P. 1
Textos Romanticismo

Textos Romanticismo

|Views: 3.252|Likes:
Publicado porSofía Vaz Romero
Textos del Romanticismo
Textos del Romanticismo

More info:

Published by: Sofía Vaz Romero on Feb 12, 2011
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

06/24/2013

pdf

text

original

Sofía Vaz Romero

Curso 2010-2011

Dpto. de Lengua castellana y Literatura IES de Llerena

Literatura Universal 2º Bachillerato
Textos del Romanticismo
Wolfgang Johan von Goethe

Werther
Libro Primero 4 de mayo de 1771 ¡Cuánto me alegro de haber marchado! ¿Qué es, amigo mío, el corazón del hombre? ¡Dejarte, cuando tanto te amaba, cuando era tu inseparable, y hallarme bien! Sé que me perdonas. ¿No estaban preparadas por el destino esas otras amistades para atormentar mi corazón? ¡Pobre Leonor! Pero no fue mi culpa. ¿Podía pensar que mientras las graciosas travesuras de su hermana me divertían, se encendía en su pecho tan terrible pasión? Sin embargo, ¿soy inocente del todo? ¿No fomenté y entretuve sus sentimientos? ¿No me complacía en sus naturalísimos arranques que nos hacían reír a menudo por poco dignos de risa que fueran? ¿No he sido…? ¿Pero qué es el hombre para quejarse de sí? Quiero y te lo prometo, amigo mío, enmendar mi falta; no volveré, como hasta ahora, a exprimir las heces de las amarguras del destino; voy a gozar de lo actual y lo pasado como si no existiera. En verdad tienes mucha razón, querido amigo; los hombres sentirían menos sus trastornos (Dios sabrá por qué lo hizo así) de no ocupar su imaginación con tanta frecuencia y con tal esmero en recordar los males pasados, en vez de en hacer soportable lo presente. Te ruego digas a mi madre que no olvido sus encargos y que en breve te hablaré de ellos. He visto a mi tía, esa mujer que goza de tan mala reputación en casa, y está muy lejos de merecerme mal concepto: es vivaracha y apasionada, tal vez, pero de estupendo corazón. Le expliqué todo lo relacionado con la retención de la parte de herencia de mi madre y ella me externó las razones que tenía para actuar así, me dijo las condiciones por las que estaba dispuesta a entregarme no sólo lo que se le pide, sino más. En fin, por hoy no me extenderé en este tema; dile a mi madre que todo estará bien. Estoy convencido de que la negligencia y las discusiones produc en en este mundo más daños y trastornos que la malicia y la maldad. Por lo menos, éstas no abundan tanto. Estoy aquí en la gloria. La soledad en este país encantador es el bálsamo perfecto para mi corazón, tan dado a las emociones fuertes; y la estación del momento, en la que todo se renueva y rejuvenece, derrama sobre él un suave calor. Cada árbol, cada seto, es un ramillete de flores; le dan a uno ganas de volverse abejorro o mariposa para sumergirse en el mar de perfume y respirar el aromático alimento. La ciudad en sí es desagradable, pero en sus cercanías, en cambio, la naturaleza hace gala y ostentación de bellezas inefables. Esto fue lo que movió al difunto conde de M*** a plantar un jardín en uno de estos oteros que con gran variedad forman los valles más deliciosos. El jardín es muy sencillo y en cuanto se entra en él, se nota que no se trazó por una mano de hábil jardinero, sino por un corazón sensible que quería deleitarse. Mucho he llorado al recordarle en las ruinas de un pabellón que era su retiro predilecto y que también se ha hecho el mío. Pronto será el dueño del jardín; estoy aquí desde hace pocos días y el jardinero siempre se muestra muy atento y afectuoso conmigo. No lo perderá.

