'JS
apelan a la costumbre e intentan fortalecer los usos tradicionales.
Las formas son también, en ocasiones, irracionales: no apelnn a la
«razón» mediante folletos, sermones o discursos espontáneos; im-
ponen las sanciones de la fuerza, el ridículo, la vergüenza y la intimi-
dación. Pero el contenido de esta cultura no puede ser descrito como
conservador con tanta facilidad. Pues, en su «ser sociah> efectivo,
el trabajo .ce está <<liberando», década tras década, cada vez más, de
.10s controles tradicionales señoriales, parroquiales, corporativos y
paternales, y se está distanciando cada vez más de relaciones di
1
'ec-
tas de c!ientelismo con la gell!")'. De ello que nos encontremos con
41. Véase mi (<.Rough Ml1sic: Le Ch::uivari Angbis), /111l1l1leI ESe, XXVlI,
0.° 11 (1972); y mis otros cornentnrios en el curso dC'l Congreso sobre -<,Le
Charivariy, bajo los auspicios de la Écolc des Hautes Études en Scicnces
Sociales (Vr scction), París, 2.5·27 de abril de 1977 (de próxima publi-
c:1ción ).
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
45
la paradoja de una cultura tradicional que no está sujeta en sus
operaciones cotidianas al dominio ideológico de los poderosos. La
hegemonía de la gentr)' puede definir los límites del «campo de
fuerza» dentro de los cuales es libre la cultura plebeya para actuar
y crecer, pero, dado que esta hegemonía es más secular que reli-
giosa () mágica, no es mucho lo que puede hacer para determinar el
carácter de esta cultura plebeya. Los instrumentos de control e imá-
genes de hegemonía son los de la ley y no los de la Iglesia y el
poder monárquico. Pero la ley no si"embra pías cofradías de hermanas
en las ciudades, ni obtiene confesiones de los delincuentes, sus súbdi-
tos no rezan el rosario ni se unen a peregrinaciones de fieles; en lugar
ele ello, leen pliegos en las tabernas y asisten a ejecuciones públicas y
al menos algunas de las víctimas de la ley son consideradas, no con
horror, sino con ambigua admiración. La ley puede puntear los lími-
tes ele1 comportamiento tolerado por los gobernantes; pero, en el
siglo XVIII, no entra en las cabañas, es mencionada en las oraciones
del ama de casa, decora las chimeneas con iconos o informa una
visión de la vida.
De ahí una paradoja característica del siglo: nos enconuamos
con una cultura tradicional y rebelde. La cultura conservadora de la
plebe se resiste muchas veces, en nombre de la «costumbre», a aque-
llas innovaciones y racionalizaciones económicas (como el cerramien-
to, la disciplina de trabajo, las relaciones libres en el mercado ele
cereales) que gobernantes () patronos deseaban imponer. La innova-
ción es más evidente en la cima de la sociedad que más abajo, pero,
puesto que esta innovación no es un proceso técnico-sociológico sin
normas y neutro, la plebe 10 experimenta en la mayoría de las oca-
siones en forma de explotación, o expropiación de derechos de apro-
vecbamiento tradicionales, o disrupción violenta de modelos valo-
rados de trabajo y descanso. De ello que la cultura plebeya sea
rebelde, pero rebelde en defensa de la costumbre. Las costumbres
que se pertenecen al pueblo, y algnnas de ellas se funda-
mentan de hecho en una reivindicación bastante reciente en la prác-
tica. Pero enando el pueblo busca una legitimación de la protesta,
recurre a menudo a las regulaciones paternalistas de una sociedad
más autoritaria y selecciona entre ellas aquellas partes mejor pensadas
para defender sus intereses del momento; los participantes en moti-
nes de subsistencias apelan al Book of Orders (Libro de Órdenes) y
a la legislación contra acaparadores, etc., los artesanos apelan a cier-
46 TRADIClÓN, REVUELTA Y CONSCIENcrA DE CLASE
las partes (por ejemplo, la regulación del aprendizaje) del código
Tudor regulatorio del trabajo.42
Esta cultura tiene otros rasgos «tradicionales», por supuesto. Uno
de ellos que me interesa en particular es la prioridad que se otnrga,
en ciertas regiones, a la sanción, intetcatnbio o lTIotívación «no-cco-
nómic<1» frente [l la direCVlmente monetaria. Una y otra vez, al exa-
minar formas de comportamiento del siglo XVII1, nos encontramos
con la necesidad de «descifraD> 43 este comportamiento y descubrir
las reglas invisibles de acción, diferentes a las que el historiador de
«movimientos obreros» espera encontrar.
En este sentido, compnttÍl11os algunas de las preocupaciones del
historiador de Jos siglos Xv[ y XVII en cuanto a una oricnt8.ción «an-
tropológica>>: así por ejemplo, al descifrar la rmísica escabrosa, o la
venta de esposa, o estudiar el simbolismo de la protesta. En otto
sentido, el rtoblema es diferente y qurzá más complejo, pues la lógica
capitalista y el comportamiento tradicional se en-
cuentran en conflicto activo y consciente, C01110 en la resistencia a
nuevos modelos de consumo (<<necesidades»), o en la resistencia
a una del tiempo y la innovación técnica, o a la racionaliza-
ción del trabajo que amenaza con h destrucci6n de pnícticas tradi-
cionales y, en ocasiones, la organización familiar de relaciones y roles
de producción. De aquí que podamos cntender la historia social del
siglo XVIII corno una serie de confrontaciones entre una innovadora
42. En fcchn Lm tardh C0l110 18,11 sofisticndos tradf"1I!lionistas
londinenses, al apelar n. las cláusulas sobre el aprendizaje del Estntllto ele
Artífices (ql\lcciÍnicos! ¡¡Proteged vuestras libertades contra los Ilwasorcs sin
Lev!!»I, comenzaban con \lna «Od2 a la memoria de la Reina Isabel,>: «Su
me·moría es toda\'la dulce al j0rnalero, .1 Pues protegidos l)Of sus leyes, resislfll
hoy I Violaciones, que de otro modo prevalecerl<ln. 1/ Patronos tiránicos,
innov<1dnres sl1nplcs / Se ven impedidos y limitados por sus gloriosas reghls. J
De los derecho5- del trabajador es ella todavía U11a ... ,). !\('rort o/ t!J('
Trial 01 Alexander \Vadsl/.I()rlh againsf Peter Lauric (28 de mayo eJe. lB"!}),
Columbia University Library, Scligman Coliection, Place p<ll11ph1cts, vnl. Xíl
43. Espero que mí uso de «descifrar» no asimile mi atgutncntación innlf'-
di<ltamente a esta o aquelln ('sCllela ele semiótica. Lo que quíero decir debe
quedar c1al"O en las siguientes páginas: no es suficiente describir simplemente
las protestas simbólicas pnpulares (quema de efigies, ponerse hojas ele encina,
colgar botas): es también necesario recobrar el signifiC<Klo de estos símbolos
con respecto a lln universo simbólico más amplio, v así encontrar Sil f1!cr7:l.,
tanto como afrenta a l::t de los poderosos y corno expresión de ID"
ek In I1HI1titud: \'bse el sugerente iIl"tículo de \xri1!i<1m R. Hcdc1y,
,,1'h(' Tcxti\c Tradc and Ihe L1l1guagc of the CrO"wd at Rouen, 1752-·1871}),
Pa.a and P"esC1Jf. LXXIV (febrero 1977).
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES?
47
economía de mercado y la economía moral tradicional de la plebe.
Pero, .,i desciframos el comportamiento, ¿ se sigue de ello que
tengamos que ir más allá e intentar reconstruir con estos fragmentos
de clave un sistema cognoscitivo popular con su propia coherel'cia
ontológica y estructura simbólica? Los historiadores de la cultura
popular de los siglos XVII y XVIII pueden enfrentarse a problemas
algo diferentes a este respecto. La cuestión se ha planteado en un
reciente intercambio entre Hildred Geertz y Keith Thomas 44 y, a
pesar de que yo me asociaría firmemente a Thomas en esta polémica,
no podría responder, desde la perspectiva del siglo XVIII, en los
mismos términos exactamente. Cuando Geertt espera que un sistema
coherente subraye el simbolismo de la cultura popular, yo tengo que
estar de acuerdo con Thomas en que «la inmensa posibilidad de
variaciones cronológicas, sociales y regionales, que presenta una so-
ciedad tau diversa como la de la Inglatetta del siglo XVII» -e in-
cluso más la del siglo XVIII-, impide estas expectativas. (En todo
momento, en este trabajo, al referirme a la cultura plebeya he sido
muy consciente de sus variaciones y excepciones.) Debo unirme a Tbo-
mas aÚn más fuertemente en su objeción a «la distinci6n simple que
hace Geertz entre alfabetizados y analfabetos»; cualquier distinción
de este tipo es nebulosa en todo momento del siglo: los analfabetos
oyen las producciones de los que no lo son leídas en voz alta en las
tabernas, y aceptan de la cultura educada ciertas categorías, mien-
tras que algunos de los que saben leer y escribir utilizan sus muy
limitadas destrezas literarias sólo de forma instrumental (para escri-
bir facturas o llevar las cuentas), mientras que su «sabiduría» y
sus costumbres se transmiten aun en el marco de una cultura pre-
alfabetizada y oraL Durante unos setenta años, los coleccionistas y
especialistas en canci6n folklórica han disputado enconada mente en-
tre sí sobre la pureza, autenticidad, origen regional y medios de dis-
persi6n de su material, y sobre la mutua interacci6n entre las cultu-
ras musicales refinada, comercial y plebeya. Cualquier intento de
segregar la cultura educada de la analfabeta encontrará incluso ma-
yores obstáculos.
En lo que Thomas y yo podemos disentir es en nuestros cálculos
con respecto al grado en que las formas, rituales, simbolismo y su-
persticiones populares permanecen como «restos no integrados de
44. Jor"'ldl 01 I/1terdisciplil1ary History, VI, n.O 1 (1975).

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48 TRADICIÓN, REVU1:'LTA y CONSCIENr::l A DE CLASE
modelos de pensamiento rrl<Ís antiguos», los cUJles, incluso tOnlfldos
en conjunto) constítuycn «no un solo código, sino 11nFl nmalgatna de
despojos culturales de muchos distintos modos de pensamiento, crís-
ti<1no y pagano, teutónico y clásico; y serta absurdo pretender que
todos estos elementos hayan sido barajados de modo que formen
un sistema nuevo y cohercnte».4
5
Yo he hecho ya una crítica de las
referencias de 1hom<1s <1 la (<ignorancia popubp>, a la cual ha res-
pondido brevemente Thomas; 46 y sin duda puede hablarse de ello
más detenidamente en el futuro, Pero, ¿será quizás el siglo, o los
campos de fuerza relevantes de los distintos siglos, aSl como el
tipo de evidencia que cada uno de ellos hace prominente, lo que
haga la dHerencia? Si lo que estudiamos son la «magia», la astro-
logía o los silbíos, ello puede ilpoyar las conclusiones de Thonuls;
si lo que observamos son las procesiones bufns popl11ares, los rilaS
de pasaje o las formas características de motín y protesta del si-
glo XVIII, apoyaría las mías.
Los datos del siglo XVIIl me parecen señalar hacia un universo
mental bastante m"s coherente, ell que el símbolo infomla la práctica,
Pero la coherencia (y no me extrañaría si en este momento alg{lO
antropólogo tirara este trabajo disgustado) surge no tanto de una
estructuta inherente cognoscitiva como de un campo de fuerza deter-
minado y llDa oposiclcSn sociológica, pCC111infcs a 1n sociedad del
siglo XVllI: para habbr cbro, los elementos desunidos y fragmen-
tados de mas antiguns form<1s de pensamiento quedan integrados por
la clase. En algunos casos esto no tiene significado político y social
alguno, más allá de la antítesis elemental de las definiciones dentro
de culturas antitéticas: el escepticismo en relación a las homilías del
párroco, la mezc1a de 111fltcl'lal1SmO efectivo y vestigios ele supersti-
ciones de los pobres, se cotlserVJn con especilll confinnzn porque ('stns
actitudes están amparadas pot- el ámbito de una cultnra más amplia
y más robusta. Esta confianza nos sorprende llnn y otra vez: (l)ios
bendiga a sus scñorí<ls», exclamó un habitonte del West Country
ante un reverendo coleccionista de folklore bien cntt<ldo el siglo Xlx,
al ser interrogado sohre 1<1 venta de espOS<1S, «que p1.lec\e preguntar
a quien quiera si no es eso el matrimonio bueno, sólido y cristiano
4'5. Keith Thomas, Rcligioll and the Declinc o/ lI'f.-1.2jc, 1971, pp. 627-628.
46. «Anthropology ,md the Discipline of nistmical C0I11CXb>, Afidlal1d
Histnry, 1. n.O 3 (pdmlwcra 1972); JOl/mal 01 TlItcrdisciplíltary [-Jístory .. VI,
'-" 1 (1q7<:;\ nt.., 1()4-10'l. eso. nota :n.
¿ LUC l-I A DE CLASES SIN CLASES?
49
y les dírán que 10 es».47 «Dios bendiga a sus señorías» entraña un
sentido de condescencia desdeñosa; «quien quiera» sabe lo que es
cierto e-excepto, por supuesto, el párroco y el señor y sus bien
educados hijos-; cualquiera sabe mejor que el mismo párroco lo que
es... i «cristiano»! En otras ocasiones, la asimilación de antiguos
fragmentos a la conciencia popular o incluso al arsenal de la pro-
testa popular es muy explícita: de la quema de brujas y herejes
toma la plebe el simbolismo de quemar a sus enemigos en efigie;
las «viejas profecías», como las de Merlín, llegan a formar parte del
repertotio rle la protesta londinense, apareciendo en forma de folleto
durante las agitaciones que rodearon el cerramiento de Richmond
Park, en pliegos y sátiras en época de Wilkes,
Es en la clase misma, en derto sentido un conj unto Huevo de
categorías, más que en más antiguos I1lOdelos de pensamiento, donde
encontramos la organización formativa y cognoscitiva de la cultura
plebeya, Quizás, en rea Hdad, era necesario que la clase fuera posible
en el conocimiento antes de que pudiera encontrar su expresión ins-
titucionaL Las clases, por supuesto, estaban también muy presentes
en el sistema cognoscitivo de los gobernantes de la sociedad, e infor-
maban sus instituciones y S\1S rituales de orden, pero esto sólo viene
a destacar el que la ge/ltl'y y la plebe tenían visiones alternativas de
la vida y de la gradación de sus satisfacciones, Ello nos plantea pro-
blemas de evidencia excepcionales, Todo lo que nos ha sido trans-
mitido mediante la cultura educada tiene que ser sometido a un
minucioso escrutinio, Lo que el distante clérigo paternalista considera
«ignorancia popular» no puede aceptarse como tal sin una investiga-
ción escrupulosa, Para tomar el caso de los desórdenes destinados a
tomar posesión de los cuerpos de los ahorcados en Tyburn, que Pe-
ter Linebaugh ha (creo) descifrado en Albiol1's Fatal Tree: era sin
duda un gesto de «ignorancia» por parte del amotinado el arriesgar
su vida para que su compañero de taller o rancho no cumpliera la
Inuy r,](ion,1I y utilitaria función de convertirse en espécimen de disec-
ción en la sala del citujano, Pero no podernos presentar al amotinado
como figura arcaica, motivada por los «despojos» de los antiguos
modelos de pensamiento, y despachar luego la cuestión lOn una refe-
rencia a las supersticiones de muerte y les 1'Oh IhauIJZaturges, Line-
47,
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S. Baring-Gould, Devonshire Characters and Strange Events, 1908,
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50 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
baugh nos demuestra que el amotinado estaba motivado por su soli-
daridad con la víctima, respeto por los parientes de la misma, y
nociones del respeto debido a la integridad del cadáver y al rito de
enterramiento que forman parte de unas creencias sobre la muerte
ampliamente extendidas en la sociedad. Estas creencias sobreviven
con vigor hasta muy avanzado el siglo XIX, como evidencia la fuerza
de los motines (y prácticamente histerias) en varias ciudades contra
los ladrones de cadáveres y su venta.'" La clave que informa estos
desórdenes, en Tyburn en 1731 o Manchester en 1832, no puede
entenderse simplemente en términos de creencias sobre la muerte y
sobre la forma debida de tratarla. Supone también solidaridades de
clase y la bostilidad de la plebe por la crueldad psíquica de la jus-
ticia y la comercialización de valores primarios. Y no se trata sólo,
en el siglo XVIII, de que se vea amenazado un tabú: en el caso de la
disección de cadáveres o el colgar los cadáveres con cadenas, una
clase estaba deliberadamente, y como acto de terror, rompiendo o
explotando los tabúes de otra.
Es, pues, dentro del campo de fuerza de la clase donde reviven
y se reintegran los restos fragmentados de viejos modelos. En un
sentido, la cultura plebeya es la propia del pu,-:blo: es una defensa
contra las intromisiones de la gCl1try o el clero; consolida aquellas
costumbres que sirven sus propios intereses; las tabernas son suyas,
suyas las ferias, la música escabrosa forma parte de sus propios me-
dios de autorregulación. No es una cultura «tradicional» cualquiera
sino una muy especial. No es, por ejemplo, fatalista, ofrece consuelo
y defensas para el curso de una vida que está totalmente determi-
nada y restringida. Es, más bien, picaresca, no sólo en el evidente
sentido de que hay más gente que se mueve, que se va al mar, o son
llevados a las guerras y experimentan los azares y aventuras de los
caminos. En ambientes más estables -en las zonas en desarrollo de
manufactura y trabajo libre-, la vida misma se desenvuelve a 10
largo de caminos cuyos avatares y accidentes no se pueden prescribir
o evitar mediante la previsión: las fluctuaciones en la incidencia de
mortalidad, precios, empleo, se viven como accidentes externos más
allá de todo control; la alta tasa de mortalidad infantil hace absurda
la planificación familiar predictiva; en general, el pueblo tiene pocas
48. Pe ter Linebaugh, «The Tyburn Riot against the Sutgeons», en Douglas
f-Lly y o:ros, Albioll'I Fatal Tree, 1975; Ruth Richardson, «A Dissection ot
thc i\natomy Act;.> , Sffldin in Lahnur Bislor)'. 1, Brigbwn, 1976.
¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 51
notaciones predictivas del tiempo; no proyectan «carreras», o ven sus
vidas con un aspecto determinado ante ellos, o reservan para uso
fututo semanaS enteras de altas ganancias en ahorros, o planean la
compra de casas, o piensan en unas «vacaciones» una sola vez en su
vida. (Un joven, sabiendo esto por medio de su cultura, podia salir,
una ve7, en su vida, a los caminos «para ver mundo».) De ello que la
experiencia o la oportunidad se aprovecha donde surge la ocasión,
con pocas consideraciones sobre las consecuencias, exactamente como
impone la multitud su poder en ·momentos de acción directa insur-
gente, a sabiendas de que su triunfo no durará más de una semana
o un día.
Pues la cultura plebeya está, finalmente, restringida a los pará-
metros de la hegemonía de la gelltry: la plebe es siempre consciente
de esta restricción, consciente de la reciprociclad de las relaciones
gel1try-plebe," vigilante para aprovechar los momentos en que pueda
ejercer su propia ventaja. La plebe también adopta para su propio
uso parte de la retórica de la gelltry. Pues, otra vez, este es el siglo
en que avanza el trabajo dibre)}. La costumbre que era «buena» y
«vieja» había a menudo adquirido valor recientemente. Y el rasgo
distintivo del sistema fabril era que, en muchos tipos de empleo, los
trabajadores (incluyendo pequeños patronos junto con jornaleros y
sus familias) todavía controlaban en cierta medida sus propias rela-
ciones inmediatas y sus modos de trabajo, mientras que tenían muy
poco control sobre el mercado de sus productos o los precios de
materias primas o alimentos. Esto explica parcialmente la estructura
de las relaciones industriales y la protesta, así como los instrumentos
de la cultura y de su cohesión e independencia de contra!." Explica
también en gran medida la conciencia del «inglés nacido libre», que
senlÍa como propia cierta porción de la retórica constitucionalista ele
sus gobernantes, y defendía con tenacidad sus derechos ante la ley
y sus derechos a protestar de manera turbulenta contra militares,
patrulla de reclutamiento o policía, junto con su derecho al pan hlanco
y la cerveza barata. La plebe sabía que una clase dirigente cuyas
pretensiones de legitimidad descansaban sobre prescripciones y leyes
49 Compárese con Genovese, Roll, fordan, Roll, p. 91: (Los esclavos
aceptaban la dísci¡11ina de reciprocidad, pero con una diferencia profunda. A la
ielen de deberes recíprocos añadieron la doctrina de derechos recíprocos».
lO. Sostengo aquí la idea de Getald M. Sider, «Christmas Mumming and
the Nnv Yeflr i11 Glltpnrt NewfoundJancl», Fas! aJfd Present (mayo 1 q76).
52 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIF,NCIA DE CLASE
tenía poca nutoridnd p.1t(1 desestimar sus propias costumbres y
leyes.
La reciprocidad ele estas relaciones subraya la importancia ele la
expresión simbólica ele hegemonía v protesta en el siglo XVIII. Es
por ello que, en mi trabajo previo, dediqué tanta atención a la
noción de teatro. Desde luego cada sociedad tienen $11 propio estilo
de teatro; gran parte de la vida política de nuestras propias socieda-
des puede entenderse sólo como una contienda por la autoridad sim-
bólicaS! Pero lo que estoy diciendo no es solamente que las con-
tiendas simbólicas del siglo XVI n eran peculiares de este siglo y
exigen mnyor c:::;tudio. Yo creo que el simbolisl11C1, e11 este siglo,
tenía una especial importancia debido a la debilidad de otros órganos
de control: la autoridad de la T glcsia está en retirada y no ha llegado
aún la autCH"ilbd de las escuelas y de los llledios milsivos de colnu-
nicación. La gell/n tenía ttes prinCIpales recursos de control: un
sistema de influencias v promociones que difícilmente podía incluir
a los desfavorecidos pobres; la majestad y el terror de la justicia,
y el simbolismo ele su hegemonía. Ésta era, en ocasiones, un delicado
equilibrio snci<11 en el que los gobernantes se veian forzados a hacer
concesiones. De ello que la rivalidad por la autoridad simbólica
pueda considerarse, no como Uné] forma de representar ulteriores
contiendas «reales», sino como una vcrdndcra contienda en sí misma.
La protesta plcbevn, a veces, no tenía más objetivo que desafiar la
seguridad hegemónica de la p,ell/rv, extirpar del poder sus
dones simbólicas, o incluso sólo blasfemar. Era una lucha de «apa-
riencins), pero el resultado de la misma podía tener consecuencias
materiales: en el modo en que se aplicaban las Leyes de Pobres, en
las medidas que la p'cl1!r)' crda necesarias en épocas de precios altos,
en que se aprisionara o se dejara en libettad a \'Vilkes.
Al menos debemos retornar al siglo XVIII prestando tanta aten-
ción a la contienda simbólica de las calles como a los votos de la
Cámara de los Comunes. Estas contiendas aparecen en toelo tipo de
formas y lugares inesperados. Algunas veces consistía en el uso jocoso
de un simbolismo jacobíta o antihnnl1overirmo, un retorcer la cola
ele la gCIl!"". El Dr. Stratford escribió desde Berkshire en 17\8:
Los nísticos de estn región son muy retozones y muy insolentes.
51. Véa5c Conor Cruisc O'Bricn, "Politics r1S Drilma as l-'olitics»), Pnwer
t1nd C011SclOtl5Ji¡-55, Nncvn York, 1969.
¿LUC ¡¡ A DE CLASES SIN CLASES? S3
Algunos honrados jueces se reunieron para aSlstn al día de Coro-
nación en \XTattleton, y hacia el atardecer cU<'lndo sus mercedes
estuvieran tranquilos <'.]l.1ef{<'ln h(lcer nnn fogata campestre, Sabién-
dolo algunos patanes lomaron un enorme nabo y le metieron
tres ,relns colocándolo sobre la casa de Chetwynd ' .. Fueron a
decir a sus mercedes que para honrar la Coronación del Rey
Jorge había aparecido una estrella fulgurante sobre el hogar del
Sr. Chetwynd. Sus mctcedes tuvieron el buen conocimiento de
111ont1t a caballo e ir a ver esta m(lravilla, y se encontraron, para
su considerable decepción, q\ie su estrella habíase quedado en
llabo:
72
El nabo er,', por supuesto, el emblema panicobr de Jorge 1 elegido
pO\" la multitud jacobita cuando estaban de buen humor; cuando
han de mal humor era el rey cornudo, y se empleahan los cuernos en
lugar del nabo. Pero otras confrontaciones simbólicas de estos años
podían llegar a ser verdaderamente muy hirientes. En una aldea de
Somerset, en 1724 tuvo lugar una oscura confrDntación (una entre va-
rias del mismo tipo) por lo erección de una «Vara de Mayo».'·' Un
terrateniente y magistrado de la localidad parece haber derribado «la
vieja Vara de Mayo», recién adornada con flores y guirnaldas, y
haber enviado después a dos hombres al correccional por cortar un
olmo pata hacer una nueva vara. Como respuesta se cortaron en su
jardín monznnos y cerezos, se mató a un buey y se envenel1nron
perros. Al ser soltados los prisioneros, se reerigió la vara y se celebró
el «Día de Mavo', con baladas sediciosas y libelos burlescos contra
. .
el magistrado. Entre los que adornanan la vara habia dos trabaja-
dores, un lllaltero, un cnrpintero, un herrero, un tejedor de lino, un
carnlcero, un molinero, un posndero, un mozo de cuadra y dos ca-
balletcls.
SJ
52. Hilt. MSS. Comm, Por·tZa/1d MS.s, VII, pp. 245·246.
* Un palo pintado con rayas espirales de distintos colores y cot0nado
de flores, instalndo en un espRcio abierto, para que las gentes en fiestas bailen
a su alrededor en 1ft celebración del Día de M:1yo (l de mayo). (N. del l.)
5.1. Public Record Office (e11 adelante PRO). KB 2 (1), Affidavits, Pascua
10 G 1, relativos (\ Hcnstridge, Somcrsct, 1724. A la subida de Jorge, la gente
del pueblo en Bedford «vistieron la Vara de Mayo de luto») y un oficial
militar la derribó. En ;:tgosto 172,) hubo una refriega sobre una Vara de
MilYo en Bflrford (\\Tilts.), entre Jos habitantes y un caballero que sospechaba
que h V3ra hí\hía 5ido rohndrt oe sus hosques (como era probablcmen:e la
verdad). El caballero pidió 1m pelotón para ayudarle, pe re los habitantes
g3mnon: parn Bedford, ,1111 Aceoanl 01 Lhe Rio/s, TU1?lults and ofha Treovma-
Me Prarliccs silla His MajeslY'-Í Accessiol1 fa Ihe Thml1c, 1715, p. 12'; pata
Ihrford, Mis/'s "J?ecJ:.ly JOUr11(¡{ (28 agosto 1725).
~
~
1
54 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Al traspasar la mitad del siglo, el simbolismo jacobita decae l' el
ocasional Yransgresor distinguido (quizás introduciendo sus propios
intereses bajo la capa de la multitud) desapatece con él." El simbo-
lismo de la protesta populat después de 1760 es a veces un desafío
a la autoridad de forma muy directa. Y no se empleaba el simbolis-
mo sin cálculo o cuidadosa premeditación. En la gran huelga de
marineros del Támesís de 1768, en que unos cuantos miles marcha-
ron al Parlamento, la afortunada snpervivencia de un documento nos
permite obsétvar este hecho en acción.
55
En el momento álgido de
la huelga (7 de mayo 1768), en que los marineros no recibían satis-
facción a1guna, algunos de sus dirigentes se dirigieron a una tabe1"l18
del muelle \. pidieron al tabernero que les esnibiera uJ1a proclama
con buena letra y forma apropiada que tenían In intención de colo-
car en todos los muelles y escaleras del río. El tabernero leyó el
papel y encontró «mucbas Exptesiones de Traición e Insubotdina-
ción» y al pie «Ni M ... , ni R. .. » (esto es, «Ni Wilkes, ni Rey»). El
tabernero (por ptopio aeuetdo) teconvino con ellos:
Tabernero: Ruego n los Cab(\lIcfos que no hablen de coacción o
sean culpables de la menor Incgularidad.
j\1t1rineros: ¿Qué significa esto, Señor?, si no nos desagravian
rápidamente hay Barcos y Grandes Cañones disponibles que
l1tilizaremcs como 10 pida la ocasión para desagraviarnos y
además estamos dispuestos <1 desarbolar todos los barcos del
Río y luego le diremos adiós a usted y a la vieja Inglaterra
y navegaremos hacia otro país ...
Los marineros estaban senci1lamente jugando el mismo juego que la
legislación con sus repetidos decretos sobre delitos capitales y sus
anulaciones legislativas; ambas partes de esta relación tendían a ame-
nazar más que a realizar. Decepcionados pm el iaberneto, le llevaron
54. Sin embargo, como nos recllerdan los episodios de Varas de Mayo,
la tradición tory de paternalismo, que se remonta al Book of Sports (Libro
de Deportes) de los Stuart, V que otorga patronazgo o un cálido permiso
a las recreaciones del pueb1<J, sigue siendo extremÁdl1!11et1te fuerte incluso
en el siglo XIX. Esta cuestión es demasiado extensa para ser tratada en este
trabajo, pero véase R. \V. Ivla1coltnson, Popular Recreatío11s in El1glish Society,
1700·1850, Cambridge, 1973.
55. William L. Clemcnt Library, Ann Arbor, Michigan, Shelbume Papen,
vol. 133, «IV1emorials of Dialogues betwixt Several Seamen, a Certain Victurlller,
& a S. Master in lhe Late Rio1». Agrndezco al bibliotecario y a su personal
que me permitieran consultar y citar estos papeles.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 55
su escrito a un maestro de escuela que efectuaba esta especie de
tarea clerical. Nuevamente el punto de vacilación fue la terminación
de la proclama: a la derecha «Marineros», a la izquierda «Ni W ... ,
ni R ... ». El maestto tenía e! suficiente aprecio a su cuello para no
ser autor de tal esetito. Siguió entonces este diálogo, por propio
acuetdo, aunque parece una conversación improbable para las esca-
leras de Shadwell:
Marineros: No eres Amigo de los Matinetos.
Maestro: Señores, soy tan Alnigo Suyo que de ningún modo quiero
ser el Instrumento pata causarles la mayor Injuria cuando se
les Proclame Traidores a nuestro Temido Soberano Señor el
Rey y provocadores de Rebeldía y Sedición enne sus compa-
ñeros, y esto es lo que yo creo humildemente ser el Contenido
de Su Escrito ...
Marineros: La Mayoría de nosotros hemos arriesgado la vida en
defensa de la Persona, la Corona y Dignidad de Su Majestad
y por nuestro país hemos atacado al enemigo en todo momento
con coraje y Resolución y hemos sido Victoriosos. Pero, desde
el final de la Guerra, se nos ha despreciado a nosotros 105
Marineros y se han reducido nuestros Salarios tanto y siendo
tan Caras las Provisiones se nos ha incapacitado para procurar
las necesidades corrientes de la Vida a nosotros y nuestras Fa-
milias, y para hablarle claro si no nos Desagravian rápida-
mente hay suficientes Barcos y Cañones en Deptford y Wool-
wich y armaremos una Polvareda en la Laguna como nunca
vieron los LOl;ldinenses así que cuando hayamos dado a los
Comerciantes ~ n coup de grease [sic] navegaremos hasta Fran-
cia donde estamos seguros de encontrar una cálida acogida.
Una vez más los marineros fueron decepcionados; y con las pala-
bras, «¿crees que un Cuerpo de marineros Btitánicos va a recibir
órdenes de un Maestro de Escuela viejo y Retrógrado?», se despiden.
En algún lugar lograton un esctibano, pero incluso éste rehusó la
totalidad del encargo. A la mañana siguiente apareció efectivamente
la proclama en las escaleras de! río, firmada a la detecha «Marine-
ros» y a la izquierda ... <<¡Libenad y Wilkes por siempre!».
El punto cena al de esta anécdota es que, en el clímax mismo
de la huelga marinera, los dirigentes del movimiento pasaron varias
horas de la tabema al maestro y de éste a un escribano, en busca de
un escribiente dispuesto a estampar la mayor afrenta a la autoridad
56 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
que pudiera imagin'l.fsc: «Ni Rey». Es posible que los marineros no
fueran en ningún sentido reflexivo republiGlDos; pero era este el
mayor "C3í1ón» simbólico que podían disparar y, si hubiera sido
disparado con el <1¡xnente apoyo cic unos curtntos miles de hombres
de mar británicos, habría sido sin du<..h:¡ un gran cañc'lnazo:
56
La contienda simbólica adquiere su sentido sólo dentro de un
equilibrio determinado de relaciones sociales. La cultma plebeya no
puede ser analizada aisladamente de este equilibrio; sus definiciones
son, en algunos aspectos, antagónicas 3 las definiciones de la cultura
educada. Lo que va he intentado demosttar, quizá repetitivamente,
es que es posible que cada uno de los elementos de esta sociedad,
tO\TI<ldos por scpanldo, tengan sus precedentes y sus Sl1ccsnres, pero
que, al tomarlos en su conjunto, forman una totalilbd quc es m{]s
que la simple suma de pnrtcs: es un conjunto de relaciones estruc-
turado, en el que el Estado, la ley, la ideología antiautoritaria, las agi-
taciones )' acciones directas de la multitud, cumplen papeles intrínse-
cos al sistema, y dentro de ciertos límites asignados por este sístema,
límites que son simultáneamente los límites de lo que es política-
mente «posible» y, hasta un p:ado extraordinario, también los lími-
tes de lo que es intelectualmente y cultllfalmcnte «posible». La mul-
titud) incll.lso Ct18ndo es más avanzada, sólo raramente puede tl'ascen-
56 Hastn qué ¡ml1to las cxplícítas antimonnrquicns y republicanas
cst:lhan presentes entre el t)ucbl0, cSl1t?_cinlmentc lhnantc los turbtllcntos a\10S
1760, es Ull,l Cucstil1n m,ls ft"CClJC!1tC!11cn:c dejad,l de ];ldo con un,l ncgativn,
que investigada. El CnOrtllCmcnte ndinso tn,b¡ljo de Hutlé sobre la
multitud londinense tiende a evidencinr un escepticismo metodológico hacia
las motivaciolles pnHticas "ídealcs»: "sí, se ha tropezado con el fU1l10r, en
otra fuente, de que los manifestantes utilizabnn el sll)gaJl «Ni \"\Tilkes, Ni Rey»,
pl"W lo ha c!escchfldo com(' un fumor; véase e, Fudé, \Vilkc.í dlld
Lilli"rfy, Oxford, 1962, p. 50; nrcwcr, 0r. cit., p. 190; \Y/. J Shclton,
EI!glish Hlfugcr al/ti INdustrial Disordcr5, 1973, pp. 1.88, ]90. Por olra pfltte,
tenemos el fl'crtc ClíPeo! de J. tI. PIUlllh: «Los hi"tori"ldrncs, me parece,
nunca dan el suficien1e é¡lfasis a la pr('\,:::I1('!lCia de cnco!lfl(los sentimientos
antimonárqllicos, lJtorrepuhlicanos en los 1760 v lT7fb (<<Politica1 j\:Ian»-,
op. cit., p. 15). «N() <.:S prohahlc que pCHhnlos d(·'scuhrir 1:1 verdad en lf1s
fucnte:; impre<:;ls, sujetas al escrutinio del Abogado del Tcsorn, Hay momen-
tos, dUranll' es:a;; déc,d8s, en que se la scns"ciún de q\le una buena
pl-Htc del jlueblo inglés cstClban 11l,ís dispucst'0s a separarse de la Cor(l\l(l que
<11l1cric1!los; pCrl1 tuvieron la clcsgrlcia de nn CS!.;H protegido<; por el
En 1775, aígunns ,utc!'anos rrivilcgiadanlcntc silU8doc:: rudieron se-
pararse m:ís dirc(t1l1l1Cllte, h,s ,lgentes americanos (di<:frazados con rnpas de
Tnl1jcrl CS1,lh;ln rccluLl1ll1o '1l"11Y8I11C!1'.C m;'is de UIl harco (omp]c1u cmpin·
teros na\'ales de \X
T
0C.]-\I:ich» (\Xlilli>Ull 1,. Ckment Libro)!"v, \Fcddcrbftr/l Papen,
11, J, Pn\\'!1;lll a Ak.xandcr \Vcddcrbllrn, 2.3 dc agosto- dE: 1775).
¿ LIJe H A DF CLASES SIN CLASES? 57
der la retórica antiaulotltaria de la tradición radical wbig; los poetas
no pueden trascender la sensibilidad del bumano y generoso paterna-
lista 57 La furiosa cmta anónima que surge de las más bajas profun-
didades de la sociedad maldice contra la hegemonía de la gentry,
pero no ofrece una estrategia para reemp1azarla,
_En cierto sentido es esta unR conclusión bastante conservadora,
pues estoy sancionando la imagen retórica que de sí misma tenía la
sociedad del siglo XVIl1, a saber, que el Acuerdo de 1688 definió su
forma y sus relaciones características. Dado que el Acuerdo estableció
la forma de gobictno de una hurguesía agraria,58 parece que era tanto
la forma del poder estatal como el moelo y las relaciones de produc-
c¡6n los que determinaron las expfesiones políticas y culturales de los
cien nños siguientes. Ciertamente el Estado, débil como era en sus
funciones burocráticas y racionalizadoras, era inmensamente fuerte y
efectivo como instrumento auxiliar de producci6n por derecho pro-
pio: al abrir las sendas del imperialismo comercial, al imponer el
cerramiento de los campos, al facilitaf la acumulaci6n y movimiento
de capital, tanto mediante sus funciones bancarias y de emisión de ti-
57. Yo 110 de que huhiera una auténtica y significativa tradición
paternalisln entre la f!.clllry y los grupos profesionales. Pero esa es otfa
cuestión, lAl que me ocupa a mí aquí es la definición de los límites del
lJaternalisnlD, y presentar objeciones la idea de que las relaciones sociales
(o de clase) dd siglo XVlJI es:aban mediatizadas por el paternalismo, en sus
¡lropios 1"érminos.
58. El profesor J. H. Hexter se quedó sorprendido cuando yo pronuncié
esta unión impropia (<<burguesía agraria») en el seminario del Davis Centre
de Princdon en 1976. Perry Andel·soll también quedó sorprendido diez años
<'<Socialísm ancl New Left RcvieuJ, XXXV (enero--
febrero 1966), p. 8
1
: «Ona burguesía, si es que el término va a retener algún
significado, es un3 clase con base en las cíudadcs; eso es lo que significa la
p::tlflbnn). Véase tfllnbién (en mi lado de la polémica), Genovese, Tbe \Ylorld
fbe Slaveholdcrs Made, p. 249; Y un comentario juicioso sobre este asunto
de Richard .1ohnsoo, \Vorki,¡?, Papen in Cultural Studies, Birmingham, IX
(primaverfl 1976), Mi rcforn1111Actón de este {algo cohvencional} argtlmento
rnarxis:a se hizn en «The PecuHarities o.f thc English)}, Socialisf RegiJter
09(,5), esp. p. 318. En él subr<1Yo no sólo la lógica económica del CApitalismo
ngrario, sino la amalgama específica de atributos urbanos y rurales en el
estilo ele vida de In W'11fry del siglo XVllI: los lugares de baños; la temporada
de Londres o la temporada de ciudad; los ritos de pasaje periódicos urbanos,
en Cdllcflción o en los VrlrÍOR mercados matrimoniales; y otros atributos espe-
cíficos de la cultura mixta agraria-urbana. Los argumentos económicos (ya
presentados caneel-amente POt Dobb) han sido reforzados por Brenner) op. cit.,
esp, pp. 62-68. Se mtÍs evidencia sobre las comodidades urbanas
al alcance de b f!.fnfry en Petcr Borsay, «The Englísh Urhan Renaissance:
The Df'\
7
eloplnent of Provincial Urban Culture, c. J 680-c. 1760», Social
Hisl()f"Y, V (mayo 1977).
58 TRADICTÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA nr; CLASE
tu los como, más abiertamente, mediante las extracciones patasitarias
a sus propios funcionarios. Es esta combinación específica de debili-
dad y fuerza lo que proporciona la «iluminación general» en la que
se mezclan todos los colores de la época; ésta la que asignal", a
jueces y magistrados sus papeles; la que bada necesario el teatro de
hegemonía cultural y la que escribía para el mismo el guión paterna·
lista y antiautoritario; ésta la que otorgaba a la multitud su oportuni-
dad de protesta y presión; la que establecía las condiciones de nego-
ciación entre autoridad y plebe y la que ponía los límites más allá de
los cuales no podía aventurarse la negociación.
Finalmente, ¿con qué ak:lllCc y en qué sentido utilizo el concepto
de «hegemonía cultural»? Puede responderse a esto en los niveles
prÁctico y teórico. En el práctico es evidente que la hegemonía ele
la ge1lt,." sobre la vida política de la nación se impuso de modo efec-
tivo hasta los años 1790:" Ni la blasfemia ni los episodios esporá-
dicos de incendios premeditados ponen esto en duda; pues éstos no
quieren desplazar el dominio de la gel1try sino simplemente castigarla.
Los límites de lo que era políticamente posible (hasta la Revolución
Francesa) :se expresaban externamente en forma constitucional e, in-
ternamente, en el espíritu de los hombres, como tablíes, expectativas
limitadas y una tendencia a formas tradicionales de protestR) destina-
das a menudo a recordar a la gelltry sus deberes paternalista,.
Pero también es necesario decir lo que 110 supone la hegemonía.
No supone la admisión por parte de los pobres del pnternalismo en
los propios términos de la gel1try o en la imagen ratificada que ésta
tenía de sí misma. Es posible que los pobres estuvieran dispuestos
a premiar con su deferencia a la gCl1trYJ pero sólo a un cierto precio.
El precio era sustancial. Y la deferencia estaba a menudo privada de
toda ilusión: desde abajo podía considerarse en parte necesaria para
la autoconservaciótl, en parte como la extracción calculada de todo
lo que pudiera extraerse. Visto desde esta perspectiva, los pobres
59. Digo esto a pesar ce la cuestión suscitada en In nota '54. Si los senti-
mientos republicanos se hubierfln convertido en una hlcrza efectiva, creo que
sólo 10 habrían hecho bajo la dirección de una gentry repuhiican<1, en la
primera etapa. Recibo con gusto la nueva visión de Jaho Brewer del ritual
y el simbolismo de la oposición wilkcsiana (Rrewer, op. cit .. esp pp. 181-191 L
Pero si \Vilkes hizo el papel del para la multitud, nunca dejó de ser
un tonto-caballero En términos generales, mi artículo se ha ocupado princi-
palmente de la «autollctivante» multitud plebeya, y (una seria debilidacD me
he visto forzado a dejar fuera la multitud con licencia o manipulada por la
gCl1try.
¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES?
59
impusieron a los ricos ciertos deberes y funciones paternaEstas tanto
como se les imponía a ellos la deferencia. Ambas partes de la ecua-
ción estaban restringidas a un mismo campo de fuerza.
En segundo lugar, debemos recordar otra vez la inmensa distan-
cia que había entre las culturas refinada y plebeya; y la energía de
la auténtica auto activación de esta última. Sea lo que fuere esta
hegemonía, no envolvía las vidas de los pobres y no les impedía
defender sus propios modos de trabajo y descanso, fotmar sus pro-
pios ritos, sus propias satisfocciones y' visión de la vida. De modo
que con ello quedamos prevenidos contra el intento de forzar la
noción de hegemonía sobre una extensión excesiva y sobre zonas
indebidas." Esta hegemonía pudo haber definido los límites externos
de lo que era políticamente y socialmente practicahle y, por ello,
influir sobre las formas de lo practicado: oheda el armazón desnudo
de una estructura de relaciones de dominio y subordinación, pero
dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas
escenas y desarrollarse dramas diversos.
Con el tiempo, una cultura plebeya tan robusta como ésta pudo
haber alimentado expectativas alternativas, que constituyeran un
desafío a esta hegemonía. No es así como yo entiendo lo sucedido,
pues cuando se produjo la ruptura ideológica con el ¡laternalismo,
en los años 1790, se produjo en ptimer lugar menos desde la cultnra
plebeya que desde la intelectual de las clases medias disidentes y
desde allí fue extendida al artesanado urban0
6
! Pero las ideas paini-
60. En una crítica relevante de ciertos usos del COl1cep:o de hegemonía,
R. J. Mortis observa que puede Ímplicar «prácticamente la imposibilidad de la
d8se obrera o de secciones organizadas de la misma para poder generar
ideas radicales independientes de la ideología dominante». El concepto
implica la necesidad de buscar intelectuales para él mismo, mientras que el
sistema de valores dominante se ve como «una variable exógena indepen-
dientemente generada}} de grupos o clases subordinados (<<Bargaining with
Hegcmony;), 13ullc/in 01 (he Society 101' the Study o{ Lahotlr Hi.ítor)l, XXXV,
ntnño 1977, pp. 62-63). Véase también la aguda respuesta de Genovese a las
críticas a este punto: «La hegemonía implica lucha de y no tiene
ningún ."entielo aparte de eHa No tiene nada en com\ll1 con historia del
(011$CI150 y Icpresenta su antítesis: una forma de definir el contenido histórico
de la lucha de clases en épocas de quiescencia) (Radical History Review,
invierno 197()-1977, p. 98). Me alegro de que esto se haya dicho.
61. La cuestión de si una clase subordinada puede o no desarrollar una
crítica intelectual coherente de la jdeología dominante una estrategia que
llegue más allá de los límites ele su me parece ser una cuestión
histórica (es decir, una cuestión respecto a la cual la historia ofrece muchas
respuestas diferentes, algunas muy matizadas), y no una que puede ser resuelta
60 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CU\S.E
las, transportadas por los artesanos a una CIlltnra plebeya más
desarrollaron en ell<l nlÍces instantáneamente, y quizá la pro-
tección que les proporcionó esta robusta e independiente cultura les
permitiera (loreeer y propag?rse, hasta que se produjeron las grandes
y nada dderentes agitaciones populares al término de las guerras
francesas.
Digo esto teóricamente. El concepto de hqrcITIonía es inmensa-
mente valioso, y sin él no sabríamos entender la estrllcturaóón de
relaciones del siglo XV1!1. Pero mient,""s que esta hegemonía cultural
pudo definir los límites de lo posible, e el desarrollo de hori-
zonte;:; y ¡::xpcctativns altctnativps, este proceso no tiene nnda de
determinado o automático, 1Jna hegemonía tal sólo puede ser mante,
nida por los gohernantes mediante 11n constante y dicstl-o ejercicio,
de teatro y concesión. En segundo lugar, la hegemonía, incluso cuan-
do se impone con fortuna. no impone una visión de la vida totali-
zadora; más bien impone orejeras que impidan In visión en ciettas
direcciones mientras la dejan libre en otras, Puede coexistir (como
en efecto 10 hizo en la Inglaterra del siglo XVIII) con una cultura
del pueblo vigorosa y autoactivante. derivada ele SllS propias
r¡encías y recursos. Esta cultura, que se resiste en muchc).) a
cualquier forma de dominio exterior, constituye una nmenaZa omni"
presente a las descripciones oficiales de la realidad; dados los violen-
tos uaqueteos dE' la experiencia y la inuotnisión de propagandistas
«sediciosos». la multitud partidaria de Iglesia v Rey puede hacerse
jacobina ü ludit", la leal al'mada zarista puede convertirse en una
flota bolchevique insuuecta, Se sigue que no puedo aceptar la opi-
nión, ampliamente difundida en algunos círculos estructuralístas y
marxistas de Europa occidental. de que la hegemonía imponga un
dominio total sohre los gobernados --o sobre todos aquellos que no
son intelectuales-- que alcanza hasta el umbral mismo de su
rienda) e implnnta en sus espíritus desdE' su nacimiento categorías
de subordinación de las cuales son incapaces de liberarse y para enya
corrección su experiencJa resulta impot.ente. Pudo oCLluir esto, aquí
y allá, pero no en Inglat<'rt:a. no en el siglo XVIII,
C(1J1 pr01lunci;-¡micntns de «pr,íctic;-¡ tcúricm" "fl l1ÚrnCf(1 de
(en el sentido de Cnllmcil entre los 'WtC'Sil.!105 y tr;lhaj::1.dotcs de Gran
Thetililil entre J "lOO \' J R"ín !lO elche
¿LUC.H A DE CLASES STN CLASES?
61
VI
La VleJfl eCUHClon perdh fuerza incluso
antes ele la Revolución Francesa, aunque vio una tCllll'ntal reanima-
ción en las muchedumbres pnrtidarias de T glesia y Hey de principios
de los años 1790, el especuículo militar y el antig,dicanismn de las
guerras. Los motines de GorJon habían presenciado el clímax, y tam-
bién la apoteosis, de In licencia plebeya; inflingieron l1l1 trauma a los
gobernantes que puede ya observarse en el tono cada vez más disci-
plinario ele los ni10S 1780. Pero, por entonces, la telnción tecíproca
entre W'/1tr)' y plebe, inclinándose ahora 1e un lado. ahmn del otro,
hahía durado un siglo, Por muy desigual que resultMa estn relación.
la gentil' necesitaba a pesar de todo cierta clase de apovo de los po-
bres, y éstos sentían que eran neccsitndos. Durante CAsi cien años los
pobres no fueron los completos perdedores, Conservaron su cultura
tradicional; logral'on atajar parcinlmente la disciplina Ioboral del
me!: industrialismo; quizás ampliaron el alcnncf' de las Leyes de
Pohres; obligaron a que se ejerciera una caricbd que pudo evitar
que los aRos de escasez se convirtieran en crisis de subsistencias; y
disfrutaron de las libertades de Lrnzarse a las calles. empujar,
tezar y dar hurras, tirar las casas de panaderos o disidentes detesta-
hles, y de 1'na disposición bulliciosa y no vigilada que asombraba a
los visitant12:s cxtt<-lnjeros y casi les indujo crróncnrnentc a pensar que
eran "libres», Lns aiíos 1790 eliminaron tal ilusión v, a raíz de las
experiencias de esos nños, la relación de reciprocichld S;lltÓ, Al saltar,
en ese mismo momento, perdió la gen!ry su confiada hegemonía cul-
turaL Pareci" repentinamente quc el mundo no cstabn. después de
todo, ligado en t.odo punto por sus gobernantes y vigilndo por su
poder. Un hü1l1hfC era un hombre «<1 pesrt!' de todo». Nos apart3mos
del campo de fuerza del siglo XVI11 v entramos en un pcrí"do en que
se produce una reorganización estructural de rcL1Cioncs de clase e
ideología, Se hace posible, por primera vez, analizar el pl"Oceso
tlÍrico en los términos de notaciones de clase del siglo XIX,
LA ECONOMíA «MORAL» DE LA MULTITUD
EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XVIII·
Al que acapare el trigo el pueblo lo maldecid;
Inas la bendición recaerá sobre quien ]0 venda.
Proverbios XI, 26
1
Hemos sido prevenidos, en los últimos años --por George Rudé
entre otros-, contra el uso impreciso del término «populacho». Qui-
siera en este artículo extender la advertencia al término «motín»,
especialmente en lo que atañe a los motines de subsistencias en la
Inglaterra del siglo XVIII.
Esta simple palabra de cinco letras puede ocultar algo susceptible
de describirse como una visión espasmódica de la historia popular.
De acuerdo con esta apreciación, rara vez puede considerarse al
pueblo como agente histórico con anterioridad a la Revolución
Francesa. Antes de este período la chusma se introduce, de manera
* «Tbe Moral Econorny of the English Crowd ín the Eightecnth Ccntury»¡
Past al1d Present, n.O 50 (febrero 1971), pp. 76-136. (Copyright mundial: Past
and Present Socicty, Corpus Chrísti College, Oxford). Este artículo se basa
en una investigación comenzada en 1963 y tetrtt"ada duran te los tí ltimos
cinco años por las de trabajo en una nueva universidad. Una primera
versión fue presentada en una conferencia organizada por el Departamento
de Historia de la Universidad del de Nueva Y otk en Buffalo, en
abril de 1966. Tengo que agradecer a la Fundación NuffieId una reciente
ayuda de investigación, y a Mr. Ma1colm Thomus, Miss J. Neeson y Mr. E. E.
D0dd su ayuda. El trabajo original ha sido tevisado y ampliado en varios
puntos. [Publicado antetÍotmente en castellano en Revista de Occidente, n.O 1.33
(abril 1974), pp. 54-125.]
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 63
ocasional y espasmódica, en la trama histórica, en épocas de distur-
bios sociales repentinos. Estas irrupciones son compulsivas, más que
autoconscientes o autoactivadas; son 'simples respuestas a estímulos
económicos. Es suficiente mencionar una mala cosecha o una dismi-
nución en el comercio, para que todas las exigencias de una explica-
ción histórica queden satisfechas.
Desgraciadamente, aun entre aquellos pocos historiadores ingleses
que han contribuido a nuestro conocimiento de estos movimientos
populares, se cuentan varios partidarios de la imagen espasmódica.
No han reflexionado, sino de manera superficial, sohre los mate-
riales que ellos mismos han descubierto. Así, Beloff comenta con
respecto a los motines de snbsistencias ({oad riols) de principios del
siglo XVIII: «este resentimiento, cuando el desempleo y los altos pre-
cios se combinaban para crear condiciones insoportables, se descar-
gaba en ataques contra comerciantes de cereales y molineros, ataques
que muchas veces deben de haber degenerado en simples excusas para
el crimem,-' Sin embargo, registraremos inútilmente sus páginas en
busca de la evidencia que nos permita detectar la frecuencia de esta
«degeneración». Wearmouth, en su útil crónica de los disturbios, se
permite ennnciar nna categoría explicatoria: la «miseria».' Ashton,
en su estudio sobre los motines de subsistencias entre los mineros,
formula e! rrgumento propio del paternalista: «la turbulencia de los
mineros debe, por supuesto, ser explicada por algo más elemental
que la política: era la reacción instintiva de la virilidad ante el ham-
bre»' Los disturbios fueron «rebeliones de! estómago», y puede
sugerirse que esto, en cierto modo, es una explicación reconfortante.
La línea de análisis es: hambre-elemental-instintiva. Charles Wilson
continúa la tradición: «Alzas espasmódicas en e! precio de los ali-
mentos incitaron al modn a los barqueros del Tyne en 1709 y a los
mineros del estaño a saquear graneros en Falmouth en 1727». Un
espasmo condujo a otro: el resultado fue el «pillaje».'
1. M. BeloH, Publie Order al1d Popular Dislurbal1ees, 1660-1714, Oxfotd,
1938, p. 75.
2. R. F. Wearmouth, Metbodism al1d Ibe Common People 01 Ibe Eigbleelllb
Century, Londres, 1945) esp. caps. 1 y 2.
3. T. S. Ashton y ]. Sykes, The Coal 1I1duslry 01 lhe Eigbteenlb Cenlury,
Manchester, 1929, p. 131.
4. Charles Wilson, England's Apprenticesbip, 1603-1763, Londres, 1965,
p. 345. Es cierto que los magistrados de Falmouth informaron al duque de
Newcastle (16 noviembre 1727) de que <dos revoltosos mineros del estañm>
habían «irrumpido y saqueado varías despensas y graneros de cerc:1h:,. Su in-
64
TRADICIt)N, RFViJE1.:l'A y CONSCtENCfA DI', CJ,ASF.
Durante dé,cadas, la historia sodal sistemática ha quedado reza··
gada con respecto a la historia económica, hasta el momento actual
en que se da por hecho que ui1a especialización en la segunda dis-
ciplina confiere, autom,\ticalnente, igual nivel de 11crícia -a ]a primera.
Ono no puede quejarse, por lo tanto, de que las recientes investiga-
ciones hayan tendido a tergiversar y cuantificar testimonios que sólo
se han entendido de manera imperfecta. El decano de la escuela
espasmódica es, 'lor supuesto, Rostow, cuyo tosco «gráfico de la
tensión social" fue presentado en 1948 por ¡lrimeta vez.' De acuerdo
con este gráfico, no necesitamos más que unir un índice de desempleo
y uno de altos precios alimenticios pmn encontrarnos en condiciones
de hacer un gráfico del curso de los distnrbios sociales. Esto contiene
llDa verdad autocvidcntc (1a gente protesta cuando tiene hambre);
de igual manera que un «gLáfico de la tensión sexua1» Jllostr;tría que
el comienzo de la madurez sexual puede corre1ncionarse co11 una Jna-
yor frecuencia en dicha actividad. La objeción es que este gráfico,
si no se usa con discreción, puede dar por concluida la investig3clón
en el punto exact.o en que ésta adquiere verdadero interés sociológico
o cultural: cuando está hambrienta (o con apetito sexual), ¿qué es
lo que hace la gente?, ¿cómo es modificada su conducta por la cos-
tumbre, la cultura, y la tazón? Y (habiendo convenido en que el
estímulo primario de la «miseria» está presente), ¿contribuye la con-
ducta de las gentes a una función más compleja, y cultutalmente
mecliatizad,l) que -por 111ocbo que se cueza en el horno del análisis
estaelístico- no puede rettoUaerse de nuevo al estímulo?
Son muchos, entre nosotros, los historiadores del desarrollo cul-
pables de un craso reduccionismo económico que elimina las com-
plejidades ele motivación, conducta y función; reduccionismo que, de
gdvertirlo en el trabajo de sus colegas marxistas, les haría protestar.
forme concluye eol1 un comentario que sugiere que no {UCfClO mucho más
capaces que historiadores modernos en c0111prcndcr la racion:::tlidad de la
acción directa de los ml11cros: <da causa de estos atropel\os, según pretendían
los amotinados, efa la escasez de grano en el condado, pero esta sugerencia
es probablemente falsa, pues la m3yotÍa de los que se llevaron el grano lo
dieron o lo vendieron a un cuarto dc su precio,), PRO, sr 36A.22.
5. \v. \"r. Roslm-v, 13rilüh EconolJly in fbe Ninctecnib CC
11
!ury, Oxford,
1948, pp. 122-1.25. Elltre los más estudios que relacionan
precios-cosechas Y disturbios populares están: E. J. Hobsb::nvm, «Economic
Fluctuations and SOIllC Social :rvJcvcmcnts.'-,., Lahourhti!, MCII, Londres, 1964, Y
T. S. Ashtol1, Eco!lomic Fluctualiol1s i/1 Ellgland, 1700-1800, OxforJ, 1.959.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTITUn 65
El lado débil que comparten estas explicaciones es una imagen abre-
viada del homhre económico. Lo que es quizá un motivo de sorpresa
es el clima intelectual-esquizoide, que permite a esta historiografía
cUf1ntitativa coexistir (en los mismos sitios y a veces en las mismas
mentes) con una antropología social que deriva de Durkheim, Weber
o Malino\Vski. Conocemos muy bien todo lo relacionado con el deli-
cado tejido de las normas sociales y las reciprocidades que regulan
la vida de los isleños de Trohriand, y las energías psíquicas involu-
cradas en el contenido de los c\Jltos ele· Melanesia; pero, en algún
momento, esta criatura social infinitamente compleja, el hombre
me1ancsio, se convierte (en tll1cstrns hjstorias) en el minero inglés
del siglo XVTTT que gnlpea sus 1TInnos espasmódicatllC'ntc sobre su
estómago v responde a estímulos económicos elementales.
A esta visión espasmódica opondré mi l)fopio punto de vista.
6
Es posible ddcctar en casi toda acción de masas del siglo XVIII alguna
noción lcgitimizantc. Con el concepto de legitimizaci6n quiero decir
el que los hombres y las mujeres que constituían el tropel creían es-
tar defendiendo derechos o costumbres tradicionales; y, en general,
que estaban apoyados por el amplio consenso de la cOlllunidad. En
0casiones este consenso popnbr era confirmado por una cietta tole-
rancia por parte de las autoridnc1cs, pero en la Jn8YOrí;¡ ele los CASOS,
el consenso era tan mateado y enérgico que anulaba las motivaciones
de temor n respeto.
El lllotín de subsistencias en la Inglaterra del siglo XV1I1 fue
O"a fotma muy compleja de acción popular directa. disciplinada y
con claros objetivos. IIasta qué punto estos ohjetivos fueron alcan-
zados --esto es, hasta qué punto el motín de subsistencias fue una
forma de r1cción coronnda por el éxito---- es una cuestión muy
trincada para abotdarla dentro de los límites ele un artículo; pero
pnede al menos plantearse en vez de negarla y abandonarla sin
examen, como de cost\lmbre, y esto no puede hacerse h,,,'a que sean
identificados los ohjetivos propios de la tnuchcdumhre. Es cierto,
pnr SUpl1cstO) que los motines de subsistencins eran provocndos por
precios que sl.1bínn vertiginosatl1ente, por práctic{1:"; incorrectas de los
comerciantes, o por hambre. Pero ·estos agravlos opetaban dentro
Ú He: ('nconl t<1rlo de 1:'1 máxima milidlld el estudio pionero de R. B. Hose,
"Eightccnth (('ntory Pricc Riots <1!1d Pl1h1ic Pnlicy in Englanch, [lllernatÍOl1al
R.c.'FieUl 01 Snrifl! }-lis!()I"Y. VI (19Gl), y G. Fudé, Thr Croll,d in History,
:\Qc\,<1 YNk, 19(d.
66
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
de un consenso popular en cuanto a qué prácticas eran legítimas y
cuáles ilegítimas en la comercialización, en la elaboración del pan, etc.
Esto estaba a su vez basado en una idea tradicional de las normas y
obligaciones sociales, de las funciones económicas propias de los dis-
tintos sectores dentro de la comunidad que, tomadas en conjunto,
puede decirse que constituían la «economía '''morar' de los pobres».
Un atropello a estos supuestos morales, tanto como la privación en
sí, constituía la ocasión habitual para la acción directa.
Aunque esta «economía moral» no puede ser descrita como -«po··
lítica" en ningún sentido progresista, tampoco puede, no obstante,
definirse como apolítica, puesto que supone nociones del bien pú-
blico categórica y apasionadamente sostenidas, que, ciertamente, en-
contraban algún apoyo en la tradición paternalista de las autoridades;
nociones de las que el pueblo, a su vez, se hada eco tan estrepitosa-
mente que las autoridades eran, en cierta medida, sus prisioneros. De
aquí que esta economía moral tiñese con carácter muy general el
gobierno y el pensamiento del siglo XVIII, en vez de interferir única-
mente en momentos de disturbios. La palabra «motín» es muy corta
para abarcar todo esto.
II
Así como habhmos del nexO del dinero en efectivo surgido de la
revolución industrial, existe un sentido en el que podemos bablar
del nexo del pan en el siglo XVIII. El conflicto entre campo Y ciudad
fue mediatizado por el precio del pan- El conflicto entre tradiciona-
lismo y la nueva economía política pasó a depender de las Leyes
Cerealistas. El conflicto económico de clases en la Inglaterra del si-
glo XIX encontró su expresión característica en el problema de los
salarios; en la Inglaterra del siglo XVIII, la gente trabajadora era
incitada a la acción más perentoriamente por el alza de precios.
Esta conciencia de consumidor altamente sensible coexistió con la
gran era de mejoras agrícolas del cinturón cerealista del Este y del
Sur. Esos años que llevaron la agricultura inglesa a una nueva cima
en cuanto a calidad, están jalonados de motines --o como los con-
temporáneos a veces los describen, de <<Ínsurrecciones» o «levanta-
mientos ele los pobres»- 1709, 1740, 1756-1757, 1766-1767, 1773,
1732, y, sobre todo, 1795 y 1800-1801. Esta industria capitalista
LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 67
boyante flotaba sobre un mercado irascible, que podía en cualquier
momento desatarse en bandas de merodeadores, que recorrían el
campo con cachiporras, o surgían en la plaza del mercado para «fijar
el precio» de las provisiones a un nivel popular. Las fortunas de las
clases capitalistas más fuertes descansaban, en último término, sobre
la venta de cereales, carne, lana; y los dos primeros artículos debían
ser vendidos, con poca íntervención de los intermediarios, -a los mi-
llones de personas que componían la legión de los consumidores.
De aquí que las fricciones del mercado nos lleven a una zona crucial
de la vida nacional.
En el siglo XVTII la clase trabajadora no vivía sólo de 1'''", peto
(como muestran los presupuestos reullidos por Eden y David Davies)
muchos de ellos subsistían casi exclusivamente por el pan. Este pan
no era todo de trigo, si bien el pan de trigo fue ganando terreno
continuamente sobre otras variedades hasta principios de la década
de 1790. Durante los años sesenta, Charles Smith calculó que de la
supuesta población de alrededor ele 6 miJlones de Inglaterra y Gales,
3.750.000 comían pan de trigo, 888.000 lo consumían de centeno,
739.000 de cebada y 623.000 de avena.' Hacia 1790 podemos calcu-
lar que por lo menos dos tercios de la población consumían trigo.'
El esquema de consumo refleja, en parte, grados compnrativos de
pobreza, y en pArte, condiciones ecológicas. })istritos con suelos po-
bres y distritos de tierras altas (como los Peninos) donde el trigo no
maduraba, eran Jos bastiones del consumo de otros cereales. Aun,
en los años noventa, los trabajadores de las minas de estaño de
Cornualles subsistían en su mayor parte gracias al pan de cebada.
Se consumía mucha harina de avena en Lancashire y Y orkshire, y
no sólo por parte de los pobres. Los informes de Notthumberland
son contradictorios, pero parecería que Newcastle y muchas aldeas
mineras de los alrededores se habían pasado por entonces al trigo,
mientras que el campo y ciudades más pequeñas se alimentaban de
pan de avena, de centeno, un pan mezcla de vados cereales {I o una
mezcla de cebada y legumbres secas.
1O
7. C. Smith, Threc Tracts on lhe COlon-TraJe ona Corn-Laws. Londres,
1766', pp. 140, 182-185. .
8. Fitzjohn Brand, A Determinatirm 01 lhe Average Depl'cssion 01 \V heal
iN \t'ar bclow lbat 01 the Preceding Peace ... ) Londres, 18:00, pp. 62-63, 96.
9. Para ({maslim> (un pan hecho de varios cereales)) véase Sir William
Ashley, The Bread 01 our Forclathers, Oxford, 1928, pp. 16-19.
10. C. Smith, op cit., p. 194 (par!'! 17(5). Pero el alcaldr: de N('\,-'nlst!c
68 TRAnTClóN, REVUELTA Y CONSCTF,NCJA nE CL¡\SF
A lo l"rgo del siglo, nuevamente el pan Llanco fue gallOnc!o te
treno a variedndes m<Í.f. oscuras de harina integral. Esto se debió en
parte a una cuestión de valores de status, de posición relativa, que se
asociaron ;11 pnn blanco, pero en modo nlguno fue exclusivall1C'_ntc
por eso. El problema es complejo, y pueden mencionarse rápidn-
fIlen te varios de sus aspectos.
Era productivo p3r1 los panaderos y molineros vender pan blanco
o harinas finas, pues el beneficio que podía obtenerse de estas ventas
era, en general, lTInyor. (Irónicamente, esto fue en parte consecuen-
ciJ de la protección patcrnalista al consumidor, pues el J\ssizc of
Bread --·regulación o «Reglamento sobre el Precio del P<'lIl» , de
acuerdo con el precio del grano- intentaba evitar que los panaderos
obtuvieran sus ganancias del pan de los pobres; por lo tanto, iba en
Ínterés del panadero el hacCf la menor canl idad posible para «uso
doméstico», y esta pequeña cantidad hacerla ele pésima calidad.) 11 En
las ciudades, que estaban aletta contta el peligro de la "dulteracicín,
el pan negro era sospechoso, pues podía ocultar fáci1l11ente aditivos
tóxicos. En las óltim"s dócachs del siglo muchos molineros "dapta-
ton sus maquinarias y sus tamices en tal fonna que, de hecho, no
servían para prepann- la h<1rinJ para la hogaza doméstica de tipo in-
termedio, !Jroducicndo sólo las mejores calidades para el pan bbnco
y los desperdicios, el salvado, para un pan negro que un observador
consideró «tan rancio, repu 151vo y pernicioso como pata poner en
peligro la constitución fisica>;>.12 Los intentos realizados por las autori-
dades, en épocas de escasez, para imponer la manufactura de
dades de harina más bastas (o, como en 1795, el uso gencr"1 dc la
hogaza «doméstica»), encontraron muchas elificult"des y con frecuen-
cia resistencia, tanto por parte de los molineros como de los pana-
deros."
informaba (4 mayo 1796) que el pan de centeno era «muy usado por los
trabajadores empleados en la T ndustria del Carhóm>, y 11n infemnador de
flexharn Ahbcy decía que cebada, cebada y kgumhrcé' o alnbias <<eS el
único pan de los trabajadores pobres y de los ctiados de los agriC1 ... 1ltores e
indu:-:.o de muchos agricultores», con ccnleno o «maslim> en las ciudades: PRO,
pe l.33.A.88.
11. Nathaniel Forstcr, AH Enquil')' illto the Cause of ¡be HiJ!,b Fria af
Proflis-ions"¡ Londres, 176'-7, pp. 14<1-147.
12. J. S. Girdkr, ObsenJ¡1/ioils 011 tbe Pcntici()ff,í COllseqllcllces o{ FOJ'estall-
ing, Regratillf!. and 1llgrossill5?, Londres, 1800, p. 88.
13. El problema fue discutido con lucidez en [Gobernador] POW\l<1l!,
COluidcratiol1,Í 011 the Scarcity and Higb Prices o{ (md Bread,
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUt)
69
A finales de siglo, los Sentlmlcntos de status estabBn profunda-
mente arraigados dondequierB que prevaleciese el pan de trigo y este
fuese "1nenazado 1'0,. la posibilidad de mezclas más bstas. Se insi-
nó" que los ttabajadores acostumbmdos al pan de ttigo 110 podían
en verdad trahajar -sufríau de dehilidad, indigestión, o náuseas-
si les [orzaban a catnhiat al pan hecho con l\1e7.clas más bast"s. Aun
frente a los "troces precios de 1795 y 1800-1801, la resistencia de
gran parte de los trabajadores resultó invencible.'·' Los diputados del
gremio en Calne inform"ton al Privado (Pri,,1' C()u7Icil) en
1796 que RC'.nte «que merece confianza>;> estaba usando las
de cchada y trigo requerjdas por lRs autoridades, y que los nrtesanos
y obrerDs pobJ-es con fBmilias numetoS"S
han uSildo en general sol<lmenl.e pi111 de cebacli1. El resto, que
Slllnan qlli'1;;1 alrededor de 1J{1 tercio de los artcs:mos pobres, y
otros, con familias mns pequeñas (diciendo que ellos no podí:1n
ohtener más que pan) han comido, como antes de la escasez, sob. ..
mente pan de panaderífl hecho de Higo llamado de segunda.
El algmlcil de Heigate informaba en términos simibre<;:
En cuanto a los ttabajadore" pohres que flpcnn.s tienen ot.ro
que el pan y que por la costumhre del vecindario siempre
han comido pan hecho solamente con trigo, entre elJos, no he
impuesto ní cxpresnoo el deseo de que con::;nmiescn pan de mezcla,
Cnnbridge, 1795, esp. pp. 25 .. 27. VéAse también 10td Tolln Sbdfield, Remark,;
(1/1 ,he [)c{irirfley o! Graln occ(1sioned by [he bad Haruesf ni 1799, Londres,
1800) esp. pp. 10.5 .. 106, para la evidencia de que (1795) «no hay pan
tiro hecho en J,ondrcs}). Un correspollsnl de HO!llton describía en 176G el pan
doméstico como «una infame mezcla de sa lvado molido v cernido, al cual se
añade la peor clase de harín<1 inclasificl1ble»: [Jüt, iHS.S. CÓfJ1I11., eir)' 01 Excier,
serie LXXTII, p. 255. Sobre esta compleja cuestión, véase además S. y B.
\\fcbh, Assizc of Breacb, EC0110!n;C .Toumal XIV (1904), esp. pp. 203-206.
14. R. N. Salaman, Tbe [-listar')! a1Jd Social lnflucl1cr 01 I.hc Pota/o,
Camhridge, 1
9
49, esp. IIp. 493-517. La' resistencia se extendía desde las rcgionc"
consumidoras de trigo del sm y del centro a las consumidoras de avena del
norte; un cmrcsponsal ele Stockport en 1795 ohr,crvó que «1.lIla muy generosa
suscripción r1 sido hecha con el propósito de distribuir harina de avena u
otras ptClvisioncs entre los pobres a precios reducidos. Esta medida, siento
decirlo, da poca satisfacción al pueblo, que to[lavía clama e insístc en obtener
pan ele 'trigo»: PRO, \VO 1.1094. Véase también J. L. y B. Hammond, The
Villag,e Labourer, Lundres, ed. 1966, pp. 119-123.
70 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
por miedo a que no estén suficientemente alimentados pata poder
con su traba jO.
Los pocos trabajadores que habían probado pan hecho de mez-
clas, «se encontraron déhiles, afiebrados, e incapaces para trabajar
con un cierto grado de vigon>. Cuando, en diciemhre de 1800, el
gobierno presentó un decreto (popularmente conocido como el De-
creto del Pan Negro o «Decreto del Veneno») que prohibía a los
molineros e18borar otra barina que no fuera de trigo integral, la
respuesta popular fue inmediata. En Horsham (Sussex),
Un grUllO de tnl1jctC's fue al molino de viento de Godscn,
donde, injuriando al molinero por haberles dado harina morena,
se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba
preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del
Pan, y lo cortaron en mil pedazos; amenazando al mismo tiempo
con tratar ;:lsÍ todos los utensilios similares que intentase usar
en el futuro de igual manera. La amazónica dirigente de esta
cabalgata en say<lS, ofreció después <l sus colegas licor) por valor
de una guinea) en la taberna de Ctab Tree.
Como resultado de semejantes actitudes, el decreto fue revocado en
menos de dos meses.
Cuando los precios eran altos, más de la mitad de los ingresos
semanales de la familia de un trabajador podía muy bien gastarse
exclusivamente en pan
15
¿Cómo pasaban estos cereales desde la tierra
a los hogares de los trabajadores? A simple vista parece sencillo. He
aquí el grano: es cosechado, trillado, llevado al mercado, molido
ell el molino, cocido y comido. Pero en cada etapa de este proceso
hay toda una irradiación de complejidades, de oportunidades para
la extorsión, pun tos álgidos alrededor de los cuales los motines po-
dían surgir. Y apenas se puede proseguir sin esbozar, de manera
esquemática, el modelo paterna lista del proceso de elaboración y
comercialización -el ideal phtónico tradicional al que se apelaba
en la ley, el panfleto, o el movimiento de protesta-- y contra el que
chocaban las emb.lIazosas realidades del comercio y del consumo.
15. Véase especialmente los presupuestos en D. Davies, The Case 01
LabOllren in Husballdr:v, BJth, 1795, Y en Sir Frederick Eckn, The Sfate 01 the
Poor. Londres, 1797. T<llnbién, D. J. V . .Tones. «Thc Corn lZints in \XTales,
17nllQ(¡1" 111",,!,¡' l-Jiu r.::! í'., 11 nO 4 f191S5). 3rt. 1. p. 347.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUn
71
El modelo paternalista exIstía en un cuerpo desgastado de ley
estatuida, Así como en el derecho consuetudinario y ]ns costumbres.
Era el modelo que, muy frecuentemente, informaba las acciones del
gobierno en tiempos de emergencia hasra los años sctenta; yal cual
muchos magistrados locales continuaron apelando. Según este mo-
delo, la comercialización debía ser, en lo posible, dil-ecta, del agricul-
tor al consumidor. Los agricultores habían de traer su cereal a granel
al mercado local; no debían venderlo mientras estuviera en las mieses,
y tampoco retenerlo con la esperanza de subir los precios. Los mer-
cados tenían que estar controlados; no se podían hacer ventas antes
de hotas determinadas, que se anunciarían a toquc de campana; los
pobres deberían tener la oportunidad de comprar ellos primero grano,
harina de flor o harina, en pequet10s paquetes cuyo peso y medida
estuviesen debidamente supervisados. A una hora determinada, cuan-
do sus necesidades estuvieran cubicrtas, hahía de sonar lIna segunda
campana, y los comerciantes al por mayor (con la oportuna licencia)
podían hacer sus compras. Los traficantes estahan cercados de trabas
y restricciones, inscritas en los mohosos pergaminos de las leyes
contra el acaparamiento, regateo y monopolio, codificadas durante el
reinado de Edua.rdo VI. No debían comprar (y los agricultores no
debían vender) por muestreo, No debían comprar el cereal en la
mies ni adquirirlo para revender (dentro del plazo de tres meses), en
el mismo mercado) con ganancias, o en mercados cercanos, etc. Cierta-
mente durante la mayor parte del siglo XVIII el intermediario siguió
siendo legalmente sospechoso) y sus transacciones, en teoría, fueron
severamente acotadas .16
De la supervisión de los mercados pasamos a la protección del
consumidor. Los molineros y -en mayor escala- los panaderos era o
considerados servidores de la comunidad que trabajaban, no para
16. El mejor estudio general de los mercados de grano del siglo XVIII es
todavía R. B. Westerfield, Míddlemen in English Btúiness, 1660-1760. Ne\v
I-laven, 1915, cap. 2 Véase también N. S. B. Grass, The Evol.utiol1 01 the
Englirh Corn Market f'·m" the Twelfth to the Eighteenth Century, Cambridge,
Mass., 1915; D. G. Barnes, A History 01 the English Corl1 Laws, Londres,
1930; C. R. Fay, The Corn Laws and Sncial England, Cambridge, 1932; E.
Lipsan, Ecol1Omic HÜlory 01 Englalld, Londres, 1956', 1I, pp. 419-4419; L. W.
Moffitt, E1/gland Ofl the Eve 01 lhe Industrial RevolutiOfl, Londres, 1925,
cap. 3; G. E. Pussell y C. Goodmen, «Traffie in Farm Produce in Eighteenth
Century Eng13nd», Agricultural His!ory, XII, n.O 2 (1938); ,hnet Blackman,
«The Food Supply of ao Industrial Town (Sch( ffieldh, Business History, V
(1963 )
72 TTU\u\CIÓN. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
lucrarse, sino para lograr una ganancia razonable. Iv1uchos de
pobres cornprab<.Hl su grano e11 el mercado directamente (o lo obte-
nían como un suplemento del salario o espigando); lo llevaban al
molino para ser molido, en cuyo caso el nl0linero podía cobrar la
maquila acostumbrada, y ellos cocer después su propio pan. En Lon-
dres y en las grandes c:udadcs donde esto había dejado ele ser la
norma hacía mucho tiempo, el beneficio o ganancia del panadero era
calculado ,le acuerdo con el Assize of Bread, en el que, tanto el
precio como el peso de la hogaza eran fijados con relación al precio
vigente del trigo
r
,
Este modelo, por ,",upucsto, se <lleja en muchos puntos de lRs
rca1id;Jdes del siglo XVIII Lo más sorprendente es observar hasta qué
punto funcionaba en parte tOllavía, Por ello, Aikin puede así des-
cribir en 1795 la ordc!1'H.b rcguhciúll del mercado de Preston:
Jos mercadas sC111:1nales ... están cxtrcm;ldamcnte bien regulados
pat<l evitar el acaparamiento y el regateo. Sólo a la gente del
pueblo se le permite comprar a primera horn, de las ocho a las
nueve de la mañ;:111a, a las nueve pueden COnl.prM los demás; pero
nint2"un:l lllCrG\I1Cí:l sin vender puede retirarse del mercado hasta
la unr¡ en pllnto .. cxccpnl<llb el pescndo 18
En el mismo año, en el Sudoeste (otta de las zonas conocic1:1s por su
tnldicionalismo), las. ,'\lltotídadc:; 1111lnicipalcs de Exeter intentaron
cClntrnbr :1 los «revelldedores, buhoneros y detJl1ístas» excluyéndolos
del mcrcndo dcsde las ocho de la mañana h:1sta mediodía, hora en
17. S. y B. \\'/ebb. «The Assizc p{ Enmomic }L, XIV (.1904).
18. J. Aikio, A DcsC/"ipt1(}!J o/ lhe COUl1l/'y Irol1J fhid)' lo lorly Míles
rOtll1d ALmchestcl", Londres, 1795, p. 286. Uno de los mejores fl1'Chivos de un
bicn rcgu.iad.n mcrcado señorial del siglo XVIU es el de i'vhnchestcr. Aquí fneron
nombrados durante todo el siglo vigilantes de 111ctGlCl" pMa el y .h
carne) para pesos y medidas de grano, para catTlcs blancas. el 1\ssi7,c of
Bread, así como catadores ele cel·Vel.a y pata impedir <(monopolio,
nCflparamicnto y rcgatcQ», hastfl los liños 17SÜ fueron frcc1.1cn\es hs 1T111l!-;-¡S
por {leso o medida eSG1SOS, carnes invendibles) etc.; la stl[)crvisi6n f1lc
algo más ligerA (aunque continuó), con un resurgi111iento dc la vigihncia en
los aílos 1.790. Se i111pusieron lllUlt{lS por vCllder cargas de gt'ano antes de que
sonar:l la Camp,lJ13 dc1 mercado en 17)4, 1737 Y 1748 (Cl1<1l1dn \\1i1\i:lIH Wyat
f\lc muhado en 20 chelines «por vender ilntes de que soniltrl la C!1!l1\XIIl8. y decla-
rM que vendería a cualquier lInfa del Día a pesar del Señnr del 1'''C\1(1<1 (1 de Ctml-
quicr otra pcrSOn,h}), y otra vcz en 1760,. Thc Cor!rf Lecr Rccord.l· 01 !he AL1IIor
01 Manchesfcr, cct J. P. Ea1"\Vilker, f\·l<,chc.ster, 1888-1889, vol.<:. Vfl, VllI, IX,
p<lssím. Para la regulación del uGlpnramicnto en ·t-,,1anchcstcr, véase: m;\s aclclflntc
not;'! 46.
I
LA ECONOMÍA MORAr. DE LA MI.J!.'! 1 ¡"un
73
que ]a campana del sonaba. El AssizC' nf Rread estllbo.
mín vigente dunmtc el siglo XVln en Londres y en mucllas ciudncles
de rn
r
rcaclo_
19
En el C:1S0 de la venta por muestreo podemos observar
el peligro de asumir premnturamentc In disolución de las restricciones
consagradas por ln costumbre.
Sc supone con frecuencia que la venta de grano muestreo
estaba generalizada a mediados del siglo XVll, CIlando Best descrihe
la práctica en el este de Yorkshire,20 y eon segmidad en 1725, cuando
Deloe redactéÍ su farnoso informe sobre' el comercio cerealista." Pero,
mientrns lnllChos grandes agricultores vendían s.in duda por muestreo
en la mayorh de los condados, por aqucl1as fechas, los ilntiguos mer-
cndos de pucstos criln corrientes to(bvía y sobrcvivíill1 mín en los
alrededores de Londres. En 1718 el autor de un l'anflel<¡ dcscrihía
la decadencia de Jos II1cl"Cados rumles C01110 l1l1 hecho qlle había te
nido lugar en años recientes:
Se pueJen ver pOC3S C05,15 l1p,nte ele jl1gUCtcrÍ:1s puestos de
baratijas y chucherías ... Los impuestos casi h;:tll desaparecido;
y donde --scglín memoria de muchos de los habitantes-···· solínl1
venir antes n la ciudad en un dí;l, cien, doscientas, quizá 1"1"('.'-
cienta;; cargas de gU.no, y en algunos 1l1unicipios Clwtrociclltns
ahofil. crece la hierba en el emplazamiento elel mercl1dí!.
Los agricultores (se lamentaba) habían llegado a esquivar el mercado
y a operar con corredotcs y otros «conttaban,list8s» (1 las puertas de
aquel. Otros agricultores trrlÍan tod8vía al mcrcnclo una única cnrga
«para hacer un sÍtnl.lbcro de merc'Klo
J
y pAra que les fijaran el pre.
cio», pero el verdadero negocio se hacÍll en «paquetes de gnmo r.n
una bolsa o en un p¡:¡ñuelo que son llamados JJZucslraJ,».n
Esta era, en efecto., ]a tendencia; peto mucllos pequeños agricul-
totes continuaron vendiendo Su grano en Jos puestos del mercado,
como entes. y el viejo modelo quedó en la mente de los hombl'cs
19. S. y B. Wcbb, op. cit., passim, y J. Btlrnctt, (,The BaHn¡:; Jndustry
in thc Ninetcenth Cenl1.l1"Y'», B.T/SSineI His!nty, V (1963), pp. 9R-99.
20. R1Iral Eco11omy ;11 y or I:s !Jire in 1 G 41 (Sllttee!' Socicty, XXXHI), 1 g.57,
pp. 99-1ll5.
21. TIJe Com¡)!cfc E1Jgli.dJ Tl'adesman, Londres, 1727, 1I, parte 2.
22. Anon., An Essay lo Provc lhal RegralOi'S, E1JgrosS('1".l, Fores/allers,
Hawhn, and ]obben 01 COnJ, Cattle, and o/ber l"farJ;ct(7blc Goot!s are
DeJfruc/if'c 01 Trade, OpprcJson lo thc Poor, alu{ a CO!11moll Nuis(11Icc lo {he
Ringdom in Gcucrol, Londres, 1718, pp. 13, 18-20.
74 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
COlno fuente de resentimiento. Una y otra vez fueron impugnados
los nuevos procedimientos de comercialización. En 1710, una petición
a favor de la gente pobre de Stony Stratford (Buckinghamshire) se
lamenta de que los agricultores y comerciantes estaban «comprando y
vendiendo en los corrales y en las puertas de sus Graneros, de ral
maneta que ahora los pobres habitantes no podemos consegnir una
molienda en proporción razonable a nuestto dinero, lo cual es una
gran calamidad». En 1733 varios municipios apelaron a la Cámara de
los Comunes en contra de tal práctica. Halsemere (Surrey) se lamen-
taba de molineros y harineros que acaparaban el comercio; «compra-
ban secretamente grandes cantidades de cereales de acuerdo con pe-
queñas muestras, y se regaban a comprar el que había sido expuesto
en el mercado público». Esta práctica sugiere In existencia de una
ocultación y pérdida de diafanidad en los procedimientos de comer-
cia lización.
Con el transcorso del siglo no cesaron las quejas, aunque ten-
dieron a trasladarse hacia el Norte y el Oesre. Con ocasión de la
escasez de 1756, el Consejo Privado, además de poner en movi-
miento las viejas leyes contra el acapararniento, promulgó una pro-
clama ordenando a «todos los agricultores, bajo severas penas, traer
sus cereales al mercado público, y no venderlo a muestreo en sus
propios lares». Pero a las autoridades no les agradaba sentirse dema-
siado presionados en este asunto; en 1766 (otro afio de escasez) los
magistrados de Surrey inquirieron si comprar por muestreo era, en
efecto, un delito punible, y recibieron una respuesta prodigiosamente
evasiva: el secretario de Su Majestad no está autorizado, en tazón de
su cargo, para interpretar las leyes.
Dos cartas dan alguna idea del desarrollo de nuevas prácticas en
el Oeste. Un corresponsal que escribía a lord Shelbourne en 1776
acusaba a los comerciantes y molineros de Chippenham de «com-
[)lot» :
Él mismo mandó comprar una arroba de trigo al mercado,
y aunque había allí muchas cargas, y era inmediatamente después
de haber sonado la campana del mercado, dondequiera que su
agente solicitase, la respuesta era «Está vendido». De forma que,
aunque para evitar el castigo de la ley, 10 traen al mercado, el
negocio se hace antes, y el mercado es sólo una farsa ...
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
75
(Estas prácticas podían dar oeaSlon a un motín; en junio de 1757,
se informó de que <da población se sublevó en Oxford y en pocos
minutos se apropió y dividió una carga de trigo que se sospechaba
había sido vendida por muestra y traída al mercado solamente para
salvar las "p&riencias».) La segunda carta es de 1772, de un corres-
ponsal en Dorchester, y describe una práctica diferente de tasa de
mercado; sostiene que los grandes agricultores se reunían para fijar
los precios antes de ir al mercado,
y muchos de estos hombres no venderán tnenos de cuarenta
bU.'ihels/' que 105 pobres no pueden comprar. Por esto el molinero,
que 110 es enemigo del agricultor, da el precio que éste te pide y el
pobre tiene que aceptarlo.
Los paternalistas y los pobres continuaron lamentándose del
desarrollo de estas prácticas de mercado que nosotros, en visión
retrospectiv3, tendemos a aceptar como inevitables y «naturales»."
Pero lo que puede parecer ahora como inevitable no era necesaria-
mente, en el siglo XVIII, materiaaprobable. Un panfleto caracterís-
tico (de 1768) clamaba indignado contra la supuesta libertad de cada
agricultor pora hacer 10 que quisiera con sus cosas; esto sería liber-
tad «natura],>, pero 110 «civil»:
No puede decirse, entonces, que sea la libertad de un ciudadano
o de uno que vive bajo la protección de alguna comunidad; es
más bien la libertad de un salvaje; por consiguiente, el que se
aproveche de eUa, no merece la protección que el poder de la
Sociedad proporciona.
La asistencÍ1 del agricultor al mercad0 es <<una parte material de su
obligación; no se le debería permitir guardar sus mercanCÍas o ven-
derlas en otro lugar».24
Pero después de 1760, los mercados tuvieron tan poca función
* Medida inglesa de áridos, equivalente a 36,35 litros. (N. de t.)
23. Pueden encontrarse ejemplos, dentro de una abundante literatura en
Gentleman's Magazine, XXVI (1756), p. 534; Anon. [Ralph CoulI:eviUe], The
Cries 01 the Public, Londres, 1758, p. 25; Anan. [e. L.], A Letter to a
Member al Padiament proposing Amendments lo lhe Lau)J against Forestallers,
Ingrossers, and Regraters, Londres, 1757, pp. 5-8; Museum Rusticum el Com-
mercia/e, IV (1765), p. 199; Forster, op. cit., p. 97.
24. Anon., An Enqtáry into the Priee 01 Wheat, Malt .. , Londres, 1768,
pp. 119-123.
7(,
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSC1ENC1A Dr. CLASF
en la mavor parte de hs tierras del Sut V en hs Midhnc\s que, cn
c\ichos distritos, las quejas contra la venta por muestreo son menos
frecuentes, n pesar de que, a finales ele siglo, sc protcst,ü)a todavía
de que los pobres no pudiesen comprar pequeñas cantidades." En
algunos Jugares del NDrte el asuntD era distinto. Ona pctición de los
trabajadDres de Leeds en 1795 se queja de "los agenles de cereales
y molineros y un grupo de gente que nosotros l1am311l0S rq?;8tones
y los llarineros que tienen el grano en sus manos de rnR.T1Cra que
pueden retenerlo v venderlo a.l ptecio que quieran, " no vendcrlo».
"Los agricultores no llevan n"ís grano al metcado que el que llevan
en :;n5 boisillos como muestra 10 cua' hace quejarse mucho a los
pobres». Tanto fue el tiempo que tmdó en abrirse camino y resol·
verse un proceso, que. lTIUy n menudo. se documenLl ya cien años
antes.
Se ha seguido este ejemplo para ilustrar la densidad v particula-
ridad del detalle, la variedad de las costumbres locales y el mm bo
que el resentimientCl popular podía t0mar c"audo cambiaban las
viejas pdcticas de mercado. La misma densidad, la misma diversichd,
existe en el área de comercialización) cscas,Hnente definida. El n10··
de10 patem"lista {altaba, por supuesto, en muchos (,t""s puntos. El
A,<;;::;1Z(' of Bread, si bien fue dectivn controlar L1S gal1nnc1o-\s de
10s panaderos, se limitaba a rd1el,n el precio el1 curse) del trigu () la
harina y no podía de nínguna \ll¡111Cfa influir sobre 1<lS precios en sí.
Los molineros eran ahor", en Bertlordshir
e
v el valle de Támcsis,
empresarios acaudalados, y a veces comerciantes de grano o malla,
así como grandes fabricantes de harina." Fuera de los distritos
cerealistas los mercados l.Uh;lnOs no podían en modo
alguno ser abastecidos sin las open)Ciones de agentes euva,s activida·
des hubierw queehde' anuladas de habcrse impuesto estricU1l1ente
la legislación contra los aC8paradorcs.
¿Hasta qué punto reconocieron las autoridades qllC su modelo
25, Véase) por ej" Davies ([¡¡fra. p. 92), Sr: informó de"de Cnrnll<i\ks
fTI 1795 que «(muchos 8griolltores tehllsan vender en pCqUcl1¡lS Ci\I1-
tidadcs a los pobres, 10 cual causa ¡lranctcs murmuraciones»: PRO, HO 42.14,
y desde Essex en 1800 que «en ;1!g.nnos lugares no se dcctÚ<ln vcnU1S excepto
('n 105 sitios ordinarios, dQnde compraclnrc<; y vendedores \ principalmente moli-
neroS y agentes) cenan juntos .. el bencficiD dd Moc¡¡do se hél. pndido casi
para el vecindario»; tales prácticas $C)\l menciolHKhs «con gran indignación
por las clases m,Í.$ hajas>:>: PRO, HO
26. f . .l. Fi'Sher, «The Dcvclopr¡:("!1t ot the Lnndoll Fond i'v\arket, 1540-
16--W)), Ecoll_ Hi5f. Rrt'icH'. V (19'::q.lt)351.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 77
se alejaba de la realidad? La respuesta varía según las autoridades
implicadas v con el correr del siglo, Pero puede darse una respuesta
general: los paternalistas, en su práctica normal, aceptahan en gran
patte el cambio, pero volvían a este modelo en cuanto surgía alguno
situación de emergencia. En esto eran, en cierta medida, prisioneros
del pueblo, que adoptaba partes del modelo como su derecho y pa-
trimonio. Existe incluso la impresión de que; en rC<-11ic18d, se acogía
bien esta ambigüedad. En distritos con motines, en época de esca-
sez, daha a los magistrados cierta capacidad de maniohra, y prestaha
cierta aprobación a sus intentos de reducir los precios empleando la
pcrsuasión. Cuando el Consejo Privado autorizó (como sucedió en
1709, 17 40, 17 56 Y 1766) la emisión de proclamas en letra gótica
ilegible amenazando con terribles castigos a acaparadores, buhoneros,
trajineros, revendedores, mercachifles, etc., ayudó a los magistrados
a inculcar el temor de Dios entre los molineros y comerciantes loca·
les. Es cierto que la legislación contra el acaparamiento fue revocada
en 1752, pero el Acta de revocación no fue bien redactada, y durante
la gran escasez quc siguió, en 1795, lord Kenyon, el justicia mayor,
tomó la responsabilidad de anunciar que el acaparamiento continuaba
siendo un (leHto procesable según el derecho consuetudinario;
pesar de qlle el decreto dc Eduardo VI fue revocado (si lo fue aCer-
tada o desacertadamente no soy yo quien deba decidirlo) mín sigue
siendo un delito de derecho consuetudinario, coetáneo a la constitu-
ción». El reguero de procesos que puede observarse a lo largo del
siglo -normalmente por delitos insignificantes y sólo en años de
escasez-·-- no se agotc\: por el contrario, en 1795 y 1800-1801 hubo
quizá más procesos que en cualquier otro período de Jos veinticinco
años anteriores
H
Pero está bien claro que estaban destinados a pro-
ducir un efecto simbólico, con objeto de hacer ver a los pobres que
las autoridades actuaban en vigilancia de sus intereses.
De aquí ql1e el modelo patemalista tuviera una existencia ideal,
pero también una existencia real frngmentaria, En años de buenas
cosechas y precios moderados, las autoridades lo dejaban caer en el
27. Girdler (op. cit., pp. 212-260) da una lista de varias sentencias en 1795
y 1800, En varios condados se establecieron asociaciones privadas para juzgar
8 los acaparadores: Rev. ]. Malham, Tbe scarcity 01 Graif1 cOflsidered
J
Salisbury,
1800, pp. 35.-44. El acaparamiento, etc.) siguieron siendo delitos de derecho
("0fn11n h:1<:t" lRtlA· \'(1 l-.J ..... ,..1 r: .. T .... T 1
78 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE. CLASE
olvido. Pero si los precios subían y los pobres se mostraban levan-
tiscos se lo reavivaba, al menos para crear un efecto simbólico.
III
Pocas victorias intelectuales han sido más arrolladoras que la
que los exponentes de la nueva economía política ganaron en ma-
teria de regulación del comercio interno de cereales. A ciertos histo-
riadores esta victoria les parece, en efecto, tan absoluta, que difícil ..
mente pueden ocultar su malestar con respecto al partido derrotado.
El modelo de la nueva economía política puede tomarse muy bien
por el de Adam Smith, a pesar de que quepa considerar a La riqueza
de las naciones, no sólo como punto de partida, sino también como
una gran terminal central en la que convergen, a mediados del si-
glo XVIII, muchas líneas importantes de discusión (algunas de ellas,
como la lúcida obra de Charles Smith, Tracts on the Com Trade,
1758-17 59, apuntaban específicamente a demoler las viejas regu-
laciones paternalistas de mercado). El debate producido entre 1767
y 1772, que culminó con la revocación de la legislación contra el
acaparamiento, señaló una víctoria., en esta área, para el laíssez ¡aire)
cuatro años antes de ser publicada la obra de Adam Smith.
Esto significaba más un antimodelo que un nuevo modelo: una
negativa directa a la desintegradora política de «previsión» de los
T ndor. «Sea revocado toelo decreto relacionado con las leyes de ce-
reales -escribió Arbuthnot en 1773-; dejemos que e! cereal corra
como el agua, y encontrará su nivel»." La «ilimitada, incontenida
libertad de! comercio de cereales» fue también la exigencia de Adam
Smith
29
La nueva economía suponía una "desmoralización» de la
teoría del comercio y del consumo de tanto alcance como la deroga-
ción, ampliamente debatida, de las restricciones contra la usura.'"
Con el término «desmoralización» no se quería sugerir que Smith
28. J. Arbuthnot («Un agricultor»), An Inquiry into tbe Connection
Bctwecn the Presef1t Pría 01 ProvisiOfIS and ¡he Size 01 FOl'ms, Londres,
1773, p. 88.
29. La «disgresión con respecto al Comercio de Granos y a las Leyes de
Cereales») de Aclam Smith, está en el libro IV, cap. 5 de The \Veallb 01
Nati(ms.
30. R. H. Tawnev discl1te el problema en Rcli;inn t1nd ¡be' ni.fE' 01
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 79
y sus colegas eran inmorales 31 o no estaban interesados en el bien
público." Significaba, más bien, que se limpiaba a la nueva econo-
mía política de imperativos morales intrusos. Los antiguos panfletis-
tss eran, en primer lugar, moralistas y sólo en segundo economistas.
En la nueva teoría económica no entraban cuestiones sobre política
moral de la comercialización, a menos que fuera como preámbulo
y motivo de peroración.
En la práctica, el nuevo modelo funcionaba del siguiente modo.
La operación natural de la oferta y la demanda en el mercado libre
llevaría al máximo la satisfacción de todos los sectores y establecería
el bien común. El mercado no estaba nunca mejor regulado que
cuando se le dejaba autorregularse. En el curso de un año normal,
el precio del grano se ajustaría a través del mecanismo del mercado.
Inmediatamente después de la cosecha, los pequeños agricultores y
todos aquellos que tenían que pagar salarios por la recolección y
rentas de la fiesta de San Miguel (correspondiente a los meses ele octu-
bre, noviembre y diciembre), trillarían su grano y lo traerían al merca-
do, o permitirían la salida de lo que habían contratado de antemano
para ser vendido. Desde septiembre a Navidades se podían esperar
precios bajos. Los agricultores de tipo medio retendrían sus cereales,
con la esperanza de que subieran los precios en el mercado, hasta
el comienzo de la primavera; mientras que los agricultores más
opulentos y los pertenecientes a la gentry agricultora retendrían parte
de su grano {Xlr más tiempo todavía --de mayo a agosto-- con la
expectativa de llegar al mercado cuando los precios alcanzaran su
punto máximo. De esta manera se racionaban adecuadamente las
reservas de cereales de la nación, a través del mecanismo del precio,
durante cincuenta y dos semanas, sin ninguna intervención del Es·
tado. En la medida en que los intermediarios intervenían y compro-
metían por adelantado el grano de los agricultores, realizaban, más
31. La sugerencia fue hecha, sin embargo, por alguno de los oponentes de
Smith. Un panflctista, que pretendía conocerle bien, sostenía que Adam Smith
le había dicho que «la Religión Cristiana degrada la mente humana)}, y que la
«Sodomía era una cosa en sí indiferente». No sorprende que sostuviera puntos
de vista inhumanos sobre el comercio de granos: Anon., T houghts 01 an Old
Alan 01 Independenl Mind Ihough Dependenl Porlune on Ihe Presenl High
Prias 01 Corn, Londres, 1800, p. 4.
32. A nivel de Intenci6n no veo razón para discrepar del profesor A. W.
C..,oats, «The Classical Economists and the Labourer», en E. L. Jones y G. E.
Mingay, eds., Ld11d) LabotJr afld Poprdatíol1, Londres, 1967. Pero la intenci6n
es una mala medida del interés ideológico y de las comecuencÍas históricas.
80
TRADICTÓN, T' \rUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
eficientemente aún, este serviClo de racionamiento. En a1105 de esca-
sez el precio del grano podía subir hasta alturas pEligrosas; pero esto
era providencial, pues (además de suponer un incentivo para el im-
portador) era otra nueva forma eficaz de racionar, sin la cual, todas
las existencias serían consumidas en los nueve primerns meses del
a.ño y en los tres meses restantes la escasez se convertiría en autén-
tica hambre.
Las únicas vias por Ins que se podía romper esta economía
autorregulable, eran la interferencia del Estado y del prejuicio popu-
lae
ll
Habia que dejar fluir libremente el cereal desde las "reas de
superabundancia a las zonas de escasez. Por lo tanto, el inrernK
diario representaba nll papel necesario, productivo l' loable. Los
prejuicios contra los acaparadores fueron rechazados tajantemente
por Smith como supersticiones a igual nivel que la brujería. La inter-
ferencia con el modelo natural de comercio podía producir hombres
locales o desalentar a los agricultores en el aumento de su produc-
ción. Si se obligaba a ventas prematuras o se restringían los precios
en épocas de escasez) podrian consumirse con exceso las existencias.
Si los agricultores retenían S'J grano mucho tiempo, saldrían proba-
blemente perjudicados al caer los precios. La misma lógica puede
aplicarse a los demás culpables a ojos del pueblo: molineros, hari-
neros, comerciantes y panaderos. Sus comercios respectivos eran
competitivos. Como m\lcho, sólo podian distorsionar el nivel natural
de los precios en periodos cortos) y a menudo para su propio per-
juicio en última instancia. A finales de siglo, c\lando los precios
comenzaron a dispararse, el remedio se buscó, no en una vuelta a la
regulación del comercio, sino en mejoras tales como el incremento
de los cercamientos, y el cultivo de terrenos baldíos.
No debería ser necesario discutir que el modelo de una economía
natural y autorregulnble, q\le labora providencialmente para el bien
de todos, es una superstición del mismo orden que las teorías que
sustentaba el modelo paternalista; a pesar de que, curiosamente, es
esta una superstición que algunos historiadores de la economía han
,ido los últimos en abandonar. En ciertos aspectos, el modelo de
33. Smith opinaba que bs dos iban a la par: «las leyes concernientes al
gmDo pueden compararse en todas partes a las leyes concernientes a la religión.
La gente se siente tan Íntclcsada en lo que se refiere, bien a su subsistencia
en esta vida, bien a su felicidad en la vida futura, ql1e el gobierno debe ceder
ante sus prejuicios