1

Fragmentos de la obra de Friedrich Hölderin Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino, esa vieja roca muda. No hay nada que pueda crecer y perecer tan profundamente como el hombre. El lenguaje es el bien más precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre. El hombre es un dios cuando sueña; un pordiosero cuando reflexiona. Fragmentos de la obra de Novalis Tengamos tan sólo paciencia, vendrá, tiene que venir, el tiempo sagrado de la paz perpetua, en que la nueva Jerusalén será la capital del mundo; y hasta entonces sean alegres y animosos en los peligros del tiempo, compañeros de mi fe, anuncien con la palabra y las obras el Evangelio divino y permanezcan fieles a la fe verdadera e infinita hasta la muerte. Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol; no vaya a ser la sombra de un pigmeo. El camino misterioso va hacia el interior. Es en nosotros, y no en otra parte, donde se halla la eternidad de los mundos, el pasado y el futuro. Lo que ahora no alcanza la perfección, la alcanzará en un intento posterior o reiterado; nada de lo que abrazó la historia es pasajero, y a través de transformaciones innumerables renace de nuevo en formas siempre más ricas. Todos aquellos planes que no sean trazados plenamente según todas las disposiciones del género, tienen que fracasar. Cuando un poeta canta estamos en sus manos: él es el que sabe despertar en nosotros aquellas fuerzas secretas; sus palabras nos descubren un mundo maravilloso que antes no conocíamos.
WORDSWORTH El mundo es demasiado para nosotros: siempre recibiendo y gastando, disipamos las fuerzas; en la naturaleza vemos muy poco que se nuestro, y hemos cedido nuestros míseros corazones. Esta mar que desnuda su seno hacia la luna, estos vientos que aullando pasan a todas horas y ahora se amontonan como flores dormidas: para eso, y para todo, no estamos entonados, un sendero de abrupta subida y alta meta; no nos mueve. ¡Gran Dios!, preferiría ser un pagano crecido en una fe gastada, para poder, erguido en estos prados suaves, ver algo que me hiciera menos desamparado: observar a Proteo saliendo de los mares, oír su enguirnaldado cuerno al viejo Tritón. y si hay una alegría que mengüe lo que pide recuerdo agradecido, haz irse a esa alegría. sobre ella construir un arco iris, para la Fantasía errante, mezclando, de los campos a medio labrar, hierbas con flor de adormidera; te coronaban tus Favoritos, cantando tu poder, sin censura ni compasión del sabio. Ah, muestra qué más dignos honores se te deben, clara juventud; mueve lohondo del corazón: confirma a tu glorioso Espíritu a que emprenda

SONETO ¡Oh clara juventud! Bastante era adorar con soles obedientes toda lluvia extraviada, y si una inesperada nube bajaba, pronto,

2

Lord Byron, Camina bella Camina bella, como la noche De climas despejados y cielos estrellados; Y todo lo mejor de la oscuridad y de la luz Se reúne en su aspecto y en sus ojos: Enriquecida así por esa tierna luz Que el cielo niega al vulgar día. Una sombra de más, un rayo de menos, Habría mermado la gracia sin nombre Que se agita en cada trenza de negro brillo, O ilumina suavemente su rostro; Donde pensamientos serenamente dulces expresan Cuán pura, cuán adorable es su morada. Y en esa mejilla, y sobre esa frente, Son tan suaves, tan tranquilas, y a la vez elocuentes, Las sonrisas que vencen, los tintes que brillan, Y hablan de días vividos en bondad, Una mente en paz con todo, ¡Un corazón cuyo amor es inocente! *** Cuando nos separamos Cuando nos separamos En silencio y con lágrimas, Con el corazón medio roto, Para apartarnos por años, Tu mejilla se volvió pálida y fría, Y más frío tu beso; En verdad aquella hora predijo El dolor de esta. El rocío de la mañana Se hundió gélido en mi frente Se sintió como el anuncio De lo que siento hoy. Todos tus votos están rotos, Y ligera es tu fama; Escucho decir tu nombre, Y comparto su vergüenza. Te nombran frente a mí, Un toque lúgubre en mi oído; Un estremecimiento viene a mí ¿Por qué te quise tanto? No saben que te conocí, Aquellos que te conocen demasiado bien: Por mucho, mucho tiempo he de arrepentirme de tí, Demasiado hondo como para expresar. En secreto nos encontramos En silencio me lamento, De que tu corazón pudiese olvidar, Tu espíritu engañar. Si llegara a encontrarte