"
At

'.<
'"

LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 81
Smith se adapta mejor a realidades del siglo XVIII que el paterna-
lista, y era superior en simetría y envergadura de construcción in-
telectual. Pero no deberíamos pasar por alto el aparente (lire de vaJi·
dez empírica que tiene el modelo. Mientras que el primero invoca
una norma moral -lo que deben ser las obligaciones recíprocas de
los hombres-- el segundo parece decir: «este es el modo en que
las cosas actúan, o actuarían si el Estado no interfiriese». Y sin em-
bargo, si 'e consideran esas partes de La riqueza de las Ilaciones,
impresionan menos como ensayo de investigación empír_íc8 que como
un soberbio ensayo de lógica válido en sí mismo.
Cuando consideramos la organización real del comercic) de ce
reales en el siglo XVIII no disponemos de verificación empírica para
ninguno de los dos modelos. Ha habido poca investig"ción detallach
sobre la comercialización; 34 ningún estudio importante de una fjgur::!
clave: el molinero." Aun la primera letra del alfabeto de Smith --el
supuesto de que los altos precios eran una forma efectiva de raciOfla-
miento-- queda nada más que como una meU1 afirmación. Es noto-
rio que la c
1
emanda de grano, o pan, es muy poco flexible. Cuando
el pan es caro, los pobres ----como le recordaron" un observador de
alta posición- no se pasan a los pasteles. Según algunos observa-
dores, cuando los precios subían los trabajadores podrían CClmer la
misma cantidad de p"n, pero era porque eliminaban otros productos
de su presupuesto; podían incluso comer más pan para CClmpensar la
pérdida ele otros artículos. De un chelín, en un año normal, seis
peniques se destinarían a pan, seis a «carne de mala calidad y mo-
chos productos de huerta»; pero en on año de precios altos, todo el
chelín se gastaría en pan .36
34. sin embargo, A. Everi:t, (iThe I'vhnkctíng of Agricultu,al
Produce», en Joan Thirsk, ecl., The Agrarian Hülory 01 EUf!,la!ld [{nd '"Vales.
voL IV; 15001(,40, Cambridge, 1967, y D. Baker, "The Marketing nf Coro
in the first Half (lf thc Eighteenth-Centmy: North-cast Kent», A,gric. Hist.
R"v, XVIll (1970)
35. lby alguna información lÍtil en R, Bennett y ]. Elton, History 01
CMn Mí/ling, Liverpool, J 898, 4 vols.
36. Emanuel Collins, Lyíng Detecud, Bris:ol, 1758, pp. 66,67. Esto parece
confirmado por los presupuestos de Davies y Eden (véase nota 15), y por los
n!--scrvadores del siglo XIX: véase E. P. Thompson y E. Yeo, eds., TIJé T}lIknnwn
.\favhew, ]971, ap. Il. E. I-I. Pbclps Brown y S. V, Hopkins, «Seven
Centuries of the Prices of Consumables compared with Builders' rates)),
Eco1tnmica, XXII (1956), pp. 297-298, conceden que sólo un 20 por 100 del
pre-5upuesto total doméstico se gastab'J en alímentos harinosos, aunque los
presupuestos de Davies y de Edcn (tomados en al1tY- de precios altos) mues-
82 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
De cualqtJier manera, es bien sabido que los movimientos de los
precios del grano no pueden ser explicados por simples mecanismos
de precio, ele oferta y demanda; y la prima pagada para alentar a la
exportación cerealista, distorsionaba aún más las cosas. Junto con el
aire y e! agua, el grano era un artículo de primera necesidad, extra-
ordinariamente sensible a cualquier deficiencia en el abastecimiento.
En 1796, Arthur Young calculó que el déf'cit total de la cosecha de
trigo fue menor de! 25 por ciento; pero el precio subió en un 81;
proporcionando, por tanto, según sus cálculos, a la comunidad agrí-
cola un beneficio de 20 millones de libras más que en un año not-
maL" Los escritores tradicionalistas se lamentaban de que los agri-
cultores y comerciante:::. actuaban por la fuerza del «monopolio»; su
punto de vista fue rebatido, en escrito tras escrito, como "dcma-
siado absurdo para ser tratado seriamente: ivamos!, i más de dos-
cientas mil personas ... !»,38 El asunto a tratar, sin embargo, no era
si e:::te agricultor o aquel comerciante podía actuar como un «mono-
polista», sino si los intereses de producción y de comercio en su con-
junto eran capaces, en una larga y continuada sucesión de circuns-
tran un término medio de 53 por ciento. Esto sugiere nuevamente que en taJes
años el consumo de pan permaneció estable, pero otros artículos alimenticios
fueron suprimidos por completo. Es posible que en Londres hubiera ya una
mayor diversificación de la dicta hacía los años 1790. P. Colquhoun escribió a
Portland, 9 Jc julio de l795, que había abundancía de verduras en el mercado
de Spitglfields, especialmente pat:ltas, «ese gran substituto del Pan), zanahorias
y nahos: PRO, PC 1.27.A.54.
37 Annals 01 Agriculture, XXVI (1796), pp. 470, 473. Davenant había
estitnado en 1699 que uoa deficiencia de un décimo en la cosecha subín el
precio tres décimos: Sir C. Whitworth, The Poliiical and Commercial W' orks
01 Charles Davenanl, Londres, 1771, 1I, p. 224. El problema está tratado en
la obra de W. M. Stern) «The Bread Crisís in Britain, 1795-1796), Economica,
nueva ser., XXXI (1964), Y J. D. Gould, Fluctuations and the
Engl;sh Economy in the Eighteenth Century», JI. Ec. Hisl., XXII (1962).
De Gould hace hincapié sobre un punto mencionado a menudo en apologías
contemporáneas de los precios altos (p. ej., Farmer'J Magazine, 1I, 1801,
p. 81), según el cual los pequeños ogricultores en años de escasez
toda la cosecha para simiente y para su propio ,-oosumo: en factores como
este ve él <da explicación teorética principal de la extrema volatilidad de los
precios de granos en los comienzos de la época moderna). Se requeriría más
investigación del real funcionamiento del mercado antes de que tales explica-
ciones fueran convincentes.
38. Anon. [«Un Agricultor»], Three Letters to (l Member 01 lbe HOl/se 01
Cnmm0115 Concerning the Priccs 01 Provisions, Londres, 1766, pp. 18-19.
otros ejemplos, véase Lord John Sheffie1d, OhscrvatiollS mI lhe Corn Bill
cmd Present Sl.arcily and high Price 01 Provisions, Londres, 1800, p. 33; J. S.
Fry, Lellers on lhe COrH-T rade, Bristol, 1816, pp. 10-11.
LA FC.ONOM íA MOHA L Dr:. LA I\Hn.TITUD
S3
tancias favorables, de aprovechar su dominio sobre un artículo ele
primera necesidad y elevar el precio para el consumidor, de igual
manera que las naciones desatrolladas e industrializadas de hoy han
podido aumentar e! precio de ciertos artículos manufacturados con
destino a las naciones menos desattolladas
Al avanzar el siglo, los procedimientos de mercado se volvieron
menos claros) pues el grano pasaba a través de una red más compleja
de intermedíarios. Los agricultores ya no vendían en un mercado
competitivo y libre (que en un sentido local y ·regional, constituía la
meta de! modelo paternalista y no la del modelo del laissez faire),
sino n COlllercwnres o molineros que estaban en mejor situaciém para
retener las existencias y mantener altos los ptecios en el mercado.
En bs últimas décadas del siglo, al crecer la población, el consumo
presionó continuamente sobre la producción, y Jos ptoductores pu-
dieron dominar, en forma más general, un mercado de ventas. Las
condiciones de las épocas ele guerra, que en realidad no inhibieron
demasiado la importación de grano durante los períodos de escasez,
sin embargo acentuaron en esos años las tensiones psicológicas.
39
Lo
que importaba para fijar el precio posterior a la cosecha era la
expectativa del rendimiento ele esta, y en las ü!timas décadas del
siglo hay evidencia del desarrollo de grupos de presión de agriculto-
res .. que conocían muy bien los efectos psicológicos involucrados en
el nivel de los precios posteriores a la cosecha, y fomentahan asidua-
. d 4°N· - d
mente expectativas e esca.sez. ototlamente, en anos e escasez,
los agricultores ostentaban una faz sonriente,41 mientras que en años
de cosechas abundantes e! premio inconsiderado de la Señora Natu-
raleza provocaba gritos de <'idesastre!» en Jos agricultores. Y por
muy ahundante que pudiera aparecer la cosecha ante los ojos del
ciudadano, en cada caso iba acompañada de comentarios sobre el
mildiu, las inund<lcíones, las espigas atizonadas que se convertían en
polvo cuando cotnenzaba la trilla, ete.
39. 0lson, EcoflOmics ni lhe Wartime Shortage, cap . .3; W. F. GaIpin,
Tbc Grain Supply 01 E/lgland d¡¡ring lhe Napoleollic Period, Nueva York,
1925.
40. Véase, p. ej., Anon. r «Un Molinero de malta del Oeste» l COllsidcra-
tiollS Off the prcscnl High Prices 01 Provisiof1S, and lhe Neccssitics 01 Lile,
Londre" 1764, p. 10.
41. «Espero --escribía un terrateniente de Yorkshire en 1708!........ que la
escasez de grano que probablemente continuará bnstantes años, hará la agri-
cultura muy rentable para nosotros, roturando y mejorando toda nuestra nueva
tierra», citado por BeloH. op. cit., p. 57.
,cq TR:\PIC](\.":. HE\"llFLl·,\ y nr Cl
El rn",dcl\..) de lil"rc lllcrc:1dc\ 5Urcnc un:l ::;ccucllcia de rcqucfios
él (l&ricultorc5 que su gr;mo ;11 mercc1c1o durante el año:
pcr-r.) :1 fínes de siglll. 8] stlccder5e los 1ltPS precios un ;1ño tras otro,
un mayor número de pequeiios 3gricultores podíiln retener sus pro-
"isiones h8:::ta Ql1t' el meruuJo subícra ;:¡ sntisfacción suyn. (Después
de tod\..l, p:lr;1 ello5 no crn un aSllnto de comercialización ttltin;uia,
sino de intenso, de vital interés: su ganancia anu;¡} podía depender,
en gran medid3) del precio al que tres o ctwtro montones de grano
podían llegar a venderse.) Si tenían que pagar renUs, el desannllo
b:111Ul.río nual facilitó al agricultor la obtención de préstatnos.'l1 El
motín de septiembre u octubre rcsldt<Í desencndenndo muy a menudo
porque no se producía h C<lída de los precios c1espl1és de una
cosecha ap:uentemcntc ;:¡bundanlc) y ello indicaba un" conhnnta-
cicSn consciente entre el productor reluctante y el consumidor fu-
rlosO.
Traemos a colaci.ón c:::tos comentarios, no para tcfutar a l\dam
Smíth, sino simplemente p8ra indicar 1ns puntos donde hny que tener
precaución hasta que nuc.':;tros conocimientos se amplíen. Con res-
pecto <11 modelo de hfisscz f(lÍre no hny que decir sino que no se lul.
demostrado empíricnmente; que es intrínseclmente improh,lb1c, y
que exis1c cierta eyidcncin en n'ntLl. Nos han rccord,lc1o reciente-
mente que comc1'cia111es f!,l11;lhan dinero en el siglo XVIII», y
que los comerciantes de grano lo deben haher gtll1ado «J11tlnípulnndo
el Estas l11anipuhcioncs se registran ocasionalmente) si
bien ratnt11ente de manc1';] tan franca como fue anotado por 1111 flgri-
cultor y comerciante de granos de \X'hittlcsford (Camhridgeshire), en
su diario, en 1802:
Yo compré Centeno hace Doce Meses n cínCllCIlI<1 chelines 1<1
arroba. Podría haberlo vendido a 122 chelines in arroha. Los
pobres consiguieron su h<Jrin,1, hucn centeno, a 2 chclillC's 6 peni-
ques el celemín. La Parroquia me pagó 1::; difcrcllci" que fue 1 chelín
42, El hecho es ohscn'8do en Anoo., A Leffer fa Ihe Rt. !-Ion. \Villiam
PiN 011 (he Causes 01 l/U: Hif!.h Pricc 01 Provisio!ls, Hcrcford, 179,'5, p. 9;
Anon. [<,Una Socicd;-¡d de Agricultores Pnícticos»)], A Lelfcr lo Ihe R/. HCJ11.
Lnrd Somerl-,¡llc, Londres, 1800, p. 49. efr. L.. S. Pressnell, COílfllry Banking
in [be Industrial Rel.:olufiol1, Oxford, 1956-, pp. 346·348.
43. C. \Y/ .. :. Grainr,er y C. M. El1iott, «A F"C5h Lonk <Jt \XThc<Jt Prices
rlnd i\hrkets in the Eighteenth Ecof1. Hist. Rev.} 2.' sn., XX (1967),
p. 26-2.
1
I
¡
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
85
Q peníques por celemín. Fue una bendiciétn parn Pobres y
bUeno p,Ha mí. Compré 320 arrobas:
w
La gannncia en esta transacción fue superior a mil libras,
IV
Si se pt1eden reconstruír claros modelos' altetn:Hivos U'as J[I po"
lítica de nndicionalistas y economistas políticos, ¿podría hacerse lo
mismo con 1n cconomÍ8 «moraL de lA. multitud? Esto es menos
sencillo. Nns C'nfrentamos con un complejo de an¡Hisis racional, pre-
juicio y modelos tradicionales de respuesta a la escasez. Tampoco es
posible, en un momento dado, identificar claramente a los grupos
que respaldaban las teorías de la multitucL Estos abarcan <l seres
capaces de expresarse articubdamente y seres incapaces de eHo) e
incluyen hombres con educación y elocuencia. Después de 1750) todo
año de escasez fue acompañado de un torrente de esnitas y cartas
a la prensa de vdor desiguaL Era una queja común a todos los pro-
tagonistas del Uhre comercio de granos la de que la gen!r)' ilusa
agregabl combustible a In, llamas del descontento del populacho,
11n)' cierta verdad en La multitud dedujo su sentimiento
de legitimid"d, en realidad, del modelo paternalista, A muchos caba-
lleros r\l1l1 les molestaban los intermediarios, a quienes Cl"lllSideraban
como intrusos. Allí donde los señores de los feudos conservaban aún
derechos de mercado, se sentían molestos por la pérdida (a través de
la venta por muestreo, etc) de tales impuestos. Si eran propietarios
que presenciaban cómo se vendía la harina o la carne fl
precios desproporcionadamente ah os en relación a 10 que ellos reci-
bían ele los tratantes, les molestaban aún más las ganancias de estos
vulgares comerciantes, El autor del ensayo de l7l8 nos presenta un
título que es un resumen de su tema: Un ensayo para demostrar que
lor RegatOl1es, AfoI10polis!as, Acaparadores, TraiÍllel'OS e Illterme-
diarios de (;,.on05, Ganado y otros bienes comerciales ... SOI1 Destruc-
toreJ del Comercio, Opresores de los Pobres y Uf! Perjuicio C'omtii1
para el Rc;,JO ('71 General. Todos los (a menos que
fueran simples boyeros o carreteros que transportasen provisiones de
44. E. M. llnmps0o, The Treatmcnl nI Popa/v in Camhridf!..cshire, 1597-
18J4, C>lmhrid¡?:c, 1934, p, 21.1.
8(, TRADTCIÓN, REVUEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE
un sttio a ctto) le parecen a este escritor, que no deja de ser obser-
vador, «un grupo de hombres viles y perníciosos}), y, en los clásicos
términos de condc:na que los campesinos arraigados a la tierra adop-
tan con respecto al burgués, dice:
son una clase de gente vagabunda llevan todas sus pertenencias
(ansi,en, \' sus existencias no pasan de ser un simple traje de
montar. un buen caballo, una lista de ferias y mercldos, y una
cantidad prodigiosa de desvergüenza. Tienen la marca de Caín, y
como él vagan de un lugar a otto, llevando a cabo unas transac-
ciones no autorizadas entre el comerciante bien intencionado y el
honesto consu11l1dor.
45
Esta hostilidad hacia el comerciante se daba aún entre muchos
n18gistrados rl.1rales, cuya inactividad se hacía notar, en algunos C1SOS,
cuando disturbios populares 2.nasaban zonas bajo su jutÍsdicción, No
les disgustaban los ataques contra los disidentes o los agentes de
granos cuáqueros. El autor de un escrito de Bristol, que es claramente
un agente de cereales, se quejaba amargamente en 1758, ante los jue-
ces de paz, de «sn populacho:jue impone leves}), el cual habia impedi-
do, el año anterior. la exportación de cereales de los valles del Severo
y \YJye) y de «llluchas solicitlJdes infructuosas hechas a varios Jueces
de Paz». Ciertamente, crece la convicción de que un alboroto populat
({mtra los hcaparadores no era mal acogido por algunas autoridades;
distraía la dtención puesta en agricultores y rentistas, mientras que
vagas amenazas del Quarter SessiOl1al * contra los acaparadores da-
ban a los pobres la idea de que las autoridades se ocnpaban de sus
intereses. Las viejas leyes (ontf[! los acaparadores, se lamentaba un
comerciante en 1766 J
45 Aclaro Smith observó casi sesenta años después que «el odio popular.
qllC afecta :11 comercio del grano en los años de escasez, únicos años en que
puede ser muy rentable, hace a gente de carácter y for:-una adversos a tomar
parte en él. Se abandona a un grupo infetior de comerciantes}). Veinticinco
años más tarde el conde FítZ\villiam escribía: «los comercial1tes en grano se
están retirando del comercio, temerosos de traficar con un artículo comercial
((ln el cual les ha hecho susceptibles a tanta injuría y calumnia, para ser
dirigido por un populacho ignorante, sin confianza en la protección de aquellos
que deben ser más Fitz\villíam a Port1and, 3 septiembre 1800,
PRO, HO 42.51. Pero un examen de las fortunas de familias tales como los
l1nwards, Frys y Gurneys podría poner en duela tal evidencia literaria.
* Órgano informativo de los tribunales llamados <,Quarter Sessions).
(N del t.)
LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD 87
se publiuH1 en todos los periódicos y están pegadas en todos los
rincones por orden de los jueces) para tnlimidar a los Inonopolistas,
contra los cuales se propagan muchos tumores. Se enseña al pueblo
a abrigar una muy alta opinión y un respeto hacia estas leyes ...
Ciertamente, acusaba a los jueces de alentar «la extraordinaria
pretensión de que la fuerza y el espiritu del populacho son necesa-
rios para poner en vigor las leyes». Pero si realmente se ponían en
marcha las leyes, se aplicaban, sin excepción, contra pequeños delin-
cuentes -picaros locales o placeros que se embolsaban pequeños be-
neficios en transacciones sin mientras que no afectaban
a los grandes comerciantes y molineros.
46
Así, tomando un ejemplo tardío, un juez de paz anticuado y
malhumorado de Middlesex, J. S. Girdler, inició una campaña gene-
ral de procesos contra esos transgresores en 1796 y 1800, con octa-
villas ofreciendo tecompensa por información, eartas a la prensa, etc.
Se impusieron condenas en vatios Quarter Sessions, * pero la canti-
dad ganada por los especuladores no sumaba más que diez o quince
chelines. Podemos adivinar a qué tipo de culpables afectaban los
procesos del juez por el estilo literario de una carta anónima que
recibió:
Savemos que eres enemigo de Agricultores, Molineros, Arineros
y Panaderos y de nuestro Comercio si no avria sido por ml y por
otro' ú hijo de perra uvicras sido asesinado hace mucho por ofrecer
46. Contrariamente a la SupoSlCiOn común, la legislación sobre acapara-
miento no había caído en desuso en la primera mitad del siglo XVIII. Los juicios
eran poco frecuentes, pero suficientes para sugerir que tenían algún efecto en
regular el pequefio comercio en el mercado abierto. En M:lOchester (véase nota
18) rnult-as por acapammiento o regateo fueron impuestas -a veces amlalmente, a
veces cada dos o tres años, desde 1731 a 1759 (siete multas}. Los productoF;
implicados incluían mantequilla, queso, leche, ostras, pescado, carne, zanahorias,
guisantes, patatas, nabos, pepinos, manzanas, alubias, uvas, pasas de Corinto,
cerezas, pichones, aves de corral, pero muy raramente avena y trigo. Después
de 1760 las multas son menos frecuentes pero incluyen 1766 (trigo y mante-
quilla), 1780 (avena y anguilas), 1785 (carne) y 1796, 1797 Y 1799 (en todos,
patatas). Simbólicamente, el número de agentes de Court Leet nombrados
anualmente para impedir el acaparamiento subió de 3 o 4 (173ü-1795) a 7
en 1795, 15 en 1796, 16 en 1797, Además los transgresores fueron juzgados
ocasionalmente (como en 17'7) en Quarter Sessions. Véase Earwaker, Court
Leel Records (citado en nota 18), voE. VII, VIII y IX, y Constables' Accounts
(nota 49), n, p. 94.
* Tribunales de jueces de paz de los condados, de jurisdicción civil y
limitada, que actuaban trimestralmente. (N. del t.)
88
TRADICIÓN, REV1JF,LT/\ y CONSCIENCIA CLASF,
tus fCCompCnS;l,", ')' perseguir Nucstn
1

te maldiga y arruine tú no bívids p,Ha VCl' otr<l cn:;('chn
Dios
[I¡el
A tradicionalistas compasivos como Gircller se unieron ciudadn·
nos de variados rangos. Para la mayoría de los londinenses cualqnier
pctsC'na que tuviera algo que ver con el comercio de gr;lIlOS) harinn
o pnn, resultah1 Sllspecta de todo tipo de extorsiones. Los grnpos
urbanos de presión eran,o por supuesto, especblmentc poderosos a
tl1cclindos de siglo y presiollJban en pro de que terminaran lns primas
A ¡" exportoción, o de lo prohibición de todo expnrtación en épocas
de escasez. Pero Londres y hs ciudades gmndcs nbl"igaban inmensas
reservas de rescntimicntn, V alg,mas de las violentas
vinieron de ese medio amhiente. Un C1crt(l doctor Nbnning, en los
oños 1750, publicó alego tos de que el pan efa adnltcfado no sólo
con lllumbre, tiza, blanco de España y harina de fréjoles, sino tmn-
bié_ll con cal muerta y albayalde. Más sensacionnl fue su afirmación
de que los molineros mezclaban en la harina «bolsas de huesos viejos
molidos>;: «los osarios de los muertos sao hurgados, para agregar
inmundicias a la comida de los vivos», o. como comentaba otto
p:1nfletist<1, «la época actu<li está comiéndose vorazmente los huesos
ele la anterior».
I
Lns acusaciones de l'"bnning fueron mucho 1n3S allá de los límites
de J:, credibilidod. (On crítico coleuló que si se huhiera usado cal en
J:, escala de sUS alegatos, se hubiera urilizado más en los hornos de
Londres que en la industrio de In construcción.) 47 Ademns de alum-
bre) que se usaba en profusión 1':1r:1. blanquear el pnn, la mnnera
más común de adulteración era probablemente una mezc1a de harina
. d h' 48 P 1 11" 1 1/.
ranCla y estropea a con arma nueva. ero a po") aclon ,Ir _lana o>
tendía a creer que se practicaban adulteraciones aún m,-ls nocivas, y
csta creencia contrihuyó a una pelea, la «Shudehill Fight» en MAO-
chester, en 1757, donde se creío que uno de los molinos atacados
mezebba «Cereal, Habicbuc1as, Huesos, Blanqueador, Paja Picada,
incluso Estiércol de Caballo» en sus hnrinas, mientras que en otro
molino la presencia de adulterontes peligrosos cetco de las tolvos
47. Emanuel Co1lins, op. cit." pp. '1 (r37; P. Markham, Syhoroc, Londres,
1758, J) pp. 11-31; Poisofl Detccfcd: nI" Fl"íg,htful Trutbs in a Treatise on
Bread, 1757, esp. pp. 16<38.
48. Vérrse, por ejemplo, John Smith, AtJ Impartia[ Relation of Fadl
Conccrning ¡be Malcpractircs 01 Bllh::-I"S, Londres, s.f., ¿1740?
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MUL'J'IT1_lD
89
(descubierta por la muchedumhre) produjo la quemA de cril"" y
cedazos, y la destrucción de las piedr8s de molino y bs tned;:¡s .49
Habio otras áreAS ir,ualmente sensibles, donde lns quej'ls de la
multitud eran olimentadas por las Je los o por las de
profesi'onalcs urbmos. Ciertamente, se puede que si los
motines o la fijación de precios por la muchedumbre actuaban de
acuerdo a un modelo teórico consistente, este modelo era una tecons"
tr\lccióh selectiva del modelo páternalista, que tomobo de él todos
aquellas Ciltactcrísticas que más favotecían a los pobres y que of rccÍiln
\lna perspectivo de grano barato. Sih embargo, ero menos
dor que el punto de visto de los paternalistos. Los datos conscrvndns
en tchción con lns pobres muestran un mnyor particularismo: S{ln
este molinero, aquel comerciante, esos agricultores que retienen el
ccreal, los que 'provoca11 la indignación y la Acción. Sin embargo, este
particularismo estaba animado por nociones generales de derechos
que se nos revelnn de forma más clara únicamente cuando
la muchedumbre en acción; porque, en un sentido) 1<1 economíf\ ln()-
tal de la multit.ud rompió decisivamente con 1:1 de los paternalistas)
puesto que la ética popular sancionabA la acción directa c-te la mu-
chedumhre, mientras que los valores de orden que opuntabbon el
modelo p:-lternalist.a se oponían a ella categóricamente.
La economía de los pohres era todavío local y regionAl, derivada
de uno economía de subsistencia. El grano debío de ser consumido
en la región en la cual se cultivaba, especialmente en épocns de
escasez. La exportación en épocas de eSCflSe7, suscitó un profundo
disgusto durante varias centurias. Un magistrado escribió Jo siguiente
en 1631, sobre un motín debido a b exportación, en Suffolk: '<vel'
cómo les es arrebatado su pan y enviado a exttal10s ha convertido
la impaciencia de los pobres en furia y desesperoción desen.frenochs».
En un informe muy gráfico sobre un motín en el mismo condado
setenta y ocho at10S desI_més (1709), un comerciante descrihíó C{)llln
.el Populacho se ahó, él crce que etan unos cientos, y dijo que el
grano no debín de ser sacado fuero de Jo ciudad,,: "de entre el
Jacho algunos tenían aL-tlJardas, otros pajos y Ot1'OS cachiporr<1s
Viajando haciA Norwich, en varios lugares de la ruta:
49. J. P. Earwaker, The COflstahles' ACCOtn1tS 01 lbe Ma110r 01 Mallcbestcl",
.\hnchestet, 11'91. TU, pp. F. Nicholson y E. Axon, «The Ibtficld
Famil)' of M:'Il1chc!'iter, and the Food Riots of 1757 and 1812h, Tral1s. Lal1cs.
"d Chcsh. Antiq. ,loe., XXVIII pp. 83.90.
90 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
el Popubcho, sabiendo que ét iba a cruZar carg<1c!o con grano, le
dijo <¡ue no debería pasar por la Ciudad, porque era un Canalla,
y un Traficante de grano, y algunos gritaron: Tiradle piedras,
otros Tiradlo del caballo, otros GolpeadIo, y aseguraos de que le
habéis dado; que él ... les preguntó qué les hacía sublevarse de
ese modo inhumano para el perjuicio de ellos y del país, pero
ellos seguían gritando que era un Canalla y que iba a llevarse el
grano a Francia ".
Exceptuando Westminster, las montañas, o los grandes distritos
de pastoreo, los hombres nunca estaban lejos del grano. La industria
fabril estaba dispersa por el campo: los mineros del carbón marcha-
ban a su trabajo junto a los campos de cereales; los trabajadores
domésticos dejaban sus telares y talleres para recoger la cosecha.
La sensibilidad no estaba confinada sólo a las exportaciones al extran-
jero. Las áreas de exportación marginales eran especialmente sensi-
bles, pues en ellas se exportaba poco cereal en años normales, pero,
en épocas de escasez, los traficantes podían esperar un precio de ganga
en Londres, que, en consecuencia agravaba la escasez 10ca1.5(I Los
hulleros -de Kingswood, del Forest of Dean, de Shropshire, del
Noroeste-- eran especialmente propensos a la acción en aquellos
tiempos. Notoriamente los mineros del estaño de Cornualles poseían
una irascible conciencia de consumidores, y una decidida inclinación
a recurrir a la fuerza. "Nosotros tuvtmos al demonio y todo 10 de-
más que trae un motín en Padstow», escribió un señor de Bodmin
en 1773, con una admiración mal disimulada:
Algunas personas han ido muy lejos en la exportación de
grano Setecientos u ochocientos mineros del estaño se unieron,
y primero ofrecieron a los agentes de grano diez y siete chelines
por veinticuatro galones de trigo, pero como les dijeran que no
les darían nada, ellos inmediatamente rompieron y abrieron las
puertas de la bodega y se llevaron todo lo que había allí sin dinero
nI preCIO.
El resenttmtento más grande fue provocado a mediados de siglo
por las exportaciones al exterior, por las que se pagaron primas. Se
consideraba al extranjero como una persona que recibía cereal a pre-
50. D. G. D. Isaac, 'lA Study of Popular Disturbancc in Britain, 1714-
175
'
h, Edimburgo, Unív. Ph. D. thesis, 1953, cap. 1.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
91
cios a veces por debajo de los de! mercado inglés, con la ayuda de
subvenciones extraídas de los impuestos ingleses. De aquí que e!
rencor máxtmo recayese a veces sobre el exportador J que era visto
corno e! hombre que busca ganancias privadas -y desbonestas- a
expensas de sus compatriotas. A un agente ele North Yorkshire, a
quien dieron un chapuzón en el tÍo en 1740, le dijeron que era
mejor que nn rebelde». En 1783 se colocó un cartel en la cruz del
mercado en Carlisle, que comenzaba así:
Peter Clemeseson y Mases Luthart esto es para daros una
Advertencia de que debéis Abandonar vuestro Comercio ilegal
o Morir y Maldita sea vuestra compr<1 ele grano para m;:!tar de
hambre a los Pobres Habitantes de la Ciudad y Suburbios de
Cadislc para mandarlo (l Francia y recibir la Prima Dada por la
Ley por llevar el Grano fuera del País, pero por el Señor Dios
Todopoderoso nosotros os daremos la Prima a Expensas de Vues-
tras Vidas, Malditos Canallas ...
"y si Alguna T::.verna en Catlisle (continuaba el cartel) Te per-
mite a ti o d Luthatt guardar en sus Casas el Grano sufrirán por
ello.» Este sentimiento renació en los últimos años de] siglo, especial-
mente en 1795, cuando circulaban rumores por el país sobre expor-
taciones secretas a Francia. Por otra parte, los años 1795 y 1800
conocieron de huevo el renacer de una conciencia regional, tan vívida
como la de cien años antes. Las carreteras fueron bloqueBdas para
impedir les exportaciones de la parroquia. Se detuvo a los carros y los
clescargar-on en las ciudades por donde pasaban. El movimiento de
grano en convoyes noctutnos asumió las proporciones de una
ción milit8.r:
Lns carros crujen prnfunclamentc bajo 51J'> pesadas cngas,
I\1ientras siguen su oscuro curso por ]m camin0s;
Una rueela tra;:; otra, en una temerosa procesión lenta,
Con rncdia cosecha, :l sus destinos van
La expedición secreta, corno la noche
QUE' cubre sus intenciones, aún rehúye 1<1 luz
),vlientras que el pobre labrador, cuando deja su lecho,
Ve el inmenso granero tan vacío como su cobertizo.51
.51. S. J. Ptatt, S .....mlpathy ami Other PO('JJJs. Londres, 1807. 222.2n.
92 TRADICIÓN, REVOEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE
Se amenazó con destruir los Se asaltaron barcos en 10.0;
puertos. Los mineros de- la mina de carbón de Nook, CCrGl ele I-Invcr-
[orchvest, con cerrar el cstu1rio en un punto angosto.
Ni lag gabarras de log ríos Scvern y \'Vye se libraron del ataque.
51
La indignación podía inflamarse también contta un cOl11crciant-e
cuyas obligaciones con un mercado fonÍnco interrumpían los sumi-
nistros regulares de la Cl'munidad local. En 1795, ulJ agricultor y
tabernero acaudabdo, próximo a Tivcrton, se quejó al Ministerio de
b Guerra de asambleas desordenadas «que amenazan con tirar abajo
o quem'lr ;u casa porque recibe Mantequilla de sus vecinos Agricul.
tares y Lecheros, pn1':1. cnviarln con el cano del camino vecinal, que
pasa por su puerta, a Londres». En Chudlcigh (Devon), en el
mismo aoo, la muchcJulllbtc dcstl-ozó la malluiJl,\ri;l de un molinero
que dejó -:-le harin;l a b comunidad local porque hahía
sido contratado por el Departamento de Avituallamiento de la Arma·
da para hacer galletas para los barcos: esto originó (dice el intere-
sacio en una frase teveladora) «la Idea de que e echo [sic 1 rnl1cho
daño a la Comunidad». Treinta años antes un grupo de comerciantes
londinenses necesitó de la protección del ejército para sus depósitos
de queso sitllados a 10 largo del río Trcncl:
Los depósitos en pc1¡,gro por los amotinados !lO son
propiedad de ningún monopolizador, sino ele l1n numeroso cuerpo
de traficantes de queso, y absolutamente necesarios pata la recep-
ción del queso, para transportado a HulI, y que desde allí se flete
para Londres.
Estos ¡lgravios se relacion 1n con la queja, ya obsenrada, con res-
pecto a la ldirada de mercnncÍas del mercado püblico. Al irse alejan-
do de Londres los comerciantes y concurrir más frecuentemente a
mercados provinciales, podían ofrecer precios y comprar en Gltltida-
des lo cual provocaba en los agricultores un sentimiento de molestia
nI tener que atender los pequeños peeJidos de los pobres. ',Ahora no
es negocio para el agricultor -escribía Davics en 1795-· vcnder
grano por b1lshet al por menor a este o aquel pobre; excepto en algu-
nos lugares determinados, y como favor) a sus propios trabajadores.})
y donde los pobres cambiaban su demanda de grano por la de
harina la historia era muy parecida:
52. E. P. Thompson, The Making 01 ¡he English Workinf. Clan, Penguin
cd., 19681, pp. 70-7.3.
LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 93
Ni el molinero ni el harinero vendcl·fin al trabajador una c;:¡n-
tidad menor a un saco de harin:1 por deh;1jo del precio al por
menor ,,1 que se vende en las tiendas, y el bolsillo del poh¡·c pocns
veces podrá permitirle comprar todo un S"KO de una sola vez.
De aquí que el trabajador se viese empujado a la pequeñn tienda al
por menor, donde los precios eran aumentados.-"] Los viejos mer-
cados decayeron, 0, donde se mantuvieron, cmnbiaron sus funciones.
Si un cliente intentaba comprar un solo queso.o UD pedazo de tocino
--escribía Girdlcr en 1800····- «está seguro de que le contestan con
un insulto, y le comunican que todo el 101e ha sido comprado por
algún contratisLl ]ondinensc».
Como expresiva de estos ngravios -que nlgunns veces ocasio
naton un podemos tomar llnn carta an611ima dejada en
1795 a la puerta del alcalde de Salisbury:
Caballeros de la Corporacíón yo les ruego pongan fin a esta
pt,-lctiOI de la que se hace uso en nuestros l\1crcados por Rook
y (ltroS trajinantes al darles la Libertad de Entrometerse en el
Mercado en todo de tal manera que los Hahitantcs no Pllcdcn
comprar un solo Artícu10 sin ir a parar para ello al Comerciante
y Pagar precios Extorsionantes que ellos creen apropiados y (tún
avasalbt· a la Gente como si esta no mereciera ser tenida en con-
sidnación. Pero pronto les llegará su Fin, tan pronto como los
Soldados hayan salido de 1:1 ciudad.
Se pidió a la corporación ordenara a los trajin<ll1tes que salieran del
mercado hasta que la gente del pueblo huhieta sido atendida, «y n(1
pennitáis a Jos Carniceros mandar ]a carne fuera en reses enteras
sino obligecllos a cortarla en el Mercaclo y atencler a In Ciudad jwirne-
ro». La carta informa al alcalde de que más de trescientos ciudndilJlOS
han «jurado positivamente ser fieles los unos a los otros pRra la
Destrucción de los Trajinantes».
Doncle los trabajadores podían comprar ce tea les en pequeñas
cantidades podían surgir graves prohlemas sobre pesos y medidas.
«Somos exhortados en el Evangelio de San Lucas: Dad y se os dará,
53. (,E1 primet prinCIpIO que deja :;cntfldo un panndero, cuando viene a
una parroquia, es hacer a tod(\:; los pobres deudores suyo.<;; luego h2lcc el p[\n
del peso y cRlidad que le place .», Gettt[eman's Magazine, XXVI (17'56),
p.557.
94 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
huena medida, apretada, rcmccicIa, desbordante será la que os echarán
en vuestro senO.1> Esto no era, desgradadamente, la práctica que
seguían todos los agricultores y come,ciantes en la Inglaterra protes-
tante. Un (Iecreto de Carlos n hahía incluso dado a los pohres el
derecho de saClldir la medida de harina; tan valioso era el grano del
pobre que lIna pérdida en la medida podía significar la diferencia de
p;1sar un día sin hogaza. El mismo decreto intent6, con una total
ralla de éxito, imponer la medida ele Winchester, como patrón na-
cional. Una gran diversidad de medidas que variaban incluso deu-
lro de los límites de un mismo condado de un mercado ciudadano a
otro, daba abundantes oportunidades para pequeñas ganancias. Las
antiguas medidas eran generalmente 1TIflyorcs veces mucho
mayorcs- que la de Winchcstcr; a veces etan apoynebs por los
<lgt-icl1ltores () comerCi<111tes, pero más a menudo 10 Críln por los clien-
les. Un observador comentó que «las clases más bajas la detestahan
(la medida de \X!inchesterl, por lo pcqneño de su contenido, y los
... los instigaban a ello, siendo su interés mantener toda
aquella incertidumbre con respecto a los pesos y las medidas».54
Los intentos de cambiar la medida encontraron muchas veces
y ocasionalmente, d1cron lugar a motínes. Una carta de
n[; minero de ele e Hill (Shropshire) a un «Compafíero de Infortunio»
declaraha:
El Parb111cnto para rucstro alivio ayudarnos a morir de
h"'lllbre va a reducir nuestras Medidas y Pesos al Nivel más bajo.
SC11ll0S ",lrededor de Diez mil pet;;;ol1as conjuradas y listas en todo
momento. Y queremos que toméis las Armas y Chafarotes y juréis
ser fieles los unos a los otros No tenemos más que una Vida
que Perder "V no vamos 2 morir de hambre
Un"s cartas a agricultores de Northiam (Sussex) advertían:
Caballeros todo 10 que deseo es que toméis esto como una
advertencia a todos vosotros para que dejéis los pequeños bus beis
y toméis la antigua medida nuevamente porque si no lo hacéjs
54. Annols 01 Agriculture, XXVI (1796), p. 327; Museum RU5licum el
Cnmmerria{e, IV (1756), p. 198. La diferencia entre bushels podía ser muy
mnsiderable: frente al busbel de \'{finchestCT de 8 galones, el de Stam(ord
tenía 16, el de Carlislc, 24 y el de Chester, 32: véase J. Houghton, A CollectÍon
{or Tmpro1!cment 01 Husl:;andry ond TraJe, Londres 1727, n.O XLVI, 23 de
junio de 1693.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 95
habrá una gran compañía que quemará la pegueñfl medida cuando
vosotros estéis en la cama y dormidos y vuestros graneros y all11iares
y a vosotros también con ellos
Un colaborador ele los AUl10ls o/ Agríeulture de Hampshire ex-
plicó en 1795 que los pobres «han concebido erróneamente la idea
de que el precio del grano ha aumentado por la última reformo del
bUJhel de Uueve galones a la medida de Winchester, babiendo pasado
esto en un momento en que subían los pretios en el mercado, por
lo cual se pagó igual cantidad de dinero por ocho galones que
la que se solía p<lgar por nueve>>-. «Confieso», continúa,
que tengo una predilección indudable por la medida de nncvc
galones, porque es la medida más aproximada a un bllshel de
harina; y por consiguiente, el pobre es capaz de juzgar qué es
lo que debe pagar por un bushel de harina, lo cual, en la medida
presente requiere más aritmética de la que él puede conocer.
Aun así, las nociones aritméticas de! pobre podían no haber sido tan
erróneas. Los cambios en las medidas, como los cambios en la moneda
decimal, tendían por arte de magia a desfavorecer al consumidor.
Si los pobres compraban (a fines de siglo) menos canlidad de
grano en el mercado público, esto indicaba también el ascenso bacia
una condición de mayor importancia del molinero, El molínero ocupó,
durante muchos siglos, un lugar en el folklore popular tan pronto
envidiable n:mo lo contrario. Por un lado, era considerado como un
libertino fabulosamente afortunado, cuyas proezas se perpetúan aún
quizá en e! sentido vernáculo de la palabra «moler». Quizá lo ade-
cuado del molino de pueblo, oculto en un lugar apartado del río,
al cual las ll1ujeres y doncellas del pueblo traían su grano para mo-
lerlo; quizá también su poder sobre los medios de subsistencia; quizá
S\1 condición social en el pueblo, que le convertía en un buen parti-
do; todo pudo haber contribuido a la leyenda:
1:..1118 joven mOZ:1 vigorosa tan vigorosa y alegre
Fue "d molino un día Traigo un celemín de grano para moler
Sólo puedo quedarme un momento
Ven siéntate, dulce y hermosa querida mía
No puedo moler tu grano) me lo temo,
96 TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASF
piedra:" están alt8s y el bnj<l
No puedo moler pues el molino no anda
Entonces ena se sentó sohre un saco
HabJ8ron de esto y aquello
Hab1:1ron de amor, y de que era agradable
EHa prnnto descubrió ClllC eJ molino molería
Por otro lado, la reputación del molinero era menos envidiable.
,,¡Amar
'
», exclamo Nellie Dcan en \f7l1thcrillg Hei,ghts: ,,¡Amar
l
¿Oyó alguien alguna vez cosa parecida) Podía también hablar de
;111131' 31 molmero que viene una vez ;,11 año a comprar n\lestro gtano».
Si creemos todo ]0 que ha sido eser; tn sobtc él en estos años) la
l\istoria dclmolinero ha cambiado poco desde el (/Cuento de Rcevcsl>,
de Chaucer. Pero mientras que el pequcI10 molinero rural era ,lCU-
sado de costumbres típicamente medievales excesiva-
mente grandes para recolectar el impuesto en especie, hatina oculta
en ías cajas de las piedras, etc.-- su duplicado, el molinero más
importante, era acusado de agregar nuevos y mucho más osados
desfalcos:
robaba con discrccj(lf)
PCfO <-1hora es UIl !Jdrón
En un extremo nÚll tenernos el pcql1cílO mnlinn f11r;11 exigiendo
í1ll¡mcstos de ;lCtlcrdo :1 5U prcjli,l c05tll111hrc. IJ pndí<1 ser
cohm.do en h,ullla (siempre de «la rnejor de bs héHinas, y ele la
h<1l"inn más fina que está en el centro de b 1.01v:1>'> L \' como la pro-
pnrcÍón no variabn con las fluctaci(1nes de precios, efa una ventaja
para el molinero si Jos precios ctan altos. Alrededor de los pequeños
molinos que exigían impuestos (mm donrlc el impuc<;tn había sido
conmntrldo por pt1gos en ¿ineto) bs injustícias se rnllltiplicahan, y
había intentos espasmódÍC"os de Desde qnc los mnlirw-
ros se dedicaron con mayor íntcnsicbd al comercio) y a moler el
grano por u propia cuenta para los panaderos, tenían peco tiempo
para los pequeños clientes (con un saco o dos de grano espigadn); de
aquí t<1rdanzas sin fin; y de aqllí tnlllhién que, cuando h harína era
de\'llelta al cliente, podín ser el producto de otro grane' de calidad
inferÍor. (1Iubo quejas de que algunos molineros cornprabal1 a mit.ad
de precio grano dañado y que lo mezclaban con el grano de sus

LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 97
clientes.) Al transcurrir el siglo, el paso ele mucbos molinos a fines
industriales colocó él los pequeíl0s molinos de trigo supervivientes en
una posición mt1s ventajosa. Y en 1796 estas injusticias se hicieron
sentir con sufkiente fuerza como para permitir a sir Francis Bassett
presentar Ll MiIler's Toll Bill (Ley de Impuestos del Molinero), que
int.entaba regular más est.rictamente sus prácticas de pesos y me-
didas,
Sin embargo, estos molineros eran., por supuesto, lA gentecilla
del siglo XVIII. Los graneles molineros del valle del Támesis y de las
grandes ciudades respondían a un tipo diferente de empresarios que
comerciaban ampliamente en harina y malta. A los mo]inerns no
les afectaba la Tasa del Pan (Assize ol Bread), y podían hacer reper-
cutir inmcdiatmncnte sobre c.l consumidor nwlquier alzA en el precio
del grano. J tenía tAmbién, en el siglo XVlIr, sus ballalités
menos conocidas, incluyendo esos vestigios extrAordin<lrios) los moli-
nos con nerechos señoriales (soke-mílls), que ejercían un monopolio
absoluto en el molino de grano (y venta de harina) en centros fabri-
les importantes, entre ellos Manchester, Bradford y Leeds. En la
mayoría de los casos los feudatarios que poseían los derechos seño-
riales por utilizrlción del molino (maqllila), los vendían o art"r-nda··
han a especuladores privados. 1'v1ás tormentosa aún fue b hist.oria
de los Molinos-Escuela en Manchester, cuyos derechos señoriales
eran destinadCls a notación carit.ativa para mmltener la escuela secun-
daria. Dos arrendatarios de estos derechos, poco populares, inspi-
raron en 17 3 7 los versos del doctor Byrom:
HueSDS y Piel, el":1n dos molineros flAcos,
Que mataban de hambre a la ciudad, o andaban cerca de ello;
Pero sepan, Piel JI Huesos,
que Carne y Sangre no pueden soportJr!o.
Cuando, en 1757, los nuevos arrendatarios qnlsleton prohibir lo im·
portación de harina a la cindad en desarrollo, mientms que al mismo
tiempo manejaban sus molinos (se alegi1ba) con extorsión y demora)
la carne y la sangre no pudieron realment.e soportarlo por mas tiem-
po. En la lamosa «pelea de la colina Shnd» (Shud-hiil FiRht) de ese
año, por lo menos cuatro hombres fueron muertos a tiros de mosque-
te, pero finalmente los derechos sobre molienda fueron abolidos.
E incluso en donde no obtenían este tipo de derechos, un molino
98
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
pocHa igualmente dominar a una populosa comunidad, y podía
provocar la furia popular por un aumento repentino en el precio de
la harina o un deterioro evidente de su calidad. Los molinos fueron
el blanco visible y tangible de algunos de los motines urbanos más
serios del siglo. Los molinos de Albion en el puente de Blackfriars
(los primeros molinos de vapor de Londres) eran gobernados por
un sindicato cuasi-filantrópico; sin embargo, cuando se quemaron
en 1791, los londinenses bailaron y cantaron baladas de júbilo en
las calles. El primer molino a vapor de Birmingham (Snow Hi!!) no
10 pasó mejor, pues fue blanco de un ataque masivo en 179.5.
Puede parecer a primera vista muy curioso que tanto los comef-
cl:111tcs como los molineros continuaran figurando entre los objetivos
de los motines de fines de siglo, cuando en muchos puntos de las
MidIands y del Sur (y seguramente en áreas urbanas) la clase obrera
se había acostumbrado a comprar pan en las panaderías más que
grano o harina en los mercados. No sabemos bastante como para
hacer un gráfico del cambio con exactitud, y seguramente se siguió
cociendo el pan en las casas en gran medida. Pero aun donde el cam-
bio fue completo, no se debe subestimar la complejidad de la situa-
ción ni los objetivos de la. multitud. rlubo, por supuesto, mtlChfsimos
pequeños motines frente a las panaderías, y mucbas veces la multitud
«[ijaba el precio» del pan. Pero el panadero (cuyo naba jo en tiem-
pos de altos precios puede haber sido muy poco envidiable) era el
único que, entre todos los que bregaban con las necesidades de la gcnte
(tcl'ratenientes, agricultores, arrieros y molineros), se hallaba en con-
tacto diario con el consumidor, y se encontraba más protegido que i:
cualquiera de los demás por la visible insignia del paternalismo. El ,-
Assize of Bread limitó clara y públicamente sus beneficios legítimos .•
(tendiendo también de este modo a dejar el comercio de panadería ¡
en manos de numerosos comerciantes pequeños con poco capital) pro-
tegiéndolos así, hasta cierto punto, de la cólera popular. Incluso
Charles Sm!!h, el hábil exponente del libre comercio, pensaba que la
continuación de! Assize era oportuna: «En Pueblos y ciudades gran-
des siempre será necesario establecer el Assize, para convencer al
pueblo de cme el precio que exigen los Panaderos no es más que lo
que creen razonable los Magistrados».
El efecto psicológico del Assize fue, por ello, considerable. El
panadero no podía tener esperanza de aumentar sus beneficios por
encima de la cantidad calculada en e! Assize más que con pequeñas
LA ECONOMf ¡\ MORAL nF, LA MtJLTrnJD
99
estratagemas, algunas de las cuales -como el pall de peso escaso,
adulteración, mezcla de harinas baratas y est<1ban sujetas
a rectificaciones .legales o a recibir instRntáneas represalias de la muJ-
tilucl EJ pan<lclero, ciertamente, tenía a veces que atender a sus pro-
pt;:¡s relaciones púh1icas, aun al extremo de tener que alisten a la ml1l-
titud a su Livor: Cuando llann1h Pain de Kcttcring se ql1cje; a
alguaciles so1,re la escasez de peso del p811, el panadel'o «levantó al
populacho conl'ra ella. y dijo que mcre\ín ser azohlda, pues ya
había suficientes heces de b sociedad de este tipo». Much;lS corpo
l'adones, él. 10 latgo del siglo, hicieron gran espectác\llo de h supcrvi-
si6n de pcsos y !Tlediclr!s, y del castigo ele lns transgresores. El '<.Tllstice
Ovc¡'c1o» de Bcn Johnson estaba todavía ocupado en las (;111es de
Rcading, o Londres:
Alegre, entra en todas las ccrvccerÍ<ls v baja a todos los
miele las tort;1.S pesa las hogn(ls de pan en Sil dedn cor;li:z1n
d::t las tortas a los pobres, el pan BI hambricnto, la!) llntil1as ;1. Sus
niños
Denl'ro de esta tradición encontramos a 1J11 lTIJgistrado de Londres,
en 1795, quc, l1egrlOdo rd csccnariCJ de un motín en Scvcn Dials,
donde lo multitud estaba ya demoliendo una panadería acusada de
vender pfln de peso escaso, intervino, se apoderó de las merc111cías
del panflclero, pesó las hogazas y, encontrándolas realmente deficien-
tes de peso, las distribuyó entre la multitud.
Sin duda los panaderos, que conocían a sus clientes, se quejaban
a veces de impotencia para reducir Jos rJrecÍos, y dirighn a la mul-
titud hacia el molino o el mercí1do de gtan()s, «DCSPllés de vaciar
1111"has panaderías» referia el molinero ele Snow Hill, Rinninr-h,un.
refiriéndose al ataque de J 79,J, «víniel'on en grandes grupos contra
nosotros .. ». Peto en muchos C(¡SOs 13 multitud elegía clar;1mente
sus propios hlancos, eludiendo deliberadamente a los panaderos. Así
en 1740 en Norwich la gente «fue a casa de cada uno de los Panade-
ros de la Ciudad, y fijó una Nota en su Puerta con estas palabras:
"Trigo a Diez y Seis Chelines la Rastra"». En el mismo año en \'(Tis-
beach obligaron a <<1os Comerciantes a vender Trigo a CU<1tro peni-
ques el husbel no sólo a ellos, sino también a los Panaderos,
donde ellos regulaban los .Pesos y Precios del Pan».
Pero a esta altura está clato que estamos tratando con un mode,
100 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
lo de acción mucho más complejo que el que puede explicarse
factoriamente por un encuentro cara a cara entre el populacho y
molineros determinados, comerciantes o panaderos. Es necesarío
dibujar una imagen más amplia de las acciones de la multitud.
v
s" ha sugerido que el término «motín» representa un instrumento
de análisis basto, torpe, para muchos de los agravios y
cias determinados. Es también un término impreciso para describir
I ;
11
los movimientos populares. Si buscamos la fórmula característica de
la acción directa, deberíamos tomar, no las disputas en las
tÍns en las afueras de Lanches, ni aun bs grandes refriegas provoca-
das por el descontento contra los grandes molineros, sino los <<levan-
tamientos pepulares» (muy especialmente los de 17 40, 17 56, 1766,
1795 v 1800) en los cuales los mineros del carbón y del estaño, los
tejedores y operaríos de calcetería fueron quienes se destacaron. Lo i':
extraordinarío en estas «insurrecciones>} es, en primer Jugar, su dis- 5(
ciplina y, en segundo lugar, el hecho de que exhiben un modelo de
conducta cuyo origen debemos buscar unos cientos de años atrás;
que más bien crece en complejidad en el siglo XVIII; que se repite,
aparentemente de manera espontánea, en diferentes puntos del país
y después del transcurso de muchos años tranquilos. La ncción
tral en este modelo no es el saqueo de graneros ni el robo de grano
o harina sino el acto de dijar el preClO». li
Lo extraordinario de este modelo es que reproduce, a veces con -1
gran precisión, las medidas de emergencia, en épocas de escasez, cuya .
(unción, entre los años 1580 y 1630, fue codificada en e! Book of
Orders. Estas medidas de emergencia se emplearon en épocas de
escasez en los últimos años de! reinado de Isabel 1, Y fueron pues-
tas en vigor, en forma un tanto revisada, durante el reinado de
Carlos l, e:1 1630. Durante el reinado de Isabel I se exigía a los
magistrados la asistencia a los mercados locales,
y donde encuentre q-ce es insuficiente la cantidad traída pata
abastecer y atender a dichos mercados y especialmente a las clase!'
más pobres, se dirigirá a las casas de los Agricultores Y otros
dedicados a la labranza y verá qué depósitos y provisiones de grano
ha retenido tanto trílJado como no trillado
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 101
Podían entonces ordenar a los agricultores mand:n ({cantidades con-
al mercado, pata ser vendidas, {,y esto a precio f<17011a-
hle». Los nlguílciles adquirieron luego autoridad para «estílblecer un
cierto precio por bushel de toda clase de granm>. La reina y su
Consejo opinaban que los altos precios se dehian en parte a los
monopolistas, y en parte a la de los cultivadores de grano)
quienes «no están satisfechos con ninguna ganancia moderad;:!, sino
que buscan y proyectan medios de mantener altos los precios con la
consiguiente manifiesta opresión de la clase m·ás pobre». Las órdenes
deben ser :mpuestas «sin ninguna parcialidad que perdone a ningún
hombre» .55
En esencia, pues, el Book of Orders otorgaba a los magistrados el
poder (con la avuda de tribunales locales) de inspeccion;¡r las exis-
tencias de en cámaras y graneros; de ordenar el envío de
ciertas cantidndcs nI mercfldo; y de imponer con severidad tochls las
normas de h legislación sobre licencins y acapar8mientn, No se portía
vender grano fuem del mercado público, «salvo a alguno, pobres
artesanos, o Jornaleros de 18 parroquia en que viven, que no pueden
llegar convenientemente a las Ciudades de Mcrcac1c)}>. Lns Ordenan··
zas ele 1630 no facultaban explíciratnente a los alguaciles para fijar
el precio, rero les ordenaban asistir al mercado y asegurarse de que
«se proveía a Jos pobres de los Granas necesarios con tanta con-
veniencia en los Precios, como pudiera ser obtenida por la Persui1-
sión más enérgica de l"s alguaciles». El poder- de fijar el precio del
o la harina quedaba, en casos de emergencia, a mitad de c3mi··
no entre la imposici()n y la persuasión.
56
55. Hav algún informe sobre el funcionamiento del Book of Orders en
E. M. Em1y HistMy 01 Enf!.lish POOl" Re/id, Cunbridge, 1900: Graso,
f}[l_ cit., pp_ 236·242; Lipson, op. cit., nT, pp. 440.450; B. E. Supple,
rnrrcial Crisü t1nd ChI1l1P.,e in EI1f!./and .. 1600-1642, Cambridge, 19CJ4, p. 117.
Hay documentos que ílustran su funcionamiento en O//icial Papen n/ Núfhm;iel
Bacon o/ St¡ljkc? Nor!olk (Camdcn Saciety, 3: seL, XXVI, 1915), P[1. 130-157.
56. Por un Acta de 15.34 {25 George VIII, cirea 21, el Consejo Privado
tenía poder para tasar los precios del grano en caso de emergencia. En una
m,ís bien confusa nota. Gras (op. cit., pp, 132-13j) opina que, después de 1550,
dicho pnder no se us6 nunC:1. En cualquier caso no fue nlvidado; una pro--
clama de 1(103 aparece para fijar los precios (Seiigman Colkction, Cohm1hia
Uní\', Lib., Proclamntions, James 1, 160j); el Book ot Ordcrs de 1630 cClndllvc
rnn ln arlvertcncia de que, «si los dueños de grano y otros de
Víveres.. no cumplen voluntariamente estas órdenes»-, Sn Majestad (¡dad
Orden :de que sean fijados Precios el Consejo Privado intentó
runtrolar 10$ precios por medio de una prochlma en 1709, Liverpool Papers,
Brit, l\lus., add. tvIS. _'8353, fol. 195, y el a5un10 fue activamente disclltido
102 TRAD1CIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Esta legislación de emergencia se fue desmoronando durante hs
guerras civiles.
57
Pero la memoria popular, especialmente en una so·
cicdad analfabeta, es extraordinariamente larga. Poca duda cabe de
que hay una tradición directa que se extiende desde el Book of
Orelers de 1630 a los movimicutos de los trabajadores de la confec-
ción en el este y oeste de Inglaterra durante el siglo XVlIl. (La per-
sona con letras también tiene recuerdos muy profundos: el propio
Book 01 Orders fue vuelto a publicar, extraoficialmente, en 1662, y
nuevamente en 17 58, con un discurso preliminar para el lector que
se refería a la actual «perversa alianza para producir la escasez»,)
Las ordenanzas mÍsmas eran en parte una respucstll a las pre-
siones de los pobres:
El Grano es tan caro
Que no dudo que muchos morirán de hall1brc este año.
Así decía una copla fijada a la entrada de la iglesia en la parroquia
de Wye (Kent) en 1630:
Si no os ocupáis de esto
Algunos de vosotros vais a pasarlo mal.
Nuestras almas nos son caras,
De nuestro cuerpo tenemos algún cuidado.
Antes de levantarnos
Menos cantidad será suficiente
Vosotros que estáis establecidos
Mirad de no deshonrar
Vuestras profesiones ...
en 1757; véase Smith, Three Tracts 011 the Com Trade, pp. 35. Y (aparte
del Assize of Bread) otros poderes de tasa de precios subsistieron. En 1681
en el mercado de Oxfotd (controlado por la Universidad) se fijaron precios
para la mantequilla, queso, ave;, carne, tocino, velas, avena y alubias: «The
Oxford Market», Cnlleelal/ea, 2.' ser., Oxford, 1890, pp. 127-128. Parece que
el Assize of Ale desapareció en Midd1csex en 1.692 (Lipson, op. cit.) 11, p. 501)
y en 1762 <;e autorizó a los cerveceros a subir el precio de una forma t:17:o-
nable (por 2 Geog. III, c. 14); pero cuando en 1762 se propuso elevar el
precío en medio penique el cuartillo, Sir John Fielding escribió al conde de
Suffolk que el aumento «no puede considerarse razonable; ni se someterán
a él los súbditos»: Calendar of l-fome Office Papen, 1773, pp. 9-14; P. Mathias,
Tbe Brewí!tg Industry in Englfllld. J700-1830, Cambridge, 19.59, p. 360.
57. G. D. Ramsay, «Industrial Laisser-Faire and the Polícy of CromweIh,
Econ. Hist. Reo., 1." ser., XVI (l946.), esp. pp. 103-104; M. James, Social
Problems and Paliey durif1g the Pu,.itatt RefJolutio1z, Londres, 1930, pp. 264-271.
¡j
(4
\1
1/
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTI'rUD
103
Ciento treinta años después (1768) se clavaron nuevamente hojas
incendiarias en las puertas de las igleSIas (flsÍ como en las enseñas de
las posadas) de ¡,arroquias dentro del mismo contorno de Scray, en
Kent, incitando a los pobres a sublevarse. Pueden observarse mu-
chas continuidades semejantes, aUl1que sin duda e! modelo de acción
directa se extendió a nuevos distritos en el siglo XVIII. En mucha;')
ocasiones, en las antiguas regiones fabriles del Este y el Oeste, la
multitud sostuvo que, puesto que las autoridades se negaban a im-
poner <<las leyes», tenían que imponerlas por si mismos. En 1693, en
Banhury y Chipping Norton la multitud «sacó el grano a la fuerza
de Jos calTOS, cuando se 10 nevaban los acaparA.d(ltcs, diciendo que
estaban rCSl1eltos a ejecutar las leyes, ya que los magistrados 110 se
oCllpabrtn de hacerlo». Durante los desórdenes que se extendieron por
el Oeste en 1766 el sberi!! de Gloucestershire, un pañero, no pudo
ocultar su respeto por los amotinados, los cuales
fueron ... a una casa de labranza y atentamente expresaron su
deseo de que se trillara y llevara al mercado el trigo y se vendiera
en cinco chelines por bushel, prometido 10 cual y hahiéndoles dado
algunas provisiones sin solicitarlas, se marcharon sin la menor
violencia u ofensa.
Si seguimos otros pasajes de! relato del sheril! podemos encon-
trar la mayor parte de las características que presentan estas acdoncs:
El Viernes pasado, al toque de trompeta, se puso en pie una
muchedumbre compuesta toda ella de h gente más haja, como
tejedores, menestrales, .labradores, aprendices y chicos, etc.
«Se dirigieron a un molino harinero que está cerca del pueblo
abrieron los costales de Harina y la tepartieron y se la llevaron y des.
truyeron el grano, etc.» Tres días después envió otro informe:
Visitaron a Agricultores, Molineros, Panaderos y tiendas de
buhoneros, vendiendo grano, harina, pan, queso, mantequilla y toci ..
no a sus propios precios. En general devolvieron el producto (es
decir, el dinero) a los propietarios o en ausencia de ellos dej::Hon el
dinero; y se comportaron con gran regularidad y decencia donde no
encontraron oposición, con desenfreno y violencia donde la e l l c o n ~
traron; pero saquearon muy poco, pata evitar ]0 cual no permiten
ahora a las Mujeres y a los muchachos que les acompañen.
104 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
DC'spués de visit8t los molinos y meren Jos en los alrededores de
G-Ioucester, Sttoud y Cirenccstcr, se dividieron en grupos de cin-
cuenta y cien y visitaron las "Ideas y fincas pidiendo que se llevara el
grano al mercado a precios justos, y entrando a la fuerza en los
graneros. Un grupo grande visitó al shfl"iff en persona, soltaron sus
porras mientras les hablaba de sus delitos, escuchaton con paciencia,
«gritaron alegremente Dios Salve al Rey» y después recogieron sus
pOlras y voívieron a la buena labor de fijar el precio. El movimien-
to tuvo en parte el carácter de huelga general de todo el distrito
textil: «1os amotinados entraron en nuestros talleres y forzaron a
salir ¡] todos los hombres, quisieran o no unirse n ellos».
Fue este un movimiento cxtr<1onLnariamcntc disciplinado y a
gff\n escala. Pero el relato nos lleva a observar características que se
encuentran tepctidillllCntc. Así, el movirnlcntn de la multitlld desde el
mcrcc"do hacia los molinos y de allí (C01110 en el Hook o[ Orelers) a ins
fincas) donde se inspeccionaban las existencias y se ordenaba a los
agricu Itores enviar el grano al mercado al precio dictado por la
multitud: todo esto se encuentra habitualmente. Ello iba a veces
acompañado de la tradicional ronda de visitas a las residencias de
las personas importantes, para pedir contribuciones, forzadas o vo-
luntarias. En Norwich, en 1740, In multitud, después de obligar a la
baja de precios en la ciudad, y de apoderarse, en el tÍo, de una barca-
za cargada de trigo y centeno, pidió contribuciones a los ticos de la
cluch"t_d:
El martes pot la M:1ñana temprano, se reunieron nuevamente,
al toque de los Cuernos; y después de una breve Confabulación,
se divjdieron en grupos y salieron del Pueblo por diferentes Puer-
tas, llevando delante de ellos un largo cartel que- proponía visitar
n los Caballeros y Agricultores de las aldeas vecinas, para exigirles
Dinero, Cerveza Fuerte) etc. En muchos lugares, donde la
rosídad de la Gente no respondía :l. sus Expectaciones, se dice que
mostraron su resentimiento pisoteando el Grano de loS" Campos
Las multitudes, en Sll deambular con el propósito de inspeccionar,
se mostraron muy activas durante este año, especialmente en Durham
v Northumberland, el \'Vest Riding y varias zonas del norte de Gales.
Los manifestantes en contra de la exportnción, que salieron de
b11l"y (abril de 1740), iban encabezados por un tamborilero y «algo
parecido a una enseña o hlndcr:1»; realizaron un recorrido regular

LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD
105
de los molinos locales, destruyendo maquinaria, cortando sacos y
llevándose grano y harina. En 1766, la multitud que recorría el valle
del Támesis en acto de inspeccionar, se bautizó a sí misma con el
nombre de «los Reguladores»; un agricultor aterrorizado les permitió
dormir en la paja de su corral y «pudo oír desde su Aposento que
hablaban entre sí sobre a quién habían asustado más, y dónde habían
tenido mejor fortuna». El modelo se continúa en la década de 1790:
en Ellsmere (Shropshire) la multitud detuvo el grano que era conduci-
do a los molinos y amenazó individualmente a los agricultores; en el
Bosque de Dean los mineros visitaron los molinos y las viviendas de
los agricultores, exigiendo dinero «3 las personas que encontraban en
la carretera»; en el oeste de Cornualles los mineros del estaño visi-
taron las fincas con un dogal en una mano y en la otra un acuerdo
escrito de llevar e! grano a precios reducidos al mercado. Lo notable
es la moderación, más que el desorden. Y no cabe la menor duda de
que estas acciones eran aprobadas por un consenso popular abruma-
dor; se siente la profunda convicción de que los precios deben ser
regulados épocas de escasez, y de que los explotadores se excluyen
a sí mismos de la sociedad. En ocasiones, la multitud intentaba por
persuasión o por fuerza atraerse a un magistrado, jefe de la policía
de la parroquia, o a algún otro representante de la autoridad, para
presidir la laxa/ion populatú. En 1766 en Drayton (Oxon.) miembros
de un trape! fueron a casa de J ohn Liford «y le preguntaron si era
Jefe de Policía; al contestar "sí" Cheer le dijo que debía acompañarlos
a la Cruz V recibir el dinero de tres sacos de harina que habían
tomado de una tal Betty Smith y que venderían a cinco chelines el
bushei»; la misma muchedumbre se agenció al jcEe de policía de
Abingdon para el mismo servicio. El jefe de policía de Handborough
(también en Oxfordshire) fue requerido de manera similar, en 1795;
la multitud fijó un precio -y un precio sustandal- de 40 chelines
el saco de un carro de harina que había sido interceptado, y le fue en-
tregado el dinero correspondiente a no menos de quince sacos. En la
isla de Ely, en el mismo año, «el populacho insistió en comprar carne
a 4 peniques la libra, y pidieron al Sr. Gardner, un Magistrado, que
supervisara la venta, como había hecho el Alcalde en Cambridge el
Sábado por la noche». Y también en 1795 hubo un cierto número
de ocasionts en que la milicia o las tropas regulares supervisaron
ventas forzadas, algunas veces a punta de bayoneta, mientras sus
oficiales miraban resueltamente hacia otro lado. Una operación combi-
106
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
nada de soldados y muchedumbre forzó al alcalde de Chichester a
acceder a fijar el precio de! pan. En Wells miembros del 122 regi-
miento empezaron
por abuchear a los que ellos denominaban acaparadores o trafi-
cantes de mantequilla, a quienes persiguieron en distintas partf.'s
del pueblo ~ · s e apoderar:::m de la mantequilla- la reunieron tod8
-le pusieron centinelas- y después la echaron, y la mezclaron
en una cuba -y después la vendieron al por menor) pesándola ell
balanzas y vendiéndola al precio de 8 peniques la libra ... aunque
el precio normal que le daban los intermediarios era algo más
de 10 peniques.
Sería absurdo sugerir que, cuando se abría brecha tan grande en
los muros del respeto, no aprovechasen muchos la oportunidad para
llevarse mercancías sin pagar. Pero existen abundantes testimonios
ele lo contrario, y algunos son impresionantes. Está el caso de los
encajeros ele Honiton que, en 1766, quitaron e! grano a los agriculto-
res, lo vendieron en el mercado a precio popular y devolvieron a los
agriCllltores, no sólo el dinero, sino también los sacos; la muchedum-
bre de Oldham, en 1800, que racionó a cada comprador a dos cele-
mines por cabeza, y las muchas ocasiones en que se detenían los
carros en la carretera, se vendía su contenido y se confiaba el dinero
al nl1'retero.5l!
j\1lcls aún, en aquellos casos en que se tomaban las mercancías
sin pagarlas, o en que se cometían actos de violencia, sería prudente
averiguar si el caso presenta alguna circunstancia particular agra-
vante. Se hace la distinción en el informe de una acción llevada a
cabo en Portsea (Hants.) en 1795. Los panaderos y carniceros fueron
los primeros a quienes ofreció la multitud los precios por ella fijados:
«a los que se amoldaron a estas exigencias se les pagó con exactitud,>,
pero los que se negaron vieron sus tiendas desvalijadas, «sin recibir
más dinero que el que quiso dejar el populacho». Los canteros de
Port Isaac (Cornualles), en el mismo año, se apoderaron de la cebada
almacenada para la exportación, pagando un precio razonablemente
alto de 11 peniques el bushel, advirtiendo al mismo tiempo al pto-
pictario que «si ¡ore tendía transportar el Remanente vendrían y 10
58. R. B. Rose, op. di.} p. 435; Edwin Butterworth, Historical Sketches
01 Oldham, Oldham, 1856, pp. 137,139, 144,145.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 107
tomarían :::in compcnsaClon alguna». Con frecucnci<l aparecen moti-
vaciones de castigo o venganza. El gran motín de Newcastle de
1740, en que los mineros y los bateleros irrumpieron en e! ayunta-
miento, destruyeron los libros, se repartieron el contenido de las arcas
municipales y arrojaron barro y piedra a Jos concejales) se produjo
tan sólo a consecuencia de dos provocaciones: primero, tras romperse
un acuerdo entre los dirigentes de los mineros y los comerciantes (en
que actuó un concejal como árbitro), acuerdo que fijaba los precios del
grano; segundo, cuando representantes de la autoridad, aterrorizados,
dispararon contra la multitud desde las escaleras del ayuntamiento.
En 1766, en Gloucestershire, se dispareron tiros contra la multitud
desde una cosa, lo cual -escribe el Iheriff-
les molestó tanto que entraron por la fuerza en la casa, y destruye-
ran todos Jos muebles, ventanas, ete., y quitaron parte de las tejas;
después reconocieron que se arrepentían mucho de este acto p o r ~
que no era el dueño de la casa (que estaha fuera) el que había
disparado contra ellos
En 179'5 los mineros del estaño organizMon un ataque contra un
comerciante de Penryn (CornuaIles) que había sido contratado para
enviarles cebada, pero que les había mandado grano estropeado y en
germinación. Cuando se atacaba a los molinos, y se estropeaba la
maquinarja, era a menudo como consecuencia de una advertencia
prolongada eue no había sido escuchada, o como castigo a alguna
práctica escandalosa,
Realmente, si deseamos poner en duda la visión no lineal y es-
pasmódica del motín de subsistencias, no tenemos más que Rpuntar
hacia este tema continuado de la intimidación popular, en el que
homhres y mujeres a punto de morir de inanición atacaban nn obs-
tante molinos y graneros, no para robar el alimento, sino para cas-
tigar a los propietarios, Repetidamente, el grano o la harina eran
dE'rramndos ? lo largo de cnrteteras y setos, arrojado al do) estropea-
da la maquinaria v abiertos los diques de! molino. Ante ejemplos de
un comportamiento tal, las autoridades reaccionaban tanto con indig-
nación como con asombto. Era un comportamiento (en su opi.nión)
sintomático del estado de ánimo «frenético» y destemplado de una
gente cuyo cerebro estaba excitado por el hambre. En 1795, tanto el
justicia mayor como Arthur Y oung, dirigieron discursos a los pobres
en los que se destacaba que la destrucción del grano no era el mejor
108 TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
medio de mejorar el suministro de pan. Hannah More añadió una
dlomilía de Medio Penique». Un versificador anónimo de 1800 nos
da un ejemplo bastante más vivo de estas amonestaciones a las clases
bajas:
Cuando pasas las horas con tus Amigos del campo,
y tomas, con la abundancia que quietas, el vaso desbordante
Cuando todo se vuelve ttanquilo, si oyes por casualidad
son los Acapamdores los que encarecen tanto el grano;
Que necesitan y conseguirán pan: ya han comido bastante
Arroz y Sopa, y engrudos por el estilo:
Lo tomar<Ín sin pedirlo: y se esforzarán por la fuerza y la violencia
En vengarse ele estos ladrones de granos}}:
Joho jura que luchará mientras le quede aliento,
«Es mejor ser colgado que morir de hamhre:
Quemará el granero del Señor Hoardúm, eso hará,
Sofocará al viejo Filch Bag, y destruirá su molino)?
\' cuando preparen la Púa y la Horca
y todos los útiles de la guerra rústica".
Háblales de los males que acompañan los actos ilegales,
Acciones que, comenzadas en la ira, terminan en dolor,
Que quemar pajares, y destruir molinos,
No producirá grano ni llenad los estómagos.
¿Pero eran realmente tan ignorantes los pobres? Uno sospecha
que los molineros y comerciant'?s que estaban ojo avizor con respecto
a la gente y al tiempo procuraban elevar al máximo sus beneficios,
conocían mejor las circunstancias que los poetastros sentados en sus
escritorios. Pues los pobres tenían sus propias fuentes de
ción. Trabajaban en los puertos. Transportaban las barcazas a lo
largo de los canales. Conducían los carros y manejaban las barreras
de peaje. Trabajaban en los graneros y molinos ... Con frecuencia
conocían los hecbos locales mucho mejor que la gentl'y; en muchas
acciones fueron derechos a las provisiones de grano escondidas cuya
existencia habí",1 negado, de ,bueoa fe, los jueces de paz. Si es cierto
que los rumores iban muchas veces más allá de todo lírnite, tenían
siempre al menos su raíz en tll1<1 ligera base de realidad. Los pobres
sabían que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el
bmzo.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 1119
VI
Las iniciadoras de los motines eran, con .frecuencia, las muje-
res. SabelTI'Js que en 1693 una gran cantidad de mujeres se
ron al mercado de Northampton, con «cucbíllos escondidos en sus
corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación».
En un motín contra exportación en 17 3 7, en Poole (Dorset), se in-
formó que <dos Grupos se CDmponen de muchas Mujeres, y los Hom-
bres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a algu-
na de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran
Número de Hombres y destruir tanto Barcos calDo Cargamentos». El
populacbo fue alzado en Stockton (Dnrham) en 1740 por una "SeI10-
ra con un palo y una corneta». En Haverfordwest (Pembr{)ke), en
1795, un qnticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subal-
terno, luchar con los mineros del carbón, se quejó de que "das muje-
res íncitab,n a los Hombres a la pelea, y eran perfectas fnrias.
Recibí algunos golpes de alguna de ellas sobre mís Espaldas ... ».
Un periódico de Birmingham describía Jos motines de Snow Hi11
como obra de «una chusma, incitada por furiosas mujeres>? En doce-
nas de casos ocutre lo mismo: las mujeres apedreando a un
ciante poco popular con sus propias patatas, o combinando astuta-
mente la furia con el cálculo de que eran algo más inmunes que
lQS hQmbres a las represalias de las autoridades; <<las mujeres dijeron
a los hombres del vulgo>}, dijo el magistrado de Haverforclwest refi-
riéndose a los solcbdos, «que ellas sabían qUf:' las tcnÍ:.Ul en sus COtB-
zones y que no les harían ningún daño}}.
Estas mujeres parecen baber pertenecido a una prehistoria ele su
sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían
haber esperado unos doscientos años pata su liberación. (Southcy
podia escribir, C01110 lugar común, en 1807: mujeres están más
dispuestas ;l amotinarse: tienen menos temor a la ley J en parte por
ignorancia, y en parte porque abusan del privilegio de su sexo, y pm
consiguiente en todo tumulto público sobresalen en violencia y feto-·
cidad.») 50 Eran también, por supuesto, las más involucradas en la
59. Leftas !rom E1tglawl. Londres, 18l4, Il, p. 47. Las mujeres tenían
otros recursos además de la ferocidad: un coronel de Voluntarios Sí' laJnentaba
de que <w] Diablo en forma de Mujetes está ahora usando toda su influencia
para inducir a la tropa a romper su lealtad a sus Oficiales»: Lt.-Col. J. Entwislc,
Rochelalc, 5 agosto 1795, PRO, WO l.lO&6.
110
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE
compra y venta car8 a cara, más sensibles a la trascendencia del
precio, las nüís experimentadas en detectar el peso eSGISO o la calidad
inferior. Es probable que con mucha frecuencia las mujeres precipi-
tnran Jos movimientos espontáneos) pero otros tipos de acciones se
preparaban con más cuidado. Algunas veces se clavaban carteles en las
puertas de iglesias o posadas. En 1740 due pregonado en Ketring
un Partido de Fútbol de Quirientos Hombres de un lugar, pero la
intención era Destruir los Molinos de la Señora Betey ]esmaine».
A (inales ele siglo, es posible que se hiciera más corriente la distri-
hución de avisos escritos a mano. Proveniente de \'i7 akefield (Y ork-
shire), 1795:
Pa1"n avisar
A todas lns 1v1ujercs domiciliadas en \V'lkcficld que se desea
se: relÍnan en la Iglesia Nueva .. , el próximo Viernes a las Nueve
para fijar el precio del trigo ...
Por desco de los habirantes de Ha1ifax
que se reunÍrán con ellas allí.
De Saarron (Cortlualles), 1801:
A todos los Hombres trabajadores Comerciantes en la
tena de Stratton que están dispuestos a ;;;alvar a sus iv1ujetes e
Hijos de la Terrible condición de ser llevados a la TvIucrte por
H8.111bre por el insensihle y ac,lpar¡:¡dor Agricultor Reuníos todos
inmediatamente y marchad en temeroso Orden de Batalla a Vi-
yiendas de los agricultores usureros, y Obligad los a Vender el
Grano en el I\1ercaclo, a un precio justo y razonable ...
6O
La aCClcm espontánea en pequefía escala podía derivarse de una
especie de abucheo o griterío ritual frente a la tienda del vendedor
al por men·)r, de la intercepción ele carros de grano o harina al pasar
por un centro populoso, o de la simple congregación de una multi-
tud amenazante. Con gran rapidez se dcsarrolhba una situación de
negociaClon: el propietario de las provisiones sabia muy bien que si
no aceptaba voluntatiamente el precio impuesto por la multitud (y
()o. Ketteting: PRO, SP 3650: para otros ejemplos del uso del hítbol
{';Ha congregar :1 las 11l;1QS, véase R. 1\1. i\1alcnlmsoll, «Popular Recrc<ltions in
Snciety, \Varwick Uni\'. Ph. D. thesis, 1970, pp. 89-90.
I
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 111
su conformidad hacía muy difícil cualquier prosecución subsiguiente)
cotrÍa el peligro de perder todas sus mercancífls. Cuando fue inter-
ceptado un carro con sacos de trigo y harina en Handborough (Oxon.),
en 1795, unas mujeres se subieron al carro y tiraron los sacos a los
lados de la carretera. «Algunas de las personas allí reunidas dijeron
que darían Cuarenta Chelines por el Saco de Harina, y que pagarían
eso, y no darían más, y que si eso no era bastante, lo tomarían por
la fuerza.» El propietario (un yeaman) * lo aceptó finalmente: "Si
tiehe que ser ese el precio, que lo sea». El procedimiento de forzar In
negociación puede verse con igual claridad en la declaración de
Thomas Smith, un panadero. que fue a Hadstock (Essex) con pan en
sus alforjas (1795). Fue detenido en la calle de la aldea por un grupo
de cuarenta o más mujeres y niños. Una de 18s mujeres (esposa de
un trabajador) detuvo su caballo
y habiéndole preguntado si había rebajado el precio del Pan, él
le dijo que no tenía Órdenes de los Molineros de rebajarlo, y ella
dijo entonces «Por Dios que si no lo rebajas no dejarás ningún
Pan en este Pueblo) ..
varias personas entre la multitud ofrecieron entonces 9 peniques
por un pao de 4 lihras, mientras que él pedía 19 peniques. Enton-
ces «juraron que si no se lo daba a 9 peniques la Hogaza se lo
rían, y antes de que pudiera dar otra respuesta, varias Personas que
estaban a su alrededor sacaron varías I-Iogazas de sus Cestas ... ».
Sólo al llegar a este punto aceptó Smith vender a 9 peniques la
hogaza. La negociación fue bien entendida por ambas partes, y los
vendedores al por menor, que tenían que contar con sus clientes
tanto en los años buenos como en los malos, capitulaban con frecuen-
cia ante las primeras señales de turhulencia por parte de la multitud.
En disturhios a gran escala, una vez formado el núcleo del motín,
el resto de b muchedumbre era a menudo levantado a toque de trom-
peta y tambores. "El lunes pasado -comenzaba una carta de un ma-
gistrado de Shropshire en 1756-·, los mineros de Broseley se reu-
nieron al sao de las trompetas, y se dirigieron al Mercado de \X7en-
lock .,,» El punto crítico era la reunión de un núcleo determinado.
No sólo se explica el destacado papel de los mineros por su «vin-
lidad" y por el hecho de estar particularmente expuestos a la explo-
>lo Hacendado o lanrador 3CClmodado. (N. del f.)
J 12 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DF CLASE
ud6n del consumidor, sino también por su número y por b nntutal
disciplina de una comunidad minen!. «El jueves por la mañana
--declaró John Todd, un minero de la mina de carbón Heaton,
Gateshead (1740)-, en el momento en que empezaba la ronda de
noche», sus compañeros de mina, «en número de 60 u 80 detuvieron
la bomba de agua de la mina '" y se propuso venir a Newcastle para
fijar los precios del grano ... ». Cuando vinieron desde lo mina de
carbón Nook a Haverfordwest en 1795 (e! magistrado relata que su
ayudante dijo: «Doctor, aquí vienen los mineros". yo levanté la vista
y vi una gran multitud de hombres, mujeres y niños con potras de
roble que bajaban por la calle gritando "todos a una, a una'\>),
los mineros explicaton más tarde que habían venido a petición de los
pobres de 1.1 ciudad, que no tenían el nnimo necesario p8nl fijiU el
precio por su CUenta.
La composición de 1:1 multitud en cuanto a profesiones nos pro-
porciona pocas sOl'presas. Era (parece) bastante representativa de
las ocupaciones de las «clases más bajas» en las zonas de motines.
En (Oxon.) encontramos informes contra un tejedor de man-
tas, un sastre) la mujer de un vendedc)t· de bebidas alcohólicas y un
cri,Hlo; en Saf[ron \,\7:dden (Essex) acus;lCiClllCS contn1 dos cabestre-
ros, un zapatero, un nlbañiJ, \ln carpIntero, un asetr:1Jor, un traba-
jndor en estambre, y nueve 1abtadorc::;; en varias aldeas de Devon-
shirc (Sampford Peverell, Dur1escomb, Culmstock) cncontnl1110S con
que se l1CUS3 n un l1ibndero, dos tejedores) un card;l(lor de lnn<1, un
zapateta, un bordador y diez trabajadores; en el suceso de Handbo-
rough se habló en nnn información de un carpintero, un C[lntero, un
aserrador y siete labradores. I-Iabía menos acusaciones en relación n
la supuesta instigncíón por pJtte de personas con u.na posición supe-
rior en la \·¡da de las que Rudé y ottos han ohservado en Francia,
a pesar de que se sugería con frecuencia que los ttabajadore:; emn
alentados por sus superiofes a ndoptnr un tono hostil hacia agricul-
tores e intermediarios. Un observador del sudoeste sostellía en 1801
que los motines estaban «cíel"tamentc dirigidos por comcrciantes in-
feriores, cardadores, y disidentes, que se mantenüm np:1ttados pero,
por su lenguaje e inmediata influencia, gobernab<ll1 a las clases bajas».
Ocasionalmente, ¡.;e adujo que person-as que emplealxm muchos tra-
b:,ljadores habían animado a sus propios obreros a nctuar.
Otra diferencia importante, en comparación con Francia) era la
rebtiva inactividad de los lab,ad01'es de Inglaterra en contraste con
I
I
I
I
!
I

,
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 113
la ,actividad de los vigl1erO!1S y el pcqueño campesinado ftancés.
Muchos productores de cereal, por supuesto, continuaron con la cos-
tumbre de vender grano barato a sus propios jornaleros. Pero esto
se aplicaba sólo a los jornaleros regulares, con contratos anuales, y "
ciertos distritos. Por otra parte, los trabajadores rnrales sí que
participaban en los motines cuando otro grnpo (como los mineros)
formaba el núcleo original, o cuando una cierta actividad Jos reu-
nía en número suficiente. Cuanclo un grupo grande de trabajadore,
recorrió el valle del T ámesis en 1766, la ·acción había comenzado
entre cuadrillas que trabajaban en la barrera ele portazgo de una
carretera, (luienes dijeron «con una sola voz: Vamos todos n una a
Nc\VsbJry en una corporación para Poner más Barato el Pam). Una
vez en el ¡--ueblo, lograron más apoyos, desfilando pOI' la pInza y
dando tres vítores. En el East Anglia en 1795 se crecí un mieleo simi-
lar eéltre los bal1.ken (cuadrillas «empleadas para limpiar Zanjas de
Dren"je y en la presa» l. Los banken estaban tamllién menos sujetos
a la identificación inmediata y al castigo, o a las venganzas del pater-
nalismo rural que los tr8baiadores de la tierra, puesto que eran, «en
su mayor extranjeros de diferentes comarcas los ctI81es no
son tan fácilmente ap8ciguados como los que viven en el lugar».
En realidad el motín de subsistencias no precisaba de un alto
grado de organización. Necesitaba un consenso de apoyo en la comu-
nidad, y un modelo de acción heredado, con sus propios objetivos y
restrtccione5;. La persistencia de esta form8 de acción suscita una
cuestión lnteresante: ¿hasta qué punto tuvo, en cualquier sentido,
éxito? ¿IIubiern continuado durante tantos años --tealrnente cien-
tos de años- si hubiera fracasado decididamente en lograr sus obje-
tivos) y no hubiera deiado tras sí más que unos pocos molinos des-
truidos y víctimas en las horcas? Es una pregunt8 especialmente difí·
ci! de contestar; pero que debe ser planteada.
VIl
A corto plazo, parece probable que el motín)' la fijación de pre-
cios frustraron sus propios objetivos. Los agricultores eran a veces
intimidados hasta tal punto que se negaban después, durante varias
semanas, a llevar sus productos al mercado. Es probable que la inter-
dicción del movimiento del grano dcntru de la región no hiciera más
¡ 14 'IHADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCTA DE CLASE
que agravar la escasez en otras. AUi1ql1c pueden encontrarse ejem-
plos en que e! motín parece producir una caída de los precios, y
ejemplos también de lo contrario, e incluso otros en los que parece
haber poca diferencia en el movimiento de precios en mercados donde
hubo y no hubo motín, ninguno de esos ejemplos ---5cnn calculados
por agregación o por término medio-- tiene por qué revelar necesa-
riamente el efecto que la expectación del motín ptoducín sobre la
situación total del mercado.
61
Podemos tomar una analogía de la guerra. Los beneficios reales
inmediatos de la guerra rara vez son significativos, ni para vence-
dores ni para vencidos, pero los beneficios que pueden obtenerse de
la amenaza de guerra pueden ser considerables y, sin embargo, la
AlnenaZa de guerra no comporta terror alguno si no se llega nunca
<1 la sanción de la guerra. Si el mercado fue un campo de batalla de
la guerra de clases en la misma medida en que llegaron a serlo la
fábrica y la mina durante la revolución industrial, entonces la ame-
naza del motín afectaría a la situRción total de mercado, no sola-
mente en años de escasez, sino también en años de cosecha media,
y no solamente en poblados destacados por su susceptibilidad al
motín, sino también en aldeas donde las antoridades deseaban per-
severar una tradíción de paz. Por muy meticulosamente que cuanti-
fiquemos Jos datos disponibles, no pueden Éstos mostrarnos a qué
nivel habrían subido los precios si se hubiera eliminado totalmente la
nmcnaza de motín.
Las autoridades de zonas propensas al motín dominaban a menu-
do Jos disturbios de manera equilibrada y competente. Esto nos per-
mite a veces olvidar que el motín era una calamidad que producía
con frecuencía una profunda dislocación de las relaciones sociales de la
comunidad, cuyos efectos podían perdurar durante años. Los magis-
trados provinciales se encontraban muchas veces en un extrem;:Jdo
aislamiento. Las tropas, si es que se las llamaba, podían tardar dos,
tres o más días en llegar, y la multitud lo sabía muy bien. El sherilf
de Gloucestersbire, en los primeros días del ,<levantamiento» de
61. Indudablemente, investigaciones pormenorizadas de movimientos de
pi"C(105 a corto pla7.0 en relación con los motines, quc varios investigadores
dcs:1.tTotLm ahora con ayuda de computadoras, ayudará a afinar la cuestión)
~ l C r o las variables son muchas, y la cvídencia con respecto a algunas (antici-
pación de motín, persuasión ejercida sobre arrendatarios, comerciantes, etc.,
S\1scri!xioncs caritativas, aplic1Cjrín de precios. para pobres, etc.) es a menudo
difícil de encontrar y de cuan:ílícar.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
115
1766, no pudo sino acudir al mercado de Strond con s\]s «hombres
de jabalina». Un magistrado de Suffolk, en 1709, se abstuvo de en-
carcelar a los dirigentes de la muchedumbre porgue "el Populacbo
amenazó con destruir tanto su casa como el Calabozo si castigaba a
cualquiera de sus compañeros». Otro magistr8do que, en 1.740, di-
rigió un harapiento y nada marcial posse commÍlatu5 a través del
Yorksbire del norte basta Durham, baciendo prisioneros por el ca-
mino, quedó desalentado al ver a los ciudadanos de Durham darse la
vuelta y liberar a dos de los presos a la puerta de la cárcel. (Tales
rescates eran normales.) Un exportador de grano, de Flint, tuvo una
experieneia aún más desagtadable en el mismo año: los amotinado¡
entraron en su casa, se bebieron la eerveza y el vino de su bodega,
y permanecieron
con una Espada Desnuda apuntando al pecho de mi Nllera
Tienen muchas Armas de Fuego, Picas y Espadas. Cinco de ellos
con Picas declaran que cuatro son suficientes para llevar mis
Cuatro Cuartos y el otro mi Cabeza en trÍunfo con ellos .'.
La cuestión del orden no era ni mucho menos sencilla. La insuficien-
cia de las fuerzas civiles se combinaba con la repugnancia a emplear
la fuerza militar. Los funcionarios mismos tenían la suficiente huma-
nidad y estaban acorralados por ambigüedades suficientes, en cuanto
a sus poderes en caso de disturbios civiles, como para mostrar una
marcada falta de entusiasmo por ser empleados en este "Servicio
Odioso». Si los magistrados locales llamaban a las tropas, o autori-
zaban el uso de armas de fuego, tenían que seguir viviendo en el
distrito después de la marcha de las tropas, incurriendo en el odio de
la población local, quizá recibiendo cartas amenazadoras o siendo
víctimas de rupturas de ventanas e incluso de incendios. Las tropas
alojadas en un pueblo se hacían rápidamente impopulares incluso
entre aquellos que al principio las habían llamado. Con extraña regu-
laridad las peticiones para recibir ayuda de tropas son seguidas, en
los documentos de! Ministerio del Interior o del lvlinisterio de la
Guerra, tras un intervalo de cinco o seis semanas, por peticiones para
su retirada. Una lastimosa súplica de los habitantes de Sunderland,
encabezada por su rector, pedía, en 1800, la retirada del 68 regi-
miento:
116
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Su principal objetivo ('$ el robo. Varias petsonas han sido
golpeadas y despojadas de sus relojes, y siempre se ha hecho de la
manera más vlolenta y brutal.
A un joven le fracturaron el cráneo, a otro le cortaron el labio supe-
rior. Los habitantes de Wantage, Farringdon y Abingdon pidieron
en nombre de Dios ... que se lleven de este lugar la seCClOll del
Regimiento de Lord Landaff {) si no el Asesinato será forzosamente
la consecuencia, pues un grupo de Villanos comO este no ha
entrado nunca en este
Un magistrado local, que apoyaba esta petición, añadía que el «sal-
veje comportamiento de los so:dados. exaspera a la población hasta
10 indecible. El trato normal de los campesinos en ferias y merca-
dos se ha deteriorado mucho:>.
El motín era una calamidad. El «orden» que podía seguir tras
el motín, podía ser una calamidad aún mayor. De aquí la 3.nsiedad
de las autoridades por anticiparse al suceso o abortarlo con rapidez
en sus primeras fases, por medio de su presencia personal, por exhor"
taciones y concesiones. En una carta de 1763 el alcalde de Penryn,
sitiado por iracundos mineros del estaño, escribe que el pueblo fue
visitado por trescientos «de aquellos bandidos, C011 los cuales nos
vimos forzados a parlamentar y llegar a un acuerdo por el cual les
permitimos que obtuvieran el p-r:1110 a \.In tercio menos de 10 que
h:1bí<l costtldo 8. los propietrll"ios).:>. T;l{eS acuerdos, o menos fOt-
7.ados, eran corrientes. Un experimentado magistrado de Warwick.-
shite, sir Richard Newdigate, anotó en su diario del 27 de septiembre
de 17(,6:
A las once cabalgué a Nuneaton y con las personas princi-
pales del pueblo me entrevisté con los mineros y el populacho de
Bedworth que vínicron vociferando y armados con palos, pidieron
10 que querían, prometí s3tisfacer todas sus peticiones razonables
si se apaciguaban y tiraban <;us palos lo c11n1 hicieron todos en el
prado; después fui con ellos a todas las casas en que creían se
hahía acaparado V permití a ') n 6 cntntr para registrar y persuadir
a los dueños de vender el queso que se encontrase
Entonces los mineros abandonaron en orden el pueblo, después de
que sir Richard Newdigate y otros dos les hubieran dacio cada uno
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 117
media guinea. Habían actuado en efecto de acuerdo con el Book of
Orders.
Este tipo de negociaclon en los comienzos del motín, solía ga-
rantizar concesiones a la multitud. Pero debemos también observar
los esfuerzos de los magistrados y terratenientes para prevenir el
motín. Así, un magistrado de Shropshire en 1756 descrihe cómo
los mineros «dicen que si los agricultores no traen su grano a los
mercados, irán cllos a sus casas para trillarlo ellos mismos»:
Yo he enviado orden a mis arrendatarios para que cada uno
lleve cierta cantidad de grano al mercado los Sábados como único
medio de prevenir mayores daños.
En el mismo aflo puede vetse a los magistrados de Devon realizando
esfuerzos similares. Se habían producido motines en Ottery, el grano
de los agricultores había sido arrebatado y vendido a 5 chelines un
bus"el y varios molinos habían sido atacados. Sir Geotge Yongc
envió a su criado a fijar un pasquín admonitorio y conciliador en el
mercado:
El populacho se congregó, insultó a mi Cdado e intimidó al
Pregonero ... al leer el pasquín (kcl:nawn que nn servía, no nece-
sitaban molestarse Jos Cab('¡}leros porgue Ellos fijarían el precio
a 4 chelines 9 peniques en el próximo Día ele Mercado: en vista
de esto fui ayer al Pueblo y dije tanto a la Gente Comlín como
a los de mejor clase, que si la situaci6n no perméwecÍa
habría ele Hamar al ejército ...
Él y dos miembros de la gel1try de la vecindad enviaron su propio
grano a los mercados locales:
He ordenarlo que el mío se venda a 5 chelines 3 peniques
y 5 chelines 6 peniques por bushel a ht gente más pobre, puesto
que hemos decidido mantenerlo algo por encima del precio dictado
por el populacho. Consultaré con Jos molineros para snher si pueden
darnos algo de Harina ."
El alcalde de Exeter contestó a Yonge q\le las antorichcles de la
ciudad habían ordenado que se vendiera el grano a .'5 chelines ro perlÍ-
ques: (/fodo quedó tranquilo en cuanto los agriculuwes bajaron el
precio ... ». Medidas similates se tomahan todavía en Devon en
1801, «ciertos caballeros entre los Inás respetables de la vecindad de
J 1 g THADlcrÓN, REVUELTA Y CONSC1ENCIA DE CLASE
Exctcr ... ordenaron ... a sus Arrendatarios nevar el Gnll10 al
:rvicrcHlo IXljO pena de no renov8rles los En 179.5
y t 8()(q 80 1, órdenes como estas de los terratenientes tradicionalistas
a sus arrendatarios eran frecuentes en otros condados, El conde de
\Varwick (un archipaternalista y un defensor de la legislación contra
con el máximo rigor) recorrió en persona sus
des dando órdenes como estas a sus arrendatariDs.
Presiones tales en prevención de un motín, pueden haber sido
n1<'ís eficaces de lo que se ha supuesto en cuanto a llevar gtfll10 al
mercado, frenar la subida de precios e impedir cieHo tipo de lucro.
1'",1:t5 ,nín) unn predisposición al lTlo1.Ín era dertnmente cfcctivíl como
advertencia a los ricos de que dehÍ<lJ1 poner en buenas condiciones
la organización de la beneficencia parroquial y de la Glridnd, grano
y p<lIl subvencionado los pObITS. En enero de 17.57, la corpo-
r<1ción de Reacling acordó:
Que se organizara una S11SCIJpCl0I1 para reunir dinero para
compr;¡r P;¡n que scnl dist!:ibuido entre los Pobres a un precio
qlle será fijado muy por d(,bajo del precio actual del Pan ..
la corporación misma donó 21 libras, Tales medidas se adoptaban
con much<1 f reenencia, por in1ciativa unas veces de una corporación,
otrns de un individuo de la geJltry, nlgunas de un ttibul1al 11111nicipnl
tJ-imcstral, otras de las autoridades parroquiales, o ele los patronos,
cspccinlmente de flquellos que cmp1c8ban un número considemblc
de tr,lbajadol"es (C01110 los mineros del plomo) en distritos nisIados.
L;lS medidas tomadas en 1795 fueron especialmente amplias, va-
ri"das y bien documentadas, Iban desde suscripciones directas para
reducir el precio del pan (las p,uroquias enviaban a veces sus propios
agentes directamente a los puertos a comprar grano importado), pa-
sanclo por precios subvencionados para los pobres, hasta el sistema
Spcenhamland,* El examen ele dich<ls medidas nos adentraría más
profundamente en la bistoria de l<ls Leyes de Pobres ele lo que es
nuestra intcnción)D2 pero los efectos érall en ocasiones curiosos. Las
,'c de ayuda a los pobres aclopt"do en 1795 por los magistrados
del Berkshire y que se mantuvo en gran parte de Inglaterra incluso hasta
principÍ(ls del siglo XIX. (N. del t.) •
62 Espcci"lmentc útiles son 1<1:; respuestas de Jos corresponsales en
n{ ,'l.f1,l"icu!ltIrC, XXIV y XXV 079'i). Véase tmllbién S. y B. \'\1chb. «The
;\ssi7.c of 13rc;1(1)>, oIJ. cit.} pp. 2C!8·209; J. L. y B. l1am!1lnnd, ofJ. cit.) cap. VI;
\YJ. 1\'1. Sto-no op. cit., pp. 181-186.
¡
LA ECONO!\-1ÍA MORAL DE LA MULTITUD
119
suscripciones, aunque tranquilizaban una zona, podian provocar un
motín en otra adyacente al despertar un agudo sentimiento de desi-
gualdad, En 1740, un acuerdo concertado en Ncwcastle pnra reducir
los precios entre los comerciantes y una delegación de una manifes-
tación de 1l1ineros (actuando concejales como mediadcnes), produjo
el que ln ciudad se viera inundada por «gente del campo» de las
aldeas de los alrededores; se intentó sin éxito limitar la venta a per-
sonas con un certificado escrito de un «Ajustador, un Encargado del
Depósito del Carbón, nn Medidor o un Capillero», La participación
de soldados en motines encaminados a fijar el precio fue explicada
por el duque de Hich1l1ond como por l1n<l desigualdad si-
milar: alegahan los soldados que «mientl'as 1<1 Gente del C;1lllpO es
socorrida por sus Parroquias y Subscripciones, los Soldados no reci-
ben ningún Beneficio similar». Además; tajes suscripciones, <1unque
su intención era «sobornan> al motín (real o potencial), pndínn 8. me-
nudo producir el efecto de elevar el precio del pan para los que no
participahan del beneficio de la suscripción.') Puede observatse este
proceso en Devon del sur, donde .las flutor.ídades !lctunban todavía en
1801 dentro de la tradición de l/TI, Una multitud se manifestó en
Exeter, en el mercado, pidiendo trigo a 1 () chelines el hllshel:
Los Caballero,,, y los Agricultorc,<; se reunieron y el Pueblo
esper6 Sll decisión " .. fueron informados de qlle no se accptnría
ningún Precio gtlC ellos propusicnlD o fijaran, y principillmcntc
porque el principio ele Fijar un Precio encontrada su npnsici{lll.
Los Agricultores después acordaron el de 12 chelines y que cadn
Habitante lo obtuvÍcra en proporción a su Familia
Los Argumentos de los descontentos en Exmouth son muy con-
tundentes. «Dadnos cualquier cantidad que permitan las Existen-
cias Disponibles, y a un precio por el cual po(bmos obl.encrl<l, y
es1"aremos satisfechos; no aceptaremos ningul1l1 Subscripción de la
Gcntry porque al.lmenta el precio, y supone una rlrivación para