Tras largos años, ¡Cómo habría de saludarte! Con silencio y lágrimas. *** Acuérdate de mí Llora en silencio mi alma solitaria, excepto cuando está mi corazón unido al tuyo en celestial alianza de mutuo suspirar y mutuo amor. Es la llama de mi alma cual lumbrera, que brilla en el recinto sepulcral: casi extinta, invisible, pero eterna... ni la muerte la puede aniquilar. ¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba no pases, no, sin darme una oración; para mi alma no habrá mayor tortura que el saber que olvidaste mi dolor. Oye mi última voz. No es un delito rogar por los que fueron. Yo jamás te pedí nada: al expirar te exijo que vengas a mi tumba a sollozar. *** Sol del que triste vela... ¡Sol del que triste vela, astro de cumbre fría, cuyos trémulos rayos de la noche para mostrar las sombras sólo brillan. !Oh, cuánto te asemeja de la pasada dicha al pálido recuerdo, que del alma sólo hace ver la soledad umbría! Reflejo de una llama oculta o extinguida, llena la mente, pero no la enciende; vive en el alma, pero no lo anima. Descubre cual tú, sombras que esmalta o acaricia, y como a ti, tan sólo la contempla el dolor mudo en férvida vigilia.

3

Shelley: Himno a la belleza intelectual La terrible sombra de algún poder oculto Flota velada entre nosotros, -pasa por Este mundo con alas inconstantes, Como el viento del estío arrastrándose de flor en florComo la luna demorándose en las montañas, Que visita con su mirada impaciente Cada rostro y corazón humano; Como los tonos y las melodías del ocaso, Como las amplias nubes bajo las estrellas, Como el recuerdo de una música perdida; Como la nada que por su gracia nos es querida, Y sin embargo, más querida aún por su misterio. Si bien de niño he tratado con fantasmas, corriendo A través de muchas y ansiosas cámaras, cuevas, ruinas, Y estrellas de madera, persiguiendo con pasos temerosos La esperanza de un diálogo con los queridos muertos. Invoqué los nombres venenosos de los que nuestra juventud se alimenta; No fui escuchado -Yo no los víCuando sonaba profundo en el espacio vital, En aquel dulce momento donde el viento confiesa todos los secretos; De repente, tu sombra cayó sobre mí, Me encogí, y froté mis manos en éxtasis.

Prometí que dedicaría mis facultades A tí y sólo a tí -¿No he honrado mi voto?Espíritu de Belleza, que consagras con tu sutileza, Con el corazón palpitante y los ojos luctuosos, aún ahora Brillando sobre el pensamiento y la forma humana Convoco a los fantasmas de un millar de horas, ¿Hacia dónde te has ido? Cada uno desde su tumba silenciosa: En soñadas alcobas ¿Por qué pasas de largo y nos dejas atrás De celosos estudios o placenteras ternuras, En este vasto valle de lágrimas, solos y desolados? Han contemplado conmigo la envidiosa noche. Pregunta por qué el sol no teje para siempre Saben que ninguna alegría iluminó mi frente, Al arcoiris sobre el río joven de la montaña, Desencadenada con la esperanza de que habrás de liberar Por qué la nada debe desvanecerse y caer en lo que una vez Este mundo de su oscura esclavitud, fue, Que tú, horrible encantadora, Por qué el miedo y el sueño, la muerte y el nacimiento Nos darás todo lo que estas palabras no pueden expresar. Derraman sobre el día de esta tierra su oscuridad, Por qué el hombre siente con pasión el odio y el amor, El día se hace más solemne y sereno La esperanza y la desazón. Cuando pasa el mediodía -hay una armonía Ninguna voz de algún mundo sublime, ni sabio Ni poeta jamás ha elevado sus respuestas. Por lo tanto, los nombres del Demonio, Fantasmas y Cielos Permanecen en el recuerdo de su vano empeño, Frágiles hechizos -cuyo encanto pronunciado no lastimaDe todo lo que vemos y oímos, Duda, azar, cambio. Tu luz por sí sola, como la niebla cayendo por la montaña, O la música enviada por el viento nocturno Que tiembla en las cuerdas de un instrumento inmóvil, O el brillo lunar sobre el estanque en la medianoche, Nos brinda gracia y verdad en este inquieto sueño de vida. Amor, esperanza y autoestima, son como nubes Que se apartan y retornan en un momento incierto. El hombre fue inmortal, y omnipotente, Hasta que tú, desconocida y horrible como eres, Encerraste tu gloriosa marcha dentro de su corazón. Tú, mensajero de simpatías, Que resbalas y disminuyes en los ojos de los amantes, Tú, que del pensamiento humano eres alimento, Como la oscuridad a una llama moribunda, No huyas como tu sombra vino, No huyas, evitando la tumba que será, Como la vida y el horror, una oscura realidad.
4