Lo que importa ::lquí 110 es solament.e que los precios, en momentos
de escasez, estuvieran determinados por muchos otros factol"es ade.
63. Un punto que debe ser comidcraclo en todo an8.1isis cl.lantific;:¡do: el
preCio que quedaba en el mcrcndo después de l111 motín pnclía .rubí,-, 8unq1.1C, 8
consecuencia del motín o de la nmenaza de motín, el pobre poc1ín recihir grano
(\ precios subvencionados.
120 'rRADICIÓN, REVUELTA y CONSCIENCTA DE CLASE
de las simples fuerzas de 1l1C1T,ldo: cualquiera con un conoci-
miento, incluso pequeño, de las muy difamadas fuentes «literarias»)
tiene que ser consciente de ello. Es más importante observar todo el
contexto socioeconómico dentro del cual operaba el mercado, y la
lógica ele la presión popular. Otro ejemplo, esta vez de un mercado
libre de motines hasta el momento, puede mostrarnos esta lógica en
acción. El relato proviene de un agricultor acomodado, John Toogoocl
en Sherborne (Dorset). El año 1757 comenzÓ con una «queja ge-
nerah· contra los altos precios, y frecuentes informes de motines en
ottos lug;:tres:
El 30 de abril) siendo Día de 1vlcrcado, muchos de nuestros
ociosos e insolentes Hombres y Mujere.s Pobres se reunieron y
empezaron un 1\110 tí n en la Plaza del Mercldo, fueron al Molino
de Oborl1 y trajeron muchos Sacos de Harina y dividieron el Botín
aqHí en T riunro.
E1 lunes siguiente se encontró en la abadín una carta anontma, diri-
gida al hermano de Toogood (que acababa de vender 10 bllshels
de trigo a 14 chelines 10 peniques un precio
alt()))-- a un molinero): ;,<Señor, si no traéis vuestto Trígo al rvlerca-
do, y lo vendéis a un ptecio razonable, serán destruidos vuestros gra-
neros ... »
Puesto que los mutines son una Co::;a muy nueva en Shetborne ...
y puesto que las Parroquias vecinas parecían estar a punto de
participar en este Deporte, pensé que no había Tiempo que perder,
y que era conveniente aplastar esle l'v\al de Raíz, para lo cual toma-
mos :;¡s sij2:uientes lvledida!".
Habiendo convocado una "Reunión en el Hospicio, se acordó
que el señor Jeffrey y yo hiciéramos un Informe de todas las
FamiJias del Pueblo más necesitadas, hecho esto, reunimos alre-
dedor de 100 libros por S1.lbscripc!(lneS y antes del Sigtiiente Día
de T\1ercado, nuestro Juez de Pa;: y otros habitantes principales
hicieron una J. través de todo el Pueble, y publicaton
por medio del Pregonero del Pueblo el siguiente Aviso:
«(Que se entregará <l las Familias Pobres de este Pueblo una
Cantidad de Trigo suficiente para su ivlantenirniento todas las
Semanas h3sta la Cosecha 31 Precio de 8 chelines por bushel y que
si cualquier persona despué" de este aviso pt.'lblico utilizara cual·
quier expresión 8.!llCl1<l.Z;\(.1ora n ('(1mctiera cualquier motín o De5-
LA ECONOMÍA T\'¡ORAL DE LA MULTITUD 121
orden en ('"te Puchlo, sed el cu1pahle condenado H Prisi6n en el
acto».
Después contrataron la compra de trigo a 10 chelines y 12 peniques
el bushel, suministrándolo a la «Lista de Pobres» a 8 chelines hasta
la cosecha. (60 /mshels a la semana en este período supondrhn un
suhsidio de entre 100 Y 200 libras.) "Por estos medios resrauramos
la Paz, y desilusionamos a muchos Sujetos vagos y desordenados c1e
las Parroquias Vecinas, que aparecieron en el MercRdo con los
Sacos vncíos, esperando haber obtenido Grano sin Dinero.» Tohn
Toogood
J
(-:5cribiendo este relato para guía de sus hijos, concluía
con el consejo:
Si circunstancias como estas conclltren en el futuro ell vuestra
Vida y algllno de vosotros está dedicado él los Negocios de la
Agricultura, no dejéis que os tiente un ojo Codicioso a ser los
primeros en aumental' el Precio del Grano, sino dejad mejor que
vuestra Conducta muestre alguna Compasión y Caridad hacia la
Conclici{)n del Pohre ..
Es dentro de un contexto como este donde puede descuhrirse b
función del motín. Este pudo ser contraproducente (1 corto plazo,
aunque no :"le haya demostrado todavía. Pero, repetimos, el motín era
una calamidad social, que debía evitarse a cualquier coste. Podía
consistir éste en lograr un término medio entre un precio «econó-
mico» muy alto en el mercado y un precio «moral» tradicional deter-
minado por la multitud. Este término podía alcanzarse por la inter-
vención de los paterna listas, por la automoderación de ngricu1tores
y comerciantes, o conquíst3ndo un8 parte de la mllltitud por medio
de la cRridad y tos subsidios. Como cantaba 'llegrem<"ntc n"nmh
More, en el personeje elel sentencioso Jack Anvil al intentar disuadir
éste 3 Tom Hood de 31 motín:
Así, trabajaré todo el día, y el Domingo buscaré
en la Iglesia cómo :>oportat toda:> las necesidades de la 5('mana.
Las gentes de bien, también, nos proporcionad n provisiones,
Harán suscripciones -y renunciarán a sus hizcochos y pasteles.
Derry doum
122 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Si, dcrry dowlJ y ¡tra-Jará-Jará! Sin embargo, siendo como era el ca-
rácter de las gentes de bien, era más probable que un motín ruidoso
en la parroquia vecina engrasara las ruedas de la caridad, que la ima-
gen de J ack Anvil arrodillado en la iglesia. Como lo expresaron sucin-
tamente las coplas colocadas fuera de las puertas de la iglesia en
Kent en 1630,
Cuanto antes nos levantemos
Menos sufriremos.
VIII
Hemos estado examinando un modelo de protesta social que se
deriva de un consenso con respecto a la economía moral del bienes-
tar público en tiempos de escasez. Normalmente no es útil examinarlo
con relación a intenciones políticas claras y articuladas, a pesar de
que éstas a veces por coincidencia casual. Pueden encon-
trarse a menudo frases de rebdión, normalmente destinadas (sospe-
ellO) a helar la sangre de los ricos con su efecto teatral. Se decía que
los mineros de Newcastle, animados por el éxito de la toma del ayun-
tntntento, <,cran partidarios de poner en práctica los antiguos prin-
cipios niveladores»; al menos desgarraron los retratos de Carlos II
y Jacobo II e hicieron pedazos sus marcos. En contraste, los barque-
ros de Henley (Oxon.) gritaron «Viva el Pretendiente», en 1743, y
olguíen en Woodbridge (Suffolk) clavó un aviso en el mercado, en
1766, que el magistrado local consideró «particularmente descarado y
sedicioso y de alto y delicada significación>>: «Deseamos
Cjue nuestro exilado Rey pueda venir o enviar algunos funcionarios».
Es posible que esa misma intención amenazante tuvieran en el Sudoes-
te, en 1753, las amenazas de que «los Franceses estarán aquí pronto».
Más habituales son las amenazas generales de «nivelación», e
imprecaciones contra los ricos. En \Vitney (1767) una carta ase-
gureba a los alguaciles de la ciudad que la gente no permitiría a «estos
lnolditos pillos resollan tes y cebados que Maten de Hambre a los
Pobres de Manera tan Endemoniada para que ellos puedan dedicarse
a b caza, lns carteras de caballos, ctc, y para mantener a sus fami·
lias en el Orgullo y la extravagancia». Una carta dirigida al Gold
Cross de Snow Hill en Birmingham (1766), firmada por «Kidder-
minster y Stourbridge», se acerca más al tipo de la copla
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
123
... tenemos un Ejército de más de tres mil todos dispuestos a luchar
y maldito sea si no hacemos polvo el ejército del Rey
Si resulta que el Rey y el Parlamento DO 10 remedian
Convertiremos Inglaterra en Basura
y si incluso así no abaratan las cosas
Maldito sea si no quemamos el Parlamento y lo arreglamo,<; todo
En 1772, una carta de Colches ter, dirigida a todos los agricultores,
molineros, carniceros, tenderos y comerciantes de granos, advertía
a todos los «Malditos Pillos» que tnvieran
pOfque estamos en noviembre y tenemos unas doscientas o tres-
cientas bombas listas para los Molineros y par<1 todos, y no
ni rey ni parlamento sólo una maraña de pólvora por tod<1 la
nación.
Se advirtió a los cahalleros de Fareham (Hants.), en 1766, que se
prepararan «para UDa guerra del Populacho o Civil» que «atranca-
ría a Jorge de su trono y derrumharía las casas de los pillos y des-
truiría los sitiales de los Legisladores». «Es mejor Soportar un Yugo
Extranjero que ser maltratados de esta forma», escribía un aldeano
de cerca de Hereford al año siguiente. Y casos similares se encuentran
en casi todos los lugares de Inglaterra. Es, principalmente, retórica,
aunque una retórica que deshace la retórica de los historiadores
respecto a la deferencia y solidaridad social en la Inglaterra ele
Jorge IlI.
Unicamente en 179.5 y 1800-1801, cuando es frecuente encontrar
un matiz jacobino en estas cartas y volantes, tenemos la impresión
de que existe una corriente subterránea de motivaciones po1íticas
articuladas. Un tajante ejemplo de ellas es cierta copla dirigida a «los
que hacen :os caldos y los Amasadores» que alarmó a un magistrado
de Maldon (Essex):
Queréis que se alimenten los pobres de bazofia y granos
y bajo la guillotina querríamos ver vuestras cabezas
porque creo que es una vergüenza atender a los pobres así
y creo que algunas de vuestras cabezas serán un buen espectáculo.
Cientos y cientos de cartas como estas circularon en estos años. De
Uley (Glos.) <<DO el Rey sino una Constitución abajo ahajo abajo oh
caed altos gorros y orgullosos sombreros por siempre abajo abajo ... ».
124 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
En Le\ves después de haber sido ejecutados varios hnmbres
de la milicia por su participación en la fijación de precios, fue
do un cartel: «i A las Armas, soldados!».
Levantaos y vengad vuestra causa
Contra esos malditos bestias, Pitt y Jotge,
Porque ya que no pueden mandaros a Francia
A ser asesinados como Cerdos, o atravesados por una Lanza,
Sois requeridos urgentemente para que volváis rápidamente
y os maten corno Cuervos, o colgados por turno ...
En Ramsbury (\Vtlts.l. en 1800, se fijó un cartel en un árbol:
Terminad con vuestro Lujurioso Gohierno tanto espiritual como
temp0ral n os !v10ríréis de Hamhrc-. O;; hfln quitncln el pan, Queso,
Carne cte., etc, ctc.. cte., etc, y hasta vucsttas vi (1<1 s os han
quitado <1 OlJles en sus Expediciones que ia Familia Borbónica de-
fienda su propia causa y volvamos nuestra vista, los verdaderos
ingleses, hacia nosotros devolvamos a algunos a Hanover de donde
salieron, Abajo con vuestra Constitución. Erigid una repüblica o
vosotros y vuestros hijos pasar'éi;; hambre el Resto de vuestros
días. Queridos Hermanos. reclinaréis vuestras cabezas y moriréis
baío estos Devoradores de Hombres y dejaréis a vuestros hijos
hajo d peso dd Gobierno de Pillos que os está devorando.
Dios Salve a los Pobres y abajo Jorge IlL
Pero estos aÍlos de crisis bélicas (1800-1801) necesitarían un estudio
apartc. Estamos llegando al fin de una tradición, y In nueva apenas
ha surgido. En estos años, la forma alternativa de presión económica
--presión sobre los sabrios- se hace más vigorosa; hay también
algo más que retórica bajo el lenguaje sedicioso: organización obrera
clandestina, juramentos, los sombríos United Englishmen (<<Ingleses
unidos»). En 1812 los motines tradicionales de subsistencias coinci-
den con el ludismo* En 1816, los trabajadores de East Anglia no
solamente fijan los precios. sino que también exigen un salario
mo y el fin del socorro Speenhamland. Se acercan estos motines a
In revuelta de trabajadores, muy diferente, de 1830. La antigua forma
fe que tenia por obícto destruir maquinaria, que hizo su
aparición en Inglaterra a fines de un 1, y cuyos componentes, formados en
se l.lamaron ludds. (N. del t.)
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 125
de acción subsiste en los años 1840 e incJnso más tarde, con raíces
especialmente profundas en el Sudoeste. Pero en las nuevas zonas de
la revolución industrial evoluciona gradualmente hacia otras formas
de acción. La ruptura en los precios del trigo después de las guerra,
facilitó la transición. En las ciudades del Norte, la lucha contra los
agiotistas de grano dio paso a la lucha contra las Leyes Cerealistas
Hay otra razón por la cual los años 1795 y 1800·1801 nos sitúan
en un terreno histórico distinto. Las formas de acción que hemos
examinado dependen de un conjunto particl1lar de relaciones socia-
les, un equilibrio especial entre la autnridad paternalista y la muche-
dumbre. Este equilibrio se dislocó con las guerras por dos motivos.
En primer lLlgar, el antijacobinismo de la gel1try produjo un nuevo
temor hacia cualquier forma de actividad popular; los magistrados
estaban dispuestos a ver señales de sedición en las acciones encami*
nadas a la fijación de precios, incluso cuando no existía tal sedición;
el temor a la invasión levantó a los Voluntarios, dando de esta
forma a los poderes civiles medios mucho más inmediatos para en-
frentarse a la muchedumbre, no parlamentando y con concesiones,
sino con la represión" En segundo lugar, esta represión resultaba
legitimizada, en opinión de las autoridades centrales y de muchas
locales, por el triunfo de una nueva ideología de economía política.
El secretarío del Interior, duque de Porthnd, sirvió como dip1J-
tado temporal de este triunfo celestial. Hizo gala, en 1800-1801, ele
una firmeza completamente nueva, no solamente en su manera de
tratar los desórdenes, sino en anular y reconvenir a las autoridades
locales que todavía apoyaban el viejo paternalismo. En septiembre
de 1800 tuv" lugar en Oxford un episodio significativo. Por un cierto
asunto relacionado con la determinación del precio de la mantequilla
en el mercado, la caballería hizo su aparición en la ciudad (a petición
-se descubrió- del subsecretario). El secretario del Ayuntamiento,
por indicación del alcalde y los magistrados, escribió al secretario
de la Guerra, expresando su «sorpresa porque un cuerpo del ejército
de soldados de caballería haya aparecido esta mañana temprano>>:
Tengo el placer de- informark que la población de Oxf0td no
ha mostrado hasta el momento ninguna disposición al motín, excepto
que c·l haber traído al mercado algunas cestas de mantequilla \'
64. J. R. Wcstern, «The Volunteer Movement as 20 Anti·Rcvoll.ltionarv
Force, 179.J·IROb, Eng Hísl. Rev. LXXI (1956).
126
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
haberlas vendido a un chelín 1<1
al propietario de la mantequilla
ción
libra y dado cuenta del dinero
pucda responder a tal desctip-
"No obstante la extrema tensión de los tiempos», las autoridades de
la ciudad eran de <<la decidida opinió!1» de que no había «lugar en
esta ciudad para la presencia del Ejército regular» especialmente por-
que los magistrados esta han desplegando la mayor actividad para
reprimir «lo que ellos creen ser una de las causas principales de la
carestía, los delitos de acaparamiento, monopolio y reventa .. »
La carta del secretario del Avuntamiento fue enviada al duque de
Portland, :le quien recibió una grave reprimenda:
Su Excelencía desea que informe al Alcalde y lvI<'lgistrados,
PUCS{Cl que su situaci«n oficial le permite <'lprccinr de manera
muy especial el alcance del daño Plrblíco que se seguirá inevita-
blemente de la continuación de: los ;;;ucesos tumultuosos que han
tenido lugar en varias panes del Reino como consecuencia de .la
actual eSCasez de provisiones, se considera más inmedi<ltamente obli-
gado ,1 ejercer su propio juicio y discreción en ordenar que se
t0men las medidas adecuaths para la eliminación inmediata y efec-
tiva de tan peligrosas acciones. Porque lamentando mucho Su Ex-
ccJencifl la cau;;;a de estos Motines, nada es más cierto que estos
no pueden producir atto efecto que el de aumentar el mal más
;¡l1á de todo posible cálculo. Su Excelencia, por tanto. no puede
permitirse pa$,n en 5iilcncio lil parte de su carta que afirma «que
la población de Oxford no ha mostrado hosta el momento ninguna
disposición al motín, excepto que el haber tr8ído al mercado
algunas cestas de mantequilla, y haberlas vendido a un chelín la
libra, y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla,
pueda responder a tal descripcióm" Lejos de considerar esta cir-
cunstancia desde el p1.1nto de vista trivial en que <lparece en S11
carta (incluso suponiendo que no esté conect<lda con otr<lS de natu-
raleza similar y aún más peligrosas, que esperamos 110 sea el C8S0).
SU Excelencia lo ve desde el punto de vista de un al<lquc violento
e injustificado a la propiedad, preñ<ldo de las fatrdes COtlsc"
cuencias para la Ciudad de Oxford y sus habitantes de cualquier
clase; lo cual, Su Excelencia d::!. por supuesto que el Alcalde y
IvIagi:;;traclos debían haber pens,ldn que era su oblig<'ldo deber su-
primir y castig8r el inmediato apresamienlo y condena
de los transgtesores.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 127
A lo largo de 1800 y 1801 el duque de Portland se ocupó de impo-
ner las mismas doctrinas. El remedio contra los desórdenes era el
ejército o los voluntarios; incluso las generosas suscripciones para
conseguir grano barato debían ser desaconsejadas, porque agotaban
las existencias; la persuasión ejercida sobre agricultores o
tes para reducir los precios era delito contra la economía política.
En abril de 1801 escribía al conde Mount Edgcumbe,
Su Señoría debe excusar la libertad que me tomo de no dejar
pasar desapercibido el acuerdo al cual, según menciona, han llegado
voluntariamente los Agricultores de Cornua11es para proveer a los
Mercado de Grano y otros Artículos de Provisión a PrecÍos redu-
cidos ...
El duque había recibido información de que los agricultores habían
sido objeto de presiones por parte de las autoridades del condado:
mi experiencia ... me obliga a decir que toda empresa de este
tipo no puede ;;;er justificada por la naturaleza de las cosas y tiene
inevitablemente, y pronto, que aumentar y agravar la desgracia
que pretende aliviar, y me atreveré incluso a afirmar que cuanto
más general se haga más perjudiciales serán las consecuencias que
a la fuerza la acompañarán, porque necesariamente impide el Em-
pleo oe Capital en la Agricultura ".
La «naturaleza de las cosas» que en otros momentos había hedlo
imperativa, en épocas de escasez por 10 menos, una solidaridad sim-
bólica entre las autoridades y los pobres, dictaba ahora la solidaridad
entre las autoridades y «el Empleo de Capital». Es, quizás, adecuado
que el ideólogo que sintetizó un antijacobinismo histérico con la
nueva economía política fuese quien firmase la sentencia de muerte
de aquel paternalismo que, en sus más sustanciosos pasajes de retó-
rica, había celebrado. «El Pobre Trabajadon>, exclamó Burke: «deje-
mos que la compasión se muestre en la acción»,
pero que nadie se lamente por su condición. No es un alivio
para sus míseras circunstancias; es sólo un insulto para su mísero
entendimiento Paciencia, trabajo, sobriedad, frugalidad y reli-
gión le deben ser recomendados; todo 10 demás es un fraude
totaJ.t:5
65. E. Burke, ThotlJ!,hts and Details on Scarcif)', originolly pre,rented lo the
12B 'fRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
Contra un tono como este, el cartel de Ramsbury Ct<l 1<1 Ílllkil res-
puesta posible.
IX
Espero que de este relato haya surgido un cuadro algo diferente
Jel acostumbrad .. , flc intentado describir, no un espasmo involun-
tario, sino un modelo de comportamiento del cual no tenia pOl" qué
avergonzarse un isleño de Trobriand.
Es difícil reimaginar los supuestos morales de otra configlltación
;;\ocÍn1. No nos es fáci1 concebir que Imela haber una él'oc<l, dentro de
1111:1 comunidad Inenor y más in Legrada, en que parecía «antinatural»
que un hombre se beneficiara de las necesidades dt otro, y cuando se
daba por supuesto que, en momentos de escasez, los precios de estas
({Jleccsídades» debían permanc.:r al nivel acostumbrado, incluso aun-
que pudiera haber menos.
«La economí" del municipio medieval -escribió R. H. Taw.
era tal, que el consumo ostentaba, en cierta tnedid,), la misma
primacía en la mentalidad pública, como árbitro indiscutido del es-
fuerzo económico, que el siglo XIX atribuía a los beneUcios».u, Estos
se encontraban, naturalmente, fuertemente amenazados rnu-
cl10 antes del siglo XVIII. Pero en nuestras historias se abrevian con
frecuencia bs grandes transiciones, Abandonamos el aca-
paramiento y la dacttina del precio justo en el siglo xvn y empe-
ZanlelS la historia de la economía de libre mercado en el XIX. Pero
la muerte de la antigua economía motal de abastecimiento tareló
tanto en consumarse como la muerte de la intetvención paterna lista
en la industria y el comercio. El cor1surnidor defendió SllS viejas no--
dones de derecho tan tenazmente como (qui¡;<Ís el mismo hombre
en otro papel) defendió su situaci6n profesional como artesano.
Estas nociones de derecho estaban claramente articuladas y lleva-
ron durante mucho tiempo el imprimat"r de la Iglesia. El J)ook of
lU, Holt. W'illiam Pi!! in NOt'ember, .1795. L,ondres, 1800, p. '1. Indudable-
mente, este p<lnf1eto tuvo influencia sobre Fitt y Portbnd, y puede har,er
contribuido a las más dura::- disposiciones de 1800.
66. R. H. Tawney, RcligiOli mtd the Risc 01 Capitalísm, Londres, 1926,
p. 33.
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD
129
Orders de 1630 consideraba el precepto moral y el ejemplo como
una parte integral de las medidas de emergencia:
que todas las buenas Medidas y Persuasiones sean u!iUzaclas por
los Justicias en sus distintas Divisiones, y por Admoniciones y
Exhortaciones en Sermones en las Iglesias que los Pobres sen n
provistos de Gr:1!1o a Precios convenientes y caritativos. Y adelnás
de esto, que las clases más ricas seriamente movid:1s por la
caridad cristian:1, a hacer que su grano sea. vendido al Precio com{¡!1
del Mercado a las clases más pobres: Una acción piadosa, que serñ
sin duda recompensada por Dios Todopoderoso.
Por lo menos uno de estos sermones, predicado en Bodmin y Fow·cy
(Cornualles) (antes de r-cunirse el Ql1arter Session), en 1630, por el
reverendo Charles Fitz·Gcffrey, era todavía conocido por los lectores
del siglo XVIll. Los acapar-adores de trigo eran denunciados como
esos que odian nI Hombre, opuestos al bien Común, como si el
mundo se hubicl'a hecho sólo para ellos, que se apropiarfrtn de l;¡
tierra, y de sus frutos, exclusivamente p<Ha ellos (('linO las
Codornices engol'dan con Cicuta, que es 1m veneno para otras cria-
tur;lS, así eIJos se alimentan de la escasez ...
Son «enemigos de .Dios y del I-:Iombrc, opuestos tanto a 1ft Gracia
como a Ja Naturaleza». Por lo que respecta ;:11 comerciante, que ex-
porta grano en momentos de escasez, «el sabor del lucro le es dulce,
a pesar de haberlo sacado hurgando en el charco de la más sucia pro-
fesión de Europa ... »."
Al avanZar e1 siglo xvn enmudeció este tipo de cxhort:lción
1
espe-
cialmente entre los pnrít8.nos. Fn Baxter, unA. p:1tte del precepto mo-
ral se diluye en nna p<lrtc de cnsuística y otra de prudencin comer-
cial: «dehe ejercerse .h catÍc.bcl así COmo la justicia'», si bjcn los pro.
ductos podían ser retenidos en espera de la subid<l de precios, esto
no debí:1 hacerse <{en perjuicio de la nación, como si el retenerlos
fuera la causa de la escasez,;..68 Las antiguas enseñanzas morales se
dividieron, progresivamente, entre la {!,entry p;1tcrnalista pOl" un lado,
y la plebe rebelde por otro. Hay un epitafio en la iglesia de 5to-
67. C. Fitz-Geffrcy, GOdJ.f Blessing UpOI1 (he Providers 01 Cornf': ami
Got/'s Curse UPOl1 the l-loarden:, Londres, 1631; repr. 1648, pp. 7, 8, U.
68. Tawney, op. cit., p. 222, Véase tamhién e Hi11, ,Yociety ond PurítonÍJm
in Prc-Rct!olutionor)' El1fJond, Londres, 1964, esp. pp. 277-278.
130
TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
nekigh (Warwicks.) dedicado a Humphrey How, portero de lady
Lcigh que murió en 1688:
Aquí Yace uD Fiel Amigo del Pobre
Que repartió Abundantes Limosnas de la Despensa de su señor
No Lloréis pobre gente aunque haya Muerto Vuestro Servidor
El Señor en persona Os Dará Pan a Diario
Si el rvlercado Sube nO Protestéis Amargamente Contra Sus Precios
El Precio es Siempre el 1vEsmo a las Puertas de Stone Lcigh.
Los antiguos preceptos resonaron a todo 10 largo del siglo XVIII Y
oc;1Sionalmente podían todavía oírse desde el púlpito:
La Exacción de cualquier tipo es vil; pero en lo que se rdicre
al grano es del tipo más vil. Recae con más peso sobre los Pobres)
es robarles por que 10 son es asesinar abiertamente a aquellos
que encuentran medio muertos Y saquear el Barco naufragado ...
estos son los Asesinos flcusados por el Hijo de Sirach, cuando
dijo: El Pa" del pobre es SU vida: aquel que se lo robare es p01"
ello tm Hombre Sanguinario . Con justicia puede llamarse a tales
opresores Hombres Sanguinarios; Y con seguridad que de la Sangre
de aquellos que mueren rOl' su culpa se les tornará cuenta.
Se encontraban con más frecu211cia en folletos o periódicos:
:t-.bntcner alto el Precio del Sostén mismo de la vida en una
Venta tan extravagante, que el pobre no puede comprarlo es
la mayor iniquidad de que cualquier hombre puede ser culpable;
no es menos que el Asesinato, no, el más Cruel Asesinato.
A veces en hojas sueltas impresas y baladas:
Idos ahora hombres ricos de corazón duro,
Llorad y gritad en vuestra desgracia,
Vuestro oro corrupto se levantará contra vosotros,
y será Testígo contra vuestras almas ...
y frecuentemente en
tro dios», advertía
cartas anommas. "No hagáis del dinero
a los caballeros de Newbury en 1772:
vues-
sino pensad en los pobres, vosotrOS ¡::randes hombres pensáis ir al
I
1
LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 131
cielo °al infierno, pensad en el sermón que se predicó el 11 de
map;n pnrquc malditos seRmos si no os ohligamos pensáis matar
de hambre a los pobres vosotros malditos hijos de put<l
({¡Mujer Avariciosa!») decían los mineros de estaflo dirlgiéndose a
una aC<=lparadora de trigo de CornuaIles, en 1795: «estamos deci-
didos a reunirnos y marchar inmediatamente hasta lIegar a tu fdolo
o tu Dios J tu Moisés, [?] a quien consjc!eras como tal y destruirlo
y lo mismo tu Casa ... »,
110y no damos importancia a los mecanismos extorsionantes de
lIna economía de mercado no regulado porque a la mayoría de nos-
otros nos CalIsan sólo inconvenientes y perjuicios de poco bulto. En
el siglo XVIII no era este el caso. Las eSCaseces eran verdaderas
seceso Los ¡crecios altos significaban vientres hinchados y nii'ios en·
fermos cuyo alimento consistía en un pan basto hecho con harina
rancia. No se ha publicado todavía ningún testimonio qne muestre
algo parecido a la clásica Grire des subsistal1ces francesa en la Ingla-
terra del siglo XVIII: es verdad que la mortalidad de 1795 no se
aproximó a la de Francia en el mismo año) pero hubo Jo que la clase
acomodada describió como una desgracia «vetdaderélmente penosa»;
la subida de precios, escribió uno, «les ha despojado ele las Ropas
que cubrían sus hombros, les ha arrancado los zapatos y las medias
de los pies, y arrebatado la comida de la boca». El levantamiento
de los mineros del estaño en Cornualles fue precedido de escenas
angustiosas: .los hombres se desmayaban en el trabajo y tenían que
ser llevados a sus casas por sus compaf'leros, que no estaban en
mucho mejot cstildo. La escasez fue acompañad él por unil eridcmiil
de «Fiehre Amarilla», muy probablemente la ictericia que acompaña
a la inanición. En un año como este. el «buhonero» de \Xlords\Forth
deambulaba entre las cabañas y vio
Las desgracias de aquella estación;
Muchos ricos se hundían, como en un sueño, entre los pobres,
y muchos pobres dejaron de vivir
y sus lugares no les reconocieron
Ahnra bien. si el mercad" era el punto en el que lns trabajadores
sentían con mayor frecuencia que estaban expuestos a la explotación,
era también el lugar --especialmente en distritos o en dis-
tritos fabriles dispersos-- donde podbn llegar a organizarse con más
132 TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE
bcilidad. La comercialización (o la «compra») se hace progresiva
mente más impersonal en una sociedad industrial madura. En la In-
glaterra o le Francia del siglo XvIII (en regiones del sur de Italia, o
de Haití, o de la India rural, o del Africa de hoy) el mercado per-
tnaneció como nexo social tanto como económico. Era el lugar donde
se llcvaban a cabo cientos de trans8cciones socirdes y personales,
donde se cOlnunícaban las noticias, circulaban el rumor y la murmu-
ración v se discutía de política (cuando se hacía) en las posadas o
bodegas que rodeaban la plaza del mercado. Era el lugar donde la
gente, por razón de su nÍlmero, sentía por un momento que era
{ucrte.(i9
Las confrontacíones en el mercndo, en llna socicclnd «prcindus--
triah), son, por supucsto, m,\s universales ql1e cualquier experiencia
naciol1Rl, y los preceptos morales elementales del (,precio rRzonable)}
son igualmente universales. Se puede sugerir, en verdad, la supervi-
vencia en Inglaterra de una imaginería pagana que alcanza niveles
más oscuros que el simbolismo cristiano. Pocos rituales folklóricos
han sobrevivido con tanto vigor hasta fines del siglo XVJ1I como toda
la parafernalia hogm"cña durantel:-t cosecha, con sus encantos, sus
cenas, sus ferias y festivales; jnc1uso en áreas fabriles el año
curda todavía al ritmo de 18s estaciones y no al de los bancos. La
escasez representa siempre para tales comunidades un profundo
impacto psíquico que, cuando VH acompañado del conocimiento de
injusticias, y la sospecha de que b escasez es manipu lada, el choque
se convierte en furia.
Impresiona, 81 abrirse el nuevo SIglo, el creciente simbolismo ele
la sangre, v su asimilación a la demauda de pan. En Nottingbam,
en 1812, las mujeres marcharon con una hogaza colocada en lo alto
de 1111 palo listada de rojo y atada con un crespón negro, represen-
tando el «hambre sangrienta, engalanada de arpillera». En Yeovil
(Somerset), en 1816, apareció una carta anónima, "Sangre y Sangre
y Sangre, tiene que haber uoa Revolución General ... », firmada con
un tosco corazón sangrante. En los motines de East Anglia, en el
mismo año, frases como «Tomaremos sangre antes de cenao), En
Plymouth, <moa I-Iogaza que ha sido haFíada en sangre .. con un cora-
ó9. Sidney Mintz, <,lntcrnal Markct Systems as Mechanisms of Social
Infcrmcdíatc Societies. Social Mobility al1d CommunicatíOll, Ame-
rican Etbnological Society, 1959, y del mismo autor «Pcasant :tvbrkets», Scieltfi-
fir American, CCllI (1960), pp. 112-122.
LA ECONOMíA MORAL DE 1.A MULTITUn 133
zón a su JRelO, fuc encontrada en 1<1s cRIles).). En Jos grandes motlnes
de Merthyr, de 18.31, Se sacrificó un tetnel'O y una hogaza empapada
en su sangre, clavada en el asta de nOn bandeta, sirvió como emble-
ma de la revuelta.
Esta furifl en relación con el grflno es una culminación cudosa
de la época de los aclelantos agrícolas. En la década de 1790, la
gel1try misma estaba algo perpleja. Paralizados a veces por un exceso
de alimentos nlltritivos, los magistrados, de vez en cuando, abando-
naban su industriosa compilación de archivos para Jos di::;cíp111os de
sir Lewis Namicr, y miraban desde las alturas de sus parques ;.1 los
campns de cereales donde sus lahriegos hamblT. (Tvlás de un
csnihi{, a] l-lollle Officc, en c0yuntl1ra t<111 crítica, des-
cribiendo las medidas que tomarla contra amol il1:1dos si no
estuviera confinado en su casa por ]a g<Jta.) El no estará
seguro durante la cosecha.) escribió el señor lugnrtcnicntc de Cnm-
bridgeshire, «sin algunos soldados, pues había oído que el Pueblo
tenía la intención de llevarse el trigo sin pedirlo cuanclo estuviera
madurc»>, Consideraba esto como «verdaderamente un asunto muy
serio» y «en este campo abierto, muy fácil ele que se haga, por lo
menos a hurtadillas».70
«No pondrás freno al buey que trilla el grano.» El avance de
la nueva economín política de lihre- mercado supuso tal11hién el defi
moronamiento de la antiguR. economíA moral de apu1visíonélmiento.
Después de las gueaas lo único que quedaba de ella en la caridad,
y el Speenharnland. La economía «mora]" ele la muchcelllmhrc tard,í
más tiempo en morir: es recogida en los primeros tn01inos harineros
cooperativos, por algunos de los socialistAS de Owcn, y
subsistió durante años en algún fondo de las entrañas de la Sociedad
Cooperativa Mayorista (Cooperative \Vholcsale Society). Un síntoma
de su final desaparición es que hayamos podido aceptar durante
tanto tiempo un cuadro abreviado y (<:ec011omista}) del motín de
subsistencias, como respuesta directa, espasmódica e irracional al
hambre; t111 cuadro que es en sí mismo un producto de la economía
70. En 1795. cuando entregaba a los pohres pan negm slJbvencionndo de
su propia p:uroQl1ifl, el párroco \\7oodforde no dejó de cumplir con la obliga"
dón de su cena: 6 de marzo, <c par:'! cenar Un Par de Pollos hervidos
y- Cabenl de Cerdo, muy buena sopa de Guisantes, un excelente filete de Vaca
hervido, 1111 prodigiosamente bueno, grande v muy gordo Pavo asado, Macarro--
nes, Tarta de crema», etc.: James \'{Toodforde, J);ary 01 {/ COflftlry Panrm, ed.
J. Bercsford, Wotld's Classies, Londres, 1963, pp. 4RJ, 485.
1:34 TRADIC1ÓN, REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE
polítíca que redujo las reciprocidades humanas al nexO salar_ial. Más
generosa, pero también más autoritaria, fue la afirmación del "herir!
de Gl011cestershire en 1766. Las masas de aquel año, escribió, habían
cometido muchos actos de violencia,
algunos de desenfreno y excesos; y en algunas ocasiones algunos
actos de valor, prudencia, justicia y consecuencia con aquello que
pretendían obtener.
EL ENTRAMADO HEREDITARIO:
UN COMENTARIO *
Los ensayos presentados en el volumen del que, originalmente,
formaba pmte este capítulo nos han hablado mucho del tejido
social de comunidades determinadas y de ciertas relaciones existen-
tes en su interior, que ejemplifican las pr:ícticas hereditarias. Hemos
aprendido menos, quizá, sobre su desarrollo en el tiempo, ya que
las intenciones de los sistemas hereditarios, como en otras cues-
tiones, ofrecen a menudo conclusiones muy diferentes a las proyec-
tadas. Si diseccionamos Jos sistemas hereditarios en condiciones de
estasis, el pensamiento puede llegar a aceptar una falacia que, en
horas de vigilia, conocemos perfectamente como falsa, y es que
aquello que se hereda permanece como constante histórica: «propie-
dad», «pertenencia» o, más sencillamente, «la tierra», tierra que, a
fín de cuentas, pasaba en efecto de generación en generación, que
podemos aún pisar, que puede aún hoy ser dedicada en gran medida
al mismo tipo de cultivo, o madera, o ganado, que hace trescientos
años.
Naturalmente sabemos que esta constancia es ilusoria. En térmi-
nos de tierras Jo que se transmite a través de los sistemas heredita-
rios es eon mucha frecuencia no tanto la propiedad de las mismas,
«The Grid of Inheritance: a Commenb>, en E. P. Thompson, }ack Goody
y .Toan Thirska, Family and Inber;lance, Cambridge University Press, Londres,
1976, cap. 9, pp. 328-360. Estos comentarios están basados en trabajos, alguno
de los cuales no ha sido publicado todavía: para las zonas de bosque de
Be-rkshire y I-Iampshire del este, \,(!higs al1d HUl1tCrI, Londres, 197.'5, y p ~ : ¡ f a
(I!gún otro de Jos aspectos de las costumbres del siglo z,,-VITI, «Comman Right
;lnd Enc1oSUfe)}, CUJtomJ in Common (de próxima aparición). En cWl1quier caso,
aquí ::;c proponen mucho;; puntos como preguntas, que necesitan más investiga-
ción, m<Ís que com0 conclusiones.

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LA SOCIEDAD INGLESA DEL SIGLO XVIII: ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? •
Lo que sigue a continuación podría ser descrito más como un intento de argumentación que como un articulo. Las dos primeras secciones forman parte de un trabajo argumentativo sobre el paternalismo y están muy estrechamente relacionadas con mi artículo "Patrician Society, Plebeian Culture», publicado en el Jouma! 01 Socia! History (verano 1974). Las restantes secciones (que tienen su propia génesis) avanzan en la exploración de las cuestiones de clase y cultura plebeya l Ciertas partes del desarrollo se fundamentan en investigaciones detalladas, publicadas y sin publicar. Pero no estoy seguro de que todas ellas juntas constituyan una "prueba» de la argumentación. Pues la argumentación sobre un proceso histórico de este tipo (que Popper sin duda describiría como "holístico») puede ser refutada; pero no pretende poseer el tipo de conocimiento positivo que generalmente afirman tener las técnicas de investigación positivistas. Lo que se afirma es algo distinto: que en una sociedad cualquiera dada no podemos entender las partes a menos que enten>~ <(Eighteenth~Century

I ¡

1

English Sodety: Class Strugg]c without Class?»,
en el Centro pata el de las secciones 1 y II de Historiadores (7 juel debate del Seminario

Social Histor)', IIl, n.' 2 (mayo 1978). 1. La polémica comenzó hace seis o siete años Estudio de Historia Social de Warwick. Alguna parte fueron presentadas en el Congreso Anglo~Americano ¡io 1972), en Londres. La sección V fue añadida para

del Centro Davies, Universidad de Prinlcton (febrero 1976). Y yo he interpolado, en la sección VI, algunas notas sobre la <~clase» presentadas en la Séptima Mesa Redonda de Historia Social en la Universidad de Constanza (junio 1977). Estoy agradecido a mis anfitriones y colegas en estas ocasiones, y por la valiosa polémica que siguió. Me doy cuenta de que un artículo
amalgamado de esta forma debe carecer de cierta coherencia.

14

TRADICIÓN, REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE

¿ LUC H

A DE CLASES SIN CLASES?

15

damos su función y su papel en su relación mutua y el1 su relación

con el total. La «verdad" o la fortuna de tal descripción holistica sólo puede descubrirse mediante la prueba de la práctica histórica. De modo que la argumentación que se presenta a continuación es una especie de preámbulo, un pensar en voz alta.

triarcales como características del sistema gremial de la Edad Media en que: Los oficiales y aprendices de cada oficio se hallaban organizados como mejor cuadraba al interés de los maestros; la relación

1
Se ha protestado con frecuencia que los términos «feudaL>, «cao «burgués» son en exceso imprecisos e incluyen fcnó~ menos demasiado vastos y dispares para hacernos un servicio an,¡] í tico serio. No obstante, ahora es constante el considerar útil una nueva serie de términos, tales como «preíndustriah>·., «tradicional», «paternalÍsmo» y «modernización», que parecen susceptibles prácticamente de las mismas objeciones, y cuya paternidad teórica es menos segura. Puede tener interés el que, mientras e! primer conjunto de términos dirige la atención hacia el conflicto o la tensión dentro de! proceso social -plantean, al menos como implicación, las cuestiones de ¿quiél1?, ¿a qtliéll?-, e! segundo conjunto parece desplazarnos hacia una visión de la sociedad como orden sociológico autorregulatorio. Se nos presenta, con un especioso cientifismo, como si estuvierfl.í1 carentes de valores. En ciertos escritores «patriarcal» y «paternal» parecen ser términos intercambiables, e! uno dotado de una implicación más seria, el otro algo más suavizada. Los dos pueden realmente converger tanto en hecho como en teoría. En la descripción de Weber de las sociedades «tradicionale,,>, el foco de! análisis se centra en las relaciones familiares de la unidad tribal o la unidad doméstica, y desde este punto se extrapolan las relaciones de dominio y dependencia que vienen a caracterizar la sociedad «patriarcaL> como totalidad; formas que él relaciona específicamente con formas antiguas y feudales de orden social. Laslett, que nos ha recordado apremiantemente la importancia central de la «unidad doméstica» económica en e! siglo XVII, sugiere que ésta contribuyó a la reproducción de actitudes y relaciones patriarcales v paternales que permearon a la totalidad de la sociedad, y que qUlza siguieron haciéndolo hasta e! momento de la <<industrialización), [vlar;.;:" es verdad, tendía a considerar las actitudes pa-

patriarcal que les unía a los maestros de los gremios dotaba a éstos de un doble poder, por una parte mediante su influencia directa sobre la vida toda de los oficiales y, por otra parte, porque para los oficiales que trabajaban con el mismo maestro éste constituía un nexo real de unión que los mantenía en cohesión frente a los oficiales de los demás mae~tros y los separaba de éstos ... Marx afirmaba que en la «manufactura» estas relaciones eran sustituidas por «la relación monetaria entre e! trabajador y el capitalista», pero, «en el campo y en las pequeñas ciudades, esta relación seguía teniendo un color patriarca!».' Es este un amplio margen, sobre todo cuando recordamos que en cualquier época previa a 1840 la mayor parte de la población vivía en estas condiciones. De modo que podemos sustituir e! «matiz patriarcal» por e! término «paternalismo». Podría parecer que este qual1tum social má· gico, refrescado cada día en las innumerables fuentes del pequeño taller, la unidad doméstica económica, la propiedad territorial, fue lo bastante fuerte para inhibir (excepto en casos aislados, durante breves episodios) la confrontación de clase, hasta que la industrialización la trajo a remolque consigo. Antes de que esto ocurriera, no existía una clase obrera con conciencia de clase; ni conflicto de clase alguno de este tipo, sino simplemente fragmentos de! protoconflicto; como agente histórico la clase obrera no existía y, puesto que así es, la tarea tremendamente difícil de intentar descubrir cuál era la verdadera conciencia social de los pobres, de los trabajadores, y sus formas de expresión, sería tediosa e innecesaria. Nos invitan a pensar sobre la conciencia de! oficio más que de la clase, sobre divisiones verticales más que horizontales. Podemos incluso hablar de una sociedad de <<una clase». Examinemos las siguientes descripciones de los caballeros terratenien tes de! siglo XVIII. El primero:
2. Esto lJracede de Un pasaje muy general de La ideología alemana (1845). Yo no recuerdo ninguna parte de la misma generalidad en El capital. (Marx y Engels, La ideología alemana, Grijalbo, Barcelona, 1974, pp. 58 y 64.)

pit3lista)

Si s610 nos ofrecen la primera descripci6n.. 1969. Quedan. los arrendamientos de minas y edificios. Esto no la invalida. sin embargo. etc. . en X.. su propia explotación agraria. ocurre que una describe a la aristocracia o la gran gel1try inglesa. p. establos y perreras eran el centro de la vida social local. Podemos denominar una concentraci6n de autoridad econ6mica y Cultural «paternalismo» si así 10 deseamos. todo un condado. y todas las llneas de comunicaci6n llevan a su comedor. Era la policía: mantenía el orden entre un gran número de gente . esp. la otra a los dueños de esclavos del Brasil colonia1. 1969.. el centro donde se negociaban las tenencias agrarias. vistas desde arriba. La mayor parte de la comunidad campesina no tendda demasiadas oportunidades para ahorrar o invertir o para mejorar sus campos. la fiesta anual de la aldea. Era una ngencia de bienestar público: cuidaba de los enfermos. Él era juez: resolvía disputas entre sus allegados. una exposición permanente de los mejores métodos agrícolas disponi- bles . ed. generalmente algún pariente cercano con o sin formacíón religiosa. Pero pueden encontrarse otras formas de describir la sociedad además de la que nos ofrece Harold Perkin en el primero de los extractos. debemos también admitír que es demasiado amplio para un análisis discriminatorio. No obstante.. armaba él sus parientes. posiblemente se sentían más preocupados por e! acceso a la cocci6n. sobre formas de propiedad. a las turberas y a los pastos de! común que por la rotaci6n de los nabos. tanto como alrededor de 10 que ocurrla en la casa grande. sobre la ideologla y la cultura. el escándalo sexual y el comportamiento de los superintendentes de pobres podían ocupar las cabezas de las gentes bastante más que las distantes idas y venidas de la posesi6n. el fulero de la politica local.". poderes judiciales. podía solicitar la ayuda.ís.. p. 4. La justicia podía percibirse no como un «baluarte» sino como un tirano.' 16 TRADICIÓN. jardines. una impresi6n que fácilmente obtiene el estudioso que trabaja entre los dom· men tos de propiedades particulares. mediante lo que se convirtió en un intrincado sistema de matrimonios. su despacho de la propiedad. despacho de la propiedad o perreras. p. salón de música y biblioteca) el cuartel gene- ral de la cultura local. o la correspondencia de Newcastle. Tbe Origins 01 Modem ElIglish Society. para mirar por su gente. Jos huérfanos. podía desarrollarse en torno a una casa grande y su solar. su galería de retratos. Eugene D. si admitimos el término. Sobre todo.entre la cultura e incluso la «polltica» de los pobres y aquellas de los grandes. «Colonhl Brazib>. Las habladurlas sobre la caza furtiva. que la autoridad econ6mica y social. y con mínimas correcciones. es una descripci6n de relaciones sociales vista desde arriba.. 297. estuvieran unidos en un solo punto. su comedor.! partidarios como sí fuera una milicia particular. los archivos de los quarter sessiol/s. Livermorc. Pero las descripciones del orden social en el primer sentido.' o los terratenientes de cualquier sociedad en la 3. Ambas son descripciones aceptables del caballero terrateniente del siglo XVIII. 42. igualmente. una parroquia. The World the Slaveholders Made. Era la Iglesia: nombraba al capellán. Portugal and Brazil: An Introduction. su sala de justicia . La vida de una parroquia puede igualmente girar en torno al mercado semanal. en caso de nrxcsidad. para describir a un patricio de la campagl1a en la antigua Roma. Pero. los ancianos. Nueva York.. podla existir una radical disociad6n -en ocasiones antagonismo--.' Ambas servirían. Es m. Además. es entonces muy fácil pasar de ésta a la idea de <mna sociedad de una sola clase». "EVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 17 La vida de una aldea. Genovese. Harold Perkin. Era el ejército en caso de revuelta: . de un gran número de parientes en el campo o en las óudades que poseían propiedades y poder similares a los suyos.. el robo. Nos dice muy poco sobre la naturaleza de! poder y e! Estado. uno de los terratenientes de Almas muertas de Gogol. y un banco de pequeños ahorros e inversiones. Sus salones de recepción.'ji ".. algunas dificultades. y es incluso demasiado romo para distinguir entre mollas de explotaci6n. Pocos estarlan dispuestos a negar esto. Alcxander Marchant. pero debemos ser conscientes de que esta descripci6n puede ser demasiado persuasiva. parentesco y patrocinio . el primer baluarte de la ley y él orden.. son mucho )' ~ j ~ ~ B r i (C ¡ l' ! r ~ . una ciudad mercado y su hínterland. Es esta. los festivales y ferias de verano e invierno. en verdad. la casa grande se encuentra en la cumbre. 96. entre la mano de obra servil y libre. y be aquí el segundo: En el curso de adrninistmr su propiedad para sus propios intereses) seguridad y conveniencia ejerció muchas de lns funciones del Estado. 1780-1800. un dueño de esclavos de Virginia.. sumarios. Oxford) 1953.

Fashion's boundless sway Has borne the guardian magistrate away. / Los enfermos encontraban medicina y los ancianos pan... Y siempre que se introduzca [a noción de «paterna[ismo» es el primer modelo el que nos sugiere.:\l. I No hubo tirano de aldea que los matara -.. Laslett nos recuerda un aspecto relevante de las relaciones económicas a pequeña escala. Podríamos retroceder otros cien años hasta el Rey Lear.. 6. No village tyrant starved them. en las costas de Galia.1 lil. by his bounty fed. I Nunca abandonó sus intereses a los cuidados de la parroquia.en que toda la vida se desarroUaba en la familia. de hambre o los oprimiera.. de objetos conocidos y mimados. Oxford. ~\ it·~ <!-': ~~ 5. Podríamos retroceder unos sesenta o setenta años hasta sir Roger de Coverley. 1 I ~ 1t·'J·' . en el que «el vínculo entre e! padre y el hijo está resquebrajado» y donde los dioses FOtegen a los bastardos. Y tenemos el Country Justice de Langhorne (177 4): \'7hen thy good father held this wide doma in. and he those \vants redress'd . He learn'd their wants. el hijo el. And lawgivers were supplements of law! * y continúa para negar que estas relaciones tengan alguna realidad en el momento: . The skk found medecine. todos de proporciones humanas". Save in Augusta's streets. en una relación mutuamente admitida. el padre es consciente de sus deberes y responsabilidades hacia el hijo. ~ &\ ~~ ': más corrientes que [os intentos de reconstruir una vlslOn desde abajo. 21. recientemente acabada. REVIIELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 19 ~J ~4 ~ . No bailiff urged his little empire there. I La voz del dolor nunca lloró en vano. * * Pero podemos elegir Ins fuentes literarias como nos plazca. por su abundancia alimentados. un hombre singular y anticuado. La realidad de! paternalismo aparece siempre retrocediendo hacia un pasado aún más primitivo e idealizado' Y el término nos fuerza a confundir atributos reales e ideológlCOS. los trabajadores rememoraban a menudo los valores patetnalistas perdidos. Engels aEr111Ó The poor at hand their natural patrons saw. el agravio. o hasta e! «buen anciano» de Shakespeare.. contiene implicaciones de calor y de re!a* Cuando tu buen padre tenía este amplio dominio. He left their irlterest to no parish cate.' Sería injusto contrastar esto con el recuerdo de que Cumbres borrascosas está enmarcado exactamente en una situación familiar corno esta. The Counlry and Ihe Cily. " ~ . En los primeros años de la revolución industrial. edad de oro de la enal los actuales modos y maneras constituyen una degeneración.. Peter Laslett. El viaje sin limites de las cos~umbres I Se ha llevado al magistrado guardián. The World We Have Losl. passim. El patetnalismo como mito o ideología mira casi siempre hacia atrás. I Calmados por su piedad. 1965. on Gallia's shores. [i _. .tá conforme o activamente consciente a su estado filiaL Incluso el modelo de la pequeña unidad doméstica económica conUeva (a pesar de los que lo niegan) un cierto sentido de confort emocional: «hubo un tiempo -escribe Laslett.. and the aged bread. O podemos seguir retrocediendo otros cien años hasta sir Thomas More. Raymoncl Williams.J·· . N~ ~i ~. Pero esto plantea otro problema. / Aprendió sus necesidades. Cobbett y Oastler elaboraron el sentimiento de pérdida.' tl. con tanta frecuencia como por el respeto muluo.1 " j 1~~ ~ " 1 J ~ ~ . The rural pa tron is beheld no more . I Excepto en las calles de Augusta.i < The voice oi sorrow never mourn'd in vain. Se presenta en la historia inglesa menos como realidad que como un modelo de antigüedad.i II I ~ ~ 1. nuevamente los valores paternalistas se consideran <<una antigualla». p. tiende a ofrecer un modelo de orden social visto desde arriba. en un círculo de rostros amados y familiares. Adam.. y por ello al mismo tiempo ridículo y entrañable. se deshacen ante el individualismo competitivo de! hombre natural del joven capitalismo. I El patr6n rural ya nunca se vislumbra . 01' opprcss'd... I Ni hubo bailío alguno que impusiera allí su pequeño imperio. ** .. Sooth'd by his pity.. 1973. Tiene considerablemente menos especificidad histórica que términos corno feudalismo o capitalismo. y ellas satisfacía . Y el término no puede deshacerse de implicaciones normativas: sugiere calor humano. ' / / Los pobres veían a su lado a sus protectores naturales. ~j- ~i Para resumir: paternalismo es un término descriptivo impreciso.i ~ 18 TRADICIÓN. ~ l. ~j ~. incluso si el calor pudiera ser producido por la impotente rebelión contra una dependencia abyecta. / y los que impartían la ley sustituían a la ley misma. . un tardío superviviente.

Nueva York. ningún par tory o jacobita tenía probabilidades de éxito en este mercado). en este o aquel contexto y en distintos momentos del siglo. los escombros de un antiguo caserío se pueden comprar para reforzar las pretensiones a derechos comunales y. Pero el patcrnalismo puede. pp.es de gran relevancia para los temas de este artículo. Y Eric Perkins. y con él se vende el derecho a votar.que por sí mismos. la libertad de los burgos.. la expresión institucional de las relaciones sociales. Gutman. Comenzamos con impresiones. servicios. ser un componente p~ofunda~cnte importante no sólo de la ideología. los derechos de libre tenencia. no pueden caracterizar un sistema de relaciones sociales.ar toda una sociedad como paternalista o patriarcal. que culmina en Rcll. democrático. los destinos en el ejército. todo podía traducirse en un equivalente monetario: el voto. La propiedad asumía su valor. que los llevan con cuidado hasta su consumación. o tan poco. como en la Rusia zarista. 1 . Este es e! siglo en que el dinero «lleva toda la fuerza». confunde lo real con lo ideal. pp. en la parte publicada se ocupó de «analizar la dialéctica de la lucha de clases y el duro antagonismo en una época en que la con{rontaci6n abierta de tipo revolucionario era mínima». Lo primero que notamos en ella es la importancia del dinero. camente paternalistas. la justicia o las armas. etc. Lo qm: puede serlo. y el beneficiario debía exprimir todos los ingresos posibles del mismo mientras pudiera. el análisis de Gcnovese de hegemonía y reciprocidad -y la polémica que le siguió. suponían normalmente posesión vitalicia. invierno 1976-1977). Entre la aristocracia y la gentry con ambiciones. Nueva York.1 ) 20 TRADICIÓN. las puertas en las tierras de! común. 1976.~ • 1 . l I . libertades. la exención de impuestos parroquiales o servicio de la milicia. Genovese observa que suprimió 200 páginas sobre revueltas de esclavos en el hemisferio occidental (que aparecerán en un volumen subsiguiente). sólo dentro ele Ima determinada estructura de poder político. La tenencia de sinecuras de Corte y de altos cargos políticos era mucho menos segura. influencias. el acuerdo matrimonial satisfactoriamente contraído. sino por sus rentas: tienen tantas libras al año. esta sociedad parece ofrecer pocos rasgos auténti7. en mercancías accesi- I ! '~ Si observamos. por el contrario. adornamos nuestros presentimientos con citas oportunas. fardan. 1974). una vez conseguidos. no puede ser una exageraci6n. por tanto. intereses y dependencia. igualitario. en el Tapón meiji o en ciertas sociedades esclavistas. TI.: I I esclavos y éstos y el grado de adaptación (o conformidad) aceptado por los esclavos en ~l «espacio para vivín~ proporcionado por la manífiesta hegemonía de los amos (Berbert G. La gentry terrateniente se clasifica no por nacimiento u otras distinciones de status. No significa esto que debamos desechar el término por completa inutilidad para todo servicio. Un palomar situado en una antigua tenencia libre puede venderse. sino de la mediación institucional en las relaciones sociales'" ¿Cuál es el estado de la cuestión con respecto a la Inglaterra del siglo XVIII? i r II Dejemos a un lado de inmediato una línea de investigación tentadora pero totalmente improductiva: la de intentar adivinar el peso específico de ese misterioso fluido que es el «matiz patriarca!". pero no todo el mundo podía comprarlos o venderlos (durante los gobiernos de Walpole. :r-.ientras que la situación de los esclavos y de los trabajadores pobres ingleses del siglo XVIII es difícilmente comparable. y el detentador de un cargo opulento que incurría en la desaprobaciÓn de políticos o Corte podía verse amenazado de expulsión mediante procedimientos legales. servicios. Ill. Rall: A "Marx" fa! the Master Class». se encontraba en situación similar. y sin sustanciales añadiduras. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 21 ~ ~ . bles para cualquier comprador en el mercado libre. en opinión de los críticos de Genovese. aunque . es el grado de «re. constables) y los beneficios que con ellos traían podían comprarse y venderse.. valor como otros términos descriptivos generalizados -autoritario. The Block Family in Slavery and Freedom.. .dprocidad» de la relación entre los dueños de • ~ > . Genovese. 309-326. terminamos con impresiones. para cerrar un lote más del común. esp.1. en el que las lihertades se convierten en propiedades y se cosifican los derechos de aprovechamiento. Si los derechos de aprovechamiento.. Tiene tanto. sin embargo. Roll (Nueva York. .Los cargos ti tulares prestigiosos (tales como rongers. En una respuesta provisional a sus críticos Ubid.O 4 (otoño 1976). lardan. Los cargos se obtenían mediante la influencia política pero. no siempre se convirtieron. se convirtieron en propiedades que se clasificaban con el valor de tantas libras. Radical History Review. Ningún historiador serio debe caracteri¡. IJ ! I ciones personales que suponen nociones valorativas. 41-59. «Rall. en la mayor parte de los casos. Destinos y puestos podían comprarse y venderse (siempre que la venta no fuera seriamente conflictiva con las líneas de interés político). los escaños parlamentarios. keepers. La promoción a los puestos más altos y lucrativos de la Iglesia. los noviazgos los hacen los padres y sus abogados. El significado del análisis del paternalismo en la obra de Eugene D. que Namier nos dio a conocer.

¡ n . Pero los grandes intereses financieros y comerciales requerían también acceso al Estado. acaparamiento y venta de articulas o materias primas (lana. y fue la expectativa de beneficios masivos de esta concesión 10 que hinchó la Somh Sea Bubble_ No se pueden hacer pompas (bubble) sin escupir. sino también (parece seguro) al mismo rey_ Estamos acostumbrados a pensar que la explotación es algo que ocurre sobre el terreno. n. como. en gran parte tory. Los jefes triunfantes de las guerras de Marlborough no sólo obtuvieron recompensas públicas) sino también enormes sumas sus- '1 . se acumuló en grandes paquetes y los verdaderos agostos se hicieron en la distribución. los cargos públicos. té. grano. Cobham y Cadogan los pequeños palacios de Stowe y Caversham. en e! momento de la producción. 25-30. La influencia política podía m'. y Se consideraba intolerable por muchos miembros de la pequeña gel1try tory durante la primera mitad del siglo. cuyos impuestos y tierras velan transferidos por los medios t:1ás patentes a los bolsillos de los cortesanos y políticos wbig.tlre 01 Politics at the Accessiol1 01 George JJI. militar y naval necesarias para abrir el camino al comercio' La diplomacia obtuvo para la South Sea Company el 8. la tenencia de posesiones territoriales. allanando el camino para conseguir un matrimonio que uniera intereses armónicos o logrando ~lcceso preferente i t . pero no ofredan las ganancias fortuitas que proporcionaban las sinecuras. Véase también los comentarios de lrfan Habib.~ a una nueva emisión de bolsa. Y. en la época del duque de Sunderland. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE tLASES SIN CLASES? 23 de ningún modo menos lucrativa: el conde de Rane\agh.lxilTlizar los beneficios más que I1 ~ -~ la rotación de cuatro hojas.. -~: asiento.1 j • I . pp. la especulación comercial o un matrimonio afortunado. pero se elevó rápidamente a regiones más altas.~ . para obtener cédulas. a la misma élite aristocrática cuyos grandes dominios se estaban consolidando frente a los pequeños. o licencia para el comercio de esclavos con la América española. El triunfo en la alta política era seguido por el botín de guerra. esp. Walpole y IIenry Fax. Las rentas podían aumentarse mediante una administración competente y mejoras agrícolas. azúcar. Un bandido patricio compitió para lograr el botín del poder. Fue esta una fase depredadora del capitalismo agrario y comercial. CalDO el punto al cual retornaban el poder y los cargos. en ocasiones jacobita. ' i' 11 I. tales como el cerramiento. No debemos olvidar que la gran investigación de Narnier del carácter del sistema parlamentario se criginó como estudio de (~TI1e Imperial Problem during the American Revolution». en la manipulación del crédito y en la incautación de cargos del Estado. entre otros. Desde la época de Namier. tanto de su actual como de su pasado comporta- .. y la fuerza diplomática. así como la victoria en la guerra era con frecuencia seguida por el botín político. Visto desde esta perspectiva. y el Estado mismo em uno de los primeros objetos de presa. por otra parte. el Estado no era tanto e! órgano efectivo de una clase determinada como un parásito a lomos de la misma clase (la gelttry) que había triunfado en 1688. a111JSarOn 1 • I fortunas du- l . «Colonializatíon oE the Indian Econorny. y hemos despedido a todos aquellos de los cuales teníamos la más mínima prueba. de confirmarse institucionalmente y autoperpetuarse mediante la tentativa de lograr el Peerage Bill (Proyecto de Ley de Nobleza) y la Septennial Act (Ley Septena!)_ El que las defensas constitucionales contra esta oligarquía pudieran al menos sobrevivir a estas décadas se debió en gran medida a la obstinada resistencia de la gelttry independiente rural. como propiedad absoluta. por ejemplo. el duque de Chandos. facilitando la consecución de decretos privados. privilegios. Delhi.~ "'1\ . Todo esto se hacía en nombre de! rey_En nombre del rey podían los ministros de éxito purgar incluso al más subordinado funcionario del Estado que no estuviera totalmente sometido a sus intereses_ «No hemos ahorrado medios para encontrar a todos los malvados. " traídas de la subcontratación militar de forrajes. 1757-1900». Era tanto el punto de acceso para e! poder y los cargos oficiales. y los escupitajos en este caso tomaron la forma de sobornos no sólo a los ministros y a las queridas de! rey.-! 1 -~ l ! . prefacio de la primera edición de Tbe Struct. transporte u ordenanzas. y este solo hecho explica las grandes sumas de dinero que estaban dispuestos a emplear en la compra de escaños parlamentarios. en estos años. paños. Social Scicntíst. apoyada una y otra vez por la multitud vociferante y turbulenta. l I 22 TRADICIÓN. y después olvidado. A principios del siglo XVIII se creaba la riqueza en este nivel primario. carne.O 32.1 ~ n I -i m~ I i rante su breve paso por el cargo de Pagador General. el «problema imperiah> y sus constantes presiones en la vida política y económica de Inglaterra ha sido despreciado con excesiva frecuencia. tabaco. eseiavos).1 . era enteramente segura y hereditaria. I . contratos. o el convertir un paquete de ingresos sinecuristas no [rtnados por vía notmal en posesiones hipotecadas. Incluso hubo un intento por parte de la oligarquía. Marlborough recibió el palacio de Blenheim. Y así se vela. La sucesión hannoveriana trajo consigo una serie de bandidos-cortesanos.

racionalizado y burocr<Ítico. Pitt era secretario de Estado. contra la apropiación indebida de tierras públicas. ronl"oneando de gratitud mientras su ministro se disponía a dirigirse a Jos Comunes. Corría el rumor de que Pulteney ofrecía más. Al ascender la manufactura en las escalas de riqueza frente al trasiego mercantil y la especulación. no sólo entre la gelltry menor. «tomó el tesoro. a pesar de la hostilidad.000 libra>: la l\cina.'. Nuncrl fue sohcr. (. como personi- mayor. llDa cuestión que el Soherano no ull"dó en clptar ' .> (T. Critical and Historieal Essays. Si así era.. lllás el excedellte de todos los impuestos asignndos n ln lista civil.. Pero el rey desafortunadamente malogró tvdo intento de presentarse como rey ilustrado.crvi1cs comisaríos de Adu1118S de Dublín al duque de Sunderland en agosto de 1715. La parte izquierda. y tenía la dirección de la guerra y los asuntos exteriores. su incapacidad polítíca era asombrosa. Surgía del miedo más real a que el monarca ilustrado encontrara lDedios para elevarse. dijo el Re:!. que llegaron a aceptar la palestra racionalizada e «imparcial» del mercado libre: abara uno podía hacer su agosto sin la previa compra política en los órganos del Estado.000 libras. Cuando al ascender Jorge II pareció dispuesto a prescindir de \'7 alpole.24 TRADICIÓN.. va a decidirse p:lra mi vida y para su vida. al poder en una marea de aclamación popular. y la disposición ---le aquella parte del dinero del servicio secreto empleado en aquel momento en sobornar a los miembros del Parlamen:o. Sir Robert). Nadie a excepción de Walpole pocHa haber esperado obtener tajes concesiones a través de los Comunes . contra puestos y sinecuras. recuperaron su presencia política en los condados y abrigaron esperanzas de compartir el botín del poder. Ne"\1:castle. el patronazgo civil y eclesiástico. si no tienen todo el celo y afecto imaginables hacia su servicio y el Je1 Gobierno». resultó que era susceptible de ser comprado como cualquier político whig. p 746.. English ficación de un poder imparcial. Plumb.. H. 168-169. . Langford. también ciertas formas de privilegio y corrupción se hicieron odiosas a los hombres adinerados. MSS de Blcnheim (Sundcrland). el Historiea! Review. lo que hará también su 't'anql1itidnd.¡ las tribunas públicas. Los supervivientes taries procedentes de la gran gentry volvieron a las comisiones de paz. 12 Ihid. D I1. Las funciones parasitarias del Estado se vieron bajo constante escrutinio y ataque a destajo (ataques contra East India Company. la 11. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 25 miento». 1880. los conocidos «recelos» wbig de la Corona no surgían del miedo a que los monarcas hannoverianos realizaran un golpe de estado y pisotearan bajo stlS pies las libertades de los súbditos al adquirir poder nhsoluto.desaparecido) diez años antes del ascenso de Jorge IU. Es <<11uestro deber no permitir que ninguno de nuestros subordinados coma el pan de Su lvIajestad." Esta caracterizaciún no sobrevive mucho tiempo· después de mediado el siglo. B. De modo que toda la porquería de todos las ruidosas y pestilentes alcantarillas del gobierno se virtió en un solo canal. 1969. le los políticos y de la Corte}! «Los sucesores de los antiguos Cavaliers se habían convertido en demagogos. Para algunos adquirió (como en la ciudad de Londres) un contenido verdadero y renovado. «Considere. la oposición sacó su vieja retórica liberal y le dio lustre. Por los restantes canales sólo pasó lo brillante y sin mácula. 100.~ . el «patriotismo» de Pia sólo se limitó a la parte derecha del gobierno. los sucesores de los Raundheads en cortesanos». Pero. p. una generación de Whigs que Sidney habría desdeñado por esclavos. cuando estuvo en el poder. pp. 800. J. El atractivo de un rey tan patriótico hubiera sido inmenso. El odio entre whigs y faries se había suavizado mucho (y -para algunos historiadores. sino entre grandes sectores de la población: fue precisamente el atractivo de su imagen de patriota incorrupto 10 que llevó a \'7illiam Pitt. calculados por 1-lcrvcy en otras 100. CCCXLVI (1973). aunque a más alto precio: \l. dice Macaulay.' Pero uno de los interescs primeros de los depredadores políticos era limitar la influencia del rey a la de prillltls inter predatal·es. Durante estas décadas. "William Pitt and Public Opinion. por encima y más allá del juego depredador. Macaulay. 10. D. escribían los tres .000 libras al año. 9.:que 10 que me tranquiliz:1 en esta cuestión e. El l\cy. I la subsiguiente «matanza de los inocentes Pelhamitas». Así que el deber de \'7 alpole resulta ser el respeto mutuo de dos ladrones de cajas fuertes asaltando las cámaras del mismo banco. como la cúspide de una burocracia desinteresada.7alpnle conocía su dchcr. 1757». El ascenso de Jorge IU cambió de modos diversos los términos del juego político. P. y continúa: «Durante muchos años.lno tratado con mayor generosidad.> 10 . 747).-. Sir Robel! 1Falpole. II. 8. la retórica se destinaba exclusivamente . continuaron librando una guerra a muerte con una generación de Taries a los cuales Jeffreys habría colgado por republicanos».

Su mayor fuente de energía se encontraba precisamente en la debi~ lidad misma del Estado. surgieron los Disi~ 15. ampliamente ineficaz. y el équilibrio entre ambas (en política de ~<gucrra» y de «paz») nos conducen hasta la mayoría de las cuestiones de principio reales abiertas en Ja aLa política de mediados del siglo XVIII. así como Ilmchos otros estudios eSl-'lecializados. la 1. crítica de la alta política que se encuentra en Los viajes de Gulliver y en Jana/ban Wilde. notablemente. Pero téngase en cuenta el análisis relevante en John Cannon. o los recelos ~igilados. C.3. Debo subrayar que esta es una V1510n del Esuldo vista desde «dentro». or an Enquiry ¡nto Public Erron Defects and Abuses. directa o indirecta (como en la paraestatal Easl India Company) debe verse cun un aspecto mucho más agresivo. ~ ¡-1 1'1 1. con fines claros y con cohesión 17 Esta clase no empezó a descubrirse a sí misma (excepto. No me sorprende que el Talento necesario para ser un gran Hombre de Estado sea tan escaso en el mundo. en la posibilidad que otorgaba al capita~ lismo agrario. Letters of Jolm G. Burgoss. en la Fábula de las abejas de Mandeville y reaparece. Par/y Ideology ami PO/JUlar Politics at ¡he Accessiol1 01 George IJI.Baily. mercantil y fabril. 15 En las pri.icos y la nación política «sin puer~as». pero su papel esencial parasitario persistió. Esta es. de forma más fragmentaria. en Londres) hasta las tres últimas décadas del siglo. «La Vieja Corrupción» es un término de análisis político más serio de lo que a menudo s" cree.. después de todo. ({Political Mao». diplomátíca e imperial. en una carta privada. Cambridge.\ d . y sólo sobrevivió al siglo porque no inhibió seriamente los actos de aquellos que poseían poder económico () político (local) de facto. pués de dos décadas de adhesión servil a Walpole.y. todo está incluido en «los criterios aceptados de la época»." tl ~ lf':] ~. en 1723 16 La idea constituye la semilla de la Beggar's Opera. sus miembros potenciales se contentaban con someterse a una condición de abyecta dependencia. Hay. cel." Si se advierte la corrupción. . 1976. etc. puede legitimarse mencionando un ¡)recedente. «En nuestra época la OpOSlC10n está entre una Corte corrupta a la que se ha unido una innumerable multitud de todos los rangos y posiciones comprados con dinero público. presentada por historiadores que se han acostum~ brado a considerar la época en los términos de las apologías de sns principales actores. Pero ha hahido un cambio significativo en la reciente historiografía.. 17. John BrC\ver. la comparación entre la alta política y los bajos fondos era un recurso corriente de la sátira: Sé que para parecer aceptable a los hombres de alcurnia hay que esforzarse en imitarlos.. Durante la mayor parte elel mismo. por una clase media en progresivo aumento de profesionales e industriales. 1'e1·0 la visión alternativa que yo he ofrecido no debe producir sorpresas. en Su efectiva presencia militar. 14. sin em~ bargo.hteentlFCentury 13ritail1. si los wbigs era depredadores. meras décadas del siglo. en parte en las sátiras de Pope y en parte en Humphrey Clinker.). dado que tan gran cantidad de los que 10 poseen son segados en lo mejor de sus vidas en el Old. eran adultos que consentían en su propia corrupción. no como un órgano directo de clase o intereses determinados. Los historiadores han desatendido generalmente esta imagen como hiperbólica. F. 16. 1774). pues como mejor se entiende el poder político a lo largo de la mayor parte del siglo XVIII es.r. que hacer alguna salvedad. 1966. 1640~18J2. naval. No deberían hacerlo. hacia un tomar más en serio bs relaciones entre los polít. La mezcla de debílidacl interna y fuerza externa. Era cuando la debilídad inherente :l Sll parasitismo interno destruía sus venganzas en derrotas externas (\a pérdida de Menorca y el sacrificio ritual del almirante Byng. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 27 reforma del Impuesto de Consumos. 1973. Aparece. en James 1. el desast. Man versus Sociefy in Ei. sino como una formación lolítica secundaria. en relación a sus funciones primarias era caro. en los suelos fértiles que ofrecía al laissez~faireIl Pero raramente parece ser un suelo fértil para el paternalismo. como teoría polí~ tiea. hicieron pocos esfuerzos (hasta el Association Movement de finales de los años 1770) para librarse de las cadenas del soborno electoral y la in~ fluencia. Oxford. No hav nada fuera de orden. Véase l II. Excepto en Londres.re americano) cuando los elementos de la clase dirigente se veían empujados por el shock fuera de meros faccionalismos y a una política de principios clasista. Plumb. p. también la crítica de la vieja oposición «rural» a Walpole. 1968. Pero una. Es. un lugar de compra donde se obte~ rlÍan o se incrementaban otros tipos de poder económico y social. Cambridge. y la parte independiente de la nación» (Politícal Disquisitirms. y sé de qué modo consiguen Dinero y puestos. Nos hemos acostumbrado a una visión algo distinta de la política del siglo XVIII. también lo eran los /aries. 49. Así se expresaba John Gay.'i ~l t'l 1. Camhriclge.. Clifford. en el desuso de sus poderes paternales. por supuesto. nota 1.. que no puede hacerse es que el parasitismo estaba frenado. Des. quizás. en «Vanity of Human Wishes» y «Londo11» de Johnson y en el «Traveller» de Goldsmith. en las Political Disquisitions de Burgh. para realizar su propia autorrepro~ ducción. desde luego. ParliaJ J ¡. mel1tary Reform. but"O~ cráticos y proteccionistas. 45. y. p.>. ed. Desde «fuera.26 TRADICIÓN.

cit. el tw:::r . sus asen as abrasan los pies incluso en los tranqnilos y racionalistas períodos de la prosa ele Godwin. 19. ban (con resignación) a la mesa de sus protectores y.. De ::lC]uí la iracllnd. está la prensa: en sí misma una especie de presencia de clase media." (rhe Lile 01 \Villiallt Hullan. no encontramos clase media alguna industrial o profesional que ejerza una limitación efectiva a las operaciones del depredador poder oligárquico. 177).)o. estaba envuelto en un pedazo de p3pcl blanco muy fllTcglado y. Africa y Levante.. etc. anoUl en su flutobiografífl la forma en que llegó a comprar tierra por pümera vez (en 1766 a la edad de 43 f1ños): «Desde que tenía ocho años había desarroll<1do el amor {l la tierra. como el párroco \Voodforde. en op. I ' ':-~ . Puestos en las Adunnas y Consumos.:. etc). l"s clases medias se sometieron a una telacíóll de clicnte1ismo. Dio tarnbién al oficial 0. Díckinson.1 no queremos liberAlidad. Esta tradición es la única que sale ele la primera mitad del siglo cubierta de honor. inmediatamente después de la Ceremonia. forzosa. en el Ejército y en la Armada. «11 nbril1779 T-Tahía Coches en la Tglesia. ::11 abrirlo.¡ ~ ~ . se encontraban dentro de los 1ími~ les de la dependencia. y deseaba tener alguna propia.)0 diplomático. con manto whig. movió gran parte del radicalismo intelectual de principios de los años 1790. en ~odos lüs departamentos" del Estado desde porteros a füncionarios: trabajos en la Corte para la verdadera gef1try o sinecuras en Irlanda. p. pero incluso las "rtes permanecieron coloread"s por su dependencia de la liheralidad ele sus mecenas.6. en la Iglesia. The Auto.:¡ nota ele Blake a sir ]oshlla Reynolds: «¡Liberalidad. una facción baciendo presa :-. pp. op. 36). o tierras y status de gen!!'y. en las colecciones de manuscritos de los grandes. disminución de fllncionario~ y de la corrupción.4.. o cmüquicr otro lugar doncle los deberes h~eran ligeros y los s:lbrios estables» (J.. Historical perspectives. 250.. 20. un hombre en la sitcaeión. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CeASE ¿LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 29 :~ . la consecuencia habría sido necesariatnente la anarquía. en el Association Movcment de los años 1770 22 En segundo lugar. ningún atenuante al dominio parasitario. riográfiea a sobrec1estacar el elementl' de deferencia en la sociedad del sigll' XVIII. mercaderes.in restricción sobre otra. cit. Pero.1iogI'Jph)' 01 Fra!Jcis Placc.'CO de que fl. 6). Los whigs hannoverianos también apoyaban las cualificadones de gran propiedad pata los miembros del Parlamento (Cannon.'o El aspirante a profesional o conlcrciante busc<lba ll1enos el remedio a su sentimiento de agravio en la organiz"ción social que el1 18 tnovilid"d social (o geogdfica. 1ntent"ba comprar la inmunidad a la deferencia adquiriendo la riqueza que le proporcionaría «independencia».. p. a Bengala.10. Brewer.. LXI. n. al menos durante las primeras siete décadas del siglo. History. cit." ).' 201 (febrero 1976). 21. «El correo de todo miembro del Parlamento con las más mínimas prctel1sioncs de illflucncia eSlnba repleto de ruegos y petícíoncs de votantes para ellos.. en las Compañías de India Oriental.» (The Dia!')' 01 a Cou17try ParsOIl.ccrtara un requeño presente. sus parientes o subordinados. p. de solicit"r favo. 1 :~ I. o al "Occidente» de Enropa: al Nuevo Mundo). nna presencia que extiende su alcance al extenderse la alfabetización. «The Eightecnth-Century Debate Ot1 the "GlorloUS Revolutioo'". 446). Este ardiente deseo del barro nunca me 8b20donó . Para comentarios terribles sobre deferencia e independencia. y fl menudo preguntaba acerca de ella.) En general.1de1antándose a otras expresiones articuladas.. 1974. C01110 registradores. 1957.habido frenos de ninguna clase. OClsio1l81mclTte un individuo podía librarse." El profundo resentimiento generado por 18. Como hombres de la Iglesia. las fuentes tienen la tendencia histo. El Sr. ya hemos hablado de la tradición en gran medida lor)' de la pequeña gen!Yy independiente. 19. T.'500 libras asignadas al mcritorio clen'. 253-255. y " • " pp. con sus concomitantes humillaciones y sus obstáculos para la carrera abierta al talento. 196. eemban y bromca.. abogados. Vé85C Mary Thmlc. 36. p. H. 152). vi que contenía no Inenos de ]8 suma de 4. . en quc solicitaban pues. El afortunado mercader de Birmingham.. ed. dentes con su recompensa: . tutores. 1817.l. op. no toma en consideración la dimensión de la nación política «sin puertas}) a la que apel6 Bolingbroke). Primero. . administradores. a la gentry terra~ teniente (frente a los intereses monetarios v de la Corte). Cambridge. 1972. p... cd.¡ 28 TRADICIÓN. y (para la continuidad entre la plataforma dd viejo partido del Campo y los nuevos whigs radicales). 22.j I ~ ti ~j . «The PrincipIes ano Practice of Oppositiotl: The Case of Bo1íngbroke Versus \Valpole». la mayoría adulaban para obtener ascensos.40. De modo que. sin embargo. Se me acerc6 con el clC. tos o favores. están preservada. Véase el útil análisis de Quentin Skinner (que. ({Polítical I'v1an)}. Cincuenta añDS pasaron sin que pudicran lograr la dcrogación del Test y las Corporation Acts (Leves Corporativas). en general. pp. H. Custance.~ I ¡ ¡ . William Button. terminar con el ejército regular. en Neil McKendrick. si no hubiera . la demo~ cr"cÍa que <:e pedía era desde luego limi~ada. cel. . Plllmb. res no revel"d Su verd"du·a opinión.3. 216·218.'~ . como quedaba chlro en la constante defensa tory de las cualificaciones de propiedad territorial ]Jat"fl los miembros del Parlamento. Los principales atenuantes a este dominio eran cuatro. sus cartas respetuosas. QUCfemos precios j\JS\()S y Valores Pro porcion:ldos y llD~ demanda genrT:ll para el Arte) (Gcoffrey Kcynes. reaparece. no se ofendhn por recibir una propina del sefior 18 en llna boda o un b<lutizO.0." (Como talcs. esta condición de «cliente». The Complete Wl'itil1gs 01 1VíIliall1 E/alce. Aunque la oposición del campo a \Xlalpole tenía dcmalldas centrales qlle enm democráticas formalmente (parlamentos 811u31es.

o{J. una burocracia corrupta e ineficaz. aun cuando este cambio es sustancial y tiene consecuencias signiLícativas para la vida política y cultural de la nación.2. existe «la Ley».O 4 (ver3no 1974). John J\·10ncy. económicas o patrióticas.) En cuarto y último lugar. el mundo grecorromano (más específicamente la Roma republicana) proporcionaba un modelo sociológico y político muy coherente con respecto al cual medían sus propios problemas y conducta. Out 01 Apathy. prescntaba un aspecto totalmente distinto. P. En «Patrician Societv. No sólo era la conciencia de la plebe distinta a la de la clase obrera industrial. XIV. sin amos..ncióm~. la líteratura. La educación clásica ofrecía «el estudio de tnda una sociedad. los gobernantes de la Inglaterra del siglo XVIII se veían como patricíos y al pueblo corno plebe. Véase Brewcr. sino por las cuestiones que dan origen a la mayoría de los motines: cuando la plebe se unía como pequeños consumidores. ed. y lejos de resistirse a esta cultura..» Yo acepto el argumento de que mucbos artesanos urbanos revelaban una conciencia «vertical" del «Oficio» (en lugar de la conciencia «horizontal» de la clase obrera industrial madura). sobre su linaje. compuesta de «tipos disolutos y levantiscos». Pero. y continúa siendo. «Taverns. Existe. cap. la gen/r)' más tradicional le otorgó un cierto favor o lisonja. Los siguientes tres Jl~¡rrafos otrccen un resumel1 de mi artículo en el Joumal 01 Social Hi5/0I'y. pp. o como pagadores de impuestos o evasores del impuesto de consumos (contrabandistas). (Este es uno de los motivos por los que he adoptado el término plebe preferentemente al de clase obrera). del lenguaje. III Pero lo que a mí me preocupa. siempre que la gentry satisfaga ciertas expectativas y realice ciertos (parcialmente teatrales) papeles. y es posible que desUque que yo no doy «plebe» como térmillo universalmente válido de todas las sociedades en la «etapa» de «protoindustriali7. 258-259). cit . pasando por los profesiol1elcs. la tradición anónima. en E. la historia y la filosofía de la cultur3 grecorromana. Para la clase dominan~e británica. en las décadas centrales del siglo." 1 (1971). 24.1 extensión Jlt0vincial. cit.> (<<Bteaking the Chains oE Reasom>. 2'5. La relación entre In gentr)' y la multitud es el tema particular de este trabajo. 8. Este. sin embargo. el mundo grecorromano proporcionaba el manto que llevan los valores humanos}). Coffee Houscs and Cluhs: local Po!itics and Popular Articul<1C}' in the Dirmingham Area in thc Agc of the American Revolution».' Pero esta conciencia vertical no estaba Mada con las cadenas diamantinas del consenso a los gobernantes de la sociedad. contenido en las viejas estructuras 23.. Thompson. y una democracia que of1ecía a las activas intromisiones del poder poco más que una retóricc. \711. Las fisuras características de esta sociedad no se producían entre patronos y trabajadores asalariados (como en las clases «horizontales»). no representa nna -:: «crisis» del antiguo orden. Hay otros motivos. el «contrateatro» (ridículo o ultraje de los símbolos de autoridad) y la acción rápida y directa. «Existe una mutualidad en esta relación que es difícil no analizar al nivel de relación de clase. los dos primeros grupos intentaron en ocasiones cOlubinar la oposición al sistema con el anoni~ mato). Como ha observado Alasdair Maclntyre: «Para la naciente sociedad burguesa. n.. libertarias. op. elevada durante cstc siglo a un papel más prominente que en cualquier otro período de nuestra historia. a través de la neblina del verdor que rodeaba sus parques. que estaba en su mayor parte dirigido contra la gente de tipo disoluto o levantisco. El Derecho Civil proporcionaba a los intereses en competencia una seLÍe de defensas de Su propiedad. 205. v las reglas del juego sin las que todo cllo habría caído en la anarquía. n. y que servía como autoridad «imparcial» arbitrante en lugar de la débil y nada ilustrada monarquía. hasta los pobres (y entre todos ellos. en este punto) no es tanto cómo se expresaba esta relación (ello ha sido. por ejemplo. pero que a ojos de los grandes aparecía. Histm·ical J(Juma!. está la omnipresente resistencia de la multitud: una multitud que se extendía en ocasiones desde la pequeña gentr)'. de poder y la begemonía cultural de la gentr)' no se ve amenazada. p. y uno es históricamente específico a la sociedad británica del siglo XVIlt.~: ~\ 30 TRADICIÓN. Yo sostengo que debemos considerar a la multitud «como era. una reciprocidad en la relación gentry-plebe. En momentos de autorreflexión y autodramatización. o por otras cuestiones «horizontales». 196().. y. uno de J ~ los temas centrales de mi trabajo) cuanto las implicaciones teóricas de esta formación histórica en particular para el estudio de 10 lucha de clases. para un ejemplo de 51. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 31 al aptender por sí misma a crecer y conservar sus libertades L1 En tercer lugar. La debilidad de la autoridad espiritual de la Iglesia hizo posible el resurgir de una cultura plebeya extraordinariamente vigorosa fuera del alcance de controles externos. (El Derecho Criminal. . P!ebeian Culture»" he dirigido la atención hacia la erosi6n real de las fonnas de control paternalistas por la expansión de la mano de obra «iibre». véase también Brewer. sino también sus formas características de revuelta: como.

verell buscaron la oportunidad de frenar Sil :lcción2(· E!los [n(ton los autores del Riot Act (Ley . Fitt~. Speck. después de 1715 y el Septennial Act (17lh): las determina· ciones cada "cz más estrechas de la Cámrlra sobre el voto local (véase Cannon.ilisis de Gcof(rev Holmcs. 1976. cit. debiendo dobla¡' el castigo en los casos de delincuentes que no fueran votantes.o que le recuerden n uno que el duque de Newc:\stle hizo su aprendizaje político congregan Jo una multitud. El c 1mbio crítico hacia una oligarquía disciplinéldJ se produce a comienzos de los años 1720: es decir. C(holmolldeley) P 64 (39). W. y Nicholas Rogers. ni las actuaciones públicas y ban· deras de le multitud sin derecho al voto.. H (oughtoll) MSS. mente se reúnen de modo tumultuoso o amotinado» en las ciudades durante las elecciones. como rccordnba él en 1768 (<<Adoro a la muchedumbre. A lo largo de la primera mitad del siglo. Y su útil capítulo «Pndding Time)~. de análisis de 29. 16-19. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 33 sui gelleris} con sus propios objetivos.ís de Cannol1. Es ~:-. a su vez.32 TRADICIÓN. Past ond . La energía de 1m clector. debía consolidarse la estimación de jornales. Estaba.JO. op. más allá de los límites de 10 posible. . Pf]St alld Fresen!. ha sido mostrado en ba~tantcs estudios: J. Este es el contexto central estructural de la reciprocidad de relaciones entre gobernantes y gobernados. en el momento en que la ascendencia de \~Jalpole anuncia <.estabilidad política». indica que algunos de sus allegados deseaban ir más lejos: <~L8S personns nocivas o alhorotadoras . Cualquier licencia otorgada a la multitud por los wbigs dmante estos años surgía menos de senti· mientos de libertad que de un sentido realista de estos límites. Ofi· cit. la debilidad de los órganos de éste y la especial herencia legal. Debemos 1:1 sucesión hannoveriana :1 la muchedumbre" J. La ley. Aibio!!.. etan impuestos por un especial equilibrio de fuerzas que no puede. 1970. una vez más. incluso para el Gran Hombre. 41-49). Tbc Electorale Ortd tbe NElfÍOJlol 1.1r1<1 compleja y delicada polmidad de fuerzas en su propio contexto». Adem."7 El patronazgo local se apretó y se limitaron los obstáculos electorales. A. 164.el término "clase». Spcck. y la prohibición de «todo tipo de Banderas. romper ventan8S. en particular. etc.. sin embargo. El ejército permanente se convirtió en uno de los recursos normales ele gobietno. 27.» No era 1m precio que se pagara con gusto. IV Parece necesario. Estandartes. «The Gtowth of the Electoratc in England fmm 1600 to 1715». nunca alcanzó el libto de estatutos." El proyecto sin fechar de «secciones de una ley para evitar tumultos y mantener la paz en las elecci~nes» que se encuentra entre los papeles de \>V'alpole.\7ill in lhe First Age 01 Part}". Plumb.wera 1973). lo menos desde la época de los motines de Sacha. y veo la clave crítica de este equilibrio estructural en la relación gelllr)'-multitud en el «recelo» de la gen/r)' hacia el Estado. Skilmer. Colores o Insignias». En el momento de 10 subida de Walpole hubo indudables intentos de encontrar una solución más autoritaria al problema del poder y el orelen. Hace unos quince aoos concluí un ttabajo. 6. el desuso de las elecciones. Y especialmente el muy meticuloso an. Tory alid Whig: The 5tmggle ill ¡he CO!Jstituencies. frecuente· rOl: 2(¡. Brcwer. Entre los remedios que se proponían se encontraba la rigufosa exclusión de tocla persona no habitante o votante de estas ciudades durante el período de votación. 1977. . dar licencia a la multitud. se!' analizado sin recmrir al concepto de clase.. op. \'éase \YJ. y mayores poderes aún para castigar a servidores holgazanes y revoltosos. tirar piedras. Cambridge University Librar)'.'o No se pCfmitiría ni la acción directa.Prescl1t (de próxinu aparición). n. pp. «Popubr Prolest in Early Hanoverial1 London». Para el breve episodio de la organización de muchedumbres camorristas rivales en Londres a la subida de Jorge 1. p.ban a la licenciosa multitud. multas y penas l)('1' causnr desórdenes electorales. Esto da un relieve mucho m~s preciso al proceso contrario. forzosamente.ldo en expansión. etc.le Motines). algo prolongado. «El precio que atistocracia y gé'll/ry pagal0n a cunbio de una mnnarquÍ<] limitada y un Estado débil era. cit. un comité nombrado para estudiO[' las leyes relctivas a los trahajadores agrícolas informó a favor de que se extendieran amplios poderes disciplinarios sobre toda la mano de obra: los jueces de paz debían tener autoridad para obligar a los trabajadores mascu· linos no casados a cumplit un servicio anual. divisas o distintivos políticos.. 34. indefel'enciado. l7Dl-1715. V.. XX (11 febrero 1723-4). los jueces de paz debían tener poderes para vincular a los trabajadores que dejaran su trabajo sin terminar. University of Lancaster. operando dentro de 1... l1n<l vez yo mismo me pu~c a la Glhez<i de una. Comlnol1s Journals. p. véase James L. los 1Ubi. pp. A. 96-97. el nombramiento de condestables extraordinarios con poderes extraordinarios. explicar cómo entiende el historiador -o cómo entiende este bistoriador. Stability ond Strifc. 28.~s detcs(." 1 (prim. H. en general). la compra y control de distritos." Durante el mismo Parlamento que aprohó el Black Act (Ley Negra). XLV (1969).ombro. Y ellos. pp. después de todo. {(Ne\\'castlc's Moh».

. yo sostendría las mismas conclusiones. que esta afirmación tiene que ser o bien «inocente» o (peor aún) «no inocente»: es decir. trad. [Hay trad. párrafo 7) y nota 36. etc. 34 TRADICIÓN. 4) Quisiera decir que el uso marxista apropiado y mayoritario de clase es el de categoría histórica.<8 Hi ¡ 1 • . es decir.\farxism and Literafure. en térmii10s más corrientes. según 111i uso del térm111o. Estas personas tienen formas mucho mejores par" definir la clase: definiciones <¡ne pneden. (Yo no partía de bs conclusiones del prefacio: éste expresaba mis conclusiones. o bien sociológica O heurística. otr0s. y después de más de quince años de práctica. Teotizamos sohre estn evidencia como teoría general sobre las clases y su formación. nuevamente la clase como categoría histórica -la observación del comportamiento a través del tiempo.. además." 3) Partiendo de este (falso) razonamiento surge la noción alternativa de clase como una categoría estática. De un modelo estático de relaciones de producción capitalista se derivan las clases que tienen que corresponder al mismo. determinado número de asalariados. ele Ángel Abad." No obstante.. Sabemos que hay clases p01'que las gentes se han comportado tepetidan1ente de modo clasista. especialmente de la generación mayor. ser rápidamente aprehendidas dentro ele la pr{¡ctien teórica y que no conllevan la fali!. Creo poder demostrar que es este el uso del mismo Marx en sus escritos más históricos. 11. ha quedado claro en años recientes que clase como categoda estática ha ocupado tamhién sectores muy influyentes del pensamiento marxista. y. que estas relacíones de producción = a estas formaciones de clase. Según una muy popular (generalmente positivista) tradición sociológica. es una categoría histórica. Bflrcc1ona.: La jorml1Ción históric{/ de la clase obrera.l determinante (en el sentido de «poner límites) y «ejercer presiones»: \'éase el análisis de importancia etÍtica del determinismo en Raymond \'\Tilliaros. y esperamos encontrar ciertas regularidades. no obstante. 33.) En términos generales. clase puede ser reducida a una auténtica medida cuantitativa: determinado número de seres en esta 11 otra relación a los medios de producción.] porcionarnos los determinantes objetivos de la clase: por ejemplo como exprestones de relaciones diferentes de producción. Véase tamhién más adelante. .':1 r . Si 32. Hobsbawm. Cristopher Hill. y mucho . es el uso que generalmente se encuentra en la práctica histc1rica de Rodney Hilton. es la única definidón». En el prefacio hice algunos comentarios sobre las clases que concluían: «La clase es definida por los honbres al vivir su propia historia. se. peto no es este el lugar para hablar de autoridades en sus escritos. trabajadores de cuello blanco. Oxfotd t 1977L y no la conclusión o la ecundón históricas. Ambas son diferentes. ]a «vangllardi:1. Es sin duda el uso de muchos (aunque no todos) de los que se encuentran en la tradición británica de historiografía marxista. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 35 j I I I ~ . esto proporciona una fácil justificación para la polftica de «sustitución»: es decir. y la conciencia que corresponde a las clases y sus posiciones relativas. bastante extendida.~ '- " un momento particular de la formación de las clases. esto es sencillamente el gemelo de la teoría sociológica positivista. o. al final. auoque grao parte de lo que se argumenta sob1'e las clases sólo existe de hecho en nuestro pensamiento. . " ? . Pero 10 que nos da es una !(Í~dC. y en un momento dado (la formación «madura» de la clase) observamos la creación de instituciones y de una cultura con notaciones de clase.I~ II ~ I ~ ~ ~ I··~ ¿ ~. En una de sus [otmas (generalmente leninista). evidencia de ulla ulterior en~ trega al empirismo. 1977. cast.ha sido dejada de lado. está detivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo. Pero quizá debiern rdormularlas y matizarlas. ~ vnl" T.31 Se supone hoy. Por el contrario. No es mi intención sugerir que un análisis estructural estático como éste no p'lcch ser lanto valioso como esencial. ponderado y surgía tanto de la práctica histórica como de la teórica. hace teoría de modelos y estructuras que deben supuestamente pro31. E. p. 2) Pero. historicismo. The Making 01 Ihe Eng/ísb Workil1g Class (edición Pelbn).¡ji3. O clase es aquello a lo qne la gente cree pertenecer en su respuesta a un formulario. etcétera. estos sucesos histórÍcos descubren regularidades en las respuestas a situaciones similares. Desde luego no admitimos que estén sólo en nuestras cabezas. generalmente entre una nueva generación de teóricos marxistas. Es fácil suponer que las clases existen. El prefacio era. en este punto.1 evidencia histórica sobre la que tiene como misión teorizar.a de la investigación histórica. pero ambas emplean categorías de estasis. sino dentro de nuestro propio pensamiento. Según mi opinión. En términos económicos vulgares. 1) Clase. «etapas» de desanollo. se da el Caso en exceso frecuente de que la teoría preceda a 1. etc. que admiten comparaciones transnacioO<11es.» que sabe mejor que la clase misma cuáles debea ser los verdaderos intereses (y conciencia) de ésta. no como un proceso histórico.

R: «Bajo el capilalismo la clase es 1. l~ ii l1 iI 11 i¡ ji .'mentC' CX1)crimcntada. 6: "Para los prop6sitos del historiador .nízaf la evidencia histórlcD. a) Es cicrto que el uso moderno de clase surge del m¡]fCo ele la sociedad inelustrial capitalist" del siglo X1X. Por ello no podemos (en el idioma inglés) hablar de ducba de estados» o ducha de órdenes». ef. está también. Esto es. ctc. identifican puntos de interés antagónico.. La clase y la conciencia de clase son ~iempre las últimas. A pesar de ln sofisticación ele esta teoría..>. aunque b cación de ]a conciencia. sino por el hecho de que no disponemos de otra categoría alternativa para analizar Uf' proceso bist6rico universal y manifiesto.) como catcgoría heurística o analítica para oqw. Esta evidencia bistó rica a su vez ba chelo origen Jl concc'pto milc1uro de c1. 1971. las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados (crucialmente.· no las primeras. AS{1ects 01 f-h~!r7ry a/1J Class C(lI1scint/sl1css. preJfnte en la (!vidrllda misma. si empleamos la categoría estática de clase. al utilizarlo. Vl-ilSC tflmbién ¡/lid. en un sentido dLstinto.todavía encontramos l'n3 categorb profundamente estática.l otro. [. Hobsha'\vm. la clase y los problemas de la concie:ida de c1ase son inseparables. ibid. Por el contrario.111<1 rcalilhid inmcdiaLl y en cierto sentido C\ircct. que miran en derredor.1 1 (mucho más sofisticada) -por ejemplo. 6) Esto viene a destacar. p. fases del proceso real histórico. pp. es inseparable de la noción de «Iucba de clases». le han impuesto sus propios refinamientos y matizaciones al concepto con respecto a su propia especialidad histórica. no es por su perfección como concepto. Si decidimos continuar empleando la categoria heurística de clase (a pesar de esta dificultad omnipresente). Hobsbawm. o si 35. en Is\v>in Mcszaros. no obst:mte. cu1turns de c1nsc. etc. y llegan a conocer este descubrimiento como conciencia de clase. en su uso heurístico. pnrtidos dc cbsc... En mi opinión. Para expresarlo claramente: las clases no existen como entidades separadas. lucha de clases es un concepto previo as! como mucho más universal.'" Pero. Pues la 34. experimentan la explotación (o la necesidad de mantener el poder sobre los explotados).. no sin dificultad pero con éxito notable. no obstante. Francia o Alemania industriales.-Cla~s Consciousncss 1\1 l-1ístory. Clase en su sentido más pleno sólo llega a existir en el momento hjst6rico en que la cIase empieza a adquirir conciencia de sí misma como tal. 1. el concepto puede utilizarse con propiedad en Jl11bos sentidos.. encuentran una clase enemiga y empiezan luego a luchar. eL E. y estos historiadores. en relaciones de producción). En 11na forma flltcrnativa I . ~. teDría althusserianil tiende a tener un arSe- nal teórico mayor pet . mientras que «lucha de clases» ha sido utilizado. una categoría Q11C sólo halla su definiciór. sen lo que' fuere lo que ten23) es una «falsa conciencia». cl"se seg!ín su uso moderno sólo fue ~\s('qulblc al sistema cognoscitivo de las gentes que vivían en dicha época. entonces al describir estas luchas históricas en términos de clase dehemos extremar el cuidado contra la tendencia a leer retrospectivamente notaciones subsecuentes de clase.) con una correspondencia 1ll1lcho menos directa . se ha prestado una atención teórica excesiva (gran parte de la misma claramente abistórica) a «clase» y demasiado poca a <<lucha de clases». 11!1sta cierto punto. dentro de una totalidad estructurnl altamente teorizada. por los historiadores de sociedades antiguas. que clase. Ambas tienen Jna noción parecida de dalsa conciencia" o «iclcologh\}). cn Althusser-.ii I 36 TRADICIÓN. los tesultados son mny similares a la versión vulgilt econó- mica. snrgc a menudo la confusión cuando nos trasbd:unns de 11110 ~. en la IngLllerra. es posible ver que los histori~\d(lrcs pueden empIcar el concepto en dos sc_ntidos diferentes: a) referido a un contenido histótico real correspondiente. micntrHs que en épOG1S prcGlpitalistas no puede ser nl<Ís que una construcción analítica que (h ~enticlt1 [t 1l!1 complejo de datos de otro modo inexplicables). Si la clase no era un concepto asequible dentro del propio sistema cognoscitivo de la gente. b) Debemos guardarnos de esta (anacrónica) especificidad histórica cuando emDleamus el término en Sil segundo sentido pnra el análisis de sociedades "nteriores " la revolución industrial.:'4 En mi opinión. correspondencia de la categoría con la evidencia histórica se hace mucho menos directa.! explicar el dominio idcológico y la mistifi5) Si volvemos a la ehse como categoría histórica. En realidad. cd. comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase. si se consideraban a s! mismos y llevaban a cabo sus batallas históricas en términos de «estados» o «jerarquías» u «órdenes». De aquí q\IC el concepto no sólo nos permita organizar y analiznt la cvídencin. p.ltal histó1'Íco de la formación de las clases. 5-h. pero no exclusivamente. REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 37 ocurriera que «ést~l» no tuviera conciencia alguna.1 imprin1icio su propia cspccificidnd hi~t()rica. instituciones de c1asc. Es pnsiblc observar.1se y. feudales y modernas tempranas. le t). empíricamente observahle. que desestima el veTdadero proceso CXl'crilllc..

los motines espontáneos y «ciegos». y al dejar su huella en la categoría heurística de clase.1'· } ~ ~. Las clases. «Agradan Class Structure and Economic Deve10pment in Pre-Industrial Europe». '" 1 sJ ~ I li i ~ B) ' . Lo que debe ocuparnos es la polarización de intereses antagónicos y su correspondiente dialéctica de la cultura. En el siglo XVIII la resistencia es menos articulada. no pueden de hecho reclamar universalidad. Pero existen unos pocos fenómenos sociales que no revelan 1 ~ ~i ~ l. construye una totalidad en la cual las relaciones de producci6n se proponen ya como clases. Reasoning. propiamente dicha de la nistoria es más verdadera o más real que otra. prisioneras de la contraria. 37. LXX (febrero 1976).( ¡ mente adecuados. Todo este escuálido confusionismo que nos rodea (bien sea positivismo sociológico o idealismo marxistaestructuralista) es consecuencia del etror previo: que las clases existen. Es cierto que estos determinantes objetivos exigen el examen más escrupuloso. al final. En mi propia práctica he encontrado la reciprocidad gentry-multitud.. en este sentido. . o del sofisticado marxismo newtoniano según el cual las clases y las fraccion~s de clase realizan evoluciones planetarias o moleculares. directa y turbulenta. no lo creeremos así: creeremos que la clase está instantáneamente presente (derivada.. véase Robert Brenner. en un proceso analítico necesario. independientemente de relaciones y luchas históricas.¡ ~ • '. esp . Merlin Press. REVUELTA Y CO~SCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 39 -. v Volvamos. Pasl and Present..38 TRADICIÓN. aunque a menudo muy específica. Las clases. '." Pero no hay examen de determinantes objetivos (y desde luego. así como por la de otros muchos historiadores. espero. militar) se experimenta de modos clasistas y sólo entonces da origen a la formación de clases: véase mi «An Orrery of Errors». modelo teórico obtenido de él) que pueda ofrecer una clase o conciencia de clase en una ecuación simple. Ninguna formación de clase 36. hasta cierto punto." Estamos abocados. Todo ello. etc. pero no tenemos por qué esperar encontrar el caso especial del siglo XIX. 7) Espero que nada de lo escrito anteriormente haya dado pábulo a la noción de que yo creo que la formación de clases es independiente de determinantes objetivos. Para los de!crminantes de la estructura de clase (y de la propiedad de relaciones de «extracción de la plusvalía» que imponen límites. y al modelar estas experiencias en formas culturales. de las relaciones de producción) y de ello la lucha de clases. 31-32. y que luchan porque existen. El hecho de que en otros lugares y períodos poda.~ ~ • . ha sido refutado por mi propia práctica histórica. Las clases acaecen al vivir los hombres y las mujeres sus relaciones de producción y al experimentar sus situaciones determinantes. y clase se define a sí misma en su efectivo acontecer.. como una proyección geométrica. no significa que 10 que se exprese de modo menos decisivo no sea clase. 1 ~ j . La economía política marxista. al caso especial del siglo XVIII. De modo que. Si no 10 hacemos. ningún modelo puede proporcionarnos 10 que debe ser la «verdadera» formación de clase en una determinada «etapa» del proceso. y ciertas clases importantes de protesta sodal se pierden en la categoría de «delito». entonces. en su acontecer dentro de las sociedades industriales capitalistas del siglo XIX. Por ello debemos suplir parcialmente esta articulación descifrando la evidencia del comportamiento y en parte dando la vuelta a los blandos conceptos de las autoridades dirigentes para mirar su envés. vemos que la explotación (econ6mica. Las clases son formaciones históricas y no aparecen sólo en los modos prescritos como teórica. y «modelos a largo plazo» en las sociedades de la Europa preindustrial). posibilidades. titucionales. pues. Existe una resistencia muy articulada a las ideas e instituciones dominantes de la sociedad en los siglos XVII y XIX: de ello que los historiadores crean poder analizar estas sociedades en términos de conflicto socia1.\ mos observar formaciones de clase «maduras» (es decir. pp. septiembre 1978. con una cultura y unas expectativas heredadas.. Debemos esperar encontrar lucha de clases. ~ ~ ~ obtenemos nuestro concepto del modelo teórico previo de una totalidad estructural. One. Peto cuando volvemos desde esta estructura abstracta al proceso hist6rico pleno. en lugar de surgir su existencia de la lucha. conscientes e históricamente desarrolladas) con sus expresiones ideológicas e ins. que clase puede definirse simplemente como una formación cultural. no son más que casos especiales de las formaciones históricas que surgen de la lucha de clases. dentro «del conjunto de relaciones sociales».. el «equilibrio paternalista» en el cual ambas partes de la ecuación eran. a las interminables estupideces de la medida cuantitativa de clase. más útil que las nociones de «sociedad de una sola clase» o de consenso. corremos el peligro de convertirnos en prisioneros de los supuestos de la propia imagen de los gobernantes: los trabajadores libres se consideran de «tipo disoluto y levantisco».

Incluso la «liberalidad» y la «caridad» deben verse como actos premeditados de apaciguamiento de clase en momentos de escasez y extorsión premeditada (bajo la amenaza de motín) por parte de la multitud: 10 que es (desde arriba) un «acto de concesión». los grupos profesionales y comerciantes vinculados por líneas de dependencia magnética a los poderosos o. Pero 10 que yo sostengo en este trabajo es (en la misma medida que '8. a menos que se utilice el concepto de antagonismos. con la multitud en un polo. Así es prácticamente como veo yo In sociedad del siglo XVlII. cada vez más por medios literarios). de defender prácticas antiguas de derechos al común. evidencia de los intentos prolongados. Horace Walpole. !I. sino a las relaciones económicas rocxi~tef1tes dominante y subordin::lda. expresada en Simbo los y ritos." Utilizo por tanto la terminología del conflicto de clases mientras que me resisto a atribuir identidad a ulla clase. La exhibición ostentosa. en diversos aspectos. y muy distante de la cultura de los que tienen el dominio de Inglaterra. 220-221. reproducida por ejemplos (quizás al avanzar el siglo. «iluminación general» y «tonalidades» se presentarla hoy en un lenguaje estructuralista más sistemático: términos en ocasiones tan duros y de apariencia tan objetiva (como el «represivo» y los «aparatos ideológicos de Estado» de Althusser) que esconden el hecho de qne signen siendo metáforas dispuestas a congelar un proceso social fluido. la me~áfora de Marx hace referencia no a la clase o las formas sociales. y hasta finales del siglo. en ocasiones. Al analizar las relaciones gentry-plebe. es (desde abajo) un «acto de logra!».39 Lo que Marx describe con metáforas de «rango e influencia». Es un éter especial que define la gravedad específica de todo 10 que existe en él. de clase. fue la respuesta de Walpole. Las limaduras. Yo dudaría antes de describir esto como cultura de clase. por parte de la comunidad agraria. en ciertas circunstancias. como con un «campo de fuerza» societa!. pp. ni me preocupa. en el siglo XIX. 39. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 41 un significado distinto al scr sometidos " este examen dialéctico.40 TRADICIÓN. pp. Y siguiendo cada una de estas claves hasta su punto de intersección. Penguin. véase Grundrisse. «Sólo una corona. en su nivel experimental. o de los jornalero:. en la que los niños se incorporan a la sociedad con un sistema de valores con patentes notaciones de clase. en su fácil recurso al desorden y en sus actitudes irónicas hacia la ley. en el sentido de que se puede hablar de una cultura obrera. nos encontramos no tanto con una reñida e inflexible batalla entre antagonismos irreconciliables. y la prefiero. que estaban uniformemente distribuidas. Pero no puedo entender esta cultura. entre el auditorio del teatro de hegemonía y control clasista. en su resistencia a la homilia religiosa. sino también gran parte de lo que era posible y los límites de 10 posible más allá de los cuales no se atrevía a ir el poder. Se dice que la reina Carolina se aficionó taoto una ocasión al Sto James Park que preguntó a Walpole cuánto costaria cerrarlo para hacerlo propiedad privada. en Sll picaresca mofa de las próvidas virtudes burguesas. se arremolinaban en un polo o en otro. sin embargo. Yo prefiero la metáfora de Marx. escondiendo sus rostros en una acción común con la multitud. Señora». de defender los emolumentos establecidos por la costumbre. . las pelucas empolvadas y el vestido de los grandes deben también considerarse -como se quería que fueran considerados. 1847. Memoirs 01 Ibe Reign 01 King Georg" Ibe Second. Incluso aquí. adaptaciones y (en ocasiones) reconciliaciones dialécticas.desde abajo. Una categorla tan sencma como la de «robo» puede resultar ser. No sé si esto puede parecer herejía a otros marxistas. a ~t1S metáforas subsecuentes de «base» y «superestructura». se hace posible reconstruir una cultura popular establecida por la costumbre. 1973. Pero me parece que la metáfora de un campo de fuerza puede coexistir fructíferamente con el comentario de Marx en los Grundisse de que: en En toda forma de sociedad es una determinada producción y sus relaciones las que asignan a las demás producciones y sus relaciones rango e influencia. transmitida por tradiciones orales. la aristocracia y la gentry en otro. Es una iluminación general en la que se mezclan los restantes colores y que modifica sus tonalidades específicas. mientras que entre medias las limaduras que permanecían en su lugar tomaban el aspecto de alineaciones dirigidas hacia uno u otro polo opuesto. Esta metáfora permite entender no sólo la frecuencia de situaciones de amotinamiento (y su dirección). 106-107. y en muchas cuestiones. alimentada por experiencias muy distintas de las de la cultura educada. Para una traducción ligeramente distinta. Estoy pensando en un experimento escolar (que sin duda no he comprendido correctamente) en que una corriente eléctrica magnetizaba una placa cubierta de limaduras de hierro.

Pero las prácticas y normas se reproducen de generación en generación en el ambiente lentamente diferencia dar de la «costumbre». las producciones impresas de más amplia circulación (libritos de romances. ¿Qué es. Aunque cambia la vida social. moderno / tradicional.entre las culturas refinada y plebeya de la época.' ~. Me he visto forzado a constatarlo al considerar la fuerza de las diversas objecciones al mismo. después como criada doméstica.y quizás incluso genera. con el lenguaje -y quizá la sensibilidad. bien como recreación o en forma de protesta. en los misterios de la crianza de los niños. y asr sucesivmncnte. En el siglo XVIII. Transmite vigorosamente . pliegos.:n una sociedad previa categorías pata las cnales esa sociedad no poseía recursos y esa cultura no poseía términos. hubo indiferentismo religioso y una auténtica cultura folklórica plebeya en los mismos siglos.j I !~ 1 1 ! . El error más corriente hoy día es el de hacer la definición de las antítesis culturales del siglo XVIII (industrial / preindustrial. 1. 106. I j lo es el de Marx) un argumento estructuralista. 103.42 TRADICIÓN. puede encontrarse de forma más o menos desarrollada en otros siglos. una educación básica elemental coexiste. El aprendizaje como iniciación en las destrezas adultas no está limitado a su expresión industrial reglamentada. XVII Y XIX. y relatos anec~ dóticos de crímenes) tienden a someterse a las expectativas de la cultura oral más que a desafiarla con alternativas. extiendan de hecho su alcance y esparzan estas formas más ampliamente: el «fijar el precio». Las traelidones se perpetúan en gran medida por transmisión oral. y 2) las polaridades dialécticas --antagonismos y reconciliaciones. lo especifico del siglo XVIII? ¿Cuál es la «iluminación gcnetab que modifica las «tonalidades específicas» de su vida social y cultural? Para responder a estas preguntas debemos reformular el anterior análisis en términos más estructurales. primero con su madre (o abuela). 1972. aunque hay gran movilidad. ii í: I . el cambio no ha alcanzado aún el punto en que se asume que los horizontes de las generaciones sucesivas serán diferentes.. esta cultura no es ni vieja ni insegura. obras de caridad. porque suponen el descubrir . plles. La niña hace su aprendizaje de ama de casa. Vé~se los perceptivos comentarios sobre el sentido «circula.j l. los mineros de estaño de Coroualles. donde una progresiva alfabetización suple a la tradición oral. 40 ni tampoco se ha interpuesto aún signíficativa~ mente esa máquina de aceleramiento (o extrañamiento) cultural que viene a Ser la educación formal en la transmisión generacional. Si clcsea1110S efectuar una definición antitéticamcntc. PUeS todo rasgo de la sociedad del siglo XVIII que ha sido considerado. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 43 ~ . con su repertorio de anécdotas y ejemplos narrativos. actlÍa también como refuerzo de esta disposición plebeya). el divotcio ritual conocido como «venta de esposa» parece haber esparcido su incidencia en todo el país desde 40. cial o sabiduría común de la comunidad: cada generación está en relación de aprendiz con sus mayores. . Es incluso posible que la movilidad geográfica. en muchos puntos de Gran Bretaña --y especialmente en aquellas regiones donde la dialéctica es más fuerte--. como acción central del motín de subsistencias. l' i: ). Es 10 m51110 en los oficios carentes de un aprendizaje regulado.) 'Ji j!1J. Hubo jornaleros libres y motines de subsistencias en los siglos XVI. pero también en zonas fabriles y mineras densamente pobladas (las ciudades textiles del oeste de Inglaterra.en el campo del siglo XIX. En cualquier caso. Cambridge. el Black Country). Por descontado esta c"ltura exhibe ciertas características comúnmente atribuidas a la cultura «tradiciona]". Es por esto por lo que he hecho tan largo rodeo para llegar al verdadero tema de este trabajo. pp. se extiende a lo largo de la mayot parte del país.formas de comportamiento ritualizadas y estilizadas. cenas de arrendatarios. The Idea 01 Laodscape aod Ihe Sense 01 Place: An Approach lo Ihe Poelry 01 Jolm Ciare.I'i l.o) del espacio en la parroquia agrícola antes del cerramiento en John BarreI. hubo activa renovación de ritua les paternalistas --especialmente en cantos de siega. (El hecho de que --desde puntos de partida algo distintos. como madre joven. almanaques. las antítesis relevantes que se pueden aplicar a la cultura plebeya del siglo XVllI son dos: 1) la dialéctica entre lo que es y 110 es cultum -las experiencias formativas del ser social. junto con la disminución del analfabetismo. Y con la introducción en estas especiales destrezas viene la introducción en la experiencia so. a lo largo del siglo XIX. clase obrera «madura» / «primitiva») inaplicables. Especialmente en la sociedad rural.de lo que empieza a Ser <<la vieja cultura». existe un fuerte peso de expectativas y definiciones colZSuetudinarias. y cómo eran éstas modeladas en formas culturales. !¡I !:l I. «últimos discursos ante la muerte». De ello que las gentes tiendan a legitimar la práctica (o la protesta) en términos de uso consGetudinario o de emolumento o derecho prescriptivo. es aprendiza de las matronas de la comunidad.este tipo de argumento tienda también a controlar la alta cultura política.!' f.

5·27 de abril de 1977 (de próxima public:1ción ). recurre a menudo a las regulaciones paternalistas de una sociedad más autoritaria y selecciona entre ellas aquellas partes mejor pensadas para defender sus intereses del momento.10s controles tradicionales señoriales. el trabajo . La innovación es más evidente en la cima de la sociedad que más abajo.l. La evidencia de música escabrosa indica que en las comunidcdes más tradicionales ~.Le Charivariy.VUEL'fA y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 45 algún desconocido punto de origen. Las costumbres que se defi~nden pertenecen al pueblo. son dcfini. corporativos y paternales. los artesanos apelan a cier- . De ello que la cultura plebeya sea rebelde. autoactivantes. las relaciones libres en el mercado ele cereales) que gobernantes () patronos deseaban imponer. Esta evidencia puede demostrar que. sobre los transgresores. XXVlI. y mis otros cornentnrios en el curso dC'l Congreso sobre -<. heredadas en cuanto a los papeles maritales aceptables y la conducta sexual. en nombre de la «costumbre». no entra en las cabañas. dado que esta hegemonía es más secular que religiosa () mágica. de ningún modo. no con horror. el juez de paz.ce está <<liberando». tenen10S que proceder con cuidado: eslo no es solamente «una cultura tradicional». en su «ser sociah> efectivo. el recandador. puesto que esta innovación no es un proceso técnico-sociológico sin normas y neutro. De ahí una paradoja característica del siglo: nos enconuamos con una cultura tradicional y rebelde. Las normas que así se defienden no son idénticas él las proclamadas por la Iglesia o las autoridades. en el siglo XVIII. sus súbditos no rezan el rosario ni se unen a peregrinaciones de fieles. Pero enando el pueblo busca una legitimación de la protesta. los participantes en motines de subsistencias apelan al Book of Orders (Libro de Órdenes) y a la legislación contra acaparadores. es mencionada en las oraciones del ama de casa.44 TRADICI()N. la disciplina de trabajo. bajo los auspicios de la Écolc des Hautes Études en Scicnces Sociales (Vr scction). pero la música cscabtosa del siglo XIX está generalmente dirigida contra los que pegan a sus mujeres o (menos frecuentemente) contra hombres casados conocidos por seducir y dejar cmbatnzaclas n muchachas ióvenes.41 Es est. la plebe 10 experimenta en la mayoría de las ocasiones en forma de explotación. y algnnas de ellas se fundamentan de hecho en una reivindicación bastante reciente en la práctica. aquellas que poseían un perfil rural o agrario. el ridículo. 11 (1972). o expropiación de derechos de aprovecbamiento tradicionales.. 2. década tras década. etc.Rough Ml1sic: Le Ch::uivari Angbis). pues. sermones o discursos espontáneos._y éstas no eran siempre. De ello que nos encontremos con 1 41. irracionales: no apelnn a la «razón» mediante folletos. Es más. no es mucho lo que puede hacer para determinar el carácter de esta cultura plebeya. parroquiales. y se está distanciando cada vez más de relaciones di 'ectas de c!ientelismo con la gell!")'. cada vez más. La hegemonía de la gentr)' puede definir los límites del «campo de fuerza» dentro de los cuales es libre la cultura plebeya para actuar y crecer.bs en el interior de la cultura plebeya misma. ni obtiene confesiones de los delincuentes. y las mismas formas ritnales que se emplean contra un conocido JeHncuente sexual pueden ernpIearse contra un esquirol. Pero la ley no si"embra pías cofradías de hermanas en las ciudades. sino con ambigua admiración. París. imponen las sanciones de la fuerza. una Cllltura consetvadotn en sus formas. de regulación social y moral. pero. en ocasiones. de . La cultura conservadora de la plebe se resiste muchas veces. leen pliegos en las tabernas y asisten a ejecuciones públicas y al menos algunas de las víctimas de la ley son consideradas. Las formas son también. las formas no son herederas de expectativas y reproductoras de normas simplem"nte: pnede qne las farsas populares del siglo XVII y principios del XVIII estén dirigidas contra la mujer que peca contra las prescripciones patriarcales de los roles conyugales. mientras cierto comportamiento dudoso se toleraba hasta cierto punto. Incluso en este caso. Los instrumentos de control e imágenes de hegemonía son los de la ley y no los de la Iglesia y el poder monárquico. más allá del miSlll0 la c01l1unidad intentaba imponer sus propias expectativas. pero rebelde en defensa de la costumbre.° la paradoja de una cultura tradicional que no está sujeta en sus operaciones cotidianas al dominio ideológico de los poderosos. pero. ést'JS apelan a la costumbre e intentan fortalecer los usos tradicionales. Pues. o contra el señor y sus guardas de la caza. Pero el contenido de esta cultura no puede ser descrito como conservador con tanta facilidad. 0. RF. la vergüenza y la intimidación. /111l1l1leI ESe. Véase mi (<. sin embargo. a aquellas innovaciones y racionalizaciones económicas (como el cerramiento. o disrupción violenta de modelos valorados de trabajo y descanso. pero. en lugar ele ello. decora las chimeneas con iconos o informa una visión de la vida. La ley puede puntear los límites ele1 comportamiento tolerado por los gobernantes.operaban fuerzas muy poderosas.

¡ 1\ iii ¡[I. intetcatnbio o lTIotívación «no-cconómic<1» frente [l la direCVlmente monetaria. La cuestión se ha planteado en un reciente intercambio entre Hildred Geertz y Keith Thomas 44 y. VI. comenzaban con \lna «Od2 a la memoria de la Reina Isabel. nos encontramos con la necesidad de «descifraD> 43 este comportamiento y descubrir las reglas invisibles de acción.) Debo unirme a Tbomas aÚn más fuertemente en su objeción a «la distinci6n simple que hace Geertz entre alfabetizados y analfabetos». el rtoblema es diferente y qurzá más complejo. origen regional y medios de dispersi6n de su material. innov<1dnres sl1nplcs / Se ven impedidos y limitados por sus gloriosas reghls.46 TRADIClÓN. En otto sentido. a pesar de que yo me asociaría firmemente a Thomas en esta polémica. Scligman Coliection. Lo que quíero decir debe quedar c1al"O en las siguientes páginas: no es suficiente describir simplemente las protestas simbólicas pnpulares (quema de efigies.. 1I iil .1 Pues protegidos l)Of sus leyes. Hcdc1y. n. C01110 en la resistencia a nuevos modelos de consumo (<<necesidades»). las cláusulas sobre el aprendizaje del Estntllto ele Artífices (ql\lcciÍnicos! ¡¡Proteged vuestras libertades contra los Ilwasorcs sin Lev!!»I. En lo que Thomas y yo podemos disentir es en nuestros cálculos con respecto al grado en que las formas. vnl. 1752-·1871}). que presenta una sociedad tau diversa como la de la Inglatetta del siglo XVII» . o la venta de esposa. LXXIV (febrero 1977).42 Esta cultura tiene otros rasgos «tradicionales». y sobre la mutua interacci6n entre las culturas musicales refinada. Cuando Geertt espera que un sistema coherente subraye el simbolismo de la cultura popular.1 !! "1 f i: lí 1'.>: «Su me·moría es toda\'la dulce al j0rnalero. rituales. Pero. los coleccionistas y especialistas en canci6n folklórica han disputado enconada mente entre sí sobre la pureza. la organización familiar de relaciones y roles de producción. ponerse hojas ele encina. la regulación del aprendizaje) del código Tudor regulatorio del trabajo. ¡~1 l' . Cualquier intento de segregar la cultura educada de la analfabeta encontrará incluso mayores obstáculos... al examinar formas de comportamiento del siglo XVII1.i desciframos el comportamiento. o estudiar el simbolismo de la protesta. REVUELTA Y CONSCIENcrA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 47 las partes (por ejemplo.del trabajador es ella todavía U11a garan~ía . resislfll hoy I Violaciones. autenticidad. que de otro modo prevalecerl<ln. economía de mercado y la economía moral tradicional de la plebe. . J De los derecho5.). en este trabajo. por supuesto. al apelar n. . en ocasiones. y aceptan de la cultura educada ciertas categorías.emonía de los poderosos y corno expresión de ID" (''\:pcct~1ti\·as ek In I1HI1titud: \'bse el sugerente iIl"tículo de \xri1!i<1m R. o a la racionalización del trabajo que amenaza con h destrucci6n de pnícticas tradicionales y.. v así encontrar Sil f1!cr7:l.11 cicr~os sofisticndos tradf"1I!lionistas londinenses. colgar botas): es también necesario recobrar el signifiC<Klo de estos símbolos con respecto a lln universo simbólico más amplio. De aquí que podamos cntender la historia social del siglo XVIII corno una serie de confrontaciones entre una innovadora 42. pues la lógica capitalista y el comportamiento tradicional «no-económlcO~> se encuentran en conflicto activo y consciente. . a la sanción. impide estas expectativas.a and P"esC1Jf.1'h(' Tcxti\c Tradc and Ihe L1l1guagc of the CrO"wd at Rouen.. ¿ se sigue de ello que tengamos que ir más allá e intentar reconstruir con estos fragmentos de clave un sistema cognoscitivo popular con su propia coherel'cia ontológica y estructura simbólica? Los historiadores de la cultura popular de los siglos XVII y XVIII pueden enfrentarse a problemas algo diferentes a este respecto.. comercial y plebeya.O 1 (1975). tanto como afrenta a l::t l1C'~:. il tri I~ ¡I! ¡~ Pa. mientras que algunos de los que saben leer y escribir utilizan sus muy limitadas destrezas literarias sólo de forma instrumental (para escribir facturas o llevar las cuentas). mientras que su «sabiduría» y sus costumbres se transmiten aun en el marco de una cultura prealfabetizada y oraL Durante unos setenta años. (En todo momento. Una y otra vez.e incluso más la del siglo XVIII-. En este sentido.1 j~ l.ción «antropológica>>: así por ejemplo. Xíl 43. !\('rort o/ t!J(' Trial 01 Alexander \Vadsl/. . Uno de ellos que me interesa en particular es la prioridad que se otnrga. en los mismos términos exactamente. 1/ Patronos tiránicos. desde la perspectiva del siglo XVIII.. al descifrar la rmísica escabrosa. compnttÍl11os algunas de las preocupaciones del historiador de Jos siglos Xv[ y XVII en cuanto a una oricnt8. Columbia University Library. yo tengo que estar de acuerdo con Thomas en que «la inmensa posibilidad de variaciones cronológicas. simbolismo y supersticiones populares permanecen como «restos no integrados de 44. no podría responder. Espero que mí uso de «descifrar» no asimile mi atgutncntación innlf'di<ltamente a esta o aquelln ('sCllela ele semiótica. Place p<ll11ph1cts. Jor"'ldl 01 I/1terdisciplil1ary History. al referirme a la cultura plebeya he sido muy consciente de sus variaciones y excepciones. o en la resistencia a una disc¡~Jlina del tiempo y la innovación técnica. lB"!}). cualquier distinción de este tipo es nebulosa en todo momento del siglo: los analfabetos oyen las producciones de los que no lo son leídas en voz alta en las tabernas. i. En fcchn Lm tardh C0l110 18. en ciertas regiones. diferentes a las que el historiador de «movimientos obreros» espera encontrar. sociales y regionales.I()rlh againsf Peter Lauric (28 de mayo eJe.

y les dírán que 10 es». Devonshire Characters and Strange Events.-1. estaban también muy presentes en el sistema cognoscitivo de los gobernantes de la sociedad. Quizás. los cUJles. «Anthropology . ello puede ilpoyar las conclusiones de Thonuls. cualquiera sabe mejor que el mismo párroco lo que es. llegan a formar parte del repertotio rle la protesta londinense.. ell que el símbolo infomla la práctica. Pero. era necesario que la clase fuera posible en el conocimiento antes de que pudiera encontrar su expresión institucionaL Las clases. sólido y cristiano 4'5. eso.47 «Dios bendiga a sus señorías» entraña un sentido de condescencia desdeñosa.. sino 11nFl nmalgatna de despojos culturales de muchos distintos modos de pensamiento. y serta absurdo pretender que todos estos elementos hayan sido barajados de modo que formen un sistema nuevo y cohercnte». Afidlal1d Histnry.4 5 Yo he hecho ya una crítica de las referencias de 1hom<1s <1 la (<ignorancia popubp>. pp. Para tomar el caso de los desórdenes destinados a tomar posesión de los cuerpos de los ahorcados en Tyburn. pero esto sólo viene a destacar el que la ge/ltl'y y la plebe tenían visiones alternativas de la vida y de la gradación de sus satisfacciones.. Lo que el distante clérigo paternalista considera «ignorancia popular» no puede aceptarse como tal sin una investigación escrupulosa. Pero no podernos presentar al amotinado como figura arcaica. 1908. REVU1:'LTA y CONSCIENr::l A DE CLASE ¿ LUC l-I A DE CLASES SIN CLASES? 49 modelos de pensamiento rrl<Ís antiguos».. o los campos de fuerza relevantes de los distintos siglos. i «cristiano»! En otras ocasiones. más allá de la antítesis elemental de las definiciones dentro de culturas antitéticas: el escepticismo en relación a las homilías del párroco. Los datos del siglo XVIIl me parecen señalar hacia un universo mental bastante m"s coherente. la mezc1a de 111fltcl'lal1SmO efectivo y vestigios ele supersticiones de los pobres. crísti<1no y pagano. «que p1.48 TRADICIÓN. donde encontramos la organización formativa y cognoscitiva de la cultura plebeya. 1. incluso tOnlfldos en conjunto) constítuycn «no un solo código. nota :n. e informaban sus instituciones y S\1S rituales de orden. 46. que Peter Linebaugh ha (creo) descifrado en Albiol1's Fatal Tree: era sin duda un gesto de «ignorancia» por parte del amotinado el arriesgar su vida para que su compañero de taller o rancho no cumpliera la Inuy r. las «viejas profecías». ¿será quizás el siglo. el párroco y el señor y sus bien educados hijos-.el ámbito de una cultnra más amplia y más robusta. .](ion. Line47. «quien quiera» sabe lo que es cierto e-excepto.2jc." 1 (1q7<:. Baring-Gould. como las de Merlín. 627-628.md the Discipline of nistmical C0I11CXb>. a la cual ha respondido brevemente Thomas. en rea Hdad. apoyaría las mías. al ser interrogado sohre 1<1 venta de espOS<1S. 1971. Keith Thomas. los elementos desunidos y fragmentados de mas antiguns form<1s de pensamiento quedan integrados por la clase. En algunos casos esto no tiene significado político y social alguno. aSl como el tipo de evidencia que cada uno de ellos hace prominente. Ello nos plantea problemas de evidencia excepcionales.1 ~ I ~ . se cotlserVJn con especilll confinnzn porque ('stns actitudes están amparadas pot. si lo que observamos son las procesiones bufns popl11ares. 46 y sin duda puede hablarse de ello más detenidamente en el futuro.1I y utilitaria función de convertirse en espécimen de disección en la sala del citujano. S. exclamó un habitonte del West Country ante un reverendo coleccionista de folklore bien cntt<ldo el siglo Xlx. pCC111infcs a 1n sociedad del siglo XVllI: para habbr cbro. Rcligioll and the Declinc o/ lI'f. apareciendo en forma de folleto durante las agitaciones que rodearon el cerramiento de Richmond Park. Es en la clase misma. motivada por los «despojos» de los antiguos modelos de pensamiento. Esta confianza nos sorprende llnn y otra vez: (l)ios bendiga a sus scñorí<ls». Pero la coherencia (y no me extrañaría si en este momento alg{lO antropólogo tirara este trabajo disgustado) surge no tanto de una estructuta inherente cognoscitiva como de un campo de fuerza determinado y llDa oposiclcSn sociológica. los rilaS de pasaje o las formas características de motín y protesta del siglo XVIII. en pliegos y sátiras en época de Wilkes. en derto sentido un conj unto Huevo de categorías. I li • r R j j !il ti! m r 59 . Todo lo que nos ha sido transmitido mediante la cultura educada tiene que ser sometido a un minucioso escrutinio. JOl/mal 01 TlItcrdisciplíltary [-Jístory .O 3 (pdmlwcra 1972).\ nt. teutónico y clásico. n. 1()4-10'l. VI. la asimilación de antiguos fragmentos a la conciencia popular o incluso al arsenal de la protesta popular es muy explícita: de la quema de brujas y herejes toma la plebe el simbolismo de quemar a sus enemigos en efigie.lec\e preguntar a quien quiera si no es eso el matrimonio bueno. lo que haga la dHerencia? Si lo que estudiamos son la «magia». y despachar luego la cuestión lOn una referencia a las supersticiones de muerte y les 1'Oh IhauIJZaturges. por supuesto. por supuesto. más que en más antiguos I1lOdelos de pensamiento. ' . la astrología o los silbíos.

La costumbre que era «buena» y «vieja» había a menudo adquirido valor recientemente. la música escabrosa forma parte de sus propios medios de autorregulación. fatalista.I el if~ !! I~ ¡ . Albioll'I Fatal Tree. Sider. exactamente como impone la multitud su poder en ·momentos de acción directa insurgente. la cultura plebeya es la propia del pu. . otra vez. 1. mientras que tenían muy poco control sobre el mercado de sus productos o los precios de materias primas o alimentos. «Christmas Mumming and the Nnv Yeflr i11 Glltpnrt NewfoundJancl». consolida aquellas costumbres que sirven sus propios intereses. 91: (Los esclavos aceptaban la dísci¡11ina de reciprocidad. dentro del campo de fuerza de la clase donde reviven y se reintegran los restos fragmentados de viejos modelos.) De ello que la experiencia o la oportunidad se aprovecha donde surge la ocasión. así como los instrumentos de la cultura y de su cohesión e independencia de contra!. 50 TRADICIÓN. Supone también solidaridades de clase y la bostilidad de la plebe por la crueldad psíquica de la justicia y la comercialización de valores primarios. No es una cultura «tradicional» cualquiera sino una muy especial. restringida a los parámetros de la hegemonía de la gelltry: la plebe es siempre consciente de esta restricción. este es el siglo en que avanza el trabajo dibre)}.-:blo: es una defensa contra las intromisiones de la gCl1try o el clero. el pueblo tiene pocas 48. Roll. lO. «A Dissection ot thc i\natomy Act. o reservan para uso fututo semanaS enteras de altas ganancias en ahorros. ~ ""1 baugh nos demuestra que el amotinado estaba motivado por su solidaridad con la víctima. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LUC H A DE CLASES SIN CLASES? 51 (\\ ~t:. en el siglo XVIII. En ambientes más estables -en las zonas en desarrollo de manufactura y trabajo libre-. Ruth Richardson. no proyectan «carreras». que senlÍa como propia cierta porción de la retórica constitucionalista ele sus gobernantes. Y el rasgo distintivo del sistema fabril era que. más bien. la alta tasa de mortalidad infantil hace absurda la planificación familiar predictiva. en su vida. y nociones del respeto debido a la integridad del cadáver y al rito de enterramiento que forman parte de unas creencias sobre la muerte ampliamente extendidas en la sociedad. ofrece consuelo y defensas para el curso de una vida que está totalmente determinada y restringida. empleo. de que se vea amenazado un tabú: en el caso de la disección de cadáveres o el colgar los cadáveres con cadenas. los trabajadores (incluyendo pequeños patronos junto con jornaleros y sus familias) todavía controlaban en cierta medida sus propias relaciones inmediatas y sus modos de trabajo. no sólo en el evidente sentido de que hay más gente que se mueve. patrulla de reclutamiento o policía. En un sentido. se viven como accidentes externos más allá de todo control. Brigbwn. Sffldin in Lahnur Bislor)'. la vida misma se desenvuelve a 10 largo de caminos cuyos avatares y accidentes no se pueden prescribir o evitar mediante la previsión: las fluctuaciones en la incidencia de mortalidad. pero con una diferencia profunda. una ve7. picaresca. fordan. precios.'" La clave que informa estos desórdenes. respeto por los parientes de la misma." Explica también en gran medida la conciencia del «inglés nacido libre». 1976. por ejemplo. Pues la cultura plebeya está. No es. Pe ter Linebaugh. no puede entenderse simplemente en términos de creencias sobre la muerte y sobre la forma debida de tratarla. finalmente. o piensan en unas «vacaciones» una sola vez en su vida. Fas! aJfd Present (mayo 1q76). sabiendo esto por medio de su cultura. pues. Roll. y defendía con tenacidad sus derechos ante la ley y sus derechos a protestar de manera turbulenta contra militares. a sabiendas de que su triunfo no durará más de una semana o un día. podia salir. consciente de la reciprociclad de las relaciones gel1try-plebe. Estas creencias sobreviven con vigor hasta muy avanzado el siglo XIX. y como acto de terror. en general. Sostengo aquí la idea de Getald M. Y no se trata sólo. con pocas consideraciones sobre las consecuencias.> . o son llevados a las guerras y experimentan los azares y aventuras de los caminos. en Tyburn en 1731 o Manchester en 1832. notaciones predictivas del tiempo. a los caminos «para ver mundo». A la ielen de deberes recíprocos añadieron la doctrina de derechos recíprocos». una clase estaba deliberadamente. o ven sus vidas con un aspecto determinado ante ellos. como evidencia la fuerza de los motines (y prácticamente histerias) en varias ciudades contra los ladrones de cadáveres y su venta. rompiendo o explotando los tabúes de otra.. en Douglas f-Lly y o:ros." vigilante para aprovechar los momentos en que pueda ejercer su propia ventaja. «The Tyburn Riot against the Sutgeons». La plebe sabía que una clase dirigente cuyas pretensiones de legitimidad descansaban sobre prescripciones y leyes 49 Compárese con Genovese. Pues. las tabernas son suyas. 1975. p. o planean la compra de casas. que se va al mar. La plebe también adopta para su propio uso parte de la retórica de la gelltry. junto con su derecho al pan hlanco y la cerveza barata. Esto explica parcialmente la estructura de las relaciones industriales y la protesta. en muchos tipos de empleo. (Un joven. suyas las ferias. Es. Es.

pe re los habitantes g3mnon: parn Bedford. a veces.52 TRADICIÓN. en mi trabajo previo. Pascua 10 G 1. Stratford escribió desde Berkshire en 17\8: Los nísticos de estn región son muy retozones y muy insolentes. relativos (\ Hcnstridge. en ocasiones. Affidavits. De ello que la rivalidad por la autoridad simbólica pueda considerarse. 245·246. para su considerable decepción. Véa5c Conor Cruisc O'Bricn.). Desde luego cada sociedad tienen $11 propio estilo de teatro. Como respuesta se cortaron en su jardín monznnos y cerezos. pero el resultado de la misma podía tener consecuencias materiales: en el modo en que se aplicaban las Leyes de Pobres. por supuesto. un tejedor de lino. instalndo en un espRcio abierto. Es por ello que. 1724. (N. Algunas veces consistía en el uso jocoso de un simbolismo jacobíta o antihnnl1overirmo. En una aldea de Somerset. se mató a un buey y se envenel1nron perros. un delicado equilibrio snci<11 en el que los gobernantes se veian forzados a hacer concesiones. recién adornada con flores y guirnaldas. pata Ihrford. cuando csta~ han de mal humor era el rey cornudo. Al menos debemos retornar al siglo XVIII prestando tanta atención a la contienda simbólica de las calles como a los votos de la Cámara de los Comunes.NCIA DE CLASE ¿LUC ¡¡ A DE CLASES SIN CLASES? S3 tenía poca nutoridnd p. Yo creo que el simbolisl11C1. La reciprocidad ele estas relaciones subraya la importancia ele la expresión simbólica ele hegemonía v protesta en el siglo XVIII. q\ie su estrella habíase quedado en llabo:72 El nabo er. sino como una vcrdndcra contienda en sí misma. un mozo de cuadra y dos caballetcls. y hacia el atardecer cU<'lndo sus mercedes estuvieran tranquilos <'. Public Record Office (e11 adelante PRO).. Era una lucha de «apariencins). . La protesta plcbevn. En . Al ser soltados los prisioneros.tudio. MSS. Pnwer Nncvn York. e11 este siglo. 51. extirpar del poder sus mixtifica~ dones simbólicas.1t(1 desestimar sus propias costumbres y leyes. 1715. tenía una especial importancia debido a la debilidad de otros órganos de control: la autoridad de la Tglcsia está en retirada y no ha llegado aún la autCH"ilbd de las escuelas y de los llledios milsivos de colnunicación. Ésta era.) hubo una refriega sobre una Vara de MilYo en Bflrford (\\Tilts. .s. Somcrsct.'·' Un terrateniente y magistrado de la localidad parece haber derribado «la vieja Vara de Mayo». y haber enviado después a dos hombres al correccional por cortar un olmo pata hacer una nueva vara. un molinero. TU1?lults and ofha TreovmaMe Prarliccs silla His MajeslY'-Í Accessiol1 fa Ihe Thml1c.'. un cnrpintero.:tgosto 172. en 1724 tuvo lugar una oscura confrDntación (una entre varias del mismo tipo) por lo erección de una «Vara de Mayo». para que las gentes en fiestas bailen a su alrededor en 1ft celebración del Día de M:1yo (l de mayo). del l. en que se aprisionara o se dejara en libettad a \'Vilkes. Sus mctcedes tuvieron el buen conocimiento de 111ont1t a caballo e ir a ver esta m(lravilla. pp. 12'. Mis/'s "J?ecJ:.ly JOUr11(¡{ (28 agosto 1725). un lllaltero. el magistrado. SJ 52. la majestad y el terror de la justicia.1ef{<'ln h(lcer nnn fogata campestre. no tenía más objetivo que desafiar la seguridad hegemónica de la p. o incluso sólo blasfemar. p. y se encontraron. un posndero.relns colocándolo sobre la casa de Chetwynd ' . KB 2 (1). un carnlcero. REVUELTA Y CONSCIF.1. "Politics r1S Drilma as l-'olitics»). Por·tZa/1d MS. La gell/n tenía ttes prinCIpales recursos de control: un sistema de influencias v promociones que difícilmente podía incluir a los desfavorecidos pobres.) 5. Fueron a decir a sus mercedes que para honrar la Coronación del Rey Jorge había aparecido una estrella fulgurante sobre el hogar del Sr. y se empleahan los cuernos en lugar del nabo. Chetwynd. t1nd C011SclOtl5Ji¡-55.ell/rv. en las medidas que la p'cl1!r)' crda necesarias en épocas de precios altos. Pero otras confrontaciones simbólicas de estos años podían llegar a ser verdaderamente muy hirientes. Estas contiendas aparecen en toelo tipo de formas y lugares inesperados. y el simbolismo ele su hegemonía. Hilt. Comm. dediqué tanta atención a la noción de teatro. con baladas sediciosas y libelos burlescos contra . gran parte de la vida política de nuestras propias sociedades puede entenderse sólo como una contienda por la autoridad simbólicaS! Pero lo que estoy diciendo no es solamente que las contiendas simbólicas del siglo XVI n eran peculiares de este siglo y exigen mnyor c:::. A la subida de Jorge. Entre los que adornanan la vara habia dos trabajadores. no como Uné] forma de representar ulteriores contiendas «reales». el emblema panicobr de Jorge 1 elegido pO\" la multitud jacobita cuando estaban de buen humor. un herrero. El Dr. * Un palo al~o pintado con rayas espirales de distintos colores y cot0nado de flores. entre Jos habitantes y un caballero que sospechaba que h V3ra hí\hía 5ido rohndrt oe sus hosques (como era probablcmen:e la verdad). Algunos honrados jueces se reunieron para aSlstn al día de Coronación en \XTattleton. VII. 1969.1111 Aceoanl 01 Lhe Rio/s.]l. . El caballero pidió 1m pelotón para ayudarle. se reerigió la vara y se celebró el «Día de Mavo'. un retorcer la cola ele la gCIl!"". Sabiéndolo algunos patanes lomaron un enorme nabo y le metieron tres . la gente del pueblo en Bedford «vistieron la Vara de Mayo de luto») y un oficial militar la derribó.