En el otoño que resplandece en el cielo, Y que durante el verano no es vista ni oída, Como si no pudiese ser, como si no fuese.Así pues, deja que tu poder, que desciende Igual a la naturaleza de mi pasiva juventud, Inunde mi propia vida con su calma; A este que te adora en cada forma que te contiene, Y a quien. Espíritu Justo, tus conjuros obligan A temerse a sí mismo, y a amar a toda la humanidad. Percy Bysshe Shelley (1792-1822)

John Keats, Al sueño La Caída De Hiperión (sueño) Tienen los locos sueños donde traman elíseos de una secta. Y el salvaje vislumbra desde el sueño más profundo lo celestial. Es lástima que no hayan transcrito en una hoja o en vitela las sombras de esa lengua melodiosa y sin laurel transcurran, sueñen, mueran. Pues sólo la Poesía dice el sueño, con hermosas palabras salvar puede a la Imaginación del negro encanto y el mudo sortilegio. ¿Quién que vive dirá: “no eres poeta si no escribes tus sueños”? Pues todo aquel que tenga alma tendrá también visiones y hablará de ellas si en su lengua es bien criado. Si el sueño que propongo lo es de un loco o un poeta tan sólo se sabrá cuando mi mano repose en la tumba. Soñé que en un lugar estaba donde palmera, haya, mirto, sicomoro y plátano y laurel formaban bóvedas cerca de manantiales cuya voz refrescaba mi oído y donde el tacto de un perfume me hablaba de las rosas. Vi un árbol de boscaje recubierto por parras, campanillas, grandes flores (…) *** John Keats, Oda a una urna griega Tú, todavía virgen esposa de la calma, criatura nutrida de silencio y de tiempo, narradora del bosque que nos cuentas una florida historia más suave que estos versos. En el foliado friso ¿qué leyenda te ronda de dioses o mortales, o de ambos quizá, que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia? ¿Qué deidades son ésas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes? ¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera? ¿Quién lucha por huir? ¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí? Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas; sonad por eso, tiernas zampoñas,

no para los sentidos, sino más exquisitas, tocad para el espíritu canciones silenciosas. Bello doncel, debajo de los árboles tu canto ya no puedes cesar, como no pueden ellos deshojarse. Osado amante, nunca, nunca podrás besarla aunque casi la alcances, mas no te desesperes: marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia, ¡serás su amante siempre, y ella por siempre bella! ¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes que no despedirán jamás la primavera! Y tú, dichoso músico, que infatigable modulas incesantes tus cantos siempre nuevos. ¡Dichoso amor! ¡Dichoso amor, aun más dichoso! Por siempre ardiente y jamás saciado, anhelante por siempre y para siempre joven; cuán superior a la pasión del hombre que en pena deja el corazón hastiado, la garganta y la frente abrasadas de ardores. ¿Éstos, quiénes serán que al sacrificio acuden? ¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante, llevas esa ternera que hacia los cielos muge, los suaves flancos cubiertos de guirnaldas? ¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar, alzada en la montaña su clama ciudadela vacía está de gentes esta sacra mañana? Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas tus calles quedarán, y ni un alma que sepa por qué estás desolado podrá nunca volver. ¡Ática imagen! ¡Bella actitud, marmórea estirpe de hombres y de doncellas cincelada, con ramas de floresta y pisoteadas hierbas! ¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede como la Eternidad! ¡Oh fría Pastoral! Cuando a nuestra generación destruya el tiempo tú permanecerás, entre penas distintas de las nuestras, amiga de los hombres, diciendo: «La belleza es verdad y la verdad belleza»... Nada más se sabe en esta tierra y no más hace falta.