& a S. vol. Pero. los dirigentes del movimiento pasaron varias horas de la tabema al maestro y de éste a un escribano. ni R . firmada a la detecha «Marineros» y a la izquierda . Señor?.ldinenses así que cuando hayamos dado a los Comerciantes ~n coup de grease [sic] navegaremos hasta Francia donde estamos seguros de encontrar una cálida acogida.. El tabernero (por ptopio aeuetdo) teconvino con ellos: Tabernero: Ruego n los Cab(\lIcfos que no hablen de coacción o sean culpables de la menor Incgularidad. Master in lhe Late Rio1». El maestto tenía e! suficiente aprecio a su cuello para no ser autor de tal esetito.. ambas partes de esta relación tendían a amenazar más que a realizar. . A la mañana siguiente apareció efectivamente la proclama en las escaleras de! río. Los marineros estaban senci1lamente jugando el mismo juego que la legislación con sus repetidos decretos sobre delitos capitales y sus anulaciones legislativas.. Nuevamente el punto de vacilación fue la terminación de la proclama: a la derecha «Marineros». la afortunada snpervivencia de un documento nos permite obsétvar este hecho en acción. y para hablarle claro si no nos Desagravian rápidamente hay suficientes Barcos y Cañones en Deptford y Woolwich y armaremos una Polvareda en la Laguna como nunca vieron los LOl. William L. su escrito a un maestro de escuela que efectuaba esta especie de tarea clerical. Siguió entonces este diálogo. Shelbume Papen. en el clímax mismo de la huelga marinera. la tradición tory de paternalismo. En la gran huelga de marineros del Támesís de 1768.. como nos recllerdan los episodios de Varas de Mayo. por propio acuetdo. Una vez más los marineros fueron decepcionados. la Corona y Dignidad de Su Majestad y por nuestro país hemos atacado al enemigo en todo momento con coraje y Resolución y hemos sido Victoriosos. <<¡Libenad y Wilkes por siempre!». \V. Clemcnt Library.. Michigan. pero véase R." El simbolismo de la protesta populat después de 1760 es a veces un desafío a la autoridad de forma muy directa. «Ni Wilkes. si no nos desagravian rápidamente hay Barcos y Grandes Cañones disponibles que l1tilizaremcs como 10 pida la ocasión para desagraviarnos y además estamos dispuestos <1 desarbolar todos los barcos del Río y luego le diremos adiós a usted y a la vieja Inglaterra y navegaremos hacia otro país . Agrndezco al bibliotecario y a su personal que me permitieran consultar y citar estos papeles. sigue siendo extremÁdl1!11et1te fuerte incluso en el siglo XIX. Marineros: La Mayoría de nosotros hemos arriesgado la vida en defensa de la Persona. Esta cuestión es demasiado extensa para ser tratada en este trabajo. Decepcionados pm el iaberneto. soy tan Alnigo Suyo que de ningún modo quiero ser el Instrumento pata causarles la mayor Injuria cuando se les Proclame Traidores a nuestro Temido Soberano Señor el Rey y provocadores de Rebeldía y Sedición enne sus compañeros. en que los marineros no recibían satisfacción a1g u na. El punto cena al de esta anécdota es que. .. algunos de sus dirigentes se dirigieron a una tabe1"l18 del muelle \. Ann Arbor.. » (esto es. a la izquierda «Ni W . REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 55 Al traspasar la mitad del siglo. se nos ha despreciado a nosotros 105 Marineros y se han reducido nuestros Salarios tanto y siendo tan Caras las Provisiones se nos ha incapacitado para procurar las necesidades corrientes de la Vida a nosotros y nuestras Familias. le llevaron 54. Y no se empleaba el simbolismo sin cálculo o cuidadosa premeditación. ». que se remonta al Book of Sports (Libro de Deportes) de los Stuart. desde el final de la Guerra.. Popular Recreatío11s in El1glish Society. aunque parece una conversación improbable para las escaleras de Shadwell: Marineros: No eres Amigo de los Matinetos.55 En el momento álgido de la huelga (7 de mayo 1768). El tabernero leyó el papel y encontró «mucbas Exptesiones de Traición e Insubotdinación» y al pie «Ni M .. «IV1emorials of Dialogues betwixt Several Seamen. «¿crees que un Cuerpo de marineros Btitánicos va a recibir órdenes de un Maestro de Escuela viejo y Retrógrado?». . a Certain Victurlller. pidieron al tabernero que les esnibiera uJ1a proclama con buena letra y forma apropiada que tenían In intención de colocar en todos los muelles y escaleras del río. pero incluso éste rehusó la totalidad del encargo. en busca de un escribiente dispuesto a estampar la mayor afrenta a la autoridad . y con las palabras. Ivla1coltnson. 133. y esto es lo que yo creo humildemente ser el Contenido de Su Escrito .. el simbolismo jacobita decae l' el ocasional Yransgresor distinguido (quizás introduciendo sus propios intereses bajo la capa de la multitud) desapatece con él. Cambridge. Sin embargo. En algún lugar lograton un esctibano. 1700·1850.~ ~ 1 54 TRADICIÓN. se despiden. ni R. en que unos cuantos miles marcharon al Parlamento. ni Rey»).. V que otorga patronazgo o un cálido permiso a las recreaciones del pueb1<J. j\1t1rineros: ¿Qué significa esto. 55. Maestro: Señores. 1973...

Y un comentario juicioso sobre este asunto de Richard . cit. En él subr<1Yo no sólo la lógica económica del CApitalismo ngrario.b¡ljo de Gcorg(~ Hutlé sobre la der la retórica antiaulotltaria de la tradición radical wbig. 15). sujetas al escrutinio del Abogado del Tcsorn.f thc English)}. déc. Véase tfllnbién (en mi lado de la polémica). Es posible que los marineros no fueran en ningún sentido reflexivo republiGlDos. 1962. \Vilkc.88. Fudé. Lo que va he intentado demosttar. a saber. El CnOrtllCmcnte ndinso tn. multitud londinense tiende a evidencinr un escepticismo metodológico hacia "sí.. es que es posible que cada uno de los elementos de esta sociedad.í dlld Lilli"rfy. \Vorki. lJtorrepuhlicanos en los ailn~ 1760 v lT7fb (<<Politica1 j\:Ian»-. 50. los poetas no pueden trascender la sensibilidad del bumano y generoso paternalista 57 La furiosa cmta anónima que surge de las más bajas profundidades de la sociedad maldice contra la hegemonía de la gentry. IX (primaverfl 1976). débil como era en sus funciones burocráticas y racionalizadoras. Hexter se quedó sorprendido cuando yo pronuncié esta unión impropia (<<burguesía agraria») en el seminario del Davis Centre de Princdon en 1976.5). por el Al1~ntico. lAl que me ocupa a mí aquí es la definición de los límites del lJaternalisnlD. que investigada.C m. «The Englísh Urhan Renaissance: The Df'\7eloplnent of Provincial Urban Culture. Dado que el Acuerdo estableció la forma de gobictno de una hurguesía agraria. pero era este el mayor "C3í1ón» simbólico que podían disparar y.l ncgativn..dE: 1775). Oxford. pp.lgentes americanos (di<:frazados con rnpas de Tnl1jcrl CS1. tenemos el fl'crtc ClíPeo! de J. Ckment Libro)!"v. 81 «Ona burguesía. Tbe \Ylorld fbe Slaveholdcrs Made. Pero esa es otfa cuestión. La cultma plebeya no puede ser analizada aisladamente de este equilibrio. me parece. Ni Rey». en Cdllcflción o en los VrlrÍOR mercados matrimoniales.lll a Ak. p. Genovese. p. 11. p. El profesor J. 2. .56 TRADICIÓN. tengan sus precedentes y sus Sl1ccsnres.lso Ct18ndo es más avanzada. 1973. pl"W lo ha c!escchfldo com(' un ~imrlc fumor. también los límites de lo que es intelectualmente y cultllfalmcnte «posible».l Cucstil1n m. 58. 62-68. en algunos aspectos. tI. al tomarlos en su conjunto.ís dispucst'0s a separarse de la Cor(l\l(l que J\~S <11l1cric1!los. en sus ¡lropios 1"érminos. p.clllry y los grupos profesionales. tO\TI<ldos por scpanldo. \Y/.s . forman una totalilbd quc es m{]s que la simple suma de pnrtcs: es un conjunto de relaciones estructurado. de que los manifestantes utilizabnn el sll)gaJl «Ni \"\Tilkes.lh.¡?. impre<:. las motivaciolles pnHticas "ídealcs»: 0r. al imponer el cerramiento de los campos. quizá repetitivamente. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE ¿ LIJe H A DF CLASES SIN CLASES? 57 que pudiera imagin'l. EI!glish Hlfugcr al/ti INdustrial Disordcr5.. nunca dan el suficien1e é¡lfasis a la pr('\. p. \Fcddcrbftr/l Papen. 1. Los argumentos económicos (ya presentados caneel-amente POt Dobb) han sido reforzados por Brenner) op. cumplen papeles intrínsecos al sistema. _En cierto sentido es esta unR conclusión bastante conservadora. al facilitaf la acumulaci6n y movimiento de capital.1ohnsoo. la ley. H.:::I1('!lCia de cnco!lfl(los sentimientos antimonárqllicos. límites que son simultáneamente los límites de lo que es políticamente «posible» y. Hay momentos. c. Mi rcforn1111Actón de este {algo cohvencional} argtlmento rnarxis:a se hizn en «The PecuHarities o. aígunns . XXXV (enero-febrero 1966). Social Hisl()f"Y. habría sido sin du<.'is de UIl harco (omp]c1u dt~ cmpin· teros na\'ales de \XT0C.ls.lS~ nrcwcr. PIUlllh: «Los hi"tori"ldrncs. La multitud) incll.]-\I:ich» (\Xlilli>Ull 1. 249. es Ull. ]90. cit.ldo con un. cSl1t?_cinlmentc lhnantc los turbtllcntos a\10S 1760. sólo raramente puede tl'ascen56 Hastn qué ¡ml1to las idc~s cxplícítas antimonnrquicns y republicanas cst:lhan presentes entre el t)ucbl0. pCrl1 tuvieron la clcsgrlcia de nn CS!. sus definiciones son. en otra fuente. pp. véase e. hasta un p:ado extraordinario.ln rccluLl1ll1o '1l"11Y8I11C!1'. pero no ofrece una estrategia para reemp1azarla. cit. Pn\\'!1. y otros atributos específicos de la cultura mixta agraria-urbana. Por olra pfltte. 318. Vé. la ideología antiautoritaria. dUranll' es:a. antagónicas 3 las definiciones de la cultura educada. esp. esp. J. Se encuen~ta mtÍs evidencia sobre las comodidades urbanas al alcance de b f!. pero que. las agitaciones )' acciones directas de la multitud.fsc: «Ni Rey». J Shclton. p.. Socialisf RegiJter 09(.h:¡ un gran cañc'lnazo:56 La contienda simbólica adquiere su sentido sólo dentro de un equilibrio determinado de relaciones sociales. V (mayo 1977).H protegido<. y dentro de ciertos límites asignados por este sístema. en el que el Estado.ls ft"CClJC!1tC!11cn:c dejad. era inmensamente fuerte y efectivo como instrumento auxiliar de producci6n por derecho propio: al abrir las sendas del imperialismo comercial. «N() <..l de ]. tanto mediante sus funciones bancarias y de emisión de ti57.d8s. Birmingham. en que se tiel1f~ la scns"ciún de q\le una buena pl-Htc del jlueblo inglés cstClban 11l.xandcr \Vcddcrbllrn. 190. New Left RcvieuJ.. Papen in Cultural Studies. es un3 clase con base en las cíudadcs. Ciertamente el Estado. sino la amalgama específica de atributos urbanos y rurales en el estilo ele vida de In W'11fry del siglo XVllI: los lugares de baños. Perry Andel·soll también quedó sorprendido diez años ante~: <'<Socialísm ancl Pseudo"Emp¡ricism~>.utc!'anos rrivilcgiadanlcntc silU8doc:: rudieron separarse m:ís dirc(t1l1l1Cllte. J 680-c.3 dc agosto. Yo 110 (hJ~(l de que huhiera una auténtica y significativa tradición paternalisln entre la f!. que el Acuerdo de 1688 definió su forma y sus relaciones características. pues estoy sancionando la imagen retórica que de sí misma tenía la sociedad del siglo XVIl1. si hubiera sido disparado con el <1¡xnente apoyo cic unos curtntos miles de hombres de mar británicos. eso es lo que significa la p::tlflbnn). se ha tropezado con el fU1l10r. la temporada de Londres o la temporada de ciudad. y presentar objeciones ~\ la idea de que las relaciones sociales (o de clase) dd siglo XVlJI es:aban mediatizadas por el paternalismo..58 parece que era tanto la forma del poder estatal como el moelo y las relaciones de producc¡6n los que determinaron las expfesiones políticas y culturales de los cien nños siguientes. si es que el término va a retener algún : significado. los ritos de pasaje periódicos urbanos. 1760».fnfry en Petcr Borsay. En 1775.:S prohahlc que pCHhnlos d(·'scuhrir 1:1 verdad en lf1s fucnte:. ~' h. op.

en los años 1790. más abiertamente. en el espíritu de los hombres. pp. y la energía de la auténtica auto activación de esta última. Me alegro de que esto se haya dicho. expectativas limitadas y una tendencia a formas tradicionales de protestR) destinadas a menudo a recordar a la gelltry sus deberes paternalista. Finalmente. los pobres 59. que constituyeran un desafío a esta hegemonía. ésta la que asignal"..~y una estrategia que llegue más allá de los límites ele su hegemonía~~ me parece ser una cuestión histórica (es decir. No supone la admisión por parte de los pobres del pnternalismo en los propios términos de la gel1try o en la imagen ratificada que ésta tenía de sí misma. cit . XXXV. El concepto implica la necesidad de buscar intelectuales para él mismo. Visto desde esta perspectiva. Ambas partes de la ecuación estaban restringidas a un mismo campo de fuerza. 62-63). 181-191 L Pero si \Vilkes hizo el papel del tOf1'~O para la multitud. p. fotmar sus propios ritos.). Digo esto a pesar ce la cuestión suscitada en In nota '54. Véase también la aguda respuesta de Genovese a las críticas a este punto: «La hegemonía implica lucha de c1ase~ y no tiene ningún . op. y (una seria debilidacD me he visto forzado a dejar fuera la multitud con licencia o manipulada por la gCl1try. mientras que el sistema de valores dominante se ve como «una variable exógena independientemente generada}} de grupos o clases subordinados (<<Bargaining with Hegcmony. como tablíes. Pero también es necesario decir lo que 110 supone la hegemonía. a jueces y magistrados sus papeles. CLASE ¿LUCHA DE CLASES SIN CLASES? 59 tu los como. creo que sólo 10 habrían hecho bajo la dirección de una gentry repuhiican<1. influir sobre las formas de lo practicado: oheda el armazón desnudo de una estructura de relaciones de dominio y subordinación. sus propias satisfocciones y' visión de la vida. De modo que con ello quedamos prevenidos contra el intento de forzar la noción de hegemonía sobre una extensión excesiva y sobre zonas indebidas. una cuestión respecto a la cual la historia ofrece muchas respuestas diferentes. Mortis observa que puede Ímplicar «prácticamente la imposibilidad de la d8se obrera o de secciones organizadas de la misma para poder generar ideas radicales independientes de la ideología dominante». mi artículo se ha ocupado principalmente de la «autollctivante» multitud plebeya. 98). pues cuando se produjo la ruptura ideológica con el ¡laternalismo. Es posible que los pobres estuvieran dispuestos a premiar con su deferencia a la gCl1trYJ pero sólo a un cierto precio. algunas muy matizadas).. 61. Es esta combinación específica de debilidad y fuerza lo que proporciona la «iluminación general» en la que se mezclan todos los colores de la época. en la primera etapa.. en parte como la extracción calculada de todo lo que pudiera extraerse. una cultura plebeya tan robusta como ésta pudo haber alimentado expectativas alternativas. En segundo lugar. En una crítica relevante de ciertos usos del COl1cep:o de hegemonía. El precio era sustancial. Con el tiempo. Y la deferencia estaba a menudo privada de toda ilusión: desde abajo podía considerarse en parte necesaria para la autoconservaciótl. REVUELTA Y CONSCIENCIA nr." sobre la vida política de la nación se impuso de modo efectivo hasta los años 1790:" Ni la blasfemia ni los episodios esporádicos de incendios premeditados ponen esto en duda. ésta la que otorgaba a la multitud su oportunidad de protesta y presión.ítor)l. ¿con qué ak:lllCc y en qué sentido utilizo el concepto de «hegemonía cultural»? Puede responderse a esto en los niveles prÁctico y teórico. la que bada necesario el teatro de hegemonía cultural y la que escribía para el mismo el guión paterna· lista y antiautoritario. se produjo en ptimer lugar menos desde la cultnra plebeya que desde la intelectual de las clases medias disidentes y desde allí fue extendida al artesanado urban0 6 ! Pero las ideas paini60. mediante las extracciones patasitarias a sus propios funcionarios. internamente. nunca dejó de ser un tonto-caballero En términos generales. y no una que puede ser resuelta R. J. La cuestión de si una clase subordinada puede o no desarrollar una crítica intelectual coherente de la jdeología dominante . En el práctico es evidente que la hegemonía ele la ge1lt. invierno 197()-1977."entielo aparte de eHa No tiene nada en com\ll1 con historia del (011$CI150 y Icpresenta su antítesis: una forma de definir el contenido histórico de la lucha de clases en épocas de quiescencia) (Radical History Review. pero dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas escenas y desarrollarse dramas diversos. no envolvía las vidas de los pobres y no les impedía defender sus propios modos de trabajo y descanso. Los límites de lo que era políticamente posible (hasta la Revolución Francesa) :se expresaban externamente en forma constitucional e. . Si los sentimientos republicanos se hubierfln convertido en una hlcrza efectiva. Recibo con gusto la nueva visión de Jaho Brewer del ritual y el simbolismo de la oposición wilkcsiana (Rrewer. ntnño 1977. impusieron a los ricos ciertos deberes y funciones paternaEstas tanto como se les imponía a ellos la deferencia. 13ullc/in 01 (he Society 101' the Study o{ Lahotlr Hi. la que establecía las condiciones de negociación entre autoridad y plebe y la que ponía los límites más allá de los cuales no podía aventurarse la negociación.58 TRADICTÓN. por ello. esp pp. Sea lo que fuere esta hegemonía. debemos recordar otra vez la inmensa distancia que había entre las culturas refinada y plebeya." Esta hegemonía pudo haber definido los límites externos de lo que era políticamente y socialmente practicahle y. No es así como yo entiendo lo sucedido. pues éstos no quieren desplazar el dominio de la gel1try sino simplemente castigarla.

Pero. b()s~ tezar y dar hurras.c . ampliamente difundida en algunos círculos estructuralístas y marxistas de Europa occidental. En segundo lugar. la telnción tecíproca entre W'/1tr)' y plebe.!105 y tr. después de todo.que alcanza hasta el umbral mismo de su expe~ rienda) e implnnta en sus espíritus desdE' su nacimiento categorías de subordinación de las cuales son incapaces de liberarse y para enya corrección su experiencJa resulta impot. Digo esto teóricamente. Conservaron su cultura tradicional. Pudo oCLluir esto. hahía durado un siglo. nida por los gohernantes mediante 11n constante y dicstl-o ejercicio.E ¿LUC.)~ (en el sentido de Cnllmcil entre los 'WtC'Sil.lhaj::1. y ¡::xpcctativns altctnativps. Lns aiíos 1790 eliminaron tal ilusión v. ahmn del otro. aunque vio una tCllll'ntal reanimación en las muchedumbres pnrtidarias de Tglesia y Hey de principios de los años 1790. más bien impone orejeras que impidan In visión en ciettas direcciones mientras la dejan libre en otras.dotcs de Gran Thetililil entre J "lOO \' J R"ín !lO elche subcstjlJ1~lr:.) l~untos a cualquier forma de dominio exterior. analizar el pl"Oceso his~ tlÍrico en los términos de notaciones de clase del siglo XIX. Se sigue que no puedo aceptar la opinión. y disfrutaron de las libertades de Lrnzarse a las calles. ligado en t. y quizá VI La VleJfl eCUHClon patcrn~1isTllo-deferencia perdh fuerza incluso antes ele la Revolución Francesa. no en el siglo XVIII. derivada ele SllS propias expe~ r¡encías y recursos. la gentil' necesitaba a pesar de todo cierta clase de apovo de los pobres. y éstos sentían que eran neccsitndos. e inhibil~ el desarrollo de horizonte. constituye una nmenaZa omni" presente a las descripciones oficiales de la realidad. Al saltar. inclinándose ahora 1e un lado. dados los violentos uaqueteos dE' la experiencia y la inuotnisión de propagandistas «sediciosos». incluso cuando se impone con fortuna. a raíz de las experiencias de esos nños. la hegemonía.-¡ tcúricm" "fl l1ÚrnCf(1 de «in!clcctlJ~le~ org~­ nicn:. Los motines de GorJon habían presenciado el clímax. y sin él no sabríamos entender la estrllcturaóón de relaciones del siglo XV1!1. de teatro y concesión. logral'on atajar parcinlmente la disciplina Ioboral del pri~ me!: industrialismo. la leal al'mada zarista puede convertirse en una flota bolchevique insuuecta. Por muy desigual que resultMa estn relación. Puede coexistir (como en efecto 10 hizo en la Inglaterra del siglo XVIII) con una cultura del pueblo vigorosa y autoactivante. en ese mismo momento. Durante CAsi cien años los pobres no fueron los completos perdedores. por entonces. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CU\S. Pero mient. ~ inflingieron l1l1 trauma a los gobernantes que puede ya observarse en el tono cada vez más disciplinario ele los ni10S 1780. Un hü1l1hfC era un hombre «<1 pesrt!' de todo». aquí y allá. y también la apoteosis. pero no en Inglat<'rt:a. este proceso no tiene nnda de determinado o automático.ente. tirar las casas de panaderos o disidentes detestahles. la relación de reciprocichld S. no impone una visión de la vida totalizadora. hasta que se produjeron las grandes y nada dderentes agitaciones populares al término de las guerras francesas.lltÓ.:. de In licencia plebeya. por primera vez. 1Jna hegemonía tal sólo puede ser mante. Esta cultura.""s que esta hegemonía cultural pudo definir los límites de lo posible.-¡micntns de «pr.íctic.dicanismn de las guerras. quizás ampliaron el alcnncf' de las Leyes de Pohres. C(1J1 pr01lunci.60 TRADICIÓN.H A DE CLASES STN CLASES? 61 las. y de 1'na disposición bulliciosa y no vigilada que asombraba a los visitant12:s cxtt<-lnjeros y casi les indujo crróncnrnentc a pensar que eran "libres». de que la hegemonía imponga un dominio total sohre los gobernados --o sobre todos aquellos que no son intelectuales-. la multitud partidaria de Iglesia v Rey puede hacerse jacobina ü ludit". que se resiste en muchc). El concepto de hqrcITIonía es inmensamente valioso. tensa~ desarrollaron en ell<l nlÍces instantáneamente. perdió la gen!ry su confiada hegemonía culturaL Pareci" repentinamente quc el mundo no cstabn. empujar.odo punto por sus gobernantes y vigilndo por su poder. el especuículo militar y el antig. transportadas por los artesanos a una CIlltnra plebeya más ex~ la protección que les proporcionó esta robusta e independiente cultura les permitiera (loreeer y propag?rse. Se hace posible. Nos apart3mos del campo de fuerza del siglo XVI11 v entramos en un pcrí"do en que se produce una reorganización estructural de rcL1Cioncs de clase e ideología. obligaron a que se ejerciera una caricbd que pudo evitar que los aRos de escasez se convirtieran en crisis de subsistencias.

pp.' Ashton. Corpus Chrísti College. aun entre aquellos pocos historiadores ingleses que han contribuido a nuestro conocimiento de estos movimientos populares. 1938. y a Mr. T. 131. 1945) esp. Tengo que agradecer a la Fundación NuffieId una reciente ayuda de investigación.O 50 (febrero 1971). Ashton y ]. rara vez puede considerarse al pueblo como agente histórico con anterioridad a la Revolución Francesa. Wearmouth. Ma1colm Thomus. Estas irrupciones son compulsivas. Miss J. es una explicación reconfortante. en los últimos años --por George Rudé entre otros-. 1965.-' Sin embargo. se permite ennnciar nna categoría explicatoria: la «miseria». Manchester. sohre los materiales que ellos mismos han descubierto. n. sino de manera superficial. Un espasmo condujo a otro: el resultado fue el «pillaje». p. ser explicada por algo más elemental que la política: era la reacción instintiva de la virilidad ante el hambre»' Los disturbios fueron «rebeliones de! estómago». Londres. [Publicado antetÍotmente en castellano en Revista de Occidente. por supuesto. p. Inas la bendición recaerá sobre quien ]0 venda. M. pp. se descargaba en ataques contra comerciantes de cereales y molineros.] ocasional y espasmódica. The Coal 1I1duslry 01 lhe Eigbteenlb Cenlury. Wearmouth. Desgraciadamente. 3. especialmente en lo que atañe a los motines de subsistencias en la Inglaterra del siglo XVIII. E. BeloH. p.LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 63 LA ECONOMíA «MORAL» DE LA MULTITUD EN LA INGLATERRA DEL SIGLO XVIII· Al que acapare el trigo el pueblo lo maldecid. R. Metbodism al1d Ibe Common People 01 Ibe Eigbleelllb Century. Publie Order al1d Popular Dislurbal1ees. 1603-1763. contra el uso impreciso del término «populacho». 75. 26 1 Hemos sido prevenidos.O 1. E. England's Apprenticesbip. se cuentan varios partidarios de la imagen espasmódica. (Copyright mundial: Past and Present Socicty.33 (abril 1974). son 'simples respuestas a estímulos económicos. Quisiera en este artículo extender la advertencia al término «motín». formula e! rrgumento propio del paternalista: «la turbulencia de los mineros debe. 4. Beloff comenta con respecto a los motines de snbsistencias ({oad riols) de principios del siglo XVIII: «este resentimiento. para que todas las exigencias de una explicación histórica queden satisfechas. 54-125. en la trama histórica. S. Una primera versión fue presentada en una conferencia organizada por el Departamento de Historia de la Universidad del E~:ado de Nueva Y otk en Buffalo. en cierto modo. en su útil crónica de los disturbios. en abril de 1966. más que autoconscientes o autoactivadas. Antes de este período la chusma se introduce. 1660-1714. Es suficiente mencionar una mala cosecha o una disminución en el comercio. Oxfotd. F. Londres. caps. 2. Sykes. No han reflexionado. n. registraremos inútilmente sus páginas en busca de la evidencia que nos permita detectar la frecuencia de esta «degeneración». y puede sugerirse que esto. Charles Wilson. El trabajo original ha sido tevisado y ampliado en varios puntos. De acuerdo con esta apreciación. Es cierto que los magistrados de Falmouth informaron al duque de Newcastle (16 noviembre 1727) de que <dos revoltosos mineros del estañm> habían «irrumpido y saqueado varías despensas y graneros de cerc:1h:. de manera * «Tbe Moral Econorny of the English Crowd ín the Eightecnth Ccntury»¡ Past al1d Present. La línea de análisis es: hambre-elemental-instintiva. en épocas de disturbios sociales repentinos. 1929. Este artículo se basa en una investigación comenzada en 1963 y tetrtt"ada duran te los tí ltimos cinco años por las exigencía~ de trabajo en una nueva universidad. Su in- . Esta simple palabra de cinco letras puede ocultar algo susceptible de describirse como una visión espasmódica de la historia popular. en su estudio sobre los motines de subsistencias entre los mineros. Así. Proverbios XI.' 1. 1 y 2. Neeson y Mr.. Charles Wilson continúa la tradición: «Alzas espasmódicas en e! precio de los alimentos incitaron al modn a los barqueros del Tyne en 1709 y a los mineros del estaño a saquear graneros en Falmouth en 1727». D0dd su ayuda. cuando el desempleo y los altos precios se combinaban para crear condiciones insoportables. 76-136. 345. Oxford). ataques que muchas veces deben de haber degenerado en simples excusas para el crimem.

esta criatura social infinitamente compleja. cuyo tosco «gráfico de la tensión social" fue presentado en 1948 por ¡lrimeta vez. pero pnede al menos plantearse en vez de negarla y abandonarla sin examen. Weber o Malino\Vski. 'lor supuesto. 36A. entre nosotros. pero esta sugerencia es probablemente falsa. ¿contribuye la conducta de las gentes a una función más compleja. e~p. Lahourhti!. incorrectas de los comerciantes. y.¡ ele los CASOS. y G.no puede rettoUaerse de nuevo al estímulo? Son muchos. si no se usa con discreción. Londres. 1. El lllotín de subsistencias en la Inglaterra del siglo XV1I1 fue O"a fotma muy compleja de acción popular directa. pp. como de cost\lmbre.' De acuerdo con este gráfico. Y T. pnr SUpl1cstO) que los motines de subsistencins eran provocndos por precios que sl. y cultutalmente mecliatizad. se convierte (en tll1cstrns hjstorias) en el minero inglés del siglo XVTTT que gnlpea sus 1TInnos espasmódicatllC'ntc sobre su estómago v responde a estímulos económicos elementales. 19(d. Pero ·estos agravlos opetaban dentro Ú He: ('nconl t<1rlo de 1:'1 máxima milidlld el estudio pionero de R. Oxford. hasta el momento actual en que se da por hecho que ui1a especialización en la segunda disciplina confiere. y la tazón? Y (habiendo convenido en que el estímulo primario de la «miseria» está presente). Es cierto. autom. Elltre los más jnl'cre:~antes estudios que relacionan precios-cosechas Y disturbios populares están: E. . no necesitamos más que unir un índice de desempleo y uno de altos precios alimenticios pmn encontrarnos en condiciones de hacer un gráfico del curso de los distnrbios sociales.cadas. reduccionismo que.22. Con el concepto de legitimizaci6n quiero decir el que los hombres y las mujeres que constituían el tropel creían estar defendiendo derechos o costumbres tradicionales. los historiadores del desarrollo culpables de un craso reduccionismo económico que elimina las complejidades ele motivación. Eco!lomic Fluctualiol1s i/1 Ellgland. conducta y función. S. IIasta qué punto estos ohjetivos fueron alcanzados --esto es. la cultura. 1964.d in History. MCII. pues la m3yotÍa de los que se llevaron el grano lo dieron o lo vendieron a un cuarto dc su precio. disciplinada y con claros objetivos.es una cuestión muy in~ trincada para abotdarla dentro de los límites ele un artículo. OxforJ. según pretendían los amotinados.\ticalnente. \v. por lo tanto. VI (19Gl).959. Hose. RFViJE1. Ashtol1.'-. Ono no puede quejarse. ¿cómo es modificada su conducta por la costumbre.64 TRADICIt)N. sr El lado débil que comparten estas explicaciones es una imagen abreviada del homhre económico. el hombre me1ancsio. o por hambre. de gdvertirlo en el trabajo de sus colegas marxistas.l) que -por 111ocbo que se cueza en el horno del análisis estaelístico. En 0casiones este consenso popnbr era confirmado por una cietta tolerancia por parte de las autoridnc1cs. "Eightccnth (('ntory Pricc Riots <1!1d Pl1h1ic Pnlicy in Englanch. igual nivel de 11crícia -a ]a primera. de igual manera que un «gLáfico de la tensión sexua1» Jllostr. por práctic{1:". 6 Es posible ddcctar en casi toda acción de masas del siglo XVIII alguna noción lcgitimizantc.'FieUl 01 Snrifl! }-lis!()I"Y. la historia sodal sistemática ha quedado reza·· gada con respecto a la historia económica. Hobsb::nvm. PRO. en algún momento. :\Qc\. Roslm-v. A esta visión espasmódica opondré mi l)fopio punto de vista. Conocemos muy bien todo lo relacionado con el delicado tejido de las normas sociales y las reciprocidades que regulan la vida de los isleños de Trohriand. J.o en que ésta adquiere verdadero interés sociológico o cultural: cuando está hambrienta (o con apetito sexual). Fudé. puede dar por concluida la investig3clón en el punto exact.:l'A y CONSCtENCfA DI'. que estaban apoyados por el amplio consenso de la cOlllunidad. \"r. les haría protestar. LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTITUn 65 Durante dé. La objeción es que este gráfico. El decano de la escuela espasmódica es. y las energías psíquicas involucradas en el contenido de los c\Jltos ele· Melanesia. forme concluye eol1 un comentario que sugiere que no {UCfClO mucho más capaces que alguno~ historiadores modernos en c0111prcndcr la racion:::tlidad de la acción directa de los ml11cros: <da causa de estos atropel\os. y esto no puede hacerse h. [lllernatÍOl1al R.tría que el comienzo de la madurez sexual puede corre1ncionarse co11 una Jnayor frecuencia en dicha actividad. pero. hasta qué punto el motín de subsistencias fue una forma de r1cción coronnda por el éxito---. en general. el consenso era tan mateado y enérgico que anulaba las motivaciones de temor n respeto. Lo que es quizá un motivo de sorpresa es el clima intelectual-esquizoide. 1700-1800. de que las recientes investigaciones hayan tendido a tergiversar y cuantificar testimonios que sólo se han entendido de manera imperfecta..1bínn vertiginosatl1ente. efa la escasez de grano en el condado. pero en la Jn8YOrí.<1 YNk. 13rilüh EconolJly in fbe Ninctecnib CC 11 !ury. 5. B.'a que sean identificados los ohjetivos propios de la tnuchcdumhre. que permite a esta historiografía cUf1ntitativa coexistir (en los mismos sitios y a veces en las mismas mentes) con una antropología social que deriva de Durkheim.25.... 122-1. «Economic Fluctuations and SOIllC Social :rvJcvcmcnts. CJ.ASF. ¿qué es lo que hace la gente?.c. Rostow. Esto contiene llDa verdad autocvidcntc (1a gente protesta cuando tiene hambre). Thr Croll.). 1948.

tampoco puede.1709. Esta industria capitalista boyante flotaba sobre un mercado irascible. en parte. en cierta medida. 1795 y 1800-1801. a su vez. 888. puede decirse que constituían la «economía '''morar' de los pobres». pp. Esto estaba a su vez basado en una idea tradicional de las normas y obligaciones sociales. C. en la elaboración del pan.750. Smith. encontraban algún apoyo en la tradición paternalista de las autoridades. nociones de las que el pueblo. 96. pp. II Así como habhmos del nexO del dinero en efectivo surgido de la revolución industrial. en último término. 194 (par!'! 17(5). Las fortunas de las clases capitalistas más fuertes descansaban. están jalonados de motines --o como los contemporáneos a veces los describen. Smith.. En el siglo XVTII la clase trabajadora no vivía sólo de 1'''". })istritos con suelos pobres y distritos de tierras altas (como los Peninos) donde el trigo no maduraba. tomadas en conjunto. 1928. Aun. La palabra «motín» es muy corta para abarcar todo esto.. carne. Fitzjohn Brand. en los años noventa. El conflicto económico de clases en la Inglaterra del siglo XIX encontró su expresión característica en el problema de los salarios. constituía la ocasión habitual para la acción directa.000 lo consumían de centeno. 3. 1773.000 de avena. . lana. Pero el alcaldr: de N('\. de centeno. y los dos primeros artículos debían ser vendidos. Oxford. la gente trabajadora era incitada a la acción más perentoriamente por el alza de precios.' Hacia 1790 podemos calcular que por lo menos dos tercios de la población consumían trigo. -a los millones de personas que componían la legión de los consumidores. op cit. C. Esos años que llevaron la agricultura inglesa a una nueva cima en cuanto a calidad. Londres. sobre todo. con poca íntervención de los intermediarios. que. existe un sentido en el que podemos bablar del nexo del pan en el siglo XVIII. Charles Smith calculó que de la supuesta población de alrededor ele 6 miJlones de Inglaterra y Gales. 18:00. Un atropello a estos supuestos morales. Esta conciencia de consumidor altamente sensible coexistió con la gran era de mejoras agrícolas del cinturón cerealista del Este y del Sur. ) Londres. 182-185. que recorrían el campo con cachiporras. si bien el pan de trigo fue ganando terreno continuamente sobre otras variedades hasta principios de la década de 1790. 1756-1757. que podía en cualquier momento desatarse en bandas de merodeadores. grados compnrativos de pobreza. 8. 1732. Durante los años sesenta. los trabajadores de las minas de estaño de Cornualles subsistían en su mayor parte gracias al pan de cebada. o surgían en la plaza del mercado para «fijar el precio» de las provisiones a un nivel popular. sus prisioneros. Los informes de Notthumberland son contradictorios. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 67 de un consenso popular en cuanto a qué prácticas eran legítimas y cuáles ilegítimas en la comercialización. sobre la venta de cereales.-'nlst!c .000 de cebada y 623. y en pArte. un pan mezcla de vados cereales {I o una mezcla de cebada y legumbres secas. tanto como la privación en sí. Este pan no era todo de trigo. Para ({maslim> (un pan hecho de varios cereales)) véase Sir William Ashley. en vez de interferir únicamente en momentos de disturbios.66 TRADICIÓN. 1766'. 1766-1767. eran Jos bastiones del consumo de otros cereales. no obstante. 1740. 16-19. 62-63. y no sólo por parte de los pobres. De aquí que las fricciones del mercado nos lleven a una zona crucial de la vida nacional.000 comían pan de trigo. 140. ciertamente. 9. El conflicto entre campo Y ciudad fue mediatizado por el precio del pan. 1O 7. puesto que supone nociones del bien público categórica y apasionadamente sostenidas. etc. en la Inglaterra del siglo XVIII. de las funciones económicas propias de los distintos sectores dentro de la comunidad que. Aunque esta «economía moral» no puede ser descrita como -«po·· lítica" en ningún sentido progresista.. 10. p. A Determinatirm 01 lhe Average Depl'cssion 01 \V heal iN \t'ar bclow lbat 01 the Preceding Peace . y. Se consumía mucha harina de avena en Lancashire y Y orkshire. De aquí que esta economía moral tiñese con carácter muy general el gobierno y el pensamiento del siglo XVIII. peto (como muestran los presupuestos reullidos por Eden y David Davies) muchos de ellos subsistían casi exclusivamente por el pan. The Bread 01 our Forclathers. pero parecería que Newcastle y muchas aldeas mineras de los alrededores se habían pasado por entonces al trigo. Threc Tracts on lhe COlon-TraJe ona Corn-Laws.El conflicto entre tradicionalismo y la nueva economía política pasó a depender de las Leyes Cerealistas. pp. condiciones ecológicas. definirse como apolítica. 739. mientras que el campo y ciudades más pequeñas se alimentaban de pan de avena.' El esquema de consumo refleja. de <<Ínsurrecciones» o «levantamientos ele los pobres». se hada eco tan estrepitosamente que las autoridades eran.

para la evidencia de que (1795) «no hay pan dnmés~ tiro hecho en J.. esto fue en parte consecuenciJ de la protección patcrnalista al consumidor.11 pnn blanco. no servían para prepann.lIla muy generosa suscripción sido hecha con el propósito de distribuir harina de avena u otras ptClvisioncs entre los pobres a precios reducidos. Londres. 12. AH Enquil')' illto the Cause of ¡be HiJ!. Era productivo p3r1 los panaderos y molineros vender pan blanco o harinas finas.í COllseqllcllces o{ FOJ'estalling. .1' C()u7Icil) en El algmlcil de Heigate informaba en términos simibre<. que estaban aletta contta el peligro de la "dulteracicín.ro ~ustcnto que el pan y que por la costumhre del vecindario siempre han comido pan hecho solamente con trigo. o alnbias <<eS el único pan de los trabajadores pobres y de los ctiados de los agriC1. siento decirlo.: En cuanto a los ttabajadore" pohres que flpcnn. R. encontraron muchas elificult"des y con frecuencia resistencia. 25 . tanto por parte de los molineros como de los panaderos. y B. oscuras de harina integral. Nathaniel Forstcr. esp. p. pues el J\ssizc of Bread --·regulación o «Reglamento sobre el Precio del P<'lIl» . y 11n infemnador de flexharn Ahbcy decía que cebada. El problema fue discutido con lucidez en [Gobernador] POW\l<1l!. pp. 119-123. 106. Hammond.33. y esta pequeña cantidad hacerla ele pésima calidad.crvó que «1. 203-206. pp. Camhridge. S.he [)c{irirfley o! Graln occ(1sioned by [he bad Haruesf ni 1799.A. L. sob.S. (Irónicamente.. da poca satisfacción al pueblo.la h<1rinJ para la hogaza doméstica de tipo intermedio. pe l. Regratillf!. los Sentlmlcntos de status estabBn profundamente arraigados dondequierB que prevaleciese el pan de trigo y este fuese "1nenazado 1'0. para un pan negro que un observador consideró «tan rancio.Toumal XIV (1904). el pan negro era sospechoso." informaba (4 mayo 1796) que el pan de centeno era «muy usado por los trabajadores empleados en la Tndustria del Carhóm>.. véase además S. de acuerdo con el precio del grano.clas más bast"s.. 14. Un correspollsnl de HO!llton describía en 176G el pan doméstico como «una infame mezcla de sa lvado molido v cernido. El resto. y pueden mencionarse rápidn- fIlen te varios de sus aspectos. N.68 TRAnTClóN. 1ltores e . Londres.88. pues podía ocultar fáci1l11ente aditivos tóxicos. repu 151vo y pernicioso como pata poner en peligro la constitución fisica>. Esto se debió en parte a una cuestión de valores de status.1094.intentaba evitar que los panaderos obtuvieran sus ganancias del pan de los pobres. y que los nrtesanos y obrerDs pobJ-es con fBmilias numetoS"S han uSildo en general sol<lmenl. A finales de siglo. indu:-:. CÓfJ1I11.. . Tbe [-listar')! a1Jd Social lnflucl1cr 01 I. J. !Jroducicndo sólo las mejores calidades para el pan bbnco y los desperdicios. lTInyor. 88. IIp.nte «que merece confianza>.'·' Los diputados del gremio en Calne inform"ton al Consej~ Privado (Pri. and 1llgrossill5?. 255. COluidcratiol1.>. al cual se añade la peor clase de harín<1 inclasificl1ble»: [Jüt. pp. ~(The Assizc of Breacb. REVUELTA Y CONSCTF. y otros. pp.. serie LXXTII. mente pan de panaderífl hecho de Higo llamado de segunda. Cnnbridge. cebada y kgumhrcé' ~ccas. el uso gencr"1 dc la hogaza «doméstica»).e pi111 de cebacli1. VéAse también 10td Tolln Sbdfield. Girdkr. 10. con ccnleno o «maslim> en las ciudades: PRO. 13. la resistencia de gran parte de los trabajadores resultó invencible.5 . con familias mns pequeñas (diciendo que ellos no podí:1n ohtener más que pan) han comido. pp. el salvado. en épocas de escasez.e Labourer. que to[lavía clama e insístc en obtener pan ele 'trigo»: PRO. 1796 que RC'. que Slllnan qlli'1. Sobre esta compleja cuestión.nmiescn pan de mezcla. EC0110!n. Véase también J.1 alrededor de 1J{1 tercio de los artcs:mos pobres.Í 011 the Scarcity and Higb Prices o{ J3read~corn (md Bread. El problema es m~ís complejo. esp. 1795. Lundres. (1/1 r1 .s tienen ot.hc Pota/o. entre elJos. 1800. indigestión. 1800) esp. pues el beneficio que podía obtenerse de estas ventas era. 11. ObsenJ¡1/ioils 011 tbe Pcntici()ff. de hecho.. Salaman. 493-517. The Villag. esp. iba en Ínterés del panadero el hacCf la menor canl idad posible para «uso doméstico». para imponer la manufactura de cali~ dades de harina más bastas (o. 1966. 176'-7. 14<1-147. que se asociaron .f. eir)' 01 Excier. no he impuesto ní cxpresnoo el deseo de que con::. En las óltim"s dócachs del siglo muchos molineros "daptaton sus maquinarias y sus tamices en tal fonna que. nuevamente el pan Llanco fue gallOnc!o te treno a variedndes m<Í. un cmrcsponsal ele Stockport en 1795 ohr. la posibilidad de mezclas más bstas. La' resistencia se extendía desde las rcgionc" consumidoras de trigo del sm y del centro a las consumidoras de avena del norte. 19 49. o náuseassi les [orzaban a catnhiat al pan hecho con l\1e7.NCJA nE CL¡\SF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUt) 69 A lo l"rgo del siglo. pero en modo nlguno fue exclusivall1C'_ntc por eso. de posición relativa.) 11 En las ciudades.ondrcs}).C . ~ Esta medida. \VO 1. \\fcbh. y B. en general.> estaba usando las mezc1a~ de cchada y trigo requerjdas por lRs autoridades. Aun frente a los "troces precios de 1795 y 1800-1801. Remark. por lo tanto. Se insinó" que los ttabajadores acostumbmdos al pan de ttigo 110 podían en verdad trahajar -sufríau de dehilidad. ed. como en 1795.b Fria af Proflis-ions"¡ Londres.12 Los intentos realizados por las autoridades.o de muchos agricultores». como antes de la escasez. iHS. 27. p.

Míddlemen in English Btúiness. n. Los traficantes estahan cercados de trabas y restricciones. 1797. el panfleto. 347.::! í'.. 11 nO 4 f191S5). No debían comprar (y los agricultores no debían vender) por muestreo. V (1963 ) . el decreto fue revocado en menos de dos meses.O 2 (1938). . Lipsan. L.utiol1 01 the Englirh Corn Market f'·m" the Twelfth to the Eighteenth Century. D. molido ell el molino. Los mercados tenían que estar controlados. cocido y comido. C. cuando sus necesidades estuvieran cubicrtas. 1I.16 De la supervisión de los mercados pasamos a la protección del consumidor. V . Y apenas se puede proseguir sin esbozar. S. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUn 71 por miedo a que no estén suficientemente alimentados pata poder con su traba jO. E. Fay. 1930. The Sfate 01 the Poor. 1932. Cambridge. dil-ecta. se apoderaron del lienzo del tamiz con el que el molinero estaba preparando la harina de acuerdo con las normas del Decreto del Pan. 1. pp.rdo VI. en lo posible. no debían venderlo mientras estuviera en las mieses. G. Agricultural His!ory. injuriando al molinero por haberles dado harina morena. B. ofreció después <l sus colegas licor) por valor de una guinea) en la taberna de Ctab Tree. no para 16. 1660-1760. B. Londres. «Thc Corn lZints in \XTales. Véase especialmente los presupuestos en D.:lsÍ todos los utensilios similares que intentase usar en el futuro de igual manera. 1915. XII. T<llnbién. etc.. trillado. Londres. que se anunciarían a toquc de campana. E. Westerfield. o el movimiento de protesta-. E1/gland Ofl the Eve 01 lhe Industrial RevolutiOfl. Barnes. muy frecuentemente. informaba las acciones del gobierno en tiempos de emergencia hasra los años sctenta. Cuando. de oportunidades para la extorsión. no se podían hacer ventas antes de hotas determinadas. regateo y monopolio. y los comerciantes al por mayor (con la oportuna licencia) podían hacer sus compras. afiebrados. Pussell y C. Londres.!. y tampoco retenerlo con la esperanza de subir los precios. Como resultado de semejantes actitudes. donde. Era el modelo que. codificadas durante el reinado de Edua. Cambridge. La amazónica dirigente de esta cabalgata en say<lS. 3. 1795. harina de flor o harina. Y en Sir Frederick Eckn. la respuesta popular fue inmediata. 2 Véase también N. en pequet10s paquetes cuyo peso y medida estuviesen debidamente supervisados. «se encontraron déhiles. llevado al mercado. Mass. hahía de sonar lIna segunda campana. más de la mitad de los ingresos semanales de la familia de un trabajador podía muy bien gastarse exclusivamente en pan 15 ¿Cómo pasaban estos cereales desde la tierra a los hogares de los trabajadores? A simple vista parece sencillo. Un grUllO de tnl1jctC's fue al molino de viento de Godscn. Los pocos trabajadores que habían probado pan hecho de mezclas. Business History. 1915. 1956'. amenazando al mismo tiempo con tratar . J. BJth. He aquí el grano: es cosechado.y contra el que chocaban las emb. El mejor estudio general de los mercados de grano del siglo XVIII es todavía R. R. W. inscritas en los mohosos pergaminos de las leyes contra el acaparamiento. Pero en cada etapa de este proceso hay toda una irradiación de complejidades. En Horsham (Sussex). Moffitt. 1925. The Case 01 LabOllren in Husballdr:v. Los molineros y -en mayor escala.. Los agricultores habían de traer su cereal a granel al mercado local. Londres. Según este modelo. los pobres deberían tener la oportunidad de comprar ellos primero grano. D. 17nllQ(¡1" 111". The Corn Laws and Sncial England. Ne\v I-laven. The Evol.los panaderos era o considerados servidores de la comunidad que trabajaban. Ecol1Omic HÜlory 01 Englalld. y lo cortaron en mil pedazos. G. del agricultor al consumidor. en el mismo mercado) con ganancias. cap.Tones. 15. p. Cuando los precios eran altos. e incapaces para trabajar con un cierto grado de vigon>. A una hora determinada. Goodmen. Davies. «The Food Supply of ao Industrial Town (Sch( ffieldh. «Traffie in Farm Produce in Eighteenth Century Eng13nd». en teoría. el gobierno presentó un decreto (popularmente conocido como el Decreto del Pan Negro o «Decreto del Veneno») que prohibía a los molineros e18borar otra barina que no fuera de trigo integral.lIazosas realidades del comercio y del consumo. Ciertamente durante la mayor parte del siglo XVIII el intermediario siguió siendo legalmente sospechoso) y sus transacciones. No debían comprar el cereal en la mies ni adquirirlo para revender (dentro del plazo de tres meses). o en mercados cercanos. el modelo paterna lista del proceso de elaboración y comercialización -el ideal phtónico tradicional al que se apelaba en la ley. de manera esquemática.70 TRADICIÓN.¡' l-Jiu r. El modelo paternalista exIstía en un cuerpo desgastado de ley estatuida. . 419-4419. cap. Así como en el derecho consuetudinario y ]ns costumbres. yal cual muchos magistrados locales continuaron apelando. la comercialización debía ser. en diciemhre de 1800. 3rt.hnet Blackman. pun tos álgidos alrededor de los cuales los motines podían surgir. A History 01 the English Corl1 Laws. Grass. fueron severamente acotadas .

Sólo a la gente del pueblo se le permite comprar a primera horn.list8s» (1 las puertas de aquel. 1718.72 TTU\u\CIÓN.a y <1gen~es pata impedir <(monopolio. 1g.'! 46. en cuyo caso el nl0linero podía cobrar la maquila acostumbrada.l1"Y'». 1111lnicipalcs de Exeter intentaron cClntrnbr :1 los «revelldedores. OpprcJson lo thc Poor. Enmomic }L. y B. Anon. Aikin puede así des- alrededores de Londres. . Se i111pusieron lllUlt{lS por vCllder cargas de gt'ano antes de que sonar:l la Camp. peto mucllos pequeños agricultotes continuaron vendiendo Su grano en Jos puestos del mercado. Aikio. Uno de los mejores fl1'Chivos de un bicn rcgu.. «The Assizc p{ Brc<1~b. vol. J.\s aclclflntc not.. pero el verdadero negocio se hacÍll en «paquetes de gnmo r.lcs~)\lés algo más ligerA (aunque continuó). hastfl los liños 17SÜ fueron frcc1.n Esta era. a las nueve pueden COnl.in duda por muestreo en la mayorh de los condados.chc. y B. IX. Ea1"\Vilker.upucsto.iad. Para la regulación del uGlpnramicnto en ·t-.1904). carnes invendibles) etc. con un resurgi111iento dc la vigihncia en los aílos 1. El AssizC' nf Rread estllbo. Los impuestos casi h. and o/ber l"farJ.790. and ]obben 01 COnJ.le acuerdo con el Assize of Bread. R1Iral Eco11omy . véase: m.. lo llevaban al molino para ser molido. pp. Londres. Cattle.ster. E1JgrosS('1".». la stl[)crvisi6n f1lc c. Iv1uchos de lo~ pobres cornprab<.'! 1 ¡"un 73 que ]a campana del ayunt~micnto sonaba.b rcguhciúll del mercado de Preston: Jos mercadas sC111:1nales . REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE lucrarse. Fores/allers.no.dJ Tl'adesman.. Otros agricultores trrlÍan tod8vía al mcrcnclo una única cnrga «para hacer un sÍtnl. p<lssím. alu{ a CO!11moll Nuis(11Icc lo {he Ringdom in Gcucrol. nCflparamicnto y rcgatcQ».lJ13 dc1 mercado en 17)4. Aquí fneron nombrados durante todo el siglo vigilantes de 111ctGlCl" pMa el pes(~do y . Los agricultores (se lamentaba) habían llegado a esquivar el mercado y a operar con corredotcs y otros «conttaban. 20. 1795. sino para lograr una ganancia razonable. Sc supone con frecuencia que la venta de grano r~or muestreo estaba generalizada a mediados del siglo XVll. y en algunos 1l1unicipios Clwtrociclltns ahofil. 18-20. pp.Hl su grano e11 el mercado directamente (o lo obtenían como un suplemento del salario o espigando). crece la hierba en el emplazamiento elel mercl1dí!. VllI.-¡S por {leso o medida eSG1SOS. TIJe Com¡)!cfc E1Jgli. en el que. 1I. 9R-99. V (1963). Wcbb. y donde --scglín memoria de muchos de los habitantes-···· solínl1 venir antes n la ciudad en un dí. p. A DcsC/"ipt1(}!J o/ lhe COUl1l/'y Irol1J fhid)' lo lorly Míles rOtll1d ALmchestcl". las.The BaHn¡:.'\lltotídadc:. An Essay lo Provc lhal RegralOi'S.." Pero.n mcrcado señorial del siglo XVIU es el de i'vhnchestcr.15 l1p. parte 2. pero nint2"un:l lllCrG\I1Cí:l sin vender puede retirarse del mercado hasta la unr¡ en pllnto . los ilntiguos mercndos de pucstos criln corrientes to(bvía y sobrcvivíill1 mín en los rca1id.11 y or I:s !Jire in 1G41 (Sllttee!' Socicty. cio». en efecto. 13. P. doscientas. 1888-1889. 17. y ellos cocer después su propio pan. por aqucl1as fechas.l. pp. Por ello. Londres. XIV (. 1727.Jdes del siglo XVIII Lo más sorprendente es observar hasta qué punto funcionaba en parte tOllavía. en el Sudoeste (otta de las zonas conocic1:1s por su tnldicionalismo).20 y eon segmidad en 1725... XXXHI). ~"'lara el 1\ssi7. están cxtrcm.nte ele jl1gUCtcrÍ:1s ~' puestos de baratijas y chucherías . 19. y declarM que vendería a cualquier lInfa del Día a pesar del Señnr del 1'' C\1(1<1 (1 de Ctmlquicr otra pcrSOn. En 1718 el autor de un l'anflel<¡ dcscrihía la decadencia de Jos II1cl"Cados rumles nido lugar en años recientes: C01110 l1l1 cribir en 1795 la ordc!1'H.ldamcnte bien regulados pat<l evitar el acaparamiento y el regateo. tanto el precio como el peso de la hogaza eran fijados con relación al precio vigente del trigo r . Este modelo. . Hawhn.lbcro de merc'Klo y pAra que les fijaran el pre.prM los demás. por .'cienta. (.1anchcstcr.:111a.1cn\es hs 1T111l!-.l. op. mín vigente dunmtc el siglo XVln en Londres y en mucllas ciudncles 19 de rn r rcaclo_ En el C:1S0 de la venta por muestreo podemos observar el peligro de asumir premnturamentc In disolución de las restricciones consagradas por ln costumbre. f\·l<. Thc Cor!rf Lecr Rccord. y J. 99-1ll5. cuando Deloe redactéÍ su farnoso informe sobre' el comercio cerealista.57.. cct J.h carne) para pesos y medidas de grano. para catTlcs blancas.h}). En Londres y en las grandes c:udadcs donde esto había dejado ele ser la norma hacía mucho tiempo. quizá 1"1"('. Vfl. Londres. Btlrnctt. se <lleja en muchos puntos de lRs I LA ECONOMÍA MORAr. cargas de gU. DE LA MI. y el viejo modelo quedó en la mente de los hombl'cs J En el mismo año.". \\'/ebb.T/SSineI His!nty. 1737 Y 1748 (Cl1<1l1dn \\1i1\i:lIH Wyat f\lc muhado en 20 chelines «por vender ilntes de que soniltrl la C!1!l1\XIIl8.. de las ocho a las nueve de la mañ.l· 01 !he AL1IIor 01 Manchesfcr. S. 286.<:. 22. como entes. cit. CIlando Best descrihe la práctica en el este de Yorkshire.ct(7blc Goot!s are DeJfruc/if'c 01 Trade.n una bolsa o en un p¡:¡ñuelo que son llamados JJZucslraJ. 18. buhoneros y detJl1ístas» excluyéndolos del mcrcndo dcsde las ocho de la mañana h:1sta mediodía.. cien. cxccpnl<llb el pescndo 18 hecho qlle había te Se pueJen ver pOC3S C05. ]a tendencia. Jndustry in thc Ninetcenth Cenl1. y otra vcz en 1760..:tll desaparecido. passim. B. 21.c of Bread. así como catadores ele cel·Vel. hora en S. mientrns lnllChos grandes agricultores vendían s.J!. el beneficio o ganancia del panadero era calculado .

119-123. En 1733 varios municipios apelaron a la Cámara de los Comunes en contra de tal práctica.. una petición a favor de la gente pobre de Stony Stratford (Buckinghamshire) se lamenta de que los agricultores y comerciantes estaban «comprando y vendiendo en los corrales y en las puertas de sus Graneros. y describe una práctica diferente de tasa de mercado. aunque tendieron a trasladarse hacia el Norte y el Oesre. 10 traen al mercado. promulgó una proclama ordenando a «todos los agricultores. XXVI (1756). Museum Rusticum el Commercia/e. el que se aproveche de eUa. Anan. queñas muestras.) 23. dondequiera que su agente solicitase... materiaaprobable. 1758. de un corresponsal en Dorchester. bajo severas penas.'ihels/' que 105 pobres no pueden comprar. Una y otra vez fueron impugnados los nuevos procedimientos de comercialización. Londres. Anon. cit." Pero lo que puede parecer ahora como inevitable no era necesariamente. Anon. y recibieron una respuesta prodigiosamente evasiva: el secretario de Su Majestad no está autorizado. equivalente a 36. op. En 1710. p.74 TRADICIÓN. Un corresponsal que escribía a lord Shelbourne en 1776 acusaba a los comerciantes y molineros de Chippenham de «com[)lot» : Él mismo mandó comprar una arroba de trigo al mercado. . p. y el mercado es sólo una farsa . se informó de que <da población se sublevó en Oxford y en pocos minutos se apropió y dividió una carga de trigo que se sospechaba había sido vendida por muestra y traída al mercado solamente para salvar las "p&riencias». en visión retrospectiv3. tendemos a aceptar como inevitables y «naturales». L. p. «compraban secretamente grandes cantidades de cereales de acuerdo con pe- (Estas prácticas podían dar oeaSlon a un motín. An Enqtáry into the Priee 01 Wheat. sostiene que los grandes agricultores se reunían para fijar los precios antes de ir al mercado. La asistencÍ1 del agricultor al mercad0 es <<una parte material de su obligación. Halsemere (Surrey) se lamentaba de molineros y harineros que acaparaban el comercio. y aunque había allí muchas cargas. Dos cartas dan alguna idea del desarrollo de nuevas prácticas en el Oeste. . Esta práctica sugiere In existencia de una ocultación y pérdida de diafanidad en los procedimientos de comercia lización.. dentro de una abundante literatura en efecto. p. Un panfleto característico (de 1768) clamaba indignado contra la supuesta libertad de cada agricultor pora hacer 10 que quisiera con sus cosas. 97. 1757. Malt . y era inmediatamente después de haber sonado la campana del mercado. Forster.>. por consiguiente. y se regaban a comprar el que había sido expuesto en el mercado público». para interpretar las leyes. que 110 es enemigo del agricultor. entonces. de t. pp. 1768. Con el transcorso del siglo no cesaron las quejas. aunque para evitar el castigo de la ley. Pero a las autoridades no les agradaba sentirse demasiado presionados en este asunto. A Letter to a Member al Padiament proposing Amendments lo lhe Lau)J against Forestallers. 534. Gentleman's Magazine. lo cual es una gran calamidad». los mercados tuvieron tan poca función * Medida inglesa de áridos. [Ralph CoulI:eviUe]. and Regraters. [e. 24. pero 110 «civil»: No puede decirse.) La segunda carta es de 1772. en Los paternalistas y los pobres continuaron lamentándose del desarrollo de estas prácticas de mercado que nosotros. (N. da el precio que éste te pide y el pobre tiene que aceptarlo. pp. no merece la protección que el poder de la Sociedad proporciona. y no venderlo a muestreo en sus propios lares». esto sería libertad «natura].24 Pero después de 1760. en 1766 (otro afio de escasez) los magistrados de Surrey inquirieron si comprar por muestreo era. y muchos de estos hombres no venderán tnenos de cuarenta bU. que sea la libertad de un ciudadano o de uno que vive bajo la protección de alguna comunidad. no se le debería permitir guardar sus mercanCÍas o venderlas en otro lugar».]. traer sus cereales al mercado público. De forma que. en junio de 1757. Pueden encontrarse ejemplos. Por esto el molinero. Londres. en el siglo XVIII. la respuesta era «Está vendido». además de poner en movimiento las viejas leyes contra el acapararniento. en tazón de su cargo.35 litros. The Cries 01 the Public. 25. de ral maneta que ahora los pobres habitantes no podemos consegnir una molienda en proporción razonable a nuestto dinero. 5-8. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 75 COlno fuente de resentimiento. es más bien la libertad de un salvaje. el negocio se hace antes. Con ocasión de la escasez de 1756. Ingrossers.. Londres. 199. el Consejo Privado. un delito punible. IV (1765).

El reguero de procesos que puede observarse a lo largo del siglo -normalmente por delitos insignificantes y sólo en años de escasez-·-.7(. Cuando el Consejo Privado autorizó (como sucedió en 1709.T1Cra que pueden retenerlo v venderlo a.I:~. pero el Acta de revocación no fue bien redactada. sc protcst. y vendedores \ principalmente molineroS y agentes) cenan juntos . pndido casi para el vecindario».. y durante la gran escasez quc siguió.. y a veces comerciantes de grano o malla. en 1795. En esto eran. Girdler (op. en época de escasez. "Los agricultores no llevan n"ís grano al metcado que el que llevan en :. El acaparamiento. f . El A. en muchos (. tales prácticas $C)\l menciolHKhs «con gran indignación por las clases m. T 1 J . Pero puede darse una respuesta general: los paternalistas. que. ayudó a los magistrados a inculcar el temor de Dios entre los molineros y comerciantes loca· les. en 1795 y 1800-1801 hubo quizá más procesos que en cualquier otro período de Jos veinticinco años anteriores H Pero está bien claro que estaban destinados a producir un efecto simbólico. TRADICIÓN. T . coetáneo a la constitución».no se agotc\: por el contrario. que adoptaba partes del modelo como su derecho y patrimonio. si bien fue dectivn p<1r~l controlar L1S gal1nnc1o-\s de 10s panaderos. en Bertlordshir e v el valle de Támcsis. Tbe scarcity 01 Graif1 cOflsidered Salisbury. en rC<-11ic18d. «The Dcvclopr¡:("!1t ot the Lnndoll Fond i'v\arket..Uh. prisioneros del pueblo. existe en el área de comercialización) cscas. 92). se limitaba a rd1el. 154016--W)). revendedores. HO ¡~2. aceptahan en gran patte el cambio. 17 40. De aquí ql1e el modelo patemalista tuviera una existencia ideal.. así como grandes fabricantes de harina.. Es cierto que la legislación contra el acaparamiento fue revocada en 1752. pp.) siguieron siendo delitos de derecho ("0fn11n h:1<:t" lRtlA· \'(1 l-.. buhoneros.t""s puntos.. etc. .. REVUELTA Y CONSC1ENC1A Dr.Hnente definida. en su práctica normal. por supuesto. trajineros. . lTIUy n menudo. el justicia mayor.::. se documenLl ya cien años 77 antes. Sr: informó de"de Cnrnll<i\ks fTI 1795 que «(muchos 8griolltores tehllsan vender [cel.Í. ¿Hasta qué punto reconocieron las autoridades qllC su modelo 25. ].<.s activida· des hubierw queehde' anuladas de habcrse impuesto estricU1l1ente la legislación contra los aC8paradorcs. en cierta medida.1Z(' of Bread.1 r: . a finales ele siglo. V (19'::q.. el bencficiD dd Moc¡¡do se hél..lnOs no podían en modo alguno ser abastecidos sin las open)Ciones de agentes euva.n5 boisillos como muestra 10 cua' hace quejarse mucho a los pobres». HO 42.14. etc. En varios condados se establecieron asociaciones privadas para juzgar 8 los acaparadores: Rev. Véase) por ej" Davies ([¡¡fra. 212-260) da una lista de varias sentencias en 1795 y 1800. El n10·· de10 patem"lista {altaba. empresarios acaudalados. Se ha seguido este ejemplo para ilustrar la densidad v particularidad del detalle. 10 cual causa ¡lranctcs murmuraciones»: PRO.. se acogía bien esta ambigüedad. Rrt'icH'. n pesar de que. 35. T.8tones y los llarineros que tienen el grano en sus manos de rnR. En años de buenas cosechas y precios moderados." Fuera de los distritos cerealistas ~)rincipales~ los mercados l. lord Kenyon.1-. cn c\ichos distritos.. Ona pctición de los trabajadDres de Leeds en 1795 se queja de "los agenles de cereales y molineros y un grupo de gente que nosotros l1am311l0S rq?.$ hajas>:>: PRO. Los molineros eran ahor".l"~~. <~a pesar de qlle el decreto dc Eduardo VI fue revocado (si lo fue aCertada o desacertadamente no soy yo quien deba decidirlo) mín sigue siendo un delito de derecho consuetudinario. 26.. las quejas contra la venta por muestreo son menos frecuentes.. pero volvían a este modelo en cuanto surgía alguno situación de emergencia.nnos lugares no se dcctÚ<ln vcnU1S excepto ('n 105 sitios ordinarios. cit. La misma densidad.. mercachifles.. " no vendcrlo». dQnde compraclnrc<. pero también una existencia real frngmentaria. Malham..I.J. r.lt)351. En distritos con motines.. Fi'Sher.~l(_h\] en pCqUcl1¡lS Ci\I1- tidadcs a los pobres. Ecoll_ Hi5f. pp.l. Existe incluso la impresión de que. Tanto fue el tiempo que tmdó en abrirse camino y resol· verse un proceso. la misma diversichd. tomó la responsabilidad de anunciar que el acaparamiento continuaba siendo un (leHto procesable según el derecho consuetudinario.ü)a todavía de que los pobres no pudiesen comprar pequeñas cantidades. 17 56 Y 1766) la emisión de proclamas en letra gótica ilegible amenazando con terribles castigos a acaparadores..-44." En algunos Jugares del NDrte el asuntD era distinto. y desde Essex en 1800 que «en .n el precio el1 curse) del trigu () la harina y no podía de nínguna \ll¡111Cfa influir sobre 1<lS precios en sí. con objeto de hacer ver a los pobres que las autoridades actuaban en vigilancia de sus intereses.~. la variedad de las costumbres locales y el mm bo que el resentimientCl popular podía t0mar c"audo cambiaban las viejas pdcticas de mercado. daha a los magistrados cierta capacidad de maniohra._".. y prestaha cierta aprobación a sus intentos de reducir los precios empleando la pcrsuasión.. 1800.1!g.. p.. ~I:.54.l ptecio que quieran. las autoridades lo dejaban caer en el 27. CLASF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD en la mavor parte de hs tierras del Sut V en hs Midhnc\s que. se alejaba de la realidad? La respuesta varía según las autoridades implicadas v con el correr del siglo.

De esta manera se racionaban adecuadamente las y sus colegas eran inmorales reservas de cereales de la nación. los pequeños agricultores y todos aquellos que tenían que pagar salarios por la recolección y rentas de la fiesta de San Miguel (correspondiente a los meses ele octubre. está en el libro IV. en E. de las restricciones contra la usura. incontenida libertad de! comercio de cereales» fue también la exigencia de Adam 29 La nueva economía suponía una "desmoralización» de la Smith teoría del comercio y del consumo de tanto alcance como la derogación. Londres. 32. a menos que fuera como preámbulo y motivo de peroración. apuntaban específicamente a demoler las viejas regulaciones paternalistas de mercado). En la medida en que los intermediarios intervenían y comprometían por adelantado el grano de los agricultores. 5 de The \Veallb 01 Nati(ms. moralistas y sólo en segundo economistas. noviembre y diciembre). El debate producido entre 1767 y 1772. que pretendía conocerle bien." La «ilimitada. realizaban. que culminó con la revocación de la legislación contra el acaparamiento. 31 o no estaban interesados en el bien público. R. . 1758-17 59. señaló una víctoria. y que la «Sodomía era una cosa en sí indiferente». H. en esta área." Significaba..con la expectativa de llegar al mercado cuando los precios alcanzaran su punto máximo. A nivel de Intenci6n no veo razón para discrepar del profesor A. Pero si los precios subían y los pobres se mostraban levantiscos se lo reavivaba. para el laíssez ¡aire) cuatro años antes de ser publicada la obra de Adam Smith. o permitirían la salida de lo que habían contratado de antemano para ser vendido. dejemos que e! cereal corra como el agua. Los agricultores de tipo medio retendrían sus cereales. sino también como una gran terminal central en la que convergen. Jones y G. «Sea revocado toelo decreto relacionado con las leyes de cereales -escribió Arbuthnot en 1773-. 1967. Los antiguos panfletistss eran. trillarían su grano y lo traerían al mercado. En el curso de un año normal. Mingay.fE' 01 Bctwecn the Presef1t 01 ProvisiOfIS and Inquiry into tbe Connection ¡he Size 01 FOl'ms. Pero la intenci6n es una mala medida del interés ideológico y de las comecuencÍas históricas. el precio del grano se ajustaría a través del mecanismo del mercado. III Pocas victorias intelectuales han sido más arrolladoras que la que los exponentes de la nueva economía política ganaron en materia de regulación del comercio interno de cereales.. No sorprende que sostuviera puntos de vista inhumanos sobre el comercio de granos: Anon. sin ninguna intervención del Es· tado. W.LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 79 78 TRADICIÓN. a mediados del siglo XVIII. a pesar de que quepa considerar a La riqueza de las naciones. sin embargo. Ld11d) LabotJr afld Poprdatíol1. Un panflctista. La «disgresión con respecto al Comercio de Granos y a las Leyes de Cereales») de Aclam Smith. hasta el comienzo de la primavera. 1800.inn t1nd ¡be' ni. en efecto. En la nueva teoría económica no entraban cuestiones sobre política moral de la comercialización. y encontrará su nivel». C. que se limpiaba a la nueva economía política de imperativos morales intrusos. más bien. por alguno de los oponentes de Smith. An Pría 1773. no sólo como punto de partida. con la esperanza de que subieran los precios en el mercado. p. Tawnev discl1te el problema en Rcli. Tracts on the Com Trade. Inmediatamente después de la cosecha. mientras que los agricultores más opulentos y los pertenecientes a la gentry agricultora retendrían parte de su grano {Xlr más tiempo todavía --de mayo a agosto-. Londres. ampliamente debatida. J. La operación natural de la oferta y la demanda en el mercado libre llevaría al máximo la satisfacción de todos los sectores y establecería el bien común. La sugerencia fue hecha.. al menos para crear un efecto simbólico. el nuevo modelo funcionaba del siguiente modo. como la lúcida obra de Charles Smith.'" Con el término «desmoralización» no se quería sugerir que Smith 28. que difícil. Desde septiembre a Navidades se podían esperar precios bajos. El modelo de la nueva economía política puede tomarse muy bien por el de Adam Smith. eds. T houghts 01 an Old Alan 01 Independenl Mind Ihough Dependenl Porlune on Ihe Presenl High Prias 01 Corn. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE. muchas líneas importantes de discusión (algunas de ellas. a través del mecanismo del precio. E. Arbuthnot («Un agricultor»). Londres. mente pueden ocultar su malestar con respecto al partido derrotado. A ciertos historiadores esta victoria les parece. Esto significaba más un antimodelo que un nuevo modelo: una negativa directa a la desintegradora política de «previsión» de los T ndor. CLASE olvido. cap. p. 88. tan absoluta. En la práctica.oats. «The Classical Economists and the Labourer». L... El mercado no estaba nunca mejor regulado que cuando se le dejaba autorregularse. 4. 29. sostenía que Adam Smith le había dicho que «la Religión Cristiana degrada la mente humana)}. durante cincuenta y dos semanas. en primer lugar.. más 31. 30.