5

Leopardi, La vida solitaria La matutina lluvia - cuando alegre en la encerrada estancia la gallina bate sus alas, y al balcón se asoma el lugareño, y cuando el sol naciente va traspasando con sus rayos trémulos las gotas mientras caen -, en mi cabaña dulcemente llamando, me despierta. Me levanto, y las nubes, el murmullo primero de los pájaros, el aura y los campos gratísimos bendigo. De la ciudad, adonde el odio sigue y acompaña al dolor, donde afligido vivo y muy pronto moriré, ¡ay! Alguna -aunque escasa- piedad por mí revela Natura en estos sitios, ¡oh!, en un tiempo más amable conmigo. Tú desvías del mísero la vista, y desdeñando desventuras y afanes, a la reina felicidad te entregas, ¡oh Natura! no resta al infeliz en cielo o tierra otro amigo o refugio sino el hierro. Me siento en solitario puesto a veces en un cerro, a la orilla de algún lago coronado de plantas taciturnas. Allí, cuando en el cielo es mediodía, su imagen apacible el sol refleja, ni hoja ni hierba agítanse en el viento; no se encrespan las ondas; la cigarra no canta ni sus plumas bate al pájaro; no hay mariposas; voz o movimiento no oigo o veo a lo lejos ni a mi lado. Hondísima quietud tiene esa orilla, donde casi del mundo y de mí mismo me olvido, inmóvil; y mis miembros sueltos paréceme que yacen, sin que espíritu o sentido los muevan, y su calma con el silencio del lugar se funde. Amor, amor, volaste ya muy lejos de mi pecho, que un día al rojo vivo

de tan ardiente estuvo. Con fría mano lo oprime la desdicha y se ha hecho hielo en la flor de la edad. Recuerdo el tiempo en que a mi alma bajaste. Era aquel dulce e irrevocable tiempo en el que se abre a la mirada juvenil la escena desdichada del mundo, y le sonríe, como si fuera paraíso. Al joven, el corazón le late de esperanza y de deseo en el pecho, y se dispone a afrontar el vivir cual danza o juego el mísero mortal. Pero tan pronto destrozó la fortuna, y a estos ojos ya sólo les quedaba el llorar siempre. Si en ocasiones por el campo abierto, en la callada aurora, o cuando fulgen bajo el sol tejas, lomas y campiñas, hallo de hermosa muchachita el rostro; o si acaso en la calma placentera de estiva noche –el errabundo paso ya de regreso al pueblo deteniendola yerma tierra miro, y de una joven que aún prosigue en la noche sus labores oigo sonar en la apartada estancia el expresivo canto, se estremece mi corazón de piedra, ¡ay!, mas retoma pronto el férreo sopor, que le es extraña toda grata emoción al pecho mío. ¡Oh cara luna!, a cuyo rayo plácido danzan las liebres en el bosque, e irritan por la mañana al cazador, que halla rastros falsos y de las madrigueras vario error lo desvía. ¡Salve, oh reina! de las noches benigna! Adverso baja tu rayo a matorrales y barrancos, a edificios desiertos y al acero del pálido ladrón, que atentamente el fragor de caballos y de ruedas oye de lejos, o el rumor de pasos en la calle silente, y de improviso, con ruido de armas, voz muy bronca y mala catadura, el pecho hiela del viandante, a quien deja medio muerto

y desnudo en el suelo. Adversa llega por ciudadanas calles la blancura de tu luz al amante vil, que ronda los muros de las casas y anda oculto en la sombra, y se para y se amedrenta cuando una luz se enciende o cuando se abre algún balcón. Opuesta a los malvados, a mí siempre benigna la faz tuya será en estos lugares, donde sólo gratos alcores y espaciosos campos ofreces a mi vista. Yo solía, aunque inocente fuera, a tu gracioso rayo agraviar si en habitados sitios me hacía visible a la mirada humana o a mis ojos mostraba humanas formas. Lo alabaré ya siempre, bien te observe deslizarte entre nubes, bien te vea -dominadora del etéreo campomirar serena esta infeliz morada. A mí me verás siempre solo y mudo errar por bosques y riberas verdes, o sentado en la hierba, satisfecho si para suspirar fuerzas me quedan. Traducción de Eloy Sánchez Rosillo

pues de sobra os conozco, infaustos muros como te hube advertido, amor, mi vida

6

Víctor Hugo, Lise

aunque hablándole, no conseguía escucharle. Viene todo empapado, dije, tienda su ropa aquí junto al hogar. Se arrimó más al fuego. Vi su abrigo comido por polillas, que antaño fuera azul, desplegado al calor de las llamas, con mil puntos brillantes agujeros de luz que mostraba el fulgor, ante la chimenea como un cielo nocturno salpicado de estrellas. Y entretanto secaba sus andrajos, chorreantes de la lluvia y del agua de las hondas barrancas, le veía como alguien que rebosa oraciones y miraba, insensible a lo que ambos decíamos, su sayal, refulgente de mil constelaciones. *** Boz Dormido Boz se había acostado roto por la fatiga después de trabajar todo el día en su era; luego se hizo la cama en el sitio de siempre: Boz dormía muy cerca de sus trojes repletos.