A. Es noto1 rio que la c emanda de grano. XXII (1956). Sus comercios respectivos eran ~x " competitivos.queda nada más que como una meU1 afirmación. comerciantes y panaderos. Emanuel Collins. Pero no deberíamos pasar por alto el aparente (lire de vaJi· dez empírica que tiene el modelo.\favhew.36 34. Cuando el pan es caro. Según algunos observadores.ño y en los tres meses restantes la escasez se convertiría en auténtica hambre.el segundo parece decir: «este es el modo en que las cosas actúan. bien a su subsistencia en esta vida. Hopkins.< At R"v.no se pasan a los pasteles. q\le labora providencialmente para el bien de todos. lby alguna información lÍtil en R. si 'e consideran esas partes de La riqueza de las Ilaciones. Por lo tanto.40. y por los n!--scrvadores del siglo XIX: véase E." Aun la primera letra del alfabeto de Smith --el supuesto de que los altos precios eran una forma efectiva de raciOflamiento-. ql1e el gobierno debe ceder ante sus prejuicios . el modelo de 33.>~. ecl. La interferencia con el modelo natural de comercio podía producir hombres locales o desalentar a los agricultores en el aumento de su producción. Thompson y E. History 01 CMn Mí/ling. (iThe I'vhnkctíng of Agricultu. voL IV. Elton. sin la cual. Si los agricultores retenían S'J grano mucho tiempo. 66. Everi:t. En a1105 de esca- sez el precio del grano podía subir hasta alturas pEligrosas. sin embargo. seis a «carne de mala calidad y mochos productos de huerta».de precios altos) mues- gmDo pueden compararse en todas partes a las leyes concernientes a la religión. sólo podian distorsionar el nivel natural de los precios en periodos cortos) y a menudo para su propio perjuicio en última instancia. Los prejuicios contra los acaparadores fueron rechazados tajantemente por Smith como supersticiones a igual nivel que la brujería. y el cultivo de terrenos baldíos. Las únicas vias por Ins que se podía romper esta economía autorregulable. Baker. Yeo. Ha habido poca investig"ción detallach sobre la comercialización. Londrc~J ]971. todo el chelín se gastaría en pan . conceden que sólo un 20 por 100 del pre-5upuesto total doméstico se gastab'J en alímentos harinosos. Esto parece confirmado por los presupuestos de Davies y Eden (véase nota 15). pp. 36. el inrernK diario representaba nll papel necesario. este serviClo de racionamiento. 15001(. Liverpool. No debería ser necesario discutir que el modelo de una economía natural y autorregulnble. pp. es esta una superstición que algunos historiadores de la economía han . saldrían probablemente perjudicados al caer los precios. eds. 1967. a pesar de que. Vé<1~e. The Agrarian Hülory 01 EUf!. P. o actuarían si el Estado no interfiriese». A finales de siglo. es una superstición del mismo orden que las teorías que sustentaba el modelo paternalista. A. Cambridge.67. y D.80 TRADICTÓN. Smith opinaba que bs dos iban a la par: «las leyes concernientes al Smith se adapta mejor a le~ realidades del siglo XVIII que el paternalista.ido los últimos en abandonar. y era superior en simetría y envergadura de construcción intelectual. Bris:ol. curiosamente. cuando los precios subían los trabajadores podrían CClmer la misma cantidad de p"n. 297-298. c\lando los precios comenzaron a dispararse. Cuando consideramos la organización real del comercic) de ce reales en el siglo XVIII no disponemos de verificación empírica para ninguno de los dos modelos. I-I. «Seven Centuries of the Prices of Consumables compared with Builders' \xr~ge' rates)). pero esto era providencial. En ciertos aspectos. Eco1tnmica. 34 ningún estudio importante de una fjgur::! clave: el molinero. bien a su felicidad en la vida futura. es muy poco flexible. "The Marketing nf Coro in the first Half (lf thc Eighteenth-Centmy: North-cast Kent». XVIll (1970) 35. todas las existencias serían consumidas en los nueve primerns meses del a. J 898. Hist. pero era porque eliminaban otros productos de su presupuesto. en un año normal. T' \rUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 81 eficientemente aún. harineros. Como m\lcho. productivo l' loable. 'l~ . eran la interferencia del Estado y del prejuicio populae ll Habia que dejar fluir libremente el cereal desde las "reas de superabundancia a las zonas de escasez. La misma lógica puede aplicarse a los demás culpables a ojos del pueblo: molineros. 1758. pues (además de suponer un incentivo para el importador) era otra nueva forma eficaz de racionar. Lyíng Detecud. Mientras que el primero invoca una norma moral -lo que deben ser las obligaciones recíprocas de los hombres-. no en una vuelta a la regulación del comercio. los pobres ----como le recordaron" un observador de alta posición. seis peniques se destinarían a pan. La gente se siente tan Íntclcsada en lo que se refiere. Il. Si se obligaba a ventas prematuras o se restringían los precios en épocas de escasez) podrian consumirse con exceso las existencias. podían incluso comer más pan para CClmpensar la pérdida ele otros artículos. aunque los presupuestos de Davies y de Edcn (tomados en al1tY. ~ '" . o pan. E..la!ld [{nd '"Vales. en Joan Thirsk. TIJé T}lIknnwn . De un chelín. impresionan menos como ensayo de investigación empír_íc8 que como un soberbio ensayo de lógica válido en sí mismo. el remedio se buscó.al Produce».. ap. V. 4 vols. sino en mejoras tales como el incremento de los cercamientos. pero en on año de precios altos. Y sin embargo. Bennett y ].gric. Pbclps Brown y S.

Se requeriría más investigación del real funcionamiento del mercado antes de que tales explicaciones fueran convincentes. 0lson. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA FC. tancias favorables. hará la agricultura muy rentable para nosotros. en una larga y continuada sucesión de circunstran un término medio de 53 por ciento. Londre" 1764. W. y la prima pagada para alentar a la exportación cerealista.41 mientras que en años de cosechas abundantes e! premio inconsiderado de la Señora Naturaleza provocaba gritos de <'idesastre!» en Jos agricultores. 40. nueva ser. pero el precio subió en un 81. que conocían muy bien los efectos psicológicos involucrados en el nivel de los precios posteriores a la cosecha. como "dcmasiado absurdo para ser tratado seriamente: ivamos!. Economica. Anon. 38. and lhe Neccssitics 01 Lile. ej. i más de doscientas mil personas ..ONOM íA MOHA L Dr:. «Espero --escribía un terrateniente de Yorkshire en 1708!. y en las ü!timas décadas del siglo hay evidencia del desarrollo de grupos de presión de agricultores . XXVI (1796).. véase Lord John Sheffie1d. Anon. Nueva York. mente expectativas de esca. S.54.. p. <~Agricultural Fluctuations and the Engl. Ec. el grano era un artículo de primera necesidad. su punto de vista fue rebatido. !». 1I.. roturando y mejorando toda nuestra nueva tierra».. 37 Annals 01 Agriculture. citado por BeloH. P. 1795-1796). en anos de escasez. op.. p.sh Economy in the Eighteenth Century». 57.. según el cual los pequeños ogricultores en años de escasez necesi~aban toda la cosecha para simiente y para su propio . P~n\ otros ejemplos. ele oferta y demanda. extraordinariamente sensible a cualquier deficiencia en el abastecimiento.. 39. Arthur Young calculó que el déf'cit total de la cosecha de trigo fue menor de! 25 por ciento. GaIpin. D. el consumo presionó continuamente sobre la producción. las espigas atizonadas que se convertían en polvo cuando cotnenzaba la trilla.arcily and high Price 01 Provisions. Londres. Farmer'J Magazine. «ese gran substituto del Pan). Colquhoun escribió a Portland. Junto con el aire y e! agua. de aprovechar su dominio sobre un artículo ele primera necesidad y elevar el precio para el consumidor. zanahorias y nahos: PRO. en escrito tras escrito. es bien sabido que los movimientos de los precios del grano no pueden ser explicados por simples mecanismos de precio. Whitworth. 4°N· ototlamente.27.. J. [«Un Agricultor»]. Davenant había estitnado en 1699 que uoa deficiencia de un décimo en la cosecha subín el precio tres décimos: Sir C. actuaban por la fuerza del «monopolio». The Poliiical and Commercial W' orks 01 Charles Davenanl. . 1801. Hisl. EcoflOmics ni lhe Wartime Shortage.A. 473. a la comunidad agrícola un beneficio de 20 millones de libras más que en un año notmaL" Los escritores tradicionalistas se lamentaban de que los agricultores y comerciante:::. 1800. LA I\Hn. pero otros artículos alimenticios fueron suprimidos por completo.38 El asunto a tratar. Es posible que en Londres hubiera ya una mayor diversificación de la dicta hacía los años 1790. Londres. que en realidad no inhibieron demasiado la importación de grano durante los períodos de escasez. XXII (1962). 1816. Three Letters to (l Member 01 lbe HOl/se 01 Cnmm0115 Concerning the Priccs 01 Provisions. Esto sugiere nuevamente que en taJes años el consumo de pan permaneció estable. r .. 1I. al crecer la población. en cada caso iba acompañada de comentarios sobre el mildiu. 10-11. p. sino n COlllercwnres o molineros que estaban en mejor situaciém para retener las existencias y mantener altos los ptecios en el mercado. pp. y Jos ptoductores pudieron dominar. que la escasez de grano que probablemente continuará bnstantes años. 10. En bs últimas décadas del siglo. ete. sino si los intereses de producción y de comercio en su conjunto eran capaces. 33. Bristol. XXXI (1964). pp. cit. por tanto. no era si e:::te agricultor o aquel comerciante podía actuar como un «monopolista». F. 9 Jc julio de l795. especialmente pat:ltas. Véase. un mercado de ventas. las inund<lcíones. sin embargo acentuaron en esos años las tensiones psicológicas. proporcionando. El problema está tratado en la obra de W. constituía la meta de! modelo paternalista y no la del modelo del laissez faire). Stern) «The Bread Crisís in Britain. que había abundancía de verduras en el mercado de Spitglfields. Y J.-oosumo: en factores como este ve él <da explicación teorética principal de la extrema volatilidad de los precios de granos en los comienzos de la época moderna). 1766. 18-19. p. 224. de igual manera que las naciones desatrolladas e industrializadas de hoy han podido aumentar e! precio de ciertos artículos manufacturados con destino a las naciones menos desattolladas Al avanzar el siglo. 470. 39 Lo que importaba para fijar el precio posterior a la cosecha era la expectativa del rendimiento ele esta. 81). Y por muy ahundante que pudiera aparecer la cosecha ante los ojos del ciudadano. De Gould hace hincapié sobre un punto mencionado a menudo en apologías contemporáneas de los precios altos (p.3. pp. En 1796.TITUD S3 De cualqtJier manera. M. PC 1. 1771. sin embargo. los agricultores ostentaban una faz sonriente. Londres. Gould. Fry. en forma más general. 1925.sez. ej.. JI.. Los agricultores ya no vendían en un mercado competitivo y libre (que en un sentido local y ·regional. Tbc Grain Supply 01 E/lgland d¡¡ring lhe Napoleollic Period. 41. según sus cálculos.82 TRADICIÓN. los procedimientos de mercado se volvieron menos claros) pues el grano pasaba a través de una red más compleja de intermedíarios. «Un Molinero de malta del Oeste» l COllsidcratiollS Off the prcscnl High Prices 01 Provisiof1S. Las condiciones de las épocas ele guerra. Lellers on lhe COrH-T rade.. cap . y fomentahan asidua. p.. p. OhscrvatiollS mI lhe Corn Bill cmd Present Sl. distorsionaba aún más las cosas.

Si eran propietarios ~gricult(lrcs. Anon. El autor del ensayo de l7l8 nos presenta un título que es un resumen de su tema: Un ensayo para demostrar que su diario. Todos los comercj~mte. 1934. 21. La Parroquia me pagó 1::. Pressnell.\ y (~(1. Opresores de los Pobres y Uf! Perjuicio C'omtii1 para el Rc. en un momento dado. C>lmhrid¡?:c. prejuicio y modelos tradicionales de respuesta a la escasez.':. se sentían molestos por la pérdida (a través de la venta por muestreo.:olufiol1. Hist. COílfllry Banking in [be Industrial Rel.¡} podía depender. Ecof1. difcrcllci" que fue 1 chelín El hecho es ohscn'8do en Anoo. y que exis1c cierta eyidcncin en n'ntLl.h Pricc 01 Provisio!ls.lc1o recientemente que «lo~ comc1'cia111es f!. S. 9. 26-2.lb1c. 11n)' cierta verdad en e~to.) Si tenían que pagar renUs.ccucllcia de rcqucfios él ~r. 43.l11.} 2. C. les molestaban aún más las ganancias de estos vulgares comerciantes. en realidad.'5.s (a menos que fueran simples boyeros o carreteros que transportasen provisiones de 44. Oxford. A Lelfcr lo Ihe R/.cq TR:\PIC](\.mo . \Y/ . !-Ion. identificar claramente a los grupos que respaldaban las teorías de la multitucL Estos abarcan <l seres capaces de expresarse articubdamente y seres incapaces de eHo) e incluyen hombres con educación y elocuencia. que es intrínseclmente improh. Lnrd Somerl-.:..:¡ sntisfacción suyn.' Estas l11anipuhcioncs se registran ocasionalmente) si bien ratnt11ente de manc1'. [<. 1800. p:lr.] tan franca como fue anotado por 1111 flgricultor y comerciante de granos de \X'hittlcsford (Camhridgeshire).l. TraiÍllel'OS e Illtermediarios de (. Allí donde los señores de los feudos conservaban aún derechos de mercado.1 ello5 no crn un aSllnto de comercialización ttltin.río nual facilitó al agricultor la obtención de préstatnos.. Podría haberlo vendido a 122 chelines in arroha. L. a 2 chclillC's 6 peniques el celemín.. Después de 1750) todo año de escasez fue acompañado de un torrente de esnitas y cartas a la prensa de vdor desiguaL Era una queja común a todos los protagonistas del Uhre comercio de granos la de que la gen!r)' ilusa agregabl combustible a In.. Tampoco es posible.:¡bundanlc) y ello indicaba un" conhnntacicSn consciente entre el productor reluctante y el consumidor furlosO.tros conocimientos se amplíen. sino simplemente p8ra indicar 1ns puntos donde hny que tener precaución hasta que nuc. p. M.. nI Popa/v in Camhridf!.JO ('71 General. el desannllo b:111Ul..on05.1.. 346·348. etc) de tales impuestos. IV Si se pt1eden reconstruír claros modelos' altetn:Hivos U'as J[I po" lítica de nndicionalistas y economistas políticos.' sn.Ha mí. Rev.Una Socicd.cshire. 179.11 mercc1c1o durante el año: pcr-r. HE\"llFLl·. en 1802: Yo compré Centeno hace Doce Meses n cínCllCIlI<1 chelines 1<1 arroba. SOI1 DestructoreJ del Comercio. The Treatmcnl 18J4. no para tcfutar a l\dam Smíth.":. Hcrcford. \Villiam (he Causes 01 l/U: Hif!.er y C. Con respecto <11 modelo de hfisscz f(lÍre no hny que decir sino que no se lul.'l1 El motín de septiembre u octubre rcsldt<Í desencndenndo muy a menudo porque no se producía h C<lída de los precios c1espl1és de una cosecha ap:uentemcntc . AfoI10polis!as. El1iott...ón c:::tos comentarios. 1597- . hucn centeno.. A muchos caballeros r\l1l1 les molestaban los intermediarios. ¿podría hacerse lo mismo con 1n cconomÍ8 «moraL de lA. del modelo paternalista.\~F LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 85 El rn". «A F"C5h Lonk <Jt \XThc<Jt Prices rlnd i\hrkets in the Eighteenth Ccntur~}»·. Compré 320 arrobas: w La gannncia en esta transacción fue superior a mil libras.'<. llamas del descontento del populacho.) de lil"rc lllcrc:1dc\ 5Urcnc un:l ::.uia. La multitud dedujo su sentimiento de legitimid"d. E. PiN 011 42..'(·lF"Cl. llnmps0o.lhan dinero en el siglo XVIII». p. Ganado y otros bienes comerciales . en 1 I ¡ Q peníques por celemín. efr.dcl\.. Acaparadores. a quienes Cl"lllSideraban como intrusos. M. Nns C'nfrentamos con un complejo de an¡Hisis racional. A Leffer fa Ihe Rt. HCJ11. Nos han rccord.-¡d de Agricultores Pnícticos»)]. en gran medid3) del precio al que tres o ctwtro montones de grano podían llegar a venderse. un mayor número de pequeiios 3gricultores podíiln retener sus pro"isiones h8:::ta Ql1t' el meruuJo subícra . p.) :1 fínes de siglll. de vital interés: su ganancia anu.¡llc. Fue una bendiciétn parn lo~ Pobres y bUeno p. Traemos a colaci.-\ nr Cl . Grainr.1ño tras otro..4. sino de intenso. Londres. 8] stlccder5e los 1ltPS precios un . que presenciaban cómo se vendía la harina o la carne fl precios desproporcionadamente ah os en relación a 10 que ellos recibían ele los tratantes. (Después de tod\. pp. y que los comerciantes de grano lo deben haher gtll1ado «J11tlnípulnndo el mcrcado)~. 49.1. demostrado empíricnmente. lor RegatOl1es.lndes (l&ricultorc5 que tL~cn su gr. p. XX (1967). 1956-. multitud? Esto es menos sencillo. Los pobres consiguieron su h<Jrin.

PRO. nabos. Véase Earwaker. 16 en 1797. distraía la dtención puesta en agricultores y rentistas. Pero si realmente se ponían en marcha las leyes. y una cantidad prodigiosa de desvergüenza. de jurisdicción civil y limitada. etc. zanahorias. Frys y Gurneys podría poner en duela tal evidencia literaria. guisantes.en. REVUEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMíA MORAL DE LA MULTITUD 87 un sttio a ctto) le parecen a este escritor. 1797 Y 1799 (en todos. Se impusieron condenas en vatios Quarter Sessions. Court Leel Records (citado en nota 18). el año anterior. crece la convicción de que un alboroto populat ({mtra los hcaparadores no era mal acogido por algunas autoridades. pero muy raramente avena y trigo. Los productoF.8(. un buen caballo. No les disgustaban los ataques contra los disidentes o los agentes de granos cuáqueros. y Constables' Accounts (nota 49). Arineros y Panaderos y de nuestro Comercio si no avria sido por ml y por otro' ú hijo de perra uvicras sido asesinado hace mucho por ofrecer ban a los pobres la idea de que las autoridades se ocnpaban de sus intereses. con octavillas ofreciendo tecompensa por información.) . leche.. Los juicios eran poco frecuentes. El autor de un escrito de Bristol. el cual habia impedido. contra los cuales se propagan muchos tumores.1rales. hace a gente de carácter y for:-una adversos a tomar parte en él. inició una campaña general de procesos contra esos transgresores en 1796 y 1800.51. queso. aves de corral. acusaba a los jueces de alentar «la extraordinaria pretensión de que la fuerza y el espiritu del populacho son necesarios para poner en vigor las leyes». TRADTCIÓN. cerezas. en algunos C1SOS. pescado. cuya inactividad se hacía notar. Se enseña al pueblo a abrigar una muy alta opinión y un respeto hacia estas leyes . Pero un examen de las fortunas de familias tales como los l1nwards. son una clase de gente vagabunda Esta hostilidad hacia el comerciante se daba aún entre muchos n18gistrados rl. Después de 1760 las multas son menos frecuentes pero incluyen 1766 (trigo y mantequilla). En M:lOchester (véase nota 18) rnult-as por acapammiento o regateo fueron impuestas -a veces amlalmente. (N del t. desde 1731 a 1759 (siete multas}. Molineros. Podemos adivinar a qué tipo de culpables afectaban los procesos del juez por el estilo literario de una carta anónima que recibió: Savemos que eres enemigo de Agricultores. dice: llevan todas sus pertenencias (ansi. la legislación sobre acaparamiento no había caído en desuso en la primera mitad del siglo XVIII. Se abandona a un grupo infetior de comerciantes}). eartas a la prensa. 1780 (avena y anguilas). se lamentaba un comerciante en 1766 J 45 Aclaro Smith observó casi sesenta años después que «el odio popular. que actuaban trimestralmente. carne. que es claramente un agente de cereales. pasas de Corinto. 46 Así. implicados incluían mantequilla.) 46. Tienen la marca de Caín. un juez de paz anticuado y malhumorado de Middlesex. para ser dirigido por un populacho ignorante. pichones. patatas. p. el número de agentes de Court Leet nombrados anualmente para impedir el acaparamiento subió de 3 o 4 (173ü-1795) a 7 en 1795. uvas. y como él vagan de un lugar a otto. una lista de ferias y mercldos. pepinos.Quarter Sessions). HO 42. * Tribunales de jueces de paz de los condados. VII. n. sin confianza en la protección de aquellos que deben ser más i1us~rados}): Fitz\villíam a Port1and. 94. sin excepción. ante los jueces de paz. alubias. VIII y IX. a veces cada dos o tres años. Girdler. Simbólicamente. Ciertamente. cuando disturbios populares 2. Veinticinco años más tarde el conde FítZ\villiam escribía: «los comercial1tes en grano se están retirando del comercio.nasaban zonas bajo su jutÍsdicción. (N. únicos años en que puede ser muy rentable. de «sn populacho:jue impone leves}). 3 septiembre 1800.. y. S. en los clásicos términos de condc:na que los campesinos arraigados a la tierra adoptan con respecto al burgués. contra pequeños delincuentes -picaros locales o placeros que se embolsaban pequeños beneficios en transacciones sin importancia~ mientras que no afectaban a los grandes comerciantes y molineros. Contrariamente a la SupoSlCiOn común. ostras. 45 se publiuH1 en todos los periódicos y están pegadas en todos los rincones por orden de los jueces) para tnlimidar a los Inonopolistas. tomando un ejemplo tardío. pero suficientes para sugerir que tenían algún efecto en regular el pequefio comercio en el mercado abierto. Además los transgresores fueron juzgados ocasionalmente (como en 17'7) en Quarter Sessions. Las viejas leyes (ontf[! los acaparadores. que no deja de ser observador. del t. manzanas. llevando a cabo unas transacciones no autorizadas entre el comerciante bien intencionado y el honesto consu11l1dor. 15 en 1796. la exportación de cereales de los valles del Severo y \YJye) y de «llluchas solicitlJdes infructuosas hechas a varios Jueces de Paz». «un grupo de hombres viles y perníciosos}). mientras que vagas amenazas del Quarter SessiOl1al * contra los acaparadores da- Ciertamente. se aplicaban. \' sus existencias no pasan de ser un simple traje de montar. se quejaba amargamente en 1758. * pero la cantidad ganada por los especuladores no sumaba más que diez o quince chelines. patatas). 1785 (carne) y 1796. temerosos de traficar con un artículo comercial ((ln el cual les ha hecho susceptibles a tanta injuría y calumnia. voE. qllC afecta :11 comercio del grano en los años de escasez. J. * Órgano informativo de los tribunales llamados <.

Huesos. Sih embargo.\hnchestet.LT/\ y CONSCIENCIA m~c CLASF. Vérrse. y la destrucción de las piedr8s de molino y bs tned. él crce que etan unos cientos. Nicholson y E. y dijo que el incluso Estiércol de Caballo» en sus hnrinas. Earwaker. pp. escala de sUS alegatos. Londres.frenochs». esos agricultores que retienen el oños 1750. que tomobo de él todos tl1cclindos de siglo y presiollJban en pro de que terminaran lns primas aquellas Ciltactcrísticas que más favotecían a los pobres y que of rccÍiln A ¡" exportoción. este con lllumbre. 1757. Tral1s.49 Habio otras áreAS ir. Habicbuc1as. o. tiza. csta creencia contrihuyó a una pelea. esp. los que 'provoca11 la indignación y la Acción. blanco de España y harina de fréjoles. P..88 TRADICIÓN. suscitó un profundo bre) que se usaba en profusión 1':1r:1.. modelo p:-lternalist. AtJ Impartia[ Relation of Fadl o> tus c(lndC'nJda~ fCCompCnS. F. Poisofl Detccfcd: nI" Fl"íg. s. Más sensacionnl fue su afirmación que se nos revelnn de forma más clara únicamente cuando eX~l1nin<llTIos de que los molineros mezclaban en la harina «bolsas de huesos viejos la muchedumbre en acción. la «Shudehill Fight» en MAOEn un informe muy gráfico sobre un motín en el mismo condado chester. 359~361. P. ero menos gener"liza~ de escasez. derivada de J:. Pero Londres y hs ciudades gmndcs nbl"igaban inmensas dor que el punto de visto de los paternalistos. ¿1740? Famil)' of M:'Il1chc!'iter. en Suffolk: '<vel' cómo les es arrebatado su pan y enviado a exttal10s ha convertido tendía a creer que se practicaban adulteraciones aún m. .90. 11-31. porque. 83.f. este modelo era una tecons" urbanos de presión eran. resultah1 Sllspecta de todo tipo de extorsiones. . un comerciante descrihíó C{)llln mezebba «Cereal. Syhoroc.('chn I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MUL'J'IT1_lD 89 Conccrning ¡be Malcpractircs 01 Bllh::-I"S. por ejemplo. 11'91. Ciertamente..el Populacho se ahó. .loe. blanquear el pnn.lIlOS) harinn motines o la fijación de precios por la muchedumbre actuaban de o pnn. donde lns quej'ls de la A tradicionalistas compasivos como Gircller se unieron ciudadn· multitud eran olimentadas por las Je los tradicionalist~s o por las de nos de variados rangos.: "de entre el rOpl1~ molino la presencia de adulterontes peligrosos cetco de las tolvos Jacho algunos tenían aL-tlJardas. V alg.Ha VCl' Nucstn 1 (~(lm('rci(l Dios [I¡el otr<l cn:. op. 1758. mientras que los valores de orden que opuntabbon el ele la anterior».ud rompió decisivamente con 1:1 de los paternalistas) inmundicias a la comida de los vivos». J) pp.ualmente sensibles. para agregar tal de la multit. Un C1crt(l doctor Nbnning. La exportación en épocas de eSCflSe7.a se oponían a ella categóricamente.o por supuesto. 16<38.". Antiq. aquel comerciante. Emanuel Co1lins.:. se hubiera urilizado más en los hornos de en la región en la cual se cultivaba.-ls nocivas." pp. Paja Picada. REV1JF. Axon. Los grnpos acuerdo a un modelo teórico consistente. '1 (r37. sobre un motín debido a b exportación.htful Trutbs in a Treatise on 49. mientras que en otro grano no debín de ser sacado fuero de Jo ciudad. o de lo prohibición de todo expnrtación en épocas \lna perspectivo de grano barato. Sin embargo. El grano debío de ser consumido J:. TU. se puede s~]gcrir que si los pctsC'na que tuviera algo que ver con el comercio de gr. en 1757. donde se creío que uno de los molinos atacados setenta y ocho at10S desI_més (1709). 11" ranCla y estropea da con h ' arma nueva. y la impaciencia de los pobres en furia y desesperoción desen. Markham. The COflstahles' ACCOtn1tS 01 lbe Ma110r 01 Mallcbestcl". en los este molinero. XXVIII (1910~1911). Los datos conscrvndns reservas de rescntimicntn. sino tmnparticularismo estaba animado por nociones generales de derechos bié_ll con cal muerta y albayalde. Para la mayoría de los londinenses cualqnier profesi'onalcs urbmos. en 1631. Londres.~lCion('s tn~S violentas en tchción con lns pobres muestran un mnyor particularismo: S{ln vinieron de ese medio amhiente. Un magistrado escribió Jo siguiente más común de adulteración era probablemente una mezc1a de harina .mas de las aCl1. en un sentido) 1<1 economíf\ ln()molidos>. and the Food Riots of 1757 and 1812h. publicó alego tos de que el pan efa adnltcfado no sólo ccreal. en varios lugares de la ruta: 47. pp. «la época actu<li está comiéndose vorazmente los huesos chedumhre.) 47 Ademns de alumescasez. (descubierta por la muchedumhre) produjo la quemA de cril"" y cedazos. la mnnera disgusto durante varias centurias. 48 Pero 1 po") aclon . «The Ibtficld 48.l.: «los osarios de los muertos sao hurgados. L(lndrc~. Bread.Ir1 a _lana 1/. Lal1cs. credibilidod. como comentaba otto puesto que la ética popular sancionabA la acción directa c-te la mup:1nfletist<1.:¡s . J. especblmentc poderosos a tr\lccióh selectiva del modelo páternalista. (On crítico coleuló que si se huhiera usado cal en de uno economía de subsistencia. . Blanqueador. John Smith. otros pajos y Ot1'OS cachiporr<1s Viajando haciA Norwich. Lns acusaciones de l'"bnning fueron mucho 1n3S allá de los límites La economía de los pohres era todavío local y regionAl. pp. cit. "d Chcsh. especialmente en épocns de Londres que en la industrio de In construcción. ')' perseguir te maldiga y arruine tú no bívids p.

especialmente en 1795. . Se detuvo a los carros y los clescargar-on en las ciudades por donde pasaban. D. cuando deja su lecho. 'lA Study of Popular Disturbancc in Britain.. 1807. Se consideraba al extranjero como una persona que recibía cereal a pre50.r: Lns carros crujen prnfunclamentc bajo 51J'> pesadas cngas.verna en Catlisle (continuaba el cartel) Te permite a ti o d Luthatt guardar en sus Casas el Grano sufrirán por ello.51. que él . otros GolpeadIo..eran especialmente propensos a la acción en aquellos tiempos. otros Tiradlo del caballo. Londres. .» Este sentimiento renació en los últimos años de] siglo. los trabajadores domésticos dejaban sus telares y talleres para recoger la cosecha. los años 1795 y 1800 conocieron de huevo el renacer de una conciencia regional. G. les preguntó qué les hacía sublevarse de ese modo inhumano para el perjuicio de ellos y del país. Por otra parte. aún rehúye 1<1 luz ). D. Las áreas de exportación marginales eran especialmente sensibles. cap. Ph. le dijeron que ~<no era mejor que nn rebelde». y algunos gritaron: Tiradle piedras.5(I Los hulleros -de Kingswood. :l sus destinos van La expedición secreta.:.. pero por el Señor Dios Todopoderoso nosotros os daremos la Prima a Expensas de Vuestras Vidas. del Forest of Dean. y aseguraos de que le habéis dado. le dijo <¡ue no debería pasar por la Ciudad. Las carreteras fueron bloqueBdas para impedir les exportaciones de la parroquia. El resenttmtento más grande fue provocado a mediados de siglo por las exportaciones al exterior. pero ellos seguían gritando que era un Canalla y que iba a llevarse el grano a Francia ". o los grandes distritos de pastoreo. y una decidida inclinación a recurrir a la fuerza. Ptatt. J. con una admiración mal disimulada: Algunas personas han ido muy lejos en la exportación de grano Setecientos u ochocientos mineros del estaño se unieron. Malditos Canallas . ellos inmediatamente rompieron y abrieron las puertas de la bodega y se llevaron todo lo que había allí sin dinero nI Peter Clemeseson y Mases Luthart Advertencia de que debéis Abandonar o Morir y Maldita sea vuestra compr<1 hambre a los Pobres Habitantes de la esto es para daros una vuestro Comercio ilegal ele grano para m.vlientras que el pobre labrador. S . Una rueela tra. El movimiento de grano en convoyes noctutnos asumió las proporciones de una opeta~ ción milit8. corno la noche QUE' cubre sus intenciones. los traficantes podían esperar un precio de ganga en Londres. pero como les dijeran que no les darían nada. thesis. Con rncdia cosecha. cios a veces por debajo de los de! mercado inglés. Edimburgo. a quien dieron un chapuzón en el tÍo en 1740.90 TRADICIÓN. pues en ellas se exportaba poco cereal en años normales. en una temerosa procesión lenta. los hombres nunca estaban lejos del grano. del Noroeste-. Unív. I\1ientras siguen su oscuro curso por ]m camin0s. las montañas. La sensibilidad no estaba confinada sólo a las exportaciones al extranjero. "y si Alguna T::.a expensas de sus compatriotas. escribió un señor de Bodmin en 1773. D. que comenzaba así: J Exceptuando Westminster. "Nosotros tuvtmos al demonio y todo 10 demás que trae un motín en Padstow». De aquí que e! rencor máxtmo recayese a veces sobre el exportador que era visto corno e! hombre que busca ganancias privadas -y desbonestas.mlpathy ami Other PO('JJJs. por las que se pagaron primas. que. en épocas de escasez. A un agente ele North Yorkshire. ~"1p. La industria fabril estaba dispersa por el campo: los mineros del carbón marchaban a su trabajo junto a los campos de cereales. 1714. S. En 1783 se colocó un cartel en la cruz del mercado en Carlisle. sabiendo que ét iba a cruZar carg<1c!o con grano. de Shropshire. otra. Notoriamente los mineros del estaño de Cornualles poseían una irascible conciencia de consumidores. con la ayuda de subvenciones extraídas de los impuestos ingleses. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 91 el Popubcho.2n. y primero ofrecieron a los agentes de grano diez y siete chelines por veinticuatro galones de trigo.51 175 'h. cuando circulaban rumores por el país sobre exportaciones secretas a Francia. 222. 1. .. Isaac. porque era un Canalla. 1953.:!tar de Ciudad y Suburbios de Cadislc para mandarlo (l Francia y recibir la Prima Dada por la Ley por llevar el Grano fuera del País. tan vívida como la de cien años antes. y un Traficante de grano. preCIO. en consecuencia agravaba la escasez 10ca1. pero. Ve el inmenso granero tan vacío como su cobertizo.

y absolutamente necesarios pata la recepción del queso. E. es hacer a tod(\:. y que desde allí se flete para Londres. 53. se quejó al Ministerio de b Guerra de asambleas desordenadas «que amenazan con tirar abajo o quem'lr . cnviarln con el cano del camino vecinal. excepto en algunos lugares determinados.1 que se vende en las tiendas. . donde se mantuvieron. The Making 01 ¡he English Workinf. En Chudlcigh (Devon).gro por los mil1erq~ amotinados !lO son propiedad de ningún monopolizador. '.. cmnbiaron sus funciones.-"] Los viejos mercados decayeron.557.<. próximo a Tivcrton. para transportado a HulI.o UD pedazo de tocino --escribía Girdlcr en 1800····. luego h2lcc el p[\n del peso y cRlidad que le place . Ni el molinero ni el harinero vendcl·fin al trabajador una c. De aquí que el trabajador se viese empujado a la pequeñn tienda al por menor. La carta informa al alcalde de que más de trescientos ciudndilJlOS han «jurado positivamente ser fieles los unos a los otros pRra la Destrucción de los Trajinantes». que pasa por su puerta.la mina de carbón de Nook.\ri.}) y donde los pobres cambiaban su demanda de grano por la de harina la historia era muy parecida: 52. Como expresiva de estos ngravios -que nlgunns veces ocasio naton un rnotín·-~· podemos tomar llnn carta an611ima dejada en 1795 a la puerta del alcalde de Salisbury: Caballeros de la Corporacíón yo les ruego pongan fin a esta pt. CCrGl ele I-Invcr[orchvest. REVOEL'rA y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MOHAL DE LA MULTITUD 93 Se amenazó con destruir los c:lnnle~. Ni lag gabarras de log ríos Scvern y \'Vye se libraron del ataque. tan pronto como los Soldados hayan salido de 1:1 ciudad. y le comunican que todo el 101e ha sido comprado por algún contratisLl ]ondinensc». cuando viene a una parroquia. P..E1 primet prinCIpIO que deja :. donde los precios eran aumentados. (. 19681. Treinta años antes un grupo de comerciantes londinenses necesitó de la protección del ejército para sus depósitos de queso sitllados a 10 largo del río Trcncl: Los depósitos en pc1¡. tares y Lecheros.Ahora no es negocio para el agricultor -escribía Davics en 1795-· vcnder grano por b1lshet al por menor a este o aquel pobre.92 TRADICIÓN. podían ofrecer precios ya obsenrada. Gettt[eman's Magazine. Al irse alejanmás frecuentemente a Se pidió a la corporación ordenara a los trajin<ll1tes que salieran del mercado hasta que la gente del pueblo huhieta sido atendida.l a b comunidad local porque hahía sido contratado por el Departamento de Avituallamiento de la Arma· da para hacer galletas para los barcos: esto originó (dice el interesacio en una frase teveladora) «la Idea de que e echo [sic 1 rnl1cho daño a la Comunidad». Doncle los trabajadores podían comprar ce tea les en pequeñas cantidades podían surgir graves prohlemas sobre pesos y medidas.cntfldo un panndero. p. Thompson. puertos.«está seguro de que le contestan con un insulto.-lctiOI de la que se hace uso en nuestros l\1crcados por Rook y (ltroS trajinantes al darles la Libertad de Entrometerse en el Mercado en todo de tal manera que los Hahitantcs no Pllcdcn comprar un solo Artícu10 sin ir a parar para ello al Comerciante y Pagar precios Extorsionantes que ellos creen apropiados y (tún avasalbt· a la Gente como si esta no mereciera ser tenida en considnación. Pero pronto les llegará su Fin. a Londres». Estos ¡lgravios se relacion 1n con la queja.u casa porque recibe Mantequilla de sus vecinos Agricul. Clan. Si un cliente intentaba comprar un solo queso. la muchcJulllbtc dcstl-ozó la malluiJl. pecto a la ldirada de mercnncÍas del mercado do de Londres los comerciantes y concurrir mercados provinciales.l de un molinero que dejó -:-le ~ulnini~trar harin. Penguin cd. 0. ulJ agricultor y tabernero acaudabdo.:¡ntidad menor a un saco de harin:1 por deh. XXVI (17'56).». 70-7. «y n(1 pennitáis a Jos Carniceros mandar ]a carne fuera en reses enteras y comprar en Gltltidades lo cual provocaba en los agricultores un sentimiento de molestia nI tener que atender los pequeños peeJidos de los pobres.0. los pobres deudores suyo.1jo del precio al por menor . y como favor) a sus propios trabajadores. con respüblico. sino ele l1n numeroso cuerpo de traficantes de queso.. sino obligecllos a cortarla en el Mercaclo y atencler a In Ciudad jwirnero». Los mineros de. en el mismo aoo. pn1':1. y el bolsillo del poh¡·c pocns veces podrá permitirle comprar todo un S"KO de una sola vez. Se asaltaron barcos en 10.3. pp.. «Somos exhortados en el Evangelio de San Lucas: Dad y se os dará. ~!menaZJron con cerrar el cstu1rio en un punto angosto. En 1795. 51 La indignación podía inflamarse también contta un cOl11crciant-e cuyas obligaciones con un mercado fonÍnco interrumpían los suministros regulares de la Cl'munidad local.

Una gran diversidad de medidas que variaban incluso deulro de los límites de un mismo condado de un mercado ciudadano a otro. y los comcrciant~s . 32: véase J. Los cambios en las medidas.1> Esto no era. minero de ele e Hill (Shropshire) a un «Compafíero de Infortunio» declaraha: El Parb111cnto para rucstro alivio p~na ayudarnos a morir de h"'lllbre va a reducir nuestras Medidas y Pesos al Nivel más bajo. porque es la medida más aproximada a un bllshel de harina.ciantes en la Inglaterra protestante. p. que le convertía en un buen partido.andry ond TraJe. 198. dulce y hermosa querida mía No puedo moler tu grano) me lo temo.. apretada.tlgl1nélS veces mucho mayorcs. era considerado como un libertino fabulosamente afortunado. la práctica que seguían todos los agricultores y come. con una total ralla de éxito. Museum RU5licum el Cnmmerria{e. Una carta de n[.54 Los intentos de cambiar la medida encontraron muchas veces re~istencía. XXVI (1796). el pobre es capaz de juzgar qué es lo que debe pagar por un bushel de harina. 23 de junio de 1693. 24 y el de Chester. Quizá lo adecuado del molino de pueblo. La diferencia entre bushels podía ser muy mnsiderable: frente al busbel de \'{finchestCT de 8 galones.que la de Winchcstcr. 327. A CollectÍon {or Tmpro1!cment 01 Husl:. por lo cual se pagó igual cantidad de dinero por ocho galones que la que se solía p<lgar por nueve>>-. IV (1756). las nociones aritméticas de! pobre podían no haber sido tan erróneas. Las antiguas medidas eran generalmente 1TIflyorcs ~~. como patrón nacional. El molínero ocupó. pero más a menudo 10 Críln por los clienles..ol1as conjuradas y listas en todo momento. los instigaban a ello. Un observador comentó que «las clases más bajas la detestahan (la medida de \X!inchesterl. oculto en un lugar apartado del río. que tengo una predilección indudable por la medida de nncvc galones. el de Stam(ord tenía 16. Londres 1727.1sar un día sin hogaza.. a veces etan apoynebs por los <lgt-icl1ltores () comerCi<111tes. habrá una gran compañía que quemará la pegueñfl medida cuando vosotros estéis en la cama y dormidos y vuestros graneros y all11iares y a vosotros también con ellos Un colaborador ele los AUl10ls o/ Agríeulture de Hampshire explicó en 1795 que los pobres «han concebido erróneamente la idea de que el precio del grano ha aumentado por la última reformo del bUJhel de Uueve galones a la medida de Winchester. Y queremos que toméis las Armas y Chafarotes y juréis No tenemos más que una Vida ser fieles los unos a los otros que Perder "V no vamos 2 morir de hambre Un"s cartas a agricultores de Northiam (Sussex) advertían: Caballeros todo 10 que deseo es que toméis esto como una advertencia a todos vosotros para que dejéis los pequeños bus beis y toméis la antigua medida nuevamente porque si no lo hacéjs 54. Houghton. lo cual. durante muchos siglos. en la medida presente requiere más aritmética de la que él puede conocer. «Confieso». cuyas proezas se perpetúan aún quizá en e! sentido vernáculo de la palabra «moler».1118 Ven siéntate. como los cambios en la moneda decimal. Por un lado. Si los pobres compraban (a fines de siglo) menos canlidad de grano en el mercado público. tendían por arte de magia a desfavorecer al consumidor. SC11ll0S ".. el de Carlislc. Aun así. siendo su interés mantener toda aquella incertidumbre con respecto a los pesos y las medidas». rcmccicIa. p. imponer la medida ele Winchester. El mismo decreto intent6. continúa. esto indicaba también el ascenso bacia una condición de mayor importancia del molinero. un lugar en el folklore popular tan pronto envidiable n:mo lo contrario. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 95 huena medida. y por consiguiente.O XLVI. y ocasionalmente. babiendo pasado esto en un momento en que subían los pretios en el mercado. Annols 01 Agriculture.lrededor de Diez mil pet. daba abundantes oportunidades para pequeñas ganancias. todo pudo haber contribuido a la leyenda: joven mOZ:1 vigorosa tan vigorosa y alegre Fue "d molino un día Traigo un celemín de grano para moler Sólo puedo quedarme un momento 1:. d1cron lugar a motínes. desgradadamente. desbordante será la que os echarán en vuestro senO. Un (Iecreto de Carlos n hahía incluso dado a los pohres el derecho de saClldir la medida de harina.. quizá S\1 condición social en el pueblo. quizá también su poder sobre los medios de subsistencia. tan valioso era el grano del pobre que lIna pérdida en la medida podía significar la diferencia de p. al cual las ll1ujeres y doncellas del pueblo traían su grano para molerlo.94 TRADICIÓN. . por lo pcqneño de su contenido. n.

de Chaucer.ullla (siempre de «la rnejor de bs héHinas.11 exigiendo í1ll¡mcstos de .entaba regular más est.. IJ i1l1pue~to pndí<1 ser cohm.¡Amar l ¿Oyó alguien alguna vez cosa parecida) Podía también hablar de molmero que viene una vez . Si creemos todo ]0 que ha sido eser. la reputación del molinero era menos envidiable. de\'llelta al cliente. poco populares. o andaban cerca de ello. y había intentos espasmódÍC"os de rcgu]..lCtlcrdo :1 5U prcjli. . cuando h harína era daria. los vendían o art"r-nda·· han a especuladores privados. Pero mientras que el pequcI10 molinero rural era . Los graneles molineros del valle del Támesis y de las grandes ciudades respondían a un tipo diferente de empresarios que comerciaban ampliamente en harina y malta. (1Iubo quejas de que algunos molineros cornprabal1 a mit. podín ser el producto de otro grane' de calidad inferÍor.do en h. que Carne y Sangre no pueden soportJr!o.111131' didas. Pero sepan. y de que era agradable EHa prnnto descubrió ClllC eJ molino molería presentar Ll MiIler's Toll Bill (Ley de Impuestos del Molinero). Alrededor de los pequeños molinos que exigían impuestos (mm donrlc el impuc<.1~ua bnj<l No puedo moler pues el molino no anda clientes. el":1n dos molineros flAcos. hatina oculta en ías cajas de las piedras. E incluso en donde no obtenían este tipo de derechos. que ejercían un monopolio absoluto en el molino de grano (y venta de harina) en centros fabriles importantes. En la lamosa «pelea de la colina Shnd» (Shud-hiil FiRht) de ese año. 1'v1ás tormentosa aún fue b hist. A los mo]inerns no 31 les afectaba la Tasa del Pan (Assize ol Bread).s«llldal(l~o. y ele la h<1l"inn más fina que está en el centro de b 1. los nuevos arrendatarios qnlsleton prohibir lo im· portación de harina a la cindad en desarrollo. en 1757. etc.~ 96 lvli~ TRADICIÓN) REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASF LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 97 piedra:" están alt8s y el .lCU.ad de precio grano dañado y que lo mezclaban con el grano de sus Cuando. un molino .oria de los Molinos-Escuela en Manchester.¡Amar ' ».l consumidor nwlquier alzA en el precio del grano. entre ellos Manchester. Bradford y Leeds. por supuesto. En un extremo nÚll tenernos el pcql1cílO mnlinn f11r. Piel JI Huesos. Desde qnc los mnlirwros se dedicaron con mayor íntcnsicbd al comercio) y a moler el grano por ~ u propia cuenta para los panaderos. efa una ventaja para el molinero si Jos precios ctan altos. lA gentecilla del siglo XVIII. cuyos derechos señoriales eran destinadCls a notación carit..01v:1>'> L \' como la propnrcÍón no variabn con las fluctaci(1nes de precios.su duplicado. el molinero más importante. y de aqllí tnlllhién que. sus ballalités menos conocidas. tenían peco tiempo para los pequeños clientes (con un saco o dos de grano espigadn). inspiraron en 17 3 7 los versos del doctor Byrom: HueSDS y Piel. y podían hacer repercutir inmcdiatmncnte sobre c. exclamo Nellie Dcan en \f7l1thcrillg Hei..¡ci{~n. por lo menos cuatro hombres fueron muertos a tiros de mosquete. Y en 1796 estas injusticias se hicieron sentir con sufkiente fuerza como para permitir a sir Francis Bassett Entonces ena se sentó sohre un saco HabJ8ron de esto y aquello Hab1:1ron de amor. Sin embargo.-.) Al transcurrir el siglo. incluyendo esos vestigios extrAordin<lrios) los molinos con nerechos señoriales (soke-mílls). En la mayoría de los casos los feudatarios que poseían los derechos señoriales por ~(l utilizrlción del molino (maqllila). era acusado de agregar nuevos y mucho más osados desfalcos: i\nte~ PCfO robaba con discrccj(lf) <-1hora es UIl !Jdrón (.tn había sido conmntrldo por pt1gos en ¿ineto) bs injustícias se rnllltiplicahan. tn sobtc él en estos años) la l\istoria dclmolinero ha cambiado poco desde el (/Cuento de Rcevcsl>. el paso ele mucbos molinos a fines industriales colocó él los pequeíl0s molinos de trigo supervivientes en una posición mt1s ventajosa.11 año a comprar n\lestro gtano».ativa para mmltener la escuela secun- sado de costumbres típicamente medievales ~recípientes excesivamente grandes para recolectar el impuesto en especie. en el siglo XVlIr.~rra tenía tAmbién.rictamente sus prácticas de pesos y me- Por otro lado. Dos arrendatarios de estos derechos.ghts: .e soportarlo por mas tiempo. J nglat. Que mataban de hambre a la ciudad. mientms que al mismo tiempo manejaban sus molinos (se alegi1ba) con extorsión y demora) la carne y la sangre no pudieron realment. estos molineros eran.l c05tll111hrc. de aquí t<1rdanzas sin fin. que int. pero finalmente los derechos sobre molienda fueron abolidos.

se apoderó de las merc111cías del panflclero. entre todos los que bregaban con las necesidades de la gcnte (tcl'ratenientes. quc. en 1795. l1egrlOdo rd csccnariCJ de un motín en Scvcn Dials. encontrándolas realmente deficientes de peso. Los molinos de Albion en el puente de Blackfriars (los primeros molinos de vapor de Londres) eran gobernados por un sindicato cuasi-filantrópico. algunas de las cuales -como el pall de peso escaso. pues ya había suficientes heces de b sociedad de este tipo». las distribuyó entre la multitud.98 TRADICIÓN. y podía provocar la furia popular por un aumento repentino en el precio de la harina o un deterioro evidente de su calidad. por supuesto.Tllstice Ovc¡'c1o» de Bcn Johnson estaba todavía ocupado en las (. En el mismo año en \'(Tisbeach obligaron a <<1os Comerciantes a vender Trigo a CU<1tro peniques el husbel no sólo a ellos. Much. eludiendo deliberadamente a los panaderos. No sabemos bastante como para hacer un gráfico del cambio con exactitud... considerable. arrieros y molineros).1. donde ellos regulaban los . no se debe subestimar la complejidad de la situación ni los objetivos de la. entra en todas las ccrvccerÍ<ls v baja a todos los ~(Stann<. y del castigo ele lns transgresores. se hallaba en contacto diario con el consumidor. Los molinos fueron el blanco visible y tangible de algunos de los motines urbanos más serios del siglo. pues fue blanco de un ataque masivo en 179. la!) llntil1as .1. ciertamente. hasta cierto punto. para convencer al pueblo de cme el precio que exigen los Panaderos no es más que lo que creen razonable los Magistrados». y se encontraba más protegido que cualquiera de los demás por la visible insignia del paternalismo. pensaba que la continuación de! Assize era oportuna: «En Pueblos y ciudades grandes siempre será necesario establecer el Assize.J. sin embargo.est<1ban sujetas a rectificaciones . Sin duda los panaderos. i: ¡ . el panadel'o «levantó al populacho conl'ra ella. LA MtJLTrnJD 99 pocHa igualmente dominar a una populosa comunidad. El panadero no podía tener esperanza de aumentar sus beneficios por encima de la cantidad calculada en e! Assize más que con pequeñas estratagemas. de la cólera popular.111es de Rcading.re la escasez de peso del p811. Pero el panadero (cuyo naba jo en tiempos de altos precios puede haber sido muy poco envidiable) era el único que. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMf ¡\ MORAL nF. y fijó una Nota en su Puerta con estas palabras: "Trigo a Diez y Seis Chelines la Rastra"». . El Assize of Bread limitó clara y públicamente sus beneficios legítimos (tendiendo también de este modo a dejar el comercio de panadería en manos de numerosos comerciantes pequeños con poco capital) protegiéndolos así. refiriéndose al ataque de J 79. Así en 1740 en Norwich la gente «fue a casa de cada uno de los Panaderos de la Ciudad.un. ».li:z1n d::t las tortas a los pobres. Incluso Charles Sm!!h. y dirighn a la multitud hacia el molino o el mercí1do de gtan()s. cuando en muchos puntos de las MidIands y del Sur (y seguramente en áreas urbanas) la clase obrera se había acostumbrado a comprar pan en las panaderías más que grano o harina en los mercados. El '<. Puede parecer a primera vista muy curioso que tanto los comefcl:111tcs como los molineros continuaran figurando entre los objetivos de los motines de fines de siglo. y seguramente se siguió cociendo el pan en las casas en gran medida.. intervino. Peto en muchos C(¡SOs 13 multitud elegía clar. El efecto psicológico del Assize fue. miele las tort. sino también a los Panaderos.:¡s relaciones púh1icas. Sus niños Denl'ro de esta tradición encontramos a 1J11 lTIJgistrado de Londres. pesó las hogazas y.S pesa las hogn(ls de pan en Sil dedn cor.lS corpo l'adones. mezcla de harinas baratas y dañad<1S~.Pesos y Precios del Pan». cuando se quemaron en 1791. adulteración. tenía a veces que atender a sus propt. Pero a esta altura está clato que estamos tratando con un mode. y mucbas veces la multitud «[ijaba el precio» del pan. «víniel'on en grandes grupos contra nosotros .• donde lo multitud estaba ya demoliendo una panadería acusada de vender pfln de peso escaso. que conocían a sus clientes. los londinenses bailaron y cantaron baladas de júbilo en las calles. él.legales o a recibir instRntáneas represalias de la muJtilucl EJ pan<lclero. mtlChfsimos pequeños motines frente a las panaderías. C~)nvcntry o Londres: Alegre. 10 latgo del siglo. Rinninr-h. multitud. Pero aun donde el cambio fue completo. agricultores. El primer molino a vapor de Birmingham (Snow Hi!!) no 10 pasó mejor. aun al extremo de tener que alisten a la ml1ltitud a su Livor: Cuando llann1h Pain de Kcttcring se ql1cje.5. y dijo que mcre\ín ser azohlda.. el pan BI hambricnto. rlubo. a J()~ alguaciles so1. hicieron gran espectác\llo de h supcrvisi6n de pcsos y !Tlediclr!s. el hábil exponente del libre comercio. se quejaban a veces de ~'11 impotencia para reducir Jos rJrecÍos. «DCSPllés de vaciar 1111"has panaderías» referia el molinero ele Snow Hill.1mente sus propios hlancos. por ello.

entre los años 1580 y 1630. Es también un término impreciso para describir los movimientos populares."~Dnablcs». 17 56.¡r las existencias de c~reales en cámaras y graneros.. Las órdenes deben ser :mpuestas «sin ninguna parcialidad que perdone a ningún hombre» . de ordenar el envío de ciertas cantidndcs nI mercfldo. Cohm1hia Uní\'. Liverpool Papers. La ncción cen~ tral en este modelo no es el saqueo de graneros ni el robo de grano 5( o harina sino el acto de dijar el preClO». B. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE lo de acción mucho más complejo que el que puede explicarse satis~ factoriamente por un encuentro cara a cara entre el populacho y molineros determinados. deberíamos tomar.. sino los <<levantamientos pepulares» (muy especialmente los de 17 40. James 1. Y fueron puestas en vigor. Hay documentos que ílustran su funcionamiento en O//icial Papen n/ Núfhm. a mitad de c3mi·· no entre la imposici()n y la persuasión. _'8353. que se repite.. su disciplina y. {. No se portía vender grano fuem del mercado público. Es necesarío dibujar una imagen más amplia de las acciones de la multitud. 1600-1642. COIJl~ rnrrcial Crisü t1nd ChI1l1P. que más bien crece en complejidad en el siglo XVIII. una pro-clama de 1(103 aparece para fijar los precios (Seiigman Colkction. después de 1550. ni aun bs grandes refriegas provocadas por el descontento contra los grandes molineros. Em1y HistMy 01 Enf!. 1795 v 1800) en los cuales los mineros del carbón y del estaño. M. para muchos de los agravios y circunstan~ cias determinados. 160j). fol. La reina y su Consejo opinaban que los altos precios se dehian en parte a los monopolistas. Supple. fue codificada en e! Book of Orders. el Book ot Ordcrs de 1630 cClndllvc rnn ln arlvertcncia de que. El poder. como pudiera ser obtenida por la Persui1sión más enérgica de l"s alguaciles».ís bien confusa nota. 3: seL./and. cirea 21.:!. el hecho de que exhiben un modelo de conducta cuyo origen debemos buscar unos cientos de años atrás. pp. pata ser vendidas. pp. Brit. 19CJ4. rero les ordenaban asistir al mercado y asegurarse de que «se proveía a Jos pobres de los Granas necesarios con tanta conveniencia en los Precios.55 En esencia. (unción. XXVI. Lns Ordenan·· zas ele 1630 no facultaban explíciratnente a los alguaciles para fijar el precio. pobres artesanos. las medidas de emergencia. I . Por un Acta de 15.iel Bacon o/ St¡ljkc? Nor!olk (Camdcn Saciety.34 {25 George VIII. Hav algún informe sobre el funcionamiento del Book of Orders en E. f}[l_ cit. En una m. cit.lish POOl" Re/id. Gras (op. Durante el reinado de Isabel I se exigía a los magistrados la asistencia a los mercados locales.. Lib. 117. o Jornaleros de 18 parroquia en que viven. Leon~rd. e:1 1630. l\lus. y donde encuentre q-ce es insuficiente la cantidad traída pata li Podían entonces ordenar a los agricultores mand:n ({cantidades conveníentes>~ al mercado. 195. P[1. «si los dueños de grano y otros prori~ultios de Víveres. E. add. Lipson. el Book of Orders otorgaba a los magistrados el poder (con la avuda de tribunales locales) de inspeccion. 132-13j) opina que. 1915). y de imponer con severidad tochls las normas de h legislación sobre licencins y acapar8mientn. Lo extraordinario de este modelo es que reproduce. Lo i': extraordinarío en estas «insurrecciones>} es. 56 55. 11 LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 101 v s" ha sugerido que el término «motín» representa un instrumento de análisis basto.de fijar el precio del ~rano o la harina quedaba. sino que buscan y proyectan medios de mantener altos los precios con la consiguiente manifiesta opresión de la clase m·ás pobre». no las disputas en las panade~ tÍns en las afueras de Lanches. a veces con -1 gran precisión. torpe. 1766. no cumplen voluntariamente estas órdenes»-. Los nlguílciles adquirieron luego autoridad para «estílblecer un cierto precio por bushel de toda clase de granm>.e in EI1f!. pues. 130-157. cit. Sn Majestad (¡dad Orden :de que sean fijados Precios ni. Estas medidas de emergencia se emplearon en épocas de escasez en los últimos años de! reinado de Isabel 1. que no pueden llegar convenientemente a las Ciudades de Mcrcac1c)}>. y el a5un10 fue activamente disclltido abastecer y atender a dichos mercados y especialmente a las clase!' más pobres.100 TRADICIÓN. dicho pnder no se us6 nunC:1. en diferentes puntos del país y después del transcurso de muchos años tranquilos. aparentemente de manera espontánea. 440. Si buscamos la fórmula característica de la acción directa. durante el reinado de Carlos l.450. cuya . op. en segundo lugar. «salvo a alguno.y esto a precio f<17011ahle». nT. el Consejo Privado intentó runtrolar 10$ precios por medio de una prochlma en 1709. p.. en primer Jugar. Proclamntions. los ~ tejedores y operaríos de calcetería fueron quienes se destacaron. y en parte a la «avaricia~> de los cultivadores de grano) quienes «no están satisfechos con ninguna ganancia moderad.. Cunbridge. en épocas de escasez. En cualquier caso no fue nlvidado. comerciantes o panaderos. en forma un tanto revisada. 56. tvIS. pp_ 236·242. el Consejo Privado tenía poder para tasar los precios del grano en caso de emergencia. se dirigirá a las casas de los Agricultores Y otros dedicados a la labranza y verá qué depósitos y provisiones de grano ha retenido tanto trílJado como no trillado . Cambridge.. 1900: Graso. en casos de emergencia.

el dinero) a los propietarios o en ausencia de ellos dej::Hon el dinero. y se comportaron con gran regularidad y decencia donde no encontraron oposición. queso. 57. 1. ave.» Tres días después envió otro informe: Visitaron a Agricultores. pp..692 (Lipson. «Industrial Laisser-Faire and the Polícy of CromweIh. (La persona con letras también tiene recuerdos muy profundos: el propio Book 01 Orders fue vuelto a publicar. Durante los desórdenes que se extendieron por el Oeste en 1766 el sberi!! de Gloucestershire. Tbe Brewí!tg Industry in Englfllld. Social Problems and Paliey durif1g the Pu. Mathias. etc. carne. pan. un pañero. ya que los magistrados 110 se oCllpabrtn de hacerlo». 127-128. pp. Londres. . aUl1que sin duda e! modelo de acción directa se extendió a nuevos distritos en el siglo XVIII. Cnlleelal/ea. pero cuando en 1762 se propuso elevar el precío en medio penique el cuartillo. mantequilla y toci . 360. esp. vendiendo grano. velas. 1773. etc. la multitud sostuvo que. En 1693.labradores. Sir John Fielding escribió al conde de Suffolk que el aumento «no puede considerarse razonable. prometido 10 cual y hahiéndoles dado algunas provisiones sin solicitarlas. Antes de levantarnos Menos cantidad será suficiente Vosotros que estáis establecidos Mirad de no deshonrar Vuestras profesiones . con un discurso preliminar para el lector que se refería a la actual «perversa alianza para producir la escasez». Three Tracts 011 the Com Trade.. cit. especialmente en una so· cicdad analfabeta. Nuestras almas nos son caras. se marcharon sin la menor violencia u ofensa. 264-271. 19. 1930. J700-1830. En 1681 en el mercado de Oxfotd (controlado por la Universidad) se fijaron precios para la mantequilla. D.. se puso en pie una muchedumbre compuesta toda ella de h gente más haja. en 1757. 103-104. tenían que imponerlas por si mismos. Pueden observarse muchas continuidades semejantes.) Las ordenanzas mÍsmas eran en parte una respucstll a las presiones de los pobres: El Grano es tan caro Que no dudo que muchos morirán de hall1brc este año. pp. puesto que las autoridades se negaban a imponer <<las leyes». 2. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MlJLTI'rUD 103 Esta legislación de emergencia se fue desmoronando durante hs guerras civiles.' ser. XVI (l946. De nuestro cuerpo tenemos algún cuidado. James. pp. Parece que el Assize of Ale desapareció en Midd1csex en 1. al toque de trompeta. menestrales. queso. En general devolvieron el producto (es decir. avena y alubias: «The Si seguimos otros pasajes de! relato del sheril! podemos encontrar la mayor parte de las características que presentan estas acdoncs: El Viernes pasado. truyeron el grano. Panaderos y tiendas de buhoneros. Cambridge.). Hist. aprendices y chicos.e autorizó a los cerveceros a subir el precio de una forma t:17:onable (por 2 Geog. c.') ocasiones.. P.. en Kent.. Ciento treinta años después (1768) se clavaron nuevamente hojas ¡j (4 incendiarias en las puertas de las igleSIas (flsÍ como en las enseñas de las posadas) de ¡. Ramsay.102 TRAD1CIÓN.. véase Smith. 57 Pero la memoria popular. no a sus propios precios. Así decía una copla fijada a la entrada de la iglesia en la parroquia de Wye (Kent) en 1630: Si no os ocupáis de esto Algunos de vosotros vais a pasarlo mal. Molineros. no pudo \1 1/ ocultar su respeto por los amotinados. En mucha.. extraoficialmente. M. 1890. en Banhury y Chipping Norton la multitud «sacó el grano a la fuerza de Jos calTOS. Oxford Market». Y (aparte del Assize of Bread) otros poderes de tasa de precios subsistieron.) 11. harina. pata evitar ]0 cual no permiten ahora a las Mujeres y a los muchachos que les acompañen.d(ltcs. pp. G.itatt RefJolutio1z. diciendo que estaban rCSl1eltos a ejecutar las leyes. y nuevamente en 17 58. cuando se 10 nevaban los acaparA. es extraordinariamente larga. 14).. . Reo. III. en las antiguas regiones fabriles del Este y el Oeste." ser. p. op. Poca duda cabe de que hay una tradición directa que se extiende desde el Book of Orelers de 1630 a los movimicutos de los trabajadores de la confección en el este y oeste de Inglaterra durante el siglo XVlIl. incitando a los pobres a sublevarse. en 1662.arroquias dentro del mismo contorno de Scray. los cuales fueron . Oxford. 501) y en 1762 <. como tejedores.59. pero saquearon muy poco. 9-14. p. a una casa de labranza y atentamente expresaron su deseo de que se trillara y llevara al mercado el trigo y se vendiera en cinco chelines por bushel. 35. «Se dirigieron a un molino harinero que está cerca del pueblo abrieron los costales de Harina y la tepartieron y se la llevaron y des. ni se someterán a él los súbditos»: Calendar of l-fome Office Papen. con desenfreno y violencia donde la ellcon~ traron. Econ. tocino..

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DC'spués de visit8t los molinos y meren Jos en los alrededores de G-Ioucester, Sttoud y Cirenccstcr, se dividieron en grupos de cincuenta y cien y visitaron las "Ideas y fincas pidiendo que se llevara el grano al mercado a precios justos, y entrando a la fuerza en los graneros. Un grupo grande visitó al shfl"iff en persona, soltaron sus porras mientras les hablaba de sus delitos, escuchaton con paciencia, «gritaron alegremente Dios Salve al Rey» y después recogieron sus pOlras y voívieron a la buena labor de fijar el precio. El movimiento tuvo en parte el carácter de huelga general de todo el distrito textil: «1os amotinados entraron en nuestros talleres y forzaron a salir ¡] todos los hombres, quisieran o no unirse n ellos».
Fue este un movimiento cxtr<1onLnariamcntc disciplinado y a

gff\n escala. Pero el relato nos lleva a observar características que se encuentran tepctidillllCntc. Así, el movirnlcntn de la multitlld desde el mcrcc"do hacia los molinos y de allí (C01110 en el Hook o[ Orelers) a ins fincas) donde se inspeccionaban las existencias y se ordenaba a los agricu Itores enviar el grano al mercado al precio dictado por la multitud: todo esto se encuentra habitualmente. Ello iba a veces acompañado de la tradicional ronda de visitas a las residencias de las personas importantes, para pedir contribuciones, forzadas o voluntarias. En Norwich, en 1740, In multitud, después de obligar a la baja de precios en la ciudad, y de apoderarse, en el tÍo, de una barcaza cargada de trigo y centeno, pidió contribuciones a los ticos de la cluch"t_d:
El martes pot la M:1ñana temprano, se reunieron nuevamente, al toque de los Cuernos; y después de una breve Confabulación, se divjdieron en grupos y salieron del Pueblo por diferentes Puertas, llevando delante de ellos un largo cartel que- proponía visitar n los Caballeros y Agricultores de las aldeas vecinas, para exigirles Dinero, Cerveza Fuerte) etc. En muchos lugares, donde la Gene~ rosídad de la Gente no respondía :l. sus Expectaciones, se dice que mostraron su resentimiento pisoteando el Grano de loS" Campos

~,

Las multitudes, en Sll deambular con el propósito de inspeccionar, se mostraron muy activas durante este año, especialmente en Durham v Northumberland, el \'Vest Riding y varias zonas del norte de Gales. Los manifestantes en contra de la exportnción, que salieron de Dews~ b11l"y (abril de 1740), iban encabezados por un tamborilero y «algo parecido a una enseña o hlndcr:1»; realizaron un recorrido regular

de los molinos locales, destruyendo maquinaria, cortando sacos y llevándose grano y harina. En 1766, la multitud que recorría el valle del Támesis en acto de inspeccionar, se bautizó a sí misma con el nombre de «los Reguladores»; un agricultor aterrorizado les permitió dormir en la paja de su corral y «pudo oír desde su Aposento que hablaban entre sí sobre a quién habían asustado más, y dónde habían tenido mejor fortuna». El modelo se continúa en la década de 1790: en Ellsmere (Shropshire) la multitud detuvo el grano que era conducido a los molinos y amenazó individualmente los agricultores; en el Bosque de Dean los mineros visitaron los molinos y las viviendas de los agricultores, exigiendo dinero «3 las personas que encontraban en la carretera»; en el oeste de Cornualles los mineros del estaño visitaron las fincas con un dogal en una mano y en la otra un acuerdo escrito de llevar e! grano a precios reducidos al mercado. Lo notable es la moderación, más que el desorden. Y no cabe la menor duda de que estas acciones eran aprobadas por un consenso popular abrumador; se siente la profunda convicción de que los precios deben ser regulados ~n épocas de escasez, y de que los explotadores se excluyen a sí mismos de la sociedad. En ocasiones, la multitud intentaba por persuasión o por fuerza atraerse a un magistrado, jefe de la policía de la parroquia, o a algún otro representante de la autoridad, para presidir la laxa/ion populatú. En 1766 en Drayton (Oxon.) miembros de un trape! fueron a casa de John Liford «y le preguntaron si era Jefe de Policía; al contestar "sí" Cheer le dijo que debía acompañarlos a la Cruz V recibir el dinero de tres sacos de harina que habían tomado de una tal Betty Smith y que venderían a cinco chelines el bushei»; la misma muchedumbre se agenció al jcEe de policía de Abingdon para el mismo servicio. El jefe de policía de Handborough (también en Oxfordshire) fue requerido de manera similar, en 1795; la multitud fijó un precio -y un precio sustandal- de 40 chelines el saco de un carro de harina que había sido interceptado, y le fue entregado el dinero correspondiente a no menos de quince sacos. En la isla de Ely, en el mismo año, «el populacho insistió en comprar carne a 4 peniques la libra, y pidieron al Sr. Gardner, un Magistrado, que supervisara la venta, como había hecho el Alcalde en Cambridge el Sábado por la noche». Y también en 1795 hubo un cierto número de ocasionts en que la milicia o las tropas regulares supervisaron ventas forzadas, algunas veces a punta de bayoneta, mientras sus oficiales miraban resueltamente hacia otro lado. Una operación combi-

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nada de soldados y muchedumbre forzó al alcalde de Chichester a acceder a fijar el precio de! pan. En Wells miembros del 122 regimiento empezaron
por abuchear a los que ellos denominaban acaparadores o traficantes de mantequilla, a quienes persiguieron en distintas partf.'s del pueblo ~·se apoderar:::m de la mantequilla- la reunieron tod8 -le pusieron centinelas- y después la echaron, y la mezclaron en una cuba -y después la vendieron al por menor) pesándola ell balanzas y vendiéndola al precio de 8 peniques la libra ... aunque el precio normal que le daban los intermediarios era algo más de 10 peniques.

tomarían :::in compcnsaClon alguna». Con frecucnci<l aparecen motivaciones de castigo o venganza. El gran motín de Newcastle de 1740, en que los mineros y los bateleros irrumpieron en e! ayuntamiento, destruyeron los libros, se repartieron el contenido de las arcas municipales y arrojaron barro y piedra a Jos concejales) se produjo tan sólo a consecuencia de dos provocaciones: primero, tras romperse un acuerdo entre los dirigentes de los mineros y los comerciantes (en que actuó un concejal como árbitro), acuerdo que fijaba los precios del grano; segundo, cuando representantes de la autoridad, aterrorizados, dispararon contra la multitud desde las escaleras del ayuntamiento. En 1766, en Gloucestershire, se dispareron tiros contra la multitud desde una cosa, lo cual -escribe el Iheriffles molestó tanto que entraron por la fuerza en la casa, y destruyeran todos Jos muebles, ventanas, ete., y quitaron parte de las tejas; después reconocieron que se arrepentían mucho de este acto por~ que no era el dueño de la casa (que estaha fuera) el que había disparado contra ellos En 179'5 los mineros del estaño organizMon un ataque contra un comerciante de Penryn (CornuaIles) que había sido contratado para enviarles cebada, pero que les había mandado grano estropeado y en germinación. Cuando se atacaba a los molinos, y se estropeaba la maquinarja, era a menudo como consecuencia de una advertencia prolongada eue no había sido escuchada, o como castigo a alguna práctica escandalosa, Realmente, si deseamos poner en duda la visión no lineal y espasmódica del motín de subsistencias, no tenemos más que Rpuntar hacia este tema continuado de la intimidación popular, en el que homhres y mujeres a punto de morir de inanición atacaban nn obstante molinos y graneros, no para robar el alimento, sino para castigar a los propietarios, Repetidamente, el grano o la harina eran dE'rramndos ? lo largo de cnrteteras y setos, arrojado al do) estropeada la maquinaria v abiertos los diques de! molino. Ante ejemplos de un comportamiento tal, las autoridades reaccionaban tanto con indignación como con asombto. Era un comportamiento (en su opi.nión) sintomático del estado de ánimo «frenético» y destemplado de una gente cuyo cerebro estaba excitado por el hambre. En 1795, tanto el justicia mayor como Arthur Young, dirigieron discursos a los pobres en los que se destacaba que la destrucción del grano no era el mejor

Sería absurdo sugerir que, cuando se abría brecha tan grande en los muros del respeto, no aprovechasen muchos la oportunidad para llevarse mercancías sin pagar. Pero existen abundantes testimonios ele lo contrario, y algunos son impresionantes. Está el caso de los encajeros ele Honiton que, en 1766, quitaron e! grano a los agricultores, lo vendieron en el mercado a precio popular y devolvieron a los agriCllltores, no sólo el dinero, sino también los sacos; la muchedumbre de Oldham, en 1800, que racionó a cada comprador a dos celemines por cabeza, y las muchas ocasiones en que se detenían los carros en la carretera, se vendía su contenido y se confiaba el dinero al nl1'retero.5l! j\1lcls aún, en aquellos casos en que se tomaban las mercancías sin pagarlas, o en que se cometían actos de violencia, sería prudente averiguar si el caso presenta alguna circunstancia particular agravante. Se hace la distinción en el informe de una acción llevada a cabo en Portsea (Hants.) en 1795. Los panaderos y carniceros fueron los primeros a quienes ofreció la multitud los precios por ella fijados: «a los que se amoldaron a estas exigencias se les pagó con exactitud,>, pero los que se negaron vieron sus tiendas desvalijadas, «sin recibir más dinero que el que quiso dejar el populacho». Los canteros de Port Isaac (Cornualles), en el mismo año, se apoderaron de la cebada almacenada para la exportación, pagando un precio razonablemente alto de 11 peniques el bushel, advirtiendo al mismo tiempo al ptopictario que «si ¡ore tendía transportar el Remanente vendrían y 10
58. R. B. Rose, op. di.} p. 435; Edwin Butterworth, Historical Sketches 01 Oldham, Oldham, 1856, pp. 137,139, 144,145.

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medio de mejorar el suministro de pan. Hannah More añadió una dlomilía de Medio Penique». Un versificador anónimo de 1800 nos da un ejemplo bastante más vivo de estas amonestaciones a las clases bajas:
Cuando pasas las horas con tus Amigos del campo,

VI
Las iniciadoras de los motines eran, con .frecuencia, las mujeres. SabelTI'Js que en 1693 una gran cantidad de mujeres se dirigie~ ron al mercado de Northampton, con «cucbíllos escondidos en sus corpiños para forzar la venta del grano según su propia evaluación». En un motín contra exportación en 17 3 7, en Poole (Dorset), se informó que <dos Grupos se CDmponen de muchas Mujeres, y los Hombres las apoyan, y Juran que si alguien se atreve a molestar a alguna de las Mujeres en sus Acciones, ellas pueden levantar un Gran Número de Hombres y destruir tanto Barcos calDo Cargamentos». El populacbo fue alzado en Stockton (Dnrham) en 1740 por una "SeI10ra con un palo y una corneta». En Haverfordwest (Pembr{)ke), en 1795, un qnticuado juez de paz que intentó, con ayuda de un subalterno, luchar con los mineros del carbón, se quejó de que "das mujeres íncitab,n a los Hombres a la pelea, y eran perfectas fnrias. Recibí algunos golpes de alguna de ellas sobre mís Espaldas ... ». Un periódico de Birmingham describía Jos motines de Snow Hi11 como obra de «una chusma, incitada por furiosas mujeres>? En docenas de casos ocutre lo mismo: las mujeres apedreando a un comer~ ciante poco popular con sus propias patatas, o combinando astutamente la furia con el cálculo de que eran algo más inmunes que lQS hQmbres a las represalias de las autoridades; <<las mujeres dijeron a los hombres del vulgo>}, dijo el magistrado de Haverforclwest refiriéndose a los solcbdos, «que ellas sabían qUf:' las tcnÍ:.Ul en sus COtBzones y que no les harían ningún daño}}. Estas mujeres parecen baber pertenecido a una prehistoria ele su sexo anterior a la caída, y no haber tenido conciencia de que debían haber esperado unos doscientos años pata su liberación. (Southcy podia escribir, C01110 lugar común, en 1807: <~L.3S mujeres están más dispuestas ;l amotinarse: tienen menos temor a la ley en parte por ignorancia, y en parte porque abusan del privilegio de su sexo, y pm consiguiente en todo tumulto público sobresalen en violencia y feto-· cidad.») 50 Eran también, por supuesto, las más involucradas en la
J

y tomas, con la abundancia que quietas, el vaso desbordante
Cuando todo se vuelve ttanquilo, si oyes por casualidad ~<Que son los Acapamdores los que encarecen tanto el grano; Que necesitan y conseguirán pan: ya han comido bastante Arroz y Sopa, y engrudos por el estilo: Lo tomar<Ín sin pedirlo: y se esforzarán por la fuerza y la violencia En vengarse ele estos ladrones de granos}}: Joho jura que luchará mientras le quede aliento, «Es mejor ser colgado que morir de hamhre: Quemará el granero del Señor Hoardúm, eso hará, Sofocará al viejo Filch Bag, y destruirá su molino)? \' cuando preparen la Púa y la Horca y todos los útiles de la guerra rústica". Háblales de los males que acompañan los actos ilegales, Acciones que, comenzadas en la ira, terminan en dolor, Que quemar pajares, y destruir molinos, No producirá grano ni llenad los estómagos.

¿Pero eran realmente tan ignorantes los pobres? Uno sospecha que los molineros y comerciant'?s que estaban ojo avizor con respecto a la gente y al tiempo procuraban elevar al máximo sus beneficios, conocían mejor las circunstancias que los poetastros sentados en sus escritorios. Pues los pobres tenían sus propias fuentes de informa~ ción. Trabajaban en los puertos. Transportaban las barcazas a lo largo de los canales. Conducían los carros y manejaban las barreras de peaje. Trabajaban en los graneros y molinos ... Con frecuencia conocían los hecbos locales mucho mejor que la gentl'y; en muchas acciones fueron derechos a las provisiones de grano escondidas cuya existencia habí",1 negado, de ,bueoa fe, los jueces de paz. Si es cierto que los rumores iban muchas veces más allá de todo lírnite, tenían siempre al menos su raíz en tll1<1 ligera base de realidad. Los pobres sabían que la única forma de someter a los ricos era retorcerles el

bmzo.

59. Leftas !rom E1tglawl. Londres, 18l4, Il, p. 47. Las mujeres tenían otros recursos además de la ferocidad: un coronel de Voluntarios Sí' laJnentaba de que <w] Diablo en forma de Mujetes está ahora usando toda su influencia para inducir a la tropa a romper su lealtad a sus Oficiales»: Lt.-Col. J. Entwislc, Rochelalc, 5 agosto 1795, PRO, WO l.lO&6.

de la intercepción ele carros de grano o harina al pasar por un centro populoso. «Popular Recrc<ltions in Snciety. r. y Obligad los a Vender el Grano en el I\1ercaclo. a un precio justo y razonable .l1f~!í~h {'.. Es probable que con mucha frecuencia las mujeres precipitnran Jos movimientos espontáneos) pero otros tipos de acciones se preparaban con más cuidado. del f.50)~ \Varwick Uni\'. pp.. un panadero. En 1740 due pregonado en Ketring un Partido de Fútbol de Quirientos Hombres de un lugar.alvar a sus iv1ujetes e Hijos de la Terrible condición de ser llevados a la TvIucrte por H8.lpar¡:¡dor Agricultor Reuníos todos inmediatamente y marchad en temeroso Orden de Batalla a Viyiendas de los agricultores usureros. que fue a Hadstock (Essex) con pan en sus alforjas (1795). 1970. Sólo al llegar a este punto aceptó Smith vender a 9 peniques la hogaza. 1\1. unas mujeres se subieron al carro y tiraron los sacos a los lados de la carretera. y ella para fijar el precio del trigo .. el resto de b muchedumbre era a menudo levantado a toque de trompeta y tambores. Cuando fue interceptado un carro con sacos de trigo y harina en Handborough (Oxon. una vez formado el núcleo del motín.110 TRADICIÓN. Con gran rapidez se dcsarrolhba una situación de negociaClon: el propietario de las provisiones sabia muy bien que si no aceptaba voluntatiamente el precio impuesto por la multitud (y ()o. La negociación fue bien entendida por ambas partes. en 1795. Una de 18s mujeres (esposa de un trabajador) detuvo su caballo y habiéndole preguntado si había rebajado el precio del Pan. él le dijo que no tenía Órdenes de los Molineros de rebajarlo.... capitulaban con frecuencia ante las primeras señales de turhulencia por parte de la multitud. o de la simple congregación de una multitud amenazante. las nüís experimentadas en detectar el peso eSGISO o la calidad inferior.Ha congregar Ketteting: PRO. En disturhios a gran escala. 1801: A todos los Hombres trabajadores ~' Comerciantes en la Ccn~ tena de Stratton que están dispuestos a . El procedimiento de forzar In negociación puede verse con igual claridad en la declaración de Thomas Smith.). 6O dijo entonces «Por Dios que si no lo rebajas no dejarás ningún Pan en este Pueblo) . (N.» El punto crítico era la reunión de un núcleo determinado. Proveniente de \'i7 akefield (Yorkshire). es posible que se hiciera más corriente la distrihución de avisos escritos a mano.) . «Algunas de las personas allí reunidas dijeron que darían Cuarenta Chelines por el Saco de Harina. y que si eso no era bastante. La aCClcm espontánea en pequefía escala podía derivarse de una especie de abucheo o griterío ritual frente a la tienda del vendedor al por men·)r. los mineros de Broseley se reunieron al sao de las trompetas. mientras que él pedía 19 peniques. Ph. i\1alcnlmsoll. la~ más sensibles a la trascendencia del precio. thesis.111bre por el insensihle y ac. y no darían más. "El lunes pasado -comenzaba una carta de un magistrado de Shropshire en 1756-·. el próximo Viernes a las Nueve I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 111 su conformidad hacía muy difícil cualquier prosecución subsiguiente) cotrÍa el peligro de perder todas sus mercancífls. 1700-1¡:. No sólo se explica el destacado papel de los mineros por su «vinlidad" y por el hecho de estar particularmente expuestos a la explo>lo Hacendado o lanrador 3CClmodado. Entonces «juraron que si no se lo daba a 9 peniques la Hogaza se lo quit('l~ rían. y que pagarían eso. véase R. Fue detenido en la calle de la aldea por un grupo de cuarenta o más mujeres y niños. y antes de que pudiera dar otra respuesta. varias personas entre la multitud ofrecieron entonces 9 peniques por un pao de 4 lihras. y se dirigieron al Mercado de \X7enlock . REVUELTA Y CONSCTENCIA DE CLASE compra y venta car8 a cara.. 89-90.. y los vendedores al por menor. que lo sea». SP 3650: para otros ejemplos del uso del hítbol :1 las 11l. ».. 1795: Pa1"n avisar A todas lns 1v1ujercs domiciliadas en \V'lkcficld que se desea se: relÍnan en la Iglesia Nueva .» El propietario (un yeaman) * lo aceptó finalmente: "Si tiehe que ser ese el precio. A (inales ele siglo. Algunas veces se clavaban carteles en las puertas de iglesias o posadas.. lo tomarían por la fuerza. que tenían que contar con sus clientes tanto en los años buenos como en los malos... varias Personas que estaban a su alrededor sacaron varías I-Iogazas de sus Cestas . pero la intención era Destruir los Molinos de la Señora Betey ]esmaine».1QS.. Por desco de los habirantes de Ha1ifax que se reunÍrán con ellas allí. D. De Saarron (Cortlualles). .

Una vez en el ¡--ueblo. un trabajndor en estambre.Hlo. en cualquier sentido. En el East Anglia en 1795 se crecí un mieleo similar eéltre los bal1. en varias aldeas de Devonshirc (Sampford Peverell. (luienes dijeron «con una sola voz: Vamos todos n una a Nc\VsbJry en una corporación para Poner más Barato el Pam). un nlbañiJ. continuaron con la costumbre de vender grano barato a sus propios jornaleros. aquí vienen los mineros". Era (parece) bastante representativa de las ocupaciones de las «clases más bajas» en las zonas de motines. con sus propios objetivos y restrtccione5. VIl A corto plazo. y un modelo de acción heredado.. lograron más apoyos. Culmstock) cncontnl1110S con que se l1CUS3 n un l1ibndero.1 ciudad. Es probable que la interdicción del movimiento del grano dcntru de la región no hiciera más I ~ .ad01'es de Inglaterra en contraste con I I I LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 113 I ! la . sus compañeros de mina. por su lenguaje e inmediata influencia. Ocasionalmente. Pero esto se aplicaba sólo a los jornaleros regulares.. Por otra parte. Cuanclo un grupo grande de trabajadore. parece probable que el motín)' la fijación de precios frustraron sus propios objetivos..actividad de los vigl1erO!1S y el pcqueño campesinado ftancés. y nueve 1abtadorc::. que no tenían el nnimo necesario p8nl fijiU el precio por su CUenta. Necesitaba un consenso de apoyo en la comunidad.ken (cuadrillas «empleadas para limpiar Zanjas de Dren"je y en la presa» l. y disidentes. todo. ». Dur1escomb. recorrió el valle del T ámesis en 1766. desfilando pOI' la pInza y dando tres vítores. «El jueves por la mañana --declaró John Todd. a llevar sus productos al mercado. La persistencia de esta form8 de acción suscita una cuestión lnteresante: ¿hasta qué punto tuvo. La composición de 1:1 multitud en cuanto a profesiones nos proporciona pocas sOl'presas. un bordador y diez trabajadores. en Saf[ron \. Otra diferencia importante. por supuesto. Los banken estaban tamllién menos sujetos a la identificación inmediata y al castigo. ¡. Un observador del sudoeste sostellía en 1801 que los motines estaban «cíel"tamentc dirigidos por comcrciantes inferiores. en el suceso de Handborough se habló en nnn información de un carpintero. «en número de 60 u 80 detuvieron la bomba de agua de la mina '" y se propuso venir a Newcastle para fijar los precios del grano . a pesar de que se sugería con frecuencia que los ttabajadore:. Gateshead (1740)-. puesto que eran. un minero de la mina de carbón Heaton. en el momento en que empezaba la ronda de noche».J 12 TRADICIÓN. Muchos productores de cereal. o cuando una cierta actividad Jos reunía en número suficiente. emn alentados por sus superiofes a ndoptnr un tono hostil hacia agricultores e intermediarios. En ~Titncy (Oxon. un zapateta. . que se mantenüm np:1ttados pero. REVUELTA Y CONSCIENCIA DF CLASE ud6n del consumidor. I-Iabía menos acusaciones en relación n la supuesta instigncíón por pJtte de personas con u.e adujo que person-as que emplealxm muchos trab:. éxito? ¿IIubiern continuado durante tantos años --tealrnente cientos de años. Los agricultores eran a veces intimidados hasta tal punto que se negaban después.\7:dden (Essex) acus.ljadores habían animado a sus propios obreros a nctuar. gobernab<ll1 a las clases bajas». un C[lntero.. cardadores. con contratos anuales.si hubiera fracasado decididamente en lograr sus objetivos) y no hubiera deiado tras sí más que unos pocos molinos destruidos y víctimas en las horcas? Es una pregunt8 especialmente difí· ci! de contestar. y " ciertos distritos. «en su mayor ~Jdtte) extranjeros de diferentes comarcas los ctI81es no son tan fácilmente ap8ciguados como los que viven en el lugar». \ln carpIntero. o a las venganzas del paternalismo rural que los tr8baiadores de la tierra. los trabajadores rnrales sí que participaban en los motines cuando otro grnpo (como los mineros) formaba el núcleo original. un sastre) la mujer de un vendedc)t· de bebidas alcohólicas y un cri. pero que debe ser planteada. sino también por su número y por b nntutal disciplina de una comunidad minen!.na posición superior en la \·¡da de las que Rudé y ottos han ohservado en Francia.lCiClllCS contn1 dos cabestreros. yo levanté la vista y vi una gran multitud de hombres. Cuando vinieron desde lo mina de carbón Nook a Haverfordwest en 1795 (e! magistrado relata que su ayudante dijo: «Doctor.) encontramos informes contra un tejedor de mantas. dos tejedores) un card. un zapatero. mujeres y niños con potras de roble que bajaban por la calle gritando "todos a una.~ a una'\>). durante varias semanas..l(lor de lnn<1. En realidad el motín de subsistencias no precisaba de un alto grado de organización. un asetr:1Jor. los mineros explicaton más tarde que habían venido a petición de los pobres de 1. en comparación con Francia) era la rebtiva inactividad de los lab. un aserrador y siete labradores. la ·acción había comenzado entre cuadrillas que trabajaban en la barrera ele portazgo de una carretera.

la AlnenaZa de guerra no comporta terror alguno si no se llega nunca <1 la sanción de la guerra. y la cvídencia con respecto a algunas (anticipación de motín. Un magistrado de Suffolk. sino también en aldeas donde las antoridades deseaban perseverar una tradíción de paz. si es que se las llamaba. tras un intervalo de cinco o seis semanas. Si el mercado fue un campo de batalla de la guerra de clases en la misma medida en que llegaron a serlo la fábrica y la mina durante la revolución industrial. y la multitud lo sabía muy bien. Las tropas. Por muy meticulosamente que cuantifiquemos Jos datos disponibles.tTotLm ahora con ayuda de computadoras. etc. pedía. no solamente en años de escasez. El sherilf de Gloucestersbire. sino también en años de cosecha media. quizá recibiendo cartas amenazadoras o siendo víctimas de rupturas de ventanas e incluso de incendios. en 1709. dirigió un harapiento y nada marcial posse commÍlatu5 a través del Yorksbire del norte basta Durham. S\1scri!xioncs caritativas. en 1800. quedó desalentado al ver a los ciudadanos de Durham darse la vuelta y liberar a dos de los presos a la puerta de la cárcel. (Tales rescates eran normales. en 1. baciendo prisioneros por el camino. ni para vencedores ni para vencidos. Otro magistr8do que. Picas y Espadas. y no solamente en poblados destacados por su susceptibilidad al motín. e incluso otros en los que parece haber poca diferencia en el movimiento de precios en mercados donde hubo y no hubo motín. para pobres. encabezada por su rector. cuyos efectos podían perdurar durante años. y ejemplos también de lo contrario. persuasión ejercida sobre arrendatarios. Con extraña regularidad las peticiones para recibir ayuda de tropas son seguidas. por peticiones para su retirada. ninguno de esos ejemplos ---5cnn calculados por agregación o por término medio-. en los documentos de! Ministerio del Interior o del lvlinisterio de la Guerra. se bebieron la eerveza y el vino de su bodega. la retirada del 68 regi- 61. no pueden Éstos mostrarnos a qué nivel habrían subido los precios si se hubiera eliminado totalmente la nmcnaza de motín. Las tropas alojadas en un pueblo se hacían rápidamente impopulares incluso entre aquellos que al principio las habían llamado. entonces la amenaza del motín afectaría a la situRción total de mercado.'. Los magistrados provinciales se encontraban muchas veces en un extrem.tiene por qué revelar necesariamente el efecto que la expectación del motín ptoducín sobre la situación total del mercado. como para mostrar una marcada falta de entusiasmo por ser empleados en este "Servicio Odioso». aplic1Cjrín de precios. Esto nos permite a veces olvidar que el motín era una calamidad que producía con frecuencía una profunda dislocación de las relaciones sociales de la comunidad. sin embargo.0 en relación con los motines. se abstuvo de encarcelar a los dirigentes de la muchedumbre porgue "el Populacbo amenazó con destruir tanto su casa como el Calabozo si castigaba a cualquiera de sus compañeros». tuvo una experieneia aún más desagtadable en el mismo año: los amotinado¡ entraron en su casa. podían tardar dos. Si los magistrados locales llamaban a las tropas. investigaciones pormenorizadas de movimientos de a corto pla7. en cuanto a sus poderes en caso de disturbios civiles. La cuestión del orden no era ni mucho menos sencilla.) Un exportador de grano. etc.<levantamiento» de Indudablemente. Los beneficios reales inmediatos de la guerra rara vez son significativos. tres o más días en llegar.¡ 14 'IHADICIÓN. Cinco de ellos con Picas declaran que cuatro son suficientes para llevar mis Cuatro Cuartos y el otro mi Cabeza en trÍunfo con ellos . Los funcionarios mismos tenían la suficiente humanidad y estaban acorralados por ambigüedades suficientes. de Flint. en los primeros días del . ayudará a afinar la cuestión) ~lCro las variables son muchas. AUi1ql1c pueden encontrarse ejemplos en que e! motín parece producir una caída de los precios. incurriendo en el odio de la población local. quc varios investigadores dcs:1. pi"C(105 1766. no pudo sino acudir al mercado de Strond con s\]s «hombres de jabalina».740..61 Podemos tomar una analogía de la guerra. Las autoridades de zonas propensas al motín dominaban a menudo Jos disturbios de manera equilibrada y competente. REVUELTA Y CONSCIENCTA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 115 que agravar la escasez en otras. pero los beneficios que pueden obtenerse de la amenaza de guerra pueden ser considerables y. y permanecieron con una Espada Desnuda apuntando al pecho de mi Nllera Tienen muchas Armas de Fuego.) es a menudo difícil de encontrar y de cuan:ílícar. comerciantes.:Jdo aislamiento. o autorizaban el uso de armas de fuego. Una lastimosa súplica de los habitantes de Sunderland. La insuficiencia de las fuerzas civiles se combinaba con la repugnancia a emplear la fuerza militar. miento: . tenían que seguir viviendo en el distrito después de la marcha de las tropas.

Este tipo de negociaclon en los comienzos del motín. por exhor" taciones y concesiones. Habían actuado en efecto de acuerdo con el Book of Orders." Entonces los mineros abandonaron en orden el pueblo. podía ser una calamidad aún mayor. Farringdon y Abingdon pidieron en nombre de Dios . solía garantizar concesiones a la multitud.shite. no necesitaban molestarse Jos Cab('¡}leros porgue Ellos fijarían el precio a 4 chelines 9 peniques en el próximo Día ele Mercado: en vista de esto fui ayer al Pueblo y dije tanto a la Gente Comlín como a los de mejor clase.nsiedad de las autoridades por anticiparse al suceso o abortarlo con rapidez en sus primeras fases. Un experimentado magistrado de Warwick. pues un grupo de Villanos comO este no ha entrado nunca en este pw~blo. El motín era una calamidad. escribe que el pueblo fue visitado por trescientos «de aquellos bandidos. el grano de los agricultores había sido arrebatado y vendido a 5 chelines un bus"el y varios molinos habían sido atacados. por medio de su presencia personal.. prometí s3tisfacer todas sus peticiones razonables si se apaciguaban y tiraban <. Los habitantes de Wantage. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 117 Su principal objetivo ('$ el robo.. A un joven le fracturaron el cráneo. «ciertos caballeros entre los Inás respetables de la vecindad de . Un magistrado local. y siempre se ha hecho de la manera más vlolenta y brutal.:>. ll1~lS o menos fOt7. Sir Geotge Yongc envió a su criado a fijar un pasquín admonitorio y conciliador en el mercado: El populacho se congregó.'5 chelines ro perlÍques: (/fodo quedó tranquilo en cuanto los agriculuwes bajaron el precio . Consultaré con Jos molineros para snher si pueden darnos algo de Harina . ». Así. T. que se lleven de este lugar la seCClOll del Regimiento de Lord Landaff {) si no el Asesinato será forzosamente la consecuencia. que si la situaci6n no perméwecÍa tr~lllqui1a habría ele Hamar al ejército .us palos lo c11n1 hicieron todos en el prado.. insultó a mi Cdado e intimidó al Pregonero . irán cllos a sus casas para trillarlo ellos mismos»: Yo he enviado orden a mis arrendatarios para que cada uno lleve cierta cantidad de grano al mercado los Sábados como único medio de prevenir mayores daños.ados. sir Richard Newdigate. añadía que el «salveje comportamiento de los so:dados.. Pero debemos también observar los esfuerzos de los magistrados y terratenientes para prevenir el motín. Él y dos miembros de la gel1try de la vecindad enviaron su propio grano a los mercados locales: He ordenarlo que el mío se venda a 5 chelines 3 peniques y 5 chelines 6 peniques por bushel a ht gente más pobre. después fui con ellos a todas las casas en que creían se hahía acaparado V permití a ') n 6 cntntr para registrar y persuadir a los dueños de vender el queso que se encontrase En el mismo aflo puede vetse a los magistrados de Devon realizando esfuerzos similares.In tercio menos de 10 que h:1bí<l costtldo 8. Varias petsonas han sido golpeadas y despojadas de sus relojes. pidieron 10 que querían..l{eS acuerdos. El trato normal de los campesinos en ferias y mercados se ha deteriorado mucho:>.. El «orden» que podía seguir tras el motín. a otro le cortaron el labio superior.. puesto que hemos decidido mantenerlo algo por encima del precio dictado por el populacho. Se habían producido motines en Ottery. que apoyaba esta petición. sitiado por iracundos mineros del estaño. al leer el pasquín (kcl:nawn que nn servía. exaspera a la población hasta 10 indecible. De aquí la 3.116 TRADICIÓN. los propietrll"ios). En una carta de 1763 el alcalde de Penryn. C011 los cuales nos vimos forzados a parlamentar y llegar a un acuerdo por el cual les permitimos que obtuvieran el p-r:1110 a \. eran corrientes.. un magistrado de Shropshire en 1756 descrihe cómo los mineros «dicen que si los agricultores no traen su grano a los mercados.6: A las once cabalgué a Nuneaton y con las personas principales del pueblo me entrevisté con los mineros y el populacho de Bedworth que vínicron vociferando y armados con palos. media guinea. anotó en su diario del 27 de septiembre de 17(. después de que sir Richard Newdigate y otros dos les hubieran dacio cada uno El alcalde de Exeter contestó a Yonge q\le las antorichcles de la ciudad habían ordenado que se vendiera el grano a . Medidas similates se tomahan todavía en Devon en 1801.

pp. Tales medidas se adoptaban con much<1 f reenencia. a sus Arrendatarios nevar el Gnll10 al :rvicrcHlo IXljO pena de no renov8rles los arrend~lmicntos». <1unque su intención era «sobornan> al motín (real o potencial). El conde de \Varwick (un archipaternalista y un defensor de la legislación contra <lcJp<nador~s con el máximo rigor) recorrió en persona sus propieda~ des dando órdenes como estas a sus arrendatariDs. pidiendo trigo a 1 () chelines el hllshel: Los Caballero. 63.} pp. un Encargado del Depósito del Carbón. la corpor<1ción de Reacling acordó: Que se organizara una S11SCIJpCl0I1 para reunir dinero para a un precio compr. 8 consecuencia del motín o de la nmenaza de motín. en momentos de escasez. En 1740.1C. cit.) cap. por in1ciativa unas veces de una corporación. no aceptaremos ningul1l1 Subscripción de la Gcntry porque al. (N.encrl<l..\ssi7.1lllpO es socorrida por sus Parroquias y Subscripciones. «The . 1'". En 179. l1am!1lnnd.. respuestas de Jos corresponsales en Anl1(ll.e que los precios. L.1:t5 . fueron informados de qlle no se accptnría ningún Precio gtlC ellos propusicnlD o fijaran. frenar la subida de precios e impedir cieHo tipo de lucro.57.ídades !lctunban todavía en 1801 dentro de la tradición de l/TI. en el mercado.uroquias enviaban a veces sus propios agentes directamente a los puertos a comprar grano importado). órdenes como estas de los terratenientes tradicionalistas a sus arrendatarios eran frecuentes en otros condados.bajo del precio actual del Pan . y supone una rlrivación para el. oIJ.~) ri"das y bien documentadas. y B.f1. hasta el sistema Spcenhamland.nín) unn predisposición al lTlo1.) • 62 Espcci"lmentc útiles son 1<1:. cit. estuvieran determinados por muchos otros factol"es ade. se intentó sin éxito limitar la venta a personas con un certificado escrito de un «Ajustador.lantific. cspccinlmente de flquellos que cmp1c8ban un número considemblc de tr. Los Agricultores después acordaron el de 12 chelines y que cadn Habitante lo obtuvÍcra en proporción a su Familia Los Argumentos de los descontentos en Exmouth son muy contundentes. y los Agricultorc. va- gualdad. Una multitud se manifestó en Exeter.los. un acuerdo concertado en Ncwcastle pnra reducir los precios entre los comerciantes y una delegación de una manifestación de 1l1ineros (actuando concejales como mediadcnes).Ín era dertnmente cfcctivíl como advertencia a los ricos de que dehÍ<lJ1 poner en buenas condiciones la organización de la beneficencia parroquial y de la Glridnd.las flutor. «Dadnos cualquier cantidad que permitan las Existencias Disponibles. . \YJ. 2C!8·209.lS medidas tomadas en 1795 fueron especialmente amplias.¡r P. otras de las autoridades parroquiales. Iban desde suscripciones directas para reducir el precio del pan (las p.¡ J 1g THADlcrÓN. J. cit.. se reunieron y el Pueblo esper6 Sll decisión ". los Soldados no reciben ningún Beneficio similar». 8unq1. pasanclo por precios subvencionados para los pobres. tajes suscripciones.lbajadol"es (C01110 los mineros del plomo) en distritos nisIados. XXIV y XXV 079'i)...* El examen ele dich<ls medidas nos adentraría más profundamente en la bistoria de l<ls Leyes de Pobres ele lo que es nuestra intcnción)D2 pero los efectos érall en ocasiones curiosos. 181-186. Un punto que debe ser comidcraclo en todo an8.1isis cl. produjo el que ln ciudad se viera inundada por «gente del campo» de las aldeas de los alrededores. ofJ.l"icu!ltIrC. el pobre poc1ín recihir grano (\ precios subvencionados.'l.rubí. Presiones tales en prevención de un motín.lmenta el precio. \'\1chb..') Puede observatse este proceso en Devon del sur. otrns de un individuo de la geJltry. Sto-no op.. nn Medidor o un Capillero». y a un precio por el cual po(bmos obl. L. podian provocar un motín en otra adyacente al despertar un agudo sentimiento de desi- la corporación misma donó 21 libras. En enero de 17.'c Si~tema Lo que importa ::lquí 110 es solament.~ n{ . donde . o ele los patronos. La participación de soldados en motines encaminados a fijar el precio fue explicada por el duque de Hich1l1ond como produc¡d~ por l1n<l desigualdad similar: alegahan los soldados que «mientl'as 1<1 Gente del C. y principillmcntc porque el principio ele Fijar un Precio encontrada su npnsici{lll.. y es1"aremos satisfechos. pndínn 8. grano y p<lIl subvencionado par~l los pObITS. Véase tmllbién S. . aunque tranquilizaban una zona. del t. y B. pueden haber sido n1<'ís eficaces de lo que se ha supuesto en cuanto a llevar gtfll10 al mercado. menudo producir el efecto de elevar el precio del pan para los que no participahan del beneficio de la suscripción. 1\'1.1(1)>. REVUELTA Y CONSC1ENCIA DE CLASE LA ECONO!\-1ÍA MORAL DE LA MULTITUD 119 Exctcr . nlgunas de un ttibul1al 11111nicipnl tJ-imcstral.5 y t 8()(q 80 1. VI.:¡do: el preCio que quedaba en el mcrcndo después de l111 motín pnclía .<.c of 13rc.-.. Además. suscripciones.¡n que scnl dist!:ibuido entre los Pobres qlle será fijado muy por d(. ordenaron . Las de ayuda a los pobres aclopt"do en 1795 por los magistrados del Berkshire y que se mantuvo en gran parte de Inglaterra incluso hasta principÍ(ls del siglo XIX.

Es más importante observar todo el contexto socioeconómico dentro del cual operaba el mercado.ldo: cualquiera con un conocimiento. sed el cu1pahle condenado acto».120 m:~s 'rRADICIÓN. H Después contrataron la compra de trigo a 10 chelines y 12 peniques el bushel. también. que aparecieron en el MercRdo con los Sacos vncíos. y puesto que las Parroquias vecinas parecían estar a punto de Si circunstancias como estas conclltren en el futuro ell vuestra Vida y algllno de vosotros está dedicado él los Negocios de la Agricultura. nuestro Juez de Pa. Harán suscripciones -y renunciarán a sus hizcochos y pasteles.'lblico utilizara cual· quier expresión 8.. y el Domingo buscaré en la Iglesia cómo :>oportat toda:> las necesidades de la 5('mana. » Puesto que los mutines son una Co::. Derry doum . y frecuentes informes de motines en ottos lug. John Toogoocl en Sherborne (Dorset). Este término podía alcanzarse por la intervención de los paterna listas. y desilusionamos a muchos Sujetos vagos y desordenados c1e las Parroquias Vecinas. reunimos alrededor de 100 libros por S1. Habiendo convocado una "Reunión en el Hospicio. trabajaré todo el día. participar en este Deporte. (60 /mshels a la semana en este período supondrhn un suhsidio de entre 100 Y 200 libras.s Pobres se reunieron y empezaron un 1\110 tí n en la Plaza del Mercldo. si no traéis vuestto Trígo al rvlercado. serán destruidos vuestros graneros . en el personeje elel sentencioso Jack Anvil al intentar disuadir éste 3 Tom Hood de \_l11ir~e 31 motín: Así.a un molinero): .: y otros habitantes principales hicieron una Procesil~n J.1ora n ('(1mctiera cualquier motín o De5- Es dentro de un contexto como este donde puede descuhrirse b función del motín. Como cantaba 'llegrem<"ntc n"nmh More. concluía con el consejo: J E1 lunes siguiente se encontró en la abadín una carta anontma... esta vez de un mercado libre de motines hasta el momento. y publicaton por medio del Pregonero del Pueblo el siguiente Aviso: «(Que se entregará <l las Familias Pobres de este Pueblo una Cantidad de Trigo suficiente para su ivlantenirniento todas las Semanas h3sta la Cosecha 31 Precio de 8 chelines por bushel y que si cualquier persona despué" de este aviso pt.) "Por estos medios resrauramos la Paz.Z. Las gentes de bien. fueron al Molino de Oborl1 y trajeron muchos Sacos de Harina y dividieron el Botín aqHí en Triunro. por la automoderación de ngricu1tores y comerciantes.lbscripc!(lneS y antes del Sigtiiente Día de T\1ercado. el motín era una calamidad social. y lo vendéis a un ptecio razonable.<Señor. través de todo el Pueble.¡s sij2:uientes lvledida!". esperando haber obtenido Grano sin Dinero. y la lógica ele la presión popular. para lo cual tomamos :. orden en ('"te Puchlo. incluso pequeño. REVUELTA y CONSCIENCTA DE CLASE LA ECONOMÍA T\'¡ORAL DE LA MULTITUD 121 Prisi6n en el de las simples fuerzas de 1l1C1T. pensé que no había Tiempo que perder. de las muy difamadas fuentes «literarias») tiene que ser consciente de ello. suministrándolo a la «Lista de Pobres» a 8 chelines hasta la cosecha. Otro ejemplo. El año 1757 comenzÓ con una «queja generah· contra los altos precios. Podía consistir éste en lograr un término medio entre un precio «económico» muy alto en el mercado y un precio «moral» tradicional determinado por la multitud. no dejéis que os tiente un ojo Codicioso a ser los primeros en aumental' el Precio del Grano. Este pudo ser contraproducente (1 corto plazo. dirigida al hermano de Toogood (que acababa de vender 10 bllshels de trigo a 14 chelines 10 peniques ~«verd8deramente un precio alt()))-.:tres: El 30 de abril) siendo Día de 1vlcrcado. muchos de nuestros ociosos e insolentes Hombres y Mujere..a muy nueva en Shetborne . hecho esto. sino dejad mejor que vuestra Conducta muestre alguna Compasión y Caridad hacia la Conclici{)n del Pohre .\(.» Tohn Toogood (-:5cribiendo este relato para guía de sus hijos. El relato proviene de un agricultor acomodado. repetimos. y que era conveniente aplastar esle l'v\al de Raíz.!llCl1<l. se acordó que el señor Jeffrey y yo hiciéramos un Informe de todas las FamiJias del Pueblo más necesitadas. aunque no :"le haya demostrado todavía. que debía evitarse a cualquier coste. Pero. o conquíst3ndo un8 parte de la mllltitud por medio de la cRridad y tos subsidios. nos proporcionad n provisiones... puede mostrarnos esta lógica en acción.

tenemos un Ejército de más de tres mil todos dispuestos a luchar y maldito sea si no hacemos polvo el ejército del Rey Si resulta que el Rey y el Parlamento DO 10 remedian Convertiremos Inglaterra en Basura y si incluso así no abaratan las cosas Maldito sea si no quemamos el Parlamento y lo arreglamo.5 y 1800-1801. Más habituales son las amenazas generales de «nivelación».) <<DO el Rey sino una Constitución abajo ahajo abajo oh caed altos gorros y orgullosos sombreros por siempre abajo abajo . Cientos y cientos de cartas como estas circularon en estos años. molineros. en 1766. en 1766. normalmente destinadas (sospeellO) a helar la sangre de los ricos con su efecto teatral. tenemos la impresión de que existe una corriente subterránea de motivaciones po1íticas articuladas. animados por el éxito de la toma del ayuntntntento. retórica. De Uley (Glos. Cuanto antes nos levantemos Menos sufriremos.) gritaron «Viva el Pretendiente». «Es mejor Soportar un Yugo Extranjero que ser maltratados de esta forma». que la imagen de J ack Anvil arrodillado en la iglesia. carniceros. Pueden encontrarse a menudo frases de rebdión. <. ctc. advertía a todos los «Malditos Pillos» que tnvieran c~¡jdado. Normalmente no es útil examinarlo con relación a intenciones políticas claras y articuladas. y olguíen en Woodbridge (Suffolk) clavó un aviso en el mercado.122 TRADICIÓN. principalmente. En \Vitney (1767) una carta asegureba a los alguaciles de la ciudad que la gente no permitiría a «estos lnolditos pillos resollan tes y cebados que Maten de Hambre a los Pobres de Manera tan Endemoniada para que ellos puedan dedicarse a b caza. se acerca más al tipo de la copla Se advirtió a los cahalleros de Fareham (Hants. dcrry dowlJ y ¡tra-Jará-Jará! Sin embargo. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 123 Si. Y casos similares se encuentran en casi todos los lugares de Inglaterra.<. cuando es frecuente encontrar un matiz jacobino en estas cartas y volantes. tenderos y comerciantes de granos..cran partidarios de poner en práctica los antiguos principios niveladores». a pesar de que éstas ~urgieran a veces por coincidencia casual.). . Unicamente en 179. los barqueros de Henley (Oxon. Se decía que los mineros de Newcastle. en 1743. dirigida a todos los agricultores. VIII Hemos estado examinando un modelo de protesta social que se deriva de un consenso con respecto a la economía moral del bienestar público en tiempos de escasez. ». lns carteras de caballos. siendo como era el carácter de las gentes de bien. Es posible que esa misma intención amenazante tuvieran en el Sudoeste. aunque una retórica que deshace la retórica de los historiadores respecto a la deferencia y solidaridad social en la Inglaterra ele Jorge IlI. firmada por «Kidderminster y Stourbridge». las amenazas de que «los Franceses estarán aquí pronto». era más probable que un motín ruidoso en la parroquia vecina engrasara las ruedas de la caridad.. y no hflhn~ ni rey ni parlamento sólo una maraña de pólvora por tod<1 la nación. Como lo expresaron sucintamente las coplas colocadas fuera de las puertas de la iglesia en Kent en 1630. escribía un aldeano de cerca de Hereford al año siguiente. Un tajante ejemplo de ellas es cierta copla dirigida a «los que hacen :os caldos y los Amasadores» que alarmó a un magistrado de Maldon (Essex): Queréis que se alimenten los pobres de bazofia y granos y bajo la guillotina querríamos ver vuestras cabezas porque creo que es una vergüenza atender a los pobres así y creo que algunas de vuestras cabezas serán un buen espectáculo. pOfque estamos en noviembre y tenemos unas doscientas o trescientas bombas listas para los Molineros y par<1 todos. Una carta dirigida al Gold Cross de Snow Hill en Birmingham (1766). que el magistrado local consideró «particularmente descarado y sedicioso y de alto y delicada significación>>: «Deseamos --deda~ Cjue nuestro exilado Rey pueda venir o enviar algunos funcionarios». En contraste. Es. al menos desgarraron los retratos de Carlos II y Jacobo II e hicieron pedazos sus marcos. una carta de Colches ter... que se prepararan «para UDa guerra del Populacho o Civil» que «atrancaría a Jorge de su trono y derrumharía las casas de los pillos y destruiría los sitiales de los Legisladores». . todo En 1772. e imprecaciones contra los ricos. y para mantener a sus fami· lias en el Orgullo y la extravagancia». en 1753.

la lucha contra los agiotistas de grano dio paso a la lucha contra las Leyes Cerealistas Hay otra razón por la cual los años 1795 y 1800·1801 nos sitúan en un terreno histórico distinto. los sombríos United Englishmen (<<Ingleses unidos»). Wcstern. sino que también exigen un salario míni~ mo y el fin del socorro Speenhamland. en 1800-1801. y In nueva apenas ha surgido.se hace más vigorosa. Abajo con vuestra Constitución. Las formas de acción que hemos examinado dependen de un conjunto particl1lar de relaciones sociales. Carne cte.. sino con la represión" En segundo lugar. Pitt y Jotge. los trabajadores de East Anglia no solamente fijan los precios. reclinaréis vuestras cabezas y moriréis baío estos Devoradores de Hombres y dejaréis a vuestros hijos hajo d peso dd Gobierno de Pillos que os está devorando. sino en anular y reconvenir a las autoridades locales que todavía apoyaban el viejo paternalismo.ltionarv . soldados!».. En septiembre de 1800 tuv" lugar en Oxford un episodio significativo. J.J·IROb. un equilibrio especial entre la autnridad paternalista y la muchedumbre. de acción subsiste en los años 1840 e incJnso más tarde. band~s. del t. ctc. muy diferente. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 125 En Le\ves (Sl1s~ex) después de haber sido ejecutados varios hnmbres de la milicia por su participación en la fijación de precios. Sois requeridos urgentemente para que volváis rápidamente y os maten corno Cuervos. ele una firmeza completamente nueva. Este equilibrio se dislocó con las guerras por dos motivos. en 1800. que hizo su y cuyos componentes.lamaron ludds. o colgados por turno . cte. (N. LXXI (1956).) ~. sirvió como dip1Jtado temporal de este triunfo celestial.l. Queridos Hermanos... etc. Queso. dando de esta Dios Salve a los Pobres y abajo Jorge IlL Pero estos aÍlos de crisis bélicas (1800-1801) necesitarían un estudio apartc. excepto que c·l haber traído al mercado algunas cestas de mantequilla \' 64. Levantaos y vengad vuestra causa Contra esos malditos bestias. Pero en las nuevas zonas de la revolución industrial evoluciona gradualmente hacia otras formas de acción. hay también algo más que retórica bajo el lenguaje sedicioso: organización obrera clandestina. especialmente profundas en el Sudoeste. el antijacobinismo de la gel1try produjo un nuevo temor hacia cualquier forma de actividad popular. la caballería hizo su aparición en la ciudad (a petición -se descubrió. no solamente en su manera de tratar los desórdenes. hacia nosotros devolvamos a algunos a Hanover de donde salieron. o atravesados por una Lanza. R. En primer lLlgar. Erigid una repüblica o vosotros y vuestros hijos pasar'éi. facilitó la transición.del subsecretario).124 TRADICIÓN. Se acercan estos motines a In revuelta de trabajadores. Rev.. El secretario del Ayuntamiento. Por un cierto asunto relacionado con la determinación del precio de la mantequilla en el mercado. no parlamentando y con concesiones. La antigua forma fe forma a los poderes civiles medios mucho más inmediatos para enfrentarse a la muchedumbre. En las ciudades del Norte. incluso cuando no existía tal sedición. hfln quitncln el pan. expresando su «sorpresa porque un cuerpo del ejército de soldados de caballería haya aparecido esta mañana temprano>>: Tengo el placer de. Estamos llegando al fin de una tradición. «The Volunteer Movement as Force. El secretarío del Interior. la forma alternativa de presión económica --presión sobre los sabrios. duque de Porthnd. O. escribió al secretario de la Guerra. esta represión resultaba legitimizada. los verdaderos ingleses. se fijó un cartel en un árbol: Terminad con vuestro Lujurioso Gohierno tanto espiritual como temp0ral n os !v10ríréis de Hamhrc-. Eng Hísl. En 1812 los motines tradicionales de subsistencias coinciden con el ludismo* En 1816. Porque ya que no pueden mandaros a Francia A ser asesinados como Cerdos. hambre el Resto de vuestros días. por indicación del alcalde y los magistrados.informark que la población de Oxf0td no ha mostrado hasta el momento ninguna disposición al motín. En estos años. formados en Anti·Rcvoll. los magistrados estaban dispuestos a ver señales de sedición en las acciones encami* nadas a la fijación de precios. 20 aparición en Inglaterra a fines de un 1. La ruptura en los precios del trigo después de las guerra. Hizo gala. en opinión de las autoridades centrales y de muchas locales. de 1830. con raíces En Ramsbury (\Vtlts. etc. se l.lovimíento que tenia por obícto destruir maquinaria. juramentos.. el temor a la invasión levantó a los Voluntarios. fue co[oca~ do un cartel: «i A las Armas. 179. y hasta vucsttas vi (1<1 s os han quitado <1 OlJles en sus Expediciones que ia Familia Borbónica defienda su propia causa y volvamos nuestra vista.. por el triunfo de una nueva ideología de economía política.

.ldn que era su oblig<'ldo deber suprimir y castig8r Il1cdi~lnte el inmediato apresamienlo y condena de los transgtesores. sobriedad. y pronto.n en 5iilcncio lil parte de su carta que afirma «que la población de Oxford no ha mostrado hosta el momento ninguna disposición al motín.. incluso las generosas suscripciones para conseguir grano barato debían ser desaconsejadas. lo cual. Su Excelencia. que esperamos 110 sea el C8S0)... quizás. monopolio y reventa . me obliga a decir que toda empresa de este tipo no puede . REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 127 haberlas vendido a un chelín 1<1 libra y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla pucda responder a tal desctipción "No obstante la extrema tensión de los tiempos». por supuesto que el Alcalde y IvIagi:. preñ<ldo de las Ill~S fatrdes COtlsc" cuencias para la Ciudad de Oxford y sus habitantes de cualquier clase. frugalidad y religión le deben ser recomendados. qllC~ PUCS{Cl A lo largo de 1800 y 1801 el duque de Portland se ocupó de imponer las mismas doctrinas.. la persuasión ejercida sobre agricultores o comercian~ tes para reducir los precios era delito contra la economía política. se considera más inmedi<ltamente obligado . y haberlas vendido a un chelín la libra... trabajo. en épocas de escasez por 10 menos. Burke. SU Excelencia lo ve desde el punto de vista de un al<lquc violento e injustificado a la propiedad. Porque lamentando mucho Su ExccJencifl la cau. ThotlJ!. y me atreveré incluso a afirmar que cuanto más general se haga más perjudiciales serán las consecuencias que a la fuerza la acompañarán. pero que nadie se lamente por su condición.. El remedio contra los desórdenes era el ejército o los voluntarios. » La carta del secretario del Avuntamiento fue enviada al duque de Portland.la actual eSCasez de provisiones. El duque había recibido información de que los agricultores habían sido objeto de presiones por parte de las autoridades del condado: mi experiencia . Su Excelencia d::!.. En abril de 1801 escribía al conde Mount Edgcumbe. No es un alivio para sus míseras circunstancias. las autoridades de la ciudad eran de <<la decidida opinió!1» de que no había «lugar en esta ciudad para la presencia del Ejército regular» especialmente porque los magistrados esta han desplegando la mayor actividad para reprimir «lo que ellos creen ser una de las causas principales de la carestía. no puede permitirse pa$. «El Pobre Trabajadon>..126 TRADICIÓN. según menciona. que aumentar y agravar la desgracia que pretende aliviar.t:5 65. porque agotaban las existencias. Es. una solidaridad simbólica entre las autoridades y los pobres.. en sus más sustanciosos pasajes de retórica.¡l1á de todo posible cálculo. excepto que el haber tr8ído al mercado algunas cestas de mantequilla. La «naturaleza de las cosas» que en otros momentos había hedlo imperativa..rented lo the . E. adecuado que el ideólogo que sintetizó un antijacobinismo histérico con la nueva economía política fuese quien firmase la sentencia de muerte de aquel paternalismo que. es sólo un insulto para su mísero entendimiento Paciencia.er justificada por la naturaleza de las cosas y tiene inevitablemente.hts and Details on Scarcif)'. y dado cuenta del dinero al propietario de la mantequilla. por tanto. Su Señoría debe excusar la libertad que me tomo de no dejar pasar desapercibido el acuerdo al cual. originolly pre.traclos debían haber pens. pueda responder a tal descripcióm" Lejos de considerar esta circunstancia desde el p1.1nto de vista trivial en que <lparece en S11 carta (incluso suponiendo que no esté conect<lda con otr<lS de naturaleza similar y aún más peligrosas. han llegado voluntariamente los Agricultores de Cornua11es para proveer a los Mercado de Grano y otros Artículos de Provisión a PrecÍos reducidos . que su situaci«n oficial le permite <'lprccinr de manera muy especial el alcance del daño Plrblíco que se seguirá inevitablemente de la continuación de: los . había celebrado. exclamó Burke: «dejemos que la compasión se muestre en la acción». porque necesariamente impide el Empleo oe Capital en la Agricultura ".ucesos tumultuosos que han tenido lugar en varias panes del Reino como consecuencia de .a de estos Motines. nada es más cierto que estos no pueden producir atto efecto que el de aumentar el mal más . los delitos de acaparamiento.1 ejercer su propio juicio y discreción en ordenar que se t0men las medidas adecuaths para la eliminación inmediata y efectiva de tan peligrosas acciones. todo 10 demás es un fraude totaJ. :le quien recibió una grave reprimenda: Su Excelencía desea que informe al Alcalde y lvI<'lgistrados. dictaba ahora la solidaridad entre las autoridades y «el Empleo de Capital».

p:1tte del precepto moral se diluye en nna p<lrtc de cnsuística y otra de prudencin comercial: «dehe ejercerse . Estas nociones de derecho estaban claramente articuladas y llevaron durante mucho tiempo el imprimat"r de la Iglesia. como si el retenerlos fuera la causa de la escasez.68 Las antiguas enseñanzas morales se dividieron. progresivamente. era todavía conocido por los lectores del siglo XVIll.:11 comerciante. Por lo que respecta . El J)ook of Por lo menos uno de estos sermones. fuertemente amenazados rnucl10 antes del siglo XVIII.entry p.. en que parecía «antinatural» que un hombre se beneficiara de las necesidades dt otro. cit. Estos Sl1pUC~tüs se encontraban.. opuestos al bien Común. que exporta grano en momentos de escasez. que las clases más ricas se~Hl seriamente movid:1s por la caridad cristian:1. y por Admoniciones y Exhortaciones en Sermones en las Iglesias que los Pobres sen n provistos de Gr:1!1o a Precios convenientes y caritativos.).. Holt... Tawney. No nos es fáci1 concebir que Imela haber una él'oc<l. entre la {!. ductos podían ser retenidos en espera de la subid<l de precios. a hacer que su grano sea. en momentos de escasez. p. GOdJ. Hay un epitafio en la iglesia de 5to1 contribuido a las más dura::. exclusivamente p<Ha ellos (('linO las Codornices engol'dan con Cicuta. 33. unA. por el reverendo Charles Fitz·Gcffrey.nos. opuestos tanto a 1ft Gracia como a Ja Naturaleza». que el siglo XIX atribuía a los beneUcios». esto no debí:1 hacerse <{en perjuicio de la nación. predicado en Bodmin y Fow·cy (Cornualles) (antes de r-cunirse el Ql1arter Session).. repr. que se apropiarfrtn de l. W'illiam Pi!! in NOt'ember. y cuando se daba por supuesto que.bcl así COmo la justicia'». . la misma primacía en la mentalidad pública. y de sus frutos. Pero en nuestras historias se abrevian con Jcm~lsiada frecuencia bs grandes transiciones.12B 'fRADICIÓN. Londres. flc intentado describir. Taw. .:r al nivel acostumbrado. Londres.disposiciones de 1800. Pero la muerte de la antigua economía motal de abastecimiento tareló tanto en consumarse como la muerte de la intetvención paterna lista en la industria y el comercio. Londres. como si el mundo se hubicl'a hecho sólo para ellos. Y adelnás de esto. e . R. ».1tcrnalista pOl" un lado. «La economí" del municipio medieval -escribió R. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 129 Contra un tono como este. que es 1m veneno para otras criatur..<Ís el mismo hombre en otro papel) defendió su situaci6n profesional como artesano. U.. Ct<l 1<1 Ílllkil res- Orders de 1630 consideraba el precepto moral y el ejemplo como una parte integral de las medidas de emergencia: que todas las buenas Medidas y Persuasiones sean u!iUzaclas por los Justicias en sus distintas Divisiones. RcligiOli mtd the Risc 01 Capitalísm. 8. pp. en cierta tnedid. ney~ era tal. «el sabor del lucro le es dulce. que el consumo ostentaba. 1631. C. Véase tamhién Hi11. Fitz-Geffrcy. 277-278. a pesar de haberlo sacado hurgando en el charco de la más sucia profesión de Europa .u. Los acapar-adores de trigo eran denunciados como esos que odian nI Hombre. esp.Yociety ond PurítonÍJm in Prc-Rct!olutionor)' El1fJond. este p<lnf1eto tuvo influencia sobre Fitt y Portbnd. sino un modelo de comportamiento del cual no tenia pOl" qué avergonzarse un isleño de Trobriand. dentro de 1111:1 comunidad Inenor y más in Legrada. El cor1surnidor defendió SllS viejas no-dones de derecho tan tenazmente como (qui¡. vendido al Precio com{¡!1 del Mercado a las clases más pobres: Una acción piadosa. en 1630. Abandonamos el acaparamiento y la dacttina del precio justo en el siglo xvn y empeZanlelS la historia de la economía de libre mercado en el XIX. 68. 1648. si bjcn los pro. IX Espero que de este relato haya surgido un cuadro algo diferente Jel acostumbrad ." lU.ondres. Son «enemigos de . Indudablemente. 7. H. incluso aunque pudiera haber menos. 222.h catÍc. 66. Tawney. como árbitro indiscutido del esfuerzo económico. 1926. 67. los precios de estas ({Jleccsídades» debían permanc. así eIJos se alimentan de la escasez . 1800.f Blessing UpOI1 (he Providers 01 Cornf': ami Got/'s Curse UPOl1 the l-loarden:.¡ tierra. H..er Al avanZar e1 siglo xvn enmudeció este tipo de cxhort:lción especialmente entre los pnrít8. op. L.1795. . Es difícil reimaginar los supuestos morales de otra configlltación . p. y la plebe rebelde por otro. que serñ sin duda recompensada por Dios Todopoderoso. no un espasmo involuntario. '1.\ocÍn1. naturalmente. 1964.Dios y del I-:Iombrc. Fn Baxter. pp. y puede har.. el cartel de Ramsbury puesta posible. p.lS.

«les ha despojado ele las Ropas ello tm Hombre Sanguinario . Vuestro oro corrupto se levantará contra vosotros. Muchos ricos se hundían.130 TRADICIÓN. que no estaban en mucho mejot cstildo. en 1795: «estamos decididos a reunirnos y marchar inmediatamente hasta lIegar a tu fdolo o tu Dios J tu Moisés. Con justicia puede llamarse a tales opresores Hombres Sanguinarios.n pnrquc malditos seRmos si no os ohligamos pensáis matar de hambre a los pobres vosotros malditos hijos de put<l ° ({¡Mujer Avariciosa!») decían los mineros de estaflo dirlgiéndose a una aC<=lparadora de trigo de CornuaIles. escribió uno. no. como en un sueño. I 1 LA ECONOMÍA MORAL DE LA MULTITUD 131 cielo al infierno. La escasez fue acompañad él por unil eridcmiil de «Fiehre Amarilla». no es menos que el Asesinato.bntcner alto el Precio del Sostén mismo de la vida en una Venta tan extravagante. y será Testígo contra vuestras almas . era también el lugar --especialmente en distritos rl1rale~ o en dis- tritos fabriles dispersos-.donde podbn llegar a organizarse con más .. y arrebatado la comida de la boca».) dedicado a Humphrey How... Se encontraban con más frecu211cia en folletos o periódicos: :t-. portero de lady Lcigh que murió en 1688: Aquí Yace uD Fiel Amigo del Pobre Que repartió Abundantes Limosnas de la Despensa de su señor No Lloréis pobre gente aunque haya Muerto Vuestro Servidor El Señor en persona Os Dará Pan a Diario Si el rvlercado Sube nO Protestéis Amargamente Contra Sus Precios El Precio es Siempre el 1vEsmo a las Puertas de Stone Lcigh. que el pobre no puede comprarlo es la mayor iniquidad de que cualquier hombre puede ser culpable. y muchos pobres dejaron de vivir y sus lugares no les reconocieron A veces en hojas sueltas impresas y baladas: Idos ahora hombres ricos de corazón duro.. pero en lo que se rdicre al grano es del tipo más vil.. El levantamiento de los mineros del estaño en Cornualles fue precedido de escenas angustiosas: . Las eSCaseces eran verdaderas esca~ La Exacción de cualquier tipo es vil. Recae con más peso sobre los Pobres) es robarles por que 10 son es asesinar abiertamente a aquellos que encuentran medio muertos Y saquear el Barco naufragado . estos son los Asesinos flcusados por el Hijo de Sirach. si el mercad" era el punto en el que lns trabajadores sentían con mayor frecuencia que estaban expuestos a la explotación. ». cuando dijo: El Pa" del pobre es SU vida: aquel que se lo robare es p01" seceso Los ¡crecios altos significaban vientres hinchados y nii'ios en· fermos cuyo alimento consistía en un pan basto hecho con harina rancia. Llorad y gritad en vuestra desgracia. el más Cruel Asesinato. pensad en el sermón que se predicó el 11 de map. Y con seguridad que de la Sangre de aquellos que mueren rOl' su culpa se les tornará cuenta. el «buhonero» de \Xlords\Forth Las desgracias de aquella estación. ~e advertía a los caballeros de Newbury en 1772: sino pensad en los pobres. vuesy frecuentemente en cartas anommas. "No hagáis del dinero tro dios». muy probablemente la ictericia que acompaña a la inanición.. En un año como este. No se ha publicado todavía ningún testimonio qne muestre algo parecido a la clásica Grire des subsistal1ces francesa en la Inglaterra del siglo XVIII: es verdad que la mortalidad de 1795 no se aproximó a la de Francia en el mismo año) pero hubo Jo que la clase acomodada describió como una desgracia «vetdaderélmente penosa». REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE nekigh (Warwicks. la subida de precios.1Sionalmente podían todavía oírse desde el púlpito: XVIII Y lIna economía de mercado no regulado porque a la mayoría de nosotros nos CalIsan sólo inconvenientes y perjuicios de poco bulto. 110y no damos importancia a los mecanismos extorsionantes de Los antiguos preceptos resonaron a todo 10 largo del siglo oc.los hombres se desmayaban en el trabajo y tenían que ser llevados a sus casas por sus compaf'leros. En el siglo XVIII no era este el caso. que cubrían sus hombros. les ha arrancado los zapatos y las medias de los pies. [?] a quien consjc!eras como tal y destruirlo y lo mismo tu Casa . entre los pobres. vosotrOS ¡::randes hombres pensáis ir al deambulaba entre las cabañas y vio Ahnra bien.

zón a su JRelO.lntcrnal Markct Systems as Mechanisms of Social ¡\tticu1ation>~) Infcrmcdíatc Societies. Después de las gueaas lo único que quedaba de ella en la caridad. Consideraba esto como «verdaderamente un asunto muy serio» y «en este campo abierto. Sidney Mintz. <moa I-Iogaza que ha sido haFíada en sangre.(i9 Las confrontacíones en el mercndo. Scieltfifir American. y el Speenharnland.precio rRzonable)} son igualmente universales. En Plymouth. En Jos grandes motlnes de Merthyr.mercado supuso tal11hién el defi moronamiento de la antiguR. pp. en verdad. . American Etbnological Society. jnc1uso en áreas fabriles el año trans~ curda todavía al ritmo de 18s estaciones y no al de los bancos. las mujeres marcharon con una hogaza colocada en lo alto de 1111 palo listada de rojo y atada con un crespón negro. grande v muy gordo Pavo asado. CCllI (1960). clavada en el asta de nOn bandeta. Paralizados a veces por un exceso de alimentos nlltritivos. pues había oído que el Pueblo tenía la intención de llevarse el trigo sin pedirlo cuanclo estuviera madurc»>. circulaban el rumor y la murmuración v se discutía de política (cuando se hacía) en las posadas o bodegas que rodeaban la plaza del mercado. (Tvlás de un magistr~ldo csnihi{. 4RJ. por razón de su nÍlmero.. describiendo las medidas que tomarla contra lo~ amol il1:1dos si no estuviera confinado en su casa por ]a g<Jta. los magistrados. La economía «mora]" ele la muchcelllmhrc tard.70 «No pondrás freno al buey que trilla el grano. de vez en cuando.). en el mismo año. Se puede sugerir. sus cenas. y los preceptos morales elementales del (. REVUELTA Y CONSCIENCIA DE CLASE LA ECONOMíA MORAL DE 1. En la década de 1790. el creciente simbolismo ele la sangre.\s universales ql1e cualquier experiencia naciol1Rl. fuc encontrada en 1<1s cRIles). sentía por un momento que era {ucrte. La escasez representa siempre para tales comunidades un profundo impacto psíquico que. En los motines de East Anglia. 485.» El avance de la nueva economín política de lihre.cíp111os de sir Lewis Namicr. sus ferias y festivales. 1963. en c0yuntl1ra t<111 crítica. por lo menos a hurtadillas». y del mismo autor «Pcasant :tvbrkets». sirvió como emble- ma de la revuelta. frases como «Tomaremos sangre antes de cenao). Bercsford. y la sospecha de que b escasez es manipu lada. engalanada de arpillera». Esta furifl en relación con el grflno es una culminación cudosa de la época de los aclelantos agrícolas.A MULTITUn 133 bcilidad. Macarro-nes. En 1795. 112-122. economíA moral de apu1 visíonélmiento. Tarta de crema». apareció una carta anónima. el choque se convierte en furia. o de la India rural. por supucsto. donde se cOlnunícaban las noticias. Un síntoma de su final desaparición es que hayamos podido aceptar durante tanto tiempo un cuadro abreviado y (<:ec011omista}) del motín de subsistencias. tiene que haber uoa Revolución General . el párroco \\7oodforde no dejó de cumplir con la obliga" dón de su ~)rnpja cena: 6 de marzo. La comercialización (o la «compra») se hace progresiva mente más impersonal en una sociedad industrial madura. Era el lugar donde se llcvaban a cabo cientos de trans8cciones socirdes y personales. En Yeovil (Somerset). Se sacrificó un tetnel'O y una hogaza empapada en su sangre. <c par:'! cenar Un Par de Pollos hervidos y. como respuesta directa. v su asimilación a la demauda de pan. o de Haití.ary 01 {/ COflftlry Panrm. ed. la supervivencia en Inglaterra de una imaginería pagana que alcanza niveles más oscuros que el simbolismo cristiano. cuando entregaba a los pohres pan negm slJbvencionndo de su propia p:uroQl1ifl. y subsistió durante años en algún fondo de las entrañas de la Sociedad Cooperativa Mayorista (Cooperative \Vholcsale Society). Pocos rituales folklóricos han sobrevivido con tanto vigor hasta fines del siglo XVJ1I como toda la parafernalia hogm"cña durantel:-t cosecha. Wotld's Classies.31. ». y miraban desde las alturas de sus parques . en 1816. Social Mobility al1d CommunicatíOll. en 1812. o del Africa de hoy) el mercado pertnaneció como nexo social tanto como económico.í más tiempo en morir: es recogida en los primeros tn01inos harineros cooperativos. en llna socicclnd «prcindus-triah).Cabenl de Cerdo. <.) escribió el señor lugnrtcnicntc de Cnmbridgeshire. «sin algunos soldados. 81 abrirse el nuevo SIglo. J). pp. con sus encantos. un excelente filete de Vaca hervido. m. abandonaban su industriosa compilación de archivos para Jos di::. Era el lugar donde la gente. etc. En la Inglaterra o le Francia del siglo XvIII (en regiones del sur de Italia. espasmódica e irracional al hambre. con un coraó9.) El cond~clo no estará seguro durante la cosecha. a] l-lollle Officc. la gel1try misma estaba algo perpleja. En Nottingbam.1 los campns de cereales donde sus lahriegos pa~ilbm hamblT. "Sangre y Sangre y Sangre. J.. son. muy fácil ele que se haga. representando el «hambre sangrienta.: James \'{Toodforde. cuando VH acompañado del conocimiento de injusticias. 1959. t111 cuadro que es en sí mismo un producto de la economía 70. de 18.. 1111 prodigiosamente bueno. muy buena sopa de Guisantes. Londres.132 TRADICIÓN. por algunos de los socialistAS seguidotc~ de Owcn. Impresiona. firmada con un tosco corazón sangrante.

escribió.lnd Enc1oSUfe)}. pasaba en efecto de generación en generación. o ganado. a fín de cuentas. algunos de desenfreno y excesos. En términos de tierras Jo que se transmite a través de los sistemas hereditarios es eon mucha frecuencia no tanto la propiedad de las mismas. 9. «pertenencia» o. puntos como preguntas. Thompson. REVUELTA y CONSCIENCIA DE CLASE polítíca que redujo las reciprocidades humanas al nexO salar_ial. prudencia. EL ENTRAMADO HEREDITARIO: UN COMENTARIO * Los ensayos presentados en el volumen del que. que necesitan más investigación. En cWl1quier caso. ya que las intenciones de los sistemas hereditarios.'5. aquí ::. ofrecen a menudo conclusiones muy diferentes a las proyectadas. Londres. «The Grid of Inheritance: a Commenb>. como en otras cuestiones. Family and Inber. formaba pmte este capítulo nos han hablado mucho del tejido social de comunidades determinadas y de ciertas relaciones existentes en su interior. fue la afirmación del "herir! de Gl011cestershire en 1766. Cambridge University Press. Estos comentarios están basados en trabajos.lance.1:34 TRADIC1ÓN. pero también más autoritaria. 328-360. quizá. Naturalmente sabemos que esta constancia es ilusoria. tierra que. sobre su desarrollo en el tiempo. y es que aquello que se hereda permanece como constante histórica: «propiedad». habían cometido muchos actos de violencia. que podemos aún pisar. 197. alguno de los cuales no ha sido publicado todavía: para las zonas de bosque de Be-rkshire y I-Iampshire del este. Las masas de aquel año. el pensamiento puede llegar a aceptar una falacia que. conocemos perfectamente como falsa.c proponen mucho. CUJtomJ in Common (de próxima aparición). en horas de vigilia.-VITI.. «la tierra».. cap. pp. \. Más generosa. Si diseccionamos Jos sistemas hereditarios en condiciones de estasis. P. o madera. Londres. m<Ís que com0 conclusiones. que ejemplifican las pr:ícticas hereditarias. en E.Toan Thirska. que hace trescientos años. originalmente.(!higs al1d HUl1tCrI. más sencillamente. que puede aún hoy ser dedicada en gran medida al mismo tipo de cultivo. . Hemos aprendido menos. 1976. y p~:¡fa (I!gún otro de Jos aspectos de las costumbres del siglo z. y en algunas ocasiones algunos actos de valor. justicia y consecuencia con aquello que pretendían obtener. «Comman Right . }ack Goody y .

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