Yo tenía doce años; dieciséis ella al menos. Alguien que era mayor cuando yo era pequeño. Al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas, esperaba el momento en que se iba su madre; luego con una silla me acercaba a su silla, al caer de la tarde, para hablarle a mis anchas. ¡Cuánta flor la de aquellas primaveras marchitas, cuánta hoguera sin fuego, cuánta tumba cerrada! ¿Quién se acuerda de aquellos corazones de antaño? ¿Quién se acuerda de rosas florecidas ayer? Yo sé que ella me amaba. Yo la amaba también. Fuimos dos niños puros, dos perfumes, dos luces. Ángel, hada y princesa la hizo Dios. Dado que era ya persona mayor, yo le hacía preguntas de manera incesante por el solo placer de decirle: ¿Por qué? Y recuerdo que a veces, temerosa, evitaba mi mirada pletórica de mis sueños, y entonces se quedaba abstraída. Yo quería lucir mi saber infantil, la pelota, mis juegos y mis ágiles trompos; me sentía orgulloso de aprender mi latín; le enseñaba mi Fedro, mi Virgilio, la vida era un reto, imposible que algo me hiciera daño. Puesto que era mi padre general, presumía. Las mujeres también necesitan leer en la iglesia en latín, deletreando y soñando; y yo le traducía algún que otro versículo, inclinándome así sobre su libro abierto. El domingo, en las vísperas, desplegar su ala blanca sobre nuestras cabezas yo veía a los ángeles. De mí siempre decía: ¡Todavía es un niño! Yo solía llamarla mademoiselle Lise. Y a menudo en la iglesia, ante un salmo difícil, me inclinaba feliz sobre su libro abierto. Y hasta un día, ¡Dios mío, Tú lo viste!, mis labios hechos fuego rozaron sus mejillas en flor. Juveniles amores, que duraron tan poco, sois el alba de nuestro corazón, hechizad a aquel niño que fuimos con un éxtasis único. Y al caer de la tarde, cuando llega el dolor, consolad nuestras almas, deslumbradas aún, juveniles amores, que duraron tan poco.

Poseía este anciano mucho trigo y cebada, y aunque rico era un hombre inclinado a ser justo; su molino no tuvo jamás agua fangosa y no había el infierno en su fragua llameante.

Era plata su barba como arroyo de abril, ni maligna ni avara fue jamás su gavilla; si veía pasar espigando a una pobre ordenaba dejar las espigas adrede.

Era un justo que odiaba los senderos torcidos con su cándida ropa toda de lino blanco, y ante el pobre sus sacos derramados sin tregua eran como una manar incesante de fuentes.

*** También era buen amo y un pariente muy fiel; El mendigo Era un pobre que andaba en la escarcha y el viento. Golpeé mi cristal; se detuvo delante de mi puerta, que abrí con un gesto cortés. Regresaban los asnos del mercado del pueblo, con labriegos sentados en las toscas albardas. Era el viejo que vive en aquella casucha que está al pie de la cuesta, y que sueña esperando, solitario, una luz de ese cielo tan triste, de la tierra unos céntimos, el que tiende sus manos hacia el hombre y las junta conversando con Dios. Le grité: Puede entrar y caliéntese un poco. Quise saber su nombre. Él tan sólo me dijo: Yo me llamo el mendigo. Le cogí de la mano: Adelante, buen hombre. Y ordené que trajeran una jarra de leche. El anciano temblaba por el frío; me hablaba, mientras yo, pensativo, generoso a pesar de tender al ahorro; las mujeres miraban más a Boz que a los jóvenes, porque el joven es bello, pero el viejo es grandeza.

El anciano que vuelve al primer manantial va hacia días eternos, deja atrás los cambiantes; y aunque brilla la llama en los ojos del joven, en los ojos del viejo puede verse la luz.

7

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->